“Cuando pensamos que lo hemos perdido todo es cuando encontramos el lugar perfecto para que Dios llene nuestro corazón. Cambiando el enfoque, la nada puede ser el punto de partida para recibir el todo”. Esta afirmación de Pablo Delgado de la Serna, que da nombre al libro, se encuentra casi a mitad del volumen. Para entonces, ya hemos recorrido meses junto a este “trasplantado”, a través del papel, en el que recoge confidencias, pensamientos, reflexiones y pequeños detalles cotidianos de una vida nada “normal”.
La nada es todo se presenta como un pequeño diario -recoge una serie de las publicaciones a través de las que Delgado de la Serna narra su rutina diaria y sus miedos, y pone a rezar (y reza él), a tantas personas.
La vida de Pablo Delgado de la Serna ha estado marcada por la enfermedad desde su nacimiento. Sin embargo, si algo repite a lo largo de estas páginas es que se siente “un tipo con suerte”. Un tipo con suerte que ha estado años atado a la diálisis (hasta abril de 2026 en la que recibió el ansiado trasplante de riñón), que ha sufrido la amputación de una pierna y la incertidumbre de perder la otra, que ha vivido meses en un hospital o ha tenido que pasar las vacaciones separado de su mujer y su hija….
En categorías actuales no se llamaría suerte a esta situación, pero Pablo ha hecho de los limones limonada, helado y tarta, porque ha sabido llevar su dolor a un camino de entrega y de ayuda para otras muchas personas. En el libro aparece también el pilar de su vida: su familia, en especial, su mujer, Sara, y su hija, Amelia, (su equipo SAP) sin el que no hubiera podido afrontar, del mismo modo, su vida.
El libro se extiende desde agosto de 2024 a noviembre de 2025, quizás una de las épocas más complicadas para Pablo y su familia. Pablo no oculta, en esos breves apuntes de diario, el dolor, la desesperanza que asoma, el cansancio…. No “espiritualiza” el dolor sino que lo afronta. No arrastra la cruz, la carga.
Si hay una sensación que deja la lectura de este libro es la esperanza, la confianza, cum fide, con fe, de quien se ha abandonado en manos de Dios -y de los médicos- y del que toma de la vida, más que nada, el amor.
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