Vaticano

Finanzas vaticanas, los balances del IOR y del Óbolo de San Pedro

Existe una intrínseca relación entre los presupuestos del Óbolo de San Pedro y el del Instituto para las obras de Religión.

Andrea Gagliarducci·12 de julio de 2024·Tiempo de lectura: 4 minutos

Existe una estrecha relación entre la declaración anual del Óbolo de San Pedro y el balance del Istituto delle Opere di Religione, el llamado «banco vaticano». Porque el Óbolo se destina a la caridad del Papa, pero esta caridad se expresa también en el sostenimiento de la estructura de la Curia romana, un inmenso «presupuesto misionero» que tiene gastos, pero no tantos ingresos, y que debe seguir pagando salarios. Y porque el IOR, desde hace tiempo, destina una contribución voluntaria de sus beneficios precisamente al Papa, y estos beneficios sirven para aligerar el presupuesto de la Santa Sede. 

Desde hace años el IOR no tiene los mismos beneficios que en el pasado, por lo que la parte asignada al Papa ha disminuido con los años. Igual situación tienen el Óbolo, cuya recaudación ha disminuido con los años, también ha tenido que hacer frente a esta disminución del apoyo del IOR. Tanto es así que en 2022 tuvo que duplicar sus ingresos con una desinversión general de bienes.

Por eso los dos presupuestos, publicados el mes pasado, están de alguna manera conectados. Al fin y al cabo, las finanzas vaticanas siempre han estado conectadas, y todo contribuye a ayudar a la misión del Papa. 

Pero veamos los dos presupuestos con más detalle.

El Óbolo de San Pedro

El pasado 29 de junio, el Óbolo de San Pedro presentó su balance anual. Los ingresos fueron de 52 millones, pero los gastos ascienden a 103,4 millones, de los cuales 90 millones son para la misión apostólica del Santo Padre. Incluidos en la misión están los gastos de la Curia, que ascienden a 370,4 millones. El Óbolo contribuye así en un 24% al presupuesto de la Curia. 

Sólo 13 millones se destinaron a obras de caridad, a los que, sin embargo, hay que añadir las donaciones del Papa Francisco a través de otros dicasterios de la Santa Sede por un total de 32 millones, 8 de los cuales fueron financiados directamente por el Óbolo.

En resumen, entre el Fondo Obolus y los fondos de los dicasterios financiados en parte por el Óbolo, la caridad del Papa financió 236 proyectos, por un total de 45 millones. Sin embargo, el balance merece algunas observaciones.

¿Es éste el verdadero uso del Óbolo de San Pedro, que a menudo se asocia a la caridad del Papa? Sí, porque la finalidad misma del Óbolo es apoyar la misión de la Iglesia, y se definió en términos modernos en 1870, después de que la Santa Sede perdiera los Estados Pontificios y no tuviera más ingresos para hacer funcionar la máquina.

Dicho esto, es interesante que el presupuesto del Óbolo pueda deducirse también del presupuesto de la Curia. De los 370,4 millones de fondos presupuestados, el 38,9% se destina a las Iglesias locales en dificultad y en contextos específicos de evangelización, lo que supone 144,2 millones.

Los fondos destinados al culto y a la evangelización ascienden a 48,4 millones, es decir, el 13,1%.

La difusión del mensaje, es decir, todo el sector de la comunicación del Vaticano, representa el 12,1% del presupuesto, con un total de 44,8 millones.

Al sostenimiento de las nunciaturas apostólicas se destinaron 37 millones (10,9% del presupuesto), mientras que 31,9 millones (8,6% del total) van al servicio de la caridad -precisamente el dinero donado por el Papa Francisco a través de los dicasterios-, 20,3 millones a la organización de la vida eclesial, 17,4 millones al patrimonio histórico, 10,2 millones a instituciones académicas, 6,8 millones al desarrollo humano, 4,2 millones a Educación, Ciencia y Cultura y 5,2 millones a Vida y Familia.

Los ingresos, como se ha dicho, ascienden a 52 millones de euros, 48,4 de los cuales son donaciones. El año pasado hubo menos donaciones (43,5 millones de euros), pero los ingresos, gracias a la venta de inmuebles, ascendieron a 107 millones de euros. Curiosamente, hay 3,6 millones de euros de ingresos por rendimientos financieros.

En cuanto a las donaciones, 31,2 millones proceden de la recaudación directa de las diócesis, 21 millones de donantes privados, 13,9 millones de fundaciones y 1,2 millones de órdenes religiosas.

Los países que más donan son Estados Unidos (13,6 millones), Italia (3,1 millones), Brasil (1,9 millones), Alemania y Corea del Sur (1,3 millones), Francia (1,6 millones), México e Irlanda (0,9 millones), República Checa y España (0,8 millones).

El balance del IOR

El IOR aportó un donativo a la Santa Sede de algo más de 13 millones de euros, frente a unos beneficios netos de 30,6 millones.

Los beneficios representan una mejora significativa respecto a los 29,6 millones de euros de 2022. Sin embargo, es necesario comparar las cifras: van desde los 86,6 millones de beneficio declarados en 2012 -que cuadruplicaron las ganancias del año anterior- a los 66,9 millones del informe de 2013, los 69,3 millones del informe de 2014, los 16,1 millones del informe de 2015, los 33 millones del informe de 2016 y los 31,9 millones del informe de 2017, hasta los 17,5 millones de 2018.

El informe de 2019, por su parte, cuantifica los beneficios en 38 millones, también atribuidos al mercado favorable.

En 2020, el año de la crisis del COVID, el beneficio fue ligeramente inferior, de 36,4 millones.

Pero en el primer año pospandémico, un 2021 aún no afectado por la guerra de Ucrania, se volvió a una tendencia negativa, con un beneficio de solo 18,1 millones de euros, y solo en 2022 se volvió a la barrera de los 30 millones.

El informe IOR 2023 habla de 107 empleados y 12.361 clientes, pero también de un aumento de los depósitos de clientes: +4% hasta 5.400 millones de euros. El número de clientes sigue bajando (eran 12.759 en 2022, incluso 14.519 en 2021), pero esta vez también disminuye el número de empleados: eran 117 en 2022, son 107 en 2023.

Así pues, continúa la tendencia negativa de los clientes, lo que debería hacernos reflexionar, teniendo en cuenta que el cribado de las cuentas consideradas no compatibles con la misión del IOR finalizó hace tiempo.

Ahora, el IOR también está llamado a participar en la reforma de las finanzas vaticanas deseada por el Papa Francisco. 

Jean-Baptiste de Franssu, presidente del Consejo de Superintendencia, destaca en su carta de gestión los numerosos elogios que ha recibido el IOR por su labor en favor de la transparencia durante la última década, y anuncia: «El Instituto, bajo la supervisión de la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF), está por tanto dispuesto a desempeñar su papel en el proceso de centralización de todos los bienes vaticanos, de acuerdo con las instrucciones del Santo Padre y teniendo en cuenta las últimas novedades normativas.

El equipo del IOR está deseoso de colaborar con todos los dicasterios vaticanos, con la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA) y de trabajar con el Comité de Inversiones para seguir desarrollando los principios éticos de la FCI (Faith Consistent Investment) de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia. Es crucial que el Vaticano sea visto como un punto de referencia».

El autorAndrea Gagliarducci

España

José Masip, nuevo presidente de la Asociación Católica de Propagandistas 

Masip sucede en el cargo a Alfonso Bullón De Mendoza, quien ha dirigido desde 2018 esta Asociación.

Maria José Atienza·18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

José Masip Marzá ha sido elegido nuevo presidente de la Asociación Católica de Propagandistas. El candidato más continuista de la línea de Alfonso Bullón de Mendoza ha sido secundado por la V Asamblea General Extraordinaria celebrada el 18 de julio en Madrid.

Masip era, hasta hoy, vicepresidente de la ACdP y director, junto con María San Gil, del Congreso Católicos y Vida Pública, uno de los buques insignia de la Asociación.

Co esta elección Masip se convierte, en presidente de las obras de la Asociación, «como la de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, además de la Fundación Abat Oliba, la Fundación San Pablo Andalucía CEU, el Colegio Mayor Universitario San Pablo, la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria, o el periódico El Debate«, como señala la nota de prensa a través de la que se ha dado a conocer su elección.

Un candidato de continuidad

Se trata de un colaborador cercano y de confianza de Alfonso Bullón de Mendoza, que ha sido la clave para la nueva etapa de la Asociación en la que se ha consolidado como una referencia social de cultura católica con iniciativas como el periódico El Debate, el Concierto de la Resurrección o su participación activa en la vida social española, siendo un ejemplo su carroza de inspiración cristiana en la cabalgata de Reyes Magos de Madrid.

Bajo este equipo, además, se ha consolidado y aumentado la labor universitaria de la ACdP, haciendo del CEU entre otras cosas la institución educativa privada que más becas concede en España, con más de 95 millones de euros distribuidos en los últimos 6 cursos.

Con este nombramiento, se mantiene pues, la continuidad en las iniciativas que ha llevado a cabo la asociación en los últimos años.

José Masip Marzá

Masip es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente ejerce la abogacía en Castellón. Posee los títulos de Agente y Corredor de Seguros, Agente de la Propiedad Inmobiliaria, y Gestor Administrativo. Además, es patrono y miembro de la Junta Delegada de la Fundación Independiente.

Masip ha sido vicepresidente y, posteriormente, secretario general de la Organización de Profesionales y Autónomos (OPA); y fundador de la Asociación Española de Amistad y Cooperación con Guinea Ecuatorial, de la que fue además su primer secretario. 

Confirmandos universitarios

Este curso, por primera vez en “Totus Tuus”, se reservaron aulas de la biblioteca para dar catequesis a alumnos que deseaban confirmarse.

18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

Nunca saldrá en ningún telediario, pero hace un par de domingos dieciocho estudiantes de la universidad Carlos III de Madrid recibieron el sacramento de la Confirmación.

Existe en esta universidad una asociación, “Totus Tuus”, llevada por los propios estudiantes, que organiza el apostolado en la universidad y ayuda a los alumnos a acercarse a la fe. Contexto: en la UC3M está institucionalmente prohibido tener capilla.

Clandestinamente, como los primeros cristianos en las catacumbas romanas, se empezaron celebrando Misas en las aulas, para acabar llenando las parroquias más cercanas a los campus de Leganés y Getafe. Con cada vez más actividad también en Colmenarejo e incluso Puerta de Toledo, la asociación organiza Misas y adoraciones, junto con charlas, viajes, jornadas deportivas, voluntariados, peregrinaciones…

Y este curso, por primera vez en “Totus Tuus”, se empezaron a reservar aulas de la biblioteca para dar catequesis a alumnos que deseaban recibir el sacramento de la Confirmación. Con otros alumnos de la uni como catequistas, y veintipico personas que han asistido regularmente a las sesiones semanales, esta iniciativa concluyó con las confirmaciones el otro día en la parroquia de Nuestra Señora de Butarque, Leganés.

Concluyó, por decir algo. En realidad empieza ahora. Porque cuando sopla el Espíritu Santo, echa a volar nuestra alma. Cuánto nos conviene el trato con el Espíritu Santo: está deseando hacernos felices.

Sonrío ahora desde la playa, porque un niño juega con su cometa. Y como el viento sopla, la cometa vuela.

El autorGabriel Pérez-Miranda

Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) ocupa el tercer lugar de los seis hijos de Juan y Cristina. Estudiante universitario, es también un entusiasta de los deportes y la lectura, y ha publicado un libro de poesía ("Envïdár", Loto Azul, 2025)

Ecología integral

Guerra y Paz

La polarización, visible tanto en España como en múltiples conflictos internacionales — muchos de ellos olvidados, fuera del objetivo de la prensa—, representa un fracaso colectivo ante la paz que reclamó el Papa León XIV en las Cortes españolas en junio de 2026.

Eloy Asenjo Carpintero·18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Ovacionado con creces salió el Papa León XIV de las Cortes españolas, y puso a sus Señorías grandes y graves deberes dentro de un clima de amable discusión fuera de palabras paralizadoras y paralizantes. Ante un hemiciclo expectante, el Santo Padre pronunció un discurso de hondo calado político y moral, diagnosticando con precisión los males que asfixian la convivencia global contemporánea. El Pontífice fue tajante al afirmar:

“El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia”.

El debate de la memoria

El Papa se mostró valiente al mencionar de forma directa la Memoria Histórica en el propio hemiciclo legislativo: “Memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación… ardua tarea cuando existe una polarización tan grande”. Aunque la reflexión trasciende nuestras fronteras y apunta a cualquier geografía del planeta, su pronunciamiento en la sede del Poder Legislativo español invita inevitablemente a reflexionar sobre una serie de realidades que marcan el panorama historiográfico actual: 

  • La triste “leyenda negra” de España. Ya han salido historiadores -curiosamente la mayoría extranjeros- rebatiendo este hecho lamentable del que aún nos estamos recuperando, y con el que actualmente se hacen discursos populistas muy lejanos de la realidad del papel de España en Iberoamérica.
  • Muchos jóvenes no saben situar, actualmente, históricamente personajes de gran calado en la historia del Estado Español durante el s. XX.
  • La independización de los actuales Estados de Latinoamérica durante el s. XIX llevada a cabo con programas personalísimos y de inspiración altamente anticatólica, de cuyos “barros, estos lodos” en los que se ve una gran polarización para deshacer los lazos fuertes que unen España con todos los países de América del Sur y América Central.
  • Se está promoviendo como ejemplar el régimen de la 2ª República, (…) cuando historiadores de prestigio la denostan y la hacen culpable de la Guerra Civil que sufrió el país.

El valor de la palabra frente al rearme

¡Ya tenemos la polémica formada! Sin embargo, el propósito de estas líneas no es centrar el foco en la disputa, sino hallar la vía para hablar con serenidad de estos temas sin emplear, como señalaba el Papa en su discurso, “palabras (que) pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”.

Este encuentro se perfila indispensable si queremos una sociedad libre, justa y verdaderamente democrática. Como recordó el Pontífice, “de este respeto al otro nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor una cuestión decisiva para toda sociedad verdaderamente democrática: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”.

El mensaje papal también miró con crudeza al escenario geopolítico actual, advirtiendo que toda guerra es un fracaso, pues “constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones”.

Además, resuena la denuncia de León XIV sobre “el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”. Ante esa inercia bélica, el Papa concluía con firmeza: “La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”.

Esta denuncia no nos es ajena: en el fondo de los conflictos armados subyacen intereses personalísimos, muchas veces económicos, que los hacen moralmente deplorables, desoyendo las voces que claman por una paz compleja de alcanzar. De ahí la vigencia del llamamiento de León XIV para redescubrir el valor del “diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza”.

Cohesión en la diversidad

El Santo Padre trajo a primera línea el lema de la Unión Europea: “In varietate concordia». Dotándolo de contenido actual, nos recordó que “la unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad, haciendo de las culturas, sensibilidades y tradiciones una ocasión de enriquecimiento mutuo. Asimismo, dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

Esta polarización, visible tanto en España como en múltiples conflictos internacionales — muchos de ellos olvidados, fuera del objetivo de la prensa—, representa un fracaso colectivo. En este preocupante contexto global, resulta “importante reiterar la teoría de la guerra justa, incoada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto” (cfr. Francisco, Carta enc. “Fratelli Tutti”, 258, 3 de octubre de 2020)”.

La realidad es incuestionable: “La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles” (Carta enc. “Magnifica Humanitas” 192, 15 de mayo 2026). 

En definitiva, el Santo Padre ha lanzado una severa advertencia, ¡un grito al diálogo! Un recordatorio insistente de que “las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”.

Este grito no va dirigido solamente a las Señorías que llenaban el hemiciclo, sino a todas las personas de buena voluntad y, muy especialmente, a los periodistas, quienes sostienen una enorme responsabilidad en el ejercicio de su profesión. En este nuevo ecosistema comunicativo, el rigor ético y el comportamiento en el uso de las nuevas tecnologías y de la Inteligencia Artificial dictarán si los medios se convierten en puentes para el encuentro o en amplificadores de las trincheras.

El autorEloy Asenjo Carpintero

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Vaticano

Entre Babel y Jerusalén: el futuro de la inteligencia artificial se decide en Castel Gandolfo

Mientras la inteligencia artificial avanza más rápido que las normas capaces de regularla, más de doscientos líderes mundiales, premios Nobel y especialistas se han reunido en la Global Nobel Laureates Assembly sobre Inteligencia Artificial y Guerra Nuclear para formular una pregunta decisiva: quién dirigirá el futuro y con qué principios.

Almudena Lago·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

A primera hora de la mañana, cuando la luz empieza a deslizarse sobre el lago Albano y los olivos de las villas pontificias proyectan sombras todavía largas, el Borgo Laudato Si -un laboratorio donde jóvenes aprenden a cuidar la casa común mientras se preparan para un oficio- resulta un lugar demasiado sereno para hablar de guerra nuclear. 

Hay huertos, gallinas, ponis e invernaderos. Jóvenes que alimentan animales, cuidan plantas y aprenden que la realidad necesita atención diaria. Todo habla del presente, del cuidado y de las pequeñas cosas que dependen de nosotros. Y, sin embargo, es aquí donde se ha desarrollado una importante -¿histórica?- conversación sobre el futuro de la civilización, la inteligencia artificial y las armas nucleares. Sobre el riesgo de que la tecnología sirva a la humanidad o termine condicionándola.

Más de doscientas personas llegadas de distintos continentes, entre ellas premios Nobel, antiguos jefes de Estado, científicos y expertos en inteligencia artificial, se reunieron en este laboratorio de ecología integral impulsado por el Vaticano para debatir dos fuerzas que están redefiniendo nuestro tiempo: el regreso del riesgo nuclear y el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.

No es frecuente ver compartiendo espacio a premios Nobel como David Gross, Maria Ressa y Muhammad Yunus, a líderes políticos como Juan Manuel Santos y Romano Prodi, y a investigadores como Tristan Harris vinculados a OpenAI, Anthropic o Google DeepMind. Esa mezcla es la señal de los tiempos.

La inteligencia artificial ha democratizado preguntas que durante mucho tiempo parecían reservadas a una minoría de expertos: ¿quién decide?, ¿quién controla?, ¿quién asume la responsabilidad? Son cuestiones que ya no pertenecen sólo a gobernantes o ingenieros. Nos afectan a todos.

Más que ausencia de guerra

En la sesión inaugural, el cardenal Fabio Baggio, pro-prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y director general del Centro de Alta Formación del Borgo Laudato Si, recordó que la paz no puede reducirse a la ausencia de conflicto: “Es un orden fundado sobre la justicia, la confianza mutua, el respeto del derecho y la dignidad inviolable de cada ser humano”, afirmó.

En un momento marcado por guerras abiertas, amenazas nucleares y una carrera tecnológica cuyo ritmo parece superar la capacidad de reflexión política y ética, insistió en la necesidad de principios compartidos capaces de orientar el progreso hacia fines auténticamente humanos.

Entre Babel y Jerusalén

Si hubo una imagen capaz de condensar el espíritu del encuentro fue la propuesta por el cardenal Silvano Maria Tomasi. El veterano cardenal escribió una humanidad situada ante una bifurcación: construir una nueva ‘Babel tecnológica’, donde el poder, los datos y el control se conviertan en ídolos, o trabajar por una ‘nueva Jerusalén’, donde la tecnología esté al servicio de la fraternidad. “El lenguaje de la disuasión ha vuelto a dominar las relaciones internacionales”, advirtió.

En los debates se repitió la preocupación por una nueva carrera armamentística en la que inteligencia artificial y armas nucleares podrían reforzarse mutuamente.

Gobernar la inteligencia artificial

Uno de los discursos más esperados fue el de Juan Manuel Santos. El Nobel de la Paz y expresidente colombiano sostuvo que será imposible garantizar que la inteligencia artificial sirva al bien común sin una gobernanza eficaz basada en la responsabilidad, la transparencia y el Estado de derecho.

Muhammad Yunus fue aún más lejos. Afirmó que estamos viviendo simultáneamente el final de una civilización y el nacimiento de otra, y recordó que las decisiones actuales marcarán el mundo que heredarán los jóvenes.

También intervino Romano Prodi. En un mundo cada vez más fragmentado, advirtió, ninguna nación podrá afrontar por sí sola desafíos como la inteligencia artificial, la seguridad global o el control de tecnologías cada vez más poderosas.

Por su parte, Kerry Kennedy, que actualmente preside la organización Robert F. Kennedy Human Rights, dedicada a la defensa de los derechos humanos, hija de Robert F. Kennedy, el senador y exfiscal general de Estados Unidos que fue asesinado en Los Ángeles el 5 de junio de 1968, mientras hacía campaña para la presidencia, reclamó “que ningún sistema automatizado pueda decidir sobre el uso de armas nucleares”, una idea que quedó incorporada en la Declaración de Roma mediante la exigencia de un control humano efectivo sobre esos sistemas.

Una conversación que viene de lejos

La preocupación del Vaticano por estas cuestiones, obviamente, no empezó esta semana. En julio del año pasado sembró la semilla de este encuentro convocando una mesa internacional sobre inteligencia artificial cuya reflexión desembocó en el documento Fraternity in the Age of AI, con la participación de algunas de las voces más influyentes del sector. Entre ellas Yoshua Bengio, Stuart Russell, Max Tegmark, Geoffrey Hinton, Yuval Noah Harari, Maria Ressa y otros expertos internacionales. 

El punto de partida es tomar conciencia de que la inteligencia artificial puede convertirse en un actor institucional: participar en mercados, redactar contratos, influir en decisiones colectivas y gestionar sistemas complejos sin comprensión humana completa. Precisamente Harari, que es noticia estos días, sostiene que la IA ha empezado a «hackear el código de la civilización humana» al dominar el lenguaje, el principal sistema operativo de las sociedades humanas. También insiste en que la IA es muy inteligente, pero no consciente: «la inteligencia no es lo mismo que la conciencia». La pregunta era esencialmente la misma que sobrevoló estos días Castel Gandolfo: cómo garantizar que la inteligencia artificial contribuya a crear sociedades más humanas, más justas y más inclusivas.

Del Borgo al Campidoglio: la paz, una forma de inteligencia

La mañana del 16 de julio el escenario cambió. Los debates abandonaron la tranquilidad de los olivares y se trasladaron a la Sala Giulio Cesare del Campidoglio, corazón político de Roma. Allí fue firmada la Declaración de Roma por una Paz Desarmada y Desarmante en la Era de la Inteligencia Artificial, las Armas Nucleares y los Sistemas Autónomos, culminación de la Asamblea celebrada en Castel Gandolfo.

El cardenal Baldassare Reina presentó la Declaración como una llamada a la responsabilidad. Habló de la necesidad de educar a las nuevas generaciones en el pensamiento crítico, la ética y la responsabilidad científica porque, tal y como afirmó, “la paz necesita tanto ciencia como conciencia”. También recordó que toda decisión tecnológica, política o económica debe mantener en el centro la dignidad de la persona humana.

La Declaración quiere ser un llamamiento en favor de la vida, la razón, la fraternidad y la corresponsabilidad. En un momento en que la seguridad parece volver a basarse en la amenaza y la disuasión, Reina defendió que “la paz es una forma de inteligencia”.

El Nobel de Física David Gross lanzó una advertencia igualmente clara: “Nuestra supervivencia está en juego”. Y Sharon Stone, embajadora de la firma -y guiño al reclamo mediático- resumió el espíritu de la jornada declarando que “la dignidad humana no es un algoritmo”, como síntesis final del encuentro.

Durante la rueda de prensa posterior, Omnes preguntó cómo medir en cinco años si realmente hemos avanzado en el futuro, si los principios proclamados en Roma se han traducido en hechos, en definitiva: qué tres indicadores concretos utilizarían para saber que la IA está fortaleciendo la dignidad humana y no sólo la productividad económica. Maria Ressa respondió que el criterio estará en las personas: comprobar si los ciudadanos reciben información más fiable, si las democracias salen fortalecidas y si los seres humanos conservan capacidad real de decisión frente a sistemas cada vez más influyentes. También alertó sobre el papel creciente de los chatbots y asistentes conversacionales. La cuestión, afirmó, no será cuánto saben las máquinas, sino si ayudan a pensar mejor o terminan pensando por nosotros.

Nadie ha viajado hasta el Borgo Laudato Si’ para hablar únicamente de algoritmos. Se ha hablado de libertad, responsabilidad, poder y futuro. Al final, la imagen que permanece no es la de los expertos ni la de los documentos firmados. Es la de mentes brillantes reunidas entre gallinas, ponis, huertos y olivos para debatir el futuro de la civilización mientras reconocen que todo empieza por cuidar pequeñas realidades concretas.

Las máquinas son cada vez más inteligentes. Pero el futuro seguirá dependiendo de algo mucho más antiguo que cualquier algoritmo: la capacidad humana de discernir qué merece ser protegido y puesto al servicio del bien común. Después de todo, la gran pregunta ya no es qué puede hacer la inteligencia artificial. La pregunta es otra: ¿en manos de quién estamos?

El autorAlmudena Lago

Mundo

Los obispos franceses denuncian la votación que legaliza la «muerte asistida» como un «punto de inflexión» en la historia del país.

Los obispos franceses critican duramente la “decisión radical” tomada por los legisladores franceses para legalizar la “ muerte asistida”.

OSV / Omnes·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Una votación histórica de la Asamblea Nacional el 15 de julio legalizó la muerte asistida, incluyendo la eutanasia y el suicidio asistido en ciertos casos.

El cardenal Jean-Marc Aveline de Marsella y presidente de la conferencia episcopal lamentó que “los miembros del parlamento hayan consagrado en la ley francesa la posibilidad de causar la muerte”.

“Esta decisión rompe con la larga tradición de cuidados cuyo propósito es aliviar el sufrimiento y acompañar a cada persona hasta el final natural de su vida”, dijo en nombre de los obispos.

El comunicado, firmado por el arzobispo Vincent Jordy de Tours y el obispo Benoît Bertrand de Pontoise, vicepresidentes de la conferencia episcopal francesa, instó a las instituciones sanitarias católicas a «abstenerse de comportamientos claramente reprobables desde el punto de vista moral, en contra de la dignidad de toda vida humana».

Para los obispos franceses, “el 15 de julio de 2026 marca un punto de inflexión importante en la historia de nuestro país”.

La Asamblea Nacional de Francia legaliza la eutanasia mediante votación

Esta es la cuarta vez desde mayo de 2025 que los diputados franceses votan a favor del proyecto de ley que legaliza la «muerte asistida». Los senadores lo han rechazado abrumadoramente en tres ocasiones, y el porcentaje de diputados que apoyan el proyecto de ley ha disminuido significativamente desde la primera votación, pero el descenso no fue suficiente para impedir su aprobación.

El 15 de julio, 291 miembros de la Asamblea Nacional votaron a favor, mientras que 241 votaron en contra, con 29 ausencias.

La ley autoriza la muerte asistida y, en ciertos casos, permite que un médico o enfermero administre la sustancia letal, legalizando así la eutanasia en Francia. La legislación debe ser revisada por el Consejo Constitucional francés antes de entrar en vigor.

El presidente Emmanuel Macron celebra la votación

El presidente francés celebró efusivamente la votación de la Asamblea Nacional, que se presentó como definitiva, en una publicación en X inmediatamente después de la votación. Emmanuel Macron había apoyado abiertamente esta ley. De hecho, había prometido legalizar la eutanasia antes de que finalizara su segundo mandato de cinco años.

“En 2022, me comprometí a allanar este camino junto con el pueblo francés”, dijo el 15 de julio. “Ese compromiso se ha cumplido”.

Los obispos lamentaron abiertamente que el presidente Macron se hubiera puesto arbitrariamente del lado de la decisión de la Asamblea Nacional, a pesar de las numerosas controversias que rodean este proyecto de ley.

“El Presidente de la República había anunciado un debate tranquilo, informado y respetuoso, pero está claro que consideraciones políticas, ideológicas e indudablemente incluso económicas, disfrazadas de retórica engañosa, han frustrado esta ambición”, dijeron los obispos.

“Una cuestión tan fundamental para nuestro contrato social merecía que se consideraran plenamente las consecuencias humanas, médicas, éticas y sociales de la eutanasia y el suicidio asistido.”

Los obispos franceses advierten sobre las consecuencias éticas y sociales

Para los obispos, uno de los mayores peligros de la ley radica en que el principio de que la muerte puede constituir una respuesta médica al sufrimiento se ha convertido en parte del acervo jurídico del país. La elección de morir puede entonces reivindicarse como un derecho que podría extenderse a otros.

“La experiencia en otros países demuestra que los criterios de acceso a la muerte asistida tienden siempre a ampliarse, en detrimento de los cuidados paliativos”, señalaron.

Mientras tanto, “los efectos de dicha legislación aún no se han medido por completo, pero ya se están haciendo notar”, advirtieron los obispos. “Nuestra relación con la vulnerabilidad, la vejez, la discapacidad y la enfermedad cambiará”, añadieron.

“Los más pobres son probablemente los primeros en pagar las consecuencias: para no ser una carga para sus hijos o nietos, las personas mayores en situaciones precarias pueden sentirse presionadas a morir”, advirtieron los prelados.

Los proveedores de atención médica católicos podrían enfrentar desafíos legales

Para los obispos, la preocupación más inmediata y concreta hoy en día es que, si la ley entra en vigor, los centros de atención —principalmente las instituciones católicas— podrían enfrentar acciones legales si se niegan a permitir la eutanasia o el suicidio asistido en sus instalaciones. Tal como está redactada, la ley exigirá que el director del centro o departamento autorice a profesionales externos a realizar el procedimiento letal.

Por lo tanto, los obispos han anunciado que «seguirán de cerca las remisiones al Consejo Constitucional» que se anunciaron antes de la votación.

El Consejo Constitucional de Francia revisará la ley

El 14 de julio, mientras Francia celebraba el Día de la Bastilla —la fiesta nacional más importante del país—, el primer ministro Sébastien Lecornu sorprendió a muchos al anunciar que apelaría al Consejo Constitucional para que sometiera a revisión el texto de esta ley, a la que se opone personalmente. Justificó este último recurso alegando la falta de acuerdo entre las dos cámaras, la Asamblea Nacional y el Senado. Unos días antes, el presidente del Senado, Gérard Larcher, había anunciado su intención de tomar la misma medida.

El Consejo Constitucional puede aprobar el proyecto de ley en su totalidad, anular ciertas disposiciones o emitir reservas interpretativas antes de que Macron promulgue la ley. La consulta solicitada por el primer ministro se centrará, en particular, en la ausencia de una cláusula de objeción de conciencia que permita a los centros sanitarios —como las residencias católicas gestionadas por las Hermanitas de los Pobres— estar legalmente autorizados a negarse a prestar servicios de «muerte asistida» en sus instalaciones.

A la espera del resultado de la apelación, los obispos de Francia han reiterado su llamamiento a los católicos franceses para que «den testimonio de que es posible otro camino: uno de presencia fiel y atención que alivie el sufrimiento físico o psicológico, sin abandonar jamás a nadie».

Caroline de Sury escribe para OSV News desde París.

El autorOSV / Omnes

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Mundo

El cardenal Sarah denuncia en el Parlamento Europeo la «colonización ideológica» sobre África

El cardenal explicó cómo funciona el sistema de presión para que los países africanos acepten políticas contrarias a sus culturas.

Javier García Herrería·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino, pronunció el 15 de julio en la Sala SPAAK del Parlamento Europeo una «Lectio magistralis» sobre las relaciones entre Europa y África, por invitación del grupo ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), junto con Sos Chrétiens d’Orient y Pro Vita e Famiglia.

En un discurso de fuerte carga teológica y política, el purpurado guineano planteó una pregunta que, dijo, es «decisiva para el futuro de nuestros dos continentes»: «¿podemos aún entendernos?».

Una crisis del lenguaje y de la razón

El eje central de la intervención fue la denuncia de una progresiva vaciedad del vocabulario compartido entre Europa y África. Sarah se preguntó si palabras como «derechos humanos», «dignidad», «desarrollo», «libertad», «salud», «género» o «familia» «significan aún la misma cosa para quienes las pronuncian en Bruselas, en Estrasburgo, en Kampala o en Conakry».

El cardenal tomó como clave de lectura una frase pronunciada por el Papa León XIV en enero, ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede: «Necesitamos que las palabras vuelvan a expresar de modo inequívoco realidades ciertas. Solo así puede reanudarse un diálogo auténtico y sin malentendidos». A partir de esta cita, Sarah sostuvo que la crisis actual —geopolítica, de los derechos, del multilateralismo— es «en su raíz, más allá del lenguaje: una crisis del logos, de la razón».

Según el purpurado, el dossier preparado para el encuentro muestra «con documentada claridad» cómo, en la relación entre la Unión Europea y África, «las palabras son hoy usadas no para revelar la realidad, sino para ocultarla o incluso para invertirla». Puso varios ejemplos: se habla de «salud sexual y reproductiva» y se entiende, dijo, «el acceso al aborto»; se habla de «igualdad de género» y se entiende «la deconstrucción de la diferencia sexual entre hombre y mujer inscrita en el cuerpo del ser humano»; se habla de «derechos humanos» para los países africanos y se entiende «la imposición de categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura, a nuestra visión antropológica».

Para Sarah esto no es «un problema de semántica académica», sino «un problema político, un problema de verdad, de honestidad en las relaciones humanas». Un vocabulario ambiguo en tratados y resoluciones, afirmó, se convierte en «instrumentos de perversión y de poder silencioso, de neocolonialismo cultural y económico», ya que «quien controla el significado de las palabras controla, de hecho, el resultado de la negociación, sin que la otra parte se dé cuenta». El cardenal anunció que intentaría «iluminar» este fenómeno «a la luz del Evangelio y de la razón».

El magisterio de Benedicto XVI sobre el logos

Sarah recordó tres discursos de Benedicto XVI —Ratisbona (2006), el Collège des Bernardins de París (2008) y el Bundestag alemán (2011)— como diagnóstico previo de esta crisis. En Ratisbona, Benedicto XVI subrayó que Dios actúa «con logos», es decir con razón y palabra a la vez, y advirtió que una razón «sorda» a lo divino «se vuelve incapaz de insertarse en el diálogo de las culturas». En París, propuso el camino del quaerere Deum y alertó de que «una cultura meramente positivista […] sería la capitulación de la razón». En el Bundestag preguntó: «¿Cómo puede la razón reencontrar su grandeza sin resbalar en lo irracional?».

Colonización ideológica, aborto, género y autodeterminación de los pueblos

En el resto de la intervención, el cardenal desarrolló estas ideas en varios frentes concretos:

  • La «colonización ideológica». Citando al Papa Francisco —quien acuñó la expresión en Manila en 2015 («Estemos atentos a las nuevas colonizaciones ideológicas […] entran en un pueblo con una idea que no tiene nada que ver con el pueblo»)—, Sarah sostuvo que categorías como SOGI (Sexual Orientation and Gender Identity) o CSRHE (educación sexual y reproductiva comprensiva), se repiten sistemáticamente en tratados y planes de acción europeos hasta constituir «un verdadero y propio sistema».
  • Aborto y derechos reproductivos. El cardenal criticó las resoluciones del Parlamento Europeo de 2022 que piden «dar prioridad al acceso universal al aborto seguro y legal», y contrapuso las constituciones de Kenia y Uganda, que protegen la vida desde la concepción, como ejemplo de «autodeterminación de los pueblos».
  • Género y educación. Denunció el Acuerdo de Samoa y el «Gender Action Plan III» de la UE por imponer, según dijo, una «educación sexual y reproductiva comprensiva» y un enfoque «gender-transformative» sin «una consulta real de los pueblos interesados».
  • El sistema de condicionalidad europea. Sarah describió un mecanismo «de tres niveles» —normativo, jurídico-convencional y financiero-comercial— que, a su juicio, elude el principio de autodeterminación, poniendo como ejemplo la presión ejercida sobre Uganda en 2023 a raíz de su legislación penal.
  • Voces africanas. Citó testimonios de funcionarios africanos que hablan de un «hecho consumado» en las negociaciones («Si no firmas, hay consecuencias») y recordó las palabras del presidente ugandés Museveni en la conferencia de Entebbe (mayo de 2025): «tendremos que retirarnos de aquella absurdidad, y decir a la Unión Europea que no podemos formar parte de aquella iniquidad».
  • Balance y llamamiento final. El cardenal insistió en que su intención no es rechazar la cooperación con África, sino pedir que «la cultura de la potencia» se transforme en «civilización del amor». Recordó también su ya célebre imagen, formulada en el Sínodo de 2015, de la ideología de género y el fundamentalismo islámico como dos «bestias apocalípticas». Concluyó pidiendo al Parlamento Europeo «un acto de razón»: verificar si las palabras que pronuncia «honran verdaderamente a la persona humana, a la familia, a la libertad de los pueblos», advirtiendo de que, si no lo hace, «ningún tratado, por bien escrito que esté, podrá colmar la distancia que las ‘palabras traicionadas’ habrán cavado» entre Europa y África.
Evangelización

Rafael Aita: «Existieron incas que eran católicos, hablaban español y latín y eran aliados del rey»

El divulgador desmonta los mitos de la "leyenda negra" en América, reivindicando el legado católico y las alianzas entre los incas y la Corona española.

P. Manuel Tamayo·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Ingeniero de profesión pero historiador por vocación, el escritor peruano Rafael Aita —conocido en las redes como Capitán Perú— se ha convertido en una de las voces más firmes y disruptivas de la divulgación histórica en Hispanoamérica. A través de obras de gran impacto como Los incas hispanos y Los incas católicos, Aita combate la politización de las aulas y el arraigo de la «leyenda negra», rescatando del olvido las alianzas indígenas y el profundo proceso de evangelización que unió a España y América.

En esta entrevista, el también colaborador del aclamado documental Hispanoamérica nos invita a redescubrir un pasado común libre de sesgos ideológicos, donde figuras como Santo Toribio de Mogrovejo sentaron las bases espirituales de medio continente.

Eres ingeniero industrial y magister en Administración de empresas ¿por qué te has dedicado, con bastante empeño, a escribir libros de historia?

–Por lo mal que se enseña la historia en nuestros países. Toda persona que ama a su país, independientemente de su profesión, debe conocer su historia y cultura, cuando comencé a hacerlo, encontré tantas inconsistencias entre la historia que aparece en los libros con la historia que se enseñaba, que me fue inevitable hablar del tema.

La historia del Perú tiene una relación directa con España, a la que solemos llamar la “Madre Patria”. A España le debemos la religión y la cultura. En los libros de historia ¿se da este reconocimiento?

–En muchos libros sí, ahí se tiene al gran historiador peruano José Antonio del Busto, que se pronunció públicamente en contra del retiro de la estatua de Francisco Pizarro de la plaza de armas de Lima. Lamentablemente, estos textos no llegan al currículo escolar que está sumamente politizado.

¿Dónde se inician las corrientes anti hispanistas? ¿Son contra España o contra la religión?

–En un inicio fueron de la mano, la leyenda negra que esparcía Inglaterra o Países Bajos estaba acompañada de la guerra política contra España, así como el cisma con la Iglesia Católica. Hoy en cambio, no es necesariamente así, y muchos católicos han asumido la leyenda negra contra España.

¿En qué consiste lo que se conoce con el nombre de “leyendas negras”?

–Se define como el conjunto de exageraciones, manipulaciones, omisiones, tergiversaciones y sesgos históricos con el objetivo de dejar mal a un solo lado, en este caso, el español y católico.

Veo que has escrito varios libros, entre ellos: “Los Incas hispanos” y “Los incas católicos” ¿qué quieres decir con estos libros?

–Desde el nombre ya es disruptivo, pues muchos piensan que lo inca es contrario a lo hispano e incompatible con lo católico, precisamente porque no nos han explicado que existieron incas que eran católicos, hablaban español y latín y eran aliados del rey. La intención de ambos libros es romper ese prejuicio.

He visto que has salido en el documental “Hispanoamérica” de José Luis López Linares, ¿cuál es la intención de ese documental? ¿Está en la línea de tus libros?

–No sólo está en la misma línea, sino que José Luis López Linares adquirió mi libro de Los Incas Hispanos para realizar la parte del Perú. Tuve la oportunidad de filmar en Cusco parte del documental con él, una de las experiencias que guardo mejores recuerdos.

¿Tú piensas que la historia que nos han contado en el Perú no se ajusta a la verdad?

–En mi última charla en una parroquia hice la siguiente pregunta a los feligreses: ¿cuántos indígenas fueron ejecutados bajo el tribunal de la inquisición? La respuesta iba entre cientos y miles. No podían creer cuando les di el dato que solo 32 personas fueron ejecutadas y ninguna de ellas era indígena. Estamos hablando de un público católico, asiduo a la parroquia y que ha recibido charlas de formación por décadas, ahora imaginemos lo que se les ha enseñado a los demás.

¿Veo que la historia de España con respecto al Perú no debería llamarse de conquista, y tampoco es un colonialismo, sino la historia de la evangelización?

–Así es, y como dijo Ramón Mujica Pinilla, la conquista del Perú se dio más por alianzas que por la fuerza.

¿Cómo van los proyectos de un nuevo hermanamiento entre España y Hispanoamérica?

–Aunque políticamente lejano, veo que cada día se cae el andamiaje de la leyenda negra, lo cual es necesario antes de cualquier tipo de unidad. Primero debemos estar unidos en pensamiento, y luego el resto vendrá en consecuencia a eso.

El Papa León en España ha mencionado tres veces a Santo Toribio de Mogrovejo como uno de sus santos preferidos, ¿piensas que Santo Toribio, al ser arzobispo de Lima, fue la cabeza o una pieza muy importante para la evangelización de Hispanoamérica?

–Por supuesto, Santo Toribio organizó la estructura eclesial en Perú y evangelizó a su población, bautizando y confirmando alrededor de medio millón de personas. Recordemos que en aquella época el Perú abarcaba desde Panamá hasta la Patagonia, por lo que bien podemos decir que la mitad del continente americano es católico gracias a la labor de Santo Toribio.


Entrevista a Rafael Aita en televisión

El autorP. Manuel Tamayo

Sacerdote peruano

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Cultura

Científcos católicos: Ricardo Cirera y Salse

Ricardo Cirera y Salse fue un astrónomo jesuita que ingresó en la Compañía de Jesús en 1880, fundó el Observatorio del Ebro en Tarragona.

Ignacio del Villar·17 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Ricardo Cirera y Salse (Os de Balaguer, 1864 – Barcelona, 1932) fue un astrónomo jesuita que ingresó en la Compañía de Jesús en 1880. Se trasladó a Filipinas siete años después para trabajar como científico en el Observatorio Meteorológico de Manila (Filipinas), fundado por los jesuitas en 1865. Allí se hizo cargo, entre 1888 y 1894, de la sección de geomagnetismo, logrando obtener el primer mapa magnético de las islas Filipinas y de las costas de China y Vietnam.

Al terminar este periodo regresó a España para completar sus estudios de Teología. Posteriormente, en 1899, fundó el Observatorio del Ebro en Roquetas, Tarragona (es la misma localidad donde fundaría el también jesuita Eduardo Vitoria el Laboratorio Químico del Ebro).

Sin embargo, la inauguración del Observatorio se demoró hasta 1904 porque decidió visitar, entre 1900 y 1903, los principales observatorios de Europa para así poder decidir la línea de investigación a seguir, que fue finalmente la relación entre la actividad solar y los fenómenos eléctricos y magnéticos en la Tierra, algo muy vanguardista para su época. Un buen ejemplo de esta línea fueron las observaciones de magnetismo y electricidad terrestres que coordinó Cirera en 1905 en diversos puntos de España durante el eclipse total que tuvo lugar aquel año.

También puso en marcha en 1914 la revista Ibérica, que se convirtió en una publicación de referencia en el mundo científico en España y en Sudamérica.

Pero su actividad científica se detuvo en 1921, cuando fue nombrado procurador general de la misión de los jesuitas en Bombay, cargo que desempeñó hasta 1923. También colaboró en la promoción de la Compañía de Jesús, impulsando en 1925 el Pabellón de las Misiones de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

Por último, podemos destacar de Ricardo Cirera que fue miembro de la Academia de Ciencias y Artes de Barcelona desde 1904, así como de otras instituciones científicas europeas, y que en 1914 recibió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII.

El autorIgnacio del Villar

Universidad Pública de Navarra.

Sociedad de Científicos católicos de España

Evangelización

Luis de la Fuente, el seleccionador que desmiente a Marx y Nietzsche

El seleccionador español se ha convertido en un católico del que -perdónenme el atrevimiento- da gusto presumir.

Javier García Herrería·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Siempre existe un riesgo cuando un personaje público habla de su fe: el de convertirlo, casi sin querer, en icono a canonizar, en modelo idealizado al que aplaudimos más por su fama que por su ejemplo real. Conviene ser prudentes con eso. Pero en el caso de Luis de la Fuente, uno puede quitarse el sombrero con tranquilidad, porque lo que sostiene el aplauso no es solo la anécdota mediática, sino una tríada poco frecuente: doctrina bien entendida, virtudes humanas sólidas y prestigio profesional ganado a pulso.

Esta semana, en una rueda de prensa, dejó claro que su vida de oración no depende del calendario deportivo: «Rezo todos los días, pero no porque esté en un Mundial», explicó, dejando claro que tampoco espera que eso le garantice ningún resultado. 

«Doy gracias todos los días, cada día que me levanto», dijo, por el simple hecho de encontrarse bien y tener, según sus palabras, un día más para disfrutar de la vida. Es una teología sin pretensiones, la de quien agradece antes de pedir, y que entiende la fe como reconocimiento y no como transacción.

Preguntado por lo que le pide a Dios antes de un partido decisivo, respondió que «sería injusto pedirle a Dios que me ayude a mí y no al rival». En un deporte que normaliza suplicar la victoria propia como si el cielo tuviera colores de camiseta, esa frase es, sencillamente, buena doctrina: Dios no es el duodécimo jugador de nadie. Lo único que pide para sí De la Fuente es más discreto —«pido salud, especialmente, y que me dé opciones para seguir peleando»— porque el resto entiende que se gana en el campo.

Ahí es donde el discurso de De la Fuente se distancia, sin proponérselo, de la sospecha con la que Marx y Nietzsche miraban a los creyentes. Para el primero, la religión era ante todo un consuelo interesado, un analgésico que el débil se administraba para sobrellevar la injusticia terrena sin cambiarla; para el segundo, la fe del hombre común escondía una forma de sacar una compensación ante la propia debilidad. 

En ambos casos, creer se reducía a una utilidad disfrazada: se reza porque conviene, porque alivia o porque desquita. De la Fuente hace justo lo contrario cuando explica que sería injusto pedir ventaja sobre el rival y que su oración no busca ningún resultado a cambio. Su fe no funciona como herramienta que le reporte un beneficio, sino como gratitud que no necesita retorno, lo cual desmonta, al menos en su caso, la caricatura utilitarista que ambos pensadores proyectaron sobre el creyente medio.

No hace falta canonizar a nadie para reconocer lo evidente: aquí hay un católico coherente, trabajador y sencillo, que no teme dar testimonio de lo que cree. Un católico del que da gusto presumir. Y eso, gane o pierda España la final, ya es un ejemplo que vale la pena señalar.

Firmas invitadasLuis Miguel Bravo Álvarez

Los ojos de Elena, un modo de entender el Bautismo

Que un niño llore mientras en su alma se está obrando un milagro me hace pensar que, quizás, Jesús llora de alegría cada vez que sucede un Bautismo.

16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Era una oscuridad nueva, penetrante. Era como asomarse a una noche inexplorada, como visitar un lugar conocido pero con la sensación de hacerlo por primera vez. Era como volver a casa, pero sin haber estado allí antes. Era como mirar un espejo que no refleja, sino que sumerge.

Fue, sin lugar a dudas, una experiencia inmersiva. Fueron pocos segundos, pero pasaron muchas cosas. Era como ver el mundo por primera vez a través de los ojos de esa niña que me miraba por primera vez a mí.

Eran los ojos grises de Elena, que no sé si seguirán siendo grises con el paso de los años. Pero ese gris ya es mío, ya está impreso en la memoria, inolvidable.

Si tuviera que definirlos, diría que son ojos abismales. No solo porque sean grandes, sino porque evocan un abismo. Te asomas y te sumergen: producen una fascinación llena de misterio.

Sorpresa, admiración, curiosidad, expectación: una inmensa escala de grises, un torbellino de sensaciones ya vividas alguna vez, pero nunca como esta vez.

Misterios pensados

Miles de cosas reaprendí en pocos segundos, sorprendido por el azote de gracia que fue mirar por primera vez a los ojos a mi primera sobrina. Digo que reaprendí porque, como dice el libro de los salmos, “un abismo llama a otro abismo”: esos ojos abismales me hicieron pensar en tantos misterios ya pensados, pero tan inefables que a ellos nunca terminaremos de volver.

Pensé en el abismo de belleza que es el Creador, pensé en cómo serían a esa edad −cinco meses− los ojos del Redentor, pensé en que probablemente el Reino de los Cielos es de los que son como niños porque son la muestra viva de que Dios hace nuevas todas las cosas, y le bastan dos ojos de niña para refrescar un corazón.

Hija de Dios

Pocas horas después, no tuve más remedio que despertar a Elena de una forma brusca: echándole agua en la cabeza. Había resistido muy bien la Misa de su bautismo, pero la homilía de su tío sacerdote probablemente contribuyó a adelantar la siesta. Llegado el instante de bautizarla en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Elena estaba profundamente dormida.

Fue el único momento de toda la ceremonia en que lloró: el momento exacto en que Dios la hizo suya, en que la convirtió en hija de Dios. La pobre no tuvo más remedio que llorar, sorprendida por ese despertar tan abrupto. Y yo, enternecido al verla sollozar, algo contrito por estar contribuyendo al llanto, pero sobre todo agradecido con Dios, saltaba de gozo por dentro al pensar que su Bautismo estaba siendo, literalmente, un nuevo nacimiento, con lágrimas incluidas, como es habitual cuando se nace.

Lágrimas de Cristo

Y pienso ahora que el agua del Bautismo no solo evoca la que salió del costado de Cristo, como ha interpretado durante siglos la Iglesia, sino que quizás, a lo mejor, esa agua también nos puede recordar las lágrimas de Jesús, varias veces mencionadas en el Evangelio.

Contemplar la paradoja de que ella llore mientras en su alma se está obrando un milagro me hace pensar en que, quizás, a lo mejor, Jesús llora de alegría cada vez que sucede un Bautismo. Y que son esas lágrimas de Cristo las que lavan el alma.

Una gracia divina

Por eso, mirar los ojos grises de Elena, esos ojos abismales, fue una gracia que difícilmente olvidaré. Dios la hizo nueva a ella por el agua, y a mí me hizo nuevo por la escala de grises infinita de ese misterioso pozo que era su mirada. 

Será un recuerdo de esos que vendrán intempestivos y, sin previo aviso, me obligarán a esbozar una sonrisa.

El autorLuis Miguel Bravo Álvarez

Vaticano

La nueva voz de la Santa Sede

El nombramiento de Montserrat Alvarado al frente del Dicasterio para la Comunicación marca un hito histórico para la Santa Sede y ofrece, al mismo tiempo, una oportunidad para reflexionar sobre el verdadero sentido de comunicar en la Iglesia: hacer de la comunión el alma de toda palabra.

José María Díaz-Dorronsoro·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Me enteré del nombramiento a través de un grupo de WhatsApp, que es el canal por el que aquí, en Roma, llegan las noticias de la Santa Sede de inmediato. “Mujer, mexicana, de menos de cuarenta y gran experta en comunicación eclesial”, resumía el emisario. Montserrat Alvarado dirigirá a partir de noviembre el Dicasterio para la Comunicación: primera laica al frente de un “ministerio” vaticano y la prefecta más joven hasta el momento. Recordé que Joaquín Navarro-Valls propuso en su momento ser sustituido por una mujer laica. 

Él mismo contaba que, en 1993, un periodista inglés publicó que a Juan Pablo II le quedaban, como mucho, cuatro años de vida. El portavoz salió al paso y dijo, con esa elegancia suya de esgrimista: “a veces se publican noticias que responden más a los deseos de quien las escribe que a la realidad”. Y la realidad, que no ahorra en ironía, dispuso que aquel profeta muriera dos años después y que el desahuciado siguiera adelante doce más. Comunicar la fe también es eso: corregir los deseos con los hechos, y siempre sonriendo. 

Ahora el deseo de Navarro-Valls se vuelve hecho. El Vaticano confía su voz a una laica, nacida en México y con nombre de advocación mariana catalana. A mí me parece una encarnación de catolicidad extraordinaria. La Iglesia no busca propaganda; busca traducción simultánea del Evangelio, y para eso conviene alguien que hable, además de varios idiomas, la lengua que permita escuchar su mensaje.

Lo demás lo dice la etimología, que es la teología de los humildes: comunicación pertenece a la familia de la comunión. Cuando falta la segunda, la primera se vuelve ruido. El reto de Alvarado es formidable, pero la tarea es la de siempre: que la mejor noticia de la historia siga llegando a su hora, también a un grupo de WhatsApp.

El autorJosé María Díaz-Dorronsoro

Profesor de la Facultad de Comunicación Eclesiástica de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.

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Evangelio

El poder de Dios es la misericordia. Domingo XVI del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XVI del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 19 de julio de 2026.

Vitus Ntube·16 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Este domingo continuamos con el método de enseñanza de Jesús sobre el que reflexionamos la semana pasada. Jesús sigue enseñando en parábolas; de hecho, como nos dice el Evangelio, “sin parábolas no les hablaba nada”. A través de este método, el Señor invita a sus oyentes a participar activamente en la acogida de la verdad. 

Hoy, sin embargo, nuestra atención se dirige no sólo al método de enseñanza de Jesús, sino también a su contenido. Las lecturas nos revelan la verdadera naturaleza del poder divino. Jesús, que es Señor, nos muestra cómo es el auténtico poder. En un mundo que con frecuencia asocia el poder con la dominación, la fuerza o el control, Dios revela que el verdadero poder se expresa, ante todo, en la misericordia.

Este tema recorre todas las lecturas de hoy. En la primera lectura, del libro de la Sabiduría, escuchamos estas palabras impresionantes: “Y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos. Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia”. Estas palabras revelan algo profundo sobre la naturaleza de Dios. La omnipotencia divina no es dura ni opresiva. Su poder se manifiesta precisamente en su paciencia, en su compasión y en su disposición a perdonar. 

La oración colecta del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario expresa bellamente esta misma verdad: “Oh Dios, que manifiestas tu poder sobre todo con el perdón y la misericordia…” El Evangelio nos presenta tres parábolas del Reino: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. Sin embargo, los discípulos vuelven a Jesús particularmente preocupados por la parábola de la cizaña entre el trigo. Tal vez les inquietaba la presencia del mal, o quizá estaban desconcertados por la paciencia del dueño del campo. Los criados preguntan si deben arrancar inmediatamente la cizaña. Pero el amo responde: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”.

Aquí vemos la sabiduría y la paciencia de Dios. El Señor no actúa precipitadamente. En su misericordia, concede tiempo para el arrepentimiento. Da espacio para la conversión. La paciencia de Dios no es indiferencia ante el mal; más bien, es su deseo amoroso de que los pecadores vuelvan a Él y vivan.

San Josemaría Escrivá utilizó una vez una hermosa imagen durante un viaje a Argentina. Decía que Dios no es como un cazador que busca una presa. Es como un jardinero que cuida amorosamente sus flores: las riega, las protege y las cuida con paciencia. Y solo cuando la flor alcanza su plenitud y belleza, el jardinero la recoge. Del mismo modo, Dios trabaja pacientemente en nuestras almas hasta que estén preparadas para la vida eterna.

Vaticano

El IOR o «Banco vaticano» tendrá nuevo director general: Giovanni Boscia

Boscia sucede en el cargo a Gian Franco Mammì, que se retira por edad tras once años al frente del Instituto para las Obras de la Religión.

Redacción Omnes·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Istituto para las Obras de la religión (IOR) ha anunciado el nombramiento de Giovanni Boscia, hasta ahora subdirector general, como próximo director general. Boscia asumirá el cargo el 1 de octubre.

Este nombramiento, ha sido decidido por el Consejo de Supervisión del Instituto y aprobado por la Comisión de Cardenales Supervisores del IOR.

Giovani Boscia, un perfil profesional de «dentro»

Boscia no es nuevo en el conocido como «banco vaticano», del que formaba parte desde 2019. En el IOR, Boscia ha asumido los puestos de director financiero y CFO; en 2021, asumió también la responsabilidad de la gestión de activos como director de inversiones; y, desde 2023, ocupaba el cargo de subdirector general.

Según la nota emitida por el IOR y hecha pública por los medios vaticanos, el nombramiento de Giovanni Boscia, «refleja una sólida estructura de gobierno basada en una clara distinción entre los órganos de supervisión, gobierno y gestión, y diseñada para garantizar la transparencia y la estabilidad».

Además de su trabajo en el IOR; Boscia cuenta con treinta años de experiencia en los mercados financieros internacionales en instituciones como Salomon Brothers, Citigroup, RBS y Credit Suisse First Boston. Su carrera se ha desarrollado principalmente en Londres, en importantes bancos de inversión y como gestor sénior de carteras de fondos alternativos.

Antes de incorporarse al IOR, Boscia fue director de Renta Fija y Crédito en Quaestio Capital SGR. Se licenció con honores por la Universidad Bocconi y obtuvo un máster en Finanzas y un MBA Ejecutivo por la London Business School.

Un IOR «renovado y transparente»

El hasta ahora director general, Gian Franco Mammì, director general del IOR, ha deseado que su sucesor «continúe el camino que hemos compartido hasta ahora con unidad, prudencia y visión, fiel a la misión del Instituto».

Un camino, según Mammí en el que destaca el «intenso y exigente proceso de renovación y adecuación a la normativa internacional del sector financiero».

El director saliente ha señalado que deja un «Instituto sólido y transparente, plenamente reconocido a nivel internacional», y ha querido agradecer la confianza puesta por los pontífices en su gestión.

El IOR

Llamado el «banco vaticano», aunque tiene algunas diferencias operativas con las instituciones financieras habituales, el IOR es única institución autorizada para desarrollar actividades financieras profesionales en el Estado de la Ciudad del Vaticano.

En este sentido, «ofrece a sus clientes servicios bancarios y de inversión, gestionando los activos que se le confían de conformidad con la Doctrina Social de la Iglesia Católica y con los más altos estándares internacionales».

Actualmente cuenta con más de 12.000 clientes que pertenecen a la Iglesia católica o trabajan a su servicio, en más de 110 países de todo el mundo.

Recursos

La «Crítica de la razón práctica» de Immanuel Kant

Continuación de la serie de artículos sobre la obra principal de los principales autores modernos y contemporáneos, tras la exposiciones de Descartes, Locke y Hume.
 

Ignacio Sols·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

Una versión más larga de este artículo puede encontrarse aquí.


A) Exposición

Fue Alfred North Whitehead quien afirmó que la filosofía occidental no son sino notas a pie de página de los Diálogos de Platón.  Puede ser exagerado, pero pienso que a los Diálogos solo les faltó la idea de la Crítica de la Razón Práctica, y que si me permitieran salvar solo dos libros filosóficos en un  naufragio, salvaría los Diálogos y la Crítica.

En la anterior Crítica de la Razón Pura, no se descartó la realidad de Dios, quedando como posibilidad ya que la idea de Dios es puesta como apriorismo o idea pura de nuestra razón especulativa. Quizá el autor fue consciente de que podría no tener vida suficiente para escribir esta segunda crítica que sale al paso del aparente agnosticismo de la primera, ya que anuncia su argumento en la observación, hacia el final, de que no es que sea éste mi deber porque me lo manda Dios, sino que, porque sé que es éste mi deber, sé que hay un Dios y que me lo manda.

Comienza esta segunda Crítica por lo obvio, aquello en que todas las escuelas éticas están de acuerdo: la voluntad tiende al bien, es decir, que todo aquel que obra, lo hace por un bien, ya que hasta un asesinato se comete porque la razón, en su uso práctico, ha determinado la voluntad del asesino al presentarle el posible crimen como un bien.

Estas determinaciones de nuestra voluntad en la razón práctica pueden ser máximas personales -no las entendemos obligación de todos- , tal como un propósito de hacer gimnasia a primera hora, o como máximas universales o normas morales, aquellas que entendemos que obligan a todos. Se trata de una razón práctica que es pura, es decir a priori y por tanto universal, ya que es parte de la naturaleza humana, donde “a priori” significa que es anterior a cualquier ordenación concreta de nuestra razón práctica, como el propósito de hacer gimnasia. Y al decir que es volición pura, queremos decir que se halla presente como norma de todas nuestras voliciones concretas. 

Los dictados de la razón práctica pura no son demostrables, no pueden ser deducidos de otros conocimientos anteriores, ya que, muy al contrario, nos sirven como punto de partida para demostrar la moralidad de nuestras acciones concretas.

El más universal de esos dictados es el imperativo categórico, aquél que resume la ley moral en nuestra conciencia como forma a priori de nuestras acciones, aquella norma moral de la que todas las demás son concreciones:

 “Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre al mismo tiempo, como principio de una legislación universal” 

En otras palabras, sea tu conducta norma universal. Es la regla de oro de Jesús, en la que están contenida la ley y los profetas, pero en versión filosófica que resalta su universalidad, puesto que el “como quieras que los demás obren contigo” de Jesús equivale al “como crees que todos deberían  obrar” en la expresión kantiana.

Por ejemplo, acerca del engaño: “cada uno sabe que si él se permite secretamente el engaño, no por eso permite que engañe todo el mundo, o que si se conduce sin cariño, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo en su contra con esa misma disposición. Si la máxima de la acción no es de tal índole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. Así juzga hasta el entendimiento más vulgar, pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los más ordinarios”.

La cuestión que inmediatamente se pone a continuación es por qué la ley moral obliga. Todo hombre lo sabe: porque es mi deber. Su fuerza de coerción está basada en el sentimiento: un inexorable sentimiento de desprecio hacia uno mismo si obra contrariamente a su deber, y un sentimiento también inexorable de respeto hacia los demás cuando cumplen con el suyo: “Ante un hombre de condición baja y ordinaria en quien percibo una rectitud de carácter en una medida de la que yo no tengo conciencia en mí mismo, inclinaré mi espíritu, quiera yo o no, y eso aunque mantuviese alta mi cabeza para recordarle mi superioridad (…) El respeto es el tributo que no podemos negar al mérito, queramos o no lo queramos” Esta última acotación –“queramos o no lo queramos”-  es precisamente la razón por la que se trata de un apriorismo de la voluntad.

Sigue la cuestión que ha distinguido históricamente los sistemas éticos en filosofía: cuál sea el Bien Supremo, es decir, cuál el objetivo final de las acciones de los hombres, si la búsqueda de la virtud, o si la búsqueda de la felicidad. Epicúreo, tres siglos antes de Cristo, respondió que el hombre tiende o debe tender a la felicidad, pero no por eso rebajó el discurso de la virtud, ya que entendía que la vida virtuosa es el modo de alcanzar la felicidad. Inmediatamente después, los estoicos vieron en la virtud el fin último, el Bien Supremo al que el hombre ha de tender, quedando la felicidad como consecuencia -a modo de premio de la naturaleza- de una vida virtuosa.

Enérgicamente se opondrá Inmanuel a ambas escuelas, negando la ecuación que ambas mantienen “vida virtuosa = vida feliz”, para lo que pone el ejemplo de un cortesano de Enrique VIII. El rey le pedía que testificase con falsedad en contra de Ana Bolena, para así llevarla al patíbulo y casarse con Jane Seymour. El cortesano no accedió, y el rey se vengó encontrando quienes falsamente testificaron contra él con pruebas de tal realismo que hasta sus propios familiares las creyeron. Al subir aquel cortesano las gradas del cadalso, ¿consideraría haber actuado con virtud? Sí, sin duda. ¿Consideraría que el de su vida había sido un feliz? Sin duda que no, y esto prueba que la virtud no siempre lleva a la felicidad. Pero subiría las gradas “contento de sí mismo”, volvería a repetir su acción. (Emily Dickinson: “Mi alma -me acusó- y era un tormento-/ como si lenguas de diamante me insultaran./ Todos los demás me acusaron -y yo sonreía-/ Mi alma -esa mañana- era mi amiga-“)

Así es como considera Kant que ambos epicúreos y estoicos, al equiparar virtud y felicidad, perdieron la noticia de Dios y de la inmortalidad del alma, aquella que el hombre recibe en su conciencia del deber y en su anhelo íntimo de felicidad. Así es  como, en la razón práctica, recupera Kant la noticia íntima de la realidad de Dios, de un Dios que legisla y remunera nuestro libre obrar, del que somos moralmente responsables: el Dios de la religión. Esto explica que Dios, libertad (causalidad), inmortalidad solo quedaran como posibilidad cuando en la anterior crítica trató de la razón especulativa: “Ni siquiera puedo, pues aceptar a Dios, la libertad y la inmortalidad en apoyo del necesario uso práctico de mi razón sin quitar, a la vez, a la razón especulativa su pretensión de conocimientos exagerados (…) Tuve pues que suprimir el saber para dejar sitio a la fe” (el subrayado es del propio Kant).

 “Dejar sitio a la fe”, por eso Dios ha aparecido tan solo como idea a priori en nuestra mente, en una Crítica de la razón pura en que nada se ha dicho de su realidad, ni nada en contra, solo ha quedado como posible. Del mismo modo sucede con las ideas de Yo y el Mundo, y de esa interacción entre ambos que es la causalidad: el mundo causa las impresiones que inician en mí su conocimiento, y yo soy verdadera causa, y por tanto responsable de mi acción sobre el mundo, luego moralmente responsable. Así pues, también la libertad había quedado como mera posibilidad en la anterior Crítica y es recuperada ahora en la Crítica de la razón práctica. 

Y al llegar aquí el piadoso prusiano se pregunta si no ha actuado la naturaleza como madrastra al presentarnos la realidad de Dios y de la inmortalidad del alma tan solo en la acción, dejándolas fuera de nuestro alcance de nuestra razón especulativa. Responde en profundidad que más bien ha actuado como madre providente pues de otro modo el motor de nuestras acciones habría sido el deseo del premio, en vez del noble y desinteresado sentido del deber. 

Concluye esta ética enteramente nueva y prodigiosa que ha marcado lo mejor del espíritu alemán -no  ciertamente promotor  del nacionalsocialismo sino el espíritu que tuvo que sufrirlo-  con una “metodología de la razón práctica” sumamente inspiradora para nuestra labor de educadores. Observa que todos tenemos un innato interés por la moral  (nos dormimos en un discurso sobre ética, pero en cuanto es mencionado un caso práctico despertamos, pues eso sí que interesa a todos). La metodología pues, para educar la razón práctica, no ha de consistir pues en enseñar lo que es moral y lo que no lo es, pues eso ya lo sabe el joven, sino en narraciones con carga moral. Así por ejemplo aquella narración del rey Enrique,  de Ana Bolena y del cortesano, donde el joven que la escucha descubre -sin que nadie se lo tenga que decir- dónde está el bien y dónde el mal, donde la heroicidad y dónde la ignominia,  y lo grabará tempranamente en su corazón.

La obra termina. Al lector que leyó aquella Crítica de la Razón Pura donde fue analizado su conocimiento del mundo exterior y de sus leyes, y que ha leído ahora esta Crítica de la Razón Práctica donde ha sido analizado su mundo interior y el conocimiento de sus leyes,  dirige Immanuel Kant sus inolvidables palabras finales: 

“Dos realidades llenan el ánimo con siempre nueva y creciente admiración y respeto, y tanto más cuanto más frecuente y detenidamente se ocupa de ellas la reflexión: Sobre mí, el cielo estrellado. Dentro de mí, la ley moral”.

B) Crítica

Difícil resulta criticar el único libro de filosofía donde uno ha dejado sus lágrimas sobre sus páginas, pero, como Sócrates en aquel discurso sobre el Amor al finalizar aquel Banquete, no silenciaré lo que de negativo encuentro en ella -eso sería elogiar y aquí solo se busca la verdad- , ni tampoco silenciaré lo positivo, como si tomase postura en contra de la honradez del filósofo de Alemania.

Empezando por lo primero digamos que muy enriquecedora para la filosofía ha sido la propuesta que Kant ha hecho de acceder a la divinidad, a la inmortalidad del alma y  a esa libertad por la que somos moralmente responsables por un nuevo camino filosófico esencialmente distinto de los considerados en el pensamiento antiguo y en la Escolástica. Más allá del acceso a Dios por la vía del ser, y por el orden que encontramos en la naturaleza, nos hallamos ante la noticia que tenemos de Él en el orden moral. La vía seguida desde la antigüedad había sido la versión filosófica de Romanos 1, 20: ”Cuando los paganos, privados de la Ley, cumplen naturalmente los preceptos  de la Ley, estos hombres, sin poseer la Ley, permanecen dentro de la ley. Ellos muestran la realidad de esta ley inscrita en el corazón, probada por el testimonio de su conciencia, así como por  los juicios interiores de aprobación u elogio que unos hacen de otros” La vía que ahora Immanuel Kant introduce en filosofía será en cambio un eco de Romanos 2, 14-16: ”Cuando los paganos, privados de la Ley, cumplen naturalmente los preceptos  de la Ley, estos hombres, sin poseer la Ley, permanecen dentro de la ley. Ellos muestran la realidad de esta ley inscrita en el corazón, probada por el testimonio de su conciencia, así como por los juicios interiores de aprobación u elogio que unos hacen de otros, y así se verá el día en que, según mi evangelio, Dios juzgue las cosas secretas de los hombres, por medio de Jesucristo”.

Pero no puedo silenciar que ha resultado devastador para la filosofía el hecho de que Kant  -con un perceptible sesgo luterano- haya declarado las realidades de Dios, del Mundo, y de uno mismo como inaccesibles a la razón especulativa, apareciendo en ella como ideas puras o preconcebidas de la razón, no algo de lo que nos dé noticia la realidad exterior. Podría argüirse que no es esto importante, ya que Kant recupera estas realidades en la razón práctica, pero no se trata de un juego de suma cero entre lo positivo y lo negativo: lo que queda al final de su gesto filosófica es que el ser aparece en el terreno de la voluntad, con lo que la voluntad llega a ocupar el lugar del ser. Este va a ser el gesto implícito en los filósofos contemporáneos que le seguirán, cuando Schopenhauer vea el mundo como voluntad -siendo la voluntad aquello que se representa en el conocimiento- , cuando Marx diga que el mundo no hay que explicarlo sino transformarlo, y cuando Nietzsche se deshaga de la filosofía para comprar la voluntad de poder.

En torno a la concepción kantiana de ley moral como apriorismo de la voluntad -la ley inscrita en nuestros corazones según la cita paulina- ha surgido una división entre los actuales intérpretes del tomismo, según vean al aquinate como más cercano al antiguo Aristóteles o al moderno Kant. Los tomistas más aristotélicos mantienen que la ley natural está en el ser -de ahí su nombre pues está en la naturaleza- y que nosotros la reconocemos al conocer el ser, como aquello que conviene al orden natural de las cosas, siendo ésta la guía de nuestro discurso moral. Los más cercanos a Kant, en cambio, en general los tomistas de origen alemán, ven esa postura como pagana y alejada del espíritu de ese pasaje Romanos 2, 14-16. Para ellos, Tomás habla de ley natural porque está en la naturaleza humana como luz que ilumina lo conocido por nosotros, para hacernos ver su razón o especie moral (así como el entendimiento agente ilumina  lo que percibimos para hacerlo “especie inteligible”). Citan en su apoyo la Suma Teológica, 1-2, cuestión 94, artículo 2:

“Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el  bien? “ y respondiendo a esta pregunta, dice [el salmo 4,6]: “La luz de tu rostro, Señor, ha quedado impresa en nuestras mentes”, como si a luz de la razón natural, por la cual discernimos lo bueno y lo malo –tal es el fin de la ley natural-, no fuese otra cosa que la impresión de la luz divina en nosotros. Es, pues, evidente que la ley natural no es más que la participación de la ley eterna en la criatura racional.  

La comisión teológica internacional ha intervenido en la cuestión dando su parte de razón a ambas interpretaciones del tomismo: Recuerda la distinción entre normas morales primeras y segundas, es decir entre los dictados generales de la conciencia, y esos otros más particulares en los que la conciencia tiene que decidir la razón moral de situaciones concretas. Las primeras serían, sí, innatismo de la ley moral grabada en nuestros corazones, pero para las segundas habríamos de razonar sobre implementaciones concretas de esos dictados generales, ya que no hay un Pepito Grillo en nuestra conciencia que nos vaya diciendo en cada momento lo que tenemos que hacer, sin que tengamos que pararnos a reflexionar. 

El autorIgnacio Sols

Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.

¡Qué poca vergüenza!

"La desvergüenza se ha convertido ya en una profesión. El éxito del individualismo se demuestra con que ya ningún acto, por vergonzoso que sea, te pone en peligro porque siempre habrá un grupo que te apoye incondicionalmente y hasta te pague por ello".

15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

No sé si escribir este artículo o no. Me da vergüenza meter la pata, me da vergüenza no tener razón y exponerme públicamente, me da vergüenza no expresarme bien o no hacerme entender. Me da vergüenza hablar de la vergüenza y decir que ya no queda rastro de ella.

¿Pareceré viejuno hablando de un sentimiento que, para muchos, solo ha servido para la represión y el control de la moral pública? ¿O será necesario pasar la vergüenza de hablar de un tema del que ya nadie habla por vergüenza, aunque solo sea para que el historiador que me lea el siglo que viene sepa que había un reducto que aún creía en su función social?

Dicen los antropólogos que la vergüenza tiene un origen evolutivo claro y que, gracias a ella, la especie ha perdurado durante centenares de miles de años. La razón es sencilla: el ser humano es un ser social y, fuera del grupo, su supervivencia es muy complicada, las posibilidades de sobrevivir descienden drásticamente. Así pues, un comportamiento antisocial, como una afrenta al grupo, un engaño o una falta de respeto, acabaría con el destierro y la más que probable muerte del individuo al no poder contar con los recursos y la protección del grupo. Los mejor adaptados serían los que, de forma natural, casi instintiva, sabrían no exponerse al juicio negativo del grupo, manteniendo así la unidad del mismo y elevando su índice de supervivencia. Que forma parte de la naturaleza humana lo vemos en los niños pequeños. En cuanto tienen edad para darse cuenta de que no son los únicos seres del universo, sino que viven en comunidad, se refugian en los brazos de sus padres y agachan la cabeza cuando se sienten el centro de atención ante un grupo de adultos a los que no conocen. Antes de exponerse al juicio negativo del grupo, mejor huir o esconderse.

La vergüenza es desagradable para las personas normales. Tanto que –seguro que les ha pasado–, tras una caída fortuita en público, nos preocupa más haber sido vistos que el alcance de la lesión que podamos tener. Todos minimizamos exageradamente el trompazo mientras tratamos de recomponernos lo más dignamente posible, con una sonrisa en la boca, y huyendo del lugar a escape mientras disimulamos elegantemente la cojera momentánea. 

Pero ese dolor por la vergüenza que sentían las personas normales, si se dan cuenta, se ha ido perdiendo poco a poco en occidente. Yo no sé si empezó con aquellos programas de vídeos domésticos donde la gente enviaba sin pudor sus resbalones y batacazos, pero el caso es que las redes sociales están ahora llenas de retos de lo más absurdos en los que la gente se arriesga con todo tipo de costalazos o torturas con el solo fin de hacer reír al personal. También hay quien se lucra exhibiendo en redes sus vergüenzas de todo tipo (corporales o sentimentales) con total desinhibición. Podemos decir con rigor que la desvergüenza se ha convertido ya en una profesión. El éxito del individualismo se demuestra con que ya ningún acto, por vergonzoso que sea, te pone en peligro porque siempre habrá un grupo que te apoye incondicionalmente y hasta te pague por ello.

Una sociedad atomizada como la nuestra, pierde la capacidad de reacción, de protesta colectiva y ya tragamos con todo. 

De eso se aprovechan los gobernantes que exhiben ya, sin pudor, sus tejemanejes y corruptelas a sabiendas de que nadie los va a desterrar porque tienen su «grupo» que sostiene sus vergüenzas. El máximo exponente de esta «nueva política» es el presidente de los Estados Unidos que, entre otras muchas, ha contado, con toda la cara, cómo se las arregló para hacer trampas en el mundial. Ya no hace falta ni esconderse cuando se hace algo indigno, nos lo cuentan en rueda de prensa. ¿Y qué decir de la situación del gobierno español cercado por los casos de corrupción al más alto nivel? ¿Ven caras de preocupación? ¿Cómo se le quedaría la cara a usted si le pillaran en esa misma situación? ¿No diría «tierra trágame»? Hasta entre los cristianos hay quien hace alarde de su nada evangélica soberbia ideológica sin importarle lo más mínimo ser expulsados de la familia y el escándalo del que tan seriamente nos advirtió Jesús. Y lo hacen de forma pública y desafiante. ¡Hay que tener cara!

Yo me quedo, sin embargo, con quienes aún tienen vergüenza. Con quienes, con actitud humilde, reconocen que se pueden equivocar, reconocen la autoridad del grupo al que pertenecen y piden perdón cuando ellos o quienes dependen de ellos meten la pata. Incluso cuando las faltas se cometieron muchos años o siglos atrás. Lo han hecho los últimos papas ante los casos de abusos de todo tipo. Con su actitud valiente señalan lo importante: que el bien común es superior al del individuo (sin anularlo) y que no somos hijos únicos, sino hermanos, hijos de un mismo Padre que ve cada una de nuestras acciones. Ellos me hacen perder la vergüenza para decir esto alto y claro: ¡Qué poca vergüenza!

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Recursos

La «Crítica de la razón práctica» de Kant

Continua la serie de artículos sobre la obra principal de los principales autores modernos y contemporáneos, tras las exposiciones de Descartes, Locke y Hume.

Ignacio Sols·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 28 minutos

Una versión más breve de este artículo puede encontrarse aquí.


My soul –accused me—And I quailed—

As Tongues of Diamond had reviled

All else accused me –and I smiled—

My Soul –that Morning—was my friend—

Her favour —is the best Disdain

Toward Artifice of Time –or Men —

But her Disdain—‘twere lighter bear

A finger of Enamelled fire—

Emily Dickinson

(Mi alma—me acusó—y era un tormento—

como si lenguas de diamante se hubiesen rebelado.

Todos los demás me acusaron —y yo sonreía—

Mi alma —aquella mañana— era mi amiga—

Su favor —es el mejor desdén

hacia el artificio del tiempo —o de los hombres—

Pero su desdén —preferiría soportar

un dedo de hierro incandescente— )

“Handle so, das die Maxime deines Willens jederzeit zugleich als Prinzip einer allgemeinen Gesetzgebung gelten könne”. Immanuel Kant

(Obra de tal modo que las máximas de tu voluntad sirvan al mismo tiempo como principio de una ley general)


A) Exposición 

Es un lugar común en filosofía que todo el que obra, aun quien comete el mayor crimen, obra por un bien, es decir por algo que, de algún modo, ha entendido, equivocadamente o no, con una razón de bien para él.  La cuestión moral, no es, pues si tendemos o no al bien –lo cual es indudable- sino  a qué otorgamos razón de bien, es decir qué presenta nuestra razón en su uso práctico a la voluntad como bien suyo (el uso práctico de la razón se contrapone a su uso especulativo, es decir al uso por el que meramente conocemos la verdad de las cosas, sin referencia alguna a cómo hemos de actuar sobre ellas. La sutil distinción entre razón práctica y voluntad es más bien tomista. En varios pasajes del libro de Kant aparece claro que para este filósofo “razón práctica” viene a ser sinónimo de “voluntad”)

Las determinaciones de nuestra razón en su uso práctico sobre nuestra voluntad son de dos tipos: pueden ser máximas personales, es decir, resoluciones que adoptamos como modos nuestros de obrar (Kant pone como ejemplo, la máxima de trabajar y ahorrar en la juventud para no sufrir miseria en la vejez); o pueden ser normas morales a las que podemos llamar también leyes morales, pues son universales: son aquellos modos de comportamiento con los que nuestra razón práctica entiende que toda persona debe obrar. Estas son, pues, abstractas y a priori, es decir que no  se trata del deseo de algo concreto, y conocido en nuestra experiencia, sino de una determinación con la cual la razón práctica ordena a nuestra voluntad hacia un modo de obrar en general. Su misma forma, por la que puede ser propuesta como principio de una legislación universal, hace de ellas, por sí misma, leyes prácticas, y la libertad de esta voluntad pura radica en su independencia de las condiciones materiales que diferencian a unos y otros individuos. Se trata pues de razón práctica pura, o sea anterior a cualquier ordenación concreta de nuestra razón práctica. Es una voluntad pura en nosotros, en el sentido de que es norma que ha de ordenar nuestras voliciones concretas. Los dictados de esta razón práctica pura no son demostrables, en el sentido de que podamos deducirlos de otros conocimientos anteriores, sino que, al revés, nos sirven como punto de partida para demostrar la moralidad de acciones concretas.  

El más universal de esos dictados es el que Kant llama “Ley fundamental de la razón práctica pura”, es decir, la primera ley moral que nuestra conciencia nos impone como un imperativo categórico, o sea sin demostración alguna, sino que, al revés, todas las demás leyes morales pueden desde él ser demostradas, hasta el punto de que puede considerársele forma de cualquier ley moral:

“Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal

Es decir, obra de modo que tu conducta pueda ser propuesta como normal universal, o en términos vulgares: como tú sientas que todo el mundo debería de obrar. Para que esto nos resulte familiar, observemos que no es sino otro modo de proponer aquella regla de oro en que Jesús dijo se resumen la Ley y los Profetas : “Obrad con los demás como queréis que obren con vosotros” De hecho, esta regla de oro se encuentra, tal cual, en la enseñanza moral de todas las grandes religiones, de modo que es considerado como la forma de toda norma moral. Lo explica muy bien San Jerónimo: “Lo justo es el juicio de Dios que escribe en el corazón del género humano: Lo que tú no quieras que se te haga, no se  lo hagas tú a los demás.  ¿Quién no sabe que el homicidio, el adulterio, los robos y todo tipo de codicia son el mal que no quisiéramos que nos fuese inflingido a nosotros ? Si no supiésemos todos que estas cosas son malas, nadie se quejaría cuando se las hacen”

Sin embargo, Kant , claro está, expone este principio en modo que refleje lo más posible la universalidad de la norma, ya que la universalidad es tema capital en todo el discurso kantiano. En efecto, cuando me pregunto si tal modo de obrar concreto quisiera que fuera el modo en que los demás obrasen siempre conmigo, lo que en realidad me estoy preguntando es si quisiera que todos los hombres, y siempre en general, obrasen así.  La respuesta que entonces demos a esta pregunta, es la moralidad de esta acción.

Sobre el modo en que esta ley moral primera y general actúa como forma de todas las demás, afirma Kant que, cuando nos preguntamos si una norma de comportamiento es universalizable, lo que en realidad preguntamos es si destruiría la naturaleza misma del actuar humano el hecho de que todos obrasen de esa manera, por ejemplo el hecho de que todos, sistemáticamente, mintiesen.  No hay duda de que eso destruiría nuestras relaciones. La sociedad misma de los hombres sería imposible. La mentira es, pues, inmoral.

“¡Cómo! Si cada cual se permitiese engañar cuando cree proporcionarse una ventaja, o se considerase autorizado para abreviar su vida, tan pronto como le aplana un completo hastío de la misma, o viese la miseria ajena con completa indiferencia y pertenecieses tú a semejante sociedad, ¿te encontrarías en ella con asentimiento de tu voluntad?  Ahora bien, cada uno sabe que si él se permite secretamente el engaño, no por eso permite que engañe todo el mundo, o que si se conduce sin cariño, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo contra él en esa misma disposición… Si la máxima de la acción no es de tal índole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. Así juzga hasta el entendimiento más vulgar; pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los más ordinarios…” 

Así pues, no es que la ley moral nos diga lo que es bueno o lo que es malo, ni que tienda hacia lo bueno o hacia lo malo,  sino que bueno o malo es aquello que nos dicta o nos manda rechazar la conciencia, en su juicio moral, ordenando así nuestra multiplicidad de apetitos.  

¿Y cuál es la razón para que la ley moral me obligue? Todo hombre lo sabe: porque es mi deber. Su fuerza de coerción consiste en que si yo obrase de otro modo, no podría evitar en mí el sentimiento de desprecio de mí mismo. El deber coacciona a la razón como una aprobación o reprobación de nosotros mismos, según actuemos; como un sentimiento, sí, pero no de placer, sino sentimiento de respeto ante cierto modo de comportarse, ante un ejemplo que tiene universalidad  y humilla al egoísmo particularista de otros comportamientos. Es el comportamiento que, visto en otros, aún en personas de la más humilde condición, quizá en los propios subordinados, produce aun en el mayor potentado un sentimiento, quizá inconfesado, de respeto. Es el inevitable respeto que nos merece la universalidad que captamos en ese modo de obrar concreto: así es como todos, y como también yo, habríamos de obrar.  Es el respeto innato hacia esa universalidad que no pueden lograr nuestros comportamientos mezquinos e interesados, a los cuales nos atrevemos, sí, pero nunca nos atreveríamos a proponerlos como universales, a proponer que los demás hicieran eso mismo con nosotros. Es la íntima humillación del potentado que no puede dejar de reconocer, en lo más íntimo de su corazón, y quizá muy a pesar suyo, la superioridad de una acción que no puede dejar de admirar, al mismo tiempo que se desprecia a sí mismo. 

De hecho no todos podemos llegar a alcanzar la felicidad, pero todos podemos cumplir con nuestro deber: “Satisfacer el mandato categórico de la moralidad, entra en las posibilidades de todo el mundo; satisfacer al precepto empírico condicionado de la felicidad, es rara vez posible, y aun sólo con respecto a una única intención” 

Todo esto lo expresa Kant también en términos más filosóficos, y que lo entienda quien lo entienda, pero que tampoco añaden mucho más a lo ya expresado en estos términos llanos. Recordemos que él había afirmado previamente,  en su crítica de la razón especulativa, que nuestro conocimiento especulativo es logrado mediante formas a priori de nuestra propia facultad de conocer, formas que son por tanto universales, válidas las mismas para todos, puesto que todos tenemos la misma facultad de conocer.  Son “a priori” porque no son obtenidas en experiencia alguna sino innatas en nosotros, y son “formas” porque constituyen de algún modo la forma -o mejor dicho “ponen  la forma”-  de toda experiencia. En el ámbito del conocimiento sensible, o conocimiento mediante imágenes o intuiciones, estas formas a priori, que deben ser llamadas entonces intuiciones puras, son el espacio y el tiempo;  en el ámbito del entendimiento, es decir del conocimiento por conceptos,  las formas a priori de esa facultad o conceptos puros  son aquello a lo que la filosofía había venido llamando categorías, o modos de predicar (kategorein=acusar, decir de algo o de alguien);  entre ellas estaba la filosóficamente principal categoría de la causalidad, bastión de la filosofía clásica derribado en la filosofía inmediatamente anterior a Kant por David Hume; y por último, y en ese conocer especulativo superior que es nuestra razón – nuestro conocer mediante ideas- se dan también tres apriorismos o ideas puras: El Mundo, es decir, la unidad o armonía en todo lo externo a mí,  la unidad que presupongo y cuya búsqueda es mi intento de comprensión. Yo, es decir, la unidad mía, la que se da en mí, pues soy uno, no soy ciento cincuenta.  Y Dios, el garante de la unidad entre el Mundo y yo, es decir, el garante de que  la facultad de conocimiento que se me ha dado no haya sido engañosa –el tema favorito de Descartes.  Pues bien, el argumento del libro que ahora comentamos, la segunda Crítica de Kant, es que también se da apriorismo en la razón práctica, es decir en la voluntad humana. Ese apriorismo o voluntad pura que se da en nosotros sin dirección a objeto alguno concreto sino en general, es la ley moral.  

Se trata del imperativo categórico en nosotros, no deducido de nada ni sub-ordenado a nada, sino que, al contrario, ordena a la voluntad mediante el sentido del deber que hay innato en el hombre, sentido del deber del que hombre no puede desprenderse (y aun a veces, muy a pesar suyo); es un apriorismo en la razón práctica, que tiene aquí también razón de su universalidad; y es la  forma de toda determinación concreta de nuestra voluntad.  Prosiguiendo con este paralelismo, observa Kant que el papel de ese apriorismo era pasivo en la razón especulativa, en el sentido de que nos servía para esa observación pasiva de la realidad que es el conocimiento de lo que nos llega a través de los sentidos.  En cambio el papel del apriorismo ahora, en el ámbito de la razón práctica, es activo, pues determina a la voluntad en esa creación de realidad que son nuestras acciones.   

A continuación, se ocupa Kant de la cuestión que ha distinguido los principales sistemas éticos que se han propuesto en filosofía. Es general, hay acuerdo en que el objeto de la voluntad es el Bien, por definición misma de este concepto. En este sentido, el objeto primario de la voluntad debe llamarse Bien Supremo, es decir aquél cuya persecución como objetivo final es el primer motor de todo el actuar humano, es aquello cuya búsqueda determina a la voluntad en toda acción concreta. Pero las diversas escuelas morales se han diferenciado en su concepción de cuál sea la índole de este Bien Supremo.

Recuerda Kant que los epicúreos pusieron el Bien Supremo de la voluntad en la Felicidad.  Felicidad es, para ellos, lo que todo hombre busca a la postre con sus acciones, y esto no debe interpretarse en un sentido divorciado con la búsqueda de la virtud, pues es mediante la vida virtuosa como llega a alcanzarse la felicidad. 

Los estoicos pusieron el Bien Supremo, en cambio, en la Virtud, llegando a posturas parecidas a las de los epicúreos, pues equipararon también la vida virtuosa con la vida feliz, viendo la felicidad como la consecuencia siempre de la virtud. 

Ambos, pues coincidieron en equiparar Felicidad con Virtud, viendo aquélla como consecuencia de ésta; pero los epicúreos pusieron el Bien Supremo en la Felicidad,  y dijeron que para alcanzarla debemos obrar con Virtud; mientras que los estoicos pusieron el Bien Supremos en la Felicidad, entendiendo la Virtud como consecuencia necesaria de ella. Más nobleza hay pues en la filosofía moral estoica que en la epicúrea. 

Pero en todo caso, y en la consideración de ambas escuelas morales, entiende Kant que ambas se equivocaron, pues no es cierto que la vida feliz se siga en esta vida necesariamente de la vida virtuosa: alguien que ha vivida con toda rectitud, puede al final verse privado de todo y hasta ser conducido al patíbulo. Kant entiende que le ayuda su propio idioma alemán en que Bien se dice Gute, como contrapuesto al Böse, al mal, y en modo que distingue  con precisión el Gute del Whol, palabra que viene a significar bienestar. El hecho es que, para Kant, el Bien Supremo que nuestra conciencia moral propone a la voluntad es el Cumplimiento del Deber, y si quiere llamarse al cumplimiento del deber vida virtuosa, pues digamos que el bien supremo es la vida virtuosa, pero desinteresadamente y a secas, sin pasar luego el platillo, sin esperar que nos lleve a la felicidad en esta vida. 

Nos lleva, con todo, a cierto análogo de la felicidad, y Kant se alegra de encontrar la expresión en su propio idioma: nos lleva a “estar contentos de uno mismo”.  Pone Kant el ejemplo de quien no cedió ante el soborno por un rey (Enrique octavo) quien quería que testificase en falso para poder así  ajusticiar a alguien (Ana Bolena), y ante su negativa, lo despojó de su cargo, de su riqueza, de su fama, y finalmente hasta de su vida, pues fue llevado a la muerte siendo despreciado por amigos y familiares, pues todos creyeron a los testigos que puso en su contra para vengarse. No puede decirse que fuese premiada su rectitud con la felicidad, pero lo que es seguro es que en el fondo de su corazón estaba contento de sí mismo. Al subir las gradas de cadalso pensaría que hubiese repetido lo mismo.

De hecho, señala Kant que concuerda esta concepción ética con la enseñanza del cristianismo, donde el Bien Supremo de la voluntad, el motor de todos sus actos, es el Amor a Dios sobre todas las cosas, y donde toda virtud sólo es virtud si está ordenada a ese fin desinteresado que es el amor. Para hacernos ver la coincidencia con su concepción ética, nos recuerda que no consiste el amor de Dios en una experiencia sensible, como puede darse en el amor humano, sino en un movimiento radical y profundo de la voluntad: según la predicación literal del mismo Jesús, no ama a Dios quien dice “Señor, Señor”, sino quien cumple sus mandamientos.  Se trata pues del cumplimiento de nuestro deber.

De hecho, ya al final de la Crítica de la Razón Especulativa, cuando nuestra idea de Dios había aparecido como un mero apriorismo de la razón especulativa, fue apuntado ya este modo de recuperar la realidad de Dios en la Razón Práctica: no es que yo sepa que esto es mi deber porque sé que me lo ha mandado Dios. Es que sé que hay un Dios que me lo manda, porque sé que es mi deber. 

En la Crítica de la Razón Práctica, sin embargo, hace más hincapié, por comparación con otros sistemas éticos, en el tema innegable del anhelo universal de Felicidad. Entiende Kant que el error de Epicúreos y Estoicos fue equiparar vida feliz con vida virtuosa, lo que evidentemente no sucede necesariamente en esta vida, como se ha comentado. Perdieron con esto los antiguos la posibilidad de remontarse, precisamente por ello, hasta la existencia de  Dios, y perdieron también la posibilidad de  probar, precisamente por ello, la inmortalidad del alma, como única garantía de cumplimiento de ese anhelo de felicidad en todo hombre.  La felicidad del alma más allá de esta vida es el premio de la vida virtuosa a la que le impera su conciencia. Resultan pues, identificados así, aunque sólo a la postre,  el cumplimiento del deber y la felicidad. Y así en el cristianismo, donde las bienaventuranzas, la gran promesa de felicidad de Jesucristo, no es algo que vaya a llegar aquí en la tierra, sino una esperanza de eternidad. Y es que el cristianismo, como toda moral rectamente entendida, no es una doctrina de cómo ser felices, sino de cómo llegar a ser dignos de ser felices. Y el fin último del hombre, no es para los cristianos primariamente su propia felicidad,  ni siquiera su beatitud final, sino que es, como el fin de toda la creación, la gloria de Dios. 

Recuperamos también en el ámbito de la razón especulativa la idea de libertad, que fue objeto de una antinomia en la Crítica de la razón especulativa, es decir de una situación de perplejidad que fue allí resuelta con dejar la causalidad, y por tanto nuestra libertad, como una forma a priori de nuestro conocimiento, más bien que una realidad. En la Crítica de la razón práctica es recuperada la causalidad -la que en la Crítica de la razón pura quedó como mera posibilidad- en toda su realidad, pues sin ella no habría responsabilidad moral, y no podría hablarse de actos buenos ni malos, sino que todo valdría lo mismo: No habría mérito por tanto en la virtud, y por tanto no habría razón alguna para que fuese recompensada en felicidad la vida virtuosa, en esta vida o en la otra.  Observa, pues,  Immanuel  Kant, como analista de su propia filosofía, que en el ámbito de la razón práctica son recuperadas como realidades las tres ideas de Yo, Mundo  y Dios, y la categoría principal de la causalidad. Todas ellas habían quedado en la crítica de la razón especulativa como meras realidades “posibles”, pero no cognoscibles en el ámbito especulativo donde sólo aparecen como formas a priori de nuestro propio conocer. (De este modo entiende Kant que ha dado su parte de razón a Hume, al sustraer la categoría de la causalidad de la razón especulativa, pero al mismo modo lo ha superado al haberla recuperado en la razón práctica).

Pero recomienda andar con pies de plomo: no es que ahora, en el ámbito de la razón especulativa, reciban  éstos la recalificación de “noúmenos”,  es decir de algo conocido en la experiencia sensible, pues Dios, y el alma y la causalidad seguirán siendo siempre, por decirlo así, algo que nos es sustraído de ella, algo que no vemos. 

Al llegar a este punto de su discurso se pregunta Kant si no habrá actuado, pues, la naturaleza con nosotros como una madrastra, al ocultar a nuestra facultad de conocer esas realidades –Dios y la inmortalidad del alma- que serían garantes de un final feliz para quien cumpla con su deber. Pero enseguida añade que, bien pensado, ha sido así mejor, porque en ese caso habría sido el deseo del premio lo que nos habría movido, y no el noble y desinteresado sentido del deber. 

La última parte de esta obra trata de la metodología de la razón práctica (no la he incluido en los ya muy largos textos). Es un apéndice muy breve, con interesantes recomendaciones sobre la correcta educación de nuestra conciencia moral. No tendría sobre nosotros influencia  ninguna predicación de nuestro deber moral, si esa predicación no estuviese ya dentro de nosotros. De hecho, el interés por el juicio moral es algo innato en todos los hombres. Eso se hace evidente cuando, por ejemplo, en una reunión social se está  hablando de temas especulativos:  la mayor parte de la gente no suele interesarse demasiado. Pero si, de pronto, la conversación da un giro, y se trata de enjuiciar alguna acción de alguna persona concreta, hasta los más desinteresados son atraídos hacia lo que allí se habla y  todo el mundo tiene que dar una opinión. Sobre estos temas opinan los jóvenes, y a menudo con acierto, aunque no se hayan procurado previamente una concienzuda formación. Y hasta los niños –si tienen uso de razón- distinguen con facilidad un comportamiento noble de otro mezquino. Pero la cuestión especulativa de en qué consista el bien o el mal es problemática sólo para los filósofos, pues al hombre normal le resultan esas nociones tan naturales como la distinción entre mano izquierda y mano derecha. Vuelve al ejemplo de la narración del intento de soborno para que alguien difamase a Ana Bolena, y pudiese así ser condenada a muerte por los tribunales, para que Enrique VIII pudiese deshacerse de ella. No logrando que éste cediese, se le despojó de todos sus bienes, y se consiguió que sus amigos y al final sus propios familiares lo vituperasen y abandonasen, y hasta que fuese llevado hasta el suplicio. No se trata pues de una situación precisamente agradable y feliz, y no ofrece, por tanto al niño y ni al joven moraleja alguna, sensiblona y lisonjera, de cómo la vida recompensa a quien cumple con su deber. Pero no hay duda de que el joven que la escucha comprende enseguida de qué lado está el deber, y de qué lado lo mezquino e innoble, y se llena de una profunda admiración y respeto ante aquel ejemplo admirable  – respeto y admiración que son innatos en el hombre. 

El método de una buena educación moral consistiría, pues, en la narración de acciones concretas y de juzgarlas. Y enjuiciar luego las intenciones que movieron a quienes así actuaron. Se libraría así al corazón de esas cargas que en secreto le esclavizan y le oprimen, y se le elevaría por encima de la fácil sensiblonería de la recompensa que la vida ofrece al esfuerzo y a la virtud. Se dejaría al corazón humano, libre ya y sin fatiga más, ante no otro móvil que el cumplimiento de su deber. 

Cierra entonces sus dos Crítica, de la razón especulativa y de la razón práctica ,con aquellas célebres e inolvidables palabras:

“Zwei Dinge erfüllen das Gemüt mit immer neur un zunehmenden Bewunderung und Ehrfurcht, je öfter und anhaltender sich das Nachdenken damit beschäftigt: Der Bestirnte Himmel über mir, und das moralische Gesetz in mir” 

(Dos cosas llenan el ánimo con siempre nueva y creciente admiración y respeto, y tanto más cuanto más frecuente y detenidamente se ocupa de ellas la reflexión: El cielo estrellado sobre mí, y la ley moral dentro de mí)

Nota: sistemáticamente he llamado Crítica de la razón especulativa a la obra anterior, que él tituló Crítica de la razón Pura, y lo he hecho para facilitar las cosas. El propio autor reconoce, al principio de la segunda obra, que deberían haberse llamado así. El argumento que proporciona para mantener su confusa titulación resulta endeble. El hecho es que en ambos ámbitos de la razón, especulativo y práctico, encuentra Kant que se da razón pura, es decir apriorismo (aunque mí crítica de ambas críticas consistirá en que sólo en la razón práctica se da apriorismo: la conciencia moral)          

B) Textos

La razón práctica por sí misma y sin haberse concertado con la especulativa, proporciona realidad a un objeto suprasensible de la categoría de la causalidad, a saber, la  libertad.

Los principios prácticos son proposiciones que encierran una determinación universal de la voluntad, determinación a la que se subordinan diversas reglas prácticas. Son subjetivos o máximas, cuando la condición es considerada por el sujeto como valedera sólo para su voluntad; en cambio, son objetivos o leyes prácticas cuando la condición es conocida como objetiva, es decir, valedera para la voluntad de todo ser racional.

Esta regla práctica, para un ser en el que la razón no es el único fundamento de determinación de la voluntad, es un imperativo, es decir una regla que es designada por un deber ser que expresa la compulsión (Nötigung) objetiva de la acción… Las máximas son principios, pero no imperativos… La regla es objetiva y universalmente válida sólo cuando vale sin las condiciones subjetivas y contingentes que distinguen un ser racional de otro.

Si de una ley se separa toda materia, es decir, todo objeto de la voluntad (como fundamento de determinación), no queda de esa ley nada más que la mera forma de una legislación universal.

Qué forma se capacita en la máxima para la legislación universal y cuál no, es algo que puede distinguir el entendimiento más vulgar sin enseñanza. 

Así pues, la ley moral, de la que precisamente nosotros tenemos conciencia inmediatamente (tan pronto como formulamos máximas de la voluntad), es la que se nos ofrece primariamente, y la razón la representa como un fundamento de determinación que ninguna condición sensible puede sobrepujar, más aún, enteramente independiente de esas condiciones sensibles, lo que  conduce precisamente al concepto de libertad… Pero ¿cómo es posible también la conciencia de aquella ley moral? Nosotros tenemos conciencia de leyes puras prácticas del mismo modo en que tenemos conciencia de principios puros teóricos, observando la necesidad con que la razón nos los prescribe y la separación de todas las condiciones empíricas, separación que la razón nos señala. El concepto de una voluntad pura surge de las primeras, así como la conciencia de un entendimiento puro de las últimas.

Ley fundamental de la razón pura práctica: Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal

La regla práctica es, pues, incondicionada, y, por consiguiente, representada como proposición categóricamente práctica a priori, en virtud de la cual la voluntad es determinada, objetiva , absoluta e inmediatamente (por la regla práctica misma que aquí, por consiguiente, es ley)

La razón, incorruptible y por sí misma obligada, compara siempre, en una acción, la máxima de la voluntad con la voluntad pura, es decir, consigo misma, considerándose como práctica a priori.

En la independencia de toda materia de la ley (a saber, de un objeto deseado) y al mismo tiempo en la determinación del albedrío por medio de la mera forma legisladora universal… consiste en el principio único de la moralidad. Aquella independencia, empero, es la libertad. 

Un precepto práctico que lleve consigo una condición material (por consiguiente, empírica), no debe nunca ser contado como ley práctica. 

Lo contrario precisamente del principio de la moralidad es que el principio de la propia felicidad será tomado fundamento de determinación de la voluntad.

Se destruiría por completo la moralidad, la voz de la razón, en relación con la voluntad, si no fuese tan clara, tan difícil de ahogar, tan perceptible hasta para los hombres más vulgares. 

Tan pronunciados y visibles están trazados los límites de la moralidad y del amor propio, que hasta la vista más vulgar no puede dejar de distinguir si una cosa pertenece a lo uno o a lo otro. 

El principio de la felicidad, si bien puede dar máximas, no puede nunca darlas de modo  que sean aptas para las leyes de la voluntad, aun si se tomase como objeto la felicidad universal.

Satisfacer el mandato categórico de la moralidad, está en todo tiempo en el poder de cada cual; satisfacer al precepto empírico condicionado de la felicidad, no es para cada uno más que rara vez posible, y aun sólo con respecto a una única intención.

El que ha perdido en el juego puede enfadarse consigo mismo y su imprudencia, pero si tiene conciencia de haber hecho trampa en el juego (aun cuando por ello haya ganado) tiene que despreciarse a sí mismo  en cuanto se compare con la moral. 

Más refinado aunque tan falso es lo que pretenden aquellos que admiten un sentido moral… según el cual la conciencia de la virtud estaría  entrelazada inmediatamente con el contento y el placer; y la del vicio, con la intranquilidad de ánimo y el dolor. 

Así pues, ese contento o esa intranquilidad de ánimo no se pueden sentir antes del conocimiento de la obligación, y no puede hacerse de ese estado el fundamento de ella.

La mera forma de una legislación universal, posible por nuestra máxima, tiene que constituir el supremo e inmediato fundamento de determinación de la voluntad.

Fue negado a la razón especulativa todo conocimiento más allá de los objetos de experiencia, y por tanto el conocimiento de las cosas como noúmenos. Sin embargo, ésta puso a salvo el concepto de los noúmenos, esto es, la posibilidad y aun la necesidad de pensarlos, y… así por ejemplo la libertad es enteramente compatible con los principios y limitaciones de la razón pura teórica. [La libertad quedó como posible en la Crítica de la Razón Pura]

Considero siempre cómo sería [una máxima particular] si valiese como ley universal de la naturaleza… [Por ejemplo:]Es manifiesto que de este modo, todos quedarían obligados a ser veraces… [Otro ejemplo, considerando la posibilidad del suicidio:]La máxima que yo adopto, en consideración de la libre disposición de mi vida, queda determinada enseguida si yo me pregunto cómo tendría que ser para que una naturaleza se conservase siguiendo la ley de esa máxima… Nadie podría terminar su vida arbitrariamente, pues tal constitución no sería un orden natural duradero, y así en todos los casos restantes. 

Así, pues, la diferencia entre las leyes de una naturaleza a la que está sometida la voluntad y las de una naturaleza que está sometida a una voluntad (en consideración de aquello que tiene relación con sus libres acciones), descansa en que, en aquélla, los objetos tienen que ser causa de las representaciones que determinan la voluntad, pero en ésta, la voluntad debe ser causa de los objetos, de tal modo que la causalidad de esta causa tiene su fundamento de determinación exclusivamente en la facultad pura de la razón, que por eso puede ser llamada también razón pura práctica. 

Se deja al juicio de los principios teóricos de la razón el hecho de que la causalidad de la voluntad sea o no suficiente para la realidad de los objetos 

La razón tiene causalidad en un ser racional, es decir, la razón pura puede ser considerada como una facultad que determina inmediatamente la voluntad. 

La ley moral es dada, por decirlo así, como un hecho de la razón pura, del cual nosotros, a priori, tenemos conciencia

La ley moral es, en realidad, una ley de la causalidad por la libertad, y, por tanto, de la posibilidad de una naturaleza suprasensible

La razón teórica se vio obligada a aceptar al menos la posibilidad de una libertad

Hemos ensanchado pues nuestro conocimiento más allá de los límites del mundo sensible, pretensión que la crítica de la razón pura había declarado nula en la especulación

La realidad objetiva de una voluntad pura, o lo que es lo mismo, de una razón pura práctica, está dada a priori en la ley moral.

Yo no pido conocer teóricamente la constitución de un ser, en cuanto tiene una voluntad pura; me basta designarlo sólo como tal, y por consiguiente tan sólo unir el concepto de la causalidad con el de la libertad (y, lo que es inseparable, con la ley moral, como motivo de determinación de la misma)

Whol [agradable] o Übel [malo, desagradable] significa siempre una relación con nuestro estado de agrado o desagrado… El bien (Gute) o el mal (Böse), en cambio, significan siempre una relación a la voluntad, en cuanto que la voluntad está determinada por la ley de la razón a hacer de algo su objeto. … El bien (Gute) o el mal (Böse) es referido así, pues, propiamente a acciones, no al estado de sensación de la persona. 

Lo que nosotros debemos denominar bueno (gut), tiene que ser en el juicio de todo hombre razonable un objeto de la facultad de desear, y el mal (das Böse) un objeto de horror ante los ojos de todo el mundo; por consiguiente, se necesita para este juicio, además del sentido, también la razón.

No le eleva en valor sobre la mera animalidad el poseer razón, si ésta sólo ha de servirle para aquello que en los animales lleva a cabo el instinto

Los conceptos del bien y del mal, son a modo de consecuencias de la determinación a priori de la voluntad 

Los conceptos prácticos a priori en relación con el principio supremo de la libertad pueden llegar enseguida a ser conocimientos, sin esperar a intuiciones para adquirir significación, y ello por este notable motivo, que ellos mismos producen la realidad de aquello a que se refieren

¡Cómo! Si cada cual se permitiese engañar cuando cree proporcionarse su ventaja, o se considerase autorizado para abreviar su vida, tan pronto como le aplana un completo hastío de la misma, o viese la miseria ajena con completa indiferencia y pertenecieses tú a semejante sociedad, ¿te encontrarías en ella con asentimiento de tu voluntad?  Ahora bien, cada uno sabe que si él se permite secretamente el engaño, no por eso permite que engañe todo el mundo, o que si se conduce sin cariño, sin que se note, no por eso ha de tener enseguida a todo el mundo contra él en esa misma disposición… Si la máxima de la acción no es de tal índole que aguante la prueba de poder ser una ley de la naturaleza en general, es moralmente inviable. Así juzga hasta el entendimiento más vulgar; pues la ley de la naturaleza se halla siempre en la base de todos sus juicios, hasta los más ordinarios… 

El motor de la voluntad humana (y del ser racional creado por Dios) no puede ser nunca otro que la ley moral, y por consiguiente, el fundamento objetivo de determinación tiene que ser siempre el fundamento subjetivo suficiente de determinación de la acción

La ley moral humilla inevitablemente a todo hombre, al comparar éste la tendencia sensible de su naturaleza con aquella ley

Dice Fontenelle: Ante un gran señor me inclino; mas mi espíritu no se inclina. Yo puedo añadir: Ante un hombre de condición baja y ordinaria en quien percibo una rectitud de carácter en una medida de la que yo en mí mismo no tengo conciencia, inclinaré mi espíritu, quiera yo o no, y eso aunque mantuviese alta mi  cabeza para recordarle mi superioridad…. Muy lejos del sentimiento de placer, está el sentimiento de respeto… El respeto es el tributo que no podemos negar al mérito, queramos o no lo queramos; podemos, sí, no manifestarlo exteriormente, pero no podemos, sin embargo, dejar de sentirlo interiormente.

El respeto es un tributo que no podemos negar al mérito, queramos o no. 

No es pues mera admiración ese respeto que nosotros mostramos a una persona semejante (propiamente a la ley que su ejemplo nos representa). 

La acción que es objetivamente práctica según esa ley, con exclusión de todos los fundamentos de determinación por inclinación, se llama deber, el cual , por esa exclusión , encierra en su concepto compulsión (Nötigung) práctica

Es el respeto hacia la ley como único modo de determinación de la voluntad lo que hace la conciencia de obrar conforme al deber. 

¡Deber! nombre sublime y grande.  Tú que no encierras nada amable que lleve consigo insinuantes lisonjas sino que pides sumisión, aunque sin nada que despierte aversión natural en el ánimo o lo asuste… ¿Cuál es tu digno origen?¿Dónde se halla la raíz de tu noble ascendencia, que rechaza orgullosamente todo parentesco con las inclinaciones?… Sólo puede ser lo que eleva al hombre por encima de sí mismo (como parte del mundo de los sentidos) lo que le enlaza con un orden de cosas que sólo el entendimiento puede pensar.

Todo hombre, aun sólo medianamente honrado, ¿no ha notado a veces que si se ha abstenido de una mentira, por lo demás inofensiva y que le hubiera sacado de un desagradable asunto… ha sido sólo para  poder a mirarse a sí mismo en la intimidad sin despreciarse?… Vivir y no poder tolerar ser a los propios ojos indigno de la vida… Tal es la naturaleza del verdadero motor de la razón pura práctica. 

La distinción del principio de la felicidad del de la moralidad no significa oposición de ambos, y la razón pura práctica no quiere que se deba renunciar a las pretensiones de la felicidad, sino sólo que, en la cuestión del deber, no se las tenga en cuenta. 

La razón busca la totalidad incondicionada del objeto de la razón pura práctica, bajo el nombre del supremo bien. Determinar esa idea es la doctrina de la sabiduría, y ésta a su vez es la filosofía, en la significación que daban los antiguos  a esta palabra

Por consiguiente, aunque el supremo bien sea todo el objeto de una razón pura práctica, es decir, de una voluntad pura, no por eso se le puede considerar fundamento de determinación de la misma, sino que sólo la ley moral tiene que ser considerada como fundamento.

El estoico sostenía que la virtud era el bien supremo completo, y que la felicidad era sólo la conciencia de su posesión… El epicúreo sostenía que la felicidad era el completo bien supremo y que la virtud era sólo la forma de adquirirla…. 

Pero las máximas de la virtud y de la propia felicidad son, con respecto a su principio superior práctico, totalmente heterogéneas. 

La felicidad y la moralidad son dos elementos del supremo bien, específicamente distintos… Es moralmente necesario, a priori, producir el supremo bien por la libertad de la voluntad. 

Hay que tener cuidado de no rebajar y desfigurar por medio de un falso encomio el fundamento moral de la determinación, especie de falsa locura que pone como fundamento de determinación los sentimientos de alegría particular. El propio y verdadero motor es la ley misma.

Pero ¿es que no hay ninguna palabra que señale, no un goce como la palabra felicidad, pero sí una satisfacción en la existencia propia, un análogo de la felicidad que tenga que acompañar necesariamente a la conciencia de la virtud?  Sí la hay, y esa palabra es el contento de sí mismo. 

Ese goce no puede llamarse felicidad porque no depende del advenimiento positivo de un recibimiento ni tampoco puede llamarse, hablando con exactitud, bienaventuranza.

Los principios de la búsqueda de la felicidad no pueden en modo alguno producir moralidad. Por tanto, el más elevado bien (como primera condición del bien supremo) lo constituye la moralidad, siendo la felicidad, si bien segundo elemento del mismo,  la consecuencia moralmente condicionada pero necesaria de la primera. 

La inmortalidad del alma como postulado de la razón pura práctica…La adecuación completa de la voluntad a la ley moral es la santidad, perfección de la que no es capaz ningún ser racional en el mundo sensible en ningún momento de su existencia. Pero como ella, sin embargo, es exigida como prácticamente necesaria, no puede ser hallada más que en un progreso que va al infinito hacia aquella completa adecuación… Progreso infinito que es sólo posible bajo el supuesto de una existencia personal duradera en lo infinito

La existencia de Dios como un postulado de la razón pura práctica … Esa misma ley tiene que conducir también a la posibilidad del segundo elemento del bien supremo, a saber, la felicidad adecuada a aquella moralidad… es decir a postular la existencia de Dios como necesariamente perteneciente a la posibilidad del bien supremo. 

En la ley moral no hay el menor fundamento para una conexión necesaria entre la moralidad y la felicidad

Se postula también la existencia de una causa de toda la naturaleza, distinta de la naturaleza y que encierra el fundamento de esa conexión, esto es, de la exacta concordancia entre felicidad y moralidad

La causa suprema de la naturaleza, en cuanto que ha de ser presupuesta para el supremo bien, es un ser que por razón y voluntad es la causa (por consiguiente, el autor) de la naturaleza, es decir, Dios.

Aquéllos que ponen el fin de la creación en el honor de Dios (suponiendo que no se piense éste antropomórficamente como la inclinación a ser ensalzado), han logrado la mejor expresión . Pues nada honra más a Dios que lo más apreciable en este mundo, el respeto por su mandato. 

Los postulados de la razón pura práctica en general. Estos postulados son los de la inmortalidad, de la libertad… y de la existencia de Dios. 

Ahora bien, son éstas ideas de la razón que no pueden ser dadas en ninguna experiencia, lo que yo tendría que pensar por categorías para conocerlo. 

No queda de los conceptos por los que pensamos un ser puro del entendimiento nada más que lo exhibible para la posibilidad de pensar una ley moral… si bien conocimiento de Dios tan sólo en la relación práctica. 

Alcanzar, empero, por la Metafísica el concepto de Dios y la prueba de su existencia como conclusión segura partiendo del conocimiento de este mundo, es imposible, pues para ello tendríamos que conocer este mundo como el todo más perfecto posible. 

Veo ante mí ordenación y finalidad en la naturaleza, y no necesito acudir a la especulación para estar seguro de su realidad, sino que sólo para explicarla necesito presuponer una divinidad como su causa. 

Ahora bien, ¿es nuestro conocimiento realmente ampliado de este modo por la razón pura práctica  de modo que lo que en la especulativa era transcendente, es ahora en la práctica inmanente? Sin duda, pero sólo en sentido práctico. Pues nosotros, en verdad, no conocemos por ello ni  la naturaleza de nuestra alma, ni el mundo inteligible, ni el Supremo Ser, según lo que ellos son en sí mismos, sino que hemos resumido sus conceptos en el concepto práctico del supremo bien, como objeto de nuestra esperanza, completamente a priori por la razón pura, sólo por medio de la ley moral, y también sólo en relación con ella misma, en consideración al objeto que ella ordena.

[Si Dios se hubiera hecho presente a nuestra razón especulativa, como cualquier otra realidad, si se hubiese dejado ver], la mayor parte de las acciones conformes a la ley acaecerían por temor, pocas  por esperanza, y ninguna por deber, y no existiría el valor moral de las acciones, del cual tan sólo depende el valor de la persona y hasta el del mundo a los ojos de la suprema sabiduría.

[En la razón especulativa], el regidor del mundo nos deja conjeturar su existencia y su majestad, pero no verla ni demostrarla claramente; en cambio, la ley moral en nosotros, sin prometernos ni amenazarnos nada con seguridad, exige de nosotros respeto desinteresado”

[Así pues], la Sabiduría impenetrable por la que nosotros existimos, no es menos digna de veneración por lo que nos ha negado que por lo que nos ha concedido. 

c) Crítica

No se dirigirá mi crítica al contenido de la ética kantiana, sabio proyecto de hombre cabal hacia el que sólo puedo tener elogios -un tratado verdaderamente admirable-, sino a su fundamentación, tema en el que voy a diverger. Estoy de acuerdo en que, una vez que se ha escrito la Crítica de la Razón Pura, una vez que se ha hurtado a la razón especulativa la posibilidad de llegar a Dios y a la libertad humana, fundamentos de la religión -religación de criatura y Creador-, lo mejor que puede hacerse es escribir la Crítica de la Razón Práctica, es decir, recuperarlos en el orden práctico. Por eso presento mi objeción no a esta Crítica sino a los dos en su conjunto, algo que obviamente, no he podido hacer hasta haber expuesto también el contenido de la Crítica de la Razón Práctica. Es el gesto filosófico total, el descrito por los dos libros, el que nos interesa y al que voy a presentar una crítica, porque es este gesto el que a la larga influirá en la filosofía posterior, como enseguida comentaremos. 

Decía Aristóteles que el escéptico no le preocupa, porque en cuanto empieza a decir algo se autorefuta, y si nada dice, tampoco resulta molesto pues está ahí al lado, callado como una planta. Pues bien, aunque aprecio este rasgo de humor del estagirita, no creo que tenga razón, y de hecho la historia se la ha  quitado. El escéptico puede decir algo sin autorefutarse: puede decir “voy a hacer esto”, así, sin justificación alguna, pues cualquier justificación que  diese supondría una autorefutación. En una palabra, la salida de todo escepticismo es la práctica. La sustitución de la teoría por la praxis, de la norma por lo que voy a hacer, de la verdad -fundamentada en lo que las cosas son- por mi voluntad. En definitiva, la voluntad ocupa, como último fundamento, el lugar del ser. 

Pues bien, creo que el gesto filosófico de Kant en su conjunto es el de un escéptico: con nuestro conocimiento especulativo no podemos llegar a la existencia de Dios, ni de la inmortalidad del alma ni a la libertad. Nada podemos conocer tal cual es, puesto que lo que conocemos son las formas a priori de nuestro propio conocer, y aunque una de estas formas a priori sea Dios, no se trata aquí del Dios realmente existente con independencia de nosotros. Como no podemos conocer más formas que las de nuestro propio conocimiento, estas realidades fundamentales las recuperamos en nuestra razón práctica, es decir no las alcanzamos en el terreno del conocimiento sino en el de la voluntad. Esto en Kant sucede de un modo maravilloso: llegamos a Dios porque captamos la norma moral como dada en nuestra voluntad. Pero lo que quedará como herencia para la filosofía es el gesto: El ser, tal cual es, ha sido arrebatado al conocimiento, y ha sido recuperado en el terreno de la voluntad, exactamente el gesto del escéptico. 

Así lo veremos en su principal seguidor, Arthur Schopenhauer. En su obra El mundo como voluntad y representación Shopenhauer trata primero el mundo como mera representación, como algo que sin duda alguna aparece en nuestro conocimiento. Pero, se pregunta luego, ¿qué es lo que se representa? ¿Qué es lo que ocupa el lugar de la “cosa en sí” en la obra de Kant? ¿Qué es, en definitiva, lo que ocupa el lugar de la realidad cuando conocemos? Y la respuesta es impresionante (aunque esperada ya para quien conoce el gesto del escéptico). La respuesta es: Lo representado es la voluntad. 

¡Lo representado en el conocimiento no es el ser, sino la voluntad! ¡la voluntad puesta, pues, exactamente, en el lugar del ser! Lo que estaba implícito en Kant, en el gesto filosófico del conjunto de las dos críticas, queda ahora totalmente explícito en Schopenhauer, quien no sólo ha restablecido la coherencia en Kant -como él mismo anuncia que es su intención- sino que lo ha hecho explícito, y nervio de su filosofía, e incluso título de su libro. El camino hacia la filosofía de la voluntad en Nietzsche queda ya, pues, abierto. 

Nietzsche, para quien Schopenhauer fue en su juventud el mayor de los filósofos, al renegar más tarde de él se desembaraza de lo que entiende superfluo -la representación-, pues le basta con la voluntad. Ése es el ser del mundo, la voluntad de vivir, y para ello, en el conflicto de voluntades de vivir en los diversos individuos, voluntad de sobrevivir imponiéndose a los demás. De este modo los individuos mejores sobrevivirán a los inferiores y mejorará  la especie: El ocaso de los ídolos. Nietzsche se consideró un autor póstumo. Y, muy desgraciadamente, lo fue. 

Si unimos esta crítica de la “Crítica de la razón Práctica” con la anterior crítica de la “Crítica de la razón Pura”, atisbaremos que Kant es el preludio a la filosofía del siglo XIX, preludio ésta de la historia política del siglo XX. Para quienes conocemos esa historia, no es ésta la mejor alabanza que podríamos haber hecho a las dos críticas de Immanuel Kant.

El autorIgnacio Sols

Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.

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Mundo

Centenario de la coronación de la Virgen del Carmen, Patrona de Chile

La solemne coronación de la Virgen del Carmen en 1926 consagró una arraigada devoción histórica vinculada estrechamente a la identidad e independencia de Chile. Para conmemorar su centenario, se realizarán diversas actividades e iniciativas religiosas y culturales desde julio hasta diciembre.

Pablo Aguilera·15 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La solemne coronación de la Virgen del Carmen el 19 de diciembre de 1926, realizada por el Delegado Papal, el Nuncio Apostólico en Chile, por mandato del Papa Pío XI, fue la expresión visible de una fe profundamente arraigada en el alma nacional. Al proclamar a la Virgen como Reina, Madre y Patrona, la Iglesia y el pueblo chileno reconocieron una verdad espiritual que nace del mismo designio de Dios.  

Esta devoción llegó tempranamente a Chile y echó raíces profundas en la vida del pueblo. Durante la época colonial, la Virgen del Carmen fue invocada en los hogares, en las comunidades religiosas y en la vida social, configurando una identidad cristiana que marcaría el desarrollo de Chile. En esta tradición florecieron frutos de santidad, como Santa Teresa de los Andes, que encarnó la espiritualidad carmelitana en su entrega total a Cristo. La presencia de los Monasterios Carmelitas a lo largo del país y desde temprana época, es una expresión viva de esta espiritualidad.  

La Virgen en la historia de Chile

En el momento decisivo de la independencia, la Virgen del Carmen ocupó un lugar central en la conciencia del Pueblo, de los hombres y mujeres que conducían ese proceso de la emancipación. En la víspera de la batalla de Maipú -en abril de 1818- los patriotas se encomendaron a Ella para alcanzar el triunfo, y el Libertador Bernardo O’Higgins la proclamó Patrona y Generala de las armas chilenas, prometiendo levantar un templo en su honor.

Hoy, en Maipú se levanta el Templo Nacional de la Virgen del Carmen, centro de la devoción mariana del país. Así, el nacimiento de la Patria quedó sellado por un acto de confianza en Dios bajo el amparo de la Virgen del Carmen.  

Celebración del centenario

En cada diócesis el Obispo ha designado templos jubilares -principalmente la Iglesia Catedral, santuarios marianos y algunos templos parroquiales- en los cuales los fieles podrán recibir la indulgencia plenaria mediante una peregrinación o una visita piadosa, vivida con espíritu de fe y conversión.

Se efectuarán diversas iniciativas desde el 16 de julio, Solemnidad de la Virgen del Carmen hasta diciembre.

El Obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, ha confeccionado un hermoso libro con imágenes para esta conmemoración: “Centenario de la Coronación de la Virgen del Carmen. Estampas para una Historia” que se puede adquirir en Amazon.

Evangelización

¿Qué promete la Virgen del Carmen a todo aquel que lleve su escapulario?

Con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen, que la Iglesia celebra el próximo jueves 16 de julio, recordamos el origen del escapulario y las promesas asociadas a esta histórica devoción mariana.

Rafael Mosteyrín·14 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El escapulario tiene su origen en una aparición de la Virgen a san Simón Stock.

Sucedió en Londres el año 1251. La Santísima Virgen rodeada de innumerables ángeles se apareció a san Simón Stock, de la Orden Carmelita, y le prometió una especial protección sobre dicha Orden, al mismo tiempo que le entregaba el Escapulario del Carmen con esta promesa: “Recibe, amadísimo hijo, el Escapulario de tu Orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas, todo el que muera con él se librará del fuego eterno. He aquí la señal de la salvación, salvación en los peligros, alianza de paz y de pacto sempiterno”.

Más tarde el Papa Juan XXII confirmaba con su autoridad el Escapulario del Carmen y Privilegio Sabatino, transcribiendo las siguientes palabras de la Virgen María: “Yo, Madre de las gracias, bajaré, el sábado después de su muerte y libraré a todos los que se encuentren en el Purgatorio y los llevaré al monte santo de la vida eterna”.

Las condiciones

Los requisitos exigidos por la Iglesia para que nos podamos beneficiar de dicha promesa son:

-Tener impuesto el escapulario por un sacerdote facultado para ello (basta una vez en la vida) y llevarlo habitualmente.

-Guardar castidad conforme al estado de cada cual.

-Rezar tres Avemarías cada día.

El testimonio del cardenal Tarancón

Son muchos los hechos milagrosos que a lo largo de la historia expresan la fidelidad de la Santísima Virgen a su promesa. El cardenal Vicente Enrique y Tarancón contó lo que sucedió, siendo él obispo de Solsona, en una pastoral sobre el escapulario del Carmen:

“Era el mes de junio de 1938. Hacía dos meses escasos que las fuerzas nacionales habían llegado al Mediterráneo, liberando la parroquia de Vinaroz, a la que llegamos Nos a los siete días de la liberación y en la que ejercimos el ministerio parroquial durante más de cinco años.

Un oficio de las autoridades militares solicitaba nuestra cooperación para prestar auxilios espirituales a diez condenados a muerte, que habían de ser ejecutados al amanecer. A las once de la noche entraron en la capilla los reos, y desde aquel momento los tres sacerdotes que estábamos entonces en Vinaroz entrábamos en comunicación con ellos, ofreciéndoles la vida eterna, ya que no podían salvar su vida temporal. Ocho de ellos se confesaron en seguida y con grandes y visibles muestras de arrepentimiento y fervor. Uno, que había sido comisario político en el ejército rojo, apenas sí permitió que nos acercáramos a él. Todas nuestras tentativas fueron inútiles y no pudimos lograr que se confesara.

Un condenado que rechazaba confesarse

Había uno entre todos que llamaba poderosamente la atención. Era un hombre de unos sesenta años, natural de La Galera, provincia de Tarragona, que vestía el antiguo traje de los payeses catalanes: medias blancas y calzones cortos, pero con unos modales finos y distinguidos que parecían contrastar con su indumentaria rural. Uno de los sacerdotes se puso a trabar conversación con él, mientras los demás atendíamos a los restantes. 

Cuando ya se había confesado ocho y mientras yo estaba hablando con algunos de ellos, consolándolos en aquel trance tan terrible y recibiendo sus recomendaciones y encargos para transmitirlos a sus respectivas familias, se me acerca el coadjutor y me dice al oído:

-Señor cura: nada he podido conseguir con aquel hombre, ¿por qué no lo prueba usted?

Fui allá, me recibió muy atentamente; estuve hablando con él un buen rato y comprendí en seguida que era un hombre culto y que tenía, además, una formación cristiana poco corriente. Aquellos detalles me animaron y adquirí la íntima convicción de que no sería difícil conseguir que se confesase.

Pero mi desilusión fue terrible cuando, después de haber hablado con él por espacio de más de media hora, me dijo estas palabras textuales:

-Mire, Padre, yo le agradezco muy sinceramente lo que usted está haciendo por mí. Comprendo que usted está pasando una mala noche por mi causa, ya que usted no ha de sacar ningún provecho de que yo me confiese. Yo le estoy sumamente agradecido, pero le suplico que no insista; desde ahora le puedo asegurar que no he de confesarme. Yo fui educado cristianamente, pero he perdido la fe. 

Quedé aturdido de momento; casi sin saber qué decir. Pero, inspirado sin duda, por la Santísima Virgen, me atreví a proponerle:

-¿Me haría usted un favor?

-El que usted quiera –me contestó-, con tal que no me pida que me confiese.

-¿Me permitiría –añadí- que le impusiese el Santo Escapulario?

-No tengo ningún inconveniente- me dijo-. A mí no me dicen nada estas cosas; pero si con ello he de complacerle, puede hacerlo.

«La Virgen me ha salvado»

Le impuse acto seguido, el Santo Escapulario del Carmen y me retiré en seguida a orar por Él a la Virgen Santísima. El fue a sentarse en un rincón al extremo de uno de los bancos que había en aquella sala. Aún no habían pasado cinco minutos, cuando oí como una especia de rugido y unos sollozos fuertes y entrecortados, que me alarmaron. Entré de nuevo en la habitación y vi a aquel hombre que se me echaba encima llorando incesantemente y que me decía, en medio de sus lágrimas:

-Quiero confesarme, quiero confesarme. No merezco esta gracia de Dios. La Virgen me ha salvado.

Ante la admiración y asombro de todos los presentes, se confesó, sin dejar de derramar lágrimas ni un solo momento, con una contrición realmente extraordinaria y enternecedora. Y, cuando a última hora, antes de llevarlos al lugar de la ejecución, me despedí de ellos, me abrazó y me besó, mientras me decía:

-Gracias, Padre; gracias por el bien inmenso que me ha hecho. En el Cielo rogaré por usted. Gracias y hasta el Cielo.

Confieso sinceramente que me conmovió aquella escena y que mis lágrimas se unieron a las suyas, mientras daba gracias al Señor por aquella maravilla y agradecía a la Santísima Virgen el que me hubiese permitido ser testigo de aquella manifestación espléndida de su amor maternal y misericordioso.”

Evangelización

Josef Pieper: «¡El cristianismo es esencialmente realidad, no mera doctrina!»

En julio de 1969, la revista Palabra (nº47) publicaba una entrevista a Josef Pieper sobre la antropología cristiana de la esperanza. Republicamos así dicha entrevista.

Jerónimo Martel·14 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

Josef Pieper tiene una ficha biográfica tan reducida como amplia es su ficha bibliográfica. Nació el 4 de mayo de 1904 en Elte, una aldea de Westfalia, y estudió, completas, las carreras de Filosofía, Derecho y Sociología, en las Universidades de Berlín y Münster. En la actualidad es catedrático —en la terminología alemana, profesor ordinario— de Antropología filosófica en la Universidad de Münster y en la Escuela Superior de Pedagogía de Essen.

Bastantes de sus obras se han traducido al castellano, concretamente en España, y a sus títulos va limitada esta referencia, puesto que se dirige al lector de habla española. Son dichas obras: Actualidad del tomismo (1952), Catecismo del cristiano (que respondía al título alemán Christenfibel, equivalente a la expresión Silabario cristiano, y que escribió en colaboración con Heinrich Raskop, siendo traducida en España en 1954), Sobre el fin de los tiempos (1955) y El ocio y la vida intelectual (versión última española, aumentada, de 1962), por una parte. De otra, a las obras citadas se añade una serie de obras muy características en Pieper, y que se refieren a virtudes cristianas y humanas básicas, emplazadas frente a la angustia del hombre moderno: Sobre la esperanza (1953), La prudencia (1957), La fe (1966).

A todas las obras citadas se añadieron, en el segundo semestre del pasado año, dos novedades editoriales muy de la misma línea, editadas en Ediciones Rialp, de Madrid, y Sígueme, de Salamanca, respectivamente: Justicia y fortaleza y Esperanza e historia. De todas las obras referidas, se ha dado la fecha de la primera edición española, aunque alguna de ellas vaya ya por su tercera edición. Añadamos que, en este momento, Pieper tiene vendidos más de medio millón de ejemplares de sus libros en las naciones y bloques lingüísticos más importantes, pese a escribir por fuerza para minorías.

Pieper comenzó su obra teológica en 1934, con su estudio sobre la fortaleza, del que saltó, al año siguiente, a su estudio sobre la esperanza. Su labor ha consistido, desde su neta postura de laico y filósofo, en adaptar la Teología al pensamiento moderno, en su expresión conceptual y literaria, pero, eso sí, con un exquisito cuidado para no alterar el contenido esencial de las fórmulas teológicas clásicas. El existencialismo o Hiroshima no han sido para él cuestiones bizantinas surgidas en otro planeta; pero sí motivos para, desde ese humanismo que estudia la antropología, llevar al hombre inquieto de nuestro tiempo al encuentro consigo mismo, a través de Dios.

En la conversación que sigue —tenida en su domicilio de Münster—, Pieper, que tan bien ha sabido defender las raíces existenciales del tomismo, al enfocar su antropología a través de la ética tomista, habla sobre cuestiones debatidas del hoy y el ahora, sobre conceptos como el de secularización o el de espiritualización, sobre la síntesis de lo humano y lo divino en el cristiano como hombre, sobre la relación entre la cultura tradicional y la cultura moderna, y aun sobre ese último reducto de la revolución contra la tecnología -contra la ausencia del humanismo— que es y significa la rebelión estudiantil.

¿Cómo ve la integración de la cultura cristiana y esa cultura moderna a la que se ha llamado «profana»?

–Yo no veo lo cristiano como un bloque. El hombre cristiano, cada hombre cristiano, es previamente hombre, y ha de hacer en sí mismo esa síntesis: al menos debe probar a hacerla. Precisamente, lo no occidental es una religión antisecular como la que pudiera darse, por ejemplo, en las iglesias ortodoxas rusa o griega, que se dirigen solamente a la contemplación y la liturgia, sin ninguna actividad hacia el mundo. Si bien existe igualmente otro peligro por el otro extremo, y es el de la secularización. Uno y otro polo son por igual peligrosos.

Nihilismo y secularización

En las posturas nihilistas de los abanderados de la revolución, de cualquier signo, se ponen tal vez en cuestión las relaciones entre la cultura moderna y la tradicional. ¿Qué podría decir a nuestros lectores a propósito de toda esta temática?

–Pienso que la antigua cultura de Occidente siempre ha estado y está en un proceso de continua transformación, a través del que se interpreta a sí misma en cada momento, lo que —ya se sabe- implica la resolución continuada de tensiones o conflictos polares. Otra cosa, algo distinta, ocurre por ejemplo en la India, donde se encuentran separadas la cultura tradicional y la cultura moderna. Pero en Occidente no se da esa dualidad, que, como he dicho, cabe comprobar en cambio en la cultura religiosa del pueblo hindú, por un lado, y, por otro, en la moderna Universidad de Calcuta. En ese esquema propio de la India, la salida a la cultura moderna implica el abandono de la tradición, por causa de que allí no se hace ese esfuerzo de continua interpretación, de nueva interpretación. Esto distingue netamente al Oriente del Occidente, de la cultura occidental, basada, por cierto, en la Biblia, en la Palabra de Dios que hace al hombre. Aquí, en Occidente, la cultura tradicional no se deletrea repitiendo cada vez su depósito palabra por palabra, sino que se confla en forma de frase conceptual a la interpretación de los teólogos, que la contrastan, por ejemplo, con el evolucionismo y la paleontología, etc.

De este modo occidental de entender la historia surgen siempre nuevos aparentes conflictos; pero, precisamente porque está preparado para afrontarlos, es el que salva el hecho de la cultura occidental. Creo que si se interrumpiese algún día esta diferencia existente entre la cultura oriental y la occidental, estaríamos entonces en presencia del fin de la cultura de Occidente.

Y por eso, también diría que hoy hasta las mismas rebeliones estudiantiles son un aparte de la cultura occidental, aunque no quepa reducir al mundo de los estudiantes la posibilidad de que surjan los conflictos a que me he referido, y que obedecen a proyecciones sociales más amplias y comprensivas.

En cualquier caso, si algún día únicamente existiese una cultura profana —esto es, divorciada de la fundamentación religiosa— en Occidente, ya no pertenecería al espíritu occidental.

Concretamente, ¿qué piensa sobre esa pretendida «secularización» de la vida cristiana que algunos patrocinan?

–Diría que en la teología católica, y por consiguiente dentro de la Iglesia, existe un grupo o tendencia que defiende tal secularización, pero como no es ésta mi opinión, no puedo sumarme a ella.

En un libro, traducido en su tierra, advertía que hay que saltar un obstáculo que da mucho quehacer justamente al hombre de nuestro tiempo. No se trata de algo de que «tenga la culpa» el hombre de nuestros días; es decir, de una dificultad petulantemente provocada por él mismo. Se trata, más bien, de algo que va unido inevitablemente al cambio de la imagen del mundo de la naturaleza y a las dimensiones de éste; cambio que sólo quiere decir que nuestro conocimiento de la realidad creada se ha corregido y enriquecido notablemente con respecto a las representaciones antiguas y medievales. Vox facta est de caelo —Se ha oído una voz del cielo—: para Dante y sus contemporáneos esto era algo intuitivamente imaginable, en un acto que podía llevarse a cabo sin discusión.

Tal incuestionabilidad no le es permitida ya al contemporáneo de Einstein, después de que hasta la realidad material del mundo se ha ido haciendo cada vez menos intuitiva. «No podemos sentir la presencia de Dios en nuestro mundo con tanta ingenuidad como lo hicieron épocas anteriores», decía Rahner. De otra parte, hay que confesar, nos guste o no, que la teología contemporánea ha preparado pocas ayudas de orden conceptual para superar esa dificultad, surgida legítimamente. Pero yo no veo como legítima la desacralización de la vida.

La vía media entre los dos polos peligrosos del espiritualismo a ultranza y la secularización, ¿es la que reconoce la legítima autonomía relativa de lo temporal?

–Sin duda, esa autonomía relativa está en la gran tradición que representa Santo Tomás. Pero una cosa es tal autonomía relativa y otra la que pretende la llamada secularización, que consiste en cortar la tensión polar, revolviéndola con una separación de lo cristiano y lo humano, que es imposible.



¿Intelectuales católicos?

Lo que viene diciendo al contestar como lo hace estas preguntas nos lleva al tema del laico. ¿Qué, o quién, es para usted el laico?


–El laico es el cristiano bautizado, que no está separado de la Iglesia, sino situado en esa tensión polar buena. No se puede encontrar fácilmente una fórmula para tal , pero tampoco cabe hablar de una separación. Si el laico, que es cristiano, se une a la secularización, deja por ese hecho de ser cristiano. Pero, en cambio, se ha de enfrentar a esa autonomía relativa responsable, y esta tensión nunca se acabará.

Hace años escribí que lo que caracteriza al cristiano es la fe cristiana y la vida cristiana. Ambas, fe y vida, están vinculadas entre sí como el saber y el obrar. La fe cristiana es el presupuesto de la vida cristiana, y la vida cristiana es el fruto y la realización plena de la fe. La vida cristiana no se puede dar sin la fe cristiana, y la fe cristiana sin la vida cristiana es estéril. Ciertamente, hoy día parece que la vida cristiana puede darse sin fe cristiana; parece que se puede tener una orientación cristiana de la vida sin una fe viva en Cristo.

Pero, en realidad, los cristianos que viven esta vida cristiana tan sólo de un modo externo no hacen sino usufructuar y consumir la herencia que les han legado sus mayores: la fe viva en la cual formaron ellos sus vidas y modelaron los usos y costumbres de la sociedad. Pero esta herencia corre el peligro de ser anulada completamente si no es renovada por una fe vivificada de nuevo. Por lo cual, ser cristiano en este tiempo y en nuestro pueblo implica volver a vivir la vida cristiana desde su fundamento, bajo la orientación y el impulso de una fe viva y personal. El cristiano «vive de la fe».

¿Qué opina usted sobre una figura que está en el contexto de esta entrevista, la del intelectual católico?

–Hablando del quehacer intelectual he escrito: «Si se dice que alguien es cristiano en su filosofar, esto no puede significar tan solo que su visión del mundo coincide con el cristianismo como doctrina. ¡Pues el cristianismo es esencialmente realidad, no mera doctrina!

El problema de una filosofía cristiana no consiste solamente en que se hayan de ligar, y en cómo se hayan de ligar, teoréticamente el conocimiento natural del mundo y la fe sobrenatural, sino que se trata de que el filosofar se convierta en un filosofar cristiano mediante el enraizamiento del que filosofa en la realidad cristiana y en saber de que manera se realiza esa conversión.

Es, por tanto, un enriquecimiento en su contenido de saber del mundo lo que recibe el filosofar cristiano, por estar ligado al contrapunto previo de la verdad de Cristo. A condición, claro está, de que no sólo sea fuerte y verdadero su carácter cristiano, sino también su carácter filosófico (¡hay que repetirlo constantemente, tan poco evidente es!).

Un célebre libro sobre la historia de la filosofía medieval, el de Maurice de Wulf, concluye con estas palabras: «La escolástica ha decaído no por falta de ideas, sino de cabezas».

Creo que existen ante todo intelectuales, y entre ellos los hay que son católicos. Aparte de esto, mi opinión es muy adversa a ese concepto hecho de «intelectual católico». Pienso que el intelectual es un hombre que toma parte política y publicísticamente en una sociedad, mientras que un católico es un hombre que piensa globalmente sobre todo. En realidad, el término «intelectual católico» fue acuñado por la política y para una concreta dirección política, de partido político.

Rebelión estudiantil

Como profesor e intelectual, seguramente podrá dar una opinión sobre la rebelión estudiantil, a la que se refirió de modo marginal al contestar una pregunta anterior. ¿Cuál cree que es su causa? ¿Obedece a razones propiamente humanísticas?

–En realidad, cabría discutir mucho ese movimiento estudiantil, en cuanto es difícil analizar sus causas. Ahora bien, veo su último origen, aqui en Alemania, en el hecho de que la Universidad alemana ya no es verdaderamente una Universidad, sino un conjunto de institutos técnicos; con la única y simple finalidad de preparar profesionales. En cualquier caso, este hecho constituye al menos una de las causas que han originado el movimiento.

Lo que yo entiendo como Universidad incluye por fuerza un aspecto teológico y filosófico, actuando en una sociedad. Así se constituyó la Universidad en la Edad Media. En la Universidad, en sus orígenes, era una realidad la discusión de las cuestiones disputadas. En este punto, de controversia intelectual, está implicada la universalidad que constituyó a la Universidad misma, dándole origen. Gracias a esa aportación, podían los estudiantes entonces orientarse universalmente, esto es, no perder el punto de vista universitario. Hoy, cuando ya no existe esa posibilidad de discusión, de controversia, sobre los temas universales, dentro de la Universidad, el consiguiente perjuicio afecta no sólo al estudiante, sino también al mismo profesor.

Por cierto que hace poco se inauguró una de las más jóvenes Universidades en Alemania, la de Bochum. Y ha querido hacerlo respondiendo a lo que yo he llamado el «offenheit für das Ganze», el sentido —de apertura— para el todo. En dicha Universidad, este sentido universal, más allá de lo técnico, está incluso concretado como un elemento académico. A propósito de esa experiencia, escribí: «La disputa académica que se extiende entre las Facultades y disciplinas queda introducida en la organización de la Universidad. Pero existen, no obstante, muchas dificultades; así, por ejemplo, la del idioma común que ya no se encuentra entre las Facultades; y, también, que los profesores temen declarar sus últimas opiniones, en cuanto no pueden ser científicas en sentido estricto».

La Universidad debería tener una apertura hacia todo. Y es que debe ser una institución para el uso del pensamiento libre, como un espacio libre en la sociedad, como un asilo de la libertad intelectual. Es decir, que en ese lugar que es o debe ser la Universidad, tienen que quedar calladas, en suspenso, las actitudes directas, las tomas de postura concreta. Y en ese sentido está emplazada la libertad académica en su origen mismo. Tal libertad ya no existe en las Universidades alemanas, y menos aún en las americanas.

Así pues, ¿la última causa de la rebelión estudiantil puede estribar en un afán de defensa de la Universidad como reducto institucional del pensamiento libre?

–En mi opinión, los estudiantes no se rebelan sólo por dicha causa. Insisto en que su rebelión obedece a una motivación muy complicada. Una de sus causas está en la reacción frente a los que los estudiantes llaman aquí «los idiotas especialistas»; esto es, frente a los profesores que únicamente cultivan y proponen su especialidad técnica. Eso yo ya lo dije, porque lo pensaba.

Puntualicé que la Universidad no puede divorciarse de la idea filosófica general que constituye su esencia. Por otra parte, sin embargo, cuando los estudiantes, que son un exponente del mundo trabajador total, se entregan a lo que llaman la politización de la Universidad, malogran ese espacio intelectual libre en que consiste lo genuinamente universitario.

¿Resulta, por tanto, negativo que los estudiantes se preocupen por la política?

–Mi opinión es que los estudiantes no deben dedicarse a la política, teórica o práctica. Otra cosa es que hablen de política en la Universidad, pero sólo teoréticamente.

En suma, los estudiantes no deben negar esa discusión teorética como hacen los grupos estudiantiles que quieren introducir una política partidista en la Universidad. Una cosa buena es que discutan en la Universidad, los argumentos que exponen los partidos, y otra transformar la Universidad en política y en política partidista.

El autorJerónimo Martel

Vaticano

El Papa León XIV en el Ángelus: «La generosidad de Dios no es ingenua, sino sabia y cree en nosotros»

Desde Castel Gandolfo, León XIV reflexionó sobre la parábola del sembrador e invitó a los fieles a aprovechar los días de vacaciones para cultivar el silencio, la oración y la meditación junto al descanso estival.

Paloma López Campos·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El domingo 12 de julio de 2026, el Papa León XIV presidió el rezo del Ángelus desde Castel Gandolfo junto a los fieles y peregrinos congregados frente al Palacio Apostólico. En su alocución, el Santo Padre centró su mensaje en la parábola del sembrador, destacando la paciencia, la confianza y el amor incondicional de Dios hacia la humanidad.

Confianza de Dios frente a la debilidad humana

El Pontífice explicó que Jesús es la semilla que el Padre sigue esparciendo en el mundo, aun cuando a veces encuentra en las personas un terreno «duro e insensible» o «distraído», semejante al suelo pisoteado de los caminos o a los matorrales de espinos.

Sin embargo, el Papa aseguró que Dios conoce el corazón humano mejor que nadie y nunca deja de sembrar porque el poder de su amor es más fuerte que nuestras flaquezas: «La generosidad de Dios para con nosotros no es ingenua, sino sabia, y sabe descubrir en nosotros la posibilidad de un bien del que, a veces, ni siquiera nosotros mismos somos conscientes».

Transformación de los corazones

Durante su reflexión, el Santo Padre acudió a una cita de san Juan Crisóstomo para ilustrar cómo la gracia divina tiene el poder de transformar los terrenos más difíciles en campos fértiles.

Esta apertura y humildad para recibir la semilla divina es la que, según el Papa, permite cosechar los frutos del Espíritu Santo en la sociedad. Al enumerar virtudes como el «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí», León XIV exclamó: «¡Cuánto necesita nuestro mundo de estos frutos, de ser colmado y transformado por ellos!»

Descanso estival con sentido

Aprovechando el periodo de vacaciones, el Pontífice hizo un llamamiento directo a los creyentes para que no descuiden su vida espiritual durante los días de descanso. Les animó a hacer espacio para escuchar, leer y meditar la Palabra, así como a cultivar el descanso y la “sana diversión”, dejando también “momentos significativos de silencio y de oración”.

Al concluir su alocución, el Papa expresó su deseo de que este tiempo de desconexión permita a los fieles regresar a sus ocupaciones habituales «renovados en el cuerpo y en el espíritu», listos para colaborar en el crecimiento del Reino de Dios, encomendando esta intención a la Virgen María.

Evangelización

Manu, el joven que preguntó al Papa: «Dios me pone siempre en el escalón más alto»

Un mes después de la visita del Papa a España, hablamos con Manu, un joven que tuvo la oportunidad de hacer una pregunta al Papa, siendo la voz de todos los jóvenes españoles. Nos cuenta su testimonio y cómo esta experiencia le sigue ayudando en su camino de fe.

Teresa Aguado Peña·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“Hoy en día hay muchos jóvenes con sed de Dios, otros a los que les gustaría creer, y otros que no quieren hablar de Dios, pero muchas veces no sabemos cómo ayudarles. ¿Cómo podemos nosotros, que también estamos buscando, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?”. Esta fue la pregunta que le hizo Manu, un joven de 25 años, al Papa en la vigilia de jóvenes el pasado 6 de junio.

El Papa le respondió alto y claro: “¡No estamos solos!”. León XIV recordó esa noche a Manu y a todos los jóvenes, que tenemos a Dios y una gran comunidad a nuestro lado. Además señaló que es con nuestra experiencia y testimonio como debemos enseñar la belleza de la fe a los que no conocen al Señor.

Más allá de teorías o moralismos, el Papa insistió a los jóvenes en la fuerza del testimonio. A Manu se le quedaron grabadas sus palabras, y en una entrevista con Omnes nos cuenta precisamente su experiencia.

Jóvenes inquietos

Manu pudo ver con sus propios ojos y dar fe de ese “no estamos solos” del Papa. Cuenta que le llamó la atención, como a muchos otros, las 600.000 personas que en la vigilia se arrodillaban y guardaban silencio ante el “único rey”.

Y es que en la vigilia se puso de manifiesto que los jóvenes se movilizan en busca de respuestas: «veo muchísimas inquietudes, tanto entre jóvenes católicos como entre quienes no creen. Todos nos preguntamos por nuestro futuro, por nuestra vocación, por el sentido de la vida. Y precisamente por eso mucha gente acaba acercándose a la Iglesia.»

Para él, el cristianismo ofrece una respuesta distinta a la lógica dominante: «vivimos en una sociedad donde parece que todo gira alrededor del trabajo o del éxito. La Iglesia te recuerda que tu vocación es mucho más profunda. En mi caso, por ejemplo, mi vocación no es mi profesión, sino formar una familia. El trabajo es un medio, no el fin.»

¿Cómo explicar las «renuncias» de ser cristiano?

Durante la conversación surge una cuestión frecuente: cómo explicar a quienes están alejados de la fe aspectos como la castidad o las exigencias del Evangelio.

Su respuesta sorprende por su sencillez. «Muchas veces intentamos convencer desde la razón. Explicamos por qué hacemos ciertos sacrificios y la gente incluso entiende nuestra lógica, pero no la compra».

Pero para Manu, debe ser al revés: «primero hay que experimentar el amor de Dios. Solo después todo lo demás cobra sentido. Si empiezas por las normas, parece que el cristianismo son solo prohibiciones. Pero cuando uno descubre el amor de Dios, esas mismas cosas dejan de vivirse como sacrificios y pasan a ser una consecuencia natural».

Poder preguntar al Papa

Manu cuenta cómo la experiencia de estar delante del Papa significó para él un claro signo del amor de Dios: «cuando me dijeron que iba a hacer la pregunta estaba pasando un momento bastante malo. Tenía la autoestima muy baja y pensaba que no merecía estar allí».

«Para mí fue una representación de que, aunque yo me pueda tirar por los suelos porque soy un pecador y considero que hago las cosas muy mal, el Señor me enseña lo mucho que me quiere. Aunque yo crea que estoy en mi peor momento, Él me pone siempre en el escalón más alto porque me sueña así.

Con eso me quedo: intentar verme a mí mismo con los ojos de Dios y mirar también a los demás de esa manera, tanto a los amigos como a quienes nos cuesta querer, porque si Él nos pone siempre arriba incluso en nuestro peor momento, nosotros también deberíamos intentar poner a los demás en ese mismo lugar».

Una sencilla conversión

Aunque siempre ha sido católico, Manu reconoce que durante muchos años su fe fue simplemente heredada: «siempre fui a misa porque mis padres me educaron así, pero realmente no conocía personalmente a Dios».

Su manera de vivir la fe cambió cuando comenzó a implicarse en su parroquia (Nuestra Señora del Buen Suceso) en 2022: «no fue una conversión espectacular, pero sí una maduración muy profunda. Dejé de vivir la fe por rutina para descubrir que Dios quería formar parte de mi vida».

Desde entonces coordina grupos de jóvenes, participa en la formación diocesana y el próximo curso comenzará también a impartir catequesis.

El impulso de la vigilia permanece

Semanas después de la visita papal, reconoce que el entusiasmo inicial no ha desaparecido: «es un momento al que vuelvo constantemente. Cuando siento que puedo venirme abajo, recuerdo la vigilia, recuerdo todo lo vivido y recupero fuerzas».

También espera que haya sembrado preguntas en quienes contemplaron desde fuera la multitud de jóvenes reunidos alrededor del Papa: «creo que mucha gente se preguntará qué mueve a tantos jóvenes. Qué hace que cientos de miles de personas quieran estar allí, viviendo todo con tanta alegría, tanto silencio y tanta paz. Ojalá esa pregunta sea un comienzo».

Porque, como aprendió durante aquellos días, la evangelización no comienza con grandes discursos, sino con el testimonio de una vida transformada por el amor de Dios.

Cultura

«Sueños de trenes». La búsqueda de sentido

La periodista y filósofa Rocío Montuenga ha seleccionado esta película como una de las más importantes del pasado año. Es una película maravillosa, lenta, preciosista, que invita a pensar sobre el sentido de la vida y en especial del sufrimiento.

Rocío Montuenga / Jaime Nubiola·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Aunque había sido nominada para cuatro óscars, la aclamada película Sueños de trenes de Netflix no logró ninguna estatuilla en la gala del pasado 15 de marzo. Sin embargo, he pedido a la profesora Rocío Montuenga que nos compartiera su reflexión sobre este magnífico filme. He aquí lo que escribe:

“Durante mis años universitarios, en las clases de Filosofía del Lenguaje, de Jaime Nubiola, aprendí una intuición que el tiempo no ha dejado de confirmar: existen realidades que exceden lo comprobable. Si tuviéramos que dividir el mundo entre aquello que puede verificarse y aquello que escapa a la experiencia sensible, en un lado quedarían la ciencia, lo tangible y todo cuanto puede ser explicado; en el otro, el universo de lo inefable. Ese ámbito del que, como escribió Ludwig Wittgenstein en su Tratado lógico-filosófico, ‘de lo que no se puede hablar, es mejor callar’.

Y, sin embargo, es precisamente allí donde habitan algunas de las preguntas más decisivas de la existencia. El amor, el sufrimiento, la belleza, Dios, la esperanza o el sentido de la vida difícilmente pueden reducirse a fórmulas o verificaciones empíricas. Son realidades que nos sobrepasan y, precisamente por ello, nos constituyen.

Cuestiones como ‘¿qué sentido tiene mi vida?’, ‘¿existe un propósito capaz de dar unidad a mis decisiones, mis pérdidas y mis anhelos?’ o ‘¿para qué estoy aquí?’ afloran inevitablemente. Más pronto o más tarde, el ser humano se enfrenta a ellas, no porque espere respuestas definitivas, sino porque vivir implica aprender a convivir con el misterio.

La fragilidad de la vida

Esas cuestiones laten silenciosamente en el protagonista de Sueños de trenes (Train Dreams, 2025), un hombre cuya existencia parece atravesada por la pérdida y por la búsqueda de una cohesión que otorgue unidad a su historia. 

La película, dirigida por Clint Bentley y basada en la novela de Denis Johnson, se mueve entre el western y el drama rural, con el tempo pausado del slow cinema. Más que un relato de género, es una meditación sobre el misterio del sinsentido y la incesante —y radicalmente humana— búsqueda de sentido.

Desde sus primeros compases, Sueños de trenes sitúa al espectador junto a la voz en off de un narrador que acompaña la historia de Robert Grainier, un trabajador del Oeste americano que, a comienzos del siglo XX, participa en la construcción del ferrocarril. Huérfano desde niño, aprende demasiado pronto que la existencia puede quebrarse sin aviso.

En el ferrocarril, la injusta muerte de un compañero inmigrante —explotado y despreciado por no pertenecer al mundo de los hombres blancos americanos— deja en él una huella silenciosa difícil de borrar. 

El dolor se instala entonces como interrogante, incluso en forma de sueños recurrentes en los que le asalta la presencia de su amigo. Desde entonces, Robert parece convivir con una pregunta persistente: por qué la vida hiere de maneras tan difíciles de comprender.

Sin embargo, el filme muestra también que el sentido vital rara vez aparece como una idea abstracta o como algo que organice linealmente la biografía; más bien irrumpe encarnado en personas concretas, en miradas y en gestos. En el caso de Robert, ese primer anclaje llega a través de Gladys, cuya compañía le devuelve una forma de reconciliación con la vida. 

El amor, la posibilidad de un hogar y la llegada de su hija introducen una inesperada experiencia de plenitud en medio de una existencia áspera. La felicidad no se encuentra tanto en el dónde, el cuándo o el cómo como en el con quién. 

Sentido y pérdida

Aquí resulta inevitable pensar en la exploración central de Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido. Frankl sostiene que el ser humano encuentra significado de tres maneras: mediante una obra o tarea, a través del amor y la belleza —el ‘don recibido’— y, finalmente, en el sufrimiento asumido. 

La trayectoria de Robert parece recorrer, casi sin saberlo, esos tres caminos: el trabajo en la construcción del ferrocarril y como talador de árboles, el amor de Gladys y de su hija, y más adelante la experiencia devastadora de la pérdida. Allí donde parece abrirse un abismo de sinsentido, el argumento sugiere, con una delicadeza que recuerda al cine de Terrence Malick, que incluso el dolor puede transformarse lentamente en un lugar sagrado con significado.

Para narrar ese tránsito de un corazón quebrado —marcado por el duelo, la fragilidad y la fugacidad de la vida— Bentley recurre a la naturaleza como espejo y continuidad. La vida de Robert se entrelaza con imágenes de madera, hachas, troncos que caen y bosques abiertos por la intervención humana. Pero también con ríos que fluyen, pájaros que sobrevuelan el paisaje, flores que brotan en la intemperie, hogueras nocturnas y atardeceres que tiñen de calma las montañas de la América profunda. 

La naturaleza no es aquí un simple decorado, sino una presencia viva que sugiere transformación, ciclo y permanencia en lo cambiante.

El llanto de Robert Grainier ante el vacío de sus pérdidas no lo encierra en sí mismo, sino que lo abre, paradójicamente, a una comprensión más honda de la vida en su incertidumbre. Incluso en medio del sufrimiento, su existencia no se reduce a lo perdido, sino que permanece atravesada por aquello que ha recibido y por aquello que ha podido entregar: su trabajo, su presencia, su amistad, su amor silencioso y su capacidad de sostener la vida de otros en gestos discretos.

Aprender a recibir

Quizá ahí se insinúe una intuición decisiva: que no todo sentido se construye, sino que también se acoge. La vida no se agota en lo que hacemos o conseguimos, sino también en lo que recibimos y en cómo lo recibimos. Y en esa acogida —de lo luminoso y de lo herido— se abre una forma más honda de sentido.

En esta línea, muchas veces el ser humano no encuentra su sentido porque lo reduce a lo que hace, lo que tiene o lo que produce. Sin embargo, la existencia parece desbordar esos límites: no se explica solo desde la acción, sino también desde la recepción.

Los árboles que aparecen en Sueños de trenes funcionan aquí como una metáfora especialmente elocuente. El tronco talado y el tronco erguido conviven en el mismo paisaje, recordando que la vida integra simultáneamente lo que nace, lo que cae y lo que permanece. En esa convivencia de contrarios se insinúa una comprensión más profunda de la existencia: no como dominio, sino como aceptación de su ritmo propio.

Desde esa mirada, la vida no se justifica solo por lo que nos sucede o logramos, sino también por lo que recibimos y por lo que somos capaces de devolver sin cálculo desde nuestro ser en presente. En ese intercambio gratuito se abre una forma más honda de sentido. Y quizá sea ahí, en una gratitud serena ante lo vivido, donde el ser humano encuentra la fuerza para seguir habitando el misterio de la existencia”.

El autorRocío Montuenga / Jaime Nubiola

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Cultura

Saydnaya y Maaloula: donde aún se habla la lengua de Jesús

Dos lugares emblemáticos del cristianismo oriental, Saydnaya y Maaloula, aún conservan tradiciones milenarias, incluida una variante del arameo, la lengua asociada a Jesús.

Gerardo Ferrara·12 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Ya he escrito en estas páginas sobre la Siria que fue : un país encrucijada de civilizaciones e imperios, lenguas, religiones y alfabetos, un mundo perdido de pueblos y comunidades que una guerra terrible y prolongada ha destrozado y del que no se sabe si podrá recomponerse

Hoy quiero seguir hablando de ello, con nostalgia y con el deseo de volver allí, para compartir un viaje que, en agosto de 2008, me llevó a visitar dos lugares que custodian el corazón más antiguo del cristianismo de Oriente: el monasterio de Saydnaya y el pueblo de Maaloula, donde todavía se habla una variante del arameo, la lengua de Jesús.

El desierto y la frontera

Imaginaos que estáis en el Líbano. Tres semanas maravillosas recorriendo el país de arriba abajo, entre montañas, mar, monasterios antiguos y modernos, ciudades maravillosas, comida increíble y una gente tan acogedora como pocas veces se encuentra. 

Pero faltaba algo: ¡el desierto! Siempre había soñado con verlo, con pisar esa extensión de color ocre que solo había visto en fotografías. Así que convencí a mis amigos para que contactaran con una agencia y organizáramos una excursión al otro lado de la frontera: Saydnaya, Maaloula y, por último, Damasco. Era principios de agosto. Hacía calor, sí, pero nada comparable a las olas de calor que sufrimos últimamente. Y, a primera hora de la mañana, nos subimos a una furgoneta, dos amigos cristianos libaneses y yo, con un conductor druso, también libanés, que además nos haría de guía.

Aún recuerdo la despreocupación típica de Oriente Medio con la que nuestro conductor conducía por las carreteras que trepan por la cordillera del Líbano, bordeando los tanques abandonados a los lados de la calzada: vestigios silenciosos de la larga ocupación siria, que terminó en 2005 tras treinta años de presencia militar.

Al descender hacia el valle, ya con el Antilíbano y la cercana frontera a la vista, la carretera se hacía más recta y, en la frontera, yo, como italiano, pasé sin problemas: un apretón de manos cordial, unos cuantos dólares por el visado y un «hasta luego», mientras los libaneses y los sirios esperaban en fila bajo el sol. Una paradoja, inaceptable en muchos sentidos, la misma que se da entre Israel y Cisjordania.

Y luego, una vez cruzada la frontera, la primera visión deslumbrante. Mis amigos libaneses, acostumbrados a las montañas verdes, a las terrazas cultivadas, a los cedros, no se explicaban cómo podía quedarme tan embelesado por el desierto. Y, sin embargo, así era: aquella inmensa extensión, de color ocre quemado por la luz deslumbrante del sol de agosto, el horizonte llano que se extendía infinito ante la furgoneta, me conquistaron de inmediato. Hay algo místico en los desiertos de esa parte del mundo: no en vano las tres religiones abrahámicas nacieron allí. Evidentemente, allá el hombre tiene mayor propensión a escuchar a Dios.

Saydnaya: la Virgen sobre la roca

La primera parada fue Saydnaya (del arameo Saidnāyā: «Nuestra Señora»), un monasterio greco-ortodoxo fundado, según la tradición, por el emperador Justiniano en el siglo VI, sobre una roca a unos 30 km al norte de Damasco, que alberga uno de los iconos marianos más antiguos y venerados de toda la cristiandad oriental.

La llegada al monasterio fue como un ascenso hacia el cielo: la empinada subida, el sol de agosto que pegaba fuerte sobre la estructura que se alzaba sobre la roca, casi fundida con ella. Los gruesos muros exteriores, de piedra clara, protegían discretamente lo que se guardaba en su interior: ni el patio florido, ni los silenciosos senderos que conectaban las distintas estancias del monasterio, un pequeño mundo en sí mismo.

Dentro de la iglesia principal, el iconostasio dorado se alzaba como una muralla que custodiaba el sanctasanctórum, y los candelabros, con su luz titilante sobre los iconos milenarios, creaban una atmósfera etérea. Éramos muy pocos y el silencio, junto con el frescor y el refugio que ofrecía la iglesia, hacía que apeteciera quedarse allí para siempre.

En el centro, en un relicario, se encontraba el icono de la Virgen de Saydnaya, pintado, según la tradición, por el evangelista Lucas y traído aquí desde Bizancio. 

Mis amigos libaneses me llamaron la atención sobre un grupito de musulmanes que mostraban un gran respeto y veneración por aquel lugar, sagrado también para ellos.

Una vez fuera, contemplé el valle que se abría a los pies del monasterio, la extensión de color ocre que abrazaba el horizonte mientras los rayos del sol se reflejaban implacables en las paredes blancas del convento. 

Ahora que lo pienso, me emociono al saber que aquel país tan hermoso sufriría una tragedia inmensa solo un par de años después.

Maaloula: la lengua de Jesús

Maaloula me marcó aún más que Saydnaya, si cabe.

No dejaba de contemplar embelesado el paisaje desde la ventanilla, mientras uno de mis amigos libaneses sufría un mareo terrible (¡pero a mí no me importaba demasiado!): ¿cómo no dejarse cautivar por la belleza de aquel desierto llano que, de repente, se volvía accidentado y luego rocoso, abriéndose en un desfiladero dominado por Maaloula?

Así se me apareció el pueblo aferrado a la roca, uno de los pocos lugares del mundo donde todavía se habla el arameo occidental: la lengua que hablaba Jesús. 

Cabe precisar que existen varias variantes modernas del arameo antiguo, que ha evolucionado, al igual que el latín, dando origen a lenguas como el siríaco, el arameo judío palestino (hablado en la época de Jesús) o los dialectos caldeos (en Irak).

En Maaloula, esta lengua sigue resonando en las calles, en las oraciones de las iglesias y en las voces de los niños.

En primer lugar, visitamos el monasterio de los Santos Sergio y Baco (Mār Sarkīs wa-Bakhūs), uno de los lugares de culto cristianos más antiguos del mundo (siglo IV), construido sobre un antiguo templo pagano. La fuente del patio, las puertas de madera oscura, el silencio del claustro: todo transmitía la sensación de estar fuera del tiempo.

En la iglesia greco-católica, la guía, una joven de la zona, nos reunió alrededor del altar de forma cuadrada (de época precristiana) para recitarnos el Padrenuestro en arameo. La emoción que sentí entonces se une al dolor de haber visto, en los reportajes de la televisión, cómo ese mismo altar fue destrozado a martillazos por integristas islámicos durante la guerra civil. ¡Dos mil años de convivencia entre paganos y cristianos y, después, entre musulmanes y cristianos, barridos a golpes de martillo!

Al salir de la iglesia, nos adentramos entre los desfiladeros y las rocas que conducen al santuario de Santa Tecla, una de las primeras mártires cristianas, discípula del apóstol Pablo. Cuenta la tradición que, cuando Tecla era perseguida por sus perseguidores, la roca se abrió milagrosamente para darle refugio. La grieta no es muy diferente de la que se recorre para llegar a Petra, en Jordania, y en ciertos puntos, donde se vuelve más estrecha, uno se ve literalmente aprisionado entre el color ocre de la piedra y, allá arriba, el azul intenso del cielo despejado.  

Lo que queda

Sin duda, aquel viaje, que terminó en Damasco, en casa de Ananías, ha quedado grabado de forma indeleble en mi memoria y en mi corazón.  De regreso a Beirut, al caer la tarde, dejamos atrás la inmensa periferia de la capital siria, con los gigantescos carteles de Bashar al-Asad que aún se alzaban por todas partes, y el desierto que cambiaba de color hacia el naranja y el marrón.

Quizá nunca vuelva a ver esos lugares tal y como los dejé. 

De hecho, en septiembre de 2013, Maaloula fue uno de los primeros pueblos cristianos de Siria en ser ocupado por los rebeldes de Jabhat al-Nusra (vinculados a Al Qaeda), cuyo fundador y líder era el actual presidente sirio tan querido por Trump, ¡Ahmed al-Sharaa Al-Jawlani!

Los enfrentamientos causaron daños ingentes al patrimonio histórico y artístico: el monasterio de los Santos Sergio y Baco fue saqueado, y algunos de sus iconos milenarios fueron robados o destruidos. Sin embargo, fue el convento de Santa Tecla el que se convirtió en el símbolo más doloroso de aquella época: las doce monjas que vivían allí fueron secuestradas por los milicianos y retenidas como rehenes durante casi tres meses, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014, para luego ser liberadas tras una larga y compleja negociación con la mediación de Catar.

Saydnaya también se vio arrasada por la guerra. De hecho, en la infame prisión situada cerca del monasterio, el régimen de Assad encerró, según los informes de Amnistía Internacional, a miles de personas. Muchas fueron torturadas y asesinadas; otras tantas no regresaron jamás, desapareciendo entre las llagas y las cicatrices de un conflicto que ha destruido un país.

La esperanza es que, como ha ocurrido en tantas épocas de la historia, Siria —y esos lugares de encantadora belleza y valor cultural inconmensurable— vuelva a ser un faro de civilización, tolerancia y buen vivir.

El autor, Gerardo Ferrara, en el Monasterio de Nuestra Señora de Saydnaya
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Cine

“Cosas que no olvidaré”, una poderosa mirada sobre el alzhéimer

Edoardo Leo, protagonista y productor de la película “Cosas que no olvidaré”, explica cómo se aborda con sentido del humor y sin dramas la realidad del alzhéimer.

Jose Maria Navalpotro·12 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Paolo tiene 40 años y le diagnostican alzhéimer precoz. Comienza a perder la memoria y decide vivir el momento y disfrutar de su mujer Michela, y su hijo de 11 años, Mattia. Esta es la historia que cuenta en “Cosas que no olvidaré”, que se acaba de estrenar en España.

El relato se basa en la vida real del propio Paolo Piccoli y de su hijo Mattia, que fueron galardonados por el presidente de Italia. Edoardo Leo, protagonista de la película y productor, ha estado en España y explica qué le ha movido a embarcarse en este drama profundamente humano y que habla de familia, de enfermedad, y de sentido de la vida.

En 115 minutos, la película entra con humanidad y humor en el mundo de Paolo, que se empieza a desvanecer por el alzheimer. Y decide vivir momentos dignos de ser considerados cosas que no olvidar, y que le ayudan a disfrutar más de su vida cada vez más brumosa. No es una película lacrimógena, a pesar de la dureza del tema. El director y guionista es Alessandro Aronadio, quien trabaja con un grupo de actores sensacional, especialmente Edoardo (Paolo en la película) y el joven Javier Francesco (su hijo). Está producida por Bosco Films, y la web desde donde se puede ver en qué cines se proyecta es cosasquenoolvidare.com.

¿De dónde viene la idea de hacer la película?

– Viene de la vida, lamentablemente. Porque el presidente Mattarella, presidente de la República, entregó un galardón a este niño (Mattia) por la manera de cómo cuidó de su padre.

Nosotros descubrimos esta historia por esta noticia de la entrega del premio. Luego descubrimos que la mujer de Paolo había escrito un libro contando la historia de Paolo. En ese momento compramos los derechos y decidimos escribir el guión. Nos ha llegado de forma emotiva esta historia. Porque hemos visto la emoción de este chico, de este chaval, premiado por el presidente de la República, algo increíble. 

¿Era necesaria una película así? El alzheimer no es un tema que se suela tratar en el cine.

– Para mí, a mi edad, hacer otra comedia sin más, hacer por hacer, no tenía sentido. Entonces, con Alessandro (el director y guionista) recogimos este reto, hacer sonreír a las personas y conmoverlas con un tema tan dramático. Igual nos equivocábamos, pero teníamos que hacerlo respetando el dolor de la familia. Había una gran responsabilidad. Pero para mí es la tarea primordial de la comedia. 

¿Qué ha sido lo más difícil al abordar este papel?

– La cosa más difícil es devolver esa sensación. Es paradójico lo que voy a decir, pero es más fácil interpretar la enfermedad. Lo difícil es encarnar algo que solo el alzheimer te ocasiona. Saber que estás enfermo, pero no tienes conciencia, percepción de ello.

Esa fase es la más difícil para interpretar. Es algo que tiene que ver con la conciencia, la memoria. Muy complicado. Al igual que es complicado contar los matices, el gris es más difícil para contar una historia. 

¿Cómo ha sido la relación con la familia real? 

– No quise reunirme con ellos antes. Ni ver a Paolo antes porque estaba demasiado enfermo.

Antes de la proyección de la película, conocí a Michela y a Mattia. Y les dije: no busquéis a vuestro padre en la película. El cine tiene que engañar o traicionar las historias para que se vuelvan cinematográficas. No busquéis la biografía de vuestro padre, sino la esencia de la historia de vuestro padre. Porque hubiese podido ser una decepción. Y lo bonito fue el abrazo al final del visionado. Me dijeron que en ella yo tenía la misma sonrisa que Paolo.

¿El propósito de la película era que llegara a tocar el corazón del público? ¿La atención al Alzheimer?

– Sí, porque las películas no enseñan, no hay nada que pueda enseñar en el cine. No creo en el cine que lanza mensajes, no creo en el cine didáctico, porque si no se vuelve moralista.

En cambio, el cine se basa en sí mismo, cuenta historias. Y si esa historia hace mella en el corazón de las personas, les motiva. Enseña algo distinto a cada persona, no hay un mensaje único.

Quizá un mensaje que transmite es que para ser un héroe no hace falta ser alguien especial. Siendo normal se pueden hacer acciones heroicas en lo cotidiano.

– Sí es así. Aquí, un niño se convierte en héroe porque hace de padre a su padre. Es increíble, un niño no tendría que tener esa responsabilidad, jamás; pero es maravilloso. Es una especie de superhéroe de los sentimientos.

Esta parte emotiva es una de las cosas más bonitas de la película. 

Ya estrenada en Italia, ¿qué impacto ha tenido?

– Fue un éxito, es increíble. Porque es una película sobre alzheimer, no es una comedia divertida como un viaje de un grupo de amigos. Es una película que podía dar cierto respeto a las personas. Pero no fue así.

A nivel personal, lo más sensacional es la cantidad de mensajes, cartas, comentarios en redes de personas que han vivido o están viviendo este momento con un enfermo de alzheimer en casa. Me han dado las gracias porque intentamos dar a conocer el único lado positivo de esta enfermedad: la memoria de los lazos afectivos.

¿Cómo han sabido manejar el sentido del humor en la película? Es muy difícil el equilibrio de hacer bromas con un tema tan dramático.

– Es la tarea de la comedia. Lo más difícil es reír con el dolor, la enfermedad. Pero la cosa es que tú no te ríes de ellos, sino con ellos, junto con ellos.

Es lo más complicado, pero es lo que nos ha estimulado más. Cada día en el rodaje, Alessandro y yo nos preguntábamos: “¿esto lo podemos decir? ¿Dónde está el límite?” Nos hacíamos preguntas sobre cuál sería el límite para no ofender a la familia.

Cuando escribimos el guión, se lo pasamos a la familia. Les ofrecimos poner sus nombres de verdad solo si les parecía bien, si aceptaban este guión. Si no, usaríamos nombres inventados. Y ellos, después de leerlo, dijeron: “vale”.

No queríamos hacer una película triste sobre la historia del padre. Queríamos hacer una película divertida, emocional. Paradójicamente hubiese sido más fácil hacer una película sobre la enfermedad, una especie de chantaje emocional. 

En lo personal, ¿cómo le ha afectado la película?

– Este filme ha fortalecido cosas que todos pensamos y que no ponemos en práctica. Es decir, poner el foco en la profundidad de los recuerdos, no en la cantidad de recuerdos. No tenemos que esperar que lleguen momentos desde fuera especiales para la vida de cada uno. A veces los momentos más especiales son muy, muy pequeños. Pero tienes que ir a buscarlos, no tienes que esperar que lleguen.

En el fondo, la película es una llamada a resaltar la dignidad de toda persona, también del enfermo.

– Hoy en día, Paolo -muy enfermo- sigue siendo fuente increíble de emoción y amor hacia su familia.

Yo veo vídeos privados de él, y aunque no reconoce a los hijos ya, sigue siendo motivo de emoción en esa familia. Es una cuestión de la mirada sobre las cosas, decidir abandonarte a la tristeza de una historia, o bien intentar buscar una manera de sobrevivir. Y una manera es coger ese poquito de belleza que hay para mantener junta a la familia, con el cuidado como sentimiento muy potente, muy fuerte.

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Iniciativas

De la barriada de Kibera a la Facultad de Derecho: el triunfo de Valary rompe el ciclo de la pobreza

Otieno Valary Akinyi, una joven de 18 años del asentamiento informal de Kibera en Kenia, logra acceder a la Universidad de Strathmore gracias a su esfuerzo académico y a la beca MACHEO PLUS de Harambee ONGD.

Paloma López Campos·11 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Otieno Valary Akinyi, una joven de 18 años nacida y criada en la aldea de Raila, dentro del asentamiento informal de Kibera (Nairobi, Kenia), ha desafiado las estadísticas de su entorno al ingresar este mes de junio en la Universidad de Strathmore para cursar el Grado en Derecho. Este hito, inalcanzable para muchos jóvenes que sufren la exclusión social de la barriada, ha sido posible gracias a la beca MACHEO PLUS de Harambee ONGD, financiada por un donante que costeará íntegramente los cuatro años de su carrera académica.

El camino hacia la universidad comenzó con un gran esfuerzo por parte de Valary. Durante su segundo año de secundaria en la Kibera Girls Soccer Academy —una escuela de educación gratuita—, la joven se unió al programa Macheo de la Universidad de Strathmore, enfocado en preparar a estudiantes de secundaria para su acceso a la educación superior. Asistiendo a clases y mentorías todos los sábados, su constancia dio frutos: se coronó como la mejor estudiante de la promoción de 2025 tras obtener una nota media de B+ (matrícula de honor) en el examen nacional KCSE.

Una beca que lo es todo

Sin embargo, las barreras económicas amenazaban con truncar su futuro. Con seis hijos en la familia, los ingresos de sus padres eran insuficientes para asumir una matrícula universitaria. Su madre, que trabaja en una tienda de cereales, ingresa unos 54 euros mensuales, mientras que su padre se gana la vida como vendedor ambulante.

La llegada de la beca financiada desde España ha supuesto un «salvavidas» para la familia. En una carta dirigida a la sede de Harambee ONGD en Madrid, la joven agradeció el apoyo económico que le evitará lidiar con la carga financiera y le permitirá concentrarse en sus metas. «Me dedicaré plenamente y con diligencia a mis estudios para estar a la altura de este privilegio y graduarme dentro de los cuatro años», afirmó Valary, cuyo objetivo es convertirse en abogada para servir a su comunidad e impartir justicia.

La noticia ha transformado también a su familia. Su madre, Esther Apin, relató la angustia que sentía al no saber cómo pagarían los estudios de Valary, quien soñaba con ser abogada desde sus últimos años de primaria, y confesó sentir ahora un gran alivio y esperanza. Su padre, John Otieno, agradeció profundamente la generosidad del benefactor anónimo español.

Efecto contagio

Este éxito está teniendo además un importante «efecto contagio» en su entorno, un lugar donde los jóvenes se enfrentan a una grave escasez escolar. Claris Omondi, directora del antiguo instituto de Valary, destaca que este logro sirve como una «enorme motivación» para el resto de las alumnas al ver que es posible llegar a una universidad de prestigio.

A través de becas como esta, que incluyen informes de seguimiento anuales para los donantes, Harambee ONGD persigue un impacto estructural. Al facilitar el acceso universitario a jóvenes con talento, la organización busca encender el motor del desarrollo, permitiendo que estudiantes como Valary, que ya disfruta de sus primeros días de interacción y vida en el campus, lideren su propio destino y mejoren el futuro de sus comunidades.

El poder de la imaginación

Hay que lograr que la imaginación deje de distraernos y de ser aliada de nuestros miedos, y que nos ayude más bien a transitar el presente de manera más alegre.

11 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Decía santa Teresa de Ávila que la imaginación es la loca de la casa y que no hay quien la sujete. Quizá esa es una de las ideas más conocidas de las “Moradas del Castillo Interior” y de toda su obra. Sin embargo, santa Teresa reconocía que, aunque la imaginación puede llevarnos a la distracción, también puede ayudarnos en la oración. Bien empleada, la imaginación puede convertirse en camino hacia la contemplación, la empatía y el amor. En “Camino de perfección” escribía “representad al mismo Señor junto con vos” y también, en uno de sus poemas, “mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; mire Él por mis cosas y yo por las suyas”, tareas que evidentemente requieren de imaginación.

La importancia de la imaginación

Algunos filósofos han señalado la importancia de esa capacidad cognoscitiva que no sólo produce fantasías sino que media entre la sensibilidad y la inteligencia. Leonardo Polo afirmaba, por ejemplo, que de los animales no sólo nos distingue la inteligencia, sino también la imaginación, que nos permite recordar, anticipar, dar continuidad a la experiencia y preparar la abstracción intelectual. No sólo eso, sino que además la imaginación puede entrenarse y podemos entonces orientarla hacia cosas buenas, como el arte o la ciencia.

Como decía el filósofo norteamericano Charles S. Peirce, no hay ciencia ninguna sin que le preceda un “juego bastante salvaje de la imaginación”. En general, no podemos avanzar en el conocimiento sin la imaginación, que es precisamente la que nos presenta posibles hipótesis novedosas. “El raciocinio completo y todo lo que nos hace seres intelectuales se desempeña en la imaginación”, afirma Peirce.

Pero hay mucho más. La imaginación es imprescindible también para nuestras relaciones sociales, nos ayuda a ponernos en el lugar de los demás, a buscar la verdad, a idear posibles soluciones, a explorar diferentes modos de acción, a dar sentido a lo que hacemos y a formar hábitos nuevos.

Saber orientar nuestra mente

La imaginación entonces no ha de ser aplacada ni denostada. Simplemente hay que orientarla bien para que deje de presentarnos todas las desgracias y maleficios que se ciernen sobre nosotros, para que no dé agotadoras vueltas en círculos, qué pasará si estoy enfermo y no puedo ir, si mi novio me deja o si simplemente pierdo el avión que tengo que tomar de madrugada.

Hay que lograr que la imaginación deje de distraernos y de ser aliada de nuestros miedos, y que nos ayude más bien a transitar el presente de manera más alegre. Porque es verdad que el día a día puede hacerse difícil: tenemos que llegar a todo y cumplir lo mejor posible con nuestras tareas de madres o padres, de hijos, trabajadores, estudiantes, amigos, ciudadanos y tantos y tantos quehaceres, algunos a contrapelo, otros gustosos, pero muchas veces cansados.

Las cosas pequeñas pueden no ser tan pequeñas. Sobrevivir a un día corriente puede resultar a veces más difícil que desembarcar en la playa de Omaha o escalar el Everest. Y ahí está nuestra imaginación. Enseñémosle a que, en lugar de decirnos no puedo, nos ayude a agarrar el fusil, el pico y el piolet.

Aguantar en las trincheras

Cuánto bien me hizo aquel sacerdote que me decía en mi juventud “eres una valkiria, una guerrera china, una auténtica samurái, podrás con todo”. Aprendí de él a despertar mi imaginación porque es la que nos ayuda a aguantar en las trincheras, mientras nos sobrevuelan los aviones enemigos. Nos apoya para resistir mejor que un marine hasta que el oleaje se va apaciguando. Cortas la cabeza al dragón. Aguantas en la ciudad sitiada. Te caes y te levantas. Te adaptas a las estepas siberianas con un poco de vodka.

La vida suele ser así, no es precisamente un paseo entre girasoles. Hay muchos días grises y situaciones que aparentemente nos superan, pero eso no implica que haya que quejarse y mucho menos rendirse.

A veces la vida se parece más bien a una expedición por la Antártida con los pies congelados, vestidos con pieles que no te sacan el frío de los huesos, con grietas, aludes, noches perpetuas o que al menos lo parecen, con el barco atrapado entre los hielos, con comida ya pasada y carne de foca por todo alimento, con ventiscas y neveros y con un invierno tan profundo que ni siquiera los pingüinos te visitan. De pronto, sin embargo, hay pequeños respiros y tu corazón cansado se reconforta. Por unos instantes alzas el vuelo, ligero, y ves la Antártida desde arriba, a vista de pájaro, entre los hielos.

Se trata de seguir. Solo eso. Nadie dijo que fuera fácil. A veces no sientes los pies, pero el corazón todavía late y bombea. La vida, definitivamente, no está hecha para cobardes y la imaginación nos lo recuerda. Nos permite anticipar, interpretar y descubrir sentidos nuevos en la experiencia. Gracias a ella, veremos que se puede y haremos fiesta. Saldremos a la calle porque de alguna manera todos los días serán el día de la victoria. Estaremos sobreviviendo. Y también salvando el mundo.

El autorSara Barrena

Mundo

En otoño comenzará el proceso de beatificación de la novelista Sigrid Undset

Sigrid Unset, Premio Nobel de Literatura en 1928, tuvo una preocupación constante por los pobres y el cuidado de su hija.

OSV / Omnes·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En Noruega se están llevando a cabo los preparativos para abrir una causa de canonización de la novelista Sigrid Undset, ganadora del Premio Nobel, según anunció el obispo Fredrik Hansen de Oslo el 8 de julio.

«Ella es mucho más que una autora y premio Nobel. Para nosotros, es un modelo de fe cristiana, de una vida vivida en la virtud y de la búsqueda de la santidad», dijo el obispo Hansen sobre Undset durante una misa en la que hizo el anuncio.

«Demostró una preocupación constante y práctica por los pobres. Se entregó por completo al cuidado de su hija, a su compromiso con la vida y a la santidad de la misma. A través de sus numerosos libros, influyó en incontables creyentes, inspirándolos a vivir en Cristo y dando testimonio de nuestros santos medievales», afirmó, según un comunicado de prensa.

Biografía

Nacida en Dinamarca en 1882 y criada en Noruega, Undset es conocida principalmente por su novela «Kristin Lavransdatter», una trilogía que narra la vida de su protagonista en la Edad Media. Esta obra le valió a Undset el Premio Nobel de Literatura en 1928, «principalmente por sus poderosas descripciones de la vida en el norte de Europa durante la Edad Media», según la organización del Premio Nobel.

Su investigación sobre el catolicismo medieval la llevó a convertirse al catolicismo en 1924 y en 1928 ingresó en la Tercera Orden Dominicana. Durante la Segunda Guerra Mundial, huyó a Nueva York, donde abogó públicamente por la resistencia noruega al nazismo. Regresó a Noruega tras el fin de la guerra en 1945 y falleció en 1949 en Lillehammer.

Impulso del obispo Hansen

Antes de dar a conocer la iniciativa, el obispo Hansen la presentó a la Conferencia Episcopal Nórdica, integrada por los obispos de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, así como por expertos en la vida de Undset. Su causa de canonización se abrirá formalmente en otoño, según indicó.

El obispo Hansen compartió la noticia durante una Misa en honor a Santa Sunniva en las ruinas del monasterio benedictino de Selja, una isla considerada cuna del cristianismo noruego y sede de su primera diócesis. Según la leyenda, la reina cristiana del siglo X, Santa Sunniva, huyó de Irlanda para escapar de un matrimonio con un tirano y finalmente murió en Selja, tras lo cual se atribuyeron milagros al lugar.

«Al igual que Santa Sunniva y sus compañeras, Sigrid Undset también debe ser para nosotros un modelo de vida en Cristo», dijo el obispo Hansen. Animó a los fieles a orar por la labor de la diócesis en su causa.

Tras la apertura formal de su causa, Undset recibirá el título de «sierva de Dios». Si su causa progresa, el papa le otorgará el título de «venerable» en reconocimiento a su vida de heroica virtud cristiana. Normalmente, para su beatificación se requeriría un milagro aprobado atribuido a su intercesión, y para su canonización, un segundo milagro aprobado.

El autorOSV / Omnes

Nuestros hijos no necesitan una infancia cómoda

En una cultura de pantallas y gratificación inmediata, educar a los hijos en la diligencia es ayudarlos a recuperar el gusto por el esfuerzo, el servicio y la verdadera alegría.

10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Hay escenas sencillas que dejan una profunda enseñanza. Hace unos días presencié una que me conmovió. Una abuelita, de más de ochenta años, se sentó junto a su nieto de ocho, quien permanecía completamente absorto frente a la pantalla de su iPad.

—¿Qué haces? —preguntó con ternura.

—Aquí… matando el tiempo.

—¿Y por qué no sales a jugar con los demás niños que están en el jardín?

—¡Ay, no! ¡Qué pereza!

La abuela sonrió. En lugar de regañarlo, decidió conversar. Le preguntó qué significaba la pereza y, poco a poco, inició una hermosa explicación sobre las virtudes. Le habló de los pecados capitales y de las virtudes que ayudan a vencerlos. “Contra la pereza, diligencia”, le dijo con la serenidad de quien sabe que educar es sembrar para el futuro.

Pensé entonces en el enorme tesoro que representan nuestros abuelos. Con paciencia, experiencia y cariño pueden transmitir aquello que ninguna pantalla será capaz de enseñar.

La palabra diligencia proviene del latín diligentia, que significa cuidado, esmero y dedicación. Está relacionada con el verbo diligere: escoger con atención, apreciar, amar. Una persona diligente no sólo hace las cosas; las hace bien, con responsabilidad, constancia y entusiasmo. En la tradición cristiana, esta virtud está estrechamente vinculada con la caridad, porque quien ama no permanece pasivo: actúa, sirve, trabaja por el bien propio y el de los demás.

Hoy esta virtud resulta especialmente urgente.

Vivimos una verdadera epidemia de sedentarismo infantil. La Organización Mundial de la Salud advierte que la mayoría de los niños y adolescentes del mundo no alcanza los 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa recomendados para su edad. Al mismo tiempo, el tiempo frente a pantallas continúa aumentando y suele acompañarse del consumo frecuente de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas. Esta combinación favorece el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión y otros problemas metabólicos desde edades cada vez más tempranas. También se asocia con dificultades para dormir, menor capacidad de atención, síntomas de ansiedad y depresión, así como un menor rendimiento escolar.

Pero existe otra consecuencia menos visible y quizá más preocupante: la pérdida del gusto por el esfuerzo.

La cultura del clic ofrece gratificación inmediata. Todo parece obtenerse con un toque de pantalla. Sin darnos cuenta, algunos niños comienzan a rechazar cualquier actividad que implique esperar, practicar o perseverar. Leer un libro, aprender un instrumento, ordenar la habitación, ayudar en casa o simplemente salir a caminar les parece demasiado pesado.

Por eso los padres necesitamos recuperar con serenidad nuestro papel de autoridad y de guía. Educar no consiste únicamente en proteger a los hijos o procurarles comodidad. Educar es formar el carácter. Es enseñarles que la felicidad duradera no nace de hacer siempre lo que se antoja, sino de desarrollar hábitos que fortalezcan la voluntad.

Necesitamos niños diligentes. Niños que se levanten para ayudar antes de que alguien se los pida. Que descubran la alegría de servir. Que experimenten la satisfacción de terminar una tarea difícil. Que jueguen al aire libre, corran, salten, exploren, convivan y aprendan a trabajar en equipo. Un niño activo fortalece no sólo sus músculos y su corazón; también desarrolla disciplina, autoestima, resiliencia y habilidades sociales.

Quizá ha llegado el momento de que las familias recuperemos un verdadero proyecto de formación en virtudes. Más que pasar el día corrigiendo conductas aisladas, podríamos proponernos cultivar, de manera consciente, las llamadas siete virtudes capitales: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

¿Qué estamos haciendo para fortalecer el lado luminoso de la personalidad de nuestros hijos?

Sería maravilloso elegir una virtud cada mes y practicarla en familia. Si el propósito es crecer en generosidad, podemos organizar visitas a un asilo, compartir alimentos con quienes pasan necesidad o donar ropa en buen estado. Si queremos fortalecer la paciencia, podemos comprometernos a disminuir los gritos en casa, aprender a resolver conflictos sin violencia y perseverar juntos en actividades que requieren tiempo, como aprender música, practicar un deporte o desarrollar una habilidad artística.

Cuando los niños ven a sus padres vivir estas virtudes, descubren que no son teorías, sino un estilo de vida.

Y si este mes decidimos trabajar la diligencia, podemos comenzar con acciones muy concretas:

  • Limitar razonablemente el tiempo frente a pantallas.
  • Recordar que descansar también significa cambiar de actividad, no sólo permanecer inmóviles.
  • Involucrar a todos en las labores del hogar, de acuerdo con su edad.
  • Caminar o utilizar la bicicleta en trayectos cortos cuando sea posible.
  • Estar atentos a las necesidades de los demás y ofrecer ayuda sin esperar que nos la pidan.
  • Procurar cada día algún tiempo de juego libre al aire libre, de movimiento y convivencia.
  • Reconocer y felicitar el esfuerzo mucho más que los resultados.

Nuestros hijos no necesitan una infancia cómoda; necesitan una infancia que los prepare para la vida. La diligencia no les roba alegría; al contrario, les permite descubrir la satisfacción de conquistar metas, de servir a los demás y de convertirse en personas fuertes, responsables y generosas.

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Familia

Leigh Fitzpatrick Snead: “Los matrimonios estamos llamados a dar fruto más allá de los hijos”

Leigh Fitpatrick Snead habla sobre la infertilidad en el matrimonio con total apertura y sinceridad, destacando que los matrimonios están llamados a dar frutos más allá de los hijos que puedan concebir.

Paloma López Campos·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Leigh Fitzpatrick Snead publicó hace unos meses el libro “Infertile but fruitful” (Infértiles pero dando fruto, en inglés). Lleva años recorriendo Estados Unidos hablando sobre el matrimonio, la familia y la Iglesia católica. Con su nuevo libro trata de mostrar la realidad de muchos matrimonios que no pueden tener hijos, los desafíos a los que se enfrentan y el acompañamiento que realiza la Iglesia.

En esta entrevista, habla con Omnes acerca de cómo pueden descubrir estos matrimonios que siguen llamados igualmente a dar fruto en sus vidas.

En un mundo donde hay matrimonios que tienen cunas vacías y que no pueden tener hijos, usted dice que pueden dar fruto. ¿Cómo logran estos matrimonios que no tienen hijos descubrir esa fecundidad espiritual en su vida diaria?

– Es muy difícil de lograr. Aunque es muy fácil decirlo, tienes que llevar ese sufrimiento al pie de la Cruz, tienes que transformarlo y ver que hay algo más en ese dolor. En esos momentos de revelación te das cuenta de que estamos llamados a ser fecundos y que hay más frutos además de los bebés.

Pero creo que es muy, muy difícil cuando te encuentras en un matrimonio feliz y estás esperando con esa cuna vacía. Es muy difícil entender por qué no sucede, salir de ahí y darte cuenta de esto.

Muchas veces no puedes darte cuenta porque, a diferencia de sufrir de cáncer u otra enfermedad que causa dolor y molestias, la infertilidad a menudo no duele físicamente, así que no te sientes enfermo, solo sientes que algo no está sucediendo. Creo que siempre nos apresuramos a equiparar el sufrimiento con el dolor.

Nuestros cuerpos están diseñados para los bebés; estamos llamados a la vocación de la maternidad o la paternidad. Y todas las cosas hermosas que esto conlleva crean en realidad barreras que nos impiden darnos cuenta de que hay frutos más allá de un bebé en un matrimonio.

La manera de descubrir esta fecundidad diferente es mantenerse conectado. Aprendemos de la comunión de los santos que a veces simplemente tienes que aguantar y no dar la espalda, sabiendo que Jesús no te ha dado la espalda a ti. Y tal vez no vayas a ver ni a conocer los frutos, o quizás el fruto no tiene que ser un objetivo en sí mismo. Creo que más adelante se puede ver qué frutos das.

Mientras permanezcas fiel a Jesús, a tu cónyuge, a tu vocación del matrimonio y estés abierto a la vida y a la paternidad, creo que, bueno, es una promesa, ¿verdad?. Son las buenas noticias de que todo va a estar bien. Es muy difícil, y nunca quiero decir «solo haz esto que es muy fácil», porque he estado allí y sé que es muy duro.

Muchas veces, cuando hay infertilidad, pensamos que es culpa de la mujer. ¿De qué modo pueden los matrimonios tener conversaciones abiertas? ¿Cómo comunicarse y abordar el problema juntos, sin buscar culpas en uno u otro?

– Creo que eso es muy difícil, y por algo hay una tasa de divorcio relativamente alta entre quienes sufren de infertilidad. Como católicos, muchas veces no descubres estos problemas hasta que te casas, por lo que es al estar juntos cuando se descubren. Y por la manera en que nuestra Iglesia nos enseña sobre el matrimonio, el amor, la sexualidad y traer hijos al mundo, no puede verse de otra forma que no sea como un problema de «nosotros». Porque no importa si ella estuviera con otro hombre o él con otra mujer y pudieran tener un bebé; es este matrimonio en concreto el que tiene un problema de infertilidad. Pensar en su propio pequeño ecosistema y en la unión de una sola carne significa que es algo que deben sobrellevar juntos.

Pero la realidad es que van a recibir diagnósticos médicos, resultados de laboratorio y verán si hay algo mal con una persona, con la otra o con ambos. Y aunque obviamente sigue siendo un problema conjunto, eres tú quien tiene el bajo recuento de espermatozoides, el ovario defectuoso o lo que sea, y vas a sentirte culpable y a entrar en lugares oscuros.

Es esencial recordar desde el principio que están juntos como matrimonio. Es fácil evitar las conversaciones con la esperanza de ir al médico y que simplemente os dé una pastilla y solucionarlo, pero eso no sucede. Así que, como de costumbre, la cura para muchos males es simplemente seguir hablándolo. Creo que las enseñanzas de nuestra Iglesia están preparadas para ese tipo de apoyo en la pareja, porque es un problema de dos.

Hablando de las enseñanzas de la Iglesia, ¿cómo puede una pareja católica mantener este equilibrio entre su legítimo deseo de tener hijos y ser fieles a lo que enseña la Iglesia de no recurrir a la fertilización in vitro y otras técnicas modernas de reproducción asistida?

– Esa es realmente la parte difícil en este momento para la mayoría de las personas, porque la FIV es muy común y se comercializa como un producto que parece estar garantizado que funcionará. Es muy tentador.

En mi libro cuento que mi marido y yo fuimos a ver a un médico que hacía FIV pensando: «Oh, pero nosotros no lo haremos», sin embargo era como ponerle un lugar al diablo en tu mesa para cenar: «no te invité, pero te puse un lugar y estamos listos».

Creo que recibir una atención médica católica realmente sólida ayuda, con alguien que te trate como pareja católica o que al menos respete esos deseos, y poder acudir a un especialista en fertilidad que no haga FIV. Esas son maneras de protegerte, porque va a ser tentador; para cuando llegas a esa etapa, llevas mucho tiempo intentándolo, estás triste y solo quieres un bebé, y eso es lo que te prometen.

Pero si recuerdas las razones por las que guardamos el sexo para el matrimonio, por las que usamos la planificación familiar natural o la medicina reproductiva restaurativa, creo que lo que valoramos de esas cosas también debería recordarnos por qué no recurrimos a la FIV. Separa deliberadamente lo procreativo de lo unitivo, invitando a muchas otras personas al acto más privado, además de traer todo tipo de otros problemas.

Una de las grandes objeciones solía ser la cantidad de embriones implantados y los abortos de reducción selectiva; y aunque aparentemente ahora las clínicas tienen técnicas de detección de embriones mucho mejores (lo cual también es terrible) y solo transfieren uno o dos embriones, el horror de la FIV sigue existiendo.

Además, necesitas rodearte de tu familia; tal vez tu familia sea católica pero nunca haya pensado en la infertilidad o la FIV y puede que no lo sepan. Necesitan saber por qué está mal y por qué no lo estás haciendo para apoyarte, ya que estás a flor de piel y en tu momento más vulnerable. Es muy fácil caer, y estadísticamente hablando, hay muchas personas en los bancos de la Iglesia que han recurrido a la FIV.

¿Cuál cree que es la mayor desconexión hoy en día entre la comunidad que nos rodea, la Iglesia y los sacerdotes, cuando hablan con parejas católicas que no pueden tener hijos?

– Esa fue una de las razones por las que escribí el libro, no solo para otras mujeres o parejas como yo, sino para sacerdotes y seminaristas, para que pudieran echar un pequeño vistazo a cómo es esto en realidad. Traté de ser realmente honesta sin exagerar, compartiendo detalles sobre a qué te enfrentas.

Los sacerdotes necesitan conocer esa parte terrenal; si los invitas a cenar ven cómo es la vida con niños, pero obviamente no tienen tanta oportunidad de saber cómo es la vida con infertilidad. Espero que el libro les ayude. Creo que lo necesitan, y los sacerdotes jóvenes están haciendo un esfuerzo por informarse sobre este tipo de cosas, especialmente si están al tanto de temas de actualidad, porque la FIV está en las noticias todo el tiempo y es difícil de ignorar. Mientras todos quieran aprender y mantengan una actitud abierta, creo que eso ayudará mucho.

Pero nuevamente, es un tema tan privado que, incluso si existe un grupo de apoyo y sacerdotes amables, es muy fácil aislarse. Por eso también creo que es más fácil aprender sobre el tema leyendo en privado el libro de alguien que tal vez no conoces. Algunas de mis cartas favoritas son de personas desconocidas que me dicen: «Estaba tan avergonzada de sentir estas cosas, de sentir celos de otras mujeres, o no sabía que alguien más se sentía así; yo también lo hice». Es mucho más fácil encontrar eso en una página, procesarlo un poco y luego tal vez querer hablar con tu hermana, tu madre, tu buena amiga o tu sacerdote. Y que luego tu sacerdote te diga: «Oh, tengo una idea de cómo es eso, cuéntame más», y pueda hacer las preguntas correctas para comprender toda la complejidad.

Creo que debería haber un mayor esfuerzo para que la gente simplemente aprenda el vocabulario y sepa qué es sensible e insensible decir. La gente siempre tiene buenas intenciones, pero puedes meter la pata en cualquier momento intentando ser amable. El tema de los embarazos y demás es muy delicado, porque no sabes quién está pasando por dificultades. Cuando empecé a escribir sobre infertilidad, me enteré de que personas que no imaginaba estaban sufriendo por esto. Yo pensaba que simplemente eran chicas enfocadas en su carrera o lo que sea, y luego te confiesan que llevan seis años intentándolo y nadie lo sabe. Es un tema muy silencioso.

Evangelización

El popular podcaster Padre Mike Schmitz habla sobre la fe de la Generación X, la angustia adolescente y la IA

Mike Schmitz llenó el Broward Center for the Arts en Fort Lauderdale durante su gira "Parábolas", en un encuentro marcado por la calidez y la sintonía con las nuevas generaciones.

OSV / Omnes·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Por Tom Tracy / Florida Catholic, OSV News

El padre Mike Schmitz entró al camerino del Broward Center for the Performing Arts en Fort Lauderdale con su característica sonrisa cálida y un paso más ligero.

El sacerdote del Medio Oeste y su equipo de apoyo para su actual gira de conferencias acababan de regresar de lo que describieron como una multitudinaria y enérgica reunión en Clearwater la noche anterior.

Encontraría una multitud igualmente grande y con entradas agotadas en la sala principal de la sinfónica del Broward Center antes de su último compromiso en Florida, en Jacksonville.

El padre Schmitz, uno de los sacerdotes más populares e influyentes en las redes sociales, estuvo recientemente en Florida como parte de su gira «Parábolas», en la que analizó las parábolas del Evangelio de Cristo y ofreció nuevas perspectivas.

El padre Schmitz, sacerdote de la diócesis de Duluth, Minnesota, es el director del Ministerio para Jóvenes y Adultos Jóvenes de la diócesis, así como el capellán del Centro Newman en la Universidad de Minnesota Duluth.

Éxito rotundo en la gira «Parábolas»

La gira «Parábolas» ha incluido paradas en casi dos docenas de ciudades estadounidenses en Arizona, California, Luisiana y Florida durante los últimos meses. Su última fecha programada para esta ronda de presentaciones es internacional, prevista para el 20 de julio en Dublín, aunque su sitio web indica que próximamente se anunciarán más fechas en ciudades de Estados Unidos y otros países.

«En cierto modo, los jóvenes buscan autenticidad; que alguien o un grupo sea quien dice ser es algo importantísimo, y eso nos pasa a todos, ¿verdad?», preguntó el sacerdote en su evento en Fort Lauderdale.

«No toleramos la hipocresía; de hecho, ha sido así durante generaciones, incluso a lo largo de toda la historia de la humanidad», afirmó. «Hasta Jesús criticaba a los hipócritas por decir una cosa y luego no estar dispuesto a cumplirla».

El Sínodo de los Obispos de 2018 sobre «Jóvenes, fe y discernimiento vocacional» tuvo lugar en un momento en que la Iglesia comenzó a reconocer que la juventud católica estadounidense ve cada vez más la integridad y la autenticidad como una coherencia vivida y no solo como una conformidad institucional.

Claridad y empatía en la doctrina

El documento de trabajo para el sínodo, basado en gran medida en consultas directas con jóvenes, afirma que la juventud desea una Iglesia «auténtica» y «creíble», cuyos líderes «hablen en términos prácticos sobre temas controvertidos». «Por eso creo que debemos tener integridad, ser quienes decimos ser», dijo el padre Schmitz en el evento.

Pero además de la integridad, la claridad y la veracidad de la doctrina católica son otros temas frecuentes para el padre Schmitz, tanto en línea como en persona. La mente humana está hecha para la verdad y el corazón humano para la bondad, afirma, pero «a veces la forma en que presentamos las cosas y la forma en que las decimos influye mucho».

En cuanto al tema de las dificultades que afrontan los adolescentes varones y los jóvenes adultos en particular, el padre Schmitz afirmó que la indiferencia es el problema subyacente o el obstáculo para una vida de fe menos cínica durante la adolescencia y la juventud.

«Se nota si trabajas con jóvenes», dijo, especialmente en lo que respecta a invitar a los jóvenes a participar más en la vida de la iglesia.

La falta de misión y la indiferencia

«Una de las cosas que he visto cada vez más, sobre todo en personas cansadas de que les digan que tienen que cumplir con ciertas expectativas, que tienen que cumplir con absolutamente todo, es que se produce un rechazo a ello.»

Aunque ambos sexos tienen mucho en común, añadió el sacerdote, los hombres quizás fueron creados para tener una batalla que librar, en el sentido de una misión que perseguir o una misión que vivir; y las mujeres están más orientadas hacia las relaciones.

«Cuando no se nos da una misión, o cuando no vale la pena luchar por ella, es lo que (el profesor de Harvard) Arthur C. Brooks dice que deja una falta de sentido», dijo el padre Schmitz, que es la principal crisis que Brooks ha identificado y que es necesaria para superar el vacío moderno y alcanzar la verdadera alegría.

Esperanza cristiana contra la ansiedad

Los problemas de confianza, la soledad y la ansiedad entre los jóvenes siguen siendo una crisis preocupante entre los estudiantes de hoy en día.

«En los campus universitarios, en los últimos 10 años, la ansiedad ha superado a la depresión como el principal problema de salud mental al que se enfrentan los jóvenes, y la ansiedad es miedo al futuro y tiene sus raíces en la incertidumbre», dijo el padre Schmitz.

El remedio, añadió, es un sentimiento generalizado de esperanza cristiana. «La esperanza cristiana no consiste solo en desear un resultado, sino en saber que puedo confiar en Dios y proyectar esa confianza hacia el futuro; creo que esa es la respuesta a la ansiedad», dijo el padre Schmitz.

El refugio en el misterio de la tradición

El retorno a la tradición católica y a la auténtica reverencia entre los jóvenes ha sido otro antídoto contra la angustia actual. «Hay algo realmente conmovedor en el misterio y el sentido ancestral de la Misa, o en las prácticas que realizamos como católicos , que trasciende lo individual», afirmó el padre Schmitz.

También abordó el tema de la inteligencia artificial, que el Papa León XIV trata en su histórica encíclica «Magnifica Humanitas», publicada el 25 de mayo. El Papa compara el intento de construir un futuro con IA que excluya a Dios con la «Torre de Babel» y subraya la necesidad de salvaguardar la dignidad humana, ya que se ve «amenazada por nuevas formas de deshumanización».

Humanidad frente a la Inteligencia Artificial

«Hace aproximadamente un año, estuve hablando con algunas personas del Instituto McGrath para la Vida de la Iglesia en la Universidad de Notre Dame», dijo el padre Schmitz, «y una de las cosas que destacaron fue que cada vez que inventamos algún tipo de tecnología, esta representa una extensión de alguna capacidad humana, como nuestra capacidad para desplazarnos en automóviles. Y cada vez, hemos limitado nuestra capacidad para utilizarla».

Por ejemplo, en la sociedad hipermóvil actual, la gente no camina tanto como antes. La IA presenta un escenario similar al de extender las capacidades mentales humanas para abordar problemas tanto complicados como complejos, dijo el padre Schmitz.

«La IA hace un gran trabajo resolviendo problemas complicados, pero no puede resolver (todos) los problemas complejos», dijo el sacerdote.

«En un futuro inmediato, espero que podamos conservar nuestra humanidad reconociendo que hay algunas preguntas que una computadora no puede resolver, por muy desarrollado que esté el programa», dijo el padre Schmitz.

El evento de Fort Lauderdale atrajo a un público diverso de jóvenes, adultos jóvenes e incluso personas mayores que probablemente conocen al sacerdote gracias a sus populares videos de YouTube y su podcast «La Biblia en un año». Producido por Ascension Press, el podcast consta de 365 episodios diarios que leen la Biblia completa. En cada episodio, el padre Schmitz lee y comenta pasajes bíblicos, añadiendo también sus propios comentarios y oraciones.

La gira «Parábolas» se presenta como parte de una iniciativa de recaudación de fondos para apoyar el Centro Newman en la Universidad de Minnesota Duluth. Unos 700 estudiantes y profesores se reúnen para participar en el culto bajo la tutela del Padre Schmitz.

Todos los fondos recaudados en cada evento se destinan a financiar la construcción de una iglesia completamente nueva y un espacio exclusivo para que los estudiantes se reúnan, oren, estudien y crezcan en su fe en el campus.

El autorOSV / Omnes

Libros

J. Aurell: «Cada época ha proyectado sus propias obsesiones sobre el Opus Dei»

Según Jaume Aurell, la imagen pública de la Obra se apoya en tres grandes relatos que se han ido desarrolando a lo largo de su historia.

Javier García Herrería·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

A las puertas de su centenario, el Opus Dei sigue teniendo una percepción distorsionada en la opinión pública. ¿Cuáles son la razones de esta percepción? ¿Es fruto de una leyenda negra alimentada desde el exterior? Aprovechando el hito de los cien años, el historiador Jaume Aurell coescribe Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía, un análisis que busca arrojar a diversas cuestiones desde el punto de vista histórico.

Conversamos con Aurell para rastrear el origen histórico de estos prejuicios y entender por qué, un siglo después, la institución sigue afrontando el reto de explicar su identidad y su historia a la sociedad.

A casi todas las personas del Opus Dei les han preguntado alguna vez por qué la imagen de la institución es tan diferente a la realidad que se experimenta cuando uno conoce a una persona de la Obra. ¿Por qué ocurre esto?

–Porque la imagen pública del Opus Dei no se ha construido mirando lo que la institución realmente es, sino proyectando sobre ella los miedos y las obsesiones de cada época. He estudiado esto usando la teoría de los metarrelatos: son narrativas que actúan como un espejo, donde cada generación ve reflejado aquello que le obsesiona, proyectándolo en la organización.

¿A qué te refieres exactamente con que esas narrativas son «presentistas»?

–A que juzgamos el pasado con las categorías del presente, en vez de entenderlo en su propio contexto. Es un fenómeno que vemos en muchos otros ámbitos: hoy se censura a autores como Shakespeare, Mark Twain o Agatha Christie porque contienen expresiones o estereotipos que ahora consideramos ofensivos, pero que en su época entraban dentro de la convención social. Con el Opus Dei ha pasado algo parecido, pero durante cien años y con tres relatos distintos y hasta contradictorios entre sí.

Hablemos de esos relatos. ¿Cuál fue el primero?

–El del Opus Dei como una herejía religiosa, entre 1940 y 1957. Y aquí viene lo curioso: no nació entre anticlericales, sino dentro de la propia Iglesia. Algunos padre jesuitas como Ángel Carrillo de Albornoz o Manuel María Vergés, ligados a las Congregaciones Marianas, empezaron a calificar la doctrina de la institución como una herejía peligrosa, que había que erradicar antes de que se consolidara.

¿Por qué una Iglesia tan jerárquica veía una amenaza en algo tan sencillo como vivir la fe en el trabajo diario?

–Porque en una Iglesia preconciliar, los laicos eran fieles de segunda categoría. Que unos jóvenes corrientes, vestidos de traje y corbata, sin hábito ni distintivo alguno, dijeran que podían alcanzar la santidad en su trabajo ordinario, resultaba extraño y hasta sospechoso. Se les llamó «iluministas» y se les acusó de robar vocaciones religiosas.

Y casi al mismo tiempo llegó la sospecha política, con la Falange de por medio.

–Así es. La Falange, que quería mantener su posición de partido único, vio en el Opus Dei una amenaza. En 1941 se presentó incluso una denuncia formal ante el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, acusando a Escrivá y sus seguidores de tramar algo «judeomasónico». 

¿Hubo más acusaciones contra la Obra antes de que Escrivá se marchase a vivir a Roma?

–Sí, también se les acusó del «asalto a las cátedras universitarias». Entre 1940 y 1945 se cubrieron 179 plazas de catedrático en España. De esas, solo 23 fueron para personas del Opus Dei: un 6%. Lejos de la conquista masiva que sugiere la leyenda.

El relato dio un giro radical en 1957, ¿qué ocurrió?

–Sí, un vuelco dramático. Franco, obligado a abandonar la autarquía económica falangista, incorporó a técnicos como Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres, ambos del Opus Dei, que diseñaron el Plan de Estabilización de 1959 y el posterior «milagro económico» español. Los sectores falangistas, resentidos por perder poder, acuñaron entonces la etiqueta de «tecnócratas del Opus Dei» y les acusaron de tomar el poder

De herejes a poderosos aliados de la dictadura.

–Exacto, y esa imagen se globalizó a través de revistas como The Economist o Time, y se reforzó con libros escritos por autores antifranquistas como Daniel Artigues o Jesús Ynfante, que acuñó la expresión «Santa Mafia». De nuevo, lo político y lo religioso se enredaron. A la vez, dentro de la Iglesia, el Concilio Vaticano II politizó los debates entre «progresistas» y «conservadores», y la institución fue tachada de «integrista», cuando en sus orígenes se había considerado demasiado “innovadora”.

¿Hubo también presiones desde el propio Vaticano?

–Sí, entre 1967 y 1973 figuras como Giovanni Benelli y Jean Villot presionaron a Escrivá para que el Opus Dei actuara como bloque político alineado con la Democracia Cristiana europea. Él se negó, defendiendo la libertad política individual de cada laico, y eso le costó seis años de distanciamiento y desconfianza por parte de la Curia.

Llegamos a la tercera oleada, la de la secta y los escándalos financieros.

–A partir de 1980, con sociedades más secularizadas e individualistas, valores como el celibato laical o la mortificación empezaron a leerse a través de una creciente fobia mediática contra el catolicismo. El Opus Dei en este contexto era visto como una fuerza reaccionaria e inmovilista.

La erección como Prelatura Personal en 1982 y la beatificación del fundador en 1992 dispararon un nuevo frente de ataque, con testimonios de exmiembros críticos.

Y ahí aparece también la palabra «secta».

–Exacto, la prensa internacional, con The Times a la cabeza, abandonó el esquema del poder político y adoptó el paradigma del sectarismo. En Alemania e Italia circularon teorías sobre «lavado de cerebro» promovidas por asociaciones antisectas, hasta el punto de generar un intento de investigación del Parlamento italiano en 1986, que finalmente no llegó a realizarse porque se desvaneció como una calumnia sin fundamento.

¿Y los escándalos financieros que se le atribuyen?

–Son tres casos distintos que la opinión pública vinculó de forma difusa: el caso Matesa en 1969, el caso Calvi y el Banco Ambrosiano en 1982, y el caso Ruiz-Mateos en 1983. Son episodios muy diferentes entre sí, pero el relato popular los enlazó como si formaran una sola trama relacionada con el Opus Dei. Cuando uno estudia esos casos con un mínimo de seriedad, advierte que se trata de casos que responden a contextos económicos y agentes políticos completamente diversos. 

¿Entonces por qué funcionaron?

–Por algo que le ocurre muy frecuentemente al Opus Dei: la gente confunde la actuación profesional de sus miembros como si cada uno siguiera órdenes de la institución. Evidentemente esto no ha pasa con la mayoría de miembros, que tienen trabajos normales y sin especial relevancia pública. Ahora bien, si uno tiene un puesto de responsabilidad alto en la política, la banca, la abogacía o la cultura, entonces sus actuaciones caen bajo la lupa de la sospecha. Aunque parezca difícil de reconocer, sigue habiendo un fondo clerical en muchas de estas lecturas.

Y todo esto culmina con Dan Brown.

–Con El código Da Vinci, en 2003, y su versión cinematográfica en 2006. Ahí se fusionan todos los mitos acumulados durante décadas en una caricatura pop, el monje albino asesino, que logra una eficacia comercial enorme a costa de consolidar la leyenda negra.

Lo más llamativo de tu análisis es que el Opus Dei ha sido acusado de cosas totalmente opuestas según la época.

–Es la prueba de que estos relatos son construcciones artificiales. En los años cuarenta se le acusaba de innovación herética por defender la santidad de los laicos sin hábitos ni votos; desde los sesenta hasta hoy se le acusa de lo contrario, de ser ultraconservador y reaccionario. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, unos denunciaban a Escrivá como germanófilo ante los aliados, y otros lo denunciaban como anglófilo ante alemanes e italianos, al mismo tiempo. 

En España se le atribuyó ser el sostén ideológico del franquismo, cuando en realidad fue perseguido por la propia Falange y algunos de sus hijos tuvieron que exiliarse para hacer oposición. 

Y a nivel sociológico, se le ha descrito tanto como un «calvinismo católico» modernizador como, hoy, un búnker oscurantista contrario a la autonomía individual.

El análisis de tu texto se detiene en 2010. ¿Por qué no analizas los últimos quince años, con toda la polémica reciente incluida?

–Porque soy historiador, no periodista ni analista de actualidad. El oficio del historiador necesita distancia temporal y perspectiva: hace falta que los archivos se abran, que los testimonios se contrasten entre sí y que las pasiones del presente se enfríen antes de poder juzgar con rigor. 

Escribir sobre lo que ha ocurrido en los últimos años sin esa perspectiva sería repetir el mismo error que denuncio en el libro: dejarse llevar por el relato dominante del momento – bien contextualizado – en lugar de analizar los hechos con el tiempo necesario para separar el mito de la realidad. Dentro de veinte o treinta años, otro historiador podrá hacer con esta última etapa lo que yo he intentado hacer con el siglo anterior.

Para terminar, ¿qué esperas que el lector se lleve de este recorrido de cien años de relatos?

–Que aprenda a desconfiar de las etiquetas fáciles. Cuando una institución no encaja en las categorías ideológicas dominantes de su tiempo, la sociedad tiende a deformarla para poder clasificarla. Entender esos mecanismos no es solo útil para juzgar al Opus Dei, sino para leer con más espíritu crítico cualquier relato histórico que se nos presente como definitivo, contextualizarlo adecuadamente. En el texto lo ejemplifico con la aberración que supone dividir la guerra civil española entre fascistas y comunistas, como muchos pretenden hacer hoy día: esto es manipular el pasado, simplificándolo, para usarlo en las contiendas políticas del presente y generar una polarización imprudentemente innecesaria.


Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía

Autor: Federico Requena (ed)
Editorial: Almuzara
Año: 2026
Número de páginas: 242
Evangelio

El método de Jesús: las parábolas. Domingo XV del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XV del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 12 de julio de 2026.

Vitus Ntube·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El tema de la Palabra de Dios ocupa el centro de la liturgia de hoy. En la primera lectura, la Palabra es comparada con la lluvia y la nieve que descienden del cielo para regar la tierra y hacerla fecunda. En el Evangelio, se asemeja a la semilla esparcida en distintos tipos de terreno. El centro de las lecturas no es solamente la palabra en sí misma, sino también la manera en que es proclamada y recibida.

El Evangelio nos presenta la conocida parábola del sembrador. Sin embargo, esta parábola es más que un simple relato con una enseñanza moral. Como observa el Papa Benedicto XVI, es en muchos sentidos “autobiográfica”, porque refleja la misma experiencia de Jesús y de su predicación. Cristo se presenta como el sembrador que esparce la buena semilla de la Palabra de Dios, mostrando al mismo tiempo que su fecundidad depende de la disposición de quienes la reciben.

Hoy se presta especial atención al método de enseñanza de Jesús. Después de escuchar la parábola, los discípulos se acercan a Él y le preguntan: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Jesús responde: “A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no”.

¿Por qué Jesús elige enseñar en parábolas? A lo largo del Evangelio le vemos enseñar de diversas maneras. Pronuncia el Sermón de la Montaña de forma directa y clara. Ahora, sin embargo, adopta otro estilo de enseñanza. Este cambio sorprende incluso a los discípulos, y por eso le preguntan acerca de ello. 

El uso de las parábolas nos enseña que la Palabra de Dios exige esfuerzo, reflexión e interpretación. Interpela no solo la inteligencia, sino también el corazón y la voluntad. La palabra no puede ser recibida de manera pasiva o indiferente. Para que dé fruto en nuestra vida, debemos comprometernos personalmente con ella. Debemos permitir que nos interpele y nos transforme.

Quien escucha la parábola está llamado a convertirse en tierra fértil: abierta, receptiva y dispuesta a reflexionar profundamente para captar el significado del mensaje. La humildad y la apertura son, por tanto, esenciales. Quienes se acercan a la Palabra como los discípulos que se acercaron a Jesús para pedirle una explicación, reciben una comprensión más profunda de los misterios del reino.

La liturgia de hoy nos enseña cómo recibir y difundir la Palabra de Dios. La parábola nos anima a comprometernos profundamente con la Sagrada Escritura para que la Palabra dé fruto en nosotros —treinta, sesenta y hasta cien por uno—. Cuando compartimos la Palabra con los demás, debemos hacerlo de un modo que apele a su libertad e involucre su inteligencia.

Vaticano

León XIV compartirá un almuerzo con 200 personas en situación de vulnerabilidad en Castel Gandolfo

Repitiendo el evento de 2025, el sábado 11 de julio el Papa León XIV almorzará con 200 personas en situación de vulnerabilidad en Castel Gandolfo.

Paloma López Campos·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El próximo sábado 11 de julio de 2026, el Borgo Laudato si’, situado en los Jardines Pontificios de Castel Gandolfo, se convertirá en el escenario de la iniciativa “Almuerzo con el Papa”.

En el marco de la estancia del Pontífice este mes en dicha localidad, esta jornada de acogida y fraternidad reunirá a cerca de 200 personas en situación de vulnerabilidad social procedentes de la diócesis de Roma, quienes tendrán la oportunidad de compartir la mesa con el Papa León XIV.

Ecología integral y la convivencia

El encuentro cuenta con un itinerario que entrelaza la fe, la naturaleza y la inclusión social. La jornada iniciará con una celebración eucarística con la Liturgia para el Cuidado de la Creación.

Posteriormente, los asistentes disfrutarán de un momento de acogida y convivencia, y se llevará a cabo una visita guiada para que los invitados descubran las instalaciones y el proyecto del Borgo Laudato si’. Más tarde, el evento culminará formalmente con el almuerzo compartido al lado del Santo Padre.

Pastoral hacia las periferias

Este evento no es un acto aislado, sino la consolidación de una iniciativa anual promovida por el Centro de Alta Formación Laudato si’. El proyecto se originó a partir de la experiencia del 17 de agosto de 2025, cuando el Santo Padre compartió una comida similar con personas en situación de pobreza de la Diócesis de Albano.

A raíz de ese encuentro, se determinó invitar cada año a una diócesis diferente para brindar a refugiados, migrantes y personas en situaciones de fragilidad social un día inmerso en la belleza de la creación y la oportunidad de encontrarse con el Papa.

La edición de este año posee un significado eclesial de gran relevancia, ya que es el resultado de la colaboración conjunta entre el Centro de Alta Formación Laudato si’, el Dicasterio para el Servicio de la Caridad y la Diócesis de Roma. Juntos han articulado una única acción pastoral involucrando a las principales organizaciones y parroquias que dan soporte diario a los ciudadanos más vulnerables de la capital italiana

Respaldos y declaraciones de las autoridades

El Cardenal Fabio Baggio, Director General del Centro de Alta Formación Laudato si’, enfatizó que crearon el espacio para demostrar que “el cuidado de la creación y el cuidado de la persona constituyen una única misión”. Baggio añadió que, tras la experiencia de Lampedusa, este día marca una nueva etapa en el camino de León XIV hacia las periferias de nuestro tiempo.

Por su parte, monseñor Luis Marín de San Martín, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, apuntó que la elección del Papa reafirma que “la caridad se expresa en la cercanía, el encuentro y el compartir”.

Asimismo, el cardenal Baldassare Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, concluyó explicando que se buscó explícitamente que los protagonistas fueran las personas acompañadas por Cáritas y las realidades asociativas locales, devolviendo el protagonismo “a quienes con demasiada frecuencia permanecen en los márgenes”.

Colaboración comunitaria y comercial

La realización de este encuentro cuenta con el apoyo de una extensa red de asistencia que incluye a organizaciones como la Comunidad de Sant’Egidio, Cáritas Diocesana de Roma, el Centro Astalli, las ACLI de Roma y múltiples parroquias locales.

A nivel logístico, las instituciones organizadoras expresaron su agradecimiento al «Restaurante L’Isola della Pizza» de Roma, encargado de ofrecer el almuerzo, así como al «Bar Al Duomo» de Albano Laziale, que contribuye con el desayuno de bienvenida para los participantes.

Familia

El cine más visto en España apenas refleja el deseo de formar una familia, pese a que el 70% de los jóvenes sí lo desean

Un informe de The Family Watch revela que el 56% de las familias representadas aparecen en conflicto y sólo un 5% son atractivas y positivas.

Javier García Herrería·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Fundación The Family Watch ha presentado el informe «Las Familias en Pantalla: Modelos de Hogares en las Películas y Series más vistas en España en 2025», un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Nebrija y la Universidad Rey Juan Carlos, con el apoyo de Methos Media, que pone sobre la mesa una conclusión llamativa: la ficción que más consumen los españoles apenas recoge el deseo de formar una familia, a pesar de que un porcentaje mayoritario de los jóvenes del país sí aspira a tenerla.

La investigación ha analizado 40 producciones audiovisuales —las diez series y las diez películas más vistas tanto en televisión lineal como en plataformas de streaming durante 2025— a través de una metodología de análisis de contenido aplicada a 158 personajes representativos de distintas dinámicas familiares.

Familias presentes, pero casi siempre en crisis

Según los datos del estudio, el 56% de los sistemas familiares que aparecen en pantalla están marcados por el conflicto, la fragmentación o la desestructuración, mientras que un 33% presenta la institución familiar como algo problemático o en crisis. Frente a estas cifras, solo un 5% de las historias ofrece un modelo familiar aspiracional o claramente positivo.

El informe señala, no obstante, una paradoja: aunque las estructuras familiares se muestran debilitadas, buena parte de los personajes cumple la función narrativa de mantenerlas unidas. El 28% actúa como sostén emocional del grupo familiar, por delante de las figuras de autoridad (22%) y de aquellos personajes que generan el conflicto (20%).

«La ficción construye personajes que sostienen emocionalmente familias que, narrativamente, aparecen rotas o en proceso de ruptura. Es una de las paradojas más interesantes que revela el estudio», explica Carmen Llovet, una de las investigadoras que firman el informe.

Otro dato destacado es que casi uno de cada cuatro personajes (23%) carece de una estructura familiar reconocible, una ausencia que, según los autores, no es casual: suele emplearse como recurso narrativo para perfilar al antagonista, justificar ciertas conductas o simplemente invisibilizar el entorno familiar del personaje.

El cuidado sigue teniendo rostro de mujer

El informe también pone el foco en cómo se reparten las tareas de cuidado en la ficción. La madre aparece como principal cuidadora en el 26% de los casos, frente a apenas un 11% en el caso del padre. En cambio, la ausencia familiar se asocia mayoritariamente a personajes masculinos: el 19% de los hombres desempeña ese papel narrativo, frente a solo el 3% de las mujeres. La corresponsabilidad en el cuidado aparece en el 22% de las producciones analizadas, aún en una posición minoritaria.

«La corresponsabilidad comienza a aparecer en la ficción, pero todavía no cuestiona de manera significativa un modelo de cuidados que continúa muy vinculado a la figura materna», apunta el investigador Ernesto García, coautor del estudio.

Los valores familiares tradicionales resisten

Pese al peso de los conflictos, el informe constata que la ficción sigue transmitiendo valores históricamente asociados a la familia. Destacan el sacrificio y el deber familiar (23%), seguidos de la autonomía individual (19%) y la tradición y continuidad (12%). Además, la familia sigue siendo un elemento determinante en la construcción de la identidad de los personajes: influye decisivamente en quiénes son en el 62% de los casos y condiciona sus decisiones a lo largo de la trama en el 45%.

«Las narraciones muestran una tensión constante entre la lealtad hacia la familia y la búsqueda de un proyecto personal. Incluso cuando la familia apenas aparece en pantalla, continúa condicionando las motivaciones de los protagonistas», señala la investigadora Cristina Gallego.

El estudio también analiza el contexto en el que se produce y consume esta ficción. España concentra el 50% de las producciones más vistas, con Netflix y RTVE Play como plataformas líderes en consumo, en un momento en que el auge del streaming está transformando de manera profunda los formatos narrativos.

Cinco recomendaciones para mejorar la representación familiar

A partir de estos resultados, el informe plantea cinco líneas de actuación dirigidas tanto a la industria audiovisual como a las administraciones públicas:

  1. Incorporar el deseo de formar una familia como un eje narrativo legítimo.
  2. Visibilizar el cuidado y distribuirlo de forma más equilibrada entre hombres y mujeres.
  3. Mostrar una mayor diversidad de modelos familiares, también desde perspectivas funcionales y positivas.
  4. Introducir criterios de representación familiar en las políticas públicas de financiación audiovisual.
  5. Impulsar la alfabetización audiovisual para fomentar una mirada crítica sobre los modelos familiares presentes en la ficción.

Para María José Olesti, directora general de The Family Watch, los resultados del informe son «especialmente relevantes, pues la ficción construye el imaginario colectivo y representa lo que es normal, deseable o posible». En este sentido, subraya que datos como la persistencia del cuidado femenino o la escasa presencia del deseo de formar una familia entre los jóvenes españoles —pese a que un porcentaje alto sí la desea— constituyen «un dato muy significativo» para repensar cómo la ficción retrata la vida familiar.

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América Latina

El «sexto continente» se cita en Centroamérica: Hechos 29 y la vanguardia de la misión digital

Más de cien misioneros de veinte países se reúnen en Costa Rica bajo el respaldo del Vaticano y el CELAM, consolidando una pastoral del encuentro en el entorno digital.

Juan Carlos Vasconez·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El «sexto continente» ha dejado de ser una simple metáfora para convertirse en una realidad pastoral ineludible. No es un mero conjunto de herramientas tecnológicas, sino un espacio habitado donde millones de personas —particularmente los jóvenes— buscan respuestas a sus inquietudes existenciales y entablan relaciones. 

Para la Iglesia, habitar este entorno no es una opción estratégica secundaria, sino una exigencia de su mandato evangelizador. En este contexto de aceleración digital emerge Hechos 29, el encuentro internacional de misioneros digitales y creadores de contenido católico más importante del mundo, un espacio donde la fe y la cultura digital se abrazan para construir comunión.

El nombre mismo del encuentro encierra una profunda clave teológica. El libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles concluye de manera abrupta en su capítulo 28, dejando la narrativa de la primera expansión cristiana en un punto suspensivo. «Hechos 29» simboliza, por tanto, el capítulo que la Iglesia sigue escribiendo hoy bajo la acción del Espíritu Santo. No se trata de añadir una página a la Revelación, sino de asumir la continuidad histórica de la misión apostólica: los creadores de contenido actuales son los nuevos evangelizadores llamados a recorrer las autopistas de la información, llevando el primer anuncio a los confines de la red.

Costa Rica como sede global

En su edición de 2026, Hechos 29 llega por primera vez a Centroamérica, eligiendo a Costa Rica como sede del 18 al 23 de agosto. El encuentro congregará a más de 100 creadores de contenido, sacerdotes, religiosas, músicos y podcasters procedentes de una veintena de países, incluyendo naciones como Italia, España, México, Colombia, Perú y Argentina.

Lejos de constituir un congreso tradicional, este evento se plantea como una experiencia profunda de fraternidad y una radiografía viva de la Iglesia en misión.

La trayectoria del movimiento demuestra un crecimiento orgánico desde su fundación en 2021 en Monterrey, México. Aquella primera edición, nacida en plena pandemia y en formato virtual, reunió a 45 pioneros. Para 2022, el Papa Francisco ya enviaba un videomensaje animándoles a evangelizar con creatividad. Tras su paso por Bogotá en 2024, el movimiento alcanzó un hito en 2025 al participar en el Jubileo de los Misioneros Digitales en Roma, donde recibieron la exhortación de «reparar las redes», una invitación del Sucesor de Pedro a sanar el tejido digital promoviendo la cercanía y la verdad.

Discípulos antes que ‘influencers’

El alma de Hechos 29 queda perfectamente sintetizada por su director general, el presbítero José Juan Montalvo («Padre Borre»): «No buscamos cantidad, sino fraternidad». En un entorno frecuentemente dominado por la tiranía del algoritmo y la competencia por el alcance, este encuentro subvierte la lógica del mundo. 

La premisa que une a estos creadores es clara: antes de ser influencers, son discípulos. El éxito de la misión digital no se mide por las métricas de un vídeo, sino por la autenticidad del testimonio y la capacidad de acompañar procesos personales profundos, transformando las pantallas en puentes de encuentro real con Jesucristo.

Esperanza para la región

El encuentro cuenta con un sólido respaldo institucional: la Arquidiócesis de San José, la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el CELAM y el Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede apoyan la iniciativa. Figuras eclesiales como Monseñor Lucio Ruiz, que hasta septiembre sigue siendo el secretario de dicho Dicasterio, aportarán una visión de la Iglesia universal, recordando que esta tarea se sitúa en el corazón mismo de la Iglesia de hoy. 

La dinámica combinará jornadas de retiro espiritual y formación a puerta cerrada —donde compartirán aciertos y dolores pastorales— con un gran Festival de la Misión Digital abierto al público el 23 de agosto.

En una Centroamérica donde el catolicismo representa apenas el 32.6% de la afiliación regional, Hechos 29 se presenta como un faro de esperanza. Nos recuerda que el Evangelio también corre por las redes y que los entornos virtuales son surcos donde la semilla de la gracia puede germinar. 

Detrás de cada cuenta católica hay una historia y un corazón que ora; a través de esta red internacional, la Iglesia demuestra que está dispuesta a desgastarse en el sexto continente, habitando las periferias digitales no como meros técnicos de la comunicación, sino como auténticos y cercanos testigos del Amor de Dios.

Mundo

“Jerusalén es el corazón del mundo”: la llamada a mirar más allá de los conflictos

El cardenal Pierbattista Pizzaballa reivindica la vocación universal de Jerusalén como "el corazón espiritual del mundo", un patrimonio vivo de fe y diálogo que trasciende el conflicto actual.

Redacción Omnes·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“Jerusalén es el corazón del mundo”. Con esta expresión, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, resume una de las ideas centrales de la carta que dirigió el pasado abril a los fieles de la diócesis. 

En un momento marcado por el conflicto y la incertidumbre, su mensaje invita a contemplar Tierra Santa desde una perspectiva más amplia: no sólo como escenario de una guerra, sino como un lugar cuya importancia espiritual, histórica y humana trasciende cualquier circunstancia temporal. “¿Cómo permanecer, como cristianos, en medio de este conflicto?”, se pregunta el Patriarca Latino de Jerusalén. 

La carta, difundida en un contexto especialmente difícil para la región, insiste en la necesidad de mantener viva la esperanza y de no perder de vista la misión singular de Jerusalén y de los católicos que viven en Tierra Santa. Para el Patriarca, la Ciudad Santa sigue siendo un punto de referencia para millones de personas en todo el mundo y un lugar donde se encuentran tradiciones religiosas, culturas e historias que forman parte del patrimonio común de la humanidad.

Jerusalén, una ciudad para todos

Pocas ciudades concentran una carga simbólica comparable a la de Jerusalén. Sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, ha sido durante siglos un lugar de oración, peregrinación y encuentro. Su relevancia no depende únicamente de su pasado, sino también de su capacidad para seguir acogiendo a personas de procedencias muy diversas.

En su carta, Pizzaballa recuerda precisamente esa vocación universal. Jerusalén no puede entenderse desde una mirada exclusivamente local o política: “Nosotros somos la Iglesia de Jerusalén, y la Ciudad Santa es el corazón no solo geográfico, sino también espiritual de nuestra comunidad eclesial”…

Esta dimensión universal convierte a la ciudad en un espacio privilegiado para el diálogo. A pesar de las dificultades y tensiones que periódicamente atraviesa la región, Tierra Santa sigue siendo uno de los pocos lugares donde las grandes tradiciones religiosas monoteístas conviven en una proximidad única. El diálogo interreligioso no se limita aquí a declaraciones institucionales, sino que forma parte de la vida cotidiana de quienes viven y trabajan en la región.

Los Lugares Santos, un patrimonio vivo

El Patriarca también recuerda la importancia de custodiar los Lugares Santos y preservar su significado para las generaciones futuras. Estos espacios no son únicamente monumentos históricos o destinos turísticos. Son lugares donde millones de personas encuentran un vínculo concreto con su fe y con las raíces del cristianismo, pues “la misión de la Jerusalén terrenal, en cierto sentido, es convertirse en imagen y espejo de la Jerusalén celestial”, asegura en su carta.

La Basílica del Santo Sepulcro, la Basílica de la Natividad, el Monte de los Olivos o el Mar de Galilea forman parte de una geografía espiritual que sigue atrayendo a creyentes de todo el mundo. Su valor trasciende las fronteras de la propia Tierra Santa y constituye un patrimonio compartido por toda la Iglesia.

En este contexto, las comunidades cristianas locales desempeñan un papel esencial. Son ellas quienes mantienen viva la presencia cristiana en los lugares vinculados a la vida de Jesús y quienes continúan ofreciendo acogida a los peregrinos que llegan desde distintos países. Por eso, la disminución de visitantes durante los últimos años no solo ha tenido consecuencias económicas, sino que también ha afectado a una realidad humana y eclesial profundamente arraigada en la historia de la región.

Comprender Tierra Santa más allá de los titulares

Frente a una actualidad dominada por las noticias sobre el conflicto, distintas iniciativas continúan trabajando para ayudar a comprender la riqueza histórica, cultural y religiosa de Tierra Santa. Una de ellas es Saxum Visitor Center, situado en Abu Ghosh, a pocos kilómetros de Jerusalén.

A través de recursos audiovisuales, tecnología interactiva y contenidos divulgativos, el centro ofrece a los visitantes una visión global del contexto bíblico y de la realidad de los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos narrados en las Sagradas Escrituras. 

“Tierra Santa no es únicamente un destino de peregrinación. Es un lugar donde la historia, la fe y el diálogo entre religiones se encuentran de una forma única”, explica Blanca Ramirez, directora Saxum Visitor Center , representante de Saxum. “Quienes visitan Jerusalén descubren que los Lugares Santos son espacios vivos que siguen reuniendo a personas de todo el mundo”. De hecho, el Cardenal Pizzaballa afirma en su carta que “su identidad principal –la característica más importante de la Ciudad y de toda Tierra Santa– es la de ser el lugar de la revelación de Dios, el lugar donde las religiones están en casa”.

Blanca Ramírez añade que “comprender Tierra Santa ayuda también a comprender mejor la importancia de la convivencia y del encuentro. Incluso en momentos difíciles, Jerusalén sigue recordándonos que es posible construir puentes entre personas de distintas tradiciones religiosas y culturales”.

Las palabras conectan con el mensaje central de la carta de Pizzaballa. Más allá de las dificultades presentes, el Patriarca invita a no perder de vista aquello que hace única a Jerusalén: su capacidad para reunir a personas de todo el mundo en torno a una historia compartida.

Porque, como recuerda el propio Patriarca, Jerusalén sigue siendo “el corazón del mundo” y por eso “la comunidad internacional tiene el deber y el derecho de interesarse por Jerusalén, porque es de todos”. Una ciudad cuya relevancia no depende únicamente de lo que ocurre en ella, sino también de lo que representa para millones de personas que continúan mirando hacia Tierra Santa como un lugar de fe, memoria y esperanza.

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Vaticano

Monseñor Luis Marín, OSA: “La prioridad del pontificado de León XIV es Cristo, con todo lo que significa”.

El prefecto del Dicasterio para la Caridad explica en El Escorial que el cisma de los tradicionalistas no es solo por la liturgia, sino por no aceptar la entera Tradición de la Iglesia.

Jose Maria Navalpotro·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Monseñor Luis Marín de San Martín (Madrid, 1961) es uno de los hombres del círculo de colaboradores más cercano de León XIV. Agustino como él, antes de que Robert Prevost fuera elegido Papa, solían comer juntos con frecuencia desde que ambos fueron llamados por el Papa Francisco para trabajar en la Curia romana. Fue Subsecretario del Sínodo, y, desde hace casi cuatro meses, es el Limosnero de Su Santidad y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, uno de los de mayor peso en la actualidad.

Monseñor Marín, buen amigo de Omnes, atiende a la revista desde El Escorial, donde ha participado en un Curso de Verano del CEU sobre el primer año de pontificado de León XIV. Resulta obligado comenzar por preguntarle por lo que ha significado el reciente viaje del Papa a España.

– En primer lugar, confirmarnos en la fe; en segundo lugar, una siembra de esperanza y, en tercer lugar, un impulso misionero.

Es decir, ha recordado los pilares fundamentales de nuestra fe: Jesucristo, la Iglesia, el Evangelio. Al mismo tiempo, ha disipado esas nieblas de pesimismo que en ocasiones nos envuelven y nos ha orientado a un horizonte de esperanza. También nos ha hecho ver la urgencia de evangelizar, la asumir responsabilidad y la belleza de dar testimonio de Cristo resucitado en medio del mundo.

Ha sido impresionante la respuesta de la gente en general y de los jóvenes en particular. Hay un ansia por Cristo, yo diría, por mensajes coherentes, sólidos, y que den respuesta a los interrogantes, a los problemas del mundo de hoy. 

Ha sido un viaje magnífico, que he podido vivir en primera línea. 

Y, usted que está cerca del Papa, ¿qué cree que ha supuesto este viaje para él? 

– Ante todo, reencontrarse con España, un país que conoce bastante bien y al que ha venido muchísimas veces. Y darse cuenta, también, de nuestra realidad. 

Yo en el vuelo le dije: “Creo que hay mucho entusiasmo”, y él me respondió: “Ojalá”. Pero ese entusiasmo se ha multiplicado en cuanto a las previsiones, ha superado cualquier expectativa. Se ha sentido muy a gusto, ha conectado muy bien con la gente, se ha sentido acogido, escuchado, y al mismo tiempo, reforzado en su ministerio como sucesor de Pedro.

¿Cuál puede señalarse como la prioridad de su pontificado? Usted ha comentado que la prioridad era “la conversión misionera de la Iglesia”. ¿Qué quiere decir eso?

– La prioridad del pontificado es Cristo, el eje es siempre Cristo. Vivir en Cristo, identificarnos con Cristo, y testimoniar a Cristo. 

Una consecuencia de esta realidad es la conversión misionera de la Iglesia. Porque es evidente que, si vivimos a Cristo, sentiremos la urgencia de manifestarlo y comunicarlo. Todo aquel que vive en Cristo necesariamente siente el impulso misionero, el impulso evangelizador, la llamada a ser testigo de salvación en medio del mundo. 

El impulso misionero implica tres realidades. En primer lugar, nace de la experiencia de Cristo resucitado.

En segundo lugar, Cristo resucitado nos une a la Iglesia. Es un testimonio fuerte de comunión. 

Y tercero, Cristo resucitado lleva su mensaje al mundo de hoy. Debemos testimoniarlo en la cultura en la que nos manifestamos, en nuestra realidad existencial. Necesitamos, por tanto, una conversión misionera, que significa conversión a Cristo y disponibilidad al testimonio del Evangelio en el mundo de hoy.

La triste ruptura de los tradicionalistas

Hace unos días los lefebvrianos han ordenado en Econe a otros cuatro obispos, confirmando su separación de la Iglesia Católica. ¿Cuál es su reflexión? ¿Hasta qué punto hiere esta decisión al Papa? 

– Lo vivimos con una enorme tristeza. Todo lo que sea ruptura de la unidad, como dice el Papa, es romper la túnica de Cristo. Y esto es muy doloroso, porque causa una herida profunda. 

La carta que León XIV ha dirigido al prior de la Sociedad Sacerdotal San Pío X está muy bien estructurada y argumentada. Se nota que está escrita con el corazón, además de con la cabeza. 

Robert Prevost nunca ha sido un hombre de confrontación y de ruptura. Ha intentado apelar a Cristo, a la conciencia, al amor cristiano, al amor a la Iglesia. Y ha dicho claramente a los desobedientes: “Ese no es el camino”. El Papa es, siempre, garante de unidad.

Al mismo tiempo, es una carta muy clara. León XIV no contemporiza. Desde la caridad, el cariño, y la cercanía, presenta la doctrina cristiana. Y no busca un acuerdo a cualquier precio: no se trata de componendas, de vida cristiana y de coherencia. 

También es evidente que el problema de los llamados lefebvrianos no es simplemente litúrgico, sino mucho más profundo. Benedicto XVI intentó un acuerdo, una gran apertura sobre liturgia. Sirvió de poco. El problema fundamental es el rechazo del Concilio Vaticano II (ecumenismo, libertad religiosa, separación Iglesia-Estado, diálogo interreligioso y liturgia). Un Concilio, por cierto, cuyos documentos todos ellos, fueron aprobados por más del 90% de los votos.

La Tradición de la Iglesia no es solo Trento. Hay Iglesia antes y hay Iglesia después. La Tradición de la Iglesia abarca desde los primeros siglos, hasta el Concilio Vaticano II y los tiempos actuales. Es una realidad viva que evoluciona. Hay que rezar, y pedir al Señor que ilumine a estos hermanos, pero el momento es muy triste. Toda ruptura en la Iglesia causa un dolor enorme. Es una llaga en el corazón, en el alma. 

Un Papa como León XIV, quien tiene como uno de sus signos de identidad la unidad, tiene que enfrentarse precisamente a esto. Y, por otro lado, -un caso distinto- también está la Iglesia en Alemania, que ha dado muestras de falta de unidad.

– La unidad es uno de los ejes del pontificado: la comunión. Es decir, la unión con Cristo y con su cuerpo, la Iglesia.

El cristiano se une a Cristo con una unión existencial, experiencial, bautismal. Esta unión con Cristo nos lleva a la unión con los hermanos y hermanas, a la comunión con los demás miembros de en la Iglesia, como cuerpo de Cristo. Ahora bien, esta unidad se vive y expresa en la variedad de vocaciones, contextos, y sensibilidades. El depósito de la fe no puede cambiar. Pero tampoco se trata de imponer el empobrecedor uniformismo. En esto debemos ser abiertos porque caben expresiones distintas y diferentes desarrollos en temas no esenciales. Siempre desde la unidad en la Iglesia y con la Iglesia. Todo lo que sea romper la unidad eclesial supone romper la unidad con Cristo. Y esto, como ha dicho el Papa, es un grave pecado. Nosotros siempre con Pedro y en la barca de Pedro.

Pero también el Papa llama a la esperanza.

– Sí, indudablemente para un cristiano el horizonte es siempre de esperanza. El Espíritu Santo actúa en su Iglesia, la renueva y vivifica. Ojalá tengamos la humildad y el amor suficientes para dejarnos guiar por el Espíritu, que nos une a Cristo, y nos llama a testimoniar la belleza y la grandeza del Evangelio aquí y ahora. Este es el verdadero y fundamental reto y, al mismo tiempo, la causa de nuestra esperanza. Y de una inmensa alegría.

Vaticano

¡El Papa se va de vacaciones! Y recupera la tradición de Castel Gandolfo

León XIV permanecerá en la Villa Barberini hasta el 27 de julio, mantendrá únicamente el rezo dominical del Ángelus y devuelve a Castel Gandolfo su papel como residencia estival del Papa tras la interrupción de Francisco.

Teresa Aguado Peña·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha iniciado este domingo su descanso estival en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, donde permanecerá hasta el próximo 27 de julio. Con esta estancia, el Pontífice recupera una tradición centenaria que había quedado interrumpida durante el pontificado de Francisco, quien optó por permanecer en la Casa Santa Marta durante el verano.

León XIV se aloja en la Villa Barberini, dentro del complejo pontificio situado a 25 kilómetros al sur de Roma. La costumbre de pasar el verano en Castel Gandolfo se remonta al siglo XVII, cuando el Papa Urbano VIII convirtió el lugar en residencia estival de los pontífices, una tradición que mantuvieron la mayoría de sus sucesores hasta la llegada de Francisco.

©OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media

A su llegada, León XIV saludó desde el balcón del Palacio Apostólico a los fieles congregados en la Plaza de la Libertad y expresó su satisfacción por regresar a la localidad: «¡Buenas tardes, Castel Gandolfo! Gracias. Estoy muy feliz de estar aquí entre ustedes, de poder pasar las próximas semanas descansando un poco, rezando un poco, leyendo un poco y, esperemos, haciendo un poco de deporte», afirmó.

Sin audiencias, pero con el Ángelus

La Prefectura de la Casa Pontificia ha informado de que, durante este periodo de descanso, quedan suspendidas las audiencias generales, privadas y especiales. La actividad ordinaria se reanudará el miércoles 5 de agosto con la primera audiencia general tras las vacaciones.

No obstante, León XIV mantendrá su cita semanal con los fieles para el rezo del Ángelus. Los dos primeros domingos de julio (5 y 12) presidirá la oración desde la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, mientras que el 19 de julio regresará al Vaticano para dirigir el Ángelus desde la Plaza de San Pedro.

Además, el Borgo Laudato Si’ permanecerá abierto todos los días entre las 10:00 y las 18:00 horas para recibir a peregrinos y visitantes. Desde este espacio se ha invitado a los fieles a acompañar al Pontífice con la oración durante este tiempo de descanso.

El cambio respecto a Francisco

La estancia de León XIV supone un cambio de rumbo respecto a su predecesor. Durante los doce años de su pontificado, Francisco renunció a trasladarse a Castel Gandolfo en verano y prefirió permanecer en la Casa Santa Marta, dentro del Vaticano, incluso durante los meses de mayor calor.

El pontífice argentino consideraba que no necesitaba una residencia de verano y optó por mantener una agenda de trabajo más estable desde Roma. Su decisión rompió con una tradición de siglos y permitió dar un nuevo uso al complejo pontificio.

En 2016, Francisco abrió al público los apartamentos privados del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, que fueron transformados en museo, permitiendo por primera vez que los visitantes recorrieran las estancias utilizadas históricamente por los papas durante sus vacaciones. Posteriormente impulsó también el proyecto del Borgo Laudato Si’, un espacio dedicado a la educación ambiental y al cuidado de la creación inspirado en su encíclica Laudato si’.

©CNS/Lola Gomez

Con la llegada de León XIV, Castel Gandolfo vuelve a convertirse en residencia estival del Papa, recuperando una imagen habitual durante buena parte de la historia reciente de la Iglesia y devolviendo protagonismo a una tradición que había permanecido en pausa durante el pontificado de Francisco.

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España

Banco Sabadell y tuTECHÔ se alían para combatir el sinhogarismo en España

La alianza entre Banco Sabadell y tuTECHÔ llega en un momento en el que el sinhogarismo crece con fuerza en España.

Redacción Omnes·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

España afronta uno de los momentos más críticos de su historia reciente en materia de vivienda y exclusión residencial. Según la Encuesta de centros y servicios de atención a personas sin hogar del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2024), una media diaria de 33.758 personas adultas se alojaron en centros de atención en España, un incremento del 55,7 % respecto a 2022. La propia encuesta del INE constató que de los 1.376 centros de atención existentes, el 26,2 % atendió exclusivamente a personas inmigrantes en situación de sinhogarismo, frente al 20,0 % de 2022.

A esta realidad se suma el contexto de vulnerabilidad económica que atraviesa buena parte de la población: un 25,8% de la población española vive en riesgo de pobreza, según datos del INE de 2024, en un escenario marcado por el encarecimiento sostenido de la vivienda y de la cesta de la compra.

Es en este contexto donde cobran especial relevancia las alianzas entre el sector financiero y las organizaciones especializadas en dar respuesta al sinhogarismo.

Banco Sabadell y tuTECHÔ firman un acuerdo de colaboración

Banco Sabadell, a través de su unidad especializada de Instituciones Religiosas y Tercer Sector, y tuTECHÔ han firmado un acuerdo de colaboración con el objetivo de impulsar iniciativas conjuntas que combinen experiencia financiera, gestión patrimonial e impacto social.

La alianza nace con la voluntad de generar sinergias entre ambas organizaciones para acompañar a entidades religiosas, fundaciones, asociaciones, organizaciones sociales y otros agentes comprometidos con el bien común en la identificación de soluciones financieras y patrimoniales que contribuyan al desarrollo de proyectos con impacto positivo en la sociedad.

tuTECHÔ desarrolla un modelo innovador para contribuir a abordar uno de los principales desafíos sociales de nuestro país: el sinhogarismo. A través de TECHÔ Hogar SOCIMI SBIC y la Fundación tuTECHÔ, la entidad promueve soluciones orientadas a facilitar el acceso a una vivienda digna y a favorecer los procesos de inclusión social de personas en situación de especial vulnerabilidad.

Un compromiso histórico con el tercer sector

Esta colaboración refuerza el compromiso de Banco Sabadell con las entidades que desarrollan una labor fundamental al servicio de las personas. La unidad de Instituciones Religiosas y Tercer Sector cuenta con una amplia trayectoria acompañando a congregaciones, diócesis, fundaciones, ONG, hermandades, colegios y entidades sociales, ofreciendo soluciones especializadas y un asesoramiento adaptado a las características y necesidades de cada organización.

La firma de este acuerdo representa un paso más en la apuesta de Banco Sabadell por impulsar iniciativas que generan valor económico y, al mismo tiempo, contribuyen al progreso social. Ambas entidades comparten la convicción de que la financiación, la inversión y la gestión del patrimonio pueden desempeñar un papel relevante en la búsqueda de soluciones sostenibles a los retos sociales actuales.

Declaraciones de los protagonistas

“Este acuerdo nos permite seguir avanzando en nuestra vocación de acompañar a las entidades que trabajan cada día al servicio de las personas. La propuesta de tuTECHÔ constituye una iniciativa innovadora para contribuir a combatir el sinhogarismo y refleja cómo la colaboración entre diferentes actores puede generar un impacto positivo y tangible. Para Banco Sabadell es una satisfacción explorar nuevas vías de colaboración que aporten valor tanto a nuestros clientes y entidades vinculadas como al conjunto de la sociedad”, afirma Santiago Portas, director de Instituciones Religiosas y Tercer Sector de Banco Sabadell.

“Los grandes desafíos sociales requieren alianzas capaces de sumar conocimiento, experiencia y compromiso. La colaboración con la unidad de Instituciones Religiosas y Tercer Sector de Banco Sabadell nos permitirá ampliar nuestra capacidad de actuación y seguir impulsando soluciones innovadoras que faciliten el acceso a una vivienda digna y generen nuevas oportunidades para las personas en situación de vulnerabilidad”, señala Blanca Hernández, presidenta y fundadora de tuTECHÔ.

Tender puentes entre finanzas y acción social

Con esta colaboración, Banco Sabadell y tuTECHÔ refuerzan su apuesta por tender puentes entre el ámbito financiero, la gestión patrimonial y la acción social, promoviendo iniciativas orientadas a generar oportunidades y mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables.

Una estrategia estatal para erradicar el sinhogarismo en 2030

El Gobierno, consciente de la magnitud del problema, aprobó en julio de 2023 una estrategia estatal con el objetivo de erradicar el sinhogarismo en 2030, en un contexto en el que el número de personas sin hogar superaba entonces las 28.500 personas, lo que ha impulsado la transición desde un modelo asistencial tradicional, basado en albergues, hacia un modelo comunitario centrado en soluciones habitacionales estables. En este marco, distintas entidades del tercer sector alertan de que persisten carencias estructurales: según HOGAR SÍ, a pesar de que la inmensa mayoría de las personas sin hogar (82%, según el INE de 2022) consideran que los albergues no les permiten recuperar su proyecto de vida, más de la mitad de las plazas ofertadas siguen siendo en este tipo de centros.

Educación

¿Cómo acompañar espiritualmente a una persona que sufre? Navarra trata de enseñarlo

José María Pardo, director del nuevo Programa de formación permanente en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas de la Universidad de Navarra, explica por qué acompañar a quien sufre requiere una formación integral.

Teresa Aguado Peña·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En un mundo lleno de situaciones de sufrimiento, soledad y vulnerabilidad, el acompañamiento humano y espiritual adquiere una importancia creciente. Sin embargo, acompañar bien exige mucho más que buena disposición: requiere formación, capacidad de escucha y una comprensión integral de la persona.

Con esta convicción nace el Programa de formación permanente en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas, impulsado por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra junto con el Instituto Core Curriculum. Dirigido por José María Pardo, este nuevo título propio busca ofrecer herramientas para quienes, desde el ámbito sanitario, educativo, social o pastoral, desean acompañar a personas que atraviesan momentos de especial dificultad.

José María Pardo explica las razones que han motivado la creación de este programa, los desafíos que plantea hoy el acompañamiento y la necesidad de formar a quienes quieren estar al lado de quienes sufren con competencia, sensibilidad y esperanza.

¿Qué necesidad concreta detectaron en la sociedad que ha impulsado la creación de este programa de acompañamiento?

–Vivimos en un momento histórico en el que el sufrimiento humano se presenta con una complejidad creciente. La enfermedad, los problemas de salud mental, las adicciones, las crisis familiares, la soledad o el final de la vida plantean situaciones que interpelan profundamente a quienes tienen la misión de acompañar a otras personas.

La Iglesia siempre ha considerado el acompañamiento una dimensión esencial de su acción pastoral. Sin embargo, las circunstancias actuales ponen de manifiesto la conveniencia de una formación cada vez más sólida e interdisciplinar. Muchas situaciones requieren integrar la riqueza de la antropología cristiana con las aportaciones de la Psicología, la Psiquiatría y otras ciencias humanas.

Este Programa nace precisamente de esa convicción. Queremos contribuir a formar personas capaces de ofrecer un acompañamiento integral, que atienda todas las dimensiones de la persona y que sepa conjugar la profundidad de la fe con un conocimiento serio de la realidad humana.

¿Qué significa acompañar bien a una persona en crisis? ¿Cuáles serían las claves del acompañamiento?

–Acompañar bien significa acercarse al misterio de cada persona con respeto, escucha y prudencia. Antes que ofrecer respuestas, el acompañante debe aprender a comprender quién tiene delante, cuál es su historia y qué está viviendo.

El verdadero acompañamiento comienza con una escucha atenta y continúa con un discernimiento que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona: la espiritual, la psicológica, la afectiva, la familiar, la social e incluso la biológica. Solo desde esa mirada integral es posible ofrecer una ayuda adecuada.

Por eso nuestro Programa articula la formación en torno a tres grandes ámbitos: los fundamentos antropológicos y teológicos, las aportaciones de la Psicología y la Psiquiatría, y el estudio de algunas situaciones especialmente complejas, como la resolución de conflictos, las adicciones o el acompañamiento al final de la vida.

En definitiva, acompañar consiste en ayudar a la persona a recorrer su propio camino, respetando siempre su libertad y su dignidad.

¿Qué errores habituales se cometen, incluso con buena intención, al acompañar a personas en situaciones de fragilidad?

–El primero es pensar que todas las situaciones pueden resolverse del mismo modo. Cada persona posee una historia irrepetible y necesita ser comprendida en su singularidad.

También puede suceder que reduzcamos el sufrimiento a una única dimensión, cuando, en realidad, suelen entrelazarse aspectos espirituales, psicológicos, familiares, sociales e incluso médicos. La realidad humana raramente admite explicaciones simplistas.

Por último, un buen acompañante sabe reconocer los límites de su propia competencia. Hay situaciones en las que el mejor modo de ayudar consiste precisamente en trabajar junto a otros profesionales o derivar a la persona a quien puede ofrecer una atención más especializada. Lejos de ser una limitación, esta actitud forma parte de un acompañamiento verdaderamente responsable.

¿Qué aporta específicamente la teología en el acompañamiento de situaciones como la enfermedad, el duelo o las adicciones?

–La primera aportación de la tradición cristiana es su comprensión de la persona humana. La antropología cristiana contempla al ser humano como una unidad de cuerpo y espíritu, de inteligencia, afectividad y libertad, llamado además a la comunión con Dios y con los demás. Esa visión unitaria constituye un fundamento sólido para cualquier tarea de acompañamiento.

La fe ilumina también cuestiones decisivas como el sentido del sufrimiento, la esperanza, el perdón o la posibilidad permanente de recomenzar. Son dimensiones profundamente humanas que ayudan a afrontar muchas situaciones de dolor.

Ahora bien, precisamente porque la persona constituye una unidad, la Teología no camina al margen de las ciencias humanas. Al contrario, dialoga con ellas. La Psicología, la Psiquiatría, la Medicina o la Sociología aportan conocimientos imprescindibles para comprender mejor la complejidad de la experiencia humana. No se trata de yuxtaponer saberes, sino de integrarlos al servicio de la persona concreta.

¿Qué competencias concretas espera que adquieran los alumnos al finalizar el programa?

–Nuestro propósito no es formar especialistas en Psicología o Psiquiatría, ni tampoco ofrecer únicamente una profundización teológica.

Lo que pretendemos es proporcionar una visión integral de la persona y unas herramientas que permitan comprender mejor las situaciones humanas complejas. Aspiramos a que los alumnos aprendan a escuchar con profundidad, a realizar un primer discernimiento de cada situación, a acompañar con prudencia y a reconocer cuándo resulta conveniente colaborar con otros profesionales.

En definitiva, queremos formar personas capaces de cuidar mejor de quienes atraviesan momentos de especial vulnerabilidad.

En su opinión, ¿qué diferencia a alguien «bienintencionado» de alguien realmente formado para acompañar?

–La buena voluntad es indispensable, pero necesita estar iluminada por el conocimiento y la prudencia.

La formación proporciona criterio. Enseña a escuchar antes de hablar, a evitar respuestas precipitadas, a comprender la complejidad de determinadas situaciones y a discernir cuál es la ayuda más adecuada en cada caso.

En este sentido, la formación no sustituye las cualidades humanas; las perfecciona. Cuanto mejor comprendemos a la persona, mejor podemos servirla.

¿Estamos todos hechos para acompañar?

–Todos estamos llamados, de un modo u otro, a hacernos prójimos de quienes sufren. El cuidado de los demás forma parte de la vocación humana y, para el cristiano, constituye una expresión privilegiada de la caridad.

Sin embargo, acompañar bien también se aprende. Como cualquier tarea de responsabilidad, requiere formación, experiencia y un continuo ejercicio de discernimiento. El Evangelio nos ofrece una imagen particularmente elocuente en la parábola del buen samaritano. No solo porque sabe detenerse ante quien sufre, sino porque cuida de él con competencia y, cuando es necesario, lo pone en manos de quien puede continuar esa atención. También el acompañamiento exige humildad para reconocer los propios límites y trabajar con otros en beneficio de la persona.

Este Programa quiere ser un primer paso en ese camino. No pretende agotar una realidad tan amplia, sino ofrecer una base sólida desde la que seguir creciendo. Nuestro deseo es contribuir a formar una comunidad de personas comprometidas con un acompañamiento cada vez más humano, más competente y más profundamente cristiano.

Libros

Un tipo sin pierna, hospitalizado, pero con suerte 

Hay libros que se leen y otros que se acompañan. La nada es todo, de Pablo Delgado de la Serna, pertenece a estos últimos: un testimonio luminoso y profundamente humano que muestra cómo, incluso en medio de la enfermedad y la fragilidad, la esperanza y el amor pueden convertirse en la última palabra.

Maria José Atienza·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“Cuando pensamos que lo hemos perdido todo es cuando encontramos el lugar perfecto para que Dios llene nuestro corazón. Cambiando el enfoque, la nada puede ser el punto de partida para recibir el todo”. Esta afirmación de Pablo Delgado de la Serna, que da nombre al libro, se encuentra casi a mitad del volumen. Para entonces, ya hemos recorrido meses junto a este “trasplantado”, a través del papel, en el que recoge confidencias, pensamientos, reflexiones y pequeños detalles cotidianos de una vida nada “normal”.

La nada es todo se presenta como un pequeño diario -recoge una serie de las publicaciones a través de las que Delgado de la Serna narra su rutina diaria y sus miedos, y pone a rezar (y reza él), a tantas personas. 

La vida de Pablo Delgado de la Serna ha estado marcada por la enfermedad desde su nacimiento. Sin embargo, si algo repite a lo largo de estas páginas es que se siente “un tipo con suerte”. Un tipo con suerte que ha estado años atado a la diálisis (hasta abril de 2026 en la que recibió el ansiado trasplante de riñón), que ha sufrido la amputación de una pierna y la incertidumbre de perder la otra, que ha vivido meses en un hospital o ha tenido que pasar las vacaciones separado de su mujer y su hija…. 

En categorías actuales no se llamaría suerte a esta situación, pero Pablo ha hecho de los limones limonada, helado y tarta, porque ha sabido llevar su dolor a un camino de entrega y de ayuda para otras muchas personas. En el libro aparece también el pilar de su vida: su familia, en especial, su mujer, Sara, y su hija, Amelia, (su equipo SAP) sin el que no hubiera podido afrontar, del mismo modo, su vida. 

El libro se extiende desde agosto de 2024 a noviembre de 2025, quizás una de las épocas más complicadas para Pablo y su familia. Pablo no oculta, en esos breves apuntes de diario, el dolor, la desesperanza que asoma, el cansancio…. No “espiritualiza” el dolor sino que lo afronta. No arrastra la cruz, la carga. 

Si hay una sensación que deja la lectura de este libro es la esperanza, la confianza, cum fide, con fe, de quien se ha abandonado en manos de Dios -y de los médicos- y del que toma de la vida, más que nada, el amor.

Libro

Título: La nada es todo
Autor: Pablo Delgado de la Serna
Páginas: 108
Editorial: EUNSA
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Vaticano

¿Qué preocupa a la Iglesia sobre la familia? Las 5 reflexiones que propone León XIV

El Vaticano presenta la hoja de ruta del encuentro convocado por León XIV, que abordará los desafíos de las familias, el matrimonio, los jóvenes y el acompañamiento a las situaciones de fragilidad.

Teresa Aguado Peña·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y la Secretaría General del Sínodo han publicado este lunes el Itinerario temático del encuentro convocado por el Papa León XIV con los jefes de las Iglesias católicas orientales y los presidentes de las conferencias episcopales, que se celebrará en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.

La iniciativa coincide con el décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia (sobre el amor en la familia) y tiene como objetivo discernir, en un clima de escucha recíproca y con estilo sinodal, los pasos que la Iglesia debe dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, teniendo en cuenta la experiencia de las Iglesias locales y los desafíos actuales que afrontan las familias.

El encuentro, anunciado por el Pontífice en marzo con motivo del aniversario del documento de Francisco, es un itinerario eminentemente pastoral que sitúa a las familias no solo como destinatarias de la acción de la Iglesia, sino también como protagonistas de su misión, a través de los cuales el Evangelio  toma forma en las relaciones cotidianas, en las decisiones, en la fragilidad y en la esperanza.

Durante las días de trabajo, los participantes escucharán testimonios de familias, dialogarán con expertos y reflexionarán sobre las iniciativas de acompañamiento que ya se desarrollan en distintas Iglesias locales. El objetivo es «discernir hacia qué dirección nos está guiando hoy el Espíritu Santo, para reconocer, sostener y promover lo que Él ya esta obrando en las familias y valorar su contribución a la misión de la Iglesia». Así, el programa de reflexión se articula en torno a cinco grandes ejes.

1. Las familias de hoy: realidad, belleza y desafíos

El primero, «Las familias de hoy: realidad, belleza y desafíos», propone partir de la experiencia concreta de las familias y del compromiso de la Iglesia de hoy para discernir los signos de los tiempos. Invita a reconocer tanto la belleza del amor familiar como las dificultades que lo atraviesan —la precariedad laboral y de la vivienda, la enfermedad, la educación de los hijos, la soledad afectiva o el cuidado de personas mayores, con discapacidad o dependientes—, y plantea cómo responder pastoralmente a los cambios culturales y sociales que afectan al matrimonio, la transmisión de la fe y la vida familiar. 

Así, la Iglesia se pregunta: ¿Cuáles signos de esperanza, cuáles desafíos y cuáles puntos críticos surgen hoy de las vidas de las familias de diversos contextos culturales y sociales? ¿De qué manera las transformaciones de nuestro tiempo afectan a la experiencia del amor entre hombre y mujer, la generación, el cuidado, la transmisión de la fe y la misión de la Iglesia? ¿Cuáles son las experiencias pastorales que más nos ayudan a reconocer la acción de Dios en la vida concreta de las familias y valorar los recursos humanos y espirituales? ¿Qué aprendemos de la escucha de las familias y de la experiencia de las Iglesias locales? ¿De qué manera puede el diálogo entre la experiencia vivida, el discernimiento eclesial, la investigación teológica y las ciencias humanas, ayudarnos a comprender más profundamente la realidad de las familias y acompañarlas?

2. Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial

El segundo eje, «Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial», pone el foco en las nuevas generaciones, muchas de las cuales han perdido la confianza en la posibilidad de construir un proyecto matrimonial y familiar estable. El encuentro abordará cómo acompañar a niños, adolescentes y jóvenes para redescubrir el valor del matrimonio cristiano, mediante itinerarios educativos y espirituales, el testimonio de otras familias y un acompañamiento que favorezca un discernimiento maduro sobre la vida afectiva y la acogida de los hijos.

Se pondrán sobre la mesa las preguntas: ¿Qué lenguajes, experiencias e itinerarios educativos y espirituales ayudan hoy a los niños, adolescentes y jóvenes a reconocer el valor del matrimonio? ¿Qué testimonio pueden ofrecer las parejas y las familias? ¿Cómo pueden acompañarlos en su crecimiento emocional, relacional y sexual? ¿Qué pasos de atención y conversión pastoral pueden ayudar a la Iglesia a acompañar a las parejas que conviven en el discernimiento de un camino afectivo y familiar, madurando la elección del matrimonio y la acogida de los hijos? 

3. La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo

El tercer bloque, «La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo», se centrará en el acompañamiento de los matrimonios en la etapa inicial de su vida en común. El documento subraya que esos primeros años son fundamentales para consolidar el vínculo conyugal y afrontar retos como el nacimiento de los hijos o la conciliación entre la vida familiar y el trabajo. También propone fortalecer las redes de apoyo entre familias y promover una mayor corresponsabilidad dentro de las comunidades eclesiales.

«¿Qué formas de acompañamiento ayudan más a las parejas, particularmente en los primeros años de vida matrimonial? ¿Cómo favorecer relaciones de vecindad entre familias, experiencias de apoyo mutuo y formas concretas de corresponsabilidad en la vida de la comunidad eclesial? ¿Qué experiencias muestran la fecundidad de redes de familias capaces de sostenerse recíprocamente y convertirse, a su vez, en una presencia de acompañamiento y testimonio para otros?» serán los temas a tratar.

4. En las dificultades de la vida: acompañar y apoyar

El cuarto tema, «En las dificultades de la vida: acompañar y apoyar», abordará la atención pastoral a las familias que atraviesan situaciones de fragilidad, pobreza, violencia, separación o divorcio. El objetivo es reflexionar sobre cómo construir comunidades cristianas capaces de ofrecer escucha, cercanía, discernimiento y esperanza, ayudando a quienes viven experiencias de sufrimiento a sentirse parte activa de la Iglesia y a redescubrir la misericordia de Dios.

Se preguntarán: ¿Qué pasos se han dado para apoyar a quienes viven en situaciones de fragilidad o dificultad? ¿Cuáles resistencias han surgido? ¿Cómo podemos construir comunidades cristianas en las que quienes han vivido la experiencia del sufrimiento, abandono, separación y divorcio puedan sentirse realmente escuchados, partícipes y corresponsables? ¿Qué experiencias concretas ya muestran el rostro de una Iglesia cada vez más capaz de cercanía, discernimiento, acompañamiento y aprecio, ayudando a personas y familias a recuperar la confianza, a reconocerse como parte de la comunidad y a experimentar la misericordia de Dios? 

5. Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia

Finalmente, el quinto eje, «Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia», destaca que las familias no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino protagonistas de la evangelización. El documento subraya su papel en la transmisión de la fe, el acompañamiento de otros matrimonios, la vida de las comunidades cristianas y la construcción de una sociedad más solidaria, reconociendo el matrimonio y la vida familiar como un camino de crecimiento humano, espiritual y misionero.

Reflexionarán sobre lo siguiente: ¿Cómo valorar la experiencia de las parejas y las familias como un lugar de maduración humana, espiritual, eclesial y social? ¿Cómo acompañar un camino en el que la relación de pareja se convierta en una experiencia viva de crecimiento en la fe y la vida social? ¿Cómo reconocer y apoyar la contribución de las familias a la misión evangelizadora y a la conversión pastoral de las comunidades cristianas? 

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Mundo

El Parlamento europeo ahonda en el diseño adictivo de plataformas en línea

Un informe del Servicio de Estudios del Parlamento europeo incide de nuevo en el diseño adictivo de plataformas como Tik Tok. Las autoras, Mar Negreiro y Öykü Dilara Anaç, analizan las conclusiones preliminares de la Comisión Europea sobre el incumplimiento de la Ley de Servicios Digitales (DSA), y la futura regulación.

Francisco Otamendi·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El estudio analiza las conclusiones preliminares de la Comisión Europea contra TikTok, de las que informó Omnes en febrero, el caso estadounidense contra Meta y YouTube; el fundamento jurídico del Reglamento de Servicios Digitales (DSA); el concepto de addictive design; y la relación entre algoritmos, patrones oscuros (dark patterns) y protección de menores, y está fechado en mayo.

Una de las tesis principales de Mar Negreiro, jurista española especializada en Derecho digital y protección de consumidores, y su colaboradora, es que el problema jurídico no reside únicamente en los contenidos difundidos por las plataformas, sino en la propia arquitectura del servicio, diseñada para maximizar el tiempo de permanencia del usuario mediante mecanismos conductuales.

Riesgo para la salud mental

“The Commission preliminarily finds that TikTok needs to change the basic design of its service” (“La Comisión considera, con carácter preliminar, que TikTok debe modificar el diseño básico de su servicio”). El análisis de esta afirmación resume en buena parte la aportación del informe. 

El problema jurídico ya no reside únicamente en los contenidos ilícitos o en el tratamiento de datos personales, sino también en el propio diseño de las plataformas digitales, cuando éste favorece conductas adictivas y pone en riesgo la salud mental, especialmente de menores y personas vulnerables.

El texto analiza un cambio de paradigma en la regulación de las grandes plataformas digitales. Hasta hace pocos años, la actuación de las autoridades se centraba en la retirada de contenidos ilegales, la protección de datos o las prácticas anticompetitivas. 

Maximizar el tiempo de permanencia

Sin embargo, las investigaciones más recientes demuestran que el diseño de determinadas aplicaciones puede generar patrones de uso compulsivo que afectan al bienestar psicológico de los usuarios. Según la autora, las plataformas basan su modelo de negocio en maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios para incrementar los ingresos publicitarios. Para ello emplean mecanismos que estimulan la liberación de dopamina mediante recompensas constantes y personalizadas, favoreciendo un uso repetitivo y prolongado.

En este contexto se sitúan las conclusiones preliminares de la Comisión Europea sobre TikTok, publicadas en febrero de 2026. La Comisión considera, tras una investigación todavía en curso, que determinadas funcionalidades de la plataforma —como el desplazamiento infinito (infinite scroll), la reproducción automática de vídeos (autoplay), las notificaciones continuas (push notifications) y los sistemas de recomendación altamente personalizados— generan riesgos sistémicos para la salud mental de menores y adultos vulnerables. 

Indicadores objetivos de uso compulsivo

Asimismo, reprocha a la empresa no haber tenido suficientemente en cuenta indicadores objetivos de uso compulsivo, como el tiempo que los menores permanecen conectados durante la noche o la frecuencia con la que abren la aplicación. Si estas conclusiones se confirman definitivamente, TikTok podría enfrentarse a importantes sanciones económicas y, sobre todo, verse obligada a modificar aspectos esenciales de la arquitectura de su servicio.

El informe pone de relieve que esta actuación de la Comisión encuentra su fundamento jurídico en el Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act o DSA). Aunque el Reglamento no utiliza expresamente la expresión addictive design, sí proporciona herramientas suficientes para actuar frente a estos riesgos. 

Reunión entre Yann LeCun (AMI Labs), y Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, en Vivatech, París, el 17 de junio de 2026 (Nicolas Kovarik / European Union, 2026 / EC – Audiovisual Service, Wikimedia commons).

Obligaciones legales, evaluar riesgos, protección de menores

En particular, el artículo 34 obliga a las plataformas de muy gran tamaño a identificar y evaluar los riesgos sistémicos que puedan afectar a la salud pública, al bienestar físico y mental de los usuarios y a la protección de los menores. Por su parte, el artículo 35 exige la adopción de medidas eficaces para reducir dichos riesgos. 

Además, el artículo 25 prohíbe los diseños manipulativos de las interfaces digitales, conocidos como dark patterns, que alteran o limitan la capacidad de los usuarios para adoptar decisiones libres e informadas. Finalmente, el artículo 28 establece obligaciones específicas de protección de los menores en el entorno digital.

Fomento de hábitos difíciles de controlar, vulnerabilidad 

La autora explica que el concepto de addictive design hace referencia a decisiones deliberadas de diseño destinadas a maximizar el compromiso del usuario con la plataforma mediante técnicas psicológicas que fomentan hábitos difíciles de controlar. No se trata únicamente de captar la atención, sino de crear dinámicas de interacción continuada que incentivan el consumo permanente de contenidos. 

Esta cuestión resulta especialmente preocupante en adolescentes, cuyo desarrollo cognitivo y emocional los hace más vulnerables a este tipo de estrategias persuasivas. Diversos estudios citados en el informe relacionan el uso excesivo de las redes sociales con mayores niveles de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, disminución de la capacidad de atención y menor control de los impulsos.

Caso estadounidense

El informe establece asimismo un interesante paralelismo con la evolución del derecho estadounidense. En marzo de 2026, un jurado de Estados Unidos declaró responsables a Meta y YouTube por el carácter adictivo del diseño de sus plataformas. Aunque la indemnización económica fue relativamente reducida, el valor jurídico de la decisión radica en que constituye el primer precedente en el que un tribunal considera negligente el diseño mismo de una red social. 

Según la autora, esta resolución puede incentivar cambios en la configuración de las plataformas para evitar futuras responsabilidades judiciales tanto en Estados Unidos como en otros ordenamientos.

‘Patrones oscuros’ dificultan abandonar la aplicación

Otro de los aspectos más relevantes del análisis es la estrecha relación entre los algoritmos de recomendación, los dark patterns y la protección de los menores. 

Los algoritmos seleccionan contenidos altamente personalizados para mantener el interés del usuario durante el mayor tiempo posible, mientras que los patrones oscuros dificultan abandonar la aplicación o interrumpir el consumo continuo de contenidos. La combinación de ambas técnicas incrementa significativamente el riesgo de comportamientos compulsivos. 

Por ello, Negreiro sostiene que la protección efectiva de los menores no puede descansar exclusivamente en restricciones de edad o en mecanismos de control parental, ya que estas soluciones desplazan la responsabilidad hacia las familias sin corregir el problema estructural: un diseño empresarial concebido para maximizar la permanencia de los usuarios.

Futura regulación: en qué consiste “un diseño aceptable”

Finalmente, el informe concluye que la futura regulación europea deberá avanzar hacia un modelo de “fairness by design” (equidad desde el diseño), en el que la protección de los consumidores y, especialmente, de los menores, quede incorporada desde el propio diseño tecnológico de las plataformas. 

En este sentido, el futuro Digital Fairness Act podría reforzar las obligaciones ya previstas en el DSA e imponer límites más estrictos a las funcionalidades manipulativas. 

Como resume la jurista, “el reto de esta investigación es evaluar qué constituye un diseño aceptable”. Una cuestión que trasciende el ámbito tecnológico y plantea un debate de fondo sobre la compatibilidad entre los actuales modelos de negocio de las grandes plataformas digitales y la protección efectiva de los derechos fundamentales de los usuarios más vulnerables.

El Parlamento europeo, activo en este asunto

El Parlamento Europeo se ha mostrado activo en esta cuestión. En una resolución de diciembre de 2023 sobre el diseño adictivo de los servicios on line, pidió que se pusiera fin a los “patrones oscuros” y a las lagunas en la protección de los consumidores en Internet. 

La cuestión también se ha abordado más recientemente en el informe de iniciativa propia de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor (IMCO) sobre la protección de los menores en Internet y en otro informe sobre el impacto de las redes sociales y el entorno en línea en los jóvenes que está elaborando la Comisión de Cultura y Educación.

El autorFrancisco Otamendi

FirmasAntonio Ruiz Valverde

Amigos, no proyectos

En tiempos de polarización necesitamos aprender a hablar de lo que importa sin perder a los amigos e interlocutores.

6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

La conversación comenzó de forma inofensiva: un comentario sobre los hijos, otro sobre lo difícil que resulta conciliar o lo cara que está la vida. Cuando alguien mencionó a una familia de siete hijos y a una madre que afrontaba su quinta cesárea, las opiniones se encendieron:

—Eso ya es una irresponsabilidad.

—Hay que pensar también en los hijos, no se trata solo de tenerlos.

Nadie hablaba con crueldad. Éramos amigos razonables, preocupados por la salud de aquella mujer y por las dificultades de sacar adelante una familia tan grande. Yo, padre de varias hijas, escuchaba en silencio. Sabía lo que es reorganizar los gastos, encajar horarios imposibles y llegar al final del día con la sensación de no haber atendido bien a nadie. Pero también sabía que mis hijas no son un obstáculo para vivir; son una parte esencial de mi vida.

Pensé en intervenir. Podía explicar que una familia numerosa no nace de la inconsciencia, que muchas decisiones incomprensibles desde fuera se toman con libertad y generosidad, y que no todo sacrificio empobrece: algunas renuncias ensanchan la existencia mucho más de lo que la reducen. Pero también sabía que cualquier respuesta podía sonar defensiva o moralmente superior. Dudé: ¿hablar o callar?

El peligro del respeto que distancia

Esta cuestión sería la misma si habláramos de matrimonio, de dinero, de sexualidad, del éxito, del sufrimiento o de Dios. En muchas amistades hay un respeto sincero hacia la fe del otro, siempre que no pretenda iluminar la vida ajena. Nuestra época valora ese respeto; protege la libertad y evita que la diferencia se convierta en agresión. Pero no siempre implica escucha. A veces respetamos al otro manteniéndolo a distancia: aceptamos que viva como quiera, pero evitamos preguntarle por las razones de su vida. Se oye mucho el “yo respeto que tú pienses así”, que parece civilizado, pero puede encerrar un pacto tácito: tú puedes pensar así, siempre que no esperes que yo escuche demasiado.

Cuando la fe habla del matrimonio, del perdón, del sufrimiento, de la sexualidad o del dinero deja de parecer una experiencia privada y empieza a formular una propuesta sobre la vida. Y ahí muchas conversaciones se vuelven incómodas. Incluso los creyentes nos adaptamos a ese acuerdo tácito: hablamos de trabajo, de hijos o de política, pero escondemos nuestras razones por miedo a que cambie la percepción que los demás tienen de nosotros. ¿Nos respetan por lo que somos o nos respetan mientras una parte de nosotros permanezca en silencio? ¿No renunciamos a veces a hablar, convencidos de antemano de que no merece la pena?

Hablar de lo que consideramos verdadero en una amistad exige prudencia. Confundimos sinceridad con espontaneidad y creemos que ser honestos consiste en decir inmediatamente lo que pensamos sin medir el efecto que producirá. Pero una verdad dicha sin prudencia puede herir y cerrar al otro. Y por miedo a incomodar reducimos nuestras convicciones a opiniones: “a mí me ayuda”, “es mi manera de verlo”, “cada uno tiene su verdad”.

Entre imponer y diluir hay un camino exigente: ofrecer la verdad como algo recibido y vivido. Por eso no es lo mismo decir “tener tantos hijos es una irresponsabilidad” que responder: “comprendo que desde fuera pueda parecer difícil; nosotros también dudamos y nos cansamos, pero nunca hemos sentido que nuestros hijos nos impiden ser felices”. La segunda respuesta no convierte la experiencia en norma universal, pero tampoco se avergüenza de ella ni juzga al otro. A veces la verdad entra como pregunta o confidencia. Puede bastar con: “¿qué te lleva a verlo así?” o “¿has vivido algo que te influya?”. Escuchar no es renunciar a la verdad, sino reconocer que la experiencia del otro merece ser comprendida antes de ofrecer la propia.

La verdad necesita el hogar de la amistad

Hay silencios necesarios. Un amigo puede no estar preparado o estar herido, y callar entonces es un acto de amor. Pero hay silencios que nacen del miedo a parecer anticuados o a dejar de agradar. La prudencia discierne cuándo hablar; el miedo procura no hacerlo nunca. La tarea del cristiano no es fabricar resultados, sino estar disponible para decir una palabra verdadera cuando la amistad y la ocasión lo reclaman, ni antes por impaciencia ni después por cobardía.

La verdad necesita amistad. No basta con que una afirmación sea verdadera: para ser acogida debe encontrar un lugar en la relación. La amistad no modifica la verdad, pero transforma la manera de comunicarla. Permite conocer las heridas y resistencias del otro. Evita que respondamos a frases aisladas y nos ayuda a mirar a la persona que las pronuncia. Detrás de una opinión sobre la maternidad puede haber miedo; detrás de una crítica a la Iglesia, una herida. Escuchar con atención exige tiempo y paciencia. Y acompañar no significa dirigir el proceso interior del otro ni calcular el rendimiento espiritual de nuestra presencia: significa aceptar que la persona puede avanzar, detenerse o retroceder; formular preguntas que no sabemos responder; y reconocer que también nosotros tenemos mucho que aprender y corregir.

Si el cónyuge no comparte nuestra visión, la coherencia deja de ser una lógica individual. No se trata de demostrar quién es más coherente, sino de amar y escuchar sin renunciar a la propia conciencia; de reconocer que la persona a la que prometimos amar no es un territorio que conquistar, sino alguien con quien caminar incluso a ritmos distintos.

La salud, el descanso, la estabilidad económica o el éxito profesional son bienes reales, y disfrutarlos no es en sí sospechoso. El problema surge cuando se convierten en fines últimos. Dos personas pueden seguir la misma dieta o trabajar para asegurar el futuro de sus hijos; una puede orientar esos bienes hacia la generosidad y la otra hacia el control. Incluso la familia puede convertirse en motivo de orgullo. La vida cristiana no se mide por el número de renuncias visibles, sino por el amor con que se viven. Amar significa aceptar que la presencia del otro alterará nuestros planes; ser amigo implica estar disponible también cuando la relación deja de ser cómoda; y creer en Dios es aceptar que la vida no se organiza solo desde el deseo de conservar el control.

Acompañar sin buscar resultados

El deseo de que un amigo conozca a Dios puede deformarse si convertimos la relación en una tarea pendiente. Podemos acabar midiendo la amistad por sus resultados: si vuelve a misa, si acepta una invitación, si se muestra receptivo. La libertad del otro no es un obstáculo para el apostolado, sino parte esencial de él. Acompañamos porque queremos al otro, no porque esperamos verlo llegar a un destino que hemos fijado. La pregunta exigente es si seguiríamos queriendo a esa persona si nunca cambiara de opinión ni compartiera nuestra manera de entender la libertad o la felicidad. Amar cristianamente no consiste en dejar de desear su bien, sino en quererlo sin poseerlo; en ofrecer sin forzar; en hablar sin manipular. El amigo no es un proyecto.

Mientras escuchaba a mis amigos comprendí que el silencio podía sugerir que medir la vida familiar solo desde el cansancio, el dinero o la pérdida de libertad no me afectaba. Intervine:

—Entiendo lo que decís —comencé—. Desde fuera puede parecer difícil. Nosotros hemos renunciado a muchas cosas y a veces llegamos mal a todo, pero nunca hemos sentido que nuestras hijas nos impiden vivir; son una parte esencial de nuestra vida.

No hubo reacciones espectaculares. Uno bajó la mirada; otro matizó que no hablaba de todos los casos. La conversación continuó. No se produjo ninguna transformación visible, pero algo había cambiado. No necesariamente en ellos, sino en la relación. Durante unos segundos, la amistad dejó de apoyarse únicamente en la cordialidad y tuvo que soportar una diferencia real. Tal vez una amistad profunda no se mida por la ausencia de desacuerdos, sino por la capacidad de atravesarlos sin dejar de reconocerse como amigos.

Decir la verdad puede incomodar. Escucharla también. Pero la incomodidad no siempre es una amenaza: a veces indica que la conversación ha abandonado la superficie y ha alcanzado algo importante. El apostolado de amistad comienza en el respeto, pero no se reduce a una convivencia cordial en la que cada uno guarda sus convicciones en un espacio privado e inaccesible. Compartir la vida incluye hablar de lo que la sostiene. Para un cristiano, Dios no es una afición reservada a ciertos momentos, sino la fuente desde la que trata de comprender la familia, el trabajo, el sufrimiento, el descanso y la felicidad. Excluir siempre esa dimensión de la conversación deja fuera algo esencial.

Compartir esa fuente no significa convertir al amigo en destinatario de una estrategia. No se trata de contar sus avances ni de contabilizar decisiones visibles. El amigo es una persona libre con un camino que pertenece, en último término, a Dios. Por eso el apostolado de amistad exige una doble fidelidad: fidelidad a la verdad, para no esconderla por miedo a incomodar, y fidelidad al amigo, para no usarla como un arma o una presión.

No hay fórmulas infalibles para saber cuándo hablar, cuándo callar o cuándo esperar; la prudencia nace del conocimiento del otro, de la oración y de la humildad de reconocer los propios errores. Evangelizar no consiste en vencer una discusión sobre la familia, el dinero, la sexualidad o el sacrificio; consiste en mostrar que la vida alcanza una plenitud mayor cuando los bienes recibidos no terminan en uno mismo. Tal vez el apostolado de amistad empiece justamente ahí: cuando dejamos de elegir entre la verdad y el amigo y aprendemos a cuidar a ambos al mismo tiempo.

El autorAntonio Ruiz Valverde

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Recursos

¿Cuál es el papel de los padrinos de Confirmación?

Ser padrino de confirmación no es solo un rol afectivo: es un rol con la Iglesia. Tu función concreta es presentar a tu ahijado ante el obispo, que es la cabeza de la comunidad, para que se integre plenamente a ese pueblo.

Claus Erik Jacob·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El momento en que te piden ser padrino de Confirmación suele acompañarse de una cierta sorpresa, un poco de orgullo, tal vez, pero también —y esto es lo más revelador— de una cierta tensión a la hora de hacer la pregunta. No es fácil pedirlo y, cuando te lo proponen, se siente perfectamente esa especie de vergüenza. ¿Pero por qué ocurre esto? Ocurre porque esa persona te acaba de revelar un aspecto muy privado de su mente: la confesión de que te guarda una gran admiración.

Por eso surgen, al mismo tiempo, la sorpresa, el orgullo y la tensión. El darte cuenta de que alguien te considera de forma particular entre todos los demás te recuerda que eres bueno y que vales la pena, pues te están encargando la responsabilidad de velar por su alma y por sus deseos de salvación.

Un compromiso real

En esos primeros momentos, se corre el peligro de que tú, como padrino recién elegido, te quedes solo con ese sano orgullo. Por eso, tomando esto en cuenta, he querido tomarme el tiempo para dar mi opinión sobre la verdadera grandeza de este rol. Mi propuesta es que el orgullo de ser padrino no proviene del mero elogio social, sino que echa sus raíces en la profunda responsabilidad que esa elección implica.

Ser padrino no es solo un rol afectivo: es un rol con la Iglesia. Tu función concreta es presentar a tu ahijado ante el obispo, que es la cabeza de la comunidad, para que se integre plenamente a ese pueblo. En el fondo, estás introduciendo a alguien a una vida que tú mismo estás viviendo. Y ahí está la pregunta que realmente vale la pena hacerse antes de aceptar: ¿Me interesa a mí vivir con Cristo y ser parte activa de su Iglesia? No se trata de ser perfecto —porque nadie lo es—, sino de que eso te importe genuinamente. Al fin y al cabo, no puedes introducir a alguien a una casa en la que tú mismo no entras.

La analogía del rugby

Como todo esto puede sonar un poco esquemático y tal vez no se entienda del todo bien, voy a intentar explicar la dinámica propia del padrino mediante una analogía.

Hace un tiempo, me tocó ver a dos grupos de hermanos jugar, por primera vez lado a lado, un partido de rugby. Vale la pena explicar el contexto: en el colegio donde trabajo existe un club de rugby al que los alumnos pueden unirse una vez que egresan; es decir, es un club de exalumnos. Es así como, con el tiempo, hermanos de distintas generaciones del colegio terminan jugando juntos en el mismo equipo.

La escena era de por sí sorprendente. Ver materializado el orgullo que se sentía por el hermano menor que empezaba a participar junto a ellos producía un gusto genuino. Más que nada porque ese orgullo no solo traducía el cariño que uno le podía tener al otro, sino —y esto es lo más interesante— el hecho de que ahora el menor va a poder participar de algo que a ese hermano grande lo ha hecho muy feliz. Ser parte de ese equipo de rugby no es solo hacer deporte, sino participar de una comunidad de gente que busca lo mismo que tú. Así, el hermano chico entra a participar de una comunidad dentro de la cual el hermano mayor ya tiene un rol y es valorado.

El proceso de integración

Si uno se fija en la dinámica interna de los hermanos, van surgiendo ciertos roles naturales. De partida, es muy probable que ese hermano menor haya empezado a jugar al rugby porque el mayor lo hacía. Por lo tanto, hay una primera invitación. Sin embargo, en la medida en que los dos van jugando, el hermano grande le habrá enseñado cosas, dándole esos «tips» que el tiempo le enseñó a él y, entretanto, le habrá cultivado el gusto por el juego.

Además, sin que el hermano pequeño lo sepa, quien lo invita a participar probablemente hablará bien de él al entrenador y a los otros miembros del equipo para que lo acepten y lo acojan. En la medida en que esto avanza, los mundos de los hermanos empezarán a encajar: sus amigos ya saben «hermano de quién es» y celebran, justamente, esa vinculación. Y cuando el hermano chico por fin entra a jugar codo a codo con el mayor en el mismo club, se toma como una realización natural del proyecto que venía incoándose desde atrás. Es simplemente la plenitud de un proceso. El momento en que se acompañan al primer partido juntos viene a «sacramentalizar» una relación que se gestaba desde hace años.

Sin embargo, esto no queda aquí. Ahora que el hermano menor ya es parte del club, los consejos que siguen van en otra línea. El hermano grande le enseñará las dinámicas internas del equipo. Las correcciones y los consejos se plantearán en otro tono, porque ahora se encuentran en una relación de igual a igual. Se defenderán mutuamente, hablarán bien el uno del otro ante el entrenador y se preocuparán de que estén contentos viviendo el rugby juntos en el club.

De la cancha a la Confirmación

En la Confirmación se encuentran exactamente estas mismas dinámicas. No se elige al padrino simplemente porque se llevan bien, ni por cumplir un deber social. Te eligen porque ven en ti a un buen cristiano que ha movido al otro a vivir de un modo más alto. Te están pidiendo que se complete lo que se vivía solo como un proyecto: que lo presentes a la plenitud de la vida cristiana para que ese joven pueda participar totalmente de los tesoros de la Iglesia.

Se espera que el padrino sepa guiar y corregir al ahijado con el mismo espíritu con el que el hermano rugbista lo hace con su hermano menor: porque le encanta su club y desea que su hermano sea el mejor. En nuestro paralelo, «hablar con el entrenador» es rezar por él ; es decir, hablarle a Dios sobre tu ahijado para pedirle que le preste atención y lo ayude a ser mejor. También lo llevará a participar de la vida de la Iglesia —tal vez con una obra de misericordia o una romería—, pero siempre con el espíritu de quien invita a una alegría que él mismo está gozando. Así como el hermano lleva orgullosamente al otro a su club de rugby, el padrino debe conducir orgullosamente a su ahijado a la plenitud de la Iglesia.

Una oportunidad para renovar la propia fe

Por todo esto, ser padrino trae consigo una nueva reflexión sobre la propia vocación cristiana que implica madurez. Se trata de una nueva oportunidad para recomenzar con tu propia vida cristiana.

Ese orgullo de ser elegido debe llegar a su plenitud con un rol bien llevado. Esto consiste, sencillamente, en querer ser santo, aprovechar los dones que ya tienes —y que tu ahijado va a recibir—, querer profundamente al ahijado (pero quererlo santo) y no dejar nunca de rezar por él.

El autorClaus Erik Jacob

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Vaticano

Jesús no deja nunca solos ante lo que nos abate, alienta el Papa

¿Cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz?, se ha preguntado el Papa este domingo en el Ángelus. Su respuesta: “Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero (..), sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate”. León XIV ha vuelto a rezar por las víctimas de los terremotos en Venezuela.

Redacción Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha elogiado en este último Ángelus en el Plaza de San Pedro antes de su descanso veraniego en Castel Gandolfo, la humildad y la sencillez, al hilo del Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 11, 25-30), que nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, “Señor del cielo y de la tierra”.

Además, se ha preguntado ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz (cf. v. 30)? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella”.

La sabiduría que Él nos dona es, pues, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída, ha comentado.

Seguir a Cristo, “una escuela de libertad”

Siguiendo a Cristo, nuestro camino no es una ascética que mortifica, ha subrayado el Pontífice. “Es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención”.

Cristo es liberación, esperanza, perdón

“En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos”, ha dicho el Papa ante cerca de 20.000 fieles y peregrinos en la plaza de San Pedro, un día después de volver de Lampedusa.

“Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”, ha proseguido, antes de la oración mariana del Ángelus,

La verdadera sabiduría. Enseñanza de Jesús a quienes pasan más dificultad

Al comienzo de su alocución, el Santo Padre ha comentado la alabanza de Jesús. “La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse “a los pequeños”, mientras permanece oculto ‘a los sabios y entendidos’”.

“Estos, en efecto, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia”..

La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, ha subrayado el Sucesor de Pedro, “en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: “Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas” (v. 28), dice el Señor”. 

Acudir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, tal y como Él mismo nos explicó: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga” (Mt 16,24)”, ha señalado. 

La entrega de sí mismo por amor, síntesis de la enseñanza de Jesús

Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús (cf. Mt 11,29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos.

Queridos amigos, mientras damos gracias al Señor por esta muestra de confianza llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero, ha concluido el Papa.

Oración por las víctimas y todos los venezolanos

Tras el rezo del Ángelus, León XIV ha abierto su corazón para manifestar que “recuerdo siempre en mis oraciones a las víctimas del terremoto y a todo el pueblo venezolano: que el Señor lo sostenga en este momento tan difícil”.

Beatificación de un sacerdote vietnamita

El Papa ha informado también que el jueves pasado, en el Santuario de Tac Say en Vietnam, fue beatificado el sacerdote Francesco Saverio Tru’o’ng Bǚu, asesinado en 1946 por odio a la fe. 

“En un contexto de abuso de poder y de violencia, se hizo defensor de los derechos de la gente y no abandonó a sus feligreses”, ha manifestado León XIV.

“Que su intercesión y oración sostengan a los servidores del Evangelio que, incluso hoy, se encuentran en situaciones de persecución”, ha concluido.

El autorRedacción Omnes

Vaticano

En el Día de la Independencia de Estados Unidos, el Papa León XIV rinde homenaje a los migrantes en Lampedusa

La visita del Papa León XIV a Lampedusa puso el foco en el drama migratorio del Mediterráneo, reivindicando la dignidad de las víctimas y llamando a Europa y a la comunidad internacional a responder con solidaridad y responsabilidad.

OSV / Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Durante más de 30 años, el Dr. Pietro Bartolo ha examinado a más de 350.000 personas y ha realizado autopsias a quienes fallecieron durante la travesía hacia Lampedusa, lugar al que llegaron por primera vez los migrantes rescatados del Mediterráneo.

Una historia, dijo, se le ha quedado grabada.

Tras un naufragio cerca de Malta, un padre le contó a Bartolo cómo había intentado mantener a su familia con vida en el agua. Mientras nadaba, sostenía a su hijo menor contra el pecho, a su esposa con una mano y a su hijo de tres años con la otra. Al darse cuenta de que ya no tenía fuerzas para salvar a todos, soltó a su hijo mayor.

«Si hubiera aguantado un minuto más, mi hijo todavía estaría aquí», recordó Bartolo que le dijo el padre. Los equipos de rescate llegaron momentos después.

«Entiendan», dijo Bartolo en una entrevista con Catholic News Service el 3 de junio, «lo terrible que es que un padre tenga que elegir a qué hijo dejar ir».

Según él, historias como esta explican por qué el Papa León XIV visitó Lampedusa.

Lampedusa, símbolo de solidaridad

Para Bartolo, quien pasó décadas como médico de Lampedusa y exmiembro del Parlamento Europeo, estas tragedias humanas explican por qué el Papa León eligió esta pequeña isla mediterránea para una de las visitas más importantes de su pontificado.

«La gente pregunta por qué el Papa viene a Lampedusa», dijo Bartolo a CNS. «Porque este es el símbolo de la solidaridad».

Cuando el primer papa estadounidense conmemoró el 4 de julio el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, no lo hizo para celebrar su patria, sino en un punto de entrada de migrantes europeos, orando por los migrantes enterrados en el cementerio de la isla, reuniéndose con los supervivientes y celebrando misa en un lugar donde decenas de miles de personas huyen de la guerra, la persecución y la pobreza.

Antes de pronunciar un solo discurso público, el Papa León XIII depositó flores en las tumbas de los migrantes que fallecieron intentando cruzar el Mediterráneo. Se reunió con una familia de migrantes en el monumento «Puerta de Europa», bendijo una placa que nombra el muelle Favaloro en honor al Papa Francisco y, posteriormente, celebró una misa bajo una imagen de Nuestra Señora del Puerto Seguro.

La visita evocó deliberadamente el primer viaje del Papa Francisco fuera de Roma en 2013, cuando visitó Lampedusa para denunciar lo que él denominó la «globalización de la indiferencia».

Compasión y responsabilidad

«Agradezco al Señor la oportunidad de visitarlos, siguiendo los pasos del Papa Francisco», dijo el Papa León XIII en su homilía en el campo deportivo Arena, en el distrito de Salina, en Lampedusa.

Pero si bien reiteró el énfasis que sus predecesores pusieron en los migrantes, el Papa León le dio al mensaje su propio énfasis teológico.

Reflexionando sobre la parábola del Buen Samaritano, dijo que Lampedusa hoy se encuentra «en un camino tan peligroso como el que bajaba de Jerusalén a Jericó».

«Quienes han perdido la vida en este mar son víctimas tanto de decisiones que se tomaron como de decisiones que no se tomaron», dijo.

El Papa elogió a los pescadores, voluntarios, rescatistas, autoridades civiles y residentes comunes de la isla que han acogido a migrantes durante años, agradeciéndoles por demostrar «el milagro de la compasión».

«No hay amor a Dios sin amor al prójimo», dijo, «y no hay prójimo si no me acerco a él».

«La indiferencia hacia el bien común y la corrupción en sus países generan pobreza y exclusión», afirmó el Papa León XIII. Sin embargo, citando su primera encíclica, «Magnifica Humanitas», añadió: «Nadie está exento de responsabilidad».

El Papa León XIII también instó a Europa a ir más allá de las respuestas de emergencia, pidiendo políticas a largo plazo capaces de «recibir, proteger, apoyar e integrar a los migrantes», al tiempo que se ayuda a los países en desarrollo para que «nadie se vea obligado a emigrar».

Su mensaje trascendió las fronteras de Europa.

La migración, prioridad del pontificado

Además de su homilía del 4 de julio, el Papa León XIII publicó un mensaje con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos, en el que elogió los ideales fundacionales de la nación de libertad y libertad religiosa, al tiempo que recordó a los estadounidenses que los inmigrantes «han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».

«Defender la vida humana también incluye acoger, proteger y ayudar a los inmigrantes», escribió, calificando dicha acogida «no solo como un acto de caridad, sino también como un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana».

Para el primer papa estadounidense, la migración ha sido una prioridad como cuestión de dignidad humana. El papa León XIII aprovechó su visita al punto de entrada de migrantes para celebrar el Día de los Inmigrantes en Estados Unidos, afirmando que los inmigrantes «han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».

«Recibirlos con compasión y generosidad no es solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana.»

El Papa León XIII afirmó que el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia no es solo una invitación a celebrar, sino también a reflexionar sobre las responsabilidades que los hijos e hijas de este país tienen los unos con los otros.

Ese mensaje resuena profundamente en Lampedusa.

Las cifras y los rostros de la tragedia

Según el informe anual de Mediterranean Hope sobre el Observatorio de Migraciones de Lampedusa, cerca de 40.000 migrantes llegaron a la isla en 2025, de los cuales más del 80% partieron de Libia. El observatorio documentó al menos 1.314 muertes a lo largo de la ruta del Mediterráneo central durante ese año, si bien señaló que es probable que la cifra real sea mayor, ya que muchos naufragios no se registran. 

Para Bartolo, sin embargo, las estadísticas solo cuentan una parte de la historia. El médico jubilado afirmó que realizar autopsias a niños y familias ahogadas «cambió mi vida por completo». Ahora, el doctor dedica su tiempo a viajar por Europa dando charlas en escuelas y universidades sobre lo que presenció durante sus años en el punto de entrada de migrantes.

Recordar a los muertos se ha convertido también en la labor de toda la vida de Tareke Brhane, un refugiado eritreo que cruzó el Mediterráneo antes de llegar a Italia en 2006.

Devolver un nombre a las víctimas

Tras sobrevivir a la travesía, Brhane fundó el Comité del 3 de Octubre a raíz del naufragio ocurrido en 2013 frente a las costas de Lampedusa, en el que perdieron la vida más de 360 ​​personas. La organización trabaja para identificar a quienes fallecen en el mar y devolver la identidad a las víctimas enterradas como migrantes desconocidos.

«La mayoría solo tiene números», dijo Brhane.

Según declaró a CNS, su comité ha ayudado a identificar aproximadamente 100 cadáveres y ha impulsado con éxito una campaña para que Italia establezca el 3 de octubre como día nacional de recuerdo para los migrantes que murieron intentando llegar a Europa. 

Para Brhane, la decisión del Papa León de comenzar su visita en el cementerio fue el gesto más significativo del día. Brhane ha dedicado su vida a identificar a los migrantes enterrados sin nombre. 

Históricamente, muchos cuerpos recuperados del Mediterráneo han sido enterrados únicamente con un número de caso, ya que las autoridades no podían identificarlos. El Comité del 3 de Octubre ha colaborado con expertos forenses, autoridades italianas y familiares de las víctimas para cambiar esta situación. Según declaró a CNS, existe una enorme diferencia entre las tumbas de los residentes y las tumbas sin identificar de los migrantes. 

«La gente hablará del puerto», dijo. «Pero el verdadero mensaje es que primero fue al cementerio a rezar por los que murieron».

Describió Lampedusa como «un lugar de sufrimiento y un lugar de esperanza».

Según explicó, muchos inmigrantes que posteriormente se convierten en ciudadanos británicos, suecos o neerlandeses regresan simplemente para pisar de nuevo la isla a la que llegaron vivos por primera vez.

«Dicen que aquí es donde volvimos a nacer», declaró Brhane a CNS. 

Con un mensaje similar, el alcalde Filippo Mannino le dijo al papa durante su visita que la isla es como un faro que «no juzga» y «no elige a quién iluminar», sino que permanece iluminado durante toda la noche para cualquiera que busque la costa.

«Nadie es demasiado pequeño para señalar el camino», dijo.

Un desafío para Europa y para el mundo

La visita se hizo eco del viaje apostólico que el Papa realizó en junio a España, donde dedicó algunas de sus declaraciones más contundentes sobre migración a las Islas Canarias, otra importante puerta de entrada para los migrantes que buscan llegar a Europa. Allí, instó a los europeos a no permitir que el turismo oculte el sufrimiento humano que se vive a lo largo de las rutas migratorias y animó a los visitantes a «tener el valor de pensar de forma diferente», afirmando que un descanso auténtico debería llevar a las personas a redescubrir el sentido de la vida y la solidaridad con los demás.

El Papa León repitió ese tema en Lampedusa, utilizando de nuevo la imagen del Buen Samaritano para argumentar que el discipulado cristiano requiere acercarse a los necesitados en lugar de «pasar de largo».

«Tengan el valor de pensar de manera diferente», exhortó el Papa a quienes veranean en la isla, animándolos a no ignorar el sufrimiento que se desarrolla en el mar circundante.

Desde este «rincón remoto de Europa», dijo, el desafío al que se enfrentan tanto Europa como el resto del mundo puede verse con una claridad inusual.

«Todo esto debe hacerse con vigilancia, garantizando el respeto a la dignidad de cada persona», dijo el Papa el 4 de julio. «Esta es una tarea no solo para las instituciones públicas, sino también para la sociedad civil en su conjunto y para la Iglesia».

El autorOSV / Omnes

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Cultura

Científicos católicos: Antonio Ulloa

Antonio Ulloa, nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa y fue pionero en la ciencia y exploración ilustrada

Ignacio del Villar y Alfonso V. Carrascosa·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Antonio Ulloa (12 de enero de 1716 – 5 de julio de 1795), nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa. Dos hermanas suyas fueron monjas y otro hermano fraile agustino. En cuanto a él, estudio en el Colegio de Santo Tomás, de los Padres Dominicos.

Muy joven ingresó en la armada española, y con solo dieciocho años fue nombrado teniente de navío. A esa edad emprendió junto a Jorge Juan la célebre expedición organizada por la Academia de Ciencias de París para medir el arco del meridiano en el ecuador, en lo que entonces era el virreinato del Perú. Tras completar las mediciones principales, Ulloa permaneció en Sudamérica durante más de una década, recopilando valiosos datos astronómicos, geográficos y naturales. Allí se convirtió en el primero en documentar científicamente el platino, metal que posteriormente introdujo en Europa, y parece que también fue el primero en observar las auroras australes.

Su prestigio como científico creció rápidamente: fue admitido en academias de ciencias de Londres, París, Berlín, Estocolmo y Bolonia. De regreso a España desempeñó cargos destacados en la Armada y en la administración científica, organizando el primer Gabinete de Historia Natural y de Metalurgia, germen del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales. También impulsó la modernización de la imprenta y la elaboración de mapas y cartas náuticas de gran precisión, fundamentales para la navegación española.

Ulloa siempre mostró una clara identidad como católico. Fue caballero de las órdenes de Santiago y Calatrava, y supo interpretar los hallazgos naturales en armonía con la fe. Así, por ejemplo, los fósiles marinos hallados en la cordillera de los Andes los entendió como parte de un proceso gradual de la historia natural compatible con la Biblia, en la misma línea que otros ilustrados católicos como el padre José Torrubia. La figura de Ulloa, clave dentro de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, representa la síntesis de marino, científico e ilustrado católico: un hombre que sirvió a su patria y contribuyó al progreso de la ciencia sin abandonar nunca su fe, convencido de que ambas búsquedas, la del conocimiento humano y la de Dios, se complementan mutuamente.

El autorIgnacio del Villar y Alfonso V. Carrascosa

Universidad Pública de Navarra y SCS-España / Científico del CSIC.

Ecología integral

La frontera entre trabajo y familia es difusa, alerta un informe de Pew

Los padres que trabajan consideran que la línea que separa el trabajo y la familia es difusa y no está bien definida. Además, la mitad de los padres que trabajan a tiempo completo (52%) afirman que su trabajo les dificulta ser buenos padres, según Pew Research. Conciliar es difícil, afirman muchos.

Redacción Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Rachel Minkin, Luona Lin, Dana Braga y Kiley Hurst

Para muchos padres estadounidenses que trabajan a tiempo completo, la línea que separa el trabajo de la familia no está bien definida, asegura un informe de Pew Reseach basado en una encuesta realizada entre el 2 y el 15 de marzo de 2026 a 2.242 padres y madres trabajadores estadounidenses.

 – El 70% afirma que se ocupa de las tareas relacionadas con la crianza de los hijos mientras trabaja.

– El 59% afirma que se ocupa de las tareas relacionadas con el trabajo cuando está con sus hijos.

– El 54% afirma que les resulta difícil conciliar sus responsabilidades laborales y familiares.

Carga especial sobre las madres

Los padres, especialmente las madres, suelen cargar con el peso mental que supone intentar equilibrar las necesidades de sus familias con las exigencias de su trabajo. Y con tantas obligaciones, no es de extrañar que a veces sientan que no pueden dar el 100% ni en casa ni en el trabajo.

Como comentó una madre en la encuesta sobre la dificultad de conciliar el trabajo y la familia: “Se supone que debo trabajar como si no tuviera hijos y ejercer la paternidad como si no tuviera trabajo”.

Para este proyecto, Pew ha encuestado a 2.242 padres y madres que trabajan entre el 2 y el 15 de marzo de 2026 para comprender cómo gestionan estas áreas de sus vidas. Lo que han manifestado invita a reflexión.

Las madres que trabajan a tiempo completo son más propensas que los padres a sentir que no pueden dar el 100 % ni en casa ni en el trabajo.

Conclusiones clave

Aproximadamente la mitad de los padres que trabajan a tiempo completo (52%) afirman que su trabajo les dificulta ser buenos padres. Por otro lado, el 45% dice que ser padre o madre les dificulta ascender profesionalmente.

En comparación con los padres, las madres trabajadoras asumen más responsabilidades en el hogar y les resulta más difícil encontrar un equilibrio. El 62 % de las madres que trabajan a tiempo completo afirman que les resulta difícil conciliar el trabajo y las responsabilidades familiares, frente al 47 % de los padres. 

En parejas heterosexuales donde ambos padres trabajan a tiempo completo, el 52 % afirma que la madre asume más tareas de crianza, mientras que un porcentaje menor indica que el padre hace más (10 %) o que estas tareas se comparten por igual (39 %). 

El acceso a beneficios laborales para los padres que trabajan varía según los ingresos.

Los padres que trabajan a tiempo completo y tienen menores ingresos familiares son, sistemáticamente, los que menos probabilidades tienen de afirmar que tienen acceso a beneficios como tiempo libre remunerado (PTO), permisos remunerados independientes del PTO y seguro médico a través del trabajo (entre los que no trabajan por cuenta propia). 

Este grupo también es el que más se preocupa por perder su salario —o su trabajo— si faltan al trabajo porque su hijo está enfermo o no se puede contratar un servicio de guardería.

Utilidad de trabajar desde casa cuando sea necesario 

La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo afirman que disponer de flexibilidad para trabajar desde casa cuando sea necesario les resultaría extremadamente o muy útil (entre aquellos que no son autónomos). Sin embargo, solo el 24 % de estos padres afirma tener mucha flexibilidad para teletrabajar. 

Quienes trabajan habitualmente desde casa ven algunas ventajas en esta modalidad, como poder asistir a las actividades de sus hijos cuando coinciden con el horario laboral. Aun así, no son más propensos que aquellos que trabajan desde casa con menos frecuencia a afirmar que les resulta fácil conciliar el trabajo con la vida familiar. Lea más sobre las experiencias de los padres que trabajan desde casa.

El cuidado infantil: los costes

En todos los niveles de ingresos, los padres afirman que el costo es el mayor obstáculo para encontrar cuidado infantil. Los padres de ingresos bajos y medios tienen más probabilidades que aquellos con mayores ingresos familiares de depender de familiares, amigos o vecinos para el cuidado de sus hijos. La mayoría de los padres de ingresos altos utilizan servicios de cuidado infantil pagados, como guarderías o preescolares. 

Este análisis se centra principalmente en las experiencias de los padres que trabajan a tiempo completo, quienes representan el 73 % de los padres estadounidenses con hijos menores de 18 años (incluidos el 89 % de los padres y el 59 % de las madres, según un análisis del Pew Research Center basado en datos de la Oficina del Censo de EE. UU.) para 2025. Lea más sobre las experiencias de los padres que trabajan a tiempo parcial y cómo han cambiado las modalidades de trabajo de los padres estadounidenses.

Compaginar el trabajo con la vida familiar afecta de forma diferente a las madres y a los padres.

“Mis responsabilidades laborales no tienen fin…”

Los padres que trabajan no siempre ven una clara separación entre su vida laboral y familiar. Como escribió un padre en la encuesta: “Siento que mis responsabilidades laborales no tienen fin, lo que me dificulta desconectar por la noche para centrarme en mi familia.”

Para la mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo, las tareas laborales se trasladan a casa y las de crianza terminan en el trabajo. 

Esta superposición es especialmente notable entre las madres. Aproximadamente ocho de cada diez madres que trabajan a tiempo completo (81%) afirman ocuparse de las tareas de crianza durante su jornada laboral al menos ocasionalmente. Esto incluye al 38% de las madres que dicen hacerlo con mucha frecuencia, casi el doble que los padres que afirman lo mismo (17%).

Sin embargo, muchos padres también sienten esta tensión. La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo afirman que se ocupan de las tareas de crianza mientras están en el trabajo (62%) y de las tareas laborales mientras están con sus hijos (57%), al menos en ocasiones.

Cuando el trabajo interfiere con la crianza de los hijos

La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo (60%) creen que pasan muy poco tiempo con sus hijos, y muchos más afirman que esto se debe a las obligaciones laborales más que a otros motivos.

Además, casi la mitad (47%) afirma que sus responsabilidades laborales les impiden, al menos en ocasiones, asistir a actividades en las que participan sus hijos, como conciertos escolares o eventos deportivos.

Las madres son particularmente propensas a decir que se sienten molestas cuando se pierden las actividades de sus hijos por motivos laborales: el 65% se siente extremadamente o muy molesta, en comparación con el 45% de los padres. Aun así, la mayoría de los padres afirma sentirse al menos algo molestos cuando esto sucede.

Muchas madres y padres se sienten muy o extremadamente tristes cuando se pierden las actividades de sus hijos por culpa del trabajo.

No tienen suficiente tiempo para pasatiempos, relaciones y autocuidado

Entre los padres y madres que trabajan a tiempo completo, aproximadamente la mitad o más afirman no tener suficiente tiempo para cosas como aficiones, ver a amigos, hacer ejercicio o relajarse.

Las madres son mucho más propensas que los padres a afirmar que no tienen suficiente tiempo para cada una de estas actividades. Por ejemplo, el 65 % de las madres dice no tener suficiente tiempo para hacer ejercicio, en comparación con el 52 % de los padres. De igual manera, las madres son más propensas que los padres a afirmar que no tienen suficiente tiempo para relajarse (67 % frente al 53 %).

Cómo comparten las tareas del hogar padres y madres que trabajan a tiempo completo

También encontramos diferencias en la forma en que las madres y los padres que trabajan a tiempo completo gestionan las tareas de crianza y las labores del hogar. (Este análisis se centra en familias con ambos padres empleados a tiempo completo, ya que es la situación laboral más común entre las parejas heterosexuales con hijos).

Entre los padres casados ​​o que conviven en este tipo de familia, el 52% afirma que la madre realiza más tareas de crianza que el padre, mientras que el 39% opina que ambos contribuyen por igual. Un porcentaje similar indica que la madre realiza la mayor parte de las tareas domésticas (43%) o que se reparten de forma equitativa (40%). Un porcentaje mucho menor afirma que el padre realiza más tareas de crianza o del hogar.

Puntos de vista diferentes

Las madres y los padres suelen tener puntos de vista muy diferentes sobre cómo se dividen las tareas de crianza y las labores del hogar. La mayoría de las madres afirman que ellas mismas se encargan de más responsabilidades que su cónyuge o pareja. Los padres, en cambio, tienden a decir que estas tareas se comparten por igual.

En lo que respecta al trabajo remunerado, porcentajes similares de padres en estas familias afirman que el padre trabaja más tiempo en un día típico (41%) o que ambos padres trabajan aproximadamente la misma cantidad de tiempo (39%). 

Alrededor de uno de cada cinco (21%) dice que la madre trabaja más tiempo. Pero incluso en familias donde la madre trabaja más tiempo que el padre, es mucho más probable que los padres digan que la madre realiza más tareas de crianza y del hogar que el padre.

Padres empleados a tiempo parcial: la mayoría, mujeres (79%)

Los padres que trabajan a tiempo parcial se distinguen por ciertas características. La mayoría son mujeres (79%). Además, la mayoría (58%) vive en hogares con bajos ingresos, mientras que el 33% tiene ingresos medios y el 6% ingresos altos.

La naturaleza de sus horarios laborales también difiere, ya que los padres que trabajan a tiempo parcial tienen más probabilidades que los que trabajan a tiempo completo de decir lo siguiente:

– Horario es impredecible (23% frente al 11% de los padres que trabajan a tiempo completo).

 – Mucha flexibilidad para elegir cuándo trabajan las horas requeridas (41% frente al 26%).

Iguales retos para padres que trabajan a tiempo completo y a tiempo parcial

Los padres que trabajan a tiempo parcial tienen menos probabilidades de acceder a beneficios laborales como seguro médico, vacaciones pagadas y otros permisos remunerados. Por ejemplo, el 37 % de los padres que trabajan a tiempo parcial tienen acceso a seguro médico a través de su trabajo, en comparación con el 87 % de los que trabajan a tiempo completo.

A pesar de sus diferentes modalidades de trabajo, los padres que trabajan a tiempo parcial se enfrentan a muchos de los mismos retos que quienes trabajan a tiempo completo. 

Un porcentaje similar de padres que trabajan a tiempo parcial (51 %) y a tiempo completo (54 %) afirma que les resulta difícil conciliar el trabajo y las responsabilidades familiares. 

Asimismo, porcentajes similares indican que, durante el último año, sintieron que no podían rendir al 100 % en el trabajo debido a la necesidad de compaginar ambas responsabilidades (42 % y 46 %, respectivamente).

Foto: Jessica Rockowitz/Unsplash.

El autorRedacción Omnes

Reverendo SOS

Tocar al Papa, tocar a Dios

El cariño hacia el sucesor de Pedro nace precisamente de lo que él representa. Queremos tocar al Papa porque nos acerca a Cristo.

José Gorgas·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Las imágenes de la reciente visita del Papa León XIV a España permanecerán mucho tiempo en nuestra memoria. Han sido días de fe compartida, y de alegría eclesial. Pero, entre tantos momentos vividos, hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: las ganas que tenía la gente de tocar al Papa.

No era curiosidad, ni afán de protagonismo. Había algo más profundo. Se percibía en los rostros de quienes aguardaban pacientemente tras las vallas y en la emoción de quienes conseguían rozar por un instante la mano del Santo Padre. Como si aquel contacto físico fuera la expresión visible de un cariño que llevaba tiempo esperando una ocasión para manifestarse.

Colaboradores de la ternura

Particularmente conmovedora fue la escena de los niños pequeños. Recordaba inevitablemente aquellas páginas del Evangelio en las que algunas madres llevaban a sus hijos hasta Jesús, para que les impusiera las manos y los bendijera. Durante estos días hemos visto a los miembros de seguridad recoger pequeños bebés para acercarlos al Papa.

Hay que reconocer el mérito de esos guardaespaldas. Acostumbrados a velar por la seguridad, supieron también convertirse en colaboradores de la ternura. Gracias a ellos, muchos padres pudieron vivir un momento que difícilmente olvidarán.

Resultaba igualmente hermoso contemplar cómo la multitud compartía aquel privilegio. Nadie parecía querer monopolizar el instante. Una mano tocaba al Papa y enseguida dejaba paso a otra. Había una delicadeza colectiva, una especie de acuerdo silencioso para que todos pudieran participar de aquel tesoro.

Los signos que el amor necesita

¿Por qué esa necesidad de tocar? Quizá porque los seres humanos necesitamos que el amor se haga visible. Necesitamos signos. El afecto busca expresarse a través de los sentidos. Tocamos aquello que amamos, y deseamos acercarnos físicamente a quienes representan algo grande para nosotros. Sin embargo, durante esta visita hubo otro contacto aún más profundo.

Los dos grandes momentos eucarísticos vividos en Madrid dejaron una impresión imborrable. En la vigilia con los jóvenes, el silencio de la adoración fue impresionante. Miles de personas reunidas y, sin embargo, una quietud tan intensa que parecía escucharse el paso de la gracia por las almas. Algo parecido ocurrió durante la celebrada en Cibeles. Después de la comunión llegó la acción de gracias. Entonces desaparecieron las voces, los cantos y el bullicio. Sólo se oía el canto de los pájaros. Aquella multitud inmensa permanecía en silencio ante una Presencia infinitamente mayor que la de cualquier personaje humano.

Una parábola de calor invisible

Tuve la oportunidad de distribuir la comunión aquel día. A los sacerdotes nos entregaron unos recipientes poco habituales. Eran unas semiesferas metálicas cubiertas por una tapa transparente de metacrilato que protegía las formas consagradas del viento.

La idea era buena, pero la organización no había previsto un detalle: el sol radiante de aquella mañana madrileña calentaba el metal hasta temperaturas sorprendentes. Muchos sacerdotes envolvían aquellos recipientes con la estola para protegerlos del calor. Las manos notaban perfectamente aquella temperatura creciente.

Mientras sostenía el copón, me vino un pensamiento inesperado. El calor que experimentábamos físicamente no era nada comparado con el calor invisible que el Cuerpo de Cristo transmite al alma. Aquella semiesfera ardiente se convirtió para mí en una pequeña parábola. Tocar a Dios siempre nos calienta por dentro.

La fe cristiana es, en cierto modo, la historia de un Dios que se deja tocar. Los contemporáneos de Jesús tocaron sus manos, sus vestidos y hasta las heridas de su cuerpo resucitado. Hoy seguimos pudiendo tocarlo sacramentalmente en la Eucaristía.

Por eso, al contemplar a tantas personas deseosas de tocar al Papa, pensé que aquel gesto escondía una verdad más profunda. El cariño hacia el sucesor de Pedro nace precisamente de lo que él representa. Queremos tocar al Papa porque nos acerca a Cristo. Nos emociona estrechar su mano porque vemos en ella la continuidad visible de la misión que el Señor confió a Pedro.

Pero el corazón del cristiano no puede detenerse ahí. Toda cercanía al Papa está llamada a conducirnos hacia una cercanía mayor. Toda emoción humana debe desembocar en el encuentro con Dios.

Miles de personas quisieron tocar al Papa durante estos días. Y fue hermoso verlo. Pero todavía es más hermoso recordar que, en cada comunión, es Dios quien nos toca a nosotros. Y cuando eso sucede, el alma alcanza la verdadera temperatura de la gracia.

El autorJosé Gorgas

Sacerdote