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Lourdes: lugar bendito de profesión de fe en la belleza y la sacralidad de la vida.

La defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural, fue uno de los temas centrales de la jornada del Papa León XIV en Lourdes.

Gonzalo Meza-27 de Settembre de 2026-Tempo di lettura: 3 minuti
papa francia Lourdes

El Papa bendice a un enfermo a su llegada a Lourdes ©CNS photo/Vatican Media

El domingo 27 de septiembre por la mañana, el pontífice se reunió a puerta cerrada con los obispos de Francia en el hemiciclo de santa Bernadette del santuario de Lourdes.

El Santo Padre pidió a los prelados valentía, audacia y creatividad para evangelizar y les dejó una sola hoja de ruta: «dar a conocer y hacer amar a Jesucristo».

A partir de ese fundamento, repasó los grandes desafíos de la Iglesia en Francia en este momento: la voz de la Iglesia en el debate público, la laicidad, la educación católica, los abusos, las vocaciones, la familia y la unidad.

La Iglesia presente en la sociedad

Sobre la voz de la Iglesia en el debate público, afirmó que la Iglesia ha contribuido a construir Francia y sigue siendo parte de su cultura y de su identidad. Por eso, dijo, su palabra tiene un lugar en la discusión pública, con una autoridad profética, aunque no siempre se la escuche o se la siga.

Al referirse a la laicidad francesa —que describió como un régimen particular, fruto de una historia agitada y hoy apaciguada—, advirtió que ese equilibrio se está cuestionando poco a poco, como en otros países de Occidente.

Por ello pidió a los obispos no resignarse y mantenerse vigilantes para defender la libertad de la Iglesia para evangelizar, educar y celebrar públicamente el culto, de modo que pueda ejercer visiblemente la caridad.

Incontro con le vittime di abusi

Al referirse a los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero o en ámbitos eclesiales, a los que calificó como una dolorosa lacra, agradeció a los obispos las medidas valientes que han tomado: la escucha, la búsqueda de la verdad, la justicia, la reparación y una cultura de prevención. 

Reconoció que hubo momentos muy difíciles para la Conferencia Episcopal y pidió mantener la máxima vigilancia. Sobre este mismo tema, por la tarde, poco después de las 17.30, el Papa se reunió en privado en la Casa Episcopal de Lourdes con siete víctimas de abusos, cuatro hombres y tres mujeres. 

La Sala de Prensa de la Santa Sede informó que el pontífice escuchó a cada uno por separado, rezó con algunos de ellos y, al final del encuentro, reafirmó su compromiso de que ese mal jamás se repita.

El Papa en Lourdes, conversión y sanación

A las 11 de la mañana, el pontífice presidió la misa en la pradera del santuario, ante cerca de 150 mil personas. En su homilía habló de la conversión, aspecto central del mensaje que la Virgen confió a santa Bernardita. Convertirse es elegir la vida —también la vida eterna— y no admite demoras: «es hoy —no mañana— cuando hay que convertirse». Porque, explicó, «convertirse significa abandonar los senderos del extravío para seguir el Camino de la Vida». 

Esa exigencia, subrayó, es también para la Iglesia: «Esta exigencia de conversión compromete a la propia Iglesia en su peregrinación terrenal. Debe, ante todo, tener el valor de vivir esa conversión». Y añadió: «Para sanar las profundas heridas, las infidelidades y los dolorosos extravíos cometidos en su seno, debemos someternos humildemente a la mirada purificadora del Señor».

 Lourdes, el lugar de la sacralidad de la vida

En una alusión a la reciente ley francesa sobre la ayuda para morir, el Papa afirmó: «Frente a las corrientes actuales que pretenden redefinir el valor de la vida humana ante la enfermedad, el sufrimiento o la vejez, la Gruta de Massabielle se erige como un santuario de la esperanza cristiana. Aquí no se rechaza ninguna fragilidad. […] Lourdes es el lugar bendito de una profesión de fe en la belleza y la sacralidad de la vida».

Al finalizar la misa dirigió el rezo del Ángelus, en el que invitó a los fieles a rezar el Rosario durante el mes de octubre por el fin de las guerras.

“Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida”

Por la tarde, en un encuentro con los trabajadores y los enfermos del Accueil Notre-Dame —lugar del santuario dedicado a acoger y acompañar a los peregrinos enfermos—, volvió a hablar con más énfasis sobre la dignidad de la vida humana. El pontífice afirmó que la dignidad de la persona «no se mide ni se discute» y que ninguna ley humana debe hacer perder la certeza de esa dignidad. 

«Precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión», dijo. Y añadió: «Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral».

A médicos y cuidadores les recordó que su vocación es «hacerse cargo de una persona que sufre y no eliminarla». También repitió unas palabras suyas de junio pasado: «¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!». Y a los enfermos les dijo: «ustedes no son un peso, son el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia».

Por la noche, el Papa encabezó el rezo del Rosario y la procesión de las antorchas, en la que se presentó como un peregrino más entre los peregrinos. La costumbre de las velas nace el 19 de febrero de 1858, cuando Bernardita llegó a la gruta con un cirio bendito encendido. La primera procesión mariana de antorchas se celebró el 28 de agosto de 1872.

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