– Rusell Shaw, OSV News
A finales de la primavera o principios del verano de 1842, Isaac Hecker tuvo una visión. A su lado, al parecer, se encontraba “un ser angelical, puro y hermoso”, cuya presencia le produjo “una alegría celestial”. Esta experiencia, que le cambió la vida, impulsó al joven, de apenas 22 años, a buscar un modo de vida que de alguna manera se correspondiera con ella.
Aunque no consta que Hecker tuviera otras visiones después de ésa, en un sentido más amplio, el fundador de los Padres Paulistas siguió siendo un visionario durante toda su vida.
Un gran sueño, la conversión de la América protestante al catolicismo
Su gran objetivo era la conversión de la América protestante al catolicismo, algo que, según él, era posible. Al fin y al cabo, decía, en Estados Unidos “la verdadera religión encontrará la acogida que en vano ha buscado en otros lugares”.
Si algún día es canonizado (el proceso comenzó en 2008 y actualmente ostenta el título de ‘Siervo de Dios’), es comprensible que se le designe patrón del movimiento americanista dentro del catolicismo estadounidense.
‘Patrocinador del impulso americanista’
En el plano ideológico, nadie, ni antes ni después, ha hecho más que el padre Isaac Hecker para promover la integración católica en la cultura secular de Estados Unidos.
Nació el 18 de diciembre de 1819 en Nueva York, tercer hijo y el menor de una familia de inmigrantes germano-americanos. Los Hecker eran panaderos, oficio que Isaac también ejerció. Pero desde temprana edad, a pesar de tener pocos o ningún vínculo con la iglesia, mostró un interés inusual por la religión.
Con el tiempo, esto lo condujo al movimiento vagamente religioso de intelectuales de Nueva Inglaterra llamado trascendentalismo y a las comunidades experimentales de Brook Farm y Fruitland.
Moviéndose en estos círculos estimulantes, el joven se vio influenciado inicialmente por Ralph Waldo Emerson, el pensador estadounidense más destacado de principios del siglo XIX. Sin embargo, con el tiempo, se desencantó con las creencias de Emerson, quejándose de que el gran hombre “no tenía ni idea de lo que era la iglesia”.
Amistad con Orestes Brownson. Bautismo, sacerdocio, misionero
Por esta época conoció y entabló amistad con Orestes Brownson, un conocido escritor y conferenciante sobre religión y cuestiones sociales, y buscador religioso como Hecker.
Brownson, dieciséis años mayor que él, lo orientó hacia el catolicismo. Ya en abril de 1843, Hecker escribió en su diario: “Solo la Iglesia Católica parece satisfacer mis anhelos”. El 1 de agosto de 1844 fue bautizado por el obispo (más tarde cardenal) John McCloskey de Nueva York. Brownson hizo lo mismo poco después.
Sintiendo la vocación al sacerdocio, Hecker ingresó en la orden de los Redentoristas y, tras cursar estudios en un seminario en Bélgica, fue ordenado sacerdote en octubre de 1849 por el cardenal Nicholas Wiseman de Westminster.
“Cuestiones del alma”. Una América católica
De regreso a Estados Unidos, el padre Hecker trabajó como misionero redentorista. A medida que su visión de una América católica crecía y tomaba forma, también comenzó a plasmar sus ideas por escrito. El resultado fue el libro “Cuestiones del alma”.
Publicado en 1855, la obra fue ampliamente debatida y le valió a su autor una reputación nacional. Argumentando que el protestantismo no satisfacía las necesidades de buscadores como él, escribió que se acercaba el momento en que la Iglesia católica sería vista como la única respuesta satisfactoria. “Hecker abogaba por nada menos que una América católica, no por el bien de la Iglesia, sino por el de la nación y su gente”, según el biógrafo David O’Brien.
Celo evangelizador
Aprovechando rápidamente el éxito de su libro, el padre Hecker publicó dos años después “Aspiraciones de la Naturaleza”, un volumen que exponía su visión evangelizadora para los Estados Unidos y la lógica de su conversión al catolicismo.
Para su pesar, “Aspiraciones” recibió mucha menos atención que el anterior. Para el autor, resultó especialmente decepcionante la reseña de Orestes Brownson en su propia revista Quarterly Review.
Brownson desestimó la idea de que Estados Unidos fuera un terreno propicio para la labor misionera católica. Sostenía que el número de “buscadores sinceros” era mucho menor de lo que Hecker suponía, y que, de hecho, “apenas había un rasgo en el carácter estadounidense… que no fuera más o menos hostil al catolicismo”.
Mientras tanto, Hecker se sentía cada vez más insatisfecho con los Redentoristas, a quienes consideraba más interesados en ofrecer misiones parroquiales a inmigrantes alemanes que en convertir a intelectuales como sus antiguos amigos de Brook Farm.
En agosto de 1857, realizó un viaje no autorizado a Roma para exponer su caso ante el superior de la Orden. Sin embargo, como consecuencia, fue expulsado.
Fundación de los Padres paulistas
Pero el viaje no fue en absoluto un fracaso. Durante su estancia en Roma, conoció al Papa Pío IX y obtuvo su apoyo para su ambicioso proyecto de evangelización.
De regreso a Estados Unidos al año siguiente, él y otros cuatro ex Redentoristas se unieron para fundar una nueva orden: la Congregación de los Sacerdotes Misioneros de San Pablo Apóstol, más conocida como los Padres Paulistas.
En los años siguientes, el padre Hecker estuvo muy ocupado, viajando constantemente para dar conferencias a un público mayoritariamente no católico. En uno de esos viajes, recorrió 7.200 kilómetros y habló ante unas 30.000 personas, una cifra considerable en los tiempos anteriores a la radio, la televisión y las redes sociales. “Está modernizando el sistema y preparándose para impulsarlo con vapor”, comentó un escritor.
Publicaciones. Concilio Vaticano I. Infalibilidad papal
En 1865 lanzó la revista The Catholic World, que se publicaría durante más de un siglo. Al año siguiente fundó la editorial Paulist Press.
Durante el Primer Concilio Vaticano (1869-1870), el padre Hecker logró un puesto en la periferia como representante del obispo de Columbus, Ohio, que no asistió. Al principio, coincidió con el grupo que se oponía a emitir una definición formal de la doctrina de la infalibilidad papal en aquel momento, pero después de que el Concilio definiera el dogma de todos modos, lo acogió con beneplácito e incluso lo vio como un posible impulso para la evangelización de Estados Unidos.
Religión y sociedad
A principios de 1870, envió a su amigo Brownson una carta extraordinaria desde Roma que provocó una respuesta igualmente extraordinaria. Pocas veces se han expuesto con tanta claridad los términos del debate sobre la situación de la Iglesia en Estados Unidos como en la misiva del padre Hecker y la respuesta de Brownson.
El padre Hecker escribió con su entusiasmo característico sobre la acogida que había recibido de los europeos que envidiaban la separación entre Iglesia y Estado al estilo estadounidense. En ello se confirmaba algo que llevaba tiempo creyendo: la democracia estadounidense estaba “extendiendo la influencia de la Iglesia, añadiendo un nuevo título de gratitud por sus servicios y mostrando, bajo una nueva luz, la absoluta necesidad de la religión para la sociedad civil y el buen gobierno”.
Brownson no estaba convencido. Si bien apoyaba el sistema estadounidense como “la forma legal y única practicable”, decía, consideraba que estaba en conflicto fundamental con el catolicismo.
“Tanto los católicos como el resto de la población se impregnan del espíritu del país… la libertad frente a toda restricción, la licencia sin límites. Estamos tan lejos de convertir al país que ni siquiera podemos mantenernos firmes”.
Enredados en la herejía del “americanismo”
Poco después del Concilio Vaticano I, la salud del padre Hecker empeoró. Pasó sus últimos años en un estado de semiincapacidad, cada vez más aislado dentro de la comunidad que había fundado. Agotado por la enfermedad y las esperanzas frustradas, falleció el 21 de diciembre de 1888, tras bendecir a los paulistas con quienes convivía.
Inevitablemente, el nombre del padre Isaac Hecker está vinculado a lo que hoy se conoce como “americanismo”. La historia, bastante compleja, se resume así: en 1896, se publicó en francés la obra “Vida de Isaac Thomas Hecker”, escrita por un paulista llamado Walter Elliott, con una larga introducción de un sacerdote francés liberal que exageraba las virtudes del padre Hecker.
¿Catolicismo a la carta?
Mientras tanto, Roma se mostraba preocupada por las tendencias del pensamiento católico liberal en Europa, que asociaba con la Iglesia en Estados Unidos y con el fundador de los paulistas. En 1899, el papa León XIII publicó un documento —dirigido nominalmente al líder de la jerarquía estadounidense, el cardenal James Gibbons, de Baltimore— en el que condenaba específicamente las ideas que resumía bajo el título de “americanismo”.
Los historiadores que simpatizan con la americanización del catolicismo estadounidense suelen restar importancia a la crítica papal y tachan a la americanización de “herejía fantasma”.
Sin embargo, el documento del Papa León XIII contiene una advertencia sorprendentemente premonitoria contra actitudes comunes en el catolicismo estadounidense actual. Entre ellas destaca la selección arbitraria de doctrinas de la Iglesia, a menudo denominada “catolicismo a la carta”.
¿Qué tiene que ver eso con Hecker?
Aun así, es lógico preguntarse hasta qué punto todo esto tiene que ver con el padre Isaac Hecker. Hoy, al igual que en su vida, se le conoce sobre todo como un visionario apasionado y un optimista decidido que quería que los católicos se integraran en la sociedad estadounidense mayoritaria con el fin de convertirla. Si eso aún no ha sucedido del todo, difícilmente puede ser culpa de Hecker.
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– Russell Shaw, periodista y escritor de larga trayectoria, fue autor de más de 20 libros, entre ellos tres novelas. Falleció en enero de 2026.
– Nota del editor: Este artículo forma parte de una serie que explora las vidas de grandes católicos estadounidenses con motivo de la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos.
– Publicado originalmente en OSV News en inglés, pueden consultarlo aquí.
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