Estados Unidos

‘La Cruz de la Zona Cero’ y otras historias del 11-S: “la fe nos sostuvo”

El 11 de septiembre de 2001, la fecha del peor ataque terrorista en la historia de Estados Unidos, no faltaron heroicos equipos de emergencia que se enfrentaron al peligro, ni sacerdotes y religiosos que acudieron a la Zona Cero. Uno de ellos se topó con una cruz, ‘la Cruz de la Zona Cero’

OSV / Omnes·11 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos
La Cruz de l aZona Cero en Nueva York.

La denominada Cruz de la Zona Cero, en una fotografía del 10 de octubre de 2001, mientras trabajadores utilizaban maquinaria pesada para retirar vigas de acero (Foto de Michael Rieger/ FEMA News Photo, Wikimedia Commons).

Kimberley Heatherington, OSV News

Algunas de las historias que han contado equipos de bomberos y emergencias, y sacerdotes, religiosos y religiosas que fueron a la Zona Cero el 11 de septiembre de 2001, tras el terrible ataque terrorista, son conocidas, pero otras no tanto. 

La ayuda y el consuelo que brindaron a quienes sufrieron las devastadoras pérdidas mortales y de heridos y desaparecidos, merecen ser recordados en este 25 aniversario.

El padre Brian Jordan tomó agua bendita y fue al lugar del desastre

“Lo recuerdo como si fuera ayer”, declaró el padre Brian Jordan a OSV News.

Fraile franciscano de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de su orden, el sacerdote es actualmente párroco de la Iglesia de San Francisco de Asís, ubicada en West 31st Street, en la ciudad de Nueva York.

Aquella mañana, el padre Jordan se encontraba en el Hospital Presbiteriano de Nueva York. Al enterarse del ataque, regresó al convento franciscano de la calle 31, anexo a la parroquia de San Francisco de Asís, donde vivía, decidido a dirigirse al lugar del desastre.

Sin saber con certeza qué encontraría –aunque esperaba encontrar tanto víctimas como responsables del ataque– tomó agua bendita y un par de nudillos de bronce. “Dije: ‘Los bendeciré con una mano y, por si acaso hay algunos malos, los bendeciré con la otra’”.

Antes de partir, otro fraile le dio una noticia devastadora: su compañero franciscano, el padre Mychal Judge, había muerto. Aun así, el padre Jordan sabía lo que el padre Judge habría querido que hiciera: ir a ayudar.

El 5 de octubre de 2006, obreros de la construcción retiraron una cruz de seis metros de altura formada por vigas de acero, recuperada de entre los escombros tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 que derribaron el World Trade Center en Nueva York. (Foto de OSV News/Chip East, Reuters).

“Había cuerpos y partes de cuerpos por todas partes: los bendije a todos”

Después de detenerse en el Hospital St. Vincent de Manhattan –donde los únicos pacientes eran personas que recibían tratamiento por inhalación de polvo tras el colapso de las Torres Gemelas– el padre Jordan se dirigió a la Zona Cero, donde se encontró con un capitán de policía al que conocía.

“Me dio una mascarilla; me dio un par de guantes. Me dijo: ‘Padre, ponte la mascarilla, ponte los guantes y vaya a trabajar’. Y así recorrí arriba y abajo varias cuadras, y había cuerpos y partes de cuerpos. Simplemente los bendije a todos”.

El 16 de septiembre, el padre Jordan celebró su primera Misa en la Zona Cero; Continuaría celebrando Misa allí durante casi 10 meses.

La “cruz de la Zona Cero”, en el edificio 6 del World Trade Center 

Luego, el 23 de septiembre, ocurrió algo inesperado.

“Un gran y corpulento trabajador de construcción del sindicato Local 731 se acercó a mí y me dijo: ‘Oiga, padre, ¿quiere ver la casa de Dios?’”.

“Entonces entramos en las ruinas del edificio 6 del World Trade Center”, recordó el padre Jordan. “Tenía como a 25 bomberos a mi lado, y el trabajador de construcción me preguntó: ‘¿Qué ve allí, Padre, justo en el medio?’. Le dije: ‘No puedo creerlo… veo una cruz’”.

Dos vigas de acero que se cruzaban habían quedado cortadas de tal manera que formaban un crucifijo, después de que el edificio 6 del World Trade Center fuera alcanzado por los escombros del colapso de la Torre Norte.

Fue excavada, colocada sobre hormigón, y bendecida

Este impresionante hallazgo pasó a conocerse como la “cruz de la Zona Cero” y, con el tiempo, pasó a formar parte de la colección del Memorial y Museo del 11 de Septiembre. Fue excavada, colocada sobre una base de hormigón y bendecida. El 7 de octubre se celebró una Misa cerca de ella, en la esquina de las calles Vesey y West.

“Aquel momento dio esperanza y ánimo a la gente”, explicó el padre Jordan, quien escribió sus propias memorias –“The Ground Zero Cross” (Xlibris)–, y recibió la distinción de ser su guardián no oficial.

Un bombero de la ciudad de Nueva York asiste a una misa en la Concatedral de San José en Brooklyn, Nueva York, conmemorando el 21.º aniversario de los atentados terroristas, el 11 de septiembre de 2022. Los obispos católicos estadounidenses ofrecen misas, oraciones y reflexiones mientras la nación conmemora el 25.º aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2026. (Foto de OSV News/Gregory A. Shemitz).

La hermana Margaret O’Brien

El 11 de septiembre, la hermana Margaret O’Brien, una Hermana de la Caridad que trabajaba en el Sistema de Atención Médica de las Hermanas de la Caridad, se encontraba en su oficina del Hospital Bayley Seton, en Staten Island, informando a una colega que acababa de regresar de vacaciones.

“Su secretaria entró y dijo: ‘Acabo de recibir una llamada. Un avión se estrelló contra el World Trade Center’”, recordó la hermana Margaret. “Fuimos por el pasillo hasta una ventana desde donde podíamos ver, y nos dimos cuenta de la gravedad de la situación”.

Las hermanas se prepararon rápidamente para ir al Hospital St. Vincent “a organizar la respuesta de emergencia y atención de traumas”, explicó la hermana Margaret. Y los médicos estaban allí, las camillas estaban allí, todos esperando en la entrada, pero después de un corto tiempo, nadie llegó”.

En la línea telefónica, con personas que buscaban a sus seres queridos

La hermana Margaret atendió la línea telefónica de emergencia en el centro de operaciones del hospital de las hermanas, recibiendo llamadas de personas que buscaban a sus seres queridos.

“El teléfono era realmente difícil”, reflexionó. “Porque las personas te daban un nombre y tú revisabas tu lista, y no los encontrabas. … Todo fue muy, muy emotivo, y durante los primeros días el teléfono no dejaba de sonar”.

“Recuerdo haber estado muy agradecida de tener algo en lo que pudiera colaborar, de poder ayudar”, expresó la hermana Margaret, actualmente asistente de la presidenta de las Hermanas de la Caridad de Nueva York.

La torre sur del World Trade Center se incendia tras ser impactada por el vuelo 175 de United Airlines en Nueva York, según esta fotografía de archivo del 11 de septiembre de 2001. Veinticinco años después de los atentados terroristas del 11-S, que cobraron la vida de casi 3000 personas, los familiares católicos que perdieron a sus seres queridos ese día han reconocido que su fe les ayudó a superar las pérdidas. (Foto de OSV News/Sean Adair, Reuters). 

Las cifras

Conviene recordar que, en total, los ataques causaron la muerte inmediata de 2.977 personas, entre ellas 441 socorristas. Hasta el 30 de junio, más de 9.000 personas, según el Programa Federal de Salud del World Trade Center, habían fallecido desde entonces.

Hasta ahora, más de 57.000 socorristas y supervivientes han sido diagnosticados con cáncer relacionado con el ataque, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

El trauma, lo más común

El trauma fue una característica constante de los turnos de las hermanas, especialmente para una colega que atendía a los equipos de primera respuesta enviados a recibir atención después de participar en los trabajos de recuperación en la Zona Cero.

“A veces las personas hablaban, pero la mayoría de las veces simplemente no podía hacerlo2, explicó la hermana O’Brien. Su colega “recordaba a una persona: era muy callada y luego dijo: ‘Puedo levantar los brazos y las piernas. Pero cuando levanté una piedra y vi un rostro, solo una cabeza, aplastada contra el suelo…”.

“Se derrumbó», añadió la hermana O’Brien.

Padre Stephen McGraw: un avión por encima de nuestros automóviles

El padre Stephen McGraw –por entonces sacerdote de la diócesis de Arlington, Virginia, justo en las afueras de Washington–, presenció también escenas indescriptibles.

La mañana del 11 de septiembre acababa de concluir una Misa escolar y se dirigió al Cementerio Nacional de Arlington para un entierro cuando se equivocó y no tomó la salida correspondiente.

“Recuerdo que, alrededor de las 9:35, estaba simplemente detenido en el tráfico, justo frente al Pentágono”.

Le preocupaba que ahora casi con certeza llegaría tarde al entierro.

“Y entonces, sin previo aviso, el avión pasó rugiendo justo por encima de nuestros automóviles, muy, muy bajo”, relató el padre McGraw. “No puedo decir cuál de mis sentidos fue el más impactado: estaban la vibración y el rugido del avión, y un poste de luz fue golpeado y cayó sobre el automóvil de un taxista que estaba a pocos vehículos de distancia”.

Al mirar hacia su derecha, vio cómo el vuelo 77 de American Airlines se estrellaba contra el Pentágono.

«Lo vi chocar y desaparecer, mientras una enorme bola de fuego salía del edificio en el instante posterior al impacto».

Atención a las víctimas junto al Pentágono

Como su radio no estaba encendida y no escuchó lo que estaba ocurriendo en la ciudad de Nueva York, «simplemente supuse que se trataba de un terrible y trágico accidente». 

Los viajeros quedaron paralizados, y el padre McGraw saltó de su automóvil –con la estola, los óleos para la unción y un libro de oraciones en las manos– cruzó la barrera de seguridad de la carretera y se dirigió al césped del Pentágono para llegar hasta las víctimas.

“Mi mensaje era: ‘Jesús está con ustedes’”

“Básicamente, mi mensaje para ellos era: ‘Jesús está con ustedes’. Eso era lo que repetía a las varias víctimas a las que atendí», declaró el padre McGraw.

A una de las víctimas, que se identificó como católica –-Juan Cruz, gerente de la división civil de contabilidad de la Oficina del Asistente Administrativo del Secretario del Ejército– se le administró los sacramentos.

Otra víctima –Antoinette Sherman, analista de presupuesto del Ejército, quien falleció posteriormente– yacía boca abajo sobre el césped, con graves quemaduras en la espalda y un solo zapato en un pie. El padre McGraw se lo dejó suavemente a petición de ella.

“Entonces simplemente agregó, quizás a quien pudiera escucharla: ‘Díganles a mi madre y a mi padre que los amo’. Y yo le aseguré que lo haría”.

El evento anual “Tributo de Luz” ilumina el cielo sobre el horizonte del bajo Manhattan en Nueva York el 10 de septiembre, víspera del 18  aniversario de los atentados del 11-S. Cada año, para conmemorar el aniversario de los ataques que provocaron el derrumbe de las Torres Gemelas del World Trade Center, dos haces de luz iluminan el cielo desde el anochecer hasta el amanecer. Casi 3.000 personas perdieron la vida en Nueva York, Washington y Shanksville, Pensilvania, en los atentados de 2001. (Foto de OSV News/Andrew Kelly, Reuters).

“Vimos la maldad en su máxima plenitud, pero también la bondad”

El padre McGraw –actualmente sacerdote misionero y párroco en la Misión de Bánica de la Diócesis de Arlington, en la República Dominicana– no cree que su destino inesperado haya sido una coincidencia.

“Tuve una fuerte sensación de la Providencia divina”, declaró a OSV Noticias. “Estaba destinado a estar allí”.

“Vimos la maldad en su peor expresión», afirmó el padre Jordan. «Pero también vimos la bondad en su máxima plenitud. La ciudad de Nueva York se unió. El país se unió. El mundo se unió».

Misas y reflexiones de los obispos estos días

Mientras la nación conmemora el 25 aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, los obispos católicos estadounidenses ofrecen misas, oraciones y reflexiones, al tiempo que enfatizan la necesidad de buscar la paz en medio de un panorama global fracturado.

“Han transcurrido veinticinco años desde aquel día y, sin embargo, las escalofriantes imágenes permanecen grabadas en nuestras mentes”, han dicho los obispos católicos ucranianos de Estados Unidos, encabezados por el arzobispo metropolitano Borys A. Gudziak de Filadelfia, en una carta pastoral con motivo de la ocasión, publicada el 4 de septiembre, informa Gina Christian.

“La fe nos elevó y nos sostuvo”

El arzobispo Paul S. Coakley de Oklahoma City, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, ha afirmado en un comunicado del 9 de septiembre que “la fe nos elevó y nos sostuvo” durante el ataque y sus consecuencias.

“A medida que se intensifican los conflictos en todo el mundo, renovemos nuestro compromiso de ser instrumentos de paz de Cristo en un mundo cada vez más fracturado y dividido”, ha manifestado.

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– Kimberley Heatherington es corresponsal, y Gina Christian es reportera multimedia, ambas de OSV News.

– Estas informaciones se han publicado estos días en OSV News. Pueden consultarlas, por ejemplo, aquí.

El autorOSV / Omnes

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