– Charlie Camosy, OSV News
Un área de estudio e investigación importante se sitúa ahora en el ámbito de la neurotecnología, estrechamente relacionado con la neurocirugía. Las interfaces cerebro-máquina tienen el potencial de ayudar a pacientes con situaciones debilitantes, como la cuadriplejia total, a recuperar una autonomía significativa.
La idea es que el cerebro está sano en este grupo de pacientes. La patología que sufren afecta a las conexiones del cerebro con el resto del cuerpo.
Hablamos de ello con Gabriel LeBeau, residente de segundo año en neurocirugía en el University of Kansas Medical Center, quien lleva tiempo pensando en la bioética del cerebro, y está interesado en las interfaces cerebro-máquina, la neurotecnología y la neurocirugía cerebrovascular.
Charlie Camosy: ¿Puedes contarnos un poco sobre tu camino católico y cómo te llevó a hacer una residencia en neurocirugía?
– Gabriel LeBeau: Nací y crecí católico, especialmente en el movimiento carismático católico. Mi familia era devota y estoy profundamente agradecido a mis padres por fomentar el don de la fe.
Crecí en Arizona, pero decidí estudiar la universidad en Benedictine College en Atchison, Kansas. Esta experiencia universitaria consolidó profundamente mi identidad católica y unió mi deseo de excelencia con la tradición intelectual y moral católica. Estudié filosofía, también estudié medicina y siempre me había sentido atraído por la ética biomédica.
A medida que avanzaba en mis estudios de filosofía, la psicología filosófica, las cuestiones del libre albedrío, la diferencia entre cerebro, mente y alma, dualidad mente-cuerpo, etc., fueron las que más me atraparon. Tuve la suerte de ser aceptado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kansas, y fueron estos intereses filosóficos los que me impulsaron a interesarme por especialidades relacionadas con el cerebro.
Mientras estudiaba medicina, tuve la suerte de ser mentorizado por un neurocirujano profundamente católico, el Dr. Paul Camarata. Me ayudó a fomentar y apoyar mis intereses en neurocirugía, así como mi identidad católica en ese ámbito. Su atención a los pacientes, su compromiso con la fe y la excelencia operativa me dieron la confianza para dedicarme a la neurocirugía como especialidad preferida.
¿Cómo defines la neurocirugía?
– La neurocirugía es una especialidad quirúrgica que se ocupa de patologías y emergencias que afectan al sistema nervioso central y periférico, es decir, el cerebro, la columna y los nervios. Los pacientes presentan síntomas que afectan su sentido de identidad, autonomía y muchos otros factores centrales en la condición humana. A menudo, estas patologías aparecen sin previo aviso y en el contexto de una emergencia, y pueden ser fatales o cambiar la vida sin intervención.
Creo que la tradición moral católica, guiada por las obras espirituales y corporales de misericordia, es esencial para mi formación y práctica futura como neurocirujano en el cuidado de estos pacientes y familias.
Las interfaces cerebro-ordenador, potencial de ayuda a pacientes
Gracias por unirte a nuestro equipo del Instituto de Estudios Católicos Avanzados de la Universidad del Sur de California. ¿Puedes compartir una idea relacionada con el cerebro que hayas tenido de nuestro tiempo juntos?
– Es difícil compartir solo una idea relacionada con el cerebro, porque ha habido muchas. Una que me viene a la mente está especialmente relacionada con las interfaces cerebro-ordenador. El grupo en cuestión está estudiando la filosofía (o movimiento) del transhumanismo y su impacto en múltiples ámbitos.
Un área de impacto sería en el ámbito de la neurotecnología, que está estrechamente relacionado con la neurocirugía. Las interfaces cerebro-máquina tienen el potencial de ayudar a pacientes a recuperar autonomía.
A través de una interfaz cerebro-máquina, un dispositivo puede implantarse en el cerebro, que a su vez recogería y sintetizaría datos neuronales en un ordenador para producir una salida accionable, como mover un brazo robótico o tener autonomía sobre las acciones de un ordenador u otro dispositivo.
Existen muchos modelos de esto con éxito temprano, como pacientes que recuperan la propiedad de sus negocios, operan prótesis y muchos otros desarrollos emocionantes.
Una situación que antes era intratable ahora entra en el ámbito de la intervención neuroquirúrgica. Industrias destacadas que se dedican a este sector son Neiuralink y Synchron.
Estas innovaciones pueden utilizarse para muchos objetivos.
– Como ocurre con muchas tecnologías, esta innovación puede utilizarse para muchos fines. En los modelos actuales, las interfaces cerebro-ordenador están destinadas a restaurar la autonomía del paciente y a mejorar la calidad de vida en lo que antes se consideraba una condición intratable.
Sin embargo, estos mismos dispositivos, con la misma tecnología, podrían usarse con una mentalidad ‘transhumanista’, con el fin de implantar estos dispositivos en un paciente sano con la intención de mejorarlos.
Este equipo ha examinado las implicaciones filosóficas y éticas de dicho uso y, lo que es importante, ha colaborado tanto con líderes académicos como industriales del mundo de la neurocirugía, logrando un diálogo interdisciplinar exitoso. El ámbito neuroquirúrgico está tomando conciencia de las implicaciones éticas de estos dispositivos gracias al trabajo de este grupo.
Como sabéis, me han preguntado sobre la relación del cerebro con la autoconciencia y, en última instancia, con la vida y la muerte humanas mismas. ¿Crees que hay preguntas que merezcan la pena hacerse aquí?
– Sí, desde luego. Parece haber en la comunidad científica y médica un sesgo de que el cerebro y la mente son sinónimos. Dada esta suposición, el valor percibido de una persona suele recaer en la funcionalidad de su cerebro.
Filosóficamente, hay preguntas importantes que plantear aquí, a saber, si es cierto que el cerebro y la mente son sinónimos, y cuál es la mejor manera de caracterizar esa relación.
Se han escrito muchos libros abordando esta misma cuestión, pero sí puedo comentar que en las operaciones en las que colaboro como residente (cirugías de tumores cerebrales despiertos, resecciones de convulsiones), se pueden extraer partes grandes e importantes del cerebro, y la mente parece permanecer intacta tras la operación.
Sin embargo, en la práctica, veo las implicaciones de la idea de que el cerebro, la mente y el valor de una persona son sinónimos de forma más conmovedora en la delimitación de la ‘muerte cerebral’ y en la razón de ser de esa clasificación en primer lugar.
A veces se desea manipular respuestas
Un tema relacionado me preocupa: que nos hayamos vuelto perezosos e imprecisos al pensar sobre la pregunta ‘¿Qué es la muerte?’, en parte porque queremos manipular la respuesta para conseguir más órganos para trasplantes…
— Desde el principio, diría que la “muerte cerebral”, o “muerte por criterios neurológicos”, en nuestra experiencia no tiene una utilidad clínica real más allá de la adquisición de órganos.
En el campo de la neurocirugía nos encontramos con muchos pacientes y sus familias tras lesiones neurológicamente devastadoras. Una vez presentadas todas las opciones a la familia, si se operan o no, se toman decisiones sin “muerte cerebral” de retirar cuidados extraordinarios y permitir que su ser querido sucumba al proceso natural. Las pruebas de muerte cerebral no ayudan en absoluto en este proceso en nuestro hospital, en casi todos los casos.
Ahora entra la conversación sobre la muerte cerebral. En cada hospital de la región, por cada paciente que cumple ciertos criterios de presentación neurológico —creo que en nuestro hospital es la Escala de Coma de Glasgow de cinco o menos—, la red local de trasplantes de órganos recibe notificaciones automáticas.
Suponemos que la industria de donación de órganos también le preocupa.
— En ocasiones, aunque es raro, el representante de obtención de órganos habla con la familia antes de que el médico tenga oportunidad de hacerlo. He escuchado un discurso de un representante en una situación en la que un joven intentó quitarse la vida con un arma de fuego en la cabeza, en el que se dijo: “la muerte de su hijo puede significar algo”. Esto no está impulsado por médicos, ni muchos médicos de todas las creencias aprecian el entusiasmo de la industria de la obtención de órganos.
Otras preocupaciones que tengo se tratan en la literatura médica, incluyendo trabajos publicados en The Annals of Thoracic Surgery y Thje American Journal of Transplantation.
Algún comentario sobre la certeza moral de la muerte.
— Es importante señalar que existen esfuerzos activos para “mantener el principio de permanencia de la muerte” en la donación tras la muerte circulatoria (Nota: en medicina este principio coincide con la exigencia católica de irreversibilidad y certeza moral de la muerte antes de proceder a la donación).
En este caso, el paciente muere de paro cardíaco y es declarado muerto. Al reanimarlo para la extracción quirúrgica, se pinzan arterias cerebrales importantes, con la idea de que la persona mantendrá la permanencia de la muerte al impedir el flujo sanguíneo al cerebro.
Hay aspectos de la industria de la donación de órganos y del transhumanismo que son controvertidos y deben analizarse detenidamente.
(Pueden consultar el Catecismo de la Iglesia católica, nn. 2292-2296, relativos a ‘El respeto de la persona y la investigación científica’).
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– Charles Camosy imparte clases de teología moral y bioética en la Universidad Católica de América en Washington.



