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El Encuentro de Asís de Oración por la Paz pide diálogo, y pendiente del Papa

El Encuentro Internacional por la Paz de Asís, bajo el lema ‘Una paz desarmada y desarmante’, inspirado en el Mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, se inauguró ayer tarde 25 de octubre, y prosigue sus sesiones con los líderes religiosos y culturales este lunes, en la expectativa del Mensaje del Papa.

Redakcja Omnes-26 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

40 años después del histórico encuentro de Asís (Italia) de 1986, cuando representantes de las religiones mundiales se reunieron en la ciudad de san Francisco para rezar por la paz por invitación del Papa Juan Pablo II, Asís vuelve a ser lugar de encuentro y diálogo, y búsqueda de vías de paz, del 25 al 27 de octubre.

Mientra tanto, este lunes han comenzado las sesiones de trabajo, con ponentes como el cardenal arzobispo de Kinshasa (R.D.Congo), Fridolin Ambongo, el periodista de Al Jazeera, Khadija Benguenna, o el fundador del “Forum for a New South Asia” (India), Sudheendra Kulkarni.

“Ayudar la mundo a respirar”

El presidente de Sant’Egidio, Marco Impagliazzo, ha manifestado que “tras 40 años queremos ayudar al mundo a respirar. Si el mundo sufre sin diálogo, en Asís pediremos a los representantes de las religiones de más de 55 países del mundo, a todas las personas que se han inscrito (y son más de 5.000, porque hay una gran expectativa), les pediremos a todos que encuentren los caminos para vivir este diálogo por la paz en los grandes escenarios y también en la vida de cada día”. 

“Las guerras siembran muerte y destrucción, y empobrecen el mundo”

Los participantes en el Encuentro han recordado las palabras del Papa León XIV ayer en el Ángelus.

Al invitar a seguir rezando por la paz, el Pontífice señaló este domingo que mañana martes se unirá espiritualmente a los responsables de las Iglesias y a los líderes religiosos que se reunirán en Asís en el 40 aniversario del encuentro convocado por san Juan Pablo II. 

El Papa tenía previsto acudir, pero los médicos le han desaconsejado el viaje en helicóptero como medida de precaución tras la operación. León XIV señaló en el Ángelus que nunca como ahora resulta evidente que las guerras, “además de sembrar muerte y destrucción, empobrecen y dañan al mundo”, y ha pedido al Señor que inspire decisiones de diálogo y de paz.

La denuncia de Hala Alkarib sobre Sudán y el Cuerno de África

Una de las ponentes de la inauguración del Encuentro fue Hala Alkarib, directora regional de la Iniciativa Estratégica para las Mujeres del Cuerno de África, organización que trabaja para documentar y denunciar las violaciones de los derechos humanos.

En Sudán, explicó, la situación es dramática: más de 250.000 civiles han muerto en cuatro años desde que comenzó el conflicto. Se saquean viviendas, iglesias, mezquitas y museos, y la violencia sexual se ha vuelto cada vez más frecuente.

“Esto no está ocurriendo únicamente en Sudán. Se está extendiendo a otras partes del Cuerno de África”, añadió Alkarib , quien reclama una nayor implicación de las instituciones inspiradas en la fe, 

A su juicio, una paz desarmada y desarmante exige situar a la persona humana en el centro. “Se trata de la humanidad. Se trata de nuestra existencia, de vivir en paz y compartir los recursos que tenemos, proteger nuestro medioambiente y nuestros ecosistemas”, precisó.

24 mesas redondas 

El programa está lleno de eventos, desde la asamblea inaugural ayer, a las 24 mesas redondas previstas durante hoy y mañana, sobre los problemas actuales (como la paz, desarme, crisis climática, migrantes, democracia y solidaridad) y hasta la ceremonia final, la tarde del 27 de octubre.

“Paz desarmada y desarmante”

Las guerras en Oriente Medio, Ucrania y Rusia, o en África, como acabamos de ver, están en la mente de los ponentes estos días. Como botón de muestra, el atentado terrorista del pasado viernes contra los fieles de la iglesia ortodoxa de San Jorge en Harmoud, en Karak (Jordania), en el que murieron nueve personas y en torno a cuarenta resultaron heridas. “Estoy cerca de esa comunidad y de todo el país”, manifestó ayer el Papa

Agentes de policía evacúan a un anciano residente del asentamiento rural de Komyshuvakha, en la línea del frente de Ucrania, el 19 de octubre de 2026, en medio del ataque ruso contra Ucrania. (Foto de OSV News/Reuters).

El Encuentro por la Paz de Asís lleva por título este año “Paz desarmada y desarmante – “Unarmed and Disarming Peace”, y está inspirado en inspirado en el Wiadomość del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, publicado el 1 de enero de este año.

En el Mensaje, el Pontífice subrayó entre otras, estas ideas:

- La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. (…). San Juan XXIII introdujo por primera vez la perspectiva de un desarme integral, que sólo puede afirmarse mediante la renovación del corazón y de la inteligencia. 

- "un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre”: “vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente. Hoy vemos cómo esto no se da por supuesto”.

“Gastos militares, el 2,5 % del PIB mundial”

En este Mensaje, el Papa ofreció el siguiente dato: “en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial”.

AutorRedakcja Omnes

Powołania

La felicidad y la vocación cristiana, a examen con Adrien Candiard

El dominico se acercará a cuestiones fundamentales de la vida del cristiano en un evento que tendrá lugar en la Sede de Postgrado de la Universidad de Navarra en Madrid, el próximo viernes 6 de noviembre de 2026, a las 19:00 h.

Maria José Atienza-26 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

Adrien Candiard, dominico de origen francés, afincado en El Cairo, disertará el próximo 6 de noviembre sobre qué significa la felicidad, la realidad de la vocación y el compromiso del cristiano, temas centrales de su último libro, editado por Ediciones Encuentro, Cuando estabas bajo la higuera.

En un formato de conversación con Vicente Niño, Candiard se acercará a las grandes cuestiones de la vida de cada persona tales como ¿Cómo vivir la vida en plenitud? ¿Qué existencia quiere Dios para nosotros?

Inscríbete aquí

El evento, que se podrá seguir de forma presencial y online, está organizado por Omnes, Ediciones Encuentro y el Máster de Cristianismo y cultura contemporánea de la Universidad de Navarra y cuenta con el patrocinio de Fundacja CARF y Banco Sabadell .

«Felicidad y vocación del cristiano» tendrá lugar en la Sede de Postgrado de la Universidad de Navarra en Madrid, el próximo viernes 6 de noviembre de 2026na 19:00 h.

Por qué rezar en familia, incluso cuando cuesta

La oración en familia, pese al cansancio y las dificultades del día a día, ayuda a los padres a transmitir la fe a sus hijos y a sembrar en sus corazones una confianza en Dios que les acompañará toda la vida.                

26 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

En numerosas ocasiones, empezamos a contar los minutos para que llegue la hora de dar la cena y acostar a nuestros hijos.

​Sin embargo, cuando terminamos de cenar, hay un paso previo a esa «batalla» de acostar a los pequeños: rezar en familia.

​Muchos se preguntarán: ¿para qué hacerlo en casa si ya rezan en el colegio (quienes van a centros educativos de ideario cristiano), en la catequesis o en la misa dominical?

​En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos dice: «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Del mismo modo, el Venerable Patrick Peyton acuñó una frase célebre: «Familia que reza unida, permanece unida», máxima que más tarde popularizó San Juan Pablo II en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae en 2002.

​A primera vista, parece sencillo sentarse y ponerse a rezar; pero, en la práctica, suele convertirse en una auténtica batalla campal. Los pequeños no paran quietos, los mayores discuten, otros piden cosas sin sentido… y, mientras tanto, nuestro cansancio acumulado nos recuerda que el día llega a su fin y todo se hace cuesta arriba.

​Y, sin embargo, resulta increíble comprobar cómo, en ese breve rato de oración, se piden perdón mutuamente, recuerdan a sus amigos o familiares enfermos y rezan por quienes atraviesan situaciones complicadas.

​De ahí surgen momentos valiosos de diálogo en los que los padres podemos ofrecerles una palabra orientadora para que descubran cómo actúa Dios en su día a día. Incluso a menudo nos sorprenden con su propia mirada: más sencilla que la de los adultos, pero infinitamente más profunda.

​Por eso se dice que la familia es la iglesia doméstica: el espacio donde los padres transmiten la fe a los hijos que Dios les ha encomendado, educándolos con la mirada puesta en el cielo.

​Quienes hemos recibido este cometido nos preguntamos con frecuencia si lo estamos haciendo bien, si nos pasamos de duros o de blandos, o si les prestamos menos atención de la que necesitan. Nos preocupamos por llevarlos a un buen colegio que les proporcione un alto nivel académico y refuerce los valores cristianos del hogar. En definitiva, intentamos darles las herramientas para que un día salgan de casa y se enfrenten a la vida lo mejor posible.

​Sin embargo, la herramienta fundamental para ser felices, a pesar de las dificultades que encontrarán, es la fe. Una fe que habrá dejado una semilla imborrable en sus corazones gracias, precisamente, a esas batallas previas a la cama en las que la familia se reunía a rezar.

AutorMiguel Pedro Gil Calvo

Padre de 6 hijas. Maestro de Audición y Lenguaje e hijo de padres sordos (CODA). Mi historia personal y profesional se entrelazan en una única vocación: romper barreras de comunicación

Ewangelizacja

5 ideas de Chesterton para quienes se acercan a la fe católica

Al hilo de la sed de Dios que se aprecia en estos tiempos, puede ser útil recordar algunas obras del genial escritor inglés, converso a la Iglesia católica en 1922, G. K. Chesterton, gran apologista de la fe. Por ejemplo, ‘Ortodoxia’, donde describe las razones de su conversión, y ‘La Iglesia católica y la conversión’.

Francisco Otamendi-26 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Una de las obras más directas de G. K. Chesterton (Londres 1874 – Beaconsfield 1936), sobre el acercamiento a la fe católica es ‘La Iglesia católica y la conversión’ (The Catholic Church and Conversion), publicada en 1926.

En ella reflexiona sobre las razones que llevan a una persona a abrazar la fe, las dificultades y las distintas etapas de su acercamiento a la Iglesia.

Será muy útil también la lectura y consulta de ‘Ortodoxia’, que junto a ‘El hombre eterno’, son obras citadas por el profesor Juan Luis Lorda entre los 10 grandes libros de Teología.

Razones de su conversión

En ‘Ortodoxia’, Chesterton describe las razones de su konwersja, utilizando el mismo argumento de Newman: “muchas razones convergentes”. Por el testimonio, la verosimilitud, la sensatez que pone en muchas cosas del mundo, etc. 

Los consejos de G. K. Chesterton no se presentan como un manual de instrucciones, sino como reflexiones nacidas de su propia experiencia y de su particular manera de defender la fe mediante la razón y el sentido común.

Pueden sintetizarse en cinco.

1. No hay un único camino hacia la fe

Chesterton rechaza la idea de que todos los conversos llegan al catolicismo por el mismo motivo. Algunos lo hacen mediante el estudio intelectual; otros, por una experiencia personal, el contacto con una persona ejemplar, la historia o una crisis moral.

En el prólogo a ‘La Iglesia católica y la conversión’, sostiene que los caminos de acceso a la fe son innumerables y que las personas que los recorren son muy diferentes entre sí.

Honradez intelectual

2. Acercarse a la Iglesia con honradez intelectual

En el capítulo I, ‘Introducción: una nueva religión’, y en el capítulo II, ‘Los errores evidentes’, Chesterton invita a reconsiderar los prejuicios sobre la Iglesia y a conocer lo que realmente enseña.

Su planteamiento es comenzar por ser justo con la Iglesia, sin dar por ciertas las acusaciones que se oyen contra ella. El estudio de la fe puede convertirse así en un descubrimiento apasionante.

3. No confundir admirar la fe con dar el paso de abrazarla

En ‘La Iglesia católica y la conversión’, Chesterton describe tres etapas: primero, considerar la Iglesia desde cierta distancia; después, descubrir lo que realmente enseña; finalmente, experimentar el temor ante la posibilidad de entrar en ella.

La dificultad aparece cuando la persona deja de ser una observadora externa y comprende que la fe puede reclamar una respuesta personal.

La búsqueda

4. No tener miedo de que la fe limite la razón

En Ortodoxia (Orthodoxy, 1908), una de sus principales obras de apologética cristiana, Chesterton defiende la compatibilidad entre la razón, la experiencia humana y la fe cristiana. El libro se publicó antes de su conversión al catolicismo, pero recoge buena parte de la búsqueda intelectual que lo condujo hacia ella.

Algún autor ha manifestado que si a él lo mandaran a “una isla desierta … y eligiera sólo un libro aparte de la Biblia, yo podría muy bien elegir la propia travesía espiritual de Chesterton, Ortodoxia”.

5. Buscar la verdad, no una religión hecha a la propia medida

Chesterton presenta la conversión como el reconocimiento de una verdad objetiva, no simplemente como la elección de aquello que proporciona tranquilidad o coincide con las preferencias personales.

En la presentación editorial de ‘La Iglesia católica y la conversión’, G. K. Chesterton resume dos elementos esenciales de su pensamiento: reconocer que la verdad es real, independientemente de los gustos personales, y buscar la liberación del pecado.

“La Iglesia es una casa con cien puertas”

G. K. Chesterton recoge en alguna de sus obras esta conocida formulación al explicar su reflexión sobre las conversiones: “La Iglesia es una casa con cien puertas, y no hay dos personas que entren exactamente desde el mismo ángulo” 

La frase resume bien su pensamiento: cada persona tiene su historia, sus preguntas y sus razones para acercarse a Dios. No existe un itinerario intelectual o emocional idéntico para todos, aunque la búsqueda pueda conducir a una misma verdad.

AutorFrancisco Otamendi

Watykan

El Papa recuerda en el Ángelus que no se puede amar “por mandato”

León XIV ha comentado el mandamiento del amor y ha rezado por Yemen y por las víctimas del atentado contra una iglesia en Jordania

Inmaculada Sancho Gómez-25 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, León XIV ha comentado en el Ángelus de este XXX Domingo del Tiempo Ordinario el Evangelio en el que un doctor de la Ley pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más grande (Mt 22, 34-40). Es la segunda vez que el Papa preside la oración mariana desde que recibió el alta en el Policlínico Gemelli, donde fue operado el pasado 13 de octubre.

El Señor “nos conduce una vez más al corazón de nuestra fe”, ha afirmado el Papa al comentar esa respuesta. Cristo sitúa el amor en el centro de la relación con Dios, porque no basta con saber que Dios existe, que es único o que es omnipotente: “El Señor nos pide una relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios”.

Un amor que responde

León XIV ha explicado que, en el encuentro con Él, el mandamiento del amor “no es una obligación ni una imposición”. “No se puede amar ‘por mandato’”, ha subrayado. El amor a Dios responde a un deseo propio del hombre, que halla su cumplimiento en la comunión con Él, y por eso nuestro amor es auténtico “cuando es respuesta a su amor, que siempre nos precede”. El Papa ha añadido que de ahí nace la necesidad de implicar a toda la persona: “Corazón, alma y mente”.

Al primer mandamiento Jesús une un segundo, “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, que según el Papa “surge de una misma fuente”. A partir de la relación íntima con Dios somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y a los demás “con la misma mirada de Cristo”. Así se vence el egoísmo, el amor por uno mismo se hace caridad y la propia existencia “se hace don para quien está a nuestro lado”.

Sin amor, la fe se queda sin contenido

El Pontífice ha recordado a santa Teresa del Niño Jesús, que escribió que “solo el amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio”. El Papa ha advertido de lo que ocurre sin él: “nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana”.

“No podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas”, ha afirmado el Papa, del mismo modo que no podemos amar al prójimo “sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús”. Antes de rezar el Ángelus, ha invitado a pedir al Señor “la gracia de un corazón nuevo, capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento”, confiando esta petición a la Virgen María.

Yemen y Jordania

Tras la oración, León XIV ha expresado su preocupación por la grave situación humanitaria en Yemen, en especial en la ciudad de Taiz, donde la población sufre la falta de alimentos, agua y asistencia médica. “Dirijo un sentido llamamiento para que cesen las hostilidades”, ha dicho, y ha pedido que se garantice al pueblo yemení, y a todos los de la región, vivir en paz.

También ha asegurado su oración por los muertos y heridos en el atentado terrorista del pasado viernes contra los fieles de la iglesia ortodoxa de San Jorge en Harmoud, en la provincia jordana de Karak, donde unos atacantes abrieron fuego durante un funeral, en el que murieron nueve personas y una cuarentena resultaron heridas. “Estoy cerca de esa comunidad y de todo el país”, ha manifestado el Papa, que ha descrito Jordania como un lugar que se distingue por la convivencia pacífica y el respeto entre las distintas religiones.

Unidos al encuentro de Asís

Al invitar a seguir rezando por la paz, el Pontífice ha recordado que el martes 27 de octubre se unirá espiritualmente a los responsables de las Iglesias y a los líderes religiosos que se reunirán en Asís en el 40 aniversario del encuentro convocado por san Juan Pablo II. El Papa tenía previsto acudir, pero los médicos le han desaconsejado el viaje como medida de precaución tras la operación. León XIV ha señalado que nunca como ahora resulta evidente que las guerras, “además de sembrar muerte y destrucción, empobrecen y dañan al mundo”, y ha pedido al Señor que inspire decisiones de diálogo y de paz.

Entre los peregrinos a los que ha saludado al final se encontraban los miembros de la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación), de España, junto a grupos de estudiantes llegados de Irlanda y de Polonia y fieles de varias localidades italianas, a todos los cuales ha deseado, como cada semana, un feliz domingo.

Zasoby

5 maneras de prepararse para la Misa

Cinco claves para prepararse mejor para la Misa, desde la reflexión sobre las lecturas hasta la participación en la comunidad y el encuentro personal con Dios.

OSV / Omnes-25 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

La mayoría de los eventos en la vida requieren preparación. Cuando viajas, llegas temprano al aeropuerto para pasar el control de seguridad. Cuando vas a un concierto o evento deportivo, llegas temprano para encontrar tu asiento. Cuando organizas una fiesta, te aseguras de tener toda la comida y los suministros necesarios.

La preparación es fundamental para tener un día exitoso en el trabajo, en la escuela o incluso en el gimnasio. Mentalizarse adecuadamente, anticipar lo que pueda suceder y fijar metas para alcanzarlas es la clave del éxito. Esto te brinda seguridad, preparación y satisfacción.

Lo mismo ocurre con la Masa.

Para algunos feligreses, dedicar tiempo a prepararse para la Misa es fundamental. El párroco prepara la homilía. Los lectores repasan las lecturas. Los directores de música seleccionan himnos relacionados con las lecturas. El coro ensaya. El sacristán prepara las vestimentas, las hostias y el vino. Los miembros del comité litúrgico se aseguran de que los manteles del altar estén planchados, los estandartes colgados y las flores arregladas. El personal se asegura de que los boletines estén listos para su distribución. Alguien limpia la iglesia.

La mayoría de los católicos coincidirían en que este tipo de preparativos son importantes para una liturgia llena de oración. Pero lo que muchos católicos no comprenden es que también es importante que los feligreses se preparen para la Misa.

Aquí tienes cinco cosas sencillas que puedes hacer para prepararte para la Misa. No son difíciles ni requieren mucho tiempo. Pero te garantizamos que te ayudarán a participar más profundamente en la celebración de la Misa y a lograr una unión más íntima con Cristo y los demás miembros de la comunidad litúrgica.

1. Sepa por qué está allí

La Misa es una liturgia. La palabra liturgia proviene del griego y significa «la obra del pueblo». Usted asiste a la Misa no como espectador, sino como participante. Se une a otros miembros de la comunidad parroquial en oración, adoración, acción de gracias y comunión. Ya no es solo un individuo. Es una parte importante del cuerpo de Cristo.

Dedica unos minutos cada semana a reflexionar sobre tu lugar en el cuerpo de Cristo. Esto te permitirá comprender mejor quién eres, reconocer los dones y talentos únicos que te han sido dados y apreciar más a las demás personas de tu comunidad parroquial.

2. Reflexiona sobre las lecturas

Dedica unos minutos cada semana a leer la primera lectura, el salmo, la segunda lectura y el Evangelio del fin de semana siguiente. Deja que las palabras penetren en tu mente y en tu alma. ¿Cómo se aplican estas lecturas a tu vida? ¿Qué te dice el Señor en ellas? ¿Hay algo que se te pida que hagas? ¿Te está guiando el Señor hacia un nuevo camino?

Encontrar las lecturas semanales es fácil. Puedes comprar un misal dominical o suscribirte a una revista como My Daily Visitor, Magnificat o The Word Among Us. También puedes consultar las lecturas en muchas fuentes en línea, entre ellas www.usccb.org.

A medida que te acostumbres a repasar las lecturas con anticipación, comenzarás a esperar con ilusión la misa. Durante la misa, comprenderás mejor cómo las oraciones introductorias se relacionan con el tema de las lecturas. Al escuchar la proclamación de las lecturas y la homilía del sacerdote, las reflexiones que recibas serán más profundas y tu conciencia espiritual se agudizará.

3. Reflexiona sobre tu ofrenda

Al asistir a Misa, llevas todo tu ser al altar como ofrenda al Señor. Es buena idea dedicar un poco de tiempo durante la semana a pensar en lo que ofrecerás al Señor.

¿Qué alegrías compartirás? ¿Qué penas te gustaría desahogar? ¿Cómo has utilizado los dones que te han sido dados? ¿Qué ansiedades o tensiones te preocupan? ¿Deseas ofrecer algún dolor o sufrimiento que hayas experimentado? ¿Tienes preguntas o dudas que quieras presentarle a Dios?

Reflexiona también sobre el estado de tu alma. ¿Estás dispuesto a entregarte por completo a Dios? ¿Te guardas algo, algún resentimiento o ira? ¿Necesitas perdonar a alguien o pedir perdón a alguien a quien has herido? ¿Necesitas buscar el perdón del Señor en el sacramento de la reconciliación?

También es buena idea pensar en qué quieres pedirle a Dios. ¿Hay algo o alguien por quien quieras orar? ¿Necesitas guía en algún aspecto de tu vida? ¿Por qué estás agradecido?

4. Siéntete parte de la comunidad

Tu experiencia de la Misa comienza en el momento en que llegas a la iglesia. Procura llegar un poco antes.

Al salir de la iglesia, sonría y salude a quienes lleguen, recordando que todos los miembros de la comunidad parroquial forman parte del cuerpo de Cristo. Puede aprovechar un momento en el estacionamiento o en el vestíbulo para presentarse a alguien que no conozca. Un saludo cordial hace que todos se sientan bienvenidos y apreciados.

Al entrar en la iglesia, persignate con agua bendita. Hacer la señal de la cruz con agua bendita te recuerda tu bautismo, que te hizo parte del cuerpo de Cristo. Es a través de tu bautismo que puedes participar plenamente de la celebración eucarística.

Podrías intentar sentarte en un banco diferente de vez en cuando. Te dará una perspectiva distinta del altar y la oportunidad de interactuar con otras personas. Asegúrate de hacer una genuflexión o una reverencia antes de entrar en tu banco. Hacemos esto como un acto de reverencia y un reconocimiento de la presencia de Dios.

5. Entra en la presencia de Dios

Dedica un tiempo al silencio antes de que comience la Misa. Calma tu mente. Libérate de cualquier tensión o ansiedad que hayas traído contigo.

Piensa en cómo evitaste comer intencionalmente durante la hora previa a la Misa. Una razón para este ayuno era crear en ti un anhelo por la Eucaristía. Permite que tu alma anhele al Señor. Pídele a Dios que llene todos los vacíos en tu interior.

Invita al Espíritu Santo a que te hable a través de las lecturas, la música, la homilía, las oraciones de la Misa y tu meditación antes de la Comunión. Todo lo que pienses y hagas en estos últimos momentos antes de la Misa te llenará de una gozosa anticipación por tu encuentro con el Señor.

Cuando dedicas tiempo a prepararte para la Misa, tu actitud comienza a cambiar. La Misa se convierte en algo mucho más que una simple celebración de fin de semana. Tu mente descubre una apreciación más profunda del misterio que experimentas durante la liturgia, tu corazón se abre al amor de Dios y tu alma se vuelve más receptiva a las gracias que Dios te concede.

-Por Ralph Talbot, párroco de la comunidad católica de San Huberto en Chanhassen, Minnesota.

AutorOSV / Omnes

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Carlos Sáenz-Torralba: “La Iglesia publica, pero raramente escucha”

El investigador sevillano, profesor en el Departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz y doctor a los 25 años, analiza en su tesis la comunicación digital de la Iglesia en Andalucía y propone confiar a laicos formados las redes de parroquias, hermandades y colegios

Inmaculada Sancho Gómez-25 de październik de 2026-Czas czytania: 5 minuty

Solo el 3,7% de las entidades eclesiales de Andalucía responde a los comentarios y mensajes que recibe en redes sociales. El dato procede de la tesis doctoral “Tendencias de comunicación institucional en entornos digitales de la Iglesia católica en Andalucía”, que Carlos Sáenz-Torralba defendió el pasado 9 de octubre en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla y por la que obtuvo sobresaliente cum laude por unanimidad.

La investigación combina entrevistas a delegados diocesanos y expertos, un cuestionario a 215 entidades y el análisis de sus webs y perfiles. El resultado es el retrato de una “transición digital incompleta”: la Iglesia andaluza ha abierto canales casi en todas partes, pero los usa sobre todo para informar de su agenda, a menudo sin profesionales que los gestionen y sin apenas diálogo con quienes la siguen. “La Iglesia publica, pero raramente escucha”, advierte Sáenz-Torralba, “y eso es una paradoja enorme en una institución cuya política sobre la comunicación lleva décadas insistiendo en el diálogo, el encuentro y la escucha como dimensiones constitutivas de la comunicación auténtica”.

De catequista a doctor

Su interés por este campo viene de lejos. Con unos catorce años empezó como catequista de comunión en su parroquia sevillana, Nuestra Señora de la Antigua y Beato Marcelo Spínola. Allí se encargó también de crear su página web: “Esta oportunidad ha permitido que surja en mí la necesidad de formarme académicamente en la materia y de posteriormente investigarla”.

Después de unas prácticas en las delegaciones de comunicación de la Archidiócesis de Sevilla y de los Salesianos, donde trabajó algún tiempo, adquirió una experiencia que le sirvió para conocer desde dentro la estrategia de comunicación de las entidades eclesiales y valorar sus debilidades y fortalezas. Hoy es profesor en el Departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad de Cádiz.

Estar donde está el público

Los datos muestran un desajuste entre los canales que usa la Iglesia y los que frecuentan los jóvenes: nueve de cada diez entidades están en Facebook, mientras que TikTok apenas alcanza el 7%. Sin embargo, para Sáenz-Torralba, la cuestión va más allá de abrir perfiles: “El problema no es que la Iglesia no esté en redes (que también), sino que no sabe cómo publicar en ellas para atraer a este sector de la población, que son el futuro. No se puede publicar ‘lo que ya tenemos’ en los perfiles digitales, hay que adaptarlo a los lenguajes de ahora”.

Por eso defiende que cada entidad elija las redes en función de su público: “¿Tiene sentido crear una cuenta de Facebook de un grupo joven de una parroquia o hermandad? Pues no, porque su público está en Instagram y TikTok”. Entre las iniciativas que sí conectan con ellos cita a la diócesis de Getafe, que adapta sus contenidos a cada plataforma, al grupo Vivus de Osuna (Sevilla). También destaca el trabajo de las delegaciones diocesanas de juventud, la cuenta salesiana @amorevolezzate y sacerdotes que comparten su día a día, como @ignadelrey o @sercode.

Publicar y pasar a lo siguiente

La falta de respuesta a los comentarios tiene, a su juicio, dos causas: “Pienso que es principalmente por miedo a la polémica y también porque no hacen un seguimiento de las publicaciones. Publican o programan y pasan a lo siguiente”. Para corregirlo, la tesis propone formar a los responsables de comunicación de las entidades, así como a sacerdotes y seminaristas, con un apartado específico de gestión de crisis.

Algo parecido ocurre con los contenidos. Más de ocho de cada diez publicaciones son agendas o avisos, mientras que los testimonios y los contenidos de profundidad espiritual quedan en un plano marginal. “La comunicación digital eclesial andaluza está todavía demasiado centrada en decirle al mundo lo que hace la Iglesia, antes que en narrar por qué lo hace y qué transforma en la vida de las personas”, señala el investigador.

Para una parroquia pequeña y sin presupuesto, sugiere empezar por lo básico, un grupo de WhatsApp para los feligreses y una web sencilla con horarios y calendario: “Son herramientas gratuitas, que no exigen formación avanzada y que resuelven lo que más busca quien se acerca a una parroquia”. “Para pasar de anunciar a contar basta con cambiar el enfoque”, asegura. En lugar de un cartel que diga “sábado, 17:00 convivencia juvenil”, plantea un vídeo de treinta segundos en el que un joven o el propio párroco cuente qué se hizo el año anterior y por qué merece la pena ir: “Un cartel informa, pero una persona que cuenta su experiencia invita. Y para eso solo hace falta un móvil”.

Laicos con una tarea reconocida

La propuesta de fondo de la tesis, con todo, no es técnica: “Una Iglesia que predica el encuentro, pero no responde a sus seguidores, que anuncia la cercanía, pero comunica solo para los ya convencidos, genera una disonancia que ninguna estrategia técnica puede compensar”. Por eso considera que la transformación más necesaria es ética. “Implica desplazar el foco de los medios (los algoritmos, el alcance o el formato) a las actitudes y responsabilidades de quienes comunican”, argumenta.

 En la práctica, eso pasa por reconocer a los laicos como agentes clave y darles una responsabilidad real y profesional. Del mismo modo que existe el ministerio del catequista, instituido por el papa Francisco, Sáenz-Torralba plantea que laicos formados gestionen las cuentas de parroquias, hermandades o colegios, con criterios acordados con el párroco. Así se evitaría improvisar o dejar la tarea en manos de quien “sabe de ordenadores”.

En su opinión, este enfoque responde a la sinodalidad y a la naturaleza del entorno digital, donde la voz de la Iglesia ya no se transmite solo de forma jerárquica, sino también a través del testimonio cotidiano de sus fieles. Los católicos que ya comparten su fe en redes, entre ellos algunos sacerdotes influencerzy, son para él un ejemplo y un recurso valioso, porque llegan con un lenguaje cercano y con credibilidad propia. “Lo ideal es que la institución los acompañe, los forme y colabore con ellos sin controlarlos ni instrumentalizarlos, y que ellos, a su vez, sean conscientes de que su testimonio también representa a la Iglesia”, subraya.

Del seminario a la parroquia

La formación que propone alcanza también a los seminarios, donde plantea incluir la comunicación digital y la inteligencia artificial. “Pienso que cualquier persona de la sociedad digital en la que vivimos debe estar actualizada”, afirma. Sáenz-Torralba recuerda que León XIV ya ha señalado los retos de la IA en su encíclica Magnifica humanitas y considera que los sacerdotes, como cualquier persona, deben saber usarla y conocer sus beneficios y sus riesgos, porque puede ayudar a muchas entidades a dar su primer paso en lo digital.

Por ahora, las diócesis andaluzas han mostrado menos interés del que esperaba en aplicar sus conclusiones, aunque lo atribuye a que la investigación es muy reciente. En las entrevistas, varias delegaciones diocesanas sí se mostraron interesadas, sobre todo el responsable de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). La tesis propone encomendar a esta oficina un plan regional de comunicación eclesial. Su objetivo es ofrecer ayuda a quien la necesite, empezando por las parroquias, hermandades y colegios, que es adonde acude la gente para pedir un documento o un sacramento. Por eso se ha puesto a disposición de cualquier diócesis, congregación, parroquia o colegio que quiera mejorar su comunicación.

Rodzina

José María Villalón: “El mayor reto de las familias es el respeto cultural”

“Pedimos que no se nos penalice por invertir en el bien común”. “España perderá más de 2 millones de jóvenes en diez años si no revertimos el invierno demográfico”. “El mayor reto de las familias hoy es cultural. Hemos pasado de admirar a la familia numerosa a compadecerla”, señala el Dr. José María Villalón a Omnes.

Francisco Otamendi-24 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

“El mayor reto al que se enfrentan hoy las familias es triple, y va en orden: vivienda, conciliación y respeto cultural”, asegura el médico José Maria Villalón, padre de 12 hijos, y con décadas de vinculación al mundo asociativo de las familias numerosas.

“Se ha instalado la idea de que tener hijos es un lastre, una huella de carbono, una renuncia a tu ‘proyecto personal’. Y al revés: tener hijos es el proyecto personal más grande que existe”, añade.

“Somos familias que aportan, que sostienen y que hacen país”

“Las familias numerosas pedimos que no se nos penalice por invertir en el bien común”. “Que se nos reconozca no como ‘familias vulnerables’, sino como lo que somos: familias que aportan, que sostienen y que hacen país”, declara el Dr. Villalón, que preside la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN), la Federación Madrileña, que celebra este sábado su IV Congreso en Colmenar Viejo. Y, por qué no decirlo, es jefe de los Servicios Médicos del club Atlético de Madrid.

“España perderá más de 2 millones de jóvenes en diez años si no revertimos el invierno demográfico”, afirma el Dr. Villalón a Omnes. Comenzamos hablando de su implicación familiar y de la protección de la familia dispuesta en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en las leyes, que “no se cumple”, afirma.

Doctor, es usted padre de familia numerosa. ¿En qué momento surgió en usted el empeño por la familia, por defender los intereses de las familias, y en concreto las numerosas?

– No hubo un momento concreto, hubo una vida concreta.

Yo soy médico, y como médico aprendes pronto que la salud no empieza en el hospital, empieza en casa. Cuando tienes hijos -en mi caso, una familia numerosa- descubres que la familia es la primera UCI, la primera escuela, la primera empresa. Todo lo que sostiene a una persona se aprende allí.

El empeño por defenderla nace de dos constataciones: primero, la alegría inmensa que da y que no se cuenta en ningún sitio. Y segundo, la soledad inmensa en la que a veces te deja la Administración. Ser familia numerosa en España es hacer un acto de generosidad enorme con el país, y a cambio te encuentras con una carrera de obstáculos: vivienda que no encaja, coche que no encaja, IRPF que no reconoce, ayudas que son limosnas.

Me impliqué en la FEFN porque no quería quejarme en casa. Quería que mis hijos y los hijos de otros 700.000 familias con título en España tuvieran la misma dignidad que proclaman las leyes. Defender a la familia numerosa no es defender un privilegio, es defender la justicia.

“Inflación legislativa de protección y anemia de aplicación real”

La protección de la familia se aborda en Cartas y leyes… Esa protección de la que hablan las leyes, ¿se cumple?*

– Rotundamente, no. Tenemos una inflación legislativa de protección y una anemia de aplicación real.

El artículo 16.3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el 39 de nuestra Constitución son clarísimos: la familia es el elemento natural y fundamental y tiene derecho a la protección del Estado. Pero en España esa protección se ha convertido en retórica.

¿Se protege socialmente? Tenemos la tasa de natalidad más baja de nuestra historia, 1,12 hijos por mujer. Si la familia estuviera protegida, no nos extinguiríamos.

“Las leyes nos reconocen, pero presupuestos y relato cultural nos ignoran”

¿Se protege económicamente? Una familia con 3 hijos gasta de media un 40% más que una sin hijos, pero el sistema fiscal apenas lo corrige. La prestación por hijo a cargo es de las más bajas de Europa. En Alemania son 250 euros por hijo al mes. En España, 0 para la mayoría de familias numerosas de clase media.

¿Se protege jurídicamente? En diciembre de 2022 vivimos el ejemplo perfecto: el Anteproyecto de Ley de Familias que usted cita pretendía borrar de un plumazo el término “familia numerosa”, con más de 80 años de historia jurídica desde 1941, para diluirlo en una etiqueta de “amilias con mayores necesidades de apoyo a la crianza”. Para nosotros fue un ataque directo y una provocación. Mezclar realidades distintas, por respetables que sean, y eliminar el nombre de quien aporta demográficamente al país, es lo contrario a proteger. Es invisibilizar.

Las leyes nos reconocen, pero luego los presupuestos, la vivienda, la fiscalidad y el relato cultural nos ignoran.

¿Qué le sugieren estas tres frases?

– Me sugieren que, por una vez, alguien ha descrito exactamente lo que somos. Y que si eso es verdad, las políticas deberían ser consecuentes.

*– Las familias son esenciales para el cuidado y la educación de las nuevas generaciones:* Es una obviedad que hemos olvidado. El Estado no puede cuidar ni educar solo. Sin familias que acojan, que acompañen, que renuncien a tiempo y a carrera por sus hijos, no hay futuro. Una guardería no sustituye una familia, la complementa.

*– Las familias contribuyen a la cohesión social y a la solidaridad entre generaciones:* Somos el único contrato intergeneracional que funciona. En una familia numerosa, un hermano mayor cuida del pequeño, los abuelos sostienen a los padres, y los hijos sostendrán mañana las pensiones de todos. Somos la red social original, y la única que no quiebra.

*– Las familias contribuyen a la sostenibilidad económica y demográfica del país:* Esta es la clave que ningún Gobierno quiere asumir. España perderá más de 2 millones de jóvenes en la próxima década si no revertimos el invierno demográfico. Cada familia numerosa es una inversión a fondo perdido que hace el país sin pagarla: más futuros cotizantes, más consumidores, más España. Pedimos que no se nos penalice por invertir en el bien común.

Las tres frases deberían estar enmarcadas en cada Ministerio.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan hoy las familias? ¿Tienen el reconocimiento que deberían tener?*

– El mayor reto es triple, y va en orden: vivienda, conciliación y respeto cultural.

*Vivienda:* No hay pisos para 4 o 5 hijos. La oferta de 3 dormitorios es escasa y carísima. Una familia numerosa no puede emanciparse.

*Conciliación:* Es imposible conciliar sin perder sueldo o carrera, especialmente para la mujer. Necesitamos permisos realmente flexibles, no ideológicos.

*Respeto:* El mayor reto es cultural. Se ha instalado la idea de que tener hijos es un lastre, una huella de carbono, una renuncia a tu «proyecto personal». Y al revés: tener hijos ES el proyecto personal más grande que existe. Hemos pasado de admirar a la familia numerosa a compadecerla.

“No tenemos el reconocimiento que merecemos”

¿Tenemos el reconocimiento que merecemos? No. Y el episodio de diciembre de 2022 que usted enlaza de Omnes lo demuestra. Mientras Europa -Francia, Alemania, Hungría- blinda a la familia numerosa con fiscalidad y vivienda, España discute si puede llamarnos por nuestro nombre.

Mantenemos el título, sí, tras nuestra movilización y recogida de firmas, pero la batalla de fondo sigue: necesitamos que la Ley de Familias vuelva a ser lo que dice la Constitución, una ley de protección real, no de ingeniería social. Que se nos reconozca no como «familias vulnerables», sino como lo que somos: familias que aportan, que sostienen y que hacen país.

AutorFrancisco Otamendi

Hiszpania

Ocho conocidas voces de las redes, en un evento de Alpha España

Abril Casals, Marcos Ricbour, Sor Marta y Lola Sánchez, entre otros, que se han dado a conocer en las redes sociales, protagonizarán el evento “Enviados” de Alpha España el sábado 7 de noviembre. La cita pretende convocar a centenares de jóvenes para hablar de propósito, fe, relaciones, sexualidad, vocación, y de lo que frena o mueve en la vida a las personas.

José María Navalpotro-24 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

Alfa Hiszpania propone un encuentro para que distintas personas populares compartan su testimonio, y hablen de vocaciones muy diversas, ya sea a la familia numerosa o a la vida religiosa. En «Enviados» (así se llama el vento) participarán Abril Casals (@abrilcasalss), Marta Sánchez (@soymartasannchez), Cristina Cons (@cris.cons), Leticia Salinero (@leticia.salinero), Marcos Ricbour (@marcosricbour_), Sor Marta (@marta_osb), Lola Sánchez (@abrazandoelplanb) y Dan Blythe (@danblythe8), director global de Alpha Joven.

A todos se les conoce por su actividad en redes, y en esta cita de “Enviados” hablarán en directo de sus dudas y de lo que les costó (y de la alegría) haber encontrado a Dios.

“Enviados” se desarrollará el sábado 7 de noviembre, de 16:30 h. a 22 h. en el CEU San Pablo de Madrid (C/ Julián Romea, 23), con un precio de 15 €.

Emma de León, directora de Alpha España, ha manifestado: “Algo se está moviendo en España, sobre todo entre los jóvenes, y en redes se ve con especial claridad. La gente busca la verdad, y la busca allí donde se mueve: en las redes y en las voces a las que siguen. Por eso, con ‘Enviados’ queremos ir al encuentro de todo aquel que quiera respuestas. Traemos a algunas de esas voces para crear un espacio cercano, donde los jóvenes puedan hacer sus preguntas sin miedo y descubrir que no están solos”.

Historias personales

Así, por ejemplo, Abril Casals hablará “De bautizarme a los 20 a entender mi propósito”. El cantante Marcos Ricbourse centrará en "Dios te quiere como eres, pero te sueña mejor”.

Por su parte, Marta Sánchez, influencer de maternidad y familia numerosa, con cinco hijos, tendrá como tema “Un sí que se multiplica”. Cristina Cons, autora del libro “Una mujer como Dios manda” intervendrá sobre cómo entender el sexo en el plan de Dios.

La tarde incluirá música en directo y algo de comer, como es habitual en los encuentros de Alpha.

Alpha es un método de evangelización destinado a gente que está fuera de la Iglesia o tiene una fe adormecida, y se ha convertido en uno de los modelos de evangelización más efectivos de las últimas décadas.

En 2025, más de cuarenta mil personas participaron en España en las diez sesiones que comprende. Alpha se vive en contextos muy diferentes, desde iglesias a colegios, universidades, prisiones y otros entornos.

Watykan

«Venite ad me». Texto íntegro de las consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época

"Venite ad me", el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, fue publicado el 22 de octubre por el Vaticano.

Redakcja Omnes-23 de październik de 2026-Czas czytania: 91 minuty

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, un documento que invita a renovar el anuncio del Evangelio y a situar a Jesucristo en el centro de la vida y de la misión de la Iglesia.

Las consideraciones, publicadas el 22 de octubre, responden a la preocupación por las dificultades que atraviesa la transmisión de la fe de una generación a otra, especialmente en algunas regiones del mundo, donde se ha interrumpido casi por completo. El texto propone volver al kerygma, el núcleo del anuncio cristiano, y ofrece orientaciones para favorecer el encuentro personal con Cristo, prestar mayor atención a la evangelización de los adultos y reforzar el papel de las familias y las comunidades eclesiales.

Wstęp

1. [Venite ad me] «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28). El Señor Jesucristo se presenta a sí mismo como fuente de alivio profundo frente a los cansancios y las fatigas del corazón humano. Desde esta perspectiva, la transmisión de la fe se presenta como un encuentro, en el que Cristo se acerca a cada persona en la realidad concreta de su vida, dándole esa paz verdadera que solo en Él es posible encontrar.

2. Jesús es la luz verdadera del mundo y quien cree en Él, el Resucitado vivo, vence las tinieblas de la muerte y vive gracias a la luz de la vida (cf. Jn 1, 6-9; 8, 12). Esta es la fe de la Iglesia y esta es la fe que todo creyente está llamado a difundir hasta los confines de la tierra. Este compromiso —el de la transmisión de la fe, declinado bajo las condiciones socioculturales actuales— ocupa un lugar central en las presentes Consideraciones.

3. Esta responsabilidad de todo creyente en Cristo, luz verdadera del mundo, constituye un argumento de gran actualidad para la vida y la misión de la Iglesia. El Dicasterio había sido instado en varias ocasiones por el Papa Francisco a ofrecer una reflexión al respecto y había puesto en marcha el procedimiento habitual para llegar a las presentes Consideraciones. Los acontecimientos recientes, especialmente la llegada al solio pontificio del Papa León XIV, la celebración del Jubileo, así como la perspectiva del próximo Jubileo de la Redención de 2033, son como un estímulo adicional para proceder con mayor celeridad en la redacción del documento.

4. Las presentes Consideraciones querrían, fundamentalmente, relanzar a toda la comunidad eclesial la invitación que el Santo Padre León XIV dirigió a los obispos italianos, en el encuentro con ellos en junio de 2025: “Ante todo, es necesario un impulso renovado en el anuncio y la transmisión de la fe. Se trata de poner a Jesucristo en el centro tanto del anuncio como de la existencia y, siguiendo el camino indicado por Evangelii gaudium, ayudar a las personas a vivir una relación personal con Él, para descubrir la alegría del Evangelio. En una época de gran fragmentación, es necesario volver a los fundamentos de nuestra fe, al kerygma. Este es el primer gran compromiso que motiva todos los demás”[1]. Por lo tanto, como señala también el Santo Padre, «la evangelización debe enfrentarse hoy, de manera particular, también a las condiciones y dinámicas cambiadas en la transmisión de la fe de generación en generación. En algunas regiones del mundo, esta transmisión se ha interrumpido casi por completo, lo que exige la capacidad de asumir nuevos desafíos»[2] . El objetivo específico del documento es, por eso, ofrecer tanto una reflexión específica como sugerir caminos concretos para el anuncio del kerygma en el cambio de época que estamos atravesando.

5. Este anuncio debe ser capaz de reavivar la fe en quienes hace tiempo que ya no la practican (pensemos, en particular, en el mundo de los adultos y de las nuevas generaciones) o de promover una experiencia de fe (fides qua) en quienes aún no han conocido a Cristo, sin entrar en la labor específica de la catequesis y de la formación de los creyentes, ambas llamadas a ofrecer también una introducción ordenada y gradual a la doctrina de la Iglesia (fides quae). La reflexión contenida en las presentes Consideraciones na fides qua precede a la cuestión relativa a la transmisión del depositum fidei, que este documento no pretende afrontar de manera exhaustiva.

6. A lo largo de la redacción de estas Consideraciones, ha resultado realmente valiosa la contribución de numerosas Conferencias Episcopales Nacionales, que han respondido con gran diligencia a la solicitud del Dicasterio de enviar materiales relacionados con el tema de la transmisión de la fe.

7. Revisten una especial relevancia los testimonios, que nos han enviado los obispos, de quienes han descubierto o redescubierto —ya sea en su juventud o en la edad adulta— al Señor Jesús y su Evangelio. Muchos de ellos se recogen en el último capítulo de las presentes Consideraciones.

8. Una última puntualización se refiere al género del documento, que es el de las Consideraciones y no el de una Nota doctrinal. De hecho, su finalidad es principalmente la de estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral en torno a la transmisión de la fe. Por ello, en el texto se examinan una pluralidad de puntos de vista, sin pretender, sin embargo, cerrar la cuestión, que permanece abierta a nuevos análisis y desarrollos. Esto significa que estas Consideraciones no se caracterizan, como otros textos del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, por la precisión del lenguaje y el carácter sistemático del tratamiento, sino que admiten un estilo más discursivo, como se aprecia sobre todo en la sección, ya citada, dedicada a los testimonios[3].

Capítulo I

El anuncio del amor del Padre

9. Al hablar de la misión del Bautista, el evangelista Juan lo califica como el testigo de la luz, como aquel que debe dar su testimonio de la luz verdadera, de aquella luz que es la única que tiene el poder de iluminar a todo ser humano (cf. Jn 1,6-9). Esta luz verdadera se llama Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre para la salvación del mundo. Él es, en definitiva, la “luz verdadera del mundo” y quien siga sus pasos nunca se perderá en las tinieblas, sino que siempre encontrará en su interior la luz plena de la vida (cf. Jn 8,12). Este es el núcleo de todo el cristianismo y es también el impulso que lleva a los creyentes a transmitir en todo tiempo —también en el nuestro— la fe que viven.

10. Jesús es realmente la luz verdadera que ilumina a todo ser humano, porque lo que nadie había visto ni podía ver, Él lo reveló: el amor incondicional que habita en el corazón de Dios-Trinidad. Esta es la buena nueva del Evangelio del Hijo: Dios es amor para siempre y para todos (por. 1 Jn 4,8). Es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta buena nueva, desconocida hasta Jesús, es ahora capaz de conducirnos a la salvación y felicidad plenas y, al mismo tiempo, por la gracia del Espíritu Santo, de poner de manifiesto y purificar todo lo que pueda ser un obstáculo para la vida nueva que ella abre.

11. De manera aún más radical, Jesús anuncia la verdad de que, por este amor del Padre, no existe ningún espacio humano marcado por el fracaso o el pecado que no pueda ser reintegrado a su destino original. Es más, gracias a la acción continua del Espíritu Santo, que actúa de maneras que solo Él conoce[4], la luz y el poder de ese amor están siempre a disposición de todos, en cualquier momento y lugar. Quien acoge esta revelación abandona para siempre el reino de las tinieblas, abriéndose por fin a la luz de la vida y a una vida de luz.

12. Precisamente por esta razón, toda la existencia de Jesús está marcada por el deseo de iluminar a cada ser humano con la buena nueva de Dios, que es amor para siempre. Así, él va al encuentro de los demás con el corazón abierto y libre, y se deja alcanzar por ellos. Se adecúa a los pasos de los hombres y mujeres de su tiempo y se deja encontrar por ellos. Quien lo busca, lo encuentra, y si lo busca es porque ya ha sido alcanzado por Cristo (cf. Fil 3,12). Jesús no pone obstáculos entre Él y la gente. Está siempre atento, siempre presente, nunca distraído. Y su palabra nunca resulta abstracta. Quiere dirigir continuamente el corazón y la mente de todos, sin excluir a nadie, hacia la luz verdadera del amor del Padre, de su misericordia, que son, simplemente, un amor y una misericordia para la vida buena de todos. La vida de cada uno es digna de ser vivida en plenitud.

13. Además, aquellos que se abren a la luz de la revelación del amor de Dios reciben de Jesús una palabra de perdón, una palabra de liberación, una palabra de amor, una palabra de libertad, una palabra de vida, una palabra de esperanza (cf. Lc 4,18-19). Jesús despierta en todos aquellos que van a su encuentro, y se abren a Él con corazón sincero, un impulso de renovado interés y amor por la vida: por la propia vida, por la de los demás y por la vida de todo lo que existe (cf. Jn 14,6). El amor de Dios reconduce a cada hombre y a cada mujer a las buenas razones de su propio ser en el mundo.

14. Con esto en la mente y en el corazón, el Jesús que narran los evangelistas está siempre en camino. No espera. No crea un santuario propio ni una escuela. Se mueve, viaja. Entra en las aldeas y ciudades de su pueblo y de su tiempo. Se relaciona con la gente sencilla, pero también con quienes ocupan cargos de poder público, religioso o político. A través de estos gestos y estas palabras, Jesús lleva a cumplimiento la revelación confiada al pueblo de Israel (cf. Mt 4,12-17; Mc 1,14-15; Lc 3,21-22).

15. Llama especialmente la atención la forma en que Jesús proclama el evangelio del Dios que es amor para siempre y para todos. En su predicación son numerosas las referencias a la vida cotidiana de la gente, al reino de los animales y al mundo de los árboles, las plantas y las flores, al igual que abundan las referencias a los oficios de su época, a la preparación de la comida y a los juegos de los niños. Jesús muestra también un notable conocimiento del uso de los números y recurre con frecuencia a la construcción de edificios o a los fenómenos meteorológicos; conoce las monedas de su época y está profundamente familiarizado con los distintos grupos religiosos presentes en aquel momento y vinculados de diversas maneras al judaísmo. Es, sin duda, un hombre que “mira” con plena atención e invita constantemente a todos a “mirar” con la misma mirada el entramado de la creación y de la historia humana. Esta es, en verdad, su certeza inquebrantable; cuando el corazón está libre de todo egoísmo y de preocupaciones inútiles, se pueden reconocer las huellas del amor de Dios incluso en el acontecimiento más pequeño y aparentemente insignificante (cf. Lc 12,22-34), y es precisamente este mismo amor el que lo lleva a expresarse a través del lenguaje de la vida cotidiana de la gente.

16. No es de extrañar, pues, que una predicación así, mientras conquista fácilmente el corazón de la gente sencilla, que la siente tan cercana y familiar, desconcierte y, en cierta medida, inquiete a quienes ostentan el poder político y religioso del momento. Es como una luz capaz de poner de manifiesto todo posible uso y abuso de ese poder: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen.No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20,25-26); «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables!» (Lc 11,46).

17. Al cumplir su misión, Jesús no se limita únicamente a anunciar el amor incondicional de Dios. Da testimonio concreto de ese amor mediante una predilección especial por todos aquellos que ya casi no esperan nada de nadie; ni de sus familiares, ni de sus amigos, ni de sus compatriotas, ni de sus correligionarios y tal vez ni siquiera del Dios de la Alianza de los Padres. Debido a su situación de sufrimiento, provocada por enfermedades incurables o por trágicos reveses del destino, estas personas suelen ser consideradas “los últimos” de la sociedad. Sin embargo, son precisamente ellos quienes se convierten en “los primeros” en el corazón del Señor Jesús (cf. Mt 20,16). De hecho, son estos “últimos/primeros” a quienes, más que a ningún otro, Jesús invita a acercarse a la luz que ilumina a cada hombre y a cada mujer, es decir, a la luz del amor del Padre. Así es como, con su cercanía, con sus palabras y con sus milagros, Jesús reaviva en ellos la esperanza de poder seguir teniendo esperanza, la confianza de poder seguir confiando, la posibilidad de seguir teniendo posibilidades. Realiza en ellos el prodigio de poder seguir creyendo en un milagro para su propia existencia.

18. A lo largo de su predicación, Jesús entra entonces, casi inevitablemente, en su fundamento estructural, pero en cuya aplicación concreta solían prevalecer actitudes de división y exclusión. Mientras que su Padre, que está en los cielos, hace salir el sol sobre unos y otros (cf. Mt 5,45) y hace llover sobre unos y otros, la discriminación y la separación entre las personas constituían un rasgo muy extendido en el ámbito político y religioso de su tiempo, al igual que en el nuestro. Al llevar la luz de un amor divino que quiere reconectar a cada uno con su existencia, por muy atribulada que sea, con las demás personas de su entorno y, en última instancia, con Dios mismo, con vistas a una fraternidad de justicia y paz, Jesús no puede evitar chocar con los poderes de su tiempo, dado que su mensaje tiene la fuerza de una autoridad (cf. Mc 1,27). Al anunciar el rostro de amor de Dios, Jesús priva de todo fundamento a ese ejercicio despótico del poder religioso y político de su época, que ha olvidado su propia naturaleza de servicio y de unidad. Dios no bendice la división, ni mucho menos la discriminación. Él es Padre y ama a todo ser vivo (cf. Sab 1,13-14). Ninguna ley ni autoridad humana o religiosa podrá jamás declarar a nadie indigno de su amor o del de los demás seres humanos.

19. La tensión entre las palabras y los gestos de Jesús y las incomprensiones con el poder de su tiempo alcanza su punto álgido con la decisión de las autoridades religiosas y políticas de condenarlo a muerte. Su predicación, acompañada de signos extraordinarios, debe ser detenida y reducida al silencio para siempre. Así se decide su muerte en la cruz, a la que el poder romano da su respaldo.

20. Pero esa condena a muerte no tiene la fuerza para apagar la “luz verdadera del mundo”. Ese patíbulo injusto se convierte, en la economía de la salvación, en el trono más elevado desde el que resuena con absoluta claridad el mensaje evangélico y se manifiesta ante el mundo entero el poder iluminador del Evangelio del Hijo. Y ese Evangelio es este: Dios es amor para todos, Dios es misericordia para todos. Lo es verdaderamente para todos, y por eso lo es también para aquellos que condenan y dan muerte al Hijo. El “sí” que Dios, en Jesús, dice al ser humano y que mantiene ardientemente encendida la luz verdadera del mundo, que es su Hijo, nunca puede transformarse en un “no”. El amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hacia la humanidad es un amor sin reservas, sin límites, sin medida y, en definitiva, sin límites (cf. 1 Jn 4,7-8).

21. En los instantes finales de la vida terrenal de Jesús, encuentran su pleno cumplimiento las maravillosas palabras del antiguo y maravilloso libro del Pieśń nad Pieśniami: «Las aguas caudalosas no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos» (8,7). La incomprensión y la obstinación que llevan a los líderes del pueblo a condenar a Jesús, con la plena complicidad de las autoridades romanas, no logran apagar su deseo de sacar a la humanidad de las tinieblas y de encender en ella la luz de la vida. Es más, la buena y gran noticia del cristianismo es precisamente esta: ni siquiera el poder de la muerte ha podido apagar la verdadera luz del mundo.

22. Una es, por tanto, la certeza fundamental de los cristianos, sin la cual, como dice el apóstol Pablo, todo sería vano: «Pero si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Kor 15,14). Esta misma conciencia se expresó también con motivo del Sínodo de los jóvenes: «Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida»[5].Esto es lo que los discípulos del Señor, en todo tiempo, creen, anuncian y dan testimonio con su vida: Cristo está vivo y quiere que todo ser humano esté vivo. Él está siempre con nosotros y no nos abandona (cf. Mt 28,20). Por mucho que una persona se aleje de Él, Jesús nunca se alejará de ella. A través de su Iglesia, el Resucitado permanece en todo momento junto a cada uno, dispuesto a iluminar con amor divino su existencia, llenándola de vida, de fuerza y de esperanza. La comunión eclesial es hoy el lugar privilegiado en el que Cristo sigue dejándose encontrar a través de hombres y mujeres transformados progresivamente por su propia vida.

23. Para hacer posible su misión de ser luz del mundo, la Iglesia celebra con alegría el cumplimiento de la gran promesa de Cristo: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Jn 14,26); «Él dará testimonio de mí;y también vosotros daréis testimonio» (Jn 15,26-27). Sin su acción en lo más íntimo de los corazones, resulta imposible transmitir la verdadera luz de Cristo, como nos recuerda también la Secuencia de Pentecostés: «Ven, […] Padre amoroso del pobre […] Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro». En Él depositamos nuestra confianza, mientras nos dispusimos a buscar los diversos modos de cooperar con su gracia en la evangelización de nuestro tiempo. A Él le pedimos el fervor y la alegría necesarios para responder con fidelidad a esta llamada.

Capítulo II

La luz de la fe

24. A la luz de lo dicho hasta ahora, se comprende mejor el fundamento del cristianismo tal y como lo expresó Benedicto XVI: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[6]. Un horizonte nuevo y una dirección decisiva son los de la alegría, como recuerda el Papa Francisco al comienzo z Evangelii gaudium: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría»[7] .

25. Señor Jesús, que nos pone en contacto con la luz verdadera del amor divino, hace que no nos perdamos en las tinieblas y nos conduce a la vida. Es precisamente en este sentido en el que se puede hablar de la luz de la fe, tal y como se afirma en la homónima primera Carta encíclica del Papa Francisco, y en cuya redacción también había contribuido Benedicto XVI: «La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: “Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas” (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: «Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones» (2 Co 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. “No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol”, decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, “cuyos rayos dan la vida”. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” (Jn 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso»[8] .

26. La experiencia de la fe puede, así, imaginarse como el encuentro vital y decisivo con ese “sol verdadero” que es Cristo, quien libera de las tinieblas y llena de luz la existencia humana. Es una experiencia de luz que, por su propia naturaleza, se irradia hacia otras vidas para iluminarlas con la misma luz; estas, resplandeciendo a su vez, ampliarán el radio de propagación de la luz originaria: la verdadera luz del mundo, que es Cristo. ¿Cómo no recordar, a este respecto, las palabras del mismo Jesús dirigidas a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14)?

27. Es precisamente a este dinamismo al que debemos referirnos cuando reflexionamos sobre el delicado tema de la transmisión de la fe en el contexto contemporáneo, al que aquí se evoca como un tiempo de cambio de época. Así lo confirma con extrema precisión el texto de the Lumen fidei: «Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para sí. La fe, puesto que es escucha y visión, se transmite también como palabra y luz. El apóstol Pablo, hablando a los Corintios, usa precisamente estas dos imágenes. Por una parte dice: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: Creí, por eso hablé,también nosotros creemos y por eso hablamos” (2 Co 4,13). La palabra recibida se convierte en respuesta, confesión y, de este modo, resuena para los otros, invitándolos a creer. Por otra parte, san Pablo se refiere también a la luz: “Reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen” (2 Co 3,18). Es una luz que se refleja de rostro en rostro, como Moisés reflejaba la gloria de Dios después de haber hablado con él: “[Dios] ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo” (2 Co 4,6). La luz de Cristo brilla como en un espejo en el rostro de los cristianos, y así se difunde y llega hasta nosotros, de modo que también nosotros podamos participar en esta visión y reflejar a otros su luz, igual que en la liturgia pascual la luz del cirio enciende otras muchas velas. La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama. Los cristianos, en su pobreza, plantan una semilla tan fecunda, que se convierte en un gran árbol que es capaz de llenar el mundo de frutos»[9].

28. El mismo documento, en el número siguiente, recuerda además que «la transmisión de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa también por las coordenadas temporales, de generación en generación. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a través de los siglos»[10]. Así pues, si por un lado la transmisión de la fe se asemeja al encendido de una llama a partir de otra llama, en un contacto que podríamos calificar de personal, por otro lado, la comunidad de los discípulos siempre se ha sentido llamada a crear ocasiones en las que la fe pudiera transmitirse; ocasiones en las que fuera posible para todos entrar en contacto con la verdadera luz de la vida, aquella que libera de toda oscuridad y que se encuentra en el Señor Jesús. Los discípulos sintieron, pues, el deber de transmitir la fe; un deber que debe ser custodiado y honrado de generación en generación.

29. La transmisión de la fe tiene su fundamento último en la iniciativa de Dios, que en Cristo reveló su rostro y confió a los apóstoles la tarea de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. Esta misión, sin embargo, no concluyó con la predicación apostólica, sino que continúa en la historia a través de la Iglesia. El Concilio Vaticano II afirma, de hecho, que «la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree»[11]. La Iglesia es, así, el sujeto histórico y vivo en el que el Evangelio se escucha, se custodia, se celebra y se actualiza continuamente bajo la acción del Espíritu Santo. Por esta razón, la fe no se transmite, en primer lugar, como un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial en la que el creyente se va introduciendo progresivamente. El sujeto principal de la transmisión de la fe es, por tanto, la Iglesia en su totalidad[12], la cual, al tiempo que recibe incesantemente el don de la Palabra divina, lo comunica y da testimonio de él mediante la predicación, la liturgia, la caridad y la experiencia concreta de la comunión. Se puede afirmar, pues, con razón que la Iglesia «es una Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la fe»[13].

Formas de transmisión de la fe

30. Conviene afirmar con claridad que la fuerza más auténtica de la misión evangelizadora de la comunidad de los discípulos del Señor sigue siendo siempre la de la atracción, como recordaba Benedicto XVI en la homilía de la Santa Misa de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe: «La misión de Cristo se realizóen el amor. Encendió en el mundo el fuego de la caridad de Dios (cf. Lc 12, 49). El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). […] La Iglesia se siente discípula y misionera de este Amor: misionera sólo en cuanto discípula, es decir, capaz de dejarse atraer siempre, con renovado asombro, por Dios que nos amó y nos ama primero (cf. 1 Jn 4, 10). La Iglesia no hace proselitismo. Crece mucho más por “atracción”: como Cristo “atrae a todos a sí” con la fuerza de su amor, que culminó en el sacrificio de la cruz, así la Iglesia cumple su misión en la medida en que, asociada a Cristo, realiza su obra conformándose en espíritu y concretamente con la caridad de su Señor»[14]. Esta reflexión la ha hecho suya también el Papa León XIV: «Hoy, con alegría, la retomo y la comparto con ustedes. Y los invito a ustedes y a mí a prestar mucha atención a lo que elPapa Benedictoseñalaba como la “fuerza” que preside este movimiento de atracción: esa fuerza es la Charis, es el Ágape, es el Amor de Dios que se encarnó en Jesucristo y que en el Espíritu Santo se dona a la Iglesia y santifica todas sus acciones. En efecto, no es la Iglesia la que atrae, sino Cristo, y si un cristiano o una comunidad eclesial atrae, es porque a través de ese “canal” llega la savia vital de la caridad que brota del Corazón del Salvador»[15].

Rodzina

31. Entre los ámbitos en los que la Iglesia está llamada a comunicar y a hacer resplandecer la luz de Cristo, la familia constituye el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe. Ya en el Nuevo Testamento se pone de manifiesto el papel de los familiares en la transmisión de la fe. A Timoteo, por ejemplo, el apóstol Pablo se dirige diciendo: «Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y en tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti» (2 Tim 1,5). Este aspecto también lo subrayó el Papa León XIV: «En la familia, la fe se transmite junto con la vida, de generación en generación: se comparte como el pan de la mesa y los afectos del corazón. Esto la convierte en un lugar privilegiado para encontrar a Jesús, que nos ama y siempre quiere nuestro bien»[16].

32. A lo largo de las décadas, además, con la formación y la consolidación de las comunidades cristianas, surge también su papel activo en la tarea de transmitir la fe. En particular, con la difusión de la práctica del bautismo de los niños, la comunidad y la familia se sienten unidas en la responsabilidad común de introducir a los más pequeños en el encuentro con el Señor Jesús. Se trata de la conciencia de que, si los niños reciben la vida de sus padres, en el bautismo obtienen «el sentido para vivirla: la fe. Cuando sabemos que un bien es esencial, enseguida lo buscamos para aquellos a quienes amamos. ¿Quién de nosotros, en efecto, dejaría a los recién nacidos sin ropa o sin alimento, esperando que de mayores elijan cómo vestirse y qué comer? […S]i el alimento y el vestido son necesarios para vivir, la fe es más que necesaria, porque con Dios la vida encuentra la salvación»[17] .

33. En cualquier caso, sigue existiendo la necesidad de una profunda integración entre la Iglesia y la familia, como recuerda claramente también la Lumen fidei: «la estructura del bautismo destaca la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisión de la fe. A los padres corresponde, según una sentencia de san Agustín, no sólo engendrar a los hijos, sino también llevarlos a Dios, para que sean regenerados como hijos de Dios por el bautismo y reciban el don de la fe. Junto a la vida, les dan así la orientación fundamental de la existencia y la seguridad de un futuro de bien, orientación que será ulteriormente corroborada en el sacramento de la confirmación con el sello del Espíritu Santo»[18]. A este respecto, resulta interesante el vínculo que se puede vislumbrar en la Iglesia latina entre la liturgia del encendido del cirio pascual, preludio de la gran celebración de la Pascua, centro y culmen de la fe cristiana, y la celebración del Bautismo, puerta de esa misma fe, sobre todo en la referencia a Cristo Luz, que debe ser acogido en la existencia de todo creyente.

34. En este contexto, cobra especial relevancia lo que el mismo documento magisterial afirma más adelante: «En la familia, la fe está presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los niños aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los jóvenes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe»[19].

35. Por el jesuita Aimé Duval, en la que se puede divisar la obra silenciosa y casi natural del testimonio cristiano vivido por los padres frente a sus hijos. Escribe el padre Duval, en el contexto del relato de su turbulenta trayectoria humana y religiosa: «Era el quinto de una familia de nueve hijos. Por delante de mí: Lucie, Marie, Hélène, Marcel; y después de mí: René, Raymond, Suzanne y André. En esta familia, no aprendí la piedad de una manera efusiva ni extraordinaria. Solo había la oración diaria de la noche, rezada juntos. Pero de ella me recuerdo bien y la recordaré hasta que mis ojos se cierren definitivamente. Mi hermana. Mi hermana Hélène recitaba las oraciones, que eran largas para unos niños (un cuarto de hora). Se apresuraba, balbuceaba y se saltaba partes hasta que mi padre le decía en dialecto: “Vuelve a empezar… empieza de nuevo…”. Así aprendí, en aquel momento, que era necesario hablar con el buen Dios con lentitud, seriedad y amable paciencia. Mi padre. Lo que hoy me emociona es el recuerdo de la actitud de mi padre. Él, que siempre estaba cansado por sus labores en el campo o por el transporte de los bueyes, él, que mostraba sin vergüenza que estaba cansado al volver del trabajo, he aquí que, después de cenar, se arrodillaba, con los codos apoyados en el asiento de una silla, la frente entre las manos, sin mirar en absoluto a sus hijos a su alrededor, sin moverse, sin toser, sin perder la paciencia. Y yo pensaba para mis adentros: “Mi padre, que es tan fuerte, que manda en la casa y sobre sus dos grandes bueyes, que se muestra orgulloso ante los reveses de la suerte y tan poco tímido ante el alcalde, los ricos y los malvados, he aquí que se hace tan pequeño ante el buen Dios. De verdad que hablar con Dios lo cambia. De verdad, el buen Dios debe de ser alguien muy grande si mi padre se arrodilla ante él, pero también alguien muy cercano si se le puede hablar con la ropa de trabajo…”. Mi madre. En cuanto a mi madre, nunca la vi de rodillas. Demasiado cansada, se sentaba en medio de la habitación, con el benjamín en brazos, el vestido negro hasta los talones, su bonito pelo castaño suelto sobre el cuello y todos los niños a su alrededor, apoyados en ella. Seguía con los labios las oraciones de principio a fin, no quería perderse ni una pizca, las recitaba por su cuenta. Lo más curioso es que no dejaba de mirarnos fijamente, cada uno de nosotros estaba bajo su mirada. Una mirada más prolongada para los más pequeños. Nos miraba fijamente, pero no decía nada, ni siquiera cuando los más pequeños se retorcían y murmuraban, ni siquiera cuando el trueno estallaba sobre la casa, ni siquiera cuando el gato tiraba una olla. Y yo pensaba para mis adentros: “La verdad es que el buen Dios es muy amable si se puede hablar con él con un niño en brazos y llevando puesto el delantal de trabajo. De verdad, el buen Dios es alguien importante si el gato o el trueno ya no tienen ninguna importancia”. Las manos de mi padre, los labios de mi madre, son estas cosas las que me han enseñado sobre el buen Dios más que el catecismo. Él es Alguien, es Alguien cercano. Con él se puede hablar incluso cuando has estado trabajando»[20].

36. Este conmovedor relato de una iniciación sencilla y alegre de los más pequeños al misterio de Dios, hecha posible gracias al testimonio de los padres, confirma plenamente la intuición a la que ha hecho referencia en repetidas ocasiones el Papa Francisco: la fe debe transmitirse, en el seno de la familia, “en dialecto”. Con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor, el 7 de enero de 2018, así se dirigía a los padres que habían llevado a sus hijos al bautismo: «Quisiera deciros solo una cosa, que se refiere a vosotros [padres]: la transmisión de la fe se puede hacer solo “en dialecto”, en el dialecto de la familia, en el dialecto de papá y mamá, del abuelo, de la abuela.Después llegarán los catequistas para desarrollar esta primera transmisión con ideas, con explicaciones… Pero no os olvidéis de esto: se hace “en dialecto” y si falta el dialecto, si en casa no se habla entre los padres en la lengua del amor, la transmisión no es tan fácil, no se podrá hacer»[21]. Este punto también lo reafirmó el Papa León XIV: «Los primeros catequistas son nuestros padres, aquellos que hablaron con nosotros primero y nos enseñaron a hablar. Así como aprendimos nuestra lengua materna, del mismo modo el anuncio de la fe no puede delegarse a otros, sino que se realiza allí donde vivimos, principalmente en nuestras casas, alrededor de la mesa. Cuando hay una voz, un gesto, un rostro que lleva a Cristo, la familia experimenta la belleza del Evangelio»[22].

37. Así, hasta hace poco, la transmisión de la fe encontraba precisamente en el ámbito familiar el lugar principal para el relevo entre generaciones. Son sobre todo los padres quienes constituyen ese primer “tabernáculo” en el que los pequeños pueden vislumbrar toda la belleza y la fuerza de ser discípulos del Señor Jesús. Este testimonio se materializa en un entramado de gestos sencillos y cotidianos: la oración personal y en pareja, la lectura del Evangelio, el recuerdo de las palabras y los gestos de Jesús, la memoria de los santos patronos, la invocación constante de la protección maternal de la Virgen María, la participación en la misa dominical, la visita a los santuarios y las diversas formas de piedad popular, la atención a los más pobres y desfavorecidos, pero también a través de la oración de acción de gracias antes de las comidas y la bendición del Señor con motivo de los cumpleaños de alguno de los miembros de la familia, así como la devota preparación del belén con motivo de las fiestas navideñas.

38. Sin embargo, hay que constatar que esta situación favorable se está perdiendo progresivamente. De hecho, como se verá más adelante con mayor detalle, uno de los rasgos característicos de nuestra época es el hecho de que, aunque mantiene su importancia en algunas regiones de África y Asia, la transmisión de la fe en el ámbito familiar se ha interrumpido en muchas partes del mundo[23]. En consecuencia, la transmisión a las nuevas generaciones de la experiencia de la fe cristiana ya no se produce de manera, por así decirlo, “automática”.

La comunidad eclesial

39. Solo en este punto, y en una segunda etapa, la comunidad eclesial entra en el proceso de transmisión de la fe. Lo que una persona ha recibido de sus padres —el testimonio creyente de Jesús, que reveló plenamente el rostro del amor infinito de Dios, liberando a los seres humanos de las tinieblas y abriéndolos a la verdadera luz de la vida— encuentra en la Iglesia los instrumentos y las ocasiones para que se convierta en el principio fundamental de su forma de ver el mundo. A través de la catequesis, la celebración de los sacramentos, los diversos espacios que favorecen una participación activa en la vida comunitaria —tal y como propone el actual camino sinodal—, el compromiso con los más desfavorecidos y el encuentro en la casa del Señor los domingos, se alcanza esa madurez de la fe que consiste, en última instancia, en mirar todo “con los ojos de Jesús”.

40. De hecho, gracias a la acción coordinada entre los padres y la comunidad eclesial, cada uno aprende que en «la fe, Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver»[24]. Esta es la plena realización del proceso que aquí denominamos transmisión de la fe: permitir que cada uno alcance tal intimidad con el Señor Jesús que pueda, por fin, mirarse a sí mismo, a los demás, al mundo y al misterio de Dios con los mismos ojos de Jesús. Así se percibe que el acompañamiento de la comunidad es esencial no solo para acoger el Evangelio, sino también para permanecer fieles al don recibido, ya que es muy difícil perseverar en soledad.

41. Hay que constatar asimismo que, en los países de antigua tradición cristiana, este contexto de transmisión de la fe parece hoy comprometido, ya que se caracteriza cada vez más por la presencia de «“personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo”, no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. La Iglesia, como madre siempre atenta, se empeña para que vivan una conversión que les devuelva la alegría de la fe y el deseo de comprometerse con el Evangelio»[25]. Además, crece, sobre todo entre los jóvenes, el número de quienes no conocen a Jesús ni el Evangelio.

42. Precisamente por esta razón, la transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos y que se supere una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes.

Capítulo III

El cambio de época

43. Merece una atención especial el contexto de la transmisión de la fe objeto de las presentes Consideraciones, expresado a través de la categoría de “cambio de época”. Como es sabido, fue el Papa Francisco quien dio a conocer esta expresión en su discurso a la Curia romana con motivo del intercambio de felicitaciones navideñas, el 21 de diciembre de 2019, al afirmar que: «No estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época. Por tanto, estamos en uno de esos momentos en que los cambios no son más lineales, sino de profunda transformación; constituyen elecciones que transforman velozmente el modo de vivir, de interactuar, de comunicar y elaborar el pensamiento, de relacionarse entre las generaciones humanas, y de comprender y vivir la fe y la ciencia»[26]. Como ya recordaba hace más de diez años el Dokument końcowy de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo de 2007 en Aparecida (Brasil), de ese cambio «cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios»[27].

44. Esta situación está vinculada fundamentalmente a la crisis del modelo cultural de la modernidad, que afecta de manera especial al contexto europeo. Cabe preguntarse, por tanto, si hablar de “cambio de época”, en singular, hace plena justicia a los procesos a los que se enfrentan las Iglesias en todas partes del mundo. La respuesta a esta pregunta es sin duda afirmativa, al menos si nos mantenemos en un plano general, por razones relacionadas con el conocido fenómeno de la globalización, que ha favorecido la difusión efectiva del influjo de la cultura occidental en todas las regiones del planeta. Por otra parte, es innegable que algunas experiencias, como la tragedia de la pandemia del COVID-19, han reforzado la conciencia generalizada de pertenecer a una única familia, aunque no faltan tendencias que se mueven en dirección opuesta[28].

45. La urgencia de abordar las cuestiones surgidas por este cambio de época también fue puesta de manifiesto por el Papa León XIV en su primera Carta encíclica Wspaniała ludzkość: «Estamos viviendo una rápida fase de transición, un “cambio de época” en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?»[29]. El Santo Padre ha destacado los rasgos generales de dicho cambio: «La inteligencia artificial y otras innovaciones están remodelando nuestra concepción del trabajo y de las relaciones, e incluso planteando preguntas sobre la identidad humana. La degradación ecológica amenaza nuestra casa común. Los sistemas políticos a menudo no responden al clamor de los pobres. El populismo y la polarización ideológica agravan las divisiones entre las naciones. Muchos se ven afectados por el consumismo, el individualismo y la indiferencia»[30]. A ello se puede sumar también la creciente brecha económica, que, con frecuencia, conduce a la desestabilización de regiones enteras. Se trata de factores globales que conllevan profundos cambios sociales. Estas transformaciones afectan prácticamente a todos los contextos culturales y no dejan de lado ni siquiera a la Iglesia, ya que esta está encarnada en la historia y participa en la vida de los pueblos.

46. Por un lado, de hecho, el atractivo que ejerce un estilo de vida económicamente acomodado y la legítima aspiración a unas mejores condiciones de existencia, favorecida también por el mencionado desarrollo tecnológico, contribuyen a la difusión de mentalidades materialistas e individualistas en todos los continentes. Esto, junto con otros factores, alimenta a nivel global el fenómeno de las migraciones, a menudo marcado por aspectos dramáticos. Por otro lado, estos mismos procesos, incluso en los países de antigua evangelización, han favorecido la formación de contextos multiculturales en los que, junto al secularismo, conviven las instancias culturales propias de pueblos diversos, llamados a afrontar el reto de una convivencia pacífica. Por lo tanto, es necesario reconocer que estas dinámicas no se viven de manera uniforme en las distintas regiones del planeta. Del mismo modo, cabe destacar que la relación con la modernidad occidental —que caracteriza sobre todo a un perfil concreto de Iglesia— se manifiesta de formas diferentes según las culturas a las que pertenecen las distintas comunidades cristianas. Esta realidad es reconocida por el Papa León XIV: «El Pueblo de Dios no sólo está compuesto por muchos pueblos, sino que en su interior está tejido de funciones, vocaciones, culturas y tradiciones diversas, llamadas a apoyarse y enriquecerse mutuamente. […] La tensión fecunda entre la universalidad de la misión y el arraigo local forma parte íntima de la vida de la Iglesia: ella lleva en su aliento el horizonte del mundo entero, pero asume las preguntas de cada contexto como el lugar real en el que el Evangelio cobra vida»[31]. Se puede concluir, por tanto, que uno de los aspectos más relevantes del cambio de época se refiere al establecimiento de una nueva relación entre la fe —y, por tanto, su transmisión— y las culturas.

La crisis de la transmisión de la fe

47. Un aspecto característico del cambio de época que afecta, por diferentes motivos, sobre todo a Occidente —es decir, a aquellos países en los que la fe cristiana ha tenido también una relevancia sociológica mayoritaria— se refiere a la crisis de la transmisión generacional de la fe cristiana. Esto es lo que ya había señalado Evangelii gaudium: «Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Es innegable que muchos se sienten desencantados y dejan de identificarse con la tradición católica, que son más los padres que no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, y que hay un cierto éxodo hacia otras comunidades de fe»[32].

48. Esto tiene mucho que ver, sobre todo en Europa, Estados Unidos de América y Canadá, pero también en Australia y Nueva Zelanda, con una fase avanzada de secularización, que ha provocado una crisis relevante del cristianismo vivido en el ámbito doméstico. En realidad, cada vez son menos los padres que cumplen con la tarea de poner a sus hijos en contacto con la luz viva del mensaje evangélico. Es precisamente de estos contextos familiares de donde procede la mayoría de los jóvenes, hombres y mujeres, que, a pesar de haber frecuentado los ambientes católicos de la parroquia, acaban viviendo la transición a la edad adulta con una actitud de indiferencia religiosa sustancial. Para estas personas que, a pesar de haber recibido el bautismo, han perdido el sentido cristiano de la vida, Jesús, su mensaje de amor, esa luz que vino a irradiar en la historia humana, ya no representa ni un elemento esencial de su propia identidad ni un recurso fiable para discernir lo que es justo hacer con vistas a una vida humanamente digna.

49. Sin embargo, esto no afecta únicamente al llamado Occidente avanzado. En Europa del Este, por ejemplo, que ha sufrido la grave prueba de los regímenes totalitarios comunistas y la consiguiente instauración de una sociedad basada en el ateísmo de Estado —cuyos efectos, no obstante, no han sido los mismos en todas partes—fue la generación de los actuales padres la que sufrió la interrupción de la transmisión de la fe. Así lo atestiguan, en particular, los obispos de los territorios de la antigua Unión Soviética, quienes han podido constatar «que la fe había pasado de las abuelas […] a los nietos, pero sin la implicación directa de la generación intermedia. Como consecuencia de ello, la generación de los “nietos” no ha encontrado en sus padres una fe vivida en la experiencia cotidiana»[33]. Los obispos de Albania también ofrecen testimonios similares[34]. Por ello, concluyen los obispos de la Iglesia greco-católica de Hungría, «ya no podemos dar por sentado que los padres transmitan automáticamente la fe a sus hijos. Lo que en el pasado resultaba eficaz, en la situación actual ya no produce los mismos frutos»[35].

50. Esta ruptura en la transmisión de la fe en la familia también se observa en América Latina y el Caribe, donde se manifiesta sobre todo como una interrupción de la continuidad orgánica entre la familia y la sociedad. De hecho, como señalan los obispos de Chile: «Durante décadas se dio por descontado que existía una cierta continuidad entre familia, escuela, cultura y comunidad eclesial. En ese marco, la fe podía ser descrita como algo que se transmitía relativamente de manera orgánica de una generación a otra»[36]. A este respecto, los obispos de las Antillas observan un debilitamiento de la continuidad generacional[37], sobre todo en lo que se refiere a la catequesis y la práctica sacramental. En otro contexto, como el de Panamá, donde la fe sigue estando muy presente en las manifestaciones populares y en los momentos importantes de la vida, se percibe que la fe «ya no se transmite de manera natural dentro de las familias»[38]. En Colombia, como en otros lugares del planeta, son los abuelos quienes suplen las carencias de la catequesis doméstica, en paralelo a la parroquial[39]; en otras zonas, en cambio, por motivos relacionados con la cultura local, se llega incluso a posponer el bautismo de los hijos hasta una edad más adulta, como ocurre en la Amazonía peruana[40]. En definitiva, todos estos testimonios muestran que ha dejado de existir una especie de “automatismo” en la transmisión de la fe.

51. Un problema similar afecta también a la mayoría de las Iglesias de Asia, sobre todo en las regiones más avanzadas tecnológicamente. En estos casos, sin embargo, se trata de un cristianismo que siempre ha sido minoritario a nivel social y que solo recientemente está experimentando algunas dificultades en la transmisión familiar de la fe. En Corea, por ejemplo, los obispos observan que, debido a la preocupación de los padres, sobre todo por la carrera académica y profesional de sus hijos, la tarea de la catequesis de los más jóvenes recae principalmente en los abuelos[41]. También los obispos de Malasia, Singapur y Brunei denuncian que se da prioridad a las exigencias de la carrera profesional, mientras que la formación espiritual se reduce progresivamente al uso personal de los medios de comunicación modernos[42]. En Bangladés se observa una situación análoga, agravada aún más por un contexto social de mayoría musulmana[43]. En Japón, en cambio, se encuentran dificultades en ciertos aspectos similares a las del mundo occidental, sobre todo en lo que se refiere a la catequesis parroquial y a la gran difusión de los matrimonios entre miembros de tradiciones religiosas diferentes que, de alguna manera, obstaculizan la transmisión de la fe en el ámbito doméstico[44]. Esto también ocurre en los países de Asia Central, que en su día formaron parte del bloque soviético, en los que la Iglesia sigue siendo, no obstante, una realidad minoritaria y vive condiciones análogas a las de las comunidades de Europa del Este, donde durante varias décadas sobrevivió, bajo regímenes totalitarios, una «Iglesia del silencio»[45].

52. A pesar de la gran variedad de contextos, ni siquiera África está exenta de dinámicas que interrumpen la transmisión generacional de la fe. En primer lugar, esto se debe a una cierta secularización de las costumbres provocada por la influencia de un estilo de vida occidental, que han hecho suyo sobre todo las generaciones más jóvenes. Sin embargo, existen también otros factores, relacionados principalmente con la relación con las culturas locales. En particular, se observa que una labor de inculturación del Evangelio que no se ha llevado a cabo plenamente, a pesar de las manifestaciones públicas de la religión aún muy extendidas en la vida social, conduce a una fe superficial, desprovista de raíces y más expuesta a influencias externas. Así lo atestiguan, por ejemplo, los obispos del África del Sur: «a pesar de que el cristianismo está ampliamente difundido, a menudo se queda en un nivel superficial, por lo que necesita una encarnación más profunda del Evangelio en la espiritualidad africana»[46]. Por lo tanto, uno de los principales retos para la transmisión de la fe, que caracteriza de manera transversal al continente africano, se refiere a la creciente competencia, cada vez más agresiva, ejercida por movimientos religiosos de diversa procedencia y el retorno a las prácticas religiosas tradicionales incluso después de haber recibido el bautismo[47].

53. Sin entrar en la complejidad de las causas que han dado lugar a tales transformaciones, es dentro de este contexto de verdadera reescritura de las condiciones fundamentales de la existencia humana donde debe colocarse la crisis de la transmisión generacional de la fe y el reto que esta representa para la Iglesia. En el pasado, dichas condiciones se interpretaban sobre todo desde la perspectiva del cristianismo, tanto en la sociedad en su conjunto como en el seno de las comunidades particulares. En términos más generales, hay que reconocer que no solo está en crisis la transmisión de la fe, sino también una determinada visión del ser humano y de sus valores fundacionales y fundamentales, que había encontrado precisamente en el Evangelio su plenitud. La crisis de la modernidad, símbolo del cambio de época, ha contribuido así al nacimiento de una nueva cultura, que ha entrado en competencia con las estructuras tradicionales de transmisión de la fe. Esto ha llevado, a su vez, a la crisis del llamado modelo de cristiandad, acompañada de la percepción generalizada, en diversas partes del mundo, de que la tarea de los sacerdotes se limita a menudo al “mantenimiento” de las estructuras existentes, mientras que el mundo que les rodea ha cambiado radicalmente.

Una nueva cultura extendida

54. Partiendo de esta situación, Evangelii gaudium invita a la siguiente constatación: «Nuevas culturas continúan gestándose en estas enormes geografías humanas [las metrópolis] en las que el cristiano ya no suele ser promotor o generador de sentido, sino que recibe de ellas otros lenguajes, símbolos, mensajes y paradigmas que ofrecen nuevas orientaciones de vida, frecuentemente en contraste con el Evangelio de Jesús. Una cultura inédita late y se elabora en la ciudad. El Sínodo [de 2012 sobre la Nueva Evangelización] ha constatado que hoy las transformaciones de esas grandes áreas y la cultura que expresan son un lugar privilegiado de la nueva evangelización. Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas para los habitantes urbanos. Los ambientes rurales, por la influencia de los medios de comunicación de masas, no están ajenos a estas transformaciones culturales que también operan cambios significativos en sus modos de vida»[48].

55. Se trata, por tanto, de plantearse la cuestión de la transmisión de la fe en el contexto de esa cultura inédita que hoy se expande desde el corazón de las ciudades hacia las periferias y se extiende a las zonas rurales. Se trata de una cultura omnipresente y profundamente influyente, como señalan los obispos de los Estados Unidos de América: hoy en día, los fieles «tienden a estar más absortos en la cultura que en la fe. La cultura, a través de los medios de comunicación y el discurso público, moldea la forma de pensar de los católicos […] más de lo que lo hacen la fe, la tradición y la devoción»[49]. El mismo fenómeno se observa en muchos otros contextos, sobre todo en aquellos marcados mayormente por la cultura occidental y por un estilo de vida urbano. Tal y como denuncian los obispos de Rumanía, la rápida secularización de dichas sociedades hace que «la falta de práctica religiosa ya no se perciba socialmente como una ausencia que haya que justificar»[50]. Por lo tanto, en el caso de los países de antigua evangelización, ya se puede hablar de sociedades post-cristianas.

56. La tendencia de esta cultura inédita parece consistir en la exaltación de la “soberanía del yo”, que pretende sentirse autónomo y libre para gestionar todos los aspectos de su propia existencia, sometiendo a sus propias necesidades a los demás seres humanos y a la misma realidad que le rodea. Se trata de la difusión de un individualismo cada vez más acentuado, que genera separación, división, envidia, celos, abuso de poder, narcisismo y egolatría. Me vienen a la mente las contundentes palabras de la encíclica Fratelli tutti: «El individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Ni siquiera puede preservarnos de tantos males que cada vez se vuelven más globales. Pero el individualismo radical es el virus más difícil de vencer. Engaña. Nos hace creer que todo consiste en dar rienda suelta a las propias ambiciones, como si acumulando ambiciones y seguridades individuales pudiéramos construir el bien común»[51].

57. Este individualismo generalizado es quizás uno de los efectos más evidentes de ese largo proceso de secularización que ha invadido la conciencia humana contemporánea, especialmente en los contextos occidentales, privándola del aliento y del horizonte de la trascendencia. Como afirma Evangelii gaudium, «el proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y la juventud, tan vulnerable a los cambios»[52].

58. Todo ello tiene, naturalmente, repercusiones en el proceso de transmisión de la fe. Entre los fenómenos señalados por los obispos, además de las dificultades ya mencionadas relativas a la familia, se encuentra la separación sustancial entre el individuo y la comunidad, tal y como observan los obispos españoles: «Persona y familia sufren las consecuencias en la crisis cultural y social que acompaña a este proceso, y, a su vez, se convierten en causa de su avance, por su debilitamiento en la transmisión de la fe y en el consiguiente agrietamiento de vínculos imprescindibles para la vida en sociedad»[53]. Esto significa que al individuo le cuesta integrarse en una tradición que le precede, en un “nosotros” que da forma no solo a su forma de pensar y de sentir, sino también a su forma de creer. De ello se deduce que, sobre todo los más jóvenes, quedan a merced de las modas del momento, como observan los obispos de Brasil: «La progresiva pérdida del sentido de pertenencia a la Iglesia, unida a la difusión de formas subjetivas de religiosidad, ha debilitado los procesos tradicionales de iniciación cristiana. En este contexto, ya no se puede dar por sentado que el bautismo conduzca automáticamente a una fe madura e integrada en la vida de la comunidad»[54]. Como consecuencia, en tales contextos la fe se percibe sobre todo como un asunto privado, tal y como subrayan los obispos austriacos: «La religión se privatiza cada vez más en nuestra sociedad, con la tendencia a excluirla del espacio público. […] No es posible, por así decirlo, enterrar la experiencia cristiana en el corazón sin que ello tenga repercusiones en la realidad del mundo y de la sociedad»[55] . Todo ello se ve agravado aún más en aquellos países, como Francia y Canadá, en los que el laicismo se plasma también en el ámbito legislativo, limitando la libertad de manifestar la propia fe en los lugares públicos.

Las tecnologías digitales

59. Uno de los signos más evidentes del cambio de época que estamos viviendo es, sin duda, la difusión de las tecnologías digitales. Estas últimas, como observa el Papa León XIV en Wspaniała ludzkość, han dado lugar al afianzamiento de «una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo»[56]. En particular, prosigue el documento, «la omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad»[57]. Como ya señalaba el Sínodo sobre la sinodalidad en el Informe de Síntesis de la primera sesión de 2023, «la cultura digital representa un cambio fundamental en el modo con que concebimos la realidad y nos relacionamos con nosotros mismos, entre nosotros, con el ambiente que nos rodea e, incluso, con Dios»[58]. Sobre todo, en las nuevas generaciones, dicha cultura se caracteriza no solo, como a menudo se subraya, por un mayor acceso al conocimiento, sino también por una mutación de las mismas categorías de pensamiento y, en última instancia, de la forma de relacionarse con la realidad. Si, además, consideramos los escenarios que abre la irrupción de la inteligencia artificial, se perfila el riesgo, cada vez más concreto —como ha recordado el Santo Padre—, de que dicha cultura conduzca a «modificar radicalmente algunos de lospilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas. El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico»[59]. Esto tiene importantes consecuencias para la inculturación de la fe.

60. La difusión de las tecnologías digitales y los avances en inteligencia artificial, como es natural, también afectan a la fe y a la religión. Si, por un lado, en el mundo digital no faltan las ocasiones para compartir testimonios de vida y experiencias espirituales, además de permitir una difusión más amplia de los contenidos de la catequesis en comparación con los medios disponibles en el pasado, las nuevas tecnologías ofrecen sin duda posibilidades inéditas de evangelización. Por otro lado, sin embargo, en algunos contextos la propuesta de fe corre el riesgo de quedar desencarnada, desvinculada de la vida concreta o ligada a ideologías promovidas por minorías ruidosas. Esto puede dar lugar a deformaciones de la propia fe o de la conciencia, o bien inducir a las personas a construirse una supuesta fe “a su medida”, modelada según sus propios gustos y preferencias, en lugar de la enseñanza de la Iglesia.

61. Además, se ha observado que la cultura digital tiende a remodelar algunas categorías fundamentales del pensamiento, como el espacio, el tiempo y la autoridad, que constituyen elementos esenciales del propio concepto de tradición. Por lo tanto, al cambiar la forma de concebir esta última, la transmisión de la fe no puede sino verse transformada desde sus cimientos. En cuanto al espacio, como ya se ha mencionado, se atenuaría, aunque sin desaparecer, el sentido de pertenencia a un contexto local y concreto, ya que las personas están al mismo tiempo integradas en una red global, en la que las distancias físicas parecen relativizarse, si no superarse por completo. En cuanto al tiempo, cambiaría, por el contrario, el significado mismo de la memoria: el hecho de que todos los contenidos subidos a la red permanezcan indefinidamente, junto con la rapidez que caracteriza los intercambios entre las personas, contribuye a que se pierda un sentido genuino de la historia y del pasado, ya que todo queda aplanado en una especie de presente eterno. Esto hace que los usuarios de la red sean especialmente sensibles a las modas del momento.

62. En lo que respecta a la autoridad, hay que prestar mucha atención a la advertencia del Papa León XIV en su primera Encíclica Wspaniała ludzkość: «Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella. Una información veraz, de hecho, no surge de un control centralizado o automatizado. En el discurso público, la verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo»[60]. Por lo tanto, el acceso generalizado a múltiples fuentes de conocimiento y, al mismo tiempo, la presencia de un gran número de voces situadas todas en el mismo plano, cuyo único criterio de discriminación es la eficacia comunicativa, ponen en grave crisis la credibilidad de las instituciones tradicionales, ya que para muchos ya no está claro quién es realmente capaz de ofrecer una palabra autorizada sobre las cuestiones fundamentales de la vida humana.

Nuevas fronteras de la evangelización

63. Sin embargo, una visión realista de esta situación no debe llevarnos a desesperarnos por el futuro de la Iglesia. Entre las oportunidades que ofrece el Espíritu Santo en el contexto actual de cambio de época, se encuentra, de hecho, la de una adhesión a la fe más consciente y convencida, tal y como sostienen los obispos belgas: se trata de «una ocasión positiva para permitir que las personas elijan conscientemente profundizar en su propia fe»[61]. Una actitud similar se observa también en un contexto geográficamente lejano, como el de Chile, cuyos obispos señalan que «la fe ya no puede ser presupuesta como herencia cultural estable ni como adhesión espontánea a un universo simbólico compartido. Más bien, aparece como una propuesta que debe ser acogida en libertad, acompañada en procesos y validada existencialmente»[62]. Además, no podemos olvidar un fenómeno que está afectando a las zonas más secularizadas de Europa y América, a saber, el número creciente de conversiones y retornos a la Iglesia, sobre todo por parte de jóvenes y adultos jóvenes. Es especialmente relevante el caso de Francia, donde, frente a un descenso generalizado de los bautismos infantiles y de la práctica religiosa, se registra un crecimiento excepcional y constante de las solicitudes para recibir el sacramento del Bautismo por parte de jóvenes y adultos. Según los resultados de una encuesta realizada por encargo de la Conferencia Episcopal Francesa, el número de adultos que recibieron el bautismo en 2026 aumentó un 28 % con respecto al año anterior, hasta el punto de que se ha más que triplicado en comparación con la cifra de 2016. Como ya se ha mencionado, este fenómeno afecta sobre todo a las nuevas generaciones: la gran mayoría tiene menos de 40 años y, de ellos, aproximadamente la mitad se sitúa en el grupo de edad comprendido entre los 18 y los 25 años. Según los testimonios recopilados, entre los motivos que llevan a solicitar el sacramento se encuentran el acercamiento a la fe tras un momento de crisis (por ejemplo, un duelo o una enfermedad), haber vivido experiencias espirituales y de belleza, o el contacto con otros creyentes, tanto a nivel personal como en las redes sociales[63].

64. A nivel estadístico general, este fenómeno sigue afectando a porcentajes relativamente limitados en comparación con la población total; sin embargo, esto no quita que se trate, en cualquier caso, de acontecimientos nada desdeñables y siempre motivo de alegría. No obstante, cabe señalar que una visión más amplia de la situación sugiere adoptar una actitud prudente a la hora de evaluar esta realidad. De hecho, si bien, por un lado, se registra un aumento efectivo en la demanda de los sacramentos de la iniciación cristiana en esas zonas altamente secularizadas, por otro lado, se observa una dificultad paralela en la perseverancia de los neófitos, quienes a menudo, poco tiempo después de recibir el bautismo, vuelven a un estado de indiferencia práctica. Por esta razón, aunque conviene evitar actitudes triunfalistas al respecto, no se puede negar que estos fenómenos constituyen signos concretos de esperanza y de vitalidad evangélica. Al mismo tiempo, la situación descrita invita a redescubrir la importancia de la comunidad en la acogida y el acompañamiento de los nuevos fieles.

65. Se puede constatar cómo, en estos casos, el anuncio evangélico, llevado a cabo de las formas más diversas —desde el boca a boca hasta la invitación a una peregrinación, pasando por una presencia activa en los nuevos medios de comunicación—, permite acoger una auténtica búsqueda de sentido que renace en medio de la asfixia de la inmanencia. Dicha búsqueda puede presentarse de muchas formas, que no deben menospreciarse: la búsqueda de una mayor amplitud de corazón, la necesidad de paz y armonía con el mundo, el deseo de consuelo y sanación, las experiencias de ruptura y de conflicto que empujan a empezar de nuevo, nuevas formas de belleza, una cierta recuperación de lo antiguo y de las tradiciones, además de muchos otros ejemplos que podrían multiplicarse. Se trata de realidades a las que hay que mirar con gratitud, reconociendo en ellas la obra del Espíritu Santo, que sigue actuando en los corazones de las personas.

66. Se vuelve a proponer, por tanto, sustancialmente, la necesidad de transmitir la fe partiendo del kerygma. Esto es válido tanto en los países secularizados de antigua tradición cristiana como en aquellos en los que la Iglesia se caracteriza generalmente por ser una minoría, por ejemplo, en Asia. De hecho, muchos países asiáticos también se ven afectados por la secularización y el individualismo, sobre todo en las regiones que experimentan un rápido crecimiento económico. Sin embargo, el impacto de estas influencias culturales en las comunidades de fieles es diferente al que se observa en las sociedades de tradición cristiana. Precisamente el hecho de ser con frecuencia minoritarias a nivel social (con algunas notables excepciones como las Filipinas y Timor Oriental) ha llevado a las Iglesias de Asia a desarrollarse como comunidades bien definidas desde el punto de vista sociológico; esto ha favorecido la consolidación de una fuerte identidad, que les ha permitido atravesar la historia a pesar de contextos a veces hostiles o marcados por auténticas persecuciones. En la actual situación de cambio de época, este hecho presenta, desde el punto de vista de la transmisión de la fe, un doble orden de consecuencias: por un lado, las comunidades cristianas no son inmunes a la ampliamente difundida cultura secularizada anteriormente descrita, que provoca, por tanto, una erosión de la práctica religiosa, sobre todo en las nuevas generaciones; por otro lado, están llamadas a superar una adhesión al cristianismo basada en la mera inercia de la pertenencia social[64], para que se convierta en una elección personal y consciente, capaz de orientar las propias decisiones de vida. Esto es válido, en particular, para regiones que se caracterizan por la presencia de culturas milenarias, como la India o China, en las que el esfuerzo por encarnar el anuncio evangélico en la vida de las personas debe enfrentarse al modo particular con el que una determinada cultura se relaciona con ámbitos como la verdad, el bien y la belleza. A ello se suma la necesidad de replantearse el modo mismo de anunciar el Evangelio, dando prioridad a las formas narrativas frente a la mera transmisión de conceptos abstractos. Este esfuerzo es imprescindible para preparar el terreno del corazón de cada ser humano (cf. Mt 13,3-8) para el encuentro auténtico con la Buena Nueva.

67. A pesar de la variedad de situaciones que caracterizan a este vasto continente, también África se enfrenta al problema de la secularización y del individualismo de origen occidental, que afectan sobre todo a los contextos urbanos y a las nuevas generaciones. En las Iglesias africanas, sin embargo, la respuesta a tales influencias culturales sobre la transmisión de la fe se inscribe en el marco de dos retos igualmente exigentes, a los que ya se ha hecho referencia: la inculturación del Evangelio en las culturas locales y la “competencia” del proselitismo por parte de otras religiones. La importancia del primer aspecto viene atestiguada por los obispos de Nigeria: «La presencia significativa de clero autóctono ha facilitado la transmisión de la fe en el seno de las culturas locales, ya que actúan como modelos de referencia con los que es posible identificarse y como guías espirituales, salvando eficazmente la brecha entre los valores tradicionales nigerianos y las enseñanzas católicas»[65]. Otra iniciativa valiosa son las «Pequeñas Comunidades Cristianas» (Small Christian Communities), las cuales, tal y como señalan los obispos de Tanzania, «funcionan como unidades básicas para la oración, la catequesis y la vida comunitaria. La fe se transmite a menudo a través de un enfoque que considera a la comunidad como una familia»[66].

68. Como ya se ha mencionado, la transmisión de la fe en África (pero también en otros lugares) sufre por la actividad antagonista de grupos religiosos que proponen un “Evangelio de la prosperidad”, aprovechando las necesidades materiales inmediatas. En regiones como Costa de Marfil, por ejemplo, se asiste, por un lado, a la búsqueda de movimientos que garanticen el bienestar y la felicidad, mientras que, por otro, se registra el retorno de muchos bautizados a las prácticas tradicionales y esotéricas[67].

69. Hay que reconocer que, a menudo, el atractivo de una propuesta de este tipo se deriva de ciertas carencias objetivas en las modalidades de anuncio del Evangelio, que no siempre logran tener en cuenta de manera adecuada las necesidades reales y concretas de las familias. Esto implica que las comunidades cristianas están llamadas a buscar modos sanos de presentar el Evangelio como una respuesta eficaz incluso a las necesidades más tangibles, siguiendo el ejemplo de Jesús, que recorría la tierra de Israel «haciendo el bien y curando a todos» (Akty 10,38), demostrando así que sabía responder no sólo a las preguntas últimas, sino también a las “penúltimas”. De hecho, no siempre esos deseos tienen un origen egoísta (por ejemplo, la preocupación por el bienestar de los hijos, el cuidado de la salud, el deseo de sanar los lazos familiares, etc.). Descubrir que la Iglesia puede ofrecer una ayuda espiritual concreta ante estas preocupaciones predispone el corazón a acoger el anuncio kerigmático con renovado vigor.

70. En otros contextos africanos, en cambio, como la República Democrática del Congo, además de las presiones ejercidas por grupos fundamentalistas, las comunidades cristianas sufren también la amenaza de una expansión agresiva de formaciones islamistas[68]. Todos estos factores ejercen su influencia en muchos fieles que no han recibido una formación sólida en la fe o que no han experimentado de primera mano el efecto transformador del kerygma en sus vidas.

71. Por último, no podemos pasar por alto el hecho de que, en muchas partes del mundo, los creyentes en Jesús siguen siendo víctimas de auténticas persecuciones por parte de grupos religiosos extremistas. A este respecto, es urgente reiterar que toda forma de violencia ejercida por motivos de credo es una violación inadmisible de la dignidad humana, ya que «quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra traiciona su rostro; luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma»[69]. Se trata de perversiones del mensaje religioso que deben denunciarse abiertamente y que toda autoridad política está llamada a reprimir sin vacilar.

Capítulo IV

La centralidad del kerygma

72. Ante la situación descrita anteriormente, resulta del todo natural que, para los creyentes, se trate de recomenzar una gran etapa de anuncio del Evangelio, dando por fin respuesta a lo que pedía el Papa Francisco en Evangelii gaudium respecto a la urgencia de que toda la Iglesia dé vida a una nueva etapa evangelizadora. Esta invitación ha sido retomada por el Papa León XIV, quien reconoce la necesidad de «una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de mera conservación o expansión institucional»[70]. No lo hacemos, ante todo, para responder a un nuevo desafío trascendental, sino por fidelidad a la propia identidad cristiana, que no puede dejar de incluir el don de sí mismo en la transmisión de la luz de Cristo. En vista de todo ello, conviene reflexionar sobre el tema del anuncio del kerygma y sobre cómo este reorienta la vida y la misión de la Iglesia.

73. La revelación divina, como enseña el Concilio Vaticano II, no es una simple transmisión de verdades doctrinales ni una “instrucción” de Dios a la humanidad, sino un diálogo de alianza: «Dios invisible movido por su desbordante caridad, habla a los hombres como a amigos y trata con ellos, para invitarlos y admitirlos a la comunión consigo y recibirlos en ella»[71]. Esto hace que el kerygma, el anuncio fundamental de la fe, exija en quien lo acoge una respuesta que no se limita al nivel intelectual, sino que involucra toda la existencia en la acogida de la llamada que Dios hace a la persona a compartir Su propia vida. Precisamente porque no se limita al ámbito meramente cognitivo, sino que está dotada, por así decirlo, de un alcance existencial (cf. Jn 17,3), dicha respuesta es, por su propia naturaleza, un acontecimiento de salvación: «Si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9).

74. La verdad evangélica, por tanto, es salvífica, es viva; es más, es una persona: Cristo mismo (cf. Jn 14,6). Esto se refleja en la estructura del acto de fe, que se caracteriza, al mismo tiempo, por «la entrega total»[72] a Cristo del ser humano individual iluminado por su gracia (fides qua), y por las “cosas creídas” (fides quae), que explicitan el contenido de dicho acto deentrega[73]. La corrección de la exposición de la fe y la búsqueda humana de sentido, que nunca se agota por completo (cf. 1 Kor 15,28), son inseparables.

Suscitar una experiencia de fe

75. A este respecto, por lo tanto, sigue siendo válido lo que podemos leer en Evangelii gaudium: «En la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o “kerygma”, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial. El kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo, que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero en un sentido cualitativo, porque es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos»[74].

76. La primera reflexión que nos sugieren las palabras que acabamos de escuchar es que el anuncio de la verdad fundacional y fundamental del cristianismo —Jesucristo, que está vivo, te ama y ha dado su vida para salvarte— debe llevarse a cabo de tal manera que provoque una experiencia de fe, capaz de iniciar un proceso de formación de la propia identidad cristiana. Se perfila así un triple itinerario que debe caracterizar una transmisión de la fe recentrada en el kerygma: en primer lugar, el anuncio central de la presencia y el amor de Cristo Resucitado; la experiencia interior de su presencia y de su amor, suscitada por ese anuncio; por último, el inicio de un camino de conocimiento y de amor a Cristo, hecho posible por la acogida del anuncio por parte de quien lo recibe con un corazón libre y sincero.

77. No se trata, por tanto, de una mera transmisión de contenidos, por muy importantes que sean, aunque se refieran a la salvación de cada ser humano. Debe ser un anuncio “performativo”, capaz de tocar realmente el corazón de quienes lo reciben y de impulsar sus pasos hacia el corazón del Señor Jesús, donde es posible contemplar y entrar en contacto con ese fuego de amor que Él vino a arrojar sobre la tierra (cf. Lc 12,49). El anuncio del kerygma debe inflamar los corazones de aquellos a quienes va dirigido, según el modelo sublime que el mismo Jesús pone en práctica con los discípulos de Emaús:«Y se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”» (Lc 24,32).

78. El vínculo entre kerygma y catequesis, en el contexto de un cambio de época, es muy estrecho, hasta el punto de que la segunda «no siempre se puede distinguir del primer anuncio», por lo que «está llamada a ser, en primer lugar, un anuncio de la fe»[75]. Precisamente a este respecto, puede resultar útil recordar una situación que ya resulta frecuente. Como ya se ha señalado, ocurre cada vez con más frecuencia que los padres cristianos ya no logren transmitir la fe a sus hijos; sin embargo, el mero hecho de pedir el bautismo para sus hijos o de acompañarlos a la catequesis ya pone de manifiesto cierta presencia de la fe y un testimonio frágil, pero verdadero, que no deben menospreciarse. En estos casos, es incluso posible que los niños o adolescentes que llegan a la catequesis aún no hayan recibido un primer anuncio explícito del Evangelio. Precisamente por ello, la catequesis se convierte en el lugar en el que este anuncio puede volver a proponerse, lo que confirma la necesidad de una profunda renovación kerigmática de la catequesis misma, ya que, no pocas veces, esta no logra provocar una experiencia intensa de encuentro con Cristo, que pueda perdurar en el tiempo[76].

79. Por otra parte, es un hecho que el elevado número de niños y adolescentes que se alejan de la Iglesia y de los sacramentos inmediatamente después de haber completado el itinerario de iniciación cristiana, o el que ofrece la escuela católica, indica que la catequesis sigue teniendo dificultades para encontrar los caminos más adecuados que motiven un encuentro personal sólido y duradero con Cristo.

La cuestión del lenguaje

80. En el contexto de este cambio de época, el verdadero reto para la Iglesia es que la palabra del Evangelio se asuma «como criterio vivo para orientar elecciones concretas, inspirar caminos de conversión personal y comunitaria, promover reformas de las estructuras y apoyar nuevas formas de testimonio evangélico en la vida pública»[77]. En este sentido, aprovechando los numerosos documentos y recursos que el Dicasterio para la Evangelización ha elaborado[78], hoy resulta más urgente que nunca analizar con mirada sapiencial las formas actuales de organizar la catequesis, para que la transmisión de la fe no quede confinada a lenguajes que puedan calificarse de “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas”. De hecho, con demasiada frecuencia, una comunicación repetitiva y autorreferencial del mensaje evangélico corre el riesgo de no llegar al corazón de los fieles. Por eso, el lenguaje de la fe no debe limitarse a una fría exposición de conceptos; sin duda debe poseer esa claridad que facilita la comprensión, pero sobre todo debe caracterizarse como una llamada del corazón, recordando que «el Señor nos salva hablando a nuestro corazón desde su Corazón sagrado»[79] y que «el programa del cristiano […] es “un corazón que ve”»[80]. Solo así será un lenguaje que realmente provoque un cambio en la vida de las personas, porque será expresión de la propia voz del Señor, el único que puede tocar verdaderamente el corazón de las personas: «Habla tú verdaderamente en mi corazón; solo tú hablas así»[81] .

81. En resumen, para que la transmisión de la fe sea realmente eficaz, debe configurarse como una relación interpersonal que involucra. Para ello,«se debe privilegiar el idioma de la proximidad, el lenguaje del amor desinteresado, relacional y existencial que toca el corazón, llega a la vida, despierta esperanza y deseos»[82]. Una comunicación de este tipo no pretende hablar primero, sino que nace ante todo de la escucha, haciendo posible un verdadero intercambio de dones entre quien anuncia y quien acoge el anuncio, facilitando así el encuentro con Cristo, que camina con nosotros.

82. Esto significa que la transmisión de la fe puede realizarse allí donde el lenguaje se convierte en testimonio, transformándose él mismo en un acontecimiento del Espíritu. Como dice san Alberto Hurtado, citado en la Exhortación apostólica Christus vivit: «“Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer la luz, sino ser la luz […]. El Evangelio […] más que una lección es un ejemplo. El mensaje convertido en vida viviente”»[83]. De este modo, la Iglesia podrá ofrecer también hoy una palabra que sea, a la vez, memoria y profecía, capaz de hacer arder de nuevo el corazón de los discípulos a lo largo del camino, acompañados por el Maestro, permitiendo a la gracia que suscite esa adhesión mística a la fe[84], respecto a la cual siguen siendo insuperables las palabras del profeta Jeremías: «Pero había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo, y no podía» (Jr 20,9).

La formación cristiana

83. De lo anterior se desprende que las comunidades de creyentes están firmemente llamadas a promover, tanto en el momento oportuno como en el inoportuno, una renovación del anuncio del kerygma. Por otra parte, también en Evangelii gaudium se destacaba otro aspecto realmente importante al respecto: «No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más “sólida”. Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio. Toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor, que nunca deja de iluminar la tarea catequística, y que permite comprender adecuadamente el sentido de cualquier tema que se desarrolle en la catequesis. Es el anuncio que responde al anhelo de infinito que hay en todo corazón humano. La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas»[85].

84. Aquí vuelve a surgir la gran enseñanza del Concilio Vaticano II sobre la jerarquía de las verdades entre los misterios cristianos. De hecho, en el número 11 de Unitatis redintegratio se lee que «los teólogos católicos, afianzados en la doctrina de la Iglesia, deben seguir adelante en el diálogo ecuménico con amor a la verdad, con caridad y humildad, investigando juntamente con los hermanos separados sobre los misterios divinos. Al comparar las doctrinas, deben recordar que existe un orden o “jerarquía” de las verdades de la doctrina católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana»[86]. Esta perspectiva ha sido ampliada por Evangelii gaudium al ámbito del anuncio del Evangelio, de la teología y de la propuesta moral[87]. Por esta razón, en el cambio de época que nos toca vivir, no parece oportuno, en el ámbito de la comunicación de la fe a las nuevas generaciones, a los catecúmenos adultos y a los llamados “reconvertidos”, dispersarse en tantos ámbitos de la doctrina católica —por muy importantes que sean— y perder de vista lo que en ella hay «de más sólido, de más profundo, de más seguro, de más consistente»[88]: el amor de Dios, que es como una llama capaz de volver a donar vida, alegría, esperanza y confianza a toda existencia humana. A esta llama, gracias a la acción del Espíritu, se accede mediante el encuentro —con fe y en la fe— con el Señor Jesús.

85. Es precisamente anunciando el kerygma de un modo renovado y renovador, apasionado y apasionante, como la comunidad creyente podrá cumplir la tarea de transmitir, de generación en generación, la luz que Jesús vino a traer a la tierra.

86. En concreto, para que pueda suscitar verdaderamente una experiencia de fe, el anuncio del kerygma deberá adoptar un estilo, un lenguaje y un tono capaces de llegar a las personas allí donde se encuentran, con sus deseos y sus sueños, con sus fatigas y sus tribulaciones. Deberá, por tanto, ser capaz de presentar la bella noticia del amor y la misericordia de Dios de tal manera que quienes la reciban puedan comprender de verdad que ese amor y esa misericordia se dirigen precisamente a ellos. Este es el estilo que caracteriza a las parábolas del Señor Jesús, que aún hoy cautivan los corazones de quienes las escuchan.

Capítulo V

La transmisión de la fe en las comunidades

87. Partiendo de esta reflexión general sobre la centralidad del kerygma, se pueden formular algunas observaciones más específicas. La primera, y más esencial, se refiere a la calidad de la vida comunitaria de los discípulos del Señor. Esta debe transparentar un amor sincero entre los hermanos, el hacerse cargo los unos de los otros, una generosa disponibilidad hacia todos, en particular hacia los más desfavorecidos, un clima de alegría y de fiesta y, por último, ese vivir con un solo corazón y una sola alma (cf. Akty 4,32), propio de una comunidad acogedora y hospitalaria, capaz, incluso en este tiempo de cambio de época, de llamar la atención de cualquiera y de atraerlo hacia la experiencia de la fe cristiana. En un mundo cada vez más fragmentado, en el que los únicos vínculos entre los seres humanos que parecen tener cabida son los mediados por las infraestructuras digitales, resulta cada vez más evidente en muchas personas una necesidad y un deseo de pertenencia. No nos bastamos a nosotros mismos y los medios sociales no colman nuestro carácter original de “animales sociales”. Como creyentes, no podemos dejar de mantener el corazón y las puertas abiertas a estas nuevas situaciones de las personas. Por otra parte, la primera forma de evangelización tiene lugar siempre “de persona a persona”[89].

88. En esta dirección, resulta absolutamente urgente, sobre todo en los países de antigua evangelización, insistir en la importancia de promover, en cada comunidad eclesial, grupos de escucha, de meditación, de compartir y de oración de la Palabra, en cuya convocatoria se dediquen momentos específicos y fijos, que complementen la celebración de la Eucaristía dominical. Que nos sirvan de estímulo las palabras del Papa Francisco: «El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen. Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, fortalecido por la presencia del Señor en medio de nosotros que nos habla y nos nutre. […] nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera»[90]. Con el fin de facilitar esa relación de confianza de los creyentes con la Sagrada Escritura, en estos grupos bíblicos se podrán adoptar fácilmente la antigua práctica de la lectio divina y las modernas metodologías narrativas.

89. A pesar de todos los cambios de época, los principales canales de transmisión de la fe siguen siendo los encuentros “persona a persona”. Por ello, entre los ámbitos en los que se transmite la fe, la amistad adquiere especial relevancia, como atestiguan también los casos más recientes de conversión. La tradición de la Iglesia siempre ha reconocido el valor educativo de las genuinas relaciones fraternas[91], como también ha destacado el Magisterio reciente, sobre todo en referencia al camino de fe de las jóvenes generaciones, y como afirma, por ejemplo, el Papa Francisco: «La amistad es un regalo de la vida y un don de Dios. A través de los amigos el Señor nos va puliendo y nos va madurando»[92]. La amistad, de hecho, constituye un espacio privilegiado en el que el testimonio personal, la ayuda mutua y el compartir las alegrías y las dificultades de la vida hacen posible un intercambio de fe capaz de abarcar toda la existencia. Junto con la familia, una amistad sana representa el contexto por excelencia de las relaciones auténticas y bien podría decirse también que es una escuela de humanidad[93], donde los creyentes pueden acompañarse y apoyarse mutuamente en el seguimiento de Cristo.

Liturgia

90. La segunda consideración relacionada con el redescubrimiento de la centralidad del kerygma se refiere a la liturgia. Si el corazón del anuncio cristiano es el encuentro con el amor salvífico de Dios en Cristo, la liturgia constituye el lugar privilegiado en el que este misterio se celebra y se comunica sacramentalmente. Precisamente por ello, ocupa un papel central en la transmisión de la fe, configurándose como el corazón palpitante de la vida eclesial en la que la comunidad se nutre de la Palabra de Dios y del Pan de vida eterna. A este respecto, es necesario superar una visión reduccionista que la considere un mero marco ritual de la vida eclesial. La liturgia, de hecho, es ante todo una experiencia de fe, incluso antes que una enseñanza, ya que permite al fiel participar en gestos, palabras, silencios y símbolos, haciendo una experiencia viva del misterio de Cristo. Como se afirma en Evangelii gaudium, «la Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia»[94].Precisamente a través de su fuerza simbólica y de su capacidad para involucrar íntegramente a la persona, la liturgia se convierte en un auténtico lugar de anuncio y de encuentro con el Señor. En la acción litúrgica, y en particular en la Eucaristía, se nos introduce cada vez más profundamente en el misterio pascual, al tiempo que se hace visible el carácter sacramental de la Iglesia, llamada a ser signo del amor de Dios por la humanidad. En este acontecimiento sacramental, el encuentro con el Resucitado se convierte en un gesto compartido y vital que educa al creyente no solo “informándole”, sino moldeándolo desde dentro para que se convierta en partícipe del misterio celebrado. Por eso, en la liturgia la fe se transmite de manera performativa: no solo se habla de Dios, sino que se entra en relación con Él. La liturgia es memoria y tradición viva, que genera y moldea a cristianos capaces de dar testimonio de la salvación encontrada; al participar en la oración litúrgica se entra, de hecho, en una historia, en una memoria compartida que atraviesa los siglos. Por lo tanto, celebrar significa, ante todo, recibir una fe que ha sido creída, vivida y rezada por otros antes que nosotros.

91. Además, esta dinámica pone de relieve la dimensión eminentemente comunitaria de la liturgia. La fe, de hecho, no se transmite solo a través del anuncio o la enseñanza individual, sino en el seno de un pueblo que celebra. En la liturgia, el creyente nunca está aislado, es introducido en un “nosotros” que le precede, le acompaña y le supera. Esta dimensión comunitaria constituye un potente antídoto contra el atractivo de un estilo de vida egoísta e individualista, hoy tan extendido en muchos contextos, como ya se ha podido observar. Precisamente por ser una experiencia eclesial y popular, la celebración de la fe está estrechamente vinculada a los procesos de inculturación, es decir, al esfuerzo por «comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible»[95]. Aplicada a la liturgia, esta perspectiva exige custodiar la riqueza de la tradición simbólica de la Iglesia, haciéndola al mismo tiempo accesible y significativa para los hombres y mujeres de su tiempo, en una tensión sana y fecunda entre la fidelidad a la tradición y la comprensibilidad del mensaje celebrado.

92. Desde el punto de vista de la transmisión de la fe, por tanto, la liturgia reviste una importancia crucial según el antiguo adagio lex orandi, lex credendi[96]. De ello se deduce que la celebración litúrgica no puede reducirse a una mera ejecución formal, sino que debe ser una acción en la que los signos hablen realmente a la mente y al corazón de los fieles, expresando de manera viva y concreta la única fe de la Iglesia y reforzando en cada creyente la conciencia de ser miembro del Cuerpo de Cristo. Solo a través de una participación plenamente consciente, que presupone una educación adecuada en el lenguaje litúrgico, la fe puede transmitirse no como una doctrina abstracta, sino como una vida nueva que se comunica “por atracción” en lo cotidiano. El joven Agustín también fue testigo de esta eficacia de la liturgia, y años después de aquella experiencia pudo escribir: «¡Cuántas lágrimas derramé con tus himnos y tus cánticos, mientras las voces de tu Iglesia resonaban dulcemente! Aquellas voces penetraban en mis oídos, y tu verdad se fundía en mi corazón; de ella brotaba un ardiente sentimiento de piedad, y corrían las lágrimas, y me hacía bien llorar con ellas»[97]. A través de la belleza de los signos y la fuerza de la Palabra, pues, la acción litúrgica se convierte así en la fuente generadora de la misión eclesial, capacitando a la comunidad para dar razón de la esperanza que la habita a través de la credibilidad de una vida transfigurada por la gracia. Por este motivo es necesario un cuidado especial de las celebraciones y un acompañamiento mistagógico de las nuevas generaciones, para que puedan comprender y vivir plenamente lo que celebran en la liturgia.

93. Además de esto, la liturgia puede vivirse de diversas maneras. De hecho, existe también una forma propia de la piedad popular de manifestar una sensibilidad litúrgica, que se declina en diferentes formas según las distintas culturas. Para comprender este hecho, cabe citar un bonito relato de Romano Guardini, en el que narra su viaje a Sicilia: «Hoy he visto algo grandioso: Monreale. […] Cuando llegamos —era Jueves Santo—, la misa solemne ya había pasado la consagración. […] ¿Qué podría decir del esplendor de este lugar? […] La multitud estaba sentada y miraba. […] Casi nadie leía. Todos vivían en la mirada, todos se inclinaban para contemplar. Entonces me quedó claro cuál es el fundamento de una verdadera piedad litúrgica: la capacidad de captar lo “santo” en la imagen y en su dinamismo. Monreale, Sábado Santo. […] De vez en cuando, un rayo de sol penetraba en la bóveda y, entonces, una sonrisa dorada inundaba el espacio en lo alto. […] Pero lo más bello era el pueblo. […] La ceremonia sagrada se prolongó durante más de cuatro horas y, sin embargo, siempre hubo una participación viva. Hay diferentes formas de participación en la oración. Una se lleva a cabo escuchando, hablando, gesticulando. La otra, en cambio, se desarrolla mirando. La primera es buena, y nosotros, en el norte de Europa, no conocemos otra. Pero hemos perdido algo que en Monreale aún existía: la capacidad de vivir-en-la-mirada, de permanecer en la visión, de acoger lo sagrado a través de la forma y del acontecimiento, contemplando»[98].

94. Se deberá prestar especial atención, en cada diócesis, para permitir a los fieles y quienes se acercan o vuelven a acercarse a la comunidad de creyentes entrar en contacto con las diversas sensibilidades litúrgicas presentes en la tradición de la Iglesia católica. Respetando las normas litúrgicas vigentes, los pastores están llamados a poner en valor la riqueza del patrimonio litúrgico católico —pensemos, por ejemplo, en la variedad de estilos musicales que lo caracterizan— de tal manera que puedan entrar en contacto con las diversas sensibilidades de sus contemporáneos. Además, deberá prestarse una atención específica a un acompañamiento capaz de bendecir las etapas más destacadas de la vida humana. En Occidente, sobre todo, se está produciendo una pérdida progresiva de la memoria colectiva de los ritos y las prácticas rituales, en favor de un individualismo muy radical, pero esto no suprime la necesidad antropológica de la ritualidad, a la que el ser humano siempre ha sabido responder de diversas maneras. La comunidad cristiana crece y se edifica a través de las prácticas rituales, y el rico patrimonio espiritual de la Iglesia representa, en este sentido, un recurso precioso e inagotable.

El papel del testimonio

95. La tercera consideración esencial se refiere al testimonio de los creyentes. Este se articula en tres dimensiones fundamentales: el testimonio de la santidad, el de la cercanía y el de la opción preferencial por los pobres. En todas las épocas, quienquiera que se haya encontrado con el testimonio de un cristiano ejemplar se ha visto siempre estimulado a descubrir el secreto de esa vida tan particular y diferente respecto a la mayoría de sus semejantes. Un creyente que vive hasta el fondo las exigencias del mensaje cristiano es, en sí mismo, una referencia constante a la luz verdadera del mundo, que es Cristo Jesús. Como afirma el Papa Francisco, en efecto, «la santidad es el rostro más bello de la Iglesia»[99]. Bastaría aquí recordar únicamente las figuras de san Francisco de Asís y de santa Teresa de Calcuta. Hay que reconocer, de hecho, que nada como la santidad de sus miembros hace a la Iglesia más creíble en el anuncio y la transmisión de la fe. Por esta razón, haciéndose eco del mensaje sobre la santidad del Concilio Vaticano II[100], el Papa Francisco ha querido reiterar con insistencia que la santidad es la vocación ordinaria de todo cristiano: «Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales»[101].

96. Junto al testimonio de la santidad, los creyentes son llamados a ofrecer, en el día a día de su vida, el testimonio de una cercanía hacia todos. Se trata de una cercanía construida con los ladrillos de la hospitalidad, la amabilidad, la escucha, la mansedumbre y la ternura. Según la antigua frase del autor latino Terencio: «Homo sum, humani nil a me alienum puto"[102]—para los creyentes, nada de lo verdaderamente humano debería resultarles ajeno. Todo cristiano está llamado a ayudar a las personas a releer su propia historia dentro de la gran historia de la salvación, descubriendo que su propia vida forma parte del relato de Dios. Esta cercanía se convierte en testimonio cuando se ejerce hacia personas que viven en situaciones de grave sufrimiento, ya sea físico o mental. En estos casos, un gesto de escucha y ternura, unido a una palabra de fe, puede abrir amplios espacios para acoger esa luz verdadera de Cristo que tiene el poder de liberar de las tinieblas a quienes están envueltos en ellas. El Papa León recuerda, de hecho, que «la finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro»[103].

97. Llegamos así a ese testimonio concreto del amor de Dios que los creyentes dan al hacerse cargo, de manera preferencial, de los pobres, los desfavorecidos y los excluidos. Como recordó el Papa León XIV, siguiendo los pasos de su predecesor, los creyentes no deberían olvidar nunca «la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres»[104]. En verdad, «el cristiano no puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una “cuestión familiar”, son “de los nuestros”. Nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia»[105]. En esa cercanía activa y práctica hacia los hermanos y hermanas que viven en la pobreza, la Iglesia hace brillar de manera eminente esa llama del amor de Dios por todos que Jesús vino a arrojar sobre la tierra y que aún hoy logra conmover, a menudo en silencio, el corazón de muchos. Un testimonio especialmente valioso en este sentido nos lo ofrecen los obispos de Myanmar, recogido en ocasión de su Visita ad Limina a este Dicasterio el 2 de junio de 2026: en ese país, que lleva sobre sí las heridas de múltiples conflictos, la Iglesia muestra su cercanía a los más pobres, incluso simplemente en el silencio de la escucha, sin distinción alguna de pertenencia religiosa —se trata, de hecho, de una nación de mayoría budista—. Precisamente esa cercanía suscita en quienes no comparten la fe cristiana el deseo de profundizar en los motivos de esta forma de afrontar el sufrimiento, ofreciendo así a los fieles la oportunidad de hablar explícitamente de su experiencia de Jesús. En esta unidad entre la caridad y el anuncio evangélico, por tanto, se pone de manifiesto aún más claramente la belleza integral de la propuesta cristiana.

Arte y belleza

98. Una cuarta observación específica se refiere, además, a la necesidad de dar cabida —en el discurso sobre la transmisión de la fe— también a las múltiples expresiones de la creatividad humana, a través de las cuales se ha intentado dar forma a esa tensión hacia la belleza, el amor y la trascendencia que habita, a menudo de manera atormentada, en el corazón humano. ¿Cómo no pensar, a este respecto, en tantas obras de literatura y poesía capaces de suscitar un encanto sublime, capaz de cautivar incluso a las mentes más distraídas por las modernas tecnologías de la comunicación? Precisamente en la importancia de abrirse a la belleza insistió de manera especial Hans Urs von Balthasar: «En la forma luminosa de lo bello, el ser se hace patente como en ninguna otra parte. Por eso, todo conocimiento o tendencia espiritual tiene que ir acompañado de un momento estético»[106].

99. Desde esta perspectiva, hay que prestar especial atención a la música, la cual, como expresión privilegiada de la via pulchritudinis, constituye un lenguaje esencial para la transmisión de la fe, capaz de tocar las fibras más profundas del corazón humano y de comunicar la verdad del Evangelio a través de la belleza[107]. No se trata de un mero adorno estético de las celebraciones, sino de un instrumento misionero que actúa por atracción, haciendo perceptible la gloria del Resucitado sobre todo allí donde las palabras tienen dificultades para llegar. De hecho, como observó el Papa León XIV, «la música es como un puente que nos lleva a Dios. Es capaz de transmitir sentimientos, emociones, hasta los movimientos más profundos del alma, elevándolos, transformándolos en una escalera ideal que conecta la tierra y el cielo»[108]. A través de la música, la fe encuentra vías particulares de expresión que un anuncio puramente verbal, por sí solo, no siempre logra alcanzar. Estas consideraciones nos impulsan a exhortar a los artistas y escritores creyentes a realizar un esfuerzo creativo especial, para manifestar la belleza de la fe y de la experiencia espiritual cristiana.

Las etapas de la vida

100. Una última observación se refiere a las distintas etapas de la existencia de cada ser humano (infancia, adolescencia, juventud, edad adulta, vejez). Estas constituyen, de hecho, una especie de continua “reapropiación” del don del propio nacimiento al mundo y, al igual que este, son experiencias a la vez sorprendentes y desafiantes. La comunidad eclesial deberá, por tanto, desarrollar un anuncio del Evangelio más atento a las distintas edades de la vida, teniendo debidamente en cuenta las diversas situaciones de crecimiento y novedad que cada una de ellas conlleva. Al mismo tiempo, hay que recordar que muchas personas se acercan a la Iglesia únicamente con motivo de las celebraciones que acompañan algunos momentos fundamentales de la vida: bautizos, bodas y funerales. Por ello, es indispensable reconocer que, en tales circunstancias, se ofrece una valiosa oportunidad para llegar a ellas con un anuncio del kerygma capaz de conmover sus corazones, evitando palabras que no logran generar ningún encuentro.

101. Adquiere especial relevancia la cuestión, ya tratada, de la brecha generacional en la transmisión de la fe. A este respecto, la comunidad de creyentes encuentra en la pastoral de los adultos —que son también los padres de las nuevas generaciones— un terreno nuevo y un contexto lleno de retos especialmente complejos. De hecho, si en el pasado, al menos en los países de antigua tradición cristiana, el anuncio del kerygma se dirigía casi exclusivamente a los más jóvenes, hoy en día surge cada vez con mayor urgencia la necesidad de acompañar a personas —incluso a aquellas bautizadas en la infancia— que viven alejadas de la comunidad eclesial y que, aunque sienten una llamada interior a una vida evangélica, tienen dificultades para comprender y hacer suyo el lenguaje de la Iglesia. En estos casos, la transmisión de la fe a las nuevas generaciones pasa por la evangelización de los adultos. De hecho, ¿cómo pueden los adultos transmitir la fe a las nuevas generaciones si ellos mismos no la viven primero a nivel personal? Además, pueden surgir dificultades adicionales en situaciones marcadas por diversas formas de pobreza existencial, sobre todo en contextos urbanos caracterizados por una marcada fragmentación o en zonas rurales aisladas. Todo ello interpela a la Iglesia en su conjunto, impulsándola a ser cada vez más sinodal y misionera, sobre todo mediante la puesta en valor de los carismas que el Espíritu Santo suscita en el pueblo de Dios.

Capítulo VI

Fe y cultura

102. Ampliando ahora el horizonte de la reflexión sobre la transmisión de la fe más allá de la dimensión propiamente eclesial, es necesario abordar la cuestión de la relación entre fe y cultura. Una primera observación se refiere al hecho de que muchos estudiosos subrayan cómo, en nuestra época, se está produciendo una crisis más general de la transmisión del saber y de los valores, que abarca también lo que constituye el objeto específico de las presentes Consideraciones. Una segunda observación puede extraerse de algunas palabras de san Juan Pablo II, que subrayan la importancia, de cara a la transmisión de la fe, de realizar una síntesis entre fe y cultura: «La síntesis entre cultura y fe no es solo una exigencia de la cultura, sino también de la fe. Como enseñó mi predecesor Pablo VI, “lo que importa es evangelizar —no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces— la cultura y las culturas del hombre […] tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios”. Si, de hecho, es cierto que la fe no se identifica con ninguna cultura […] no es menos cierto que, precisamente por eso, la fe está llamada a inspirar, a impregnar toda cultura. Es todo el hombre, en la realidad concreta de su existencia cotidiana, el que es salvado en Cristo y, por lo tanto, es todo el hombre el que debe realizarse en Cristo. Una fe que no se convierte en cultura es una fe que no se ha acogido plenamente, que no se ha pensado en su totalidad, que no se ha vivido fielmente»[109] .

103. Lo anteriormente dicho nos lleva a reconocer que la labor de transmisión de la fe es, en cierto modo, inseparable de su inculturación en un contexto determinado, entendiendo aquí la “cultura” tanto en su sentido antropológico más amplio —como conjunto de estilos de vida, creencias, valores e instituciones que caracterizan a una sociedad determinada— como en su sentido más restringido, como conjunto de conocimientos intelectuales desarrollados sobre todo en el ámbito académico.

104. Tomando, antes que nada, en consideración este primer significado de “cultura”, conviene recordar que la inculturación de la fe constituye un paso necesario en su transmisión, ya que el mensaje evangélico debe hacerse comprensible para personas que comparten valores y categorías que no coinciden perfectamente con los helenístico-semíticos, en los que se formuló originalmente el texto bíblico. En el contexto de la transmisión de la fe, la inculturación significa «la encarnación del evangelio en las culturas autóctonas— y, a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia»[110]. En este caso, por lo tanto, la inculturación de la fe se convierte en una verdadera evangelización, aunque no se realice de manera plena y perfecta, ya que se trata de «un camino lento que acompaña toda la vida misionera y requiere la aportación de los diversos colaboradores de la misión ad gentes, la de las comunidades cristianas a medida que se desarrollan, la de los pastores que tienen la responsabilidad de discernir y fomentar su actuación»[111]. Esto hace que la propia cultura se convierta, a su vez, en un medio de transmisión de la fe, porque «cuando en un pueblo se ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también transmite la fe de maneras siempre nuevas; de aquí la importancia de la evangelización entendida como inculturación»[112].

105. No obstante, hay que recordar que no se evangeliza un “lugar”, sino siempre a las personas, a las que no hay que aislar de su contexto: «Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos»[113]. A ello se suma la tarea de los fieles —necesaria también en los países de antigua tradición cristiana— de traducir la Buena Nueva a las diversas formas culturales particulares que caracterizan a las sociedades modernas o que surgen en determinados sectores sociales, como el mundo juvenil o el de los pobres. Esto requiere, sin duda, una puesta en valor de los carismas presentes en todo el pueblo de Dios en un auténtico espíritu de sinodalidad, ya que, en última instancia, son obra del Espíritu Santo. En este proceso, la aportación de la piedad popular puede resultar sin duda muy valiosa.

106. La presencia de diversos grupos sociales dentro de nuestras ciudades, con culturas y lenguajes específicos y a menudo autónomos, exige un esfuerzo especial de inculturación de la fe. Es decir, existe la urgencia de que el anuncio del Evangelio llegue a todos los rincones: no podemos conformarnos con dirigirnos únicamente a la cultura de algunos grupos mayoritarios, sino que es necesario aprender a entablar un diálogo con las más diversas situaciones y condiciones de vida que existen hoy en día. Se trata, por tanto, de llegar a lo que, en lenguaje técnico, a menudo se denomina el ámbito de las subculturas (por ejemplo, los jóvenes de las periferias urbanas, las diversas comunidades de migrantes, los trabajadores temporeros, los habitantes de pequeños pueblos, etc.). A este respecto, cabe recordar que la Comisión Teológica Internacional dedicará una parte de su labor durante el próximo quinquenio a las formas culturales de transmisión de la fe y aportará valiosos estímulos a la labor aquí solo brevemente mencionada.

107. En resumen, habrá que reiterar la importancia decisiva de la inculturación de la fe hoy. Cuando la fe se conecta con las raíces y las expresiones culturales de un pueblo, en verdad, su transmisión se vuelve más fácil y fecunda.

108. Por otra parte, en lo que se refiere a la cultura en sentido académico-intelectual, cabe recordar las palabras del Papa Francisco: «El anuncio a la cultura implica también un anuncio a las culturas profesionales, científicas y académicas. Se trata del encuentro entre la fe, la razón y las ciencias, que procura desarrollar un nuevo discurso de la credibilidad, una original apologética que ayude a crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchado por todos»[114]. Es cierto que lo que realiza la investigación intelectual es, como mucho, una przygotowanie que introduce a la fe, al estilo de lo que tradicionalmente se ha denominado praeambula fidei, y no una transmisión de la misma en sentido estricto. Sin embargo, está claro que una presentación razonable de los contenidos de la fe y de sus exigencias constituye una ayuda innegable para el anuncio del kerygma, ya que, en particular, contribuye a despertar las grandes preguntas en la mente y en el corazón de las personas[115].

109. Un ejemplo especialmente significativo al que miraren la construcción de dicha presentación razonable de la fe es, sin duda, la Doctrina social de la Iglesia, gracias a la cual los creyentes entablan un diálogo abierto con la sociedad y también con los no creyentes. Aunque se mantiene dentro del ámbito del saber teológico, la Doctrina social de la Iglesia recurre ampliamente a las categorías propias de las ciencias políticas, económicas y sociales, logrando a menudo mostrar toda la pertinencia de la propuesta cristiana para la construcción de una sociedad más justa y fraterna. En este sentido, también las enseñanzas sociales de la Iglesia pueden desempeñar una función análoga a la de los praeambula fidei. De hecho, la Doctrina social de la Iglesia «se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradición y, en diálogo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desafíos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano límpido, con alegría y al servicio del mundo»[116].

Capítulo VII

Algunas atenciones específicas

110. Una comunidad profundamente comprometida en el transmitir de generación en generación esa luz y ese fuego del amor de Dios, que Jesús quiso llevar en medio de la humanidad y que ha llegado hasta nuestros días, deberá, además de lo expuesto hasta ahora, prestar atención a algunas cuestiones específicas en relación con el tema de las presentes Consideraciones. Lo que sigue es una lista a modo de ejemplo, que podrá ampliarse aún más y ordenarse según un orden de prioridades diferente.

111. La primera de estas atenciones se refiere al cultivo de la piedad popular. En este ámbito, como es sabido, hay también aspectos que requieren un proceso de maduración y enriquecimiento; sin embargo, sigue siendo evidente la gran fuerza de la que dispone este recurso de la tradición católica. Nadie podrá negar jamás que precisamente la piedad popular sigue siendo hoy un medio importante de transmisión de la fe. Por ello es necesario promover en lo que a ella respecta un compromiso renovado de inteligencia y de corazón. Por lo demás, su gran plasticidad le permite renovarse constantemente y adquirir estilos muy diferenciados a lo largo de los siglos, logrando incluso sobrevivir a los ataques que la cultura —y a veces incluso los propios miembros de la Iglesia— le han lanzado a menudo.

112. En lo que respecta a la fuerza evangelizadora de la piedad popular y, por tanto, a su importante papel en el ámbito de la transmisión de la fe, resultan muy valiosas las indicaciones que figuran en los números 122-126 z Evangelii gaudium. En ellas se puede leer, de hecho, que «en la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo»[117]. En verdad, toda inculturación auténtica de la fe produce siempre una forma de expresión popular de la misma. El ser humano vive de palabras y gestos que constituyen el horizonte en el que puede desarrollarse a sí mismo y crear las condiciones para el encuentro con el otro. Toda cultura se traduce en prácticas concretas y se refleja y se transmite a través de ellas. Lo mismo ocurre con la experiencia creyente. Toda inculturación de la fe crea prácticas religiosas específicas que la reflejan y le permiten transmitirse entre las generaciones. Por eso «en la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización»[118] y en la cuestión de la transmisión de la fe.

113. En este contexto, es útil recordar el poder de atracción que ejercen entre las nuevas generaciones las peregrinaciones de antigua y reciente creación, así como el deseo de pertenecer a alguna cofradía, como está ocurriendo recientemente en España[119]. Para muchos jóvenes, sobre todo en los contextos occidentales, la búsqueda de un sentido en un mundo cada vez más encerrado en sí mismo y la búsqueda de una pertenencia religiosa capaz de dar alguna configuración a su propia necesidad de identidad, en un mundo cada vez más individualizado, representan necesidades muy importantes, que encuentran su respuesta precisamente en la participación en las peregrinaciones y en el deseo de formar parte de una cofradía. En el contexto del tema principal de las presentes Consideraciones, resulta urgente preguntarse cómo “aprovechar” al máximo estas preguntas y estas necesidades de nuestros contemporáneos más jóvenes para convertirlas en un canal a través del cual la luz de Cristo pueda inundar sus existencias, a menudo atribuladas.

114. Una segunda atención debe dirigirse a la homilía. El Papa Francisco le ha dedicado un amplio espacio en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium[120], como testimonio de su importancia para el anuncio y la transmisión de la fe; se remite a ella para un análisis más profundo. Una homilía bien preparada puede desempeñar un papel decisivo a la hora de presentar los contenidos de la fe de forma narrativa, capaz de reinterpretar la Palabra de Dios a la luz de la vida concreta del pueblo y, por tanto, de suscitar una experiencia viva de encuentro con Cristo. El propio Jesús aparece en los Evangelios, ante todo, como un gran narrador. Rara vez comienza sus discursos con conceptos abstractos: recurre, en cambio, a imágenes, metáforas y parábolas; a menudo hace referencia a la vida cotidiana de las personas, proponiendo relatos capaces de abrir la imaginación de quien escucha, incluso antes de tocar la inteligencia. Las parábolas, de hecho, no se limitan a informar: son capaces de formar y transformar a sus oyentes. Las historias contadas por Jesús no sirven simplemente para hacer más interesante el discurso, sino que constituyen la clave hermenéutica a través de la cual el oyente es introducido en el misterio del Reino. En este caso, la gran tradición homilética de los Padres de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, puede ofrecer una valiosa contribución a los pastores.

115. Una tercera atención nace del deseo de un compromiso que muchos, especialmente entre los más jóvenes, manifiestan a través de actividades de voluntariado. La búsqueda concreta de ese compromiso suele ser una ocasión para acercarse a la realidad de la Iglesia. Estas personas sienten la necesidad sincera y profunda de dar algo a los demás; por lo tanto, sienten la urgencia de salir de su recinto individual y de la lógica del poseer como criterio último de la felicidad. Es evidente que esto no implica de inmediato un interés por la fe, pero representa una buena ocasión para el anuncio y para proponer la amistad con el Señor Jesús, quien ofrece motivaciones aún más profundas para ese compromiso. Toda la comunidad de creyentes está llamada a acoger a estos “buenos samaritanos” de nuestro tiempo y a acompañarlos con amabilidad y pasión hacia ese encuentro con el fuego del amor de Dios que la comunidad custodia como un tesoro precioso de su propio camino en medio del mundo.

116. Una cuarta atención se refiere a la necesidad de ampliar los espacios de presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales. En la Iglesia católica, en general, los fieles más presentes y activos en la vida de las comunidades son, en gran parte, mujeres. En los últimos años, sin embargo, se ha hecho más evidente la necesidad de permitir a las mujeres que accedan a aquellos ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la comunidad. Se trata de un tema que el Dicasterio ha estudiado ampliamente y cuyas conclusiones han sido remitidas, a través de la Secretaría del Sínodo, al Santo Padre.

117. Un aspecto específico de nuestra época requiere una atención especial. De hecho, no se debería subestimar la necesidad que expresan hoy en día muchísimas personas de participar en grandes eventos (festivales musicales y otros). Esto pone de manifiesto también que un uso intensivo de las tecnologías digitales no es suficiente para colmar todas las necesidades del sujeto humano. Surge, por tanto, también en nuestra época, la necesidad de compañía, la necesidad y el deseo de compartir. Aunque somos conscientes de que la fe se transmite de manera privilegiada de “tú” a “tú”, deberíamos acoger este rasgo de la contemporaneidad como una buena ocasión para el anuncio del Evangelio, intentando imaginar ocasiones de unión entre las personas, haciéndose eco de los grandes temas de actualidad, como, por ejemplo, el de la paz.

118. El estudio de la historia de la Iglesia ofrece otros puntos para la reflexión, en particular aquellos momentos en los que la Iglesia supo responder positivamente a los cambios de época con los que se topó a lo largo de su trayectoria histórica. Entre ellos, cabe citar la crisis que siguió al colapso de las instituciones romanas en Europa occidental, con el consiguiente abandono de las ciudades, donde el cristianismo estaba más arraigado. En este contexto, el surgimiento del monacato irlandés, que floreció en la segunda mitad del primer milenio cristiano, resultó decisivo; no solo salvaguardó y profundizó la comprensión de la fe, sino que también dio origen a nuevas formas de evangelización y, al mismo tiempo, contribuyó a desarrollos significativos en la práctica sacramental, como la difusión de la confesión auricular. Un segundo ejemplo lo ofrece la crisis doctrinal y pastoral provocada por la difusión de los cátaros y de los diversos movimientos pauperistas, a menudo en oposición a la Iglesia, durante los siglos medievales. En respuesta a dicha situación, las órdenes mendicantes, entre las que se cuentan las fundadas por santo Domingo y san Francisco, encarnaron una renovada vitalidad evangélica a través de la pobreza radical, la predicación itinerante y la enseñanza teológica ejercida en plena comunión con la Iglesia. Otro ejemplo lo constituye el impulso hacia una reforma católica de gran alcance, suscitado por la profunda ruptura eclesial introducida por la Reforma protestante, en la que destacaron figuras como santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola. Esta renovación coincidió con la expansión misionera de la Iglesia hacia tierras recién descubiertas y abiertas al anuncio del Evangelio, lo que contribuyó a darle un nuevo impulso. Por último, conviene recordar la respuesta de la Iglesia, en el siglo XIX, a los profundos cambios provocados por la cuestión obrera y las consecuencias de la revolución industrial, que la llevaron a reelaborar de manera sistemática su Doctrina social. En cada uno de estos casos, un momento de crisis se convirtió en una oportunidad para iniciativas creativas que resultaron decisivas para la evangelización y que coincidieron también con una transición más amplia entre épocas históricas.

119. En la actualidad, resulta necesario realizar un estudio específico sobre el repentino declive del catolicismo en los países en los que estaba profundamente arraigado, con el fin de comprender sus causas y elaborar una respuesta pastoral adecuada.

120. Debe prestarse una atención adicional y decisiva al mundo de los colegios y universidades católicas, así como al de otras instituciones católicas, especialmente a aquellas dedicadas a la caridad. Como atestiguan los obispos de Ghana: «La transmisión de la fe católica viene significativamente reforzada a través de la educación católica, que constituye un importante canal para la formación continua de niños, jóvenes e incluso adultos»[121]. En otros países, como Venezuela, el programa de educación religiosa prevé una integración entre la actividad escolar y la parroquial, lo que confirma el valor también pastoral de los colegios católicos[122]. Sobre todo, en países en los que el catolicismo representa una minoría —a veces extremadamente reducida—, estas instituciones constituyen a menudo el único punto de contacto de gran parte de la población con la Iglesia católica. Sin embargo, cabe señalar que en varias regiones existen restricciones a la enseñanza de la religión en las escuelas, por lo que, en esos contextos, son las parroquias las que asumen toda la carga de la catequesis.

121. En comparación con los lugares tradicionales de la acción pastoral, las escuelas ofrecen un contacto más institucional y casi profesional, pero no por ello menos capaz de transmitir al menos una pequeña chispa de ese fuego de amor que ha atravesado los siglos y que, desde Jesús, ha llegado hasta nuestros días. De hecho, se ofrece un testimonio casi transparente de la caridad intelectual y material, capaz de orientar espontáneamente hacia la belleza del Evangelio y su fuerza humanizadora. Así lo atestiguan también los obispos de Francia: «La enseñanza católica es un lugar fundamental para el primer anuncio a los niños, los jóvenes y las familias, que puede llevar a los jóvenes, pero también a sus padres, a solicitar la iniciación cristiana»[123]. En un horizonte más amplio, se invita, por tanto, a los creyentes a defender siempre el papel central de la escuela, como lugar «donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona»[124].

122. Concluimos con una mención sobre el compromiso ecuménico, que constituye una dimensión intrínseca de la misión evangelizadora de la Iglesia y, por lo tanto, también de la transmisión de la fe. De hecho, como señala el Decreto Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II, la división entre los cristianos «contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a toda criatura»[125]. Lejos de representar una alternativa al anuncio, el diálogo ecuménico constituye una modalidad propia del mismo, en la que la búsqueda común de la verdad, la escucha recíproca y el testimonio de la caridad hacen más creíble la proclamación del kerygma ante un mundo cada vez más secularizado y pluralista. Como recuerda san Juan Pablo II, de hecho, «los mismos esfuerzos por la unidad constituyen de por sí un signo de la obra de reconciliación que Dios realiza en medio de nosotros»[126], manifestando concretamente que el Padre es, para siempre y para todos, amor. Esto invita a la comunidad de los creyentes a hacer suyo el apelo confiado del Papa Francisco: «Si realmente creemos en la libre y generosa acción del Espíritu, ¡cuántas cosas podemos aprender unos de otros! No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros»[127], de modo que «podremos caminar decididamente hacia expresiones comunes de anuncio, de servicio y de testimonio»[128].

123. En este mismo sentido, hay que reconocer que algunos miembros de otras religiones y movimientos religiosos se esfuerzan por dar testimonio de la fe en Dios en un contexto cultural que tiende a encerrarse en la inmanencia más vacía. Del mismo modo, algunos miembros de otras Iglesias cristianas y comunidades eclesiales buscan nuevos caminos para anunciar el Evangelio y el amor de Cristo en nuestro tiempo. También de sus experiencias positivas y de sus esfuerzos creativos es posible aprender algo, para que nuestro compromiso con la transmisión de toda la riqueza del tesoro de la fe, recibido como don, sea siempre fecundo.

Capítulo VIII

Testimonials

124. Llegados a este punto, tal y como se adelantaba en la Wstęp a las presentes Consideraciones, se ofrecen algunos testimonios ejemplares de personas que han podido experimentar en su vida el encuentro con Cristo o el redescubrimiento de una relación viva con Él. Por razones de confidencialidad, no se indicarán sus nombres, sino sólo su procedencia, asegurando que se trata de testimonios auténticos, compartidos de forma sincera para la edificación de la Iglesia universal. A quienes han ofrecido su relato, así como a las Conferencias Episcopales que han remitido dicho material, va dirigida la sincera gratitud del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En muchos casos no se narran grandes hazañas ni acontecimientos prodigiosos, sino simples sucesos en los que se manifiesta la acción de la gracia en la trama de la vida cotidiana, lo que permite a cada uno reconocer en ellos algo de su propia existencia. Muestran cómo cada circunstancia, incluso la más pequeña y aparentemente insignificante, puede convertirse en una ocasión de encuentro con el Eterno y en una etapa de esa historia de salvación que Dios construye con nosotros y para nosotros. Por razones de espacio, no es posible recoger todos los testimonios recibidos; por lo tanto, ha sido necesaria una selección relacionada con los temas del documento y a la exigencia de evitar repeticiones. Sin embargo, cada uno de ellos representa un tesoro de gracia que da testimonio de cómo el Señor, incluso en el actual cambio de época, no deja de asistir y acompañar a su Iglesia. Las páginas que siguen pretenden traducir en el lenguaje de la vida algunos de los aspectos desarrollados en los capítulos precedentes.

Del abismo de la dependencia a la libertad del encuentro con Cristo

125. El primer testimonio[129] procede de Colombia y muestra cómo, incluso en las situaciones de más profunda degradación moral y existencial, Dios no cesa de llamar a la persona a través de la voz de la conciencia y de ofrecerle su salvación a través de la labor de los hermanos: «Más o menos a la edad de 13, 14 años empecé con el consumo de drogas y andar en bandas; andar en bandas por ahí, en peleas, manejando armas, extorsionando, robando, vendiendo drogas. Y esa fue mi vida. Mi familia se cansó conmigo hasta que terminé viviendo en la calle. Yo le decía a mi mamá: “Ma, yo quiero cambiar”. Ella me decía: “No, usted está enfermo, primero necesita aliviarse”. Y yo le decía: “¿Qué va? Yo soy capaz de salir solo”. Pero sí necesitaba la ayuda; mi orgullo, mi soberbia, todo no me permitía. Y yo sentía un deseo muy profundo en mi corazón de algo más, algo maravilloso, algo bueno, de amar, de sentirme amado. No tenía dónde vivir, dónde bañarme, dónde alimentarme, nada. Por gracia y misericordia de Dios [a través de mi familia encontré un centro de rehabilitación gestionado por una fundación cristiana], allí no se da terapia de choque ni medicamentos, allí lo que se vive es la oración: el Santo Rosario, la lectio divina, la Santa Eucaristía… Allí empezó mi camino de conversión. Allí en aquel lugar, el Señor empezó a transformar mucho mi vida, porque empecé a ver cuántas heridas y cuántos vacíos había en mi corazón y cuánta necesidad de amor, de perdón y de la misericordia de Dios. Después me quedé como misionero durante dos años y medio, formándome, sirviendo en retiros y dando charlas. Después de allí me vine a la fundación donde yo había estado. Estuve allí un año acompañando a los muchachos como educador, compartiéndole un poco de lo que el Señor había hecho en mí. Ahora tengo mi empleo y también estoy en una comunidad que se dedica a la oración, a la misión y a la evangelización. Dios ha transformado mi vida, mi corazón y me ha hecho un hombre nuevo».

126. Otros testimonios muestran cómo, a veces, basta una circunstancia muy sencilla, como el przewijanie por los mensajes de una red social, para que la gracia haga posible un encuentro capaz de transformar la vida, tal y como cuenta un joven de Bélgica: «Cuando tenía unos 17 años, quería bautizarme, pero no sabía dónde acudir. Pasé por desengaños amorosos, una adicción al alcohol, derramé lágrimas. Un día, mientras navegaba por TikTok, me topé con una oración. Fue como una descarga eléctrica y un consuelo. No era creyente y vivía todo esto con serenidad. Si hoy estoy aquí, es en respuesta a la llamada más significativa de mi vida. No se trata de una reflexión intelectual, sino de un encuentro personal en el que Jesús me habló. Me acerqué a la Iglesia sin creer realmente en ella, sobre todo por respeto a mis abuelos y por el deseo de preservar las tradiciones. Desde que tengo fe, tengo realmente otra visión del mundo. Siento que todo va bien, mientras que mi vida, antes del encuentro con Cristo, era complicada».

127. Siguiendo con el tema de la redención y la liberación, un testimonio significativo de la eficacia liberadora del kerygma nos lo ofrece el relato de un capellán que ejerce su ministerio en las cárceles de una diócesis de Canadá: «El contexto carcelario constituye a menudo un lugar de crisis y de relectura de la vida. La privación de libertad favorece el confrontarse con uno mismo, con las propias acciones y con el sentido de la propia existencia. En este contexto, la petición del bautismo se presenta con frecuencia como la búsqueda de un nuevo comienzo, es más, de la redención. Las personas con las que me encuentro expresan a menudo una búsqueda de sentido, más allá de los contextos anteriores de su vida. Los intercambios catequéticos abren un espacio donde las grandes cuestiones —sufrimiento, culpa, perdón, esperanza— pueden abordarse de manera estructurada. Resulta evidente que la conversión no brota únicamente a partir de un contenido doctrinal, sino también a partir de una relación de confianza y de escucha. El acompañamiento pastoral, vivido a lo largo del tiempo, constituye una mediación esencial a través de la cual la fe se vuelve concebible y aceptable. Un elemento central de las conversiones observadas es el encuentro con la imagen de un Dios que perdona y levanta. Esto resulta especialmente significativo en un contexto marcado por la culpa y la condena. Se observa así un resurgimiento del interés por la dimensión espiritual y existencial de la fe. La conversión se presenta a menudo como una experiencia personal fuerte».

El “despertar” del kerygma: el papel de la familia y de la oración

128. En las familias, no solo el cambio de época, sino también los eventos trágicos pueden poner a dura prueba la fe personal. Sin embargo, incluso en estas situaciones, el Señor no abandona a sus hijos, como atestigua este relato procedente de Chile: «Mi fe se debilitó tanto que llegué a declararme ateo. Mi esposa, con una paciencia admirable, jamás dejó de perseverar, y aunque yo no creía, la apoyaba en la transmisión de la fe para nuestras hijas porque valoraba los principios de la Iglesia. En medio de ese desierto ocurrió un golpe devastador: la muerte de mi madre. Durante cinco años cargué un dolor inconsolable; la lloraba cada día sin encontrar respuestas. Fue entonces cuando Dios, que tiene planes perfectos, utilizó el pretexto más sencillo: la catequesis de mi hija menor. Asistí a las reuniones sólo por compromiso. Fue en ese proceso donde ocurrió lo inesperado: a través de la Eucaristía, tuve un encuentro —o más bien, un reencuentro— personal con Jesucristo. Sentí a Jesús resucitado en mi corazón; Él tomó mi dolor, secó mis lágrimas por mi madre y me entregó una paz que el mundo no puede dar».

129. Otro testimonio, relativo a los obstáculos para la transmisión de la fe en la familia, procede de una mujer, madre de familia, de Eslovaquia: «Mi padre era alcohólico. Nos destrozó a mi madre y a mí durante mi infancia… Cuando bebía, se ponía agresivo, maldecía, blasfemaba, rompía los muebles de casa… cualquier cosa que tuviera a su alcance; a menudo teníamos que huir de casa. Con el paso de los años se había acumulado en mí un sentimiento de falta de perdón y quizá incluso de odio hacia él. Solo en la comunidad, a través de la Palabra de Dios y la formación, comprendí que estaba juzgando a mi padre por lo que era, y que también estaba juzgando a Dios por haberme dado un padre así. Cuando reuní el valor, a la luz de la Palabra de Dios, fui a ver a mi padre y le pedí perdón. Fue una experiencia muy intensa para mí y, aunque mi padre no logró comprender bien lo que le estaba diciendo, vi que por fin había encontrado la paz interior y que nuestra relación también había mejorado. Aunque mi padre no practicaba de ninguna manera la vida religiosa, partió hacia la eternidad reconciliado conmigo y con mi madre, tras haberse confesado. [Hoy] junto con mi marido nos esforzamos por transmitir la fe a nuestros cuatro hijos. Les enseñamos también contándoles nuestra experiencia, no como moralismo (en el sentido de que tú también tienes que verlo o hacerlo así). Les decimos que Dios actuará de manera especial también en sus vidas, que es importante acoger todo lo que la Iglesia les ofrece como ayuda, para que puedan vivir una vida que tenga sentido».

130. Otras veces es el miembro creyente de una pareja quien involucra al otro en un camino de fe, como atestigua esta experiencia procedente de los Estados Unidos de América: «Mi camino hacia la Iglesia católica comenzó gracias a mi novia. Se crio como católica y su fe siempre ha sido importante para ella. Mientras nos preparábamos para el matrimonio, expresó su deseo de celebrar una boda católica. Con el fin de comprender mejor algo tan significativo para ella, decidí explorar la fe. Me encontré con una comunidad acogedora y un grupo de enseñantes comprometidos que hicieron que el proceso de aprendizaje fuera atractivo y significativo. Me impresionó la comunidad parroquial y el bien que hace en la comunidad local. La gente de allí imprimió sobre mí el valor no sólo de tener fe, sino de vivirla. Mientras espero recibir el Bautismo y la Confirmación en la Vigilia Pascual, lo hago con gratitud y expectación».

131. En la misma línea se sitúa un testimonio procedente de Japón: «Un hombre entró en contacto con la Iglesia a través de su matrimonio con una esposa católica. Al principio asistió a los cursos de preparación matrimonial simplemente para prepararse para la boda, pero poco a poco se sintió atraído por la cálida acogida de la comunidad parroquial y por la serenidad de la liturgia. Tras el nacimiento de su hijo, comenzó a preguntarse qué deseaba transmitirle en la vida y, tras emprender un estudio más profundo de la fe, se bautizó unos años más tarde. Para él, la Iglesia a la que se había acercado inicialmente por el bien de su familia se convirtió en el lugar donde se puso en tela de juicio su propia forma de vivir».

132. También el sacramento del matrimonio puede convertirse en una ocasión para redescubrir la fe, como lo atestigua una experiencia transmitida por los obispos de Angola: «Una pareja de novios: ella católica, de una familia con una transmisión generacional de la fe muy viva; él indiferente a Dios y a la religión. Ella le informó de que la evolución de su relación debería tener como condición sine qua non el matrimonio católico. [Durante una reunión familiar,] un sacerdote, pariente de la familia del prometido, se enfrentó a la prometida católica por su intención de unirse a un hombre que solo estaba dispuesto a concederle el placer de la ceremonia católica del matrimonio, pero que despreciaba el valor intrínseco de dicho matrimonio. [El sacerdote] se dirigió de igual modo al prometido, que se limitaba únicamente a la parte carnal y menospreciaba cualquier otro aspecto del valor del matrimonio. Al recapacitar, el prometido se avergonzó de sus contradicciones… sin tener el más mínimo conocimiento de la cultura cristiana, aquella que, ahora, empezaba a cobrar sentido para él. Esta experiencia incómoda despertó en él la curiosidad por la fe católica; comenzó a asistir a la catequesis, recibió el bautismo, hizo el curso prematrimonial, se casó por la Iglesia y se volvió asiduo a la liturgia y activo en la vida pastoral de la parroquia».

133. Otras veces, el despertar de la fe nace de experiencias de oración y de compartir, como en el caso de una mujer laica de Polonia, que cuenta haber redescubierto una fe viva a través de una iniciativa promovida por el movimiento carismático católico: «Todo comenzó con la decisión de participar en un retiro de varias semanas del Seminario de Renovación de la Fe. En aquel momento me parecía que tenía una vida bastante buena, normal y ordenada. Sin embargo, cada vez con más frecuencia, en lo más profundo de mi corazón sentía que aquello sobre lo que construía mi vida no era duradero. El vacío que aparecía cada vez con más frecuencia en mi corazón no podía ser llenado por nada. Me di cuenta de que la fe que tenía estaba muerta. No era más que el cumplimiento de ciertos deberes y prácticas religiosas que me habían enseñado. Durante el Seminario conocí a un Dios que ama gratuitamente, que es Padre, que cuida, que espera, que busca a los perdidos para regalarles amor, felicidad y alegría. Fue mi encuentro personal con Jesús, quien “tocó” concretamente mi corazón para sacarme de la oscuridad en la que llevaba años viviendo. Tras las lágrimas purificadoras llegó una gran alegría, libertad, fuerza y esperanza que llenaron todo mi corazón y mi ser. Mi fe dejó de ser un complemento de la vida para convertirse en el único sentido de mi existencia. Dejó de estar muerta y cobró vida. Por fin me sentí segura, libre y serena. Las palabras de san Agustín —“El corazón del hombre está inquieto hasta que descansa en Dios”— se han cumplido al 100 % en mi vida».

134. Otro testimonio especialmente intenso en este sentido proviene de una estudiante francesa: «Hija de un padre libanés chiita que se hizo ateo y de una madre francesa católica no practicante, crecí en una especie de vagabundeo espiritual. Mis padres deseaban dejarnos libres en nuestra elección religiosa, pero ese silencio fue durante mucho tiempo una carencia. Sin embargo, desde los 8 años, encontré una Biblia… ese primer impulso se vio alimentado por mis años de colegio en Chartres, donde encontraba refugio y paz bajo las columnas de la catedral después de clase. El verdadero punto de inflexión tuvo lugar en 2004, durante mis cursos preparatorios [para la universidad]. Sola, lejos de mi familia y agobiada por la presión de las oposiciones, viví una auténtica revelación. Una noche, sentada ante mi escritorio, la evidencia se impuso: Dios existía, estaba allí, justo a mi lado, con una presencia casi palpable. Ese inmenso alivio transformó mi soledad en un camino en compañía. El Señor puso entonces testigos en mi camino… [entre ellos] un cristiano maronita, [que] llevaba en sí una fe radiante. Un día, al ver una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que guardaba en su cartera, lo comprendí: era Él, Jesús, quien me había visitado aquella noche en mi habitación de estudiante. Sin embargo… el ritmo frenético de mi trabajo me llevó al agotamiento (wypalenie) en 2019. En ese colapso, sólo Jesús me salvó. Entonces emprendí un peregrinaje de sanación… cambié radicalmente de vida. Hoy mi vida es estable y feliz, siento que por fin ha llegado el momento de cumplir mi promesa. Al recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, deseo sellar para la eternidad mi alianza con Cristo, que nunca me ha abandonado».

135. Otras veces es la fuerza de la oración y de los sacramentos la que nos sostiene en situaciones de crisis, como atestigua la experiencia de una mujer procedente de Jamaica: «Soy católica “desde la cuna” criada por una madre que era una fiel católica. De niña, en un pueblecito de Jamaica, leía y hasta servía en el altar, porque muchos feligreses tenían poca formación y muchos no sabían leer. Le daba a Dios lo que sentía que debía darle. Había veces en las que daba el 90%, y otras en las que era el 20%. Hace unos 15 años, a pesar de que rezaba fervientemente para salir de [una cierta] situación, parecía que Dios no respondía. Llegué a un punto en el que sentí que Dios simplemente no me estaba escuchando… llegué a la conclusión de que no tenía sentido rezar. Dejé de rezar por completo… a esto le siguió una gran crisis de fe. Empecé a cuestionarme y a dudar de todo. Me sentía verdaderamente como una impostora. De hecho, estaba enseñando el catecismo a los niños, cuando ni siquiera estaba segura de creer en lo que enseñaba. [Pero] Dios siempre sabe dónde encontrarnos y cómo llegar a nosotros. Mi mente empezó a comprender el verdadero poder de los sacramentos… y, sobre todo, de la Eucaristía: que Jesús está precisamente ahí. Los retos con los que luchaba y que provocaron mi crisis de fe siguen existiendo, pero lo que ha cambiado es mi forma de rezar. El objetivo de mis oraciones ya no es lo que Dios puede darme a mí. En cambio, me pregunto qué puedo yo dar a Dios».

El testimonio de la caridad, de la cultura y de la belleza

136. Como ya se ha mencionado anteriormente, una vía importante de acceso a la fe es la belleza (przez pulchritudinis), esa belleza que, como enseñaban los doctores medievales, es síntesis de verdad y bondad. En una palabra, es la belleza del amor, que se manifiesta en una multiplicidad de formas. Precisamente a partir del tema de la belleza, capaz de unir el rigor intelectual con la experiencia estética, se sitúa el testimonio de un estudiante de neurobiología procedente de Suiza: «Crecí en una familia atea; en mi casa, entre nosotros “cartesiano” era la consigna; a menudo se presentaba como una antítesis evidente de la fe. La presencia de Dios en mi vida se manifestó como un susurro de viento en la lejanía. La primera vez que experimenté esa sensación de plenitud fue mientras asistía a una extraordinaria interpretación de una pieza de Chopin. Luego vino aquella noche en la que, desde la cima de una montaña de Crimea, contemplé la inmensidad del mar Negro y las montañas que se extendían a mis pies. Pensaba que sentía esa paz porque estaba contemplando la belleza de la Humanidad. [Luego] un día crucé la puerta de la catedral de Chartres. La cuestión ya no se planteaba: la fuente estaba allí, ante mis ojos. No sé cuándo comenzó mi camino con Dios, pero estoy seguro de que lo acogí la primera vez que me arrodillé para rezar. Fue un baño de paz, un bálsamo para el alma. Cuando me di cuenta del camino que estaba emprendiendo, decidí mantenerme al margen. En los círculos científicos, cualquier alusión al tema va acompañada de largos debates, críticas denigrantes e incluso de auténticas blasfemias. Mis primeras oraciones, mis primeros rosarios, mis primeras misas los viví a solas. Pensaba incorporarme a la comunidad una vez que hubiera adquirido los conocimientos suficientes. Para mi gran sorpresa, fue la comunidad la que me acogió. Tuve la suerte de ser bautizado gracias a la insistencia de mis abuelos maternos. Creo que ha llegado el momento de cerrar el capítulo del descubrimiento y avanzar de pleno derecho en mi vida como católico. Por eso he emprendido mi camino hacia la confirmación».

137. Otras veces es la sencillez de la caridad, manifestada en la amabilidad y la acogida, la que abre las puertas de la fe, como en el testimonio de un catecúmeno vietnamita, transmitido por los obispos de Malasia: «Nací en una familia budista. Crecí sin prestar mucha atención a la religión. Vine a Malasia porque quería estudiar inglés. En Vietnam estos cursos son caros, pero encontré un curso de inglés gratuito impartido por cristianos filipinos. Todos me acogieron con calidez. Enseñaban con sinceridad e incluso nos ofrecían comida y bebida. Pude comprobar su amabilidad y generosidad. Trataban a todos por igual. Durante una de las clases, proyectaron un vídeo sobre la Pasión y la Resurrección de Jesús, que terminaba con una sencilla pregunta: “¿Dónde está Dios?”. Pero sentí algo. Fue una pequeña emoción, pero se quedó dentro de mí. Años más tarde, conocí a un [cristiano] malasio a través del trabajo y empecé a asistir a misa con él. En la iglesia, la gente era amable y las homilías me conmovieron. Pero la vieja pregunta volvió: ¿quién es Dios? Con la ayuda de mi amigo, me inscribí en los cursos de catecumenado y este año me bautizaré. Me siento más fuerte, menos asustado ante los retos de la vida. No solo estoy preparado para convertirme en católico, sino también para formar parte del milagro de Dios».

Wniosek

138. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe recibió del Papa Francisco, en los últimos momentos de su vida, el encargo de ofrecer a la Iglesia una reflexión sobre la transmisión de la fe; dicha petición fue posteriormente renovada por el Papa León XIV. El Dicasterio ha asumido esta tarea en el espíritu de la renovación misionera exigida a todo el pueblo de Dios, incluidas las instituciones curiales. De hecho, su servicio no se limita a la custodia de un depósito de doctrinas que hay que creer (credere Deum), sino que abarca también la promoción de todo aquello que favorece la implicación personal y activa en la acogida de la luz de la fe (credere Deo y credere in Deum). En particular, esto concierne a la Sección Doctrinal del Dicasterio, que está llamada a fomentar «los estudios destinados a hacer crecer la inteligencia y la transmisión de la fe al servicio de la evangelización, para que su luz sea criterio para comprender el sentido de la existencia»[130]. La cuestión de la transmisión de la fe, por tanto, no nos aleja del depositum fidei, ni implica reducir el tratamiento a la mera dimensión subjetiva de la fides qua. Se trata, sencillamente, de un llamamiento a los fieles para que vuelvan al corazón del patrimonio de la fe cristiana: el kerygma es, de hecho, su contenido central, que atraviesa como un hilo de oro la armoniosa jerarquía de las «verdades de la doctrina católica»[131] e ilumina todos los contenidos del depositum fidei, atrayendo hacia la experiencia de un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo.

139. En el curso de la reflexión desarrollada en el presente documento, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha acogido con alegría la generosa respuesta de numerosas Conferencias Episcopales, que han compartido su sincera preocupación por este tema. La riqueza de las aportaciones recibidas supera los límites de un único documento; por lo tanto, la cuestión abordada en las presentes Consideraciones permanece abierta a posteriores profundizaciones y a nuevos desarrollos. Este Dicasterio reconoce que dicho ámbito es competencia de otro Dicasterio, el Dicasterio para la Evangelización —Sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo—, que desde hace tiempo está inmerso en un proceso de investigación y diálogo no solo sobre la transmisión de la fe, sino también sobre otros temas relacionados con ella: el catecumenado, las diversas formas de catequesis, la formación de los fieles, los contextos comunitarios de acogida y crecimiento de los nuevos creyentes, etc.

140. Quisiéramos, ahora, sellar estas Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el contexto del cambio de época con una imagen muy querida por todos los fieles, capaz de representar un símbolo de esperanza para el futuro. Se trata de la imagen de la liturgia del encendido del cirio pascual y de su colocación en el altar, tras la procesión a lo largo de la nave de la iglesia, durante la solemne Vigilia Pascual en el rito latino. Como es sabido, tras el encendido del cirio comienza la procesión: a excepción del diácono que lleva el cirio, todos avanzan con las velas apagadas en las manos. A continuación, primero el celebrante y, después, los demás participantes reciben del cirio pascual —o de velas encendidas a partir de él— la llama con la que encienden su propia vela y, a su vez, pueden transmitirla a otros.

141. Por tres veces, con la proclamación “Luz de Cristo” (o bien, en algunos países, con una fórmula alternativa), el diácono anuncia al mundo la presencia de la luz de Cristo, que se hace visible en el encendido progresivo de las candelas. Así, a partir de la única llama del cirio pascual, se encienden lenta y ordenadamente todas las velas de los fieles y, al término de la procesión, se encienden también las luces de la iglesia.

142. Nos gustaría, pues, imaginar el impulso que estas Consideraciones desean ofrecer a la Iglesia en este cambio de época. Quieren recordar con fuerza que Cristo es la luz verdadera. Él ilumina porque libera de las tinieblas e introduce en la plenitud de la vida, cumplimiento de la acogida del amor incondicional de Dios en nuestro corazón. A nosotros, los creyentes, ya se nos ha concedido el don de encontrar la luz y de dejar que nuestra vida sea iluminada por la «luz verdadera» del mundo (cf. Jn 1,9). Ahora nos toca a nosotros transmitir ese mismo don a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que quizá, aunque no siempre de modo consciente, también esperan poder encender su existencia con esa misma fuente de toda gracia, luz que resplandece en el mundo.

143. Por último, no podemos pasar por alto el testimonio de tantos laicos evangelizadores que, en tiempos recientes, han alcanzado la santidad. Muchos jóvenes han admirado la pasión por la evangelización de san Carlos Acutis, así como el admirable ejemplo de santa María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, en su largo peregrinaje evangelizador. Además, numerosos laicos han entregado su vida al compromiso de llevar la luz de Cristo: san Sebastián, san Pablo Chông Hasang, san Pedro to Rot. Junto a ellos, las contemplativas y los contemplativos alimentan el fuego de la fe a través de la oración y la intercesión, pues sin la acción del Espíritu Santo todos nuestros esfuerzos resultan vanos. Invitamos, por tanto, a todas las comunidades a promover en su seno momentos de oración e intercesión que apoyen la transmisión de la luz de la fe.

144. María, que se ha hecho presente entre los distintos pueblos a través de las más variadas formas de su fe y devoción, haciendo así más reconocible su cercanía maternal, lleva siempre consigo la luz y el amor del Señor. El Evangelio cuenta que así lo hizo desde el principio, cuando llevó a Jesús a Isabel (cf. Lc 1,39-45). Y sigue haciéndolo también hoy, ofreciendo la belleza del Evangelio. María, en efecto, meditó atentamente y guardó en su corazón todo lo que Cristo hizo y dijo (cf. Lc 2,19.51). Ella fue la gran testigo de la encarnación y del nacimiento del Señor hasta su muerte en la cruz y su resurrección, acompañándolo a lo largo de toda su vida terrenal. Por eso, ante el rostro de María, el pueblo fiel reconoce «en esa imagen maternal todos los misterios del Evangelio»[132]. Quien contempla la fe mariana de los sencillos con una actitud exclusivamente intelectual, corre el riesgo de no comprender que, muchas veces, el Evangelio de Cristo se transmite de forma mistagógica, a través de símbolos, experiencias, confianza y afecto. A María, Maestra de la transmisión de la fe, le pedimos que interceda por nosotros en el renovado compromiso de llevar la luz de Cristo a las nuevas generaciones.

El Sumo Pontífice León XIV, en la Audiencia concedida al suscrito Prefecto junto con el Secretario para la Sección Doctrinal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el día 21 de agosto de 2026, memoria litúrgica de san Pío X, Papa, aprobó el presente documento, deliberado en la Sesión ordinaria de este Dicasterio el 24 de junio de 2026, solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, y ordenó su publicación.

Dado en Roma, en la sede del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el 22 de octubre de 2026, memoria litúrgica de san Juan Pablo II.

Víctor Manuel Card. Fernández
Prefekt

Monseñor Armando Matteo
Secretario para la Sección Doctrinal

Ex Audientia Die: 21 Augusti 2026
Leo PP. XIV

Watykan

León XIV no viajará a Asís por recomendación médica

León XIV no viajará a Asís por recomendación médica tras su operación torácica y enviará un mensaje a los participantes en el encuentro por la paz, que conmemora los 40 años de la jornada convocada por san Juan Pablo II.

Redakcja Omnes-23 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

El Papa enviará un mensaje a los participantes en el encuentro «Paz desarmada y que desarma», que conmemora el 40.º aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz convocada por san Juan Pablo II.

La evolución postoperatoria del Papa León XIV es excelente, pero los médicos han desaconsejado por precaución el viaje en helicóptero previsto para el próximo 27 de octubre. Por este motivo, el Santo Padre no podrá asistir al encuentro «Paz desarmada y que desarma», que tendrá lugar en Asís.

Según han comunicado el doctor Luigi Carbone y el profesor Stefano Margaritora, una radiografía de control del tórax, realizada tal y como estaba previsto, ha confirmado la excelente evolución postoperatoria. No obstante, dado el poco tiempo transcurrido desde la intervención, los médicos responsables han considerado oportuno desaconsejar el desplazamiento.

La decisión busca facilitar la recuperación del Pontífice tras la cirugía torácica a la que se sometió el pasado martes, siguiendo las recomendaciones médicas.

Un mensaje a los participantes

Aunque no podrá estar presente en Asís, León XIV enviará un mensaje para expresar su cercanía a los organizadores, a los líderes y representantes de diversas confesiones cristianas y otras religiones, así como a todos los asistentes.

El encuentro conmemora el 40.º aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz, convocada originalmente por san Juan Pablo II. En este contexto, el Papa mantiene la firme convicción de que el «Espíritu de Asís», caracterizado por el diálogo y la búsqueda de palabras y gestos de paz, constituye un recurso fundamental en estos tiempos de conflicto.

Domingo a la vienesa

Una Misa dominical en la Karlskirche de Viena, donde el arte, el incienso y la risa de los niños ayudan a acoger la presencia de Dios

23 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Me he levantado un poco tarde, pero me da tiempo a ducharme y salir rápido. Quiero llegar a Misa de diez y media. En seguida aparece delante de mí la imponente cúpula de Karlskirche, la iglesia dedicada a san Carlos Borromeo. También hay una capilla recordando al beato Carlos de Austria: el último Kaiser. Una historia muy particular. Perdió el imperio por ganar el Cielo.

Las campanas me sacan de mi empanamiento, y entro por la escalinata de dos en dos. Comienza entonces una de las Misas más solemnes en las que haya participado nunca. Suena el órgano. Entra una procesión de ministros y celebrantes. Y los feligreses entonan una canción que viene en el Gotteslob, el libro gris que contiene todos los cantos litúrgicos.

La canción de entrada es alegre, pero a la vez tranquila, ordenada: esperanzada.

El sacerdote empieza a hablar, y yo intento estirar mi alemán todo lo que puedo para entenderle. Abro Messbuch, una app para seguir la Misa. Transcurre tocada por entero a órgano: también se canta el evangelio.

La iglesia por dentro es majestuosa: unos frescos decoran la cúpula ovalada, el retablo es descomunal, las vidrieras, todo. Comienzan a incensar, incesantemente: nunca, ni siquiera con el boafumeiro de Santiago de Compostela, había visto tanto incienso. Se forma incluso una pequeña niebla entre los fieles y el altar. Pero de repente salgo de mis distracciones. Empieza también la Misa de los niños. Sus ángeles de la guarda se tronchan cuando los niños molestan en Misa, porque así dan gloria a Dios.

De la nada, un niño de apenas meses se empieza a reír, muy alto. Varias veces. La gente se ríe con él, yo intento localizarlo. ¡Ya lo veo! En brazos de su padre, con el pelo rubio pollo despeinado. Otro niño echa a correr por el pasillo principal. Tendrá como mucho dos años, y corretea muy graciosamente con una moneda en su mano. El que pasa el cestillo se da cuenta, y se agacha para que el niño (rubio también, sonriente y mofletudo) llegue a meter la moneda. La misma gente se vuelve a reír.

Ahí me doy cuenta: a esta hora de la mañana, la luz que entra por la cristalera principal rebota en los pelos rubios de manera muy llamativa. Miro hacia arriba, y efectivamente. El sol cruza la ventana que gobierna el ábside, pasa a través de la niebla de incienso, y provoca un rompimiento de gloria, un resplandor que baña la iglesia entera.

Viena es la ciudad con la sensibilidad más exquisita para el arte. En Viena, hace trescientos años, se construyó esta iglesia. Y hoy, Dios puede hacerse presente delante de nosotros con la delicada bienvenida que se le brinda aquí desde hace tres siglos.

La consagración, el momento en el que Dios se hace presente en la Misa, es siempre emocionante. Pero la predisposición a entenderla, a acoger a Jesús, ¡claro que se refuerza a través del arte! La belleza que rodea a la consagración de hoy me ayuda a comprenderla. Los artistas también hacen oración, el arte es una oración permanente.

Acaba la Misa de forma muy llamativa: sin ser Corpus Christi, sacan al Santísimo en procesión hasta la entrada de la iglesia. Ahí se arremolinan los curiosos. Y se bendice a toda la plaza desde la puerta, donde el incienso y las campanillas se bambolean al mismo ritmo.

La bendición eucarística es como la carcajada del bebé que antes ha llenado la iglesia. Ahora es Jesús, en los brazos del sacerdote, queriendo llegar a toda la ciudad. Corretea por la plaza como el niño que antes trotaba con una moneda. Quiere llenar nuestra cesta, y necesita que nos agachemos para que pueda entrar.

AutorGabriel Pérez-Miranda

Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) ocupa el tercer lugar de los seis hijos de Juan y Cristina. Estudiante universitario, es también un entusiasta de los deportes y la lectura, y ha publicado un libro de poesía ("Envïdár", Loto Azul, 2025)

Watykan

La Santa Sede firma un Acuerdo bilateral con la República de Honduras

El Acuerdo firmado este jueves entre la Santa Sede, con el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad, y la República de Honduras, con el presidente Nasry Juan Asfura Zablah, fomenta la colaboración entre la Iglesia y el Estado hondureño.  

Redakcja Omnes-22 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

El Acuerdo, compuesto por 25 artículos, ratifica las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y la República de Honduras, tutela la personalidad jurídica de la Iglesia y favorece la valiosa colaboración entre la Iglesia y el Estado en la promoción del bien común y de los valores espirituales, humanos y culturales del pueblo hondureño. 

En línea con la Declaración Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II, el Tratado quiere garantizar la wolność wyznania, comprendida la libertad de culto y, consecuentemente, la libertad de la Iglesia en el desarrollo de su propia misión. 

El Acuerdo bilateral corrobora el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión en conformidad con los instrumentos internacionales sobre los derechos humanos. 

Presencia de personalidades

Además del cardenal Parolin y el presidente de Honduras, ha estado presente en la solemne ceremonia, por parte de la Santa Sede, Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales. También Mons. Javier Domingo Fernández, Jefe de Protocolo de la Secretaría de Estado; y los Oficiales de la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, monseñores Carlos Díaz Paniagua y Francisco Javier Díaz Tenza.

Por parte de Honduras, han estado presentes en la Sala de los Tratados del Palacio Apostólico Vaticano, la Sra. Mireya Agüero de Corrales, Secretaria de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional; el Hble. Sr. Juan Carlos García Medina, Ministro de la Presidencia; y la Sra. Gilliam Noemí Gómez Guifarro, Embajadora de la República de Honduras ante la Santa Sede. 

Reconocimientos a la Iglesia

Według el Acuerdo, el Estado hondureño reconoce a la Iglesia el derecho de actuar según sus propias reglas, de autogobernarse y de nombrar libremente a sus propios ministros de culto. Además, garantiza el derecho a la objeción de conciencia y tutela la inviolabilidad del sigilo sacramental, sin condiciones o limitaciones, y del secreto de los agentes pastorales, análogo al de la confesión. 

También se reconoce el derecho de la Iglesia a establecer instituciones educativas y benéficas, así como el de brindar asistencia espiritual y atención pastoral a las personas alojadas en centros sociales, educativos, sanitarios y penitenciarios públicos o privados. 

Además, se facilitará el cuidado pastoral de los miembros de las fuerzas armadas y de la policía. 

El nuevo Acuerdo será sometido a los procedimientos de aprobación previstos en los respectivos ordenamientos, y entrará en vigor el día del intercambio de los instrumentos de ratificación. 

AutorRedakcja Omnes

Watykan

El Vaticano publica «Venite ad me» para impulsar una transmisión de la fe centrada en el kerygma

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publica Venite ad me, unas consideraciones que invitan a renovar la evangelización, prestar más atención a los adultos y reforzar el papel de las comunidades cristianas en el acompañamiento de quienes descubren o redescubren la fe.

Redakcja Omnes-22 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado este jueves 22 de octubre Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, un documento que propone volver al centro del anuncio cristiano, el kerygma: Jesucristo ama a cada persona, entregó su vida para salvarla y permanece vivo a su lado.

La publicación responde a la preocupación por la crisis que atraviesa la transmisión de la fe, especialmente entre generaciones.

El documento recoge una invitación de León XIV a poner a Jesucristo en el centro del anuncio y de la existencia, y a ayudar a las personas a vivir una relación personal con Él. El Papa señala así la necesidad de volver a los fundamentos de la fe en una época de gran fragmentación: «la evangelización debe enfrentarse hoy, de manera particular, también a las condiciones y dinámicas cambiadas en la transmisión de la fe de generación en generación. En algunas regiones del mundo, esta transmisión se ha interrumpido casi por completo, lo que exige la capacidad de asumir nuevos desafíos».

El objetivo específico del documento es, por tanto, «ofrecer tanto una reflexión específica como sugerir caminos concretos para el anuncio del kerygma en el cambio de época que estamos atravesando».

El Dicasterio precisa que se trata de unas «Consideraciones», y no de una Nota doctrinal. Su finalidad es por tanto examinar «una pluralidad de puntos de vista, sin pretender, sin embargo, cerrar la cuestión, que permanece abierta a nuevos análisis y desarrollos».

Una pastoral que preste más atención a los adultos

Una de las principales advertencias del texto es que la transmisión de la fe ya no se produce de forma automática en las familias. Aunque estas constituyen «el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe», el documento constata que esta tarea se ha debilitado en muchas partes del mundo.

En los países de antigua tradición cristiana, añade, cada vez es más frecuente encontrar «personas bautizadas que no viven las exigencias de su Bautismo», no mantienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. Ante esta realidad, sostiene que es necesario superar una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de niños y adolescentes.

«La transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos», afirma el documento. El anuncio debe reavivar la fe de quienes hace tiempo que han dejado de practicarla y favorecer el encuentro con Cristo de quienes todavía no lo conocen.

Na stronie Consideraciones distinguen esta tarea de la catequesis y de la formación doctrinal: antes de abordar de manera ordenada los contenidos de la fe, consideran fundamental suscitar una experiencia personal de encuentro con Jesús.

El cambio de época

El documento describe el actual «cambio de época» como una transformación profunda de la cultura, las relaciones humanas y la manera de comprender y vivir la fe.

La globalización, la secularización, el individualismo, el consumismo y el auge de las tecnologías digitales están modificando los valores y debilitando los vínculos familiares y comunitarios. En este contexto, la transmisión generacional de la fe atraviesa una crisis en todo el mundo, aunque con características distintas según cada región.

En muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse de forma natural en las familias y ya no puede darse por supuesta como una herencia cultural. Además, la cultura digital y la inteligencia artificial plantean nuevos desafíos para la búsqueda de la verdad, la autoridad y las relaciones personales, aunque también ofrecen oportunidades para la evangelización.

Ante esta situación, el texto invita a no caer en el pesimismo, sino a reconocer nuevas oportunidades para anunciar el Evangelio y favorecer una adhesión a la fe más libre, consciente y personal.

El aumento de conversiones y bautismos de jóvenes y adultos en algunos países constituye un signo de esperanza, aunque requiere acompañamiento para favorecer la perseverancia. La Iglesia está llamada a renovar sus formas de evangelización, partiendo del kerygma —el anuncio central de Jesucristo— y adaptándose a las distintas culturas y necesidades concretas de las personas. Para ello, debe fortalecer las comunidades cristianas, presentar el Evangelio como una respuesta también a las preocupaciones cotidianas e impulsar una inculturación auténtica de la fe.

Na stronie kerygma, centro de la evangelización

El texto insiste en que la fe no se transmite, en primer lugar, como un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial en la que el creyente se introduce progresivamente. Por eso, propone una renovación del anuncio y de la catequesis que sitúe en el centro la buena noticia del amor de Dios.

Este anuncio, explica, debe emplear un lenguaje cercano, capaz de llegar al corazón y de mostrar que el amor y la misericordia de Dios se dirigen a cada persona. No se trata únicamente de comunicar una enseñanza, sino de favorecer un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo.

El documento también llama la atención sobre la dificultad que experimentan algunos nuevos conversos para perseverar en la fe. Aunque en determinados contextos secularizados aumentan las conversiones y los regresos a la Iglesia, algunos neófitos vuelven poco después a una situación de indiferencia práctica. De ahí la importancia de que las comunidades los acojan y acompañen.

La comunidad, la liturgia y el testimonio

Entre las propuestas pastorales, las Consideraciones destacan la necesidad de promover comunidades de escucha, meditación, diálogo y oración en torno a la Palabra de Dios, con momentos específicos y regulares que complementen la celebración de la Eucaristía dominical.

La liturgia ocupa también un lugar central, al ser el ámbito privilegiado en el que se celebra y comunica sacramentalmente el encuentro con el amor salvador de Dios en Cristo. Junto a ella, el documento subraya el valor del testimonio de los creyentes, especialmente a través de la santidad, la cercanía y la opción preferencial por los pobres. También destaca el papel del arte, la belleza y la música en la transmisión de la fe.

El texto aborda asimismo la relación entre fe y cultura, la piedad popular, las peregrinaciones, las cofradías, la homilía y el voluntariado como posibles vías de acercamiento a la Iglesia. Además, señala la necesidad de ampliar los espacios de presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales.

En relación con la cultura digital, advierte de que las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial no plantean solo un desafío tecnológico, sino también antropológico, al influir en la información y en las relaciones humanas.

Un documento abierto a nuevas reflexiones

Venite ad me consta de una introducción, ocho capítulos y una conclusión. Incluye referencias al magisterio de los pontífices, al Concilio Vaticano II y a otros documentos de la Iglesia, además de testimonios de personas que han descubierto o redescubierto a Cristo, recopilados a través de las conferencias episcopales.

El documento fue aprobado por León XIV el 21 de agosto de 2026 y lleva las firmas del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y de monseñor Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal.

Watykan

Abiertas las inscripciones para la JMJ 2027, el Papa se dirige a los jóvenes: «Espero verlos en Seúl»

En un video-mensaje, León XIV anima a los jóvenes a llevar a la JMJ de Seúl sus «sueños, deseos y esperanzas», así como sus «heridas y dificultades», y les recuerda que Cristo les espera.

Redakcja Omnes-22 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

León XIV, a través de un video-mensaje, ha invitado vivamente a los jóvenes a participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Seúl, en 2027, con motivo de la apertura de las inscripciones. En su mensaje, el Papa ha subrayado que no se trata solo de conocer una ciudad nueva, sino de emprender una «peregrinación de fe, amistad y esperanza».

El Papa anima a los jóvenes a llevar a la Jornada Mundial de la Juventud sus «sueños, deseos y esperanzas», pero también sus «heridas y dificultades», y recuerda el lema de este encuentro, «Tengan valor: Yo he vencido al mundo».

El Pontífice ha explicado que esta peregrinación permitirá descubrir lugares cristianos en otra región y encontrar el tiempo y el espacio para encontrarse con Dios más profundamente, tanto en la vida personal como en la vida de la Iglesia.

Además, ha destacado la oportunidad de conocer a jóvenes de todo el mundo, con sus diferentes lenguas y culturas. «A pesar de esas diferencias, y precisamente gracias a la diversidad que Dios les ha dado, vivirán una unidad aún mayor, porque todos somos miembros del único Cuerpo de Cristo», ha afirmado.

León XIV ha señalado que la JMJ será una ocasión especial para profundizar en la fe y encontrarse con otros hermanos en Cristo. También ha expresado su deseo de que los participantes puedan «crear recuerdos felices y amistades que duren toda la vida».

«¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!»

El Papa ha recordado el lema de la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl: «Tengan valor: Yo he vencido al mundo» (cf. Jn 16,33). En este contexto, ha aludido a san Juan Pablo II, cuya memoria litúrgica se celebra hoy y que proclamaba continuamente a los pueblos: «¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!».

León XIV ha subrayado que estas palabras también se dirigen a cada uno de los jóvenes y les ha animado a llevar a la peregrinación «todo lo que son y todo lo que tienen en su corazón: sus sueños, deseos y esperanzas, así como sus heridas y dificultades».

«El Señor los espera allí, en ese lugar de encuentro y comunión. Los llama a cada uno por su nombre», ha afirmado el Pontífice. Dios, ha añadido, desea reavivar su esperanza y darles «la plenitud de la vida y la alegría».

«Espero verlos en Seúl» concluye el Papa.

Argumenty

¿Existe el demonio o es simplemente una manera de representar el mal? Esto dice la Iglesia

Hablar del demonio puede parecer anticuado, exagerado o incómodo. Sin embargo, conviene recordar que su presencia forma parte de la enseñanza cristiana.

Teresa Aguado Peña-22 de październik de 2026-Czas czytania: 7 minuty

¿Existe el demonio o es simplemente una manera de representar el mal?¿Qué enseña realmente la Iglesia sobre Satanás? En una época en la que hablar del demonio puede parecer anticuado, exagerado o incómodo, conviene recordar que su presencia forma parte de la enseñanza cristiana. Es relevante entonces conocer qué dice exactamente la fe católica sobre él, qué poder tiene y cuáles son sus límites.

En «Vida de Cristo», el beato Fulton J. Sheen escribió: «Muy poca gente cree en el diablo hoy en día, lo cual le conviene mucho. Siempre está ayudando a difundir la noticia de su propia muerte. La esencia de Dios es la existencia, y él se define como: ‘Yo soy el que soy’. La esencia del diablo es la mentira, y él se define como: ‘Yo soy el que no soy’. Satanás tiene muy pocos problemas con quienes no creen en él; ya están de su lado». Una idea que recuerda a la célebre frase atribuida al poeta francés Charles Baudelaire: «El mayor truco del demonio es hacernos creer que no existe».

Si bien es indudable que muchos católicos, incluidos algunos sacerdotes y catequistas, prefieren guardar silencio sobre el tema de Satanás, el Catecismo de la Iglesia Católica no opina lo mismo y aborda sin miedo esta cuestión. No lo presenta como una fuerza equivalente a Dios ni como un principio eterno que compita con Él, sino como una criatura que, habiendo sido creada buena, eligió apartarse de su Creador.

Ya en 1976, en el documento Fe cristiana y demonología, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe recoge una advertencia de san Pablo VI sobre la existencia del demonio: «Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra creatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias» (Pablo VI, «Enseñanzas al pueblo de Dios», -1972, pp. 183-188).

¿Quién es el diablo según la Iglesia?

El Catecismo explica que, detrás de la desobediencia de nuestros primeros padres, «se esconde una voz seductora, contraria a Dios, que los lleva a la muerte por envidia». La Escritura y la tradición de la Iglesia identifican a ese ser con un ángel caído, llamado “Satanás” o “diablo” (n.º 391).

Además, señala que la Iglesia «enseña que Satanás fue en un principio un ángel bueno, creado por Dios», y luego cita al Cuarto Concilio de Letrán, que se reunió en 1215: «El diablo y los demás demonios fueron creados por Dios naturalmente buenos, pero se volvieron malos por su propia voluntad».

Por tanto, el mal no es una creación de Dios ni una fuerza que exista desde siempre frente a Él. La tradición cristiana sitúa su origen en el rechazo libre del bien por parte de unas criaturas.

Esta distinción ayuda a entender otro punto esencial: Satanás tiene poder, pero no un poder infinito. El Catecismo lo expresa con claridad: «Es solo una criatura, poderosa por ser espíritu puro, pero criatura al fin y al cabo. No puede impedir la edificación del reino de Dios».

Él actúa en el mundo movido por su odio hacia Dios y el reino establecido por Jesucristo, y al hacerlo, «puede causar graves daños —de naturaleza espiritual e, indirectamente, incluso de naturaleza física— a cada hombre y a la sociedad…» Sin embargo, estos actos destructivos solo pueden ocurrir porque están «permitidos por la divina providencia que con fuerza y ​​dulzura guía la historia humana y cósmica» (N.º 395).

El primer engaño: querer ser como Dios sin Dios

Para comprender cómo actúa Satanás, cabe detenerse en una característica esencial de su actividad: el orgullo, que en última instancia se manifiesta en el deseo de ser «como Dios», pero sin reconocer, conocer ni amar a Dios.

La estrategia del demonio es hacer que el hombre quiera ocupar el lugar de Dios, decidiendo por sí mismo qué está bien y qué está mal. El hombre vive de esta forma como si no necesitara al Creador: «Constituido en estado de santidad, el hombre estaba destinado a ser plenamente ‘divinizado’ por Dios en la gloria. Seducido por el diablo, quiso ‘ser como Dios’, pero ‘sin Dios, delante de Dios y no conforme con Dios'» (n.º 398; véase n.º 414).

La cuestión, por tanto, no es solo si una persona cree o no en el diablo. También tiene que ver con una tentación mucho más cotidiana: pensar que la libertad consiste en no tener que responder ante nadie, que podemos construir nuestra vida sin referencia alguna al bien y que nuestras decisiones no tienen consecuencias más allá de nosotros mismos.

De la serpiente del Génesis al dragón del Apocalipsis

Al comienzo y al final de las Escrituras, el diablo aparece representado como una serpiente. En el Génesis es «el más astuto de todos los animales que Jehová Dios había creado» (Gn 3,1), mientras que el Apocalipsis lo identifica como «el dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo o Satanás» (Ap 20,2).

Sin embargo, la imagen de Satanás en el Antiguo Testamento es compleja. La palabra hebrea “satanás” aparece pocas veces y suele referirse a alguien que se opone, acusa o pone obstáculos, ya sea un ser humano o celestial.

El Primer Libro de las Crónicas relata que «un demonio se levantó contra Israel e incitó a David a realizar un censo de Israel» (21:1). Pero es en la famosa historia de Job donde se menciona a una figura específica, «el demonio», cuya función era investigar y poner a prueba las obras y el carácter de los hombres. Cuando Dios le pregunta dónde ha estado, Satanás responde: «Recorriendo la tierra y vigilándola» (Jb 2,2).

En Zacarías, Satanás acusa al sumo sacerdote Josué, pero Dios lo reprende: «¡Que Jehová te reprenda, oh adversario!» (Zac 3,1-2).

Sin embargo, en tiempos de Cristo, la palabra «Satanás» era un nombre propio utilizado para una criatura de origen celestial que se oponía abiertamente a Dios y que buscaba socavar la creación y destruir a la humanidad. En los escritos apócrifos judíos se le describía como el príncipe de los espíritus malignos, cuya expulsión del cielo se debió a su negativa a reconocer al hombre como imagen de Dios (cfr. Gn 1:26-27).

El mal no procede de un Dios malvado ni de una fuerza que pueda competir eternamente con Él. Tiene su origen en una rebelión contra el bien, pero está destinado a ser vencido. Hay un pasaje críptico en Isaías (14:12) que describe la caída del cielo de Lucifer, la «estrella de la mañana, hijo de la aurora» («lucifer» deriva del latín «portador de luz»). Pero la descripción más extensa y dramática de la rebelión en el cielo proviene del último libro de la Biblia, Apocalipsis: «Entonces estalló una guerra en el cielo. Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. El dragón y sus ángeles lucharon, pero no prevalecieron, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. El enorme dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el que engaña al mundo entero, fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él» (Ap 12:7-9).

Jesús habla sobre Satanás

Si hay alguien que habla con frecuencia de Satanás en el Nuevo Testamento, es Jesús. Lo identificó como el «príncipe de este mundo» (Jn 12:31), un asesino, un mentiroso y el padre de la mentira (Jn 8:44). También predicó que un aspecto central de la salvación que ofrecía implicaba la destrucción del poder de Satanás en el mundo: «Ahora es el momento del juicio de este mundo; ahora será expulsado el príncipe de este mundo. Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12:31-32).

El conflicto entre Jesús y el gobernante de este mundo es evidente a lo largo de los Evangelios, aunque sea de forma implícita. Por ejemplo, Jesús curaba con frecuencia a personas que sufrían de posesión demoníaca, demostrando así su poder sobre el mal y el «príncipe de los demonios».

Hubo varios momentos importantes en el ministerio de Jesús en los que habló de Satanás o se dirigió a Satanás. El ejemplo más conocido fue la tentación de Jesús por parte de Satanás en el desierto (Mt 4:1-11; Mc 1:12-13; Lc 4:1-13; Catecismo n.º 540), un encuentro que inauguró el ministerio público de Jesús.

Jesús sabía que, así como él había sido tentado y confrontado por el diablo, sus discípulos y la Iglesia también sufrirían un severo ataque de Satanás y sus ángeles. Le dijo a Pedro que las fuerzas del infierno intentarían destruir la Iglesia, pero no lo lograrían (Mt 16:18). También le dijo: «Simón, Simón, mira, Satanás ha pedido permiso para zarandearos a todos como trigo» (Lc 22:31), indicando algunas de las dificultades que los apóstoles tendrían que soportar.

¿Puede Satanás obligarnos a pecar?

La respuesta de la tradición cristiana es clara: no. El diablo puede tentar, engañar y tratar de influir en las decisiones humanas, pero no puede anular nuestra libertad ni obligarnos a pecar. Sería erróneo entonces negar cualquier influencia del mal tanto como atribuir al diablo todo lo que nos sucede o utilizarlo como excusa para eludir nuestra responsabilidad.

Satanás nos tienta a pecar, pero no puede obligarnos a hacerlo; nosotros elegimos pecar o no. «Someteos a Dios», escribió Santiago en su epístola, «Resistid al diablo, y él huirá de vosotros» (Santiago 4:7).

Los propios Evangelios muestran que no todos responden de la misma manera ante la tentación. Aunque San Pedro negó a Jesús, se arrepintió de su pecado; Judas, en cambio, fue seducido por Satanás y traicionó a Jesús (Jn 13:2, 27).

Pero no toda dificultad, enfermedad o desgracia debe atribuirse a una intervención extraordinaria del demonio. La Iglesia reconoce la existencia del mal espiritual, pero eso no significa que detrás de cada sufrimiento haya una acción diabólica. Interpretarlo así supone simplificar la realidad y puede alimentar el miedo o llevar a conclusiones sin fundamento.

Esta precaución no es ajena a la literatura cristiana. En el prefacio de Listy od diabła do siostrzeńca, C. S. Lewis advierte de que, al hablar de los demonios, se puede caer en dos errores: negar su existencia o prestarles una atención excesiva y malsana.

La advertencia ayuda a situar la cuestión en su justa medida. La vida cristiana no gira en torno al demonio, sino en torno a Cristo y a la victoria que ha obtenido sobre el mal. Pero reconocer la existencia del mal sirve para estar alerta ante el engaño, asumir la propia responsabilidad y elegir el bien.

¿Qué le sucederá a Satanás al final de la historia?

La Biblia no presenta la lucha entre Dios y Satanás como una batalla cuyo resultado todavía esté por decidir. La victoria definitiva de Dios forma parte de la esperanza cristiana.

Justo antes de su arresto, Jesús les dijo a sus discípulos que el diablo y sus ángeles están destinados al «fuego eterno» que les ha sido preparado (Mt 25:41).Y el Apocalipsis describe el desenlace de la historia con una imagen contundente: Satanás será «arrojado al estanque de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Ap 20:10).

Esta victoria del Reino de Dios aparece representada también en la imagen de la Virgen María que aplasta con su pie la cabeza de la serpiente, símbolo de Satanás. Una imagen que evoca el anuncio del Génesis sobre la derrota del mal (Gn 3, 15) y que recuerda que el demonio no tiene la última palabra. La canción Dime, Padre, de Hakuna, expresa esta misma confianza al poner en labios de Dios estas palabras: «No ven que el bien ya ha vencido. Que la serpiente que les hace temblar ya la ha pisado mi madre. Solo tienen que mirarme, y vivirán».

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Edukacja

Razones para poner límites a la tecnología en la adolescencia

Razones médicas, educativas y sociales para limitar el acceso de los adolescentes a la tecnología y proteger así su desarrollo integral.

Eloy Asenjo Carpintero-22 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

Vivimos sumergidos en un océano de inmediatez donde el tiempo parece haber perdido su espesor. La tecnología, que prometía liberarnos de las tareas más tediosas para dejar espacio al pensamiento, amenaza ahora con sustituir precisamente lo más noble del ser humano: la capacidad de preguntarse, de dudar y de buscar pacientemente la verdad. En este escenario acelerado, las reflexiones del Papa León XIV en su encíclica Wspaniała ludzkość suenan como un bálsamo de sensatez y un aldabonazo urgente a la conciencia de educadores, familias e instituciones. 

El Pontífice nos recuerda una premisa tan sencilla como profunda: «toda tecnología educa a quien la utiliza». Las herramientas digitales no son asépticas ni neutrales; moldean nuestra atención, nuestra sensibilidad y la estructura misma de nuestro pensamiento. Ante la apabullante omnipresencia de la inteligencia artificial y las plataformas digitales, se vuelve imprescindible la construcción de una verdadera «ecología de la comunicación» que devuelva el protagonismo al bien común y a la búsqueda sincera de la verdad. 

En el ámbito escolar y universitario, esta ecología exige una resistencia serena ante la sutil seducción de la «máquina perfecta». Cuando la IA nos entrega una respuesta pulida en milisegundos, el peligro real no es solo la desinformación, sino el riesgo sordo de que se apague el deseo humano de formular preguntas. Educar en la era digital no consiste simplemente en enseñar a manejar el último software, sino en educar para decidir cuándo y para qué no utilizarlo. 

Rescatando una intuición magistral de Platón, la encíclica nos evoca la imagen del pedernal: las cosas más profundas e importantes de la vida solo saltan como una chispa tras haber frotado pacientemente los conceptos y las experiencias en la confrontación viva con los demás. El aprendizaje auténtico requiere tiempo, cansancio fecundo y comunidad. Ningún algoritmo puede suplir ese choque humano de miradas y razones. 

La radiografía médica y social del impacto digital

Esta llamada de atención humanista cobra una urgencia dramática al contrastarse con los datos clínicos e informes de salud pública. Lo que la filosofía advierte como una pérdida de sentido, la pediatría y la psicología lo diagnostican como un deterioro sistemático del bienestar de nuestros jóvenes. Las estadísticas resultan incontestables: los macroinformes de UNICEF sitúan la edad media de acceso al primer teléfono móvil en apenas 10,8 años, con casi un 93% de alumnos de la ESO con dispositivo propio e hiperconectados. En Europa, cerca de la mitad de los adolescentes dedica más de cuatro horas diarias a pantallas exclusivamente de ocio. 

Esta exposición precoz acontece, además, en una etapa biológica crítica. La neurociencia nos recuerda que la corteza prefrontal —la región cerebral responsable de planear acciones a futuro, controlar los impulsos, regular las emociones y tomar decisiones complejas— continúa madurando hasta bien entrados los 25 o 30 años. Someter a un cerebro en plena construcción a descargas continuas de dopamina mediante vídeos cortos e interacciones algorítmicas altera drásticamente sus circuitos de recompensa, destruyendo la tolerancia a la frustración, mermando la memoria de trabajo y erosionando la capacidad de atención ejecutiva. 

Las consecuencias orgánicas y psicológicas de este fenómeno son desoladoras. La luz azul irrumpe alterando la segregación natural de melatonina y desencadenando una severa crisis de insomnio que agrava el sedentarismo, la obesidad infantil y patologías oculares como la miopía magna. Pero es en el plano emocional donde médicos y educadores contemplamos con máxima alarma una realidad desgarradora: la proliferación de síntomas ansioso-depresivos, el uso del entorno virtual como una falsa vía de escape que cronifica la soledad, y un repunte alarmante de procesos de autolesiones e ideaciones suicidas, con una incidencia trágica entre las adolescentes. 

A este panorama se suma una adicción silenciosa pero devastadora en la penumbra de las habitaciones: el consumo nocturno de pornografía. Al dejar los dispositivos al alcance de los adolescentes durante la noche, la dependencia a estos contenidos se dispara de forma vertiginosa, distorsionando gravemente la afectividad y derivando, en una preocupante mayoría de casos, en dinámicas de comportamiento violento e incapacidad para construir relaciones humanas sanas. 

Una alianza urgente entre familias, escuela y política

Grave error cometeríamos si redujéramos esta crisis a una simple falta de voluntad individual o al despiste de unos padres desbordados. Pretender que las familias libren esta batalla en soledad frente a gigantescos modelos de negocio diseñados al milímetro para monetizar la atención de los menores es una profunda injusticia. Como salmones que agotan sus fuerzas remontando el río contracorriente hasta morir en el intento, los padres no pueden librar esta lucha sin el amparo del tejido social y legislativo. 

Por ello, como reclama la Wspaniała ludzkość, se vuelve apremiante una verdadera alianza educativa: una convergencia valiente entre la política, las instituciones escolares y los hogares. Del mismo modo que a nadie se le ocurriría autorizar a un adolescente de quince años a ponerse al volante de un deportivo por una carretera pública, la sociedad debe tener la valentía regulatoria de plantear límites estrictos, considerando los 18 años como la edad mínima adecuada para el acceso libre a los smartfony, lo cual no quiere decir una despreocupación a partir de ahí, al igual que los primeros pasos en la conducción provocan una actitud de prudencia por parte de la sociedad y de los padres. 

En el ámbito comunitario, resulta urgente vertebrar alianzas firmes entre familias para fijar criterios compartidos que eviten el aislamiento del que decide resistir. Y en la intimidad del hogar, la primera medida de protección y sentido común debe ser tajante: expulsar los dispositivos electrónicos de los dormitorios para devolver a la noche su función sagrada de descanso, velando así por la salud mental, afectiva y física de nuestros hijos. 

Salvar la educación hoy pasa por desmitificar la máquina. Ni demonizarla con fatalismo, ni idolatrarla con ingenuidad. Se trata de volver a encender en nuestros alumnos y en nuestros hijos esa chispa que no nace de la velocidad de un procesador, sino del esfuerzo, del diálogo, de la salud corporal y espiritual, y de la búsqueda apasionada de lo verdaderamente humano.

AutorEloy Asenjo Carpintero

Gospel

El amor como principio. Domingo XXX del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XXX del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 25 de octubre de 2026.

Vitus Ntube-22 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

Seguimos viendo a Jesús enfrentándose a sus adversarios. Parece que Jesús está pasando por otra serie de pruebas, por otra especie de tentación. El domingo pasado, los fariseos, aliados con los herodianos, intentaron ponerle una trampa, y Jesús los despachó con aquella ingeniosa y aguda respuesta: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. 

Hoy, los fariseos vuelven, después de que Jesús hubiera dejado sin respuesta a los saduceos. Esta vez regresan acompañados de un doctor de la ley. Anteriormente habían enviado a sus discípulos; ahora piensan que un experto en la ley estará a la altura del desafío. Pero quienes pensaban que aquel doctor sería capaz de poner a Jesús en aprietos no habían juzgado bien la situación. La belleza del diálogo con Jesús, sin embargo, es que Él siempre lo convierte en una oportunidad para enseñar. La prueba se transforma en una ocasión que Jesús aprovecha para enseñar acerca de sí mismo y de su doctrina.

Hoy, Jesús resume toda la ley divina en el amor. El doctor de la ley le pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?”. No era una pregunta sencilla, teniendo en cuenta que la ley de Moisés contiene 613 preceptos y prohibiciones.

En lugar de limitarse a escoger una regla de aquella extensa lista, Jesús hace lo que solo Él puede hacer. Proporciona el principio unificador que está detrás de todos ellos. Ni la Inteligencia Artificial ni la inteligencia humana podrían sintetizar las leyes con una claridad tan divina.

Toda la ley divina se resume en el amor. Jesucristo, que es el amor mismo, resume toda la ley en este principio rector del amor. No se limita a escoger uno de los muchos preceptos, sino que ofrece el principio que unifica toda la Ley. Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero".

Pero el resumen de esta ley no termina aquí. Jesús añade algo más: “El segundo es semejante a él: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo'». Jesús establece una semejanza entre el primero y el segundo mandamiento y, finalmente, sitúa toda la ley sobre estos dos.

Podemos resumirlo todo en una sola idea: hacer todo con amor; amar a Dios y a los demás en todas nuestras acciones. Amar es, por así decirlo, el mandamiento. La paradoja es que se nos manda amar; realizar todas nuestras acciones con amor, hacerlo todo con amor. Todos los preceptos y prohibiciones deben cumplirse con amor. Estamos llamados a resumir todas nuestras acciones en el amor, de modo que nuestras acciones con respecto a Dios y a los demás estén motivadas por este principio fundamental: el amor.

Watykan

El Papa «no necesita ningún tratamiento adicional», según los médicos

Los resultados médicos confirman la extirpación del cáncer del Papa León XIV que no necesitará tratamiento adicional.

Maria José Atienza-21 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

La Oficina de Prensa vaticana ha comunicado a última hora del miércoles 21 de octubre los resultados definitivos «de los exámenes histológicos y de las pruebas de biología molecular» realizadas al Santo Padre.

Los resultados «han confirmado que se trataba de un adenocarcinoma pulmonar y que la enfermedad estaba localizada. Una evaluación oncológica posterior ha confirmado que no es necesario ningún tratamiento adicional».

Se trata de la mejor de las noticias que se podían esperar tras la noticia que sacudió al mundo católico hace apenas dos semanas cuando el Papa confirmó que sería intervenido de un nódulo pulmonar que resultó ser un cáncer de pulmón de células no pequeñas.

León XIV mantiene la agenda prevista, incluido sus próximos viajes a Perú, Argentina y Uruguay el próximo mes y hoy ha reanudado las Audiencias de los miércoles.

Watykan

El Papa agradece las oraciones, y pide a los políticos apoyo a la familia

En una Audiencia recortada por su reciente intervención en el pulmón, pero con los saludos en papamóvil en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV ha recordado este miércoles a todos aquellos con responsabilidades políticas y culturales, que deben contribuir al progreso del matrimonio y de la familia.

Francisco Otamendi-21 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

W deszczowy poranek w Rzymie papież Leon XIV wznowił audiencje generalne na placu Świętego Piotra. Wcześniej powitał z papamobile 30 000 pielgrzymów i wiernych, w tym wiele niemowląt i małych dzieci, które przywiozły je do pojazdu.

Przed rozpoczęciem katechezy papież nawiązał do swojej niedawnej operacji w Watykanie, dziękując wszystkim za wsparcie i modlitwy. Podziękował Bogu za Jego hojność i powiedział: “Odnówmy wszyscy naszą ufność w dobroć i miłosierdzie Boga”.

Po raz trzeci lub czwarty w ciągu kilku dni Papież podkreślił znaczenie małżeństwa i rodziny, kontynuując katechezę ‘Dokumenty Soboru Watykańskiego II’ i rozważając Konstytucję Gaudium et spes. O zaangażowaniu na rzecz rodziny we współczesnym społeczeństwie mówił fragmentem Listu św. Pawła do Efezjan (Ef 5, 31-33).

Życie małżeńskie: wzajemne oddanie się mężczyzny i kobiety

Podsumowując, Leon XIV podkreślił w Trybunał Sprawiedliwości że Sobór Watykański II podkreśla naturalną godność i świętą wartość życia małżeńskiego.

Wzajemne oddanie się mężczyzny i kobiety, które czyni ich jednym ciałem, uzasadnia wymóg pełnej wierności i nierozerwalnej jedności małżonków, która znajduje swój żywy wyraz w prokreacji i wychowaniu dzieci, na co zwrócili już uwagę wierni francuscy w tekście ogólnym.

Zwrócił uwagę, zwłaszcza anglojęzycznym, że Ojcowie Soboru uznali, iż dobro każdego członka społeczeństwa jest ściśle powiązane ze zdrowiem małżeństwa i rodziny, w pełni angażując się w “społeczną funkcję rodziny”.

Nie tylko erotyczny urok, ale dobro każdego mężczyzny i kobiety

Papież przypomniał wcześniej, że “miłość małżeńska nie ogranicza się do pociągu erotycznego – który również jest jej częścią – ale obejmuje całą wolę małżonków, rozpalając ich uczucie i wyrażając się poprzez uczucia i gesty czułości” (GS, 49). Miłość ta obejmuje dobro całej osoby mężczyzny i kobiety, równych w godności; przenika całe życie małżonków i znajduje swój wyraz w aktach właściwych wyłącznie małżeństwu.

Dzieci, “najwspanialszy dar małżeństwa”

Ponadto stwierdził, że szczególna intymność małżonków oznacza pełną miłość między osobami, sprzyja wzajemnemu oddaniu się i wzbogaca ich wzajemną radość, a płodność miłości małżeńskiej wyraża się w zrodzeniu potomstwa, “najwspanialszego daru małżeństwa” (GS, 50). Małżonkowie stają się w ten sposób ‘współpracownikami miłości Boga Stwórcy i niejako jej wyrazicielami’.”

Odrzucenie aborcji i dzieciobójstwa

Z tego wynika – kontynuował Ojciec Święty – że “życie od poczęcia musi być chronione z największą troską”, odrzucając “aborcję i dzieciobójstwo”; a “same akty właściwe życiu małżeńskiemu, uporządkowane zgodnie z prawdziwą godnością człowieka, powinny być szanowane z wielkim szacunkiem”.

Papież Leon XIV pozdrawia pielgrzymów i wiernych z papamobile, 21 października 2026 r. (@Vatican Media).

Rodzina, szkoła najbogatszego humanizmu i fundament społeczeństwa

Nauka Gaudium et spes o wspólnocie małżeńskiej i rodzinnej podkreśla zatem społeczną funkcję rodziny, co potwierdził Papież, nazywając ją “szkołą najbogatszego humanizmu” i “fundamentem społeczeństwa” (GS, 52).

W tym miejscu przypomniał “wszystkim, którzy mają obowiązki społeczne, zwłaszcza w sferze politycznej i kulturalnej, o ich obowiązku ‘skutecznego przyczyniania się do postępu» małżeństwa i rodziny'".

Według Papieża “to zobowiązanie jest pilniejsze niż kiedykolwiek. Kościół On dobrze to wie, o czym świadczy pasterska troska kolejnych papieży od ostatniego Soboru, aż do podwójnego zgromadzenia synodalnego, którego pragnął papież Franciszek, a które w ostatnich dniach omawiali zwierzchnicy wschodnich kościołów katolickich i przewodniczący konferencji episkopatów”.

Na koniec Leon XIV modlił się, aby “Święta Rodzina z Nazaretu oświecała nas na naszej drodze i strzegła rodzin na całym świecie”.

AutorFrancisco Otamendi

Świat

Mons. Francisco Conesa: “Los jóvenes han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo”

El obispo de Solsona, Francisco Conesa, ha reflexionado sobre la sed de Dios en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. “Aunque algunos hablan de “giro católico”, se trata más bien de una “exploración”, que la Iglesia ha de “acoger y acompañar”, ha declarado a Omnes.  

Redakcja Omnes-21 de październik de 2026-Czas czytania: 7 minuty

“La evangelización reclama de nosotros estar atentos para desvelar dónde aparece hoy la sed de Dios. Uno de los lugares donde aflora esta sed es en el deseo de una experiencia espiritual que sea capaz de integrar y dar sentido a la vida”, ha manifestado Monseñor Francisco Conesa, obispo de Solsona, a Omnes, tras su presencia en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

La entrevista se realiza al hilo de algunas ideas que acaba de exponer el obispo Conesa, presidente de la Comisión episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, en el encuentro de Navarra, que tiene como título ‘Responder a una generación sedienta”. En su opinión, es precipitada la expresión «giro católico». “Pienso que más que ante una vuelta, estamos ante una ‘exploración’”, señala.

A su juicio, “se observa entre los jóvenes de la generación Zeta un renovado interés por la espiritualidad y, específicamente por el cristianismo, en el seno de una cultura secularizada”. Estos jóvenes “han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo”, y “resulta muy importante que la Iglesia demuestre una gran capacidad de acogida”.

Éstas son sus declaraciones.

En estas Jornadas pastorales, su intervención de apertura versa sobre la búsqueda de Dios en el siglo XXI. ¿Cómo es esa sed de Dios de la que ha hablado?

– El punto de partida de la reflexión ha sido la convicción de que nada podrá apagar la sed de Dios que anida en el corazón del ser humano. El Papa León, ante el Parlamento español, subrayó que en el ser humano persiste una profunda sed de Dios, una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir.

La pregunta por Dios permanece en nuestro tiempo, pero ha cambiado de forma y, por eso, la evangelización reclama de nosotros estar atentos para desvelar dónde aparece hoy la sed de Dios. Uno de los lugares donde aflora esta sed es en el deseo de una experiencia espiritual que sea capaz de integrar y dar sentido a la vida. Son muchas las personas que se consideran “espirituales”, aunque no tienen una relación personal con Dios. En las nuevas generaciones apreciamos también un acercamiento al cristianismo sin prejuicios movidos por el deseo de encontrar un fundamento sólido de la propia existencia. 

Aunque algunos hablan de “giro católico”, en mi opinión se trata más bien de una “exploración”. Perdidos en el bosque del nihilismo, los jóvenes buscan un terreno firme en el que asentar la vida. Aparece también en nuestro tiempo un deseo de salvación, de encontrar paz y felicidad, de alcanzar la plenitud personal, que revela también el deseo del absoluto. Incluso en las propuestas transhumanistas se advierte un deseo de salvación, de mejorar al ser humano y de alcanzar la inmortalidad, aunque se equivocan confiándolo todo a la tecnología. 

Otro signo de la sed de Dios en nuestros días es la búsqueda de una experiencia intensa de trascendencia. No interesan tanto los largos discursos cuanto el contacto con aquello que desborda el “yo” ordinario. Muchas personas buscan también la belleza auténtica y esta búsqueda es una puerta que abre al misterio, que invita a detenerse y contemplar. Finalmente, me he referido también a la religiosidad popular, que ha facilitado a muchas personas el tránsito de una era de cristiandad a una sociedad secular.

Ha mencionado usted, entre otras, una cita: Dios envuelve al hombre por todas partes…

– “Dios envuelve al hombre por todas partes. No hay solamente un camino, como hacia un oasis a través del desierto, o hacia una nueva idea matemática a través de la extensión de la ciencia del número; para el hombre hay tantas vías de aproximación a Dios como pasos sobre la tierra o caminos hacia su propio corazón”.

Es una reflexión preciosa de Maritain, que subraya que los caminos que conducen a Dios no sólo son múltiples, sino que tienen un carácter profundamente personal. En cada persona la sed de Dios se manifiesta de una manera distinta. Cada persona ha de recorrer su propio camino para alcanzar a adentrarse en el misterio de Dios. Por eso, en este tema no puede haber recetas, sino sólo orientaciones para realizar la búsqueda correctamente.

Se ha referido también, entre otros temas, a la fascinación por el misticismo oriental en algunos sectores de la sociedad, a la ‘new age’, y a lo que llama la “espiritualidad” del ateísmo. ¿Qué quiere decir con esto?

– Considero que todos estos fenómenos, cada uno a su manera, están en las raíces de la actual búsqueda de una espiritualidad sin Dios. Cada vez son más las personas que se consideran “espirituales, pero no religiosas”. 

Las religiones son concebidas como instrumentos de poder, asfixiantes e incluso corruptas, mientras que la espiritualidad parece no comprometer ni siquiera la idea de un Dios personal. En esta búsqueda de espiritualidad confluyen diversas corrientes de pensamiento. Pienso que al menos podemos identificar tres de ellas.

Desde hace dos siglos las religiones orientales han ido adquiriendo un prestigio creciente, sobre todo por su oferta de meditación. En el hinduismo y el budismo, de manera especial, se han desarrollado unas técnicas de concentración y relajación, que favorecen el bienestar personal. Occidente ha ido recogiendo este misticismo del oriente, si bien lo ha adaptado a la mentalidad del hombre postmoderno. 

La “nueva era”, y desde el ateísmo

La segunda corriente es la llamada “nueva era”, una tendencia sincrética, con contornos muy difusos, que busca la autorrealización del individuo mediante la síntesis y superación de los dualismos propios de la era de Piscis (sujeto-objeto, materia-espíritu, sagrado-profano, etc). Para ello, conjugan elementos de la psicología (sobre todo de Jung) con ejercicios terapéuticos de sanación (como el reiki o el taichí). 

Finalmente, se da el caso ciertamente sorprendente que también desde el ateísmo se reivindica la espiritualidad. El autor más representativo es André Compte-Sponville quien, en su obra “El alma del ateísmo”, invita a que los ateos desarrollen una vida del espíritu. Una última variante de esta tendencia se puede detectar en el atractivo que tiene para muchos el estoicismo.

Hablemos un momento del denominado ‘giro católico’. ¿Qué busca la gente, artistas, intelectuales, jóvenes, a su juicio?

– Se observa entre los jóvenes de la generación Zeta un renovado interés por la espiritualidad y, específicamente por el cristianismo. En el seno de una cultura secularizada, crece la presencia de lo religioso en el mundo juvenil, en las redes sociales y en algunas propuestas pastorales innovadoras. La religión reaparece en lugares donde no lo esperábamos. 

En mi opinión, en todo ello se revela, en primer lugar, que el ansia de trascendencia sigue habitando en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que la sed de Dios no se ha apagado del todo. Son precisamente las generaciones más jóvenes, que han crecido en medio de un desierto espiritual, las que sienten con más fuerza la necesidad de saciar esa sed en que consiste el ser humano. El rumor de Dios continúa escuchándose en nuestros días. La muerte de Dios ha dejado un ser humano líquido, manipulable, entregado a las sensaciones, vacío y roto. 

Un momento de la intervención de Monseñor Francisco Conesa, obispo de Solsona, en las XI Jornadas de Actualización Pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (@Foto Universidad de Navarra).

Es posible plantear la cuestión de Dios

Muchos jóvenes se sienten insatisfechos y vacíos. No es de extrañar que algunas voces reclamen sentido, lo que ha llevado a algunos jóvenes a ansiar la luz y hallar un fundamento sólido para su existencia, a desear a Alguien que les acoja incondicionalmente y sane sus heridas. 

De hecho, los jóvenes de la generación Z, nacidos en los albores del nuevo milenio, han perdido todo temor a hablar abiertamente de Dios, han roto el silencio impuesto por el laicismo agresivo. En la conversación entre ellos o en ámbitos como la universidad o los foros culturales, es posible hoy plantear sin pudor la cuestión de Dios, sin parecer un retrasado mental o un hombre de las cavernas. 

Una oportunidad y un desafío

Algunos medios de comunicación han calificado precipitadamente esta tendencia como “giro católico”. Tras años de considerar la fe como una reliquia del pasado, estaríamos ante un “revival” de lo católico. 

Sin embargo, pienso que más que ante una vuelta, estamos ante una exploración. No parece que sea un regreso a anteriores formas de religiosidad y, desde luego, no tiene rasgos de un “giro católico”. Para nosotros es una oportunidad y un desafío. Nos ofrece la posibilidad de conectar con sus búsquedas para mostrarles que en el encuentro con Cristo podrán encontrar lo que secretamente desea su corazón. Pero tenemos también el reto de atender y acompañar a cada uno, de acogerles incondicionalmente y ofrecerles un trato personal.

Por último, le pregunto sobre alguna propuesta pastoral para una generación sedienta de Dios. ¿Qué destacaría usted?

– Lo primero es acoger y acompañar a todos los que sienten alguna sed. Resulta muy importante que la Iglesia demuestre una gran capacidad de acogida de todas ellas. La acogida en sí misma ya es un signo para una sociedad que vive muchas veces a la intemperie. 

Para ello, es conveniente que nuestras parroquias dispongan de estructuras de acogida, que haya grupos de personas que, de manera amable y discreta, acojan a quienes se acercan a informarse, a pedir un servicio, a demandar una caridad o simplemente a desahogarse. A este propósito resultaría muy oportuno que existieran entre nosotros personas capaces de detectar a quienes están buscando un sentido a su vida, a los “temerosos de Dios”, de los que habla el libro de Hechos y a los que el Papa Benedicto se refería con frecuencia; son los gentiles que se acercan al atrio del templo atraídos por la fe judía. 

Escuchar a las nuevas generaciones

Christoph Theobald habla de un carisma particular, el de “los detectores de buscadores de sentido”, es decir, de personas que posean el arte de la conversación espiritual, del sentimiento de gratuidad y la discreción y sean capaces de establecer relaciones profundas con los demás.

En el Sínodo sobre la sinodalidad se habló de la posibilidad de instaurar un ministerio de la escucha y el acompañamiento, que se dirigiría especialmente a acoger a los que están al margen de la comunidad eclesial, a los que vuelven después de haberse alejado, a los que buscan la verdad y desean que se les ayude a encontrarse con el Señor. 

Resulta indispensable una escucha real, atenta y vulnerable de las nuevas generaciones, de sus inquietudes y proyectos; una escucha desinteresada, que no sea utilizada como instrumento para otra cosa, que ha de ser practicada sin motivos ocultos, sin buscar ninguna forma de contraprestación. 

Nuestras iglesias muestran una gran incapacidad para conversar con los jóvenes, lo que implica dejarse transformar por ellos, por la cultura que viven, por su diversidad real. Si no nos dejamos tocar por los jóvenes, también por sus aspiraciones a una espiritualidad, aunque sea ambigua, no podremos acercarles al mensaje de Jesús.

AutorRedakcja Omnes

Edukacja

La trampa del pragmatismo en colegios y universidades católicas

Las universidades católicas necesitan recuperar el protagonismo de las Humanidades para formar líderes capaces de influir en la cultura y renovar la sociedad desde los valores del Evangelio.

Santiago Leyra Curiá-21 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

En las últimas décadas, el panorama de la educación superior y escolar de identidad católica experimentó una mutación silenciosa pero profunda. Algunas instituciones fundadas bajo el impulso de grandes carismas, orientadas a la búsqueda de la verdad y a la formación integral del ser humano, parecieron haber sucumbido a la lógica implacable del mercado. Durante años, el éxito de un centro educativo católico pareció medirse en los gráficos de sus departamentos de admisión, en la rentabilidad de sus campus y en el porcentaje de egresados que lograban colocarse en consultoras multinacionales tras cursar Administración y Dirección de Empresas (ADE).

Sin duda, cuadrar las cuentas y garantizar la viabilidad económica es una condición indispensable para la supervivencia de cualquier institución. El problema no radicó en la eficiencia de la gestión, sino en la abdicación de su misión primordial: la formación integral de las personas y la transformación cristiana de la cultura. Cuando la máxima aspiración que se transmite en una institución de esta naturaleza -quizá no de palabra, pero sí muchas veces con los hechos- a los alumnos es la obtención de un título rentable que les asegure un buen nivel de vida y una cómoda inserción en el sistema, la incidencia cultural de los antiguos alumnos se vuelve irrelevante o, peor aún, asimilada por el pensamiento dominante.

El refugio de lo políticamente correcto

Pienso que el diagnóstico invita a una profunda autocrítica para afrontar con acierto el futuro. Si los líderes de estas instituciones se escogen entre gestores financieros obsesionados con el riesgo reputacional y pánico a que los medios de comunicación hablen mal de ellos, el resultado es la parálisis creativa. Se acaba educando a los estudiantes en una suerte de prudencia mal entendida, un caminar sobre ascuas conceptuales para no molestar a nadie, moviéndose siempre dentro de los límites de lo políticamente correcto de cada momento.

Bajo este esquema, el alumno excelente y con inquietudes no encuentra en su alma mater el fuego del espíritu vanguardista ni el anhelo de conquista cultural. Aprende, en cambio, a no meterse en problemas. No es extraño, por tanto, que la huella de estos egresados en los grandes debates contemporáneos —el arte, la literatura, los medios de comunicación o las corrientes de pensamiento— haya sido muchas veces prácticamente invisible. En el mejor de los casos, su excelencia se ha reducido al ámbito técnico, corporativo o incluso militar, con escasa capacidad para fermentar la sociedad con los valores del Evangelio. Y cuando algunos antiguos alumnos destacaban en el ámbito del arte y de las humanidades no rara vez lamentaban su paso por esos colegios y universidades, en los que quizá no se sintieron comprendidos cuando no directamente maltratados por su especial sensibilidad.

El verdadero motor del cambio: las Humanidades

La historia demuestra que la cultura no se transforma desde los balances contables, sino desde las ideas, la belleza y la comprensión del misterio humano. La verdadera vanguardia cultural nace de la Filosofía, la Historia, el Arte y las Humanidades. Son estas disciplinas las que dotan al estudiante de un pensamiento crítico, de una capacidad de lectura profunda del signo de los tiempos y de las herramientas conceptuales necesarias para proponer alternativas audaces a la crisis antropológica actual.

Como decía el inmortal profesor Keating de “El club de los poetas muertos” (Peter Weir, 1989), “no olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son cosas que nos mantienen vivos».

Cuando las universidades que pretenden proporcionar una formación católica renuncian a ser faros de las humanidades para convertirse en meras escuelas de negocios de alta gama, están entregando el monopolio de la configuración social a otras cosmovisiones. Un graduado en ADE puede ser un excelente profesional y un católico ejemplar en su vida privada, pero con sólo esa preparación difícilmente tendrá el bagaje cultural necesario para disputar la hegemonía de las corrientes ideológicas que configuran el alma de nuestro tiempo. Y en el frenesí del día a día quizá no encuentre tiempo para leer, pensar y formarse.

Lecciones desde la Corona

Mientras muchos centros católicos corren el riesgo de homogeneizarse en la búsqueda del prestigio corporativo, las instituciones públicas o de tradiciones ideológicas diferentes comprenden perfectamente el valor de la influencia y el rigor académico. Un ejemplo reciente y significativo en España es el de la Princesa Leonor, quien ha iniciado sus estudios universitarios en la Universidad Carlos III de Madrid.

Se trata de una institución pública, tradicionalmente asociada a la izquierda laicista intelectual, que sin embargo ha sabido labrarse un prestigio académico indiscutible a base de rigor, exigencia y una fuerte presencia en el debate social. Este movimiento pone de manifiesto que el verdadero atractivo y la capacidad de convocatoria —incluso para las más altas instituciones del Estado— no dependen de la afinidad ideológica previa, sino del prestigio real y de la relevancia intelectual que se proyecta hacia la sociedad. Para la futura Reina de España no se ha elegido una universidad de inspiración católica sino una universidad que se piensa la puede preparar para lidiar con los debates culturales e intelectuales del momento. Esperemos que las cosas hayan cambiado cuando el que elija universidad sea su heredero o heredera.  

Hacia una vanguardia cultural católica

Para no continuar con esta tendencia, las instituciones de inspiración católica necesitan detectar este peligro. No basta con directivos expertos en marketing y optimización de recursos. Se necesitan líderes dotados de una sólida formación humanística, con visión estratégica y, sobre todo, con un espíritu de conquista cultural. No olvidemos que las universidades nacieron precisamente en el seno de la Iglesia católica y ejercieron durante siglos una impronta decisiva en la creación de una cultura y unas sociedades profundamente cristianas.

El reto no es menor: exige la valentía de arriesgar, la audacia de proponer la verdad cristiana sin complejos y la inversión decidida en aquellas disciplinas que el mercado actual ha considerado muchas veces «inútiles», pero que son las únicas capaces de salvar al hombre de la alienación. Los colegios y universidades que se dicen católicos serán motores de cambio cuando sus aulas dejen de ser meros trampolines hacia el confort socioeconómico y vuelvan a convertirse en los talleres donde se forjan los pensadores, artistas y líderes capaces de renovar el mundo desde sus cimientos. La oportunidad que se presenta con el cambio de época y el hartazgo del modelo nacido en 1968 es histórica, si se sabe aprovechar.

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PodpisyAntonio Ruiz Valverde

La comodidad de no ayudar

Una reflexión sobre la indiferencia ante quienes piden ayuda y las excusas que damos para no detenernos a escuchar a quienes tenemos delante.

21 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

—¿Tiene usted para un cafelillo?

Estábamos en una cafetería de El Puerto de Santa María cuando se acercó a nuestra mesa un señor mayor. Tuvo que repetir la pregunta. Hablaba deprisa y su aspecto no coincidía con la imagen que yo asociaba a quien pide en la calle. Mi mujer le respondió con educación que no llevaba suelto. Yo apenas le presté atención.

El señor siguió de mesa en mesa hasta que un camarero joven lo acompañó a la puerta y le abrió para que saliera. No hubo voces ni malos modos. Me pareció que se quitaba un problema de encima y me quedé triste, sobre todo por mí. Podríamos haberlo invitado. Tan sencillo como pedir otro café. Me duele reconocer que presté más atención a la conducta del camarero que a la petición del hombre.

Quizá una de las razones por las que nos cuesta ofrecer ese café sea lo que puede venir con él: que la persona se quede junto a nuestra mesa, que empiece a hablar y tengamos que escucharla. La conversación puede prolongarse más de lo previsto y ocupar una parte de ese rato que considerábamos nuestro. Me pregunto cuánto pesó esa posibilidad en mi propia indiferencia.

Para quedarnos tranquilos tenemos unas cuantas frases a mano: «Para eso están Cáritas y los comedores sociales». «Quizá podría trabajar». «A saber en qué se gasta el dinero». Algunas dudas serán razonables. Ayudar bien exige prudencia. Lo que me inquieta es la rapidez con que las doy por resueltas cuando me permiten seguir a lo mío. De aquel hombre apenas sabía nada, pero podía reunir en unos segundos suficientes conjeturas para desentenderme. ¿Desde cuándo sé tanto sobre la vida de una persona a la que ni siquiera he escuchado?

Hasta mis argumentos a su favor me dejan incómodo: era mayor, tenía una cara agradable, parecía tranquilo. ¿Habría sentido la misma pena si su aspecto me hubiera resultado desagradable? Y si realmente hubiera tenido una adicción, ¿me habría autorizado eso a considerarlo una molestia?

Los domingos saludamos a Manolo, que pide a la puerta de la iglesia. Lo llamamos por su nombre y nos resulta natural dirigirle la palabra. El señor de la cafetería se marchó sin que yo supiera cómo se llamaba. Me pregunto por qué a Manolo lo veo con otros ojos: si la costumbre me ha acercado a él o si pedir junto a una iglesia encaja mejor en mis esquemas. Con esa familiaridad corro el riesgo de dar por hecho que siempre estará allí, como si pedir a la puerta formara parte de su vida de una manera tan natural como ir a misa forma parte de la mía.

No sé si ha acudido a la parroquia o a Cáritas, qué ayuda recibe o qué le falta. Sé dónde encontrarlo cada domingo, pero de su vida conozco muy poco.

Na stronie Camino, san Josemaría escribe: «Más que en “dar”, la caridad está en “comprender”» (n. 463). A continuación, invita a buscar una excusa para el prójimo cuando tengamos el deber de juzgar. Yo encuentro las mías con bastante más facilidad. Y esa invitación alcanza también al camarero. Ignoro qué instrucciones tenía, qué había ocurrido otros días o qué dificultades encontraba para hacer su trabajo.

Comprender lleva tiempo y obliga a admitir lo mucho que ignoramos. Si solo escucho lo justo para preparar una negativa, difícilmente sabré qué necesita. Y hasta estas palabras pueden servirme de refugio si me conformo con sentir pena, sin preguntarme qué ayuda concreta tengo a mi alcance.

Me alegra que existan personas e instituciones capaces de acompañar a quienes atraviesan situaciones que yo apenas alcanzo a entender. Puedo colaborar con ellas y confiar en su experiencia. Pero mencionarlas para dar por terminado un encuentro también puede ser una manera muy respetable de pasar de largo.

No tengo un criterio que resuelva todas las situaciones. A veces convendrá dar dinero; otras, ofrecer comida o buscar una ayuda más adecuada. También habrá límites. Lo que me corresponde es no convertir mi negativa en un juicio sobre toda una vida.

Lo que más me entristeció fue la distancia entre lo que creo y lo que hice. Aquel hombre pronunció una palabra pequeña, «cafelillo», y yo necesité verlo salir para empezar a prestarle atención.

Me habría gustado llegar a tiempo de preguntarle cómo lo quería.

AutorAntonio Ruiz Valverde

Hiszpania

Visita de León XIV: coste cero, un impacto de 139,5 millones y 3.080 puestos de trabajo

La Conferencia Episcopal Española da cuenta de la gestión de la visita del Santo Padre y explica su impacto socioeconómico, además del pastoral

Virginia Gil-Nogués-20 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Wizyta papieża León XIV a España en junio generó un Valor Añadido Bruto de 139,48 millones de euros y supuso un coste de 29,3 millones para la organización, compensado por los ingresos por esa misma cantidad. Estos datos proceden del informe socioeconómico elaborado por EY España y presentado en la sede de la Konferencja Episkopatu Hiszpanii (CEE). Cada euro generado por la visita en vbalor añadido bruto se traduce en 2,48 euros de impacto en la economía española.

El Informe de EY España cifra en 2,31 millones los asistentes a los actos papales en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, y estima que el viaje creó 3.080 empleos equivalentes a jornada completa. Las diócesis y la Conferencia Episcopal Española asumieron parte del gasto (un 31% del total, por valor de 9 millones de euros), pero que se financió en su mayor parte por empresas y entidades civiles (un 44,7%, por valor de 13 millones), administraciones públicas (5,8 millones, un 20%) y colectas y donativos (1,2 millones, un 4% del total).

Los resultados se han dado a conocer en una rueda de prensa en la que han intervenido Fernando Giménez Barriocanal, coordinador general adjunto de la visita y vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal; José María Albalad, delegado de Economía del Arzobispado de Madrid; y Chus Escobar, socia responsable de Financial Accounting Advisory Services EY España.

La visita del Santo Padre tuvo un impacto total valorado en casi 140 millones de euros, según el Informe de EY España, que distingue entre los distintos tipos de impacto: el impacto directo ascendió a 56,32 millones de euros; el indirecto a 50,32 millones; y el inducido, a 32,84. La visita se prolongó por seis días, con 21 actos y 2,31 millones de asistentes.

En esta contabilidad del impacto, Giménez Barriocanal subrayó que resulta imposible de cuantificar es el beneficio reputacional. “Desde la visita, por ejemplo, se ha multiplicado por tres el porcentaje de españoles que visitan la Sagrada Familia de Barcelona”, ha señalado.

En todo caso, Albalat ha enfatizado que el gran legado son los frutos espirituales: “Lo que estamos contando aquí son medios para ese legado, que perdurará siempre en tantos corazones, en tantas almas, en tantas conversiones que ha generado la visita”.

Gastos e ingresos

La organización cerró los trabajos con unas cuentas sin déficit, alcanzando un equilibrio entre los recursos obtenidos y los costes generados: 29.318.389 euros. Los principios de la Doctrina Social de la Iglesia han regido los criterios de gestión, apostando por la austeridad y el bien común, ha asegurado Barriocanal.

Albalad ha explicado que se establecieron varias categorías de gastos, menores de 3.000 euros por un lado; y los mayores de esta cifra, que fueron objeto de licitación pública. El gasto total, tal y como ha manifestado EY, se distribuye entre las distintas sedes y entidades organizadoras de forma que al arzobispado de Madrid le correspondió un 55,6%; al arzobispado de Barcelona un 15,7 %; al obispado de Canarias, 8,9%; al de Tenerife 9%; y a la Conferencia Episcopal un 10,8 %.

Estos gastos se emplearon para la contratación de bienes y servicios en varios sectores, como producción audiovisual, preparación y alquiler de los espacios, telecomunicaciones o gestión de recursos, entre otros.

Con respecto a los ingresos, aparte de las aportaciones económicas dinerarias, Giménez Barriocanal resaltó también las contribuciones en especie, como cesión de medios de transporte o espacios, y la manutención de voluntarios, que han permitido asimismo reducir el presupuesto de gastos. 

Contribución de las administraciones

El responsable económico de la CEE también valoró la aportación de todas las administraciones: “fue fundamental, sin su colaboración habría sido imposible. Todas se han volcado en el evento”. Por ejemplo, el gobierno de Canarias aportó un millón de euros a cada una de las dos diócesis; y el cabildo insular, medio millón a cada una. La Generalitat de Cataluña también colaboró económicamente.

Sin embargo, tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid no destinaron dinero para la visita, aunque su colaboración fue con aportaciones no económicas.

El impacto para la economía madrileña, en concreto, ha sido de 101 millón de euros de valor añadido, ha señalado Albalad. También ha destacado una parte esencial de la visita: la acción de los voluntarios, que es posible cuantificar en más de 400.000 horas de dedicación. “Esa movilización del voluntario es intrínseca a la propia naturaleza de la Iglesia, porque habla de dones, de talentos, de entrega desinteresada de cientos de miles de personas que han dado lo mejor que tienen, que es su tiempo”, concluye el delegado de Economía.

AutorVirginia Gil-Nogués

Watykan

León XIV explica la tumba de San Pedro bajo el Vaticano con Chris Pratt

El Papa participa en las secuencias finales de ‘Pétros ení. Descubriendo los orígenes’, y explica el significado de la tumba de San Pedro bajo la Basílica. La película, conducida por el actor Chris Pratt, se ha estrenado en el Festival de Cine de Roma, con León XIV en el Gemelli.

Francisco Otamendi-20 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

Z okazji czterechsetnej rocznicy konsekracji Bazyliki św. Piotra, która miała miejsce 18 listopada 1626 r., powstał film dokumentalny ‘Pétros ení’ (Piotr jest tutaj), wyprodukowany przez Filmy AF Spektakl powstał we współpracy z Vatican Media i St. Peter's Factory, a wyreżyserowała go Paula Ortiz, scenariusz napisał Andrea Tornielli, a narratorem był amerykański aktor Chris Pratt.

Ponadto bierze w niej udział sam papież Leon XIV, który wyjaśnia, dlaczego Bazylika Watykańska została zbudowana nad grobem apostoła Piotra. 

Konstrukcja właśnie tam: męczeństwo Szymona z Betsaidy

“Kiedy kontemplujemy splendor Bazyliki Świętego Piotra, kolumnady, która otwiera się w objęciach świata, pięknie jest przypomnieć sobie, dlaczego ta Bazylika została zbudowana właśnie tutaj. Powodem jest to, że ta ziemia jest skąpana we krwi Apostoła”. To słowa Leona XIV w filmie dokumentalnym, którego premiera odbyła się na Festiwalu Filmowym w Rzymie, przedstawiającym historię grobu Świętego Piotra i badań archeologicznych prowadzonych pod Bazyliką Watykańską.

Papież kontynuuje: “To właśnie tutaj Szymon z Betsaidy, rybak, którego Jezus nazwał Piotrem i któremu powiedział: ‘Na tej Skale zbuduję mój Kościół’, poniósł śmierć męczeńską”.

Kadr z filmu ‘Petros Ení’ (Piotr jest tutaj) (@Vatican News, Vatican Media).

Leon XIV, słabość Piotra i jego następców

W innej ze swoich interwencji, zapisanej przez Wiadomości Watykańskie, Leon XIV nawiązuje do kondycji ludzkiej apostoła i cytuje brytyjskiego pisarza G.K. Chestertona: “Chesterton powiedział, że Kościół chrześcijański został założony na słabym człowieku i że właśnie z tego powodu jest niezniszczalny, gdyż żaden łańcuch nie jest mocniejszy niż jego najsłabsze ogniwo”.

Papież kończy film, odnosząc postać rybaka z Galilei do sukcesji apostolskiej i swojej własnej posługi jako biskupa Rzymu.

“W ten sposób, ogniwo po ogniwie, ten kruchy łańcuch następców Piotra dotarł do nas. I ja również, Biskup Rzymu, świadomy własnej słabości, powtarzam wyznanie wiary Apostoła, którego Jezus przemienił w rybaka ludzi: ‘Ty jesteś Mesjasz, Syn Boga żywego’”.”

Fabio Colagrande i Eugenio Murrali, piszący dla watykańskiej agencji prasowej, opisują te końcowe sceny jako “najbardziej poruszające i zaskakujące” w całym dokumencie. Podkreślają refleksję Papieża nad kruchością Piotra i zauważają, że jego słowa nabierają “szczególnego znaczenia w tym momencie”, odnosząc się do niedawnej hospitalizacji Leona XIV w Poliklinice Gemelli.

Chris Pratt z żoną w San Pedro @prattprattpratt, konto Chrisa Pratta na X.

UPiotr, niedoskonały i słaby

Chris Pratt, znany z ról w filmach takich jak „Strażnicy Galaktyki” i „Jurassic World”, wyjaśnił, że filmowanie miało również wymiar osobisty. W wywiadzie udzielonym w Watykanie stwierdził, że powrócił do wiary katolickiej około sześć lat wcześniej i że praca nad filmem dokumentalnym pomagała mu zdefiniować własną wiarę. 

“Przed mną stoi budynek, który symbolizuje serce chrześcijaństwa” – rozpoczyna narrację Chrisa Pratta z placu Świętego Piotra. “Pod moimi stopami, głęboko w ziemi, leży…”.

Aktor opisał Bazylikę Świętego Piotra jako miejsce szczególne i święte, wyjaśniając, co chciałby, aby widzowie odkryli na temat apostoła: “Był człowiekiem niedoskonałym. Był człowiekiem słabym. Był człowiekiem”. Pratt dodał, że wszyscy dzielimy tę kruchość, a siła Piotra pochodziła z łaski Jezusa i wiary w Boga.

Zwiedzanie nekropolii watykańskiej

Według rozpowszechnionego filmu, który można obejrzeć na końcu, film zaczyna się od sceny, w której Pratt spaceruje nocą po placu Świętego Piotra i wchodzi do bazyliki. Następnie, trwający około godziny film dokumentalny zabiera widza do starożytnej rzymskiej nekropolii znajdującej się pod świątynią, gdzie prowadzono śledztwo w celu odnalezienia grobu apostoła.

Podróż Pratta łączy historię, archeologię i duchowość. Film rekonstruuje przeszłość bazyliki i prace, które doprowadziły do zidentyfikowania miejsca pochówku Piotra.

Historia opowiada o wykopaliskach, które rozpoczęły się za pontyfikatu Piusa XII, w trakcie II wojny światowej, oraz o późniejszych badaniach, które skłoniły świętego Pawła VI do ogłoszenia w 1968 r. zidentyfikowania szczątków przypisywanych świętemu Piotrowi.

Specjaliści bez sztucznej inteligencji

Wśród zaangażowanych specjalistów jest Pietro Zander, ekspert od nekropolii watykańskiej. Znajdują się tam również historyczne wizerunki epigraficzki Margherity Guarducci, której badania odegrały znaczącą rolę w identyfikacji grobowca.

W filmie dokumentalnym wykorzystano dokumenty z Archiwum Bazyliki Świętego Piotra, świadectwa historyczne oraz zdjęcia z prac archeologicznych. Według Vatican News, obrazy w filmie nie zostały przetworzone przy użyciu sztucznej inteligencji.

Audiencja u papieża

Współpraca aktora z Watykanem została ogłoszona kilka miesięcy wcześniej. Jak donoszą Omnes W styczniu tego roku, 10 grudnia 2025 r., Pratt został przyjęty przez Leona XIV.

Artysta udostępnił później zdjęcia tej publiczności na swoim koncie X, @prattprattpratt, z podziękowaniami: “Jakiż to niezwykły zaszczyt, Papieżu Leonie XIV! Dziękuję za zaproszenie”.

Przedstawiając projekt, Pratt stwierdził również, że uważa współpracę z Papieżem i Watykanem za niezwykłą i podkreślił, że historia Świętego Piotra jest fundamentalna dla wiary chrześcijańskiej. Wyraził szczególną wdzięczność za pomoc, jaką otrzymał w dostępie do przestrzeni watykańskich i dzieleniu się historią apostoła z publicznością.

Rzymska premiera

Podczas rzymskiej premiery publiczność zgotowała owację na stojąco Leonowi XIV, który od 16 października przebywał w szpitalu w Poliklinice Gemelli. Paolo Ruffini, prefekt Dykasterii ds. Komunikacji, wyraził nadzieję, że rekonwalescencja Papieża po operacji będzie przebiegać pomyślnie, co zresztą się stało. W tę niedzielę papież poprowadził modlitwę za Angelus na Placu Świętego Piotra.

AutorFrancisco Otamendi

Zasoby

Desclericalizar la Iglesia sin clericalizar a los laicos

Francisco y León XIV promueven una mayor participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia, sin confundir la autoridad administrativa con el ministerio sacramental.

Bryan Lawrence Gonsalves-20 de październik de 2026-Czas czytania: 5 minuty

En diciembre de 2013, nueve meses después del inicio de su pontificado, se le preguntó al Papa Francisco si se podía nombrar cardenal a una mujer. Ahora bien, el Colegio Cardenalicio es un órgano administrativo y no meramente sacramental. En cuanto a los precedentes históricos, ha habido cardenales laicos; Teodolfo Mertel fue el último en ser nombrado, en 1858, antes de que el Papa Benedicto XV suspendiera esta práctica en 1917.

El Papa Francisco se negó a responder directamente a esta cuestión canónica, pero sí afirmó que «las mujeres en la Iglesia deben ser valoradas, no “clericalizadas”».

Su respuesta decepcionó a quienes abogan por la ordenación femenina y la ampliación de los derechos de las mujeres. Mientras que los activistas equiparan el poder con el sacerdocio, el Papa Francisco consideró que basar la autoridad en los títulos clericales no hace más que reforzar el clericalismo. Por lo tanto, intentar «clericalizar» a las mujeres refuerza la idea de que el clero es el único detentador del poder.

Las dos visiones del poder

Tal y como se expone en Lumen Gentium, el poder eclesial no es un derecho personal, sino un encargo sagrado delegado por Cristo a través de las Órdenes Sagradas, que abarca los mandatos específicos de enseñar la doctrina, santificar a través de los sacramentos y pastorear a la Iglesia.

Existe también una dimensión temporal del gobierno y el poder, en la que los obispos y cardenales ejercen la autoridad administrativa, supervisan los asuntos financieros y gestionan los asuntos prácticos y civiles tanto de sus diócesis como del Vaticano.

Si echamos la vista atrás al Papa Francisco, parece que se centró en el liderazgo de servicio y se propuso reformar el gobierno de la Iglesia permitiendo que laicos cualificados asumieran funciones administrativas y financieras. En teoría, esto permitiría al clero centrarse más directamente en sus deberes pastorales y sacramentales.

Su enfoque suscitó críticas por parte de algunas facciones tradicionalistas dentro de la Iglesia, que concebían el poder principalmente a través de una jerarquía rígida en la que la autoridad espiritual y administrativa fluye estrictamente de arriba abajo a través del clero ordenado para preservar la pureza doctrinal. Los reformistas progresistas, por su parte, entendían el poder a través de la participación democrática y la igualdad institucional, argumentando que la verdadera autoridad laica requería una toma de decisiones compartida y el acceso a las órdenes sagradas.

En última instancia, aunque el Papa Francisco distinguió entre el control administrativo y el ministerio sacramental, tanto los tradicionalistas como los progresistas tendían a considerar que el verdadero poder eclesial era inseparable del sacerdocio ordenado.

Los nombramientos laicos y la distinción del santuario

Tanto el Papa Francisco como el Papa León XIV han considerado el empoderamiento de los laicos y la identidad sacerdotal como fuerzas complementarias, más que opuestas. Parece que su estrategia subyacente se basa en la suposición de que, cuanto más participen los laicos en la gestión de la Iglesia, más claro se hace el papel distintivo y estrictamente sacramental del sacerdocio.

Esto lo vemos en 2018, cuando el Papa Francisco nombró al periodista Paolo Ruffini prefecto del Dicasterio para la Comunicación, el primer laico en dirigir un dicasterio importante del Vaticano. Posteriormente, en 2021, nombró a la hermana Alessandra Smerilli secretaria del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral. Amplió esta estrategia en 2022 al nombrar a la hermana Raffaella Petrini, a la hermana Yvonne Reungoat y a la laica Maria Lia Zervino para el Dicasterio para los Obispos, otorgando así a los miembros no ordenados una voz directa en la selección de los futuros obispos de la Iglesia. En 2025 nombró a la hermana Simona Brambilla prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada, convirtiéndola en la primera mujer en dirigir un dicasterio que supervisa las órdenes religiosas a nivel mundial.

Un ejemplo más reciente de esta estrategia fue el nombramiento, en junio de 2026, por parte del Papa León XIV, de María Montserrat Alvarado, una mexicano-estadounidense y antigua presidenta y directora de operaciones de EWTN News, como prefecta del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede. Más tarde, en agosto de 2026, el Papa León nombró a cuatro laicos para el Consejo de Economía, el órgano de supervisión financiera del Vaticano. Durante ese mismo mes, también nombró a Patrick Kelly, Caballero Supremo y director ejecutivo de los Caballeros de Colón, miembro del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

La reasignación de funciones administrativas rompe con la creencia arraigada de que la gobernanza institucional requiere órdenes sagradas, desmantelando el clericalismo de raíz, en lugar de limitarse a otorgar a los laicos funciones clericales para que se sientan empoderados.

El diaconado femenino

En agosto de 2016, el Papa Francisco puso en marcha un estudio para analizar si existía una base histórica para el diaconado femenino. Cuando el estudio se estancó a la hora de determinar si las prácticas históricas tempranas constituían una ordenación sacramental, el Papa instituyó un segundo estudio en abril de 2020 sobre la ordenación sacramental de las mujeres.

Posteriormente, en diciembre de 2025, el informe se presentó al recién elegido Papa León. Este concluyó que, si bien históricamente existieron diaconisas, las pruebas no respaldan la admisión de las mujeres al diaconado como grado del sacramento del Orden.

Parece que la frontera sacramental de la ordenación de mujeres sacerdotes sigue siendo la única línea que ninguno de los dos pontífices ha estado dispuesto a cruzar. Las funciones ejecutivas, de gestión y administrativas pueden confiarse a mujeres y hombres laicos sin problema alguno, pero no así el ministerio sacramental.

El Vaticano lo dejó explícitamente claro en junio de 2026 al rechazar una propuesta del «camino sinodal» de los obispos alemanes para permitir que los laicos predicaran durante la misa.

Al nombrar a laicos para supervisar los departamentos del Vaticano, la Iglesia parece estar transfiriendo la autoridad administrativa, al tiempo que mantiene el santuario estrictamente intacto. Por lo tanto, el sacerdocio y sus deberes sagrados siguen reservados exclusivamente al clero.

La carga burocrática y la respuesta sinodal

Los críticos han señalado a menudo que los obispos y cardenales ostentan una autoridad administrativa, financiera y civil tan amplia que, con frecuencia, actúan menos como pastores espirituales y más como directores generales de empresas sepultados bajo el papeleo.

Otros señalan que esta pesada carga administrativa les deja poco tiempo o energía para la evangelización directa y el trabajo pastoral de primera línea, lo que los hace en gran medida inaccesibles para las mismas personas a las que sirven. Además, para llegar a un obispo a menudo hay que sortear a los «guardianes» que controlan el acceso a su despacho, lo que convierte la accesibilidad en otra motivo de preocupación.

Quizá por eso tanto el Papa Francisco como el Papa León han recurrido en gran medida a un proceso conocido como sinodalidad. Históricamente, los sínodos eran reuniones legislativas breves de obispos convocadas para resolver cuestiones de derecho canónico o hacer cumplir la doctrina. Tal y como se ha replanteado en la última década, la sinodalidad ha pasado de ser un acto administrativo a convertirse en una filosofía global de gobierno de la Iglesia.

Cuando los participantes se reúnen en una asamblea sinodal, se sientan en mesas redondas en pie de igualdad estructural: cardenales, obispos, religiosas y laicos. Los documentos elaborados por estas asambleas no conllevan sanciones canónicas ni emiten decretos dogmáticos. En cambio, sirven como registros de consenso, diseñados para cultivar una cultura de diálogo en lugar de una jerarquía de mando vertical.

Sí, es un proceso lento, pero contrarresta dos percepciones profundamente arraigadas de la vida católica: el supuesto autoritarismo de los obispos, acostumbrados a una autoridad sin control, y la servilidad pasiva de los laicos, acostumbrados a recibir órdenes.

Reducir el poder administrativo para restaurar la visión pastoral

El objetivo último de desmantelar el clericalismo no es simplemente redistribuir la autoridad organizativa o apaciguar sensibilidades políticas. Parece que lo que el Papa León está tratando de hacer es reducir las cargas administrativas y el papeleo a los que está sometido el colegio cardenalicio. El resultado sería un alto clero menos burocrático y más pastoral.

Este tipo de redefinición desafía a ambos extremos de la Iglesia. Para los progresistas, insiste en que el empoderamiento de los laicos no se basa ni debe basarse en las órdenes sagradas. Para los tradicionalistas, exige una renuncia radical al control clerical sobre el dinero, la política y la administración ejecutiva.

Al insistir en que las mujeres y los laicos ejerzan una autoridad genuina sin necesidad de ser «clericalizados», el Papa Francisco y León han dado a entender directamente que el poder en la Iglesia nunca debió definirse por el tamaño de una cancillería o el título que figura en un escritorio. Al despojar poco a poco a los cardenales de su dominio administrativo, los Papas están intentando algo mucho más radical que una reestructuración administrativa. Están intentando devolver a los laicos al mundo y al sacerdocio a Dios.

Świat

León XIV habla con Zelensky y pide un alto el fuego humanitario en Oleshky

León XIV ha mantenido una conversación telefónica con Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania en la que ha vuelto a pedir un alto el fuego humanitario, especialmente en Oleshky.

Maria José Atienza-19 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

Tres días después de su conversación con el presidente de la Federación Rusa, el Papa León XIV ha mantenido una conversación telefónica con Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, como ha informado la Santa Sede durante la tarde de este lunes.

Durante la conversación, «el Santo Padre ha recordado la grave situación que se vive en la ciudad de
Oleshky, en la región de Jersón, y ha hecho referencia a la petición de un alto el fuego humanitario que
había presentado a Putin» en su última conversación, aún estando el Papa ingresado en el Policlínico Gemelli.

Se calcula que unas 2.000 personas siguen atrapadas en el propio núcleo urbano de Oleshky, y otras 6.000 en la periferia de una ciudad que se encuentra en un estado catastrófico, tras años de combate y la imposibilidad de hacer llegar suministros médicos y alimentarios. El estado de la población ha llegado a un nivel que Rusia y Ucrania mantienen, aún sin acuerdo, conversaciones para asegurar un alto el fuego humanitario que permita la salida segura de la población.

En este sentido, el Papa ha vuelto a reiterar «su esperanza de que la cooperación entre ambas partes permita el suministro de alimentos y ayuda médica, así como la evacuación voluntaria y segura de la población civil», tal y como ha manifestado en multitud de ocasiones pero, en estas últimas semanas, con especial insistencia debido a que el endurecimiento de los combates y la llegada del frío hacen insostenible la situación de miles de civiles, que continúan sitiados en estas zonas con escasez de suministros y sistemas de calefacción.

El Papa ha reafirmado, además, el compromiso de la Santa Sede «con la promoción del diálogo y la paz».

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Inicjatywy

Crecen casi un 4% las personas sin hogar que acompaña Cáritas 

El año pasado, la red española de Cáritas acompañó a 44.475 personas sin hogar, un 3,8% más que el año anterior. Según esta institución de la Iglesia, se refleja “una crisis social y residencial profunda y persistente que afecta cada vez a más personas y familias”.    

Redakcja Omnes-19 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

La realidad de las personas en situación de sin hogar en España refleja “una crisis social y residencial profunda y persistente” que afecta cada vez a más personas y familias, ha informado hoy Cáritas. 

El año pasado, Caritas acompañó en España a 44.475 personas en situación de sin hogar, un 3,8% más que el año anterior, en una tendencia claramente alcista, según las memorias de la confederación eclesial.

Entre los principales factores que empujan a estas situaciones destacan la pérdida de empleo, la imposibilidad de acceder o mantener una vivienda por su elevado coste, los desahucios o los procesos migratorios forzados, añade Cáritas.

Día de las Personas sin Hogar, el 25 de octubre

Con motivo del Día de las Personas sin Hogar, que se celebrará el próximo 25 de octubre, la campaña de Cáritas -que este año lleva por lema “Un hogar, un lugar al que pertenecer”, ha contado por cuarto año consecutivo con la participación de personas que han vivido o viven situaciones de sinhogarismo.

La confederación de la Iglesia desea recordar que el sinhogarismo va mucho más allá de la imagen de quien duerme en la calle. “El sinhogarismo supone la ruptura del vínculo más esencial para cualquier ser humano: el hogar. Es la pérdida de la familia que sostiene, de la red que protege y de la certeza de contar con un lugar en el mundo donde desarrollar la propia vida con dignidad y plenitud”, añade la nota hecha pública.

“Reiterada vulneración de derechos” 

Un año más, las personas en situación de sinhogarismo que acompañan Cáritas y la red de entidades promotoras, tomarán plazas y calles en ciudades españolas para hacerse visibles y manifestar en primera persona su denuncia ante “la reiterada vulneración de derechos de la que son objeto en el día a día, reclamando el derecho inalienable de dignidad humana que les pertenece”.

La mayor parte de estos actos se desarrollarán el jueves 22 de octubre con la consiguiente lectura del Manifiesto elaborado conjuntamente por personas sin hogar y personas que los acompañan en su día a día. 

Dureza de las historias

María Santos, responsable de la campaña y del programa de Personas sin Hogar de Cáritas Española, comprueba en cada una de las historias de estas personas, “día tras día, cómo la vulneración reiterada de los derechos fundamentales empuja a muchas personas hacia situaciones cada vez más extremas de exclusión social. 

Aunque seguimos acompañando sus procesos de recuperación, detectamos graves dificultades para acceder a derechos básicos como la vivienda, la salud, el empleo, la protección social o la participación ciudadana”, explica María Santos.

“El primer derecho, que nos traten como seres humanos”

Sus testimonios reflejan con claridad la dureza de esta realidad: “El primer derecho que necesitamos es que nos traten como seres humanos, y no como una lata que no sirve para nada. Mi sueño es poder tener una vivienda para poder tener conmigo a mis hijos”, asegura Libertad, una persona acompañada por Cáritas Córdoba. 

“Detrás de estas situaciones no hay cifras ni etiquetas. Hay personas. Personas con historias de dolor y lucha, de pérdida y resistencia, de caídas y esperanza. Personas que, demasiadas veces, han sido reducidas a estereotipos como ‘sin techo’, ‘indigente o ‘pobre’, invisibilizando todo lo que son y todo lo que pueden llegar a ser”, añade Santos.

Comunidad, vínculos y sentido de pertenencia 

Ante esta realidad, Cáritas invita a poner el foco en aquello que nos une y nos humaniza: la comunidad, los vínculos y el sentido de pertenencia. “Porque nadie puede vivir plenamente desde la intemperie social y emocional. Toda persona necesita un lugar donde sentirse acogida, reconocida y parte de algo común”, subraya la responsable de la campaña. 

Cáritas: el ‘sinhogarismo’ no se limita a quien vive en la calle

El ‘sinhogarismo’ es un problema social que no se limita a quien viven la calle. Su alcance varía en función del grado de exclusión residencial que se considere. Según la Tipología Europea sobre Sinhogarismo y Exclusión Residencial (ETHOS), existen cuatro grandes categorías: personas en situación de calle, sin vivienda, en vivienda insegura y en vivienda inadecuada. 

Las personas que duermen en la calle o que encadenan alojamientos temporales representan la cara más visible de este fenómeno. Sin embargo, “permanecen prácticamente invisibles quienes sobreviven en chabolas, caravanas, asentamientos o viviendas cedidas de forma precaria. Todas ellas comparten una misma realidad: la ausencia de un hogar seguro, estable y digno”.

AutorRedakcja Omnes

Kultura

Terra Ignota: “Hay que fijarse más en lo que nos hizo grandes, comunicarlo con nuevas formas. Y ser leales y honestos con el mensaje”

Terra Ignota, el podcast nacido en el confinamiento que triunfa entre los jóvenes, repasa su historia, sus documentales y su apuesta por la cultura

Álvaro Gil Ruiz-19 de październik de 2026-Czas czytania: 5 minuty

Terra Ignota es uno de los podcast más escuchado por los jóvenes españoles. El nombre, como explica la web, “«Terra Ignota» es un término antiguamente empleado en los mapas para referirse a aquellas regiones inexploradas que solían asociarse a peligros o desafíos desconocidos. Hoy, aun con todos los rincones cartografiados, siguen quedando Terras Ignotas por descubrir”. Es decir, que son muchas las tierras por conocer y por eso no pierden el tiempo, tocan todos los temas de actualidad. 

Ellos se definen como “una tertulia tabernaria entre un grupo de amigos a los que nos apasiona la buena compañía, las historias únicas y la cerveza fría. Hacemos charlas en las que se habla de todo (y de nada): música, literatura, política, arte, derecho y mucho más”.

Hemos tenido la oportunidad de charlar con ellos y aquí está el resultado de esa conversación.

¿Quiénes son los componentes, de dónde vienen y a dónde van? ¿Cómo se conocieron?

– Jorge y Javi son hermanos, Pepe fue con Jorge al colegio, Ike era amigo de siempre y luego entraron Pirata y Getro tras ver las primeras tertulias que publicamos y querer echar una mano y participar.

¿Por qué no nos contextualizan cuál fue el ambiente propicio previo que permitió que naciera Terra Ignota? ¿Cómo y por qué nació el Terra Ignota ?

– Habría que darle las gracias al COVID y a que nos encerraran. Las llamadas entre Jorge y Javi se repetían después entre ambos y Pepe hasta que a Jorge , que es el de las ideas geniales, se le ocurrió reunirse los tres en videollamada porque hablaban prácticamente de lo mismo. Hasta que un día les dio por grabar esas charlas y subirlas a YouTube. El resto es historia.


¿Cómo fue el paso de la virtualidad de los podcasts a la presencialidad de los eventos como la capea o las quedadas con los seguidores?

– Fue muy orgánico y muy poco premeditado. La primera vez fue en un bar pequeño, casi sin avisar, y prácticamente se cortó la calle por la cantidad de gente que apareció. No éramos conscientes en ese momento la que se estaba liando realmente. Luego, poco a poco fuimos lanzándonos a proyectos y eventos más ambiciosos. Posiblemente el acto que hicimos en el teatro Arapiles para presentar en vivo el documental 11M : El principio del fin fue el que nos enseñó realmente la comunidad tan maravillosa que se estaba construyendo.

¿Cómo nacieron otros productos, que han tenido buena acogida, como los documentales? ¿Cuál ha sido el que mejor funciona, por ahora? ¿Qué tienen en mente para el futuro?

– Tras el 11M, nos empezaron a llegar propuestas para hacer más documentales. Y como siempre decimos, si entran dentro de nuestro marco de valores, lo hacemos. 

Y como son temas que se tocan poco o que se consideran tabú, nos gustan aún más. 

¿Cuál es el que funciona mejor?

– No nos fijamos mucho en el número de visitas para calibrar el éxito. Estamos muy orgullosos de ‘el Genocidio silencioso’ y es el que menos gente lo ha visto. Todos son especiales y todos han cumplido los objetivos que nos marcamos cuando abordamos cada proyecto. Eso es lo que consideramos más importante.

¿Cómo fue el proceso de crecimiento y expansión?

– Fue también “sin querer”. Nunca tuvimos una idea al empezar en convertirnos en productora o hacer nada más allá de lo que nos fuera apeteciendo. Simplemente, según íbamos haciendo, la respuesta de la gente nos animaba a hacer un poquito más.

¿Cómo llevan ser reconocidos por las calles?

– Cada uno como puede. No tenemos el mismo grado de timidez los seis. Sí es verdad que es chocante al principio. Pero como la gente siempre se acerca con respeto y mucho cariño, se hace muchísimo más fácil.

¿Se consideran pioneros e innovadores?

– No. En realidad no hemos inventado nada. Ni hemos sido los primeros. Ni los mejores. Sí creemos que nos metemos en charcos que poca gente se mete y que son muy necesarios debatir. Por fortuna, cada día hay más creadores de contenido que se niegan a autocensurarse y eso sí nos gusta pensar que, un poquito, es debido a que gente como nosotros y los que llegaron antes hemos arado parte del camino.

¿Cómo llevan que los intenten encasillar? ¿Qué piensan de ustedes mismos? ¿Cómo se definen?

– La verdad es que…  nos da lo mismo. 

Sabemos cómo funciona esto y cómo rápidamente te tratan de colocar una etiqueta y, si no cuadras 100% con un determinado ideario, ya te tildan de lo que sea. Además, somos seis y los seis bastante diferentes aunque no lo parezca. El Pirata no tiene que ver mucho con Pepe ni Javi con Jorge aún siendo hermanos.

Nos gusta decir que los seis defendemos y buscamos el Bien, la Verdad y la Belleza. 

Con esa base, los matices de cada uno sólo enriquecen el conjunto.

¿Cómo se sostiene económicamente Terra Ignota? 

– Ah, pero, ¿se sostiene? [risas]

Vamos a pinchar el globo, porque nos han acusado de  cobrar en shekels israelíes, Bizum Moscú ¡y de la CIA! 

La realidad es que todos nosotros tenemos nuestros trabajos fuera de esto y el 99% de lo que necesita Terra Ignota es nuestro tiempo. Los proyectos concretos, como los documentales, suelen autofinanciarse. Y, por supuesto, tenemos un buen número de mecenas y patronos que, mes a mes, nos hacen pequeñas aportaciones, principalmente para asegurar que no nos quedamos sin cerveza en la nevera.

¿Qué otros “productos culturales” admiran y animan a seguir su estela?

– Esta es de las peligrosas, verás cómo nos dejemos a alguien… 

Si nos vamos a referentes históricos, nadie que haya visto Terra y tenga cierta edad podría obviar la influencia de “La Clave”. De hoy día, tenemos especial admiración por el trabajo de Iker Jiménez.

En el ámbito de los nuevos medios, todo lo que hacen nuestros amigos de ViOne es fenomenal. Sea la tertulia política, los pedazos de historia o la Taberna, todo está hecho con cariño y por los tipos adecuados.

Por último, durante estos 7 años hemos hablado con escritores, directores de cine, creadores de contenido, pintores, aventureros, documentalistas, toreros… Admiramos a todos y cada uno de ellos y recomendamos seguir su estela, si no en lo práctico, sí en lo realmente importante: la actitud.

¿Cuáles son sus planes de futuro?

– Poder seguir haciendo lo que nos gusta como hasta ahora. Divertirnos con las tertulias y con los documentales o reportajes que vayan saliendo. Y, sobre todo, seguir con la sensación de estar haciendo algo útil y juntos.

¿Cómo es el equipo que los rodea?

– Tenemos muchísima suerte de tener gente de tanto nivel que nos ayuda. Unos recurrentemente, otros de manera más puntual. Gente inquieta, preocupada por los temas que nos preocupan a nosotros y, sobre todo, muy comprometida. De otra manera no podría ser.

¿Qué piensan sobre la polarización? ¿La respuesta es el diálogo?

– No. La solución es aprender del que sabe. El diálogo sirve para nosotros, entre birras. Nos ha tocado vivir una época en la que la historia, la ciencia, la propia actualidad se sirve para fines ideológicos, económicos… hay que combatir eso. 

¿Creen en “liderazgo cívico”? ¿Tienen alguna propuesta mejor para sanear la corrupción moral, social y económica? 

– Por el sistema en el que estamos es complicado que haya un liderazgo cívico. Lo que sí puede hacer la sociedad civil es presionar. Aprender. No dejarse engañar. Y, sobre todo, exigir.

Sanear la corrupción es una tarea titánica y que implica mil facetas, nuestra propuesta -o mejor dicho nuestra aportación- en este ámbito pasa por desvelarla y mostrar que existe una alternativa, un mundo un pelín mejor, con solo vivir de acuerdo a unos principios que han inspirado a nuestra civilización desde tiempos inmemoriales.

¿Cómo fomentar la iniciativa cultural ?

– Hay que fijarse más en lo que nos hizo grandes. Traducirlo, eso sí, a las nuevas formas de comunicar. Y ser leales y honestos con el mensaje. Pero el único empujón realmente válido a la iniciativa cultural es el de cada uno: atarse los machos y arrancar; luego vendrá todo lo demás.

¿Qué les dirían a los jóvenes de hoy?

– Que luchen. Nadie lo hará por ellos. El futuro lo deben de construir ellos mismos.

PodpisyEloy Asenjo Carpintero

Libertades a la carta, sociedades rotas

De cómo la ruptura del binomio derecho-deber destruye el orden de la justicia y deja a la persona a merced del poder.

19 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

Vivimos instalados en un desconcertante espejismo cultural. Nunca antes la sociedad occidental había enarbolado con tanto ímpetu la bandera de los derechos individuales y de la democracia.

Y sin embargo, de forma simultánea, nunca antes el pensamiento académico había puesto tan en duda la existencia misma de la libertad humana.

Es la paradoja que en su día vislumbró con perspicacia el filósofo Carlos Llano. Mientras en la arena pública nos manifestamos apasionadamente por todo tipo de libertades adjetivadas, en los despachos de la filosofía de la mente y del materialismo duro se cocina una tesis demoledora: la libertad no sería más que una ilusión metafísica.

Para esta corriente, nuestras decisiones no brotan de un espíritu consciente o moralmente responsable, sino del condicionamiento inevitable de meros procesos neurológicos.

Pero si la libertad radical no existe, ¿qué sentido tiene defender un sistema democrático maximalista cuya columna vertebral es, precisamente, la autonomía de la persona?

La Estatua de la Responsabilidad

Esta primera contradicción nos arrastra directamente a una segunda tensión no menos peligrosa: la ruptura sistemática del binomio libertad-responsabilidad.

Hace décadas, el psiquiatra Viktor Frankl aconsejaba con agudeza que la Estatua de la Libertad en la costa este norteamericana debería complementarse con la Estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.

Hoy observamos exactamente lo contrario. Multiplicamos de forma incansable las listas de derechos y reivindicaciones, pero eliminamos de un plumazo el catálogo de nuestras obligaciones correlativas.

La ecuación es matemática: al debilitar la concepción metafísica de la libertad, erosionamos de paso la responsabilidad personal. Si el individuo se siente menos libre —atrapado o condicionado por estructuras sociales o biológicas—, se percibe de inmediato como menos responsable de sus actos.

El peaje en la vida cotidiana y el blindaje ideológico

Esta quiebra teórica no se queda en las aulas universitarias; impacta de lleno en el barro de nuestro día a día.

Lo constatamos cuando la exaltación desmedida de subjetividades se convierte en la fórmula más habitual para justificar leyes y sentencias manifiestamente injustas.

Se reclaman como «derechos» pretensiones ideológicas que en realidad lesionan la libertad auténtica y la dignidad humana.

Lo sufrimos en la manipulación de la educación, en el trato utilitarista al inicio y al final de la vida vulnerable, o en el paulatino desmantelamiento de la familia en cuanto unidad básica de transmisión de la vida y de la educación…

La atmósfera del bien común

Al desvincular el derecho del deber, destruimos el concepto mismo de bien común. ¿Y qué ocurre cuando chocan dos libertades o dos derechos así concebidos?

Al no existir una referencia objetiva, quedamos trágicamente a merced de la ley del más fuerte.

Como ya explicaba Aristóteles, el bien común no es un mero reparto de bienes individuales, sino algo complejo y arquitectónico. Es la verdadera atmósfera social que permite el desarrollo pleno de la persona en consonancia con su dignidad.

Bajo esa atmósfera se cobijan la concordia colectiva, la justicia, el orden público, la prosperidad material, la protección de la libertad, la moral social, la ecología y el resguardo de la institución familiar…

La propiedad fundamental del bien común es su profunda comunicabilidad: no se agota al compartirse. Cuando un ciudadano posee y ejercita estos bienes, multiplica la capacidad del resto de la sociedad para nutrirse de ellos. El propio Aristóteles, en su Etyka nikomachejska, aseguraba que el bien común posee una naturaleza más grande y más perfecta que el bien de un solo individuo, llegando a calificarlo de theióteron (más divino), lo que entraña una dimensión no solo poética, sino de un calado filosóficamente profundo. Como recordaba Santo Tomás de Aquino, cuanto más elevada es una causa, tanto más lejos extiende su eficacia y a más seres alcanza: «El bien, que tiene razón de causa final, resulta tanto más eficaz cuando se comunica a un mayor número».

El trampolín del populismo

Por eso, al asfixiar esa atmósfera, abonamos el terreno donde germinan los populismos contemporáneos.

Con el pretexto de corregir desigualdades o injusticias reales, los movimientos populistas renuncian a la búsqueda sincera de la verdad sobre el ser humano.

No parten de una introspección filosófica o ética rigurosa sobre el bien y el mal. En su lugar, utilizan la hipertrofia de los derechos como mero trampolín para dictar, de forma arbitraria, lo que debe ser permitido o prohibido.

El resultado es previsible: lejos de solucionar la injusticia, terminan generando mayores brechas, mayor opresión y una profunda fractura social.

W podsumowaniu

Es hora de recuperar el sentido fuerte de la libertad metafísica. De entender que no somos esclavos de nuestras neuronas ni simples demandantes de un Estado proveedor.

La filosofía política clásica no niega la existencia de los derechos del individuo, pero los comprende como aquello que a cada uno corresponde justamente en el contexto del bien común.

El cardenal Joseph Ratzinger advirtió con precisión sobre el peligro de considerar los derechos como algo independiente o previo al bien común, señalando que la libertad no puede reducirse a una mera lista de pretensiones individuales. Los derechos no deben ser el punto de partida arbitrario de la realidad política, sino aquello que le corresponde a cada uno dentro del orden de la justicia. Ese orden es inherentemente distributivo y se asienta sobre unas creencias y valores compartidos.

En este sentido, no es posible un poder público moralmente neutral, ni resulta sostenible la supuesta primacía absoluta del individuo y sus derechos desvinculados de sus deberes.

Solo asumiendo de nuevo el peso y la grandeza de nuestras responsabilidades personales, y protegiendo esa atmósfera compartida del bien común, seremos capaces de edificar una sociedad verdaderamente libre, justa y humana.

AutorEloy Asenjo Carpintero

Zasoby

El perdón del Crucificado

El perdón que Jesús pronuncia desde la cruz inaugura una forma de amar que no depende del arrepentimiento del otro y que el cristiano recibe como don para aprender a perdonar.

Rafael Domingo Oslé-19 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

La cruz fue, antes que nada, un instrumento de suplicio. Los romanos la habían heredado de persas y cartagineses y la habían perfeccionado como pedagogía del terror: la víctima moría lentamente ante la mirada de todos. Tras la revuelta de Espartaco, el ejército romano crucificó a seis mil hombres a lo largo de la Vía Apia. Durante el asedio de Jerusalén del año 70, según Flavio Josefo, las tropas de Tito llegaron a levantar quinientas cruces al día, y a veces más. Tan ignominiosa era esa muerte que los primeros artistas cristianos evitaron representar a Jesús clavado en ella. En tiempos de Constantino, que abolió el suplicio, el instrumento de infamia empezaba a ser el signo más venerado de los cristianos.

El suplicio convertido en símbolo

Entre el patíbulo y el símbolo media un viernes de primavera del año 30 o 33. Poncio Pilato, prefecto de Judea bajo Tiberio, había condenado a un joven de Nazaret por proclamarse rey de los judíos. No tenía defensor. Uno de los suyos lo había vendido y otro lo había negado. En el Gólgota solo lo acompañaban su madre, el discípulo Juan, unas cuantas mujeres y los soldados que lo ejecutaban. Lucas recoge la primera de sus tres palabras en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).

Habló desde el centro de su propio dolor, sin subordinar el perdón al arrepentimiento de nadie ni a la reparación del daño. Perdonó en el instante mismo del crimen, mientras los soldados se repartían su ropa echándola a suertes.

El filólogo David Konstan ha sostenido que el perdón tal como hoy lo entendemos, remisión interior y gratuita del agravio sin reparación previa, no tiene un equivalente claro en la Antigüedad clásica, que conoció la clemencia y la magnanimidad. Se acepte o no su tesis, aquel viernes irrumpió una palabra inaudita en la conversación humana sobre el daño.

Perdonar antes de que el otro se arrepienta

Jesús había enseñado a perdonar setenta veces siete y había unido en el Padrenuestro el pedir perdón y el perdonar. Había perdonado a la pecadora en casa de Simón el fariseo, al paralítico de Cafarnaúm y a la adúltera cuando todos la condenaban. La víspera de su muerte entregó a los suyos el pan y la copa como memorial de un cuerpo y una sangre ofrecidos para el perdón de los pecados. Durante tres años el perdón había sido en él palabra y gesto. En el Calvario se convirtió en su modo de morir.

Para la lectura humanista, la cruz es la cumbre moral del perdón humano y no exige creer en la divinidad de Cristo. Hannah Arendt, judía y secular, sostuvo en La condición humana que Jesús de Nazaret descubrió el perdón en el ámbito de los asuntos humanos. La lectura espiritual percibe además algo trascendente, sin suscribir las doctrinas cristianas: Simone Weil, que nunca se bautizó, vio en la cruz un amor por encima de toda medida humana, y Thich Nhat Hanh quiso acoger a Jesús desde el budismo. Las dos lecturas reconocen la cumbre, pero dejan al ser humano solo ante una exigencia que rara vez alcanza por sí mismo.

Un perdón que desborda lo humano

La lectura cristiana va más lejos. Dios mismo entró en la historia del perdón asumiendo la condición de víctima, y desde ahí abrió una corriente de amor real en la que cualquier corazón puede recibir lo que por sí solo no podría dar. Por el velo de su carne, dice la carta a los Hebreos, tenemos «un camino reciente y vivo» (Hb 10, 20). La tradición ha pensado esa corriente en clave trinitaria, según la analogía de san Agustín: Amante, Amado, Amor. El Hijo pide al Padre el perdón por los pecados de la humanidad; el Padre lo otorga sin reservas; el Espíritu Santo lo derrama desde entonces como perdón que limpia y sana el corazón humano.

La primera criatura que entra en esa corriente es María, al pie de la cruz. Permanece donde casi todos han huido, y la tradición ha leído su silencio como continuación del perdón del Hijo. Con la entrega desde el madero, «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19, 26), la Madre del que perdona queda como madre de quienes han sido perdonados y están llamados a perdonar. En ella se ve que el perdón cristiano es respuesta, libertad que coopera con un don. Lo heroico está en pedir con perseverancia la gracia de perdonar y dejarse atravesar por ella.

La lágrima que Dios hace suya

La objeción más seria la formula Iván Karamázov. Acepta a Dios, pero le devuelve la entrada a una armonía final construida sobre el sufrimiento de los inocentes; le basta para ello la lágrima de un niño torturado. Ningún silogismo justifica esa lágrima. El cristianismo responde con un gesto. Dios la carga en la cruz, y también llora (Jn 11, 35).

Aquel perdón no quedó aislado. Pocos años después, a las afueras de la misma ciudad, el diácono Esteban murió apedreado mientras clamaba: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7, 60). Entre los testigos estaba un joven fariseo, Saulo, que guardaba los mantos de los verdugos. Ya convertido en Pablo, escribiría a Timoteo: «Alcancé misericordia porque actué por ignorancia, pues no tenía fe» (1 Tim 1, 13).

Quien se atreve hoy a perdonar al hijo que se fue o al verdugo que aún no ha pedido perdón prolonga, lo sepa o no, aquel «Padre, perdónalos» pronunciado desde la cruz. La fuerza para hacerlo le llega de la corriente que se abrió en el Calvario y que la Iglesia sigue ofreciendo en el sacramento de la reconciliación. Allí el cristiano recibe el perdón que después ha de dar.

El perdón. Una sabiduría silenciosa

AutorRafael Domingo Oslé
RedakcjaLa esfera de los libros
Strony: 200
Data publikacji: 2026
Watykan

El Papa en el Ángelus: «Esta experiencia me ha hecho sentir de manera especial la cercanía a quienes atraviesan la enfermedad»

En su primera aparición pública, tras la operación del cáncer de pulmón, León XIV ha agradecido las oraciones y el cuidado médico en estos días, y ha señalado que retomará gradualmente su agenda.

Maria José Atienza-18 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

Aunque el domingo ha amanecido desapacible en Roma, la expectación por ver al Papa León XIV pocas horas después de ser dado de alta en el Gemelli, se palpaba en los alrededores de San Pedro. Han sido muchas las personas que se han acercado al corazón del Vaticano para escuchar al Santo Padre a pesar del frio y de una llovizna intermitente.

Casi 10 minutos después de las 12, el Papa se ha asomado y saludado a los presentes cuyos saludos y cantos transmitían al pontífice su alegría por verle. Con voz firme y clara, León XIV ha comenzado su comentario previo al rezo mariano.

El Reino de Cristo «no elimina las responsabilidades humanas»

El Papa, fiel a la tradición, ha comentado el pasaje evangélico propio de este domingo 29 del Tiempo Ordinario en el que el evangelista Mateo sitúa a Cristo ante una «pregunta trampa» de los fariseos, que querían poner a Jesús en una situación controvertida ante el gobierno civil.

Pero «la respuesta del Maestro es astuta, porque lo mantiene fuera de la trampa y  desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer», ha destacado León XIV, que ha puesto el acento en cómo «contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene  a vivir en ella».

Este pasaje nos recuerda, ha continuado el Papa, que somos ciudadanos de un mundo en el que tenemos que vivir nuestros derechos y deberes: «Su Reino [el de Cristo] no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos  pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia».

Cristo no se deja «engañar» por unos halagos que buscan utilizarle, en el fondo, sino que señala, claramente las características del «perfil de quien ‘devuelve al César lo que es del  César y a Dios lo que es de Dios’: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien».

«Retomaré gradualmente mis actividades»

La reciente estadía en el hospital también ha estado presente en estos saludos. El Papa ha reiterado su agradecimiento a los médicos y el personal del policlínico Gemelli su atención en las jornadas en las que ha permanecido ingresado tras la operación de un cáncer de pulmón.

También ha querido agradecer «a todos los que han rezado por mí estos días. He sentido de verdad vuestro apoyo» y ha destacado cómo «esta experiencia me ha hecho sentir de manera especial la cercanía a quienes atraviesan la enfermedad y una situación de dolencia».

León XIV ha querido compartir también una expectativa de futuro con los fieles señalando que «una vez superada esta delicada etapa, como sabéis, ahora retomaré gradualmente mis actividades, siempre con la ayuda de Dios y de vuestras oraciones».

El Papa ha recordado, además, el centenario de la Światowy Dzień Misyjny, que se celebra hoy en todo el mundo, animando a los fieles a pensar «en toda la historia misionera de estos cien años! Oremos para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato del Señor resucitado: «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura»».

Świat

El naufragio que hizo católica a Malta

De san Pablo a la Orden de San Juan, la historia de Malta explica una identidad católica que hoy convive con fuertes contrastes

Gerardo Ferrara-18 de październik de 2026-Czas czytania: 6 minuty

En el artículo anterior sobre Malta hablamos de cómo, en esta pequeña isla y en su archipiélago, se han concentrado durante milenios los acontecimientos políticos y culturales del Mediterráneo.

En este artículo veremos cómo algunos personajes singulares, empezando por un náufrago ilustre, han forjado una de las principales características de los malteses: la fe cristiana.

San Pablo en Malta

Hay un acontecimiento que, más que muchos otros, marca el momento en que Malta y el cristianismo se convierten casi en una sola cosa. 

Estamos en el año 60 d. C. Un barco que zarpó de Creta, con casi 280 personas a bordo, entre ellas un tal Pablo de Tarso —prisionero escoltado por el centurión Julio hacia Roma para ser juzgado ante el emperador—, lleva catorce días a merced de una tormenta desatada por el viento llamado «Euroaquilone». Parece ya que no hay salvación para la embarcación y que los pasajeros están condenados, pero este Pablo les promete que se salvarán, porque se le había aparecido un ángel para asegurarle que lograrían llegar a tierra.

Y así sucede. La nave encalla frente a la isla llamada «Melita» y el prisionero encadenado, junto con los demás supervivientes del naufragio, consigue llegar a la orilla. Allí, los habitantes, a quienes se denomina «bárbaros» (en latín y en griego, este término designa a los extranjeros, a quienes no hablan ni latín ni griego; de hecho, los malteses de la época aún hablaban el fenicio en su variante púnica, es decir, cartaginesa), acogen a los náufragos y encienden una hoguera. 

Mientras recoge leña, a Pablo se le enrosca una víbora en la mano y, por ello, los isleños creen que está maldito. Pero el apóstol la arroja al fuego sin sufrir ningún daño y su «reputación» ante los malteses cambia por completo, sobre todo después de que Pablo cure al padre de un notable del lugar, Publio, y, tras él, a otros enfermos durante los tres meses que pasó en Malta.

Según la tradición, el lugar del naufragio de Pablo sería un islote llamado Gżejjer ta’ San Pawl, en la bahía que hoy se conoce precisamente como «de San Pablo», San Pawl il-Baħar. Allí se alza hoy una iglesia del siglo XVII dedicada al santo, San Pawl Milqi, construida sobre las ruinas de una villa agrícola romana que algunos consideran que es precisamente la de Publio. Este último se habría convertido posteriormente en el primer obispo de Malta y en uno de los patronos de la isla, razón por la cual la Iglesia maltesa se considera fundada directamente por el Apóstol de las Naciones.

El lugar donde Pablo permaneció y estuvo preso, así como donde predicó en el archipiélago maltés, se encuentra, en cambio, en la isla de Gozo, en Rabat, donde hay una cueva que aún hoy se venera.

Los Caballeros de Malta

Los Caballeros de Malta (oficialmente: Soberana Orden Militar de Malta) no nacieron en Malta y su sede oficial ya no se encuentra allí, sino en Roma. Sin embargo, tienen con la isla un vínculo histórico indisoluble.

Se trata de una de las órdenes religiosas católicas más antiguas del mundo, y esto me ha sorprendido. De hecho, al principio pensaba que era una institución laica, ya que conozco a algunos miembros casados.

En realidad, son, a todos los efectos, una orden religiosa católica, aunque con una estructura y una naturaleza únicas dentro del seno de la Iglesia. 

A diferencia de los frailes o monjes de otras órdenes, la inmensa mayoría de los miembros de la Orden de Malta no vive en un convento ni en un monasterio. Y, a diferencia también de otros institutos de vida consagrada, son además un sujeto soberano de derecho internacional: un Estado sin territorio.

Fundada en Jerusalén en 1048 como Orden Hospitalaria de San Juan para atender a los peregrinos en Tierra Santa y reconocida oficialmente por la Iglesia en 1113, asumió posteriormente una función militar en defensa de los Lugares Santos, permaneciendo allí hasta 1291, año de la caída de San Juan de Acre a manos de los mamelucos. Los Hospitalarios que sobrevivieron a la tenaz y sangrienta resistencia en Acre se refugiaron en Chipre y la Orden se convirtió en una potencia naval, especialmente a partir de 1310, cuando los Caballeros se trasladaron a Rodas, sobre la que obtuvieron soberanía territorial, y posteriormente a Malta, cuando, en 1530, Carlos V cedió la isla a la Orden de San Juan, que pasó a denominarse Caballeros de Malta. 

Malta les ofrecía un puerto estratégico y una ubicación ideal, entre Sicilia, el norte de África y el Levante, en el centro de las rutas que unían la Europa cristiana con el mundo otomano. Y, de hecho, se convirtió en su obra maestra arquitectónica. Los Caballeros reforzaron sus defensas, construyeron fortalezas, arsenales, almacenes, iglesias y hospitales, convirtiéndola en una fortaleza y en un centro civil y sanitario, con instalaciones consideradas entre las más avanzadas del Mediterráneo de la época para el cuidado de enfermos, heridos, pobres y marineros, un poco como habían hecho los malteses mucho tiempo antes con San Pablo.

El asedio y la expulsión: de Malta al mundo

Construyeron tan bien sus fortificaciones que los Caballeros de Malta fueron capaces de resistir el Gran Asedio otomano de 1565, cuando la Sublime Puerta, decidida a eliminar la base de la Orden, envió contra la isla una oleada de barcos y hombres, sitiándola durante meses. Sin embargo, los Caballeros y la población maltesa, atrincherados en las fortalezas de San Elmo, San Miguel y San Ángel, y con el apoyo de Sicilia, lograron repeler el asedio y su victoria se celebró en toda Europa. 

Posteriormente, el Gran Maestre Jean Parisot de Valette decidió construir una nueva ciudad en el promontorio que domina el-Port il-Kbir, el Puerto Grande («Grand Harbour»): La Valletta. El proyecto preveía una ciudad-fortaleza, de estructura racional y capaz de resistir nuevos ataques, pero también de representar dignamente a la Orden que gobernaba el archipiélago, con bastiones, iglesias y palacios. 

Los Caballeros fueron «de Malta» hasta 1798, cuando Napoleón los expulsó del archipiélago tras haberlo ocupado durante la expedición a Egipto.

Así, la Orden perdió su isla, pero conservó su recuerdo en el nombre, y siguió existiendo, como Orden Soberana Militar de Malta, para dedicarse sobre todo a obras humanitarias.

Sus aproximadamente 13 500 miembros en todo el mundo se dividen en tres categorías: los Caballeros Profesos, religiosos a todos los efectos que hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, de entre los cuales se elige al Gran Maestre; los Caballeros y Damas en Obediencia, vinculados a la Orden mediante una promesa de vida cristiana; y, por último, los laicos, que participan en las obras hospitalarias, asistenciales y humanitarias de la Orden en todo el mundo.

Cultura, fe y legislación hoy: el alma y las leyes de Malta

El tejido social y cultural de Malta está hoy indisolublemente ligado al legado católico. La propia Constitución de la República establece que el catolicismo es la religión del Estado (art. 2). 

Esto se refleja en una legislación que, en comparación con otros países de Europa y del mundo, se distingue por su marcado carácter conservador en materia de derecho de familia y ética.

El aborto, por ejemplo, sigue estando estrictamente prohibido y se considera un delito penal. No fue hasta 2023 cuando se introdujo en el Código Penal —que lo tipifica como delito— una modificación que, en su momento, fue objeto de un intenso debate: se permite la interrupción del embarazo únicamente en caso de que la vida y la salud de la mujer corran un peligro grave e inminente. En todos los demás casos, incluidas la violación, el incesto y las malformaciones fetales, se prevén hasta tres años de prisión para las mujeres que se sometan a una interrupción voluntaria del embarazo y para quienes la practiquen. Sin embargo, existen varios casos de mujeres maltesas que viajan al extranjero (especialmente a Italia o al Reino Unido) para abortar o que recurren de forma clandestina a la compra de píldoras abortivas.

Sin embargo, en lo que respecta a los derechos de las personas homosexuales, Malta ha tomado un rumbo opuesto, alejándose notablemente de la visión católica que caracteriza a otros ámbitos de su jurisprudencia. Ya en 2014 se introdujeron las uniones civiles (con derecho a la adopción), mientras que en 2017 el Parlamento legalizó el matrimonio igualitario casi por unanimidad (con un solo voto en contra), sustituyendo, en el derecho civil, las referencias a «marido» y «mujer» por términos neutros. 

Malta constituye, por tanto, una paradoja: un país constitucional y culturalmente católico, con una legislación muy restrictiva en materia de aborto, pero con una postura opuesta en lo que respecta al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Por otra parte, también sigue siendo paradójica la brecha entre la «fe» y la «devoción» religiosa y cultural.

Si bien alrededor del 96 % de los malteses sigue identificándose como católico romano, lo que confirma una arraigada adhesión «oficial» a la Iglesia, la práctica religiosa ha pasado del 82 % (1967) al 35-40 % (15-20 % entre los jóvenes) de la población actual, de unos 550 000 habitantes (una cifra que, no obstante, se encuentra entre las más altas de la Unión Europea). Además, otro 70-74 % de los ciudadanos afirma asistir a los servicios religiosos al menos una vez al mes o en las grandes festividades.

No obstante, sigue siendo muy elevada la participación popular en sacramentos como bautizos, bodas y primeras comuniones, así como en grandes eventos de la comunidad, como las fiestas patronales y las procesiones, en particular las dedicadas a San Pablo (10 de febrero) y las de verano, con iluminaciones («pavaljuni»), desfiles de bandas y espectáculos pirotécnicos («giggifogu»), o tradiciones como la bendición de «los luzzu» (los coloridos barcos pesqueros con ojos protectores pintados en la proa). 

En conclusión, con sus singularidades, su historia milenaria, su cultura, sus lenguas, su gastronomía y su fe, Malta es verdaderamente una «isla bonita».

Ewangelizacja

Carlos Bobillo, primer misionero ad gentes de Hakuna: «No venimos de turistas, venimos a darnos»

Carlos Bobillo descubrió a Dios en Burundi y dejó su carrera de abogado para dedicarse a la misión. En enero se convertirá en el primer misionero ad gentes de Hakuna, convencido de que la felicidad nace de entregarse a los demás y de vivir con Cristo.

Teresa Aguado Peña-18 de październik de 2026-Czas czytania: 9 minuty

Carlos Bobillo llegó a Burundi cuando era universitario, sin fe y con ganas de vivir una aventura. Criado en una familia atea, buscaba ayudar a los demás desde el voluntariado, pero encontró mucho más de lo que esperaba: el testimonio de unos misioneros que, en medio del sufrimiento, vivían con una alegría que no alcanzaba a comprender. «¿Cómo puede ser que estés en el último lugar del mundo entre sufrimiento, con esa alegría en los ojos? Eso no es de este mundo», recuerda que se preguntó entonces.

Aquella experiencia marcó el inicio de un camino de conversión que, con el tiempo, le llevaría a descubrir a Dios y a replantearse su propia vida. Tras varios años compaginando su trabajo como abogado con las experiencias de misión, decidió dejar un prestigioso bufete para dedicarse a la cooperación y la evangelización en Burundi a través de la ONG Komera, que impulsó junto a un grupo de amigos. Ahora, después de años de discernimiento y de vivir la fe en el carisma de Hakuna, ha decidido dar un paso más y entregar su vida a la misión. A partir de enero, se convertirá en el primer misionero ad gentes de Hakuna, con el deseo de ayudar a otros a encontrarse personalmente con Cristo en Burundi.

En esta entrevista, Bobillo cuenta cómo la misión transformó su manera de entender la felicidad, qué ha aprendido de la fe de los burundeses y por qué considera que la entrega a los demás no puede limitarse a unas semanas de voluntariado, sino que está llamada a transformar toda la vida.

En su viaje a Burundi descubrió la misión de una forma que cambió su vida. ¿Qué vivió allí para que su manera de entender la vida diera un giro tan profundo?

–Fui a Burundi sin saber que iba a una misión. Me apunté como voluntario para echar una mano desde un punto de vista filantrópico, sin ninguna referencia a Dios, porque no tenía a Dios en mi vida. Me atraían la posibilidad de conocer otro continente, vivir aventuras y ayudar materialmente a otras personas.

Llegué con una forma de pensar muy predeterminada, la que tenemos muchos aquí: vivimos en un mundo en el que creemos controlarlo todo y ser autosuficientes. Yo iba a Burundi convencido de que sabía lo que iba a hacer y de que podía prever los resultados.

Sin embargo, muchas cosas empezaron a cuestionar mi manera de pensar, mi educación y todo lo que había vivido hasta entonces. Me sorprendía que personas que prácticamente no tenían nada pudieran vivir con tanta plenitud. Esto no significa romantizar la pobreza, porque hay que rebelarse contra ella y ser conscientes del sufrimiento que provoca. Pero me impresionaba cómo eran capaces de transformar ese sufrimiento en una oportunidad para amar, y cómo tenían a Dios tan presente en sus vidas.

No sabían si al día siguiente podrían comer o si su hija enferma sobreviviría. Y, aun así, eran capaces de vivir con una confianza que a mí me costaba comprender.

También trabajábamos mucho con las Misioneras de la Caridad. Me llamaban la atención sus vidas, sus testimonios y su alegría. Recuerdo especialmente a una misionera que había llegado desde Nueva York. Me impresionaba cómo podía entregarse a los demás y ser tan feliz. No era solo que se lo pasara bien, sino que vivía una felicidad profunda, una paz que se reflejaba en ella y un corazón que parecía ensancharse al darse a los demás.

Cuando terminó aquella experiencia, tenía muchas ganas de volver. Después regresaba a Madrid, seguía con mi vida y, a veces, hacía cosas que no me llenaban. Entonces volvía a preguntarme qué me había pasado en Burundi y por qué había sido tan feliz allí, teniendo aquí tantas cosas.

Todo aquello empezó a cambiarme la vida y a despertar en mí el deseo de entregarme cada vez más. Fue un proceso largo, con nuevas experiencias en Burundi y en otros lugares, que me permitió ir creciendo y profundizando.

Llegó a Burundi sin creer en Dios. ¿Cómo fue ese camino de conversión?

–Vengo de una familia atea, recibí una formación atea y mis padres estaban divorciados. No tenía ninguna referencia de Dios.

Durante varios años viví esa dicotomía entre Burundi y mi mundo en Madrid. Allí experimentaba algo que me llenaba, pero después volvía a mi vida habitual, que, aunque pensaba que me hacía feliz, muchas veces me pesaba.

En ese proceso apareció Hakuna, hacia 2015, unos años después de mi primer viaje a Burundi. Me ayudó mucho a descubrir que también aquí había personas que vivían la fe con sencillez, libertad, alegría y normalidad. Veía en ellas algo que yo había experimentado en Burundi y que también quería para mi vida.

Poco a poco fueron creciendo esas inquietudes. Entonces ocurrió algo que me marcó profundamente. Estábamos de viaje familiar en Navidad y, el 6 de enero, por la mañana, cuando íbamos a abrir los regalos, encontramos a mi padre, que había muerto de repente.

Fue un momento de enorme tristeza, pero también experimenté una paz muy grande. Humanamente era muy duro, pero, al mismo tiempo, yo pensaba que la muerte no había vencido, que Dios tenía la última palabra. Mi padre no creía en nada, pero yo me decía que estaba en el cielo, que no pasaba nada, que la muerte no tenía la última palabra.

Aquello podría haberme llevado a alejarme de Dios, pero ocurrió lo contrario. Empecé a pensar que la vida está para entregarla, que es corta y hay que aprovecharla.

Fue un momento de desprendimiento importante. Dejé mi casa, mi coche y muchas cosas de mi vida, incluida mi novia, para irme a Burundi y preguntarme qué quería Dios de mí. Allí se asentaron las bases de mi conversión y de mi encuentro personal con Él.

El voluntariado a veces se cuestiona por el riesgo de buscar reconocimiento o caer en lo que se conoce como «pornografía de la pobreza». En Hakuna habláis de «compartiriado». ¿Qué valor tienen estas experiencias y qué aportan realmente a quienes las viven?

––Yo mismo tuve la suerte de encontrarme con Cristo en una experiencia de misión, sin saber siquiera que lo era. Por eso valoro tanto estas experiencias. Si se viven bien, pueden ayudar muchísimo; si se hacen mal, pueden causar mucho daño. Hay que prepararse, formarse, rezar y contar con un buen acompañamiento.

La misión empieza antes del viaje, conociendo la realidad en la que vamos a implicarnos y preparando el corazón. Y continúa durante la experiencia, con una actitud de entrega y desprendimiento. No vamos a hacer turismo, sino a darnos a los demás. También es importante vivir con sencillez. No tendría mucho sentido ir a una misión y, al mismo tiempo, mantener un estilo de vida completamente ajeno al de las personas con las que estamos. No se trata de jugar a ser pobres, sino de prescindir de algunas comodidades y apetencias para entrar de verdad en lo que estamos viviendo.

No se trata de visitar una realidad y observarla desde fuera, sino de implicarnos en ella. Por eso también es importante desconectar del móvil, estar presentes y cuidar la vida espiritual, porque es difícil entregarse de verdad si uno no se sabe amado por Dios. Y, por último, hay que vivir la misión en grupo. La comunidad ayuda a compartir lo bueno y lo malo, a crecer juntos y a cuidarnos. ¿Qué sentido tiene ir a ayudar a los niños de una escuela si después no me preocupo por mi compañero de habitación que está enfermo? La misión empieza en casa y, desde ahí, se extiende al mundo.

Pero también es fundamental preparar la vuelta. No podemos entregarnos durante un mes y después volver a vivir pensando únicamente en nosotros mismos. El compartiriado consiste en dar continuidad a lo vivido, agradeciendo lo recibido y manteniendo esa actitud de entrega en nuestra vida cotidiana.

No se trata de ayudar unas horas el fin de semana o un mes al año, sino de dejar que la experiencia nos cambie el corazón y transforme todas las facetas de nuestra vida. Es un proceso continuo de crecimiento y renovación que nos permite mantener el corazón abierto y dispuesto a entregarse a los demás, aquí y allí.

Después de tantos años vinculado a Burundi, ¿qué ha aprendido de las personas que ha conocido allí?

–He tenido una suerte inmensa al encontrarme con Burundi. Y todo lo que he recibido quiero entregarlo de nuevo, porque no es mío. Esa es la dinámica del amor: dar y recibir.

En Burundi se recibe muchísimo. Además del cariño de las personas, hay una riqueza espiritual enorme. Es un país que, en medio de la pobreza material, ha sido capaz de encontrar una forma de vivir que transforma el sufrimiento en algo más grande. En vez de, ante el sufrimiento, encerrarse en la queja, que nos lleva a vivirlo todavía peor, me han enseñado a entregarlo y convertirlo en una oportunidad para amar más. En Burundi he visto muchas veces esto último.

La pobreza material convive con una enorme riqueza espiritual, y eso se percibe en todo: en la manera de relacionarse con la creación, con los demás y con Dios. Existe un abandono total en Dios. Cuando no tienes prácticamente nada, puedes descubrir que todo lo que recibes es un don. Pero no se trata de agarrarse a Dios como a un clavo ardiendo, sino de reconocerlo como Señor: nada es mío, todo es tuyo.

La pobreza material no es el objetivo, pero puede enseñarnos cosas muy importantes. Lo esencial no es la pobreza como tal, sino lo que podemos aprender de ella. Dios ha querido que naciéramos en España, y no hace falta venderlo todo para vivir esta enseñanza. Se trata de ser conscientes de lo que tenemos y comprender que nada nos pertenece por completo.

Es una enseñanza que te cambia la vida. Burundi nos toca tanto a quienes vamos porque nos muestra que la felicidad no está en tener muchas cosas, sino en entregarse. Ese es el secreto de la vida, algo que todos sabemos, pero que olvidamos continuamente. Por eso necesito recordarlo y renovarlo, con mis propias pobrezas y dificultades. Tener Burundi más cerca me ayuda a ser más consciente de ello.

Incluso después de descubrir dónde está la verdadera felicidad, es fácil volver a casa y dejarse arrastrar por el ritmo del mundo. ¿Cómo podemos vivir los cristianos nuestra responsabilidad misionera y ayudar a otros a descubrir esa felicidad?

–Creo que es un arma de doble filo. Por un lado, podemos pensar que cada vez es más difícil, que el mundo va en una dirección contraria al Evangelio y que nunca lo vamos a conseguir. Pero, al mismo tiempo, eso puede ser una oportunidad enorme.

El ser humano está hecho para algo más grande. Cuando el mundo se aleja cada vez más de lo que vivimos y creemos, puede resultar más fácil reconocer que esa no es la vida que queremos. Cuesta, pero creo que es algo que estamos viendo hoy, también con el resurgir de los jóvenes en España y en otros lugares. Muchos jóvenes empiezan a darse cuenta de que la vida que se nos propone, centrada en lo material, lo inmediato, el placer y la autorrealización, no les hace felices. Basta con estar un poco despierto para preguntarse si de verdad queremos vivir así. Y, cuando surge esa pregunta, aparece otra: ¿qué quiero entonces? Lo más difícil es que una persona empiece a hacerse preguntas. Después, el Señor se encarga de lo demás.

¿Y qué podemos hacer nosotros? Creo que la clave está en algo que puede sonar muy repetido, pero que es fundamental: más que hacer, se trata de ser. Lo importante es cuidar nuestra relación con Cristo y dejar que Él transforme nuestra vida. Decirle: «Señor, mi vida es tuya». Y cuidar esa relación en la oración y ante el Santísimo.

No debemos centrarnos en ir cumpliendo objetivos, contando cuántos retiros hemos hecho o cuántas veces hemos ido a Burundi. Se trata de pedirle al Señor la gracia y los instrumentos para vivir aquello a lo que nos sentimos llamados. De ese encuentro personal con Cristo y de esa relación con Él nacerá todo lo demás. Cada uno lo vivirá según sus dones. Algunos tendrán talentos muy visibles, pero hay otros que son igualmente valiosos aunque nadie los vea.

Lo importante es cuidar esa relación y dejar que el Señor, con lo que somos y tenemos, haga de nosotros luz para el mundo. Pero no debemos centrarnos en la luz, sino en la fuente de la luz.

Háblenos de Komera…

–Komera nació hace veinte años, a raíz de un primer viaje a Burundi, en 2007. No fuimos con la idea de constituir una asociación ni de poner en marcha un proyecto. Éramos un grupo de amigos que decidió viajar a Burundi.

Al volver, estábamos muy marcados por lo que habíamos vivido y nos preguntábamos qué podíamos hacer con todo aquello que habíamos recibido. Sentíamos que éramos portadores de una gracia que no podía quedarse solo en nosotros. No queríamos que fuera una experiencia de un verano, para después pasar al Interrail, las prácticas o cualquier otro plan. La vida va poniendo las cosas en su sitio, pero todos teníamos la sensación de que aquello era demasiado grande para guardárnoslo. Solo podíamos compartirlo.

Así nació Komera, de una manera muy espontánea, como fruto de aquel primer viaje. Después volvimos a Burundi al año siguiente y seguimos repitiendo la experiencia, mientras poníamos en marcha pequeños proyectos.

En aquel momento estábamos estudiando y no teníamos demasiados conocimientos. Empezamos haciendo lo que podíamos. Por ejemplo, organizamos un campamento para niños debajo de un árbol, porque no había escuela. Jugábamos con ellos y les dábamos clase al aire libre. Entonces vimos que hacía falta una escuela y nos preguntamos cómo podíamos ayudar a construirla.

Cada uno aportaba lo que sabía hacer: yo podía organizar una obra de teatro, mi prima cantaba, mi tío era empresario… Así fuimos poniendo en común nuestras capacidades. Aquel primer año construimos una escuela y empezamos a desarrollar pequeños proyectos.

Durante estos veinte años, todo ha ido creciendo. Hemos podido realizar más viajes de voluntariado y de misión, y también impulsar proyectos cada vez más grandes. Al mismo tiempo, nosotros hemos ido creciendo vitalmente.

PodpisySantiago Zapata Giraldo

La participación cristiana en la sociedad

El cristiano no puede desentenderse de la sociedad: está llamado a transformarla desde la caridad, la prudencia y el compromiso con el bien común.

18 de październik de 2026-Czas czytania: 5 minuty

Cada vez vemos que la sociedad se envuelve en un egoísmo que no deja en realidad avanzar, luchas por ideas diferentes o por opiniones que no agradan a un cierto grupo. Pero ¿es necesario que un cristiano este en estos aspectos? Si nos fijamos podríamos decir que no, o simplemente pasar y preocuparme de mi vida cristiana, pero ¿eso está bien?

La participación de todos los ciudadanos no puede envolverse en la excusa de que no le corresponde, porque en una sociedad cada individuo es importante. Pero ¿Qué es una sociedad para un cristiano? Si nos vamos al catecismo en el encontramos una explicación preciosa: “Algunas sociedades, como la familia y la ciudad, corresponden más inmediatamente a la naturaleza del hombre. Le son necesarias. Con el fin de favorecer la participación del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar, alentar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa” (1882) la sociedad hace parte de la naturaleza del hombre, entonces ¿Por qué no participar activamente en ella? 

El cristiano está llamado a participar en el mundo, pero no de una manera de odio, sino más bien demostrar que la sociedad se abarca desde una perspectiva del bien, “abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección” (GS 74) 

Si nos fijamos, el vivir en comunidad está previsto no como algo meramente externo, por facilidad o simplemente por gusto, sino que trae consigo la relación entre personas que logra encarnar que somos imagen de Dios, y esto, de modo no se olvida de la igualdad y la dignidad que tiene cada persona humana por el simple, pero al mismo tiempo grandioso hecho de ser pensado e hijo de Dios. En esto entra la prudencia, que si nos vamos a santo Tomas nos encontramos que es algo que no corresponde a un propio parecer, sino más bien al del bien común, “dado que es propio de la prudencia deliberar, juzgar y ordenar los medios para llegar al fin debido, es evidente que la prudencia abarca no sólo el bien particular de un solo hombre, sino el bien común de la multitud” (Summa Theologiae, II-II, q. 47, a, 10) el pensar en el bien común, es también atender a la caridad, sabiendo en cada momento lo que más conviene, analizando arduamente la necesidad de los demás, que atiende a un mandado divino. Esta virtud cardinal pone en práctica nuestro juicio, por lo tanto no está algo hecho para mí solo, sino también para el servicio a los demás. 

Si nos fijamos nuestra vida diaria, cotidiana, está llena de juicios donde la prudencia está presente, y es donde muchas veces pensar en el otro también es necesario para una sana participación, el empaparse del mundo, del sonido del mundo, del saber del mundo sin llegar a ser un mundano, es también una característica de nuestra vida ordinaria. 

La prudencia entra además en el derecho de participar activamente del futuro de una sociedad, de su organización y de su representación, y ver cuando algo de lo que hacen parte como la sociedad, no defiende lo más importante; la dignidad de cada  persona, eso cada uno es importante: “Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer una justa crítica de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad” (CCE, 2238) nuestro deber no solo es participar cuando todo fluye correctamente, sino también con la prudencia establecer aquello que ataca a la integridad de la sociedad, y sus bases que son las personas, con su dignidad, desde su concepción hasta su muerte, porque es sagrada.

En esto, un texto importante fue Caritas in veritate, de Benedicto XVI, cuando lograba encontrar esa conexión entre el bien común, la vocación y la participación. Todo cristiano, está llamado a la caridad, pero, como dije antes, esto no es simplemente ayudar económicamente a un desfavorecido, sino también ayudar en la sociedad a que cada vez sean menos lo que están desfavorecidos, cada uno desde la vocación de donde el Señor ha suscitado. “Desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad” (Caritas in veritate, 7) la exigencia de cada uno, de ser partícipes de una misma realidad, es contribuir al fin y al cabo de una esperanza que es que cada uno conozca el bien y que su dignidad no sea vulnerada por esa falta de justicia y equidad. 

Es importante pensar también en que vivimos tiempos donde la conciencia del bien común cada vez se ve más degradada por un constante egoísmo, de igual forma por un querer efímero de las cosas, rápidas y pasajeras que abandonan completamente el pensar en el otro sino más bien satisfacer las necesidades mías. Es un error pensar en que solo en la sociedad con que se sacie mi persona, en muchos casos el yo, se puede llegar a un progreso, es casi irracional pensarlo, “cuando se considera la naturaleza, y en primer lugar al ser humano, fruto del azar o del determinismo evolutivo, disminuye el sentido de la responsabilidad en las conciencias” (Caritas in veritate, 48) si pensamos en que la naturaleza tiene detrás una mente divina, empezaremos a ver que en realidad es un don que se da gratuitamente, en cambio si pensamos en el azar, no pensamos en lo divino, y se abaja tanto la dignidad de la persona que logramos pensar que podemos jugar con ella como si fuéramos dueños de la misma. Por tanto, la conciencia de una creación divina es importante para pensar en el progreso y el bien común. ´

Un papel importante y es algo que además podemos pensar es de la libertad, para decidir y para juzgar, para opinar y también para actuar. Aquí si nos fijamos la prudencia se incrusta de forma esencial en las decisiones que hagamos con libertad. En esto san Josemaría nos dice: “Un hombre sabedor de que el mundo —y no sólo el templo— es el lugar de su encuentro con Cristo, ama ese mundo, procura adquirir una buena preparación intelectual y profesional, va formando —con plena libertad— sus propios criterios sobre los problemas del medio en que se desenvuelve; y toma, en consecuencia, sus propias decisiones que, por ser decisiones de un cristiano, proceden además de una reflexión personal, que intenta humildemente captar la voluntad de Dios en esos detalles pequeños y grandes de la vida” (conversaciones, 116) es ver en cada momento, el formar el carácter que cada momento necesita ante todo para lograr hacer del trabajo y de la vida ordinaria un lugar para hacer mostrar la voluntad de Dios, y es ahí, donde la voluntad de Dios se impone como referente, es ahí donde se ve el bien común. Una sociedad que se olvida de estos factores, como el trabajo o el enriquecimiento intelectual para ayudar al bien común nunca lograra llegar a ese bien.

Por lo tanto; el ser cristiano y más como nosotros en medio del mundo no puede estar inscrito a una realidad que nos es ajena, es más bien esto un pensamiento egoísta de la relación caridad y prudencia. No pensamos en el otro y al mismo tiempo pensamos en una visión egocéntrica de mi bien.

Somos hermanos en Cristo, hijos de Dios y vivimos en una sociedad, que nos ayuda a crecer y reconocer en las dos primeras cosas. La sociedad o más bien la realidad humana no le quita nada al hombre, antes le da. Siempre que pensemos en que todos somos participes de algo en donde no solo estoy yo, sino que están otros.

Así podremos traer al hecho la afirmación de san Agustín “Decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo” (sermón 80). Esto en realidad es lo que pasa hoy, no podemos quejarnos y condenar una sociedad cuando nosotros somos parte de la sociedad, nos estamos viendo a nosotros mismos, pero cada uno aporta desde lo que pueda dar de los talentos que le ha dado el Señor (Cf. Mt 25, 14-30). Los mejores talentos, aunque sea solo uno, es la mejor expresión de cómo actúa el Señor de nosotros como instrumentos,  y en esto que mejor ejemplo como lo son los santos lo supieron dar y en especial santa María, que supo ser instrumento fiel del Señor hasta el final.

AutorSantiago Zapata Giraldo

Watykan

El Papa recibe el alta hospitalaria y se despide del Gemelli

León XIV regresará este sábado al Vaticano para continuar su recuperación y rezará el Ángelus desde la residencia pontificia este domingo.

Redakcja Omnes-17 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

Cuatro días después del ingreso de León XIV en el policlínico Gemelli para ser operado de un cáncer de pulmón, los médicos han informado que el Santo Padre puede recibir el alta hospitalaria tras evaluar su evolución postoperatoria.

El doctor Luigi Carbone y el profesor Stefano Margaritora han comunicado que, a la vista de los análisis de sangre y la radiografía de tórax realizados esta mañana, así como de la evaluación del cuadro clínico, se considera que el Papa está en condiciones de abandonar el hospital.

Esta tarde, León XIV ha abandonado el Policlínico Universitario Agostino Gemelli y ha regresado al Vaticano, donde continuará su recuperación.

Al despedirse, el Santo Padre ha dado las gracias al profesor Stefano Margaritora, que llevó a cabo la intervención, así como al equipo médico y de enfermería. También se ha despedido del personal sanitario, de la rectora de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, la profesora Elena Beccalli, y de los responsables del Policlínico Universitario Agostino Gemelli.

Mañana, domingo 18 de octubre, el Pontífice recitará la oración del Ángelus desde el Palacio Apostólico.

Świat

“No hay zona del mundo que no necesite evangelización”

El P. Nowak, secretario de la Sociedad para la Propagación de la Fe, que organiza el DOMUND, explica los retos hoy de la misión

José María Navalpotro-17 de październik de 2026-Czas czytania: 5 minuty

Hace ahora un siglo el Papa Pío XI instituyó el DOMUND el penúltimo domingo de octubre. Este año es el 18 de octubre. En ese día toda la Iglesia reza especialmente por la causa misionera y organiza una colecta para cooperar con ella. Con estos fondos se sostiene la Iglesia en los 1.133 territorios de misión en el planeta. El P. Tadeusz J. Nowak, secretario general de la Obra Pontificia de Propagación de la Fe, explica cuál es el significado de la misión hoy.

La organización del DOMUND está encargada a Obras Misionales Pontificias (OMP). En 2025, el fondo de la Obra de Propagación de la Fe, el DOMUND, recogió 69,8 millones de euros en todo el mundo, que se repartieron en proyectos. De esta cantidad, 10,7 millones de euros proceden de España, segundo país que más aporta. Los frutos de esta labor no son solo económicos, de ayuda a las misiones, sino también de concienciación entre los fieles, como subraya el P. Nowak.

Desde 2017, el P. Tadeusz Jan Nowak es Secretario General de la Sociedad para la Propagación de la Fe, que depende de Obras Misionales Pontificias. Nacido en Cracovia, Polonia, en 1956, es religioso de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Ha ejercido como sacerdote en Canadá, y ha desempeñado cargos de gobierno en su congregación. Desde 2010 trabaja en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en Roma.

Posee una visión universal de la misión. ¿Cuál es la prioridad de la misión hoy en día? ¿La evangelización de los pueblos indígenas, de las regiones desarrolladas sin presencia católica, de las zonas fuertemente islamizadas…?

-Al ascender al Padre, Cristo Resucitado encomendó a sus discípulos que “fuesen y hiciesen discípulos a todas las naciones”. Esta es la prioridad de la Iglesia, que es misionera por su propia naturaleza. En este sentido, el mundo entero es la prioridad, porque los bautizados están llamados a cumplir este mandato, estén donde estén.

Sin duda, hay zonas del mundo donde el Evangelio aún no se ha proclamado ampliamente. En otras, la gente ha escuchado el Evangelio y la Iglesia se ha implantado recientemente. Por último, hay zonas donde la Iglesia cuenta ya con cientos de años de antigüedad, pero hoy en día muchos de los bautizados se han desanimado y se ven muy afectados por la secularización. En todas estas zonas existe una gran necesidad de una primera evangelización y de una evangelización continua.

¿Hay territorios que dejen de ser de misión debido al crecimiento de la Iglesia?

-No hay ninguna zona del mundo que no necesite evangelización. Sin embargo, en algunas partes la Iglesia es bastante joven, como en Asia, África, las islas del Pacífico y pequeñas zonas de Sudamérica. Estas Iglesias siguen necesitando ayuda para fortalecer y consolidar sus infraestructuras eclesiales. Estas son las que reciben el apoyo material de Obras Misionales Pontificias.

También añadiría que los bautizados en Iglesias que ya no dependen del Dicasterio para la Evangelización siguen necesitando una evangelización continua. Y eso forma parte igualmente de la tarea de las OMP: reavivar y renovar el espíritu misionero en los fieles, también en Iglesias de antiguas raíces cristianas.

“Territorios de misión”

¿Qué criterios se aplican para designar un territorio de misión? ¿Se está revisando actualmente este concepto?

-Los territorios que dependen del Dicasterio para la Evangelización, de la sección de primera evangelización e iglesias nuevas o jóvenes, son lo que se podría llamar “territorios de misión”. Lo son porque las Iglesias de esas regiones siguen dependiendo de la ayuda de la Iglesia universal, tanto para la construcción de infraestructuras eclesiales como para llevar a cabo con eficacia sus planes pastorales. Como he mencionado anteriormente, entre ellas se incluyen las Iglesias de Asia, África, Oceanía (excluida Australia) y algunos vicariatos apostólicos de América Latina.

Cuando las Iglesias particulares que dependen del Dicasterio para la Evangelización alcanzan la autosuficiencia, solicitan pasar a depender del Dicasterio para los Obispos. Esto es lo que ocurrió históricamente con las Iglesias de Australia, Brasil, Canadá, Estados Unidos, etc.

Al repasar este siglo de existencia de las Obras misionales Pontificias (OMP), ¿cuáles son sus principales logros?

-Han contribuido a que los fieles sean más conscientes de su responsabilidad misionera. Han despertado en sus corazones el deseo de participar en la tarea misionera de la Iglesia universal mediante sus oraciones, sacrificios y ofrendas materiales. El compromiso de los fieles de todo el mundo es uno de los logros más importantes de Obras Misionales Pontificias.

Otro logro importante es su participación en la construcción de miles de iglesias, capillas, presbiterios, conventos, clínicas, escuelas y centros pastorales, así como en la adquisición de vehículos para misioneros. De este modo hemos contribuido a impulsar la misión de Cristo en todo el mundo.

Otro logro importante es la gestión de cuatro colegios romanos y un centro de animación misionera, donde se acoge a cientos de sacerdotes y religiosas procedentes de países de misión para que completen sus estudios superiores. Tras obtener títulos superiores en teología y pastoral, regresan a su Iglesia local en los territorios de misión.

El principal reto

¿Cuál es el principal reto de OMP en la actualidad?

-Hay muchos. El primero es dar a conocer mejor las OMP en toda la Iglesia universal y en cada Iglesia local. Dado que el dinero que los fieles ofrecen a Obras Misionales Pontificias no lo destinamos a publicidad, nuestro reto consiste en involucrar más a los directores y a su red de voluntarios para dar a conocer la labor de las Obras.

Este reto conduce a otro: el de fomentar una participación y un apoyo más enérgicos a las Obras Misionales Pontificias a través de las oraciones, los sacrificios y las ofrendas materiales de los fieles. Las OMP se dedican a prestar apoyo al Santo Padre en su preocupación por la misión de la primera evangelización y el cuidado de las Iglesias jóvenes. Hoy en día, sin embargo, hay miles de ONG y otras organizaciones que solicitan fondos para diversos fines caritativos. Esto hace que fomentar las ofrendas en apoyo de las Obras Misionales Pontificias suponga un reto importante.

En los territorios de misión, ¿hay vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa?

-La Iglesia en África y en muchas partes de Asia rebosa vida y ha sido bendecida con numerosas nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. De hecho, muchos sacerdotes de estos países han sido enviados a naciones de Europa y América del Norte para ayudar a revitalizar iglesias con raíces más antiguas. Esta es la belleza de la Iglesia universal y del intercambio mutuo de recursos.

Hoy en día, con la globalización, muchos de los territorios de misión son más fácilmente accesibles, e incluso son destino profesional de laicos que acuden allí a trabajar y a formar una familia. ¿Es perceptible este cambio —esta “evangelización informal” — a través de la labor de los laicos?

-La participación de los laicos enviados desde zonas de antiguas raíces cristianas a países donde la Iglesia es joven es un verdadero don del amor de Dios. Muchos católicos jóvenes, de mediana edad e incluso mayores, procedentes de América del Norte y Europa, se encuentran en estos momentos en África y Asia, dedicados a la enseñanza, a la asistencia sanitaria, a la catequesis y al apoyo a centros misioneros y parroquias. Muchos institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica cuentan con asociados laicos que viajan a países de primera evangelización para realizar labores misioneras.

También hay movimientos laicales en la Iglesia que han enviado a sus miembros para apoyar a las iglesias en los territorios de misión. La misión es una tarea de todos los bautizados: obispos, sacerdotes, hombres y mujeres consagrados y fieles laicos.

P. Tadeusz J. Nowak @ CNS photo/Paul Haring.
Kultura

Científicos católicos: Antonia María Medina Ortega

Antonia María Medina Ortega fue una científica española licenciada en Ciencias Químicas con el expediente más brillante de su promoción.

Alfonso Carrascosa-17 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

Antonia María Medina Ortega (1929 – 1992) fue una científica española que se licenció en Ciencias Químicas en la Universidad de Granada con el expediente más brillante de su promoción. A continuación, se incorporó como becaria a la Sección de Granada del Instituto de Edafología, donde se inició en la investigación bajo la dirección del Gutiérrez Ríos, también científico católico. Después de obtenido el título de Doctor, se trasladó a Madrid, en 1950, al Instituto de Edafología, Ecología y Fisiología Vegetal (IEEFV), donde continuó el desarrollo de su formación en la investigación científica, esta vez bajo la dirección del padre Albareda. Al año siguiente ganó una oposición a Colaborador Científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Antonia hizo varios viajes. Primero recorrió una serie de laboratorios en Bélgica y Holanda, en los que se perfeccionó en diversas técnicas analíticas. De vuelta al CSIC, se centró en el metabolismo vegetal. Pasó un año trabajando con Alberto Sols, experto enzimólogo, y después se dedicó durante dos años al estudio de los sistemas enzimáticos de la reducción de nitrato a amoníaco con el doctor D. J. D. Nicholas, en la Long Ashton Research Station de Bristol, Inglaterra.

En 1957 regresó a España y trabajó en la Sección de Bioquímica Vegetal del Departamento de Enzimología del Centro de Investigaciones Biológicas, donde publicó resultados en la mejor revista internacional de Bioquímica. Poco después participó en el Congreso Internacional de Bioquímica de Viena (1958), y en un Simposium sobre metabolismo del nitrato, en Inglaterra, al que Antonia fue invitada.

Entonces emprendió su tercer viaje, a Estados Unidos, donde más activamente se cultivaba la Bioquímica. Pero padeció aplasia medular, una grave enfermedad que afrontó con gran entereza: «esperanzas, las que el médico me da puede ser que reaccione o que no …, aquí estoy esperando lo que Dios quiera». Y cuando llegó la hora, murió, en palabras de un compañero que estuvo a su lado: «cómo si se durmiese. Y fue muy valiente: ni una lágrima, ni una queja».

Sus principales resultados científicos fueron reseñados y recogidos en importantes medios de comunicación científica, a la vez que miembros de los centros donde trabajó se deshicieron en elogios hacia la figura de esta gran investigadora con motivo de su muerte.

AutorAlfonso Carrascosa

Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Rodzina

Casi la mitad de los españoles no llegaría a casarse, según un informe del CEU

El estudio analiza cincuenta años de caída del matrimonio y la natalidad, y propone medidas para recuperar la familia

Inmaculada Sancho Gómez-17 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

De mantenerse las pautas actuales, cerca de la mitad de la población española no llegaría a contraer matrimonio, y en torno al 40% de las mujeres que hoy están en edad fértil podría terminar su vida reproductiva sin hijos. Hace cuatro o cinco décadas, esa proporción no llegaba al 10%. Son dos de las conclusiones de “Hundimiento y recuperación de la familia”, el informe que el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social de la Fundación Universitaria San Pablo CEU (CEU CEFAS) ha dado a conocer este miércoles.

El trabajo, elaborado principalmente por el responsable de Estudios y Análisis Sociales del centro, Alejandro Macarrón Larumbe, analiza la evolución de la familia en España durante los últimos cincuenta años. Se basa sobre todo en estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE), completadas con datos de organismos internacionales, estudios académicos y estimaciones propias.

Menos bodas, más tarde

En 1976, más del 85% de los españoles estaba casado antes de cumplir los 30 años; hoy, menos del 15%. La edad media al primer matrimonio se sitúa ya en los 37,3 años en los hombres y en 35,1 en las mujeres, más de diez años por encima de la de entonces.

El informe dedica también un apartado al matrimonio religioso. A finales de los años noventa, unas tres cuartas partes de las bodas se celebraban por la Iglesia. En 2024, solo el 16,9% de los matrimonios entre personas de distinto sexo fueron religiosos, una cifra que incluye además a otras confesiones.

La caída de la natalidad corre en paralelo. Actualmente, las españolas de nacimiento tienen 1,07 hijos de media, frente a los 2,77 de 1976 y lejos de los 2,1 necesarios para el relevo generacional. Hoy nacen un 68% menos bebés de madres nacidas en España que a mediados de los ochenta, y en provincias como Asturias, Ourense o Vizcaya la caída supera el 80%.

Para Macarrón, estos datos no pueden leerse por separado: “La caída de la natalidad no puede analizarse de manera aislada. Se forma pareja y se contrae matrimonio más tarde, aumenta la probabilidad de ruptura y se tienen menos hijos. El resultado es una transformación profunda de las redes familiares que tiene consecuencias sobre el envejecimiento, la soledad, la vivienda y la capacidad de apoyo entre generaciones”.

Rupturas y hogares de una sola persona

Según las estimaciones del estudio, en torno a la mitad de los matrimonios celebrados en España termina disolviéndose. Algo más de uno de cada tres se rompe antes de cumplir veinte años. El informe calcula que entre 3,5 y 4 millones de niños y jóvenes se han visto afectados directamente por la separación de sus padres en las últimas cuatro décadas, contando tanto los matrimonios como las parejas de hecho. El estudio se detiene en las consecuencias de estas rupturas, sobre todo cuando hay hijos dependientes. Entre ellas, señala la pérdida de renta que supone mantener dos hogares, menos tiempo de convivencia diaria con uno de los padres y, en algunos casos, un mayor riesgo de dificultades emocionales y escolares.

Todo ello se refleja en la composición de los hogares. A finales de 1970 había en España unos 660.000 hogares unipersonales, el 7,5% del total; en abril de 2026 se acercaban a los 5,65 millones, el 28,5% de los hogares. El tamaño medio del hogar ha pasado de 3,9 a 2,5 personas, y el estudio estima que alrededor del 18% de los niños de las nuevas generaciones serán hijos únicos.

El cambio tiene también un coste económico. Según el informe, las actuales pautas de formación y ruptura familiar hacen necesarias más de tres millones de viviendas adicionales respecto a las que se necesitarían con los patrones de hace medio siglo. Si todas ellas se pagaran en alquiler, el desembolso equivaldría a entre 21.000 y 30.000 millones de euros al año, entre el 1,5% y el 2% del PIB.

Qué propone el informe

A partir de este diagnóstico, el informe sostiene que la caída de la nupcialidad, el aumento de las rupturas y el descenso de la fecundidad son procesos que se refuerzan entre sí, y plantea varias líneas de actuación. La primera es cultural: revalorizar el matrimonio estable y temprano, y difundir sus ventajas también en el ámbito educativo. A ella se suman un tratamiento fiscal más favorable a los matrimonios con hijos y ayudas de acceso a la primera vivienda para los jóvenes que se casen, con incentivos que serían máximos entre los 20 y los 30 años y desaparecerían a partir de los 35.

En el terreno legal, el estudio propone reformar la regulación del divorcio para introducir periodos de reflexión, mediación y medidas que favorezcan la reconciliación. Cuando haya hijos menores, los plazos serían más largos, salvo en casos de violencia o malos tratos. Plantea además establecer la custodia compartida como regla general y dar preferencia en la custodia y el uso de la vivienda al cónyuge que no haya pedido el divorcio si la ruptura es unilateral. Propone también simplificar los trámites para que dos personas divorciadas que se reconcilien puedan volver a casarse.

El papel de la religión

Según los datos que recoge el informe, las personas creyentes y los matrimonios celebrados por la Iglesia presentan más estabilidad y más hijos que la media. Por eso, el estudio pide a los responsables políticos y a quienes influyen en la opinión pública que eviten actitudes hostiles hacia la religión y que vean en las comunidades religiosas posibles aliados de la política familiar. También invita a la Iglesia a seguir reflexionando sobre las causas del descenso de la práctica religiosa y sobre los modos de transmitir el mensaje cristiano en la sociedad actual.

El documento advierte de que ninguna de estas medidas basta por sí sola para invertir tendencias consolidadas durante décadas, y que su eficacia depende de que se apliquen de forma conjunta. CEU CEFAS dedicará un próximo informe monográfico a la natalidad.

PodpisyEloy Asenjo Carpintero

Los ojos bien abiertos

Vivir despiertos, vivir asombrados: la contemplación en la vida ordinaria no exige huir del mundo, sino cambiar la mirada.

17 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

Ya caminamos hacia el centenario del Opus Dei. La reciente indicación del Prelado nos invita a un horizonte claro: esta celebración, que «abarcará desde el 2 de octubre de 2028 hasta el 14 de febrero de 2030, cuando se cumplirán cien años del comienzo de la labor del Opus Dei con mujeres», es una llamada a vivir como «almas contemplativas en medio del mundo, capaces de descubrir la presencia de Dios tras los rostros y las ocupaciones de cada jornada».

Sin embargo, frente a esta llamada, con frecuencia podríamos caer en la tentación de confinar la contemplación al silencio de los claustros, a los retiros en la naturaleza o a momentos extraordinarios de oración donde el mundo exterior parece desvanecerse. Nos imaginamos al sabio retirado o al místico arrebatado, ajeno al bullicio de la calle, a las correcciones de exámenes, a las facturas o al atasco matutino. Reducir la contemplación a una fuga de la realidad es ignorar lo que recordaba Santa Teresa de Ávila a sus hermanas al afirmar que «también entre los pucheros anda el Señor».

Llevar a la práctica esta contemplación en el asfalto exige recuperar una actitud elemental que los clásicos ya identificaban como el origen de todo conocimiento y de toda sabiduría: el asombro (thaumazein). Pero ese asombro no ocurre solo cuando contemplamos un cielo estrellado en verano; brota también —y con más exigencia— cuando somos capaces de mirar de frente lo cotidiano sin dejarnos cegar por la prisa.

Hace tiempo lo entendí con claridad meridiana en el salón de casa. Estábamos reunidos siete adultos alrededor de mi sobrino mayor cuando este era un bebé de pocas semanas. Aquella escena tenía algo de magnético: siete personas adultas, con sus preocupaciones, sus trabajos y sus prisas, capaces de pasar horas enteras mirando fijamente a una criatura que apenas hacía unos breves gestos, unos leves gemidos o algún que otro lloro. No producía nada, no argumentaba, no rendía cuentas. Y, sin embargo, las cuatro horas que estuvimos allí contemplándolo pasaron en un suspiro, como si el reloj se hubiera detenido.

En aquella pequeña experiencia doméstica comprendí intuitivamente lo que es la verdadera contemplación: estar presente ante el misterio de la vida sin exigirle utilidad, suspendiendo la tiranía del reloj. Como recordaba san Josemaría Escrivá, «es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a los hombres». La vida ordinaria no es el paréntesis incómodo entre un rato de oración y el siguiente; es precisamente el lugar donde Dios se nos hace el aparecido.

Contemplar lo cotidiano significa recuperar esa mirada limpia y pausada frente al funcionalismo en el que incansablemente nos instalamos. Vivimos midiendo el valor de cada hora por su rendimiento, de cada gesto por su utilidad y de cada persona por lo que nos aporta. Frente a esta dictadura de la eficacia, la contemplación introduce una pausa subversiva.

Ya lo señalaba el Concilio Vaticano II en la constitución Lumen gentium, al insistir en que «todos los fieles cristianos, en las condiciones, circunstancias o género de vida de su existencia, se van santificando más y más cada día».

Descubrir la hondura de lo pequeño implica entender que un café compartido con un compañero triste, la corrección paciente de un ejercicio escolar, el cuidado de un familiar anciano o el silencio cómplice en casa al final de la jornada no son meros trámites, sino materia sacramental.

Para el cristiano, el mundo no es un escenario plano ni una suma de recursos a explotar, sino una creación que gime y espera, un lenguaje cifrado donde el Creador nos habla en voz baja. San Agustín decía que «Dios está dentro de nosotros y nosotros estamos fuera».

Contemplar consiste precisamente en emprender el camino de vuelta a casa, habitando nuestra propia vida con atención y agradecimiento. No hace falta cambiar de escenario; lo que urge cambiar es la óptica.

Ahora bien, sostener esta mirada cuesta lo suyo entre las prisas de cada jornada. Afortunadamente, no caminamos solos: contamos con la ayuda inestimable de nuestro ángel custodio, cuya ocupación eterna es contemplar la faz de Dios. Tratarle como a un amigo —recordando aquello de «¡ten confianza con tu Ángel Custodio! Trátale como a un entrañable amigo —¡lo es!— y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos de la jornada»— nos adentra de lleno en la infancia espiritual. Al fin y al cabo, como recordaba el fundador de la Obra, «la piedad es la virtud de los hijos y para que el hijo pueda confiarse en los brazos de su padre, ha de ser y sentirse pequeño, necesitado».

De la mano de nuestro custodio y con esa sencillez de niños, recuperamos el asombro necesario para pisar el asfalto y mirar las cosas y a las personas como lo haría Jesús Niño, Adolescente o Adulto, deseando ardientemente vivir en continua contemplación en mitad de nuestras ocupaciones.

Quizá el gran reto de nuestro tiempo no sea encontrar momentos extraordinarios de paz, sino aprender a encender la luz de la atención en mitad de la penumbra del día a día. Porque el que sabe mirar el mundo con esa sencillez de niño —dejándose llevar de la mano de su custodio— descubre que, bajo el polvo de la rutina, late una presencia inquebrantable que sostiene cada latido de nuestro corazón.

AutorEloy Asenjo Carpintero

Świat

La llamada a ser contemplativos en el mundo, en la primera carta ante el centenario del Opus Dei

Mons. Fernando Ocáriz publica una pastoral que subraya la necesidad de la contemplación en medio de las realidades terrenales.

José María Navalpotro-16 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

La contemplación es el centro de la carta pastoral que el prelado del Opus Dei Mons. Fernando Ocáriz ha firmado el 16 de octubre de 2026. Se trata de una cuestión nuclear en el espíritu de la Obra, a la que dedica esta primera carta como preparación para el centenario, que se cumplirá en 2028.

El texto se estructura en trece apartados, que recorren la oración de Jesús y la experiencia de Święty Josemaría, la búsqueda de Dios en la vida ordinaria, los medios para crecer en la contemplación y sus frutos en la caridad y el apostolado.

Mons. Ocáriz subraya que la vocación al Opus Dei “nos lleva a desear vivir la contemplación en medio de nuestras circunstancias ordinarias”. Una contemplación que no se entiende como “un esfuerzo puramente intelectual ni una especulación abstracta. La contemplación es una mirada llena de afecto, un ver que nace del amor”.

Recuerda que San Josemaría se fijaba especialmente en Cristo durante los treinta años de su vida oculta. “Esa vida de Jesús, María y José es contemplativa y, a la vez, tan normal, sin nada extraordinario”, afirma. En este sentido, asegura que los miembros del Opus Dei, y quienes se acercan a sus apostolados, están llamados “a ser contemplativos itinerantes, a vivir en diálogo con Dios en medio de los caminos de nuestras ciudades y de la agitación de nuestra vida; a estar siempre con Dios allí donde estemos: en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestros ambientes”.

La oración más elevada

El prelado hace referencia a las profundas experiencias de oración que vivió San Josemaría en medio de la agitación del mundo. Precisamente la carta pastoral está fechada un 16 de octubre, 95 aniversario de un momento significativo. Lo recogió el propio fundador del Opus Dei en un texto autobiográfico: “La oración más subida la tuve […] yendo en un tranvía y, a continuación, vagando por las calles de Madrid, contemplando esa maravillosa realidad: Dios es mi Padre”.

Mons. Ocáriz apunta como dificultad para vivir esta contemplación la actual tendencia al activismo, “a empeñar la vida únicamente en el trabajo”. A ello se suman los efectos de la constante presencia de tecnologías. Todo ello lleva a que se hable de “una auténtica crisis del recogimiento y de la atención, que es un bien tan necesario para la vida interior y para el amor a los demás”.

En estas circunstancias, gran parte del mundo de hoy está buscando dar un sentido a la vida que vaya más allá de la actividad febril. “Esto puede explicar, al menos en parte, el interés por lo ‘espiritual’ que se observa en algunos países desde hace ya algunas décadas”. Junto a ello, se ven muchos signos de un despertar del sentido religioso, un redescubrimiento de la importancia de Dios para la vida del hombre, una exigencia de espiritualidad, afirma el prelado con palabras de Benedicto XVI.

En definitiva, Mons. Ocáriz recoge la idea de San Josemaría, quien “invitaba a todos los cristianos a ‘ser almas de oración’, almas contemplativas en medio del mundo”. “En realidad, vivimos unas circunstancias muy favorables —el mundo nos lo está reclamando— para transmitir esa visión”, afirma. Porque, ante esa sed de espiritualidad, “se hace especialmente necesario el anuncio de la invitación de Dios a ser contemplativos en medio del mundo”.

No es algo exclusivo

El prelado advierte que “la contemplación no está reservada a unos pocos iniciados, ni es una meta solo para quienes se retiran del mundo”. El deseo de ver a Dios, afirma, “se encarna en el centro de las actividades cotidianas. Nos encontramos con el Señor en la mesa de trabajo, en el cuidado de la familia, en las relaciones sociales y en el descanso. El amor nos lleva a descubrir la mirada de Cristo que nos contempla y nos invita a responderle con la nuestra”.

La carta advierte sobre el riesgo de confundir la contemplación con una evasión sentimental de los deberes cotidianos, o con un refugio en ideales abstractos. “Dios no nos pide que miremos a las nubes en un ensueño ineficaz, sino que alcemos los ojos al cielo precisamente a través de lo que vivimos, lo que tenemos entre manos; también a través de los imprevistos y los reveses de cada día”.

Reproduce unas palabras de gran fuerza de San Josemaría: “No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca”. “Por eso -continuaba- puedo deciros que necesita nuestra época devolver a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo”.

“En definitiva, la contemplación no nos desentiende de nuestras responsabilidades terrenas; por el contrario, nos lleva a vivirlas con esfuerzo y con cariño, porque las vemos y las amamos con Dios, y desde Dios”.

Con el fin de alcanzar esa contemplación, el prelado sugiere, por un lado, “la fidelidad a la oración mental diaria. Necesitamos esos tiempos exclusivos de encuentro a solas con Dios”.

Y, en segundo lugar, cultivar la conciencia de la presencia de Dios a lo largo del día, con “la búsqueda activa de momentos de silencio, la fortaleza para permanecer en una misma actividad, la perseverancia en un trabajo constante, la humildad para escuchar, el contacto con la naturaleza, la apertura a la amistad sincera, entre tantos otros caminos”.

No se trata de centrarse en uno mismo: "La vida contemplativa no cierra al cristiano en un intimismo individualista”. “San Josemaría nos recuerda que no podemos separar el amor a Dios del amor a los demás”, añade.

En este sentido, la carta delinea la relación entre contemplación y la dedicación a los demás: “nuestra contemplación se prueba en la calidad de nuestra caridad fraterna. La delicadeza en las relaciones con los demás, el respeto de su libertad, el espíritu de servicio alegre y la capacidad de escucha son manifestaciones concretas de una vida de oración sincera: muestran que vemos cómo Dios nos espera en los demás”

Por último, destaca: “podríamos decir que no ejercemos la contemplación: somos contemplativos. La contemplación no es algo que hacemos a ratos, junto a las demás cosas: es un modo de ser y de ver la vida, en Dios y desde Dios, que informa todo lo que hacemos, lo que vivimos, lo que sentimos. Por eso, contemplación, trabajo, fraternidad y apostolado son dimensiones de una única vida cristiana. Al contemplar a Dios en la oración, lo descubrimos en el trabajo, lo amamos en nuestros hermanos y lo anunciamos con gozo a todo el mundo”.

Świat

Obispos latinoamericanos priorizan la salud del Papa antes que su visita

Arzobispos y obispos de la Iglesia católica en Uruguay (cardenal Sturla), Argentina (Mons. Musolino), y Perú (Mons. Edinson Farfán OSA, obispo de Chiclayo), han puesto en primer lugar la salud del Papa León XIV antes que su previsto viaje del 6 al 16 de noviembre, en un encuentro organizado por ACN Internacional.

Redakcja Omnes-16 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

Representantes de la Iglesia católica de los tres países latinoamericanos que el Papa León XIV tiene previsto visitar a primeros de noviembre (Uruguay, Argentina y Perú), han priorizado hoy la salud y la recuperación del Santo Padre por delante del podróż apostolska aprobado por el Vaticano hace unas semanas, y que no se ha descartado, vista la mejoría del Papa.

Tanto el cardenal salesiano Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo (Uruguay), como el obispo auxiliar de Cordoba (Argentina), Mons. Alejandro Musolino, en representación del cardenal Rossi, y el obispo de Chiclayo, Mons. Edinson Farfán, OSA, han coincidido en que están a la espera de lo que pueden indicar los médicos y la Santa Sede.

La decisión puede ser dar luz verde a la visita, o bien tomar la decisión de un aplazamiento, o incluso una tercera posibilidad: un viaje apostólico con un recorte del plan aprobado en cada uno de los países.

Unidad plena en la rueda de ACN

En una rueda de prensa online, organizada por ACN International (Ayuda a la Iglesia Necesitada) y moderada por María Lozano, la coincidencia y unidad de los ponentes ha sido plena. Al final, al ser preguntados por periodistas, se han producido algunos matices complementarios, que también han compartido, incluso una tercera vía.

La tercera vía: aligerar el viaje

El cardenal Sturla ha manifestado que si conviene modificar las fechas, el mes de enero para nosotros (Uruguay) no es un buen mes, hace mucho calor, gente que está de vacaciones, etc. Diciembre, febrero o marzo serían buenos meses para la visita, y también estamos abiertos, por supuesto, a que se revise la visita, y tener que aligerar algo la agenda del Santo Padre.

El auxiliar de Córdoba, Mons. Musolino, ha coincidido, añadiendo que la preocupación sería mantener el espíritu del Pueblo de Dios, que ha mostrado tanto entusiasmo, y cómo agradecer y continuar manteniendo la cantidad de personas que han trabajado y siguen trabajando. Y que seguramente van a tener que continuar trabajando. Mantener la movilización.

“Seguimos orando por la salud del Santo Padre, y estamos atentos a cualquier recomendación que nos proporcionen la Santa Sede y los médicos. Siempre queremos la salud del Santo Padre. Lo primordial es que el Santo Padre esté bien”, ha manifestado el obispo de Chiclayo.

“El día después” . Uruguay, “un impulso de esperanza”

Al final, el cardenal uruguayo y los dos obispos comentaron “el día después” de la visita del Papa, a preguntas de los periodistas. Es decir, qué va a pasar en sus países.

El cardenal Sturla señaló que “tenemos un lema para la visita del Papa: “les anuncio una gran alegría”. La visita del Papa puede ser en nuestro país “un impulso de esperanza para todos los creyentes, creyentes y no creyentes. y yo creo que se espera esa palabra de esperanza. El otro mensaje es la alegría”.

Experimentar el gozo de la fe también para «transmitir a tantos hermanos nuestros que están en búsqueda y que necesitan percibir que la fe es fuente de alegría y de salvación”.

Argentina: “que él también pueda disfrutar de la visita”

El obispo auxiliar de Córdoba ya lo había dicho varias veces, pero retomó el hilo de la esperanza: “sentimos una gran esperanza de su presencia, y quisiéramos que se recupere bien. y cuando sea que lo podamos tener entre nosotros, él también pueda disfrutar de la visita, y nosotros podamos gozar de su presencia, y que venga a celebrar nuestra fe, a confirmarnos en la fe”.

“Que pueda disfrutar y gozar de la alegría y de la esperanza que necesita el pueblo argentino”, añadió.

Ante una pregunta de los medios sobre el presidente argentino, Javier Milei, y su relación con la Iglesia, Mons. Musolino señaló que habían percibido “una buena disposición” para la visita del Papa León XIV a todos los niveles.

Perú: “testimoniar la comunión en una cultura del encuentro”

“Agradezco a ACN este este pequeño espacio que nos ha brindado”, dijo el obispo agustino de Chiclayo, Mons. Edinson Edgardo Farfán Córdova, de cuya diócesis fue titular el actual Papa ocho años”.

El obispo de Chiclayo, diócesis que el Papa tiene previsto visitar varios días, recordó al patrono de los obispos latinoamericanos y peruanos, santo Toribio de Mogrovejo, que León XIV mencionó también en su visita a España.

Y en su respuesta al “día después”, el obispo agustino se refirió al lema de la visita papal a Perú, “Abramos el corazón”, subrayó la esperanza, y destacó casi de modo especial: “aprendamos a vivir en comunión. Los seres humanos tenemos que testimoniar la comunión a través del diálogo, de la escucha, propiciando la cultura del encuentro”.

Fue una idea que reiteró el obispo Edinson Farfán en varias ocasiones. 

Luis Vildoso, responsable de proyectos para Latinoamérica de ACN, agradeció a los obispos su presencia en la red, y se sumó a la ilusión de tantas personas en todos estos lugares por la visita del Santo Padre. En su presentación, había señalado que 1 de cada 2 católicos, el 48 por ciento, vive en esta región latinoamericana.

AutorRedakcja Omnes

Świat

León XIV pide a Putin un alto el fuego para asistir a la población de Oleshky

León XIV pide un alto el fuego en Oleshky para facilitar la entrada de ayuda humanitaria y evacuar a los civiles

Redakcja Omnes-16 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

El Papa ha expresado su preocupación por la grave situación humanitaria en esta ciudad de la región ucraniana de Jersón y ha reclamado que se facilite la entrada de alimentos y asistencia médica, así como la evacuación segura de los civiles.

El Papa León XIV ha mantenido este viernes una conversación telefónica con el presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, en la que ha manifestado su «profunda preocupación» por la grave situación humanitaria en la ciudad de Oleshky, en la región ucraniana de Jersón.

Durante la llamada, el Santo Padre ha pedido un alto el fuego que permita el envío de alimentos y asistencia médica a la población afectada, así como la evacuación voluntaria y segura de los civiles.

Por último, León XIV ha reafirmado el compromiso de la Santa Sede con la promoción del diálogo y la paz.

La ciudad, situada en la orilla oriental del río Dniéper, permanece bajo ocupación rusa desde febrero de 2022 y se encuentra cerca de la línea del frente. La población que continúa allí afronta una grave crisis humanitaria, marcada por la escasez de alimentos y medicamentos, los daños en las infraestructuras y las dificultades para acceder a servicios básicos. Los ataques con drones y la presencia de minas terrestres también hacen especialmente peligrosos los desplazamientos y las evacuaciones. Según organismos internacionales, la situación se ha deteriorado durante 2026, con importantes obstáculos para la llegada de ayuda humanitaria y la salida segura de los civiles.

Świat

“La mayoría de los conflictos tienen su origen en la pobreza”

Fidèle Podga Dikam, de Manos Unidas, analiza la relación entre la paz y la alimentación en el mundo

Virginia Gil-Nogués-16 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

¿Qué tiene que ver la paz con el hambre? ¿No son conceptos ajenos? Aunque parezcan realidades diferentes, la alimentación y la paz van de la mano. Lo acaba de analizar una mesa redonda organizada por Manos Unidas con expertos en desarrollo.

Fidèle Podga Dikam, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, ha sido uno de los ponentes en la “Mesa del Hambre” organizada en la sede de la Fundación Botín en Madrid con motivo del Día Mundial de la Alimentación y el Día Internacional de Erradicación de la Pobreza. Los participantes, especialistas en acción humanitaria y derechos humanos, analizaron cómo la violencia y los conflictos destruyen los sistemas alimentarios, y dialogaron sobre qué posibles acciones pueden proteger el derecho a la alimentación. Pogba explica a Omnes su visión sobre los sistemas alimentarios.

¿Qué resulta prioritario solucionar, las hambrunas o la violencia y los conflictos armados?

—Ambos aspectos van vinculados, pero, por prioridad, las hambrunas. Hay que salvar la vida del ser humano, porque si no lo otro no tendría mucho sentido. Las hambrunas no nacen como generación espontánea, sabemos dónde las va a haber. En vez de solucionarlas una vez acaecidas, vayamos a prevenir, porque también eso se puede hacer.

¿Es cierto que gran parte de las hambrunas están relacionadas con la guerra, al menos en la época contemporánea?

—El hambre es multicausal. Dependiendo de qué foco o momento, de qué contexto, de qué país, de qué zona, puede haber una causa mayor. Pero, en cualquier caso, el hambre en el mundo depende de una sola causa mayúscula, y se llama “sistemas alimentarios mundiales”. A través de ellos no se produce alimento donde se necesita para que la gente viva o coma según sus tradiciones culturales, sino que se produce donde no hace falta con el fin de vender excedentes. Por ejemplo, el trigo, el arroz, el azúcar, todos los alimentos prioritarios para la vida del ser humano vienen de fuera.

Hace años, Haití, uno de los países más pobres del mundo, vivía con su producción de arroz de una manera más o menos suficiente. Pero entonces empezó a llegar arroz de Estados Unidos y, dado que el tejido productivo del país es inexistente, dejó de producir. Los sistemas alimentarios sirven para productos que se exportan al norte: palma aceitera, algodón, e incluso campos para minería. Con lo cual, dichos sistemas producen hambre.

Cuestión de reparto, no de producción

¿Mantiene que el problema es el reparto, no la falta de producción de alimentos en el mundo?

—Una perspectiva global de análisis de recursos me permite decir que el problema es un reparto no equitativo. Producimos alimentos para dar de comer casi al doble de la humanidad y aun así no llega, porque precisamente los sistemas alimentarios nos obligan a tirar un tercio de nuestro alimento a la basura, para mantener los precios.

Por ejemplo, he estado en Mallorca y he visto barcos tirando plátanos al mar. A un nivel de análisis macroeconómico, podemos afirmar que el problema es de reparto, pero a un nivel real de la población, el problema es la incapacidad de producir donde el alimento falta. Por ejemplo, el acaparamiento de tierras que quitan a las poblaciones para otros usos. Ese es el tema de fondo, la incapacidad de invertir en la producción agrícola local para que la gente pueda vivir según sus tradiciones culturales.

Dlaczego?

—Porque detrás de los sistemas alimentarios está el conflicto y el cambio climático. El nexo común es un modelo de producción agrícola por el que uno produce barato donde la mano de obra no cuesta nada y vende donde saca grandes beneficios. Les da igual lo que coma la población. Y España, tarde o temprano, va a ser también víctima de hambre.

¿Cómo conseguir seguridad alimentaria a largo plazo?

—Es necesaria una educación para el desarrollo y transformación social, crear conciencia de que lo que uno hace aquí tiene repercusión allá. Hay que trasladar la idea de ‘come lo suficiente, come lo que necesitas; aunque tú lo puedas pagar, el mundo no puede’.

Por otro lado, atención inmediata al que muere de hambre: la dignidad humana está en juego, la vida está en crisis. Francia va a bajar los fondos para la cooperación a un 45 %, pero, ¿qué van a hacer los que dependían de esos fondos para una vida inmediata? ¿Dónde está la conciencia humana y el valor de la dignidad humana? Europa tiene que recuperar ese trasfondo ético que nos hable de lo que en realidad es el ser humano.

¿Es posible corregir esos errores dentro del sistema capitalista sin una revolución radical?

—Ni soy capitalista, ni soy comunista, ni soy socialista. La cuestión no es etiquetarnos, sino comprobar qué garantías tenemos para que la dignidad del ser humano esté en el centro. Los derechos humanos nos constituyen en nuestra dignidad independientemente de las opciones políticas. Si no, ¿qué sentido tiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos? El sistema económico tiene claves culturales que repercuten sobre él.

¿Cómo evitar que el beneficio económico se anteponga a la consideración de la alimentación como un derecho humano?

—Se pueden establecer precios mínimos para alimentos esenciales para la vida, sobre todo en tiempos de crisis, y fomentar la agricultura local y la soberanía alimentaria. Los países llamados pobres no son pobres: son países mal gestionados o donde el beneficio queda en manos de élites. También habría que fomentar un consumo responsable desde los países de destino, comprando productos de proximidad, para beneficiar la economía local.

La jornada de Manos Unidas era sobre paz y alimentación. En realidad, ¿hasta qué punto los conflictos en el mundo tienen su raíz en el problema alimentario?

—La mayoría de los conflictos tienen su origen, si no en el hambre, sí al menos en la pobreza y en la discriminación. Cuando se excluye a un colectivo de la gestión de los asuntos públicos, se crea una especie de pobreza para esa gente excluida, pues es la base sobre la que se asienta la conflictividad. Existe una utilización torticera del malestar de la población por parte de los señores de la guerra, quienes reavivan el fuego para controlar las tierras, el ganado o la minería. El tema del hambre, la pobreza, la miseria y la exclusión siempre está ahí subyacente. Y el descontento de la población siempre es utilizado por unos o por otros.

AutorVirginia Gil-Nogués

Watykan

”Mejora constante” del Papa, que ha celebrado Misa en el hospital

León XIV continúa con una evolución postoperatoria positiva y hoy ha podido celebrar la Santa Misa en las dependencias habilitadas en el Gemelli.

Redakcja Omnes-16 de październik de 2026-Czas czytania: 2 minuty

Los facultativos indican una “mejora constante de su estado general”.

De hecho el Papa ha podido celebrar Misa en la sala habilitada en la décima planta del Hospital Gemelli.

Actualización médica

Como viene siendo habitual en los últimos días, los médicos Luigi Carbone y Stefano Margaritora han informado, a través de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, de la evolución postoperatoria del Papa.

El Papa se ha sometido a un “análisis de sangre y a una radiografía de tórax”, que han confirmado esta mejoría y, además ha seguido con las sesiones de fisioterapia respiratoria.

La nota indica que la positiva recuperación postoperatoria está permitiendo al Papa “realizar sus actividades cotidianas con total autonomía”.

Foto del Papa celebrando la Misa en el Gemelli, facilitada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Celebración de la Santa Misa

De hecho, casi a la par, la Sala de Prensa de la Santa Sede ha compartido una nota junto con dos fotografías, en la que han informado de que el Papa León XIV “ha celebrado la Santa Misa a las 12 de hoy.

En la celebración han participado “miembros del personal médico y de enfermería del hospital, que en ese momento se encontraban fuera de servicio, así como miembros del Cuerpo de Gendarmería del Estado de la Ciudad del Vaticano”.

El Papa ha agradecido a todo el personal “el trabajo que realizan cada día cuidando de los enfermos y de su fragilidad y, en particular, todo lo que han hecho y hacen por él”.

Świat

Por primera vez en cinco años aumentan los sacerdotes en el mundo

El número de católicos aumentó en todos los continentes, aunque el porcentaje permanece en torno al 17% de la población mundial

Redakcja Omnes-16 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

El número de católicos en todo el mundo es de 1.422.144.000, con un incremento de 16,6 millones respecto al año anterior, según publica la agencia Fides. Las cifras corresponden a la última estadística de la Santa Sede, correspondiente a 30 de junio de 2023. El aumento de católicos se produce en los cinco continentes, incluida Europa, donde se confirma el incremento ya registrado el año pasado.

La agencia recoge una tendencia de años anteriores: el aumento de católicos es mayor en África (asciende en 7,58 millones), aunque el crecimiento es menor que en la estadística anterior; y en América (6,99 millones). Le siguen Asia (968.000), Europa (911.000) y Oceanía (239.000).

No obstante este incremento, el porcentaje de católicos dentro de la población mundial permanece sin variación respecto al año precedente, y equivale al 17,8%. A 30 de junio del 2024 la población mundial era de 7.995 millones de personas, con un aumento de 80,99 millones respecto al año anterior.

Más sacerdotes

Además, las cifras recogidas por Fides subrayan que, por primera vez en cinco años, ha aumentado el número total de sacerdotes en el mundo. Han pasado de los 406.996 registrados en el informe anterior a 407.421 en el de este año, con un incremento de 425 sacerdotes.

En este apartado se registran diferencias por continentes. Europa vuelve a registrar un descenso (2.483), al igual que Oceanía (32). En cambio, como el año pasado, se observan aumentos significativos en África (1.676) y Asia (1.065). América invierte la tendencia del año anterior y vuelve a registrar un saldo positivo (199).

Por otro lado, el número de habitantes por sacerdote ha ascendido este año, en una tendencia que viene de atrás, con un total de 186 personas alcanzando la cuota de 16.104 (el año anterior era 15.918). La distribución por continentes ve incrementos en Oceanía (290), América (102) y Europa (77), mientras disminuye en Asia (182) y África (148). También ha aumentado el número de católicos por sacerdote: 3.491 (38 más con respecto al año anterior).

El número de los obispos en todo mundo también se ha incrementado en el último año, con 95 más con respecto al año anterior, hasta un total de 5.525. Hay más ascenso en obispos diocesanos (107) que en religiosos (12 menos).

Seminarzyści

Frente al aumento de sacerdotes, ha descendido el número de seminaristas mayores, tanto diocesanos como religiosos. En todo el mundo son 103.604 (por 106.495 del año anterior). Se registra un fuerte aumento en África (786), pero hay menos en América (227), Asia (2.733), Europa (701) y Oceanía (16). Mientras los seminaristas mayores diocesanos disminuyen a 63.856 (207 menos), los religiosos lo hacen a 39.748 (2.684).

Religiosos (no sacerdotes) y religiosas

Por otro lado, los religiosos no sacerdotes han disminuido en 237 con respecto al año anterior, alcanzando un total de 48.511. Disminuyen en Europa, América y Oceanía, mientras suben en África y Asia (donde el año pasado habían bajado).

En las estadísticas más recientes se confirma la tendencia a la disminución global de las religiosas, fenómeno que ocurre desde hace tiempo: son 580.131 (9.292 menos). Suben en África (2.190), pero descienden en los demás continentes.

Circunscripciones eclesiásticas

Las cifras muestran que en el mundo hay 6 circunscripciones eclesiásticas más que el año anterior. Esto incluye las diócesis, archidiócesis, sedes metropolitanas, prelaturas territoriales, ordinariatos militares, vicariatos apostólicos y similares.. Hay en total 3.047.

Educación y salud

En el campo de la educación la Iglesia administra en el mundo 75.448 escuelas infantiles frecuentadas por 7.480.373 alumnos.  En cuanto a las escuelas primarias, hay 103.666 centros, con un total de 36,3 millones de alumnos (el año anterior eran 102.455 centros y 36,2 millones de alumnos).

Por su parte, las escuelas de secundaria ascienden a 51.810, con 20,3 millones de alumnos (en el informe anterior eran 52.085, y 20,7 millones de estudiantes).

La Iglesia mantiene además 101.110 institutos sanitarios de beneficencia y asistencia. Eso incluye, por ejemplo, 5.397 hospitales y 13.646 dispensarios, la mayor parte en África y América; 468 leproserías; 16.263 residencias para ancianos y enfermos; 8.138 orfanatos.

Estas cifras, dadas a conocer por Fides con motivo de la 99ª Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra el domingo 18 de octubre, proceden del último “Anuario Estadístico de la Iglesia”, actualizado a fecha del 31 de diciembre de 2024.

Watykan

León XIV a la FAO: “El pan no es un activo financiero ni un arma de guerra”

“Es intolerable que el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada. (...) El pan no es un activo financiero ni un arma de guerra”, ha señalado León XIV en un Mensaje al director general de la FAO, Sr. Qu Dongyu, en el Día Mundial de la Alimentación 2026.    

Redakcja Omnes-16 de październik de 2026-Czas czytania: 3 minuty

En la situación actual nos enfrentamos a una paradoja: el progreso global, que avanza cada vez más rápido, va acompañado de la persistencia del hambre y la pobreza. Este no es un problema técnico ni  económico, sino una profunda crisis antropológica y ética, señala el Papa León XIV en un Wiadomość al director  general de la FAO, Sr. Qu Dongyu, con motivo del Día Mundial de la Alimentación.

El mensaje del Papa, en síntesis

Algunas de las ideas que ha trasladado el Papa a la FAO son las siguientes:

– El acceso regular a una alimentación inocua, adecuada, suficiente y acorde con la dignidad de cada persona es un derecho humano fundamental.  Garantizar este derecho es una obligación de justicia que compromete a los Estados y a la comunidad internacional. (…).

- "El hambre no puede considerarse una anomalía estadística, pues se debe en gran parte a una falta de voluntad política y de caridad colectiva. (…).

– Es intolerable que el pan siga siendo un privilegio y el agua una mercancía disputada. (…). 

– La escasez de alimentos no es tampoco algo geográficamente inevitable. (…).

Nuevo orden alimentario global 

– Es necesario establecer un nuevo orden alimentario global en el que la innovación tecnológica esté subordinada de manera incondicional al respeto de la dignidad humana otorgada por Dios y al bien común universal. (…).

El pan no es un activo financiero volátil

– Garantizar la nutrición del mañana exige liberar los alimentos de las lógicas puramente especulativas. El pan no es un instrumento de presión geopolítica ni un activo financiero volátil. (..)

– Nunca debe utilizarse (el pan) como arma de guerra. Impedir que llegue a todos o destruir los medios que lo producen es una terrible ofensa a la dignidad humana. El pan es precioso porque sostiene la vida que Dios nos ha dado. Por eso debemos superar la tentación de pensar a corto plazo. (…)

– El mito del crecimiento ilimitado a pesar de que los recursos son limitados ha llegado a un punto de ruptura. (…)

6 ideas sobre innovación

Al comienzo del Mensaje, el Papa ha trazado las líneas maestras sobre las que debería establecerse la innovación.

1. Hoy se habla de innovación con gran soltura. Por otro lado, con frecuencia, se reduce a los artefactos, los algoritmos o la optimización del rendimiento por la mera rentabilidad del capital.

2. Es preciso purificar el concepto. Innovar no consiste en reemplazar lo creado, sino en penetrar con reverencia en las complejas leyes que salvaguardan la obra salida de las manos del Creador. 

3. Cuando la tecnología moderna aplicada a la agricultura despoja al suelo de su fertilidad natural o expulsa al campesino de su tierra para sustituirlo por el frío cálculo financiero, no se trata de progreso, sino de una sofisticada forma de devastación. 

Promoción de la dignidad humana

4. El uso irresponsable de la tecnología, que no sirve al bien común, sino a intereses egoístas exclusivamente, viola el principio de solidaridad y también ignora el mandato del ser humano de preservar la creación.

5. La innovación que el mundo necesita no se mide únicamente por la cantidad de grano obtenida, sino por la promoción de la dignidad humana otorgada por Dios y por la integridad del ecosistema que el ser humano está llamado a preservar.

6. Si la innovación nace del respeto al orden natural y de la justicia hacia los hambrientos, el mañana traerá consigo una mesa colmada que sacie a la humanidad.

Audacia moral

Finalmente, el Pontífice invita a la FAO y a los Estados representados en ella a que no se conformen con diagnósticos abstractos ni con declaraciones de eficacia efímera. Es hora de la audacia moral. 

Los recursos invertidos en la industria de la guerra deberían desviarse, por un imperativo ético impostergable, hacia la investigación agrícola sostenible y la regeneración de los suelos degradados. 

Con estos sentimientos hacia quienes se dedican a cultivar la tierra y a alimentar a la humanidad, invoco la bendición del Dios todopoderoso y aseguro el apoyo incansable de la Santa Sede a todas las iniciativas que favorezcan a la FAO en sus nobles esfuerzos, concluye el Papa su Mensaje, fechado el 12 de octubre de 2026.

AutorRedakcja Omnes

Inicjatywy

Verbum: aprender idiomas a través del Evangelio del día

Entrevista a Luigi Bugalla, fundador de Verbum, una iniciativa que une el aprendizaje de idiomas con la lectura y meditación del Evangelio del día.

Teresa Aguado Peña-16 de październik de 2026-Czas czytania: 4 minuty

Aprender idiomas y meditar el Evangelio pueden parecer actividades muy distintas, pero Luigi Bugalla ha encontrado una forma de unirlas. Consultor lingüístico, políglota y católico, ha creado Verbum, una iniciativa que propone aprender lenguas a través del Evangelio del día.

Los textos se presentan en paralelo, frase por frase, en distintos idiomas, con los verbos destacados para facilitar el aprendizaje de la gramática, el vocabulario y la pronunciación. La propuesta parte de una convicción: cuando leemos algo que nos interesa, aprendemos mejor y con más constancia.

En esta entrevista, Bugalla explica cómo nació el proyecto y de qué manera el estudio de una lengua puede convertirse también en una oportunidad para detenerse en la Palabra de Dios.

¿Cómo surgió la idea de unir dos actividades que forman parte de su día a día, el aprendizaje de idiomas y la meditación del Evangelio?

–La unión surgió de una forma bastante natural. Me dedico a la enseñanza de idiomas y, desde hace años, coordino el equipo de traducción al italiano de evangeli.net. Al mismo tiempo, la lectura y la meditación del Evangelio del día forman parte de mi vida cristiana. Al trabajar diariamente con esas dos realidades, comprendí que podían ayudarse mutuamente. Un idioma se aprende mejor cuando el contenido despierta un interés verdadero; y leer el Evangelio en otra lengua obliga a detenerse en cada verbo, cada expresión y cada acción de Jesús.

De esa intuición nació Verbum. El nombre resume sus dos dimensiones: el verbo como motor de la frase y el Verbo de la expresión latina «Et verbum caro factum est», «Y el Verbo se hizo carne». Quise ofrecer un recurso sencillo para personas con poco tiempo: un fragmento del Evangelio del día, presentado en varias lenguas, con los verbos destacados y un audio para trabajar la pronunciación y la comprensión. Así, una actividad cotidiana como estudiar un idioma también puede convertirse en una ocasión para escuchar y meditar la Palabra con más atención.

¿Verbum está pensado principalmente para personas que quieren mejorar su nivel de idiomas o también para quienes desean profundizar en su vida espiritual?

–Verbum está pensado para ambos perfiles. Algunas personas llegan porque quieren mejorar un idioma y necesitan un contenido que les motive a mantener la constancia. Otras buscan reservar cada día unos minutos para el Evangelio y descubren que leerlo en otra lengua les ayuda a hacerlo más despacio y con mayor atención. En muchos casos, las dos motivaciones terminan uniéndose.

Se dirige especialmente a personas adultas con poco tiempo, incluidas aquellas que se han bloqueado con los idiomas o han pasado por métodos que no les han dado el resultado esperado. La propuesta es breve y cotidiana, de modo que cada uno pueda integrarla en su propio ritmo. Para un creyente, el Evangelio aporta una motivación espiritual muy fuerte. Una persona no creyente también puede utilizar verbum como herramienta lingüística y acercarse al Evangelio como un texto fundamental de nuestra cultura, lleno de acciones, decisiones y preguntas humanas universales. No hace falta partir de un nivel avanzado. Hace falta curiosidad, algo de constancia y disposición para volver sobre un texto breve hasta comprenderlo y hacerlo propio.

Usted sostiene que la mejor manera de aprender idiomas es leer y meditar contenidos que nos interesan. ¿Qué ventajas tiene aprender una lengua a través de un texto con significado personal?

–Cuando un texto nos importa, prestamos más atención y tenemos una razón para regresar a él. Eso cambia la forma de aprender. Las palabras dejan de aparecer como elementos aislados y se relacionan con una escena, una acción y una idea que queremos comprender. El esfuerzo tiene un propósito concreto, y esa implicación facilita la memoria y la constancia.

El Evangelio ofrece además una ventaja para muchos lectores: conocen el pasaje o, al menos, les resulta familiar. Ese conocimiento previo permite deducir significados, reconocer estructuras y concentrarse en cómo se expresa la misma idea en otra lengua. Al destacar los verbos, el alumno ve quién actúa, qué sucede y en qué tiempo se cuenta. Así empieza a entender la arquitectura de la frase y no se limita a acumular vocabulario.

La lectura pausada también favorece la comprensión auditiva y la pronunciación cuando se acompaña con el audio. Se puede leer, escuchar, repetir y comparar un fragmento breve sin convertir el estudio en una tarea interminable. El contenido significativo sostiene ese trabajo diario. En el caso de Verbum, permite que el aprendizaje lingüístico y la meditación compartan al mismo tiempo.

¿Qué puede descubrir un lector cuando compara el mismo pasaje del Evangelio en distintas lenguas? ¿Hay matices que se aprecian mejor al hacer esa comparación?

–Sí. Una traducción tiene que elegir, y cada lengua organiza el sentido de una manera particular. Al comparar varias versiones, el lector descubre qué elementos permanecen y cuáles requieren una expresión diferente. Puede advertir que una lengua subraya la acción mediante el verbo, mientras otra hace más visible el resultado, la duración o la relación entre las personas. También aparecen diferencias de orden, tiempos verbales y campos de significado que una sola versión puede dejar menos visibles.

Pensemos, por ejemplo, en el verbo «permanecer», tan importante en el Evangelio de san Juan. Al encontrarlo como abide o remain en inglés, demeurer en francés, rimanere en italiano o bleiben en alemán, el lector amplía su percepción de una misma invitación: quedarse, habitar, mantenerse unido. La comparación no cambia el mensaje, pero ayuda a contemplarlo desde varios ángulos y a prestar atención a palabras que quizá se leen con demasiada rapidez en la lengua materna.

Este ejercicio debe hacerse con humildad. Comparar traducciones modernas enriquece la lectura, pero no sustituye el estudio de los textos originales ni una buena exégesis. Su principal valor en verbum es pedagógico y contemplativo: aprender cómo funciona cada lengua y, al mismo tiempo, detenerse ante lo que el Evangelio dice.

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Las personas interesadas en conocer Verbum pueden acceder a través de www.verbumevangelio.com, que abre una conversación de WhatsApp con Luigi Bugalla para recibir información y comenzar a utilizar el servicio. La iniciativa es completamente gratuita, aunque admite aportaciones voluntarias para sostener y ampliar el proyecto, cuyo objetivo es acercar el Evangelio del día a más personas y ayudarles a profundizar en su lectura mientras aprenden idiomas.

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PodpisyAlberto del Olmo Elías

Vivir como inquilino

"Esta doble condición del hombre sobre la tierra; la de gozar de un mundo dado y la de tener, sin embargo, que trabajar por él, nos une a todos, cristianos y paganos, en el presente".

16 de październik de 2026-Czas czytania: 5 minuty

Hace dos semanas leíamos en el evangelio la parábola de los “viñadores homicidas”. Es conocida por todos. Jesús nos cuenta la historia de un señor que arrenda su viña a unos labradores, a los que exige como pago parte del fruto que obtienen de ella. La hemos leído mil veces, y mil veces nos han explicado que, como decíamos en el salmo, la viña del Señor es la casa de Israel, dejada a cargo de los maestros y los escribas que, en vez de retribuir con frutos de conversión a su Señor, deciden constantemente maltratar a los profetas y enviados y, en última instancia, al mismo Jesús, el Hijo Único.

Esta semana, sin embargo, caía en la cuenta de otra cuestión, que, dada la situación actual de nuestro país, me pareció especialmente interesante. La parábola, según el texto de la Conferencia Episcopal, empieza diciendo: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos». ¡Qué atrevimiento! Una parábola de propietarios e inquilinos, ¡con la que está cayendo! Yo, además, soy sacerdote, ¡figúrese! ¡como para predicar del tema! Por la situación de mi parroquia y por salvaguardar mi integridad física preferí predicar de otros asuntos. Sin embargo, con el paso de los días, me ha parecido interesante volver sobre este punto.

Una parábola sobre propietarios e inquilinos

Evidentemente sería demagógico utilizar este texto del Evangelio para emitir un juicio sobre el modo concreto en que debe gestionarse el problema de la vivienda o la propiedad privada en general. Y sería frívolo tratar de resolver una situación, dramática para muchas personas, en unas pocas líneas. Tampoco a mí me corresponde hacerlo. Como he dicho, soy sacerdote, no político o economista (gracias a Dios). Sin embargo, sí que creo interesante parar a considerar un hecho tan real como, muchas veces, incómodo, que la parábola pone de manifiesto. El hombre habita una tierra que no le pertenece. El ser humano vive y trabaja… como inquilino en el mundo.

La experiencia, más o menos consciente, de habitar una realidad “dada”, no elegida o creada por uno, sino “recibida” o “donada” subyace a todas las tradiciones religiosas y, según cómo se mire, también políticas y jurídicas de la historia de la humanidad. No hace falta estudiar la carrera de filosofía para darse cuenta de que no nos damos la existencia a nosotros mismos ni a la realidad en la que estamos insertos. Bien podría decirse, desde el positivismo moderno, que esto no implica necesariamente la existencia de un “dador”, de un Creador. Pero, aun suponiendo que todo cuanto existe, existe fruto del puro azar sin rostro, tendríamos que seguir reconociendo, sencillamente, que no hemos elegido, ni podemos hacerlo, cómo es el mundo, el tiempo o las leyes de la física que han surgido de la casualidad.

El mundo no nos pertenece

Ninguno de nosotros es propietario, poseedor de la realidad. Uno podría querer que el agua del mar se convirtiera en cerveza, o que la explotación de los recursos fósiles no tuviera ningún impacto en la biodiversidad, o que se pudiera borrar de un plumazo en los compañeros del colegio el recuerdo de aquella situación tan vergonzosa en patio del recreo siendo uno adolescente. Y no podría hacerlo. La indisponibilidad de la realidad que nos rodea es un testimonio ineludible de que no somos “propietarios” de ella.

Habitar el mundo de este modo, desde la conciencia de que no nos pertenece, puede parecer frustrante o injusto de primeras. Al fin y al cabo, todos, en determinados momentos de nuestra vida, hemos deseado que las cosas fueran de otro modo, y no hemos podido hacer nada para cambiarlas. En ocasiones, esto es absolutamente dramático; ¿Quién no evitaría, si pudiera, la muerte de sus seres queridos o los desastres naturales? Sin embargo, para quienes podemos hacer un juicio desde la fe, es, a la vez, bastante liberador. La realidad es bella, precisamente, porque no es nuestra.

Uno se asombra ante las cosas porque sabe que no se las ha dado a sí mismo, e incluso delante del mal, sabe que tiene un interlocutor; sabe que hay un Propietario a quien pedir explicaciones por las goteras y las cañerías de la casa. Habitar el mundo desde la conciencia de que es “de Otro” es fuente de la verdadera libertad, pues, quien mira con corazón sencillo, puede verlo todo con la gratitud de quien todo lo recibe. Poseer “como si no poseyéramos”, como diría san Pablo, es fruto de la nueva mirada del cristiano, llamado a amar las cosas como dadas y no como propias, con la gratitud que brota del corazón de quien ha entendido el verdadero significado de la castidad cristiana.

Inquilinos llamados a dar fruto

El mundo nos es dado, no propio. Y, sin embargo, con la misma fuerza debemos decir que no nos es “ajeno”. Este mundo que habitamos exige también de nosotros el esfuerzo de nuestro trabajo y el ofrecimiento de la propia voluntad. Esta es la realidad del arrendatario: habitando una viña que no le pertenece, no puede, sin embargo, desentenderse de ella, sino que está llamado a “hacerla mejor”, a favorecer que dé fruto, a trabajarla. Esta necesidad, presente igualmente en el corazón humano en su deseo de justicia, de bien y de belleza, la llamada -velada para el materialista, evidente para el cristiano- a “trabajar”, a “dar fruto”, a hacer del mundo un lugar mejor, nos une a todos en una misma condición humana. Evidentemente tendremos que poner nuestra razón en juego para encontrar el bien común y las mejores soluciones a los problemas sociales que nos asolan.

Evidentemente también, tendremos que decir que no todas las batallas que se libran bajo el estandarte de la justicia son, de hecho, justas. Pero esto no puede hacernos olvidar aquel principio que ya apuntó san Agustín en su tiempo: “la familia humana que no vive de la fe busca la paz terrena en los bienes y ventajas de esta vida temporal […] La ciudad celeste […] tiene también necesidad de esta paz” y, por tanto “dado que ella (la paz) es patrimonio común a ambas ciudades, se mantendrá así la armonía mutua en lo que a esta vida mortal se refiere” (cf. Civitas Dei L XVII C XVII). Ciertamente, como también dirá san Agustín, esta armonía se rompe en el momento en que se impide para la consecución de la paz terrena la adoración del Dios verdadero. En ese caso el cristiano tendrá que estar dispuesto, incluso, a padecer el martirio. Pero ni siquiera entonces deja de ser verdadero lo anterior: el corazón humano, por el hecho de ser creado, busca y desea naturalmente la paz, la justicia, el bien.

Esta doble condición del hombre sobre la tierra; la de gozar de un mundo dado y la de tener, sin embargo, que trabajar por él, nos une a todos, cristianos y paganos, en el presente. No pretendo ser simplista. Cada uno de nosotros tendrá que ponerse en juego, discernir con su intelecto el bien y el mal, juzgar la realidad y tratar de llegar a las conclusiones adecuadas con los criterios que recibimos de la fe y la razón. Pero el juicio del cristiano surge siempre de un corazón agradecido que busca la paz.

Precisamente por la situación que vivimos, precisamente por cómo están las cosas, con la que está cayendo, creo que es momento de volver a partir de lo más real. Y esto, lo más real, es que compartimos con todos los hombres una llamada a retribuir al Señor de la viña con nuestras obras. Esta llamada, consciente para unos, velada para otros, se manifiesta en el deseo de justicia, de bien y de belleza, presente en todos. La historia nos reclama el compromiso con la verdad, con la verdad del mundo, la verdad del otro y la verdad de nosotros mismos. Y nuestra historia, en fin, nos reclama el compromiso con la Verdad hecha carne a quien hemos conocido, el Hijo Único enviado a nuestra tierra.

AutorAlberto del Olmo Elías

Sacerdote de Madrid.

Watykan

La radiografía de tórax al Papa muestra «una buena recuperación del pulmón operado»

La recuperación del Santo Padre sigue adelante y el pontífice ha realizado una sesión de fisioterapia con "ejercicios motores completos".

Redakcja Omnes-15 de październik de 2026-Czas czytania: < 1 minuta

Los médicos Luigi Carbone y Stefano Margaritora han informado a última hora de la mañana de la evolución postoperatoria del Papa tras ser intervenido de un cáncer de pulmón.

En el último comunicado de los facultativos, muy breve, los médicos destacan que «el Santo Padre se ha sometido a los controles rutinarios, cuyos resultados han sido normales».

En cuanto a las pruebas médicas propias del postoperatorio, tras la lobectomía a la que fue sometido para extirpar un adenocarcinoma pulmonar, los médicos han querido señalar que «la radiografía de tórax ha mostrado una buena recuperación del pulmón operado. Ha realizado sus actividades diarias de forma autónoma. La sesión de fisioterapia ha incluido ejercicios motores completos.»

Los médicos añaden que esta recuperación del Santo Padre «transcurre con normalidad», aunque no se han dado pistas sobre la fecha del alta al pontífice, que continúa en el Gemelli. A primera hora del jueves, la Santa Sede había informado que el Santo Padre había descansado durante la noche y desayunado con normalidad.