El Papa en España: «Noli me tangere»

Alcemos la mirada, abramos el oído dejando atrás nuestras ideas preconcebidas y dejémonos empapar por la Buena Noticia que el Papa quiera darnos ¡Qué ganas!

15 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos
Papa en España

©Wikimedia Commons

«No me toques». Es lo que le dijo Jesús Resucitado a María Magdalena cuando la apóstol, tras confundirlo con el hortelano, lo reconoció al fin. Pero, ¿Cómo que «no me toques»? ¿De verdad era necesaria esa respuesta tan antipática? El famoso «Noli me tangere» de la Vulgata en latín (Jn 20, 16) ha sido traducido por la Biblia de la Conferencia Episcopal Española de una forma más amable y que ayuda a comprender mejor el verdadero sentido de lo que quiso decir Jesús. Concretamente lo traduce como «No me retengas».

Y es que lo que Jesús le dice a la de Magdala no es una prohibición moral o un consejo para no contaminarse de la posible radiación surgida por el proceso de resurrección, como alguno ha deducido tras estudiar la Sábana Santa. Tampoco es que al Resucitado le hubiera entrado de pronto un ataque de haptofobia, que así se llama el miedo irracional al contacto físico con otras personas, me chiva ChatGPT.

Lo que estaba haciendo el «Maestro» (traducción del arameo «Rabunní» con el que María se dirige a él cuando se da cuenta de quién es realmente) era ejercer como tal y enseñarle una cosa importantísima. Le estaba diciendo que hay un antes y un después de la Resurrección, que el Jesús en cuerpo mortal que ella conoció, el que había sacado de ella siete demonios, al que siguió como una discípula privilegiada y al que acompañó hasta el final en el Calvario, ya no se relaciona igual con nosotros. Su cuerpo ha sido glorificado y vive ya en otra esfera.

Aunque María, el resto de los apóstoles, los de Emaús y hasta «más de 500 hermanos a la vez», como relató San Pablo, tuvieron el privilegio de ver y tocar físicamente a Jesús tras su resurrección, eso no va a ser lo «normal». A partir de aquel acontecimiento, los hombres y mujeres podemos seguir viéndolo, sintiéndolo, escuchándolo… pero no de una forma física, sino desde la fe.

Miles de millones de cristianos desde entonces podemos afirmar categóricamente que hemos tenido un encuentro con Jesús, a través de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la oración o de cualquier otro tipo de experiencia mística, aunque ninguno de nosotros conserve un selfi con él ni sepa decir cómo huele. 

Lo de María es muy lógico. Como humana pretende aferrarse al Jesús de carne y hueso mortal, al que ella conoció y con el que compartió tanto, sobre todo después de haberlo visto morir horriblemente; pero el Resucitado no se deja, porque la quiere llevar a lo importante: a la nueva forma de relacionarse con Él, a la fe. 

La próxima visita del Papa a España ha generado una gran expectación y, en cierta medida, todos quieren también apropiarse un poco de él, agarrarlo a su favor. Empezando por las propias iglesias particulares que pugnaron al principio, cuando se conoció el proyecto, por arrancar al menos una corta visita a su territorio; continuando por los políticos que, a favor o en contra, aprovecharán la visita para contentar a su electorado; y terminando por los millones de personas que trataremos de pillar los mejores puestos para poder estar lo más cerca de él, que nos dirija una mirada, ¡cuánto más un apretón de manos, un abrazo o una frase, aunque sea breve!

Del viaje del Papa todo el mundo va a opinar. Durante una semana, no se hablará de otra cosa. Se interpretará cada gesto, cada palabra, se analizará su vestimenta, el coche que lo llevará o el sitio donde dormirá; y cada uno lo interpretará según su propio cliché preconcebido para felicidad o disgusto. «En esto se aleja del papa Francisco» –dirá uno–; «en aquello se acerca al papa Francisco» –dirá otro–; un pasito p’alante, María, un pasito p’atrás.

Salvo honrosas excepciones, los platós de televisión, las tertulias radiofónicas y las tribunas de opinión se llenarán de cristianos raros, muy raros, desde luego alejados del común de los parroquianos, que representarán a no sé qué corriente eclesial de rebotados muy del gusto de la línea editorial del medio. Lo que sea antes de dar voz a cristianos afines a la Iglesia, no vaya a ser que parezca que el medio haga proselitismo. 

Serán días en los que cada uno pegará su propio tirón de la sotana blanca para arrimárselo más, para apoyar sus propias ideas y para apoderarse de su figura, zarandeando al pobre Papa. Por eso me ha gustado mucho el lema imperativo del viaje: «Alzad la mirada», porque como el «Noli me tangere» nos invita a no quedarnos solo en lo superficial y a dejar a Dios ser Dios, y al Papa ser Papa. Si no abrimos nuestro corazón a la novedad, si no nos dejamos sorprender por lo que el Papa venga a decirnos, la visita habrá sido en balde. León XIV volverá a Roma y nosotros, a nuestra rutina de siempre, sin dejar ningún poso.

Alcemos la mirada, abramos el oído dejando atrás nuestras ideas preconcebidas y dejémonos empapar por la Buena Noticia que el Papa quiera darnos ¡Qué ganas!

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

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