El Papa ha vuelto a mirar de modo especial a los jóvenes en estas fechas veraniegas. A los jóvenes y a las guerras.
Y en el Ángelus de este Domingo XIX del Tiempo Ordinario, tras saludar a los jóvenes de la Comunidad Santa María Magdalena de la diócesis de Milán, ha manifestado que “la presencia de tantos grupos de jóvenes, que deciden dedicar unos días de sus vacaciones a actividades formativas y de compañerismo, es un signo de esperanza; así como lo fue el encuentro de los jóvenes franciscanos, con quienes tuve la alegría de reunirme el jueves pasado en Asís”.
Santos y santas, conocer a testigos ejemplares del Evangelio
A continuación, ha urgido a los jóvenes de modo significativo a que se dejen “inspirar por testigos ejemplares del Evangelio” que el calendario litúrgico nos presenta estos días.
Y se ha referido a “algunas figuras maravillosas de santos y santas que los invito a conocer mejor: ayer, el gran santo Domingo, fundador de los Frailes Predicadores; hoy, santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita asesinada en Auschwitz y copatrona de Europa; mañana, san Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma; pasado mañana, santa Clara de Asís, quien dejó una vida acomodada para seguir a Jesús, pobre y humilde, siguiendo el ejemplo de su conciudadano san Francisco. ¡Queridos jóvenes, déjense inspirar por estos testigos ejemplares del Evangelio!”.
En la tormenta de Genesaret: Jesús no nos abandona
Antes del rezo de la oración mariana del Ángelus, el Sucesor de Pedro ha comentado el Evangelio de este domingo, que nos habla de “Jesús, quien, en el lago de Galilea, caminando sobre las aguas, se une a los discípulos en medio de una tormenta (cf. Mt 14,22-33).
Hacia el final de la noche, Jesús les sale al encuentro sobre las aguas agitadas, y ellos, asustados, lo confunden con un fantasma (v. 26). Pero Él les dice: ‘¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!’ (v. 27).
La presencia del Señor lo cambia todo, ha dicho el Papa. “Pedro incluso logra dar unos pasos sobre las olas hacia Él; luego se asusta, comienza a hundirse y Jesús lo salva. Cuando el Maestro sube a la barca, la tormenta se calma, y entonces brota espontáneamente del corazón de los discípulos la profesión de fe: ‘En verdad tú eres el Hijo de Dios’ (v. 33)”.
“No dejarnos llevar por el éxito”
Este milagro nos enseña algo importante, ha subrayado el Pontífice. “Ante todo, a no dejarnos llevar por el éxito y a no ser nunca presuntuosos; y, al mismo tiempo, a no desesperarnos, ni siquiera en los momentos de oscuridad, cuando nos sentimos impotentes ante los problemas y, a pesar de nuestros esfuerzos, nos parece que vamos más hacia atrás que hacia adelante”.
“En cualquier circunstancia, Jesús no nos abandona y, si lo acogemos con humildad en la barca de nuestra vida —con la oración, con los sacramentos, con la escucha de su Palabra—, en Él encontraremos la paz, encontraremos luz y fuerza para nuestro camino”.
Sudán, Ucrania, Rusia
Tras el rezo del Ángelus, el Santo Padre ha mostrado su cercanía a todos los habitantes de Sudán, especialmente en la ciudad de El Obeid, ha renovado su llamamiento a las autoridades para que garanticen corredores humanitarios a la población civil, y ha instado a la comunidad internacional a apoyar los esfuerzos destinados a lograr un alto el fuego inmediato.
Al final, ha alentado a la oración, “pidiendo al Señor que sostenga a quienes sufren, convierta los corazones de quienes siembran violencia y conceda la paz tan anhelada”.
En la misma línea, ha revelado que le siguen llegando noticias dolorosas sobre personas inocentes asesinadas y heridas en Ucrania y en Rusia. Los episodios trágicos se suceden, es más, se multiplican, causando cada vez más víctimas civiles, entre ellas también niños.
La guerra sólo genera más guerra, y enorme sufrimiento
Me solidarizo con las familias de las víctimas, con los heridos y con todos aquellos que sufren a causa del conflicto en curso”, ha dicho León XIV.
“Ante tanto dolor, renuevo un vehemente llamamiento para que se respete el derecho humanitario y ambas partes pongan fin a los ataques contra objetivos civiles. La guerra sólo genera más guerra y provoca un enorme sufrimiento. Es hora de detener la espiral de violencia y dar cabida a la diplomacia y al diálogo para allanar el camino hacia la paz”.





