Ecología integral

Guerra y Paz

La polarización, visible tanto en España como en múltiples conflictos internacionales — muchos de ellos olvidados, fuera del objetivo de la prensa—, representa un fracaso colectivo ante la paz que reclamó el Papa León XIV en las Cortes españolas en junio de 2026.

Eloy Asenjo Carpintero·18 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos
Papa León XIV España

El Papa León durante su discurso en el Congreso de los Diputados (Foto OSV News / Yara Nardi, pool via Reuters)

Ovacionado con creces salió el Papa León XIV de las Cortes españolas, y puso a sus Señorías grandes y graves deberes dentro de un clima de amable discusión fuera de palabras paralizadoras y paralizantes. Ante un hemiciclo expectante, el Santo Padre pronunció un discurso de hondo calado político y moral, diagnosticando con precisión los males que asfixian la convivencia global contemporánea. El Pontífice fue tajante al afirmar:

“El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia”.

El debate de la memoria

El Papa se mostró valiente al mencionar de forma directa la Memoria Histórica en el propio hemiciclo legislativo: “Memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación… ardua tarea cuando existe una polarización tan grande”. Aunque la reflexión trasciende nuestras fronteras y apunta a cualquier geografía del planeta, su pronunciamiento en la sede del Poder Legislativo español invita inevitablemente a reflexionar sobre una serie de realidades que marcan el panorama historiográfico actual: 

  • La triste “leyenda negra” de España. Ya han salido historiadores -curiosamente la mayoría extranjeros- rebatiendo este hecho lamentable del que aún nos estamos recuperando, y con el que actualmente se hacen discursos populistas muy lejanos de la realidad del papel de España en Iberoamérica.
  • Muchos jóvenes no saben situar, actualmente, históricamente personajes de gran calado en la historia del Estado Español durante el s. XX.
  • La independización de los actuales Estados de Latinoamérica durante el s. XIX llevada a cabo con programas personalísimos y de inspiración altamente anticatólica, de cuyos “barros, estos lodos” en los que se ve una gran polarización para deshacer los lazos fuertes que unen España con todos los países de América del Sur y América Central.
  • Se está promoviendo como ejemplar el régimen de la 2ª República, (…) cuando historiadores de prestigio la denostan y la hacen culpable de la Guerra Civil que sufrió el país.

El valor de la palabra frente al rearme

¡Ya tenemos la polémica formada! Sin embargo, el propósito de estas líneas no es centrar el foco en la disputa, sino hallar la vía para hablar con serenidad de estos temas sin emplear, como señalaba el Papa en su discurso, “palabras (que) pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”.

Este encuentro se perfila indispensable si queremos una sociedad libre, justa y verdaderamente democrática. Como recordó el Pontífice, “de este respeto al otro nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor una cuestión decisiva para toda sociedad verdaderamente democrática: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”.

El mensaje papal también miró con crudeza al escenario geopolítico actual, advirtiendo que toda guerra es un fracaso, pues “constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones”.

Además, resuena la denuncia de León XIV sobre “el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional”. Ante esa inercia bélica, el Papa concluía con firmeza: “La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”.

Esta denuncia no nos es ajena: en el fondo de los conflictos armados subyacen intereses personalísimos, muchas veces económicos, que los hacen moralmente deplorables, desoyendo las voces que claman por una paz compleja de alcanzar. De ahí la vigencia del llamamiento de León XIV para redescubrir el valor del “diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza”.

Cohesión en la diversidad

El Santo Padre trajo a primera línea el lema de la Unión Europea: “In varietate concordia». Dotándolo de contenido actual, nos recordó que “la unidad verdadera no uniforma, sino que cohesiona en la diversidad, haciendo de las culturas, sensibilidades y tradiciones una ocasión de enriquecimiento mutuo. Asimismo, dentro de las propias sociedades es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”.

Esta polarización, visible tanto en España como en múltiples conflictos internacionales — muchos de ellos olvidados, fuera del objetivo de la prensa—, representa un fracaso colectivo. En este preocupante contexto global, resulta “importante reiterar la teoría de la guerra justa, incoada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto” (cfr. Francisco, Carta enc. “Fratelli Tutti”, 258, 3 de octubre de 2020)”.

La realidad es incuestionable: “La humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. El recurso a la fuerza, a la violencia y a las armas testimonia una pobreza relacional que siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles” (Carta enc. “Magnifica Humanitas” 192, 15 de mayo 2026). 

En definitiva, el Santo Padre ha lanzado una severa advertencia, ¡un grito al diálogo! Un recordatorio insistente de que “las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro”.

Este grito no va dirigido solamente a las Señorías que llenaban el hemiciclo, sino a todas las personas de buena voluntad y, muy especialmente, a los periodistas, quienes sostienen una enorme responsabilidad en el ejercicio de su profesión. En este nuevo ecosistema comunicativo, el rigor ético y el comportamiento en el uso de las nuevas tecnologías y de la Inteligencia Artificial dictarán si los medios se convierten en puentes para el encuentro o en amplificadores de las trincheras.

El autorEloy Asenjo Carpintero

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