El viaje del Papa a España exige superar la tentación de hacer un gran espectáculo, aun sabiendo que algunos de los actos que se llevarán a cabo pueden ser vistos de ese modo. La llamada a alzar la mirada puede ser entendida como el contrapunto a no quedarnos en lo espectacular.No podemos continuar mirando a ras de suelo, enredados en lo que ocurre cada día o absortos en nuestras propias soledades. Somos desafiados a reunirnos, escuchar, acoger y alzar juntos la mirada, como nos propone el lema de la visita. Podremos mirar este acontecimiento como un evento más dentro de un calendario apretado. Pero también podremos ayudarnos unos a otros a contemplarlo con más profundidad.
El Santo Padre nos ayudará a ir más allá de lo que simplemente “se ve” para dirigirnos hacia Dios. Y desde Dios podremos viajar al corazón de nuestra vida y la de tanta gente buena que está a nuestro alrededor. La presencia del Papa León XIV nos ayudará a vislumbrar el sentido de la vida, anunciará una esperanza trascendente a nuestros jóvenes y a nuestra sociedad cansada y nos situará ante el regalo de la vida eterna que celebramos en la Pascua.
Un mirar más alto, con los pies en la tierra, que nos permitirá redescubrir el significado de la dignidad humana y de la ética del amor como piedra angular imprescindible para nuestro tiempo.
Abrazar al sucesor de Pedro
Estamos ante una oportunidad para responder a Jesucristo. Cada uno de nosotros somos invitados, con Pedro delante, presente en su sucesor, a responder a la pregunta que Pedro escuchó junto al lago: “¿Me amas?”. Una pregunta que desde entonces atraviesa la historia de la Iglesia, resuena en cada generación de creyentes y llega también hasta nosotros. Hoy somos nosotros quienes tenemos la oportunidad de ponernos delante de Jesús, con todos sus discípulos y con toda su Iglesia, participar de ese coloquio, y así responder a esa pregunta que Jesucristo nos hace. Una respuesta que debe dar cada uno, pero que también podemos y debemos hacer juntos, como comunidad cristiana.
Una respuesta que sea expresión de comunión, que muestre la armonía presente en nuestra Iglesia. Más allá de la tentación del individualismo, somos llamados a manifestar en nuestra respuesta que la Iglesia es una gran armonía. La visita del Santo Padre nos ofrece la oportunidad de volver a escuchar aquella pregunta y de responder, personal y comunitariamente, desde lo más profundo de nuestro corazón. Una expresión de comunión con aquel que viene a confirmar la fe y a hacernos ver la necesidad de profundizar más en el sentido de la Iglesia.
Una visita que se produce pocos días después de finalizar el tiempo pascual. Durante la Pascua tenemos la ocasión de renovar la fe de todos los bautizados, fortalecer la esperanza y reavivar la caridad de cada uno de nosotros y de todas nuestras comunidades. Junto con la Iglesia universal, por la que nos sentimos abrazados en la figura del sucesor de Pedro, somos desafiados a responder a ese abrazo, alargando los brazos de nuestra diócesis y uniendo nuestro corazón al suyo.
La ilusión, esperanza y espíritu de servicio se han convertido en una tónica en la vida de nuestra diócesis que prepara este acontecimiento. De hecho, la visita del Santo Padre, que hemos venido preparando en las últimas semanas con gran generosidad por parte de mucha gente, es una oportunidad para fortalecernos en la fe como Iglesia que camina unida y que mira a nuestro mundo como campo de misión.
Asumir la misión
Este viaje del Papa León XIV a nuestro país y nuestra diócesis viene a sacar de nosotros el compromiso cristiano para decir que tenemos una responsabilidad delante del mundo de cómo hacemos crecer el Reino de Dios en medio de esta realidad. Puede ser un momento para ponernos en el horizonte la misión de la Iglesia y ver cómo cada uno desde su realidad podemos responder.
Un testimonio que pueda ofrecer respuestas en medio de una situación social y mundial compleja. La humanidad sufre ante el drama de la violencia y de las muchas guerras abiertas en distintas regiones del mundo. Siguiendo el eco de las palabras pascuales del Señor Resucitado: “Paz a vosotros” (Jn 20, 19), el Santo Padre, que, desde el inicio de su pontificado asumió la prioridad de la paz, de “una paz desarmada y desarmante”, llega a nosotros para confiarnos la misión de ser artesanos de la paz.
Esta es una tarea que somos llamados a acometer con responsabilidad. Es una misión común. Todavía más ante una visita en la que el sucesor de Pedro vendrá a recordarnos que nuestro mundo tiene futuro y que los cristianos tenemos mucho que ofrecer desde la espiritualidad, el encuentro y la fraternidad. Que este viaje, cada día más cercano, sea oportunidad para dar un mensaje fundamental, que es que la fe está por encima de otras individualidades, que la fe nos une y nos pone al pie de la Cruz, nos pone en la Resurrección.
Arzobispo de Madrid




