¡Cumplimos 100 años!

Para una persona, cumplir 100 años es ¡un gran acontecimiento! Para una institución como la Iglesia, cien años es una peccata minuta. ¿Qué son 100 años dentro de una historia de 2026 años? Pero, a pesar de todo, es un regalo enorme, porque estamos hablando de la institución del Domingo Mundial de las Misiones.

2 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Este mes de octubre se cumple el centenario de la Jornada Misionera Mundial. En 1926, Pío XI instituyó el penúltimo domingo del mes de octubre como el domingo en el que todos los bautizados rezáramos por la tarea misionera de la Iglesia y se creara un fondo común para ayudar a los territorios en donde comenzaba su andadura. Desde entonces, ininterrumpidamente, los cristianos nos hacemos misioneros con quienes han sido enviados a evangelizar por el mundo, acompañándoles con nuestra oración, con la ofrenda de nuestros sacrificios y nuestra colaboración económica… Por eso, en las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo estamos de cumpleaños: ¡Queremos hacer llegar a todos los creyentes la alegría de saberse misioneros, colaborando con la tarea evangelizadora que se está realizando en todo el mundo! 

Hay datos realmente sorprendentes, que difícilmente podríamos imaginar. Por ejemplo, en estos cien años de historia del DOMUND, la Iglesia ha crecido tanto en los lugares donde trabajan nuestros misioneros que es como si, durante cada uno de estos cien años, se hubieran bautizado 9.000 personas cada día, se hubiera construido una nueva parroquia cada día, se hubieran ordenado dos sacerdotes diarios o se hubieran consagrado cinco religiosas. Así ha crecido la Iglesia en esos lugares. Los católicos han pasado de representar el 1,68 % de la población al 8,60 %. 

El Papa Pío XI instituyó esta Jornada Mundial con una gran visión de futuro: quiso que todos los bautizados nos concienciáramos de que la misión no es una tarea encomendada a unos pocos, aquellos que han recibido de Dios la vocación a la misión ad gentes, sino de todos los bautizados, pequeños y grandes, sanos y enfermos, laicos y religiosas. Cada uno, según su vocación, debe sentir la alegría de participar en la tarea evangelizadora que la Iglesia está realizando en todo el mundo. Unos, como Teresa de Lisieux, colaborarán con su oración y sacrificio; otros, como Francisco Javier, con su disponibilidad para ser enviados por la Iglesia a un lugar lejano; otros, como Guido María Conforti, promoviendo la vocación misionera de los jóvenes; otros, como Paolo Manna, animando a los sacerdotes a alentar en sus parroquias la misión; y otros, como Paulina Jaricot, dando a conocer la vida misionera entre los cristianos y motivándolos a asumir esa responsabilidad y a sostener económicamente la labor de evangelización. 

Pío XI quería una renovación misionera en el seno de la Iglesia. Podríamos decir, con palabras del recordado Papa Francisco, que soñaba con una Iglesia “en salida”: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (Evangelii gaudium, 27).

En España, además, celebramos otro centenario. En 1926, el Papa nombró al primer Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias. Se trata de un sacerdote de la diócesis de Vitoria que nunca fue a la misión, pero estaba enamorado de la labor preciosa que hacían los misioneros: Ángel Sagarmínaga. De hecho, él fue el que en 1943 se inventó el acrónimo DOMUND, abreviando la frase DOMingo MUNDial de las misiones. A él le debemos gran parte del espíritu misionero que la Iglesia en España ha vivido en estos cien años. Él fue el gran motivador para que los sacerdotes diocesanos de España fueran transmisores entusiasmados de la misión en el mundo entero. 

Para la jornada del Centenario del DOMUND el Santo Padre, León XIV, ha elegido el lema: “Uno en Cristo, unidos en la misión”. Y eso es lo que queremos vivir: la Iglesia, como una gran familia, unida por la fe y la caridad, lleva el mensaje de Cristo a todos los hombres del mundo, para hacerles posible el encuentro con el Salvador. El misionero no es un mero reformador de estructuras y promotor del desarrollo. Es un hombre, una mujer de Dios, enamorado del Señor, queriendo ser uno con Aquel que le ha llamado y le ha enviado para proclamar la buena nueva, la noticia preciosa de la salvación, y lo hace unido a todos los que, desde nuestra vida ordinaria, nos sentimos parte de su misión, nos hacemos cargo de su ministerio, nos alegramos de ser parte de la inmensa labor evangelizadora de la Iglesia.

Y conviene que también nosotros recordemos que “esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio” (Redemptoris Missio, 1). Lo decía san Juan Pablo II en 1990, hace ya más de treinta años…, ¡y son palabras que siguen siendo actuales! ¡No permitamos que el entusiasmo por la misión se pierda en España!

León XIV nos sigue animando a ser misioneros aquí y ahora, pero también a unirnos a quienes han sido enviados a la misión. Por eso, nos invita a continuar “alimentando y formando la conciencia misionera de los fieles, desde los más pequeños hasta los más grandes, promoviendo una red de oración y de caridad que conecta a todas las comunidades del mundo” (Mensaje del Papa para el DOMUND 2026).

El autorJosé María Calderón

Director de las Obras Misionales Pontificias en España.

El encantador de humanos

La búsqueda de un progreso que pretende superar la condición humana nos ha alejado de la naturaleza, la familia y los vínculos sociales, hasta construir una sociedad que dificulta nuestra propia felicidad.

2 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Entre los miles de canales que aparecen en los modernos smart TVs sin saber uno muy bien de dónde vienen, encontré el otro día uno dedicado a reponer 24/7 la famosa serie «El encantador de perros». Me parece un programa fascinante, aunque no haya tenido un perro en mi vida, pero es por lo que aprendo sobre la condición humana.

Si usted nunca lo ha visto, cada capítulo lo protagoniza César Millán, un experto adiestrador de perros que acude en auxilio de familias desesperadas por el comportamiento de sus mascotas. Perros que llevan años mordiendo a sus dueños, atemorizando al vecindario, apropiándose del sofá o haciendo sus necesidades donde no deberían, cambian asombrosamente su comportamiento apenas aparece en escena el “encantador de perros”. En el 99 por ciento de los casos, el diagnóstico, expresado de una u otra forma, es el mismo: el problema no está en los perros, sino en los dueños que no saben tratarlos como tales.

Por su naturaleza, dependiendo de la raza, los perros necesitan ejercicio físico; disciplina y jerarquía, como tendrían si vivieran en su manada; cariño y juegos; una dieta acorde a su actividad; etc. Cuando los seres humanos no entendemos esto y los confundimos con personas, los pobres animales se vuelven locos, puesto que no está en sus manos cambiar de la noche a la mañana su naturaleza, moldeada gota a gota, cual estalactita, tras decenas de miles de años de evolución. Buscar la esencia canina y tratar de amoldarse a ella es la clave para su felicidad y la de sus amos.

También nuestro mundo está bastante loco y, aunque podemos echar gran parte de culpa a nuestros “dueños”, los que manejan el cotarro, todavía los individuos tenemos cierta autonomía como para poder salirnos del redil, cuidar nuestra salud mental y poder alcanzar nuestra felicidad y la de los que nos rodean. Y es que hemos construido una sociedad inhumana corriendo detrás de un progreso que, según las cifras crecientes de suicidios y consumo de ansiolíticos, no nos está dando la felicidad, por mucho que en nuestra imaginación ese posthumanismo o transhumanismo; en definitiva, la superación de la condición humana, suenen bien. 

Hemos perdido el contacto con la naturaleza, que es nuestro medio. Millones de personas no han visto nunca un cielo plagado de estrellas porque las luces de nuestras ciudades nos las ocultan; disfrutar de un paseo diario por el campo o la playa es un lujo que no está al alcance de todos; vivimos pegados a artefactos que consumen toda nuestra atención en lugar de pasar las noches al fresco o en torno a la hoguera, charlando con nuestra tribu y contándonos historias de nuestros antepasados; el componente espiritual lo hemos reducido al mínimo si no hemos prescindido directamente de él; y la familia compuesta por padre, madre e hijos es solo un recuerdo del ayer.

Los niños aprenden qué es un río sin haber visto nunca uno, estudian la Historia sin saber que esta tiene mucho que ver con su vida y se preparan para trabajar sin haber doblado nunca el lomo, ni siquiera en casa. Vivimos muchos años gracias a la medicina, pero como los mayores estorban los convencemos para que pidan la eutanasia. Hemos idolatrado el trabajo en sí mismo, dejando de considerarlo un medio de subsistencia y hemos terminado viviendo para trabajar en lugar de trabajando para vivir. Hemos deformado la sexualidad que nos ha regalado la naturaleza con el fin de unirnos y formar comunidad y la hemos convertido en un pozo sin fondo de individualidades.

El llamado número de Dunbar, que establece en 150 la cantidad de personas con las que nuestro cerebro está programado para interactuar, lo hemos elevado hasta el infinito por culpa de las redes sociales, provocando que siempre haya gente más guapa que yo, más lista que yo, más fuerte que yo, generando en nosotros una sensación de constante insuficiencia. Hemos escondido el dolor, la enfermedad, la muerte y la tristeza, por lo que cuando naturalmente llegan, no somos capaces de afrontarlas con la entereza con la que lo hacían nuestros padres. Tenemos la nevera llena, el supermercado a la vuelta de la esquina sin tener que hacer mucho esfuerzo por cazar, pescar o recolectar, por lo que tenemos que inyectarnos sustancias para que nos quiten el natural instinto del hambre para no enfermar de obesidad…

En tantas y tantas otras circunstancias hemos creado un mundo a escala no humana que está detrás de esa falta de felicidad que usted nota hoy. A falta de un César Millán encantador de humanos cerca, pruebe a pensar: “¿Esto, cómo lo solucionaron mis ancestros?”. Verá cómo, la mayoría de las veces, esta vida no es tan perra como parece.

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Educación

La Iglesia en España quiere hacer visible su “constelación educativa”

Luis de la Fuente, Francesc Torralba, los Salesianos o la Escolanía de Lluc figuran entre los diez galardonados de los premios “Stella” con los que el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE) quiere sacar a la luz la labor educativa de la Iglesia.

Inmaculada Sancho·1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Luis de la Fuente, Francesc Torralba, los Salesianos o la Escolanía de Lluc figuran entre los diez galardonados de los premios “Stella” con los que el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE) quiere sacar a la luz la labor educativa de la Iglesia, también la que pasa más desapercibida.

El CGIE, creado hace año y medio por la Conferencia Episcopal Española, reúne a unos setenta representantes de colegios, universidades, congregaciones y profesorado. El presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, monseñor Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, ha presentado este Consejo como la continuación del Congreso Iglesia y Educación que se celebró en 2024.

Para el obispo, la experiencia de la Iglesia en la educación es también una aportación a la sociedad: “Es irresponsable no poner todo de nuestra parte en todos los desafíos que tiene la educación en España; no podemos apartarnos, la educación es cosa de todos y debe estar orientada al bien común”.

Unos premios para reconocer «el bien común»

Los Premios Stella que ahora se establecen, reconocen una experiencia en cada uno de los nueve ámbitos en los que trabaja el Consejo. El secretario general del Consejo, Carlos Esteban, ha explicado que con estos premios quieren reconocer algunas de las estrellas que, cuando brillan, hacen el bien y construyen el bien común y cuyo valor está en que juntas trazan el camino.

Los premiados forman parte de una constelación educativa con infinitas estrellas: “Todas ellas brillan aunque no las hayamos nombrado hoy”. La entrega será el 28 de octubre en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Además de Torralba, De la Fuente, los Salesianos y Lluc, se premiará al Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo, posiblemente el más antiguo de España con cerca de 1.500 años; la Cátedra de Innovación y Salud Mental Digital de la Universidad Pontificia Comillas; las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión, por su trabajo en educación especial desde hace más de dos siglos; el proyecto “El teatro vive en mi cole”, de la profesora de religión Patricia Mármol, y el ilustrador Fano. Un premio especial distingue a la Escuela de Salamanca en su V centenario.

Nueva web

El Consejo ha estrenado también la web consejogeneraldelaiglesiaenlaeducacion.org, que el director del secretariado de la Comisión, Antonio Roura, ha definido como “un espacio de encuentro, conocimiento y participación”, y el primer número de la colección Cuadernos del CGIE, titulado Iglesia y educación. Una constelación educativa al servicio de la persona y del bien común.

El siguiente paso, previsto para 2027 o 2028, es un libro blanco que, según Carlos Esteban, abordará “las cuestiones esenciales que definen, iluminan e inspiran la presencia de la Iglesia en la educación” y se elaborará mediante un proceso participativo.

El Consejo aspira también a llevar al debate público su visión humanista de la educación, sin limitarse a reaccionar ante cuestiones políticas; en esa línea, la Comisión ya se ha reunido con la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón.

El autorInmaculada Sancho

España

Pacto de Estado en vivienda, y ayuda a embarazadas, entre las peticiones de los obispos españoles

Un pacto de Estado para afrontar el problema de la vivienda, y ayudas para las mujeres que deciden ser madres, han sido dos de las peticiones formuladas por los obispos españoles al concluir su Comisión permanente.

Redacción Omnes·1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Antes de abordar los asuntos tratados por la Comisión Permanente de la CEE, el secretario general Mons. Francisco César Garcia Magán ha presentado a la nueva directora de la Oficina de Información nombrada por los obispos españoles, Carmen Ramírez, de la que era directora adjunta desde 2023.

Carmen Ramírez sustituye en el puesto a José Gabriel Vera Beorlegui, sacerdote de la archidiócesis de Pamplona y Tudela, que ha ocupado este cargo desde enero de 2015.

Demanda de una política de Estado

Los obispos españoles no han analizado el tema de la vivienda ni el desahucio en la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española celebrada estos días. No estaba en el orden del día. Sin embargo, el secretario general, Mons. César García Magán, ha manifestado que “constatamos todos la falta de vivienda, se hacen promesas sobre nuevas viviendas, pero luego eso no se lleva a cabo, y eso requiere un pacto de Estado de todas las fuerzas políticas”.

García Magán se ha mostrado preocupado por los decretos aprobados por el Gobierno, y apunta que no se trata de llevar a cabo “una solución puntual”, sino tener “altura de miras” y hacer una política de Estado, que vaya más allá del partidismo, y afrontar “una reflexión general de una política de vivienda”.

“Ver la causa sistémica”

Sobre el desahucio, el secretario general ha propuesto que se aborde desde una perspectiva nacional, sin quedar reducido a un caso concreto, como “el reciente desahucio de doña Maricarmen” en Madrid: “Hay cantidad de desahucios en otras comunidades autónomas, más que en esta comunidad en la que se ha producido”.

“Reaccionamos en un caso de emergencia, pero tenemos que ver la causa sistémica”, ha añadido, citando argumentos del Papa León XIV a los periodistas.

Respecto a la acampada en Sol, ha valorado la reivindicación de derechos, pero “hay que conjugar los vecinos y comerciantes y, sobre todo, la exclusión de la violencia”.

Ayudas para las mujeres que deciden ser madres

Respecto a la campaña del aborto promovida en una reciente campaña (hagas lo que hagas, va a estar bien), también a preguntas de periodistas, Garcia Magán dijo que “ojalá fuera cierto en su integridad, porque si quieres ser madre, y seguir adelante con el embarazo, también tiene que estar bien recibir ayudas (esa parte presupuestaria que se ha dirigido pro aborto), ojalá que al menos la misma cantidad hubiera sido destinada para esas mujeres que optan y deciden ser madres, porque hagas lo que hagas, está bien”.

Implicaciones de los mensajes del Papa León XIV en España

El primer tema que ha abordado la Comisión permanente ha sido recoger las implicaciones que en cada ámbito pueden tener los discursos y homilías del Papa León XIV en su visita a España, que tuvo lugar del 6 al 12 de junio. Una vez incorporadas, se presentarán en la Plenaria de noviembre.

En este sentido, el texto de las Líneas pastorales de la CEE para el cuatrienio 2026-2030 —”¡Poneos en camino!”— estaba abierto para acoger las palabras del Santo Padre y las orientaciones que ha dejado en el viaje apostólico a nuestro país. 

Sinodalidad en la CEE y comisiones 

El obispo referente de la Conferencia Episcopal Española para el Sínodo, Mons. Francisco Conesa, ha llevado a la Permanente diversas propuestas para efectuar una revisión del modo de proceder sinodal en la CEE. Un trabajo que culminará en la Asamblea sinodal de la Conferencia Episcopal, prevista para el segundo semestre de 2027. 

Ministerio laical al servicio de la caridad

Entre otros temas de trabajo, la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, que preside Mons. José Rico, ha presentado la iniciativa de crear un ministerio laical instituido al servicio de la caridad. 

Y los obispos han estudiado diversas propuestas de la Comisión de Educación y Cultura, la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida y la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, y la Comisión Episcopal para la Liturgia.

La Permanente ha aprobado destinar una ayuda económica para contribuir a la rehabilitación de los templos dañados en Granada por los terremotos del pasado mes de agosto, y para la reconstrucción del seminario diocesano de Pereira, en Colombia. 

La próxima Asamblea Plenaria tendrá lugar del 16 al 20 de noviembre. 

Otros nombramientos

Entre otros cargos, los obispos han aprobado el nombramiento de Javier María Prades López como miembro del Consejo Editorial de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), y han autorizado a la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana para el nombramiento de Juan Manuel Bajo Llauradó, sacerdote de la diócesis de Tortosa, como director del departamento de Pastoral de la Salud. 

Además, Rosa María Murillo Fuentes ha sido reelegida presidenta nacional de “Cursillos de Cristiandad de España” y Javier Ramos Guardiola, presidente de la asociación “Acción Católica General” (ACG)..


El autorRedacción Omnes

Evangelización

Abel de Jesús: «El riesgo es poner el marketing al servicio del influencer y no del Evangelio»

Abel de Jesús advierte del riesgo de poner el marketing al servicio de la persona en lugar del Evangelio y defiende una misión digital centrada en la evangelización, la formación teológica y el encuentro con Dios.

Redacción Omnes·1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 13 minutos

Abel de Jesús es teólogo, profesor de secundaria y creador de contenido católico. Natural de Tenerife, ha hecho de las redes sociales un espacio para la evangelización y la reflexión teológica, sin esquivar las cuestiones más controvertidas. Quienes le siguen desde hace tiempo conocen también sus vaivenes vitales, que nunca ha ocultado.

En esta entrevista, aborda los desafíos de la misión digital, los límites entre evangelización y marketing, la necesidad de una mayor formación teológica y los riesgos de reducir la fe al tradicionalismo o al sentimentalismo. También reflexiona sobre el pontificado de León XIV y su capacidad para favorecer la unidad en la Iglesia.

¿En qué momento eres un misionero digital? ¿Eres un influencer católico o una persona católica que hace contenido de diversa índole?

–Es un tema que la Iglesia está desarrollando mucho. Hay un gran esfuerzo por parte del Magisterio pontificio para profundizar en esta cuestión. El Papa León XIV acaba de hablar de ello en un documento de gran relevancia magisterial, Magnifica Humanitas, donde se refiere a la necesidad de que el continente digital cuente con misioneros. Los define como «misioneros generosos y maduros al servicio de la evangelización de este continente». Por tanto, la misión digital ya no es un invento, una moda o una palabra vacía, sino que tiene un contenido propio y responde a un llamamiento pontificio. Es una especie de nueva cruzada, promovida por el Papa, para que vayamos a este continente.

La misión digital está muy viva. Este término expresa lo que debe ser la creación de contenido católico en las redes sociales: un servicio a la evangelización. Y aquí hay una diferencia importante: no es lo mismo ser católico y estar en las redes que tener una misión digital.

La misión digital no consiste en adoptar un estilo de vida católico ni en dar testimonio de ser católico en medio de la propia actividad. Tiene una naturaleza específica: anunciar el Evangelio. El misionero digital es un misionero. Eso es lo que nos ayuda a comprender el Papa y el trabajo del Dicasterio para la Comunicación. Es un misionero que cuenta con una formación, unos dones y unos talentos digitales al servicio de la evangelización, que es la evangelización de siempre de la Iglesia.

Dentro de la Iglesia, la misión se entiende como una donación gratuita, en respuesta al mandato recibido de Cristo. Sin embargo, los misioneros digitales también tienen que vivir. Muchas veces surge una duda: ¿se debe cobrar o no por crear contenido misionero y evangelizador?

–Es un tema muy delicado. Precisamente porque es algo muy nuevo, puede prestarse a confusiones e incluso a abusos. Si mezclamos el concepto de influencer con el catolicismo, podemos acabar poniendo el marketing al servicio de la persona, en lugar de al servicio del Evangelio.

El marketing, entendido como la búsqueda de un rendimiento económico de una actividad, puede entrar en contradicción con el Evangelio. Por eso hay que tener mucho cuidado.

Creo que el misionero digital, en cuanto misionero, no debe tener ánimo de lucro ni buscar un incremento patrimonial o generar riqueza con su trabajo. Al menos, en lo que respecta a la misión digital, debe vivirla desde la pobreza. Otra cosa es que reciba donativos, ayudas o estipendios que le permitan seguir realizando esa misión con flexibilidad, pero también con austeridad. Puede necesitar financiar sus viajes, desplazarse de un lugar a otro o cubrir sus gastos de manutención. Y, si tiene familia, con mayor motivo.

Hay muchos seglares que son misioneros digitales. En ese sentido, las comunidades deben ser generosas económicamente con ellos, porque también tienen obligaciones familiares. Si no recibieran esas ayudas económicas, en forma de colaboración o donativo, tendrían que abandonar la misión. Eso supondría también una pérdida para la Iglesia. Por tanto, estas ayudas están contempladas. Yo mismo recibo donativos y los acepto de muy buen grado.

Incluso se pueden establecer tarifas, pero también hay que tener mucho cuidado con ellas. No es lo mismo cobrar por impartir formación teológica, para la que te has preparado, has cursado unos estudios reglados y has realizado una inversión de tiempo y esfuerzo, que cobrar una tarifa elevada por dar tu testimonio de fe. Esto último podría constituir una especie de simonía espiritual.

No sé si se podría considerar un delito canónico, pero cobrar por compartir un don gratuito recibido del Espíritu Santo, como es la fe, me genera muchas dudas morales. En cambio, entiendo que se cobre por impartir formación en una universidad. Si tú y el resto de los profesores ejercéis la docencia como parte de vuestra actividad profesional, es razonable que recibáis el mismo salario que los demás trabajadores.

¿Crees que quienes no estamos dentro del mundo de la misión digital entendemos bien esta cuestión?

–Todavía existe cierto reparo. Siempre recuerdo aquellas palabras de san Pablo: quien no trabaje, «que no coma«. Se dirigía a comunidades muy apostólicas, en las que la misión formaba parte, en cierto modo, de su trabajo. Sin embargo, nos cuesta encontrar el equilibrio entre no convertir esto en un enriquecimiento personal y cobrar lo justo, dentro de nuestras posibilidades.

Hay que diferenciar muy bien entre un profesional de la comunicación digital, un influencer o creador de contenido que además es católico y un misionero digital. Son cosas distintas. El problema surge cuando se mezclan. Tú eres una profesional de la comunicación, te has formado para ello, tienes una trayectoria y asumes una serie de responsabilidades laborales, eclesiales o institucionales. Eso requiere un salario, porque realizas una actividad profesional. Además, esa es tu actividad profesional y la que te permite llevar el sustento a tus hijos. Eso es perfectamente legítimo.

Otra cosa es preguntarse cuál es tu misión digital y en qué momento dejas de actuar como profesional para hacerlo como misionera. En ese caso, sería tan inmoral cobrar por tu misión digital como cobrar por tu misión a secas.

Imaginemos que alguien dice: «Voy a ir a África a hacer una misión» o «Voy a ir a Asia». Si va a evangelizar y cobra 8.000 euros por una charla, hay que preguntarse qué sentido tiene eso. La misión aúna lo humanitario y lo evangelizador en un acto indisoluble de predicación del Evangelio. Es algo que recibes gratuitamente y das gratuitamente, en un acto de entrega total y radical de la vida al servicio del Evangelio. Eso es ser misionero.

El apellido «digital» no cambia en absoluto la naturaleza de la misión. Cuando cobras 8.000 euros por una misión digital, tendrías que plantearte qué ocurriría si, al ir a Uganda para evangelizar en un lugar donde no conocen a Cristo, cobraras a las personas a las que pretendes anunciar el Evangelio cantidades desorbitadas porque tienes cierto caché. Entonces se trastoca y se pervierte la naturaleza del acto evangelizador.

Has hablado mucho de la misión y hace poco has estado en Latinoamérica, en uno de los encuentros de misioneros digitales que se han celebrado durante el verano. Antes de empezar a grabar me comentabas que, nunca mejor dicho, habías descubierto América. Has descubierto un panorama que quizá en nuestra vieja Europa todavía no conocemos suficientemente.

–Aquí hay una crisis de vocaciones y de misión, y a veces también cuesta encontrar respuestas adecuadas por parte de la Iglesia. Quizá no siempre sabemos adaptarnos a la misión que Dios nos pide a cada uno.

Simplificando mucho, me da la sensación de que aquí tenemos más oferta que demanda. Hay muchas instituciones, movimientos y grupos que ofrecen retiros de fin de semana, cursos de formación y ejercicios espirituales. Encontramos muchísimas propuestas, pero poca demanda. Generalmente, tenemos que salir a buscar a la gente y, a veces, quienes participan son las mismas personas en un sitio y en otro. Y hablo desde Madrid, que es un lugar privilegiado porque aquí hay mucha actividad católica. En otros lugares, la demanda es prácticamente inexistente.

En cambio, en Costa Rica y en el sur de Estados Unidos, donde has estado, hay una sociedad profundamente cristiana, aunque no siempre en sentido católico, y también existe un movimiento católico muy fuerte. Allí hay muchísima demanda. La gente desea formarse y tener oportunidades. Sin embargo, muchas veces hay poca oferta porque hay pocos sacerdotes y están muy centrados en el ejercicio del ministerio, los sacramentos y otras tareas. No pueden dedicar tiempo a esa formación y a esa evangelización que van más allá del culto y la liturgia. Se ven desbordados, no por falta de celo pastoral. Por eso, allí se reclama y se desea esta misión. En muchas ocasiones, también la misión digital.

Me ha impresionado el agradecimiento con el que te recibe la gente por unos cuantos vídeos que has subido. Pueden tener mayor o menor calidad o resultar más o menos ilustrativos, pero los reciben como agua en medio de la sequía, como una lluvia muy esperada. Te dicen: «Gracias por esto». Eso me ha llegado mucho al corazón. Estoy muy agradecido.

En España tenemos ahora mismo un desafío cultural, político y religioso. El catolicismo se está poniendo de moda, lo cual tiene aspectos positivos, porque facilita mucho la labor de los misioneros en este continente digital. Pero, al mismo tiempo, existen riesgos. Uno de ellos es que se instrumentalice el catolicismo al servicio de este cambio cultural. Es decir, que este renacer, de carácter más tradicional o conservador, que es legítimo, encuentre en el catolicismo un colchón sobre el que descansar. O que el catolicismo se convierta en el barniz de esta vuelta a lo conservador, sin que exista un interés genuino por Dios.

Al final, Dios se sirve de todo, por medio del Espíritu Santo, para suscitar lo que quiera. Pero corremos el riesgo de que el catolicismo se convierta en un fetiche cultural al servicio de determinados intereses políticos y económicos. Es algo que he experimentado en cierta medida.

Existe el riesgo de que el catolicismo se convierta en una religión de clase, una religión burguesa que proteja determinados intereses. Es un riesgo que debemos tener en cuenta. No quiero dramatizar, pero sí debemos estar atentos para evitar que la fe se ideologice. El antídoto contra la ideologización de la fe es la teología. La teología permite poner el Evangelio por delante de otros intereses.

¿Cómo afrontar el reto de formar en la fe a quienes se acercan a la Iglesia en una sociedad con cada vez más dificultades de comprensión y aprendizaje?

–Sinceramente, no lo sé. Soy profesor de Secundaria y una de las cosas más difíciles es suscitar el deseo de aprender o ayudar a la gente a comprender la importancia de la formación. Si no lo consigo con mis alumnos, no sé muy bien cómo se hace. Lo que yo hago es ofrecer formación. Y la verdad es que la gente la desea. En el fondo, creo que existe una sed de formación.

Muchas veces, la ignorancia teológica constituye un impedimento para la fe. Pensamos que puede suceder lo contrario, que la teología nos desestabiliza y nos hace dudar de las cosas, pero yo lo veo casi al revés.

Con frecuencia, las dudas teológicas se reprimen y uno se queda tranquilo. Elimina todos los interrogantes y se queda con un discurso seguro, sólido y falsamente protegido. Pero eso no es fe. Se convierte rápidamente en ideología. Construyes andamios ideológicos para evitar que se derrumbe la estructura.

Sin embargo, muchas personas, que son más honestas consigo mismas, se dan cuenta de que esos interrogantes teológicos y esas dudas legítimas que surgen durante el proceso natural de la fe merecen una respuesta. No porque estén dudando del amor de Dios, sino porque quieren responder a ese amor con todo su corazón y con toda su mente. Eso implica despejar las incógnitas de las ecuaciones y descubrir también la razonabilidad del amor de Dios, que se entrega por nosotros.

Cuando despejamos esos interrogantes, o iniciamos un camino para hacerlo, se desbloquean los impedimentos que nos dificultan entregarnos por completo. Por eso, estoy más convencido que nunca de que la teología es una parte esencial de la evangelización y también de la misión digital de la Iglesia. Sin ella, especialmente en la encrucijada cultural en la que se encuentra España, difícilmente podremos realizar una evangelización integral.

Me llama la atención que no evites ningún conflicto, que entres en todas las polémicas.

–No lo hago por la misión, sino por mi personalidad. No soy capaz de dejar un interrogante para más adelante. Si me surge una duda de fe, desde que empecé, no puedo descansar. No encuentro paz hasta que elaboro un esquema y trato de entender qué está pasando, por qué no comprendo algo o por qué no consigo aclararlo.

Si alguien me plantea una duda que no sé responder, me obsesiono personalmente con ella. No es algo que haga al servicio de la evangelización. Son mis propias dificultades psicológicas, mis obsesiones. Necesito saber.

Quienes me conocen saben que a veces me obsesiono con determinados temas. Ahora me sucede menos, porque ya he abordado muchas cuestiones. Cuando un interrogante se me ha planteado quince veces de quince maneras distintas, puedo estudiarlo con algo más de tranquilidad.

Pero soy así. No puedo evitar las polémicas, no tanto por las redes sociales, sino porque yo mismo vivo y aprendo a partir de ellas. Por eso, no puedo dejar de compartirlas. Creo que eso es muy sano, porque permite que mucha gente te plantee cuestiones que quizá le cuesta expresar en otros ambientes o a otros interlocutores.

Has hablado de las dudas que te plantean. ¿Qué tipo de dudas tiene la gente que te sigue?

–Me da mucha pena cuando la gente me plantea dudas muy buenas, me envía noticias de actualidad o me cuenta testimonios que suponen un desafío teológico. Me dicen: «Mira lo que ha dicho esta persona» o «Mira lo que ha salido aquí». Me encantaría responder a todo.

Ahora mismo tengo muchos temas de actualidad que la gente me está enviando. Les digo que quiero responder, pero que se me pasan las tardes y no puedo hacerlo.

A la luz de la actualidad, a muchas personas se les abre una especie de caja de Pandora. De repente surgen las dudas y todo se trastoca. «Mira lo que ha dicho este sacerdote» o «Mira lo que ha dicho aquel». Y uno piensa que habrá que dar una respuesta.

La gente plantea las cuestiones más variadas. Algunas personas te cuentan experiencias personales muy íntimas, que suponen un desafío enorme. Nosotros vivimos muchas veces en un entorno seguro, con nuestra familia. Pero a veces suceden cosas que te hacen dudar de todo. Te preguntas cómo puede ser posible algo así o cómo puedes seguir confiando en Dios.

Son situaciones muy comprometidas, que plantean desafíos teológicos y a las que hay que dar respuesta. Me llega de todo y, a veces, me pregunto cómo responder. En esas situaciones, mi teología ha entrado muchas veces en crisis. Y creo que debe ser así. Una teología que nunca ha entrado en crisis, una teología satisfecha de sí misma, puede escribir un libro, pero hay que ver si ese manual es capaz de soportar el peso de la realidad. Quizá no lo sea.

¿Y cómo se afronta esa crisis?

–En mi caso, de tres maneras.

En primer lugar, escuchando mucho. Hay que escuchar, porque, si no lo haces, puedes quedarte en la superficie. Si te limitas a pensar lo que la gente debería pensar o decir, eso supone la muerte de la teología. No escuchas, no ves la realidad ni comprendes la profundidad de los interrogantes de las personas.

En segundo lugar, orando mucho. Solo en la oración puede el Espíritu darte la libertad necesaria para afrontar el desafío de esos interrogantes. Es imposible avanzar en teología sin humildad. Existe una especie de soberbia autosuficiente que quiere aferrarse a las respuestas antiguas y caducas. Te cierras en ellas porque cambiar de opinión es más difícil que cambiar de riñones. Cambiar de opinión es duro. A veces no queda otra opción que abrir nuevos caminos, y eso solo se consigue con la humildad que recibes del Espíritu de Dios en la oración.

En tercer lugar, estudiando mucho. Hay que estudiar y comprender que las cosas son más complejas de lo que pensamos. Solo si asumimos que la teología es compleja podemos avanzar en ella. Si creemos que es sencilla y que las cosas son tan simples como nosotros pensamos, nunca podremos progresar.

¿Cómo interpreta la vuelta al tradicionalismo religioso entre los jóvenes y el auge del sentimentalismo en la fe, y qué aspectos positivos y negativos identifica en estos fenómenos, teniendo en cuenta sus posibles raíces en un posconcilio mal entendido y la necesidad de fomentar el diálogo entre las distintas sensibilidades de la Iglesia?

–Depende de cómo definamos el tradicionalismo. Si lo entendemos como una vuelta acrítica a una especie de arqueologismo litúrgico, que proyecta sobre el pasado los anhelos del presente, creo que tiene su origen en los excesos de la segunda mitad del siglo XX en materia litúrgica: los abusos litúrgicos, la desacralización de la liturgia y una pérdida muy importante del patrimonio espiritual latino. Esa pérdida hizo que muchas personas se sintieran desamparadas.

El proyecto de una Iglesia absolutamente horizontal, basada en comunidades de base, sin jerarquía, sin orden y sin rúbricas, fracasó. Entonces, la gente quedó expuesta al vacío, a iglesias sin vida, sin relevo vocacional y sin vida interna. Por eso es comprensible que se proyecte hacia el pasado aquello que se desea en el presente.

Creo que el ser humano tiene que recuperar la dimensión ritual, porque el cristianismo no niega nada de lo humano. El rito es algo profundamente humano. No es divino: Dios no necesita ritos. Eso se desprende, básicamente, de la Sagrada Escritura. El rito es algo humano que nos permite lanzarnos al abismo de Dios a través de lo mistérico y lo mistagógico, que nos conduce hacia el misterio de la liturgia. Si niegas esa dimensión, estás negando una parte de lo humano.

Desde que el ser humano tiene conciencia de sí mismo, existe esa dimensión ritual. Por eso hay que recuperar la solemnidad, la belleza litúrgica, la música sacra y la arquitectura sagrada, que nos eleva; una arquitectura más vertical y más teocéntrica. Si pierdes todo eso, es lógico que surjan movimientos tradicionalistas y medievalistas. ¿Por qué? Porque existe un anhelo que no está satisfecho.

La otra posibilidad es caer en el sentimentalismo. Si la liturgia no nos satisface ni desde el punto de vista intelectual ni desde el emocional, porque faltan la contemplación, el símbolo y la trascendencia, falta también lo que Rudolf Otto llama el misterio tremendo y fascinante, lo luminoso y arrebatador. Cuando eso desaparece, ¿qué hacemos? Convertimos la liturgia en una colección de sentimientos y buscamos experiencias.

Estoy esperando que aparezca una aplicación de TripAdvisor para experiencias religiosas. Estoy convencido de que, en algún momento, llegará. Podremos valorar las experiencias con cinco estrellas: porque había luces, porque había música o porque se pronunciaron determinadas reflexiones. Estamos buscando y coleccionando experiencias emocionales. Al final, puntuamos a sacerdotes, retiros, movimientos y conciertos. Y cuanto más sentimentalistas sean, mejor, porque satisfacen esa necesidad.

Pero esto no deja de ser un elemento más de una religión burguesa. Los jueves voy al club de golf, los viernes voy a yoga y los sábados tengo una vigilia con jóvenes. Todo forma parte de lo mismo: necesito experiencias que llenen mi semana después del trabajo. A eso se suman la precariedad de la vida, las dificultades que tenemos y la ausencia de sueños y aficiones, en parte por culpa de las pantallas. Al final, queda el sentimentalismo.

Algunos dirían que es el nuevo opio del pueblo. El sentimentalismo en la Iglesia puede llegar a serlo. ¿Por qué no asumir también esa crítica? Eso no significa que debamos criticar la dimensión emocional en sí misma. Toda experiencia pastoral tiene que cimentarse sobre una experiencia emocional. Si falla esa dimensión, también se resiente la estructura de la propia experiencia de fe.

El pathos es una base fundamental. Si no te sientes querido, si no te sientes acogido por tu comunidad y no estableces relaciones de amistad, cariño, ternura y comprensión, después tampoco puede llegar la dimensión contemplativa ni puedes asumir convicciones teológicas. El problema aparece cuando el sentimiento se cultiva hasta el punto de confundirlo con la verdadera experiencia de Dios, que está por encima de cualquier sentimiento.

Me estaba acordando de esa frase de Evangelii gaudium, que probablemente sea una de las más citadas: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva». Quizá la hemos repetido tantas veces que hemos olvidado lo que significa ese encuentro personal, cara a cara, corazón a corazón.

¿Cómo ves a León XIV, especialmente por su recuperación del Concilio Vaticano II y su valoración de la liturgia, y qué esperas de su pontificado?

–Por lo que estamos viendo, ojalá su pontificado sea muy largo y estemos apenas comenzando a vislumbrar lo que va a suceder. Es un Papa de la unidad, un Papa de síntesis. Después de muchos vaivenes, creo que puede ser un Papa que asiente las cosas y prepare a la Iglesia para lo que está por venir.

Deseo que su pontificado sea largo, que consolide lo que se ha construido y que prepare a la Iglesia. Que afiance y dé solidez a los carismas de los papas anteriores: la expansión de Juan Pablo II, la razonabilidad de Benedicto XVI y la apertura a los pobres y a las periferias del Papa Francisco, algo que la Iglesia necesitaba también urgentemente. Todo eso a veces queda disperso o en conflicto, en una tensión inestable. Deseo que el Papa consiga aglutinarlo.

No porque tenga mucho carisma, aunque lo tiene. El Papa resulta arrebatador en su sencillez. Creo que tiene un carisma del Espíritu Santo que, en el fondo, es lo que hace eficaz el ministerio apostólico: la capacidad de conciliar lo disperso. Deseo que la Iglesia tenga la suficiente docilidad para recibir su mensaje.

Responder al mundo desde la radicalidad del Evangelio

La desaparición de la cristiandad ha dado paso a una sociedad postcristiana que exige a los católicos abandonar nostalgias y categorías del pasado. El reto no es adaptar la fe al mundo, sino recuperar una mirada verdaderamente cristiana para vivir y anunciar el Evangelio en la realidad actual.

1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Que la cristiandad, como ente sociocultural y político, ya no existe no es un descubrimiento para nadie. La realidad es que lleva más de doscientos años enterrada en la práctica aunque, en la mentalidad de muchos cristianos, continúa vigente. Son muchos -aunque no todos, gracias a Dios- los que siguen pensando en términos y categorías inexistentes.

No se trata del recurso facilón de “es que la Iglesia no se ha adaptado a los tiempos”, “hay que cambiar las cosas que ‘molestan’ de la Iglesia”, etc. No. Nos referimos a una mezcla explosiva que se asienta, casi de manera inconsciente, en el pensamiento de muchos católicos y que conjuga un sentimiento de “cristiano perseguido” junto con cierta añoranza de un pasado ¿seguro que mejor? y un desligue de la propia responsabilidad personal.

Como recordó el Papa León XIV en el inicio de sus catequesis sobre la Constitución Pastoral Gaudium et spes, “San Juan XXIII, ya en el discurso de inauguración del 11 de octubre de 1962, quiso mostrar su desacuerdo con los ‘profetas de calamidades’, que ‘aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia’”. Algo similar señalan los expertos de la Universidad de Mary en De la cristiandad a la misión apostólica, ante la nueva realidad de una sociedad postcristiana: “Una de las razones de este rápido desplome ha sido que el cambio que la visión global de la sociedad llevaba un tiempo experimentando pasó desapercibido y las instituciones de la Iglesia no se adaptaron a él, sino que continuaron lideradas con una actitud de ‘aquí no pasa nada’. Hasta que llegó un momento en que una visión cristiana tan erosionada fue incapaz de soportar el peso de la cultura: cayó la casa y fue grande su ruina”.

Efectivamente, no estamos en la época gloriosa de la cristiandad, probablemente porque la gloria de Dios, la real, pertenece a la esfera de la eternidad. En nuestra vida, como mucho, brilla como puede un atisbo de esa gloria, pero ese es nuestro “reino prometido”. Cuando los apóstoles preguntan a Jesús si va a restaurar el reino a Israel, Cristo no les señala una hora, sino que recibirán “la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra” (Hch 1, 8). El reino de Dios se conforma con la tarea de cada uno de nosotros, cada día.

Es especialmente interesante, en este punto de la historia social y de la historia de la Iglesia, la catequesis que el Papa León XIV está desarrollando sobre la Gaudium et spes, en la que nos recuerda que “la Iglesia está llamada a servir al ser humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo ‘la clave, el centro y el fin de toda la historia humana’” (León XIV, Catequesis en la Audiencia General, 2 de septiembre de 2026). No se trata de cambiar nombres a estructuras antiguas, de rebajar la doctrina o infantilizar la moral, sino de cambiar las estructuras mentales y hacerlas verdaderamente católicas para responder al mundo con la radicalidad de la Fe y del Evangelio.

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Vaticano

Balance del viaje de León XIV a Francia

En la primera visita de un Papa a Francia en 18 años, León XIV trascendió el protocolo para abordar los grandes debates de la sociedad europea actual. El Pontífice combinó actos de Estado y encuentros pastorales multitudinarios, destacando su postura sobre la tecnología, la bioética y la laicidad, así como su encuentro con víctimas de abusos para reivindicar en todo momento la dignidad humana.

Rafael Navarro-Valls·1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

El viaje de León XIV a Francia, desarrollado entre el 25 y el 28 de septiembre de este año, ha tenido una dimensión que va bastante más allá de la estrictamente protocolaria. Se trataba de la primera visita de un Papa a Francia en dieciocho años y, desde el comienzo, quedó claro que no iba a limitarse a una sucesión de actos oficiales. El Pontífice combinó la dimensión institucional propia de una visita de Estado con una intensa actividad pastoral y con intervenciones sobre algunas de las cuestiones que hoy generan mayores debates en las sociedades europeas: la inteligencia artificial, la bioética, la relación entre religión y Estado y el futuro del proyecto europeo.

León XIV quiso situar en el centro de su mensaje la dignidad de la persona y la necesidad de que el progreso político, científico y tecnológico permanezca subordinado a ella. Al mismo tiempo, su estancia puede calificarse de plural, pues se dirigió a sectores muy diversos de la sociedad francesa: autoridades políticas y diplomáticas, los jóvenes, los fieles reunidos en Lourdes o las víctimas de abusos cometidos por miembros del clero.

La recepción ofrecida por el presidente Macron en el Palacio del Elíseo, dio ocasión de que desde el primer momento se planteara con firmeza, pero con suavidad, las relación entre la tradición laica francesa y la presencia de la religión en el espacio público.

León XIV defendió una concepción de la laicidad que no implique la desaparición de las convicciones religiosas de la vida pública. La neutralidad del Estado, según el planteamiento expresado por el Pontífice, no debería confundirse con la exclusión de la dimensión religiosa de la sociedad. Se trata de una cuestión especialmente significativa en Francia, donde la laicidad constituye uno de los elementos centrales de la identidad política de la República.

Uno de los elementos más definidos de la visita ha sido el tratamiento de las cuestiones relacionadas con la bioética y el desarrollo tecnológico. En ambos campos, León XIV planteó una preocupación común: que determinados avances terminen desplazando a la persona del centro de las decisiones.

El reto de la bioética y los límites de la tecnología

La cuestión era especialmente importante en Francia, por el debate generado en torno a la ayuda a morir. El Papa volvió a insistir en la visión positiva de la Iglesia sobre la defensa de la vida y puso en cuestión la consideración de la muerte asistida como solución a determinadas situaciones de sufrimiento. Para León XIV, la vida humana es un don que posee una dignidad propia y que no puede ser medido exclusivamente desde criterios de utilidad o conveniencia.

El Papa dedicó también una atención considerable a la inteligencia artificial. Para él, el desarrollo tecnológico no significa incidir en una especie de «paraíso de las máquinas>> sin límites. El problema, no reside en la tecnología en sí misma, sino en la posibilidad de que el ser humano termine delegando en sistemas automatizados decisiones que exigen discernimiento, responsabilidad y juicio moral.

Esta preocupación estuvo presente tanto en la UNESCO como en sus encuentros con jóvenes. León XIV insistió en que los algoritmos pueden convertirse en instrumentos de enorme utilidad, pero no pueden sustituir la capacidad humana para decidir sobre cuestiones fundamentales. De ahí su llamamiento a establecer una regulación que garantice que la tecnología permanezca al servicio de la persona y no quede subordinada exclusivamente a los intereses económicos o a las dinámicas de poder.

En este sentido, su discurso no fue tanto una crítica al progreso tecnológico como una llamada a establecer sus condiciones y límites. La cuestión fundamental planteada por el Pontífice fue, en último término, quién debe conservar la responsabilidad sobre las decisiones que afectan a la vida y a la dignidad humanas.

La respuesta pastoral y el mensaje a los jóvenes

La dimensión pastoral del viaje tuvo una importancia equivalente a la institucional. En una sociedad profundamente secularizada como la francesa, la capacidad de la visita para movilizar a un número elevado de personas constituye, por sí misma, uno de los elementos más significativos del balance.

Uno de los momentos más simbólicos fue la celebración de las Vísperas en la catedral de Notre-Dame. La recuperación y restauración de Notre-Dame se ha convertido en un símbolo de continuidad, y León XIV aprovechó ese contexto para hablar de una Iglesia llamada a permanecer abierta y a no encerrarse en sus propias estructuras.

El momento de mayor participación popular se produjo, en el entorno de la Plaza de la Concordia (800.000 asistentes) y en el Stade de France (80.000 jóvenes). El tono del Pontífice ante los jóvenes, fue especialmente directo. Les animó a «elegir a Jesús>> en un contexto marcado por la ansiedad, la soledad y la incertidumbre.

El mensaje se dirigió a jóvenes que viven en un entorno caracterizado por la presencia constante de las pantallas, la preocupación ante el cambio climático, las incertidumbres económicas y la inestabilidad internacional. Frente a estas circunstancias, León XIV trató de ofrecer una propuesta religiosa, pero también un espacio de escucha y de diálogo.

La respuesta obtenida en el Stade de France constituye uno de los datos más relevantes de la visita. En una sociedad en la que la práctica religiosa ha disminuido de manera considerable. La concentración de una multitud de jóvenes muestra que continúa existiendo un espacio para un mensaje cristiano capaz de presentarse de manera directa y comprensible.

Lourdes, la responsabilidad ante los abusos y el futuro de Europa

La llegada a Lourdes introdujo un componente diferente. El carácter mariano del santuario aportó una dimensión espiritual particularmente intensa, pero el encuentro de León XIV con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero añadió una cuestión de gran importancia institucional y moral.

El gesto se sitúa en la línea de las iniciativas de transparencia y reparación impulsadas por la Santa Sede. El encuentro pretendía expresar que la Iglesia no puede afrontar su futuro sin asumir también las responsabilidades derivadas de los daños causados dentro de sus propias estructuras.

No pasó desapercibida la decisión de cubrir los mosaicos realizados por el sacerdote y artista Marko Rupnik en la fachada de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario. Como es sabido, el artista había sido expulsado de la Compañía de Jesús, por abusos continuados a religiosas.

Los abusos de algunos clérigos y religiosos constituyen uno de los eventos más sorprendentes en la vida de la Iglesia. Su firme y delicado tratamiento durante la visita papal, resaltó la sensibilidad existente en torno a esta cuestión y la clara obligación de los responsables a responder ante las víctimas.

La presencia del Papa en Lourdes permitió, por tanto, unir dos dimensiones que en ocasiones aparecen separadas: la dimensión espiritual de la Iglesia y su responsabilidad institucional. El encuentro con las víctimas recordó que cualquier reflexión sobre la evangelización y sobre el futuro de la Iglesia debe incluir necesariamente una respuesta ante quienes han sufrido dentro de ella.

La última etapa del viaje, en Metz, permitió introducir otra de las cuestiones centrales del pontificado de León XIV: el futuro de Europa. En ese lugar, tan vinculado a Robert Schuma, impulsor del proyecto europeo, el Papa abordó directamente las raíces cristianas del continente cuestión tan cara a su antecesor Juan Pablo II- dibujando la idea idea de una Europa basada en la paz, la búsqueda del bien común y la cooperación.

La celebración de la Santa Misa en la catedral de San Esteban de Metz puso el punto final a la visita antes del regreso del Pontífice a Roma el lunes 28. Con ella concluía una peregrinación que había recorrido en pocos días escenarios muy distintos, desde los centros políticos de París hasta el santuario de Lourdes y la ciudad asociada a los orígenes del proyecto europeo.

El principal interés del viaje de León XIV a Francia se encuentra, precisamente, en la combinación de todas estas dimensiones. No fue únicamente una visita institucional, ni tampoco exclusivamente una peregrinación religiosa. El conjunto permite plantear la presencia de la Iglesia no tanto como una alternativa a las instituciones políticas, científicas o culturales, sino como una voz que pretende intervenir en ellas desde una concepción concreta de la persona y de la dignidad humana.

El mensaje de León XIV buscó conectar la propuesta cristiana con problemas muy concretos de las nuevas generaciones, evitando presentar la fe como una respuesta ajena a las inquietudes de la sociedad actual.

Al mismo tiempo, la visita a Lourdes recordó que la Iglesia tiene que afrontar sus propias responsabilidades. La cercanía a las víctimas y la referencia a los abusos introducen una dimensión imprescindible en cualquier balance serio del viaje. La recuperación de la credibilidad institucional no puede separarse de la transparencia, y la protección de quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad.

Resumiendo el viaje ha permitido a León XIV presentarse como un Pontífice dispuesto a intervenir en los grandes debates de la modernidad sin renunciar al núcleo de su misión religiosa. El balance inmediato es significativo. La visita ha devuelto al Papa al centro de la vida pública francesa después de dieciocho años, ha movilizado a cientos de miles de personas y ha abierto espacios de discusión sobre cuestiones que afectan directamente al futuro de las sociedades europeas. Queda por determinar hasta qué punto los mensajes pronunciados durante estos cuatro días tendrán consecuencias concretas, tanto en el ámbito político como en el eclesial.

Lo que sí parece evidente es que la visita no ha quedado reducida a una sucesión de actos protocolarios. León XIV ha utilizado su presencia en Francia para plantear una serie de preguntas de fondo sobre la relación entre progreso y dignidad, entre libertad y responsabilidad, entre religión y espacio público, y sobre el propio futuro de Europa. La importancia de la peregrinación dependerá, en buena medida, de la capacidad de esas preguntas para mantenerse vivas una vez que el Papa haya regresado a Roma.

El autorRafael Navarro-Valls

Catedrático Emérito de la Universidad Complutense y Presidente de Honor de la Unión Internacional Iberoamericana de Jurisprudencia.

Cuando el rencor deja de tener la última palabra

El testimonio de una mujer con discapacidad y las enseñanzas de san Josemaría y san Juan Pablo II muestran cómo la gracia de Dios puede transformar la herida en misericordia.

1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El otro día, en mi parroquia, escuché el testimonio de una persona con discapacidad. Siendo sincero, me dio una lección sobre el perdón que sentí la necesidad de compartir.

​Hablaba con valentía del dolor que ha sufrido a lo largo de su vida al enfrentarse a las burlas de otros por su aspecto o sus capacidades. Nos confesaba lo difícil que le resultaba perdonar a quienes le hacían sufrir. Escucharla me conmocionó. Me hizo comprender que el sufrimiento no entiende de coeficientes intelectuales ni de etiquetas. El alma humana sufre la herida. Todos nos damos cuenta de la palabra hiriente, del gesto inoportuno y de cómo, ante la agresión, en nuestro interior puede salir el rencor, la envidia o la amargura.

Pero, ¿Qué es el perdón?

Según la RAE es la remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente. 

También según el numeral 2843 del Catecismo de la Iglesia Católica dice: «Así, adquieren vida las palabras del Señor sobre el perdón, este Amor que ama hasta el extremo del amor (cf. Jn 13, 1). La parábola del siervo sin entrañas, que culmina con la oración del Señor sobre el perdón (cf. Mt 18, 23-35), nos recuerda: «Así provocará la ira de mi Padre celestial a todo aquel que no perdone de corazón a su hermano». Allí es, en efecto, en el fondo «del corazón» donde todo se ata y se desata. No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión».

​​El Catecismo reconoce algo fundamental: no está en nuestra mano dejar de sentir la ofensa. El perdón no consiste en reprimir el sentimiento del agravio, ni anestesiar el corazón; sino impedir que la herida se infecte de odio.

​Esta lucha interna entre la herida y la gracia podemos encontrarlos en los escritos de San Josemaría Escrivá. En Camino, nos invita a no buscar excusas en la dureza del entorno o en el comportamiento ajeno para justificar la falta de caridad. En el punto 452 escribe:

​»No tengas enemigos. —Ten sólo amigos: amigos… de la derecha —si te hicieron o quisieron hacer bien— y… de la izquierda —si te han hecho o han intentado hacerte mal».

​Y para profundizar en cómo reaccionar ante la incomprensión o el desprecio, en el punto 682 nos da una receta muy práctica para la vida cotidiana:

«Si te cuesta perdonar, piensa que Jesús ha muerto por ti y que te ha perdonado todo. Mírate en la Cruz y verás qué poco es lo que a ti te hacen, comparado con lo que al Señor le hicieron… y con lo que le haces tú».

​Esta misma lección nos la enseñó San Juan Pablo II. En 1981, tras sobrevivir al atentado en la Plaza de San Pedro, el Papa no solo perdonó públicamente a Mehmet Ali Ağca desde la ambulancia, sino que dos años después lo visitó en la cárcel de Rebibbia. Aquel encuentro a solas, mirando a los ojos al hombre que había intentado quitarle la vida, fue una excelente catequesis sobre lo que significa no dejar que el mal tenga la última palabra. Juan Pablo II demostró al mundo que la fuerza del ser humano está en la capacidad de transformar una agresión en un espacio de misericordia.

Aquella mujer de mi parroquia nos enseñó una verdad que se nos puede olvidar con facilidad: el perdón no es un acto automático ni una fuerza que nace del voluntarismo humano, sino una decisión del corazón sostenida por la gracia.

Al ver su vulnerabilidad, comprendí que perdonar no significa justificar el daño ni borrar el pasado, sino negarle al rencor el poder de dictar nuestro presente. Cuando dejamos de fijar la mirada únicamente en la ofensa y ofrecemos nuestra herida abierta a Dios, el perdón deja de ser un acto inalcanzable para convertirse en una verdadera experiencia de libertad y de amor.

El autorMiguel Pedro Gil Calvo

Padre de 6 hijas. Maestro de Audición y Lenguaje e hijo de padres sordos (CODA). Mi historia personal y profesional se entrelazan en una única vocación: romper barreras de comunicación

Evangelio

La expectativa del padre: “tendrán respeto a mi hijo”. Domingo XXVII del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XXVII del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 4 de octubre de 2026.

Vitus Ntube·1 de octubre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Las lecturas de estos tres últimos domingos forman una hermosa progresión. Hemos permanecido en la viña del Señor. Primero escuchamos la invitación: “Id también vosotros a mi viña”. Después vino la llamada a responder con obras y no solo con palabras. Hoy descubrimos la finalidad de nuestro trabajo: Dios espera que su viña dé fruto.

El Evangelio retoma la imagen presentada en la primera lectura del profeta Isaías. La viña es la posesión más querida del Señor, plantada con esmero, protegida y cuidada con todo cariño. Como dice Isaías: “La viña del Señor del universo es la casa de Israel”.

Jesús desarrolla ahora esta imagen a la luz de la historia de la salvación. La viña ha sido dada a unos labradores, responsables de cultivarla y de entregar a su dueño los frutos que le corresponden. El privilegio de trabajar en la viña lleva consigo la responsabilidad de dar fruto.

Llega entonces el momento más conmovedor de la parábola: “Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’”. Estas palabras nos revelan algo muy profundo del corazón de Dios. No expresan ignorancia ni ingenuidad, como si Dios no supiera lo que iba a suceder. Revelan, más bien, la asombrosa generosidad del amor divino. Dios nunca deja de invitar y de ofrecer nuevas oportunidades para la conversión. En lugar de responder a la rebeldía con un castigo inmediato, responde con el don más grande que podía hacer: envía a su propio Hijo amado.

Los labradores piensan que, matándolo, podrán quedarse con la herencia. Ante el mayor acto de amor de Dios, responden con el mayor acto de violencia de la humanidad.

Pero la viña no es solamente el antiguo Israel. Es también la Iglesia de hoy y, más aún, cada uno de nosotros.  La pregunta que nos deja el Evangelio no es simplemente si estamos trabajando en la viña, sino si nuestro trabajo está dando fruto. No basta con pertenecer a la Iglesia. No basta con estar ocupados en actividades religiosas. Dios espera los frutos de una vida transformada y de una santidad que se haga visible en la vida cotidiana.

Vaticano

León XIV resume su viaje a Francia con una palabra: «Renacimiento»

“Al igual que se restauró la catedral de Notre-Dame, también se está renovando la Iglesia en Francia”. Esto se nota especialmente en el entusiasmo de los jóvenes y en el aumento del número de bautismos, ha manifestado el Papa León XIV en la Audiencia de hoy, al resumir su visita a Francia, recién concluida.

Redacción Omnes·30 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“¡Me ha impresionado el fervor y el entusiasmo con que me han acogido en Francia!”, ha exclamado el Papa León XIV en la Audiencia general de este miércoles final de septiembre en la Plaza de San Pedro. Una visita que “ha sido un gran regalo para mí y para el pueblo de Dios en ese país, y doy gracias al Señor”.

“Al igual que se restauró la catedral de Notre-Dame, también se está renovando la Iglesia en Francia. Esto se nota especialmente en el entusiasmo de los jóvenes y en el aumento del número de bautismos”, ha sintetizado el Santo Padre en su resumen a los peregrinos de lengua inglesa.

“Quisiera resumir mis vivencias en un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. Un templo destruido hace siete años por un incendio, hoy es signo de renacimiento. Esta es una imagen de la Iglesia edificada con piedras vivas, es decir, de personas que aman a Jesús porque han sido amadas por Él y desean anunciar ese amor a todos, “para que el mundo tenga vida” (cf. Jn 6,51). 

Esta es “la reconstrucción de la Iglesia que sólo Dios puede llevar a cabo”, ha afirmado el Pontífice en la Audiencia.

La clave de lectura: “Renacimiento”

Con éstas y palabras similares ha resumido el Sucesor de Pedro su visita a Francia en la Audiencia. Y la palabra clave que ha empleado es “renacimiento”.

“Quisiera recoger los pensamientos y las impresiones -todavía muy vivas- de esta Visita pastoral en torno a un único gran símbolo: la Catedral de Notre-Dame de París. 

Allí, el primer día por la tarde, ha narrado el Papa, “celebramos las Vísperas de la Beata Virgen María, una liturgia solemne y al mismo tiempo festiva, en la que la música, el canto y la belleza del templo hacían vibrar a los corazones unidos en la oración”.

“Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento”.

Miles de personas se congregan en los Campos Elíseos de París antes de la Misa al aire libre del Papa León XIV en la Plaza de la Concordia, durante su viaje apostólico de cuatro días a Francia, el 26 de septiembre de 2026. (Foto de OSV News/Gonzalo Fuentes, Reuters).

Alegría y fervor de la multitud

Ya sea en el esplendor recuperado de Notre Dame de París para la celebración solemne de las vísperas, durante “la inolvidable vigilia en el Stade de France con los jóvenes” —”¡los nuevos santos de Francia!” —, a lo largo de las

calles o ante la inmensa multutud en la Concordia y en los Campos Elíseos, la alegría y el fervor del pueblo de Dios —con sus numerosos catecúmenos— se han manifestado con creces, ha subrayado el León XVI.

“Esta multitud, capaz de guardar silencio y recogimiento —propios de los corazones que anhelan la verdad y el amor—, representa”, a su juicio, “un gran signo de renacimiento y esperanza”.

“Dos lugares diversos y complementarios, casi unidos espiritualmente”

El Santo Padre siguió mencionando “dos lugares completamente diversos y sin embargo, dos eventos complementarios, casi unidos espiritualmente, ¿Qué les unía? La Iglesia, que no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él”. 

– En Notre-Dame estaban los sacerdotes y los diáconos, las personas consagradas, los operadores pastorales; 

– en el estadio (Saint Denis) estaba la nueva generación francesa: nueva -diría- no solo por la edad, sino más aún por su espíritu, por la libertad de corazón y de fe. 

“Jóvenes que cantaron, gritaron, pero que también se quedaron en silencio, en escucha. Rostros atentos y conmovidos, que manifestaban corazones deseosos de verdad y de amor. A ellos les dije con alegría: ha reiterado en la Audiencia: !¡Vosotros sois los santos de Francia! Esa Vigilia fue una gran señal de esperanza”, ha dicho el Papa.

Dignidad humana, eje central de los encuentros

Como es lógico, el Papa ha recordado también en su recorrido que “la dignidad humana como criterio fundamental de toda colaboración al servicio del bien común, ya recordada ante las autoridades francesas y ante los miembros de la UNESCO, ha sido también el eje central de los encuentros con los más vulnerables en París.

Y asimismo en “Lourdes, lugar bendito donde la Virgen María ofrece, en nombre de su Hijo, a todos los peregrinos que sufren en su cuerpo y en su alma, un mensaje de esperanza”.

“Respeto de toda vida humana, que merece ser cuidada, acompañada y  aliviada”

“Allí recordé con firmeza que toda vida humana, incluso en las situaciones de mayor fragilidad, conserva su dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada y aliviada”, añadió el Papa León, con palabras a menudo reiteradas desde el encuentro con las autoridades el primer día en París.

Por último, Metz, lugar simbólico en la construcción de la paz en Europa junto al venerable Robert Schuman tras la Segunda Guerra Mundial, fue ocasión para recordar las raíces cristianas de Europa, ha subrayado también el Pontífice,  y su compromiso con los principios del diálogo y la paz entre las naciones y entre las diversas tradiciones religiosas.

El Papa reza en la Gruta de Masabielle (Lourdes) (©OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media).

Lourdes, santuario de la civilización del amor, encuentro con víctimas de abusos

Lourdes representa para todo el mundo un santuario de la civilización del amor, ha concluido el Santo Padre, y “en este contexto encontré a algunas personas víctimas de abusos y les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellos mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos”.

Oración por los frutos abundantes y duraderos

Finalmente, León XIV ha recordado en la Audiencia romana que “el tema de mi Visita pastoral a Francia ha sido ‘Pour que le monde ait la vie, Para que el mundo tenga vida (cf. Jn 6, 51)”.

Son palabras de Jesús, que resumen toda su misión de salvación y que, “durante el Viaje, expresaban en plenitud el sentido evangélico de cada encuentro. Ahora, estas expresan nuestra oración, al pedir a Dios que este evento de gracia dé frutos abundantes y duraderos”, ha concluido.

El autorRedacción Omnes

Ecología integral

El feto siente dolor como los adultos desde el segundo trimestre, según especialistas

El Dr. Rodrigo Orozco, ginecólogo y especializado en medicina maternofetal, ha manifestado que negar el sufrimiento del feto carece de fundamento científico. El feto siente el dolor a partir del segundo trimestre, y más en el tercero. Y en un aborto hay sufrimiento fetal.

Redacción Omnes·30 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Las declaraciones del ginecólogo, en el sentido de que el feto siente el dolor como los adultos a partir del segundo trimestre, y aún más en el tercero, se han producido en ‘La Tarde’ de Cope, al comentar recientes declaraciones públicas en sentido contrario.

“Todas las sociedades científicas y los principales colegios ginecológicos tienen demostrado que a partir del segundo trimestre y más en el tercero, el feto tiene ya desarrollada la suficiente complejidad neuronal cerebral como para sentir el dolor muy similar a nosotros, a los adultos”, aclara el doctor Orozco.

Momento en el que el feto comienza a sentir dolor

El doctor Orozco asegura que la evidencia médica demuestra que las estructuras cerebrales para procesar este estímulo se desarrollan mucho antes de lo que se suele afirmar: a partir del segundo trimestre y más en el tercero (pueden consultar aquí la diferencia entre embrión y feto).

En una entrevista publicada por la diócesis de Málaga, el neurofisiólogo Salvador González Barón, catedrático emérito de Fisiología Humana de la Universidad de Málaga, sitúa entre las semanas 18 y 22 de gestación los indicios de percepción del dolor fetal. El especialista advierte, no obstante, de que resulta difícil precisar el momento exacto en que comienza esta capacidad, debido a la complejidad del desarrollo del sistema nervioso.

Sufrimiento fetal al realizar un aborto

Incluso en etapas más tempranas, el ginecólogo señala que “desde las primeras etapas del embarazo, por supuesto, el feto responde a golpes, responde cuando se realiza una prueba invasiva… se mueve, le molesta, se defiende. Sin lugar a duda hay sensaciones, hay dolor y por supuesto cuando se realiza un aborto hay sufrimiento fetal. La ciencia sí lo demuestra”.

A su juicio, “las afirmaciones en relación a que el feto no sufre ningún tipo de dolor ni sufrimiento cuando se realiza un aborto son totalmente erróneas. No hay ninguna evidencia que así lo justifique”.

González Barón apunta, además, a una diferencia entre el sistema nervioso fetal y el adulto. Según explica, los fetos y los recién nacidos todavía no han desarrollado plenamente los mecanismos nerviosos que permiten inhibir o modular el dolor. Por ello, el neurofisiólogo considera que el dolor fetal podría llegar a ser más intenso que el de un adulto.

Carlo V. Bellieni, criterio coincidente

Una posición similar a la del doctor Orozco ha sido defendida por el pediatra y neonatólogo italiano Carlo V. Bellieni, de la Universidad de Siena, uno de los investigadores que más ha estudiado el dolor fetal. En un artículo publicado en 2019 en Seminars in Fetal & Neonatal Medicine, Bellieni sostiene que el dolor es un fenómeno neuroadaptativo que aparece hacia la mitad del embarazo, aproximadamente entre las 20 y 22 semanas de gestación, y que se hace progresivamente más evidente durante el resto del embarazo.

Bellieni ha insistido en esta tesis en una publicación de mayo de 2026 en el Journal of Medical Ethics. Según el especialista italiano, existen evidencias considerables de que, entre las 20 y 22 semanas después de la concepción, las respuestas del feto ante estímulos potencialmente dolorosos son similares a las de los adultos desde el punto de vista electrofisiológico, químico y conductual. 

“La palabra del paciente —una especie de ‘prueba inconfundible’— sería deseable, pero no es indispensable cuando existen indicios sólidos”, escribe Bellieni. Por ello, considera que la analgesia debería utilizarse cuando el dolor fetal sea altamente probable.

Otros estudios

También es significativo un trabajo publicado en 2025 por Bellieni junto con Kanwaljeet J. S. Anand, profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de Stanford y uno de los investigadores internacionales más conocidos en el estudio del dolor fetal. 

Los autores realizaron una revisión sistemática de 17 estudios clínicos que habían observado directamente respuestas fetales ante estímulos nocivos. Su conclusión es que las respuestas relacionadas con el dolor aparecen “from mid-gestation onward”, es decir, desde la mitad de la gestación, aunque reclaman más investigación para confirmar estos resultados y orientar la práctica clínica.

González Barón introduce, sin embargo, un matiz que trasciende la cuestión médica. A partir de una reflexión del doctor J. Tudela, recuerda que la dignidad humana no depende de la capacidad de sentir dolor. Por ello, considera que el debate ético sobre el aborto no puede reducirse a determinar si el feto sufre durante el procedimiento.

Secuelas post aborto

Por otra parte, el Dr. Orozco ha hecho notar las secuelas psicológicas a largo plazo que sufren muchas mujeres tras un aborto, “un fenómeno real que la medicina constata a diario”, señala cope.es. El doctor afirma que la ausencia oficial del término “síndrome postaborto” de las clasificaciones internacionales de psiquiatría, no anula la vivencia de las pacientes. “Que no esté recogido no significa que no exista”.

Leire Navaridas, fundadora de Amasuve y acompañante postaborto, habla del “trauma del aborto”, y ha publicado el libro ‘Un aborto después’, en el que busca visibilizar a través de su historia personal “lo que hay antes-durante-después de un aborto”.

El autorRedacción Omnes

Mundo

¿Quién fue Madeleine Delbrêl, a quien citó el Papa en Notre Dame?

Cuando León XIV apeló a Madeleine Delbrêl el pasado viernes en Notre Dame de París, para llamar a la oración a los obispos, sacerdotes, seminaristas y personas consagradas, pegué un respingo. Acababa de leer un excelente artículo de Gerardo Ferrara en Omnes, precisamente sobre ella.

Francisco Otamendi·30 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

La llamada del Papa León XIV en Notre Dame, el primer día de su visita a Francia, no era asunto menor. 

Iba concluyendo el Papa unos cuantos consejos a la estructura de la Iglesia francesa, y a los laicos presentes, y en pocos minutos íbamos a escuchar que “esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana”. Y de repente, se oyó el nombre de Madeleine Delbrêl.

El Papa se apoyaba en Madeleine Delbrêl, no una monja, ni una fundadora ni una teóloga, “sino una mujer laica, artista y activista inmersa en realidades difíciles, que encontró su misión (y a Dios) en la calle, literalmente: la calle, con sus “periferias existenciales”” (escribió Ferrara el 4 de julio), para alentar a la amistad con el Señor y a la oración personal a los presentes.

Madeleine Delbrêl: “Sin oración, no amaremos a Dios con amor”

Lo que dijo el Sucesor de Pedro, casi al concluir su homilía en el rezo de las Vísperas en Notre Dame, fue lo siguiente:

“Queridos obispos, sacerdotes, seminaristas y consagrados: a ustedes que han sido llamados a seguir a Cristo, les agradezco su respuesta y su fidelidad al Señor. No descuiden jamás esa amistad, querida por el Señor, que ha de cultivarse en la oración personal, fundamento esencial de toda vocación. 

Como decía Madeleine Delbrêl: “Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos […] de Jesucristo” (La alegría de creer, Santander 1997, p. 213)”.

“Cuiden, pues, su vida interior con el Señor a la luz de la escuela de los numerosos santos que les han precedido, bebiendo siempre de la fuente del amor infinito de Dios en la oración silenciosa. Su misión brota ante todo de esa relación íntima con el Señor, que allí les espera”.

Placa en la fachada de la casa natal de Madeleine Delbrêl, 11 de diciembre de 2025, Mussidan, Dordoña, Francia (@Cip24, Wikimedia commons).

Trabajadora social en un barrio obrero de las afueras 

Madeleine Delbrêl nació el 24 de octubre de 1904 en Mussidan, Francia, en una familia que hoy calificaríamos de “disfuncional”. Su padre, Jules, era jefe de estación, un intelectual frustrado, anticlerical, orgulloso y temperamental, que cambiaba a menudo de trabajo, lo que obligaba a la familia a mudarse continuamente. Su madre, Lucile, era todo lo contrario: conformista, convencional y de familia burguesa.

Así describía Ferrara la familia de Madeleine, y luego pasó a ella. Tienen ahí todos los detalles, por lo que aquí nos detendremos sólo un par de cosas.

La primera, que en 1933 se trasladó, junto con algunas compañeras, a Ivry-sur-Seine, en las afueras obreras de París, un barrio industrial y de lucha de clases gobernado por una junta comunista. Estudió para convertirse en trabajadora social y fue contratada precisamente por esa misma administración anticlerical, que la valoraba enormemente. Su casa de la rue Raspail se convirtió en un lugar de acogida para los pobres, los desamparados y, durante la Resistencia, para judíos y refugiados.

Vivió de este modo, a las afueras de Ivry, hasta el 13 de octubre de 1964, cuando falleció a causa de una hemorragia cerebral repentina. Estaba trabajando en su escritorio. En 2018, el Papa Francisco le concedió el título de Venerable.

No es figura marginal

En segundo lugar, una consideración. Si el Papa León XIV la citó en Notre Dame, hay que pensar que no se trata de una figura marginal. Madeleine Delbrêl es una de las referencias del catolicismo francés del siglo XX para la evangelización en una sociedad secularizada.

Delbrêl se planteó una cuestión que resulta contemporánea: ¿cómo ser cristiana y evangelizar en una sociedad en la que la fe ya no constituye el ambiente cultural dominante?

Su respuesta fue vivir el Evangelio dentro de ella: trabajar, relacionarse con los demás, compartir sus problemas y alegrías, y fortalecer y purificar la propia fe, al ser llamados a ser misioneros “aquí y ahora”.

Un texto que interpela: la paciencia, nuestros nervios, el autobús…

Para concluir, sintetizamos unas líneas de Madeleine Delbrêl que recogió Ferrara hace casi tres meses. Pueden releerlas aquí”.

“A veces, a lo largo del día esperamos con ilusión las pasiones, las grandes pasiones…

A aquellos se les llamará héroes, por lo que vale la pena sacrificar la vida…

En cambio, llegan las pruebas de paciencia.

La paciencia, esas migajas de pasión, cuyo propósito es matarnos lentamente para tu gloria, oh Dios, matarnos sin nuestra gloria.

Desde primera hora de la mañana se nos presentan: son nuestros nervios, demasiado nerviosos o demasiado lentos; es el autobús que pasa abarrotado, la leche que se derrama, los deshollinadores que vienen, los niños que lo estropean todo.

“Nuestras pruebas…, el martirio que nos espera”

“Son los invitados que nuestro marido trae a casa y ese amigo que, precisamente él, no viene; es el teléfono que no para de sonar; son aquellos a quienes queremos y que ya no nos quieren.

(…)  es querer salir cuando estamos encerrados,

es quedarnos en casa cuando hay que salir;

es el marido en el que nos gustaría apoyarnos

y que se convierte en el más frágil de los niños;

(…) Así llegan nuestras pruebas, en filas cerradas o en fila india, y siempre se olvidan de decirnos que son el martirio que nos espera.

Y nosotros las dejamos pasar con desdén, esperando —

para entregar nuestra vida— una ocasión que merezca la pena”.

El autorFrancisco Otamendi

Cultura

Científicos católicos: Antonio José Cavanilles

Antonio José Cavanilles fue un naturalista, sacerdote español, considerado de los científicos más destacados de la Ilustración en España.

Gonzalo Colmenarejo·30 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Antonio José Cavanilles (Valencia, 1745 – Madrid, 1804) fue un naturalista, botánico y sacerdote español, considerado uno de los científicos más destacados de la Ilustración en España. Su vida y obra constituyen un puente entre la tradición humanista y el rigor científico moderno aplicado al estudio de la naturaleza.

Tras cursar estudios en su ciudad natal, se doctoró en Teología en la Universidad de Valencia. Ordenado sacerdote, combinó su vocación religiosa con una creciente pasión por las ciencias naturales. En 1777 viajó a París como tutor del hijo del duque del Infantado. Allí inició su interés por la botánica, aprendiendo los métodos más avanzados del momento en esta ciencia, incluyendo la clasificación linneana. Su primera obra botánica, Monadelphiae, classis dissertationes decem (1785-1790), que contiene una descripción y clasificación de todas las especies con flores monoadelfas, inició su fama en los círculos botánicos europeos.

Tras el estallido de la Revolución Francesa en 1789 tuvo que regresar a España. Es de entonces su obra más influyente, Icones et Descriptiones Plantarum (1791–1801), donde describe centenares de especies, muchas procedentes de América y Filipinas, recopiladas a través de las expediciones científicas de la monarquía española. Esta obra le situó entre los botánicos europeos de mayor prestigio.

En 1791, el rey Carlos IV le encargó “recorrer la España para examinar los vegetales que en ella crecen”, y de ahí surgieron sus Observaciones sobre la Historia Natural del Reino de Valencia (Madrid, 1795-1797), donde más allá de la botánica, estudia los aspectos geográficos, sociales y económicos de esta tierra.

En 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid, institución que revitalizó con un fuerte impulso a la investigación y a la enseñanza, reforzando su conexión con las expediciones científicas de ultramar.

Más allá de la botánica, Cavanilles mostró interés por la modernización de los métodos productivos y la importancia de la ciencia en la prosperidad de la nación. Su obra refleja tanto la curiosidad universalista de la Ilustración como el esfuerzo por situar a España en el mapa científico europeo.

Murió en Madrid en 1804, dejando un legado que aún pervive en la nomenclatura botánica: numerosas especies llevan el epíteto cavanillesii en su honor.

El autorGonzalo Colmenarejo

PhD. IMDEA Food. Miembro de la Sociedad de Científicos Católicos de España.

FirmasEloy Asenjo Carpintero

Hombres de fuego en un mundo ruidoso

Ante la crisis de vocaciones, la Iglesia necesita sacerdotes con una sólida formación humana y espiritual, capaces de acompañar a los fieles y de vivir su entrega a Cristo con audacia, humildad y alegría.

30 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Vivimos a velocidad de vértigo. Atrapados en una civilización hiperconectada, caminamos con los auriculares puestos y el alma a la intemperie, asfixiados por un murmurlo constante que nos roba la interioridad. En medio de esta sociedad fragmentada y aturdida, la Iglesia afronta una encrucijada crucial: la crisis de vocaciones al sacerdocio ministerial. No nos equivoquemos; no es una mera cuestión de estadística o de planillas parroquiales. Es la supervivencia misma de una presencia viva que siga anunciando el Evangelio y entregando los sacramentos a un mundo que sangra.

A la zaga de las recientes enseñanzas del Papa —desde su Carta Apostólica Una fidelidad que genera futuro hasta su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2026— se dibuja una hoja de ruta tan audaz como ineludible. La premisa resuena con fuerza de trueno al recordarnos que no hay futuro sin el cuidado de todas las vocaciones.

Frente a la desorientación de este escaparate global saturado de pantallas y ruido, brota una certeza consoladora: Dios no ha cerrado el telón ni ha dejado de llamar a las puertas de los jóvenes. El Señor sigue eligiendo y llamando a los que Él quiso, sin mirar currículums deslumbrantes ni buscar tecnócratas de élite, sino apostando por el puro amor gratuito que premia, sacude y desafía.

Pero para que esa voz no naufrague entre el estruendo de la cultura actual, urge sacudirse la modorra pastoral. No valen los remiendos. Se necesitan propuestas firmes, audaces, capaces de plantearle a la juventud un ideal de entrega total y de sentido pleno. En la era de la prisa digital, recuperar la hondura exige cultivar el silencio, la adoración eucarística y la escucha vibrante de la Palabra. La vocación solo germina donde hay fe viva, testimonio sin caretas y un acompañamiento que no abandona.

Esa siembra halla su cauce definitivo y su prueba de fuego en el corazón de la diócesis. Y aquí surge la gran pregunta sobre si tiene sentido hoy mantener seminarios. En una sociedad dominada por el pragmatismo instantáneo, destinar años a la formación sacerdotal puede parecer un capricho o una demora inútil. ¡Error catedralicio! La enseñanza pontificia lo desmonta sin contemplaciones al estipular que el seminario es una condición indispensable para no improvisar chapuzas ministeriales.

Cuando un Obispo se vuelca en su seminario y lo cuida con esmero, la diócesis florece en fecundidad y número. Subir a esa montaña formativa significa aprender a estar con el Maestro, cimentando la vida en un diálogo diario y esculpiendo una madurez humana y afectiva a prueba de bombas. El seminario debe ser una auténtica escuela de los afectos donde se aprende a amar como Jesús. Solo hombres espiritualmente sólidos y afectivamente maduros pueden abrazar el celibato con gozo y convertirse en puentes reales hacia Dios, plenamente conscientes de que nadie se forma solo y de que ningún pastor existe en solitario.

Esa solidez forjada en el seminario es la coraza indispensable para saltar a la trinchera del ministerio diario. El sacerdocio no está reservado únicamente para emergencias o casos excepcionales; su labor ordinaria es estar ahí para cuidar a los fieles que llegan a las parroquias, logrando que cada laico crezca en su vida interior gracias a un proceso de acompañamiento muy cercano.

Para no sucumbir en el intento, los sacerdotes y candidatos deben esquivar con astucia dos tentaciones letales. La primera es la trampa del eficientismo activista, que mide el valor personal por el rendimiento empresarial o por el volumen de los proyectos, olvidando que en el Reino de Dios el ser siempre antecede al hacer. La segunda es la trampa del quietismo derrotista, que empuja al refugio cobarde en la queja, la pereza y el desencanto ante una sociedad secularizada que supuestamente ya no entiende nada.

El antídoto contra ambas desviaciones es volver los ojos al Pastor Bello. Su contemplación transfigura nuestras flaquezas y devuelve el ardor para llevar la caridad pastoral a los rincones más insospechados de la calle.

El sacerdocio no es un estatus intocable ni un búnker autorreferencial. La fe auténtica obliga al presbítero a descender de la montaña, mancharse las sandalias en el barro de la vida cotidiana y desgastarse por el Pueblo de Dios. Eso significa poner la existencia al servicio de las familias que tambalean, de los jóvenes huérfanos de rumbo y anclados en la precariedad, de los ancianos invisibles y de todos los que han perdido el norte, llevándoles el bálsamo del perdón y la esperanza viva.

Este empeño no es tarea de francotiradores. Promover y custodiar vocaciones exige la implicación sinfónica de todo el Pueblo de Dios. Se sostiene sobre el trípode de la oración constante, impulsada coralmente por el Obispo, los sacerdotes y los laicos, y respaldada por el pulmón invisible de los monasterios de clausura. Reclama familias con hogares sólidos que sepan soltar de la mano a sus hijos cuando Dios los reclama, junto a sacerdotes fraternos que sepan hacerse fuertes unidos para desterrar la temida soledad ministerial.

La Iglesia de hoy no busca administradores de lo sagrado ni diplomáticos de la fe, sino hombres de fuego: sacerdotes enamorados, humildes y audaces. Como repetía el Santo Cura de Ars, el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús.

Es la hora diáfana de encender un nuevo Pentecostés vocacional, rogando al Dueño de la mies y atreviéndonos a proponer a los jóvenes la aventura radical de la entrega. Porque la fidelidad a Cristo es, ayer, hoy y siempre, la única chispa capaz de engendrar futuro.

El autorEloy Asenjo Carpintero

Vaticano

El Papa elige ‘la atención en la era del clickbait’ para comunicar en 2027

El tema que el Papa León XIV ha elegido para la 61 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará en 2027, es “Una nueva mirada: prestar atención en la era del clickbait”, es decir, en la era del sensacionalismo, de los atrapaclics o de los ciberanzuelos.

Redacción Omnes·29 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Según un comunicado del Dicasterio para la Comunicación, el Papa León XVI ha elegido el tema de “la conversión de la mirada, con atención y amor”, para la LXI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del año que viene.

La economía de la atención, en su lucha por captar unos instantes de atención en medio del rápido e interminable flujo de contenidos, señala la nota, “está transformando no solo nuestras capacidades cognitivas, sino también la profundidad de nuestra comunicación interpersonal”.

Estamos llamados, en consecuencia, “a una conversión de la mirada: a mirar de nuevo, con atención y con amor”. Solo así “lograremos ver el mundo, a los demás e incluso a nosotros mismos como nos ve Cristo: llamados por nuestro nombre y amados”, añade el texto. “Nuestra comunicación cambia cuando nuestra mirada opta por acercarse a los demás en lugar de juzgarlos”.

Falta de verdadera atención

La falta de verdadera atención, alimentada por la cultura digital, nos ha acostumbrado a una rutina de reacciones inmediatas, a la superficialidad en las relaciones, a la facilidad con la que etiquetamos y rechazamos a los demás. 

“La atención, en cambio, es una valiosa forma de generosidad: “atención” viene de “ad-tendere”, tender hacia el otro y hacia la verdad. La comunicación cristiana puede volver a descubrir la atención como un don y como un modo de ver, el de Jesús, que vio y se conmovió”, según el comunicado.

La comunicación afecta a la persona en su totalidad

Ante los clickbait (señuelos o formas de hacer que buscan cazar clicks), “estamos llamados a ‘prestar atención’ y a redescubrir una higiene de la atención”.

La nota subraya asimismo que “comunicar no es capturar la atención, ni tampoco venderla, sino custodiarla como un valioso recurso para las relaciones. Para comunicar en la era del clickbait, estamos llamados a “prestar atención” y a redescubrir una higiene de la atención (cf. MH, 146)”. 

La comunicación no está hecha solo de palabras, concluye la nota. “Afecta a la persona en su totalidad, y requiere que volvamos a mirar, escuchar y sentir para poder responder a la llamada que Cristo nos dirige”.

El autorRedacción Omnes

Actualidad

Católicos y vida pública reivindica la historia común entre América y España 

La vigésimo octava edición del Congreso Católicos y Vida pública estará centrado en la relación social, política histórica y cultural entre América y España

Maria José Atienza·29 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“América y España, la fe que nos une. Un viaje de ida y vuelta” es el título del 28 edición del Congreso Católicos y Vida Pública que se celebrará del 13 al 15 de noviembre en la Universidad CEU San Pablo.

Un tema retador, dentro del momento histórico en el que nos encontramos y que reivindica figuras como Isabel la Católica o la tarea de la Escuela de Salamanca, germen “del derecho internacional y de la dignidad universal de la persona humana y que ha inspirado al Papa León XIV en varios momentos. 

La Hispanidad, un referente

María San Gil, directora del Congreso Católicos y Vida Pública ha sido la encargada de leer el manifiesto por la Hispanidad, eje de este congreso y en el que se defiende el hecho de la Hispanidad como una realidad que “beneficia a cuantos hablamos, pensamos y sentimos en español a un lado y otro del Atlántico”. 

El manifiesto señala cómo la Hispanidad, lejos de leyendas negras o doradas se basa en una “comunidad de afectos e intereses, forjada por la historia y sostenida, desde hace más de quinientos años, por instituciones que ningún tratado internacional ha conseguido replicar”.

Con este Congreso, los organizadores vuelven la mirada a un tema complicado por la “pérdida de algunos de los anclajes que la han sostenido durante siglos” y animan a “mirar con serenidad y con orgullo hacia una comunidad que no depende de esos vaivenes”.

De este modo, relevantes figuras de ambos lados del Atlántico, defenderán “un cambio de actitud profundo”, en cuanto a la defensa de la Hispanidad y su reivindicación “cultural y moral a la altura de su historia” para “reconocer que la fe ha sido uno de los cimientos más firmes de esa civilización”. 

Una llamada a la unidad, al encuentro y a la recuperación de una Historia compartida que se une al impulso de la causa de beatificación de Isabel la Católica, iniciativa en la que participan algunos miembros relevantes de entre los propagandistas. 

El primer Congreso bajo la presidencia de José Masip

Esta 28 edición del Congreso Católicos y Vida Pública será la primera bajo la presidencia de José Masip, quién sucedió en el cargo a Alfonso Bullón de Mendoza el pasado julio. Así lo ha recordado Pablo Velasco, secretario nacional de Comunicación de la ACdP, quien ha destacado el crecimiento exponencial de la Asociación Católica de Propagandistas bajo el mandato de Bullón de Mendoza. Masip había ejercido, junto con María San Gil, de coordinador del congreso en las dos ediciones pasadas. 

Un cartel que reivindica el encuentro

Entre las novedades más destacables de este congreso, Velasco ha señalado la autoría del cartel que, este año, ha surgido de una propuesta a los alumnos de las áreas de Comunicación de las cuatro universidades que el CEU tiene en España. 

El diseño de Carlos Figuero, alumno del Grado de Arte Digital, ha sido el ganador y el joven, que se define como “católico artista, y amante de la historia”, ha explicado las claves de un cartel que representa la fraternidad entre ambos pueblos: “Dos bancos de peces, de diferentes colores, que simbolizan ambos hemisferios. De cada banco sale un pez al encuentro del otro. Eso es lo que nos define, el encuentro. Los peces están inspirados por el arte maya y la iconografía cristiana”. 

En estos años, el Congreso Católicos y Vida Pública se ha consolidado como una de las citas clave del pensamiento y el impulso de la participación de los católicos en la sociedad civil y cultural.

Mundo

León XIV se despide de Francia y Metz, ciudad de reconciliación y faro de esperanza para Europa y el mundo

El último día del viaje del Papa León XIV a Francia, en la ciudad de Metz, fue una jornada dedicada al llamado a la paz, a la reconciliación y a la unidad europea.

Gonzalo Meza·29 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Su primera actividad en Metz fue un encuentro con representantes de distintas religiones en el Centro de Congresos Robert Schuman. Las religiones, dijo, están llamadas a construir la paz y a ser guardianas de la vida. Siguiendo el ejemplo de Robert Schuman, que convirtió las antiguas fracturas de Europa en puentes, el Papa defendió un diálogo que no diluye la propia identidad: «Dialogar no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con simplicidad y verdad, abriéndose a la diferencia del otro».

Asimismo, condenó el uso del nombre de Dios para justificar la violencia: «invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina». El Papa afirmó también que la grandeza de una civilización se mide por cómo protege a la persona humana, sobre todo a la más frágil: «La grandeza de una civilización no se mide por sus éxitos materiales, sino por la manera en la que abraza, protege y eleva la persona humana. Las religiones son guardianas de la vida».

Europa, entre sus raíces cristianas y la paz

Después, León XIV acudió a un encuentro titulado «En las raíces de Europa, por la paz y la unidad». En su discurso, el pontífice propuso volver a las raíces de Europa para construir la paz y la unidad. Siguiendo a Robert Schuman, indicó que Europa es una realidad cultural nacida del encuentro con el otro y marcada por el cristianismo: «Europa debe entenderse como una realidad cultural e histórica antes que geográfica». Y subrayó el lugar que ocupa la fe en su identidad: «No se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo».

León XIV lamentó que la guerra haya vuelto al continente europeo, una nueva «inútil masacre», con la expresión de Benedicto XV. Ante ello, pidió diálogo paciente y audacia en la negociación, con disposición a ceder posiciones para alcanzar la paz: hay que «mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz». Precisó que esa búsqueda «no debe confundirse con un irenismo ingenuo». En ese sentido, el pontífice advirtió: «hay que tener cuidado con la ilusión del rearme». Y citó su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año: «No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros».

Metz, tierra de reconciliación

Por la tarde, el Santo Padre presidió la misa por la paz y la justicia en la catedral de San Esteban, conocida como la Linterna del Buen Dios, con unas dos mil personas dentro del templo y miles más que la siguieron en pantallas instaladas en las calles. En su homilía explicó que la paz es una casa que Dios regala, pero que los hombres deben construir juntos con el derecho, la justicia, la caridad y el perdón: «la paz, que es don de Dios, exige una respuesta por parte de los hombres en un esfuerzo compartido». Y recordó que Metz, tierra de guerras, es también tierra de reconciliación: «Metz y el río Mosela testimonian al mundo entero que la reconciliación es posible sólo cuando se tiene la valentía de romper las cadenas del resentimiento».

Para el Papa, la catedral, con sus vidrieras de Marc Chagall, es la imagen de lo que Europa está llamada a ser: «el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde la herida del pasado se convierte en una fisura que deja filtrar la luz». Por eso, al despedirse, pidió a la comunidad de Metz ser, «hoy más que nunca», un faro de esperanza para Francia, para Europa y para el mundo.

Al concluir la misa se dirigió al aeropuerto de Metz-Nancy-Lorena, donde lo despidió el presidente de la República, Emmanuel Macron, antes de partir rumbo a Roma.

Francia descubre una Iglesia viva

El viaje deja a Francia y a Europa más de una reflexión. El Papa puso en el centro de su visita y de sus discursos la dignidad y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural, y la unió al llamado a la paz y a la unidad en Europa y en el mundo. Por su parte, Francia mostró al mundo una sorpresa: en un país secularizado y cada vez más descristianizado, miles de jóvenes y adultos descubren a Cristo en sus vidas, deciden seguirlo y piden incorporarse a la Iglesia a través del itinerario de la iniciación cristiana, que culmina con el bautismo, la confirmación y la eucaristía. A ellos se suman muchos bautizados que, tras años de distancia, vuelven a la fe y a los sacramentos. Un signo que, como dijo el propio Papa, lo dejó «maravillado» y «supera los análisis estadísticos y sociológicos»

Quizá la imagen que mejor resume la visita fue la misa en la plaza de la Concordia y los  Campos Elíseos. Cerca de 800 mil personas acudieron a esa ceremonia. El Papa fue aclamado por franceses venidos de todo el país mientras recorría en papamóvilen la emblemática avenida de París, orgullo nacional de los franceses y escenario de los grandes desfiles y celebraciones nacionales. Ahí el sucesor de Pedro, vicario de Cristo fue recibido y ovacionado. Luego, la plaza de la Concordia, que durante la Revolución fue un lugar de muerte por guillotina, se convirtió, con la misa, en un lugar de encuentro, de unidad y de comunión.

Familia

Chema y Marta, con un hijo con diversidad funcional: “pasamos de enfrentarnos con Dios, a dejarlo todo en sus manos”.

La llegada de Jorge, con graves problemas de salud, puso a prueba la fe de Marta y Chema, que aprendieron a confiar en Dios y a vivir con esperanza y naturalidad.

Álvaro Gil Ruiz·29 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Marta y Chema son un matrimonio muy normal, eso dicen… Porque… ¿Quién le planta una rosquilla de chocolate, en el dedo, para pedirle matrimonio a su novia? Pues Chema. Que nos cuenta en esta entrevista que, para pedirle la mano a Marta, se fue a un bar y lo hizo de esta manera tan original. Él lo llama la “anti pedida”. Anécdotas aparte, efectivamente, son muy normales. Porque a ellos les pasan cosas corrientes. Como el nacimiento inesperado de Jorge, uno de sus cuatro hijos, que vino al mundo con varias dificultades, que le han convertido en alguien muy especial, y lo llevan de manera natural, sin dramatismo.

Hemos podido entrevistarles a los dos y nos han contado esto y mucho más. 

Marta creció con dos hermanos y estudió en colegios de la Obra, algo que, asegura, le ha preparado para «poder afrontar lo que Dios nos mande». Chema, el sexto de once hermanos, aprendió desde pequeño la cultura del esfuerzo y a no rendirse.

La llegada de Jorge supongo, fue como el comienzo de un camino, para el que os estabais preparando sin saberlo, ¿cómo interpretáis este suceso? ¿Os sentís libremente dispuestos para una tarea tan compleja? ¿Cómo de providencial lo veis? 

–En la semana 20 de embarazo tuvimos una ecografía muy importante. En ese momento nos dijeron que algo iba mal, que el corazón y el cerebelo no se estaban cerrando debidamente. Fuimos a otros especialistas y se confirmó. Pero teníamos total incertidumbre de en que se traduciría eso. 

Cada semana que pasaba las noticias se iban confirmando y empeorando. Fue un embarazo de alto riesgo y el parto se realizó en un quirófano del Hospital la Paz. Yo estaba muerto de miedo esperando fuera. Nada más nacer, le metieron en la incubadora y me dejaron verlo 2 minutos. Aproveché para bautizarlo con una botella de agua Bezoya. 

Después lo llevaron a la UCI de neonatos y comenzó una lucha en el hospital que duraría 6 meses ( de junio a diciembre) hasta que nos dieron el alta. Luego ha tenido muchos ingresos con muchas operaciones importantes. 

A los dos años por ejemplo le operaron del corazón y las cosas se complicaron mucho y tuvo que sufrir 4 operaciones más seguidas.  Fue uno de los momentos más críticos de su vida. Ahora tiene 14 años y seguimos luchando día a día  con mucho esfuerzo, pero con esperanza y buen humor . 

Marta, ¿Cómo viviste la llegada de Jorge?

 –Al principio me bloqueé y no entendía nada. Fue un gran golpe. Iba muy ilusionada en todo el embarazo  y me encontré con todo esto que me dejó totalmente bloqueada. Pero día a día y mes a mes q pasaba en el embarazo me unía más al Señor y Él me dio toda la fuerza para luchar y seguir para delante… y cuando nació yo vi un bebé precioso diminuto que me necesitaba y pensé:  “hay q tirar para delante… vamos a luchar todo lo que esté en nuestra mano” y eso hicimos y seguimos haciendo pero siempre con visión sobrenatural y confiando en Dios. Él nos lo ha dado así y quiere que le tratemos como se merece. 

En ese momento solo teníamos un hijo de tres años al  cual tuvimos que “abandonar” durante seis meses porque nosotros teníamos que estar en el hospital. 

Algunos días mi padre nos llevaba a Álvaro a La Paz por las tardes para que pudiéramos verle. Álvaro no entendía porque no podía ver a su hermano y no volvía a casa el bebé pero se lo explicamos como podíamos. Para él fue duro: imagínate con 3 añitos y pensar que tener un hermano era quedarse sin padres durante meses. 

Y tú, Chema, ¿cómo te lo tomaste? ¿Qué pensaron vuestros hijos?

–Yo no me podía creer que nos estuviera pasando a nosotros. Siempre piensas que las cosas se van a solucionar… pero cuando siguen empeorando cada vez más, te vas desesperando.  Es muy duro cuando ves a tu hijo bebé, inocente del todo, sufriendo, y no puedes hacer nada. Tuve momentos muy oscuros, de no entender nada, de enfrentarme con Dios, de casi perder la fe. Hasta que un día, lo dejé todo en sus manos.

Marta, ¿cómo sacáis adelante vuestra familia? ¿Cómo conseguís esa autonomía en todos vuestros hijos? 

–Marta: Pues no hacemos nada fuera de lo normal pero creo q nuestros hijos se han acostumbrado a convivir con un hermano que es “especial” y que muchas veces debe pasar semanas en el hospital, a veces con alto riesgo, y ellos lo tratan como si no pasara nada y sobre todo intentamos normalizar la situación. 

Por ejemplo Jorge es cojito y lleva una ortosis, como una pequeña pierna ortopédica, a la que nosotros  en casa llamamos “pata palo”…  A Jorge le tratamos como uno más y le exigimos -en sus limitaciones- pero le exigimos para que sus hermanos también vean que no pasa nada…

 Su hermana Rocío (12) por ejemplo, se nota mucho que es muy cariñosa y le defiende y ayuda mucho… le trata como si fuera más pequeño y él se enfada y le dice: “yo no soy bebé soy mayor.. 

Su hermano Diego (8) le hace reír mucho, juega con él y le hace tonterías para que Jorge se ría… 

 Chema: Jorge en resumen es un niño feliz, muy querido por todos, con una mirada tan limpia y tan bonita que te llega al alma. Es duro cuidarle, sobre todo en algunos días difíciles. Pero se ha convertido en el principal pilar de la familia, y es quien más nos ha enseñado a amar en la vida.  

¿Qué consejo darías a todos los que se llevan una sorpresa como la vuestra pero están menos preparados a todos los niveles?

–Marta: Yo les aconsejo que le pidan mucha fuerza al Señor y que se abandonen en Él y recen mucho y sobretodo que luchen. Que luchen mucho por sacar a su hijo adelante.  Los médicos lo ponen todo negro pero si tú te empeñas vas consiguiendo muchas cosas… Los niños son más fuertes de lo que nos podemos imaginar y necesitan que estemos ahí para apoyarles y ayudarles. 

Mundo

Bryce Crawford, el joven evangelista que lleva a Jesús a las redes

Tiene 22 años, nació en Georgia y predica a Jesucristo en las calles, en universidades, en un podcast y, sobre todo, en las redes sociales. Bryce Crawford se ha convertido en una de las voces evangélicas jóvenes con mayor presencia digital en Estados Unidos, con gira en 2026 incluida.

Redacción Omnes·29 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

La particularidad de Bryce Crawford, el evangelista de la generación Z, le están llamando, no está en la música ni en el entretenimiento, sino en algo más antiguo: hablar de Jesús, leer la Biblia, responder preguntas sobre la fe y salir a buscar a personas que, según él, necesitan volver a escuchar el Evangelio.

Afincado ahora en Los Ángeles, este joven evangelista y misionero evangélico estadounidense, ha convertido la evangelización callejera y las redes sociales —especialmente TikTok, Instagram y YouTube— en el principal vehículo de su anuncio de Jesucristo a las nuevas generaciones, con un total de más de 7 millones de seguidores.

Crawford se define en su propia página web como “evangelist & founder” de Bryce Crawford Ministries. La organización le presenta como “evangelist and missionary based in Los Angeles”, dedicado a compartir el Evangelio “online and in person” con todo el que pueda escucharlo. 

Su lema es igualmente explícito: “Doing whatever it takes to reach the lost and training Christians to do the same”: hacer todo lo necesario para llegar a quienes están alejados y formar a los cristianos para que hagan lo mismo.

La gira ‘I love Jesus U.S. Tour’ de este año

La primera gira nacional I Love Jesus U.S. Tour comenzó el 24 de febrero de 2026 y terminó el 29 de marzo de 2026, con el último espectáculo en Los Ángeles (California). Así lo confirma Liberty University, cuyo Liberty Worship Collective acompañó a Crawford durante la gira. 

En esas fechas, el joven Crawford recorrió Estados Unidos con su I Love Jesus U.S. Tour, que pasó por 22 ciudades de 18 estados y concluyó en Los Ángeles. La gira combinó predicación, oración, música de adoración y conversaciones sobre la fe, y estuvo acompañada en buena parte del recorrido por estudiantes del Liberty Worship Collective.

Y un dato que da una idea del fenómeno: más de 35 estudiantes de Liberty University participaron en distintos momentos de la gira, formando seis equipos que se fueron turnando.

Conversión en un Waffle House

Su historia personal forma parte esencial de su predicación. Crawford creció en Cartersville, Georgia, en un ambiente evangélico, asistió a una academia cristiana y a una iglesia baptista del sur. Sin embargo, durante la adolescencia sufrió, según su propio testimonio, una fuerte ansiedad, depresión y pensamientos muy negativos, incluso suicidas. Pero la historia familiar experimentó después una transformación que él atribuye directamente a Dios.

La historia que él mismo cuenta sitúa un momento decisivo durante las Navidades de 2020, cuando entró en un restaurante Waffle House con la intención de que aquella fuera su última comida.

Allí comenzó a hablar con un hombre que atravesaba un divorcio. Una frase de aquel desconocido —sobre la necesidad de que una relación sea recíproca— llevó a Crawford a una reflexión religiosa que él interpreta como una llamada de Jesús. “I was like, all right, bet”», recordó posteriormente: algo así como «De acuerdo, voy a ello». Poco después comenzó a plantearse dedicar su vida a anunciar a Cristo. Religion News Service, en un amplio perfil publicado en mayo de 2026, ha contrastado esta historia con sus testimonios públicos.

El joven Bryce Crawford, misionero evangelista ha recorrido Estados Unidos este año con la gira I love Jesus U.S.Tour, con estudiantes de Liberty University. (@Bryce Crawford Ministries).

Dios le llamaba a tiempo completo

Después de terminar el instituto en 2022 se trasladó a Los Ángeles con la convicción de que Dios lo llamaba a ser un “full-time missionary”, misionero a tiempo completo. Allí empezó a predicar por las calles. En mayo de 2023, según contó a CBN News, tuvo además un sueño en el que aparecía Loren Cunningham, fundador de Youth With A Mission. Crawford interpretó aquella experiencia como una llamada a grabar las conversaciones evangelizadoras que ya estaba teniendo con personas en la calle, para animar a otros cristianos a ser más valientes en su fe. “It’s been nothing short of a miracle”, afirmó.

En una entrevista con Rick Rubin contó que en Navidad de 2023 regaló a su madre su primera Biblia personal, junto con un plan para leerla durante un año. Ella la leyó durante todo 2024. Crawford dice que su madre se convirtió en esos años en una mujer de gran fe.

¿De qué habla Bryce?

Podría decirse que Bryce Crawford habla sobre todo de Jesús y de cómo vivir como cristiano en el mundo contemporáneo. Su podcast se presenta como una exploración de cómo seguir a Jesús con  valentía en el mundo moderno. Los temas de sus programas incluyen salvación, fe, dudas, llamada, ansiedad, pureza, matrimonio, pecado, arrepentimiento, santidad, oración, identidad, sufrimiento, perdón, gracia, cultura, redes sociales, verdad….

Conversaciones también con desconocidos, con amabilidad

Parece haber, por tanto, un doble movimiento: explicar el cristianismo y enseñar a otros cristianos a evangelizar. No se limita a hablar a quienes ya creen. Una de las características de sus vídeos son las conversaciones con desconocidos en espacios públicos. Ha acudido a lugares muy alejados del ambiente habitual de una iglesia —entre ellos Venice Beach, festivales contraculturales y celebraciones del orgullo— para conversar sobre Jesús.

Su método también explica parte de su popularidad. En lugar de limitarse a una predicación frontal, intenta conversar, escuchar y formular preguntas. Associated Press señaló que su evangelización callejera busca cambiar mentalidades mediante la amabilidad. 

El propio Crawford ha explicado: “Our tactics have been one-on-one conversations, calmly listening, asking questions because we care about them”. (“Nuestra estrategia ha consistido en mantener conversaciones personales, de tú a tú, escuchar con calma y hacer preguntas porque nos importan esas personas”).

¿Por qué tantos seguidores?

Como se ha señalado al comienzo, Crawford no necesita ser cantante ni producir música: la materia prima son las conversaciones, los testimonios, la Biblia y las preguntas que plantea a personas que no necesariamente comparten su fe. Y esto atrae a millones de seguidores en las redes citadas. 

Las cifras que ofrece su propia organización son todavía mayores en términos de visualizaciones: entre enero y septiembre de 2025 contabilizaba 63 millones de visualizaciones en YouTube, 406 millones en Instagram, 647 millones en TikTok y ocho millones de escuchas del podcast. 

El contexto: evangélicos, el 23% de los adultos estadounidenses

Crawford creció en Georgia, en una familia vinculada a una iglesia baptista del sur y a la educación cristiana, Según el último Religious Landscape Study de Pew Research Center, realizado en 2023-24, el 23% de los adultos estadounidenses se identifica como protestante evangélico, frente al 26% de 2007. Los protestantes en conjunto representan el 40% y los católicos el 19%.

El dinamismo evangélico no es exclusivamente estadounidense. En otros países, como Brasil, el censo de 2022 los situó en el 26,9% de la población de diez años o más, frente al 21,6% de 2010. En una encuesta reciente, el 29% de los adultos brasileños se identifica como protestante, frente al 46% que se identifica como católico. 

Transformación en el modo de presentar el mensaje

El caso de Crawford encaja así en una transformación más amplia, aseguran analistas. Una parte del cristianismo evangélico está llevando la evangelización desde el templo a la calle y desde la calle al teléfono móvil. 

Su novedad no consiste tanto en el mensaje —Jesús, conversión, Biblia, oración y vida cristiana— como en el modo de presentarlo: lenguaje juvenil, conversaciones espontáneas, vídeos breves, podcast y una enorme capacidad para convertir una conversación evangelizadora en las redes que puede circular millones de veces por Internet.

Vaticano

El Papa León se une a «Un millón de niños rezando el Rosario»

El Papa rezará el 1 de octubre con entre 700 y 1.000 niños en los Jardines Vaticanos, en el inicio de una semana mundial de oración promovida por Ayuda a la Iglesia Necesitada.

Redacción Omnes·28 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV se unirá el próximo 1 de octubre a cientos de niños para rezar el Rosario por la paz en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos. El encuentro, que comenzará a las 17:00 horas, reunirá unos 1.000 niños de colegios y parroquias de Roma.

El acto inicia así la semana mundial de oración de la iniciativa «Un millón de niños rezando el Rosario», promovida desde hace más de veinte años por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN). Los participantes rezarán junto al Santo Padre en unión espiritual con niños, familias y comunidades cristianas de todo el mundo.

Una semana de oración por la paz

Por primera vez, la campaña se desarrollará durante una semana completa, del 1 al 7 de octubre, fiesta de Nuestra Señora del Rosario. De este modo, diócesis, parroquias, colegios y familias de distintos países podrán elegir el día que mejor se adapte a sus circunstancias para sumarse a esta iniciativa, unidos en la oración por la paz y la unidad.

La convocatoria ya está movilizando a niños de numerosos países, desde comunidades indígenas de la Amazonía boliviana hasta parroquias de Sudán, Zimbabue, Mozambique y Sierra Leona.

En Sudán, donde la guerra sigue causando un gran sufrimiento, el padre Franck Mandozi, de la Región Pastoral de Kosti, ha confirmado la participación de niños de varias parroquias y colegios. En una comunidad indígena tsimané de la Amazonía boliviana, la hermana Patricia Alejandra Botello López ha señalado que los niños ya rezan el Rosario tanto en su lengua como en español.

También en Zimbabue, la parroquia de San Cristóbal, en la archidiócesis de Bulawayo, reunirá a los niños el 4 de octubre. En Paraguay, Radio Pa’i Puku promoverá la iniciativa y retransmitirá el Rosario rezado por los niños de la parroquia de San Eugenio de Mazenod.

Inspirada en el mensaje de Fátima

La campaña de 2026 tiene como lema el mensaje de Fátima: «Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará». En su invitación a participar, el cardenal Kurt Koch, presidente internacional de ACN y prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, presenta el Corazón Inmaculado de María como expresión de una vida abierta al Espíritu Santo y a la Virgen como modelo de fe, amor y oración.

La iniciativa nació en Venezuela en 2005 y, desde entonces, se ha extendido por los cinco continentes. Está inspirada en las palabras atribuidas a san Pío de Pietrelcina: «Cuando un millón de niños rece el Rosario, el mundo cambiará».

ACN invita también a padres, profesores, sacerdotes, religiosos y catequistas a rezar con los niños. No es necesario rezar el Rosario completo: una sola decena puede formar parte de esta cadena mundial de oración. La fundación ofrece materiales en varios idiomas y permite registrar la participación para mostrar en un mapa los lugares desde los que los niños se unen a la iniciativa.

La campaña se organiza en colaboración con el Santuario de Fátima, la Red Mundial de Oración del Papa y el Apostolado Mundial de Fátima. En esta edición, se incorpora por primera vez el Día Mundial del Rosario.

¿Cómo participar en la iniciativa?

ACN anima a colegios, parroquias y familias a sumarse a «Un millón de niños rezando el Rosario» con distintas propuestas adaptadas a cada entorno.

En el colegio. Los alumnos pueden organizar un equipo, con la ayuda de los profesores, para guiar el Rosario y repartir las Avemarías entre las distintas clases. También se propone preparar un altar en el patio o en el salón de actos, con un micrófono para facilitar la participación de todos.

En la parroquia. Los niños de catequesis pueden dirigir la oración e invitar a sus familiares y amigos. Otra posibilidad es elaborar pulseras o denarios de oración en grupo, siguiendo las instrucciones del material de ACN.

En casa. La iniciativa invita a preparar un rincón de oración con una imagen de la Virgen y una vela, y a reunir a familiares y amigos para rezar juntos. Cada niño y adulto puede participar rezando un Avemaría, dando gracias por la familia y pidiendo por los niños que sufren en el mundo.

ACN ofrece materiales de oración en varios idiomas  para facilitar la participación e invita a inscribirse en la campaña, de modo que los participantes puedan aparecer en el mapa mundial de esta iniciativa.

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Cultura

La entrada en Jerusalén. Duccio: «Jesús entra en Jerusalén»

Duccio di Buoninsegna representa la llegada de Cristo a Jerusalén como un acontecimiento coral: una ciudad entera que sale a recibirlo entre ramas de olivo, mantos extendidos y miradas de asombro.

Eva Sierra y Antonio de la Torre·28 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

COMENTARIO ARTÍSTICO

Este panel pertenece a un monumental retablo conocido como la Maestà, encargado por la ciudad de Siena para su catedral en 1308-1311. El retablo toma su nombre de la imagen central, la de la Virgen con el Niño entronizada con ángeles y santos. El anverso del retablo presenta escenas narrativas de la infancia de Cristo, y el reverso, donde se sitúa la entrada en Jerusalén, muestra la narración de la Pasión junto con escenas de la vida de la Virgen.

La representación vertical de la entrada de Jesús en Jerusalén muestra a Cristo montado en un asno, reconocible por el halo, el manto azul y la túnica roja. Estos atributos eran bien conocidos por los espectadores de principios del siglo XIV. Detrás de él, dos filas de apóstoles le siguen de cerca. Este grupo hace su entrada por la izquierda y comienza a ascender por el camino que conduce hacia la Jerusalén celestial. El templo domina la parte superior del panel, un edificio blanco y resplandeciente cuyos rasgos arquitectónicos son contemporáneos a la época de Duccio. El resto de los edificios y el arco están representados con gran detalle y realismo, salvo en la representación del espacio, que resulta todavía torpe. Pero esto no suponía un problema en el Trecento italiano: este tipo de obras se apreciaban por su valor narrativo y por su capacidad de representar la vida cotidiana entrelazada con la vida de los santos y las figuras sagradas. El público era perfectamente capaz de leer el mensaje que estas pinturas transmitían.

Una multitud expectante

Las multitudes esperan a Jesús; vemos gente situada en todos los lugares posibles para conseguir ver al Salvador. Duccio se ha esmerado en mostrar cómo habría sido esta escena evangélica de haber ocurrido en 1308-1311. Cada figura aparece representada de un modo muy natural: un hombre extiende su manto rojo sobre los adoquines ante los cascos del asno, otros se afanan agitando ramas de olivo, otros se han subido a los árboles y están recogiendo ramas. Las personas se muestran en distintos tamaños para indicar su diferente edad y condición. 

En primer plano hay figuras más pequeñas que parecen niños; después, hombres de mediana edad; y, cerrando el grupo, algunos ancianos de barba gris. Las figuras son muy expresivas, cada una en una pose distinta, y muchas gesticulan con las manos mientras conversan entre sí. Algunas muestran sorpresa, duda, curiosidad. Hay un claro sentimiento de expectación y entusiasmo.

Puertas y árboles: un lenguaje simbólico

El camino conduce hasta una puerta abovedada, la entrada principal de Jerusalén. En la parte inferior derecha hay otra puerta, más pequeña. A su lado se alzan dos árboles frondosos, en marcado contraste con el árbol marchito situado a la izquierda de Jesús. El lugar de la derecha es el de honor, que ocuparán finalmente los bienaventurados cuando asciendan al Cielo. La puerta pequeña se describe en los Evangelios como el camino directo a la salvación. La izquierda es para los condenados. Aquí, en la izquierda, en clara asociación con la caída del hombre y la muerte de Cristo, un árbol muerto se alza entre otros árboles verdes y frondosos: el Árbol de la Ciencia tras la Caída, un recordatorio de la muerte de Cristo, ya que la madera de la cruz procede de un árbol muerto. Este árbol marchito forma parte de los ocho árboles presentes en la pintura. El ocho ha sido, desde los primeros tiempos del cristianismo, el número asociado a la Resurrección (las pilas bautismales suelen tener estrellas de ocho puntas, que también aparecen guiando a los Reyes Magos hacia Belén en multitud de pinturas).

La ubicación de este panel en el reverso de la Maestà significa que no era visible para todo el mundo, sino principalmente para el clero y los espectadores letrados con importantes cargos, quienes habrían comprendido todas las capas de significado de este hermoso panel, obra de uno de los grandes artistas del Trecento, el sienés Duccio di Buoninsegna. 

COMENTARIO CATEQUÉTICO

Durante el desarrollo de la vida pública de Jesús el anuncio del Reino, como hemos visto en los anteriores artículos de esta serie, ocupa el contenido central de su predicación y de su acción. La culminación de este anuncio se da cuando Jesús, finalizada su vida pública en Galilea primero y a través de Judea después, entra como Rey en Jerusalén, la ciudad santa, la ciudad de David, la ciudad en la que a lo largo de mil años el pueblo de Israel había depositado todas sus esperanzas y anhelos sobre la venida del Rey definitivo, el Mesías, y la instauración del Reino de Dios, un espacio nuevo de la historia en el que el Señor reinaría sobre el mundo entero desde Jerusalén y a través de su pueblo elegido: Israel.

Esta expectación se observa en los vibrantes colores rojos con los que Duccio pinta los mantos que el pueblo hebreo, especialmente los niños, extienden para alfombrar el camino del Rey. Ese rojo, sin embargo, se convertirá en el rojo de la Pasión de Jesús, que recibe su título de Cristo (es decir, ungido, el rey elegido por Dios como Mesías de Israel) en la Cruz y es instaurado como soberano de Cielos y Tierra en su Resurrección. Este es el verdadero destino que persigue Jesús entrando en Jerusalén: vivir en la ciudad de David el misterio pascual que traerá a la tierra el Reino de Dios.

Del incarnatus al crucifixus

Los misterios terrenos de la vida de Jesús se exponen en breves frases del Credo: “y se encarnó por obra del Espíritu Santo en María la Virgen, y se hizo hombre; por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato y padeció y fue sepultado”. El credo, por tanto, al mirar la vida terrena de Cristo tan solo cita la encarnación y la Pasión, estando el tránsito entre estos dos enunciados de fe precisamente en la entrada de Jesús en Jerusalén. La Encarnación, el misterio por el cual el Hijo de Dios asume una verdadera naturaleza humana, se expande a lo largo de los misterios de Cristo vistos en los anteriores artículos. La Pasión, la obra redentora por la que Jesucristo expía el pecado de la humanidad y la reconcilia con Dios en la cruz, ocupará los siguientes artículos. Entre ambas, la entrada de Jesús en Jerusalén une lo que ha sido su vida pública, con los discípulos y las multitudes que le acompañan, con lo que será la Pasión, en la que El solo se introducirá en el sacrificio redentor de la cruz, figurado en el templo que aparece en el cuadro, lugar de los sacrificios de la Antigua Alianza.

Jesús, por tanto, entra en Jerusalén dispuesto a morir, pues para ello se ha encaminado libremente hacia esa ciudad (Lc 9, 51). Él mismo fue advirtiendo a los apóstoles de que su entrada triunfal como Mesías no llevaría al triunfo inmediato sino al sufrimiento, a la humillación y la muerte. Así se lo indica claramente en los tres anuncios de la pasión y resurrección que fueron registrados por los evangelistas en su vida pública (Mc 8, 31-33; 9, 31-32; 10, 32-34).

Por si ello fuera poco, los discípulos, como los judíos en general, estaban familiarizados con la tradición de que los profetas morían cruelmente en Jerusalén, perseguidos y asesinados por su propio pueblo. Un escrito contemporáneo, la Vida de los Profetas, incluso se detenía a narrar el martirio de los enviados de Dios en la ciudad santa y los lugares en los que se podían venerar sus mausoleos. El mismo Jesús alude a esa tradición en Lucas 13, 33. Toda la escena de la entrada en Jerusalén, por tanto, ha de verse en este contexto martirial que encontrará su culminación en la crucifixión

El recibimiento del Rey

El ambiente de sufrimiento y de sacrificio está presente en esta escena, pero a la vez también está llena de la esperanza y de la alegría del pueblo que recibe a su Rey, porque Jesús también indicó con claridad que la pasión que iba a afrontar en la ciudad santa estaba encaminada a reunir de nuevo al pueblo de Israel, como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas (Mt 23, 37), aunque eso le costara lágrimas por el rechazo de muchos de los habitantes de Jerusalén. Sin embargo, muchos de ellos le reciben, aclamándolo como Hijo de David, es decir, como Mesías, especialmente los niños y los pobres, como sucedió en su primera presentación pública en Belén (Lc 19, 38).

En definitiva, Jesús, que rechazó ser nombrado Rey en los momentos de triunfo y éxitos humanos (Jn 6, 15), elige ahora ser manifestado como Mesías en la hora de la prueba y del sufrimiento. Como nuevo David, entra en Jerusalén como rey; como Hijo de Dios, Él mismo escoge el momento y la hora de su proclamación real. Como hombre manso y humilde, prefiere entrar en la ciudad de David no a la manera de un conquistador, sino a lomos de un borrico, como habían anunciado las profecías (Zacarías 9, 9). Con igual dulzura y misericordia conquistará a su Iglesia, definida como la Nueva Jerusalén, la Esposa que baja del Cielo ataviada para el Esposo (Apocalipsis 21, 2).

Ante la entrada del Mesías en Jerusalén, las multitudes exclaman “Hosanna” y “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Ambas expresiones han pasado al Santo de la Liturgia Eucarística, como manera de preparar la venida de Cristo en la Eucaristía con las mismas palabras con las que los hebreos prepararon la venida de Jesús a Jerusalén. La primera palabra Hosanna de origen hebreo, y significa “¡Por favor, sálvanos!” o “sálvanos ahora”. Con el tiempo, pasó de ser un grito de auxilio a convertirse en una aclamación de alabanza, júbilo y reconocimiento a Dios en la tradición judeocristiana. La expresión “Bendito” es cita literal del Salmo 118, 16, un salmo que culminaba en las celebraciones del Hallel judío las alabanzas a Dios por la obra redentora del éxodo, la primera pascua.

Con estas expresiones del pueblo de Israel se completa la escena que enlaza la vida pública de Jesucristo con su Pasión y Resurrección. Toda la vida y misión de Jesús, por tanto, ha de despertar la alabanza y el agradecimiento en los labios del pueblo creyente. De ahí que sean estas las palabras que debemos leer en la boca de las figuras del cuadro de Duccio para entender esta obra en toda su profundidad.

Obra

Nombre: La Entrada en Jerusalén
Autor: Duccio di Buoninsegna
Año : Entre 1308-1311
Técnica: Témpera sobre tabla
Medidas: 100 x 57 cm
Ubicación: Museo dell’Opera del Duomo, Siena
El autorEva Sierra y Antonio de la Torre

Historiadora del arte y doctor en Teología

Ecología integral

La redención del corazón: aprender a amar de nuevo

Cristo no vino a imponer una moral más estricta, sino a sanar el corazón humano herido por el pecado, otorgándole una libertad nueva para aprender a amar verdaderamente como Dios ama.

Hugo Elvira·28 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En los primeros artículos vimos que el cuerpo tiene un significado, que estamos llamados al amor y a la comunión, y cómo el pecado introdujo una herida profunda en el corazón humano. Una herida que afecta nuestra relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Por eso aparecen la desconfianza, el miedo y la dificultad para amar como fuimos creados para amar. Con esto concluye el primer gran ciclo de catequesis de la Teología del Cuerpo.

Pero, san Juan Pablo II no se detiene en la herida. De hecho, apenas está preparando la pregunta más importante de todas: ¿qué puede hacer Cristo con un corazón herido? O, formulado de otro modo, si el amor duele a causa del corazón herido, ¿se puede volver a amar de verdad? Con esta pregunta entramos en el segundo gran ciclo de catequesis: la redención del corazón. La respuesta cristiana es tan audaz como real. Cristo vino a inaugurar una posibilidad nueva para el corazón humano.

Cristo entra donde comenzó la ruptura

Hay un pasaje del Evangelio que san Juan Pablo II considera decisivo para comprender la redención del corazón. Jesús dice: “Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 27-28).

A primera vista, estas palabras pueden parecer una exigencia añadida. Una norma más difícil. Una moral más estricta. Pero Cristo está haciendo algo mucho más profundo. No se queda en las acciones. Va al corazón. Va precisamente al lugar donde comenzó la ruptura. Porque el problema nunca estuvo solamente en lo que hacemos. El problema está en cómo miramos. En cómo deseamos. En cómo amamos. Cristo entra ahí porque es ahí donde quiere comenzar la sanación.

Mucho más que una cuestión de sexualidad

Cuando escuchamos hablar de pureza o de redención del corazón, es frecuente pensar únicamente en la sexualidad. Pero san Juan Pablo II está hablando de algo mucho más grande. Está hablando de la capacidad humana de amar. Porque un corazón puede convertir a otra persona en un medio para sus propios intereses sin necesidad de ningún contexto sexual. Puede hacerlo en una amistad, en una relación familiar, en el trabajo, incluso dentro de la Iglesia. Cada vez que el otro deja de ser acogido por quién es y se convierte únicamente en una respuesta a mis necesidades, el amor no está ahí, Dios no está ahí. Pues Ubi Caritas et amor, Deus ibi est como dice el himno eucarístico. 

La redención del corazón, por tanto, alcanza todas las relaciones humanas. No se limita a una parte de la vida. Cristo quiere transformar la vida entera.

La gran novedad cristiana

Aquí aparece una de las intuiciones más deslumbrantes de toda la Teología del Cuerpo: la redención del corazón no consiste simplemente en evitar el mal. No consiste únicamente en controlar impulsos. Consiste en aprender a amar mejor. Más aún: en recuperar progresivamente la capacidad de amar con la que el hombre salió originalmente de las manos de Dios. 

Por eso, la redención no es el recordatorio nostálgico de un Paraíso perdido. Es una realidad nueva inaugurada por Cristo. Una posibilidad concreta que comienza ya en esta vida y en la cual nos incorporamos desde nuestro Bautismo, por acción de la gracia. La meta: aprender aquello para lo que fue creado nuestro corazón desde el principio: amar.

La obra de Dios en nosotros

Pero, ¿cómo ocurre todo esto? Todos conocemos la experiencia de querer amar mejor y descubrir que no basta con proponérselo. Queremos perdonar, pero volvemos al resentimiento. Queremos entregarnos, pero reaparece el egoísmo. Queremos amar, pero descubrimos que el corazón sigue herido. 

Por eso, la redención del corazón no puede entenderse como una simple cuestión de fuerza de voluntad. Cristo no vino solamente a mostrarnos un ideal. Vino a hacer posible una transformación. No nos deja solos frente a nuestra herida. Nos comunica su gracia, es decir, su propia vida. Y esa vida comienza a realizar en nosotros algo que no podríamos alcanzar solos: aprender a amar como ama Dios. 

Por ello, paciencia. Es un proceso lento, pero si se da cada paso por amor a Dios y a los demás, el corazón se va transformado desde dentro. Aprende a perdonar cuando todo invita al resentimiento. A permanecer cuando todo invita a huir. A entregarse cuando todo invita a encerrarse en uno mismo. La redención del corazón es, por tanto, una obra de Dios en nosotros. Una obra que se percibe como lenta muchas veces, por la resistencia que ejerce la concupiscencia, pero que es real. 

Un corazón redimido

Quizá la mejor manera de entenderlo es mirar algunos ejemplos sencillos: un amigo que se alegra sinceramente del éxito del otro, un hijo que cuida a sus padres cuando envejecen, una persona que perdona una ofensa que podría haber guardado durante años, un novio que comprende que amar no consiste en apresurarse a quemar etapas, sino en aprender a entregarse. 

Sin embargo, nada de eso ocurre espontáneamente. Todo eso supone una libertad nueva. La libertad de salir de uno mismo. La libertad de buscar el bien del otro. La libertad de amar. En una sola frase: en vivir la libertad de los hijos de Dios. Y esa libertad es precisamente uno de los frutos de la redención.

¿Por qué seguimos luchando?

Quizá alguien podría preguntarse: si Cristo ha redimido el corazón, ¿por qué seguimos experimentando tentaciones, egoísmos y caídas? La respuesta es sencilla, aunque no siempre fácil de aceptar. La redención no actúa como magia que elimina instantáneamente nuestras heridas. Actúa como gracia que comienza a sanarlas.

La existencia de la lucha no demuestra que la redención haya fracasado. Demuestra que todavía estamos aprendiendo a vivirla. Como quien aprende nuevamente a caminar después de una herida, el corazón redimido necesita tiempo para recuperar plenamente aquello para lo que fue creado. Y precisamente ahí actúa la gracia. Pero, para que la gracia actúe, necesitamos aceptarla por medio de una vida sacramental activa. 

Para seguir adelante, quizá la pregunta ya no sea: ¿se puede volver a amar? Cristo responde que sí. La pregunta ahora es otra: ¿Estoy dejando que Él sane mi corazón con el don de la redención aceptando su gracia por medio de los sacramentos?

Porque cuando Dios habita ese camino, el amor deja poco a poco de verse como una búsqueda desesperada de algo que nos falta. Y comienza a convertirse en un reflejo del amor mismo de Dios. Ese amor para el que fuimos creados desde el principio. Ese amor que el pecado desdibujó, pero que Cristo vino a devolver al corazón humano.

Mundo

Lourdes: lugar bendito de profesión de fe en la belleza y la sacralidad de la vida.

La defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural, fue uno de los temas centrales de la jornada del Papa León XIV en Lourdes.

Gonzalo Meza·27 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El domingo 27 de septiembre por la mañana, el pontífice se reunió a puerta cerrada con los obispos de Francia en el hemiciclo de santa Bernadette del santuario de Lourdes.

El Santo Padre pidió a los prelados valentía, audacia y creatividad para evangelizar y les dejó una sola hoja de ruta: «dar a conocer y hacer amar a Jesucristo».

A partir de ese fundamento, repasó los grandes desafíos de la Iglesia en Francia en este momento: la voz de la Iglesia en el debate público, la laicidad, la educación católica, los abusos, las vocaciones, la familia y la unidad.

La Iglesia presente en la sociedad

Sobre la voz de la Iglesia en el debate público, afirmó que la Iglesia ha contribuido a construir Francia y sigue siendo parte de su cultura y de su identidad. Por eso, dijo, su palabra tiene un lugar en la discusión pública, con una autoridad profética, aunque no siempre se la escuche o se la siga.

Al referirse a la laicidad francesa —que describió como un régimen particular, fruto de una historia agitada y hoy apaciguada—, advirtió que ese equilibrio se está cuestionando poco a poco, como en otros países de Occidente.

Por ello pidió a los obispos no resignarse y mantenerse vigilantes para defender la libertad de la Iglesia para evangelizar, educar y celebrar públicamente el culto, de modo que pueda ejercer visiblemente la caridad.

Encuentro con víctimas de abusos

Al referirse a los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero o en ámbitos eclesiales, a los que calificó como una dolorosa lacra, agradeció a los obispos las medidas valientes que han tomado: la escucha, la búsqueda de la verdad, la justicia, la reparación y una cultura de prevención. 

Reconoció que hubo momentos muy difíciles para la Conferencia Episcopal y pidió mantener la máxima vigilancia. Sobre este mismo tema, por la tarde, poco después de las 17.30, el Papa se reunió en privado en la Casa Episcopal de Lourdes con siete víctimas de abusos, cuatro hombres y tres mujeres. 

La Sala de Prensa de la Santa Sede informó que el pontífice escuchó a cada uno por separado, rezó con algunos de ellos y, al final del encuentro, reafirmó su compromiso de que ese mal jamás se repita.

El Papa en Lourdes, conversión y sanación

A las 11 de la mañana, el pontífice presidió la misa en la pradera del santuario, ante cerca de 150 mil personas. En su homilía habló de la conversión, aspecto central del mensaje que la Virgen confió a santa Bernardita. Convertirse es elegir la vida —también la vida eterna— y no admite demoras: «es hoy —no mañana— cuando hay que convertirse». Porque, explicó, «convertirse significa abandonar los senderos del extravío para seguir el Camino de la Vida». 

Esa exigencia, subrayó, es también para la Iglesia: «Esta exigencia de conversión compromete a la propia Iglesia en su peregrinación terrenal. Debe, ante todo, tener el valor de vivir esa conversión». Y añadió: «Para sanar las profundas heridas, las infidelidades y los dolorosos extravíos cometidos en su seno, debemos someternos humildemente a la mirada purificadora del Señor».

 Lourdes, el lugar de la sacralidad de la vida

En una alusión a la reciente ley francesa sobre la ayuda para morir, el Papa afirmó: «Frente a las corrientes actuales que pretenden redefinir el valor de la vida humana ante la enfermedad, el sufrimiento o la vejez, la Gruta de Massabielle se erige como un santuario de la esperanza cristiana. Aquí no se rechaza ninguna fragilidad. […] Lourdes es el lugar bendito de una profesión de fe en la belleza y la sacralidad de la vida».

Al finalizar la misa dirigió el rezo del Ángelus, en el que invitó a los fieles a rezar el Rosario durante el mes de octubre por el fin de las guerras.

“Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida”

Por la tarde, en un encuentro con los trabajadores y los enfermos del Accueil Notre-Dame —lugar del santuario dedicado a acoger y acompañar a los peregrinos enfermos—, volvió a hablar con más énfasis sobre la dignidad de la vida humana. El pontífice afirmó que la dignidad de la persona «no se mide ni se discute» y que ninguna ley humana debe hacer perder la certeza de esa dignidad. 

«Precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión», dijo. Y añadió: «Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral».

A médicos y cuidadores les recordó que su vocación es «hacerse cargo de una persona que sufre y no eliminarla». También repitió unas palabras suyas de junio pasado: «¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!». Y a los enfermos les dijo: «ustedes no son un peso, son el corazón palpitante de nuestra humanidad y un tesoro precioso para la Iglesia».

Por la noche, el Papa encabezó el rezo del Rosario y la procesión de las antorchas, en la que se presentó como un peregrino más entre los peregrinos. La costumbre de las velas nace el 19 de febrero de 1858, cuando Bernardita llegó a la gruta con un cirio bendito encendido. La primera procesión mariana de antorchas se celebró el 28 de agosto de 1872.

Mundo

Los santos cambiaron la historia, dijo el Papa a los jóvenes franceses

En torno a 80.000 jóvenes recibieron a León XIV en el Stade de France, el estadio más grande del país, situado en Saint-Denis. a diez kilómetros del centro de París. La velada incluyó una representación teatral sobre santos de la historia de Francia. Abrieron caminos de paz y cambiaron la historia, dijo el Papa.

Redacción Omnes·27 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

 — Caroline de Sury, OSV News

El Papa León XIV exhortó a 80.000 jóvenes reunidos en el Stade de France el 25 de septiembre a buscar la santidad, la paz y una “relación viva con Jesús”, durante una vigilia de oración vespertina en Saint Denis, preludio de la multitudinaria Misa en la Plaza de la Concordia, con más de 800.000 personas en París.

La alegría de los jóvenes al encontrarse con el Papa durante este viaje apostólico a Francia quedó patente en la Vigilia de Oración, cuyo tema central fue la santidad: desde los primeros testigos del Evangelio en la Galia hasta los santos recién canonizados.

Una representación teatral sobre santos franceses

Sus testimonios se presentaron durante la Vigilia con una representación de diversos momentos históricos relacionados con la vida de los santos, con jóvenes actores vestidos con trajes de diferentes épocas e incluso con caballos. 

En realidad, esa parte de la Vigilia fue una representación teatral sobre santos de la historia de Francia, entre ellos San Dionisio, el primer obispo de París, martirizado en el siglo III. El Papa disfrutó visiblemente del espectáculo mientras cientos de jóvenes artistas, ataviados con trajes de época, miraban al cielo al compás de los fuegos artificiales que iluminaban el firmamento sobre el estadio.

Allí desfilaron santos como San Juan Eudes, San Francisco de Sales, San Juan María Vianney, San Vicente de Paúl, Santa Juana de Arco, Santa Catalina Labouré, Santa Bernadette y Santa Teresa de Lisieux, por mencionar solo algunos. 

Chloé, Francois…

Algunos jóvenes de diversos orígenes se dirigieron al Papa León, entre ellos la joven Chloé, quien compartió lo que hace en su parroquia para ayudar a los jóvenes de barrios desfavorecidos. 

“¡Hay muchos Boy Scouts aquí!”, exclamó el Papa tras escuchar el testimonio de otro joven, Francois. El Papa León les dio las gracias, dirigiéndose espontáneamente a ellos en francés. “¡Sois los santos de Francia!”, les dijo con una gran sonrisa. 

El Papa León XIV saluda a un joven. Francois, durante la Vigilia de oración con jóvenes en el Stade de France en Saint-Denis, Francia, el 25 de septiembre de 2026 (Foto de OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media).

Francois, estudiante de agronomía

François Bigot creció en el campo de la Borgoña, estudia agronomía en la Universidad de La Salle, es líder scout y participa en la atención pastoral universitaria de su escuela. Preguntó: Beatísimo Padre, ¿cómo podemos discernir dónde el Señor nos espera para servir y ofrecer nuestras vidas?

El Santo Padre manifesto que era “una gran alegría para mí ver (a los jóvenes) tan numerosos, animados por el deseo de ponerse al servicio de la paz, que nos hace crecer como hombres y mujeres, transformando los miedos en esperanza y las quejas en compromiso responsable”.

“Hoy esta gran misión es más urgente que nunca”, añadió. “A medida que avanzamos en este camino hacia la santidad, queda claro que no basta con evitar el mal: hay que elegir el bien. (..) ¿Cómo podemos discernir bien?”

¿Cómo discernir el bien? Oración, servicio, adoración…

En primer lugar, manifestó el Papa León, recuerden que la Palabra del Señor es siempre una lámpara para nuestros pasos (cf. Sal 119,105). “A la luz del Evangelio, la formación espiritual pasa a través de la oración y el servicio; la adoración y la acción; el silencio ―ese silencio tan raro y tan necesario, lejos del bullicio de los medios― y el anuncio”.

“El ejemplo de los santos”

Luego, prosiguió, “miren el ejemplo de los santos: incluso en la persecución, estos hermanos y hermanas nuestros abrieron caminos de paz”. 

“Miren a aquellos sacerdotes apasionados por Cristo, como san Eugenio de Mazenod y san Juan María Vianney; contemplen la belleza mística de santa Teresa de Lisieux; a la beata Pauline Jaricot, ferviente en la caridad y la misión; el valor de los cincuenta mártires del apostolado, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, que sirvieron a sus hermanos y hermanas hasta el punto de sacrificar sus vidas”.

León XIV afirmó que “los santos cambiaron el curso de la historia, haciendo que muchos pasaran del sufrimiento a la esperanza, porque primero cambiaron sus propios corazones, transformándolos a la luz de la fe.

Queridos jóvenes, mientras disciernen su vocación, estén seguros de que el Señor no les habla de manera confusa, sino que se dirige a cada uno por su nombre y los invita a seguirlo porque los ama”.

Jóvenes participantes en la Vigilia de oración junto a León XIV en el Stade de France en Saint-Denis, Francia, el 25 de septiembre de 2026, como parte del viaje apostólico de cuatro días del Papa a Francia. (Foto de OSV News/Matteo Pernaselci, Vatican Media).

La representación teatral

La Oficina de Prensa de la Santa Sede había explicado previamente que la presentación tendría lugar en forma de espectáculo sobre la juventud francesa a través de la evocación de los santos y santas de Francia en 10 cuadros. 

Cada cuadro iría acompañado de reflexiones o testimonios de jóvenes de hoy en día relacionados con los santos evocados.

La primera Iglesia (santos de los orígenes: María Magdalena, Lázaro, Marta, Saturnino, Blandina)

La revolución de la Cruz (San Dionisio, San Martín)

La vocación de Francia (San Remigio y Santa Clotilde, bautismo de Clodoveo)

Los fundadores (San Eloy, Santa Odilia, San Bernardo, San Vicente, San Malo, San Sansón, San Brieuc, San Tugdual, San Pol, San Corentin, San Paterno)

La humildad (San Luis)

El valor (Santa Juana de Arco)

La gran caridad (San Francisco de Sales, Santa Germana de Pibrac, San Vicente de Paúl, Santa Luisa de Marillac, San Juan Bautista de la Salle)

La oración (San Juan María Vianney)

Nuestra Madre (Santa Catalina Labouré y Santa Bernadette, así como los niños de Pontmain, La Salette y L’Isle-Bouchard)

La misión (los esposos Martin, Santa Teresa de Lisieux y San Carlos de Foucault, los mártires del apostolado).

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Esta información se ha basado en crónicas de Caroline de Sury (OSV News), Gonzalo Meza (Omnes) y Vatican News.

El autorRedacción Omnes

Cuando una botella de plástico gana a Netflix

La experiencia de unos niños jugando en el parque invita a reflexionar sobre cómo las pantallas pueden alejarnos de la realidad y de las experiencias que dan sentido a la vida.

27 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El otro día, estaba en el parque y me encontré una situación que me dió mucho que pensar.

Había dos niños jugando con una botella vacía de plástico llenándola de arena. Estaban tan entretenidos que sus padres podían hablar tranquilamente sin interrupciones del tipo: quiero agua, fulanito no me deja la pelota, Pepito me ha insultado… 

Estaba anocheciendo y era la hora de volver a casa. Los niños no querían irse porque lo estaban pasando muy bien.  Tras la negativa de ellos, uno de los padres lanzó su arma secreta: vamos a subir a ver una película.  Sorprendentemente, contestó su hijo que no. 

¿Cómo puede ser que una botella de plástico sea capaz de ganar a la pantalla? 

Estamos acostumbrados a pensar que una pantalla siempre tiene las de ganar. Tiene colores, sonidos, historias, personajes, juegos… Puede ofrecernos cualquier cosa al instante. Y, sin embargo, aquel niño prefería seguir jugando con una simple botella de plástico.

Quizá porque aquella botella no era simplemente una botella. Era una posibilidad de entrar en relación con la realidad.

El niño estaba tocando la arena, viendo cómo caía dentro de la botella, descubriendo cuánto podía llenarla, vaciándola y volviéndola a llenar. Estaba inventando un juego a partir de algo que tenía delante. Y, sobre todo, estaba viviendo una experiencia.

Esto me recuerda mucho a lo que plantea don Luigi Giussani cuando habla de la realidad como punto de partida para conocer. Para Giussani, el primer paso para conocer algo es el realismo: no imponer a la realidad nuestras ideas, sino dejar que sea la propia realidad la que se manifieste. El método para conocer algo viene determinado por el objeto que queremos conocer.

Y esto tiene mucho que ver con lo que nos sucede hoy con lo digital. No quiero decir, ni mucho menos, que las nuevas tecnologías sean malas. Al contrario: son herramientas que nos ayudan muchísimo en nuestra vida cotidiana. Nos permiten comunicarnos, aprender, trabajar, conocer lugares y acceder a una gran cantidad de información.

El problema aparece cuando la pantalla deja de ser una herramienta para relacionarnos con la realidad y acaba convirtiéndose en nuestra propia realidad. Porque entonces puede ocurrir algo curioso: estamos mirando muchas cosas, pero dejamos de mirar lo que tenemos delante.

Tenemos acceso a miles de experiencias, pero podemos dejar de hacer experiencia de nuestra propia vida. Y, poco a poco, podemos terminar encerrados en aquello que nosotros mismos hemos elegido mirar. La realidad, en cambio, no funciona así.

La realidad se nos impone. No podemos escoger completamente lo que sucede. Nos encontramos con personas que no esperábamos, con acontecimientos que no habíamos previsto, con algo tan sencillo como un parque, unos amigos, una botella llena de arena o el hecho de que está anocheciendo y ha llegado la hora de volver a casa.

Y precisamente ahí podemos descubrir algo sobre nosotros mismos. Quizá eso era lo que estaba ocurriendo con aquellos niños. No estaban haciendo nada extraordinario. Simplemente estaban jugando. Pero estaban completamente dentro de aquello que estaban viviendo.

Y por eso la botella ganó. No porque fuera más entretenida que una película, sino porque aquella botella les estaba poniendo en contacto con algo real.

Tal vez el problema no sea que las pantallas nos ofrezcan demasiado, sino que, a veces, nos ofrecen tanto que corremos el riesgo de olvidar que hay algo que no puede aparecer en ninguna pantalla: la realidad misma.

Una pantalla puede mostrarnos un paisaje, pero no puede sustituir el hecho de estar allí. Puede mostrarnos una persona, pero no puede sustituir el encuentro con ella. Puede contarnos una historia, pero no puede vivirla por nosotros. Puede enseñarnos muchas cosas, pero no puede responder por nosotros a la pregunta de qué merece la pena vivir. Por eso aquella tarde me quedé pensando en aquella botella de plástico. Quizá no ganó la botella. Ganó la realidad.

El autorMiguel Pedro Gil Calvo

Padre de 6 hijas. Maestro de Audición y Lenguaje e hijo de padres sordos (CODA). Mi historia personal y profesional se entrelazan en una única vocación: romper barreras de comunicación

Cultura

Hugo Mujica o la poética de la unicidad

Con una de las poéticas más singulares de nuestro tiempo -la poética de lo único-, el poeta Hugo Mujica mantiene una trayectoria en constante crecimiento. A sus 83 años ha recibido el último Premio Loewe de Poesía por Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras, distinción que confirma la hondura y la limpidez de una obra asentada en la escucha del silencio.

Carmelo Guillén·27 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Por lo general recorremos caminos trazados por otros. En el caso de Hugo Mujica, su itinerario vital y espiritual recuerda al de Thomas Merton: ambos parecen compartir un anhelo de trascendencia semejante y cualquiera de los dos habría podido firmar una autobiografía como La montaña de los siete círculos, aunque Merton se adelantara en el tiempo. En el libro mertoniano —relato de vida y ascenso hacia lo absoluto— su conversión interior se presenta como un proceso moral y biográfico; en Mujica, en cambio, ese movimiento se vuelve más radical y desnudo. En él, la ascensión deja de ser una mera experiencia interior para transformarse en descenso hacia el núcleo del ser, donde vivir desde la apariencia cede paso a vivir desde lo que verdaderamente somos.

Rasgos propios de su poesía

La búsqueda personal de Hugo Mujica se traduce, en primer lugar, en una escritura caracterizada por la brevedad y la condensación, en la que predominan poemas de naturaleza casi aforística -a veces próximos al haiku-, y en los que cada palabra tiende hacia una expresión esencial. 

Curiosamente, esa economía verbal convive con una aparente paradoja: la presencia de extensos títulos de sus libros, a menudo ligados a la naturaleza, como En un río todas las lluvias, A las estrellas lo inmenso o el reciente Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras, donde los elementos naturales trascienden su función descriptiva y adquieren un valor simbólico y anímico: el río se vuelve espacio de escucha y devenir; la lluvia, aceptación de lo que somos; y las estrellas, orientación cuando el yo aprende a callar.

En este marco, el lenguaje no se orienta a explicar ni a describir, sino a sugerir, abriendo un horizonte de silencio que desplaza la lectura del plano conceptual al experiencial. En consecuencia, Mujica no construye un razonamiento discursivo, sino un ámbito de escucha. Cada poema funciona como un umbral, es decir, no transmite una verdad, sino que dispone a reconocerla. 

A esto se añade otro rasgo muy peculiar: dispone los poemas en la parte inferior de las páginas de sus libros, como si cada uno actuara de forma análoga al aire caliente, ascendiendo para habitar el vacío superior.  

Poema En plena noche

Esta particular manera de asumir la creación poética se manifiesta con claridad en el poema reproducido en este artículo: En plena noche. En él, la noche y la nieve trascienden su presencia como elementos del paisaje para transformarse en símbolos de experiencia interior. La noche libera de los reflejos, vacía la mirada de lo accesorio y abre el acceso a una luz esencial; la nieve y la lluvia, en cambio, por su transparencia, sugieren una claridad que no se impone, sino que se revela.

Los versos finales —“lo que busca con su bastón / el ciego es la luz, no el camino”— resumen su poética: la poesía no ofrece instrucciones ni respuestas definitivas, sino que supone una invitación a percibir lo real más allá de lo evidente: intuición que había recogido ya en un poema temprano: “como / un ciego llamando luz / al trueno / mi decir / lo que el silencio nombra”, en el que formulaba la idea de que el silencio no equivalía a ausencia de palabras, sino a su condición de posibilidad. En ese sentido, la poesía no consiste en decir más, sino en decir lo justo para que lo real aparezca, ya que cada poema es el lugar de lo único.

El poema imposible

Esta concepción se expresa aun con mayor intensidad en Confesión, texto inicial de Y siempre después el viento: “El poema, el que anhelo, / al que aspiro / es el que puede leerse en voz alta sin que nada se oiga…”, versos a través de los cuales Mújica expresa su aspiración a una escritura más allá del sonido y de la materialidad inmediata de las palabras para orientarse hacia la experiencia misma. De esa forma, la palabra significativa no pretende describir ni explicar el mundo, sino abrir un horizonte de sentido y de posibilidad. Por esa razón, el lenguaje no busca conquistar la realidad ni imponer una interpretación sobre ella, sino crear las condiciones para que pueda revelarse.

La misma intuición reaparece, desde otra perspectiva, en un poema de su último libro: “Todo pasar es entre / dos orillas: el llegar / y la partida, / y en medio, en nuestro / mientras tanto, / este andar entre / otros ciegos / mendigando sus / miradas”, en el que la figura del ciego deja de ser individual para transformarse en una imagen compartida de la condición humana. Así, la existencia se presenta como un tránsito entre el nacimiento y la muerte, sostenido por la mirada de los otros. En consecuencia, la fragilidad deja de entenderse como carencia y pasa a asumirse como una condición común: avanzamos a tientas y necesitamos vínculos para orientarnos.

La poesía como forma de escucha

En conjunto, la obra de Mujica propone una forma señera de conocimiento: frente a la palabra entendida como instrumento de control, su poesía la recupera como espacio de apertura y escucha. Más que ofrecer verdades definitivas o explicar el mundo, invita a habitarlo con una atención más profunda y consciente. Ahí reside, sin duda, su fuerza más penetrante: recordarnos que comprender no siempre significa dominar, sino aprender a escuchar hasta que algo, casi en silencio, comienza a revelársenos.

También en plena noche
la nieve
se derrite blanca

y la lluvia
cae
sin perder su transparencia.

Es ella, la noche,
la que nos libra de los reflejos,

la que nos expande
las pupilas.

Lo que busca con su bastón
el ciego es la luz, no el camino.

«En plena noche» – Hugo Mujica
Mundo

El Papa cierra su segundo día en París celebrando la vida donde antes hubo muerte

León XIV anima a Francia a renovar sus raíces cristianas en una misa multitudinaria en la plaza de la Concordia, donde la antigua guillotina dio paso a una celebración de la vida y la comunión.

Gonzalo Meza·26 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

París vivió una jornada histórica en el segundo día de visita del Papa León XIV a la capital francesa, que tuvo su punto culminante en la misa multitudinaria en la plaza de la Concordia. En un lugar donde hubo muerte, hoy se celebró la vida y la comunión.

Por la mañana, el Papa acudió a la Casa Bakhita, un centro de la arquidiócesis de París que acoge y acompaña a refugiados y personas exiliadas. Ahí escuchó el testimonio de refugiados que recibieron apoyo de la institución. El Papa les dijo: «Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir».

Luego se dirigió al Instituto Católico de París (ICP) para encontrarse con miembros de la Asamblea Sinodal Provincial y con catecúmenos y neófitos. Antes de esta reunión acudió a la iglesia de Saint-Joseph-des-Carmes, dentro del ICP, para rezar ante el Santísimo. Más adelante saludó a miembros de la comunidad universitaria y luego salió para realizar «el recorrido de los mártires», un camino que recuerda a los sacerdotes y obispos asesinados en ese lugar el 2 de septiembre de 1792, durante las masacres de septiembre de la Revolución Francesa y que fueron beatificados en 1926. El Papa se detuvo a rezar unos momentos ante el lugar donde fueron asesinados.

León XIV, maravillado por los nuevos bautizados

Ya en su reunión con miembros de la Asamblea Sinodal Provincial, el Papa se dijo maravillado por el número de jóvenes adultos que en los últimos años se han acercado a la fe en Francia por decisión propia: «Como ustedes y junto con ustedes, estoy maravillado por el número de personas que hoy se acercan al umbral de la fe y los numerosos adultos que piden recibir los sacramentos de la iniciación cristiana». Es un fenómeno que ha sorprendido a la Iglesia en Francia y al propio Papa. En la última Pascua se bautizaron cerca de veintiún mil adultos y adolescentes. «Su experiencia y su testimonio, queridos catecúmenos y neófitos, son un signo tangible de la obra de la gracia de Dios, que supera los análisis estadísticos y sociológicos», les dijo. Pero advirtió que ese asombro no debe llevar a una satisfacción ingenua. Pidió una Iglesia «en estado de iniciación», que acoja a los recién llegados con cercanía, compasión y ternura y que los acompañe también después del bautismo para evitar el vacío que muchos experimentan.

La plaza de la Concordia celebra la vida

El último acto en París fue una misa multitudinaria en la plaza de la Concordia que, según los organizadores, congregó a 800 mil personas a lo largo de unos tres kilómetros, desde la plaza de la Concordia por los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo. Antes de la misa, el Papa recorrió la avenida en papamóvil, saludando a los fieles y a los bebés y niños que le acercaban. Eran franceses venidos de todo el país solo para esta ceremonia histórica.

Concelebraron con el Papa cerca de cien obispos y participaron unos dos mil cuatrocientos sacerdotes y diáconos. El lugar de la misa fue muy significativo: la plaza de la Concordia, donde antes estuvo la guillotina y fueron ejecutadas más de mil personas durante la Revolución, entre ellas el rey Luis XVI y la reina María Antonieta, fue hoy escenario de una celebración de la vida y la comunión. La guillotina revolucionaria acabó también con la vida de dieciséis carmelitas de Compiègne, ejecutadas en 1794 en la actual plaza de la Nación y canonizadas por el papa Francisco en 2024.

«Son la Iglesia de hoy»

En su homilía, el Papa dijo que Cristo es la fuente de agua viva que sacia la sed más profunda del ser humano, que no es una sed material, sino «una sed de sentido, de verdad y de plenitud». Advirtió sobre los pequeños ídolos que «prometen la luna y las estrellas, pero dejan vacío nuestro corazón» y recordó que para Dios nadie es un número, sino «una persona única e insustituible». Invitó a los franceses a construir una nación renovada a partir de sus raíces de fe y dijo a los jóvenes: «son la Iglesia de hoy».

León XIV pide por Francia ante la Virgen de Lourdes

Al finalizar, el Papa se dirigió al aeropuerto de Orly para volar a Lourdes, segunda etapa de su viaje apostólico. Llegó a las siete de la tarde. Tras el aterrizaje se dirigió al puente que fue rebautizado con su nombre; ahí saludó al alcalde y firmó el libro de honor, para finalmente dirigirse a la gruta de las apariciones de Massabielle y hacer lo que hace todo peregrino que acude a Lourdes: rezar en silencio, tocar la roca, beber del agua del manantial y encender un cirio. Después rezó una oración a la Virgen en la que pidió por Francia, por el fin de la violencia y por la paz:

«Te rogamos, Señora nuestra, por Francia, de la que eres Patrona y a la que durante tantos siglos has rodeado con tu protección. Obtén para su pueblo el don de la concordia fraterna. Que construya una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio, en la que cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad. Que los más desfavorecidos y los pobres encuentren siempre apoyo. Obtén para Francia gobernantes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio de sí mismos, capaces de afrontar los desafíos y decididos a servir al bien común. Que conserven al país en paz en el concierto de las naciones. Que hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz en el mundo, rechazando para siempre las lógicas de la guerra».

Al final, depositó la Rosa de Oro a los pies de la imagen de la Virgen.

La misma casa, historias distintas

Con motivo del lanzamiento de El buen espíritu, una visión crítica del Opus Dei, Hugo Elvira reflexiona sobre cómo las historias dolorosas no tienen por qué ser una amenaza porque pueden ayudar a revisar los modos de cuidar y aprender de ello.

26 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Termina el tercer y último episodio de El buen espíritu, la nueva serie documental sobre el Opus Dei, y queda una pregunta que no desaparece con los créditos: ¿cómo pueden unas personas llamar «familia» a lo que otras recuerdan como un lugar de sufrimiento?

La tentación es resolver enseguida esa contradicción: decidir que una de las dos experiencias explica lo que realmente ocurre dentro y que la otra se equivoca. Pero haber sufrido no permite decirle a quien encontró un hogar que su experiencia fue ficticia; haber sido feliz tampoco permite explicar desde fuera el dolor de quien se marchó herido. Una experiencia personal puede ser verdadera sin convertirse en la medida de todas las demás.

Soy numerario del Opus Dei y teólogo. Escribo en mi nombre, no por encargo ni como portavoz. Conozco desde dentro una vida que quiero, pero no puedo decirle a nadie qué ocurrió en la suya.

Por eso no quisiera responder a la serie discutiendo testimonios que no me corresponde juzgar. Me interesa una pregunta que atraviesa muchas de las situaciones que allí se narran: ¿qué significa cuidar una vocación para que pueda durar toda una vida? Y, si el propósito era cuidarla, ¿cómo entender que alguien recuerde ese cuidado como una herida?

Lo que queremos que dure, lo cuidamos

Nadie se casa esperando divorciarse. Quienes se prometen una vida juntos buscan maneras de cuidar esa promesa: reservan tiempo para estar juntos, protegen su relación y aprenden a atravesar las crisis. Cuando queremos que algo dure, procuramos cuidarlo para que pueda durar.

Con los hijos aparece otra dificultad: no basta quererlos, hay que aprender a cuidar a cada uno. Los padres aconsejan, ponen límites, preguntan, corrigen y, cuando un hijo toma una decisión que consideran equivocada, no suelen responder con indiferencia: «es tu libertad».

Estas dos experiencias ayudan a pensar una cuestión más concreta. La serie recoge especialmente testimonios de personas que vivieron el celibato en el Opus Dei. Quisiera centrarme en ellas.

Para un numerario o una numeraria, el Opus Dei es también la familia en la que ha decidido vivir su entrega. Él quiere ser fiel a una vocación que ha abrazado para toda la vida; y esa familia busca ayudarlo a que esa vocación florezca y pueda perseverar.

Cuando se intenta hacer esto con muchas personas distintas, surgen necesariamente maneras concretas de cuidarlas: formación, costumbres, normas y formas de acompañamiento. La experiencia va creando modos de cuidar que después se transmiten.

Y ahí comienza el problema: ¿cómo encontrar formas comunes de cuidar a personas que son distintas?

Cuidar pensando en la fidelidad

Hay algo más que condiciona esos modos de cuidar: el futuro para el que fueron pensados.

La formación de un numerario no se organiza suponiendo que dentro de unos años dejará de serlo. Se parte de que aquella vocación es para toda la vida. La pregunta no es «¿qué necesitará esta persona si algún día se marcha?», sino «¿qué necesita para vivir bien esta vocación durante toda su vida?»

Eso cambia también la manera de afrontar una crisis.

Si un hermano me dijera mañana que quiere marcharse, no creo que quererlo consista simplemente en responder: «eres libre, vete». Querría saber qué le pasa, acompañarlo y quizá aconsejarle que no tome una decisión definitiva en un momento de cansancio.

No es muy distinto de lo que pueden hacer unos padres cuando un hijo les cuenta que su matrimonio atraviesa una crisis. Respetar su libertad no significa contemplar con indiferencia una decisión que puede cambiar su vida.

Si una entrega se considera definitiva, una crisis no tiene por qué interpretarse inmediatamente como su final. Puede ser precisamente el momento en que haga falta más acompañamiento. Muchos medios de formación buscan favorecer esa perseverancia porque ese es el futuro que presuponen.

Cuando cuidar no produce el resultado esperado

Pero comprender por qué existen esos modos de acompañamiento no significa afirmar que siempre hayan cuidado bien.

Cualquier padre lo descubre. La exigencia que ayudó a un hijo puede hacer sentir al otro que nunca está a la altura. Una pregunta que uno recibe como interés puede ser experimentada por otro como intromisión.

Los padres son los mismos. Muchas veces también lo es la intención. Los hijos no.

Algo semejante puede ocurrir en una familia espiritual. Hacen falta criterios comunes, pero no existe una metodología capaz de garantizar que un mismo modo de cuidar produzca el mismo fruto en todas las personas.

Esto no significa que todo sea relativo. Hay límites que no dependen de la personalidad de cada uno: la dignidad de la persona, la libertad de conciencia, la verdad y la justicia. Hay conductas objetivamente equivocadas aunque hayan nacido de una intención excelente.

Pero existe también un amplio terreno donde hace falta prudencia: conocer a la persona concreta, saber cuándo insistir y cuándo callar, cuándo una corrección ayuda a crecer y cuándo alguien necesita, antes que nada, ser escuchado. Incluso aceptar que una práctica que ayudó a muchos puede necesitar ser revisada.

Y aquí aparece una tentación especialmente fuerte cuando ya conocemos el final de una historia: contarla al revés.

Si alguien permaneció y es feliz, resulta fácil concluir que todos los medios que lo acompañaron fueron buenos. Si alguien se marchó herido, resulta igualmente fácil releer cada norma, consejo o insistencia como una pieza de aquello que terminó haciéndole daño.

Pero las vidas no suelen escribirse con la claridad con que después las contamos.

Que una forma concreta de acompañamiento haya producido dolor obliga a preguntarnos qué ocurrió. Puede revelar una imprudencia, una práctica que necesita cambiar o incluso una injusticia que exige reconocimiento y reparación.

Pero también conviene evitar el movimiento contrario: concluir que, porque una forma concreta de acompañamiento produjo dolor, necesariamente nació del deseo de controlar o que todo el bien que otros encontraron en ella fue ficticio.

La realidad humana suele resistirse a esos relatos perfectamente ordenados.

Una buena intención no demuestra que se cuidó bien. Pero un resultado doloroso tampoco permite reconstruir automáticamente la intención con la que se actuó.

Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo: alguien pudo intentar cuidar y haber cuidado mal.

Precisamente por eso hay responsabilidad: escuchar, aprender, rectificar y, cuando corresponda, pedir perdón y reparar.

La misma casa, historias distintas

Volvemos entonces a la pregunta del comienzo: ¿cómo pueden unas personas llamar «familia» a lo que otras recuerdan como un lugar de sufrimiento?

Dos hermanos pueden crecer bajo el mismo techo y contar infancias sorprendentemente distintas. Eso no significa que todo sea subjetivo. Si hubo daño, merece ser reconocido; si hubo una injusticia, debe llamarse por su nombre. Una familia demuestra su amor también por lo que hace cuando descubre que se equivocó.

Pero tampoco una historia dolorosa puede convertirse automáticamente en la explicación de todas las demás.

Mi experiencia de haber encontrado una familia no demuestra que otra persona no pudiera haber salido herida de ella. Su herida tampoco demuestra que aquello que yo recibí como cariño fuera en realidad una forma de control que todavía no he conseguido reconocer.

Quizá nuestra dificultad esté en querer encontrar una historia que explique todas las demás.

Tal vez no exista.

Sigo siendo numerario y considero mi vocación un don. Precisamente por eso, las historias dolorosas no tienen por qué ser una amenaza. Pueden ayudarnos a revisar nuestros modos de cuidar: qué buscaban proteger, cuándo ayudaron, cuándo no y qué podemos aprender de ello.

No tenemos una metodología perfecta para querer. Ninguna familia la tiene. Tenemos principios, experiencia, prudencia y la humildad necesaria para corregir cuando descubrimos que nos hemos equivocado.

La fidelidad también necesita cuidados. Y cuidar bien exige no dejar nunca de aprender cómo hacerlo.

El autorHugo Elvira

Ingeniero guatemalteco y licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma). Presidente de Fundación Amivalle.

Libros

«Por la gracia de Dios», humor y reflexiones de una madre a la carrera

¿Quién dijo que para ser santo hay que ser perfecto? Matilde Latorre demuestra, con humor y madurez, que la fe no habita en vidas de vitrina, sino entre berrinches, lavadoras rebeldes y el caos diario del hogar.

Javier García Herrería·26 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

Escrito por una veterana periodista del ámbito de la información religiosa, Por la gracia de Dios, de Matilde Latorre, ofrece una mirada luminosa sobre cómo la fe se encarna en el caos diario. La autora desmitifica la perfección cristiana para buscar a Dios entre los pequeños desastres domésticos: lavadoras rebeldes, berrinches y las tensiones del hogar.

Latorre conjuga con maestría el humor al describir estas situaciones cotidianas con muy buenas referencias al magisterio de la Iglesia sobre la santidad en lo ordinario. A través de una prosa ágil y empática, recuerda que la gracia no exige vidas de vitrina, sino el coraje de abrazar la imperfección.

Marcada por sus vivencias de pérdida y su labor en el acompañamiento del duelo, su escritura destila una madurez espiritual que conecta de inmediato con el lector. Es una obra que funciona como un bálsamo frente a la autoexigencia moderna, demostrando que el crecimiento interior no ocurre al margen de la rutina, sino precisamente en el centro de ella. Un recordatorio reconfortante de que las mayores alegrías y renuncias se juegan en la sencillez de los días comunes.

Por la gracia de Dios

Autor: Matilde Latorre
Editorial: Cuadranta
Año: 2026
Nº de páginas: 90
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Actualidad

Del Elíseo a Notre-Dame, León XIV abre su visita a París centrado en la dignidad de la vida humana

El Papa León XIV está en París, en lo que es una visita histórica a la capital francesa: la primera visita oficial de un Papa al país en dieciocho años. Es el décimo Papa en la historia que visita París.

Gonzalo Meza·25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El Papa León ha aterrizado en el aeropuerto de París-Orly, a las diez de la mañana, donde fue recibido por el presidente Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte.

Las campanas de las iglesias de Francia repicaron durante siete minutos cuando aterrizó el avión papal. Luego de reunirse brevemente con Macron en el aeropuerto, el Papa se dirigió al Palacio del Elíseo, la residencia presidencial, para reunirse con el mandatario francés.

A lo largo de su recorrido, el pontífice fue saludado por decenas de franceses que se congregaban en las calles a su paso.

Ya en el Palacio del Elíseo, León XIV tuvo una reunión privada con el presidente Macron y, después, dirigió un discurso ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Fue una alocución en un francés fluido, que no pasó desapercibido entre los franceses.

En esa primera alocución, el pontífice habló de lo que será el eje temático de toda la visita: la dignidad de la vida humana. El lema de este viaje es «Para que el mundo tenga vida», tomado del capítulo seis del evangelio de san Juan.

El Papa recorre las calles de París ©OSV News/Christian Hartmann, Reuters

«Una justa laicidad no consiste en excluir a la religión»

A partir de ese principio, que orienta el viaje y los discursos, el Papa abordó ante el presidente y las autoridades temas como la protección de la vida humana, la paz, la necesidad del desarme y la laicidad, entre otros.

Pidió «aprender a acoger la vida sin condiciones y a sostener la fragilidad con ternura», y reafirmó, en el país de la Declaración de los Derechos Humanos, que «la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano».

León XIV condenó la manipulación genética, la compra de órganos y lo que llamó «la oferta de una muerte programada», en referencia a la reciente ley francesa sobre la ayuda para morir, que de forma eufemística se refiere a la eutanasia, aprobada en julio por la Asamblea Nacional.

Al hablar sobre la relación entre la Iglesia y el Estado, precisó que «una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación».

En este primer discurso, León XIV también exhortó a que cese la carrera armamentista y advirtió que «se difunde cada vez más la convicción errónea de que la posesión de armas nucleares sería una garantía de seguridad». Y añadió que «la paz no es un equilibrio de fuerzas; se construye cada día a través del diálogo y la justicia». Por eso pidió a Francia seguir siendo «un incansable artífice de la paz y del multilateralismo».

León XIV también habló de la inteligencia artificial y advirtió, con palabras del escritor Georges Bernanos, sobre el riesgo de un «paraíso de las máquinas» que invade la vida cotidiana. Frente a ello, dijo, «es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno».

León XIV en la UNESCO: «Ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo»

Por la tarde, el Papa llegó a la sede de la UNESCO, recorrió las instalaciones del recinto y se entrevistó con su director general, Khaled El-Enany. Luego regó un olivo en la Plaza de la Tolerancia y, después, pronunció su segundo discurso ante los representantes de los Estados miembros. Su discurso giró en torno a una pregunta central: qué significa ser humano. Y volvió a poner en el centro la dignidad de la vida: «Ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo», dijo, y recordó que «todos nacemos desnudos y necesitados».

Cuando se olvida esa verdad, advirtió, la vida «ya no se entiende como un don, sino como un producto susceptible de explotación». Habló de una dignidad «que permanece intacta en las circunstancias de mayor vulnerabilidad, incluso hasta la muerte», y pidió cuidar a los niños en el vientre de sus madres y en las guerras, a las personas con discapacidad, a los adultos mayores, a los migrantes y a los refugiados: «Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana».

En la UNESCO dijo también que la más terrible de las obras humanas es la guerra, «porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar». Y denunció una paradoja: «mientras se atribuye “inteligencia” a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas», cuyas vidas terminan juzgadas por su eficiencia.

«Notre-Dame es mucho más que un monumento»

Más tarde, el Papa acudió a la reconstruida catedral de Notre-Dame para rezar el oficio divino, las vísperas, junto con obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de Francia. Antes de iniciar la ceremonia recorrió la catedral restaurada y veneró la corona de espinas de Cristo, que se conserva en Notre-Dame. Se le veía muy sorprendido al contemplar las obras de restauración.

En su homilía de las vísperas, el Papa presentó la catedral renacida como imagen de lo que puede ser la renovación de la Iglesia en Francia. Recordó el incendio de hace siete años: «En aquella hora dramática comprendimos que Notre-Dame es mucho más que un monumento». Destacó que, en la reconstrucción, la Iglesia entendió su misión con creatividad, y la propuso como modelo de una Iglesia en salida, llamada a anunciar el Evangelio.

Recordó también que la catedral, como todas las iglesias, no es solo piedra, monumento o museo, sino que existe para la oración: «no es una envoltura de piedra destinada a ser admirada: vive del misterio sagrado que en ella se celebra».

Y, para subrayar que ninguna misión se sostiene sin vida interior, citó a la venerable Madeleine Delbrêl: «Sin oración, no amaremos a Dios con amor. Quizá seamos sus servidores o sus combatientes, o incluso sus discípulos; pero no seremos ni hijos amantes de nuestro Padre ni amigos de Jesucristo». Cerró con una frase que resume el sentido de la visita a la catedral: «Esta catedral ha renacido para que ustedes puedan renacer con ella en un nuevo impulso de santidad y de misión cotidiana».

La vigilia con 80.000 jóvenes

El último evento del primer día del Papa fue una vigilia de oración con ochenta mil jóvenes en el Estadio de Francia, en Saint-Denis. El encuentro refleja un fenómeno que vive hoy la Iglesia en Francia: el crecimiento del catecumenado, es decir, de jóvenes y adultos que, tras un tiempo de preparación, piden recibir los sacramentos de la iniciación cristiana —el bautismo, la confirmación y la eucaristía—, junto con el regreso de muchos bautizados que se habían alejado y vuelven a la práctica de la fe.

Según datos de la Iglesia francesa, en 2025 se registró un récord de cerca de veinte mil nuevos ingresos a la Iglesia católica, un cuarenta y cinco por ciento más que el año anterior.

El sábado 26, el Papa acudirá al Instituto Católico de París para reunirse con los miembros de la Asamblea Sinodal Provincial.

El Papa abordará el fenómeno del creciente número de adultos que piden el bautismo en Francia y que esta Asamblea Sinodal desarrollará. Los obispos le entregarán al Santo Padre el Instrumentum Laboris de dicha Asamblea.

Mundo

León XIV, vitoreado en París, llama a proteger la vida, la dignidad y la paz

Tras 18 años sin ver a un Papa en la Ciudad de la luz, París recibió con campanas y vítores a León XIV. Los parisinos querían verle y saludarle, como dijo su arzobispo en Notre Dame, y manifestaron su cariño con cercanía. El Papa habló de proteger la vida, y la dignidad de la persona, de educación y promoción de la paz.   

Francisco Otamendi·25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

El primer saludo al Papa, cuyo avión de la compañía aérea ITA Airways A321 aterrizó en París/Orly a las 9,56 am del viernes 25 de septiembre, fue el de las campanas. Campanas de las iglesias francesas que repicaron durante siete minutos para celebrar la llegada de León XIV a suelo francés. Y algunas sonaron también cuando se acercaba a Notre Dame por la tarde.

El afecto se pudo percibir tras cada acto del Pontífice en París. La gente quería estar con el Papa, hablarle, saludarle. Benedicto XVI estuvo en 2008, hace 18 años, y si se puede hablar coloquialmente, muchos franceses tenían “ganas” de ver sonreir y tocar a un Sucesor de Pedro.

Y asi sucedió en el Palacio del Elíseo, con el presidente Emmanuel Macron (y su mujer) que presentaban al Santo Padre, casi uno a uno, a las autoridades, sociedad civil y diplomáticos. Todos querían saludar al Papa. También en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), donde apenas nadie pestañeó durante un amplio discurso de más de 20 minutos, aplaudido largamente.

Se pudo apreciar en el trayecto en papamóvil hasta la bella y restaurada catedral de Notre Dame, donde tanta gente agitó banderolas, vitoreó y saludó al Papa, lejos de frialdades laicas.

El Papa León XIV saluda a la gente mientras camina junto al presidente francés Emmanuel Macron y su esposa, Brigitte Macron, a su llegada al aeropuerto internacional de París Orly el 25 de septiembre de 2026, al inicio de su viaje apostólico a Francia y su visita a la UNESCO (Foto de CNS/Lola Gomez).

Los parisinos querían ver al Papa

Lo dijo el arzobispo de París, monseñor Laurent Ulrich, poco antes de la homilía del Papa en la catedral de Notre Dame: ‘los parisinos querian que viniera usted’. Y León XIV vino a verles. Unidad.

Por la noche, no se engañen con Saint Denis. En la Vigilia de los jóvenes sólo cabían 80.000, entre 17 y 35 años. Sin excepciones. Muchos se quedaron sin entrada hace tiempo, y lo están viendo (al escribir estas lineas), por medios digitales, televisión, etc. 

Proteger toda vida humana

A priori, había cuatro platos fuertes en esta primera jornada de la visita del Papa León XIV a Francia. Y todos en Paris: autoridades, UNESCO, Notre Dame con la Iglesia local, y la Vigilia de los jóvenes.

El lema de la visita de León XIV, propuesto al Papa por el cardenal Jean-Marc Aveline, presidente de la Conferencia Episcopal francesa, es “Para que el mundo tenga vida”, expresión inspirada en el Evangelio de san Juan.

No es extraño que el Papa hablara de ello en el acto con el presidente Macron y las autoridades. El Pontífice trasladó a los líderes franceses no olvidar su deber de “proteger toda vida humana” en su discurso en el Palacio del Elíseo, condenando la “‘muerte asistida’, el aborto y la gestación subrogada”, como ha informado OSV News.

Fundamento de todos los demás derechos humanos

“La protección del derecho a la vida constituye el fundamento indispensable de todos los demás derechos humanos», dijo el Papa, que expresó su preocupación por «las tendencias en la sociedad que corren el riesgo de convertir la ciencia y la tecnología en empresas impulsadas por el lucro que promueven la manipulación genética, la gestación subrogada, el comercio de órganos humanos o la posibilidad de organizar la propia muerte». 

León XIV subrayó la necesidad de “acoger la vida incondicionalmente, brindar apoyo a la fragilidad con amor, acompañar cada etapa de la vida con respeto y confianza mutua, y defender con valentía y compasión a quienes no pueden hacerse oír y a quienes se sienten ignorados o olvidados”.

León XIV saluda a la multitud al finalizar la celebración de vísperas con obispos, sacerdotes, diáconos y religiosas consagrados y seminaristas en la catedral de Notre Dame de París, el 25 de septiembre de 2026. La visita al emblemático templo formó parte del viaje apostólico de cuatro días del papa a Francia (@OSV News/Remo Casilli, Reuters).

Defensa de la Iglesia y “profundas raíces cristianas de Francia”

Además, el Sucesor de Pedro destacó el cuidado de santos franceses en favor de  los desfavorecidos. Mencionó, entre otros, el testimonio de las obras de caridad de San Vicente de Paúl en el París del siglo XVII y las numerosas instituciones católicas que continúan ese legado en la actualidad.

“La Iglesia católica en Francia ha demostrado una constante preocupación por el bienestar de los pobres y desfavorecidos, y ha procurado ser el rostro vivo de la misericordia y la compasión de Dios”, señaló.

Además, León XIV destacó la importancia central de la fe católica en la cultura francesa durante muchos siglos, al describirla como “una tierra con profundas raíces cristianas”, desde San Ireneo de Lyon en el siglo II hasta el bautismo de Clodoveo, rey de los francos, en el año 496, cuya conversión llevó a que Francia fuera conocida como la “Hija Primogénita de la Iglesia”.

El Papa León XIV con el director general de la UNESCO, Khaled Ahmed El-Enany, el 25 de septiembre de 2026 (@Vatican Media).

UNESCO: promoción de la dignidad y de la paz

En 2027 celebraremos el 75 aniversario de la presencia de la Santa Sede en la UNESCO: una presencia que surge de la convicción de que el futuro depende, ante todo, del respeto y la promoción de la dignidad inalienable de cada ser humano creado a imagen de Dios, manifestó el Papa en la UNESCO, donde fue recibido y acompañado por el director general, Khaled Ahmed El-Enany.

La Santa Sede considera a esta organización “como un interlocutor privilegiado al servicio del bien común, que es la ‘forma social de la dignidad’ que todos compartimos de manera original e igualitaria (cf. Carta enc. Magnifica humanitas, 59)”.

No la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés

En su discurso, el Papa subrayó que “no es la dominación de Babel, sino la paz de Pentecostés, la que hace posible esta comunión entre todos los pueblos. 

Cada cultura, por tanto, alcanza su más alta sabiduría cuando busca la paz y el bien de todos, dando testimonio del auténtico significado de nuestra humanidad”.

Piedras de toque de nuestro compromiso

La piedra de toque del compromiso de cuidado de la persona y de la creación es, aseguró el Papa, “el cuidado que prestamos a los más pequeños y a los pobres: los niños en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra; las personas con discapacidades físicas e intelectuales; los adultos mayores; los migrantes y los refugiados; y todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos”.

“Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana, y su protección y promoción se extienden también a la creación”, añadió. Por eso, “la actual crisis ecológica es también una crisis antropológica», subrayó.

Peregrinos acuden a saludar a León XIV en su visita a Notre Dame de París el 25 de septiembre de 2026 (@Vatican Media).

Notre Dame, centro vital de una civilización

A continuación, el Papa se dirigió en el papamóvil a la catedral de Notre Dame parta rezar las Vísperas, donde abrió su corazón de nuevo, y dejó algunos mensajes a la Iglesia que peregrina en Francia.

En primer lugar, la referencia a que “han pasado siete años desde que el mundo entero, conteniendo el aliento, vio cómo la catedral era devorada por un terrible incendio”, y al dolor de todos.

“Notre-Dame es mucho más que un monumento”, ha dicho el Papa. “La participación de todos en su reconstrucción y, hoy, el esplendor del resultado, muestran que en este lugar late el corazón de un pueblo; que nos encontramos en el centro vital de una civilización; que aquí el pasado y el futuro se abrazan y el cielo y la tierra se encuentran”.

“La comunidad cristiana no es un refugio en el que replegarse” 

En otro momento de la homilía, el Papa pidió a obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas de Francia: “¡déjense inspirar por lo que ha sucedido aquí! Den prioridad a la Evangelii gaudium, es decir, a esa conversión misionera de la que el Papa Francisco nos dio testimonio desde su primera Exhortación apostólica”.

“Como discípulos de Cristo, saben bien que la comunidad cristiana no constituye un refugio en el que replegarse para protegerse de su época”, alentó a todos.

Al contrario, se ofrece, como las antiguas catedrales, como un espacio de acogida, respeto, revelación y sentido para todos. (…) Sean una Iglesia viva, multiforme y cercana”

Además, el Santo Padre les pidió que “valoren con confianza la presencia misionera de los fieles laicos, que son la avanzada viva de la Iglesia en las encrucijadas de la vida cotidiana”.

“Un amor auténtico por la liturgia” 

Casi al final, León XIV dijo: “a ustedes, que celebran diariamente la Eucaristía, les pido que velen para que las celebraciones litúrgicas se vivan siempre con dignidad y decoro, también allí donde se reúnen comunidades más pequeñas. Sean herederos conscientes de los Padres y de los Santos de la Iglesia que, a lo largo de los siglos, nos han transmitido el significado profundo y la belleza de la liturgia, dando siempre testimonio de una gran humildad ante el Misterio celebrado. 

“Les exhorto, por  tanto, a todos ustedes, obispos, sacerdotes, diáconos y consagrados, a cultivar un amor auténtico por la liturgia”.

Al anochecer, al cierre de estas líneas, tenía lugar la Vigilia de los jóvenes con el Papa en el olímpico Stade de France, con cerca de 80.000 jóvenes y unos cuantos testimonios, como los de Chloé y Francois, que fueron contestados por el Santo Padre.

El autorFrancisco Otamendi

Mundo

Fulton J. Sheen, pionero de la comunicación católica, es ya beato

El arzobispo Fulton J. Sheen, teólogo, evangelizador, pionero de la comunicación católica y predicador del siglo XX, es ya el beato Fulton J. Sheen, tras la declaración del Papa León XIV efectuada por su delegado, el cardenal Luis Antonio Tagle, en la Misa de beatificación ayer en San Luis (Misuri, Estados Unidos).

OSV / Omnes·25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

– Gina Christian, St. Louis (OSV News)  

El cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización de la Santa Sede y delegado del Pontífice León XIV, pronunció ayer la declaración del Papa sobre la santidad de vida y el testimonio de Jesucristo del arzobispo Sheen, en una Misa celebrada el 24 de septiembre en The Dome at America’s Center, en presencia de miles de personas.

Ante los aplausos de los peregrinos, el cardenal Tagle describió al arzobispo Sheen como un “hijo de Illinois, hijo de los Estados Unidos de América” ​​y “de hecho, hijo del mundo”. 

Se estima una asistencia de 50.000 personas

Cientos de clérigos, entre ellos decenas de obispos y cardenales, entraron en procesión al recinto para la Misa, mientras varios coros, acompañados por una orquesta, interpretaban una sucesión de himnos. Las vestiduras de los sacerdotes estaban bordadas con las iniciales “JMJ”, la dedicatoria distintiva del arzobispo Sheen a Jesús, María y José.

La diócesis de Peoria, Illinois, de donde es originario el arzobispo Sheen, había elegido el lugar para dar cabida al gran número de peregrinos que acudieron a la beatificación y a los actos conmemorativos. Según los organizadores, asistieron alrededor de 50.000 personas.

Los peregrinos llegan antes de la misa de beatificación del Venerable Fulton J. Sheen, que ha tenido lugar el 24 de septiembre de 2026 en The Dome at America’s Center en San Luis. (Foto de OSV News/Bob Roller)

Muchos fieles de Estados Unidos, Italia, Polonia y Brasil

Durante una rueda de prensa celebrada unas horas antes de la Misa, el obispo Louis Tylka de Peoria declaró que casi todos los estados de Estados Unidos y varias naciones más estaban representadas por peregrinos. Añadió que muchos de los fieles provenían de Italia, Polonia y Brasil.

Cerca de 90 obispos, unos 1000 sacerdotes, aproximadamente 1600 religiosos y religiosas, y casi 250 diáconos estuvieron presentes, añadió el obispo Tylka, quien portaba la cruz pectoral del arzobispo Sheen. Entre los prelados concelebrantes se encontraba el arzobispo Gabriele G. Caccia, nuncio apostólico en Estados Unidos.

Una importante reliquia del Beato Fulton J. Sheen se exhibe junto a su retrato oficial durante la misa de beatificación, celebrada el 24 de septiembre de 2026 en The Dome at America’s Center en San Luis. (Foto de OSV News/Margaret Murray)

Decreto formal de beatificación

La beatificación —un acto papal que afirma que la presencia de una persona en el cielo es digna de fe— tuvo lugar oficialmente entre el Rito Penitencial y el Gloria de la liturgia. El obispo Tylka solicitó formalmente la beatificación del arzobispo Sheen al cardenal Tagle. 

Su sobrino nieto, Paul Cunningham, leyó una breve biografía del arzobispo Sheen, nacido en El Paso, Illinois, en 1895 y fallecido en Nueva York en 1979. A continuación, el cardenal Tagle proclamó la carta apostólica del papa León XIV, que declaraba la beatificación en latín. Posteriormente, el obispo Tylka leyó la carta en inglés, y ambos textos fueron recibidos con aplausos. 

Con la proclamación pública del decreto papal, el arzobispo Sheen pasó a ser considerado formalmente entre los “beati” de la Iglesia, palabra que proviene del latín y significa “bienaventurado”.

James Fulton Engstrom es sostenido en brazos por sus padres, Travis y Bonnie Engstrom, el 7 de septiembre de 2011, en el Centro Pastoral Spalding en Peoria, Illinois, mientras un tribunal comenzaba a investigar la curación milagrosa del niño por intercesión del arzobispo Fulton J. Sheen. Junto a ellos se encuentran Andrea Ambrosi, postuladora de la causa de canonización del arzobispo Sheen, y el obispo de Peoria, Daniel R. Jenky. La milagrosa supervivencia del bebé al nacer impulsó la causa de beatificación del arzobispo Sheen. (Foto de OSV News/Jennifer Willems, The Catholic Post, archivo de CNS).

El joven James Fultom Engstrom, receptor del milagro, presenta una reliquia

La resurrección de James Fulton Engstrom tras nacer muerto en 2010, hecho atribuido a la intercesión del arzobispo Sheen, fue declarada formalmente como el milagro que impulsó la beatificación del arzobispo Sheen. James procedió junto a sus padres y hermanos a presentar una importante reliquia del arzobispo Sheen durante la liturgia.

Guardada en un estuche especial llamado relicario, la reliquia es la mandíbula del arzobispo Sheen, elegida porque representa los extraordinarios dones del arzobispo como orador, maestro y evangelista.

Como parte de la beatificación, también se develó un retrato del Beato Fulton Sheen, aureolado. En la imagen, sostiene una tiza, la cual usó —junto con una pizarra— en su famoso programa de televisión ganador del premio Emmy, “La vida vale la pena vivirla”. 

La imagen también fue presentada simultáneamente en la Diócesis de Peoria, en la Catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción.

El cardenal Luis Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, eleva el libro de los Evangelios durante la misa de beatificación del beato Fulton J. Sheen, celebrada el 24 de septiembre de 2026 en The Dome at America’s Center en San Luis. (Foto de OSV News/Margaret Murray).

Un ‘narrador de historias de Jesús’

La primera lectura de la Misa de beatificación, del profeta Isaías 52:7-10 , se pronunció en español, mientras que la segunda lectura, 2 Corintios 4: 1-2 , 5-7 , se proclamó en portugués, y el Evangelio, tomado de Marcos 16:15-20, en inglés. 

Las oraciones de los fieles se ofrecieron en diversos idiomas, lo que ilustra tanto el carácter universal de la Iglesia como la vocación misionera del Beato Fulton J. Sheen, quien fue director en Estados Unidos de la Sociedad para la Propagación de la Fe (Obras Misionales Pontificias).

En su homilía, el cardenal Tagle elogió al arzobispo Sheen como un “narrador de historias de Jesús” y un “misionero que profundiza en el corazón de los pobres para encontrarse allí con Jesús”.

Defensa de los pobres

El cardenal destacó la apasionada defensa de los pobres que el entonces obispo Sheen hizo durante el Concilio Vaticano II. Durante los debates de 1964 sobre el documento “Ad Gentes”, relativo a la actividad misionera de la Iglesia, el entonces obispo Sheen pidió a sus hermanos obispos que “afirmaran” la noción de pobreza y a los obispos que provenían de sectores pobres y sufrientes de la Iglesia.

“Así como solo un Cristo herido pudo convertir a un Tomás incrédulo, solo una Iglesia herida por la pobreza puede convertir a un mundo incrédulo”, dijo. 

«Nunca me canso de contar el Evangelio«

El cardenal Tagle elogió al arzobispo Sheen por establecer vínculos genuinos con las personas que conoció y a quienes predicó y a quienes brindó su ministerio.

“El misionero evangelizador es bendecido por la comunión con las personas y los pueblos, especialmente con los pobres y vulnerables, y esta es una comunión en el nombre de Jesucristo”, dijo.

El cardenal Tagle compartió cómo el arzobispo Sheen le dijo a un amigo, que le preguntó por qué se había hecho sacerdote, que había sido llamado a compartir el Evangelio y contar la historia de Jesús. 

«Nunca me canso de contarlo; nunca me canso de mejorar mi manera de contarlo. Amo mi vocación», dijo el arzobispo Sheen, según relató el cardenal Tagle.

Orando por la canonización del Beato Sheen

En sus palabras tras la Comunión, el obispo Tylka instó a todos los asistentes a orar por la canonización del arzobispo Sheen, dirigiendo una oración conjunta con esa intención.

“Es Dios quien le ha dado a la Iglesia el extraordinario testimonio del hombre al que ahora podemos llamar Beato Fulton J. Sheen”, dijo.

Tras agradecer a los numerosos prelados que participaron en la Misa, entre ellos el arzobispo Mitchel T. Rozanski, cuya arquidiócesis acogió la beatificación, y a los representantes de la arquidiócesis de Nueva York, la diócesis de Rochester y las Obras Misionales Pontificias, el obispo Tylka señaló: “Su presencia hoy es un hermoso recordatorio de que, si bien Peoria se siente increíblemente orgullosa de llamar a Fulton Sheen uno de los suyos, él es un regalo para toda la Iglesia”.

“Proclamó el Evangelio sin temor en tiempos culturales difíciles”

“Fulton Sheen nos ha dejado un gran legado”, dijo el obispo Tylka. “Proclamó el Evangelio sin temor en tiempos culturales difíciles. Apoyó las misiones de la Iglesia en todo el mundo. Ganó decenas de miles de conversos y predicó a millones. Su tiempo de oración ante el Santísimo Sacramento fue la fuente de su comprensión del Hijo de Dios. Usó cada don que Dios le dio con un solo propósito: llevar a la gente a Cristo. Y su legado ahora es nuestro”.

Tras la misa, se invitó a los asistentes a permanecer en oración para venerar las reliquias del arzobispo Sheen.

James Engstrom, de 15 años, gran aficionado a la meteorología, les muestra a sus padres, Travis y Bonnie, el pronóstico del tiempo en su casa de Washington, Illinois, el 23 de enero de 2026. James Engstrom, quien nació sin pulso el 16 de septiembre de 2010 y permaneció clínicamente muerto durante una hora antes de que su corazón comenzara a latir, propició un milagro aprobado por la Iglesia que contribuyó a impulsar la causa de la beatificación del Venerable Fulton J. Sheen. (Foto de OSV News/Daryl Wilson).

La madre del bebé milagro 

Bonnie Engstrom, madre del niño cuya recuperación milagrosa tras nacer muerto en 2010 fue reconocida como el milagro que impulsó la beatificación del arzobispo Fulton J. Sheen, dijo que esperaba que la misa de beatificación del 24 de septiembre fuera “un anticipo del cielo”. 

En 2011, monseñor Gray dirigió la investigación sobre el milagro del nacimiento de James Fulton Engstrom, que el difunto Papa Francisco reconoció oficialmente como tal en 2019. Incluso antes del nacimiento de James, Bonnie y su esposo, Travis Engstrom, habían puesto a su hijo bajo la protección del Arzobispo Sheen y habían planeado llamarlo Fulton. 

Bonnie Engstrom comentó que apreciaba del nuevo Beato su sentido del humor, su inteligencia y “su profundo amor por Jesucristo”.

El obispo Robert E. Barron de Winona-Rochester, Minnesota, pronunció la homilía durante las vísperas del Venerable Fulton J. Sheen el 23 de septiembre de 2026 en la Catedral Basílica de San Luis, víspera de su beatificación. El arzobispo Sheen es recordado como uno de los evangelistas más influyentes e innovadores de la historia estadounidense. (Foto de OSV News/Bob Roller).

Obispo Barron: “Abrió la puerta a la evangelización del mundo”.

Entre otros testimonios recogidos estos días, está el del obispo Robert E. Barron de Winona-Rochester, Minnesota, quien compartió sus reflexiones sobre el arbispo Sheen en una homilía pronunciada el 23 de septiembre en la catedral basílica de San Luis, donde cientos de personas se reunieron para las vísperas un día antes de la beatificación del arzobispo.

El obispo Barron, quien consideró “uno de los mayores privilegios de mi vida poder pronunciar esta homilía en la víspera de la beatificación de Fulton Sheen”, dijo que “abrió la puerta a la evangelización del mundo”, y que era considerado, “por consenso general”, como “el predicardor más destacado en lengua inglesa del siglo XX”.

Una figura clave en la historia moderna de la Iglesia Católica

Describió al arzobispo Sheen como “mi modelo e inspiración” y como “una de las figuras clave en la historia moderna de la Iglesia Católica”, que surgió en medio de un “renacimiento” católico de mediados del siglo XX que incluyó a «Graham Greene, Dorothy Day, Jacques Maritain, Henri de Lubac, Thomas Merton, Evelyn Waugh y muchos otros”

Los seminaristas observan la entrada de los prelados al comienzo de las vísperas en honor al Venerable Fulton J. Sheen, el 23 de septiembre de 2026, en la Catedral Basílica de San Luis, víspera de su beatificación. (Foto de OSV News/Bob Roller).

Dedicación a la Hora Santa, “su amistad con Jesucristo”

Lo que convirtió al arzobispo Sheen en «un hombre de Dios bendecido y santo» fue su amistad con Jesucristo, dijo el obispo Barron.

Luego añadió que “en ningún otro lugar se hizo más evidente el arraigo de Fulton Sheen en la gracia de Cristo que en su dedicación, prácticamente de toda la vida, a la Hora Santa : la oración diaria, ininterrumpida y de una hora de duración en presencia del Santísimo Sacramento”.

“Ahora disfruto de la Hora Santa… en mi capilla privada cada mañana antes de comenzar mi jornada laboral”, dijo, antes de concluir subrayando que Santa María “está muy presente en la vida espiritual de Fulton Sheen, desde su bautismo en la Iglesia de Santa María hasta su ordenación en la catedral dedicada a María, pasando por su profunda devoción al rosario y, finalmente, sus más de 30 viajes a Lourdes para visitar, como él mismo dijo, a ‘la mujer que amo’”.

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– Gina Christian es reportera multimedia de OSV News. Síguela en X @GinaJesseReina. Maria Wiering, editora jefe de OSV News, colaboró ​​en este artículo.

 – Este artículo recoge informaciones en torno a la beatificación publicadas ayer y hoy por OSV News. Pueden consultarlas aquí.

El autorOSV / Omnes

Ni racismo ni caos: la lección de Salamanca sobre las migraciones

La Escuela de Salamanca defendió la dignidad universal y el derecho a la movilidad, pero vinculó la libertad de circulación al bien común y a la capacidad de integración de las sociedades receptoras.

25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

El racismo moderno no es un atavismo biológico, sino una construcción intelectual que nace a finales del siglo XV con las grandes navegaciones europeas. Lo que comenzó como un «racismo emocional» ante el encuentro con el «otro», pronto se transformó en un sistema teórico diseñado para justificar el dominio colonial. En este escenario, la Escuela de Salamanca surge no solo como un centro de saber teológico, sino como el embrión de la doctrina de los derechos humanos universales. Hoy, en pleno siglo XXI, cuando la inmigración se presenta como uno de los grandes desafíos de Occidente, las enseñanzas de los maestros salmantinos nos ofrecen la brújula necesaria para no errar en el debate sobre la movilidad humana.

El origen del racismo moderno

Para comprender la vigencia de Salamanca, primero debemos entender el muro que derribó. Durante siglos, la intelectualidad europea, desde Linneo hasta Kant, sostuvo la existencia de variedades humanas con temperamentos y capacidades morales distintas, situando a la «raza blanca» en la cúspide de la perfección.

En el primer cuarto del s. XX, las teorías raciales nazis fueron la fundamentación ideológica para el exterminio de millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial. El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) adoptó y desarrolló varias clasificaciones raciales pseudocientíficas como parte de su ideología para justificar el genocidio de grupos de personas que consideraba racialmente inferiores. Los nazis consideraban a la supuesta raza aria una raza maestra superior, y a judíos, africanos, mestizos, romaníes, eslavos y otros grupos étnicos como infrahumanos y racialmente inferiores, cuyos miembros estaban destinados a trabajos forzados y exterminio. Estas creencias surgieron de una mezcla de antropología del siglo XIX, racismo científico (fundado en las teorías de Hans F. K. Günther) y antisemitismo.

El antisemitismo bajo nuevas formas

Por cierto, que el antisemitismo, lejos de ser un fenómeno extinguido tras la derrota del nazismo, ha demostrado ser un odio proteico capaz de mutar y pervivir en la actualidad, a menudo camuflado bajo nuevas narrativas políticas e ideológicas. Hay quien sostiene que esta persistencia se ha hecho patente por ejemplo en la virulencia con la que ciertos sectores de la izquierda política -generalmente antirracista- han reaccionado ante la guerra de Gaza, donde la hostilidad hacia Israel trasciende con frecuencia la legítima crítica geopolítica para resucitar viejos prejuicios judeófobos. 

Como la visión marxista del mundo divide todo en «opresores» y «oprimidos» y los judíos son vistos a menudo como exitosos o «blancos» en el contexto occidental, a veces se les excluye de las protecciones antirracistas habituales o se minimiza el odio hacia ellos -camuflado dentro de un discurso político antiimperialista- porque no encajan en el perfil tradicional de «víctima» que maneja cierta retórica progresista. En este contexto, el antisionismo radical funciona a menudo como una máscara socialmente aceptable que, al demonizar sistemáticamente al único Estado judío y aplicarle un doble rasero moral inexistente para otros conflictos, canaliza un rechazo ancestral que niega la legitimidad y el derecho a la seguridad del pueblo judío.

La respuesta de la Escuela de Salamanca

Por su parte, la Escuela de Salamanca nos enseña que la libertad de circulación es una herramienta para la protección de la dignidad, no para su erosión. En un siglo XXI marcado por la polarización, volver a Francisco de Vitoria y a Domingo de Soto significa entender que el deber de acoger es inseparable de la capacidad real de integrar. Solo a través de un orden basado en la razón y el bien común universal podremos superar el racismo y convertir la movilidad humana en una verdadera «misión de esperanza».

El fenómeno de la movilidad humana debe ser considerado como una de las cuestiones más graves de la actualidad. Lo avala el extraordinario crecimiento de los flujos y las dificultades en las que es vivido por la mayoría de sus protagonistas. En esta dinámica, constituirá un desafío creciente en las próximas décadas hasta el punto de que hay autores que hablan ya del siglo XXI como del siglo de las migraciones.

La Iglesia católica, sin dejar de valorar la corriente de los derechos humanos, los esfuerzos de sus instituciones y los logros para toda la humanidad, establece una distancia crítica que es reconocible en dos puntos fundamentales respecto a la movilidad: el reconocimiento de un derecho a la migración de la persona y su familia, no reconocido por la Declaración de 1948, y la reclamación de un conjunto de deberes, asumidos por los individuos, que completen las protecciones contempladas. El escenario descrito del bien común universal, de estructuras internacionales que velen por ello, de la existencia de una comunidad universal, justifica la proclamación de que toda persona goza de una ciudadanía mundial que le habilita para el ejercicio de derechos y deberes que rebasan los reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

El derecho a migrar

La actual exhortación del Papa León XIV a recibir a los desplazados bajo el lema Migrantes, misioneros de esperanza actualiza directamente el Ius Peregrinandi formulado por la Escuela de Salamanca. Al afirmar León XIV que el miedo a los forasteros es una «sedentarización» contraria al espíritu cristiano, recupera la tesis central de Francisco de Vitoria en De Indis. Vitoria estableció que es lícito a cualquier ser humano viajar y permanecer en otros territorios siempre que no cause daño, definiendo la movilidad no como una concesión del Estado, sino como un derecho natural de comunicación entre los pueblos que precede a las fronteras políticas.

Del mismo modo, la continuidad que León XIV mantiene con la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco para denunciar el nacionalismo excluyente se fundamenta en el concepto salmantino del Totus Orbis. Cuando la Iglesia católica está insistiendo en la actualidad en la dignidad inalienable del migrante por encima de su estatus legal, están aplicando el principio de Vitoria en De Potestate Civili. Allí, el teólogo dominico definió al mundo entero como una comunidad regida por el Derecho de Gentes, argumentando que existen leyes justas y derechos universales que protegen a la persona frente a la soberanía de cualquier gobernante, una idea que la Iglesia emplea hoy para combatir el racismo y la exclusión.

Libertad de circulación y bien común

Por último, la actualización del pensamiento de Vitoria exige equilibrar el derecho natural de movimiento con el deber estatal de preservar el bien común; esto implica una gestión migratoria que, sin discriminar por origen (dignidad humana), imponga límites racionales para evitar que la libertad de tránsito degenere en la disolución del orden social (caos) o en la explotación de los vulnerables. Para ello, debemos volver al principio rector que Francisco de Vitoria estableció en sus Relectiones: la cláusula «sine iniuria» (sin daño). Vitoria defendía el derecho de comunicación y comercio (Ius Communicationis), que permitía a los españoles viajar y residir en las Indias, siempre y cuando no dañaran a los naturales ni socavaran su soberanía legítima. El límite del derecho a migrar no debe ser el egoísmo nacional, sino la capacidad de integración y sostenibilidad de la sociedad receptora.

Si la migración se realiza «con daño» (colapsando estructuras sociales o imponiendo cargas insostenibles), deja de ser un derecho protegido por el Ius Gentium y se convierte en una agresión que el Estado tiene derecho a repeler. El derecho de uno a llegar no puede anular el derecho de la comunidad receptora a existir y mantenerse estable. Libertad no es anarquía: la Escuela de Salamanca, precursora de los Derechos Humanos, era profundamente tomista. Para Santo Tomás y sus seguidores, la ley debe ser una «ordenación de la razón al bien común». Una libertad de circulación absoluta, sin control ni registro, elimina la capacidad del Estado para ordenar la sociedad.

Orden y protección

Si la libertad de circulación se interpreta como ausencia total de fronteras (caos), se destruye la seguridad jurídica y la protección social, que son conquistas del derecho europeo. Una sociedad en «caos» no puede garantizar la dignidad de nadie (ni del local ni del migrante). Por tanto, la restricción de flujos no es una negación de la dignidad del migrante, sino una herramienta necesaria para garantizar que esa dignidad pueda ser efectiva y protegida dentro de un marco legal funcional. El «caos» beneficia al fuerte sobre el débil, violando el principio de protección al inocente que defendía Vitoria.

Las mafias de tráfico de personas existen porque hay una barrera insalvable entre la oferta (migrantes) y la demanda (destino), creando un mercado negro.  Si la circulación fuera efectiva y legal (como un visado universal o el espacio Schengen), el modelo de negocio del «coyote» o la «patera» colapsaría. Nadie paga a un criminal 5.000 euros para cruzar el mar peligrosamente si puede cruzar un puente legalmente por 50 euros. Pero si se abren las puertas («libre circulación») pero no se garantiza la integración (trabajo, vivienda), probablemente las mafias mutarían. Ya no cobrarían por el cruce, sino que explotarían la estancia (guetos, prostitución, esclavitud laboral). Por eso, la eliminación de las mafias requiere vías legales seguras (orden), no una apertura caótica que simplemente cambie el momento en que el migrante es explotado. Se trataría de destruir el mercado de la mafia mediante la ley, no mediante la ausencia de ella.

El Ius Peregrinandi defendido por Francisco de Vitoria no es un derecho absoluto al caos, sino una comunicación pacífica orientada al bien común; por tanto, el deber de acoger es inseparable de la capacidad real de integrar, pues permitir la entrada indiscriminada para luego despreocuparse y condenar al migrante a la marginalidad y el fracaso traiciona el principio de justicia conmutativa y distributiva que fundamenta el Derecho de Gentes.

Mundo

León XIV será el primer Papa en venerar la “túnica sagrada” de Argenteuil

El Papa León XIV hará historia durante su visita a Francia del 25 al 28 de septiembre, al convertirse en el primer Papa en venerar la Santa Túnica de Argenteuil, reliquia que durante mucho tiempo se creyó que era la túnica sin costuras que usó Cristo durante su Pasión.

OSV / Omnes·25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

– Caroline de Sury, OSV News

El momento de la veneración tendrá lugar la noche de la llegada de León XIV a París, el viernes 25 de septiembre, en el que acudirá al Stade de France —lugar emblemático para los Juegos Olímpicos de 2024, situado al norte de París, en la ciudad de Saint-Denis— para participar en una Vigilia de oraciòn a la que asistirán en torno a 80.000 jóvenes de entre 17 y 35 años. 

En ese acto, el Papa venerará la Santa Túnica de Argenteuil, inmediatamente después de rezar las Vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y seminaristas en la Catedral de Notre Dame, donde el Pontífice tiene previsto rezar ante la corona de espinas. 

La Santa Túnica, desde la basílica a la Vigilia con los jóvenes

La túnica será trasladada al estadio desde la basílica de Argenteuil especialmente para el evento, una medida que las autoridades locales han calificado de “excepcional”, “sin precedentes” e “histórica”.

“En tiempos modernos, la túnica nunca ha sido retirada oficialmente de la basílica”, afirma el sitio web oficial de Argenteuil. “Este es un hito importante, ya que (el Papa) León XIV será el primer Papa en contemplarla”.

La Santa Túnica de Argenteuil se exhibe el 18 de abril de 2025, Viernes Santo, en la Basílica de Saint-Denis en Argenteuil, Francia. (Foto de OSV News/Cortesía de la Diócesis de Pontoise).

Venerada como la túnica de Cristo en Francia durante más de 1.200 años

La Santa Túnica de Argenteuil ha sido venerada como la túnica de Cristo en Francia durante más de 1.200 años. El emperador Carlomagno la recibió alrededor del año 800 de la emperatriz Irene de Constantinopla. Se la confió a su hija Teodrada, abadesa de la Abadía de Argenteuil. 

Durante los siglos siguientes, el pueblo de Argenteuil se convirtió en un importante lugar de peregrinación en Francia, atrayendo a reyes y reinas deseosos de venerar la túnica, entre ellos San Luis en el siglo XIII.

Durante la Revolución Francesa, el párroco de Argenteuil cortó la túnica en pedazos para ocultarla mejor y protegerla del saqueo de los revolucionarios. En el siglo XIX, fue reconstruida casi por completo y colocada en un relicario especial dentro de la nueva Basílica de Saint-Denis en Argenteuil. 

En Pontoise, 200.000 peregrinos en la última exhibición pública

A partir de entonces, se exhibió para la veneración pública cada 50 años, hasta que, tras su restauración en 2016, se decidió no esperar tanto tiempo entre cada exhibición.

En abril y mayo de 2025, la Diócesis de Pontoise organizó la última exhibición pública especial con motivo del Jubileo de la Esperanza. El evento generó un enorme entusiasmo, atrayendo a más de 200.000 peregrinos de todas las edades y condiciones sociales. 

Relicario especial del carpintero parisino Gabriel Hostachy

Desde julio, Gabriel Hostachy, un carpintero parisino de 39 años y católico practicante, ha estado trabajando en la preparación de un relicario especial para la exposición conmemorativa de la presencia papal. 

Fabricado en madera de roble y tilo, con un panel de vidrio que permite ver la túnica, mide más de 3,6 metros de altura y fue diseñado para resistir cualquier intento de robo.

Las manchas de sangre, del mismo tipo que las de la Sábana Santa de Turín

La túnica está hecha de lana marrón. Mide 1,2 metros de largo y 0,9 metros de ancho. Los resultados de investigaciones científicas recientes varían, pero coinciden en que la tela es contemporánea de los textiles orientales de los primeros siglos de la era cristiana. Las manchas de sangre que presenta son del mismo tipo que las de la Sábana Santa de Turín.

Originalmente sin costuras, la túnica se presenta a menudo como una oportunidad para orar por la unidad cristiana, en recuerdo del momento en que las vestiduras de Cristo fueron divididas durante su crucifixión, cuando los soldados decidieron no “rasgarla”, como recuerda el Evangelio de Juan: 

“No la rasguemos, sino echemos suertes para ver de quién será”, se dijeron los soldados unos a otros, “para que se cumpliera lo que dice la Escritura: ‘Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi túnica echaron suertes’”.

El obispo Benoît Bertrand de Pontoise, Francia, ora frente a la “Santa Túnica de Argenteuil”, junto a representantes de las iglesias orientales, el 26 de abril de 2025, en la Basílica de Saint-Denis en Argenteuil. Se cree que la túnica es la vestimenta sin costuras que Cristo usó antes de su pasión. (Foto de OSV News/Cortesía de la Diócesis de Pontoise). 

La unidad cristiana

El obispo Benoît Bertrand de Pontoise, que ostenta oficialmente el título de “Guardián de la Santa Túnica»”, dado que Argenteuil se encuentra en su diócesis, concede gran importancia a la preocupación por la unidad cristiana.

De hecho, mientras se realizaba la última exhibición pública de la túnica, muchos de los cardenales que tenían previsto asistir no pudieron hacerlo, ya que fueron convocados a Roma para el cónclave.

La manifestación, “oración intensa” por la Iglesia y el futuro Papa

La decepción por la falta de celebración de la exhibición de la túnica en presencia de los cardenales más importantes se convirtió “en una intensa oración por la Iglesia y por el futuro Papa”, declaró en aquel momento el obispo de Pontoise a OSV News.

El tema de la unidad será fundamental durante la vigilia en el estadio, que reunirá a jóvenes de diversos orígenes sociales. Un gran número de jóvenes católicos de la diócesis de Saint-Denis, conocida por sus barrios obreros con una importante población de origen inmigrante, estarán presentes, junto con algunos de sus amigos no cristianos. 

Las entradas se agotaron a los pocos minutos

Muchos jóvenes de París y de otras diócesis también asistirán, incluidos algunos que asisten regularmente a comunidades carismáticas o participan en la peregrinación de Pentecostés de París a Chartres, que tiene lugar después de la Misa en latín.

En agosto, las entradas para asistir a la vigilia con el Papa se agotaron a los pocos minutos de abrirse el plazo de inscripción. Por ello, muchos jóvenes la verán por vídeo el viernes por la noche durante los eventos organizados por parroquias o colegios católicos.

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– Caroline de Sury escribe para OSV News desde París.

– Esta información ha sido publicada originariamente por OSV News. Pueden consultarla aquí.

El autorOSV / Omnes

Educación

Una educación rehén de los cambios políticos

"Si queremos revertir la tendencia que marcan informes como PISA y devolver al esfuerzo, al rigor y al pensamiento crítico el lugar central que merecen en las escuelas, el primer paso inexcusable es despojar a la educación de la refriega partidista y simplificar su arquitectura jurídica".

Eloy Asenjo Carpintero·25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La educación en España se parece demasiado a una obra perpetua en construcción en la que, cada pocos años, cambian al arquitecto, tiran los cimientos a medias y levantan un edificio con planos radicalmente distintos. Desde el inicio de nuestra democracia, el sistema educativo ha soportado ya ocho leyes orgánicas diferentes en apenas cuarenta años. Un récord de inestabilidad legislativa que convierte las aulas en un laboratorio de probaturas políticas y condena a centros, docentes y familias a una desorientación crónica.

Un laberinto autonómico indigerible

A este desbarajuste estatal se suma una vuelta de tuerca institucional aún más compleja. Al tener las comunidades autónomas plenamente delegadas las competencias educativas, el mapa se fragmenta de tal manera que por cada norma que se aprueba a nivel nacional nos encontramos con diecisiete despliegues normativos autonómicos diferentes.

De este galimatías derivan graves disfunciones, como la profunda asimetría curricular y el absurdo de las pruebas de acceso a la universidad. Puesto que la titulación oficial la otorga el Estado, debería imperar una armonía básica. Sin embargo, las exigencias de la EBAU difieren según el territorio, pudiéndose llegar al extremo inaceptable de que algunas familias con recursos desplacen a sus hijos a estudiar el bachillerato a determinadas comunidades buscando notas medias más elevadas para acceder al grado deseado en la universidad de preferencia, lo que vulneraría flagrantemente el principio de igualdad de oportunidades.

A ello se añade otra variable crucial que suele soslayarse en el debate público: la gestión de la lengua vehicular. Aunque considerar las lenguas cooficiales como una riqueza indiscutible y de gran importancia es un punto de partida innegable, en la práctica su ordenación en aquellas comunidades que cuentan con ellas se convierte con frecuencia en un delicado jeroglífico político. Si no se gestionan con equilibrio, esto puede introducir un hándicap añadido, afectando de forma directa y medible a destrezas tan básicas como la comprensión lectora, el vocabulario y la corrección en la redacción en la lengua común del Estado.

El verdadero debate: más allá de las ideologías

Mientras el debate político y mediático suele encasquillarse interesadamente en la titularidad de los centros educativos, la defensa de sus respectivos idearios y la eterna polémica sobre si deben o no sufragarse en parte con fondos públicos, los datos recientes nos ponen ante los ojos una realidad infinitamente más fundamental que debemos debatir sin complejos.

La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), a raíz de los resultados del Informe PISA 2025, ha recibido con profunda preocupación la caída generalizada del rendimiento escolar en España, registrando niveles mínimos históricos en Matemáticas, Lectura y Ciencias. 

Como advierte la CECE, el problema no se reduce a una cuestión de brechas socioeconómicas, pues el descenso es transversal y afecta también a los entornos tradicionalmente más favorecidos. Tal y como señala su presidente, Alfonso Aguiló, la exigencia académica y el apoyo deben ir de la mano para ayudar a quienes encuentran dificultades sin dejar de elevar el aprendizaje de todos, recordando que no podemos conformarnos con que las distancias se reduzcan si el conjunto del alumnado aprende menos. La urgencia principal de este diagnóstico arranca en la comprensión lectora, el cimiento invisible sobre el que descansa cualquier otro aprendizaje futuro. 

Evaluar antes de volver a legislar

Ante esta debilidad estructural, la tentación de los ministerios y consejerías suele ser siempre la misma: aprobar una nueva ley o retocar los currículos como si un boletín oficial tuviera una varita mágica. Frente a este activismo legislativo estéril, la reclamación de la CECE plantea la sensatez de evaluar de forma pública y rigurosa el impacto de las políticas aplicadas antes de volver a legislar. 

Este análisis exige compartir impresiones de manera honesta entre el INEE (Instituto Nacional de Evaluación Educativa), las administraciones de los distintos territorios, centros de todas las redes, familias, profesores y expertos independientes, escuchando de verdad la voz de quienes pisan el aula todos los días. En palabras del propio Aguiló, no se pide que no se legisle, sino que antes de acometer nuevas reformas se sepa qué ha funcionado, qué ha fallado y por qué, evaluando las decisiones políticas y no solo el rendimiento de los alumnos. 

Hacia un horizonte de estabilidad

Educar exige paciencia histórica, poso y permanencia. Ningún sistema de excelencia se improvisa en los cuatro años que dura una legislatura ni se sostiene con parches territoriales descoordinados.

Por ello, urge reclamar un pacto de Estado que dote a las leyes educativas de una vigencia que, en mi opinión, debería extenderse al menos durante veinte años, asegurando así el ciclo vital completo de al menos una generación entera de alumnos bajo unas mismas reglas de juego. Naturalmente, defender este horizonte prolongado no significa instaurar un dogma pétreo ni renunciar al sentido común: durante ese tiempo es perfectamente posible y deseable consensuar ajustes o correcciones puntuales, pero siempre fundamentados en una evaluación rigurosa y nunca por capricho partidista.

Si queremos revertir la tendencia que marcan informes como PISA y devolver al esfuerzo, al rigor y al pensamiento crítico el lugar central que merecen en las escuelas, el primer paso inexcusable es despojar a la educación de la refriega partidista y simplificar su arquitectura jurídica. Sembrar a largo plazo con la mirada puesta en el bien común es la única forma de blindar con madurez el futuro de nuestros jóvenes.

El autorEloy Asenjo Carpintero

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Reverendo SOS

No es necesario, ni bueno, que estés solo

El celibato no es un camino de aislamiento individualista, sino una vocación para amar y dejarse cuidar a través de una profunda red de relaciones con Dios, consigo mismo y con los demás.

Carlos Chiclana·25 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Parece que, para ser sacerdote, hay que formarse para vivir en soledad. Pero, ¿es realmente necesario? ¿Podríamos formar a los candidatos precisamente en saber que no están solos?

Desmontando el mito del aislamiento

Podría parecer que vivir el celibato exigiera tener un sentimiento de soledad, carencia, falta de afecto y desesperanza vital que fuera intrínseco al don. Si quien vaya a vivir el celibato, cree esta falsa premisa, puede que diseñe y ordene su vida con un individualismo que haga que se cumpla su profecía y, efectivamente, se quede solo.

Si atendemos a que el sacerdocio es una llamada para darse a los demás, compartida con personas con el mismo carisma, y que cuenta con recibir el soporte de otras personas, no debería quedar más soledad que la sana soledad originaria, escenario de la comunicación íntima con Dios, como explica san Juan de la Cruz: “En soledad vivía / y en soledad ha puesto ya su nido / y en soledad la guía / a solas su querido / también en soledad de amor herido”. 

Los seis pilares de la intimidad

Podría resultar paradójico que alguien que pretende vivir con un corazón indiviso vaya a tener el corazón lleno de personas con las que comparte intimidad. Pero un signo de madurez en la vivencia del celibato y la castidad es la capacidad para vivir y compartir la propia intimidad en distintos ámbitos:

–con uno mismo: facilita así la reflexión sobre el mundo y la vida interior, con autoconciencia sin filtros y sin engaños, consciente de la grandeza como hijo de Dios y de la insignificancia ante la tarea sólo con sus fuerzas. Así, está conectado consigo mismo, conoce su naturaleza particular y sus necesidades, y se da a conocer consecuentemente;

–con Dios: se abre a Él para sentir su mirada, conocer la acción y el don de Dios sobre él, dejarse transformar, incorporar su lógica y su sentido, y desarrollar una particular complicidad que solo él puede saborear;

-con su acompañante espiritual: al que comunica cómo se relaciona con Dios, cómo se encuentra en su misión, con transparencia y con la esperanza de que el acompañante sea un compañero consciente, presente en esa relación y no un mero funcionario, y consciente de que Dios es el único viñador, y deja libertad tanto a Dios como al acompañado y no toma el nombre de Dios en vano atribuyéndose el conocimiento de la voluntad de Dios;

-con sus amigos: con quienes comparte su vida, su caminar, sus deseos, ilusiones, proyectos, tristezas, etc., y deja que ellos la compartan con él, y se ayudan y cuidan recíprocamente;

-con otros sacerdotes: por el nuclear hecho de que comparte con ellos la experiencia de Dios, un espíritu, un carisma, un ideal, una misión, una filiación, una fraternidad, alegrías, esperanzas y miedos e ilusiones personales, y sabe y siente y vive que ellos son fuente de salvación, sustento en el andar ordinario. Con su comunidad está en un lugar seguro, donde está a salvo y encuentra soporte espiritual y edificación humana. Ahí puede apuntalar la pertenencia, apaciguar soledades, compartir interrogantes personales, y vivir la pasión compartida de lo que haya para vivir, donde puede regular sus emociones, donde puede celebrar, más allá de un trato cordial o un cariño oficial. Puede dejar que otros sacerdotes entren en su vida y adentrarse él en las suyas, reconocer sus necesidades, y atender en primer lugar a los más necesitados. La fraternidad se vivirá como servicio y natural obediencia a los demás, como ofrecimiento a otros del don recibido;

-con su familia: con quienes mantiene los vínculos. Ellos son la raíz de su apego y comparten sus ilusiones y proyectos; él les hace partícipes de su vida.

La madurez de dejarse querer 

Así, vivir con el corazón lleno de amores es posible, porque ama siempre con un tercero en concordia que es Dios, ama a los demás en Dios, ama a Dios en ellos y se deja amar por ellos con Dios. Ama sin poseer y no deja que le posean cuando le aman. 

Percibirá que no solo es que no está solo, sino que no debe estarlo, porque su llamada es a amar y ser amado. Madurará en la necesidad de recibir y dejarse transformar; de cuidar y dejarse cuidar; de ayudar y dejarse ayudar; de servir y dejarse servir; de contar con quienes le quieren para cultivar su proyecto de vida. Vivirá de manera práctica la acción de Dios en la mediación de otras personas que le quieren, le orientan, le ayudan, le acogen, le validan, le sirven, etc. 

Se dará cuenta de que necesita de otros para la plenitud, sin necesidad de que sea en una relación en exclusiva, porque su ser célibe, ontológicamente hablando, está bien así, a imagen y semejanza de Dios, imitando a Cristo. Déjate querer. No es bueno que el hombre esté solo.

España

La Pastoral Penitenciaria atendió a más de 40.000 personas en España en 2025

A finales de 2025 había 62.398 personas presas en España. De ellas, más de 40.000 tuvieron contacto directo con la Iglesia a través de capellanes, voluntarios, parroquias, congregaciones y otras entidades eclesiales, según el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.

Redacción Omnes·24 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Hoy 24 de septiembre es la fiesta de la Virgen de la Merced, Madre de los cautivos y Reina de la Misericordia, patrona de los presos y de Instituciones penitenciarias. Y el área de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE), que pertenece a la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción humana, ha hecho pública la Memoria de la Pastoral Penitenciaria 2025. 

De las 62.398 personas presas en España en 2025, más de 40.000 pudieron ser acompañadas por la Iglesia el año pasado, a través de los capellanes, el voluntariado, las parroquias, las congregaciones y otras entidades eclesiales. 

La memoria refleja una presencia que, como señala el director del Departamento, el mercedario José María Carod, se desarrolla “muchas veces de manera silenciosa, pero que busca acompañar, visibilizar y mejorar la realidad” de las personas que cumplen una pena de prisión. 

Más de mil programas dentro y fuera de los centros penitenciarios

La memoria 2025 del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE recoge 1.076 programas desarrollados dentro y fuera de los centros penitenciarios, con la participación de 1.910 voluntarios y 159 capellanes. 

Es la actividad de la Iglesia desarrollada el pasado año en el acompañamiento tanto a las personas privadas de libertad, a sus familias y a las víctimas.

De los 1.076 programas, 936 se realizaron dentro de los centros penitenciarios y 140 fuera de ellos. 

En el conjunto de estas actuaciones fueron atendidas 40.289 personas, mientras que 3.722 personas participaron o estuvieron implicadas en las distintas iniciativas, informa la CEE.

Dentro de los centros penitenciarios se desarrollaron 573 programas religiosos, con 768 grupos y acciones pastorales y 21.270 personas participantes en actividades religiosas. A ellos se sumaron 341 programas sociales, 22 programas jurídicos y diferentes iniciativas de acompañamiento y atención.

3.193 personas atendidas en 90 casas de acogida

Fuera de los centros, la actividad se centró especialmente en el acompañamiento social y la acogida. La Pastoral Penitenciaria contó con 90 casas de acogida, en las que fueron atendidas 3.193 personas, además de acompañar a 621 personas con medidas de trabajos en beneficio de la comunidad. 

También se desarrollaron 27 programas jurídicos, que beneficiaron a 399 personas.

Una presencia sostenida por capellanes (159) y voluntarios

La memoria destaca el papel de las personas que hacen posible esta presencia de la Iglesia en el ámbito penitenciario. En 2025 participaron 1.910 voluntarios laicos y 159 capellanes, junto con 667 entidades colaboradoras.

A lo largo del año se contabilizaron, además, 804 encuentros y actividades formativas, dirigidos a fortalecer la preparación y el acompañamiento de quienes desarrollan su servicio en Pastoral Penitenciaria. 

La Memoria señala también la necesidad de mejorar los cauces para la formación inicial y permanente de los agentes de pastoral penitenciaria, voluntarios y capellanes. “Constatamos que faltan manos. Debemos especificar bien la vocación al servicio del preso”, apuntan en este resumen del año.

Acompañar, escuchar: “otra cárcel es posible”

Junto a los datos, la Memoria 2025 pone el acento en una forma concreta de entender la presencia de la Iglesia en las prisiones: “Queremos mostrar que otra cárcel es posible desde la escucha, el acercamiento, la humanidad, la comprensión, la oportunidad y perdón”, afirma José María Carod.

El Departamento de Pastoral Penitenciaria expresa también su deseo de dar pasos firmes en el acompañamiento de víctimas y victimarios: “Hacernos presentes en el dolor de tantas familias heridas en ambos lados. Y sobre todo llegar a una coordinación tan total que resulte por sí misma evangelizadora”.

Más de 3,6 millones de euros aportados

La actividad desarrollada durante 2025 contó con 3,6 millones de euros aportados por la Pastoral Penitenciaria: 1,5 millones en las capellanías y 2,1 millones en casas de acogida, según los datos globales de la memoria.

Las cifras reflejan, en conjunto, una amplia red de presencia y acompañamiento en torno a esta realidad, y señala: “Seguimos sin pausa. Porque la meta final está clara: acompañar, visibilizar y mejorar la realidad -por ahora aún inevitable- de la pena de prisión”.

El autorRedacción Omnes

Mundo

«Prefirieron la muerte»: los mártires de los Carmes que visitará León XIV

El sábado 26 de septiembre, León XIV visitará el Instituto Católico de París. Antes de hablar a la Asamblea sinodal provincial, recorrerá el lugar donde en 1792 fueron asesinados más de cien hombres por negarse a prestar un juramento contrario a la fe.

Gonzalo Meza·24 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Los parisinos la llaman «la Catho»: el Instituto Católico de París (ICP). El sábado 26 de septiembre recibirá al Papa León XIV, que se reunirá allí con los miembros de la Asamblea sinodal provincial, con catecúmenos y con neófitos para escuchar y hablar sobre el fenómeno del incremento exponencial de adultos (mayoritariamente jóvenes) que piden ser bautizados en Francia.  

Antes del encuentro, el pontífice acudirá a la iglesia Saint-Joseph-des-Carmes, fundada en 1613 por María de Médici y dedicada a san José en 1625. El Papa rezará brevemente junto a estudiantes, profesores y seminaristas. Después hará el recorrido de los mártires del 2 de septiembre de 1792 hasta el auditorio Georges Bernanos.

La iglesia Saint-Joseph-des-Carmes perteneció al antiguo convento donde, el 2 de septiembre de 1792, fueron asesinados los mártires des Carmes, entre ellos san Salomon Leclercq. En la cripta de esta iglesia está también la tumba del beato Frédéric Ozanam.

La historia del convento de los Carmes

En 1610 llegaron a París tres frailes carmelitas descalzos: Tomás de Jesús, Denys de la Mère de Dieu y Bernard de Saint Joseph. María de Médici tomó la fundación bajo su protección y en 1611 quedó inaugurado el convento de la calle Vaugirard. 

Aquí cayeron (Hic ceciderunt)

El 17 de agosto de 1792, los frailes carmelitas recibieron la orden de abandonar el convento. La iglesia ya se había convertido en prisión para los sacerdotes que se negaban a jurar la Constitución civil del clero, aprobada por la Asamblea Nacional francesa en 1790. Eran 160 presos.

Los guardias dormían dentro de la iglesia y los presos no podían celebrar misa. Aun así, organizaron su vida religiosa en tres grupos dirigidos por los obispos: mientras unos hacían oración, otros rezaban el oficio y los demás descansaban.

El 2 de septiembre, hacia las cuatro de la tarde, entraron hombres armados y organizaron un simulacro de juicio. Uno a uno, los eclesiásticos fueron invitados a prestar el juramento que habían rechazado. Quienes se negaban eran condenados a muerte. En unas dos horas había alrededor de 115 cadáveres. Al día siguiente, los cuerpos fueron arrojados a un pozo o llevados al cementerio.

Hoy, la escalera del martirio, dentro del jardín del antiguo convento, una placa recuerda esto: Hic ceciderunt, «aquí cayeron». En la cripta, otra inscripción resume el motivo de su muerte: «Habiendo preferido la muerte a la violación de la santa ley de Dios, fueron masacrados».

Del convento a la universidad

Tras la masacre de 1792 el convento de los Carmes fue vendido como bien nacional. En 1797 lo adquirió la carmelita Camille de Soyécourt y en 1845 las religiosas lo cedieron al arzobispo de París, Mons. Denys Affre, que fundó allí la Escuela de Altos Estudios Eclesiásticos. En 1875 la casa acogió los primeros cursos del Instituto Católico. En 1919 se abrió el Seminario de los Carmes, que acogía a seminaristas de diversas diócesis de Francia. Funcionó hasta 2026, cuando sus seminaristas se trasladaron al nuevo seminario universitario de Issy-les-Moulineaux cerca de París.  

Salomon Leclercq: «Firmes en la fe»

Entre los presos de la masacre de 1792 estaba Salomon Leclercq, secretario del superior general de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Lasallistas). De él se conservan cerca de 130 cartas, escritas a su familia entre 1768 y 1792. Desde muy joven quiso vivir solo para Dios.

Hijo de un comerciante de Boulogne-sur-Mer, fue enviado a París para aprender el oficio. La ciudad lo desconcertó. En 1767 entró en el noviciado de los Hermanos. Fue maestro, formador y administrador y en 1787 pasó a ser secretario del superior general.

En 1791, cuando los Hermanos fueron obligados a abandonar sus casas, se vistió de civil y se quedó a custodiar la sede del consejo general. El 15 de agosto de 1792 escribió a su hermana: «Las tribulaciones que sufrimos aquí abajo son pasajeras, y la recompensa que esperamos será eterna». Esa misma noche, los guardias entraron en la casa de la rue Neuve y lo llevaron a los Carmes.

El 2 de septiembre de 1792 fue ejecutado en los escalones del jardín interior del convento de los Carmes, por haberse negado a jurar fidelidad a la Constitución civil del clero. Décadas después, en 1831, su hermana Rosalie entregó aquellas cartas a la familia con una advertencia: «Guárdenlas con cuidado, son las cartas de un santo».

El 1 de octubre de 1926, un decreto pontificio reconoció el martirio de 191 víctimas de septiembre de 1792. Pío XI los beatificó el 17 de octubre de ese año. Habían muerto en cuatro lugares de París: los Carmes, la abadía de Saint-Germain-des-Prés, el seminario Saint-Firmin y la prisión de La Force. El 16 de octubre de 2016, el papa Francisco canonizó a Salomon Leclercq.

Frédéric Ozanam: «el camino de la santidad»

Frédéric Ozanam nació en Milán el 23 de abril de 1813 y creció en Lyon. Se trasladó a París para estudiar y allí fue abogado, doctor en Derecho y profesor en la Sorbona.

En 1833, con 20 años, reunió a un grupo de compañeros de estudios para ayudar a los pobres. Una Hija de la Caridad, sor Rosalie Rendu, los guió hacia las familias del barrio Mouffetard. De aquella primera Conferencia de Caridad nació la Sociedad de San Vicente de Paúl, que pronto se extendió por Europa y por el mundo. Ozanam impulsó también las Conferencias de Cuaresma de Notre-Dame, para ofrecer a los jóvenes una formación religiosa a la altura de sus preguntas.

Se casó con Amélie Soulacroix y tuvo una hija, Marie. Vivía en el barrio y rezaba a menudo en la iglesia de los Carmes, entonces atendida por los dominicos, donde visitaba a su amigo Lacordaire. En 1848 pidió al arzobispo de París, Mons. Affre, que acudiera a las barricadas para intentar calmar los enfrentamientos; el arzobispo murió allí por una bala perdida.

Ozanam murió en Marsella el 8 de septiembre de 1853, con 40 años. El 28 de septiembre su cuerpo fue depositado en la cripta de los Carmes, donde reposa hoy. Juan Pablo II lo beatificó en Notre-Dame el 22 de agosto de 1997, durante la Jornada Mundial de la Juventud de París.

En una de las cartas de Ozanam a su amigo Louis Janmot, habla de los pobres: «Ustedes son para nosotros las imágenes sagradas del Dios a quien no vemos y, no sabiéndolo amar de otro modo, lo amamos en ustedes».  El Papa Juan Pablo II lo presentó como un precursor de la doctrina social de la Iglesia, porque entendió que la caridad debía llevar a trabajar contra las injusticias y como modelo para profesores y estudiantes. Al final de la homilía se dirigió a él directamente: «Federico, tu camino ha sido verdaderamente el camino de la santidad».

Sepulcro de Frédéric Ozanam, cripta  de la Iglesia St. Joseph-des-Carmes, Paris. ©Gonzalo Meza

El ICP hoy

El antiguo convento conforma hoy una de las secciones del campus principal del ICP. Tiene seis facultades: Derecho Canónico; Filosofía; Ciencias Sociales, Economía y Derecho; Letras; Educación; y Teología. Cuenta con unos 10.000 estudiantes repartidos en tres campus: París, Reims y Rouen. El ICP otorga tres títulos canónicos: bachillerato, licenciatura y doctorado; asimismo otorga diplomas de Estado en convenio con la Universidad de Estrasburgo.

Mundo

Los viajes de los Papas a Francia

La visita del Papa León XIV a Francia del 25 al 28 de septiembre tiene lugar 18 años después de que Benedicto XVI viajara a París y Lourdes (2008). San Juan Pablo II viajó a Francia en 8 ocasiones, incluida la JMJ de 1997, y Francisco visitó suelo francés en 3 ocasiones.

Redacción Omnes·24 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El Papa León XIV será el primer Papa que visite Francia desde Benedicto XVI en 2008, hace 18 años, pero también el primer Papa estadounidense que lo haga, y el primero después de un período en el que su predecesor, el Papa Francisco, visitó territorio francés tres veces sin realizar una visita oficial a París (Estrasburgo (2014), Marsella (2023) y Ajaccio, Córcega (2024)).

Los jóvenes que conocieron al Papa Benedicto XVI en la catedral de Notre-Dame en 2008 son ahora padres a su vez, y sus hijos esperan con ilusión la visita del Papa: el primer encuentro papal de sus vidas y el primero “en su vida adulta” para sus padres (Vatican News).

Benedicto XVI en 2008

Benedicto XVI realizó su única visita a Francia del 12 al 15 de septiembre de 2008, en un viaje apostólico centrado especialmente en el 150 aniversario de las apariciones de la Virgen en Lourdes. 

Comenzó en París, donde fue recibido por el presidente Nicolas Sarkozy en el Elíseo, y se reunió con las autoridades, representantes de la comunidad judía y del mundo de la cultura en el Collège des Bernardins. Celebró además Vísperas en Notre-Dame y una multitudinaria Misa en la explanada de los Inválidos. 

Vista general de París, con la catedral de Notre Dame (Foto de OSV News/Christian Hartmann, Reuters).

Fe, razón, cultura y búsqueda de la verdad

En el Collège des Bernardins, el Papa alemán pronunció uno de los discursos intelectualmente más destacados del viaje, sobre las relaciones entre fe, razón, cultura y búsqueda de la verdad. 

Al día siguiente se trasladó a Lourdes, donde recorrió los lugares vinculados a santa Bernadette, visitó la Gruta de las Apariciones y participó en la procesión de las antorchas. El 14 de septiembre presidió la Misa del 150 aniversario de las apariciones y se reunió con los obispos franceses; al día siguiente celebró una Misa con los enfermos antes de regresar a Roma.

XII Jornada Mundial de la Juventud de 1997

San Juan Pablo II visitó Francia en ocho ocasiones,  y una de las más importantes fue su viaje a París del 21 al 24 de agosto de 1997, con motivo de la XII Jornada Mundial de la Juventud. 

El Papa se encontró con jóvenes llegados de todo el mundo en el Campo de Marte y les dirigió un mensaje sobre su responsabilidad ante el futuro y sobre los valores espirituales que hacen posible una vida libre. 

Durante aquellos días visitó también la catedral de Évry, dirigió un mensaje a los jóvenes encarcelados, presidió el Vía Crucis y celebró en Notre-Dame la beatificación de Frédéric Ozanam, fundador de las Conferencias de San Vicente de Paúl. 

Jornada Mundial de la Juventud en París, Longchamp, el 24 de agosto de 1997 (@Marc Baronnet, Wikimedia commons).

Gran vigilia bautismal y Misa en el hipódromo

El momento culminante fue la gran vigilia bautismal del 23 de agosto y, al día siguiente, la Misa de la Jornada Mundial de la Juventud en el hipódromo de Longchamp, ante una multitud de jóvenes, en la que Juan Pablo II comentó el pasaje evangélico “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1,38), y presentó la búsqueda de Cristo como una respuesta a la pregunta fundamental sobre el sentido de la vidas.

Un poco de historia: 176 años sin visita papal

San Juan Pablo II fue el primero en visitar Francia (en 1980) desde 1804, es decir, pasaron 176 años desde que lo hiciera Pio VII. Las ocho visitas del Papa polaco fueron las siguientes:

  • 1980: París y Lisieux
  • 1983: Lourdes
  • 1986: Lyon, Taizé, Paray-le-Monial, Ars, Annecy
  • 1988: Estrasburgo, Metz y Nancy
  • 1996: Reims y otras localidades
  • 1997: París, con motivo de la JMJ
  • 2004: Lourdes

Pío VII estuvo en Francia en 1804-1805, convocado por Napoleón para la coronación imperial en Notre-Dame de París. Llegó a París en noviembre de 1804 y permaneció varios meses; visitó incluso Versalles.

Visitas papales antiguas

Antes de él, las fuentes históricas registran visitas papales muy antiguas: Esteban II (752): cruzó los Alpes para encontrarse con Pipino el Breve; fue el primer papa que entró en el territorio del reino franco. Juan VIII (878): viajó al reino de los francos. León IX (1049): viajó por territorio francés. Urbano II (1095): pasó por Valence y Le Puy camino del concilio de Clermont, donde predicó la Primera Cruzada.

17 Papas franceses y 217 Papas italianos

En cuanto a los Papas, ¿saben ustedes que Francia es el segundo país de origen de Papas (17), aunque muy por detrás de Italia (217), según fuentes vaticanas?

Tomando como criterio el país actual en el que se encuentra el lugar de nacimiento, las listas históricas contabilizan 217 papas nacidos en el territorio de la actual Italia, frente a 17 nacidos en el territorio de la actual Francia. 

Después aparecen, a bastante distancia, Alemania con 6; Siria con 5-6 según el criterio histórico utilizado; Grecia con 4, Túnez con 3, etcétera. Las cifras deben tomarse con cierta cautela para los pontífices de la Edad Media, pues los Estados nacionales actuales no existían y algunos lugares de nacimiento pertenecían entonces a otras entidades políticas.

Los siete Papas de Avignon, todos franceses

De los 17 Papas franceses, siete son los del llamado exilio de Aviñón: Clemente V, Juan XXII, Benedicto XII, Clemente VI, Inocencio VI, Urbano V y Gregorio XI. Todos ellos fueron franceses y ocuparon la sede pontificia durante el período que suele denominarse papado de Aviñón (1309-1377), aunque Clemente V fue elegido Papa en 1305 y Gregorio XI murió en Roma en 1378, tras haber regresado de Aviñón. 

Parece significativo que, desde Gregorio XI hasta León XIV, ningún Papa nacido en el territorio de la actual Francia haya vuelto a ser elegido. 

Sobre el papel que tuvo Santa Catalina de Siena (1347-1380) en la vuelta de los Papas a Roma, pueden consultar aquí.

El Papa León XIV irá a Lourdes

El viaje apostólico de León XIV a Francia será de cuatro días y cinco etapas: la sede de la UNESCO, París, Saint-Denis, Lourdes y Metz. 

La visita del Papa León XIV a Lourdes tendrá lugar después de las dos de san Juan Pablo II, en 1983 y 2004, y de la de Benedicto XVI en 2008, con ocasión del 150 aniversario de las apariciones, como se ha señalado.

El autorRedacción Omnes

Evangelio

Obras, no palabras. Domingo XXVI del tiempo ordinario (A) 

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XXVI del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 27 de septiembre de 2026.

Vitus Ntube·24 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Un hilo conductor une las lecturas del domingo pasado con las de hoy. Ambas nos recuerdan que la manera de pensar y de actuar de Dios es muy distinta de la nuestra. El domingo pasado, fue Isaías quien proclamaba, hoy, por medio del profeta Ezequiel, el Señor nos interpela de una manera aún más directa: “Insistís: ‘No es justo el proceder del Señor’. Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?”

El Evangelio del domingo pasado hablaba de la invitación generosa de Dios dirigida a todos: “Id también vosotros a mi viña”. Dios no quiere que nadie permanezca en el desempleo espiritual. El Evangelio de hoy da un paso más. Nos recuerda que la llamada de Dios espera siempre una respuesta libre. Dios nunca obliga a nadie a servirle. Trabajar en su viña exige un “sí” libre y generoso, un “sí” que no se exprese solo con palabras, sino sobre todo con obras.

Jesús ilustra esta enseñanza con la parábola de los dos hijos. El padre pide a cada uno que vaya a trabajar a la viña. El primero responde con rotundidad: “No quiero”. Pero después se arrepiente y va. El segundo responde con respeto: “Voy, señor”. Sin embargo, no fue. Cuando Jesús pregunta cuál de los dos cumplió la voluntad del padre, todos responden: el primero. La enseñanza es clara: lo que cuenta son las obras, no las palabras. Como dice el refrán: “Del dicho al hecho hay un gran trecho”.

La palabra decisiva de la parábola no es simplemente “fue”, sino “se arrepintió”. El primer hijo cambió de manera de pensar. Permitió que la voluntad de su padre fuera más importante que la suya.

La conversión es siempre un cambio de dirección hacia el destino correcto. C. S. Lewis lo expresa admirablemente en Mero cristianismo: “Todos queremos progresar. Pero progresar significa acercarse al lugar al que queremos llegar. Si hemos tomado el camino equivocado, seguir adelante no nos acerca a la meta. Si estamos en el camino equivocado, progresar significa dar media vuelta y volver al camino correcto; y, en ese caso, quien antes se vuelve es el que realmente progresa”.

Jesús es el contraste perfecto con el segundo hijo de la parábola. Él es el Hijo verdadero que no solo dice “sí” al Padre, sino que lleva ese “sí” hasta sus últimas consecuencias. En Jesús no existe distancia entre la palabra y la acción. Toda su vida es un perfecto “sí” al Padre. 

Mundo

La Marcha por la Vida de Suiza se celebra en medio de contramanifestaciones y cañones de agua

Unos 2.200 defensores de la vida participaron en la Marcha por la Vida de Suiza, marcada por los enfrentamientos con contramanifestantes y una disputa judicial por su celebración en el centro de Zúrich.

Bryan Lawrence Gonsalves·23 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Bajo el lema «¡Juntos por la vida!», unos 2.200 defensores de la vida se reunieron en Zúrich el 19 de septiembre con motivo de la Marcha por la Vida (Marsch fürs Läbe) anual de Suiza. La concentración de este año situó la responsabilidad paterna en el centro de su mensaje, instando a los hombres a asumir su deber de apoyar a las madres durante los embarazos no planificados y de proteger a los no nacidos.

A la concentración acudieron familias con niños, jóvenes adultos, líderes religiosos y figuras públicas. Entre ellos se encontraba el consejero nacional del Partido Popular Suizo, Nicolas Kolly, antiguo miembro de la Guardia Suiza Pontificia. Durante el acto, Kolly hizo un llamamiento a la sociedad para que «dé voz a quienes aún no la tienen» e instó a los padres a asumir su responsabilidad de proteger y cuidar de sus hijos.

Sin embargo, la marcha también se topó con contramanifestantes, lo que convirtió este evento anual en el último capítulo de una disputa sobre dónde y en qué condiciones puede celebrarse la Marcha por la Vida en Zúrich.

Los contramanifestantes intentan bloquear la marcha

Poco después de que comenzara la procesión, unos 200 contramanifestantes enmascarados y en bicicleta intentaron obstaculizar la marcha. Portando pancartas con lemas como «Mi cuerpo, mi decisión» y «Quemad el patriarcado», los manifestantes encendieron petardos, volcaron papeleras en la calzada y bloquearon tramos del recorrido.

La Policía Municipal de Zúrich respondió formando un perímetro de seguridad alrededor de los manifestantes y dando órdenes de dispersión. Ante la persistencia de los obstáculos, los agentes utilizaron dos cañones de agua para despejar las calles. La policía también comprobó la identidad de varias docenas de personas y ordenó a los presuntos infractores que abandonaran la zona.

La intervención permitió que la marcha continuara por el recorrido previsto. Los organizadores informaron de que no hubo heridos entre los participantes provida.

La respuesta policial es especialmente relevante porque las preocupaciones en materia de seguridad han sido el centro de una disputa entre el ayuntamiento y los organizadores de la Marcha por la Vida durante varios años.

Por qué la marcha tiene lugar en Oerlikon

Por sexto año consecutivo, no se permitió que la Marcha por la Vida se celebrara en el centro de Zúrich. En su lugar, el acto tuvo lugar en Oerlikon, un barrio comercial y residencial situado en el extremo norte de la ciudad.

La marcha en sí estaba autorizada, pero a los organizadores no se les concedió permiso para celebrar el acto en el centro de Zúrich. Las autoridades municipales han alegado preocupaciones por las contramanifestaciones y la seguridad pública.

Los organizadores sostienen que las restricciones tienen una consecuencia importante que va más allá del simple cambio de recorrido. Una manifestación en un centro urbano concurrido puede llegar a personas que no han acudido específicamente para asistir a ella. Trasladar el acto a las afueras, afirman, reduce significativamente esa visibilidad pública.

Beatrice Gall, presidenta de Marsch fürs Läbe, ha explicado además que la ubicación es importante porque el objetivo de la marcha es también sensibilizar al público en general sobre el aborto, el apoyo al embarazo y la política familiar.

Para los organizadores, los acontecimientos del 19 de septiembre plantean, por tanto, una pregunta: si la policía puede proteger la marcha cuando los contramanifestantes intentan interrumpirla, ¿debería la posibilidad de tal interrupción determinar dónde se permite que tenga lugar la marcha?

El argumento del «veto de los alborotadores»

Los organizadores describen la cuestión como algo más que un desacuerdo sobre los permisos. Gall ha argumentado que trasladar repetidamente una manifestación pacífica debido al comportamiento previsto de sus oponentes corre el riesgo de crear lo que a veces se denomina un «veto de los alborotadores». En este contexto, la preocupación es que los oponentes puedan influir en que se permita o no una manifestación en un lugar concreto simplemente amenazando con interrumpirla.

Los organizadores sostienen que, por el contrario, las autoridades deberían proteger una reunión lícita y, al mismo tiempo, tomar medidas contra quienes infrinjan la ley.

También señalan lo que consideran un acceso desigual al espacio público. Según los organizadores, Zúrich acoge habitualmente eventos culturales, mítines políticos y otras manifestaciones multitudinarias en zonas céntricas de la ciudad. Argumentan que la Marcha por la Vida debería estar sujeta a las mismas normas generales.

La cuestión se ha convertido ahora en objeto de un recurso judicial formal.

Una disputa de seis años llega a los tribunales

Los organizadores de «Marsch fürs Läbe» han iniciado un procedimiento judicial contra las restricciones municipales y han puesto en marcha una petición pública en la que reclaman un cambio en la política de concesión de permisos.

La petición insta a la directora de Seguridad de Zúrich, Karin Rykart, a restablecer la igualdad de acceso a los espacios públicos céntricos, a aplicar criterios coherentes a los grupos que deseen organizar manifestaciones públicas y a defender el derecho de reunión pacífica.

Los organizadores también se remiten a la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en materia de reuniones pacíficas. Su postura es que las autoridades tienen la responsabilidad de proteger las manifestaciones pacíficas, incluidas aquellas que son controvertidas o que pueden suscitar oposición.

Su argumento jurídico no niega que las autoridades públicas deban tener en cuenta la seguridad. Más bien, cuestionan si la reacción prevista de los opositores debería ser motivo suficiente para restringir la propia reunión pacífica.

Los acontecimientos de Oerlikon han proporcionado a los organizadores un ejemplo concreto de ese argumento: a pesar de los intentos de obstaculizar la marcha, la policía pudo intervenir, despejar el recorrido y permitir que la marcha continuara.

Llevar el mensaje provida más allá de la marcha

Jonas Streule, director regional de ProLife Europe en Suiza, explicó a Omnes que la percepción pública del movimiento provida suizo puede verse a veces condicionada por vídeos breves y polémicos en las redes sociales. Afirmó que la labor de divulgación de su organización en las universidades adopta un enfoque diferente, centrándose en conversaciones directas con los estudiantes.

Streule describió cómo se habla del aborto «cara a cara, de forma cariñosa», sin dejar de abordar el tema con claridad. Dijo que rara vez se encuentra con estudiantes que consideren activamente que el aborto es deseable o que respondan con hostilidad durante estas conversaciones, y añadió que «ni una sola vez ha recibido una palabra desagradable» durante su labor de divulgación entre los estudiantes.

Recordó a dos jóvenes que se habían «colado» en la marcha y entablaron conversación con miembros de ProLife Europe. Más tarde, los volvió a ver, esta vez entre un grupo de manifestantes que «gritaban y vociferaban».

Pero los dos jóvenes se mantenían al margen. Streule se dio cuenta de que se sentían «evidentemente incómodos» y «no participaban en los gritos». Al recordar su anterior conversación pacífica, sintió que el encuentro con ProLife Europe había marcado la diferencia. «Me di cuenta de que, para esos dos, conocer nuestra postura les había tranquilizado el corazón», afirmó. «Estoy 100 % seguro de que sus corazones cambiaron».

Para Streule, conversaciones como estas son una forma importante de superar la polarización en Internet y de involucrar directamente a los jóvenes en temas como el aborto, el embarazo, la vida familiar y la dignidad humana.

Ese enfoque también explica por qué los organizadores conceden tanta importancia a las manifestaciones públicas. Consideran la marcha no solo como un acto para quienes ya apoyan la postura provida, sino como una oportunidad para entrar en contacto con un público más amplio.

Lo que viene a continuación

Los organizadores quieren que la Marcha por la Vida vuelva al centro de Zúrich y sostienen que las concentraciones pacíficas no deberían perder el acceso a los espacios públicos porque los opositores amenacen con alterarlas. Las autoridades municipales siguen alegando motivos de seguridad pública a la hora de determinar dónde puede celebrarse el acto.

El procedimiento judicial abordará ahora ese desacuerdo. Lo que está en juego no es solo la ubicación de una marcha anual, sino una cuestión más amplia sobre cómo las autoridades públicas equilibran la libertad de reunión con la seguridad pública cuando grupos opuestos se reúnen en la misma ciudad.

Para «Marsch fürs Läbe», la postura es clara: el derecho a la expresión pública pacífica debe protegerse incluso cuando el mensaje sea controvertido y suscite una fuerte oposición.

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Evangelización

Fulton J. Sheen, el ‘micrófono de Dios’, a punto de ser declarado beato

La Iglesia beatifica este jueves a Fulton J. Sheen, conocido como el ‘micrófono de Dios’. El venerable Fulton J. Sheen es recordado como uno de los evangelistas más influyentes e innovadores de la historia estadounidense. Proclamó la verdad divina a millones de personas a través de radio, prensa y televisión.

OSV / Omnes·23 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Michael R. Heinlein

La beatificación del arzobispo Fulton J. Sheen ya está aquí. En su calidad de delegado papal del Santo Padre León XIV, el cardenal Luis A. Tagle presidirá la misa de beatificación en San Luis, a unos 270 kilómetros al suroeste, este jueves 24 de septiembre.

A la 1:30 p. m. (hora central), comenzará la procesión para la Misa de beatificación, durante el cual se leerá una breve biografía del Arzobispo Sheen. El Cardenal Tagle leerá asimismo una carta apostólica del Papa León XIV en latín, que se repetirá en inglés, en la que declara que el Arzobispo Sheen tiene ahora el título de “beato”. Luego se presentará su reliquia para su veneración e incensación.

Sacerdote desde muy joven

Nacido en El Paso, Illinois (Estados Unidos), el 8 de mayo de 1895, el arzobispo Sheen decidió desde muy joven servir a la Iglesia como sacerdote. Conocido por su constante interés en los libros, tras su ordenación sacerdotal el 20 de septiembre de 1919, fue asignado al ministerio académico en la diócesis de Peoria. Filósofo de corazón, el arzobispo Sheen afirmó que sus objetivos para el sacerdocio eran “conocer dos cosas: qué piensa el mundo y cómo responder a los errores a la luz de la filosofía de Santo Tomás”.

Un celo extraordinario por las almas

Tras cursar estudios en Europa, le esperaba un futuro prometedor como profesor. Sin embargo, tuvo que regresar a su hogar en Peoria para servir como sacerdote auxiliar en una parroquia pobre del centro de la ciudad, una verdadera prueba de su obediencia. 

El arzobispo Sheen se entregó por completo a la labor, demostrando un extraordinario celo por las almas. Como parte de su ministerio parroquial, emprendió una campaña de evangelización puerta a puerta.

En menos de un año, el arzobispo Sheen obtuvo una cátedra en la Universidad Católica de América en Washington, cargo que ocupó durante 25 años. Pronto se convirtió en uno de los profesores más populares del campus, conocido por sus clases dinámicas y estimulantes. Durante ese tiempo, escribió más de la mitad de sus casi 70 libros.

El arzobispo Fulton J. Sheen es recordado como uno de los evangelistas más influyentes e innovadores de la historia estadounidense. Sheen proclamó la verdad divina de una manera pacífica, pero igualmente inspiradora, a millones de personas a través de la radio, la prensa y la televisión. (Foto de archivo de OSV News).

Elocuencia, programas de radio 

La elocuencia del arzobispo Sheen fue un éxito, en parte, gracias a su compromiso de no usar apuntes. Su dominio del tema se forjó tras horas de preparación y memorización.

Durante las décadas de 1930 y 1940, el arzobispo Sheen se hizo muy conocido como presentador de ‘The Catholic Hour’-’, programa que se transmitía a nivel nacional desde la radio NBC en Nueva York. 

Se consolidó como una voz influyente a nivel nacional: un profeta que proclamaba la verdad y que se pronunciaba sobre diversos temas, en particular sobre las amenazas que representaba el comunismo. Por ello, incluso fue objeto de una investigación por parte del FBI.

Energía para impulsar las misiones en el mundo

Tras su nombramiento como director de la Sociedad para la Propagación de la Fe en 1950, el arzobispo Sheen tuvo que abandonar su trabajo como profesor y trasladarse a la ciudad de Nueva York. Al año siguiente, fue nombrado obispo auxiliar de Nueva York, ordenado en Roma el 11 de junio de 1951. El arzobispo Sheen inició su labor en favor de las misiones mundiales con gran energía, y sus innovadores esfuerzos le permitieron evangelizar simultáneamente.

Audiencias de 30 millones de personas y ganador de un Emmy

Los martes por la noche, entre 1952 y 1957, el arzobispo Sheen difundió verdades eternas a una audiencia estimada de 30 millones de personas a través de su programa de televisión ‘La vida merece la pena vivirla’. Con aparente naturalidad y una elocuencia cautivadora, ayudó a los telespectadores a encontrar el sentido de la vida y los condujo hacia lo divino, siempre con su famosa capa y su pizarra.

Además, el arzobispo Sheen ganó millones de dólares en publicidad, los cuales (junto con las ganancias de sus libros) apoyaron directamente las misiones. Dedicaba una hora a la preparación de cada uno de sus 30 minutos al aire. Al igual que en el aula, se negaba a usar apuntes; en su lugar, presentaba guiones en italiano y francés para sus lecciones televisadas. 

Tras su primer año en la televisión, el arzobispo Sheen ganó un Emmy a la mejor personalidad televisiva. Al recibirlo, agradeció efusivamente a sus guionistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Arzobispo Fulton J. Sheen (Foto de archivo de OSV News).

Predicador muy solicitado

Los escritos y la predicación del arzobispo Sheen se inspiraron en una fe viva y heroica. En sus viajes por el mundo visitando las misiones, atraía a multitudes. Era un predicador muy solicitado; sus sermones del Viernes Santo en la abarrotada Catedral de San Patricio de Nueva York se hicieron especialmente legendarios.

Como pastor de almas, el ministerio abnegado del arzobispo Sheen se caracterizó por una gran fe, esperanza y caridad. Fue un pastor atento tanto con los más ricos como con los más pobres. Una singular combinación de inteligencia, ingenio y humor lo convirtió en un evangelista eficaz. Con enseñanzas claras y sentido común, el arzobispo Sheen ayudó a las personas a comprender los problemas de la vida. Su labor en los medios de comunicación contribuyó a erradicar el anticatolicismo generalizado en Estados Unidos.

En todo lo que decía y hacía, el arzobispo Sheen recordaba que su obra era del Señor. Cuando el papa Pío XII le preguntó en cuántas conversiones había ayudado, el arzobispo Sheen respondió: “Siempre temo que si las contara, pensaría que las hice yo, en lugar del Señor”.

Hora Santa Eucarística: “La hora que me alegra el día”

Al igual que San Pablo, el arzobispo Sheen no podía transmitir lo que no hubiera recibido primero en Cristo. A lo largo de su sacerdocio, buscó conformarse más a Cristo observando diariamente la Hora Santa Eucarística, a la que llamaba “la hora que alegra mi día”. 

Esta práctica lo llevó a vivir diversas situaciones, algunas incluso cómicas, como cuando se vio obligado a saltar por una ventana después de que el párroco de una iglesia de Chicago lo encerrara accidentalmente. También era profundamente devoto de la Madre de Dios.

Marcado por la Cruz

El arzobispo Sheen luchó contra diversas tentaciones y dificultades a lo largo de su vida, muchas de ellas derivadas de su fama. Entre ellas, el sufrimiento oculto que le produjo una década de hostilidad por parte del cardenal Francis Spellman, de Nueva York. Pero ante sus problemas, el arzobispo Sheen perseveró en la virtud. Comprendió sus sufrimientos a la luz de la providencia divina: “El cristianismo no comienza con la luz del sol, sino con la derrota. Durante aquellos días en que mi vida estuvo marcada por la Cruz, comencé a conocerla y a amarla más”.

En lo que sería su último sermón de Viernes Santo, el obispo Sheen reconoció haber experimentado un gran sufrimiento, tanto físico como de otra índole, que jamás debió haber ocurrido. Sin embargo, al reflexionar sobre su pasado, afirmó no haber recibido el castigo que merecía. “Dios ha sido indulgente conmigo. No me ha impuesto cargas que estén a la altura de mis faltas”, declaró.

¿Cardenal? “Me negué a pagar el precio”

Dados sus talentos e influencia, muchos esperaban que el arzobispo Sheen llegara a ser cardenal. Tras su jubilación, al preguntársele por qué no ascendió en la jerarquía eclesiástica, respondió: «Me negué a pagar ese precio… Sentí que sería una deslealtad a mis propios principios y, creo, a la práctica cristiana».

De 1966 a 1969, el arzobispo Sheen fue obispo de Rochester, Nueva York. Fue un mandato breve, considerado por muchos como un exilio. El arzobispo Sheen había participado activamente en el Concilio Vaticano II y, como obispo diocesano, trabajó para implementar algunos de sus temas principales, incluyendo la reforma de la formación sacerdotal y el aumento de la participación de los laicos.

Atento a las circunstancias, sus prioridades solían estar basadas en la conciencia social. Atendió a los pobres, trabajó para mejorar las relaciones raciales y se opuso abiertamente a la guerra de Vietnam. Pero a pesar de los esfuerzos del arzobispo Sheen, su breve mandato se topó con una gran resistencia y, según él mismo reconoció, resultó en un considerable fracaso.

El Papa Juan Pablo II abraza al arzobispo Fulton J. Sheen en la catedral de San Patricio en Nueva York. San Juan Pablo II le dijo: “Has escrito y hablado bien del Señor Jesús. Eres un hijo fiel de la Iglesia” (Foto de archivo de OSV News).

Tentaciones y sufrimientos

Tras ser aceptada su solicitud de jubilación anticipada en 1969, San Pablo VI le otorgó al arzobispo Sheen el título de “arzobispo”. Durante su última década, continuó predicando extensamente, impartiendo retiros espirituales para la renovación del sacerdocio en todo el país y manteniendo una presencia activa en la esfera pública mediante apariciones regulares en los medios de comunicación.

Según sostenía el arzobispo Sheen, las tentaciones y los sufrimientos que enfrentó lo purificaron e intensificaron su unión con Cristo. Hacia el final de su vida, en su autobiografía, el arzobispo Sheen pidió disculpas por sus fallos, preguntándose: «¿Acaso inspiré a alguien a imitar a Cristo llevando su cruz cada día?».

Dos meses antes de su fallecimiento, San Juan Pablo II lo abrazó durante una visita a la catedral de San Patricio en Nueva York y le dijo: “Has escrito y hablado bien del Señor Jesús. Eres un hijo fiel de la Iglesia”.

Provocar contratiempos

Tras casi dos años entrando y saliendo del hospital a raíz de una operación a corazón abierto, el arzobispo Sheen falleció a los 85 años el 9 de diciembre de 1979 en Nueva York, en presencia del Santísimo Sacramento. Sus devotos se multiplicaron tras su muerte, y muchos acudieron a él en busca de inspiración e intercesión. En 2002 se abrió su causa de canonización. El arzobispo Sheen fue declarado venerable una década después.

Tras diversos contratiempos, el 9 de febrero de 2026, el obispo Louis Tylka de Peoria anunció que la causa de beatificación del venerado arzobispo había sido aprobada y que estaba colaborando con el Dicasterio para las Causas de los Santos del Vaticano para concretar los detalles.

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– Michael R. Heinlein es autor de “Glorificando a Cristo: La vida del cardenal Francis E. George, OMI”.

– Este artículo se ha publicado originariamente en OSN News. Pueden consultarlo aquí.

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El autorOSV / Omnes

Vaticano

El Papa llama a vivir la vocación santificando el trabajo

En su reflexión sobre la Constitución Gaudium et spes, León XIV ha manifestado hoy que el ser humano y Dios no son rivales. Y que el hombre está llamado a vivir su vocación realizando bien su trabajo cotidiano y hallando en él un camino de santificación. Además, ha efectuado un llamamiento para cuidar a los menores migrantes.

Francisco Otamendi·23 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Este miércoles el Papa ha dirigido una Audiencia en la Plaza de San Pedro con múltiples focos de atención. León XIV ha recordado la beatificación mañana día 24 del arzobispo Fulton Sheen, el santo del día, san Pío de Pietrelcina, y en particular la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado del domingo día 27, con una apelación a la responsabilidad sobre todo con los menores, los más vulnerables.

En este sentido, León XIV ha efectuado “un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que siempre deben ser tutelados y asistidos”.

El ejemplo de Fulton Scheen

Sobre la beatificación del venerable Fulton Scheen en San Luis, en Misuri, el Pontífice ha rezado para que “el ejemplo y la intercesión de este santo obispo, conocido por su labor evangelizadora a través de los medios de comunicación, inspire a muchos otros a encontrar, de igual modo, nuevas formas de difundir el mensaje del Evangelio con alegre entusiasmo”.

Saludos del Papa

Además, al final, ante miles de romanos y peregrinos a los que ha saludado previamente en el papamóvil, el Papa se ha dirigido de modo especial a los participantes en el curso de actualización en derecho canónico, organizado por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. A la Guardia de Finanzas de Predazzo, Gaeta, Orvieto y Bari; a la Academia Militar de Módena, y al grupo “Oraciones de las madres”. 

Y también a peregrinos de la diócesis de Rímini, junto con el obispo Mons. Nicolò Anselmi, aquí reunidos un mes después de mi visita pastoral a vuestra tierra. “Renuevo mi agradecimiento por la acogida que me brindasteis y os animo a crecer en la fe, arraigados en la escucha de la Palabra de Dios, para dar testimonio a todos del amor del Padre celestial”.

La humanidad no debe emanciparse de Dios, al contrario

En la Audiencia, el Pontífice ha reflexionado sobre el tercer capítulo de la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, dedicado a la actividad humana en el mundo. El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, gracias a su libertad e inteligencia es capaz de conocer, de progresar y de mejorar las condiciones de vida de la sociedad, ha recordado.

“Algunos pensadores, sin embargo, comenzaron a afirmar erróneamente que la humanidad, para demostrar sus conocimientos, su libertad y su progreso, debería emanciparse de Dios”.

Pero el Concilio Vaticano II, en cambio, ha subrayado el Pontífice, “haciendo referencia al misterio de la Encarnación, asevera que los hombres, así como las obras de sus manos, no son anulados en el encuentro con Dios, sino que en Él encuentran su plena verdad y libertad”. 

Llamada a realizar bien el trabajo, y a santificarse en él

Otra consecuencia de esta perspectiva es que “el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que está llamado a vivir su vocación realizando bien su trabajo cotidiano y hallando en él un camino de santificación”.

Con palabras similares, al dirigirse por ejemplo a los peregrinos de lengua inglesa y española, ha manifestado: “Desde esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su propia vocación haciendo bien su trabajo cotidiano y santificándolo”.

Los cristianos participan, como todos, en la edificación de la ciudad de los hombres, ha añadido León XIV, “con la mirada puesta en el fin de todas las cosas y en el encuentro con Dios, y recordando este fin último a aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, de la ciencia y de la vida”.

Animado y orientado a la caridad

El Santo Padre ha llamado la atención en este punto sobre el ejercicio de la caridad.

“Finalmente, recordemos que para constituir auténtico progreso humano -es decir, de todo el hombre y de todos los hombres- el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad. Solo así podrá utilizarse siempre para defender la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos”, ha señalado.

Cabe anotar que el Papa no ha mencionado la visita pastoral que realizará este fin de semana a Francia. Tampoco se ha referido a ello en sus palabras a los peregrinos de lengua francesa, en las que ha saludado en particular al grupo de peregrinos procedentes de Francia, a las hermanas de San Pablo de Chartres y al grupo “Réseau du Cœur” de Haití.

El autorFrancisco Otamendi

España

El Camino de Santiago (con inicio en León) reúne a siete religiones por la paz

El Camino de Santiago vuelve a convertirse, entre el 21 y el 27 de septiembre de 2026, en escenario de encuentro entre distintas tradiciones religiosas con la celebración de la II Peregrinación Interreligiosa por la Paz.

Francisco Otamendi·23 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Bajo el lema “Un mundo diferente es posible”, medio centenar de personas —católicos, judíos, musulmanes, budistas, bahá’ís, hinduistas y representantes de otras espiritualidades— están compartiendo camino, oración y silencio a lo largo de 115 kilómetros desde León hasta Santiago de Compostela, informan El Buscador y la Federación Española de Asociaciones de Amigos de los Caminos a Santiago, con fuentes del Heraldo de León.

La iniciativa ha arrancado simbólicamente en León, donde el lunes 21 de septiembre los participantes tenían previsto ser recibidos en el monasterio benedictino de Santa María de Carbajal. Al día siguiente, el grupo se trasladaba hasta Sarria para iniciar el recorrido a pie por el Camino Francés, que se prolonga durante seis jornadas hasta Santiago.

Cada etapa estará dinamizada por una de las confesiones participantes, según el calendario difundido por la Federación Española de Asociaciones de Amigos de los Caminos a Santiago. 

Etapas de la peregrinación interreligiosa

Las etapas de la Peregrinación Interreligiosa por la Paz son las siguientes: 

– 21 de septiembre: recepción de los participantes en el Monasterio de Santa María de Carbajal de León.

– 22 de septiembre: Sarria-Portomarín, 22 kilómetros. La etapa del martes está dirigida por el grupo bahá’í.

– 23 de septiembre: Portomarín-Palas de Rei, 25 kilómetros. La jornada del miércoles está dirigida por el grupo budista.

– 24 de septiembre: Palas de Rei-Melide, 14,5 kilómetros. El jueves es el turno del grupo hinduista.

– 25 de septiembre: Melide-Arzúa, 14 kilómetros. Dirige la etapa del viernes el grupo judío.

– 26 de septiembre: Arzúa-O Pedrouzo, 19 kilómetros. La jornada del sábado corre a cargo del grupo musulmán.

– 27 de septiembre: O Pedrouzo-Santiago de Compostela, 20 kilómetros. La última etapa, el domingo, estará dirigida por el grupo cristiano.

El recorrido concluirá precisamente el domingo 27 en Santiago de Compostela, después de siete días de convivencia, diálogo, conocimiento mutuo y reflexión.

Espacios de reflexión, oración y convivencia

Durante el itinerario habrá espacios de celebración, reflexión, oración y convivencia respetando los tiempos de cada tradición, con el propósito de que el encuentro no se agote en una semana, sino que impulse un proceso duradero de diálogo entre comunidades religiosas asentadas en España. 

Los organizadores confían en que “Ultreia”, la expresión jacobea que anima a seguir avanzando, acompañe simbólicamente todo el recorrido.

Imagen del Apóstol Santiago en el altar mayor de la catedral de Santiago de Compostela, el 10 de agosto de 2023 (@F. Otamendi).

Un camino milenario de búsqueda

El Camino de Santiago es la red de rutas de peregrinación que, desde la Edad Media, conduce hasta la tumba del apóstol Santiago el Mayor en la catedral compostelana. Declarado Patrimonio de la Humanidad y primer Itinerario Cultural Europeo, ha sido durante siglos punto de encuentro entre pueblos y culturas de toda Europa, y hoy recibe cada año a cientos de miles de personas de procedencias y motivaciones muy diversas: religiosas, culturales, deportivas o simplemente personales.

Precisamente esa capacidad de acoger a caminantes de credos e inquietudes distintas es lo que, según el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto, define la esencia del Camino. 

Monseñor Prieto: “Un mensaje de esperanza”

El arzobispo compostelano ha descrito el Camino como un espacio abierto por el que transitan tanto quienes buscan como quienes no buscan, tanto creyentes como no creyentes, y subrayaba que esa diversidad constituye precisamente su valor. A su juicio, el Camino invita a plantearse el sentido último de la existencia, y para quienes tienen fe, se convierte en una oportunidad privilegiada de encuentro con Dios en la meta final.

Monseñor Prieto extendía además esa lectura del Camino a un plano más amplio, al señalar que refleja la idea de que Europa —y la humanidad en su conjunto— es ante todo un proyecto compartido entre personas y pueblos, no solo una suma de estrategias políticas o económicas. 

El arzobispo recordaba también  que ese proyecto común puede convertirse en un mensaje de esperanza capaz de transformar las dificultades en motor de unidad frente a los miedos del presente.

Una propuesta impulsada desde León

La peregrinación está promovida por el DIR León, grupo de diálogo interreligioso, junto con la Comisión Ibérica del Diálogo Interreligioso Monástico (DIM-MID) y la Fundación Santa María de Carbajal, según la Federación Española de Asociaciones de Amigos de los Caminos a Santiago. 

Colaboran también Arco Fórum,  la Comunidad Bahá’í de España, las comunidades judías Bet Januká de Andalucía y Bet Ha Torá de A Coruña, la Comunidad NgalSo España —integrada en la Unión Budista de España—, miembros de Amma España, practicantes de la tradición de Thich Nhat Hanh, la Comunidad del Arca y Amigos del Desierto, entre otros colectivos.

Con esta segunda edición, sus impulsores buscan demostrar que las diferencias religiosas no tienen por qué separar, sino que pueden convertirse en un puente hacia la convivencia, como destaca El Buscador. Siete días después de partir de León, el grupo llegará a Santiago de Compostela con un mensaje común: caminar juntos, pese a las diferencias, es una forma posible de construir paz y justicia social.

El autorFrancisco Otamendi

España

Jack Valero: «He querido escuchar «desde abajo» para entender el Opus Dei»

El portavoz del Opus Dei en Reino Unido reúne 18 historias para mostrar la institución «desde abajo», con sus luces, dificultades y experiencias personales.

Teresa Aguado Peña·22 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

«No son historias positivas ni negativas. Son historias normales de gente que trata de hacer cosas, que es imperfecta, que sufre, que ven que Dios entra en su vida y responden de esta manera o de esta otra, que entran en la Obra, que salen de la Obra». Así explicó Jack Valero el propósito de El Opus Dei sin filtros, durante el diálogo mantenido este 22 de septiembre en la Universidad Villanueva con María José Atienza, directora de Omnes. El libro, publicado por Almuzara, reúne las historias de 18 personas vinculadas al Opus Dei y pretende, según explicó su autor, responder a algunas de las cuestiones que habitualmente se plantean sobre la institución «desde abajo», a través de las vidas de sus miembros.

Valero, portavoz del Opus Dei en Reino Unido, explicó que después de 33 años respondiendo a preguntas sobre el poder, el dinero, la influencia o el papel de las mujeres, había percibido una limitación en hacerlo siempre «desde arriba». Por eso decidió contar las experiencias concretas de personas muy diferentes. En el libro aparecen un taxista, un empresario, personas que han viajado durante toda su vida y otras que han permanecido siempre en el mismo lugar. «Hay de todo, como una muestra de lo que hay», señaló.

La libertad en el Opus Dei

¿Qué busca el Opus Dei? Valero respondió a esta pregunta que su finalidad es «ayudar a la gente a encontrar a Dios en su vida normal, en su vida diaria». Según explicó, se trata de ayudar a cada persona a descubrir que Dios está presente en lo que hace y a «ser mejor persona en todo lo que haces». Una tarea que, añadió, se realiza sabiendo que las personas son imperfectas y cometen fallos.

Una de las cuestiones que más enfatizó fue la libertad. Valero considera que es uno de los aspectos que más cuesta comprender desde fuera del Opus Dei. Según su experiencia, los miembros viven de manera intuitiva la posibilidad de tomar decisiones sobre su vida: estudiar una carrera u otra, vivir en un lugar u otro, participar en una manifestación o no, apoyar a un partido político o a otro o seguir determinadas indicaciones sacerdotales. «Lo entienden y así lo viven», afirmó.

En cuanto a los testimonios de antiguos miembros que aseguran haber experimentado falta de libertad o presión, Valero reconoció que estas experiencias deben ser examinadas. «Eso no es bueno, pero vamos a ver de dónde viene y cómo fue», afirmó. A su juicio, quienes se incorporaron al Opus Dei lo hicieron buscando algo bueno, aunque algunas personas descubrieron posteriormente que esa vocación no era para ellas y abandonaron la institución. También señaló la necesidad de escuchar a quienes han sufrido y «cambiar las cosas que hay que cambiar». «Si tratamos de hacer el bien y no escuchamos a los que están dentro algo estamos haciendo mal» añadió.

Numerarias auxiliares: «Quiero que ellas expliquen lo que son»

Valero quiso detenerse especialmente en las numerarias auxiliares. No quiso explicar él mismo su vocación, sino que prefiere que ellas mismas sean las que den testimonio de ello. Es por eso que en su libro decidió incluir las historias de Patricia y Nuala. «Yo quiero que ellas expliquen lo que son, cómo lo hacen y por qué lo hacen», señaló, hasta el punto de situar sus testimonios al principio y al final de la obra. Para él, estos testimonios le han permitido conocer esta realidad «desde abajo».

También reconoció que ha habido situaciones que «no se hicieron bien» y que deben ser reparadas y pedir perdón cuando sea necesario. Pero también insistió en que estos casos particulares no deben reducir ni oscurecer la vocación de las numerarias auxiliares: «Porque, si 43 personas en Argentina han pensado que se les trató mal, hay también otras 500 que escribieron otra carta pidiendo respeto por su vocación, que se entienda lo que hacen y por qué lo hacen».

Escuchar a quienes han sufrido

En cuanto a las personas que han sufrido dentro del Opus Dei o que se han sentido desplazadas después de dejarlo, Valero insistió en la importancia de escuchar. Contó que durante sus 33 años como director en Inglaterra estuvo especialmente pendiente de que quienes consideraran que aquella no era su vocación pudieran marcharse «contentos» y agradecidos por el tiempo vivido allí. Reconoció, sin embargo, que su experiencia es «una muestra pequeñita» y que en otros lugares puede haber casos diferentes.

Mencionó también las oficinas de escucha y otros mecanismos puestos en marcha para atender estas situaciones. «Han cambiado muchas cosas, hemos escuchado muchos años», aseguró, aunque añadió que es necesario «seguir escuchando».

¿Poder y dinero en el Opus Dei?

Con respecto a las acusaciones de que el Opus Dei busca poder político o influencia dentro de la Iglesia, Valero negó que exista un plan de conquista: «El Opus Dei no tiene ningún plan para mejorar el mundo, pero tiene un plan para ayudar a las personas e inspirarles para que cambien el mundo». La institución, explicó no indica a sus miembros qué deben hacer, sino que les anima a tomarse en serio su vocación cristiana y actuar libremente en el mundo.

Por ello, considera que atribuir a la institución una coordinación de planes políticos parte de una dificultad para aceptar la libertad de sus miembros. «Si no hay plan, el poder no tiene importancia», afirmó. Según Valero, las personas que aparecen en su libro no describen el Opus Dei en términos de poder, sino como una familia, un medio de formación y un lugar de apoyo. En el libro, según cuenta, no se habla sobre la palabra «poder».

También explicó que cada miembro tiene su economía independiente. Tres cuartas partes de los miembros son supernumerarios y mantienen su propia economía familiar, mientras que los numerarios aportan a la institución lo que no necesitan para sus gastos. Valero señaló que las obras promovidas por miembros del Opus Dei —universidades, colegios, residencias o iniciativas sociales— pueden manejar cantidades importantes de dinero, pero rechazó la idea de que la institución acumule ese dinero para sí.

«Me gusta que las personas se vean como son: imperfectas»

Otro de los elementos que Valero destacó del libro es precisamente la imperfección de sus protagonistas. «Me gusta que todas las personas se vean como son, imperfectas, porque eso es la realidad», afirmó. Frente a una imagen idealizada de los miembros de la institución, las 18 historias muestran personas distintas, con dificultades, fallos y experiencias diversas.

Según explicó, todas las respuestas de los 18 protagonistas a la pregunta sobre qué significa para ellos el Opus Dei son diferentes, pero compatibles. Entre los aspectos que más le han llamado la atención está también la confianza en Dios. Citó el testimonio de una mujer de Holanda que descubrió que no tenía que pedir a Dios que viniera a ayudarla porque «Dios estaba siempre ahí».

Para Valero, una de las tareas pendientes es aprender a comunicar mejor esta experiencia. Los católicos, afirmó, «tienen mucho que decir», pero a veces les falta confianza para expresarlo. «No decirles lo que tienen que decir, sino ayudarles a decirlo mejor», explicó. En su opinión, hablar de la propia fe desde la experiencia personal puede ayudar a evitar tanto la imposición como la sensación de superioridad.

Vaticano

El teólogo estadounidense John C. Cavadini, Premio Ratzinger 2026

El ganador del Premio Ratzinger 2026, elegido por el Comité Científico de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger - Benedicto XVI, y aprobado por el Papa León XIV, es John C. Cavadini, catedrático de Teología en la Universidad de Notre Dame (Indiana). Con el actual, son 32 los galardonados desde 2011.  

Francisco Otamendi·22 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El Premio Ratzinger vuelve a Estados Unidos. El ganador de la edición de 2026, es John C. Cavadini, catedrático de Teología en la Universidad de Notre Dame (Indiana), donde también ha sido director del McGrath Institute for Church Life. 

El galardón será entregado por el Santo Padre León XIV el 19 de diciembre de 2026 en el Palacio Apostólico Vaticano, ha informado la Santa Sede. Según la Fundación, Cavadini imparte clases, lleva a cabo actividades de investigación y publica en el ámbito de la teología patrística, con especial atención a la teología de san Agustín. 

Competencia académica y servicio eclesial

El presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, el profesor Roberto Regoli, ha declarado: “El profesor Cavadini es muy apreciado por la seriedad de sus publicaciones teológicas, su compromiso y celo en la docencia universitaria, su competencia académica, su pasión pastoral y su servicio eclesial a lo largo de toda una vida”.

Cavadini: siguiendo el modelo de Origenes de Alejandría

Por su parte, el profesor Cavadini ha comentado: “He intentado vivir mi vocación de teólogo siguiendo el modelo de Orígenes de Alejandría, teólogo del siglo III, quien declaraba repetidamente que quería ser, como teólogo, un vir ecclesiasticus, un hombre de Iglesia”.

“En Notre Dame he podido vivir mi vocación como hombre de Iglesia y, al mismo tiempo, como hombre de la Academia”, ha añadido. “Estoy especialmente agradecido por este premio porque reconoce estos dos aspectos de mi vocación como teólogo”.

Joseph Ratzinger (CNS photo from Reuters).

32 galardonados hasta ahora

El Premio se ha concedido anualmente desde 2011. Con la edición de 2026, el número total de galardonados alcanza los 32. Se trata principalmente de personalidades destacadas en los estudios de Teología dogmática o fundamental, de la Sagrada Escritura, Patrología, Filosofía, Derecho, Sociología, o en el ámbito artístico, la música, la arquitectura y la escultura.

Las personalidades premiadas proceden  de 18 países diferentes de los cinco continentes: Alemania (7), Francia (4), España (3), Italia (3), Estados Unidos (2), Australia, Brasil, Burkina Faso, Canadá, Estonia, Japón, Gran Bretaña, Grecia, Irlanda, Líbano, Polonia, Sudáfrica y Suiza.

Los galardonados no solo son católicos, sino que también pertenecen a otras confesiones cristianas —un anglicano, un luterano y dos ortodoxos— y uno es de religión judía.

Riccado Mutti en 2025

El Premio Ratzinger 2025 correspondió al Maestro Riccardo Mutti, y la entrega tuvo lugar el 12 de diciembre, en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, al término del Concierto en honor y en presencia del Santo Padre, con ocasión de la Navidad.

“Saludo al Maestro Riccardo Muti, a quien hoy se le confiere el Premio Ratzinger, en señal de reconocimiento por una vida enteramente consagrada a la música, lugar de disciplina y revelación», dijo el Papa León XIV. El Pontífice subrayó que al “Papa Benedicto XVI le gustaba recordar que “la verdadera belleza hiere, abre el corazón, lo dilata”, y en la música buscaba la voz de Dios en el universo”.

Cyril O’Regan y Etsurō Sotoo en 2024 

En 2024, los galardonados fueron el profesor Cyril O’Regan, docente de Teología de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos), y el maestro Etsuro Sotoo, jefe de escultores de la Sagrada Familia de Barcelona, el gran proyecto de Antoni Gaudi, que visitó el Papa León XIV en su viaje a España.

En 2023, los premiados fueron Pablo Blanco, profesor de Teología de la Universidad de Navarra, y especialista en la obra de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI, y el filósofo y teólogo Francesc Torralba.

Hacia el centenario: tres congresos en Estados Unidos y en África

Son numerosas las actividades previstas con motivo del centenario del nacimiento de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, que se cumplirá el 16 de abril de 2027. Su nacimiento tuvo lugar el 16 de abril de 1927, en Marktl am Inn (Baviera, Alemania).

En el mes de noviembre están programadas tres iniciativas internacionales en las que participa directamente la Fundación:

– 2 al 4 de noviembre, en Estados Unidos, en la Universidad Saint Mary’s de Minnesota, tiene lugar el simposio internacional titulado: “Beauty will Save Us: Wonder and Hope in the Works of Joseph Ratzinger/Benedict XVI”.

– 4 al 6 de noviembre, organizado por la diócesis de Winona-Rochester y en colaboración con el grupo editorial “Word on Fire”, tendrá lugar el congreso anual “The New Ressourcement», titulado: «Joseph Ratzinger and his sources”.

– 18 al 21 de noviembre tendrá lugar en Nairobi (Kenia), en colaboración con la Universidad de Tangaza y la Universidad Saint Mary’s de Minnesota, el simposio “Constellations of Hope: Africa and the Renewal of the Church in the Vision of Benedict XVI”.

Contrarrestar las distorsiones de la humanidad actual

“Los grandes congresos internacionales de 2026 ponen de relieve África y Estados Unidos: dos continentes que pueden contribuir de manera igualmente decisiva a contrarrestar las distorsiones de la humanidad actual, tal y como nos recuerda el papa León XIV siguiendo los pasos de sus predecesores”, ha comentado el profesor Pierluca Azzaro, secretario ejecutivo de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI.

El autorFrancisco Otamendi

Vaticano

León XIV en la UNESCO: Una visita histórica

El próximo 25 de septiembre, el Papa León XIV visitará la UNESCO en París, 46 años después de la histórica intervención de san Juan Pablo II, para abordar los desafíos éticos de la tecnología y la construcción de la paz.

Giancarlos Candanedo·22 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El próximo 25 de septiembre de 2026, la diplomacia internacional y la reflexión ética global presenciarán un acontecimiento histórico. El Papa León XIV dará inicio a un viaje pastoral a Francia que tendrá, como uno de sus momentos más emblemáticos, una visita oficial y una alocución en la sede de la UNESCO, en París, el mismo día de su arribo a suelo francés. Esta presencia responde a la invitación formal extendida por el director general del organismo, Khaled El-Enany, y podríamos decir que marca un punto de inflexión en las relaciones entre la Santa Sede y el multilateralismo contemporáneo.

El retorno a París tras casi medio siglo

El encuentro posee un simbolismo histórico ineludible. León XIV se convertirá en el segundo romano pontífice en la historia que se presenta de forma presencial en la sede de la UNESCO. Han transcurrido 46 años desde que San Juan Pablo II pronunciara en ese mismo recinto su memorable discurso del 2 de junio de 1980. Aquella jornada del Papa polaco quedó grabada en la memoria diplomática y filosófica del siglo XX por la lucidez y vehemencia con la que abordó los grandes dilemas de la humanidad en vísperas del nuevo milenio.

En 1980, en plena tensión de la Guerra Fría, Juan Pablo II situó la cultura en el corazón del destino humano. “El hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura. (…) La cultura es un modo específico del ‘existir’ y del ‘ser’ del hombre”, afirmó. Frente al riesgo de que la carrera armamentista y la lógica de bloques devoraran la dignidad de la persona, el pontífice hizo una llamada urgente a la movilización de las conciencias. Exigió reconocer la “prioridad de la ética sobre la técnica, de la primacía de la persona sobre las cosas, de la superioridad del espíritu sobre la materia”, afirmando que la paz del mundo y el porvenir pacífico de la humanidad dependen de colocar las exigencias del amor, la mente y la conciencia por encima de las pretensiones de dominio técnico o militar.

De 1980 a 2026: el espíritu frente al poder técnico

Casi medio siglo después, la historia parece repetir sus encrucijadas, aunque con herramientas y lenguajes renovados. Si en 1980 el desafío radicaba en la amenaza nuclear y la polarización ideológica, hoy la humanidad enfrenta la irrupción vertiginosa de la inteligencia artificial, los algoritmos predictivos y la automatización global. En este nuevo contexto, León XIV recoge y actualiza el eje doctrinal que fundamentó la intervención de su antecesor: la primacía irrenunciable del espíritu sobre el poder técnico o material.

Esta continuidad doctrinal quedó plasmada con nitidez en la carta encíclica Magnifica Humanitas, promulgada por León XIV el pasado 15 de mayo de 2026. En dicho documento, el Santo Padre alerta con firmeza sobre los peligros de un modelo de desarrollo que subordina el valor sagrado de la persona humana a criterios de eficiencia algorítmica, rendimiento económico o utilidad técnica (cfr. MH 156, 183, 198). Al igual que Juan Pablo II, León XIV recuerda que la verdadera grandeza del ser humano no se mide por la potencia de sus herramientas tecnológicas o sus capacidades de cálculo, sino por su facultad moral y espiritual para dirigir el conocimiento y las ciencias hacia el bien común, la justicia social y la reconciliación entre las naciones (cfr. MH Cap. V). En última instancia, ambos textos pontificios convergen en una lección clave: el verdadero progreso no es jamás de carácter meramente técnico, sino eminentemente ético, espiritual y humano.

Una alianza por el futuro de la humanidad

León XIV se dirigirá a una institución que reúne a los pueblos del mundo alrededor de ámbitos vitales para la sociedad: la educación, la cultura, la ciencia, la comunicación y la preservación del patrimonio material e inmaterial de la humanidad. Esta visita se alinea con los ejes transversales que el Santo Padre ha promovido desde el inicio de su pontificado, entre los que destacan la construcción de la paz, la salvaguardia de la dignidad humana, la formación integral de las nuevas generaciones y la responsabilidad ética frente al avance acelerado de las nuevas tecnologías.

Por su parte, la UNESCO ofrece un escenario idóneo y privilegiado para transmitir estas convicciones fundamentales a la comunidad internacional, superando barreras políticas, brechas culturales o diferencias religiosas. En una época caracterizada por la fragmentación de los consensos internacionales y la fragilidad de la confianza mutua entre los Estados, la presencia del Papa constituye un testimonio decidido en favor del diálogo multilateral.

Hacia una paz «desarmada y desarmante»

Esta convergencia de ideales cobra una fuerza particular en el terreno de la paz y la justicia social. Desde sus primeras palabras el día de su elección, el Papa León XIV abogó con convicción por una paz «desarmada y desarmante», fundamentada en la humildad y la perseverancia. Esta visión exige renunciar decididamente a la lógica de la dominación militar y económica, así como desarmar las palabras, los comportamientos y las conciencias para reconstruir el tejido de la confianza entre las personas y los pueblos.

En este horizonte, la misión de la Santa Sede y de la UNESCO se entrelazan de manera profunda. Ambas partes comparten la certidumbre de que la paz verdadera no surge de acuerdos políticos efímeros o del equilibrio del terror, sino que se edifica pacientemente a través del tiempo mediante la educación adecuada de los jóvenes, el respeto irrestricto a la diversidad cultural y la defensa innegociable de la dignidad de cada persona. Como señaló el Observador Permanente de la Santa Sede ante la UNESCO, Mons. Roberto Campisi, esta profunda coincidencia se traduce en una atención prioritaria hacia los más vulnerables de la sociedad global: los niños privados del derecho elemental a la educación, las poblaciones desgarradas por los conflictos armados, los migrantes y refugiados, las víctimas de cualquier forma de discriminación o marginalidad digital, y aquellas comunidades cuyos bienes culturales, patrimonio histórico y memoria ancestral se encuentran gravemente amenazados.

El reto ético de nuestro tiempo

Al contemplar el desarrollo de esta visita histórica tras 46 años, la comparecencia de León XIV a la UNESCO no solo constituye un acontecimiento de trascendencia diplomática, sino una interpelación directa a la conciencia de nuestra época y de nuestra sociedad. En un momento de acelerada transformación tecnológica e industrial, resulta imperativo mantener un seguimiento crítico y riguroso de los avances digitales y biotecnológicos, velando siempre porque la técnica se mantenga al servicio del ser humano y nunca a la inversa. La primacía de la persona sobre la máquina, de la ética sobre la eficacia y del espíritu sobre la materia sigue siendo la única garantía para construir un futuro verdaderamente humano, justo y pacífico.

El autorGiancarlos Candanedo

Presbítero. @GCandanedoPaez

España

Manuel Guillén Pascual, nuevo rector del Seminario Internacional Bidasoa

Sustituye a Javier Ruza González, que se traslada a Madrid para asumir nuevas tareas pastorales.

Jesús Díaz Hernández·22 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El prefecto del Dicasterio para el Clero, el cardenal surcoreano Lazzaro You Heung-Sik, ha nombrado nuevo rector del Seminario Internacional Bidasoa al sacerdote Manuel Guillén Pascual (Jaén, 1975), que sustituye a Javier Ruza González.

         Bidasoa es un seminario internacional erigido por la Santa Sede en Navarra en 1988. La formación y la atención espiritual del seminario corresponde a la Prelatura del Opus Dei. A lo largo de estos años, por Bidasoa han pasado más de 1200 seminaristas de 275 diócesis y 49 países. Actualmente hay 96 estudiantes de 48 diócesis y 23 países.

         Manuel Guillén, nuevo rector, tras realizar sus estudios de Farmacia en Granada, se trasladó a Roma, donde se ordenó sacerdote en 2012. Es doctor en Teología Moral, materia sobre la que imparte clases en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. En 2011, publicó el contenido de su tesis doctoral en el libro Ética de la investigación biomédica: trasplantes, vacunas y embriones.

         Llegado a Navarra en 2012, tras ser capellán en colegios y centros juveniles de formación, en los últimos 10 años ha trabajado en la sede de la Delegación del Opus Dei en Pamplona –circunscripción que comprende Navarra, La Rioja, el País Vasco y Soria– con especial dedicación a la formación permanente del clero y la atención a seminaristas y candidatos al sacerdocio.

         Manuel Guillén afirma que afronta esta etapa ilusionado y con la mirada en san Josemaría Escrivá, fundador de la Universidad de Navarra y del Opus Dei: “Es una oportunidad maravillosa para aprender de los seminaristas y acompañarles en su camino. Mi gran deseo es poner todo de mi parte para ayudar a los seminaristas a formarse como esos ‘sacerdotes 100 % sacerdotes’ que tanto le gustaba pedir a san Josemaría: hombres de fe, con un corazón grande, cercanos y con muchas ganas de servir a todo el mundo”.

         Javier Ruza, sacerdote madrileño que ha sido rector del seminario los últimos cinco años, se trasladará a su ciudad de origen, donde desarrollará su labor sacerdotal en distintos centros formativos de la Prelatura.

El autorJesús Díaz Hernández

Evangelización

12 consejos del Papa a los obispos de América Latina

A mes y medio del intenso viaje apostólico de León XIV a Uruguay, Argentina y Perú (6-17 noviembre), el Papa ha enviado una Carta a los obispos latinoamericanos, con unos cuantos consejos prácticos, inspirados en el modelo del patrono de obispos y Apóstol de los Andes, santo Toribio de Mogrovejo.

Francisco Otamendi·22 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

En su Carta, el Papa considera un privilegio haber ejercido el ministerio episcopal en el Perú, y “conocer la fe de un pueblo del que recibí mucho y comprendí mejor lo que significa ser pastor”.

Esa experiencia le acercó de modo particular a santo Toribio, segundo arzobispo de Lima, “quien también llegó desde lejos a una tierra que terminó haciendo suya por la caridad pastoral”, añade León XIV. En efecto, Santo Toribio nació un 16 de noviembre de 1538 en la villa de Mayorga (Valladolid).

Ahora, con ocasión del tercer centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, y vistas las cualidades con las que le describen los Papas anteriores, el Santo Padre León ofrece a los obispos latinoamericanos varios consejos para su ministerio.

Se han sintetizado en 12, integrados en la Carta del Sucesor de Pedro a los obispos. Los párrafos son textuales, aunque acortados. 

Santidad, unidad

1) Visita pastoral. El santo arzobispo llegó a una tierra de cuyos pueblos y culturas apenas tenía noticia. Para pastorearla debía adentrarse en aquella realidad, y por eso la recorrió. 

Procuremos que la visita pastoral conserve toda su fuerza: vayamos personalmente al encuentro de nuestras comunidades, escuchemos a nuestra grey. El ministerio de un sucesor de los apóstoles exige vivir con el corazón en el cielo y los pies en el camino.

2) La escuela de la cruz. La cruz le recuerda que ha de permanecer junto al rebaño cuando lleguen las horas difíciles y que la protección de las ovejas puede tener un precio para el propio pastor. Toribio prolongó aquel beso a la carne sufriente del Señor en sus viajes y fatigas, al defender a los indígenas, corregir abusos y mantenerse cerca de los pobres y de quienes sufrían. 

El abandono de la grey puede comenzar mucho antes de una huida visible, cuando la comodidad, el temor o los propios intereses pesan más que el bien de los fieles. 

3) La santidad del pastor no puede darse por supuesta (cf. 1 Tm 4,16). Santo Toribio pudo pedir una vida eclesial más fiel al Evangelio porque comenzó por dejarse medir por esa misma exigencia. Cuidemos, pues, nuestra vida interior y conservemos la conciencia de que somos discípulos necesitados de conversión.

Adoración eucarística, prioridad pastoral

4) Amor a la Eucaristía. El rito conduce después al obispo ante el Sagrario, donde se arrodilla y adora. Antes de comenzar su ministerio, se detiene en silencio ante el Santísimo. Los obispos pasan; Cristo permanece (cf. Hb 13,8). 

Por eso, quisiera invitarlos a hacer de la adoración eucarística una prioridad pastoral. El amor de Toribio a la Eucaristía se manifestó en su solicitud por acercar a todos a Jesús. 

5) Unidad. El santo prelado sirvió a una Iglesia inmensa y plural, esforzándose por mantenerla unida. También a nosotros nos corresponde velar para que la diversidad de nuestras diócesis encuentre en Cristo su unidad. El altar nos recuerda que la comunión pertenece al corazón mismo de nuestra misión.

Transmisión de la fe

6) Transmitir íntegramente la fe. El obispo ha recibido la fe de la Iglesia y está llamado a “guardar el buen depósito”, profundizarlo y hacerlo comprensible para quienes están bajo su cuidado (cf. 2 Tm 1,13-14). Santo Toribio comprendió bien esta responsabilidad. 

La recepción del Concilio de Trento, los concilios provinciales, los sínodos diocesanos y su labor catequética dan testimonio de su deseo de transmitir íntegramente la fe y hacerla accesible a quienes tenía delante. En un tiempo en el que tantas voces reclaman autoridad sobre la conciencia de los fieles, corresponde al obispo ofrecer una enseñanza clara, paciente y arraigada en esa comunión, para ayudar a su pueblo a reconocer la voz del único Pastor.

Fraternidad con los sacerdotes

7) Formación de los sacerdotes, cercanía con ellos, fraternidad. La paternidad se hace especialmente visible en su relación con los presbíteros, unidos a él de un modo singular en el único sacerdocio y en la misión confiada a la Iglesia particular. Toribio veló por su formación, fue exigente en la admisión a las órdenes, visitó a sus sacerdotes y sostuvo la disciplina eclesiástica, consciente de que la vida del clero repercute en la del pueblo. 

Queridos hermanos, estemos cerca de nuestros sacerdotes. Cuidemos especialmente el seminario y los primeros años de ministerio, favorezcamos una fraternidad real y procuremos que ningún presbítero sienta que sólo puede acercarse a su obispo cuando existe un problema que resolver. La paternidad episcopal se reconoce muchas veces cuando un sacerdote sabe que puede llamar con confianza a la puerta de la casa episcopal.

8) Anunciar la Buena Nueva. Entre las muchas responsabilidades que ocupan nuestra jornada, hemos sido enviados para anunciar la Buena Nueva. Como los Apóstoles, estamos llamados a perseverar «en la oración y en el ministerio de la Palabra» (Hch 6,4). 

Santo Toribio hizo de su vida una predicación prolongada, y su anuncio resultaba creíble porque había permitido que el Evangelio modelara primero su existencia. Que ninguna urgencia ni tarea pastoral, por necesaria que sea, relegue la oración como antesala de la predicación. 

El Santo sacrificio de la Misa

9) Santa Misa. La celebración misma muestra dónde tiene su fuente esa fecundidad. En la Santa Misa se actualiza sacramentalmente el único sacrificio de Cristo para la salvación del mundo, mientras su Pueblo es asociado a la ofrenda de su Señor. De este Santo Sacrificio mana la gracia de la que vive la Iglesia y por la que Cristo continúa reuniéndola y santificándola a lo largo de la historia. 

El obispo, como todo sacerdote, presta su voz y sus manos a Cristo, Sumo y eterno Sacerdote, que actúa por medio de su ministerio. Aquello que celebra ha de prolongarse también en su propia vida, cada vez más unida a la ofrenda del Señor, hasta que toda su existencia llegue a ser, en Cristo, una ofrenda al Padre.

Santo Toribio y otros pastores

11) La figura de santo Toribio no está sola. La geografía espiritual de la Iglesia en América Latina está marcada por pastores que hicieron visible esta unión entre el altar y la vida. 

A lo largo de los siglos y en distintas regiones del continente se ha ido formando una verdadera constelación de obispos que la Iglesia venera como santos y beatos. Junto al gran arzobispo de Lima se encuentran los santos Antonio María Claret, Ezequiel Moreno, Rafael Guízar y Óscar Romero, y los beatos Juan de Palafox, Jacinto Vera, Mamerto Esquiú, Enrique Angelelli, Jesús Jaramillo y Eduardo Pironio, entre tantos otros insignes obispos. 

12) Encomendemos a Santa María de Guadalupe nuestro deseo de vivir con renovada fidelidad la misión recibida. En los albores de la evangelización de ese querido continente, Ella quiso que san Juan Diego llevara su petición al obispo y que fuera él quien discerniera y acogiera lo que el Señor estaba realizando por medio de un mensajero humilde. 

Aquel encuentro sigue siendo una invitación para nosotros pastores: estar atentos a la acción de Dios, que muchas veces se manifiesta por caminos imprevistos y se sirve de quienes menos cabría esperar. 

Por intercesión de la Madre de Dios, pidamos la gracia de conocer, servir y amar a las Iglesias que nos han sido confiadas, para que, cuando llegue la hora de dar cuenta al Señor de nuestro ministerio, podamos escuchar: “Bien, siervo bueno y fiel […] entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25,21). 

El autorFrancisco Otamendi

Recursos

“El silencioso camino de los santos”, una reflexión sobre la vida de oración y modas emocionales

Redacción Omnes·22 de septiembre de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En un contexto social, y también religioso,  marcado por la búsqueda de experiencias impactantes y gratificaciones inmediatas, Omnes publica  «El silencioso camino de los santos», obra del sacerdote Ramón Díaz Perfecto.

La publicación de este texto responde a una clara actualidad e interés para los lectores de Omnes, al abordar con solidez doctrinal y sensibilidad pastoral las deformaciones que sufren hoy la oración y la vida interior —especialmente entre los jóvenes— cuando se confunde la madurez espiritual con la mera vivencia de emociones intensas o fenómenos extraordinarios.

El trabajo parte de una advertencia fundamental: la santidad no se alcanza mediante atajos emocionales ni sucedáneos artificiales de piedad, sino a través del «camino ordinario» sugerido por la Tradición eclesial. 

El autor explica que la auténtica transformación en Cristo requiere un proceso gradual y perseverante que abarca el recurso a los sacramentos, la fidelidad en la vida cotidiana, la práctica de las virtudes y la capacidad de orar en periodos de aridez.

Asimismo, el escrito profundiza en el papel de los consuelos espirituales y de las manifestaciones extraordinarias —tales como revelaciones privadas, descansos en el espíritu o dones carismáticos—, remarcando que ninguno de ellos equivale por sí mismo a la santidad ni constituye el canal ordinario del progreso interior.

Apoyándose en doctores de la Iglesia como san Juan de la Cruz, san Francisco de Sales o santo Tomás de Aquino, el autor previene contra la «avaricia espiritual» que lleva a buscar las dulzuras o los signos por encima del mismo Dios. Los carismas y afectos sólo son provechosos cuando se acogen con desprendimiento, conducen a la caridad y respetan el discernimiento y la obediencia eclesial.

«El silencioso camino de los santos» invita a redescubrir la belleza de la meditación evangélica, la sobriedad litúrgica y la presencia de Dios en lo ordinario.