León XIV ha querido pasar el primer aniversario de su elección como Papa a los pies de la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, y ha realizado la Súplica a Nuestra Señora ante más de 20.000 fieles y cuatrocientas personas enfermas y discapacitadas, a quienes ha saludado con gran cariño, casi uno a uno.
Con una confianza decidida en la “Reina verdadera de paz y de perdón” y “Madre de las misericordias!”, el Papa ha manifestado que “el Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico”. Y el Avemaría y el Santo Rosario son “un acto de amor”, y “el amor realiza milagros”, ha dicho.
Además, ha rezado para que “el Dios de la paz derrame una abundante efusión de misericordia, tocando corazones, apaciguando los resentimientos y odios fratricidas, e iluminando a quienes tienen responsabilidades especiales en el gobierno”.
“Este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario”
Fue “hace exactamente un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen, ¡este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya!”, ha confiado el Papa en la homilía pronunciada frente al Santuario de la Santísima Virgen del Santo Rosario de Pompeya.
Por lo tanto, “debía venir aquí”, ha dicho el Pontífice, “para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen. Habiendo elegido entonces el nombre de León, sigo los pasos de León XIII, quien tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio Magisterio sobre el Santo Rosario. A todo esto se suma la reciente canonización de San Bartolomé Longo, apóstol del Rosario”.

Avemaría, Santo Rosario, “acto de amor”
“El Ave María, repetido en el Santo Rosario, es un acto de amor. ¿Acaso no es amor repetir incansablemente: ‘Te amo’? Un acto de amor que, en las cuentas del rosario, como se aprecia claramente en la pintura mariana de este Santuario, nos conduce de vuelta a Jesús y nos lleva a la Eucaristía, ‘fuente y cumbre de toda la vida cristiana’”.
San Bartolo Longo estaba convencido de ello, ha dicho el Papa, cuando escribió: “La Eucaristía es el Rosario vivo, y todos los misterios se encuentran en el Santo Sacramento de forma activa y vital”. Tenía razón. En la Eucaristía, los misterios de la vida de Cristo se encuentran, por así decirlo, concentrados en el memorial de su sacrificio y en su presencia real. El Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico”.
San Bartolo Longo y su esposa: una ciudad mariana
En efecto, hace ciento cincuenta años, al colocar la primera piedra de este Santuario, en el lugar donde la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. había sepultado bajo cenizas los vestigios de una gran civilización, protegiéndolos durante siglos, ”San Bartolo Longo, junto con su esposa, la condesa Marianna Farnararo De Fusco, sentó las bases no solo de un templo, sino de toda una ciudad mariana”, ha resaltado el Papa.
Así expresó su comprensión del plan de Dios, que san Juan Pablo II, hablando en este lugar de gracia el 7 de octubre de 2003, al concluir el Año del Rosario, relanzado para el Tercer Milenio, desde la perspectiva de la nueva evangelización. “Hoy”, dijo, “como en los tiempos de la antigua Pompeya, es necesario proclamar a Cristo a una sociedad que se aleja de los valores cristianos e incluso pierde su memoria”, ha recordado el Papa León.
“De este vientre de María irradia la Luz que da pleno sentido a la historia y al mundo”
En la homilía de la Misa, el Papa ha comentado “el Evangelio de la Anunciación”, que “nos introduce al momento en que el Verbo de Dios se hizo carne en el vientre de María. De este vientre irradia la Luz que da pleno sentido a la historia y al mundo. El saludo que el ángel Gabriel dirige a la Virgen es una invitación a la alegría: ‘¡Salve, llena de gracia!’. Sí, el Ave María es una invitación a la alegría”.
¡Gran misterio!, ha proseguido el Papa. “Todo sucede por obra del Espíritu Santo, que cubre a María con su sombra y hace fecunda su vientre virginal. Este momento histórico posee una dulzura y una fuerza que atraen el corazón y lo elevan a esas alturas contemplativas de donde brota la oración del Santo Rosario”.
El Rosario «tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico», ha dicho el Papa, que ha recordado que en el “hágase” de la Virgen “nace no solo Jesús, sino también la Iglesia”.
“No resignarnos a las imágenes de muerte” de las noticias
Al concluir, León XIV ha subrayado que “no podemos resignarnos a las imágenes de muerte que las noticias nos presentan a diario. Desde este Santuario, cuya fachada concibió san Bartolo Longo como monumento a la paz, hoy elevamos nuestra oración con fe.
San Bartolo Longo, pensando en la fe de María, la llama ‘omnipotente por la gracia’. “Por su intercesión”, el Sucesor de Pedro ha rezado para “que el Dios de la paz derrame una abundante efusión de misericordia, tocando corazones, apaciguando los resentimientos y odios fratricidas, e iluminando a quienes tienen responsabilidades especiales en el gobierno”.

Súplicas a la Virgen Maria: apiádate del mundo
En su oración ante la Virgen, tras la Eucaristía, el Santo Padre ha realizado diversas peticiones a la Virgen María, intercaladas por el rezo de Avemaría.
Por ejemplo, ha pedido a Maria, que “desde ese Trono de clemencia donde te sientas como Reina, vuelve oh María, vuestros ojos misericordiosos a nosotros, a nuestras familias, a Italia, a Europa, al mundo todo, y apiádate de las penas y amarguras que nos afligen”.
“Muéstrate Reina verdadera de paz y perdón”
“Mira, Oh Madre, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean, (…), detén el brazo de la Justicia de vuestro Hijo ofendido, y con vuestra bondad, subyuga el corazón de los pecadores, pues ellos son nuestros hermanos e hijos vuestros”.
“Muéstrate hoy para con todos Reina verdadera de paz y de perdón”, ha continuado tras el Avemaría.
“Hemos vuelto a crucificar en nuestro pecho a Jesús, y traspasar vuestro tiernísimo corazón. Sí, lo confesamos, somos merecedores de los más grandes castigos. pero ten presente, Oh Madre, que en la cumbre del Calvario, recibiste las últimas gotas de aquella sangre divina, y el postrero testamento del Redentor moribundo”.

El testamento del Calvario: “Madre nuestra, Madre de los pecadores, nuestra Abogada”
Ese testamento “te constituye en Madre nuestra, Madre de los pecadores, eres nuestra Abogada, y nuestra esperanza. Por eso nosotros, llenos de confianza, entre gemidos, levantados hacia ti nuestras manos suplicantes, y clamamos a grandes voces: Misericordia, Oh María, misericordia”.
El Papa ha rogado entonces a la Virgen, Madre bondadosa, que tenga “piedad” de nuestras familias, parientes, amigos, difuntos, y sobre todo de nuestros enemigos, y de tantos que se llaman cristianos, y sin embargo desgarran el amable Corazón de vuestro Hijo”.
“Imploramos por las naciones extraviadas y por el mundo entero”
“Piedad, Señora, piedad. Imploramos por las naciones extraviadas, por toda Europa y por el mundo entero, a fin de que se convierta y vuelva arrepentido a vuestro maternal regazo. Misericordia para todos, Oh Madre de las misericordias”.
“¡Qué te cuesta salvarnos!”, ha dicho el Papa a la Reina del Rosario. “Acaso vuestro Hijo divino no puso en vuestras manos los tesoros de sus gracias y su misericordia? (…)”.
“Líbranos de las asechanzas del enemigo infernal”
“Vuestro poder, Oh María, llega hasta los abismos, ciertamente, tú puedes librarnos de las asechanzas del enemigo infernal”.
Tú, que eres todopoderosa, por gracia, puedes salvarnos (…).
Vuestro corazón de Madre no permitirá que se pierdan vuestros hijos.
El Divino Niño y el Rosario en vuestras manos nos inspiran toda la confianza, ha dicho, y con esa confianza nos postramos a vuestros pies, como hijos débiles en las manos de la más tierna de las madres”,
Por último, el Papa ha rogado a la Virgen que nos conceda, “además de un amor constante hacia Ti, vuestra maternal bendición”, y el triunfo de la religión y la paz de la trabajada humanidad.
“No te dejaremos jamás”, Reina del Rosario de Pompeya, Madre nuestra querida, Refugio de los pecadores, Soberana consoladora de los afligidos, sé en todas partes bendita hoy y siempre, en la tierra y en cielo, amén, ha dicho el Papa.
Nápoles: “Es una bendición de Dios estar juntos”
Tras dejar Pompeya, el Papa partió en helicóptero hacia Nápoles, donde fue recibido por el cardenal arzobispo Domenico Battaglia, y por autoridades civiles, como el alcalde de la ciudad, el Dr. Gaetano Manfredi, alcalde de Nápoles.
Antes del encuentro en la catedral con los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosos, León XIV dijo: “¡Vine a Nápoles para experimentar esta calidez que solo Nápoles puede ofrecer! ¡Gracias por esta bienvenida! Es una bendición de Dios estar juntos, estoy muy feliz de estar aquí esta tarde: un tiempo muy breve pero muy significativo. Y esta primera parada aquí mismo en el Duomo, la catedral de Nápoles, donde también quiero rendir este homenaje a San Gennaro, tan importante para su devoción, ¡su fe!”.
A los sacerdotes: cuidado de la vida interior, fraternidad, comunión
Luego, en su discurso, se refirió, entre otros temas, a que “la carga humana y pastoral (de los sacerdotes) es sin duda elevada, y corre el riesgo de agobiarnos, desgastarnos, extinguir nuestras energías y, en ocasiones, puede verse agravada por cierta soledad y una sensación de aislamiento pastoral”.
“Para ello necesitamos cuidado”, alentó. “Ante todo, cuidado de nuestra vida interior y espiritual, alimentando constantemente nuestra relación personal con el Señor en la oración y cultivando la capacidad de escuchar lo que nos agita en nuestro interior, de discernir y dejarnos iluminar por el Espíritu”.
El cuidado de nuestro ministerio, sin embargo, “también implica fraternidad y comunión”, añadió. “Una fraternidad arraigada en Dios, expresada en la amistad y el acompañamiento mutuo, así como en el compartir proyectos e iniciativas pastorales”.
Caminar juntos, todos involucrados en la misión
Lo que les pido, entonces, es esto: escúchense unos a otros, caminen juntos, creen una sinfonía de carismas y ministerios, y así encuentren maneras de pasar de un ministerio pastoral de conservación a un ministerio misionero capaz de intervenir en la vida concreta de las personas.
Pero el Papa no se refirió sólo a los clérigos, también a los laicos. “Es una misión que requiere la contribución de todos. En una ciudad marcada por la desigualdad, el desempleo juvenil, el abandono escolar y la fragilidad familiar, la proclamación del Evangelio no puede existir sin una presencia concreta y solidaria que nos involucre a todos: sacerdotes, religiosos y laicos. Todos somos participantes activos en la pastoral y la vida de la Iglesia”, afirmó.
Encuentro con los napolitanos: “junten fuerzas, trabajen juntos»
Los napolitanos vitorearon al Papa por las calles, y a continuación le recibieron con alegría por la tarde, en un encuentro en la Plaza del Plebiscito, que incluyó diversos testimonios, canciones de varios grupos y bailes.
En su Discurso, teniendo como telón de fondo a los discípulos de Emaús, León XIV ha visualizado el “anhelo de vida, justicia y bondad (que fluye en esta ciudad), que no puede ser aniquilado por el mal, el desaliento y la resignación”.
Por lo tanto, debemos —no solos, sino juntos— preguntarnos: ¿qué es lo verdaderamente importante? ¿Qué es necesario e importante para retomar nuestro camino con el ímpetu del compromiso en lugar del cansancio de la indiferencia, con el valor de hacer el bien en lugar del temor al mal, con la sanación de las heridas en lugar de la indiferencia?”.
Una de sus respuestas principales ha sido, en referencia al Pacto educativo promovido por la Iglesia y a otros temas: “sigan adelante con este Pacto, junten fuerzas, trabajen juntos, caminen juntos —instituciones, Iglesia y sociedad civil— para enaltecer la ciudad, proteger a sus hijos de las trampas de la adversidad y el mal, y devolver a Nápoles su vocación de ser capital de la humanidad y la esperanza”.
Cultura de paz y de solidaridad al acoger a migrantes y refugiados
Al ir concluyendo su discurso, el Pontífice observó que “la comunidad eclesial y la comunidad civil trabajan conjuntamente para convertir Nápoles en una plataforma para el diálogo intercultural e interreligioso”.
“Mediante conferencias, premios internacionales y programas de acogida para jóvenes de zonas de conflicto —como Gaza—, se puede seguir dando voz, desde la base, a una cultura de paz, contrarrestando la lógica de la confrontación y el uso de la fuerza armada como supuesta solución a los conflictos”.
En este sentido, Nápoles sigue demostrando “su profunda solidaridad al acoger a migrantes y refugiados, viéndolos no como una emergencia, sino como una oportunidad de encuentro y enriquecimiento mutuo”. Esto es posible, sobre todo, gracias a la labor de la Cáritas diocesana, que “también ha transformado el Puerto de Nápoles de un simple punto de desembarque en un símbolo vivo de acogida, integración y esperanza”.





