Enseñanzas del Papa

Aprender a avanzar y crecer juntos

Durante su viaje a España, León XIV invitó a superar las polarizaciones mediante el diálogo y la humildad para avanzar y crecer juntos. A través de sus encuentros, defendió firmemente la dignidad humana y la protección de los más vulnerables.

Ramiro Pellitero·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos
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“¡Alzad la mirada!” ( Jn 4, 35). León XIV ha explicado el lema de su viaje a España desde “las grandes catedrales así como los modernísimos estadios”, en los encuentros con los jóvenes, los migrantes y los encarcelados, con todos los que han querido escucharle.

¿De qué se trataba? El Papa lo ha enseñado en estos días con gestos y palabras. Como un eco, nos ha dejado él mismo esta síntesis: “Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, ‘con los ojos de Dios’, es decir, con amor, respeto y compasión” (Audiencia general, 17-VI-2026).

A los cristianos nos ha pedido que colaboremos para construir la ciudad de Dios (su Reino, que crece escondidamente en la historia) “desde el alma de las ciudades” de los hombres. A todos, como ciudadanos, nos ha propuesto un camino seguro que es a la vez un reto: “aprender a avanzar junto a otros, a crecer juntos”.

Madrid: familia que aprende el arte de la polifonía

León XIV descubre para Europa, por su gran historia de mediación entre lenguas, religiones y saberes, de unión entre la acción histórica y la lucidez de la razón moral, la vocación de “apreciar la complejidad y estudiarla” con visión de futuro. Una tarea que comporta superar las polarizaciones mediante el discernimiento, “aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos” (Discurso de saludo a las autoridades en el Palacio Real, 6-VI-2026).

En ese marco, la aportación de España la formula con referencia a los santos que han cultivado una “mística con los ojos abiertos” a la realidad (san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila, san Ignacio de Loyola).

También hoy, afirma el Papa, la eternidad puede impregnar la vida cotidiana, uniendo tradición y progreso, búsqueda de la verdad y diálogo, santidad y compromiso social centrado en la caridad.

Chispa de humanidad nueva

Ese primer día por la noche, a los jóvenes en la plaza de Lima (cfr. Discurso en la vigilia de oración, 6-VI-2026), les pidió ser “chispa de una humanidad nueva” y cambiar la historia por el amor. Les animó a no tener miedo ante la vocación sacerdotal, a la vida religiosa, a la vocación matrimonial o a otros servicios eclesiales; a buscar siempre la verdad y rechazar otros caminos: “¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad!”.Les indicó los caminos de la oración, del acompañamiento espiritual, de la adoración eucarística y del fervor para transmitir el fuego del amor de Dios.

Les confió la misión de ser humanos, “hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables”. Y también “misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo”.

Al día siguiente, durante la Misa del Corpus Christi, en la plaza de Cibeles, explicó el significado de la procesión con la custodia: “La procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. (…) El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados.” (Homilía, 7-VI-2026).

Hilos nuevos para tejer redes nuevas

Por la tarde se encontró con el mundo de la cultura y del arte, de la economía y del deporte (cfr. Discurso en el Movistar Arena, 7-VI-2026). Apuntó la necesidad de custodiar y servir “el alma” de todo lo que la sociedad genera. Es decir, el deseo de bien de belleza y de verdad que hay en el corazón humano. Invitó entonces a “ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad”.

En el comienzo de la semana, y por primera vez en la historia de España, un Papa habló ante el Parlamento (cfr. Discurso en el Congreso de los Diputados, 7-VI-2026). En un discurso largamente aplaudido, se presentó como servidor de la persona humana y abogado de su dignidad. Aludió al legado de la Escuela de Salamanca y a Francisco de Vitoria en la fundamentación de los derechos humanos a nivel internacional. 

Confirmó que una sociedad justa se mide por su capacidad de proteger la vida en su mayor fragilidad, “desde su concepción hasta su ocaso natural”. Advirtió que la ley pierde su sentido si se convierte en mercancía o si ignora a los que no tienen fuerza para hacerse oír. Defendió a la familia y su libertad para escoger el tipo de educación de los hijos. Subrayó cómo el drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional. Ante la “profunda crisis espiritual y cultural” que atraviesa el mundo, alabó el esfuerzo por la paz. Invocó la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (que no debe ser expulsada de la vida pública), incluyendo el respeto al sigilo sacramental de la confesión.

Que España –propuso– continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio”.

Artesanos desde el alma de las ciudades

Pasando al ámbito eclesial, el martes León XIV se encontró con los obispos (cfr. Discurso en la sede de la Conferencia Episcopal, 8-VI-2026). Les habló de escuchar, discernir y servir, con el anuncio del Evangelio y la vida sacramental, también en medio de las dificultades, pues “la noche es tiempo de salvación”. Les pidió ser constructores de unidad y cuidar especialmente la pastoral vocacional y la formación sacerdotal

Luego vino el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu, calificado por el Papa como un “golazo de la Iglesia de Madrid” (Discurso, 8-VI-2026). Allí presentó a la Iglesia como una “familia que aprende el arte de la polifonía”, donde la unidad no es uniformidad, sino una armonía que valora la diversidad de carismas y las relaciones entre “personas de carne y hueso”.

En la construcción compartida de la ciudad, lo que somos y hacemos como cristianos, debe llegar, con palabras del Papa Francisco, “allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas”, es decir, a los “núcleos más profundos del alma de las ciudades” (Evangelii gaudium 74).

En el IFEMA, antes de salir para Barcelona, alabó a los voluntarios, por representar la “levadura de la gratuidad” (Discurso8-VI-2026).

Barcelona: corazones desarmados y belleza en construcción

Ya en la ciudad condal, su mensaje se abrió, durante el rezo de la hora media en la catedral de la Santa cruz y Santa Eulalia (cfr. Homilía 8-VI-2026), con una llamada a la unidad eclesial y la fraternidad, de armonía más allá de toda polarización, buscando ser “constructores de unidad”.

Por la noche acompañó a los jóvenes en una vigilia de oración, y mantuvo con ellos un diálogo seguido de una homilía (cfr. Homilía en el estadio Lluís Companys, 9-VI-2026). En ella se guió por la imagen de Nicodemo, ”peregrino en la noche” de la condición humana y del camino de la fe. “También nosotros estamos llamados a no juzgar las ‘noches’; ni las noches de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea”. Debemos ponernos en camino, dialogar con Dios y entre nosotros, buscando la verdad que nos guía hacia la unidad, respetando la diversidad. Y así experimentaremos “una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz”.

El miércoles visitó el Papa el centro penitenciario Brians 1 (cfr. Saludo, 10-VI-2026). Allí proclamó la dignidad de todo ser humano por el mero hecho “de haber sido querido, creado y amado por Dios” (Magnifica humanitas, 52). A los internos les dijo que “el pasado no condena el futuro”, porque siempre podemos recomenzar, crecer, convertirnos, y sobre todo reconciliarnos y perdonar: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”.

Con ocasión del rezo del rosario en Montserrat, León XIV pidió “un corazón reconciliado” y desarmado también en palabras y actitudes, para que el odio dé paso a la esperanza y la paz. En la misma línea se pronunció en su encuentro, el mismo día 10, con las organizaciones diocesanas de caridad y asistencia en la iglesia de Sant Agustí.

Piedras vivas y luminosas

La etapa catalana –que recorrió, por cauces diversos, la vía de la bellezacomo cauce de evangelización– se clausuró con el broche de oro de la Misa en la Basílica de la Sagrada Familia. 

Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin”. También en esta obra de arte que es nuestra vida, no se trata de una obra inacabada, sino un templo en construcción, lo que implica un compromiso para colaborar con la obra maestra del Espíritu Santo en el proyecto de Dios. 

Todo ello pide coherencia: “No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”. Y es necesario pasar por la pasión del Señor, porque “la cruz es el signo luminoso de su amor”. 

Canarias: ningún ser humano es una isla

El punto culminante del viaje, por su carga profética, fue la visita a las Islas Canarias. En el encuentro con los representantes de la comunidad eclesial, les pidió ser “arquitectos sabios” en la construcción de la civilización del amor (cfr. Magnifica humanitas, 236), abrazando la cruz de Cristo y cultivando una espiritualidad eucarística. Esta tiene como manifestación eminente la solidaridad cristiana (cfr. Homilía en Las Palmas de Gran Canaria, 11-VI-2026). 

En el estadio de Gran Canaria explicó que “amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”, y que “es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana” (Homilía, 11-VI-2026). Todos somos migrantes, peregrinos que no debemos olvidar nuestras raíces (Saludo en el centro “Las Raíces”, Tenerife, 12-VI-2026). Todos, llamados a recibir y abrirse a los demás, compartir y participar (cfr. Discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna, 12-VI-2026).

En el centro de las rutas migratorias, el sucesor de Pedro fue rotundo al afirmar que “ningún ser humano es una isla” y que el secreto del corazón reside en la llamada al encuentro (cfr. Homilía en Santa Cruz de Tenerife, 12-VI-2026). Ante el drama de los cayucos, el sucesor de Pedro denunció con severidad a quienes “especulan con la desesperación” y convierten el sufrimiento ajeno en negocio, advirtiéndoles que habrán de comparecer ante la justicia. A los migrantes, les aseguró: “Tu vida no es un descarte, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas” (Discurso en La Laguna, 12-VI-2026).

Al despedirse en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, y con referencia al corazón de Cristo, que es el corazón del Evangelio, pidió abrir a todos “este mar de amor”. Repitió el lema “¡Alzad la mirada!” precisamente hacia el Crucificado, que es la fuente del perdón, de la reconciliación y de la paz.

Días después, ya de vuelta a Roma, dijo el Papa que en Canarias había encontrado “una clave de interpretación general”. Y la enuncia así: “Estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo”.

Con otras palabras: “Estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor” (Audiencia general, 17-VI-2026).

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