Cada domingo, al mediodía, el Papa se asoma a la ventana del Palacio Apostólico para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro. Es una escena que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la vida de la Iglesia. Pero ¿de dónde procede esta oración que, durante siglos, ha marcado el ritmo del día de los cristianos? Su historia comienza en la Edad Media, al compás de las campanas de monasterios y conventos, y fue tomando forma poco a poco hasta convertirse en el rezo que hoy conocemos.
El Ángelus es una devoción católica que recuerda la Anunciación y la Encarnación de Jesucristo, recordando especialmente el momento el pasaje del Evangelio en que el arcángel Gabriel anuncia a María la Buena Nueva. Así, su nombre procede de las primeras palabras con las que comienza la oración en latín, Angelus Domini nuntiavit Mariae («El ángel del Señor anunció a María»).
Origen monástico y el toque del atardecer
El primer antecedente se encuentra en las comunidades monásticas de la Alta Edad Media, donde las campanas sonaban para recitar la segunda plegaria, después de las Completas (parte de la Liturgia de las Horas). En el siglo XIII comenzó a extenderse la costumbre de rezar tres Avemarías al toque de la campana de la tarde. Los franciscanos tuvieron un papel importante en la difusión de esta práctica. En torno a la época de san Buenaventura, el Capítulo General de la orden celebrado en 1269 recomendó esta oración al escuchar la campana vespertina.
La devoción estaba vinculada al misterio de la Encarnación, pues las tres Avemarías invitaban a recordar el anuncio del ángel Gabriel a María. Esta práctica vespertina se extendió progresivamente por Europa durante los siglos XIII y XIV. La documentación permite afirmar que en la primera mitad del siglo XIV ya era una costumbre ampliamente extendida.
De la tarde a la mañana y al mediodía
La práctica no tardó en incorporar otros momentos del día. Durante el siglo XIV comenzó a difundirse también el toque de la campana por la mañana, acompañado de tres Avemarías. Una de las primeras referencias se encuentra en una crónica de Parma de 1318. De este modo, la oración fue adquiriendo progresivamente ese ritmo de comienzo y final de la jornada.
El mediodía se incorporó más tarde. En el siglo XV comenzó a extenderse en Francia el toque de las campanas a esta hora, relacionado tanto con la memoria de la Pasión de Cristo como con la petición de paz y protección. En 1456, ante la amenaza de la invasión otomana, el Papa Calixto III emitió una bula animando a los cristianos a rezar al mediodía al toque de las campanas, pidiendo así la paz y la protección divina. La costumbre se extendió posteriormente por distintos lugares de Europa.
Así quedaron asociados los tres momentos del día con la oración mariana: mañana, mediodía y tarde. Sin embargo, el Ángelus todavía no tenía la estructura exacta que conocemos actualmente.
La oración adquiere su forma actual
La configuración definitiva fue también fruto de un proceso gradual. El primer documento conocido que recoge la estructura del Ángelus tal como se reza hoy aparece en un catecismo veneciano de 1560, con los tres versículos bíblicos, sus respuestas, los Avemarías y la oración final.
En 1571, el Papa san Pío V incorporó el Ángelus en el “Pequeño Oficio de Nuestra Señora” (devoción litúrgica a la Virgen María). Más tarde, Benedicto XIII, en 1724, contribuyó decisivamente a su difusión universal al conceder indulgencias a quienes lo rezaran publicando el documento “Iniunctae nobis”.
La práctica siguió evolucionando. En 1742, Benedicto XIV estableció que durante el tiempo pascual el Ángelus fuera sustituido por el Regina coeli, conservando los mismos momentos tradicionales de oración. Finalmente, en 1815, el Papa Pío VII añadió el rezo de tres Gloria al final del Ángelus en acción de gracias por los dones que la Santísima Trinidad ha otorgado a la Virgen. Esta última práctica es más propia de Italia.
El Ángelus hoy
La oración del Ángelus se rezaba tres veces al día: mañana, mediodía y tarde. Actualmente la costumbre más difundida entre los fieles es el rezo al mediodía.
Como decía Juan Pablo II, esta oración «invita a meditar el misterio de la Encarnación, animando al cristiano a tomar a María como punto de referencia en los diversos momentos de su jornada para imitarla en su disponibilidad para realizar el plan divino de la salvación».
San Josemaría también vivía esta costumbre. Así lo contaba Álvaro del Portillo en Entrevista sobre el fundador del Opus Dei: “Terminada la lectura del correo, rezaba el Ángelus al mediodía. Constituía un momento importante de su jornada, porque además de ser una conversación filial con la Virgen, marcaba el tiempo en que su devoción eucarística cambiaba de signo: hasta entonces había pasado la mañana dando gracias a Dios por la Misa que había celebrado; a partir del Ángelus comenzaba a prepararse para la Misa que celebraría al día siguiente».
¿Por qué los cristianos rezan el Ángelus?
El Ángelus lleva al cristiano al momento central de la Anunciación, cuando María acoge el anuncio del arcángel Gabriel y responde con su «sí» al plan de salvación de Dios. Por su obediencia, el Hijo de Dios se encarna y comienza la obra de la Redención.
Rezar el Ángelus es, por tanto, recordar el misterio de la Encarnación y unirse al «sí» de María, aprendiendo de ella a acoger con confianza la voluntad de Dios. También es una ocasión para acudir a su intercesión y vivir la comunión de los santos con tantos cristianos que elevan esta oración cada día.





