Paolo tiene 40 años y le diagnostican alzhéimer precoz. Comienza a perder la memoria y decide vivir el momento y disfrutar de su mujer Michela, y su hijo de 11 años, Mattia. Esta es la historia que cuenta en “Cosas que no olvidaré”, que se acaba de estrenar en España.
El relato se basa en la vida real del propio Paolo Piccoli y de su hijo Mattia, que fueron galardonados por el presidente de Italia. Edoardo Leo, protagonista de la película y productor, ha estado en España y explica qué le ha movido a embarcarse en este drama profundamente humano y que habla de familia, de enfermedad, y de sentido de la vida.
En 115 minutos, la película entra con humanidad y humor en el mundo de Paolo, que se empieza a desvanecer por el alzheimer. Y decide vivir momentos dignos de ser considerados cosas que no olvidar, y que le ayudan a disfrutar más de su vida cada vez más brumosa. No es una película lacrimógena, a pesar de la dureza del tema. El director y guionista es Alessandro Aronadio, quien trabaja con un grupo de actores sensacional, especialmente Edoardo (Paolo en la película) y el joven Javier Francesco (su hijo). Está producida por Bosco Films, y la web desde donde se puede ver en qué cines se proyecta es cosasquenoolvidare.com.
¿De dónde viene la idea de hacer la película?
– Viene de la vida, lamentablemente. Porque el presidente Mattarella, presidente de la República, entregó un galardón a este niño (Mattia) por la manera de cómo cuidó de su padre.
Nosotros descubrimos esta historia por esta noticia de la entrega del premio. Luego descubrimos que la mujer de Paolo había escrito un libro contando la historia de Paolo. En ese momento compramos los derechos y decidimos escribir el guión. Nos ha llegado de forma emotiva esta historia. Porque hemos visto la emoción de este chico, de este chaval, premiado por el presidente de la República, algo increíble.
¿Era necesaria una película así? El alzheimer no es un tema que se suela tratar en el cine.
– Para mí, a mi edad, hacer otra comedia sin más, hacer por hacer, no tenía sentido. Entonces, con Alessandro (el director y guionista) recogimos este reto, hacer sonreír a las personas y conmoverlas con un tema tan dramático. Igual nos equivocábamos, pero teníamos que hacerlo respetando el dolor de la familia. Había una gran responsabilidad. Pero para mí es la tarea primordial de la comedia.
¿Qué ha sido lo más difícil al abordar este papel?
– La cosa más difícil es devolver esa sensación. Es paradójico lo que voy a decir, pero es más fácil interpretar la enfermedad. Lo difícil es encarnar algo que solo el alzheimer te ocasiona. Saber que estás enfermo, pero no tienes conciencia, percepción de ello.
Esa fase es la más difícil para interpretar. Es algo que tiene que ver con la conciencia, la memoria. Muy complicado. Al igual que es complicado contar los matices, el gris es más difícil para contar una historia.
¿Cómo ha sido la relación con la familia real?
– No quise reunirme con ellos antes. Ni ver a Paolo antes porque estaba demasiado enfermo.
Antes de la proyección de la película, conocí a Michela y a Mattia. Y les dije: no busquéis a vuestro padre en la película. El cine tiene que engañar o traicionar las historias para que se vuelvan cinematográficas. No busquéis la biografía de vuestro padre, sino la esencia de la historia de vuestro padre. Porque hubiese podido ser una decepción. Y lo bonito fue el abrazo al final del visionado. Me dijeron que en ella yo tenía la misma sonrisa que Paolo.
¿El propósito de la película era que llegara a tocar el corazón del público? ¿La atención al Alzheimer?
– Sí, porque las películas no enseñan, no hay nada que pueda enseñar en el cine. No creo en el cine que lanza mensajes, no creo en el cine didáctico, porque si no se vuelve moralista.
En cambio, el cine se basa en sí mismo, cuenta historias. Y si esa historia hace mella en el corazón de las personas, les motiva. Enseña algo distinto a cada persona, no hay un mensaje único.
Quizá un mensaje que transmite es que para ser un héroe no hace falta ser alguien especial. Siendo normal se pueden hacer acciones heroicas en lo cotidiano.
– Sí es así. Aquí, un niño se convierte en héroe porque hace de padre a su padre. Es increíble, un niño no tendría que tener esa responsabilidad, jamás; pero es maravilloso. Es una especie de superhéroe de los sentimientos.
Esta parte emotiva es una de las cosas más bonitas de la película.
Ya estrenada en Italia, ¿qué impacto ha tenido?
– Fue un éxito, es increíble. Porque es una película sobre alzheimer, no es una comedia divertida como un viaje de un grupo de amigos. Es una película que podía dar cierto respeto a las personas. Pero no fue así.
A nivel personal, lo más sensacional es la cantidad de mensajes, cartas, comentarios en redes de personas que han vivido o están viviendo este momento con un enfermo de alzheimer en casa. Me han dado las gracias porque intentamos dar a conocer el único lado positivo de esta enfermedad: la memoria de los lazos afectivos.
¿Cómo han sabido manejar el sentido del humor en la película? Es muy difícil el equilibrio de hacer bromas con un tema tan dramático.
– Es la tarea de la comedia. Lo más difícil es reír con el dolor, la enfermedad. Pero la cosa es que tú no te ríes de ellos, sino con ellos, junto con ellos.
Es lo más complicado, pero es lo que nos ha estimulado más. Cada día en el rodaje, Alessandro y yo nos preguntábamos: “¿esto lo podemos decir? ¿Dónde está el límite?” Nos hacíamos preguntas sobre cuál sería el límite para no ofender a la familia.
Cuando escribimos el guión, se lo pasamos a la familia. Les ofrecimos poner sus nombres de verdad solo si les parecía bien, si aceptaban este guión. Si no, usaríamos nombres inventados. Y ellos, después de leerlo, dijeron: “vale”.
No queríamos hacer una película triste sobre la historia del padre. Queríamos hacer una película divertida, emocional. Paradójicamente hubiese sido más fácil hacer una película sobre la enfermedad, una especie de chantaje emocional.
En lo personal, ¿cómo le ha afectado la película?
– Este filme ha fortalecido cosas que todos pensamos y que no ponemos en práctica. Es decir, poner el foco en la profundidad de los recuerdos, no en la cantidad de recuerdos. No tenemos que esperar que lleguen momentos desde fuera especiales para la vida de cada uno. A veces los momentos más especiales son muy, muy pequeños. Pero tienes que ir a buscarlos, no tienes que esperar que lleguen.
En el fondo, la película es una llamada a resaltar la dignidad de toda persona, también del enfermo.
– Hoy en día, Paolo -muy enfermo- sigue siendo fuente increíble de emoción y amor hacia su familia.
Yo veo vídeos privados de él, y aunque no reconoce a los hijos ya, sigue siendo motivo de emoción en esa familia. Es una cuestión de la mirada sobre las cosas, decidir abandonarte a la tristeza de una historia, o bien intentar buscar una manera de sobrevivir. Y una manera es coger ese poquito de belleza que hay para mantener junta a la familia, con el cuidado como sentimiento muy potente, muy fuerte.





