Evangelización

Carlota Santos: «el modelo de las santas es más universal que el ‘empoderarse’ de hoy»

Este 8M, la ilustradora Carlota Santos cuenta cómo acabó desencantada con la propuesta New Age para convertirse al cristianismo y dedicar un libro a historias de mujeres realmente ejemplares: Santas.

Teresa Aguado Peña·8 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

En una sociedad que aboga por el empoderamiento de la mujer, la ilustradora Carlota Santos (@carlotydes en Instagram) realiza un contrapunto con su nuevo libro Santas. Tras explorar el esoterismo y el New Age, Carlota comenzó una «búsqueda intelectual» y encontró verdad en el cristianismo. Es por ello que dedica su nuevo libro a referentes femeninas de santidad. Trata así de mostrar que la Iglesia siempre ha valorado a la mujer, desmitificando la idea de que el catolicismo no reconoce su importancia.

A través de sus ilustraciones y relatos, la artista celebra vidas de santidad y virtud, ofreciendo referentes históricos que inspiran tanto a creyentes como a quienes se acercan por curiosidad cultural.

En esta entrevista, la ilustradora y arquitecta Carlota habla sobre su conversión, su nuevo libro y por qué considera que las santas siguen siendo ejemplos universales de virtud.

¿Cómo ha sido tu paso del esoterismo al cristianismo? 

–Yo fui a un colegio católico, pero nunca llegué a conectar del todo con el mensaje de Jesús en ese momento. Hice la confirmación por tradición, no por convicción. Pero siempre he sido una persona que le ha llamado mucho la atención el arte clásico y lo simbólico. 

A raíz de un interés visual en el tarot, me fui adentrando en semejantes como la astrología y las cartas. Todo desde un punto de vista artístico. Pero, al explorarlo desde un punto de vista artístico, es inevitable contaminarse desde un punto de vista espiritual.

Acabé muy desencantada con todo lo relacionado con el New Age, porque me parecía que, en el fondo, se reduce a una promesa de sentirte bien. Entonces empecé a plantearme, a nivel personal, si además de esas herramientas para el bienestar habría alguna verdad, algo objetivamente bueno que realmente existiera.

A partir de ahí comencé a investigar distintas religiones y, en paralelo, surgió la idea de hacer un libro sobre el cristianismo. Fue en ese momento cuando empecé a explorar de verdad las diferentes tradiciones religiosas. Y conecté de una manera muy profunda con el mensaje de Jesús, como nunca antes lo había hecho, ni en el colegio ni en otras etapas de mi vida. Me impactó muchísimo.

Quise hacer Santas desde un punto de vista femenino para reivindicar que la mujer en la Iglesia ha tenido un reconocimiento desde el inicio.

¿De qué forma intentas expresar en «Santas» que la mujer en la Iglesia es perfectamente valorada? 

–A lo largo de más de dos mil años de historia, ha habido más de tres mil santas. Lo que intento mostrar con esta selección de cincuenta mujeres, presentadas en orden cronológico, es que la Iglesia siempre las ha reconocido y valorado.

Son mujeres que aunque todas comparten un mismo fin —el bien y Jesús—, cada una lo ha expresado de manera diferente, con sus propios dones y su propia personalidad. Y, sin embargo, todas han sido reconocidas por la Iglesia.

Hay desde las primeras mártires, que sufrieron persecución y muerte, muchas veces por defender sus ideas y mantenerse firmes en sus principios, hasta mujeres con inquietudes intelectuales que pudieron desarrollar su talento en entornos como los monasterios, donde encontraron el espacio para dedicarse plenamente al estudio y al pensamiento.

En un día como el 8M, ¿qué crees que pueden aportar hoy las santas al debate sobre el feminismo, la dignidad y el papel de la mujer en la sociedad?

–Las santas no son modas, ni algo pasajero como una actitud. El feminismo de ahora defiende mucho la actitud de «empoderarse». En cambio, el modelo de las santas es más universal porque cada una de ellas defiende virtudes que trascienden el tiempo. Son referentes eternos en su defensa radical del bien y el servicio a los demás.

¿Ha habido alguna santa que te haya llegado especialmente?

–Una figura que ya conocía, pero en la que he podido profundizar y aproveché para leerme también su propio libro y sus memorias, es Santa Teresita de Lisieux. Su idea principal es que se llega a la santidad con las pequeñas obras de cada día, que no hace falta hacer grandes gestos, sino vivirla en lo cotidiano. Y eso me llegó mucho.

En el libro cuentas tu redescubrimiento del cristianismo, ¿cual fue el punto de inflexión?

–Tuve un pequeño acercamiento muy repentino con Dios antes de profundizar en el cristianismo, que fue un detalle totalmente absurdo.

Yo recuerdo estar tomando algo con mis amigos cuando de pronto empecé a ver unos pajaritos que había allí, y me parecieron tan bonitos que me dije «¿cómo no va a existir Dios si la naturaleza es tan bella?». Vi a Dios en la naturaleza, y a partir de entonces empecé a leer e investigar sobre diferentes religiones, sobre cómo ve a Dios cada religión, y yo identifiqué bien el cristianismo desde el primer momento, y así reconecté plenamente con el catolicismo.

En tu búsqueda intelectual, ¿desmontaste algún prejuicio?

–Si, por ejemplo, el concepto de pecado. Cuando era adolescente y me explicaban lo que era el pecado lo veía más como una serie de prohibiciones que la Iglesia imponía. Y sin embargo, ahora entiendo que los pecados son cosas que te van a hacer mal, que te perjudican. Y Dios, en su amor infinito, ha querido advertirnos sobre ellas.

Tengo la suerte de ser una persona curiosa y cada duda que me ha ido surgiendo en cuanto a lo que dice la Iglesia he investigado sobre ello y he ido comprendiendo así el porqué de muchas cosas. Evidentemente siempre hay un factor de fe, porque no todo es cien por cien intelectual. Es más bien la razón iluminada por la fe. Pero llega un momento en que tienes que confiar.

Tras haber explorado el esoterismo ¿crees que un cristiano puede recurrir al yoga, el tarot o explorar ese tipo de prácticas?

–Mi opinión personal es que no. Simplemente porque un cristiano debe tener una confianza radical en Dios. Si tú te apoyas en otras cosas, ya no estás confiando plenamente en Él. No es compatible.

De hecho, el tarot y el echar las cartas, la Iglesia lo dice, es peligroso. Puedes generar una dependencia con saber qué va a pasar, con intentar controlar todo. Y no hay nada menos acorde al cristiano que estar en perpetua preocupación por controlar lo que va a pasar. Estamos en manos de Dios y debemos confiar en sus planes.

En la sociedad de hoy se puede palpar una búsqueda de espiritualidad que esconde una búsqueda de Dios sin saber identificarlo. Desde tu experiencia personal, ¿cómo animarías a los jóvenes a no quedarse en las modas espirituales superficiales?

–Cada uno tiene su propio recorrido. San Agustín, por ejemplo, pasó por etapas alejadas de Dios y exploró otros temas antes de encontrar a Cristo. Lo importante es buscar de verdad, porque, como dice la Biblia, quien busca encontrará y quien llama será recibido.

También es un proceso activo: Dios extiende la mano, pero depende de nosotros dar el paso. Si la búsqueda es sincera, aunque sea difícil, llevará a Jesús; quedarse en la superficie puede llevar a caminos más esotéricos. No hay fórmulas mágicas, pero la clave es la sinceridad y la constancia en esa búsqueda.

Has ilustrado a 50 santas, ¿qué aprendes de haber hecho este libro?

–Por una parte, he investigado muchísimo en el arte occidental y cómo se han representado las santas a lo largo de la historia y eso a nivel cultural y como artista me ha enriquecido mucho.

También he ganado mucho en profundidad. Con este libro he podido comprobar, al explorar vidas tan distintas, que no se define un solo modelo de santidad. Y eso inspira mucho, porque vas viendo cómo puedes aplicar sus virtudes a tu vida o cómo te ayuda a reflexionar también qué haces bien y qué haces mal. Este libro me ha acercado mucho también al Evangelio. A explorarlo de una forma más íntima.

Hablando de Evangelio… En tu blog de YouTube cuentas que pretendes ilustrar la Biblia. Cuéntanos sobre este proyecto

–Todo empezó cuando una editorial me contactó para ilustrar un clásico de la literatura. Al principio pensé en Shakespeare, porque me gusta mucho y encaja con mi estilo, y empecé con Sueño de una noche de verano, mi obra favorita.

Después de unos meses, me dije: “¿por qué no proponer la Biblia?” Llevaba tiempo con esa idea y, al comentárselo a mi editora, aceptaron. Como la Biblia es mucho, decidimos enfocarnos en el Evangelio.

Ahora estoy en la etapa inicial de planificación. Es un proyecto enorme, con muchas ilustraciones, y quiero definir bien los ejes para hacerlo con cuidado.

Santas

Autor: Carlota Santos
Editorial: Penguin
Páginas: 141
Año: 2026
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Recursos

«El discurso del método» de René Descartes

En los próximos meses se publicarán una serie de artículos comentando las principales obras de Locke, Hume, Kant, Hegel, Marx y Freud; la de Schopenhauer y Nietzsche; la de Comte y Wittgenstein; y la de Kierkegaard, Husserl, Heidegger y Sartre, siguiendo otra serie de filosofía política y social.

Ignacio Sols·8 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Una versión extendida de este artículo puede verse aquí.


Formado René Descartes en matemática, literatura y filosofía clásicas en los jesuitas de La Flèche, licenciado en leyes en Poitiers en 1616, descubre, acuartelado en Baviera en el invierno de 1619, su método y su  vocación de filósofo y matemático. Se instala en los Países Bajos desde 1622 y publica en 1937 su Discours de la Méthode, que, junto con su apéndice La Géométrie, fueron fundadores de la filosofía racionalista y de la geometría analítica. Muere en Estocolmo en 1650, tras cuatro meses como preceptor consejero de la reina Cristina de Suecia.

Exposición del filósofo

Se ha dicho que quien desprecia la filosofía sigue sin saberlo a un filósofo muerto. Esto es especialmente cierto del Discurso del método y su obra paralela Meditationes de Prima Philosophia pues inauguran la filosofía de la Edad Moderna, de la cual es consecuencia lógica la filosofía contemporánea. Con mención sólo del Método, utilizaremos indistintamente ambas obras para nuestra exposición.

Ideas claras y distintas

De carácter autobiográfico, comienza Descartes su Discurso expresando su malestar por la debilidad de sus certezas en los temas importantes de la vida, en comparación con la absoluta certeza en las matemáticas que él mismo profesaba. Concibe entonces un método que proporcionase en filosofía la misma certidumbre que en matemáticas: Solo admitiría las verdades de las que no fuese posible concebir duda alguna, rechazando metodológicamente aquellas en que tal duda fuese posible. Y para proceder de unas verdades a otras utilizaría razonamientos rigurosos que se habrían de regir por los siguientes preceptos: 

“Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no tuviese ninguna ocasión de ponerlo en duda. 

El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución. 

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.  

Y el último, hacer en todos unos recuentos  tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada”.

Yo, Dios y Mundo

Ocho años después de concebir este método, se consideró con experiencia suficiente para implementarlo. Los sentidos me engañan a veces -por ejemplo, cuando sueño-, luego cabe dudar de ellos como del amigo que alguna vez nos ha engañado. Metodológicamente, pues, no contaré con ningún dato de los sentidos: “Todo lo que hasta ahora he admitido como absolutamente cierto lo he percibido de los sentidos o por los sentidos; he descubierto, sin embargo, que éstos engañan de vez en cuando y es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado aunque sólo haya sido por una sola vez”.

Pero ya decían los antiguos que nada hay en el entendimiento que antes no haya estado en los sentidos, pues hasta las ideas más abstractas comienzan con alguna imagen sensorial, por lo que Descartes, al prescindir del dato de los sentidos, queda sumido en la duda universal: 

“Finalmente me veo obligado a reconocer que de todas aquellas cosas que juzgaba antaño verdaderas no existe ninguna  sobre la que no se pueda dudar, no por inconsideración o ligereza, sino por razones fuertes y bien meditadas. Por tanto, no menos he de abstenerme de dar fe a estos pensamientos que a los que son abiertamente falsos, si quiero encontrar algo cierto. En consecuencia, no actuaré mal, según confío, si cambiando todos mis propósitos me engaño a mí mismo y las considero algún tiempo absolutamente falsas e imaginarias”.

¡Se ha quedado sin más certeza que la del hecho mismo de que piensa!  Y es entonces cuando, en medio de tanta oscuridad, se enciende una luz: Hay un ser del cual tiene idea clara y distinta, pues imposible es concebir en él duda alguna ya que en la misma duda emergería como aquel que duda: ¡él mismo! PIENSO, LUEGO EXISTO.

 “No admito ahora nada que no sea necesariamente cierto; soy por lo tanto, en definitiva, una cosa que piensa, esto es, una mente, un alma, un intelecto, o una razón”. Pero concebido este primer ser, encendida esta primera luz en medio de la universal oscuridad, se propagará como la luz en la noche de la Pascua cristiana, ya que los principios metafísicos que ha aprendido se mantienen intactos, y entre ellos, el de causalidad. Si no soy causa de mí mismo, sino que tengo causa distinta de mí, ésta también la tiene a su vez, y así  sucesivamente  -recuerdo de su formación en la filosofía tomista-  hasta llegar necesariamente a un ser Causa Sui , causa de sí mismo. Dos ideas ya, pues, inmunes a la duda: El yo, como cosa que piensa –res cogitans- y Dios, como el ser Causa Sui.  

Además, el deseo de bondad y de nobleza que hay en mí, no puede ser causado por mí -ni tan bueno ni tan noble- pues no puede el efecto ser superior a la causa (otro principio metafísico) sino de aquel de quien procede mi  ser, en lo que concluye la bondad de Dios. Así pues, no puede haber sido que me haya dado la facultad de conocer para engañarme, luego mi conocimiento sólo me engaña cuando uso mal de él, tomando como evidente aquello que me presenta como susceptible de duda, tal el dato de los sentidos. Pero no puedo engañarme en su actividad matemática, ya que es de tal claridad que no cabe en ella concebir duda. Y matemática es la geometría con que estudio esa cualidad de los seres corpóreos que  es la extensión. Recupera así la realidad material que le rodea -incluido su propio cuerpo- en la medida que la concibe como extensión.

De este modo ha llegado desde la duda universal a la realidad de tres ideas claras y distintas: la res cogitans, la Causa Sui, y la Res Extensa. Yo, Dios, mundo, los tres temas perennes de la filosofía.

Crítica filosófica

La crítica será estándar pero planteará una de las principales preguntas en filosofía, para la que ensayaremos una  respuesta no estándar.

¿Yo real o yo pensado?

Una vez cerrados los ojos a toda realidad, sumidos en un mundo de puro pensamiento, el yo que emerge en la duda no es el yo que piensa, sino el yo pensado. ¿Puede colgarse una cadena de un clavo pintado en la pared? Sí, puede colgarse, si la cadena también está pintada en la pared (Vernaux). Así, el Dios y el Mundo que Descartes cuelga del yo emergido de la duda, son un Dios y un Mundo pensados, no reales. Y es que la realidad, una vez dudamos de ella, desaparece para nunca más volver. Quien duda de su propia facultad de conocer, nunca saldrá de  la duda, y se quedará con la sola realidad de su pensamiento. La derivación lógica implícita en el pensamiento cartesiano es un Dios y un Mundo reducidos a idea. Esta dilución del ser en idea será desarrollada inexorablemente por la historia hasta protagonizar el panlogismo hegeliano que identificará el Ser con la Idea. Y será dilución de la existencia en la esencia acabará diluyendo a “este hombre”, al hombre concreto, en “el hombre”, en la idea abstracta o humanidad.  Así es como el individuo será disuelto en la colectividad, fundamento de las filosofías sociales del siglo XIX que inspiraron los colectivismos políticos del siglo XX, marxista y nacionalsocialista. 

De hecho, esta identificación de “existencia” y “esencia” tiene su gestación medieval: Muy poco después de que Tomás las distinguiese enérgicamente, es decir, distinguiese entre “quién” soy  (Ignacio Sols, una existencia concreta) de “lo que soy” (un hombre, la idea abstracta en mí), el beato Duns Scotto puso una esencia en cada ser existente. Esto es muy peligroso, pues el contar las esencias por existencias llevaría siglos después al  jesuita Francisco Suárez, en sus Disputationes philosophiae, a no admitir ya distinción real entre esencia y existencia. 

Pues bien, en esta filosofía “esencialista” se formó René Descartes como alumno del colegio de jesuitas de La Flèche. Tal identificación supone un implícito panteísmo, pues solo en Dios su esencia es su existencia, sólo Él existe por esencia, existe necesariamente. Él es único Ser Necesario. Y es así como respondió al “quién eres” de Moisés con “lo que es” con su esencia: “Yo soy el que es”. Su esencia es Ser. 

Por esa razón, esa derivación lógica del punto  de partida cartesiano que es el panlogismo hegeliano será de hecho panteísmo, y un panteísmo que estaba paradójicamente implícito en la filosofía de hombre tan devoto como René Descartes: si desde la duda universal, a ojos cerrados, pretendo recuperar el mundo, deducirlo sin haberlo observado, es que lo tengo por realidad necesaria, lo tengo por Dios, lo tengo por el Ser Necesario. 

Pero un filósofo hubo que en solo veinte años dedujo lo que la historia de la filosofía tardaría doscientos en deducir: recogiendo en unos pocos axiomas las concepciones esencialistas de la filosofía cartesiana (en su Ethica more geometrico demonstrata, o demostrada al modo de la geometría axiomática de Euclides), llegó en solo tres páginas de pura metafísica -Baruch Spinoza es el único verdadero metafísico de su siglo y el siguiente-  a la conclusión lógica del panteísmo en su proposición XIV: “No puede darse ni ser concebida fuera de Dios sustancia alguna”. Pero será el gran ausente en este elenco de autores, porque sus “impecables” razonamientos desde tal “equivocado punto de partida  -se equivocó por todo lo alto, solía decir Polo-  no pueden ser resumidos sin ser traicionados.

No opción intelectual, sino error de método.

 Siempre se me enseñó como estudiante, y en ambientes filosóficos muy distintos, que o bien partimos del Res Sunt, de que las cosas existen -Platón, Aristóteles, Santo Tomás- tal como lo presenta a nuestro entendimiento nuestra facultad de conocer, o  bien se parte de la duda de su fiabilidad, sometiéndola a una crítica que tenga como punto de partida el hecho mismo, innegable, de que pensamos. O partimos del ser, como lo hicieron los griegos y la filosofía medieval, o partimos del pensamiento como lo hizo Descartes y la filosofía  crítica que su método inauguró. Se nos han presentado ambos puntos de partida como irreductibles, sin que de uno se pueda llegar al otro, ni pueda tampoco ser mostrado erróneo, quedando, pues, ambos puntos de partida realista y crítico como una opción. En la obra Metafísica de la opción intelectual de un autor cercano a mí, Carlos Cardona, ésta era presentada como una opción moral, después que hemos visto implementadas históricamente sus inexorables consecuencias.

El ya partido Leonardo Polo se resistía a que la más profunda concepción filosófica acerca del ser, aquella que va a condicionar a todas las demás, haya de reducirse a ¡una  mera opción! Y en su Curso de Teoría de Conocimiento, volumen 2 -quizá su principal obra filosófica- toma partido sin tomarlo: lo primariamente presente en el conocimiento es la idea, pero lo conocido en ella sin mediación alguna es el ser. 

Pues bien, el punto de vista argumental de esta serie de artículos es que sí puede ser criticado el punto de partida cartesiano -y con él la entera filosofía moderna, de la cual la filosofía contemporánea es derivación lógica-  porque puede ser presentada como “error de método”. El matemático huele a distancia las matemáticas, y en el Discurso  ve en el intento de llevar a la filosofía el método propio de las matemáticas , como toda la filosofía moderna emulará el método de las ciencias. 

Esto es reconocido por el propio Descartes quien en cartas personales se refiere a la suya como una “philosophie mathematique”, demostrando que Dios existe así como se demuestra que los ángulos del triángulo suman dos rectos.  Quienquiera que, con mínima formación matemática, lea los pasos del método arriba descrito reconoce los pasos de una demostración matemática, cada uno de ellos por sí mismo “evidente”, pero demostrando todos juntos una verdad no evidente, pero a la que llegamos a partir de otras verdades que ya nos constaban. 

Y su exigencia de ideas claras y distintas en filosofía viene de que así son las ideas en las matemáticas. El matemático conoce clara y distintamente las ideas con que trabaja, porque él mismo las ha construido mediante sus definiciones por lo que puede razonar acerca de ellas clara y distintamente, con una certeza en la que no cabe concebir duda alguna. Pero exigir en la filosofía ideas claras y distintas, tal como es posible, y exigible y hasta característico, en las ciencias matemáticas y en las ciencias matematizadas es cancelar en su mismo origen la sabiduría. Es un importante error de método, característico de la filosofía Moderna, y el cual tiene su origen -precisamente- en un libro que lleva como título Discurso del Método. Si Descartes no se atrevió o no supo extraer las consecuencias de este erróneo punto de partida -Spinoza sí supo hacerlo-  se atreverá a ello la filosofía posterior a Descartes, que más se inspirará en su método, o en su modo de filosofar, que en su mismo contenido: su peculiar demostración de la existencia de Dios y de la existencia del mundo, como si ésta también necesitase de demostración. 

Digámoslo: yo no sé definir la dignidad del hombre, no tengo de ella una idea clara y distinta, pero sé bien que por la dignidad de un hombre no puedo convertirlo en mi esclavo. Esta exigencia de ideas claras y distintas, solo posible en las ciencias, lo veremos más tarde en los empiristas ingleses, quienes entenderán como idea  -literalmente “lo visto” en griego – las impresiones sensoriales que percibo de modo claro y distinto. Y si hay filosofía moderna racionalista y empirista es precisamente porque hay ciencia teórica y experimental. Y ese gesto común en la filosofía moderna – Descartes, Spinoza, Locke, Hume, Kant lo dicen explícitamente – emulador de la claridad del método científico es palmario “error de método” porque no procede así la sabiduría humana,  y error que la ha cancelado históricamente al exigirle unas ideas claras que la filosofía no tiene ni necesita tener.

El autorIgnacio Sols

Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.

Recursos

“El Discurso del Método” y las “Meditationes de Prima Philosophia” de René Descartes  

En los próximos meses publicaremos una serie de artículos sobre la obra principal de Locke, Hume, Kant, Hegel, Marx y Freud; la de Schopenhauer y Nietzsche; la de Comte y Wittgenstein; y la de Kierkegaard, Husserl, Heidegger y Sartre, siguiendo otra serie de filosofía política y social.

Ignacio Sols·8 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 22 minutos

Una versión más resumida de este artículo puede verse aquí.


René Descartes, formado en matemática, literatura y filosofía clásicas en los jesuitas de La Flèche, licenciado en leyes en Poitiers en 1616, descubre, acuartelado en Baviera en el invierno de 1619, su método y su vocación de filósofo y matemático. Se instala en los Países Bajos desde 1622 y publica en 1637 su Discours de la Méthode, que, junto con su apéndice La Géométrie, fueron fundadores de la filosofía racionalista y de la geometría analítica. Muere en Estocolmo en 1650, tras cuatro meses como
preceptor consejero de la reina Cristina de Suecia.

1. Exposición 

    Estos dos opúsculos del filósofo francés deben ser considerados conjuntamente pues, el Discurso es más bien autobiográfico –interesante para comprender la génesis de su pensamiento- , hallándose éste más bien contenido, o contenido con mayor detalle en las Meditationes, de las que tomaremos las citas del segundo apartado. 

     Cuenta René Descartes en su Discurso que, a los veintitrés años, concibió el método que dio lugar después a su filosofía. Cansado de tener que tomar por indudables un sinfín de débiles certezas, propuestas a su espíritu como indiscutibles verdades durante su vida de estudiante, decidió que el método que habría de seguir para llegar a alcanzar verdad tendría que ser un método del todo nuevo en filosofía que tomara lo mejor del método filosófico, del lógico y del matemático. Se trataba de atenerse a los siguientes preceptos: 

     “Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.

    El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.

    El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer.  para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente. 

    Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada”

    Cualquier persona mínimamente familiarizada con las matemáticas reconoce que es éste el método de una demostración en esta disciplina. Las demostraciones matemáticas dividen la dificultad en pequeños “pasos”, cuya verdad es aprehendida por separado y de un solo golpe de vista, como muy evidente, de modo que esos sencillos pasos, concluyen como en síntesis, todos juntos una verdad. Así llegamos a tener certeza de una verdad que no había sido inicialmente admitida por no ser por sí misma evidente, sino que era posible dudar de ella. De hecho, el propio René Descartes dice a renglón seguido: “Esas largas series de trabadas razones, muy plausibles y fáciles, que los geómetras acostumbran a emplear para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión de imaginar que todas las cosas de que el hombre puede adquirir conocimiento, se siguen unas a otras de igual manera.”

    Con todo, aunque se sintió capaz de utilizar este método en la actividad matemática y en otras ciencias y campos de la vida, no se sintió inicialmente con madurez suficiente para emplearlo en filosofía como fundamento de una metafísica propia, de modo que quedase por ella fundamentado su conocimiento en todos los campos. Pero al cabo de varios años en que adquirió más experiencia de la vida, y después de entrenarse en el uso de este método con otros campos del saber, se sintió con madurez suficiente para aplicarlo, de modo implacable, a la metafísica, en una meditación que recoge en el Discurso del Método.

    Comienza por aplicar el primero de sus preceptos  al primero de nuestros conocimientos, el que nos llega por los sentidos. Pero los sentidos nos engañan a veces, por ejemplo cuando oímos voces o vemos imágenes en sueños que creemos reales, resultando, al despertar,  que no lo eran. Por tanto, metodológicamente los habrá de tener por siempre falaces –es decir que no contará con ellos-  puesto que cabe dudar de quien alguna vez ha engañado. 

    Pero entonces llega a una situación muy grave, pues, como atribuido a santo Tomás, “nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”, es decir que todo conocimiento empieza por los sentidos (en efecto, incluso las nociones más abstractas que podamos concebir, como puede ser la de Dios, tienen su base en realidades captadas inicialmente por los sentidos como la de mi propio padre, o la de un alfarero modelando la obra de sus manos). Y digo grave, porque habiendo decidido no tener por cierto, metodológicamente, el dato de los sentidos, debe concluir que tampoco puede tener por cierto dato alguno suministrado por su conocimiento, puesto que se basa en los sentidos. No puede dar fiabilidad pues a ninguna de las ideas que ha concebido, no puede suponer que correspondan a realidad alguna, no sólo a las ideas que concibe como quimeras –cuando piensa, por ejemplo, en un unicornio- sino tampoco a las que concibe como realmente existentes, como la idea que pueda tener de una cabra (ejemplo que él mismo pone). La gravedad de la situación está en que ha perdido la realidad misma y el acceso que a ella tenía a través de su conocimiento. 

    Pero entonces, en medio de aquella noche oscura en que su propio método le ha sumido, una primera luz se enciende, un ser escapado a la radicalidad del primer precepto de su método. Se trata de un ser inmune a la duda, del que no puede dudar por más que se lo proponga puesto que emerge de la misma duda: ¡Él mismo! En efecto si duda, la misma duda da noticia inequívoca de alguien que está dudando. Y enuncia este gozoso descubrimiento en aquel famoso 

                                  “Pienso, luego existo” 

    En esto ha hallado Descartes la primera verdad, la verdad conocida de modo claro y distinto, en la cual poder fundamentar cualesquiera otras verdades, primera verdad de la “science universelle” en que debe consistir su propio pensamiento, como deducido de una verdad en sí misma evidente – “dadme  un punto de apoyo” cita él- como toda verdad geométrica se deduce de unas pocas verdades en sí mismas evidentes, llamadas postulados (así estaba dispuesta la geometría en los elementos de Euclides, y así la había aprendido Descartes).  

    Y, primero de todo, se dispone a fundamentar en esta primera verdad la proposición “Dios existe”, lo que hace de modo familiar para quien conoce las vías de Santo Tomás, modo familiar también para él, pues había sido instruido en la filosofía clásica que enseñaban los padres jesuitas en el colegio de La Fleche, en el oeste de Francia: yo no puedo ser la causa de mí mismo, pues si yo mismo me hubiera creado no lo hubiera hecho con estas indeseables imperfecciones que se dan en mí, comenzando por la misma imperfección que supone dudar, es decir, no conocer con certeza. Luego tiene que haber al menos otro ser, aparte de mí, que haya sido mi causa. (Observamos, pues, que mantiene intacto el principio de causalidad, sin siquiera hacerlo explícito, como veremos que mantiene intactos también otros primeros principios en los que ha sido instruido). O bien ese ser es causa de sí mismo, o bien ha sido causado por otro ser. Se remonta así en una cadena causal que tiene que acabar necesariamente en un primer ser, causa de sí mismo, puesto que si esa primera causa se retira, todas las causas intermedias quedan cesadas en su causación. Es este Ser, causa de sí mismo, al que llamamos Dios. Ha llegado pues a Dios como “causa sui”, algo que puede parecer más o menos lo mismo que la causa incausada de Santo Tomás, pero que en modo alguno es lo mismo.

    Ofrece otra prueba de la existencia de Dios, a partir de la idea misma que tiene de Él, como ser infinito, e infinito en todos sus atributos: infinitamente sabio, bueno, poderoso. La idea de cada uno de ellos está en mí, ciertamente, pero no puede ser que haya sido causada por mí, puesto que yo soy mucho más imperfecto que todo eso, y no puede lo imperfecto ser causa de lo perfecto (otro primer principio que no ha quedado pues en suspenso en el pensamiento de René). Esas ideas deben proceder pues de un ser que sí tenga esas perfecciones, y las tenga en grado infinito. Y no puede ser que haya un ser que haya puesto en mí la idea de perfecta sabiduría, otro que haya puesto la idea de infinita bondad, etcétera, sino que uno es el sabio, el bueno, y el poderoso, así que concluye que hay un solo Dios, con todas perfecciones cuantas se puedan concebir. En particular, la unidad o simplicidad –el hecho de no tener partes- es una perfección, luego necesariamente  Dios ha de ser simple. Es así como recupera, uno a uno, los atributos de Dios de que trata la más clásica teodicea, atribuidos todos ellos en grado infinito. (Y René Descartes aporta una tercera demostración de la existencia de Dios que no recordamos aquí porque el lector ya la conoce, aquella debida a san Anselmo, donde llega a la existencia de Dios desde su pura esencia: el Ser. No es de extrañar que tal prueba sea tan admirada por los filósofos de la Edad Moderna).

    Llegados a este punto, se ve ya en buena posición para seguir filosofando, puesto que, siendo Dios infinitamente bueno e infinitamente poderoso, no es concebible que me haya creado con este entendimiento que tengo tan sólo para engañarme. En consecuencia, debo tener por verdadero todo aquello que el entendimiento me presente como cierto, de modo claro y distinto, pero no debo usar mal de la libertad que Dios me ha dado para su uso, es decir, teniendo por cierto aquello que no se le presenta con certeza sino como susceptible de duda.

    Hasta ahora dos son las ideas claras y distintas que su entendimiento le ha presentado, y por tanto ya con razón suficiente para fiarse de ellas: la idea del “yo”, como sustancia pensante, como “res cogitans” , pues  ha llegado a la “cosa que piensa” en modo que no admite duda; y la idea de “Dios” como “causa sui”, pues ha llegado a ella desde el “yo” con un razonamiento sin resquicios, como cuando en matemáticas se demuestra que la suma de ángulos de un triángulo son dos rectos (así lo dice en su Discurso).

    Hay por fin una tercera idea que su entendimiento le muestra de modo claro y distinto, y de la que, por tanto, va a fiarse: las realidades corpóreas que le rodean, es decir “el mundo”. Pero el mundo sólo en cuanto se le presenta con idea clara y distinta, como algo que su entendimiento puede estudiar con exactitud, sin mezcla de duda, con el instrumento de las matemáticas. Se trata, pues, de los cuerpos concebidos como “res extensa”, como sustancias que tienen extensión. Todas las otras cualidades que en ellos percibimos -sonido, colores, olores, sabor-se deben reducir pues a extensión , es decir, son cualidades secundarias, siendo la extensión la cualidad primaria (el tema clásico de las  cualidades primarias y secundarias, que ha resultado no andar muy descaminado pues ahora sabemos que no sólo el sonido es movimiento –es decir variación temporal de la extensión- pues consiste en el movimiento de moléculas de aire, sino que también la luz es movimiento del campo electromagnético, correspondiendo los diversos colores a determinadas franjas de frecuencia de su vibración. En todo caso, se trata de cualidades que pueden ser estudiadas con el instrumento matemático –núcleo de la intuición cartesiana-, pero lo que no admitiría la filosofía tradicional es que se reduzcan a cualidades –ni a varias ni a una sóla-  las sustancias corpóreas).

    Su propio cuerpo aparece en este marco de la realidad corpórea, pero sólo como “res extensa”, como sustancia que tiene extensión. La conmitancia y coordinación pues de cuerpo y alma, “res extensa” y “res cogitans” en un único ser que soy yo, es pues problemática y no va a ser tema fácil en la filosofía cartesiana. De hecho no parece que dé a esto una respuesta satisfactoria, y queda más bien como tema abierto del que se ocuparán sus seguidores.

    Acabamos pues, o al menos él así lo entiende Descartes, en confianza: Desde la misma duda, hemos recuperado como realidades indudables, los tres temas perennes de la filosofía: Dios, el mundo y yo, las tres ideas claras y distintas de la filosofía de René Descartes.

    2. Textos 

      MEDITACIÓN PRIMERA: DE LAS COSAS QUE ES POSIBLE PONER EN DUDA.

      Todo lo que hasta ahora he admitido como absolutamente cierto lo he percibido de los sentidos o por los sentidos; he descubierto, sin embargo, que éstos engañan de vez en cuando y es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado aunque sólo haya sido por una sola vez…

      Finalmente me veo obligado a reconocer que de todas aquellas cosas que juzgaba antaño verdaderas no existe ninguna  sobre la que no se pueda dudar, no por inconsideración o ligereza, sino por razones fuertes y bien meditadas. Por tanto, no menos he de abstenerme de dar fe a estos pensamientos que a los que son abiertamente falsos, si quiero encontrar algo cierto…

      En consecuencia, no actuaré mal, según confío, si cambiando todos mis propósitos me engaño a mí mismo y las considero algún tiempo absolutamente falsas e imaginarias…

      MEDITACIÓN SEGUNDA: DE LA NATURALEZA DEL ESPÍRITU HUMANO; Y QUE ES MÁS FÁCIL CONOCER QUE EL CUERPO

      Arquímedes no pedía más que un punto que fuese firme e inmóvil, para mover toda la tierra de su sitio; por lo tanto, he de esperar grandes resultados si encuentro algo que sea cierto e inconcuso… 

      Supongo, por tanto, que todo lo que veo es falso; y que nunca ha existido nada de lo que la engañosa memoria me representa; no tengo ningún sentido absolutamente: el cuerpo, la figura, la extensión, el movimiento y el lugar son quimeras…

      Hay un no sé quién engañador sumamente poderoso, sumamente listo, que me hace errar siempre a propósito. Sin duda alguna, pues, existo yo también, si me engaña a mí; y por más que me engañe, no podrá nunca conseguir que yo no exista mientras yo siga pensando que soy algo. De manera que, una vez sopesados escrupulosamente todos los argumentos, se ha de concluir que siempre que digo «Yo soy, yo existo» o lo concibo en mi mente, necesariamente ha de ser verdad…

      No admito ahora nada que no sea necesariamente cierto; soy por lo tanto, en definitiva, una cosa que piensa, esto es, una mente, un alma, un intelecto, o una razón.

      MEDITACIÓN TERCERA: DE DIOS, QUE EXISTE

      Debo examinar, tan pronto como se me presente ocasión, la cuestión de si Dios existe, y, en el caso de que exista, si puede ser engañoso, puesto que, si se dejan de lado estas cuestiones, paréceme que no puedo cerciorarme de ninguna otra cosa…

       El principal error y el más común que se puede encontrar en ellos, consiste en juzgar las ideas que existen en mí iguales o parecidas a las cosas que existen fuera de mí; puesto que si considerase tan sólo las ideas como maneras de mi pensamiento y no las refiriese a otras cosas, no podrían apenas ofrecer ocasión para errar… 

      He de examinar ahora, en relación a las ideas que considero tomadas de las cosas que existen fuera de mí, qué causa me mueve a juzgarlas parecidas a esas cosas…

      De este modo, tiene más realidad objetiva la idea por la que concibo a Dios como un ser eterno, infinito, omnisciente, omnipotente, creador de todas las cosas que existen, excepto de sí mismo, que aquellas por las que se presentan las substancias finitas… 

       Es manifiesto, por tanto, que debe de haber al menos igual realidad en una causa total y eficiente que en el efecto de dicha causa. Porque ¿de dónde podría tomar su realidad el efecto a no ser de la causa? ¿Y de qué modo la causa puede otorgarla al efecto, a no ser que la posea? De lo que se deduce que la nada no puede crear algo, ni lo que es menos perfecto a lo que es más perfecto, es decir, lo que contiene en sí más realidad…

      Porque si suponemos que existe algo en la idea que no se encuentra en la causa, entonces esto lo posee de la nada; ahora bien, por muy imperfecto que sea ese modo de ser por el que una cosa se encuentra de un modo objetivo en nuestro entendimiento mediante la idea, no por eso, sin embargo, no es absolutamente nada, y no puede, por lo tanto, existir de la nada…

      Y aunque una idea pueda proceder de otra, no se da, sin embargo, una sucesión hasta el infinito, sino que se debe llegar a alguna primera idea, cuya causa sea equivalente a un original, en el cual esté contenida formal-mente toda la realidad que sólo existe en la idea de un modo objetivo…

      Si la realidad objetiva de alguna de mis ideas es tal que esté yo seguro de que ella no existe en mí ni formal ni eminentemente, y de que por lo tanto no puedo ser yo mismo la causa de tal idea, se sigue necesariamente que no soy yo el único ser existente, sino que existe también alguna otra cosa que es la causa de esa idea…

      Queda la idea de Dios, en la que se ha de considerar si es algo que no haya podido proceder de mí mismo. Bajo la denominación de Dios comprendo una substancia infinita, independiente, que sabe y puede en el más alto grado, y por la cual he sido creado yo mismo con todo lo demás que existe, si es que existe algo más. Todo lo cual es de tal género que cuanto más diligentemente lo considero, tanto menos parece haber podido salir sólo de mí. De lo que hay que concluir que Dios necesariamente existe… 

      MEDITACIÓN CUARTA: SOBRE LO VERDADERO Y LO FALSO 

       Primeramente, reconozco que no puede suceder que Él me engañe alguna vez. Y aunque poder engañar parezca ser una prueba de poder o de inteligencia, sin duda alguna querer engañar testimonia malicia o necedad, y por lo tanto no se encuentra en Dios… 

      A continuación experimento que hay en mí una cierta facultad de juzgar, que he recibido ciertamente de Dios, como todas las demás cosas que hay en mí; y puesto que Aquél no quiere que yo me equivoque, no me ha dado evidentemente una facultad tal que me pueda equivocar jamás mientras haga uso de ella con rectitud…

      ¿De dónde nacen, pues, mis errores? Del hecho solamente de que, siendo mas amplia la voluntad que el intelecto, no la retengo dentro de ciertos límites, sino que la aplico aun a lo que no concibo, y, siendo indiferente a ello, se desvía fácilmente de lo verdadero y lo bueno; de esta manera me equivoco y peco…

      Y ahora no sé solamente que existo en tanto que soy una cosa que piensa, sino que también se me presenta una cierta idea de la naturaleza corpórea, y me sucede que dudo si la naturaleza pensante que existe en mí, o, mejor dicho, la que soy yo mismo, es diferente de esa naturaleza corpórea, o si son ambas lo mismo… 

      No hay ninguna imperfección en Dios porque me haya concedido la libertad de asentir o de no asentir a ciertas cosas, de las que no puso una percepción clara y definida en nuestro intelecto; por el contrario, tengo la imperfección en mí sin duda alguna, puesto que no utilizo con rectitud esta libertad, y emito juicios sobre lo que no concibo con claridad… 

      MEDITACIÓN QUINTA: SOBRE LA ESENCIA DE LAS COSAS MATERIALES. Y NUEVAMENTE SOBRE DIOS Y QUE EXISTE 

       Pues no habiéndome concedido ninguna facultad para conocerlo, sino, muy al contrario, una gran propensión a creer que las ideas son emitidas de las cosas corpóreas, no veo de qué manera podría entenderse que no es falaz, si procediesen de otra parte que de las cosas corpóreas; por lo tanto, las cosas corpóreas existen. Con todo, no existen todas del modo en que yo las concibo por los sentidos, porque la aprehensión de los sentidos es muy obscura y confusa respecto a muchas cosas; pero al menos existe en ellas todo lo que percibo clara y definidamente, es decir, todo lo que está comprendido de un modo general en el objeto de la pura matemática…

       La existencia no menos puede separarse de la esencia de Dios que de la esencia del triángulo la magnitud de los tres ángulos iguales a dos rectos, o de la idea de monte la idea de valle, de modo que no menos repugna pensar en Dios (es decir, un ente sumamente perfecto), a quien falte la existencia (es decir, al que falte una perfección), que pensar un monte a quien falte un valle…

      Es necesario, sin embargo, que siempre que me plazca pensar en un ente primero y sumo, y extraer esa idea como del tesoro de mi mente, le atribuya todas las perfecciones, aunque no las enumere una por una, ni atienda a cada una en particular; esta necesidad es suficiente para que concluya con rectitud que existe un ente sumo y primero, una vez que me he dado cuenta de que la existencia es una perfección…

      ¿Qué hay más manifiesto que el hecho de que existe un ente sumo o Dios cuya esencia es la única a la que pertenece la existencia?… 

      Pero una vez que he percibido que Dios existe, habiéndome al mismo tiempo dado cuenta de que todo depende de Él, y de que Él no es engañador, y habiendo deducido de ello que todo lo que percibo clara y definidamente es cierto, resulta que, aunque ya no siga yo atendiendo a las razones por las que he juzgado que esto es verdad, sólo con que recuerde haberlo percibido clara y definidamente, no se puede aducir ningún argumento en contra que me induzca a dudar, sino que tengo una ciencia verdadera y cierta sobre ello… 

      MEDITACIÓN SEXTA: SOBRE LA EXISTENCIA DE LAS COSAS MATERIALES Y SOBRE LA DISTINCIÓN REAL DEL ALMA Y DEL CUERPO

      Aunque quizás (o mejor dicho, ciertamente, según diré más adelante) tengo un cuerpo que me está unido estrechamente, puesto que de una parte poseo una clara y distinta idea de mí mismo, en tanto que soy sólo una cosa que piensa, e inextensa, y de otra parte una idea precisa de cuerpo, en tanto que es tan sólo una cosa extensa y que no piensa, es manifiesto que yo soy distinto en realidad de mi cuerpo, y que puedo existir sin él… 

      3. Crítica

      Aunque el pensamiento de  René Descartes es presentado como un “nuevo modo de filosofar”, y de hecho lo es, presentaré mi crítica desde un modo antiguo de filosofar, digamos desde la filosofía griega o medieval, pues intenta ser crítica desde el sentido común, y es el sentido común lo que recoge o sistematiza la filosofía aristotélico-tomista.  Me resulta imposible tratar de los presupuestos metafísicos del pensamiento cartesiano –sin duda inconscientes en el propio Descartes, precisamente por haber hecho tabula rasa de la metafísica clásica-, sin hablar de términos como esencia y existencia.  De hecho, sin estos términos es imposible la crítica a la metafísica explícita o implícita en cualquier sistema filosófico, incluso aquellos que niegan la metafísica (no la niega Descartes, pero sí lo harán sus herederos intelectuales). Y son necesarias también estas nociones para poder entender la derivación implícita en la idea cartesiana, que luego implementará la historia de la filosofía porque la impele la metafísica misma que Descartes ignora en su propio planteamiento. Mucho hay de cierto en la afirmación de Hegel de que la historia termina implementando siempre las derivaciones lógicas que estaban implícitas en la idea.

      El gesto filosófico, cuya metafísica implícita vamos a analizar, es el de derivar  del pensamiento la realidad, en vez de la derivación contraria, natural en el sentido  común y en la filosofía, pues ésta es la gran novedad de la filosofía cartesiana, o al menos a eso llegará la herencia de su filosofía. Recordemos que antes de iniciar ese proceso recuperador de la realidad, en el que primero aparece el Yo, luego Dios, luego el Mundo, el filósofo ha quedado sumido en un mundo de pensamientos, de ideas que su entendimiento le presenta, algunas como teniendo correlato real, otras como no teniéndolo, pero de las que ninguna fía, puesto que ha decidido no fiarse de su propio conocimiento. La situación es más grave de lo que él pretendía inicialmente, y más grave aún porque es la situación en que dejará a la filosofía posterior, la cual tomará este punto de partida, pero no los puentes que Descartes tiende después a la realidad pues reconocerá que son espurios. Y es que parece que obedecen más al prejuicio de un creyente que debe recuperar a toda costa el mundo en que cree que a una razón de coherencia intelectual con su punto de partida. Aunque obviamente esto no lo advertía el propio Descartes, sí lo advertirán sus seguidores, algunos de los cuales no tendrán ya esos prejuicios que salvan a Descartes de la pérdida del sentido común, y llevarán su filosofía a sus últimas consecuencias aun a costa de romper con nuestro sentir ordinario.

      ¿Cuál es la metafísica implícita en el gesto filosófico de quien parte de un mundo de ideas, meramente pensadas y no procedentes de ninguna observación, y pretende llegar a deducir, como en una demostración matemática, la realidad que corresponda a estas ideas? El presupuesto es que los seres a los que entonces llegue existen necesariamente, puesto que sin observarlos puede, desde su pura idea, demostrar su existencia. Ahora bien, sólo Dios existe necesariamente, sólo Él es el ser necesario, y por tanto Descartes está tomando de algún modo a cada uno de los seres, seguro que sin darse cuenta, por el mismo Dios. En una palabra: la derivación implícita en este planteamiento filosófico –hablo sólo del planteamiento- es el panteísmo. Él no llegará al panteísmo, algo imposible en un hombre piadoso que peregrinó a Chartres para agradecer a Nuestra Señora la concepción de su método, pero la filosofía que en él inicia su andadura terminará en el panteísmo de Hegel. O, mucho más interesante, terminará en el panteísmo inmediatamente posterior a Descartes, el de Baruch Spinoza, porque este gran metafísico tiene el interés de que muestra que la derivación de los planteamientos racionalistas, que él sintetiza en una serie de definiciones y axiomas de su filosofía, es el panteísmo, llegando en pocas páginas a lo que la humanidad tardará casi dos siglos en llegar. 

      Podemos decir esto mismo en términos más metafísicos: la ontología implícita en el planteamiento de Descartes es una ontología esencialista, cuya derivación natural es el idealismo. En efecto, si de la idea misma de los seres estoy dispuesto a probar mediante un razonamiento filosófico su existencia, estoy suponiendo implícitamente que su existencia va incluida en su esencia –lo que antes hemos llamado “ser necesario”- , y este esencialismo o disolución de la existencia en la esencia, del ser en la idea, estaba ya presente en la filosofía del jesuíta español Francisco Suárez, filosofía en la cual Descartes se había formado, pues era la que se enseñaba en La Flèche y de hecho en todo el mundo católico de la época y hasta en el mundo protestante. En efecto, en sus Disputationes Metaphisicae, Francisco Suárez afirma que no hay distinción real entre esencia y existencia, sino que se trata sólo de una distinción de razón, es decir, algo que ponemos nosotros, pero sin correspondencia real (Francisco Suárez lleva la filosofía por ese derrotero con la buena intención de no hacer caso omiso de la escolástica de los dos siglos anteriores, tal como declara en su obra. Ésta, ciertamente, va en esa dirección desde que el inmediatamente posterior Juan Duns Scotto pone una forma propia en cada ser, la forma haecceitas, o forma de “ esta cosa”, por lo que puede decirse que cada ser tiene una esencia particular de él. Si esencias, pues, se cuentan por existencias, parece cercana la reducción de la existencia a la esencia, del ser a la idea). 

      Es difícil calibrar hasta que punto el ambiente esencialista de la época pudo influir en la actitud filosófica de Descartes, pero lo que es cierto es que el esencialismo es la base metafísica que puede sustentar tal actitud filosófica, y ello explica que la derivación filosófica del pensamiento cartesiano sea el idealismo alemán, donde todo el ser ser se ha reducido ya a idea, en lo que es más bien un panlogismo: Dios, para Hegel, es Idea. Idea en sí, Idea para sí, Idea fuera de sí, pero explicar esto, sería explicar el pensamiento hegeliano, lo que sólo haremos más adelante.  

      Puede objetarse que quizá que no he sido respetuoso con Descartes al no dar crédito a su “yo” como realidad encontrada aparte de su mundo pensado, pero a esto responderé con Leonardo de Polo que Descartes cree que ha encontrado el “yo que piensa” cuando lo que en realidad ha encontrado es algo muy diferente: el “yo pensado”. En efecto, una vez que se ha privado de crédito al conocimiento y ha quedado uno sumido en un mundo de puro pensamiento sin correlato real alguno –segunda meditación metafísica de Descartes- el yo que aparece después –en la tercera meditación- no puede ser el yo real, sino un yo fruto de sus razonamientos, un yo pensado. Y como consecuencia, la realidad que fundamentará en la invención de ese yo, será también realidad pensada. Vernaux lo pone de esta manera: ¿Se puede colgar una cadena de un clavo pintado en la pared? Respuesta: sí, se puede. Se puede colgar una cadena, si está también pintada en la pared. Esta es la metáfora con que explica la verdadera situación en que se encuentra Descartes, aunque no se dé cuenta. También es gráfico el ejemplo que pone Inmanuel Kant en su Crítica de la Razón Pura: un avaro que intenta hacerse inmensamente rico añadiendo ceros a la derecha de su cifra de haberes en su libro de cuentas.  Cierto es, sí, que se hace rico, pero sólo en su libro de cuentas, riqueza meramente imaginaria (Kant pone el ejemplo como crítica al argumento de existencia de Dios en San Anselmo, pero nos vale, pues el argumento por el que Descartes va del pensamiento a la realidad más bien que al contrario, no es sino una variación del argumento de San Anselmo, y de hecho la filosofía que derivará de Descartes son variaciones a este argumento). 

      En todo caso, sea una u otra la interpretación válida del famoso pasaje cartesiano, el hecho es que la interpretación que damos aquí –el yo es pensado, el conocimiento va de pensamiento a realidad- es la versión de Descartes que  tendrá descendencia filosófica, y es esto es lo que importa en una historia del pensamiento. 

      Mucho se ha escrito sobre el “cogito” como punto de partida de la filosofía crítica, en oposición al “res sunt”, a la afirmación de que las cosas son – pura observación del ser- como punto de partida de la filosofía clásica antes de esta revolución. Para los griegos y para la filosofía medieval, el ser no era cuestión, pues si se pone en duda el ser ya no hay nada más que decir en filosofía, ya que es lo primero que conocemos, y aparece en la expresión de todo conocimiento, como cópula significando realidad: “Ens est primum cognitum in intellectu, quasi notissimum, de quo dubitare non possumus et in quo omnes conceptiones solvuntur”  El ser es lo primero conocido en el intelecto, como evidentísimo, del cual no podemos dudar y en el cual todas las concepciones se resuelven. ¿Podemos, partiendo del “cogito”, del punto de partida cartesiano llegar al “res sunt” clásico? Descartes, por supuesto respondería que sí, pues eso es exactamente lo que pretende hacer en su filosofía, pero ya hemos comentado que es espurio el paso clave de su razonamiento. 

      De hecho son muchos los que entienden que una filosofía que parte del pensamiento está condenada a quedarse en el pensamiento, es decir que el puente del “cogito” al “res sunt” es  imposible en filosofía, una quimera. Pero al mismo tiempo opinan que, una vez ha sido puesto ese punto de partida en la filosofía, es ya imposible librarse de él, de modo que todo filosofar posterior ha de ser cartesiano en su origen, como comenta Husserl en sus “meditaciones cartesianas”, pecando, cualquier vuelta a la filosofía iniciada en el ser, de arcaísmo y de ingenuidad. 

      De hecho es Husserl, a mi entender, quien de modo más vigoroso ha intentado una filosofía de origen cartesiano que no tenga un final escéptico sino que acaba en el ser, procediendo de modo riguroso. Las “Investigaciones Lógicas” donde establece la ciencia que analice las cogitationes (o fenómenos), complemento directo del cogito cartesiano tienen aún, en la intencionalidad de los pensamientos, una referencia a lo real. Pero en su obra posterior “Ideas para una Fenomenología Pura y una Filosofía Fenomenológica” parece que la deriva final es hacia el idealismo.

      Carlos Cardona deja en su “Metafísica de la Opción Intelectual” el dilema entre el “cogito” y el “res sunt” como una pura opción, subrayando mucho la irreductibilidad de uno en el otro, pero añadiendo que el “res sunt” es la actitud intelectual que resulta natural en el hombre -naturalmente abierto al ser- , teniendo la otra postura inicial un carácter forzado, voluntarista, para la que es necesario un “De iis omnibus dubitabo”, una voluntad de dudar de todas estas cosas, como dice Descartes de lo percibido por los sentidos, ya que nuestro conocimiento no procede naturalmente así. De hecho, al final Cardona va más lejos y afirma que en la actualidad, una vez que conocemos por la historia de la filosofía y por la historia  política el punto de llegada del “cogito”, se trata ya de una opción moral. 

      A Leonardo Polo no le parece bien esta solución del problema pues reduce a mera elección nada menos que el punto de partida de nuestro pensar filosófico. De hecho parece que buena parte de la gnoseología de Polo es respuesta a esta cuestión. En el segundo tomo de su Curso de Filosofía Positiva, viene a decir: ¿Qué conocemos primariamente, la idea (lo que él llama el objeto, pues está ob-iactum ante el entendimiento), o el ente, cuya es la idea? Su respuesta parece ser: Conocemos primariamente la idea. Pero no es que a través de la idea conozcamos el ser, de modo pues mediato, sino que en la idea conocemos el ser, en la idea “se nos da” el ser, el ser “se hace presente” inmediatamente en la idea, es “lo que hay” en la idea (versión actual de la clásica comprensión del acto de conocer como coactualidad de formas, forma en el ente que acaba en forma en mi facultad de conocer. En contraposición del sistema kantiano, donde sólo hay forma en mi facultad de conocer, lo que Kant llama las “formas a priori”).

      Con todo, creo que se ha enfatizado demasiado que el punto de partida de Descartes es el Cogito, y se ha hecho poco énfasis en el Método, a pesar de que esté en el título mismo y en la parte inicial de su obra principal. Se ignora con esto que la nueva filosofía es saludada en su tiempo como un método, como el “nuevo modo de filosofar”, tanto o más que en razón de su contenido. De hecho creo que el verdadero punto de partida de Descartes no es el Cogito, sino su Método, pues el Cogito es ya consecuencia de su método.  Quiero decir con esto que es el único modo posible de iniciar la filosofía si antes se ha aceptado su método. Para observar esto, recordemos que se trata en realidad de la emulación en filosofía del método matemático. Ahora bien, la matemática, y en particular la geometría euclidea que él intenta emular, no es sino una cadena pintada en la pared –los teoremas- colgada de un clavo pintado en la pared –los axiomas, los cuales no son afirmados sino postulados (postulare = pedir; se pide que sean creídos para proceder a la deducción) Esto es legal en matemáticas puesto que la cadena que vamos a hacer pender de ellos ha de ser una cadena pensada, ya que los objetos matemáticos sólo son idealidades sin existencia real (no existe un solo triángulo, pues cualquiera que se trace tendrá algún grosor en sus lados). Pero en modo alguno es legal en filosofía, donde no nos preguntamos por idealidades, sino por los seres.

      Consideremos, como piedra de toque, la exigencia de ideas claras y distintas, tan característica de la filosofía cartesiana (y de hecho de toda su herencia, la filosofía moderna) Esta exigencia emula el hecho de que en geometría, y en toda ciencia que llegue a constituirse como  consecuencia lógica de unos postulados -más tarde se formularán así también las teorías físicas- las ideas son, con razón,  claras y distintas, pues el mismo científico las he construido con esa verdadera definición del objeto bajo estudio que son los postulados de la teoría (objeto definido como todo aquello que cumpla esos postulados). Al exigir esto mismo en la filosofía, se está produciendo un trasvase del método científico al filosófico, cuya consecuencia será la cancelación misma de la filosofía como sabiduría, puesto que esta exigencia no puede ser satisfecha por pensamiento humano, ni por tanto en esa sistematización suya que es la filosofía: yo no tengo una idea clara y distinta de lo que es la dignidad humana, como puedo tenerla de lo que es, por ejemplo, un paralelogramo. Sin embargo, sé que por la dignidad de un hombre no puedo convertirlo en mi esclavo.

      En definitiva, y si este diagnóstico es correcto, el punto de partida del Discurso del Método sí que admitiría una crítica: es un ERROR DE MÉTODO. 

      El autorIgnacio Sols

      Catedrático emérito de Álgebra de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid

      Vaticano

      El arzobispo Caccia, nuncio del Papa en Estados Unidos, y Semana Santa en Roma

      El Papa León XIV ha nombrado hoy nuevo nuncio apostólico en los Estados Unidos al arzobispo Gabriele Giordano Caccia, hasta ahora Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. Además, ya son públicas las celebraciones de Semana Santa en Roma.

      Redacción Omnes·7 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

      El Santo Padre León XIV ha nombrado nuevo nuncio apostólico en los Estados Unidos al arzobispo monseñor Gabriele Caccia, arzobispo titular de Sepino, en sustitución del cardenal Christophe Pierre, que acaba de cumplir los 80 años. El arzobispo Gabriele Caccia era hasta el momento Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York. 

      Con este nombramiento, monseñor Gabriele Giordano Caccia asumirá la representación diplomática del Papa ante el gobierno de los Estados Unidos y la Iglesia en ese país, tras varios años de servicio en la misión de la Santa Sede ante la ONU, según ha informado el Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

      Fue nuncio en Líbano, Filipinas, y Observador en la ONU

      Nacido en Milán el 24 de febrero de 1958, monseñor Caccia fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1983 por el cardenal Martini en la archidiócesis de Milán. Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 1991, trabajando inicialmente en la representación pontificia en Tanzania y posteriormente en la Sección para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, donde en 2002 fue nombrado Asesor. 

      En 2009, Monseñor Caccia fue designado nuncio apostólico en el Líbano y arzobispo titular de Sepino, recibiendo la ordenación episcopal de manos del papa Benedicto XVI. En 2017 fue nombrado nuncio apostólico en Filipinas, y en 2019 pasó a ser Observador Permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.

      Celebraciones de Semana Santa

      Por otra parte, la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice ha dado a conocer el calendario de las celebraciones de la Semana Santa que serán presididas por el Papa León XIV en el Vaticano. Las celebraciones comenzarán el Domingo de Ramos, 29 de marzo, con la Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén y la Santa Misa en la Plaza de San Pedro a las 10.00 horas.

      El Jueves Santo, 2 de abril, el Santo Padre presidirá en la Basílica de San Pedro la Misa Crismal a las 9.30 horas, mientras que por la tarde tendrá lugar la Misa de la Cena del Señor en la Basílica de San Juan de Letrán a las 17.30 horas.

      El Viernes Santo, 3 de abril, el Papa presidirá la Celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro a las 17.00 horas. Ese mismo día, por la noche, tendrá lugar el tradicional Via Crucis en el Coliseo de Roma a las 21.15 horas.

      El Sábado Santo, 4 de abril, el Pontífice celebrará en la Basílica de San Pedro la Vigilia Pascual en la Noche Santa a las 21.00 horas.

      Domingo de Resurrección, 5 de abril, con Bendición Urbi et Orbi

      Finalmente, el Domingo de Pascua, 5 de abril, el Papa presidirá la Misa del Domingo de Resurrección en la Plaza de San Pedro a las 10.15 horas, tras la cual impartirá desde la logia central de la Basílica de San Pedro, a las 12.00 horas, la tradicional Bendición “Urbi et Orbi” a la ciudad de Roma y al mundo.

      El autorRedacción Omnes

      FirmasJavier Urcelay Alonso

      Enamorarse de un algoritmo no es ciencia ficción: Gemini ya enfrenta una demanda

      Además de los riesgos psicológicos, la cuestión es si es legítimo diseñar los sistemas que exploten mecanismos profundos de apego humano sin reciprocidad ni responsabilidad. 

      7 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

      Los medios de comunicación se han hecho eco estos días del suicidio ocurrido en octubre de 2025 de un hombre de 36 años afincado en Miami que tenía una relación sentimental con la IA. El padre de la víctima ha presentado una demanda contra Google, sosteniendo que Gemini adoptó configuraciones humanas para inducirlo al trágico final. El caso no es más que uno de la decena de sucesos similares, que ha motivado que las familias de las víctimas se hayan organizado para reclamar la regulación e imposición de límites a los asistentes de IA. 

      Numerosos artículos en prensa, videos y publicaciones de todo tipo de han dedicado a explicar el impacto que se anticipa que tendrá la IA en nuestras vidas, desde lo relativo a la destrucción o transformación de millones puestos de trabajo hasta los cambios en la geopolítica mundial. Sin embargo, son menos los dirigidos a explicar las consecuencias antropológicas que la IA podrá tener como riesgo asociado, de las que los casos señalados más arriba son una trágica evidencia, aunque no la única.

      ¿Es un fenómeno de locos?

      ¿Pero es realmente posible que algunos hombres o mujeres, en principio gente” sana” o “normal”, mantengan un romance con su asistente de IA, que se lleguen a enamorar de un algoritmo de IA?

      La realidad es que no solo es posible, sino muy probable que en el futuro algunas personas desarrollen vínculos románticos e incluso se enamoren de su asistente de IA. No se trata de ciencia ficción marginal, sino de una consecuencia de dinámicas psicológicas conocidas, amplificadas en este caso por la personalización, la presencia constante y la simulación emocional avanzada características de la IA generativa.

      Conviene analizar con rigor y sin sensacionalismo por qué estos casos son psicológicamente posibles. Para ello hay que entender que el fenómeno humano del enamoramiento no requiere reciprocidad real, y es en gran medida proyectivo. Se basa en una interpretación subjetiva, no en hechos objetivos, y puede darse hacia personas idealizadas, personajes ficticios, celebridades inaccesibles o incluso entidades no humanas

      El diseño de la IA

      Una IA diseñada para escuchar sin juzgar, recordar detalles íntimos, adaptarse emocionalmente y responder de forma empática y coherente crea las condiciones psicológicas óptimas para el apego afectivo.

      Factores tecnológicos de personalización extrema y adaptación al perfil emocional del usuario, una presencia continua sin rechazo y como refuerzo constante de la conexión, y una simulación emocional convincente, con expresión verbal de afecto e intimidad -aunque el algoritmo no sienta, parecerá sentir-, lo hacen más probable, y permite entender tanto su atractivo como su riesgo.

      Desde el punto de vista del sujeto humano, el sentimiento puede ser real e intenso y no porque la IA ame, sino porque el ser humano busca vínculo, comprensión y significado y la IA es capaz de simular esas condiciones de forma constante y personalizada. Desde el punto de vista ontológico, sin embargo, la IA no experimenta emociones, no hay conciencia ni intención propia y no existe en ella compromiso moral ni vulnerabilidad recíproca. Por tanto, el sentimiento es real por parte de la persona, pero la relación no es simétrica.

      Relaciones humanas verdaderas

      El desafío ante la IA será cómo proteger la autenticidad de las relaciones humanas en un mundo donde el afecto puede ser imitado a la perfección, pero no vivido, y cómo evitar los riesgos de un aislamiento social progresivo, de la dificultad para tolerar relaciones humanas reales, de la confusión entre el afecto simulado y el genuino y la dependencia emocional. Especialmente -pero no exclusivamente, como revela el caso de Miami con el que empezábamos este artículo- en el caso de personas solas o socialmente aisladas, adultos mayores, personas con ansiedad social o contextos donde las relaciones humanas sean costosas o inestables.

      Si el amor romántico -o no tan romántico, si se vincula a la pornografía- es un riesgo de los asistentes de IA -que mañana podrán tener hardware humanizado-, hay otros aspectos de ese riesgo de generación de vínculos afectivos “asimétricos” aún más devastadores. 

      Ficción y realidad

      Piénsese por ejemplo a la incorporación de la IA a los llamados “muñecos reborn”, que replican con un realismo inusitado los rasgos de un recién nacido. 

      Aquí el riesgo se multiplica, no se suma. Un muñeco con forma de bebé activa instintos de cuidado, esquemas de maternidad e incluso respuestas neuroendocrinas (oxitocina, apego). Si ese objeto además llora, “necesita” atención constante, responde emocionalmente y se personaliza para su usuaria, entonces no estamos ante un juguete, sino ante un simulador de vínculo de dependencia.

      Los riesgos que ello podría traer consigo en las niñas serían la confusión entre el juego simbólico y una relación afectiva persistente, el refuerzo de roles de cuidado no elegidos, la dificultad para diferenciar seres sintientes de simulaciones y un apego desmedido que interfiera con las relaciones reales.

      El riesgo también puede existir para las mujeres adultas. No es paternalista decirlo, y existen ya pruebas documentadas de estos riesgos específicos en poblaciones vulnerables.

      Las posibles consecuencias son la sustitución de los vínculos humanos por vínculos simulados, el reforzamiento de la soledad y el retraimiento social. Incluso llegando a la generación de duelos patológicos cuando el sistema falla o se retira, resultado de la dependencia emocional hacia un objeto diseñado para no frustrar nunca.

      Estos riesgos serían especialmente delicados en mujeres con duelos no resueltos, o infértiles, o con depresión o aislamiento social. 

      A nivel social, sería de preocupar la normalización de un tipo de relaciones afectivas sin reciprocidad, y el riesgo no pequeño, por lucrativo, de mercantilización del apego y del cuidado.

      Además de los riesgos psicológicos apuntados, la cuestión plantea un problema ético real, que es el de si es legítimo diseñar sistemas que exploten mecanismos profundos de apego humano sin reciprocidad ni responsabilidad. 

      Una vez más, como en otros campos referentes a la IA, resulta en este aspecto urgente una regulación ética que ponga límites al diseño manipulativo, y una obligada transparencia que debe dejar claro que la IA no siente, si se quiere evitar el daño personal y social que de los actuales algoritmos de IA puede derivarse. 


      Para conocer más sobre las consecuencias, buenas y malas, que la IA traerá consigo, remitimos al lector a la obra Javier Urcelay:

      Cómo la Inteligencia artificial cambiará nuestras vidas

      Autor: Javier Urcelay
      Nº de páginas: 195
      Editorial: Amazon autoedición
      Año: 2026
      El autorJavier Urcelay Alonso

      Recursos

      La basílica de San Clemente: una «lasaña» histórica y arqueológica

      No hablaré de lasaña, sino de una iglesia que es, en sí misma, una auténtica “lasaña” de historia. La Basílica de San Clemente, a pocos pasos del Coliseo, superpone casi dos mil años de Roma bajo un mismo suelo.

      Gerardo Ferrara·7 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

      No, en este artículo no voy a hablar de lasaña, aunque sea una de las muchas delicias por las que Italia es famosa. En cambio, voy a escribir sobre una basílica que, al igual que Roma (en muchos de sus monumentos), a menudo definida como «lasaña arqueológica», conserva la memoria, en el mismo lugar, a varios metros de profundidad y capas de tierra, de períodos históricos muy concretos.

      Hablemos ahora de san Clemente, situada a pocos cientos de metros del Coliseo y no lejos de san Giovanni in Laterano, en la hondonada entre los montes Esquilino y Celio. Esta basílica está dedicada a Clemente I, cuarto Papa, fallecido alrededor del año 100 d. C., pero también está vinculada al culto de san Cirilo, enterrado aquí.

      Hace unas noches, al encontrarme por allí, aproveché para entrar en esta maravillosa iglesia que había visitado varias veces, siempre de día, para acompañar a amigos que nunca la habían visto.

      Al caer la tarde, su encanto, si cabe, era aún mayor. Acababa de terminar la misa celebrada por los padres dominicos y entré solo unos minutos para disfrutar de su espléndida atmósfera.

      Y pensé en san Clemente como en una auténtica lasaña romana. Cada uno de sus escalones, cada metro de su construcción, corresponde a siglos de historia: cuatro niveles superpuestos, desde el siglo I d. C. hasta el XII, en unos veinte metros desde el nivel actual de la calle.

      La parte más antigua

      La capa más profunda y antigua se remonta a la época imperial (incendio de Nerón, 64 d. C.). Sus estructuras no fueron descubiertas hasta el siglo XIX, con las excavaciones iniciadas por P. Joseph Mullooly, que sacaron a la luz los restos de dos edificios separados por un estrecho callejón (60 cm): por un lado, una estructura de bloques de toba y travertino que parece corresponder a un horreum (almacén público) posiblemente relacionado con la ceca imperial situada en esta zona; por otro lado, una insula (de ahí la expresión italiana «isolato»): un edificio de apartamentos con varios pisos alrededor de un pórtico interior (como la cuadra en español).

      En el patio de la insula, entre finales del siglo II y principios del III, los seguidores de la religión mitraica construyeron un pequeño templo, precisamente un mitreo. En un artículo sobre la historicidad de la Navidad ya habíamos visto cómo el mitraísmo era un culto misterioso de origen oriental que se extendió posteriormente a Roma. Su figura central era el dios Mitra (también relacionado con el Sol Invictus), nacido milagrosamente el 25 de diciembre de una roca con un puñal en la mano con el que, por orden del Sol, mata a un toro (tauroctonia) para generar el universo.

      La escena de la tauroctonia aún es visible en el altar del mitreo de san Clemente, donde también se encontró una estatua del Buen Pastor, señal de una proximidad física, y tal vez de un sincretismo inicial, entre el culto pagano y el cristiano. Sin embargo, ya en el siglo IV se comenzó a construir la primera basílica cristiana sobre la insula. En aquella época, el culto mitraico, aún lícito, se celebraba en la planta baja. Pero luego fue declarado ilegal, por lo que el mitreo fue enterrado y olvidado hasta el siglo XIX.

      La basílica paleocristiana

      Pasemos a la segunda capa desde abajo. En el siglo III, el horreum cayó en desuso y quedó sepultado bajo una capa de tierra. Sobre él se construyó una residencia privada que, probablemente, se convirtió en una domus ecclesia, es decir, la vivienda de un hombre acaudalado en la que se reunían las primeras comunidades cristianas. Así nació el titulus Clementis.

      Los tituli como este, en la Roma tardía, eran la forma más antigua de parroquia: iglesias urbanas oficialmente reconocidas y confiadas a un presbítero. A menudo tenían su origen en domus ecclesiae que luego se transformaron en lugares de culto formales. Eran la base de la Iglesia de Roma y, además de celebrar liturgias, se impartía catequesis y se prestaba asistencia a los pobres. Tomaban el nombre del fundador o del propietario original de la domus y sus «párrocos» (presbíteros designados) formaban el presbiterio que colaboraba con el obispo de Roma: los cardenales, a quienes aún hoy se les atribuye el titulus de una iglesia romana en la que están «incardinados». En la Antigüedad tardía había veinticinco tituli, pero hoy en día hay más de 140.

      Ya san Jerónimo, hacia el año 390, da testimonio de la existencia del titulus Clementis y de la iglesia que custodiaba su memoria. Pero fue hacia el año 400 cuando el edificio se transformó en una auténtica basílica de tres naves, con columnas y un ábside que se proyectaba sobre la entrada del templo mitraico, ya caído en el olvido.

      En los siglos siguientes, la iglesia se enriqueció con obras de gran valor. En particular, su sacerdote titular Mercurio, que más tarde se convirtió en el Papa Juan II (533-535 d. C.), mandó construir la schola cantorum y un suelo de mosaico. Entre los siglos VIII y IX, se añadieron otras columnas de mármol y varios frescos.

      Uno de ellos merece una mención especial por su importancia en la historia de la lengua italiana. Se encuentra en la nave central de la basílica inferior y representa la leyenda del prefecto Sisinnio. Furioso por la conversión de su esposa Teodora, ordenó a sus sirvientes que se llevaran a san Clemente, pero estos, cegados por Dios, terminaron arrastrando unas columnas. Sisinio, entonces, aún más enfurecido, les gritó: «¡Hijos de puta, tirad, Gosmari, Albertel, tirad! ¡Que os claven un palo por detrás, Carvoncelle!«. Por desgracia, estas son algunas de las primeras palabras escritas en italiano vulgar (en este caso, realmente vulgar). Se remontan a entre 1084 y principios de 1100, y tienen una marcada inflexión romana (¡inconfundible!). Dato digno de mención: los nombres propios (o apodos) de los sirvientes son de origen germánico.

      La basílica medieval

      La tercera capa es medieval, construida tras el incendio provocado por las tropas normandas de Roberto Guiscardo en 1084. Hacia 1100, el cardenal Anastasio ordenó que la basílica paleocristiana fuera enterrada con piedras hasta la altura de las columnas. Sobre ella se construyó la basílica actual, ligeramente más pequeña.

      Al entrar, llama inmediatamente la atención el maravilloso mosaico del ábside (de alrededor del año 1100): en el centro, Cristo crucificado entre la Virgen y san Juan, con la cruz que se transforma en un árbol de la vida del que brotan hermosas figuras vegetales y animales. La inscripción dice: «La Iglesia de Cristo es como esta vid, que la Ley seca y la Cruz reverdece«.

      El suelo es cosmatesco (de la familia Cosmati, marmolistas romanos activos entre los siglos XII y XIII, cuyo estilo inconfundible se caracterizaba por incrustaciones geométricas policromadas de mármol, realizadas con teselas y fragmentos de mármoles antiguos) y sus mármoles proceden de todo el Mediterráneo. La schola cantorum reutiliza fragmentos de la basílica inferior, incluido el monograma del Papa Juan II. También es muy hermosa la capilla de santa Catalina, frescada entre 1428 y 1431 por Masolino da Panicale, con escenas de la vida de la santa.

      Al Papa Clemente XI le debemos el aspecto actual de la fachada, el techo artesonado y las decoraciones en estuco, obra del arquitecto Carlo Stefano Fontana entre 1713 y 1719.

      La basílica sigue siendo gestionada hoy en día (lo es desde 1645, después de que Inglaterra expulsara al clero irlandés y declarara ilegal la Iglesia católica) por los dominicos irlandeses de san Sisto. Uno de ellos, el padre Joseph Mullooly, dirigió en el siglo XIX las excavaciones que sacaron a la luz la basílica paleocristiana y los edificios romanos subyacentes.

      El vínculo con Cirilo y Metodio y Europa oriental

      En el año 868, los santos Cirilo y Metodio llegaron a Roma llevando consigo las reliquias de san Clemente, encontradas en Crimea. Las presentaron al Papa Adriano II, quien no solo aprobó su misión y el uso de la lengua paleoeslava en la liturgia, sino que consagró a Metodio obispo. Como hemos visto, Cirilo, gravemente enfermo, permaneció en Roma y allí murió en 869. Fue enterrado precisamente en la basílica de San Clemente.

      Aquí, en la basílica inferior, hay un fresco del siglo XI que representa el traslado de las reliquias de san Clemente, con Cirilo y Metodio, y el Papa Adriano en el centro, guiando la solemne procesión que acompaña el cuerpo del santo.

      La tumba original de Cirilo probablemente se encontraba cerca del fresco de la Anastasis, a la derecha del altar, tal y como se describe en la Vida de Cirilo. Sin embargo, en el siglo XII, al abandonarse la basílica inferior, sus reliquias fueron trasladadas a la superior. Hoy en día se encuentran en la capilla correspondiente, de 1880, y son destino de peregrinaciones de cristianos orientales de toda Europa.

      Al principio hemos definido en broma a san Clemente como una lasaña histórica, pero esta metáfora le viene como anillo al dedo: ¿en cuántos lugares del mundo se superponen tantos testimonios históricos paganos antiguos, paleocristianos, medievales y modernos, de diferentes procedencias y ritos, historias de resiliencia frente a la adversidad y de fe que trasciende las épocas?

      Cultura

      Martin Aurell, el maestro que explicó la Edad Media

      El fallecimiento prematuro de Martin Aurell (1958-2025) deja un vacío inmenso en la historiografía europea. Catedrático de prestigio de la Universidad de Poitiers, en Francia, dedicó su vida a demostrar que los llamados "siglos oscuros" fueron, en realidad, la cuna de nuestra civilización.

      Bernard Garcia Larrain·7 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

      Hace un año, en febrero de 2025, el mundo académico francés despedía a uno de los suyos. Aurell, barcelonés de nacimiento, pero figura central de la intelectualidad gala, partía dejando un legado que trasciende las bibliotecas, como quedó de manifiesto en los numerosos testimonios de sus colegas.

      Aurell no era un romántico de un pasado idealizado, sino un riguroso y apasionado estudioso. Su obra cumbre para el gran público, Diez ideas falsas sobre la Edad Media, resume su pensamiento e ilumina al lector influenciado por visiones sesgadas. Con el rigor que le otorgó dirigir el prestigioso Centre d’Études Supérieures de Civilisation Médiévale, Aurell desmanteló la «leyenda negra» que presenta al medievo como una época de estancamiento.

      Para Aurell, la Edad Media no fue una era de oscuro fanatismo: fue el tiempo de la invención del individuo, del nacimiento de las universidades y de un respeto por la mujer —encarnado en figuras como Leonor de Aquitania, a quien dedicó una biografía magistral— que la modernidad tardaría siglos en recuperar. Asimismo, su curiosidad intelectual lo llevó a adentrarse en temas complejos y menos transitados, como el de los cristianos que se opusieron a las cruzadas.

      Coherencia y fe

      Lo que hacía especial a Martin Aurell en el complejo ecosistema universitario francés era su coherencia y su humildad. En un mundo académico que fácilmente puede alimentar la soberbia, él destacaba por su amabilidad. Como cristiano, entendía su labor de historiador como una búsqueda de Dios a través de la verdad. No necesitaba «cristianizar» la historia; le bastaba con dejar que los hechos hablaran por sí mismos para mostrar cómo la Iglesia fue el motor de una civilización vibrante.

      Su fe no solo movía su intelecto, sino también su inmensa capacidad de diálogo. Evitaba el sectarismo y se ganó el respeto de colegas agnósticos y creyentes por igual. Demostró que la fe no es un obstáculo para la excelencia científica, sino un horizonte que amplía la mirada y profundiza la comprensión de la historia como fruto de la libertad humana y de la Providencia.

      En un momento en que Europa parece olvidar sus raíces, el legado de Aurell resuena como un recordatorio necesario: el Viejo Continente no es hijo del vacío, sino heredero de una tradición que supo unir la fe católica con la filosofía griega y el derecho romano.

      El maestro de los chilenos

      ¿Por qué un joven de Santiago o Valparaíso querría dedicar su vida a estudiar la caballería del siglo XII o la reforma gregoriana? Aurell tenía la respuesta. A través de su dirección de tesis y su generosidad, formó a un grupo clave de historiadores chilenos.

      Su rol como formador no fue meramente técnico; fue una transformación personal. Inspiró a los estudiantes chilenos a no sentirse «ajenos» a la historia europea, sino herederos legítimos de ella. Bajo su guía, muchos descubrieron que el rigor científico y la fe son motores que impulsan la búsqueda de la verdad.

      Aurell ayudó a entender que Chile es, en gran medida, hijo de esa «luz medieval». Las instituciones chilenas —la universidad, el derecho civil y los municipios— tienen su origen en los siglos que él tanto estudió. La lengua y la fe que configuran la cultura chilena son frutos maduros del medievo hispánico. Incluso debates políticos actuales como la dignidad del individuo y los límites al poder nacieron en las controversias entre fe y razón del siglo XIII.

      Como destaca el historiador chileno José Miguel de Toro, quien realizó su doctorado bajo la tutela de Martin Aurell, la contribución de su profesor fue vasta y profunda: “sus estudios abarcaron variados aspectos de la vida medieval como el poder político, la composición social, la literatura y los mitos, la vida cortesana, entre otros. Particular mención merecen sus obras sobre Leonor de Aquitania, la dinastía Plantagenêt y el rey Arturo”. «Puso todo ese rigor profesional al servicio de la verdad histórica, demoliendo fábulas absurdas», señala De Toro.

      La humildad de un gigante

      Su impacto en Chile fue fruto de una entrega personal extraordinaria. Benjamín Franzani relata cómo un simple correo de orientación terminó en una dirección de tesis doctoral: «Se involucró completamente en mi caso cuando yo ni siquiera hablaba francés. Durante años respondió correos y propuso soluciones a los altibajos de becas y trámites».

      Esa disponibilidad no conocía límites. Franzani recuerda cómo, en una ocasión, Aurell realizó un viaje relámpago a Paris: llegaba desde Poitiers en la tarde para una entrevista en Radio France y se iba al día siguiente temprano en la mañana, para recibir en una ciudad del sur de Francia un reconocimiento por su biografía sobre Leonor de Aquitania. Con esta agenda, parecía imposible responder positivamente a la petición de reunirse que le hizo Franzani. Sin embargo, Aurell nunca respondía que no cuando podía ayudar a alguien: donde otro no hubiese visto ninguna posibilidad, Aurell lo invitó a desayunar y a caminar juntos hacia el andén del tren: «Esto me permitió conversar con él por al menos media hora, y recibir sus consejos. La estación de tren representa bien esa faceta suya de estar ahí para todos”.

      Por su parte, el profesor José Manuel Cerda, quien lo conoció en Oxford en 2004, guarda un recuerdo tan humano como revelador: un partido de fútbol cerca de Keble College. «Me sorprendió que detrás de esa erudición se encontrara una persona que disfrutara tanto del deporte. A pesar de todo lo que sabía, no humillaba a sus estudiantes, sino que corregía con amabilidad», relata Cerda.

      Aurell era un hombre de convicciones claras y apertura admirable. Cerda recuerda su rostro sonrojado por la timidez al presenciar debates furiosos entre colegas: «Contaba con la estima de quienes no compartían sus ideas». Jamás dejó un correo sin contestar. Hoy, sus alumnos lo despiden sabiendo que, gracias a su generosidad, ahora pueden ver más lejos porque caminan «a hombros de un gigante» que nunca se sintió más grande que el más humilde de sus estudiantes.

      Actualidad

      Fallece Francisco Fernández Carvajal, autor de ‘Hablar con Dios’ y antiguo redactor-jefe de la revista ‘Palabra’

      El sacerdote, uno de los autores de espiritualidad más importantes en español, ha fallecido en Madrid a los 88 años de edad.

      Redacción Omnes·6 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

      Francisco Fernández Carvajal, uno de los autores espirituales más importantes en lengua española de las últimas décadas, ha fallecido en Madrid, a los 88 años.

      Este sacerdote de la prelatura del Opus Dei fue, durante más de diez años redactor-Jefe de la revista Palabra, antecesora de Omnes y es el autor de las meditaciones conocidas como Hablar con Dios. 

      Natural de Albolote, Granada, Fernández Carvajal hizo estudios de Artes Liberales y de Historia por la Universidad de Navarra y se doctoró en Derecho Canónico por el Angelicum de Roma. En 1957 pidió la admisión en el Opus Dei y se ordenó sacerdote en 1964. 

      En sus primeros años de sacerdocio, desarrolló su tarea pastoral en Barcelona en distintas labores. A mediados de los años setenta se trasladó a Madrid y comenzó a trabajar, además, en la revista Palabra, en la que estuvo durante más de diez años y en la que publicó decenas de entrevistas y artículos de carácter informativo y formativo – pastoral.

      Durante toda su vida desarrolló una variada labor pastoral dentro de la prelatura del Opus Dei siendo, entre otras cosas, capellán del colegio Orvalle, o confesor en diversas parroquias, como La Visitación de Las Rozas, hasta que su salud se lo permitió. 

      Su obra más conocida, Hablar con Dios, editada por Palabra, es un conjunto de más de cuatrocientas cincuenta meditaciones para cada día del año y que ha sido traducida al inglés, francés, italiano, portugués, alemán, holandés, rumano, eslovaco, polaco, ruso y húngaro. 

      También en esta misma editorial se han publicado -con numerosas reediciones- otras obras suyas: Vida de Jesús, El Evangelio de San Mateo, El Evangelio de San Lucas, La Tibieza, Hijos de Dios (en colaboración con Pedro Beteta), Quédate conmigo, Índice ascético del Catecismo de la Iglesia Católica, Como quieras Tú (meditaciones sobre la Pasión), El día que cambié mi vida.

      Su obra Antología de textos, para la oración la predicación, con más de siete mil citas de Santos Padres y otras autores antiguos y modernos. Su último libro, El paso de la Vida, salió a la luz en 2018. 

      España

      Puy du Fou, una experiencia «inenarrable»

      Una famosa escritora salió de El Sueño de Toledo sin poder describirlo: “inenarrable”, dijo. Así resumió la esencia de Puy du Fou España, un parque que este 2026 busca superar los 1,9 millones de visitantes y consolidarse como referente cultural y de ocio.

      Teresa Aguado Peña·6 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

      A veces las palabras no bastan. Eso fue lo que le ocurrió a una de las escritoras más reconocidas de España cuando visitó por primera vez Puy du Fou España y asistió al espectáculo El Sueño de Toledo. La escena la recuerda con claridad Álvaro Moreno García, director comercial, de marketing, comunicación y eventos del parque. Ocurrió hace exactamente un año, durante la celebración de los primeros premios de literatura organizados por el parque. Aquella noche, varios escritores y referentes culturales del país habían sido invitados a descubrir el espectáculo.

      Moreno se sentó junto a una de esas autoras —cuyo nombre prefirió no revelar— durante la representación. La escritora observaba cada escena con asombro, preguntaba constantemente y admiraba la belleza del montaje. Cuando terminó el espectáculo, fue de las primeras en ponerse en pie para aplaudir.

      Entonces se giró hacia él y le dijo: “Álvaro, muchas gracias, porque tenías razón: Puy du Fou es inenarrable.”

      La expresión le sorprendió especialmente. No por el agradecimiento, sino por quien la pronunciaba. “Era una mujer con un extraordinario dominio del lenguaje, alguien capaz de describir cualquier escena con precisión”, explicó Moreno. “Y, sin embargo, de todas las palabras posibles eligió una: inenarrable”.

      Esa idea resume, según el directivo, la esencia del proyecto. “Cuando empezamos este camino decidimos no intentar explicar exactamente qué es Puy du Fou: cuántos espectáculos hay o cómo funciona. Preferimos ir al mundo emocional y escuchar a los visitantes”, afirmó.

      Los comentarios del público lo confirman. Frases como “no te lo puedes perder”, “es lo mejor que he visto en mi vida” o “tienes que ir” se repiten entre quienes han pasado por el parque. De hecho, cerca del 80 % de los visitantes aseguran que la experiencia supera claramente sus expectativas, según las encuestas internas.

      Una temporada 2026 marcada por el crecimiento

      La anécdota sirvió de introducción durante la presentación oficial de la temporada 2026 del parque, celebrada en Toledo y encabezada por su consejero delegado, Olivier Strebelle.

      El objetivo para este año es ambicioso: superar los 1,9 millones de visitantes y consolidar definitivamente al parque como uno de los grandes referentes culturales y de ocio del país.

      El parque permanecerá abierto más de 190 días hasta el 5 de enero de 2027, incluyendo su ya popular temporada navideña. Durante ese periodo, miles de visitantes podrán recorrer 1.500 años de historia de España a través de espectáculos históricos de gran formato.

      “Queremos seguir creciendo, mejorar cada detalle de la experiencia y avanzar en nuestro objetivo de construir una gran marca cultural de alcance nacional”, afirmó Strebelle.

      Una campaña nacional para reforzar la marca

      Durante el acto también se anunció el lanzamiento de la primera gran campaña nacional de marca de Puy du Fou España, que comenzará el 9 de marzo.

      La iniciativa incluirá una campaña televisiva basada en una pieza audiovisual de gran formato y busca reforzar el posicionamiento del parque en todo el país.

      El objetivo es claro: convertir Puy du Fou en una gran marca cultural de alcance nacional, capaz de atraer a millones de visitantes y despertar el orgullo por la historia y las raíces de España.

      Más inversión, más espectáculo y más naturaleza

      La temporada 2026 llega acompañada de nuevas inversiones centradas en mejorar la experiencia artística y reforzar el compromiso medioambiental del parque.

      Todos los espectáculos incorporarán nuevas escenas, mejoras escenográficas y una narrativa aún más inmersiva para intensificar la emoción del público.

      Uno de los cambios más destacados se produce en el espectáculo Cetrería de Reyes, que este año suma más de 100 nuevas aves, alcanzando un total de 300 ejemplares. Con ello se consolida como uno de los mayores espectáculos de cetrería del mundo.

      El Sueño de Toledo vuelve con récord de funciones

      Uno de los grandes momentos de la temporada será, una vez más, el regreso de El Sueño de Toledo, considerado el mayor espectáculo de España.

      La producción volverá a escena el 19 de marzo y batirá su propio récord con más de 160 representaciones a lo largo del año.

      El espectáculo se desarrolla en un escenario de cinco hectáreas, con más de 2.000 personajes en escena, y narra quince siglos de historia de España en apenas 70 minutos. Para esta temporada, además, estrenará vestuario completamente renovado, elevando aún más la calidad artística del montaje.

      La Navidad también crece

      Otro de los momentos clave será la temporada navideña, que en los últimos años se ha convertido en una de las favoritas del público.

      Entre las novedades destaca la nueva ubicación del espectáculo “La Alegría de la Navidad” y la ampliación de los encuentros con los Reyes Magos, pensados para ofrecer a los niños una experiencia más cercana y personalizada.

      Un proyecto cultural con impacto en el territorio

      Desde su apertura, Puy du Fou España se ha consolidado como uno de los principales motores culturales y turísticos de Toledo y Castilla-La Mancha.

      Además de atraer visitantes de toda España, el proyecto genera empleo, impulsa la economía local y contribuye a difundir la historia del país a través de un formato artístico único.

      Quizá por eso, como recordó Moreno al cerrar su intervención, hay algo que los visitantes repiten después de vivir la experiencia: que, por mucho que se intente explicar, Puy du Fou es, simplemente, inenarrable.

      España

      Altum pone sobre la mesa una cuestión incómoda: el consumo de pornografía

      Altum Faithful Investing celebra su II conferencia anual y entrega el Premio Duc in Altum 2026 a “Llamados”, el gran evento de evangelización que tuvo lugar en el Madrid Arena

      Javier García Herrería·6 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

      Altum celebró este jueves su segunda conferencia anual en la sede de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, en un encuentro que abordó una cuestión de enorme impacto social: el consumo de pornografía. 

      El fundador de Altum Faithful Investing, Borja Barragán, abrió la jornada denunciando la magnitud de este fenómeno: “Este es un tema del que hablar es muy incómodo, pero mueve miles de millones al año y afecta a millones de personas”.

      Antes de la mesa redonda, Barragán entregó el Premio Duc in Altum 2026 a los responsables de Llamados, el macroevento organizado en enero por los fieles de una parroquia de Alcalá de Henares, en reconocimiento a su iniciativa de evangelización y movilización comunitaria.

      Educar la mirada de los jóvenes

      El primero en tomar la palabra en la mesa redonda sobre la pornografía fue el religioso Leonardo Bastidas, de los Discípulos de los Corazones de Jesús y de María, expuso diversos datos sobre el consumo de pornografía en España y subrayó la necesidad de una respuesta educativa. Bastidas animó a ampliar los horizontes de los jóvenes y a “educar su mirada”, insistiendo en que el consumo de pornografía se apoya en tres condiciones que se dan cada con más facilidad en la mayoría de hogares: “soledad, silencio y secreto”.

      Las mentiras de la pornografía

      El experto en educación afectivo-sexual Rafael Lafuente ofreció una síntesis de su conferencia sobre “las mentiras de la pornografía”. Según explicó, la pornografía presenta una imagen irreal del sexo y termina afectando gravemente a la vida conyugal de muchos matrimonios. Describió la masturbación asociada al consumo de porno como “tener sexo de mentira mientras se ve o se lee sexo de mentira”. 

      El ponente puso como ejemplo cultural el éxito editorial de “Cincuenta sombras de Grey”, que se convirtió rápidamente en uno de los libros más vendidos de la historia, para ilustrar que el consumo de contenidos sexualizados no afecta solo a los hombres.

      Entre las “mentiras” que, según él, transmite la pornografía, citó la idea de que las relaciones sexuales están desvinculadas de la fertilidad —algo que sería impensable sin el uso generalizado de anticonceptivos— y la representación constante de mujeres jóvenes y perfectas, lo que provoca comparaciones irreales que dañan también la autoestima femenina.

      La pornografía como síntoma cultural

      El filósofo francés Fabrice Hadjadj explicó cómo la sociedad contemporánea ha pasado de la contemplación —que requiere tiempo y gratuidad— a la excitación inmediata basada en estímulos rápidos. “Pasarnos el día pulsando botones nos vuelve impulsivos”, advirtió.

      Para ilustrar esta deriva cultural, Hadjadj mencionó el popular dispositivo sexual Satisfyer Pro 2. Según explicó, su promoción como tecnología que evita el “contacto directo” mediante aire pulsado refleja simbólicamente el miedo contemporáneo al contacto real.

      “Tocar al otro implica exponerse, ser tocado también por él. La pornografía elimina esa vulnerabilidad”, señaló. En su opinión, el “soplo mecanizado” del aparato representa lo contrario del encuentro personal, ya que busca el placer evitando la intriga y el riesgo del encuentro físico real.

      Esperanza desde la Encarnación

      Hadjadj extendió su crítica a otros ámbitos de la vida contemporánea —desde la información hasta el arte o la liturgia— que, según dijo, a veces buscan provocar una “efervescencia superficial” en lugar de conducir hacia una experiencia más profunda.

      El filósofo concluyó con una nota de esperanza inspirada en el misterio de la Encarnación. Retomando la expresión castellana “bailar con la más fea”, identificó simbólicamente a esta con el alma humana: “Dios no se asustó al asumir carne y hueso para salvarla”.

      La conferencia organizada por Altum Faithful Investing buscó así impulsar el debate público sobre un fenómeno que, pese a su enorme impacto cultural, social y personal, rara vez se aborda de forma abierta.

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      Libros

      11 teólogos clave del siglo XX

      Un recorrido por 11 grandes pensadores que marcaron la teología del siglo XX para comprender hacia dónde se dirige la reflexión cristiana del XXI.

      José Carlos Martín de la Hoz·6 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

      El profesor Ángel Cordovilla Pérez (Salamanca, 1968), profesor ordinario de teología dogmática de la Universidad Pontificia de Comillas ha escogido a un grupo de profesores de dicha universidad para seleccionar y redactar la vida y descubrimientos de once grandes teólogos del siglo XX, de modo que pueda enunciarse lo que podrían ser las grandes líneas de fuerza de lo que será, sin duda, la historia de la teología del siglo XXI.

      ¿Por qué estos teólogos?

      En primer lugar, debemos destacar que ni son todos los que están, ni están todos los que son, pues a cualquiera de nosotros se nos hubiera ocurrido otros nombres de grandes teólogos y también, por supuesto, habremos coincidido en alguno de los autores seleccionados.

      Asimismo, deberían haber sido seleccionados más autores distribuyéndolos por áreas de investigación pues, es lógico pensar, que algún historiador, cardenal o canonista debiera haber sido seleccionado pues también desde esos ambientes se ha hecho historia de la teología y de la buena: bastaría pensar, por ejemplo, en la inolvidable figura de san Juan Pablo II.

      Conviene recordar, de acuerdo con nuestro autor, que vamos a descubrir muchas cuestiones interesantes, a lo largo de estas páginas, puesto que: “Es probable que el siglo XXI no será de gran renovación teológica comparado con el anterior, es decir, punto de llegada de movimientos e ideas previas que piden una maduración y emergencia en un contorno eclesial y cultural nuevo” (2-3).

      En cualquier caso, en nuestra selección de la selección, hemos obviado a algunos autores seleccionados por Cordovilla por la sencilla razón de que no cabe en estas breves líneas hablar de todo ni de todos los que aparecen en el libro, sino sintetizar algo que anime al lector a comprar y a disfrutar de tantas ideas y personas interesantes. 

      En efecto, no hemos recogido nada en nuestro resumen de los autores protestantes o de los ortodoxos, sencillamente porque sus ideas no brotan de la fuente primigenia de la revelación cristiana entregada al magisterio de la Iglesia para que nos la entregue y podamos profundizar tanto de la Tradición oral como de la escrita, pues si algo ha caracterizado la teología del siglo XX ha sido la vuelta a las fuentes y especialmente a la Escritura y la Tradición como resaltó repetidamente la Constitución “Dei Verbum” del Concilio Vaticano II.

      Romano Guardini

      Es llamativo que lo que se subraya en este volumen acerca de Romano Guardini (1885-1968), a mí parecer, es incompleto, pues la obra magna de Guardini, “El Señor”, tiene un tratamiento muy somero, seguramente por considerar que dogmáticamente tiene menos valor que otras obras, cuando en la práctica es la obra más editada junto con el “Espíritu de la liturgia”.

      Indudablemente, Guardini aportó mucho a la teología de su tiempo y, a través de Ratzinger, del nuestro. Conviene regresar como enseñó y enriqueció la teología exegética de su tiempo al contemplar la vida de Jesús de modo que vuelve cristocéntrico al movimiento “¿Qué significa ser cristiano?”. Es decir, frente a la teología secularizada e insignificante del momento propondrá la “contemplación católica del mundo”, es decir, “mirar al que traspasaron” (40).

      Erik Peterson

      Precisamente Erik Peterson (1890-1960) será representante de la importancia de la teología como futo del conocer histórico y de la teología como resultado del estudio renovado de la Escritura y ña Tradición: “me di cuenta de que, si nos quedamos abandonados únicamente con la historia humana nos enfrentamos a un acertijo sinsentido” (114). 

      A la vez, según un texto autobiográfico, recordará la importancia que tuvo Kierkegaard en su conversión al catolicismo debido a la intensa búsqueda de la experiencia de la oración personal, sobre todo, a través de los padres de la Iglesia (115).

      Indudablemente el método teológico de Peterson está lleno de intuiciones muy interesantes, pero en un marco teológico poco sistemático, lo cual le permitirá una gran creatividad y la escasez de discípulos (128).

      Henri de Lubac, Yves Congar y Hans Urs von Balthasar

      Uno de los capítulos más sugerentes de este libro es el dedicado al jesuita Henri de Lubac (1896-1991) uno de los fundadores de “Sources chrétiennes” y de la “Nouvelle théologie” con una fuerte carga patrística (149). En 1960 fue nombrado miembro de la Comisión teológica preparatoria del Concilio (151).

      Es muy importante su cristocentrismo que llenará, como el quicio, su quehacer teológico: “Dios es amor, y en un gran gesto de Amor viene a tomar al hombre pecador y miserable. El hombre y Dios se abrazan en Cristo. Fecundidad intelectual única de este gesto: está lleno precisamente de toda la dogmática cristiana” (159).

      Enseguida, se presentará la inmensa figura del dominico Yves Congar (1904-1995), quien también habría sido nombrado de la Comisión preparatoria del Concilio y quien destacará precisamente en sus trabajos alrededor de la figura teológica de la Iglesia y, por tanto, de la Constitución dogmática “Lumen Gentium· del Concilio Vaticano II,, su tema de investigación (195).

      Asimismo, no podía faltar una amplia referencia a Hans Urs Von Balthasar (1905-1988) y en especial al importante método teológico circular que impuso en su tiempo y a través de sus discípulos y colegas hasta nuestros días (255). No podemos dejar esta cuestión sin hacer una breve reflexión sobre la importancia cristológica de su teología de la historia (269).

      Josef Ratzinger y Adolphe Gesché

      Indudablemente en este libro emerge con una gran fuerza la figura de Josep Ratzinger-Benedicto XVI (1927-2022), y sus obras fundamentales que marcaron la teología de su tiempo y siguen fecundando a muchos teólogos actuales. A ello hay que sumar la aportación fundamental a la teología como prefecto del Dicasterio de Doctrina de la Fe durante años y, finalmente, desde su magisterio papal.

      Deseo terminar esta breve reseña con una referencia a un teólogo menos conocido por el gran público pero muy valorado por los teólogos, el belga Adolphe Gesché  (1928-2003), profesor de la Facultad de Teología Católica de Lovaina y miembro de la Comisión Teológica Internacional del 1992 al 2002. Es muy importante su estudio acerca de la naturaleza de la teología: “el servició intelectual dela fe” (229).   

      La teología del siglo XX

      Autor: Ángel Cordovilla Pérez
      Editorial: BAC
      Páginas: 395
      Año: 2025
      Evangelización

      Adrien Candiard: “La búsqueda de sentido de la vida no se responde con una identidad, sino con una fe”

      El dominico Adrien Candiard ha visitado España con motivo de la publicación de “En la montaña”, su última obra en castellano.

      Maria José Atienza·6 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

      Adrien Candiard es uno de los autores espirituales más interesantes de nuestro tiempo. Parisino de nacimiento, este dominico, Licenciado en Ciencias Políticas, en Historia y en Teología y miembro del Instituto de Estudios Orientales en El Cairo, vive en Egipto desde 2012.

      Su conocimiento del mundo, tanto en su ámbito oriental como occidental y su experiencia como religioso se muestran en sus obras con gran naturalidad y una excepcional apertura de mente.  

      Autor de libros como “Unas palabras antes del Apocalipsis”, “Esperanza para náufragos”, “La libertad cristiana: De Pablo a Filemón” o “Fanatismo: Cuando la religión enferma”, Candiard habla, en esta entrevista con Omnes de la gracia de Dios como el don clave de nuestra vida cristiana, la libertad o el resurgir de la fe en la secularizada Europa de la mano de «En la montaña», su última obra publicada en castellano. 

      Su último libro, “En la montaña” habla de la gracia. Siendo el motor de la vida cristiana, ¿Por qué nos parece alejada de la vida diaria? 

      – El problema de la gracia es que, muchas veces, creemos en ella “en modo teórico”. Sabemos que existe, que Dios nos ama gratuitamente, sin condiciones… , etc. Pero, en práctica no lo creemos porque vivimos en un mundo en el que no hay nada gratis y, aunque pensamos que sí, por supuesto, Dios nos ama gratuitamente, en el fondo, nos queda la duda si, como en todos los contratos humanos hay pequeños caracteres que dicen lo contrario de lo que afirman. Podemos vivir la relación con Dios de ese modo, basada sobre el deber, no sobre el amor. Vivimos muchas veces con la idea de que tenemos que hacer esto y aquello para merecer la salvación y el amor de Dios. 

      En el Evangelio, Jesucristo nos dice que Dios nos ama y nos pide cosas muy difíciles, muy exigentes. De hecho, el discurso de la montaña nos da una ley muy exigente. Y podemos preguntarnos, ¿cómo hacemos? ¿No se nos pide una perfección imposible.

      Por este motivo escribí “En la montaña”, para ver si este discurso de la gracia lo podemos creer, es serio o no. Si podemos aceptarlo sin límite sin vivir una servidumbre, una vida cristiana hecha de deberes.

      Cuando se lee el discurso en la montaña en modo no superficial se puede entender que también esta exigencia es un don de la gracia y no es contrario, no es una condición para alcanzar el don de Dios, sino que es un resultado del don de Dios. No tenemos que vivir la vida cristiana para obtener el amor de Dios, pero podemos vivir una vida cristiana porque Dios, antes de todo, nos ha amado. 

      Muchos cristianos han puesto, sin embargo, el foco en el “merecer” la vida eterna, quizás con un poco de pelagianismo inconsciente 

      – Sí. El Papa Francisco nos recordaba muchas veces que, en tantas ocasiones, somos pelagianos. Es evidente porque, a pesar de lo que pueda parecer, lo difícil en la vida cristiana no es amar a su prójimo -que no es fácil- sino aceptar ser amados. Aceptar que todo lo hemos recibido, que es un don, que no lo merecemos.

      Preferimos merecer las cosas porque así son nuestras. Mientras que un regalo es algo que, en cierto modo, no es nuestro al 100 % . La salvación no es sólo tener la vida divina; es recibirla como hijos y hijas de Dios, recibirla como un don de Dios y no apropiársela. Adán y Eva quieren apropiársela. Esto es el pecado.

      En la montaña

      Autor: Adrien Candiard
      Páginas: 104
      Editorial: Encuentro
      Año: 2025

      De hecho, en el libro, usted afirma que el pecado de Afán no fue el querer “ser como Dios” sino “querer ser Dios sin Dios”. 

      – Es una tentación que aparece frecuentemente en la Biblia. Lo vemos en toda la Biblia, con Babel, por ejemplo, también: Los humanos quieren subir en el cielo sin Dios. Mientras, Dios quiere darnos su divinidad. Y lo vemos hasta hoy, cuando nos encontramos movimientos transhumanos que quieren abolir la muerte, dar a la humanidad con la tecnología una forma de divinidad siempre sin Dios y conocemos el resultado de todo esto: No puede funcionar. 

      El corazón del hombre siempre ambicionará la vida divina porque estamos creados para esto, pero no sin Dios. Para nosotros, la divinidad se obtiene en el hecho de ser hijos y hijas, de la filiación divina. 

      De hecho, esto me recuerda un poco a otro de sus libros, “Fanatismo” en el que usted explica cómo el fanático es un religioso sin Dios. 

      –Sí. Y es lo peor que se puede hacer. La religión sin Dios es un sistema de opresión de la gente. Hay críticas a las religiones que son perfectamente válidas porque la religión sin Dios no tiene sentido.

      También ocurre que siempre es más fácil cumplir un mandato que ser responsable de una acción. ¿Cómo podemos unir la libertad que Dios nos ha dado con el cumplimiento fiel de mandatos o normas?

      – Creo que, en este punto, el concepto clave es el de amistad. Jesús dice a sus discípulos “Ya no os llamo siervos: a vosotros os llamo amigos”, en griego, la palabra que se usa es “esclavos”. Dice  “os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Nos dice que quiere vivir con nosotros en una relación de responsabilidad. No tenemos que obedecer, no tenemos que hacer lo que quiere él, porque es más fuerte. Esto sería la relación entre patrón y esclavo. Cristo no lo quiere. Con nosotros quiere vivir una relación de amistad, un poco rara quizás, porque es una relación en la que no sabemos todo.

      En materia de moral tenemos los elementos para saber qué está bien y qué mal. El bien nos hace el bien, el mal, es lo que nos hace mal. No son mandamientos arbitrarios. Caminar con Cristo significa caminar con los ojos abiertos, sabiendo lo que hacemos y escogiendo hacer esto porque está bien. Dios nos quiere como amigos adultos que caminan con Él en modo libre, no por miedo.

      Usted destaca también como ésa puerta estrecha es así porque tiene nuestras medidas. ¿Cuánto de nosotros y cuánto de gracia se equilibran en la vida cristiana? 

      – Es complicado, a veces, vivir nuestra responsabilidad sin moralismo, sin caer en una moral “del mérito”, porque no se trata de merecer nada, no “merecemos” la vida eterna. Cada día, en la misa, decimos que no somos dignos “No soy digno de que entres en mi casa…”. En general, cuando decimos esto percibo una especie de tristeza, como de desesperanza en plan “qué poco soy”. Pero vamos a recibir a Cristo poco después. Él viene, y esto es genial. Es maravilloso y lo debemos recibir con alegría, con gozo, porque Él viene, aunque no lo merecemos. 

      La cuestión es que no tenemos que merecer ese don, porque el don está aquí. La pregunta es, entonces, ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué queremos hacer? ¿Qué está bien para nosotros? Nosotros, hijos e hijas de Dios. ¿Qué queremos hacer? Es la pregunta del Evangelio que Jesús hace a todos.

      Aunque vive en El Cairo, usted es francés. Francia, como otros lugares de la secularizada Europa, está viviendo un momento de llegada de jóvenes a la Iglesia ¿Qué busca quienes se acercan?¿Qué encuentra o qué debería encontrar? 

      – Está claro que hay un movimiento nuevo y tenemos, aún, que ver qué es. No hemos de exagerar los números, por ejemplo. Pero es algo y es algo no planeado. Esto es interesante porque no se explica. En Francia no se puede explicar esta llegada de gente a las iglesias. Este movimiento comenzó en medio de la crisis de los abusos. Mientras la imagen de la iglesia en el mundo mediático era terrible, la gente venía a pedir el Bautismo. En estas personas que vienen hay de todo. Hay también cierta prevención al avance del Islam y quizás, ha habido quienes se han preguntado al ver esto cuál es mi religión.

      Para nosotros, para los cristianos, creo que es importante abrir las puertas y ser capaces de pensar la Iglesia como misionera de verdad, misionera en casa y aceptar que no somos dueños de Dios. No somos “dueños” de la Iglesia aunque llevemos 30 años siendo los encargados de las flores o los cantos. Nos pide una conversión. También nos pide ser capaces de hablar de Dios: no querer transmitir sólo un “modo de ser” católico. Hablamos de Dios. 

      La búsqueda de sentido de la vida no se puede responder con una identidad, se puede responder con una fe. Está claro que la fe contiene una identidad sola, pero la identidad sola es un cadáver. Tenemos que ser capaces de proponer algo más que un discurso: un encuentro con el Dios viviente. El desafío de la Iglesia hoy es hablar de Dios y solo de Dios.

      Recursos

      ¿Cómo amar la Misa?

      Si realmente fuéramos conscientes de lo que acontece en la Misa... la amaríamos más. Te propongo así un humilde recorrido por la Misa con la esperanza de que la conozcas un poco mejor. ¡Uno ama más aquello que conoce!

      Teresa Aguado Peña·5 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 10 minutos

      Muchos vamos a Misa en modo automático. Entramos, nos sentamos, respondemos lo que toca y salimos. Y, sin embargo, lo que sucede en el altar es —en palabras del sacerdote José— “tan desbordante, tan maravilloso, que ninguna otra acción en la Iglesia es comparable a la Eucaristía (así lo dice el Concilio Vaticano II)”.

      Quizá el problema no es falta de fe, sino falta de conciencia. Y es que uno no puede amar lo que no conoce. El Santo Cura de Ars ya lo decía: «si realmente entendiéramos la Misa, moriríamos de alegría». Así, este artículo pretende ser de ayuda para entender, aunque sea un atisbo, de lo que en la Misa acontece. Porque la Misa no se “oye”. La Misa se vive.

      El gran error: ser un mero espectador

      El Concilio Vaticano II puso un énfasis particular en la actuosa participatio exhortando a los fieles a no asistir a la liturgia eucarística «como espectadores mudos o extraños», sino a participar «consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada». Esto significa vivir la Misa con el corazón. Y esto… ¿cómo se hace?

      Para ayudarnos a responder esta pregunta, los Padres sinodales han resaltado las condiciones personales de cada uno para una fructuosa participación:

      • Tener un espíritu de conversión continua. Un corazón reconciliado con Dios permite la verdadera participación.
      • Para dicha disposición interior es conveniente el recogimiento y el silencio, al menos unos instantes antes de comenzar la liturgia, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesión sacramental.
      • No puede haber una actuosa participatio en los santos Misterios si no se toma al mismo tiempo parte activa en la vida eclesial en su totalidad, la cual comprende también el compromiso misionero de llevar el amor de Cristo a la sociedad.
      • Cultivar el deseo de la plena unión con Cristo. Poner atención al comulgar y ser conscientes de lo que está aconteciendo: Dios ha querido estar contigo en tu propio cuerpo.
      • Si uno no puede comulgar, es bueno practicar la comunión espiritual, recordada por Juan Pablo II y recomendada por tantos Santos.

      Antes de entrar en la Misa: «dejar ir»

      En medio de una vida frenética y llena de quehaceres, uno opta por ir a Misa. Y nada más entrar en el silencio que la Iglesia le ofrece, la mente comienza a divagar y a hacer un recorrido de todas las preocupaciones que pocas veces se para a procesar. Ocurre muchas veces que la Misa se utiliza como un parón para organizar los pensamientos. Y puede que muchos salgan sin haber escuchado realmente la Palabra de Dios y sin darse cuenta de lo que allí ha acontecido. El sacerdote Joel Guibert, en su libro Eucaristía, advierte sobre este adormecimiento y propone dejar nuestras preocupaciones ante el altar:

      «Si queremos entrar en oración, debemos empezar depositando nuestras preocupaciones a los pies del Señor. Sin ese abandono, difícilmente podrá Dios penetrar en el alma y perfeccionarla. ¿Cómo iba a hacerlo? Si el orante permanece aferrado a sus inquietudes, polarizado por sus proyectos o su película interior, Dios no puede, en dichas circunstancias, ofrecer su presencia, su gracia, su sabiduría. De hecho, es probable que el orante acabe aún más abrumado por sus preocupaciones después de horas de oración si no se decide a entregárselas a Dios.
      Y no es de extrañar, pues, en el silencio de su oración, se habrá dedicado a dar vueltas a sus problemas, sin poder o querer abrirse al don de Dios
      «.

      Una vez se ofrecen las preocupaciones al Señor, uno puede ponerse en disposición de atender y disfrutar del mayor regalo que Dios nos da y que está lleno de maravillas.

      Primera maravilla: Jesús con nosotros

      La primera maravilla de la Misa es la presencia REAL de Jesús. La Iglesia nos enseña que cada Eucaristía tiene el mismo valor. No es “más” o “menos” según quién la celebre o cómo nos sintamos. Aunque el celebrante sea más elocuente o más sencillo, más fervoroso o más débil, el valor es el mismo. Porque quien celebra realmente es Jesús, el verdadero protagonista. Su grandeza es infinita, porque en cada Misa se hace presente el único y mismo sacrificio de Cristo.

      Cuando hablamos de “memorial”, no nos referimos a un simple recuerdo, como cuando evocamos a un amigo que ya murió. En la Eucaristía entramos realmente en el acontecimiento de la Última Cena y en la Cruz, que están íntimamente unidas. Como explica el Desiderio Desideravi del Papa Francisco, la Cena y la Cruz forman un único misterio: en la Cena Jesús anticipa su entrega, y en la Cruz la consuma. Sin la Última Cena no entenderíamos plenamente la Cruz.

      Poner en el altar nuestra vida

      Otra maravilla es la dimensión sacrificial: en ella, Jesús se ofrece al Padre. Toda la plegaria eucarística está dirigida al Padre, y esto alcanza su culmen en la doxología: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo…”. Ahí se resume toda la dinámica de la Eucaristía: por Cristo, al Padre, en el Espíritu.

      Cristo se ofreció al Padre para salvarnos, y en cada Misa hace presente esa entrega. Pero lo más asombroso es que nos une a su ofrenda. Cuando el sacerdote dice: “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro…”, está afirmando que ese sacrificio también es nuestro. No por nuestros méritos, sino porque Jesús nos toma consigo y nos presenta al Padre unidos a Él.

      Ahí está el culmen de la participación: no asistir como espectadores, sino ofrecernos con Cristo. Poner en el altar nuestra vida, nuestras luchas, alegrías y sufrimientos, y decir con verdad el “Amén”. Esa es la participación real: un corazón atento y unido a Jesús, convirtiéndose con Él en ofrenda al Padre.

      El primer beso

      Para vivir la Misa como actores desde el primer momento, es importante comprender el significado de los signos iniciales. Cuando el sacerdote entra en procesión y besa el altar, no realiza un gesto meramente simbólico o protocolario: el altar representa a Cristo mismo, que es a la vez sacerdote, víctima y altar del sacrificio.

      Besar el altar es besar a Jesús, que se entregó en la cruz y que va a hacer presente sacramentalmente su entrega para nuestra salvación. Aunque el sacerdote realiza el gesto externamente, lo hace en nombre de toda la asamblea; por eso, también los fieles deben unirse interiormente a ese acto con fe y amor. Desde ese instante se nos recuerda algo esencial: el único protagonista de la Eucaristía es Cristo. No el celebrante, ni el coro, ni quienes intervienen, sino Jesús, que vuelve a ofrecer su sacrificio redentor. Ese beso inicial nos dispone a entrar conscientemente en el misterio y a participar con el corazón en la ofrenda que se va a renovar en el altar.

      Disposición de humildad

      Lo primero es abrirle el corazón al Señor, reconocer. Es un momento muy importante, porque el Señor está deseando que yo me alimente de Él y entrar en mí. El Papa Francisco hablaba de cómo es Jesús mismo el que nos va atrayendo y hace todo lo posible para que asistamos a la Eucaristía.

      El sacerdote José insiste en la importancia de reconocer nuestra pequeñez para entrar en la misa con una disposición de humildad: «Es muy triste, cuando la gente mide cuánto puede llegar tarde a Misa para cumplir el precepto. No debemos perdernos el acto penitencial ya que este prepara nuestro corazón. Es decirle al Señor: ‘mira, así es mi corazón, pero vengo precisamente a que lo vayas santificando'».

      El Gloria: el canto del Cielo

      El Gloria consiste en hacernos profundamente conscientes de que en la Eucaristía está presente la Iglesia entera: militante, purgante y triunfante: «en cualquier Eucaristía, por modesta que sea, está toda la Iglesia, y de una manera especial, toda la Iglesia del Cielo». Así lo decía san Francisco de Asís: «La Misa es el momento en que el cielo y la tierra se unen».

      El Gloria es el gran canto que haremos en el Cielo, y que lo hacen los ángeles, la Virgen, los santos. Participamos así realmente de la liturgia celestial, la del Cielo.

      La Palabra: la carta de un enamorado

      Muchos escuchan la Palabra de Dios como un simple aprendizaje o mero moralismo, olvidándose de quién proviene aquello que escuchan. El sacerdote José sostiene que «deberíamos escuchar la liturgia de la Palabra como una enamorada que recibe una carta de su enamorado. La recibe con ilusión porque sabe que su amado le quiere decir cuánto la ama».

      Después de escuchar la Palabra de Dios, el sacerdote, con su preparación y humildad, tiene la misión de favorecer que cada fiel pueda unirse íntimamente al Señor, creando las condiciones para que el Espíritu actúe en cada uno a través de la homilía. Sus palabras y gestos no generan la unión por sí mismos, pero pueden disponer a los fieles a acogerla, acompañando el deseo de Cristo de encontrarse con cada corazón.

      Creo, creemos

      La profesión de fe debemos llevarla siempre con nosotros, pero también hacerla presente en la liturgia. En los concilios donde se definió el Credo, se decía “creemos” en plural, porque la fe no es solo individual: al decir “creo” me uno a toda la Iglesia, que me sostiene en mi profesión de fe. Es como cantar en un coro: aunque en algún momento me pierda, el coro me acompaña y mantiene la armonía. Por eso, incluso en celebraciones como el bautismo, cuando se pregunta “¿Creéis en…?” y respondemos “Sí, creo”, estamos expresando la fe de toda la Iglesia. Mi fe personal no está sola; la Iglesia la sostiene y la acompaña. Por eso, al rezar el Credo, nuestra voz se une a la de toda la comunidad, haciendo presente esa unidad y sostén de la fe.

      Presentación de ofrendas: ofrecerme a mí

      Después comienza la presentación de las ofrendas: «es muy importante darnos cuenta de que nosotros mismos debemos ofrecernos. Nos ofrecemos y Jesús nos ofrece también, invitándonos a unirnos a lo que Él hace» afirma José.

      «Presentamos el pan y el vino, que en realidad son un regalo que hemos recibido, como toda la creación. Y eso que recibimos se lo devolvemos a Él. Esa es, en el fondo, la dinámica del amor de Dios: todo lo que hago, antes lo he recibido de Él. Lo único que hago es decirle “sí”, quiero unirme a ti, pero con la convicción de que todo ha sido don. Yo no le doy nada al Señor que Él no me haya dado antes» añade.

      ¿Qué reza el sacerdote en voz baja durante el ofertorio?

      Hay un gesto del que quizá no somos conscientes y sería bueno conocer. Primero se presenta el pan y, después, en el cáliz se pone el vino y una gotita de agua. El vino puede estar preparado de antes, pero la acción propia del sacerdote es echar el agua. Ese gesto debe hacerlo él, no otro.

      Mientras lo hace, dice la siguiente oración: “Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad”. Y es que esa gotita de agua representa mi humanidad, que se une a la sangre de Jesús. En cada Eucaristía estamos pidiendo compartir su divinidad. Ese es el camino cristiano: que el Señor nos vaya divinizando.

      Después, el sacerdote se inclina y reza: “Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor Dios nuestro”.

      Estas oraciones las hace en nombre de todos. No son algo privado, sino que expresan nuestra pequeñez y nuestra actitud humilde al ofrecer el pan y el vino, que se convertirán nada menos que en el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

      Luego viene el lavatorio de las manos, acompañado de otra oración: “Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado”. Es un gesto de purificación interior.

      Inmediatamente después, el sacerdote dice: “Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro…”. Esto nos recuerda que el sacrificio es de todos, que cada uno también se ofrece.

      El momento culmen: la consagración

      La consagración es el momento central de la Misa. «Mientras el sacerdote pronuncia las palabras de Jesús, deberíamos estar con absoluta atención y emoción, como si estuviéramos en la Última Cena. Es ahí donde sucede el milagro. La elevación posterior es solo un signo para que adoremos, es un ‘ya está cumplido'» explica José.

      Después de la plegaria eucarística y la doxología (“Por Cristo, con Él y en Él…”), comienza la preparación para la comunión. Todo conduce a ese momento. Jesús nos espera, como un enamorado que desea que nos acerquemos a recibirlo. Como decía san Agustín «Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él». Por eso es tan importante prepararnos bien.

      Antes de comulgar, el sacerdote puede rezar esta oración (a José le gusta especialmente la primera que propone el misal): “Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti”.

      Esa puede ser una oración muy sencilla y profunda al acercarnos a comulgar. Y todo esto lo hacemos después de reconocer con humildad: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa…”. Porque realmente no somos dignos, pero, aun así, Él quiere venir. Y eso es lo más hermoso: Él desea entrar en nosotros.

      La preocupación de la Madre Teresa

      Es importante entender, a la hora de ir a Misa, que aunque vayamos con ganas, es Él el primero que nos llama a ir y el que está deseando vernos. Esta sed se ve reflejada en la vida de muchos santos. Pongamos como ejemplo a la Madre Teresa de Calcuta que, cuando se le presentó Jesús, este «tengo sed» le conmovió especialmente.

      Este extracto de su carta-testamento puede ayudarnos a comprender mejor la magnitud de esta sed:

      «Me preocupa que algunos de vosotros aún no hayáis encontrado realmente a Jesús a solas, solo vosotros y Jesús.
      Mientras no escuchéis a Jesús en el silencio de vuestro corazón, no podréis oírle decir: ‘Tengo sed’. El diablo intentará servirse de las heridas de la vida, e incluso de vuestros propios errores, para convenceros de que no es posible que Jesús os ame de verdad. Lo más triste es que es justo lo contrario a lo que Jesús quiere y está esperando deciros. No solo que os ama, sino que os desea ardientemente. Os extraña cuando no estáis cerca de Él. Está sediento de vosotros. Os ama constantemente, aun cuando no os sentís dignos de Él. Cuando los demás no os aceptan, o vosotros mismos no os aceptáis, Él es el único que os acepta. ‘Tengo sed’ es mucho más profundo que decir simplemente ‘te amo’.

      Hasta que no entendáis, en lo más íntimo, que Jesús tiene sed de vosotros, no podréis comprender quién quiere ser Él para vosotros, ni quién quiere que seáis vosotros para él. ¿Cuál debe ser vuestra actitud hacia la sed de Jesús? Solo hay un secreto: cuanto más os acerquéis a Jesús, mejor entenderéis su sed».

      Los santos comprendieron la grandeza de la Misa

      Los santos han sido quienes mejor han comprendido, no solo con la inteligencia sino con el corazón, la grandeza que se esconde en cada Misa. Para ellos, la Eucaristía no era una costumbre dominical ni un rito más, sino el centro de su vida. Su asombro agradecido puede enseñarnos a mirar el altar con otros ojos. He aquí algunas frases sobre la Misa:

      • «La Misa no es un espectáculo, es el sacrificio de Cristo en el que debemos participar con reverencia». – San Juan Pablo II
      • «La Misa es el acto de amor más grande que podemos ofrecer a Dios». – San Maximiliano Kolbe
      • «Una sola Misa escuchada durante la vida es más valiosa que muchos bienes materiales dejados en herencia». – San Juan Bosco
      • «Si conociéramos el valor de la Santa Misa, ¡qué gran esfuerzo haríamos por asistir a ella!». – San Juan María Vianney
      • «La Eucaristía es el alimento del alma, sin ella, el alma muere». – Santa Teresa de Calcuta
      • «La Misa es una fuente inagotable de gracia». – San Pedro Julián Eymard
      • «La Misa es la renovación incruenta del sacrificio de la cruz». – San Francisco de Sales
      • «La Misa es el sacramento del amor; significa amor, produce amor». – Santo Tomás de Aquino
      • «La Misa es una escuela de oración». – San Juan Pablo II
      • «La Eucaristía es el amor de Cristo hecho visible». – San Juan María Vianney
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      Educación

      Despertares

      Ricardo Calleja reflexiona sobre el evento “El Despertar”, de It’s Time to Think, destacando un renacimiento cultural y comunitario en los jóvenes que trasciende las estructuras religiosas o políticas tradicionales.

      Ricardo Calleja Rovira·5 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

      El evento organizado hace unas semanas por los chicos de It’s Time to Think “El Despertar” –en el contexto del debate sobre la “vuelta de Dios” o el “giro católico” –me ha hecho acordarme de la película Despertares, que por algún motivo que no recuerdo me pusieron en el colegio, allá por los primeros años noventa. La película narra la historia real del Dr. Malcolm Sayer (Robin Williams), un neurólogo que aplica un nuevo fármaco, la L-dopa, para despertar a pacientes catatónicos víctimas de una epidemia de encefalitis letárgica décadas atrás. La trama se centra en el “despertar” temporal de Leonard (Robert De Niro) y otros pacientes, explorando la alegría de recuperar la vida y la trágica recaída cuando el tratamiento deja de funcionar.

      ¿Dostoievski tenía razón?

      El despertar que los de It’s Time to Think querían provocar no es el religioso, sino el cultural, el comunitario, el intelectual. Un despertar generacional, que no se encuadra en los marcos ya manidos de las nuevas derechas, o de las nuevas formas de fervor religioso, pero que sin duda rima con ellas en que nadie lo vio venir, y en que no repiten fórmulas del pasado.

      Pero, como es lógico, cuando se habla de todo lo que importa “a calzón quitado” acabamos hablando de Dios. Eso decía Dostoievski que pasaba en cualquier conversación de jóvenes rusos en una taberna: “discuten sobre la inmortalidad del alma y la existencia de Dios”

      No sé si los thinkglaos de It’s Time to Think (las reuniones de diálogo con ponentes y de creación de vínculos con amigos) o el mismo evento del Despertar tienen algo en común con una taberna rusa del siglo diecinueve. Pero sí estoy persuadido que el alma de los jóvenes es siempre la misma, agitada por miedos, anhelos y esperanzas, aunque muchos quieran narcotizarla con deseos inmediatamente satisfechos. Pero que se hable de Dios no convierte algo en una realidad institucionalmente religiosa, explicable en términos de estructuras y planes preexistentes.

      La ley de los comienzos invisibles

      Vuelvo al título del artículo y a la película que lo inspira, que arrojan sobre este fenómeno la sospecha de que se trata de algo provisional, un chute de dopamina amenazado de corrupción y muerte prematuras. 

      Cuando me dieron la palabra ante esa fiesta de más de 6000 jóvenes, les hablé brevemente de la “ley de los comienzos invisibles” y cómo detrás de todo aquello había una historia de amistad personal y de crecimiento orgánico. Aquel despliegue no era, por eso, flor de un día, sino señal de cierta madurez y extensión de un movimiento que está llamado a seguir extendiéndose silenciosamente, impulsando la iniciativa y el compromiso de mucha gente joven, más allá de la lógica de los partidos, más allá de la también floreciente dinámica de las realidades religiosas. Y sin pretender sustituir ni a la una ni a la otra.

      Las emociones fuertes, asociadas al éxito, a la fama, al número, a lo superficialmente comunitario, a lo vociferante, tienen los días contados. Pero pueden ponerse al servicio de un dinamismo más poderoso, sincero y resistente: el de la amistad, el del diálogo abierto, el del cultivo del silencio y la interioridad. Una señal muy positiva en este concreto despertar de Vistalegre fue la ausencia de egos, la independencia frente a intereses de parte, la apertura de la propuesta, ahora encauzada por un hub de nuevas iniciativas. Aquello no era fin en sí mismo, ni palestra para fines personales, ni longa manus de mentes maquiavélicas.

      Una idea de Ratzinger

      Dado el contexto, no vi la necesidad de citar mi fuente sobre los “orígenes invisibles” y las leyes de crecimiento lento de las grandes cosas. Pero esta revista es el lugar adecuado para revelarla: una conferencia de Joseph Ratzinger sobre la nueva evangelización. No me resisto a recoger algunos pasajes de un suculento párrafo:

      “Las grandes cosas empiezan siempre del pequeño grano y los movimientos de masa siempre son efímeros (…). En otras palabras: las realidades grandes empiezan con humildad (…). La ley sobre los orígenes invisibles nos dice una verdad -una verdad presente justamente en el actuar de Dios en la historia: “No te elegí porque eres grande, por el contrario- eres el más pequeño de los pueblos; te he elegido porque te amo…” dice Dios al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento y expresa, de esta manera, la paradoja fundamental de la historia de la salvación. Ciertamente, Dios no cuenta con los grandes números; el poder exterior no es el signo de su presencia. Gran parte de las parábolas de Jesús indican esta estructura del actuar divino y responden así a las preocupaciones de los discípulos, los cuales se esperaban más bien, otros éxitos y signos del Mesías – éxitos similares a los ofrecidos por Satanás al Señor: Todo esto – todos los reinos del mundo – te lo doy… (Mt 4, 9). Un viejo proverbio dice “el éxito no es un nombre de Dios”. La nueva evangelización debe someterse al misterio del grano de mostaza y no pretender producir rápidamente el gran árbol. Nosotros, o vivimos demasiado con la seguridad del gran árbol ya existente o con la impaciencia de tener un árbol más grande, más vital – más bien, debemos aceptar el misterio que la Iglesia es, al mismo tiempo, un gran árbol y un grano muy pequeño”.

      Más allá de las apariencias, de las modas, y de las limitaciones de todo lo humano –también de lo hecho por gente joven– confío en que haya no uno, sino muchos despertares. Aunque es inevitable que algunos sean efímeros, imperfectos, decepcionantes. Estoy seguro, en todo caso, de que cometerán errores, pero serán errores nuevos. Vamos a ver no un giro, sino muchos giros. Nadie debería obsesionarse por actuar con una idea clara del resultado final, o por predecir la imagen general de lo que viene. 

      Así sucedió –según explicaba el mismo Benedicto XVI en el Colegio de los Bernardinos de París– con los monjes medievales: “no estaba en su intención crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivación era mucho más elemental. Su objetivo era: quaerere Deum, buscar a Dios. En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios. Querían pasar de lo secundario a lo esencial, a lo que es sólo y verdaderamente importante y fiable”.

      El autorRicardo Calleja Rovira

      Profesor de Ética Empresarial y de negociación en el IESE Business School. Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.

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      Evangelio

      La sed de Cristo. III domingo de Cuaresma (A)

      Vitus Ntube nos comenta las lecturas del III domingo de Cuaresma (A) correspondiente al día 8 de marzo de 2026.

      Vitus Ntube·5 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

      El agua y la sed dominan la liturgia de este tercer domingo de Cuaresma. En la primera lectura, el pueblo de Israel, que vaga por el desierto, murmura contra Moisés y, en un nivel más profundo, contra Dios mismo: “¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?”. A pesar de haber sido testigos de las grandes obras de Dios, lo ponen a prueba. El lugar recibe el nombre de Masá y Meribá, porque allí el pueblo discutió y preguntó: “¿Está el Señor entre nosotros o no?”.

      ¡Qué diferente es lo que sucede en Sicar, en comparación con el Evangelio! En el desierto, la sed conduce a la duda y a la rebelión; junto al pozo de Samaría, la sed se convierte en camino hacia la fe. Al final del Evangelio, la gente declara: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo”. El pasaje evangélico es uno de los diálogos más largos y ricos de toda la Escritura. La conversación entre Jesús y la mujer samaritana se desarrolla poco a poco, dando varios giros decisivos. Comienza con una petición sencilla y sorprendente: “Dame de beber”. La sed de Jesús marca el tono de todo el encuentro. La mujer se sorprende: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”. Pero Jesús amplía enseguida su horizonte: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘dame de beber’, le pedirías tú, y él te daría agua viva”.

      Jesús pide agua, pero es Él quien en realidad ofrece el agua, el agua viva. A medida que el diálogo se profundiza, la mujer pide: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”. Lo que comienza como una petición de Jesús se convierte en el deseo de ella. La oferta de Cristo despierta una demanda más profunda en su corazón. Al continuar la conversación, Jesús revela la verdad de su vida, ha tenido cinco maridos y ahora vive con alguien que no es su esposo. Detrás de esta revelación no hay condena, sino compasión. Vemos a una mujer marcada por un anhelo profundo, por una búsqueda insatisfecha de amor y de felicidad. Ha buscado una y otra vez y, sin embargo, no ha renunciado a su deseo de algo más.

      La sed de Cristo, entonces, es en último término una sed de saciar nuestra sed. O, dicho con mayor precisión, el deseo de Cristo es colmar nuestros deseos más profundos. La mujer samaritana refleja nuestros propios corazones. Como ella, anhelamos la felicidad, el amor, el sentido de la vida; y como ella, a menudo buscamos estas cosas en lugares equivocados, aun cuando la experiencia nos dice que no nos satisfarán. Seguimos regresando a los mismos pozos, sacando un agua que vuelve a dejarnos sedientos. Solo Cristo puede dar el agua viva que realmente sacia, el agua que no nos obliga a regresar sin cesar al pozo. Cuando nuestros deseos —incluso los terrenos y temporales— se unen a Cristo, su gracia los purifica y los eleva, orientando nuestra mirada hacia lo eterno. Así se cumplen las palabras de Jesús: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Unidos a Cristo, nosotros mismos nos convertimos en manantiales de agua viva.

      Sin embargo, para que Cristo pueda saciar nuestros deseos, se nos exige algo. Primero debemos reconocer nuestras insuficiencias. Debemos admitir dónde hemos buscado una felicidad duradera en lo que es pasajero y efímero. Jesús conduce a la mujer samaritana a reconocer que sus muchas relaciones no pudieron colmarla. Este reconocimiento sincero, esta confesión humilde, tiende un puente entre la sed de Cristo por nosotros y su don de agua viva para nosotros.

      A menudo nos gusta identificarnos con otro samaritano, el más conocido, el Buen Samaritano. Pero hoy es con esta mujer samaritana con quien debemos identificarnos más de cerca. En ella nos vemos reflejados: hombres y mujeres con deseos profundos que solo Dios puede satisfacer plenamente. El tiempo de Cuaresma nos invita a ir más allá de las cosas baratas con los que intentamos apagar nuestra sed, y a volvernos hacia Cristo mismo, el único que sacia y que nos ofrece la vida eterna.

      Libros

      La Biblia, escrutad las escrituras

      Edición enriquecida de la Sagrada Biblia que combina rigor académico y espiritualidad, ideal para la lectura personal y comunitaria.

      Maria José Atienza·5 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

      Nos encontramos aquí con una nueva edición de la Sagrada Biblia, fruto de un trabajo concienzudo de 50 especialistas, dirigido y coordinado por los expertos biblistas Ezechiele, Pasotti, Giacomo Perego, Fabrizio Fico y Francesco Giosuè Voltaggio.

      En castellano, esta Biblia está editada por la Biblioteca de Autores Cristianos junto a la editorial San Pablo.

      El texto bíblico, aprobado por la Conferencia Episcopal Española en su versión castellana, se enriquece, en esta nueva edición, con unas completas introducciones a cada libro bíblico, las citas que conectan los textos del Nuevo y el Antiguo testamento, las notas de traducción e interpretación del texto, así como una tabla cronológica, un pequeño atlas y un índice de temas teológicos de referencia, todos actualizados con los descubrimientos histórico-arqueológicos más recientes. 

      Esta presentación integral del texto bíblico propone tres fases para adentrarse en la palabra de Dios: la Scrutatio o escrutación de las escrituras: para profundizar en el texto a través de citas, notas y paralelos. La meditación de los textos con el fin de interiorizarlos y la oración, personal y comunitaria, con la Palabra de Dios viviéndola como un diálogo de Dios con el hombre. 

      En una conversación con Omnes, uno de los coordinadores de este trabajo, el sacerdote italiano Francesco Voltaggio, destacaba “yo escruto las escrituras, pero al final, es Cristo quien a través de su Palabra me escruta a mí. Es un encuentro vivo. Esta característica de fuente viva e inagotable es lo que queremos subrayar a través de esta obra”. Un trabajo que destaca, en su integridad, la figura de Cristo como la “clave de lectura” de toda la revelación divina: “hemos de entender que la Biblia es verdaderamente Palabra de Dios y verdaderamente palabra humana. Es el infinito que se revela en lo finito. La Biblia contiene más de lo que dice, porque en palabras humanas contiene el infinito. Es una analogía con lo que es Cristo, Dios y hombre, una dimensión totalmente divina y, al tiempo, totalmente humana”. 

      Un texto bíblico pensado tanto para la lectura y oración personal como comunitaria y por ello, sus destinatarios son tan amplios como los perfiles de cualquier comunidad católica: grupos parroquiales, párrocos, religiosos, consagrados, seminaristas, catequistas, confirmandos, matrimonios, profesores de Religión y todos los fieles.  

      La Biblia, escrutad las escrituras

      Autor: Pedro Ignacio Fraile Yécora
      Editorial: BAC
      Número de páginas: 3024
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      Recursos

      Algunas reflexiones del profesor Lucas Buch sobre «Los Domingos»

      El profesor de Teología y sacerdote Lucas Buch ofrece una profunda y detallada reflexión sobre el proceso vocacional dibujado en la película "Los Domingos".

      Lucas Buch·4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

      «Los Domingos» se ha alzado con cinco Premios Goya siendo, también, la película premiada por los obispos españoles en la última edición de los Premios Bravo.

      Su temática y presentación han abierto un interesante debate en el mundo cultural y social español acerca de la presencia e influencia de la fe y el llamado «giro católico«, con posicionamientos, declaraciones y actitudes variadas y contrapuestas entre sí, incluso.

      En este marco de conversaciones, el sacerdote y profesor de Teología en la Universidad de Navarra, Lucas Buch, ofrece un análisis profundo de la película de Alauda Ruiz de Azúa centrando su mirada, principalmente, en el proceso vocacional de la joven Ainara, analizando su contexto familiar y el modo en que la acompañan quienes la rodean.

      El entorno familiar, las limitaciones con las que es representado el acompañamiento espiritual, o la vida de oración imprescindibles en todo proceso vocacional, así como el valor de una cinta como «Los Domingos» para el examen de las propias comunidades cristianas son algunos delos ejes de este texto que, por su interés, hemos querido ofrecer a nuestros lectores.

      Lee el documento «Algunas reflexiones sobre ‘Los Domingos'»

      El autorLucas Buch

      Vaticano

      La Iglesia es humana y divina, enseña el Papa en la Audiencia

      El Papa León XIV ha explicado en la Audiencia de este miércoles de Cuaresma qué es la Iglesia, su dimensión humana y su dimensión divina. 

      Francisco Otamendi·4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

      El Papa León XIV ha continuado en la Audiencia de este miércoles su catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en este caso sobre la constitución dogmática Lumen Gentium (Luz de las Gentes). El tema ha sido ‘La Iglesia, realidad visible y espiritual”, con la lectura de la Carta de San Pablo a los Efesios (4,15-16), y ha subrayado que la Iglesia es humana y es divina.

      ¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? Alguien podría responder, explicó el Pontífice en la Audiencia de esta mañana en Roma, que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar”; o bien “que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa”.

      Humana: “comunidad de hombres y mujeres, con virtudes y defectos, que anuncian el Evangelio”

      La constitución ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II afirma que la Iglesia “es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina “sin separación y sin confusión”.

      “La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida”, ha señalado León XIV.

      El Papa León XIV saluda a varias mujeres durante una visita pastoral a la Iglesia de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo en el barrio obrero de Quarticciolo en Roma el 1 de marzo de 2026. (Foto CNS/Vatican Media).

      Divina: “la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo”

      Pero este aspecto -que se manifiesta asimismo en la organización institucional- no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia, porque ésta posee también una dimensión divina, ha añadido el Sucesor del Apóstol Pedro.

      “Esta última no consiste en una perfección ideal o en una superioridad espiritual de sus miembros, sino en el hecho de que la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por eso, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo (LG, 8; CCC, 771)”.

      Al mismo tiempo, ha subrayado, “la dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios”. 

      La vida de Cristo lo ilumina: su humanidad, y el encuentro con Dios

      “Para iluminar dicha condición eclesial, la Lumen Gentium remite a la vida de Cristo. Efectivamente, quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaba su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación. 

      Pero, al mismo tiempo, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible”.

      Benedicto XVI (“no existe una Iglesia ideal y pura”). Francisco: caridad

      El Papa ha citado en sus palabras finales al Papa Benedicto XVI, cuando resaltaba que “no existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia”. Y al Papa Francisco, que exhortaba a la caridad.

      “Esto nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros”, ha añadido León XIV.

      Al concluir, el Papa León ha manifestado que “la caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. ‘Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí’ (Serm. 354,6,6)”.

      Cuaresma: “tiempo de gracia y renovación espiritual«

      En cuanto a otros temas, sus palabras a los peregrinos de lengua inglesa pueden sintetizar sus alusiones al tiempo de Cuaresma que vive la Iglesia: “Saludo a todos los peregrinos y visitantes de habla inglesa que participan en la audiencia de hoy, en particular a los grupos procedentes de Inglaterra, India, Filipinas, Singapur, Vietnam y los Estados Unidos de América. 

      Con mis mejores deseos y oraciones para que esta Cuaresma sea un tiempo de gracia y renovación espiritual para ustedes y sus familias, invoco sobre todos ustedes la alegría y la paz en nuestro Señor Jesucristo”.

      El autorFrancisco Otamendi

      Vaticano

      El Vaticano publica el esperado documento sobre IA y Transhumanismo

      Frente a utopías de perfeccionamiento ilimitado o narrativas de sustitución de lo humano, la Iglesia propone conservar las tensiones constitutivas de la experiencia —cuerpo y espíritu, varón y mujer, individuo y comunidad, finitud e infinito— y su orientación a Cristo.

      Javier García Herrería·4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

      En los últimos meses se ha especulado ampliamente con que la primera encíclica del Papa podría abordar la inteligencia artificial. Quizá sea así. Pero, mientras tanto, el Vaticano —a través de la Comisión Teológica Internacional— ha puesto ya sobre la mesa un gran marco de reflexión con la publicación del documento Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios sobre el futuro de lo humano.

      El texto, presentado como una lectura de la condición humana en un momento de “cambio de época”, parte de una constatación: el progreso tecnocientífico reaviva el asombro por las capacidades humanas, pero no elimina la fragilidad —la muerte, las enfermedades, las guerras, o la desigualdad—. 

      Frente a las tentaciones de simplificar esa ambivalencia (tecnofilia ingenua o resignación pesimista), el documento reivindica una antropología cristiana que sostenga a la vez grandeza y límite, y coloque en el centro la dignidad humana como un don previo, no como una construcción adquirida.

      Primeras valoraciones

      Según Giovanni Tridente especialista en ética de la IA y autor de Anima Digitale, «el documento de la Comisión Teológica Internacional ofrece una importante contribución porque recuerda que la cuestión de la tecnología es ante todo una cuestión antropológica».

      Según Tridente el punto fuerte del documento es cómo subraya que «la dignidad de la persona no puede reducirse a sus capacidades cognitivas o al rendimiento que la tecnología promete potenciar». En su lugar, el texto vaticano «propone utilizar la categoría cristiana de vocación, donde el hombre no es simplemente un proyecto que hay que optimizar o rediseñar tecnológicamente, sino una realidad recibida como don y llamada a desarrollarse en la relación con Dios, con los demás y con el mundo».

      Discernir y distinguir

      Inspirado por el 60º aniversario de Gaudium et spes (1965–2025), el documento propone un método de discernimiento: confrontar los nuevos horizontes culturales y tecnológicos con las exigencias permanentes de la condición humana, distinguiendo aportes compatibles con el Evangelio de los que lo contradicen. 

      En esa línea, la Comisión organiza su análisis alrededor de cuatro categorías: desarrollo, vocación, identidad y condición dramática. La primera examina la noción de desarrollo —clave en el debate sobre el futuro— y advierte de la tensión entre mejorar la vida de los pueblos y el sueño de sustituir lo humano. 

      La cuestión sobre la “vocación” subraya la importancia de ver la vida en sus aspectos relacionales y responsables. La tercera sitúa la cuestión de la “identidad” como un dimensión particularmente sensible en nuestro tiempo, debido a la posibilidad de intervenir técnicamente en la naturaleza humana. 

      Y la cuarta subraya el carácter histórico, libre y expuesto a riesgos del camino por el que cada persona “llega a ser” quien es.

      Transhumanismo

      Uno de los focos más explícitos del documento es el diálogo crítico con el transhumanismo y el posthumanismo, corrientes que —según la Comisión— replantean de modo radical la relación entre cuerpo, técnica y destino humano. 

      El transhumanismo aparece descrito como el proyecto de superar los límites biológicos (envejecimiento e incluso muerte) mediante ciencia y tecnología, con un optimismo antropocéntrico sobre el progreso. El posthumanismo, en su sentido estricto, cuestiona la existencia de una “forma humana” digna de ser custodiada y difumina el límite entre humano y máquina. 

      En ambos casos, el documento sostiene que la solución a la tensión humana entre finitud e infinito no puede pasar por la supresión o sustitución de lo humano, sino por su integración y plenitud.

      Ética y desarrollo tecnológico

      La Comisión dedica un amplio espacio a las implicaciones antropológicas del desarrollo tecnológico reciente, especialmente en la comunicación digital, los datos, la inteligencia artificial, la biotecnología y la robótica. Subraya que la tecnología no opera solo como herramienta, sino como “ambiente” que reconfigura la vida social y la autocomprensión. 

      Entre los riesgos, apunta a la opacidad de decisiones automatizadas en ámbitos sensibles (salud, justicia, finanzas o seguridad), la polarización y “tribalización” del debate público alimentada por redes sociales, la fragilidad particular de niños y jóvenes ante dinámicas de aislamiento, manipulación y violencia, y la tendencia a reducir el cuerpo a material disponible para ser modificado en busca de rendimiento, juventud o eliminación del dolor.

      Consecuencias del “desarrollo” tecnológico

      En paralelo, el documento sitúa estas transformaciones en cuatro relaciones fundamentales de la persona: con el ambiente, con los otros, consigo misma y con Dios. En el plano ecológico, alerta contra una lógica tecnocrática que relativiza los límites de la naturaleza y agrava desigualdades, especialmente en regiones más vulnerables. 

      En la esfera social, describe el impacto de la hiperconexión y la ansiedad informativa, y reclama vigilancia ante la manipulación de datos y la concentración de poder. En el plano personal, advierte del debilitamiento del pensamiento crítico y de la tentación de concebir la conciencia como información transferible. 

      En el religioso, reconoce oportunidades para la misión, pero alerta del riesgo de un “mercado” espiritual digital sin comunidad, e incluso de sustitutos tecnológicos del sentido último.

      Soluciones

      Como alternativa, el documento insiste en recuperar dimensiones que considera amenazadas por una idea reductiva de progreso: la historia (memoria, sentido del tiempo y esperanza), el espacio (hogar, ciudad, pueblo y mundo, frente a la despersonalización de los “no-lugares”) y la intersubjetividad (familia, pertenencia cultural y fraternidad). 

      En ese marco, propone la vida como vocación: el ser humano no se entiende plenamente como proyecto auto-fundado, sino como alguien llamado a recibir la vida como don, a configurar su identidad con libertad responsable y a convertirse en don para los demás.

      La conclusión del texto plantea una tesis de fondo: la humanidad no necesita un “salto evolutivo” que rebase su condición, sino una relación que la salve, la haga habitable y la eleve. 

      Frente a utopías de perfeccionamiento ilimitado o narrativas de sustitución de lo humano, la Comisión propone una síntesis “integral” que conserve las tensiones constitutivas de la experiencia —cuerpo y espíritu, varón y mujer, individuo y comunidad, finitud e infinito— sin negarlas, y las oriente hacia una plenitud que, en clave cristiana, se realiza en Cristo.

      El documento cierra con dos acentos pastorales: María como figura de una humanidad plenamente acogida y entregada, y los pobres como criterio ineludible de discernimiento. En un mundo donde el poder tecnológico tiende a concentrarse, el texto advierte que las consecuencias más graves recaerán primero sobre los últimos, por lo que llama a orientar cualquier desarrollo hacia la dignidad de todos, la justicia y el bien común.

      Según el profesor Tridente «la reflexión teológica deberá seguir profundizando en la relación entre la antropología y las tecnologías emergentes, tratando de comprender con mayor precisión las dinámicas reales que están transformando nuestra forma de conocer, decidir y relacionarnos». Al fin y al cabo, «la cuestión no se refiere solo a lo que las máquinas pueden hacer, sino también a lo que estamos dispuestos a delegarles de nuestros procesos cognitivos. Solo así será posible ofrecer pistas de discernimiento capaces de acompañar verdaderamente al hombre en la era de la inteligencia artificial», concluye el experto italiano.

      Mundo

      Euphrasie Kouassi Yao, premio Harambee: «Nuestro enfoque no genera exclusión sino cooperación»

      El premio Harambee 2026 a la promoción e igualdad de la mujer africana lo recibe Euphrasie Kouassi Yao por sus más de 35 años dedicados a la promoción de la mujer, la paz y el bienestar comunitario.

      Redacción Omnes·4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

      Euphrasie Kouassi Yao recibió el 3 de marzo el premio Harambee 2026 a la promoción e igualdad de la mujer africana. Recibió este premio por sus más de 35 años dedicados a la promoción de la mujer, la paz y el bienestar comunitario. Además, ha sido nombrada recientemente como Embajadora Mundial para la Paz y es la única mujer que ocupa una Cátedra Unesco en su nación.

      La galardonada es una de las figuras más influyentes de Costa de Marfil en el desarrollo y la promoción de la mujer y la familia. Actualmente es ministra asesora del presidente Alassane Ouattara en Costa de Marfil y cuenta con una sólida trayectoria tras liderar la cartera de Promoción de la Mujer, la Familia y la protección de la Infancia. Así, en su discurso dejó claro que «África está llena de talento».

      Euphrasie sostiene que ninguna sociedad puede alcanzar su máximo potencial si excluye las competencias de la mujer, que es la mitad de la población: «estoy convencida de que donde se pida a las mujeres participar en la toma de decisiones junto a los hombres, las naciones prosperarán, el crecimiento crecerá, el desarrollo inclusivo y sostenible echará raíces y la paz florecerá. Ya no es momento de dudar».

      «Nuestra lucha no está dirigida contra los hombres – al contrario, se libra junto a ellos. Este es el significado de nuestras acciones a favor de la «Masculinidad positiva». Nuestro enfoque no genera exclusión, fomenta la cooperación. Rechaza la dominación para lograr equilibrio, equidad y paz» aclaró.

      ¿Cómo ha sido el camino de Euphrasie?

      Euphrasie comprendió pronto que las mujeres no carecían de capacidades ni de voluntad: solo necesitaban confianza, formación, herramientas y participación real en todos los niveles del desarrollo. Tras su experiencia como profesora en el Lycée de Jeunes Filles y más tarde como ejecutiva en el Ministerio de la Mujer, decidió aportar soluciones concretas. Viajó para formarse en enfoques de género y creó dos herramientas clave.

      La primera fue el Enfoque de Género y Desarrollo, una brújula estratégica inspirada en valores africanos para identificar desigualdades y diseñar políticas públicas equitativas. Sus resultados se reflejaron en Costa de Marfil, cuyo avance en la reducción de la brecha de género fue reconocido por el Foro Económico Mundial y el Banco Mundial, especialmente en educación, donde la paridad escolar mejoró notablemente.

      La segunda herramienta fue COFA (Concienciación, Formación, Acción): «nuestra palanca para la transformación comunitaria: es la herramienta que va al corazón de las aldeas y barrios, que convence, que entrena, que pone en marcha…. transforma las conciencias donde surgen conflictos». Con ella logró, por ejemplo, que los hombres de Diatokro incluyeran a las mujeres en la gestión del agua. Más tarde integró la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad de Naciones Unidas y contribuyó a que su país adoptara el primer plan nacional africano en este ámbito.

      Impulsó también el Compendio de Habilidades Femeninas (COCOFCI), que reúne a miles de mujeres líderes y fue reconocido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la UNESCO. Convencida de la transmisión intergeneracional, formó a centenares de directivos en ingeniería de género y creó programas universitarios para afrontar retos como el cambio climático.

      Guiada por un deseo profundo de paz, entendió que esta solo es posible con igualdad de oportunidades. Por ello fundó CREA-PAIX, una iniciativa de paz comunitaria que hoy actúa en cuatro continentes y ha impactado a millones de personas, promoviendo el liderazgo de mujeres y jóvenes como base de un desarrollo justo y duradero.

      Premio Harambee 2026

      Con todo esto, Euphrasie expresó su deseo de que el Premio Harambee 2026 se convierta «en un movimiento, una conciencia colectiva y una dinámica. Por ello, he decidido redistribuir su dotación a favor de jóvenes sedientos de conocimiento y de mujeres rurales que necesitan apoyo para transformar sus comunidades».

      El premio financiará un programa de mentorización en la región de Gbeke, donde 50 emprendedoras consolidadas acompañarán y guiarán a 50 mujeres en el fortalecimiento de su autonomía económica y el éxito de sus propios modelos de negocio.

      Asimismo se pondrá en marcha un proyecto educativo diseñado para cultivar los valores de resiliencia, dignidad y excelencia en las nuevas generaciones. Esta iniciativa alcanzará a 350 alumnas de secundaria, quienes fortalecerán su formación integral y liderazgo a través del fomento de la lectura y la participación en un certamen literario de alto nivel.

      Euphrasie concluyó su discurso con un «viva»: «Viva la solidaridad femenina. Vivan las habilidades femeninas. Viva la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, niñas y niños. Viva Harambee. Viva África, la cuna de la humanidad. Larga vida a la humanidad reconciliada. Viva la paz en el mundo«.

      Cine

      Las 6 mejores reacciones a las palabras de Silvia Abril en los Goya

      Las declaraciones de la actriz Silvia Abril criticando a la Iglesia y a los jóvenes, provocaron duros reproches. Sin embargo, ha surgido también otro perfil de comentarios, mucho más constructivos y acordes con la fe.

      Francisco Otamendi·4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

      Con aparente menos ruido que los comentarios de la actriz Silvia Abril sobre la Iglesia realizados a Cinemanía, actores como Jaime Lorente (La Casa de Papel), Patxi Bronchalo en El Debate, el obispo José Ignacio Munilla y algunos influencers, han reaccionado con respeto, tras las primeras reacciones insultantes ante las palabras de Silvia Abril sobre la Iglesia y la juventud.

      La polémica surgió cuando al ser preguntada Silvia Abril por la película ‘Los domingos’, ganadora de 5 premios Goya, en la que una joven de 17 años anuncia su deseo de entrar en un convento de clausura, la actriz y humorista catalana dijo lo siguiente a Cinemanía:

      “Mira que Sirat me chifló y me giró la cabeza por dentro… Y Los Domingos también, pero me quedo con Sorda porque creo que es más necesaria. Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa tirada hacia lo cristiano… Iba a decir lo místico, pero no es lo místico… Me da pena que necesiten creer en algo y que se agarren a la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, ¡vaya chiringuito tenéis montado! Se acabó, se acabó”.

      Declaraciones insultantes para Silvia Abril

      Tras sus comentarios, según pudo verse en redes sociales y en medios como La Vanguardia, algunos criticaron con dureza a la humorista. El título del diario catalán fue: “Organizaciones ultracatólicas arremeten contra Silvia Abril por sus palabras sobre el cristianismo en la alfombra roja de los Goya”.

      Sin embargo, las mismas redes sociales y otros medios han ido recogiendo otro perfil de reacciones que intentan abrir los ojos sobre la verdadera Iglesia y el modo de hacer de gente católica. He aquí algunas.

      1. Jaime Lorente: “la cantidad de odio en redes me ha dejado alucinado» (Instagram)

      Diversos medios se han hecho eco de la reacción del actor Jaime Lorente (La casa de Papel), en buena parte recogidos de sus palabras en Instagram, a través de su perfil @jaimelorentelo 

      Bajo el título “Yo comparto que soy cristiano sin miedo a que la gente me odie», la propia Cinemanía recoge que Jaime Lorente ha dicho que está a punto de meterse “en un nuevo jardín”, con estas palabras:

      “Ha habido mucha polémica con un comentario que ha hecho una compañera (aludiendo a Silvia Abril) en la alfombra sobre la religión católica que ha despertado una cantidad de odio en redes que me ha dejado alucinado y me ha hecho darle vueltas a la cabeza”.

      La opinión de Abril es “super respetable”, asegura Lorente. “Otra cosa son las formas de comunicar su opinión, que yo ahí ni voy a entrar, porque me parece una nimiedad”, prosigue. “A veces estás en un sitio donde llevas veinticinco mil preguntas, te pueden pillar en un buen o en un mal momento, puedes estar más o menos acertado. Pero no es motivo para condenar a nadie”.  

       “Que la gente ‘te asesine’ por las redes”

      Lo que no puede pasar, añade Jaime Lorente, “es que por dar tu opinión, la gente ‘te asesine’ por redes”, protesta el actor. En nombre de su religión, recuerda, “se ha ejercido mucho odio y violencia en determinadas formas: otra cosa es como tú la profeses, y yo me niego a profesarla de esa forma”.

      Por otra parte, según la misma revista de cine, propiedad de Henneo, Jaime Lorente afirma los efectos positivos de su fe (“A mí me hace amar mejor, querer mejor y respetar mejor, sentirme y hacer sentir mejor a los demás. “Pero hay gente que no”. “Y la persona que hace ese comentario no sabes qué relación ha podido tener con esa religión, qué vida ha podido tener, cómo se ha podido sentir… Tienes que poder entender que tenga esa opinión”.

      2. Francisco Javier cuenta su tarea sacerdotal en Leganés

      Patxi Bronchalo recoge en ‘El Debate’ de hoy una “Carta de un cura de barrio a Silvia Abril”. Francisco Javier, que así se llama el sacerdote, trabaja en Leganés, y le cuenta a la actriz Silvia Abril lo que hace en su tarea de sacerdote.

      “En mi día a día no hay focos ni maquillaje; aquí la vida es muy auténtica. Me dedico a estar con gente que sufre mucho, a escuchar a quien no duerme por la ansiedad de los problemas, a consolar a quien ha perdido a alguien querido y a dar esperanza a quien ya no ve salida. Como mis compañeros, trato de ayudar a todo el que lo pide”.

      El cura de barrio: aquí no hay salas VIP ni trajes de noche

      El sacerdote detalla aún más: “¿Sabe algo? En este barrio donde estoy no hay alfombras rojas ni se celebran galas. No hay salas VIP ni trajes de noche. Sí que hay camareros inmigrantes, pero aquí suelen servir café en las mesas, no están con bandejas llevando cócteles y aperitivos gourmet en las fiestas. Soy feliz aquí, quiero a este barrio. La invito a venir, Silvia”. 

      “Véngase a mi ‘chiringuito’ parroquial y quédese una mañana conmigo visitando a los enfermos que ya no pueden salir a la calle porque viven en edificios sin ascensor. Escuche las historias de mujeres que están solas porque sus hijos no las visitan nunca. Oiga a hombres que viven con la herida de haber perdido hijos por la droga o el alcohol. Puede ofrecerles alguno de esos consejos que se dicen en televisión. Después, por la tarde, acompáñenos con las voluntarias de Cáritas repartiendo alimentos a familias inmigrantes. No tenemos photocall, pero puede ayudar a repartir cajas de fruta, puede mirarlas y escuchar sus historias, y comparta con ellas sus recetas sobre la fe”.

      “O quédese conmigo atendiendo a jóvenes que no logran salir de una adicción, que sufren por la ruptura de sus familias o por la angustia de no poder independizarse. Estarán encantados de escuchar sus soluciones. Luego le invito a quedarse en Misa con nosotros. Y no voy a cobrarle nada. En mi ‘chiringuito’ no entra un solo céntimo de quien no quiere darlo libremente en la declaración de la renta. En cambio, de los impuestos que yo pago, una parte irá a sus películas, lo quiera yo o no”.

      3. @ObispoMunilla en X: la llamada de Cristo

      El obispo José Ignacio Munilla, activo en el continente de las redes sociales, se refiere en un post en X a ‘Los domingos’, y a quien rechaza la llamada de Jesús a la puerta del corazón.

      “La película representó la dificultad de aceptar una vocación”, escribe. “La gala de los Goya hizo el casting en directo… Pero Cristo no compite por premios: sigue llamando a la puerta del corazón de todos —también del que lo rechaza—. Y esa llamada desconcierta más que cualquier estatuilla. #Goya2026 #Goya #LosDomingos”.

      4. Cristina Tárrega: “prefiero que mi hijo se acerque a la fe”

      Otra perspectiva es la que aporta la periodista y presentadora Cristina Tárrega. En su opinión, las palabras de Silvia Abril pueden responder a “dos versiones. O bien no lo ha pensado, con lo cual, caridad cristiana. Pero para los que somos católicos y cristianos, que no somos ultra católicos, pues bueno, nos deja como….

      Por otra parte, Tárrega añade en OK diario que ella prefiere que su hijo acuda a la Iglesia: “Yo prefiero que mi hijo, que tiene 21 años, se acerque a la fe que a otras cosas, ¿no? Si eso va a ser positivo para él, sin que sea un fanático, me parece estupendo. No me parece que haya que tildar de chiringuito, cuando la Iglesia es muy importante y su acción social. O no lo ha pensado o es una buena estrategia de marketing si no sabe quién es Silvia Abril”.

      5. @emiliogomez04 sobre la crítica al giro católicos de los jóvenes

      Para que tengan un poco de (casi) todo, vean otro comentario crítico, más típico de formato radio, periodista de @copepozoblanco, divulgador del sector primario.

      “La actriz Silvia Abril critica en los Goya el giro católico de los jóvenes. Me da pena que se agarren a la fe cristiana, dice. (…) Ahora verá el tirón de los jóvenes en la Semana Santa. Los que creemos somos para ellos seres anacrónicos, y ellos nos tienen que decir lo que tenemos que comer, lo que tenemos que creer, y en lo que nos debemos de gastar el dinero. Para este estupendísimo mundo woke, somos anacrónicos de fe, de costumbres, de cultura…. Una cultura que, por cierto, nació en los campos. Nosotros no preguntamos por qué no creen, tampoco si beben leche o si les gusta el toreo, o cazar o pescar. Que dejen quieto el mundo y que sigan con su mundo estupendísimo”.

      Por si quieren leer lo que ha dicho sobre el tema el presidente de Ábside Media, José Luis Restán, aquí lo tienen.

      Un amigo del que escribe estas líneas escuchó las declaraciones de Silvia Abril, y pensó: “mirémonos qué hemos hecho, y qué no hemos hecho, para que esta mujer diga esto sobre la Iglesia”. El obispo noruego Erik Varden mencionó algunas en las meditaciones de Cuaresma que ha predicado en el Vaticano.

      6. @fernando_alhambrista perdona a Silvia Abril

      @fernando_alhambrista ✨ FE ✨ #silviaabril#religioncatolica#fé ♬ Eternidad – Rosario de Cádiz
      El autorFrancisco Otamendi

      FirmasSantiago Zapata Giraldo

      ¿A qué llamamos amor?

      En una cultura que confunde querer con amar, urge recuperar la verdad sobre el amor: no como emoción pasajera, sino como don que compromete, transforma y abre al hombre a su origen y a su destino.

      4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

      ¿Qué es el amor? ¿Es posible definir el amor? Simplemente una visión del mundo corresponde muchas veces al querer, no al amor como tal, aunque se trastorna el termino en tanto que la sociedad avanza, hasta caer en todo lo que corresponde con querer lo definamos “Amor”.

      Es ciertamente complicado tratar un término que se interpreta o se puede ver de diferentes visiones en una sociedad que lo domina cada vez más un emotivismo, que lo consume en simples sentimientos que no establecen una verdad. Si le preguntamos a cualquier persona sobre qué cree que es amor, definirá lo que siente por cualquier ser que le traiga así una estabilidad emocional, como un objeto, o lo baja hasta tal punto de una visión sexual.

      Es un error definir el amor con un término que se cierre en un entorno, limitado por el uso cotidiano. Por el simple hecho de que todo lo que el acto humano define amor es simplemente muchas veces un deseo, y si se logra definir amor se convierte en el término por el cual todo se definirá, pero esa definición de amor, sometida a una ambigüedad humana siempre será insuficiente. 

      El problema contemporáneo: la reducción del amor

      Vamos a empezar, con un tema que resuena mucho y a veces se evita, el hecho de las emociones, el amor no se puede definir por un simple impulso, ni mucho menos una reducción a algo momentáneo, la idea de que “El amor acaba” es ciertamente una mala idea, no se puede acabar algo divino, no se acaba, simplemente nunca hubo. Esto demuestra que definimos amor como algo inestable, y no como algo verdadero, porque si se conoce lo que verdaderamente se ama, nunca se dejará de amar. 

      Uno de los problemas más contundentes que vemos hoy es el hecho de definir todo como amor: la utilidad, la atracción, el deseo sexual, el apego, la costumbre. Todo querer se convierte en “amor” lo cual vacía el termino, no se ve su trascendencia, sino que se queda en simples ideas. Cuando todo es “amor” nada lo es realmente, porque lo vemos como un finito. 

      El amor, en toda su expresión, es relacional, imponer ideas como yo quiero por cómo me sienta, pues simplemente el querer también se agota, porque los sentimientos invaden hasta lo profundo de un querer, que no se transforma en amor. Tampoco es descartar opciones hacia quien, y hacia quien no, eso sería de igual forma un impulso que solo lleva a “elegir lo menos peor”.

      Si se cae el termino en el último sentido, en lo que todo lograremos definir, es la reducción de la persona que ama, porque ha sido amada primero (Cf. 1Jn 4, 19) pero si sus impulsos superan su capacidad de distinguir lo que es amor ¿Qué queda? No compromete a la persona entera, sino simplemente se guía de su propia psicología, dejando de lado su trascendencia de bondad, ya no se entendería como participación en el bien, sino como satisfacción interior. Es bueno y ama, porque lo amaron primero. Su vida ya no se estructura en algo que lo lleve a Cristo, sino que lo deja a un lado de diferentes emociones. El amor es donación, que compromete a toda la persona. 

      La crisis actual, no es un exceso de amor, sino la pérdida de su verdad, porque no se ama tampoco poco, se ama mal. El problema no es la intensidad del afecto, sino la desorientación, se ha reducido a lo que no es (emociones, sentimientos, impulsos) porque ha perdido su referencia originaria. Cuando no se ve como correspondencia al bien real, es cuando empieza a decaer en la subjetividad, ya no es donación, ni compromiso, sino simple emoción pasajera, no se encuentra a que corresponder porque se ha desligado de la fuente, se fragmenta y se ve solo emociones que no comprometen la vida entera.

      El amor como don y fidelidad

      “Dios es amor” (1 Jn 4, 8) el término que define san Juan para Dios no simplemente establece un atributo de Dios, el término “es” define tal cual la esencia de Dios. por lo tanto, la participación del amor del cual Dios es, entramos a hacer parte de la dimensión propia de Dios, por lo que todos somos imagen. El aprender a amar se hace amando. 

      Ahora bien, nos fijamos en algo curioso, hemos dicho que Dios es amor, pero entonces no se cierra, porque el acto de cerrar la acción divina no es propio de Dios, porque si no aquí no estaríamos, somos creados por una acción que nace primero del querer de algo superior a nuestro intelecto. La muestra de la relación, de la donación de Dios la encontramos en el continuo llamado a la alianza, donde mantener esta alianza corresponde ciertamente al hombre. Esto es importante, ya que nos encontramos que el amor mismo no se cierra, sino que se establece como una continua relación. 

      “Si me amáis, guardaréis mis mandatos” (Jn 14, 15) El cumplir con la ley del señor es simplemente amar al mismo autor de la ley, eso no corresponde perder ni un minino de libertad, sino de ganar la libertad para amar completamente a aquel que nos amó primero. En eso comprendemos que no se puede amar a aquello que no se conoce, y porque hemos conocido al Señor,  obedecemos su ley. El conocimiento de la ley es de grosso modo un volver al origen. 

      “Mirad que amor nos ha tenido el padre para llamarnos hijos, pues lo somos” (1 Jn 3, 1). Hijos por el Hijo, el sacrificio de Cristo es la muestra del mayor amor, ya que se entrega. Es ciertamente si nos fijamos que, el termino si cae en vanidades, cae también el nombre de Dios. 

      Las virtudes humanan han de tender siempre a algo que traspase al propio hombre, no se pueden quedar estancadas en un solo sentir, sino en una correspondencia. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13) Dar la vida, aunque cueste en ultimo termino corresponde al amor, pero, la complejidad en este punto es que trastornamos en la comodidad de un solo sentir, sin una correspondencia de imitar a Cristo, por dar la vida. Esto se relaciona con la parte del evangelio “ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos” (Jn 15, 15) amigos porque se entrega, por lo tanto esto define que el amor más grande solo puede brotar del costado de Cristo. 

      En la teología bíblica encontramos que el amor lo definen no como algo pasajero, sino como un don, una fidelidad y una lucha por la verdad, que aquel que se elevado en la Cruz, atrajo a todos los hombres sedientos de algo más, de algo que los lleva a corresponderse como hermanos, por eso el bautismo que nos hace hermanos, e hijos por Él Hijo brota como el amor, del mismo costado de Cristo. Porque su disposición es que todos lleguen al conocimiento de la verdad, pero con ayuda del hermano, por eso “Los envió de dos en dos” (Lc 10, 1).

      Homo Amans

      San Agustin desarrolla una antropología del hombre, donde siempre su fin último o su principio es “amar”, el obispo de Hipona, siempre se ama algo, no se puede vivir sin amar algo, porque como se puede vivir sin aquello que haces participe, aunque la dirección de “a que se ama”, que se debe amar el bien. El hombre solo se puede conocer por lo que ama, no por sí mismo. Esto encontramos una relación en GS 22 “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. Amar a Cristo, amar como Cristo y amar en Cristo, es al final conocer lo que es el hombre.

      El movimiento interior del hombre (su alma) hacia eso nos dirigimos, a lo que amamos, es como una gravedad interna que transforma, por lo tanto estamos continuamente amando. El desorden es sinónimo de pecado, ordenar es sinónimo de una armonía que traspasa todo, porque ordena todo hacia un fin, el desorden no lleva a nada, conlleva además a una confusión interna. Ahora bien, el orden de mi vida hacia lo que amo para el bien de los demás. 

      San Agustin en “sobre la doctrina cristiana, libro I) utiliza dos términos interesantes“uti” (usar) y “frui” (disfrutar), dos terminas que remiten directamente a la dirección de a que se entrega el hombre. El Frui, el amor por el cual se ama por sí mismo, en lo que descansa, que aquí es Dios, por ser el fin último, solo Dios lo podemos amar completamente por lo que es. El Uti es el medio, por el cual se llega a otra cosa, no como fin último, sabiendo, además que no son el ultimo termino, es básicamente saber el lugar que le corresponde a Dios, pensar en las personas con una dependencia a otras es poner el lugar de Dios, somos solamente dependientes de la providencia de Dios, es ver los medios para amar a todas las cosas en Dios, porque son buenas, el mal viene por el mal uso. 

      El amor pertenece a la voluntad, de nacer de mi amar, no es olvidarse de la libertad, sino vivirla plenamente, porque amar el bien, aleja el mal, por lo tanto da felicidad. Un problema actual es girar la jerarquía hacia quien se ama, de ahí nace la inestabilidad, no poner a Dios como fin último del amor por el cual todo nace, no se basa solamente en la intensidad, sino en la dirección. 

      La dirección del amor, se va a querer siempre el bien de alguien , no depende de encerrar en mí, sino de querer todo lo mejor para el otro, esta lo menciona santo Tomas (Suma Teológica I–II, q. 26, a. 4) donde además diferencia de los sentimientos, que son cambiantes, donde no los controlamos, no podemos controlar el mundo, pero podemos direccionar lo que hacemos, y ahí entra la voluntad, donde elige y permanece. 

      Pero ¿Qué significa el bien del otro? Es llevarlo a lo mejor, lo que realmente lo perfecciona y lo configura para que el mismo quiera el bien del alguien, es no querer además quitarle su libertad, o no tratar de poseerlo, es simplemente guiar, acompañar y muchas veces renunciar. El interés, por ejemplo, por la salvación del otro, es simplemente amarlo, de saber y corregir, de buscar en todo momento que el otro encuentre el camino perfecto, y así se contagia el amor, porque tal como ha sido amado, amará a otro.

      ¿Qué se diferencia con el sentimiento? El sentimiento pasa, puede ser un preámbulo para amar, es verdad, pero pasa, no define el amor, es una confusión igual actual. La “dictadura del relativismo” (Card. Josehp Ratzinger Misa Pro Eligiendo Sumo Pontífice, 18 de abril 2005). Esa dictadura va a acompañada ahora por la dictadura del emotivismo, donde se pierde el rumbo, se jerarquiza lo que nos hace sentir bien como amor, mientras dejamos de lado lo que verdaderamente garantiza la eternidad. Debo conocer lo que es bueno, es bueno aunque cueste, no se trata de mantener en un eterno sentimiento de felicidad, Cristo en la cruz ama, aun con el dolor, ama. La verdad del amor se tiene que fundamentar en algo que no pase, somos conscientes de vivir y de un deber de vivir todo con miras a la eternidad.  

      El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est ( Dios es amor, 2005) trae una visión del eros y el ágape, del mundo griego, donde nos menciona que se ha reducido al eros, a lo posesivo y a lo pasajero, a lo consumible, cuando se vuelve todo eros, se absolutiza, pero ¿Qué es el eros? Es el deseo, que no es malo, es humano y necesario, solo se puede amar a lo que se desea amar, el problema sobreviene cuando lo hace desordenadamente, sin una pizca de libertad. Ahora bien el ágape: es el amor de donación, que trae una salida de sí, es una entrega gratuita, lo cual lleva a elevar el deseo, todos deseamos ver a Dios, aunque lo queramos ocultar, no definimos nuestra vida por algo externo sino por algo interno que nace de algo superior. El amor pleno es ágape y eros, ya que es una donación al otro, pero al mismo tiempo el deseo de tener ese amor perfecto.

      El introducirse en el amor de Dios, el amarse unos a otros es un mandato divino, y Cristo es el primer y más bello ejemplo, que lo vemos en la cruz. Los muchos tipos de amor que vemos, o las diferencias sobre que se debe definir amor, se quedan cortas con mirar a la Cruz. Jesús acepta todo dolor, por una entrega mayor que nos garantiza la salvación. Pero, lo que quiero decir es que no huye del dolor porque ama, lo acepta porque ama más, interpretar que el amor no contrae consigo dolor es un error que nos lleva a pensar en un simple deseo pasajero. 

      Lo trascendente en el corazón del hombre

      “La persona no es clausura, es apertura” (Leonardo Polo, Persona y Libertad) toda persona está abierta a algo que no conoce, todos los días se conoce algo nuevo aunque no parezca, la persona en si es un ser que no se cierra, está abierto totalmente a experimentar nuevas cosas, en esto se incluye el amor y el donarse, es técnicamente la libertad, es el hecho más libre, el de donarse. 

      En conclusión el amor no se puede reducir a un simple sentimiento, sino que tiene que ser el preámbulo que me lleve a fijarme en la relación con otro, no conmigo mismo. El amor más puro es relación, como Dios es amor y se relaciona, al mismo tiempo nos llama a la relación con Él y con los hermanos. Bajar hasta un término que no se comprometa con la totalidad de la persona hasta el punto de donarse, esto no es amor, es simplemente una cuestión de deseo, o de querer. El mismo amor que yo doy, es el mismo que recibo, Cristo, imagen perfecta del Padre. Ama, pero también manda a amar, eso es llevar la imagen de Dios a cada rincón de la tierra, es que nos amemos unos a otros como el Padre nos ha amado, y así mostramos que hemos conocido a Dios (Cf. 1 Jn 4, 7-11).

      El autorSantiago Zapata Giraldo

      Cine

      Una epidemia golpea a la Polonia comunista

      En la Polonia comunista de los años 70, Niños de plomo narra la historia real de Jolanta Wadowska-Król, la médica que desafió al sistema al denunciar la intoxicación por plomo de decenas de niños. Un relato sobrio y humano sobre valentía, conciencia y resistencia frente al silencio impuesto.

      Redacción Omnes·4 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

      Serie

      Título: Niños de plomo
      Dirección: Maciej Pieprzyca
      Reparto: Joanna Kulig, Agata Kulesza
      Plataforma: Netflix
      Año: 2026

      Jolanta es una médico felizmente casada y con varios hijos que vive en la Baja Silesia, en la Polonia comunista de 1970. Diariamente atiende a los pacientes del barrio en su propia clínica, pero le gustaría hacer el doctorado y ejercer en un hospital de prestigio. La vida de Jolanta dará un giro cuando descubra que unos niños aparentemente aquejados de anemia son atendidos de manera sospechosa por el personal sanitario de su ciudad; son decenas los niños que presentan esos mismos síntomas, y la causa parece ser el plomo de la fábrica regional. Pero las autoridades soviéticas no están dispuestas a permitir el cierre de la fábrica; ni tampoco los propios trabajadores, temerosos de perder su única fuente de ingresos.

      Esta miniserie de seis episodios relata una historia basada en hechos reales: la batalla que emprendió Jolanta Wadowska-Król para que cerrase aquella fábrica y se atendiese dignamente a aquellos numerosos niños. El relato rebosa humanidad, una apuesta por la heroicidad y el sacrificio frente a la presión externa, y una manera muy delicada de mostrar el mal y el horror, sin resultar desagradable para el espectador. Jolanta permanece rodeada de personajes grises, que sin alinearse ideológicamente con el comunismo contribuyen a su consolidación, bien sea por miedo, por comodidad, por evitar problemas o por no plantearse cualquier otra alternativa. En este sentido, resulta interesante la amplia gama de personajes con los cuales se relaciona Jolanta, a quienes debe convencer y atraer para su causa; incluso, dentro de su propia familia.

      La serie es un carrusel de situaciones y peripecias que avanza a un ritmo frenético. Jolanta está en continuo movimiento. Quizá esto perjudique un desarrollo más complejo de los personajes, así como más profundidad en el tratamiento de sus conflictos y de cuestiones complejas, pero no impide el disfrute de los acontecimientos. Es más, favorece el suspense por saber qué vendrá a continuación. De igual modo, en lo referido a su aspecto formal, Niños de plomo no resulta innovadora ni destaca por su tratamiento narrativo. Desde una posición muy clásica, cuenta su historia con el mayor de los convencionalismos. Se nos ha contado algo así muchas veces, con ese mismo estilo, y en esta ocasión también está bien narrado.

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      España

      10 ideas del documento de los obispos españoles sobre el emotivismo

      El “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas.

      Javier García Herrería·3 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

      Los obispos españoles publican una nota doctrinal muy equilibrada sobre los pros y contras de las emociones en el desarrollo de la vida cristiana.

      Señalamos los principales aspectos que suelen debatirse en torno a esta cuestión y luego ofrecemos los principales extractos del documento. 

      1. Señalan el riesgo de reducir la fe a emociones, aun reconociendo que estas son algo humano y positivo. 

      2. Denuncian el riesgo de que algunos comportamientos supongan un “bombardeo emocional” que pueda derivar en una forma de “abuso espiritual”.

      3. Invitan a aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual siguiendo a los grandes maestros de espiritualidad. Citan a san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Lisieux y santa Teresa de Calcuta.

      4. Subrayan que lo central en la vida cristiana es la trinidad, no la experiencia subjetiva. 

      5. Invitan a apostar con determinación por una formación integral y continua.

      6. Señalan que la fe se vive en la Iglesia, sin absolutizar el carisma del propio grupo, sino poniéndolo al servicio de la unidad de la Iglesia. 

      7. Los encargados últimos de discernir sobre el futuro de los distintos carismas corresponde a los obispos.

      8. Los frutos de los nuevos métodos de evangelización pueden medirse por su capacidad de integrar en una comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación.

      9. Animan a fomentar la adoración Eucarística como una continuación natural de la celebración Eucarística. 

      10. Animan a seguir el Ritual previsto para la adoración al Santísimo y a no centrarse en adoraciones con una decoración efectista que se aleja de las normas previstas. Sin embargo, no concretan hasta qué punto no es adecuado exponer al Santísimo fuera del altar de una iglesia o cómo debe decorarse el altar según las normas litúrgicas (y no con decoración propia, velas de todo tipo, cartelería con mensajes, etc). 


        Cita textual de las principales ideas del documento:

        En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000. La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe.

        1. Los sentimientos son buenos

          El mismo Jesús, cuando le preguntan por el mandamiento principal de la Ley, dice: «Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Mt 22,37). La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre “entero” a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación (Rom 1,5 ,26). Junto a los aspectos fiduciales (confianza en Dios) se dan en la fe elementos cognoscitivos (adhesión a Dios, confesión de fe) y también emociones y sentimientos (gozo espiritual, amor o paz, entre otros).

          En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual. El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida

          En nuestros días, en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno de los “signos de los tiempos” o una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana. Al mismo tiempo, advertimos la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual.

          Los sentimientos juegan un papel importante en la vida humana y espiritual, y son fundamentales en la vida interior de toda persona humana. La fe cristiana, arraigada en la encarnación, no los puede ni dejar de lado ni ignorar. Dios nos alcanza también en nuestro sentir, en nuestra subjetividad, en nuestra intimidad, en nuestra emocionalidad. Lo afectivo constituye un campo fundamental en la vida espiritual, en la relación con Dios y con los demás, en la maduración creyente de la persona. Sin embargo, los sentimientos no pueden determinar toda o casi toda la vida cristiana, pues, en ocasiones, la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual.

          El reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas. Sería contradecir la misma Palabra de Dios, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano.

          2. Dónde nace el problema 

            Expertos y analistas de nuestro tiempo vienen advirtiendo que en la llamada cultura postmoderna se ha producido una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad, lo que ha sido denominado como “emotivismo”, es decir, la reducción de la afectividad a la emoción. El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”. Pero los sentimientos y las emociones, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad.

            El hombre “emotivista” se percibe desorientado, porque se deja arrastrar por las emociones a cada momento sin ningún horizonte y se identifica con ellas; y vive en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante (en tanto que perdura la emoción). Aplicado a la vida espiritual, el “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas. Es importante no confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada. 

            Conviene tener presente que las emociones y los sentimientos tienen un papel importante en la vida humana y espiritual. El cuerpo humano y las emociones son partes integrales de la vida psíquica y espiritual del ser humano. Las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia. Ahora bien, resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien. 

            Por otra parte, el “emotivista” resulta más fácilmente manipulable. Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones. También en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un “bombardeo emocional”, lo cual podría considerarse una forma de “abuso espiritual”. Tal abuso puede manifestarse en forma “presión emocional del grupo”, que hace que los individuos se vean obligados a “sentir” lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas (“falso misticismo”), que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral.

            3. Visión positiva del corazón

            Ya Pío XII en la encíclica Haurietis aquas (1956), sobre la devoción al Corazón de Cristo,alertaba del peligro del naturalismo y del sentimentalismo, y presentaba el Corazón del Verbo encarnado como signo y símbolo del triple amor con que ama Cristo: el amor divino (como Dios), el amor espiritual humano (la caridad de su voluntad humana) y el amor sensible (afectos y emociones). De esta forma, se invitaba a los fieles a alcanzar la armonía del amor en Cristo. 

            El amor auténtico siempre conduce a la verdad. Como afirmaba el papa Benedicto XVI: Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. 

            Creer con el corazón es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo. El primero concibe la salvación como algo puramente interior, cerrando al sujeto en la inmanencia de su propia razón o sentimientos. El pelagianismo, por su parte, acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia.

            4. Criterios teológico-pastorales para el discernimiento

            a) Lo esencial del cristianismo es la Trinidad

            Es importante que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria, y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre. 

            b) Dimensión personal

            Invitamos a aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad. El mismo san Ignacio de Loyola animaba a discernir entre estados de consolación y desolación del alma, o a situarse en la santa indiferencia ante una elección de vida, con el deseo de servir a Dios como fin primero y principal al que todo se subordina[28]. Otros, como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, vivirán la purificación de los sentidos en las “noches del espíritu” o tendrán que enfrentarse, como santa Teresa de Lisieux o santa Teresa de Calcuta, a largos periodos de oscuridad espiritual.

            De todo ello, se deduce que se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24).

            c) Dimensión objetiva de la fe

            El encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su persona y su mensaje. No hay encuentro con Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo, pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina. La formación es el medio primordial que permite integrar la verdad en el amor. Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un acto vacío y ciego.

            La vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma, cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia. Todo ello invita a apostar con determinación por una formación integral y continua, que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual). 

            d) Dimensión eclesial

            Por la misma lógica de la encarnación, el encuentro con Dios es siempre mediado. Jesucristo, el mediador de la salvación, sigue saliendo al encuentro del ser humano a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el servicio a los hermanos en la Iglesia. No es posible una experiencia ni un conocimiento de Dios directos ni de manera individualista. Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo. Creemos gracias a que alguien nos habló del Señor y nos transmitió la fe de la Iglesia en el ámbito de la familia, de una parroquia, de un grupo o un movimiento eclesial. La misma profesión de fe es un acto personal y eclesial simultáneo, de forma que cuando el cristiano dice “creo”, al mismo tiempo, dice “creemos”, como atestigua el símbolo de Nicea en su versión griega, resaltando así la dimensión eclesial del acto de fe.

            Este “creemos” no significa uniformidad. La imagen paulina del cuerpo de Cristo es muy elocuente para expresar la unidad en la necesaria diversidad. Todos, aunque distintos, somos miembros del único cuerpo, cuya cabeza es Cristo (cf. 1 Cor 12,12; Ef 1,18); de tal manera que la diversidad no es contraria a la unidad del cuerpo, sino que la enriquece: «hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor» (1 Cor 12,4-5). Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros.

            Es importante valorar la capacidad que tienen estas nuevas iniciativas evangelizadoras para integrar en la vida comunitaria. Como afirma el Concilio Vaticano II, «estos carismas, tantos los extraordinarios como los ordinarios y comunes, hay que recibirlos con agradecimiento y alegría, pues son muy útiles y apropiados a las necesidades de la Iglesia». Ahora bien, «el juicio de su autenticidad y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con los buenos (cf. 1 Tes 5,12.19-21)»[30]. Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes.

            Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”). 

            e) Dimensión ética y caritativa

            La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres.

            f) Dimensión celebrativa

            Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración “espiritualista” desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas. Se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero “devocionalismo” que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental. En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística, sea de forma privada o pública, prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido. Esta relación intrínseca invita a cuidar la dimensión comunitaria de la adoración eucarística, ya que la relación personal con Jesús sacramentado pone al fiel en comunión con toda la Iglesia, al hacerle tomar conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo. El sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas, que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual

            Vaticano

            Estas meditaciones de Varden han hecho reflexionar al Papa León XIV

            Mientras naves de antiguas catedrales se convierten en minigolf, y jóvenes cantan que la vida es una herida abierta, el tiempo está hambriento de esperanza, y surgen “señales de nueva conciencia religiosa entre los jóvenes”, buscando raíces. Así se ha expresado Mons. Erik Varden en los Ejercicios del Papa y la Curia romana.

            Francisco Otamendi·3 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

            A pesar de guerras y contiendas, la Cuaresma sigue su curso hasta la Pascua. Es tiempo de reflexión. La secularización prosigue, pero aparecen destellos de esperanza, una nueva conciencia religiosa se abre paso entre jóvenes, hay hambre de un Evangelio en plenitud. 

            Se sintetizan hoy nuevos mensajes del obispo noruego Erik Varden en la “semana de Ejercicios espirituales y retiro” del Papa y la Curia romana. En realidad es un y 2, es decir, algunas ideas correspondientes a las últimas 8 meditaciones, hasta completar las 11 que predicó el obispo Varden.

            Agradecimiento del Papa: “especialmente invitado a reflexionar”

            Al concluir los Ejercicios, el Papa León XIV pronunció unas palabras de agradecimiento al predicador Monseñor Varden por la “semana de ejercicios espirituales y retiro, un momento de bendición” (y también a los participantes).

            “Tengo el placer de poder dar las gracias”, añadió el Santo Padre, “sobre todo a nuestro predicador, que nos ha acompañado y ayudado durante estos días a vivir una experiencia profunda, espiritual y muy importante en nuestro camino cuaresmal, comenzando el domingo con ‘Las tentaciones’ y reflexionando sobre el ejemplo y el testimonio de San Bernardo, la vida monástica y muchos otros elementos de la vida de la Iglesia”.

            “Debo reconocer que, personalmente, en algunos momentos me he sentido especialmente invitado a reflexionar. Por ejemplo, esta mañana, cuando hablaba de la elección del papa Eugenio III y San Bernardo dijo: ‘¿Qué han hecho? Que Dios tenga piedad de ustedes’”, dijo León XIV.

            El Papa León XIV y cardenales de la Curia romana escuchan al obispo noruego Erik Varden el último día del retiro cuaresmal anual en la Capilla Paulina del Vaticano, el 27 de febrero de 2026. (Foto de OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media).

            Algunas ideas y mensajes: libertad, verdad

            Citemos, pues, al obispo noruego en sus meditaciones, con ideas del propio Varden en su blog, de las que ha ido informando Vatican News. La selección es propia, pero rigurosa. Pueden completarla. He aquí algunas. 

            1. “Volviéndose libre” (Llegar a ser libre). Desde una perspectiva cristiana, ninguna política opresiva puede redimirse invocando la “libertad” ideológica. La única libertad significativa es la personal; y la libertad de una persona no puede anular la de otra”. 

            “Adherirse a una idea cristiana de libertad es consentir el dolor. (…) A veces la justicia se sirve mejor sufriendo por ella, negándonos a responder a la fuerza con la fuerza” (Varden).

            2. Esplendor de la verdad. “¿Qué es la verdad? La gente de nuestro tiempo lo pregunta con seriedad, a menudo con notable buena voluntad, a pesar de su confusión, su miedo y la prisa en que siempre se encuentran; no podemos dejarla sin respuesta”. (Varden).

            “Cristo, que es la verdad, no sólo nos protege; nos renueva (…). “La Iglesia, un organismo de lento movimiento, siempre correrá el riesgo de parecer anticuada. Pero si habla bien su propio idioma, el de las Escrituras y la liturgia, el de sus padres, madres, poetas y santos, pasados ​​y presentes, será original y fresca (…). 

            “El llamado universal a la santidad, es decir, el llamado a encarnar la verdad, fue quizás la nota más fuerte del Concilio Vaticano II” (Varden).

            3. La caída de miles. “Las caídas pueden humillarnos cuando nos envanecemos, mostrando así el poder salvador de Dios”. “Sin embargo, no todas las caídas terminan en euforia; hay caídas que apestan infernalmente, trayendo destrucción a los culpables y dejando tras de sí la ruina. Esa estela suele ser ancha y larga, arrastrando a muchos inocentes”.

            “La peor crisis de la Iglesia no ha sido provocada por la oposición secular, sino por la corrupción eclesiástica. Las heridas infligidas tardarán en sanar. Claman por justicia y por lágrimas”. (Varden)

            Gloria oculta y ángeles guardianes de la santidad

            4. Gloria. “Una ‘gloria oculta’ es perceptible incluso ahora. A San Agustín le gustaba decir que llevamos la imagen de la gloria en una “forma oscura”. Una vez que hayamos pasado por esta vida, la forma se revelará explícita y ‘luminosa’. Será apta para presentarse ante Dios.

            La Iglesia manifiesta el resplandor de la ‘gloria oculta’ en sus santos, y “comunica la ‘gloria oculta’ en sus sacramentos. Todo sacerdote, todo católico conoce la luz que puede irrumpir en el confesionario, durante una unción, una ordenación o un matrimonio. La más espléndida, y en cierto modo la más velada, es la gloria de la santa Eucaristía”. (Varden, en Vatican News).

            5. Los ángeles de Dios. “En una oración popular que se remonta a Reginaldo de Canterbury, contemporáneo de Bernardo, le pedimos a nuestro ángel de la guarda que nos ilumine, nos guarde, nos gobierne y nos guíe. Estos son verbos contundentes. Un ángel es un guardián de la santidad”. (Varden)

            6. Bernardo el Realista. “Cuanto más reconocía Bernardo el clamor de misericordia en los corazones humanos, en las lágrimas amargas, en los conflictos mundanos, en las campañas descabelladas contra la decencia y la verdad, y en el susurro de los árboles del bosque, más consciente era de la respuesta misericordiosa de Dios. La oía en el santo nombre de Jesús, que llegó a ser indeciblemente querido para él”. (Varden).

            “Bernardo consideraba a Jesús, la encarnación de la verdad. (…). Interpretaba las situaciones, las personas y las relaciones resueltamente a la luz de Jesús. Esta perspectiva le ha granjeado firmes admiradores más allá del catolicismo, desde Martín Lutero hasta Juan Wesley”. (Varden).

            Si amas la carga, será ligera (san Agustín)

            7. La consideración. “Aunque la carga pastoral tiene un aspecto temible, solo lo es si no nos damos cuenta de quién la pone sobre nuestros hombros. No deja de ser una participación en el dulce yugo de Cristo, quien nos permite descubrir que la cruz que se nos ha confiado es luminosa y ligera, y que compartirla es gozoso”. 

            “Agustín escribió : “Perduc sarcinam tuam quia levis est si diligis gravis si odisti”, es decir: “Lleva tu propia carga hasta el final. Si la amas, será ligera. Si la odias, será pesada”. (Varden)

            8. Para comunicar esperanza. “A nuestro alrededor, las naves de antiguas catedrales, ensombrecidas por la cruz, se convierten en minigolf; los santuarios se utilizan para parodias seculares diseñadas, desesperadamente, para mostrar su relevancia. Mientras tanto, a tiro de piedra, en el ámbito secular, los jóvenes se mecen desconsoladamente, cantando en voz baja que la vida es una herida abierta y que no hay bálsamo en Galaad”.

            “Cristo es la luz de las naciones, Lumen Gentium. (…) En él depositamos nuestra confianza, no en estratagemas pasajeras. (…) El tiempo en que vivimos está hambriento de escuchar esta esperanza proclamada. Hemos considerado algunas señales que nos rodean: nueva conciencia religiosa entre los jóvenes; el regreso de la categoría de verdad al discurso público; una búsqueda de raíces. (…). Cansados ​​de construir sus vidas sobre arena, buscan roca sólida”. 

            “Nuestro tiempo clama por el Evangelio en plenitud. Los jóvenes que se lamentan en nuestros parques con pesar anhelan su plenitud”. (Varden).

            El autorFrancisco Otamendi

            Misioneros digitales, ¿se debe cobrar por evangelizar?

            Durante mucho tiempo yo pensaba que no, pero hace un año cambié de opinión por completo. Creo que los evangelizadores verdaderamente exitosos hacen muy bien en pedir altas cantidades de dinero si “el mercado” de oyentes católicos está dispuesto a pagarlo, es decir, si el contenido que ofrecen es bueno de verdad.

            3 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 11 minutos

            El fenómeno de los evangelizadores digitales o influencers cristianos está creciendo a buen ritmo y se nota que influye mucho en la cantidad de jóvenes que “salen del armario” con naturalidad para mostrar su fe, impulsando así el llamado giro católico. Este fenómeno alegra a numerosos católicos y produce conversiones y consuelo a numerosos creyentes. 

            Sin embargo, a algunas personas empieza a preocuparles que una parte de los evangelizadores exitosos cobren por el contenido que generan, especialmente si ya tienen una profesión. Es una preocupación muy razonable, pues a todo el mundo le viene a la mente aquellas palabras de la escritura, “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. 

            Los apóstoles e infinidad de santos no han cobrado por su actividad evangelizadora. La fe es un don, un regalo, ¿cómo va uno a cobrar por darlo a conocer? 

            Habría que decir, que esto no es del todo cierto, pues la Iglesia (principalmente los laicos) mantienen con sus donativos al clero, y además en España lo hacen también a través de la X de la declaración de la renta. 

            Los sacerdotes reciben como sustento lo suficiente para vivir y tienen bastante asegurado su mantenimiento (aunque también podríamos discutir si no debería ser algo más, pues muchos de ellos viven con estrechez económica para atender sus cargas familiares). Algo similar sucede con los miembros de las órdenes religiosas, que buscan sus recursos pidiendo donativos a los fieles y gestionando su patrimonio. 

            Pero los católicos aceptamos con naturalidad el coste de la matrícula en facultades eclesiásticas, pues entendemos que la formación de calidad requiere una estructura financiera sólida. Es verdad que uno podría argumentar que no es lo mismo la evangelización que la formación, pero lo cierto es que esa frontera cada vez es más difusa en nuestros días. 

            Lo que a algunos no les parece razonable

            La gente entiende perfectamente que si un evangelizador exitoso da una charla, se le paguen gastos de desplazamiento, alojamiento e incluso una compensación razonable por el tiempo invertido. Eso es justicia, no mercantilismo. “El obrero merece su salario”, dice la Escritura. Hay familias, hipotecas, gasolina y alimentos que pagar. 

            El problema llega cuando algunos evangelizadores exitosos piden cantidades elevadas de dinero por acudir a una parroquia, un colegio, una universidad o una asociación para dar una charla. En ese caso, algunos se llevan las manos a la cabeza, se escandalizan o reprochan a los ponentes que pidan mucho dinero por ayudar a la gente a acercarse a Dios. 

            Durante mucho tiempo yo pensaba así, pero hace un año cambié de opinión por completo. Creo que los evangelizadores digitales o los misioneros católicos son verdaderamente exitosos hacen muy bien en pedir altas cantidades de dinero si “el mercado” de oyentes católicos está dispuesto a pagarlo, es decir, si el contenido que ofrecen es bueno de verdad.

            Igual que un católico paga 10 € por ver una película en el cine que le entretiene dos horas, no debería extrañarnos que otra persona pida 2.000 € por dar una conferencia a 300 personas. La cuestión no es si eso es mucho o poco dinero para una persona por un trabajo que le lleva unas pocas horas, la cuestión es si de verdad el valor que aporta su intervención es realmente bueno. 

            ¿Cuánto vale un contenido realmente bueno?

            ¿Cuánto debería valer una sesión que motiva a una persona a leerse la Biblia entera porque por fin ha comprendido lo importante que es? ¿Y una que convence a los jóvenes sobre la conveniencia de no tener relaciones sexuales antes del matrimonio? ¿Y una que explica la Misa tan bien que uno empieza a acudir a diario? ¿Cuánto debería valer una conferencia que consigue ilusionarte para evangelizar a tus amigos y compañeros? ¿Y si te hace profundizar en tu vida de oración o la devoción a la Virgen?

            Pues bien, creo que si de verdad la sesión es buena, deja huella, motiva, etc. cualquier católico pagaría con gusto 10 € para conseguir un bien tan positivo para su vida y su fe.

            Insisto: el tema no es la cantidad que pagan los asistentes o los organizadores por una conferencia, el tema es si ese dinero compensa la calidad del contenido. 

            ¿Cómo es la vida de un evangelizador exitoso?

            Entiendo que en contexto eclesial mucha gente hace cosas gratis. Es lógico que sea así, pues hay un fuerte sentido de misión y lo de menos en obtener un beneficio personal. Esto ha sido lo habitual entre los sacerdotes y religiosos, entre otras cosas porque suelen tener lo necesario para vivir. 

            Por supuesto, también muchos laicos ayudan altruistamente en sus parroquias, e incluso en los últimos tiempos muchos matrimonios con hijos pequeños muestran gran generosidad sirviendo en retiros de Emaús o Amor conyugal.

            Teniendo todo esto en cuenta, uno puede preguntarse por qué algunas pocas personas piden mucho dinero por evangelizar. Y la respuesta se entiende mejor si uno mira las cosas desde el punto de vista del evangelizador de éxito. Estas personas empiezan acudiendo a parroquias o grupos cercanos a su contexto, lo hacen encantados y sin cobrar. 

            Sin embargo, como lo hacen excepcionalmente bien, de cada sesión que dan les salen dos o tres nuevas. Y por supuesto, a todos los sitios a los que les invitan son lugares estupendos, con gente buena dispuesta a formarse, gente con hambre de mejorar su vida cristiana, etc. ¿Cómo puede intentar cobrar por difundir el bien? 

            Cuando uno da una o dos sesiones al mes, sin tener que hacer viajes largos o noches fuera de casa, la situación es razonable, pero cuando uno recibe más de 10 solicitudes al mes, tiene que escoger entre varias opciones. 

            La primera de ellas es decir que no al 80 % de las solicitudes (algo que no suele gustar a los que les invitan ni al propio invitado, pues pierde una buena ocasión para evangelizar); la segunda opción es decir que sí a casi todo y acabar agotado en unos pocos meses, pues no es posible aguantar semejante ritmo de vida; la tercera posibilidad es tratar de encontrar un equilibrio entre el esfuerzo que se realiza y la compensación económica que se recibe. 

            ¿Por dónde tiran los evangelizadores exitosos?

            Llevo dos años siguiendo de cerca la actividad de muchos evangelizadores digitales y he tenido ocasión de conocer a una veintena de ellos en España. Cuando uno habla con los que son laicos sobre cómo se ganan la vida, se da cuenta de que todos se encuentran ante el mismo dilema: decir que no a la mayoría de invitaciones que reciben, decir que sí a muchas cosas y acabar agotados, o lanzarse a profesionalizar su labor evangelizadora. 

            Esta última opción es la más arriesgada para ellos y, además, en dos sentidos. En primer lugar, reciben el rechazo y el juicio severo de muchos creyentes, que no entienden que cobren grandes sumas por sus charlas. 

            En segundo lugar, se enfrentan al vértigo de lanzarse a emprender, algo que no está en la mentalidad general de los españoles, muchos de ellos acostumbrados a desear una vida de funcionario y un trabajo seguro. Y es que vivir como autónomo no está de moda ni es seguro, pero eso sí, que se arriesguen otros, es su obligación moral… 

            Un vistazo a los números

            Empecemos viendo los números. Pongamos un caso hipotético. Alguien pide 1.000€ por dar una sesión. Sin duda es mucho dinero si lo comparamos con el sueldo mínimo o medio. Ahora bien, si esa persona da 5 conferencias al mes, estos serían los números reales. 

            Con 5.000 € de facturación total la realidad es que a su bolsillo llega poco más de la mitad de lo que pagan los clientes, pues deben restar el IVA, el IRPF y la cuota de autónomos. Al final, tras este desfile de impuestos, el sueldo neto real es de aproximadamente 2.800 €; es decir, de cada conferencia de 1.000 €, el conferenciante recibe 560 € y el Estado 440 €. Y esto sin olvidar que uno no tendría derecho a paro o a una baja por enfermedad o accidente… 

            Si el conferenciante tuviera otro trabajo y cobrara las conferencias como un complemento a su sueldo, tampoco mejoraría mucho la cosa, pues de los 5.000 € facturados, le quedarían realmente limpios unos 2.400 €, pues el Estado se quedaría con el 52 %. Es cierto que esta cantidad se sumaría a su sueldo, pero también es verdad que tendría una vida bastante intensa, pues tendría que viajar varias veces al mes y hacer noches fuera de casa, haciendo que su ritmo de vida no fuera nada envidiable.

            Así pues, si uno tiene en cuenta todas las variables económicas, ¿puede decirse que pedir 1000 € sea una cantidad desorbitada o inmoral? ¿Es tan grande que como para pegarse la vida padre o más bien no es ninguna locura si uno tiene que pagar una hipoteca, colegios, alimentos, etc? 

            El evangelizador laico no tiene la «red de seguridad» de una institución (como una diócesis o congregación), sino que asume el riesgo personal enorme. Pensemos en lo que ocurre si uno tiene un accidente en cualquier momento, no tiene ni siquiera remuneración por baja.

            Forrarse no es fácil, aunque lo parezca

            Supongamos que un evangelizador de éxito decidiese dedicarse enteramente a la evangelización y diese dos o tres conferencias a la semana, generando (aparentemente) unos suculentos 10.000 € de ingresos mensuales. Por supuesto, tendría que pasar dos o tres noches a la semana fuera de casa, con el consiguiente desgaste familiar, que haría que su cónyuge seguramente no pudiera trabajar para poder atender a los hijos y la casa adecuadamente.

            ¿De verdad pensamos que una persona que hace algo muy difícil de hacer cobra desorbitadamente si ingresa 6.000 € (una vez quitados los impuestos) al mes para pagar todas las facturas de su familia? ¿Acaso acabará de pagar su hipoteca antes de los 50 años con esos ingresos? ¿Vivirá con una riqueza llamativa? ¿Se comprará coches de alta gama o irá a restaurantes estupendos?

            Pensémoslo despacio, en cualquier ámbito de la sociedad, aquellos que prestan servicios que casi nadie sabe ofrecer ganan dinero suficiente para situarse cómodamente en la vida en poco más de 5 o 10 años. 

            Sin embargo, a los evangelizadores de éxito queremos quemarlos en pocos meses a base de machacarlos psicológicamente diciéndoles que tienen que vivir pobremente y con gran incertidumbre cara al futuro. 

            Si uno lo piensa, casi todos los evangelizadores de éxito lo son porque tienen grandes cualidades personales, que están bien reconocidas y remuneradas fuera del ámbito de la Iglesia, es decir, que muchas de ellas son personas que ganarían mucho dinero trabajando en cosas alejadas de la fe.

            ¿De verdad queremos desincentivar a los que mejor pueden evangelizar para que trabajen en otras cosas? ¿Después de dos décadas reflexionando sobre cómo llegar a los jóvenes o evangelizar el continente digital, queremos que los mejores jugadores no jueguen el partido? ¿No es esto hacerle un gran favor al diablo?

            Lo que aprendí en un colegio católico

            Durante 18 años di clases de Filosofía en un colegio católico de Madrid. Sin duda era un colegio estupendo, tanto académicamente como en su formación espiritual (como muestra un botón, di clase a unos 25 alumnos que luego fueron al seminario). 

            Y sin embargo, hace tres años decidí dejarlo, pues me di cuenta que muy pocos estudiantes de ese colegio hacían carreras profesionales que tuvieran un alto impacto social. La inmensa mayoría se convertían en abogados, ingenieros, consultores o banqueros (profesiones dignas y en las que hace falta gente buena). 

            Lo malo es que casi ninguno de ellos hacía carreras humanísticas o se dedicaban a profesiones que influyeran en la configuración de la sociedad: docentes, periodistas, políticos, escritores, actores, productores de cine, etc. 

            Y es que si la mayoría de alumnos brillantes que estudian en colegios católicos no escogen profesiones que influyan en la configuración de la sociedad por miedo al riesgo económico y social, difícilmente cambiaremos la sociedad. 

            Si formamos a los mejores para que solo aspiren a sectores tradicionales por miedo a la precariedad, estamos cediendo los espacios de influencia cultural sin ni siquiera jugar el partido. La profesionalización del evangelizador permite que el talento católico compita en la primera división de la creación de opinión

            Lo malo, es que ahora me encuentro con algo todavía peor, cuando veo cómo a los poquísimos evangelizadores de éxito que se arriesgan a tratar de vivir dando mensajes muy necesarios para nuestra sociedad, resulta que son criticados por aquellos que deberían apoyarlos.

            Por discreción no voy a dar nombres, pero me ha apenado mucho ver que en los últimos meses dos evangelizadores de éxito han decidido volver al mundo de la empresa, reduciendo muchísimo la aportación que pueden aportar a la causa cristiana. Se han ido porque estaban cansados de ser sospechosos de lucrarse demasiado con la evangelización y ahora dedicarán una parte muy pequeña de su tiempo a la evangelización. 

            Por qué debemos pagar mucho y con gusto

            Con independencia de que no es inmoral en sí mismo cobrar mucho por un trabajo competente que la gente paga libremente, hay otras razones por las que conviene a los católicos pagar por recibir una buena formación.

            Si uno ve lo que ha ocurrido en Estados Unidos en el ámbito de la evangelización digital, se dará cuenta de que gracias a la suscripción mensual de aplicaciones católicas como Hallow, Ascension Press, Word on fire, Formed, Catholic match o Exodus 90, millones de personas están mejorando su formación, aumentando su práctica cristiana o teniendo servicios de streaming con películas adaptadas. 

            También hay numerosos congresos católicos por los que se paga una buena entrada y cuentan con patrocinadores importantes para su organización.

            Pero España es un país acostumbrado a la piratería, a trabajar en B, tener una mentalidad muy poca emprendedora, que tiende a confundir peligrosamente la gratuidad del Evangelio con el derecho al ‘todo gratis’. Nos cuesta horrores entender que la excelencia requiere inversión y que el talento, si no se sostiene con estructuras profesionales acaba asfixiado por un voluntarismo mediocre. 

            Tenemos una suerte de alergia colectiva al éxito en los negocios y a premiar el desempeño sobresaliente. Cobrar por encima de la media se etiqueta de codicia, impidiendo que nazcan proyectos con la solidez necesaria como para perdurar más allá del entusiasmo del primer día.

            Poseemos un complejo histórico que nos hace mirar el beneficio económico con una sospecha moral constante. Preferimos proyectos pequeños, mal financiados y que “no parezcan un negocio” antes que apostar por una profesionalización real, olvidando que la falta de recursos es, a menudo, la excusa perfecta para nuestra falta de ambición y de compromiso con la verdad.

            Somos tan alérgicos a los discursos ambiciosos y que muevan recursos que ni siquiera los evangelizadores exitosos se atreverán a compartir este artículo en sus redes sociales. Y me parece bien que no lo hagan, corren el riesgo de ser machacados por “el fuego amigo”. 

            Excusas para no pagar

            Dejando de lado que la mayoría de evangelizadores de éxito tienen muchísimo contenido gratuito en redes, pódcast y vídeos en Youtube, accesibles gratuitamente a todo el que quiera, creo que muchas veces hay dos excusas por las que pedimos a los evangelizadores digitales que cobren poco. 

            En las comunidades cristianas de todo género, arrastramos una mezcla explosiva de pereza logística y complejo moral. Nos cuesta horrores salir de la zona de confort para buscar patrocinios o gestionar entradas, y maquillamos esa falta de iniciativa con un supuesto decoro. 

            Al final, nos da pánico ‘pasar la gorra’ porque confundimos la humildad con la vergüenza que nos da, lo que nos condena a una mediocridad autocomplaciente por no atrevernos a pedir lo que el trabajo bien hecho merece.

            El hecho, más bien, es que muchos grupos pequeños en la Iglesia están encantados de aprovecharse del evangelizador exitoso para llenar sus salones a costa del desproporcionado esfuerzo de la otra parte.

            En muchas comunidades se quiere que el evangelizador exitoso vaya a hablar a 30 personas por 200 €, pero cuando se sugiere unir esfuerzos invitando a las personas de las cuatro parroquias de la zona, para que el ponente pueda cobrar lo que se merece, entonces aparecen los negativas. Y es que es más fácil quejarse de la falta de compromiso ajena que ponerse manos a la obra para conseguir objetivos arduos. 

            El hecho de que el pasado mes de enero una parroquia de Algete y Alpha organizaran “Llamados”, un evento de formación y adoración que congregó a miles de personas en un gran pabellón en Madrid, es un buen ejemplo de lo que uno puede llegar a hacer si se complica la vida.

            Los riesgos de profesionalizar la evangelización

            Que uno esté a favor de que haya gente que se gane la vida con la evangelización, no quita que existan riesgos serios contra los que hay que luchar constantemente. 

            El riesgo de la falta de vida interior. Cuando el evangelizador digital descuida su vida interior, la misión deja de ser un desborde de la gracia para convertirse en una producción de contenido. Lo que debería ser oración se transforma en guión, y el silencio necesario para escuchar a Dios es devorado por el ruido constante de actividad. En este escenario, el evangelizador no transmite una Vida, sino que distribuye un producto emocionalmente atractivo pero espiritualmente estéril.

            El riesgo de la falta de formación. Aunque uno trate de comunicar la verdad que libera, la escasa formación puede llevar a mucha gente al error. El peligro es que la doctrina se convierta en un eslogan fácil y tres ideas bonitas sin mucho fondo. Al carecer de hondura intelectual y magisterial, la misión deja de ser una catequesis sólida.

            Que la lógica del mercado corrompa la de la evangelización. Si el evangelizador no tiene rectitud de intención en su actividad, pasará a obsesionarse con las métricas, links, códigos de descuento. Ya no se trata de anunciar a Cristo, lo importante ahora es gestionar una audiencia. Lo que era misión empieza a parecer carrera profesional, o lo que era testimonio se convierte en marca personal. Cuando uno es evangelizador de profesión corre el riesgo de que la misión se convierta en un mercado. El mercado todos sabemos que es muy peligroso y que juega con leyes propias como fidelizar, escalar, monetizar, diferenciarse, generar engagement. 

            Estos riesgos y muchos otros son reales, pero no enfrentarse a ellos por miedo tampoco es una actitud cristiana. Habrá que ayudar a los evangelizadores exitosos a que sean auténticamente cristianos, profundos y no sigan únicamente la lógica del mercado, pero animarles a desistir de su trabajo por miedo al fracaso presupone que la gracia de Dios no puede ayudarles en su tarea. 

            Ojalá haya muchos evangelizadores de éxito, en el mundo digital y en el mundo real. Ojalá muchos de ellos se forren y les salga el dinero por las orejas. Así podrán ser como Lázaro, uno de los mejores amigos de Jesús, y podrán poner su dinero a los pies de la causa del Señor. 

            El autorJavier García Herrería

            Redactor de Omnes. Anteriormente ha sido colaborador en diversos medios y profesor de Filosofía de Bachillerato durante 18 años.

            Enseñanzas del Papa

            El diálogo de Dios: oferta de amistad

            En febrero, León XIV invitó a redescubrir el Concilio Vaticano II como una escuela de diálogo entre Dios y la humanidad. La Iglesia pone así a nuestra disposición herramientas para mantener esta amistad.

            Ramiro Pellitero·3 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

            Hoy se nos habla frecuentemente de la acogida, la escucha y el diálogo. En este contexto, ¿qué significado puede tener el que León XIV nos invite, tras el Año jubilar, a “redescubrir el Vaticano II” en sus documentos?

            Juan Pablo II afirmó que este Concilio es“la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX”. En continuidad con sus predecesores cercanos, León XIV ha dicho que el Vaticano II sigue siendo “la estrella polar” del camino de la Iglesia.

            ¿No será, entonces, que el Concilio nos ilumina acerca de cómo ha sido la acogida, la escucha y el diálogo por parte de Dios con nosotros? ¿No será que nos guía para acoger lo que el Señor nos quiere revelar, de modo que podamos acertar en nuestro camino, siendo sal y luz para la humanidad?

            El Concilio Vaticano II, una nueva aurora

            En su catequesis introductoria (cfr. Audiencia general 7-I-2026), el Papa Prevost ha señalado cómo, apoyado en la rica reflexión bíblica, teológica y litúrgica que había atravesado el siglo XX, “el Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos”(cfr. Dei Verbum).

            Así mismo, “ha mirado a la Iglesia a la luz del Cristo, luz de las gentes, como misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo” (cfr. Lumen gentium); “ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el Pueblo de Dios (Sacrosanctum concilium). 

            A la vez, el Vaticano II, que Juan XXIII consideró como una nueva aurora para la Iglesia, nos ha impulsado a “abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época modernaen el diálogo y en la corresponsabilidad”.

            El Papa Prevost ha subrayado que, gracias al Concilio Vaticano II y siguiendo las orientaciones de san Pablo VI, “la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio” (Ecclesiam suam, 34). Un diálogo que se extiende por medio del ecumenismo, del diálogo interreligioso y con las personas de buena voluntad. 

            Amigos llamados a la oración

            Para ilustrar ese diálogo, comenzó León XIV por la constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación (cfr. Audiencia general, 14-I-2026). Por medio de la Revelación, Dios ha querido instaurar un diálogo con la humanidad, llamando a cada uno, como un Padre a la amistad y a la intimidad con Él (cfr. Jn 15, 15).

            Ya desde el principio del mundo, Dios se ofrece al diálogo con nuestros primeros padres. A lo largo de la historia de la salvación, instaura de modo gratuito una Alianza con la humanidad. “Con la venida del Hijo en la carne humana, la Alianza se abre a su fin último: en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad”.De esta manera nos ofrece la semejanza con Dios no por el pecado (cfr. Gn 3, 5), sino en la unión con su Hijo hecho carne. 

            Y así apunta el Papa: “La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas”. “Dios. nos habla”, dice el Concilio. Esto, en el caso de Dios, significa que no solo comparte informaciones y noticias, sino que nos revela quienes somos.

            De ahí deduce León XIV la necesidad de la oración, en la que cultivamos la amistad con el Señor. Tanto la oración litúrgica y comunitaria, donde Dios nos habla por medio de la Iglesia, como la oración personal, el diálogo de cada uno con Dios: “Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos ‘con’ Dios podemos también hablar ‘de’ Él”.

            Jesús, mediador y plenitud de la Revelación

            La Revelación –explicó el miércoles siguiente (cfr. Audiencia general 21-I-2026)– no solo comunica ideas (tal como interpretó cierta tendencia de signo racionalista en los últimos siglos); sino que comparte una historia y llama a la comunión personal con Dios. Esto se realiza plenamente en Jesucristo: “La verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación” (Dei Verbum, 2).

            En efecto, en palabras de León XIV, “Jesús nos revela al Padre involucrándonos en su propia relación con Él”. Así llegamos a conocer a Dios “del mismo modo en que somos conocidos por Él”. Y se nos manifiesta nuestra verdadera identidad: somos hijos de Dios, creados a imagen de su Hijo, el Verbo divino, y llamados a una vida plena en Él. Nosotros –por el Bautismo– somos hechos hijos adoptivos (cfr. Gálatas 4, 5) de Dios. (Así es, somos hechos hijos por adopción, no por naturaleza como es Cristo, aunque esta “adopción”, es muy distinta de la humana, que es solo un proceso legal mediante el cual alguien adquiere un parentesco y se convierte en sujeto de ciertos derechos).¿Cómo realiza Cristo esta revelación del Padre? Precisamente lo hace “con su propia humanidad” y a lo largo de distintas etapas, que se completan con el envío del Espíritu Santo (cfr. Dei Verbum, 4). Esto, señala el Papa, significa que no podemos conocerle si le quitamos a Jesús algo de su humanidad, pues esta no disminuye en nada su ser divino. 

            Subraya que lo que nos salva y nos convoca no son solo la muerte y la resurrección de Jesús, sino “su persona misma’: el Señor que se encarna, nace, sana, enseña, sufre, muere, resucita y permanece entre nosotros”. Por eso, “para honrar la grandeza de la Encarnación, no basta con considerar a Jesús como el canal de transmisión de verdades intelectuales”.

            La Sagrada Escritura y la Tradición

            El miércoles 28 de enero, León XIV expuso la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia. El Concilio las presenta como dos cauces que proceden de una misma fuente y tienden a un mismo fin (cfr. Dei Verbum, 9). Por eso dicen los Padres, y recoge el Catecismo de la Iglesia Católica, que la Sagrada Escritura está escrita más en el corazón de la Iglesia que materialmente escrita. La Tradición “progresa” en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo (cfr. Dei Verbum, 8). 

            Y esto sucede concretamente mediante la reflexión y el estudio de los creyentes, su experiencia a partir de la inteligencia de las cosas espirituales y sobre todo, con la predicación de los sucesores de los apóstoles (los obispos) (cfr. Ibídem). 

            En síntesis: “La Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que cree” (Ibídem). (En eso consiste, pues la Tradición: en que la Iglesia transmite, entrega todo lo que cree, lo que celebra y lo que vive; y en ese conjunto se transmite la Palabra de Dios).

            En las palabras del Papa: “La Palabra de Dios, por lo tanto, no está fosilizada, sino que es una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición. Esta última, gracias al Espíritu Santo, la comprende en la riqueza de su verdad y la encarna en las coordenadas cambiantes de la historia”.

            En este punto León XIV evoca a san John Henry Newman cuando en su obra El desarrollo de la doctrina cristiana compara el cristianismo (como experiencia comunitaria o como doctrina) con la semilla viva que crece gracias a una fuerza vital interior (cfr. Mt 4, 26-29). Esto es, añade el Papa, el “depósito” del que habla san Pablo en sus cartas a Timoteo (cfr. 1 Timoteo 6, 20; cfr. 2 Timoteo 1, 12-14; cfr. Dei Verbum, 10) y que ha de ser trasmitido fielmente en toda su integridad.

            En suma, cabe concluir, la Palabra de Dios se transmite no solo en la Escritura sino en toda la Tradición y por tanto, en toda la vida de la Iglesia: doctrina, liturgia, orientaciones morales, etc. En efecto, la Palabra de Dios se expresa de diversos modos que forman como una sinfonía (es el tema de la “analogía de la Palabra”, cfr. Verbum Domini, 7). La Palabra y el Espíritu van siempre juntos. 

            Palabra que alimenta la vida y el amor 

            El miércoles 4 de febrero lo dedicó León XIV a la Sagrada Escritura como Palabra de Dios en palabras humanas. La Palabra de Dios (que no se reduce a palabras como las nuestras, sino que nos entrega una participación de su misma vida) también utiliza lenguajes humanos, aunque los trasciende. Esto tiene algunas implicaciones importantes (pues no es un lenguaje sólo divino ni solo humano).

            En primer lugar, quelos autores humanos no son instrumentos pasivos del Espíritu Santo, sino“verdaderos autores” de los libros sagrados (cfr. Dei Verbum, 11), lo cual hace más grande y perfecta la inspiración divina. 

            Por eso, a la hora de interpretar esos textos, no se puede prescindir del ambiente histórico en que fueron escritos y de las diversas formas literarias utilizadas. (Es lo que suele relacionarse con el “sentido literal”). Si esto no se hiciera, se correría “el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado”.

            Este principio de que la Revelación cuenta con el lenguaje humano vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: “si [este anuncio de la fe] pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz”. De ahí que en cada época debamos volver a proponer la Palabra de Dios con lenguajes nuevos (cfr. Evangelii gaudium, 11). 

            En segundo lugar, también es reductiva “una lectura de la Escritura que descuida su origen divino y termina entendiéndola como una mera enseñanza humana”, como algo que debe estudiarse simplemente desde un punto de vista técnico o como sólo “un texto del pasado” (cfr. Benedicto XVI, Verbum Domini, 35). 

            Esto puede evitarse en el contexto de la liturgia, que procura hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar su conducta y las decisiones que tienen que asumir. Pero solamente es posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró (cfr. Dei Verbum, 12). 

            En este sentido, añade el Papa, “la Escritura sirve para alimentar la vida y la caridad de los creyentes, pero (…) incluso abrazando todas las dimensiones de la vida y de la realidad, las trasciende”. Por eso “no se puede reducir a mero mensaje filantrópico o social, sino que es anuncio alegre de la vida plena y eterna, que Dios nos ha donado en Jesús”.

            Palabra de Dios y vida de la Iglesia

            En la quinta y última catequesis sobre la Dei Verbum (cfr. Audiencia general, 11-II-2026) León XIV explicó la relación entre la Palabra de Dios y la Iglesia. Ella siempre ha venerado las Escrituras como lugar de encuentro con Dios, además de la Eucaristía y la Tradición con regla de la fe. Más aún“el lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia” (Verbum Domini, n. 29). 

            Si la revelación es un diálogo en el que Dios habla a los hombres como amigos (Dei Verbum, 2), sobre todo en la oración, la Sagrada Escritura fortalece la comunidad cristiana. Y por ello, “el amor por las Sagradas Escrituras y la familiaridad con ellas deben guiar a quien ejerce el ministerio de la Palabra: obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas”, además de situarse en el centro del trabajo de quienes se dedican a las ciencias bíblicas y en general a la Teología. 

            La Sagrada Escritura, señala León XIV, alimenta la fe, impulsa la misión en cada cristiano y en la Iglesia en su conjunto, y sacia nuestra sed de sentido y de verdad. “Viviendo en la Iglesia se aprende que la Sagrada Escritura se refiere totalmente a Jesucristo, y se experimenta que esta es la razón profunda de su valor y su potencia. Cristo es la Palabra viviente del Padre, el Verbo de Dios hecho carne”.

            Evangelización

            Yago de la Cierva: La visita del Papa a España, un “renacimiento espiritual”

            Con la confirmación del Vaticano del viaje del Papa León XIV a España, del 6 al 12 de junio, los planes para la próxima visita están avanzando a toda máquina, dijo el coordinador general de la visita, Yago de La Cierva, en declaraciones a OSV News en vísperas del fin de semana.  

            OSV / Omnes·2 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

            – Junno Arocho Esteves y Paulina Guzik, OSV News

            Los planes para la próxima visita a España del Papa León XIV en junio están avanzando a toda máquina, ha manifestado el coordinador general de la visita, Yago de la Cierva, a OSV News. 

            Designado por la Conferencia Episcopal Española, según consta en la página oficial de la visita, Yago de la Cierva ha dicho que tiene la esperanza de que, como en las visitas papales anteriores, el Papa León vendrá con un mensaje poderoso que “será un renacimiento” para el pueblo español.

            “Diría que los verdaderos efectos de cualquier visita papal se pueden medir en un cambio espiritual, en un renacimiento espiritual, en las personas, en los individuos, en las familias, en las comunidades, en las ciudades”, añadió. “Esta es nuestra esperanza, y estamos trabajando arduamente para que esta visita no sea solo superficial, sino que llegue a lo más profundo del alma de muchas personas”.

            La visita del Papa, comentó, servirá también como “un importante impulso para recuperar nuestra identidad como sociedad acogedora y preocupada por los desfavorecidos y vulnerables”.

            Alentar la unidad

            Reconociendo que el país enfrenta tensiones políticas, económicas y sociales, De la Cierva dijo que muchos esperan que el Papa ayude a sanar las divisiones y alentar la unidad.

            Esperamos de verdad que el Papa no solo nos dé orientación y sugerencias para mejorar la situación, sino que también sea un bálsamo para curar muchas heridas y pueda decirles a todos los españoles: “Oigan, ustedes pueden hacerlo mejor. Pueden trabajar juntos aunque no piensen igual”.

            En un comunicado publicado el 25 de febrero, la oficina de prensa del Vaticano también confirmó otras visitas papales, entre ellas a Mónaco, Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

            Yago de la Cierva, coordinador general de la visita del Papa León XIV a España, del 6 al 12 de junio de 2026 (OSV News/cortesía de Yago de la Cierva).

            Desafíos logísticos

            Aunque el portavoz del Vaticano, Matteo Bruni, dijo que el programa del viaje del 6 al 12 de junio “se anunciará a su debido tiempo”, las ciudades de destino (Madrid, Barcelona y las islas Canarias) fueron confirmadas por primera vez en enero por el cardenal José Cobo de Madrid, quien, junto con una delegación de obispos españoles, se reunió con la Secretaría de Estado para discutir los planes iniciales de la visita.

            La última vez que un Papa visitó España fue en 2011, cuando el Papa Benedicto XVI viajó a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud, donde presidió la misa final a la que asistieron más de un millón de jóvenes.

            Jóvenes saludan al Papa Benedicto XVI al salir en su papamóvil al concluir el Vía Crucis durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 en el centro de Madrid. (Foto CNS/Paul Haring).

            De la Cierva señaló que el período de preparación para la visita del Papa León es dramáticamente más corto, de poco más de tres meses.

            La principal dificultad es que, para la Jornada Mundial de la Juventud, normalmente se tienen dos años para preparar el viaje. Y esta vez solo quedan 100 días (en el momento de la entrevista), lo que (significa) que todo es mucho más complicado», afirmó.

            A pesar de los obstáculos logísticos, De la Cierva elogió la cooperación de los funcionarios públicos.

            “Tras contactar con las autoridades locales, el alcalde…, la Comunidad de Madrid, el Ministerio de Asuntos Exteriores, ha sido una colaboración plena”, declaró a OSV News, expresando su esperanza de que la visita “sea también una manifestación de trabajo en equipo”.

            Madrid, atracción para católicos de toda España

            Se espera que Madrid, dijo, atraiga a católicos de toda España debido a su accesibilidad y ubicación central.

            “Les dijimos a todas las diócesis del país que son bienvenidas”, señaló De la Cierva. Aunque viajar a las islas Canarias o Barcelona puede resultar más difícil, “creo que Madrid será un lugar al que vendrá mucha gente de todo el país y asistirá a los eventos”. “Sería una reunión realmente muy alegre”, añadió.

            El Bernabéu, insuficiente para una vigilia, pero quizá para otro evento papal

            Inicialmente, el icónico estadio de fútbol Bernabéu iba a ser sede de una vigilia juvenil, pero los organizadores afirman que su aforo de 85.000 personas es insuficiente para los 300.000 jóvenes que se esperan, ya que están trabajando con las autoridades locales para encontrar un espacio más grande. Sin embargo, el Bernabéu podría utilizarse para otro evento papal, según informaron a OSV News.

            De la Cierva confirmó a OSV News que una delegación del Vaticano llega a Madrid el lunes y visitará “lugares en los que los obispos locales han pedido al Papa que se reúna con la gente”.

            El Papa León XIV visitará Barcelona en junio de 2026 para conmemorar el centenario de la muerte del emblemático arquitecto de la Sagrada Familia, el Siervo de Dios Antoni Gaudí. (Foto de OSV News/Albert Gea, Reuters).

            Un momento histórico en Barcelona

            Se espera que el Papa conmemore el 10 de junio el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, el legendario arquitecto de una de las iglesias más emblemáticas del mundo, la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona.

            El brazo superior de la cruz en la cima de la torre de Jesucristo fue instalado el 20 de febrero. Con más de 564 pies de altura, la torre convierte a la basílica en la iglesia católica más alta del mundo, superando a la Basílica de Nuestra Señora de la Paz en Yamoussoukro, Costa de Marfil, que mide 518 pies.

            También supera a la Iglesia Luterana Ulmer Münster en Alemania, que mide 530 pies, lo que la convierte en la iglesia más alta de cualquier denominación en el mundo.

            Obreros colocan el brazo superior en la cruz sobre la torre de Jesucristo, la más alta de la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, ​​España, el 20 de febrero de 2026 (Foto de OSV News/cortesía de Sagrada Familia Twitter).

            Sagrada Familia, obra maestra de Gaudí

            La basílica se inició en 1882 y está considerada una obra maestra de Gaudí, católico cuya causa de santidad está en marcha.

            Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la basílica afrontó numerosos retrasos y desafíos en su construcción que duró más de 140 años, incluida la Guerra Civil Española y la pandemia de COVID-19.

            Aunque se espera que el edificio principal esté terminado en 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí, se espera que el trabajo en las estatuas y otras áreas de la basílica continúe hasta 2034.

            De la Cierva dijo a OSV News que la presencia del Papa León sería un evento clave que representaría un momento de cierre del círculo.

            “Creo que ese sería uno de los acontecimientos principales del viaje a España porque el altar fue bendecido por el Papa Benedicto XVI en 2010. Y esto es como el cierre del círculo con esta magnífica basílica”, dijo.

            Tras los pasos del Papa Francisco

            Otro momento clave, según De la Cierva, sería la visita del Papa León a las islas Canarias, un viaje que su predecesor, el Papa Francisco, había querido hacer.

            El archipiélago, ubicado geográficamente en África, es el destino cada año de miles de migrantes subsaharianos que buscan un futuro mejor. Llegan en embarcaciones precarias y frágiles llamadas “cayucos”, y muchos mueren en el camino.

            El Papa León, dijo, continúa “el legado del Papa Francisco”, quien, según dijo, había “expresado su deseo de ir allí porque ha sido el centro de un elemento importante en la inmigración”.

            “Creo que el Papa León está tratando de continuar el camino del Papa Francisco cuando hizo su viaje histórico a Lampedusa”, dijo de la Cierva.

            Tratar a las personas como seres humanos

            Y ésta es probablemente su intención, plantear a Europa la necesidad de ser una sociedad acogedora que acepte a las personas como seres humanos y no como una amenaza. Que debemos tratar a cada uno de ellos como personas, no como una amenaza, dijo.

            “Creo que es por eso que el Papa visita las islas Canarias por primera vez en la historia”, dijo, y agregó que “todos” en España están “muy contentos” con el viaje.

            “Llevábamos 15 años esperando una visita papal. Y para un país católico es mucho”, dijo, enfatizando que muchos donantes generosos están dispuestos a apoyar el viaje, financiado íntegramente por “la Iglesia, los fieles y las personas de buena voluntad”.

            San Juan Pablo II distribuye la Comunión a una joven durante la Jornada Mundial de la Juventud en Monte do Gozo, cerca de Santiago de Compostela, España, en agosto de 1989. (Foto OSV News/L’Osservatore Romano, Arturo Mari).

            San Juan Pablo II, 5 veces, y Papa Benedicto, en tres ocasiones

            San Juan Pablo II visitó España cinco veces, incluida la emblemática Jornada Mundial de la Juventud de Santiago de Compostela de 1989. 

            El Papa Benedicto XVI vino a España en tres ocasiones: en 2006, para el Encuentro Mundial de las Familias en Valencia. En 2010, a Santiago de Compostela y a Barcelona, y en 2011 para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Madrid.

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            Junno Arocho Esteves es corresponsal internacional de OSV News. Síguelo en @jae_journalist. Paulina Guzik es editora internacional de OSV News. Síguela en @Guzik_Paulina.

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            El autorOSV / Omnes

            Evangelización

            La persecución de los cristianos en Nigeria, próximo Foro Omnes

            “Que la persecución no tenga la última palabra. Sana Nigeria” es el título del próximo Foro Omnes junto a Ayuda a la Iglesia Necesitada, en el que participará como ponente Mons. Ignatius Ayau Kaigama, arzobispo de Abuja, uno de los lugares más castigados por la violencia contra los cristianos.

            Redacción Omnes·2 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

            El arzobispo de Abuja, Mons Ignatius Ayau Kaigama será el protagonista del próximo Foro Omnes junto a Ayuda a la Iglesia Necesitada y que tendrá lugar en el Aula de Grados de la Universidad CEU San Pablo de Madrid el 18 de marzo a las 19:30 h. 

            Mons. Kaigama ha sido presidente de la Conferencia Episcopal de Nigeria y presidente de la Reunión de Conferencias Episcopales de África Occidental.

            Ha participado activamente en la promoción del diálogo interreligioso, viajando por todo el mundo para hablar sobre la paz y compartir su experiencia de la golpeada comunidad cristiana en Nigeria.

            La periodista Raquel Martín será la encargada de dirigir el diálogo con el arzobispo de Abuja. Un encuentro en el que tendremos la oportunidad de conocer, de primera mano, la vida de los cristianos en uno de los lugares más difíciles del mundo y cómo sostener a estas comunidades azotadas por la persecución y la violencia. 

            INSCRÍBETE AQUÍ o en el formulario que encontrarás al final de la noticia

            El Foro Omnes, organizado de manera conjunta con la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, cuenta con el patrocinio de la Fundación CARF y Banco Sabadell y la colaboración de la Asociación Católica de Propagandistas.

            El Foro tendrá lugar, de manera presencial, el próximo 18 de marzo de 2026, a las 19:30 h. en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo de Madrid (C/ Julián Romea, 23, Madrid 28003).

            Mundo

            Lituania, Egipto, Brasil… el turismo religioso es más que Fátima

            El santuario portugués acoge participantes de 42 países en un congreso que revela el auge internacional del turismo de fe.

            Jose Maria Navalpotro·2 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

            Para muchos puede resultar sorprendente que se pueda hacer turismo religioso -católico- en Lituania. O en Egipto. O en Brasil. O que existan rutas católicas en Colombia. O que Guatemala acoja una Semana Santa que es patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad. Un lugar tan paradigmático como el santuario de Fátima, que recibe a seis millones de peregrinos al año, ha sido escenario del Seminario Internacional de Turismo Religioso (IWRT, el acrónimo en inglés), en su 13ª edición, una ocasión de conocer destinos turísticos religiosos católicos de todo el planeta. Este tipo de viajes mueve millones de peregrinos cada año en el mundo, con un impacto notable en la economía de los países de destino.

            El tema del encuentro ya indicaba la realidad propia del turismo religioso: “Los lugares de fe: memoria, espiritualidad y experiencia del peregrino”. Un rasgo esencial del turismo religioso es que es algo “que no cabe solo en las estadísticas: es la espiritualidad, la memoria y el sentido del viaje”, según manifestaba uno de los participantes, Rui Ventura, de la Agencia de Promoción Turística de Portugal Centro. Los agentes turísticos en Fátima eran conscientes de que, además del negocio, están contribuyendo a colmar unas necesidades de índole espiritual de miles de personas.

            Prueba del peso de este rama del turismo son las cifras de esta decimotercera edición del International Workshops on Religious Tourism (IWRT): representantes de 42 países, con 132 agencias y operadores turísticos y 136 empresas o entidades que ofrecen sus servicios. Se realizaron en dos días del encuentro más de 5.200 reuniones uno a uno. Acudieron al Centro Pastoral Pablo VI de Fátima cerca de quinientas personas, lo que incluye, además de los congresistas, público como estudiantes e investigadores.

            Seis millones y medio de peregrinos en Fátima

            El propio santuario de Fátima es una representación del impacto de estos viajes. En 2025, según datos oficiales, acogió a 6,5 millones de peregrinos. “Fátima sigue afirmándose como un destino global”, subrayó Pedro Mafra, presidente de ACISO (Asociación Empresarial Ourém-Fátima, promotora del encuentro).

            El santuario portugués es el más visitado de Europa. “Recibe visitantes de todos los continentes, durante todo el año. Es destino, pero también es puerta de entrada. Puerta de entrada para el Medio Tajo, para el Centro de Portugal, para el interior, para nuestra diversidad cultural y paisajística”, señaló Rui Ventura. En realidad, como manifestaba a OMNES Alexandre Marto, presidente de la principal empresa hotelera de Fátima, no se puede distinguir el turista religioso del gastronómico, o del cultural. “Llega aquí por una motivación espiritual, pero luego extiende su viaje en otros ámbitos”. Según Marto, las autoridades políticas han sabido entender la importancia del turismo religioso, superando los prejuicios que algunos pudieran tener hacia lo espiritual.

            Lituania acudió como destino invitado. Allí se ubica La Colina de las Cruces,al norte de la ciudad de Šiauliai, un pequeño monte donde los fieles han colocado cientos de miles de cruces como símbolo de fe y de resistencia frente a la ocupación soviética, y que fue visitada por San Juan Pablo II. También el santuario de Siluva, lugar de las primeras apariciones de la Virgen registradas en Europa, en 1608.

            La vicepresidenta de la Comisión Europea de Turismo, y representante del Ministerio de Economía e Innovación de Lituania, Lidija Bajarūnienė, explicó el lema que el país exhibe en su oferta turística: “Tierra de Esperanza, Misericordia y Fe Viva”. Informó además sobre el Congreso Mundial Apostólico sobre la Misericordia, que tendrá lugar este año en la capital, Vilnius, del 7 al 12 de junio, y que recibirá a centenares de participantes. La capital se presenta como “La ciudad de la Misericordia” (www.cityofmercy.lt).

            De América

            El santuario de Luján, en Argentina, es uno de los cinco más visitados de América. Presentó el primer Foro Iberoamericano de Ciudades Marianas que tendrá lugar en octubre. Este foro agrupa a representantes de ciudades de España, Portugal y otros 19 países americanos, con los centros de religiosidad más conocidos: el Pilar de Zaragoza, Fátima en Portugal, Aparecida en Brasil, Caacupé en Paraguay, Guadalupe… Pretende estudiar la relación entre ciudades y santuarios, y puntos de integración y fraternidad.

            En Iberoamérica, Brasil presenta numerosos destinos de turismo religioso, quizá poco conocidos fuera de sus fronteras. En el congreso había varios expositores. La agencia Catedral Viagens presenta propuestas como peregrinaciones al santuario del Padre Eterno, único del mundo con esta dedicación, en la localidad de Trindade (Goiás), conocida como “capital de la fe”; a Aparecida (su santuario mariano recibe doce millones de peregrinos al año); al santuario de Santa Dulce, en Bahía; recorridos por la región de Minas, con gran patrimonio religioso, que incluye el grandioso santuario de Caraça; la basílica de Nuestra Señora de Nazaré, en Belém… Allí también está, al norte del estado de Paraná, el santuario Nova Fátima, a imagen del original portugués; y el de Frei Galvao, primer santo brasileño (canonizado por Benedicto XVI), en Guaratinguetá, que también acoge museo, seminario y casa natal del santo.

            En Colombia existe un “Viaje al corazón de la fe”, en la región del Valle del Cauca. Allí, en este mes de marzo, en Guadalajara de Buga se celebrará en ICV Congreso nacional de Turismo Religioso y de Patrimonio.

            República Dominicana también tiene presencia en la red internacional de turismo religioso, así como Guatemala. La pequeña nación centroamericana exhibe una Semana Santa de gran riqueza en los pasos procesionales, las alfombras de flores o serrín, la música, los templos. Con más de 500 años de tradición, en 2022, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. 

            En Guatemala también se ha creado la Ruta Santa del Peregrino al Cristo negro de Esquipulas, la venerada imagen visitada por miles de fieles.

            Incluso Egipto tuvo una presencia en Fátima. Allí, el turismo religioso se centra en la ruta de la Sagrada Familia, que supone que recorrieron Jesús, María y José en su huida de la persecución del rey Herodes.

            Con todo, una de las mecas del turismo religioso es Tierra Santa, que sigue atrayendo a miles de peregrinos, católicos, cristianos de diversas denominaciones y de otras religiones. Su desafío es seguir atrayendo fieles. Blanca Ramírez, la representante de Saxum, un centro multimedia situado cerca de Jerusalén, promovido por el Opus Dei, que ayuda a los visitantes a profundizar en el conocimiento de Tierra Santa de forma interactiva, comentaba a OMNES: “Somos auténticos representantes de la esperanza. Confiamos en que llegue una paz duradera”. Y es que Saxum ha vivido el COVID, nada más inaugurarse, a lo que se ha sumado después la terrible guerra en Tierra Santa, tras el 7 de octubre de 2023. Confían en que regresen los visitantes, pero la guerra con Irán hace temer que no será fácil.

            La concejal del municipio portugués de Guarda, Cláudia Guedes, resumía la trasdcendencia del turismo religioso: “Los lugares de fe son puentes entre lo visible y lo invisible. La memoria es el hilo que conecta generaciones. La espiritualidad es la fuerza que impulsa la búsqueda humana de significado. Y la experiencia del peregrino es la expresión concreta de esa búsqueda”.

            Evangelización

            4 historias del obispo Raimo Goyarrola, y un ictus en Finlandia

            Un momento impactante de la nueva temporada de Rebeldes Podcast es el relato inédito del obispo de Helsinki, Raimo Goyarrola, sobre el día que tuvo un ictus a las 3 de mañana, siendo vicario general, y su oración esa noche. Aquí van algunas reflexiones suyas en una entrevista con los sacerdotes Ignacio Amorós y Pablo López para el Podcast.

            Francisco Otamendi·2 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

            ¿Qué hace un sacerdote a las 3 de mañana en su habitación en Helsinki (Finlandia), cuando es médico e identifica en su cuerpo los síntomas inequívocos de un ictus: una migraña fulminante seguida de la pérdida de movilidad y fuerza en el lado derecho?

            Haremos un spoiler de este video de Rebeldes Podcast. Hablamos del obispo bilbaíno Raimo Goyarrola quien, frente a un crucifijo, en la soledad de su habitación, siendo vicario general de la Diócesis, diagnostica su propio ictus, entabla una conversación llena de audacia y fe con Dios (1 h. 02′ 18″). y decide seguir trabajando por la Iglesia antes de acudir al hospital, y reza.

            El ictus: “Jesús, ¿me estás llamando ahora?”

            “Yo he tenido migrañas toda mi vida. Y esa noche me dio una muy fuerte, una especie de puñal en el ojo. Y pensé: estoy teniendo un infarto, quizá me quede paralítico, quizá me muera, no lo sé. Yo recé, que es lo que suelo hacer, enfrente tengo un crucifijo, con Jesús, y le dije cara a cara:  

            “Jesús, ¿me estás llamando ahora? La oración es decir lo que uno tiene dentro”, dice el obispo Goyarrola.

            “Mira, Jesús, no me llames. Si me llamas ahora, ¿para qué? ¿Para ir al purgatorio? Yo no me veo en el cielo, yo no soy santo, yo al cielo no puedo…, yo si voy al cielo quiero darte un abrazo; cuando muera, yo quiero darte un abrazo, darte un beso, ¿dónde está María?, ¿donde está José? (para mí la Virgen siempre está con san José ), los santos, san Josemaría, san Ignacio de Loyola, todos mis santos favoritos, y ese abrazo a Jesús es abrazo a Dios Padre.

            Me levanté, fui al baño como pude, a mirar el ojo, el ojo ya es cerebro…, estaba fatal, pero no iba a despertar a la gente, el obispo estaba en Roma, y al día siguiente había una inspección del Estado, yo era el vicario general, y tenía que estar defendiendo a la Iglesia”.

            Cuatro horas rezando

            Fueron 4 horas de oración. Y le dije al Señor, ¿quién soy para decirte….? Lo que quieras, Señor. Si me quieres llamar, pues ya está… Y si no me llamas… Hay mucho que hacer, Jesús, somos muy pocos católicos, muy pocos sacerdotes, los amigos, los proyectos, servir…. ¡Déjame ayudarte aquí! No lo hagas Tú todo, déjame ayudarte…

            Le convencí. 

            Llegó la hora de despertarme, cojeaba, y fui a celebrar la Misa. 

            No dije nada a nadie. Esto es un mal ejemplo… “

            Y Dios le dejó vivir. 

            Raimo Goyarrola celebró Misa ocultando su parálisis -utilizando trucos manuales con la mano izquierda para elevar el cáliz-, decidió que su responsabilidad con la pequeña comunidad católica de Finlandia era prioritaria a su emergencia médica, y mantuvo una larga reunión de dos horas con funcionarios del Estado para defender los intereses de la Iglesia. 

            Solo tras cumplir con su deber acudió al hospital, donde la resonancia confirmó un infarto en el tronco del encéfalo, una zona vital del cerebro donde podría haber muerto tranquilamente.

            El obispo admite con total sinceridad en el podcast que su comportamiento fue una imprudencia técnica: “esto es un mal ejemplo, ¿eh? (…) Si te da un infarto o un derrame cerebral, vete al médico. Yo lo hice mal, lo hice mal. Explica que no cuenta esta anécdota para que otros la imiten, sino para ilustrar hasta dónde puede llegar el deseo de servir”.

            1. Su madre, con cáncer. Estudia Medicina y cuidados paliativos

            Monseñor Goyarrola habla en el largo podcast, que se pasa bien rápido, de su vocación de médico, cómo pasó de querer curar el cáncer del cuerpo a sanar «el cáncer del alma», que es la desesperanza, de la realidad de Finlandia y la soledad, de la paz y la felicidad….

            Aquí tan solo rememoramos brevemente dos apartados más. El cáncer por el  que falleció su madre, y las veces que que ha estado con el fallecido Papa Francisco y el Papa León XIV.

            La madre de Raimo Goyarrola enfermó de cáncer cuando él tenía 15 años. “Vi la evolución, el tratamiento, la pérdida del cabello, el gorrito que usaba. Fue duro y doloroso, pero también sentí mucha paz, porque mi madre daba mucha paz. Tenía 18 años cuando falleció”.

            La enfermedad de su madre (4’ 13”), impulsó a Raimo Goyarrola a especializarse en Cuidados Paliativos, a incorporarse a un grupo de investigación en paliativos, y a realizar la tesis doctoral en la misma especialidad.

            2. El testamento de mi madre a mi padre: ‘Enseña a los hijos a amar a Jesús’.

            “Yo estudiaba primero de Medicina en Navarra, imaginaos el nivel académico , de estudios… Trasladamos a mi madre de Bilbao a Navarra… En Bilbao nos dijeron: ‘no hay nada que hacer’. Perdone, hay algo que hacer, pensaba. Es acompañarla. Y le dije a mi aita (padre en euskera). Te propongo llevarla a Pamplona, y por lo menos la van a acompañar, no la van a dejar en un rincón. Efectivamente, duró varios meses, y todas las tardes yo iba a verla, cuenta el obispo Goyarrola a Ignacio Amorós y a Pablo López.

            “Veía que iba perdiendo fuerza, vitalidad. Y un día vino mi padre, que trabajaba en Bilbao, y venía el fin de semana. Mi madre estaba ingresada, escribía en tablilla, no podía hablar, y le escribió a mi padre: ‘Enseña a los hijos a amar a Jesús’ (9’ 30”). Fue el testamento de mi madre. Y eso me ha ayudado toda mi vida. Una madre que nos ha dado la vida, y que también nos ha transmitido la fe”.

            3. Oraciones para el ‘diálogo internacional entre luteranos y católicos”.

            En febrero ha comenzado una fase de diálogo internacional entre luteranos y católicos, y el cardenal Koch le ha elegido para presidir este comité internacional. La Santa Sede está interesada en que en 2030 se consiga un documento de unidad. 

            El podcast responde a varias preguntas sobre las claves de este diálogo, y se centra en dos: “El ecumenismo es humano y es divino, cuerpo y alma. La clave es: “rezar juntos, y la amistad, querernos. Soy super amigo de los obispos luteranos, ortodoxos, quedamos. ¿Y qué es amistad? Confianza, de nuevo, cariño. Cuando hay confianza, el ecumenismo es fácil. Oración y amistad.” (1h 16’ 10”).

            4. “He estado con los 4 últimos Papas”

            “Dios me quiere mucho y he estado con los 4 últimos Papas”, responde cuando se le pregunta por las 5 veces que ha estado con el Papa León XIV.

            “Con Juan Pablo II, dos veces. Con el Papa Benedicto, 3. Con el Papa Francisco, 10. Y ahora, con el cardenal Prevost estuve 3 veces, y con el Papa León, 2”. Y comenta sonriendo: “Tenemos tiempo por delante, a ver si supero las diez veces del Papa Francisco”.

            “El Papa León es un hombre muy bueno, tranquilo, pausado, es un hombre analítico, es matemático. Para el Papa León, dos más dos son cuatro. Ha estudiado Derecho Canónico. Es de Chicago, de Estados Unidos, americano del norte, pero también americano del sur, ha estado en Perú 20 años, y dos años en la Curia romana, tres años con éste. Me parece una mezcla maravillosa”.

            “Cuando fue elegido y salió por el balcón, me llevé una alegría inmensa. Doy gracias a Dios todos los días. Es un hombre que está repitiendo: unidad y Jesús en el centro” (1h 19’).

            Rebeldes Podcast informa que pueden encontrar el libro ‘Romper el hielo. Historias de un sacerdote católico en Finlandia’, aquí o aquí.

            El autorFrancisco Otamendi

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            El Cirineo silencioso 

            El dolor atraviesa toda vida humana y nos enfrenta al misterio más hondo de nosotros mismos. Ante él, la fe cristiana no ofrece evasión, sino sentido: un Dios que carga la cruz y nos invita a ser un cireneo silencioso del sufrimiento ajeno.

            2 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

            La existencia humana tiene algunos pozos insondables a los que cuesta asomarse. Son aquellos que nos hacen experimentar el vértigo, la inseguridad de quién no conoce las aristas y las formas punzantes que esculpen su abrupto brocal. El misterio del dolor es uno de estos pozos. Quizás uno de los más profundos e ininteligibles, donde la razón pierde la batalla en muchas ocasiones y, paradójicamente, el que devuelve el reflejo más certero de cada uno de nosotros. 

            Toda vida tiene dolor, del dolor nace la vida y aún así, el hombre siente una repulsión natural hacia algo que, vivido sin sentido no encuentra explicación dentro de la llamada a la plenitud que se entrevenera en el alma humana como imagen de Dios que es. Por eso es a Dios al que se dirige la eterna pregunta sobre el sentido del dolor, como señalaba san Juan Pablo II en la Carta Apostólica Salvifici Doloris: “¿Por qué el mal? Ambas preguntas son difíciles cuando las hace el hombre al hombre como también cuando el hombre las hace a Dios. En efecto, el hombre no hace esta pregunta al mundo, aunque muchas veces el sufrimiento provenga de él, sino que la hace a Dios como Creador y Señor del mundo. Cristo da la respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y sobre el sentido del mismo, no sólo con sus enseñanzas, es decir, con la Buena Nueva, sino ante todo con su propio sufrimiento”.

            Para quienes piensen que los cristianos “persiguen el dolor” o para aquellos que, por el contrario, los acusan de esconder la cara menos amable del mundo en una especie de consuelo beatífico, la cruz sigue siendo la respuesta. Esa respuesta fue la que recibió Simón de Cirene, ese que “pasaba por ahí”, y al que le “forzaron” a llevar la Cruz de Cristo. No se recoge en los evangelios ninguna palabra del Cirineo, ni de queja, ni de lo contrario. Es el hombre del silencio, el que acompañó los pasos de una condenación que no era suya… pero era por él. 

            La Vida de Dios pasa por la cruz, pero no como un símbolo de muerte, de desesperanza, sino como llave de Vida. Como reza ese punto de meditación que acompaña la II estación del Via Crucis escrito por san Josemaría “Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Señor. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural. ¡Hasta quitan las cruces que plantaron nuestros abuelos en los caminos…! En la Pasión, la Cruz dejó de ser símbolo de castigo para convertirse en señal de victoria. La Cruz es el emblema del Redentor: in quo est salus, vita et resurrectio nostra: allí está nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección”.

            Vida y muerte. Cruz y luz. Dolor y alegría. Antónimos de la vida humana que es, en sí, la paradoja contradictoria de dos que son uno. El cristiano sabe que no se trata de “buscar” el dolor sino, más bien, de aceptar el que viene y acompañar y aliviar al que sufre: de ser, en definitiva, Cirineo silencioso.

            La vulnerabilidad

            Nos sentimos vulnerables al leer estas crónicas; tanto que, al subir a un tren y tomar asiento, rezamos a Dios para que no ocurra nada y logremos alcanzar nuestro destino.

            2 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

            Me desperté el primer día del año con una noticia impactante que me dolió profundamente; quizá porque, ante todo, soy madre de tres hijos. El titular rezaba que más de cuarenta menores de edad habían muerto en un incendio dentro de un local en Suiza, mientras celebraban la última noche del año.

            Cada joven fallecido albergaba una historia soñada, un grupo de amigos, un pupitre en la escuela y unos padres que le habían dado la vida. Me conmovió especialmente el testimonio de un muchacho que logró escapar de las llamas —esos supervivientes que se convierten en noticia por el simple milagro de no haber perecido con el resto—: «El infierno existe; yo lo he vivido».

            Dos semanas más tarde, desperté con otra tragedia: un accidente ferroviario en el que muchas personas perdieron la vida y tantas otras permanecían desaparecidas, atrapadas, probablemente, en el amasijo de hierro en que se había convertido el vagón. Un amigo periodista que cubría la noticia me confesó: «Ahora, lo más duro es empezar a reconstruir cada una de esas historias para poder contarlas».

            Cada vida es igual a las demás y, al mismo tiempo, es única. Nos sentimos vulnerables al leer estas crónicas; tanto que, al subir a un tren y tomar asiento, rezamos a Dios para que no ocurra nada y logremos alcanzar nuestro destino.

            Sin embargo, al sentirnos así —frágiles, pequeños, necesitados del prójimo— es cuando aflora la gratitud. Como dice Brené Brown: «La vulnerabilidad suena a verdad y se siente como valentía. La verdad y la valentía no siempre son cómodas, pero nunca representan debilidad».

            Vaticano

            León XIV llama a “detener la espiral de violencia en Oriente Medio e Irán”

            “Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, en Oriente Medio y en Irán”, el Papa León XIV ha lanzado este domingo “un ferviente llamamiento a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable”.

            Redacción Omnes·1 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

            León XIV ha efectuado en el Ángelus de este II Domingo de Cuaresma, en la Plaza de San Pedro, un urgente y ferviente llamamiento para “detener la espiral de violencia en Oriente Medio y en Irán”.

            Ante el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán, y la réplica iraní a países del Golfo, se esperaban las palabras del Papa en el Ángelus de este II Domingo de Cuaresma.

            Llamamiento del Papa a las partes implicadas en Oriente Medio e Irán

            Su mensaje, tras la oración mariana del Ángelus, ha acentuado la opción del diálogo, la diplomacia, y la oración por la paz, y ha sido el siguiente:

            “Sigo con profunda preocupación lo que ocurre en Oriente Medio e Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable.

            Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un ferviente llamamiento a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y promueva el bien de los pueblos que anhelan una coexistencia pacífica, fundada en la justicia. Y sigamos orando por la paz”.

            Pakistán y Afganistán: también petición de diálogo

            En los últimos días, ha proseguido el Papa, “hemos recibido también noticias preocupantes sobre los enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán. Pido que se restablezca urgentemente el diálogo. Oremos juntos para que la armonía prevalezca en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos”.

            Víctimas de inundaciones en Minas Gerais, y saludo a Camerún

            León XIV ha mostrado asimismo su cercanía “a las poblaciones del Estado brasileño de Minas Gerais, afectado por graves inundaciones. Rezo por las víctimas, por las familias que perdieron sus hogares y por quienes participan en las labores de socorro”.

            Después, ha saludado a los romanos y peregrinos de distintos países. En particular, al  “grupo de cameruneses que viven en Roma, acompañados por el presidente de la Conferencia Episcopal del país, que Dios mediante, tendré la alegría de visitar en el mes de abril”.

            “El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador”

            Antes del rezo del Ángelus, el Pontífice ha comentado brevemente “el Evangelio de la liturgia de hoy”, que  “compone para todos nosotros un icono lleno de luz, narrando la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,1-9)”.

            Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías, ha señalado el Papa. “El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a cumplimiento cada palabra divina”. 

            “Como en el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el monte, que proclama: ‘Este es mi Hijo muy querido’, mientras el Espíritu Santo cubre a Jesús con una ‘nube luminosa’ (Mt 17,5)”. 

            La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, ha dicho el Sucesor de Pedro. (…). El Redentor transfigura así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. Y nos ha preguntado: “¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor?”.

            “El Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica”

            “El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura”, ha manifestado el Papa.

            Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, ha concluido, “pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe”.

            El autorRedacción Omnes

            Vaticano

            Impulso papal a la Academia Pontificia para la Vida: tendrá colaboradores

            El Papa León XIV ha aprobado los nuevos Estatutos de la Pontificia Academia para la Vida y a partir de ahora tendrá patrocinadores, colaboradores y simpatizantes.

            Francisco Otamendi·1 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

            La Academia Pontificia para la Vida de la Santa Sede, con una misión específica de “formar una cultura de la vida”, está compuesta por una presidencia, que ostenta Monseñor Renzo Pegoraro desde el 28 de mayo de 2025, una oficina central, y miembros, también llamados académicos. 

            Desde ayer, con el visto bueno del Papa León XIV, podrá disponer de “colaboradores”, llamados ”patrocinadores” en los nuevos Estatutos, y “simpatizantes”, con el fin de llevar a cabo sus tareas en defensa y promoción del valor de la vida humana y de la dignidad de la persona”, como indica su artículo 1.

            “La Academia Pontificia para la Vida está compuesta por una Presidencia, una Oficina Central y Miembros, también llamados Académicos, y Colaboradores” (“Sostenitori”), señala el artículo 2 al referirse a la estructura de la Academia para la Vida.

            Colaboradores: contribuir con su apoyo 

            Posteriormente, el artículo 7 dice lo siguiente:

            “Art. 7 – Patrocinadores de la Academia

            a) Los Colaboradores de la Academia reconocen su compromiso con los fines institucionales y contribuyen, con su apoyo, a la realización de sus actividades y al logro de sus objetivos estatutarios.

            b) Los simpatizantes, previa aprobación de la Secretaría de Estado, son nombrados por el Consejo Directivo por un período de tres años y pueden ser confirmados, por resolución del mismo órgano, por un máximo de dos períodos consecutivos más”.

            Mons. Renzo Pegoraro, presidente de la Academia Pontificia para la Vida (@CNS photo/courtesy Foto Siciliani, Pontifical Academy for Life).

            Nuevos Estatutos

            La disposición con los nuevos Estatutos de la Pontificia Academia para la Vida tiene diez artículos, y está firmada por el Papa León XIV el 27 de febrero de 2026. La Academia fue erigida por san Juan Pablo II con el Motu Proprio ‘Vitae Mysterium  del 11 de febrero de 1994, tal como señalan los estatutos.

            Los anteriores fueron aprobados y publicados por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2016, hace casi diez años, y tenían ocho artículos.

            Tarea ambiciosa

            La misión específica de la Academia que preside Mons. Pegoraro, según los estatutos aprobados, tiene tres vertientes en el ámbito de la “defensa y promoción del valor de la vida humana y de la dignidad de la persona”:

            a) estudiar, desde una perspectiva interdisciplinaria, los problemas relativos a la promoción y defensa de la vida humana;

            b) formar una cultura de la vida -con carácter propio- mediante iniciativas apropiadas y siempre en el pleno respeto del Magisterio de la Iglesia;

            c) informar con claridad y prontitud a los responsables de la Iglesia, de las diversas instituciones de ciencias biomédicas y de los organismos socio-sanitarios, de los medios de comunicación social y de la comunidad civil en general, de los resultados más significativos de sus propias actividades de estudio e investigación (cf. Vitae Mysterium, 4)”.

            El Papa León XIV se arrodilla para saludar a un niño en silla de ruedas tras dirigir la audiencia general en la Plaza de San Pedro del Vaticano el 18 de febrero de 2026. (Foto CNS/Vatican Media).

            Vida humana y dignidad de la persona

            A continuación, los Estatutos subrayan que “la tarea de la Academia es principalmente científica, para la promoción y defensa de la vida humana (cf. Vitae Mysterium, 4)”.

            De modo particular, “estudia los diversos aspectos del cuidado de la dignidad de la persona humana en las diferentes etapas de la vida, el respeto mutuo entre géneros y generaciones, la defensa de la dignidad de cada ser humano y la promoción de una calidad de vida humana que integre los valores materiales y espirituales, en el marco de una auténtica “ecología humana” que ayude a restablecer el equilibrio original de la Creación entre la persona humana y el universo entero (cf. Quirógrafo, 15 de agosto de 2016)”.

            “Académicos sin discriminación alguna”

            En el artículo 6, el texto señala que “Los Académicos son elegidos, sin discriminación religiosa alguna, entre personalidades eclesiásticas, religiosas y laicas pertenecientes a diversas nacionalidades, expertos en disciplinas relativas a la vida humana (medicina, ciencias biológicas, teología, filosofía, antropología, derecho, sociología, etc.)”.

            A continuación, recuerda que “los nuevos Académicos se comprometen a promover y defender los principios relativos al valor de la vida y a la dignidad de la persona humana, interpretados de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia”.

            El autorFrancisco Otamendi

            El timo del amor

            En estos 40 días de preparación para la Pascua, reflexionamos sobre el “timo del amor”: cómo los engaños emocionales y la superficialidad del amor romántico nos alejan del amor verdadero, ese que Dios nos enseña a vivir con entrega y fidelidad.

            1 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

            Cada vez se oyen más casos de personas estafadas con el «timo del amor», un fraude que aprovecha la vulnerabilidad de gente de toda clase, nivel cultural y condición social. Y es que, ¿quién no quiere ser amado de forma incondicional?

            Los embaucadores engatusan a sus víctimas con promesas de amor eterno y, llegado el momento en que la telaraña de halagos tiene bien sujeta sentimentalmente a su víctima, argumentan problemas sobrevenidos y urgentes que piden una rápida respuesta, lo que despierta la acción solidaria y poco razonada del incauto que llega a transferir sumas de dinero desorbitadas tras las cuales el otrora amante abnegado desaparece sin dejar rastro. 

            El amor romántico y sus engaños

            La antropología cristiana nos ofrece algo de luz para evitar caer en este tipo de trampas. En primer lugar, porque nos previene contra la mayor de las engañifas en la que la sociedad de hoy nos obliga a creer: la del amor romántico.

            Un amor idealizado, no real, que lo reduce a un deseo, a una sensación placentera, a una chispa, vaciándolo de todo su contenido porque, sin sacrificio por el amado, no se llega a amar de verdad. La trola tiene tintes de pensamiento mágico y muchos creen a pies juntillas en una predestinación, en la existencia de una media naranja cósmica que los espera en algún lugar del universo y acumulan fracaso tras fracaso detrás de los ciento volando que se mueven por las aplicaciones de citas.

            Eros y ágape: dimensiones del amor humano según la fe

            Benedicto XVI explicaba en «Deus Caritas est» la diferencia entre el «eros», la natural atracción que busca al otro y desea unirse de forma en un primer momento egoísta y posesiva, y el «ágape», que tiene una dimensión de entrega, de donación gratuita, que requiere voluntad e implica sacrificio y servicio.

            El amor romántico se queda en la superficialidad del eros, privando a millones de parejas de la sublimidad del amor tal y como Dios lo había pensado para el hombre y la mujer. Un amor que es fiel (para toda la vida) y que aleja del egoísmo promoviendo el servicio mutuo y la apertura a los demás a través de la acogida de los hijos fruto de ese amor. Hoy, esos valores se consideran obsoletos, lo cual es muy lógico porque nadie quiere sufrir, y amar a un esposo o una esposa y a unos hijos requiere sufrimiento, sí. Y, como dicen los mayores: «¡hoy ya nadie aguanta ná!». 

            Dios como medida del amor verdadero

            En segundo lugar, la fe nos ilumina en cuanto a objetivar nuestro deseo de ser amados. Quien ha conocido a Dios sabe que ningún amor humano puede superarlo y que al amor no se le encuentra saltando de amante en amante, porque ninguno nos llenará nunca. El amor humano es un simple reflejo, una mediación, del verdadero amor, que es Dios. El amor de una madre, el amor de un esposo o esposa, el amor de unos hijos, son maravillosos, pero imperfectos, porque como explicó muy bien San Agustín, «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón anda inquieto hasta que no descanse en ti». La carencia afectiva forma parte del ser humano, por eso hay que orientarla, desde chiquititos, para evitar caer en tantos sucedáneos como se nos ofrecen para calmar esa sed, como el amor romántico que nos ocupa o las adicciones.

            Reflexión cuaresmal: no jugar con el amor de Dios

            La fe nos ayuda a no caer en el timo del amor, pero también a vernos tantas veces como viles timadores. Porque también nosotros, y este tiempo de Cuaresma es propicio para reflexionar sobre ello, jugamos con el amor de Dios buscando nuestro beneficio. 

            Le prometemos amor eterno, lo colmamos de oraciones y alabanzas, le juramos fidelidad y, cuando la necesidad nos aprieta, le urgimos a que responda con generosidad. ¿Y qué pasa cuando, después de tanto pedirle, de tanto llorarle, se apiada de nosotros y nos concede lo que ansiamos? Pues que cogemos las de Villadiego y, si te he visto, no me acuerdo, hasta otra ocasión en que nos veamos apurados. La diferencia con las víctimas del timo es que Él no tiene nada de ingenuo, nos ama a pesar de nuestros pecados.

            Está muy mal eso de jugar con el amor incondicional de alguien, sobre todo cuando ese Alguien sería capaz hasta de dar la vida por uno. Por eso, en estos 40 días de preparación para la Pascua, nos puede ayudar el hecho de reconocer que esos «timadores del amor» no se esconden solo tras perfiles falsos en la deep web, sino que podemos ser tranquilamente usted y yo cada vez que negamos la presencia de Jesús en cada uno de nuestros hermanos necesitados, y cada vez que lo dejamos solo en el camino de la Cruz, ese signo universal del Amor verdadero, el que no nos timaría nunca. 

            El autorAntonio Moreno

            Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

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            Evangelización

            El sentido del dolor. Una entrevista a Gustave Thibon

            En marzo de 1977, se publicó una entrevista al famoso filósofo Gustave Thibon sobre el sentido del dolor para la revista Palabra. Publicamos la misma con motivo del 60º aniversario de Omnes.

            Lorenzo Jiménez·1 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 14 minutos

            La Cuaresma, al enfrentarnos con la Pasión redentora del Señor, nos enfrenta también con el dolor humano y con el misterioso valor de salvación que adquiere en la Santa Cruz.

            Nadie ignora que precisamente ese misterio del dolor es uno de los grandes interrogantes que atormentan al hombre sin fe, de nuestro tiempo y de toda la historia.

            “Nuestra mirada ciega ante la luz” es el título de una de las últimas obras traducidas al castellano de Gustave Thibon, el pensador autodidacta que eligió la vida solitaria en su retiro campesino de Saint Marcel D’Ardeche. “No es la luz la que falta a nuestra mirada; es nuestra mirada la que falta a la luz”, decía en ese libro. Con su silencio creador procura perforar las tinieblas que nosotros mismos nos creamos.

            Desde allí procura transmitir las ráfagas de luz que descubre en su soledad, únicamente interrumpida por tal o cual viaje cuando se reclama su presencia para una lección o coloquio.

            Hoy ha accedido a comentar para los lectores de Palabra aquel misterio que sólo la Santa Cruz puede desvelar. Agradecemos sus frases pausadas, serenas, cargadas de experiencia cristiana.

            En la llamada sociedad permisiva o hedonista de la Europa actual, podría decirse que se ha tratado al dolor como un mal, como una epidemia que habría que eliminar y arrancar de raíz. Mi pregunta es la siguiente: ¿Es posible que un Estado, mediante una reforma social o por medios técnicos pueda eliminar totalmente el dolor?Y, en segundo lugar, si esto no fuera posible, ¿cómo podría ser explotado este dolor, cuál es el sentido del dolor en la vida cotidiana?

            –¿Habla usted del dolor físico o del dolor moral?

            Dolor físico y dolor moral

            Usted mismo podría hacernos ver cuál es la diferencia, y dar una respuesta para los dos casos.

            –Por lo que se refiere al dolor físico, creo que es inherente a la naturaleza humana. Hay algunas necesidades del cuerpo que pueden llegar a veces hasta el dolor físico; por ejemplo, el hambre y la sed y otras similares. También están las enfermedades, inclemencias, que a veces pueden ser terriblemente molestas e incluso, alguna vez, trágicas, y que en conjunto forman parte de la naturaleza humana. Diría incluso que en el orden físico no se puede hablar de alegría. Se puede hablar de placer como opuesto al dolor.

            Pues bien, en realidad, es gracias a las molestias, al dolor, a la privación, que se siente, más profundamente la alegría física; y suprimiendo el dolor o las molestias o las privaciones —como esas dos cosas están ligadas indisolublemente en la naturaleza humana— se llega a suprimir el placer. Por ejemplo, recuerdo que alguna vez he tenido hambre —ya no me ocurre ahora y lo siento un poco-, pues bien, la comida cobraba una calidad excepcional, comer era una voluptuosidad inefable; me acuerdo también de algo que ha desaparecido completamente en nuestra época de “climatización”; cuando se volvía del trabajo del campo y había viento del norte, llegar cerca de la chimenea era una especie de revelación del placer. Si se suprime el polo del dolor, se suprime también el polo opuesto, de tal manera que se llega a vivir una vida extremadamente neutra, sin placer ni dolor, lo cual no me parece deseable.

            ¿Y en lo que se refiere al dolor moral?

            –El dolor moral no se lo deseamos a nadie y, sin embargo, es necesario a todos los hombres. No es únicamente el Cristianismo quien ha dicho esto, sino que desde los más remotos tiempos se ha pensado que sólo el dolor hace ganar madurez a los hombres. Hay que atravesar la prueba del dolor para esculpir una vida interior. Ya los griegos decían la fórmula «por el dolor se llega al conocimiento» y en efecto, el hombre se revela a sí mismo a través del dolor.

            Si se suprime el dolor, ocurre como en el orden físico, se suprimen las más profundas alegrías del alma, lo cual ha sido confirmado por el Cristianismo por medio de la Cruz. No creo que haya que convertir el dolor en un ideal porque, aunque creo que el dolor madura al hombre, aborrezco el «dolorismo» que consiste en decir que el dolor es el único valor y en provocarlo y mantenerlo artificialmente. Afirmo que dolor bueno es el dolor natural, el que nos viene de los acontecimientos. – tos. Este creo que no hay que evitarlo. Y el dolorismo contemporáneo quisiera suprimir el dolor moral y llega a hacer individuos amorfos, neutros, sin ninguna significación.

            Cuando estuve recientemente en América, una americana me decía que cuando murió su padre, ella tomó los tranquilizantes que convenían al caso y se acuerda de la muerte de su padre como de un sueño. En mi opinión esto es realmente penoso. Opino que el parto sin dolor es lamentable. El mismo Jesucristo dijo que una mujer sufre el dolor del parto y tras el temor, es feliz por haber traído un hombre al mundo. Y cuando no se sufren dolores, no se obtiene el efecto del contraste, no se es feliz tampoco por haber traído un hombre al mundo. Creo que el dolor es necesario. Está ligado a la alegría como un polo está ligado al polo opuesto, como, por ejemplo, la primavera al invierno, o al verano si usted prefiere.

            Las contradicciones

            ¿Cuáles son las ventajas que puede sacar un cristiano de las contradicciones, de las cosas que vienen sin que uno las busque, de las cosas dolorosas desde un punto de vista físico o moral? ¿Puede encontrarse en ellas algo que sea útil para la vida interior de un hombre?

            –Hay una gran enseñanza. Yo creo que lo propio de la vida interior de un cristiano, en lo que ésta tiene de profundo, es aceptar la voluntad de Dios, aceptar los acontecimientos.

            Pascal decía que si Dios nos diera unos maestros escogidos por Él, entonces ¿cómo les obedeceríamos?, pues bien —decía Pascal—, los acontecimientos son maestros infalibles. Creo que en cualquier acontecimiento, incluso en el dolor, se necesita una sumisión a la voluntad de Dios que es absolutamente necesaria para el cristiano. Me dirá usted que es exactamente lo mismo en el caso del placer o de la alegría, pero es mucho más fácil adorar la voluntad de Dios cuando Dios mismo está con nuestra propia voluntad que cuando se opone. Luego, en la aceptación del dolor hay un valor espiritual.

            El dolor nos hace sentir nuestros límites, nos hace notar nuestra dependencia, crea la humildad. También nos da un aviso, mientras que la felicidad, como decía el poeta, no advierte de nada.

            Mientras se es feliz, no está uno advertido. A través de la prueba uno se revela a sí mismo, toma conciencia de sus limitaciones, de las debilidades, y encuentra la virtud de la humildad, esencial para el cristiano.

            Si, al contrario, uno se rebela contra los acontecimientos, contra las desgracias imprevistas o no deseadas, ¿qué frutos se pueden sacar de esta rebelión?

            —Lo que uno puede sacar de esta rebelión, es una agravación del dolor, porque cuando uno se rebela contra el dolor, entonces, además de padecerlo de todas maneras, porque no se logra suprimir con el enfado, le entra la rebelión, lo cual no es más que un veneno. De cualquier forma, el hecho hay que sufrirlo. Entonces se cumple la famosa sentencia: “Los acontecimientos guían al que los sigue y arrastran a quien los rehusa”.

            ¿Podría decirse que en la sociedad actual, por ejemplo, en la europea, hay cada vez menos dolor físico y más dolor moral?

            —Indiscutiblemente. Se han creado refinamientos del dolor, en la medida en que se ha querido suprimir el dolor, porque en la medida en que se considera el dolor como una injusticia, y no se le admite, como él permanece de todas maneras, se agrava por esa rebelión, por esa falta de consentimiento.

            Se ha creado tanto confort, tantas facilidades; tantas posibilidades, que todo lo que se nos rechaza, nos parece una injusticia y el dolor moral aumenta en la misma proporción, de tal forma que, queriendo huir del dolor, no se consigue más que multiplicarlo, y esto no es una paradoja, sino una realidad que constatamos todos los días.

            Entonces, algunos signos tales como el aumento estadísticamente comprobado del alcoholismo, de la droga, ¿no significarán que se quiere hacer dormir este dolor moral?

            —No hay ninguna duda de que se quiere suprimir el dolor moral, pero no solamente ese, pues muchos seres no son capaces de sufrir un dolor moral. En cierto modo, se quiere olvidar, se quiere huir del aburrimiento. Porque en una sociedad que ha suprimido el doler

            como también ha suprimido la alegría ya que los dos son correlativos— se cae en la monotonía, en el aburrimiento. El aburrimiento es el cáncer de las civilizaciones desarrolladas, y esto lo dicen todos los sociólogos. El aburrimiento quiere decir que hay que matar el tiempo, mientras que en realidad el tiempo habría que aprovecharlo. Y cuando no se aprovecha el tiempo,entonces se le mata. Y para tratar de matarlo, el hecho de recurrir al alcohol, a la droga, al erotismo, son fenómenos perfectamente lógicos. En este campo se trata de obtener el olvido. Es decir, es la huida de uno mismo para no vivir en cuanto hombre, para dejar de un lado la vida y vivir una vida de fantasma, de sueños. Todos esos procedimientos que usted me cita, son procedimientos para transformar la realidad en sueños, y los sueños no hacen mucho bien. Se podría hablar de una especie de civilización onírica.

            La tercera edad

            La pirámide de la población, por ejemplo, se hace cada vez más grande del lado de la tercera edad, a causa de la falta de natalidad. ¿No presenta esta tercera edad una situación un poco dolorosa, ya que, como la familia se destruye, están cada vez más aislados y son cada vez más desgraciados?

            —El problema de la tercera edad es relativamente reciente, porque aunque antes había viejos, había menos que ahora. Por ejemplo, la media de edad hace doscientos años era de treinta a cuarenta años.

            También había personas que llegaban a los ochenta o noventa, pero muchas menos que ahora. Se ha prolongado la vida de una manera desmesurada. En el siglo XVII, se ha calculado estadísticamente, un hombre debía ser huérfano de padre o madre a los veinte años y huérfano de padre y madre a los treinta. Así pues, en cierta manera, un hombre de treinta años, era un viejo.

            Ahora, los progresos de la medicina y de la higiene, han hecho que el número de viejos aumente terriblemente. Esta distorsión que lleva, no sólo al conflicto de clases sociales, sino al conflicto de generaciones, a una especie de segregación —ahora se habla de “clases” de edad y de separación entre clases de edad— lo que hace que las generaciones estén cada vez más aisladas y esto es grave para los viejos y para los niños. Tengo un amigo, un psicólogo americano, que ha escrito un libro admirablemente documentado, sobre el sentimiento de “incompleto” —como ellos dicen— que tienen los niños que no han conocido a sus abuelos.

            Debo confesar que esto me afecta mucho, porque yo he sacado mucho provecho de mis abuelos —que murieron cuando yo tenía unos treinta años— y que me aportaron algo irremplazable. El mismo sentimiento de “ser incompleto” que se observa en los niños, también se encuentra en los ancianos. Esta segregación es algo que da miedo. Lo que me ha parecido atroz, es una cosa que he visto en América, en algunos poblados de lujo de Florida, donde están amontonados los viejos que tienen alguna fortuna.

            En realidad no tienen el aspecto de ser muy viejos; podría decirse que son viejos niños. Aquellos es espantoso. Se parece a una prisión de postín. Esto es un problema muy grave, justamente en una época en que se lucha contra toda barrera entre los pueblos, entre las razas o entre las naciones. Cuando se quiere que un habitante de Patagonia sea nuestro prójimo, al mismo tiempo se introduce la segregación entre unos seres por cuyas venas corre la misma sangre, entre padres e hijos. Conozco a un americano que, hablando conmigo criticaba fuertemente el racismo y que al mismo tiempo no podía soportar a su madre, o sea, que introducía la segregación en el interior de su propia familia.

            Es lo mismo que ese amor al prójimo lejano que parece dispensar del amor al más cercano. Sobre todo cuando el amor del ser lejano no compromete a nada. Aunque yo quiera al de Patagonia, él no me molesta apenas, y eso es un amor ficticio. Esto plantea el problema del envejecimiento, que es muy difícil. Creo que a los viejos les interesaría permanecer en las familias y seguir en actividad. Pero este es otro problema. Antes, los continuaban en actividad mientras podían, y su actividad iba disminuyendo poco a poco. Al contrario, en esta sociedad centralizada y estatal en la que vivimos, la edad de la pensión es como un hachazo, que de un golpe quita al hombre su actividad y lo clasifica inmediatamente entre los inútiles y los parásitos. Esto es horrible, porque un hombre está acostumbrado a tener una actividad. Así, se crea una mortalidad muy grande en los dos o tres años que siguen a la pensión, como las compañías de seguros podrían certificar. Para los que sobreviven, esta inactividad crea un aburrimiento, un cansancio, un desinterés por todo. Por eso sería muy importante prepararse para la pensión cuando uno piensa en ello, cosa que no me ocurre. Yo pienso trabajar hasta el fin de mi vida.

            Preparar el futuro para que la edad de la pensión sea una edad de actividad gratuita, donde se podrá hacer todo lo que se querrá, como leer los libros que no se han leído, contemplar lo que no se ha contemplado, meditar, rezar; dedicarse a obras benéficas, materiales o espirituales cuando se es capaz. En fin, esto implica un reciclaje del viejo.

            Porque uno envejece. Mire usted, un hombre es viejo, a cualquier edad, cuando en el fondo ya no tiene ante él ningún futuro que fecundar. Creo que uno permanece mientras tiene algo que hacer. La libertad es una promesa, no una realización: creo que uno sigue siendo joven mientras guarda en sí mismo una promesa. Aunque uno esté en su último día, tiene cosas que hacer. Me gusta mucho la frase de Septimio Severo cuando, encontrándose en el actual Nueva York, el día de su muerte, entró el centurión de guardia en su tienda.

            El emperador, viéndole entrar, tomó los papeles que traía —papeles de Estado— e incorporándose, dijo, “Laboremus”—trabajemos— y en ese instante murió. Me parece que es un hermoso fin para una vida.

            Señor Thibon, ahora se tiende a una forma concreta de acabar la vida, la llamada “muerte con dignidad”. Se sobreentiende la eutanasia. Usted sabe que su legalización está discutiéndose ya en algunos países de Europa. Si bien no todavía inscrita en las costumbres, por lo menos introducida en proyectos de ley. Esta filosofía que lleva a la eutanasia ¿no es lo mismo que el deseo de vencer el dolor en su última expresión?

            —Es exactamente lo mismo. Es curioso observar hasta qué punto los extremos se tocan. Por un lado se predica la eutanasia. He visto un libro muy documentado, escrito por un médico, que habla de “interrupción de vejez” como se habla de interrupción del embarazo. Esto me parece muy lógico, porque si se considera normal el aborto, es decir, el suprimir la posibilidad de una vida entera, me parece mucho más normal el recortar una vida que ya se ha realizado en gran parte. En realidad, el personaje en cuestión, sufre menos.

            Lo que me parece muy curioso es que en la misma época en que se proclama la eutanasia, es decir, el acortamiento de la vida artificialmente, se predica también la prolongación artificial de la vida, manteniendo a moribundos en un estado de supervivencia por los medios más complicados, más curiosos.

            Mientras que la buena teología católica, como recuerdo haber leído en un manual de seminario de hace unos cien años —época en la que se tenía sentido común— decía que nadie está obligado a conservar su vida por medios demasiado complicados o demasiado costosos. Se trata de mantener la vida más allá de lo que es natural. Hay salas de reanimación en los hospitales donde se mantiene a personas en coma durante meses.

            Mi nuera está en una de esas salas donde mantenían —contra toda lógica— a niños que habían nacido mal, deformes, monstruosos y ahora al lado está la sala de abortos, donde suprimirán a los niños bien constituidos. Yo creo que lo ideal sería seguir las leyes de la naturaleza, que en el fondo son las leyes de Dios. Seguir el ciclo de la vida.

            Tener los dolores que la naturaleza nos envía y al mismo tiempo, no practicar la eutanasia ni la prolongación artificial de la vida. Por lo que se refiere a la atenuación de ciertos dolores, todo el mundo sabe que a los enfermos que sufren demasiado se les da morfina. Eso podrá acortar la vida de dos o tres días, pero en realidad no es una eutanasia. Uno no está obligado a sufrir hasta el infinito. Pero la eutanasia en cuanto tal es monstruosa. Es la misma rebelión contra la Providencia como la prolongación artificial de la vida.

            Una sabiduría

            Por otra parte, hay teólogos que dicen que el sufrimiento en el lecho de muerte puede acortar las penas del purgatorio. ¿Está usted de acuerdo?

            —Evidentemente, yo no soy teólogo ni conozco los secretos de Dios, pero creo que el hecho de aceptar todas las pruebas que nos llegan en esta vida, tiene ciertamente un valor de purgación, de consentimiento, de oración, que normalmente debería acortar las penas del purgatorio. Porque cuando el dolor es bien recibido y no hace agriarse a la persona, sitúa al individuo en sus límites, le enseña su fragilidad y su nada, lo cual ya es mucho.

            En general, cuando un hombre está enfermo, si no está esencialmente rebelado, se da cuenta que cuando estaba sano, había descuidado muchas cosas esenciales, que había preferido lo accesorio a lo esencial. Esto es muy frecuente. Celine, que es un gran hombre, aunque no lo recomendaría en todos sus aspectos, decía “Yo me he hecho médico, porque cuando los hombres enferman son un poco menos canallas que cuando están sanos”. Vuelven a sus límites, a su humildad.

            Es un deseo contradictorio. Quisiéramos que nuestros hijos poseyeran toda la sabiduría que el dolor lleva consigo, pero no les deseamos que sufran. Por eso cuando se ve a algunos padres que han conocido la miseria o que han sido pobres en la infancia y que luego tienen una situación acomodada, entonces hacen de sus hijos unos niños mimados, diciendo: “No quisiera que mi hijo sufra lo que yo he sufrido ni que le falte lo que a mí me ha faltado”. En realidad lo que les hace falta es haber carecido de algo; porque todo lo que se aprecia porque antes no se tenía y luego se ha conquistado, como ellos lo obtienen inmediatamente, luego no lo apreciarán. Podemos decir entonces lo que dijo Péguy: “Lo que nos falta es la carencia”.

            En ciertos movimientos políticos, por ejemplo, los movimientos revolucionarios marxistas, se habla mucho de la liberación del hombre y se cree incluso que este se puede liberar del dolor con la lucha revolucionaria. ¿Cuál es la relación entre esa ideología y la doctrina cristiana de la cruz de la cual hablaba?

            —El marxismo se opone a la Cruz por la simple razón de que cree en el paraíso terrestre, es decir, la época de la desaparición del Estado, la época de un mañana que canta, la época de la gran noche, donde la sociedad vivirá en un equilibrio perfecto, donde, según las palabras de Marx el hombre habrá encontrado un acuerdo consigo mismo, con la naturaleza y con sus semejantes, según una filosofía heredada de Hegel, donde todas las contradicciones de la existencia serán abolidas. Le diré enseguida que eso me parece infantil, y que no se divisa el más mínimo principio de la abolición de esas contradicciones. La cosa permanece exactamente igual. Es peor en el campo económico y aún peor en el político. Y cuando el marxismo pretende que él podría resolver los problemas psicológicos, los problemas morales, no son más que bromas, como si eso pudiera tener la menor relación con reformas políticas, sean las que sean. Por otra parte, ellos mismos se ven obligados a confesarlo.

            He leído recientemente una revista alemana que citaba un artículo publicado en Rusia. Allí se decía “¿Acaso el amor es conservador?” Porque en la mitología marxista, los conflictos del amor, los crímenes pasionales, el hecho de que Romeo se suicide si Julieta le rechaza, todo eso pertenece a la sociedad burguesa; cuando el hombre será “desalienado”, todos esos conflictos desaparecerán.

            Pues bien, la revista estaba obligada a reconocer que, incluso en Rusia, si un chico está loco perdido por una chica y ésta le rechaza, el chico se siente desgraciado —exactamente como los burgueses — es curioso— y reconocía que hay en la URSS suicidios de este tipo, adulterios, crímenes pasionales… Por eso la pregunta de si el amor sería conservador. Pero el amor no es ni conservador ni revolucionario. El amor es lo que es, ¿qué quiere usted? Queriendo suprimir la Cruz, no se llega más que a clavarla en los hombres, quitándoles los méritos que la Cruz lleva consigo. Hay una frase del político inglés, Lord Hampton, que dice que la sociedad se convierte en un infierno, cuando se quiere hacer de ella un paraíso.

            Si alguien se casa y espera la perfección en su mujer, si pide que encarne a todas las mujeres, e incluso con unas virtudes contradictorias, ¡cómo la realidad va a contradecirle!, ¡el matrimonio tenderá a convertirse en infierno! Por eso los hombres que buscan la perfección en una mujer, van de una a otra y la encuentran cada vez menos.

            La Cruz es inherente a la naturaleza humana. La cruz, las contradicciones, se borran en el mundo superior. Simone Weil decía con mucha razón que el enorme error del marxismo, su crimen, es la unión mal hecha entre los contradictorios. Creo que las contradicciones de aquí abajo pueden resolverse en el tiempo, pero horizontalmente, al mismo nivel del tiempo. Mientras que las contradicciones de la existencia se resuelven, no a nivel de la existencia sino a nivel del ser. Se resuelven en Dios. No cabe la menor duda. Por eso santo Tomás hacía notar muy bien que la coexistencia de dos virtudes opuestas, como por ejemplo, la comprensión y la fortaleza, no podía ser más que sobrenatural.

            Descubrir el significado

            Hoy la gente se rebela contra el dolor y el sufrimiento, porque no se le encuentra un sentido y puede ser también, porque ha rechazado el único sentido que podía tener, es decir, el sentido redentor.

            —Indiscutiblemente. Tiene el sentido del consentimiento a lo que Dios quiere y también tiene el sentido de la redención. Simone Weil, con su genio habitual, decía que hay tres tipos de sufrimiento: el sufrimiento punitivo, que expía nuestros pecados, nos castiga por nuestras faltas —todos tenemos tantas—.

            En segundo lugar, el sufrimiento purificador, que ya no es únicamente castigo, sino que nos purifica, nos hace mejores. Y en tercer lugar, el sufrimiento redentor. Cuando uno ya está purificado, entonces paga por los otros. Es el tema mismo de la Comunión de los Santos.

            Evidentemente, cuando se ha encontrado el sentido del sufrimiento, entonces, el sentimiento mismo se aligera, cobra un significado. Pero desgraciadamente, hoy en día, ya nada tiene significado. Nada tiene sentido, la vida no tiene un fin. Entonces, aparece un fin que es el confort. Hay que evitar los obstáculos. Cuando no se tiene una meta en el caminar, más vale no viajar. O por lo menos, si hay que viajar, lo que se busca es el máximo confort ya que no hay un fin. Es la desgracia de toda la psicología y las ciencias modernas que, por otra parte, han hecho descubrimientos extraordinarios. Han explorado todos los recovecos de la cerradura humana, pero han perdido las llaves.

            En otras épocas, como en la Edad Media, la cerradura se conocía mucho menos —no se había hecho el psicoanálisis ni todo eso— pero tenían la llave. La llave era Dios. La llave era el sentido del destino humano. Era la eternidad que nos esperaba. Ahora se conoce perfectamente la cerradura, con todos sus resortes, pero, si no sirve para nada, ¿qué quiere hacer usted con una cerradura? Como decía Peguy: “La puerta es Jesús y Jesús es la llave”.

            El autorLorenzo Jiménez

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            Educación

            La educación vaciada de Dios

            Horacio Silvestre, director del Instituto de Excelencia San Mateo de Madrid y gran defensor de las humanidades, el esfuerzo, la memorización y otras habilidades que cada vez se valoran menos en las aulas, reflexiona sobre el papel de la religión en la educación.

            Horacio Silvestre·1 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

            “Todo está lleno de dioses”. A Tales de Mileto, el del teorema, atribuye la tradición la cita con la que empieza esta reflexión sobre la miseria educativa que nos lleva circundando ya demasiado tiempo en España. Dado que Tales pasa por ser uno de los primeros pensadores dignos de tal nombre, quizá no deberíamos perder de vista sus palabras, por si nos pueden ayudar a entender lo malo que nos pasa y si, de eso que nos pasa, podemos encontrar una pista que nos conduzca a su remedio.

            De hecho, cuando reflexiono sobre lo que ocupa buena parte de mis quehaceres diarios, se me vienen a la cabeza tres vivencias que, como se verá, nos pueden dar alguna clave para explicar el vacío enorme que se siente en la escuela española. Porque, triste es reconocerlo, el fracaso académico del que se hacen eco todos los organismos internacionales dedicados a medir los resultados de los sistemas educativos —un fracaso que quienes habitamos ese biotopo desde más de cuarenta años conocemos de primera mano— no es más que el síntoma de un caos amorfo, del barco sin rumbo en que se ha convertido la escuela española. En realidad, son dos vivencias y una experiencia lírica sublimada. Empezaré por esta última.

            Una canción italiana

            En una de las estrofas de la genial canción Azzurro (1966), que hizo archifamosa el cantante Adriano Celentano a partir de 1968 —pero cuya letra había salido de la pluma de Vito Pallavicini—, el enamorado protagonista de la historia declara que su melancolía presente le recordaba a cuando de niño tenía que quedarse en el patio del colegio durante el verano; y añade textualmente lo siguiente: “ahora me aburro más que entonces y ni siquiera tengo un cura para charlar”. Es significativo que uno de los elementos que llenaba el espacio y el tiempo de la escuela era la presencia de un sacerdote. 

            Una cercanía perdida

            La segunda escena, esta vez una vivencia personal, nos lleva a septiembre de 1983. Acababa yo de aterrizar en mi primer destino como catedrático de latín. Quizá el término aterrizar no es el más indicado, ya que para llegar a Alcañiz, en la provincia de Teruel, no era precisamente lo más práctico coger el avión. El instituto de Bachillerato se llamaba por entonces Cardenal Ram. Era un pequeño instituto para que los chicos de Alcañiz y su comarca que tuvieran interés y cualidades pudieran tener una formación académica clásica que les permitiera seguir estudios superiores en la Universidad. Había otro centro para la formación profesional. Años después de que yo pasara por allí, los unificaron; y, naturalmente, el instituto resultante perdió el capelo cardenalicio y, supongo, cualquier pretensión de que sus alumnos siguieran una formación académica clásica. 

            El caso es que, cuando llegué allí, entre los profesores del claustro había dos curas, jóvenes, dinámicos, con los que solía yo discutir sobre la pronunciación óptima del latín. Yo les decía que lo mejor era emplear la pronunciación reconstruida, la que supuestamente se oiría en tiempos de César, Cicerón, Horacio o Virgilio. Así se honraría la época de mayor esplendor político y económico de Roma, que también era la época que había dado la mayor cosecha de poetas, oradores y pensadores. Ellos bromeaban y me hacían ver que, si se pronunciaba la palabra audivisti (en español has oído/oíste) como yo decía, sonaba a audigüisqui; y, claro, que el güisqui (whisky para los puristas anglófilos) no se toma por los oídos, sino por la boca. 

            He de decir que aquellas conversaciones, intrascendentes en apariencia, no sólo eran simpáticas, sino incluso educativas, ya que reflejaban una realidad entrañable que formaba parte del paisaje familiar de una escuela con contenido y con sentimiento. 

            La Iglesia, corazón de la educación

            La tercera estampa pertenece a un paisaje lejano en el espacio, pero cercano en el corazón. Nos situamos en septiembre 2010. Me encontraba yo con mi mujer en Nauplio, una pequeña ciudad del Peloponeso, en la región ancestral de la Argólide, que tuvo el honor de ser la primera capital de la Grecia liberada del yugo turco en 1821. Allí, como también en España, estaba dando comienzo el curso escolar y tuve la oportunidad de presenciar in situ el discurso inaugural del director de uno de los ‘liceos’ de la localidad. 

            Como era de rigor y como hacemos todos -cabe pensar- en los puntos cardinales del mundo civilizado, el director, vestido con la corrección debida, lanzaba a los estudiantes la arenga habitual sobre las bondades de la educación y cómo el estudio iba a beneficiarles. Los chicos, como también es natural, le prestaban poca atención y esperaban estoicamente a que acabara todo aquel rollo, entrañable, imprescindible, memorable, pero rollo a la postre. 

            Lo interesante de aquella estampa era que al director en cuestión le flanqueaban dos popes. La presencia de los curas me resultó a la vez reconfortante y extraña. Era reconfortante, porque hay que recordar que Grecia y el griego se salvaron para la civilización gracias a la Iglesia, gracias a que los popes siguieron enseñando a los niños la lengua griega, para que pudieran seguir su liturgia y conocer los textos sagrados. 

            La Iglesia, custodiadora de la educación

            En paralelo a los escriptorios occidentales, donde se preservó de la barbarie el latín y su legado intelectual, la Iglesia Ortodoxa preservó la tradición literaria griega y salvó a la población del borrado de su lengua. 

            Por otro lado, es preciso subrayar que el Renacimiento y su recuperación de la excelencia clásica lo pusieron en marcha gentes piadosas que con el estudio afinado de los textos querían despojar los textos clásicos y los sagrados de todas las inexactitudes que habían acumulado por el paso del tiempo y la falta de cuidado. Erasmo y los demás humanistas, paradójicamente, querían conocer con exactitud la Palabra de Dios. Esa es la razón de proyectos fantásticos como la Biblia Políglota Complutense de nuestro Cardenal Cisneros. La educación floreció de la mano de la Iglesia. 

            La cuestión de fondo

            ¿Por qué me resultó extraña la presencia de los dos popes en la inauguración del curso en Nauplio? No creo que a ningún lector español se le escape la razón. Al pobre Cardenal Ram le quitaron su instituto y a todos los institutos de España les han quitado sus curas. La última vez que compartí claustro con un cura fue en Vallecas en el cambio de siglo.

            Se podría decir, sin temor a equivocarse, que la educación en la España de nuestros días —y de nuestros pecados— se ha vaciado de Dios. En tal ausencia, en ese vacío, quizá, podríamos tener una de las principales causas de la ruina educativa que aqueja a lo que pomposamente se llama ‘sistema educativo’, que está lleno de palabras grandilocuentes, competencias evanescentes, tecnologías emergentes y burocracia impertinente; pero, está vacío de tradición cultural, de ideas, de contenidos, del familiar realismo español, de lenguas clásicas… Lo han vaciado de espiritualidad. Lo han sacado del axioma de Tales. 

            Dios quiera que vuelva a estar lleno de todo lo valioso que nos legaron las tres atalayas de nuestra civilización: Jerusalén, Atenas y Roma.

            El autorHoracio Silvestre

            Catedrático de latín y director del Instituto San Mateo de Madrid.

            Evangelización

            Triunfa una cuenta de Instagram sobre los cristianos orientales

            El cristianismo oriental es poco conocido en España. ¿Has consultado el perfil @eastern_christians, ‘The Christians Of The East’ en Instagram? Hablamos de los cristianos de Oriente. ¿Y la web de ‘Publicaciones cristianas orientales’? Es un océano, un mundo, aunque bien clasificado.  

            Francisco Otamendi·28 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

            Tiene casi 790.000 seguidores en Instagram, pero @eastern_christians no es apenas conocida en España. El perfil actualiza noticias sobre los cristianos orientales, e incluye cuestiones históricas, actuales y locales, sobre cristianos en Irak, Siria, Líbano, etcétera.

            Los videos recogen cómo los jóvenes cristianos de Irak, palestinos, de Siria, Jordania, Líbano, coptos… dan las gracias, el testimonio de muchos cristianos, y alegría, a pesar de las serias dificultades, en especial la comunidad cristiana de Siria, como informa ACN España (Ayuda a la Iglesia Necesitada).

            Hemos podido ver también en sus reels, por ejemplo, declaraciones y numerosos videos cortos sobre distintos momentos de la visita del Papa León XIV a Líbano a finales de noviembre de 2025.

            Los reels recogen también el acto ecuménico de oración en Iznik, sitio de la antigua Nicea, a unas 80 millas al sureste de Estambul (Turquía), con ocasión del 1.700 aniversario del Concilio de Nicea, motivo principal del primer viaje fuera de Italia de León XIV como Papa.

            Se puede ver ahí al Pontífice con el Patriarca Ecuménico Ortodoxo Bartolomé de Constantinopla, y patriarcas griegos ortodoxos de Antioquía, Alejandría y Jerusalén o sus representantes, y líderes de otras iglesias ortodoxas, anglicanas y protestantes.

            También en otras redes

            Y si hablamos de Instagram, podemos hacerlo también de Youtube o de Facebook. “Bienvenidos a Cristianos orientales, una misión dedicada a la fe, el patrimonio y la presencia de las comunidades cristianas en Oriente. Aquí exploramos las tradiciones, las luchas y la vida espiritual de los cristianos orientales a través de relatos, material de archivo y cobertura sobre el terreno”, dice @easternchristians en Youtube. “Nuestra misión es preservar las voces que han perdurado durante siglos, compartir su mensaje con el mundo y empoderar a los cristianos fortaleciendo su identidad y presencia”.

            Visita del Papa a la tumba de San Charbel

            En el perfil de Instagram de @eastern_christians, es posible ver la emotiva visita y oración del Papa a la tumba de San Charbel, santo del Líbano famoso por realizar miles de milagros desde su muerte en 1898. La devoción a su figura está ampliamente extendida por su país natal, que encuentra en este santo un intercesor muy valioso ante las diversas crisis.

            Fue en el segundo día de su visita al Líbano. El Papa León XIV comenzó la jornada con una visita a la gruta de San Chárbel Maklūf en el monasterio de San Maroun en Annaya. El pueblo libanés se lanzó a la calle para vitorear al Santo Padre.

            Como los cristianos orientales se han dispersado también por tantos países, es posible ver su devoción a san Charbel, por ejemplo, también en Australia.

            Miles de devotos en Australia

            La cuenta @easternchristians de Youtube recoge en 3’ 18” un momento histórico de reunión de cristianos devotos de San Charbel en Sidney (Australia), a finales de enero. El motivo histórico fue la instalación de la escultura monumental de bronce más grande del mundo dedicada a San Charbel, enel monasterio dedicado al santo.

            Encabezada por el obispo maronita y los monjes del monasterio, una solemne procesión eucarística recorrió las calles. Más de 150 portadores llevaron el rostro de bronce del santo, rodeados por miles de fieles que formaban una procesión en forma de cáliz, lo que supuso no solo la llegada de una escultura, sino también una declaración pública de fe.

            Esta noche histórica del 24 de enero, explican los cistianos orientales, coincidió con el 33 aniversario del milagro de Nohad Chami y forma parte de la preparación espiritual para un hito mundial importante: el 50 aniversario de la canonización de San Charbel Makhlouf el año que viene. Un santo que fue canonizado el 9 de octubre de 1977, por San Pablo VI en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

            Publicaciones cristianas orientales

            Eastern Christian Publications es una editorial ubicada en Virginia, EE. UU., especializada en la producción y distribución de libros sobre las iglesias cristianas orientales, tanto católicas como ortodoxas. 

            En la información que ofrece la web, y en páginas de Amazon, pueden encontrarse catálogos especializados, clasificados en varias categorías o tipos de publicaciones sobre el cristianismo oriental.

            Historia y cultura de las iglesias orientales

            En primer lugar, una gran familia de publicaciones aborda la historia y la cultura de las iglesias orientales —tanto en sentido general como de tradiciones específicas. Aquí encajan obras como manuales o enciclopedias de historia del cristianismo oriental, y estudios históricos académicos sobre textos antiguos y fuentes primarias. También se encuentran colecciones universitarias que reúnen ensayos, traducciones y análisis de textos patrísticos en lenguas como siríaco, árabe o georgiano.

            Teología, vida litúrgica

            Otra categoría temática amplia es la de teología, espiritualidad y vida litúrgica. Estas publicaciones incluyen obras de teología sistemática y mística (por ejemplo sobre tradición contemplativa o espiritualidad oriental), colecciones de textos espirituales clásicos como la Philokalia o escritos de los padres de la iglesia oriental, así como estudios sobre la liturgia, sacramentos y praxis religiosa propia de las comunidades ortodoxas y católicas orientales.

            Catequesis, formación religiosa

            Además, suelen reunir materiales sobre catequesis y formación religiosa para adultos y jóvenes, biografías de santos y grandes figuras eclesiásticas, catecismos y guías de introducción al cristianismo oriental, así como estudios contemporáneos sobre temas como ecumenismo, familia, matrimonio o diálogos interreligiosos desde la perspectiva oriental. 

            Devocionarios, oraciones

            Finalmente, en muchos catálogos -en especial en editoriales especializadas como Eastern Christian Publications-, existen colecciones organizadas como libros de devoción y oraciones (por ejemplo, horarios litúrgicos, calendarios de fiestas), reimpresiones históricas, obras por autor, materiales didácticos y audio-visuales, y ediciones digitales. 

            Esta organización, que incluye también eBooks o libros digitales, permite escoger según el interés (espiritual, histórico, teológico o pastoral) y refleja la diversidad de publicaciones sobre Eastern Christianity (Cristianismo oriental).

            El autorFrancisco Otamendi

            Cultura

            Científicos católicos: Juan de Herrera

            Juan de Herrera (1530 –1597) es una de las principales figuras dentro del Renacimiento español, conocido por sus obras arquitectónicas.

            Ignacio del Villar·28 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

            Juan de Herrera (1530 –1597) es una de las principales figuras del Renacimiento español.

            Su nombre resulta mundialmente conocido por ser el autor de El Escorial, probablemente la mejor obra arquitectónica del Siglo de Oro. A ello podemos sumar el Palacio Real de Aranjuez y la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid, inconclusa pero referente para las catedrales de México y Lima. Todas estas construcciones las realizó bajo el patronazgo de Felipe II.

            Pero también destacó en ámbitos diferentes al de la arquitectura. Uno de ellos fue el militar, pues participó en varias campañas de Carlos V en Alemania, Flandes e Italia. El otro es el científico. En el campo de la geometría y las matemáticas podemos destacar su Discurso sobre la figura cúbica. Además, Herrera se convirtió en su primer director de la Academia de Matemáticas y Delineación, fundada en 1582 en Madrid y denominada oficialmente Academia Real Mathematica. Fue una de las primeras instituciones de carácter científico en Europa y constituye el antecedente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

            Herrera también impulsó para el rey diversas empresas científicas, desde la invención de instrumentos de navegación, tan necesarios en aquellos tiempos de gran relación marítima con las Indias, hasta la aplicación práctica de la geometría y la matemática en la planificación de sus obras y la optimización de los procesos constructivos. Asimismo, contribuyó en el campo de la astronomía mediante la elaboración de ilustraciones para el tratado titulado Libro de las Armellas en la Universidad de Alcalá de Henares.

            Herrera fue un católico convencido, y su fe se refleja en la monumentalidad y sacralidad de sus obras. El mejor ejemplo es El Escorial, dedicado a San Lorenzo y concebido por Felipe II para celebrar la victoria de San Quintín, que tuvo lugar un 10 de agosto, día de la festividad del santo. De este modo, su vida combina de manera ejemplar la ciencia y la técnica con un profundo compromiso con la fe y el servicio a la Monarquía española.

            El autorIgnacio del Villar

            Universidad Pública de Navarra.

            Sociedad de Científicos católicos de España

            Sobremesa primaveral

            No sé si mis abuelos sonríen porque florecen, o porque mis abuelos sonríen florecen.

            28 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

            Montado en el coche de mis abuelos, de repente, la primavera. Todos los años llega igual: hay una curva de camino a su casa en la que hay unos almendros. Siempre son los primeros en florecer. Y la primavera llega cuando mis abuelos dan la orden, cuando mi abuela se alegra de golpe y los dos comentan esas primeras flores.

            La primavera se adelanta a cuando mis abuelos no aguantan más para verla, porque necesitan aire y buen tiempo. Mis abuelos tienen un jardín precioso, se esfuerzan en cuidarlo cada día, y conspiran felices sobre sus frutales y sus flores.

            Por eso la primavera aparece esa semana de febrero. Porque mis abuelos deciden. Me imagino a la primavera esperando a ver a mi abuelo agarrado al volante, tomando la curva. Y a mi abuela curvando la sonrisa, y exclamando feliz. Entonces la primavera decreta: ya se puede, a trabajar, muchachos. Y la tierra bulle fértil.

            Voy los martes a comer a casa de mis abuelos. En la sobremesa hablamos de qué barbaridad cómo pasa el tiempo. Santiago en septiembre entrará en la universidad. Y a Cris le ha ido muy bien esa entrevista de trabajo. La alegría de tener nietos.

            Sonrío. Somos cómo los primeros almendros de la primavera. No sé si mis abuelos sonríen porque florecen, o porque mis abuelos sonríen florecen.

            Lo que es seguro es que mis abuelos conspiran felices sobre flores y frutales. También sobre sus nietos. Quieren dar el gran golpe: que llegue la primavera.

            La primavera de los nietos empieza como la de los almendros: cuando se juntan dos curvas. La que baja hacia su casa, la que dibuja su sonrisa.

            El autorGabriel Pérez-Miranda

            Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) ocupa el tercer lugar de los seis hijos de Juan y Cristina. Estudiante universitario, es también un entusiasta de los deportes y la lectura, y ha publicado un libro de poesía ("Envïdár", Loto Azul, 2025)

            España

            El Consejo de Estado avala la reforma constitucional del aborto en España

            El Consejo de Estado reprocha al Gobierno en su informe la vía elegida para hacerlo, viendo en ella oportunismo político.

            Javier García Herrería·27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

            El Pleno del Consejo de Estado estudió este jueves el dictamen sobre la reforma constitucional impulsada por el gobierno de Pedro Sánchez para “blindar” el derecho al aborto. El informe, preceptivo pero no vinculante, fue aprobado por 16 votos a favor y 4 en contra da vía libre a la tramitación de la iniciativa, aunque incluye advertencias de calado tanto jurídico como político.

            La propuesta del Ejecutivo consiste en reformar el artículo 43 de la Constitución —relativo al derecho a la protección de la salud— para incluir expresamente la interrupción voluntaria del embarazo. Se trata de una vía que solo exige una mayoría de tres quintos en el Parlamento, sin necesidad de disolver las Cortes ni convocar referéndum. Sin embargo, esa mayoría no está garantizada debido al rechazo anunciado por PP y Vox.

            El reproche por el “atajo” constitucional

            El principal reparo del órgano consultivo se centra en la elección del artículo 43 en lugar del artículo 15, que consagra el derecho fundamental a la vida. Según recuerda el dictamen, si el objetivo fuera un blindaje pleno del aborto como derecho fundamental, la reforma debería afectar al artículo 15, lo que implicaría el procedimiento agravado previsto en la Constitución: aprobación parlamentaria, disolución de las Cortes, elecciones generales, referéndum y posterior ratificación.

            El Consejo de Estado cuestiona los argumentos esgrimidos por el gobierno para optar por el artículo 43, que en el anteproyecto se justificaban por “la mayor sencillez y celeridad” y por facilitar la “viabilidad política” del acuerdo. A juicio del órgano consultivo, esas son “consideraciones de oportunidad política que, desde un punto de vista constitucional, no deberían ser tenidas en cuenta a la hora de elegir el precepto objeto de la reforma”. El procedimiento, subraya, debe ser consecuencia de la decisión de fondo y no su causa.

            Pese a esta crítica, el dictamen concluye que no existe obstáculo jurídico para reformar el artículo 43, por lo que permite al Ejecutivo continuar la tramitación.

            El informe ha sido elaborado bajo la presidencia del Consejo de Estado de Carmen Calvo y con ponencia de la exministra de Sanidad María Luisa Carcedo.

            Contexto político y judicial

            El anuncio de la reforma se produjo en un contexto de fuerte tensión política. Por un lado el presidente Sánchez ensalzó esta medida en un mitin de la campaña socialista de las elecciones regionales en Castilla-León. El gobierno presenta la iniciativa como un paso para equipararse a Francia, que recientemente consagró el aborto en su Constitución, y como una respuesta a movimientos de la derecha.

            Entre los detonantes estuvo la polémica el pasado mes de octubre en el Ayuntamiento de Madrid, cuando se discutió una propuesta de Vox sobre el supuesto síndrome postaborto. Además, el Ejecutivo reaccionó a la negativa de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso a elaborar un registro de médicos objetores a la interrupción voluntaria del embarazo en la Comunidad de Madrid.

            Para el catedrático de Derecho, Rafael Domingo, “el pretendido derecho constitucional al aborto es un «aborto de derecho» que contamina todo nuestro ordenamiento jurídico, a modo de bombón envenenado. Si el derecho está destinado a proteger a los seres humanos, se debe proteger la vida humana en todas sus fases”. 

            La jurisprudencia del Tribunal Constitucional

            Otro de los argumentos que desmonta el dictamen es la idea de que el aborto necesita ser “blindado” ante un eventual cambio de criterio del Tribunal Constitucional. El Consejo de Estado recuerda que el alto tribunal ya se ha pronunciado en dos ocasiones avalando tanto la ley de supuestos como la ley de plazos. Recientemente, el Tribunal Constitucional respaldó también la legislación vigente, consolidando la consideración de la interrupción del embarazo como un derecho de la mujer en el marco legal actual.

            En este sentido, el órgano consultivo apunta que la inclusión del aborto en la Constitución no sería estrictamente necesaria desde el punto de vista jurídico, dado que la doctrina constitucional ya ha fijado criterio.

            Aunque el dictamen permite seguir adelante con la reforma, su carácter no vinculante y la falta de apoyos parlamentarios suficientes reducen notablemente sus posibilidades de prosperar. Sin los votos del PP, la mayoría de tres quintos exigida para modificar el artículo 43 resulta inalcanzable.

            Situación del aborto en España

            En España tanto el número de abortos como la tasa de natalidad configuran un panorama preocupante desde el punto de vista demográfico. En 2024 se registraron más de 106 000 abortos, una cifra preocupante y que no disminuye pese a los programas de educación sexual que se implantan desde hace décadas.

            Al mismo tiempo, la natalidad sigue en niveles muy bajos. En 2024 nacieron 318.005 niños, continuando un descenso de más de dos décadas, y aunque datos preliminares de 2025 apuntan a un leve repunte hasta 321.164 nacimientos, la tendencia de fondo es una caída sostenida que acumula una reducción de alrededor del 23 % entre 2015 y 2025. Las tasas de fecundidad también son muy bajas, con alrededor de 1,1 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional.

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            Evangelización

            “El P. Ayala, fundador de la ACdP: hay que proclamar la fe desde las azoteas”

            Madrid ha acogido la apertura del proceso de beatificación y canonización del Padre Ángel Ayala S.J, fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). El profesor Pablo Sánchez Garrido, Postulador de la Causa, asegura a Omnes que “el P. Ayala mostró que la fe ha de impregnar con valentía el ámbito público”. “Hay que proclamar la fe desde las azoteas”, decía.

            Francisco Otamendi·27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

            El acto ha marcado el inicio oficial del camino para el reconocimiento de la santidad del Padre Ángel Ayala S.J. (Ciudad Real, 1867 – Madrid, 1960), fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Un hombre que predicaba mostrar la fe en el ámbito público, «desde las azoteas», ser testigos de Cristo.

            El evento fue presidido por Mons. Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, con asistencia del Nuncio de Su Santidad, Mons. Piero Pioppo, el cardenal Antonio M. Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, el presidente de la ACdP, Alfonso Bullón de Mendoza, y el alcalde de Ciudad Real, Francisco Cañizares, entre otras autoridades civiles y eclesiales, miembros de la ACdP y numerosos fieles.

            “Su apostolado ha sido ciertamente fecundo”,  señaló Monseñor Martínez Camino, quien añadió que “la Iglesia se toma en serio la posibilidad de que el Padre Ayala sea un testigo vivo del Evangelio”. Por su parte, el presidente de la ACdP, Alfonso Bullón de Mendoza, subrayó la fama de santidad que acompaña a la memoria del Padre Ayala.

            El Postulador de la Causa del P. Ayala, S.J., y secretario nacional de Causas de  Canonización de la ACdP, Pablo Sánchez Garrido, doctor por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, y profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad CEU San Pablo de Madrid, ha manifestado a Omnes que su ejemplo “constituye una aportación singular, muy importante, a la Iglesia”. Con él conversamos.

            Algunas personalidades asistentes al acto de inicio de la Causa del P. Angel Ayala S.J. De izqda. a dcha., Francisco Cañizares, alcalde de Ciudad Real, Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, cardenal Antonio M. Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid, Alfonso Bullón de Mendoza, presidente de la ACdP, el Nuncio de Su Santidad, Mons. Piero Pioppo, y José Masip, vicepresidente de la ACdP. (@ACdP).

            ¿Puede contar brevemente algunos rasgos del perfil del P. Ángel Ayala, S.J., fundador de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP)? Ud. ha escrito que el P. Ayala llevó la alegría de la fe a la vida pública.

            – En efecto, aunque de joven tenía cierta fama de persona seria y exigente, el padre Ayala fue dulcificando su carácter a fuerza de virtud y de gracia hasta convertirse en un anciano que recibía con una sonrisa a laicos o a religiosos para dirigirlos espiritualmente, especialmente a aquellos llamados a ser líderes de la vida pública, ya fueran obreros, ministros o religiosos. Además, presumía de ser “un viejo con sentido del humor” como titula uno de sus últimos libros:

            “Pensamientos sobre la vida por un viejo con sentido del humor”. Desarrolló por tanto un apostolado de la alegría, que llevó a su faceta como pedagogo, y a de su faceta como formador espiritual de líderes.

            Háblenos de su primera época

            – Su primera etapa es de un enorme interés, igualmente, pues es su etapa de fundador de obras apostólicas y educativas. Es la época en que funda la Asociación Católica de Propagandistas, para formar jóvenes líderes cristianos llamados a despertar al adormecido pueblo católico español, de la que sale el gran Ángel Herrera Oria, hoy en proceso de beatificación, igualmente. También funda y dirige el prestigioso Instituto Católico de Artes e Industrias, lo que hoy es ICAI-ICADE; el Seminario Menor de Ciudad Real, o diversas obras de apostolado social y obrero, inspiradas por la Doctrina Social de la Iglesia. Noolvidemos tampoco que fue uno de los fundadores e impulsor inicial de la adquisición del diario El Debate, años antes de poner al frente de su dirección a Ángel Herrera.

            En otras obras no fue fundador principal, pero tuvo una labor muy importante, como en la Confederación de Estudiantes Católicos, en el CEU, o en el impulso fundacional de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús.

            Fase diocesana, y fase romana

            Ahora ha tenido lugar la apertura de su Causa de beatificación y canonización. ¿Puede explicar esta fase diocesana, y la que vendrá después, la del estudio de sus virtudes heroicas? 

            – Los procesos de canonización por virtudes tienen dos fases: diocesana y romana. La diocesana suele abrirse en el lugar donde fallece el Siervo de Dios y requiere que este tenga fama de santidad, así como fieles que seencomiendan a su intercesión. Esta fase es más bien una especie de instrucción procesal, encauzada por el delegado episcopal y por el postulador, donde se recopilan todos los testimonios, ante un tribunal eclesiástico, asícomo todos los documentos, certificados, escritos (publicados y no publicados), etc., por una comisión histórica. Los censores teólogos analizan a su vez los escritos a la luz del Magisterio eclesial.

            Una vez recopilada y debidamente clasificada toda esta documentación y testimonios, se cierra el proceso diocesano y se remite al Dicasterio de la Causas de los Santos en Roma para abrirse la fase romana. 

            En esta, un postulador romano, en colaboración con la figura directiva del relator, elabora una “positio”, una especie de tesis doctoral que expone y justifica toda la vida del Siervo de Dios, centrándose en sus virtudes naturales y sobrenaturales, en grado heroico, y su fama de santidad. Este documento, una vez concluido se presenta a las comisiones romanas (historiadores, teólogos, obispos y cardenales) hasta que finalmente el Santo Padre firma el decreto de virtudes heroicas y el Siervo de Dios pasa a ser declarado venerable, aunque esto no significa que se le pueda tributar aún veneración pública. 

            Pero siendo todo esto importante, lo decisivo está en el proceso de milagro, necesario para ser declarado beato, o de un segundo milagro, para ser declarado santo. Como es sabido el proceso de milagro, que también tiene fase diocesana y romana, es un proceso muy riguroso que requiere de la existencia de un milagro atribuible claramente a la intercesión del Siervo de Dios y que este milagro sea certificado por una comisión de peritos médicos que tienen que constatar lo extraordinario e inexplicable científicamente de la curación y luego entra la valoración teológica del hecho como milagroso, por otras comisiones, previas a la declaración final del Santo Padre como beato, o como santo.

            A veces se confunde la figura del P. Angel Ayala y la del cardenal Ángel Herrera Oria, cuya Causa está también abierta. Explíquelo, si es tan amable. El presidente de la ACdP, Alfonso Bullón de Mendoza, ha subrayado la fama de santidad que acompaña a la memoria del Padre Ayala.

            – Bueno, es cierto que a veces hay cierta confusión entre ambos “ángeles” (Herrera y Ayala) quizá explicable porque siempre hubo una gran identificación entre ambos, ya que el padre Ayala confió desde el principio en Ángel Herrera, a quien seleccionó de las congregaciones marianas de “los Luises”, junto a otros compañeros, y le puso al frente de la Asociación Católica de Propagandistas, o luego al frente de El Debate, como decía antes. Pero el padre Ayala sabía crear obras y luego retirarse a un segundo plano, era muy subsidiario y no era nada clerical, o clericalista. En eso se adelantó al Concilio en lo que este tuvo de reivindicación del papel de los seglares en el apostolado y en cierto modo en ser vanguardia de la Iglesia en la sociedad. Antes había una idea de que el apostolado o la acción eclesial del seglar era más bien una extensión de la acción, o de “la mano”, de la Jerarquía, según la teoría de la “longa manus”. El padre Ayala en cambio confió esa gran labor de apostolado público a un grupo de jóvenes seglares a los que formó especialmente para ello y los lanzó a la vida pública con gran confianza y libertad.

            “Vamos a ver lo que Dios quiere de nosotros”

            Pero volviendo a la confusión de “ángeles”, conviene aclarar que el fundador de la ACdP fue el padre Ayala, en 1908, con aquella frase: “Vamos a ver lo que Dios quiere de nosotros”. Luego es verdad que las circunstancias le retiraron de la primera línea pues, al igual que otros santos, sufrió la calumnia, en este caso bajo la falsa acusación de integrismo, y fue apartado de Madrid a Ciudad Real. Esto puso toda la responsabilidad de la recién fundada ACdP sobre el joven Ángel Herrera, quien tuvo que asumir un protagonismo inusual para asociaciones apostólicas de la época, convirtiéndole en todo un protagonista de la Iglesia española, aún en su etapa de seglar, previa al sacerdocio.

            Podría afirmarse que sus vidas tienen paralelismos…

            – Sí. Ambos acabaron siendo sacerdotes, aunque Ángel Herrera luego sería también obispo y cardenal. Pero cada uno tiene su propio carácter y nos aporta su propio modelo de santidad, si se me permite usar la expresión. De hecho, creo que en ambos casos existía una probada fama de santidad, lo cual hizo que se iniciaran los trámites de los respectivos procesos: el de Ángel Herrera hacia 1996 y el de Ángel Ayala hacia 2020, con pasos previos desde 2008, cuando la ACdP creó el Secretariado de Causas de Canonización. Es verdad que la del padre Ayala podría haberse iniciado antes, pero no siempre se cuenta con los medios y con la necesaria determinación institucional para poder hacerlo.

            En el acto se destacó su impulso a iniciativas apostólicas, como la ACdP y otras, y también su perfil espiritual. ¿Cómo valora la aportación del P. Ayala a la Iglesia? Su huella educativa, por ejemplo, y otras.

            – Efectivamente su labor como gran pedagogo fue enorme, y ahí están su biografía, sus fundaciones educativas y sus libros para demostrarlo. Sin embargo, me quiero centrar en otra cosa si hablamos de su aportación a la Iglesia, ya que grandes pedagogos católicos ha habido muchos antes y después de él.  Sin embargo, la aportación del padre Ayala a la Iglesia creo que es muy importante y que tiene algo de especial, ya que una cosa es la santidad, que confío habrá alcanzado a muchas personas —incluso algunas conocidas por nosotros, como probablemente nuestros abuelos—; pero otra cosa es la santidad canonizable. 

            Para que la Iglesia ponga a alguien como modelo, no basta una convicción sobre su santidad, hace falta que ese Siervo de Dios haya señalado, desde su apertura a la gracia, un camino para vivir la fe, que haya aportado al Pueblo de Dios algo en cierto modo novedoso, o bien que haya hecho lo ordinario de la vida cristiana de un modo extraordinario, de tal modo que merezca ser reconocido como modelo, como “canon”. 

            A mi modo de ver, como postulador, devoto y especialista en la vida del padre Ayala, y subrayando que hay que esperar al juicio de la Iglesia para hablar propiamente de su santidad, creo que esto concurre en él, ya que el padre Ayala nos muestra, junto a su entonces joven discípulo, el Siervo de Dios Ángel Herrera, un modo de llevar la fe a la vida pública, en una época además en la que la fe estaba siendo arrinconada en la esfera privada, en aplicación del dogma estatista (liberal, o socialista) de separación entre lo público y lo privado. 

            Esto no es una cuestión baladí ya que la fe cristiana está llamada a llegar a todos los rincones de la sociedad, incluyendo todas las realidades y estructuras sociales. 

            Llevar la fe a la vida pública es marca de la casa. Continúe…

            – Lo que acabo de decir no significa proponer un indeseable clericalismo, ni tampoco un confesionalismo, sino cumplir con la misión de ser “sal”, “luz” y “fermento” de la sociedad, llevando la fe a todas las realidades temporales, lo cual no se agota en lo privado, sino que la fe también ha de impregnar con valentía o “parresía” evangélica el ámbito público, según el mandato evangélico de proclamar la fe desde las azoteas, pues como dice Jesús: “ lo que habéis hablado al oído en las habitaciones, se proclamará desde las azoteas” . 

            Mencione algunas de esas “azoteas” para proclamar la fe.

            – Hoy día esas “azoteas” para proclamar la fe son sin duda los medios de comunicación, como ya vio el padre Ayala al impulsar el diario El Debate, pero también lo son las cátedras, el compromiso político, la iniciativa empresarial, la acción social, etc. Se trata de ser testigo de Cristo también en esas realidades temporales y de no tragarse el dogma mundano, y falso teológicamente, de que la fe es un asunto privado.

            Además, España es precisamente un sitio donde la fe se ha vivido abierta y públicamente de un modo natural, incluso en la vida de ocio y devoción, como muestran nuestras tradiciones de Semana Santa, o nuestro Corpus Christi, o nuestros grandes literatos y artistas del Siglo de Oro, que llevaron la fe hasta su máxima expresión social y cultural. 

            El padre Ayala mostró un camino a los laicos para vivir su vida en la Iglesia y en la sociedad, una especie de lo que he llamado “opción paulina” o “modelo paulino”, para los que sientan esta especial llamada a lo público; pero que en sentido amplio compete a todo católico, especialmente si es un laico o seglar. 

            Un camino que hoy día no solo no está superado, sino que es más necesario que nunca, aunque tenga que encontrar siempre nuevas formas de expresión, nuevas azoteas, para seguir proclamando a todos la salvación del Evangelio, sin esconder la luz bajo el celemín.

            El autorFrancisco Otamendi

            El riesgo de potenciar el diaconado permanente

            No es difícil comprender el desafío pastoral que subyace: si un fiel percibe como casi equivalente una celebración de la Palabra con comunión y la Misa dominical, puede disminuir su disposición a desplazarse a otra localidad para participar en la Eucaristía.

            27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

            En tiempos en los que muchos asuntos se abordan con excesiva vehemencia y no poca polarización, también dentro de la Iglesia, conviene hacer un esfuerzo consciente por tratar las cuestiones eclesiales con serenidad. El anuncio de la diócesis de Huesca sobre la puesta en marcha del diaconado permanente merece precisamente eso: reflexión, respeto y deseo sincero de buscar el bien de la Iglesia y de los fieles.

            La decisión ha sido comunicada mediante una carta pastoral de su obispo, Pedro Aguado, en la que fundamenta la medida con argumentos teológicos y pastorales sólidos. Como ha subrayado al justificar la decisión, el diaconado permanente —conferido a hombres tanto célibes, como casados— fue restaurado por el Concilio Vaticano II, en continuidad con la Tradición apostólica testimoniada ya en el Nuevo Testamento, en los Padres de la Iglesia y en los primeros concilios.

            Un ministerio con identidad propia

            El obispo subraya en su carta un punto esencial: “El diaconado no es una opción de sustitución del presbítero, a causa del escaso número de sacerdotes. El diaconado es un ministerio en sí mismo, no una opción de suplencia. Nuestra diócesis apuesta por el diaconado permanente del mismo modo que opta por una pastoral vocacional hacia el ministerio sacerdotal o por una seria, clara y consistente promoción de los ministerios encomendados a las personas laicas”.

            La aclaración resulta especialmente pertinente en un contexto como el español, donde la disminución del clero —sobre todo en zonas rurales— es dolorosa y evidente. En la diócesis de Huesca, por ejemplo, el número de seminaristas que estudian en Zaragoza es muy reducido. En este marco, la implantación del diaconado permanente puede ofrecer una ayuda real en tareas pastorales, tanto en pueblos con dificultades para contar con sacerdote residente como en ciudades donde el clero se encuentra sobrecargado.

            En España hay actualmente en torno a 600 diáconos permanentes, una cifra todavía modesta si se compara con la de otros países como Estados Unidos, donde rondan los 20.000, concentrando cerca del 40 % de los diáconos permanentes en el mundo. Todo indica que se trata de un ministerio todavía en proceso de integración natural en la vida eclesial de nuestro país.

            Desde un punto de vista pastoral, la medida es razonable: facilita el acceso a sacramentos que puede presidir el diácono —como el Bautismo o el Matrimonio—, refuerza la predicación de la Palabra y potencia la dimensión caritativa de la Iglesia.

            La importancia de una buena formación

            Ahora bien, junto a las oportunidades, también conviene identificar con claridad los retos. Es fundamental que los fieles laicos reciban una formación adecuada que les permita comprender con precisión la naturaleza de los distintos ministerios: qué diferencia hay entre un diácono y un presbítero, cuál es el sentido de la disciplina del celibato en la Iglesia latina y en qué consiste la misión específica de los ministerios laicales. Solo una catequesis sólida evitará confusiones y ayudará a que cada vocación sea valorada en su justa medida.

            Si estas distinciones no están bien asentadas, puede producirse una percepción ambigua de los ministerios ordenados. No se trata de alarmismo, sino de aprender de experiencias previas. En otros contextos europeos, como Alemania, el debate sobre los ministerios eclesiales ha mostrado hasta qué punto determinadas dinámicas pueden generar tensiones e interpretaciones divergentes.

            Un ejemplo reciente ilustra la facilidad con la que pueden surgir malentendidos incluso en nuestro país. El pasado 23 de febrero, un titular inicial de un medio de comunicación cercano a la Iglesia sobre la instauración del diaconado permanente en Huesca decía literalmente: “El sacerdocio laico llega a Huesca para dar misa y bautizar sin ser cura: “‘Puede crear vocación’”. Horas después fue corregido por otro más ajustado a la realidad. Más allá de la rectificación, el episodio muestra cómo una expresión imprecisa puede generar confusión entre los fieles.

            El contexto de las celebraciones dominicales sin sacerdote

            La reflexión se amplía en el contexto de las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero. En algunas diócesis, ante la imposibilidad de celebrar la Misa dominical en todos los lugares, se han promovido celebraciones de la Palabra con distribución de la comunión, una práctica plenamente ortodoxa y prevista por la normativa eclesial.

            Sin embargo, durante la última visita ad limina de los obispos españoles al Papa —realizada en diciembre de 2021—, la Santa Sede les transmitió prudencia respecto a la expansión de estas celebraciones como solución estructural. La experiencia de la Iglesia en Francia, pionera hace medio siglo en este tipo de prácticas, llevó posteriormente a los obispos franceses a restringirlas enormemente, al constatar que, con el paso de los años, diluía en los fieles la conciencia de la singularidad de la Eucaristía.

            En una conferencia, José Ignacio Munilla explicó que desde Roma se aconsejó evitar celebraciones que imitasen externamente la estructura de la Misa. El riesgo señalado era que, con el tiempo, se produjera una cierta desvalorización práctica del sacramento eucarístico. Por esta razón, desde el Vaticano sugerían fomentar otros recursos litúrgicos —como la Liturgia de las Horas o la adoración— cuando no fuera posible la celebración de la Eucaristía.

            No es difícil comprender el desafío pastoral que subyace: si un fiel percibe como casi equivalente una celebración de la Palabra con comunión y la Misa dominical, puede disminuir su disposición a desplazarse a otra localidad para participar en la Eucaristía.

            Un equilibrio que requiere estudio y serenidad

            Nada de esto invalida la oportunidad del diaconado permanente en Huesca ni cuestiona su oportunidad. Más bien invita a acompañar su implantación con una formación clara y una reflexión continua, que evidentemente no es labor de exclusiva de esta diócesis sino de todas las de España, especialmente de aquellas que ya cuentan con decenas de diáconos permanentes. 

            Potenciar el diaconado permanente puede ser muy positivo y necesario y no tiene riesgos especialmente preocupantes. El problema es no entender qué es un diácono, qué es la Misa y hasta qué punto uno debe poner esfuerzo para ir a una celebración eucarística en otra población.

            La Iglesia tiene experiencia para discernir y ajustar sus prácticas a la luz de la tradición y de los frutos pastorales que se van observando. La decisión de la diócesis de Huesca abre una etapa nueva que puede ser muy fecunda si se vive con espíritu de comunión, claridad doctrinal y prudencia pastoral. En un tiempo propenso a los extremos, quizá el mejor servicio sea precisamente ese: pensar con calma, escuchar las distintas sensibilidades y trabajar juntos por el bien de la Iglesia.

            El autorJavier García Herrería

            Redactor de Omnes. Anteriormente ha sido colaborador en diversos medios y profesor de Filosofía de Bachillerato durante 18 años.

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            Juan María Sánchez Prieto: «La tensión entre revolución y tradición define al ser humano»

            Juan María Sánchez Prieto propone la ‘transciencia social’, una nueva forma de unir historia, sociología y otras disciplinas para entender mejor la sociedad, la democracia y la resiliencia del ser humano.

            José Carlos Martín de la Hoz·27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

            El catedrático de sociología de la Universidad Pública de Navarra, Juan María Sánchez Prieto (Madrid, 1958), ha publicado en ediciones Catarata, un interesante trabajo recopilatorio de artículos iluminadores de una nueva materia de investigación que ha surgido en las ciencias sociales y que ha ido fraguando silenciosamente a lo largo de estos últimos años.

            Partiendo de la Escuela francesa de los “Annales”, de los años 80 del siglo pasado, el catedrático Sánchez Prieto delinea magistralmente el paso de la historia a la sociología y de la sociología a la historia, hasta cuajar en un sistema de pensamiento que va mucho más allá de la mera interrelación entre dos ciencias señaladas para convertirse en una nueva ciencia y en una nueva metodología: la “transciencia social” que ha trascendido a la “ciencia social histórica” (23).

            Sociología y objetividad: límites del estudio ideologizado

            Ciertamente, desde hace muchos años, la sociología tanto cuantitativa como social se ha ido abriendo camino y comienza a ser clave para interpretar la historia contemporánea y reciente, pues tener documentos no sirve para nada sino tenemos una clave adecuada para interpretarlos o, al menos, para acercarnos con la mayor objetividad posible a los mismos.

            El ejemplo más claro (y esto pertenece a nuestra cosecha personal) lo tenemos en los estudios sociológicos que ha publicado en estos últimos años el famoso sociólogo español José Félix Tezanos que, indudablemente, son muy completos y están muy bien elaborados pero que están tan ideologizados que se apartan de la realidad y fracasan estrepitosamente como elementos válidos para la toma decisiones. 

            La clave está en que la sociología debe unirse con la historia, el derecho, la política, la filosofía y la economía, sobre la base de una antropología común que nos ayudaría a entender la realidad social y la individualidad: eso es la “transciencia” que va a delinear magistralmente en este libro el profesor Sánchez Prieto.

            Ante los análisis rápidos y sin fundamento acerca de que la sociología habría fracasado, ha emergido una nueva hermenéutica con la “transciencia”. Hace unos años parecía que la sociología eran los estudios clave del futuro pero, tras un tiempo de incertidumbre, parece que con la “transciencia” la sociología seguirá siendo una apuesta de futuro para ayudar a conocer al hombre y entender las carencias de nuestra sociedad democrática.

            Es muy interesante la interrelación de ciencias pues con ellas y las transciencia se rompen cercos y fronteras. Por ejemplo, al hablar de libertad nos recordará Sánchez Prieto que: “la fuerza del hombre no proviene de estar desprovisto de un destino inexorable, sino de saberlo. Su destino es ser responsable de sí mismo” (47).

            Pluralidad temporal y conceptos sociales

            Paginas después, analizará el concepto de ideología que empapó la sociología histórica hasta hace muy pocos años, para evidenciar que se ha producido una “disolución del concepto de ideología dentro de la cultura política, aunque ya no se ajuste a su concepción original anclada en la tradición politológica de Almond y Verba que se ha mostrado, en cualquier caso insuficiente” (100).

            Me ha parecido muy interesante traer, en esta reseña, estas conclusiones del historiador Braudel en su famosa obra sobre el Mediterráneo cuando subrayaba la pluralidad del tiempo social: “tiempos múltiples y contradictorios de la vida humana que no solo son la sustancia del pasado, sino también el tejido de la vida social actual. Una conciencia clara de esa pluralidad es esencial para una metodología común en las ciencias del hombre” (122).

            Democracia y valores contemporáneos

            Es muy interesante que, siguiendo a Lévi-Strauss y al repensar el mito, termine por afirmar Sánchez Prieto: “La tensión, en todo caso, entre revolución y tradición es algo consustancial a la dinámica de la modernidad: es tal vez lo que define propiamente la suerte del ser humano” (125). 

            Es más, respecto al mito recordará que “La democracia exige fe en la razón -y en la persona y en la libertad-, pero también cierta confianza en el mito (por alargada que nos parezca su sombra): nadie ha dicho que la democracia sea el gobierno de los sabios, al contrario (precisamente por ello la democracia es sobre todo control: la capacidad de los gobernantes de controlar y cambiar a los gobernantes). No basta con tener razón, debe existir la percepción de que se trabaja con el mejor interés común y no en el propio” (127-128).

            Es muy interesante, a nuestro modo de ver, el relanzamiento de los valores democráticos y de la propia democracia que realiza Sánchez Prieto. En primer lugar, señalará la sólida base de la que partimos: “la democracia es un sistema que no cesa de cuestionarse a sí mismo. La crítica permanente es fuente también de creatividad, aunque no por ellos las respuestas creativas que hayan podido o puedan darse deban resultar necesariamente satisfactorias. Los sujetos realmente creativos ignoran que lo son” (219).

            Inmediatamente, tras señalar los indudables problemas y dificultades de nuestro tiempo, señalará las fortalezas de la democracia: “La democracia directa entonces no sería tanto una ingeniería para lograr la expresión de una voluntad social como el despertar de actitudes y comportamientos que generen dicha voluntad social: vivir una vida democrática de ideas y experiencias, cocreando y compartiendo un poder que beneficie a todos” (232).

            El profesor Sánchez Prieto, recordarás la importancia de la Declaración Universal de Derechos Humanos y señala la “vertiente moral” de esos derechos que, en la práctica están actuando (esto lo afirmamos nosotros) como si fuera la ética universal de la que hablaba Habermas o Hans Küng o Ratzinger (236).

            Resiliencia y transformación de la mirada

            No podemos terminar sin señalar el valor que atribuye nuestro autor a la “resilencia” cunado afirmaba: “en el retrato de la resilencia, la importancia reside en la mirada. La dirección de la mirada del sujeto es la línea fundamental (…). La resilencia como poder transformador requiere una transformación de la mirada” (249).

            Ensayos de transciencia social

            Autor: Juan María Sánchez Prieto
            Editorial: Los libros de la Catarata
            Páginas: 304
            Año: 2026
            Educación

            El carisma fundador: memoria viva, no reliquia de museo

            Las instituciones católicas deben evitar ser "reliquias de museo" y centrarse en reavivar el carisma fundacional. Esto implica poner al sagrario como corazón real del colegio, involucrar al profesorado como comunidad de misión y reconocer la insustituible primacía educadora de los padres.

            Diego Blázquez Bernaldo de Quirós·27 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

            Toda institución educativa de la Iglesia nace de una llamada concreta: un fundador o una fundadora que, mirando la realidad con ojos de fe, sintió la urgencia de evangelizar a través de la escuela. No nacieron primero los edificios ni los reglamentos: nació un fuego.

            Ese fuego tiene nombre: carisma. Y el carisma no es un slogan inspirador ni una placa en la entrada del colegio, sino una gracia viva que debe encarnarse en personas concretas, en decisiones reales, en un estilo de presencia y de relación. Cuando el carisma se reduce a un texto en la web, la institución empieza a vivir de rentas espirituales y a perder su fuerza transformadora.

            Por eso, antes de hablar de metodologías, plataformas digitales o indicadores de calidad, una escuela católica debería preguntarse con honestidad:

            • ¿Seguimos respirando el espíritu con el que fuimos fundados?
            • ¿Nuestras decisiones de hoy se dejan interpelar por la intuición original que dio vida a la obra?
            • ¿O nos hemos ido deslizando hacia un modelo de colegio correcto, eficiente… pero indistinguible de cualquier otro?

            Mantener viva la misión recibida desde la fundación no es nostalgia; es fidelidad creativa. El colegio no está llamado a conservar un museo, sino a prolongar en el presente la gracia recibida, abriéndola a nuevas generaciones. Y eso solo es posible si quienes sostienen la institución –consagrados, directivos, laicos– viven de esa fuente y la vuelven a visitar con humildad.

            El corazón del colegio: un Sagrario, no un eslogan

            En muchas escuelas religiosas se ha ido imponiendo, casi sin darnos cuenta, una inversión peligrosa de prioridades. Multiplicamos proyectos, programas de innovación, etiquetas pedagógicas, certificaciones, campañas… y, al mismo tiempo, el Sagrario pasa discreto, casi escondido, como si fuera un elemento más del paisaje.

            Sin embargo, para un colegio católico el centro no puede ser otro que Cristo vivo en la Eucaristía. Todo lo demás –proyectos, estructuras, tecnologías– es periférico. Importante, sí, pero periférico. El verdadero corazón de la escuela es la capilla, no el despacho de dirección ni el aula de informática.

            Una institución educativa que nació al calor de la Eucaristía se enfría cuando deja de arrodillarse ante el Sagrario. Pierde ardor cuando ya no se toma en serio que, en medio de los patios y los pasillos, habita realmente el Señor. Recuperar esta conciencia cambia la manera de dirigir, de enseñar, de acompañar:

            • El claustro deja de ser solo un equipo de trabajo para convertirse en comunidad que ora unida.
            • Las decisiones importantes se toman, antes que en una sala de juntas, frente al Sagrario.
            • Los alumnos aprenden que su colegio no es solo un lugar donde “pasan cosas”, sino una casa donde Dios les espera.

            Cuando sustituimos al Sagrario por otros “centros” –el marketing, la innovación por la innovación, la obsesión por la imagen–, erramos el tiro. Podemos tener colegios llenos de actividad, pero vacíos de presencia. Y una escuela católica sin Eucaristía en el centro acaba debilitando su carisma y perdiendo su orientación hacia la misión con mayúsculas: la que permanece y transforma vidas.

            El profesorado: primera riqueza y primera misión compartida

            En cualquier institución educativa, la riqueza principal no son los edificios ni los programas, sino las personas. En un colegio católico, esto se concreta en un hecho claro: el profesorado es la primera riqueza y el primer lugar donde se juega la misión compartida.

            Durante décadas, muchas congregaciones asumieron casi en exclusiva la vida de sus colegios. Hoy, con menos vocaciones y más laicos implicados, la pregunta es inevitable: ¿estamos haciendo del profesorado una verdadera comunidad de misión o solo un equipo de profesionales competentes?

            Un profesor puede conocer muy bien su materia y, sin embargo, no ser todavía parte viva del carisma. Integrar a los laicos en la misión no consiste en pedirles que “firmen” un ideario, sino en acompañarlos para que lo hagan suyo, lo recen, lo disciernan, lo vivan. Si el carisma se queda en los documentos de titularidad y no baja al corazón de los docentes, se corta la cadena de transmisión.

            Para que de verdad haya misión compartida, hace falta:

            • Procesos serios de selección y acogida, donde no solo se evalúen competencias, sino afinidad profunda con la identidad cristiana del centro.
            • Formación permanente en clave espiritual y carismática, no solo técnica. Cursos, retiros, espacios de lectura orante de la Palabra, conocimiento de la historia de la institución.
            • Acompañamiento personal y comunitario, para que los profesores no sean “ejecutores” de proyectos ajenos, sino co-responsables, con voz y discernimiento propio.

            Cuando el profesorado se convierte en cadena de transmisión viva –del fundador o fundadora a los alumnos, pasando por la propia experiencia de fe de cada docente–, la escuela deja de ser una “obra de las religiosas” para ser, de verdad, una comunidad educativa en misión.

            Padres, alumnos y profesores: una misión que se contagia

            Si la familia es la primera escuela y los profesores son la primera riqueza de la institución, el colegio se convierte en un puente. Un buen puente no retiene, comunica. La misión educativa alcanza su plenitud cuando la fe y el carisma que se viven en la escuela regresan al hogar, se encarnan en conversaciones de cocina, en oraciones nocturnas, en decisiones de vida.

            ¿Cómo se produce este “ida y vuelta” fecundo? No por campañas puntuales, sino por un estilo:

            • Padres que se sienten acogidos, escuchados, acompañados en sus luchas.
            • Profesores que no solo enseñan contenidos, sino que transparentan una forma cristiana de mirar el mundo.
            • Alumnos que encuentran en la capilla del colegio un lugar familiar, no extraño; un Sagrario que les acompaña desde pequeños y deja huella indeleble.

            Cuando esto ocurre, el colegio se convierte en una verdadera “escuela de discípulos”, donde no se fabrica clientela, sino se forman personas capaces de llevar la luz del Evangelio a sus familias, a sus futuros trabajos, a la sociedad.

            En estos tiempos vemos que vuelven con fuerza viejas tentaciones con envoltorio nuevo. Una de ellas es la de construir una escuela “autosuficiente”, capaz –en teoría– de hacerse cargo de todo: instrucción, educación, acompañamiento, maduración afectiva, formación espiritual… y, por el camino, desdibujar la presencia real de los padres. Se habla de “educación integral” como si el colegio pudiera suplir por completo a la familia. Pero esto es un espejismo peligroso.

            Ningún colegio, por muy excelente que sea, puede sustituir la misión insustituible de los padres. Cuando olvidamos esta verdad elemental, los centros educativos se convierten en orfanatos de lujo: bien organizados, bien pintados, llenos de proyectos y actividades, pero incapaces de entregar lo que solo un hogar puede dar: raíces, pertenencia, identidad, mirada de amor.

            La familia es la primera escuela de humanidad, y los padres son los primeros educadores. El Magisterio lo ha repetido hasta la saciedad. Cuando esta convicción se debilita, la escuela corre el riesgo de acumular programas y “experiencias” mientras se vacía de lo esencial: una comunidad de vida y de fe en la que el niño se sabe querido, acompañado y llamado por su nombre.

            En el caso de los colegios católicos, esta tentación es aún más grave: no solo está en juego una buena educación, sino la transmisión de un carisma y de una misión recibida de Dios. Si el vínculo vivo con las familias se rompe, la escuela puede seguir funcionando externamente, pero acaba convirtiéndose en un proyecto más dentro del mercado educativo, sin alma propia.

            Cómo recuperar el ardor perdido

            Muchos equipos directivos y comunidades religiosas perciben que, con los años, se ha enfriado algo del fuego original. El desgaste, las urgencias, la presión por sostener económicamente las obras… todo va restando energía interior. La pregunta es: ¿se puede recuperar el ardor? La respuesta cristiana es siempre sí. No por nuestras fuerzas, sino volviendo a la fuente.

            Algunas pistas concretas:

            1. Volver al Sagrario juntos

            Antes de reorganizar estructuras o diseñar nuevos planes estratégicos, es necesario un gesto humilde: ponerse de rodillas. Reservar tiempos reales –no simbólicos– de adoración eucarística para el claustro, para el equipo directivo, para la comunidad religiosa. Mirar al Señor y dejarse mirar por Él. Desde ahí se reordena todo lo demás.

            1. Releer la historia con gratitud

            Recuperar cartas del fundador o fundadora, testimonios de antiguas generaciones, hitos de la obra. No para instalarnos en el pasado, sino para escuchar qué quiso Dios decir a través de esa historia. La gratitud cura el cansancio y purifica la tentación de comparar siempre “aquello” con “esto”.

            1. Discernir con honestidad lo accesorio y lo esencial

            No todo proyecto que suena bien es necesario. Muchos colegios cargan sobre sus espaldas iniciativas que ocupan tiempo, energías y dinero, pero aportan poco a la misión. Preguntarse con valentía: “¿Esto nos acerca al corazón de nuestra vocación educativa o es ruido añadido?”. Y, si es ruido, saber soltarlo.

            1. Cuidar el corazón de los educadores

            Un profesor quemado no puede encender a nadie. Hace falta ofrecer acompañamiento espiritual, espacios de descanso real, experiencias fuertes de encuentro con Dios. Cuando los docentes se sienten cuidados, su ardor se reaviva y su mirada sobre los alumnos cambia.

            1. Hacer de la capilla el lugar decisivo de la vida escolar

            No basta con “tener” capilla; hay que usarla. Celebraciones sencillas y frecuentes, momentos de silencio, ratos de adoración con los alumnos, confesores disponibles… Que cada niño pueda decir: “En mi colegio había un lugar donde sabía que Jesús me esperaba”. Ese recuerdo, años después, sostiene muchas noches oscuras.

            Custodiar el fuego, no solo la estructura

            El gran peligro de nuestras instituciones educativas no es quedarse sin proyectos ni sin recursos, sino quedarse sin fuego. Podemos mantener edificios, marcas, estructuras jurídicas… y, sin embargo, haber dejado de arder por dentro.

            La buena noticia es que el Señor no pide heroísmos imposibles, sino fidelidad humilde: a la misión recibida, al carisma fundacional, a la presencia real de Cristo en la Eucaristía, a las familias concretas que llaman cada día a la puerta del colegio, a esos profesores que son –con todos sus límites– la mejor herramienta de Dios para tocar corazones jóvenes.

            Una escuela sin padres es un espejismo peligroso. Una escuela sin Sagrario en el centro, también. El reto de hoy es sencillo de formular y exigente de vivir: volver a poner a Cristo en el corazón del colegio, reavivar el carisma, cuidar a los educadores, acompañar a las familias.

            Cuando eso ocurre, los alumnos dejan de ser “usuarios” de un sistema educativo para convertirse en hijos que descubren, poco a poco, que tienen un Padre del cielo que les ama y una Iglesia que camina con ellos. Y esa es, al final, la única misión que merece la pena sostener, aunque todo lo demás cambie.

            España

            Los obispos españoles preocupados por el aumento del emotivismo en la vivencia de la fe

            La Conferencia Episcopal Española publicará un documento sobre el papel de las emociones en la vivencia de la fe, ante el aumento del “emotivismo” en algunos ámbitos eclesiales.

            Javier García Herrería·26 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

            La Conferencia Episcopal Española (CEE) dio luz verde al documento elaborado por la comisión para la Doctrina de la Fe, presidida por Mons. Francisco Conesa. Según explicó el secretario general y portavoz de la CEE, Mons. César García Magán, el documento sobre el emotivismo en la vivencia de la fe “no va contra nadie” ni pretende condenar a movimientos o iniciativas concretas.

            La preocupación de los obispos surge de la constatación de una “proliferación de la dimensión afectiva” en la experiencia religiosa. Magán ha subrayado que la dimensión emocional es constitutiva de la persona y no es negativa en sí misma, pero se quiere adviertir del riesgo de reducir la fe a lo meramente sentimental.

            La reflexión busca ayudar a los fieles a comprender que la fe cristiana debe traducirse también en obras y compromisos concretos, como la limosna, la atención a los necesitados y otras manifestaciones prácticas de caridad. El texto será publicado próximamente, tras incorporar algunas modificaciones realizadas en la reunión de la Comisión Permanente de la CEE que se ha reunido esta semana en Madrid.

            Líneas pastorales 2026-2030: “Poneos en camino”

            La Comisión Permanente también aprobó las nuevas Líneas pastorales para el cuatrienio 2026-2030, tituladas “Poneos en camino” (Lc 10, 3). El texto base ya había sido respaldado en la Asamblea Plenaria de noviembre de 2025, quedando pendiente una revisión final.

            A falta de unos últimos cambios antes de su publicación, de momento apenas se han detallado los contenidos. Tan solo se ha señalado que el documento abordará prioridades relacionadas con la evangelización, la celebración del domingo y una reflexión sobre la presencia de la Iglesia en el territorio. El texto definitivo se publicará próximamente en la web de la CEE.

            Nuevo departamento para las relaciones con el Islam

            La Comisión Permanente aprobó asimismo la creación de un departamento para las relaciones con el Islam, dentro de la Subcomisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales y el Diálogo Interreligioso.

            Esta subcomisión está presidida por Mons. Ramón Darío Valdivia y el nuevo departamento pretende responder a los retos derivados del crecimiento de la presencia musulmana en España. Entre sus objetivos se encuentran:

            • Acompañar a familias con disparidad de culto.
            • Formar a sacerdotes, seminaristas, religiosos y laicos en el diálogo entre Islam y cristianismo.
            • Elaborar materiales catequéticos para catecúmenos procedentes del Islam.
            • Fortalecer las relaciones institucionales con asociaciones islámicas.
            • Asesorar a los obispos y delegaciones de diálogo interreligioso en las diócesis.

            Escuela de Verano y pastoral educativa

            La Permanente estudió también la puesta en marcha de una “Escuela de Verano” de la CEE, concebida como espacio de formación y encuentro para laicos, religiosos, seminaristas y sacerdotes, en cuestiones relevantes para la Iglesia y la sociedad.

            Por su parte, la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, presidida por Mons. Alfonso Carrasco, presentó un plan para impulsar la Pastoral del Deporte en las diócesis y un programa de trabajo del Consejo General de la Iglesia en la Educación para los próximos dos años.

            Evangelización

            Gwen Stefani: duras críticas por vivir el reto de la Cuaresma con Hallow

            “Hola a todos, acabo de recibir mis cenizas y estoy lista para la Cuaresma. Este año voy a participar en el reto de oración de 40 días de Cuaresma de Hallow. Va a ser increíble. Echadle un vistazo. Que Dios os bendiga”. Esto dijo hace unos días la cantante Gwen Stefani en redes sociales. Y le está cayendo la mundial.

            Francisco Otamendi·26 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

            La cantante estadounidense Gwen Stefani volvió al debate cultural y político en Estados Unidos, sin desearlo, tras anunciar en redes sociales que participaría en el reto de oración de 40 días de Cuaresma promovido por la aplicación católica de oración Hallow.

            El mensaje, publicado con motivo del Miércoles de Ceniza —18 de febrero—, sorprendió a parte de su base de seguidores y generó una ola de críticas en plataformas como X e Instagram, donde @gwenstefani tiene 17,7 millones de seguidores (2,3 millones en X).

            “Un tiempo muy especial para mí”

            En un vídeo compartido ese mismo día, la artista, de 56 años, apareció con visible entusiasmo explicando que comenzaba el camino cuaresmal acompañada por esa aplicación de meditación y oración. 

            “Es un tiempo muy especial para mí”, afirmó, invitando a sus seguidores a unirse al reto espiritual. La naturalidad con la que habló de su fe católica rompió la imagen que muchos internautas mantenían de la estrella del pop asociada durante décadas a una estética transgresora. 

            ‘Giro católico’

            Stefani se suma de este modo al denominado ‘giro católico’, en el que cantantes, actores y otras celebridades incorporan la fe y la espiritualidad a su creación profesional y sus vidas.

            Entre ellos pueden citarse a David Henrie, Michael Bublé, Chris Pratt o Patricia Heaton, además de Mark Wahlberg, o los españoles Rosalía, Jaime Lorente, o los creadores de la película ‘Los domingos’, por citar sólo algunos. 

            David Henrie (Los Magos de Waverly Place), con su mujer, Maria Cahill, en el Miércoles de Ceniza, el 18 de febrero de 2026 (@DavidHenrie en X).

            Reacciones

            En el caso de Gwen Stefani, la reacción no tardó en llegar en Estados Unidos. Numerosos usuarios la acusaron de alinearse con posturas ultraconservadoras y algunos la vincularon directamente con el movimiento político MAGA (“Make America Great Again”), lema popularizado por el presidente Donald Trump. En redes sociales circularon mensajes que la calificaban de “extremista religiosa” y “traidora a los valores progresistas”. Algunos comentarios fueron más allá y la acusaron de apoyar indirectamente políticas antiabortistas por su colaboración con la plataforma.

            El foco de la controversia se amplificó al recordarse declaraciones previas del director ejecutivo de Hallow, Alex Jones, quien en 2023 afirmó que la compañía “apoya con orgullo y de manera inequívoca la postura provida de la Iglesia y la declaración de la USCCB (Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos), que considera el fin del aborto como una prioridad”. Esa postura institucional fue utilizada por críticos para sostener que la participación de Stefani implicaba un respaldo ideológico.

            Acusaciones graves. Vivir la fe sin etiquetas políticas

            Algunas de las acusaciones más graves en redes incluyeron insinuaciones de que la cantante estaría financiando indirectamente campañas políticas conservadoras o que su adhesión pública al reto de oración era “una estrategia de blanqueamiento religioso” para atraer a votantes cristianos. Sin embargo, no se han presentado pruebas de que Stefani haya hecho donaciones políticas a raíz de esta campaña.

            La cobertura mediática reflejó la polarización. Medios de entretenimiento como People magazine destacaron el carácter personal de la decisión y recordaron que Stefani ha hablado en otras ocasiones de la importancia de la fe en su vida familiar. Cadenas como Fox News subrayaron la dimensión cultural del debate y la presión que enfrentan figuras públicas cuando expresan convicciones religiosas. Portales católicos como ChurchPop defendieron la libertad de la artista para vivir su fe sin ser etiquetada políticamente.

            Stefani: agradece el apoyo, y asegura que es “una decisión personal”

            Ante la avalancha de comentarios, Stefani no entró en confrontaciones directas, pero en una historia posterior de Instagram agradeció el apoyo recibido y escribió que su participación en la Cuaresma de Hallow era “una decisión personal, basada en el deseo de crecer espiritualmente”. También subrayó que su fe “no es una declaración política”, sino parte de su identidad desde la infancia.

            Más allá de la polémica, el anuncio también puso en primer plano el auge de aplicaciones religiosas digitales y la participación de celebridades en iniciativas de espiritualidad. La Cuaresma, tradicionalmente un tiempo de oración, ayuno y reflexión para los católicos, adquiere de este modo una dimensión mediática.

            El autorFrancisco Otamendi

            España

            La vida desde la magistratura: condena y redención en Almadén

            Además de su competencia técnica y profesional, la magistrada de Almadén se esfuerza por administrar justicia del modo más humano posible.

            Javier García Herrería·26 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

            Antes de vestir la toga y decidir sobre la libertad de los hombres, Miriam García ya sabía lo que era imponer autoridad en terreno hostil. Entre los 12 y los 16 años, mientras otros adolescentes buscaban su lugar en el mundo, ella ya sostenía el silbato: arbitraba los partidos de fútbol de los chicos en el patio de los Jesuitas de Durango. En aquel campo vasco, entre gritos y entradas a destiempo, se forjó el carácter de quien hoy es una voz respetada de la judicatura manchega.

            Esa determinación la llevó a aprobar la oposición con solo 24 años, pero fue en el «barro» de la instrucción donde se ganó el galón que no figura en los códigos. En septiembre de 2023 recibió el ascenso oficial a Magistrada, un sello a su competencia profesional, pero su verdadera consagración llegó mucho antes, en las calles de Puertollano.

            Allí, entre los 28 y los 32 años, vivió su etapa liderando operativos de alto calado donde se ganó el honor de recibir en 2021 la Medalla al Mérito con Distintivo Blanco, concedida por las fuerzas de seguridad del estado. Sin embargo desde hace cuatro años, la Magistrada redujo su jornada laboral para dedicar más tiempo a su familia, por lo actualmente es la responsable del juzgado de Almadén.

            Además de su competencia técnica y profesional, la magistrada se esfuerza por administrar justicia del modo más humano posible. Esto se muestra, en primer lugar, en el juzgado que dirige, un espacio de trabajo sosegado y eficaz, atendido por funcionarios que proyectan una imagen impecable y humana de la Administración de Justicia. 

            También, se evidencia por el reducido número de condenas por violencia de género que emite, evitando las injustas situaciones que se producen con frecuencia contra los hombres. 

            Sin embargo, para quien pasa una mañana de juicios en su sala, llama la atención su preocupación para que en la medida de lo posible las familias se rehagan o solucionen sus conflictos fuera del ámbito de la justicia, vuelva la paz y el sentido común a las tensiones de una residencia de ancianos del pueblo o se conecte para animar a un preso que envió a la cárcel para que se saque el graduado escolar. 

            Sentada frente a su ordenador, con la naturalidad de quien contempla cada día el lado oscuro de la naturaleza humana, la magistrada Miriam García hace memoria. No habla con la jerga árida del Boletín Oficial del Estado, sino como quien sabe que, tras cada número de procedimiento, hay una cena interrumpida, un hijo que no entiende nada o un perdón que nadie esperaba. Hablamos con ella de algunas historias que le han marcado.

            Una vida perfectamente normal

            El registro en la casa de un funcionario en Castilla-La Mancha evidenció que la naturaleza humana puede esconder grandes horrores tras la apariencia de una vida normal. Miriam recuerda aquella mañana como una de las más duras de su carrera, hasta el punto de causarle una dolencia gastrointestinal tras somatizar el impacto de tener que ver una pequeña parte de los vídeos que la Guardia Civil encontró en la casa del acusado. 

            El caso formaba parte del rastro de una red europea de pornografía infantil con base en Barcelona. La juez García solo se encargaba del arresto de uno de los clientes que compraba los vídeos de pornografía infantil, pero lo que le dio un gran escalofrío fue comprobar el listado de completo de “clientes” de la región. Ocupaban un dossier bien gordo, en el que el 80% de los municipios de Castilla-La Mancha tenían al menos un implicado.

            Durante la declaración, el trabajador se reconoció «enfermo», pero con un matiz inquietante: equiparaba sus actos a la «parte oscura» que todo el mundo tiene, como quien justifica un momento de mal humor o un acto de egoísmo. En su discurso se palpaba esa «banalidad del mal» de la que hablaba Hannah Arendt: la incapacidad de dimensionar la atrocidad del acto propio, integrándolo en una rutina burocrática y cotidiana. 

            Tras la aparición del caso en la prensa local, empezaron a llegar testimonios de hombres, ya adultos, que habían sido víctimas de abusos cuando eran menores de edad. El caso ni siquiera saltó a la prensa nacional, eclipsado por la noticia de la detención de los dirigentes de la red de distribución de pornografía infantil. “Es algo que suele ocurrir, los abusos sexuales a menores en el ámbito familiar o escolar apenas tienen repercusión en la prensa”, comenta la magistrada.

            Superstición en Fuenlabrada 

            El narcotráfico tiene también su cara aristocrática y absurda. Miriam recuerda a un ciudadano mexicano detenido en Fuenlabrada cuya vida parecía guionizada por una telenovela. De hecho, estaba casado con una conocida actriz de culebrones. Su casa era un despliegue de lujo: zonas chill out, piscinas de borde infinito y un tren de vida frenético. Lo curioso del caso es que, pese a su sofisticación para mover contenedores desde México, su caída vino de la mano de la superstición.

            El narco no daba un paso sin consultar a una «pitonisa». La investigación descubrió que los vaticinios de la bruja eran tan precisos porque tenía un contacto en la policía que le filtraba información. Al pinchar el teléfono de la vidente, los investigadores llegaron al corazón de la trama. Tras ser detenido, el hombre mostró una filosofía vital devastadora: «He vivido a todo trapo desde los 16 años, ya he disfrutado lo que tenía que disfrutar». Sin embargo, la realidad post-detención fue el vacío absoluto: su mujer le abandonó y su imperio se esfumó, dejando claro que el «éxito» delictivo es un contrato con cláusulas de soledad extrema.

            Llamado por su nombre

            El sistema penitenciario está lejos de asegurar que los condenados se arrepientan de veras de sus delitos, pero lo que es todavía más difícil es que un preso pueda incorporarse a una vida dentro de la ley, teniendo en cuenta que la cárcel es una “universidad del delito” en el que uno aprende y teje una red de relaciones que pueden ser la única salida si una vez fuera de la prisión no hay apoyo familiar ni se encuentra trabajo. La buena noticia es que también hay excepciones a la regla general, como muestra el caso de Rafa.

            Rafa no es un delincuente que llena titulares. Es, en palabras de la magistrada, “el típico drogadicto que se fue consumiendo hasta quedarse en los huesos”. Cuando entró en el juzgado de Almadén, Rafa medía casi un metro noventa y apenas pesaba 50 kilos. Su historial no era el de una mente criminal, sino el de un hombre que fue incapaz de decir no a las malas compañías y terminó sumando méritos en el escalafón delictivo: tráfico a pequeña escala, tirones de bolsos, hurtos por “necesidad”.

            «Lo que más me conmovió la primera vez que lo tuve detenido», recuerda la magistrada García, «es que le llamé por su nombre y se puso a llorar». En su pueblo no era conocido como Rafa, sino solo por el típico mote. Para sus conciudadanos era un despojo del que todos procuraban apartarse, pero el simple hecho de escuchar un «siéntese, Rafa» de boca de una autoridad judicial le devolvió una dignidad que creía extinta. 

            Esta historia, que para muchos sería una anécdota irrelevante, revela una de las notas del sistema judicial: la ley juzga actos, pero la justicia trata con personas. Rafa terminó en prisión tras un atraco con navaja, un salto a la «primera división» de la delincuencia empujado por el síndrome de abstinencia. 

            Gracias a la correspondencia mantenida con la juez y al contacto con el capellán —a quien pidió ver tras descubrir, con asombro, que no existía un «Dios castigador» esperándolo—, Rafa inició una transformación física y espiritual. Hoy pesa 90 kilos y escribe cartas que muestran su reconstrucción personal. Su vida sigue entre barrotes, pero no acaba allí. Ha logrado romper su círculo vicioso y recomponerse. Es la muestra de que es posible encontrarse con Dios y redimir los propios pecados.

            Estas historias, que Miriam García desgrana con rigor jurídico y empatía, configuran un mosaico de lo que hay tras las grandes estadísticas. Ser juez en un partido pequeño no es sólo aplicar el código; es entender que detrás de cada delito hay una biografía quebrada que, a veces, solo necesita que alguien la llame por su nombre.

            Ecología integral

            La generación perdida busca referentes y maestros

            Hay una nueva generación de jóvenes, la actual, que busca a tientas y que no encuentra el camino que debe recorrer. No estamos mirando al grito silencioso que nos están lanzando. Otros jóvenes no se resignan al sinsentido o al conformismo y siguen buscando verdaderos maestros, auténticos padres. Nos va la vida en no defraudarles.

            Javier Segura·26 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

            – Perdona, no es contra ti -me dice un joven de veinte años muy amablemente en una conversación tras una cena con universitarios-, pero vuestra generación, la de nuestros padres, no ha sabido darnos referentes.

            –  ¿Qué quieres decir?

            –   Os habéis dedicado a trabajar, a ganar dinero -me explica- para tener una vida cómoda. Pero no hemos encontrado en vosotros maestros que nos enseñen a vivir.

            La generación de la postguerra, y la siguiente

            Con esa conversación de fondo han resonado en mí unas palabras de D. Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, con el que trabajé hace unos años en la diócesis navarra. 

            Me hablaba precisamente de esa generación, de la nuestra, como de una generación perdida. Su generación, la que vivió la postguerra, con la sangre aún caliente de los mártires, tenía la fe como algo sustancial en la vida. Sabían lo que se jugaban en la vida. Tenían unos valores y una misión que cumplir. 

            Pero la siguiente generación que había vivido en una España culturalmente católica, no había interiorizado la fe y por ello no supieron hacerla cultura ni transmitirla a sus hijos. Era, como me decía el sabio obispo, una generación perdida. Hay un eslabón perdido en la transmisión de la fe y, como me comentaba este joven, también hay una falta de referencias en la vida social.

            Generación actual: no es suficiente una vida cómoda, pero no encuentran el camino 

            Y hay una nueva generación de jóvenes, la actual, que busca a tientas y que no sabe por dónde caminar. Que a la vez se da cuenta de que no es suficiente con el sueño burgués de una vida cómoda que le ofrece la sociedad del bienestar -esa que encarnamos en nuestra generación-, pero que no encuentra el camino que debe recorrer porque nadie se lo mostró. Ese es su drama. 

            Quienes fuimos educados en una fe y en unos valores cristianos, aunque nos hayamos alejado de ellos, tenemos un lugar al que regresar. Pero quienes han nacido en esta época no tienen un hogar al que regresar. No tienen un padre que les espere en la lontananza.

            Algunos hablan de un ‘giro católico’

            Hay un cambio sociológico, sin duda. Algunos hablan de un giro católico. Yo creo más bien que responde a la conjunción de una búsqueda del corazón de esta nueva generación y a esta orfandad que ha dejado a los jóvenes sin una meta en la vida, sin saber hacia dónde dirigir sus pasos.

            Hemos sido respetuosos y les hemos dicho que busquen una verdad por sí mismos, sin proponerles nada por no condicionarlos, a la vez que les hemos insistido en que no existe la verdad, que todo es relativo. Les hemos condenado a buscar toda la vida sin que jamás lleguen a encontrar nada. Les hemos abocado al nihilismo práctico.

            No estamos mirando al grito silencioso de los jóvenes

            Los hay que al encontrarse ante ese callejón sin salida no encuentran otro camino de salida que acabar con su vida. Mucho me temo que no estamos mirando de frente a la realidad del suicidio de los jóvenes y al grito silencioso que nos están lanzando. Tiene raíces profundas que no se curan con una tirita.

            Otros muchos otros jóvenes no se resignan al sinsentido o al conformismo y siguen buscando verdaderos maestros, auténticos padres.

            Queremos que la fe sea verdadera, aunque cueste

            – En mi parroquia tienen miedo a hacernos planteamientos serios -me decía otro joven hace poco-. No se dan cuenta de que no nos vale un cristianismo sin exigencia. Si nos acercamos a la fe es porque queremos que sea verdadera. Aunque nos cueste.

            En ese caldo de cultivo es fácil que aparezcan mesianismos sociopolíticos que llenen el hueco de sentido que hemos dejado y les ofrezcan un ideal por el que gastar la vida. En medio de una crisis de identidad y ante la necesidad de referentes se alzarán quienes les atraigan hacia sus intereses partidistas ofreciéndoles eslóganes identitarios. Y sin otros referentes serán fácilmente manipulables.

            Necesitamos maestros, padres y madres, testigos

            El desafío para la sociedad y para la Iglesia es dramático.

            Necesitamos maestros. Necesitamos padres y madres. Necesitamos testigos.

            Nos lo están demandando los propios jóvenes.

            Nos va la vida en no defraudarlos.

            El autorJavier Segura