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El Vaticano advierte a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: las ordenaciones episcopales supondrán un «acto cismático»

El Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe advierte a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que las ordenaciones episcopales que pretenden celebrar el 1 de julio de 2026 suponen un "acto cismático" que desemboca en excomunión.

Paloma López Campos·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En una declaración oficial, el cardenal Victor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, reitera la postura de la Santa Sede respecto a las ordenaciones episcopales anunciadas para el 1 de julio por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, cuyos miembros se conocen como “lefebvrianos”.

El Vaticano advierte que tales nombramientos carecen del correspondiente mandato pontificio, lo que sitúa a la Fraternidad en una posición de ruptura con la autoridad eclesiástica.

Consecuencias canónicas y teológicas

La nota del Prefecto subraya la gravedad de esta acción. Señala que este gesto constituirá “un acto cismático”, amparándose en lo establecido por el Papa Juan Pablo II en el documento “Ecclesia Dei”.

Las repercusiones para quienes participen en este movimiento son severas según el derecho de la Iglesia:

  • Ofensa divina: Se considera que la “adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios”.
  • Excomunión: El acto conlleva la “excomunión establecida por el derecho de la Iglesia”, tal como se indica en la citada carta “Ecclesia Dei” y en la Nota explicativa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos fechada el 24 de agosto de 1996.

El llamado del Santo Padre

Ante lo que se califica como una “gravísima decisión”, la declaración indica que el Santo Padre continúa orando para que el Espíritu Santo ilumine a los responsables de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con el objetivo de que “den marcha atrás” en sus planes actuales y eviten la consumación de la fractura con la Iglesia católica.

La última advertencia

La nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no llega por sorpresa. En febrero de 2026 el cardenal Víctor Manuel Fernández se reunió con el superior general de la institución, el sacerdote Davide Pagliarani, tras el anuncio de las ordenaciones episcopales que la Fraternidad quiere celebrar el 1 de julio.

Después de recibir la noticia, el Prefecto mantuvo una audiencia con Pagliarani, en la le advirtió de las consecuencias que dichas ordenaciones tendrían. Por ello, sugirió que entre la Santa Sede y la Fraternidad se inicie “un camino de diálogo específicamente teológico” que ayude a los miembros de la institución lefebvriana a recuperar la comunión con la Iglesia católica, señalando unos “requisitos mínimos”.

La respuesta de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

Tras la reunión, el Consejo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X publicó una carta afirmando que “el diálogo doctrinal siempre ha sido –y sigue siendo– deseable y útil”, incluso si no se llega a un consenso.

Sin embargo, los “lefebvrianos” rechazan mantener esta conversación pues la Santa Sede ha solicitado como condición necesaria que se suspendan las ordenaciones episcopales. Además, el Consejo General de la Fraternidad afirma en su carta que no ve probable alcanzar un acuerdo con la Santa Sede para restaurar la comunión con Roma.

Entre los argumentos esgrimidos por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentran:

– El desacuerdo de los “lefebvrianos” con el Concilio Vaticano II “no se deriva de una mera diferencia de opinión, sino de un auténtico caso de conciencia, que surge de lo que ha resultado ser una ruptura con la Tradición de la Iglesia”.

– No puede haber un diálogo sobre la interpretación del Concilio Vaticano II pues esta “ya ha quedado claramente establecida en el período posconciliar y en los documentos sucesivos de la Santa Sede”. La Fraternidad afirma que los documentos posconciliares firmados por los Papas “muestran que el marco doctrinal y pastoral en el que la Santa Sede pretende situar cualquier debate ya está firmemente establecido”.

– La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha pedido la apertura del diálogo en varias ocasiones. Sin embargo, “solo cuando se mencionan las consagraciones episcopales se hace una oferta para reanudar el diálogo, que por lo tanto parece dilatoria y condicional”. Según los “lefebvrianos”, “esta amenaza es ahora pública, lo que genera una presión difícilmente compatible con un deseo genuino de intercambios fraternos y de diálogo constructivo”.

– Los “lefebvrianos” afirman que no puede existir un diálogo para establecer los requisitos mínimos para la comunión con Roma “sencillamente porque esta tarea no nos corresponde”. Consideran que estos criterios no pueden “ser objeto de un discernimiento conjunto a través del diálogo”.

– La Fraternidad advierte que todos los intentos de diálogo han acabado siendo infructuosos, pues la última vez que se abrió el proceso “todo terminó finalmente de manera drástica, con la decisión unilateral del cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien, en junio de 2017, estableció solemnemente, a su manera, ‘los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia católica’, incluyendo explícitamente todo el Concilio y el período posconciliar. Esta situación, continúan, muestra que “si se persiste en un diálogo doctrinal demasiado forzado y carente de la suficiente serenidad, a largo plazo, en lugar de lograr un resultado satisfactorio, solo se empeora la situación”.

Llamada a la caridad

Por todas estas razones, la Fraternidad Sacerdotal Pío X hace una llamada a “la caridad hacia las almas y hacia la Iglesia”. Subrayan que “la Sociedad es una realidad objetiva: existe” y piden que a la Fraternidad “se le permita seguir haciendo este mismo bien a las almas a las que administra los santos sacramentos”.

En la carta, el Consejo General afirma que no piden “ni privilegios, ni siquiera una regularización canónica que, en la situación actual, resulta inviable debido a las divergencias doctrinales”. Aseguran estar cumpliendo una misión para lograr “la supervivencia de la Tradición, al servicio de la Santa Iglesia Católica”.

Finalmente, los “lefebvrianos” aluden a la actitud de escucha promovida por el Papa Francisco y agradecen la atención brindada por el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Mundo

Propósito y vocación: las nuevas claves para fidelizar a los jóvenes en su trabajo

El estudio de Footprints revela también que la fe potencia el optimismo laboral y el compromiso cívico en los jóvenes.

Javier García Herrería·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Esta mañana, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, se presentaron los resultados de la encuesta Footprints: Valores, esperanzas y expectativas de los jóvenes. La investigación, realizada entre enero y febrero de 2026, se realizó con un muestra de 9.000 jóvenes (18-29 años) de 9 países (Argentina, Brasil, Filipinas, Italia, Kenia, México, Reino Unido, España y Estados Unidos), que permite ver una redefinición del concepto de trabajo, bienestar y realización personal entre la Generación Z y los Millennials.

Conversamos con José María Díaz-Dorronsoro, coordinador del grupo de investigación Footprints, que ha llevado a cabo una nueva edición del estudio.

¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio?

Lo que más impresiona de los resultados de esta segunda oleada de Footprints es que los 9.000 jóvenes de 18 a 29 años que hemos escuchado en nueve países nos están diciendo algo que no encaja con los tópicos: el trabajo ya no es un “contrato” entre esfuerzo y remuneración sino un espacio existencial donde los jóvenes esperan realizarse, relacionarse y, en muchos casos, encontrar también una dimensión trascendente.

Los datos hablan claro. Un 48% de los jóvenes dejaría un empleo estable y bien pagado si el ambiente laboral es tóxico —y esa cifra sube al 53% entre las mujeres—. El salario sigue siendo la primera prioridad declarada para el 29%, pero junto a él emerge con fuerza lo que nosotros llamamos el «salario emocional»: la calidad del entorno, el bienestar psicológico, la coherencia de valores entre la persona y la empresa. El 25% se iría si no comparte la ética de su empleador; el 23%, si el trabajo es incompatible con tener familia.

Otro hallazgo clave: el 90% de los encuestados considera el descanso esencial para una vida laboral equilibrada, pero más del 60% siente una presión constante para seguir produciendo incluso cuando está agotado. Esa tensión es muy reveladora del mundo en que vivimos.

Y luego está la dimensión de la fe. El 66% de los jóvenes globales se identifica como creyente, y los que lo hacen presentan niveles de felicidad, compromiso cívico y optimismo laboral consistentemente superiores a los no creyentes. El «happiness gap» es de 0,8 puntos sobre 10 —7,1 de promedio para creyentes frente a 6,3 para no creyentes—, y más del 60% de los jóvenes creyentes declara que su trabajo tiene también un significado espiritual.

¿Qué cambios habéis detectado respecto al último estudio que hicisteis?

La primera encuesta de Footprints, en 2023, abordó fe y religión en ocho países. Esta segunda —con nueve países y 9.000 encuestados— se centra en trabajo y compromiso cívico. No son preguntas idénticas, así que no es posible una comparación directa.

Dicho esto, el hilo conductor más importante entre ambas fases es precisamente el de la fe ya que hemos mantenido una serie de preguntas básicas en las que preguntamos por las creencias y el nivel de práctica. Lo que detectamos en 2023 —que la espiritualidad no había desaparecido, sino que había evolucionado hacia formas más personales, menos institucionales— lo vemos confirmado y ampliado en 2026. La fe no se ha secularizado al ritmo que ciertos relatos dominantes presuponen. En los países europeos en proceso de secularización hay menos creyentes, sí, pero los que mantienen la fe lo hacen de forma más consciente y comprometida.

Lo que sí es genuinamente nuevo en esta segunda fase es la evidencia de cómo la espiritualidad permea el mundo del trabajo. Casi la mitad de los creyentes —el 48%— acude a Dios cuando enfrenta dificultades laborales; el 14% cita a un guía espiritual como referencia que ha influido en su concepto del trabajo; el 54% percibe el trabajo como un espacio de búsqueda o expresión espiritual. Estos datos muestran que la fe no es un compartimento separado de la vida profesional: la habita y la orienta.

Y hay una tendencia nueva que no podíamos anticipar en 2023: el papel de la inteligencia artificial. En Italia, por ejemplo, el porcentaje de jóvenes creyentes que acude a la IA cuando enfrenta dificultades laborales es idéntico al que acude a Dios: un 21% en ambos casos. No lo interpretamos como una sustitución de lo espiritual por lo tecnológico, sino como una integración pragmática que invita a una reflexión seria sobre la nueva mediación de sentido que ejerce la IA en la vida de los jóvenes.

¿Ha caído el peso de la fe? ¿Es la religión menos relevante hoy?

No hay un colapso generalizado de la fe; hay geografías muy distintas, y confundirlas sería un error metodológico serio.

El 81% de los jóvenes creyentes —que son el 66% del total global— considera que su fe es una guía importante en las decisiones cotidianas. Y esa influencia se extiende explícitamente al mundo del trabajo: más del 60% de los creyentes declara que su trabajo tiene significado espiritual, y el 54% lo considera un espacio de búsqueda espiritual.

En Kenya, Filipinas y Brasil la fe sigue siendo el motor más visible en las decisiones profesionales. En Kenya, el 90% de los jóvenes se identifica como creyente, el 66% asiste a servicios religiosos semanalmente, el 69% reza a diario, y el 97% de los creyentes kenianoscalifica la fe como guía importante en su vida.

Ese substrato espiritual se traduce directamente en su visión del trabajo: lo asocian al servicio a los demás en una proporción muy superior a la media, son los más optimistas del estudio sobre el futuro laboral, y más de la mitad acude a Dios cuando enfrenta dificultades en el trabajo.

Filipinas, con el 82% de creyentes y el 94% que considera la fe como guía, presenta un perfil similar. Brasil destaca por la mayor tasa de felicidad del estudio —7,5 sobre 10 de media—, un dato que se correlaciona fuertemente con su elevada práctica religiosa.

En el extremo opuesto están Italia y España. España tiene solo el 46% de creyentes entre los jóvenes, el 16% asiste a Misa semanalmente, el mismo porcentaje reza a diario. Italia, con el 38% de creyentes y el 10% de asistencia semanal, es uno de los escenarios de mayor avance de la secularización, si bien la fe en Italia no ha desaparecido sino que parece discurrir como por un cauce subterráneo, menos visible en la superficie social, pues aflora con fuerza cuando se tocan determinados temas: la relación con los compañeros, la búsqueda de sentido en el trabajo, la compatibilidad con la familia.

¿Son los jóvenes de hoy más o menos activos cívicamente que los de generaciones anteriores?

La pregunta exige matices, porque el activismo juvenil ha cambiado de forma más que de intensidad. El compromiso institucional —afiliación a partidos, membresía formal en organizaciones— es bajo: el 53% no pertenece a ninguna asociación. Pero la indiferencia es otra cosa. El 72% vota cuando hay elecciones, el 44% expresa sus opiniones sobre asuntos políticos en redes sociales, el 37% participa en campañas y peticiones.

Lo que sí es un hallazgo sólido y recurrente en todos los países es la diferencia entre creyentes y no creyentes en materia de compromiso cívico. Los jóvenes creyentes votan más —el 74% frente al 69% de los no creyentes—; participan más en campañas de sensibilización —el 41% frente al 29%—; expresan más sus opiniones en espacios públicos —el 47% frente al 39%—.

En participación comunitaria religiosa, el 32% de los creyentes pertenece a una organización religiosa y el 21% a una asociación civil, ambas cifras superiores a las de los no creyentes.

La brecha en activismo —más de 12 puntos porcentuales— es particularmente llamativa. Y se cumple en todos los países: en el Reino Unido, en Kenya, en Argentina, en España. La fe, lejos de ser un repliegue hacia lo privado, parece funcionar como acelerador del compromiso con lo público. Este dato invita a una reflexión seria sobre el papel de las comunidades religiosas como escuelas de ciudadanía activa.

¿Es el teletrabajo una exigencia innegociable o hay un deseo de volver a la oficina?

Ni lo uno ni lo otro de forma absoluta. El 71% de los jóvenes ha trabajado o estudiado en remoto en algún momento —el legado más duradero del COVID—, y un tercio lo hace con regularidad. Pero la actitud hacia el teletrabajo es profundamente ambivalente.

Lo que más valoran es el horario flexible y el equilibrio con la vida personal. Lo que más les preocupa es el aislamiento social —especialmente en Reino Unido, donde el 50% lo señala— y el deterioro de la comunicación con el equipo —el 39% a nivel global, hasta el 46% en Filipinas—. Solo el 10% de los encuestados señalaría la imposibilidad de teletrabajar como motivo para dejar un trabajo bien pagado, lo que indica que el trabajo remoto es apreciado pero no es el eje central de sus exigencias.

El modelo que emerge es claramente híbrido. Los jóvenes quieren autonomía para organizar su tiempo, pero no a costa del vínculo humano con sus colegas. En Italia, los datos cualitativos son especialmente interesantes: los jóvenes creyentes soportan mejor el aislamiento del teletrabajo que los no creyentes —solo el 36% lo sufre, frente al 44% de los no creyentes—, pero al mismo tiempo son más sensibles a la calidad de las relaciones con los compañeros. Eso sugiere que una vida espiritual robusta puede ser un recurso real para gestionar la soledad forzada, sin por ello renunciar a las relaciones como valor constitutivo.

¿Qué hay detrás de estos datos?

Un joven italiano, en un focus group previo a la elaboración del cuestionario lo expresó así: «el trabajo da la libertad de no pedir» —hablaba de independencia económica—, pero otro añadió que ese mismo trabajo «no puede venir antes de tus necesidades primarias». Los jóvenes no están renunciando a ser exigentes en lo económico; están añadiendo una capa de exigencia adicional que tiene que ver con la persona entera.

Lo más relevante para un empleador es esto: los jóvenes no quieren separar su vida del trabajo; quieren integrarla. No buscan una «work-life balance» entendida como separación de esferas, sino lo que en el estudio llamamos «work-life integration»: que el trabajo no destruya sus relaciones, que respete su descanso, que tenga coherencia con sus valores.

En España, específicamente, el aspecto más valorado del teletrabajo es el tiempo ahorrado en desplazamientos, pero el 39% señala el deterioro de la comunicación con el equipo como principal inconveniente. Flexibilidad sí, pero con presencia humana real.

¿Existe una relación directa en los datos entre tener una «vocación» y sufrir menos ansiedad laboral?

Es uno de los hallazgos más potentes de toda la investigación. No medimos la ansiedad clínica de forma directa, pero el bienestar subjetivo declarado muestra una correlación muy robusta con la presencia o ausencia de vocación profesional. Los jóvenes que dicen tener una vocación clara se declaran felices en un 55% de los casos; entre los que no la perciben, esa cifra cae al 27%. Es prácticamente el doble.

La vocación, además, actúa como amortiguador frente a la incertidumbre. En Italia, los jóvenes creyentes —que tienden a integrar vocación espiritual y profesional— muestran niveles de estrés laboral significativamente menores que los no creyentes: el 25% frente al 33%. Y son más capaces de ver en los fracasos oportunidades de aprendizaje, de planificar su trayectoria y de confiar en el futuro.

Tres de cada cuatro jóvenes declaran tener algún tipo de vocación profesional, aunque en muchos casos no está del todo definida. Los sectores donde el sentido de llamada es más fuerte son salud y educación —con un 84% en ambos— y el ámbito de la ingeniería y las ciencias técnicas. Son precisamente los campos que exigen mayor entrega personal, y los que generan más sentido. No creo que sea una coincidencia.

La pregunta para los formadores, educadores y pastores es cómo ayudar a los jóvenes a articular y sostener esa vocación en contextos laborales que no siempre la favorecen.

¿Algo más relevante que añadir?

Sí, me gustaría situar este estudio en el panorama más amplio de la investigación sobre jóvenes, porque creo que es un aspecto que merece más atención de la que suele recibir.

La mayor parte de los estudios institucionales —OCSE, Eurofound, los grandes informes nacionales— fotografían las condiciones objetivas de los jóvenes en el mercado laboral: tasas de paro, salarios medios,
tipos de contrato, dificultades de acceso. Son datos cruciales, pero no cuentan la historia entera. Footprints investiga deliberadamente la parte sumergida del iceberg: lo que los jóvenes creen, desean, esperan y temen en una dimensión más profunda. No «qué pasa» con los jóvenes, sino «qué piensan y sueñan» en relación con su vida profesional.

Uno de los resultados que más me interpela es el de la imagen que tienen del trabajo: el 15% lo asocia a «pasión» como primer significado —en Italia esa cifra sube al 22%—, seguido de «carrera» (14%). Las palabras «deber», «servicio» y «sacrificio» son las menos elegidas.

Para quien trabaja en formación humana o pastoral, eso es una señal importante: los jóvenes no necesitan que les hablemos de trabajo como obligación o como crucis; necesitan que los acompañemos a descubrir cómo su específica manera de trabajar puede ser también una respuesta a una llamada más profunda.

Vivimos, como decía el Papa Francisco, no una época de cambios, sino un cambio de época. Los jóvenes que hemos escuchado en nueve países no son ni la generación perdida que retratan algunos titulares ni la generación idealizada de los discursos esperanzadores.

Son una generación real, compleja, llena de contradicciones fecundas, que necesita ser escuchada con rigor y respeto antes de ser juzgada o interpelada. Eso es lo que Footprints intenta hacer, y creo que vale la pena seguirlo: en 2028, cuando publiquemos los resultados de la tercera fase sobre relaciones personales y familia, tendremos el retrato más completo que se ha construido nunca sobre una generación entera a escala internacional.

Argumentos

Jesús Higueras: cómo rezar en los malos momentos

Parece fácil rezar cuando todo va bien. Pero la experiencia dice que nos acordamos más de Dios cuando las cosas van mal. ¿Cómo rezar en estos momentos? El párroco de Caná, Jesús Higueras, lo explica con frases gráficas: “Dios no ha bajado a la Tierra de turista”, o “el sufrimiento no es una maldición”.

Francisco Otamendi·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

“Me acuerdo que en la puerta de una iglesia, preguntaba a una mujer: tú a qué vienes, y ella contestaba: a pedir, a pedir. Que apruebe mi hijo, que se cure esta persona. Casi nadie dijo: vengo a dar gracias”. “Cuando nos visita el misterio del dolor, cuando vienen el sufrimiento y el dolor, uno se pregunta muchas cosas”. 

Así comienza el párroco de Santa María de Caná, Jesús Higueras (Madrid, 1963), una reflexión sobre el sufrimiento, la enfermedad, la contradicción, en una conversación con Mater Mundi TV.

No es de ahora, pero la hemos rescatado, porque estamos ante un asunto capital, del que se hizo eco, por ejemplo, san Juan Pablo II, en el libro ‘Cruzando el umbral de la esperanza’. El Papa polaco respondía a una pregunta del periodista y escritor italiano Vittorio Messori, recién fallecido, que tiene gran similitud a lo que comenta don Jesús Higueras.

Messori ponía sobre la mesa cómo se puede seguir confiando en “Dios, que se supone Padre misericordioso, (…), a la vista del sufrimiento, de la injusticia, de la enfermedad, de la muerte”. Y san Juan Pablo II decía que “el escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento”. 

¿”Por qué Dios permite este sufrimiento?”

Reflexiona el párroco Jesús Higueras: “¿Por qué Dios siendo Padre y siendo bueno permite este sufrimiento? ¿Por qué si dice que está pendiente de mí, cómo es que a mi hija le ha pasado esto, mi familia se ha roto, o yo me estoy muriendo?”.

“Son momentos en los que te entra miedo e inseguridad, porque has perdido el control de tu vida. Es un momento, además, en el que no eres capaz de soportar el dolor, y es un dolor que te supera con mucho”.

Jesucristo en la cruz se hizo tan solidario de nuestro dolor que llegó a decir: ‘Dios mío, por qué me has abandonado’, como diciendo: me identifico con todos aquellos que en su cruz y en su dolor no sienten cercano a Dios. 

Es la prueba: “eres mi Amigo también en los momentos malos”

Jesús Higueras prosigue: “Hay mucha gente que cuando está sufriendo, dice: es que no sé si rezar me ayuda, porque siento a Dios muy lejos. Es el momento de la prueba. Es el momento de decir: bueno, Señor, no eras mi amigo solo para los momentos buenos, eres mi amigo también para los momentos malos”.

Y pone el ejemplo de una mala temporada, en la que llamamos a un amigo, me desahogo con él, me apoyo en él… “Si yo realmente lo tengo como un amigo, me quiero apoyar en él”.

El Papa León XIV venera la cruz del Señor mientras preside la Liturgia de la Pasión del Señor del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 3 de abril de 2026. (Foto OSV News/Elisabetta Trevisani, Vatican Media).

Jesús experimenta cada gota de dolor humano

Entonces, ¿cómo se reza cuando tú lo estás pasando muy mal en la vida?, pregunta Jesús Higueras, ordenado sacerdote en 1990. 

“A mí, lo que me ha ayudado, y lo que he visto es esto: Jesús lo que hace en la cruz es experimentar en su corazón cada gota de dolor que cada ser humano ha experimentado en la historia de la humanidad. La cruz de Cristo somos nosotros. Si yo sufro, Cristo sufre, si a mí me pegan, a Cristo le pegan…” 

Lo dice el Evangelio: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo, estuve en la cárcel, estuve enfermo…¿Cuándo, Señor? Cada vez que le pasaba esto a…., me estaba pasando a Mí”.

“Jesús, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas”

“La cruz de Jesús somos nosotros”, añade el párroco Higueras. “Por tanto, cuando yo estoy sufriendo…, si yo tengo un tumor, le digo a Jesús, Jesús, este tumor lo tienes tú también, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas.  Sólo me puede comprender aquél que ha pasado por lo mismo que yo. A una madre que ha perdido un hijo sólo le puede comprender otra madre que ha perdido un hijo, a una persona que le deja el amor de su vida.., una persona que tiene una enfermedad que te da mucha sed, sólo te puede comprender otra persona que haya pasado por lo mismo…”.

Quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos

“Porque Dios es amor y porque Dios comprende, para comprendernos se hizo humano, y quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos. Y claro, cuando sufrimos y miramos a la Cruz, Jesús nos dice, pero vamos a ver, si estoy sufriendo contigo, si lo que te duele a ti, me duele a Mí, lo que te pasa a ti me pasa a Mí, tu dolor es mi dolor, y no es ni más ni menos”. Así reflexiona, reza, Jesús Higueras.

“Dios no ha bajado a la Tierra de turista”

Efectivamente, “te encuentras con un Dios que no ha bajado a la Tierra de turista, para decir, chicos, que os quiero mucho, que cuando vengáis al cielo ya os lo arreglaré todo. Sino que, porque os quiero mucho, bajo a la arena por vosotros, me hago solidario de vuestro destino. 

Si pasas hambre, el hambre que pasas, Yo lo pasaré; si duermes en el suelo, yo dormiré; la comida que te den, la tomaré yo; el dolor que tengas lo tendré yo; tu disgusto será mi disgusto…, “porque todo eso, lo transforma en la Cruz en un espacio de redención y de salvación”.

Amargados por el dolor, algunos se alejan de Dios

Hay personas que el dolor les destruye, les amarga, son personas que la vida se les rompe en mil pedazos, y no saben cómo recogerlos. Y el dolor se convierte en una causa de escándalo y de alejamiento de Dios.

Pero hay otros que “miran al Crucificado, y se ponen a los pies de la Cruz, y miran a Jesucristo, con sangre, con espinas, pero no solamente el dolor del cuerpo de Cristo, sino el dolor del alma de Cristo… Y Cristo experimenta en su corazón cada instante de dolor de cada criatura humana”.

“Si quieres, te puedes convertir en corredentor”

“Entonces encuentras un consuelo, una fortaleza, una razón para tu sufrimiento”, subraya don Jesús. “Porque si quieres, te puedes convertir en corredentor, y por tanto tu sufrimiento ya no es un absurdo, un Dios que se ha olvidado de ti, que se te deja ahí sufriendo porque te ha tocado en la lotería de la vida la bola negra…, sino que Dios te está pidiendo que subas la Cruz con Él, y que ofrezcas ese dolor tuyo unido al suyo. Porque entonces, si lo unes al suyo –esto es un don del Espíritu Santo, no es tan fácil–, pero si te acuerdas de unir tu dolor al suyo, entonces tu dolor se convierte en redentor”.

Cuando uno está con un disgustazo, cuando uno está enfermo, cuando uno está solo, cuando uno no saber qué hacer, va concluyendo el párroco de Çaná, “hay que ir al pie de la Cruz, y decir: Señor, Tú estás ahí por mí, Tú estás pasando lo que paso yo, Tú saliste adelante, y yo, apoyado en Ti, también pienso salir.”.

“No todo termina en la Cruz”. “El sufrimiento no es una maldición”

Las palabras finales de Jesús Higueras resuelven todas las incógnitas. 

“Lo decimos en el Credo: por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y fue crucificado por nuestros pecados. ¡Y resucitado! La esperanza es que no todo termina en la Cruz.

Decía san Pablo, es doctrina segura. ‘Si con Él sufrimos, reinaremos con Él’.

Si Dios permite que en mi vida me golpee el sufrimiento, concluye don Jesús, “es que Dios de algún modo, quiere que ese sufrimiento se convierta en gloria, para mí, y para los que amo: para tus hijos, para tus padres, para tu familia…

“Por tanto, desde que Cristo subió a la Cruz, el sufrimiento no es una maldición. El sufrimiento es un espacio para encontrarse con Dios, y para crecer en el amor”.

El autorFrancisco Otamendi

Mundo

Massimiliano Padula: “Existe el riesgo de la transformación del testimonio en espectáculo”

En el debate eclesial sobre la llamada “misión digital”, Massimiliano Padula invita a no quedarse en el adjetivo. La verdadera cuestión, explica a Omnes, es formar personas capaces de habitar estos entornos con madurez humana, espiritual y pastoral.

Giovanni Tridente·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El 17 de marzo de 2026, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, tuvo lugar un congreso que reunió a cuatro universidades pontificias romanas para reflexionar sobre los retos que el contexto digital plantea a la evangelización y a quienes se dedican al anuncio del Evangelio en este ecosistema de información y relaciones. Un tema ciertamente no nuevo, pero que en los últimos meses ha vuelto a situarse en el centro de la atención eclesial gracias también al Sínodo sobre la sinodalidad, que ha reconocido este ámbito como un auténtico “entorno de misión”. 

En el coloquio romano participaron las universidades Gregoriana, Salesiana, Lateranense y Santa Cruz. Centró su atención en el tema de la formación, en particular de los sacerdotes y las personas consagradas, también porque muchos de los protagonistas de la presencia eclesial en las redes sociales pertenecen al clero o a la vida consagrada. El debate se centró en cuatro ámbitos clave: pastoral, espiritual, humano e intelectual.

La reflexión sociopastoral se encomendó al profesor Massimiliano Padula, catedrático de Ciencias de la Comunicación en la Pontificia Universidad Lateranense. Sociólogo de la comunicación, en sus estudios se ocupa de la relación entre los medios de comunicación y las prácticas pastorales, con especial atención a los procesos de transformación en la sociedad contemporánea y en las instituciones eclesiales. 

En esta entrevista con Omnes ofrece más elementos de reflexión sobre la necesidad de relativizar el adjetivo “digital”, para hacer emerger la dimensión propiamente misionera de la presencia cristiana en estos “entornos”.

¿Cuál es su valoración del informe La misión en el entorno digital, elaborado tras el Sínodo de los Obispos?

—El documento representa una contribución significativa, porque ha iniciado un debate sobre un tema complejo y a menudo malinterpretado. Uno de los elementos más relevantes es el punto de partida: la idea de que el entorno digital no es solo un conjunto de herramientas, sino una verdadera y propia cultura. Este enfoque es un presupuesto indispensable para una reflexión teológico-pastoral adecuada al presente y para imaginar nuevas formas de misión. 

Sin embargo, persiste cierta ambivalencia: por un lado, se afirma la naturaleza cultural de lo digital; por otro, se tiende aún a configurarlo como un ámbito que debe organizarse y regularse mediante instrumentos institucionales específicos. Las propuestas relativas a la creación de nuevas funciones, al reconocimiento de un posible ministerio específico o a la adaptación de las estructuras eclesiales responden a necesidades comprensibles, pero corren el riesgo de desplazar la acción pastoral hacia una lógica predominantemente organizativa. El principio recordado por el Papa Francisco en Evangelii Gaudium, según el cual “el tiempo es superior al espacio”, invita, por el contrario, a privilegiar los procesos en el tiempo, capaces de generar transformación, más que la construcción de estructuras definidas de forma inmediata.

¿Cómo interpretar entonces la relación entre estructuras y procesos en la pastoral digital?

—La cuestión no se refiere a una oposición absoluta entre estructura y proceso, sino a su correcto equilibrio. Sin embargo, un énfasis excesivo en la formalización de la pastoral en el ámbito digital corre el riesgo de producir efectos contraproducentes, como el aislamiento autorreferencial y la reducción de la misión a una práctica especializada. 

Lo digital, como dimensión ya integrada en la experiencia cotidiana, no necesita una separación institucional rígida, sino una integración generalizada en las prácticas eclesiales ordinarias.

¿Qué nos dice sobre el fenómeno de los llamados “influencers de Dios”?

—La aparición de figuras que utilizan las plataformas digitales con fines evangelizadores debe situarse dentro de una dinámica participativa más amplia. 

La producción generalizada de contenidos ha favorecido el desarrollo de formas de acción eclesial desde abajo, que pueden reconducirse a un paradigma que yo defino como “pastoral de base”, es decir, una pastoral que nace desde abajo. Se trata de formas de acción eclesial que surgen de las dinámicas participativas de las redes digitales, en las que cualquiera puede convertirse en sujeto activo de la evangelización, contribuyendo a generar procesos que no se centran exclusivamente en las estructuras institucionales. Esta dinámica, que la socióloga Heidi Campbell ha descrito como “religión en red”, representa una gran oportunidad. Pero también conlleva importantes aspectos críticos: el riesgo de una personalización excesiva, la transformación del testimonio en espectáculo, y la reducción del contenido teológico a una narración simplificada.

¿Qué estrategias considera eficaces para abordar estas dificultades?

—El elemento decisivo es la formación, entendida en sentido integral. No se trata simplemente de adquirir competencias técnicas, sino de desarrollar una conciencia crítica y una madurez humana, espiritual e intelectual. En esta perspectiva, es necesario invertir en itinerarios formativos capaces de integrar la dimensión teológica y la competencia comunicativa. La calidad de la acción pastoral, de hecho, depende del equilibrio entre la profundidad de los contenidos y la eficacia expresiva.

Una comunicación teológicamente correcta, pero carente de adecuación comunicativa, resulta ineficaz; del mismo modo que una comunicación formalmente eficaz, pero carente de arraigo doctrinal, resulta frágil. 

¿Qué características debería tener una formación de los misioneros digitales adecuada al contexto contemporáneo?

—Una formación adecuada debe centrarse en las personas más que en los instrumentos. Esto implica la capacidad de abordar de manera crítica la complejidad de la contemporaneidad, caracterizada por el pluralismo, los conflictos y las profundas transformaciones en los lenguajes y las formas de la vida en sociedad. Además, debe tener en cuenta las transformaciones que afectan a realidades fundamentales como la familia, las generaciones jóvenes y el envejecimiento de la población, reconociendo también nuevas formas de vulnerabilidad social. 

En este contexto, el ministro ordenado y, más en general, todo agente pastoral está llamado a desarrollar una competencia interpretativa capaz de traducir el mensaje cristiano en un horizonte marcado por la incertidumbre y la fragmentación. 

Solo integrando el arraigo teológico y la conciencia del contexto será posible evitar formas de misión desencarnadas y permanecer fieles a la naturaleza de una Iglesia que, como escribía Joseph Ratzinger, es ante todo comunidad de amor y comunidad de personas.

Si la Iglesia reconoce cada vez más en los últimos tiempos “lo digital” como un ámbito de evangelización, ¿por qué considera necesario relativizar precisamente este adjetivo?

—La tendencia a calificar lingüísticamente los fenómenos sociales responde a una doble exigencia: por un lado, la de hacer comprensible un determinado ámbito de la experiencia; por otro, la de atribuirle una clave interpretativa precisa, ya sea positiva, negativa o neutra. Desde esta perspectiva, el término “digital”, originalmente descriptivo, ha ido adquiriendo progresivamente una función calificativa, hasta convertirse en un atributo que se extiende a múltiples dimensiones de la vida social: se habla, por ejemplo, de “vidas digitales”, “educación digital”, “Iglesia digital”.

Sin embargo, en el contexto actual, lo digital tiende a perder su función distintiva. No tanto porque se comprendan plenamente sus instrumentos, tiempos, espacios, lógicas y riesgos, sino porque ya se ha interiorizado como un componente ordinario de la vida social y cotidiana. Según el Digital 2026 Global Overview Report, más de 6.000 millones de personas utilizan Internet: una cifra -una “supermayoría”- que hace que el adjetivo resulte cada vez más redundante. En otras palabras, lo digital ya no puede considerarse una dimensión separada o meramente tecnológica, sino que debe interpretarse como un requisito estructural de la vida social, cada vez más invisible y normalizado. Por eso “digital” ya no es sinónimo de “tecnológico”: se ha convertido en una condición de fondo de la experiencia humana y social.

A la luz de esta perspectiva, ¿cómo interpreta expresiones como “misión digital” o “sínodo digital”?

—Considero que estas expresiones deben reinterpretarse partiendo de su significado más profundo. La misionariedad y la sinodalidad no se definen en función del contexto tecnológico en el que se expresan, sino en relación con su naturaleza teológica y eclesiológica. El adjetivo “digital”, en este sentido, corre el riesgo de introducir una distinción impropia, como si existiera una misión “otra” respecto a la eclesial en sentido estricto. Por el contrario, la acción misionera y el camino sinodal se configuran como procesos que atraviesan los diversos ámbitos de la experiencia humana, sin agotarse en un contexto específico. 

Más que insistir en estas etiquetas, tal vez convenga reconducirlas a su dimensión fundamental: la misión y el sínodo como formas de corresponsabilidad eclesial, orientadas al cuidado concreto de las personas y a su promoción integral.

Iniciativas

La Sociedad de Científicos Católicos de España estrena rostro digital

La Sociedad de Científicos Católicos de España lanza su nueva identidad visual y digital para potenciar su misión y conectar con nuevas audiencias en el ámbito científico y social.

Redacción Omnes·12 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La Sociedad de Científicos Católicos de España (SCCE) ha lanzado una nueva identidad visual y plataformas digitales para potenciar su misión y conectar con nuevas audiencias en el ámbito científico y social.

Esta renovación responde a la «evolución natural» que ha experimentado la sección española desde su nacimiento en 2022. Ante el constante aumento en el número de miembros y el interés social por sus propuestas, la organización ha dado un paso estratégico para dotarse de una imagen más coherente y alineada con su vocación de servicio.

Crecimiento de la organización

El rediseño de la SCCE no se limita a una simple actualización estética, sino que busca alcanzar objetivos fundamentales para el crecimiento de la organización. Según la nota de prensa en la que explican el cambio, esta nueva etapa está diseñada para «expresar con mayor claridad la propuesta de la Sociedad» y, al mismo tiempo, facilitar el acceso de los usuarios a sus contenidos y actividades formativas. Asimismo, la entidad pone el foco en el futuro, buscando conectar con nuevas generaciones de estudiantes y profesionales para reforzar su posición como una «comunidad de referencia» en el diálogo entre la ciencia y la religión.

Este proceso de cambio ha venido acompañado de una renovación profunda de sus plataformas digitales. Estas han sido concebidas para ofrecer una experiencia de usuario más intuitiva y dinámica, con una clara orientación hacia la divulgación científica rigurosa.

Importancia de España

La relevancia de este impulso digital cobra sentido al observar el peso de España en la organización internacional (fundada en 2016): actualmente, este país es el que cuenta con mayor número de integrantes después de Estados Unidos.

Por ello, la SCCE reafirma su convicción de que la separación entre el ámbito científico y el religioso no es inevitable. Con esta nueva imagen, la sociedad se propone seguir trabajando en universidades, institutos y parroquias para «testimoniar la armonía entre la vocación de científico y la vida de fe», ofreciendo así una comprensión más completa de la realidad y del ser humano.

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FirmasAlberto Martín Colino

Romerías

Mayo es alegría, mes de la madre y, como no, mes de la Virgen, esa que tan contenta nos recibe cuando hacemos una romería, esas que hacíamos cada año en el colegio.

12 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Qué bonito era cuando en mayo existía vida más allá de los exámenes y de los trabajos finales. El Madrid levantaba muchas Champions y el verano se dejaba ver poco a poco en el color de las flores. También se olía, con ese inconfundible aroma a urbanización regada y a cloro de piscina. Mayo es alegría, mes de la madre y, como no, mes de la Virgen, esa que tan contenta nos recibe cuando hacemos una romería, esas que hacíamos cada año en el colegio.

Niños que cantan a María desde los asientos de atrás del bus en el que viajan a la romería, al monasterio de San este o de San aquel, una maravillosa mañana de primavera en la que disfrutan todos juntos de sus bocadillos y, alguno que otro, comparte generosamente de sus Pringles mientras todos le sonríen, alegres y frescos como las flores que vienen ahí a poner, a los pies de la Virgen que reina sobre todos, sobre las familias y sobre el Colegio.  

Risas entre bolas y bolas del Rosario, ese que rezan con música y con voces todavía de niño. Retumban los ruega por nosotros y siempre, siempre, siempre hay alguien que se lía con los misterios pares, estallando la carcajada también de los profesores. Se lanzan peticiones de todo tipo, sin miedo ni vergüenza, que la Virgen no hace otra cosa más que acogerlas y darles cariño. 

Los años han pasado y, probablemente, ya no podemos dedicar un día entero a la romería. Bueno, tampoco hace falta, cualquier pequeño momento es perfecto para este plan.  

Mis amigos y yo hemos patentado un formatín perfecto para gente muy seria ocupada (aunque todavía no sabemos con qué). Llevamos ya varios años quedando a última hora de la tarde en el Santuario de Valverde, Montecarmelo, donde rezamos uno o dos rosarios. Siempre nos enfrentamos con nuestra falta de puntualidad, y es que ya van varias veces que el conserje nos cierra el Santuario en la cara. Este año dio el pitido final en medio del quinto misterio, no dejándonos ni descuento para las letanías. 

A la salida, a veces algo precipitada, nos reunimos todos en algún bar a celebrar. Y es que, si un cumpleaños o una graduación son buenos motivos de convocatoria, ¿por qué no el mes de la madre? Hemos cambiado los bocadillos por cervezas y, ahora, en vez de pedir por el partido entre 5ºA y 5ºB, pedimos por prácticas, entrevistas y futuros noviazgos. 

En fin, los años pasan y es inevitable que las cosas cambien, muchas a mejor. Iremos nuevos lugares y con otras personas, pero siempre bajo el mismo manto.

El autorAlberto Martín Colino

Estudiante de 5º curso de Ingeniería de Telecomunicaciones y Business Analytics.

Mundo

El gobierno alemán cerca de dar un importante paso atrás contra las familias

La medida, impulsada por el ejecutivo de Friedrich Merz, trata de obligar a los familiares coasegurados a abonar hasta 225 euros mensuales a partir de 2028.

Almudena González Barreda·12 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Consejo de Ministros alemán aprobó el pasado 29 de abril una reforma del seguro sanitario que, si supera el debate en el Bundestag, impondrá a los cónyuges que no cotizan un recargo mensual por su cobertura médica a partir de 2028. Hasta ahora, estas personas estaban cubiertas sin coste adicional a través del Familienversicherung, el seguro familiar público alemán.

Según el texto aprobado por el ejecutivo de Friedrich Merz, el recargo se situaría en torno a los 225 euros mensuales o el 3,5% del salario bruto del cónyuge cotizante, aunque las cifras podrían modificarse durante la tramitación parlamentaria. El Gobierno justifica la medida por la necesidad de cubrir un déficit estimado en 15.000 millones de euros en el sistema de salud público.

Las personas directamente afectadas son, en su gran mayoría, mujeres: el seguro familiar cubre actualmente a aproximadamente 2,5 millones de cónyuges que están fuera del mercado laboral que cotiza; en casa, con mini job, prejubiladas…

Una contradicción ideológica en el seno del Gobierno

La reforma no ha pasado sin controversia dentro de la propia coalición gobernante. La ministra de Sanidad, Nina Warken, pertenece a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido que ha situado históricamente la defensa del modelo de familia tradicional —y del cónyuge dedicado al hogar— en el centro de su programa electoral. Diversos analistas y responsables de organizaciones familiares señalan que la medida penaliza económicamente precisamente ese modelo.

En los hogares con hijos menores de siete años o con personas dependientes a cargo, la reforma no introduce cambios. Sin embargo, en aquellos con hijos de mayor edad, la ecuación económica se recalibra: el cónyuge que permanece en casa dejará de estar cubierto, lo que introduce un incentivo estructural hacia la incorporación al mercado laboral.

Organizaciones críticas con la medida, los sindicatoso sociales de SoVD y VdK, advierten de que, al monetizar la ausencia de cotización, el Estado penaliza directamente a la mujer y traslada implícitamente que el trabajo de cuidado dentro de la famiilia—crianza, atención a personas mayores, gestión del hogar— no tiene reconocimiento económico en el sistema.En un país con una tasa de fecundidad inferior a 1,5 hijos por mujer y una preocupación creciente por el envejecimiento demográfico, penalizar ese modelo podría agravar, a largo plazo, el mismo problema que la reforma pretende resolver. 

Sentar precendete en Europa

La reforma alemana llega en un momento en que varios países de la Unión Europea debaten la sostenibilidad de sus sistemas de protección social. Francia, Austria, Bélgica y los Países Bajos mantienen fórmulas similares de coaseguro o desgravación por cónyuge dependiente que han comenzado a cuestionarse bajo argumentos análogos: equidad contributiva, fomento del empleo femenino y equilibrio presupuestario.

Cuando la mayor economía del continente adopta una medida de este alcance puede sentar precedente o servir de inspiración a organismos, como la Comisión Europea y otros gobiernos nacionales, que la puedan tomar como referencia para sus propias reformas. El debate de fondo, en cualquier caso, trasciende lo fiscal: lo que está en juego es si el Estado considera la unidad económica relevante al adulto cotizante o a la familia como célula con funciones sociales propias.

La propuesta deberá superar aún el debate y la votación en el Bundestag antes de entrar en vigor.

El autorAlmudena González Barreda

Periodista española especialista en tendencias, residente en Alemania.

Libros

Rod Dreher: “Vivimos en un mundo cada vez más esotérico”

Rob Dreher, autor de "La Opción Benedictina" reflexiona sobre el regreso de lo sobrenatural a Occidente y la necesidad de recuperar una fe vivida, no solo intelectual

Inmaculada Sancho·12 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

Rod Dreher (Luisiana, 1967) es uno de los intelectuales cristianos más influyentes del mundo anglosajón. Periodista y escritor norteamericano afincado en Europa, fue de los primeros en investigar el escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia católica de Estados Unidos. Esa experiencia le provocó tal impacto que le hizo abandonar la fe católica y le llevó a pasar a la Ortodoxia oriental.

Autor de tres “bestsellers” en el “New York Times” —entre ellos “La Opción Benedictina”, que significó un éxito y provocó un debate intelectual entre los católicos—, su último libro, “Vivir en el asombro”, publicado en Encuentro, aborda el regreso de lo sobrenatural a una sociedad que creyó haber superado la religión, y la necesidad urgente de que los cristianos recuperen una fe encarnada, no solo intelectual. Después de haberlo perdido casi todo, sigue encontrando a Dios en lo cotidiano. Dreher ha atendido a Omnes en Madrid.

Ha escrito extensamente sobre el asombro, pero quería empezar por algo más concreto. ¿Cuándo fue la última vez que lo experimentó usted personalmente?

– Casi a diario hay alguna pequeña señal de que Dios está conmigo, ayudándome a encontrar personas que necesitan mi ayuda —o que yo necesito de algún modo que no había anticipado⎯. Por eso procuro cultivar siempre una disposición de apertura para que Dios actúe en mi vida.

Pero la primera vez que experimenté el asombro de verdad fue a los 17 años, en 1984, en un viaje a Europa. Yo no estaba seguro de si creía en Dios ni en nada. Viajé en un autobús lleno de turistas americanos mayores —yo era el único joven del grupo—, pero no me importó: iba a París. Hicimos una parada a una hora de la ciudad para visitar una iglesia. Pensé: otra iglesia vieja.  Entramos, y era la catedral de Chartres. No había nada en mi vida — me crié en un pueblo pequeño de Estados Unidos a finales del siglo XX— que me hubiera preparado para Chartres. Allí me sentí abrumado por el asombro y supe, de algún modo, que Dios existe realmente. Quise conocer al Dios que había inspirado a los hombres, ochocientos años atrás, a construir un templo tan hermoso en su honor. No salí de aquella iglesia como cristiano, pero salí en búsqueda. Y esa búsqueda me llevó finalmente a Cristo.

En el libro argumenta que los nuevos ateos de hace veinte años no crearon un mundo sin Dios, sino un vacío, y que ahora lo están llenando los dioses antiguos —Baal, Ishtar, Moloch—, volviendo bajo nuevas formas. ¿Cómo se manifiesta eso hoy en concreto?

– Tengo 59 años y mi generación no vio esto. Pero hace cuatro años estaba en Oxford, en una conferencia, y se me acercó un joven seminarista de 27 años que me preguntó: “¿Cuál cree que es la mayor amenaza para el cristianismo?”. Respondí: “El ateísmo”. Él me replicó: “No, eso era verdad para su generación. Para la mía, la mayoría no piensa en el ateísmo. La amenaza es el ocultismo”.  

Me contó que, en Londres, donde había trabajado antes de entrar al seminario, era el único cristiano de su oficina. Pero no había ateos: todos tenían algún vínculo con el ocultismo: astrología, tarot, cristales, Wicca, etc. Incluso había dos personas que defendían que el satanismo era la mejor forma de ser plenamente humano. El seminarista me dijo: “Sé que cuando sea sacerdote tendré que lidiar con esto el resto de mi vida. Pero su generación ni siquiera sabe que existe”. Aquello me impactó.  

Al volver a casa investigué las ciencias sociales, y es completamente cierto. Chesterton decía que cuando el hombre deja de creer en Dios, cree en cualquier cosa. Y eso es lo que vivimos hoy. Los jóvenes —los veinteañeros, los adolescentes— buscan misterio, trascendencia y sentido. Pero no siempre quieren el cristianismo. Algunos piensan que no pueden encontrarlo en la Iglesia, porque muchas Iglesias intentan restar importancia al misterio para parecer más modernas. Otros saben que hacerse cristiano implica rendirle la vida a Jesucristo y perder la libertad de hacer lo que les dé la gana. El ocultismo les dice que pueden hacer lo que deseen. El problema es que les costará el alma.

Dedica todo un capítulo a lo que llama “‎encantamiento oscuro”: personas que atraviesan experiencias que podríamos llamar demoníacas (brujería, psicodélicos). ¿Por qué cree que se produjo ese cambio, del no creer en nada a querer adentrarse en esa oscuridad?

– Porque las personas no pueden vivir sin una sensación de misterio, sin creer que hay algo más allá del mundo material. Es algo que necesitamos como seres humanos. Desde la fe cristiana, creo que san Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Dios. Pues bien, lo buscan, pero eligen un dios falso: el del ocultismo.

A lo largo de la historia siempre ha existido la práctica del discernimiento: tratar de distinguir lo que es verdaderamente de Dios de lo que no. Pero en el libro escribe que hoy mucha gente se siente atraída por la Inteligencia Artificial y los OVNIs casi como si fueran entidades sobrenaturales, nuevas fuentes de sabiduría trascendente. ¿Cree que la mayoría de los creyentes han perdido la capacidad de discernir con qué están tratando espiritualmente?

– En general, casi nadie está preparado hoy para discernir. Se da por supuesto que, si ocurre algo misterioso o sobrenatural, tiene que ser bueno, o al menos neutro. La Iglesia ofrece criterios serios de discernimiento, pero mucha gente no quiere escucharla —cree que sabe más—. Y pueden verse atrapados antes de darse cuenta.

También vivimos en una cultura que está abierta a todo tipo de experiencias y que cree que la única autoridad es uno mismo: no la Iglesia, ni la Biblia. Es algo muy peligroso, que además nuestra cultura alienta.  Vivimos en un ambiente religioso en el que la gente —incluso muchos cristianos— cree tener derecho a elegir por sí misma qué es verdadero y qué es falso. Esa libertad es una ilusión. Puedes consumir drogas si quieres, pero te matarán. Si sigues la sabiduría de la Iglesia al respecto, te mantendrás alejado. Lo mismo vale para la espiritualidad: en la Biblia encontramos todo tipo de advertencias contra esto. La Iglesia tiene dos mil años de experiencia en estas realidades.

En el libro hablo de cómo en el mundo occidental moderno somos lo que llaman “WEIRD”: “Western”, “Educated”, “Industrialized”, “Rich”, “Democratic” —occidental, educado, industrializado, rico y democrático—. Eso es Occidente hoy. En ese mundo no percibimos la dimensión espiritual de la vida del mismo modo que la mayoría de la gente en el resto del mundo, ni del mismo modo que nuestros antepasados antes de la era moderna. Esto es, en cierto sentido, una buena noticia. Si pensamos que lo sabemos todo y que quienes viven en otros países son simplemente supersticiosos, estamos equivocados. Hay superstición, sí. Pero ellos perciben aspectos de la realidad ante los que nosotros estamos ciegos, por culpa de nuestra cultura materialista y del mito del progreso, que establece que cada generación es más lista que la anterior. En ciencia y tecnología, puede ser. Pero en lo espiritual, cada vez nos estamos volviendo más y más estúpidos.

Algunos lectores sintieron que “La Opción Benedictina” era una retirada del mundo, casi como cerrar puertas. Y en “Vivir en el asombro”, en cambio, parece haber una apertura a la experiencia espiritual. ¿Diría que este nuevo libro matiza o corrige esa percepción?

– Sí, lo escuché mucho de los críticos de “La Opción Benedictina”, muchos de los cuales no se habían leído el libro. En él explico que no hay escapatoria del mundo moderno; no podemos huir al monte y escondernos. Pero si vamos a vivir en este mundo como cristianos fieles, necesitamos establecer ciertos límites para cultivar la fe, crecer en ella y transmitirla a nuestros hijos, de modo que cuando salgamos al mundo podamos ser discípulos fieles de Jesucristo. Nunca dije “retiraos al monte”, pero creo que mucha gente quería entenderlo así, porque de ese modo es más fácil rechazar el mensaje.

En este nuevo libro digo: vivimos en un mundo que paradójicamente se está volviendo cada vez más esotérico. Por eso tenemos que volver a lo que la Iglesia nos ha enseñado sobre el discernimiento espiritual y levantar esas barreras, no para huir de todo, sino para saber decir que no cuando nos encontremos con ello.

En el libro habla de la oración de liberación, del distanciamiento familiar, de su divorcio, y dice que lo que se fue era una nube oscura que había llevado consigo toda la vida adulta. ¿Dudó antes de publicar algo tan personal?

– Sí dudé, porque era muy personal. Pero al mismo tiempo, en todo lo que he escrito he descubierto que la gente se me acerca y me dice: “Gracias por decir esas cosas; yo también lo he vivido y me dio esperanza”. Y pensé: si Dios hizo esto por mí a través de las oraciones de mi sacerdote —que también es exorcista—, no puedo callarme, porque puede haber alguien leyendo esto que necesita exactamente esa ayuda. Por supuesto, mucha gente se reirá de mí por escribir algo así. Me da igual. Tengo 59 años y he vivido demasiado. Mi mujer se divorció de mí, perdí la fe católica, estoy distanciado de mi familia en Estados Unidos, que tiene sus propios problemas. Y Cristo me llevó a través de todo eso. He publicado tres libros en la lista de “bestsellers” del “New York Times”, así que no me preocupa que la gente se ría de mí. Siento que quiero dar testimonio de lo que el Señor ha hecho en mi vida. 

Desde mi divorcio, nunca he hablado en público de por qué ocurrió porque es demasiado íntimo. Sin embargo, hay hombres cristianos a los que no conozco que me escriben diciendo: “Lamento que estés viviendo el divorcio. Esto es lo que yo estoy sufriendo. ¿Puedes ayudarme?”. Y les digo todo lo que puedo para ayudarles.

¿Diría entonces que todas esas cosas dolorosas y esa visión del asombro que describe en el libro encajan? ¿O a veces es complicado?

– Encajan, aunque a menudo es complicado. En mi libro anterior, “Vivir sin mentiras”, cuento la historia de un cristiano en la Unión Soviética: Alexander Ogorodnikov. Era de una familia comunista prominente, pero se convirtió al cristianismo a principios de los años setenta. Los jóvenes empezaron a reunirse en su apartamento de Moscú para rezar y alabar a Dios juntos. Finalmente, la KGB los arrestó a todos y los mandó a prisión. A Ogorodnikov lo pusieron en el corredor de la muerte, no porque estuviera condenado a muerte, sino que, por proceder de una familia comunista conocida, lo pusieron entre los peores presos de Rusia para que sufriera. Él empezó a evangelizarlos, y algunos se convirtieron. Los guardias, furiosos por las conversiones, lo pusieron en aislamiento. Allí empezó a sufrir de verdad y a dudar de su fe. Lo entrevisté una vez en Moscú, y me contó —llorando— que una noche lo despertó un ángel que lo sacudió. Levantó los ojos y vio al ángel, que le mostró la visión de un hombre, un preso, con las manos a la espalda, siendo llevado a su ejecución. Esto se repitió noche tras noche. Y Ogorodnikov acabó comprendiendo lo que significaba: todos los hombres que veía (que eran asesinos), a quienes llevaban a ejecución, habían aceptado a Cristo gracias a su predicación. El ángel le estaba diciendo: a través de tu sufrimiento, estos hombres están hoy en el paraíso con el Señor, porque se arrepintieron. Y Ogorodnikov me dijo: “Recuperé toda mi fe y toda mi esperanza de esa experiencia”. 

Cuando escucho una historia así —y sé que es verdad—, cuando me siento deprimido y lleno de desesperanza por lo que me ha pasado, me acuerdo del testimonio de Ogorodnikov: el sufrimiento no es el final. Si seguimos perseverando sin perder la fe —con la convicción de que Cristo permite esto por una razón misteriosa y de que solo tenemos que cooperar con el Espíritu Santo, mantener la esperanza y mostrar el amor de Dios a los demás a pesar del sufrimiento—, al final estamos cumpliendo la voluntad de Dios.

El autorInmaculada Sancho

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Vaticano

El IOR vaticano crece en beneficio (51 mill. euros, 55,5 % más), y depósitos

El Instituto para las Obras de Religión, IOR vaticano, ha aumentado en 2025 su beneficio neto hasta 51 millones de euros, un 55,5 % más que en 2024, gracias también al incremento del volumen de activos de clientes (5.900 millones frente a 5.700 en 2024).  

Francisco Otamendi·11 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El nuevo IOR, Istituto per le Opere di Religione (IOR), comúnmente denominado Banco Vaticano, acaba de publicar la decimocuarta edición de su Informe anual, que incluye los estados financieros de 2025, con una notable senda de crecimiento en sus indicadores.

El francés Jean-Baptiste de Franssu ha concluido su mandato de presidente con la aprobación de estas cuentas anuales de 2025. El Instituto ha rendido homenaje a su labor, desarrollada bajo el impulso del Papa Francisco. El luxemburgués François Pauly es desde el pasado 28 de abril el nuevo presidente.

Principales indicadores

Entre los datos más relevantes de estas cuentas anuales, el IOR destaca los siguientes.

– un beneficio neto de 51 millones de euros en el último ejercicio, lo que supone un aumento del 55,5 % respecto a 2024, gracias también al incremento de los depósitos de los clientes.

– 5.900 millones de euros en depósitos totales (depósitos de clientes, activos bajo gestión, activos en custodia) gestionados por la entidad, frente a los 5.700 millones de euros de 2024. con un aumento de un 3 por ciento.

– 815,3 millones de euros de activos netos, lo que supone un aumento de 83,4 millones de euros con respecto a 2024.

– 32,3 millones de euros de margen de intereses, frente a los 29,4 millones de euros de 2024; 26,2 millones de euros de margen de comisiones, en línea con los 26,5 millones de euros del año anterior; margen de intermediación de 66,3 millones de euros, frente a los 51,5 millones de euros de 2024.

• Coeficiente Tier 1 del 71,9 %, un 3,5 % más que en 2024, debido principalmente a una disminución general de los riesgos y a un aumento del capital total.

Logo del IOR vaticano (Wikimedia commons).

Algunos comentarios

El notable aumento del beneficio neto se ha debido principalmente a la mejora de los resultados operativos, lo que refleja una gestión de carteras activa y disciplinada, así como condiciones de mercado favorables.

La rentabilidad global aumentó sustancialmente, respaldada además por la evolución positiva de las reservas de los fondos de pensiones.

Todas las estrategias de gestión de carteras para clientes (GPM), con un rendimiento positivo en todas ellas, confirman la posición del IOR como uno de los principales gestores de activos al servicio de los propietarios de activos católicos. 

Informe de auditoría “sin salvedades” de Deloitte

Los estados financieros presentados han recibido un dictamen de auditoría “sin salvedades” de la firma auditora Deloitte & Touche, y fueron aprobados por unanimidad el 28 de abril de 2026 por el Consejo de Superintendencia del Instituto, como exigen los Estatutos.

A la luz de “los sólidos datos”, y teniendo en cuenta las necesidades de capitalización del Instituto, la Comisión de Cardenales aprobó el reparto de un dividendo de 24,3 millones de euros al Santo Padre, lo que supone un aumento del 76,1 % con respecto a 2024, de acuerdo con la misión del Instituto de apoyar las obras de religión y caridad.

La nota añade que de plena conformidad con la Doctrina Social de la Iglesia, el IOR ha continuado ofreciendo una gama de productos diversificada, combinando su experiencia en gestión con la de más de 11 gestores de activos internacionales. 

Más congregaciones religiosas clientes

En el apartado relativo a activos de clientes gestionados, 5.900 millones de euros a finales de año, el IOR informa que durante 2025 se produjo un aumento tanto en el número de congregaciones religiosas que son clientes del Instituto, como en aquellas que confiaron sus activos mediante la suscripción de mandatos de gestión de activos. 

El IOR destaca “la solidez del coeficiente Tier 1, así como de los coeficientes de liquidez”, que “sitúan al Instituto entre las instituciones financieras más sólidas del mundo en términos de capitalización y liquidez”.

Banca on line y plan estratégico

El Instituto ha introducido por otra parte un servicio de banca en línea, ampliando los canales de acceso y garantizando métodos operativos más sencillos, seguros e inmediatos, en consonancia con los más altos estándares internacionales.

El Plan Estratégico 2026-2028 aprobado por el Consejo de Superintendencia se articula en torno a tres principios clave: orientación al cliente, crecimiento prudente, y seguridad y solidez financiera.

En febrero de 2026, el IOR lanzó, en colaboración con Morningstar, dos nuevos índices bursátiles. “Elaborados de acuerdo con las mejores prácticas del mercado y en pleno cumplimiento de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, ambos índices pretenden servir de referencia para las inversiones católicas en todo el mundo”.

El autorFrancisco Otamendi

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Evangelización

Erik Varden: “Amar a quienes cometen errores no significa fingir que esos errores no existen, sino abordarlos de manera constructiva”

Erik Varden, obispo noruego, habla en esta entrevista sobre la urgencia de ser realmente cristocéntricos y de "estar firmemente comprometidos con el seguimiento de Cristo y con la aplicación de sus mandamientos, así como de sus promesas".

Agencia OSV News·11 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

-OSV News / Gina Christian

Durante su visita del 7 de mayo al Seminario de Santa María en Baltimore, el obispo Erik Varden, de Trondheim (Noruega), miembro de la orden monástica trapense, concedió una entrevista a OSV News para compartir sus reflexiones sobre la esperanza cristiana, los peligros de la inteligencia artificial y la instrumentalización de la fe cristiana, así como la necesidad de tener paciencia en la vida espiritual.

Esta entrevista ha sido editada por motivos de extensión y claridad.

Usted impartió las reflexiones para los Ejercicios Espirituales de Cuaresma en el Vaticano al papa León XIV y a otras personas, y en su reflexión final se centró en el tema de la comunicación de la esperanza. En Estados Unidos ha habido un gran interés por las películas y los libros del género “noir nórdico” —a menudo sombríos y moralmente ambiguos— y existe la percepción de que la cultura nórdica es, en general, similar. ¿Le parece irónico que un obispo nórdico se centre en la esperanza?

– Bueno, tu pregunta me hace sonreír, porque he vivido en varios países, sobre todo en Europa, y me parece que, cuanto más al sur te desplazas en Europa, más extravagantes son las ideas que la gente tiene del norte, y más dan por sentado que es una zona del mundo sumida en una oscuridad perpetua, donde todo el mundo se dedica a beber y a los excesos, donde todo el mundo toma antidepresivos y donde la gente no deja de suicidarse con hachas.

Y en realidad no es exactamente así. Creo que esta idea del largo invierno noruego tiene un gran impacto en la imaginación. Pero lo que la mayoría de la gente no se da cuenta es de la extrema luminosidad del verano noruego, y de esa exposición a la luz sin ningún atisbo de oscuridad. Eso es algo intrínseco a nuestra forma de vivir los ciclos del año.

El fenómeno del “noir nórdico” es interesante. Pero sospecho que se trata de un género que ha surgido precisamente porque unos cuantos autores astutos se han dado cuenta de que responde a lo que el público espera. Y así alimentan el estereotipo porque vende, y porque a la gente le resulta entretenido, de una forma un tanto perversa.

Pero cuando nos fijamos en nuestra propia literatura, poesía y música, vemos que, en su mayor parte, son una celebración de la luz y de la primavera. Es fascinante la cantidad de poesía y música noruega dedicada a la primavera, al deshielo y a la aparición de las primeras flores.

Por supuesto, no pretendo en absoluto negar que los vikingos fueran brutales, pero eso no lo era todo en ellos. Creo que existe una identidad nórdica construida que se remonta a siglos atrás.

En su reflexión cuaresmal sobre la esperanza, señaló la tendencia actual a aferrarnos a nuestras heridas o a ignorarlas por completo. ¿Cómo podemos evitar ambos extremos?

– Creo que nuestras heridas son tan problemáticas, en gran parte, porque absolutizamos nuestra propia experiencia. Nos sentimos inclinados a pensar: “Llevo esta carga, y esta es mi gran tragedia, y este es el drama de mi existencia”. O bien pienso: “Asegurémonos de que nadie sospeche de esta herida que llevo dentro”.

Hacemos eso en lugar de mirar a nuestro alrededor y decir: “En realidad, estar herido es lo normal en el ser humano. Y puede que mi herida no sea tan diferente de la de mi vecino”.

Si aprendo a vivir con mi herida, y si aprendo a creer y a albergar la esperanza de que tal vez sea curable, y si busco los remedios adecuados, quizá incluso pueda superarla.

Y lo que quedará será el recuerdo de la curación.

Hay tantas cosas a nuestro alrededor que nos animan a vivir encerrados en nosotros mismos, como si cada uno de nosotros fuera el único sujeto importante del planeta Tierra. Sumergido en mi propia experiencia y en su patetismo, me olvido de mirar a mi alrededor y de tener en cuenta la experiencia de los demás, su alegría y su sufrimiento. Y me aíslo del motor de la compasión que hace posible la comunidad e incluso la comunión.

Como pastor, ¿cómo le gustaría que se construyera la comunidad en sus parroquias?

– Bueno, soy un poco escéptico con respecto a los planes maestros; no tengo suficiente espíritu emprendedor. Pero me alegro mucho de la jornada de estudio que tuvimos en la parroquia de la catedral de Trondheim. Había un público muy, muy variado, y acudieron muchas personas que no se conocían entre sí.

Por la noche, cenamos todos juntos y la sala estaba repleta de gente charlando animadamente. Yo me quedé en un rincón y pude ver todos esos grupitos de personas que se habían conocido ese mismo día, disfrutando de la compañía mutua, comiendo y bebiendo juntos, escuchándose unos a otros, aprendiendo unos de otros… y sin pensar ni por un momento en mirar sus teléfonos móviles.

Creo que cuanto más consigan nuestras parroquias y comunidades fomentar ese tipo de unión, mayor será su impacto más allá de sus propias fronteras, porque eso es precisamente lo que atrae a otras personas.

Hay que decir que (el evento de la parroquia de la catedral de Trondheim) había sido una jornada compuesta por algunas conferencias, pero también por momentos de oración. Habíamos asistido a Misa, habíamos celebrado juntos el Oficio Divino y habíamos dedicado un tiempo a la oración en silencio.

Y creo que fue precisamente porque nuestra comunidad de aquel día se basaba tanto en el alimento intelectual como en el espiritual, en el silencio compartido y en la conversación compartida, por lo que pudo resultar tan eficaz en tan poco tiempo. Todos esos elementos deben estar presentes: los espirituales, los intelectuales, los sociales y los de convivencia.

¿Cuáles son sus esperanzas y sus temores respecto a la inteligencia artificial y su uso para fomentar la espiritualidad?

– Me temo que, si se me permite expresar ahora mi propio nihilismo, en lo que respecta a la espiritualidad no tengo absolutamente ninguna esperanza en la IA.

Cualquier cosa puede servir de herramienta, pero no creo que la IA vaya a generar ninguna renovación espiritual, porque toda renovación espiritual digna de ese nombre es aquella que llega al corazón humano, y eso es algo que un algoritmo no puede hacer.

Obviamente, quiero decir que hay cosas que puedo utilizar en los medios digitales y la inteligencia artificial que pueden ahorrarme tiempo e incluso hacerme descubrir cosas útiles, pero no confío mucho en ellos como agentes de conversión.

Ya ha hablado anteriormente de los peligros de utilizar el cristianismo como arma con fines políticos. ¿Cómo podemos detener ese proceso, en lugar de seguir alimentando el problema?

– Buena pregunta. Y se ve por todas partes; yo también lo veo en mi propio país.

En primer lugar, quisiera subrayar que el Evangelio de Jesucristo es un fin en sí mismo, un fin que representa una meta. Cualquier intento de instrumentalizar el Evangelio con un propósito secundario, ya sea cultural, ideológico o político, es sospechoso.

Y debemos guardarnos de cualquier intento de esgrimir el cristianismo desprovisto del mensaje y la presencia del Herido y Resucitado. Cualquier presentación del cristianismo que elimine el escándalo de la Cruz o utilice perversamente la Cruz como arma para golpear a los demás se está desviando hacia la herejía o incluso hacia la blasfemia.

Por eso debemos seguir siendo decididamente cristocéntricos y estar firmemente comprometidos con el seguimiento de Cristo y con la aplicación de sus mandamientos, así como de sus promesas —ante todo, para nosotros mismos—. Y hay que tener cuidado con el exceso de retórica, hay que tener cuidado con el exceso de palabras y fijarnos en cómo vive la gente.

En definitiva, así fue como se extendió el cristianismo y así fue como renovó un mundo agotado en la Antigüedad tardía. Por supuesto, hubo un componente de predicación, enseñanza y catequesis. Pero lo que cautivó a la gente y transformó las sociedades fue el descubrimiento de una nueva forma de ser humano y de crear y fomentar la comunidad, así como el hecho de ver y reconocer la posibilidad de la reconciliación, del perdón y de construir una sociedad, una nueva ciudad, sobre la base de la reconciliación y el perdón.

Y por eso, cuando se invoca al cristianismo como parte de lo que, en última instancia, es un discurso de odio, no debemos dejarnos llevar por la corriente.

¿Cómo nos aseguramos de no caer en el peligro de subirnos a ese tren y cómo ayudamos a los demás a bajarse de él?

– El principio fundamental —que es muy antiguo, ya sabes, lo encontramos en san Pablo— consiste en entrenarnos para decir la verdad con amor.

Amar a quienes cometen errores no significa fingir que esos errores no existen, sino abordarlos de manera constructiva, en lugar de ceder a una intensificación de los conflictos.

Es decir, decir la verdad con amor, asegurarme de que realmente he estudiado la verdad, de que la entiendo, de que estoy preparado para dar una respuesta, de que estoy preparado para dar cuenta de la esperanza que hay en mí, y de que no me limito a aferrarme a algún instinto tribal. Es realmente importante.

Lo mejor que podemos hacer todos es profundizar en la fe, leer las Escrituras, formarnos en ellas, comprender y vivir profundamente la gracia sacramental de la Iglesia, para poder hablar desde esa experiencia.

Y yo diría que eso representa el remedio curativo definitivo al que te referías en tu pregunta, porque cuando uno contempla el esplendor de la Iglesia como comunidad de los redimidos, que vive de la gracia y está iluminada por el amor de Cristo, encarnada en una comunidad concreta, eso tiene un atractivo y una belleza que hacen que cualquier otro atractivo que invite a la lealtad palidezca hasta convertirse en insignificante.

Parte de esa instrumentalización del cristianismo consiste en un intento de “acelerar la llegada del reino de Dios a la tierra” por medios humanos. Como cristianos, ¿cómo equilibramos esa tensión entre la vida presente y nuestra esperanza en un futuro en el cielo?

– Por encima de todo, practicando la paciencia, que no es una virtud muy de moda y contra la que todo parece conspirar, ya que hoy en día vivimos con la ilusión de que, si tengo una necesidad o un deseo, debe satisfacerse de inmediato. Debe de haber algo que pueda descargar, o un número al que pueda llamar, o algún repartidor que pueda venir a la puerta con cosas en su mochila que me den lo que ansío, o lo que anhelo, o aquello sin lo que siento que no puedo vivir.

Pero esa creencia es una ilusión. Funciona hasta cierto punto, si tenemos  dinero en nuestra tarjeta de crédito; puede mantenernos alimentados y vestidos, y hasta cierto punto entretenidos.

Pero la vida humana es un asunto prolongado. Y las cosas llevan tiempo.

Las grandes cosas llevan tiempo. Ese es un principio que a (san John Henry) Newman le gustaba destacar.

Y ser humano es algo grandioso.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés por OSV News y se reproduce aquí con su autorización. Pueden leer el texto original AQUÍ.

El autorAgencia OSV News

Cine

Leonas, el nuevo documental de Cotelo que pone el dedo en la llaga

El 15 de mayo se estrena en los cines españoles, Leonas, que cuenta la historia de Majo Gimeno y cómo enfrentarse al problema de los miles de niños abandonados en España.

Javier García Herrería·11 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Hay películas que entretienen y películas que te mueven algo por dentro. Leonas es de las segundas. Producida por INFINITO + 1, el documental muestra el poder curativo del amor para quien lo recibe y para quien lo da, acreditado científicamente. 

Su director, Juan Manuel Cotelo, y su protagonista, Majo Gimeno, fundadora de la asociación Mamás en Acción, llegaron a la entrevista con algo que no siempre traen los entrevistados: la certeza de que lo que cuentan importa de verdad.

Todo empieza con un niño solo

La historia arranca en 2013, cuando Majo Gimeno descubre en Valencia una realidad invisible: miles de niños hospitalizados que afrontan la enfermedad completamente solos, sin familia a su lado. Un bebé. Un hospital. Nadie al lado. Eso es todo lo que hizo falta para que la vida de Majo cambiara de dirección.

«Yo vi a un niño, me quitó la paz y lo quise acompañar porque yo llegaba a mi casa y veía a mi hija y veía a ese niño», cuenta Majo. «Me daba una rabia que me moría pensar que estaba durmiendo solo. Que no había nadie que le hiciera eso».

No hubo un plan estratégico. No hubo gran visión. Solo una pregunta incómoda que no la dejaba dormir. «¿Este niño no tiene nadie y ahora yo qué hago? ¿Me voy a mi casa como que no lo he visto? ¿O hago algo por acompañarlo?».

Se quedó. Sin tener ni idea de lo que iba a pasar. Y de ese gesto -pequeño, insensato, humano- nació Mamás en Acción.

Por qué son Leonas

El título hace referencia al sentido maternal del cuidado que sienten muchas mujeres (y también hombres) cuando descubren que en España hay miles de niños sin familia. Porque eso es exactamente lo que son: mujeres dispuestas a luchar con un compromiso común: ningún niño solo. Si una madre tiene tanto poder… ¿qué no logrará un ejército de madres?

Hoy, más de una década después de que Majo Gimeno se quedara aquella noche junto a un bebé desconocido, Mamás en Acción reúne a voluntarios activos en ciudades como Valencia, Barcelona, Mallorca, Canarias o Madrid, con un compromiso común: ningún niño solo. La asociación ha prestado ya su acompañamiento a más de 2.000 niños en 54 hospitales de España.

Una realidad que duele

Los números son difíciles de escuchar. En España hay más de 55.000 menores sin padres ni responsables legales. No son menores no acompañados que llegan de fuera: son hijos de familias españolas cuyos padres, en algún momento, le dicen al Estado que no pueden hacerse cargo. O también al revés, hijos a los que el estado protege apartándolos de sus padres. 

«El panorama es de película de miedo, con perdón», admite Majo sin rodeos. «A mí no me gusta lanzar mensajes destructivos, pero en este tema llegamos tarde y mal».

El problema es estructural: cuando se detecta que unos padres no cuidan bien a sus hijos, la administración asume la tutela. Pero a los padres se les da tiempo para rehabilitarse, y mientras tanto el niño no puede ser acogido en una familia. 

«Puedes tener seis hermanos tutelados por la administración viviendo en centros tutelados y tú renovar cada vez tu derecho a rehabilitarte con cada nuevo nacimiento», explica Majo. Solo en Madrid, más de seis mil niños viven hoy en residencias tuteladas. En Valencia, más de cinco mil.

Su petición al Estado es directa: «Que actúen como padres y no como políticos. El éxito de un padre es que a sus hijos les vaya bien. No hay más». Y a la sociedad, algo aún más sencillo: «Que miremos alrededor y que nos quedemos quietos. Ya está.»

El mérito que no se reconoce

Majo Gimeno es de esas personas que incomodan un poco porque no dejan excusas en pie. No habla desde un pedestal de superioridad. De hecho, insiste en que lo suyo no tiene mérito. «Lo que yo hice no tiene ningún mérito porque yo nunca visualicé lo que iba a ocurrir. Nunca».

Y cuando alguien le dice que tiene una luz especial, lo rechaza de plano: «Ya me gustaría. Que no soy así, que soy como tú. Que no me tengas por algo que no soy, para nada».

Mamás en Acción, nos recuerda, no nació de una idea brillante sino de una pregunta muy incómoda. Y todos, en algún momento, tenemos esa pregunta esperando respuesta. «Todos tenemos un niño solo alrededor. A veces es un padre al que te tienes que llevar a tu casa y lo sabes pero no quieres mirar». 

Abre los ojos y mira a tu alrdedor: «No vengas a hacer voluntariado si hace dos meses que no vas a ver a tu abuela que está enferma. ¿Sabes que tu vecina de abajo no recibe visitas desde hace meses? ¿Te has tomado un café con ella?».

La fe que llegó después

La historia de Majo incluye también una fuerte identidad religiosa. Tiempo después de crear Mamás en acción, atravesó una difícil situación personal, hasta llegar a Dios. Su conversión no vino de acompañar niños en hospitales, sino de un sufrimiento que la llevó al límite. 

Le dijo a Dios: «Si tú de verdad existes, que yo me muera hoy porque no quiero seguir viviendo. O sea, no puedo, yo no puedo con esto».

Lo que encontró al otro lado de ese momento, cuenta, fue una presencia real. «Jesucristo ha resucitado. Ya te lo digo yo que está muy vivo y está aquí porque ha bajado al infierno a rescatarme». Y desde ahí, dice, el sufrimiento pasado cobró sentido: «Lo que te estaba haciendo sufrir era la cruz a la que te tenías que subir para poder amar».

Cotelo: el director que se enamora de los proyectos

Juan Manuel Cotelo, conocido por documentales como La última cima o Hagan Lío, llegó a Majo de una manera que no podría ser más suya. La vio siendo entrevistada en un plató de TVE mientras esperaba para entrar él. «Mientras me ponía en el micrófono yo escuché a esa chica que hablaba ahí y fue inmediato: oye, dame tu teléfono, necesito hablar contigo». 

Cotelo confiesa que en la rueda de entrevistas de esta película algo ha sido diferente. «Muchas veces los periodistas se quedan en lo superficial. ¿Y cómo hiciste esta escena? El presupuesto de la película, anécdotas del rodaje. Con esta película me estoy dando cuenta que la prensa ha pillado el meollo de la cuestión: la necesidad urgente que tenemos de ser amados y de amar».

¿Cuál es su próximo proyecto? Cotelo lo tiene claro: no lo sabe. «Empezaré a pensarlo el lunes próximo. Tengo muchos proyectos entre los que escoger porque hay muchas historias maravillosas que contar». 

Leonas llega a los cines este 15 de mayo. Quizás lo más difícil, después de verla, sea volver a casa como si no hubiera pasado nada.

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Evangelización

Seis apariciones de la Virgen María para animar e inspirar a los fieles

Aunque Dios ya lo ha “dicho todo” a través de Jesucristo, como enseña la Iglesia, algunos cristianos han atestiguado haber visto u oído a Jesús, a los ángeles o a los santos, especialmente a la Santísima Virgen. He aquí seis influyentes apariciones de la Virgen María en los últimos cinco siglos.

OSV / Omnes·11 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

– Jeff Ziegler, OSV News

A lo largo de los siglos, algunos cristianos han testimoniado que se les ha aparecido Nuestra Señora, la Virgen María. Se trata de las llamadas revelaciones “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia”, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n.º 67). 

“Sin embargo, no forman parte del depósito de la fe. Su función no es mejorar ni completar la Revelación definitiva de Cristo, sino ayudar a vivirla más plenamente en un período histórico determinado”.

Se describen a continuación seis de las apariciones marianas más influyentes y aprobadas de los últimos cinco siglos.

Nuestra Señora de Guadalupe (1531)

Entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531,  la Virgen María se apareció cuatro veces a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin (1474-1548), miembro del pueblo chichimeca y converso, en el cerro del Tepeyac, cerca de la Ciudad de México.

“Sabed con certeza, hijos míos, que yo soy la perfecta y eterna Virgen María, madre de Jesús, el verdadero Dios, por quien todo vive, Señor de todo lo cercano y lejano, dueño del cielo y de la tierra”, dijo. “Es mi ferviente deseo que se construya aquí un templo en mi honor. Aquí demostraré, manifestaré, daré todo mi amor, mi compasión, mi ayuda y mi protección al pueblo”.

La Virgen de Guadalupe se aparece al indígena san Juan Diego (Wikimedia commons).

Nuestra Señora le pidió a Juan Diego que le comunicara su petición al obispo Juan de Zumárraga. El obispo le pidió una señal durante una visita a Juan Diego. Al ver a Nuestra Señora nuevamente, ella lo guió a una colina donde vio un jardín de flores; cortó rosas y las colocó en su tilma. Al regresar con el obispo, abrió su tilma. Las rosas cayeron al suelo y la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe apareció milagrosamente en ella.

En 1754, el Papa Benedicto XIV aprobó a Nuestra Señora de Guadalupe como patrona de México, y san Juan Pablo II la nombró “patrona de las Américas” en 1999. Visitó su basílica en 1979, 1990, 1999 y 2002. El Papa Francisco la visitó en 2016.

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (1830)

En 1830, la Santísima Virgen María se apareció tres veces a santa Catalina Labouré (1806-1876), miembro de las Hijas de la Caridad de san Vicente de Paúl. La segunda vez vio a María aplastando una serpiente, con rayos que emanaban de sus manos. También vio las palabras: “Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti”, y oyó una voz que decía: “Hazte una medalla con este modelo. Quienes la lleven con confianza recibirán grandes gracias”. Con el tiempo, el arzobispo de París accedió a la petición.

En 1980, san Juan Pablo II peregrinó a la capilla de París donde Santa Catalina vio las apariciones. “Obtienes de Dios, para nosotros, todas estas gracias que simbolizan los rayos de luz que irradian de tus manos abiertas, con la única condición de que nos atrevamos a pedírtelas, de que nos acerquemos a ti con la confianza, la audacia y la sencillez de un niño”, oró.

Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en París (Guilhem Vellut de París, Francia, Creative Commons, Wikimedia Commons).

Nuestra Señora de La Salette (1846)

En 1846, la Virgen María se apareció a dos niños franceses, Maximin Giraud (1835-1875) y Mélanie Calvat (1831-1904), en el sureste de Francia. La Virgen lamentó los pecados de blasfemia, la negativa de la mayoría de los aldeanos a asistir a Misa en verano y la falta de fidelidad a la disciplina cuaresmal.

“Si mi pueblo no obedece, me veré obligada a cortarle el brazo a mi hijo”, advirtió. “Es tan pesado que ya no puedo sujetarlo”. El obispo Philibert de Bruillard de Grenoble aprobó la aparición en 1851.

“María, Madre llena de amor, mostró en este lugar su tristeza ante la maldad moral de la humanidad”, escribió san Juan Pablo II en una carta conmemorativa del 150 aniversario de la aparición. “A través de sus lágrimas, nos ayuda a comprender mejor la dolorosa gravedad del pecado, del rechazo a Dios, pero también la apasionada fidelidad que su Hijo mantiene hacia sus hijos; Él, el Redentor cuyo amor se ve herido por el olvido y la indiferencia”.

Nuestra Señora de Lourdes (1858)

La Virgen María se apareció 18 veces a santa Bernadette Soubirous (1844-1879) en Lourdes, una ciudad del suroeste de Francia.

“Del 11 de febrero al 16 de julio de 1858, la Santísima Virgen María se dignó, como un nuevo favor, manifestarse en el territorio de los Pirineos a una niña  piadosa y pura de una familia cristiana pobre y trabajadora”, escribió el Papa Pío XII en una encíclica de 1957.

En una ocasión, la Virgen María dijo: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia! Rueguen a Dios por los pecadores. Besen el suelo como acto de penitencia por los pecadores”. Después de que brotó un manantial, la Virgen María dijo: “Vayan y díganles a los sacerdotes que vengan en procesión y que construyan una capilla aquí”. Cuando Bernadette le pidió que se identificara, declaró: “Soy la Inmaculada Concepción”.

El obispo Bertrand-Sévère Mascarou-Laurence de Tarbes-et-Lourdes aprobó las apariciones en 1862. En 1911, san Pío X escribió que el santuario de Lourdes “supera en gloria, al parecer, a todos los demás del mundo católico”. San Juan Pablo II peregrinó allí en 1983 y 2004, al igual que el papa Benedicto XVI en 2008.

Aparición de la Virgen María en Knock (Irlanda) (@Hogar de la Madre).

Nuestra Señora de Knock (1879)

En 1879, quince personas de todas las edades en Knock, Irlanda, presenciaron una aparición de la Virgen María, San José y San Juan evangelista en una tarde lluviosa; la Virgen oró, pero no habló. A los pocos meses, el arzobispo John McHale de Tuam consideró creíble su testimonio, y el lugar pronto se convirtió en un sitio de peregrinación.

En 1979, san Juan Pablo II celebró la Misa en Knock y dedicó la Basílica de Nuestra Señora, Reina de Irlanda. “Durante todo un siglo, has santificado este lugar de peregrinación con tu amor, con tu sacrificio, con tu penitencia”, predicó. “Todos los que han venido aquí han recibido bendiciones por la intercesión de María”.

“Desde aquel día de gracia, el 21 de agosto de 1879, hasta el día de hoy, los enfermos y sufrientes, las personas con discapacidades físicas o mentales, las que tenían dudas sobre su fe o su conciencia, todos han sido sanados, consolados y reafirmados en su fe porque confiaron en que la Madre de Dios los guiaría hacia su Hijo, Jesús”, añadió.

El Papa Francisco visitó el Santuario de Nuestra Señora de Knock en 2018 y lo elevó de santuario nacional a santuario internacional.

Nuestra Señora de Fátima (1917)

En 1917, Nuestra Señora del Rosario se apareció durante seis meses consecutivos a tres niños portugueses: la Venerable Lucía Santos (1907-2005), santa Jacinta Marto (1910-1920) y san Francisco Marto (1908-1919). Su mensaje fue de oración, expiación y devoción a su Inmaculado Corazón.

“Recen el rosario todos los días para traer la paz al mundo y el fin de la guerra”, dijo. “Y después de cada misterio, hijos míos, quiero que recen así: Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno. Lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas”.

“Ofrezcan sacrificios por los pecadores y digan a menudo, especialmente al hacer un sacrificio: Oh Jesús, esto es por amor a Ti, por la conversión de los pecadores y en reparación por las ofensas cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”, añadió.

El 12 de mayo de 2022, miles de fieles portan velas en el santuario mariano de Fátima, en el centro de Portugal. (Foto OSV News/Pedro Nunes, Reuters).

Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María

Ella reveló a los niños un secreto en tres partes: una visión del infierno, una petición para la devoción del Primer Sábado y la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón, y el asesinato de un obispo vestido de blanco, junto con otros clérigos, religiosos y laicos. 

El Papa Pío XII, san Pablo VI, san Juan Pablo II y el papa Francisco consagraron el mundo al Inmaculado Corazón de María, y la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el texto de la tercera parte del secreto en el año 2000, junto con comentarios.

Durante la última aparición, el 13 de octubre, la Virgen María pidió la construcción de una capilla, y 70.000 personas presenciaron la danza del sol en el cielo. El obispo José Alves Correia da Silva de Leiria-Fátima aprobó las apariciones en 1930, y san Pablo VI, san Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI y el papa Francisco peregrinaron hasta allí.

El autorOSV / Omnes

Dossier

Retos actuales del diaconado permanente

El reto principal sobre el diaconado permanente es definir su identidad propia como servidor, evitando que se le reduzca a un simple sustituto del sacerdote o a un “monaguillo” centrado solo en la liturgia.

Tony Strike·11 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Es bien sabido que el diaconado permanente fue debatido y restaurado en el Concilio Vaticano II. Sus propósitos se establecieron en «Lumen Gentium» 29, y las Normas Generales se incluyeron en «Sacrum Diaconatus Ordinem» en 1967. En 1972 se publicó otra carta apostólica, «Ad Pascendum», y finalmente las “Normas básicas para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes” en 1998. A partir de entonces, la Iglesia guardó silencio sobre el tema del diaconado restaurado. Una pista sobre el motivo se encuentra en el comentario del cardenal Walter Kasper en 2003: “el ministerio del diácono sigue sin estar claro y es objeto de controversia teológica, lo que da lugar a la variedad de tareas pastorales asignadas a los diáconos”. 

El documento preparatorio de 2023 para el Sínodo sobre la Sinodalidad se hizo eco del sentimiento del cardenal, afirmando: “El diaconado permanente se ha implementado de diferentes maneras en distintos contextos eclesiales. Algunas iglesias locales no lo han introducido en absoluto; en otras, existe la preocupación de que los diáconos sean percibidos como una especie de sustituto de la escasez de sacerdotes. A veces, su ministerio se expresa en la liturgia más que en el servicio a los pobres y necesitados de la comunidad. Por lo tanto, recomendamos evaluar cómo se ha implementado el ministerio diaconal desde el Concilio Vaticano II”. No es precisamente un respaldo rotundo a los 60 años de experiencia vivida, lo que plantea una pregunta: ¿ha conseguido la Iglesia el diaconado que quería?

El peligro de que la historia se repita

La pregunta es importante, ya que el diaconado renovado solo tiene 60 años. Si bien en su forma antigua floreció hasta el siglo V, luego experimentó, por diversas razones, un lento declive. Si hay críticas, debemos tomarlas en serio. Después de todo, en el debate del Concilio Vaticano II, el cardenal Spellman argumentó que la restauración era innecesaria y que debían respetarse las razones por las que el ministerio permanente se extinguió originalmente.

Sin embargo, lo que quería el Concilio de la Iglesia estaba bastante claro. Las Normas Básicas de 1998 decían: “El leitmotiv de su vida espiritual [la del diácono]será, por tanto, el servicio; su santificación consistirá en convertirse en un servidor generoso y fiel de Dios y de los hombres, especialmente de los más pobres y sufridos”. Esto es totalmente compatible con el argumento ganador del cardenal Suenens en el debate del Concilio antes de la votación sobre la restauración, según el cual la Iglesia servidora encontraría una expresión sacramental concreta en un diaconado renovado. Por lo tanto, debemos afrontar cualquier crítica de frente. 

Monaguillos glorificados

El informe de 2025 de la Comisión sobre el Diaconado Femenino afirmaba que, allí donde el diaconado está activo, sus funciones suelen “coincidir con las propias de los ministerios laicos o de los monaguillos en la liturgia”. Se trata de una crítica profunda, pero no nueva. El Papa Gregorio Magno se quejó en el Concilio de Roma del año 595 d. C. de que los diáconos ya no se ocupaban de los pobres, sino de cantar salmos. La mayoría de los diáconos tienen ministerios extraparroquiales y desempeñan una amplia gama de funciones caritativas en la sociedad. El riesgo es que este servicio sea invisible para la jerarquía, mientras que la liturgia pública es, por su naturaleza, visible. A menudo se denomina “doble vida” de los diáconos. 

Una solución para hacer visibles estas funciones diaconales podría consistir en garantizar que cada diácono esté arraigado en una comunidad eucarística, pero que sus otros ministerios eclesiales se incluyan en su decreto de nombramiento. Esto ayudaría a quienes se centran en la parroquia a no pasar por alto todo el ministerio de los diáconos. Dado que los sacerdotes y los diáconos se reúnen a menudo en el altar, los diáconos que no están bien versados en cuestiones litúrgicas pueden ser criticados por algunos miembros del presbiterio, y así es como se juzga su competencia. Está igualmente claro que el objetivo del diácono no es servir en el altar, ni servir al sacerdote, sino servir a los marginados. Arraigado en la Palabra, el diácono es enviado desde el altar a la calle. El servicio en el altar es un reflejo del servicio realizado en el mundo. 

Un sustituto útil de los sacerdotes 

Se trata de una crítica extraña, ya que el diaconado permanente no sería útil para resolver la escasez de sacerdotes, ya que los diáconos no pueden sustituir a los sacerdotes. Sin embargo, durante un discurso dirigido a los diáconos permanentes de la diócesis de Roma en junio de 2021, el Papa Francisco afirmó que, aunque los diáconos pueden sustituir a los sacerdotes debido a la escasez, su verdadera naturaleza específica reside en el servicio, especialmente a los pobres, y no en la sustitución administrativa. Dijo: “La disminución del número de sacerdotes ha llevado a la dedicación prevalente de los diáconos a tareas de suplencia que, aunque importantes, no constituyen la naturaleza específica del diaconado. Son tareas de suplencia”. 

La cuestión aquí es la de la singularidad. Los sacerdotes sobrecargados pueden considerar a “su” diácono como un ayudante dispuesto y preparado para apoyar su ministerio parroquial. Pero los diáconos no deben parecer asistentes o minipresbíteros, sino diáconos. Citando el sermón de Irma Wyman de 2001, titulado «Santos salvadores», sabremos que tenemos suficientes diáconos cuando “… yendo y viniendo, hayan desgastado un camino entre el altar y la cuneta para que todos vean el vínculo entre la sangre de nuestros cálices y la sangre de nuestras calles”. 

Símbolos de misoginia y clericalismo

En Romanos 16, 1, san Pablo escribe: “Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa (diakonos) de la iglesia de Cencrea”, utilizando un nombre propio en forma masculina. El Sínodo sobre la Sinodalidad cristalizó un debate sobre el diaconado femenino. La exclusión de las mujeres está provocando una reticencia a promover el diaconado en algunas diócesis, y algunos diáconos se sienten a la defensiva por ocupar el ministerio al que se sienten llamados, pero del que otros están excluidos. Los diáconos deben aferrarse firmemente a la idea de que no reclaman el papel de servidores para sí mismos, sino que son animadores del carácter servicial de la Iglesia, recordándole a esta su misión fundamental de servir. Una Iglesia con diáconos es aquella en la que todos son llamados, animados, formados y activos en la misión. 

Testigos de la esperanza

Hay alrededor de 50.000 diáconos permanentes en todo el mundo después de los primeros 60 años. El Informe Final del Sínodo de 2024 decía: “Los diáconos responden a las necesidades específicas de cada Iglesia local, en particular despertando y manteniendo la atención de todos hacia los más pobres en una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa”. Una reafirmación bienvenida y positiva del propósito único de este oficio. Si bien las diócesis pueden centrarse cada vez más en el reto de mantener el ministerio parroquial, esto puede llevar a la omisión o exclusión de lo que concierne a los diáconos, cuya labor se desarrolla fuera de los muros. La Asamblea Diaconal Nacional de 2026 en Inglaterra, por ejemplo, tiene como tema el apoyo a la dignidad humana en todas las circunstancias. Si bien los diáconos son asignados a una parroquia con fines litúrgicos, su misión se extiende a la comunidad. En su primera gran exhortación apostólica, «Dilexi Te», en octubre de 2025, León XIV transmitió un poderoso mensaje que respalda directamente la función principal del diácono:“… el ministerio del diácono permanente, configurado con Cristo Siervo, es un signo vivo no de un amor superficial, sino de uno que se inclina, escucha y da generosamente”.

El autorTony Strike

Diácono permanente en la diócesis de Hallam, Reino Unido

Vaticano

El Papa agradece a las islas Canarias la acogida del crucero con hantavirus

El Papa León XIV ha agradecido en el Regina caeli de este domingo la hospitalidad de las islas Canarias para "permitir la llegada" del crucero Hondius con el brote de hantavirus. “Estoy feliz por encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las islas”, ha añadido en español.

Redacción Omnes·10 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Tras el rezo de la oración mariana del Regina caeli este VI Domingo de Pascua, el Papa León IV ha agradecido la acogida de las islas Canarias al crucero neerlandés Hondius con el brote de hantavirus.

El buque llegó esta mañana al puerto de Granadilla de Abona de Tenerife, donde se ha ido desembarcando a los pasajeros, para el traslado a sus respectivos países. 

La mayoría de los españoles han sido los primeros en abandonar el barco junto con un epidemiólogo de la OMS en África, y se han desplazado al aeropuerto de Tenerife Sur, para embarcar en el avión que les trasladará a Madrid.

Feliz por su próxima visita a Canarias

El Pontífice ha hecho referencia también a su próxima visita a las islas Canarias en el mes de junio. “Estoy feliz por encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las islas”, ha manifestado en español, lengua que habla perfectamente, como ha mostrado en numerosas ocasiones.

Chad, Mali, iglesia copta, oración por las madres

Entre otras intenciones del Regina caeli, el Santo Padre ha rezado por las víctimas de la violencia en la región del Sahel, especialmente en Chad y Malí, países azotados por recientes ataques terroristas.

También ha enviado un saludo fraterno a Su Santidad el Papa Tawadros II, y ha asegurado a toda la amada Iglesia Copta sus oraciones, “con la esperanza de que nuestro camino de amistad nos conduzca a la perfecta unidad en Cristo, quien nos llamó «amigos» (cf. Jn 15,15)”.

Finalmente, ha dedicado “un pensamiento especial a todas las madres. Por intercesión de María, Madre de Jesús y nuestra propia madre, oramos con cariño y gratitud por cada una de ellas, especialmente por aquellas que viven en las circunstancias más difíciles. ¡Gracias! ¡Que Dios las bendiga!”.

“Amarnos unos a otros como Él nos ha amado”

En su alocución previa, el Papa ha comentado palabras de Jesús en la última Cena, que se recogen en el Evangelio de hoy: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”

Guardamos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo, ha añadido el Papa. “Las palabras de Jesús son, pues, una invitación a una relación, no un chantaje ni una suspensión dudosa”.

Por eso, ha dicho el Sucesor de Pedro, “el Señor nos manda amarnos unos a otros como Él nos ha amado: es el amor de Jesús el que engendra amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, el modelo del verdadero amor: el amor que es fiel para siempre, puro e incondicional. El amor que no conoce ‘pero’ ni ‘quizás’, el amor que da sin buscar poseer, el amor que da vida sin esperar nada a cambio·. 

Puesto que Dios nos ama primero, nosotros también podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, amamos verdaderamente a los demás, ha subrayado, para concluir encomendándonos a la intercesión de la Virgen María, Madre del Amor Divino.

El autorRedacción Omnes

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¿Es Dios una ilusión infantil?

A través de un diálogo con los grandes pensadores de la historia, el autor disecciona el "catecismo" del ateo ilustrado y analiza las dificultades de la ciencia para emitir un dictamen final sobre la existencia de Dios, ofreciendo una lectura indispensable para quienes buscan la verdad más allá de los esquemas preconcebidos.

María Caballero·10 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En el marco de la sevillana editorial Senderos, acaba de aparecer en el mercado el libro ¿Qué es el ateísmo? Su autor, Luis Fernández, es un catedrático miembro del grupo de investigación Filosofía, Cultura y Naturaleza de la Universidad de Sevilla. Autor de un estudio sobre Skinner (2025), y de otro sobre el anarquismo de Chomsky (2026), colabora habitualmente en congresos y publicaciones de la Fundación Tatiana de Madrid.

Ya en el prólogo se nos aclara: “el lector tiene en sus manos una especie de autobiografía intelectual”. A fe que es así: el autor trata la materia con objetividad científica, pero nunca con la distancia de aquel a quien no le afectan estas cuestiones. 

Aunque joven, ha pasado por el 68 y el postconcilio y ha sufrido los vaivenes consiguientes. En busca de la verdad se matriculó en la Facultad de Filosofía, y ejercitó la crítica que supone “el análisis, la independencia de juicio, el desapasionamiento y la imparcialidad”. Aprendió a “respetar las evidencias y seguir los argumentos sin miedo a su destino”, con una notoria honradez intelectual. 

Para concluir que “la historia de las religiones nos ofrece un material empírico tan rico y heterogéneo que resulta demasiado complejo encajarlo en esquemas preconcebidos y universales de evolución”. 

El libro parece responder a estas cuestiones: “¿Dios? Una ficción. ¿La religión? Un invento. ¿La moral cristiana? Una construcción antinatural. ¿La materia? La única realidad, inmortal en su ser y mortal en sus disposiciones. ¿El alma? Una extensión finita, constituida por átomos. ¿Bien y mal? Fábulas. ¿Bueno y Malo? Utilidad. ¿La muerte? No ser, nada que temer. ¿El cuerpo? Una máquina. Este es el catecismo del ateo ilustrado” (p. 93).

El texto se estructura en tres partes de distinta dimensión: 1. ¿Qué es el ateísmo? (pp. 19-30); 2. Historia y crítica del ateísmo (pp. 31-166); y 3. Las dificultades científicas del ateísmo (pp. 167-186). Y culmina con una sintética pero muy completa bibliografía, que permite a los interesados en el tema seguir profundizando en ello.

En menos de doscientas páginas dialoga con los autores y tendencias del ateísmo desde la antigüedad hasta nuestros días. No se trata de una historia de la filosofía o de la teología, sino de una selección de los intelectuales pertinentes. 

Incluso, en la última parte, demuestra estar muy al día de las cuestiones científicas en relación a este asunto. Es difícil sintetizar la aportación de filósofos o científicos, centrar el núcleo de sus tesis, exponerlas y comentarlas distinguiendo lo positivo de lo equivocado. Aquí se logra, sin lugar a dudas.

El resultado merece la pena: el repaso histórico desde la Antigüedad (donde apenas había ateos) hasta hoy va a lo esencial, centrándose en el ateísmo, pero contextualizándolo. Las edades Antigua, Media y Moderna se apuntalan en sus filósofos y teólogos representativos: Protágoras, Demócrito, Critias, Tomás de Aquino, Siger de Bravante, Boecio, Lutero,  Nicolás de Cusa, Bruno, Spinoza, Bayle, Gassendi… y otros menos conocidos a quienes se pasa revista señalando pros y contras en relación al ateísmo. 

A partir del XVIII, los epígrafes responden a cuestiones como “agnosticismo, deísmo, naturalismo, materialismo, hedonismo, escepticismo, antropoteísmo, neoateísmo”, o bien “sistema, ilusión, libertad”… porque son los conceptos los que aglutinan a figuras destacadas desde entonces. No en vano se nos había advertido que el cuarteto conceptual básico de la cuestión abordada estaba formado por agnosticismo, teísmo, ateísmo y deísmo ilustrado. 

Con este último nace propiamente el ateísmo contemporáneo. Y en una obra de divulgación (aunque sea alta) siempre conviene definir los conceptos con los que se trabaja. Otro aspecto significativo del libro: según se avanza hacia el mundo contemporáneo, el autor dedica más páginas a dialogar con las tesis de quienes va estudiando.

El desfile de autores es completísimo: Voltaire y la Enciclopedia francesa (deísmo); Meslier, interesante y no tan conocida figura del naturalismo; La Mettrie (materialismo), Helvetius (hedonismo). 

Luis Fernández va acotando con sus comentarios: “para muchos, vale solo afirmar, adelantar verosimilitud, no ponerse a probar la verdad”. Porque “materia, determinación, ficción, ilusión son nociones recurrentes, indispensables en todo ateísmo” (p. 109). Pero también es capaz de admitir la calidad argumentativa de muchos ateos, ya que “no todo conocimiento puede provenir completo de una fuente sensible. Es siempre una mezcla de elementos teóricos y datos de experiencia” (p. 100).

Es evidente el esfuerzo por abarcar las figuras contemporáneas que se han planteado el problema de la fe: Feuerbach, Marx (cuyo ateísmo es más una crítica de la religión que una investigación sobre la existencia de Dios), Nietzsche (tan brillante, complejo y poco sistemático), Freud (con su explicación psicológica de lo religioso como ficción, ilusión, engaño y una neurosis obsesiva universal, la nostalgia del padre perdido), Sartre, para quien el hombre arrojado al mundo y abocado a la praxis, está condenado en cada instante a inventar al hombre; o los cuatro jinetes (Harris, Dawkins, Dennett y Hitchens) a quienes dedica bastantes páginas. 

Uno de los aciertos del libro es que implica al lector, le anima a reflexionar sobre los intelectuales estudiados. En un determinado momento, el autor concluye: “la ciencia en ninguna de sus ramas ha podido emitir un dictamen teológico y son ya varios siglos de trabajo, pero ni hay laboratorio que avale la existencia de Dios, ni tampoco su opuesto”. 

Y añade: “Pensando solo en el hombre, desde los ojos de la fe teísta, el ser humano, producto de Dios, imagen de Dios, tiene una dimensión sagrada” (p. 115). Y “puestos a pensar, podríamos también poner en juego la hipótesis de que toda religión existe como respuesta humana al hecho obvio de que Dios existe” (p. 158).

Un libro que todo intelectual que se precie, más aun, cualquier ser humano en busca de la verdad debería leer.


¿Qué es el ateísmo?

Autor: Luis Fernández Navarro
Editorial: Senderos
Año: 2026
Número de páginas: 190

El autorMaría Caballero

Catedrática de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Sevilla

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Libros

Mariano Fazio: “Hay que hacer un ‘apostolado’ de la lectura”

A raíz de su libro "La tierra de los libres", Mariano Fazio habla con Omnes sobre la importancia de la literatura y recomienda algunos títulos esenciales para quien desee adentrarse en los clásicos.

Paloma López Campos·10 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Mariano Fazio, historiador, filósofo y vicario auxiliar del Opus Dei, acaba de publicar un libro en el que recorre la historia de Estados Unidos a través de su literatura. Con motivo de “La tierra de los libres” habla a Omnes sobre la importancia de leer los clásicos y promover la lectura entre los jóvenes. Asimismo, recomienda algunos títulos para adentrarse en la literatura occidental.

La tierra de los libres

Autor: Mariano Fazio
Páginas: 280
Idioma: Castellano
Editorial: Rialp
Año de publicación: 2026

¿Qué le animó a escribir este libro?

– Yo además de escritor soy fundamentalmente sacerdote y, por lo tanto, busco siempre nuevas maneras de transmitir los valores del Evangelio. Me parece que a través de los grandes libros, que son los clásicos —un clásico es un libro universal, es decir, por más que un autor sea profundamente, en este caso, de Estados Unidos—, si me habla de la verdad, el bien, la belleza; si me sabe dar instrumentos para distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, lo verdadero de lo falso… es una manera muy natural de transmitir también el Evangelio. Aunque no sea católico el autor, aunque no sea confesional, una buena literatura me transmite lo que hace vibrar el alma humana.

Por esta razón he escrito varios libros sobre clásicos: cinco clásicos italianos, clásicos británicos, Siglo de Oro español, seis grandes escritores rusos… ahora le tocó el turno a Estados Unidos.

¿Qué criterio ha utilizado para realizar la selección de autores y libros?

– Es un libro un poco original en el sentido de que me interesaba, aprovechando los 250 años de la independencia de Estados Unidos, hacer un recorrido por la historia a través de libros que me hablan de cada periodo histórico. Desde antes de la independencia, por ejemplo con “El último de los mohicanos”, y terminamos en la actualidad con “La carretera” de Cormac McCarthy.

Con lo cual, no se trata simplemente del valor literario de cada libro, sino que además tiene que tener como característica que me hable de un periodo histórico determinado. Y muchas veces la historia la entendemos mejor no tanto a través de documentos oficiales, sino a través de la ficción.

Ha prescindido de las narrativas de cautividad (como la de Mary Rowlandson) y de los escritos de los primeros colonizadores, como John Smith y William Bradford. ¿A qué se debe?

– Los he excluido porque no son piezas de ficción, sino que son más documentos históricos. En “El último de los mohicanos” se narran bastantes luchas entre indígenas y europeos, ingleses y franceses. Por eso en el prólogo digo que he excluido lo que sea documento histórico, legislación, etcétera. Y también dentro de la literatura me he concentrado en narrativa, es decir, novela y cuentos cortos.

Alude en varias ocasiones a la religión en el libro, señalando las críticas que los autores hicieron a movimientos como el puritanismo. ¿Qué relación hay entre la fe y la historia de Estados Unidos?

– Yo creo que un elemento clave de la historia de los Estados Unidos es que, en las trece colonias, muchos de los que fueron allí, lo hicieron precisamente por motivos religiosos. Dado que en Inglaterra había una persecución contra lo que se llamaba en ese momento las iglesias o las fes disidentes. Por lo tanto, católicos, cuáqueros, pero sobre todo los puritanos, se establecieron buscando la libertad religiosa.

Curiosamente, en las colonias puritanas —lo que es ahora Massachusetts fundamentalmente— a pesar de haber sido personas perseguidas, ellos también persiguieron a quienes no pensaban o no compartían su propia fe. Y como Nueva Inglaterra llevó un poco la delantera cultural en las primeras décadas del país, creo que hay una huella puritana muy profunda en la identidad americana.

Eso traté de manifestarlo por ejemplo en “La letra escarlata” o “La casa de los siete tejados” de Hawthorne; pero también en Melville hay bastante puritanismo, quizá no del todo consciente, pero es como el trasfondo.

Por otro lado, ha sido un país que se ha caracterizado siempre por la apertura a la trascendencia. Tocqueville, francés que va después de la Revolución a Estados Unidos para hacer un análisis del sistema carcelario, se sorprende de la libertad religiosa que ya hay a principios de la República y el papel fundamental que tiene la religión en la sociedad.

Entonces, a diferencia de Europa, donde había siempre una distinción muy clara entre lo público y lo privado, entre la religión y la política —también por los siglos de historia se entiende bastante esa situación en Europa—, en Estados Unidos la religión era algo incorporado a la vida de todas las personas. Y creo que eso es algo muy positivo.

Al hilo de los varios libros que ha escrito sobre literatura, ¿podría recomendarnos una lectura italiana, una británica, una española, una rusa y una norteamericana?

De literatura italiana, dejando de lado la “Divina Comedia” porque es una obra que en Italia llamamos «impegnativa», que quiere decir “exigente”. Yo sugeriría “Los novios” de Manzoni, que es una historia de amor, de perdón, de entrega de sí, de conversión… Es todo un mundo en una novela bastante larga que ha marcado a todas las generaciones italianas porque ha sido lectura obligatoria en las escuelas.

De la literatura española, sin lugar a dudas, “El Quijote”, que es la primera novela moderna; también otro universo dentro de un solo libro donde nos habla de la distinción entre la realidad y la ficción. Un libro que fundamentalmente habla del diálogo: Don Quijote y Sancho Panza están continuamente hablando y eso los humaniza. Es el proceso de «sanchificación» de Don Quijote y de «quijotización» de Sancho, y nos ayuda mucho en un momento en que el diálogo a veces está cortado.

De la literatura rusa es difícil escoger entre grandes clásicos, pero yo diría “Ana Karenina” de Tolstói. Es curioso que Dostoievski no tenía muy buena relación con Tolstói y, sin embargo, dijo que era la mejor novela que había sido escrita en toda la historia de la literatura universal. También aquí nos hablan de las consecuencias que traen los actos que realizamos libremente, y cómo una decisión equivocada, si uno no la rectifica, puede arruinar la vida; y en cambio la coherencia con los valores puede poner las bases de una existencia feliz.

Y en literatura inglesa mi autor favorito es Dickens. También publiqué un libro que se llama “El universo de Dickens: una lección de humanidad”, porque es un hombre que habla fundamentalmente de cómo tenemos que llevar nuestra existencia para que sea una existencia lograda, completa, feliz; y la clave es el don sincero de sí, darse a los demás. Hay muchos personajes en Dickens que se entregan totalmente a los demás y son las personas más felices, alegres, que atraen. En ese sentido, si me permiten, como es el autor favorito, daría dos libros: “David Copperfield”, que era el favorito del mismo Dickens, y “Casa desolada”, donde hay un personaje central que es Esther Summerson, que es una escuela del don sincero de nosotros mismos.

Y en la lectura norteamericana, hay mucho por escoger, pero diría “Las uvas de la ira” de John Steinbeck. Está enmarcada en la Gran Depresión de los primeros años 30: una familia que tiene que emigrar de Oklahoma hacia California, que tiene sueños de progresar y, sin embargo, esos sueños no se realizan. Pero se habla de la dignidad de la gente pobre, de la gente que lucha por sacar la vida adelante y la importancia de la unidad familiar, etcétera, y esa misericordia que hay que tener con las personas más débiles. Pienso que es un libro que hoy en día, dada la situación actual, echa mucha luz.

Ha hablado sobre cómo los clásicos nos pueden ayudar a alcanzar la verdad. Hoy en día el leer es casi una cosa de moda. ¿Cómo cree usted que podemos dar el salto entre ese simplemente «leer por leer» y «leer para encontrar la verdad» y concretarla en nuestra vida?

– A través de las mismas redes sociales hay tantísimos blogs y YouTubers que hablan de libros y creo que muchos de ellos ayudan mucho para por lo menos despertar esa curiosidad.

El tema es que hay que acertar para ver con qué libro empezar, porque claro, si uno se lanza directamente a leer “Los hermanos Karamázov” o “Crimen y castigo” o “Guerra y paz”, puede desesperanzarse porque son libros difíciles y muy largos. En cambio, si uno empieza por algún libro que sea muy asequible ya le irá sacando gusto.

Creo que hay que hacer, entre comillas, un «apostolado» de la lectura y los que leemos, animar a los jóvenes diciendo: «¿por qué no intentas con este libro, con el de más allá?», y vas a ver cómo te abre horizontes.

Es imposible viajar por todo el mundo y por todas las épocas; la forma de hacerlo más económica es precisamente leyendo.

Me gustaría dar algunos títulos de libros con los cuales uno puede empezar la lectura y va a ver cómo le dejan verdaderamente muchas semillas en su alma. Por ejemplo, de Tolstói, “La muerte de Iván Ilich”, que nos explica el sentido de la vida de una manera muy entusiasmante.

Después, siguiendo con Dickens, “Canción de Navidad», en donde se habla de cuál es el sentido auténtico de la Navidad, pero lo hace no dando un sermón, sino a través de una historia tremendamente entrañable.

Para volver al libro que he publicado, “La tierra de los libres”, hay un librito que es muy conocido que se llama “La roja insignia del valor” de Stephen Crane, que nos habla de cómo vive un adolescente —que primero se creía muy valiente— la Guerra Civil de Estados Unidos, y ahí se da cuenta de que tiene muchas virtudes pero también muchos defectos, muchas limitaciones, y se va conociendo a sí mismo.

Mundo

León XIV ensalza en Pompeya la potencia divina del amor, que hace milagros

En el primer aniversario de su elección, el Papa León XIV ha puesto su ministerio bajo la protección de la Virgen del Santo Rosario de Pompeya (Italia), Reina y Madre, subrayando que el amor hace milagros, y que “ninguna potencia terrena salvará al mundo, sino solo la potencia divina del amor”.

Francisco Otamendi·9 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

León XIV ha querido pasar el primer aniversario de su elección como Papa a los pies de la Virgen del Santo Rosario de Pompeya, y ha realizado la Súplica a Nuestra Señora ante más de 20.000 fieles y cuatrocientas personas enfermas y discapacitadas, a quienes ha saludado con gran cariño, casi uno a uno.

Con una confianza decidida en la “Reina verdadera de paz y de perdón” y “Madre de las misericordias!”, el Papa ha manifestado que “el Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico”. Y el Avemaría y el Santo Rosario son “un acto de amor”, y “el amor realiza milagros”, ha dicho.

Además, ha rezado para que “el Dios de la paz derrame una abundante efusión de misericordia, tocando corazones, apaciguando los resentimientos y odios fratricidas, e iluminando a quienes tienen responsabilidades especiales en el gobierno”.

“Este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario”

Fue “hace exactamente un año, cuando me fue confiado el ministerio de Sucesor de Pedro, era precisamente el día de la Súplica a la Virgen, ¡este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya!”, ha confiado el Papa en la homilía pronunciada frente al Santuario de la Santísima Virgen del Santo Rosario de Pompeya.

Por lo tanto, “debía venir aquí”, ha dicho el Pontífice, “para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen. Habiendo elegido entonces el nombre de León, sigo los pasos de León XIII, quien tuvo, entre otros méritos, el de haber desarrollado un amplio Magisterio sobre el Santo Rosario. A todo esto se suma la reciente canonización de San Bartolomé Longo, apóstol del Rosario”.

El papa León XIV pronuncia un discurso durante su visita al Santuario Pontificio de la Santísima Virgen del Rosario de Pompeya, cerca de Nápoles, Italia, antes de celebrar la misa en la plaza exterior el 8 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media). 

Avemaría, Santo Rosario, “acto de amor”

“El Ave María, repetido en el  Santo Rosario, es un acto de amor. ¿Acaso no es amor repetir incansablemente: ‘Te amo’? Un acto de amor que, en las cuentas del rosario, como se aprecia claramente en la pintura mariana de este Santuario, nos conduce de vuelta a Jesús y nos lleva a la Eucaristía, ‘fuente y cumbre de toda la vida cristiana’”.

San Bartolo Longo estaba convencido de ello, ha dicho el Papa, cuando escribió: “La Eucaristía es el Rosario vivo, y todos los misterios se encuentran en el Santo Sacramento de forma activa y vital”. Tenía razón. En la Eucaristía, los misterios de la vida de Cristo se encuentran, por así decirlo, concentrados en el memorial de su sacrificio y en su presencia real. El Rosario tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico”.

San Bartolo Longo y su esposa: una ciudad mariana

En efecto, hace ciento cincuenta años, al colocar la primera piedra de este Santuario, en el lugar donde la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. había sepultado bajo cenizas los vestigios de una gran civilización, protegiéndolos durante siglos, ”San Bartolo Longo, junto con su esposa, la condesa Marianna Farnararo De Fusco, sentó las bases no solo de un templo, sino de toda una ciudad mariana”, ha resaltado el Papa.

Así expresó su comprensión del plan de Dios, que san Juan Pablo II, hablando en este lugar de gracia el 7 de octubre de 2003, al concluir el Año del Rosario, relanzó para el Tercer Milenio, desde la perspectiva de la nueva evangelización. “Hoy”, dijo, “como en los tiempos de la antigua Pompeya, es necesario proclamar a Cristo a una sociedad que se aleja de los valores cristianos e incluso pierde su memoria”, ha recordado el Papa León.

“De este vientre de María irradia la Luz que da pleno sentido a la historia y al mundo”

En la homilía de la Misa, el Papa ha comentado “el Evangelio de la Anunciación”, que “nos introduce al momento en que el Verbo de Dios se hizo carne en el vientre de María. De este vientre irradia la Luz que da pleno sentido a la historia y al mundo. El saludo que el ángel Gabriel dirige a la Virgen es una invitación a la alegría: ‘¡Salve, llena de gracia!’. Sí, el Ave María es una invitación a la alegría”.

¡Gran misterio!, ha proseguido el Papa. “Todo sucede por obra del Espíritu Santo, que cubre a María con su sombra y hace fecundo su vientre virginal. Este momento histórico posee una dulzura y una fuerza que atraen el corazón y lo elevan a esas alturas contemplativas de donde brota la oración del Santo Rosario”.

El Rosario «tiene una fisonomía mariana, pero un corazón cristológico y eucarístico»,  ha dicho el Papa, que ha recordado que en el “hágase” de la Virgen “nace no solo Jesús, sino también la Iglesia”. 

“No resignarnos a las imágenes de muerte” de las noticias

Al concluir, León XIV ha subrayado que “no podemos resignarnos a las imágenes de muerte que las noticias nos presentan a diario. Desde este Santuario, cuya fachada concibió san Bartolo Longo como monumento a la paz, hoy elevamos nuestra oración con fe. 

San Bartolo Longo, pensando en la fe de María, la llama ‘omnipotente por la gracia’. “Por su intercesión”, el Sucesor de Pedro ha rezado para “que el Dios de la paz derrame una abundante efusión de misericordia, tocando corazones, apaciguando los resentimientos y odios fratricidas, e iluminando a quienes tienen responsabilidades especiales en el gobierno”.

El papa León XIV abraza a una persona durante su visita al Santuario Pontificio de la Santísima Virgen del Rosario de Pompeya, cerca de Nápoles, Italia. Visitó a 400 personas enfermas y discapacitadas dentro del santuario (Foto de OSV News/Mario Tomassetti, Vatican Media) .

Súplicas a la Virgen Maria: apiádate del mundo

En su oración ante la Virgen, tras la Eucaristía, el Santo Padre ha realizado diversas peticiones a la Virgen María, intercaladas con el rezo de Avemaría.

Por ejemplo, ha pedido a la Virgen Maria que, “desde ese Trono de clemencia donde te sientas como Reina, vuelve oh María, vuestros ojos misericordiosos a nosotros, a nuestras familias, a Italia, a Europa, al mundo todo, y apiádate de las penas y amarguras que nos afligen”.

“Muéstrate Reina verdadera de paz y perdón”

“Mira, Oh Madre, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean, (…), detén el brazo de la Justicia de vuestro Hijo ofendido, y con vuestra bondad, subyuga el corazón de los pecadores, pues ellos son nuestros hermanos e hijos vuestros”.

“Muéstrate hoy para con todos Reina verdadera de paz y de perdón”, ha continuado tras el Avemaría.

“Hemos vuelto a crucificar en nuestro pecho a Jesús, y traspasar vuestro tiernísimo corazón. Sí, lo confesamos, somos merecedores de los más grandes castigos. pero ten presente, Oh Madre, que en la cumbre del Calvario, recibiste las últimas gotas de aquella sangre divina, y el postrero testamento del Redentor moribundo”.

El papa León XIV saluda a la gente a su llegada al Santuario Pontificio de la Santísima Virgen del Rosario de Pompeya, cerca de Nápoles, Italia, el 8 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Mario Tomassetti, Vatican Media).

El testamento del Calvario: “Madre nuestra, Madre de los pecadores, nuestra Abogada”

Ese testamento “te constituye en Madre nuestra, Madre de los pecadores, eres nuestra Abogada, y nuestra esperanza. Por eso nosotros, llenos de confianza, entre gemidos, levantados hacia ti nuestras manos suplicantes, y clamamos a grandes voces: Misericordia, Oh María, misericordia”.

El Papa ha rogado entonces a la Virgen, Madre bondadosa, que tenga “piedad” de nuestras familias, parientes, amigos, difuntos, y sobre todo de nuestros enemigos, «y de tantos que se llaman cristianos, y sin embargo desgarran el amable Corazón de vuestro Hijo”.

“Imploramos por las naciones extraviadas y por el mundo entero”

“Piedad, Señora, piedad. Imploramos por las naciones extraviadas, por toda Europa y por el mundo entero, a fin de que se convierta y vuelva arrepentido a vuestro maternal regazo. Misericordia para todos, Oh Madre de las misericordias”.

“¡Qué te cuesta salvarnos!”, ha dicho el Papa a la Reina del Rosario. “Acaso vuestro Hijo divino no puso en vuestras manos los tesoros de sus gracias y su misericordia? (…)”.

“Líbranos de las asechanzas del enemigo infernal”

“Vuestro poder, Oh María, llega hasta los abismos, ciertamente, tú puedes librarnos de las asechanzas del enemigo infernal”.

Tú, que eres todopoderosa, por gracia, puedes salvarnos (…).

Vuestro corazón de Madre no permitirá que se pierdan vuestros hijos. 

El Divino Niño y el Rosario en vuestras manos nos inspiran toda la confianza, ha dicho, y «con esa confianza nos postramos a vuestros pies, como hijos débiles en las manos de la más tierna de las madres”,

Por último, el Papa ha rogado a la Virgen que nos conceda, “además de un amor constante hacia Ti, vuestra maternal bendición”, y el triunfo de la religión y la paz de la trabajada humanidad.

“No te dejaremos jamás”, Reina del Rosario de Pompeya, Madre nuestra querida, Refugio de los pecadores, Soberana consoladora de los afligidos, sé en todas partes bendita hoy y siempre, en la tierra y en cielo, amén, ha dicho el Papa.

Nápoles: “Es una bendición de Dios estar juntos”

Tras dejar Pompeya, el Papa partió en helicóptero hacia Nápoles, donde fue recibido por el cardenal arzobispo Domenico Battaglia, y por autoridades civiles, como el alcalde de la ciudad, el Dr. Gaetano Manfredi, alcalde de Nápoles.

Antes del encuentro en la catedral con los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosos, León XIV dijo: “¡Vine a Nápoles para experimentar esta calidez que solo Nápoles puede ofrecer! ¡Gracias por esta bienvenida! Es una bendición de Dios estar juntos, estoy muy feliz de estar aquí esta tarde: un tiempo muy breve pero muy significativo. Y esta primera parada aquí mismo en el Duomo, la catedral de Nápoles, donde también quiero rendir este homenaje a San Gennaro, tan importante para su devoción, ¡su fe!”.

A los sacerdotes: cuidado de la vida interior, fraternidad, comunión

Luego, en su discurso, se refirió, entre otros temas, a que “la carga humana y pastoral (de los sacerdotes) es sin duda elevada, y corre el riesgo de agobiarnos, desgastarnos, extinguir nuestras energías y, en ocasiones, puede verse agravada por cierta soledad y una sensación de aislamiento pastoral”.

“Para ello necesitamos cuidado”, alentó. “Ante todo, cuidado de nuestra vida interior y espiritual, alimentando constantemente nuestra relación personal con el Señor en la oración y cultivando la capacidad de escuchar lo que nos agita en nuestro interior, de discernir y dejarnos iluminar por el Espíritu”. 

El cuidado de nuestro ministerio, sin embargo, “también implica fraternidad y comunión”, añadió. “Una fraternidad arraigada en Dios, expresada en la amistad y el acompañamiento mutuo, así como en el compartir proyectos e iniciativas pastorales”.

Caminar juntos, todos involucrados en la misión

Lo que les pido, entonces, es esto: escúchense unos a otros, caminen juntos, creen una sinfonía de carismas y ministerios, y así encuentren maneras de pasar de un ministerio pastoral de conservación a un ministerio misionero capaz de intervenir en la vida concreta de las personas.

Pero el Papa no se refirió sólo a los clérigos, también a los laicos. “Es una misión que requiere la contribución de todos. En una ciudad marcada por la desigualdad, el desempleo juvenil, el abandono escolar y la fragilidad familiar, la proclamación del Evangelio no puede existir sin una presencia concreta y solidaria que nos involucre a todos: sacerdotes, religiosos y laicos. Todos somos participantes activos en la pastoral y la vida de la Iglesia”, afirmó.

Encuentro con los napolitanos: “junten fuerzas, trabajen juntos»

Los napolitanos vitorearon al Papa por las calles, y a continuación le recibieron con alegría por la tarde, en un encuentro en la Plaza del Plebiscito, que incluyó diversos testimonios, canciones de varios grupos y bailes.

En su Discurso, teniendo como telón de fondo a los discípulos de Emaús, León XIV ha visualizado el “anhelo de vida, justicia y bondad (que fluye en esta ciudad), que no puede ser aniquilado por el mal, el desaliento y la resignación”.

Por lo tanto, debemos —no solos, sino juntos— preguntarnos: ¿qué es lo verdaderamente importante? ¿Qué es necesario e importante para retomar nuestro camino con el ímpetu del compromiso en lugar del cansancio de la indiferencia, con el valor de hacer el bien en lugar del temor al mal, con la sanación de las heridas en lugar de la indiferencia?”.

Una de sus respuestas principales ha sido, en referencia al Pacto educativo promovido por la Iglesia y a otros temas: “sigan adelante con este Pacto, junten fuerzas, trabajen juntos, caminen juntos —instituciones, Iglesia y sociedad civil— para enaltecer la ciudad, proteger a sus hijos de las trampas de la adversidad y el mal, y devolver a Nápoles su vocación de ser capital de la humanidad y la esperanza”. 

Cultura de paz y de solidaridad al acoger a migrantes y refugiados

Al ir concluyendo su discurso, el Pontífice observó que “la comunidad eclesial y la comunidad civil trabajan conjuntamente para convertir Nápoles en una plataforma para el diálogo intercultural e interreligioso”. 

“Mediante conferencias, premios internacionales y programas de acogida para jóvenes de zonas de conflicto —como Gaza—, se puede seguir dando voz, desde la base, a una cultura de paz, contrarrestando la lógica de la confrontación y el uso de la fuerza armada como supuesta solución a los conflictos”.

En este sentido, Nápoles sigue demostrando “su profunda solidaridad al acoger a migrantes y refugiados, viéndolos no como una emergencia, sino como una oportunidad de encuentro y enriquecimiento mutuo”. Esto es posible, sobre todo, gracias a la labor de la Cáritas diocesana, que “también ha transformado el Puerto de Nápoles de un simple punto de desembarque en un símbolo vivo de acogida, integración y esperanza”.

El autorFrancisco Otamendi

Argumentos

Repensar la enseñanza de la teología

La teología se define como la “Ciencia de la fe”. En consecuencia, donde no está presente la fe, no hay teología, sino pensamiento religioso o historia de las ideas. Y esto sucede en muchas facultades.

Juan Luis Lorda·9 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Hace aproximadamente quinientos años, Juan Luis Vives, venerado tocayo renacentista, en su tratado “De disciplinis” se quejaba con mucha viveza del estado de las asignaturas en la universidad de su tiempo y veía necesaria una reforma. Siempre es necesario mejorar y hoy también.

Algunas limitaciones y defectos de la vida académica

La vida académica tiene virtudes y defectos. Como todas las cosas humanas, tiene las virtudes de sus defectos y los defectos de sus virtudes. Si soy muy amable, puede ser que sea también bastante lento. Y si soy una persona muy eficaz y ejecutiva, puede que no sea muy amable.

La gran virtud de la vida académica es que reúne, sintetiza y transmite el saber, que es un beneficio extraordinario. Pero siempre lo hace limitadamente; de entrada, por las dificultades que tiene la transmisión humana que no se hace por cable, sino de tú a tú, requiriendo de una parte explicarse bien y, de otra, tener ganas de aprender, y habilidades intelectuales mínimas para entender y atesorar lo que se recibe, además de poder prestarle atención. Cosa hoy no tan obvia.

Hay otro defecto académico importante, bien expresado en una famosa cita de Albert Camus: “Antes los filósofos pensaban en la verdad, ahora se piensa en los filósofos” (nota en “Cuadernos” a finales de 1935). En realidad, Camus comenta allí una frase de Étienne Gilson: “Se ha sustituido la búsqueda de la verdad por la historia de la filosofía”. Es el paso del lenguaje directo al lenguaje indirecto. Cuando desaparece en las clases el testimonio de la verdad, porque ya no se habla de la verdad de las cosas, sino solo de la verdad (indirecta) de lo que unos y otros han dicho sobre las cosas.

De hecho, todas las asignaturas tienden a adquirir una forma histórica con sus programas más o menos estándar (porque se copian mucho unos a otros): sus referencias obligadas, sus temas de discusión histórica, sus autores más conocidos. Todos estos materiales más o menos simplificados se convierten en tópicos, que se repiten como en una cartilla, perdiendo generalmente su conexión con la base real que les dio origen. La virtud de acumular erudición conlleva el defecto de perder conexión real.

En filosofía, son ejemplos muy notables la ética y la lógica. Cuando se enseña ética, ya no se pretende, como pretendía Sócrates, que la gente mejore, sino solo que aprenda los contenidos históricos de la asignatura. Y lo mismo sucede cuando se enseña lógica: no se intenta que el alumno adquiera habilidades de pensamiento y síntesis, sino que sepa la historia y tópicos de la asignatura. Por supuesto, no se excluye que, por algún camino desconocido, esto pueda ayudarle a ser mejor o a pensar mejor, pero no es lo que se pretende conscientemente en la enseñanza.

El caso de la teología

En el caso de la teología, los usos académicos invitan, además, a cierta asepsia. A quedarse en afirmaciones históricas que son, o parecen, más seguras y “objetivas”, porque las afirmaciones de fe pueden parecer opiniones personales, de carácter privado y no suficientemente justificadas. Por ejemplo: es seguro que san Agustín creía y habló mucho de la Trinidad. Pero yo no necesito confesar que creo en la Trinidad para tratar ese tema histórico. Incluso puede parecer que es más riguroso y académico que me limite exclusivamente a afirmaciones históricas y objetivas sobre lo que dijo san Agustín sobre este tema.

En realidad, las afirmaciones de fe no son de ninguna manera “privadas”, sino que las posee la Iglesia, por una revelación y asistencia divinas, que tiene fundamentos históricos. Pero esto puede ser difícil de aceptar por quien no tiene fe, que son muchos en la vida académica. No es raro, por eso, que, en muchos lugares, se prefieran enseñanzas “objetivas” o históricas (e indirectas). Pero la teología, como se repite sin problema en los cursos de introducción, se define como la “Ciencia de la fe”. En consecuencia, donde no está presente la fe, no hay teología, sino pensamiento religioso o historia de las ideas. Y esto sucede en muchas facultades.

Como la filosofía, también la teología tiene paradojas en sus tradiciones escolásticas. Por ejemplo, se puede definir la moral cristiana como “vivir en Cristo”, y así titula esta parte el Catecismo de la Iglesia Católica. Pero las asignaturas de moral no están pensadas para que el alumno aprenda a vivir en Cristo o a seguirle, que es el camino de la moral cristiana. Ni tampoco para que se convierta en maestro de ese camino para otros. Están pensadas para transmitir la historia de los temas, con sus referentes y problemas históricos, que han conformado esas asignaturas.

El asunto es más chocante con las asignaturas centrales. La asignatura sobre Dios o la Trinidad no está pensada, generalmente, para introducirse realmente en el misterio de Dios, lo que llevaría a la fascinación y a la adoración, sino que transmite el conjunto de problemas históricos que ha acumulado esta materia en su historia. Cosa que más bien aleja que acerca al misterio. Y lo mismo sucede con las asignaturas sobre Jesucristo: no se orientan a la adhesión de fe a su persona, sino al conocimiento de los problemas, que, con el paso de los años, cada vez son más, y tienden a ocupar todo el espacio de la asignatura. Por cierto, que son muy luminosas en este sentido, algunas de las últimas predicaciones de Raniero Cantalamessa (17.III.2023), que supo hacer una teología viva.

Los manuales y la manualística

La Universidad nació con la teología. Y las asignaturas de la teología que hoy conocemos tomaron forma poco a poco a partir del siglo XVI cuando se usó como libro de texto la “Suma Teológica” de santo Tomás. Francisco de Vitoria empezó a usarla en Salamanca en 1526. Como la “Suma” es tan extensa el comentario se extendía varios cursos. Y se repartieron por cursos los temas en que está dividida la “Suma”. Así, desde el siglo XVIII hasta el XX, se estableció la separación de las áreas de la teología y el temario y la tópica de cada asignatura, y se escribieron los manuales de cada asignatura. Y así han llegado hasta el siglo XX. A esto se le puede llamar teología manualística.

Esa teología, vigente hasta los años cincuenta del siglo XX, tenía un método muy claro. Pensaba, como Aristóteles, que la verdad se formula en proposiciones, en tesis. Los manuales se presentaban muy ordenados por temas y cada materia tenía sus tesis; es decir, las afirmaciones de fe que se sostenían y se probaban con argumentos de autoridad teológica: recurso a la escritura y a la tradición y sobre todo al Magisterio, representado especialmente por el famoso compendio que hizo Enrico Denzinger, libro básico de referencia. Cada asignatura proporcionaba un conjunto ordenado de tesis demostradas. Era un método riguroso, aunque se emplease de manera un tanto estereotipada.

Generalmente, se presentaban como manuales hechos “ad mentem Sancti Thomae”, según la mente de santo Tomás. Es decir, no representaban necesariamente el pensamiento exacto de santo Tomás, sino algo hecho a su manera. Los manuales se parecían bastante porque se copiaban mucho unos a otros. Tenían un método riguroso (un tanto simplificado), y eran doctrinalmente seguros, ordenados, resumidos (un tanto esqueléticos) y bastante didácticos, pero aburridos y con escasas referencias culturales y de contexto.

Los cambios en la enseñanza

Durante los siglos XIX y XX, se redescubrió la teología de los Padres de la Iglesia, se desarrollaron los estudios bíblicos, se enriquecieron los estudios históricos y se desarrolló inmensamente la reflexión teológica. Era un material muy rico y abundante y con otras perspectivas. Los antiguos manuales no pudieron incorporarlo y desaparecieron en todas partes, dejando grandes vacíos, que se rellenaron más o menos improvisadamente. Las síntesis y renovaciones no se improvisan, tardan siglos.

Se han hecho ya bastantes manuales, pero todavía no recogen ni compendian la riqueza enorme de la teología del siglo XX, y tampoco tienen un método riguroso que justifique la construcción de las asignaturas, fuera de consideraciones generales. Aparte, en el siglo XX, se han añadido algunas materias, que ya son imprescindibles. Por ejemplo, la teología fundamental, la eclesiología, el ecumenismo y la teología de la liturgia, además de todas las materias bíblicas, patrísticas e históricas (historia de la Iglesia, historia de la Teología).

Hay un debate, en curso ahora mismo en la Iglesia, sobre si no sería mejor volver solo a santo Tomás y, en general, a la Iglesia de los años cincuenta. Pero es una opción utópica, por muchos motivos. Quedándonos solo en el campo de la teología, cabe decir, primero, que lo anterior era un santo Tomás bastante retocado. Después, que santo Tomás hubiera optado, sin dudar, por incorporar las “nuevas” aportaciones, como hizo en su día recogiendo lo mejor de todas partes.

Si se quiere hoy hacer una teología “ad mentem sancti Thomae”, hay que hacer lo que él hizo y con el discernimiento de fe con que él lo hizo. La “vuelta a atrás” en realidad es inviable. La fe de la Iglesia tiene su referencia en Cristo, que es su fundamento y piedra angular, esa es su fidelidad, pero, en lo demás, se adapta a las circunstancias y necesidades del tiempo. Sucedió en tiempos de Santo Tomás y es lógico que también suceda ahora.

Los retos de la síntesis

La inmensa cantidad de material “nuevo” nos sitúa ante otro aspecto del problema: hay que construir asignaturas que tengan la proporción del alumno. Es decir, no se le puede ofrecer una erudición inmensa, acumulada y desintegrada. Las capacidades medias de aprender de los alumnos dan la medida de lo que se puede ofrecer en todas las materias y en la enseñanza en su conjunto, como proponía brillantemente Ortega y Gasset en su lúcida conferencia sobre “La Misión de la Universidad”. También hay que tener en cuenta los retos nuevos, como son el uso masivo de la inteligencia artificial y los déficits de atención del alumnado que requieren una enseñanza más dinámica y directa.

Las síntesis no se hacen solas y no basta acumular el material. Se requiere mucho trabajo y sentido de la proporción. Y una reflexión eficaz sobre los métodos de elaboración de las asignaturas y sobre la enseñanza, Entre otras cosas, la teología tiene que tener hoy, como se ha dicho, un tono más testimonial y personal dirigido a que el oyente aumente su adhesión cristiana (fe) y la pueda proponer a un mundo que se ha alejado (evangelización).

La especialización

Las nuevas exigencias académicas de especialización, que han venido del área de las ciencias positivas, añaden nuevas dificultades, que son nuevos retos. Las ciencias positivas tratan de la materia que es muy divisible en campos bastante claros, aunque todos tienen relación unos con otros porque todo el universo está hecho de lo mismo y en un único proceso. Pero cabe un grado de especialización muy alto.

No funcionan igual las ciencias humanas, como la psicología, la sociología, el derecho, la política, la economía, la lingüística, las ciencias de las religiones o la etnografía. Tampoco las humanidades: la historia, la literatura, las bellas artes, la filosofía y la teología. Porque no se basan en la materia extensa, sino que son obra y expresión del espíritu humano. Requieren un buen conocimiento de una antropología filosófica o humanística, para tener en cuenta adecuadamente los fenómenos humanos propios de cada disciplina. Y no se pueden cultivar sin síntesis y visiones de conjunto muy fuertes.

El espíritu es mucho más intenso y concentrado que la materia. Si no se sabe un poco de todo y de manera sintética, no se puede profundizar en nada. Solo en los aspectos históricos y físicos se puede concretar todo lo que se quiera. Para hacer rigurosamente la historia de la economía en un pueblo del siglo XVIII, no hace falta casi ninguna visión de conjunto (aunque será una pobre historia). Recuerdo haber visto (con perplejidad) una tesis doctoral sobre el movimiento del mercado de abastos de Teruel en 10 años del siglo XIX. La economía tiene algo que ver con el movimiento de sacos en los almacenes, pero depende mucho más del movimiento de ideas y aspiraciones en las cabezas humanas.

En el caso de la teología, la unidad es más necesaria. Porque, como se repite en todas las introducciones de la teología, “la teología es una” porque se basa en la revelación y en su historia, y el centro de la revelación, y por tanto de la fe, es Jesucristo nuestro Señor. Como mostró tan felizmente Romano Guardini en su libro “La Esencia del cristianismo”, no hay nada cristiano (ni propiamente teológico) si no se refiere directamente al Señor. Es una cuestión esencial de método.

Hemos puesto el ejemplo de la teología trinitaria de san Agustín. Para trabajar solo en ella (especialización) realmente no hace falta tener fe. Basta recoger citas de san Agustín y de la infinita literatura secundaria que ha tratado el tema. Pero si esa reflexión no se basa en la fe viva en Jesucristo, no sale del ámbito de la historia del pensamiento religioso.

Las cuatro referencias que forman el marco para reformular hoy el método y la enseñanza de la teología:

  • a la inmensa riqueza teológica aportada en los siglos XIX y XX;
  • al centro de la teología que es la fe en Jesucristo;
  • a las posibilidades del alumno para aprender;
  • y a las necesidades de la vida cristiana y de la evangelización.
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Iniciativas

15 detalles que podemos tener en mayo con la Virgen María

Arrancó hace unos días mayo, mes primaveral que la tradición cristiana dedica a la Virgen María. Unas fechas en las que honramos a la Madre de Dios y Madre nuestra. Aquí van unos cuantos detalles que podemos ofrecerle, con libertad y cariño.

Francisco Otamendi·9 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Algunos hemos tenido la suerte de celebrar el cumpleaños de nuestra madre este mes, aunque cualquier mes es el mejor para festejar a la madre. Y le hemos regalado algún detalle de amor, de agradecimiento, el recordatorio de alguna costumbre familiar y, si ha sido posible, cercanía. Lo mismo podemos hacer con la Virgen María, nuestra Madre del cielo.

Se ha escrito que “la Santísima Virgen María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia”. 

Veamos algunos posibles detalles que podemos tener en mayo con Ella, y con su Hijo. Él sigue escuchando a su Madre, como hizo en las bodas de Caná.

1. Levantarse a la hora prevista, sin ceder a la pereza.

2. Pedir a la Virgen María por el Papa y sus intenciones: por la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo, como nos confía habitualmente.

3. Rezar un Avemaría por la persona que hayamos criticado, o maltratado, y pedir perdón, tal como se sugirió con ocasión de la Cuaresma.

4. Comenzar el trabajo, búsqueda de empleo, o tarea que realicemos, con puntualidad, y ofrecerlo a la Virgen. Por ejemplo, por la visita del Papa León XIV a España en junio, y por los frutos del viaje que ha realizado a África.

5. Rezar un misterio del Rosario (o todo), si es posible en familia, o en la parroquia, o donde podamos.

6. Realizar alguna romería a alguna ermita, santuario o iglesia dedicada a Nuestra Señora con alguna advocación suya, rezando el rosario. Es la devoción a la Virgen más recomendada por los Papas. León XIII, por ejemplo, escribió once encíclicas sobre el Rosario, entre 1883 y 1898. 

7. Oración mariana del Ángelus o del Regina coeli al mediodía, al final de la Misa, o cuando se pueda, procurando imitar el “sí” de la Virgen María.

8. Algún propósito para acompañar a alguna persona más enferma o necesitada, o visitar a alguna persona sola, y llevarlo a cabo.

9. Trato más amable y servicial con los que conviven con nosotros en este mes: orden en la casa, ayuda con las ‘máquinas’, planchado, etc., con una sonrisa.

10. Situar algún recordatorio, estampa o cuadro de la Virgen María en algún lugar de la casa o del trabajo. Le podemos poner alguna flor, o cantarle una canción.

11. Recortar el uso de pantallas este mes, si es posible, al menos por la noche o cuando estemos con los demás.

12. Cultivar algún acto concreto de paciencia y cariño con otras personas, en especial mayores, niños y enfermos, y animar el aprecio a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural.

13. Ver con el sacerdote que nos acompaña espiritualmente cómo podemos ayudar en algún detalle a la Iglesia, bien en la parroquia o de otro modo, y también acudiendo al sacramento de la Penitencia.

14. Ofrecer de modo especial alguna tribulación o sufrimiento especial a Nuestra Señora, por ejemplo por las almas de los que nos rodean y sus necesidades, y por la paz.

15. Escapulario del Carmen. El 16 de julio de 1251 la Virgen prometió a san Simón Stock su protección al que muera con él, y la vida eterna.

El autorFrancisco Otamendi

FirmasGiancarlos Candanedo

Descifrando a León XIV

La unidad en la diversidad es el sello de este primer año: cada Pontífice aporta su matiz, pero el hilo  que sostiene el tejido eclesial sigue siendo el Espíritu Santo.

8 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Cuando el cardenal francés Dominique Mamberti, en su calidad de protodiácono, anunció al nuevo Papa con la tradicional fórmula “Habemus Papam” aquel 8 de mayo de 2025, seguido del “qui sibi nomen imposuit” (quien se ha impuesto el nombre de…), quizá no nos dimos cuenta de que el nuevo Pontífice, el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, al adoptar el nombre de León XIV, ya estaba enviando un mensaje cifrado al mundo. No era solo una elección onomástica; era una declaración de intenciones: León XIV se perfilaba, desde el primer segundo, como el “Papa de la nueva cuestión social para este siglo XXI”.

Sus primeras palabras, serenas y poderosas, “Pax vobis”, resonaron en la Plaza de San Pedro y el mundo entero con una carga profética: “¡La paz esté con todos ustedes! (…) Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”. Hoy, al cumplirse un año de aquel acontecimiento, nos detenemos a reflexionar sobre el estilo y el pensamiento de este pontificado que ha comenzado a marcar un camino claro en la historia de la Iglesia.

El misterio de la continuidad

Para comprender a León XIV es imperativo entender primeramente la visión sobre la Iglesia como un misterio de continuidad. Su pontificado se levanta sobre el principio de “No Ruptura”. En una época donde muchos buscan cambios drásticos, el Papa ha reafirmado que la Iglesia no avanza mediante rupturas, sino a través de un desarrollo orgánico. Tal como recordaba Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, la fe cristiana asume la experiencia de fe anterior -como el credo israelita- convirtiéndola en una dimensión interna, en este sentido afirma el Papa alemán que “el carácter histórico de la religión y de la historia de la fe se desarrolla mediante puntos de contacto, nunca en plena discontinuidad”.

Como hombres y mujeres en comunión con Pedro, sea quien sea, hemos de ser compañeros de camino que buscan juntos leer los signos de los tiempos. La unidad en la diversidad es el sello de este primer año: cada Pontífice aporta su matiz, pero el hilo  que sostiene el tejido eclesial sigue siendo el Espíritu Santo. Desde esta perspectiva no somos ni podemos ser predicadores de rupturas, sino de comunión.

El eco de León XIII y la nueva cuestión social

¿Por qué León XIV? La elección de este nombre nos remite directamente a León XIII, autor de la carta encíclica Rerum Novarum (5-V-1891). Desde el punto de vista comunicativo, el mensaje es inequívoco: estamos ante un Papa que hace latir su corazón al ritmo de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

Su estilo de gobierno se ha cimentado en un trípode: sinodalidad, evangelización y oración (discernimiento). Esto quedó patente en su primer consistorio extraordinario del 7 y 8 de enero de 2026, donde cerca de 170 cardenales no se reunieron para un trámite burocrático, sino para un encuentro fraternal. La aprobación de los ejes de sinodalidad y evangelización -bajo la estela de la exhortación apostólica Evangelli Gaudium (Francisco, 24-XI-2013) demuestra que busca la unidad de mando a través de la colegialidad.

El hilo del corazón: De «Dilexit nos» a «Dilexi te»

Existe un puente místico y social indudable entre el final del pontificado de Francisco y el inicio de León XIV. Si Francisco nos regaló la carta encíclica Dilexit nos (24-X-2024) para recordarnos el amor del Corazón de Jesús, León XIV ha respondido con la exhortación apostólica Dilexi te (4-X-2025), que se traduce como “Él te amó”, centrando su mirada en el amor hacia los pobres.

En la Dilexit nos el Papa Francisco nos recordaba que, al servir al prójimo, encontramos a Jesús “codo a codo” (nn. 214-215). León XIV toma esta herencia y, en su exhortación Dilexi te, reconoce la alegría de hacer suyo este mensaje, proponiéndolo al comienzo de su pontificado.

El diagnóstico que presenta León XIV en la Dilexi te es contundente: la pobreza no es una fatalidad, sino producto de una estructura de pecado. El Papa denuncia la existencia de élites que viven en “burbujas de lujo” mientras millones sobreviven en condiciones indignas. Advierte contra la tendencia a convertir al pobre en una estadística para evitar tocar su realidad. Su propuesta es clara: la caridad no es un paliativo, sino un “fermento de justicia” que debe cambiar los sistemas injustos.

Las nuevas pobrezas del siglo XXI

El pontificado de León XIV no se limita a la pobreza material tradicional. En el discurso del 23 de octubre de 2025 a los Movimientos Populares, identificó “novedades” tecnológicas y sociales que generan nuevas formas de exclusión, entre ellas, las siguientes:

  • Ansiedad y consumo: El impacto de las redes sociales en los jóvenes, que enfrentan el espejismo del éxito inalcanzable.
  • Adicciones digitales: El diseño de plataformas de apuestas y juegos de azar que explotan la vulnerabilidad.
  • Ética y cuerpo: La crisis de los opioides y la comercialización del dolor bajo una falsa “idolatría del cuerpo”.
  • Extractivismo: La violencia detrás de la tecnología (coltán y litio), que alimenta la desestabilización política.

Ante esto, el Papa exige que la ética global prevalezca sobre el beneficio técnico-económico. Insiste en que la limosna no es una dádiva, sino un momento de encuentro humano: “Sentar al pobre a la mesa, devolverle el nombre y la dignidad”.

Hacia una paz “desarmada y desarmante”

En su mensaje para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz (1-I-2026), León XIV propuso un concepto innovador que encapsula su visión social y espiritual y que ya había enunciado en su primer mensaje el 8 de mayo de 2025: la paz desarmada y desarmante. No se refiere solo a la ausencia de armas, sino al desarme del lenguaje y de las intenciones agresivas. Es la fuerza de la no-violencia activa, una actitud de apertura que obliga al interlocutor a bajar la guardia.

Al cumplirse este primer año de pontificado, es evidente que León XIV no ha venido a inventar una “Iglesia nueva”, sino a renovar la fidelidad de la Iglesia al Evangelio. Nos invita a ser líderes que no solo miren los balances financieros, sino que sepamos descifrar el impacto de la tecnología en la dignidad humana.

La pregunta que nos deja este primer aniversario no es solo qué pensamos del Papa, sino cómo integramos su mensaje en nuestra vida. Queda bajo nuestra responsabilidad “descifrar” cómo vivir en lo ordinario esa invitación a ser una Iglesia que, para ser realmente esposa del Señor, debe ser, ante todo, hermana de los pobres, una firme promotora de la paz.

El autorGiancarlos Candanedo

Presbítero. @GCandanedoPaez

Vaticano

12 citas del primer año de León XIV como Pontífice

León XIV ha visitado siete países en su primer año en la sede de Pedro y poco a poco va marcando la impronta de su estilo tranquilo.

OSV / Omnes·8 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

A medida que se acerca el primer aniversario de la elección del Papa León XIV al pontificado, presentamos aquí una selección de 12 citas del nuevo pontífice sobre diversos temas, haciendo un repaso de los 12 meses transcurridos desde que asumió como Papa el 8 de mayo de 2025.

– «Soy agustino, un hijo de san Agustín, que ha dicho: ‘Con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo’. En este sentido podemos caminar todos juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado». Primer discurso desde el balcón de la Basílica de San Pedro, el 8 de mayo de 2025.

– «Hermanos y hermanas, quisiera que este fuera nuestro primer gran deseo: una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado». Misa de inauguración de su ministerio petrino, el 18 de mayo de 2025.

– «Los migrantes y los refugiados recuerdan a la Iglesia su dimensión peregrina, perpetuamente orientada a alcanzar la patria definitiva, sostenida por una esperanza que es virtud teologal». Mensaje para la 111.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 4 de octubre de 2025.

– «Sean entonces ustedes agentes de comunión, capaces de romper la lógica de la división y de la polarización; del individualismo y del egocentrismo. Céntrense en Cristo, para vencer la lógica del mundo, de las fake news y de la frivolidad, con la belleza y la luz de la verdad». Discurso a misioneros digitales e influencers católicos, el 29 de julio de 2025.

– «Es que cuando el instrumento domina al hombre, el hombre se convierte en un instrumento: sí, un instrumento de mercado y a su vez en mercancía. Sólo relaciones sinceras y lazos estables hacen crecer historias de vida buena». Jubileo de los Jóvenes, el 2 de agosto de 2025.

– «La amistad con Cristo, que está en la base de la fe, no es sólo una ayuda entre muchas otras para construir el futuro, es nuestra estrella polar». Jubileo de los Jóvenes, el 2 de agosto de 2025.

– «En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo». «Dilexi Te», promulgada el 9 de octubre de 2025.

– «La espiritualidad mariana está al servicio del Evangelio: revela su sencillez. El afecto por María de Nazaret nos hace, junto con ella, discípulos de Jesús». Jubileo de la Espiritualidad Mariana, el 12 de octubre de 2025.

– «La fe, comparada con grandes bienes materiales y culturales, científicos y artísticos, sobresale; no porque estos bienes sean despreciables, sino porque sin fe pierden el sentido». Canonización de siete nuevos santos, el 19 de octubre de 2025.

– «La vida se ilumina no porque seamos ricos, bellos o poderosos. Se ilumina cuando uno descubre en su interior esta verdad: Dios me ha llamado, tengo una vocación, tengo una misión, mi vida sirve para algo más grande que yo mismo». Jubileo de la Educación, donde proclamó a San John Henry Newman Doctor de la Iglesia, el 1 de noviembre de 2025.

– «La IA puede procesar información rápidamente, pero no puede sustituir a la inteligencia humana. ¡Y no le pidas que haga tu tarea! … (La inteligencia artificial) no juzgará entre lo que es verdaderamente correcto e incorrecto». Encuentro digital con jóvenes durante la Conferencia Nacional de la Juventud Católica de 2025 en Indianápolis, el 21 de noviembre de 2025.

– «La paz, de hecho, no se decreta: se acoge y se vive. Es un don de Dios, que se desarrolla en una labor paciente y colectiva. Es responsabilidad de todos; en primer lugar, de las autoridades civiles». — Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en Yaundé, Camerún, el 15 de abril de 2026.

El autorOSV / Omnes

FirmasVíctor Torre de Silva Valera

Un año con León XIV

Apenas ha pasado un año y León XIV ya ha clausurado un Jubileo, celebrado un consistorio de cardenales, visitado un buen puñado de países y, sobre todo, se ha ganado el corazón de todos los cristianos.

8 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Hace pocas semanas celebramos el primer aniversario de la elección del Papa. Parece que una eternidad separa ese momento en que se presentó ante el mundo desde el balcón de la plaza de San Pedro y hoy, cuando su voz, su rostro y su magisterio son parte de la vida cotidiana de la Iglesia y del mundo.

En los últimos días he revivido la emoción de aquella tarde de mayo en la que fue elegido León XIV. Después de semanas de irrelevantes discusiones en prensa sobre los papabili y comentarios, un poco más interesantes, sobre la situación de la Iglesia y las cuestiones que tendría que afrontar el nuevo pontífice, en esos días la atención se centró en «adivinar» cuánto duraría el cónclave. La opinión mayoritaria era que sería breve, como había sucedido en las últimas ocasiones.

Previendo que ese día 8 podría ser cuando se diera a conocer al mundo el nuevo sucesor de Pedro, decidí pasar el día en la biblioteca de mi universidad trabajando. En mi mochila, además del ordenador y los libros, llevaba alguna cosa de comer por si efectivamente se anunciaba la elección del Papa y no conseguía volver a casa a tiempo para cenar. Y así sucedió: se anunció la fumata blanca y se produjo una estampida en la biblioteca, de la que salimos a toda velocidad para alcanzar la plaza de San Pedro en los apenas diez minutos que la separan si se camina a buen paso.

Es difícil describir esos momentos, en los que toda Roma confluía hacia el corazón de la Iglesia. Algún turista que pasaba por ahí preguntó en voz alta por el motivo de esas carreras, y alguien al vuelo le respondió que había fumata bianca, sabiendo que eso lo explicaba todo.

A mitad de la Via della Conciliazione, la policía detuvo a la multitud. Habían cerrado los accesos para evitar aglomeraciones excesivas. Me resistí a creer que en menos de quince minutos desde la fumata no se pudiera entrar, así que me lancé por una callejuela lateral y conseguí llegar hasta las columnas que rodean la plaza. La Gendarmería había cerrado el acceso, pero al menos podía ver el balcón donde saldría el Papa desde donde me encontraba, apretujado por cientos de personas de un humor excelente.

Ahí me encontré a Jaime y James, dos sacerdotes amigos que también habían llegado corriendo desde su casa. Al cabo de una media hora alguien dio la orden de abrir los accesos y pudimos llenar la plaza quienes nos agolpábamos a sus puertas.

Los siguientes momentos fueron los que todo el mundo pudo seguir a través de la televisión y en vídeo. Hay algunos detalles que, sin embargo, ninguna cámara puede captar. El primero de ellos es la cercanía natural que se produjo entre los que estábamos en la plaza. Todo el mundo hablaba con los de su alrededor como si se conociera de toda la vida. Pude conocer a varias personas que, según me dijeron, no eran muy practicantes, pero que siendo romanos no podían perderse ese momento. Muchos habían salido del trabajo antes de tiempo, y otros eran turistas que tuvieron la fortuna de estar en los alrededores en el momento justo. Una verdadera fraternidad cristiana.

Otra curiosidad es que la policía instaló inhibidores de señal para evitar atentados, lo que impedía que nos conectáramos a internet o llamáramos a otras personas que sabíamos que podían estar en la plaza. Esto fue especialmente relevante porque la zona en la que me encontraba no tenía muy buena megafonía, y no se escuchó con claridad el nombre del cardenal elegido ni el que tomaría como sucesor de Pedro. Tardó unos minutos en llegarnos la voz de que el nuevo Papa era León XIV, antes cardenal Prevost.

Pasada la emoción, conseguí encontrar a unos amigos que también estaban ahí y cenamos en una plaza cercana, celebrando la elección del Papa y contando cada uno cómo había vivido el momento. Sin duda, una de las mejores anécdotas fue la de Pedro, que había podido hacer uso de sus conocimientos de latín para ayudar a unas chicas a corregir un cartel donde habían escrito: habemus Papa. Como bien les explicó, y arreglaron sobre la marcha, la alegría era más bien habemus Papam.

Apenas ha pasado un año y ya ha cerrado un Jubileo, ha tenido un consistorio de cardenales, ha visitado un buen puñado de países y, sobre todo, se ha ganado el corazón de todos los cristianos.

El autorVíctor Torre de Silva Valera

Estudiante de doctorado en Roma.

Cultura

Dios Padre, Creador Alejo de Vahía, El «Padre Eterno»

La escultura "Padre Eterno", atribuida a Alejo de Vahía, encarna la majestuosidad divina en el contexto del gótico hispano. Un ejemplo poderoso de fe, arte y simbología trinitaria en la España del siglo XV.

Eva Sierra y Antonio de la Torre·8 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

COMENTARIO ARTÍSTICO

Para cerrar esta serie sobre la Creación, nos detenemos en esta escultura de Dios Creador. La escultura representa a Dios Padre entronizado, representado como un hombre mayor y majestuoso, con la mano derecha alzada en gesto de bendición y la mano izquierda sosteniendo el orbe del mundo coronado por una cruz. Sobre su cabeza lleva una espléndida corona, y un gran halo o nimbo detrás de él enfatiza su divinidad; símbolos terrenales del poder divino.

Mensaje teológico

Esta iconografía -Dios Padre con insignias imperiales y papales (la corona/tiara y el orbe)- era común en los siglos XV y XVI, simbolizando la autoridad suprema de Dios tanto espiritual como temporal. La figura es aún algo rígida, con esa pose frontal característica de la imaginería gótica tardía. La talla es angulosa y precisa, con pliegues lineales bien definidos en el ropaje y una barba rizada, lo que evidencia la formación nórdica del artista. El pie de Dios sobresale del trono, como señalando hacia abajo, hacia donde está representado su Hijo.

Bajo el trono del Padre, Alejo incluye un detalle simbólico llamativo: dos ángeles que sostienen la Vera Cruz o el Paño de la Verónica, mostrando el Santo Rostro de Cristo. Estos ángeles actúan como pedestal viviente para Dios entronizado. La inclusión del Paño de la Verónica —el rostro de Cristo milagrosamente impreso— bajo el Padre enlaza visualmente a la Primera Persona de la Trinidad con la Segunda, el Hijo.

Sería interesante conocer la ubicación original de la escultura. En muchos retablos, en la parte superior, se representa al Espíritu Santo como una paloma; de haber sido así en este caso, la Trinidad estaría completa. Es probable que esta composición estuviera pensada para el registro superior de un retablo: El Padre Eterno en gloria, literalmente sostenido por ángeles, presidiendo desde lo alto el altar. El gesto de bendición y el globo en sus manos refuerzan el papel de Dios como Creador universal y soberano misericordioso del mundo. La iconografía combina la imaginería devocional del gótico tardío con un simbolismo didáctico, presentando a Dios Padre como monarca celestial y origen de la historia de la salvación. La impresión es de autoridad serena: el Padre Eterno mira hacia el exterior con una expresión firme, encarnando tanto la misericordia como el poder de Dios.

Desde el punto de vista técnico, el Padre Eterno es un magnífico ejemplo de escultura gótica policromada española. Muestra una fusión de influencias locales e internacionales: un marco estilístico nórdico (gótico) unido a la tradición española de escultura policromada, en una obra de extraordinaria habilidad y belleza artística. Normalmente, un imaginero o escultor-pintor tallaba, pintaba y decoraba la escultura policromada él mismo, aunque era habitual contar con especialistas que ayudaban en la talla.

Evolución iconográfica de Dios Padre

En siglos anteriores, el arte cristiano evitaba representar directamente a Dios Padre —se usaban sólo símbolos (como una mano saliendo de las nubes) o se centraba en Cristo. Sin embargo, hacia finales del siglo XV, se generalizó la representación de la Primera Persona de la Trinidad en forma humana. Este periodo en España estuvo marcado por un florecimiento de los retablos y la imaginería religiosa bajo los Reyes Católicos, combinando tradiciones góticas con influencias tempranas del Renacimiento. En el arte religioso de la península ibérica de finales del siglo XV y principios del XVI, las representaciones de Dios Padre se volvieron cada vez más comunes. Ya en la década de 1490, los retablos españoles incluían con frecuencia a Dios Padre como un anciano venerable en los cielos, reflejando una iconografía en evolución y nuevas prácticas devocionales. Es en este contexto donde se sitúa el Padre Eterno de Alejo de Vahía, una escultura que ejemplifica tanto el estilo personal del artista como la tradición gótica en España.

La ubicación original exacta del Padre Eterno de Alejo de Vahía no está plenamente documentada, pero con casi toda seguridad procedía de un retablo de una iglesia local en Becerril de Campos o sus alrededores.

Padre Eterno, Alejo de Vahía

COMENTARIO CATEQUÉTICO

Los tres primeros capítulos del libro del Génesis han permitido desde siempre exponer una completa catequesis sobre el acto creador de Dios, su resultado y su sentido. De hecho, a la luz de la revelación bíblica custodiada en su interpretación por la Iglesia, es posible encontrar un fundamento para la vida y la existencia de la realidad. Y, por tanto, es posible también ofrecer una respuesta a las preguntas más universales y acuciantes que se plantea todo ser humano: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es el origen de todo? ¿Cómo será el fin de todo?

La revelación, a la vez que abre un horizonte de sentido para la realidad, presenta también al autor que la ha hecho posible: Dios Creador, a quien los cristianos llamamos también Padre. Desde las primeras líneas del Génesis se deja claro que el único sujeto de la creación es Dios, utilizando para ello incluso un verbo especial: el verbo hebreo bara, crear, cuyo único sujeto es Dios. 

Por ello, presentada en los anteriores artículos la revelación sobre la Creación es momento de hablar de su único autor, en quien nos centramos en este mes.

El autor de toda realidad

Aunque en el Credo el acto creador se atribuye al Padre Todopoderoso, no debemos perder de vista que tal acto es obra común de las tres personas divinas, como lo son todas las obras realizadas ad extra del ser divino. Y es que al compartir las tres personas una sola y misma naturaleza, también es una sola y misma su acción. Por tanto, el Padre, primera persona, no crea solo, sino que lo hace con el Hijo y el Espíritu Santo. De hecho, en la Sagrada Escritura y en la liturgia encontramos alusiones a la presencia de ambos en el acto creador: se habla de la Palabra creadora (Juan 1, 1-3) y del Espíritu Creador (Himno Veni Creator Spiritus). Otra manera de representar el vínculo entre las personas divinas en su acción lo vemos en la talla de Alejo de Vahía: unido al Padre, como su soporte, está el Rostro de su Hijo, y sobre ellos, hipotéticamente, estaría una talla del Espíritu Santo.

De ahí que buscando al autor de la realidad encontramos finalmente a la Santísima Trinidad, certeza que expresaron desde el comienzo los cristianos en la fórmula: “el Padre crea con sus dos manos, el Hijo y el Espíritu Santo” (san Ireneo). 

Ahora bien, si el Credo asigna el acto creador al Padre, no está negando la presencia de las otras dos personas, sino manifestando un importante rasgo de la teología cristiana: las obras de la Trinidad son de las tres personas, pero hay determinadas obras que se pueden atribuir a una determinada persona, por ser más propia de ella. 

Así, al igual que al Hijo se atribuye la encarnación redentora, y al Espíritu Santo el don santificador, al Padre se le apropia el acto creador. En todas estas obras, sin embargo, actúan las tres personas en su única naturaleza divina.

El carácter creador de Dios permitía, ya en el Antiguo Testamento, asignarle el título Padre, como origen de toda realidad, pero también como protector y guía de Israel, especialmente de los pobres. En la plenitud de la revelación traída por el Nuevo Testamento, este título se ilumina con nuevas luces: Dios es Padre porque desde antes de la Creación se da la relación de paternidad con su Hijo, engendrado eternamente por Él, y que se dirige a Él en la relación de filiación (Mateo 11, 27). 

Por ello, el Creador es el Padre Eterno y también el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, como lo denomina san Pablo y como se representa en el diseño de Alejo de Vahía.

El sentido de la Creación

Si el Padre, que eternamente lo posee todo, ha creado la realidad lo ha hecho no por conseguir algo que le faltaba, como si la Creación fuese necesaria, sino que para manifestar y comunicar su gloria libremente. De ahí que las criaturas, y el ser humano como miembro especial de ellas, alcanzan su verdadero sentido cuando glorifican al Padre Creador. La corona y el nimbo que porta esta talla nos recuerdan la gloria divina del Creador, que ha de ser buscado, reconocido y glorificado por su criatura, que así podrá encontrar al artista divino que le ha dado el ser. 

Por otro lado, la revelación cristiana nos recuerda que el acto creador no ha sido una acción finalizada, como si tras crear el mundo la Santísima Trinidad hubiera obtenido ya un resultado final o hubiera dejado de actuar en él. Al contrario, la Creación se presenta como un conjunto armonioso pero que no está plenamente acabado, sino en camino de perfección y consumación. En la talla vemos cómo el Padre Eterno todavía lleva en su mano el orbe con la cruz, instruyéndonos así sobre la existencia de la divina Providencia: las disposiciones previstas por el Creador para conducir su obra a la perfección.

El Padre sigue solícito y cuidadoso de todo lo que ha creado, desde los detalles más pequeños hasta los diseños más grandes. La autoridad serena, firme y tierna que vemos en la expresión de la talla recuerda, efectivamente, que Dios gobierna en su poder con una misericordiosa Providencia. 

El Creador tiene una soberanía absoluta sobre el curso del devenir de la Creación (Proverbios 19, 21), pero, siendo también Padre, orienta el curso de los acontecimientos para el mayor bien de sus hijos (Romanos 8, 28). Así, quien acoge esta revelación puede desarrollar su existencia en el marco de esta Creación con el abandono filial que enseña Jesucristo (Mateo 6, 31-33).

La hermosa talla que podemos disfrutar en el Museo de Santa María de Becerril de Campos, por tanto, nos sigue recordando que la Creación está en camino hacia el Sábado definitivo, hasta el séptimo día final en el que todo alcance el reposo en la Santísima Trinidad alcanzando así su perfección definitiva y consumada. 

Mientras tanto, la mirada paterna del Todopoderoso Creador nos guía y nos orienta en medio de este mundo que, sin Él, retorna sin remedio al caos primordial.

Obra

Título: Padre Eterno
Autor: Alejo de Vahía
Año : Finales del siglo XV (ca. 1480–1500)
Técnica: Madera tallada, policromada y dorada
Medidas: 132 x 56 cm
Lugar: Iglesia-Museo de Santa María en Becerril de Campos (Palencia)
El autorEva Sierra y Antonio de la Torre

Historiadora del arte y doctor en Teología

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Iniciativas

UFV y Sabadell: V Curso de Asesor Financiero para entidades religiosas y tercer sector

En su V edición, el Curso online de Asesor Financiero de la Escuela de Posgrado de la Universidad Francisco de Vitoria y el Banco Sabadell, permite reforzar un conocimiento especializado de las Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector.

Redacción Omnes·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El pasado 26 de febrero de 2026 dio comienzo la V edición del Curso de Asesor Financiero para Entidades Religiosas y del Tercer Sector. Se trata de un Curso cien por cien online, desarrollado entre el Banco Sabadell y la Universidad Francisco de Vitoria que pretende ser un pilar sólido para la gestión del día a día de administradores y ecónomos.

Esta certificación universitaria ofrece una formación completa y rigurosa a profesionales y colaboradores del sector, con el objetivo de reforzar el conocimiento especializado de estas instituciones y ayudando a dotar de conocimiento y herramientas a sus administradores, con una visión muy enfocada en su sostenimiento, poniendo siempre a las personas en el centro.

Matriculación abierta hasta el 22 de junio de 2026

El periodo de matriculación empezó el pasado 15 de diciembre de 2025 y estará abierto hasta el 22 de junio de 2026, concluyendo el programa el 31 de diciembre de 2026. Al finalizar, los alumnos obtendrán el título propio de la Universidad Francisco de Vitoria.

Como se ha dicho, es un curso 100% online, con 12 ECTS. Cuenta además con un acompañamiento mediante tutorías realizadas por especialistas en Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector del Banco Sabadell. Es una formación abierta a profesionales de todos los sectores, que ofrece un plan de becas de hasta un 80% en la matrícula para personal y responsables de Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector clientes BS, así como para empleados BS.

Santiago Portas Alés, director de Instituciones Religiosas y Tercer Sector del Banco Sabadell.

Conocimiento especializado

Este curso avanzado online está adaptado a la realidad de los profesionales y ofrece una formación completa y rigurosa con el objetivo de reforzar un conocimiento especializado de las Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector.

A lo largo de las cuatro ediciones anteriores se han inscrito un total de 1.159 alumnos de los cuales 730 la han finalizado y han obtenido el título propio de la Universidad Francisco de Vitoria.

Material actualizado por profesionales y docentes

Mediante una herramienta dinámica e interactiva, el curso permite al alumno seguirlo adaptándose a cada situación personal y profesional. El material ha sido elaborado y actualizado por profesionales en activo del sector financiero y profesores de la Universidad Francisco de Vitoria que combinan la docencia con su actividad profesional, dotando al curso de la máxima calidad académica y pedagógica.

Más información sobre el programa e inscripciones en la web de la UFV.

El autorRedacción Omnes

Evangelización

12 santas que también fueron madres

En diversos momentos del mes de mayo, casi todos los países celebran el Día de la Madre. Compartimos una lista de 12 madres que pueden ser modelos de santidad y a las que acudir para que intercedan por nosotros.

OSV / Omnes·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

«El secreto de la felicidad es vivir momento a momento y agradecer a Dios por lo que nos envía cada día». Esta sabia reflexión parece algo que diría una buena madre, y en este caso, una lo dijo. Es una joya de Santa Gianna Beretta Molla, esposa católica, médica y madre, quien falleció en 1962 después de priorizar desinteresadamente la salud de su bebé por nacer sobre la suya propia durante un embarazo difícil. Santa Gianna está entre docenas de madres católicas que la Iglesia ha canonizado por su fe, caridad y virtudes santas.

1. Santa Helena (c. 248-c. 328)

Helena fue la madre de Constantino, el emperador romano que en 313 puso fin a la persecución de los cristianos en todo el imperio. Nació en Asia Menor, se casó con un general romano llamado Constancio Cloro, y dio a luz a Constantino en 274 en lo que es Serbia. Se convirtió al cristianismo en 312 y, a partir de entonces, fue conocida por su devoción, su vida de oración y su generosidad con los pobres. Alrededor del año 326, fue a Tierra Santa, donde pasó sus últimos años humildemente haciendo las tareas domésticas en su convento, pero también construyendo iglesias en lugares sagrados. Se dice que encontró la «verdadera cruz» del Calvario. Su fiesta se celebra el 18 de agosto.

2. Santa Mónica (331-387)

Esta mujer laica africana del norte se casó con Patricio, y San Agustín de Hipona fue su hijo mayor. Intentó criarlo como cristiano, pero también tenía ambiciones para su éxito mundano. Él despreciaba el cristianismo y tuvo un hijo con su amante. En 383, Mónica siguió a Agustín a Italia, donde fue seguidora de San Ambrosio. Tres años después, Agustín fue bautizado. Mónica cayó enferma y murió antes de su regreso a África. Años antes, un obispo le había aconsejado famosamente: «No es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas». Su fiesta se celebra el 27 de agosto.

3. Santa Emelia de Cesarea (fallecida alrededor de 375) 

Santa Emmelia proviene de una familia de santos. Su esposo es San Basilio El Mayor, un abogado e hijo de Santa Macrina la Mayor. De sus 10 hijos, cuatro fueron canonizados: San Basilio el Grande, San Gregorio de Nisa, Santa Macrina la Menor y San Pedro de Sebaste. Santa Emmelia se dedicó a la educación de sus hijos y al conocimiento de las Escrituras. Después de criar a sus hijos, Santa Emmelia junto con su hija Macrina renunciaron a su alto nivel de vida y formaron una pequeña comunidad monástica de monjas en la finca de la familia. Su fiesta se celebra el 30 de mayo.

4. Santa Margarita de Escocia (c. 1045-1093)

Puede que Margarita haya nacido en Hungría de madre alemana, pero como nieta de un rey inglés fue llevada a Inglaterra. Se refugió en Escocia después de la conquista normanda y en 1070 se casó con el rey Malcolm III. Tuvieron dos hijas y seis hijos; un hijo también se convirtió en santo. Profundamente religiosa, ella usó su influencia para alinear la iglesia escocesa con Roma y fue conocida por cuidar a huérfanos y pobres. Murió cuatro días después del asesinato de su esposo; fueron enterrados en la Abadía de Dunfermline. Fue canonizada en 1250. Su fiesta se celebra el 16 de noviembre.

5. Santa Hedwig de Silesia (c. 1174-1243)

Una laica de Baviera, en el sur de Alemania, Hedwig se casó con el duque de Silesia, en el sur de Polonia. Enrique I alentó las numerosas actividades caritativas de su esposa, una de las cuales fue fundar una abadía de monjas cistercienses en Trzebnica. La pareja hizo un voto de vivir castamente después del nacimiento de su séptimo hijo en 1209. Cuando Enrique murió en 1238, Hedwig se trasladó a la abadía, donde su hija Gertrudis era abadesa, pero sin convertirse en monja. Utilizó su fortuna para ayudar a los pobres y a los sufrientes de los alrededores, y es recordada por aumentar la influencia alemana en Silesia. Fue canonizada en 1267. Su fiesta se celebra el 16 de octubre.

6. Santa Isabel de Hungría (1207-1231)

La corta vida de Isabel fue, sin embargo, plena; tuvo un matrimonio feliz e hijos, fue franciscana seglar y estaba tan dedicada a los pobres y enfermos que regaló sus vestiduras reales y fundó hospitales. Hija de un rey húngaro, Isabel se casó a los 14 años con Luis, un noble de Turingia. Él se quejaba del gasto que suponían sus muchas obras de caridad hasta que presenció un milagro que involucraba a Isabel, pan y rosas. Después de que él muriera durante una cruzada, ella se convirtió en miembro de la Tercera Orden Franciscana en Marburgo, Alemania, donde fundó un hospital para cuidar a los enfermos. Isabel es la patrona de los panaderos, jóvenes esposas, viudas, los falsamente acusados, condesas y franciscanos seglares. Fue canonizada en 1235. Su fiesta se celebra el 17 de noviembre.

7. Santa Brígida de Suecia (c. 1303-1373)

Brígida, o Birgitta, contrajo matrimonio con un noble sueco; la pareja tuvo ocho hijos, entre ellos Santa Catalina de Vadstena. Hacia el año 1335, Brígida fue nombrada dama de honor principal en la corte sueca. Tras enviudar en 1344, fundó la Orden del Santísimo Salvador, conocida como las brigidinas. Brígida pasó gran parte de su tiempo en Roma, llevando una vida austera y dedicándose al cuidado de los pobres y los enfermos. Falleció allí, tras haber realizado una peregrinación a Tierra Santa. Brígida afirmó haber tenido visiones e inspiraciones a lo largo de su vida, lo cual generó tanto influencia como controversia. Fue canonizada en 1391. Su fiesta se celebra el 23 de julio.

8. Santa Francisca de Roma (1384–1440)

Esta laica y fundadora, nacida en el seno de la aristocracia romana, contrajo matrimonio con Lorenzo Ponziano a los 13 años; tuvieron varios hijos. En 1409, su palacio fue saqueado por soldados napolitanos y Lorenzo fue exiliado durante cinco años, regresando a casa como un hombre destrozado. Falleció en 1436. Francisca, conocida por su gran caridad durante las epidemias y la guerra civil, organizó una sociedad de damas dedicada a la abnegación y a las buenas obras. Esta se convirtió en las Oblatas de Tor de Specchi, comunidad que ella dirigió durante sus últimos cuatro años de vida. Es la santa patrona de los automovilistas, tal vez porque fue custodiada durante 23 años por un arcángel visible únicamente para ella. Sus últimas palabras fueron: “El ángel ha terminado su obra. Me hace señas para que lo siga”. Fue canonizada en 1608. Su fiesta se celebra el 9 de marzo.

9. Santa Juana Francisca de Chantal (1572-1641)

A los 20 años, Jeanne-Françoise Frémyot, de Dijon, Francia, contrajo matrimonio con el barón Christophe de Rabutin-Chantal. Fueron felices, pero tras ocho años ella enviudó, quedando a cargo de cuatro hijos. En 1604, San Francisco de Sales se convirtió en su director espiritual; ambos colaboraron en la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María, concebida para aquellas mujeres que no se adaptaban a la vida más rigurosa de otras comunidades religiosas. A su muerte, existían cerca de 80 conventos de la Visitación. San Vicente de Paúl, contemporáneo suyo, la calificó como “una de las personas más santas que jamás he conocido en esta tierra”. Santa Juana Francisca de Chantal fue canonizada en 1767. Su festividad se celebra el 12 de agosto.

10. Santa Luisa de Marillac (1591-1660)

Nacida en Auvernia, Francia, Luisa se casó con un funcionario de la corte real, Antoine Le Gras. Tras su muerte en 1625, y a pesar de las dificultades económicas y episodios de melancolía, fue una activa colaboradora de las obras caritativas de San Vicente de Paúl y se convirtió en cofundadora con él de las Hijas de la Caridad. Redactó el primer borrador de su regla. Para el momento de su muerte, la orden había establecido 40 casas en Francia, y las Hijas de la Caridad cuidaban a los pobres enfermos en las parroquias parisinas y acogían a cientos de mujeres. Santa Luisa de Marillac fue canonizada en 1934. Su fiesta se celebra el 15 de marzo (Nota de Redacción Omnes: desde 2016, la fiesta de santa Luisa de Marillac se celebra el 9 de mayo).

11. Santa Elizabeth Ann Seton (1774-1821)

Criada como episcopaliana en la ciudad de Nueva York colonial, Elizabeth se casó con William Magee Seton, un comerciante. La pareja tuvo cinco hijos. William murió en 1803 en Italia, donde Elizabeth aprendió sobre el catolicismo de la familia que le brindó hospitalidad. Las guerras habían arruinado el negocio naviero de la familia. Tras convertirse al catolicismo en Nueva York en 1805, la ahora pobre Elizabeth fue abandonada por viejos amigos, pero aceptó la oferta de un sacerdote de Baltimore para abrir allí una escuela para niñas. En 1809 fundó las Hermanas de la Caridad de Estados Unidos, cuyas escuelas y orfanatos crecieron en número. Se convirtió en la primera santa nacida en Estados Unidos en 1975 y es la patrona de los conversos. Fue canonizada en 1975. Su fiesta se celebra el 4 de enero.

12. Santa Zélie Martin (1831-1877)

Zélie (Celia) Martin fue una mujer de profunda fe religiosa y de una ética de trabajo industriosa como encajera. Ella y su esposo, San Louis Martin, tuvieron nueve hijos, de los cuales cinco sobrevivieron hasta la adultez. Su hijo más famoso es Santa Thérèse de Lisieux, doctora de la Iglesia, pero su hija Léonie Martin, una hermana de la Visitación, también tiene una causa abierta para la canonización. Ella y Louis eran conocidos como padres afectuosos y amorosos, pero los escritos de Zélie revelan los desafíos que enfrentó como madre, algunos como resultado del descuido y la pobreza que experimentó en su infancia. Ella murió de cáncer de mama cuando Thérèse, su hija menor, tenía 4 años. En 2015, Zélie y Louis se convirtieron en el primer matrimonio en ser canonizado conjuntamente. Su fiesta se celebra el 12 de julio.

El autorOSV / Omnes

FirmasÁlvaro Presno

Extraterrestres, algoritmos y alma humana: una lectura cristiana ante inteligencias no humanas

Extraterrestres, ovnis y la singularidad de la IA son los objetos que animan una parte de la especulación cristiana sobre la identidad.

7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 10 minutos

Durante la segunda mitad del siglo XX, la posibilidad de inteligencias no humanas se imaginó frecuentemente en clave extraterrestre. Fue, ya de por sí, un fenómeno cultural llamativo: una combinación de fascinación tecnológica, ansiedad geopolítica, expansión mediática y quizá el viejo deseo humano de no estar solos.

En plena era atómica, cuando la técnica parecía capaz tanto de destruir el mundo como de inaugurar una nueva edad, los cielos comenzaron a poblarse de presencias ambiguas. Aquellas luces podían ser armas secretas, visitantes remotos, errores perceptivos o simples rumores —aunque ante todo fueron símbolos—. 

La propia expresión hegemónica en los años cincuenta y sesenta —“platillos volantes”, traducción de flying saucers— podría proceder de una conocida distorsión periodística. En 1947 el piloto estadounidense Kenneth Arnold describió el movimiento de unos objetos en el cielo como platos rebotando sobre el agua, y la prensa transformó aquella comparación cinética en la forma de una nave; años más tarde, el propio testigo acabaría vinculado a la naciente cultura ufológica.

No deja de ser significativo que uno de los grandes mitos tecnológicos contemporáneos naciera de una mediación defectuosa. Como sugirió Carl Jung en Flying Saucers: A Modern Myth of Things Seen in the Skies (1958), el interés duradero del fenómeno no dependía solo de la realidad material de los avistamientos, sino de su capacidad para condensar esperanzas, ansiedades y símbolos colectivos—muy jungiano, claro—. 

La ufología española

Reducir el fenómeno OVNI a una patología cultural norteamericana vinculada a la Guerra Fría sería, sin embargo, insuficiente. También en España cristalizó una recepción propia (Spain is different). Como mostró Ignacio Cabria en sus estudios histórico-antropológicos sobre la ufología española, los llamados platillos volantes llegaron en buena medida como producto de la cultura de masas estadounidense de posguerra, que permite interpretar la llegada del mito como una forma de colonización simbólica junto con músicas, imágenes y estilos de vida importados. Pero su arraigo español no fue mera copia. El mito se injertó en un contexto específico —franquismo tardío, modernización de la técnica, persistencia religiosa y creciente fascinación por la astronáutica— hasta adquirir sabor propio. 

El mismo autor proponía además una distinción especialmente fecunda entre el OVNI en sentido estricto —el objeto aéreo no identificado— y el “ovni” en sentido cultural: la figura ya cargada de expectativas y significados, convertida casi automáticamente en nave extraterrestre, visitante cósmico o inteligencia superior.

Esa diferencia permite entender que el fenómeno no consistía solo en avistamientos, sino en la formación de una subcultura reconocible: investigadores aficionados, boletines especializados, divulgadores, creyentes, contactados y una intensa circulación mediática. Más allá de la realidad o irrealidad del fenómeno lo cierto es que se extendió ofreciendo una nueva imagen del lugar del hombre en el cosmos y, para algunos, incluso una promesa de regeneración espiritual. 

Del platillo volante al algoritmo: dos mitos, una misma estructura

La analogía con un fenómeno de nuestro tiempo resulta inmediata. También conviene distinguir hoy entre la inteligencia artificial en sentido técnico —grandes modelos lingüísticos, sistemas predictivos, visión computacional, automatización de tareas delimitadas— y la “IA” en sentido cultural: una entidad difusa a la que se atribuyen conciencia inminente, voluntad autónoma, apariencia de omnisciencia operativa o capacidad de sustituir globalmente al ser humano.

Del mismo modo que muchos objetos no identificados fueron absorbidos por la imagen previa del platillo volante, innovaciones heterogéneas quedan hoy absorbidas por la figura mítica de una superinteligencia próxima, unas veces temida como amenaza civilizatoria y otras invocada como redentora solución técnica. 

También hoy buena parte de la imaginación pública sobre la inteligencia artificial nace menos del conocimiento directo de sus fundamentos matemáticos que de demostraciones espectaculares, promesas empresariales y escenarios futuros extremos. Encuestas recientes muestran que una proporción relevante de la población considera plausible que futuros sistemas artificiales lleguen a ser conscientes o desarrollen formas de autonomía comparables a las humanas.

Un sondeo internacional de 2023 señalaba que cerca de un tercio de los encuestados veía plausible la aparición de una IA consciente en las próximas décadas. El dato recuerda otro clima  cultural: en 1973 una encuesta de Gallup registraba que el 51% de los estadounidenses creía en la realidad del  fenómeno OVNI, y entre 1973 y 2019 entre el 47% y el 57% sostuvo que los ovnis eran “algo real” y no mera imaginación. No se trata de fenómenos equivalentes, pero sí de una afinidad reveladora: la disposición periódica de sociedades tecnificadas a imaginar inteligencias no humanas actuando en su horizonte. 

La amenaza de dejar de ser únicos

Sería fácil despachar ambos episodios —el entusiasmo ufológico de ayer y la ansiedad algorítmica de hoy— como simples oleadas de credulidad. Más interesante resulta advertir lo que tienen en común: en ambos casos aparece la sospecha de que la humanidad, o alguno de sus rasgos más íntimos, podría dejar de ser único. 

No es una inquietud menor. Buena parte de la modernidad descansó, incluso cuando dejó de expresarlo en lenguaje religioso, sobre la convicción de que el hombre ocupa una posición excepcional: animal racional en sentido aristotélico, sujeto moral kantiano, autor de técnica, portador de conciencia reflexiva. Cuando surge la posibilidad de otra inteligencia —proceda de otros mundos o de nuestros propios artefactos— esa autocomprensión entra en revisión.

La cuestión inmediata parece dirigirse hacia el exterior: ¿existen ellos?, ¿piensan realmente?, ¿podrían superarnos? Pero la pregunta más profunda se dirige hacia dentro: ¿qué rasgo permanece específicamente humano si la inteligencia deja de ser patrimonio exclusivo nuestro? 

Estas reacciones pueden interpretarse desde la psicología en términos de human distinctiveness threat: la incomodidad que surge cuando facultades consideradas distintivamente humanas —lenguaje complejo, creatividad, deliberación, autonomía o autoconciencia— parecen atribuibles a agentes no humanos. La cuestión no se reduce, por tanto, a la utilidad de una tecnología, sino al estatuto simbólico de ciertas capacidades mediante las que una cultura se define a sí misma.

Copérnico, Darwin, Freud… y ahora

En una línea convergente, la investigación sobre robots antropomórficos y sobre el denominado uncanny valley, formulado inicialmente por Masahiro Mori, sugiere que las entidades casi humanas provocan con frecuencia una mezcla de familiaridad y rechazo: cuanto más se aproximan a nuestros rasgos sin coincidir plenamente con ellos, mayor puede ser la inquietud que suscitan. No defendemos solo funciones; defendemos límites identitarios. 

Desde una perspectiva histórica más amplia, el problema remite a una secuencia de descentramientos sucesivos de la imagen humana. Nicolaus Copernicus desplazó a la Tierra del centro del cosmos; Charles Darwin cuestionó la frontera absoluta entre hombre y animal; Sigmund Freud insistió en que la conciencia no es transparente para sí misma. Los extraterrestres habrían puesto en cuestión nuestra centralidad cósmica; la inteligencia artificial interpela ahora nuestra centralidad cognitiva. Cada época teme perder el privilegio que considera más propio. 

La tentación de la inteligencia redentora

No faltaron en los años cincuenta quienes esperaban de los visitantes del espacio una superioridad moral capaz de corregir las violencias terrestres. En buena parte del contactismo de posguerra, desde George Adamski — quien afirmó haber conocido ocupantes de OVNIs, describiéndolos como benévolos alienígenas de rasgos nórdicos, los llamados “Hermanos del Espacio”, y aseguró incluso haber viajado con ellos a la Luna y a otros planetas—, hasta múltiples epígonos europeos, los visitantes no llegaban como conquistadores, sino como admonitores éticos que advertían contra la guerra nuclear, el materialismo o la decadencia espiritual.

Nuestro tiempo reproduce la simetría inversa: ciertos discursos presentan la inteligencia artificial como instancia neutral llamada a superar sesgos humanos o limitaciones cognitivas. 

En ambos casos se advierte la tentación de atribuir a una inteligencia no humana aquello que echamos en falta en la nuestra. Ayer se proyectó sobre civilizaciones avanzadas llegadas de Marte o Venus; hoy sobre sistemas de aprendizaje automático. Pero también opera la tentación contraria: proyectar en ellas nuestros miedos más profundos y los sesgos característicos de cada época.

Buena parte del imaginario extraterrestre de mediados del siglo XX reprodujo ansiedades sexuales, jerarquías raciales y fantasías de género propias de su tiempo: no faltaron filmes de serie B (y no tan B) poblados por venusinas hipersexualizadas o invasores que agitaban el temor geopolítico de la Guerra Fría.

Del mismo modo, las narrativas actuales sobre la inteligencia artificial suelen reflejar obsesiones más contemporáneas: vigilancia total, pérdida de empleo, manipulación algorítmica, erosión de la intimidad o sustitución afectiva. La alteridad imaginada rara vez es neutral; suele devolvernos, exagerados, los rasgos de nuestra propia época. 

Expectativas salvíficas sin Dios

La sociología de la religión permite añadir aquí un matiz relevante. En sociedades secularizadas, ciertas expectativas salvíficas no desaparecen necesariamente; cambian de objeto. Lo que antes se formulaba en lenguaje explícitamente religioso reaparece a veces como confianza en visitantes cósmicos moralmente superiores o como fe en una tecnología capaz de resolver conflictos humanos persistentes. La promesa permanece, aunque muden sus símbolos.

No deja de ser significativo que incluso tradiciones religiosas antiguas, como la cristiana, hayan pensado desde hace siglos la existencia de inteligencias no humanas —ángeles, por ejemplo—, aunque en un registro metafísico radicalmente distinto del extraterrestre o del algoritmo. 

La respuesta católica: ni pánico ni entusiasmo

El pensamiento católico reaccionó a estas cuestiones de un modo más matizado de lo que suele suponerse. La hipótesis extraterrestre no produjo una crisis doctrinal, sino un ejercicio de ampliación intelectual, aunque no faltaron especulaciones ingenuas, excesos apologéticos y entusiasmos de escaso rigor. Junto a ocurrencias hoy olvidables, aparecieron reflexiones más serias.

Karl Rahner sostuvo que la universalidad de la gracia no dependía de la soledad biológica del hombre en el universo. Pierre Teilhard de Chardin, desde una cristología cósmica marcada por la evolución, concibió a Cristo como centro convergente de la creación entera, no de una sola especie aislada. Décadas más tarde, el astrónomo jesuita José Gabriel Funes recordaría públicamente que la posibilidad de vida extraterrestre no contradice la fe cristiana y que un universo poblado no limitaría la libertad creadora de Dios.

En todos estos casos conviene subrayar lo obvio: se trataba menos de responder a un hecho demostrado que de explorar, con mayor o menor fortuna, las consecuencias teóricas de una hipótesis todavía enteramente abierta. 

De ese debate emergieron, de manera esquemática, cuatro grandes modelos. El exclusivista sostiene que solo la humanidad participa directamente en la economía de la redención vinculada a la única Encarnación histórica de Cristo. El inclusivo propone que esa misma obra salvífica podría extenderse también a otros seres racionales.

Otros autores imaginaron múltiples encarnaciones del Logos en distintos mundos, mientras una cuarta posición subraya simplemente la libertad divina para conducir a otras inteligencias por vías desconocidas para nosotros. Ninguna de estas hipótesis ha sido definida dogmáticamente por la Iglesia, lo que no sorprende: se discutían escenarios especulativos, no hechos establecidos. 

Otros autores, como Ted Peters —teólogo luterano y uno de los principales impulsores de la llamada astrotheology, dedicada a pensar las implicaciones religiosas de la vida extraterrestre— o Andrew Davison — teólogo anglicano y autor de Astrobiology and Christian Doctrine, quizá el estudio reciente más sistemático sobre la cuestión—, han mostrado en tiempos recientes que el tema no obliga a elegir entre fideísmo ingenuo y pánico apologético. La intuición dominante, en todo caso, es clara: un eventual descubrimiento de vida inteligente exigiría desarrollo teológico, no colapso doctrinal. Son reflexiones intelectualmente sugerentes, aunque inevitablemente no verificables en sentido empírico. 

El problema de si hay alguien ahí

Algo semejante ocurre hoy ante la inteligencia artificial. La respuesta católica reciente no se ha centrado tanto en negar capacidades técnicas futuras cuanto en precisar la diferencia entre rendimiento funcional y dignidad personal. Documentos impulsados por la Pontifical Academy for Life, como la Rome Call for AI Ethics (2020), insistieron en criterios de transparencia, responsabilidad e inclusión. Más recientemente, la nota vaticana Antiqua et nova (2025) ha subrayado que la inteligencia artificial, por sofisticada que llegue a ser, no equivale a la inteligencia humana entendida como facultad inseparable de corporeidad, libertad, juicio moral y apertura relacional. De ahí que ninguna decisión éticamente relevante pueda abandonarse sin resto a sistemas automáticos.

La pregunta no es simplemente qué podrán hacer las máquinas, sino qué no puede quedar reducido a máquina sin empobrecer la idea misma de lo humano. 

Aquí la filosofía de la mente ofrece un paralelo instructivo. Desde el experimento mental de la “habitación china” de John Searle hasta el “problema duro” de la conciencia formulado por David Chalmers, buena parte del debate contemporáneo distingue entre procesamiento de información y experiencia subjetiva. Un sistema puede ejecutar tareas complejas, producir lenguaje convincente o aprender regularidades estadísticas sin que por ello  quede resuelta la pregunta decisiva: si hay alguien ahí. 

Autores como Noreen Herzfeld —una de las pioneras en el diálogo entre teología cristiana e inteligencia artificial,  especialmente en torno a la noción bíblica de imagen de Dios— han trasladado esta cuestión al ámbito teológico preguntándose si una máquina podría ser considerada persona en sentido fuerte.

Otros, como Shannon Vallor —referencia en ética de la tecnología y autora de una influyente reformulación contemporánea de la ética de la virtud aplicada al mundo digital—, han subrayado que el problema no se limita a la conciencia artificial, sino a cómo la tecnología reconfigura virtudes humanas básicas como la prudencia, responsabilidad, atención y juicio práctico. El debate serio sobre IA no se agota, por tanto, en si las máquinas pensarán como nosotros, sino en si nosotros seguiremos pensando humanamente con ellas. 

Lo que ni los marcianos ni las máquinas pueden quitarnos

Esta distinción no implica desprecio alguno por la técnica. La Iglesia contemporánea ha mostrado, pese a simplificaciones históricas persistentes, una sostenida disposición a dialogar con la innovación científica, como testimonia una larga tradición intelectual que ha procurado pensar el progreso técnico sin renunciar a las preguntas filosóficas y morales que inevitablemente lo acompañan.

Lo que intenta preservar es algo más elemental: que la persona no se reduce a un agregado de procesos eficientes, que la dignidad no depende del rendimiento y que la libertad excede toda lógica de cálculo óptimo. De ahí la insistencia en que la inteligencia artificial debe permanecer al servicio del hombre y no al revés. No se trata únicamente de prudencia normativa, sino de una determinada concepción de la realidad humana; en último término, de antropología filosófica. 

Algo semejante cabría decir retrospectivamente del episodio OVNI. El interés católico por la posibilidad de otras inteligencias no respondía principalmente a curiosidad astronómica, sino a la necesidad de pensar la universalidad del sentido. Si el cosmos estuviera habitado, ¿sería también un cosmos moral? ¿Compartirían otros seres alguna orientación hacia la verdad y el bien? ¿Existiría entre criaturas radicalmente distintas comunidades más profundas que la mera biología? Formuladas así, aquellas preguntas resultan menos extravagantes de lo que hoy parecen. 

Mirado desde cierta distancia, tanto los platillos volantes como los algoritmos avanzados pertenecen a la historia cambiante de nuestras figuraciones de la alteridad. El fenómeno OVNI acabó integrándose en la cultura popular —cine, literatura, iconografía, humor, nostalgia— al tiempo que perdía buena parte de su intensidad social originaria. No es imposible que algo semejante ocurra con la IA: tras la fase inicial de pánico y euforia, quizá termine convertida en infraestructura cotidiana, menos mítica y más banal, aunque no por ello menos influyente. 

Dicho con brevedad: la singularidad humana no se juega en poseer en exclusiva determinadas capacidades, siempre susceptibles de ser imitadas o superadas, sino en una forma de ser que incluye responsabilidad moral, apertura a la verdad, capacidad de amar y conciencia de la propia finitud. Si eso es cierto, ni los viejos marcianos ni las nuevas máquinas nos desplazan: nos obligan a comprender mejor aquello que somos y a resistir dos simplificaciones opuestas, reaccionar con miedo automático ante toda forma emergente de inteligencia no humana o celebrarla como instancia redentora.

El siglo pasado conoció ambas tentaciones respecto de los extraterrestres: amenaza invasora en unas narrativas, civilización superior llamada a rescatarnos en otras. Nuestro tiempo repite el esquema con la inteligencia artificial: para algunos anunciaría desempleo masivo, manipulación total o pérdida de control; para otros inaugura una era de abundancia cognitiva, medicina perfecta y administración neutral de los conflictos humanos. Ninguna de las dos posturas suele pensar con suficiente calma. 

Tal vez esa sea, al final, la paradoja de estas inteligencias imaginadas o emergentes. Llegan como rivales, amenazas o salvadores, y terminan obligándonos a una tarea mucho menos espectacular: conocernos mejor. Desde la mirada cristiana, la singularidad humana no depende de monopolizar ciertas capacidades —siempre ampliables o imitables—, sino de haber sido llamada a una relación personal con la verdad, con los otros y con Dios.

El autorÁlvaro Presno

Doctor en Ingeniería y doctor en Matemáticas. Forma parte del grupo de trabajo en Inteligencia Artificial de la Sociedad de Científicos Católicos en España.

Argumentos

El triunfo de la estupidez

Cuando se olvida qué es el hombre, la democracia se degrada y la estupidez acaba triunfando como fuerza política.

Santiago Leyra Curiá·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Como nos enseñó Eric Voegelin, en una reflexión seria sobre la democracia debe surgir la cuestión sobre el ser humano y conviene ser rigurosos con los conceptos. ¿Qué es el hombre? ¿Cuáles son los síntomas de su frecuente caída o descarrilamiento? Las respuestas que ofrezcamos serán de suma importancia para comprender la decadencia de una sociedad y explicar el ascenso al poder de políticos indeseables.

En el mundo griego, los filósofos consideraron al hombre como un ser constituido por la razón o noús. En el seno del judaísmo, la experiencia fue la de una criatura a la que Dios revela su palabra, es decir, un ser de naturaleza pneumática abierto al logos divino. Desde un punto de vista histórico, esas primeras intuiciones, que revelan la función constitutiva de la razón y del espíritu para el ser humano, no han sido superadas. En última instancia, son descubrimientos definitivos sobre la naturaleza humana.

La búsqueda de trascendencia y la dignidad humana

Gracias a esa búsqueda de trascendencia a la que se lanza el hombre, una búsqueda que emprende bien a través del amor que, en la experiencia filosófica, le lleva más allá de sí mismo, elevándolo a lo divino, bien a través del encuentro amoroso con la palabra revelada, el ser humano participa de Dios.

Como el hombre participa de lo divino y es capaz de vivir la trascendencia, se afirma que posee una condición teomórfica, según la terminología griega, o se dice que es, desde el punto de vista pneumático, imagen de Dios, imago Dei. Aquí radica el fundamento de la singular dignidad del ser humano: es digno por su condición teomórfica, por ser imagen de Dios. No podemos pasar por alto que el olvido de estas intuiciones comporta una pérdida de dignidad, que comienza a difuminarse cuando se presenta la negativa a participar en lo divino y se rechaza la trascendencia.

En la medida en que la participación en lo trascendente y la condición teomórfica resultan constitutivas para el ser humano, su pérdida determina su deshumanización.

Tipos de seres humanos

Según Aristóteles, no todos los hombres son iguales y cita en Ética a Nicómaco a Hesíodo para demostrarlo, remontándose hasta el siglo VII a. C. Es el sentido común el que descubre que no hay igualdad entre los hombres.

En Los trabajos y los días Hesíodo distingue tres clases de seres humanos: el pan aristos (el mejor de todos), que tiene su propio criterio y es capaz de reflexionar y pensar detenidamente, abierto al fundamento divino o trascendente del ser; el esthlos (también bueno), que escucha y sigue lo que indica el mejor, el pan aristos; y por último, el acrei, (el ser humano fútil), incapaz tanto de reflexionar como de escuchar y atender lo que enseñan los sabios, por lo que puede ser un peligro para la sociedad.

No nos sirven mucho las terminologías de Hesíodo y Aristóteles, pues tanto el hombre fútil como el esclavo por naturaleza pertenecen a una determinada clase social y la experiencia nos demuestra que estos tipos humanos no se encuentran exclusivamente en una de ellas, sino en todas, incluso en las más altas, como las formadas por generales, industriales, obispos, etc.

La estupidez como fenómeno social

Quienes han perdido el contacto con la realidad y la capacidad para orientarse adecuadamente en el mundo, es decir, los que olvidan su condición teomórfica y la necesidad de responder a las exigencias de la razón y del espíritu, se ven irremisiblemente condenados a actuar de un modo estúpido.

Las culturas antiguas no pasaron por alto el tema de la estupidez. En hebreo, el necio (nabal), es el que no cree en la revelación y puede a causa de ello provocar desórdenes en la sociedad en que vive. También Platón se refirió al amates, al hombre irracional e ignorante.

Siglos más tarde, Tomás de Aquino habló del stultus, que en latín significa necio, término que incluye la amathia platónica y la nebala hebrea. Stultus es el que ha perdido contacto con la realidad y actúa a partir de una imagen deficiente de la misma, provocando estragos, desorden y caos.

Estupidez y comportamiento social según Musil

El escritor austriaco Robert Musil afirma que la estupidez determina la imposibilidad de desarrollar y ejecutar una acción que desde un prisma social cualquiera puede llevar a cabo. Implica, pues, una incapacidad para realizar determinadas acciones. Para comprender su alcance, conviene saber qué comportamientos se consideran normales en un determinado contexto social, puesto que lo que en un caso se puede considerar normal, puede no serlo en otro.

En momentos en los que reinan el desorden y el caos, resultan indispensables la malicia, la doblez o la violencia para conservar la propia vida. Es la visión propia del homo homini lupus (lobo es el hombre para el hombre) de Plauto tan generalizada en nuestros días en algunos ambientes. Pero en una sociedad ordenada, esa forma de actuar y otras parecidas, como abusar de la confianza de los demás, serían perjudiciales desde un punto de vista social y, por tanto, estúpidas. Igual que hay situaciones en las que se conculca la moral de un modo generalizado (vileza), hay situaciones de estupidez general, en las que resulta muy difícil actuar de manera razonable sin sufrir represalias.

La degradación moral y la democracia

El ascenso de los nazis en la República de Weimar nos puede servir de ejemplo paradigmático de lo que estamos hablando con respecto a los peligros de la degradación moral en las sociedades democráticas. Waldemar Besson, profesor de ciencia política en la Universidad de Erlagen (Alemania), se atrevió a plantear sin tapujos el verdadero problema, a saber, cómo fue posible que una nación de más de setenta millones de personas, Alemania, considerada por entonces la nación más culta de Europa, se dejara engañar en 1933 por un “estúpido”.

Que Hitler tuviera una inteligencia muy aguda, de la que se sirvió para engañar a todos los que estaban alrededor, no impide afirmar que fuera estúpido si se tiene en cuenta que esta palabra procede del latín stultus y posee un significado muy preciso, como hemos visto. Hitler, aunque mostraba un grado importante de inteligencia pragmática a la hora de enfrentarse a sus adversarios, a la luz de sus principios y propósitos existenciales, era un estúpido, stultus. Que Hitler era estúpido es, tanto desde un punto de vista ético como intelectual, lo más acertado que se puede decir, una apreciación más atinada que el resto de los tópicos que salen con frecuencia a relucir.

Fue en el seno de la teoría política clásica donde por primera vez se descubrieron y lograron articular unas intuiciones relevantes a la hora de reflexionar sobre los fundamentos espirituales de la democracia. El hombre está conscientemente presente en una sociedad cuando, aun viviendo y realizando acciones en el transcurso del tiempo inmanente, orienta su existencia hacia Dios. Esta presencia es la que dota justamente de sentido al pasado y al futuro. Teniendo en cuenta esta perspectiva, superar o afrontar el presente implica la posibilidad de situar el tiempo inmanente bajo el juicio de la presencia de Dios.

Libros

Jovellanos: una ilustración para españoles

Jovellanos, cristiano practicante y hombre de fe, era partidario de una revisión historiográfica de la vida de los santos. Su objetivo era depurar el santoral y la vida del pueblo de elementos supersticiosos para combatir el atraso científico, pero sin romper con la esencia de su fe.

José Carlos Martín de la Hoz·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El profesor y académico Benigno Pendás (Barcelona, 1956) ha redactado una magnífica biografía del ilustre asturiano Gaspar de Jovellanos, quien fuera el hombre de transición entre la “ilustración para españoles” (como se denomina en el libro) y el primer liberalismo de las Cortes de Cádiz.

Una de las señales del cambio de mentalidad la encuentra Benigno Pendás en el trabajo realizado por nuestro ilustrado tanto en Sevilla como en Madrid cuando ejerció el cargo de “Alcalde de Casa y Corte” con una gran energía, dedicación, prudencia y sentido humanitario. Esto le llevó, entre otras cosas, a pedir la desaparición del uso sistemático del tormento en los tribunales civiles y penales, tanto para averiguar el nombre del cómplice (lo cual era práctica sistemática en el derecho procesal de la época), como para prohibir el uso de lo extraído por extorsión como prueba en el juicio subsiguiente (135-136).

La indudable reaparición del carácter humanitario en el mundo del derecho y el respeto a la dignidad de la persona —en este caso de los ladronzuelos y autores de delitos menores que eran de su competencia— hacen de Jovellanos un jurista adelantado a su época (p. 227). En efecto, sus ideas lograrán la abolición del tormento en las Cortes de Cádiz de 1812, aunque él hubiera muerto poco tiempo antes; también destaca su oposición frontal al tribunal de la Inquisición, que seguía desprestigiando a la Iglesia católica en España ante el concierto europeo tras la Revolución Francesa (p. 201).

Sus destierros, especialmente el segundo a Mallorca durante siete años debido a una calumnia no comprobada y en la que nunca se juzgaron los hechos, marcarán el final del despotismo ilustrado y la aparición de la monarquía de corte liberal. En esta, los poderes del rey y de la justicia van a ser moderados por las Cortes de Cádiz y por los sucesivos gobiernos liberales, de modo que desaparecerá del gobierno de la monarquía la ejecución de acciones arbitrarias y crueles, como señala nuestro autor (p. 135).

Iglesia y estado

Un elemento común al gobierno de Carlos III y a los gobiernos liberales del siglo XIX fue la distinción entre la Iglesia católica como depositaria del tesoro de la revelación cristiana y la organización eclesiástica. Esta última, que incluía tanto a la curia como a las órdenes religiosas, se veía como una institución que requería una profunda renovación: aplicación de un numerus clausus en seminarios, reducción del número de frailes y la supresión de aquellas órdenes que no resultaran útiles al Estado o a la sociedad ilustrada.

Bastará con saber que Jovellanos, cristiano practicante y hombre de fe, era devoto lector de Gibbon y, como miembro de la Academia de la Historia, partidario de una revisión historiográfica de la vida de los santos. Su objetivo era depurar el santoral y la vida del pueblo de elementos supersticiosos para combatir el atraso científico, pero sin romper con la esencia de su fe.

Desde luego, su propuesta, que anticipa la desamortización de Mendizábal (p. 47), sugiere que esta medida ya estaba en la mente de los ministros de Carlos III, como tantas otras reformas que los Borbones no tuvieron tiempo de consolidar antes del cambio de dinastía con José I (p. 215).

Es muy ilustrativo el empeño de Campomanes y de Jovellanos por impulsar las “Sociedades Económicas de Amigos del País” para involucrar a los hombres de ciencia en el progreso de España. Gracias a ese impulso, cuando llegó el año 1898 y se perdieron las colonias, España ya había avanzado en su progreso económico, aunque este fuera todavía escaso por la falta de clarividencia de ciertos gobiernos liberales, más enfocados en sus conflictos con la Iglesia que en apuntalar la productividad de las tierras desamortizadas.

La Ilustración española

La puesta en marcha en Gijón, su tierra natal, de lo que ahora es el Real Instituto Jovellanos (un centro para el estudio de las ciencias químicas, la náutica y la mineralogía) demuestra su firme interés por las ciencias útiles (p. 232). Evidentemente, la inquietud por revalorizar las Academias nacionales llevaría a un avance inédito en la inversión de recursos públicos para la investigación y el desarrollo del país.

Estas características deben evaluarse bajo el concepto de “ilustración para españoles”, término con el que Pendás matiza las expresiones de “ilustración católica” o “española”, que resultan a menudo confusas para los estudiosos.

Otro tema de enorme interés es la propuesta de “Ley Agraria” que Jovellanos convirtió en objeto de estudio e informes públicos. La lectura de ese trabajo revela la visión de un hombre de Estado que sabe que, para impulsar el desarrollo industrial, debe primero reordenar los cultivos y dimensionar los recursos humanos, determinando cuántas familias debían trabajar el campo y cuántas debían emigrar a las ciudades para dinamizar la economía (p. 231).

Indudablemente, Jovellanos era consciente de la libertad de los ciudadanos para permanecer en sus tierras, pero también de la necesidad de abrir carreteras, construir puentes y mejorar puertos para conectar las zonas rurales con la cultura y el comercio (p. 233).


Jovellanos. Ilustración para españoles

Autor: Benigno Pendás
Editorial: Taurus
Año: 2026
Número de páginas: 566
Evangelio

Nunca caminarás solo. Domingo VI de Pascua (A)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas del Domingo VI de Pascua (A) correspondiente al día 10 de mayo de 2026.

Vitus Ntube·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

A medida que nos acercamos a la gran fiesta de Pentecostés, la liturgia nos prepara suavemente para la venida del Espíritu Santo. Las lecturas de hoy señalan claramente su presencia viva en la Iglesia. Mientras Cristo se prepara para ascender al Padre, se nos recuerda una canción que se ha hecho famosa en el mundo del fútbol: “Nunca caminarás solo”. Expresa algo profundamente cristiano: no estamos abandonados. No caminamos por la vida solos. Permanecemos en la comunión de los creyentes, siempre acompañados por el Espíritu Santo.

En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles escuchamos acerca de la obra apostólica de Felipe en Samaría. Su predicación de Cristo se resume bellamente en una sola frase: “La ciudad se llenó de alegría”. Esa es la señal de una misión cristiana auténtica. Donde Cristo es anunciado y acogido, la alegría echa raíces. El mensaje cristiano no es una carga; es una buena noticia. Transforma los corazones, las familias y las ciudades.

Samaría llegó a ser conocida como una ciudad llena de alegría porque acogió a Cristo. ¿Qué sucede con nuestras ciudades, nuestras comunidades, nuestros hogares? ¿Podrían describirse como lugares de alegría porque Cristo es acogido en ellos, como ocurrió en Samaría? La alegría es posible si dejamos que Cristo camine a nuestro lado en nuestras actividades diarias.

Pero Cristo no camina con nosotros de manera aislada. Camina con nosotros en y a través de la Iglesia. Esto lo vemos claramente en la misma lectura. Cuando los apóstoles en Jerusalén oyeron que Samaría había recibido la palabra de Dios, “enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo”. Estos dos pilares de la Iglesia no permanecieron en Jerusalén. Bajaron para acompañar a la nueva comunidad, para orar con ellos y por ellos.

En particular, oraron para que los recién bautizados recibieran el Espíritu Santo. Este momento es uno de los primeros testimonios de lo que hoy reconocemos como el sacramento de la Confirmación, el segundo sacramento de la iniciación cristiana.

En el Evangelio, Jesús hace una promesa que da un significado más profundo a todo esto: “Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad”.

Aquí Jesús revela el corazón de Pentecostés. El Espíritu Santo no es simplemente una fuerza o una presencia abstracta. Es el abogado, consolador, defensor, maestro y compañero. El Espíritu Santo nos enseña la verdad, nos fortalece en la debilidad y nos recuerda que pertenecemos a Dios. Nos acompaña en el ritmo ordinario de la vida diaria: en el trabajo, en las responsabilidades familiares, en los momentos de incomprensión, en la enfermedad, en la duda. Con el Espíritu, incluso el día más ordinario se convierte en un lugar de encuentro con Cristo.

Jesús nos dice en el Evangelio que no nos dejará huérfanos. Cristo camina con nosotros. La Iglesia camina con nosotros. El Espíritu Santo nos acompaña.

Podemos reformular las palabras de aquella canción:

Camina, camina, con Cristo en tu corazón,

y nunca caminarás solo.

Nunca caminarás solo.

Vocaciones

Miguel Varona: “Pedro Manuel Salado nos habla de que la vida es para darla”

El postulador de la fase diocesana de la causa de beatificación de Pedro Manuel Salado Alba recuerda la vida de este gaditano que podría ser el primer beatificado por la vía del “ofrecimiento de la vida”.

Maria José Atienza·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El pasado 27 de abril, el Bolletino diario de la Santa Sede publicaba la promulgación de los decretos relativos a la causa de beatificación de diversos fieles de la Iglesia. Entre ellos, y por primera vez, se señalaba una causa de beatificación por la vía de “ofrecimiento de la vida”. 

Se trata de Pedro Manuel Salado Alba, “fiel laico, miembro de la Asociación «Hogar de Nazaret», nacido el 1 de enero de 1969 en Chiclana de la Frontera (España) y fallecido el 5 de febrero de 2012 en Playa de Tonsupa, cerca de Atacames (Ecuador)”.

Con este paso, sólo hace falta un milagro realizado por Dios a través de la intercesión de este gaditano, para ver a Pedro Manuel Salado en los altares como beato de la Iglesia católica. 

La «ofrenda de la vida» es una vía de beatificación y canonización introducida por el Papa Francisco en 2017 mediante el Motu Proprio «Maiorem hac dilectionem». Esta vía permite elevar a los altares a cristianos que, impulsados por la caridad, ofrecieron heroicamente su vida por el prójimo, aceptando una muerte segura, como fue el caso de Pedro Manuel Salado. 

Omnes ha hablado con el postulador de la fase diocesana de la causa de Pedro Manuel Salado, el sacerdote Miguel Varona, quien remitió a Roma los archivos de esta primera fase y cuyo trabajo ha continuado, ya en la Santa Sede, Fray Alfonso Ramírez Peralbo, OFMcap. 

Pedro Manuel Salado murió en Ecuador, ¿por qué se incoa su proceso en la diócesis española de Córdoba? 

–Normalmente, las causas de beatificación y canonización se inician en las diócesis en las que ha muerto la persona. Sin embargo, se pidió permiso a la diócesis de Esmeraldas, en Ecuador, donde murió Pedro Manuel Salado, para iniciarla en la diócesis de Córdoba.

En Córdoba había bastantes testigos de su vida, incluso algunos de los que estuvieron presentes en el momento de la muerte.

Además, Pedro Manuel vivió un tiempo en Córdoba. Así que la causa se inició en Córdoba. Durante el proceso, se envió a Esmeraldas al tribunal para que tomase testimonio a algunas personas que vivían allí en Ecuador.

De hecho, los siete niños que fueron salvados por Pedro Manuel fueron interrogados y también algunas personas estuvieron presentes en ese momento. 

Pedro Manuel entrega su vida en un acto heroico pero, ¿su vida fue extraordinaria?

–Los santos no son superhéroes, no son gente rara que hace cosas extrañas. El santo no está levitando todo el día, ni está dedicado solo a la oración.

Los santos hacen extraordinario lo ordinario: el amor, la fe, la esperanza, la fortaleza, la justicia, además de las virtudes anejas por el estado de vida propio, casados o célibes, etcétera. 

De Pedro Manuel he ido viendo, -y lo dije en otra ocasión- que es como un iceberg. Se ve en él una humildad tremenda. 

Es enviado a Ecuador, y acepta por obediencia, servir allí en la misión de Hogar de Nazaret. También tiene una caridad enorme, que se demuestra en cómo trató, cuidó, educó y veló por los niños de su grupo de Hogar de Nazaret. 

Creo que, sobre todo, fue ese amor por los niños lo que hizo que, en el momento supremo de esa entrega, de ese ofrecimiento de la vida, saliese de él ese grito “¡Tengo que salvar a mis niños!” .

Eso no es un impulso, no es un arrebato, es consecuencia de toda una vida. En ese momento, dice la palabra exacta, “doy la vida por mis niños, tengo que ir a salvar a mis niños” y se metió en el mar, para salvar a estos siete niños. 

¿Cómo conoció Pedro Manuel Salado el Hogar de Nazaret? 

–El Hogar de Nazaret nació en Córdoba en 1976, y cuenta con aprobación eclesiástica desde 1978. Lo fundó María del Prado Almagro, que también está en proceso de beatificación. 

Pedro Manuel conoció esta asociación de fieles en 1987 y vió su vocación. Llegó a Córdoba en el año 1988 para servir en una casa del Hogar.

En Córdoba vive hasta 1999, llega a ser nombrado secretario general del Hogar de Nazaret. Y un poco más tarde incluso lo nombran consejero general. 

En 1999 es destinado como misionero a Ecuador, a un hogar para niños que tienen en Quinindé, en Ecuador, una zona de la prelatura de Esmeraldas. 

Allí vive una realidad muy diferente. Hay un colegio para niños y otro para niñas. Un tiempo después es nombrado director de una unidad educativa en Quinindé. 

El trabajo es muy grande porque tienen una cantidad enorme de niños en las escuelas y casas. Así va entregando su vida, poco a poco, hasta ese ofrecimiento de su vida total. 

Para quienes no conozcan la muerte de Pedro Manuel, ¿cómo fue ese momento?

–Desde el Hogar iban, de vez en cuando, a una casa que les prestaban en la playa, en Atacames. Estamos hablando de febrero del año 2012. Son unas playas muy bonitas pero que tienen unas corrientes sorpresivas, traicioneras.

Estaban allí chicos desde los 17 hasta pequeñitos jugando en la orilla y,de repente, vino una ola que arrastró a siete niños, de diversas edades, mar adentro. 

En ese momento, Pedro Manuel dice ese grito “¡Tengo que salvar a mis niños!», y se arroja al mar. Hay que puntualizar que, aunque Pedro Manuel era de Chiclana (Cádiz), y sabía perfectamente nadar, tenía un respeto soberano por el mar. Él mismo había enseñado a muchos de sus niños a nadar, de hecho.

Ante la fuerza de esa corriente se lanza, mientras que otras personas de la orilla se quedaron como paralizados. 

Pedro Manuel empezó a sacar niños poco a poco, alguien le lanzó una tabla de surf en la que monta a algunos de los menores. 

Al final quedaban dos hermanos, Selena y Alberto, y con gran esfuerzo, los llevó a la orilla. Ahí es donde él muere, por una parada cardíaca producida por la mezcla de agotamiento, el agua tragada, etc. 

¿Qué nos dice la vida de Pedro Manuel Salado a los cristianos hoy? 

–Creo que, lo que nos dice es que dar la vida por amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, es algo que los cristianos debemos sentirnos impulsados a hacer. 

Ciertamente hay personas que dan la vida por los demás como algo propio de su oficio o de su trabajo, pero en el caso de Pedro Manuel no es un gesto aislado, sino que es un crecimiento, un progreso en el amor. 

Su testimonio nos habla de que la vida es para darla, para entregarla, de muchas maneras, en la vida diaria, si, pero también en esos momentos extremos en los que, con la fuerza de Dios, podemos dar la vida por lo demás.

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España

Así será la agenda del viaje del Papa a España

El Vaticano confirma la agenda de actos de León XIV en España, país que visitará del 6 al 12 de junio de 2026

Javier García Herrería·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El Vaticano ha hecho público el programa oficial de la visita del Santo Padre a España, que se desarrollará entre el sábado 6 y el viernes 12 de junio de 2026.

Se trata de un viaje apostólico de siete días que llevará al Pontífice a recorrer Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, en lo que constituye una de las visitas papales más extensas a territorio español en las últimas décadas.

Para ampliar los detalles del viaje, cinco de los seis obispos que recibirán al Papa en su territorio han ofrecido esta mañana una rueda de prensa en la Conferencia Episcopal.

Los prelados de Canarias, Madrid y Barcelona en la rueda de prensa.

Madrid: encuentros institucionales y grandes encuentros

La llegada está prevista para la mañana del sábado 6 de junio al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Desde allí, el Papa se trasladará al Palacio Real, donde tendrá lugar la ceremonia oficial de bienvenida y un encuentro privado con los Reyes de España. A continuación, el Pontífice se reunirá con autoridades, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático.

Por la tarde visitará el proyecto social CEDIA, un centro de Cáritas para la atención a colectivos vulnerables, y cerrará la jornada con una vigilia de oración con jóvenes en la emblemática Plaza de Lima.

El domingo 7, el Santo Padre presidirá una Santa Misa multitudinaria en la Plaza de Cibeles y tendrá lugar la procesión del Corpus, uno de los momentos centrales de la visita.

Esa misma tarde, el Movistar Arena acogerá un encuentro con representantes de la cultura, el arte, la economía y el deporte bajo el lema «Tejer redes».

El cardenal Cobo ha animado a «preparar el corazón, para que no sea un viaje en el que viene el Papa y se va» sin dejar huella.

Encuentros con políticos y obispos

El lunes 8 estará marcado por la agenda institucional: reuniones con el Presidente del Gobierno y con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados. Mons. Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, ha destacado el encuentro que tendrá lugar con las dos cámaras de representación política, el congreso y el senado. Además, ha destacado la impronta del viaje con los más necesitados, desde los presos e inmigrantes, hasta personas sin hogar atendidas por Cáritas.

También se encontrará con los obispos de España en la sede de la Conferencia Episcopal y rendirá homenaje a la Virgen de la Almudena en la catedral madrileña.

La jornada culminará con un multitudinario encuentro con las tres diócesis -Madrid, Getafe y Alcalá- de madrileña en el estadio Santiago Bernabéu. El cardenal Cobo ha explicado que las plazas en el estadio se adjudicarán a través de las delegaciones diocesanas, órdenes religiosas y la pluralidad de instituciones de la Iglesia.

Encuentro con víctimas de abusos

Tanto el sábado como el lunes hay algunas horas libres tras la comida, que podrían ser aprovechadas para llevar a cabo un encuentro con víctimas de abusos. Este tipo de reuniones eran habituales en los viajes del Papa Francisco, pero es una incógnita saber si León XIV continuará con esta costumbre.

En cualquier caso, el Vaticano siempre ha mantenido la reserva sobre este tipo de eventos, de forma que las víctimas puedan acudir libremente sin presiones de la opinión pública.

Barcelona: oración, periferia y la Sagrada Familia

El martes 9 de junio, tras despedirse de los voluntarios en IFEMA, el Papa volará a Barcelona. Rezará la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia y por la noche presidirá una vigilia de oración en el Estadio Olímpico Lluís Companys.

La jornada del miércoles 10 tendrá un marcado carácter social y espiritual. Por la mañana, el Pontífice visitará el centro penitenciario Brians 1, llevando un mensaje de esperanza a los reclusos.

Seguidamente se trasladará a la Abadía de Montserrat para rezar el Santo Rosario y compartir la comida con la comunidad benedictina. Por la tarde, se reunirá con organizaciones caritativas diocesanas en la Iglesia de San Agustín y cerrará el día con una Santa Misa en la Basílica de la Sagrada Familia, escenario de enorme carga simbólica para la Iglesia y para la ciudad.

El cardenal Omella ha animado a los periodistas a prestar atención a los mensajes del Papa, «que habla poco, pero sus palabras son como dardos» para los que le escuchan.

Canarias: la acogida a los migrantes como eje central

La etapa final del viaje llevará al Papa a las Islas Canarias, poniendo el foco en uno de los grandes desafíos humanitarios de nuestro tiempo: la migración. Mons. Mazuelos ha comentado la enorme expectación que ha generado que el Papa vaya hasta las islas: «mucha gente me para y me dice: ‘¿Va a venir el Papa con el Papamóvil?'», lo que muestra el cariño de los fieles por ver a León XIV.

El jueves 11, en Gran Canaria, visitará el puerto de Arguineguín, punto de llegada de miles de personas en los últimos años, donde se encontrará con realidades de acogida a migrantes. Posteriormente mantendrá un encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral, y presidirá una Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria.

El viernes 12 de junio, última jornada del viaje, el Santo Padre se trasladará a Tenerife. Visitará el centro de acogida Las Raíces y se reunirá con organizaciones dedicadas a la integración de personas migrantes.

La visita concluirá con una Santa Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife antes de la ceremonia de despedida en el aeropuerto Tenerife Norte-Los Rodeos, desde donde partirá de regreso a Roma.

Un viaje con múltiples dimensiones

La visita combina encuentros institucionales al más alto nivel, grandes celebraciones litúrgicas abiertas al público, gestos hacia las periferias sociales —cárceles, proyectos de acogida, voluntariado— y un énfasis particular en los jóvenes y en el drama migratorio que afecta a las costas españolas.

Las autoridades eclesiásticas y civiles han comenzado ya los preparativos logísticos y de seguridad para un evento que se prevé movilice a cientos de miles de fieles y ciudadanos a lo largo de la semana.

Vaticano

El Papa pide al Señor que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad

León XIV ha rezado a Dios en la Audiencia para “que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad”. Además, ha dicho que la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Cristo, y ha alentado a pedir a la Virgen Maria en mayo por nuestras intenciones. 

Francisco Otamendi·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Papa León XIV ha invitado en la Audiencia de esta mañana a pedir al Señor “que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad, para que, arraigados en la fe y con firme esperanza, sepamos vivir orientados hacia el Reino de Dios, sin dejarnos absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino”. 

Que el Espíritu Santo nos conceda reconocer su presencia en la historia, servir con amor a los demás y ser signos vivos de su salvación en medio del mundo, ha concluido al final, antes de dar la Bendición.

La Iglesia, orientada hacia la patria celestial

En el marco de la catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en concreto, sobre la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, el Santo Padre ha meditado sobre la dimensión escatológica de la Iglesia. 

“Ella camina en la historia orientada hacia la patria celestial, un aspecto esencial que a menudo se omite”, ha señalado. Es el Pueblo de Dios en camino, cuyo fin es el Reino de Dios anunciado por Cristo, y vive al servicio de su llegada “mediante la Palabra, los sacramentos —especialmente la Eucaristía— y las relaciones de amor y servicio”.

Comunión de los Santos: una sola Iglesia que une a vivos y difuntos

En la misma línea, se ha referido a que la Iglesia es “sacramento universal de salvación”, signo e instrumento de la plenitud prometida, aunque no se identifica totalmente con el Reino, cuyo cumplimiento tendrá lugar al final. 

Los creyentes viven así entre el “ya” y el “todavía no”, sostenidos por la esperanza y llamados a rechazar lo que destruye la vida y a sostener a quienes sufren, ha dicho. “Signo del Reino, la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Cristo. Además, vive la comunión de los santos: una sola Iglesia que une a vivos y difuntos, especialmente en la liturgia, alabando a Dios y caminando hacia la plenitud final”. “Nuestra patria definitiva es el cielo”, ha dicho a los peregrinos en lengua portuguesa.

Mensajes a los de lengua alemana, polacos, árabes….

En sus alocuciones a los peregrinos de otras lenguas, el Sucesor de Pedro ha invitado, en este mes de mayo, a encomendar a la Virgen María todas nuestras intenciones (lengua alemana), y a rezar el Santo Rosario, “meditando junto a María sobre la vida de Cristo” (lengua árabe).

Su aliento a los de lengua alemana ha sido el siguiente: “Queridos hermanos y hermanas de lengua alemana, en este mes dedicado a la Santísima Virgen María, ‘signo de esperanza segura y de consuelo’ (LG 68), confiémosle todas nuestras intenciones personales y los grandes retos de nuestro tiempo”.

Unidad y respeto por los valores cristianos

A los polacos les ha recordado “la protección especial de la Santísima Virgen María, Reina de Polonia, y de san Estanislao, obispo y mártir, considerado el patrón del orden moral de vuestra patria. Por su intercesión, suplicad el don de la unidad y del respeto por los valores cristianos en vuestro pueblo”.

También ha saludado, entre otros grupos, a los sacerdotes recién ordenados de los Legionarios de Cristo, a sus familias y comunidades que los acompañan (lengua española).

San Domingo Savio, escuela de Don Bosco

Antes de dar la Bendición, ha recordado que la Iglesia conmemora hoy la memoria de san Domingo Savio, “uno de los primeros frutos de santidad forjados por la gracia divina en la escuela de Don Bosco. Que su ejemplo de fidelidad al Señor en toda circunstancia os ayude a cada uno de vosotros a responder generosamente a los deseos de bien que el Espíritu Santo os inspira”.

El autorFrancisco Otamendi

España

Plan completo de la visita del Papa León XIV a España

Ya se conoce el plan de la visita de León XIV a España, que presidirá celebraciones multitudinarias en Madrid, Barcelona y Canarias y se encontrará con migrantes y presos.

Redacción Omnes·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Sábado 6 de junio 2026

10:30. Llegada al aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas

11:30. Ceremonia de Bienvenida en el Palacio Real de Madrid

12:00. Encuentro con los Reyes de España

12:30. Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático

18:00. Visita al Proyecto Social Cedia 24 horas

20:30. Vigilia de oración con los jóvenes en la Plaza de Lima

Domingo 7 de junio 2026

10:00. Santa Misa en la Plaza de Cibeles

16:30. Encuentro privado con los miembros de la Orden de San Agustín en la Nunciatura Apostólica

18:00. Encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte” en el Movistar Arena

19:30. Cena en la Residencia del Cardenal Arzobispo de Madrid

Lunes 8 de junio 2026

09:30. Encuentro con el Presidente del Gobierno en la Nunciatura Apostólica

10:30. Encuentro con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados

11:30. Encuentro con los Obispos de España en la sede de la Conferencia Episcopal

12:50. Comida con los Obispos en la Nunciatura Apostólica

18:00. Oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral de Santa María de la Almudena

19:00. Encuentro con la comunidad diocesana en el Estadio “Santiago Bernabéu”

Martes 9 de junio 2026

10:20. Encuentro con los voluntarios en el Pabellón 3 de IFEMA Madrid

11:10. Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid-Barajas hacia Barcelona

12:25. Llegada al aeropuerto internacional de Barcelona/El Prat

13:00. Rezo de la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia

20:00. Vigilia de oración en el Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Miércoles 10 de junio 2026

10:50. Visita al centro penitenciario “Brians 1”

12:00. Santo Rosario en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat

13:00. Comida con la comunidad benedictina de Montserrat

16:30. Encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesanas en la iglesia de San Agustín

19:30. Santa Misa en la Basílica de la Sagrada Familia.

Jueves 11 de junio 2026

08:30. Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Barcelona/El Prat hacia Las Palmas de Gran Canaria

10:50. Llegada a la base aérea de Gran Canaria/Gando

11:40. Encuentro con las realidades de acogida a los migrantes en el puerto de Arguineguín

13:30. Encuentro con los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los religiosos, las religiosas, los seminaristas y los agentes de pastoral

18:30. Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria

Viernes 12 de junio 2026

08:30. Salida en avión desde la base aérea de Gran Canaria/Gando hacia Santa Cruz de Tenerife.

09:10. Llegada al aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

09:30. Encuentro con los migrantes del centro «Las Raíces»

10:10. Encuentro con las realidades de integración los migrantes

12:15. Santa Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

14:30. Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

15:00. Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Tenerife hacia Roma

Vaticano

El Vaticano publica dos informes sobre episcopado y discernimiento sinodal

Desde el Vaticano, la Secretaría General del Sínodo ha hecho público el primer segmento del informe del Grupo de Estudio nº7 y el informe completo del grupo nº9, centrados en la selección de candidatos al episcopado y en métodos sinodales para abordar cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes.

Redacción Omnes·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

La Secretaría General del Sínodo ha dado a conocer la primera parte de dos informes que “tocan el corazón de la vida eclesial”, según el cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo. El Grupo de Estudio nº 7 se centra en los criterios de selección de los candidatos al episcopado, mientras que el Grupo de Estudio nº 9 propone metodologías sinodales para abordar cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes.

Selección de los obispos

El primer documento recuerda que elegir a un obispo es un momento de auténtico discernimiento comunitario, y el segundo ofrece herramientas para enfrentar con transparencia y diálogo los desafíos más complejos de la Iglesia.

La primera parte, la única publicada, del informe del Grupo 7 destaca la importancia de procesos de discernimiento diocesanos, en los que participan obispos, consejos pastorales, laicos, jóvenes y personas consagradas. También propone competencias sinodales para los candidatos al episcopado, como la capacidad de construir comunión, dialogar y conocer profundamente las culturas locales.

Gestión de cuestiones emergentes

Por su parte, el Grupo 9, cuyo informe ha sido publicado completo, enfatiza un cambio de enfoque hacia cuestiones “emergentes” en lugar de “controvertidas”, y promueve el principio de pastoralidad, que consiste en considerar siempre al interlocutor y el trabajo del Espíritu en él. El documento plantea un método de tres pasos: escucharse a sí mismo, escuchar la realidad y reunir saberes, aplicable a temas como la experiencia de personas homosexuales creyentes y la no violencia activa en contextos sociales.

Ambos grupos continuarán profundizando en los temas restantes, como la función judicial del obispo, las visitas “ad limina apostolorum» y la formación de los obispos, buscando siempre un enfoque sinodal y misionero que fortalezca la comunión eclesial.

El mundo necesita el testimonio de los creyentes, no su aprobación

El libro "De la cristiandad a la misión apostólica" reflexiona sobre la Iglesia en un mundo que ya no es “cristiandad”. Frente a la nostalgia o la lógica del éxito, propone volver al centro de la fe: el testimonio de Jesucristo crucificado y el encuentro vivo con Dios en un contexto descristianizado.

6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

De la cristiandad a la misión apostólica es uno de los libros ensayísticos más interesantes de entre los publicados en los últimos años. Este volumen, obra de la Universidad de Mary y editado en castellano por Rialp, recoge una incisiva y profunda reflexión sobre la identidad de la Iglesia y su “estar en el mundo” hoy. Un mundo caracterizado por una realidad innegable: “que somos cristianos de época pagana”. Una característica especialmente visible en lo que conocemos como Occidente, nuestra sociedad que, en algún momento se enmarcó cultural, social, y políticamente incluso, en la cristiandad, hoy no lo está. 

La realidad es esta y, los cristianos de hoy no hemos de añorar “aquellos tiempos”. La cristiandad no es sinónimo de mayor testimonio de vida cristiana en los fieles, ni de más santidad en sus estructuras, ni siquiera de más éxito en su misión apostólica. “Éxito” es un concepto difícilmente compatible con los tiempos y modos de Dios y, por ende, de su Iglesia. 

Desde los inicios de la misión apostólica, los cristianos hemos tenido claro (al menos de manera teórica) que predicamos “a Jesucristo, y este crucificado” (1 Corintios 2, 2). Crucificado, fracasado humanamente, sólo, con apenas una decena de seguidores algo cobardes. 

Sí, en el papel esta premisa se sostiene, pero nuestra mentalidad occidental está impregnada, a menudo, de la falacia de considerar que el valor clave es el éxito, los números, como si la aprobación del mundo llevara consigo la conversión. Como señala Charles J. Chaput en Extranjeros en tierra extraña, la búsqueda de la aprobación mundana lleva a acomodar la vida cristiana: “reducir la belleza de las verdades cristianas acerca del matrimonio, la sexualidad y otros asuntos incómodos, a una serie de ideales atractivos…”. Y concluye que “lo que el mundo necesita de los creyentes es que den testimonio de amor y verdad, no su aprobación”. Vivir la vida de fe con la idea subyacente de que, en realidad, es un ideal imposible termina por debilitarla, sustituyendo los mandamientos y bienaventuranzas por valores, y la moral por el consenso. 

Retomando otra de las ideas centrales del volumen citado al inicio: “Ante un mundo descreído, la actitud fundamental de la Iglesia no consiste en imponer la ley —dando por sentado el conocimiento de su existencia y de sus fines—, sino invitar, con una actitud misericordiosa y esperanzada, a una relación con el Dios vivo y a incorporarse a la nueva humanidad, a un modo de ser y a una visión completamente nuevas que liberan y aportan sentido y felicidad”. Encontrar a Dios vivo para ofrecerlo a los otros con libertad. 

¿Volveremos a la cristiandad? No es posible adivinarlo y, en cierto modo, tampoco sería justo, puesto que el mundo no es el mismo hoy que ayer. Si algo comparten la cristiandad y el mundo pagano es que, quienes realmente revolucionan la Iglesia y la hacen más vibrante, más fuerte, más limpia y más fecunda, son los santos.

Educación

Francisca Cibié: “La tecnología aporta muchísimo si se usa con propósito”

En esta entrevista, Francisca Cibié, Directora de Desarrollo Académico en el instituto técnico profesional Duoc UC, da consejos tanto a colegios como a familias para fomentar el uso correcto de la tecnología entre niños y adolescentes.

Alejandra Figari y Juan Ignacio Izquierdo H·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Cuando hablamos de pantallas en un entorno educativo, la pregunta uno o dos suele ser: “¿Cómo aporta la tecnología al proceso de aprendizaje?”. Pues bien, nos pusimos a buscar expertos en el área y, preguntando por aquí y por allá, varias voces nos recomendaron conversar con Francisca Cibié.

Francisca Cibié es Directora de Desarrollo Académico en el instituto técnico profesional Duoc UC. Se dedica a promover la “innovación educativa y transformación digital en la educación superior” entre unos 100.000 estudiantes. La invitamos a almorzar en un patio universitario, compartido con alumnos y profesores, para relajar los ánimos y preguntar por los mejores “tips” para colegios y familias.

¿Cómo enfocarías una charla para padres sobre el uso del celular en sus hijos?

– Yo suelo hacer un ejercicio con los papás: les pido que revisen en sus propios ajustes de privacidad qué aplicaciones tienen acceso a su localización y micrófono. Al darse cuenta de que sus teléfonos están mal configurados, comprenden que esa misma vulnerabilidad se la están entregando a sus hijos y que muchas veces corremos riesgos sin saber que éstos existían.

Es un deber como adultos evaluar los riesgos y beneficios antes de entregar un dispositivo, porque el daño puede ir desde lo cotidiano hasta temas más serios, mermando su autoestima y seguridad.

Más allá de los riesgos conocidos como la pornografía, ¿qué otros peligros cotidianos detectas en estas tecnologías?

– Hay casos muy comunes, como «la foto que nunca desaparece». Una niña envía una imagen por Instagram o Whatsapp con la función de visualizar una sola vez, pero otra persona puede tomarle una foto al celular con otro dispositivo y difundirla. Esto genera una falsa sensación de privacidad.

También están los riesgos específicos de las diferentes aplicaciones: WhatsApp por ejemplo permite grupos que a veces se salen de control y no tiene herramientas de supervisión parental propias, mientras que Instagram utiliza algoritmos que pueden arrastrar a los jóvenes a contenidos inapropiados, a ser contactados por extraños y a exposición pública. Los Reels y Stories promueven una cultura de obsesión por «likes» que impacta directamente la autoestima.

También están los riesgos de la geolocalización en publicaciones y el contacto con influencers que promueven consumo desordenado, estándares corporales irreales o conductas riesgosas.

¿Qué estrategia propondrías para la entrega del “smartphone” a los hijos? 

– No creo en un «salto al vacío», sino en hacer una “entrega gradual”. Mi propuesta es: nada de pantallas hasta los 12 años; entre los 13 y 14, solo un celular básico («almeja»); a los 14 -15, iniciar con WhatsApp, y recién un año después permitir Instagram. Sin embargo, esto no es «chipe libre» para el adolescente; es importante asegurar un uso educado, acompañado, con tiempo limitado en pantalla y, preferiblemente, que las redes sociales comiencen instaladas en el teléfono de los padres para poder supervisar el uso responsable y el algoritmo.

Más que una regla fija por edades, que la normativa ya establece en 13 años como mínimo, lo importante es entender que la introducción debe ser gradual, supervisada y educada. Y si hay que partir por una red social, prefiero WhatsApp antes que Instagram: así, para contactar a tu hijo necesitan saber su número de teléfono, y no está el riesgo del algoritmo empujándolo a contenidos cada vez más extremos.

Con frecuencia los padres se complican cuando escuchan la palabra “configuraciones”, y no saben cómo restringir el uso del celular de su hijo. ¿Cómo animarlos a interesarse por esas posibilidades?

– Lo entiendo. Pienso que, en lugar de forzarlos para que aprendan, cada colegio podría ofrecer en su página web diferentes tutoriales y buenas prácticas e incluso el servicio de configurar el celular del alumno con los controles parentales que los padres elijan. El mismo encargado de tecnología del colegio, por ejemplo, podría determinar un horario para recibir apoderados y ofrecerles esa ayuda.

Otra objeción que hemos oído: ante la presión social de los hijos por «no quedar fuera», muchos padres ceden antes de tiempo. ¿Cómo manejar esto?

– Es una batalla difícil, porque los niños sienten que, si no están en el grupo de WhatsApp, no existen socialmente. Pero hay que envalentonar a los papás. Si una mamá no ve la gravedad del asunto, no dará la pelea. Ahora bien, el daño emocional que puede sufrir un niño desprotegido, como el cyberbullying, es terrible: un comentario despectivo sobre una foto puede destruir la autoestima de una niña en segundos, llevándola incluso a trastornos alimenticios o aislamiento.

Finalmente, siento que cuando los papás ceden, no están del todo conscientes de la cantidad de problemas que se están comprando, ni de la puerta que están abriendo. Porque no es «solo un celular» ni «solo una app». Es abrir la puerta a que creen un grupo de WhatsApp con todo el curso menos con ella, y que se entere de eso el lunes durante el recreo; o el «grupo paralelo», ese que se arma sin un niño específico justamente para hablar de él a sus espaldas; o los stickers con la cara de un compañero convertida en burla circulando toda la semana; o los audios riéndose de cómo habla una niña, reenviados miles de veces; o el celular debajo de la almohada a las 3 de la mañana, revisando si alguien respondió o dio “like”, para después llegar al colegio sin dormir, irritable, y terminar peleando con una amiga por cualquier tontería; o las peleas entre mamás del curso porque los niños se agarraron por chat.

Son cosas chicas, y otras más grandes como la pornografía, la adicción al juego o las autolesiones, que se acumulan y van matando la autoestima, el rendimiento escolar y la salud mental de un niño que todavía no tiene las herramientas emocionales para procesarlas. Una vez abierta, esa puerta no se cierra. Por eso vale la pena dar la pelea antes, aunque sea incómoda.

¿Qué rol deberían jugar los colegios en esta formación?

– Los colegios están al debe; no basta con un par de charlas al año y protocolos de entrega de celulares. Deben integrar competencias digitales en el currículo de manera progresiva. Es fundamental entregarles competencias digitales a los alumnos y enseñarles por ejemplo qué significa crear una cuenta, la diferencia entre crear una cuenta usando un correo o darle acceso a tu cuenta de Google, o, finalmente, como manejarse de forma segura en redes y cómo proteger su identidad digital.

Además, como decíamos, los colegios deberían facilitar talleres prácticos para padres y ofrecer soporte técnico sencillo para ayudar a comprender los riesgos y configurar controles parentales.

En el ámbito estrictamente pedagógico, ¿cómo aporta la tecnología al aprendizaje?

– Aporta muchísimo si se usa con propósito. Por ejemplo, ante la llegada de la Inteligencia Artificial, la evaluación debe cambiar: ya no importa el informe final, sino el pensamiento crítico demostrado en las preguntas y contrapreguntas que el alumno le hizo a la IA para llegar a ese resultado.

También hay avances increíbles como el metaverso o la realidad virtual, que permiten simulaciones de contextos reales (como armar un motor) en entornos seguros y económicos.

Finalmente, como todo en la vida, la tecnología tiene montones de riesgos pero también abre un sinfín de oportunidades y está en nosotros poner la tecnología al servicio de la persona y no al revés.

¿Estarías a favor de una mayor regulación legal, como se ha planteado en Europa o Australia, donde se está ordenando a las mismas plataformas que impidan la creación de cuentas a los menores de 16 años?

– Sí, totalmente. Sería un descanso enorme para los papás que la ley estableciera edades mínimas reales, tratándolo como el tema de salud pública que es. Ahora, siendo honesta, la ley sola no basta: si los papás y colegios no acompañan, los niños van a encontrar la forma de migrar a otras apps. Por eso creo que tiene que ser una combinación de regulación, colegio y casa. Pero que el Estado ponga un piso ayuda, y mucho.

Para concluir, ¿cuál es el mensaje final para las familias?

– Debemos formar liderazgos positivos tanto en alumnos como en apoderados. Si logramos que los líderes de un curso decidan no tener celular hasta cierta edad, la presión social disminuye. 

Se trata de elegir las batallas, ser coherentes y entender que nuestra responsabilidad es acompañarlos en esta transición hasta que tengan la madurez suficiente como para manejar estas herramientas por sí mismos.

Y, para terminar, quiero decir a los papás “que se atrevan” a dar la pelea. Vale la pena, porque, en el fondo, están protegiendo a sus niños, y eso es parte de la pega de ser papás.

El autorAlejandra Figari y Juan Ignacio Izquierdo H

Ecología integral

Documento sobre ecología integral en la familia de dos dicasterios vaticanos

Los Dicasterios para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y para los Laicos, la Familia y la Vida han publicado un texto conjunto para ayudar a transmitir en la familia el cuidado de la Creación y de la vida humana.

OSV / Omnes·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

– Vatican News, OSV News, Roma

“La ecología integral en la vida de la familia” es el título del documento de 79 páginas, concebido con el fin de responder a los llamamientos de los Papas Francisco y León XIV para escuchar el clamor de los pobres y de la Tierra. La finalidad es ofrecer una respuesta concreta, poniendo en práctica las enseñanzas de la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia y de la encíclica Laudato si’

El Documento ha sido elaborado conjuntamente por los Dicasterios para el Servicio del Desarrollo humano Integral y para los Laicos. la Familia y la Vida. Según un comunicado de prensa, teólogos, asesores y parejas casadas participaron en la redacción del texto.

Las familias, fundamentales para desarrollar y transmitir el cuidado de la casa común

“Los valores que se forjan y se cultivan en el seno familiar constituyen el suelo fértil del que brota la vida de la sociedad”,  escriben en la presentación del documento, publicada el 27 de abril, los cardenales Michael Czerny y Kevin Farrell, prefectos de ambos Dicasterios. “Por lo tanto, las familias son fundamentales para desarrollar y transmitir el valor del cuidado de nuestra casa común y de cada persona”.

“Muchas familias”, continúan los dos cardenales, “ya viven esta vocación con el corazón abierto y con esperanza que es Cristo Jesús”. 

En la familia se aprende “la entrega de sí mismos, la paciencia y la dedicación, la acogida y la protección de la vida, para que pueda florecer y desarrollarse plenamente; así como, la complementariedad y la reciprocidad, el intercambio intergeneracional y la solidaridad con otras familias, junto a la transmisión de conocimientos y tradiciones”.

Dirigido a las familias, pero en realidad a todos

El volumen, aunque está dirigido principalmente a las familias, se dirige en realidad a todos, ya que cada persona, en su propio estado de vida, puede encontrar en él consejos e inspiración para contribuir a mejorar las relaciones y el entorno, promoviendo un mundo más justo y sostenible en el que la Creación y la dignidad humana sean defendidas y protegidas.

Primera parte, conceptos basados en escritos del Papa Francisco

La primera parte recoge conceptos fundamentales basados en los escritos más significativos del Papa Francisco. La segunda contiene capítulos temáticos que reflejan siete objetivos inspirados en la Laudato si’ sobre la escucha del clamor de la tierra, de los pobres y de los vulnerables. Sobre la promoción de la economía ecológica, la adopción de estilos de vida adecuados, la ecología integral y la educación, la espiritualidad ecológica desde una perspectiva familiar, y sobre las familias que participan en la vida comunitaria.

Cada capítulo está dividido en cuatro secciones: explicaciones, implicaciones, preguntas y acciones concretas. 

Disponible en 5 idiomas en las webs de ambos Dicasterios

“La ecología integral en la vida de la familia” está disponible en cinco idiomas en los sitios web oficiales de los dos dicasterios.

“Son precisamente las familias, como pilares de la sociedad, las que pueden convertirse en el motor de esta profunda transformación cultural”, dice el documento.

El autorOSV / Omnes

Primera Comunión

Cómo de nervioso está Jesús también! Lleva diecinueve años esperando esta primera comunión.

5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Es ilusionante (qué palabra, es un vendaval) ir a la primera Comunión de un amigo de la uni. Te reconcilia con la realidad.

Las mejores historias no llenan telediarios. Las mejores noticias son, precisamente, las que nadie cuenta. Las de fuera de foco. Y no nos damos cuenta cuando, a veces, pasan por la puerta de al lado. Pero son las que más falta hacen. Por eso, érase una vez la primera Comunión de Diego, a los diecinueve años.

Ahí está Diego nervioso, mientras entramos al aparcamiento, decidiendo si terminar de trepar las escaleras de la iglesia (es la hora ya) o bajarlas rápido para saludarnos. El sacerdote le llama, tiene que pasar, y nos hace un gesto con la mano mientras sube corriendo. Él juega de titular hoy. Partido ilusionante.

Del otro lado, Jesús. ¡Cómo de nervioso está también! Lleva diecinueve años esperando, y ya por fin. Me lo imagino como un partido de fútbol: Jesús sabe que sale de suplente revulsivo, cuando llegue la consagración. Y está calentando a conciencia, como el jugador confiante en que va a marcar el gol decisivo.

Ilusionante, confiante, que no ilusionado ni confiado. El participio activo es mil veces mejor que el participio pasivo.

Ahí estamos nosotros, repartidos en los bancos, rezando por Diego. A veces, cuando juega tu equipo y lo ves por la tele, involuntariamente te sale un movimiento del cuerpo como intentando acompañar un cabezazo de tu delantero o una estirada de tu portero. Y nadie te quita el convencimiento de que has ayudado a marcarla, a pararla. Todos a una.

Y todos ya nerviosos, porque se acerca el final de la Misa, prácticamente el descuento. Son esos minutos tensos. Hasta el gol.

Todo se estremece: Diego recibe a Dios.

Jesús y Diego corren a celebrar, se felicitan, agitan los puños, se abrazan. Todo el mundo festeja, es la felicidad máxima. Diecinueve años de espera, y al fin este equipo lo ha conseguido. Nada de lo que se reza se pierde. Diego ha comulgado, por primera vez.

Una conversión es como un gol. Y los goles se celebran con toda la afición. Qué locura poder comulgar. Qué ilusionante, cada vez. Cada Comunión.

El autorGabriel Pérez-Miranda

Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) ocupa el tercer lugar de los seis hijos de Juan y Cristina. Estudiante universitario, es también un entusiasta de los deportes y la lectura, y ha publicado un libro de poesía ("Envïdár", Loto Azul, 2025)

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Enseñanzas del Papa

El mensaje cristiano: vida, misión y belleza

El Papa presenta la vocación cristiana como un camino de belleza, que transforma la persona mediante el encuentro personal con Cristo y se desborda en comunicar a los demás el amor de Dios a través del testimonio.

Ramiro Pellitero·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

León XIV sigue trazando las líneas principales de su hoja de ruta. En medio de su intensa actividad, nos ha recordado que ser cristiano es una llamada, es decir una vocación que se concreta de diversos modos. Lo ha subrayado con motivo de la Jornada mundial de oración por las vocaciones. Y la vocación es para una misión: la misión evangelizadora, en la que todos hemos de participar. Por ello propone relanzar el compromiso evangelizador que impulsó el Papa Francisco, tal como ha dicho en su Carta a los cardenales.

Un camino de belleza

El 26 de abril se celebraba la LXIII Jornada de oración por las vocaciones. Un mes antes (16-III-2026), el Papa había publicado su mensaje, centrado en la vocación cristiana como camino de belleza que nos abre al conocimiento de Dios y a una existencia plenamente vivida en la confianza, y madurada en su compañía.

 Todo cristiano está llamado a la santidad (cfr. Lumen gentium 11 y todo el capítulo V) y en ese sentido hablamos de vocación cristiana. El sucesor de Pedro se pronuncia sobre este trasfondo. No se refiere sólo a las vocaciones sacerdotales o de especial consagración, sino también a la vocación cristiana de la mayor parte de los fieles, los laicos. Su mensaje es una confidencia especialmente con los jóvenes, para que encuentren cada uno su vocación concreta dentro del camino cristiano.

La vocación cristiana, explica el Papa, puede entenderse desde su dimensión interior, es decir,“como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros”. Jesús es el pastor bueno y bello (cfr. Jn 10: la palabra griega kalós abarca ambos aspectos). Es decir, el pastor perfecto, auténtico y ejemplar, hasta dar la vida por su rebaño, lo que manifiesta el amor mismo de Dios. 

Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: ‘Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza’. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos ‘bellos’; su belleza nos transfigura”. 

Como escribe el teólogo Pável Florenski, los santos se caracterizan, no solo por la bondad, sino también por “la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo”. Y en esto ve León XIV la revelación más profunda de la vocación:  participar de la vida de Cristo, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

Evoca también el Papa el camino interior –un camino de vida, de fe y de sentido– de san Agustín, tal como lo manifiesta en Las Confesiones. “Más allá de la conciencia de sí mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Esto, señala León XIV, muestra la importancia del “cuidado de la interioridad”, que se centra en la oración. 

Así es, y se trata de una de las propuestas –junto con la educación para la cultura digital y para la paz– con las que León XIV enriqueció el proyecto del “Pacto educativo global”, lanzado por el Papa Francisco.

Por todo ello, invita a todos a crear contextos favorables para que el don de la vocación pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompañado y así pueda dar fruto abundante.

Escuchar a Dios

Dios nos conoce y nos ama, y nos llama a conocerle. Y para ello necesitamos crear “espacios de silencio interior” que nos permitan escuchar la voz de Jesucristo. Porque no se trata de un saber abstracto o académico, sino de “un encuentro personal que transforma la vida”. Es el consejo de san Agustín: entrar en nosotros mismos, porque “en el hombre interior reside la verdad”. 

León XIV se hace eco de ese consejo, pidiendo a los jóvenes: “¡Escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cfr. Mt 25, 14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades”. 

De esta manera, y siguiendo los pasos de los Pontífices que le han precedido después del Concilio Vaticano II, al presentar la vocación cristiana como una oferta de vida plena, el Papa se sitúa en el marco de la antropología cristiana.

Y concreta los caminos de esa “escucha de Dios”: “Dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial”. Así podrán descubrir el don de su vocación concreta dentro de la pluralidad de caminos que existen en la Iglesia.

Confianza y trato personal

Lo que permite tanto acoger la vocación como perseverar en ella es la confianza en el Señor, “aun cuando sus planes cambien los nuestros”. El obispo de Roma pone el ejemplo de san José, como “icono de confianza total en el designio de Dios”. Pues, incluso cuando a su alrededor parecía dominar la tiniebla y la negatividad, y las cosas parecían ir en dirección opuesta a lo previsto, “él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor”. Como escribe el Papa Francisco, “en cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su ‘fiat’, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní” (Carta ap. Patris corde, 3).

Esta confianza se apoya en la virtud de la Esperanza, que Dios nos concederá, para superar miedos e incertidumbres, “con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal

No oculta León XIV las dificultades por las que atraviesa el camino de toda vocación. Pero nos asegura la fidelidad y su fruto, si permanecemos unidos con Jesús: “Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas”.

Como todo lo que es vida, la vocación –explica el Papa– es “un proceso dinámico de maduración”, favorecido por la intimidad con el Señor bajo la acción del Espíritu Santo. Un camino donde aprendemos a releer todos los acontecimientos a la luz del don recibido. Y esto significa “crecer en la vocación”, respondiendo a la llamada a lo largo de la vida. 

Para ello, y no solo al principio de ese camino, contamos con los vínculos auténticos y fraternos que vamos tejiendo. Y “especialmente valioso es tener un buen guía espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación. Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza”. 

Así podemos “entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros” (Francisco, exhort. ap. Christus vivit, 248). 

Y concluye el Papa León XIV apelando a los jóvenes: “Los animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo”.

Redescubrir “la alegría de evangelizar”

Participar de la vida de Cristo, hemos visto, lleva a compartir su misión y a resplandecer de su misma belleza. Esto se muestra en el hecho de que tras el primer consistorio con los cardenales (celebrado el 7 y 8 de enero pasados), donde se marcó el rumbo del pontificado, León XIV ha escrito ahora una carta a los cardenales (12-IV-2026). En ella los anima a relanzar la propuesta del Papa Francisco en la Evangelii gaudium: una Iglesia que no se mira a sí misma, sino que se sitúa de modo renovado “en salida”.  

Dicha Exhortación –les señala– sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el ‘kerigma’ como corazón de la identidad cristiana y eclesial”. 

Y añade, haciéndolo suyo, lo que se manifestó especialmente en ese consistorio respecto a la propuesta del Papa Francisco: “Se ha reconocido como un verdadero ‘soplo nuevo’, capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia”.

Compromiso personal, discernimiento y acompañamiento

León XIV concreta cómo “esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles”. Primero, a nivel personal: “llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada”. Y observa que “en este camino se ve afectada también la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida”. 

En segundo lugar, a nivel comunitario, impulsa a pasar “de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio”. Es decir, “comunidades acogedoras, capaces de utilizar un lenguaje comprensible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación”. 

Concreta, anivel diocesano, subrayando “la responsabilidad de los pastores para apoyar con firmeza la audacia misionera, velando por que no se vea pesada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial”.

En suma, a nivel de cada uno: fe personal vivida, primacía de la oración, testimonio desde la coherencia con la vida; y a nivel eclesial, acogida, escucha y acompañamiento, impulso a la misión desde el discernimiento.

Encuentro y anuncio, comunicación y misión

De todo ello, dice el Papa, surge una comprensión de la misión profundamente unitaria: “una misión cristocéntrica y ‘kerigmática’, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo”. 

Se trata de superar una perspectiva de mero aumento en número de seguidores, de mera conservación o de expansión institucional. 

Lo expresa incisivamente León XIV: “Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como un pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo”.

Entre las indicaciones específicas que surgieron en el consistorio, concluye señalando cuatro, que merecen ser acogidas y meditadas más a fondo: 1) “la necesidad de relanzarEvangelii gaudium para verificar con honestidad qué es lo que, tras el paso de los años, se ha asimilado realmente y qué es lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido y sin poner en práctica”; 2) de modo especial, “se debe prestar atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana”; 3) “la atención a valorar también las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones ‘kerigmáticas’ y de crecimiento en la calidad de las relaciones”; así como 4) la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, en una perspectiva más claramente misionera”.

Como puede verse, la publicación de esta carta puede ser una ocasión y una invitación, para cada uno y para cada comunidad cristiana e institución eclesial, a un discernimiento sobre el camino recorrido desde la participación en la vida de Cristo, el compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

Evangelización

Que el sueño del Papa se cumpla: historia de Freddy, sacerdote de Ecuador

La Fundación CARF impulsa una campaña para sostener la formación integral de las futuras vocaciones, de modo que la formación llegue a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo. La historia de Freddy, sacerdote diocesano de Ecuador, refleja el impacto de esta tarea.

Redacción Omnes·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Freddy Arigo Llerena Guerrero es un sacerdote de 36 años de la diócesis de Ibarra, en Ecuador. Fue ordenado el 25 de junio de 2016, hace casi diez años, y su historia representa hoy el impacto real que puede tener una formación sólida en la vida de un sacerdote y en toda una comunidad.

El año pasado regresó a Pamplona para concluir su Licenciatura en Teología Bíblica en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Hoy, de nuevo en Ecuador, se entrega cada día a vivir una auténtica vocación de servicio a los demás y a la Iglesia.

El contexto ecuatoriano

El testimonio de este joven sacerdote ecuatoriano cobra especial relevancia en un país marcado por enormes contrastes, rico en cultura y recursos, pero con déficit de gestión en las últimas décadas, que ha favorecido el narcotráfico, la delincuencia organizada, extorsión y secuestros, provocando notable inseguridad.

A esto se une que, al igual que en muchas regiones de Europa, América central y América meridional, también ha disminuido el número de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en su país.

“A pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza”

Sin embargo, ni el pueblo ecuatoriano ni sus sacerdotes han perdido la esperanza. Freddy lo resume así: “A pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza. Existe una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús y un amor entrañable a la Virgen María, expresado en múltiples manifestaciones de religiosidad popular. Esta fe sencilla hace que muchas personas sigan mirando a la Iglesia con confianza, incluso en medio de sus debilidades, reconociéndola como madre y guía en tiempos difíciles”.

Con la ayuda de benefactores y socios de Fundación CARF

Freddy es uno de los muchos sacerdotes que han recibido una formación sólida e integral con la ayuda de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF.

Gracias a esa preparación, hoy puede responder mejor a los desafíos pastorales de su tierra natal, acompañar a los fieles en tiempos difíciles y fortalecer la vida cristiana allí donde más se necesita.

Por otra parte, Freddy destaca también la esperanza que le ha transmitido ver el despertar espiritual de muchos jóvenes en España durante su etapa formativa en Pamplona, una señal de que la fe sigue dando frutos en distintos lugares del mundo.

Una campaña para transformar países

Como Freddy, miles de vocaciones necesitan apoyo para poder formarse, informa la Fundación CARF, que ha lanzado la campaña “Haz que el sueño del Papa se cumpla”. Su objetivo es que llegue a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo una formación sólida e integral.

El Papa León XIV lo ha recordado recientemente con sencillez y profundidad en su carta apostólica ‘Una fidelidad que genera futuro’: “la identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión”.

La campaña recuerda que muchos jóvenes han escuchado la llamada al sacerdocio y desean servir, acompañar, administrar los sacramentos y acercar a Dios a sus pueblos, pero no siempre cuentan con los medios económicos necesarios para prepararse adecuadamente.

Apoyo a la formación de seminaristas y sacerdotes de 130 países

Desde su creación, la Fundación CARF ha acompañado a seminaristas y sacerdotes de 130 países, haciendo posible que regresen mejor preparados a sus diócesis para servir y, a su vez, formar a otros. 

Por eso la Iglesia cuida especialmente la formación de los futuros sacerdotes para que sean hombres, preparados humana, espiritual y pastoralmente, capaces de acompañar a sus comunidades y servir a las personas allí donde más se les necesita. Esto mismo viene haciendo la Fundación CARF desde 1989, señalan sus responsables.

En muchos países del planeta hay personas con vocación al sacerdocio donde la fe es fuerte, pero los recursos son escasos. Allí es donde la ayuda marca la diferencia.

El sueño continúa

Detrás de cada vocación apoyada hay una historia, una familia, una comunidad y un futuro sacerdote dispuesto a entregarse a los demás.

La historia de Freddy Arigo Llerena Guerrero pone hoy rostro a ese sueño: que ningún joven con vocación se quede sin formación por falta de recursos y que la Iglesia siga contando con sacerdotes preparados, cercanos y entregados al servicio de las personas.

El autorRedacción Omnes

Cultura

Científicos católicos: José de Zaragoza

José de Zaragoza fue un jesuita, matemático y astrónomo, vinculado al movimiento de los novatores, buscaban renovar la ciencia española.

Ignacio del Villar·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

José de Zaragoza (Valencia, 1627 – Madrid, 1679) fue un jesuita, matemático y astrónomo español del siglo XVII, vinculado al movimiento de los novatores, que buscaban renovar la ciencia española mediante métodos más empíricos y racionales que los que se usaban entonces.

Su formación comenzó en la Universidad de Valencia, donde alcanzó el doctorado en filosofía. Después le ofrecieron la posibilidad de ocupar la cátedra de matemáticas de la universidad, pero la rechazó porque le interesaba más la teología, lo que refleja el profundo compromiso con su fe católica que guiaría toda su trayectoria.

En 1651 ingresó en la Compañía de Jesús. A través de esta institución impartió docencia en distintos colegios de la orden, en ciudades como Calatayud, Mallorca, Barcelona y la propia Valencia.

También adquirió otros cargos: en 1667 fue nombrado miembro de la Real Junta de Minas, un año después calificador del Santo Oficio, y, a partir de 1670, enseñó matemáticas en el Colegio Imperial de Madrid, donde tuvo como alumno al virrey Diego Felipe de Guzmán, marqués de Leganés, que se convirtió en su protector. La reina incluso lo nombró profesor de matemáticas de su hijo, Carlos II. Esto no resulta extraño si tenemos en cuenta que publicó diversas obras matemáticas con intención didáctica y de innovación, entre ellas Arithmetica universalis (1669), Trigonometría (1672) y Tablas de logaritmos (1672). Además, también redactó obras de tipo investigador, entre las que podemos destacar Geometría magna in minimis (1674), donde introdujo el concepto de centro mínimo de un sistema de puntos, que sirve para obtener resultados como el Teorema de Ceva. Como astrónomo, destacó por su aproximación empírica y observacional. Construyó anteojos potentes para estudiar cometas (fue el primero en divisar el de 1677) y otros fenómenos celestes, informando de sus observaciones a la Académie des Sciences de París. Por último, su tratado Esphera en común celeste y terráquea (1675) refleja un enfoque moderno, basado en datos de observación, y muestra su posición crítica frente a la cosmología clásica, aunque siempre mantuvo un enfoque cauteloso respecto al heliocentrismo.

El autorIgnacio del Villar

Universidad Pública de Navarra. SCS-España.

España

El CEU premia el trabajo por la vida de Alicia Latorre y la Federación One of Us

Alfonso Bullón de Mendoza hará entrega del Premio a la Defensa Pública de la Vida a Alicia Latorre, presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, y a la Federación Europea One of Us.

Redacción Omnes·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

Alicia Latorre Cañizares, presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, y la Federación Europea One of Us, representada por su directora general, Ségolène du Closel recibirán el Premio CEU por la Vida el martes 5 de mayo de 2026. Este reconocimiento distingue sus trayectorias excepcionales y su labor constante en favor de la vida y la familia, consolidando un espacio de reflexión necesario sobre el carácter sagrado del derecho a la vida.

Organizados por el Instituto CEU de Estudios de la Familia y la ACdP, estos galardones celebran su undécima edición reafirmando el compromiso histórico de la institución con los valores fundamentales. A lo largo de esta década, la lista de premiados ha incluido a figuras como Jaime Mayor Oreja, presidente de la Fundación Valores y Sociedad; Manuel Martínez-Sellés, presidente del Colegio de Médicos de Madrid o y la embajadora de Hungría, Katalin Tóth.

Durante el encuentro, se otorgará el Premio a un Corazón de Madre y Padre, además de los Premios a la Creatividad en Defensa de la Vida. Estos últimos destacan el talento de los alumnos de la Universidad CEU, quienes a través de relatos, ensayos y cortometrajes, aportan una visión artística y académica sobre la importancia de proteger la vida en todas sus etapas y circunstancias.

Un puente hacia Dios

El arte fomenta la reflexión, la creatividad y la salud mental. El síndrome de Stendhal sería como un daño colateral para esos corazones apasionados convencidos de que el arte es un puente hacia Dios, suma belleza.

4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“El amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde  de un horrible precipicio”, escribió Stendhal, quien se sintió mareado y con el corazón acelerado al visitar la basílica de la Santa Croce en Florencia en 1817. El escritor francés  fue un maestro del análisis psicológico y sus frases se caracterizan por una profunda intensidad amorosa y pasión. 

Los amantes del arte somos unos apasionados de la vida, y parafraseando de nuevo al escritor francés “con las pasiones uno no se aburre jamás, sin ellas se idiotiza”.  

En la Casa Museo Poldi Pezzoli en Milán padecí el síndrome de Stendhal, que se produce al contemplar obras de arte o arquitectura de extrema belleza, en espacios cerrados o con gran acumulación de obras. 

Boticelli, Pollaiolo, Mantegna, discípulos de Leonardo da Vinci, esculturas, vajillas refinadas, joyas…, me trasladaron a un mundo que ha desaparecido donde algunas personas de origen noble vivían rodeadas de arte. Casa particulares convertidas en museos, que hoy día todos podemos disfrutar. 

Al contemplar tanto arte en tan poco tiempo y en un lugar cerrado sufrí un trastorno psicosomático transitorio con síntomas como la taquicardia y la confusión ante la sobrecarga de belleza artística.

Mientras escribo estas líneas -a modo de terapia- se me caen los párpados, pues casi no he pegado ojo en toda la noche. Las obras de arte asaltaban mi mente y me impedían descansar, entre el sueño y la vigilia. Los síntomas se originan por la intensa emoción y el impacto estético que me abrumó. Se trata de una crisis que suele desaparecer al alejarse de la obra de arte y reposar.

El arte fomenta la reflexión, la creatividad y la salud mental. Este síndrome sería como un daño colateral para esos corazones apasionados convencidos de que el arte es un puente hacia Dios, suma belleza.

Vaticano

El Papa proclama que en el Cielo hay lugar para todos

El Papa León XIV centró su meditación tras el rezo del Regina Caeli en aspirar a un mundo que, como la casa del Padre, pueda acoger a todos.

Redacción Omnes·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El 3 de mayo de 2026, durante el rezo del Regina Caeli, el Papa León XIV ofreció una meditación centrada en la esperanza pascual, la promesa de Cristo y el destino común de la humanidad en Dios.

La promesa de un lugar para todos

El Papa partió del Evangelio de la Última Cena, destacando la promesa de Jesús: “Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo”. En este anuncio, explicó, se revela una verdad fundamental: en Dios hay lugar para cada persona. La imagen de la “casa del Padre” no es solo consuelo ante la muerte, sino una afirmación de acogida universal. Cristo, como servidor, prepara ese espacio para cada uno, de modo que nadie es extraño ni olvidado, sino esperado desde siempre.

De la exclusión a la acogida

El Pontífice contrastó dos lógicas opuestas. Por un lado, el “viejo mundo”, marcado por la búsqueda de privilegios, exclusividad y reconocimiento limitado a unos pocos. Por otro, el “mundo nuevo” inaugurado por el Resucitado, donde lo más valioso está abierto a todos.

En este nuevo horizonte, cambian las reglas fundamentales de la convivencia: “la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad”. En lugar de diluir la identidad personal, esta apertura universal permite que cada uno sea plenamente sí mismo. Frente a la amenaza de la muerte, que parece borrar la memoria y el nombre, Dios garantiza la identidad definitiva de cada persona.

La fe que libera del afán de reconocimiento

El núcleo del mensaje se concentra en la invitación de Jesús: “Crean en Dios y crean también en mí”. Según el Papa, esta fe tiene una fuerza liberadora: rompe la ansiedad por poseer, por destacar o por alcanzar prestigio como condición para valer.

En Dios, afirmó, cada persona posee ya un valor infinito. No es necesario competir por reconocimiento, porque la dignidad no se conquista, se recibe. Esta certeza se fortalece en el amor mutuo, vivido según el mandamiento nuevo. Amar como Jesús amó permite anticipar el cielo en la tierra y mostrar que la fraternidad y la paz no son utopías, sino el verdadero destino humano.

La comunidad cristiana como casa abierta

La meditación concluyó con una oración a la Virgen María, presentada como Madre de la Iglesia. El Papa pidió que cada comunidad cristiana refleje esa “casa abierta a todos”, donde cada persona sea acogida y valorada en su singularidad.

Llamamientos y saludos

Tras la oración del Regina Caeli, el Papa León XIV recordó el inicio del mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María, subrayando la importancia del rezo del Rosario como experiencia comunitaria de oración, en continuidad con los días en que los discípulos esperaban la venida del Espíritu Santo.

También destacó la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, impulsado por UNESCO, denunciando las frecuentes violaciones de este derecho y recordando a los periodistas víctimas de la violencia.

Finalmente, dirigió saludos a diversos grupos de fieles y asociaciones presentes, con especial mención a quienes trabajan en la defensa de los menores frente a los abusos, agradeciendo su compromiso con la prevención y el acompañamiento a las víctimas.

Argumentos

Seis criterios para que la fe no se quede sólo en las emociones

Frente a ello, los obispos españoles proponen seis claves que ayudan a entender qué significa, hoy, vivir una fe madura.

Javier García Herrería·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En un momento en el que proliferan nuevas y muy positivas iniciativas de evangelización —muchas de ellas llenas de entusiasmo, creatividad y capacidad de convocatoria— la Iglesia en España ha considerado necesario ofrecer algunos criterios de discernimiento. No para apagar nada, sino precisamente para cuidar lo más valioso: la autenticidad de la experiencia cristiana.

El riesgo que preocupa a los prelados es que la fe se reduzca a una vivencia emocional, subjetiva, desligada de la verdad, de la comunidad y de la vida concreta. Frente a ello, los obispos españoles proponen en su último documento, seis claves que ayudan a entender qué significa vivir una fe madura, de tal manera que las iniciativas de primer anuncio profundicen en experiencias de fe con más formación.

a) Conocer a las personas divinas

El corazón de la fe cristiana no es una vaga espiritualidad ni una mezcla de creencias a medida, sino el encuentro real con Jesucristo. No se trata de “sentirse bien” ni de acumular experiencias emocionales intensas, sino de reconocer que Dios se ha revelado de manera concreta en Cristo y que solo por Él accedemos al Padre en el Espíritu.

Por eso, el primer anuncio no puede diluirse en discursos genéricos sobre bienestar o interioridad: debe conducir a una relación viva con Jesús, única y decisiva. Cuando esta centralidad se pierde, la fe se desdibuja en un sincretismo difuso que puede resultar atractivo, pero que carece de la fuerza transformadora del Evangelio.

b) Dimensión personal

Ese encuentro con Cristo implica a toda la persona, también a su mundo afectivo. Pero los sentimientos, por sí solos, no son criterio suficiente para discernir la acción de Dios. La tradición espiritual de la Iglesia ha insistido siempre en la necesidad de contrastarlos, de examinarlos con ayuda de quienes han recorrido ese camino antes. Autores como Ignacio de Loyola enseñaron a distinguir entre consolación y desolación, precisamente para no confundir la voz de Dios con los propios estados de ánimo.

En la misma línea, maestros como Juan de la Cruz o Teresa de Jesús mostraron que la vida espiritual pasa también por la oscuridad y la purificación. Por eso, una fe madura no absolutiza lo que siente, sino que lo somete a un discernimiento serio, en continuidad con la experiencia acumulada de la Iglesia.

c) Objetividad de la fe

La fe cristiana no nace de un sentimiento, ni se sostiene en él. No depende de cómo uno se encuentre interiormente, ni de la intensidad de una experiencia espiritual concreta. Tiene un contenido objetivo: una verdad que precede al creyente y que le es dada.

En una cultura marcada por el “yo siento”, esta afirmación resulta incómoda. Sin embargo, es decisiva. No basta con percibir que “Dios me quiere” para validar cualquier decisión o comportamiento. La fe implica reconocer que hay una verdad revelada —sobre Dios, sobre el hombre, sobre el bien y el mal— que no se construye a medida de la propia subjetividad.

Uno de los casos más reveladores de esta ruptura se dio en la corte de Luis XIV, donde algunas damas pasaban sus noches con amantes para, a la mañana siguiente, acudir a una confesión rápida que les permitiera comulgar en Misa. Este ciclo de pecado nocturno y absolución exprés matutina, basado en una interpretación superficial de la ley religiosa, transformó los sacramentos en un trámite mecánico que no exigía una verdadera conversión del corazón ni un cambio de conducta.

Hartos de este «espectáculo» de hipocresía, la corriente jansenista se opuso con tanta fuerza que terminó cayendo en el extremo opuesto. Al intentar combatir la laxitud moral de la época, los jansenistas impusieron un rigorismo asfixiante que presentaba a un Dios distante y una Eucaristía casi inalcanzable, reservada únicamente para quienes lograran una perfección heroica.

La lección sigue siendo actual. Cuando las emociones sirven para justificar conductas objetivamente desordenadas, no estamos ante una fe bien integrada. La vida cristiana implica una unidad entre lo que se cree, lo que se siente y lo que se hace.

d) Eclesialidad de la fe

Nadie se da la fe a sí mismo. Se recibe. Y se recibe en la Iglesia. Esta dimensión eclesial es constitutiva del cristianismo. Creer implica aceptar que hay otros —antes y junto a mí— que transmiten, custodian e interpretan la fe: el Papa, los obispos, los sacerdotes, los acompañantes espirituales, la comunidad creyente.

Esto exige una actitud concreta: dejarse enseñar y dejarse corregir. Dos actitudes poco valoradas en una cultura que identifica la autenticidad con la autosuficiencia. Sin embargo, sin esta apertura, la fe corre el riesgo de convertirse en un proyecto individual, donde cada uno decide qué aceptar y qué descartar.

e) Consecuencias sociales de la fe

La fe no es una idea ni una emoción: es una forma de vida. Y, como tal, tiene consecuencias morales concretas. Cuando la fe se vive exclusivamente como una fuente de bienestar interior, puede terminar generando creyentes satisfechos pero indiferentes a las necesidades del prójimo.

Sin embargo, el cristianismo tiene una dimensión esencialmente abierta. El encuentro con Cristo impulsa hacia los demás, especialmente hacia los más necesitados. No se trata de un añadido opcional, sino de un criterio de autenticidad. Una fe que no se traduce en compromiso concreto —en la familia, en el trabajo, en la vida pública, en la atención a los pobres— queda incompleta. El Evangelio es claro: el amor a Dios se verifica en el amor al prójimo.

f) Dimensión celebrativa

La fe cristiana también se celebra. Y lo hace, de manera privilegiada, en la liturgia. Pero aquí también existe un riesgo: reducir la celebración a un espacio de emociones intensas o de experiencias subjetivas. Cuando la liturgia se convierte en un instrumento para “sentir cosas”, pierde su centro y su sentido.

La celebración cristiana no es un espectáculo ni una creación espontánea del grupo. Tiene una forma, una tradición, unas normas que garantizan su carácter eclesial y su fidelidad al misterio que celebra.

La Eucaristía, en particular, ocupa un lugar central. No es solo un momento emotivo, sino el acontecimiento en el que la comunidad se encuentra con Cristo de manera real y sacramental. De ahí la importancia de cuidar su celebración, sabiendo que la Misa está muy por encima de las bendiciones y adoraciones (por muy positivas que esta sean).

Estos criterios no pretenden apagar el entusiasmo ni desconfiar de las nuevas formas de evangelización. Al contrario, buscan asegurar que ese impulso se enraíce en lo esencial.

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Ecología integral

Tres mujeres ante la lógica utilitarista en el matrimonio y la familia 

La disminución de las tasas de natalidad transforma Occidente, y el debate mundial sobre el matrimonio y la familia cobra urgencia cara a la cumbre de octubre en Roma. La economista Catherine Pakaluk considera que “rechazar la idea de que el dinero es lo primero y la familia lo segundo sería estimulante para los jóvenes”.

OSV / Omnes·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Katarzyna Szalajko, OSV News

A medida que la disminución de las tasas de natalidad transforma Occidente, el debate mundial sobre el matrimonio y la familia cobra mayor urgencia de cara a una reunión que tendrá lugar en Roma en octubre, convocada por el Papa León XIV.

Los nuevos datos ponen de manifiesto esta tendencia: los nacimientos en Estados Unidos cayeron un 1% en 2025, hasta situarse en torno a los 3,6 millones, mientras que las tasas de fecundidad en Europa se mantienen muy por debajo de los niveles de reemplazo generacional.

El Papa León XIV convocó a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo a reunirse en Roma para renovar y profundizar el debate de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia a la luz de ‘Amoris Laetitia’. 

Al igual que en gran parte del mundo occidental, cada vez menos personas se casan y tienen menos hijos, los expertos católicos señalan que es un asunto urgente que abordar, y la Iglesia, especialmente las parroquias, tienen un papel que desempeñar.

Las tasas de natalidad disminuyen drásticamente

Según el informe de abril del Centro Nacional de Estadísticas de Salud, publicado como parte de las Estimaciones Provisionales Trimestrales de Publicación Rápida del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales, el número de nacimientos en Estados Unidos en 2025 fue de aproximadamente 3,61 millones, lo que supone un descenso del 1% con respecto a 2024.

La tasa general de fecundidad fue de 53,1 nacimientos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 44 años, lo que supone un descenso del 1% respecto a 2024.

En la Unión Europea, en 2024 nacieron casi dos veces menos niños que hace seis décadas, con 3,55 millones de nacimientos en la UE en 2024. La tasa bruta de natalidad, o el número de nacimientos vivos por cada 1.000 personas, en la UE en 2024 fue de 7,9, mientras en 2000 fue de 10,5, en 1985 de 12,8, y en 1970 de 16,4. En 54 años, un 8,5 por ciento menos.

En Estados Unidos, la tasa de fecundidad total se mantiene en torno a 1,6 nacimientos por mujer, mientras que en gran parte de Europa ronda los 1,3, Los demógrafos señalan que, además de la disminución del tamaño de las familias, un porcentaje cada vez mayor de adultos no tiene hijos.

«Los hijos de Hannah. Las mujeres que desafían silenciosamente la escasez de nacimientos», es el último libro de Catherine Ruth Pakaluk, cuya historia pueden ver en pakaluk.com (@pakaluk.com)

El descenso de la fertilidad va más allá de las explicaciones financieras

Catherine Pakaluk, economista y profesora de la Universidad Católica de América y directora ejecutiva del Instituto James Cardinal Gibbons para la Ecología Humana, ha declarado a OSV News que para comprender el descenso actual de la fertilidad es necesario ir más allá de las explicaciones financieras.

“El cambio más importante podría ser estructural: hemos desmantelado silenciosamente los contextos en los que esas razones alguna vez florecieron de forma natural”, afirmó. 

“Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los niños llegaban dentro de una red de comunidad, familia extensa y expectativas compartidas”, explicó. “El deseo de tener un hijo no necesitaba una justificación individual; estaba intrínsecamente ligado a la forma en que se vivía la vida”.

Cambios tecnológicos y culturales: lógica utilitarista

Según explicó, los cambios tecnológicos y culturales alteraron ese marco. “Cuando la anticoncepción rompió el vínculo natural entre la unión sexual y los hijos, no solo amplió la libertad de elección individual, sino que reveló una lógica utilitarista que había estado latente desde siempre”, afirmó. 

“En cuanto las parejas tienen que planificar teniendo en cuenta a los hijos en lugar de planificar a pesar de ellos, un sistema poco claro de cálculo de costes se cuela en la decisión más íntima a la que puede enfrentarse una familia”.

“Rechazar la idea de que el dinero es lo primero y la familia lo segundo sería estimulante para los jóvenes que quizás nunca hayan escuchado otra cosa”, dijo.

El valor de los hijos es futuro, y en gran medida invisible

En ese sentido, añadió, “los hijos apenas aparecen en el balance, porque su valor es futuro y en gran medida invisible”. Catherine Pakaluk asegura que la indecisión sobre la paternidad es generalizada y no debe ignorarse. “Me tomo en serio esa indecisión; no se trata simplemente de egoísmo o confusión”, dijo. “Muchas personas desean sinceramente tener hijos y se encuentran con que no pueden lograrlo”.

Parálisis ante el compromiso

Señaló las presiones económicas, como el coste de la vivienda y la inestabilidad laboral, pero afirmó que no explican completamente la tendencia.

“Lo que observo en los datos —y en mis alumnos— es más bien una parálisis respecto al compromiso en sí”, afirmó. “Hemos desarrollado un ideal cultural de adultez en el que uno se autodefine constantemente, manteniendo las opciones abiertas y postergando la decisión final”. Los niños, añadió, desafían ese modelo. “Te transforman irreversiblemente. Hacen exigencias de las que no puedes escapar”.

Mary Eberstadt, ensayista, novelista y oradora habitual (Foto de OSV News/cortesía de Mary Eberstadt).

Eberstadt: llegar a edad mediana sin haber cuidado un niño

Mary Eberstadt, autora católica, entre otras obras, de ‘Primal Screams’, investigadora social, ensayista y novelista, también señaló factores culturales. “Estados Unidos solía ser mucho más pobre que hoy”, declaró a OSV News. “Así que hay algo más que influye en el alejamiento del matrimonio y la familia”. Identificó lo que describió como una pérdida de la experiencia vivida.

“Muchas mujeres jóvenes llegan a la mediana edad sin haber cuidado nunca a un niño, porque no tuvieron experiencia con hermanos ni cuidando niños en una época en la que cada vez nacían menos”, dijo. “Cuidar a un bebé no es aterrador para quien lleva años haciéndolo. Tener que hacerlo sin la ventaja de la experiencia aumenta enormemente la ansiedad ante la maternidad”.

Las políticas públicas por sí solas no revertirán la tendencia

Eberstadt también señaló el papel de la imitación social. “Una segunda causa es que el comportamiento humano, como bien describió René Girard, es mimético”, afirmó. “Un mundo en el que menos personas conocen a personas casadas, con hijos o que se comprometen a los veinte años, es un mundo en el que podemos esperar que se repitan las mismas tendencias”.

La pornografía afecta a las relaciones y las familias

Añadió que la pornografía es otro factor que afecta las relaciones y la formación de familias. “Esta fuerza es tan destructiva que parece improbable que se pueda remediar sin un despertar religioso, porque el mundo secular no solo no ofrece respuestas a la destrucción del romance que causa la pornografía, sino que ni siquiera la considera un problema”, afirmó.

Gudrun Kugler, miembro del Parlamento austriaco, es también vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSC). (Foto de OSV News/Cortesía de la Dirección del Parlamento).

Kugler: se necesita un amplio apoyo a la familia

En Europa, donde las tasas de natalidad se han mantenido por debajo del nivel de reemplazo desde la década de 1970, Gudrun Kugler, miembro del Parlamento austriaco y vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, afirma que las políticas públicas por sí solas no han logrado revertir esta tendencia.

“Un amplio apoyo familiar —mediante desgravaciones fiscales, transferencias y prestaciones en especie— es justo y necesario”, declaró a OSV News. Advirtió que, en algunos casos, las políticas incluso pueden incentivar la demora, lo que puede convertirse en un obstáculo decisivo. En Europa, la edad media del primer parto ronda los 30 años.

“Las estadísticas sugieren que si alguien no ha tenido hijos a esa edad, la probabilidad de tenerlos alguna vez cae por debajo del 50 %”. Como resultado, dijo, “no solo tenemos muy pocos niños, sino que también tenemos muy pocas personas que tengan hijos”.

El declive demográfico: una generación se cría sin hermanos

“Actualmente, tener hijos conlleva relativamente poco prestigio social”, afirmó Kugler, madre de cuatro hijos. “El deseo de estatus es un rasgo humano fundamental, profundamente arraigado en nuestra naturaleza social”.

La política austríaca, defensora del papel de la familia, señaló también las consecuencias sociales más amplias del declive demográfico, haciéndose eco de la preocupación de Eberstadt de que toda la generación se haya criado sin hermanos, lo que tiene consecuencias sociales adicionales.

“Nos estamos acostumbrando a las calles vacías, las tiendas cerradas y la ausencia de las risas de los niños, a menudo sin darnos cuenta de estos cambios”, dijo Kugler. “En definitiva, esto plantea una cuestión más profunda sobre el propósito y el significado: ¿Para qué sirve todo esto? ¿Qué sentido tienen los grandes logros si no hay con quién compartir la alegría?”

“El riesgo no es solo demográfico”

Pakaluk, madre de ocho hijos, señaló las profundas consecuencias culturales de esta tendencia. “Cuando menos personas la experimentan con intensidad, algo afecta a la moral de la sociedad. Nos volvemos menos propensos a la generosidad que requiere una comunidad comprometida. El riesgo no es solo demográfico; en última instancia, es un riesgo para nuestra capacidad de solidaridad!, afirmó.

Las tres expertas, que son católicas, señalaron de diferentes maneras la necesidad de una reflexión cultural más amplia.

El significado de la libertad: los hijos, el compromiso supremo

Pakaluk afirmó que reconsiderar el significado de la libertad puede formar parte de ese proceso.

“La narrativa cultural dominante considera la libertad como la máxima preservación de la capacidad de elección”, afirmó. “Según esta perspectiva, todo compromiso implica un costo, y los hijos representan el compromiso supremo. Sin embargo, la tradición más antigua —filosófica y teológica— entendía la libertad como la capacidad de entregarse plenamente a lo que es verdaderamente bueno. Esa es una libertad que crece a través del compromiso, no a pesar de él”, declaró Pakaluk a OSV News.

“En la práctica, esto significa recuperar contextos donde el deseo de tener hijos pueda ser reconocido y respetado, donde ‘quiero formar una familia’ no se considere una falta de ambición ni un alejamiento del mundo. Significa comunidades de apoyo, no solo políticas”, añadió.

En la cultura occidental, los hijos son vistos como una carga, no como un regalo o una bendición

Kugler hizo hincapié en la importancia del reconocimiento y el significado. “Las personas deciden tener hijos cuando tienen una razón de peso para hacerlo, y el reconocimiento es un motivador más poderoso que un aumento marginal del apoyo estatal”. Añadió: “En la cultura occidental, los hijos son vistos como una carga, no como un regalo o una bendición. En lugar de ‘simplemente amarlos’, nos preocupamos demasiado por muchas cosas secundarias”.

Eberstadt, que también es madre de cuatro hijos, destacó el papel de las comunidades religiosas a la hora de responder a las tendencias actuales.

Las parroquias pueden ayudar en la formación familiar

“La Iglesia, y especialmente las parroquias, pueden ayudar en la formación familiar a nivel comunitario”, dijo, sugiriendo apoyo práctico como el envío de comidas y la cooperación entre familias para el cuidado de los niños.

Pakaluk añadió: “Muchas personas que retrasaron o renunciaron a la paternidad no obtuvieron la libertad que esperaban; sufrieron otro tipo de pérdida”, dijo. “Esa conversación sincera, ni moralista ni sentimental, puede ser el punto de partida de la renovación”.

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– Katarzyna Szalajko escribe para OSV News desde Varsovia, Polonia.

El autorOSV / Omnes

Tengan amigos

Ojalá mis hijos lo entiendan temprano: la vida se vuelve infinitamente más pesada cuando se camina solo, y sorprendentemente más liviana cuando alguien toma tu brazo.

3 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Recientemente leí una noticia que me removió: los adultos sin ningún amigo se han multiplicado por cuatro y, en países como Alemania o Francia, cerca del 40% de los hogares ya son unipersonales.

Entonces pensé que a mis hijos quiero dejarles pocas, pero potentes enseñanzas que los marquen. Una de ellas es simple: tengan amigos. No importa tanto la cantidad —aunque tal vez sí, ojalá al menos cinco—, pero ríanse mucho con ellos.

Mis amigas me han ahorrado horas de terapia. Me han dicho verdades que algunos buscan en el tarot (sé que con esto varios se ofenderán o me explicarán que nada tiene que ver, pero es lo que pienso). Han resuelto mis dudas —no siempre rápido—, pero muchas veces mejor que cualquier algoritmo. Y, sobre todo, me han regalado algo que ninguna red social puede reemplazar: historias únicas y compartidas.

Pienso en lo que me hace feliz: una buena copa de vino, comentar el show del Súper Bowl, tomar sol en silencio, compartir datos de ropa en SHEIN, recibir un consejo cuando estoy atribulada, volver a mi infancia y recordar —entre carcajadas— esa fiesta en la que nadie me sacó a bailar. En mi caso, ni la mejor inteligencia artificial (y mira que me encanta) podría igualar la experiencia de vivir todo eso con una buena amiga. Porque ningún prompt podrá superar una conversación cara a cara con una de ellas.

No siempre están conectadas ni disponibles. Y está bien. Los afectos reales son así: incondicionales, pero con límites; acogedores, pero no complacientes. A diferencia de cualquier asistente digital, una amiga puede decirte con honestidad: “No sé la respuesta, pero estoy aquí para que la encontremos juntas”.

No podría estar más de acuerdo con Helen Keller cuando dijo: “Prefiero caminar con un amigo en la oscuridad que sola en la luz.”

Ojalá mis hijos lo entiendan temprano: la vida se vuelve infinitamente más pesada cuando se camina solo, y sorprendentemente más liviana cuando alguien toma tu brazo. Por eso, más que éxito o certezas, lo único que realmente espero para ellos es que nunca les falte una mesa compartida, una risa a destiempo y un amigo al que llamar hogar.

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Familia

El testimonio de Coi y Juan Pablo, padres de una santa de 12 días

Juan Pablo y María Jesús pueden decir con orgullo, y con seguridad, que son padres de una santa. Su hija Carolina se fue al Cielo con tan solo 12 días, suficientes para que su vida estuviera llena de amor y felicidad.

Paloma López Campos·3 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

María Jesús (conocida como Coi) y Juan Pablo viven en Galicia. Están en la treintena y sonríen felices mientras sostienen a su hija mayor, Alejandra. Es precisamente a ella a quien preguntan por la menor de la familia: “¿Dónde está tu hermana Carolina?”. “En el Cielo”, responde la niña con seguridad.

Y razón no le falta. El 23 de septiembre, 12 días después de su nacimiento, Carolina falleció por complicaciones derivadas del síndrome de Edwards. Sus padres la acompañaron en todo momento y ellos estaban sostenidos por su familia y por los equipos de la Clínica de la Universidad de Navarra en Madrid y la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Infantil Niño Jesús.

¿Cómo os enterasteis del diagnóstico de Carolina?

[María Jesús]: En la ecografía de la semana 12 vieron cosas que no estaban bien. En el cribado había salido ya un riesgo medio o bajo, pero la ecografía mostró rasgos indicadores de una trisomía: el pliegue nucal, líquido por el cuerpo, ausencia del hueso nasal… Son rasgos que no necesariamente se quedan, pero al verlos te indican que hay algo ahí.

En ese momento nos dijeron que algo no andaba bien y nos insistieron mucho en hacer la amniocentesis (Nota del redactor: se trata de una prueba invasiva a través de la cual toman una muestra del líquido amniótico con una aguja para detectar anomalías en el bebé. Existe riesgo de dañar al bebé, de sangrado, infección y ruptura temprana de membranas).

A mí esta prueba no me sonaba bien y cuando les pregunté si con la prueba se podría cambiar algo, me dijeron que no. Tan solo querían hacerla para saber con más certeza el diagnóstico. Insistí en que no quería hacer la amniocentesis y al día siguiente me hablaron de un análisis de sangre que con un 99 % de fiabilidad examina el diagnóstico.

Accedí a esa prueba y una semana después nos mandaron los resultados por correo electrónico. La verdad es que no nos esperábamos para nada lo que vimos. Mientras esperábamos, hicimos vida normal, confiábamos en Dios, rezamos y tomamos la decisión de no investigar nada.

En nuestro corazón sospechábamos que era síndrome de Down, pero nos tomamos muy bien el diagnóstico. Mi hermana había venido a acompañarnos y los resultados llegaron justo cuando Juan Pablo volvía a casa después del trabajo. Abrimos el correo entre risas y lloros y desde ese momento consideramos a Carolina como un regalo de Dios, más querida aún.

[Juan Pablo]: Más querida, esa es la clave. El diagnóstico no cambió el amor que como padres sentimos por Carolina.

¿Os explicaron bien desde el principio lo que implica el síndrome de Edwards?

–  [María Jesús]: Al recibir los resultados llamé a mi mejor amiga, que es ginecóloga. Cuando se los mandé se puso a llorar y nosotros intuíamos que el diagnóstico era malo, pues de las tres trisomías el síndrome de Edwards es la que tiene peor pronóstico.

Mi amiga me explicó las cosas, pero luego la ginecóloga del hospital me contó la situación de una forma muy dura. Resaltó que la mayoría de bebés con este síndrome mueren en la tripa, y si llegan a nacer fallecen casi todos a lo largo del primer mes.

Nos dolían las palabras de los médicos, pero teníamos una paz que no era humana, sino que venía totalmente de Dios.

¿Cómo fue el acompañamiento por parte del equipo médico?

[Juan Pablo]: Al acudir a la consulta después del diagnóstico lo primero que nos preguntaron fue si queríamos continuar con el embarazo. Nos sorprendió porque no es que nosotros no queramos nada, es que es el proceso de la vida.

–  [María Jesús]: Es una pena porque nos comentaron las cifras de los abortos en niños diagnosticados con este síndrome y son la mayoría. La impresión que nos dio es que no querían a Carolina, que estaban esperando a que se muriese. Cualquier duda que planteábamos obtenía como respuesta que era un signo de que se iba a morir.

[Juan Pablo]: Nos sorprendió porque los médicos están para sanar, no para atajar un problema.

–  [María Jesús]: Había una falta de querer cuidar. Pero enseguida entramos en contacto con una mujer que el año anterior había tenido a una niña con síndrome de Edwards, y ella nos habló del programa de la Clínica Universidad de Navarra “CUN te acompaña”. Es un programa increíble que lleva un equipo gigantesco que te acompaña. Desde la semana 20 de embarazo estuvimos con ellos.

Cada ecografía con ellos duraba una hora aproximadamente, se notaba que querían a nuestra hija y que investigaban todo lo que hiciera falta para ayudarnos. A partir del mes de agosto nos trasladamos a Madrid para hacer el seguimiento de la última etapa del embarazo.

[Juan Pablo]: Allí notamos el cariño y la calidad humana.

¿Hay algún santo al que acudisteis pidiendo su intercesión?

–  [María Jesús]: Al principio no. Se lo pedimos a mi padre, que falleció; a san José… Pero el santo que sabemos que ha intercedido por Carolina, sin duda alguna, es el Padre Pío. Ella se fue al Cielo el mismo día que Pío de Pietrelcina, y a una hora muy parecida.

Estaba previsto además que Carolina naciera el día de su fiesta, el 23 de septiembre. Y al final lo que sucedió es que nació al Cielo el mismo día que él.

¿Teníais la confianza de que ocurriera el milagro?

[Juan Pablo]: Esa confianza nunca la pierdes.

–  [María Jesús]: Tuvimos esperanza en todo momento, de hecho, nunca creíamos que iba a morir. Precisamente por eso creo que la vida de Carolina fue tan alegre y bonita.

El día que Carolina murió, a pesar de que estaba muy malita, yo le dije genuinamente a Juan Pablo que pensaba que se estaba curando. Y no lo dije como una tonta, sino porque confiaba en que iba a estar bien.

[Juan Pablo]: De hecho, cuando Carolina nació, e incluso durante las ecografías en la CUN, como nos decían que había cosas que estaban bien, nosotros pensábamos que era porque la situación estaba mejorando. Luego ya nos explicaron que, dentro de lo que estaba mal, había cosas que iban bien.

Por otro lado, como pensábamos que podía fallecer rápido, teníamos todo preparado y hablado con la CUN para bautizar a Carolina nada más nacer. Pero cuando nació, nos dijeron que no había prisa por bautizarla porque estaba bien. Y, efectivamente, la mirábamos y todo nos hacía pensar que estaba perfecta.

¿Cómo fue entonces el momento del bautizo?

–  [María Jesús]: Vino toda la familia, entre ellos mi primo Jaime que es sacerdote. Nos sacaron del quirófano al paritorio y allí tuvo lugar el bautizo. Fue un regalo porque no faltó nada: estaban los óleos, las vestiduras blancas, las lecturas… Fue precioso.

Otra gran protagonista de la historia es vuestra hija Alejandra. ¿Cómo le explicasteis lo que estaba pasando?

–  [María Jesús]: Es muy pequeña y, cuando nació Carolina, Alejandra tenía un año y dos meses. Sin embargo, era muy consciente, no entendía que Carolina estaba malita, pero sí que es su hermana. Estuvo en el bautizo, gritando emocionada.

Después le explicamos que su hermanita se ha ido al Cielo, con mucha naturalidad. Y ahora solo habla de ella. Es verdad que en la casa tenemos muchas fotos de Carolina, porque quisimos asegurarnos de que teníamos ese recuerdo de ella.

No nos planteamos explicárselo de una forma específica, sino que lo hicimos con mucha naturalidad. Además, tenemos la certeza de que está en el Cielo, así que lo decimos con mucha seguridad.

De hecho, cuando Carolina se fue al Cielo mi primo Jaime todo el tiempo nos decía que somos padres de una santa, y es la verdad, es un orgullo.

¿Cómo fue el momento del parto?

Carolina al nacer.

–  [María Jesús]: Fue imprevisto. Fuimos a una ecografía en la semana 36 y nos dijeron que, por diversas razones, era mejor que naciera ya. Así que hicieron una cesárea de emergencia. Ocurrió rápido y no llevábamos con nosotros nada de lo que habíamos preparado, pero fue una suerte porque así no tuvimos que elegir nosotros la fecha de su nacimiento, que era una de las posibilidades y se nos hacía muy difícil, al no saber qué iba a ocurrir después.

La realidad es que el nacimiento fue impresionante, porque en la CUN nos trataron con mucho cariño y gran profesionalidad.

¿Cuál es entonces la relación con el Hospital Infantil Niño Jesús?

–  [María Jesús]: Nos puso en contacto con ellos la CUN, precisamente. Vinieron a conocernos y luego nos llevaron a nuestra casa todo lo que necesitábamos para cuidar de Carolina allí.

[Juan Pablo]: Es una atención de 24 horas, entonces te sientes cuidado tú también.

–  [María Jesús]: Efectivamente, venían el médico, la psicóloga, una enfermera, un trabajador social. Y por supuesto cuidaron genial de Carolina.

Juan Pablo afirmó que “si incompatible con la vida significa que se va a morir, todo ser humano lo es, porque todos nos vamos a morir”. ¿Podéis profundizar en esto?

–  [María Jesús]: Era una situación difícil, porque incluso gente cristiana y personas muy buenas nos decían que era una pena que Carolina tuviera una condición no compatible con la vida. Es casi como si nos dijeran que los 12 días que estuvo aquí no fueron vida. Pero la vida, aunque dure menos de un minuto, es vida.

[Juan Pablo]: La vida de Carolina fueron 12 días llenos de un amor increíble. Tal vez hubo pena, pero eran pensamientos intrusivos que llegaban en un momento y los apartabas de inmediato. Disfrutamos mucho del momento de tenerla, es nuestra hija y la vamos a querer siempre.

Hay gente que prefiere ahorrarse el dolor por el que habéis pasado vosotros, ¿cómo explicáis vuestra decisión?

[Juan Pablo]: Es que no hay mejor alternativa que seguir adelante. No es lo mismo morir en brazos de tu madre, que a manos de tu madre.

–  [María Jesús]: Merece la pena. Nosotros no tenemos ningún mérito, todo ha sido cosa de Dios y de Carolina. Y nos ha enseñado que cada minuto es un regalo, nos ha dado una felicidad que no sé si yo volveré a encontrar en esta vida.

Todo esto no quiere decir que no haya dolor, porque estamos sufriendo mucho, la echamos de menos de una forma indescriptible. Es un dolor muy grande que viene acompañado de mucha paz. Sufrimiento y felicidad no son incompatibles.

Por último, yo personalmente recomiendo a cualquier madre o familia que esté pasando por una situación así que hagan muchas fotos de sus hijos. Parece una tontería, pero eso luego te calma el corazón.

María Jesús y Juan Pablo con sus hijas.
Cultura

Meteora: los monasterios suspendidos entre el cielo y la tierra

En 1988, la UNESCO inscribió los monasterios de Meteora en la Lista del Patrimonio Mundial. La motivación oficial habla de una “extraordinaria armonía entre la obra humana y el paisaje natural”. Efectivamente, aquí uno se siente realmente en armonía con todo: la tenacidad del ser humano, su fe y la obstinación por construir donde no sería posible.

Gerardo Ferrara·3 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

He escrito este artículo, tras haber dedicado otro al Monte Athos, impulsado por una repentina nostalgia de Grecia y, en general, del Mediterráneo oriental, precisamente ahora que resulta más difícil viajar debido a las dramáticas circunstancias internacionales. Creo que es necesario hablar de lo que yo denomino los vértices de un triángulo espiritual ideal greco-ortodoxo: un extremo en el Monte Athos, otro en Constantinopla, al que dedicaré el próximo artículo, y otro, precisamente, en Meteora.

Empezaré por un detalle divertido, y ya irrepetible: un billete de avión de Roma a Salónica, hace unos años, por cincuenta euros ida y vuelta. Una oportunidad que no podía dejar pasar. Reservé, partí y, en el aeropuerto de Salónica, alquilé un pequeño coche azul oscuro con el que, en una cálida y soleada tarde de junio, recorrí la autopista hacia Kalambaka.

En un momento dado, a la derecha, aparece el macizo del Monte Olimpo, cubierto por un dosel de nubes grises y amenazantes, mientras que el resto del cielo es de un azul cristalino. Quién sabe, quizá los antiguos dioses estaban celosos de que no me detuviera ante ellos, y siguiera en cambio hasta un lugar donde la naturaleza es igualmente bella y divina, pero de una divinidad diferente, discreta: una divinidad en la que unos monjes, nuevos héroes ya no mitológicos sino reales, han realizado verdaderamente doce trabajos para arrancar de la roca, o construir sobre ella, joyas arquitectónicas para adorar a un Dios que no ama tanto las intrigas, los orgías, la corrupción y los caprichos tan del agrado de los dioses del mundo antiguo, los cuales no eran más que una proyección de vicios y virtudes típicamente humanos.

En el corazón de Grecia

Las Meteoras se encuentran en Tesalia, la tierra natal de Aquiles, en el centro de Grecia, cerca de Kalambaka.

Una vez allí, me instalo en el hotel, dejo la maleta y decido salir enseguida para ver la puesta de sol entre los pináculos sobre los que se alzan los seis monasterios, visibles ya desde la ventana: las rocas dominan el pueblo desde todos los rincones. Hay una luz maravillosa, etérea, con el sol tiñendo de ocre los pináculos de arenisca. Los monasterios se alzan aún más arriba, a contraluz, como si fueran “meteoras”, que en griego significa “suspendidos en el aire”.

Tras la puesta de sol entre las rocas, bajo al pueblo y entro en un pequeño restaurante al azar, con manteles de papel y el menú escrito a mano. Puede que haya venido a visitar monasterios, ¡pero nadie me va a quitar el placer de comer una “moussaka” (que resultará ser la mejor que he probado nunca)! 

La historia de las Meteoras

La historia de Meteora está estrechamente ligada a la del Monte Athos. De hecho, en 1344, unos monjes, guiados por Atanasio Koinovitis, llegaron a Tesalia y se instalaron en una plataforma rocosa a 613 metros de altitud, la “Roca Grande” (“Platys Lithos”), para fundar el primer monasterio propiamente dicho de la zona: la Gran Meteora (Megalometeoro), o Monasterio de la Transfiguración.

¿Por qué elegir este lugar? Porque estas rocas garantizan aislamiento e inexpugnabilidad frente a las invasiones que se sucedieron en Tesalia, desde los godos hasta los otomanos.

En el siglo XVI, Meteora estaba en su apogeo: veinticuatro monasterios encaramados en otras tantas cimas. Hoy solo quedan seis.

El complejo paisaje de los monasterios de Meteora

¿Cómo se construye un “meteoro”?

Después de desayunar en el hotel, y jadeando bajo el calor de esa mañana de junio mientras subo los escalones tallados en la roca, llego al primer monasterio, Megalometeoro, y me pregunto qué me habrá llevado a mí a subir hasta aquí y a los monjes a construir algo en estas rocas, ¡y además utilizando solo cuerdas, redes y escaleras de madera!

Escalinata que sube a uno de los monasterios de Meteora

Y pensar que las escaleras talladas en la roca (140 peldaños para el Megalometeoro, 150 para el Monasterio de la Santísima Trinidad) no se añadieron hasta el siglo XX. Antes de eso, para acceder a los monasterios había que confiar en alguien que tirara de las cuerdas, en la resistencia de los nudos y en la solidez de la cesta en la que te envolvían mientras te balanceabas en el vacío.

Hoy en día ya no es así, pero el laberinto de escalones entre la arena blanca no facilita precisamente la subida. Por otra parte, forma parte del recorrido: de vez en cuando, una grieta en la roca deja entrever el encantador paisaje y las montañas, y casi parece que no hay una imponente construcción justo encima de la cabeza.

Los seis monasterios en activo

Los seis monasterios que quedan siguen albergando comunidades activas, con monjes y monjas que siguen la regla ortodoxa de oración, trabajo y silencio.

El más antiguo y el más grande es precisamente el Gran Meteoro (Megalometeoro), el monasterio matriz de todo el complejo. Su iglesia principal, el “katholikòn”, alberga unos frescos extraordinarios, con escenas de las persecuciones de los cristianos y mártires que dirigen hacia el visitante sus ojos dorados y severos.

Monasterio del Gran Meteoro

Luego está Varlaam, en lo alto de una aguja rocosa a 373 metros de altura, fundado hacia 1350 por el ermitaño Varlaam y reconstruido en el siglo XVI. Aquí se puede admirar la red original con la que se izaba a los monjes hasta la roca. Al observarla, uno se pregunta no solo cómo es que las cuerdas no se rompían, sino sobre todo cómo aguantaba la emoción el corazón de los desafortunados a los que subían por ella. Aquí me cuentan que, cuando alguien preguntaba cada cuánto se cambiaban las cuerdas, la respuesta era siempre la misma: “cuando se rompen”. En definitiva, ¡era realmente una cuestión de fe!

El monasterio de la Santísima Trinidad (“Agia Triada”), fundado en 1458, es al que más cuesta llegar: hay que bajar por la roca, a través de un estrecho pasadizo, y desde allí subir 150 escalones. Hace calor y parece que nunca se llega. Me cruzo con algunos turistas que, al bajar, alaban las maravillas de las vistas desde arriba. Y, de hecho, tienen razón: desde arriba, la llanura se abre en todas direcciones y el silencio invita a recogerse y a contemplar literalmente el mundo desde las alturas, con todos sus colores, los matices de verde, el cielo, las rocas, pero sin ruidos: solo la suave brisa que sopla aquí arriba, el canto de los pájaros y el salmodiar de los monjes.

Patio del monasterio de la Santísima Trinidad

San Nicolás Anapafsas es, por su parte, el monasterio más cercano al pueblo de Kastraki. En él se conservan en perfecto estado los frescos de Theophanes Strelizas, pintor cretense del siglo XVI. Las figuras pintadas en ellos parecen casi dar la bienvenida a los peregrinos y viajeros cansados por el viaje.

Entre las Meteoras también hay dos monasterios de monjas.

Monasterio de Rousanou

El primero, Rousanou, fundado en los siglos XIV-XV, tiene un nombre que parece un suspiro. Quizá porque suspiré de alivio al ver que se llegaba bajando. Claro que, si se baja, luego hay que volver a subir, pero merece la pena. De hecho, se llega a un jardín fresco y resguardado, con una fuente en el centro y un ciprés que da sombra, protegido por la roca y repleto de flores rojas por todas partes. Y se nota enseguida que hay una mano femenina que embellece el conjunto. Las monjas, vestidas con sus hábitos negros, pasan casi flotando, en silencio.

El segundo, Santo Stefano, es aún más fácil de alcanzar: un puente de piedra lo une a la carretera donde he aparcado. Leo en la guía que aquí se detuvo en 1333 el emperador bizantino Andrónico III Paleólogo y dejó valiosos obsequios: iconos y ornamentos litúrgicos de un valor incalculable. También en Santo Stefano tengo la misma impresión que tuve en el Athos: cada monasterio tiene un carácter, un alma que lo hace único, diferente de los demás. Puede ser por la facilidad con la que se llega a él, el número de monjes o monjas que lo habitan, el paisaje, las dimensiones. En Santo Stefano, la escalinata blanca, abierta, con una barandilla de hierro forjado y cipreses a los lados, las banderas griega y eclesiástica que ondean al viento de junio le dan un aire menos austero que a los demás. Pero quizá sea porque aquí concluyo mis seis esfuerzos por llegar a cada uno de ellos.

Un mundo cercano y lejano

En 1988, la UNESCO inscribió los monasterios de Meteora en la Lista del Patrimonio Mundial, con el doble y poco común reconocimiento de bien tanto natural como cultural. La motivación oficial habla de una “extraordinaria armonía entre la obra humana y el paisaje natural”. Y, efectivamente, aquí uno se siente realmente en armonía con todo: la tenacidad del ser humano, su fe y la obstinación por construir donde no sería posible se unen a la tenacidad, mucho más paciente (60 millones de años), de la naturaleza, que ha esculpido y modelado estas rocas con la fuerza del viento y los terremotos.

Y hablando de armonía entre naturaleza y cultura, también la segunda noche vuelvo al pequeño restaurante de la “moussaka”, para reponer fuerzas después de haber alimentado el espíritu. Una agradable brisa me acaricia el rostro, las rocas se tiñen de morado oscuro al atardecer y las luces artificiales comienzan a iluminar los monasterios allá arriba, suspendidos en la oscuridad que se extiende. “¡Y veo que es algo bueno!”: un poco de pan fresco sobre la mesa, la moussaka, las agujas iluminadas sobre mi cabeza y me siento en el paraíso y, como se dice en Italia, “¡con todo lo bueno de Dios!”.

Monasterios de Varlaam y del Gran Meteoro
Recursos

La «Investigación sobre el entendimiento humano», de David Hume

Continuamos la serie de artículos sobre la obra principal de los principales filósofos modernos y contemporáneos, tras la exposiciones de Descartes y Locke.

Redacción Omnes·2 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Una versión más extensa de este artículo puede verse aquí.


Nacido en Edimburgo, en 1711, educación en Escocia, completada en Francia (Reims y La Flèche) entre 1735 y 1737, año en que acaba su Tratado de la naturaleza humana. Muy criticado, sigue en 1748 como versión madura su Investigación sobre el Entendimiento Humano, y en 1749 sus Discursos políticos y sus Investigaciones sobre los principios de la moral. Historiador en Edimburgo, ilustrado en París desde1763, hombre de estado en Londres desde 1766, retirado desde 1769, muere en Edimburgo en 1776.

Investigación sobre el Entendimiento Humano

a) Exposición: El gran naufragio

Hundido el ser

Locke había hecho partir de las ideas -literalmente “lo visto” o “lo percibido”- su filosofía, pero Hume, negando las sustancias como George Berkeley, será más radical y partirá de las impresiones mismas.  Distingue éstas de las ideas, pues no es lo mismo la impresión del fuego –la que quema en la mano- que la idea o recuerdo que de él tenemos. La impresión es real, y la idea es el recuerdo que deja, con la confianza de que volverá a darse la impresión. Si te estoy viendo, tengo una impresión real, pero si cierro los ojos ya no la tengo, y solo me queda la idea que formé de ella. La creencia de tu existencia independiente de mí, es solo la confianza, basada solo en la costumbre, de que al volver a abrir los ojos volverá a aparecer la impresión. Solo son reales pues las impresiones, y nada queda ya de la sustancia, del ser que subyace a ellas.

Hundida la causalidad

Otras ideas hay que generamos a partir de estos recuerdos de las impresiones, por “asociación de ideas”, ya sea por semejanza -una idea nos recuerda a otra parecida-  o por contigüidad, como la idea de un apartamento nos sugiere la idea del “apartamento contiguo”, o por causalidad, especie de contigüidad temporal.  La causalidad es también una creencia sin más base que la costumbre: el acostumbramiento a que, a lo llamado causa, siga lo llamado efecto: Estamos acostumbrados a que, después de ingerir el alimento, resurjan nuestras fuerzas. Decimos entonces que lo uno es causa de lo otro, significando con ello que hay un nexo necesario entre ambos, aunque nadie lo ha visto jamás ni jamás demostrado tal necesidad, y no tiene, pues, justificación racional:

“¿Quién afirmará que puede dar la razón última de que la leche o el pan sean alimentos adecuados para el hombre, y no para un león o un tigre? … Nuestros sentidos nos informan del color, del peso y la consistencia del pan; pero ni los sentidos ni la razón nos pueden nunca informar de aquellas cualidades que lo hacen adecuado para la nutrición y el sustento de un cuerpo humano”

De hecho, añade, la causalidad -nexo necesario del que no tenemos impresión ni justificación alguna- es la principal fuente de ideas quiméricas, y pone el ejemplo de nuestra idea de un autor -aunque no lo hayamos visto nunca- siempre que vemos una carta escrita, acostumbrados a que primero alguien escriba y luego esté la carta escrita.

Esto muestra lo quimérico de la idea de Dios como autor mío y del mundo, pero también lo quimérico de la idea del yo como causa de mis acciones, e incluso lo quimérico de la idea del mundo como algo con existencia independiente de mí, y causa de las impresiones que se dan de mí. De nuevo, del indudable efecto, la quimérica causa. Dios, mundo, yo -los grandes temas de la filosofía-, hundidos.

Hundida la moral

Esto deja sin justificación racional a la moral, lo que ilustra  así: veo que una piedra golpea a otra y pienso que el movimiento de la una es causa del movimiento de la otra sin libertad; pero yo decido asesinar a mi rival y le clavo un cuchillo, siendo yo la causa del efecto que es la cuchillada, pero esta vez causa libre. No he tenido impresión ni de una causalidad ni de la otra, pero he inventado la causalidad libre para lo mismo de siempre: “encontrar un culpable”. Se entiende pues que su discurso moral (cierto utilitarismo basado en el sentimiento) haya servido de inspiración a los pragmatistas.

Sin embargo, no por esto se alinea Hume con el radical escepticismo pirrónico, puesto que el escéptico gana en la academia -por su coherencia- pero pierde cuando sale a la vida, al evitar una hoguera o un precipicio para que no le “cause” quemaduras o la muerte. Opta por un “escepticismo moderado” que reconoce la “existencia” del fuego y del precipicio, y su indeseable “causalidad”, pero no como verdadero conocimiento sino como creencia fiduciaria sin más base que el acostumbramiento. 

Hundida la ciencia

Así, en particular, es partidario de que se siga haciendo ciencia experimental, pero sin engañarnos acerca de su validez como conocimiento. Por una parte, están las ciencias en que se demuestran relaciones necesarias entre ideas -la aritmética y la geometría-, conocimiento al que otorga validez; y por otra, están las ciencias en que se registran fenómenos y se explican por otros fenómenos como sus causas -causalidad sin fundamento racional-  y desde experiencias particulares se llega a leyes universales, la llamada “inducción” Ésta no tiene justificación racional, pues sólo consiste en la confianza en que las cosas sucederán en el futuro como hasta ahora. 

Hundida la filosofía

Y en cuanto a los pretendidos saberes sobre ideas -“lo visto”- que nadie ha visto, tales como las sustancias o la causalidad, o la idea de alma, o de Dios, “cuando tengamos la sospecha de que un término filosófico se emplea sin ningún significado o idea (como sucede incluso demasiado frecuentemente) no necesitamos sino inquirir: ¿de qué impresión se deriva esta supuesta idea? Y si es imposible asignarle alguna, esto servirá para confirmar nuestra sospecha” Lo que Hume piensa de un saber acerca de este tipo de ideas, en particular de la metafísica, queda bien recogido en las palabras finales de su obra:  

“Cuando recorremos las bibliotecas, persuadidos de estos principios, ¡qué estragos no haremos! Si tomamos en nuestras manos un volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de experiencia? No. Arrójese entonces a las llamas, pues nada puede contener sino sofistería y engaño”  

b) Crítica: ¿Quién se atreve?

Nadie. A todos convenció David Hume. Immanuel Kant crea su filosofía transcendental para salvar de este naufragio las ideas de sustancia y de causalidad – y demás que hacen posible el conocimiento- pero como meros aprioris que solo se dan en nuestra facultad de conocer. 

La incoherencia que supone añadir a estos aprioris una realidad exterior como  “causando” el conocimiento sensible con que se inicia el conocimiento (cuando de la causalidad se ha dicho que es un mero apriori), la resolvió Schopenhauer al entender el mundo -la realidad exterior-  como mera representación, siendo la voluntad lo que en ella se representa. Pondrá, pues, la voluntad en el lugar del ser, y un Nietzsche le seguirá a quien bastará la voluntad y todo lo demás sobrará: la voluntad de poder, algo que ya suena a siglo XX.

Pero más radical es el modo en que Hegel aborda la incoherencia de Kant: Eliminará, con Fichte, la realidad exterior de un manotazo, y se quedará con sólo la idea. Y del “todo idea” al “todo materia” del materialismo dialéctico de Karl Marx solo hay un cambio de nomenclatura, como él mismo dice en su Miseria de la Filosofía. Marx, Nietzsche, las filosofías que serán historia política en el siglo XX ¡y qué historia! El resto ya lo conocemos.

La otra gran obra de Hume es la invalidación de la inducción como carente de justificación racional. Llegó afortunadamente cuando la ciencia ya estaba en marcha, pues hubiera sido paralizante en el nacimiento de la mecánica en el siglo anterior, siglo en que Francis Bacon había propuesto su animante proyecto inductivo. Pierre Duhem se ve entre los científicos filósofos del siglo XIX al XX -cita a Ernst Mach y a Henri Poincaré- que no son capaces de aportar justificación racional a la base inductiva de la ciencia, pero se maravillan de que a pesar de ello la ciencia funcione. De Karl Popper no esperemos más: rechazará el principio de inducción por no ser falsable, en lo que rechaza un principio filosófico – pues es filosofía de la ciencia-  con un criterio diseñado para caracterizar qué proposiciones sean científicas.

Thomas Kuhn se limitará a llamar a la inducción “tema espinoso”, y así esquivarla. Más reciente, Evandro Agazzi  le dedica  en su obra principal Temas y problemas de filosofía de la física tan solo dos líneas, justo para recomendar a un filósofo de la ciencia, Carl Hempel, que es anti-induccionista. Y, más cercano, Mariano Artigas sí que otorga valor a la inducción, pero nunca en su obra aporta una justificación racional de la misma. ¿Qué responderemos, pues, nosotros?

Sinrazón de su ataque a la causa

Mucho ha deconstruido Hume. A su principal destrucción, la causalidad, responderemos que ni uno de los argumentos aportados en su contra -todos ellos variantes del citado- se sostienen hoy día, tras el impresionante avance de la ciencia gracias a que los científicos han seguido preguntándose “por qué” ante cada nuevo fenómeno, a pesar de esta paralizante filosofía.

¿Es cierto que nunca se encontrará una relación necesaria entre el comer pan y el resurgir nuestras fuerzas? Conocemos ahora, una a una, las reacciones químicas de la metabolización del almidón del pan hasta producir anhídrido carbónico y agua, con liberación de energía, y las reacciones químicas que convierten a ésta en energía motriz para los músculos. Entendemos perfectamente estas reacciones químicas como consecuencia de la física de los átomos implicados, y, a su vez, reducimos esta física a pura matemática, el único conocimiento que Hume salva como perfectamente válido. Su ataque a la causalidad lo había lanzado cuando aún era creíble, pero, ahora que ya no lo es, su filosofía ya ha dejado sus consecuencias.

Lo cierto es que la causalidad está ya sentenciada a muerte desde el momento en que se han eliminado las substancias, algo que sub-esté a esas impresiones de color,  olor y sabor del pan, y de lo cual sean éstos meras cualidades. Porque ¿pueden las mismas impresiones de color, olor, sabor, alimentar y dar fuerzas? Pero si hay “algo” que tiene ese color, olor y sabor como cualidades suyas que percibimos, quizá tenga otras que aún no vemos pero quizá veamos mañana con el avance de la ciencia. Tal ha sido el número atómico de los elementos que lo integran, el cual da razón de las propiedades químicas por las que el pan alimenta y da fuerzas. 

¿Y por qué se desembarazó de las sustancias para quedarse con las meras impresiones? Se limitó a seguir la recomendación de Locke -muy importante en su formación, al igual que George Berkeley- quien veía las sustancias como superfluas en filosofía, ya que no tenemos de ellas ideas claras y distintas, como las formadas de nuestras impresiones (argumenté en artículo anterior que es ésta exigencia propia de las ideas de la ciencias, ya que las construimos con nuestras definiciones; exigencia propia del método científico, que es depauperante para el pensamiento filosófico. Error, pues, de método, precisamente desde René Descartes).

En realidad, ni siquiera habría que haber respondido a Hume, pues aunque dice que solo hay impresiones, en cada línea habla varias veces de seres que subyacen a ellas, lo que en filosofía llamamos substancias. Como dice Aristóteles, el escéptico que niega la posibilidad de conocer -el moderno incluso niega el ser- no nos molesta, pues, si habla, él mismo se autorefuta; y, si no habla, tampoco nos molesta, pues es como una planta. 

Racionalidad de la inducción

En cuanto a la inducción, sí que podemos argumentar que es racional, es decir, que al inducir hacemos lo que hace siempre la razón. ¿Y qué es lo que hace? Busca siempre unidad entre hechos aparentemente inconexos, sin relación entre sí, hasta el punto de que Kant pondrá este presupuesto de unidad en el mundo como una de las ideas puras de la razón, condición de posibilidad y estímulo de nuestro razonar. La razón busca siempre la explicación más sencilla, aquella que por sí misma explica y da racionalidad a muchos hechos que parecían inconexos e inexplicables, como en los casos de Hercule Poirot. 

Pues bien, al inducir una ley universal, como la dilatación de los metales con el calor, es esto lo que hacemos: encontramos una unidad, o regularidad, o identidad entre muchos hechos experimentales que sin tal ley quedarían inconexos. Su enunciado es una afirmación y una predicción: afirmamos que así ha sucedido igual en todas las experiencias pasadas, lo cual puede ser verdadero (y de ello podemos tener certeza) o falso; y predecimos que así sucederá en adelante, predicción que puede cumplirse (de lo que no tenemos absoluta certeza) o no cumplirse , pero la hacemos con una base racional: la explicación más sencilla de que así haya ocurrido siempre, y siempre con el mismo coeficiente de dilatación, es que no se ha dado tal coincidencia por un cúmulo de casualidad -explicación la más enrevesada, increíble e irracional- sino porque necesariamente tenía que ocurrir así (aunque hayamos tardado dos siglos en encontrar la razón  de tal necesidad), y por tanto así mismo sucederá en las experiencias futuras.

Y en cuanto a la boutade final, apliquemos al escéptico, según la recomendación de Aristóteles, su propia receta. Tomemos en la mano la famosa Investigación sobre el entendimiento humano de David Hume, y preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No, no se ve en sus páginas ningún número ni fórmula. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de experiencia? No, no hay en sus páginas registro alguno de coeficientes de dilatación, ni anotación de experimento alguno. ¡Arrójese, pues, entonces a las llamas, ya que nada puede contener sino sofistería y engaño! 

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