Fernando Mairata es el CEO de DLTCode, una empresa española de ciberseguridad. Es además el presidente del Grupo Armora, grupo empresarial al que pertenece dicha empresa, y de PETEC, la Asociación de Peritos de Nuevas Tecnologías. También es el presidente de la Comisión de Ciberseguridad de CINTAC, la Asociación por las Tecnologías Accesibles.
Como parte de su trabajo también colabora con las Fuerzas y Seguridades del Estado en temas de ciberseguridad e imparte charlas de concienciación en instituciones educativas y empresas.
¿Por qué decidió escribir este libro?
– Un buen día, un amigo Guardia Civil me propuso escribir este libro para hablar de la ciberseguridad desde la familia y me gustó el reto. Nos reunimos con la editorial Palabra, y solo hubo una condición: donar todos los derechos del libro a la Asociación Pro-Huérfanos de la Guardia Civil.
A partir de ahí me puse a escribir ya se ha hecho realidad este libro. La verdad es que estamos muy contentos con el avance de las ventas y la gran acogida que está teniendo.
El libro no es tremendista, pero sí que se nota que hay cierta urgencia en tratar esta cuestión. ¿A qué se debe esa urgencia?
– La urgencia se debe a que todavía no hemos visto las consecuencias de las primeras generaciones a las que hemos dejado solas con las nuevas tecnologías y con las redes sociales. Pensamos que los chavales están acostumbrados, que conocen todo sobre la tecnología y las redes sociales, pero no han tenido ese acompañamiento necesario por parte de los padres y de los profesionales, para saber cómo utilizarlas de forma responsable.
Todavía no estamos viviendo las consecuencias de haberles dado un arma tan potente y no haberles explicado cómo utilizarla bien. Por eso por eso hay urgencia, porque al final tenemos muchas generaciones que se están formando con las pantallas, que están utilizando las nuevas tecnologías, las redes sociales, y que en ningún momento se les ha explicado los problemas que puede haber, igual que las ventajas del buen uso.
La tecnología avanza muy rápido, porque de hecho el primer smartphone es de 2007, como quien dice, de antes de ayer. Ya viene la IA y después viene la computación cuántica, entonces cuanto antes empecemos a tratar estos temas en familia y que no sean un tabú, mucho mejor.
Todavía estamos a tiempo de evitar los grandes problemas que hay mucha gente que pronostica.
Además de esta falta de comunicación en la familia, ¿qué otros errores comunes existen a la hora de enfrentarse a esta seguridad digital?
– Lo primero es la brecha que hay entre los abuelos y los nietos. ¿A nuestros hijos quién los está cuidando actualmente? Normalmente los abuelos. Cuando uno de nuestros hijos pequeños se queda con los abuelos y se pone con el ordenador o con la pantalla que está conectada a internet, se pone a hacer cosas que los abuelos no tienen control y para ellos también es una inseguridad y un malestar el decir “pueden estar haciendo cosas que yo no me entero y con las que tampoco puedo ayudarles”.
Pero luego estamos los padres, que tampoco estamos dando ejemplo de un buen uso de las nuevas tecnologías. Estamos mucho tiempo delante de las pantallas, publicamos demasiadas cosas en redes sociales, y al final estamos dejando un poco de lado la familia y lo que es el trato humano entre nosotros.
Tú vas a un restaurante y antes veías a la gente que se miraba a los ojos; ahora todo el mundo está mirando para abajo y contestando a los WhatsApp, o jugando. Estamos perdiendo la humanidad y perdiendo ese contacto personal que es tan importante.
¿Qué medidas podemos adoptar entonces?
– Ante todo, los padres tenemos que ser ejemplo para nuestros hijos. Porque si yo le digo a mi hijo que tiene que cruzar en verde y me ve cruzar en rojo todos los días, está claro cómo van a cruzar: en rojo. Por lo tanto, luego no me puedo enfadar con ellos porque hayan cruzado en rojo.
Lo segundo, fomentar mucho el diálogo en familia y ver que todos somos parte de la solución, que nuestros hijos pueden ayudar a sus abuelos a tener más confianza en esas nuevas tecnologías y a conocer un buen uso de estas. Nosotros, como hijos y como padres, podemos ayudar a nuestros hijos y podemos ayudar a nuestros padres, pero también tenemos mucho que aprender de nuestros hijos.
Y sobre todo es fomentar la confianza en familia, el que se pueda hablar de cualquier tema sin que sea tabú para que —y Dios no lo quiera— el día que tengamos un problema, sepamos reaccionar y sepamos cómo pedir ayuda para que nos puedan ayudar o nuestros padres, o nuestros abuelos, o nuestro entorno, y que podamos afrontar el problema sin mayores consecuencias.
Hay una delgada línea entre la supervisión y la invasión de la privacidad de lo que están haciendo nuestros hijos en internet. ¿Cómo podemos alcanzar un equilibrio?
– El equilibrio es muy fácil, es a base de diálogo. Si tú das confianza a tus hijos, si tú explicas a tus hijos lo que haces, ellos te van a explicar lo que hacen y te lo van a enseñar. Si yo navego junto a mi hijo cuando estoy navegando yo, no va a tener ningún problema en que esté a su lado cuando él navega.
Tenemos que navegar juntos y tenemos que trabajar juntos y hablar de ciberseguridad. Porque no es una cosa que de repente ha aparecido en este mundo, es que tenemos que implementarlo en nuestro ADN, implementarlo en nuestras vidas.
Si pensamos primero en las cosas y luego en aplicarles ciberseguridad, ya vamos mal; si pensamos en las cosas de una manera ya segura, pues estaremos triunfando. Y ojo, que eso no significa no caer, que todos vamos a acabar cayendo. Pero lo importante es saber tener esa reacción para cuando caigamos o para cuando el de al lado caiga, poder ayudarle.
Yéndonos un poco al lado negativo, ¿qué tipo de amenazas se encuentran actualmente niños, pero sobre todo adolescentes, en el entorno digital?
– El uso de las imágenes que suben a las redes sociales, que tú cuando sacas una imagen la estás sacando de contexto, con lo cual esa imagen se puede volver contra ti y puede producir acoso.
Nos encontramos también con las inteligencias artificiales, que se están utilizando para el lado del mal, porque se utiliza para desnudar a compañeras del centro educativo y empezar a distribuir las imágenes, ya hemos visto muchísimas noticias de estas cosas. Hay que tener mucho cuidado y sobre todo hay que saber reaccionar.
Y lo importante, todos tenemos a nuestra disposición el teléfono 017 de INCIBE, que es el Instituto Nacional de Ciberseguridad, para ayudarnos con estos casos.Es importante saber que podemos denunciar, algo esencial. Lo que no se denuncia no existe, por lo tanto, si no denunciamos estamos ayudando a los criminales, no estamos ayudando a los profesionales de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Tenemos que saber que podemos contar siempre con Policía Nacional y con Guardia Civil; constantemente están actualizando sus conocimientos, están muy implicados en los temas de las nuevas tecnologías y están muy al día de los delitos y los ciberdelitos, y no tenemos que tener ninguna duda de que acudiendo a ellos nos van a ayudar.
Ha mencionado los centros educativos. ¿Qué papel cree que debería jugar la educación para la ciberseguridad?
– Es un papel primordial, pero tenemos que partir de la base de que la educación viene de casa y en los centros educativos nos forman. Y dentro de esa formación, sí es verdad que desde pequeñitos ya están metiendo las pantallas, pero no se habla de ciberseguridad o de seguridad hasta los 9 o 10 años, con lo cual ya vamos tarde.
Si un alumno entra al colegio con 3 años, ya tenemos 6 años que ha estado utilizando las nuevas tecnologías, seguramente antes porque los padres, para que los niños no molesten, les dejamos los dispositivos para que vean dibujos, se entretengan y demás.
Pero son muchos años con pantallas y además son años en los que es muy importante su formación, porque es cuando son esponjas, y ahí estamos perdiendo el tiempo al no hablarles de seguridad y al no explicarles el buen uso de las nuevas tecnologías.
Con respecto a los padres, ¿a qué señales de alerta deberían prestar atención los padres para darse cuenta de que hay algo sucediendo en el entorno digital en el que se mueven sus hijos?
– Exactamente lo mismo que hacían nuestros padres cuando no existía el entorno digital, con la diferencia de que cuando nosotros éramos pequeños no existía este entorno. El acoso, por ejemplo, en los colegios, cuando salías a las 5 de la tarde se terminaba hasta el día siguiente. Hoy en día no, hoy el acoso es 24/7, 365 días del año.
Cuando vemos que nuestros hijos no se despegan de las pantallas, de repente les notamos extraños, nerviosos, esas son pautas para decir “aquí pasa algo”. Y si vemos que están muy reservados, que no quieren hablar con nosotros, también hay un problema.
Insisto en que es clave educar a nuestros hijos en casa para que tengan esa confianza y que cuando vean que tienen un problema sean capaces de avisarnos y no pensar que les vamos a echar la bronca. Lógicamente, si han hecho algo mal, les regañarás, pero a lo mejor no es el momento cuando te lo cuentan, sino un poco después.
Tenemos que ser pacientes, tenemos que ayudarles a salir de los problemas y después ya veremos responsabilidades, castigos o lo que queramos, pero lo primero es actuar. Porque además en el mundo digital todas las evidencias desaparecen a una velocidad asombrosa, por lo tanto hay que ser muy rápidos para poder salvaguardarlas y poder presentar esa denuncia.
Con respecto a las redes sociales, ¿cómo podemos gestionar tanto su uso como lo que se comparte?
– Trabajando con ellos. ¿Hay controles parentales? Sí. ¿Nos pueden ayudar? Sí. Pero también tenemos que enseñar a nuestros jóvenes qué es lo que hace un control parental y qué es toda la porquería que les está quitando. Porque un control parental no es para controlar lo que hacen mis hijos, es para ayudarles a estar seguros, para que vean que cuando tú tienes el control parental activado toda la porquería de anuncios y demás no te va a aparecer porque está bloqueada, toda la porquería que hay de contenidos no adecuados para tu edad tampoco te van a aparecer porque está bloqueado. Eso no es espiar, eso es acompañar.
Y si les demostramos a nuestros hijos el funcionamiento y todo lo que les estamos evitando, va a ayudar a que entiendan que estamos ahí para ayudarles, no para espiarles. Porque los mensajes no hay que leerlos, hay que tener esa confianza para que ellos nos digan cuándo tienen un problema.
¿Hay herramientas o recursos que pueda recomendar a los padres para que les ayuden a mejorar esta seguridad digital?
– Hay muchísimas herramientas. Yo lo que les recomiendo es hablar mucho. Hay cosas que propongo en el libro como ver una película de Disney con palomitas, disfrutar de la película y luego aprovechar para hablar qué enseñanzas de ciberseguridad nos da la película de Disney, que son muchas. El que tenga el libro puede tener algunos ejemplos, pero si trabajamos con los chavales veremos que hay infinidad.
Por otro lado, está el minuto digital, que también lo menciono en el libro. Consiste en que todos los días nos vamos a sentar y durante un minuto vamos a hablar de lo que hemos hecho a través de las redes, de las nuevas tecnologías.
Otro ejercicio es buscar en internet meteduras de pata de famosos, porque han subido fotos o han subido vídeos a sus redes sociales con prisas por aquello de “tiene que ser todo inmediato”, no han comprobado lo que había alrededor y han metido la pata.
En resumen: hay que buscar cosas sencillas para jugar con ellos y para aprender juntos.
Y luego, en el 017 y en la página web de INCIBE, la que abrió especialmente para jóvenes, que es is4k.es —Internet Segura for Kids—, ahí tenemos un montón de herramientas, tenemos juegos y mucho material para poder trabajar en familia y no solo con nuestros menores, sino con los mayores.




