Tras el comentario de un Evangelio que habla de un valor fundamental de la vida cristiana: el perdón, el Santo Padre ha recordado en el Ángelus que hace dos días se conmemoró el 25 aniversario de los atentados terroristas del 11 de Septiembre en los Estados Unidos de América.
“Renuevo mis oraciones por quienes perdieron la vida y por quienes continúan llorando las heridas de aquel trágico día”, ha dicho el Pontífice. “En un momento en que la violencia y los conflictos afligen a tantos hermanos y hermanas, invito a todos a rezar para que el Señor traiga la paz al mundo entero”.
El recuerdo del trágico suceso que ocurrió hace 25 años nos impulsa a renovar nuestro compromiso por la paz, que encomendamos a la intercesión de la Virgen María, ha alentado el Sucesor de Pedro.
Valor fundamental de la vida cristiana: el perdón
Desde la ventana del Palacio Apostólico, en un día soleado en Roma, el Papa ha centrado su comentario, como es habitual, en las lecturas de este Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.
Jesús enseñó y atestiguó el perdón hasta en la cruz, donde oró al Padre por sus perseguidores con las palabras que todos conocemos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Es un valor fundamental de la vida cristiana.
Así ha comenzado el Papa León XIV su catequesis previa al Ángelus de este domingo.
Jesús a Pedro: perdonar “hasta setenta veces siete”
En el pasaje del Evangelio de hoy, Pedro interroga al Maestro precisamente sobre este tema: “Señor —le pregunta—, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?” Sus palabras revelan un corazón generoso: el número siete, de hecho, simboliza en la Biblia la plenitud, y “perdonar siete veces” significa perdonar con gran generosidad, ha manifestado el Papa.
La respuesta de Jesús, sin embargo, va más allá: “No te digo que hasta siete veces —afirma—, sino hasta setenta veces siete”, es decir, “más allá de todo límite, sin medida”
El perdón es “indispensable”
A continuación, el Papa ha subrayado que “el perdón es indispensable, sin él no se puede vivir en paz”, ha añadido. “Tarde o temprano, en el corazón y entre las personas, surgen conflictos, acusaciones, rencores y venganzas que destruyen las relaciones, dividen a las familias y desencadenan guerras”.
Sólo el perdón libera y devuelve la luz, incluso allí donde la pobreza material y moral del hombre, por un momento, ha ensombrecido el horizonte y ha hecho incierto el camino, ha dicho León XIV.
Como un viento favorable
En su reflexión, el Papa ha comparado el perdón a “un viento favorable”, que “disipa incluso las nubes más densas, hasta que vuelve a dejarnos ver el sol. El mismo san Pedro lo experimentó en varias ocasiones a lo largo de su vida; en particular cuando, tras haber negado y abandonado a Jesús durante la Pasión, al encontrarse con el resucitado a orillas del lago, escuchó una única pregunta: ‘Simón […], ¿me amas?’, acompañada de una invitación: ‘Sígueme’.
Exactamente como al principio, el día de su primer encuentro, como si nada hubiera pasado. Esta caridad, que olvida y sana, supondrá para el primero de los apóstoles la confirmación de su misión, ha concluido el Santo Padre.
Pedir a la Madre de Misericordia
Pidamos, pues, a la Virgen María, Madre de la Misericordia, ha animado el Papa a los romanos y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, que nos ayude a “perdonar siempre, incluso cuando resulte difícil dar el primer paso, y a difundir, con valentía y constancia, la luz serena y sanadora del amor que vence al odio y desarma todo rencor”.





