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Mariano Fazio: “Hay que hacer un ‘apostolado’ de la lectura”

A raíz de su libro "La tierra de los libres", Mariano Fazio habla con Omnes sobre la importancia de la literatura y recomienda algunos títulos esenciales para quien desee adentrarse en los clásicos.

Paloma López Campos·10 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos
mariano fazio

Mariano Fazio, filosofo, historiador y vicario auxiliar del Opus Dei.

Mariano Fazio, historiador, filósofo y vicario auxiliar del Opus Dei, acaba de publicar un libro en el que recorre la historia de Estados Unidos a través de su literatura. Con motivo de “La tierra de los libres” habla a Omnes sobre la importancia de leer los clásicos y promover la lectura entre los jóvenes. Asimismo, recomienda algunos títulos para adentrarse en la literatura occidental.

La tierra de los libres

Autor: Mariano Fazio
Páginas: 280
Idioma: Castellano
Editorial: Rialp
Año de publicación: 2026

¿Qué le animó a escribir este libro?

– Yo además de escritor soy fundamentalmente sacerdote y, por lo tanto, busco siempre nuevas maneras de transmitir los valores del Evangelio. Me parece que a través de los grandes libros, que son los clásicos —un clásico es un libro universal, es decir, por más que un autor sea profundamente, en este caso, de Estados Unidos—, si me habla de la verdad, el bien, la belleza; si me sabe dar instrumentos para distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, lo verdadero de lo falso… es una manera muy natural de transmitir también el Evangelio. Aunque no sea católico el autor, aunque no sea confesional, una buena literatura me transmite lo que hace vibrar el alma humana.

Por esta razón he escrito varios libros sobre clásicos: cinco clásicos italianos, clásicos británicos, Siglo de Oro español, seis grandes escritores rusos… ahora le tocó el turno a Estados Unidos.

¿Qué criterio ha utilizado para realizar la selección de autores y libros?

– Es un libro un poco original en el sentido de que me interesaba, aprovechando los 250 años de la independencia de Estados Unidos, hacer un recorrido por la historia a través de libros que me hablan de cada periodo histórico. Desde antes de la independencia, por ejemplo con “El último de los mohicanos”, y terminamos en la actualidad con “La carretera” de Cormac McCarthy.

Con lo cual, no se trata simplemente del valor literario de cada libro, sino que además tiene que tener como característica que me hable de un periodo histórico determinado. Y muchas veces la historia la entendemos mejor no tanto a través de documentos oficiales, sino a través de la ficción.

Ha prescindido de las narrativas de cautividad (como la de Mary Rowlandson) y de los escritos de los primeros colonizadores, como John Smith y William Bradford. ¿A qué se debe?

– Los he excluido porque no son piezas de ficción, sino que son más documentos históricos. En “El último de los mohicanos” se narran bastantes luchas entre indígenas y europeos, ingleses y franceses. Por eso en el prólogo digo que he excluido lo que sea documento histórico, legislación, etcétera. Y también dentro de la literatura me he concentrado en narrativa, es decir, novela y cuentos cortos.

Alude en varias ocasiones a la religión en el libro, señalando las críticas que los autores hicieron a movimientos como el puritanismo. ¿Qué relación hay entre la fe y la historia de Estados Unidos?

– Yo creo que un elemento clave de la historia de los Estados Unidos es que, en las trece colonias, muchos de los que fueron allí, lo hicieron precisamente por motivos religiosos. Dado que en Inglaterra había una persecución contra lo que se llamaba en ese momento las iglesias o las fes disidentes. Por lo tanto, católicos, cuáqueros, pero sobre todo los puritanos, se establecieron buscando la libertad religiosa.

Curiosamente, en las colonias puritanas —lo que es ahora Massachusetts fundamentalmente— a pesar de haber sido personas perseguidas, ellos también persiguieron a quienes no pensaban o no compartían su propia fe. Y como Nueva Inglaterra llevó un poco la delantera cultural en las primeras décadas del país, creo que hay una huella puritana muy profunda en la identidad americana.

Eso traté de manifestarlo por ejemplo en “La letra escarlata” o “La casa de los siete tejados” de Hawthorne; pero también en Melville hay bastante puritanismo, quizá no del todo consciente, pero es como el trasfondo.

Por otro lado, ha sido un país que se ha caracterizado siempre por la apertura a la trascendencia. Tocqueville, francés que va después de la Revolución a Estados Unidos para hacer un análisis del sistema carcelario, se sorprende de la libertad religiosa que ya hay a principios de la República y el papel fundamental que tiene la religión en la sociedad.

Entonces, a diferencia de Europa, donde había siempre una distinción muy clara entre lo público y lo privado, entre la religión y la política —también por los siglos de historia se entiende bastante esa situación en Europa—, en Estados Unidos la religión era algo incorporado a la vida de todas las personas. Y creo que eso es algo muy positivo.

Al hilo de los varios libros que ha escrito sobre literatura, ¿podría recomendarnos una lectura italiana, una británica, una española, una rusa y una norteamericana?

De literatura italiana, dejando de lado la “Divina Comedia” porque es una obra que en Italia llamamos «impegnativa», que quiere decir “exigente”. Yo sugeriría “Los novios” de Manzoni, que es una historia de amor, de perdón, de entrega de sí, de conversión… Es todo un mundo en una novela bastante larga que ha marcado a todas las generaciones italianas porque ha sido lectura obligatoria en las escuelas.

De la literatura española, sin lugar a dudas, “El Quijote”, que es la primera novela moderna; también otro universo dentro de un solo libro donde nos habla de la distinción entre la realidad y la ficción. Un libro que fundamentalmente habla del diálogo: Don Quijote y Sancho Panza están continuamente hablando y eso los humaniza. Es el proceso de «sanchificación» de Don Quijote y de «quijotización» de Sancho, y nos ayuda mucho en un momento en que el diálogo a veces está cortado.

De la literatura rusa es difícil escoger entre grandes clásicos, pero yo diría “Ana Karenina” de Tolstói. Es curioso que Dostoievski no tenía muy buena relación con Tolstói y, sin embargo, dijo que era la mejor novela que había sido escrita en toda la historia de la literatura universal. También aquí nos hablan de las consecuencias que traen los actos que realizamos libremente, y cómo una decisión equivocada, si uno no la rectifica, puede arruinar la vida; y en cambio la coherencia con los valores puede poner las bases de una existencia feliz.

Y en literatura inglesa mi autor favorito es Dickens. También publiqué un libro que se llama “El universo de Dickens: una lección de humanidad”, porque es un hombre que habla fundamentalmente de cómo tenemos que llevar nuestra existencia para que sea una existencia lograda, completa, feliz; y la clave es el don sincero de sí, darse a los demás. Hay muchos personajes en Dickens que se entregan totalmente a los demás y son las personas más felices, alegres, que atraen. En ese sentido, si me permiten, como es el autor favorito, daría dos libros: “David Copperfield”, que era el favorito del mismo Dickens, y “Casa desolada”, donde hay un personaje central que es Esther Summerson, que es una escuela del don sincero de nosotros mismos.

Y en la lectura norteamericana, hay mucho por escoger, pero diría “Las uvas de la ira” de John Steinbeck. Está enmarcada en la Gran Depresión de los primeros años 30: una familia que tiene que emigrar de Oklahoma hacia California, que tiene sueños de progresar y, sin embargo, esos sueños no se realizan. Pero se habla de la dignidad de la gente pobre, de la gente que lucha por sacar la vida adelante y la importancia de la unidad familiar, etcétera, y esa misericordia que hay que tener con las personas más débiles. Pienso que es un libro que hoy en día, dada la situación actual, echa mucha luz.

Ha hablado sobre cómo los clásicos nos pueden ayudar a alcanzar la verdad. Hoy en día el leer es casi una cosa de moda. ¿Cómo cree usted que podemos dar el salto entre ese simplemente «leer por leer» y «leer para encontrar la verdad» y concretarla en nuestra vida?

– A través de las mismas redes sociales hay tantísimos blogs y YouTubers que hablan de libros y creo que muchos de ellos ayudan mucho para por lo menos despertar esa curiosidad.

El tema es que hay que acertar para ver con qué libro empezar, porque claro, si uno se lanza directamente a leer “Los hermanos Karamázov” o “Crimen y castigo” o “Guerra y paz”, puede desesperanzarse porque son libros difíciles y muy largos. En cambio, si uno empieza por algún libro que sea muy asequible ya le irá sacando gusto.

Creo que hay que hacer, entre comillas, un «apostolado» de la lectura y los que leemos, animar a los jóvenes diciendo: «¿por qué no intentas con este libro, con el de más allá?», y vas a ver cómo te abre horizontes.

Es imposible viajar por todo el mundo y por todas las épocas; la forma de hacerlo más económica es precisamente leyendo.

Me gustaría dar algunos títulos de libros con los cuales uno puede empezar la lectura y va a ver cómo le dejan verdaderamente muchas semillas en su alma. Por ejemplo, de Tolstói, “La muerte de Iván Ilich”, que nos explica el sentido de la vida de una manera muy entusiasmante.

Después, siguiendo con Dickens, “Canción de Navidad», en donde se habla de cuál es el sentido auténtico de la Navidad, pero lo hace no dando un sermón, sino a través de una historia tremendamente entrañable.

Para volver al libro que he publicado, “La tierra de los libres”, hay un librito que es muy conocido que se llama “La roja insignia del valor” de Stephen Crane, que nos habla de cómo vive un adolescente —que primero se creía muy valiente— la Guerra Civil de Estados Unidos, y ahí se da cuenta de que tiene muchas virtudes pero también muchos defectos, muchas limitaciones, y se va conociendo a sí mismo.

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