La relación de Ezechiele Pasotti con el Camino Neocatecumenal comenzó en un momento decisivo de su vida. Tenía 26 años y cursaba el último año de teología en la Sociedad de San Pablo, en Roma, cuando una crisis provocada por un conflicto con uno de sus superiores le llevó a abandonar el seminario. Fue entonces cuando un amigo le invitó a participar en una celebración de la Palabra de una comunidad del Camino recién iniciada en una parroquia. Aquella experiencia marcó un punto de inflexión: “la palabra de Dios iluminó mi historia de una manera sorprendente. Regresé al seminario y lo primero que hice fue ir al superior a pedir perdón, con un gesto muy fuerte y sincero. Era la primera vez que hacía algo así en mi vida” cuenta Ezechiele Pasotti quien, tras esa experiencia nunca más dejó la comunidad.
Poco después conoció a Kiko Argüello y a Carmen Hernández durante una convivencia: “sentí de inmediato una llamada del Señor a la itinerancia, es decir, a dejarlo todo —estudios, trabajo, vida religiosa— para dedicarme al anuncio del Evangelio adonde el Señor quisiera enviarme” afirma Pasotti. Desde entonces ha desarrollado su labor misionera en distintos países, entre ellos Escandinavia, Bolivia y África, manteniendo una estrecha colaboración con los iniciadores del Camino.
En esta entrevista, Ezechiele Pasotti reflexiona sobre la historia, los desafíos y el futuro del Camino Neocatecumenal.
Usted lleva trabajando muy cerca de Kiko. ¿Cómo es el Kiko cotidiano, fuera de los grandes encuentros y celebraciones?
–Es un hombre normal, capaz de ponerse en la cocina a preparar un buen plato de spaghetti a la carbonara o un buen plato de pescado, con tiempos de oración, o bien jugando a una partida de cartas. Con una vida marcada profundamente por el encuentro con Jesucristo. Tiene un trato especial con los pobres, una libertad, una capacidad de dar que a mí, que vengo de una familia pobre, siempre me ha hecho reflexionar seriamente. Luego, cuando se trata de trabajar con él, descubres a un hombre con una gran apertura intelectual, una capacidad intuitiva, una preparación artística verdaderamente excepcional. Un hombre con una capacidad de trabajo poco común.
Usted ha vivido muy de cerca el recorrido del Camino ¿Podría hablarnos de su historia?
–El Camino Neocatecumenal es un misterio del amor de Dios; nacido del encuentro de Kiko con los pobres de Palomeras Altas (periferia de Madrid) y más tarde con la Sierva de Dios, Carmen Hernández, con toda su preparación académica y teológica, en contacto con la renovación del Concilio Vaticano II. La experiencia que ambos aportan se va cristalizando en un itinerario de iniciación cristiana, según el modelo del catecumenado antiguo; basado en un trípode:
- La Palabra que convoca el kerigma como un anuncio de salvación, el amor de Jesucristo por ti y te pone en camino con unos hermanos concretos alcanzados por el mismo anuncio.
- La Liturgia que, desde el perdón y la celebración eucarística semanal, vuelve a visitarte, a hacerte partícipe de la gracia del Señor, de su Espíritu Santo, y, poco a poco, con un camino de años, a través de las distintas etapas del neocatecumenado, te introduce en toda la plenitud y la belleza de la Pascua.
- La Comunidad, que junto al don del Espíritu Santo que la construye gradualmente, es el don más hermoso de la Iglesia, de ser Iglesia, expresión del amor del Padre, dando al mundo —y antes que nada a los propios hijos y hermanos— los signos del amor y de la unidad: los dos signos indicados por Cristo en el Evangelio de Juan (13,14-15; 17,22-23).
Recorre gradualmente las distintas etapas del Bautismo, devolviéndole, poco a poco, toda la riqueza, la profundidad y el don de santidad que trae consigo la maravilla de este sacramento: desde una primera fase de humildad, de precatecumenado, que lleva poco a poco a una escucha existencial de la Palabra de Dios —una palabra para mí, para mi vida—, introduciendo a una celebración de la Eucaristía realmente participada y a la formación gradual de una comunidad eclesial viva; hacia una fase catecumenal más plena, de simplificación (simplicidad), hecha de escrutinios, que te ayudan a conocerte tal como eres, de iniciación a la oración (con la entrega del Salterio y del Padre Nuestro), hasta las etapas finales de la renovación de las promesas bautismales, ante la presencia del Obispo, en la catedral, durante la Vigilia Pascual, que introduce a una vida de alabanza al Señor y de misión.
Mientras tanto, a lo largo de los años, van surgiendo y manifestándose en la comunidad diversos carismas y servicios: desde los más sencillos, como lector, cantor u ostiario, hasta responsabilidades de mayor compromiso, como la colaboración en distintos ámbitos de la parroquia, el servicio como catequista local, el envío de catequistas itinerantes llamados a ejercer su misión fuera de la parroquia, o la disponibilidad de familias para la misión. Incluso la comunidad entera, una vez concluido el itinerario, puede ofrecerse para ser enviada a una zona especialmente necesitada de la parroquia o de la diócesis.
¿Cuáles han sido los momentos más decisivos para el Camino Neocatecumenal?
Los momentos más delicados y decisivos han sido ciertamente aquellos en los que los iniciadores se encontraron a dialogar con las Congregaciones Vaticanas (la Congregación de la Fe, la del Culto, y en particular, con el Dicasterio de los Laicos, constituido por el Papa San Juan Pablo II como nuestro referente para las relaciones con la Santa Sede) y los encuentros con los Papas (desde San Pablo VI, que le dijo a Kiko: “Sé humilde y fiel a la Iglesia y la Iglesia te será fiel”; San Juan Pablo II, Benedicto XVI, el Papa Francisco y ahora León XIV): todos ellos han tenido una palabra de estima y de aliento hacia el Camino. Otro momento muy particular fue la definición de los Estatutos del Camino y la aprobación del “Directorio Catequético del Camino”.
¿Cuáles diría que son los desafíos a los que se enfrenta el Camino Neocatecumenal?
–El principal desafío ha sido poder ser reconocidos por la Santa Sede no como una asociación o un movimiento, sino como “una de las modalidades diocesanas de iniciación cristiana” (Estatutos, Art.1,2). En mi modesta opinión, pocos —incluso entre Párrocos y Obispos— han comprendido este elemento constitutivo del Camino, que responde también a algunas dificultades e incomprensiones, incluida la liturgia dominical en la vigilia del domingo en pequeña comunidad, aprobada por Benedicto XVI en los Estatutos. El Camino no puede ser una asociación, porque el Bautismo es un elemento constitutivo de la Iglesia y por esto “Auctor totius Initiationis Christianae Episcopus” (autor de toda la iniciación cristiana), como reza el Caeremoniale Episcopororum.
Esta es la mayor tarea que tenemos por delante: ayudar a la Iglesia a acoger lo que los Papas han reconocido como “una modalidad de Iniciación Cristiana”, que a través del “trípode” —Palabra, Liturgia, Comunidad— tiene un instrumento verdaderamente precioso y consolidado por la tradición —el Catecumenado— para pasar de una pastoral tradicional, de sacramentalización, a una pastoral de evangelización, formando comunidades adultas en la fe, capaces de dar al mundo los signos del amor y de la unidad.
¿Cómo imagina el Camino dentro de 20 años? ¿Qué papel tienen los jóvenes en su futuro?
–Ver a la Iglesia que ha vuelto a encontrar en el Catecumenado (a través del Camino u otras realidades), vías auténticas de evangelización, con la formación de comunidades cristianas que sean signos en el mundo. La catequesis del Camino sobre la familia, abierta a la vida, que le ha valido a Kiko un Doctorado Honoris Causa en la Universidad Lateranense de Roma, ha puesto a la familia en el centro de la Iniciación Cristiana y con la familia a los hijos, a los jóvenes, a los que está dedicada tanta atención pastoral en el Camino, con la “Scrutatio” de la Palabra de Dios en las Parroquias, con la Post-Confirmación y la Post-Comunión, con las Peregrinaciones…, los resultados se verifican con las llamadas vocacionales donde miles de jóvenes, chicos y chicas, ofrecen su disponibilidad a empezar un itinerario vocacional a la vida sacerdotal o religiosa.
¿Qué le diría a alguien que tuvo una mala experiencia dentro del Camino?
–Les diría que no se desanimen: la Iglesia siempre ha sido santa y necesitada de conversión… Hay ciertas dinámicas que son consustanciales a la vida en común, incluso las tensiones. No hay que detenerse en ello. Toda persona tiene que encontrar su lugar en la Iglesia. Una experiencia difícil puede ser la base sobre la que construir la propia vocación. Los pecados también existen después de tantos años de Camino, pero el pecado personal, que ciertamente mancha y que, a veces, puede destruir la comunidad cristiana, no cancela todo el bien que la gracia continúa derramando… Los pecados también nos hacen más humildes, más atentos al otro, menos llenos de nosotros mismos.





