Madre Eliswa Vakayil, beatificada en Kerala (India)
El Papa León informó en la Audiencia de ayer que la Madre Eliswa Vakayil, fundadora de la primera Tercera Orden de Carmelitas Teresianas Descalzas, fue beatificada el sábado en Kochi, estado indio de Kerala. Por otra parte, la liturgia celebra hoy a los santos Leandro de Sevilla y Diego de Alcalá.
Francisco Otamendi·13 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
El valiente compromiso de la Madre Eliswa Vakayil con la emancipación de las niñas más pobres es fuente de inspiración para todas las personas que trabajan por la dignidad de la mujer en la Iglesia y la sociedad. Así se refirió ayer el Papa León XIV a la religiosa india al final de la Audiencia, en la que mencionó también al obispo San Josafat, “mártir por su incansable celo por la unidad de la Iglesia”.
“Un modelo, un espejo en el que toda hija, toda madre, toda mujer —laica, consagrada y religiosa— puede identificarse y reconocerse”. De este modo describió el cardenal malasio Sebastián Francis, obispo de Penang, a la Madre Eliswa Vakayil, fundadora de la primera Tercera Orden de Carmelitas Descalzas (TOCD) indígena para las mujeres en India.
En efecto, antes de la llamada a la vida consagrada, la Madre Eliswa fue esposa, madre de una hija y viuda. Alimentada por la frecuente adoración ante el Santísimo Sacramento, entre 1831 y 1913, la Madre Vakayil abrió las puertas de la vida consagrada a las mujeres católicas de rito latino y siro-malabar.
Santos Leandro de Sevilla y Diego de Alcalá
San Leandro de Sevilla (Cartagena, 540 – Sevilla, 599), fue hermano de los santos Fulgencio, Florentina e Isidoro. El año 578 fue nombrado arzobispo de Sevilla. Sufrió persecución y destierro por su empeño en la conversión a la fe católica del pueblo visigodo, que era arriano. Presidió el Concilio III de Toledo (año 589), en el que se logró la conversión del rey visigodo Recaredo y la unidad católica de la nación.
San Diego de Alcalá nació en San Nicolás del Puerto (Sevilla) hacia 1400, de familia humilde. Muy joven eligió la vida eremítica en la serranía de Córdoba. A los 30 años ingresó en la Orden franciscana como hermano laico. Era analfabeto y se dedicó a los oficios más humildes, cuenta el santoral franciscano. Evangelizó Canarias, y tras un traslado a Roma, falleció en Alcalá en 1463.
En un mundo obsesionado con los logros y los reconocimientos, los hijos viven entre diplomas, medallas y rankings que parecen medir su valía. Esta reflexión invita a mirar más allá de los premios: valorar el esfuerzo, aprender del fracaso y reconocer que el amor incondicional de la familia es el verdadero triunfo que acompaña toda vida.
13 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Confieso que me encantan las cifras: las encuestas, los rankings y esas listas que nos dicen quiénes “son los mejores”. Me atraen los hechos concretos, esos que parecen darnos certezas y me ayudan a decidir con calma, sin dejarme llevar por la subjetividad. Pero en la vida —esa que no cabe en una planilla Excel—, y sobre todo cuando se trata de los hijos, corremos un riesgo. Y no menor.
En Chile se acerca el fin de año, y con él la época de premios, diplomas y pruebas de ingreso a la universidad. Todo gira en torno a los reconocimientos: la vida se mide en becas, en notas de excelencia, en medallas que pesan más por el orgullo que por el metal. Los niños que reciben esos premios, ¿se los merecen? Probablemente sí. Y sus padres también, porque detrás de cada logro hay esfuerzo silencioso y amor incondicional.
Pero tal vez valga la pena mirar de frente la otra cara: la del fracaso, la de no ser elegido, la de la injusticia que a veces se cuela entre los aplausos. ¿Diste tu 100 % y aun así no te eligieron? ¿Eras el mejor y otro se llevó la medalla? ¿Te sentiste humillado porque no confiaron en ti?
Duele. Claro que duele. Pero, ¿cuánto aprendiste en ese proceso? ¿Pensaste que el camino puede valer más que la foto en Instagram? A veces, ese golpe a la vanidad es también una lección de libertad: aprender a depender menos de la opinión ajena y lanzarse al vacío con el corazón expuesto.
Quizás sea una conversación para la sobremesa. Que nuestros hijos sepan que el diploma puede no estar colgado en la pared, pero que el amor de su familia estará siempre impreso en su alma. Porque, al final del día, ese es el premio que nadie ve, pero que en la historia de cada uno brilla más que cualquier medalla.
Por qué el que «inventó» la píldora anticonceptiva se arrepintió de su descubrimiento
La opinión pública desconoce que el inventor de la píldora anticonceptiva, Carl Djerassi, se arrepintió de su invento y apostó por el reconocimiento natural de la fertilidad.
En 1950, el científico Carl Djerassi logró sintetizar en México un derivado de la progesterona con dos características revolucionarias: era un anovulatorio muy potente y era resistente a la digestión, lo que permitió su administración por vía oral ―una vía de administración muy funcional para las usuarias―.
Sin embargo, cuando Djerassi comenzó a trabajar con esta hormona, el control de la natalidad no era su objetivo. Prueba de ello es que en su autobiografía confesó: «Ni en nuestro sueño más salvaje (…) lo imaginamos»; así como, citando a Bernard Shaw, escribió también: «La ciencia está siempre equivocada: nunca soluciona un problema sin crear diez nuevos».
En este sentido, hacia el final de su vida, en su último artículo científico, publicado en la revista Science en 1990, nos dejó en herencia el desafío de enseñar a las mujeres a reconocer su ovulación de un modo fácil y asequible (él hablaba de la posibilidad de unas «barras» que informaran del estado hormonal). Verdaderamente consciente de que, después de la Revolución sexual, el mundo había cambiado, Carl Djerassi insistió en dejar de lado su invento apostando por el reconocimiento de la fertilidad, lo que hoy se conoce como «Reconocimiento Natural de la Fertilidad».
Con este sentir, Carl Djerassi no admitió ser reconocido como el inventor de la píldora; él se autodenominó «la madre de la píldora»; y a Gregory Pincus, «el padre de la píldora». Y es que, en la década de los 50, otros dos científicos, Gregory Pincus y John Rock, aprovecharon el invento de Djerassi y, con el apoyo económico de la activista Margaret Sanger y la filántropa Katherine McCormick, desarrollaron los ensayos clínicos ―en poco tiempo, con dosis muy altas y sin mucha información― entre mujeres puertorriqueñas.
Así, en 1960, en EEUU, la farmacéutica G.D. Searle & Company comercializó Enovid®, la primera píldora anticonceptiva legalmente disponible en el mundo. Con ello, se abrió para la mujer una vía anticonceptiva hormonal muy funcional.
Controversias sobre los efectos secundarios de la píldora
En la década de los 70, la comercialización de la píldora avanzó a la par que las controversias sobre sus efectos secundarios en algunas de las usuarias. Es por ello que, desde entonces, empezaron a desarrollarse formulaciones con nuevas combinaciones y dosis hormonales más bajas, a la vez que se aconsejaba la temporalidad del tratamiento.
Hoy por hoy, la estela de los efectos colaterales de la píldora persiste: disminución de la libido, cefaleas y migrañas, náuseas y vómitos, sangrado irregular, aumento de peso, retención de líquidos, cambios de humor…
Una revisión de Williams et al. en el año 2021 refiere algunos de estos efectos y, sobre todo, otros más adversos, como, por ejemplo, el incremento del riesgo de:
transmisión de VIH;
enfermedades cardiovasculares;
progresión diabética;
depresión y otros desórdenes emocionales ―mucho más acentuados entre adolescentes―;
cáncer del cuello del útero, cáncer de endometrio; cáncer de mama ―este último también recogido en un estudio más reciente de la Universidad de Oxford en Plos Medicine (2023); y todos ellos más acentuados en mujeres con antecedentes familiares en estos cánceres.
Respecto a algunos de estos efectos adversos, el estudio identificó una información sesgada a las mujeres usuarias en la prescripción facultativa.
A pesar de estos efectos, la píldora anticonceptiva cumple 65 años
Como podemos intuir, incluso sin considerar el desorden antropológico que la píldora ha provocado —en la mujer, en el varón y en la pareja—, la anticoncepción hormonal, vista únicamente desde la perspectiva de la biología femenina, induce un estado fisiológico artificial que, en ciertos casos, puede derivar en un estado patológico.
A pesar de todo, la píldora anticonceptiva sigue cumpliendo años: en este aniversario ha alcanzado los 65. Según datos de Zapata et al., publicados en 2021, en todo el mundo 254 millones de mujeres entre 19 y 45 años —casi un 14% del total— la utilizan. Vemos que la píldora avanza en su camino, indiferente a lo que deja tras de sí; y su consumo sigue presentándose como parte de un derecho… con cara, pero sin cruz.
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Alfred Xuereb ha sido, quizás, la sombra de la sombra. Este maltés, actualmente Nuncio apostólico en Marruecos, sirvió como segundo secretario del Papa Benedicto XVI desde 2007 hasta 2013, tras la renuncia de Joseph Ratzinger. En un libro – diario, el obispo recoge algunos de sus principales recuerdos de sus años al lado del Papa bávaro.
En este libro, editado bellamente por Palabra e ilustrado por cientos de fotografías, muchas de ellas poco conocidas e incluso inéditas, Xuereb repasa conversaciones con Benedicto XVI o con su inmediato superior, mons. Georg Ganswein. En sus páginas se suceden anécdotas cargadas de humor, de cercanía y trato familiar con el Santo Padre en su época al frente de la Iglesia. Xuereb recuerda, por ejemplo, el conocido amor a la música del Papa Ratzinger, su afición por los gatos (a pesar de que no tuvo uno nunca) y divertidos golpes de humor a propósito de pequeños detalles de la convivencia diaria o el trabajo.
El relato, escrito con la viveza de los recuerdos más recientes, ahonda, además, en la trastienda de momentos clave de la vida de Ratzinger: el sufrimiento de un Papa que decidió echarse a un lado al ser consciente de sus limitaciones físicas y los meses llenos de tensión; también el sufrimiento del Papa ante problemas generados por una interpretación equivocada de sus palabras o malentendidos, como el episodio de Ratisbona. Junto a estos episodios quizás más conocidos, Xuereb relata también pequeñas pruebas de fortaleza ante las que el Papa reaccionaba de manera sorprendente, como cuando un pequeño incendio quemó un belén perteneciente a la familia Ratzinger y al que Benedicto XVI guardaba especial cariño. El trato delicado con su hermano mayor, o la preocupación del Papa porque, tanto él como el primer secretario, pudieran atender a sus familiares y los detalles con las Mémores Domini que lo atendían son también una constante en un libro que da gusto leer y contemplar como un álbum de fotografías familiar.
Un libro accesible para todos los grados de lectura y que gustará especialmente a quienes hayan seguido la vida y obra del Papa Benedicto XVI, gracias a la cual se extraen nuevos detalles de su figura y su pontificado que apuntalan la idea de un papado liderado por una de las cabezas más privilegiadas del siglo XX -XXI unida a una humildad y cercanía con Dios inolvidables.
Las pruebas de cada día. Domingo XXXIII del tiempo ordinario (C)
Joseph Evans nos comenta las lecturas del domingo XXXIII del tiempo ordinario (C) correspondiente al día 16 de noviembre de 2025.
Joseph Evans·13 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Lo que el profeta Malaquías describe de forma resumida en la primera lectura de hoy, Nuestro Señor lo expone con mayor detalle en el Evangelio. El profeta anuncia un “día”“en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja; los consumirá el día que está llegando, dice el Señor del universo, y no les dejará ni copa ni raíz”.
Es la destrucción total de todo mal y de todos los malhechores. Por el contrario, dice Malaquías, “pero a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra”. Para los malvados, el fuego de la destrucción; para los justos, ese mismo fuego divino que tiene poder para destruir actuará como un sol que calienta y sana.
Jesús nos dice más en el Evangelio y conecta deliberadamente dos cosas: profetiza la destrucción del Templo de Jerusalén (que realmente ocurrió en el año 70 d. C.) y mezcla esto con referencias a la destrucción del mundo al final de los tiempos. Explica que los justos se verán envueltos, al menos en parte, en este fuego. Será como un purgatorio, un fuego probador, aunque todavía en la tierra. Y así los cristianos serán perseguidos. “Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos”.
Nosotros también podríamos sentirnos tentados a sentir terror ante tanta agitación. Pero Nuestro Señor nos dice: “no os alarméis, porque todo esto ha de suceder, pero todavía no es el final”. La destrucción de Jerusalén fue un acontecimiento histórico y los primeros cristianos, atendiendo a la advertencia de Cristo, escaparon a tiempo. El fin del mundo y toda la agitación que lo acompañará es un acontecimiento futuro. Pero cada día los cristianos debemos enfrentarnos a pruebas e incluso a persecuciones por nuestras creencias; podemos sufrir odio por causa de Cristo, especialmente si defendemos la verdadera enseñanza moral.
Los profetas hablan del “día” del Señor, y también era un tema frecuente en las epístolas de san Pablo (por ejemplo, 2 Tim 1, 12.18; 4, 8). Los profetas lo veían como un día de juicio, de visita divina, en el que Dios castigaría a los malvados y recompensaría a los justos. Podría ser un acontecimiento histórico concreto, pero en última instancia sería el día final, el día del juicio final. Pero nosotros vivimos ese día todos los días. Todos los días somos puestos a prueba, y cualquier día podría ser el último, cuando nos presentemos ante Cristo: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora” (Mt 25, 13).
La fraternidad libra de egoísmos, divisiones y prepotencias, afirma León XIV
La fraternidad no es un hermoso sueño imposible y es uno de los grandes desafíos para la humanidad. “Nos libra de los egoísmos, de las divisiones, de las prepotencias", ha dicho el Papa León XIV en la Audiencia general de hoy.
Francisco Otamendi·12 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
Lo dijo el Papa en varias ocasiones durante la Audiencia de esta mañana en una soleada Plaza de San Pedro, por ejemplo a los peregrinos de lengua francesa e inglesa, y hoy también en croata. “La fraternidad que nos brindó Cristo muerto y resucitado nos libra de las lógicas negativas de los egoísmos, de las divisiones, de las prepotencias”.
En su catequesis, centrada en el tema ‘la espiritualidad pascual anima la fraternidad’, León XIV subrayó que “la fraternidad es sin duda uno de los grandes desafíos para la humanidad contemporánea”, pero no “un hermoso sueño imposible», o «un deseo de unos pocos ilusos”. La fraternidad se basa en el mandamiento de Jesús, “que nos amó y se entregó por nosotros, así podemos amarnos y dar la vida por los demás».
“Omnes fratres”, todos hermanos
Como era lógico, el Papa León mencionó en la Audiencia a san Francisco de Asís, que se dirigía a todos llamándolos “hermano”, “omnes fratres’, todos hermanos. Algo que fue retomado por el Papa Francisco, recordó el Pontífice, después de 800 años, en la encíclica ‘Fratelli tutti’.
Así lo citó León XIV: “Esto demuestra la necesidad, hoy más urgente que nunca, de volver a considerar el saludo con el que San Francisco de Asís se dirigía a todas y a todos, independientemente de su procedencia geográfica y cultural, religiosa o doctrinal: omnes fratres era el modo inclusivo con el que Francisco ponía en el mismo plano a todos los seres humanos, precisamente porque les reconocía en el destino común de dignidad, de diálogo, de acogida y de salvación”.
Rasgo esencial del cristianismo
Ese “tutti”, señaló el Sucesor de Pedro, expresa “un rasgo esencial del cristianismo, que desde el inicio fue el anuncio de la Buena Noticia destinada a la salvación de todos, nunca de forma exclusiva o privada». Además, el Papa señaló que la fraternidad es profundamente humana, nace de la capacidad de relacionarnos. Sin relaciones no podremos sobrevivir, crecer, aprender. Y ha llegado a calificar la enemistad como “un veneno”.
“Si nos encerramos en nosotros mismos, corremos el riesgo de enfermarnos de soledad e incluso de un narcisismo que se preocupa solo de los demás por interés. El otro se reduce, entonces, a alguien de quien tomar, sin que estemos nunca dispuestos verdaderamente a dar, a entregarnos”, ha dicho.
Después, ha hecho notar que “a menudo pensamos que el papel de hermano, de hermana, se refiere al parentesco, al hecho de ser consanguíneos, de pertenecer a la misma familia. En realidad, sabemos bien que los desacuerdos, las fracturas y a veces el odio pueden devastar también las relaciones entre parientes, no solo entre extraños”.
“Jesús nos amó hasta el final”
Solo a la luz de la Resurrección de Jesús, podemos comprender la fraternidad. Como dice el Evangelio, “Jesús nos amó hasta el final”, ha subrayado. “Y los discípulos se convierten plenamente en hermanos, después de tanto tiempo de vida en común, no solo cuando viven el dolor de la muerte de Jesús, sino, sobre todo, cuando lo reconocen como el Resucitado, reciben el don del Espíritu y se convierten en testigos”. “El Resucitado nos indicó el camino a recorrer junto a Él, para sentir, para ser ‘fratelli tutti’ (hermanos todos)”.
“Inútil masacre de la I Guerra Mundial: custodiemos la paz”
En su saludo a los polacos, el Papa recordó que “ayer conmemoramos el fin de la inútil masacre de la I Guerra Mundial, después de la cual para muchos pueblos, incluido el vuestro, llegó el alba de la independencia. Damos gracias a Dios por el don de la paz. De la cual, como afirmaba san Agustín, nada hay absolutamente mejor. Custodiémosla con el corazón enraizado en el Evangelio, en el espíritu de fraternidad y de amor a la patria”.
Me encanta rezar con los salmos por varias razones. En primer lugar siento que recurro a palabras que usó el mismísimo Jesucristo. ¡Él oraba con los salmos! Eso me hace sentir que rezo a su lado y ya experimento paz solo por ello. Además, me cautiva el hecho de que en ellos se reflejan todo tipo de emociones: alegrías y penas, celebraciones y duelos, esperanza y desconcierto, ira y serenidad, confianza y arrepentimiento, alabanzas y reclamos. Es como si el mejor escuchador me acompañara y me comprendiera en cada apartado de mi vida.
Es maravillosa la Palabra de Dios, en verdad está viva.
Meditaba con el salmo 55, en donde el escritor sagrado expresa angustia y, suplica ayuda a Dios. Ya no puede más, una pena sigue a otra y quisiera huir, elevarse como paloma, volar alto y conseguir descanso. En el desenlace se hace un llamado a entregar la carga a Dios: “Confía al Señor todas tus preocupaciones y Él cuidará de ti” (Sal. 55, 22).
Me preguntaba qué quieren decir estas palabras. ¿Significan que ante un problema debo dejar de actuar? O que, con la certeza de que tengo un Padre que me ama, haga todo aquello que está en mis manos, poniendo en las Suyas lo que no está en las mías.
Un salmo que cobra vida
Tuve una respuesta clara cuando, después de mi oración recibí la visita de una buena amiga que me relató la siguiente historia: “Me separé de mi esposo. Fue una medida necesaria. Hace algunos años él perdió su empleo y se lanzó a invertir en lo que consideraba un buen negocio. No funcionó e intentó nuevamente. En un par de años había perdido todo. Puse de mi parte y empecé a trabajar pues debíamos sacar adelante a nuestros 4 hijos.
La actitud de mi esposo me desconcertaba cada vez más. Estaba enojado conmigo, me culpaba de todo y me hablaba con desprecio. Mi esposo me ofendía insinuando que yo coqueteaba con otros. Nuestras discusiones eran presenciadas por nuestros hijos. Yo trabajaba hasta el cansancio y no recibía ninguna clase de apoyo por parte suya. Al llegar a casa agotada lo encontraba durmiendo. ¡Había cambiado tanto! Estaba frío, distante, grosero, desconsiderado.
La gota que derramó el vaso fue una discusión que tuvimos y que grabó uno de mis hijos. Al verme en ese video me desconocí. Me vi tan grotesca como lo veía a él. Me di cuenta que estábamos dañándonos y lastimando profundamente a nuestros hijos.
Busqué ayuda, necesitaba orientación. Yo me casé para siempre, pero no para vivir de este modo. Quería hacer la voluntad de Dios pero dudaba si se trataba de soportar todo esto sin más.
Mi párroco me dio luces brillantes para mi discernimiento. Sabía que debía poner un alto al maltrato sin destruir a mi esposo sino procurando construir el hogar que Dios quiere para todos. Era necesario que él cambiara su conducta y yo la mía. Le propuse con sana conciencia y palabras de bendición: “amor, necesitamos ayuda. No podemos seguir así. Vamos por un matrimonio en donde haya amor, ayuda mutua, respeto y confianza. Pondré todo de mi parte pues quiero llegar al final contigo”.
Su respuesta: “haz como quieras. Yo soy como soy, no voy ir a ningún lado”.
Con el corazón roto, en oración y con los consejos de mi párroco, decidí que era necesaria la separación. Él debía darse cuenta que su actitud destruía a quienes más amaba. Puse toda mi confianza en Dios pues sabía que esto llevaba riegos muy grandes. Le pedí que me ayudara, que salvara nuestro hogar. Hice lo que me correspondía: poner límites claros. Busqué un pequeño lugar para mudarme con mis hijos. Le anuncié mi decisión y respondió con prepotencia.
Yo no cesaba en mi oración por él. Mi fe me sostenía. Mientras tanto, Dios tejía un milagro para los dos.
Un mes después de mi partida murió mi mamá. Él acudió al velorio y se comportó como el caballero más gentil. Fue amabilísimo conmigo y con mis hijos. Mi familia lo recibió con tanto cariño que se sintió sorprendido. Me preguntó si ellos sabían algo de nuestra situación y le dije que para mi era un tema muy íntimo, no lo había comentado con ellos y no deseaba que se quedara así. Yo quería la reconciliación y el cambio de los dos.
Unos días después él me ofreció acudir a una terapia matrimonial. Dijo que también estaba interesado en una mejor relación, ofreció poner lo que estaba de su parte. Iniciamos un proceso aunque seguíamos separados. Seis meses después murió su papá. Nuevamente nos reunimos en familia para mostrarle nuestro apoyo. Todos nos estábamos comportando como la familia unida que habíamos soñado.
En terapia comprendí que la actitud de él respondía a la depresión por la que atravesaba debido a la pérdida de su empleo. No supo manejar sus emociones y las disfrazó con ira. Mi respuesta no le ayudaba sino que empeoraba su frustración. Los dos aceptamos que nos habíamos lastimado, nos perdonamos y la reconciliación llegó.
¡Dios es maravilloso! Es verdad que Él cuida de nosotros cuando elegimos confiar en Él y no en los criterios del mundo. Hice lo correcto y recibimos bendición. ¡Una bendición mucho mayor a la esperada! Mi esposo recibió una herencia que nos permitió saldar deudas y recuperar la casa que habíamos perdido”.
Poner nuestras preocupaciones en manos de Dios es actuar correctamente, es buscar la voluntad de Dios en cada situación, es elegirlo a Él y no a nosotros mismos, es tener la certeza de que el buen final llegará porque Él nos ama.
Después de escuchar su relato, conmovida reconocí que ella había hecho vida este salmo.
“Confía al Señor todas tus preocupaciones y Él cuidará de ti” (Sal. 55, 22).
San Josafat, obispo y mártir, buscó la unidad de ortodoxos y católicos
En el siglo XVII, san Josafat Kuncewyc, nacido en Volinia, hoy Ucrania, y luego obispo en Rutenia, dedicó su vida a buscar la unidad de la Iglesia greco-ortodoxa con la Iglesia católica. La liturgia le celebra el 12 de noviembre.
Francisco Otamendi·12 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
San Josafat Kuncewycz nació en el año 1580 en Volinia, región que hoy forma parte de Ucrania, en el seno de una familia perteneciente a la Iglesia ortodoxa. Desde joven mostró honda inclinación religiosa y vida de piedad. Josafat buscó la unidad entre los cristianos de Oriente y Occidente, en un contexto de tensiones entre la Iglesia ortodoxa y la católica,
Ingresó como monje basiliano en el monasterio de la Santísima Trinidad en Vilna (actual Lituania), donde adoptó el nombre de Josafat. Allí destacó por su austeridad, celo apostólico y capacidad para el estudio teológico. En 1609 fue ordenado sacerdote y pronto se convirtió en promotor de la Unión de Brest (1596). Por este acuerdo, parte de la Iglesia rutena aceptó la autoridad del Papa de Roma, conservando su rito oriental.
Su labor evangelizadora le llevó a ser nombrado arzobispo de Polotsk en 1617. Trabajó por la formación del clero, la enseñanza de la doctrina católica y la reconciliación entre los fieles divididos. Su firmeza doctrinal y su vida ejemplar le ganaron admiradores, y también enemigos, especialmente entre quienes se oponían a la unión con Roma.
Mártir de la comunión cristiana
Por su apertura a la pluralidad de expresiones que respetaban la única fe, sus detractores comenzaron a acusarlo de ser “secuestrador y ladrón de las almas” de la Iglesia ortodoxa, señala el santoral vaticano. En realidad, Josafat nunca había dejado las expresiones litúrgicas orientales. Pues mantuvo la lengua eslava antigua, y basó su enseñanza esencialmente en dos fundamentos: la fidelidad a la sede de Pedro y a la tradición de los Padres.
El 12 de noviembre de 1623, mientras visitaba Vitebsk, una multitud hostil irrumpió en su residencia. San Josafat fue golpeado y asesinado por defender la unidad de la Iglesia, convirtiéndose en mártir de la comunión cristiana. Su cuerpo fue arrojado al río Dvina, aunque más tarde fue recuperado y venerado como reliquia sagrada. El Papa Pío IX le canonizó en 1867, y le proclamó patrono de la unidad entre católicos y ortodoxos.
María Lacalle: «el testimonio es el vehículo más directo para transmitir valores»
Frente al mercantilismo educativo, la UFV apuesta por una educación que forme personas completas, con la ética, el acompañamiento y el testimonio del profesor como claves para crear "nuevos mapas de esperanza".
En la Carta Apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza”, el Papa León XIV invita a que las escuelas y universidades se conviertan en auténticos “laboratorios de esperanza” en donde se priorice la dignidad frente la eficacia o el mercantilismo educativo.
Propone así una educación que ponga a la persona en el centro, promoviendo el diálogo entre fe y razón, y la colaboración de toda la comunidad educativa —profesores, familias, estudiantes y sociedad civil— en una tarea coral. Subraya, además, la responsabilidad del educador, cuyo testimonio personal vale tanto como su enseñanza, y la necesidad de formar integralmente a los futuros profesionales con la mente, el corazón y las manos.
En este contexto, conversamos con María Lacalle Noriega, vicerrectora de Profesorado y Modelo Formativo y directora del Instituto Razón Abierta de la Universidad Francisco de Vitoria, para conocer cómo una universidad católica puede responder hoy a este llamado del Papa y convertirse en un verdadero espacio de transformación humana y social.
La Carta Apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza” propone que la escuela católica sea un “laboratorio de esperanza” frente al mercantilismo educativo. ¿Cómo interpreta usted este llamado del Papa en el contexto de las universidades católicas?
–En el contexto actual, uno de los principales peligros que enfrenta la universidad reside en la tendencia a concebir su función como meramente técnica y enfocada únicamente en la capacitación profesional. Es cierto que una gran mayoría de los estudiantes no busca otra cosa, y que muchas empresas reclaman precisamente ese tipo de formación. Esta dinámica ha llevado a que algunas instituciones universitarias adopten ese enfoque reduccionista, respondiendo a las exigencias del mercado y, hay que reconocerlo, obteniendo buenos resultados económicos.
Sin embargo, la misión de la universidad va mucho más allá de la mera capacitación profesional pues abarca a toda la persona, y busca “que la profesionalidad esté impregnada de ética, y que la ética no sea una palabra abstracta, sino una práctica ordinaria”, como dice el Papa León. Cuando la universidad cumple con su verdadera vocación y logra formar y transformar a sus alumnos, estos no solo se convierten en mejores personas, sino también en mejores profesionales. De este modo, la universidad realiza una aportación valiosa al bien común y contribuye activamente a la construcción de una sociedad más justa y mejor convirtiéndose, así, en un auténtico “laboratorio de esperanza”.
El Papa resalta que “los educadores están llamados a un testimonio que vale tanto como su enseñanza”. ¿Cómo puede una universidad católica implicar más a su profesorado en la tarea evangelizadora?
–El contexto educativo actual está marcado por el predominio del relativismo en la mayoría de nuestros alumnos, por lo que la eficacia de los argumentos y razonamientos teóricos es muy limitada. Los discursos racionales, por sí solos, pocas veces logran convencer, e incluso se encuentran con una gran dificultad para captar el interés de los alumnos. Frente a esta realidad, el testimonio personal se erige como un vehículo mucho más directo y potente de transmisión de valores y convicciones.
El ejemplo auténtico y coherente del profesor tiene una capacidad de impacto que supera ampliamente la fuerza de los argumentos teóricos. Cuando el docente no solo expone y defiende racionalmente una determinada concepción de la vida, sino que además vive de acuerdo con esos principios y lo demuestra en su día a día, su influencia se multiplica. De esta manera, el convencimiento que genera es doble: por un lado, a través del razonamiento lógico y, por otro, mediante la credibilidad y coherencia de su propio testimonio vital.
Esta combinación de argumentación y testimonio resulta fundamental en la formación integral de los alumnos y en la labor evangelizadora de la universidad católica, ya que facilita la comprensión intelectual de los valores propuestos y muestra su viabilidad y sentido en la vida real. Así, el profesor se convierte en un verdadero referente, capaz de inspirar y guiar a los estudiantes tanto desde la palabra como desde el ejemplo.
¿Cómo se fomentan las humanidades en la UFV?
–En la Universidad Francisco de Vitoria, todos los alumnos de grado participan en un plan transversal de formación humanística, independientemente de la titulación que estén cursando. Y es importante destacar que las asignaturas de humanidades ocupan un lugar central en el modelo formativo de la universidad; no son un complemento, sino el núcleo fundamental sobre el que se articula la formación integral de los alumnos.
El objetivo principal de este itinerario es lograr una formación completa que combine la excelencia profesional con una formación integral sólida. Se busca que los alumnos desarrollen tanto sus capacidades técnicas como su dimensión humana, que aprendan a pensar con rigor, a situarse críticamente ante la realidad y a asumir con responsabilidad las riendas de su propia vida.
Las distintas asignaturas del itinerario de humanidades están diseñadas para invitar al alumno a formularse preguntas sobre la persona, la verdad, el bien y el sentido, en definitiva, por los interrogantes más profundos de la persona y de la sociedad. Esta reflexión se lleva a cabo a través de una pedagogía experiencial que vincula la reflexión humanística con el grado que están estudiando y con su propia vida. Los profesores tienen una función esencial en este proceso: su tarea principal consiste en despertar en los alumnos esas preguntas para, después, ofrecerles criterios que les permitan buscar y descubrir por sí mismos las respuestas, haciéndolas parte de su propio crecimiento personal y profesional.
¿Cómo hacen en la UFV para acompañar a los alumnos personalmente?
–En la UFV contamos con un modelo formativo que orienta y sustenta todo nuestro quehacer docente. Y hemos comprobado con alegría que el Papa resalta y da importancia a algunas cuestiones que para nosotros son también esenciales, como la comunidad, la búsqueda de la verdad, la relación, el diálogo entre razón y fe, la educación entendida como una tarea de amor y el papel del profesor como auténtico maestro. Todos estos elementos están presentes en el modelo formativo de la UFV, cuya base es una visión de la persona como ser en relación y cuyo eje central reside en la relación entre profesor y alumno.
Conocedores de la potencia educativa de la relación, vivimos en el campus una cultura del acompañamiento que se materializa, por una parte, en una atención personalizada por parte del profesorado, y, por otra, en un itinerario de mentorías que recorren todos los alumnos. Un equipo de más de 300 mentores acompaña a nuestros estudiantes durante todo su proceso formativo, ayudándoles a conectar la reflexión humanista con su propia experiencia vital mediante preguntas significativas. De esta manera, acompañamos sus preguntas, escuchamos sus inquietudes, caminamos junto a ellos en busca de la verdad, y crecemos juntos.
En un tiempo dominado por la tecnología y la inteligencia artificial, ¿Cómo puede la universidad católica formar profesionales que mantengan esa humanidad frente a la digitalización?
–La educación es la clave que nos permitirá aprovechar todo lo bueno que nos aportan la tecnología y la inteligencia artificial sin perder humanidad. Y me atrevo a decir que, dentro de la educación universitaria, la formación humanística es imprescindible para dar sentido y autenticidad a todo en los entornos digitales y globales en los que vivimos.
Creemos que es preciso abordar la cuestión en toda su amplitud, evitando el riesgo de formular la pregunta por la tecnología en la educación de manera excesivamente simple, como si fuera una cuestión meramente instrumental: ¿con qué educamos? Considerar que se trata simplemente de elegir esta o aquella herramienta nos llevaría a un reduccionismo ciertamente arriesgado. Por eso consideramos necesario ir más allá de la utilidad inmediata de las herramientas tecnológicas y abordar la cuestión con una mirada amplia, incluyendo la “reflexión teológica y filosófica”, como afirma el Papa León, o desde una “razón abierta” según la propuesta de Benedicto XVI que hemos adoptado en la UFV. Esto implica valorar cómo la tecnología y la manera de usarla puede afectar a las personas, a sus relaciones y a su manera de estar en el mundo, a su comprensión de la realidad, así como al bien común y al futuro de la humanidad. Así podremos llegar a planteamientos prudentes y sensatos que permitan aprovechar todo lo bueno de la tecnología y a evitar sus riesgos.
¿Qué objetivos tiene la UFV para los próximos años?
–Nuestro objetivo principal es consolidar nuestro modelo formativo, que lleva por título Formar para transformar. Estamos convencidos de que la formación universitaria puede transformar vidas y sociedades enteras. Nuestro compromiso es formar personas que buscan la verdad y el bien, líderes capaces de afrontar los grandes retos del mundo con visión humanista, innovación y responsabilidad. Queremos ser un espacio donde la ciencia y la fe dialogan, donde la excelencia académica se une al compromiso social, y donde cada alumno, y también cada profesor, descubre el sentido de su existencia y la necesidad de comprometerse para transformar la sociedad. Aspiramos a poner todo de nuestra parte para “diseñar nuevos mapas de esperanza”, como nos pide el Papa León XIV.
La liturgia celebra el 11 de noviembre a san Martín de Tours, primero soldado, después monje y obispo del siglo IV, llamado ‘el apóstol de las Galias’. Es célebre porque tras compartir su capa con un mendigo, tuvo un sueño en el que se le apareció Jesucristo vestido con el trozo de manto que dio al pobre.
Francisco Otamendi·11 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: < 1minuto
Pocas personas pueden ver resumida su historia en un solo gesto, como san Martín. El suyo tuvo lugar alrededor del año 335. Como soldado de la guardia imperial, el joven realizaba rondas nocturnas. Y en una de éstas, durante el invierno, se encontró a caballo con un mendigo semidesnudo, cerca de Amiens. Martín tuvo compasión por él, se quitó el manto, lo cortó en dos y le regaló la mitad al pobre.
La noche siguiente se le apareció Jesús en sueños vestido con ese trozo del manto, y decía a los ángeles: “He aquí Martín, el soldado romano que no está bautizado: él me ha vestido”. Este sueño impresionó mucho al joven soldado, que en la fiesta de la Pascua siguiente fue bautizado, cuenta el santoral vaticano.
Nacido en Sabaria (hoy Hungría) cuando era provincia romana de Panonia, hijo de un oficial romano pagano, san Martín, tras recibir el bautismo y abandonadas las armas, fundó un monasterio en Ligugé (Francia). Allí llevó vida monástica bajo la dirección de San Hilario. Luego se ordenó sacerdote y fue elegido obispo de Tours. Evangelizó la región de las Galias y fundó varios monasterios.
Misericordia
Cuando aceptó el obispado, el ex soldado rechazó vivir como un príncipe para que la gente en la miseria, presos y enfermos encontraran una casa bajo su manto. Vivió junto a las murallas de la ciudad, en el monasterio de Marmoutier, el más antiguo de Francia. Otro aspecto importante fue su defensa de la misericordia frente a la violencia. Intervino ante el emperador para frenar la ejecución de herejes, apartados de la doctrina. A sus exequias, en el 397, asistió una muchedumbre que lo reconoció como persona generosa y solidaria.
El debate sobre el suicidio asistido en Reino Unido presupone la necesidad de excluir los principios cristianos del ámbito público, bajo la falsa premisa de una "neutralidad" del estado. El autor argumenta que una visión de Estado basada en la fe es superior, pues promueve la dignidad humana y el bien común limitando el poder estatal y fomentando la libertad.
Philip Booth·11 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 7minutos
La idea de que el gobierno deba basarse en principios cristianos está siendo constantemente atacada, sobre todo en varias ocasiones durante el debate sobre el suicidio asistido. No solo la ley propuesta es incompatible con los principios cristianos, sino que muchos de quienes la proponen han sugerido que los cristianos no deberían participar en el debate o que los principios cristianos no deberían determinar nuestra postura al respecto.
¿Se mezclan Dios y el gobierno?
La llamada ateo-humanista a mantener a Dios fuera de la esfera pública parece resonar intuitivamente en muchas personas hoy en día. Incluso algunos religiosos parecen pensar que religión y política no deberían mezclarse. A menudo se argumenta que, si tuviéramos un Estado ampliamente liberal, podríamos tener una sociedad pluralista en la que las personas pudieran practicar su religión en privado sin que interfiriera en la política.
Pero este argumento falla, incluso a nivel lógico, por no hablar del nivel práctico. Consideremos, por ejemplo, el concepto de un «Estado ampliamente liberal y pluralista». Tales creencias presuponen un conjunto de valores que deben tener algún origen. ¿Por qué, por ejemplo, un Estado ampliamente liberal y pluralista en lugar de un Estado totalitario o la anarquía total?
De hecho, tenemos una mejor respuesta a esa pregunta que los ateos humanistas. Esto se debe a que creemos en el libre albedrío otorgado por Dios. Y también creemos en el pecado original. Por lo tanto, comprendemos los peligros del totalitarismo y la anarquía; y entendemos por qué el Estado debe servir a los individuos, las familias y la sociedad civil, y no al revés.
Los ateos humanistas (y sus afines) argumentan que nuestra política y derecho deberían basarse únicamente en la razón y la evidencia empírica. Defienden esta visión como neutral. Pero no lo es. Sostener que no hay nada en la vida más allá de la razón, la evidencia y las experiencias físicas es un acto de fe tan grande como creer en la existencia de Dios, que debería influir en nuestra vida pública. De hecho, el 90% de la población mundial, y la mayor parte de la población de nuestro país, cree que existe algo más allá de la razón y la evidencia empírica. Y es un hecho que nuestras leyes e instituciones —incluida la monarquía— se basan en principios cristianos. El grado de explicitud con que esto se manifestó en la coronación del rey Carlos III fue muy notable.
Gobierno sin Dios
Y podemos preguntarnos: «¿Adónde conduce un gobierno sin Dios?»
En su discurso ante el Parlamento en 2010, el Papa Benedicto XVI afirmó: «La cuestión central, pues, es la siguiente: ¿dónde reside el fundamento ético de las decisiones políticas? La tradición católica sostiene que las normas objetivas que rigen la acción correcta son accesibles a la razón… Según esta concepción, el papel de la religión en el debate político no consiste tanto en proporcionar dichas normas, como si fueran desconocidas para los no creyentes… sino más bien en contribuir a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos». En otras palabras, fe y razón se complementan, y la fe ayuda a purificar la razón.
En efecto, como señaló el mismo Papa, cuando intentamos perfeccionar la sociedad únicamente mediante la razón, podemos acabar en la tiranía, como en el caso del terror de la Revolución Francesa o los millones de muertos a manos de regímenes comunistas. Estos fueron el resultado de ateos radicales que, al intentar construir el paraíso en la tierra, terminaron creando un infierno. Observamos esto, en menor medida, en las políticas de los ateos humanistas contemporáneos. Exigen explícitamente, por ejemplo, que las escuelas católicas no sean financiadas por los contribuyentes, como si los católicos no pagaran impuestos y pudiera existir, de algún modo, una escuela con valores neutrales. En realidad, se trata de una petición de los ateos humanistas para que el Estado monopolice la educación laica, dictada por sus valores.
Una sociedad construida sobre principios religiosos correctamente ordenados no es motivo de temor, incluso para quienes no son religiosos. Creemos en el pecado original y, por lo tanto, rechazamos la idea de que podamos construir coercitivamente la sociedad perfecta o permitir que prevalezca la anarquía. Creemos en el libre albedrío y, por lo tanto, no queremos construir una teocracia. Pero también creemos en la dignidad humana inherente a todas las personas, por lo que rechazamos la idea utilitarista de que algunas personas puedan ser sacrificadas por el bien común. Y también rechazamos la idea de que una sociedad libre degenere en un estado en el que los débiles sean abandonados a su suerte.
Si no fuera religiosa y me presentaran alternativas realistas sobre cómo organizar un Estado, elegiría esta concepción religiosa. No deberíamos tener reparo en señalar que nuestra concepción del Estado es un gran aporte para el mundo.
¿Cuál es el propósito del gobierno?
Esto nos lleva a la pregunta de “¿cuál es el propósito de un gobierno con principios cristianos?”.
En la tradición católica, el papel del gobierno es promover la dignidad humana y el bien común. Existe un amplio debate entre los cristianos sobre la mejor manera de utilizar las estructuras del Estado para promover la dignidad humana en un sentido general. Sin embargo, cabe mencionar, en el contexto de los debates recientes, que la dignidad humana no se protege si no se protegen adecuadamente las vidas de los más dependientes, los más vulnerables y los más débiles (por ejemplo, los no nacidos y las personas con discapacidad) y de quienes se acercan a la muerte: la dignidad humana se aplica a todos.
A menudo se piensa que el bien común es (porque incluso los cristianos tienden a absorber una narrativa secular por ósmosis) una especie de eufemismo para el «bienestar general» (en contraposición, por ejemplo, a mis propios intereses individuales). Pero no somos utilitaristas benthamianos. El bien común se refiere tanto a lo que es bueno como a lo que es común.
En el ámbito político, el bien común se relaciona con ese conjunto de condiciones comunes que pueden llevarnos, individual y colectivamente, a esforzarnos eficazmente por alcanzar la perfección o la plenitud. Y la justicia social, esa expresión tan utilizada —y raramente definida—, es la forma de justicia que promueve el bien común.
Nuevamente, existe la posibilidad de malentendidos y diferentes perspectivas. Pero lo primero que cabe decir es que la idea de una sociedad donde todos puedan alcanzar la perfección no suena mucho mejor que el ideal comunista o revolucionario francés, que termina en tiranía. Puede sonar a teocracia, pero no lo es. Creemos en el libre albedrío y en el pecado original. Nuestra creencia en el pecado original nos indica que el poder del gobierno debe ser limitado. Nuestra creencia en el libre albedrío nos indica que no alcanzamos la verdadera perfección hasta que podemos elegir lo que es bueno.
Por lo tanto, el papel del gobierno aquí es desarrollar instituciones que fomenten la libertad en el mejor sentido de la palabra: la libertad de elegir lo que es bueno. La primera de estas instituciones, por supuesto, es la familia; otra es la Iglesia y todas sus obras de caridad. De hecho, debe haber una amplia variedad de instituciones libres que tengan su propio bien común y que, a la vez, contribuyan al bien común de todos.
Un gobierno que permite la delincuencia violenta, la corrupción política o la inflación descontrolada, o que impone castigos crueles sin posibilidad de reforma ni redención, no promueve el bien común ni la dignidad humana. Esto pone de manifiesto las responsabilidades obvias del gobierno. Si debemos prohibir o regular la pornografía, los alimentos grasos o los juegos de azar, o regular los mercados laborales, y en qué medida y bajo qué circunstancias, son cuestiones que competen a lo que denominamos «juicio prudencial».
El papel de los funcionarios públicos
¿Qué papel podrían desempeñar los funcionarios públicos o los administradores gubernamentales en este esquema de pensamiento? Soy un gran admirador de la serie de televisión «Sí, Ministro». Muchos funcionarios la consideran una serie de capacitación para mejorar su desempeño laboral. Pero no es así. Es todo lo contrario. De hecho, «Sí, Ministro» tiene raíces académicas. Uno de los autores asistió a seminarios impartidos por un premio Nobel de Economía sobre la disciplina de la economía de la elección pública: estos seminarios trataban sobre cómo los grupos de interés y los funcionarios públicos podían anteponer sus propios intereses en una democracia a los intereses del pueblo.
No es función de los funcionarios públicos establecer la agenda política imponiendo sus puntos de vista, sino ayudar al gobierno a implementarla. Sin embargo, pueden verse tentados a perseguir sus propios intereses. Y existe el peligro, por supuesto, de que los buenos funcionarios y reguladores comprendan su función y la cumplan adecuadamente y con moderación, mientras que aquellos con una agenda contraria a los principios cristianos se extralimiten y persigan sus propios intereses, abusando así de su poder.
Como escribió el Papa Francisco en Fratelli Tutti : “Otros pueden seguir viendo la política o la economía como un escenario para sus propias luchas de poder. Por nuestra parte, fomentemos lo bueno y pongámonos a su servicio”.
Los funcionarios públicos, por supuesto, se enfrentan a problemas complejos. ¿Qué deben hacer si su trabajo consiste en implementar una legislación claramente inmoral? ¿Podrían, desde una perspectiva católica, mejorar la legislación secundaria ocultando información al ministro o mintiéndole? ¿Qué ocurre si un funcionario presencia un acto de deshonestidad y su puesto corre peligro si lo denuncia?
Tras la crisis financiera, muchos católicos del mundo empresarial reflexionaron sobre las virtudes cardinales católicas; esta forma de pensar tiene eco entre los no creyentes. Pensaron en cómo integrar las virtudes de la valentía, la justicia, la prudencia y la templanza en su trabajo diario. Esto mismo podría aplicarse al trabajo de quienes sirven al gobierno, tal vez mediante el análisis de casos prácticos.
Tenemos, por supuesto, el ejemplo de Santo Tomás Moro, quien demostró todas estas virtudes y, al final, tuvo que elegir desobedecer al rey y perder la cabeza. De nuevo, citando al Papa Benedicto XVI: «En particular, recuerdo la figura de Santo Tomás Moro… a quien admiran creyentes y no creyentes por igual por la integridad con la que siguió su conciencia, incluso a costa de disgustar al soberano… porque eligió servir a Dios ante todo».
Si vamos a integrar a Dios en el gobierno, los cristianos que trabajan para el gobierno deberían integrarlo en su trabajo diario. El obispo Richard Moth, presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Inglaterra y Gales, declaró en su mensaje con motivo del jubileo de los trabajadores: «También pido a los católicos que intenten encontrar un momento para la oración durante la jornada laboral, aunque solo sea un instante».
Stalin preguntó cuántas divisiones tenía el Papa. Si de verdad creemos que el mundo se rige por algo más que la razón y la evidencia empírica, quienes trabajan en el gobierno jamás deberían olvidar invocar nuestras divisiones celestiales en su labor diaria, incluyendo, por supuesto, la intercesión de Santo Tomás Moro.
El original de este artículo se publicó en inglés en la web Catholic Social Thought de la Universidad de St Mary´s.
El autorPhilip Booth
Profesor de Pensamiento Social Católico y Políticas Públicas en la Universidad de St. Mary's Twickenham y Director de Políticas e Investigación en la Conferencia de Obispos Católicos de Inglaterra y Gales.
La Iglesia celebra el 10 de noviembre a “uno de los más grandes Pontífices que han honrado la Sede romana”. Así definió Benedicto XVI a San León Magno, Papa (siglo V). Pasó a la historia por haber inspirado el Concilio ecuménico de Calcedonia, y por haber frenado a Atila, rey de los Hunos, que invadió ciudades italianas.
Francisco Otamendi·10 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Nació en la Tuscia y fue diácono de la Iglesia de Roma. En el año 440, León es enviado por la emperatriz Galla Placidia a pacificar Galia. Pocos meses después, muere el Papa Sixto III, y le sucede León, su consejero. El Papa León, el 45 de la historia de la Iglesia, comenzó su ministerio petrino el 29 de septiembre del 440. Fue defensor y promotor del Primado de Roma, y es Doctor de la Iglesia.
Su Pontificado duró 21 años y batió diversos récords, señala el santoral vaticano. Primer Obispo de Roma que lleva el nombre de León. El primero en ser llamado “Magno”, de quien nos ha llegado la predicación –casi 100 sermones y 150 cartas–. Uno de los dos Pontífices (el otro es san Gregorio Magno) que ha recibido, por decisión de Benedicto XIV (1754), el título de “Doctor de la Iglesia”.
Según los historiadores, León Magno es también el primer Papa en ser sepultado, tras su muerte el 10 de noviembre del 461, dentro de la Basílica Vaticana. Sus reliquias se conservan en San Pedro, en la Capilla de la “Virgen de la Columna”, añade la web vaticana.
Detiene a los Hunos y a los Vándalos
En el año 452 d.C., los Hunos de Atila conquistaron y saquearon las ciudades de Aquilea, Padua y Milán. Cerca de Mantua, sobre el río Mincio, el Papa León Magno encabeza una delegación de Roma, se encuentra con Atila y le disuade de proseguir su invasión. Dice la leyenda que Atila se retira tras haber visto, detrás del Papa León, a los Apóstoles Pedro y Pablo, armados con espadas.
Tres años después, en el 455, el “Papa Magno” detiene a las puertas de Roma a los Vándalos de África. La ciudad es saqueada, pero no incendiada. Permanecen en pie las Basílicas de San Pedro, San Pablo y San Juan, en las que encuentra refugio gran parte de la población.
Inspira el Concilio de Calcedonia
San León I Magno ha pasado también a la historia por impulsar el Concilio ecuménico de Calcedonia (hoy Kadiköy, en Turquía), que reconoce y afirma la unión en Cristo de las dos naturalezas –humana y divina–. “Se rechazaba así la herejía de Eutiquio, que negaba la esencia humana del Hijo de Dios”, escribe Vatican News. Cuando se leyó su documento a los 350 Padres conciliares, hubo aclamación: “Pedro ha hablado por boca de León, León ha enseñado según la piedad y la verdad”.
En Dubái se reparten más de 200.000 comuniones al mes, y en Abu Dhabi miles de fieles llenan la iglesia de San José cada semana: en pleno corazón del mundo musulmán, la fe católica no solo resiste, sino que florece con fuerza inesperada.
Oriente Medio, cuna de las tres grandes religiones monoteístas, está hoy profundamente marcado por la presencia musulmana, que domina la vida cultural, social y política en países como Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Arabia Saudí. En este contexto, la presencia cristiana puede parecer frágil: la mayoría de los católicos son expatriados, lejos de su tierra, con expresiones públicas de fe limitadas.
Sin embargo, contra todo pronóstico, templos como la catedral de San José en Abu Dhabi o Santa María en Dubái se han convertido en faros de fe y vida comunitaria. Misas en múltiples idiomas, grupos de oración, catequesis y actividades solidarias convierten estas iglesias en auténticos mosaicos de culturas unidas por la misma fe.
La presencia de la Iglesia católica en la península arábiga se organiza de manera singular debido a la diversidad cultural y a la mayoría musulmana de la región. Los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Yemen forman parte del Vicariato Apostólico del Sur de Arabia, mientras que Kuwait, Bahréin, Qatar y Arabia Saudí pertenecen al Vicariato Apostólico del Norte de Arabia. Estas circunscripciones, erigidas por la Santa Sede, permiten atender a las comunidades católicas, compuestas casi en su totalidad por migrantes y expatriados, en países donde la fe cristiana es minoritaria.
El vicariato del Sur de Arabia, con sede en Abu Dhabi, está confiado a los capuchinos de la Provincia de Florencia y tiene como pastor a Monseñor Paolo Martinelli, OFM Cap., nombrado por el Papa Francisco en 2022. Por su parte, la presencia diplomática de la Santa Sede en la región recae en el nuncio apostólico para la Península Arábiga, Monseñor Christophe Zakhia El-Kassis, cuya sede también se encuentra en Abu Dhabi. Su papel es servir de vínculo entre la Iglesia local y el Vaticano y acompañar a las comunidades en el respeto a la libertad religiosa.
Como destacaba el obispo Martinelli a los medios del Vaticano el pasado 6 de octubre,“La nuestra es una Iglesia de migrantes. Todos nuestros fieles provienen de distintos países y culturas, y eso hace que nuestro vicariato sea verdaderamente universal. Ser migrantes aquí nos convierte en misioneros en la vida cotidiana: mostramos nuestra fe en la familia, en el trabajo y en las relaciones sociales, sin necesidad de proselitismo”.
Aunque el Islam es la religión oficial de los Emiratos Árabes Unidos, el gobierno permite la libertad de culto para las religiones no musulmanas, y hay templos e iglesias (católicas, protestantes, ortodoxas, etc.) y una sinagoga. De hecho, el gobierno ha legalizado y reconocido centros de culto no islámicos y ha promovido activamente la coexistencia religiosa (estableciendo un Ministerio de Tolerancia y promoviendo la Declaración de Abu Dhabi sobre Fraternidad Humana). En este contexto, Dubái y Abu Dhabi se han convertido en centros donde los católicos pueden practicar su fe de manera abierta.
La fe en Abu Dhabi
En Abu Dhabi hay alrededor de 9 iglesias católicas y se estima que los católicos representan entre el 8 % y el 9 % de la población en Emiratos Árabes Unidos, aunque las cifras varían por la naturaleza cambiante de la población expatriada. Allí destaca la parroquia de San José, que se ha convertido en un verdadero hogar espiritual para los católicos expatriados que viven en el corazón de un país musulmán. Con cerca de 80.000 feligreses, esta comunidad multicultural celebra Misas en hasta catorce idiomas, reflejando la diversidad de sus miembros, que provienen principalmente de India, Filipinas, Sri Lanka y países hispanohablantes.
Alexander Rodríguez, un aviador laico que ayuda en la parroquia coordinando las catequesis de la comunidad hispana, recuerda cómo, desde su llegada en 2022, encontró en San José un espacio de acogida y crecimiento espiritual, donde la fe se vive intensamente a través de catequesis, voluntariado, formación doctrinal y actividades caritativas.
“La parroquia es intensamente activa, la evolución es constante. Cada año hay nuevas actividades, nuevas comunidades que se integran. La última que he visto crecer mucho es la de Sri Lanka”, explica Alexander. Su propio compromiso lo llevó a coordinar la comunidad de habla hispana, que reúne a unas 300 personas entre feligreses, catequistas y familias. “Al principio éramos pocos, pero poco a poco hemos ido sumando monaguillos, ayudantes y más voluntarios”, cuenta con entusiasmo. Alexander destaca el carisma del párroco, el padre Chito, y del obispo Paolo Martinelli, quienes —dice— “han sabido crear un ambiente de acogida y cercanía”.
Vivir la fe en un país musulmán, asegura, ha sido una experiencia de libertad y respeto. “En 2023 la casa de la familia abrahámica de los Emiratos Árabes Unidos abrió sus puertas a una reunión intrareligiosa en la que católicos, musulmanes y judíos celebraron sus primeras ceremonias en el centro multiconfesional deseado por el Papa Francisco y el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed el-Tayeb como símbolo de fraternidad entre religiones. Es un país muy civilizado, que protege la libertad de culto”.
Sin embargo, las tradiciones se adaptan al contexto local. Aunque la práctica privada de otras religiones está permitida, el proselitismo (predicar o tratar de convertir a musulmanes) generalmente está prohibido. Además, la práctica religiosa no musulmana suele estar permitida principalmente dentro de los recintos de las iglesias o templos designados. No obstante, se ha permitido la celebración pública de grandes eventos como una Misa al aire libre oficiada por el Papa Francisco en 2019. Alexander comenta que las procesiones públicas, tan comunes en América Latina o España, se realizan dentro de las capillas: “Aquí la fe se vive de una manera más interior, más privada, pero eso no la hace menos intensa. Nunca he sentido que se me limite por ser católico”, afirma.
La religiosidad en Abu Dhabi, como en el resto de Emiratos Árabes Unidos, se vive con intensidad, pero también con prudencia. Aunque la libertad de culto está reconocida, el sistema legal se basa en el derecho islámico (Sharia), lo cual puede impactar en ciertos aspectos como el matrimonio, la herencia y el código penal. Sin embargo, en los últimos años se han introducido reformas para modernizar las leyes, especialmente para los residentes no musulmanes. Además, se vigila que la religión “no sea instrumentalizada” o se utilice para justificar la violencia, el extremismo o el odio, condenando el uso del nombre de Dios para esos fines. En este contexto, los fieles han aprendido a expresar su fe con sencillez, profundidad y respeto por el entorno.
Las únicas dos parroquias en Dubái
En Dubái, ciudad símbolo del lujo, la modernidad y la multiculturalidad, solo hay dos parroquias católicas oficialmente reconocidas, ambas ubicadas en zonas cercanas entre sí y rodeadas de mezquitas, reflejo de la realidad religiosa dominante del país. Se trata de la iglesia de Santa María y la iglesia de San Francisco de Asís, auténticos pulmones espirituales para cientos de miles de católicos residentes en la ciudad.
Santa María, construida en 1967 gracias a una donación del entonces gobernante Sheikh Rashid bin Saeed Al Maktoum, es una de las parroquias más grandes y activas del mundo. Atiende a una comunidad de más de 300.000 fieles procedentes de países como Filipinas, India, Líbano, Sri Lanka, Sudán del Sur, Nigeria o Colombia. El templo cuenta con 15 sacerdotes permanentes, además de decenas de catequistas y voluntarios laicos. Las Misas se celebran en inglés, tagalo, tamil, konkani, francés, español y otros idiomas, en horarios que comienzan antes del amanecer y se extienden hasta la noche, especialmente los fines de semana (que en Dubái son el viernes y el sábado).
Cada semana se reparten aproximadamente 51.000 comuniones, según estimaciones de la propia parroquia, lo que eleva el total mensual a unas 200.000. Este número refleja no solo la afluencia masiva, sino también la vivencia seria de la fe entre los fieles, que muchas veces deben organizarse con antelación para poder asistir. Un feligrés, que vive allí desde hace tres años, cuenta que para estar puntualmente en Misa debe llegar con 40 minutos de antelación para poder aparcar, especialmente los domingos por la tarde. “La zona se llena, hay tráfico por todas partes, y cuesta encontrar aparcamiento. Pero todos lo asumimos como parte de nuestra vivencia de fe. Se nota que aquí la gente viene con hambre de Dios, con una fe real, sin postureos”.
Por su parte, la iglesia de San Francisco de Asís, ubicada en la zona de Jebel Ali, fue inaugurada en 2001 para atender al creciente número de católicos en la zona sur de Dubái. Aunque es más pequeña que Santa María, también ofrece una intensa actividad pastoral, con Misas diarias en varios idiomas, sacramentos, grupos de jóvenes, retiros y voluntariado social. Su construcción fue posible gracias a la cesión del terreno por parte del gobierno local, en otro gesto significativo de apertura religiosa.
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El 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos invita a redescubrir la profunda huella de España y del humanismo salmantino en los orígenes de la nación americana.
El 4 de julio del 2026 se celebrará el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos y se aportarán muchas luces a las raíces históricas y culturales de ese evento pues serán abundantes los congresos, reuniones científicas y documentos que se publicarán en estos meses.
Un buen ejemplo es el reciente trabajo del historiador y especialista en comunicación, Angel Luis Cervera Fantoni, centrado en la aportación de España en la independencia de Estados Unidos.
Recordemos que hace muy poco el profesor Nel deGrasse Tyson (Nueva York 1958) uno de los divulgadores científicos más influyente de Estados Unidos haya querido referirse al viaje de Colón y el descubrimiento de América el 12 de octubre de 1492 como uno de los hechos más importantes de la historia, pues con ese atrevimiento de seguir la ruta del oeste se logró interconectar dos mundos que habían quedado divididos: América del Norte y del Sur habían estado desconectados del resto de los continentes durante muchos siglos.
En efecto, a través del hecho fundamental del descubrimiento, comenzó la colonización americana basada en el intercambio cultural y en el sentido religioso y jurídico, pues los siguientes descubrimientos a lo largo y ancho de aquellos territorios, se plantearon buscando la evangelización de los naturales y la culturización de los mismos.
Basta con caer en la cuente que más del 60 % de los habitantes en Nueva España (México) en la independencia eran indígenas que estaban bautizados y muchos de ellos estaban alfabetizados y gobernaban sus tierras y tenían sus industrias. Es decir, la cultura y la civilización que implantó España no era la propia de Europa, sino que era completamente nueva: ni española, ni indígena, sino una síntesis de ambas que fue adquiriendo tonalidades y acentos según los diversos lugares.
De hecho, cuando se produjo la independencia de Estados Unidos y, sobre todo, después de la guerra de secesión, comenzaron los procesos de superación del racismo y de la esclavitud y en los Nuevas Estados Unidos comenzaron a actuar como en América del Sur creando una cultura y civilización nueva en aquellos vastos territorios.
De hecho, al igual que en el Sur se impuso el castellano pero se redactaron gramáticas y diccionarios para evangelizar aquellas tierras y para conservar muchas tradiciones locales, también en estados Unidos detuvieron el sistema inglés de “el mejor indio es el indio muerto”, para adoptar el sistema español.
El humanismo cristiano y la Escuela de Salamanca
Pero España hizo algo mucho más grande que descubrir América y fue llevar allí el humanismo cristiano que estaba brotando en Europa desde la Escuela de Salamanca y que convirtió el humanismo renacentista en un nuevo humanismo que se fue difundiendo desde España al mundo entero.
Efectivamente cumpliremos ahora, en 1526, los quinientos años del comienzo del magisterio de Francisco de Vitoria en la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca y con ese magisterio comenzaría también la amistad y los contactos de Vitoria y sus discípulos con los de más profesores y alumnos de la Universidad y, a través, de la movilidad académica y de los libros, las ideas de Vitoria llegaron a todas las universidades del mundo y de ahí a todo el pueblo cristiano.
Es muy interesante que las leyes de Indias españolas influyeron en los Estados Unidos y contribuyeron a crear un estado de derecho con la constitución americana. Es decir, el derecho protegía a la persona.
Precisamente, la dignidad de la persona humana era la clave para entender la Escuela de Salamanca y para entender sus características fundamentales. Si deseáramos resumir las aportaciones de la Escuela de Salamanca tendríamos sus características y constataríamos que la base estaba en loa dignidad de la persona.
Vitoria no sostenía su edificio teológico, económico, jurídico más que en la antropología humana. Por tanto, que el hombre tenga la dignidad de persona como imagen y semejanza de Dios, aunque no estuviera bautizado, sujeto de derechos y obligaciones, libre y capaz de poseer sus tierras y sostener a su familia hacía que no haya esclavos entre los indios: todos eran súbditos de la corona de Castilla.
La herencia del humanismo salmantino en América y Estados Unidos
Precisamente, la aprobación del precio justo, la limitación de los impuestos, el establecimiento de los préstamos en precario, el dominio de las tierras y el mercado libre que funcionaba en América y entre Europa y América.
La supresión de la esclavitud, admitir a los esclavos negros al bautismo hizo que debían ser tratados con delicadeza, no se les podía dar muerte, tenían derecho a comprar su libertad.
Es muy interesante la constitución de escuelas, universidades, hospitales, hospicios, ciudades hospital, y todo el entramado de las obras de misericordia, espirituales y materiales, puesto que el mandamiento de la caridad nunca fue tomado en la Iglesia beneficio de inventario.
Las ordenaciones de mestizos, cuarterones, indígenas comenzaron a superar la de los crilllos, de ese modo la civilización del Perú, Centroamérica, Ecuador o Colombia son especialmente llamativas.
Todo ese modo de actuar llegaría a la constitución americana y la democracia en el norte que recibía de Europa masas ingentes de población que se fueron incorporando a la fe, el derecho y la cultura que han hecho de Estados Unidos una nación grande y muy desarrollada.
En el mundo jurídico de Vitoria y de Soto, España tenía un título de presencia en América: llevar la fe, la cultura y el derecho, pero siempre respetando la libertad y la convicción de que no podías imponerse sino por la persuasión. Es importante que los 250 años de la independencia americana recuerden que los principios de la Escuela de Salamanca iluminaron Europas y América a través del humanismo cristiano. Si hoy deseamos salir del impase en donde nos encontramos una buena solución sería recuperar el humanismo salmanticense y convertirlo en una nuevo humanismo.
Matina, nombre artístico de Maite Zuazola, es una cantante, compositora y directora musical bilbaína que ha convertido su talento en un instrumento de evangelización. Formada desde niña en música clásica y con una amplia trayectoria en géneros como el jazz, el soul o el teatro musical, encontró en el góspel su verdadera vocación: cantar a Dios y transmitir la alegría del Evangelio a través de la música.
En 2012 fundó en Madrid el coro Gospel Libertad, una comunidad de voces unidas por la fe y la pasión por la música cristiana. Bajo su dirección, el grupo ha crecido hasta convertirse en un referente del góspel católico en España, actuando en iglesias, festivales, eventos solidarios y programas de televisión. Su misión es clara: «cantar a Dios en Espíritu y Verdad y, a través de nuestras canciones, contagiar a las almas de la alegría de la salvación, tanto así que sus cuerpos deseen bailar y expresarse”.
En esta entrevista, Matina comparte su testimonio de fe, su camino de conversión y la inspiración de la que nació el proyecto Matina y Gospel Libertad, ganador del Premio Religión en Libertad Música Cristiana este 2025.
Maite , ¿Cómo describirías el momento o proceso en el que sentiste que Jesús te llamaba personalmente a darle gloria?
–Fue una sorpresa su llamada, y la misión que me encomendaba. Jesús me llevó de vuelta a casa, como un día le pedí. Me llevó de regreso a La Iglesia y a trabajar desde allí. Mi primera llamada fue hacia la música con 7 años.
Mi abuela paterna era maestra de escuela, profesora de música, y mujer de profunda fe. Un día en su casa de Portugalete (Vizcaya), cuando tocaba el piano, sentí una fuerza que me atraía hacia esa música y me coloqué a su lado mientras tocaba. Me preguntó si yo quería aprender y le dije que sí. Luego he entendido que esa fuerza fue el Espíritu santo.
Mi abuela se convirtió en mi mentora. Me enseñaba solfeo y me llevaba de la mano a la Iglesia, y así durante 4 años que conviví con ella. Esto fue clave.
Pero al dejar su casa abandoné la Iglesia. Terminé mi carrera de piano y descubrí la voz. Trabajé en el mundo artístico durante años hasta que un día me di cuenta que no era suficiente, había un vacío en mi interior que no podía llenar. Entonces pensé que quería formar una familia. Abandoné mi vida en Madrid y me casé.
Comenzó mi desierto. En ese tiempo clamé a Dios, porque sentía que mi matrimonio, en el que había puesto todas mis esperanzas abandonando incluso mi carrera musical para crear una familia, no iba bien. Hubo duras pruebas que sólo se superan en una verdadera unión. Para mí el matrimonio es sagrado.
En la tribulación comencé a hablar con Dios. Jesús me atraía. Recordé la música góspel que escuchaba mi padre… Echaba de menos la música. Me echaba de menos a mí misma. Después de 10 años, la providencia me devolvió a Madrid, y entonces sentí que regresaba… En mi alegría acudí a la iglesia más cercana con mi hijo mayor, que tenía en ese momento 8 años. Durante la misa, recibí la llamada. Y volví, ¡a la fe y a la música! Fue una época increíble, era feliz a pesar de mi situación personal.
Mirando atrás he visto todo el proceso. Dios me preparó con paciencia y esperó mi regreso. Llegaría el día en que todo confluiría para la misión, y así fue.
¿Cómo nació el coro Góspel Libertad?
–El coro de Góspel nació fruto de la conversión. Una inspiración total. Lo propuse en la parroquia y se me abrió la puerta de par en par.
La música cristiana, y en concreto la música góspel, sintoniza perfectamente con la alegría de ser cristiano. Reanudé mi faceta de compositora, aunque ya sin remedio hacia la música de Dios. Fue todo un descubrimiento. La música cristiana era una necesidad que expresaba, y continúa expresando, lo que lleva mi corazón.
El góspel tiene raíces afroamericanas y protestantes. ¿Qué te movió a traducir esa espiritualidad musical al contexto católico? ¿Qué conserva y qué transforma el góspel cuando se canta desde la fe católica?
–La música góspel es música de alabanza con mucho ritmo y calidad. Sus preciosas melodías, con un ritmo brillante, son una invitación a vivir la fe en la alegría y en la esperanza de la salvación gratuita que nos ofrece nuestro Señor Jesucristo. Loar a Dios en espíritu y verdad no tiene denominación.
La alabanza católica ofrece incluso más que la alabanza protestante, pues puede alabar la eucaristía y a la Madre de Dios. En mi caso tengo composiciones de estas características como es El Regalo más grande, referido a la eucaristía, Cinco letras que alaba a María y el Santo góspel, que es un homenaje al Santo de la Misa. Otros temas de nuestro último disco son salmos hechos canción como son Confío en ti basado en el salmo 91 y Cantad al Señor, que es el salmo de Isaías 12. Incluso tenemos la oración del Padrenuestro a ritmo de góspel.
¿Qué significa para ti evangelizar a través de la música? ¿De qué forma el góspel puede ser un lenguaje misionero para la sociedad actual?
–Evangelizar a través de la música es nuestra misión para llevar a cabo la orden de nuestro Señor: “Id y proclamad el evangelio…” . El Espíritu Santo derrama sus dones y carismas para que los pongamos al servicio. Se podría decir que el góspel tiene un carisma especial, pues es una música poderosa que traspasa. Nadie se queda indiferente después de un concierto góspel expresado con el corazón. Esto es clave. Por desgracia hay muchos coros de góspel que no viven lo que cantan, por lo que tampoco lo transmiten. No hay resultados si no hay intención. No son coros para la evangelización. El reto de Matina y Góspel Libertad es ser un auténtico coro del Evangelio.
¿Cómo integras la oración y la vida espiritual personal en tu labor artística y en la dirección del coro?
–Precisamente la labor del coro me mantiene en constante oración. Preparar las canciones, sacar las diferentes voces, las armonías, adaptar las letras al castellano o componer nuevas canciones son mi medio para estar en continuo contacto con el Señor. Verdaderamente siento que es un privilegio contar con este don tan maravilloso que es mi conexión directa e inmediata.
¿Cómo ves el crecimiento del góspel católico en España y en el mundo? ¿Crees que puede llegar a ser un movimiento evangelizador de gran alcance?
–En España hay coros de góspel, por supuesto, pero no católicos dedicados a la evangelización. Matina y Góspel Libertad son una excepción.
Sí creo que podría ser un movimiento evangelizador potente, como así ya sucede en otras denominaciones. En España también podría hacer una gran labor siempre que se realizase con calidad, entusiasmo verdadero y un apoyo real. Por desgracia hay bastante carencia de esto último, cosa que hace que la labor sea a veces desgastadora y una auténtica lucha.
El Papa: “Trabajar con paciencia para mantener la Iglesia sobre bases sólidas”
En muchos sentidos, la Iglesia católica es siempre una “obra en construcción”, donde "Dios está constantemente moldeando a sus miembros. Estos deben profundizar y trabajar con diligencia, pero con paciencia”, ha dicho el Papa León XIV en la Misa en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma el 9 de noviembre, fiesta de la dedicación de la basílica en el siglo IV.
CNS / Omnes·9 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 4minutos
– Cindy Wooden, Roma (CNS)
La obra en construcción es “una bella imagen que habla de actividad, creatividad y dedicación, así como de trabajo duro”. “Y a veces, de problemas complejos que hay que resolver”, dijo el Papa en la Basílica de San Juan de Letrán de Roma este 9 de noviembre, fiesta de la dedicación de la basílica.
La basílica es la catedral del Papa como obispo de Roma, y se la conoce como “la madre de todas las iglesias”.
De pie en la “cátedra” o silla episcopal, el Papa León predicó sobre la basílica como “un signo de la iglesia viva, construida con piedras escogidas y preciosas sobre Cristo Jesús, la piedra angular”.
Dios elige “las manos sucias de los hombres” (Benedicto XVI)
También ha hablado del día de la fiesta cuando regresó al Vaticano para el rezo del Ángelus al mediodía.
“Somos la iglesia de Cristo, su cuerpo, sus miembros llamados a difundir su Evangelio de misericordia, consuelo y paz por todo el mundo, mediante ese culto espiritual que debe resplandecer por encima de todo en nuestro testimonio de vida”, dijo a las personas reunidas para orar con él en la Plaza de San Pedro.
“Con demasiada frecuencia, las debilidades y los errores de los cristianos, junto con muchos clichés y prejuicios, nos impiden comprender la riqueza del misterio de la Iglesia”, afirmó.
Sin embargo, la santidad de la Iglesia “no depende de nuestros méritos, sino del “don del Señor, jamás revocado”, que sigue eligiendo “como vaso de su presencia, con un amor paradójico, las manos sucias de los hombres”. Así se expresó el Papa, citando el libro del Papa Benedicto XVI de 1968, ‘Introducción al cristianismo’.
El Papa León XIV saluda a la multitud reunida en la Plaza de San Pedro en el Vaticano para el rezo del Ángelus el 9 de noviembre de 2025. (Foto CNS/Medios Vaticanos)
Excavar para colocar cimientos sólidos
En su homilía en la basílica, el Papa León pidió a los fieles que reflexionaran sobre los fundamentos de la iglesia en la que se encontraban.
“Si los constructores no hubieran excavado lo suficientemente profundo para encontrar una base sólida sobre la cual construir el resto, todo el edificio se habría derrumbado hace mucho tiempo, o estaría en riesgo de hacerlo en cualquier momento”, dijo.
“Afortunadamente, sin embargo, quienes nos precedieron colocaron cimientos sólidos para nuestra catedral, excavando profundamente con gran esfuerzo antes de levantar los muros que nos acogen, y esto nos da mucha más tranquilidad”.
Los católicos también deben primero profundizar en su interior
Como miembros y colaboradores de la Iglesia, dijo, los católicos de hoy también “deben primero profundizar en su interior y a su alrededor antes de poder construir estructuras impresionantes. Debemos eliminar cualquier material inestable que nos impida alcanzar la roca sólida de Cristo”.
La Iglesia y sus miembros deben volver constantemente a Cristo y a su Evangelio, dijo el Papa. “De lo contrario, corremos el riesgo de sobrecargar un edificio con estructuras pesadas cuyos cimientos son demasiado débiles para soportarlo”.
Edificar la iglesia de Cristo es una labor que requiere mucho tiempo, esfuerzo y paciencia, dijo.
Unidos a Cristo, somos “piedras vivas” para edificar su Iglesia
Parte de esa labor, dijo el Papa, consiste en ser lo suficientemente humildes como para permitir que Dios obre en cada miembro, las “piedras vivas” que conforman la Iglesia.
“Cuando Jesús nos llama a participar en el gran proyecto de Dios, nos transforma moldeándonos con maestría según sus planes de salvación”, dijo el Papa León XIV. “Esto implica un camino difícil, pero no debemos desanimarnos. Al contrario, debemos perseverar con confianza en nuestros esfuerzos por crecer juntos”.
El Papa León XIV finalizó su homilía haciendo una petición especial a la comunidad que celebra la Misa allí regularmente, pero también a todas las iglesias y parroquias.
Sobre el cuidado de la liturgia, en las Misas
“El cuidado de la liturgia, especialmente aquí en la Sede de Pedro, debe ser tal que sirva de ejemplo para todo el pueblo de Dios”, señaló. “Debe cumplir con las normas establecidas, estar atento a las diferentes sensibilidades de los participantes y seguir el principio de una sabia inculturación.»
Pidió que las Misas “permanezcan fieles a la solemne sobriedad típica de la tradición romana, que tanto bien puede hacer por las almas de quienes participan activamente en ella”.
Oración por Filipinas, y construcción de la paz
Tras la oración mariana del Ángelus, León XIV expresó su “cercanía a las poblaciones de Filipinas afectadas por un violento tifón; rezo por los difuntos y sus familiares, por los heridos y los desplazados”.
También manifestó su “vivo aprecio por todos aquellos que, en todos los niveles, se están comprometiendo para construir la paz en las diversas regiones marcadas por la guerra”.
En los días pasados, “hemos rezado por los difuntos y, entre ellos, lamentablemente hay muchos que han muerto en los combates y bombardeos, a pesar de ser civiles, niños, ancianos y enfermos. Si se quiere realmente honrar su memoria, que cese el fuego y se ponga todo empeño en las negociaciones”, concluyó.
Paula Vega: «Soñamos con una Iglesia donde la vocación a la adopción se naturalice»
Paula Vega, misionera digital y fundadora de Llámmameyumi, comparte junto a su esposo Dani el camino de fe que los ha llevado a abrazar la adopción como su “plan A”.
Paula Vega es una misionera digital malagueña y laica comprometida en su diócesis, conocida por su entrega a la evangelización en el entorno digital. Fundadora del proyecto Llámmameyumi, Paula busca compartir el amor de Dios desde una mirada cercana y creativa, utilizando los medios digitales como herramienta de misión. Además de su labor en esta plataforma, trabaja como Project Manager en España para la serie The Chosen, es Community Manager de la Congregación Redentorista de España y Content Creator en Católicos en Red. Estudia teología, ofrece conferencias sobre fe y comunicación, y ha publicado varios libros que reflejan su experiencia espiritual y pastoral.
Casada desde 2023 con su esposo Dani, Paula vive su vocación matrimonial con alegría y profundidad. Juntos, han emprendido un camino de apertura a la vida que los ha llevado a abrazar la adopción como su “plan A”. En el día mundial de la adopción, comparten con Omnes su testimonio con la ilusión de inspirar a otros matrimonios a descubrir esta vocación.
Paula, ¿podrías contarnos cómo surgió esa llamada a la adopción?
–Dios sembró esa inquietud en nuestros corazones incluso antes de conocernos. Ya como novios, cuando soñábamos con nuestra futura familia, la adopción aparecía en las conversaciones y siempre terminábamos diciendo: “Si es nuestro camino, Él nos llevará hasta ahí”. En nuestra lógica humana pensábamos primero en los hijos biológicos y después en la adopción; pero la lógica de Dios fue otra. Recién casados me diagnosticaron endometriosis y nos advirtieron de posibles dificultades para concebir. Nos plantearon distintas vías para intentar la maternidad biológica, pero nosotros elegimos abrirnos más a la vida. Nos preguntamos qué significaba verdaderamente ser padres y decidimos iniciar la adopción también como nuestro “plan A”.
Para muchas mujeres supone una cruz muy difícil aceptar que naturalmente no pueden tener hijos. Cual es tu experiencia.
–En nuestro caso nunca nos han declarado infértiles; por eso seguimos abiertos a la vida en todas sus formas: biológica, adopción y también acogimiento familiar (que ya estamos discerniendo). Son caminos que ponemos en manos de Dios para que el decida tiempos y formas.
Sentimos que nuestra cruz actual no es la imposibilidad de ser padres, sino más bien el periodo de espera. Si fuera por nosotros, mañana mismo tendríamos aquí a nuestro hijo, pero los tiempos de Dios son los que son. Mientras tanto, afrontamos este periodo con paciencia y confianza.
¿Cómo vivís y cómo es el proceso de adopción en el que os encontráis?
–Siempre decimos que la adopción no empieza con el primer papel, sino con el primer movimiento del corazón. Después llegan los pasos formales: una charla informativa, un curso de formación (unas 20 horas) y el ofrecimiento. No es “solicitar” un hijo —porque no existe un derecho a ser padres—, sino ofrecerse como familia para un perfil concreto de menor, poniendo sus necesidades en el centro.
Luego viene la idoneidad: entrevistas psicológicas y sociales, visitas al hogar, revisión de la red de apoyo… Son exigentes y nos parece bien que lo sean: se protege lo más valioso, que es el menor. Superada esa fase, llega la espera, cuyo tiempo varía según el perfil del menor o el país donde se tramite la adopción.
En lo práctico, el papeleo es intenso: médicos, certificados, notaría, servicio de protección de menores, fotos, impresiones y copias. Lo más duro es la burocracia y la incertidumbre de los plazos. Lo más bonito, es saber que cada paso nos lleva más cerca de nuestro hijo.
Nos preparamos para recibir a nuestro hijo como lo haríamos con un hijo biológico, pero quizá con más conciencia. Rezamos cada día por nuestro pequeño y por su familia biológica. Nos estamos formando en apego, trauma y metodologías educativas —libros, cursos y podcasts— para llegar con un corazón más entrenado y unas expectativas realistas. También estamos preparando la casa con sencillez; un cuarto acogedor, rutinas claras y espacio para construir los vínculos. Además, conversamos mucho con nuestra familia, amigos y comunidad parroquial para explicarles más sobre el proceso de adopción, y las necesidades o características que nuestro hijo traerá. Nos preparamos con ilusión y por supuesto, con los miedos normales que cualquier padre tendría pensando en si sabremos hacerlo bien.
¿Cómo habéis afrontado las dudas y la espera en este camino de adopción?
–Lo primero ha sido acogerlas con cariño: son normales y humanas. Las nombramos, las hablamos entre nosotros, las presentamos en la oración y así, poco a poco, encuentran su sitio. Entendimos que en toda paternidad siempre habrá dudas y expectativas; la clave es no dejar que conduzcan. Intentamos mirar nuestro camino con la lógica y el amor de Dios: poner al niño en el centro, recordar por qué empezamos y elegir —una y otra vez— confiar.
También nos damos permiso para vivir la espera de forma distinta; no la sentimos igual los dos y decir en voz alta lo que cada uno necesita nos ayuda mucho. Evitamos compararnos con los tiempos de otros, porque sabemos que Dios ya tiene ese hilo rojo atado y preparado, y eso requiere una constante confianza y abandonarse en sus planes. También procuramos seguir activos en nuestra misión, enfocados en servir a Dios desde lo que nos ha tocado, sin obsesionarnos con la espera, porque nuestro matrimonio ya es fecundo.
¿Qué le dirías a otras parejas cristianas que sienten la inquietud de adoptar, pero no saben por dónde empezar?
–Que empiecen, incluso con miedo. Poned en palabras la semilla que Dios ha puesto en vuestro corazón, habladlo con calma entre vosotros y acercaros a matrimonios que ya estén en el camino: escuchar sus luces y sombras pacifica mucho. Id a la charla informativa y también al curso de formación que ofrece Servicio de Protección a Menores: no os compromete a seguir con el proceso, así que podéis vivirlo como un discernimiento que abre la mirada y el corazón. Y haced la pregunta de fondo: ¿Qué significa para mí ser padre o madre? ¿Se reduce a compartir genes o tiene que ver con acoger, cuidar y amar a una persona concreta? Cuando esa respuesta se asienta, el “por dónde empezar” se vuelve sencillo.
¿Qué esperanza queréis transmitir con vuestra historia y qué deseo tenéis para el futuro de vuestra familia adoptiva dentro de la Iglesia y la sociedad?
–Nos gustaría que, en una Iglesia que alza con fuerza la voz por los no nacidos, también se escuche cada vez más el clamor de quienes ya han nacido y esperan una familia. Hay miles de niños en centros que necesitan un hogar estable y seguro. Si no hablamos de la vocación a la adopción y al acogimiento, parece que no existe; por eso soñamos con parroquias y comunidades donde esta llamada se naturalice y se ponga encima de la mesa, para que los matrimonios puedan conocerla y discernirla. Si nuestra historia anima a un solo matrimonio a abrirse a la vida de esta forma, habrá merecido la pena.
En "La ética es cosa de otros" se propone que la moral no debe dividirse en una esfera privada y otra pública, ya que esto resulta insuficiente. Para comprender la ética es esencial adoptar una perspectiva intersubjetiva, donde la moral se aprende y se cultiva al proponer y observar modelos de comportamiento ejemplares.
Rubén Herce·8 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Hablar de moral suele reconducir a muchas personas al ámbito de lo privado, donde cada uno puede tener sus propias reglas o normas de conducta. Ahí, es libre de elegir los fines que le merece la pena perseguir y los medios adecuados para orientar su vida según su personal parecer; y desde ahí, es fácil deslindar este ámbito privado de lo público, donde también existe una moral pero que tiene sobre todo que ver con el sistema de normas por el que regimos nuestra convivencia. Con reglas no siempre escritas, pero que acordamos respetar.
Con facilidad uno se divide, por tanto, entre una serie de reglas que seguir o cumplir en la esfera pública -véase códigos deontológicos en las distintas profesiones, leyes cívicas o procedimientos que garanticen un trato justo o equitativo- y un modo personal de comportarse cuando está “fuera de servicio”. Solo en este último puedo realmente ser yo mismo, “descansar” de las normas y seguir mis propios criterios de comportamiento moral. Es lo que podríamos denominar como moral subjetiva de la esfera privada frente a la ética objetiva de la esfera pública.
Ética de la tercera persona
En una línea de pensamiento similar hay autores que distinguen entre éticas de la tercera persona, de índole más “jurídica”, donde se habla del comportamiento ético desde criterios normativos y externos; y éticas en primera persona, que responden a la visión subjetiva que cada uno tiene de sus propios actos. En la perspectiva en tercera persona se juzgan los hechos y acontecimientos e incluso se puede juzgar objetivamente cierta intencionalidad en los comportamientos. Si he seguido el procedimiento, entonces he actuado bien; si no cumplo con las leyes, estoy actuando mal. En la perspectiva en primera persona, por el contrario, lo que cuentan son las intenciones y los sentimientos de bondad o maldad con los que he realizado la acción.
Sin embargo, no existe una ética de hechos que se impongan por sí solos. Los hechos, por muy objetivos que parezcan, necesitan ser interpretados; y esa interpretación la tienen que hacer sujetos, ajenos a los individuos implicados en los acontecimientos. Por otro lado, los sentimientos y las intenciones, por muy subjetivos que parezcan, no son meramente internos sino que tienden a comunicarse. Alegrías, tristezas o enfados no pertenecen a lo meramente privado o subjetivo.
La ética y la moral, entendidas como el polo objetivo y subjetivo de nuestro comportamiento no se entienden bien sin un tercer polo, el intersubjetivo, que resulta esencial para entender cuál es la perspectiva adecuada de la moral. Se necesita una perspectiva en segunda persona y esto se aprecia en que nos admiramos ante el comportamiento de ciertas personas o incluso en que las proponemos como modelos de comportamiento moral.
La moral se aprende y se ejercita, sobre todo, en segunda persona, viendo el comportamiento de otras personas y actuando de modo que pueda ser referente para otros. Eso sí, sin dejar de lado ni la enseñanza de normas éticas cultivadas por el buen hacer de los que nos precedieron, ni el ajuste fino interior que actúa como brújula, para decirme que quizá no me he comportado tan bien cuando me faltaba rectitud de intención, aunque el comportamiento externo fuera impecable.
La ética es cosa de otros
Autor: Rubén Herce
Editorial: Eunsa
Año: 2022
Número de páginas: 118
El autorRubén Herce
Profesor de Antropología y Ética en la Universidad de Navarra
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Maria San Gil y José Masip: «Queremos proclamar nuestra fe en todos los aspectos de la vida»
Los coordinadores del 27 Congreso Católicos y Vida Pública, que se celebra en Madrid los días 14, 15 y 16 de noviembre de 2025, destacan la valentía y sinceridad de muchos jóvenes en relación a la fe actualmente.
El Congreso Católicos y Vida Pública es una de las citas clave del pensamiento y acción de los católicos en la sociedad. Esta edición, la número 27 reunirá en Madrid, del 14 al 16 de noviembre, a pensadores, com Kevin Roberts, de la Fundación Heritage, científicos como Enrique Solano, presidente de la Sociedad Española de Científicos Católicos, influencers como Pep Borrell o el activista Loren Saleh,
Ya en los últimos compases del Año Jubilar de la Esperanza, éste ha sido el tema elegido como eje de las jornadas en las que, como destacan sus coordinadores, María San Gil y José Masip, “queremos propagar y proclamar nuestra fe en todos los aspectos de nuestra vida. Que se vea que somos una universidad, que somos católicos y que estamos en la vida pública”.
¿Católicos de voz baja?
El congreso, que cumple 27 ediciones, ha tocado en este más de cuarto de siglo numerosos temas aunque la reflexión sobre la identidad católica en las diversas esferas de la vida pública sigue estando de candente actualidad.
En este sentido, Masip destaca que “hay ideologías que han imperado, especialmente en Europa, en Occidente, y que han influido en que el político ‘de partido’ tenga miedo a identificarse en determinadas posiciones respecto a temas muy concretos: la familia, la vida…, pero yo creo que esa brecha se está superando. El católico debe comprometerse en la vida, en la sociedad y, por tanto, actuar y hacerlo de acuerdo con sus principios. Los principios se proponen en la vida pública, no se imponen”.
Además, señala el coordinador del congreso, “aparte de la política de partido, hay otra política, otra vida pública que no es la política propiamente dicha, como el periodismo, la vida en asociaciones, en movimientos que transmiten y capilarizan mucho más la sociedad”.
El lema de esta edición, “Tu, esperanza”, tiene lecturas diversas. La esperanza puesta en la acción y responsabilidad personal, la esperanza de Dios, que es el fin de la vida de los cristianos… Primero tienes que ser tú católico, tú la esperanza que debes ser, lo demás, comprometerte con eso y actuar en consecuencia.
Los jóvenes están respondiendo a Dios más que antes
El Congreso Católicos y Vida Pública coincide, este año, con la publicación de una tendencia que parece asentarse en España: la vuelta a la esfera religiosa, a la vida espiritual, especialmente en la juventud.
Comentando esta situación, José Masip subraya que “vendrán tiempos peores. Eso seguro. No lo digo en plan cenizo, lo dice el Evangelio. Pero afortunadamente, ahora estamos en un momento en que la juventud está respondiendo con más sinceridad a la palabra de Dios que en tiempos atrás”.
Una posición compartida por María San Gil: “Yo soy vasca. Allí la secularización ha convertido en un erial lo que antes era una tierra de vocaciones. Como ocurre en Cataluña, por ejemplo. Creo que son realidades muy diferentes según dónde vivas y cómo lo vivas. Queremos tender, claro, a lo que ocurre en ciudades como Madrid, en la que, entras en una iglesia y es normal encontrar a gente joven. ¿Qué tenemos que hacer? Sembrar. Pero lo importante en esta siembra no es la cantidad, sino la calidad,
Este año, al igual que ocurrió en la pasada edición sólo habrá un congreso sin “división “ de jóvenes. Una apuesta clara de Masip por “incluir a los jóvenes en todo. Son tan responsables de esto como los más mayores. Siempre digo que las divisiones de jóvenes de los partidos políticos son para ‘que no molesten’, y eso no puede ser. Eso sí, hemos apuntado la necesidad de que, en el comité organizativo, haya más jóvenes. Los hay, pero podría haber más”.
Un congreso con presencia eucarística
Uno de los puntos fuertes de estas jornadas será la adoración eucarística que habrá durante los tres días de Congreso. Una posibilidad de oración que destaca, en palabras de María San Gil “que el Santísimo es el centro. El tema de la presencia en la vida pública lo tenemos claro, porque los ponentes son figuras públicas, muy conocidas, pero queríamos darle la importancia que tiene a Dios presente en la Eucaristía”.
También, en esta edición, las misas serán puntos centrales del programa y habrá sacerdotes para confesar. Algo que, como cuenta San Gil, “nació casi de forma natural, porque el año pasado, se avisó en una de las conferencias que había un sacerdote para confesar y hubo un aluvión de confesiones”.
¿El éxito del Congreso? Seguir haciéndolo
27 años después del primer Congreso Católicos y Vida Pública, el éxito de esta convocatoria es, para sus organizadores “el mismo hecho de hacerlo un año más”. Las circunstancias políticas, sociales, culturales y religiosas en España, desde aquel noviembre de 1999, han cambiado muchísimo, “sin embargo, la Asociación Católica de Propagandistas y el CEU siguen apostando por este congreso. Eso es muy meritorio”, destaca María San Gil.
“Seguimos caminando, añade Masip, “cuando el Papa Francisco, declaró el Año de la Esperanza escribió que ‘la solución al cansancio, paradójicamente, no es detenerse a descansar, es más bien ponerse en camino y volverse peregrinos de esperanza’. Esto es lo que buscamos y hacemos con Católicos y Vida Pública.
El fundador de Aute, Quique Mira, busca tender un puente entre los jóvenes y la Iglesia a través del mundo digital y eventos como Kaleo, una experiencia inmersiva donde cada joven descubre que es llamado y amado por Dios.
A los 19 años, la vida de Quique Mira dio un giro inesperado. Tras dedicar muchos años al mundo de la noche y alejado de la fe, conoció al padre Javier, un sacerdote destinado en Barcelona, un sacerdote cuya mirada y cercanía despertaron en él una inquietud interior. “La forma en que se preocupó por mí me sorprendió muchísimo”, recuerda. Aquel encuentro lo llevó, casi por casualidad, a un curso de Semana Santa en Madrid, donde tuvo una experiencia decisiva de conversión: “Recuerdo estar en el suelo, llorando ante un crucifijo, dándome cuenta de que había algo real en ese amor».
Desde entonces comenzó un proceso de búsqueda de respuestas y acompañamiento espiritual que transformó su vida. Tres años después de aquella conversión, Quique decidió compartir su experiencia de fe a través de las redes sociales, lo que más tarde daría lugar a Aute, un proyecto que busca ser un puente entre los jóvenes y la Iglesia, utilizando los medios digitales para anunciar el Evangelio con autenticidad y cercanía.
Hoy, junto a un equipo de más de 50 personas, impulsa también Kaleo, el primer evento presencial de Aute que se celebra este sábado 8 de noviembre, donde cientos de jóvenes vivirán una experiencia inmersiva para descubrir que son llamados y amados por Dios.
¿Cómo surgió la idea de crear este proyecto y qué necesidad concreta viste en los jóvenes de hoy que te llevó a impulsarlo?
–Yo empecé a crear contenido hace cinco años por un deseo en el corazón de anunciar al joven lo que a mí me había cambiado la vida. Venía de un ambiente muy distinto y después de mi conversión, estuve tres años muy escondido de la vida pública, redes, etc., enamorándome de la fe, enamorándome del señor, enamorándome de la Iglesia.
Empecé a entender que esto tenía mucho que ver con mi vida y me fui empapando cada vez más. Al cabo de tres años tuve clarísimo en mi corazón que debía crear contenido para compartir mi experiencia de Cristo a los demás. Mi testimonio creció mucho en redes sociales, recibí un bombardeo de mensajes de gente diciendo «yo no conocía al señor, no conocía la fe y al ver tu contenido he recibido una respuesta a un problema que me estaba angustiando. He entendido que hay un Dios que me ama».
Bueno, brutal. Yo entonces me dedicaba al mundo de la empresa, pero dirigía un departamento de marketing en Barcelona, una compañía en Barcelona. Y como mi cuenta empezó a crecer mucho, hubo un punto que me invitaron a Estados Unidos a dar un curso de liderazgo y fue ahí cuando, hablando con los jóvenes a los que yo impartía el curso, me topé con una crisis de identidad brutal.
Conocí a un joven sometido y bombardeado por tantísimos inputs superficiales que me decía tío, yo no sé quién soy y no sé qué hago aquí y no sé qué sentido tiene mi vida». Volví a España muy tocado. Le dije a mi mujer, que en aquel entonces era mi novia, «Mery, hay que hacer algo».
Sentí que había que meter más recursos, más estructura, más equipo para comunicarle al joven de una forma más profesional y más clara el Evangelio, que es lo que me ha cambiado la vida. Y ahí empezó Aute. Inicialmente era un instrumento para compartir el mensaje de Cristo a los jóvenes. Ya luego empezamos a montar la aplicación para conectar al joven con la Iglesia.
¿De qué formas concretas Aute acerca la palabra de Dios a los jóvenes?
–Principalmente lo hacemos todo por medios digitales. Nuestra cuenta oficial de Instagram es donde subimos todo el contenido, todos los vídeos, que es un poco el lugar donde el espectador, donde la audiencia, recibe el Evangelio.
Pero luego, la idea es que cada persona que ha sido tocada por el Evangelio, descargue huella y ahí, según tu ubicación, encuentres un lugar para vivir la fe. Al final, Aute no ofrece un camino directamente en la fe. Nosotros somos un instrumento, un equipo de 50 personas, con esta misión de anunciar el Evangelio y que luego cada joven encuentre su sitio en la Iglesia.
¿Cuál es la clave para transmitir el mensaje de Cristo a través del mundo digital?
–Ser auténtico. Creo que el joven pide a gritos autenticidad. Estamos cansados de vidas que son mentira, que cuentan la verdad a medias. Tanto idealismo anula la verdad. Cuando un joven percibe la autenticidad en alguien que comparte tanto sus buenos como sus malos días, y que habla desde el corazón, lo reconoce de inmediato. Lo que es verdadero es bello y llega, y es atractivo.
Creo que la clave para evangelizar en el mundo digital es ser auténtico, decir «oye, soy un joven normal, con tus mismos deseos, inquietudes, con mi trabajo, con mi relación de noviazgo, pero en el centro de mi vida está algo más grande que es Cristo, que es el Señor».
El lema de Kaleo es “has sido llamado por tu nombre”, ¿Qué significa para ti esa frase y cómo esperas que la vivan los jóvenes?
–Lo que el evento pretende, y un poco el motivo por el cual lo pensamos, es una experiencia inmersiva en la que el joven se va a sentir llamado por Dios.
Hay una experiencia donde se dice «desconecta y despreocúpate ahora de todo lo que te ata en el mundo y conecta con el Señor». Para mí eso es lo fundamental. Yo en mi día a día no podría estar donde estoy y haciendo lo que hago si no fuera porque he sido llamado por el Señor.
En mi vida hubiera imaginado esto. Yo tenía una proyección laboral, una carrera profesional, otras aspiraciones en la vida, y desde que me encontré con el Señor, que ahí fui llamado, toda mi actividad, todas mis relaciones, todo ha cambiado. Todo ha sido transformado hacia bien, hacia mucho mejor.
Queremos trasladar esa experiencia en un formato de un evento de siete horas, con ponencias, un momento de adoración, de música en directo, para que el joven vea que es amado por Dios y que esto tiene que ver con su vida y no solo con unos pocos.
¿Qué frutos esperas de Kaleo? ¿Qué esperas que ocurra después del evento?
–Que cada uno vuelva a casa con un corazón enamorado y dispuesto a servir al Señor. Esperamos recibir a un joven que va haciendo, que sobrevive.
Que salgan diciendo «hoy trabajo, mañana también, tengo mi novia, mejor o peor, pero la vida es apasionante y tengo un llamado a servir con mis dones, a amar. He sido creado para esto, no puedo conformarme con lo que el mundo me pone adelante, con sobrevivir». Todo el evento está planteado con un hilo conductor que lo que va proponiendo al joven «eres llamado, eres amado y luego eres enviado».
La última etapa del evento es una ponencia del envío, de decir «vuelve a tu realidad, vuelve a tu familia, vuelve a tu relación, vuelve a tu trabajo y que realmente lo que aquí has visto, que es este amor de Dios, lo puedas llevar a tu casa, a tu realidad».
¿Cómo sabes cuándo empezar a hablar de Dios?
–Es un proceso. Yo no empecé a hablar de Dios públicamente hasta los tres años desde mi conversión. Necesité primero, de forma interior, entender lo que me estaba pasando, responder preguntas, dejarme acompañar y asimilar.
Luego vas entendiendo tu historia. Entonces ves tu entorno de antes y dices «tengo que decirle a mis amigos con los que salía jueves, viernes y sábado a reventarme que hay una vida mejor, que está bien salir de fiesta pero que ahí no está la vida, que no podemos poner ahí la vida y la esperanza, que es como yo vivía hasta los 19 años».
Primero tiene que haber un recorrido de conocer, enamorarte y entender lo que significa el amor de Dios en tu vida y el poder que eso tiene. Y luego te ves en la necesidad de decir «esto no me ha sido entregado para quedármelo para mí, sino para que lo comparta con mi entorno».
La belleza como revelación del misterio: san Juan Pablo II y el arte
San Juan Pablo II muestra cómo la vía de la belleza permite al arte revelar lo sagrado y al artista asumir la misión de interpretar el misterio de la creación y la verdad divina.
Alejandro Pardo·7 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 9minutos
No resulta exagerado afirmar que la relación de san Juan Pablo II con el arte ha sido singularmente íntima, hasta el punto de haber sido calificado como “el Papa artista” (igual que fue llamado también “el Papa filósofo”). Ello se debe en gran medida a su particular sensibilidad artística, de la que dio muestras desde muy joven y que cultivó a lo largo de toda su vida, sobre todo a través de la poesía y de la dramaturgia.
En efecto, desde los inicios de su trayectoria en el cultivo de las artes y del saber, el Papa Wojtyła ha procurado transitar la vía de la belleza (la via pulchritudinis) como medio a través del cual llegar a la verdad y al bien del hombre. Así lo confirmaría el cardenal Giovanni Ravasi, presidente durante muchos años del Pontificio Consejo de la Cultura, refiriéndose a la última obra poética del pontífice polaco, Tríptico Romano: “Cuando el Papa escribió estos versos, a sus espaldas se extendía, en lo cultural, no solo su itinerario filosófico y teológico personal, sino que también se desplegaba un sendero de altura que nunca había abandonado: el del arte. De la poesía al teatro, pasando por la admiración al genio artístico, había vivido ininterrumpidamente la búsqueda de la belleza…”
Suele ser recurrente acudir a la Carta a los Artistas (1999) como fuente primordial del pensamiento de san Juan Pablo II sobre el arte. Sin embargo, existe un texto precedente de singular importancia. Se trata de los ejercicios espirituales que el entonces arzobispo de Cracovia dirigió a un grupo de artistas polacos en la iglesia de la Santa Cruz de Cracovia durante la Semana Santa de 1962, publicados bajo el título de El Evangelio y el Arte. Ambos textos guardan una estrecha relación y revelan la consolidación de un pensamiento madurado con el paso del tiempo.
A ellos se unen los discursos que, una vez en la Sede de Pedro, el Papa Wojtyła dirigió en encuentros con artistas y representantes del mundo de la cultura con motivo de sus viajes pastorales, y otras intervenciones puntuales, como el VIII Meeting de Rímini (1987), el jubileo de los artistas (2000) o los discursos a los miembros de las Academias Pontificias y del Pontificio Consejo para los Bienes Culturales de la Iglesia, que él mismo había creado. De todo este magisterio pueden extraerse sus principales enseñanzas sobre el arte y la búsqueda de la belleza.
El arte, apertura trascendente al misterio
Siguiendo la concepción clásica, san Juan Pablo II entiende la belleza como resplandor de la verdad y del bien, particularmente de la Verdad Suprema y del Bien Último, que se identifican con Dios. Se trata, por tanto, como él mismo lo definía en 1962, de un “destello divino”, que cristaliza en “un conocimiento particular (…) no abstracto, puramente intelectual, sino especial”. De este modo, concluye, “la belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente”. Así lo recalcaría en un encuentro con artistas en Venecia (1985): “El arte es (…) conocimiento traducido en trazos, imágenes y sonidos, símbolos que la mera concepción intelectual no alcanza a reconocer como proyecciones sobre el misterio de la vida, porque se encuentran más allá de sus propios límites: aperturas, por tanto, a la profundidad, a la altura, a la inefable existencia, caminos que mantienen al hombre libre hacia el misterio y que traducen el ansia que otras palabras no pueden expresar”.
Con palabras singularmente bellas expresa esta misma idea a comienzo de la Carta a los Artistas: “Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros (…) habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros”. Se trata por tanto del talento para captar ese halo divino que llamamos belleza, al cual el artista accede a través de una sensibilidad especial, para descubrir la verdadera naturaleza de las cosas. Así, la belleza artística “como un reflejo del Espíritu de Dios” se convierte en “un criptograma del misterio”.
La vocación del artista como mediador entre la belleza y el mundo
Si el arte, como canal de expresión y contemplación de la belleza, permite asomarse al misterio trascendente, el artista –dotado de esa singular sensibilidad– se convierte en un mediador o intérprete privilegiado; o, siguiendo en símil del criptograma, en un desencriptador de tal misterio. En efecto, como explica el Papa Wojtyła, “en la ‘creación artística’ el hombre se revela más que nunca ‘imagen de Dios’”, participa de esa “especie de destello divino que es la vocación artística” a través de la cual “puede comprender la obra del Creador y, junto a ello, acoger en sí mismo, en su fecundidad creadora, la huella de la gratuita creatividad divina”. Se entiende así que el artista viva “una relación peculiar con la belleza”, de modo que puede concluirse que “la belleza es la vocación a la que el Creador le llama con el don del ‘talento artístico’”. En estas ideas radica la elevada vocación y misión del artista, llamado a ser intérprete del misterio inefable que rodea a Dios y a su obra creadora.
Hasta tal punto san Juan Pablo II considera sublime esta función de mediación que ejerce el artista entre el mundo terreno y la realidad trascendente –máxime si se trata de un artista cristiano–, que la compara con un tipo de sacerdocio: “Tanto el individuo como la comunidad tienen que interpretar el mundo del arte y la vida, para arrojar luz sobre la situación de su época, para comprender la altura y la profundidad de la existencia. Necesitan del arte para abordar lo que está más allá del ámbito puramente útil y que, por lo tanto, promueve el hombre. (…) De acuerdo con un pensamiento profundo de Beethoven, el artista está llamado de alguna manera a un servicio sacerdotal”. En concreto, el artista/sacerdote viene a ser un “proclamador” o “reconocedor” del pulchrum divino y, junto a él, del verum y el bonum propios del Ser por Esencia.
Se aprecia aquí la secuencia elección-vocación-misión, que este santo Papa aplica al caso del artista: Dios llama a los artistas a una peculiar misión, como es reconocer y reflejar la belleza divina presente en el mundo –y, junto a ella, la verdad y la bondad de lo creado–, y para ello les otorga un talento singular. “Este talento –explica– es un bien especial, una distinción natural. Es un don del Creador. Un don difícil. Un don por el que hay que pagar con toda la vida. Un don que engendra una gran responsabilidad”. Esta misión implica un compromiso existencial, porque el artista siente la responsabilidad para hacerlo fructificar. “Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino que es la vocación artística –añade–, advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar ese talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad”.
En opinión del Papa Wojtyła, no se trata de un camino fácil, porque el artista se enfrenta a dos peligros que amenazan el recto despliegue de ese talento: por un lado, la tentación de creerse superior a Dios mismo, de divinizar sus propias obras; por otro, desligar el arte de su verdadero fin, que es reflejar la verdad y la bondad de la creación, es decir, desligar la creación artística de la búsqueda de la verdad sobre el hombre mismo y su felicidad. De estas consideraciones se desprende la relación natural entre el arte y la santidad –la necesidad de que el verdadero artista aspire a una vida de plenitud espiritual– para ser capaz de crear y manifestar la belleza, y procure contribuir al bien del mundo y de la humanidad. “La belleza –concluye san Juan Pablo II– debe conjugarse con la bondad y la santidad de vida, de modo que haga resplandecer en el mundo el rostro luminoso de Dios bueno, admirable y justo”. De hecho, su discurso con motivo del Jubileo de los artistas en el año 2000 constituye “una invitación a practicar el estupendo ‘arte’ de la santidad”.
El arte, camino de evangelización y salvación
Si el arte es “revelador de la trascendencia” o “criptograma del misterio”, conlleva en sí la capacidad de conducir a la existencia de Dios. Ya en las meditaciones que predicó en 1962 a artistas polacos en Cracovia, el entonces arzobispo Wojtyła resaltaba la eficacia de la via pulchritudinis para llegar al conocimiento de Dios. “Sí, efectivamente, la belleza de todas las criaturas y de las obras de la naturaleza y de las obras de arte es solo un fragmento, algo limitado, un síntoma o un reflejo, y no existe en ningún sitio su versión plena, absoluta, entonces hay que buscar esta versión absoluta de la Belleza más allá de las criaturas. Entonces estamos en el camino que nos lleva a comprender que Él existe. Que la Belleza, que es absoluta y total, perfecta desde cualquier punto de vista, es justamente Él”.
De alguna manera, aquellas palabras del entonces arzobispo de Cracovia resultaron premonitorias del mensaje que san Pablo VI quiso dirigir a los artistas nada más concluir el Concilio Vaticano II: “Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza”. San Juan Pablo II se hará eco de este mensaje conciliar en diversas ocasiones. Así, por ejemplo, tomando pie de la conocida frase recogida en una obra de Dostoievski –“¡La belleza salvará el mundo!”–, señalaba ante un grupo de artistas en Salzburgo (1988): “En este contexto, la belleza debe interpretarse como el reflejo de la Belleza, del esplendor de Dios. Ante la abrumadora realidad del mundo contemporáneo, se debería realmente ampliar esta frase y decir, ‘¡El bien, la bondad, el amor salvarán el mundo!’. Los cristianos expresamos con esto el amor de Dios, que en Jesucristo se ha manifestado en su plenitud salvífica y nos llama a la emulación”. También aludirá a este poder del arte en la Carta a los Artistas, en la que expresa su esperanza de que surja “una renovada ‘epifanía’ de la belleza para nuestro tiempo”, que suscite “esa arcana nostalgia de Dios”.
Sobre este “camino de la belleza” volvería al final de su pontificado, con motivo de un discurso a los miembros de las Academias Pontificias, seis meses antes de fallecer, en noviembre de 2004, en el que definiría la via pulchritudinis “como itinerario privilegiado para el encuentro entre la fe cristiana y las culturas de nuestro tiempo, y como instrumento valioso para la formación de las generaciones jóvenes”. E instaba: “Si se quiere que el testimonio de los cristianos influya también en la sociedad actual, debe alimentarse de belleza para que se convierta en elocuente transparencia de la belleza del amor de Dios”. Solo así se promoverá “un nuevo humanismo cristiano, capaz de recorrer el camino de la belleza auténtica y de señalarla a todos como itinerario de diálogo y de paz entre los pueblos”. De hecho, el Pontificio Consejo para la Cultura recogería un par de años más tarde esta invitación y elaboraría un documento extenso, lleno de sugerentes reflexiones, titulado La “Via Pulchritudinis”, camino de evangelización y de diálogo.
Llegados a este punto, y dentro de esta dimensión salvífica del arte, san Juan Pablo II distingue dos aspectos que constituyen sendas caras de la misma moneda: la íntima conexión que existe entre belleza, verdad y bien; y, en consecuencia, la eficacia del arte como vehículo de catequesis. Respecto del primer aspecto, en un encuentro con artistas, afirmaba: “Como nos enseñan los antiguos, lo bello, lo verdadero y lo bueno están unidos por un vínculo indisoluble”. Esta triada ontológica, que impregna hondamente toda la realidad creada, interpela al talento del artista, quien gracias a la inspiración divina es capaz de captar e interpretar esas señales de transcendencia que emite el universo creado en todo su esplendor. En esto consiste su misión mediadora, como hemos visto: una mediación que revela la triple huella divina presente en el mundo y que atrae la mente y el corazón humanos a través de la belleza. Con bellas palabras lo expresa el propio Papa Wojtyła en su Carta a los Artistas, al indicar que “en toda inspiración auténtica hay una cierta vibración de aquel ‘soplo’ con el que el Espíritu creador impregnaba desde el principio la obra de la creación”, y que consiste en “una especie de iluminación interior, que une al mismo tiempo la tendencia al bien y a lo bello, despertando en él las energías de la mente y del corazón, y haciéndolo así apto para concebir la idea y darle forma en la obra de arte”.
En este punto radica el fundamento de la eficacia catequética del arte, a la cual se ha referido san Juan Pablo II en diferentes ocasiones. En concreto, utiliza la expresión “mediación catequética”, que toma de san Gregorio Magno, y que se apoya en esta capacidad que el arte posee de revelar esos atisbos de la presencia de Dios en el mundo. “En efecto –señala este Papa santo en su Carta a los Artistas– el Hijo de Dios, al hacerse hombre, ha introducido en la historia de la humanidad toda la riqueza evangélica de la verdad y del bien, y con ella ha manifestado también una nueva dimensión de la belleza, de la cual el mensaje evangélico está repleto”. De ahí que, parafraseando a algunos artistas y literatos, se haya referido a la Sagrada Escritura como una especie de “inmenso vocabulario” (P. Claudel) y de “Atlas iconográfico” (M. Chagall) que ha servido de inspiración a cultivadores de las más diversas artes. En suma, los artistas que reconozcan en sí este talento serán capaces de ofrecer “obras de arte que abrirán los ojos, los oídos y el corazón a las personas de una manera nueva, ya sean creyentes o personas que se encuentran a la búsqueda”.
“En el nombre de la Belleza”
Cabe concluir que Karol Wojtyła/Juan Pablo II ha contemplado, practicado y recorrido la via pulchritudinis desde su juventud, al tiempo que ha reflexionado también sobre ella. Con apenas diecinueve años, encabezó una de las cartas dirigidas a su maestro de teatro rapsódico, Mieczysław Klotarczyk, de una forma muy elocuente: “Te saludo con el Nombre de la Belleza, que es el perfil de Dios, la causa de Cristo y la causa de Polonia”. A partir de ese momento, cultivaría las artes de la palabra (poesía y teatro) toda su vida, hasta culminar con la publicación, al final de su pontificado, de su legado poético Tríptico Romano.
No es de extrañar que el llamado “Papa poeta” haya desarrollado una singular sensibilidad hacia el mundo artístico y cultural, y que haya desarrollado incluso su propia ontología del arte como apertura hacia la trascendencia. El arte se convierte así en un “criptograma del misterio”, en una forma de conocimiento, en una manifestación de la presencia divina en el mundo. Un misterio que el artista está llamado a desvelar a través de su peculiar vocación. Un misterio que se encarna a través de la expresión de la belleza, convertida en camino de revelación salvadora (via pulchritudinis).
Desde su lugar en la Casa del Padre, este santo Papa sigue recordando a los artistas de todos los tiempos: “Que vuestro arte contribuya a la consolidación de una auténtica belleza que, casi como un destello del Espíritu de Dios, transfigure la materia, abriendo las almas al sentido de lo eterno”.
El autorAlejandro Pardo
Sacerdote. Doctor en Comunicación Audiovisual y en Teología Moral. Profesor del Instituto Core Curriculum de la Universidad de Navarra.
Mons. Cesare Pagazzi: “El Archivo y la Biblioteca Vaticanos son un ‘cruce de puentes’”
El arzobispo Giovanni Cesare Pagazzi, responsable del Archivo y la Biblioteca Vaticanos, explica que la cultura y la fe, lejos de ser reliquias del pasado, son fuentes vivas de esperanza y encuentro en un mundo marcado por conflictos y cambios tecnológicos.
Giovanni Tridente·7 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 4minutos
En el corazón del Vaticano, la Biblioteca Apostólica y el Archivo Apostólico (conocido hasta 2019 como Archivo Secreto Vaticano) forman juntos un único aliento cultural: dos pulmones de la memoria de la Iglesia y de la humanidad. La misión de custodiar ambas instituciones recae hoy en el arzobispo Giovanni Cesare Pagazzi, titular de Belcastro, nombrado por el Papa Francisco el pasado mes de marzo de 2024 en el doble cargo de Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana.
Nacido en 1965, Pagazzi es teólogo y académico con una larga trayectoria, habiendo enseñado Eclesiología, Cristología y Antropología. En 2022 fue llamado a desempeñarse como secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación, antes de recibir la ordenación episcopal en noviembre de 2023.
En su nuevo encargo, el arzobispo se encuentra ahora al frente de dos realidades de extraordinaria importancia que -como él mismo cuenta en esta entrevista para Omnes- no son solo lugares de conservación, sino “cruces de puentes”, donde las naciones, incluso aquellas lejanas o en conflicto, se encuentran unidas por la pasión por el conocimiento.
¿Cómo han sido para usted estos primeros meses de servicio como Archivero y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana?
—Han sido meses apasionantes. Me he encontrado inmerso en el gran río de la historia de la Iglesia y de la humanidad, recogido entre las orillas del Archivo Apostólico y de la Biblioteca Apostólica. Tengo la fortuna de trabajar con dos equipos de altísima calidad profesional; de ellos estoy aprendiendo mucho.
Mi predecesor, monseñor Vincenzo Zani (arzobispo titular de Volturno), me había hablado de la gran importancia del Archivo y de la Biblioteca también desde el punto de vista diplomático, a través de la llamada diplomacia cultural. No imaginaba que fuese tan relevante. No esperaba que la Biblioteca y el Archivo fueran lugares donde confluyen naciones muy diversas, unidas por el interés por la cultura. Algunas de ellas, fuera de este espacio, son incluso enemigas. El Archivo y la Biblioteca son un cruce de puentes.
En un tiempo atravesado por conflictos, crisis y desorientación, ¿puede la cultura abrir caminos de esperanza?
-—Como decía, la cultura puede abrir caminos que todavía son inimaginables en otros ámbitos. No por casualidad, desde tiempos antiquísimos, la Iglesia ha sido una de las mayores impulsoras culturales de la historia humana.
Además, los cristianos creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu no han actuado solo “ayer”, sino también hoy, ahora, en este mundo magnífico y dramático. Si Dios está aquí, actuando, ¿por qué deberíamos desesperar?
Por otra parte, los libros sapienciales dicen varias veces que quien considera que el ayer fue mejor que el hoy no es una persona sabia.
¿Cómo podemos entrenarnos para reconocer estas señales también en nuestro presente?
—Ha dicho bien: “entrenarnos”. Debemos ejercitarnos en reconocer los signos de esperanza, incluso los más pequeños. Es necesaria una especie de fisioterapia, un ejercicio repetido -no exento de esfuerzo- que nos devuelva una habilidad perdida: la capacidad de ver el grano en medio de la cizaña, la fuerza que nos permite admitir que incluso del enemigo podemos aprender algo. Quizás por eso Cristo nos pide que lo amemos.
Volviendo a la Biblioteca, a menudo se la percibe como un cofre del pasado. Sin embargo, custodia un patrimonio que sirve para iluminar el presente y el futuro. ¿Cuál es entonces su función viva hoy?
—Antes que representar una imagen reducida de la Biblioteca y del Archivo, definirlos como “cofre del pasado” es una comprensión distorsionada de la relación entre lo que llamamos pasado, presente y futuro.
El hoy es inimaginable sin los apoyos y estímulos que provienen del ayer. Un objeto cotidiano, como una cuchara, es inconcebible sin la metalurgia primitiva. Una misión espacial no podría planificarse sin el aporte, todavía operativo, de las antiguas matemáticas egipcias, indias, chinas, griegas, árabes y precolombinas.
El pasado es contemporáneo del presente y lo acompaña. Existe una sincronía entre todas las generaciones. Se establece una especie de “comunión de los santos” cultural: las obras y los buenos pensamientos de quienes nos precedieron siguen activos; por eso, les somos deudores.
Así pues, la Biblioteca y el Archivo no son meros lugares de custodia del pasado, sino espacios donde, de modo más evidente, vibra la sincronía de todas las generaciones. Una sincronía que se puede percibir, incluso, cuando hoy o mañana use una simple cuchara.
Los proyectos de digitalización y apertura a los estudiosos de todo el mundo convierten a ambas instituciones en un laboratorio de diálogo cultural universal. ¿Es también esto un signo de esperanza?
—Por supuesto. Sin embargo, la Biblioteca y el Archivo son como el corazón. Este funciona gracias a dos movimientos opuestos: la diástole, que se expande y abre, y la sístole, que recoge y cierra. Nunca uno sin el otro.
Un exceso de cierre volvería asfixiantes a la Biblioteca y al Archivo. Una apertura indiscriminada los transformaría en un mercado donde cada uno toma lo que quiere, sin comprender que son organismos vivos que no pueden ser mutilados. De otro modo, el documento o el libro hallado dejaría de ser parte de algo vivo y se convertiría en un miembro amputado.
¿Qué ayuda puede ofrecer la Iglesia en un escenario actual que oscila entre el entusiasmo tecnológico y los miedos globales?
—Ante todo, no debemos asustarnos. Si el Señor nos ha colocado precisamente en este tiempo, significa que tiene plena esperanza en nuestro éxito.
Así como las generaciones pasadas enfrentaron el impacto cultural, social, económico y antropológico de innovaciones tecnológicas como la luz eléctrica, la radio, la televisión, el automóvil, el avión o Internet, nos corresponde ahora a nosotros asimilar la llamada inteligencia artificial y las nuevas posibilidades del entorno digital.
Afirmar que la inteligencia artificial representa un desafío mayor que los del pasado no toma en cuenta que nosotros no tuvimos dificultad alguna en “digerirlos”, y por eso los consideramos más fáciles.
¿Existen posibilidades para que el Evangelio no quede confinado al ámbito privado, sino que se convierta en fermento en la cultura?
—Probablemente el problema no radica en una menor capacidad del cristianismo para influir culturalmente, sino en la incapacidad de advertir cuánto la cultura ya es deudora del cristianismo. Por eso, vive una especie de complejo de inferioridad que lo inhibe.
Usted ha trabajado largamente en la teología de la familia. ¿De qué modo la familia sigue siendo hoy una “escuela de esperanza”?
—Hemos aprendido a mirar a los ojos, a sonreír, a caminar, a hablar, a confiar en las personas y en las cosas dentro de la casa de nuestros orígenes. La gramática elemental y el vocabulario básico, incluso de la operación cultural más sofisticada, los hemos aprendido en familia. ¿Qué más se puede añadir?
Si tuviera que elegir una imagen o un episodio que describa la función de la cultura cristiana para nuestro tiempo, ¿cuál nos regalaría?
—La semilla que cae en tierra y muere.
¿Qué deseo o mensaje le gustaría dirigir, desde su papel, a quienes hoy se dedican al estudio, a la enseñanza o a la investigación, incluso fuera de la Iglesia?
—El coraje es el comienzo de todo, también de toda investigación. No se sabe de dónde viene, pero siempre inaugura algo nuevo que exige fidelidad.
Natalia Peiro: «¿Cómo se van a transmitir los valores cristianos sin salir de la zona de confort?»
El IX Informe FOESSA muestra una España cada vez más desigual y fragmentada, con una clase media en retroceso y millones de personas en exclusión. Natalia Peiro advierte del auge del individualismo y reclama recuperar los valores del cuidado, la solidaridad y el encuentro.
Redacción Omnes·6 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
España vive un proceso de fragmentación social en el que la clase media se contrae y millones de familias caen hacia estratos inferiores, dejando a España con una de las tasas de desigualdad más altas de Europa. Así lo refleja el IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España, presentado por Cáritas y elaborado por un equipo de 140 investigadores de 51 universidades y centros de estudio.
Según el informe, la exclusión severa afecta ya a 4,3 millones de personas, un 52 % más que en 2007. Los grandes motores de esta fractura son la vivienda y el empleo precario: el 45 % de quienes viven en alquiler están en riesgo de pobreza —la cifra más alta de la UE— y casi la mitad de la población activa sufre algún tipo de inseguridad laboral.
Otros factores agravan la exclusión, como la educación insuficiente, la salud deteriorada, el aislamiento social o el origen familiar, que multiplica las posibilidades de caer en pobreza. La exclusión, además, golpea especialmente a los hogares encabezados por mujeres y a la infancia, que concentra un tercio de los casos más graves.
Pese a las dificultades que afrontan a diario los hogares en exclusión severa, tres de cada cuatro activan estrategias de inclusión, es decir, buscan empleo, se forman, activan redes y ajustan gastos, pero chocan con barreras estructurales, se topan con dispositivos fragmentados, con recursos escasos y muy poco personalizados. La activación en estos hogares pasó del 68 % en 2021 al 77 % en 2024. Con estos datos Raúl Flores insistió en desmontar el mito de la pasividad de las personas en situación de pobreza y exclusión: «esa idea de que viven de prestaciones sociales sin buscar soluciones o emprender acciones para su inclusión, es falsa. Esta realidad demuestra que no fallan las personas, falla el sistema”.
Una red comunitaria fragmentada
En la presentación del informe se habló de una sociedad cada vez más individualizada: «El auge del individualismo se refleja también en un cambio paulatino de valores: si hace décadas se priorizaba la igualdad, ahora se antepone a menudo la libertad personal a la igualdad social. Y sobre este individualismo imperante cabalga el persistente mito de la meritocracia, la idea del ‘hombre hecho a sí mismo’, a pesar de que la evidencia demuestra que el origen familiar, la herencia y el capital social son decisivos».
Raúl Flores apuntó que este individualismo rompe la red comunitaria y nos aísla: «cuando la conciencia del riesgo no genera acción colectiva, sino repliegue, la esperanza se quiebra, dejando una profunda cicatriz emocional”.
Ante esta desesperanza, Natalia Peiro apuesta por hacer pedagogía acerca de las relaciones intergeneracionales, las relaciones interculturales, la familia «y esa red de protección que yo creo que muchas veces ha estado atacada pero que en realidad no hemos encontrado otra cosa mejor. El informe demuestra que el cambio de estructura de los hogares favorece un mayor riesgo de exclusión social. Nosotros apostamos por los valores cristianos».
Los católicos contra el individualismo
“Creemos que el futuro de la sociedad depende también de lo que vamos haciendo cada uno cada día. Hay una estrategia de destrucción moral que nos impide ponernos en el lugar del otro. Es muy fácil ponerse del lado de los tuyos, pero no del que piensa diferente o del que tiene menos” comenta.
La secretaria general alertó de la creación de “enemigos ficticios” entre generaciones o colectivos, y advirtió del riesgo de una sociedad “cada vez más elitista y segregada”: “hay mucha parte católica muy elitista que contribuye a ese sálvese quien pueda, porque puede salvarse. Pero los que no pueden hacerlo no pueden quedarse solos. Si seguimos por ese camino, acabaremos vaciando los sistemas públicos y avanzando hacia modelos como los de América Latina, con una sanidad y educación desiguales.”
Peiro insistió en que la Iglesia y la sociedad deben asumir su parte de responsabilidad, apostando por una convivencia basada en la mezcla, el encuentro y la solidaridad real: “Nos cuesta relacionarnos con personas necesitadas de manera real, no solo ayudarlas sino que formen parte de nuestra vida. El futuro pasa por mezclarnos con personas diferentes, con trayectorias de vida que nos descolocan, pero que nos enriquecen. El encuentro con quienes peor lo pasan siempre te da una perspectiva de la vida mucho mejor.”
Pese al diagnóstico preocupante, Peiro mantiene la esperanza: “Hay muchísima gente que sigue promoviendo iniciativas de convivencia y ayuda. Mientras haya personas comprometidas, hay esperanza. Podemos cambiar nuestro entorno, y desde ahí transformar el sistema.”
Del aborto a la adoración: Mónica dejó que Dios lo hiciera todo
Tras una juventud marcada por la noche, el descontrol y un aborto, Moni vivió una conversión radical que transformó su herida en misión. Hoy, reza frente a las clínicas de aborto y acompaña a otras mujeres en el proceso de sanación.
Moni es una mujer con una mirada viva. Habla a toda velocidad, como es ella, con esa mezcla de fuerza y ternura que solo da haber pasado por el infierno y haber vuelto. “El ser humano se acostumbra a todo”, dice. “Yo tapé muchas heridas de mi vida con salidas, alcohol y diversión, pero como no hay herida que el Señor no pueda curar aquí estoy ahora, llena de paz gracias a Él”, dice con la experiencia de quien lo ha comprobado.
Infancia y juventud
Moni nació en Madrid, en una familia católica “de costumbre, no de práctica”. Fue bautizada y estudió en el Colegio San Ramón y San Antonio, de las Agustinas, “un colegio católico, donde hice la comunión, pero la fe no prendió en mí. Dejé de ir a Misa tras la primera comunión”, recuerda. “No sentía nada. No me sentía parte de ese mundo”. Tenía una hermana gemela, inseparable en la infancia, que siempre mantuvo la fe, pero Moni durante la adolescencia se distanció totalmente de lo espiritual.
A los 16 años, Moni conoció al que sería su novio durante más de una década. Pasó unos años de noche y descontrol. “Cogía coches borracha. No me drogaba porque me daba miedo. Hacía mucho daño a los que estaban a mi alrededor. Muchísimo. He dejado heridas a mucha gente”, dice con sinceridad.
La fuerza que la sostenía era, según ella, pura inconsciencia: “Nunca tuve miedo, ni inseguridades. Era pam, pam. Hasta que todo se derrumbó”, comenta.
La herida
Tenía 22 años cuando su vida se quebró del todo. “Fue una noche tras ir a una casa con cuatro chicos después de estar en una discoteca. Apenas recuerdo los detalles de aquella noche, pero al día siguiente -tratando de recomponer los hechos- fui consciente de lo que había sucedido y que había sido abusada”.
Semanas después, descubrió que estaba embarazada. “Fui a la clínica Dator, en Madrid. Aborté. Y me fui directa a trabajar”, explica Moni.
Siguió su vida como si nada hubiera sucedido. No lo compartió con nadie de su familia, aunque poco después vinieron miedos que nunca había tenido (a los ascensores, a conducir…) y ataques de ansiedad. Me volví insegura. Mi hermana me decía: ‘te notamos rara, con miedo’. Yo respondía: ‘no me pasa nada’. Pero sí me pasaba.”
Aquel aborto fue una grieta que se mantuvo oculta durante años. “Yo creía que lo había solucionado. Pero el cuerpo lo guarda todo.”
Tocando fondo
Tras romper con su novio, Moni cayó en el vacío. “Cuando me dejó, creí que me moría. Pero el Señor siempre me cuidó, siempre, aunque yo lógicamente no era consciente y vivía alejada de Él. Así que empecé a jugar al pádel, solo para hacer algo”. El pádel fue, sin saberlo, su primer paso hacia la luz. “Ahí me encontré con gente normal”, dice entre risas. “Gente que hacía planes de tarde, que te valoraban. Me di cuenta de que se podía vivir sin noche.”
Fue también allí donde conoció a Jordi, un hombre que jugaba en su mismo club. “Me encantó. Pensé: ‘es buenísimo’. Pero en ese momento no era el plan del Señor. Yo no lo sabía aún”.
Tras unos años de amistad, Jordi se divorció, y comenzaron una relación hasta que en 2015, Moni y Jordi se fueron a vivir juntos. “El primer año fue fenomenal, pero luego fue fatal. Yo quería ser feliz del todo, y veía que no podía. Lo que antes me llenaba, ya no me hacía feliz”.
Tenían discusiones duras. “Yo le veía enfadado, y pensaba: ´estoy volviendo a hacer daño. Todo lo rompo`. Siempre he pensado que lo que toco lo rompo”. Durante esos años, Moni seguía sin fe, pero la semilla divina empezaba a germinar sin que ella lo notara.
El día de su conversión
La búsqueda de felicidad llevó a Moni a un retiro de Cursillos de Cristiandad y el 16 de enero de 2020, “estaba delante del Sagrario. Me puse a llorar sin parar. Solo escuchaba una voz dentro: ‘tranquila, tranquila’. No entendía nada. Pero supe que Dios era real, que estaba ahí.”
Fue el inicio de su conversión. “Desde ese día el Señor puso orden en mi vida. Me enseña que lo que antes veía normal, ya no lo es. Empecé a obedecerle. Con amor, porque sabía que me quería”.
Cuando comprendió que su relación con Jordi era incoherente con su fe y no podía seguir igual, dio el paso más difícil: “Le dije que quería vivir como hermanos hasta que él consiguiera la nulidad de su primer matrimonio”.
A Jordi le costó, pero lo aceptó. “Menos mal que el Señor le regaló una conversión tan fuerte como la mía y hemos podido vivir así cuatro años, hasta que en 2024 reconocieron la nulidad y pudimos casarnos. Fue durísimo y precioso a la vez”, explica Moni. “Fue como si el Señor me dijera: ves, cuando obedeces, todo se ordena. Y eso lo aprendí ahí, en la obediencia”.
El Proyecto Raquel
Aunque su vida había dado un giro, quedaba una herida sin cerrar: el aborto. En marzo de 2024, Moni comenzó el Proyecto Raquel, un itinerario de sanación para mujeres que han abortado.
“Fui pensando que ya estaba sanada, pero el Señor quería algo más. Fui con miedo, a regañadientes. Me daba pánico hurgar en heridas del pasado que yo creía superadas. Pero desde la primera sesión sentí mucha paz”.
“Gracias al Proyecto Raquel he podido tener una relación con mi hijo. Antes era imposible, pero ahora le he puesto nombre, le llamó Maravillas. “Un día entendí que mi bebé era maravilloso, aunque viniera al mundo como vino. Su vida es una maravilla. Por eso se llama así”.
La última sesión culminó con una Misa ofrecida por su hijo. “Le escribí una carta. Le decía: ‘sé que tu vida va a ser maravillosa en el Cielo’. Y así es. Desde entonces, le rezo. Le hablo. Le pido”.
Hoy: de la herida a la misión
Hoy, Moni forma parte de los voluntarios que rezan frente a las clínicas del aborto, incluso frente a la misma Dator donde ella entró con 22 años. “La primera vez que fui lo pasé fatal. Llovía, estaba sola. Un chico me insultó. Me dio miedo. Pero sigo yendo. Porque las veo y me veo”.
“Lo que más me duele es el Señor. Que le digamos que no a su plan. Que quitemos vidas con esa facilidad. Me duele en primer lugar el pecado, no la gente”. Habla de las mujeres que entran a abortar con la compasión de quien ha estado ahí. “Rezo por ellas y por los novios que las acompañan. Pobres, también engañados. Si supieran…”.
Y concluye: “No hay mayor mal que quitar la vida a tu propio hijo. Pero tampoco hay herida que el Señor no pueda sanar”. Su historia lo muestra a las claras, sobre todo ahora que está embarazada de seis meses.
Celebrar al obispo de Roma. Dedicación a la basílica de Letrán (C)
Joseph Evans nos comenta las lecturas de la dedicación a la basílica de Letrán (C) correspondiente al día 9 de noviembre de 2025.
Joseph Evans·6 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
La unión con el Papa es tan importante que este año la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán tiene prioridad sobre el domingo normal. Porque Nuestro Señor nos dijo “quien a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 10, 16) y Pedro es, en palabras de santa Catalina de Siena, el “dulce Cristo en la tierra”, el representante de Nuestro Señor. Recordemos que la Basílica de Letrán, y no la Basílica de San Pedro, es la catedral del Papa. Esta última es solo la iglesia personal del Papa, casi como su capilla, ¡por enorme que sea! Así pues, la Basílica de Letrán representa la sede de la autoridad del Papa como obispo de Roma. Cada catedral expresa la autoridad del obispo y en cada diócesis celebramos el aniversario de la dedicación de esa catedral como expresión de nuestra unidad con el obispo. Hoy, en toda la Iglesia, celebramos la dedicación de la Basílica de Letrán como signo de nuestra unión con el Papa que, aunque es pastor universal, es también obispo de Roma.
La basílica es considerada “Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo”, lo que cobra aún más sentido si recordamos que está dedicada a san Juan Bautista y cuenta con un baptisterio enorme, ¡más grande que muchas catedrales! El bautismo fue nuestro nacimiento en Cristo y en la Iglesia, y Juan, por supuesto, fue el gran bautizador que incluso bautizó a Cristo, aunque solo para que Nuestro Señor le concediera su gracia a él y a nosotros. Desde el Bautismo de Cristo en el Jordán, por el poder que Nuestro Señor dio a esas aguas, la gracia divina de alguna manera “fluye” hacia todas las aguas bautismales en todos los lugares y a lo largo del tiempo. Así que la fiesta de hoy nos habla de nuestra unión con el Papa y la Iglesia y de cómo, a través del Bautismo, la Iglesia actúa como una madre para darnos a luz en Cristo.
Pero las lecturas de hoy nos dan una advertencia. Nunca debemos abusar de los espacios sagrados que Dios nos da para encontrarnos con Él. Unidos a Cristo, que es el verdadero Templo de Dios, el verdadero lugar donde Dios se encuentra con el hombre, nosotros mismos debemos ser templos vivos de Dios (1 Cor 3, 16-17). Dios también utiliza edificios materiales para que podamos tener un lugar físico al que acudir como comunidad, pero esos edificios deben ser siempre casas de oración y nunca reducirse a lugares de trueque y comercio. Jesús no lo tolerará, como muestra el Evangelio de hoy. Quizás podríamos aprovechar también esta fiesta para reflexionar si realmente respetamos nuestras iglesias y las vemos no como meros centros comunitarios, sino como lugares de oración y adoración a Dios.
Aliento de León XIV: la Pascua es medicina, curación, y esperanza cada día
Creer en la Pascua en el camino cotidiano significa revolucionar nuestra vida, ser transformados para transformar el mundo con la fuerza de la esperanza cristiana. El anuncio pascual es medicina y curación, ha dicho el Papa en la Audiencia, en la que ha alentado a “la vocación común a la santidad. Todos estamos llamados a ser santos”.
Francisco Otamendi·5 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
Con su reflexión sobre ‘La Resurrección de Cristo y los retos del mundo actual’, el Papa ha ofrecido en la Audiencia de esta mañana una inyección de optimismo y esperanza. La Pascua es “medicina, curación y da esperanza a la vida cotidiana (Mt 28,18-20)”.
Toda su meditación ha girado en torno a esta idea, que tiene mucho que ver con la intención de oración del Papa para noviembre: “Por la prevención del suicidio”, como pueden ver en la información de CNS aquí.
La Pascua de Jesús es un evento que no pertenece a un pasado lejano, ya sedimentado en la tradición, ha comenzado diciendo el Pontífice, sino que se actualiza cada día. “El mensaje pascual es un ancla segura: el amor ha vencido al pecado para siempre, y la vida triunfa sobre la muerte”, ha alentado a los peregrinos de lengua inglesa.
Video con la intención de oración del Papa León XIV para el mes de noviembre de 2025: «Por la prevención del suicidio».
Misterio pascual, todos los días en la celebración eucarística
Antes, sus palabras habían sido: “La Iglesia nos enseña a hacer memoria actualizante de la Resurrección todos los años en el domingo de Pascua. y todos los días en la celebración eucarística, durante la que se realiza de modo pleno la promesa del Señor resucitado: ‘Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos’ (Mt 28,20).
“Por eso, el misterio pascual constituye el eje de la vida del cristiano en torno al cual giran todos los demás eventos”, ha dicho. En sus palabras a los fieles y peregrinos de lengua alemana, les ha exhortado: “Tal como Cristo encargó a los apóstoles, la Iglesia celebra en cada Santa Misa la verdadera actualización de su muerte y resurrección. Aquí se cumple continuamente la promesa de Cristo: ‘Estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28,20)”.
“La estrella polar”: de la Via Crucis a la Via Lucis
En Él tenemos la seguridad, ha subrayado el Pontífice, de “poder encontrar siempre la estrella polar hacia la que dirigir nuestra vida de aparente caos, marcada por hechos que, a menudo, nos parecen confusos, inaceptables, incomprensibles: el mal, en sus múltiples facetas; el sufrimiento, la muerte: eventos que nos afectan a todos y cada uno”.
Meditando el misterio de la Resurrección, encontramos respuesta a nuestra sed de significado. “Ante nuestra frágil humanidad, el anuncio pascual se hace medicina y curación, alimenta la esperanza frente a los desafíos alarmantes que la vida nos pone delante cada día a nivel personal y planetario. Desde la perspectiva de la Pascua, la Via Crucis se transfigura en Via Lucis”, ha añadido.
Resurrección: no una idea, una teoría, sino Acontecimiento que fundamenta la fe
El Papa ha querido señalar que “la Pascua no elimina la cruz, sino que la vence en el duelo prodigioso que ha cambiado la historia humana. También nuestro tiempo, marcado por tantas cruces, invoca el alba de la esperanza pascual”.
“La Resurrección de Cristo no es una idea, una teoría, sino el Acontecimiento que fundamenta la fe. Él, el Resucitado, nos lo recuerda siempre mediante el Espíritu Santo, para que podamos ser sus testigos también allí donde la historia humana no ve luz en el horizonte”.
La esperanza pascual no defrauda, ha señalado poco después. “Creer verdaderamente en la Pascua a través del camino cotidiano significa revolucionar nuestra vida, ser transformados para transformar el mundo con la fuerza suave y valiente de la esperanza cristiana”.
Santa Benedicta de la Cruz y san Francisco de Asís
En dos momentos de la catequesis, León XIV se ha apoyado en algunos santos.
En primer lugar, ha citado a una “gran filósofa del s. XX, Santa Teresa Benedicta de la Cruz -cuyo nombre secular fue Edith Stein-, que tanto profundizó en el misterio de la persona humana, y que nos recuerda este dinamismo de búsqueda constante de la plenitud”.
Luego ha recordado que de la muerte ‘nullu homo vivente po skampare’ (ningún hombre viviente puede escapar), canta San Francisco de Asís (cfr. Cántico del hermano sol)”. Pero “todo cambia gracias a aquella mañana en la que las mujeres que habían ido al sepulcro para ungir el cuerpo del Señor lo encuentran vacío”.
El anuncio pascual es “la noticia más hermosa, alegre y conmovedora que jamás ha resonado en el curso de la historia”, ha dicho. “Es el “Evangelio” por excelencia, que atestigua la victoria del amor sobre el pecado y de la vida sobre la muerte”.
“Todos estamos llamados a ser santos”
Antes de dar la bendición, en italiano, el Papa ha exhortado a la comunidad internacional a no olvidar a Myanmar, y ha recordado la reciente festividad de Todos los Santos. Ha reflexionado sobre «la vocación común a la santidad. Todos estamos llamados a ser santos. Os invito, por tanto, a adherirnos cada vez más a Cristo, siguiendo los criterios de autenticidad que los Santos nos han dado como ejemplo”.
Hechos para lo eterno
Poco antes, a los fieles de lengua francesa les había recordado el mensaje que está repitiendo estos días, al hilo de la liturgia: “El mes de noviembre no solo nos invita a rezar por nuestros difuntos, sino que también nos recuerda que estamos hechos para lo infinito y lo eterno: es decir, para la vida bienaventurada, única realidad que puede colmar las aspiraciones de nuestro corazón”.
Todo cristiano tiene su Getsemaní; ese momento en que puede decir, como Cristo, “Hágase tu voluntad”: abandonarse en un Dios que es padre.
5 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Una de las escenas más impactantes de la impresionante película de Alauda Ruiz de Azúa, “Los Domingos”, es cuando la protagonista reza, en una iglesia, la oración del abandono de Charles de Foucauld. No diré más, porque es, sin duda, uno de los puntos de inflexión de una cinta que merece ser vista más de una vez.
La escena no es neutra dentro de la cinta. Exige posicionarse: o está pirada, o aquí está Dios.
La escena requiere una respuesta, y una respuesta que cambia la vida. La de la protagonista y, en cierto también, la del espectador.
Decir «Hay Dios», es aceptar que ese Dios no somos nosotros, que hay un «otro», un Otro real al que podemos amar de verdad, y darle nuestra vida: la de sangre y sudor, la de risas y en la que te pican los pies.
“Los Domingos” dibuja la sociedad de hoy tal y como es, con sus luces y su ruido, con sus sombras y oscuridades, con la incomprensión que muestra ante el “silencio”, el ocultamiento libremente escogido.
“Los Domingos” habla, así, del abandono filial. Una actitud que hemos olvidado incluso dentro de la propia Iglesia. La película se acerca a la vivencia de la fe, al trato con Dios “como un marido, como un novio”, o sea, real. Y lo hace desde fuera, pero con una delicadeza, dignidad, respeto -y quizás, algo de asombro-, que la dota de completa verosimilitud.
Todo cristiano tiene su Getsemaní; ese momento en el que puedes dormirte y esconder la responsabilidad, sacar la espada y atajarla de manera inconsciente e hiriente, o decir, como Cristo, “Hágase tu voluntad”: abandonarse en un Dios que es padre.
A nuestra sociedad le faltan padres y le sobran “tips”. Hemos confundido el ser adultos con el “tener todo controlado” o que se haga todo “como lo habíamos planificado”.
La entrega total a Dios, en un convento, en la vida laical, en el matrimonio, es hoy un grito revolucionario que cambia el “¡Hazlo!” por el “¡Hazme!”. Un grito tan fuerte, que no se escucha, pero que tambalea los cimientos de barro resquebrajados, heridos, de una sociedad que anhela descubrir a ese Señor de “Los Domingos”.
Oración del abandono de Charles de Foucauld
Padre mío, me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tu eres mi Padre.
Directora de Omnes. Licenciada en Comunicación, con más de 15 años de experiencia en comunicación de la Iglesia. Ha colaborado en medios como COPE o RNE.
El número de la revista Omnes de noviembre tiene un dossier especial sobre artículos sobre el abuso de poder y de conciencia. Ofrecemos aquí uno de esos artículos.
Diego Blázquez Bernaldo de Quirós·5 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 6minutos
Cuando sor Pilar asumió la dirección de una obra educativa, en la periferia de una gran ciudad, heredó un expediente con polvo y silencios. Había decisiones firmadas sin actas, correos que “no constaban” y una costumbre que todos llamaban “obediencia” pero que, en realidad, sonaba a miedo. La superiora provincial le dio una única instrucción: “Haz que la casa vuelva a oler a Evangelio”. No le pidió heroicidades; le pidió método.
Ese es el corazón de este artículo: la autoridad en la Iglesia. No se trata de una entelequia piadosa ni un mero organigrama. Es un arte y una disciplina, con finalidades claras y límites precisos. Y, cuando olvida su fin —edificar personas y custodiar un carisma para bien de muchos—, se vuelve caricatura.
Autoridad, no dominio
El Evangelio es sencillo y severo: “No ha de ser así entre vosotros”. La autoridad cristiana nace del servicio y, por eso, se somete a su propio fin. El Derecho de la Iglesia, tan poco dado a eslóganes, lo formula con sobria belleza: la potestad se ejerce “en nombre de la Iglesia” y está intrínsecamente limitada por el bien de las personas, el carisma que se sirve y los derechos de los fieles. Eso significa que ningún superior puede mandar lo imposible, lo ilícito o lo que rebasa su competencia. Significa, también, que la obediencia no es ciega, porque la conciencia —bien formada— jamás abdica.
Lo notable es que, cuando estas ideas se toman en serio, cambia el clima. Las reuniones dejan de ser rituales para convertirse en espacios de discernimiento. La corrección fraterna deja de molestar y se vuelve antídoto contra el autoengaño. La autoridad, entonces, es buena noticia: alguien vela por todos, para que cada uno florezca y la obra no pierda el norte.
La frontera que protege la libertad
Si hay un punto donde suele torcerse el rumbo es en la mezcla de fueros. La tradición ha custodiado con celo la distinción entre lo que pertenece al fuero interno -la confesión, la dirección espiritual, el diálogo íntimo con Dios- y lo que pertenece al fuero externo —los hechos, las conductas, las decisiones de gobierno—. Respetar esa frontera no es una manía jurídica: es la barrera de protección de la libertad interior.
Cuando una superiora o un superior pregunta por “cómo va la oración” para decidir un nombramiento; cuando se solicita “manifestación de conciencia” para evaluar a alguien; cuando se convierte en confesor habitual de quienes debe enviar, corregir o cesar, se ha abierto una rendija por la que, tarde o temprano, entra la manipulación. No siempre hay mala fe; muchas veces hay confusión. Pero el daño es el mismo: la persona deja de distinguir la voz de Dios de la voz del gobierno. Y se rompe, sin ruido, la base de toda madurez cristiana.
La práctica sana es conocida y exigente: separar roles, poner la mirada en hechos verificables, documentar razones y, cuando haga falta, recurrir a mediadores externos. “No me cuentes cómo disciernes” —decía un superior mayor a sus directores—; “cuéntame cómo trabajas, cómo te relacionas, qué resultados has conseguido con tu equipo. Tu conciencia es tuya; mi deber es gobernar con justicia”.
Cómo se deteriora una casa… y cómo se vuelve a levantar
El abuso rara vez irrumpe con estridencia. Suele llegar disfrazado de eficacia. Todo empieza con una excepción: “Para no complicar, firmo yo”. Después, una costumbre: “Las actas sobran, somos familia”. Más tarde, un lenguaje: “Si amas a Dios, harás esto”. Y finalmente, el silencio: nadie pregunta, nadie explica, todos obedecen. La autoridad se vuelve monólogo. El gobierno, opaco. La conciencia, una pieza más en la maquinaria.
La buena noticia es que la reconstrucción también se hace con cosas pequeñas. Sor Pilar comenzó por la mesa: un Consejo que de verdad aconsejaba. Dossiers circulados con tiempo, preguntas incómodas hechas con respeto, votos donde la norma lo pedía y constancia escrita de por qué se decidía una cosa y no la contraria. El paso siguiente fue devolver a cada ámbito su dignidad: quien acompañaba espiritualmente dejaba de opinar sobre destinos; quien elaboraba el presupuesto presentaba cuentas claras; quien evaluaba lo hacía con criterios publicados. Nadie se sintió vigilado; muchos se sintieron cuidados.
De pronto sucedió algo hermoso: las hermanas más jóvenes —las que suelen “votar con los pies” cuando detectan incoherencia— empezaron a tomar la palabra. Y los laicos, que en las obras educativas conocen muy bien el sabor de la transparencia, comprendieron que esa casa no temía ser mirada. No fue milagro; fue gobierno.
Tres convicciones que cambian el tono de todo
-Primera: el fin no justifica los medios. No hay crecimiento del carisma si para lograrlo se aplasta la libertad o se usa lenguaje espiritual como palanca de poder. Decir “por el bien de la obra” mientras se vulnera un derecho no es celo apostólico; es desorden.
-Segunda: la participación no es un adorno. Escuchar no siempre obliga, pero casi siempre mejora. La Iglesia ha previsto consejos, consentimientos y consultas por sabiduría milenaria: nadie se gobierna a sí mismo. Y la rendición de cuentas —actas, informes, presupuestos, auditorías proporcionadas— no burocratiza; depura.
-Tercera: la caridad necesita forma. No basta con “buen espíritu” para evitar el abuso. Hacen falta normas claras, límites de tiempo en los oficios, gestión de conflictos de interés, protocolos ante incidencias con menores o con adultos vulnerables, formación de superiores en liderazgo y en derecho canónico práctico. La caridad, sin forma, se vuelve blanda con los fuertes y dura con los débiles.
Cuando ya hay herida
¿Qué hacer cuando el daño existe y no es hipotético? La respuesta cristiana tiene cuatro tiempos que conviene no confundir. Primero, escuchar con protección a la persona afectada, con apoyos externos al circuito de gobierno, porque la confianza no se decreta. Segundo, detener el daño con medidas prudentes —cautelares, si hace falta— que pongan a salvo a todos. Tercero, averiguar los hechos en fuero externo, sin invadir conciencia ni convertir el proceso en inquisición. Cuarto, hacer justicia con reparación, lo que incluye corregir, sancionar si procede, aprender y cambiar estructuras para no repetir.
La comunicación es parte de esa justicia. Una comunidad que calla lo esencial y pierde el rumor de la verdad se pudre por dentro. No se trata de exhibicionismo; se trata de no encubrir, de llamar a las cosas por su nombre, de asumir con humildad que el Evangelio no se defiende con secretismos.
Un lenguaje que educa
Las palabras hacen mundos. A veces la patología del poder se anuncia en el vocabulario. Cuando “obediencia” se confunde con disponibilidad ilimitada; cuando “discernimiento” quiere decir “adivina lo que el superior desea”; cuando “confianza” significa “no preguntes”, la deformación ya está instalada.
Conviene recuperar palabras exactas: obedecer es buscar juntos la voluntad de Dios, con la conciencia despierta; discernir es confrontar razones y signos, no voluntades desnudas; confiar es poder preguntar, incluso disentir, sin miedo a represalias.
Un gobierno eclesial que se toma en serio estas distinciones no empobrece su vida espiritual: la enriquece. Solo quien es libre puede ofrecerse. Solo quien es escuchado aprende a escuchar. Solo quien rinde cuentas puede mirar de frente.
La elegancia de lo sencillo
Al cabo de un año, sor Pilar entregó un informe breve a su provincial. No era un catálogo de victorias. Eran cinco constataciones humildes: que el consejo funcionaba, que las actas contaban una historia coherente, que el presupuesto se entendía, que los acompañamientos espirituales estaban a salvo del gobierno y que los nombramientos ya no dependían de simpatías. “La casa —escribió— huele otra vez a Evangelio”. No porque no hubiera problemas —los había—, sino porque el modo de afrontarlos era evangélico.
Hay casas donde, al entrar, uno siente que la autoridad es un peso; y casas donde se percibe que es un bien. La diferencia no está en el carácter de los superiores ni en la docilidad natural de las personas. Está en la combinación de una teología sobria del poder con una cultura organizativa clara: participación real, separación de fueros, controles proporcionados, memoria escrita, lenguaje honesto. No exige santidad de portada; exige voluntad sostenida y hábitos sencillos.
La Iglesia no ha improvisado estas intuiciones. Durante siglos ha aprendido —a veces con lágrimas— que el carisma florece cuando hay reglas que protegen la libertad, y se marchita cuando la autoridad se privatiza. Si necesitamos una imagen para no olvidarlo, que sea la de una mesa bien puesta: documentos a la vista, tiempos para hablar, razones que se ponderan, decisiones que se firman con paz, y un último gesto de gratitud por quienes han aportado su parte. El poder, allí, deja de asustar. Y la obediencia, allí, vuelve a ser palabra hermosa.
Al final, la prevención de abusos de poder y de conciencia no es un curso ni un protocolo —aunque ambos ayuden—. Es una forma de vida comunitaria en la que cada persona puede decir, sin retórica, “aquí crezco”. Y donde quien gobierna puede rezar, sin autoengaño, “aquí sirvo”. Cuando eso ocurre, la institución se hace creíble, el carisma se vuelve fecundo y el Evangelio, en silencio, convence.
El autorDiego Blázquez Bernaldo de Quirós
Consultor de congregaciones religiosas y director de Custodec.
El Vaticano aclara el papel de María en la Salvación
La Nota Doctrinal "Mater Populi fidelis" precisa el papel de la Virgen María en la salvación y desaconseja el uso de ciertos títulos que generan confusión.
Redacción Omnes·4 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado hoy la Nota Doctrinal Mater Populi fidelis (“Madre del pueblo fiel”), un documento que aborda con profundidad teológica el sentido y los límites de ciertos títulos marianos, como Corredentora y Mediadora, así como la correcta comprensión de la cooperación de la Virgen María en la obra de la salvación.
El texto, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio, responde a numerosas consultas recibidas durante las últimas décadas sobre la devoción mariana. Su finalidad principal es clarificar el lugar de la Virgen en el misterio de Cristo, único mediador y redentor, y ofrecer criterios seguros frente a interpretaciones o expresiones inadecuadas difundidas incluso en redes sociales.
María, Madre e intercesora al servicio del único Redentor
La Nota reafirma la maternidad espiritual de María y su papel singular en la historia de la salvación, pero subraya que su cooperación debe entenderse siempre de modo subordinado a Cristo. “Es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María”, indica el texto, recordando que dicho término puede oscurecer la mediación única de Jesucristo y «puede generar confusión y un desequilibrio en la armonía de verdades de la fe cristiana».
Asimismo, el documento señala que María no es dispensadora de la gracia divina, sino intercesora y modelo de fe. «Solo Dios puede regalar la gracia y lo hace por medio de la Humanidad de Cristo, ya que ‘la plenitud de gracia de Cristo hombre la tiene como unigénito del Padre'», se lee en uno de los apartados.
Con un enfoque pastoral y ecuménico, la Nota doctrinal busca valorar la piedad popular mariana, especialmente la de los pobres que “encuentran la ternura y el amor de Dios en el rostro de María”, y al mismo tiempo evitar exageraciones teológicas que desvirtúen el mensaje evangélico.
El documento incluye un amplio desarrollo bíblico, patrístico y magisterial, y se inscribe en la línea del Concilio Vaticano II, que propone un culto mariano “orientado al centro cristológico de la fe cristiana, de modo que ‘mientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado’. En definitiva, la maternidad de María está subordinada a la elección del Padre, a la obra de Cristo y a la acción del Espíritu Santo».
“Más que poner límites, Mater Populi fidelis busca acompañar y sostener el amor a María y la confianza en su intercesión materna”, concluye el cardenal Fernández.
Trump denuncia la violencia contra los cristianos en Nigeria
Recientemente Academia Play, un conocido canal de divulgación de YouTube, ha publicado un vídeo explicando el contexto de lo que ocurre en Nigeria y ofreciendo datos sobre el número de cristianos que están siendo masacrados.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazando a Nigeria con suspender la ayuda estadounidense, e incluso realizar una intervención militar, si el gobierno nigeriano no actúa rápidamente para detener los ataques contra las comunidades cristianas.
Trump hizo el anuncio el 31 de octubre, afirmando que incluiría a Nigeria en una lista de vigilancia de la libertad religiosa. En una publicación en su red social, Truth Social, Trump escribió: «El cristianismo se enfrenta a una amenaza existencial en Nigeria».
El presidente culpó directamente a grupos radicales y lanzó una dura advertencia: «Miles de cristianos están siendo asesinados. Los islamistas radicales son responsables de esta matanza», afirmó.
Trump instó a la acción, señalando: «Cuando los cristianos, o cualquier otro grupo similar, son masacrados como está ocurriendo en Nigeria… ¡hay que hacer algo!». También declaró que Estados Unidos no permanecería inactivo, indicando: «Estados Unidos no puede permanecer impasible mientras se cometen tales atrocidades en Nigeria y en muchos otros países», y añadió: «¡Estamos listos, dispuestos y capacitados para salvar a nuestra gran población cristiana en todo el mundo!».
La retórica escaló cuando Trump amenazó directamente al gobierno nigeriano. «Si el gobierno nigeriano continúa permitiendo el asesinato de cristianos, Estados Unidos suspenderá de inmediato toda la ayuda y asistencia a Nigeria, y bien podría entrar en ese país ahora deshonrado, ‘con las armas en ristre’, para aniquilar por completo a los terroristas islámicos que están cometiendo estas horribles atrocidades», dijo.
El presidente advirtió sobre la naturaleza de la posible respuesta militar: «Si atacamos, será rápido, brutal y cruel, ¡igual que como los terroristas atacan a nuestros queridos cristianos! ¡ADVERTENCIA: EL GOBIERNO NIGERIANO DEBE ACTUAR RÁPIDO!», concluyó.
Contexto de la violencia en Nigeria
Nigeria, con una población de aproximadamente 237 millones de habitantes, está dividida casi exclusivamente entre musulmanes y cristianos. La violencia contra los cristianos se ha intensificado en los últimos años a manos de grupos extremistas islámicos como Boko Haram; sin embargo, las comunidades musulmanas también se han visto gravemente afectadas por esta violencia. Las disputas entre agricultores y pastores también han provocado violencia y desplazamientos.
En respuesta a las declaraciones de Trump, el presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, utilizó la plataforma X para defender la postura de su nación: «Nigeria se mantiene firmemente como una democracia gobernada por garantías constitucionales de libertad religiosa».
Tinubu desestimó la caracterización de Trump, afirmando: «Desde 2023, nuestra administración ha mantenido un diálogo abierto y activo con líderes cristianos y musulmanes, y continúa abordando los desafíos de seguridad que afectan a ciudadanos de todas las religiones y regiones», y añadió que: «La caracterización de Nigeria como un país intolerante en materia religiosa no refleja nuestra realidad nacional, ni tiene en cuenta los esfuerzos constantes y sinceros del gobierno por salvaguardar la libertad de religión y de creencias para todos los nigerianos».
Un vídeo explicativo
Recientemente Academia Play, un conocido canal de divulgación de YouTube, ha publicado un vídeo explicando el contexto de lo que ocurre en Nigeria y ofreciendo datos sobre el número de cristianos que están siendo masacrados.
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San Carlos Borromeo, cardenal arzobispo con 27 años, impulsor de Trento
San Carlos Borromeo (1538-1584) fue una de las figuras destacadas de la Reforma católica y del Concilio de Trento, y jugó un papel importante en su aplicación. Austero y piadoso, impulsó la formación de los sacerdotes y fundó seminarios. Falleció a los 46 años.
Francisco Otamendi·4 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Nacido en el castillo de Arona, cerca del lago Mayor, en una familia noble de Lombardía, Carlos Borromeo mostró gran piedad desde joven, y una inclinación por el estudio del derecho y la teología. Tras obtener el doctorado en Derecho canónico y civil en la Universidad de Pavía, su tío, el Papa Pío IV, le nombró cardenal a los 22 años, encargándole importantes responsabilidades en la curia y en la administración de la Iglesia.
Como cardenal, Borromeo desempeñó un papel decisivo en la conclusión y aplicación del Concilio de Trento (1545-1563). Promovió la formación del clero y la educación cristiana del pueblo. En 1564 fue nombrado arzobispo de Milán, diócesis que no había sido visitada personalmente por sus prelados durante casi ochenta años.
En Milán, san Carlos se entregó a una profunda renovación pastoral. Fundó el seminario para la formación de sacerdotes, visitó personalmente todas las parroquias de su diócesis –incluso las más apartadas– y reformó las costumbres. Impulsó la catequesis, la música sagrada, el arte religioso y la caridad. Durante la peste de 1576, destacó por su heroísmo. Permaneció en la ciudad cuando muchos huyeron, y organizó procesiones, oraciones y ayuda para los enfermos y pobres, aun a costa de su propia salud.
“Las almas se conquistan de rodillas”
Su vida fue austera y de oración, con entrega pastoral, según sus biógrafos. Al mismo tiempo, según el santoral vaticano, después del cisma provocado por la Reforma luterana, la Iglesia católica se hallaba en un período particularmente crítico. Y el joven arzobispo no tuvo miedo de defender la Iglesia contra la interferencia de los poderosos.
Borromeo animó a sacerdotes, religiosos y diáconos a experimentar la fuerza de la oración y de la penitencia, transformando sus vidas en camino de santidad. “Las almas”, repetía a menudo, “se conquistan de rodillas”. Murió el 3 de noviembre de 1584, a los 46 años, exhausto por el trabajo y el ayuno. Fue canonizado en 1610 por el Papa Paulo V.
Con el título “Pensamiento social católico, mercado y políticas públicas. Desafíos del siglo XXI”, los economistas Philip Booth y André Azevedo Alves firman la primera obra de una iniciativa editorial que se propone recuperar y actualizar la riqueza del pensamiento social católico en diálogo con los grandes temas de la economía, la política y la vida pública contemporánea.
En esta conversación, Booth y Azevedo reflexionan sobre algunos desafíos que enfrenta hoy el pensamiento social católico en un mundo marcado por la incertidumbre económica y cambios culturales significativos.
¿La Iglesia, la jerarquía, entienden bien cómo funciona la economía?
PHILIP: En cierto sentido, no es función de la jerarquía comprender cómo funciona la economía a nivel técnico. La función de la jerarquía es proporcionar orientación moral y teológica, incluso en cuestiones económicas y sociales. Los documentos de la jerarquía emiten juicios que son contingentes. Los juicios sobre cuestiones económicas y políticas pueden cambiar con el tiempo por todo tipo de razones.
Y creo que si sucumbimos a la tentación de creer que la jerarquía debe emitir juicios sobre aspectos técnicos de la vida económica, sería una forma de clericalismo. Que alguien sea clérigo no quiere decir que sepa de todo, mientras que hay otras personas que tienen conocimiento y autoridad en esas áreas. Los católicos en la vida pública tienen que hacer juicios prudenciales informados por consideraciones morales y teológicas sobre temas económicos y políticos.
ANDRÉ: Creo que agregaría que no solo no debería esperarse que las personas en la jerarquía sean necesariamente expertas en la economía, sino que también creo que la principal preocupación debería ser que no extiendan demasiado sus pronunciamientos sobre la economía.
Así que creo que es más importante que tener expertos en la jerarquía es tener personas, especialmente en posiciones de poder dentro de la Iglesia, que entiendan el papel y los límites de lo que es o debería ser la Doctrina Social Católica (DSI), y que no se extiendan demasiado en términos de querer tener posiciones muy estrictas sobre temas que pueden ser, y a menudo son, temas en los que los católicos pueden discrepar y seguir siendo buenos católicos. Por ejemplo, por razones prudenciales, se pueden tener opiniones diferentes sobre la aplicación de la teoría económica a cuestiones políticas específicas y está bien estar en desacuerdo
¿Podría poner un ejemplo concreto?
PHILIP: Los impuestos sobre las apuestas están siendo discutidas en el Reino Unido en este momento. La idea es aumentarlos para proporcionar más dinero a las familias pobres. La jerarquía de la Iglesia podría hablar sobre las implicaciones morales del juego (el hecho de que pueda ser ocasión de pecado o ser adictivo, etc.). Pero yo no esperaría que tengan especial experiencia en éste área, por lo que no deben pronunciarse sobre qué impuestos poner exactamente.
Hay muchas variables en juego. Es muy probable que aumentar los impuestos tenga peores efectos para las familias pobres que para las familias ricas: porque las familias pobres gastarían en proporción más dinero en juego; empeoraría todavía más la posición de los adictos pobres; se podría crear un mercado negro, con efectos devastadores cuando las cosas vayan mal, etc.
No hay nada en la formación de los clérigos que les ayude a entender si aumentar los impuestos del juego ayudaría a mejorar el bienestar humano, aunque comprendan perfectamente las implicaciones morales del juego.
En un contexto de deuda pública elevada y tensiones fiscales, ¿cómo debería interpretarse la solidaridad entre generaciones y entre países a la luz de la DSI?
PHILIP: Este es un problema muy serio en todo el mundo occidental. Se ha agravado con crisis financieras y el COVID, ya que han incrementado las deudas públicas.
Durante 30 o 40 años las poblaciones han decrecido, las tasas de nacimiento están bajas y nuestros sistemas de seguridad social han prometido que todos recibiremos pensiones y asistencia sanitaria financiadas por las generaciones futuras. Esto también es una forma de deuda. Hemos dado promesas a la generación de ancianos que tendrán que ser financiadas por generaciones futuras de jóvenes.
Durante décadas, muchas personas han denunciado la insostenibilidad del sistema y, como mínimo, ahora podemos decir que hay una transferencia significativa de la generación más joven, que ahora debe tener mayores cargas fiscales y jubilaciones más tardías.
Es una injusticia. Francisco ha hablado también de la justicia distributiva entre generaciones, hay una sección en Laudato Si que lo aborda.
¿Hay algunos países o políticos que sean buenos modelos de la enseñanza social católica?
(Risas de los entrevistados…) ANDRÉ: Es una pregunta interesante y difícil. Creo que dividiría la respuesta en dos partes, una referida a los aspectos de economía política y otra a las cuestiones bioéticas. Está más en sintonía con la doctrina social católica si tienes un manejo prudente de las finanzas públicas; si no amplías exageradamente la deuda de un país y comprometes a las de futuras generaciones con eso; si tienes en la realidad servicios públicos eficientes. En definitiva un gobierno prudente, modesto, riguroso, etc.
En este sentido, diría que Milei está más en línea con la doctrina social católica que los gobiernos anteriores en Argentina. Tampoco el actual gobierno español no tendría políticas satisfactorias desde esta perspectiva, pues no cumple con los principios generales del buen gobierno y promueve con más facilidad el bien común.
¿Y qué ocurre con las cuestiones que tienen que ver con cuestiones como el aborto o las cuestiones de género?
ANDRÉ: En torno a estas cuestiones, creo que estamos viviendo momentos interesantes porque durante las últimas décadas gobiernos, tanto de izquierda y como luego de derecha, se han convertido en muy socialmente progresistas. Sin embargo, ahora parece que algunas posturas “intocables” están siendo ahora desafiadas por políticos como Orbán o Meloni. Y esto con independencia de que lo hagan por una cuestión instrumental o por un verdadero compromiso por revertir la agenda progresista.
Hay muchas preguntas abiertas, pero creo que ahora estamos en un momento de posible cambio. Lo que suceda dependerá de todos nosotros, pero creo que ha habido un cambio que hace solo 5 o 10 años parecía imposible.
PHILIP: Trabajo para la Conferencia Episcopal Católica de Inglaterra y Gales, y las cuestiones relacionadas con la vida competen al Departamento de Justicia Social, ya que se consideran la cúspide de las cuestiones de justicia social: sin el derecho a la vida, es obvio que los demás derechos no son exigibles. Y sé, por todo tipo de razones, que el debate sobre el género ha cambiado definitivamente de rumbo en muchos países, algo que ha sido posible gracias a una especie de alianza entre cristianos, científicos y feministas que conocen la diferencia entre un niño y una niña.
Creo que lo mismo podría ocurrir algún día con el aborto. No sé cuándo, pero podría ocurrir algún día que la gente se dé cuenta de que se trata de una vida y no de una parte del cuerpo de la madre. En el Reino Unido, esto no está en el horizonte, pero puede ocurrir. En cuanto al comportamiento de los políticos, me preocupan los populistas de países como Estados Unidos. Creo que los políticos deberían, en el mejor sentido del término «liberal», debatir de manera liberal, asumiendo lo mejor de sus oponentes, en lugar de intentar difamarlos y detenerlos de formas que no son apropiadas.
¿Cuál es el enfoque de la Iglesia sobre las desigualdades económicas y las obligaciones morales de los ricos?
PHILIP: Hay desigualdades que surgen de fuentes claramente injustas: corrupción, sobornos, etc. Y ningún Pontífice ha hablado contra eso más fuerte que el Papa Francisco. Creo que eso es muy importante. Es más difícil la cuestión de las personas inmensamente ricas gracias a trabajos legítimos y legales, por ejemplo, desarrollando negocios, siendo exitosos en el deporte o la música.
En «Rerum Novarum», el papa León XIII dejó muy claras las obligaciones morales de las personas adineradas, y creo que debemos tener cuidado de no pensar que nuestras obligaciones con los pobres se limitan a pagar nuestros impuestos.
Y también debemos tener en cuenta que, a pesar de que la globalización ha permitido a algunas personas ser muy ricas —algunas injustamente, pero creo que la mayoría justamente—, la desigualdad en el mundo en general ha disminuido dramáticamente, de una forma que nadie hubiera imaginado en 1970. Y de una manera que nunca ha sucedido en la historia económica del mundo antes.
Pensamiento social católico, mercado y políticas públicas: Desafíos del siglo XXI
Matera, el lugar en el que Mel Gibson rodó «La Pasión de Cristo»
De la historia milenaria y la vida campesina a la gloria cinematográfica: la ciudad de Matera pasó de ser la vergüenza de Italia a Patrimonio de la Humanidad y símbolo de renacimiento cultural.
Gerardo Ferrara·4 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 5minutos
Es bien sabido que Mel Gibson ha comenzado el rodaje de la secuela de su célebre película «La Pasión de Cristo» (2004), cuyas escenas más impactantes fueron filmadas en Matera, Italia, ciudad famosa por sus Sassi y por su arquitectura y paisajes, que recuerdan profundamente a los del Medio Oriente. «Resurrection» debería estrenarse en 2027 y también será rodada en Italia, especialmente en Matera.
Siendo yo originario de esta pequeña región del sur de Italia, no puedo sino alegrarme: es una región poco conocida, pero riquísima en historia.
En mi lugar de nacimiento, Policoro (la antigua Heraclea), en la antigua Magna Grecia, Pirro, rey del Epiro, luchó contra Roma utilizando elefantes de guerra. De allí proviene la famosa expresión “victoria pírrica”: el rey griego ganó, sí, pero con pérdidas tan elevadas que hoy la frase se utiliza para indicar un éxito inútil.
También en la costa oriental de esta región, en Metaponto, enseñó Pitágoras y fundó su célebre escuela. De Venosa, en cambio, en el noroeste, era originario el poeta latino Horacio. En la Edad Media, la Basilicata fue elegida por Federico II de Suabia para construir allí algunos de sus castillos más famosos.
Una región no muy grande, y sin embargo tan prestigiosa en la Antigüedad, cayó después durante siglos en el olvido nacional e internacional, hasta que Carlo Levi, escritor italiano judío confinado aquí por Mussolini, describió su realidad campesina en «Cristo se detuvo en Éboli». En aquella época, Matera, con sus Sassi, fue visitada por Levi, pocos años antes de que Palmiro Togliatti, líder del Partido Comunista Italiano, y sobre todo Alcide De Gasperi, presidente del Consejo, denunciaran las condiciones de extrema pobreza y degradación en que vivían los habitantes de Matera, calificándolas de “vergüenza nacional”.
Una historia milenaria
Matera está situada a pocas decenas de kilómetros de mi ciudad de origen. Considerada una de las ciudades más antiguas del mundo aún habitadas (la más antigua de Europa), es un lugar donde la historia del hombre se entrelaza continuamente con la cultura y la fe campesinas. Sus célebres Sassi, excavados en la roca calcárea y habitados desde la prehistoria, son hoy reconocidos como un patrimonio arquitectónico único en el mundo. No en vano, en 1993 la UNESCO los proclamó Patrimonio de la Humanidad, y en 2019 Matera fue designada Capital Europea de la Cultura.
Los asentamientos rupestres de Matera se remontan a más de 9.000 años: primero como cavidades naturales adaptadas por el hombre como refugio, luego convertidas con el paso de los siglos en verdaderas casas, establos y talleres.
En la Edad Media, la expansión de la ciudad favoreció el desarrollo de una malla urbana en varios niveles: los techos de las casas más bajas se convertían en calles para las de arriba. Cada núcleo tenía su cisterna, su pequeña plaza y su lugar de culto. Por esta razón, en los años 50, Matera fue definida por el célebre arquitecto Le Corbusier como una “ciudad orgánica”: un modelo urbanístico espontáneo que integra al hombre y la naturaleza y responde perfectamente a las necesidades de la comunidad.
Entre Oriente y Occidente
Matera es también un cruce de culturas. Durante siglos, el sur de Italia estuvo bajo dominio bizantino (el nombre Basilicata deriva del griego «basilikós», gobernador imperial bizantino), también en el rito, y no faltan huellas de monasterios y topónimos típicamente griegos, incluso en la devoción a los santos.
Esto ocurrió especialmente tras la llegada, entre los siglos VI y XI, de monjes que huían del Oriente bizantino por las persecuciones iconoclastas. Todo el sur italiano acogió numerosas comunidades de basilianos, seguidores de san Basilio Magno (siglo IV), obispo de Cesarea y padre del monacato oriental. Ellos trajeron el rito griego, que en Matera dejó profundas huellas en los frescos de diversas iglesias rupestres: el Cristo Pantocrátor, la «Theotokos», los santos que bendicen “a la griega”, con dos dedos semiextendidos y tres doblados, símbolo de la Trinidad; mientras que en otras iglesias la iconografía y la bendición son “a la latina”. Hay incluso casos excepcionales, como la iglesia rupestre de Santa Lucía alle Malve, donde conviven figuras de santos que bendicen según ambos ritos: un ecumenismo anticipado.
En la ciudad se cuentan más de 150 iglesias rupestres distribuidas entre el Sasso Caveoso (la parte más antigua de Matera, excavada completamente en la roca), el Sasso Barisano (la parte algo más reciente y construida) y el altiplano de la Murgia, con su típico paisaje calcáreo de cañones y barrancos.
Entre las iglesias que no se pueden perder están Santa Maria de Idris, que domina la ciudad desde lo alto; San Pietro Barisano, la más grande; y Santa Lucia alle Malve. Estas iglesias no eran meros lugares de culto, sino centros de vida comunitaria y de formación: sus frescos eran auténticos “catecismos visuales”.
La vida cotidiana en los Sassi
Hasta los años 50 del siglo XX, los Sassi estaban habitados por campesinos, artesanos y familias numerosas que compartían espacios reducidos con los animales. Impresiona entrar en estas grutas (hoy de nuevo habitadas o abiertas al turismo) que eran cocinas, establos y talleres, con muebles ingeniosamente diseñados: cajoneras que se transformaban en cunas, utensilios perfectamente adaptados. Era una vida sin duda difícil, pero rica en vínculos vecinales y en un fortísimo tejido social.
Recuerdo todavía, en mi infancia en los años 80 en un pequeño pueblo del sur, a las mujeres que pasaban los días tejiendo en la puerta de sus casas, mientras nosotros, los niños, nos sentíamos hijos de todos, jugando libremente bajo la vigilancia de cualquier madre o abuela del barrio, que sabía reprender, pero también ofrecer un generoso trozo de pan con aceite y tomate para merendar.
Nosotros, sin embargo, teníamos casas cómodas y no vivíamos, como los antiguos habitantes de Matera, con los animales y sin agua corriente, electricidad ni servicios básicos.
Por ello, Carlo Levi y los políticos de la época generaron tanta indignación que, en 1952, se promulgó una ley especial para evacuar los Sassi y trasladar a los habitantes a nuevos barrios populares construidos ex profeso. Miles de familias fueron desplazadas.
Durante décadas, Matera fue recordada como “la vergüenza de Italia”. Y en efecto, quienes visitaban la ciudad todavía en los años 90 pueden recordar cómo los Sassi se encontraban en ruina y eran peligrosos. Nada que ver con el contexto actual, en el que se han convertido en sets cinematográficos y las personas compiten por alojarse allí incluso por pocos días, gracias a una inmensa obra de restauración y valorización que los ha transformado en viviendas, hoteles difusos y museos.
Matera en el cine: del Evangelio a la Pasión y a la resurrección de una ciudad
En las últimas décadas, Matera ha sido elegida por diversos directores para ambientar películas históricas y religiosas. El italiano Pier Paolo Pasolini, por ejemplo, rodó allí en 1964 «El Evangelio según Mateo», una película realista en la que decidió utilizar gente común y rostros campesinos en lugar de actores profesionales. De manera similar actuó Mel Gibson en sus obras. Incluso la película «Nativity» fue rodada parcialmente en esta zona.
Pero los Sassi no existen aislados: forman parte del paisaje áspero y majestuoso de la Basilicata, descrito y mostrado ya en numerosas películas, novelas y series de televisión en todo el mundo. Para quienes, como yo, han dejado su tierra en busca de nuevas oportunidades, volver a Matera y a la Basilicata significa, además de un viaje al pasado y festines de cocina local, revivir una historia a través de sus piedras y comprender que incluso de ellas pueden renacer la vida y la esperanza, cuando todo parece perdido.
Podrán robar todas las joyas y el oro del mundo. Pero el momento que encerraba cada una de ellas, permanece en nuestra vida.
4 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Las mías no eran ni mucho menos las joyas de Napoléon robadas en el Louvre, pero las mía fueron robadas un día antes y eran las que a mí me importaban. Eran mis recuerdos. No sé si las de Napoleón se encontrarán algún día, pues son difíciles de vender. El oro que me robaron acabará fundido, pero nunca se fundirán los recuerdos que cada pieza suscitó.
Nunca salimos los viernes a cenar los cinco, pero esa noche era especial. Mi hija mayor cumplía dieciocho años. Ella había dicho que quería celebrar con nosotros, en un restaurante oriental, el mismo día del cumpleaños y, al día siguiente, con sus amigas. Sobre las siete y media salimos de casa, y regresamos unas dos horas después. Una tarta y una botella de spumante nos esperaban en la nevera. Tenía preparadas las copas, era día de brindar. Al llegar al hogar mi marido notó algo raro al entrar en nuestro dormitorio y dijo en voz alta: ¿Qué es este desorden tan grande? Un segundo después, mi hijo dijo en tono de sorpresa que la ventana estaba abierta, mientras yo veía unos cajones de un mueble del salón abiertos. Estaba claro y se me heló el cuerpo de golpe.
Hacía tan poco tiempo que los intrusos habían estado dentro de la casa que «notábamos» todavía su presencia y sentíamos miedo. Sentir que alguien ha entrado en tu casa sin tu permiso a robar te deja un mal cuerpo tremendo. Mi hija pequeña empezó a llorar y temblar. Le dije que no pasaba nada y ella me respondió: «Es que tu no tienes miedo porque eres mayor».
Yo tenía miedo de comprobar qué se habrían llevado los ladrones. Me vaciaron una caja donde «dormían » las pocas joyas de valor que tenía. Esa caja contenía, entre las joyas, una bolsita vieja en la que había unos pendientes con anillo a juego, de oro y coral que llevaba mi abuela cuando iba a misa los sábados y que me había regalado unos meses antes de morir al final de un verano. Creo que eso era lo único de valor que ella tuvo en su vida y lo acepté siendo consciente de que ella intuía su fin.
Ni los ladrones (hábiles en distinguir el oro de chatarra) sospecharon que había una joya en esa vieja bolsita dentro de esa caja. Cómo recuerdo nunca saqué el regalo de mi abuela de ese raro envoltorio.
La vida es un misterio en el que cada día se aprende. Noto que todo es un ir desprendiéndose. Cada joya que se llevaron los ladrones era un recuerdo de un momento de mi vida. Podrán robarme todas las joyas, pero una vez más, me convenzo que los objetos son una materialización de un sentimiento. Esa noche mi abuela no permitió que unos cacos se llevaran su regalo. Si no llega a estar en la bolsita vieja se las hubieran llevado, pero es que, a veces, las apariencias engañan. Los pendientes de oro y coral los lució su bisnieta en la cena que tuvo con sus amigas para celebrar sus 18 años, el día después.
«Heridos» por el aborto: una verdad incómoda que la sociedad ignora
El documental Heridos rompe el silencio sobre el negado "síndrome post-aborto" a través de cuatro testimonios sobrecogedores, revelando el dolor, la culpa y, sobre todo, la posibilidad de sanar a través de la fe.
3 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Reconozco que no me apetecía nada ir a verlo. El aborto es un tema incómodo, cuya realidad es más llevadera si permanece oculta. Preferimos no hablar de ello, no mirar demasiado. No es agradable pensar que el año pasado 106.000 mujeres acudieron a una clínica con miedo e incertidumbre. Es verdad que no todas lo consideran una experiencia traumática. Sin embargo, a muchas otras mujeres sí les sucede. Y lo más duro es que cada vez son más silenciadas y canceladas, porque en nuestra sociedad no queremos pensar que exista un “síndrome post-aborto”.
Por esta razón, «Heridos» es un documental que muestra una verdad incómoda y precisamente por eso merece la pena verlo y darlo a conocer.
Se habla mucho del aborto como un derecho de la mujer, pero nunca se aborda con valentía lo que puede quedar después: el dolor, la culpa, el silencio, el “qué hubiera sido si…”. Ese eco interior que en muchas mujeres no desaparece. «Heridos» da voz a ese eco, el llamado “síndrome post-aborto” que muchos tratan de negar.
Y lo hace con un tacto exquisito. «Heridos» no es un arma arrojadiza contra nadie. No busca señalar, polarizar o levantar trincheras. Es pura delicadeza visual y narrativa. No hay acusaciones, hay miradas. No hay discursos, hay rostros. No hay propaganda, hay humanidad.
Sus cuatro testimonios —tres mujeres que abortaron y un hombre cuya pareja lo hizo— son sobrecogedores. Están escogidos con mucho acierto para mostrar situaciones muy variadas.
Lo duro no está en las imágenes, sino en las palabras. Pero, al mismo tiempo, hay algo profundamente luminoso en todo el relato: la posibilidad de sanar. Las protagonistas han encontrado la paz y la reconciliación gracias a la fe cristiana, que atraviesa todo el documental como un hilo de redención y esperanza.
Salí del cine en silencio. No con el peso de la tristeza, sino con una serenidad inquieta, como quien ha visto algo verdadero y no sabe muy bien qué hacer con esa información. Pensé que quizá necesitamos hablar más de estas cosas. O, al menos, dejar de esconderlas.
Por eso quiero recomendarlo sinceramente. Vale la pena verlo —especialmente si tienes algún amigo, familiar o conocido con quien has discrepado sobre el aborto, o quizá del que sospechas que lleva dentro una herida no resuelta—. Verlo juntos puede ser un punto de partida para una buena conversación.
«Heridos» tiene muchas virtudes, pero quedará, sobre todo, como un punto de luz que mostró a muchos que el síndrome post-aborto existe, y que es posible sanarlo.
San Martín de Porres (‘Fray Escoba’), peruano, primer santo mulato de América
San Martín de Porres (1579-1639), al que la liturgia celebra el 3 de noviembre, es conocido como el primer santo mulato de América. Nació en Lima, hijo de noble español y mujer negra panameña, y es venerado por su caridad y servicio a pobres y enfermos, su humildad (‘Fray Escoba’) y los milagros que se le atribuyen.
Francisco Otamendi·3 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
San Martín de Porres nació el 9 de diciembre de 1579 en Lima, hijo de noble español y mujer negra panameña. Ingresó en la Orden dominica en el convento de Santo Domingo en 1594. En 1603, profesó sus votos como hermano lego. Se dedicó a tareas de barbero, enfermero y portero, y es recordado por usar la escoba como símbolo de servicio, y denominado ‘Fray Escoba’.
‘Fray Escoba’ destacó por su profundo amor al prójimo, atendiendo a enfermos de todas las razas y clases sociales, y también a los animales. Se le atribuyen milagros como curaciones prodigiosas, bilocación (estar en dos lugares a la vez) y la capacidad de comunicarse con los animales.
Fundó un albergue para huérfanos, y falleció en Lima el 3 de noviembre de 1639, dejando un gran vacío en la ciudad por su bondad y servicio a los más necesitados. Fue beatificado en 1837 por el Papa Gregorio XVI y canonizado en 1962 por el Papa Juan XXIII. Es considerado patrón de la justicia social, así como protector de los barberos, los enfermeros y la limpieza pública. Su festividad se celebra cada 3 de noviembre.
Caridad día y noche con todos
La web de los dominicos informa que fue el 2 de junio de 1603 cuando San Martín de Porres se consagra a Dios por su profesión religiosa. El P. Fernando Aragonés testificará: “Se ejercitaba en la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor”. La portería del convento es un reguero de soldados humildes, indios, mulatos, y negros; él solía repetir: “No hay gusto mayor que dar a los pobres”.
El Martirologio Romano destaca que “aprendió la medicina que, después, siendo religioso, ejerció generosamente en Lima, ciudad del Perú, a favor de los pobres. Entregado al ayuno, a la penitencia y a la oración, vivió una existencia austera y humilde, pero irradiante de caridad († 1639)”.
Émile Perreau-Saussine explora la relación entre catolicismo y democracia desde la Revolución Francesa hasta el Vaticano II, destacando la libertad religiosa, el papel de los laicos y la evolución histórica de la Iglesia en la sociedad moderna.
Émile Perreau-Saussine (1972-2010) fue sucesivamente profesor de Política y Estudios Internacionales en la Universidad de Cambridge y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po). Fue muy llorada su muerte prematura pues tanto su carrera académica, como sus publicaciones auguraban grandes avances en las ciencias humanas.
El trabajo que ahora presentamos, catolicismo y democracia, desea ser una verdadera síntesis de la historia del pensamiento político en la línea de la filosofía de la historia política en el más noble y amplio sentido. Al término de esta breve reseña el lector entenderá por qué no ofrecemos desde el comienzo una conclusión más desbordante.
Indudablemente, el planteamiento de este trabajo es absolutamente actual puesto que se plantea sin ambages la relación entre libertad y democracia y entre religión y democracia desde la revolución francesa hasta nuestros días.
Lógicamente, mientras leemos esta interesante lección de historia y de derecho y de teología no podemos menos de agradecer al autor la claridad de ideas para poder explicar algunos momentos de la historia, como fue la ruptura del Antiguo régimen, la antigua unión del trono y del altar y tomar el ejemplo de la separación de la Iglesia y del Estado desde el respeto muto y desde la plena aceptación del principio de libertad religiosa y del principio de libertad política de los cristianos de a pie que son los que construyen, con sus conciudadanos, la sociedad democráticas occidental.
Somos plenamente consciente que el Syllabus del beato Pío IX (p. 139) era una demostración clara de como la doctrina social de la Iglesia requiere constantes actualizaciones, pues siempre la inculturación de la Iglesia en cada momento de la historia requiere descubrir lo esencial y lo perenne y lo transitorio y efímero.
Lógicamente, nuestro autor, con gran agilidad y sencillez aprovecha para iluminar cuestiones que durante siglos fueron complejas y farragosas: “así es la historia y así se la hemos contado”.
Libertad, democracia y religión: un enfoque histórico
Al igual que hubo una época en la que parecía fundamental la confesionalidad del Estado para que la Iglesia tuviera libertad de acción y los medios materiales necesarios para evangelizar al pueblo cristiano y dinamizarlo para que fuera siempre bien hijo de Dios y de la sociedad, llegó también el momento de la desconfesionalización de las naciones según se iba imponiendo la democracia y avanzaba la secularización, y así como afirma el refrán alemán: “el aire de la ciudad hace libre al hombre”.
Émile Perreau-Saussine, centrará su discurso en el estudio y en la comparación del Concilio Vaticano I y Vaticano II subrayando la importancia del papado para iluminar las conciencias y la capitalidad de la acción libre de los cristianos corrientes que han de ser, como decía el Vaticano II, como el “alma de la sociedad terrenal”. Además, nuestro autor centrará la investigación en Francia y recientemente: “Francia conjugó las vidas políticas, religiosas e intelectuales con una energía poco común, confiriendo a los grandes acontecimientos de su historia una rara fisionomía” (p. 29).
Después de navegar por problemas como la constitución civil del clero, la desconfianza de la ilustración y el serio y complejo problema del jansenismo tratará del galicanismo: “La afirmación de la autonomía de lo temporal no implicaba la secesión religiosa. Francia seguía en la Iglesia universal y reconocía la autoridad de los concilios universales” (p. 68).
Enseguida aterrizaremos en la revolución francesa y su consecuencia fundamental: la radical separación Iglesia y Estado con la que Francia afrontará el siglo XX y las guerras mundiales (p. 176), llevando la fe al interior de las conciencias y, a la vez, con un despliegue inaudito de las ordenes y congregaciones religiosas en su trabajo tanto misionero, en los pueblos y ciudades y en territorios de misión y en el ejercicio de las obras de misericordia corporales y espirituales que llenaron Francia de instituciones que dinamizaron la vida de la Iglesia y de la sociedad.
A la vez, las miradas se dirigieron a Roma buscando orientación para las conciencias en la sociedad liberal, en el desarrollo industrial y en la doctrina social de la Iglesia. Evidentemente se desarrolló la ciencia, la industria y la técnica, pero el hombre necesitaba de Dios y de los sacramentos: “En un mundo en plena convulsión, el papado manifiesta la permanencia de una identidad firme. En un mundo que buscaba con dificultades su principio organizador, el papado aparecía como la cúspide de una jerarquía, una fuerza estable y organizada” (p. 108).
Secularización, laicidad y protagonismo de los laicos
Émile Perreau-Saussine arrancará la segunda parte de su libro estableciendo una comparación entre el laicismo intolerante y la laicidad liberal (p. 167), para terminar por estudiar el Concilio Vaticano II y concederle a los laicos cristianos el verdadero peso de la Iglesia cara al tercer milenio del cristianismo que estamos comenzando, no solo por la llamada universal a la santidad expresada de la Constitución dogmática “Lumen Gentium” (n. 11), sino sobre todo por la constitución “Gaudium et spes”, en donde pie a los laicos que iluminen el mundo desde dentro (n.43). lógicamente, para ello debían comenzar por superar el ateísmo basado en un racionalismo cientificista” (p. 175).
Es muy interesante que Émile Perreau-Saussine dedique un amplio espacio de su libro a estudiar un canon del Código de Derecho Canónico de 1983, en concreto el c. 285, § 3, que por cierto no estaba en el Código de 1917: “les está prohibido a los clérigos aceptar aquellos cargos públicos, que llevan consigo una participación en el ejercicio de la potestad civil”. De ese modo queda claro que la actuación de los clérigos católicos en la vida pública debe dar paso realmente a los laicos y se evite todo clericalismo (p. 233). Un poco después afirmará: “La Iglesia se volvió menos clerical porque ya no sentía la necesidad de oponer el catolicismo de los clérigos a la corrupción laica” (p. 245). Es muy interesante la defensa de la libertad de enseñanza de nuestro autor (p. 253) e incluso la afirmación: “El Estado debe servir a Dios a su manera: legislando con justicia para l bien común” (p. 254).
Dios, naturaleza y educación del carácter: así funcionan los scouts católicos en España
Los Scouts de Europa no solo ofrecen contacto con la naturaleza y formación cristiana, sino que son una escuela de formación del carácter, algo urgente en nuestros días.
En España existen diversas asociaciones de scouts, algunas de carácter laico, otras vinculadas a la Iglesia católica. Aunque en comparación con otros países el movimiento scout no ha tenido la misma fuerza, algunos grupos católicos han desarrollado una propuesta educativa sólida. Una de estas instituciones es sin duda la asociación Asociación Guías y Scouts de Europa. Hablamos con Javier de la Cruz, recientemente elegido Comisario General en España, para conocer su visión, su método y sus retos.
Quiénes son y qué hacen
El grupo que dirige Javier de la Cruz pertenece a una asociación constituida como asociación privada de fielesde ámbito nacional por la Conferencia Episcopal Española. Abraham Cruz, sacerdote de la parroquia del Espíritu Santo en Madrid es el consiliario de la asociación para España.
Javier explica que el gobierno de la asociación cuenta con “una chica que es la comisaria general guía, mientras que yo soy el responsable de la parte de los chicos”. Y es que en los Scouts de Europa se apuesta por la educación diferenciada entre chicos y chicas. Aunque en España el Opus Dei es conocido por ser el principal impulsor de este tipo de educación este grupo scout no tiene nada que ver con ellos. Simplemente optaron por esta forma de educar desde su fundación en 1956 y la fórmula sigue teniendo éxito.
Javier de la Cruz, Comisario General en España de Scouts Europa.
Javier explica que la asociación en España está presente en 9 diócesis (Madrid, Cataluña, Toledo, Valencia y Alicante) y cuenta con unos mil miembros, de los que la mayoría son niños y adolescentes, unos trescientos son adultos con distintas responsabilidades
Las actividades se organizan por edades: de 8 a 12 años; de 12 a 16 años; y de 17 años en adelante. “Los pequeños tienen actividades dos o tres veces al mes, una de ellas con una pernocta de acampada, y un campamento de ocho días en verano. En todas las actividades, los chavales se organizan con roles y responsabilidades”, comenta Javier.
Las actividades en sala, suelen hacerse en los locales de la parroquia o colegio donde está enraizada la asociación en cada lugar.
Educación y formación del carácter
En España ha habido parroquias y colegios que han tenido malas experiencias con grupos scouts. Y Javier apunta la razón, que no es otra que haber “perdido su identidad cristiana e incluso haberse centrado en fomentar un ocio insulso, desvinculándose hasta del escultismo y la vida sana. Por eso, muchas personas han podido tener una imagen equivocada de lo que son los Scouts”.
“En nuestro grupo scout cuidamos con esmero la formación y la liturgia para ofrecer a los participantes una vivencia positiva de la fe”, subraya Javier, pero además añade que “ahora mismo los Scouts son una excelente respuesta a lo que necesita la juventud. En un mundo en el que los jóvenes están cada vez más atrapados en las pantallas, nuestra propuesta está en constante contacto con la naturaleza y nos centramos en desarrollar buenos hábitos y la responsabilidad de los jóvenes desde los 8 años”.
En un mundo en el que la libertad es la capacidad de elegir entre opciones fáciles, “en los scouts invitamos a los niños y a los jóvenes a tomar compromisos, ser serviciales, tomar decisiones, etc”. Además, “los valores vinculados al contacto con la naturaleza y la vida comunitaria, facilitan el desarrollo de virtudes”, señala Javier.
Javier señala que la pedagogía efectiva «parte del interés de la persona que se canaliza a través de la acción y el juego». Contrario al sistema escolar tradicional, en esta «educación se participa de manera activa, lo que lleva a la toma de responsabilidad y la realización de compromisos». Javier enfatiza la importancia de estos compromisos, afirmando que son «adaptados a la edad y las capacidades» y esenciales porque «el escultismo cree que cada persona tiene valor y talento para transformar la sociedad».
Una de imágenes del cuaderno scout de los más jóvenes ilustran bien el grado de concreción y el fomento de la responsabilidad desde edades tempranas.
Identidad cristiana
Desde el punto de vista espiritual, en sus actividades está muy presente la fe, a través de las oraciones habituales del cristiano, canciones y la centralidad del sagrario y la Eucaristía. En los campamentos se tiene Misa diaria y se pone especial énfasis en el cuidado de la liturgia.
Retos para los próximos años
El nuevo equipo de liderazgo se ha marcado objetivos para los próximos tres años: “Nosotros seguimos una línea continuista con los responsables anteriores. En los próximos tres años queremos apostar todavía más por la formación de los que son mayores”, explica Javier.
También apunta la necesidad de consolidar alguno de los 17 grupos presentes en España y ampliar la presencia territorial.
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Caminar en la vida espiritual no es un viaje solitario. Esta reflexión nos recuerda la importancia del acompañamiento y la dirección espiritual para crecer en libertad, responsabilidad y fe. Ser protagonistas de nuestra santidad implica avanzar junto a otros, compartiendo camino, experiencias y guía, sin perder la iniciativa personal en nuestra relación con Dios.
3 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 2minutos
Cuentan de una persona que se dió cuenta que el camino de entrega que había iniciado no era el suyo. Fue a hablar con un obispo para exponerle, con gran tristeza, lo que consideraba su fracaso espiritual: unos meses “perdidos”, un futuro incierto, las dudas sobre la “validez” de su oración. Aquel prelado, de corazón paternal, lo escuchó y, entre ánimos y tranquilizadoras palabras, le animó a retomar su vida de relación con Dios, pero “nunca de manera solitaria. Los católicos francotiradores terminan abatidos. Siempre necesitamos una comunidad, una parroquia, un grupo…, con el que caminar”.
Caminar solos en la fe no es una opción. En la vida espiritual “es mejor ir acompañado” para poder avanzar, superar dificultades y descubrir el sentido profundo de la filiación y fraternidad en la Iglesia. Caminar exige una dirección concreta, no se trata de un vagabundeo errante, ni de un “ir probando”. Conocer y asumir el camino personal en la vida cristiana no es opcional y, en este discernimiento, entra en juego el acompañamiento espiritual.
Lo que hoy conocemos como acompañamiento, durante mucho tiempo ha sido conocido en la Iglesia como “dirección espiritual” y ha tenido grandísimos frutos de santidad. También ha sufrido algunas malas interpretaciones, que han derivado en algunas situaciones incluso abusivas y de las cuales seguimos sufriendo sus efectos en estos días. Sin embargo, la detección de estos errores ha llevado a poner más de relieve la importancia de la libertad personal y la responsabilidad en el desarrollo del propio camino. Pero esta ayuda, llamémosla dirección o acompañamiento, sigue siendo necesaria y es, realmente, el eje alrededor del cual pivota la sinodalidad, de ese caminar juntos necesario para el progreso espiritual personal y colectivo.
El acompañamiento espiritual es una práctica que nace de la propia necesidad social, familiar, comunitaria de la fe.
Todos somos acompañantes y acompañados, el trabajo de padres, formadores, sacerdotes y maestros es, quizás, mucho más delicado: la conjunción de libertad y consejo, el aceptar las diferencias que cada uno pueda tener en la recepción de los consejos y en la vivencia de la relación con Cristo. Por la otra parte, es necesaria la humildad de aceptar diferentes puntos de vista y sobre todo, poner en ejercicio la propia responsabilidad asumiendo el protagonismo de nuestra santidad.
Caminar juntos, pero dando cada uno los pasos personalmente, con la libertad propia de los hijos de Dios.
El Papa: orar por los seres queridos, esperanza de volver a estar juntos
Al visitar los cementerios y rezar por sus seres queridos fallecidos, los cristianos lo hacen con la fe de que al final de esta vida volverán a estar juntos con el Señor. Así lo ha manifestado el Papa León XIV en la Misa de la tarde del 2 de noviembre, festividad de los Fieles Difuntos, en el cementerio más grande de Roma, el de Verano.
CNS / Omnes·2 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
– Cindy Wooden, Roma (CNS)
Orar por los muertos y recordarles no es solo recordar una pérdida, sino que es una señal de fe en que, en la muerte y resurrección de Jesús, nadie se perderá, y que al final de la vida volverán a estar juntos. Así lo ha expresado el Papa León XIV a unas 2.000 personas que se han reunido en un camino entre las tumbas para la Misa en el cementerio de Verano, y en el Ángelus del mediodía en la Plaza de San Pedro.
“El Señor nos espera, y cuando finalmente nos encontremos con él al final de nuestro viaje terrenal, nos alegraremos con Él y con nuestros seres queridos que nos han precedido”, añadió el Pontífice. “Que esta promesa nos sostenga, seque nuestras lágrimas y eleve nuestra mirada hacia la esperanza en el futuro que nunca se desvanece”, dijo.
Al llegar al cementerio, depositó un ramo de rosas blancas sobre una de las tumbas, y al final de la misa bendijo las tumbas con agua bendita antes de dirigir la oración tradicional: “Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille sobre ellos la luz perpetua”.
En la homilía: “los seguimos llevando en nuestros corazones”
El Papa comenzó su homilía hablando de los seres queridos enterrados en Verano. Y dijo a los congregados que «los seguimos llevando con nosotros en nuestros corazones, y su memoria permanece siempre viva dentro de nosotros en medio de nuestra vida cotidiana».
“A menudo», señaló, “algo nos los trae a la mente y recordamos experiencias que compartimos con ellos. Muchos lugares, incluso la fragancia de nuestros hogares, nos hablan de aquellos a quienes hemos amado y que nos han precedido, manteniendo viva su memoria para nosotros”.
Mirar hacia adelante, hacia la meta
Para quienes creen que Jesús venció a la muerte, dijo el Papa , “no se trata tanto de mirar hacia atrás, sino más bien de mirar hacia adelante, hacia la meta de nuestro camino, hacia el puerto seguro que Dios nos ha prometido, hacia el banquete eterno que nos espera”.
“Allí, junto al Señor Resucitado y nuestros seres queridos, esperamos saborear la alegría del banquete eterno”, dijo.
La creencia en la vida eterna, dijo el Papa , “no es una ilusión para mitigar el dolor de la separación de nuestros seres queridos, ni es mero optimismo humano. Es, en cambio, la esperanza fundada en la Resurrección de Jesús, quien ha vencido a la muerte y nos ha abierto el camino a la plenitud de la vida”.
“La caridad vence a la muerte”, dijo el Papa.
En el Ángelus: “Nuestro Padre celestial no olvida a nadie”
Este mismo día, el Papa dirigió el rezo del Ángelus ante miles de peregrinos y fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Y les dijo que iría al cementerio a celebrar la Misa por todos los fieles difuntos.
“En espíritu, visitaré las tumbas de mis seres queridos” —su madre falleció en 1990 y su padre en 1997— “y también oraré por aquellos que no tienen a nadie que los recuerde. ¡Pero nuestro Padre celestial nos conoce y nos ama a cada uno de nosotros, y no olvida a nadie!”.
La vida eterna: océano de amor infinito en el que el tiempo ya no existe
Citando la encíclica del Papa Benedicto XVI sobre la esperanza, el Papa León XIV dijo que la “vida eterna” puede concebirse no como “una sucesión de tiempo sin fin. Sino como estar tan inmerso en un océano de amor infinito en el que el tiempo, antes y después, ya no existe”.
“Esa plenitud de vida y alegría en Cristo es lo que esperamos y aguardamos con todo nuestro ser”, dijo el Papa León.
En la oración por los muertos, subrayó, no se trata solo de recordar una pérdida, sino que es una señal de fe en que, en la muerte y resurrección de Jesús, nadie se perderá.
El Papa León rezó de este modo: “Que la voz familiar de Jesús nos alcance, y alcance a todos, porque es la única que viene del futuro. Que nos llame por nuestro nombre, nos prepare un lugar, nos libere de esa sensación de impotencia que nos tienta a renunciar a la vida”.
Rezar por Darfur del norte (Sudán) y por Tanzania
Tras el rezo del Ángelus, el Papa manifestó que sigue “con gran dolor las trágicas noticias que llegan de Sudán, particularmente de la ciudad de El Fasher, en el martirizado Darfur del norte. La violencia indiscriminada contra mujeres y niños, los ataques contra civiles indefensos y los graves obstáculos a la acción humanitaria están causando un sufrimiento inaceptable a una población extenuada tras largos meses de conflicto”.
“Recemos para que el Señor acoja a los difuntos, sostenga a los que sufren y toque los corazones de los responsables. Reitero mi sincero llamamiento a las partes implicadas para que decreten un alto el fuego y abran con urgencia corredores humanitarios. En fin, invito a la comunidad internacional a que intervenga con decisión y generosidad, ofreciendo asistencia y apoyando a quienes trabajan incansablemente para proporcionar asistencia humanitaria.
Recemos también por Tanzania, añadió León XIV, “donde, después de las recientes elecciones políticas, se han producido enfrentamientos que han causado numerosas víctimas. Insto a todos a evitar toda forma de violencia y seguir el camino del diálogo”.
La licenciada en Derecho Canónico Jenna Marie Cooper, con la fórmula pregunta-respuesta, explica por qué no se puede hablar de “tiempo” en el purgatorio y qué significaban antiguamente las indulgencias de “cien días” o “un año”, que no medían duración real, sino el valor espiritual de las oraciones y buenas obras.
CNS / Omnes·2 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
P: En una columna anterior, usted dijo que el purgatorio era un estado fuera del tiempo y que no podemos hablar de cuánto tiempo pasa alguien en el purgatorio en términos de años. Pero entonces, ¿por qué a veces se ven estampas religiosas antiguas que dicen que una oración vale «100 días de indulgencia» o algo similar?
El purgatorio, al margen del tiempo
R: El purgatorio es, en efecto, un estado que existe al margen del tiempo lineal que experimentamos en nuestra vida terrenal; por lo tanto, no podemos hablar con exactitud de cuánto tiempo pasa un alma en el purgatorio en términos literales de días, meses o años. Sin embargo, existen otras razones para utilizar a veces terminología temporal al hablar del purgatorio.
Dios siempre está dispuesto a perdonar nuestros pecados si nos volvemos a Él con sincero arrepentimiento. Sin embargo, como leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica : «Es necesario comprender que el pecado tiene una doble consecuencia». Además de la posibilidad de perder nuestra entrada al cielo, «todo pecado, incluso venial, implica un apego malsano a las criaturas, que debe purificarse aquí en la tierra o después de la muerte en el estado llamado Purgatorio».
Este párrafo del Catecismo continúa señalando que los sufrimientos del purgatorio, que tienen como objetivo sanar las heridas del alma que provienen de un amor desordenado a las cosas creadas, se denominan «castigo temporal del pecado». La palabra «temporal» se refiere al concepto de tiempo, en el sentido de que el purgatorio es «limitado en el tiempo», a diferencia del sufrimiento eterno del infierno.
Hay varias maneras de, por así decirlo, «acortar el tiempo» en el purgatorio. Una de ellas es esforzarnos por romper con el pecado mientras aún estamos en la tierra, lo cual se logra cultivando el hábito de la oración, practicando la penitencia y realizando obras de caridad, y aceptando con paciencia cualquier sufrimiento que se nos presente.
Por nuestros amigos y familiares difuntos que ya se encuentran en el purgatorio y que no pueden hacer estas cosas por sí mismos, podemos acelerar su viaje al cielo rezando por ellos. Además, también podemos obtener indulgencias para nosotros mismos o para quienes están en el purgatorio.
Indulgencias y ayuda a las almas
Una indulgencia es un favor especial, concedido por la Iglesia con motivo de la realización de algún acto de piedad (como rezar una oración en particular o visitar una iglesia determinada), que remite parcial o totalmente la pena temporal debida por los pecados.
La Iglesia puede hacer esto gracias al «poder de atar y desatar» que Jesús le confirió; y también porque muchos santos fueron santos y virtuosos más allá de lo necesario para su propia salvación. Esta santidad «extra» de los santos se denomina «tesoro de la gracia», y la Iglesia puede aplicarla a las almas más necesitadas (véanse los párrafos 1475-1479 del Catecismo).
La indulgencia plenaria resuelve toda la purificación necesaria y libera al alma del purgatorio; mientras que la indulgencia parcial alivia el sufrimiento del purgatorio de forma incompleta.
Cuando se encuentran antiguas referencias a una indulgencia por un número determinado de días o años, esto indica que se trata de una indulgencia parcial. La mención de períodos de tiempo terrenales tenía como fin comunicar que la indulgencia tendría el efecto de la cantidad de sufrimientos pacientes o buenas obras que una persona podría soportar o realizar en ese lapso si estuviera en la tierra. Por ejemplo, una indulgencia de cien días otorgaría la misma gracia que una persona podría obtener realizando el equivalente a cien días de buenas obras.
Esta forma de calcular el tiempo de purgatorio podía resultar engañosa, por lo que el Papa San Pablo VI decidió abolir la práctica de cuantificar las indulgencias en términos de medidas de tiempo terrenales en 1967 con la Constitución Apostólica «Indulgentiarum Doctrina». La Iglesia sigue otorgando indulgencias parciales, pero ahora confiamos la cantidad exacta de gracia a la misteriosa providencia de Dios.
En tiempos de polarización, la película “Los domingos” muestra que la verdadera madurez no está en compartir las mismas ideas, sino en ser capaces de mirar al otro sin prejuicios y con empatía.
2 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
La película «Los domingos», de Alauda Ruiz de Azúa ha conseguido devolverme la fe. No la fe en Jesucristo, que esa ya la tenía, aunque solo sea en una dosis homeopática, sino la fe en el ser humano, por lo que supone de ejercicio de comprensión hacia el que piensa distinto.
Y es que yo, como creyente, comprendo perfectamente a quien no cree; pero me cuesta comprender a quien, desde su planteamiento ateo o agnóstico ridiculiza a quien tiene fe cualquiera que sea su credo.
Ponerse en el lugar del otro
Igualmente, como hijo de emigrantes, puedo entender a quien se siente amenazado por la inmigración descontrolada, pero no puedo entender que haya quien levante muros inhumanos, los recluya en guetos, los explote o les niegue el deber de socorro como náufragos.
Como defensor del valor del ser humano en todos sus estadios, comprendo a las mujeres que deciden abortar por múltiples razones, pero me resulta difícil de entender que haya quien se oponga a que se ayude a las mujeres embarazadas que no querrían hacerlo si tuvieran el apoyo necesario. Desde el mismo planteamiento comprendo a quien pide la eutanasia, pero no puedo entender a quien niega la alternativa de los cuidados paliativos.
Como miembro de una familia de las denominadas «tradicionales» entiendo perfectamente a quien opta por formas de unión distintas, pero no puedo entender a quien se esfuerza por desprestigiar y destruir una institución milenaria de la que provenimos la mayoría y que sigue funcionando.
Como trabajador, entiendo que haya empresarios cuyo máximo interés sea generar más beneficios, pero no puedo entender que haya quien prime estos sobre el bien de las personas que trabajan para él, de la comunidad en la que se inserta su empresa o del medio ambiente.
Como padre de hijos en edad de independizarse entiendo que haya propietarios de viviendas que quieran conseguir una buena renta por alquilarla o venderla, pero me cuesta mucho entender que las administraciones no puedan hacer nada frente a la especulación salvaje.
Como amante de la paz, entiendo que haya ejércitos para salvaguardarla, pero no puedo entender a quien invade territorios ajenos, amenaza a los débiles o promueve la escalada armamentística.
Podría estar horas explicando opiniones totalmente contrarias a las mías que logro comprender poniéndome en el lugar del otro. También hay ideas que me parecen incomprensibles desde mi perspectiva actual pero que, dependiendo de las circunstancias, quién sabe si podría llegar a plantearme. No es relativismo, es conocer la frágil realidad humana y que hay que ponerse en los zapatos del otro para entenderlo.
La película
La película «Los domingos», que retrata el drama familiar que provoca la decisión de irse a un convento de una joven en cuyo hogar la fe se vive a nivel meramente sociológico, nos enfrenta a la diferencia y nos obliga a salirnos de la cómoda polarización en la que todos, yo el primero, estamos situados.
Lo mejor de la película es que la directora no se moja. Se define como no creyente, pero en la cinta no hay un solo de los clichés con los que el cine contemporáneo (mucho más el español) se acerca a la realidad de la Iglesia Católica. Describe una Iglesia como la que conocemos cualquiera de los que la frecuentamos. Curas normales, monjas normales y fieles normales. Con sus más y sus menos, por supuesto, pero no todos son pederastas ni reprimidos ni mojigatos.
En este sentido y gracias a las magníficas interpretaciones que nos regala «Los domingos», a veces se tiene la sensación de estar viendo un documental. Ruiz de Azúa se acerca a la realidad eclesial con la humildad (virtud de los verdaderamente grandes) de quien quiere conocer qué fenómeno es ese que ella desconoce en profundidad pero que tantos otros viven como elemento fundamental de sus vidas. Y no nos da moraleja o, mejor aún, nos regala la moraleja de no tener moraleja, de tratar al espectador como un adulto para que resuelva los problemas por sí mismo.
Que en nuestra sociedad alguien elija abrir el diálogo a la confrontación; el conocer la realidad del otro al prejuicio; el centro a los extremos o la verdad que nos trasciende y que hemos de buscar entre todos a los dictados de las ideologías es buena noticia para el mundo. Hacen falta más.
Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.
En el Jubileo educativo, el Papa nombra a san John Henry Newman ‘Doctor de la Iglesia’
En la Misa celebrada este 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos, el Papa León XIII concluyó el Jubileo del Mundo de la Educación, y ha proclamado a San Newman el 38 Doctor de la Iglesia, incluyéndolo entre los hombres y mujeres cristianos de Oriente y Occidente que han realizado contribuciones decisivas a la teología y la espiritualidad.
CNS / Omnes·1 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 5minutos
– Cindy Wooden, Ciudad del Vaticano (CNS)
Las vidas de San John Henry Newman, al que ha nombrado Doctor de la Iglesia, y de todos los santos, enseñan a los cristianos que “es posible vivir apasionadamente en medio de la complejidad del presente sin descuidar el mandato apostólico de ‘brillar como estrellas en el mundo’”, dijo el Papa León XIV en la conclusión del Jubileo de la Educación este 1 de noviembre.
A principios de semana, el Papa León XIII había reconocido oficialmente a San Newman como copatrono de la educación junto con Santo Tomás de Aquino.
San Newman nació en Londres el 21 de febrero de 1801, fue ordenado sacerdote anglicano en 1825, se convirtió al catolicismo en 1845 y fue nombrado cardenal en 1879 por el Papa León XIII. Murió en 1890.
Altos cargos de la Iglesia anglicana y del gobierno británico
Altos dignatarios de la Iglesia anglicana de Inglaterra y del gobierno británico asistieron a la misa en la que fue declarado Doctor de la Iglesia. La delegación anglicana estuvo encabezada por el arzobispo Stephen Cottrell de York, actual máximo prelado de la Iglesia de Inglaterra. La delegación gubernamental estuvo encabezada por David Lammy, viceprimer ministro del Reino Unido y secretario de Estado de Justicia.
Al saludar públicamente al arzobispo Cottrell al final de la Misa, el Papa León rezó para que san Newman “acompañara el camino de los cristianos hacia la plena unidad”.
El estandarte utilizado durante la Misa de canonización de San Newman en 2019 colgó del balcón central de la Basílica de San Pedro durante la misa y sus reliquias fueron colocadas sobre una mesa cerca del altar.
Representantes anglicanos y ecuménicos aplauden después de que el Papa León XIV declarara a San John Henry Newman ‘Doctor de la Iglesia’, durante la Misa de clausura del Jubileo educativo en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el 1 de noviembre de 2025. (Foto CNS/Lola Gómez).
Poema “Guíame, luz bondadosa”
Si bien la teología, la filosofía y las reflexiones de San Newman sobre la educación universitaria fueron citadas en la presentación del Dicasterio para las Causas de los Santos durante la Misa, el Papa León optó por citar en su homilía el poema del santo británico, “Guía, luz bondadosa”, ahora un himno popular.
“En esa hermosa oración” de San Newman, dijo el Papa, “nos damos cuenta de que estamos lejos de casa, nuestros pies son inestables, no podemos interpretar claramente el camino que tenemos por delante. Sin embargo, nada de esto nos impide avanzar, puesto que hemos encontrado nuestro guía” en Jesús. «Guíame, Luz bondadosa, en medio de la oscuridad que me rodea, guíame tú», citó el Papa en inglés mientras leía su homilía en italiano.
La educación, ofrecer Luz Bondadosa
Dirigiéndose a los maestros, profesores y demás educadores reunidos para la misa en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIII dijo: “La tarea de la educación es precisamente ofrecer esta Luz Bondadosa a aquellos que de otro modo podrían permanecer prisioneros de las sombras particularmente insidiosas del pesimismo y el miedo”.
El Papa pidió a los educadores que “reflexionaran y señalaran a otros aquellas ‘constelaciones’ que transmiten luz y guía en este tiempo presente, oscurecido por tanta injusticia e incertidumbre”.
También les animó a “garantizar que las escuelas, las universidades y todos los contextos educativos, incluso los informales o callejeros, sean siempre puertas de entrada a una civilización de diálogo y paz”.
Ayudar a descubrir que “tenemos una vocación, una misión”
Otra cita de San Newman —”Dios me ha creado para prestarle un servicio concreto; me ha encomendado una obra que no ha encomendado a otro”— expresa “el misterio de la dignidad de toda persona humana, y también la variedad de dones que distribuye Dios”, dijo el Papa.
Según él, los educadores católicos tienen la obligación no solo de transmitir información, sino también de ayudar a sus alumnos a descubrir cuánto los ama Dios y cómo tiene un plan para sus vidas.
“La vida brilla con intensidad no porque seamos ricos, bellos o poderosos”, dijo el Papa. “Brilla, en cambio, cuando descubrimos en nuestro interior la verdad de que Dios nos llama, que tenemos una vocación, una misión, que nuestras vidas sirven a algo más grande que nosotros mismos”.
“Cada persona tiene un papel que desempeñar”
“Cada criatura tiene un papel que desempeñar”, dijo. “La contribución que cada persona puede hacer es valiosa de manera única, y la tarea de las comunidades educativas es fomentar y valorar esa contribución”.
“En el corazón del camino educativo”, dijo el Papa León XIII, “no encontramos individuos abstractos, sino personas reales, especialmente aquellas que parecen tener un rendimiento inferior según los parámetros de economías que las excluyen o incluso las aniquilan. Estamos llamados a formar personas para que brillen como estrellas en toda su dignidad”.
“La educación ayuda a todos a ser santos. Nada menos”
Por lo tanto, “podemos decir que la educación, desde la perspectiva cristiana, ayuda a todos a ser santos. Nada menos”, añadió el Papa, que citó a Benedicto XVI con motivo de su viaje apostólico a Gran Bretaña en septiembre de 2010.
Durante la beatificación del cardenal John Henry Newman «invitó a los jóvenes a ser santos con estas palabras: ‘Lo que Dios desea más que nada para cada uno de vosotros es que os convirtáis en santos. Él os ama mucho más de lo que podéis imaginar y quiere lo mejor para vosotros’.
“Esta es la llamada universal a la santidad que el Concilio Vaticano II convirtió en parte esencial de su mensaje (cf. Lumen gentium, capítulo V)”, subrayó el Pontífice. !Y la santidad se propone a todos, sin excepción, como un camino personal y comunitario trazado por las Bienaventuranzas!.
Rezo para que la educación católica ayude a cada uno a descubrir su vocación a la santidad. San Agustín, a quien san John Henry Newman apreciaba tanto, dijo una vez que somos compañeros de escuela que tienen un sólo maestro, cuya escuela y cátedra están en la tierra y en el cielo respectivamente (cf. Sermón 292,1)”, señaló el Papa.
David Lammy, viceprimer ministro del Reino Unido (centro), y el arzobispo anglicano Stephen Cottrell de York, asistieron a la Misa del papa León XIV en la Plaza de San Pedro del Vaticano el 1 de noviembre de 2025 (Foto CNS/Lola Gómez).
Gobierno británico: honor y privilegio reunirse con el Papa
David Lammy, viceprimer ministro del gobierno británico, declaró a Catholic News Service que había tenido el “gran honor y privilegio” de reunirse con el Papa León antes de la misa.
Como miembro de la tradición anglocatólica dentro de la Iglesia de Inglaterra, dijo que cree que “John Henry Newman realmente encapsula las profundas conexiones entre nuestros países y entre las comunidades cristianas, a través de la comunidad cristiana”.
La proclamación fue “un momento de unidad y reflexión”, dijo Lammy. “No se trata solo de un honor religioso, sino de un poderoso momento de cohesión que demuestra cómo abordar nuestras diferencias también puede unirnos”.
Según él, el legado de San Newman “nos recuerda que la historia religiosa de Gran Bretaña es más amplia que una sola tradición. Se ha enriquecido con el pensamiento, la valentía y la contribución católica”.
Orientación de Newman para “una era de polarización”
Además, el viceprimer ministro Lammy dijo: “Creo que su vida y sus escritos demuestran cómo la creencia y la razón juntas pueden guiar el liderazgo moral, la diplomacia, la compasión. Y creo que en una era de polarización, la insistencia de Newman en la reflexión moral nos llama de vuelta a lo que realmente importa, que es el liderazgo en la causa de lo que es correcto y justo, que es un principio que debería dar forma a nuestra política”.
La enseñanza es un “gran acto de amor”, dice el Papa a los educadores
“Compartir conocimientos no basta para enseñar: se necesita amor”, dijo el Papa León el 31 de octubre al reunirse con miles de maestros, profesores y otros educadores en la Plaza de San Pedro. Es el Jubileo del mundo de la Educación que concluye este 1 de noviembre.
CNS / Omnes·1 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 3minutos
– Cindy Wooden, Ciudad del Vaticano, CNS
El Papa León XIV recordó a los educadores lo que San Agustín había dicho: “El amor a Dios es el primer mandamiento; el amor al prójimo es la primera práctica”. Y resaltó que la enseñanza “es un gran acto de amor”.
La educación es “un camino que maestros y alumnos recorren juntos”, añadió el Papa León en este acto del Jubileo mundial de la Educación. Un Encuentro que culmina el 1 de noviembre, Fiesta de Todos los Santos, con la proclamación de san John Henry Newman como Doctor de la Iglesia.
El Pontífice afirmó que la conexión humana de amor y cuidado entre maestro y alumno es una parte fundamental del proceso educativo. Y que cobra aún mayor importancia en un momento en que tantos estudiantes experimentan fragilidad.
San John Henry Newman, copatrono de la Educación con Santo Tomás de Aquino
Una pancarta con el retrato de san John Henry Newman, a quien el Papa ha nombrado recientemente copatrono de la Educación, colgaba del balcón central de la Basílica de San Pedro. Muchos de los que se encontraban en la plaza planeaban regresar este 1 de noviembre para asistir a la Misa con el Papa y presenciar la proclamación de San Newman como “Doctor de la Iglesia”.
San Agustín: “No miren hacia afuera, vuelvan a ustedes mismos”
Los educadores, “que a menudo están cansados y sobrecargados de tareas burocráticas, corren el riesgo real de olvidar lo que san John Henry Newman resumió en la expresión ‘Cor ad cor loquitur’ («el corazón habla al corazón»). Y lo que dijo San Agustín: ‘No miren hacia afuera, vuelvan a ustedes mismos, porque la verdad habita dentro de ustedes’”, les dijo el Vicario de Cristo.
El Papa León XIV, que había sido maestro en la escuela agustina, dijo a los educadores que “hoy, en nuestros contextos educativos, es preocupante ver los crecientes síntomas de una fragilidad interior generalizada, en todas las edades”.
“No podemos cerrar los ojos ante estos silenciosos gritos de auxilio”, dijo. “Al contrario, debemos esforzarnos por identificar sus causas subyacentes”.
El Papa advirtió que “la inteligencia artificial, en particular, con su conocimiento técnico, frío y estandarizado, puede aislar aún más a los estudiantes que ya están aislados. Dándoles la ilusión de que no necesitan a los demás o, peor aún, la sensación de que no son dignos de ellos”.
El proceso educativo, un compromiso humano
Pero la enseñanza “es una labor humana”, dijo el Papa. «Y la alegría misma del proceso educativo es un compromiso plenamente humano, una “llama para fundir nuestras almas y de muchos hacer uno solo”, escribió San Agustín.
Tener un aula bonita, una biblioteca completa y la última tecnología no garantiza que se produzcan enseñanza y aprendizaje, afirmó.
“La verdad no se difunde a través de sonidos, paredes y pasillos”, dijo el Papa, “sino en el encuentro profundo entre las personas, sin el cual cualquier iniciativa educativa está condenada al fracaso”.
Preguntas del Papa a cada uno
Como iglesia y como docentes, dijo, “cada uno de nosotros debería preguntarse qué compromiso estamos asumiendo para abordar las necesidades más urgentes. Los esfuerzos estamos realizando para construir puentes de diálogo y paz, incluso dentro de las comunidades de enseñanza”.
“Las habilidades que estamos desarrollando para superar ideas preconcebidas o visiones estrechas. Qué apertura estamos mostrando en los procesos de coaprendizaje. Y los esfuerzos que estamos realizando para atender y responder a las necesidades de los más frágiles, pobres y excluidos”.
“Compartir conocimientos no basta para enseñar: se necesita amor», subrayó. el Papa León.
231.000 instituciones educativas católicas en el mundo
Según el Dicasterio para la Cultura y la Educación, la Iglesia católica administra la mayor red de escuelas y universidades del mundo. Existen más de 231.000 instituciones educativas católicas en 171 países. Casi 72 millones de estudiantes cursan estudios en una escuela o universidad católica.
El mismo día, el Papa León se reunió con miembros de la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe. Les dijo: “El objetivo de la educación superior católica no es otro que buscar el desarrollo integral de la persona humana. Formando mentes con sentido crítico, corazones creyentes y ciudadanos comprometidos con el bien común”.
Crear espacios de encuentro entre fe y cultura
Además de servir a las sociedades de las que forman parte, dijo, las universidades católicas deben crear “espacios de encuentro entre la fe y la cultura para proclamar el Evangelio dentro del entorno universitario”.
Al final, León XIV invitó a hacer de los valores agustinianos a los que se había referido en su discurso (interioridad, unidad, amor y alegría), los “puntos cardinales de la misión de ustedes para con sus alumnos. Recordando las palabras de Jesús: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’ (Mt 25,40). Hermanos y hermanas, ¡les agradezco el valioso trabajo que realizan! Los bendigo de corazón y rezo por ustedes”.
David Rodríguez-Rabadán: “Laguna quiere extender el cuidado de los más frágiles”
Enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, ELA, EPOC, cáncer, etc., y la dependencia total y fragilidad que crean, son una bomba para la sociedad y las familias. De ello ha conversado Omnes con David Rodríguez-Rabadán, director general del Hospital de Cuidados Laguna, que quiere extender su modelo de cuidado de los más débiles y frágiles.
Francisco Otamendi·1 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 8minutos
El Hospital de Cuidados Laguna es uno de los hospitales de Cuidados Paliativos más grandes de Europa en número de camas, y uno de los primeros en España. Está dedicado específicamente al cuidado y atención de personas mayores en situación de especial fragilidad, o que sufren enfermedades sin expectativas de curación, y al apoyo de sus familias.
La Fundación Vianorte-Laguna, entidad sin ánimo de lucro, impulsó el centro social y sanitario en 2002. El director general del Hospital de Cuidados Laguna, David Rodríguez-Rabadán, ha conversado con Omnes sobre el impacto social, en el hospital y en las familias, de enfermedades avanzadas como el Alzheimer, Parkinson, ELA, EPOC, cáncer, etc.
En Laguna, la lista de espera es grande, y están pensando “extender” su “modelo de cuidados”, revela el director general, “por la gran demanda que hay”.
El concierto: divulgar el valor de la vida al final de la vida
De momento, el Hospital de Cuidados Laguna ha organizado el concierto benéfico ‘Viaje al Centro de la vida’, a favor de los Cuidados Paliativos de Laguna, el día 28 de noviembre, en el Auditorio de Mutua Madrileña, de la mano de Musical Thinkers.
El concierto tiene dos motivaciones igual de importantes, afirma David Rodríguez-Rabadán a Omnes. La primera es “divulgar el valor de la vida al final de la vida”. Y la segunda es “la captación de recursos, para volcarse en el cuidado de los más débiles y los más frágiles”. Por ahí empezamos la conversación.
@hospitalcuidadoslaguna.
¿Por qué este concierto benéfico del Hospital de Cuidados Laguna el 28 de noviembre?
– Son dos motivaciones, las dos igual de importantes, al mismo nivel. Y cuando digo esto, no es un recurso. Realmente son dos motivaciones igual de importantes.
Casi me atrevería a decir que la primera es divulgar el valor de la vida al final de la vida. Laguna se ha convertido en una referencia en el cuidado de personas por las que muchos tirarían la toalla.
Porque podemos acabar pensando que una vida es más útil que otras, que una vida vale más que otras en función de lo que tu cuerpo o tu mente pueda hacer. O el tiempo de vida que un médico haya estimado que te queda por vivir.
El valor de la persona es incalculable
En Laguna, la razón de ser de Laguna, en base al valor intrínseco de la persona, que es incalculable, se cuida a todo el mundo con todos los medios disponibles para que tenga una calidad de vida hasta el final natural de sus días.
Ese compromiso con la vida al final de la vida es muy bonito, y se nos tiene que llenar el corazón y la cabeza. Crear una cruzada de personas, concienciar a la sociedad en general de esta maravillosa misión, que es cuidar a los más frágiles y que se sigan sintiendo valorados.
Es una tarea divulgativa que el concierto también une. El que va al concierto sabe a lo que va, es apoyar a Laguna en su misión.
¿Y la segunda motivación?
– Y como segunda motivación, efectivamente está la captación de recursos, porque un paciente de estas características, como te puedes imaginar, las aseguradoras privadas no tienen ningún tipo de interés. Y los hospitales públicos, tampoco hay mucho que hacer, porque hablamos de pacientes crónicos, o encaminados a paliativos.
Entonces, cuando vienen a Laguna, no escatimamos en medios para cuidarles. Ese no escatimar en medios requiere encontrar recursos –de personal, de medios, de inversión–, para poder cuidarles bien.
Somos una fundación sin ánimo de lucro, y todo lo que se consigue es para volcarse en el cuidado en el cuidado de los más débiles y los más frágiles.
Pero lo uno sin lo otro no se entendería, y lo otro sin lo uno, tampoco.
@hospitaldecuidadoslaguna.
Supongo que esto conecta con la idea fundacional de Laguna, con su génesis. ¿Usted está ahí desde el principio?
– No. Llevo seis años aquí, y Laguna lleva ya veinte años de existencia. A raíz del centenario de san Josemaría, en 2002, hubo un impulso para crear una institución que ayudase a las personas a morir bien, que nadie se sintiese una carga. Aliviar a las familias, volcar toda la profesionalidad que hay en avances químicos y asistenciales en esas personas que parece que están fuera del sistema, por así decirlo, o que el sistema no es capaz de atenderles como se merecen. Por sus pluripatologías, o enfermedades, o por el grado de avance de sus enfermedades.
Ustedes hablan de cuidar, cuando ya no se puede curar.
– En efecto. Laguna se creó hace veintitantos años para cuidar cuando no se puede curar. Curar es una labor maravillosa, pero cuando la medicina ya no puede curar, entonces hay que cuidar. Por eso Laguna se llama centro, hospital de cuidados Laguna.
Los cuidados podemos decir que son los paliativos de últimos días. La media de estancia del Hospital Laguna son 12 días. Es decir, Laguna es el último hogar para 200 personas que tratamos diariamente en régimen de ingreso, ahora mismo 103 ó 104 personas. Y tenemos otras 90 en régimen ambulatorio domiciliario. Todas tienen en común que están en una etapa muy crítica de su vida, donde la medicina ya no puede curarles, y lo que hay que hacer es cuidarles.
Ésa fue la génesis de Laguna. Durante estos años, es verdad que Laguna se ha ido adaptando. Fruto de ello, ahora mismo tenemos una unidad muy potente de atención cognitiva, pacientes geriátricos complejos con mucha debilidad, mucha fragilidad, con cuadros clínicos bastante complejos como digo. Y que además, presentan Alzheimer, deterioro cognitivo, en cualquiera de sus fases.
¿Cómo les afectan o les impactan enfermedades como el Alzheimer?
– Es una bomba en la sociedad actual, y va a más, el Alzheimer y el deterioro cognitivo, Parkinson, y otras en esta línea. También es una bomba para las familias. Al igual que en el tema de paliativos, atender el pre duelo y el duelo es fundamental, ayudar al paciente y a su familia a aceptar y darle un sentido a esa situación, trasciende lo que son los cuidados clínicos, y está en el ADN fundacional de Laguna.
Pues en la parte de Alzheimer, que a lo mejor no tiene un final de vida tan inmediato, es una enfermedad irreversible, y la familia tiene un desequilibrio emocional muy importante cuando se tiene que enfrentar a un ser querido que tiene Alzheimer. Aquí tenemos unas historias tan maravillosas, que te dejan el corazón muy compungido.
Integrar a la familia en los cuidados
Ahí, Laguna ha venido a asistir la fragilidad y estas situaciones tan complejas, como parte de su visión fundacional. Es verdad que no estuvo al inicio. Podemos denominarlo cuidados paliativos de larga duración, cuidados paliativos prolongados, técnicamente. Es intentar dar calidad de vida en las condiciones clínicas de cada persona, atendiendo a su situación conflictiva.
Y por supuesto, integrando a la familia en todos los cuidados que hacemos. Laguna en este caso se convierte en un miembro más de la familia. Nuestra aspiración es ser uno más en la familia de cada persona que tratamos.
Es bonito esto.
– Pues sí.
@hospitaldecuidadoslaguna.
Háblenos de cómo afrontar el deterioro cognitivo. Y de lo que llaman la historia de vida.
– Les voy a contar una anécdota. El otro día tuvimos una reunión interna, y el equipo de paliativos hablaba de lo que es la historia de vida de cada paciente.
Confeccionamos un librito de cada paciente, en base a lo que han sido, de dónde son, sus gustos y aficiones. Y esa historia de vida la utilizamos para tres cosas: la primera, para cuando tiene trastornos conductuales, saber a qué puede responder para, por ejemplo, calmarle. Si le gusta hablar en francés, le ponen un audio en francés, y de repente se calma y disminuye su conducta agresiva. O hablar de su pueblo natal, o cualquier cosa de su vida que le guste.
La segunda, porque la reminiscencia (el proceso de recordar y relatar el pasado) activa neuronas y partes del cerebro, y ayuda a que esa persona tenga conversaciones, interactúe, sea feliz recordando lo que le gusta.
Vamos con la tercera.
— Y la tercera, es porque detrás de esa persona que a veces no sabe ni cómo se llama, hay una dignidad, hay una historia, y sigue siendo esa persona que ha hecho todo durante su vida. Aquí tenemos pacientes que son escritores, médicos, una profesora de Ciencias Exactas, que sigue siendo, y ha sido eso.
Las personas que les atienden aquí, de manera proactiva, cuando se dirigen a los pacientes, no se dirigen a un paciente sin más, se dirigen a la grandeza que ha tenido esa persona en su vida, y realzan todo su potencial, aunque ahora esté con Alzheimer y con sus capacidades cognitivas muy limitadas. Me pareció muy bonito ese romper las reglas y mirar más allá, para llenarnos de vida de cada persona.
Antes ha hablado de doce días de estancia, de media. ¿Podría darse el caso de que los cuidados produzcan un alargamiento de la estancia, e incluso una reversión, o un deterioro más lento?
– Voy a contestar con datos. Uno puede entender la vida desde tres dimensiones, una es explicable y otras dos son no explicables. La explicable es todo aquello que la razón puede explicar, algunos tratamientos clínicos, etc. Después hay una dimensión afectiva, el enamoramiento, por poner un ejemplo, y luego una trascendente, espiritual.
Lo explicable. El nivel de exigencia profesional de Laguna yo no lo he visto en ningún sitio. En cuanto a los otros factores. Dentro de las condiciones críticas de cada paciente, los cuidados se traducen en calidad de vida. Los familiares de los pacientes que tenemos son los primeros que se sorprenden de la evolución en el sentido del que habla en la pregunta.
La realidad es que entre lo que explica la medicina y lo que explica esa dimensión inexplicable, afectiva, los pacientes crónicos complejos tienen una calidad de vida que solo se puede explicar desde el afecto, desde sentirse cuidados. Que no son un estorbo para nadie, que se les cuida por su valor. Esto no sucede en un caso aislado, es la generalidad en Laguna.
¿Pueden atender todas las peticiones?
– Lo comento. ¿Para quién se creó Laguna? Imaginemos tres círculos que se van pisando uno a otro. El primer círculo son enfermedades avanzadas, como Parkinson o Alzheimer, cáncer, ELA, EPOC, etcétera.
El segundo círculo es la dependencia, por ejemplo una persona que tiene dependencia total para su día a día.
El tercer círculo es la fragilidad. Un paciente con fibrosis pulmonar, por ejemplo, para el que un constipado puede ser grave.
Para pacientes con la confluencia de los tres factores es para los que se creó Laguna en primera instancia. Y a partir de ahí se empiezan a graduar las conjunciones de los tres círculos, la gravedad de cada paciente… A muchos pacientes decimos que no, porque las camas son limitadas. La lista de espera es grande. Antes hemos hablado de las camas y de los pacientes en régimen ambulatorio o domiciliario.
@hospitaldecuidasdoslaguna.
Quizá tienen en el horizonte una ampliación, aunque no es el tema de esta conversación…
– No me importaría decir que estamos deseando abrir otro centro por la gran demanda que hay, y por nuestra misión de llevar estos cuidados a todo el mundo, quizá en el norte de Madrid, apoyando otras iniciativas. Laguna tiene ese afán de extender nuestro modelo de cuidados.
Un último comentario sobre el Concierto.
– Animaría a que la gente vaya al Concierto por los motivos que hemos comentado inicialmente. Va a ser una maravilla. Me encantaría que hubiese un lleno a rebosar, llevamos ya la mitad de las entradas, se están vendiendo, que la gente disfrute en comunión con otros asistentes, con el público, en algo tan bonito, y que lo pase en grande. Además, habrá un cóctel.
El Auditorio de Mutua Madrileña (P.º de Eduardo Dato, 20, Madrid, 19.00 h.), es el lugar elegido para el Concierto del Hospital de Cuidados Laguna. Para conseguir las entradas y apoyar, pueden pinchar aquí.
Álvaro del Portillo: «Lo que espera el hombre de hoy es que el sacerdote le hable de Dios»
En enero de 1966, Alberto García Ruiz entrevistó a Álvaro del Portillo, entonces secretario de la Comisión Conciliar “De Presbyteris”, para la revista Palabra (nº 5). Publicamos la entrevista con motivo del 60 aniversario de Omnes.
Alberto García Ruiz·1 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 7minutos
Bastaba asomarse a los medios del Vaticano II para saber que una de las personalidades que dedicaban lo mejor de su esfuerzo a redactar los documentos de la Magna Asamblea era don Álvaro del Portillo, secretario de la Comisión Conciliar encargada de preparar el Decreto «De Presbyteris».
Juan XXIII había nombrado al doctor Del Portillo presidente de la Comisión Antepreparatoria sobre el Laicado y, después, secretario de la Comisión Conciliar sobre la Disciplina del Clero, encargada, como dije antes, del esquema «De presbyterorum ministerio et vita». Ambos cargos son como un símbolo de la vida de este ilustre sacerdote español. Don Álvaro del Portillo es doctor en Filosofía y Letras y doctor ingeniero de Caminos. Miembro del Opus Dei desde los comienzos de esta Asociación, ejerció intensamente su trabajo profesional de ingeniero. Ordenado sacerdote el año 1944, doctor en Derecho Canónico, siempre en servicio responsable a la Iglesia —con esfuerzo y fidelidad ejemplares—, reside en Roma y es el secretario general del Opus Dei.
Este es a grandes rasgos el hombre que yo buscaba para que explicara a los lectores de PALABRA la figura del sacerdote que estaba delineando el Concilio. Pocos puntos de mayor interés —y por una persona tan autorizada— podían, en efecto, plantearse en una revista sacerdotal. La enorme tarea que pesaba sobre la Comisión De Presbyteris — se trabajaba día y noche— hizo prácticamente imposible abordar a don Álvaro. Le hice llegar un cuestionario. Acabó el Concilio. Tres días después tenía en mi poder las respuestas.
—Como usted bien sabe, la votación definitiva del Decreto «Presbyterorum Ordinis» y su promulgación por el Santo Padre tuvieron lugar el siete de diciembre, víspera de la clausura solemne del Concilio Ecuménico. Si antes de esas fechas no he querido aceptar la entrevista, ha sido por razones fáciles de comprender, que se reducen fundamentalmente a una sola: siendo el secretario de la misma Comisión Conciliar que preparaba el Decreto, no me parecía delicado dar públicamente mi parecer sobre problemas que eran aún objeto de estudio. Y menos aún tratándose de una problemática —el ministerio y la vida de los sacerdotes—, sobre la que una reciente literatura ha puesto tanto apasionado acento polémico…
—«L’Osservatore Romano», haciéndose eco de la opinión de los padres conciliares, ha calificado el Decreto «Presbyterorum Ordinis» como uno de los mejores y más completos documentos del Vaticano segundo. ¿Piensa que esta enseñanza del Concilio compondrá los extremos de esa polémica a la que usted antes aludía?
—Pienso que sí. Y no sólo por la fuerza moral de su autoridad, tratándose de un documento del Magisterio solemne, sino también por la misma estructura doctrinal de su contenido. Las diversas concepciones y opiniones particulares sobre las formas en que han de manifestarse hoy día la vida y la tarea apostólica de los presbíteros sólo pueden conciliarse fácilmente poniendo el problema en un plano, que no sea exclusivamente disciplinar, ni sólo pastoral, ni sólo moral o ascético. Fue precisamente la unilateralidad de puntos de vista lo que llevó a la diversidad de conclusiones, a veces fuertemente y polémicamente contrapuestas. El Concilio Ecuménico, en cam-bio, ha considerado y estudiado el problema de un modo global, partiendo de la teología del presbiterado y descendiendo luego progresivamente a las comunes consecuencias pastorales, ascéticas y disciplinares, que tienen en el ministerio y en la vida de los presbíteros la peculiar consagración y la específica misión que han recibido.
—Esta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un documento conciliar ha tratado específicamente del presbiterado. ¿Cuáles han sido las razones que aconsejaron esa conveniencia?
—Ante el considerable desarrollo alcanzado por la doctrina sobre el episcopado y sobre el sacerdocio común de los fieles, muchos presbíteros se preguntaban justamente por el exacto valor y significado de su sacerdocio, de su propia tarea apostólica dentro de la misión única de la Iglesia. De otra parte, en un mundo en continua evolución social y cultural, era necesario precisar los términos fundamentales de la necesaria acomodación del ministerio y de la vida sacerdotal. Pero sobre todo, ¿cómo podría pensarse en una renovación misionera de la Iglesia que no tuviera como principal fundamento la santidad de vida y la solicitud pastoral de sus sacerdotes?
—¿Cuáles considera que son las notas principales que delinean la figura teológica del presbítero?
—Consagración y misión. La doble realidad significada en el conocido pasaje de la Epístola a los Hebreos, capítulo quinto, versículo primero, donde se dice que el sacerdote «ex hominibus assumptus, pro hominibus constituitur”. Elegido entre los miembros del Pueblo Sacerdotal de Dios, el presbítero participa, por una nueva y peculiar consagración, del sacerdocio ministerial del mismo Cristo. No es concebible una mayor elevación de la criatura, una mayor intimidad con Dios en su obra redentora. La debilidad humana es tomada, asumida, no sólo para que coopere con Cristo, sino para que lo represente ante los hombres, para que actúe en su mismo nombre y persona. Porque, como consecuencia de esa participación en el sacerdocio ministerial de Cristo, el presbítero es destinado a la misión de evangelizar, santificar y gobernar, en comunión jerárquica con los obispos, al Pueblo de Dios. Ahí está contenida toda la misteriosa grandeza de la vida sacerdotal: una peculiar consagración (añadida a la bautismal) que separa al hombre de los demás hombres y una misión que destina a ese mismo hombre al servicio pastoral de sus hermanos. Dos dimensiones —una vertical, de adoración; y otra horizontal, de servicio— de una misma vida, a la vez consagrada y enviada; una vida «dialogada» al mismo tiempo con Dios y con los hombres.
—En el mundo actual, ante las nuevas circunstancias sociales y culturales a que usted antes aludía, ¿cómo han de orientar los sacerdotes ese diálogo con el mundo y con los hombres? ¿Qué características fundamentales ha de tener la tarea misionera y pastoral de los sacerdotes —obispos y presbíteros— para que sea verdaderamente ministerio, servicio?
—Pienso que las formas concretas variarán con los distintos ambientes y niveles culturales. Pero en cualquier caso, es evidente que el hombre de la calle —de la universidad, de la oficina, del campo— sólo está dispuesto a escuchar al sacerdote, al «cura», que sepa dirigirse a él con sencillez de trato humano (como un hombre, diría, «al alcance de la mano») y a la vez con sincero y profundo sentido sobrenatural (como un hombre de Dios). Sencillez de trato humano —la eximia humanitas necesaria para la conversatio cum hominibus, como se dice en el Decreto— significa, en primer lugar, ejercicio de una serie de cualidades o virtudes naturales básicas (sinceridad, lealtad, amor a la justicia, reciedumbre, capacidad de comprensión, respeto a la justa libertad y autonomía de los laicos en las cuestiones temporales, etcétera). Después, significa también capacidad de estimar y de valorar debidamente todas las nobles realidades humanas: el trabajo profesional (como Cristo en Nazaret), el amor humano (como Cristo en Caná o en Naim), la amistad (como Cristo en Betania), etcétera. Es así como los hombres descubren en el sacerdote la disponibilidad y la comprensión que facilita el diálogo, y con el diálogo la enseñanza. Así es como se acostumbran a considerar al sacerdote como una figura próxima, familiar, amiga, y no como un ser lejano, singular y extraño.
—¿Es decir, que se requiere de nosotros, de los eclesiásticos, una forma de ser —permítame la expresión— menos clerical que en otras épocas, una manera menos clerical de comportarnos en la sociedad civil y en el trato con los laicos?
—Si usted al escribir su artículo pone clerical en cursiva, le respondo que sí. Menos clerical y más sacerdotal. Porque esos modales y esa mentalidad clerical a la que usted se refiere —frecuente en no pocos clérigos de épocas pasadas— fueron fruto de un falso concepto de la potestad (que ponía el acento más sobre la coacción que sobre la autoridad moral) y de un falso «sobrenaturalismo», poco sobrenatural. Pienso que muchas de las personas que se declararon o se declaran «anticlericales», como suele decirse, lo hicieron por reacción ante esos modales y ante esa mentalidad, que por cierto nada tiene que ver —como no ha dejado nunca de testimoniar el ejemplo de otros muchos magníficos sacerdotes— con un alma sinceramente sacerdotal, ni con las verdaderas exigencias del ministerio pastoral. Pero ya ve usted que se trata de un problema de «mentalidad», de contextura interior y, por tanto, de formación intelectual, de profundización doctrinal y ascética. Es decir, se trata de algo que no puede abordarse con soluciones superficiales y externas, que, además de simplistas, serían lamentablemente contraproducentes. Por ejemplo, la abolición del traje sacerdotal (sotana, clergyman o hábito), la admiración indiscriminada y bobalicona de todo «lo laico», la «temporalización» del ministerio sacerdotal, reduciéndolo a las solas tareas de asistencia social o económica, etcétera.
Por eso precisamente, el Decreto. «Presbyterorum Ordinis» insiste en que esa eximia humanitas del sacerdote ha de ir siempre estrechamente acompañada de un hondo sentido sobrenatural de las realidades terrenas, de la propia condición sacerdotal y del propio deber de estado. Nada, efectivamente, dificultaría más el diálogo con los hombres de nuestro tiempo que una especie actitud «naturalista» por parte del presbítero.
—¿Por qué motivos exactamente?
—Pues porque —y es éste uno de los grandes valores morales y culturales de nuestro tiempo— hoy los hombres aman apasionadamente la autenticidad de las actitudes, la sinceridad de las personas, y se rechaza automáticamente todo lo que sepa a falso, a fingido, a postizo o a falta de responsabilidad: y una actitud «naturalista» en el sacerdote sería todo eso al mismo tiempo. Pero, sobre todo, porque lo que los hombres quieren, lo que esperan —aunque muchas veces no sepan o no se den cuenta de que lo quieren y esperan— es que el sacerdote, con su testimonio de vida y con su palabra, les hable de Dios. Y si el sacerdote no lo hace así, si no les busca para eso, si no les ayuda a escuchar, a descubrir o comprender rectamente la dimensión religiosa de su vida, entonces el sacerdote les defrauda, como les defraudaría un bombero sin agua, un tabernero —perdone usted el símil— que despachase leche, o un médico que no se atreviese a diagnosticar y a recetar. Hoy, los hombres exigen ciertamente que se les hable de una manera bien determinada—positiva, vital, adherente a sus problemas espirituales y humanos concretos, alentadora y llena de ese optimismo cristiano que se llama «espíritu pascual»—, pero quieren y esperan que se les hable de Dios, y que se les hable abiertamente, porque ya hay demasiadas cosas en su vida social que lo ocultan. Se dan cuenta de que Dios les hace falta. Hasta el más solicitado por la prisa de sus mil ocupaciones diarias, hasta el más alejado o el que aparenta mayor indiferencia: todos, de una manera o de otra, con mayor o menor conciencia o lucidez, llevan a cuestas ese problema existencial de Dios. Y el sacerdote —homo fidei, Evangelii minister, educator in fide— tiene ése como primer deber de su ministerio: despertar esa luz o avivarla, traerla al plano de la conciencia personal.
En resumen, sincera humanidad en la forma y profundo espíritu sobrenatural en su contenido. El mismo Decreto Conciliar enseña que la Eucaristía es fuente y cumbre del ministerio sacerdotal. Y en la Eucaristía Cristo manifiesta egregiamente al mismo tiempo la inefable proximidad a los hombres del Hijo del Hombre y el infinito amor salvífico del Hijo de Dios.
Nos damos cuenta —pensando en el presbiterio, en la reafirmación del celibato eclesiástico, en la reforma de la incardinación y de los beneficios, etcétera— de que apenas hemos tenido tiempo de esbozar algunas de las muchas preguntas que queríamos hacer a don Álvaro del Portillo, uno de los peritos que más han contribuido al fatigoso trabajo del Concilio.
En el tintero quedan —como suele decirse— otros muchos temas. Quién sabe si la amabilidad de don Álvaro no nos permitirá reanudar este diálogo más adelante…
El autorAlberto García Ruiz
Sacerdote, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, y Doctor en Derecho Canónico.
La Iglesia defensora de la verdad: Newman, Plank, Spaemann y Ratzinger
De Newman a Ratzinger, pasando por Planck y Spaemann, distintas miradas muestran cómo la conciencia, la ciencia y la filosofía encuentran su plenitud en la fe.
1 de noviembre de 2025·Tiempo de lectura: 4minutos
En su “Carta al duque de Norfolk”, el próximo doctor de la Iglesia san John Henry Newman entiende la conciencia como luz que invita a la obediencia a la Voz divina que habla en nosotros y que el buen ejercicio de esa conciencia consiste en el hecho de dirigirse de modo inmediato a la conducta, a algo que debe hacerse o no hacerse. Dice también que Jesús quiso que el Evangelio fuera una Revelación reconocida y auténtica, pública, fija y permanente. En consecuencia, constituyó una sociedad de personas para que fuera la garante de su Revelación. Cuando iba a irse de la tierra, dio a los Apóstoles el encargo de enseñar a los que se convirtieran a guardar todas las cosas que Él les había enseñado. Y les manifestó que estaría con sus seguidores hasta el fin del mundo y de la historia.
Añade Newman que esa promesa de ayuda sobrenatural no caducó con la desaparición de los Apóstoles, ya que Cristo dijo “hasta el fin del mundo”, dando por supuesto que tendrían sucesores y comprometiéndose a estar junto a esos sucesores lo mismo que con los Apóstoles. La Revelación, continúa diciendo Newman, se concedió a los Doce de forma íntegra y la Iglesia sólo la transmite. Cree que la Iglesia tiene la misión de enseñar fielmente la doctrina que los Apóstoles nos dejaron como herencia. Por enseñanza de la Iglesia entiende no la enseñanza de tal o cual obispo sino sus voces unánimes y el Concilio es la forma que la Iglesia puede adoptar para que todos reconozcan lo que ella está enseñando. De igual manera, el Papa debe presentarse ante nosotros de una forma o con un gesto especial, para que entendamos que está ejerciendo su oficio de enseñar, es decir ex cathedra.
En su trabajo sobre “El desarrollo del dogma” afirma que la supremacía de la conciencia es la esencia de la religión natural y que la supremacía en la conciencia del cristiano es lo que en el Nuevo Testamento se nos revela y se nos confirma por la Iglesia. Considera que la Iglesia católica es la única de todas la Iglesias que se atreve a reclamar la infalibilidad, como si un instinto secreto y un recelo involuntario refrenase a las otras confesiones.
En su libro “Apologia pro vita sua” dice que se ve empujado a hablar de la infalibilidad de la Iglesia como de una disposición querida por la misericordia del Creador para preservar la religión en el mundo y para refrenar esa libertad de pensamiento -que sin duda en sí misma es uno de nuestros mayores dones naturales-, para rescatarla de sus propios excesos autodestructivos.
En su libro “El asentimiento religioso” afirma que quien cree en el depositum de la Revelación, cree en todas las doctrinas de ese depositum y, puesto que no puede conocerlas de una vez, conoce algunas doctrinas y no conoce otras… pero conozca poco o mucho, tiene la intención, si de verdad cree en la Revelación, de creer todo lo que haya que creer siempre que y tan pronto como se le presente.
Dice que hay una única religión en el mundo que tienda a satisfacer las aspiraciones y prefiguraciones de la fe y la devoción naturales, el cristianismo y que sólo él tiene un mensaje preciso dirigido a toda la humanidad.
Plank, Spaemann y Ratzinger
Por su parte, el premio Nobel alemán Max Plank, autor de la teoría cuántica decía en una conferencia: «Donde quiera que miremos, tan lejos como miremos, no encontramos en ningún sitio la menor contradicción entre religión y ciencia natural, antes, al contrario, encontramos perfecto acuerdo en los puntos decisivos. Religión y ciencia natural no se excluyen, como algunos temen o creen hoy en día, sino que se completan y se condicionan la una a la otra. La prueba más inmediata de la compatibilidad de la religión y la ciencia de la naturaleza, también de la construida sobre una observación crítica, la ofrece el hecho histórico de que precisamente los máximos investigadores de la naturaleza de todos los tiempos, Kepler, Newton, Lebnitz, eran hombres penetrados de profunda religiosidad».
Y esa misma conferencia de Plank terminaba con las siguientes palabras: «Es la lucha siempre sostenida, nunca desfalleciente, que la religión y la ciencia natural conducen conjuntamente contra la incredulidad y la superstición, y en la que la consigna que marca la dirección, que la marcó en el pasado y la marcará en el futuro, dice: ¡Hacia Dios!» (“Cristo y las religiones de la tierra”, Franz Köning).
Es cierto que hay personas inteligentes dedicadas a la filosofía y a la ciencia y descreídas. Pero prefiero recordar, otra vez, a alguien que ha podido conciliar razón y fe: Robert Spaemann.
Al filósofo alemán le preguntaron en una ocasión si él, un científico de renombre internacional creía realmente que Jesús nació de una virgen y obró milagros, que resucitó de la muerte y que, con Él, se recibe la vida eterna. Puesto que una fe así, le decían, es típicamente infantil.
El filósofo, de 83 años, respondió: “Pues, si usted quiere, así es. Por cierto, creo más o menos lo mismo que creía cuando era niño, sólo que, entretanto, he reflexionado más sobre ello. Al final, la reflexión me ha confirmado siempre en la fe”.
A esta anécdota añadió Benedicto XVI: «¿Por qué Dios no habría de ser capaz de regalar un alumbramiento también a una virgen? ¿Por qué no podría resucitar a Cristo? Por supuesto, si yo mismo establezco lo que tiene permitido ser y lo que no, si yo y nadie más que yo determino los límites de lo posible, entonces tales fenómenos deben excluirse… Dios quiso entrar en este mundo. Dios quiso que no quedáramos limitados a presentirlo sólo desde lejos a través de la física y de la matemática. Él quiso mostrársenos…» (“La luz del mundo”, una conversación de Benedicto XVI con el periodista Peter Seewald).
La Iglesia Católica dedica el mes de noviembre, de modo especial, a la oración por los fieles difuntos. Este tiempo invita a los creyentes a ofrecer misas, plegarias y obras de misericordia en favor de las almas del Purgatorio.
En todo el mes de noviembre existe la posibilidad de ganar indulgencias plenarias por los difuntos, como ya se hizo durante los años de la pandemia. El Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, explicó que esta práctica “es una forma de devoción muy sentida, que se expresa participando en la Misa y visitando los cementerios”, recordando que la indulgencia “es un signo de la ternura de Dios y de la comunión entre la Iglesia peregrina y la Iglesia purgante”.
¿Cómo se obtiene la indulgencia plenaria por los difuntos?
Según el Manual de Indulgencias, los fieles pueden obtener indulgencias plenarias —aplicables solo a las almas del Purgatorio— cumpliendo las siguientes condiciones:
Visitar un cementerio y rezar, aunque sea mentalmente, por los difuntos.
Visitar una iglesia u oratorio el día 2 de noviembre (Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos) y recitar el Padre Nuestro y el Credo.
Confesarse sacramentalmente, comulgar y rezar por las intenciones del Papa (un Padrenuestro y un Avemaría bastan).
Estar libre de todo afecto al pecado, incluso venial.
Quienes no puedan salir de casa por motivos graves o de salud pueden igualmente obtener la indulgencia uniéndose espiritualmente a las oraciones de la Iglesia, rezando por los difuntos ante una imagen del Señor o de la Virgen María.
La Misa, el mayor auxilio para las almas del Purgatorio
La Iglesia enseña que la Santa Misa es la ofrenda más poderosa que puede hacerse por los difuntos, ya que es el mismo sacrificio de Cristo renovado de modo incruento sobre el altar. Así lo recordaba el Papa Benedicto XV en su Constitución Apostólica Incruentum Altaris (1915), en la que concedió a todos los sacerdotes del mundo la facultad de celebrar tres misas el día 2 de noviembre, una por la intención que deseen, otra por todos los fieles difuntos y una tercera por las intenciones del Santo Padre. El Papa subrayó que “el sacrificio del altar tiene el mayor poder para expiar las almas que descansan en Cristo”, e invitó a los fieles a asistir a esas misas con devoción, para que “una inmensa ola de alivio” llegue a las almas del Purgatorio.
El sentido espiritual de las indulgencias
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.
Dios perdona sus pecados a aquellos que tras haber cometido un pecado, se arrepienten por medio del sacramento de la confesión. Sin embargo, queda una «responsabilidad pendiente» por las consecuencias que el pecado haya tenido para la misma persona o para otras, o incluso para la sociedad en general. Esta consecuencia se llama «pena temporal» y es una deuda que persiste y que hay que saldar ya sea en esta vida o en el Purgatorio.
Es entonces cuando la Iglesia, administradora de la redención, puede conceder indulgencias que pueden suprimir plenamente o parcialmente (dependiendo si se trata de una indulgencia plenaria o parcial) esta pena temporal por los pecados cometidos y confesados hasta ese momento.
Durante este mes, la Iglesia invita a los fieles a rezar por sus seres queridos difuntos, a participar en la Eucaristía, y a ofrecer obras de misericordia como signo de amor y comunión con la Iglesia Purgante. Cada indulgencia ganada es un acto de caridad espiritual que abre el cielo a las almas que esperan su purificación.
Del 11 al 15 de noviembre, en los salones parroquiales de San Luis de los Franceses, el Patronato de Acción Social de la Fundación CARF celebrará un mercadillo solidario con el fin de aportar fondos para ayudar a los sacerdotes.
La Fundación CARF fomenta e impulsa las vocaciones sacerdotales, apoyando la formación de seminaristas, sacerdotes o religiosos, en Roma o Pamplona: “Trabajamos para llevar la sonrisa de Dios a todos los rincones del mundo a través de los sacerdotes y ayudando a su formación”.
Asociado a esta fundación y con este mismo fin, el Patronato de Acción Social coordina voluntariados parar coser y bordar las albas o lienzos litúrgicos que se entregan, junto con los estuches de vasos sagrados, a cada seminarista que termina su formación y regresa a su diócesis para ser ordenado.
La primera acción del Patronato es rezar por las vocaciones sacerdotales. “Rezar y ayudar a los sacerdotes motiva a muchas personas. Además, ellos también rezan por nosotros, por lo que, en realidad, salimos ganando”, apunta su presidenta, Carmen Ortega.
Además de esta labor, el mercadillo forma parte esencial del Patronato. Para ayudar a las vocaciones se movilizan distintas voluntarias que confeccionan ropa de punto, recogen muebles donados, objetos de decoración y organizan lo necesario para poner todas las donaciones a disposición del público.
En esta edición el 29 mercadillo semestral será del 11 al 15 de noviembre de 11 a 21 en los salones parroquiales de San Luis de los franceses (Calle Padilla, 9. 28006 Madrid).
La irrupción de la inteligencia artificial en el ámbito sexual reabre el debate sobre los límites entre libertad y salud pública. Mientras OpenAI prepara el acceso a contenido erótico en ChatGPT, España intensifica su alerta ante los efectos de la pornografía en la sociedad.
OpenAI, la empresa responsable de ChatGPT, ha anunciado que a partir de diciembre de 2025 permitirá el acceso a contenido erótico para usuarios adultos que verifiquen su edad. La medida, impulsada por su consejero delegado, Sam Altman, supone un giro importante en la política de moderación de la compañía.
Altman justificó el cambio señalando que, hasta ahora, ChatGPT había sido “bastante restrictivo” con el fin de “asegurarnos de que teníamos cuidado con los problemas de salud mental”. Sin embargo, reconoció que esa prudencia lo hacía “menos agradable y útil para muchos usuarios que no tenían problemas de salud mental”. El nuevo enfoque, afirmó, busca “tratar a los usuarios adultos como adultos”.
La decisión ha generado controversia entre especialistas en ética tecnológica, terapeutas y las redes sociales. Los críticos advierten de que, bajo el argumento de la libertad de elección, se esconde una estrategia para monetizar la soledad y la hipersexualización digital, con potenciales consecuencias en la salud mental y en la normalización de conductas adictivas.
Algunos analistas señalan que las nuevas funciones que podrían incorporarse —avatares personalizables, simulaciones de pareja, conversaciones eróticas o cuerpos generados a medida— podrían marcar un punto de inflexión en la expansión de la pornografía digital. El riesgo, sostienen, no es solo la facilidad de acceso, sino la creación de entornos virtuales que sustituyan el contacto humano y fomenten vínculos afectivos con máquinas.
La campaña del Ministerio de Igualdad
Mientras tanto, en España el Ministerio de Igualdad ha lanzado la campaña “Por no hablar”, centrada en alertar sobre las consecuencias del consumo de pornografía. Con mensajes como “El porno genera expectativas irreales”, “contiene alto contenido violento”, “erotiza la violencia” o “instaura modelos de relación basados en la dominación masculina”, la iniciativa busca promover una educación sexual que contrarreste la influencia de los contenidos pornográficos en la construcción de la identidad y el deseo.
El contraste resulta llamativo: mientras el Estado español trata de desincentivar el consumo de pornografía y fomentar la reflexión sobre sus efectos, una de las empresas tecnológicas más influyentes del mundo abre la puerta a una nueva forma de consumo erótico automatizado y despersonalizado. De momento, ningún gobierno ha criticado o anunciado medidas específicas para evaluar el impacto ético y psicológico de esta decisión.
La paradoja televisiva
Teniendo en cuenta el contexto general, resulta sorprendente la decisión de la televisión pública española de llevar a su prime time el programa La Revuelta (anteriormente llamado La Resistencia). Durante años, el programa original se autodefinió como «porno friendly«, defendiendo abiertamente la pornografía e incluyendo entrevistas de gran difusión con las principales estrellas del porno españolas.
La irrupción de la inteligencia artificial en el terreno de la sexualidad abre un debate de fondo sobre los límites entre la libertad individual, la ética tecnológica y la salud pública. En un mundo donde la IA está cada vez más presente, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿debemos promover la pornografía, tolerarla o prohibirla? ¿Es la pornografía inofensiva?
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