The World

El Encuentro de Asís de Oración por la Paz pide diálogo, y pendiente del Papa

El Encuentro Internacional por la Paz de Asís, bajo el lema ‘Una paz desarmada y desarmante’, inspirado en el Mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, se inauguró ayer tarde 25 de octubre, y prosigue sus sesiones con los líderes religiosos y culturales este lunes, en la expectativa del Mensaje del Papa.

Editorial Staff Omnes-26 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

40 años después del histórico encuentro de Asís (Italia) de 1986, cuando representantes de las religiones mundiales se reunieron en la ciudad de san Francisco para rezar por la paz por invitación del Papa Juan Pablo II, Asís vuelve a ser lugar de encuentro y diálogo, y búsqueda de vías de paz, del 25 al 27 de octubre.

Mientra tanto, este lunes han comenzado las sesiones de trabajo, con ponentes como el cardenal arzobispo de Kinshasa (R.D.Congo), Fridolin Ambongo, el periodista de Al Jazeera, Khadija Benguenna, o el fundador del “Forum for a New South Asia” (India), Sudheendra Kulkarni.

“Ayudar la mundo a respirar”

El presidente de Sant’Egidio, Marco Impagliazzo, ha manifestado que “tras 40 años queremos ayudar al mundo a respirar. Si el mundo sufre sin diálogo, en Asís pediremos a los representantes de las religiones de más de 55 países del mundo, a todas las personas que se han inscrito (y son más de 5.000, porque hay una gran expectativa), les pediremos a todos que encuentren los caminos para vivir este diálogo por la paz en los grandes escenarios y también en la vida de cada día”. 

“Las guerras siembran muerte y destrucción, y empobrecen el mundo”

Los participantes en el Encuentro han recordado las palabras del Papa León XIV ayer en el Ángelus.

Al invitar a seguir rezando por la paz, el Pontífice señaló este domingo que mañana martes se unirá espiritualmente a los responsables de las Iglesias y a los líderes religiosos que se reunirán en Asís en el 40 aniversario del encuentro convocado por san Juan Pablo II. 

El Papa tenía previsto acudir, pero los médicos le han desaconsejado el viaje en helicóptero como medida de precaución tras la operación. León XIV señaló en el Ángelus que nunca como ahora resulta evidente que las guerras, “además de sembrar muerte y destrucción, empobrecen y dañan al mundo”, y ha pedido al Señor que inspire decisiones de diálogo y de paz.

La denuncia de Hala Alkarib sobre Sudán y el Cuerno de África

Una de las ponentes de la inauguración del Encuentro fue Hala Alkarib, directora regional de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres del Cuerno de África, organización que trabaja para documentar y denunciar las violaciones de los derechos humanos.

En Sudán, explicó, la situación es dramática: más de 250.000 civiles han muerto en cuatro años desde que comenzó el conflicto. Se saquean viviendas, iglesias, mezquitas y museos, y la violencia sexual se ha vuelto cada vez más frecuente.

“Esto no está ocurriendo únicamente en Sudán. Se está extendiendo a otras partes del Cuerno de África”, añadió Alkarib , quien reclama una nayor implicación de las instituciones inspiradas en la fe, 

A su juicio, una paz desarmada y desarmante exige situar a la persona humana en el centro. “Se trata de la humanidad. Se trata de nuestra existencia, de vivir en paz y compartir los recursos que tenemos, proteger nuestro medioambiente y nuestros ecosistemas”, precisó.

24 mesas redondas 

El programa está lleno de eventos, desde la asamblea inaugural ayer, a las 24 mesas redondas previstas durante hoy y mañana, sobre los problemas actuales (como la paz, desarme, crisis climática, migrantes, democracia y solidaridad) y hasta la ceremonia final, la tarde del 27 de octubre.

“Paz desarmada y desarmante”

Las guerras en Oriente Medio, Ucrania y Rusia, o en África, como acabamos de ver, están en la mente de los ponentes estos días. Como botón de muestra, el atentado terrorista del pasado viernes contra los fieles de la iglesia ortodoxa de San Jorge en Harmoud, en Karak (Jordania), en el que murieron nueve personas y en torno a cuarenta resultaron heridas. “Estoy cerca de esa comunidad y de todo el país”, manifestó ayer el Papa

Agentes de policía evacúan a un anciano residente del asentamiento rural de Komyshuvakha, en la línea del frente de Ucrania, el 19 de octubre de 2026, en medio del ataque ruso contra Ucrania. (Foto de OSV News/Reuters).

El Encuentro por la Paz de Asís lleva por título este año “Paz desarmada y desarmante – “Unarmed and Disarming Peace”, y está inspirado en inspirado en el Message del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, publicado el 1 de enero de este año.

En el Mensaje, el Pontífice subrayó entre otras, estas ideas:

- La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. (…). St. John XXIII introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. 

- "un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre”: “vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto”.

“Gastos militares, el 2,5 % del PIB mundial”

En este Mensaje, el Papa ofreció el siguiente dato: “en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial”.

The authorEditorial Staff Omnes

Vocations

La felicidad y la vocación cristiana, a examen con Adrien Candiard

El dominico se acercará a cuestiones fundamentales de la vida del cristiano en un evento que tendrá lugar en la Sede de Postgrado de la Universidad de Navarra en Madrid, el próximo viernes 6 de noviembre de 2026, a las 19:00 h.

Maria José Atienza-26 de October de 2026-Reading time: < 1 minute

Adrien Candiard, dominico de origen francés, afincado en El Cairo, disertará el próximo 6 de noviembre sobre qué significa la felicidad, la realidad de la vocación y el compromiso del cristiano, temas centrales de su último libro, editado por Ediciones Encuentro, Cuando estabas bajo la higuera.

En un formato de conversación con Vicente Niño, Candiard se acercará a las grandes cuestiones de la vida de cada persona tales como ¿Cómo vivir la vida en plenitud? ¿Qué existencia quiere Dios para nosotros?

Inscríbete aquí

El evento, que se podrá seguir de forma presencial y online, está organizado por Omnes, Ediciones Encuentro y el Máster de Cristianismo y cultura contemporánea de la Universidad de Navarra y cuenta con el patrocinio de CARF Foundation y Banco Sabadell .

«Felicidad y vocación del cristiano» tendrá lugar en la Sede de Postgrado de la Universidad de Navarra en Madrid, el próximo viernes 6 de noviembre de 2026at 7:00 p.m..

Por qué rezar en familia, incluso cuando cuesta

La oración en familia, pese al cansancio y las dificultades del día a día, ayuda a los padres a transmitir la fe a sus hijos y a sembrar en sus corazones una confianza en Dios que les acompañará toda la vida.                

26 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

En numerosas ocasiones, empezamos a contar los minutos para que llegue la hora de dar la cena y acostar a nuestros hijos.

​Sin embargo, cuando terminamos de cenar, hay un paso previo a esa «batalla» de acostar a los pequeños: rezar en familia.

​Muchos se preguntarán: ¿para qué hacerlo en casa si ya rezan en el colegio (quienes van a centros educativos de ideario cristiano), en la catequesis o en la misa dominical?

​En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos dice: «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Del mismo modo, el Venerable Patrick Peyton acuñó una frase célebre: «Familia que reza unida, permanece unida», máxima que más tarde popularizó San Juan Pablo II en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae en 2002.

​A primera vista, parece sencillo sentarse y ponerse a rezar; pero, en la práctica, suele convertirse en una auténtica batalla campal. Los pequeños no paran quietos, los mayores discuten, otros piden cosas sin sentido… y, mientras tanto, nuestro cansancio acumulado nos recuerda que el día llega a su fin y todo se hace cuesta arriba.

​Y, sin embargo, resulta increíble comprobar cómo, en ese breve rato de oración, se piden perdón mutuamente, recuerdan a sus amigos o familiares enfermos y rezan por quienes atraviesan situaciones complicadas.

​De ahí surgen momentos valiosos de diálogo en los que los padres podemos ofrecerles una palabra orientadora para que descubran cómo actúa Dios en su día a día. Incluso a menudo nos sorprenden con su propia mirada: más sencilla que la de los adultos, pero infinitamente más profunda.

​Por eso se dice que la familia es la iglesia doméstica: el espacio donde los padres transmiten la fe a los hijos que Dios les ha encomendado, educándolos con la mirada puesta en el cielo.

​Quienes hemos recibido este cometido nos preguntamos con frecuencia si lo estamos haciendo bien, si nos pasamos de duros o de blandos, o si les prestamos menos atención de la que necesitan. Nos preocupamos por llevarlos a un buen colegio que les proporcione un alto nivel académico y refuerce los valores cristianos del hogar. En definitiva, intentamos darles las herramientas para que un día salgan de casa y se enfrenten a la vida lo mejor posible.

​Sin embargo, la herramienta fundamental para ser felices, a pesar de las dificultades que encontrarán, es la fe. Una fe que habrá dejado una semilla imborrable en sus corazones gracias, precisamente, a esas batallas previas a la cama en las que la familia se reunía a rezar.

The authorMiguel Pedro Gil Calvo

Father of six daughters. Speech-Language Pathologist and child of deaf adults (CODA). My personal and professional stories are intertwined in a single calling: to break down communication barriers.

Evangelization

5 ideas de Chesterton para quienes se acercan a la fe católica

Al hilo de la sed de Dios que se aprecia en estos tiempos, puede ser útil recordar algunas obras del genial escritor inglés, converso a la Iglesia católica en 1922, G. K. Chesterton, gran apologista de la fe. Por ejemplo, ‘Ortodoxia’, donde describe las razones de su conversión, y ‘La Iglesia católica y la conversión’.

Francisco Otamendi-26 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

Una de las obras más directas de G. K. Chesterton (Londres 1874 – Beaconsfield 1936), sobre el acercamiento a la fe católica es ‘La Iglesia católica y la conversión’ (The Catholic Church and Conversion), publicada en 1926.

En ella reflexiona sobre las razones que llevan a una persona a abrazar la fe, las dificultades y las distintas etapas de su acercamiento a la Iglesia.

Será muy útil también la lectura y consulta de ‘Ortodoxia’, que junto a ‘El hombre eterno’, son obras citadas por el profesor Juan Luis Lorda entre los 10 grandes libros de Teología.

Razones de su conversión

En ‘Ortodoxia’, Chesterton describe las razones de su conversion, utilizando el mismo argumento de Newman: “muchas razones convergentes”. Por el testimonio, la verosimilitud, la sensatez que pone en muchas cosas del mundo, etc. 

Los consejos de G. K. Chesterton no se presentan como un manual de instrucciones, sino como reflexiones nacidas de su propia experiencia y de su particular manera de defender la fe mediante la razón y el sentido común.

Pueden sintetizarse en cinco.

1. No hay un único camino hacia la fe

Chesterton rechaza la idea de que todos los conversos llegan al catolicismo por el mismo motivo. Algunos lo hacen mediante el estudio intelectual; otros, por una experiencia personal, el contacto con una persona ejemplar, la historia o una crisis moral.

En el prólogo a ‘La Iglesia católica y la conversión’, sostiene que los caminos de acceso a la fe son innumerables y que las personas que los recorren son muy diferentes entre sí.

Honradez intelectual

2. Acercarse a la Iglesia con honradez intelectual

En el capítulo I, ‘Introducción: una nueva religión’, y en el capítulo II, ‘Los errores evidentes’, Chesterton invita a reconsiderar los prejuicios sobre la Iglesia y a conocer lo que realmente enseña.

Su planteamiento es comenzar por ser justo con la Iglesia, sin dar por ciertas las acusaciones que se oyen contra ella. El estudio de la fe puede convertirse así en un descubrimiento apasionante.

3. No confundir admirar la fe con dar el paso de abrazarla

En ‘La Iglesia católica y la conversión’, Chesterton describe tres etapas: primero, considerar la Iglesia desde cierta distancia; después, descubrir lo que realmente enseña; finalmente, experimentar el temor ante la posibilidad de entrar en ella.

La dificultad aparece cuando la persona deja de ser una observadora externa y comprende que la fe puede reclamar una respuesta personal.

La búsqueda

4. No tener miedo de que la fe limite la razón

En Ortodoxia (Orthodoxy, 1908), una de sus principales obras de apologética cristiana, Chesterton defiende la compatibilidad entre la razón, la experiencia humana y la fe cristiana. El libro se publicó antes de su conversión al catolicismo, pero recoge buena parte de la búsqueda intelectual que lo condujo hacia ella.

Algún autor ha manifestado que si a él lo mandaran a “una isla desierta … y eligiera sólo un libro aparte de la Biblia, yo podría muy bien elegir la propia travesía espiritual de Chesterton, Ortodoxia”.

5. Buscar la verdad, no una religión hecha a la propia medida

Chesterton presenta la conversión como el reconocimiento de una verdad objetiva, no simplemente como la elección de aquello que proporciona tranquilidad o coincide con las preferencias personales.

En la presentación editorial de ‘La Iglesia católica y la conversión’, G. K. Chesterton resume dos elementos esenciales de su pensamiento: reconocer que la verdad es real, independientemente de los gustos personales, y buscar la liberación del pecado.

“La Iglesia es una casa con cien puertas”

G. K. Chesterton recoge en alguna de sus obras esta conocida formulación al explicar su reflexión sobre las conversiones: “La Iglesia es una casa con cien puertas, y no hay dos personas que entren exactamente desde el mismo ángulo” 

La frase resume bien su pensamiento: cada persona tiene su historia, sus preguntas y sus razones para acercarse a Dios. No existe un itinerario intelectual o emocional idéntico para todos, aunque la búsqueda pueda conducir a una misma verdad.

The authorFrancisco Otamendi

The Vatican

El Papa recuerda en el Ángelus que no se puede amar “por mandato”

León XIV ha comentado el mandamiento del amor y ha rezado por Yemen y por las víctimas del atentado contra una iglesia en Jordania

Inmaculada Sancho Gómez-25 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

Desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, León XIV ha comentado en el Ángelus de este XXX Domingo del Tiempo Ordinario el Evangelio en el que un doctor de la Ley pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más grande (Mt 22, 34-40). Es la segunda vez que el Papa preside la oración mariana desde que recibió el alta en el Policlínico Gemelli, donde fue operado el pasado 13 de octubre.

El Señor “nos conduce una vez más al corazón de nuestra fe”, ha afirmado el Papa al comentar esa respuesta. Cristo sitúa el amor en el centro de la relación con Dios, porque no basta con saber que Dios existe, que es único o que es omnipotente: “El Señor nos pide una relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios”.

Un amor que responde

León XIV ha explicado que, en el encuentro con Él, el mandamiento del amor “no es una obligación ni una imposición”. “No se puede amar ‘por mandato’”, ha subrayado. El amor a Dios responde a un deseo propio del hombre, que halla su cumplimiento en la comunión con Él, y por eso nuestro amor es auténtico “cuando es respuesta a su amor, que siempre nos precede”. El Papa ha añadido que de ahí nace la necesidad de implicar a toda la persona: “Corazón, alma y mente”.

Al primer mandamiento Jesús une un segundo, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, que según el Papa “surge de una misma fuente”. A partir de la relación íntima con Dios somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y a los demás “con la misma mirada de Cristo”. Así se vence el egoísmo, el amor por uno mismo se hace caridad y la propia existencia “se hace don para quien está a nuestro lado”.

Sin amor, la fe se queda sin contenido

El Pontífice ha recordado a santa Teresa del Niño Jesús, que escribió que “solo el amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio”. El Papa ha advertido de lo que ocurre sin él: “nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana”.

“No podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas”, ha afirmado el Papa, del mismo modo que no podemos amar al prójimo “sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús”. Antes de rezar el Ángelus, ha invitado a pedir al Señor “la gracia de un corazón nuevo, capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento”, confiando esta petición a la Virgen María.

Yemen y Jordania

Tras la oración, León XIV ha expresado su preocupación por la grave situación humanitaria en Yemen, en especial en la ciudad de Taiz, donde la población sufre la falta de alimentos, agua y asistencia médica. “Dirijo un sentido llamamiento para que cesen las hostilidades”, ha dicho, y ha pedido que se garantice al pueblo yemení, y a todos los de la región, vivir en paz.

También ha asegurado su oración por los muertos y heridos en el atentado terrorista del pasado viernes contra los fieles de la iglesia ortodoxa de San Jorge en Harmoud, en la provincia jordana de Karak, donde unos atacantes abrieron fuego durante un funeral, en el que murieron nueve personas y una cuarentena resultaron heridas. “Estoy cerca de esa comunidad y de todo el país”, ha manifestado el Papa, que ha descrito Jordania como un lugar que se distingue por la convivencia pacífica y el respeto entre las distintas religiones.

Unidos al encuentro de Asís

Al invitar a seguir rezando por la paz, el Pontífice ha recordado que el martes 27 de octubre se unirá espiritualmente a los responsables de las Iglesias y a los líderes religiosos que se reunirán en Asís en el 40 aniversario del encuentro convocado por san Juan Pablo II. El Papa tenía previsto acudir, pero los médicos le han desaconsejado el viaje como medida de precaución tras la operación. León XIV ha señalado que nunca como ahora resulta evidente que las guerras, “además de sembrar muerte y destrucción, empobrecen y dañan al mundo”, y ha pedido al Señor que inspire decisiones de diálogo y de paz.

Entre los peregrinos a los que ha saludado al final se encontraban los miembros de la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación), de España, junto a grupos de estudiantes llegados de Irlanda y de Polonia y fieles de varias localidades italianas, a todos los cuales ha deseado, como cada semana, un feliz domingo.

Resources

5 maneras de prepararse para la Misa

Cinco claves para prepararse mejor para la Misa, desde la reflexión sobre las lecturas hasta la participación en la comunidad y el encuentro personal con Dios.

OSV / Omnes-25 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

La mayoría de los eventos en la vida requieren preparación. Cuando viajas, llegas temprano al aeropuerto para pasar el control de seguridad. Cuando vas a un concierto o evento deportivo, llegas temprano para encontrar tu asiento. Cuando organizas una fiesta, te aseguras de tener toda la comida y los suministros necesarios.

La preparación es fundamental para tener un día exitoso en el trabajo, en la escuela o incluso en el gimnasio. Mentalizarse adecuadamente, anticipar lo que pueda suceder y fijar metas para alcanzarlas es la clave del éxito. Esto te brinda seguridad, preparación y satisfacción.

Lo mismo ocurre con la Mass.

Para algunos feligreses, dedicar tiempo a prepararse para la Misa es fundamental. El párroco prepara la homilía. Los lectores repasan las lecturas. Los directores de música seleccionan himnos relacionados con las lecturas. El coro ensaya. El sacristán prepara las vestimentas, las hostias y el vino. Los miembros del comité litúrgico se aseguran de que los manteles del altar estén planchados, los estandartes colgados y las flores arregladas. El personal se asegura de que los boletines estén listos para su distribución. Alguien limpia la iglesia.

La mayoría de los católicos coincidirían en que este tipo de preparativos son importantes para una liturgia llena de oración. Pero lo que muchos católicos no comprenden es que también es importante que los feligreses se preparen para la Misa.

Aquí tienes cinco cosas sencillas que puedes hacer para prepararte para la Misa. No son difíciles ni requieren mucho tiempo. Pero te garantizamos que te ayudarán a participar más profundamente en la celebración de la Misa y a lograr una unión más íntima con Cristo y los demás miembros de la comunidad litúrgica.

1. Sepa por qué está allí

La Misa es una liturgia. La palabra liturgia proviene del griego y significa «la obra del pueblo». Usted asiste a la Misa no como espectador, sino como participante. Se une a otros miembros de la comunidad parroquial en oración, adoración, acción de gracias y comunión. Ya no es solo un individuo. Es una parte importante del cuerpo de Cristo.

Dedica unos minutos cada semana a reflexionar sobre tu lugar en el cuerpo de Cristo. Esto te permitirá comprender mejor quién eres, reconocer los dones y talentos únicos que te han sido dados y apreciar más a las demás personas de tu comunidad parroquial.

2. Reflexiona sobre las lecturas

Dedica unos minutos cada semana a leer la primera lectura, el salmo, la segunda lectura y el Evangelio del fin de semana siguiente. Deja que las palabras penetren en tu mente y en tu alma. ¿Cómo se aplican estas lecturas a tu vida? ¿Qué te dice el Señor en ellas? ¿Hay algo que se te pida que hagas? ¿Te está guiando el Señor hacia un nuevo camino?

Encontrar las lecturas semanales es fácil. Puedes comprar un misal dominical o suscribirte a una revista como My Daily Visitor, Magnificat o The Word Among Us. También puedes consultar las lecturas en muchas fuentes en línea, entre ellas www.usccb.org.

A medida que te acostumbres a repasar las lecturas con anticipación, comenzarás a esperar con ilusión la misa. Durante la misa, comprenderás mejor cómo las oraciones introductorias se relacionan con el tema de las lecturas. Al escuchar la proclamación de las lecturas y la homilía del sacerdote, las reflexiones que recibas serán más profundas y tu conciencia espiritual se agudizará.

3. Reflexiona sobre tu ofrenda

Al asistir a Misa, llevas todo tu ser al altar como ofrenda al Señor. Es buena idea dedicar un poco de tiempo durante la semana a pensar en lo que ofrecerás al Señor.

¿Qué alegrías compartirás? ¿Qué penas te gustaría desahogar? ¿Cómo has utilizado los dones que te han sido dados? ¿Qué ansiedades o tensiones te preocupan? ¿Deseas ofrecer algún dolor o sufrimiento que hayas experimentado? ¿Tienes preguntas o dudas que quieras presentarle a Dios?

Reflexiona también sobre el estado de tu alma. ¿Estás dispuesto a entregarte por completo a Dios? ¿Te guardas algo, algún resentimiento o ira? ¿Necesitas perdonar a alguien o pedir perdón a alguien a quien has herido? ¿Necesitas buscar el perdón del Señor en el sacramento de la reconciliación?

También es buena idea pensar en qué quieres pedirle a Dios. ¿Hay algo o alguien por quien quieras orar? ¿Necesitas guía en algún aspecto de tu vida? ¿Por qué estás agradecido?

4. Siéntete parte de la comunidad

Tu experiencia de la Misa comienza en el momento en que llegas a la iglesia. Procura llegar un poco antes.

Al salir de la iglesia, sonría y salude a quienes lleguen, recordando que todos los miembros de la comunidad parroquial forman parte del cuerpo de Cristo. Puede aprovechar un momento en el estacionamiento o en el vestíbulo para presentarse a alguien que no conozca. Un saludo cordial hace que todos se sientan bienvenidos y apreciados.

Al entrar en la iglesia, persignate con agua bendita. Hacer la señal de la cruz con agua bendita te recuerda tu bautismo, que te hizo parte del cuerpo de Cristo. Es a través de tu bautismo que puedes participar plenamente de la celebración eucarística.

Podrías intentar sentarte en un banco diferente de vez en cuando. Te dará una perspectiva distinta del altar y la oportunidad de interactuar con otras personas. Asegúrate de hacer una genuflexión o una reverencia antes de entrar en tu banco. Hacemos esto como un acto de reverencia y un reconocimiento de la presencia de Dios.

5. Entra en la presencia de Dios

Dedica un tiempo al silencio antes de que comience la Misa. Calma tu mente. Libérate de cualquier tensión o ansiedad que hayas traído contigo.

Piensa en cómo evitaste comer intencionalmente durante la hora previa a la Misa. Una razón para este ayuno era crear en ti un anhelo por la Eucaristía. Permite que tu alma anhele al Señor. Pídele a Dios que llene todos los vacíos en tu interior.

Invita al Espíritu Santo a que te hable a través de las lecturas, la música, la homilía, las oraciones de la Misa y tu meditación antes de la Comunión. Todo lo que pienses y hagas en estos últimos momentos antes de la Misa te llenará de una gozosa anticipación por tu encuentro con el Señor.

Cuando dedicas tiempo a prepararte para la Misa, tu actitud comienza a cambiar. La Misa se convierte en algo mucho más que una simple celebración de fin de semana. Tu mente descubre una apreciación más profunda del misterio que experimentas durante la liturgia, tu corazón se abre al amor de Dios y tu alma se vuelve más receptiva a las gracias que Dios te concede.

-Por Ralph Talbot, párroco de la comunidad católica de San Huberto en Chanhassen, Minnesota.

The authorOSV / Omnes

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Spain

Carlos Sáenz-Torralba: “La Iglesia publica, pero raramente escucha”

El investigador sevillano, profesor en el Departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz y doctor a los 25 años, analiza en su tesis la comunicación digital de la Iglesia en Andalucía y propone confiar a laicos formados las redes de parroquias, hermandades y colegios

Inmaculada Sancho Gómez-25 de October de 2026-Reading time: 5 minutes

Only 3.71% of ecclesial entities in Andalusia respond to comments and messages received on social media. This data comes from the doctoral thesis “Institutional Communication Trends in Digital Environments of the Catholic Church in Andalusia,” which Carlos Sáenz-Torralba defended on October 9th at the Faculty of Communication of the University of Seville, for which he received the highest distinction, summa cum laude, unanimously.

The research combines interviews with diocesan delegates and experts, a questionnaire sent to 215 organizations, and an analysis of their websites and profiles. The result paints a picture of an “incomplete digital transition”: the Andalusian Church has opened channels almost everywhere, but uses them primarily to disseminate its agenda, often without professionals to manage them and with little dialogue with its followers. “The Church publishes, but rarely listens,” warns Sáenz-Torralba, “and that is a huge paradox in an institution whose communication policy has for decades insisted on dialogue, encounter, and listening as constitutive dimensions of authentic communication.”.

From catechist to doctor

His interest in this field goes back a long way. At around fourteen years old, he began as a catechist for First Communion in his Seville parish, Our Lady of Antigua and Blessed Marcelo Spínola. There he was also in charge of creating its website: “This opportunity has allowed the need to arise in me to train academically in the subject and subsequently to research it.”.

After internships in the communications departments of the Archdiocese of Seville and the Salesians, where he worked for a time, he gained experience that allowed him to understand the communication strategies of church entities from the inside and assess their strengths and weaknesses. Today he is a professor in the Department of Marketing and Communication at the University of Cádiz.

Be where the audience is.

The data reveals a mismatch between the channels used by the Church and those frequented by young people: nine out of ten organizations are on Facebook, while TikTok barely reaches 71%. However, for Sáenz-Torralba, the issue goes beyond simply creating profiles: “The problem isn't that the Church isn't on social media (which it is), but rather that it doesn't know how to publish content on these platforms to attract this segment of the population, who are the future. You can't just publish 'what we already have' on digital profiles; you have to adapt it to today's language.‘.

That's why he argues that each organization should choose social media platforms based on its target audience: “Does it make sense to create a Facebook account for a youth group from a parish or brotherhood? No, because their audience is on Instagram and TikTok.” Among the initiatives that do resonate with them, he cites the Diocese of Getafe, which adapts its content to each platform, and the Vivus group from Osuna (Seville). He also highlights the work of diocesan youth offices and the Salesian account. @amorevolezzate and priests who share their daily lives, such as @ignadelrey o @sercode.

Publish and move on to the next step

The lack of response to comments, in his opinion, has two causes: “I think it’s mainly due to fear of controversy and also because they don’t follow up on the posts. They publish or schedule something and move on to the next thing.” To correct this, the thesis proposes training the communications officers of the organizations, as well as priests and seminarians, with a specific section on crisis management.

Something similar happens with the content. More than eight out of ten posts are calendars or announcements, while testimonies and content of spiritual depth remain marginal. “Andalusian Church digital communication is still too focused on telling the world what the Church does, rather than narrating why it does it and what it transforms in people's lives,” the researcher points out.

For a small parish with a limited budget, he suggests starting with the basics: a WhatsApp group for parishioners and a simple website with schedules and a calendar. “These are free tools that don't require advanced training and address what people who come to a parish are looking for most.” “To move from advertising to sharing, all you need to do is change your approach,” he asserts. Instead of a poster that says “Saturday, 5:00 PM, youth retreat,” he proposes a thirty-second video in which a young person or the parish priest himself explains what happened the previous year and why it's worth attending: “A poster informs, but someone sharing their experience invites. And all you need for that is a mobile phone.”.

Lay people with a recognized task

The thesis's central argument, however, is not technical: "A Church that preaches encounter but doesn't respond to its followers, that proclaims closeness but communicates only with those already convinced, generates a dissonance that no technical strategy can compensate for." Therefore, he believes the most necessary transformation is ethical. "It implies shifting the focus from the means (algorithms, reach, or format) to the attitudes and responsibilities of those who communicate," he argues.

 In practice, this means recognizing lay people as key agents and giving them real, professional responsibility. Just as there is the ministry of catechist, instituted by Pope Francis, Sáenz-Torralba proposes that trained lay people manage the accounts of parishes, brotherhoods, or schools, using criteria agreed upon with the parish priest. This would avoid improvisation or leaving the task in the hands of someone who “knows about computers.”.

In their view, this approach responds to synodality and the nature of the digital environment, where the voice of the Church is no longer transmitted solely hierarchically, but also through the daily witness of its faithful. Catholics who already share their faith on social media, including some priests influencers, For him, they are an example and a valuable resource because they communicate in an approachable way and with their own credibility. “Ideally, the institution should accompany them, train them, and collaborate with them without controlling or exploiting them, and they, in turn, should be aware that their testimony also represents the Church,” he emphasizes.

From seminary to parish

The training he proposes also extends to seminars, where he plans to include digital communication and artificial intelligence. “I think that everyone in the digital society we live in needs to be up-to-date,” he states. Sáenz-Torralba recalls that Leo XIV already pointed out the challenges of AI in his encyclical Magnifica Humanitas and believes that priests, like everyone else, should know how to use it and understand its benefits and risks, because it can help many organizations take their first steps into the digital world.

So far, the Andalusian dioceses have shown less interest than expected in implementing the findings, although this is attributed to the research being very recent. In the interviews, several diocesan delegations did express interest, especially the head of the Information Office of the Bishops of Southern Spain (ODISUR). The thesis proposes entrusting this office with a regional plan for Church communication. Its objective is to offer assistance to those who need it, starting with parishes, brotherhoods, and schools, which are where people go to request documents or sacraments. Therefore, it has been made available to any diocese, congregation, parish, or school that wishes to improve its communication.

Family

José María Villalón: “El mayor reto de las familias es el respeto cultural”

“Pedimos que no se nos penalice por invertir en el bien común”. “España perderá más de 2 millones de jóvenes en diez años si no revertimos el invierno demográfico”. “El mayor reto de las familias hoy es cultural. Hemos pasado de admirar a la familia numerosa a compadecerla”, señala el Dr. José María Villalón a Omnes.

Francisco Otamendi-24 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

“El mayor reto al que se enfrentan hoy las familias es triple, y va en orden: vivienda, conciliación y respeto cultural”, asegura el médico José Maria Villalón, padre de 12 hijos, y con décadas de vinculación al mundo asociativo de las familias numerosas.

“Se ha instalado la idea de que tener hijos es un lastre, una huella de carbono, una renuncia a tu ‘proyecto personal’. Y al revés: tener hijos es el proyecto personal más grande que existe”, añade.

“Somos familias que aportan, que sostienen y que hacen país”

“Las familias numerosas pedimos que no se nos penalice por invertir en el bien común”. “Que se nos reconozca no como ‘familias vulnerables’, sino como lo que somos: familias que aportan, que sostienen y que hacen país”, declara el Dr. Villalón, que preside la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN), la Federación Madrileña, que celebra este sábado su IV Congreso en Colmenar Viejo. Y, por qué no decirlo, es jefe de los Servicios Médicos del club Atlético de Madrid.

“España perderá más de 2 millones de jóvenes en diez años si no revertimos el invierno demográfico”, afirma el Dr. Villalón a Omnes. Comenzamos hablando de su implicación familiar y de la protección de la familia dispuesta en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en las leyes, que “no se cumple”, afirma.

Doctor, es usted padre de familia numerosa. ¿En qué momento surgió en usted el empeño por la familia, por defender los intereses de las familias, y en concreto las numerosas?

– No hubo un momento concreto, hubo una vida concreta.

Yo soy médico, y como médico aprendes pronto que la salud no empieza en el hospital, empieza en casa. Cuando tienes hijos -en mi caso, una familia numerosa- descubres que la familia es la primera UCI, la primera escuela, la primera empresa. Todo lo que sostiene a una persona se aprende allí.

El empeño por defenderla nace de dos constataciones: primero, la alegría inmensa que da y que no se cuenta en ningún sitio. Y segundo, la soledad inmensa en la que a veces te deja la Administración. Ser familia numerosa en España es hacer un acto de generosidad enorme con el país, y a cambio te encuentras con una carrera de obstáculos: vivienda que no encaja, coche que no encaja, IRPF que no reconoce, ayudas que son limosnas.

Me impliqué en la FEFN porque no quería quejarme en casa. Quería que mis hijos y los hijos de otros 700.000 familias con título en España tuvieran la misma dignidad que proclaman las leyes. Defender a la familia numerosa no es defender un privilegio, es defender la justicia.

“Inflación legislativa de protección y anemia de aplicación real”

La protección de la familia se aborda en Cartas y leyes… Esa protección de la que hablan las leyes, ¿se cumple?*

– Rotundamente, no. Tenemos una inflación legislativa de protección y una anemia de aplicación real.

El artículo 16.3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el 39 de nuestra Constitución son clarísimos: la familia es el elemento natural y fundamental y tiene derecho a la protección del Estado. Pero en España esa protección se ha convertido en retórica.

¿Se protege socialmente? Tenemos la tasa de natalidad más baja de nuestra historia, 1,12 hijos por mujer. Si la familia estuviera protegida, no nos extinguiríamos.

“Las leyes nos reconocen, pero presupuestos y relato cultural nos ignoran”

¿Se protege económicamente? Una familia con 3 hijos gasta de media un 40% más que una sin hijos, pero el sistema fiscal apenas lo corrige. La prestación por hijo a cargo es de las más bajas de Europa. En Alemania son 250 euros por hijo al mes. En España, 0 para la mayoría de familias numerosas de clase media.

¿Se protege jurídicamente? En diciembre de 2022 vivimos el ejemplo perfecto: el Anteproyecto de Ley de Familias que usted cita pretendía borrar de un plumazo el término “familia numerosa”, con más de 80 años de historia jurídica desde 1941, para diluirlo en una etiqueta de “amilias con mayores necesidades de apoyo a la crianza”. Para nosotros fue un ataque directo y una provocación. Mezclar realidades distintas, por respetables que sean, y eliminar el nombre de quien aporta demográficamente al país, es lo contrario a proteger. Es invisibilizar.

Las leyes nos reconocen, pero luego los presupuestos, la vivienda, la fiscalidad y el relato cultural nos ignoran.

¿Qué le sugieren estas tres frases?

– Me sugieren que, por una vez, alguien ha descrito exactamente lo que somos. Y que si eso es verdad, las políticas deberían ser consecuentes.

*– Las familias son esenciales para el cuidado y la educación de las nuevas generaciones:* Es una obviedad que hemos olvidado. El Estado no puede cuidar ni educar solo. Sin familias que acojan, que acompañen, que renuncien a tiempo y a carrera por sus hijos, no hay futuro. Una guardería no sustituye una familia, la complementa.

*– Las familias contribuyen a la cohesión social y a la solidaridad entre generaciones:* Somos el único contrato intergeneracional que funciona. En una familia numerosa, un hermano mayor cuida del pequeño, los abuelos sostienen a los padres, y los hijos sostendrán mañana las pensiones de todos. Somos la red social original, y la única que no quiebra.

*– Las familias contribuyen a la sostenibilidad económica y demográfica del país:* Esta es la clave que ningún Gobierno quiere asumir. España perderá más de 2 millones de jóvenes en la próxima década si no revertimos el invierno demográfico. Cada familia numerosa es una inversión a fondo perdido que hace el país sin pagarla: más futuros cotizantes, más consumidores, más España. Pedimos que no se nos penalice por invertir en el bien común.

Las tres frases deberían estar enmarcadas en cada Ministerio.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan hoy las familias? ¿Tienen el reconocimiento que deberían tener?*

– El mayor reto es triple, y va en orden: vivienda, conciliación y respeto cultural.

*Vivienda:* No hay pisos para 4 o 5 hijos. La oferta de 3 dormitorios es escasa y carísima. Una familia numerosa no puede emanciparse.

*Conciliación:* Es imposible conciliar sin perder sueldo o carrera, especialmente para la mujer. Necesitamos permisos realmente flexibles, no ideológicos.

*Respeto:* El mayor reto es cultural. Se ha instalado la idea de que tener hijos es un lastre, una huella de carbono, una renuncia a tu «proyecto personal». Y al revés: tener hijos ES el proyecto personal más grande que existe. Hemos pasado de admirar a la familia numerosa a compadecerla.

“No tenemos el reconocimiento que merecemos”

¿Tenemos el reconocimiento que merecemos? No. Y el episodio de diciembre de 2022 que usted enlaza de Omnes lo demuestra. Mientras Europa -Francia, Alemania, Hungría- blinda a la familia numerosa con fiscalidad y vivienda, España discute si puede llamarnos por nuestro nombre.

Mantenemos el título, sí, tras nuestra movilización y recogida de firmas, pero la batalla de fondo sigue: necesitamos que la Ley de Familias vuelva a ser lo que dice la Constitución, una ley de protección real, no de ingeniería social. Que se nos reconozca no como «familias vulnerables», sino como lo que somos: familias que aportan, que sostienen y que hacen país.

The authorFrancisco Otamendi

Spain

Ocho conocidas voces de las redes, en un evento de Alpha España

Abril Casals, Marcos Ricbour, Sor Marta y Lola Sánchez, entre otros, que se han dado a conocer en las redes sociales, protagonizarán el evento “Enviados” de Alpha España el sábado 7 de noviembre. La cita pretende convocar a centenares de jóvenes para hablar de propósito, fe, relaciones, sexualidad, vocación, y de lo que frena o mueve en la vida a las personas.

José María Navalpotro-24 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

Alpha Spain propone un encuentro para que distintas personas populares compartan su testimonio, y hablen de vocaciones muy diversas, ya sea a la familia numerosa o a la vida religiosa. En «Enviados» (así se llama el vento) participarán Abril Casals (@abrilcasalss), Marta Sánchez (@soymartasannchez), Cristina Cons (@cris.cons), Leticia Salinero (@leticia.salinero), Marcos Ricbour (@marcosricbour_), Sor Marta (@marta_osb), Lola Sánchez (@abrazandoelplanb) y Dan Blythe (@danblythe8), director global de Alpha Joven.

A todos se les conoce por su actividad en redes, y en esta cita de “Enviados” hablarán en directo de sus dudas y de lo que les costó (y de la alegría) haber encontrado a Dios.

“Enviados” se desarrollará el sábado 7 de noviembre, de 16:30 h. a 22 h. en el CEU San Pablo de Madrid (C/ Julián Romea, 23), con un precio de 15 €.

Emma de León, directora de Alpha España, ha manifestado: “Algo se está moviendo en España, sobre todo entre los jóvenes, y en redes se ve con especial claridad. La gente busca la verdad, y la busca allí donde se mueve: en las redes y en las voces a las que siguen. Por eso, con ‘Enviados’ queremos ir al encuentro de todo aquel que quiera respuestas. Traemos a algunas de esas voces para crear un espacio cercano, donde los jóvenes puedan hacer sus preguntas sin miedo y descubrir que no están solos”.

Historias personales

Así, por ejemplo, Abril Casals hablará “De bautizarme a los 20 a entender mi propósito”. El cantante Marcos Ricbourse centrará en "Dios te quiere como eres, pero te sueña mejor”.

Por su parte, Marta Sánchez, influencer de maternidad y familia numerosa, con cinco hijos, tendrá como tema “Un sí que se multiplica”. Cristina Cons, autora del libro “Una mujer como Dios manda” intervendrá sobre cómo entender el sexo en el plan de Dios.

La tarde incluirá música en directo y algo de comer, como es habitual en los encuentros de Alpha.

Alpha es un método de evangelización destinado a gente que está fuera de la Iglesia o tiene una fe adormecida, y se ha convertido en uno de los modelos de evangelización más efectivos de las últimas décadas.

En 2025, más de cuarenta mil personas participaron en España en las diez sesiones que comprende. Alpha se vive en contextos muy diferentes, desde iglesias a colegios, universidades, prisiones y otros entornos.

The Vatican

«Venite ad me». Texto íntegro de las consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época

"Venite ad me", el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, fue publicado el 22 de octubre por el Vaticano.

Editorial Staff Omnes-23 de October de 2026-Reading time: 91 minutes

The Dicastery for the Doctrine of the Faith has published Come to me. Considerations on the transmission of faith in a time of change, a document that invites us to renew the proclamation of the Gospel and to place Jesus Christ at the center of the life and mission of the Church.

The considerations, published on October 22, respond to concerns about the difficulties facing the transmission of faith from one generation to the next, especially in some regions of the world where it has been almost completely interrupted. The text proposes a return to the kerygma, the core of the Christian message, and offers guidance to foster a personal encounter with Christ, pay greater attention to the evangelization of adults, and strengthen the role of families and ecclesial communities.

Introduction

1. [Come to me«Come to me, all you who are weary and burdened, and I will give you rest.»Mt (11:28). The Lord Jesus Christ presents himself as a source of profound relief from the weariness and fatigue of the human heart. From this perspective, the transmission of faith is presented as an encounter, in which Christ draws near to each person in the concrete reality of their life, giving them that true peace which can only be found in Him.

2. Jesus is the true light of the world and whoever believes in Him, the living Risen One, overcomes the darkness of death and lives thanks to the light of life (cf. Jn 1:6-9; 8:12). This is the faith of the Church, and this is the faith that every believer is called to spread to the ends of the earth. This commitment—the transmission of the faith, manifested under current sociocultural conditions—occupies a central place in the present Considerations.

3. This responsibility of every believer in Christ, the true light of the world, is a highly relevant issue for the life and mission of the Church. The Dicastery had been urged on several occasions by Pope Francis to offer a reflection on this matter and had initiated the usual procedure to arrive at the present document. Considerations. Recent events, especially the accession to the papal throne of Pope Leo XIV, the celebration of the Jubilee, as well as the prospect of the next Jubilee of the Redemption in 2033, are like an additional incentive to proceed more quickly in drafting the document.

4. The present Considerations They would like, fundamentally, to relaunch to the entire ecclesial community the invitation that Pope Leo XIV addressed to the Italian bishops in their meeting in June 2025: “Above all, a renewed impetus is needed in the proclamation and transmission of the faith. This means placing Jesus Christ at the center of both the proclamation and of existence, and following the path indicated by Evangelii gaudium, to help people live a personal relationship with Him, to discover the joy of the Gospel. In an age of great fragmentation, it is necessary to return to the foundations of our faith, to the kerygma. This is the first major commitment that motivates all the others.”[1]. Therefore, as the Holy Father also points out, «evangelization must today, in a particular way, also address the changed conditions and dynamics in the transmission of the faith from generation to generation. In some regions of the world, this transmission has been almost completely interrupted, which demands the ability to take on new challenges.»[2] . The specific objective of the document is, therefore, to offer both a specific reflection and to suggest concrete paths for the announcement of kerygma in the changing times we are going through.

5. This announcement must be able to rekindle faith in those who have long since ceased to practice it (let us think, in particular, of the world of adults and of new generations) or to promote an experience of faith (fides qua) in those who have not yet met Christ, without entering into the specific work of catechesis and the formation of believers, both of which are also called to offer an orderly and gradual introduction to the doctrine of the Church (fides quaeThe reflection contained in these Considerations on the fides qua precedes the question relating to the transmission of depositum fidei, which this document does not intend to address exhaustively.

6. Throughout the drafting of these Considerations, The contribution of numerous National Episcopal Conferences has been truly valuable, as they have responded with great diligence to the Dicastery's request to send materials related to the topic of the transmission of the faith.

7. Of particular importance are the testimonies sent to us by the bishops from those who have discovered or rediscovered—whether in their youth or in adulthood—the Lord Jesus and his Gospel. Many of these are included in the last chapter of this document. Considerations.

8. One final point concerns the genre of the document, which is that of the Considerations and not that of a Doctrinal note. In fact, its primary purpose is to stimulate ecclesial reflection and pastoral commitment regarding the transmission of the faith. Therefore, the text examines a plurality of viewpoints, without, however, attempting to close the question, which remains open to further analysis and development. This means that these Considerations Unlike other texts from the Dicastery for the Doctrine of the Faith, they are not characterized by precise language and a systematic approach, but rather by a more discursive style, as is particularly evident in the section already cited, dedicated to testimonies.[3].

Chapter I

The announcement of the Father's love

9. When speaking of the mission of the Baptist, the evangelist John describes him as the witness of the light, as the one who must bear witness to the true light, to that light which is the only one that has the power to illuminate every human being (cf. Jn 1:6-9). This true light is called Jesus, the Christ, the Son of God made man for the salvation of the world. He is, ultimately, the “true light of the world” and whoever follows in his footsteps will never be lost in darkness, but will always find within themselves the full light of life (cf. Jn 8,12). This is the core of all Christianity and is also the impulse that leads believers to transmit at all times—including in our own—the faith they live.

10. Jesus is truly the true light that illuminates every human being, because what no one had seen or could see, He revealed: the unconditional love that dwells in the heart of God-Trinity. This is the good news of the Gospel of the Son: God is love forever and for everyone. (cf. 1 Jn 4.8). He is Father, Son, and Holy Spirit. This good news, unknown until Jesus, is now able to lead us to full salvation and happiness and, at the same time, through the grace of the Holy Spirit, to reveal and purify everything that might be an obstacle to the new life it opens.

11. Even more radically, Jesus proclaims the truth that, because of the Father's love, there is no human space marked by failure or sin that cannot be restored to its original destiny. Moreover, this is thanks to the continuous action of the Holy Spirit, who works in ways known only to Him.[4], The light and power of that love are always available to everyone, anytime, anywhere. Whoever embraces this revelation abandons the realm of darkness forever, finally opening themselves to the light of life and a life of light.

12. Precisely for this reason, Jesus' entire life is marked by the desire to enlighten every human being with the good news of God, who is love forever. Thus, he goes out to meet others with an open and free heart, and allows himself to be reached by them. He adapts himself to the pace of the men and women of his time and allows himself to be found by them. Whoever seeks him, finds him, and if they seek him it is because they have already been reached by Christ (cf. Fil 3:12). Jesus puts no barriers between himself and the people. He is always attentive, always present, never distracted. And his word is never abstract. He wants to continually direct the hearts and minds of everyone, without exception, toward the true light of the Father's love, of his mercy, which are, simply, love and mercy for the good life of all. Everyone's life is worthy of being lived to the fullest.

13. Moreover, those who open themselves to the light of the revelation of God's love receive from Jesus a word of forgiveness, a word of liberation, a word of love, a word of freedom, a word of life, a word of hope (cf. Lc 4:18-19). Jesus awakens in all those who come to meet him, and open themselves to him with a sincere heart, an impulse of renewed interest and love for life: for their own life, for the life of others and for the life of all that exists (cf. Jn 14.6). God's love leads each man and each woman back to the good reasons for their own being in the world.

14. With this in mind and heart, the Jesus narrated by the evangelists is always on the move. He does not wait. He does not create his own sanctuary or school. He moves, he travels. He enters the villages and cities of his people and his time. He interacts with ordinary people, but also with those who hold positions of public, religious, or political power. Through these gestures and words, Jesus brings to fulfillment the revelation entrusted to the people of Israel (cf. Mt 4,12-17; Mc 1,14-15; Lc 3,21-22).

15. The way in which Jesus proclaims the gospel of God, who is love forever and for all, is particularly striking. His preaching is full of references to people's daily lives, the animal kingdom, and the world of trees, plants, and flowers, as well as to the trades of his time, food preparation, and children's games. Jesus also demonstrates a remarkable understanding of numbers and frequently refers to the construction of buildings and meteorological phenomena; he knows the coins of his time and is deeply familiar with the various religious groups present then and linked in different ways to Judaism. He is, without a doubt, a man who "looks" with complete attention and constantly invites everyone to "look" with the same gaze at the intricate web of creation and human history. This is, in truth, his unwavering certainty: when the heart is free from all selfishness and useless concerns, the traces of God's love can be recognized even in the smallest and seemingly most insignificant event (cf. Lc 12,22-34), and it is precisely this same love that leads him to express himself through the language of people's everyday lives.

16. It is not surprising, then, that such preaching, while easily winning the hearts of ordinary people, who feel it so close and familiar, disconcerts and, to some extent, unsettles those who hold political and religious power at the time. It is like a light capable of revealing every possible use and abuse of that power: «You know that the rulers of the Gentiles lord it over them, and their high officials exercise authority over them. Not so with you. Instead, whoever wants to become great among you must be your servant» (Mt 20:25-26); «Woe to you also, teachers of the law, because you load people with burdens they can hardly carry!» (Lc 11,46).

17. In fulfilling his mission, Jesus does not limit himself to simply proclaiming God’s unconditional love. He bears concrete witness to this love through a special predilection for all those who have almost given up hope of anything from anyone: not from their families, their friends, their fellow countrymen, their coreligionists, and perhaps not even from the God of the Covenant of the Fathers. Because of their suffering, caused by incurable illnesses or tragic twists of fate, these people are often considered “the least” in society. However, it is precisely they who become “the first” in the heart of the Lord Jesus (cf. Mt (20:16). In fact, it is these “last/first” ones whom, more than any other, Jesus invites to draw near to the light that illuminates every man and woman, that is, to the light of the Father’s love. Thus, through his closeness, his words, and his miracles, Jesus rekindles in them the hope of continuing to have hope, the confidence of continuing to trust, the possibility of continuing to have possibilities. It performs in them the miracle of being able to continue believing in a miracle for their own existence.

18. Throughout his preaching, Jesus then enters, almost inevitably, into its structural foundation, but in whose concrete application attitudes of division and exclusion usually prevailed. While his Father, who is in heaven, makes the sun rise on some and not on others (cf. Mt 5:45) and makes it rain on some and on others, discrimination and separation between people were a widespread feature in the political and religious sphere of his time, just as they are in our own. By bringing the light of a divine love that seeks to reconnect each person with their existence, however troubled it may be, with the other people around them and, ultimately, with God himself, with a view to a fraternity of justice and peace, Jesus cannot avoid clashing with the powers of his time, given that his message has the force of authority (cf. Mc 1,27). By proclaiming the face of God's love, Jesus deprives of all foundation that despotic exercise of religious and political power of his time, which has forgotten its own nature of service and unity. God does not bless division, much less discrimination. He is Father and loves every living being (cf. Sat 1,13-14). No law or human or religious authority can ever declare anyone worthless of his love or that of other human beings.

19. The tension between Jesus' words and actions and the misunderstandings with the powers of his time reached its peak with the decision of the religious and political authorities to condemn him to death. His preaching, accompanied by extraordinary signs, had to be stopped and silenced forever. Thus, his death on the cross was decided, with the support of the Roman authorities.

20. But that death sentence does not have the power to extinguish the “true light of the world.” That unjust gallows becomes, in the economy of salvation, the highest throne from which the Gospel message resounds with absolute clarity and the illuminating power of the Gospel of the Son is manifested before the whole world. And that Gospel is this: God is love for all., God is merciful to all.. It truly is so for everyone, and therefore it is also so for those who condemn and kill the Son. The “yes” that God, in Jesus, says to humanity and that keeps burning brightly the true light of the world, which is his Son, can never be transformed into a “no.” The love of the Father, the Son, and the Holy Spirit for humanity is a love without reservations, without limits, without measure, and ultimately, without boundaries (cf. 1 Jn 4,7-8).

21. In the final moments of Jesus' earthly life, the wonderful words of the ancient and marvelous book of the Bible find their full fulfillment. Song of Songs«Many waters cannot quench love, neither can floods drown it» (8:7). The incomprehension and obstinacy that led the people’s leaders to condemn Jesus, with the full complicity of the Roman authorities, failed to extinguish his desire to bring humanity out of darkness and kindle the light of life within it. Moreover, the great good news of Christianity is precisely this: not even the power of death has been able to extinguish the true light of the world.

22. One, therefore, is the fundamental certainty of Christians, without which, as the apostle Paul says, everything would be in vain: «But if Christ has not been raised, our preaching is useless and so is your faith» (1 Cor 15,14). This same awareness was also expressed on the occasion of the Synod on Young People: «Christ lives, our hope, and He is the most beautiful youth of this world. Everything He touches becomes young, becomes new, is filled with life.»[5].This is what the Lord's disciples, at all times, believe, proclaim, and bear witness to with their lives: Christ is alive and wants every human being to be alive. He is always with us and does not abandon us (cf. Mt (28:20). However far a person may stray from Him, Jesus will never stray from them. Through His Church, the Risen One remains with each person at all times, ready to illuminate their existence with divine love, filling it with life, strength, and hope. Ecclesial communion is today the privileged place where Christ continues to allow Himself to be found through men and women progressively transformed by His own life.

23. To make possible her mission of being the light of the world, the Church joyfully celebrates the fulfillment of Christ's great promise: «The Advocate, the Holy Spirit, whom the Father will send in my name, will teach you all things and remind you of everything I have told you» (Jn 14:26); «He will testify about me; and you also will testify» (Jn 15:26-27). Without his action in the depths of our hearts, it is impossible to transmit the true light of Christ, as the Sequence for Pentecost also reminds us: «Come, […] loving Father of the poor […] Look at the emptiness of man, if you are absent within him.» In him we place our trust, as we prepare ourselves to seek the various ways to cooperate with his grace in the evangelization of our time. From him we ask for the fervor and joy necessary to respond faithfully to this call.

Chapter II

The light of faith

24. In light of what has been said so far, the foundation of Christianity, as expressed by Benedict XVI, is better understood: "Being Christian is not the result of an ethical decision or a great idea, but the encounter with an event, with a Person, which gives life a new horizon and a decisive direction."«[6]. A new horizon and a decisive direction are those of joy, as Pope Francis reminds us at the beginning. from Evangelii gaudium"The joy of the Gospel fills the hearts and lives of all who encounter Jesus. Those who allow themselves to be saved by Him are freed from sin, sadness, inner emptiness, and loneliness. With Jesus Christ, joy is constantly born anew."«[7] .

25. Lord Jesus, who puts us in contact with the true light of divine love, prevents us from getting lost in darkness and leads us to life. It is precisely in this sense that we can speak of the light of faith, As stated in the eponymous first encyclical letter of Pope Francis, and in whose drafting Benedict XVI also contributed: «The light of faith: the tradition of the Church has indicated with this expression the great gift brought by Jesus Christ, who in the Gospel of Saint John presents himself with these words: “I have come into the world as light, so that whoever believes in me may not remain in darkness” (Jn 12:46). St. Paul also expresses himself in the same terms: «For the God who said, “Let light shine out of darkness,” has shone in our hearts» (2 Co 4.6). In the pagan world, hungry for light, the worship of the Sun had developed, the Sol invictus, invoked at its rising. But, although it was reborn each day, it was clear that it could not shine its light upon all of human existence. For the sun does not illuminate all of reality; its rays cannot reach the shadows of death, where human eyes close to its light. “It is not seen that anyone was willing to die for their faith in the sun,” said Saint Justin Martyr. Aware of the vast horizon that faith opened up for them, Christians called Christ the true sun, “whose rays give life.” To Martha, who mourns the death of her brother Lazarus, Jesus says: “Did I not tell you that if you believe, you will see the glory of God?”Jn 11:40). Whoever believes sees; sees with a light that illuminates the entire path, because it comes to us from the risen Christ, the morning star that never sets.»[8] .

26. The experience of faith can thus be imagined as the vital and decisive encounter with that “true sun” who is Christ, who liberates human existence from darkness and fills it with light. It is an experience of light that, by its very nature, radiates outward toward other lives to illuminate them with the same light; these, shining in turn, will expand the radius of propagation of the original light: the true light of the world, who is Christ. How can we not recall, in this regard, the words of Jesus himself addressed to his disciples: «You are the light of the world» (Mt 5,14)?

27. It is precisely this dynamism to which we must refer when we reflect on the delicate subject of the transmission of faith in the contemporary context, which is evoked here as a time of epochal change. This is confirmed with extreme precision by the text of the Lumen fidei«Whoever has opened themselves to God’s love, heard his voice, and received his light, cannot keep this gift to themselves. Faith, since it is both hearing and seeing, is also transmitted as word and light. The apostle Paul, speaking to the Corinthians, uses precisely these two images. On the one hand, he says: “But having the same spirit of faith, according to what is written: I believed, that's why I spoke,We too believe, and that is why we speak” (2 Co 4:13). The word received becomes a response, a confession, and thus resonates for others, inviting them to believe. Moreover, Saint Paul also refers to the light: “We reflect the glory of the Lord and are being transformed into his image” (2 Co 3,18). It is a light that shines from face to face, as Moses reflected the glory of God after speaking with him: “[God] has shone in our hearts, so that the knowledge of the glory of God may shine forth in the face of Christ” (2 Co 4.6). The light of Christ shines like a mirror on the faces of Christians, and thus it spreads and reaches us, so that we too may share in this vision and reflect his light to others, just as in the Easter liturgy the light of the Paschal candle lights many other candles. Faith is transmitted, so to speak, by contact, from person to person, as one flame ignites another. Christians, in their poverty, plant a seed so fruitful that it becomes a great tree capable of filling the world with fruit.»[9].

28. The same document, in the following section, also recalls that «the transmission of the faith, which shines for all people everywhere, also passes through the coordinates of time, from generation to generation. Since faith is born from an encounter that takes place in history and illuminates the path throughout time, it needs to be transmitted through the centuries.»[10]. Thus, if on the one hand the transmission of faith is like the lighting of one flame from another, in a contact that we could describe as personal, on the other hand, The community of disciples has always felt called to create opportunities for the transmission of faith; opportunities for everyone to encounter the true light of life, the light that liberates from all darkness and is found in the Lord Jesus. The disciples, therefore, felt a duty to pass on the faith; a duty that must be safeguarded and honored from generation to generation.

29. The transmission of the faith has its ultimate foundation in God's initiative, who in Christ revealed his face and entrusted the apostles with the task of proclaiming the Gospel to all peoples. This mission, however, did not end with the apostolic preaching, but continues throughout history through the Church. The Second Vatican Council affirms, in fact, that "the Church, in her doctrine, in her life and in her worship, perpetuates and transmits to all generations all that she is and all that she believes."«[11]. The Church is thus the living, historical subject in which the Gospel is heard, safeguarded, celebrated, and continually renewed through the action of the Holy Spirit. For this reason, faith is not transmitted primarily as a set of doctrinal content or religious information, but as a way of ecclesial life into which the believer is gradually introduced. The principal agent of the transmission of faith is, therefore, the Church in its entirety.[12], The Church, while constantly receiving the gift of the divine Word, communicates it and bears witness to it through preaching, liturgy, charity, and the concrete experience of communion. It can therefore be rightly said that the Church «is a Mother who teaches us to speak the language of faith.»[13].

Ways of transmitting faith

30. It is important to state clearly that the most authentic strength of the evangelizing mission of the community of the Lord's disciples continues to be that of the attraction, As Benedict XVI recalled in his homily at the opening Mass of the Fifth General Conference of the Latin American and Caribbean Bishops: «The Christ's mission se realizóen el amor. Encendió en el mundo el fuego de la caridad de Dios (cf. Lc 12, 49). El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). […] La Iglesia se siente discípula y misionera de este Amor: misionera sólo en cuanto discípula, es decir, capaz de dejarse atraer siempre, con renovado asombro, por Dios que nos amó y nos ama primero (cf. 1 Jn 4, 10). La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por “atracción”: como Cristo “atrae a todos a sí” con la fuerza de su amor, que culminó en el sacrificio de la cruz, así la Iglesia cumple su misión en la medida en que, asociada a Cristo, realiza su obra conformándose en espíritu y concretamente con la caridad de su Señor»[14]. Esta reflexión la ha hecho suya también el Papa León XIV: «Hoy, con alegría, la retomo y la comparto con ustedes. Y los invito a ustedes y a mí a prestar mucha atención a lo que elPapa Benedictoseñalaba como la “fuerza” que preside este movimiento de atracción: esa fuerza es la Charis, es el Ágape, es el Amor de Dios que se encarnó en Jesucristo y que en el Espíritu Santo se dona a la Iglesia y santifica todas sus acciones. En efecto, no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo, y si un cristiano o una comunidad eclesial atrae, es porque a través de ese “canal” llega la savia vital de la caridad que brota del Corazón del Salvador»[15].

The family

31. Entre los ámbitos en los que la Iglesia está llamada a comunicar y a hacer resplandecer la luz de Cristo, la familia constituye el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe. Ya en el Nuevo Testamento se pone de manifiesto el papel de los familiares en la transmisión de la fe. A Timoteo, por ejemplo, el apóstol Pablo se dirige diciendo: «Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti» (2 Tim 1,5). Este aspecto también lo subrayó el Papa León XIV: «En la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generación en generación: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del corazón. Esto la convierte en un lugar privilegiado para encontrar a Jesús, que nos ama y siempre quiere nuestro bien»[16].

32. A lo largo de las décadas, además, con la formación y la consolidación de las comunidades cristianas, surge también su papel activo en la tarea de transmitir la fe. En particular, con la difusión de la práctica del bautismo de los niños, la comunidad y la familia se sienten unidas en la responsabilidad común de introducir a los más pequeños en el encuentro con el Señor Jesús. Se trata de la conciencia de que, si los niños reciben la vida de sus padres, en el bautismo obtienen «el sentido para vivirla: la fe. Cuando sabemos que un bien es esencial, enseguida lo buscamos para aquellos a quienes amamos. ¿Quién de nosotros, en efecto, dejaría a los recién nacidos sin ropa o sin alimento, esperando que de mayores elijan cómo vestirse y qué comer? […S]i el alimento y el vestido son necesarios para vivir, la fe es más que necesaria, porque con Dios la vida encuentra la salvación»[17] .

33. En cualquier caso, sigue existiendo la necesidad de una profunda integración entre la Iglesia y la familia, como recuerda claramente también la Lumen fidei: «la estructura del bautismo destaca la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisión de la fe. A los padres corresponde, según una sentencia de san Agustín, no sólo engendrar a los hijos, sino también llevarlos a Dios, para que sean regenerados como hijos de Dios por el bautismo y reciban el don de la fe. Junto a la vida, les dan así la orientación fundamental de la existencia y la seguridad de un futuro de bien, orientación que será ulteriormente corroborada en el sacramento de la confirmación con el sello del Espíritu Santo»[18]. A este respecto, resulta interesante el vínculo que se puede vislumbrar en la Iglesia latina entre la liturgia del encendido del cirio pascual, preludio de la gran celebración de la Pascua, centro y culmen de la fe cristiana, y la celebración del Bautismo, puerta de esa misma fe, sobre todo en la referencia a Cristo Luz, que debe ser acogido en la existencia de todo creyente.

34. En este contexto, cobra especial relevancia lo que el mismo documento magisterial afirma más adelante: «En la familia, la fe está presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los niños aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los jóvenes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe»[19].

35. Por el jesuita Aimé Duval, en la que se puede divisar la obra silenciosa y casi natural del testimonio cristiano vivido por los padres frente a sus hijos. Escribe el padre Duval, en el contexto del relato de su turbulenta trayectoria humana y religiosa: «Era el quinto de una familia de nueve hijos. Por delante de mí: Lucie, Marie, Hélène, Marcel; y después de mí: René, Raymond, Suzanne y André. En esta familia, no aprendí la piedad de una manera efusiva ni extraordinaria. Solo había la oración diaria de la noche, rezada juntos. Pero de ella me recuerdo bien y la recordaré hasta que mis ojos se cierren definitivamente. Mi hermana. Mi hermana Hélène recitaba las oraciones, que eran largas para unos niños (un cuarto de hora). Se apresuraba, balbuceaba y se saltaba partes hasta que mi padre le decía en dialecto: “Vuelve a empezar… empieza de nuevo…”. Así aprendí, en aquel momento, que era necesario hablar con el buen Dios con lentitud, seriedad y amable paciencia. Mi padre. Lo que hoy me emociona es el recuerdo de la actitud de mi padre. Él, que siempre estaba cansado por sus labores en el campo o por el transporte de los bueyes, él, que mostraba sin vergüenza que estaba cansado al volver del trabajo, he aquí que, después de cenar, se arrodillaba, con los codos apoyados en el asiento de una silla, la frente entre las manos, sin mirar en absoluto a sus hijos a su alrededor, sin moverse, sin toser, sin perder la paciencia. Y yo pensaba para mis adentros: “Mi padre, que es tan fuerte, que manda en la casa y sobre sus dos grandes bueyes, que se muestra orgulloso ante los reveses de la suerte y tan poco tímido ante el alcalde, los ricos y los malvados, he aquí que se hace tan pequeño ante el buen Dios. De verdad que hablar con Dios lo cambia. De verdad, el buen Dios debe de ser alguien muy grande si mi padre se arrodilla ante él, pero también alguien muy cercano si se le puede hablar con la ropa de trabajo…”. Mi madre. En cuanto a mi madre, nunca la vi de rodillas. Demasiado cansada, se sentaba en medio de la habitación, con el benjamín en brazos, el vestido negro hasta los talones, su bonito pelo castaño suelto sobre el cuello y todos los niños a su alrededor, apoyados en ella. Seguía con los labios las oraciones de principio a fin, no quería perderse ni una pizca, las recitaba por su cuenta. Lo más curioso es que no dejaba de mirarnos fijamente, cada uno de nosotros estaba bajo su mirada. Una mirada más prolongada para los más pequeños. Nos miraba fijamente, pero no decía nada, ni siquiera cuando los más pequeños se retorcían y murmuraban, ni siquiera cuando el trueno estallaba sobre la casa, ni siquiera cuando el gato tiraba una olla. Y yo pensaba para mis adentros: “La verdad es que el buen Dios es muy amable si se puede hablar con él con un niño en brazos y llevando puesto el delantal de trabajo. De verdad, el buen Dios es alguien importante si el gato o el trueno ya no tienen ninguna importancia”. Las manos de mi padre, los labios de mi madre, son estas cosas las que me han enseñado sobre el buen Dios más que el catecismo. Él es Alguien, es Alguien cercano. Con él se puede hablar incluso cuando has estado trabajando»[20].

36. Este conmovedor relato de una iniciación sencilla y alegre de los más pequeños al misterio de Dios, hecha posible gracias al testimonio de los padres, confirma plenamente la intuición a la que ha hecho referencia en repetidas ocasiones el Papa Francisco: la fe debe transmitirse, en el seno de la familia, “en dialecto”. Con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor, el 7 de enero de 2018, así se dirigía a los padres que habían llevado a sus hijos al bautismo: «Quisiera deciros solo una cosa, que se refiere a vosotros [padres]: la transmisión de la fe se puede hacer solo “en dialecto”, en el dialecto de la familia, en el dialecto de papá y mamá, del abuelo, de la abuela.Después llegarán los catequistas para desarrollar esta primera transmisión con ideas, con explicaciones… Pero no os olvidéis de esto: se hace “en dialecto” y si falta el dialecto, si en casa no se habla entre los padres en la lengua del amor, la transmisión no es tan fácil, no se podrá hacer»[21]. Este punto también lo reafirmó el Papa León XIV: «Los primeros catequistas son nuestros padres, aquellos que hablaron con nosotros primero y nos enseñaron a hablar. Así como aprendimos nuestra lengua materna, del mismo modo el anuncio de la fe no puede delegarse a otros, sino que se realiza allí donde vivimos, principalmente en nuestras casas, alrededor de la mesa. Cuando hay una voz, un gesto, un rostro que lleva a Cristo, la familia experimenta la belleza del Evangelio»[22].

37. Así, hasta hace poco, la transmisión de la fe encontraba precisamente en el ámbito familiar el lugar principal para el relevo entre generaciones. Son sobre todo los padres quienes constituyen ese primer “tabernáculo” en el que los pequeños pueden vislumbrar toda la belleza y la fuerza de ser discípulos del Señor Jesús. Este testimonio se materializa en un entramado de gestos sencillos y cotidianos: la oración personal y en pareja, la lectura del Evangelio, el recuerdo de las palabras y los gestos de Jesús, la memoria de los santos patronos, la invocación constante de la protección maternal de la Virgen María, la participación en la misa dominical, la visita a los santuarios y las diversas formas de piedad popular, la atención a los más pobres y desfavorecidos, pero también a través de la oración de acción de gracias antes de las comidas y la bendición del Señor con motivo de los cumpleaños de alguno de los miembros de la familia, así como la devota preparación del belén con motivo de las fiestas navideñas.

38. Sin embargo, hay que constatar que esta situación favorable se está perdiendo progresivamente. De hecho, como se verá más adelante con mayor detalle, uno de los rasgos característicos de nuestra época es el hecho de que, aunque mantiene su importancia en algunas regiones de África y Asia, la transmisión de la fe en el ámbito familiar se ha interrumpido en muchas partes del mundo[23]. En consecuencia, la transmisión a las nuevas generaciones de la experiencia de la fe cristiana ya no se produce de manera, por así decirlo, “automática”.

La comunidad eclesial

39. Solo en este punto, y en una segunda etapa, la comunidad eclesial entra en el proceso de transmisión de la fe. Lo que una persona ha recibido de sus padres —el testimonio creyente de Jesús, que reveló plenamente el rostro del amor infinito de Dios, liberando a los seres humanos de las tinieblas y abriéndolos a la verdadera luz de la vida— encuentra en la Iglesia los instrumentos y las ocasiones para que se convierta en el principio fundamental de su forma de ver el mundo. A través de la catequesis, la celebración de los sacramentos, los diversos espacios que favorecen una participación activa en la vida comunitaria —tal y como propone el actual camino sinodal—, el compromiso con los más desfavorecidos y el encuentro en la casa del Señor los domingos, se alcanza esa madurez de la fe que consiste, en última instancia, en mirar todo “con los ojos de Jesús”.

40. De hecho, gracias a la acción coordinada entre los padres y la comunidad eclesial, cada uno aprende que en «la fe, Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver»[24]. Esta es la plena realización del proceso que aquí denominamos transmisión de la fe: permitir que cada uno alcance tal intimidad con el Señor Jesús que pueda, por fin, mirarse a sí mismo, a los demás, al mundo y al misterio de Dios con los mismos ojos de Jesús. Así se percibe que el acompañamiento de la comunidad es esencial no solo para acoger el Evangelio, sino también para permanecer fieles al don recibido, ya que es muy difícil perseverar en soledad.

41. Hay que constatar asimismo que, en los países de antigua tradición cristiana, este contexto de transmisión de la fe parece hoy comprometido, ya que se caracteriza cada vez más por la presencia de «“personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo”, no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio»[25]. Además, crece, sobre todo entre los jóvenes, el número de quienes no conocen a Jesús ni el Evangelio.

42. Precisamente por esta razón, la transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos y que se supere una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes.

Capítulo III

The changing times

43. Merece una atención especial el contexto de la transmisión de la fe objeto de las presentes Considerations, expresado a través de la categoría de “cambio de época”. Como es sabido, fue el Papa Francisco quien dio a conocer esta expresión en su discurso a la Curia romana con motivo del intercambio de felicitaciones navideñas, el 21 de diciembre de 2019, al afirmar que: «No estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época. Por tanto, estamos en uno de esos momentos en que los cambios no son más lineales, sino de profunda transformación; constituyen elecciones que transforman velozmente el modo de vivir, de interactuar, de comunicar y elaborar el pensamiento, de relacionarse entre las generaciones humanas, y de comprender y vivir la fe y la ciencia»[26]. Como ya recordaba hace más de diez años el Final document de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo de 2007 en Aparecida (Brasil), de ese cambio «cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios»[27].

44. Esta situación está vinculada fundamentalmente a la crisis del modelo cultural de la modernidad, que afecta de manera especial al contexto europeo. Cabe preguntarse, por tanto, si hablar de “cambio de época”, en singular, hace plena justicia a los procesos a los que se enfrentan las Iglesias en todas partes del mundo. La respuesta a esta pregunta es sin duda afirmativa, al menos si nos mantenemos en un plano general, por razones relacionadas con el conocido fenómeno de la globalización, que ha favorecido la difusión efectiva del influjo de la cultura occidental en todas las regiones del planeta. Por otra parte, es innegable que algunas experiencias, como la tragedia de la pandemia del COVID-19, han reforzado la conciencia generalizada de pertenecer a una única familia, aunque no faltan tendencias que se mueven en dirección opuesta[28].

45. La urgencia de abordar las cuestiones surgidas por este cambio de época también fue puesta de manifiesto por el Papa León XIV en su primera Carta encíclica Magnifica humanitas: «Estamos viviendo una rápida fase de transición, un “cambio de época” en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?»[29]. El Santo Padre ha destacado los rasgos generales de dicho cambio: «La inteligencia artificial y otras innovaciones están remodelando nuestra concepción del trabajo y de las relaciones, e incluso planteando preguntas sobre la identidad humana. La degradación ecológica amenaza nuestra casa común. Los sistemas políticos a menudo no responden al clamor de los pobres. El populismo y la polarización ideológica agravan las divisiones entre las naciones. Muchos se ven afectados por el consumismo, el individualismo y la indiferencia»[30]. A ello se puede sumar también la creciente brecha económica, que, con frecuencia, conduce a la desestabilización de regiones enteras. Se trata de factores globales que conllevan profundos cambios sociales. Estas transformaciones afectan prácticamente a todos los contextos culturales y no dejan de lado ni siquiera a la Iglesia, ya que esta está encarnada en la historia y participa en la vida de los pueblos.

46. Por un lado, de hecho, el atractivo que ejerce un estilo de vida económicamente acomodado y la legítima aspiración a unas mejores condiciones de existencia, favorecida también por el mencionado desarrollo tecnológico, contribuyen a la difusión de mentalidades materialistas e individualistas en todos los continentes. Esto, junto con otros factores, alimenta a nivel global el fenómeno de las migraciones, a menudo marcado por aspectos dramáticos. Por otro lado, estos mismos procesos, incluso en los países de antigua evangelización, han favorecido la formación de contextos multiculturales en los que, junto al secularismo, conviven las instancias culturales propias de pueblos diversos, llamados a afrontar el reto de una convivencia pacífica. Por lo tanto, es necesario reconocer que estas dinámicas no se viven de manera uniforme en las distintas regiones del planeta. Del mismo modo, cabe destacar que la relación con la modernidad occidental —que caracteriza sobre todo a un perfil concreto de Iglesia— se manifiesta de formas diferentes según las culturas a las que pertenecen las distintas comunidades cristianas. Esta realidad es reconocida por el Papa León XIV: «El Pueblo de Dios no sólo está compuesto por muchos pueblos, sino que en su interior está tejido de funciones, vocaciones, culturas y tradiciones diversas, llamadas a apoyarse y enriquecerse mutuamente. […] La tensión fecunda entre la universalidad de la misión y el arraigo local forma parte íntima de la vida de la Iglesia: ella lleva en su aliento el horizonte del mundo entero, pero asume las preguntas de cada contexto como el lugar real en el que el Evangelio cobra vida»[31]. Se puede concluir, por tanto, que uno de los aspectos más relevantes del cambio de época se refiere al establecimiento de una nueva relación entre la fe —y, por tanto, su transmisión— y las culturas.

La crisis de la transmisión de la fe

47. Un aspecto característico del cambio de época que afecta, por diferentes motivos, sobre todo a Occidente —es decir, a aquellos países en los que la fe cristiana ha tenido también una relevancia sociológica mayoritaria— se refiere a la crisis de la transmisión generacional de la fe cristiana. Esto es lo que ya había señalado Evangelii gaudium: «Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Es innegable que muchos se sienten desencantados y dejan de identificarse con la tradición católica, que son más los padres que no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, y que hay un cierto éxodo hacia otras comunidades de fe»[32].

48. Esto tiene mucho que ver, sobre todo en Europa, Estados Unidos de América y Canadá, pero también en Australia y Nueva Zelanda, con una fase avanzada de secularización, que ha provocado una crisis relevante del cristianismo vivido en el ámbito doméstico. En realidad, cada vez son menos los padres que cumplen con la tarea de poner a sus hijos en contacto con la luz viva del mensaje evangélico. Es precisamente de estos contextos familiares de donde procede la mayoría de los jóvenes, hombres y mujeres, que, a pesar de haber frecuentado los ambientes católicos de la parroquia, acaban viviendo la transición a la edad adulta con una actitud de indiferencia religiosa sustancial. Para estas personas que, a pesar de haber recibido el bautismo, han perdido el sentido cristiano de la vida, Jesús, su mensaje de amor, esa luz que vino a irradiar en la historia humana, ya no representa ni un elemento esencial de su propia identidad ni un recurso fiable para discernir lo que es justo hacer con vistas a una vida humanamente digna.

49. Sin embargo, esto no afecta únicamente al llamado Occidente avanzado. En Europa del Este, por ejemplo, que ha sufrido la grave prueba de los regímenes totalitarios comunistas y la consiguiente instauración de una sociedad basada en el ateísmo de Estado —cuyos efectos, no obstante, no han sido los mismos en todas partes—fue la generación de los actuales padres la que sufrió la interrupción de la transmisión de la fe. Así lo atestiguan, en particular, los obispos de los territorios de la antigua Unión Soviética, quienes han podido constatar «que la fe había pasado de las abuelas […] a los nietos, pero sin la implicación directa de la generación intermedia. Como consecuencia de ello, la generación de los “nietos” no ha encontrado en sus padres una fe vivida en la experiencia cotidiana»[33]. Los obispos de Albania también ofrecen testimonios similares[34]. Por ello, concluyen los obispos de la Iglesia greco-católica de Hungría, «ya no podemos dar por sentado que los padres transmitan automáticamente la fe a sus hijos. Lo que en el pasado resultaba eficaz, en la situación actual ya no produce los mismos frutos»[35].

50. Esta ruptura en la transmisión de la fe en la familia también se observa en América Latina y el Caribe, donde se manifiesta sobre todo como una interrupción de la continuidad orgánica entre la familia y la sociedad. De hecho, como señalan los obispos de Chile: «Durante décadas se dio por descontado que existía una cierta continuidad entre familia, escuela, cultura y comunidad eclesial. En ese marco, la fe podía ser descrita como algo que se transmitía relativamente de manera orgánica de una generación a otra»[36]. A este respecto, los obispos de las Antillas observan un debilitamiento de la continuidad generacional[37], sobre todo en lo que se refiere a la catequesis y la práctica sacramental. En otro contexto, como el de Panamá, donde la fe sigue estando muy presente en las manifestaciones populares y en los momentos importantes de la vida, se percibe que la fe «ya no se transmite de manera natural dentro de las familias»[38]. En Colombia, como en otros lugares del planeta, son los abuelos quienes suplen las carencias de la catequesis doméstica, en paralelo a la parroquial[39]; en otras zonas, en cambio, por motivos relacionados con la cultura local, se llega incluso a posponer el bautismo de los hijos hasta una edad más adulta, como ocurre en la Amazonía peruana[40]. En definitiva, todos estos testimonios muestran que ha dejado de existir una especie de “automatismo” en la transmisión de la fe.

51. Un problema similar afecta también a la mayoría de las Iglesias de Asia, sobre todo en las regiones más avanzadas tecnológicamente. En estos casos, sin embargo, se trata de un cristianismo que siempre ha sido minoritario a nivel social y que solo recientemente está experimentando algunas dificultades en la transmisión familiar de la fe. En Corea, por ejemplo, los obispos observan que, debido a la preocupación de los padres, sobre todo por la carrera académica y profesional de sus hijos, la tarea de la catequesis de los más jóvenes recae principalmente en los abuelos[41]. También los obispos de Malasia, Singapur y Brunei denuncian que se da prioridad a las exigencias de la carrera profesional, mientras que la formación espiritual se reduce progresivamente al uso personal de los medios de comunicación modernos[42]. En Bangladés se observa una situación análoga, agravada aún más por un contexto social de mayoría musulmana[43]. En Japón, en cambio, se encuentran dificultades en ciertos aspectos similares a las del mundo occidental, sobre todo en lo que se refiere a la catequesis parroquial y a la gran difusión de los matrimonios entre miembros de tradiciones religiosas diferentes que, de alguna manera, obstaculizan la transmisión de la fe en el ámbito doméstico[44]. Esto también ocurre en los países de Asia Central, que en su día formaron parte del bloque soviético, en los que la Iglesia sigue siendo, no obstante, una realidad minoritaria y vive condiciones análogas a las de las comunidades de Europa del Este, donde durante varias décadas sobrevivió, bajo regímenes totalitarios, una «Iglesia del silencio»[45].

52. A pesar de la gran variedad de contextos, ni siquiera África está exenta de dinámicas que interrumpen la transmisión generacional de la fe. En primer lugar, esto se debe a una cierta secularización de las costumbres provocada por la influencia de un estilo de vida occidental, que han hecho suyo sobre todo las generaciones más jóvenes. Sin embargo, existen también otros factores, relacionados principalmente con la relación con las culturas locales. En particular, se observa que una labor de inculturación del Evangelio que no se ha llevado a cabo plenamente, a pesar de las manifestaciones públicas de la religión aún muy extendidas en la vida social, conduce a una fe superficial, desprovista de raíces y más expuesta a influencias externas. Así lo atestiguan, por ejemplo, los obispos del África del Sur: «a pesar de que el cristianismo está ampliamente difundido, a menudo se queda en un nivel superficial, por lo que necesita una encarnación más profunda del Evangelio en la espiritualidad africana»[46]. Por lo tanto, uno de los principales retos para la transmisión de la fe, que caracteriza de manera transversal al continente africano, se refiere a la creciente competencia, cada vez más agresiva, ejercida por movimientos religiosos de diversa procedencia y el retorno a las prácticas religiosas tradicionales incluso después de haber recibido el bautismo[47].

53. Sin entrar en la complejidad de las causas que han dado lugar a tales transformaciones, es dentro de este contexto de verdadera reescritura de las condiciones fundamentales de la existencia humana donde debe colocarse la crisis de la transmisión generacional de la fe y el reto que esta representa para la Iglesia. En el pasado, dichas condiciones se interpretaban sobre todo desde la perspectiva del cristianismo, tanto en la sociedad en su conjunto como en el seno de las comunidades particulares. En términos más generales, hay que reconocer que no solo está en crisis la transmisión de la fe, sino también una determinada visión del ser humano y de sus valores fundacionales y fundamentales, que había encontrado precisamente en el Evangelio su plenitud. La crisis de la modernidad, símbolo del cambio de época, ha contribuido así al nacimiento de una nueva cultura, que ha entrado en competencia con las estructuras tradicionales de transmisión de la fe. Esto ha llevado, a su vez, a la crisis del llamado modelo de cristiandad, acompañada de la percepción generalizada, en diversas partes del mundo, de que la tarea de los sacerdotes se limita a menudo al “mantenimiento” de las estructuras existentes, mientras que el mundo que les rodea ha cambiado radicalmente.

Una nueva cultura extendida

54. Partiendo de esta situación, Evangelii gaudium invita a la siguiente constatación: «Nuevas culturas continúan gestándose en estas enormes geografías humanas [las metrópolis] en las que el cristiano ya no suele ser promotor o generador de sentido, sino que recibe de ellas otros lenguajes, símbolos, mensajes y paradigmas que ofrecen nuevas orientaciones de vida, frecuentemente en contraste con el Evangelio de Jesús. Una cultura inédita late y se elabora en la ciudad. El Sínodo [de 2012 sobre la Nueva Evangelización] ha constatado que hoy las transformaciones de esas grandes áreas y la cultura que expresan son un lugar privilegiado de la nueva evangelización. Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas para los habitantes urbanos. Los ambientes rurales, por la influencia de los medios de comunicación de masas, no están ajenos a estas transformaciones culturales que también operan cambios significativos en sus modos de vida»[48].

55. Se trata, por tanto, de plantearse la cuestión de la transmisión de la fe en el contexto de esa cultura inédita que hoy se expande desde el corazón de las ciudades hacia las periferias y se extiende a las zonas rurales. Se trata de una cultura omnipresente y profundamente influyente, como señalan los obispos de los Estados Unidos de América: hoy en día, los fieles «tienden a estar más absortos en la cultura que en la fe. La cultura, a través de los medios de comunicación y el discurso público, moldea la forma de pensar de los católicos […] más de lo que lo hacen la fe, la tradición y la devoción»[49]. El mismo fenómeno se observa en muchos otros contextos, sobre todo en aquellos marcados mayormente por la cultura occidental y por un estilo de vida urbano. Tal y como denuncian los obispos de Rumanía, la rápida secularización de dichas sociedades hace que «la falta de práctica religiosa ya no se perciba socialmente como una ausencia que haya que justificar»[50]. Por lo tanto, en el caso de los países de antigua evangelización, ya se puede hablar de sociedades post-cristianas.

56. La tendencia de esta cultura inédita parece consistir en la exaltación de la “soberanía del yo”, que pretende sentirse autónomo y libre para gestionar todos los aspectos de su propia existencia, sometiendo a sus propias necesidades a los demás seres humanos y a la misma realidad que le rodea. Se trata de la difusión de un individualismo cada vez más acentuado, que genera separación, división, envidia, celos, abuso de poder, narcisismo y egolatría. Me vienen a la mente las contundentes palabras de la encíclica Fratelli tutti: «El individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Ni siquiera puede preservarnos de tantos males que cada vez se vuelven más globales. Pero el individualismo radical es el virus más difícil de vencer. Engaña. Nos hace creer que todo consiste en dar rienda suelta a las propias ambiciones, como si acumulando ambiciones y seguridades individuales pudiéramos construir el bien común»[51].

57. Este individualismo generalizado es quizás uno de los efectos más evidentes de ese largo proceso de secularización que ha invadido la conciencia humana contemporánea, especialmente en los contextos occidentales, privándola del aliento y del horizonte de la trascendencia. Como afirma Evangelii gaudium, «el proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y la juventud, tan vulnerable a los cambios»[52].

58. Todo ello tiene, naturalmente, repercusiones en el proceso de transmisión de la fe. Entre los fenómenos señalados por los obispos, además de las dificultades ya mencionadas relativas a la familia, se encuentra la separación sustancial entre el individuo y la comunidad, tal y como observan los obispos españoles: «Persona y familia sufren las consecuencias en la crisis cultural y social que acompaña a este proceso, y, a su vez, se convierten en causa de su avance, por su debilitamiento en la transmisión de la fe y en el consiguiente agrietamiento de vínculos imprescindibles para la vida en sociedad»[53]. Esto significa que al individuo le cuesta integrarse en una tradición que le precede, en un “nosotros” que da forma no solo a su forma de pensar y de sentir, sino también a su forma de creer. De ello se deduce que, sobre todo los más jóvenes, quedan a merced de las modas del momento, como observan los obispos de Brasil: «La progresiva pérdida del sentido de pertenencia a la Iglesia, unida a la difusión de formas subjetivas de religiosidad, ha debilitado los procesos tradicionales de iniciación cristiana. En este contexto, ya no se puede dar por sentado que el bautismo conduzca automáticamente a una fe madura e integrada en la vida de la comunidad»[54]. Como consecuencia, en tales contextos la fe se percibe sobre todo como un asunto privado, tal y como subrayan los obispos austriacos: «La religión se privatiza cada vez más en nuestra sociedad, con la tendencia a excluirla del espacio público. […] No es posible, por así decirlo, enterrar la experiencia cristiana en el corazón sin que ello tenga repercusiones en la realidad del mundo y de la sociedad»[55] . Todo ello se ve agravado aún más en aquellos países, como Francia y Canadá, en los que el laicismo se plasma también en el ámbito legislativo, limitando la libertad de manifestar la propia fe en los lugares públicos.

Las tecnologías digitales

59. Uno de los signos más evidentes del cambio de época que estamos viviendo es, sin duda, la difusión de las tecnologías digitales. Estas últimas, como observa el Papa León XIV en Magnifica humanitas, han dado lugar al afianzamiento de «una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo»[56]. En particular, prosigue el documento, «la omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad»[57]. Como ya señalaba el Sínodo sobre la sinodalidad en el Informe de Síntesis de la primera sesión de 2023, «la cultura digital representa un cambio fundamental en el modo con que concebimos la realidad y nos relacionamos con nosotros mismos, entre nosotros, con el ambiente que nos rodea e, incluso, con Dios»[58]. Sobre todo, en las nuevas generaciones, dicha cultura se caracteriza no solo, como a menudo se subraya, por un mayor acceso al conocimiento, sino también por una mutación de las mismas categorías de pensamiento y, en última instancia, de la forma de relacionarse con la realidad. Si, además, consideramos los escenarios que abre la irrupción de la inteligencia artificial, se perfila el riesgo, cada vez más concreto —como ha recordado el Santo Padre—, de que dicha cultura conduzca a «modificar radicalmente algunos de lospilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas. El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico»[59]. Esto tiene importantes consecuencias para la inculturación de la fe.

60. La difusión de las tecnologías digitales y los avances en inteligencia artificial, como es natural, también afectan a la fe y a la religión. Si, por un lado, en el mundo digital no faltan las ocasiones para compartir testimonios de vida y experiencias espirituales, además de permitir una difusión más amplia de los contenidos de la catequesis en comparación con los medios disponibles en el pasado, las nuevas tecnologías ofrecen sin duda posibilidades inéditas de evangelización. Por otro lado, sin embargo, en algunos contextos la propuesta de fe corre el riesgo de quedar desencarnada, desvinculada de la vida concreta o ligada a ideologías promovidas por minorías ruidosas. Esto puede dar lugar a deformaciones de la propia fe o de la conciencia, o bien inducir a las personas a construirse una supuesta fe “a su medida”, modelada según sus propios gustos y preferencias, en lugar de la enseñanza de la Iglesia.

61. Además, se ha observado que la cultura digital tiende a remodelar algunas categorías fundamentales del pensamiento, como el espacio, el tiempo y la autoridad, que constituyen elementos esenciales del propio concepto de tradición. Por lo tanto, al cambiar la forma de concebir esta última, la transmisión de la fe no puede sino verse transformada desde sus cimientos. En cuanto al espacio, como ya se ha mencionado, se atenuaría, aunque sin desaparecer, el sentido de pertenencia a un contexto local y concreto, ya que las personas están al mismo tiempo integradas en una red global, en la que las distancias físicas parecen relativizarse, si no superarse por completo. En cuanto al tiempo, cambiaría, por el contrario, el significado mismo de la memoria: el hecho de que todos los contenidos subidos a la red permanezcan indefinidamente, junto con la rapidez que caracteriza los intercambios entre las personas, contribuye a que se pierda un sentido genuino de la historia y del pasado, ya que todo queda aplanado en una especie de presente eterno. Esto hace que los usuarios de la red sean especialmente sensibles a las modas del momento.

62. En lo que respecta a la autoridad, hay que prestar mucha atención a la advertencia del Papa León XIV en su primera Encíclica Magnifica humanitas: «Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella. Una información veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado. En el discurso público, la verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo»[60]. Por lo tanto, el acceso generalizado a múltiples fuentes de conocimiento y, al mismo tiempo, la presencia de un gran número de voces situadas todas en el mismo plano, cuyo único criterio de discriminación es la eficacia comunicativa, ponen en grave crisis la credibilidad de las instituciones tradicionales, ya que para muchos ya no está claro quién es realmente capaz de ofrecer una palabra autorizada sobre las cuestiones fundamentales de la vida humana.

Nuevas fronteras de la evangelización

63. Sin embargo, una visión realista de esta situación no debe llevarnos a desesperarnos por el futuro de la Iglesia. Entre las oportunidades que ofrece el Espíritu Santo en el contexto actual de cambio de época, se encuentra, de hecho, la de una adhesión a la fe más consciente y convencida, tal y como sostienen los obispos belgas: se trata de «una ocasión positiva para permitir que las personas elijan conscientemente profundizar en su propia fe»[61]. Una actitud similar se observa también en un contexto geográficamente lejano, como el de Chile, cuyos obispos señalan que «la fe ya no puede ser presupuesta como herencia cultural estable ni como adhesión espontánea a un universo simbólico compartido. Más bien, aparece como una propuesta que debe ser acogida en libertad, acompañada en procesos y validada existencialmente»[62]. Además, no podemos olvidar un fenómeno que está afectando a las zonas más secularizadas de Europa y América, a saber, el número creciente de conversiones y retornos a la Iglesia, sobre todo por parte de jóvenes y adultos jóvenes. Es especialmente relevante el caso de Francia, donde, frente a un descenso generalizado de los bautismos infantiles y de la práctica religiosa, se registra un crecimiento excepcional y constante de las solicitudes para recibir el sacramento del Bautismo por parte de jóvenes y adultos. Según los resultados de una encuesta realizada por encargo de la Conferencia Episcopal Francesa, el número de adultos que recibieron el bautismo en 2026 aumentó un 28 % con respecto al año anterior, hasta el punto de que se ha más que triplicado en comparación con la cifra de 2016. Como ya se ha mencionado, este fenómeno afecta sobre todo a las nuevas generaciones: la gran mayoría tiene menos de 40 años y, de ellos, aproximadamente la mitad se sitúa en el grupo de edad comprendido entre los 18 y los 25 años. Según los testimonios recopilados, entre los motivos que llevan a solicitar el sacramento se encuentran el acercamiento a la fe tras un momento de crisis (por ejemplo, un duelo o una enfermedad), haber vivido experiencias espirituales y de belleza, o el contacto con otros creyentes, tanto a nivel personal como en las redes sociales[63].

64. A nivel estadístico general, este fenómeno sigue afectando a porcentajes relativamente limitados en comparación con la población total; sin embargo, esto no quita que se trate, en cualquier caso, de acontecimientos nada desdeñables y siempre motivo de alegría. No obstante, cabe señalar que una visión más amplia de la situación sugiere adoptar una actitud prudente a la hora de evaluar esta realidad. De hecho, si bien, por un lado, se registra un aumento efectivo en la demanda de los sacramentos de la iniciación cristiana en esas zonas altamente secularizadas, por otro lado, se observa una dificultad paralela en la perseverancia de los neófitos, quienes a menudo, poco tiempo después de recibir el bautismo, vuelven a un estado de indiferencia práctica. Por esta razón, aunque conviene evitar actitudes triunfalistas al respecto, no se puede negar que estos fenómenos constituyen signos concretos de esperanza y de vitalidad evangélica. Al mismo tiempo, la situación descrita invita a redescubrir la importancia de la comunidad en la acogida y el acompañamiento de los nuevos fieles.

65. Se puede constatar cómo, en estos casos, el anuncio evangélico, llevado a cabo de las formas más diversas —desde el boca a boca hasta la invitación a una peregrinación, pasando por una presencia activa en los nuevos medios de comunicación—, permite acoger una auténtica búsqueda de sentido que renace en medio de la asfixia de la inmanencia. Dicha búsqueda puede presentarse de muchas formas, que no deben menospreciarse: la búsqueda de una mayor amplitud de corazón, la necesidad de paz y armonía con el mundo, el deseo de consuelo y sanación, las experiencias de ruptura y de conflicto que empujan a empezar de nuevo, nuevas formas de belleza, una cierta recuperación de lo antiguo y de las tradiciones, además de muchos otros ejemplos que podrían multiplicarse. Se trata de realidades a las que hay que mirar con gratitud, reconociendo en ellas la obra del Espíritu Santo, que sigue actuando en los corazones de las personas.

66. Se vuelve a proponer, por tanto, sustancialmente, la necesidad de transmitir la fe partiendo del kerygma. Esto es válido tanto en los países secularizados de antigua tradición cristiana como en aquellos en los que la Iglesia se caracteriza generalmente por ser una minoría, por ejemplo, en Asia. De hecho, muchos países asiáticos también se ven afectados por la secularización y el individualismo, sobre todo en las regiones que experimentan un rápido crecimiento económico. Sin embargo, el impacto de estas influencias culturales en las comunidades de fieles es diferente al que se observa en las sociedades de tradición cristiana. Precisamente el hecho de ser con frecuencia minoritarias a nivel social (con algunas notables excepciones como las Filipinas y Timor Oriental) ha llevado a las Iglesias de Asia a desarrollarse como comunidades bien definidas desde el punto de vista sociológico; esto ha favorecido la consolidación de una fuerte identidad, que les ha permitido atravesar la historia a pesar de contextos a veces hostiles o marcados por auténticas persecuciones. En la actual situación de cambio de época, este hecho presenta, desde el punto de vista de la transmisión de la fe, un doble orden de consecuencias: por un lado, las comunidades cristianas no son inmunes a la ampliamente difundida cultura secularizada anteriormente descrita, que provoca, por tanto, una erosión de la práctica religiosa, sobre todo en las nuevas generaciones; por otro lado, están llamadas a superar una adhesión al cristianismo basada en la mera inercia de la pertenencia social[64], para que se convierta en una elección personal y consciente, capaz de orientar las propias decisiones de vida. Esto es válido, en particular, para regiones que se caracterizan por la presencia de culturas milenarias, como la India o China, en las que el esfuerzo por encarnar el anuncio evangélico en la vida de las personas debe enfrentarse al modo particular con el que una determinada cultura se relaciona con ámbitos como la verdad, el bien y la belleza. A ello se suma la necesidad de replantearse el modo mismo de anunciar el Evangelio, dando prioridad a las formas narrativas frente a la mera transmisión de conceptos abstractos. Este esfuerzo es imprescindible para preparar el terreno del corazón de cada ser humano (cf. Mt 13,3-8) para el encuentro auténtico con la Buena Nueva.

67. A pesar de la variedad de situaciones que caracterizan a este vasto continente, también África se enfrenta al problema de la secularización y del individualismo de origen occidental, que afectan sobre todo a los contextos urbanos y a las nuevas generaciones. En las Iglesias africanas, sin embargo, la respuesta a tales influencias culturales sobre la transmisión de la fe se inscribe en el marco de dos retos igualmente exigentes, a los que ya se ha hecho referencia: la inculturación del Evangelio en las culturas locales y la “competencia” del proselitismo por parte de otras religiones. La importancia del primer aspecto viene atestiguada por los obispos de Nigeria: «La presencia significativa de clero autóctono ha facilitado la transmisión de la fe en el seno de las culturas locales, ya que actúan como modelos de referencia con los que es posible identificarse y como guías espirituales, salvando eficazmente la brecha entre los valores tradicionales nigerianos y las enseñanzas católicas»[65]. Otra iniciativa valiosa son las «Pequeñas Comunidades Cristianas» (Small Christian Communities), las cuales, tal y como señalan los obispos de Tanzania, «funcionan como unidades básicas para la oración, la catequesis y la vida comunitaria. La fe se transmite a menudo a través de un enfoque que considera a la comunidad como una familia»[66].

68. Como ya se ha mencionado, la transmisión de la fe en África (pero también en otros lugares) sufre por la actividad antagonista de grupos religiosos que proponen un “Evangelio de la prosperidad”, aprovechando las necesidades materiales inmediatas. En regiones como Costa de Marfil, por ejemplo, se asiste, por un lado, a la búsqueda de movimientos que garanticen el bienestar y la felicidad, mientras que, por otro, se registra el retorno de muchos bautizados a las prácticas tradicionales y esotéricas[67].

69. Hay que reconocer que, a menudo, el atractivo de una propuesta de este tipo se deriva de ciertas carencias objetivas en las modalidades de anuncio del Evangelio, que no siempre logran tener en cuenta de manera adecuada las necesidades reales y concretas de las familias. Esto implica que las comunidades cristianas están llamadas a buscar modos sanos de presentar el Evangelio como una respuesta eficaz incluso a las necesidades más tangibles, siguiendo el ejemplo de Jesús, que recorría la tierra de Israel «haciendo el bien y curando a todos» (Ac 10,38), demostrando así que sabía responder no sólo a las preguntas últimas, sino también a las “penúltimas”. De hecho, no siempre esos deseos tienen un origen egoísta (por ejemplo, la preocupación por el bienestar de los hijos, el cuidado de la salud, el deseo de sanar los lazos familiares, etc.). Descubrir que la Iglesia puede ofrecer una ayuda espiritual concreta ante estas preocupaciones predispone el corazón a acoger el anuncio kerigmático con renovado vigor.

70. En otros contextos africanos, en cambio, como la República Democrática del Congo, además de las presiones ejercidas por grupos fundamentalistas, las comunidades cristianas sufren también la amenaza de una expansión agresiva de formaciones islamistas[68]. Todos estos factores ejercen su influencia en muchos fieles que no han recibido una formación sólida en la fe o que no han experimentado de primera mano el efecto transformador del kerygma en sus vidas.

71. Por último, no podemos pasar por alto el hecho de que, en muchas partes del mundo, los creyentes en Jesús siguen siendo víctimas de auténticas persecuciones por parte de grupos religiosos extremistas. A este respecto, es urgente reiterar que toda forma de violencia ejercida por motivos de credo es una violación inadmisible de la dignidad humana, ya que «quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma»[69]. Se trata de perversiones del mensaje religioso que deben denunciarse abiertamente y que toda autoridad política está llamada a reprimir sin vacilar.

Capítulo IV

La centralidad del kerygma

72. Ante la situación descrita anteriormente, resulta del todo natural que, para los creyentes, se trate de recomenzar una gran etapa de anuncio del Evangelio, dando por fin respuesta a lo que pedía el Papa Francisco en Evangelii gaudium respecto a la urgencia de que toda la Iglesia dé vida a una nueva etapa evangelizadora. Esta invitación ha sido retomada por el Papa León XIV, quien reconoce la necesidad de «una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de mera conservación o expansión institucional»[70]. No lo hacemos, ante todo, para responder a un nuevo desafío trascendental, sino por fidelidad a la propia identidad cristiana, que no puede dejar de incluir el don de sí mismo en la transmisión de la luz de Cristo. En vista de todo ello, conviene reflexionar sobre el tema del anuncio del kerygma y sobre cómo este reorienta la vida y la misión de la Iglesia.

73. La revelación divina, como enseña el Concilio Vaticano II, no es una simple transmisión de verdades doctrinales ni una “instrucción” de Dios a la humanidad, sino un diálogo de alianza: «Dios invisible movido por su desbordante caridad, habla a los hombres como a amigos y trata con ellos, para invitarlos y admitirlos a la comunión consigo y recibirlos en ella»[71]. Esto hace que el kerygma, el anuncio fundamental de la fe, exija en quien lo acoge una respuesta que no se limita al nivel intelectual, sino que involucra toda la existencia en la acogida de la llamada que Dios hace a la persona a compartir Su propia vida. Precisamente porque no se limita al ámbito meramente cognitivo, sino que está dotada, por así decirlo, de un alcance existencial (cf. Jn 17,3), dicha respuesta es, por su propia naturaleza, un acontecimiento de salvación: «Si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9).

74. La verdad evangélica, por tanto, es salvífica, es viva; es más, es una persona: Cristo mismo (cf. Jn 14,6). Esto se refleja en la estructura del acto de fe, que se caracteriza, al mismo tiempo, por «la entrega total»[72] a Cristo del ser humano individual iluminado por su gracia (fides qua), y por las “cosas creídas” (fides quae), que explicitan el contenido de dicho acto deentrega[73]. La corrección de la exposición de la fe y la búsqueda humana de sentido, que nunca se agota por completo (cf. 1 Cor 15,28), son inseparables.

Suscitar una experiencia de fe

75. A este respecto, por lo tanto, sigue siendo válido lo que podemos leer en Evangelii gaudium: «En la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o “kerygma”, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos»[74].

76. La primera reflexión que nos sugieren las palabras que acabamos de escuchar es que el anuncio de la verdad fundacional y fundamental del cristianismo —Jesucristo, que está vivo, te ama y ha dado su vida para salvarte— debe llevarse a cabo de tal manera que provoque una experiencia de fe, capaz de iniciar un proceso de formación de la propia identidad cristiana. Se perfila así un triple itinerario que debe caracterizar una transmisión de la fe recentrada en el kerygma: en primer lugar, el anuncio central de la presencia y el amor de Cristo Resucitado; la experiencia interior de su presencia y de su amor, suscitada por ese anuncio; por último, el inicio de un camino de conocimiento y de amor a Cristo, hecho posible por la acogida del anuncio por parte de quien lo recibe con un corazón libre y sincero.

77. No se trata, por tanto, de una mera transmisión de contenidos, por muy importantes que sean, aunque se refieran a la salvación de cada ser humano. Debe ser un anuncio “performativo”, capaz de tocar realmente el corazón de quienes lo reciben y de impulsar sus pasos hacia el corazón del Señor Jesús, donde es posible contemplar y entrar en contacto con ese fuego de amor que Él vino a arrojar sobre la tierra (cf. Lc 12,49). El anuncio del kerygma debe inflamar los corazones de aquellos a quienes va dirigido, según el modelo sublime que el mismo Jesús pone en práctica con los discípulos de Emaús:«Y se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”» (Lc 24,32).

78. El vínculo entre kerygma y catequesis, en el contexto de un cambio de época, es muy estrecho, hasta el punto de que la segunda «no siempre se puede distinguir del primer anuncio», por lo que «está llamada a ser, en primer lugar, un anuncio de la fe»[75]. Precisamente a este respecto, puede resultar útil recordar una situación que ya resulta frecuente. Como ya se ha señalado, ocurre cada vez con más frecuencia que los padres cristianos ya no logren transmitir la fe a sus hijos; sin embargo, el mero hecho de pedir el bautismo para sus hijos o de acompañarlos a la catequesis ya pone de manifiesto cierta presencia de la fe y un testimonio frágil, pero verdadero, que no deben menospreciarse. En estos casos, es incluso posible que los niños o adolescentes que llegan a la catequesis aún no hayan recibido un primer anuncio explícito del Evangelio. Precisamente por ello, la catequesis se convierte en el lugar en el que este anuncio puede volver a proponerse, lo que confirma la necesidad de una profunda renovación kerigmática de la catequesis misma, ya que, no pocas veces, esta no logra provocar una experiencia intensa de encuentro con Cristo, que pueda perdurar en el tiempo[76].

79. Por otra parte, es un hecho que el elevado número de niños y adolescentes que se alejan de la Iglesia y de los sacramentos inmediatamente después de haber completado el itinerario de iniciación cristiana, o el que ofrece la escuela católica, indica que la catequesis sigue teniendo dificultades para encontrar los caminos más adecuados que motiven un encuentro personal sólido y duradero con Cristo.

La cuestión del lenguaje

80. En el contexto de este cambio de época, el verdadero reto para la Iglesia es que la palabra del Evangelio se asuma «como criterio vivo para orientar elecciones concretas, inspirar caminos de conversión personal y comunitaria, promover reformas de las estructuras y apoyar nuevas formas de testimonio evangélico en la vida pública»[77]. En este sentido, aprovechando los numerosos documentos y recursos que el Dicasterio para la Evangelización ha elaborado[78], hoy resulta más urgente que nunca analizar con mirada sapiencial las formas actuales de organizar la catequesis, para que la transmisión de la fe no quede confinada a lenguajes que puedan calificarse de “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas”. De hecho, con demasiada frecuencia, una comunicación repetitiva y autorreferencial del mensaje evangélico corre el riesgo de no llegar al corazón de los fieles. Por eso, el lenguaje de la fe no debe limitarse a una fría exposición de conceptos; sin duda debe poseer esa claridad que facilita la comprensión, pero sobre todo debe caracterizarse como una llamada del corazón, recordando que «el Señor nos salva hablando a nuestro corazón desde su Corazón sagrado»[79] y que «el programa del cristiano […] es “un corazón que ve”»[80]. Solo así será un lenguaje que realmente provoque un cambio en la vida de las personas, porque será expresión de la propia voz del Señor, el único que puede tocar verdaderamente el corazón de las personas: «Habla tú verdaderamente en mi corazón; solo tú hablas así»[81] .

81. En resumen, para que la transmisión de la fe sea realmente eficaz, debe configurarse como una relación interpersonal que involucra. Para ello,«se debe privilegiar el idioma de la proximidad, el lenguaje del amor desinteresado, relacional y existencial que toca el corazón, llega a la vida, despierta esperanza y deseos»[82]. Una comunicación de este tipo no pretende hablar primero, sino que nace ante todo de la escucha, haciendo posible un verdadero intercambio de dones entre quien anuncia y quien acoge el anuncio, facilitando así el encuentro con Cristo, que camina con nosotros.

82. Esto significa que la transmisión de la fe puede realizarse allí donde el lenguaje se convierte en testimonio, transformándose él mismo en un acontecimiento del Espíritu. Como dice san Alberto Hurtado, citado en la Exhortación apostólica Christus vivit: «“Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer la luz, sino ser la luz […]. El Evangelio […] más que una lección es un ejemplo. El mensaje convertido en vida viviente”»[83]. De este modo, la Iglesia podrá ofrecer también hoy una palabra que sea, a la vez, memoria y profecía, capaz de hacer arder de nuevo el corazón de los discípulos a lo largo del camino, acompañados por el Maestro, permitiendo a la gracia que suscite esa adhesión mística a la fe[84], respecto a la cual siguen siendo insuperables las palabras del profeta Jeremías: «Pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo, y no podía» (Jr 20,9).

La formación cristiana

83. De lo anterior se desprende que las comunidades de creyentes están firmemente llamadas a promover, tanto en el momento oportuno como en el inoportuno, una renovación del anuncio del kerygma. Por otra parte, también en Evangelii gaudium se destacaba otro aspecto realmente importante al respecto: «No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más “sólida”. Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nunca deja de iluminar la tarea catequística, y que permite comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis. Es el anuncio que responde al anhelo de infinito que hay en todo corazón humano. La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas»[85].

84. Aquí vuelve a surgir la gran enseñanza del Concilio Vaticano II sobre la jerarquía de las verdades entre los misterios cristianos. De hecho, en el número 11 de Unitatis redintegratio se lee que «los teólogos católicos, afianzados en la doctrina de la Iglesia, deben seguir adelante en el diálogo ecuménico con amor a la verdad, con caridad y humildad, investigando juntamente con los hermanos separados sobre los misterios divinos. Al comparar las doctrinas, deben recordar que existe un orden o “jerarquía” de las verdades de la doctrina católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana»[86]. Esta perspectiva ha sido ampliada por Evangelii gaudium al ámbito del anuncio del Evangelio, de la teología y de la propuesta moral[87]. Por esta razón, en el cambio de época que nos toca vivir, no parece oportuno, en el ámbito de la comunicación de la fe a las nuevas generaciones, a los catecúmenos adultos y a los llamados “reconvertidos”, dispersarse en tantos ámbitos de la doctrina católica —por muy importantes que sean— y perder de vista lo que en ella hay «de más sólido, de más profundo, de más seguro, de más consistente»[88]: el amor de Dios, que es como una llama capaz de volver a donar vida, alegría, esperanza y confianza a toda existencia humana. A esta llama, gracias a la acción del Espíritu, se accede mediante el encuentro —con fe y en la fe— con el Señor Jesús.

85. Es precisamente anunciando el kerygma de un modo renovado y renovador, apasionado y apasionante, como la comunidad creyente podrá cumplir la tarea de transmitir, de generación en generación, la luz que Jesús vino a traer a la tierra.

86. En concreto, para que pueda suscitar verdaderamente una experiencia de fe, el anuncio del kerygma deberá adoptar un estilo, un lenguaje y un tono capaces de llegar a las personas allí donde se encuentran, con sus deseos y sus sueños, con sus fatigas y sus tribulaciones. Deberá, por tanto, ser capaz de presentar la bella noticia del amor y la misericordia de Dios de tal manera que quienes la reciban puedan comprender de verdad que ese amor y esa misericordia se dirigen precisamente a ellos. Este es el estilo que caracteriza a las parábolas del Señor Jesús, que aún hoy cautivan los corazones de quienes las escuchan.

Capítulo V

La transmisión de la fe en las comunidades

87. Partiendo de esta reflexión general sobre la centralidad del kerygma, se pueden formular algunas observaciones más específicas. La primera, y más esencial, se refiere a la calidad de la vida comunitaria de los discípulos del Señor. Esta debe transparentar un amor sincero entre los hermanos, el hacerse cargo los unos de los otros, una generosa disponibilidad hacia todos, en particular hacia los más desfavorecidos, un clima de alegría y de fiesta y, por último, ese vivir con un solo corazón y una sola alma (cf. Ac 4,32), propio de una comunidad acogedora y hospitalaria, capaz, incluso en este tiempo de cambio de época, de llamar la atención de cualquiera y de atraerlo hacia la experiencia de la fe cristiana. En un mundo cada vez más fragmentado, en el que los únicos vínculos entre los seres humanos que parecen tener cabida son los mediados por las infraestructuras digitales, resulta cada vez más evidente en muchas personas una necesidad y un deseo de pertenencia. No nos bastamos a nosotros mismos y los medios sociales no colman nuestro carácter original de “animales sociales”. Como creyentes, no podemos dejar de mantener el corazón y las puertas abiertas a estas nuevas situaciones de las personas. Por otra parte, la primera forma de evangelización tiene lugar siempre “de persona a persona”[89].

88. En esta dirección, resulta absolutamente urgente, sobre todo en los países de antigua evangelización, insistir en la importancia de promover, en cada comunidad eclesial, grupos de escucha, de meditación, de compartir y de oración de la Palabra, en cuya convocatoria se dediquen momentos específicos y fijos, que complementen la celebración de la Eucaristía dominical. Que nos sirvan de estímulo las palabras del Papa Francisco: «El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen. Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, fortalecido por la presencia del Señor en medio de nosotros que nos habla y nos nutre. […] nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera»[90]. Con el fin de facilitar esa relación de confianza de los creyentes con la Sagrada Escritura, en estos grupos bíblicos se podrán adoptar fácilmente la antigua práctica de la lectio divina y las modernas metodologías narrativas.

89. A pesar de todos los cambios de época, los principales canales de transmisión de la fe siguen siendo los encuentros “persona a persona”. Por ello, entre los ámbitos en los que se transmite la fe, la amistad adquiere especial relevancia, como atestiguan también los casos más recientes de conversión. La tradición de la Iglesia siempre ha reconocido el valor educativo de las genuinas relaciones fraternas[91], como también ha destacado el Magisterio reciente, sobre todo en referencia al camino de fe de las jóvenes generaciones, y como afirma, por ejemplo, el Papa Francisco: «La amistad es un regalo de la vida y un don de Dios. A través de los amigos el Señor nos va puliendo y nos va madurando»[92]. La amistad, de hecho, constituye un espacio privilegiado en el que el testimonio personal, la ayuda mutua y el compartir las alegrías y las dificultades de la vida hacen posible un intercambio de fe capaz de abarcar toda la existencia. Junto con la familia, una amistad sana representa el contexto por excelencia de las relaciones auténticas y bien podría decirse también que es una escuela de humanidad[93], donde los creyentes pueden acompañarse y apoyarse mutuamente en el seguimiento de Cristo.

Liturgy

90. La segunda consideración relacionada con el redescubrimiento de la centralidad del kerygma se refiere a la liturgia. Si el corazón del anuncio cristiano es el encuentro con el amor salvífico de Dios en Cristo, la liturgia constituye el lugar privilegiado en el que este misterio se celebra y se comunica sacramentalmente. Precisamente por ello, ocupa un papel central en la transmisión de la fe, configurándose como el corazón palpitante de la vida eclesial en la que la comunidad se nutre de la Palabra de Dios y del Pan de vida eterna. A este respecto, es necesario superar una visión reduccionista que la considere un mero marco ritual de la vida eclesial. La liturgia, de hecho, es ante todo una experiencia de fe, incluso antes que una enseñanza, ya que permite al fiel participar en gestos, palabras, silencios y símbolos, haciendo una experiencia viva del misterio de Cristo. Como se afirma en Evangelii gaudium, «la Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia»[94].Precisamente a través de su fuerza simbólica y de su capacidad para involucrar íntegramente a la persona, la liturgia se convierte en un auténtico lugar de anuncio y de encuentro con el Señor. En la acción litúrgica, y en particular en la Eucaristía, se nos introduce cada vez más profundamente en el misterio pascual, al tiempo que se hace visible el carácter sacramental de la Iglesia, llamada a ser signo del amor de Dios por la humanidad. En este acontecimiento sacramental, el encuentro con el Resucitado se convierte en un gesto compartido y vital que educa al creyente no solo “informándole”, sino moldeándolo desde dentro para que se convierta en partícipe del misterio celebrado. Por eso, en la liturgia la fe se transmite de manera performativa: no solo se habla de Dios, sino que se entra en relación con Él. La liturgia es memoria y tradición viva, que genera y moldea a cristianos capaces de dar testimonio de la salvación encontrada; al participar en la oración litúrgica se entra, de hecho, en una historia, en una memoria compartida que atraviesa los siglos. Por lo tanto, celebrar significa, ante todo, recibir una fe que ha sido creída, vivida y rezada por otros antes que nosotros.

91. Además, esta dinámica pone de relieve la dimensión eminentemente comunitaria de la liturgia. La fe, de hecho, no se transmite solo a través del anuncio o la enseñanza individual, sino en el seno de un pueblo que celebra. En la liturgia, el creyente nunca está aislado, es introducido en un “nosotros” que le precede, le acompaña y le supera. Esta dimensión comunitaria constituye un potente antídoto contra el atractivo de un estilo de vida egoísta e individualista, hoy tan extendido en muchos contextos, como ya se ha podido observar. Precisamente por ser una experiencia eclesial y popular, la celebración de la fe está estrechamente vinculada a los procesos de inculturación, es decir, al esfuerzo por «comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible»[95]. Aplicada a la liturgia, esta perspectiva exige custodiar la riqueza de la tradición simbólica de la Iglesia, haciéndola al mismo tiempo accesible y significativa para los hombres y mujeres de su tiempo, en una tensión sana y fecunda entre la fidelidad a la tradición y la comprensibilidad del mensaje celebrado.

92. Desde el punto de vista de la transmisión de la fe, por tanto, la liturgia reviste una importancia crucial según el antiguo adagio lex orandi, lex credendi[96]. De ello se deduce que la celebración litúrgica no puede reducirse a una mera ejecución formal, sino que debe ser una acción en la que los signos hablen realmente a la mente y al corazón de los fieles, expresando de manera viva y concreta la única fe de la Iglesia y reforzando en cada creyente la conciencia de ser miembro del Cuerpo de Cristo. Solo a través de una participación plenamente consciente, que presupone una educación adecuada en el lenguaje litúrgico, la fe puede transmitirse no como una doctrina abstracta, sino como una vida nueva que se comunica “por atracción” en lo cotidiano. El joven Agustín también fue testigo de esta eficacia de la liturgia, y años después de aquella experiencia pudo escribir: «¡Cuántas lágrimas derramé con tus himnos y tus cánticos, mientras las voces de tu Iglesia resonaban dulcemente! Aquellas voces penetraban en mis oídos, y tu verdad se fundía en mi corazón; de ella brotaba un ardiente sentimiento de piedad, y corrían las lágrimas, y me hacía bien llorar con ellas»[97]. A través de la belleza de los signos y la fuerza de la Palabra, pues, la acción litúrgica se convierte así en la fuente generadora de la misión eclesial, capacitando a la comunidad para dar razón de la esperanza que la habita a través de la credibilidad de una vida transfigurada por la gracia. Por este motivo es necesario un cuidado especial de las celebraciones y un acompañamiento mistagógico de las nuevas generaciones, para que puedan comprender y vivir plenamente lo que celebran en la liturgia.

93. Además de esto, la liturgia puede vivirse de diversas maneras. De hecho, existe también una forma propia de la piedad popular de manifestar una sensibilidad litúrgica, que se declina en diferentes formas según las distintas culturas. Para comprender este hecho, cabe citar un bonito relato de Romano Guardini, en el que narra su viaje a Sicilia: «Hoy he visto algo grandioso: Monreale. […] Cuando llegamos —era Jueves Santo—, la misa solemne ya había pasado la consagración. […] ¿Qué podría decir del esplendor de este lugar? […] La multitud estaba sentada y miraba. […] Casi nadie leía. Todos vivían en la mirada, todos se inclinaban para contemplar. Entonces me quedó claro cuál es el fundamento de una verdadera piedad litúrgica: la capacidad de captar lo “santo” en la imagen y en su dinamismo. Monreale, Sábado Santo. […] De vez en cuando, un rayo de sol penetraba en la bóveda y, entonces, una sonrisa dorada inundaba el espacio en lo alto. […] Pero lo más bello era el pueblo. […] La ceremonia sagrada se prolongó durante más de cuatro horas y, sin embargo, siempre hubo una participación viva. Hay diferentes formas de participación en la oración. Una se lleva a cabo escuchando, hablando, gesticulando. La otra, en cambio, se desarrolla mirando. La primera es buena, y nosotros, en el norte de Europa, no conocemos otra. Pero hemos perdido algo que en Monreale aún existía: la capacidad de vivir-en-la-mirada, de permanecer en la visión, de acoger lo sagrado a través de la forma y del acontecimiento, contemplando»[98].

94. Se deberá prestar especial atención, en cada diócesis, para permitir a los fieles y quienes se acercan o vuelven a acercarse a la comunidad de creyentes entrar en contacto con las diversas sensibilidades litúrgicas presentes en la tradición de la Iglesia católica. Respetando las normas litúrgicas vigentes, los pastores están llamados a poner en valor la riqueza del patrimonio litúrgico católico —pensemos, por ejemplo, en la variedad de estilos musicales que lo caracterizan— de tal manera que puedan entrar en contacto con las diversas sensibilidades de sus contemporáneos. Además, deberá prestarse una atención específica a un acompañamiento capaz de bendecir las etapas más destacadas de la vida humana. En Occidente, sobre todo, se está produciendo una pérdida progresiva de la memoria colectiva de los ritos y las prácticas rituales, en favor de un individualismo muy radical, pero esto no suprime la necesidad antropológica de la ritualidad, a la que el ser humano siempre ha sabido responder de diversas maneras. La comunidad cristiana crece y se edifica a través de las prácticas rituales, y el rico patrimonio espiritual de la Iglesia representa, en este sentido, un recurso precioso e inagotable.

El papel del testimonio

95. La tercera consideración esencial se refiere al testimonio de los creyentes. Este se articula en tres dimensiones fundamentales: el testimonio de la santidad, el de la cercanía y el de la opción preferencial por los pobres. En todas las épocas, quienquiera que se haya encontrado con el testimonio de un cristiano ejemplar se ha visto siempre estimulado a descubrir el secreto de esa vida tan particular y diferente respecto a la mayoría de sus semejantes. Un creyente que vive hasta el fondo las exigencias del mensaje cristiano es, en sí mismo, una referencia constante a la luz verdadera del mundo, que es Cristo Jesús. Como afirma el Papa Francisco, en efecto, «la santidad es el rostro más bello de la Iglesia»[99]. Bastaría aquí recordar únicamente las figuras de san Francisco de Asís y de santa Teresa de Calcuta. Hay que reconocer, de hecho, que nada como la santidad de sus miembros hace a la Iglesia más creíble en el anuncio y la transmisión de la fe. Por esta razón, haciéndose eco del mensaje sobre la santidad del Concilio Vaticano II[100], el Papa Francisco ha querido reiterar con insistencia que la santidad es la vocación ordinaria de todo cristiano: «Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales»[101].

96. Junto al testimonio de la santidad, los creyentes son llamados a ofrecer, en el día a día de su vida, el testimonio de una cercanía hacia todos. Se trata de una cercanía construida con los ladrillos de la hospitalidad, la amabilidad, la escucha, la mansedumbre y la ternura. Según la antigua frase del autor latino Terencio: «Homo sum, humani nil a me alienum puto"[102]—para los creyentes, nada de lo verdaderamente humano debería resultarles ajeno. Todo cristiano está llamado a ayudar a las personas a releer su propia historia dentro de la gran historia de la salvación, descubriendo que su propia vida forma parte del relato de Dios. Esta cercanía se convierte en testimonio cuando se ejerce hacia personas que viven en situaciones de grave sufrimiento, ya sea físico o mental. En estos casos, un gesto de escucha y ternura, unido a una palabra de fe, puede abrir amplios espacios para acoger esa luz verdadera de Cristo que tiene el poder de liberar de las tinieblas a quienes están envueltos en ellas. El Papa León recuerda, de hecho, que «la finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro»[103].

97. Llegamos así a ese testimonio concreto del amor de Dios que los creyentes dan al hacerse cargo, de manera preferencial, de los pobres, los desfavorecidos y los excluidos. Como recordó el Papa León XIV, siguiendo los pasos de su predecesor, los creyentes no deberían olvidar nunca «la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres»[104]. En verdad, «el cristiano no puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una “cuestión familiar”, son “de los nuestros”. Nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia»[105]. En esa cercanía activa y práctica hacia los hermanos y hermanas que viven en la pobreza, la Iglesia hace brillar de manera eminente esa llama del amor de Dios por todos que Jesús vino a arrojar sobre la tierra y que aún hoy logra conmover, a menudo en silencio, el corazón de muchos. Un testimonio especialmente valioso en este sentido nos lo ofrecen los obispos de Myanmar, recogido en ocasión de su Visita ad Limina a este Dicasterio el 2 de junio de 2026: en ese país, que lleva sobre sí las heridas de múltiples conflictos, la Iglesia muestra su cercanía a los más pobres, incluso simplemente en el silencio de la escucha, sin distinción alguna de pertenencia religiosa —se trata, de hecho, de una nación de mayoría budista—. Precisamente esa cercanía suscita en quienes no comparten la fe cristiana el deseo de profundizar en los motivos de esta forma de afrontar el sufrimiento, ofreciendo así a los fieles la oportunidad de hablar explícitamente de su experiencia de Jesús. En esta unidad entre la caridad y el anuncio evangélico, por tanto, se pone de manifiesto aún más claramente la belleza integral de la propuesta cristiana.

Arte y belleza

98. Una cuarta observación específica se refiere, además, a la necesidad de dar cabida —en el discurso sobre la transmisión de la fe— también a las múltiples expresiones de la creatividad humana, a través de las cuales se ha intentado dar forma a esa tensión hacia la belleza, el amor y la trascendencia que habita, a menudo de manera atormentada, en el corazón humano. ¿Cómo no pensar, a este respecto, en tantas obras de literatura y poesía capaces de suscitar un encanto sublime, capaz de cautivar incluso a las mentes más distraídas por las modernas tecnologías de la comunicación? Precisamente en la importancia de abrirse a la belleza insistió de manera especial Hans Urs von Balthasar: «En la forma luminosa de lo bello, el ser se hace patente como en ninguna otra parte. Por eso, todo conocimiento o tendencia espiritual tiene que ir acompañado de un momento estético»[106].

99. Desde esta perspectiva, hay que prestar especial atención a la música, la cual, como expresión privilegiada de la via pulchritudinis, constituye un lenguaje esencial para la transmisión de la fe, capaz de tocar las fibras más profundas del corazón humano y de comunicar la verdad del Evangelio a través de la belleza[107]. No se trata de un mero adorno estético de las celebraciones, sino de un instrumento misionero que actúa por atracción, haciendo perceptible la gloria del Resucitado sobre todo allí donde las palabras tienen dificultades para llegar. De hecho, como observó el Papa León XIV, «la música es como un puente que nos lleva a Dios. Es capaz de transmitir sentimientos, emociones, hasta los movimientos más profundos del alma, elevándolos, transformándolos en una escalera ideal que conecta la tierra y el cielo»[108]. A través de la música, la fe encuentra vías particulares de expresión que un anuncio puramente verbal, por sí solo, no siempre logra alcanzar. Estas consideraciones nos impulsan a exhortar a los artistas y escritores creyentes a realizar un esfuerzo creativo especial, para manifestar la belleza de la fe y de la experiencia espiritual cristiana.

Las etapas de la vida

100. Una última observación se refiere a las distintas etapas de la existencia de cada ser humano (infancia, adolescencia, juventud, edad adulta, vejez). Estas constituyen, de hecho, una especie de continua “reapropiación” del don del propio nacimiento al mundo y, al igual que este, son experiencias a la vez sorprendentes y desafiantes. La comunidad eclesial deberá, por tanto, desarrollar un anuncio del Evangelio más atento a las distintas edades de la vida, teniendo debidamente en cuenta las diversas situaciones de crecimiento y novedad que cada una de ellas conlleva. Al mismo tiempo, hay que recordar que muchas personas se acercan a la Iglesia únicamente con motivo de las celebraciones que acompañan algunos momentos fundamentales de la vida: bautizos, bodas y funerales. Por ello, es indispensable reconocer que, en tales circunstancias, se ofrece una valiosa oportunidad para llegar a ellas con un anuncio del kerygma capaz de conmover sus corazones, evitando palabras que no logran generar ningún encuentro.

101. Adquiere especial relevancia la cuestión, ya tratada, de la brecha generacional en la transmisión de la fe. A este respecto, la comunidad de creyentes encuentra en la pastoral de los adultos —que son también los padres de las nuevas generaciones— un terreno nuevo y un contexto lleno de retos especialmente complejos. De hecho, si en el pasado, al menos en los países de antigua tradición cristiana, el anuncio del kerygma se dirigía casi exclusivamente a los más jóvenes, hoy en día surge cada vez con mayor urgencia la necesidad de acompañar a personas —incluso a aquellas bautizadas en la infancia— que viven alejadas de la comunidad eclesial y que, aunque sienten una llamada interior a una vida evangélica, tienen dificultades para comprender y hacer suyo el lenguaje de la Iglesia. En estos casos, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones pasa por la evangelización de los adultos. De hecho, ¿cómo pueden los adultos transmitir la fe a las nuevas generaciones si ellos mismos no la viven primero a nivel personal? Además, pueden surgir dificultades adicionales en situaciones marcadas por diversas formas de pobreza existencial, sobre todo en contextos urbanos caracterizados por una marcada fragmentación o en zonas rurales aisladas. Todo ello interpela a la Iglesia en su conjunto, impulsándola a ser cada vez más sinodal y misionera, sobre todo mediante la puesta en valor de los carismas que el Espíritu Santo suscita en el pueblo de Dios.

Capítulo VI

Fe y cultura

102. Ampliando ahora el horizonte de la reflexión sobre la transmisión de la fe más allá de la dimensión propiamente eclesial, es necesario abordar la cuestión de la relación entre fe y cultura. Una primera observación se refiere al hecho de que muchos estudiosos subrayan cómo, en nuestra época, se está produciendo una crisis más general de la transmisión del saber y de los valores, que abarca también lo que constituye el objeto específico de las presentes Considerations. Una segunda observación puede extraerse de algunas palabras de san Juan Pablo II, que subrayan la importancia, de cara a la transmisión de la fe, de realizar una síntesis entre fe y cultura: «La síntesis entre cultura y fe no es solo una exigencia de la cultura, sino también de la fe. Como enseñó mi predecesor Pablo VI, “lo que importa es evangelizar —no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces— la cultura y las culturas del hombre […] tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios”. Si, de hecho, es cierto que la fe no se identifica con ninguna cultura […] no es menos cierto que, precisamente por eso, la fe está llamada a inspirar, a impregnar toda cultura. Es todo el hombre, en la realidad concreta de su existencia cotidiana, el que es salvado en Cristo y, por lo tanto, es todo el hombre el que debe realizarse en Cristo. Una fe que no se convierte en cultura es una fe que no se ha acogido plenamente, que no se ha pensado en su totalidad, que no se ha vivido fielmente»[109] .

103. Lo anteriormente dicho nos lleva a reconocer que la labor de transmisión de la fe es, en cierto modo, inseparable de su inculturación en un contexto determinado, entendiendo aquí la “cultura” tanto en su sentido antropológico más amplio —como conjunto de estilos de vida, creencias, valores e instituciones que caracterizan a una sociedad determinada— como en su sentido más restringido, como conjunto de conocimientos intelectuales desarrollados sobre todo en el ámbito académico.

104. Tomando, antes que nada, en consideración este primer significado de “cultura”, conviene recordar que la inculturación de la fe constituye un paso necesario en su transmisión, ya que el mensaje evangélico debe hacerse comprensible para personas que comparten valores y categorías que no coinciden perfectamente con los helenístico-semíticos, en los que se formuló originalmente el texto bíblico. En el contexto de la transmisión de la fe, la inculturación significa «la encarnación del evangelio en las culturas autóctonas— y, a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia»[110]. En este caso, por lo tanto, la inculturación de la fe se convierte en una verdadera evangelización, aunque no se realice de manera plena y perfecta, ya que se trata de «un camino lento que acompaña toda la vida misionera y requiere la aportación de los diversos colaboradores de la misión ad gentes, la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, la de los pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuación»[111]. Esto hace que la propia cultura se convierta, a su vez, en un medio de transmisión de la fe, porque «cuando en un pueblo se ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también transmite la fe de maneras siempre nuevas; de aquí la importancia de la evangelización entendida como inculturación»[112].

105. No obstante, hay que recordar que no se evangeliza un “lugar”, sino siempre a las personas, a las que no hay que aislar de su contexto: «Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos»[113]. A ello se suma la tarea de los fieles —necesaria también en los países de antigua tradición cristiana— de traducir la Buena Nueva a las diversas formas culturales particulares que caracterizan a las sociedades modernas o que surgen en determinados sectores sociales, como el mundo juvenil o el de los pobres. Esto requiere, sin duda, una puesta en valor de los carismas presentes en todo el pueblo de Dios en un auténtico espíritu de sinodalidad, ya que, en última instancia, son obra del Espíritu Santo. En este proceso, la aportación de la piedad popular puede resultar sin duda muy valiosa.

106. La presencia de diversos grupos sociales dentro de nuestras ciudades, con culturas y lenguajes específicos y a menudo autónomos, exige un esfuerzo especial de inculturación de la fe. Es decir, existe la urgencia de que el anuncio del Evangelio llegue a todos los rincones: no podemos conformarnos con dirigirnos únicamente a la cultura de algunos grupos mayoritarios, sino que es necesario aprender a entablar un diálogo con las más diversas situaciones y condiciones de vida que existen hoy en día. Se trata, por tanto, de llegar a lo que, en lenguaje técnico, a menudo se denomina el ámbito de las subculturas (por ejemplo, los jóvenes de las periferias urbanas, las diversas comunidades de migrantes, los trabajadores temporeros, los habitantes de pequeños pueblos, etc.). A este respecto, cabe recordar que la Comisión Teológica Internacional dedicará una parte de su labor durante el próximo quinquenio a las formas culturales de transmisión de la fe y aportará valiosos estímulos a la labor aquí solo brevemente mencionada.

107. En resumen, habrá que reiterar la importancia decisiva de la inculturación de la fe hoy. Cuando la fe se conecta con las raíces y las expresiones culturales de un pueblo, en verdad, su transmisión se vuelve más fácil y fecunda.

108. Por otra parte, en lo que se refiere a la cultura en sentido académico-intelectual, cabe recordar las palabras del Papa Francisco: «El anuncio a la cultura implica también un anuncio a las culturas profesionales, científicas y académicas. Se trata del encuentro entre la fe, la razón y las ciencias, que procura desarrollar un nuevo discurso de la credibilidad, una original apologética que ayude a crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchado por todos»[114]. Es cierto que lo que realiza la investigación intelectual es, como mucho, una preparation que introduce a la fe, al estilo de lo que tradicionalmente se ha denominado praeambula fidei, y no una transmisión de la misma en sentido estricto. Sin embargo, está claro que una presentación razonable de los contenidos de la fe y de sus exigencias constituye una ayuda innegable para el anuncio del kerygma, ya que, en particular, contribuye a despertar las grandes preguntas en la mente y en el corazón de las personas[115].

109. Un ejemplo especialmente significativo al que miraren la construcción de dicha presentación razonable de la fe es, sin duda, la Doctrina social de la Iglesia, gracias a la cual los creyentes entablan un diálogo abierto con la sociedad y también con los no creyentes. Aunque se mantiene dentro del ámbito del saber teológico, la Doctrina social de la Iglesia recurre ampliamente a las categorías propias de las ciencias políticas, económicas y sociales, logrando a menudo mostrar toda la pertinencia de la propuesta cristiana para la construcción de una sociedad más justa y fraterna. En este sentido, también las enseñanzas sociales de la Iglesia pueden desempeñar una función análoga a la de los praeambula fidei. De hecho, la Doctrina social de la Iglesia «se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradición y, en diálogo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desafíos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano límpido, con alegría y al servicio del mundo»[116].

Capítulo VII

Algunas atenciones específicas

110. Una comunidad profundamente comprometida en el transmitir de generación en generación esa luz y ese fuego del amor de Dios, que Jesús quiso llevar en medio de la humanidad y que ha llegado hasta nuestros días, deberá, además de lo expuesto hasta ahora, prestar atención a algunas cuestiones específicas en relación con el tema de las presentes Considerations. Lo que sigue es una lista a modo de ejemplo, que podrá ampliarse aún más y ordenarse según un orden de prioridades diferente.

111. La primera de estas atenciones se refiere al cultivo de la piedad popular. En este ámbito, como es sabido, hay también aspectos que requieren un proceso de maduración y enriquecimiento; sin embargo, sigue siendo evidente la gran fuerza de la que dispone este recurso de la tradición católica. Nadie podrá negar jamás que precisamente la piedad popular sigue siendo hoy un medio importante de transmisión de la fe. Por ello es necesario promover en lo que a ella respecta un compromiso renovado de inteligencia y de corazón. Por lo demás, su gran plasticidad le permite renovarse constantemente y adquirir estilos muy diferenciados a lo largo de los siglos, logrando incluso sobrevivir a los ataques que la cultura —y a veces incluso los propios miembros de la Iglesia— le han lanzado a menudo.

112. En lo que respecta a la fuerza evangelizadora de la piedad popular y, por tanto, a su importante papel en el ámbito de la transmisión de la fe, resultan muy valiosas las indicaciones que figuran en los números 122-126 from Evangelii gaudium. En ellas se puede leer, de hecho, que «en la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo»[117]. En verdad, toda inculturación auténtica de la fe produce siempre una forma de expresión popular de la misma. El ser humano vive de palabras y gestos que constituyen el horizonte en el que puede desarrollarse a sí mismo y crear las condiciones para el encuentro con el otro. Toda cultura se traduce en prácticas concretas y se refleja y se transmite a través de ellas. Lo mismo ocurre con la experiencia creyente. Toda inculturación de la fe crea prácticas religiosas específicas que la reflejan y le permiten transmitirse entre las generaciones. Por eso «en la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización»[118] y en la cuestión de la transmisión de la fe.

113. En este contexto, es útil recordar el poder de atracción que ejercen entre las nuevas generaciones las peregrinaciones de antigua y reciente creación, así como el deseo de pertenecer a alguna cofradía, como está ocurriendo recientemente en España[119]. Para muchos jóvenes, sobre todo en los contextos occidentales, la búsqueda de un sentido en un mundo cada vez más encerrado en sí mismo y la búsqueda de una pertenencia religiosa capaz de dar alguna configuración a su propia necesidad de identidad, en un mundo cada vez más individualizado, representan necesidades muy importantes, que encuentran su respuesta precisamente en la participación en las peregrinaciones y en el deseo de formar parte de una cofradía. En el contexto del tema principal de las presentes Considerations, resulta urgente preguntarse cómo “aprovechar” al máximo estas preguntas y estas necesidades de nuestros contemporáneos más jóvenes para convertirlas en un canal a través del cual la luz de Cristo pueda inundar sus existencias, a menudo atribuladas.

114. Una segunda atención debe dirigirse a la homilía. El Papa Francisco le ha dedicado un amplio espacio en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium[120], como testimonio de su importancia para el anuncio y la transmisión de la fe; se remite a ella para un análisis más profundo. Una homilía bien preparada puede desempeñar un papel decisivo a la hora de presentar los contenidos de la fe de forma narrativa, capaz de reinterpretar la Palabra de Dios a la luz de la vida concreta del pueblo y, por tanto, de suscitar una experiencia viva de encuentro con Cristo. El propio Jesús aparece en los Evangelios, ante todo, como un gran narrador. Rara vez comienza sus discursos con conceptos abstractos: recurre, en cambio, a imágenes, metáforas y parábolas; a menudo hace referencia a la vida cotidiana de las personas, proponiendo relatos capaces de abrir la imaginación de quien escucha, incluso antes de tocar la inteligencia. Las parábolas, de hecho, no se limitan a informar: son capaces de formar y transformar a sus oyentes. Las historias contadas por Jesús no sirven simplemente para hacer más interesante el discurso, sino que constituyen la clave hermenéutica a través de la cual el oyente es introducido en el misterio del Reino. En este caso, la gran tradición homilética de los Padres de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, puede ofrecer una valiosa contribución a los pastores.

115. Una tercera atención nace del deseo de un compromiso que muchos, especialmente entre los más jóvenes, manifiestan a través de actividades de voluntariado. La búsqueda concreta de ese compromiso suele ser una ocasión para acercarse a la realidad de la Iglesia. Estas personas sienten la necesidad sincera y profunda de dar algo a los demás; por lo tanto, sienten la urgencia de salir de su recinto individual y de la lógica del poseer como criterio último de la felicidad. Es evidente que esto no implica de inmediato un interés por la fe, pero representa una buena ocasión para el anuncio y para proponer la amistad con el Señor Jesús, quien ofrece motivaciones aún más profundas para ese compromiso. Toda la comunidad de creyentes está llamada a acoger a estos “buenos samaritanos” de nuestro tiempo y a acompañarlos con amabilidad y pasión hacia ese encuentro con el fuego del amor de Dios que la comunidad custodia como un tesoro precioso de su propio camino en medio del mundo.

116. Una cuarta atención se refiere a la necesidad de ampliar los espacios de presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales. En la Iglesia católica, en general, los fieles más presentes y activos en la vida de las comunidades son, en gran parte, mujeres. En los últimos años, sin embargo, se ha hecho más evidente la necesidad de permitir a las mujeres que accedan a aquellos ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la comunidad. Se trata de un tema que el Dicasterio ha estudiado ampliamente y cuyas conclusiones han sido remitidas, a través de la Secretaría del Sínodo, al Santo Padre.

117. Un aspecto específico de nuestra época requiere una atención especial. De hecho, no se debería subestimar la necesidad que expresan hoy en día muchísimas personas de participar en grandes eventos (festivales musicales y otros). Esto pone de manifiesto también que un uso intensivo de las tecnologías digitales no es suficiente para colmar todas las necesidades del sujeto humano. Surge, por tanto, también en nuestra época, la necesidad de compañía, la necesidad y el deseo de compartir. Aunque somos conscientes de que la fe se transmite de manera privilegiada de “tú” a “tú”, deberíamos acoger este rasgo de la contemporaneidad como una buena ocasión para el anuncio del Evangelio, intentando imaginar ocasiones de unión entre las personas, haciéndose eco de los grandes temas de actualidad, como, por ejemplo, el de la paz.

118. El estudio de la historia de la Iglesia ofrece otros puntos para la reflexión, en particular aquellos momentos en los que la Iglesia supo responder positivamente a los cambios de época con los que se topó a lo largo de su trayectoria histórica. Entre ellos, cabe citar la crisis que siguió al colapso de las instituciones romanas en Europa occidental, con el consiguiente abandono de las ciudades, donde el cristianismo estaba más arraigado. En este contexto, el surgimiento del monacato irlandés, que floreció en la segunda mitad del primer milenio cristiano, resultó decisivo; no solo salvaguardó y profundizó la comprensión de la fe, sino que también dio origen a nuevas formas de evangelización y, al mismo tiempo, contribuyó a desarrollos significativos en la práctica sacramental, como la difusión de la confesión auricular. Un segundo ejemplo lo ofrece la crisis doctrinal y pastoral provocada por la difusión de los cátaros y de los diversos movimientos pauperistas, a menudo en oposición a la Iglesia, durante los siglos medievales. En respuesta a dicha situación, las órdenes mendicantes, entre las que se cuentan las fundadas por santo Domingo y san Francisco, encarnaron una renovada vitalidad evangélica a través de la pobreza radical, la predicación itinerante y la enseñanza teológica ejercida en plena comunión con la Iglesia. Otro ejemplo lo constituye el impulso hacia una reforma católica de gran alcance, suscitado por la profunda ruptura eclesial introducida por la Reforma protestante, en la que destacaron figuras como santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola. Esta renovación coincidió con la expansión misionera de la Iglesia hacia tierras recién descubiertas y abiertas al anuncio del Evangelio, lo que contribuyó a darle un nuevo impulso. Por último, conviene recordar la respuesta de la Iglesia, en el siglo XIX, a los profundos cambios provocados por la cuestión obrera y las consecuencias de la revolución industrial, que la llevaron a reelaborar de manera sistemática su Doctrina social. En cada uno de estos casos, un momento de crisis se convirtió en una oportunidad para iniciativas creativas que resultaron decisivas para la evangelización y que coincidieron también con una transición más amplia entre épocas históricas.

119. En la actualidad, resulta necesario realizar un estudio específico sobre el repentino declive del catolicismo en los países en los que estaba profundamente arraigado, con el fin de comprender sus causas y elaborar una respuesta pastoral adecuada.

120. Debe prestarse una atención adicional y decisiva al mundo de los colegios y universidades católicas, así como al de otras instituciones católicas, especialmente a aquellas dedicadas a la caridad. Como atestiguan los obispos de Ghana: «La transmisión de la fe católica viene significativamente reforzada a través de la educación católica, que constituye un importante canal para la formación continua de niños, jóvenes e incluso adultos»[121]. En otros países, como Venezuela, el programa de educación religiosa prevé una integración entre la actividad escolar y la parroquial, lo que confirma el valor también pastoral de los colegios católicos[122]. Sobre todo, en países en los que el catolicismo representa una minoría —a veces extremadamente reducida—, estas instituciones constituyen a menudo el único punto de contacto de gran parte de la población con la Iglesia católica. Sin embargo, cabe señalar que en varias regiones existen restricciones a la enseñanza de la religión en las escuelas, por lo que, en esos contextos, son las parroquias las que asumen toda la carga de la catequesis.

121. En comparación con los lugares tradicionales de la acción pastoral, las escuelas ofrecen un contacto más institucional y casi profesional, pero no por ello menos capaz de transmitir al menos una pequeña chispa de ese fuego de amor que ha atravesado los siglos y que, desde Jesús, ha llegado hasta nuestros días. De hecho, se ofrece un testimonio casi transparente de la caridad intelectual y material, capaz de orientar espontáneamente hacia la belleza del Evangelio y su fuerza humanizadora. Así lo atestiguan también los obispos de Francia: «La enseñanza católica es un lugar fundamental para el primer anuncio a los niños, los jóvenes y las familias, que puede llevar a los jóvenes, pero también a sus padres, a solicitar la iniciación cristiana»[123]. En un horizonte más amplio, se invita, por tanto, a los creyentes a defender siempre el papel central de la escuela, como lugar «donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona»[124].

122. Concluimos con una mención sobre el compromiso ecuménico, que constituye una dimensión intrínseca de la misión evangelizadora de la Iglesia y, por lo tanto, también de la transmisión de la fe. De hecho, como señala el Decreto Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II, la división entre los cristianos «contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura»[125]. Lejos de representar una alternativa al anuncio, el diálogo ecuménico constituye una modalidad propia del mismo, en la que la búsqueda común de la verdad, la escucha recíproca y el testimonio de la caridad hacen más creíble la proclamación del kerygma ante un mundo cada vez más secularizado y pluralista. Como recuerda san Juan Pablo II, de hecho, «los mismos esfuerzos por la unidad constituyen de por sí un signo de la obra de reconciliación que Dios realiza en medio de nosotros»[126], manifestando concretamente que el Padre es, para siempre y para todos, amor. Esto invita a la comunidad de los creyentes a hacer suyo el apelo confiado del Papa Francisco: «Si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros! No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros»[127], de modo que «podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio»[128].

123. En este mismo sentido, hay que reconocer que algunos miembros de otras religiones y movimientos religiosos se esfuerzan por dar testimonio de la fe en Dios en un contexto cultural que tiende a encerrarse en la inmanencia más vacía. Del mismo modo, algunos miembros de otras Iglesias cristianas y comunidades eclesiales buscan nuevos caminos para anunciar el Evangelio y el amor de Cristo en nuestro tiempo. También de sus experiencias positivas y de sus esfuerzos creativos es posible aprender algo, para que nuestro compromiso con la transmisión de toda la riqueza del tesoro de la fe, recibido como don, sea siempre fecundo.

Capítulo VIII

Testimonials

124. Llegados a este punto, tal y como se adelantaba en la Introduction a las presentes Considerations, se ofrecen algunos testimonios ejemplares de personas que han podido experimentar en su vida el encuentro con Cristo o el redescubrimiento de una relación viva con Él. Por razones de confidencialidad, no se indicarán sus nombres, sino sólo su procedencia, asegurando que se trata de testimonios auténticos, compartidos de forma sincera para la edificación de la Iglesia universal. A quienes han ofrecido su relato, así como a las Conferencias Episcopales que han remitido dicho material, va dirigida la sincera gratitud del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En muchos casos no se narran grandes hazañas ni acontecimientos prodigiosos, sino simples sucesos en los que se manifiesta la acción de la gracia en la trama de la vida cotidiana, lo que permite a cada uno reconocer en ellos algo de su propia existencia. Muestran cómo cada circunstancia, incluso la más pequeña y aparentemente insignificante, puede convertirse en una ocasión de encuentro con el Eterno y en una etapa de esa historia de salvación que Dios construye con nosotros y para nosotros. Por razones de espacio, no es posible recoger todos los testimonios recibidos; por lo tanto, ha sido necesaria una selección relacionada con los temas del documento y a la exigencia de evitar repeticiones. Sin embargo, cada uno de ellos representa un tesoro de gracia que da testimonio de cómo el Señor, incluso en el actual cambio de época, no deja de asistir y acompañar a su Iglesia. Las páginas que siguen pretenden traducir en el lenguaje de la vida algunos de los aspectos desarrollados en los capítulos precedentes.

Del abismo de la dependencia a la libertad del encuentro con Cristo

125. El primer testimonio[129] procede de Colombia y muestra cómo, incluso en las situaciones de más profunda degradación moral y existencial, Dios no cesa de llamar a la persona a través de la voz de la conciencia y de ofrecerle su salvación a través de la labor de los hermanos: «Más o menos a la edad de 13, 14 años empecé con el consumo de drogas y andar en bandas; andar en bandas por ahí, en peleas, manejando armas, extorsionando, robando, vendiendo drogas. Y esa fue mi vida. Mi familia se cansó conmigo hasta que terminé viviendo en la calle. Yo le decía a mi mamá: “Ma, yo quiero cambiar”. Ella me decía: “No, usted está enfermo, primero necesita aliviarse”. Y yo le decía: “¿Qué va? Yo soy capaz de salir solo”. Pero sí necesitaba la ayuda; mi orgullo, mi soberbia, todo no me permitía. Y yo sentía un deseo muy profundo en mi corazón de algo más, algo maravilloso, algo bueno, de amar, de sentirme amado. No tenía dónde vivir, dónde bañarme, dónde alimentarme, nada. Por gracia y misericordia de Dios [a través de mi familia encontré un centro de rehabilitación gestionado por una fundación cristiana], allí no se da terapia de choque ni medicamentos, allí lo que se vive es la oración: el Santo Rosario, la lectio divina, la Santa Eucaristía… Allí empezó mi camino de conversión. Allí en aquel lugar, el Señor empezó a transformar mucho mi vida, porque empecé a ver cuántas heridas y cuántos vacíos había en mi corazón y cuánta necesidad de amor, de perdón y de la misericordia de Dios. Después me quedé como misionero durante dos años y medio, formándome, sirviendo en retiros y dando charlas. Después de allí me vine a la fundación donde yo había estado. Estuve allí un año acompañando a los muchachos como educador, compartiéndole un poco de lo que el Señor había hecho en mí. Ahora tengo mi empleo y también estoy en una comunidad que se dedica a la oración, a la misión y a la evangelización. Dios ha transformado mi vida, mi corazón y me ha hecho un hombre nuevo».

126. Otros testimonios muestran cómo, a veces, basta una circunstancia muy sencilla, como el scrolling por los mensajes de una red social, para que la gracia haga posible un encuentro capaz de transformar la vida, tal y como cuenta un joven de Bélgica: «Cuando tenía unos 17 años, quería bautizarme, pero no sabía dónde acudir. Pasé por desengaños amorosos, una adicción al alcohol, derramé lágrimas. Un día, mientras navegaba por TikTok, me topé con una oración. Fue como una descarga eléctrica y un consuelo. No era creyente y vivía todo esto con serenidad. Si hoy estoy aquí, es en respuesta a la llamada más significativa de mi vida. No se trata de una reflexión intelectual, sino de un encuentro personal en el que Jesús me habló. Me acerqué a la Iglesia sin creer realmente en ella, sobre todo por respeto a mis abuelos y por el deseo de preservar las tradiciones. Desde que tengo fe, tengo realmente otra visión del mundo. Siento que todo va bien, mientras que mi vida, antes del encuentro con Cristo, era complicada».

127. Siguiendo con el tema de la redención y la liberación, un testimonio significativo de la eficacia liberadora del kerygma nos lo ofrece el relato de un capellán que ejerce su ministerio en las cárceles de una diócesis de Canadá: «El contexto carcelario constituye a menudo un lugar de crisis y de relectura de la vida. La privación de libertad favorece el confrontarse con uno mismo, con las propias acciones y con el sentido de la propia existencia. En este contexto, la petición del bautismo se presenta con frecuencia como la búsqueda de un nuevo comienzo, es más, de la redención. Las personas con las que me encuentro expresan a menudo una búsqueda de sentido, más allá de los contextos anteriores de su vida. Los intercambios catequéticos abren un espacio donde las grandes cuestiones —sufrimiento, culpa, perdón, esperanza— pueden abordarse de manera estructurada. Resulta evidente que la conversión no brota únicamente a partir de un contenido doctrinal, sino también a partir de una relación de confianza y de escucha. El acompañamiento pastoral, vivido a lo largo del tiempo, constituye una mediación esencial a través de la cual la fe se vuelve concebible y aceptable. Un elemento central de las conversiones observadas es el encuentro con la imagen de un Dios que perdona y levanta. Esto resulta especialmente significativo en un contexto marcado por la culpa y la condena. Se observa así un resurgimiento del interés por la dimensión espiritual y existencial de la fe. La conversión se presenta a menudo como una experiencia personal fuerte».

El “despertar” del kerygma: el papel de la familia y de la oración

128. En las familias, no solo el cambio de época, sino también los eventos trágicos pueden poner a dura prueba la fe personal. Sin embargo, incluso en estas situaciones, el Señor no abandona a sus hijos, como atestigua este relato procedente de Chile: «Mi fe se debilitó tanto que llegué a declararme ateo. Mi esposa, con una paciencia admirable, jamás dejó de perseverar, y aunque yo no creía, la apoyaba en la transmisión de la fe para nuestras hijas porque valoraba los principios de la Iglesia. En medio de ese desierto ocurrió un golpe devastador: la muerte de mi madre. Durante cinco años cargué un dolor inconsolable; la lloraba cada día sin encontrar respuestas. Fue entonces cuando Dios, que tiene planes perfectos, utilizó el pretexto más sencillo: la catequesis de mi hija menor. Asistí a las reuniones sólo por compromiso. Fue en ese proceso donde ocurrió lo inesperado: a través de la Eucaristía, tuve un encuentro —o más bien, un reencuentro— personal con Jesucristo. Sentí a Jesús resucitado en mi corazón; Él tomó mi dolor, secó mis lágrimas por mi madre y me entregó una paz que el mundo no puede dar».

129. Otro testimonio, relativo a los obstáculos para la transmisión de la fe en la familia, procede de una mujer, madre de familia, de Eslovaquia: «Mi padre era alcohólico. Nos destrozó a mi madre y a mí durante mi infancia… Cuando bebía, se ponía agresivo, maldecía, blasfemaba, rompía los muebles de casa… cualquier cosa que tuviera a su alcance; a menudo teníamos que huir de casa. Con el paso de los años se había acumulado en mí un sentimiento de falta de perdón y quizá incluso de odio hacia él. Solo en la comunidad, a través de la Palabra de Dios y la formación, comprendí que estaba juzgando a mi padre por lo que era, y que también estaba juzgando a Dios por haberme dado un padre así. Cuando reuní el valor, a la luz de la Palabra de Dios, fui a ver a mi padre y le pedí perdón. Fue una experiencia muy intensa para mí y, aunque mi padre no logró comprender bien lo que le estaba diciendo, vi que por fin había encontrado la paz interior y que nuestra relación también había mejorado. Aunque mi padre no practicaba de ninguna manera la vida religiosa, partió hacia la eternidad reconciliado conmigo y con mi madre, tras haberse confesado. [Hoy] junto con mi marido nos esforzamos por transmitir la fe a nuestros cuatro hijos. Les enseñamos también contándoles nuestra experiencia, no como moralismo (en el sentido de que tú también tienes que verlo o hacerlo así). Les decimos que Dios actuará de manera especial también en sus vidas, que es importante acoger todo lo que la Iglesia les ofrece como ayuda, para que puedan vivir una vida que tenga sentido».

130. Otras veces es el miembro creyente de una pareja quien involucra al otro en un camino de fe, como atestigua esta experiencia procedente de los Estados Unidos de América: «Mi camino hacia la Iglesia católica comenzó gracias a mi novia. Se crio como católica y su fe siempre ha sido importante para ella. Mientras nos preparábamos para el matrimonio, expresó su deseo de celebrar una boda católica. Con el fin de comprender mejor algo tan significativo para ella, decidí explorar la fe. Me encontré con una comunidad acogedora y un grupo de enseñantes comprometidos que hicieron que el proceso de aprendizaje fuera atractivo y significativo. Me impresionó la comunidad parroquial y el bien que hace en la comunidad local. La gente de allí imprimió sobre mí el valor no sólo de tener fe, sino de vivirla. Mientras espero recibir el Bautismo y la Confirmación en la Vigilia Pascual, lo hago con gratitud y expectación».

131. En la misma línea se sitúa un testimonio procedente de Japón: «Un hombre entró en contacto con la Iglesia a través de su matrimonio con una esposa católica. Al principio asistió a los cursos de preparación matrimonial simplemente para prepararse para la boda, pero poco a poco se sintió atraído por la cálida acogida de la comunidad parroquial y por la serenidad de la liturgia. Tras el nacimiento de su hijo, comenzó a preguntarse qué deseaba transmitirle en la vida y, tras emprender un estudio más profundo de la fe, se bautizó unos años más tarde. Para él, la Iglesia a la que se había acercado inicialmente por el bien de su familia se convirtió en el lugar donde se puso en tela de juicio su propia forma de vivir».

132. También el sacramento del matrimonio puede convertirse en una ocasión para redescubrir la fe, como lo atestigua una experiencia transmitida por los obispos de Angola: «Una pareja de novios: ella católica, de una familia con una transmisión generacional de la fe muy viva; él indiferente a Dios y a la religión. Ella le informó de que la evolución de su relación debería tener como condición sine qua non el matrimonio católico. [Durante una reunión familiar,] un sacerdote, pariente de la familia del prometido, se enfrentó a la prometida católica por su intención de unirse a un hombre que solo estaba dispuesto a concederle el placer de la ceremonia católica del matrimonio, pero que despreciaba el valor intrínseco de dicho matrimonio. [El sacerdote] se dirigió de igual modo al prometido, que se limitaba únicamente a la parte carnal y menospreciaba cualquier otro aspecto del valor del matrimonio. Al recapacitar, el prometido se avergonzó de sus contradicciones… sin tener el más mínimo conocimiento de la cultura cristiana, aquella que, ahora, empezaba a cobrar sentido para él. Esta experiencia incómoda despertó en él la curiosidad por la fe católica; comenzó a asistir a la catequesis, recibió el bautismo, hizo el curso prematrimonial, se casó por la Iglesia y se volvió asiduo a la liturgia y activo en la vida pastoral de la parroquia».

133. Otras veces, el despertar de la fe nace de experiencias de oración y de compartir, como en el caso de una mujer laica de Polonia, que cuenta haber redescubierto una fe viva a través de una iniciativa promovida por el movimiento carismático católico: «Todo comenzó con la decisión de participar en un retiro de varias semanas del Seminario de Renovación de la Fe. En aquel momento me parecía que tenía una vida bastante buena, normal y ordenada. Sin embargo, cada vez con más frecuencia, en lo más profundo de mi corazón sentía que aquello sobre lo que construía mi vida no era duradero. El vacío que aparecía cada vez con más frecuencia en mi corazón no podía ser llenado por nada. Me di cuenta de que la fe que tenía estaba muerta. No era más que el cumplimiento de ciertos deberes y prácticas religiosas que me habían enseñado. Durante el Seminario conocí a un Dios que ama gratuitamente, que es Padre, que cuida, que espera, que busca a los perdidos para regalarles amor, felicidad y alegría. Fue mi encuentro personal con Jesús, quien “tocó” concretamente mi corazón para sacarme de la oscuridad en la que llevaba años viviendo. Tras las lágrimas purificadoras llegó una gran alegría, libertad, fuerza y esperanza que llenaron todo mi corazón y mi ser. Mi fe dejó de ser un complemento de la vida para convertirse en el único sentido de mi existencia. Dejó de estar muerta y cobró vida. Por fin me sentí segura, libre y serena. Las palabras de san Agustín —“El corazón del hombre está inquieto hasta que descansa en Dios”— se han cumplido al 100 % en mi vida».

134. Otro testimonio especialmente intenso en este sentido proviene de una estudiante francesa: «Hija de un padre libanés chiita que se hizo ateo y de una madre francesa católica no practicante, crecí en una especie de vagabundeo espiritual. Mis padres deseaban dejarnos libres en nuestra elección religiosa, pero ese silencio fue durante mucho tiempo una carencia. Sin embargo, desde los 8 años, encontré una Biblia… ese primer impulso se vio alimentado por mis años de colegio en Chartres, donde encontraba refugio y paz bajo las columnas de la catedral después de clase. El verdadero punto de inflexión tuvo lugar en 2004, durante mis cursos preparatorios [para la universidad]. Sola, lejos de mi familia y agobiada por la presión de las oposiciones, viví una auténtica revelación. Una noche, sentada ante mi escritorio, la evidencia se impuso: Dios existía, estaba allí, justo a mi lado, con una presencia casi palpable. Ese inmenso alivio transformó mi soledad en un camino en compañía. El Señor puso entonces testigos en mi camino… [entre ellos] un cristiano maronita, [que] llevaba en sí una fe radiante. Un día, al ver una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que guardaba en su cartera, lo comprendí: era Él, Jesús, quien me había visitado aquella noche en mi habitación de estudiante. Sin embargo… el ritmo frenético de mi trabajo me llevó al agotamiento (burnout) en 2019. En ese colapso, sólo Jesús me salvó. Entonces emprendí un peregrinaje de sanación… cambié radicalmente de vida. Hoy mi vida es estable y feliz, siento que por fin ha llegado el momento de cumplir mi promesa. Al recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, deseo sellar para la eternidad mi alianza con Cristo, que nunca me ha abandonado».

135. Otras veces es la fuerza de la oración y de los sacramentos la que nos sostiene en situaciones de crisis, como atestigua la experiencia de una mujer procedente de Jamaica: «Soy católica “desde la cuna” criada por una madre que era una fiel católica. De niña, en un pueblecito de Jamaica, leía y hasta servía en el altar, porque muchos feligreses tenían poca formación y muchos no sabían leer. Le daba a Dios lo que sentía que debía darle. Había veces en las que daba el 90%, y otras en las que era el 20%. Hace unos 15 años, a pesar de que rezaba fervientemente para salir de [una cierta] situación, parecía que Dios no respondía. Llegué a un punto en el que sentí que Dios simplemente no me estaba escuchando… llegué a la conclusión de que no tenía sentido rezar. Dejé de rezar por completo… a esto le siguió una gran crisis de fe. Empecé a cuestionarme y a dudar de todo. Me sentía verdaderamente como una impostora. De hecho, estaba enseñando el catecismo a los niños, cuando ni siquiera estaba segura de creer en lo que enseñaba. [Pero] Dios siempre sabe dónde encontrarnos y cómo llegar a nosotros. Mi mente empezó a comprender el verdadero poder de los sacramentos… y, sobre todo, de la Eucaristía: que Jesús está precisamente ahí. Los retos con los que luchaba y que provocaron mi crisis de fe siguen existiendo, pero lo que ha cambiado es mi forma de rezar. El objetivo de mis oraciones ya no es lo que Dios puede darme a mí. En cambio, me pregunto qué puedo yo dar a Dios».

El testimonio de la caridad, de la cultura y de la belleza

136. Como ya se ha mencionado anteriormente, una vía importante de acceso a la fe es la belleza (via pulchritudinis), esa belleza que, como enseñaban los doctores medievales, es síntesis de verdad y bondad. En una palabra, es la belleza del amor, que se manifiesta en una multiplicidad de formas. Precisamente a partir del tema de la belleza, capaz de unir el rigor intelectual con la experiencia estética, se sitúa el testimonio de un estudiante de neurobiología procedente de Suiza: «Crecí en una familia atea; en mi casa, entre nosotros “cartesiano” era la consigna; a menudo se presentaba como una antítesis evidente de la fe. La presencia de Dios en mi vida se manifestó como un susurro de viento en la lejanía. La primera vez que experimenté esa sensación de plenitud fue mientras asistía a una extraordinaria interpretación de una pieza de Chopin. Luego vino aquella noche en la que, desde la cima de una montaña de Crimea, contemplé la inmensidad del mar Negro y las montañas que se extendían a mis pies. Pensaba que sentía esa paz porque estaba contemplando la belleza de la Humanidad. [Luego] un día crucé la puerta de la catedral de Chartres. La cuestión ya no se planteaba: la fuente estaba allí, ante mis ojos. No sé cuándo comenzó mi camino con Dios, pero estoy seguro de que lo acogí la primera vez que me arrodillé para rezar. Fue un baño de paz, un bálsamo para el alma. Cuando me di cuenta del camino que estaba emprendiendo, decidí mantenerme al margen. En los círculos científicos, cualquier alusión al tema va acompañada de largos debates, críticas denigrantes e incluso de auténticas blasfemias. Mis primeras oraciones, mis primeros rosarios, mis primeras misas los viví a solas. Pensaba incorporarme a la comunidad una vez que hubiera adquirido los conocimientos suficientes. Para mi gran sorpresa, fue la comunidad la que me acogió. Tuve la suerte de ser bautizado gracias a la insistencia de mis abuelos maternos. Creo que ha llegado el momento de cerrar el capítulo del descubrimiento y avanzar de pleno derecho en mi vida como católico. Por eso he emprendido mi camino hacia la confirmación».

137. Otras veces es la sencillez de la caridad, manifestada en la amabilidad y la acogida, la que abre las puertas de la fe, como en el testimonio de un catecúmeno vietnamita, transmitido por los obispos de Malasia: «Nací en una familia budista. Crecí sin prestar mucha atención a la religión. Vine a Malasia porque quería estudiar inglés. En Vietnam estos cursos son caros, pero encontré un curso de inglés gratuito impartido por cristianos filipinos. Todos me acogieron con calidez. Enseñaban con sinceridad e incluso nos ofrecían comida y bebida. Pude comprobar su amabilidad y generosidad. Trataban a todos por igual. Durante una de las clases, proyectaron un vídeo sobre la Pasión y la Resurrección de Jesús, que terminaba con una sencilla pregunta: “¿Dónde está Dios?”. Pero sentí algo. Fue una pequeña emoción, pero se quedó dentro de mí. Años más tarde, conocí a un [cristiano] malasio a través del trabajo y empecé a asistir a misa con él. En la iglesia, la gente era amable y las homilías me conmovieron. Pero la vieja pregunta volvió: ¿quién es Dios? Con la ayuda de mi amigo, me inscribí en los cursos de catecumenado y este año me bautizaré. Me siento más fuerte, menos asustado ante los retos de la vida. No solo estoy preparado para convertirme en católico, sino también para formar parte del milagro de Dios».

Conclusion

138. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe recibió del Papa Francisco, en los últimos momentos de su vida, el encargo de ofrecer a la Iglesia una reflexión sobre la transmisión de la fe; dicha petición fue posteriormente renovada por el Papa León XIV. El Dicasterio ha asumido esta tarea en el espíritu de la renovación misionera exigida a todo el pueblo de Dios, incluidas las instituciones curiales. De hecho, su servicio no se limita a la custodia de un depósito de doctrinas que hay que creer (credere Deum), sino que abarca también la promoción de todo aquello que favorece la implicación personal y activa en la acogida de la luz de la fe (credere Deo y credere in Deum). En particular, esto concierne a la Sección Doctrinal del Dicasterio, que está llamada a fomentar «los estudios destinados a hacer crecer la inteligencia y la transmisión de la fe al servicio de la evangelización, para que su luz sea criterio para comprender el sentido de la existencia»[130]. La cuestión de la transmisión de la fe, por tanto, no nos aleja del depositum fidei, ni implica reducir el tratamiento a la mera dimensión subjetiva de la fides qua. Se trata, sencillamente, de un llamamiento a los fieles para que vuelvan al corazón del patrimonio de la fe cristiana: el kerygma es, de hecho, su contenido central, que atraviesa como un hilo de oro la armoniosa jerarquía de las «verdades de la doctrina católica»[131] e ilumina todos los contenidos del depositum fidei, atrayendo hacia la experiencia de un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo.

139. En el curso de la reflexión desarrollada en el presente documento, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha acogido con alegría la generosa respuesta de numerosas Conferencias Episcopales, que han compartido su sincera preocupación por este tema. La riqueza de las aportaciones recibidas supera los límites de un único documento; por lo tanto, la cuestión abordada en las presentes Considerations permanece abierta a posteriores profundizaciones y a nuevos desarrollos. Este Dicasterio reconoce que dicho ámbito es competencia de otro Dicasterio, el Dicasterio para la Evangelización —Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo—, que desde hace tiempo está inmerso en un proceso de investigación y diálogo no solo sobre la transmisión de la fe, sino también sobre otros temas relacionados con ella: el catecumenado, las diversas formas de catequesis, la formación de los fieles, los contextos comunitarios de acogida y crecimiento de los nuevos creyentes, etc.

140. Quisiéramos, ahora, sellar estas Considerations sobre la transmisión de la fe en el contexto del cambio de época con una imagen muy querida por todos los fieles, capaz de representar un símbolo de esperanza para el futuro. Se trata de la imagen de la liturgia del encendido del cirio pascual y de su colocación en el altar, tras la procesión a lo largo de la nave de la iglesia, durante la solemne Vigilia Pascual en el rito latino. Como es sabido, tras el encendido del cirio comienza la procesión: a excepción del diácono que lleva el cirio, todos avanzan con las velas apagadas en las manos. A continuación, primero el celebrante y, después, los demás participantes reciben del cirio pascual —o de velas encendidas a partir de él— la llama con la que encienden su propia vela y, a su vez, pueden transmitirla a otros.

141. Por tres veces, con la proclamación “Luz de Cristo” (o bien, en algunos países, con una fórmula alternativa), el diácono anuncia al mundo la presencia de la luz de Cristo, que se hace visible en el encendido progresivo de las candelas. Así, a partir de la única llama del cirio pascual, se encienden lenta y ordenadamente todas las velas de los fieles y, al término de la procesión, se encienden también las luces de la iglesia.

142. Nos gustaría, pues, imaginar el impulso que estas Considerations desean ofrecer a la Iglesia en este cambio de época. Quieren recordar con fuerza que Cristo es la true light. Él ilumina porque libera de las tinieblas e introduce en la plenitud de la vida, cumplimiento de la acogida del amor incondicional de Dios en nuestro corazón. A nosotros, los creyentes, ya se nos ha concedido el don de encontrar la luz y de dejar que nuestra vida sea iluminada por la «luz verdadera» del mundo (cf. Jn 1,9). Ahora nos toca a nosotros transmitir ese mismo don a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que quizá, aunque no siempre de modo consciente, también esperan poder encender su existencia con esa misma fuente de toda gracia, luz que resplandece en el mundo.

143. Por último, no podemos pasar por alto el testimonio de tantos laicos evangelizadores que, en tiempos recientes, han alcanzado la santidad. Muchos jóvenes han admirado la pasión por la evangelización de san Carlos Acutis, así como el admirable ejemplo de santa María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, en su largo peregrinaje evangelizador. Además, numerosos laicos han entregado su vida al compromiso de llevar la luz de Cristo: san Sebastián, san Pablo Chông Hasang, san Pedro to Rot. Junto a ellos, las contemplativas y los contemplativos alimentan el fuego de la fe a través de la oración y la intercesión, pues sin la acción del Espíritu Santo todos nuestros esfuerzos resultan vanos. Invitamos, por tanto, a todas las comunidades a promover en su seno momentos de oración e intercesión que apoyen la transmisión de la luz de la fe.

144. María, que se ha hecho presente entre los distintos pueblos a través de las más variadas formas de su fe y devoción, haciendo así más reconocible su cercanía maternal, lleva siempre consigo la luz y el amor del Señor. El Evangelio cuenta que así lo hizo desde el principio, cuando llevó a Jesús a Isabel (cf. Lc 1,39-45). Y sigue haciéndolo también hoy, ofreciendo la belleza del Evangelio. María, en efecto, meditó atentamente y guardó en su corazón todo lo que Cristo hizo y dijo (cf. Lc 2,19.51). Ella fue la gran testigo de la encarnación y del nacimiento del Señor hasta su muerte en la cruz y su resurrección, acompañándolo a lo largo de toda su vida terrenal. Por eso, ante el rostro de María, el pueblo fiel reconoce «en esa imagen maternal todos los misterios del Evangelio»[132]. Quien contempla la fe mariana de los sencillos con una actitud exclusivamente intelectual, corre el riesgo de no comprender que, muchas veces, el Evangelio de Cristo se transmite de forma mistagógica, a través de símbolos, experiencias, confianza y afecto. A María, Maestra de la transmisión de la fe, le pedimos que interceda por nosotros en el renovado compromiso de llevar la luz de Cristo a las nuevas generaciones.

El Sumo Pontífice León XIV, en la Audiencia concedida al suscrito Prefecto junto con el Secretario para la Sección Doctrinal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el día 21 de agosto de 2026, memoria litúrgica de san Pío X, Papa, aprobó el presente documento, deliberado en la Sesión ordinaria de este Dicasterio el 24 de junio de 2026, solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, y ordenó su publicación.

Dado en Roma, en la sede del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el 22 de octubre de 2026, memoria litúrgica de san Juan Pablo II.

Víctor Manuel Card. Fernández
Prefect

Monseñor Armando Matteo
Secretario para la Sección Doctrinal

Ex Audientia Die: 21 Augusti 2026
Leo PP. XIV

The Vatican

León XIV no viajará a Asís por recomendación médica

León XIV no viajará a Asís por recomendación médica tras su operación torácica y enviará un mensaje a los participantes en el encuentro por la paz, que conmemora los 40 años de la jornada convocada por san Juan Pablo II.

Editorial Staff Omnes-23 de October de 2026-Reading time: < 1 minute

El Papa enviará un mensaje a los participantes en el encuentro «Paz desarmada y que desarma», que conmemora el 40.º aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por san Juan Pablo II.

La evolución postoperatoria del Papa León XIV es excelente, pero los médicos han desaconsejado por precaución el viaje en helicóptero previsto para el próximo 27 de octubre. Por este motivo, el Santo Padre no podrá asistir al encuentro «Paz desarmada y que desarma», que tendrá lugar en Asís.

Según han comunicado el doctor Luigi Carbone y el profesor Stefano Margaritora, una radiografía de control del tórax, realizada tal y como estaba previsto, ha confirmado la excelente evolución postoperatoria. No obstante, dado el poco tiempo transcurrido desde la intervención, los médicos responsables han considerado oportuno desaconsejar el desplazamiento.

La decisión busca facilitar la recuperación del Pontífice tras la cirugía torácica a la que se sometió el pasado martes, siguiendo las recomendaciones médicas.

Un mensaje a los participantes

Aunque no podrá estar presente en Asís, León XIV enviará un mensaje para expresar su cercanía a los organizadores, a los líderes y representantes de diversas confesiones cristianas y otras religiones, así como a todos los asistentes.

El encuentro conmemora el 40.º aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz, convocada originalmente por san Juan Pablo II. En este contexto, el Papa mantiene la firme convicción de que el «Espíritu de Asís», caracterizado por el diálogo y la búsqueda de palabras y gestos de paz, constituye un recurso fundamental en estos tiempos de conflicto.

Domingo a la vienesa

Una Misa dominical en la Karlskirche de Viena, donde el arte, el incienso y la risa de los niños ayudan a acoger la presencia de Dios

23 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

Me he levantado un poco tarde, pero me da tiempo a ducharme y salir rápido. Quiero llegar a Misa de diez y media. En seguida aparece delante de mí la imponente cúpula de Karlskirche, la iglesia dedicada a san Carlos Borromeo. También hay una capilla recordando al beato Carlos de Austria: el último Kaiser. Una historia muy particular. Perdió el imperio por ganar el Cielo.

Las campanas me sacan de mi empanamiento, y entro por la escalinata de dos en dos. Comienza entonces una de las Misas más solemnes en las que haya participado nunca. Suena el órgano. Entra una procesión de ministros y celebrantes. Y los feligreses entonan una canción que viene en el Gotteslob, el libro gris que contiene todos los cantos litúrgicos.

La canción de entrada es alegre, pero a la vez tranquila, ordenada: esperanzada.

El sacerdote empieza a hablar, y yo intento estirar mi alemán todo lo que puedo para entenderle. Abro Messbuch, una app para seguir la Misa. Transcurre tocada por entero a órgano: también se canta el evangelio.

La iglesia por dentro es majestuosa: unos frescos decoran la cúpula ovalada, el retablo es descomunal, las vidrieras, todo. Comienzan a incensar, incesantemente: nunca, ni siquiera con el boafumeiro de Santiago de Compostela, había visto tanto incienso. Se forma incluso una pequeña niebla entre los fieles y el altar. Pero de repente salgo de mis distracciones. Empieza también la Misa de los niños. Sus ángeles de la guarda se tronchan cuando los niños molestan en Misa, porque así dan gloria a Dios.

De la nada, un niño de apenas meses se empieza a reír, muy alto. Varias veces. La gente se ríe con él, yo intento localizarlo. ¡Ya lo veo! En brazos de su padre, con el pelo rubio pollo despeinado. Otro niño echa a correr por el pasillo principal. Tendrá como mucho dos años, y corretea muy graciosamente con una moneda en su mano. El que pasa el cestillo se da cuenta, y se agacha para que el niño (rubio también, sonriente y mofletudo) llegue a meter la moneda. La misma gente se vuelve a reír.

Ahí me doy cuenta: a esta hora de la mañana, la luz que entra por la cristalera principal rebota en los pelos rubios de manera muy llamativa. Miro hacia arriba, y efectivamente. El sol cruza la ventana que gobierna el ábside, pasa a través de la niebla de incienso, y provoca un rompimiento de gloria, un resplandor que baña la iglesia entera.

Viena es la ciudad con la sensibilidad más exquisita para el arte. En Viena, hace trescientos años, se construyó esta iglesia. Y hoy, Dios puede hacerse presente delante de nosotros con la delicada bienvenida que se le brinda aquí desde hace tres siglos.

La consagración, el momento en el que Dios se hace presente en la Misa, es siempre emocionante. Pero la predisposición a entenderla, a acoger a Jesús, ¡claro que se refuerza a través del arte! La belleza que rodea a la consagración de hoy me ayuda a comprenderla. Los artistas también hacen oración, el arte es una oración permanente.

Acaba la Misa de forma muy llamativa: sin ser Corpus Christi, sacan al Santísimo en procesión hasta la entrada de la iglesia. Ahí se arremolinan los curiosos. Y se bendice a toda la plaza desde la puerta, donde el incienso y las campanillas se bambolean al mismo ritmo.

La bendición eucarística es como la carcajada del bebé que antes ha llenado la iglesia. Ahora es Jesús, en los brazos del sacerdote, queriendo llegar a toda la ciudad. Corretea por la plaza como el niño que antes trotaba con una moneda. Quiere llenar nuestra cesta, y necesita que nos agachemos para que pueda entrar.

The authorGabriel Pérez-Miranda

Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) is the third of Juan and Cristina's six children. A university student, he is also a sports and reading enthusiast, and has published a book of poetry ("Envïdár", Loto Azul, 2025).

The Vatican

La Santa Sede firma un Acuerdo bilateral con la República de Honduras

El Acuerdo firmado este jueves entre la Santa Sede, con el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad, y la República de Honduras, con el presidente Nasry Juan Asfura Zablah, fomenta la colaboración entre la Iglesia y el Estado hondureño.  

Editorial Staff Omnes-22 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

El Acuerdo, compuesto por 25 artículos, ratifica las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y la República de Honduras, tutela la personalidad jurídica de la Iglesia y favorece la valiosa colaboración entre la Iglesia y el Estado en la promoción del bien común y de los valores espirituales, humanos y culturales del pueblo hondureño. 

En línea con la Declaración Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II, el Tratado quiere garantizar la freedom of religion, comprendida la libertad de culto y, consecuentemente, la libertad de la Iglesia en el desarrollo de su propia misión. 

El Acuerdo bilateral corrobora el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión en conformidad con los instrumentos internacionales sobre los derechos humanos. 

Presencia de personalidades

Además del cardenal Parolin y el presidente de Honduras, ha estado presente en la solemne ceremonia, por parte de la Santa Sede, Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. También Mons. Javier Domingo Fernández, Jefe de Protocolo de la Secretaría de Estado; y los Oficiales de la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, monseñores Carlos Díaz Paniagua y Francisco Javier Díaz Tenza.

Por parte de Honduras, han estado presentes en la Sala de los Tratados del Palacio Apostólico Vaticano, la Sra. Mireya Agüero de Corrales, Secretaria de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional; el Hble. Sr. Juan Carlos García Medina, Ministro de la Presidencia; y la Sra. Gilliam Noemí Gómez Guifarro, Embajadora de la República de Honduras ante la Santa Sede. 

Reconocimientos a la Iglesia

According to el Acuerdo, el Estado hondureño reconoce a la Iglesia el derecho de actuar según sus propias reglas, de autogobernarse y de nombrar libremente a sus propios ministros de culto. Además, garantiza el derecho a la objeción de conciencia y tutela la inviolabilidad del sigilo sacramental, sin condiciones o limitaciones, y del secreto de los agentes pastorales, análogo al de la confesión. 

También se reconoce el derecho de la Iglesia a establecer instituciones educativas y benéficas, así como el de brindar asistencia espiritual y atención pastoral a las personas alojadas en centros sociales, educativos, sanitarios y penitenciarios públicos o privados. 

Además, se facilitará el cuidado pastoral de los miembros de las fuerzas armadas y de la policía. 

El nuevo Acuerdo será sometido a los procedimientos de aprobación previstos en los respectivos ordenamientos, y entrará en vigor el día del intercambio de los instrumentos de ratificación. 

The authorEditorial Staff Omnes

The Vatican

El Vaticano publica «Venite ad me» para impulsar una transmisión de la fe centrada en el kerygma

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publica Come to me, unas consideraciones que invitan a renovar la evangelización, prestar más atención a los adultos y reforzar el papel de las comunidades cristianas en el acompañamiento de quienes descubren o redescubren la fe.

Editorial Staff Omnes-22 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

The Dicastery for the Doctrine of the Faith published this on Thursday, October 22. Come to me. Considerations on the transmission of faith in a time of change, A document that proposes a return to the heart of the Christian message, the kerygmaJesus Christ loves every person, gave his life to save them, and remains alive by their side.

The publication responds to concerns about the crisis in the transmission of faith, especially between generations.

The document includes an invitation from Leo XIV to place Jesus Christ at the center of the proclamation of the Gospel and of life itself, and to help people live a personal relationship with Him. The Pope thus points to the need to return to the foundations of the faith in an age of great fragmentation: «Evangelization must today, in a particular way, also address the changed conditions and dynamics in the transmission of the faith from generation to generation. In some regions of the world, this transmission has been almost completely interrupted, which demands the ability to take on new challenges.».

The specific objective of the document is, therefore, "to offer both a specific reflection and to suggest concrete paths for the announcement of kerygma in the changing times we are going through."».

The Dicastery clarifies that these are "Considerations," not a Doctrinal Note. Their purpose is therefore to examine "a plurality of viewpoints, without, however, intending to close the question, which remains open to further analysis and development.".

A pastoral approach that pays more attention to adults

One of the main warnings in the text is that the transmission of faith no longer occurs automatically within families. Although families constitute "the first and most essential place for the transmission of faith," the document notes that this task has weakened in many parts of the world.

In countries with a long Christian tradition, he adds, it is increasingly common to find "baptized people who do not live up to the demands of their Baptism," do not maintain a heartfelt sense of belonging to the Church, and no longer experience the consolation of faith. Faced with this reality, he maintains that it is necessary to move beyond a pastoral approach focused solely on the catechesis of children and adolescents.

«The transmission of the faith today requires, in a special way, the evangelization of adults,» the document states. This proclamation must rekindle the faith of those who have long since ceased to practice it and foster an encounter with Christ for those who do not yet know him.

The Considerations They distinguish this task from catechesis and doctrinal formation: before addressing the contents of the faith in an orderly manner, they consider it fundamental to foster a personal experience of encounter with Jesus.

The changing times

The document describes the current "change of era" as a profound transformation of culture, human relationships, and the way of understanding and living faith.

Globalization, secularization, individualism, consumerism, and the rise of digital technologies are altering values and weakening family and community ties. In this context, the intergenerational transmission of faith is experiencing a crisis worldwide, although with distinct characteristics in each region.

In many places, faith is no longer passed down naturally within families and can no longer be taken for granted as a cultural heritage. Furthermore, digital culture and artificial intelligence pose new challenges to the search for truth, authority, and personal relationships, while also offering opportunities for evangelization.

Given this situation, the text encourages us not to succumb to pessimism, but to recognize new opportunities to proclaim the Gospel and foster a freer, more conscious, and personal adherence to the faith.

The increase in conversions and baptisms of young people and adults in some countries is a sign of hope, although it requires accompaniment to foster perseverance. The Church is called to renew its methods of evangelization, starting from the kerygma—the central proclamation of Jesus Christ—and adapting to the different cultures and concrete needs of people. To this end, it must strengthen Christian communities, present the Gospel as a response to everyday concerns, and promote an authentic inculturation of the faith.

Pope kerygma, center of evangelization

The text emphasizes that faith is not transmitted primarily as a set of doctrinal content or religious information, but as a way of life within the Church into which the believer gradually integrates. Therefore, it proposes a renewal of proclamation and catechesis that places the good news of God's love at its center.

This message, he explains, must use accessible language, capable of reaching the heart and showing that God's love and mercy are directed toward each person. It is not simply about communicating a teaching, but about fostering a personal and communal encounter with the living Christ.

The document also draws attention to the difficulty some new converts experience in persevering in the faith. Although conversions and returns to the Church are increasing in certain secularized contexts, some neophytes soon revert to a state of practical indifference. Hence the importance of communities welcoming and accompanying them.

Community, liturgy, and witness

Among the pastoral proposals, the Considerations They emphasize the need to promote communities of listening, meditation, dialogue and prayer around the Word of God, with specific and regular moments that complement the celebration of the Sunday Eucharist.

The liturgy also occupies a central place, as it is the privileged setting in which the encounter with God's saving love in Christ is sacramentally celebrated and communicated. Alongside the liturgy, the document underscores the value of the witness of believers, especially through holiness, closeness to others, and a preferential option for the poor. It also highlights the role of art, beauty, and music in the transmission of faith.

The text also addresses the relationship between faith and culture, popular piety, pilgrimages, confraternities, homilies, and volunteering as possible ways to draw closer to the Church. Furthermore, it highlights the need to expand women's participation in guiding Church processes.

Regarding digital culture, he warns that new technologies and artificial intelligence pose not only a technological challenge, but also an anthropological one, by influencing information and human relationships.

A document open to further reflection

Come to me It consists of an introduction, eight chapters, and a conclusion. It includes references to the teachings of the Popes, the Second Vatican Council, and other Church documents, as well as testimonies from people who have discovered or rediscovered Christ, collected through episcopal conferences.

The document was approved by Leo XIV on August 21, 2026 and bears the signatures of Cardinal Victor Manuel Fernandez, Prefect of the Dicastery for the Doctrine of the Faith, and Monsignor Armando Matteo, Secretary of the Doctrinal Section.

The Vatican

Abiertas las inscripciones para la JMJ 2027, el Papa se dirige a los jóvenes: «Espero verlos en Seúl»

En un video-mensaje, León XIV anima a los jóvenes a llevar a la JMJ de Seúl sus «sueños, deseos y esperanzas», así como sus «heridas y dificultades», y les recuerda que Cristo les espera.

Editorial Staff Omnes-22 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

León XIV, a través de un video-mensaje, ha invitado vivamente a los jóvenes a participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Seúl, en 2027, con motivo de la apertura de las inscripciones. En su mensaje, el Papa ha subrayado que no se trata solo de conocer una ciudad nueva, sino de emprender una «peregrinación de fe, amistad y esperanza».

El Papa anima a los jóvenes a llevar a la Jornada Mundial de la Juventud sus «sueños, deseos y esperanzas», pero también sus «heridas y dificultades», y recuerda el lema de este encuentro, «Tengan valor: Yo he vencido al mundo».

El Pontífice ha explicado que esta peregrinación permitirá descubrir lugares cristianos en otra región y encontrar el tiempo y el espacio para encontrarse con Dios más profundamente, tanto en la vida personal como en la vida de la Iglesia.

Además, ha destacado la oportunidad de conocer a jóvenes de todo el mundo, con sus diferentes lenguas y culturas. «A pesar de esas diferencias, y precisamente gracias a la diversidad que Dios les ha dado, vivirán una unidad aún mayor, porque todos somos miembros del único Cuerpo de Cristo», ha afirmado.

León XIV ha señalado que la JMJ será una ocasión especial para profundizar en la fe y encontrarse con otros hermanos en Cristo. También ha expresado su deseo de que los participantes puedan «crear recuerdos felices y amistades que duren toda la vida».

«¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!»

El Papa ha recordado el lema de la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl: «Tengan valor: Yo he vencido al mundo» (cf. Jn 16,33). En este contexto, ha aludido a san Juan Pablo II, cuya memoria litúrgica se celebra hoy y que proclamaba continuamente a los pueblos: «¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!».

León XIV ha subrayado que estas palabras también se dirigen a cada uno de los jóvenes y les ha animado a llevar a la peregrinación «todo lo que son y todo lo que tienen en su corazón: sus sueños, deseos y esperanzas, así como sus heridas y dificultades».

«El Señor los espera allí, en ese lugar de encuentro y comunión. Los llama a cada uno por su nombre», ha afirmado el Pontífice. Dios, ha añadido, desea reavivar su esperanza y darles «la plenitud de la vida y la alegría».

«Espero verlos en Seúl» concluye el Papa.

Debate

¿Existe el demonio o es simplemente una manera de representar el mal? Esto dice la Iglesia

Hablar del demonio puede parecer anticuado, exagerado o incómodo. Sin embargo, conviene recordar que su presencia forma parte de la enseñanza cristiana.

Teresa Aguado Peña-22 de October de 2026-Reading time: 7 minutes

¿Existe el demonio o es simplemente una manera de representar el mal?¿Qué enseña realmente la Iglesia sobre Satanás? En una época en la que hablar del demonio puede parecer anticuado, exagerado o incómodo, conviene recordar que su presencia forma parte de la enseñanza cristiana. Es relevante entonces conocer qué dice exactamente la fe católica sobre él, qué poder tiene y cuáles son sus límites.

En «Vida de Cristo», el beato Fulton J. Sheen escribió: «Muy poca gente cree en el diablo hoy en día, lo cual le conviene mucho. Siempre está ayudando a difundir la noticia de su propia muerte. La esencia de Dios es la existencia, y él se define como: ‘Yo soy el que soy’. La esencia del diablo es la mentira, y él se define como: ‘Yo soy el que no soy’. Satanás tiene muy pocos problemas con quienes no creen en él; ya están de su lado». Una idea que recuerda a la célebre frase atribuida al poeta francés Charles Baudelaire: «El mayor truco del demonio es hacernos creer que no existe».

Si bien es indudable que muchos católicos, incluidos algunos sacerdotes y catequistas, prefieren guardar silencio sobre el tema de Satanás, el Catecismo de la Iglesia Católica no opina lo mismo y aborda sin miedo esta cuestión. No lo presenta como una fuerza equivalente a Dios ni como un principio eterno que compita con Él, sino como una criatura que, habiendo sido creada buena, eligió apartarse de su Creador.

Ya en 1976, en el documento Fe cristiana y demonología, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe recoge una advertencia de san Pablo VI sobre la existencia del demonio: «Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra creatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias» (Pablo VI, «Enseñanzas al pueblo de Dios», -1972, pp. 183-188).

¿Quién es el diablo según la Iglesia?

El Catecismo explica que, detrás de la desobediencia de nuestros primeros padres, «se esconde una voz seductora, contraria a Dios, que los lleva a la muerte por envidia». La Escritura y la tradición de la Iglesia identifican a ese ser con un ángel caído, llamado “Satanás” o “diablo” (n.º 391).

Además, señala que la Iglesia «enseña que Satanás fue en un principio un ángel bueno, creado por Dios», y luego cita al Cuarto Concilio de Letrán, que se reunió en 1215: «El diablo y los demás demonios fueron creados por Dios naturalmente buenos, pero se volvieron malos por su propia voluntad».

Por tanto, el mal no es una creación de Dios ni una fuerza que exista desde siempre frente a Él. La tradición cristiana sitúa su origen en el rechazo libre del bien por parte de unas criaturas.

Esta distinción ayuda a entender otro punto esencial: Satanás tiene poder, pero no un poder infinito. El Catecismo lo expresa con claridad: «Es solo una criatura, poderosa por ser espíritu puro, pero criatura al fin y al cabo. No puede impedir la edificación del reino de Dios».

Él actúa en el mundo movido por su odio hacia Dios y el reino establecido por Jesucristo, y al hacerlo, «puede causar graves daños —de naturaleza espiritual e, indirectamente, incluso de naturaleza física— a cada hombre y a la sociedad…» Sin embargo, estos actos destructivos solo pueden ocurrir porque están «permitidos por la divina providencia que con fuerza y ​​dulzura guía la historia humana y cósmica» (N.º 395).

El primer engaño: querer ser como Dios sin Dios

Para comprender cómo actúa Satanás, cabe detenerse en una característica esencial de su actividad: el orgullo, que en última instancia se manifiesta en el deseo de ser «como Dios», pero sin reconocer, conocer ni amar a Dios.

La estrategia del demonio es hacer que el hombre quiera ocupar el lugar de Dios, decidiendo por sí mismo qué está bien y qué está mal. El hombre vive de esta forma como si no necesitara al Creador: «Constituido en estado de santidad, el hombre estaba destinado a ser plenamente ‘divinizado’ por Dios en la gloria. Seducido por el diablo, quiso ‘ser como Dios’, pero ‘sin Dios, delante de Dios y no conforme con Dios'» (n.º 398; véase n.º 414).

La cuestión, por tanto, no es solo si una persona cree o no en el diablo. También tiene que ver con una tentación mucho más cotidiana: pensar que la libertad consiste en no tener que responder ante nadie, que podemos construir nuestra vida sin referencia alguna al bien y que nuestras decisiones no tienen consecuencias más allá de nosotros mismos.

De la serpiente del Génesis al dragón del Apocalipsis

Al comienzo y al final de las Escrituras, el diablo aparece representado como una serpiente. En el Génesis es «el más astuto de todos los animales que Jehová Dios había creado» (Gn 3,1), mientras que el Apocalipsis lo identifica como «el dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo o Satanás» (Ap 20,2).

Sin embargo, la imagen de Satanás en el Antiguo Testamento es compleja. La palabra hebrea “satanás” aparece pocas veces y suele referirse a alguien que se opone, acusa o pone obstáculos, ya sea un ser humano o celestial.

El Primer Libro de las Crónicas relata que «un demonio se levantó contra Israel e incitó a David a realizar un censo de Israel» (21:1). Pero es en la famosa historia de Job donde se menciona a una figura específica, «el demonio», cuya función era investigar y poner a prueba las obras y el carácter de los hombres. Cuando Dios le pregunta dónde ha estado, Satanás responde: «Recorriendo la tierra y vigilándola» (Jb 2,2).

In Zechariah, Satan accuses the high priest Joshua, but God rebukes him: «The Lord rebuke you, adversary!» (Zech 3:1-2).

However, in the time of Christ, the word "Satan" was a proper name used for a creature of heavenly origin who openly opposed God and sought to undermine creation and destroy humanity. In Jewish apocryphal writings, he was described as the prince of evil spirits, whose expulsion from heaven was due to his refusal to acknowledge humankind as the image of God (cf. Gen 1:26-27).

Evil does not originate from an evil God or a force that can eternally compete with Him. It stems from a rebellion against good, but it is destined to be defeated. There is a cryptic passage in Isaiah (14:12) that describes the fall from heaven of Lucifer, the «morning star, son of the dawn» («Lucifer» derives from the Latin for «light-bearer»). But the most extensive and dramatic description of rebellion in heaven comes from the last book of the Bible, Revelation: «Then war broke out in heaven. Michael and his angels fought against the dragon, and the dragon and his angels fought back. But he was not strong enough, and they lost their place in heaven. The great dragon—that ancient serpent called the devil, or Satan, who leads the whole world astray—was hurled to the earth, and his angels with him» (Rev 12:7–9).

Jesus speaks about Satan

If there is anyone who speaks frequently about Satan in the New Testament, it is Jesus. He identified him as the «prince of this world» (John 12:31), a murderer, a liar, and the father of lies (John 8:44). He also preached that a central aspect of the salvation he offered involved the destruction of Satan’s power in the world: «Now is the time for judgment of this world; now the prince of this world will be driven out. And I, when I am lifted up from the earth, will draw all people to myself» (John 12:31-32).

The conflict between Jesus and the ruler of this world is evident throughout the Gospels, even if it is implicit. For example, Jesus frequently healed people suffering from demonic possession, thus demonstrating his power over evil and the "prince of demons.".

There were several important moments in Jesus' ministry when he spoke about Satan or addressed Satan. The best-known example was Jesus' temptation by Satan in the wilderness (Mt 4:1-11; Mk 1:12-13; Lk 4:1-13; Catechism no. 540), an encounter that inaugurated Jesus' public ministry.

Jesus knew that, just as he had been tempted and confronted by the devil, his disciples and the Church would also suffer a severe attack from Satan and his angels. He told Peter that the forces of hell would try to destroy the Church, but they would not succeed (Matthew 16:18). He also said, «Simon, Simon, look, Satan has asked to sift all of you like wheat» (Luke 22:31), indicating some of the difficulties the apostles would have to endure.

Can Satan force us to sin?

The Christian tradition's answer is clear: no. The devil can tempt, deceive, and try to influence human decisions, but he cannot override our freedom or force us to sin. It would be wrong, then, to deny any influence of evil, just as it would be wrong to attribute everything that happens to us to the devil or to use him as an excuse to evade our responsibility.

Satan tempts us to sin, but he cannot force us to do so; we choose whether or not to sin. «Submit yourselves to God,» wrote James in his epistle, «Resist the devil, and he will flee from you» (James 4:7).

The Gospels themselves show that not everyone responds to temptation in the same way. Although St. Peter denied Jesus, he repented of his sin; Judas, on the other hand, was seduced by Satan and betrayed Jesus (Jn 13:2, 27).

But not every difficulty, illness, or misfortune should be attributed to an extraordinary intervention of the devil. The Church recognizes the existence of spiritual evil, but that does not mean that behind every suffering there is a diabolical action. Interpreting it that way oversimplifies reality and can fuel fear or lead to unfounded conclusions.

This precaution is not foreign to Christian literature. In the preface of Letters from the devil to his nephew, CS Lewis warns that, when talking about demons, one can fall into two errors: denying their existence or paying them excessive and unhealthy attention.

The warning helps to put the issue into perspective. The Christian life doesn't revolve around the devil, but around Christ and the victory he has won over evil. But acknowledging the existence of evil helps us to be alert to deception, to take responsibility for our actions, and to choose good.

What will happen to Satan at the end of the story?

The Bible does not present the struggle between God and Satan as a battle whose outcome is yet to be decided. God's ultimate victory is part of Christian hope.

Just before his arrest, Jesus told his disciples that the devil and his angels are destined for the «eternal fire» that has been prepared for them (Mt 25:41). And Revelation describes the outcome of the story with a powerful image: Satan will be «thrown into the lake of fire and sulfur, where the beast and the false prophet were. There they will be tormented day and night forever and ever» (Rev 20:10).

This victory of the Kingdom of God is also represented in the image of the Virgin Mary crushing the serpent's head, a symbol of Satan, with her foot. This image evokes the Genesis prophecy of the defeat of evil (Gen 3:15) and reminds us that the devil does not have the last word. The song Tell me, Father, Hakuna expresses this same confidence by putting these words in God's mouth: "Do you not see that good has already triumphed? That the serpent that makes you tremble has already been trampled by my mother. You only have to look at me, and you will live.".

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Education

Reasons to set limits on technology use in adolescence

Medical, educational, and social reasons for limiting adolescents' access to technology and thus protecting their integral development.

Eloy Asenjo, Carpenter-22 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

We live immersed in an ocean of immediacy where time seems to have lost its substance. Technology, which promised to free us from the most tedious tasks to make room for thought, now threatens to replace precisely what is most noble about being human: the capacity to question, to doubt, and to patiently seek the truth. In this accelerated scenario, the reflections of Pope Leo XIV in his encyclical Magnifica Humanitas They sound like a balm of common sense and an urgent wake-up call to the conscience of educators, families, and institutions. 

The Pope reminds us of a premise as simple as it is profound: «All technology educates those who use it.» Digital tools are neither aseptic nor neutral; they shape our attention, our sensitivity, and the very structure of our thinking. Faced with the overwhelming omnipresence of artificial intelligence and digital platforms, it becomes essential to build a true «ecology of communication» that restores the common good and the sincere search for truth to the forefront. 

In schools and universities, this ecological approach demands a calm resistance to the subtle allure of the "perfect machine." When AI delivers a polished answer in milliseconds, the real danger lies not only in misinformation, but also in the subtle risk of extinguishing the human desire to ask questions. Educating in the digital age is not simply about teaching how to use the latest software, but about educating students to decide when and why not to use it. 

Echoing a masterful insight from Plato, the encyclical evokes the image of flint: the deepest and most important things in life only spark after concepts and experiences have been patiently ground together in lively interaction with others. Authentic learning requires time, productive effort, and community. No algorithm can replace that human clash of perspectives and reasoning. 

The medical and social X-ray of the digital impact

This humanistic call to action takes on a dramatic urgency when contrasted with clinical data and public health reports. What philosophy identifies as a loss of meaning, pediatrics and psychology diagnose as a systematic decline in the well-being of our youth. The statistics are irrefutable: UNICEF's comprehensive reports place the average age of first mobile phone use at just 10.8 years, with nearly 93% of secondary school students owning a device and being hyperconnected. In Europe, nearly half of teenagers spend more than four hours a day on screens for entertainment purposes only. 

This early exposure also occurs during a critical biological stage. Neuroscience reminds us that the prefrontal cortex—the brain region responsible for planning future actions, controlling impulses, regulating emotions, and making complex decisions—continues to mature well into the 25s or 30s. Subjecting a developing brain to continuous dopamine surges through short videos and algorithmic interactions drastically alters its reward circuits, destroying frustration tolerance, impairing working memory, and eroding executive attention. 

The physical and psychological consequences of this phenomenon are devastating. Blue light disrupts the natural secretion of melatonin, triggering a severe insomnia crisis that exacerbates sedentary lifestyles, childhood obesity, and eye conditions such as high myopia. But it is on an emotional level where doctors and educators are witnessing a heartbreaking reality with the utmost alarm: the proliferation of anxiety and depressive symptoms, the use of the virtual world as a false escape that perpetuates loneliness, and an alarming increase in self-harm and suicidal ideation, with a tragic impact among adolescent girls. 

Adding to this situation is a silent but devastating addiction lurking in the shadows of bedrooms: nighttime pornography consumption. Leaving devices within reach of teenagers at night causes their dependence on this content to skyrocket, severely distorting their emotional development and leading, in a worrying majority of cases, to violent behavior and an inability to build healthy relationships. 

An urgent alliance between families, schools, and politics

We would be making a grave mistake if we reduced this crisis to a simple lack of individual willpower or the oversight of overwhelmed parents. To expect families to fight this battle alone against gigantic business models meticulously designed to monetize childcare is a profound injustice. Like salmon exhausting themselves swimming upstream until they die trying, parents cannot wage this fight without the support of the social and legal framework. 

Therefore, as the Magnifica Humanitas, A true educational alliance becomes urgent: a courageous convergence between politics, schools, and homes. Just as no one would dream of authorizing a fifteen-year-old to drive a sports car on a public road, society must have the regulatory courage to set strict limits, considering 18 as the appropriate minimum age for unrestricted access to education. smartphones, which does not mean a lack of concern from then on, just as the first steps in driving provoke an attitude of prudence on the part of society and parents. 

At the community level, it is urgent to forge strong alliances among families to establish shared criteria that prevent the isolation of those who choose to resist. And within the privacy of the home, the first measure of protection and common sense must be decisive: banish electronic devices from bedrooms to restore nighttime to its sacred function of rest, thus safeguarding the mental, emotional, and physical health of our children. 

Saving education today means demystifying the machine. It means neither demonizing it with fatalism nor naively idolizing it. It means reigniting in our students and our children that spark that doesn't come from the speed of a processor, but from effort, dialogue, physical and spiritual well-being, and the passionate pursuit of what is truly human.

The authorEloy Asenjo, Carpenter

Gospel

Love as a principle. 30th Sunday in Ordinary Time (Y)

Vitus Ntube comments on the readings for the 30th Sunday in Ordinary Time (A) corresponding to October 25, 2026.

Vitus Ntube-22 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

We continue to see Jesus confronting his adversaries. It seems Jesus is going through another series of trials, another kind of temptation. Last Sunday, the Pharisees, allied with the Herodians, tried to trap him, and Jesus dismissed them with that ingenious and sharp reply: "Give to Caesar what is Caesar's, and to God what is God's.". 

Today, the Pharisees return, after Jesus had left the Sadducees without an answer. This time they come back accompanied by a lawyer. Previously they had sent their disciples; now they think that an expert in the law will be up to the challenge. But those who thought that this lawyer would be able to put Jesus in a difficult position had misjudged the situation. The beauty of dialogue with Jesus, however, is that He always turns it into an opportunity to teach. The test becomes an occasion that Jesus uses to teach about himself and his doctrine.

Today, Jesus summarizes all of divine law in love. The doctor of the law asks him: “Teacher, which is the greatest commandment in the Law?”"It was not a simple question, considering that the law of Moses contains 613 precepts and prohibitions.".

Instead of simply choosing one rule from that extensive list, Jesus does what only He can do. He provides the unifying principle behind them all. Neither artificial intelligence nor human intelligence could synthesize the laws with such divine clarity.

The entire divine law is summed up in love. Jesus Christ, who is love itself, summarizes the entire law in this guiding principle of love. He does not simply choose one of the many precepts, but offers the principle that unifies the entire Law. Jesus answers:“You shall love the Lord your God with all your heart, with all your soul, and with all your mind. This is the first and greatest commandment.".

But the summary of this law does not end here. Jesus adds something more:“The second is like it: 'You shall love your neighbor as yourself'‘. Jesus establishes a similarity between the first and second commandments and, finally, places the entire law upon these two.

We can summarize it all in a single idea: do everything with love; love God and others in all our actions. Love is, so to speak, the commandment. The paradox is that we are commanded to love; to perform all our actions with love, to do everything with love. All precepts and prohibitions must be fulfilled with love. We are called to summarize all our actions in love, so that our actions toward God and others are motivated by this fundamental principle: love.

The Vatican

The Pope "does not need any additional treatment," according to doctors.

Medical results confirm the removal of Pope Leo XIV's cancer, and he will not need further treatment.

Maria José Atienza-October 21, 2026-Reading time: < 1 minute

The Vatican Press Office announced late Wednesday, October 21, the final results of the histological examinations and molecular biology tests performed on the Holy Father.

The results "have confirmed that it was a pulmonary adenocarcinoma and that the disease was localized. A subsequent oncological evaluation has confirmed that no further treatment is necessary.".

This is the best news that could have been hoped for after the news that shook the Catholic world just two weeks ago when the Pope confirmed that he would be ioperated on for a pulmonary nodule which turned out to be lung cancer of non-small cells.

Leo XIV is keeping to his planned schedule, including his upcoming trips to Peru, Argentina and Uruguay next month and today the Wednesday hearings have resumed.

The Vatican

The Pope expresses his gratitude for the prayers and asks politicians to support families.

In an audience shortened by his recent lung surgery, but with greetings from the popemobile in St. Peter's Square, Pope Leo XIV reminded all those with political and cultural responsibilities on Wednesday that they must contribute to the progress of marriage and the family.

Francisco Otamendi-October 21, 2026-Reading time: 3 minutes

On a rainy morning in Rome, Pope Leo XIV resumed his general audiences in St. Peter's Square. Beforehand, he greeted the 30,000 pilgrims and faithful from the popemobile, including many babies and young children who had brought them to the vehicle.

Before beginning his catechesis, the Pope referred to his recent surgery at the Vatican, thanking everyone for their support and prayers. He thanked God for his generosity and said, “Let us all renew our trust in God’s goodness and mercy.”.

For the third or fourth time in a few days, the Pope has emphasized the importance of marriage and the family, continuing his catechesis on 'The Documents of the Second Vatican Council' and reflecting on the Constitution Gaudium et spes. He addressed the commitment to the family in today's society with a passage from St. Paul's Letter to the Ephesians (Eph 5:31-33).

Married life: mutual self-giving of man and woman

In summary, Leo XIV emphasized in the Audience that the Second Vatican Council highlights the natural dignity and sacred value of married life.

The mutual self-giving of man and woman, which makes them one flesh, motivates the requirement of full fidelity and indissoluble unity of the spouses, which finds its living expression in the procreation and education of children, the French faithful have already pointed out in the general text.

He pointed out to English speakers in particular that the Council Fathers recognized that the well-being of everyone in society is closely linked to the health of marriage and the family, entering fully into "the social function of the family".

Not only erotic appeal, but the good of every man and woman

Previously, the Pope recalled that “conjugal love is not limited to erotic attraction—which is also part of it—but encompasses the whole will of the spouses, rekindling their affection and expressing itself through feelings and gestures of tenderness (GS, 49). This love encompasses the good of the whole person of man and woman, equal in dignity; it permeates the whole life of the spouses and finds expression in the acts that are uniquely proper to marriage.”.

Children, “the most excellent gift of marriage”

Furthermore, he has stated that the special intimacy of spouses signifies integral love between persons, fosters mutual self-giving, and enriches their mutual joy, and that the fruitfulness of conjugal love is expressed in the procreation of children, “the most excellent gift of marriage” (GS, 50). Spouses thus become ‘cooperators in the love of God the Creator and, as it were, its interpreters.’

Rejection of abortion and infanticide

It follows, the Holy Father continued, that “life from conception must be safeguarded with the utmost care,” rejecting “abortion and infanticide”; and that “the very acts proper to married life, ordered according to genuine human dignity, must be respected with great reverence.”.

Pope Leo XIV greets pilgrims and the faithful from the popemobile, on October 21, 2026 (@Vatican Media).

The family, school of the richest humanism and foundation of society

The teaching of Gaudium et spes on the conjugal and family community thus underlines the social function of the family, the Pope has reaffirmed, defining it as “school of the richest humanism” and “foundation of society” (GS, 52).

At this point, he reminded “all those who have social responsibilities, especially in the political and cultural spheres, of their duty to 'contribute effectively to progress' of marriage and family'".

According to the Pope, “this commitment is more urgent than ever. The Church He knows it well, as demonstrated by the pastoral concern of the Popes who have succeeded one another since the last Council, up to the double synodal Assembly desired by Pope Francis, which the Heads of the Eastern Catholic Churches and the Presidents of the Episcopal Conferences have discussed in recent days.”.

Finally, Leo XIV prayed that “the Holy Family of Nazareth may enlighten us on our path and protect families throughout the world.”.

The authorFrancisco Otamendi

The World

Bishop Francisco Conesa: “Young people have broken the silence imposed by aggressive secularism”

The Bishop of Solsona, Francisco Conesa, has reflected on the thirst for God in the XI Pastoral Update Conference at the Faculty of Theology of the University of Navarra. “Although some speak of a “Catholic turn”, it is more of an “exploration”, which the Church must “welcome and accompany”, he told Omnes.  

Editorial Staff Omnes-October 21, 2026-Reading time: 7 minutes

“Evangelization calls on us to be attentive to discern where the thirst for God appears today. One of the places where this thirst surfaces is in the desire for a spiritual experience capable of integrating and giving meaning to life,” Bishop Francisco Conesa of Solsona told Omnes, following his participation in the XI Conference Pastoral Update at the Faculty of Theology of the University of Navarra.

The interview comes in the wake of some ideas recently presented by Bishop Conesa, president of the Episcopal Commission for the Doctrine of the Faith of the Spanish Episcopal Conference, at the meeting in Navarre entitled "Responding to a Thirsty Generation." In his opinion, the expression «"Catholic turn"». “I think that rather than a return, we are facing an 'exploration',‘ he points out.

In his opinion, "a renewed interest in spirituality and, specifically, in Christianity is observed among young people of Generation Z, within a secularized culture.". These young people “They have broken the silence imposed by aggressive secularism,” and “it is very important that the Church demonstrate a great capacity for welcoming.”.

These are his statements.

In these Pastoral Days, his opening address focuses on the search for God in the 21st century. What is this thirst for God he spoke of?

The starting point for this reflection has been the conviction that nothing can quench the thirst for God that dwells in the human heart. Pope Leo XIII, speaking before the Spanish Parliament, emphasized that a profound thirst for God persists in humankind, a thirst for eternity that no temporal reality can extinguish.

The question of God remains relevant in our time, but it has changed in form, and therefore evangelization calls us to be attentive to discern where the thirst for God appears today. One of the places where this thirst surfaces is in the desire for a spiritual experience capable of integrating and giving meaning to life. Many people consider themselves “spiritual,” even though they do not have a personal relationship with God. In the younger generations, we also observe an approach to Christianity without prejudice, driven by the desire to find a solid foundation for their own existence. 

Although some speak of a “Catholic turn,” in my opinion it is more of an “exploration.” Lost in the forest of nihilism, young people are searching for solid ground on which to build their lives. A desire for salvation, for peace and happiness, for personal fulfillment, is also emerging in our time, revealing a yearning for the absolute. Even transhumanist proposals reflect a desire for salvation, for improving humanity and achieving immortality, though they err in placing all their trust in technology. 

Another sign of the thirst for God in our time is the search for an intense experience of transcendence. Long discourses are less important than contact with that which overflows the ordinary "self." Many people also seek authentic beauty, and this search is a door that opens to mystery, inviting us to pause and contemplate. Finally, I have also referred to popular religiosity, which has facilitated the transition for many people from an era of Christianity to a secular society.

You mentioned, among others, a quote: God surrounds man on all sides…

– “God surrounds man on all sides. There is not just one path, like to an oasis through the desert, or to a new mathematical idea through the extension of the science of number; for man there are as many ways of approaching God as there are steps on the earth or paths to his own heart.”.

This is a beautiful reflection by Maritain, who emphasizes that the paths leading to God are not only numerous, but also profoundly personal. In each person, the thirst for God manifests itself in a different way. Each person must travel their own path to delve into the mystery of God. Therefore, there can be no easy answers on this subject, only guidelines for conducting the search correctly.

He has also addressed, among other topics, the fascination with Eastern mysticism in some sectors of society, the New Age movement, and what he calls the ‘spirituality’ of atheism. What does he mean by this?

– I believe that all these phenomena, each in its own way, are at the root of the current search for a spirituality without God. More and more people consider themselves “spiritual, but not religious.”. 

Religions are often seen as instruments of power, stifling and even corrupting, while spirituality seems not to compromise even the idea of a personal God. Various schools of thought converge in this search for spirituality. I think we can identify at least three of them.

For the past two centuries, Eastern religions have been gaining increasing prestige, especially for their meditation practices. Hinduism and Buddhism, in particular, have developed techniques of concentration and relaxation that promote personal well-being. The West has embraced this mysticism from the East, adapting it to the postmodern mindset. 

The “new era”, and from atheism

The second current is the so-called "New Age," a syncretic trend with very diffuse boundaries, which seeks the self-realization of the individual through the synthesis and overcoming of the dualisms characteristic of the Age of Pisces (subject-object, matter-spirit, sacred-profane, etc.). To this end, they combine elements of psychology (especially Jungian) with therapeutic healing exercises (such as Reiki or Tai Chi). 

Finally, it is quite surprising that spirituality is also being championed from within atheism. The most representative author is André Compte-Sponville, who, in his work "The Soul of Atheism," encourages atheists to cultivate a spiritual life. A final variation of this trend can be seen in the appeal that Stoicism holds for many.

Let's talk for a moment about the so-called 'Catholic turn'. What do you think people, artists, intellectuals, and young people are looking for?

– Among Generation Z youth, there is a renewed interest in spirituality, and specifically in Christianity. Within a secularized culture, the presence of religion is growing among young people, on social media, and in some innovative pastoral approaches. Religion is reappearing in places where we least expected it. 

En mi opinión, en todo ello se revela, en primer lugar, que el ansia de trascendencia sigue habitando en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que la sed de Dios no se ha apagado del todo. Son precisamente las generaciones más jóvenes, que han crecido en medio de un desierto espiritual, las que sienten con más fuerza la necesidad de saciar esa sed en que consiste el ser humano. El rumor de Dios continúa escuchándose en nuestros días. La muerte de Dios ha dejado un ser humano líquido, manipulable, entregado a las sensaciones, vacío y roto. 

Un momento de la intervención de Monseñor Francisco Conesa, obispo de Solsona, en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (@Foto Universidad de Navarra).

Es posible plantear la cuestión de Dios

Muchos jóvenes se sienten insatisfechos y vacíos. No es de extrañar que algunas voces reclamen sentido, lo que ha llevado a algunos jóvenes a ansiar la luz y hallar un fundamento sólido para su existencia, a desear a Alguien que les acoja incondicionalmente y sane sus heridas. 

De hecho, los jóvenes de la generación Z, nacidos en los albores del nuevo milenio, han perdido todo temor a hablar abiertamente de Dios, han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo. En la conversación entre ellos o en ámbitos como la universidad o los foros culturales, es posible hoy plantear sin pudor la cuestión de Dios, sin parecer un retrasado mental o un hombre de las cavernas. 

Una oportunidad y un desafío

Algunos medios de comunicación han calificado precipitadamente esta tendencia como “giro católico”. Tras años de considerar la fe como una reliquia del pasado, estaríamos ante un “revival” de lo católico. 

Sin embargo, pienso que más que ante una vuelta, estamos ante una exploración. No parece que sea un regreso a anteriores formas de religiosidad y, desde luego, no tiene rasgos de un “giro católico”. Para nosotros es una oportunidad y un desafío. Nos ofrece la posibilidad de conectar con sus búsquedas para mostrarles que en el encuentro con Cristo podrán encontrar lo que secretamente desea su corazón. Pero tenemos también el reto de atender y acompañar a cada uno, de acogerles incondicionalmente y ofrecerles un trato personal.

Por último, le pregunto sobre alguna propuesta pastoral para una generación sedienta de Dios. ¿Qué destacaría usted?

– Lo primero es acoger y acompañar a todos los que sienten alguna sed. Resulta muy importante que la Iglesia demuestre una gran capacidad de acogida de todas ellas. La acogida en sí misma ya es un signo para una sociedad que vive muchas veces a la intemperie. 

Para ello, es conveniente que nuestras parroquias dispongan de estructuras de acogida, que haya grupos de personas que, de manera amable y discreta, acojan a quienes se acercan a informarse, a pedir un servicio, a demandar una caridad o simplemente a desahogarse. A este propósito resultaría muy oportuno que existieran entre nosotros personas capaces de detectar a quienes están buscando un sentido a su vida, a los “temerosos de Dios”, de los que habla el libro de Hechos y a los que el Papa Benedicto se refería con frecuencia; son los gentiles que se acercan al atrio del templo atraídos por la fe judía. 

Escuchar a las nuevas generaciones

Christoph Theobald habla de un carisma particular, el de “los detectores de buscadores de sentido”, es decir, de personas que posean el arte de la conversación espiritual, del sentimiento de gratuidad y la discreción y sean capaces de establecer relaciones profundas con los demás.

En el Sínodo sobre la sinodalidad se habló de la posibilidad de instaurar un ministerio de la escucha y el acompañamiento, que se dirigiría especialmente a acoger a los que están al margen de la comunidad eclesial, a los que vuelven después de haberse alejado, a los que buscan la verdad y desean que se les ayude a encontrarse con el Señor. 

Resulta indispensable una escucha real, atenta y vulnerable de las nuevas generaciones, de sus inquietudes y proyectos; una escucha desinteresada, que no sea utilizada como instrumento para otra cosa, que ha de ser practicada sin motivos ocultos, sin buscar ninguna forma de contraprestación. 

Nuestras iglesias muestran una gran incapacidad para conversar con los jóvenes, lo que implica dejarse transformar por ellos, por la cultura que viven, por su diversidad real. Si no nos dejamos tocar por los jóvenes, también por sus aspiraciones a una espiritualidad, aunque sea ambigua, no podremos acercarles al mensaje de Jesús.

The authorEditorial Staff Omnes

Education

La trampa del pragmatismo en colegios y universidades católicas

Las universidades católicas necesitan recuperar el protagonismo de las Humanidades para formar líderes capaces de influir en la cultura y renovar la sociedad desde los valores del Evangelio.

Santiago Leyra Curiá-October 21, 2026-Reading time: 4 minutes

En las últimas décadas, el panorama de la educación superior y escolar de identidad católica experimentó una mutación silenciosa pero profunda. Algunas instituciones fundadas bajo el impulso de grandes carismas, orientadas a la búsqueda de la verdad y a la formación integral del ser humano, parecieron haber sucumbido a la lógica implacable del mercado. Durante años, el éxito de un centro educativo católico pareció medirse en los gráficos de sus departamentos de admisión, en la rentabilidad de sus campus y en el porcentaje de egresados que lograban colocarse en consultoras multinacionales tras cursar Administración y Dirección de Empresas (ADE).

Sin duda, cuadrar las cuentas y garantizar la viabilidad económica es una condición indispensable para la supervivencia de cualquier institución. El problema no radicó en la eficiencia de la gestión, sino en la abdicación de su misión primordial: la formación integral de las personas y la transformación cristiana de la cultura. Cuando la máxima aspiración que se transmite en una institución de esta naturaleza -quizá no de palabra, pero sí muchas veces con los hechos- a los alumnos es la obtención de un título rentable que les asegure un buen nivel de vida y una cómoda inserción en el sistema, la incidencia cultural de los antiguos alumnos se vuelve irrelevante o, peor aún, asimilada por el pensamiento dominante.

El refugio de lo políticamente correcto

Pienso que el diagnóstico invita a una profunda autocrítica para afrontar con acierto el futuro. Si los líderes de estas instituciones se escogen entre gestores financieros obsesionados con el riesgo reputacional y pánico a que los medios de comunicación hablen mal de ellos, el resultado es la parálisis creativa. Se acaba educando a los estudiantes en una suerte de prudencia mal entendida, un caminar sobre ascuas conceptuales para no molestar a nadie, moviéndose siempre dentro de los límites de lo políticamente correcto de cada momento.

Bajo este esquema, el alumno excelente y con inquietudes no encuentra en su alma mater el fuego del espíritu vanguardista ni el anhelo de conquista cultural. Aprende, en cambio, a no meterse en problemas. No es extraño, por tanto, que la huella de estos egresados en los grandes debates contemporáneos —el arte, la literatura, los medios de comunicación o las corrientes de pensamiento— haya sido muchas veces prácticamente invisible. En el mejor de los casos, su excelencia se ha reducido al ámbito técnico, corporativo o incluso militar, con escasa capacidad para fermentar la sociedad con los valores del Evangelio. Y cuando algunos antiguos alumnos destacaban en el ámbito del arte y de las humanidades no rara vez lamentaban su paso por esos colegios y universidades, en los que quizá no se sintieron comprendidos cuando no directamente maltratados por su especial sensibilidad.

El verdadero motor del cambio: las Humanidades

La historia demuestra que la cultura no se transforma desde los balances contables, sino desde las ideas, la belleza y la comprensión del misterio humano. La verdadera vanguardia cultural nace de la Filosofía, la Historia, el Arte y las Humanidades. Son estas disciplinas las que dotan al estudiante de un pensamiento crítico, de una capacidad de lectura profunda del signo de los tiempos y de las herramientas conceptuales necesarias para proponer alternativas audaces a la crisis antropológica actual.

Como decía el inmortal profesor Keating de “El club de los poetas muertos” (Peter Weir, 1989), “no olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos».

Cuando las universidades que pretenden proporcionar una formación católica renuncian a ser faros de las humanidades para convertirse en meras escuelas de negocios de alta gama, están entregando el monopolio de la configuración social a otras cosmovisiones. Un graduado en ADE puede ser un excelente profesional y un católico ejemplar en su vida privada, pero con sólo esa preparación difícilmente tendrá el bagaje cultural necesario para disputar la hegemonía de las corrientes ideológicas que configuran el alma de nuestro tiempo. Y en el frenesí del día a día quizá no encuentre tiempo para leer, pensar y formarse.

Lecciones desde la Corona

Mientras muchos centros católicos corren el riesgo de homogeneizarse en la búsqueda del prestigio corporativo, las instituciones públicas o de tradiciones ideológicas diferentes comprenden perfectamente el valor de la influencia y el rigor académico. Un ejemplo reciente y significativo en España es el de la Princesa Leonor, quien ha iniciado sus estudios universitarios en la Universidad Carlos III de Madrid.

Se trata de una institución pública, tradicionalmente asociada a la izquierda laicista intelectual, que sin embargo ha sabido labrarse un prestigio académico indiscutible a base de rigor, exigencia y una fuerte presencia en el debate social. Este movimiento pone de manifiesto que el verdadero atractivo y la capacidad de convocatoria —incluso para las más altas instituciones del Estado— no dependen de la afinidad ideológica previa, sino del prestigio real y de la relevancia intelectual que se proyecta hacia la sociedad. Para la futura Reina de España no se ha elegido una universidad de inspiración católica sino una universidad que se piensa la puede preparar para lidiar con los debates culturales e intelectuales del momento. Esperemos que las cosas hayan cambiado cuando el que elija universidad sea su heredero o heredera.  

Hacia una vanguardia cultural católica

Para no continuar con esta tendencia, las instituciones de inspiración católica necesitan detectar este peligro. No basta con directivos expertos en marketing y optimización de recursos. Se necesitan líderes dotados de una sólida formación humanística, con visión estratégica y, sobre todo, con un espíritu de conquista cultural. No olvidemos que las universidades nacieron precisamente en el seno de la Iglesia católica y ejercieron durante siglos una impronta decisiva en la creación de una cultura y unas sociedades profundamente cristianas.

El reto no es menor: exige la valentía de arriesgar, la audacia de proponer la verdad cristiana sin complejos y la inversión decidida en aquellas disciplinas que el mercado actual ha considerado muchas veces «inútiles», pero que son las únicas capaces de salvar al hombre de la alienación. Los colegios y universidades que se dicen católicos serán motores de cambio cuando sus aulas dejen de ser meros trampolines hacia el confort socioeconómico y vuelvan a convertirse en los talleres donde se forjan los pensadores, artistas y líderes capaces de renovar el mundo desde sus cimientos. La oportunidad que se presenta con el cambio de época y el hartazgo del modelo nacido en 1968 es histórica, si se sabe aprovechar.

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ColumnistsAntonio Ruiz Valverde

La comodidad de no ayudar

Una reflexión sobre la indiferencia ante quienes piden ayuda y las excusas que damos para no detenernos a escuchar a quienes tenemos delante.

October 21, 2026-Reading time: 3 minutes

—¿Tiene usted para un cafelillo?

Estábamos en una cafetería de El Puerto de Santa María cuando se acercó a nuestra mesa un señor mayor. Tuvo que repetir la pregunta. Hablaba deprisa y su aspecto no coincidía con la imagen que yo asociaba a quien pide en la calle. Mi mujer le respondió con educación que no llevaba suelto. Yo apenas le presté atención.

El señor siguió de mesa en mesa hasta que un camarero joven lo acompañó a la puerta y le abrió para que saliera. No hubo voces ni malos modos. Me pareció que se quitaba un problema de encima y me quedé triste, sobre todo por mí. Podríamos haberlo invitado. Tan sencillo como pedir otro café. Me duele reconocer que presté más atención a la conducta del camarero que a la petición del hombre.

Quizá una de las razones por las que nos cuesta ofrecer ese café sea lo que puede venir con él: que la persona se quede junto a nuestra mesa, que empiece a hablar y tengamos que escucharla. La conversación puede prolongarse más de lo previsto y ocupar una parte de ese rato que considerábamos nuestro. Me pregunto cuánto pesó esa posibilidad en mi propia indiferencia.

Para quedarnos tranquilos tenemos unas cuantas frases a mano: «Para eso están Cáritas y los comedores sociales». «Quizá podría trabajar». «A saber en qué se gasta el dinero». Algunas dudas serán razonables. Ayudar bien exige prudencia. Lo que me inquieta es la rapidez con que las doy por resueltas cuando me permiten seguir a lo mío. De aquel hombre apenas sabía nada, pero podía reunir en unos segundos suficientes conjeturas para desentenderme. ¿Desde cuándo sé tanto sobre la vida de una persona a la que ni siquiera he escuchado?

Hasta mis argumentos a su favor me dejan incómodo: era mayor, tenía una cara agradable, parecía tranquilo. ¿Habría sentido la misma pena si su aspecto me hubiera resultado desagradable? Y si realmente hubiera tenido una adicción, ¿me habría autorizado eso a considerarlo una molestia?

Los domingos saludamos a Manolo, que pide a la puerta de la iglesia. Lo llamamos por su nombre y nos resulta natural dirigirle la palabra. El señor de la cafetería se marchó sin que yo supiera cómo se llamaba. Me pregunto por qué a Manolo lo veo con otros ojos: si la costumbre me ha acercado a él o si pedir junto a una iglesia encaja mejor en mis esquemas. Con esa familiaridad corro el riesgo de dar por hecho que siempre estará allí, como si pedir a la puerta formara parte de su vida de una manera tan natural como ir a misa forma parte de la mía.

No sé si ha acudido a la parroquia o a Cáritas, qué ayuda recibe o qué le falta. Sé dónde encontrarlo cada domingo, pero de su vida conozco muy poco.

At The Way, san Josemaría escribe: «Más que en “dar”, la caridad está en “comprender”» (n. 463). A continuación, invita a buscar una excusa para el prójimo cuando tengamos el deber de juzgar. Yo encuentro las mías con bastante más facilidad. Y esa invitación alcanza también al camarero. Ignoro qué instrucciones tenía, qué había ocurrido otros días o qué dificultades encontraba para hacer su trabajo.

Comprender lleva tiempo y obliga a admitir lo mucho que ignoramos. Si solo escucho lo justo para preparar una negativa, difícilmente sabré qué necesita. Y hasta estas palabras pueden servirme de refugio si me conformo con sentir pena, sin preguntarme qué ayuda concreta tengo a mi alcance.

Me alegra que existan personas e instituciones capaces de acompañar a quienes atraviesan situaciones que yo apenas alcanzo a entender. Puedo colaborar con ellas y confiar en su experiencia. Pero mencionarlas para dar por terminado un encuentro también puede ser una manera muy respetable de pasar de largo.

No tengo un criterio que resuelva todas las situaciones. A veces convendrá dar dinero; otras, ofrecer comida o buscar una ayuda más adecuada. También habrá límites. Lo que me corresponde es no convertir mi negativa en un juicio sobre toda una vida.

Lo que más me entristeció fue la distancia entre lo que creo y lo que hice. Aquel hombre pronunció una palabra pequeña, «cafelillo», y yo necesité verlo salir para empezar a prestarle atención.

Me habría gustado llegar a tiempo de preguntarle cómo lo quería.

The authorAntonio Ruiz Valverde

Spain

Visita de León XIV: coste cero, un impacto de 139,5 millones y 3.080 puestos de trabajo

La Conferencia Episcopal Española da cuenta de la gestión de la visita del Santo Padre y explica su impacto socioeconómico, además del pastoral

Virginia Gil-Nogués-20 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

The Pope's visit León XIV to Spain en junio generó un Valor Añadido Bruto de 139,48 millones de euros y supuso un coste de 29,3 millones para la organización, compensado por los ingresos por esa misma cantidad. Estos datos proceden del informe socioeconómico elaborado por EY España y presentado en la sede de la Spanish Episcopal Conference (CEE). Cada euro generado por la visita en vbalor añadido bruto se traduce en 2,48 euros de impacto en la economía española.

El Informe de EY España cifra en 2,31 millones los asistentes a los actos papales en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, y estima que el viaje creó 3.080 empleos equivalentes a jornada completa. Las diócesis y la Conferencia Episcopal Española asumieron parte del gasto (un 31% del total, por valor de 9 millones de euros), pero que se financió en su mayor parte por empresas y entidades civiles (un 44,7%, por valor de 13 millones), administraciones públicas (5,8 millones, un 20%) y colectas y donativos (1,2 millones, un 4% del total).

Los resultados se han dado a conocer en una rueda de prensa en la que han intervenido Fernando Giménez Barriocanal, coordinador general adjunto de la visita y vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal; José María Albalad, delegado de Economía del Arzobispado de Madrid; y Chus Escobar, socia responsable de Financial Accounting Advisory Services EY España.

La visita del Santo Padre tuvo un impacto total valorado en casi 140 millones de euros, según el Informe de EY España, que distingue entre los distintos tipos de impacto: el impacto directo ascendió a 56,32 millones de euros; el indirecto a 50,32 millones; y el inducido, a 32,84. La visita se prolongó por seis días, con 21 actos y 2,31 millones de asistentes.

En esta contabilidad del impacto, Giménez Barriocanal subrayó que resulta imposible de cuantificar es el beneficio reputacional. “Desde la visita, por ejemplo, se ha multiplicado por tres el porcentaje de españoles que visitan la Sagrada Familia de Barcelona”, ha señalado.

En todo caso, Albalat ha enfatizado que el gran legado son los frutos espirituales: “Lo que estamos contando aquí son medios para ese legado, que perdurará siempre en tantos corazones, en tantas almas, en tantas conversiones que ha generado la visita”.

Gastos e ingresos

La organización cerró los trabajos con unas cuentas sin déficit, alcanzando un equilibrio entre los recursos obtenidos y los costes generados: 29.318.389 euros. Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia han regido los criterios de gestión, apostando por la austeridad y el bien común, ha asegurado Barriocanal.

Albalad ha explicado que se establecieron varias categorías de gastos, menores de 3.000 euros por un lado; y los mayores de esta cifra, que fueron objeto de licitación pública. El gasto total, tal y como ha manifestado EY, se distribuye entre las distintas sedes y entidades organizadoras de forma que al arzobispado de Madrid le correspondió un 55,6%; al arzobispado de Barcelona un 15,7 %; al obispado de Canarias, 8,9%; al de Tenerife 9%; y a la Conferencia Episcopal un 10,8 %.

Estos gastos se emplearon para la contratación de bienes y servicios en varios sectores, como producción audiovisual, preparación y alquiler de los espacios, telecomunicaciones o gestión de recursos, entre otros.

Con respecto a los ingresos, aparte de las aportaciones económicas dinerarias, Giménez Barriocanal resaltó también las contribuciones en especie, como cesión de medios de transporte o espacios, y la manutención de voluntarios, que han permitido asimismo reducir el presupuesto de gastos. 

Contribución de las administraciones

El responsable económico de la CEE también valoró la aportación de todas las administraciones: “fue fundamental, sin su colaboración habría sido imposible. Todas se han volcado en el evento”. Por ejemplo, el gobierno de Canarias aportó un millón de euros a cada una de las dos diócesis; y el cabildo insular, medio millón a cada una. La Generalitat de Cataluña también colaboró económicamente.

Sin embargo, tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid no destinaron dinero para la visita, aunque su colaboración fue con aportaciones no económicas.

El impacto para la economía madrileña, en concreto, ha sido de 101 millón de euros de valor añadido, ha señalado Albalad. También ha destacado una parte esencial de la visita: la acción de los voluntarios, que es posible cuantificar en más de 400.000 horas de dedicación. “Esa movilización del voluntario es intrínseca a la propia naturaleza de la Iglesia, porque habla de dones, de talentos, de entrega desinteresada de cientos de miles de personas que han dado lo mejor que tienen, que es su tiempo”, concluye el delegado de Economía.

The authorVirginia Gil-Nogués

The Vatican

León XIV explica la tumba de San Pedro bajo el Vaticano con Chris Pratt

El Papa participa en las secuencias finales de ‘Pétros ení. Descubriendo los orígenes’, y explica el significado de la tumba de San Pedro bajo la Basílica. La película, conducida por el actor Chris Pratt, se ha estrenado en el Festival de Cine de Roma, con León XIV en el Gemelli.

Francisco Otamendi-20 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

Con ocasión de los cuatrocientos años de la consagración de la Basílica de San Pedro, el 18 de noviembre de 1626, el documental ‘Pétros ení’ (Pedro está aquí), producido por AF Films en colaboración con Vatican Media y la Fábrica de San Pedro, ha sido dirigido por Paula Ortiz, escrito por Andrea Tornielli, y narrado por el actor estadounidense Chris Pratt.

Además, cuenta con la participación del propio Pontífice León XIV, que explica por qué la basílica vaticana se construyó sobre la tumba del apóstol Pedro. 

Construcción precisamente ahí: el martirio de Simón de Betsaida

“Cuando contemplamos el esplendor de San Pedro, la columnata que se abre en un abrazo al mundo, es hermoso recordar por qué se construyó esta Basílica precisamente aquí. La razón es que esta tierra está bañada por la sangre del Apóstol”. Son palabras de León XIV en el documental estrenado en el Festival de Cine de Roma, que recorre la historia de la tumba de san Pedro y las investigaciones arqueológicas realizadas bajo la basílica vaticana.

El Papa prosigue: “Porque fue aquí donde sufrió el martirio Simón de Betsaida, el pescador a quien Jesús llamó Pedro y a quien le dijo: ‘Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’”.

Una imagen de la película ‘Petros Ení’ (Pedro está aquí) (@Vatican News, Vatican Media).

León XIV, la debilidad de Pedro y sus sucesores

En otra de sus intervenciones, recogida por Vatican News, León XIV se refiere a la condición humana del apóstol y cita al escritor británico G. K. Chesterton: “Chesterton dijo que la Iglesia cristiana fue fundada sobre un hombre débil y que precisamente por eso es indestructible, porque ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil”.

El Pontífice concluye la película relacionando la figura del pescador de Galilea con la sucesión apostólica y con su propio ministerio como obispo de Roma.

“Así, eslabón tras eslabón, esa frágil cadena de sucesores de Pedro ha llegado hasta nosotros. Y también yo, Obispo de Roma, consciente de mi propia debilidad, repito la profesión de fe del Apóstol a quien Jesús transformó en pescador de hombres: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’”

Fabio Colagrande y Eugenio Murrali califican en la agencia vaticana estas secuencias finales como “las más emocionantes y sorprendentes” del documental. Destacan la reflexión del Papa sobre la fragilidad de Pedro y señalan que sus palabras adquieren “un significado especial en este momento”, en referencia a la pasada hospitalización de León XIV en el Policlínico Gemelli.

Chris Pratt con su esposa en San Pedro @prattprattpratt, cuenta de Chris Pratt en X.

Un Pedro imperfecto y débil

Chris Pratt, conocido por su participación en películas como Guardianes de la Galaxia y Jurassic World, ha explicado que el rodaje tuvo también una dimensión personal. En una entrevista realizada en el Vaticano, afirmó que había vuelto a la fe católica unos seis años atrás y que trabajar en el documental le estaba ayudando a definir su propia fe. 

“Frente a mí se alza el edificio que simboliza el corazón del cristianismo”, comienza la narración de Chris Pratt desde la Plaza de San Pedro. “Bajo mis pies, en las entrañas de la tierra, descansan….”.

El actor describió la basílica de San Pedro como un lugar especial y sagrado y explicó qué le gustaría que los espectadores descubrieran sobre el apóstol: “Era un hombre imperfecto. Era un hombre débil. Era un ser humano”. Pratt añadió que todos compartimos esa fragilidad y que la fortaleza de Pedro procedía de la gracia de Jesús y de su fe en Dios.

Un recorrido por la necrópolis vaticana

Según el video distribuido, que pueden ver al final, la película comienza con Pratt caminando de noche por la plaza de San Pedro y entrando en la basílica. A partir de ahí, el documental, de una duración en torno a una hora, conduce al espectador hasta la antigua necrópolis romana, situada bajo el templo, donde se desarrollaron las investigaciones para localizar la sepultura del apóstol.

El recorrido de Pratt combina historia, arqueología y espiritualidad. La película reconstruye el pasado de la basílica y los trabajos que permitieron identificar el lugar de sepultura de Pedro.

El relato recoge las excavaciones iniciadas durante el pontificado de Pío XII, en plena Segunda Guerra Mundial, y los posteriores estudios que llevaron a san Pablo VI a anunciar en 1968 la identificación de los restos atribuidos a san Pedro.

Especialistas, sin IA

Entre los especialistas que intervienen figura Pietro Zander, experto en la necrópolis vaticana. También aparecen imágenes históricas de la epigrafista Margherita Guarducci, cuyas investigaciones desempeñaron un papel importante en la identificación de la sepultura.

El documental incorpora documentos del Archivo de la Fábrica de San Pedro, testimonios históricos e imágenes de los trabajos arqueológicos. Según Vatican News, las imágenes de la película no han sido procesadas mediante inteligencia artificial.

La audiencia del Papa

La colaboración del actor con el Vaticano había sido anunciada meses antes. Como informó Omnes en enero de este año, Pratt fue recibido por León XIV el 10 de diciembre de 2025.

El intérprete compartió posteriormente fotografías de aquella audiencia en su cuenta de X, @prattprattpratt, con un mensaje de agradecimiento: “¡Qué honor tan extraordinario, Papa León XIV! Gracias por invitarme”.

Al presentar el proyecto, Pratt había declarado también que consideraba extraordinario colaborar con el Papa y el Vaticano, y subrayó que la historia de san Pedro es fundamental para la fe cristiana. Agradeció especialmente las facilidades recibidas para acceder a espacios vaticanos y dar a conocer al público la historia del apóstol.

Estreno romano

Durante el estreno romano, el público dedicó una ovación a León XIV, hospitalizado el día 16 en el Policlínico Gemelli. Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación, expresó su deseo de que la recuperación del Pontífice tras la intervención continuara favorablemente, cosa que se ha ido produciendo. Este domingo, el Papa dirigió el rezo del Angelus in St. Peter's Square.

The authorFrancisco Otamendi

Resources

De-clericalizing the Church without clericalizing the laity

Francis and Leo XIV promote greater participation by the laity in the governance of the Church, without confusing administrative authority with sacramental ministry.

Bryan Lawrence Gonsalves-20 de October de 2026-Reading time: 5 minutes

In December 2013, nine months into his pontificate, Pope Francis was asked if a woman could be appointed a cardinal. Now the College of Cardinals is an administrative body rather than purely a sacramental one. In terms of historical precedent, lay cardinals have existed, Teodolfo Mertel being the last one appointed in 1858, before the practice was discontinued in 1917 by Pope Benedict XV.

Pope Francis declined to answer this canonical question directly, he did however respond by stating that “Women in the Church must be valued, not ‘clericalized'".

His response disappointed those seeking female ordination and expanded women’s rights. While activists equate power with the priesthood, Pope Francis viewed that relying on clerical titles for authority merely reinforces clericalism. Hence attempting to "clericalize" women reinforces the idea that clergy are the sole holders of power.

The Two Views of Power

As laid out in Lumen Gentium, ecclesial power is not a personal right but a sacred trust delegated by Christ through Holy Orders, encompassing the distinct mandates to teach doctrine, sanctify through the sacraments, and shepherd the Church.

There is also a temporal dimension of governance and power, in which bishops and cardinals exercise administrative authority, oversee financial affairs, and manage the practical and civil affairs of both their dioceses and the Vatican.

When looking back to Pope Francis, it seemed he focused on servant leadership and aimed to reform church governance by allowing qualified laypeople to manage administrative and financial roles. Theoretically this would allow clergy to focus more directly on their pastoral and sacramental duties.

His approach led to criticisms from some traditionalist factions within the Church who mainly viewed power through a rigid hierarchy where spiritual and administrative authority flows strictly downward through ordained clergy to preserve doctrinal purity. Progressive reformers on the other hand understood power through democratic participation and institutional equality, arguing that true lay authority required shared decision making and access to holy orders.

Ultimately, while Pope Francis distinguished between administrative control and sacramental ministry, both traditionalists and progressives tended to view true ecclesial power as inseparable from the ordained priesthood.

Lay Appointments and the Distinction of the Sanctuary

Both Pope Francis and Pope Leo XIV have treated lay empowerment and priestly identity as complementary rather than opposing forces. It seems that their underlying strategy rests on the assumption that the more laypeople share in running the Church, the clearer the priesthood's distinct, strictly sacramental role becomes.

We see this in 2018, when Pope Francis appointed journalist Paolo Ruffini as Prefect of the Dicastery for Communication, the first layperson to lead a major Vatican dicastery. Then in 2021 he appointed Sister Alessandra Smerilli as Secretary of the Dicastery for Promoting Integral Human Development. He expanded this strategy in 2022 by appointing Sister Raffaella Petrini, Sister Yvonne Reungoat, and laywoman Maria Lia Zervino to the Dicastery for Bishops, granting non-ordained members a direct voice in selecting future Bishops for the Church. In 2025 he appointed Sister Simona Brambilla as Prefect of the Dicastery for Institutes of Consecrated Life, making her the first woman to lead a dicastery overseeing religious orders globally.

A more recent example of this strategy was Pope Leo XIV in June 2026 appointing Maria Montserrat Alvarado, an Mexican-American, the former President and COO of EWTN News, as the prefect of the Dicastery for Communication of the Holy See. Later in August 2026, Pope Leo named four laypeople to the Council for the Economy, the Vatican's financial oversight body. During the same month he also named Patrick Kelly, Supreme Knight and CEO of the Knights of Columbus, as a member of the Dicastery for the Laity, Family and Life.

Reassigning administrative roles breaks the long-held assumption that institutional governance requires holy orders, dismantling clericalism at its root rather than simply granting laypeople clerical functions to make them feel empowered.

The Female Diaconate

In August 2016, Pope Francis instituted a study analysing if there was a historical basis for the women's diaconate. When the study reached an impasse on if early historical practices constituted sacramental ordination. He instituted a second study in April 2020 on female sacramental ordination.

Then in December 2025, the report was submitted to newly elected Pope Leo. It concluded that while deaconesses existed historically, evidence does not support admitting women to the diaconate as a degree of the Sacrament of Holy Orders.

It seems that the sacramental boundary of ordaining female priests remains the one line neither pontiff has been willing to cross. Executive, managerial, and administrative governance can be given to lay women and men without problem but sacramental ministry cannot.

The Vatican made this explicitly clear in June 2026 by rejecting a proposal from the German Bishop's synodal path to allow the laity to preach during mass.

By appointing laypeople to oversee Vatican departments, the Church seems to be transferring administrative authority while keeping the sanctuary strictly intact. Hence the priesthood and its sacred duties remain reserved for clergy alone.

The Bureaucratic Burden and the Synodal Response

Critics have often pointed out that bishops and cardinals hold such sweeping administrative, financial, and civil authority that they often function less as spiritual shepherds and more like corporate CEOs buried under paperwork.

Others note that this heavy administrative burden leaves them with little time or energy for direct evangelization and hands-on pastoral work, making them largely unapproachable to the very people they serve. Furthermore, reaching a bishop often requires navigating gatekeepers who control access to his desk, making approachability another concern.

Perhaps this is why both Pope Francis and Pope Leo have relied heavily on a process known as synodality. Historically, synods were brief, legislative gatherings of bishops called to settle canon law or enforce doctrine. As reimagined over the past decade, synodality has been transformed from an administrative event into an overarching philosophy of Church governance.

When participants gather in a synodal assembly, they sit at round tables as structural equals: cardinals, bishops, religious sisters, and laypeople. The documents produced by these assemblies carry no canonical penalties and issue no dogmatic decrees. Instead, they serve as records of consensus, designed to cultivate a culture of dialogue rather than top-down command.

Yes it is a slow process but it counters two deep-seated perceptions of Catholic life, which is the perceived authoritarianism of Bishops used to unchecked authority, and the passive servility of laity used to taking orders.

Reducing Administrative Power to Restore Pastoral Vision

The ultimate goal of dismantling clericalism is not simply to redistribute organizational authority or appease political sensibilities. It seems what Pope Leo is trying to do is to shrink the administrative burdens and paperwork that the college of cardinals are subject to. The result of which would be senior clergy that is less bureaucratic and more shepherdic.

This sort of redefinition challenges both extremes in the church. To progressives, it insists that lay empowerment does not and should not be based on holy orders. To traditionalists, it demands a radical surrender of clerical control over money, policy and executive administration.

By insisting that women and laypeople wield genuine authority without needing to be "clericalized," Pope Francis and Leo have directly implied that power in the Church was never supposed to be defined by the size of a chancery or the title on a desk. By slowly stripping administrative dominion away from Cardinals , the popes are attempting something far more radical than administrative restructuring. They are attempting to return the laity to the world, and the priesthood back to God.

The World

León XIV habla con Zelensky y pide un alto el fuego humanitario en Oleshky

León XIV ha mantenido una conversación telefónica con Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania en la que ha vuelto a pedir un alto el fuego humanitario, especialmente en Oleshky.

Maria José Atienza-19 de October de 2026-Reading time: < 1 minute

Tres días después de su conversación con el presidente de la Federación Rusa, el Papa León XIV ha mantenido una conversación telefónica con Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, como ha informado la Santa Sede durante la tarde de este lunes.

Durante la conversación, «el Santo Padre ha recordado la grave situación que se vive en la ciudad de
Oleshky, en la región de Jersón, y ha hecho referencia a la petición de un alto el fuego humanitario que
había presentado a Putin» en su última conversación, aún estando el Papa ingresado en el Policlínico Gemelli.

Se calcula que unas 2.000 personas siguen atrapadas en el propio núcleo urbano de Oleshky, y otras 6.000 en la periferia de una ciudad que se encuentra en un estado catastrófico, tras años de combate y la imposibilidad de hacer llegar suministros médicos y alimentarios. El estado de la población ha llegado a un nivel que Rusia y Ucrania mantienen, aún sin acuerdo, conversaciones para asegurar un alto el fuego humanitario que permita la salida segura de la población.

En este sentido, el Papa ha vuelto a reiterar «su esperanza de que la cooperación entre ambas partes permita el suministro de alimentos y ayuda médica, así como la evacuación voluntaria y segura de la población civil», tal y como ha manifestado en multitud de ocasiones pero, en estas últimas semanas, con especial insistencia debido a que el endurecimiento de los combates y la llegada del frío hacen insostenible la situación de miles de civiles, que continúan sitiados en estas zonas con escasez de suministros y sistemas de calefacción.

El Papa ha reafirmado, además, el compromiso de la Santa Sede «con la promoción del diálogo y la paz».

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Initiatives

Crecen casi un 4% las personas sin hogar que acompaña Cáritas 

El año pasado, la red española de Cáritas acompañó a 44.475 personas sin hogar, un 3,8% más que el año anterior. Según esta institución de la Iglesia, se refleja “una crisis social y residencial profunda y persistente que afecta cada vez a más personas y familias”.    

Editorial Staff Omnes-19 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

The reality of homeless people in Spain reflects "a deep and persistent social and housing crisis" that is affecting more and more people and families, Cáritas reported today. 

Last year, Caritas In Spain, it assisted 44,475 homeless people, 3.81% more than the previous year, in a clear trend bullish, according to the memoirs of the ecclesiastical confederation.

Among the main factors driving these situations are job loss, the inability to access or maintain housing due to its high cost, evictions, and forced migration processes, Cáritas adds.

World Homeless Day, October 25

To mark Homelessness Day, which will be celebrated on October 25, the Caritas campaign - which this year has the motto "A home, a place to belong" - has had for the fourth consecutive year the participation of people who have lived or are living in situations of homelessness.

The Church confederation wishes to remind everyone that homelessness goes far beyond the image of someone sleeping on the street. “Homelessness represents the breakdown of the most essential bond for any human being: home. It is the loss of the family that sustains, the network that protects, and the certainty of having a place in the world where one can live a life with dignity and fulfillment,” the statement adds.

“Repeated violation of rights” 

Once again, homeless people supported by Caritas and the network of promoting entities will take to the streets and squares in Spanish cities to make themselves visible and express their denunciation of "the repeated violation of rights they are subjected to on a daily basis, claiming the inalienable right to human dignity that belongs to them.".

Most of these events will take place on Thursday, October 22nd, with the subsequent reading of the Manifesto prepared jointly by homeless people and the people who accompany them in their daily lives. 

The harshness of the stories

María Santos, head of the campaign and the Homeless People program at Cáritas Española, checks in each of the stories of these people, “day after day, how the repeated violation of fundamental rights pushes many people towards increasingly extreme situations of social exclusion. 

”Although we continue to support their recovery processes, we have detected serious difficulties in accessing basic rights such as housing, health, employment, social protection or citizen participation,” explains María Santos.

“The first right is to be treated as human beings.”

Their testimonies clearly reflect the harshness of this reality: “The first right we need is to be treated as human beings, and not as a useless piece of junk. My dream is to have a home so I can have my children with me,” says Libertad, a person supported by Cáritas Córdoba. 

“Behind these situations there are no numbers or labels. There are people. People with stories of pain and struggle, of loss and resilience, of setbacks and hope. People who, too often, have been reduced to stereotypes like 'homeless', 'indigent' or 'poor', making invisible all that they are and all that they can become,‘ Santos adds.

Community, bonds and sense of belonging 

Faced with this reality, Caritas encourages us to focus on what unites and humanizes us: community, relationships, and a sense of belonging. “Because no one can live fully in social and emotional isolation. Everyone needs a place where they feel welcomed, recognized, and part of something shared,” emphasizes the campaign manager. 

Caritas: 'Homelessness' is not limited to those who live on the street

Homelessness is a social problem that is not limited to those living on the streets. Its scope varies depending on the degree of residential exclusion considered. According to the European Typology on Homelessness and Residential Exclusion (ETHOS), there are four main categories: people who are homeless, those without housing, those living in insecure housing, and those living in inadequate housing. 

People sleeping on the streets or moving from one temporary accommodation to another represent the most visible face of this phenomenon. However, “those who survive in shacks, caravans, settlements, or precariously provided housing remain practically invisible. They all share the same reality: the absence of a safe, stable, and dignified home.”.

The authorEditorial Staff Omnes

Culture

Terra Ignota: “Hay que fijarse más en lo que nos hizo grandes, comunicarlo con nuevas formas. Y ser leales y honestos con el mensaje”

Terra Ignota, el podcast nacido en el confinamiento que triunfa entre los jóvenes, repasa su historia, sus documentales y su apuesta por la cultura

Álvaro Gil Ruiz-19 de October de 2026-Reading time: 5 minutes

Terra Ignota es uno de los podcast más escuchado por los jóvenes españoles. El nombre, como explica la web, “«Terra Ignota» es un término antiguamente empleado en los mapas para referirse a aquellas regiones inexploradas que solían asociarse a peligros o desafíos desconocidos. Hoy, aun con todos los rincones cartografiados, siguen quedando Terras Ignotas por descubrir”. Es decir, que son muchas las tierras por conocer y por eso no pierden el tiempo, tocan todos los temas de actualidad. 

Ellos se definen como “una tertulia tabernaria entre un grupo de amigos a los que nos apasiona la buena compañía, las historias únicas y la cerveza fría. Hacemos charlas en las que se habla de todo (y de nada): música, literatura, política, arte, derecho y mucho más”.

Hemos tenido la oportunidad de charlar con ellos y aquí está el resultado de esa conversación.

¿Quiénes son los componentes, de dónde vienen y a dónde van? ¿Cómo se conocieron?

– Jorge y Javi son hermanos, Pepe fue con Jorge al colegio, Ike era amigo de siempre y luego entraron Pirata y Getro tras ver las primeras tertulias que publicamos y querer echar una mano y participar.

¿Por qué no nos contextualizan cuál fue el ambiente propicio previo que permitió que naciera Terra Ignota? ¿Cómo y por qué nació el Terra Ignota ?

– Habría que darle las gracias al COVID y a que nos encerraran. Las llamadas entre Jorge y Javi se repetían después entre ambos y Pepe hasta que a Jorge , que es el de las ideas geniales, se le ocurrió reunirse los tres en videollamada porque hablaban prácticamente de lo mismo. Hasta que un día les dio por grabar esas charlas y subirlas a YouTube. El resto es historia.


¿Cómo fue el paso de la virtualidad de los podcasts a la presencialidad de los eventos como la capea o las quedadas con los seguidores?

– Fue muy orgánico y muy poco premeditado. La primera vez fue en un bar pequeño, casi sin avisar, y prácticamente se cortó la calle por la cantidad de gente que apareció. No éramos conscientes en ese momento la que se estaba liando realmente. Luego, poco a poco fuimos lanzándonos a proyectos y eventos más ambiciosos. Posiblemente el acto que hicimos en el teatro Arapiles para presentar en vivo el documental 11M : El principio del fin fue el que nos enseñó realmente la comunidad tan maravillosa que se estaba construyendo.

¿Cómo nacieron otros productos, que han tenido buena acogida, como los documentales? ¿Cuál ha sido el que mejor funciona, por ahora? ¿Qué tienen en mente para el futuro?

– Tras el 11M, nos empezaron a llegar propuestas para hacer más documentales. Y como siempre decimos, si entran dentro de nuestro marco de valores, lo hacemos. 

Y como son temas que se tocan poco o que se consideran tabú, nos gustan aún más. 

¿Cuál es el que funciona mejor?

– No nos fijamos mucho en el número de visitas para calibrar el éxito. Estamos muy orgullosos de ‘el Genocidio silencioso’ y es el que menos gente lo ha visto. Todos son especiales y todos han cumplido los objetivos que nos marcamos cuando abordamos cada proyecto. Eso es lo que consideramos más importante.

¿Cómo fue el proceso de crecimiento y expansión?

– Fue también “sin querer”. Nunca tuvimos una idea al empezar en convertirnos en productora o hacer nada más allá de lo que nos fuera apeteciendo. Simplemente, según íbamos haciendo, la respuesta de la gente nos animaba a hacer un poquito más.

¿Cómo llevan ser reconocidos por las calles?

– Cada uno como puede. No tenemos el mismo grado de timidez los seis. Sí es verdad que es chocante al principio. Pero como la gente siempre se acerca con respeto y mucho cariño, se hace muchísimo más fácil.

¿Se consideran pioneros e innovadores?

– No. En realidad no hemos inventado nada. Ni hemos sido los primeros. Ni los mejores. Sí creemos que nos metemos en charcos que poca gente se mete y que son muy necesarios debatir. Por fortuna, cada día hay más creadores de contenido que se niegan a autocensurarse y eso sí nos gusta pensar que, un poquito, es debido a que gente como nosotros y los que llegaron antes hemos arado parte del camino.

¿Cómo llevan que los intenten encasillar? ¿Qué piensan de ustedes mismos? ¿Cómo se definen?

– La verdad es que…  nos da lo mismo. 

Sabemos cómo funciona esto y cómo rápidamente te tratan de colocar una etiqueta y, si no cuadras 100% con un determinado ideario, ya te tildan de lo que sea. Además, somos seis y los seis bastante diferentes aunque no lo parezca. El Pirata no tiene que ver mucho con Pepe ni Javi con Jorge aún siendo hermanos.

Nos gusta decir que los seis defendemos y buscamos el Bien, la Verdad y la Belleza. 

Con esa base, los matices de cada uno sólo enriquecen el conjunto.

¿Cómo se sostiene económicamente Terra Ignota? 

– Ah, pero, ¿se sostiene? [risas]

Vamos a pinchar el globo, porque nos han acusado de  cobrar en shekels israelíes, Bizum Moscú ¡y de la CIA! 

La realidad es que todos nosotros tenemos nuestros trabajos fuera de esto y el 99% de lo que necesita Terra Ignota es nuestro tiempo. Los proyectos concretos, como los documentales, suelen autofinanciarse. Y, por supuesto, tenemos un buen número de mecenas y patronos que, mes a mes, nos hacen pequeñas aportaciones, principalmente para asegurar que no nos quedamos sin cerveza en la nevera.

¿Qué otros “productos culturales” admiran y animan a seguir su estela?

– Esta es de las peligrosas, verás cómo nos dejemos a alguien… 

Si nos vamos a referentes históricos, nadie que haya visto Terra y tenga cierta edad podría obviar la influencia de “La Clave”. De hoy día, tenemos especial admiración por el trabajo de Iker Jiménez.

En el ámbito de los nuevos medios, todo lo que hacen nuestros amigos de ViOne es fenomenal. Sea la tertulia política, los pedazos de historia o la Taberna, todo está hecho con cariño y por los tipos adecuados.

Por último, durante estos 7 años hemos hablado con escritores, directores de cine, creadores de contenido, pintores, aventureros, documentalistas, toreros… Admiramos a todos y cada uno de ellos y recomendamos seguir su estela, si no en lo práctico, sí en lo realmente importante: la actitud.

¿Cuáles son sus planes de futuro?

– Poder seguir haciendo lo que nos gusta como hasta ahora. Divertirnos con las tertulias y con los documentales o reportajes que vayan saliendo. Y, sobre todo, seguir con la sensación de estar haciendo algo útil y juntos.

¿Cómo es el equipo que los rodea?

– Tenemos muchísima suerte de tener gente de tanto nivel que nos ayuda. Unos recurrentemente, otros de manera más puntual. Gente inquieta, preocupada por los temas que nos preocupan a nosotros y, sobre todo, muy comprometida. De otra manera no podría ser.

¿Qué piensan sobre la polarización? ¿La respuesta es el diálogo?

– No. La solución es aprender del que sabe. El diálogo sirve para nosotros, entre birras. Nos ha tocado vivir una época en la que la historia, la ciencia, la propia actualidad se sirve para fines ideológicos, económicos… hay que combatir eso. 

¿Creen en “liderazgo cívico”? ¿Tienen alguna propuesta mejor para sanear la corrupción moral, social y económica? 

– Por el sistema en el que estamos es complicado que haya un liderazgo cívico. Lo que sí puede hacer la sociedad civil es presionar. Aprender. No dejarse engañar. Y, sobre todo, exigir.

Sanear la corrupción es una tarea titánica y que implica mil facetas, nuestra propuesta -o mejor dicho nuestra aportación- en este ámbito pasa por desvelarla y mostrar que existe una alternativa, un mundo un pelín mejor, con solo vivir de acuerdo a unos principios que han inspirado a nuestra civilización desde tiempos inmemoriales.

¿Cómo fomentar la iniciativa cultural ?

– Hay que fijarse más en lo que nos hizo grandes. Traducirlo, eso sí, a las nuevas formas de comunicar. Y ser leales y honestos con el mensaje. Pero el único empujón realmente válido a la iniciativa cultural es el de cada uno: atarse los machos y arrancar; luego vendrá todo lo demás.

¿Qué les dirían a los jóvenes de hoy?

– Que luchen. Nadie lo hará por ellos. El futuro lo deben de construir ellos mismos.

ColumnistsEloy Asenjo, Carpenter

à la carte freedoms, broken societies

De cómo la ruptura del binomio derecho-deber destruye el orden de la justicia y deja a la persona a merced del poder.

19 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

Vivimos instalados en un desconcertante espejismo cultural. Nunca antes la sociedad occidental había enarbolado con tanto ímpetu la bandera de los derechos individuales y de la democracia.

Y sin embargo, de forma simultánea, nunca antes el pensamiento académico había puesto tan en duda la existencia misma de la libertad humana.

Es la paradoja que en su día vislumbró con perspicacia el filósofo Carlos Llano. Mientras en la arena pública nos manifestamos apasionadamente por todo tipo de libertades adjetivadas, en los despachos de la filosofía de la mente y del materialismo duro se cocina una tesis demoledora: la libertad no sería más que una ilusión metafísica.

Para esta corriente, nuestras decisiones no brotan de un espíritu consciente o moralmente responsable, sino del condicionamiento inevitable de meros procesos neurológicos.

Pero si la libertad radical no existe, ¿qué sentido tiene defender un sistema democrático maximalista cuya columna vertebral es, precisamente, la autonomía de la persona?

La Estatua de la Responsabilidad

Esta primera contradicción nos arrastra directamente a una segunda tensión no menos peligrosa: la ruptura sistemática del binomio libertad-responsabilidad.

Hace décadas, el psiquiatra Viktor Frankl aconsejaba con agudeza que la Estatua de la Libertad en la costa este norteamericana debería complementarse con la Estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.

Hoy observamos exactamente lo contrario. Multiplicamos de forma incansable las listas de derechos y reivindicaciones, pero eliminamos de un plumazo el catálogo de nuestras obligaciones correlativas.

La ecuación es matemática: al debilitar la concepción metafísica de la libertad, erosionamos de paso la responsabilidad personal. Si el individuo se siente menos libre —atrapado o condicionado por estructuras sociales o biológicas—, se percibe de inmediato como menos responsable de sus actos.

El peaje en la vida cotidiana y el blindaje ideológico

Esta quiebra teórica no se queda en las aulas universitarias; impacta de lleno en el barro de nuestro día a día.

Lo constatamos cuando la exaltación desmedida de subjetividades se convierte en la fórmula más habitual para justificar leyes y sentencias manifiestamente injustas.

Se reclaman como «derechos» pretensiones ideológicas que en realidad lesionan la libertad auténtica y la dignidad humana.

Lo sufrimos en la manipulación de la educación, en el trato utilitarista al inicio y al final de la vida vulnerable, o en el paulatino desmantelamiento de la familia en cuanto unidad básica de transmisión de la vida y de la educación…

La atmósfera del bien común

Al desvincular el derecho del deber, destruimos el concepto mismo de bien común. ¿Y qué ocurre cuando chocan dos libertades o dos derechos así concebidos?

Al no existir una referencia objetiva, quedamos trágicamente a merced de la ley del más fuerte.

Como ya explicaba Aristóteles, el bien común no es un mero reparto de bienes individuales, sino algo complejo y arquitectónico. Es la verdadera atmósfera social que permite el desarrollo pleno de la persona en consonancia con su dignidad.

Bajo esa atmósfera se cobijan la concordia colectiva, la justicia, el orden público, la prosperidad material, la protección de la libertad, la moral social, la ecología y el resguardo de la institución familiar…

La propiedad fundamental del bien común es su profunda comunicabilidad: no se agota al compartirse. Cuando un ciudadano posee y ejercita estos bienes, multiplica la capacidad del resto de la sociedad para nutrirse de ellos. El propio Aristóteles, en su Nicomachean Ethics, aseguraba que el bien común posee una naturaleza más grande y más perfecta que el bien de un solo individuo, llegando a calificarlo de theióteron (más divino), lo que entraña una dimensión no solo poética, sino de un calado filosóficamente profundo. Como recordaba Santo Tomás de Aquino, cuanto más elevada es una causa, tanto más lejos extiende su eficacia y a más seres alcanza: «El bien, que tiene razón de causa final, resulta tanto más eficaz cuando se comunica a un mayor número».

El trampolín del populismo

Por eso, al asfixiar esa atmósfera, abonamos el terreno donde germinan los populismos contemporáneos.

Con el pretexto de corregir desigualdades o injusticias reales, los movimientos populistas renuncian a la búsqueda sincera de la verdad sobre el ser humano.

No parten de una introspección filosófica o ética rigurosa sobre el bien y el mal. En su lugar, utilizan la hipertrofia de los derechos como mero trampolín para dictar, de forma arbitraria, lo que debe ser permitido o prohibido.

El resultado es previsible: lejos de solucionar la injusticia, terminan generando mayores brechas, mayor opresión y una profunda fractura social.

In conclusion

Es hora de recuperar el sentido fuerte de la libertad metafísica. De entender que no somos esclavos de nuestras neuronas ni simples demandantes de un Estado proveedor.

La filosofía política clásica no niega la existencia de los derechos del individuo, pero los comprende como aquello que a cada uno corresponde justamente en el contexto del bien común.

El cardenal Joseph Ratzinger advirtió con precisión sobre el peligro de considerar los derechos como algo independiente o previo al bien común, señalando que la libertad no puede reducirse a una mera lista de pretensiones individuales. Los derechos no deben ser el punto de partida arbitrario de la realidad política, sino aquello que le corresponde a cada uno dentro del orden de la justicia. Ese orden es inherentemente distributivo y se asienta sobre unas creencias y valores compartidos.

En este sentido, no es posible un poder público moralmente neutral, ni resulta sostenible la supuesta primacía absoluta del individuo y sus derechos desvinculados de sus deberes.

Solo asumiendo de nuevo el peso y la grandeza de nuestras responsabilidades personales, y protegiendo esa atmósfera compartida del bien común, seremos capaces de edificar una sociedad verdaderamente libre, justa y humana.

The authorEloy Asenjo, Carpenter

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El perdón del Crucificado

El perdón que Jesús pronuncia desde la cruz inaugura una forma de amar que no depende del arrepentimiento del otro y que el cristiano recibe como don para aprender a perdonar.

Rafael Domingo Oslé-19 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

La cruz fue, antes que nada, un instrumento de suplicio. Los romanos la habían heredado de persas y cartagineses y la habían perfeccionado como pedagogía del terror: la víctima moría lentamente ante la mirada de todos. Tras la revuelta de Espartaco, el ejército romano crucificó a seis mil hombres a lo largo de la Vía Apia. Durante el asedio de Jerusalén del año 70, según Flavio Josefo, las tropas de Tito llegaron a levantar quinientas cruces al día, y a veces más. Tan ignominiosa era esa muerte que los primeros artistas cristianos evitaron representar a Jesús clavado en ella. En tiempos de Constantino, que abolió el suplicio, el instrumento de infamia empezaba a ser el signo más venerado de los cristianos.

El suplicio convertido en símbolo

Entre el patíbulo y el símbolo media un viernes de primavera del año 30 o 33. Poncio Pilato, prefecto de Judea bajo Tiberio, había condenado a un joven de Nazaret por proclamarse rey de los judíos. No tenía defensor. Uno de los suyos lo había vendido y otro lo había negado. En el Gólgota solo lo acompañaban su madre, el discípulo Juan, unas cuantas mujeres y los soldados que lo ejecutaban. Lucas recoge la primera de sus tres palabras en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).

Habló desde el centro de su propio dolor, sin subordinar el perdón al arrepentimiento de nadie ni a la reparación del daño. Perdonó en el instante mismo del crimen, mientras los soldados se repartían su ropa echándola a suertes.

El filólogo David Konstan ha sostenido que el perdón tal como hoy lo entendemos, remisión interior y gratuita del agravio sin reparación previa, no tiene un equivalente claro en la Antigüedad clásica, que conoció la clemencia y la magnanimidad. Se acepte o no su tesis, aquel viernes irrumpió una palabra inaudita en la conversación humana sobre el daño.

Perdonar antes de que el otro se arrepienta

Jesús había enseñado a perdonar setenta veces siete y había unido en el Padrenuestro el pedir perdón y el perdonar. Había perdonado a la pecadora en casa de Simón el fariseo, al paralítico de Cafarnaúm y a la adúltera cuando todos la condenaban. La víspera de su muerte entregó a los suyos el pan y la copa como memorial de un cuerpo y una sangre ofrecidos para el perdón de los pecados. Durante tres años el perdón había sido en él palabra y gesto. En el Calvario se convirtió en su modo de morir.

Para la lectura humanista, la cruz es la cumbre moral del perdón humano y no exige creer en la divinidad de Cristo. Hannah Arendt, judía y secular, sostuvo en La condición humana que Jesús de Nazaret descubrió el perdón en el ámbito de los asuntos humanos. La lectura espiritual percibe además algo trascendente, sin suscribir las doctrinas cristianas: Simone Weil, que nunca se bautizó, vio en la cruz un amor por encima de toda medida humana, y Thich Nhat Hanh quiso acoger a Jesús desde el budismo. Las dos lecturas reconocen la cumbre, pero dejan al ser humano solo ante una exigencia que rara vez alcanza por sí mismo.

Un perdón que desborda lo humano

La lectura cristiana va más lejos. Dios mismo entró en la historia del perdón asumiendo la condición de víctima, y desde ahí abrió una corriente de amor real en la que cualquier corazón puede recibir lo que por sí solo no podría dar. Por el velo de su carne, dice la carta a los Hebreos, tenemos «un camino reciente y vivo» (Hb 10, 20). La tradición ha pensado esa corriente en clave trinitaria, según la analogía de san Agustín: Amante, Amado, Amor. El Hijo pide al Padre el perdón por los pecados de la humanidad; el Padre lo otorga sin reservas; el Espíritu Santo lo derrama desde entonces como perdón que limpia y sana el corazón humano.

La primera criatura que entra en esa corriente es María, al pie de la cruz. Permanece donde casi todos han huido, y la tradición ha leído su silencio como continuación del perdón del Hijo. Con la entrega desde el madero, «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 26), la Madre del que perdona queda como madre de quienes han sido perdonados y están llamados a perdonar. En ella se ve que el perdón cristiano es respuesta, libertad que coopera con un don. Lo heroico está en pedir con perseverancia la gracia de perdonar y dejarse atravesar por ella.

La lágrima que Dios hace suya

La objeción más seria la formula Iván Karamázov. Acepta a Dios, pero le devuelve la entrada a una armonía final construida sobre el sufrimiento de los inocentes; le basta para ello la lágrima de un niño torturado. Ningún silogismo justifica esa lágrima. El cristianismo responde con un gesto. Dios la carga en la cruz, y también llora (Jn 11, 35).

Aquel perdón no quedó aislado. Pocos años después, a las afueras de la misma ciudad, el diácono Esteban murió apedreado mientras clamaba: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7, 60). Entre los testigos estaba un joven fariseo, Saulo, que guardaba los mantos de los verdugos. Ya convertido en Pablo, escribiría a Timoteo: «Alcancé misericordia porque actué por ignorancia, pues no tenía fe» (1 Tim 1, 13).

Quien se atreve hoy a perdonar al hijo que se fue o al verdugo que aún no ha pedido perdón prolonga, lo sepa o no, aquel «Padre, perdónalos» pronunciado desde la cruz. La fuerza para hacerlo le llega de la corriente que se abrió en el Calvario y que la Iglesia sigue ofreciendo en el sacramento de la reconciliación. Allí el cristiano recibe el perdón que después ha de dar.

El perdón. Una sabiduría silenciosa

AuthorRafael Domingo Oslé
Editorial: La esfera de los libros
Pages: 200
Date of publication: 2026
The Vatican

El Papa en el Ángelus: «Esta experiencia me ha hecho sentir de manera especial la cercanía a quienes atraviesan la enfermedad»

En su primera aparición pública, tras la operación del cáncer de pulmón, León XIV ha agradecido las oraciones y el cuidado médico en estos días, y ha señalado que retomará gradualmente su agenda.

Maria José Atienza-18 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

Aunque el domingo ha amanecido desapacible en Roma, la expectación por ver al Papa León XIV pocas horas después de ser dado de alta en el Gemelli, se palpaba en los alrededores de San Pedro. Han sido muchas las personas que se han acercado al corazón del Vaticano para escuchar al Santo Padre a pesar del frio y de una llovizna intermitente.

Casi 10 minutos después de las 12, el Papa se ha asomado y saludado a los presentes cuyos saludos y cantos transmitían al pontífice su alegría por verle. Con voz firme y clara, León XIV ha comenzado su comentario previo al rezo mariano.

El Reino de Cristo «no elimina las responsabilidades humanas»

El Papa, fiel a la tradición, ha comentado el pasaje evangélico propio de este domingo 29 del Tiempo Ordinario en el que el evangelista Mateo sitúa a Cristo ante una «pregunta trampa» de los fariseos, que querían poner a Jesús en una situación controvertida ante el gobierno civil.

Pero «la respuesta del Maestro es astuta, porque lo mantiene fuera de la trampa y  desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer», ha destacado León XIV, que ha puesto el acento en cómo «contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene  a vivir en ella».

Este pasaje nos recuerda, ha continuado el Papa, que somos ciudadanos de un mundo en el que tenemos que vivir nuestros derechos y deberes: «Su Reino [el de Cristo] no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos  pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia».

Cristo no se deja «engañar» por unos halagos que buscan utilizarle, en el fondo, sino que señala, claramente las características del «perfil de quien ‘devuelve al César lo que es del  César y a Dios lo que es de Dios’: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien».

«Retomaré gradualmente mis actividades»

La reciente estadía en el hospital también ha estado presente en estos saludos. El Papa ha reiterado su agradecimiento a los médicos y el personal del policlínico Gemelli su atención en las jornadas en las que ha permanecido ingresado tras la operación de un lung cancer.

También ha querido agradecer «a todos los que han rezado por mí estos días. He sentido de verdad vuestro apoyo» y ha destacado cómo «esta experiencia me ha hecho sentir de manera especial la cercanía a quienes atraviesan la enfermedad y una situación de dolencia».

León XIV ha querido compartir también una expectativa de futuro con los fieles señalando que «una vez superada esta delicada etapa, como sabéis, ahora retomaré gradualmente mis actividades, siempre con la ayuda de Dios y de vuestras oraciones».

El Papa ha recordado, además, el centenario de la World Mission Day, que se celebra hoy en todo el mundo, animando a los fieles a pensar «en toda la historia misionera de estos cien años! Oremos para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato del Señor resucitado: «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura»».

The World

The shipwreck that made Malta Catholic

De san Pablo a la Orden de San Juan, la historia de Malta explica una identidad católica que hoy convive con fuertes contrastes

Gerardo Ferrara-18 de October de 2026-Reading time: 6 minutes

En el artículo anterior sobre Malta hablamos de cómo, en esta pequeña isla y en su archipiélago, se han concentrado durante milenios los acontecimientos políticos y culturales del Mediterráneo.

En este artículo veremos cómo algunos personajes singulares, empezando por un náufrago ilustre, han forjado una de las principales características de los malteses: la fe cristiana.

San Pablo en Malta

Hay un acontecimiento que, más que muchos otros, marca el momento en que Malta y el cristianismo se convierten casi en una sola cosa. 

Estamos en el año 60 d. C. Un barco que zarpó de Creta, con casi 280 personas a bordo, entre ellas un tal Pablo de Tarso —prisionero escoltado por el centurión Julio hacia Roma para ser juzgado ante el emperador—, lleva catorce días a merced de una tormenta desatada por el viento llamado «Euroaquilone». Parece ya que no hay salvación para la embarcación y que los pasajeros están condenados, pero este Pablo les promete que se salvarán, porque se le había aparecido un ángel para asegurarle que lograrían llegar a tierra.

Y así sucede. La nave encalla frente a la isla llamada «Melita» y el prisionero encadenado, junto con los demás supervivientes del naufragio, consigue llegar a la orilla. Allí, los habitantes, a quienes se denomina «bárbaros» (en latín y en griego, este término designa a los extranjeros, a quienes no hablan ni latín ni griego; de hecho, los malteses de la época aún hablaban el fenicio en su variante púnica, es decir, cartaginesa), acogen a los náufragos y encienden una hoguera. 

Mientras recoge leña, a Pablo se le enrosca una víbora en la mano y, por ello, los isleños creen que está maldito. Pero el apóstol la arroja al fuego sin sufrir ningún daño y su «reputación» ante los malteses cambia por completo, sobre todo después de que Pablo cure al padre de un notable del lugar, Publio, y, tras él, a otros enfermos durante los tres meses que pasó en Malta.

Según la tradición, el lugar del naufragio de Pablo sería un islote llamado Gżejjer ta’ San Pawl, en la bahía que hoy se conoce precisamente como «de San Pablo», San Pawl il-Baħar. Allí se alza hoy una iglesia del siglo XVII dedicada al santo, San Pawl Milqi, construida sobre las ruinas de una villa agrícola romana que algunos consideran que es precisamente la de Publio. Este último se habría convertido posteriormente en el primer obispo de Malta y en uno de los patronos de la isla, razón por la cual la Iglesia maltesa se considera fundada directamente por el Apóstol de las Naciones.

El lugar donde Pablo permaneció y estuvo preso, así como donde predicó en el archipiélago maltés, se encuentra, en cambio, en la isla de Gozo, en Rabat, donde hay una cueva que aún hoy se venera.

Los Caballeros de Malta

Los Caballeros de Malta (oficialmente: Soberana Orden Militar de Malta) no nacieron en Malta y su sede oficial ya no se encuentra allí, sino en Roma. Sin embargo, tienen con la isla un vínculo histórico indisoluble.

Se trata de una de las órdenes religiosas católicas más antiguas del mundo, y esto me ha sorprendido. De hecho, al principio pensaba que era una institución laica, ya que conozco a algunos miembros casados.

En realidad, son, a todos los efectos, una orden religiosa católica, aunque con una estructura y una naturaleza únicas dentro del seno de la Iglesia. 

A diferencia de los frailes o monjes de otras órdenes, la inmensa mayoría de los miembros de la Orden de Malta no vive en un convento ni en un monasterio. Y, a diferencia también de otros institutos de vida consagrada, son además un sujeto soberano de derecho internacional: un Estado sin territorio.

Fundada en Jerusalén en 1048 como Orden Hospitalaria de San Juan para atender a los peregrinos en Tierra Santa y reconocida oficialmente por la Iglesia en 1113, asumió posteriormente una función militar en defensa de los Lugares Santos, permaneciendo allí hasta 1291, año de la caída de San Juan de Acre a manos de los mamelucos. Los Hospitalarios que sobrevivieron a la tenaz y sangrienta resistencia en Acre se refugiaron en Chipre y la Orden se convirtió en una potencia naval, especialmente a partir de 1310, cuando los Caballeros se trasladaron a Rodas, sobre la que obtuvieron soberanía territorial, y posteriormente a Malta, cuando, en 1530, Carlos V cedió la isla a la Orden de San Juan, que pasó a denominarse Caballeros de Malta. 

Malta les ofrecía un puerto estratégico y una ubicación ideal, entre Sicilia, el norte de África y el Levante, en el centro de las rutas que unían la Europa cristiana con el mundo otomano. Y, de hecho, se convirtió en su obra maestra arquitectónica. Los Caballeros reforzaron sus defensas, construyeron fortalezas, arsenales, almacenes, iglesias y hospitales, convirtiéndola en una fortaleza y en un centro civil y sanitario, con instalaciones consideradas entre las más avanzadas del Mediterráneo de la época para el cuidado de enfermos, heridos, pobres y marineros, un poco como habían hecho los malteses mucho tiempo antes con San Pablo.

El asedio y la expulsión: de Malta al mundo

Construyeron tan bien sus fortificaciones que los Caballeros de Malta fueron capaces de resistir el Gran Asedio otomano de 1565, cuando la Sublime Puerta, decidida a eliminar la base de la Orden, envió contra la isla una oleada de barcos y hombres, sitiándola durante meses. Sin embargo, los Caballeros y la población maltesa, atrincherados en las fortalezas de San Elmo, San Miguel y San Ángel, y con el apoyo de Sicilia, lograron repeler el asedio y su victoria se celebró en toda Europa. 

Posteriormente, el Gran Maestre Jean Parisot de Valette decidió construir una nueva ciudad en el promontorio que domina el-Port il-Kbir, el Puerto Grande («Grand Harbour»): La Valletta. El proyecto preveía una ciudad-fortaleza, de estructura racional y capaz de resistir nuevos ataques, pero también de representar dignamente a la Orden que gobernaba el archipiélago, con bastiones, iglesias y palacios. 

Los Caballeros fueron «de Malta» hasta 1798, cuando Napoleón los expulsó del archipiélago tras haberlo ocupado durante la expedición a Egipto.

Así, la Orden perdió su isla, pero conservó su recuerdo en el nombre, y siguió existiendo, como Orden Soberana Militar de Malta, para dedicarse sobre todo a obras humanitarias.

Sus aproximadamente 13 500 miembros en todo el mundo se dividen en tres categorías: los Caballeros Profesos, religiosos a todos los efectos que hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, de entre los cuales se elige al Gran Maestre; los Caballeros y Damas en Obediencia, vinculados a la Orden mediante una promesa de vida cristiana; y, por último, los laicos, que participan en las obras hospitalarias, asistenciales y humanitarias de la Orden en todo el mundo.

Cultura, fe y legislación hoy: el alma y las leyes de Malta

El tejido social y cultural de Malta está hoy indisolublemente ligado al legado católico. La propia Constitución de la República establece que el catolicismo es la religión del Estado (art. 2). 

Esto se refleja en una legislación que, en comparación con otros países de Europa y del mundo, se distingue por su marcado carácter conservador en materia de derecho de familia y ética.

El aborto, por ejemplo, sigue estando estrictamente prohibido y se considera un delito penal. No fue hasta 2023 cuando se introdujo en el Código Penal —que lo tipifica como delito— una modificación que, en su momento, fue objeto de un intenso debate: se permite la interrupción del embarazo únicamente en caso de que la vida y la salud de la mujer corran un peligro grave e inminente. En todos los demás casos, incluidas la violación, el incesto y las malformaciones fetales, se prevén hasta tres años de prisión para las mujeres que se sometan a una interrupción voluntaria del embarazo y para quienes la practiquen. Sin embargo, existen varios casos de mujeres maltesas que viajan al extranjero (especialmente a Italia o al Reino Unido) para abortar o que recurren de forma clandestina a la compra de píldoras abortivas.

Sin embargo, en lo que respecta a los derechos de las personas homosexuales, Malta ha tomado un rumbo opuesto, alejándose notablemente de la visión católica que caracteriza a otros ámbitos de su jurisprudencia. Ya en 2014 se introdujeron las uniones civiles (con derecho a la adopción), mientras que en 2017 el Parlamento legalizó el matrimonio igualitario casi por unanimidad (con un solo voto en contra), sustituyendo, en el derecho civil, las referencias a «marido» y «mujer» por términos neutros. 

Malta constituye, por tanto, una paradoja: un país constitucional y culturalmente católico, con una legislación muy restrictiva en materia de aborto, pero con una postura opuesta en lo que respecta al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Por otra parte, también sigue siendo paradójica la brecha entre la «fe» y la «devoción» religiosa y cultural.

Si bien alrededor del 96 % de los malteses sigue identificándose como católico romano, lo que confirma una arraigada adhesión «oficial» a la Iglesia, la práctica religiosa ha pasado del 82 % (1967) al 35-40 % (15-20 % entre los jóvenes) de la población actual, de unos 550 000 habitantes (una cifra que, no obstante, se encuentra entre las más altas de la Unión Europea). Además, otro 70-74 % de los ciudadanos afirma asistir a los servicios religiosos al menos una vez al mes o en las grandes festividades.

No obstante, sigue siendo muy elevada la participación popular en sacramentos como bautizos, bodas y primeras comuniones, así como en grandes eventos de la comunidad, como las fiestas patronales y las procesiones, en particular las dedicadas a San Pablo (10 de febrero) y las de verano, con iluminaciones («pavaljuni»), desfiles de bandas y espectáculos pirotécnicos («giggifogu»), o tradiciones como la bendición de «los luzzu» (los coloridos barcos pesqueros con ojos protectores pintados en la proa). 

En conclusión, con sus singularidades, su historia milenaria, su cultura, sus lenguas, su gastronomía y su fe, Malta es verdaderamente una «isla bonita».

Evangelization

Carlos Bobillo, Hakuna's first missionary ad gentes: "We don't come as tourists, we come to give ourselves."«

Carlos Bobillo descubrió a Dios en Burundi y dejó su carrera de abogado para dedicarse a la misión. En enero se convertirá en el primer misionero ad gentes de Hakuna, convencido de que la felicidad nace de entregarse a los demás y de vivir con Cristo.

Teresa Aguado Peña-18 de October de 2026-Reading time: 9 minutes

Carlos Bobillo arrived in Burundi as a university student, faithless and eager for adventure. Raised in an atheist family, he sought to help others through volunteering, but he found much more than he expected: the witness of missionaries who, amidst suffering, lived with a joy he couldn't quite grasp. "How can you be in the most remote place in the world, surrounded by suffering, with that joy in your eyes? That's not of this world," he recalls asking himself then.

That experience marked the beginning of a journey of conversion that, over time, led him to discover God and reevaluate his own life. After several years combining his work as a lawyer with mission experiences, he decided to leave a prestigious law firm to dedicate himself to cooperation and evangelization in Burundi through the NGO Komera, which he founded with a group of friends. Now, after years of discernment and living his faith in the charism of Hakuna, he has decided to take another step and dedicate his life to the mission. Starting in January, he will become the first missionary. ad gentes from Hakuna, with the desire to help others personally encounter Christ in Burundi.

In this interview, Bobillo recounts how the mission transformed his understanding of happiness, what he has learned from the faith of the Burundians, and why he believes that giving to others cannot be limited to a few weeks of volunteering, but is meant to transform one's entire life.

On his trip to Burundi, he discovered his mission in a way that changed his life. What did he experience there that caused such a profound shift in his understanding of life?

–I went to Burundi without knowing I was going on a mission. I signed up as a volunteer to lend a hand from a philanthropic point of view, without any reference to God, because I didn't have God in my life. I was drawn to the possibility of getting to know another continent, having adventures, and helping other people materially.

I arrived with a very predetermined way of thinking, the one many of us have here: we live in a world where we believe we control everything and are self-sufficient. I went to Burundi convinced that I knew what I was going to do and that I could foresee the results.

However, many things began to challenge my way of thinking, my upbringing, and everything I had experienced up to that point. I was amazed that people who had practically nothing could live such fulfilling lives. This doesn't mean romanticizing poverty, because we must rebel against it and be aware of the suffering it causes. But I was impressed by how they were able to transform that suffering into an opportunity to love, and how present God was in their lives.

They didn't know if they would be able to eat the next day or if their sick daughter would survive. And yet, they were able to live with a confidence that I struggled to understand.

We also worked a lot with the Missionaries of Charity. I was struck by their lives, their testimonies, and their joy. I especially remember one missionary who had come from New York. I was impressed by how she could dedicate herself to others and be so happy. It wasn't just that she enjoyed herself; she lived a profound happiness, a peace that radiated from her, and a heart that seemed to expand as she gave to others.

When that experience ended, I longed to return. Afterwards, I would go back to Madrid, continue with my life, and sometimes do things that didn't fulfill me. Then I would ask myself again what had happened to me in Burundi and why I had been so happy there, when I had so much else here.

All of that began to change my life and awaken in me the desire to give myself more and more. It was a long process, with new experiences in Burundi and elsewhere, which allowed me to grow and deepen my understanding.

He arrived in Burundi without believing in God. What was that conversion journey like?

–I come from an atheist family, I received an atheist upbringing, and my parents were divorced. I had no reference to God.

For several years I lived with that dichotomy between Burundi and my world in Madrid. There I experienced something that fulfilled me, but afterwards I returned to my usual life, which, although I thought it made me happy, often weighed me down.

During that process, Hakuna appeared around 2015, a few years after my first trip to Burundi. She helped me a lot to discover that there were also people here who lived their faith with simplicity, freedom, joy, and normalcy. I saw in them something I had experienced in Burundi and that I also wanted for my own life.

Little by little, those concerns grew. Then something happened that deeply affected me. We were on a family trip for Christmas, and on the morning of January 6th, when we were about to open the presents, we found my father, who had died suddenly.

It was a moment of immense sadness, but I also experienced a great peace. Humanly speaking, it was very difficult, but at the same time, I thought that death hadn't won, that God had the final say. My father didn't believe in anything, but I told myself that he was in heaven, that everything was alright, that death didn't have the final say.

That could have led me away from God, but the opposite happened. I began to think that life is meant to be given, that it is short and must be enjoyed.

It was a significant moment of letting go. I left my house, my car, and many things in my life, including my girlfriend, to go to Burundi and ask myself what God wanted from me. There, the foundations of my conversion and my personal encounter with Him were laid.

Volunteering is sometimes questioned because of the risk of seeking recognition or falling into what is known as "poverty pornography." At Hakuna, you talk about "community-sharing." What value do these experiences have, and what do they truly offer to those who participate in them?

“I myself was fortunate enough to encounter Christ during a mission experience, without even knowing it was one. That's why I value these experiences so much. If they are lived well, they can be incredibly helpful; if they are done poorly, they can cause a great deal of harm. It's essential to prepare, to be trained, to pray, and to have good support.”.

The mission begins before the trip, by getting to know the reality we're going to be involved in and preparing our hearts. And it continues during the experience, with an attitude of surrender and detachment. We're not going on a tourist trip, but to give ourselves to others. It's also important to live simply. It wouldn't make much sense to go on a mission and, at the same time, maintain a lifestyle completely detached from that of the people we're with. It's not about pretending to be poor, but about forgoing some comforts and desires to truly enter into what we're experiencing.

It's not about visiting a reality and observing it from the outside, but about getting involved in it. That's why it's also important to disconnect from our phones, be present, and nurture our spiritual lives, because it's difficult to truly give oneself if one doesn't know oneself to be loved by God. And finally, we must live the mission as a group. Community helps us share the good and the bad, grow together, and care for one another. What's the point of going to help children at a school if I don't then care about my roommate who is sick? The mission begins at home and, from there, extends to the world.

But it's also essential to prepare for the return. We can't dedicate ourselves fully for a month and then go back to living a life focused solely on ourselves. Sharing involves building upon what we've experienced, expressing gratitude for what we've received, and maintaining that attitude of giving in our daily lives.

It's not about helping for a few hours on the weekend or a month a year, but about letting the experience change our hearts and transform every facet of our lives. It's a continuous process of growth and renewal that allows us to keep our hearts open and willing to give to others, here and there.

After so many years connected to Burundi, what have you learned from the people you have met there?

–I have been incredibly lucky to find Burundi. And everything I have received I want to give back, because it is not mine. That is the dynamic of love: giving and receiving.

In Burundi, you receive so much. Beyond the warmth of the people, there is an immense spiritual richness. It is a country that, amidst material poverty, has been able to find a way of life that transforms suffering into something greater. Instead of succumbing to complaint in the face of suffering, which only makes it worse, I have been taught to surrender it and turn it into an opportunity to love more. In Burundi, I have witnessed this many times.

Material poverty coexists with immense spiritual wealth, and this is evident in everything: in the way we relate to creation, to others, and to God. There is a complete surrender to God. When you have practically nothing, you can discover that everything you receive is a gift. But it's not about clinging to God desperately, but about recognizing Him as Lord: nothing is mine, everything is yours.

Material poverty is not the goal, but it can teach us very important things. The essential thing is not poverty itself, but what we can learn from it. God willed that we be born in Spain, and we don't need to sell everything to live this lesson. It's about being aware of what we have and understanding that nothing truly belongs to us.

It's a life-changing lesson. Burundi touches those of us who visit it deeply because it shows us that happiness isn't about having many things, but about giving of oneself. That's the secret of life, something we all know, but continually forget. That's why I need to remember it and renew it, despite my own poverty and difficulties. Being closer to Burundi helps me become more aware of it.

Even after discovering where true happiness lies, it's easy to return home and get swept away by the rhythm of the world. How can we Christians live out our missionary responsibility and help others discover that happiness?

–I think it's a double-edged sword. On the one hand, we might think that it's getting harder and harder, that the world is moving in a direction contrary to the Gospel, and that we'll never achieve it. But, at the same time, that can be a huge opportunity.

Human beings are made for something greater. When the world drifts further and further from what we experience and believe, it can become easier to recognize that this isn't the life we want. It's difficult, but I think it's something we're seeing today, also with the resurgence of young people in Spain and elsewhere. Many young people are beginning to realize that the life offered to us, centered on material things, instant gratification, pleasure, and self-fulfillment, doesn't make them happy. It only takes a little awareness to ask ourselves if we truly want to live like this. And when that question arises, another one appears: what do I want then? The hardest part is for a person to start asking themselves questions. After that, the Lord takes care of the rest.

And what can we do? I think the key lies in something that may sound repetitive, but is fundamental: more than doing, it's about being. The important thing is to nurture our relationship with Christ and let Him transform our lives. To say to Him, "Lord, my life is yours." And to cultivate that relationship in prayer and before the Blessed Sacrament.

We shouldn't focus on achieving goals, counting how many retreats we've done or how many times we've been to Burundi. It's about asking the Lord for the grace and the tools to live out what we feel called to do. From that personal encounter with Christ and that relationship with Him, everything else will spring. Each person will live it according to their gifts. Some will have very visible talents, but there are others that are equally valuable even if no one sees them.

The important thing is to nurture that relationship and allow the Lord, with who we are and what we have, to make us a light for the world. But we shouldn't focus on the light itself, but on the source of the light.

Tell us about Komera…

–Komera was born twenty years ago, as a result of a first trip to Burundi in 2007. We didn't go with the idea of forming an association or starting a project. We were a group of friends who decided to travel to Burundi.

Upon returning, we were deeply affected by what we had experienced and wondered what we could do with all that we had received. We felt we were bearers of a grace that couldn't remain only within ourselves. We didn't want it to be just a summer experience, followed by Interrail, an internship, or some other plan. Life has a way of putting things in their place, but we all felt that it was too much to keep to ourselves. We could only share it.

That's how Komera was born, very spontaneously, as a result of that first trip. We returned to Burundi the following year and continued repeating the experience, while launching small projects.

At that time we were students and didn't have much experience. We started by doing what we could. For example, we organized a children's camp under a tree because there was no school. We played with them and taught them outdoors. Then we realized that a school was needed and wondered how we could help build it.

Each of us contributed what we knew how to do: I could organize a play, my cousin sang, my uncle was a businessman… That's how we pooled our skills. That first year we built a school and started developing small projects.

Over these twenty years, everything has grown. We've been able to undertake more volunteer and mission trips, and also launch increasingly larger projects. At the same time, we ourselves have grown in our personal lives.

ColumnistsSantiago Zapata Giraldo

La participación cristiana en la sociedad

El cristiano no puede desentenderse de la sociedad: está llamado a transformarla desde la caridad, la prudencia y el compromiso con el bien común.

18 de October de 2026-Reading time: 5 minutes

Cada vez vemos que la sociedad se envuelve en un egoísmo que no deja en realidad avanzar, luchas por ideas diferentes o por opiniones que no agradan a un cierto grupo. Pero ¿es necesario que un cristiano este en estos aspectos? Si nos fijamos podríamos decir que no, o simplemente pasar y preocuparme de mi vida cristiana, pero ¿eso está bien?

La participación de todos los ciudadanos no puede envolverse en la excusa de que no le corresponde, porque en una sociedad cada individuo es importante. Pero ¿Qué es una sociedad para un cristiano? Si nos vamos al catecismo en el encontramos una explicación preciosa: “Algunas sociedades, como la familia y la ciudad, corresponden más inmediatamente a la naturaleza del hombre. Le son necesarias. Con el fin de favorecer la participación del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar, alentar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa” (1882) la sociedad hace parte de la naturaleza del hombre, entonces ¿Por qué no participar activamente en ella? 

El cristiano está llamado a participar en el mundo, pero no de una manera de odio, sino más bien demostrar que la sociedad se abarca desde una perspectiva del bien, “abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección” (GS 74) 

Si nos fijamos, el vivir en comunidad está previsto no como algo meramente externo, por facilidad o simplemente por gusto, sino que trae consigo la relación entre personas que logra encarnar que somos imagen de Dios, y esto, de modo no se olvida de la igualdad y la dignidad que tiene cada persona humana por el simple, pero al mismo tiempo grandioso hecho de ser pensado e hijo de Dios. En esto entra la prudencia, que si nos vamos a santo Tomas nos encontramos que es algo que no corresponde a un propio parecer, sino más bien al del bien común, “dado que es propio de la prudencia deliberar, juzgar y ordenar los medios para llegar al fin debido, es evidente que la prudencia abarca no sólo el bien particular de un solo hombre, sino el bien común de la multitud” (Summa Theologiae, II-II, q. 47, a, 10) el pensar en el bien común, es también atender a la caridad, sabiendo en cada momento lo que más conviene, analizando arduamente la necesidad de los demás, que atiende a un mandado divino. Esta virtud cardinal pone en práctica nuestro juicio, por lo tanto no está algo hecho para mí solo, sino también para el servicio a los demás. 

Si nos fijamos nuestra vida diaria, cotidiana, está llena de juicios donde la prudencia está presente, y es donde muchas veces pensar en el otro también es necesario para una sana participación, el empaparse del mundo, del sonido del mundo, del saber del mundo sin llegar a ser un mundano, es también una característica de nuestra vida ordinaria. 

La prudencia entra además en el derecho de participar activamente del futuro de una sociedad, de su organización y de su representación, y ver cuando algo de lo que hacen parte como la sociedad, no defiende lo más importante; la dignidad de cada  persona, eso cada uno es importante: “Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer una justa crítica de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad” (CCE, 2238) nuestro deber no solo es participar cuando todo fluye correctamente, sino también con la prudencia establecer aquello que ataca a la integridad de la sociedad, y sus bases que son las personas, con su dignidad, desde su concepción hasta su muerte, porque es sagrada.

En esto, un texto importante fue Caritas in veritate, de Benedicto XVI, cuando lograba encontrar esa conexión entre el bien común, la vocación y la participación. Todo cristiano, está llamado a la caridad, pero, como dije antes, esto no es simplemente ayudar económicamente a un desfavorecido, sino también ayudar en la sociedad a que cada vez sean menos lo que están desfavorecidos, cada uno desde la vocación de donde el Señor ha suscitado. “Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad” (Caritas in veritate, 7) la exigencia de cada uno, de ser partícipes de una misma realidad, es contribuir al fin y al cabo de una esperanza que es que cada uno conozca el bien y que su dignidad no sea vulnerada por esa falta de justicia y equidad. 

Es importante pensar también en que vivimos tiempos donde la conciencia del bien común cada vez se ve más degradada por un constante egoísmo, de igual forma por un querer efímero de las cosas, rápidas y pasajeras que abandonan completamente el pensar en el otro sino más bien satisfacer las necesidades mías. Es un error pensar en que solo en la sociedad con que se sacie mi persona, en muchos casos el yo, se puede llegar a un progreso, es casi irracional pensarlo, “cuando se considera la naturaleza, y en primer lugar al ser humano, fruto del azar o del determinismo evolutivo, disminuye el sentido de la responsabilidad en las conciencias” (Caritas in veritate, 48) si pensamos en que la naturaleza tiene detrás una mente divina, empezaremos a ver que en realidad es un don que se da gratuitamente, en cambio si pensamos en el azar, no pensamos en lo divino, y se abaja tanto la dignidad de la persona que logramos pensar que podemos jugar con ella como si fuéramos dueños de la misma. Por tanto, la conciencia de una creación divina es importante para pensar en el progreso y el bien común. ´

Un papel importante y es algo que además podemos pensar es de la libertad, para decidir y para juzgar, para opinar y también para actuar. Aquí si nos fijamos la prudencia se incrusta de forma esencial en las decisiones que hagamos con libertad. En esto san Josemaría nos dice: “Un hombre sabedor de que el mundo —y no sólo el templo— es el lugar de su encuentro con Cristo, ama ese mundo, procura adquirir una buena preparación intelectual y profesional, va formando —con plena libertad— sus propios criterios sobre los problemas del medio en que se desenvuelve; y toma, en consecuencia, sus propias decisiones que, por ser decisiones de un cristiano, proceden además de una reflexión personal, que intenta humildemente captar la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida” (conversaciones, 116) es ver en cada momento, el formar el carácter que cada momento necesita ante todo para lograr hacer del trabajo y de la vida ordinaria un lugar para hacer mostrar la voluntad de Dios, y es ahí, donde la voluntad de Dios se impone como referente, es ahí donde se ve el bien común. Una sociedad que se olvida de estos factores, como el trabajo o el enriquecimiento intelectual para ayudar al bien común nunca lograra llegar a ese bien.

Por lo tanto; el ser cristiano y más como nosotros en medio del mundo no puede estar inscrito a una realidad que nos es ajena, es más bien esto un pensamiento egoísta de la relación caridad y prudencia. No pensamos en el otro y al mismo tiempo pensamos en una visión egocéntrica de mi bien.

Somos hermanos en Cristo, hijos de Dios y vivimos en una sociedad, que nos ayuda a crecer y reconocer en las dos primeras cosas. La sociedad o más bien la realidad humana no le quita nada al hombre, antes le da. Siempre que pensemos en que todos somos participes de algo en donde no solo estoy yo, sino que están otros.

Así podremos traer al hecho la afirmación de san Agustín “Decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo” (sermón 80). Esto en realidad es lo que pasa hoy, no podemos quejarnos y condenar una sociedad cuando nosotros somos parte de la sociedad, nos estamos viendo a nosotros mismos, pero cada uno aporta desde lo que pueda dar de los talentos que le ha dado el Señor (Cf. Mt 25, 14-30). Los mejores talentos, aunque sea solo uno, es la mejor expresión de cómo actúa el Señor de nosotros como instrumentos,  y en esto que mejor ejemplo como lo son los santos lo supieron dar y en especial santa María, que supo ser instrumento fiel del Señor hasta el final.

The authorSantiago Zapata Giraldo

The Vatican

El Papa recibe el alta hospitalaria y se despide del Gemelli

León XIV regresará este sábado al Vaticano para continuar su recuperación y rezará el Ángelus desde la residencia pontificia este domingo.

Editorial Staff Omnes-17 de October de 2026-Reading time: < 1 minute

Cuatro días después del ingreso de León XIV en el policlínico Gemelli para ser operado de un cáncer de pulmón, los médicos han informado que el Santo Padre puede recibir el alta hospitalaria tras evaluar su evolución postoperatoria.

El doctor Luigi Carbone y el profesor Stefano Margaritora han comunicado que, a la vista de los análisis de sangre y la radiografía de tórax realizados esta mañana, así como de la evaluación del cuadro clínico, se considera que el Papa está en condiciones de abandonar el hospital.

Esta tarde, León XIV ha abandonado el Policlínico Universitario Agostino Gemelli y ha regresado al Vaticano, donde continuará su recuperación.

Al despedirse, el Santo Padre ha dado las gracias al profesor Stefano Margaritora, que llevó a cabo la intervención, así como al equipo médico y de enfermería. También se ha despedido del personal sanitario, de la rectora de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, la profesora Elena Beccalli, y de los responsables del Policlínico Universitario Agostino Gemelli.

Mañana, domingo 18 de octubre, el Pontífice recitará la oración del Ángelus desde el Palacio Apostólico.

The World

“No hay zona del mundo que no necesite evangelización”

El P. Nowak, secretario de la Sociedad para la Propagación de la Fe, que organiza el DOMUND, explica los retos hoy de la misión

José María Navalpotro-17 de October de 2026-Reading time: 5 minutes

Hace ahora un siglo el Papa Pío XI instituyó el DOMUND el penúltimo domingo de octubre. Este año es el 18 de octubre. En ese día toda la Iglesia reza especialmente por la causa misionera y organiza una colecta para cooperar con ella. Con estos fondos se sostiene la Iglesia en los 1.133 territorios de misión en el planeta. El P. Tadeusz J. Nowak, secretario general de la Obra Pontificia de Propagación de la Fe, explica cuál es el significado de la misión hoy.

La organización del DOMUND está encargada a Obras Misionales Pontificias (OMP). En 2025, el fondo de la Obra de Propagación de la Fe, el DOMUND, recogió 69,8 millones de euros en todo el mundo, que se repartieron en proyectos. De esta cantidad, 10,7 millones de euros proceden de España, segundo país que más aporta. Los frutos de esta labor no son solo económicos, de ayuda a las misiones, sino también de concienciación entre los fieles, como subraya el P. Nowak.

Desde 2017, el P. Tadeusz Jan Nowak es Secretario General de la Sociedad para la Propagación de la Fe, que depende de Obras Misionales Pontificias. Nacido en Cracovia, Polonia, en 1956, es religioso de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Ha ejercido como sacerdote en Canadá, y ha desempeñado cargos de gobierno en su congregación. Desde 2010 trabaja en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en Roma.

Posee una visión universal de la misión. ¿Cuál es la prioridad de la misión hoy en día? ¿La evangelización de los pueblos indígenas, de las regiones desarrolladas sin presencia católica, de las zonas fuertemente islamizadas…?

-Al ascender al Padre, Cristo Resucitado encomendó a sus discípulos que “fuesen y hiciesen discípulos a todas las naciones”. Esta es la prioridad de la Iglesia, que es misionera por su propia naturaleza. En este sentido, el mundo entero es la prioridad, porque los bautizados están llamados a cumplir este mandato, estén donde estén.

Sin duda, hay zonas del mundo donde el Evangelio aún no se ha proclamado ampliamente. En otras, la gente ha escuchado el Evangelio y la Iglesia se ha implantado recientemente. Por último, hay zonas donde la Iglesia cuenta ya con cientos de años de antigüedad, pero hoy en día muchos de los bautizados se han desanimado y se ven muy afectados por la secularización. En todas estas zonas existe una gran necesidad de una primera evangelización y de una evangelización continua.

¿Hay territorios que dejen de ser de misión debido al crecimiento de la Iglesia?

-No hay ninguna zona del mundo que no necesite evangelización. Sin embargo, en algunas partes la Iglesia es bastante joven, como en Asia, África, las islas del Pacífico y pequeñas zonas de Sudamérica. Estas Iglesias siguen necesitando ayuda para fortalecer y consolidar sus infraestructuras eclesiales. Estas son las que reciben el apoyo material de Obras Misionales Pontificias.

También añadiría que los bautizados en Iglesias que ya no dependen del Dicasterio para la Evangelización siguen necesitando una evangelización continua. Y eso forma parte igualmente de la tarea de las OMP: reavivar y renovar el espíritu misionero en los fieles, también en Iglesias de antiguas raíces cristianas.

“Territorios de misión”

¿Qué criterios se aplican para designar un territorio de misión? ¿Se está revisando actualmente este concepto?

-Los territorios que dependen del Dicasterio para la Evangelización, de la sección de primera evangelización e iglesias nuevas o jóvenes, son lo que se podría llamar “territorios de misión”. Lo son porque las Iglesias de esas regiones siguen dependiendo de la ayuda de la Iglesia universal, tanto para la construcción de infraestructuras eclesiales como para llevar a cabo con eficacia sus planes pastorales. Como he mencionado anteriormente, entre ellas se incluyen las Iglesias de Asia, África, Oceanía (excluida Australia) y algunos vicariatos apostólicos de América Latina.

Cuando las Iglesias particulares que dependen del Dicasterio para la Evangelización alcanzan la autosuficiencia, solicitan pasar a depender del Dicasterio para los Obispos. Esto es lo que ocurrió históricamente con las Iglesias de Australia, Brasil, Canadá, Estados Unidos, etc.

Al repasar este siglo de existencia de las Obras misionales Pontificias (OMP), ¿cuáles son sus principales logros?

-Han contribuido a que los fieles sean más conscientes de su responsabilidad misionera. Han despertado en sus corazones el deseo de participar en la tarea misionera de la Iglesia universal mediante sus oraciones, sacrificios y ofrendas materiales. El compromiso de los fieles de todo el mundo es uno de los logros más importantes de Obras Misionales Pontificias.

Otro logro importante es su participación en la construcción de miles de iglesias, capillas, presbiterios, conventos, clínicas, escuelas y centros pastorales, así como en la adquisición de vehículos para misioneros. De este modo hemos contribuido a impulsar la misión de Cristo en todo el mundo.

Otro logro importante es la gestión de cuatro colegios romanos y un centro de animación misionera, donde se acoge a cientos de sacerdotes y religiosas procedentes de países de misión para que completen sus estudios superiores. Tras obtener títulos superiores en teología y pastoral, regresan a su Iglesia local en los territorios de misión.

El principal reto

¿Cuál es el principal reto de OMP en la actualidad?

-Hay muchos. El primero es dar a conocer mejor las OMP en toda la Iglesia universal y en cada Iglesia local. Dado que el dinero que los fieles ofrecen a Obras Misionales Pontificias no lo destinamos a publicidad, nuestro reto consiste en involucrar más a los directores y a su red de voluntarios para dar a conocer la labor de las Obras.

Este reto conduce a otro: el de fomentar una participación y un apoyo más enérgicos a las Obras Misionales Pontificias a través de las oraciones, los sacrificios y las ofrendas materiales de los fieles. Las OMP se dedican a prestar apoyo al Santo Padre en su preocupación por la misión de la primera evangelización y el cuidado de las Iglesias jóvenes. Hoy en día, sin embargo, hay miles de ONG y otras organizaciones que solicitan fondos para diversos fines caritativos. Esto hace que fomentar las ofrendas en apoyo de las Obras Misionales Pontificias suponga un reto importante.

En los territorios de misión, ¿hay vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa?

-La Iglesia en África y en muchas partes de Asia rebosa vida y ha sido bendecida con numerosas nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. De hecho, muchos sacerdotes de estos países han sido enviados a naciones de Europa y América del Norte para ayudar a revitalizar iglesias con raíces más antiguas. Esta es la belleza de la Iglesia universal y del intercambio mutuo de recursos.

Hoy en día, con la globalización, muchos de los territorios de misión son más fácilmente accesibles, e incluso son destino profesional de laicos que acuden allí a trabajar y a formar una familia. ¿Es perceptible este cambio —esta “evangelización informal” — a través de la labor de los laicos?

-La participación de los laicos enviados desde zonas de antiguas raíces cristianas a países donde la Iglesia es joven es un verdadero don del amor de Dios. Muchos católicos jóvenes, de mediana edad e incluso mayores, procedentes de América del Norte y Europa, se encuentran en estos momentos en África y Asia, dedicados a la enseñanza, a la asistencia sanitaria, a la catequesis y al apoyo a centros misioneros y parroquias. Muchos institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica cuentan con asociados laicos que viajan a países de primera evangelización para realizar labores misioneras.

También hay movimientos laicales en la Iglesia que han enviado a sus miembros para apoyar a las iglesias en los territorios de misión. La misión es una tarea de todos los bautizados: obispos, sacerdotes, hombres y mujeres consagrados y fieles laicos.

P. Tadeusz J. Nowak @ CNS photo/Paul Haring.
Culture

Científicos católicos: Antonia María Medina Ortega

Antonia María Medina Ortega fue una científica española licenciada en Ciencias Químicas con el expediente más brillante de su promoción.

Alfonso Carrascosa-17 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

Antonia María Medina Ortega (1929 – 1992) fue una científica española que se licenció en Ciencias Químicas en la Universidad de Granada con el expediente más brillante de su promoción. A continuación, se incorporó como becaria a la Sección de Granada del Instituto de Edafología, donde se inició en la investigación bajo la dirección del Gutiérrez Ríos, también científico católico. Después de obtenido el título de Doctor, se trasladó a Madrid, en 1950, al Instituto de Edafología, Ecología y Fisiología Vegetal (IEEFV), donde continuó el desarrollo de su formación en la investigación científica, esta vez bajo la dirección del padre Albareda. Al año siguiente ganó una oposición a Colaborador Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Antonia hizo varios viajes. Primero recorrió una serie de laboratorios en Bélgica y Holanda, en los que se perfeccionó en diversas técnicas analíticas. De vuelta al CSIC, se centró en el metabolismo vegetal. Pasó un año trabajando con Alberto Sols, experto enzimólogo, y después se dedicó durante dos años al estudio de los sistemas enzimáticos de la reducción de nitrato a amoníaco con el doctor D. J. D. Nicholas, en la Long Ashton Research Station de Bristol, Inglaterra.

En 1957 regresó a España y trabajó en la Sección de Bioquímica Vegetal del Departamento de Enzimología del Centro de Investigaciones Biológicas, donde publicó resultados en la mejor revista internacional de Bioquímica. Poco después participó en el Congreso Internacional de Bioquímica de Viena (1958), y en un Simposium sobre metabolismo del nitrato, en Inglaterra, al que Antonia fue invitada.

Entonces emprendió su tercer viaje, a Estados Unidos, donde más activamente se cultivaba la Bioquímica. Pero padeció aplasia medular, una grave enfermedad que afrontó con gran entereza: «esperanzas, las que el médico me da puede ser que reaccione o que no …, aquí estoy esperando lo que Dios quiera». Y cuando llegó la hora, murió, en palabras de un compañero que estuvo a su lado: «cómo si se durmiese. Y fue muy valiente: ni una lágrima, ni una queja».

Sus principales resultados científicos fueron reseñados y recogidos en importantes medios de comunicación científica, a la vez que miembros de los centros donde trabajó se deshicieron en elogios hacia la figura de esta gran investigadora con motivo de su muerte.

The authorAlfonso Carrascosa

Spanish National Research Council (CSIC).

Family

Casi la mitad de los españoles no llegaría a casarse, según un informe del CEU

El estudio analiza cincuenta años de caída del matrimonio y la natalidad, y propone medidas para recuperar la familia

Inmaculada Sancho Gómez-17 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

De mantenerse las pautas actuales, cerca de la mitad de la población española no llegaría a contraer matrimonio, y en torno al 40% de las mujeres que hoy están en edad fértil podría terminar su vida reproductiva sin hijos. Hace cuatro o cinco décadas, esa proporción no llegaba al 10%. Son dos de las conclusiones de “Hundimiento y recuperación de la familia”, el informe que el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social de la Fundación Universitaria San Pablo CEU (CEU CEFAS) ha dado a conocer este miércoles.

El trabajo, elaborado principalmente por el responsable de Estudios y Análisis Sociales del centro, Alejandro Macarrón Larumbe, analiza la evolución de la familia en España durante los últimos cincuenta años. Se basa sobre todo en estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE), completadas con datos de organismos internacionales, estudios académicos y estimaciones propias.

Menos bodas, más tarde

En 1976, más del 85% de los españoles estaba casado antes de cumplir los 30 años; hoy, menos del 15%. La edad media al primer matrimonio se sitúa ya en los 37,3 años en los hombres y en 35,1 en las mujeres, más de diez años por encima de la de entonces.

El informe dedica también un apartado al matrimonio religioso. A finales de los años noventa, unas tres cuartas partes de las bodas se celebraban por la Iglesia. En 2024, solo el 16,9% de los matrimonios entre personas de distinto sexo fueron religiosos, una cifra que incluye además a otras confesiones.

La caída de la natalidad corre en paralelo. Actualmente, las españolas de nacimiento tienen 1,07 hijos de media, frente a los 2,77 de 1976 y lejos de los 2,1 necesarios para el relevo generacional. Hoy nacen un 68% menos bebés de madres nacidas en España que a mediados de los ochenta, y en provincias como Asturias, Ourense o Vizcaya la caída supera el 80%.

Para Macarrón, estos datos no pueden leerse por separado: “La caída de la natalidad no puede analizarse de manera aislada. Se forma pareja y se contrae matrimonio más tarde, aumenta la probabilidad de ruptura y se tienen menos hijos. El resultado es una transformación profunda de las redes familiares que tiene consecuencias sobre el envejecimiento, la soledad, la vivienda y la capacidad de apoyo entre generaciones”.

Rupturas y hogares de una sola persona

Según las estimaciones del estudio, en torno a la mitad de los matrimonios celebrados en España termina disolviéndose. Algo más de uno de cada tres se rompe antes de cumplir veinte años. El informe calcula que entre 3,5 y 4 millones de niños y jóvenes se han visto afectados directamente por la separación de sus padres en las últimas cuatro décadas, contando tanto los matrimonios como las parejas de hecho. El estudio se detiene en las consecuencias de estas rupturas, sobre todo cuando hay hijos dependientes. Entre ellas, señala la pérdida de renta que supone mantener dos hogares, menos tiempo de convivencia diaria con uno de los padres y, en algunos casos, un mayor riesgo de dificultades emocionales y escolares.

Todo ello se refleja en la composición de los hogares. A finales de 1970 había en España unos 660.000 hogares unipersonales, el 7,5% del total; en abril de 2026 se acercaban a los 5,65 millones, el 28,5% de los hogares. El tamaño medio del hogar ha pasado de 3,9 a 2,5 personas, y el estudio estima que alrededor del 18% de los niños de las nuevas generaciones serán hijos únicos.

El cambio tiene también un coste económico. Según el informe, las actuales pautas de formación y ruptura familiar hacen necesarias más de tres millones de viviendas adicionales respecto a las que se necesitarían con los patrones de hace medio siglo. Si todas ellas se pagaran en alquiler, el desembolso equivaldría a entre 21.000 y 30.000 millones de euros al año, entre el 1,5% y el 2% del PIB.

Qué propone el informe

A partir de este diagnóstico, el informe sostiene que la caída de la nupcialidad, el aumento de las rupturas y el descenso de la fecundidad son procesos que se refuerzan entre sí, y plantea varias líneas de actuación. La primera es cultural: revalorizar el matrimonio estable y temprano, y difundir sus ventajas también en el ámbito educativo. A ella se suman un tratamiento fiscal más favorable a los matrimonios con hijos y ayudas de acceso a la primera vivienda para los jóvenes que se casen, con incentivos que serían máximos entre los 20 y los 30 años y desaparecerían a partir de los 35.

En el terreno legal, el estudio propone reformar la regulación del divorcio para introducir periodos de reflexión, mediación y medidas que favorezcan la reconciliación. Cuando haya hijos menores, los plazos serían más largos, salvo en casos de violencia o malos tratos. Plantea además establecer la custodia compartida como regla general y dar preferencia en la custodia y el uso de la vivienda al cónyuge que no haya pedido el divorcio si la ruptura es unilateral. Propone también simplificar los trámites para que dos personas divorciadas que se reconcilien puedan volver a casarse.

El papel de la religión

Según los datos que recoge el informe, las personas creyentes y los matrimonios celebrados por la Iglesia presentan más estabilidad y más hijos que la media. Por eso, el estudio pide a los responsables políticos y a quienes influyen en la opinión pública que eviten actitudes hostiles hacia la religión y que vean en las comunidades religiosas posibles aliados de la política familiar. También invita a la Iglesia a seguir reflexionando sobre las causas del descenso de la práctica religiosa y sobre los modos de transmitir el mensaje cristiano en la sociedad actual.

El documento advierte de que ninguna de estas medidas basta por sí sola para invertir tendencias consolidadas durante décadas, y que su eficacia depende de que se apliquen de forma conjunta. CEU CEFAS dedicará un próximo informe monográfico a la natalidad.

ColumnistsEloy Asenjo, Carpenter

Eyes wide open

Vivir despiertos, vivir asombrados: la contemplación en la vida ordinaria no exige huir del mundo, sino cambiar la mirada.

17 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

Ya caminamos hacia el centenario del Opus Dei. La reciente indicación del Prelado nos invita a un horizonte claro: esta celebración, que «abarcará desde el 2 de octubre de 2028 hasta el 14 de febrero de 2030, cuando se cumplirán cien años del comienzo de la labor del Opus Dei con mujeres», es una llamada a vivir como «almas contemplativas en medio del mundo, capaces de descubrir la presencia de Dios tras los rostros y las ocupaciones de cada jornada».

Sin embargo, frente a esta llamada, con frecuencia podríamos caer en la tentación de confinar la contemplación al silencio de los claustros, a los retiros en la naturaleza o a momentos extraordinarios de oración donde el mundo exterior parece desvanecerse. Nos imaginamos al sabio retirado o al místico arrebatado, ajeno al bullicio de la calle, a las correcciones de exámenes, a las facturas o al atasco matutino. Reducir la contemplación a una fuga de la realidad es ignorar lo que recordaba Santa Teresa de Ávila a sus hermanas al afirmar que «también entre los pucheros anda el Señor».

Llevar a la práctica esta contemplación en el asfalto exige recuperar una actitud elemental que los clásicos ya identificaban como el origen de todo conocimiento y de toda sabiduría: el asombro (thaumazein). Pero ese asombro no ocurre solo cuando contemplamos un cielo estrellado en verano; brota también —y con más exigencia— cuando somos capaces de mirar de frente lo cotidiano sin dejarnos cegar por la prisa.

Hace tiempo lo entendí con claridad meridiana en el salón de casa. Estábamos reunidos siete adultos alrededor de mi sobrino mayor cuando este era un bebé de pocas semanas. Aquella escena tenía algo de magnético: siete personas adultas, con sus preocupaciones, sus trabajos y sus prisas, capaces de pasar horas enteras mirando fijamente a una criatura que apenas hacía unos breves gestos, unos leves gemidos o algún que otro lloro. No producía nada, no argumentaba, no rendía cuentas. Y, sin embargo, las cuatro horas que estuvimos allí contemplándolo pasaron en un suspiro, como si el reloj se hubiera detenido.

En aquella pequeña experiencia doméstica comprendí intuitivamente lo que es la verdadera contemplación: estar presente ante el misterio de la vida sin exigirle utilidad, suspendiendo la tiranía del reloj. Como recordaba san Josemaría Escrivá, «es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a los hombres». La vida ordinaria no es el paréntesis incómodo entre un rato de oración y el siguiente; es precisamente el lugar donde Dios se nos hace el aparecido.

Contemplar lo cotidiano significa recuperar esa mirada limpia y pausada frente al funcionalismo en el que incansablemente nos instalamos. Vivimos midiendo el valor de cada hora por su rendimiento, de cada gesto por su utilidad y de cada persona por lo que nos aporta. Frente a esta dictadura de la eficacia, la contemplación introduce una pausa subversiva.

Ya lo señalaba el Concilio Vaticano II en la constitución Lumen gentium, al insistir en que «todos los fieles cristianos, en las condiciones, circunstancias o género de vida de su existencia, se van santificando más y más cada día».

Descubrir la hondura de lo pequeño implica entender que un café compartido con un compañero triste, la corrección paciente de un ejercicio escolar, el cuidado de un familiar anciano o el silencio cómplice en casa al final de la jornada no son meros trámites, sino materia sacramental.

Para el cristiano, el mundo no es un escenario plano ni una suma de recursos a explotar, sino una creación que gime y espera, un lenguaje cifrado donde el Creador nos habla en voz baja. San Agustín decía que «Dios está dentro de nosotros y nosotros estamos fuera».

Contemplar consiste precisamente en emprender el camino de vuelta a casa, habitando nuestra propia vida con atención y agradecimiento. No hace falta cambiar de escenario; lo que urge cambiar es la óptica.

Ahora bien, sostener esta mirada cuesta lo suyo entre las prisas de cada jornada. Afortunadamente, no caminamos solos: contamos con la ayuda inestimable de nuestro ángel custodio, cuya ocupación eterna es contemplar la faz de Dios. Tratarle como a un amigo —recordando aquello de «¡ten confianza con tu Ángel Custodio! Trátale como a un entrañable amigo —¡lo es!— y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos de la jornada»— nos adentra de lleno en la infancia espiritual. Al fin y al cabo, como recordaba el fundador de la Obra, «la piedad es la virtud de los hijos y para que el hijo pueda confiarse en los brazos de su padre, ha de ser y sentirse pequeño, necesitado».

De la mano de nuestro custodio y con esa sencillez de niños, recuperamos el asombro necesario para pisar el asfalto y mirar las cosas y a las personas como lo haría Jesús Niño, Adolescente o Adulto, deseando ardientemente vivir en continua contemplación en mitad de nuestras ocupaciones.

Quizá el gran reto de nuestro tiempo no sea encontrar momentos extraordinarios de paz, sino aprender a encender la luz de la atención en mitad de la penumbra del día a día. Porque el que sabe mirar el mundo con esa sencillez de niño —dejándose llevar de la mano de su custodio— descubre que, bajo el polvo de la rutina, late una presencia inquebrantable que sostiene cada latido de nuestro corazón.

The authorEloy Asenjo, Carpenter

The World

La llamada a ser contemplativos en el mundo, en la primera carta ante el centenario del Opus Dei

Mons. Fernando Ocáriz publica una pastoral que subraya la necesidad de la contemplación en medio de las realidades terrenales.

José María Navalpotro-16 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

La contemplación es el centro de la carta pastoral que el prelado del Opus Dei Msgr. Fernando Ocáriz ha firmado el 16 de octubre de 2026. Se trata de una cuestión nuclear en el espíritu de la Obra, a la que dedica esta primera carta como preparación para el centenario, que se cumplirá en 2028.

El texto se estructura en trece apartados, que recorren la oración de Jesús y la experiencia de St. Josemaría, la búsqueda de Dios en la vida ordinaria, los medios para crecer en la contemplación y sus frutos en la caridad y el apostolado.

Mons. Ocáriz subraya que la vocación al Opus Dei “nos lleva a desear vivir la contemplación en medio de nuestras circunstancias ordinarias”. Una contemplación que no se entiende como “un esfuerzo puramente intelectual ni una especulación abstracta. La contemplación es una mirada llena de afecto, un ver que nace del amor”.

Recuerda que San Josemaría se fijaba especialmente en Cristo durante los treinta años de su vida oculta. “Esa vida de Jesús, María y José es contemplativa y, a la vez, tan normal, sin nada extraordinario”, afirma. En este sentido, asegura que los miembros del Opus Dei, y quienes se acercan a sus apostolados, están llamados “a ser contemplativos itinerantes, a vivir en diálogo con Dios en medio de los caminos de nuestras ciudades y de la agitación de nuestra vida; a estar siempre con Dios allí donde estemos: en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestros ambientes”.

La oración más elevada

El prelado hace referencia a las profundas experiencias de oración que vivió San Josemaría en medio de la agitación del mundo. Precisamente la carta pastoral está fechada un 16 de octubre, 95 aniversario de un momento significativo. Lo recogió el propio fundador del Opus Dei en un texto autobiográfico: “La oración más subida la tuve […] yendo en un tranvía y, a continuación, vagando por las calles de Madrid, contemplando esa maravillosa realidad: Dios es mi Padre”.

Mons. Ocáriz apunta como dificultad para vivir esta contemplación la actual tendencia al activismo, “a empeñar la vida únicamente en el trabajo”. A ello se suman los efectos de la constante presencia de tecnologías. Todo ello lleva a que se hable de “una auténtica crisis del recogimiento y de la atención, que es un bien tan necesario para la vida interior y para el amor a los demás”.

En estas circunstancias, gran parte del mundo de hoy está buscando dar un sentido a la vida que vaya más allá de la actividad febril. “Esto puede explicar, al menos en parte, el interés por lo ‘espiritual’ que se observa en algunos países desde hace ya algunas décadas”. Junto a ello, se ven muchos signos de un despertar del sentido religioso, un redescubrimiento de la importancia de Dios para la vida del hombre, una exigencia de espiritualidad, afirma el prelado con palabras de Benedicto XVI.

En definitiva, Mons. Ocáriz recoge la idea de San Josemaría, quien “invitaba a todos los cristianos a ‘ser almas de oración’, almas contemplativas en medio del mundo”. “En realidad, vivimos unas circunstancias muy favorables —el mundo nos lo está reclamando— para transmitir esa visión”, afirma. Porque, ante esa sed de espiritualidad, “se hace especialmente necesario el anuncio de la invitación de Dios a ser contemplativos en medio del mundo”.

No es algo exclusivo

El prelado advierte que “la contemplación no está reservada a unos pocos iniciados, ni es una meta solo para quienes se retiran del mundo”. El deseo de ver a Dios, afirma, “se encarna en el centro de las actividades cotidianas. Nos encontramos con el Señor en la mesa de trabajo, en el cuidado de la familia, en las relaciones sociales y en el descanso. El amor nos lleva a descubrir la mirada de Cristo que nos contempla y nos invita a responderle con la nuestra”.

La carta advierte sobre el riesgo de confundir la contemplación con una evasión sentimental de los deberes cotidianos, o con un refugio en ideales abstractos. “Dios no nos pide que miremos a las nubes en un ensueño ineficaz, sino que alcemos los ojos al cielo precisamente a través de lo que vivimos, lo que tenemos entre manos; también a través de los imprevistos y los reveses de cada día”.

Reproduce unas palabras de gran fuerza de San Josemaría: “No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca”. “Por eso -continuaba- puedo deciros que necesita nuestra época devolver a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo”.

“En definitiva, la contemplación no nos desentiende de nuestras responsabilidades terrenas; por el contrario, nos lleva a vivirlas con esfuerzo y con cariño, porque las vemos y las amamos con Dios, y desde Dios”.

Con el fin de alcanzar esa contemplación, el prelado sugiere, por un lado, “la fidelidad a la oración mental diaria. Necesitamos esos tiempos exclusivos de encuentro a solas con Dios”.

Y, en segundo lugar, cultivar la conciencia de la presencia de Dios a lo largo del día, con “la búsqueda activa de momentos de silencio, la fortaleza para permanecer en una misma actividad, la perseverancia en un trabajo constante, la humildad para escuchar, el contacto con la naturaleza, la apertura a la amistad sincera, entre tantos otros caminos”.

No se trata de centrarse en uno mismo: "La vida contemplativa no cierra al cristiano en un intimismo individualista”. “San Josemaría nos recuerda que no podemos separar el amor a Dios del amor a los demás”, añade.

En este sentido, la carta delinea la relación entre contemplación y la dedicación a los demás: “nuestra contemplación se prueba en la calidad de nuestra caridad fraterna. La delicadeza en las relaciones con los demás, el respeto de su libertad, el espíritu de servicio alegre y la capacidad de escucha son manifestaciones concretas de una vida de oración sincera: muestran que vemos cómo Dios nos espera en los demás”

Por último, destaca: “podríamos decir que no ejercemos la contemplación: somos contemplativos. La contemplación no es algo que hacemos a ratos, junto a las demás cosas: es un modo de ser y de ver la vida, en Dios y desde Dios, que informa todo lo que hacemos, lo que vivimos, lo que sentimos. Por eso, contemplación, trabajo, fraternidad y apostolado son dimensiones de una única vida cristiana. Al contemplar a Dios en la oración, lo descubrimos en el trabajo, lo amamos en nuestros hermanos y lo anunciamos con gozo a todo el mundo”.

The World

Obispos latinoamericanos priorizan la salud del Papa antes que su visita

Arzobispos y obispos de la Iglesia católica en Uruguay (cardenal Sturla), Argentina (Mons. Musolino), y Perú (Mons. Edinson Farfán OSA, obispo de Chiclayo), han puesto en primer lugar la salud del Papa León XIV antes que su previsto viaje del 6 al 16 de noviembre, en un encuentro organizado por ACN Internacional.

Editorial Staff Omnes-16 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

Representatives of the Catholic Church from the three Latin American countries that Pope Leo XIV is scheduled to visit in early November (Uruguay, Argentina, and Peru) have today prioritized the health and recovery of the Holy Father over the apostolic journey approved by the Vatican a few weeks ago, and which has not been ruled out, given the improvement of the Pope.

Cardinal Daniel Sturla, Archbishop of Montevideo (Uruguay), Auxiliary Bishop Alejandro Musolino of Cordoba (Argentina), representing Cardinal Rossi, and Bishop Edinson Farfán, OSA of Chiclayo, have all agreed that they are waiting for guidance from the doctors and the Holy See.

The decision could be to give the green light to the visit, or to postpone it, or even a third possibility: an apostolic journey with a cut in the plan approved in each of the countries.

Full unity at the ACN wheel

In an online press conference, organized by ACN International (Aid to the Church in Need) and moderated by María Lozano, the speakers were completely in agreement and unified. At the end, when questioned by journalists, some complementary nuances emerged, which they also shared, including a third option.

The third way: lighten the journey

Cardinal Sturla has stated that if it is necessary to change the dates, January is not a good month for us (Uruguay) because it is very hot, people are on vacation, etc. December, February, or March would be good months for the visit, and we are also, of course, open to having the visit reviewed and having to lighten the Holy Father's schedule somewhat.

The auxiliary bishop of Córdoba, Bishop Musolino, agreed, adding that the concern would be maintaining the spirit of the People of God, who have shown such enthusiasm, and how to express gratitude and continue supporting the number of people who have worked and continue to work. And who will surely have to continue working. Maintaining the mobilization.

“We continue to pray for the Holy Father’s health, and we are attentive to any recommendations provided by the Holy See and the doctors. We always want the Holy Father to be healthy. The most important thing is that the Holy Father is well,” the Bishop of Chiclayo stated.

“The day after”. Uruguay, “a boost of hope”

Finally, the Uruguayan cardinal and the two bishops discussed the aftermath of the Pope's visit, answering questions from journalists. In other words, what will happen in their countries.

Cardinal Sturla noted that “we have a motto for the Pope’s visit: “I announce to you great joy.” The Pope’s visit can be in our country “a boost of hope for all believers, believers and non-believers alike. And I believe that this message of hope is expected. The other message is joy.”.

To experience the joy of faith also to "transmit to so many of our brothers and sisters who are searching and who need to perceive that faith is a source of joy and salvation.".

Argentina: “so that he too can enjoy the visit”

The auxiliary bishop of Córdoba had already said it several times, but he picked up the thread of hope once again: “We feel great hope for his presence, and we would like him to recover well. And whenever we can have him among us, may he also enjoy the visit, and may we enjoy his presence, and may he come to celebrate our faith, to confirm us in the faith.”.

“"May he be able to enjoy and experience the joy and hope that the Argentine people need," he added.

In response to a question from the media about the Argentine president, Javier Milei, and his relationship with the Church, Monsignor Musolino indicated that they had perceived "a good disposition" for the visit of Pope Leo XIV at all levels.

Peru: “bearing witness to communion in a culture of encounter”

“I thank ACN for this small space they have given us,” said the Augustinian bishop of Chiclayo, Monsignor Edinson Edgardo Farfán Córdova, whose diocese the current Pope headed for eight years.

The bishop of Chiclayo, a diocese that the Pope is scheduled to visit for several days, recalled the patron saint of Latin American and Peruvian bishops, Saint Toribio de Mogrovejo, whom Leo XIV also mentioned during his visit to Spain.

And in his response to the “day after,” the Augustinian bishop referred to the motto of the papal visit to Peru, “Let us open our hearts,” emphasized hope, and highlighted, almost in a special way: “Let us learn to live in communion. We human beings have to bear witness to communion through dialogue, through listening, fostering a culture of encounter.”.

It was an idea that Bishop Edinson Farfán reiterated on several occasions. 

Luis Vildoso, ACN's project manager for Latin America, thanked the bishops for their presence on the network and shared the excitement of so many people in these places for the Holy Father's visit. In his presentation, he had pointed out that one in two Catholics, 48 percent, live in this Latin American region.

The authorEditorial Staff Omnes

The World

León XIV pide a Putin un alto el fuego para asistir a la población de Oleshky

León XIV pide un alto el fuego en Oleshky para facilitar la entrada de ayuda humanitaria y evacuar a los civiles

Editorial Staff Omnes-16 de October de 2026-Reading time: < 1 minute

El Papa ha expresado su preocupación por la grave situación humanitaria en esta ciudad de la región ucraniana de Jersón y ha reclamado que se facilite la entrada de alimentos y asistencia médica, así como la evacuación segura de los civiles.

El Papa León XIV ha mantenido este viernes una conversación telefónica con el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, en la que ha manifestado su «profunda preocupación» por la grave situación humanitaria en la ciudad de Oleshky, en la región ucraniana de Jersón.

Durante la llamada, el Santo Padre ha pedido un alto el fuego que permita el envío de alimentos y asistencia médica a la población afectada, así como la evacuación voluntaria y segura de los civiles.

Por último, León XIV ha reafirmado el compromiso de la Santa Sede con la promoción del diálogo y la paz.

La ciudad, situada en la orilla oriental del río Dniéper, permanece bajo ocupación rusa desde febrero de 2022 y se encuentra cerca de la línea del frente. La población que continúa allí afronta una grave crisis humanitaria, marcada por la escasez de alimentos y medicamentos, los daños en las infraestructuras y las dificultades para acceder a servicios básicos. Los ataques con drones y la presencia de minas terrestres también hacen especialmente peligrosos los desplazamientos y las evacuaciones. Según organismos internacionales, la situación se ha deteriorado durante 2026, con importantes obstáculos para la llegada de ayuda humanitaria y la salida segura de los civiles.

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The World

“La mayoría de los conflictos tienen su origen en la pobreza”

Fidèle Podga Dikam, de Manos Unidas, analiza la relación entre la paz y la alimentación en el mundo

Virginia Gil-Nogués-16 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

¿Qué tiene que ver la paz con el hambre? ¿No son conceptos ajenos? Aunque parezcan realidades diferentes, la alimentación y la paz van de la mano. Lo acaba de analizar una mesa redonda organizada por Manos Unidas con expertos en desarrollo.

Fidèle Podga Dikam, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, ha sido uno de los ponentes en la “Mesa del Hambre” organizada en la sede de la Fundación Botín en Madrid con motivo del Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional de Erradicación de la Pobreza. Los participantes, especialistas en acción humanitaria y derechos humanos, analizaron cómo la violencia y los conflictos destruyen los sistemas alimentarios, y dialogaron sobre qué posibles acciones pueden proteger el derecho a la alimentación. Pogba explica a Omnes su visión sobre los sistemas alimentarios.

¿Qué resulta prioritario solucionar, las hambrunas o la violencia y los conflictos armados?

—Ambos aspectos van vinculados, pero, por prioridad, las hambrunas. Hay que salvar la vida del ser humano, porque si no lo otro no tendría mucho sentido. Las hambrunas no nacen como generación espontánea, sabemos dónde las va a haber. En vez de solucionarlas una vez acaecidas, vayamos a prevenir, porque también eso se puede hacer.

¿Es cierto que gran parte de las hambrunas están relacionadas con la guerra, al menos en la época contemporánea?

—El hambre es multicausal. Dependiendo de qué foco o momento, de qué contexto, de qué país, de qué zona, puede haber una causa mayor. Pero, en cualquier caso, el hambre en el mundo depende de una sola causa mayúscula, y se llama “sistemas alimentarios mundiales”. A través de ellos no se produce alimento donde se necesita para que la gente viva o coma según sus tradiciones culturales, sino que se produce donde no hace falta con el fin de vender excedentes. Por ejemplo, el trigo, el arroz, el azúcar, todos los alimentos prioritarios para la vida del ser humano vienen de fuera.

Hace años, Haití, uno de los países más pobres del mundo, vivía con su producción de arroz de una manera más o menos suficiente. Pero entonces empezó a llegar arroz de Estados Unidos y, dado que el tejido productivo del país es inexistente, dejó de producir. Los sistemas alimentarios sirven para productos que se exportan al norte: palma aceitera, algodón, e incluso campos para minería. Con lo cual, dichos sistemas producen hambre.

Cuestión de reparto, no de producción

¿Mantiene que el problema es el reparto, no la falta de producción de alimentos en el mundo?

—Una perspectiva global de análisis de recursos me permite decir que el problema es un reparto no equitativo. Producimos alimentos para dar de comer casi al doble de la humanidad y aun así no llega, porque precisamente los sistemas alimentarios nos obligan a tirar un tercio de nuestro alimento a la basura, para mantener los precios.

Por ejemplo, he estado en Mallorca y he visto barcos tirando plátanos al mar. A un nivel de análisis macroeconómico, podemos afirmar que el problema es de reparto, pero a un nivel real de la población, el problema es la incapacidad de producir donde el alimento falta. Por ejemplo, el acaparamiento de tierras que quitan a las poblaciones para otros usos. Ese es el tema de fondo, la incapacidad de invertir en la producción agrícola local para que la gente pueda vivir según sus tradiciones culturales.

Why?

—Porque detrás de los sistemas alimentarios está el conflicto y el cambio climático. El nexo común es un modelo de producción agrícola por el que uno produce barato donde la mano de obra no cuesta nada y vende donde saca grandes beneficios. Les da igual lo que coma la población. Y España, tarde o temprano, va a ser también víctima de hambre.

¿Cómo conseguir seguridad alimentaria a largo plazo?

—Es necesaria una educación para el desarrollo y transformación social, crear conciencia de que lo que uno hace aquí tiene repercusión allá. Hay que trasladar la idea de ‘come lo suficiente, come lo que necesitas; aunque tú lo puedas pagar, el mundo no puede’.

Por otro lado, atención inmediata al que muere de hambre: la dignidad humana está en juego, la vida está en crisis. Francia va a bajar los fondos para la cooperación a un 45 %, pero, ¿qué van a hacer los que dependían de esos fondos para una vida inmediata? ¿Dónde está la conciencia humana y el valor de la dignidad humana? Europa tiene que recuperar ese trasfondo ético que nos hable de lo que en realidad es el ser humano.

¿Es posible corregir esos errores dentro del sistema capitalista sin una revolución radical?

—Ni soy capitalista, ni soy comunista, ni soy socialista. La cuestión no es etiquetarnos, sino comprobar qué garantías tenemos para que la dignidad del ser humano esté en el centro. Los derechos humanos nos constituyen en nuestra dignidad independientemente de las opciones políticas. Si no, ¿qué sentido tiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos? El sistema económico tiene claves culturales que repercuten sobre él.

¿Cómo evitar que el beneficio económico se anteponga a la consideración de la alimentación como un derecho humano?

—Se pueden establecer precios mínimos para alimentos esenciales para la vida, sobre todo en tiempos de crisis, y fomentar la agricultura local y la soberanía alimentaria. Los países llamados pobres no son pobres: son países mal gestionados o donde el beneficio queda en manos de élites. También habría que fomentar un consumo responsable desde los países de destino, comprando productos de proximidad, para beneficiar la economía local.

La jornada de Manos Unidas era sobre paz y alimentación. En realidad, ¿hasta qué punto los conflictos en el mundo tienen su raíz en el problema alimentario?

—La mayoría de los conflictos tienen su origen, si no en el hambre, sí al menos en la pobreza y en la discriminación. Cuando se excluye a un colectivo de la gestión de los asuntos públicos, se crea una especie de pobreza para esa gente excluida, pues es la base sobre la que se asienta la conflictividad. Existe una utilización torticera del malestar de la población por parte de los señores de la guerra, quienes reavivan el fuego para controlar las tierras, el ganado o la minería. El tema del hambre, la pobreza, la miseria y la exclusión siempre está ahí subyacente. Y el descontento de la población siempre es utilizado por unos o por otros.

The authorVirginia Gil-Nogués

The Vatican

”Mejora constante” del Papa, que ha celebrado Misa en el hospital

León XIV continúa con una evolución postoperatoria positiva y hoy ha podido celebrar la Santa Misa en las dependencias habilitadas en el Gemelli.

Editorial Staff Omnes-16 de October de 2026-Reading time: 2 minutes

Los facultativos indican una “mejora constante de su estado general”.

De hecho el Papa ha podido celebrar Misa en la sala habilitada en la décima planta del Hospital Gemelli.

Actualización médica

Como viene siendo habitual en los últimos días, los médicos Luigi Carbone y Stefano Margaritora han informado, a través de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, de la evolución postoperatoria del Papa.

El Papa se ha sometido a un “análisis de sangre y a una radiografía de tórax”, que han confirmado esta mejoría y, además ha seguido con las sesiones de fisioterapia respiratoria.

La nota indica que la positiva recuperación postoperatoria está permitiendo al Papa “realizar sus actividades cotidianas con total autonomía”.

Foto del Papa celebrando la Misa en el Gemelli, facilitada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Celebración de la Santa Misa

De hecho, casi a la par, la Sala de Prensa de la Santa Sede ha compartido una nota junto con dos fotografías, en la que han informado de que el Papa León XIV “ha celebrado la Santa Misa a las 12 de hoy.

En la celebración han participado “miembros del personal médico y de enfermería del hospital, que en ese momento se encontraban fuera de servicio, así como miembros del Cuerpo de Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano”.

El Papa ha agradecido a todo el personal “el trabajo que realizan cada día cuidando de los enfermos y de su fragilidad y, en particular, todo lo que han hecho y hacen por él”.

The World

Por primera vez en cinco años aumentan los sacerdotes en el mundo

El número de católicos aumentó en todos los continentes, aunque el porcentaje permanece en torno al 17% de la población mundial

Editorial Staff Omnes-16 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

The number of Catholics worldwide is 1,422,144,000, an increase of 16.6 million compared to the previous year, according to the Fides news agency. These figures are from the latest statistics released by the Holy See, dated June 30, 2023. The increase in the Catholic population is occurring on all five continents, including Europe, where the increase recorded last year has been confirmed.

The agency notes a trend from previous years: the increase in Catholics is greatest in Africa (rising by 7.58 million), although the growth rate is lower than in the previous statistics; and in the Americas (6.99 million). These are followed by Asia (968,000), Europe (911,000), and Oceania (239,000).

Despite this increase, the percentage of Catholics within the world population remains unchanged compared to the previous year, at 17.81%. As of June 30, 2024, the world population was 7.995 billion people, an increase of 80.99 million compared to the previous year.

More priests

Furthermore, the figures compiled by Fides highlight that, for the first time in five years, the total number of priests worldwide has increased. They have risen from 406,996 in the previous report to 407,421 this year, an increase of 425 priests.

This section shows differences by continent. Europe again registers a decrease (2,483), as does Oceania (32). In contrast, as last year, significant increases are observed in Africa (1,676) and Asia (1,065). The Americas reverse the trend of the previous year and again register a positive balance (199).

On the other hand, the number of inhabitants per priest has increased this year, continuing a trend that has been developing for some time, with a total of 186 people reaching a ratio of 16,104 (compared to 15,918 the previous year). The distribution by continent shows increases in Oceania (290), the Americas (102), and Europe (77), while it has decreased in Asia (182) and Africa (148). The number of Catholics per priest has also increased: 3,491 (38 more than the previous year).

The number of bishops worldwide has also increased in the last year, with 95 more than the previous year, bringing the total to 5,525. There is more of an increase in diocesan bishops (107) than in religious bishops (12 fewer).

Seminarians

While the number of priests has increased, the number of seminarians, both diocesan and religious, has decreased. Worldwide, there are 103,604 seminarians (down from 106,495 the previous year). There has been a significant increase in Africa (786), but fewer in the Americas (227), Asia (2,733), Europe (701), and Oceania (16). Diocesan seminarians have decreased to 63,856 (a drop of 207), while religious seminarians have fallen to 39,748 (a decrease of 2,684).

Religious men (not priests) and nuns

On the other hand, non-priest religious have decreased by 237 compared to the previous year, reaching a total of 48,511. They are decreasing in Europe, America and Oceania, while increasing in Africa and Asia (where they had decreased last year).

The most recent statistics confirm the global downward trend in the number of nuns, a phenomenon that has been occurring for some time: there are 580,131 (9,292 fewer). Their numbers have increased in Africa (2,190), but have decreased in all other continents.

Ecclesiastical circumscriptions

The figures show that there are 6 more ecclesiastical circumscriptions in the world than last year. This includes dioceses, archdioceses, metropolitan sees, territorial prelatures, military ordinariates, apostolic vicariates, and similar entities. There are a total of 3,047.

Education and health

In the field of education, the Church administers 75,448 preschools worldwide, attended by 7,480,373 students. As for primary schools, there are 103,666 centers, with a total of 36.3 million students (the previous year there were 102,455 centers and 36.2 million students).

Meanwhile, secondary schools number 51,810, with 20.3 million students (in the previous report there were 52,085, and 20.7 million students).

The Church also maintains 101,110 charitable and welfare healthcare institutions. This includes, for example, 5,397 hospitals and 13,646 clinics, mostly in Africa and the Americas; 468 leper colonies; 16,263 residences for the elderly and infirm; and 8,138 orphanages.

These figures, released by Fides on the occasion of the 99th World Mission Day, which is celebrated on Sunday, October 18, come from the latest “Statistical Yearbook of the Church”, updated to December 31, 2024.

The Vatican

León XIV a la FAO: “El pan no es un activo financiero ni un arma de guerra”

“Es intolerable que el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada. (...) El pan no es un activo financiero ni un arma de guerra”, ha señalado León XIV en un Mensaje al director general de la FAO, Sr. Qu Dongyu, en el Día Mundial de la Alimentación 2026.    

Editorial Staff Omnes-16 de October de 2026-Reading time: 3 minutes

En la situación actual nos enfrentamos a una paradoja: el progreso global, que avanza cada vez más rápido, va acompañado de la persistencia del hambre y la pobreza. Este no es un problema técnico ni  económico, sino una profunda crisis antropológica y ética, señala el Papa León XIV en un Message al director  general de la FAO, Sr. Qu Dongyu, con motivo del Día Mundial de la Alimentación.

El mensaje del Papa, en síntesis

Algunas de las ideas que ha trasladado el Papa a la FAO son las siguientes:

– El acceso regular a una alimentación inocua, adecuada, suficiente y acorde con la dignidad de cada persona es un derecho humano fundamental.  Garantizar este derecho es una obligación de justicia que compromete a los Estados y a la comunidad internacional. (…).

- "El hambre no puede considerarse una anomalía estadística, pues se debe en gran parte a una falta de voluntad política y de caridad colectiva. (…).

– Es intolerable que el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada. (…). 

- The escasez de alimentos no es tampoco algo geográficamente inevitable. (…).

Nuevo orden alimentario global 

– Es necesario establecer un nuevo orden alimentario global en el que la innovación tecnológica esté subordinada de manera incondicional al respeto de la dignidad humana otorgada por Dios y al bien común universal. (…).

El pan no es un activo financiero volátil

– Garantizar la nutrición del mañana exige liberar los alimentos de las lógicas puramente especulativas. El pan no es un instrumento de presión geopolítica ni un activo financiero volátil. (..)

– Nunca debe utilizarse (el pan) como arma de guerra. Impedir que llegue a todos o destruir los medios que lo producen es una terrible ofensa a la dignidad humana. El pan es precioso porque sostiene la vida que Dios nos ha dado. Por eso debemos superar la tentación de pensar a corto plazo. (…)

– El mito del crecimiento ilimitado a pesar de que los recursos son limitados ha llegado a un punto de ruptura. (…)

6 ideas sobre innovación

Al comienzo del Mensaje, el Papa ha trazado las líneas maestras sobre las que debería establecerse la innovación.

1. Hoy se habla de innovación con gran soltura. Por otro lado, con frecuencia, se reduce a los artefactos, los algoritmos o la optimización del rendimiento por la mera rentabilidad del capital.

2. Es preciso purificar el concepto. Innovar no consiste en reemplazar lo creado, sino en penetrar con reverencia en las complejas leyes que salvaguardan la obra salida de las manos del Creador. 

3. Cuando la tecnología moderna aplicada a la agricultura despoja al suelo de su fertilidad natural o expulsa al campesino de su tierra para sustituirlo por el frío cálculo financiero, no se trata de progreso, sino de una sofisticada forma de devastación. 

Promoción de la dignidad humana

4. El uso irresponsable de la tecnología, que no sirve al bien común, sino a intereses egoístas exclusivamente, viola el principio de solidaridad y también ignora el mandato del ser humano de preservar la creación.

5. La innovación que el mundo necesita no se mide únicamente por la cantidad de grano obtenida, sino por la promoción de la dignidad humana otorgada por Dios y por la integridad del ecosistema que el ser humano está llamado a preservar.

6. Si la innovación nace del respeto al orden natural y de la justicia hacia los hambrientos, el mañana traerá consigo una mesa colmada que sacie a la humanidad.

Audacia moral

Finalmente, el Pontífice invita a la FAO y a los Estados representados en ella a que no se conformen con diagnósticos abstractos ni con declaraciones de eficacia efímera. Es hora de la audacia moral. 

Los recursos invertidos en la industria de la guerra deberían desviarse, por un imperativo ético impostergable, hacia la investigación agrícola sostenible y la regeneración de los suelos degradados. 

Con estos sentimientos hacia quienes se dedican a cultivar la tierra y a alimentar a la humanidad, invoco la bendición del Dios todopoderoso y aseguro el apoyo incansable de la Santa Sede a todas las iniciativas que favorezcan a la FAO en sus nobles esfuerzos, concluye el Papa su Mensaje, fechado el 12 de octubre de 2026.

The authorEditorial Staff Omnes

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Initiatives

Verbum: aprender idiomas a través del Evangelio del día

Entrevista a Luigi Bugalla, fundador de Verbum, una iniciativa que une el aprendizaje de idiomas con la lectura y meditación del Evangelio del día.

Teresa Aguado Peña-16 de October de 2026-Reading time: 4 minutes

Aprender idiomas y meditar el Evangelio pueden parecer actividades muy distintas, pero Luigi Bugalla ha encontrado una forma de unirlas. Consultor lingüístico, políglota y católico, ha creado Verbum, una iniciativa que propone aprender lenguas a través del Evangelio del día.

Los textos se presentan en paralelo, frase por frase, en distintos idiomas, con los verbos destacados para facilitar el aprendizaje de la gramática, el vocabulario y la pronunciación. La propuesta parte de una convicción: cuando leemos algo que nos interesa, aprendemos mejor y con más constancia.

En esta entrevista, Bugalla explica cómo nació el proyecto y de qué manera el estudio de una lengua puede convertirse también en una oportunidad para detenerse en la Palabra de Dios.

¿Cómo surgió la idea de unir dos actividades que forman parte de su día a día, el aprendizaje de idiomas y la meditación del Evangelio?

–La unión surgió de una forma bastante natural. Me dedico a la enseñanza de idiomas y, desde hace años, coordino el equipo de traducción al italiano de evangeli.net. Al mismo tiempo, la lectura y la meditación del Evangelio del día forman parte de mi vida cristiana. Al trabajar diariamente con esas dos realidades, comprendí que podían ayudarse mutuamente. Un idioma se aprende mejor cuando el contenido despierta un interés verdadero; y leer el Evangelio en otra lengua obliga a detenerse en cada verbo, cada expresión y cada acción de Jesús.

De esa intuición nació Verbum. El nombre resume sus dos dimensiones: el verbo como motor de la frase y el Verbo de la expresión latina «Et verbum caro factum est», «Y el Verbo se hizo carne». Quise ofrecer un recurso sencillo para personas con poco tiempo: un fragmento del Evangelio del día, presentado en varias lenguas, con los verbos destacados y un audio para trabajar la pronunciación y la comprensión. Así, una actividad cotidiana como estudiar un idioma también puede convertirse en una ocasión para escuchar y meditar la Palabra con más atención.

¿Verbum está pensado principalmente para personas que quieren mejorar su nivel de idiomas o también para quienes desean profundizar en su vida espiritual?

–Verbum está pensado para ambos perfiles. Algunas personas llegan porque quieren mejorar un idioma y necesitan un contenido que les motive a mantener la constancia. Otras buscan reservar cada día unos minutos para el Evangelio y descubren que leerlo en otra lengua les ayuda a hacerlo más despacio y con mayor atención. En muchos casos, las dos motivaciones terminan uniéndose.

Se dirige especialmente a personas adultas con poco tiempo, incluidas aquellas que se han bloqueado con los idiomas o han pasado por métodos que no les han dado el resultado esperado. La propuesta es breve y cotidiana, de modo que cada uno pueda integrarla en su propio ritmo. Para un creyente, el Evangelio aporta una motivación espiritual muy fuerte. Una persona no creyente también puede utilizar verbum como herramienta lingüística y acercarse al Evangelio como un texto fundamental de nuestra cultura, lleno de acciones, decisiones y preguntas humanas universales. No hace falta partir de un nivel avanzado. Hace falta curiosidad, algo de constancia y disposición para volver sobre un texto breve hasta comprenderlo y hacerlo propio.

Usted sostiene que la mejor manera de aprender idiomas es leer y meditar contenidos que nos interesan. ¿Qué ventajas tiene aprender una lengua a través de un texto con significado personal?

–Cuando un texto nos importa, prestamos más atención y tenemos una razón para regresar a él. Eso cambia la forma de aprender. Las palabras dejan de aparecer como elementos aislados y se relacionan con una escena, una acción y una idea que queremos comprender. El esfuerzo tiene un propósito concreto, y esa implicación facilita la memoria y la constancia.

El Evangelio ofrece además una ventaja para muchos lectores: conocen el pasaje o, al menos, les resulta familiar. Ese conocimiento previo permite deducir significados, reconocer estructuras y concentrarse en cómo se expresa la misma idea en otra lengua. Al destacar los verbos, el alumno ve quién actúa, qué sucede y en qué tiempo se cuenta. Así empieza a entender la arquitectura de la frase y no se limita a acumular vocabulario.

La lectura pausada también favorece la comprensión auditiva y la pronunciación cuando se acompaña con el audio. Se puede leer, escuchar, repetir y comparar un fragmento breve sin convertir el estudio en una tarea interminable. El contenido significativo sostiene ese trabajo diario. En el caso de Verbum, permite que el aprendizaje lingüístico y la meditación compartan al mismo tiempo.

¿Qué puede descubrir un lector cuando compara el mismo pasaje del Evangelio en distintas lenguas? ¿Hay matices que se aprecian mejor al hacer esa comparación?

–Sí. Una traducción tiene que elegir, y cada lengua organiza el sentido de una manera particular. Al comparar varias versiones, el lector descubre qué elementos permanecen y cuáles requieren una expresión diferente. Puede advertir que una lengua subraya la acción mediante el verbo, mientras otra hace más visible el resultado, la duración o la relación entre las personas. También aparecen diferencias de orden, tiempos verbales y campos de significado que una sola versión puede dejar menos visibles.

Pensemos, por ejemplo, en el verbo «permanecer», tan importante en el Evangelio de san Juan. Al encontrarlo como abide o remain en inglés, demeurer en francés, rimanere en italiano o bleiben en alemán, el lector amplía su percepción de una misma invitación: quedarse, habitar, mantenerse unido. La comparación no cambia el mensaje, pero ayuda a contemplarlo desde varios ángulos y a prestar atención a palabras que quizá se leen con demasiada rapidez en la lengua materna.

Este ejercicio debe hacerse con humildad. Comparar traducciones modernas enriquece la lectura, pero no sustituye el estudio de los textos originales ni una buena exégesis. Su principal valor en verbum es pedagógico y contemplativo: aprender cómo funciona cada lengua y, al mismo tiempo, detenerse ante lo que el Evangelio dice.

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Las personas interesadas en conocer Verbum pueden acceder a través de www.verbumevangelio.com, que abre una conversación de WhatsApp con Luigi Bugalla para recibir información y comenzar a utilizar el servicio. La iniciativa es completamente gratuita, aunque admite aportaciones voluntarias para sostener y ampliar el proyecto, cuyo objetivo es acercar el Evangelio del día a más personas y ayudarles a profundizar en su lectura mientras aprenden idiomas.

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ColumnistsAlberto del Olmo Elías

Vivir como inquilino

"Esta doble condición del hombre sobre la tierra; la de gozar de un mundo dado y la de tener, sin embargo, que trabajar por él, nos une a todos, cristianos y paganos, en el presente".

16 de October de 2026-Reading time: 5 minutes

Hace dos semanas leíamos en el evangelio la parábola de los “viñadores homicidas”. Es conocida por todos. Jesús nos cuenta la historia de un señor que arrenda su viña a unos labradores, a los que exige como pago parte del fruto que obtienen de ella. La hemos leído mil veces, y mil veces nos han explicado que, como decíamos en el salmo, la viña del Señor es la casa de Israel, dejada a cargo de los maestros y los escribas que, en vez de retribuir con frutos de conversión a su Señor, deciden constantemente maltratar a los profetas y enviados y, en última instancia, al mismo Jesús, el Hijo Único.

Esta semana, sin embargo, caía en la cuenta de otra cuestión, que, dada la situación actual de nuestro país, me pareció especialmente interesante. La parábola, según el texto de la Conferencia Episcopal, empieza diciendo: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos». ¡Qué atrevimiento! Una parábola de propietarios e inquilinos, ¡con la que está cayendo! Yo, además, soy sacerdote, ¡figúrese! ¡como para predicar del tema! Por la situación de mi parroquia y por salvaguardar mi integridad física preferí predicar de otros asuntos. Sin embargo, con el paso de los días, me ha parecido interesante volver sobre este punto.

Una parábola sobre propietarios e inquilinos

Evidentemente sería demagógico utilizar este texto del Evangelio para emitir un juicio sobre el modo concreto en que debe gestionarse el problema de la vivienda o la propiedad privada en general. Y sería frívolo tratar de resolver una situación, dramática para muchas personas, en unas pocas líneas. Tampoco a mí me corresponde hacerlo. Como he dicho, soy sacerdote, no político o economista (gracias a Dios). Sin embargo, sí que creo interesante parar a considerar un hecho tan real como, muchas veces, incómodo, que la parábola pone de manifiesto. El hombre habita una tierra que no le pertenece. El ser humano vive y trabaja… como inquilino en el mundo.

La experiencia, más o menos consciente, de habitar una realidad “dada”, no elegida o creada por uno, sino “recibida” o “donada” subyace a todas las tradiciones religiosas y, según cómo se mire, también políticas y jurídicas de la historia de la humanidad. No hace falta estudiar la carrera de filosofía para darse cuenta de que no nos damos la existencia a nosotros mismos ni a la realidad en la que estamos insertos. Bien podría decirse, desde el positivismo moderno, que esto no implica necesariamente la existencia de un “dador”, de un Creador. Pero, aun suponiendo que todo cuanto existe, existe fruto del puro azar sin rostro, tendríamos que seguir reconociendo, sencillamente, que no hemos elegido, ni podemos hacerlo, cómo es el mundo, el tiempo o las leyes de la física que han surgido de la casualidad.

El mundo no nos pertenece

Ninguno de nosotros es propietario, poseedor de la realidad. Uno podría querer que el agua del mar se convirtiera en cerveza, o que la explotación de los recursos fósiles no tuviera ningún impacto en la biodiversidad, o que se pudiera borrar de un plumazo en los compañeros del colegio el recuerdo de aquella situación tan vergonzosa en patio del recreo siendo uno adolescente. Y no podría hacerlo. La indisponibilidad de la realidad que nos rodea es un testimonio ineludible de que no somos “propietarios” de ella.

Habitar el mundo de este modo, desde la conciencia de que no nos pertenece, puede parecer frustrante o injusto de primeras. Al fin y al cabo, todos, en determinados momentos de nuestra vida, hemos deseado que las cosas fueran de otro modo, y no hemos podido hacer nada para cambiarlas. En ocasiones, esto es absolutamente dramático; ¿Quién no evitaría, si pudiera, la muerte de sus seres queridos o los desastres naturales? Sin embargo, para quienes podemos hacer un juicio desde la fe, es, a la vez, bastante liberador. La realidad es bella, precisamente, porque no es nuestra.

Uno se asombra ante las cosas porque sabe que no se las ha dado a sí mismo, e incluso delante del mal, sabe que tiene un interlocutor; sabe que hay un Propietario a quien pedir explicaciones por las goteras y las cañerías de la casa. Habitar el mundo desde la conciencia de que es “de Otro” es fuente de la verdadera libertad, pues, quien mira con corazón sencillo, puede verlo todo con la gratitud de quien todo lo recibe. Poseer “como si no poseyéramos”, como diría san Pablo, es fruto de la nueva mirada del cristiano, llamado a amar las cosas como dadas y no como propias, con la gratitud que brota del corazón de quien ha entendido el verdadero significado de la castidad cristiana.

Inquilinos llamados a dar fruto

El mundo nos es dado, no propio. Y, sin embargo, con la misma fuerza debemos decir que no nos es “ajeno”. Este mundo que habitamos exige también de nosotros el esfuerzo de nuestro trabajo y el ofrecimiento de la propia voluntad. Esta es la realidad del arrendatario: habitando una viña que no le pertenece, no puede, sin embargo, desentenderse de ella, sino que está llamado a “hacerla mejor”, a favorecer que dé fruto, a trabajarla. Esta necesidad, presente igualmente en el corazón humano en su deseo de justicia, de bien y de belleza, la llamada -velada para el materialista, evidente para el cristiano- a “trabajar”, a “dar fruto”, a hacer del mundo un lugar mejor, nos une a todos en una misma condición humana. Evidentemente tendremos que poner nuestra razón en juego para encontrar el bien común y las mejores soluciones a los problemas sociales que nos asolan.

Evidentemente también, tendremos que decir que no todas las batallas que se libran bajo el estandarte de la justicia son, de hecho, justas. Pero esto no puede hacernos olvidar aquel principio que ya apuntó san Agustín en su tiempo: “la familia humana que no vive de la fe busca la paz terrena en los bienes y ventajas de esta vida temporal […] La ciudad celeste […] tiene también necesidad de esta paz” y, por tanto “dado que ella (la paz) es patrimonio común a ambas ciudades, se mantendrá así la armonía mutua en lo que a esta vida mortal se refiere” (cf. Civitas Dei L XVII C XVII). Ciertamente, como también dirá san Agustín, esta armonía se rompe en el momento en que se impide para la consecución de la paz terrena la adoración del Dios verdadero. En ese caso el cristiano tendrá que estar dispuesto, incluso, a padecer el martirio. Pero ni siquiera entonces deja de ser verdadero lo anterior: el corazón humano, por el hecho de ser creado, busca y desea naturalmente la paz, la justicia, el bien.

Esta doble condición del hombre sobre la tierra; la de gozar de un mundo dado y la de tener, sin embargo, que trabajar por él, nos une a todos, cristianos y paganos, en el presente. No pretendo ser simplista. Cada uno de nosotros tendrá que ponerse en juego, discernir con su intelecto el bien y el mal, juzgar la realidad y tratar de llegar a las conclusiones adecuadas con los criterios que recibimos de la fe y la razón. Pero el juicio del cristiano surge siempre de un corazón agradecido que busca la paz.

Precisamente por la situación que vivimos, precisamente por cómo están las cosas, con la que está cayendo, creo que es momento de volver a partir de lo más real. Y esto, lo más real, es que compartimos con todos los hombres una llamada a retribuir al Señor de la viña con nuestras obras. Esta llamada, consciente para unos, velada para otros, se manifiesta en el deseo de justicia, de bien y de belleza, presente en todos. La historia nos reclama el compromiso con la verdad, con la verdad del mundo, la verdad del otro y la verdad de nosotros mismos. Y nuestra historia, en fin, nos reclama el compromiso con la Verdad hecha carne a quien hemos conocido, el Hijo Único enviado a nuestra tierra.

The authorAlberto del Olmo Elías

Sacerdote de Madrid.

The Vatican

La radiografía de tórax al Papa muestra «una buena recuperación del pulmón operado»

La recuperación del Santo Padre sigue adelante y el pontífice ha realizado una sesión de fisioterapia con "ejercicios motores completos".

Editorial Staff Omnes-15 de October de 2026-Reading time: < 1 minute

Los médicos Luigi Carbone y Stefano Margaritora han informado a última hora de la mañana de la evolución postoperatoria del Papa tras ser intervenido de un cáncer de pulmón.

En el último comunicado de los facultativos, muy breve, los médicos destacan que «el Santo Padre se ha sometido a los controles rutinarios, cuyos resultados han sido normales».

En cuanto a las pruebas médicas propias del postoperatorio, tras la lobectomía a la que fue sometido para extirpar un adenocarcinoma pulmonar, los médicos han querido señalar que «la radiografía de tórax ha mostrado una buena recuperación del pulmón operado. Ha realizado sus actividades diarias de forma autónoma. La sesión de fisioterapia ha incluido ejercicios motores completos.»

Los médicos añaden que esta recuperación del Santo Padre «transcurre con normalidad», aunque no se han dado pistas sobre la fecha del alta al pontífice, que continúa en el Gemelli. A primera hora del jueves, la Santa Sede había informado que el Santo Padre había descansado durante la noche y desayunado con normalidad.