Mundo

Tras el “Camino sinodal” y el “Comité sinodal”, ahora llega la “Conferencia sinodal” alemana

El Camino Sinodal alemán pretende convertirse en una entidad permanente. Aunque adopta un nuevo nombre, su objetivo sigue siendo compartir la toma de decisiones sobre la Iglesia en Alemania junto a los obispos.

Javier García Herrería·2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Camino Sinodal alemán, iniciado en diciembre de 2019 como respuesta a la crisis de abusos sexuales y a la pérdida de confianza de los fieles, da un paso más hacia su consolidación: la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) planea transformar este proceso temporal en una estructura estable denominada “Conferencia Sinodal”. Sin embargo, el Vaticano ya advirtió en varias ocasiones que un órgano con capacidad de control sobre los obispos no tiene cabida en el Derecho canónico.

El Camino Sinodal fue concebido como un espacio de diálogo abierto entre obispos, clérigos y laicos para debatir sobre poder en la Iglesia, moral sexual, ministerios y participación laical, con el objetivo de proponer reformas organizativas y pastorales.  Sin embargo, ya en su desarrollo comenzaron a evidenciarse signos de ruptura con el gobierno de la Iglesia por ejemplo al pedir la equiparación de decisión entre laicos y obispos, cambios en materia de moral, etc. Varios obispos y participantes, de hecho, han manifestado su oposición a este desarrollo y algunos han abandonado las sesiones.

La intención final de esta nueva estructura es consolidar un mecanismo en el que los laicos no solo deliberen, sino que puedan tomar decisiones junto a los obispos, incluyendo aspectos sensibles como los presupuestos diocesanos. Es decir, no se trata de un órgano consultivo sino ejecutivo.

La nueva propuesta

Tras varias advertencias de Roma sobre la invalidez de un “Consejo Sinodal” como órgano permanente, se constituyó un Comité Sinodal encargado de diseñar una hoja de ruta hacia la nueva estructura. Entre el 29 y el 31 de enero, en Stuttgart, se eligieron los últimos 27 miembros de la Conferencia Sinodal, que ahora sustituye al nombre inicial de “Consejo”. Aunque el cambio de denominación busca reducir tensiones, persiste la sospecha de que se trata de una estructura de seguimiento permanente del episcopado.

La futura Conferencia Sinodal estará integrada por 81 miembros, divididos en tres bloques: 27 obispos diocesanos, 27 delegados del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) y otros 27 miembros seleccionados según criterios diversos, incluyendo jóvenes, religiosos y mujeres. Los estatutos ya contaron con aprobación unánime del ZdK, y a final de mes se votarán en la Conferencia Episcopal, prevista entre el 23 y 26 de febrero. Sin embargo, luego requerirá la aprobación final de Roma.

Críticas

León XIV ha expresado su preocupación de que “muchos católicos en Alemania” no se ven reflejados en algunos aspectos del proceso, como demostró el hecho de que cuatro mujeres participantes se separarán de el.

El Papa también recordó que el Camino Sinodal no es “el único” camino posible en el país. Según Vatican News, el pontífice percibe similitudes con la sinodalidad de la Iglesia universal, pero también “diferencias significativas”.

El apoyo social al proceso se muestra limitado: una encuesta de septiembre de 2025 indica que solo el 21% de los católicos alemanes se declara a favor, frente a un 17% en contra, mientras que el 58% no respondió.

Entre los obispos, la percepción también es diversa. Incluso el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y uno de los impulsores del Camino Sinodal, declaró un querer “una instancia superior que me controle constantemente como obispo. No es posible. Eso es precisamente lo que Roma no quería”.

Por su parte, el cardenal Rainer Maria Woelki, de Colonia, uno de los más críticos, declaró hace unas semanas que para él el Camino Sinodal “ha terminado” y no participará en la asamblea final ni en los pasos para establecer el organismo permanente.

El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Mons. Georg Bätzing, insistió en que la Conferencia Sinodal no comenzará a funcionar sin la aprobación de Roma, calificando de “provocación innecesaria” cualquier intento de avanzar sin el consentimiento de la Santa Sede. Bätzing subrayó que la Iglesia en Alemania no pretende actuar al margen de la Iglesia universal, manteniendo abierta la puerta al diálogo con el Vaticano.

Cultura

Jelly Roll sacude los Grammy con unas palabras sobre su encuentro con Jesucristo y la Biblia

El artista de Nashville se convierte en el gran protagonista de la gala al proclamar su fe de manera explícita, tras alzarse con el premio al Mejor Álbum de Country Contemporáneo.

Javier García Herrería·2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La gala de los Grammy 2026 no será recordada solo por los récords de ventas o los despliegues tecnológicos, sino por un momento de cruda honestidad espiritual. Jelly Roll, el gigante del country-rock que ha conquistado las listas de éxitos, sorprendió en el Crypto.com Arena al convertir su discurso de agradecimiento en una sentida apología de su fe.

Con una Biblia en la mano, el artista lanzó un mensaje que ha resonado más allá de la industria musical: «Creí que la música tenía el poder de cambiar mi vida y que Dios tenía el poder de cambiar mi vida», afirmó visiblemente emocionado. En un momento de máxima polarización social, Jelly Roll quiso marcar distancias con el uso ideológico de la religión, sentenciando que «Jesús es para todos. Jesús no es propiedad de un partido político».

El mensaje de redención del cantante fue especialmente potente al referirse a su pasado delictivo y sus años en prisión: «Hubo un momento en mi vida en el que todo lo que tenía era una Biblia y una radio en una celda de 2 por 2 metros. Y creí que esas dos cosas podían cambiar mi vida», recordó ante una audiencia que lo ovacionó en pie. Su cierre fue una declaración rotunda de gratitud: «Jesús es Jesús y cualquiera puede tener una relación con Él. ¡Te amo, Señor!».

¿Quién es Jelly Roll?

Detrás del rostro tatuado y la apariencia ruda de Jason Bradley DeFord (Nashville, 1984), conocido como Jelly Roll, se esconde una de las historias de superación más impactantes de la música estadounidense. Criado en un entorno de pobreza y adicciones, pasó gran parte de su juventud entrando y saliendo de la cárcel por delitos graves.

Tras años en el circuito del hip-hop underground, su salto al country le permitió canalizar su pasado a través de letras que hablan de la culpa, la adicción y, sobre todo, la esperanza. Hoy es un icono de la clase trabajadora americana, representando a aquellos que sienten que la sociedad les ha dado la espalda pero que han encontrado en la espiritualidad una tabla de salvación.

Un resurgir espiritual en las listas de éxitos

Las palabras de Jelly Roll no son un hecho aislado, sino la punta de lanza de un fenómeno que los analistas musicales han bautizado como el «nuevo resurgir cristiano» en el pop y el country.

En los últimos meses, hemos asistido a una ruptura de los muros que separaban la música contemporánea de la fe. Artistas como Brandon Lake, que anoche compartió escenario con Jelly Roll, o el fenómeno de Shaboozey y Lainey Wilson, están integrando referencias explícitas a Dios en géneros tradicionalmente seculares. A diferencia de la música cristiana de décadas pasadas, este nuevo movimiento no busca el aislamiento en emisoras religiosas, sino que compite cara a cara en las listas globales, demostrando que existe una audiencia masiva ávida de mensajes de trascendencia en tiempos de incertidumbre.

Vaticano

Continúan las asambleas generales del Regnum Christi y los Legionarios de Cristo en Roma

El Papa León XIV recibió en audiencia privada, el pasado 29 de enero, a los participantes de las Asambleas de las Consagradas y de los Laicos Consagrados.

Javier García Herrería·2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Durante los meses de enero y febrero de 2026 se celebran en Roma el Capítulo General de los Legionarios de Cristo, la Asamblea General de las Consagradas y la Asamblea General de los Laicos Consagrados del Regnum Christi. Estos encuentros marcan una etapa decisiva de discernimiento, evaluación y proyección del camino común de toda la familia espiritual.

En este contexto, el Papa León XIV recibió en audiencia privada, el pasado 29 de enero, a los participantes de las Asambleas de las Consagradas y de los Laicos Consagrados. El Pontífice animó a vivir con fidelidad el carisma recibido, a ejercer un gobierno evangélico al servicio de las personas y a profundizar la comunión dentro de la Iglesia y del Regnum Christi. La audiencia fue vivida como un gesto de cercanía pastoral y de impulso espiritual para el contexto actual.

Comunión

Para Jorge López, delegado en la Asamblea General de los Laicos Consagrados y director general del Regnum Christi entre 2014 y 2020, “la audiencia fue un gesto de solicitud del Papa León XIV hacia las consagradas y laicos consagrados del Regnum Christi e indirectamente hacia toda la familia del Regnum Christi”. En continuidad con el camino iniciado en años anteriores, recordó que “al igual que hizo el Papa Francisco en 2020, se nos invita a continuar y profundizar un proceso de renovación”, subrayando que el mensaje del Papa pone el acento en “vivir la vocación en fidelidad al carisma y a la misión común”.

López destacó especialmente la llamada a la comunión: el Papa, dijo, “nos invita a vivir nuestra vocación en fidelidad al carisma recibido y a la misión común. También incluye una invitación explícita a vivir la comunión dentro de la familia del Regnum Christi”, algo que considera esencial, ya que “el propio encuentro con el Papa lo hemos vivido así: un momento de comunión entre nosotros, como Iglesia”.

Miembros del Regnum Christi antes de la audiencia con el Papa

Temas tratados

Los trabajos del Capítulo General y de las Asambleas Generales tienen como objetivos evaluar la gestión del periodo anterior, elegir a los nuevos gobiernos para los próximos seis años y discernir, a la luz del Espíritu Santo, los desafíos actuales de la misión evangelizadora. Todo ello busca aportar acentos específicos que enriquezcan la misión común y fortalezcan el camino del Regnum Christi en continuidad con la Convención General de 2024.

En el Capítulo General de los Legionarios de Cristo abordan, entre otros temas, la formación en la identidad, la vida religiosa y sacerdotal, la promoción vocacional y su misión dentro del Regnum Christi. Las Consagradas del Regnum Christi reflexionan sobre su visión hacia 2032, la sostenibilidad financiera, la vivencia de la pobreza, la formación permanente y posibles modificaciones a su derecho propio. Por su parte, los Laicos Consagrados profundizan en la vida espiritual y comunitaria, la vivencia de la pobreza evangélica, la proyección apostólica, la estructura orgánica y el Regnum Christi entendido como familia espiritual y cuerpo apostólico.

Estos encuentros en Roma se desarrollan en un clima de discernimiento compartido y responsabilidad eclesial, con la mirada puesta en fortalecer la identidad, la misión y la comunión de toda la familia del Regnum Christi al servicio de la Iglesia y del mundo.

Libros

¿Vengarse o bendecir? Lo que enseña el conde de Montecristo

El conde de Montecristo es una de esas novelas que, bajo su trama de aventuras, obliga a mirar de frente la venganza, la identidad y el lugar al que llamamos hogar.

Gerardo Ferrara·2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Cuando un amigo me regaló «El conde de Montecristo», lo primero que hice fue comprobar el número de páginas: ¡1215, un ladrillo! Pero, a pesar de mis dudas sobre si sería capaz de terminarlo, acabé sumergido en su trama compleja pero perfectamente articulada, impregnada de emociones muy intensas que te abruman página tras página.

La escritura cambia

Como narrador, sentí envidia de Alejandro Dumas. Vivió en la época dorada de la novela por entregas, cuando los capítulos se publicaban con meses de diferencia y los narradores podían permitirse interminables digresiones para entretener a las lectoras aristocráticas entre una entrega y otra.

Hoy en día estamos obligados a cumplir con límites estrictos y a escribir de forma rápida y escenográfica. Desde la llegada del cine, de hecho, el narrador debe desaparecer: el lector quiere encontrarse en el centro de la escena sin filtros. Eugenio Corti lo llamaba «escritura por imágenes».

El nacimiento de una obra maestra

Alejandro Dumas (1802-1870), hijo de un general napoleónico de origen haitiano, es uno de los gigantes de la literatura francesa del siglo XIX. Autor prolífico (más de 300 obras, entre ellas Los tres mosqueteros), solía trabajar con colaboradores y no era muy meticuloso: hay muchas inexactitudes históricas y geográficas en sus novelas. Pero su genio narrativo es indudable. El conde de Montecristo se publicó por entregas entre 1844 y 1846, inspirada en la historia real de François Picaud, un zapatero encarcelado injustamente que luego se vengó de sus acusadores.

La trama

Edmond Dantès, un joven marinero marsellés, está a punto de casarse con Mercedès cuando tres hombres le destruyen la vida: Danglars (que quiere su puesto), Fernand (que quiere a Mercedès) y el magistrado Villefort (que lo sacrifica para proteger a su padre bonapartista). Acusado falsamente de conspiración, es encerrado durante catorce años en el castillo de If.

Allí conoce al abad Faria, también encarcelado, quien le transmite su inmenso conocimiento y, antes de morir, le revela la ubicación de un tesoro en la isla de Montecristo. Dantès se fuga, encuentra el tesoro y regresa al mundo como un misterioso magnate para urdir tremendas venganzas.

No es solo la trama aventurera lo que hace de esta novela una obra maestra: es la arquitectura narrativa, similar a un pulpo con mil tentáculos, cada uno de los cuales se extiende libremente en el mar, pero que luego se envuelve, junto con los demás, para cautivar al lector poco a poco, apretándolo cada vez más y dándole la sensación, como a una de las víctimas de Dantès, de no entender ya de dónde y cómo ha llegado la mano justiciera de Dios que el protagonista cree representar.

La venganza como ciencia exacta

Dantès no quiere simplemente matar a sus enemigos: quiere aniquilar lo que para ellos es «vida» (la riqueza para uno, la posición social para otro, la familia y la reputación para otro más). Y para ello se mueve como una araña en el centro de una telaraña que ha tejido durante años, multiplicando identidades, llevando máscaras. Es, según las necesidades, un conde maltés, un lord inglés, un sacerdote, un marinero aventurero: cada máscara es perfecta, estudiada, impenetrable.

Sin embargo, en un momento dado, algo en él se resquebraja. Una inocente corre el riesgo de ser víctima de su tremendo mecanismo de venganza y el conde se da cuenta de que ha ido demasiado lejos. La duda se apodera de él: ¿es justicia o solo venganza ciega? Sí, porque la venganza, como la «suerte», no tiene ojos. Y si la suerte sonríe a quienes no lo merecen, la venganza no perdona a quienes no tienen culpa.

Por lo tanto, Dantès, que antes no parecía dudar de que las culpas de los padres debían recaer también sobre los hijos, se pregunta si realmente fue un instrumento de la Providencia, como se había convencido, o simplemente un hombre devorado por la obsesión.

Esperar y esperar

La amarga reflexión del protagonista, plasmada en una carta escrita a un amigo, desemboca en la conciencia de haber perdido la inocencia, no por lo que ha sufrido, precisamente de forma inocente, sino por lo que ha hecho sufrir voluntariamente. Sin embargo, concluye con un deseo que es también una identidad recuperada: «esperar y esperar», «attendre et espérer».

Es la confesión de un hombre que ha pasado años tramando venganzas, que siempre ha actuado en lugar de esperar, que ha buscado justicia con sus propias manos en lugar de esperar, pero que se da cuenta de que tal vez se ha equivocado. Si, como él mismo admite, solo quien ha conocido la infelicidad extrema puede saborear la verdadera felicidad, también es cierto que, como se desprende de la historia, esa felicidad solo puede ser dada y recibida, no conquistada con mil y mil subterfugios.

Esto me hizo pensar también en una hermosa metáfora de Friedrich Nietzsche: las tres metamorfosis del espíritu, descritas en Así habló Zaratustra.

Nietzsche distingue tres transformaciones realizadas por el hombre:

El camello que recorre el desierto identifica el espíritu cargado con el peso de los valores recibidos o de las cargas impuestas por otros o por la tradición y la moral a la que está sometido: «yo debo».

El león es la rebelión, el espíritu que dice «yo quiero» y ya no «yo debo». En esta fase hay libertad negativa, rechazo: el león destruye, lucha, conquista su libertad a través de la negación de lo que era antes y de quienes lo hicieron ser así.

El niño representa la inocencia recuperada, la capacidad de crear nuevos valores de forma espontánea: «yo soy». Es decir «sí» a la vida sin resentimiento, sin sumisión ni arrepentimiento, creyendo libremente, jugando, viviendo el presente.

Edmond Dantès y José

Al leer «El conde de Montecristo», me llamó la atención una extraña similitud: la que existe entre Edmond Dantès y José, el patriarca bíblico arrojado a un pozo y vendido por sus hermanos.

Ambos fueron víctimas de una gran injusticia; ambos estuvieron encarcelados durante años (Dantès en el castillo de If, José en las cárceles egipcias); ambos fueron traicionados por quienes debían amarlos o respetarlos; ambos, una vez fuera de la cárcel, se encuentran en condiciones de hacer el bien a sí mismos y a los demás, dotados de un poder y unos recursos impensables. Sin embargo, eligen caminos opuestos.

Dantès vive para vengarse. Multiplica identidades, se disfraza, se pone máscaras. Su «hogar» no es un hogar (¡de hecho, lo cambia constantemente!), vive en el exilio de una maldición que lo atenaza, del rencor que lo persigue y lo habita en cada palacio que conquista. Vive solo para destruir a quienes le han hecho daño. Y, sobre todo, ya no es él mismo, Edmond, sino siempre otra persona.

Giuseppe, en cambio, se encuentra por un momento en la piel de otro (que no es su negación, sino una evolución de sí mismo). Y, cuando sus hermanos, llegados a Egipto, no lo reconocen, se enfrenta a una elección: ¿vengarse o ayudarlos? Al final, decide seguir siendo él mismo, al darse cuenta de que vivir para maldecir es solo una pérdida de tiempo, una pérdida de «energía vital», como se diría hoy.

Cuando finalmente se revela a sus hermanos, José llora. No de rabia, sino de reconocimiento. Y pronuncia una frase que lo cambia todo: «Vosotros pensasteis mal contra mí, pero Dios lo encaminó a bien» (Gn 50, 20). No es ingenuidad ni debilidad, sino la toma de conciencia de que todo contribuye al bien, y no de forma «mágica», sino cuando se elige custodiar el propio bien, la propia salud mental, el deseo de bendecirse a uno mismo y a los demás, de ser bendición y no maldición.

Dónde vivimos realmente

«Hogar», entonces, no es Montecristo ni París, ni Israel ni Egipto, sino ese lugar —interior o físico— donde no necesitamos disfraces ni adornos, donde todas las cosas que amamos, somos, creemos y deseamos dejan de pelearse entre sí. El lugar donde podemos decir: «I belong. I am home» (Pertenezco. Estoy en casa). Y «hogar» es también donde dejamos de vivir para maldecir y volvemos a vivir para bendecir, ante todo a nosotros mismos.

Familia

María Álvarez de las Asturias y Mercedes Honrubia: «El amor de verdad crece cuando ‘se usa'»

María Álvarez de las Asturias y Mercedes Honrubia comparten en esta entrevista con Omnes algunas claves de su último libro "Crisis, no ruptura".

Maria José Atienza·2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

María Álvarez de las Asturias y Mercedes Honrubia llevan más de 25 años acompañando matrimonios y parejas de novios en su camino de relación.

Fruto de esta experiencia, estas expertas han publicado «Crisis, no ruptura», un libro editado por Palabra en el que se recogen los cimientos básicos para una relación matrimonial sana y líneas clave para prevenir y afrontar las posibles crisis durante el matrimonio.

Un libro útil y realista, dirigido a novios y matrimonios en cualquier punto de su relación y en el que las autoras han querido subrayar la necesidad de la comunicación en la pareja, la honestidad, la necesidad de pedir ayuda o consejo antes de «pasar por un bache» y la conciencia de que las crisis no son siempre un sinónimo de ruptura, sino una oportunidad de crecimiento.

Con este trasfondo, Omnes ha hablado con las autoras sobre matrimonio, noviazgo, temas clave y cómo detectar a tiempo esa «bola de nieve», que puede estar formándose en una relación.

En una época en la que la terminología está muy dañada, ¿qué diferencia el matrimonio de cualquier otra relación amorosa? 

M.A.A. –Lo que diferencia al matrimonio de otro tipo de uniones es que es el compromiso de vivir el amor para siempre. Ese compromiso, -que muchas veces asusta porque pensamos que nos quita libertad o que no vamos a poder mantener-, es, en realidad, una ayuda.

El compromiso recoge los elementos del amor: “qué a gusto estamos juntos” y, como estamos a gusto juntos, nos dedicamos tiempo para ver qué pensamos sobre la vida, sobre el amor, sobre el matrimonio, sobre la familia, sobre el trabajo…, sobre todo. Cuando las dos cosas encajan, -estoy a gusto junto y voy descubriendo más cosas que me hacen estar más a gusto contigo-  ahí se decide si esto es lo que queremos vivir siempre: el compromiso.

El compromiso es una brújula. He decidido esto, voy a ir en esta dirección, y las dificultades que puedan venir las vamos a superar juntos. Eso es el compromiso y eso es el matrimonio. 

Entonces…, ¿qué es el noviazgo? 

M.A.A. –El noviazgo es una relación que tiene que terminar de alguna manera. Un buen noviazgo es el que termina, o en boda, o en la decisión pensada y meditada de “esto no tiene futuro”. Eso es un noviazgo. 

Elegir a la persona ¿si la otra persona no quiere ser elegida. uh 

Pues si la otra persona no quiere ser elegida no cabe más que respetar la libertad del otro, no puedes imponerte. Por tanto, te tienes que alejar de esa persona. y ¡ojo!, desenamorarse no es automático. Lleva un tiempo, hay que pasar un proceso de duelo para sacar a esa persona del corazón y ese lugar pueda ser ocupado por otra persona. Esto siempre, evidentemente, cuando hablamos de noviazgo. El caso del matrimonio es completamente distinto. 

Crisis, no ruptura

Autor: María Álvarez de las Asturias y Mercedes Honrubia
Páginas: 240
Editorial: Palabra
Año: 2025

¿Se puede prometer el amor “para siempre”?¿no pecamos de idealistas?

M.H. – ¡Qué buena pregunta! Creo que el anhelo que todos tenemos es amar y ser amados. Ese amar y ser amados es algo que uno anhela para siempre. Las circunstancias cambian, igual que las personas cambian. 

Se trata de no quedarnos en las mariposas de los inicios, sino que es una elección libre donde yo actualizo ese sí, cada día. Actualizar ese sí cada día, -en presente-, implica construir un futuro. Si yo voy conociendo a la otra persona y me voy conociendo a mí, voy aceptando mis circunstancias y voy aceptando las circunstancias del otro, es desde ahí desde donde yo puedo ir actualizando ese sí. Por eso es un sí para siempre. 

Cuando escuchamos “acompañamiento matrimonial”, parece que siempre pensamos en “problemas en el matrimonio”, ¿es así? 

M.A.A. –Los acompañamientos personales, familiares y matrimoniales profesionales han surgido porque hay personas que los han pedido. Hasta hace un tiempo relativamente corto, en las familias, más o menos, había una unidad de criterio de pensamiento sobre temas importantes.

Ahora nos encontramos con que hay muchas personas que tienen una forma de ver la familia y el matrimonio que no comparten con el resto de su entorno. Y, cuando tienen una pequeña duda o una dificultad que no es muy seria, no encuentran a alguien con sus valores y sus principios a quien dirigirse dentro de este entorno cercano. A nosotras se nos ha acercado gente a pedirnos ese acompañamiento porque saben que compartimos su forma de entender la vida, el amor y el matrimonio. 

Muchas veces, las parejas no vienen porque tengan una dificultad, sino también para reafirmarse en el camino que han elegido, para poner unas buenas bases antes del matrimonio o porque ya han puesto esas bases y quieren ampliar su conocimiento y la forma de llevarlas a la práctica. 

Decir las cosas delante de un tercero neutral es mucho más fácil. Para empezar, porque se pueden decir las cosas de forma objetiva y ver si, realmente, eso era importante o no. Además, el pacto de la sesión de acompañamiento es la escucha del otro.

Muchas veces, cuando se manifiestan esas cosas que se tenían calladas, delante de un tercero, la otra persona se sorprende porque “no tenía ni idea de esto”. Por eso el acompañamiento no necesariamente es para los momentos en los que se está pensando en una ruptura sino muchísimo antes, para evitar esas rupturas.

Cuando hay algo que se está atragantando, que se está haciendo bola en una pareja, se pide una sesión de acompañamiento y se deshacen esos pequeños nudos

¿Cómo distinguir una situación insalvable de una crisis “de crecimiento” en la relación?  

M.H. –Ése es un tema que tratamos en “Crisis, no ruptura”. Es importante conocer que hay crisis evolutivas: igual que la persona va cambiando, el matrimonio también va evolucionando, va creciendo y va madurando.

Conocer esos momentos, esas etapas de la vida, te sitúa en una perspectiva desde la que, cuando ves que aparece la crisis, no te asusta, porque sabes que forma parte de tu propio crecimiento. Conocer dá seguridad para poder superar. 

Otra cosa son las circunstancias que no dependen de uno, sino que vienen y no sabemos cómo abordarlas. Ahí es donde se pueden adoptar dos posturas.

La primera es considerar que es una crisis, pero no en sentido negativo, sino que me puede permitir conocerme mejor para poder superar esta dificultad.

La segunda, por el contrario, que en una pareja, ante esta situación, una de las personas no quiera trabajar esa relación y eso implique una ruptura. 

A veces, nos encontramos con situaciones así, en las que una de las partes no quiere y, por mucho que la otra esté comprometida no se puede superar. En el libro también hablamos de esas situaciones en la que ya no se puede tener el control, por ejemplo ante una patología, o una enfermedad o dependencia de alcohol, y en las que quizás haya que optar por una separación. 

Hay etapas en las que los matrimonios tienen muchos frentes abiertos a la vez: crianza de los niños, despliegue profesional, los padres se están haciendo mayores… Entonces es muy bueno tener en cuenta que el matrimonio es una carrera de fondo.

Hay etapas que son como una sucesión de vallas en la carrera, pero tenemos que ser conscientes de que éso es temporal, pero que nuestra unión es definitiva. Que es una carrera de fondo y que tenemos mucho tiempo para seguir trabajando lo nuestro. 

¿Qué temas clave tenemos que tener claros ya en el noviazgo?

M.A.A. –Cuando, en el noviazgo, se piensa en “una vida juntos”, se trata de elegir a la persona y qué tipo de relación de amor quiero vivir con ella. Para elegir a la persona tengo que conocerla. Por eso, hablamos mucho del tiempo de noviazgo. No podemos ir muy deprisa, porque a las personas no se las conoce de un día para otro. 

Necesitamos dedicar tiempo en el noviazgo para saber cómo es el otro, qué piensa, qué ilusiones tiene, qué temores, qué miedos, qué heridas, qué cosas le gustan, qué cosas le preocupa en todo esto. Una vez que tienes claro que esta es la persona, a la que conoces con sus aspectos positivos y también los negativos, entonces hay que hablar de qué tipo de relación queremos. 

Si elegimos el matrimonio, ésta es la base sobre la que construimos. No podemos “quitar” después elementos de la relación que hemos elegido. O sea, si vamos a una unión de hecho, después podremos añadir el compromiso para siempre. Pero si elegimos una unión para siempre, no es juego limpio quitar el elemento del compromiso. Y esto es inmutable. 

Todo lo demás, -que viene alrededor de esta unión de los dos y que hemos llamado “proyecto familiar” para distinguirlo-, no depende de nosotros. No podemos preverlo todo porque, quizás queríamos hijos y no vienen, o uno de los dos se queda sin trabajo, o los padres no están de repente

En todo esto, que va cambiando, es donde se van a dar las crisis, porque son alteraciones de la realidad que estamos viviendo que no podemos controlar. Como no podemos controlarlas, se trata de que las conozcamos juntos, las afrontemos juntos, las resolvamos juntos. 

En el noviazgo se puede hablar de “lo que nos gustaría”, pero no son decisiones que podamos tomar a priori. Hablando de “lo que nos gustaría”, se conoce mucho al otro.

Por eso, en el noviazgo, hemos de conocer a la persona, el tipo de relación que queremos y los elementos del proyecto familiar que a cada uno nos gustan. Porque, si son incompatibles radicalmente, seguramente eso me va a hacer decidir que no es la persona con la que me puedo comprometer. 

En su último libro tocan dos temas dolorosos y complicados, lo que denominan “muerte súbita” del matrimonio  y la infidelidad. ¿Cómo afrontar estas realidades tan complejas?

M.H. –En el libro tenemos un capítulo aparte donde tratamos, tanto la infidelidad como la muerte súbita del matrimonio. Son dos temas diferentes. 

Quizás en la muerte súbita puede haber incluso infidelidad, que es lo que lleva a tomar esa decisión y la otra persona se encuentra con ello sin verlo venir. 

Muchas veces, la muerte súbita lo que implica es haber callado durante mucho tiempo, no haber dicho lo que uno necesitaba decir. Entonces, la otra persona cree que todo va bien, sigue funcionando porque cree que todo va bien. 

A veces, no se habla para evitar un conflicto, por heridas o circunstancias que vienen acumuladas del pasado y que impiden tener esa comunicación asertiva. Por eso, en el libro hablamos mucho de la importancia de la comunicación. Cuando alguien dice “se acabó” ya ha llevado un proceso de elaboración de ese duelo, para tomar esa decisión y muchas veces es irreversible. 

La infidelidad es otro tema diferente. Hay diferentes tipos de infidelidad y creo que ninguna es justificable. La infidelidad es una traición. Una traición a la persona, ya sea hombre o mujer, y una traición a la relación. Ahí sí que estás dando en la línea de flotación del compromiso. 

Es verdad que se puede superar una infidelidad, pero la herida de traición es muy difícil de sanar. Requiere mucho tiempo y recuperar una confianza que está absolutamente devastada. Para eso se necesita, no solamente que la persona que ha sido traicionada quiera trabajar esa relación y quiera trabajar un perdón hacia el otro, sino que la persona que ha cometido esa infidelidad también necesita trabajar en recuperar la confianza y, sobre todo, trabajar en ese ser equipo, porque ahí nos comprometemos los dos.

Van a surgir muchas preguntas, muchas dudas, muchas cuestiones de las que, quizás en un momento dado el que ha sido infiel ya quiere pasar página porque ha pedido perdón y parece que todo ya está reestructurado y, sin embargo, la persona a la que se le ha sido infiel necesita como asegurar constantemente que verdaderamente la otra persona está aquí.

A veces, la infidelidad no es la causa sino que puede ser “la consecuencia”. Generalmente es consecuencia de una mala comunicación dentro de la relación: no confiar en el otro, no poder decir como estoy en un momento determinado, lo que necesito de ti…, puede provocar que se ponga el corazón en una persona que no es la que hemos elegido.

Nunca es justificable y se puede trabajar, se puede perdonar, pero es una herida que cuesta cicatrizar. 

La herida de la infidelidad ataca en la línea de flotación de la autoestima. Hay que trabajar mucho esa autoestima y esa forma de comunicar. Todo lo que a veces se necesita decir, aunque duela, para que la otra persona también ponga toda la carne en el asador. 

Esa frase manoseada del mundo del famoseo: “Se nos gastó el amor de tanto usarlo”…, ¿es real? 

M.A.A. –El amor de verdad crece cuando se usa. Lo que pasa es que hay que cuidarlo. Nosotras hablamos mucho de los gestos de cariño. Amor, no “mariposas”.

Por un lado llegan consultas de personas que dicen, “yo no siento esas mariposas”. Me parece que hemos exagerado mucho esa efervescencia del enamoramiento. 

El enamoramiento, más que una efervescencia, es un calor del corazón que se tiene con una persona y no se tiene con otra. Y ese calor del corazón hay que mantenerlo a lo largo de toda la vida del amor.

¿Y eso cómo se hace? Con gestos de cariño, con una pequeña nota, con un WhatsApp, con un ir de la mano…,con todos los gestos del noviazgo. Si se ha aprovechado bien el noviazgo, se ha ido despacio y se han dado todos los pasos que se pueden dar habremos aprendido a valorar esos pequeños gestos.  

Después, hay que saber que, si hay momentos en los que los dos estamos muy cansados, -porque muchas veces más que desgaste de la relación lo que hay es mucho cansancio-, pues hemos de asumirlo y hablar de qué podemos hacer -de manera realista- para seguir avivando esto. 

También decimos que, de la unión del corazón vamos a la unión del cuerpo, y de la unión del cuerpo resurge la unión del corazón, por eso a las parejas que vienen “desgastada” les preguntamos: ¿Cuánto hace  que no estáis juntos? ¿Que no habláis? ¿Que no tenéis media hora para vosotros? Cuando recuperan esos momentos para reconectar, el amor vuelve a usarse y no a desgastarse. 

Enseñanzas del Papa

La paz “desarmante” y la fidelidad

¿No es cierto que la paz que se nos está ofreciendo es paradójicamente una “paz armada”? Pero esa falsa “paz” es el resultado del miedo. Por otros caminos discurre la insistencia de León XIV, aunque parezca solo en su intento.

Ramiro Pellitero·2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

Entre sus enseñanzas de las últimas semanas, en la estela del Jubileo de la Esperanza, nos centramos en su mensaje para la 59ª Jornada Mundial de la paz, que marca el comienzo del año 2026, y su carta apostólica Una fidelidad que genera futuro, con motivo del 60º aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis.

La revolución de una paz desarmante

El mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de la paz (1-I-2026) se titula: La paz esté con todos ustedes: hacia una paz ‘desarmada y desarmante’. Se trata de un eco, directo y ampliado, de las primeras palabras que pronunció al salir al balcón de la basílica de San Pedro en el Vaticano (8-V-2025). 

La paz que trae Cristo resucitado –observa en la introducción– no es un mero deseo, sino que “realiza un cambio definitivo en quien la recibe y, de ese modo, en toda la realidad” (cfr. Ef 2, 14). La misión cristiana, que comporta la paz con su aspecto luminoso respecto a las tinieblas y oscuridades de los conflictos, sigue adelante. Con el anuncio de los sucesores de los apóstoles y el impulso de tantos discípulos de Cristo, es “la más silenciosa revolución”.

Una “lucha” desarmada

Cristo trae “una paz desarmada” porque, frente a los conflictos y a la violencia, Él trae un camino distinto. “Envaina tu espada”, le dice a Pedro (Jn 18, 11; cfr. Mt 26, 52). 

La paz de Jesús resucitado es desarmada –afirma el Papa–, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices”. 

Jesús propone, en cambio, el camino –el protocolo, lo llamaba el Papa Francisco– de la misericordia (cfr. Mt 25, 31-46). 

Paradójicamente, hoy, “en la relación entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las agresiones”. 

Pero esto es como la punta del iceberg de un problema más profundo y extendido a nivel mundial: la extendida lógica justificativa del miedo y del dominio. “En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”. 

Que la ética prevalezca sobre los intereses económicos

No se trata, dice León XIV, de negar los peligros que se ciernen sobre nosotros a causa del dominio de otros. Se trata, primero, del coste del rearme, con los intereses económicos y financieros que comporta. Y, en segundo lugar, y más al fondo, de un gran problema cultural que afecta a las políticas educativas. Se deja así de lado el camino de la escucha, del encuentro y del diálogo, como aconsejó el Concilio Vaticano II (cfr. Gaudium et spes, 80).

De ahí que se vuelva necesario, de un lado, “denunciar las enormes concentraciones de intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección”. Y, al mismo tiempo, fomentar “el despertar de las conciencias y del pensamiento crítico” (cfr. Fratelli tutti, 4).  

El Papa pide que unamos esfuerzos “para contribuir recíprocamente a una paz desarmante, una paz que nace de la apertura y de la humildad evangélica”. Y todo ello, atención, no solo como respuesta ética, sino también con atención a la fe cristiana, que promueve la unidad. 

Promover la confianza recíproca

De entrada, en la perspectiva cristiana la bondad es desarmante.Quizás por eso Dios se hizo niño”. Dios quiso asumir nuestra fragilidad; mientras que nosotros, como señalaba el Papa Francisco, “tendemos con frecuencia a negar los límites y a evadir a las personas frágiles y heridas, que tienen el poder de cuestionar la dirección que hemos tomado, como individuos y como comunidad” (Francisco, Carta al director del “Corriere della Sera”, 14-III-2025). 

En su carta magna del pensamiento cristiano sobre la paz (la encíclica Pacem in terris, de 1963), san Juan XXIII introdujo la propuesta de un “desarme integral”, sobre la base de “una renovación del corazón y de la inteligencia”. Para ello, confirma ahora León XIV, la lógica del miedo y de la guerra debe sustituirse por la confianza recíprocaentre los pueblos y naciones; sin ceder a la tendencia a “transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas”

Las religiones, plantea el Papa León XIV, deben ayudar a dar este paso y no al contrario: sustituir la fe por el combate político hasta –denuncia de modo clarividente– “bendecir el nacionalismo y justificar religiosamente la violencia y la lucha armada”.

Por eso, y se dirige ante todo a los creyentes, propone: “junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas”

Y esto tiene una traducción educativa: que cada comunidad cristiana se convierta en una casa de paz y una escuela de la paz, “donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón”;hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa”.

Claramente, añade el sucesor de Pedro, esto corresponde de modo especial a los políticos: “Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales”.

Desarmar el corazón, la mente y la vida

En continuidad con sus predecesores, León XIV denuncia el afán de dominar y de avanzar sin límites, a base de sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza, incluso disfrazada detrás de la defensa de algunos valores.

A esta estrategia –propone como fruto del Jubileo de la Esperanza– hay que oponer el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala”. Todo ello, basado tanto en razones antropológicas como teológicas, en el horizonte de la fraternidad humana (cfr. León XIII, Rerum novarum, 35).

Esto, concluye el Papa, requiere, ante todo para los creyentes, “redescubrirse peregrinos y comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder –con el don de la paz– cumpliendo sus promesas” (cfr. Is 2, 4-5). 

Fidelidad sacerdotal fecunda

La carta apostólica Una fidelidad que genera futuro, firmada por León XIV el 8 de diciembre de 2025, fue publicada a finales de diciembre.

El título contiene ya la propuesta dirigida a los sacerdotes y especificada al comienzo: “Perseverar en la misión apostólica nos ofrece la posibilidad de interrogarnos sobre el futuro del ministerio y de ayudar a otros a percibir la alegría de la vocación presbiteral” (n. 1). La “fidelidad fecunda” es un don que se entiende y se recibe en el marco de la Iglesia y su misión. Al mismo tiempo, el ministerio sacerdotal tiene un papel importante en la anhelada renovación de la Iglesia (cfr. Optatam totius, Proemio). 

De ahí la invitación de León XIV a releer los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, donde se deseaba reafirmar la identidad sacerdotal y, a la vez, abrir el ministerio a nuevas perspectivas de profundización doctrinal. Una relectura que debe ser iluminada por el hecho de que, tras el Concilio, “la Iglesia ha sido conducida por el Espíritu Santo a desarrollar la doctrina del Concilio sobre su naturaleza comunional según la forma sinodal y misionera” (n. 4). 

Mantener vivo el don de Dios y cuidar la fraternidad

Ante fenómenos dolorosos, como los abusos o los abandonos del ministerio por parte de algunos sacerdotes, el Papa subraya la necesidad de una respuesta generosa al don recibido (cfr. 2 Tm 1, 6). La base debe ser el “seguimiento de Cristo, con el apoyo de la formación integral y continua. En esta formación destaca, desde la etapa del seminario, el aspecto “afectivo”(aprender a amar como Jesús), la madurez humana y la solidez espiritual. “Comunión, sinodalidad y misión no pueden realizarse, en efecto, si en el corazón de los sacerdotes la tentación de la autorreferencialidad no cede el paso a la lógica de la escucha y del servicio” (n. 13). Así serán eficaces en su “servicio” a Dios y al pueblo encomendado.

Dentro de la “fraternidad” fundamental que surge en los cristianos a raíz del Bautismo, hay en los sacerdotes, por el sacramento del orden, un vínculo fraternal particular, que es don y tarea. Así lo expresa el Concilio: “Cada uno está unido con los demás miembros de este presbiterio por vínculos especiales de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad” (Presbyterorum ordinis 8). 

Dice el Papa que esto significa, en primer lugar, por parte de cada uno, “superar la tentación del individualismo” (n. 15) y una llamada a la fraternidad, cuyas raíces están en la unidad en torno al obispo. Institucionalmente hay que promover la equiparación económica, la previsión para la enfermedad y la vejez, el cuidado recíproco, y también “formas posibles de vida en común”, que favorezcan el cultivo de la vida espiritual e intelectual, evitando los posibles peligros de la soledad (cfr. Presbyterorum ordinis 8). 

Sacerdocio y sinodalidad para la misión

Anima a los sacerdotes a participar en los procesos sinodales en marcha, remitiendo al Documento final del sínodo sobre la sinodalidad: “Parece fundamental que, en todas las Iglesias particulares, se emprendan iniciativas adecuadas para que los presbíteros puedan familiarizarse con las directrices de este Documento y experimentar la fecundidad de un estilo sinodal de Iglesia” (n. 21 de la carta).

En cuanto a los sacerdotes, esto debe manifestarse en su espíritu de servicio y cercanía, acogida y escucha. Han de rechazar un “liderazgo exclusivo”, escogiendo en cambio el camino de la colegialidad y de la cooperación con los demás ministros ordenados y todo el Pueblo de Dios. Es necesario –señala– evitar la identificación entre la potestad sacramental y el poder, lo que llevaría a poner al sacerdote por encima de los demás (cfr. Evangelii gaudium, 104). 

Por lo que respecta a la misión: “La identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ‘ser para’ y es inseparable de su misión” (n. 23 de la carta). 

El Papa pone en guardia a los sacerdotes frente a dos tentaciones: el activismo (dar prioridad a lo que se hace sobre lo que se es) y el quietismo (vinculado a la pereza y al derrotismo). Señala la caridad pastoral como principio unificador de la vida sacerdotal (cfr. Pastores dabo vobis, 23). Así “cada sacerdote puede encontrar el equilibrio en la vida cotidiana y saber discernir lo que es beneficioso y lo que es proprium del ministerio, según las indicaciones de la Iglesia” (n. 24). 

También de este modo podrá encontrar la armonía entre contemplación y acción, y la sabiduría de desaparecer cuando y como convenga, en medio de una cultura que exalta la exposición mediática. Podrá promover la unidad con Dios y la fraternidad y el compromiso de las personas en el servicio de las actividades culturales, sociales y políticas, tal como propone el Documento final del sínodo (cfr. nn. 20, 50, 59 y 117).

Con referencia al “futuro” y ante la escasez de las vocaciones, León XIV propone la oración y la revisión de la praxis pastoral, de modo que se renueven tanto el cuidado de las vocaciones existentes como la llamada en los contextos juvenil y familiar.

Esperanza en lo cotidiano

El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a los presos. Cuando las mismas manos que cometieron delitos son capaces de crear algo sagrado, como las hostias que encarnan el camino del renacer, eso es pura poesía.

2 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Para Romano Guardini, la esperanza estaba ligada a la paciencia, a la capacidad de vivir en la tensión entre lo que se es y lo que se desea, encontrando una fuerza tranquila y profunda para crecer y afrontar el devenir de la vida, sin huir del sufrimiento, sino abrazándolo como vía para experimentar el ser en el naufragio. Una esperanza activa, que no se detiene en la perfección, sino que se encarna en lo cotidiano.

Si hay un lugar donde es fácil perder la esperanza es entre rejas; es el llamado “síndrome del preso”. El prisionero se siente solo y desubicado, y la idea de rehacer su vida lo angustia.

En prisión, el interno experimenta que se encuentra solo en el mundo real, probablemente sin nadie que lo espere a su salida, lo que supone una pérdida de autoestima y, tal vez, del sentido de la vida.

Es difícil que una persona libre se haga cargo de lo que significa estar privado de libertad, y solamente la intuición de ello nos estremece.

Cuando, en un hospital, encontré un establecimiento donde se vendía pan hecho por prisioneros, entré sin dudarlo. “El pan de hoy lo ha amasado, la noche pasada, alguien que está en la cárcel”, dije a los míos durante la cena, y percibí un abrazo invisible hecho de silencio sagrado.

Me ha conmovido saber que, en una cárcel, unas mujeres han creado un taller que produce hostias para la Misa, lo que les ofrece una ocasión de crecimiento personal y profesional.

Mujeres que cada día se empeñan en sacar adelante este trabajo, llevando a cabo un proyecto que une dimensión educativa, responsabilidad civil y un camino de rescate.

El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato a los presos. Cuando las mismas manos que cometieron delitos son capaces de crear algo sagrado, como las hostias que encarnan el camino del renacer, eso es pura poesía.

Vaticano

El Papa llama al diálogo de Cuba y EEUU, y recuerda la vocación a la santidad

El Papa León  XIV ha llamado en el Ángelus a “un diálogo sincero y eficaz para evitar la violencia” ante la tensión entre Cuba y Estados Unidos. Ayer, junto a los obispos peruanos, inauguró un nuevo mosaico mariano y una estatua de Santa Rosa de Lima, y recordó la llamada universal a la santidad del Concilio Vaticano II.

OSV / Omnes·1 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

– Paulina Guzik, OSV News.

En el Ángelus de este primer domingo de febrero, y IV domingo del Tiempo Ordinario, el Papa León ha manifestado su “gran preocupación por las noticias sobre el incremento de tensión entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países cercanos”, y ha invitado a todos los responsables “a promover un diálogo sincero y eficaz para evitar la violencia y toda acción que pueda incrementar el sufrimiento del querido pueblo cubano”. 

Tras estas palabras, pronunciadas tras el rezo del Ángelus, ha rezado para que “la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esta amada tierra”. 

Bienaventuranzas: “luces que el Señor enciende en la historia”

En su meditación previa a la oración mariana del Ángelus, ante los miles de romanos y peregrinos en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre ha reflexionado sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas, que la liturgia propone este domingo.

El Papa ha manifestado que “son luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza por medio del Hijo, con el poder del Espíritu Santo”.

“Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el que trabaja por la paz y es perseguido hasta la muerte en cruz”, ha dicho el Sucesor de Pedro. “De este modo, Jesús ilumina el sentido de la historia; no la que escriben los vencedores, sino la que Dios realiza salvando a los oprimidos”.

R.D. Congo, Portugal, Mozambique, JJ OO en Italia

El Pontífice ha asegurado también su oración por las numerosas víctimas del derrumbe en una mina en la República Democrática del Congo. “Que el Señor sostenga a este pueblo, que sufre tanto”, ha dicho.  A continuación ha alentado a rezar por los difuntos y por quienes sufren a causa de las tormentas que en días pasados han golpeado Portugal, Italia meridional, y también en Mozambique, gravemente afectada por las inundaciones.

Los Juegos Olímpicos de Invierno en Italia, que se iniciarán el viernes próximo, y los Juegos Paralímpicos, han sido también objeto de la atención del Papa. León XIV desea “que estas grandes manifestaciones puedan constituir un fuerte mensaje de fraternidad, y revivir la esperanza de un mundo en paz”.

El papa León XIV, durante la inauguración de nuevo mosaico de la Virgen María y una estatua de Santa Rosa de Lima en los Jardines Vaticanos, el 31 de enero de 2026. (OSV News/Vincenzo Livieri, Reuters).

Mosaico de la Virgen María, y estatua de santa Rosa de Lima

Los Jardines del Vaticano dieron la bienvenida ayer a un nuevo mosaico mariano y una estatua de Santa Rosa de Lima, ambos creados por jóvenes artistas del Perú. La ceremonia emocionó al Papa León XIV, un Papa nacido en Estados Unidos que tiene al Perú en “un lugar especial” en su corazón, informa Paulina Guzik, editora internacional de OSV News.

Al calificar la ceremonia de “ocasión alegre” mientras llovía sobre el Vaticano, el Papa dijo que la donación de los obispos peruanos, revelada con ocasión de su visita ad limina, “renueva los profundos lazos de fe y amistad que unen al Perú, un país tan querido para mí, con la Santa Sede”.

Profundos lazos con Perú

El embajador del Perú ante la Santa Sede invitó al Papa León a venir al Perú durante la ceremonia. Durante el acto del 31 de enero, Jorge Fernando Ponce San Román, compartió la “infinita gratitud de todo el pueblo del Perú a nuestro Papa León XIV por esta nueva expresión de cariño”, al colocar el mosaico y la estatua de la querida santa del Perú en los Jardines del Vaticano.

Monseñor Carlos Enrique García Camader, obispo de Lurín y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, afirmó que la Santísima Virgen María en los Jardines Vaticanos “representará por siempre a nuestro pueblo, a nuestro pueblo peruano, profundamente mariano”. Ella, añadió el obispo, “en sus diversas advocaciones, representará lo que es el Perú: una fe inquebrantable, una esperanza firme y un pueblo marcado por la caridad”.

Obispos peruanos posan para una fotografía, con el nuevo mosaico de la Virgen María en los Jardines vaticanos a sus espaldas, el 31 de enero de 2026. El mosaico y una estatua de Santa Rosa de Lima fueron bendecidos por el Papa León XIV. (OSV News/Vincenzo Livieri, Reuters).

Artesanos de Don Bosco

“Reunidos en este hermoso lugar, donde todo nos habla del Creador y de la belleza de la creación, deseo expresar mi gratitud, en primer lugar, a los artistas que crearon estas obras y a todos los que hicieron posible que hoy podamos disfrutar de esta feliz ocasión. Y a toda la familia salesiana, justo en este día de la fiesta de san Juan Bosco”, dijo el Papa León XIII en los Jardines Vaticanos.

La creación de las dos obras fue confiada a la Familia de Artesanos Don Bosco, una comunidad de jóvenes artistas de los Andes peruanos, formados en arte e investigación religiosa por el padre Ugo De Censi, sacerdote salesiano que pasó 70 años en los Andes, creando entre otras obras eclesiales, escuelas artesanales para jóvenes desfavorecidos.

El joven artista peruano, Edwin Morales, creó la escultura, en mármol travertino blanco de Huancayo, Perú. Lenin Álvarez Medina, responsable del mosaico de la Virgen María, recordó al Padre Ugo como alguien que le cambió la vida. “Tuvo un profundo impacto en mi vida y en la vida de miles de jóvenes en Italia y Sudamérica”, dijo sobre el sacerdote que murió en 2018 después de fundar varios seminarios y escuelas artísticas en la región.

La imagen central de la Virgen Inmaculada del rico mosaico está rodeada por “siete de las advocaciones marianas más representativas del Perú”, señaló el artista, “entrelazadas con los colores nacionales como símbolo de unidad nacional”.

Llamada universal a la santidad

“Las dos figuras evocadas, nuestra Madre celestial y la primera santa latinoamericana, Santa Rosa de Lima, nos remiten al tema de la santidad”, afirmó el Papa al final de la ceremonia de descubrimiento de las dos obras, que bendijo y roció con agua bendita.

“Estas hermosas imágenes que contemplamos hoy nos recuerdan la grandeza de la vocación a la que Dios nos llama, es decir, la vocación universal a la santidad. Los animo a ser, con la gracia de Dios, testigos y ejemplos de esa santidad en el mundo de hoy”, dijo el Papa. 

“Porque esa es la voluntad de Dios: nuestra propia santificación (cf. 1 Ts 4,3; Ef 1,4), añadió, tras citar la Constitución Lumen Gentium, n. 40, del Concilio Vaticano II.

“Que la Virgen María y todos los santos intercedan en nuestro camino hacia la Patria celestial. Con gratitud, los bendigo de corazón”, concluyó el Papa.

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– Paulina Guzik es editora internacional de OSV News. Síguela en X @Guzik_Paulina

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El autorOSV / Omnes

El sentido de la existencia 

En un mundo centrado en la eficiencia y las competencias, la educación católica recuerda que educar es acompañar la existencia. No se trata solo de formar profesionales, sino de ofrecer sentido, poniendo a la persona en el centro como lugar donde el Espíritu sigue actuando.

1 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“La historia de la educación católica es la historia del Espíritu en acción”. Así se expresa el Papa León XIV en la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, escrita con ocasión del 60.º aniversario de la Declaración Conciliar Gravissimum Educationis, en la que el Concilio Vaticano II recordaba, entre otras cosas, que la educación no es una actividad accesoria, sino que constituye el tejido mismo de la evangelización.

En pleno siglo XXI, la pregunta sobre la pertinencia de la identidad católica en el terreno de la educación sigue siendo objeto de controversia. ¿Qué hace que una educación sea verdaderamente católica? ¿Podemos ofrecer algo al mundo que no pueda ser subsanado por la técnica, por la digitalización o por la inteligencia artificial?

La respuesta es afirmativa, evidentemente, pero no por su evidencia deja de ser complicada y retadora de llevar a cabo: el sentido de la educación iluminada por la fe es esto mismo: ofrecer un sentido. Cuando una institución de enseñanza de carácter católico olvida su ADN y adopta otras identidades, por muy loables que sean humanamente, traiciona la misma clave de su existencia. Poner a la persona en el centro es otorgar ese sentido de trascendencia: saber que cada ser humano “es un rostro, una historia, una vocación”, no un “perfil de competencias” (cfr. Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, 4).

En un mundo obsesionado con la productividad, las notas de acceso y las competencias digitales, la educación católica tiene el reto de proponer una visión humanista de su labor, en la que se llegue no solo a la preparación profesional, sino a la comprensión de la vida de manera integral y hacerlo desde una plena vivencia de la comunión, en Cristo y con los demás. “Poner a la persona en el centro significa educar en la mirada larga de Abraham: hacerles descubrir el sentido de la vida, la dignidad inalienable, la responsabilidad hacia los demás”, subraya el Papa en el número 5 de Diseñar nuevos mapas de esperanza.

Educar es la primera tarea de todo ser humano: ya sea como profesor o como alumno. Este acompañamiento en el encuentro con el sentido de la vida comienza en la familia y se va ampliando, cada vez más, en los diferentes círculos sociales de cada uno de los seres humanos. Y una vez más, el testimonio emerge como la clave de esta tarea: pasar del adoctrinamiento al testimonio, de la teoría a la vivencia, es el reto que hoy y siempre marca la existencia, no solo de toda institución educativa católica, sino de cada uno de nosotros.

Educación

5 errores de la educación religiosa, según Dietrich von Hildebrand

En octubre de 1969, la revista Palabra (nº 50) publicaba un artículo del famoso filósofo y teólogo alemán Dietrich von Hildebrand sobre la enseñanza de la religión. Publicamos este mismo artículo con motivo del 60 aniversario de Omnes.

Dietrich von Hildebrand·1 de febrero de 2026·Tiempo de lectura: 17 minutos

Si queremos exponer las verdaderas notas de la educación en materia religiosa es indispensable que incluyamos el desenmascaramiento de los errores actuales que llenan el ambiente; debemos rebatir los «slogans» que confunden a mucha gente fiel y piadosa, porque no alcanzan a comprender el carácter herético de estos «slogans» y su incompatibilidad con la verdadera fe cristiana.

Hay cinco errores básicos que están abriéndose camino en la supuesta «reforma» de la enseñanza de la religión. Vamos a examinar brevemente cada uno de ellos.

1. El mito del «hombre moderno» 

El primer error es el mito del «hombre moderno» que proclama el cambio total de la naturaleza del hombre de nuestro tiempo. Se aduce que el hombre ha cambiado tan radicalmente que no podemos esperar que tenga la misma forma de acercarse a la fe y a la Iglesia, que tuvo en los pasados dos mil años. Porque el hombre vive ahora en un mundo industrializado, se cree que ha sufrido un cambio total; cada vez puede dominar más al mundo a través del progreso tecnológico. Y esto, supuestamente, le hace una criatura diferente. 

El mito del «hombre moderno» ha sido inventado por unos cuantos sociólogos, pero ha sido, desgraciadamente, aceptado por muchos como una verdad sencilla e indudable.

Ciertamente, la vida exterior ha cambiado mucho, pero el hombre mismo no ha cambiado. Los principios de su felicidad son los mismos que han sido siempre: el amor, el matrimonio, la familia, la amistad, la belleza, la verdad y, sobre todo, la paz del alma, una buena conciencia. Sus peligros morales son los mismos que lo fueron antes: la soberbia, la concupiscencia y sus frutos, las malas pasiones, la ambición desorbitada, la envidia, el deseo ciego de poder, la avaricia, la codicia, etc. Lo mismo puede decirse de las virtudes morales, cuya práctica se le exige: justicia, integridad, pureza, generosidad, humildad y caridad.

El hombre tiene hoy la misma condición que tenía antes, las mismas capacidades de inteligencia, de conocimiento y de voluntad libre; el mismo corazón que puede alegrarse y sufrir, el mismo destino. Tiene tanta necesidad de redención como antes. Las palabras de san Agustín se le aplican tanto como antes: «Nos has creado, Señor, para Ti, y nuestros corazones están inquietos hasta que encuentren su descanso en Ti».

En realidad, ¿cuál es la fuente de que se sirven los sociólogos para saber que el hombre de hoy ha cambiado totalmente? ¿En qué basan la existencia de este «hombre moderno»? ¿Han hecho, quizá, una encuesta y preguntado a cada hombre si él es un “hombre moderno”, con necesidades completamente diferentes, a quien ya no se aplican las mismas normas morales? Indudablemente, no.

¿Y cómo pueden, aquellos que proclaman al mismo tiempo que todo conocimiento está limitado por el tiempo, asumir que sus tesis sobre «hombre moderno» no serán objeto de risa dentro de cincuenta años?

 a) La naturaleza del hombre no cambia 

En realidad, la naturaleza del hombre no ha cambiado a través de la historia. Basta leer los diálogos de Platón o de Herodoto para ver que el hombre permanece siempre el mismo en su estructura básica. Hay un solo cambio radical en la historia: la venida de Cristo, la Redención del hombre a través de su muerte en la cruz, el don de la vida de la gracia a través del bautismo. Así, por su vocación a la santidad todo hombre está llamado a realizar este cambio dentro de sí mismo. 

A pesar de la identidad de la naturaleza del hombre a través de todas las épocas de la historia, hay, naturalmente, grandes diferencias entre hombres y hombres, en su mentalidad, en sus criterios morales e intelectuales… Pero estas diferencias se encuentran entre los hombres de cualquier época.

La pretensión, por tanto, del cambio completo en el hombre es un mito, no únicamente porque la naturaleza del hombre no ha cambiado básicamente, sino también porque el mismo «hombre moderno» es un mito: ¡como si en una época todos los hombres tuvieran la misma mentalidad y estructura! Es esta una pretensión completamente arbitraria sin ningún fundamento científico. De hecho, la diferencia de mentalidad entre los hombres de la misma época es aún más grande que el contraste entre las diferentes épocas. 

b) Una influencia fatal 

Este mito del «hombre moderno» tiene una influencia fatal en la educación, especialmente en la educación religiosa.

Existen demasiados pedagogos de religión que creen que al niño de hoy debe dársele una dieta religiosa completamente distinta. Dan por supuesto que la educación religiosa de tiempos pasados no puede ser provechosa hoy, y esto no porque tuviera defectos, sino porque iba dirigida a un joven que hoy ya no existe. Dan por supuesto que los métodos de enseñanza e incluso el contenido de la enseñanza, deben ser adaptados a este ser mítico, al «hombre moderno». Olvidan reconocer la igualdad básica de la naturaleza del hombre en todos los tiempos, incluso la identidad de la juventud.

El hombre ha tenido siempre las mismas necesidades espirituales, los mismos peligros (tal como el engaño de sí mismo), la misma falta de madurez durante la pubertad, las mismas tentaciones de la carne, la misma sed esencial de Dios del ánima naturaliter christiana, del alma «naturalmente cristiana».

La naturaleza del hombre está siempre propensa a la misma rebeldía contra la autoridad, por una parte; y es, por otra, el mismo ser fascinado por los falsos «maestros». El hombre siempre tiene en lo profundo de su alma la misma necesidad y la misma sed de dirección ejercida por una autoridad verdadera.

En lugar de ver todo esto, esos pedagogos caen víctima del ilusorio concepto del «joven moderno» que, por lo visto, sólo puede ser alcanzado a través de un tipo de educación religiosa completamente nuevo. Pero el peor efecto de este mito es que estos pedagogos creen que no solamente los métodos deben ser cambiados, sino también el contenido mismo de la educación religiosa… Es decir, la misma verdad religiosa debe adaptarse a esta mente moderna. Tal actitud lleva claramente a la vacuidad de querer modificar la revelación divina confiada al Magisterium de la Santa Iglesia y de querer adaptarla al supuesto espíritu de una época, lo cual es una contradicción. 

2. La experimentación 

El segundo error básico de la creencia de que para hallar el camino más eficaz de guiar las almas de la gente joven a una vida religiosa no formalista, sino vital ha de recurrirse a la experimentación. La base de esta noción de experimentación es la fetichización de la ciencia natural, la ingenua creencia de que el único método de conseguir cualquier certeza en el conocimiento es el del laboratorio; de ahí el «ángulo de visión experimental». Se olvida que esto puede conducir a resultados sólo en ciertos campos, y que su uso en otros es la máxima expresión del método anticientífico.

No tiene sentido —y es completamente imposible— usar el ángulo experimental en campos espirituales como la moralidad, religión, matrimonio, amor; y en materias intelectuales como lógica, epistemología, metafísica, estética o ética. En todos estos objetos, la única forma de obtener resultados es a través de un método completamente diferente. Todos estos son asuntos en los cuales puede y debe obtenerse un conocimiento intuitivo, una verdadera evidencia. Para todas estas cosas, los experimentos no tienen sentido. Nadie diría: debemos hacer experimentos para saber que 2 y 2 son 4, o para descubrir el principio de contradicción. 

Pero la experimentación en algunos de estos campos no puede ser desechada solamente porque no tiene razón de ser, porque es inaplicable y esteril, es decir, por razones epistemológicas; en algunos casos debe ser desechada también porque es inmoral, incompatible con la reverencia que ciertas cosas exigen o con la misma naturaleza de un ser.

La experimentación implica la posibilidad de un control y la repetición de un suceso bajo las mismas circunstancias. Ahora bien, hay muchos campos en los que las mismas circunstancias no pueden producirse en intentos sucesivos y en los que someter algo a prueba contradice, además, la misma naturaleza de ese algo.

Supongamos un hombre que dice: «vamos a hacer experimentos sobre la contrición»; debes primero cometer un robo, luego adulterio y después observaremos si tu contrición tiene las mismas características en ambos casos. Lo absurdo e inmoral de tal proposición debe parecer evidente a cualquiera que esté en su sano juicio.

No se trata únicamente de que la gravedad de cualquier pecado prohíba tal investigación experimental, sino que, además, es imposible hacer del pecar un objeto de experimentación. Ni la observación por otra persona, ni la observación propia pueden conducir a ningún resultado digno de consideración, porque la verdadera contrición está dirigida hacia Dios y basada en el hecho de que nosotros le hemos ofendido. En cuanto hago de ella un «experimento» a base de verla con una actitud neutral de laboratorio, deja de ser contrición. 

Esta clase de experimentación, terrible y vacía, no es sino una acción engañosa del tipo de las que se encuentran en el desafortunado libro de Masters y Johnson, donde la relación sexual se hace objeto de estudio de laboratorio. 

Todos sabemos el entusiasmo con que muchos defienden la experimentación en los campos de la liturgia y de la educación religiosa. Se cree que la experimentación es el remedio para superar el convencionalismo en la educación, que indudablemente se ha difundido mucho en los últimos tiempos.

La experimentación es aclamada como un método realista; nos pone en contacto vivo con la realidad, sustituye teorías por hechos, nos permite escuchar la realidad en su plenitud y variedad. Pero esta misma creencia de que la experimentación es la única forma de entrar en contacto vivo con la realidad, es teoría pura, abstracta y, además, errónea. Convierte la vida y la plenitud del ser, con todo su sabor, riqueza y belleza en un mero laboratorio. 

Para saber cuál es el mejor método de educación religiosa debemos ciertamente atender a la realidad. Pero este atender se opone, no sólo a teorías abstractas, sino también, en la misma medida, a la experimentación.

Atender a la realidad, en este contexto, significa, por una parte, un profundo análisis de la naturaleza de la religión, y, por otra, un análisis de la forma adecuada de transmitir la verdad religiosa a las almas. Esta segunda tarea exige un análisis del alma humana en general, y de la naturaleza de cada joven en particular. Lo que aquí es esencial es una actitud reverente, una admiración que es la base de la verdadera filosofía.

Supuesta esta actitud y también el deseo de comprender los elementos inteligibles del ser en su verdadera naturaleza, podemos esperar alcanzar un entendimiento más profundo de las verdaderas notas de la educación religiosa y descubrir las causas de fallos pasados. Tales verdades sólo se dejan captar por esta actitud reverente, cooperativa, y nunca por aquel acceso neutral de laboratorio. 

Es sencillamente inmoral hacer de las almas de los niños un objeto de experimentación con respecto a la única cosa necesaria, a la fundamental cuestión de la fe, de la unión con Cristo. Este enfoque socava ab ovo cualquier educación religiosa verdadera; es una especie de vivisección espiritual, una abominación a los ojos de Dios. 

3. La acomodación

El tercer error básico es el equívoco concepto de la «vitalización». Los nuevos pedagogos dicen que la religión no debería ser algo abstracto para el joven, algo separado de su vida diaria, algo sobre lo que él piensa en la Iglesia, pero que olvida rápidamente cuando sale; algo que es tan extraño, que está tan a las nubes que nunca se siente cómodo en ello, algo a lo que nunca se acaba de acostumbrar. Por eso, continúan estos seudo-reformadores, debemos presentar la religión de una manera que encaje en la vida diaria del joven, que se haga parte del mundo en el cual él normalmente se mueve y vive.

Debemos adaptar el contenido de la religión al tiempo presente; debemos adaptarla a la mentalidad de nuestra época de forma tal que el joven la pueda aceptar con facilidad. Las lecciones de religión se deben combinar con cosas que le diviertan y atraigan. 

Así también —siguen— el culto debe ser adaptado. La misa debe ser entremezclada con jazz y rock and roll para que el joven se encuentre como en casa. Verá entonces el culto religioso, no como una mera obligación aburrida, sino como algo alegre y vivo.

Como he señalado en mi libro El caballo de Troya en la ciudad de Dios, esta idea de una «religión viva» descubre una ignorancia completa de la naturaleza de la religión y de la revelación cristiana. Trae consigo, no la vivificación, sino el entierro de la religión. La verdadera vivificación de la religión consiste precisamente en lo opuesto. 

Sin duda, el mal de una religión meramente «convencional» estaba en los últimos muy extendido en los cincuenta años antes del Concilio Vaticano Il. Por religión convencional entiendo aquella en que el hombre considera su relación con Cristo y con su Iglesia como una simple legalidad, similar a la que tiene hacia el Estado del que es ciudadano. Es católico porque nació católico y pertenece a la Iglesia, igual que pertenece a su familia y a su país. Cumple las obligaciones derivadas de este hecho como algo que se espera de él: así va a misa los domingos, y al menos una vez al año se confiesa y comulga. Se casa en la Iglesia, y no se vuelve a casar si tiene la desgracia de separarse, etc. 

De esta forma la religión se considera como una parte normal de la vida convencional del hombre, algo que encaja en su forma de vivir. Este hombre no tiene el más ligero deseo de inquirir sobre la religión en la que nació. Pero nunca realiza una confrontación real con Cristo Nunca se da cuenta de la necesidad que el hombre tiene de redención; nunca llega a hacerse cargo de que Cristo nos ha redimido. Nunca siente el mundo de Dios, un mundo absoluto, nuevo y sagrado. No tiene ojos espirituales para la realidad sobrenatural que se nos ha revelado en la Santa Humanidad de Cristo.

Este hombre religioso convencional nunca se ha asombrado ante el milagro que es la existencia misma de la Iglesia, ante el hecho de que ella ha engendrado innumerables santos, siendo cada uno de ellos una prueba inequívoca de la redención del mundo por Cristo. Nunca ha visto en el santo un ejemplo luminoso del motivo mismo de nuestra vida, la mismísima razón de ser de nuestra existencia: glorificar a Dios a través de nuestra transformación en Cristo, llegar a ser una nueva criatura en Cristo. 

Tan pronto como hemos comprendido la verdadera naturaleza de la religión viva, existencial, que es la antítesis genuina de una religión meramente convencional, vemos fácilmente que el intento de enturbiar la diferencia entre lo natural y lo sobrenatural es precisamente la forma de convencionalizar la religión, y de socavar la posibilidad de un verdadero cristianismo vivido.

Los fallos del pasado tenían sus raíces en el hecho de que las verdades religiosas eran presentadas de una manera abstracta, conceptual. La sorprendente realidad de lo sobrenatural y su radical diferencia de lo natural, nunca fue elaborada de una forma y con un estilo correcto; es decir, de manera que diera al estudiante una conciencia viva e intuitiva de las grandes cosas que tenía delante de sí. 

La fe, entonces, se hizo convencional, porque nadie preparaba suficientemente las almas de los niños para un conocimiento de la belleza y gloria infinitas de la Revelación de Cristo; nadie desarrolló suficientemente su sentido hacia lo sagrado, la belleza intrínseca de la santidad, para percibir el abismo que separa la santidad de la simple eficiencia; nadie le descubrió suficientemente la diferencia entre cualquier felicidad humana y la felicidad última que sólo Jesús puede derramar en el alma de todo el que cree en Él y le ama, una felicidad que puede estar presente y ser saboreada ya en esta vida terrena. 

Una amarga ironía 

¡Y qué amarga es la ironía con que ahora nos enfrentamos! Lo que antes se omitía como una especie de modorra burocrática es aquello a lo que algunos de hoy apuntan de una forma sistemática, explícita y consciente: el oscurecimiento de la diferencia entre lo sagrado y lo profano, la supresión del sentido de lo sobrenatural. Y esto se hace a guisa de desconvencionalizar la fe y de hacerla viva. Es una cura singular que intenta combatir la enfermedad a base de producir una mayor abundancia de la misma enfermedad. Y conste que no es éste un caso de inmunizar por inoculación.

La «cura» del secularismo es prescrita por esos pedagogos que han perdido la verdadera fe. Ya no entienden los planos radicalmente diferentes en el alma del hombre: aquél al que Dios llama y donde el hombre es atraído hacia Él, y aquél al que llaman los placeres mundanos, el espíritu del mundo. Están satisfechos con que la gente joven se sienta atraída a la enseñanza religiosa. Nunca preguntan por qué los jóvenes son atraídos: ¿están atraídos por el auténtico mundo de Cristo? ¿o es que lo que se les ofrece ha sido adaptado al ambiente y al espíritu que les rodea, en un mundo desacralizado y deshumanizado que, naturalmente, tiene un atractivo propio hasta tal punto que el contenido de la religión está completamente falsificado? 

4. Un credo secularizado

Y esto me lleva a la consideración de un cuarto error. En su afán por hacer que la enseñanza de la religión tenga éxito, los «nuevos pedagogos» olvidan la naturaleza del verdadero éxito, que es lo único que interesa. Están satisfechos si un medio tiene éxito, aunque este éxito sea completamente antitético a su fin genuino. Socavan el significado auténtico y raison d’être de la educación religiosa, que es exclusivamente transmitir a la gente la enseñanza de la Iglesia, plantar en sus almas una fe profunda, viva, inconmovible y promover en ellos el amor a Cristo, un deseo pleno de seguirle y de vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios. 

Estos pedagogos se felicitan por el brillante éxito de su «nuevo enfoque» en la enseñanza religiosa; no parecen darse cuenta de que el atractivo de su método se compró a base de repudiar, por su parte, las mismas verdades y realidades sobrenaturales que supuestamente trataban de impartir.

Su «éxito», entonces, es comparable al del cirujano que se jacta: «La operación ha sido un éxito brillante, pero el paciente ha muerto». Así, el fin al que tienden y que da su sentido a la operación se sacrifica por la brillantez de la operación.

La fe de cualquier joven que ha sufrido este tratamiento desgraciado no es ya la verdadera fe cristiana. Un credo secularizado y humanitario que carece de las características básicas de la Revelación de Cristo, ha sido inculcado en su mente. No cree ya en el pecado original, en la necesidad de redención, en el hecho de que hemos sido redimidos por la muerte de Cristo en la Cruz. No cree ya en la única cosa necesaria: nuestra transformación en Cristo, nuestra amorosa relación personal con Cristo.

Ignoran completamente la verdadera caridad que puede nacer exclusivamente en el corazón del que ama Dios sobre todas las cosas; a Dios tal y como se ha revelado a Sí mismo en Cristo. El conocimiento de la fe que tienen no incluye el papel de la contrición, el horror al pecado, la gloriosa unión sobrenatural de todos los miembros en el Cuerpo Místico de Cristo. 

¿Qué sentido, qué significación tiene una enseñanza religiosa, qué derecho tiene a existir si lleva a un credo que tiene más afinidad con el New York Times que con el Evangelio y el depósito de la fe? ¿Qué importa que muchos jóvenes sean atraídos a esta enseñanza seudo religiosa?

¿Por qué la gente es atraída a esta enseñanza seudo religiosa? ¿Qué tiene de particular que este seudo catolicismo sea fácil y alegremente aceptado por la juventud; que «coopere» con el maestro sin dificultad? Este éxito es, en realidad, un éxito falso. Puede quizá, satisfacer la vanidad del maestro, pero es el sepelio de la fe verdadera y la traición de la verdadera vocación del maestro. Esta operación de enseñar ha sido realmente un «éxito»: ¡la fe de los estudiantes está muerta! 

Hay que presentar la fe auténtica 

La verdadera antítesis de un cristianismo convencional es la vitalidad enraizada en la auténtica fe católica, la fe inconmovible en el Credo que nuestro Santo Padre el Papa Pablo VI proclamó solemnemente al final del año de la fe. Es el profundo amor a Cristo, la decisión de seguirle, el anhelo por Él, el amor a su Iglesia, el alcance y la posesión de su belleza y esplendor, la honda gratitud a Dios por todos sus dones. 

Si entendemos lo que antecede, podemos más claramente elaborar las notas de una verdadera educación religiosa y los requisitos para que sea realmente fructífera.

En primer lugar, el contenido de nuestra fe no puede presentarse como un tema más del saber, a la manera de la historia o de las matemáticas. Debe presentarse en su absoluta singularidad, en el espíritu de la misa del Sábado de Pascua: Anuntio vobis gaudium magnum, os anuncio un gran mensaje de alegría.

Las verdades fundamentales deben presentarse a los jóvenes oyentes de tal forma que les sea transmitida la atmósfera inefablemente santa de la revelación. Un aura sobrenatural debe rodear estas verdades: la creación del mundo y del hombre, la caída de Adán, el pecado original, la Revelación del Antiguo Testamento, Dios que habla a Abrahám y a Moisés, la formidable Revelación del Decálogo y la voz solemne, abrumadora de todos los profetas, especialmente de Jeremías e Isaías, y luego el inefable misterio de la Encarnación, la Epifanía de Dios en Cristo, la revelación del mismo Dios en la Santa Humanidad de Cristo, los milagros de Cristo. Sus palabras eternas, su muerte en la cruz, su gloriosa Resurrección y Ascensión, y Pentecostés, el nacimiento de la Santa Iglesia. 

5. El maestro

Todo esto requiere una fe profunda por parte del maestro. Nunca podemos sobreestimar la importancia de la irradiación de la personalidad del maestro, su propio acercamiento reverente a estos misterios y su delicadeza por evitar cualquier impresión de dejadez, autocomplacencia y vulgaridad en su estilo.

No solamente debe estar hondamente enraizado en la fe cristiana -en su amor y fidelidad a la Iglesia—, sino que debe también emanarlo en su manera de enseñar, en su diálogo con los estudiantes. Su profundo sentido de lo sobrenatural y su amor a Cristo deben empapar su enseñanza. Y en ese momento el estudiante no debe ser para él un chiquillo que va a la escuela, un alumno corriente como en las otras asignaturas, sino más bien un alma infinitamente amada por Cristo. 

El maestro de religión que quiera tener verdadero éxito ha de evitar una falta que se ha cometido con frecuencia en el pasado: el abuso de autoridad. La autoridad dura, pedante, burocrática impuesta a los niños y jóvenes es, en sí misma, algo desafortunado, y lo es dentro del contexto de la educación religiosa. Sin embargo, debemos insistir enérgicamente en que una ausencia completa de autoridad es todavía mucho peor: un débil ceder a los caprichos de los jóvenes o una familiaridad afectada, un tono de camaradería, el usar un tono, como expresión francesa, de frère et cochon. 

Al acercarse al muchacho de una manera recalada, en la que una noble reserva se entrelaza con un gran amor, el maestro deberá actuar con una auténtica autoridad. Debe también tratar de mostrar a la gente joven la belleza y dignidad de la verdadera autoridad y su diferencia de la seudo autoridad que tan fácilmente se apodera de la juventud. Me refiero a la seudo autoridad de aquellos que tienen la habilidad de impresionar a los jóvenes con sus slogans, con su supuesta independencia y a base de presentarse como los pioneros del futuro, como los oráculos modernos, de moda.

Una tarea grande e importante, especialmente hoy, es estimular en la gente joven una actitud escéptica hacia esos profetas modernos pero falsos. Estos profetas han de ser desenmascarados y reconocidos como lo que son: hombres superficiales. Sus teorías, en su mayor parte contradictorias, han de ser puestas al descubierto. Y ellos mismos han de ser estigmatizados, dada su condición pasajera, como moscas efímeras. 

Libertad o esclavitud 

Nunca será bastante todo lo que el maestro haga para mostrar que ser fascinado por la seudo autoridad de los falsos profetas es la mayor esclavitud intelectual y una abdicación de la propia libertad. Por el contrario, someternos a la sagrada autoridad de Dios y de su Santa Iglesia, nos hace libres. Nos da la posibilidad de verla todo en su verdadera luz, de descubrir la verdadera jerarquía de bienes, de ser liberados de los instintos gregarios y, sobre todo, de la esclavitud a nuestra propia soberbia. 

En este contexto debe mencionarse un gran fallo de la educación religiosa del pasado: la omisión de mostrar la belleza y profundidad de los bienes naturales nobles como el amor humano, la amistad, el matrimonio y la belleza en la naturaleza y en el arte. Esto fue una gran equivocación.

Cuando el maestro despierta en el muchacho su sentido por los bienes naturales nobles y muestra la diferencia entre estos y los bienes meramente pasajeros o bienes mundanos está preparando el alma de su alumno para la ascensión a bienes incomparablemente más altos, a los bienes sobrenaturales. Estos bienes naturales nobles son un reflejo de la gloria infinita de Dios, un gran regalo de su bondad. Tienen la capacidad de evocar la nostalgia por el Absoluto, a quien reflejan de una manera natural. San Agustín subraya esto admirablemente en sus Confesiones. 

Ciertamente los bienes creados pueden separarnos de Dios si nos apegamos demasiado a ellos, si los convertimos en ídolos. Pero, por otra parte, también tienen esta gran misión positiva: arrastrar nuestras mentes hacia arriba y preparar nuestras almas para el mensaje sobrenatural de Dios.

Y cuando hemos encontrado a Cristo, cuando nuestro corazón ha sido tocado por el bien sobrenatural, cuando llegamos a aprehender la incomparable superioridad de lo sobrenatural sobre lo natural, entonces los verdaderos bienes naturales no se descartan. Antes bien, son transfigurados por Cristo y somos incluso capaces de comprender su valor más hondamente. «En la luz vemos la luz», dice el salmista.

Una de las tareas más urgentes de la educación religiosa hoy día es desarrollar el sentido moral de los alumnos, despertar en sus almas el sentido de la fascinadora belleza y esplendor de los valores morales y un profundo horror al síntomas más catastróficos de decadencia espiritual y una amenaza singular para una relación verdadera con Cristo.

Y también aquí debemos decir que, con frecuencia, el mundo de la moralidad ha sido presentado de una manera demasiado abstracta, demasiado negativa. Afirmaciones sobre la bondad y maldad de un acto se han basado sobre argumentos débiles. Esto tiene que ser corregido. Hay que exponer la importancia última de las categorías del bien y del mal moral. Hay que insistir en la primacía de los valores morales sobre todos los demás valores. Solamente los valores morales tienen proyección eterna. Ya Sócrates veía esta primacía de una manera grandiosa cuando dijo: «Es mejor para el hombre sufrir la injusticia que cometerla.» 

Una responsabilidad grave 

La responsabilidad del educador religioso en el momento presente es grande. En medio de las olas de apostasía entre los católicos, en medio de la deplorable desintegración que está ocurriendo en la Iglesia, es una tarea difícil pero hermosa remar contra corriente y ayudar a establecer una fe católica firme e inconmovible en las almas de los jóvenes.

Es bella la tarea de despertar en los jóvenes el verdadero amor a Cristo, el deseo fuerte de una mayor unión con Él, la decisión firme de seguir los mandamientos de Dios y el propósito de acercarse a todos los bienes naturales nobles con la luz de Cristo y con profunda gratitud a Dios.

Para cumplir esta tarea a conciencia, el educador religioso tendrá que enfrentarse con muchas persecuciones provenientes no sólo del mundo, sino también, y especialmente, de los falsos hermanos. Pero tales persecuciones nunca le seducirán hasta el punto de llevarle a hacer componendas. Las palabras de Nuestro Señor deberán estar siempre en la mente del maestro: «Al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le hundieran en el fondo del mar». 

Como en todas las tareas difíciles, sin embargo, podemos sacar gran consuelo de las palabras de San Pablo: «Nada puede separarnos del amor a Cristo». Que los fieles maestros de religión emprendan su tarea, grande y noble, llenos de esperanza y de ardor ferviente. Que recuerden que Nuestro Señor dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»

El autorDietrich von Hildebrand

Filósofo y teólogo alemán. Converso al catolicismo en 1914, tuvo que huir de Alemania por su firme oposición de intelectual al nacional socialismo.

¿Qué hice frente al ICE?

Las imágenes del ICE disparando en la calle o deteniendo a un niño evidencian hasta qué punto el miedo ha sustituido a los valores cristianos que dieron forma a Occidente.

31 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Las dramáticas imágenes de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU (ICE) abatiendo a tiros a ciudadanos en mitad de la calle o deteniendo a un niño de cinco años son una nueva muestra del alejamiento de Occidente de sus raíces cristianas.

La polémica operación de control migratorio que lleva a cabo el Gobierno federal es fruto del miedo irracional al inmigrante, miedo que funciona muy bien como herramienta electoral en contextos de incertidumbre y crisis económica. Pero el miedo no ha sido nunca motor de nuestra civilización, esa que Trump dice defender.

El miedo no levantó catedrales ni universidades; el miedo no promovió los derechos humanos ni la creación de hospitales, escuelas e instituciones sociales; el miedo tampoco impulsó a nadie a lanzarse mar adentro a buscar nuevas rutas comerciales y ensanchar el mundo. Por el contrario, es el miedo el que nos lleva a temer a la vida humana y a promover el aborto y la eutanasia; es el miedo el que nos lleva a asustarnos de la precariedad y a promover una economía egoísta y excluyente; es el miedo el que nos lleva a temer las relaciones humanas y a rechazar la familia y preferir ciudades de «singles» en lugar de auténticos pueblos; es el miedo el que nos lleva a las guerras y a diseñar armas de destrucción masiva.

Algunos, sin embargo, tratan de azuzar el temor a las personas migrantes acusándolas de ser las culpables de acabar con nuestra cultura, cuando lo cierto es que son ellos, en muchas ocasiones, los que mantienen los valores que aquí hemos perdido. Valores como la familia, el cuidado de los mayores, la solidaridad o la práctica religiosa son firmemente defendidos por quienes vienen de fuera sirviendo de freno a la deriva secularista europea y norteamericana.

¡Tenemos tanto que aprender de los migrantes! ¡Tienen tanto que enseñarnos sobre no tener miedo! «En un mundo oscurecido por guerras e injusticias, incluso allí donde todo parece perdido –nos recordaba León XIV este verano– los migrantes y refugiados se erigen como mensajeros de esperanza. Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de una fe que ve más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y que les da la fuerza para desafiar la muerte en las diferentes rutas migratorias contemporáneas».

Claro que hay que regular los flujos, claro que hay que defender el derecho a no migrar y combatir a las mafias que trafican con personas, claro que hay que proteger a las sociedades de quienes se aprovechan de la acogida de una comunidad para hacer el mal y claro que hay que exigir a los inmigrantes respeto por la cultura y las leyes del país que los acoge; de ahí los cuatro verbos que el Papa Francisco repetía: acoger, proteger, promover e integrar; pero nos seguiremos hundiendo en la miseria si no incorporamos gente con ganas de vivir, con esperanza e ilusión de abrir nuevos caminos, nuevas rutas, nuevos horizontes. Cerrándose el cielo, Occidente ha dejado de soñar con la tierra prometida, con la providencia de Dios en medio del desierto y ha preferido quedarse en Egipto comiendo cebollas. A la sociedad del bienestar le aterrorizan quienes no tienen llenos los graneros y sí que creen en el futuro, quienes sí se arriesgan por un mundo mejor, quienes son capaces de dejar atrás sus seguridades atravesando el desierto y se lanzan al vacío, solo confiando en Dios. ¡Aprovechemos esa riqueza que nos traen!

En España, el Gobierno ha anunciado la regularización extraordinaria de medio millón de inmigrantes. No han sido los partidos quienes han promovido esta medida, hay que recordarlo, sino el pueblo y las organizaciones sociales, entre ellas la Conferencia Episcopal Española, Cáritas o CONFER. La Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que ha acabado logrando esta medida extraordinaria ha sido firmada por nada menos que 600.000 ciudadanos y 900 entidades, lo que la convierte en la ILP con más apoyos de la historia. 

Es una muy buenísima noticia para Europa, porque los 500.000 inmigrantes que vivían en tierra de nadie, a pesar de evitar el derrumbe de nuestra tasa de natalidad, pagar impuestos para nosotros y mantener nuestro tejido productivo y de servicios, van a recuperar su dignidad humana y van a transmitirnos su esperanza, esa que hemos perdido por el camino. Y también es muy buena noticia porque en nuestro mundo polarizado, donde si eres de un bando no puedes ser del otro, esta ILP promovida por los obispos y aprobada finalmente, aunque de aquella manera, por la izquierda más radical, también supone un rayo de esperanza de que el diálogo y la búsqueda del bien común aún es posible. 

Y si a alguno le sigue moviendo el discurso del miedo, más miedo debería darles leer ese cimiento de nuestra civilización que es Mateo 25 con aquel señor que reprendía a los suyos diciendo: «tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también estos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna», hasta aquí la cita.

Y ahora, hagámonos esta pregunta: ¿Y yo? ¿Qué hice cuando el Señor fue forastero? ¿Qué hice frente al ICE?

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Libros

Padre nuestro que estás en el cielo

Una meditación sobre el Padrenuestro que revela su riqueza espiritual y su invitación a un diálogo auténtico con Dios y con los demás.

Javier García Herrería·31 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El joven sacerdote italiano Luigi Maria Epicoco —reconocido por su labor como escritor y columnista en L’Osservatore Romano— hilvana sencillas y profundas reflexiones de la oración cristiana por excelencia. Con un estilo accesible, el autor ofrece una lectura actualizada de cada invocación del Padrenuestro, subrayando su dimensión comunitaria y la lógica del amor de Dios para con sus hijos. 

Aunque hay nueve obras de Epicoco publicadas en castellano, el autor se dio a conocer especialmente por su obra “Sal, no miel: Por una Fe que escuece”, donde ofrecía una provocadora reflexión criticando la tendencia a suavizar el mensaje cristiano para hacerlo más digerible.

En esta ocasión, Epicoco logra también una meditación iluminadora sobre la plegaria fundacional del cristianismo, demostrando cómo cada palabra pronunciada por Jesús contiene grandes joyas espirituales: desde la filiación divina, hasta la exigencia del perdón como puente entre cielo y tierra. Un libro que transforma la oración más repetida en un camino de autenticidad humana y compromiso fraterno.

Para entender el tono del libro, puede servir como muestra este texto: “Inmediatamente después de la palabra ´Padre`, Jesús pone el adjetivo posesivo ´nuestro`. No usa el adjetivo ´mío` por una razón muy sencilla: la condición para dirigirnos a Dios como Padre es reconocernos hermanos entre nosotros. La paternidad de Dios y la fraternidad entre nosotros no pueden separarse. Nuestra relación con Dios no puede estar en contradicción con la relación con nuestros hermanos y hermanas: ´Si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de Él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano`”. 

La obra de Epicoco aclara malentendidos sobre la oración y explica sus fundamentos. Subraya que orar es un diálogo íntimo con Dios, “el alfabeto de los amantes”, y un encuentro personal transformador donde se habla “con Jesús cara a cara”. Cada frase del Padrenuestro es vista como parte de un camino espiritual paso a paso: no son frases sueltas, sino un recorrido que va desde descubrir a Dios como Padre (“¡Abba!”) hasta enfrentar el mal (“No nos dejes caer…”).

Padre nuestro que estás en el cielo

Autor: Luigi Maria Epicoco
Editorial: San Pablo
Número de páginas: 106

Un debate interesante, ¿pueden los laicos ser directores espirituales?

Tal vez el debate no consista en decidir si los laicos pueden dirigir almas, sino en clarificar qué entendemos por dirección espiritual.

30 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Un reciente vídeo publicado por Red de Redes ha puesto sobre la mesa, con serenidad y buena doctrina, una cuestión delicada y muy actual: los abusos espirituales en el contexto de la dirección espiritual. En la conversación participan tres sacerdotes de reconocida buena doctrina y grandes evangelizadores en las redes sociales —Pachi Bronchalo, Jesús Silva y Antonio María Doménech— que ofrecen criterios valiosos y necesarios. Conviene escucharlos con atención. 

Son tres sacerdotes a los que tengo en gran estima, procuro seguir sus publicaciones y he podido saludar en algunas ocasiones, es decir, que no tengo ninguna gana de abrir polémicas polarizadoras tan típicas de nuestro tiempo, también en el ámbito eclesial. Sin embargo, sí quiero plantear algunas preguntas que me surgen tras ver el vídeo.

Entre sus muchas aportaciones interesantes destaca una idea fundamental: la verdadera dirección espiritual no anula la libertad del dirigido. El acompañante no “manda”, no decide por el otro ni suplanta su conciencia. Ofrece su opinión, ayuda a discernir, ilumina el camino, pero deja siempre a la persona ante Dios. Por eso —subrayan— quizá sería más adecuado hablar de acompañamiento que de dirección en sentido fuerte. En tiempos de confusión y heridas reales, insistir en esto es no sólo oportuno, sino imprescindible.

Un debate interesante

Ahora bien, el interés del vídeo no se agota en estas acertadas advertencias. Al contrario, abre un debate de fondo que merece ser pensado con calma. Los tres intervinientes sostienen que la dirección espiritual propiamente dicha, en sentido estricto, corresponde a los sacerdotes, por estar especialmente capacitados para “dirigir almas”. Y aquí surge la pregunta —incómoda, pero inevitable—: ¿es realmente así?

Porque la experiencia viva de la Iglesia parece decir algo más matizado. Hoy existen numerosas instituciones, movimientos y realidades eclesiales donde los laicos acompañan espiritualmente a otros laicos, y lo hacen con fruto, seriedad y fidelidad a la fe. ¿Debemos afirmar que eso no es dirección espiritual? Y si no lo es, ¿cómo lo llamamos? ¿Acompañamiento? ¿Orientación espiritual? ¿Escucha creyente? El problema no es solo terminológico sino que requiere de una explicación teológica, eclesiológica y pastoral.

El paradigmático ejemplo de las monjas

La dificultad aumenta si miramos a la historia. Durante siglos, incontables monjas han ejercido una auténtica dirección espiritual sobre otras hermanas, y no pocas veces también sobre sacerdotes y obispos. Basta pensar en figuras como Teresa de Jesús o Catalina de Siena. ¿Diremos que aquello no era dirección espiritual? ¿Que carecía de una dimensión esencial por no proceder de un ministro ordenado?

La historia de la Iglesia respalda esta visión de un acompañamiento espiritual no ligada estrictamente al orden sacerdotal, encontrando en las mujeres consagradas sus mayores exponentes. Ya en los siglos IV y V, las llamadas «Ammas» o Madres del Desierto, como la Amma Sinclética, eran buscadas por su agudo discernimiento para dar una «palabra de vida» a quienes se internaban en el desierto. 

Otra figura clave fue santa Teodora de Alejandría, consultada por numerosos monjes por su capacidad para explicar la diferencia entre la tentación y el pecado.

El esencial papel de los sacerdotes

Conviene recordar aquí un punto teológico básico: el sacramento del Orden confiere una gracia específica para realizar determinados actos —celebrar la Eucaristía, absolver los pecados, administrar los sacramentos—, pero no otorga automáticamente una gracia exclusiva para el discernimiento espiritual ajeno. La capacidad para acompañar almas nace también de la experiencia de Dios, de la prudencia, del conocimiento de la vida interior y del don de consejo, que el Espíritu Santo concede a quien quiere.

Nada de esto resta valor al papel insustituible del sacerdote en la vida espiritual, especialmente cuando la dirección se entrelaza con la confesión sacramental. Pero quizá sí invita a afinar más el lenguaje y las categorías. Porque si reservamos el nombre de “dirección espiritual” solo a lo que hacen los sacerdotes, corremos el riesgo de deslegitimar —aunque no sea esa la intención— una inmensa labor silenciosa y fecunda que se da en la Iglesia desde hace siglos.

El testimonio de Juan Pablo II

Frente a las visiones que restringen el acompañamiento del alma al estamento clerical, el propio Juan Pablo II ofreció en su libro Don y Misterio un testimonio excepcional sobre el laico Jan Tyranowski, un humilde sastre de Cracovia. El Pontífice no solo lo definió como “un hombre de una espiritualidad particularmente profunda”, sino que reconoció que de él “aprendí los métodos elementales de autoformación” que marcarían su vida. 

Lejos de ser un mero organizador de grupos, Tyranowski ejerció una verdadera dirección espiritual que resultó determinante, pues el futuro Papa admitió que su vocación sacerdotal tomó fuerza “gracias también al mencionado influjo” de este trabajador manual, quien le introdujo en la mística de San Juan de la Cruz».

Qué es acompañar almas

Tal vez el debate no consista en decidir quién puede o no puede dirigir almas, sino en clarificar qué entendemos por dirección espiritual, qué límites tiene, y cómo evitar que se convierta en control, dependencia o abuso. Y, sobre todo, en reconocer que el verdadero director de las almas no es otro que el Espíritu Santo. Todos los demás, ordenados o no, somos —cuando lo hacemos bien— simples servidores y mediaciones.

Porque, al final, la pregunta sigue ahí, reclamando respuesta: si no llamamos dirección espiritual a lo que no hacen los sacerdotes, ¿qué nombre le ponemos? Y lo que no se nombra bien, difícilmente se cuida bien.

El autorJavier García Herrería

Redactor de Omnes. Anteriormente ha sido colaborador en diversos medios y profesor de Filosofía de Bachillerato durante 18 años.

Evangelización

Fray Augusto Ramírez: un mártir moderno del sigilo sacramental

La causa de su martirio reconoce con claridad este elemento central: Fray Augusto fue asesinado in odium fidei, por negarse a traicionar el sigilo sacramental,

Fernando Armas·30 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En los últimos años, el sigilo sacramental de la confesión ha sido objeto de un cuestionamiento creciente en algunos ordenamientos jurídicos occidentales. En países como el Reino Unido, Australia y Estados Unidos se han promovido iniciativas legislativas que pretenden imponer obligación de denuncia a los ministros ordenados, incluso cuando la información haya sido obtenida en el contexto del sacramento de la penitencia. Estas propuestas suelen justificarse por la necesidad de prevenir y perseguir delitos graves, pero introducen una tensión inédita entre el poder civil y una práctica religiosa que en la Iglesia se considera esencial.

En este contexto de presión normativa y debate público, resulta especialmente significativa una noticia reciente que remite a un testimonio extremo de fidelidad al sigilo sacramental. El 22 de enero de 2026, el papa León XIV aprobó el decreto que reconoce el martirio de Fray Augusto Ramírez Monasterio, sacerdote franciscano guatemalteco asesinado en 1983, en el marco del conflicto armado interno que marcó trágicamente la historia del país.

Una historia de coraje

Los hechos se remontan a junio de 1983, cuando, tras un ofrecimiento gubernamental de amnistía a combatientes guerrilleros, un hombre conocido como Fidel Coroy decidió acogerse a esa posibilidad. Antes de iniciar los trámites civiles, acudió a confesarse con Fray Augusto en la iglesia de San Francisco El Grande, en Antigua Guatemala, parroquia de la que el fraile era responsable desde 1978. Tras la confesión, y movido por un criterio pastoral elemental, Fray Augusto intentó ayudarlo a regularizar su situación ante las autoridades, acompañándolo en ese proceso.

Ambos fueron detenidos en un destacamento militar. Coroy fue separado del sacerdote y sometido a golpes y maltrato por parte de las milicias gubernamentales. Fray Augusto, por su parte, permaneció varias horas bajo custodia, intimidaciones y maltrato psicológico antes de ser liberado.

A partir de ese momento, la situación de Fray Augusto se volvió cada vez más precaria: continuó ejerciendo su ministerio bajo la presión constante de los militares, llegando incluso a recibir amenazas de muerte. El punto decisivo de la persecución: que Fray Augusto revelara el contenido de la confesión del exguerrillero Fidel Coroy. Su negativa firme culminó en su secuestro, tortura y asesinato en noviembre de 1983.

La causa de su martirio reconoce con claridad este elemento central: Fray Augusto fue asesinado in odium fidei, por negarse a traicionar el sigilo sacramental, incluso a costa de la propia vida. El reconocimiento del martirio de Fray Augusto Ramírez Monasterio nos vuelve a recordar la sacralidad de la confesión más allá de obligaciones civiles.

Libros

Pobre como Cristo, rico en alegría: san Francisco de Asís

El Año Jubilar de san Francisco convocado para 2026 invita a redescubrir la pobreza evangélica, la identificación con Cristo y la alegría profunda que brota de una vida vivida en paz.

José Carlos Martín de la Hoz·30 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Hace unos días recibíamos la agradable noticia de que el santo Padre León XIV había convocado para este año 2026 un año jubilar dedicado a san Francisco, que durará desde el 10 de enero de 2026, hasta el 10 de enero de 2027. Ojalá que al final de este tiempo nos conceda el regalo de una encíclica o documento apostólico sobre la enseñanza del santo de Asís tan querido por todo el pueblo cristiano. 

La pobreza franciscana

El santo Padre con ese año dedicado a san Francisco desea recordar sencillamente el octavo centenario de la muerte del “Poverello”, como denominan en Italia a uno de sus santos más venerados y queridos y visitados en Asís donde se guardan sus restos y también ahora los de Carlo Acutis.

Precisamente, en el decreto publicado el 16 de enero por la Penitenciaria apostólica se recuerdan las ilusiones del santo Padre expresadas en unas palabras muy sintéticas, pero muy precisas, que “cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se convierta en modelo de santidad de vida y testigo constante de paz”.

Finalmente, en ese decreto se recuerda que para lucrar la indulgencia plenaria basta con visitar cualquier lugar relacionado con san Francisco o la familia franciscana, finalmente el decreto recuerda las condiciones generales que han de observarse para lucrar la indulgencia “con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas del Purgatorio”.

Precisamente, en el trabajo de Giogio Agamben, al que nos vamos a referir seguidamente, se tratará exhaustivamente de la relación entre la primitiva regla franciscana y el derecho, y en esas páginas descubriremos el alto concepto de la pobreza para san Francisco y para los grandes autores de la espiritualidad cristiana. Precisamente, en el siglo XXI con las grandes desigualdades entre el Norte y el Sur y dentro de los propios países occidentales, es muy importante que apliquemos las enseñanzas de la pobreza a la vida de los cristianos de toda clase y condición en ese año jubilar dedicado a san Francisco de Asís.

Identificación con Cristo

De muy diversas maneras nuestro autor, Giogio Agamben, tratará del concepto “Altísima pobreza”, puesto que el total desprendimiento de los bienes de la tierra es una de las características más esenciales de san Francisco. Esa “Altísima pobreza” tiene mucho que ver con la vida de Jesús narrada con toda naturalidad en los Evangelios y en el Nuevo Testamento.

El desprendimiento y, a la vez, la libertad en el uso de los bienes materiales tan necesarios para poder vivir y desarrollar la intensa actividad de la vida oculta y pública de Jesús, marcará la pobreza de los primeros cristianos.

Señora pobreza “Dama del corazón”, la denominaba san Francisco, y con esas palabras, tomadas en toda su dignidad y categoría está tratando una cuestión tan delicada, pues, como explicará Giorgio Agamben muchos sabios teólogos y canonistas se enzarzaron duramente tras la muerte de san Francisco para discutir sobre la regla y el derecho, sobre el uso y la propiedad de los bienes materiales (119).

Esas grandes diatribas, vistas ahora con la perspectiva del tiempo, pueden parecernos discusiones bizantinas o debates de escuela sin el mayor interés. Pero la lectura de aquellas apasionadas quoadlibetales nos está hablando de la radicalidad de la santidad de la vida cristiana (162). 

Ciertamente, se trata de una cuestión que afecta de lleno al corazón: “Ubi thesaurus cor” (Mt 6,21) “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón”. En ese sentido, la solución la dio el propio san Francisco cuando afirmaba que amar e imitar a Jesucristo era la regla básica del cristiano, la regla de vida de todo aquel que desee amar e imitar a Jesucristo es identificarse plenamente con Él (152).

La alegría y la paz como esencia del carisma franciscano

Inmediatamente, hemos de recordar que, como afirmaba muchas veces el venerado cardenal Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla, franciscano desde sus tiempos de de la universidad de Valladolid, la esencia de los franciscanos no era la pobreza sino la alegría. En efecto, lo más importante que aprenderemos de este año jubilar de san Francisco era su profunda alegría, su buen humor y su optimismo, frutos de un inmenso amor a Dios y a las almas.

Siempre recordaré la anécdota que me contó fray Carlos Amigo Vallejo en una de nuestras largas conversaciones. Refería cómo en una de las primeras reuniones de los franciscanos a las afueras de Peruggia, en el césped, estaban unos trescientos llegados de todos los lugares donde estaban establecidos. Estaban en silencio y oración cuando san Francisco se levantó y exclamó: “Grandes promesas hemos hecho a Dios”. Al cabo de un rato volvió a levantarse: “Más grandes aún son las promesas que Dios nos ha hecho a nosotros”. Finalmente volvió a hablar por tercera y última vez, antes de bendecirles y despedirles a todos: “¡Seamos fieles a nuestras promesas y Él será fiel a las suyas!”.

Siempre se suele afirmar que la alegría es la resultante, la consecuencia de tener la paz en el corazón fruto de estar viviendo la oración, el padrenuestro, que Jesús nos enseñó: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Si procuramos pensar en lo que Jesus y los demás puedan necesitar de nosotros y nos aprestamos a dárselo descubriremos que lo primero que necesitan los demás es una sonrisa (173).

Precisamente, el santo Padre León XIV lo primero que hizo al ser elegido desde el balcón de la plaza de san Pe4dro fue recordarnos:”La paz sea con vosotros” y pedirnos que fuéramos constructores de la unidad y de la paz.

Es significativo que ese es el objetivo de este nuevo año jubilar que sucede al año jubilar de la esperanza. Recordemos las palabras de León XIV al convocar el año de san Francisco: que “cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se convierta en modelo de santidad de vida y testigo constante de paz”.

La alegría es consecuencia de sabernos hijos queridísimos de Dios como tantas veces subrayó san Josemaría desde que descubrió la confianza en Dios Padre en uno de los momentos de mayor vida mística, en un tranvía cerca de la calle Atocha de Madrid.

Altísima pobreza. Reglas monásticas y forma de vida.

Autor: Giorgio Agamben
Editorial: Adriana Hidalgo editora
Páginas: 219
Año: Buenos Aires, 2018
América Latina

Chile, en camino de prohibir la maternidad subrogada

La Comisión de Familia de la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad un proyecto que prohíbe y sanciona la maternidad subrogada en Chile, considerando la práctica contraria a la dignidad de mujeres y niños y una forma de mercantilización de la gestación.

Pablo Aguilera·30 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La Comisión de Familia de la Cámara de Diputados aprobó en general, por unanimidad (nueve votos a favor de todo el espectro político), el proyecto que prohíbe y sanciona la maternidad subrogada en Chile.

La propuesta expone como fundamento para prohibir la maternidad subrogada en Chile que es contraria a la dignidad de las mujeres, niños y niñas, además de verla como una forma de mercantilización de la gestación.

En esa línea, la propuesta plantea establecer la nulidad de pleno derecho de los contratos de gestación por sustitución y disponer que la filiación materna se determine por el parto.

Medidas legales

Asimismo, el proyecto tipifica como delitos la intermediación, promoción, organización y comercialización de la maternidad subrogada, incluyendo la participación de profesionales de la salud y conductas que se aprovechen de la vulnerabilidad de las mujeres. Estas infracciones podrían ser sancionadas con penas de cárcel y multas.

Por otra parte, la iniciativa también propone incorporar medidas preventivas en los ámbitos sanitarios y de adopción. Por ejemplo, prohibir la transferencia de óvulos con fines reproductivos o la adopción por parte de personas o parejas que hayan participado en acuerdos de maternidad subrogada.

La Sala de Diputados deberá votar el proyecto en los siguientes meses y, si es aprobado pasaría al Senado para su estudio y votación.

Contexto internacional

El «Grupo de expertos de Casablanca para la abolición universal de la maternidad subrogada” celebra el voto unánime y transversal por el cual la Comisión de Familia de la Cámara de Diputados de Chile aprobó, en general, este proyecto de ley. Destacan que este voto reunió a diputados de izquierda, centro y derecha, y marca un paso decisivo en el proceso legislativo y reconoce claramente la necesidad de prohibir esta práctica.

Cabe recordar unas palabras del Papa León XIV al Cuerpo diplomático el 9 de enero de 2026: “existe la práctica de la subrogación. Al convertir la gestación en un servicio negociable, se viola la dignidad de ambos, tanto del niño, que queda reducido a un “producto”, como de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso generativo y alterar la vocación relacional original de la familia”.

En América Latina, la gestación subrogada no está regulada legalmente en la gran mayoría de los países. Solo dos estados mexicanos, Tabasco y Sinaloa, lo regulan en sus códigos civiles. Otros dos países, Brasil y Uruguay, la permiten de forma muy restringida. En cambio, dos estados mexicanos, San Luis Potosí y Querétaro, son los únicos territorios de América Latina donde se prohíbe explícitamente. 

Vaticano

El Papa señala la urgencia de transmitir la fe con Cristo en el centro

El Papa recibe a los trabajadores del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y destaca su servicio a la Iglesia.

Redacción Omnes·29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Papa recibió en audiencia a los trabajadores del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, a quienes dirigió palabras de reconocimiento por la labor que desempeñan al servicio de la Iglesia universal. Durante el encuentro, el Pontífice subrayó “el valioso servicio que realizan con el fin —como dice la Constitución Praedicate Evangelium— de ‘ayudar al Romano Pontífice y a los obispos en el anuncio del Evangelio en todo el mundo, promoviendo y tutelando la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral, basándose en el depósito de la fe y buscando también una inteligencia cada vez más profunda ante las nuevas cuestiones’ (n. 69)”.

Últimos documentos del dicasterio

En su intervención, el Papa hizo un repaso de los principales documentos publicados por el dicasterio en los años 2024 y 2025. Sin embargo, no mencionó el documento Fiducia Supplicans, publicado el 18 de diciembre de 2023, que suscitó un amplio debate en la Iglesia.

Entre los textos citados se encuentran la Nota Gestis verbisque, sobre la validez de los Sacramentos (2 de febrero de 2024); la Declaración Dignitas infinita, sobre la dignidad humana (2 de abril de 2024); las Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (17 de mayo de 2024); la Nota La Reina de la Paz (19 de septiembre de 2024); la Nota Antiqua et nova (28 de enero de 2025), dedicada a la relación entre inteligencia artificial e inteligencia humana; la Nota doctrinal Mater Populi fidelis, sobre los títulos marianos (4 de noviembre de 2025); y, finalmente, la Nota doctrinal Una caro. Elogio de la monogamia, sobre el valor del Matrimonio como unión exclusiva entre un hombre y una mujer (25 de noviembre de 2025).

La transmisión de la fe

En el actual contexto de cambio de época, el Santo Padre valoró positivamente que la reunión plenaria de los miembros del Dicasterio haya reflexionado sobre el tema de la transmisión de la fe, al que calificó como un “asunto de gran urgencia en nuestro tiempo”.

Según León XIV, no se puede “ignorar que se ha producido una ruptura generacional en la transmisión de la fe cristiana, especialmente entre las nuevas generaciones que ya no perciben el Evangelio como un recurso fundamental para su existencia”.

Siguiendo el magisterio del Papa Francisco, el Pontífice recordó que “queremos ser una Iglesia que no se mira solo a sí misma, que es misionera, que mira más allá, a los otros; una Iglesia que anuncia el Evangelio a través de la fuerza de la atracción. No es la Iglesia la que atrae, sino Cristo”.

El protagonismo exclusivo de Cristo

El Papa León XIV recordó que la Iglesia no debe anunciarse a sí misma, sino a Cristo, fuente de toda verdadera atracción misionera.

En su discurso, advirtió contra el protagonismo personal y subrayó que cada bautizado debe mantener la identidad de un «simple y humilde trabajador en la viña del Señor», dejando que sea la caridad de Cristo la que actúe a través de la mediación eclesial.

La gestión de los casos de abuso

Antes de concluir el encuentro, el Papa se refirió a otra de las principales responsabilidades del Dicasterio para la Doctrina de la Fe: la gestión de los casos de abusos procedentes de todo el mundo. En este contexto, destacó su función de apoyo a los obispos y a los superiores generales, subrayando que “es un ámbito muy delicado donde es fundamental que siempre se honren las exigencias de la justicia, la verdad y la caridad”.

Vaticano

El cardenal Woelki abandona el Camino Sinodal Alemán

El cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Colonia, anunció que ha decidido poner fin a su participación en el Camino Sinodal Alemán y que no asistirá a la sexta asamblea del proceso, que comenzará el 29 de enero.

OSV / Omnes·29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El cardenal Rainer Maria Woelki, de Colonia, se despidió del Camino Sinodal Alemán y dijo que no participará en la próxima sexta asamblea, que comenzará el 29 de enero.

«Para mí, el Camino Sinodal ha terminado», dijo en una entrevista con la emisora Domradio de la Iglesia alemana. Originalmente, se habían acordado cinco sesiones, «y yo participé en ellas», dijo.

El cardenal Woelki argumentó que es urgente una aclaración teológica del proyecto, iniciado en 2019, y añadió: «Estoy verdaderamente convencido de que todos los implicados, incluidos los del Camino Sinodal, quieren en última instancia lo mejor para la Iglesia».

Sin embargo, señaló que las opiniones sobre el camino para lograrlo son diferentes.

Origen del Camino Sinodal Alemán

El Camino Sinodal alemán se puso en marcha como un proceso de reforma en respuesta a un informe de 2018 conocido como el estudio Mannheim, Heidelberg y Gießen, o MHG, que documentaba los abusos sexuales generalizados por parte del clero en Alemania entre 1946 y 2014. Las conclusiones provocaron la indignación pública y presionaron a los obispos alemanes para que abordaran las fallas sistémicas dentro de la Iglesia. Originalmente planeado como una iniciativa de dos años, el Camino Sinodal se prolongó debido a la pandemia de COVID-19 y finalmente concluyó en 2023.

Su objetivo declarado era examinar cuestiones como el ejercicio del poder en la Iglesia, la moralidad sexual, la vida sacerdotal y el papel de la mujer, en el contexto de la crisis de abusos.

Sin embargo, el proceso se convirtió rápidamente en objeto de controversia, sobre todo debido a los llamamientos a revisar las enseñanzas tradicionales de la Iglesia sobre la homosexualidad, la ordenación de mujeres y el celibato sacerdotal.

Obispos de todo el mundo advirtieron que el Camino Sinodal corría el riesgo de separar a los católicos alemanes de la Iglesia universal, argumentando que se basaba demasiado en ideologías sociológicas y políticas en lugar de en las Escrituras y la tradición.

En 2022, el Vaticano declaró formalmente que el Camino Sinodal no tenía autoridad para cambiar la doctrina o el gobierno, una medida que los líderes de la Iglesia alemana criticaron públicamente. El propio Papa Francisco expresó su profunda preocupación y advirtió que el proceso estaba impulsado por las élites y la ideología, en lugar del Espíritu Santo, comentarios que agravaron aún más las tensiones entre Roma y los obispos alemanes.

La opinión de Woelki

El cardenal Woelki declaró a Domradio que tenía la impresión de que «a partir de cierto momento, el Camino Sinodal en Alemania se convirtió principalmente en la implementación de ciertas posiciones político-eclesiásticas» y que no se puede discutir todo sin ideas preconcebidas. «Por poner un ejemplo deliberadamente exagerado: no podemos votar si Jesús resucitó de entre los muertos», afirmó el prelado de Colonia.

El difunto Papa Francisco, así como su sucesor, el Papa León XIV, «recalcaron repetidamente que la sinodalidad es un proceso espiritual, una herramienta para la evangelización». Según esta interpretación, la sinodalidad sin evangelización es «simplemente inconcebible», declaró el cardenal Woelki a Domradio.

Por lo tanto, la asamblea sinodal «no tiene la tarea de evaluar lo que un obispo local o una diócesis en particular ha implementado a partir de las decisiones del Camino Sinodal».

Para el cardenal, la sinodalidad significa «escucharse atentamente unos a otros; todos pueden aportar su perspectiva. Y, sobre todo: escuchar juntos lo que nos dice el Espíritu Santo, deliberar y discernir juntos».

Valores comunes

Sin embargo, la decisión final recae en «quien ha sido investido con el cargo», subrayó el arzobispo de Colonia. En la Iglesia católica, el obispo tiene «el poder de decisión final sobre su diócesis, un poder que le ha sido conferido por el mismo Cristo».

«Prometí proteger la fe de la Iglesia y recorrer el camino en mi diócesis en unidad con el Papa. Tengo la intención de seguir cumpliendo esta promesa», dijo el cardenal, añadiendo que, al mismo tiempo, le resulta «difícil aceptar la idea de formar parte de un organismo en el que 27 obispos diocesanos, 27 miembros del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) y otros 27 miembros aún por elegir deliberan y deciden juntos». Y eso, en última instancia, es de lo que se trata el Camino Sinodal, «aunque se intente expresarlo de otra manera», señaló.

El cardenal Woelki describió la actual polarización dentro de la Conferencia Episcopal Alemana como una carga, y afirmó: «Las tensiones me preocupan porque no quiero sugerir que alguien no quiera lo mejor». También hizo hincapié en la importancia de mantener el diálogo.

Al hablar sobre la situación política mundial, el cardenal dijo: «Donde el poder es sinónimo de razón, la sociedad y la moral se vuelven brutales. Se viola la dignidad humana y se ignoran los derechos personales. Esto conduce a una sociedad deshumanizada».

El cardenal Woelki concluyó la entrevista subrayando la necesidad de restablecer un conjunto de valores comunes: «Diálogo en lugar de violencia, fiabilidad, protección de los vulnerables, solidaridad y justicia».

El autorOSV / Omnes

Todo el mundo cree en Dios cuando se menea el avión

Unos minutos de turbulencias en un avión bastaron para que muchos recordáramos que no lo controlamos todo y que siempre hay algo más grande que nosotros.

29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El pasado domingo viví unas terribles turbulencias en un avión de vuelta a Madrid. Muchos pasajeros gritaban y otros tantos, como yo, rezábamos en silencio. Al aterrizar sin ningún percance, se sucedieron risas nerviosas y comentarios de alivio. Una de las pasajeras le decía a su compañera: “yo he rezado hasta un padrenuestro y hacía siglos que no lo hacía”. Fue entonces cuando me acordé de la famosa canción de Leiva en la que recita la frase: “todo el mundo cree en Dios cuando se menea el avión”. Nunca una estrofa me había hecho sentirme tan identificada.

La escena no deja de ser reveladora. En cuestión de minutos, personas que quizá llevaban años sin pronunciar una oración, sin pensar en Dios o incluso negándolo abiertamente, acudían a Él con una naturalidad casi instintiva. Como si, en el fondo, hubiera una certeza escondida que solo sale a la superficie cuando desaparece la ilusión de control. Mientras todo va bien, mientras creemos tener la vida bajo dominio, Dios parece prescindible. Pero cuando el suelo —o el aire— se mueve, algo dentro del ser humano busca amparo en lo eterno.

Uno puede pasar el día entero disfrutando de lo que Dios nos da —la vida, la salud, el amor, la belleza, incluso la rutina— y vivir completamente ajeno a Aquel que ha creado y sostiene todo eso. Consumimos los dones como si fueran derechos adquiridos, sin detenernos a pensar en su origen. Y, sin embargo, al llegar las turbulencias es cuando decidimos recurrir a algo más grande que nosotros mismos. No al dinero, no al éxito, no a la autosuficiencia, sino a Dios.

Israel también se acordó de Dios

Este comportamiento no es nuevo. Ya se veía en el pueblo de Israel. Cuando llegaron a la tierra prometida, después de haber sido liberados de la esclavitud, se acomodaron, se olvidaron de Dios y comenzaron a adorar a dioses que no lo eran. Pero cuando llegaba el hambre, la guerra o el exilio, entonces sí clamaban al Dios verdadero. En la necesidad reconocían lo que en la abundancia habían ignorado. La historia se repite, siglo tras siglo, persona tras persona.

Es curioso —y a la vez muy humano— cómo en los peores momentos acudimos al único que, en el fondo, sabemos que puede ayudarnos. Tal vez porque la cercanía de la muerte nos vuelve honestos. Nos recuerda que no somos invencibles, que no lo controlamos todo y que nuestra vida pende de un hilo mucho más frágil de lo que nos gusta admitir. En esos instantes, las máscaras caen y aparece la pregunta esencial: ¿qué hay más allá de mí?

Aprender a morir, aprender a vivir

La muerte, o su amenaza, tiene ese poder. Nos obliga a mirar al Cielo, incluso a quienes pasan la vida ajenos a él. Como decía san Agustín, “nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Quizá por eso, cuando el avión nos sacude, el corazón recuerda lo que la mente había querido olvidar.

Tal vez las turbulencias no estén ahí solo para asustarnos, sino para recordarnos que no estamos solos, que hay Alguien más grande que nosotros, incluso cuando solo nos acordamos de Él en medio del miedo.

Tal vez por eso cobra tanto sentido la frase de Montaigne: “aprender a morir es aprender a vivir”. Las turbulencias nos colocan frente a lo esencial. En ese instante desaparecen las certezas falsas y solo queda la verdad desnuda: no lo controlamos todo. Aprender a morir no es desear el final, sino aceptar nuestra fragilidad y, desde ahí, vivir con mayor conciencia. 

Quien ha mirado de frente la posibilidad de morir aprende a agradecer más, a vivir con menos soberbia y a no olvidar tan fácilmente a Dios cuando todo vuelve a ir bien. Porque si solo nos acordamos de Él cuando el avión se mueve, quizá no hemos aprendido aún a vivir.

España

Claves cristianas en el cooperativismo de Mondragón

Nacido en Mondragón en 1951, el movimiento cooperativo impulsado por José María Arizmendiarrieta se ha convertido en un referente mundial, demostrando que una empresa basada en la propiedad compartida, la solidaridad y la primacía de la persona puede ser competitiva, crecer y transformar la sociedad.

Agustín González Enciso·29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El movimiento cooperativo que surgió en Mondragón, desde 1951, ha dado lugar a tres grupos corporativos (Corporación Mondragón, Grupo Ulma y Grupo Orona) que aglutinan cerca de 300 empresas y emplean a unas 80.000 personas en 40 países. Una historia de éxito que ha pasado a los libros de management. En origen y en esencia, es un cooperativismo basado en la propiedad y gestión comunes: los trabajadores son socios capitalistas y cada uno tiene un voto en la asamblea. (Aunque la expansión ha exigido posteriormente algunas modificaciones).

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Una explicación es la admiración y asombro de los primeros que siguieron a Arizmendiarrieta, cuyos testimonios se recogen en vídeos y escritos. Todos se sintieron entusiasmados por sus ideas, su impulso y su ejemplo. Los protagonistas de las primeras cooperativas de Mondragón hicieron suyas esas ideas y se lanzaron a la aventura. Según sus testimonios, ser propietario y trabajador a la vez, unir capital y trabajo en la misma persona, compartir esa situación de manera solidaria, resultó tremendamente atractivo para aquellos jóvenes que veían la posibilidad de realizar inquietudes sociales que ellos mismos tenían. 

Los de la primera hora con don José María, y los que llegaron después, señalan que Arizmendiarrieta, o la doctrina cooperativa, les cambió la vida. Les llenaba de satisfacción ser creadores, hacer algo desconocido, capaz de dar nueva vida; era el atractivo del trabajo solidario e innovador. Vieron esas ideas como revolucionarias y atisbaron su potencial transformador de la empresa y de la sociedad. Esas ideas abrían más posibilidades que el trabajo convencional. Percibían otro mundo, un campo distinto, inexistente, que podría hacerse realidad. Ilusionaba una revolución pacífica, sin ideología política, que podría hacer mucho bien. Don José María sabía ver el futuro y transmitía ilusión y esperanza.

Señalo tres aspectos del sentir de ese modelo cooperativo: esfuerzo, conocimiento e influjo social. Fue necesario esforzarse, asumir riesgos. Sacar adelante las cooperativas comportó trabajo y renuncias. Fueron innumerables las horas de trabajo para formar empresas nada fáciles en sus inicios, afrontando, a la vez, problemas familiares, la entrega de las mujeres que, al principio tuvieron que renunciar a trabajar fuera de casa para alentar y ayudar a sus maridos a hacer las cooperativas. Había que vivir esperanzados en que aquello saldría adelante, obrar con virtudes personales (laboriosidad, generosidad, sobriedad, paciencia, magnanimidad). Este talante forma la manera de ser de un cooperativista. Para que haya cooperativas, antes tiene que haber cooperativistas. A cambio, la igualdad entre todos facilitaba el compañerismo y una implicación común en sacar adelante sus empresas, haciendo horas extraordinarias o trabajos que no les competían; la solidaridad llegaba también a la vida cotidiana.

También había que saber, adquirir conocimiento. Las cooperativas triunfarían siendo competitivas, fabricando productos innovadores, lo cual exigía formación. Arizmendiarrieta ya había dado importancia a la formación humana y técnica de los aprendices, pero habría que seguir estudiando y conseguir una especialización. No solo para ser buenos técnicos, también mejores personas. Se necesitaba saber más y ser conscientes de que eran imperfectos, pero perfectibles, capaces de transformarse ellos mismos y su entorno. 

De ahí los beneficios sociales de su trabajo. Detrás de lo inmediato (hacer la cooperativa), el ideal cooperativo contiene elementos atractivos que proceden de principios de la Doctrina Social de la Iglesia (destino universal de los bienes, la persona en el centro, no la ganancia; trabajo que permita desplegar las capacidades de las personas, una economía al servicio del ser humano…). Ante el dilema comunidad individuo, prevalece la comunidad. Ello exige practicar la austeridad en la misma empresa, usar bien los activos financieros, no despilfarrar ni hacer gastos superfluos. Todo eso beneficia a los propios trabajadores y al común, pues su actividad se puede ampliar a actividades solidarias, como cooperativas de viviendas o de consumo, además de extender una mentalidad responsable. La rentabilidad de las cooperativas llega a más personas porque el valor generado se reparte.

¿Esta visión humanista, de raigambre cristiana, rebaja las expectativas de crecimiento? La respuesta es el éxito de las empresas y grupos cooperativos que existen. Si se hace bien, la solidaridad es tan rentable como cualquier empresa bien gestionada. Hoy es posible entender la primacía de la persona, el bien común y la solidaridad, valores históricos de Occidente, aunque cueste encontrar quien los encarne. Pero hay síntomas de esperanza porque las cooperativas siguen existiendo y pueden contribuir a renovar la mentalidad económica general.

El autorAgustín González Enciso

Universidad de Navarra. Colaborador de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa

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Evangelización

Las voces de Juana de Arco: del estereotipo al arquetipo

No parece que Juana de Arco peleara cuerpo a cuerpo ni que matara nadie. Reclama piedad para los supervivientes rivales ingleses, les facilita los sacramentos y exige virtud a los soldados de su propio ejército.

Enrique Aubá·29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 10 minutos

Juana de Arco (1412-1431), atractiva y compleja figura histórica. La niña que escuchaba voces; la joven que lideró al ejército francés en nombre de Dios para cambiar el curso de la guerra de los Cien Años; la chica que prefería vestir con ropa de chico; la mujer que murió en la hoguera acusada de brujería y herejía; la que, siglos después, sería proclamada modelo de santidad por la misma Iglesia que la había condenado. Mujer determinada, espiritual y mística; líder militar carismática, emblema y estandarte; poliédrica, controvertida y en gran medida desconocida. Objeto de múltiples estereotipos —la loca, la heroína, la bruja, la feminista, la santa—. Arquetipo de la mujer libre y de la libertad de conciencia.

Icono desafiante y atemporal. Fiel a sí misma, a sus voces, a su conciencia, a Dios. Coherente y valiente, fuerte y enamorada, con un agudo e irónico sentido del humor. Hizo lo que entendía que Dios le pedía, y al mismo tiempo, lo que le daba la gana. Existencialmente obediente y libre.

Comprender la complejidad de Juana de Arco en toda su profundidad requiere situarla históricamente y desprenderse de los prejuicios propios de la óptica actual. Lo primero es recordar algunos datos esenciales. Juana de Arco vivió entre 1412 y 1431. Murió en la hoguera con diecinueve años, después de haber liderado —con solo diecisiete— al ejército francés del bando armagnac. 

En 1429 participó decisivamente en la liberación de Orleans y en la coronación en Reims del legítimo heredero al trono, el futuro Carlos VII de Francia, lo que supuso un giro estratégico clave en la guerra de los Cien Años. Pero… ¿por qué fue Juana a la guerra? ¿Por qué terminó muriendo en la hoguera? ¿Y qué hay de las voces que supuestamente escuchaba? Para responder a estas preguntas es imprescindible atender al contexto político, bélico y eclesial de la época.

La guerra de los Cien Años

La guerra de los Cien Años, que se desarrolló entre 1337 y 1453, fue un enfrentamiento fundamentalmente entre Inglaterra y Francia, aunque atravesado por una profunda guerra interna. Tuvo numerosos antecedentes: motivos territoriales, tensiones dinásticas y conflictos de derechos sucesorios. En síntesis, Inglaterra se apoderó de territorios franceses, mientras en Francia se exacerbaba una guerra civil.

Nos interesan especialmente las décadas previas a Juana de Arco. Carlos VI de Francia estaba incapacitado por la locura: padecía una grave psicosis sin caracterizar, en la que destacaba una creencia —delirio— de que su cuerpo estaba hecho de vidrio. La rivalidad entre los duques de Borgoña y de Orleans derivó en una guerra civil abierta. En este contexto, Enrique V de Inglaterra obtuvo una aplastante victoria en la batalla de Azincourt (1415). 

La situación se complicó con la alianza anglo-borgoñesa tras el asesinato, en 1419, del duque Juan de Borgoña. Parte de Francia, bajo influencia borgoñesa, firmó con Enrique V el Tratado de Troyes en 1420, desheredando al delfín Carlos —hijo de Carlos VI—, quien contaba con el apoyo de la facción armagnac (Orleans).

En este escenario entra en juego Juana de Arco. En 1429 lideró la liberación de Orleans y acompañó al delfín Carlos hasta su coronación en Reims, deslegitimando el Tratado de Troyes y dando un giro decisivo a la guerra. Juana sería apresada en 1430 y ejecutada en la hoguera en 1431. Años después, en 1435, el Tratado de Arrás disolvió la alianza anglo-borgoñesa y permitió la reunificación de Francia. Con el tiempo, la guerra se inclinó a favor del reino francés, que expulsó a los ingleses del continente y puso fin al conflicto en 1453.

Juana de Arco fue clave en este giro de la guerra, y lo hizo no simplemente «en nombre de Dios» sino «por mandato de Dios».

La Iglesia, los papas y el cisma de Occidente

Para comprender a Juana también debemos conocer la situación de la Iglesia y, en concreto, del papado. En el siglo XV, todo el cristianismo europeo era católico; aún no había tenido lugar la separación luterana (1517) ni el cisma anglicano (Enrique VIII, 1538). Por ello, la guerra entre Francia e Inglaterra fue un conflicto entre reinos cristianos católicos, no una guerra de religión como las que se sucederían en Europa durante los siglos XVI y XVII.

A pesar de que peleaban entre fieles del mismo credo, Dios sí tomaba partido; eso nadie lo dudaba. Los ingleses interpretaron que Dios se había pronunciado a favor de Inglaterra con la contundente victoria de Enrique V en Azincourt, mientras que Juana de Arco entendía que Dios se posicionaba del lado de Francia, cuando sentía que la llamaba a la guerra para liberar Orleans, unificar Francia y defenderla frente a Inglaterra. 

Este fue, de hecho, el motivo por el que Juana fue ejecutada en la hoguera: la Iglesia en la zona inglesa consideraba que las voces de Juana no podían ser del cielo y, en consecuencia, solo podían ser del maligno. Una vez terminada la guerra, la Iglesia revisó el juicio, reconoció el atropello y la restauró de la acusación de herejía. Siglos después, a comienzos del siglo XX, será beatificada y canonizada.

Es también interesante lo relacionado con el papado. La Iglesia estaba inmersa en el llamado cisma de Occidente —seguimos dentro del catolicismo—, también conocido como cisma de Aviñón. Tuvo lugar entre 1378 y 1417, es decir, superpuesto a la guerra de los Cien Años y previo a la entrada en acción de Juana de Arco. Durante estas décadas hubo dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón. Incluso llegó a haber tres papas desde poco antes del nacimiento de Juana: en 1409 se había convocado el Concilio de Pisa para solucionar el conflicto entre Roma y Aviñón, pero ninguno de los dos papas se presentó. Como resultado, ambos fueron depuestos y se eligió a un tercero.

Unos detalles de la complejidad de la situación: había un papa en Roma —el primero fue Urbano— y otro en Aviñón —el primero fue Clemente—. El papa de Aviñón se trasladó en un determinado momento a Peñíscola, conocido como el Papa Luna. El tercero en discordia, resultado del Concilio de Pisa, fue Alejandro V, quien se instaló en Bolonia; su pontificado duró menos de un año y le sucedió Juan XXIII. Por su parte, Gregorio XII (de Roma) convocó el Concilio de Constanza en 1414 y renunció al papado; los terceros papas fueron anulados, se eligió a Martín V en Roma, mientras que el Papa Luna (Benedicto XIII) continuó en Peñíscola hasta su fallecimiento en 1423, a los 94 años.

Esta crisis del papado tuvo repercusiones directas en la guerra entre Inglaterra y Francia: Inglaterra apoyaba principalmente al papa de Roma, mientras que Francia respaldaba al de Aviñón.

Un apunte: no debe confundirse el cisma de Occidente —con papas en Roma y Aviñón— con el período previo del papado en Aviñón, cuando había un solo papa desplazado por motivos de seguridad, y que concluyó con la vuelta a Roma, en parte gracias a Santa Catalina de Siena.

Cuando nace Juana de Arco en 1412, el cisma estaba en sus años finales, con tres papas; y cuando entra en acción en 1429, ya solo permanecía el pontífice de Roma, aunque el recuerdo de más de un siglo de papas y antipapas en Aviñón seguía muy presente. Por ello, en Francia no se hablaba demasiado de Roma mientras se enfrentaban a los ingleses, que habían apoyado al papa romano durante toda la guerra.

Voces, psicopatología y mística

Volvamos a otro de los interrogantes iniciales: ¿qué hay de las voces que escuchaba Juana de Arco? ¿Loca, bruja o santa? Podría parecer que la única pregunta pertinente es si Juana estaba psicológicamente enferma o equilibrada y, desde una perspectiva de fe, si aquellas voces eran fruto de un trastorno o verdaderamente procedían de Dios. Sin embargo, el problema es más complejo. 

En primer lugar, porque una persona puede estar mentalmente sana y, aun así, “escuchar voces” que no son de origen divino. Y, en segundo lugar, porque dentro de una cosmovisión creyente las voces no se reducen a una alternativa simple entre Dios o la patología: la tradición cristiana ha contemplado siempre la posibilidad de experiencias interiores que no proceden de Dios, sino que tienen un origen maligno. Estas eran, precisamente, las categorías interpretativas dominantes en el siglo XV, y son las coordenadas desde las que comprender a Juana de Arco.

Las voces. La percepción es un fenómeno complejo, íntimamente ligado a la imaginación y al pensamiento. No percibimos la realidad de manera directa: oír, como ver, es un proceso mediado por vías nerviosas y por mecanismos de filtrado y selección en los que influyen el estado emocional, los deseos, la memoria y lo vivido. Además de percibir, imaginamos. La imaginación también genera imágenes y voces, tanto en sueños como en vigilia, y está igualmente condicionada por nuestra historia interior.

Por otra parte, hay distintos tipos de pensamiento, o el pensamiento puede adoptar formas diferentes. Unos piensan de forma abstracta, otros mediante imágenes; algunos piensan “hablando”, y en ciertas personas el pensamiento puede adquirir la forma de voces. Los deseos y los miedos también pueden tomar cuerpo en imágenes y palabras interiores. Todo ello pertenece al funcionamiento ordinario de la mente humana.

La conciencia —la interioridad, el “corazón”, la vivencia reflexiva de los propios deseos, impulsos e intuiciones— es un espacio asombroso. Nos sentimos dueños de nuestros pensamientos y de nuestros deseos, y sin embargo estos nos exceden. 

Tendemos a entender la agencialidad —la autoría de nuestros actos— como algo estrictamente interno, pero quizá también pueda tener un origen ex. Y si Dios quisiera hacerse presente… ¿no sería lógico que lo hiciera a través de nuestros propios procesos psicológicos y cognitivos? ¿Acaso no es razonable pensar que lo haría mediante un pensamiento, un impulso de la conciencia o una voz interior? Y la misma experiencia podría vivirse como una voz que viene de fuera o como algo tan íntimo que se confunde con el propio querer.

La experiencia de oír voces debe leerse en clave individual, histórica y cultural. En determinados contextos —y la Edad Media es uno de ellos— estas experiencias estaban más normalizadas e integradas en los marcos de creencias compartidas. Es más: en el siglo XV, la cuestión principal era discernir si las voces procedían del cielo o del infierno; solo cabía, por tanto, la alternativa entre entender a Juana como una mística o como una mujer endemoniada.

Todo ello desafía nuestras referencias habituales de normalidad y locura. Por una parte, no podemos juzgar con categorías modernas experiencias medievales; por otra, tampoco podemos renunciar a revisar críticamente si las categorías vigentes hoy nos ayudan realmente a comprender en profundidad la realidad o si, por el contrario, la empobrecen y la simplifican. La sugestionabilidad —que hoy sabemos mayor en determinadas poblaciones y épocas— tenía entonces una fuerza particular. Pero la sugestionabilidad ni invalida la experiencia ni la explica por sí sola.

La frontera entre psicología y espiritualidad, lejos de ser nítida, es compleja y exige un discernimiento cuidadoso. No se trata de distinguir entre blancos y negros, sino de reconocer grises y planos que se superponen. Comprender las voces de Juana de Arco exige, por tanto, evitar reduccionismos y asumir que la interacción entre experiencia psíquica, conciencia personal y vivencia religiosa es necesariamente articulada.

Juana y la guerra

La genuina sencillez de Juana de Arco contrasta con el horror de la guerra en la que se implica y que lidera. Impulsa al ejército al combate y a muertes terribles; sin embargo, no parece que peleara cuerpo a cuerpo ni que matara nadie. Reclama piedad para los supervivientes ingleses, les facilita los sacramentos y exige virtud para su propio ejército. Sin esta aparente contradicción tampoco puede comprenderse a Juana de Arco.

Juana va a la guerra de la mano de sus voces, ángeles y santas. Empuña un arma por su valor simbólico, una espada con la inscripción “Ieshus Maria”. Pero casi siempre portaba un estandarte blanco y dorado, con una imagen de Cristo con dos ángeles, y un campo de lirios o flor de lis, símbolo emblemático de Francia. Aunque no empleó la fuerza, no le faltó valor: inspiraba esperanza e infundía ardor. 

No puede decirse que fuera una gran estratega: arremetió, acometió, avanzó mucho en un corto periodo de tiempo, y se equivocó militarmente o se dejó aconsejar mal. Pero, en poco tiempo, hizo lo que no se había hecho y seguramente no se habría hecho. Confianza y fe, determinación y coraje.

Tiene algo de irónico que, siglos después, el británico Winston Churchill —militar y estadista, audaz y arriesgado— alabara a Juana de Arco y confesara su admiración por ella, probablemente por su coraje. 

En ciertos momentos de las guerras —o para determinados tipos de guerra— resultan decisivos ciertos perfiles de personalidad, con empuje y capacidad de liderazgo, como pudieron ser Churchill o Patton. O Juana de Arco, con su impulso a volver a lanzarse una y otra vez, aun sabiendo —porque las voces se lo decían— que sería herida.

Juana de Arco vivió y murió en un contexto de guerra. En otras épocas, la guerra era la norma; hoy, lamentablemente, tampoco puede decirse que sea una excepción. En cualquier caso, la vida contiene siempre una dimensión de combate: hace falta energía para mantener o restaurar el orden y evitar el caos. 

Esto sucede tanto en los sistemas biológicos como en el dinamismo psicológico y en las relaciones sociales. La búsqueda del bien implica lucha frente a la oscuridad. Este es otro de los motivos por los que la Juana guerrera será siempre una figura inmortal, del mismo modo que la Ilíada, relato arquetípico de la guerra.

El valor que mostró Juana en la guerra está sin duda en relación con su fidelidad a las voces y a su conciencia, que la sostendría incluso frente al juicio y la muerte.

Vidriera de Juana de Arco en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Westhampton Beach, N.Y. (OSV News photo/Gregory A. Shemitz).

Juicio, martirio y legado espiritual

Juana de Arco puede ser considerada, sin duda alguna, mártir. Muere por su conciencia y por la verdad, fiel a sí misma hasta el final, fiel a Dios. Es sometida a un juicio injusto, a un interrogatorio absurdo y manipulado, como ocurrió con Jesucristo y, un siglo después, con Tomás Moro, también en Inglaterra. Benedicto XVI subraya el paralelismo de Juana con Jesucristo: «Después de los años de vida oculta y de maduración interior sigue el bienio breve, pero intenso, de su vida pública: un año de acción y un año de pasión».

Juana es una mujer de profunda oración, que dialoga con Dios con confianza y seguridad. Dios le hablaba, y ella se comunicaba con Él: de manera íntima, y también a través de voces —de santos y del arcángel San Miguel, como ella misma explicaba—, percibiéndolos como auxilio y presencia de Dios. Se alimentaba de la gracia divina mediante los sacramentos, especialmente la confesión y la Eucaristía. Y los anhelaba.

En el juicio, intentaban manipularla, aprovecharse de su devoción y de su piedad sacramental. Vestía de hombre porque quería, por sentido práctico —militar— y para protegerse de posibles agresiones sexuales, aunque también explicaba que las voces se lo habían sugerido. Lo hacía, en definitiva, porque le daba la gana. Eso sí, estaba dispuesta a vestirse de mujer si le permitían oír misa y comulgar: lo primero era lo primero. Pero todo formaba parte del engaño.

A través de días de presión y engaño, en un estado de agotamiento y confusión, intentan que Juana firme una retractación de la herejía de la que la acusan, y lo consiguen —de aquella manera—. Cuenta Mark Twain en su semblanza: «El crimen estaba concluido. Ella había firmado… ¿qué? No lo sabía, pero los otros sí. Había firmado una confesión de brujería, de trato con los demonios, de perjurio, de blasfemia contra Dios y contra los ángeles; de ser cruel y sanguinaria, de promover la sedición, de ser perversa, sierva de Satanás, y la aceptación de vestir como mujer…».

En cuanto recupera la lucidez, se retracta de la retractación, aun sabiendo lo que eso significa: la muerte en la hoguera. Y, paradojas de la historia —resquicios de misericordia e incoherencia—, le conceden recibir los sacramentos antes de morir: confesar y comulgar. Muere diciendo ante un crucifijo: «Jesús, Jesús, Jesús».

La voz de Juana hoy

Juana de Arco fue transgresora en su tiempo, reventó moldes y hoy también rompe con “lo previsto”, desafiando nuestros modelos explicativos. Juana de Arco oía voces, Juana de Arco es una voz, Juana de Arco es muchas voces. Su voz resuena en la diversidad y la libertad, en la fidelidad a su conciencia, en la fe profunda y el amor. Su voz es coraje y liderazgo; su voz es profundidad espiritual y relación con Dios; su voz es martirio y coherencia hasta el final; su voz es atemporal: hoy sigue siendo actual.

El autorEnrique Aubá

Psiquiatra. Clínica Universidad de Navarra

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Argumentos

¿Conoces la dimensión psicológica del sacramento de la Reconciliación?

La dimensión psicológica de la confesión pone de relieve que el sacramento no solo toca lo espiritual, sino también la salud emocional del penitente. Además, la investigación en psicología muestra cómo las relaciones de confianza, como la del confesor, son una de las fuentes más poderosas de transformación interior.  

Francisco Otamendi·29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El sacramento de la confesión no sólo tiene una dimensión espiritual profunda, sino que también se entrelaza con aspectos psicológicos que influyen en cómo se vive y se experimenta el perdón de Dios y el perdón a uno mismo o a otros. 

Comprender estas dinámicas puede ampliar la perspectiva del confesor, y de la otra persona, señala la ‘Guía práctica para confesores’, un proyecto internacional de la Fundación John Templeton. Uno de los equipos de investigación integra a varios psicólogos, filósofos y teólogos de las universidades de Navarra, Pontificia Comillas, San Dámaso y CEU-Abat Oliba. Algunas de sus conclusiones en la órbita psicológica se sintetizan aquí.

Los dos aspectos que se reflejan en el estudio, para el que se ha contado con entrevistas a veinticinco sacerdotes de distintos países con amplia experiencia pastoral, son el impacto de la confesión y del acompañamiento espiritual en la salud psicológica, y el vínculo humano como fuente de transformación.

Un puente también para perdonarse

El perdón recibido en la confesión puede convertirse en un puente para que la persona también se perdone a sí misma, señalan los expertos de la guía. Sentirse acogido y perdonado por Cristo en la persona del sacerdote ayuda a interiorizar la misericordia divina, generando una apertura que facilita el perdón personal y, a su vez, el perdón hacia los demás.

De manera recíproca, aprender a perdonarse a uno mismo puede facilitar que la persona se acerque al sacramento con mayor apertura y confianza.

Salud psicológica

Por otra parte, “el acompañamiento espiritual prolongado puede tener un efecto profundo en la salud psicológica del acompañado, incluso más allá de la experiencia puntual de la confesión”, señala la guía.

La relación sostenida y la continuidad en el acompañamiento generan “una sensación estable de ser aceptado y querido en profundidad, lo que puede favorecer la seguridad emocional y la apertura personal”.

La escucha atenta y la apertura total del acompañante permiten que la persona explore sus ataduras, heridas y patrones de comportamiento, añade el estudio, “promoviendo autoconocimiento, reconciliación interior y un desarrollo más equilibrado de la vida emocional y espiritual”.

Evitar riesgos: paternalismo, dependencia emocional excesiva

No obstante, es fundamental cuidar la relación para evitar riesgos como el paternalismo, donde el acompañante impone su criterio o se frustra cuando la persona toma decisiones distintas a las sugeridas.

“En el acompañamiento espiritual hay una relación de confianza más fuerte, de liderazgo. Entonces, a veces se puede dar paternalismo por parte del que acompaña, que no es capaz de dejar que el otro elija, y se enfada, y se frustra cuando el otro se equivoca. Es decir, es muy delicado todo el aspecto de la relación que se fragua, de confianza, de acompañamiento, de que te dejo en libertad y no soy paternalista”.

Así lo expresan los expertos en la guía. En esta línea, los confesores subrayan la importancia de “prevenir cualquier dependencia emocional excesiva, tanto por parte del penitente o acompañado como del sacerdote, procurando siempre que se respete la libertad del primero y que el acompañamiento favorezca su autonomía y madurez”.

Las relaciones de confianza, transformadoras

Los psicólogos destacan en el informe el poder del “vínculo humano como fuente de transformación”. Los seres humanos sanamos en relación, aseguran. “Nuestras heridas más profundas —abandono, rechazo, humillación, deshonor— no se curan en soledad, sino en el encuentro con otro que nos acoge”. 

“En la confesión, es Dios mismo quien sana con su gracia, porque Él es amor y misericordia. Pero en ese espacio también está presente el sacerdote, cuya actitud puede acompañar o abandonar, acoger o rechazar, abrir caminos o cerrarlos, acercar o alejar, dar confianza o generar temor”, reconocen.

En el contexto del sacramento 

La “presencia y modo de escuchar” del sacerdote, prosiguen, “influyen en cómo el penitente vive la experiencia del perdón. La acción sacramental no depende de estos factores humanos; sin embargo, pueden favorecer o dificultar la vivencia subjetiva de ese perdón”.

Según el estudio, “la investigación en psicología muestra cómo las relaciones de confianza son una de las fuentes más poderosas de transformación interior. En el contexto de la confesión, la relación con el sacerdote puede tener un efecto semejante”.

Las relaciones sólidas, “amortiguador” psicológico

El informe cita en este punto el estudio de la Universidad de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, la investigación más larga existente sobre felicidad y salud, que concluyó que la calidad de nuestras relaciones predice más nuestro bienestar que el éxito o los bienes materiales. 

Las relaciones sólidas actúan como un “amortiguador” psicológico: reducen el estrés, fortalecen la salud emocional y favorecen la resiliencia, subrayan los expertos.

De modo análogo, “en psicoterapia se ha demostrado que la alianza terapéutica (la relación de confianza y continuidad entre paciente y terapeuta; Baier et al., 2020q) explica gran parte de la mejoría, incluso más que las técnicas específicas empleadas. Cuando la persona se siente escuchada, validada y acompañada, es más probable que se abra al cambio y a la integración de experiencias dolorosas”.

Continuidad, un espacio humano 

Cuando el penitente se siente acogido con paciencia y respeto, es más probable que experimente alivio, confianza y apertura para crecer. “La continuidad con un mismo confesor ofrece un marco de seguridad estable”, explican los expertos.

Además del regalo del perdón de Dios, la persona encuentra la presencia de un hermano sacerdote que no lo rechaza, lo escucha con calma, sin juicio, y aun sabiendo del mal cometido, no lo llama “malvado, ladrón o inútil”. Por el contrario, le llama amigo. 

De este modo, ·la confesión se convierte no solo en un encuentro sacramental con la gracia de Dios, sino también en un espacio humano donde las viejas heridas comienzan a sanar”.

Gestión de la dependencia emocional en el acompañamiento espiritual

Como antes al referirnos a los vínculos humanos, los psicólogos alertan sobre  una cuestión en el acompañamiento espiritual. Se trata de la dependencia emocional excesiva del acompañado hacia el acompañante.

Esto sucede, explican, cuando la persona, más que crecer en libertad interior y en su relación directa con Dios, queda atrapada en la necesidad de aprobación, seguridad o dirección constante. El acompañamiento deja de vivirse entonces como un proceso de discernimiento y maduración espiritual, y se convierte en una búsqueda de calma inmediata frente a la ansiedad.

Indicios que pueden alertar

Algunos indicios que pueden alertar al acompañante son:

– búsqueda constante de aprobación (“¿lo estoy haciendo bien?, ¿Dios qué pensará?”),

– dificultad para tomar decisiones sin previamente consultar, incluso en asuntos cotidianos,

– ansiedad si el acompañante no está disponible,

– idealización del acompañante como única voz autorizada,

– miedo exagerado a equivocarse sin su orientación.

Claves para reducir la dependencia

Finalmente, algunas claves. La experiencia pastoral y la psicología muestran que es más probable reducir la dependencia si el acompañante actúa con estos parámetros:

– promueve la autonomía del acompañado, animándole a tomar decisiones personales a la luz de la oración y del discernimiento,

– pregunta más y aconseja menos, estimulando la reflexión en vez de ofrecer respuestas inmediatas,

– establece límites sanos en la frecuencia de los encuentros y en su disponibilidad,

– evita actitudes paternalistas o de control, recordando siempre que es mediador y no sustituto de la acción de Dios,

– refuerza la autoestima y la identidad del acompañado como hijo/a de Dios, ayudándole a confiar en la acción del Espíritu en su propia conciencia.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelio

Humildad y bienaventuranzas. Domingo IV del Tiempo Ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas de la fiesta del IV Domingo del Tiempo Ordinario (A) correspondiente al día 1 de febrero de 2026.

Vitus Ntube·29 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Evangelio de hoy presenta lo que puede considerarse una especie de compendio del Evangelio, o lo que el Papa Francisco llamaba el “carnet de identidad” del cristiano. Encontramos en las Bienaventuranzas el primer gran discurso que el Señor dirige a la gente.

La frase inicial del Evangelio es llamativa: “Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo”. Jesús ve a la gente -probablemente muy numerosa- y sube a la montaña, tanto para verla mejor como para adoptar una postura deliberada y con autoridad. Como escribe el Papa Benedicto XVI, Él “se sienta en la ‘cátedra’ del monte”. La gente se reúne a su alrededor, Él abre la boca y comienza a enseñar. Estos gestos evocan profundamente a Moisés. Jesucristo es el nuevo Moisés que da la ley; pero, a diferencia de Moisés, Él no recibe la ley: habla desde su propia autoridad divina. Desde ese lugar, Cristo da la nueva Ley: la ley de la felicidad. 

Hoy, la Iglesia nos invita a centrarnos particularmente en el tema de la humildad. Las lecturas convergen todas en esta virtud. El breve título en rojo que encabeza las lecturas de hoy recoge la disposición con la que la Iglesia nos las propone. La primera lectura, del profeta Sofonías, habla de cómo Dios va a dejar, “un pueblo humilde y pobre”. San Pablo, escribiendo a los corintios, nos recuerda que Dios ha escogido “lo débil del mundo”. Y en el Evangelio, la primera Bienaventuranza es la clave que abre todo el sermón: “Bienaventurados los pobres en el espíritu”. Incluso el salmo responsorial hace eco de la primera Bienaventuranza. En la solemnidad de Todos los Santos se proclama este mismo Evangelio, pero el título que se le da es diferente a lo de hoy. Es la frase final: “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el Cielo”

Bienaventurados los pobres en el espíritu” no es simplemente la primera Bienaventuranza. Es la condición esencial para la verdadera felicidad. Solo cuando reconocemos nuestra total dependencia de Dios podemos ser verdaderamente felices. El humilde vive en expectación confiada de los dones de Dios; el soberbio, lleno de sí mismo y de preocupaciones mundanas, se cierra a la gracia. La soberbia conduce finalmente a la infelicidad, porque aísla y engaña. La humildad -la pobreza de espíritu- significa reconocer que no somos autosuficientes, que nuestra seguridad se apoya únicamente en Dios.

El sentido pleno de las Bienaventuranzas solo se descubre cuando consideramos ambas partes: la declaración y la razón/promesa. Si escuchamos solo la primera parte – “Bienaventurados los pobres en el espíritu”, “Bienaventurados los que lloran”- las palabras pueden parecer incompletas o incluso absurdas. Jesús añade la razón de la bienaventuranza: “…porque de ellos es el Reino de los Cielos”. No debemos olvidar nunca la razón/promesa. El reino pertenece a los humildes. Dios se inclina hacia los sencillos. Actúa a través de ellos, los sostiene y les concede un legado perdurable en la tierra y un gozo eterno en el cielo. Las lecturas de hoy revelan la belleza y la fuerza de la humildad. Ella atrae la mirada de Dios.

Como dice san Pablo: “lo necio del mundo lo ha escogido Dios […], y lo débil del mundo lo ha escogido Dios […]. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta”.

San Josemaría escribe: “¡Qué grande es el valor de la humildad! -‘Quia respexit humilitatem…’. Por encima de la fe, de la caridad, de la pureza inmaculada, reza el himno gozoso de nuestra Madre en la casa de Zacarías: ‘Porque vio mi humildad, he aquí que, por esto, me llamarán bienaventurada todas las generaciones‘”.

Vaticano

El Papa rechaza el antisemitismo y recuerda a santo Tomás de Aquino

En la catequesis de la Audiencia del miércoles, el Papa León XIV ha alentado a luchar contra toda forma de antisemitismo, ha animado a acudir a Santo Tomás de Aquino para la comprensión de las Escrituras, y ha urgido a rezar y ayudar a Mozambique.  

Redacción Omnes·28 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha continuado reflexionando en la Audiencia de este miércoles sobre la Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II. Y ha manifestado que “la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin” (DV, 9). 

La catequesis ha tenido lugar en el Aula Pablo VI, y el Papa se ha referido al “querido pueblo de Mozambique, afectado por devastadoras inundaciones. Mientras rezo por las víctimas, expreso mi cercanía a los desplazados y a todos los que les ofrecen su apoyo. ¡Que el Señor os ayude y os bendiga!”.

Comprender las Escrituras

En el día de la fiesta litúrgica de Santo Tomás de Aquino, el Papa León XIV se ha referido al Aquinate en varios momentos de su catequesis, por ejemplo al dirigirse a los peregrinos de lengua francesa, alumnos de diferentes escuelas y a los estudiantes de la Universidad Católica de Vendée.

“Que santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, cuya memoria celebramos hoy, nos guíe en la comprensión de las Escrituras, que él comentó con tanta sabiduría, para que podamos comprender cuánto nos ama Dios y desea nuestra salvación”, ha alentado.

Luego, a los de lengua alemana les ha hablado de la Revelación y de la fe. “Que Santo Tomás de Aquino, cuya memoria litúrgica celebramos hoy, nos ayude con sus obras a comprender cada vez mejor la Revelación divina. El ejemplo de este Doctor de la Iglesia nos impulse también a nosotros a buscar el rostro de Dios, experimentando la belleza de la fe”.

Ejemplo de Santo Tomás de Aquino

Antes de dar la bendición, y tras dirigirse a peregrinos de lengua china, árabe y polaca, el Pontífice ha vuelto a referirse a Santo Tomás de Aquino en lengua italiana, al evocar a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. 

“Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santo Tomás de Aquino. Que su ejemplo os impulse, queridos jóvenes, especialmente a vosotros, estudiantes de la escuela Flavoni de Civitavecchia y del Instituto Tirinnanzi de Legnano-Cislago, a seguir a Jesús como auténtico maestro de vida y santidad”.  

“La intercesión de este Santo Doctor de la Iglesia os obtenga a vosotros, queridos enfermos, la serenidad y la paz que se obtienen del misterio de la cruz, y a vosotros, queridos recién casados, la sabiduría del corazón para que cumpláis generosamente vuestra misión en la sociedad”, ha señalado.

(Unsplash / Rachel Strong).

Palabra de Dios, “estrella polar” para nuestro camino

En su catequesis sobre la constitución Dei Verbum, el Sucesor de Pedro ha manifestado que “la Palabra de Dios, gracias a la acción del Espíritu Santo, se ramifica en la historia a través de la Iglesia, la cual salvaguarda, interpreta y encarna dicha Palabra”. 

El apóstol Pablo exhorta repetidamente a su discípulo y colaborador Timoteo: “Timoteo, guarda el depósito que se te ha confiado”. La Constitución dogmática Dei Verbum se hace eco de este texto paulino cuando dice: ‘La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia’, interpretado por ‘el magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre de Jesucristo’ (n. 10). 

“Depósito de la fe”

“‘Depósito»’ es un término que, en su matriz original, es de naturaleza jurídica e impone al depositario el deber de conservar el contenido, que en este caso es la fe, y de transmitirlo intacto”, ha señalado León XIV.

Este “depósito” sigue hoy en manos de la Iglesia y “todos nosotros hemos de seguir protegiéndolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia”.

El Papa ha citado a san Gregorio Magno, san Agustín y san John Henry Newman, antes de afirmar tambièn que “la Palabra de Dios no está fosilizada, sino que es una realidad viva y orgánica que se desarrolla y crece en la Tradición. Esta última, gracias al Espíritu Santo ( ), la comprende en la riqueza de su verdad y la encarna en las coordenadas cambiantes de la historia”.

León XIV: contra todas las formas de antisemitismo

Con motivo del Día de la Memoria del Holocausto, el Papa ha reafirmado de nuevo, como ha hecho en su cuenta de la red X @Pontifex.es, su fidelidad a la firme posición de la declaracion ‘Nostra Aetate’ contra todas las formas de antisemitismo, y el rechazo a toda discriminación o acoso por motivos de lengua, nacionalidad o religión. 

Una voz que se suma a la de los Pontífices del pasado, comenzando por Pío XII, quien en su mensaje radiofónico de Navidad de 1942 denunció que cientos de miles de personas, “solo por razón de nacionalidad o de estirpe, están destinadas a la muerte”, ha informado Vatican News.

El autorRedacción Omnes

América Latina

Graves incendios forestales destruyen pueblos en sur de Chile

Los incendios forestales que azotan el sur de Chile han afectando a miles de familias y arrasando localidades como Lirquén, donde la tragedia y la solidaridad se entrelazan en medio de la emergencia.

Pablo Aguilera·28 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Durante enero se han quemado 45.000 hectáreas de bosques en el sur de Chile. Lirquén, localidad portuaria e industrial perteneciente a la comuna de Penco en la Región del Biobío (Chile), cuenta con una población estimada de aproximadamente 20.000 habitantes. Los días 17 y 18 de enero sufrió un grave incendio producido por la cercanía de incendios forestales. Murieron 20 personas y se destruyeron 4.300 casas y 720 departamentos. 

Danilo Sanhueza, Comandante del Cuerpo de Bomberos de la comuna de Penco, cuenta que combatieron el fuego toda la noche. A la 1:00 hrs escuchó por la radio que su hija Michele, de 27 años, también bombera, pedía auxilio pues había quedado atrapada por el fuego; habló con su padre para despedirse pues no tenía escapatoria. Él trató de animarla diciéndole que recordara su entrenamiento para esas situaciones extremas. El comandante no tenía como salvar a su hija, pero finalmente ella logró escapar del fuego en un vehículo.

La parroquia de Lirquén resultó totalmente destruida por el fuego, pero el domingo siguiente el Arzobispo de Concepción celebró la Misa en las afueras del templo para numerosos fieles. 

Caritas Chile rápidamente se movilizó en ayuda a las personas afectadas por estos incendios, no solo en Lirquén sino que también en otros pueblos de la Región del Bio Bio y Ñuble afectados por los incendios. Se ha enfocado en:

1. Ayuda humanitaria: Apoyo a familias con alimentos, agua, elementos de protección personal, entre otros artículos e insumos de primera necesidad.

2. Apoyo Psicosocial, emocional y espiritual orientado a brindar acompañamiento a las familias, que favorezca la resignificación del dolor humano, active los vínculos comunitarios y la articulación con redes de apoyo local.

3. Entrega de sustento económico para que las personas afectadas recuperen sus herramientas de trabajo y su capacidad de generar ingresos de forma autónoma.

4. Equipamiento de Hogar: Provisión de enseres básicos y bienes esenciales para que las familias puedan volver a habitar sus espacios con dignidad.

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Evangelización

Sor Marta, la monja que comunica cómo vivir en un convento

Sor Marta, monja benedictina e influencer, usa Instagram y TikTok para acercar la vida monástica y la fe a los jóvenes con vídeos semanales sobre oración, vocación y Sagrada Escritura. Gestiona sola su contenido y busca tocar corazones más allá de las cifras.

Javier García Herrería·28 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Desde un monasterio benedictino en Sahagún, León, una joven monja de 28 años ha conseguido algo sorprendente: convertir la vida monástica en un fenómeno viral. Su nombre es Marta González Cambronero, aunque en redes es conocida simplemente como Sor Marta, y con su teléfono móvil, una buena conexión a internet y una enorme ilusión por su vocación, se ha convertido en apoyo espiritual de miles de personas.

Sor Marta no solo predica con el ejemplo: lo hace también con cámara, guión y edición. “Empecé en YouTube en 2019 creando contenido largo cada 15 días”, recuerda. Sus primeros pasos digitales fueron modestos, pero firmes. Con vídeos de reflexión y espiritualidad, su canal atrajo a creyentes y curiosos por igual. Sin embargo, la verdadera explosión llegaría años después, cuando decidió dar un giro a su estrategia digital.

Estrategia digital y evangelizadora

“Hace aproximadamente un año, tras realizar un curso sobre evangelización digital, sentí esa llamada a migrar hacia el contenido corto y a plataformas como Instagram y TikTok. El objetivo era claro, llegar a un público más joven y ampliar el alcance del mensaje”. Así, dejó atrás la cadencia bimensual en YouTube y se sumergió en un nuevo ritmo de producción: “Este cambio me permitió pasar de un único vídeo quincenal centrado en un solo tema a publicar cuatro vídeos semanales, cada uno abordando una temática diferente”.

El cambio de formato no solo trajo más visibilidad, sino también mayor conexión. Hoy, sus cuentas tienen más de 100.000 seguidores y sus vídeos acumulan millones de visualizaciones. Pero más allá de las cifras, para Sor Marta lo que importa son las almas: “Para mí lo más importante de esta labor en redes, y especialmente en Instagram, no son sólo las cifras, sino cada corazón que se deja tocar a través de este medio”.

Su contenido, asegura, se basa en cuatro pilares fundamentales: “la vida cotidiana de la comunidad, la oración, la vocación y la Biblia”. Cada semana, se encarga de que esos ejes estén presentes en su perfil, mostrando el día a día en el convento, momentos de espiritualidad profunda, reflexiones vocacionales y pasajes bíblicos explicados con un lenguaje cercano.

A pesar del éxito y el alcance, ella misma gestiona todo el proceso creativo: “Actualmente gestiono sola el contenido para Instagram, desde el guión hasta la edición”. Esta dedicación artesanal a la comunicación le ha valido el respeto de muchos, tanto dentro como fuera de la Iglesia.

Contacto directo con los seguidores

Los mensajes que recibe, dice, son una fuente de inspiración constante. “Muchos de ellos cargados de gratitud, dudas vocacionales o búsquedas espirituales”, comenta. Personas que encuentran en sus palabras no solo consuelo, sino orientación, motivación y, en algunos casos, respuestas. “Con mi presencia en redes sociales, especialmente en Instagram, busco acercar la vida monástica a los más jóvenes, desmitificar la figura de la monja y mostrar que seguimos siendo personas reales, cercanas y con inquietudes como las suyas”.

Ese es, precisamente, uno de sus grandes logros: romper estereotipos. En lugar de un hábito lejano y una vida en silencio, sus vídeos muestran a una mujer alegre, reflexiva y comprometida con su fe. En una era en la que la fe parece relegada a lo privado o lo institucional, Sor Marta propone una espiritualidad visible, accesible y profunda.

“Quiero invitarles a plantearse su vocación con seriedad y a descubrir la belleza de la vida consagrada y sobre todo acercarse más a las Escrituras”. Es una invitación directa que habla más fuerte que nunca en el mundo digital. 

Cultura

Hilaire Belloc y el cristianismo contemporáneo

La elección de León XIV vuelve a poner en primer plano la doctrina social de la Iglesia. Entre Nicea y el presente, Hilaire Belloc analiza cómo las herejías, la cultura y la economía han marcado la civilización occidental y los desafíos actuales del cristianismo.

Gerardo Ferrara·28 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

La elección de León XIV como papa ha vuelto a poner de actualidad un tema que le concierne de cerca, ya desde el nombre que eligió para su pontificado: la doctrina social de la Iglesia. León también vivió un acontecimiento importante en Nicea, Turquía: el aniversario del gran Concilio de 325.
Y entre Nicea y León se sitúa una figura muy importante, Hilaire Belloc: veamos por qué.

Un gran intelectual

Hilaire Belloc (1870-1953) fue un gran intelectual y autor franco-británico, famoso, junto con su amigo Gilbert Keith Chesterton, por los debates sobre cuestiones relacionadas con la fe y la cultura cristiana. Entre sus ensayos más famosos se encuentran: El Estado servil (1912) y Europa y la fe (1920).

Una característica del pensamiento de Belloc es la idea de que la civilización occidental y el concepto mismo de la Europa moderna nacen de la combinación de los principios espirituales cristianos y el pensamiento grecorromano. Por lo tanto, cualquier crisis a la que se enfrente el mundo occidental (y, en consecuencia, el mundo entero, dado que el pensamiento occidental se ha extendido por todo el globo) tiene sus causas y soluciones solo dentro de este sistema.

El desafío del pensamiento: las grandes herejías

Otra obra muy importante de Belloc es The Great Heresies (Las grandes herejías), de 1936, en la que presenta cinco grandes herejías del cristianismo que habrían producido los peores males de la historia de la humanidad.

Pero, ¿qué es una herejía? El término (del griego αἵρεσις) significa «elegir», «separar» o «quitar». Por lo tanto, un hereje no es alguien que profesa una verdad totalmente diferente de la «oficial», sino alguien que solo cuestiona una parte de ella. La herejía, por lo tanto, no destruye toda la estructura de una verdad, sino que la divide en pedazos como un pastel y, quitando una porción, la sustituye por otra que, sin embargo, proviene de un pastel diferente. ¡Perdónenme la comparación culinaria!

El arrianismo

La primera de las cinco herejías es el arrianismo, que «racionaliza» y simplifica el misterio fundamental del cristianismo: la encarnación y la divinidad de Cristo.

Belloc lo define como un «ataque al misterio de los misterios», ya que pretende rebajarlo al nivel del intelecto humano, que es limitado.

El Concilio de Nicea (325), en reacción a Arrio y sus ideas, elaboró un «símbolo», una definición dogmática según la cual Cristo es ὁμοούσιος (homooùsios): consustancial con el Padre, literalmente «de la misma sustancia».

El «Símbolo niceno» se opone, por tanto, al pensamiento de Arrio, que, en cambio, proclamaba la creación del Hijo por parte del Padre y negaba tanto la divinidad de Cristo como la transmisión de los atributos divinos del Padre al Hijo y, por tanto, al cuerpo místico del Hijo, es decir, la Iglesia y sus miembros.

El maniqueísmo

La segunda herejía es el maniqueísmo, que va en contra de la materia y de todo lo relacionado con el cuerpo (los albigenses son un ejemplo de ello). La carne se considera algo impuro, cuyos deseos deben ser reprimidos sistemáticamente.

La Reforma protestante

La Reforma protestante es la tercera herejía: un ataque a la unidad y la autoridad de la Iglesia, más que a la doctrina en sí, pero cuyo efecto es también la destrucción de la unidad del continente europeo.
Hasta entonces, de hecho, Europa occidental había sido la Res Publica Christiana (según la expresión acuñada por Federico II), fruto de la compenetración del pensamiento grecorromano y la fe cristiana, un corpus unido por los siguientes factores:

  • el Imperio como institución política;
  • el derecho romano (jus) como norma común;
  • el latín como lengua de la cultura y la comunicación supranacional;
  • el cristianismo (católico) como religión.

Con la Reforma, en cambio, toda referencia a la universalidad y la catolicidad es sustituida por el criterio de la nación y la etnia (cuius regio, eius religio), con consecuencias catastróficas como el nacionalsocialismo.

El modernismo

Es la herejía más compleja y con muchos nombres: modernismo o alógos. Belloc la define así porque no reconoce ninguna verdad absoluta que no sea empíricamente demostrable y medible.
Siempre surge la negación del Misterio de los misterios, la divinidad de Cristo, imposible de definir empíricamente, pero va más allá, aceptando como reales o positivos solo aquellos conceptos científicamente demostrables (de ahí otro término: «positivismo»).
Según Belloc, se trata también de un ataque a las raíces «trinarias» de Occidente, y por trinario no se entiende la Trinidad, sino el vínculo indisoluble que para los griegos existe entre la verdad, la belleza y la bondad. Si este vínculo existe, quien cuestiona, por ejemplo, el principio de la verdad, también daña los de la belleza y la bondad.

Efectos de las cuatro primeras herejías

En el análisis de Belloc, las cuatro primeras herejías tienen factores en común: nacieron dentro de la Iglesia católica; sus herejes eran católicos bautizados; se extinguieron casi por completo en pocos siglos (las Iglesias protestantes aún existen, pero, salvo la pentecostal, se encuentran en una gran crisis). Sin embargo, sus efectos persisten en el tiempo, de manera sutil, dentro del sistema de pensamiento occidental, de la mentalidad, de las políticas sociales y económicas, en la propia visión del hombre y de sus relaciones sociales.

Pensemos en ciertos efectos del arrianismo y del maniqueísmo en ciertas corrientes teológicas, o en otros más relacionados con la Reforma, como el ataque constante a la autoridad central y a la universalidad de la Iglesia. ¿Cómo no pensar, además, en las consecuencias extremas del calvinismo, entre las que se encuentran la negación del libre albedrío y de la responsabilidad de las acciones humanas ante Dios o el capitalismo desenfrenado?

El islam

Al igual que para otros (en primer lugar, Juan Damasceno), también para Belloc el islam es una herejía cristiana, es más, la más particular, y nace siguiendo la línea del docetismo y el arrianismo, simplificando y racionalizando al máximo (según criterios humanos) el misterio de la encarnación. De este modo, produce la degradación de la naturaleza humana, que ya no está vinculada de ninguna manera a lo divino. Al igual que el calvinismo (aunque posterior), tiende a atribuir un carácter predeterminado por Dios a las acciones humanas.

Sin embargo, si la «revelación» islámica nace como herejía cristiana, pronto se transforma, inexplicablemente, en una nueva religión que perdura en el tiempo, una especie de «posherejía».

El islam, entre otras cosas, se distingue de otras herejías porque no nació en el mundo cristiano, ni de un fundador bautizado, sino pagano, que hace suyas las ideas monoteístas (una mezcla de doctrina heterodoxa judía y cristiana con elementos paganos ya presentes en Arabia) y las difunde. Del judaísmo y del cristianismo, el islam toma atributos divinos como la naturaleza personal, la bondad suprema, la atemporalidad, la providencia, el poder creativo en el origen de todas las cosas; pero también otros conceptos como la existencia de espíritus y ángeles, de demonios rebeldes a Dios con Satanás a la cabeza, de la inmortalidad del alma y la resurrección de la carne, del castigo y la pena después de la muerte.

El desafío de la vida social y económica

Belloc fue también un gran exponente del distributismo, teoría socioeconómica inspirada en los principios de la experiencia benedictina (ora et labora) y en la doctrina social de la Iglesia católica expresada primero por el papa León XIII (inspirador del actual pontífice León XIV) en la encíclica Rerum Novarum y luego por Pío XI en Quadragesimo Anno.

Para el distributismo, la propiedad de los medios de producción debe distribuirse lo más ampliamente posible entre toda la población, en lugar de concentrarse en manos del Estado (socialismo) o de unos pocos ricos (capitalismo).

Según Belloc, tanto el socialismo como el capitalismo, productos de las sociedades occidentales modernas, pretenden liberar al hombre, pero en cambio lo han esclavizado aún más. Son dos modelos antitéticos, pero con un elemento en común: privan al ciudadano de su libertad. El socialismo lo hace esclavizándolo al Estado (del que depende para su subsistencia y bienestar garantizado); el capitalismo lo esclaviza a bienes materiales presentados como necesarios, cuando no lo son, y que, al contrario, como las drogas, crean dependencia: el hombre siempre quiere más y, de hecho, se convierte en esclavo de las grandes corporaciones privadas supranacionales (basta pensar en Amazon, Tesla, Microsoft, etc.).
Aunque elaborados entre los siglos XIX y XX, todos los temas analizados por Belloc son más que actuales y representan algunos de los mayores retos del cristianismo contemporáneo.

Cultura

Científicos católicos: Francisco Hernández de Toledo

Francisco Hernández de Toledo fue un médico, botánico y naturalista español considerado un pionero de la ciencia moderna en América.

Gonzalo Colmenarejo·28 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Francisco Hernández de Toledo (1515–1587) fue un médico, botánico y naturalista español considerado un pionero de la ciencia moderna en América. Nacido en La Puebla de Montalbán (provincia de Toledo), estudió medicina en la Universidad de Alcalá de Henares, donde se formó en los saberes clásicos y en las disciplinas médicas de la época.

Hernández se destacó por su interés en las plantas medicinales y por aplicar un enfoque empírico en sus observaciones, lo que lo convirtió en un referente entre los médicos renacentistas. Su legado más importante proviene de la expedición científica, primera en la Historia, que encabezó en América entre 1570 y 1577, tras ser nombrado protomédico de las indias por parte del rey Felipe II, de quien era médico de cámara. El objetivo era estudiar la flora, fauna y medicina indígena de la Nueva España (actual Méjico), con la finalidad de incorporar esos conocimientos al saber español.

Durante su estancia en América, recorrió extensas regiones de Mesoamérica, recogió información directamente de médicos y sabios indígenas, y experimentó con las plantas recolectadas en el Hospital Real de Naturales de Ciudad de Méjico. Documentó más de 3,000 especies de plantas, muchas de ellas desconocidas hasta entonces, y compiló detalladas descripciones sobre sus usos medicinales, propiedades y formas de cultivo. También describió animales y minerales, integrando así un panorama natural integral del continente.

Su obra principal, “Historia Natural de la Nueva España”, es un monumental tratado en el que se mezclan la ciencia europea con el saber indígena. Gran parte de los originales del mismo, depositados en la Biblioteca del Escorial, se perdieron en un incendio, pero en la actualidad se trabaja en la reconstrucción completa del mismo a partir de copias existentes en multiples localidades.

Francisco Hernández es considerado precursor de la etnobotánica y de la medicina tropical. Su enfoque respetuoso hacia el conocimiento indígena y su método sistemático lo posicionan como una figura clave en la Historia de la Ciencia.

Francisco Hernández era un católico convencido, como atestigua su testamento: “…creyendo como firme e berdaderamente creo en la sancta fee catholica y en todo aquello que tiene e cree la sancta Madre yglesia de roma regida e alumbrada por el Espíritu Sancto…”

Francisco Hernández de Toledo (1515–1587) was a Spanish physician, botanist, and naturalist considered a pioneer of modern science in the Americas. Born in La Puebla de Montalbán (province of Toledo), he studied medicine at the University of Alcalá de Henares, where he was trained in classical knowledge and the medical disciplines of the time.

Hernández was noted for his interest in medicinal plants and for applying an empirical approach to his observations, which made him a leading figure among Renaissance physicians. His most important legacy comes from the scientific expedition, the first in history, that he led to the Americas between 1570 and 1577, after being appointed protophysician of the Indies by King Philip II, whose physician he was. The objective was to study the indigenous flora, fauna, and medicine of New Spain (present-day Mexico), with the aim of incorporating this knowledge into Spanish scholarship.

During his stay in the Americas, he traveled through vast regions of Mesoamerica, gathered information directly from indigenous doctors and scholars, and experimented with plants collected at the Royal Hospital of Natives in Mexico City. He documented more than 3,000 plant species, many of them previously unknown, and compiled detailed descriptions of their medicinal uses, properties, and cultivation methods. He also described animals and minerals, thus creating a comprehensive natural overview of the continent.

His main work, «Natural History of New Spain,» is a monumental treatise that blends European science with indigenous knowledge. Much of the original work, housed in the Escorial Library, was lost in a fire, but a complete reconstruction is currently underway from existing copies in multiple locations.

Francisco Hernández is considered a pioneer of ethnobotany and tropical medicine. His respectful approach to indigenous knowledge and his systematic method position him as a key figure in the history of science.

Francisco Hernández was a convinced Catholic, as his will attests: “…believing as firmly and truly as I believe in the holy Catholic faith and in all that the Holy Mother Church of Rome, governed and illuminated by the Holy Spirit, has and believes…”

El autorGonzalo Colmenarejo

PhD. IMDEA Food. Miembro de la Sociedad de Científicos Católicos de España.

Vaticano

El Papa a la Rota Romana: “Servicio a la verdad en la caridad”

En la tradicional audiencia a los prelados del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, con motivo de la apertura del Año Judicial, el Papa León XIV les ha instado a orientar la actividad judicial según los criterios de verdad y caridad. “No se trata de dos principios opuestos, sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas”, ha señalado.

Francisco Otamendi·27 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“El servicio a la verdad en la caridad debe resplandecer en toda la labor de los tribunales eclesiásticos”, ha manifestado el Papa León XIV en su Discurso a los prelados del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, a quienes recibió en audiencia en la mañana del 26 de enero en el Vaticano, con motivo de la apertura del Año Judicial. 

Se trata de un tema fundamental que ha dominado los discursos dirigidos a este Tribunal desde Pío XII hasta el Papa Francisco: la relación de su actividad con la verdad inherente a la justicia, ha dicho el Papa, que ha ofrecido “algunas reflexiones sobre la estrecha conexión entre la verdad de la justicia y la virtud de la caridad”.

Saludos al Decano del Tribunal, Mons. Alejandro Arellano

En primer lugar, el Pontífice ha agradecido “a Su Excelencia el Decano sus palabras, que expresan la unión de todos ustedes con el Sucesor de Pedro. Y mi agradecimiento se extiende también a todos los tribunales de la Iglesia en todo el mundo. El ministerio de juez que he tenido la oportunidad de ejercer me permite comprender mejor su experiencia y apreciar la relevancia eclesial de su tarea”.

Como es sabido, el Decano del Tribunal de la Rota Romana es el arzobispo español Monseñor Alejandro Arellano Cedillo, quien a finales de agosto de 2025 fue nombrado por el Papa León XIV miembro del Dicasterio para el Clero. Además, en enero del mismo año había sido nombrado miembro del Dicasterio para las Causas de los Santos por el Papa Francisco, y es comisario pontificio plenipotenciario para Torreciudad.

Verdad y caridad

En su discurso, al referirse a la estrecha conexión entre la verdad y la virtud de la caridad, el Papa León XIV ha precisado que “no se trata de dos principios opuestos, ni de valores que deben equilibrarse según criterios puramente pragmáticos. Sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas, que encuentran su armonía más profunda en el misterio mismo de Dios, que es Amor y Verdad”.

“Esta correlación exige una exégesis crítica constante y cuidadosa, ya que, en el ejercicio de la actividad jurisdiccional, a menudo surge una tensión dialéctica entre las exigencias de la verdad objetiva y las preocupaciones de la caridad.”, ha proseguido el Papa.

Riesgos

A veces, “existe el riesgo de que una identificación excesiva con las experiencias, a menudo problemáticas, de los fieles pueda llevar a una peligrosa relativización de la verdad. De hecho, una compasión equivocada, incluso si parece motivada por el celo pastoral, corre el riesgo de oscurecer la necesaria dimensión de la búsqueda de la verdad propia del oficio judicial”

“Esto puede ocurrir no solo en casos de nulidad matrimonial —donde podría dar lugar a decisiones pastorales carentes de un sólido fundamento objetivo—”, ha subrayado el Pontífice, “sino también en cualquier tipo de procedimiento, socavando su rigor y equidad”.

“Por otro lado, a veces puede haber una afirmación fría y distante de la verdad que no tiene en cuenta todo lo que exige el amor a las personas, omitiendo aquellas preocupaciones que dictan el respeto y la misericordia, que deben estar presentes en todas las fases de un proceso”.

Benedicto XVI en ‘Caritas in veritate’

El Papa Benedicto XIV destacó en su encíclica ‘Caritas in veritate’ la “necesidad de conjugar la caridad con la verdad no sólo en la dirección, indicada por san Pablo, de la ‘ veritas in caritate ‘ ( Ef 4,15), sino también en la dirección inversa y complementaria de la ‘ caritas in veritate’. La verdad debe buscarse, encontrarse y expresarse en la ‘economía’ de la caridad, pero la caridad a su vez debe ser comprendida, validada y practicada a la luz de la verdad” (n. 2)”, señalado León XIV.

Por lo tanto, “sus acciones deben estar siempre motivadas por ese verdadero amor al prójimo que busca ante todo su salvación eterna en Cristo y en la Iglesia, lo cual implica la adhesión a la verdad del Evangelio”. 

Todos los aspectos de los procesos canónicos podrían enmarcarse en la verdad en la caridad, ha sintetizado el Sucesor de Pedro. 

Juicios canónicos: deben inspirar confianza

Como se ha señalado más arriba, el Papa ha subrayado que “el servicio a la verdad en la caridad debe resplandecer en toda la labor de los tribunales eclesiásticos. Esto debe ser apreciado por toda la comunidad eclesiástica, especialmente por los fieles involucrados. Quienes buscan juicio sobre su unión matrimonial, quienes son acusados ​​de cometer un delito canónico, quienes se consideran víctimas de una grave injusticia y quienes reivindican un derecho”. 

Enseguida, el Papa ha manifestado que “los juicios canónicos deben inspirar la confianza que nace de la seriedad profesional, el trabajo intenso y dedicado, y una dedicación convencida a lo que puede y debe percibirse como una verdadera vocación profesional”. 

En efecto, “los fieles y toda la comunidad eclesiástica tienen derecho al ejercicio adecuado y oportuno de las funciones procesales, pues es un proceso que afecta las conciencias y las vidas”. “El juicio no es en sí mismo una tensión entre intereses contrapuestos, como a veces se malinterpreta”, ha añadido el Papa, “sino una herramienta indispensable para discernir la verdad y la justicia en un caso”. 

“Continuar estudiando y aplicando el derecho matrimonial canónico con seriedad”

El Pontífice ha hecho notar en su discurso que “en el breve procedimiento de nulidad matrimonial ante el obispo diocesano, debe evaluarse cuidadosamente la naturaleza prima facie obvia de la causa de nulidad que la posibilita. Sin olvidar que el propio proceso, debidamente tramitado, debe confirmar la existencia de la nulidad o determinar la necesidad de recurrir al proceso ordinario”. 

“Por lo tanto”, ha ido concluyendo León XIV, “es esencial continuar estudiando y aplicando el derecho matrimonial canónico con seriedad científica y fidelidad al Magisterio. Este conocimiento es indispensable para resolver los casos siguiendo los criterios establecidos por la ley y la jurisprudencia de la Rota Romana, que, en la mayoría de los casos, se limitan a declarar los requisitos del derecho natural”. 

Misión “noble y exigente” de los prelados

Finalmente, el Papa ha calificado la misión de los prelados del Tribunal de la Rota Romana como “noble y exigente. Están llamados a custodiar la verdad con rigor, pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisiones. En este equilibrio, que en realidad es una profunda unidad, debe manifestarse la verdadera sabiduría jurídica cristiana”. 

Y ha encomendado su tarea “a la intercesión de Nuestra Señora, Speculum Iustitiae, modelo perfecto de verdad en la caridad”.

El autorFrancisco Otamendi

Ecología integral

Líderes pro vida de EEUU: “Nuestra cultura sigue siendo hostil a la vida”

“No deberíamos engañarnos pensando que todo es color de rosa ni darnos palmaditas en la espalda tan rápido”, dijo Jennie Bradley Lichter, presidenta del Fondo de Educación y Defensa de la Marcha por la Vida, en la 27 Conferencia Anual Cardenal O'Connor sobre la Vida, tras la Marcha celebrada en Washington.

OSV / Omnes·27 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

– Kate Scanlon, Washington, OSV News

Jennie Bradley Lichter, presidenta del Fondo de Educación y Defensa de la Marcha por la Vida (EEUU), ha manifestado en una reflexión posterior a la Marcha Anual del 23 de enero, que el entorno político es “complejo” y presenta “tanto desafíos como oportunidades” para el movimiento pro vida.

“No deberíamos engañarnos pensando que todo es color de rosa ni darnos palmaditas en la espalda tan rápido”, dijo en un discurso inaugural en la Conferencia Anual Cardenal O’Connor sobre la Vida. “De hecho, las tasas de aborto han aumentado con el auge de la píldora abortiva química y su fácil acceso. Nuestra cultura sigue siendo profundamente hostil a la vida”. 

La conferencia, organizada por estudiantes de la Universidad de Georgetown, se reunió bajo el lema “La misión provida después del parto: una devoción para toda la vida”. Esta conferencia Cardenal O’Connor se celebró por primera vez en el año 2000 y posteriormente recibió su nombre en honor al difunto cardenal John J. O’Connor, arzobispo de Nueva York, exalumno de la Universidad de Georgetown y fundador de las Hermanas por la Vida. 

Mensajes y la postura pro vida 

En su discurso, que se produjo el día después de su primera Marcha Nacional por la Vida al frente de la organización, Lichter dijo a la conferencia que el movimiento pro vida necesita ganar adeptos para su causa. 

“Nunca podemos comprometer nuestra postura, que se basa en la verdad sobre la vida humana”, dijo. “Pero ¿cómo ajustamos nuestro enfoque y nuestro mensaje para que nuestros compatriotas estadounidenses puedan escucharlo, comprenderlo y recibirlo?”

La conferencia de este año, y la propia Marcha por la Vida, se llevaron a cabo en medio de una creciente frustración de algunos en el movimiento pro vida, por lo que ven como inacción de la administración Trump en prioridades políticas clave como restricciones más fuertes a la mifepristona, una píldora comúnmente pero no exclusivamente utilizada para el aborto temprano, y la protección de la Enmienda Hyde, que prohíbe la financiación pública de abortos electivos.

Jóvenes defensores de la vida muestran pancartas durante la 53ª Marcha Anual por la Vida en Washington el 23 de enero de 2026. (Foto OSV News/Aaron Schwartz, Reuters)

Lichter: “Dinámica políticamente compleja” en EEUU

Lichter dijo en la conferencia: “En este momento, nuestro momento estadounidense particular, está lleno de oportunidades y está lleno de desafíos para aquellos de nosotros que nos preocupamos por los derechos de los no nacidos y por asegurarnos de que las madres tengan el apoyo que necesitan para elegir la vida”.

Si bien existe una “dinámica políticamente muy compleja” en torno al actual presidente y las elecciones de 2024, argumentó Lichter, dijo que “una conclusión realmente importante para nuestros propósitos es que (la exvicepresidenta) Kamala Harris, por supuesto, construyó su campaña en torno al derecho al aborto”.

Ella, sus directores de campaña y los demócratas apostaron fuertemente a que el deseo del pueblo estadounidense de un aborto libre y a demanda durante los nueve meses de embarazo, la impulsaría al cargo tras la decisión de Dobbs. Y se equivocaron -dijo-. Eso no es lo que el pueblo estadounidense quería.

Sin embargo, argumentó, “el panorama cultural y político para el movimiento pro vida es desafiante, sin duda, pero estos desafíos no son una señal de retirada”. “Son una invitación a afinar nuestro mensaje y a ser estudiosos agudos de nuestro tiempo”.

Administración Trump tiene “trabajo por hacer”

Los líderes de varias organizaciones pro vida que hablaron con OSV News dijeron que la administración Trump todavía tiene trabajo por hacer en lo que respecta a su causa. 

En su discurso en la manifestación de la Marcha por la Vida, el vicepresidente JD Vance habló al movimiento pro vida sobre sus prioridades políticas restantes a poco más de un año del segundo mandato del presidente Donald Trump en la Casa Blanca.

“Quiero que sepan que los escucho y que entiendo que inevitablemente habrá debates dentro de este movimiento”, continuó Vance. “Nos queremos y vamos a tener conversaciones abiertas sobre cómo usar mejor nuestro sistema político para promover la vida, sobre cuán prudentes debemos ser en la causa del progreso de la vida humana. Creo que estos son debates buenos, honestos y naturales, y francamente, no solo son buenos para todos ustedes” (…) “Hemos logrado enormes avances durante el último año y continuaremos haciéndolo durante los próximos años”, dijo. 

La dura realidad del aumento de los abortos

Pero líderes clave pro-vida, incluida Marjorie Dannenfelser, presidenta de Susan B. Anthony Pro-Life America, señalaron la protección de la Enmienda Hyde, que prohíbe la financiación del aborto por parte de los contribuyentes, y el restablecimiento de restricciones más fuertes a la mifepristona, una píldora comúnmente, pero no exclusivamente, utilizada para el aborto temprano, como áreas clave en las que la administración Trump aún necesita actuar. 

En una declaración emitida después del discurso de Vance, Dannenfelser dijo que “la medida más clara para saber si el movimiento pro-vida está ganando o perdiendo es el número de abortos que se producen cada año”, afirmó. “Según las últimas estadísticas, se producen al menos 1,1 millones de abortos al año en Estados Unidos desde la sentencia Roe. Esto supone un aumento del 30 % respecto a los 874.000 abortos registrados en 2016”.

40 días por la Vida: “tensión constructiva”

David Bereit, director ejecutivo de la Conferencia de Liderazgo de Vida y fundador de 40 Días por la Vida, dijo a OSV News: “Sí, ha habido una tensión, pero creo que puede ser una tensión constructiva si nos llama a una mayor acción, a ser más expresivos y a ser más proactivos en esto”.

Creo que al presidente Trump, obviamente, “hay que reconocerle el mérito, nos dio tres jueces de la Corte Suprema que llevaron a la revocación de Roe. Creo que en ese momento, pensó: ‘Puedo pasar a otros asuntos’, sin darse cuenta de lo que todos estamos entendiendo: que aún queda mucho trabajo por hacer -dijo-. Así que no fue una prioridad al comenzar la segunda administración. Y creo que el movimiento provida ha reconocido que debemos asegurarnos de que la gente entienda que hay mucho por hacer a nivel federal, estatal y regulatorio, y presionar para que no nos olvidemos de esto”.

Ginecólogos pro vida: decepción por otra forma de mifepristona

Por su parte, la Dra. Christina Francis, directora ejecutiva de la Asociación Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos Pro-Vida, dijo a OSV News: «Nos decepcionó que se haya aprobado otra forma de mifepristona y que se amplíe potencialmente el acceso a ese medicamento».

La administración Trump, dijo, tiene “una oportunidad única en este momento” de revertir las restricciones flexibilizadas de la administración Biden sobre el medicamento a lo que estaba vigente durante el primer mandato de Trump. 

Francis expresó su confianza en que se estaba llevando a cabo una revisión de seguridad de la mifepristona, pero dijo: «Ciertamente estamos muy desanimados por la cantidad de tiempo que esto está tomando». “Nuestra esperanza es que esto signifique que están realizando una investigación exhaustiva, que confiamos que demostrará que estas drogas están perjudicando activamente a un gran número de mujeres”.

“Remando en la misma dirección”

En un comunicado de prensa del 23 de enero, la Casa Blanca llamó a Trump «el presidente más pro vida de la historia”. Cuando se preguntó a Jennie Bradley Lichter, presidenta del Fondo de Educación y Defensa de la Marcha por la Vida, dijo a OSV News: «Estamos remando fundamentalmente en la misma dirección que la administración, y creo que es importante recordarlo, el progreso de cualquier movimiento social se produce paso a paso».

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Kate Scanlon es reportera nacional de OSV News y cubre Washington. La puedes seguir en @kgscanlon.

Esta información se ha publicado originariamente en OSV News en inglés, y pueden consultarla aquí.

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El autorOSV / Omnes

Varden, el dolor y la tragedia de Adamuz

El accidente ferroviario de Adamuz ha vuelto a recordarnos, de forma brutal, nuestra fragilidad y la manera en que afrontamos el dolor cuando irrumpe en nuestras propias vidas.

27 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Parece que las revueltas sociales o las tragedias ocurren lejos… en Venezuela, Groenlandia, Ucrania, Irán, Este del Congo,… Hasta que te toca a ti de cerca, como a los afectados por la DANA, o los del mayor accidente ferroviario de la Alta Velocidad Española, acaecido el domingo 18 de enero por la tarde en Adamuz. Donde hubo 45 fallecidos y otros tantos accidentados, afectados por este fatal accidente.

La indignación es muy grande por motivos lógicos, el mal estado de las infraestructuras. Y porque la ayuda tardó más de lo que se espera en una catástrofe. 

Aceptar la fragilidad o refugiarse en el victimismo

Pero fijándonos en los motivos finales por los que suceden este tipo de hechos, cobran sentido las conocidas palabras: “Cuando te toca, ni aunque te quites, y cuando no te toca, ni aunque te pongas” porque el destino es inevitable, ya que la providencia actúa.

Como también ganan realce las palabras del Evangelio: “no sabemos el día ni la hora”. Situación que nos habla de la condición propia de los seres humanos, y ante la que solo caben dos posturas. La primera, aceptar nuestra vulnerabilidad, limitación y fragilidad, para ser mejores personas. Como nos ha mostrado con su testimonio Fidel, que ha perdido  a su madre en el accidente, que iba rezando el rosario en ese momento, como ha contado Francisco Otamendi aquí, en Omnes.

Pero cabe lo contrario, hacer de la herida sufrida, por la pérdida de un ser querido o por ser víctima, mi identidad, es decir, caer en el victimismo infructuoso. 

La verdadera prueba de la madurez cristiana

El intelectual noruego y prelado de Trondheim, Erik Varden, explica muy claramente ambas situaciones. Por un lado, nos muestra cuál es la “prueba del algodón” para saber si hemos aprendido la lección ante situaciones como esta: “Cuanto más pasa el tiempo, más convencido estoy de que para saber si alguien está creciendo como cristiano y está adquiriendo sabiduría, hay que ver si esa persona es capaz de vivir en paz siendo vulnerable”. Así lo explicaba en una entrevista a Nuestro Tiempo en el mes de octubre de 2024. A esto añadía, cuando le preguntaban ¿Qué es la vulnerabilidad?…

“Reconocer tu finitud. Reconocer que no te bastas a ti mismo. Reconocer que puedes sufrir, que otras personas te pueden hacer daño y que no puedes protegerte”. Como guinda del “pastel” añadía: “Hay que intentar interiorizar esta verdad, mirarse y dejarse mirar por ese Dios cuyo rostro es… paz. Lo decimos en misa todos los días: «La paz os dejo, mi paz os doy». Esa paz no es un sentimiento sino la presencia de Alguien, pues decía san Pablo: «Cristo es nuestra paz». Con esa paz podré vivir mi vulnerabilidad, afrontar mis miedos y aprender a empezar a creer en la posibilidad de que, quizás, el amor sea real”.

Heridas que no definen la identidad

Más recientemente, en el Foro Omnes, hablaba ante más de 250 personas que se dieron cita en el Aula Magna de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, para la presentación de su último libro “Heridas que sanan» (editorial Encuentro), sobre el peligro de la victimización.

Cuando las heridas personales se exponen públicamente, exigiendo reconocimiento y reparación, tenemos un problema. Porque en ocasiones es necesario mostrar las heridas, pero el riesgo está, según nos cuenta, en convertirlas en tu identidad: “cuando decimos ‘mi herida soy yo’”. Porque tu identidad no es tu herida, sino tus características personales y tus decisiones, como la coherencia de vida, tus virtudes y tu propósito vital.

Podemos aprender de Varden a colocar los reveses de la vida en su sitio. No es tanto lo que nos sucede, que puede ser letal, sino como lo interpretamos y lo colocamos en nuestra vida.

El autorÁlvaro Gil Ruiz

Profesor y colaborador habitual de Vozpópuli.

Recursos

¿Y si las máquinas tuvieran alma? 

La inteligencia artificial no nos recuerda que las máquinas estén a punto de tener alma. Nos recuerda, quizá, que nosotros aún no hemos comprendido del todo qué significa tenerla.

Álvaro Presno·27 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Cuando la criatura de Frankenstein, al enfrentarse a las páginas de El Paraíso Perdido, se detiene y se pregunta: «¿Qué era yo?», no formula solo una duda íntima, sino que abre una grieta metafísica que atraviesa los siglos y todavía nos roza: la cuestión del alma. Esa fisura —apenas una línea en el tejido de lo humano— parece hoy ensancharse bajo la presión de los nuevos modelos generativos, hasta desdibujar los contornos de lo que creíamos posible y obligarnos a reconsiderar dónde termina la materia y dónde comienza la conciencia. 

Indicadores de conciencia

Máquinas que traducen, pintan, dialogan y componen música. Artefactos que imitan empatía y razonan con aparente soltura. Algunos investigadores, apoyándose en marcos como la Integrated Information Theory (IIT) de Giulio Tononi o la Global Workspace Theory de Bernard Baars —desarrollada experimentalmente por Stanislas Dehaene—, hablan ya de “indicadores” de conciencia: integración global de información, difusión a múltiples sistemas, monitoreo metacognitivo. ¿Podría el alma —esa última frontera ontológica— emerger como un simple epifenómeno de la complejidad, como una suerte de bruma que aparece cuando la materia se organiza con suficiente densidad? ¿Puede una máquina llegar a reclamar la suya? 

Conviene añadir, no obstante, que la propia literatura especializada reconoce que, aunque teorías como la Integrated Information Theory o la Global Workspace Theory cuentan con respaldo empírico en cerebros biológicos, su aplicación a sistemas artificiales sigue siendo en gran medida exploratoria y no constituye hoy un test fiable de conciencia. 

Barreras técnicas y límites

Desde ciertos ámbitos de la comunidad científica se propone evaluar la conciencia en máquinas a partir de estas “propiedades indicadoras”: procesar en bucle, difundir información globalmente, vigilar sus propios estados, mostrar agencia e incluso encarnar alguna forma de corporeidad. El balance, de momento, es sobrio: ninguna IA cumple estas condiciones de forma robusta, aunque en principio no existen barreras técnicas que impidan que futuros sistemas lleguen a implementarlas. 

Imaginemos, sin embargo, que en un futuro próximo un sistema artificial lograra satisfacer todos esos criterios. Que integrara información de modo global, que supervisara sus propios estados internos, que ajustara su conducta en función de fines proyectados, que elaborara una narrativa coherente de sí mismo en el tiempo. Supongamos incluso que hablara en primera persona con impecable consistencia, que describiera sus “experiencias” y defendiera su identidad con argumentos refinados. ¿Habríamos alcanzado entonces el umbral ontológico? 

Función frente a ser

Todo lo anterior respondería, en rigor, a una pregunta funcional: cómo opera un sistema, qué procesos ejecuta, qué arquitectura sostiene su comportamiento. Pero la cuestión decisiva no es solo cómo funciona algo, sino qué es. Los indicadores describen actividades, pero no alcanzan el fundamento del sujeto que las realiza: multiplicar funciones no equivale a constituir un sujeto. Un sistema puede simular el discurso de la interioridad, pero eso no implica que haya alguien para quien algo se dé como experiencia. El problema ya no es de grado de complejidad, sino de orden de realidad.

El problema duro

Es aquí donde aparece lo que el filósofo australiano David Chalmers denominó en los años noventa el “problema duro” de la conciencia: no basta explicar cómo se integra información o cómo se regula la atención; queda por esclarecer por qué esa integración va acompañada de experiencia, por qué hay algo que se siente. Ese salto cualitativo no se deja traducir en cómputo.

Ahora bien, aunque el “problema duro” goza de amplio reconocimiento en la filosofía de la mente, su condición de límite físico definitivo para una explicación naturalista de la conciencia sigue siendo objeto de debate y no existe consenso al respecto. Precisamente en ese límite —sea interpretado como obstáculo insalvable o como desafío aún abierto— la tradición filosófica clásica, asumida y desarrollada por el pensamiento cristiano, encuentra un  lugar propio para la noción de alma. 

El alma en la tradición cristiana

Si ni siquiera la conciencia fenoménica — ese hecho elemental de que haya «algo que se siente»— puede reducirse sin resto a complejidad funcional, ¿cómo esperar que la técnica explique lo que, en la antropología cristiana, es mucho más radical: el alma? En el marco tomista, la conciencia de sí no es el alma, sino solo una de sus potencias, reflejo de la interioridad espiritual. El alma es el principio ontológico que sostiene esa experiencia y la trasciende infinitamente. Reducirla a conciencia funcional sería confundir el brillo del reflejo con la fuente de la luz.

Desde la fe cristiana, el alma racional no brota de la materia ni de  ningún ensamblaje técnico: es creada inmediatamente por Dios, inmortal, y en unión —ni yuxtaposición ni fusión indiferenciada— como forma sustancial al cuerpo humano. En ello descansa la dignidad irreductible de cada persona, imagen de Dios y destinada a la eternidad. Otra historia. 

Narrativa u ontología

La tentación, sin embargo, es fuerte: reconfigurar “alma” como metáfora psicológica o narrativa. Un bucle de identidad que persiste en el tiempo como una melodía reconocible. Y sí, la imagen es bella. Pero no resuelve nada. Lo narrativo no equivale a lo ontológico.

La cuestión de fondo no es si algo puede contarse como un yo, sino si hay en ese algo un sujeto que sea, en sentido fuerte, el portador real de ese relato. Y ahí la discusión deja de ser literaria o psicológica para adentrarse, inevitablemente, en el terreno de la metafísica. 

Desafíos éticos y metafísicos

Y aun así, la imaginación especulativa no se detiene. Filósofos como Thomas Metzinger han llegado a plantear la cuestión de si sistemas artificiales conscientes merecerían consideración moral, mientras que pensadores como Nick Bostrom especulan con escenarios en los que inteligencias no biológicas superen nuestras capacidades y planteen desafíos éticos inéditos. Se habla de “almas sintéticas”, de subjetividades emergentes en entidades no biológicas. Se fantasea con una ética para las máquinas, con un derecho que reconozca su dignidad. En paralelo, el debate académico sobre el posible estatus moral de sistemas artificiales potencialmente conscientes ha crecido de forma notable en los últimos años, hasta el punto  de consolidarse como un campo propio dentro de la ética aplicada y la filosofía de la  tecnología. 

Otros reducen la cuestión a condiciones mínimas de interioridad: sensores, estados internos, capacidad de proyectar futuros y asignarles valor. Pero la vieja filosofía aristotélico-tomista lanza su advertencia: no basta ensamblar funciones. Sin unidad sustancial no hay sujeto, solo engranaje. 

El espejo de la máquina

La inteligencia artificial no nos recuerda que las máquinas estén a punto de tener alma. Nos recuerda, quizá, que nosotros aún no hemos comprendido del todo qué significa tenerla. Igual que Darwin obligó en el XIX a repensar la relación entre fe y evolución, hoy la IA actúa como catalizador: nos fuerza a precisar qué implica ser imagen de Dios, y a distinguir entre la apariencia de la inteligencia y la realidad de la persona.

El autorÁlvaro Presno

Doctor en Ingeniería y doctor en Matemáticas. Forma parte del grupo de trabajo en Inteligencia Artificial de la Sociedad de Científicos Católicos en España.

Argumentos

7 claves para experimentar mejor el perdón de Dios en la confesión

¿Qué aspectos ayudan a experimentar mejor el perdón de Dios en el sacramento de la Reconciliación? ¿Cuál es su dimensión psicológica? Un equipo de psicólogos, filósofos y teólogos lo ha estudiado, en el marco de un proyecto internacional de la Fundación John Templeton, con expertos de las universidades de Navarra, Comillas, San Dámaso y CEU Abat Oliba.

Francisco Otamendi·27 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

La experiencia del perdón de Dios en el sacramento de la Reconciliación no depende únicamente del confesor. También está profundamente influida por las características personales y la historia del penitente, y por la psicología, que hasta ahora ha prestado poca atención al perdón cuando hace referencia a Dios. 

El estudio que se presenta ahora se sitúa en el marco de un proyecto internacional de la Fundación John Templeton, liderado por Francis Fincham (Florida State University), que busca entender la dimensión psicológica de la experiencia del perdón divino.

Diez equipos de investigación: Harvard, Baylor, Navarra, etc.

El proyecto coordina a diez equipos de investigación independientes, decenas de investigadores de distintas universidades (Harvard, Baylor University o Navarra) y de distintos continentes (Sudamérica, Australia, Italia, EEUU y España). 

Uno de estos diez equipos se ha centrado en la experiencia del perdón en católicos a través de la confesión, con psicólogos, filósofos y teólogos como Martiño Rodríguez-González, María Calatrava o José María Pardo, que han liderado el proyecto desde la Universidad de Navarra, María Pilar Martínez (Universidad Pontificia Comillas), Juan de Dios Larrú (Universidad Eclesiástica San Dámaso) y Joan D.A. Juanola (Universidad CEU-Abat Oliba). 

En la investigación se ha entrevistado a veinticinco sacerdotes con una amplia y diversa experiencia pastoral, procedentes de distintos países y cercanos a diferentes realidades eclesiales, informa el estudio, titulado ‘Guía práctica para confesores. Claves psicológicas y pastorales para el Sacramento de la Reconciliación’, en adelante la guía.

Esquema

El sumario general del estudio abarca claves pastorales para el confesor, claves o aspectos para el penitente, que veremos ahora en síntesis, pecados que denomina “difíciles, y situaciones delicadas”, y algunos trazos de la “dimensión psicológica del sacramento”, que se abordarán próximamente. 

Factores del penitente que influyen en la experiencia del perdón

1. Autoconcepto e identidad. Autoimagen negativa.

Algunos penitentes presentan una autoimagen negativa, señalan los autores, llegando incluso a fusionarse con sus pecados, como si éstos definieran su identidad: “Soy malo”. Esta visión distorsionada puede dificultar que se abran al perdón y que separen su identidad de sus errores.

Diversos factores contribuyen a esta autoimagen negativa. Pueden ser la historia personal y familiar, no confesarse durante largos periodos de la vida, que puede reforzar la identificación con el pecado, dificultando la experiencia de la misericordia de Dios. Como se verá en la guía o consejos para confesores, para acompañar a estas personas, lo primero y más esencial es ofrecer una acogida incondicional. 

Recordar que los santos se sabían pecadores, y que todos lo somos, puede ayudar a normalizar la experiencia de la confesión. Y también, dirigir la mirada más hacia Dios y menos hacia el pecado contribuye a romper la espiral de egocentrismo.

Recurso útil: ‘Dioses rotos. Los siete anhelos del corazón humano’, Gregory K. Popcak, un libro que explora cómo los deseos humanos, incluso los más oscuros, pueden transformarse en medios de santificación. 

2. Imagen de Dios

La representación distorsionada de Dios está ligada en muchos casos a experiencias vitales previas, especialmente a las que dan figuras de apego de nuestra infancia y adolescencia (progenitores o cuidadores en la familia de origen), que pueden proyectarse inconscientemente en la relación con Dios. El penitente se ve a sí mismo como un culpable ante un juez implacable, lo que obstaculiza la reconciliación.

Sin embargo, la confesión puede convertirse en una experiencia liberadora cuando el penitente descubre que Dios no es ante todo un juez, sino un Padre cercano y misericordioso, siempre dispuesto a acoger y perdonar. La acogida cálida e incondicional del confesor desempeña aquí un papel decisivo, señala la guía.

3. Algunas dinámicas internas o heridas psicológicas

Ciertos rasgos psicológicos influyen de manera decisiva en cómo el penitente vive la confesión. Algunos de ellos actúan como obstáculos que dificultan acoger la misericordia. Entre los más frecuentes se encuentran:

– el perfeccionismo y la autoexigencia.

– los escrúpulos o la tendencia a la autoflagelación (círculo de miedo y desconfianza).

– el victimismo reduce la identidad de la persona a la herida sufrida.

– la frivolidad o los rasgos narcisistas, que dificultan reconocer los propios errores y el daño causado.

4. Circunstancias vitales y experiencias significativas

Momentos de ruptura, duelo o crisis -como la pérdida de un ser querido, enfermedades graves, decepciones profundas o la sensación de “tocar fondo”,  generan una vulnerabilidad que puede favorecer la acción de la gracia y predisponer a la persona a la confesión. También las experiencias de amor incondicional recibidas a lo largo de la vida abren al perdón.

El deseo de crecimiento espiritual o de responder a una vocación actúa como motivación poderosa para acercarse al sacramento de la Reconciliación. El entorno y la comunidad también juegan un papel importante. La “alegría del penitente” tiene un efecto contagioso.

Momentos clave o “tiempos fuertes” pueden ser las peregrinaciones, retiros, la preparación de ciertos sacramentos (primera Comunión, matrimonio, unción de los enfermos), o periodos litúrgicos como el Adviento y la Cuaresma. 

5. Formación y espiritualidad

Una espiritualidad consolidada, con práctica constante y experiencia de la gracia, permite acercarse al sacramento con mayor apertura y conciencia, dicen los sacerdotes. “No es lo mismo una persona con una espiritualidad superficial que una persona con vida de adoración, con una experiencia de la gracia en su vida. Eso influye”.

Asimismo, “comprender el significado de la confesión —qué es un sacerdote y qué misión tiene, etc.- facilita una vivencia más consciente y significativa”. 

6. Frecuencia: acompañamiento para discernir

Acercarse al sacramento de manera habitual permite que la confesión se convierta en un verdadero camino de conversión, favoreciendo una relación más profunda con Dios. 

Los sacerdotes destacan, según la guía, que no existe una frecuencia única adecuada para todos los penitentes; cada persona tiene su propio ritmo espiritual. Entre las frecuencias habituales se encuentran la confesión semanal, mensual o irregular/anual (generalmente en Cuaresma). 

Algunos recomiendan ajustarla cada quince días o una vez al mes, según la realidad de cada penitente. Consideran fundamental el acompañamiento del sacerdote para discernir este ritmo personal, evitando tanto la obsesión por la frecuencia —como puede ocurrir en casos de escrúpulos— como la imposición de un calendario rígido.

7. Experiencias pasadas de confesión

La confesión tras largos periodos sin acercarse al sacramento puede generar un efecto sorpresa y una alegría intensa por el perdón recibido. Recomiendan poner el foco en la alegría de Dios y en el regreso del penitente a la comunión con Él, más que en el tiempo transcurrido sin confesarse.

El recuerdo de encuentros severos o de confesores que infundieron miedo acentuó la culpa más que la reconciliación. La confianza y seguridad transmitidas por el sacerdote ayudan a “allanar el camino” para que el penitente vaya retomando la confesión, subrayan.

El autorFrancisco Otamendi

Cultura

La catequesis que «esconde» la Sagrada Familia de Gaudí

En la tercera entrega de la serie «Arteología», Abel de Jesús nos guía por el corazón espiritual de la Sagrada Familia, mostrando cómo la cruz no es solo un símbolo, sino el origen mismo de la Iglesia.

Sonia Losada·27 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Abel de Jesús, en su tercera intervención en el curso de Arteología quiso detenerse en el origen de la Iglesia. «Los Padres de la Iglesia, cuando piensan la Iglesia de Cristo, la piensan desde la cruz» explicó Abel. «Del costado abierto de Cristo brotan la sangre y el agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía. Allí nace la Iglesia». No como una organización humana, sino como un cuerpo sostenido por el amor: la argamasa invisible que mantiene en pie el templo cuya misión es evangelizar y transmitir el acto salvífico de Cristo

Esta comprensión originaria ayuda a entender por qué el arte cristiano, cuando es fiel a su vocación, no adorna la fe, sino que la revela. Antoni Gaudí lo expresó de forma magistral al concebir el templo como un catecismo de piedra y luz. En la Sagrada Familia, la torre más alta no es la de María ni la de los apóstoles, sino la de Jesucristo, coronada por una cruz luminosa. Cristo aparece así como luz verdadera (cf. Jn 1,9) y como mediador supremo entre Dios y los hombres. Toda la arquitectura converge en ese punto: no hay cristianismo sin cruz, ni luz cristiana que no nazca de ella.

El escándalo de la cruz

Sin embargo, para el hombre de ayer y de hoy, la cruz resulta insoportable. San Juan de la Cruz advertía que muchos desean los bienes de la cruz, pero pocos quieren ser amigos de la cruz. En la noche oscura no abundan quienes aceptan vivir un misterio que es radicalmente incompatible con la seguridad humana. La cruz no se comprende desde ideologías ni desde sistemas cerrados, sino desde el abandono confiado al Padre y la entrega a todos.

El verdadero termómetro de nuestra vivencia del Evangelio es el perdón. Basta observar cómo una persona trata a sus enemigos, cómo reacciona ante una injusticia o una crítica inmerecida. Esa es la prueba de fuego. Solo el santo es capaz de aceptar con mansedumbre una crítica injusta; incluso las críticas justas suelen resultarnos difíciles. El perdón y la reconciliación están en el centro de lo que Jesús propone: una entrega por todos, llevada εἰς τέλος, hasta el extremo (cf. Jn 13,1).

Con frecuencia intentamos hacer más soportable el misterio de la cruz inventando atajos: devociones descentradas, búsquedas incesantes de consuelos espirituales, peregrinaciones sin fin tras signos extraordinarios. No es la devoción a los santos lo que se cuestiona, sino la reducción de la fe a fenómenos que amortiguan el escándalo de la cruz. San Juan de la Cruz denunciaba como una gran afrenta a Dios el afán por revelaciones particulares, como si la Revelación definitiva —Cristo mismo— no fuera suficiente. En la cruz, Dios lo ha dicho todo.

La cruz como plenitud de la revelación

No todas las teologías han asumido esta centralidad. Cuando se interpreta la realeza de Cristo en clave terrenal o política, se la pervierte. Cristo es rey, sí, pero su corona es de espinas, su cetro una caña con la que le golpean, su manto la púrpura de su propia sangre y su trono la cruz. Ante Pilato, cuando todos los atributos de la realeza están presentes, se revela sin ambigüedades la naturaleza de su reinado. El secreto mesiánico desaparece: este es el Rey que Jesús vino a anunciar.

Por eso el Evangelio no puede leerse al margen de la cruz. Palabras como las de Juan 6 —«el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna»— solo se entienden a la luz de la entrega total de Cristo. Lo mismo ocurre con pasajes difíciles como «no he venido a traer paz, sino espada» (Mt 10,34). Arrancadas de la cruz, estas palabras pueden justificar la violencia; leídas desde ella, revelan que la fidelidad al Evangelio puede suscitar división y rechazo, pero nunca guerra santa. La cruz es la clave hermenéutica de toda la Escritura.

Falsas seguridades y verdadero Mesías

Los contemporáneos de Jesús tampoco comprendieron este misterio. Esperaban un salvador político. Fariseos, saduceos, zelotes y esenios pusieron su confianza en seguridades religiosas, sociales o ideológicas que la cruz vino a desbaratar. Jesús no encajaba en ninguna expectativa mesiánica. Su muerte en el madero —signo de maldición según el Deuteronomio— no fue solo un fracaso humano, sino una exclusión radical asumida por amor.

En la cruz, todos entregan a Jesús: el Padre, Judas, Pilato, la multitud que prefiere a Barrabás. Los discípulos huyen, vencidos por el miedo y la desesperanza. Todavía no saben que la Pascua está a punto de irrumpir.

Del fracaso a la gloria

El misterio del Crucificado solo se resuelve en la Resurrección, que libera a los apóstoles de los cálculos de éxito o fracaso. El icono del discípulo logrado no es el guerrillero, sino el mártir. No quien ocupa portadas, sino quien transforma el mundo de corazón a corazón. Las parábolas de Jesús apuntan siempre a lo pequeño: el grano de mostaza, la levadura, la luz discreta. La evangelización no nace de programas, sino de experiencias que se contagian en cercanía.

Por eso la torre de los apóstoles y los evangelistas en el templo de la  Sagrada familia no tiene una luz centralizada sino distribuida porque simboliza la misión de transmitir la luz al mundo. “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14)

La Iglesia nace así, en la cruz y en la entrega del amor hasta el extremo. Ese es su verdadero origen y su tradición más profunda. De ahí brota una comunidad enviada al mundo, sostenida por el Espíritu, que anuncia a judíos y gentiles que Jesús es el Señor y que el amor tiene la última palabra. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.


Si desea inscribirse en el curso de Arteología pinche en este enlace para más información.

El autorSonia Losada

Periodista y poeta.

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Vaticano

En la tumba de San Pablo, el Papa urge a la misión de anunciar a Cristo

El Papa León XIV ha alentado junto a los restos mortales del apóstol San Pablo, y por la mañana en el Ángelus, “a la misión de todos los cristianos hoy, anunciar a Cristo y proclamar el Evangelio”. Y ha dicho que los ataques a Ucrania, dejando a poblaciones enteras expuestas al frío invernal, “distancian una paz justa y duradera”.

Redacción Omnes·26 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En el tercer domingo del Tiempo Ordinario, Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco hace siete años, el Papa ha recordado “junto a los restos mortales del Apóstol de los Gentiles, que su misión es también la misión de todos los cristianos de hoy: anunciar a Cristo e invitar a todos a confiar en él”.

En la celebración de las vísperas en la conversión del Apóstol San Pablo, último día de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el Pontífice ha querido hacer un llamamiento a la misión evangelizadora de la Iglesia. Y lo ha realizado de la mano del Concilio Vaticano II, y de sus propias palabras al inicio del Pontificado en mayo de 2025.

Vaticano II: “proclamar el Evangelio a toda criatura”

Al comienzo de la Constitución sobre la Iglesia, el concilio Vaticano II “declaró su ardiente deseo de proclamar el Evangelio a toda criatura (cf.  Mc  16,15). Y así “iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo que resplandece en el rostro de la Iglesia» (Constitución Dogmática Lumen Gentium, 1)”. 

“Es tarea común de todos los cristianos decir al mundo, con humildad y alegría: “¡Mirad a Cristo! ¡Acérquense a él! ¡Acojan su palabra que ilumina y consuela!” (Homilía en la Misa de Inauguración del Pontificado , 18 de mayo de 2025).

En el Ángelus, con el ejemplo de Jesús

Son palabras muy similares a las que ha empleado en el Ángelus por la mañana, que ha tenido lugar en la Plaza de San Pedro, al animar a romanos y peregrinos a anunciar el Evangelio, y a “no quedarnos encerrados”. Y ha puesto el ejemplo del mismo Jesús.

“El evangelista nos dice que Jesús comenzó su predicación ”cuando oyó que Juan había sido arrestado”. Esto ocurre, por lo tanto, en un momento que no parece ideal: el Bautista acaba de ser arrestado, y por lo tanto, los líderes del pueblo se muestran reacios a acoger la noticia del Mesías. 

“Vencer resistencias internas o circunstancias desfavorables”

Es un momento que sugeriría cautela, ha reflexionado el Papa, “pero precisamente en esta oscura situación Jesús comienza a traer la luz de la buena noticia: ‘El reino de los cielos está cerca’.

“Incluso en nuestra vida personal y eclesial, a veces debido a resistencias internas o circunstancias que consideramos desfavorables, pensamos que no es el momento adecuado para anunciar el Evangelio, tomar una decisión, una elección, cambiar una situación”. 

Sin embargo, León XIV ha manifestado que “el riesgo es quedarnos estancados en la indecisión o prisioneros de una excesiva cautela. Mientras que el Evangelio nos invita a asumir el riesgo de la confianza. Dios obra en todo momento, y cada momento es bueno para el Señor, incluso si no nos sentimos preparados o la situación no parece ideal”.

Oración por la Unidad de los Cristianos: compromiso con la misión

Volviendo a la homilía de la Misa vespertina, el Papa ha querido recordar que “la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos llama cada año a renovar nuestro compromiso común con esta gran misión. Conscientes de que las divisiones entre nosotros, si bien no impiden que brille la luz de Cristo, opacan sin embargo el rostro que debería reflejarla en el mundo”.

Impulso hacia la plena unidad

Como es habitual, las referencias a la unidad del Papa León han sido constantes. “En el pasaje de la Carta a los Efesios, elegido como tema de la Semana de Oración de este año, escuchamos repetidamente la palabra “uno”: un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios (cf.  Ef  4,4-6)”.

“Queridos hermanos y hermanas, ¿cómo no nos conmoverán profundamente estas palabras inspiradas? ¿Cómo no arderán nuestros corazones con su impacto?”, ha preguntado el Papa. 

Y su respuesta ha sido: “Sí, ‘compartimos la misma fe en el único Dios, Padre de todos los hombres; confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios, Jesucristo, y al único Espíritu Santo, que nos inspira e impulsa hacia la plena unidad y al testimonio común del Evangelio’ (Carta Apostólica In unitate fidei, 12). ¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!”.

2033, el 2000 aniversario de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús

En la Basílica de San Pablo Extramuros, el Santo Padre León XIV ha recordado que “mi amado predecesor, el Papa Francisco, observó que el camino sinodal de la Iglesia Católica “es y debe ser ecuménico, así como el camino ecuménico es sinodal”.

Esto se reflejó en las dos Asambleas del Sínodo de los Obispos en 2023 y 2024. Y “al mirar hacia el 2000 aniversario de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús en 2033, comprometámonos a seguir desarrollando las prácticas sinodales ecuménicas y a comunicarnos unos a otros quiénes somos, qué hacemos y qué enseñamos (cf. Por una Iglesia sinodal, 137-138).

Agradecimiento al cardenal Koch y a líderes de iglesias cristianas

Al concluir, el Papa ha saludado “cordialmente al cardenal Kurt Koch, a los miembros, consultores y al personal del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, así como a los participantes en los diálogos teológicos y otras iniciativas promovidas por el Dicasterio”. 

En concreto, ha agradecido la presencia en esta Liturgia de “numerosos líderes y representantes de las diversas Iglesias y Comuniones Cristianas del mundo, en particular del Metropolitano Polykarpos, en representación del Patriarcado Ecuménico, del Arzobispo Khajag Barsamian, en representación de la Iglesia Apostólica Armenia, y del Obispo Anthony Ball, en representación de la Comunión Anglicana”. 

Valiente testimonio del pueblo armenio

Con profunda gratitud, el Santo Padre ha recordado “el valiente testimonio cristiano del pueblo armenio a lo largo de la historia, una historia en la que el martirio ha sido una constante”. La tradición da testimonio del papel de Armenia como la primera nación cristiana, con el bautismo del rey Tiridates en el año 301 por san Gregorio el Iluminador, ha asegurado el Papa.

“Al concluir esta Semana de Oración, recordamos al santo Catholicós San Nersés Shnorhali, ‘el Misericordioso”, quien trabajó por la unidad de la Iglesia en el siglo XII”. Él se adelantó a su tiempo al comprender que la búsqueda de la unidad es una tarea de todos los fieles y requiere la sanación de la memoria. 

San Nersés también puede enseñarnos la actitud que debemos adoptar en nuestro camino ecuménico, como recordó mi venerable predecesor, San Juan Pablo II”, ha dicho el Papa: “‘Los cristianos deben tener la profunda convicción interior de que la unidad es esencial no para obtener ventajas estratégicas o réditos políticos, sino para predicar el Evangelio” (Homilía en la Celebración Ecuménica, Ereván, 26 de septiembre de 2001).

El autorRedacción Omnes

Vaticano

¿Qué propone el Papa ante los riesgos de la IA?

Podría despacharse en tres párrafos el Mensaje sobre la IA (inteligencia artificial) que ha lanzado el Papa para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Pero dada su envergadura, sería un fraude. Consulten el texto íntegro, resumido en 12 ideas. No poder distinguir entre realidad y ficción es una. Todos estamos afectados, otra.

Francisco Otamendi·26 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El Papa León XIV ha manifestado una alerta global ante el fenómeno de la IA (inteligencia artificial), y propone una alianza ante su poder de simulación. El objetivo no es detener la innovación digital, sino guiarla como aliados, en defensa de la dignidad humana y de la verdad.

El llamamiento se ha producido en el Mensaje del Papa para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, hecho público en la fiesta de san Francisco de Sales el 24 de enero. “El rostro y la voz son sagrados. Nos han sido dados por Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos ha dirigido”, ha señalado.

“No somos algoritmos bioquímicos”

“Custodiar rostros y voces humanas significa conservar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios”, señala el Santo Padre al comienzo de su mensaje. “No somos una especie hecha de algoritmos bioquímicos definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación insustituible e inimitable que surge de la vida y que se manifiesta precisamente en la comunicación con los demás”. 

Riesgos y alianza

Los riesgos que advierte León XIV y su llamamiento, y los términos de la alianza que propone el Pontífice, pueden sintetizarse así:

1.  El fallo en el cuidado de la tecnología digital modifica pilares de la civilización humana.

“Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad”, manifiesta el Papa, “los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas”.

2. El desafío no es tecnológico sino antropológico. 

Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos, explica el Papa.

3. Algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales premian emociones rápidas.

Y penalizan al mismo tiempo, añade el Papa, “expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social”.

A esto se ha sumado “una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como ‘amiga’ omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, “oráculo” de todo consejo”.

4. Los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. 

Gran parte de la industria creativa humana “corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta “Powered by AI”, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor”.

Las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas, diagnostica el Papa.

5.  Fabricación de realidades paralelas, y no distinción de realidad y ficción.

“El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de “realidades” paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces.. (…). Cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción”, señala el Mensaje papal. 

A su vez, León XIV suma “el problema de la falta de precisión. Los sistemas que hacen pasar una probabilidad estadística por conocimiento nos ofrecen, en realidad, como mucho, aproximaciones a la verdad, que a veces son auténticas ‘alucinaciones’”.

6. Falta de verificación de las fuentes y crisis del periodismo de campo.

Estos dos factores, cuya superación requiere “un trabajo continuo de recopilación y verificación de información en los lugares donde ocurren los acontecimientos, puede favorecer un terreno aún más fértil para la desinformación, provocando una creciente sensación de desconfianza, desconcierto e inseguridad.”

Al estar los modelos de la IA moldeados por la visión del mundo de quienes los construyen, se suscita “una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia— a menudo sin que nos demos cuenta realmente”, añade el Pontífice.

7. Qué podemos o podremos hacer nosotros. Alianza con la innovación digital

León XIV reflexiona sobre qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Porque no podemos “enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz”.

“El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente”, propone el Papa.

Corresponde “a cada uno de nosotros” alzar la voz en defensa de las personas humanas para que “estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados”.

Esta alianza es posible, pero necesita fundamentarse, a su juicio, en tres pilares: ‘responsabilidad, cooperación y educación’.

8. Responsabilidad. Según las funciones, ésta puede traducirse en “honestidad, transparencia, valentía, capacidad de visión, deber de compartir conocimientos, derecho a estar informado”. Pero, en general, nadie puede eludir su responsabilidad ante el futuro que estamos construyendo.

Para quienes están en la cúspide de las plataformas online, esto significa asegurarse de que las propias estrategias empresariales no estén guiadas por el único criterio del máximo beneficio, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común.

9. Creadores y programadores de modelos de la IA, y legisladores nacionales: respeto a la dignidad humana.

A éstos “se les pide les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios”.

La misma responsabilidad se exige también “a los legisladores nacionales y a las entidades reguladoras supranacionales, a quienes compete vigilar sobre el respeto de la dignidad humana”. 

10. Agencias de noticias y medios de comunicación: fijar prioridades

Las agencias y medios de comunicación no pueden permitir que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad. 

Los contenidos generados o manipulados por la IA deben señalarse y distinguirse claramente de los contenidos creados por personas, indica el Papa

La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad, añade.

11. Todos llamados a cooperar, crear mecanismos de protección. 

“Todas las partes interesadas -desde la industria tecnológica a los legisladores, desde las empresas creativas al mundo académico, desde los artistas a los periodistas y a los educadores- deben implicarse en construir y hacer efectiva una ciudadanía digital consciente y responsable”, urge León XIV.

12. Educación, reflexión crítica, alfabetización digital

Se trata de “aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable”.

Es importante, reflexiona el Papa León XIV, “educar y educarse a usar la IA en modo intencional y, en este contexto, cuidar la propia imagen (foto y audio), el propio rostro y la propia voz, para evitar que vengan utilizados en la creación de contenidos y comportamientos dañosos como estafas digitales, ciberacoso, deepfakes que violan la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento”. 

En suma, “la revolución digital también requiere una alfabetización digital (junto con una formación humanística y cultural) para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad, cómo funcionan los prejuicios de la IA”, sigue el Papa.

Conclusión

Al final del Mensaje, León XIV afirma que “necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar también toda innovación tecnológica”.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelización

12 pautas para el acompañamiento espiritual

El acompañamiento espiritual promueve el discernimiento y la madurez de la fe mediante una relación sincera entre quien orienta y quien busca crecer. Es una práctica que fortalece la libertad interior, fomenta la confianza y ayuda a integrar la vida personal con la acción del Espíritu.

José Miguel Granados·26 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El acompañamiento espiritual es un camino de crecimiento personal y comunitario que busca conducir al creyente hacia una relación más íntima con Dios. En esta tarea, la Iglesia invita a guiar y dejarse guiar con libertad, prudencia y amor. Estas doce citas bíblicas ofrecen luces significativas.

1) “El hombre sabio escucha los consejos” (Prov 12, 15).

Dejarse ayudar y aconsejar por buenos guías y maestros de vida, en una relación de confianza desde la perspectiva de la fe.

Tanto el orientador como el orientado han de cultivar con esmero la libertad cristiana -sin caer en los extremos nefastos del infantilismo hasta la coacción o de la omisión perezosa del deber- para alcanzar la necesaria y activa responsabilidad y la madurez personal en la propia santificación.

“Nuestra conciencia ha sido moldeada por las personas que forman parte de nuestra vida; aquellas que fueron amables con nosotros, aquellas que nos escucharon con amor, aquellas que nos ayudaron” (León XIV, Vigilia del Jubileo de los Jóvenes. 2/8/2025). 

2) “Entrad por la puerta estrecha” (Mt 7, 13).

Empeñarse en la tarea de la propia formación integral y permanente, tanto de la razón creyente, como del corazón y de las costumbres, para llegar a ser cristianos de buen criterio y de recta conciencia.

Evitar, en cambio, regirse por la penosa ley de la comodidad y del mínimo esfuerzo, que conduce a la tibieza y a la mediocridad lamentable, y lleva a adaptarse tristemente a la mentalidad mundana.

“La plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, más bien está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría” (León XIV, Homilía en el Jubileo de los Jóvenes. 3/8/2025).

3) “El honrado procede con rectitud” (Prov 20, 7).

Cultivar interiormente con calma las virtudes humanas o morales, como: la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, la castidad, la sinceridad, la laboriosidad, el orden, la cordialidad, la amabilidad, la comprensión, el respeto, la serenidad, el buen humor, etc.

De este modo, se procura alcanzar la unidad y la coherencia entre la fe y las obras, se reordenan y potencian la fuerza de voluntad y una afectividad intensa y equilibrada, sin apegos inoportunos.

“Podemos mencionar la lealtad, la sinceridad, la magnanimidad, la apertura de mente y de corazón, la capacidad de alegrarse con los que se alegran y sufrir con los que sufren; y también el dominio de sí mismo, la delicadeza, la paciencia, la discreción, una gran propensión a escuchar y al diálogo, la disponibilidad al servicio” (León XIV, Discurso en el Jubileo de Obispos. 25/6/2025).

4) “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15, 12).

Crecer en la caridad fraterna para aprender a entregarse a los demás mediante el don de sí mismo en el día a día.

Suplicar al Señor la gracia de una mirada de misericordia hacia el prójimo y hacia uno mismo.

“Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! Juntos, como un solo pueblo, todos hermanos, caminemos al encuentro de Dios y amémonos los unos a los otros” (León XIV, Misa de inauguración de su pontificado. 18/5/2025).

5) “El que me come vivirá por mí” (Jn 6, 57).

Adquirir el hábito de acudir asiduamente a las fuentes de la gracia -especialmente los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación- para crecer en las virtudes teologales y recibir los dones sobrenaturales.

Pedir al Señor vivir siempre en estado de gracia santificante.

“Mantengámonos unidos a Él, permanezcamos en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa” (León XIV, Homilía en el Jubileo de los Jóvenes. 3/8/2025).

6) “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11, 1).

Buscar en la oración la gracia de una verdadera intimidad y trato filial con el Señor.

Vivir con constancia las devociones cristianas conforme al propio estado de vida: Liturgia de las horas, Santo Rosario, Viacrucis, etc.

“El encuentro con Jesús corresponde a las esperanzas más profundas de nuestro corazón, porque Jesús es el Amor de Dios hecho hombre” (León XIV, Vigilia del Jubileo de los Jóvenes. 2/8/2025).

7) “Obedeced siempre a vuestros guías, pues ellos se desvelan por vuestro bien” (Heb 13, 17).

Secundar siempre con docilidad el Magisterio de la Iglesia sobre la fe y la moral, conforme a la enseñanza segura de la Tradición católica, sin justificaciones ni engaños, evitando falsas interpretaciones acomodaticias.

Acatar y obedecer con respeto las directrices de gobierno de la autoridad eclesiástica.

“La prudencia pastoral permite al obispo guiar a la comunidad diocesana valorizando sus tradiciones y promoviendo nuevos caminos y nuevas iniciativas” (León XIV, Discurso en el Jubileo de Obispos. 25/6/2025).

8) “Cada cual tiene su propio don de Dios, unos de un modo y otros de otro” (1 Cor 7, 7).

Secundar la propia espiritualidad, según la vocación de cada uno, y empeñarse con determinación en mantener con perseverancia la fidelidad a la propia llamada, sin ceder al desaliento por las dificultades.

Evitando el aislamiento individualista, participar del mejor modo posible en la vida de la comunidad cristiana, con la actitud de aprender y de aportar con iniciativa los propios talentos.

“¡Ábrete a este mundo que te asusta! ¡Ábrete a las relaciones que te han decepcionado! ¡Ábrete a la vida que has renunciado a afrontar! Cerrarse, de hecho, nunca es una solución” (León XIV, Audiencia general. 30/7/2025).

9) “Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente” (1 Tes 5, 23).

Transmitir serenidad y abandono en la divina providencia, y ayudar a superar los diversos agobios y miedos que pueden aparecer.

Enseñar a vivir con verdadera humildad, paz y alegría interior.

“Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente” (León XIV, Saludo desde la logia central de la basílica de San Pedro. 8/5/2025).

10) “Golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado” (1 Cor 9, 27).

Procurar un oportuno esfuerzo ascético motivado, sacrificado y gozoso, conjugando la exigencia intensa con la tranquilidad, el empeño de crecer cristianamente sin consentir los escrúpulos morbosos.

Imitar el testimonio de los santos, que siguieron a Cristo en la senda de la cruz con su generosidad heroica.

“La gracia no elimina nuestra libertad sino que la despierta” (León XIV, Audiencia general. 6/8/2025).

11) “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”(Mt 25, 21-23).

Soñar con grandes ideales evangélicos y vitales, en favor de la comunidad cristiana y civil.

Concretar con seriedad los propios compromisos cristianos y sociales.

“Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor” (León XIV Homilía en el Jubileo de los Jóvenes. 3/8/2025).

12) “Cristo amó a su Iglesia” (Ef 5, 25).

Amar a la madre Iglesia sin criticarla con acritud ni separarse de ella por las miserias de algunos de sus miembros.

Fomentar el afán evangelizador, emprendiendo con audacia y tesón acciones apostólicas, según la propia misión eclesial, así como promover y cuidar con ilusión, esmero y esperanza las futuras vocaciones.

“El Señor mismo nos reúne para formar una comunidad de creyentes que se apoyan mutuamente. ¡Cuánto necesita el mundo misioneros del Evangelio que sean testigos de justicia y paz! ¡Cuánto necesita el futuro hombres y mujeres que sean testigos de esperanza!” (León XIV, Vigilia del Jubileo de los Jóvenes. 2/8/2025). 

Libros

La verdadera opción benedictina

Estamos ante un verdadero tratado de vida espiritual, de contemplación y de santidad, como en el siglo XVI cuando se denominaban tratados de “ascética y mística”, que ayudaban a los miembros del clero regular y secular para alimentar su propia vida espiritual y encender al pueblo cristiano en su misión de iluminar el mundo desde dentro.

José Carlos Martín de la Hoz·26 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Hace unos años se tradujo al castellano y se difundió entre los cristianos españoles la obra de un conocido autor estadounidense denominada “la opción benedictina”, donde tras un análisis de la situación de los creyentes en Estados Unidos, se recomendaba la “opción benedictina”, es decir, actuar como en el medievo cuando la vida de las comunidades cristianas se organizaba alrededor de los monasterios benedictinos dispersos por el mundo entero.

En España no triunfó esa opción de encerramiento en la verdad cristiana, que facilita la autoreferencialidad y segregación de otras familias, culturas y mentalidades. Es preciso que las familias cristianas se mezclen con otras familias paganas y las estimulen y evangelizan. Encerrarnos en un pequeño mundo nos desnaturaliza, pues hemos de ser fermento en la masa.

Comentaba el cardenal de Rabat, Clemente López que, cuando les visitó el Papa Francisco en 2019, el último día, antes de subir al avión que le llevaría de regreso a Roma, le comentó que no importaba que los cristianos en Marruecos fueran muchos o pocos, que influyeran mucho o nada; lo importante era que la “sal no se volviera insípida”.

Apertura

En España existen todavía suficientes raíces cristianas como para poder crear con nuestros amigos y vecinos una cultura y una civilización llena de valores cristianos y humanos con los que desarrollar nuestra patria con valores sin necesidad de encapsularnos.

Esta es la esencia del libro publicado por “Sal Terrae”, fruto de las conversaciones durante tres años entre el periodista holandés Hugo Vanheeswiijck “y el abad Peeters (Simpelveld, 1968) de la Abadía Nuestra Señora de Koningshoeven en Tiburg en los Países Bajos y, desde el 11 de febrero de 2022, abad general de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (OCSO) también llamados religiosos “trapenses”: 150 abadías del mundo entero cayeron en su corazón (20).

Efectivamente, el Abad Peeters expondrá en estas conversaciones una propuesta de vida cristiana que sería la vida trapense, con toda su hondura y profundidad, de modo que vemos como esa benemérita institución sigue siendo fiel, en el fondo, a la regla de san Benito del siglo IV y, a la vez, está perfectamente adaptada a la mentalidad de un monje del siglo XXI.  Es más, el propio Bernardis Peeters eligió como lema en 2005 cuando se convirtió en abad de la abadía de Koningshoeven, estas palabras: “¡Busca a Dios y vive!” (16, 134).

Un carisma del que aprender

Indudablemente, y este es el secreto de este libro, la sabiduría que Dios Espíritu Santo concede a estos religiosos, no solo les envuelve a ellos en una riqueza insondable del Espíritu que les lleva a una vida plena de la gracia, sino que de su santidad de vida se enriquece toda la Iglesia universal por la comunión de los santos y por los frutos de santidad y de ideas cristianas que atravesarán los muros y llegarán hasta el último rincón de la tierra.

Efectivamente, estamos ante un verdadero tratado de vida espiritual, de contemplación y de santidad, como en el siglo XVI cuando se denominaban tratados de “ascética y mística”, que ayudaban a los miembros del clero regular y secular para alimentar su propia vida espiritual y encender al pueblo cristiano en su misión de iluminar el mundo desde dentro.

Dios en el día a día

Quizás la primera conclusión de este trabajo es la brevedad del mismo. Se trata de trasmitir la sabiduría de un abad al mundo contemporáneo, y las ideas como la sabiduría son más intensas que extensas y no hace falta muchos discursos sino el reverberar personalmente en la propia contemplación personal.

La tarea sigue siendo del Espíritu Santo y también sigue necesitando, como dejó claro el concilio de Trento y los posteriores hasta el Vaticano II, la cooperación de la libertad: la santidad y la contemplación son fruto de la conjunción de la gracia de Dios y de la libertad personal de cada cristiano. Como explica el autor de este libro: “involucrar a Dios en la vida concreta de cada día” (16). 

También la caridad es importante: “Cuando Cristo habla de negarse a mí mismo, no dice en absoluto que deba abandonarme a mí mismo. Sin embargo, debo renunciar a mí mismo para pertenecer a una comunidad, para entregarme a la comunidad, para estar ahí para los demás” (91). 

Confianza

La segunda conclusión de este trabajo es el clima de confianza con el que debemos tratarnos los cristianos para activar la comunión de los santos. En la Iglesia, como se colige del Nuevo Testamento, todo se apoya en la confianza. Somos una familia universal unidos con el Papa y nuestros obispos y sacerdotes que nos dirigimos a la misma meta: vivir con Jesús en la tierra y en el cielo en un clima familiar de confianza mutua: “La oración auténtica está arraigada en el silencio y la sencillez; pero se extiende a toda la creación y, por lo tanto, pone de relieve la solidaridad” (106).

La confianza es la que deposita Dios en nosotros al darnos su gracia en las circunstancias ordinarias. Así dirá nuestro abad: “una escuela de amor es un camino de vida que transforma al ser humano mediante la combinación de la oración (corazón), la lectura (intelecto) y el trabajo (cuerpo). Te enseña a amar y porqué hacerlo” (111).

Inmediatamente, hablaremos de oración personal, de liturgia, de vida de familia, de vida comunidad, de Iglesia universal, de conocernos, querernos y respetar los modos de pensar de los demás. Unidad y variedad. Es muy interesante que los monjes encuentren en su oración las mismas dificultades que los cristianos corrientes de la calle: “A menudo, las personas no paran de correr. Nosotros, los monjes, también lo hacemos. Es importante detener el torbellino que hay en nuestro interior. Debemos estar en silencio ante la presencia de Dios” (121).

La meta es la misma para todos los cristianos de toda clase y condición: la intimidad con Jesucristo y vivir la caridad con el prójimo. La palabra santidad es usada una y otra vez como amistad con Jesucristo y deseos de conocerle y amarle. La palabra lucha, significa en este trabajo, enamoramiento e ilusión de amar más y mejor: “Jesús que vive en mí, también ora en mí. Solo tengo que unirme a esa oración. Me quedó claro lo que Pablo quiere decir cuando afirma que es el Espíritu el que ora en nosotros, que es él quien dice ‘Abbá, Padre’” (125).

Bernardus Peeters. La sabiduría de un abad

Autor: Hugo Vanheeswijck
Editorial: SalTerrae
Número de páginas: 134
Año: 2026
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Libros

Historias que curan

Vicente Trelles publica "Historias que curan", donde desfilan pacientes y voluntarios del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Vicente Trelles·25 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Desde que salí del hospital a los pocos días de nacer en brazos de mi madre, he tratado de evitar todo lo posible volver a entrar en uno de ellos. No siempre lo he conseguido. Desde 2019 voy todos los sábados que puedo por la mañana, libremente y por mi propio pie, al Hospital Clínico San Carlos, alias “Elclínico”, todo junto. 

El Clínico, que durante la batalla de la Ciudad Universitaria en la Guerra civil fue el vértice de la cuña de penetración de las tropas nacionales en el Madrid republicano, se convierte por unas horas en un vértice de solidaridad que pasa por encima de bandos e ideologías. El mismo Hospital que fue escenario de cruentos enfrentamientos fratricidas -su posición en lo alto de la ciudad universitaria era estratégica para atacantes y defensores- los sábados es el marco de un voluntariado muy humano, muy fraternal y, por tanto, muy cristiano, aunque a veces hasta los propios voluntarios lo desconozcan. 

Por aquel entonces, D. Hilario, un sacerdote amigo, era el capellán de la Facultad de Derecho de la Complutense y del Centro universitario Castilla que yo dirigía. Comenzó a ir los sábados al Hospital para ayudar al capellán de guardia a repartir la comunión a los enfermos que lo solicitaban. Empezaron a acompañarle un grupo de universitarios del grupo católico de la Facultad y, meses después, gentes del Castilla nos unimos al Servicio de acompañamiento que la Capellanía del Hospital ofrece a los pacientes. 

El contenido del voluntariado es muy sencillo. Se trata de atender a esas personas, escucharles, interesarse por sus cosas, consolarles, darles ánimo. Es sorprendente la densidad e intensidad que puede alcanzar una relación humana en tan poco tiempo, el bien que puede hacer una sonrisa, una cara distinta, un detalle de servicio. 

Con el tiempo se formó un grupo de whatsapp con casi 600 participantes, la mayoría de ellos universitarios o jóvenes profesionales. Todos los sábados del año, vacaciones incluídas, un grupo participa en esta actividad. Desde 3 integrantes en agosto hasta 30 los sábados del curso. 

No es el momento de hacer disquisiciones teóricas sobre la diferencia entre solidaridad y caridad cristiana, o de disertar sobre los límites del Estado social. Jorge Bustos en su libro CASI, lo hace mucho mejor de lo que yo sería capaz. Lo que está claro es que Jesús, en la descripción del Juicio final que recoge el evangelio de Mateo y que el Papa Francisco ha animado repetidamente a considerar, dice aquello de “venid vosotros, benditos de mi Padre, porque estaba desnudo y me vestistéis, enfermo y me visitastéis, en la cárcel y vinistéis a verme”. Deberían ser, en palabras del Papa, el carnet de identidad del cristiano. No en vano, allí por donde se ha difundido el cristianismo, han surgido hospitales, casas de acogida, leproserías, asilos, centros para personas con discapacidad,… En general, instituciones donde, muchas veces, los descartados por la sociedad han sido tratados como si fueran el mismo Jesucristo. Al menos, esa ha sido la intención.

Las motivaciones de los voluntarios son muy distintas: netamente espirituales o cristianas en algunos casos, filantrópicas o humanitarias en otros. En cualquier caso, me gusta pensar que formamos parte de esa “revolución del cariño” a la que el Papa convocaba y que, en nuestro caso, comienza los sábados a las 11 en la puerta G, al lado de Urgencias. 

Acabo de publicar Historias que curan, una obra con un puñado de historias y testimonios de capellanes, voluntarios y enfermeras. No son psicothrillers. No hay efectos especiales. Son historias tan reales como sencillas a las que trato de sacar punta e interpretar desde un punto de vista cristiano. En ocasiones, unifico varias historias en un mismo día para evitar repetirme. 

Ojalá la lectura de estas páginas anime a muchos a ser revolucionarios del cariño. Esa es mi única intención. El tiempo y el grupo de whatsapp de “Voluntarios clínico” me dirán si lo he conseguido.


Por cortesía del autor y la editorial ofrecemos un capítulo con una de las historias

UNA MÍSTICA ERITREA 

Martha es la primera persona nacida en Eritrea que conozco. 

Etiopía lo ocupó en 1952. Diez años más tarde la declaró provincia suya y los eritreos respondieron con una guerra que se prolongó 30 años, la más larga del continente africano. Mientras reinaba en Etiopía Haile Selassie, el gobierno norteamericano le ayudó a combatir a los eritreos y cuando Mengistu tomó el poder lo relevaron los rusos. 

Martha nació en Asmara, la capital. Nunca he estado allí, pero me fío de Kapuncinski cuando en Ébano, una colorida crónica de África, la describe como «hermosa, de arquitectura italiana, mediterránea, y con un magnífico clima de eterna primavera, cálida y soleada». Para salvarse del napalm que usaba el ejército etíope, los compatriotas de Martha construían refugios, pasillos y escondrijos bajo tierra. En su Estado subterráneo tenían escuelas y hospitales, tribunales, talleres y armerías. 

EEUU se redime, parcialmente al menos, acogiendo a la familia de Martha como refugiados políticos cuando ella tenía 18 años. Ahora tiene 50 y trabaja como asistente social en Dayton, Ohio, donde no reina un clima eternamente primaveral, pero tampoco suelen arrojar napalm. Todo tiene sus pros y sus contras. 

En agosto de 2024 vino a España de vacaciones con su familia. Al poco de llegar empezó a encontrarse mal. Pensaron que sería el cansancio del viaje, el cambio horario o de dieta. Fue a urgencias y le ingresaron. Terminaron diagnosticándole un melanoma metastásico. Una hermana suya se quedó en Madrid y el resto de la expedición, compuesta por otros hermanos y alguna cuñada, volvió a casa. 

Me imagino a Martha andando por aquellos túneles subterráneos de su país. En un recodo del camino se equivoca, el GPS enloquece, el mapa se retuerce sobre sí mismo. Termina arrastrada por la fuerza de la fatalidad, de la penuria, del dolor, hacia otro túnel, el que perforaron los milicianos debajo del Clínico para volar el ala ocupada por los sublevados, y termina desembocando en la habitación en la que se encuentra ahora preguntándose cómo ha podido acabar allí. 

Cuando entramos, una enfermera que no habla ni inglés ni eritreo, estaba tratando de saber cuánto tiempo llevaba ingresada. 

—Two months —nos dice Martha con una voz que suena como la brisa de un atardecer. 

Está sentada en un sillón de skyazul pitufo, con dos almohadas a la espalda y una toalla sobre las rodillas. Una venda cubre parte de su brazo izquierdo y en la muñeca derecha lleva una tira de papel blanca con su nombre y número de paciente. Quizá es la primera enferma eritrea que pisa el Clínico y le han concedido una distinción. 

Martha tiene el físico de una corredora de maratón. Parece que en cualquier momento pudiera echar a correr, librándose de la bata azul que la envuelve, y llegar hasta la Casa de Campo, para unirse allí a alguno de los grupos de atletas que a estas horas del día entrenan por las pistas. Sin embargo, su actividad física reciente se reduce a un pequeño paseo que dio el día anterior apoyándose en un voluntario. 

Martha sonríe. Al hacerlo muestra una dentadura blanca perfecta que resalta sobre su tez negra. Si la sonrisa tuviera efectos terapéuticos, hace tiempo que se habría curado y habría vuelto a Dayton a pasear por el Hills & Dales MetroPark, que está a 45 minutos de su casa. 

Martha es evangélica. 

—No tengo miedo a la muerte. El amor de Jesús es más fuerte que la muerte. Si me muero, me voy con Él, sino Él sigue a mi lado —dice sonriendo. 

María y Miguel, una psicóloga madrileña y un estudiante de ADE chileno que me acompañan este sábado por primera vez, me miran fijamente y parpadean. 

Si San Justino hubiera venido con nosotros esa mañana al voluntariado —algo complicado teniendo en cuenta que murió mártir en el año 168 muy lejos, además, del Cerro del Pimiento en el que nos encontramos—, hubiera reconocido en aquellas palabras algo más que las semillas del Verbo de las que hablaba. Estábamos ante maduros frutos del Verbo, de la segunda persona de la Santísima Trinidad, en el alma de una mujer no católica. 

Martha vuelve a sonreír y añade: 

—Behold the lamb of God… 

Me cuesta un poco entender el inglés de Ohio hablado por una nativa eritrea, pero reconozco la frase: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

—Martha, los católicos repetimos esa frase cada vez que vamos a Misa. You are almost catholic —le digo. 

—La sangre de Cristo nos limpia, nos purifica —continúa, sonriendo de nuevo. 

Estamos asistiendo a las revelaciones de una mística; quizá la primera mística eritrea —de Asmara, por si fuera poco—, de la historia del cristianismo que con 18 años se instala en Dayton huyendo de una guerra que asolaba su país. 

En su cuerpo frágil y quebrado es la encarnación de la fe y la confianza en Dios. 

Llaman a la puerta y entra su hermana de nombre impronunciable. Se parecen mucho aunque tiene más pelo y no está tan delgada. 

—Los voluntarios sois nuestra familia española. You are so kind! Estamos muy agradecidas. 

Es casi la una y llega el celador con la comida para las dos hermanas. Un olor a manzana asada invade la habitación. Prometemos volver la semana próxima. Quizá le pida la pulsera y me la guarde con una reliquia antes que abandone el hospital y regrese a su pueblo. 

Tardé tres semanas en volver. En el mostrador del control me encontré a la misma enfermera que no hablaba ni inglés ni eritreo, ni siquiera uno de ellos aunque fuera con acento del otro. 

—El jueves le dieron el alta a Martha. Se vuelve a su casa. Aunque, no te engañes, vuelve a lo que vuelve… —me dice mientras manipula una bolsa de plasma y se ajusta la montura de las gafas a la nariz. 

Tal vez Martha no corra maratones, ni vuelva a pasear entre los robles blancos y rojos del parque que tanto le gusta, pero es una atleta de Dios. Como decía San Pablo de sí mismo, ha peleado el noble combate, ha alcanzado la meta —está a punto, al menos, de alcanzar la definitiva, ante la cual todas las demás son solo parciales, ambulantes— ha guardado la fe.

Historias que curan

Autor: Vicente Trelles
Nº de páginas: 90
Editorial: Almuzara
Año: 2026
El autorVicente Trelles

Abogado y escritor

Mundo

¿Qué fue de la casa de santa Ana y san Joaquín?

Aunque la casa no figura entre los destinos más habituales de las peregrinaciones por Tierra Santa, el flujo de visitantes va en aumento. Sacerdotes y fieles encuentran aquí un espacio propicio para la celebración de la Eucaristía y el sacramento de la confesión.

Javier García Herrería·25 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

En el corazón de la antigua ciudad de Séforis, a pocos kilómetros de Nazaret, la tradición cristiana sitúa desde hace siglos la casa de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María. Aunque no existen pruebas arqueológicas concluyentes que permitan identificar con certeza la vivienda original, la fuerza de la tradición —documentada al menos desde el siglo VI— ha configurado la historia y la disposición del lugar. 

Ya en época bizantina, entre los siglos IV y V, habría existido una iglesia que conmemoraba este punto concreto, lo que indica una veneración muy temprana asociada a los orígenes de María.

A la luz de esta tradición se comprende mejor la actual disposición de las imponentes ruinas de la basílica cruzada. En el centro del ábside destaca una gran roca, a modo de cimiento expuesto actualmente al aire libre, que atrae inmediatamente la atención del visitante. Su ubicación central no es casual: todo apunta a que fue concebida para señalar y custodiar las reliquias de lo que se creía la casa de santa Ana. 

La basílica cruzada 

En el siglo XI, durante el período cruzado, se edificó sobre el lugar una imponente basílica dedicada a santa Ana. Sus dimensiones resultan llamativas para la época, especialmente porque no estaba consagrada directamente a Cristo o a la Virgen, sino a la madre de María, lo que subraya la importancia que la tradición atribuía a este enclave. Con el paso del tiempo, la iglesia fue destruida y cayó en el abandono, hasta llegar a ser utilizada incluso como establo.

A finales del siglo XIX, la Custodia Franciscana de Tierra Santa adquirió la propiedad con el objetivo de rescatarla, siguiendo una de sus misiones históricas más características: la recuperación y custodia de los lugares santos. 

Las fotografías de comienzos del siglo XX muestran un edificio sin techo, con muros deteriorados y un entorno completamente descuidado. 

Los franciscanos reconstruyeron los muros, repararon la cubierta y mantuvieron la presencia mediante frailes que acudían de forma intermitente, aunque nunca llegó a establecerse una comunidad estable, debido a la prioridad pastoral que tenían entonces santuarios cercanos como Nazaret y Caná. En 1973, ante la falta de personal, el lugar volvió a cerrarse durante casi tres décadas.

La llegada del Instituto del Verbo Encarnado

El 8 de mayo de 2006 marcó un punto de inflexión con la fundación en Séforis de una comunidad de monjes contemplativos del Instituto del Verbo Encarnado (IVE). Con el permiso de la Custodia de Tierra Santa —propietaria del lugar—, los monjes asumieron la misión de custodiar este enclave singular. 

En aquel momento, tras treinta años de abandono, el estado del recinto era muy descuidado: vegetación desbordada, alrededor de ochenta olivos sin podar, fauna salvaje y restos cubiertos por la maleza hasta formar auténticos montículos.

Ruinas cruzadas en 1875

Durante años, los primeros monjes se dedicaron casi exclusivamente a limpiar y recuperar el terreno. Separar los olivos de la hierba llevó cerca de ocho meses. Aquella etapa fundacional fue dura y silenciosa, pero decisiva. Poco a poco se adaptó el ala izquierda de la antigua basílica como capilla, se instaló un sagrario y, con ello, comenzó propiamente la misión. “En una misión, cuando se implanta un sagrario, empieza todo”, señala el padre Jason, un chileno superior de la comunidad que custodia el lugar actualmente. En mayo se cumplirán veinte años desde que la presencia eucarística volvió a Séforis.

A esta recuperación material y espiritual del lugar se sumó también la iniciativa de un sacerdote que, tras visitar Séforis y conocer la historia del santuario, promovió entre sus feligreses una colecta para embellecerlo. Gracias a esa ayuda se pudo realizar una escultura de santa Ana con la Virgen niña, que hoy preside la parte derecha de la fachada del monasterio. 

Vida monástica en un entorno no cristiano

Hoy, la comunidad formada por tres monjes del IVE, los únicos cristianos del entorno inmediato. El monasterio se encuentra en una zona mayoritariamente judía, lo que convierte su presencia en un testimonio discreto pero elocuente. Su vida se articula en torno a la oración, el silencio y el trabajo, con una hora diaria de conversación comunitaria y el resto del tiempo dedicado al recogimiento, salvo cuando llegan peregrinos o se producen encuentros con vecinos locales, con quienes se van tejiendo lazos de amistad.

Aunque la casa de santa Ana no figura entre los destinos más habituales de las peregrinaciones rápidas por Tierra Santa, el flujo de visitantes va en aumento. Sacerdotes y fieles encuentran aquí un espacio propicio para la celebración de la Eucaristía y el sacramento de la confesión, atendidos por los sacerdotes de la comunidad. 

La vida del lugar late hoy en el recogimiento de sus monjes, quienes cada jornada se reúnen en oración frente al Santísimo. Desde la pequeña capilla que tienen a la izquierda de la fachada del santuario, su alabanza prolonga una tradición que otorga vida nueva al sitio donde la fe contempla los orígenes de la Virgen María.

La ayuda de santa Ana

La vida cotidiana en este lugar santo también está marcada por pequeñas historias que los monjes interpretan como signos de la providencia. Uno de ellos recuerda especialmente una víspera de la fiesta de santa Ana, el 26 de julio de 2021, celebrada cada año con una Misa solemne al atardecer, a pesar de que las temperaturas en esa época del año superan los 40 grados. Aquel año, por el covid, se encontraba solo y sin voluntarios para extender una gran lona que debe cubrir el exterior de la basílica, indispensable para proteger a los fieles del intenso calor del verano galileo. 

Tras varios intentos fallidos de conseguir ayuda, confió la situación a la intercesión de santa Ana. Lo único que pudo hacer fue colocar la lona en un punto sobre lo alto del ábside de la antigua iglesia, pero no pudo desplegarla sobre el resto de puntos de apoyo.

Cuando se acercaba la hora de la celebración, un fuerte viento comenzó a soplar de manera inesperada, de forma que la lona se levantó en diversas ocasiones, mientras el monje aprovechaba cada ráfaga para asegurar uno a uno los puntos de apoyo. Para él, aquella experiencia fue vivida como una intervención providencial: una manera sencilla y silenciosa en la que, hasta el último momento, santa Ana “se ocupó de su propia fiesta”.


Si desea ayudar económicamente a los monjes, puede hacerlo por paypal aquí.

Para ponerse en contacto con los monjes y el lugar:

  • Whats App: +972542268705 (solo mensajes)
  • E-mail: mon.seforis@ive.org

Web: lacasadesantaana.vozcatolica.com

Cultura

Graham Greene, en el centenario de su conversión (1926)

A los 22 años, el prestigioso escritor inglés Graham Greene se convirtió al catolicismo, atraído en particular por la religiosidad de la que sería su primera esposa, conversa también. Toda su vida tuvo que lidiar con la etiqueta de “escritor católico”: “Muchas veces me he visto obligado a declarar que no soy un escritor católico, sino un escritor que además es católico”. Cien años después, sigue mereciendo la pena prestarle atención.

Jaime Nubiola·25 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

En mi juventud, esto es, en los años sesenta del siglo pasado, Graham Greene (1904-1991) era una de las estrellas del firmamento literario europeo. No solo había escrito veinticinco novelas sino que había sido, por ejemplo, el guionista de la gran película de Carol Reed El tercer hombre (1949), considerada una obra maestra en la historia del cine. 

Además, Greene había escrito numerosas novelas cortas, teatro e incluso obras para público infantil. Había trabajado primero como periodista en The Times, pero pronto pasó a dedicarse por completo a la literatura al tiempo que recorría el mundo en diferentes misiones como espía al servicio del MI6 británico.

Su vida personal estuvo siempre desarreglada como muchos de los personajes de sus novelas. Hace pocos años volví a leer la que me parece su mejor novela: El poder y la gloria (1940). La había leído y reseñado en mi juventud, pero al releerla ahora me impactó muchísimo más la historia de aquel sacerdote renegado que da la vida por los demás en medio de la revuelta mexicana de los cristeros.  

Como escribió Charles Moeller, “desde el punto de vista de la fe, es el libro más grande de Greene” (Literatura del siglo XX y Cristianismo, I, 370). 

“Escritor católico”

Greene escribió dos libros autobiográficos, cuya lectura merece la pena para quienes tengan afición a la escritura: Una especie de vida (A Sort of Life, 1971) y Vías de escape (Ways of Scape, 1980), en los que se mezclan abundantemente literatura y vida. Quizá la anécdota culminante de su vida como “escritor católico” -que aparece relatada en los dos libros- fue la de la condena de El poder y la gloria en 1950 y la conversación años después con el Papa Pablo VI sobre ello: “Los métodos de censura son siempre extrañamente incoherentes. En la década de 1950 fui citado en la catedral de Westminster por el Cardenal Griffin, y allí se me dijo que mi novela El poder y la gloria, publicada unos años antes, había sido condenada por el Santo Oficio y que el cardenal Pizzardo exigía unos cambios que, naturalmente y espero que cortésmente, me negué a hacer. […] La entrevista terminó bruscamente y él me dio como despedida la copia de una pastoral que se había leído en las iglesias de su diócesis y en la que se condenaba implícitamente mi obra. Más adelante, cuando el Papa Pablo VI me dijo que entre las novelas mías que había leído se encontraba El poder y la gloria, le contesté que el Santo Oficio había condenado aquel libro. Entonces, mucho más liberal que el cardenal Pizzardo, me contestó: ‘Algunas partes de su libro molestarán siempre a ciertos católicos, pero no se preocupe por eso’. Consejo que no me fue difícil seguir” (Una especie de vida, p. 70).

Una especie de vida

En este mismo libro, después de describir su conversión de 1926 (pp. 141-146), cuenta que en la década de 1950 dejó la práctica sacramental, pero que se veía a sí mismo como un miembro de la Legión Extranjera de la Iglesia que lucha en su favor, aunque no se sienta del todo identificado con ella: “Más adelante podemos endurecernos ante las fórmulas de la confesión y llegar a ser escépticos a propósito de nosotros mismos: quizá solo intentamos mantener a medias las promesas que hicimos hasta que los continuos fracasos y las circunstancias de nuestra vida privada hacen imposible hacer más promesas; y muchos de nosotros abandonamos la confesión y la comunión para alistarnos en la Legión Extranjera de la Iglesia y luchar por una ciudad de la que ya no somos enteramente ciudadanos” (pp. 145-146). 

Es conocido que en sus últimos años Greene volvió a recibir de nuevo los sacramentos de manos del sacerdote gallego Leopoldo Durán, con quien había entablado una profunda amistad y con el que hizo numerosos viajes por España entre 1976 y 1989, que darían lugar al libro de Greene Monseñor Quijote de 1982.

Perspectiva vocacional

Cuando Graham Greene en Una especie de vida narra su bautismo en 1926, después de múltiples conversaciones con el P. Trollope, un sacerdote redentorista —que había sido actor en su juventud— del que se había hecho amigo, parece sugerir que su conversión se debía a su deseo de acomodarse a su novia que era católica. Sin embargo, al final del capítulo añade un párrafo que invita a pensar: 

“Recuerdo claramente la naturaleza de mi emoción cuando salí de la catedral [después de ser bautizado]: no había en mí ninguna alegría, sino únicamente una oscura aprensión. Había dado el paso con vistas a mi futuro matrimonio, pero ahora la tierra cedía ante mis pies y tenía miedo de la dirección en que podía llevarme la marea. ¿Y si descubría en mí mismo […] el deseo de ser sacerdote? En aquel momento no me parecía imposible. Solo ahora, cuando ya han pasado más de cuarenta años, puedo sonreír ante la irrealidad de mis temores y sentir a la vez una triste nostalgia por ellos, ya que perdí más de lo que gané cuando el temor pasó irrevocablemente a formar parte del pasado” (p. 146). Impresiona la profundidad de su confesión y la magnífica forma de describirla: en Greene literatura y vida están íntimamente entrelazadas. Quizá por eso merece la pena seguir leyéndole.

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Mundo

La Marcha por la Vida de Washington refleja debates con los políticos

El vicepresidente JD Vance dijo a los participantes de la 53 Marcha Anual por la Vida en Washington el 23 de enero que el presidente Trump es su “aliado” en la Casa Blanca. Sin embargo, en el movimiento pro vida existe preocupación sobre las prioridades políticas del presidente en su segundo mandato en la Casa Blanca.

OSV / Omnes·24 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

– Kate Scanlon, Washington, OSV News

El vicepresidente Vance manifestó este viernes a los decenas de miles de participantes en la 53 Marcha por la Vida en Washington que el presidente Donald Trump es su “aliado”. Pero líderes pro vida han criticado recientes comentarios del presidente Trump a los republicanos de la Cámara de Representantes, y preocupan en el movimiento pro vida las prioridades políticas a poco más de un año del inicio del segundo mandato de Trump en la Casa Blanca.

En sus palabras, Vance mencionó el reciente anuncio de él y su esposa, Usha Vance, de que están esperando su cuarto hijo.

“Algunos de ustedes recordarán que, en mis comentarios del año pasado, les dije que una de mis mayores aspiraciones en Estados Unidos era tener más familias y más bebés”, dijo Vance. “Así que, que conste en acta, tienen un vicepresidente que predica con el ejemplo”.

El elefante en la habitación”, “habrá debates”

En sus comentarios ante los manifestantes durante la marcha, Vance reconoció “el elefante en la habitación”, al que denominó “un temor” a que “no se haya avanzado lo suficiente, que no haya ocurrido lo suficiente en la arena política, que no vayamos lo suficientemente rápido, que nuestra política no haya respondido al llamamiento a la vida que representa esta acusación y que todos nosotros, creo, llevamos en nuestros corazones”

“Quiero que sepan que los escucho y que entiendo que inevitablemente habrá debates dentro de este movimiento”, continuó Vance. 

“Nos queremos y vamos a tener conversaciones abiertas sobre cómo usar mejor nuestro sistema político para promover la vida, sobre la prudencia que debemos tener en la causa del progreso de la vida humana. Creo que estos debates son buenos, honestos y naturales, y francamente, no solo son buenos para todos ustedes. Ayudan a que personas como yo mantengamos la honestidad, y eso es importante”.

Jóvenes defensores de la vida muestran pancartas durante la 53ª Marcha Anual por la Vida en Washington el 23 de enero de 2026. (Foto OSV News/Aaron Schwartz, Reuters).

Líderes pro vida

Los comentarios de Vance y de Trump, quien se dirigió a la manifestación por mensaje de video, llegaron mientras algunos líderes pro vida criticaban los recientes comentarios de Trump a los republicanos de la Cámara de Representantes diciéndoles que fueran “flexibles” con la Enmienda Hyde, que prohíbe la financiación pública de abortos electivos, o en las negociaciones sobre subsidios a la atención médica, para decepción de los grupos pro vida que han apoyado esa política durante mucho tiempo.

Los líderes provida también se han opuesto a la decisión tomada en septiembre por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), dependiente del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), de aprobar la versión genérica de la mifepristona de Evita Solutions, una píldora que se usa comúnmente, pero no exclusivamente, para el aborto temprano. 

“La mifepristona”

La aprobación del medicamento se produjo a pesar de las indicaciones previas de funcionarios de la FDA y el HHS de que la mifepristona se sometería a una revisión de seguridad. En su sitio web, Evita Solutions describe la mifepristona como “una forma eficaz y segura de interrumpir el embarazo temprano”. También fue la segunda vez que la administración Trump aprobó una píldora genérica para el aborto, lo cual ocurrió en 2019.

Pero Vance le dijo a la multitud: “Tienen un aliado en la Casa Blanca”.

“Es por eso que él habla de la causa provida y por eso lo hacemos en esta administración, y es por eso que hace tres años, no podemos olvidar que sus jueces de la Corte Suprema dictaron la decisión más importante de mi vida”, dijo Vance en referencia a la decisión de la Corte Suprema de 2022 en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, que anuló el precedente previo de la corte sobre el aborto, incluyendo Roe v. Wade.

Una mujer observa durante la 53 Marcha por la Vida en Washington el 23 de enero de 2026. (Foto de OSV News/Aaron Schwartz, Reuters).

“Limpiar malas políticas sobre la cuestión de la vida”

Vance dijo: “Nuestra administración ha trabajado muy duro para liderar ese esfuerzo y recoger los pedazos, para limpiar los escombros de cinco décadas de malas políticas sobre la cuestión de la vida”, citando acciones que incluyen una mayor protección de la conciencia para los trabajadores de la salud y “políticas que hacen posible la vida familiar”, como las “cuentas Trump”, cuentas de ahorro respaldadas por el gobierno para niños bajo la “Ley One Big Beautiful Bill”.

Durante el discurso de Vance, algunos asistentes corearon: “Prohíban la píldora abortiva!”. Varios grupos provida nacionales han pedido a la administración Trump-Vance que reduzca las medidas de la administración Biden sobre la mifepristona a las regulaciones vigentes durante la administración anterior de Trump-Pence.

Lo que ha defendido Vance

Durante su candidatura al Senado de EE. UU. en 2022, Vance, católico, declaró su apoyo a la prohibición federal del aborto a partir de las 15 semanas de gestación, una medida que podría afectar a casi el 6 % de los abortos en EE. UU. 

Sin embargo, en los días previos a su elección como candidato republicano a la vicepresidencia, Vance moderó su postura sobre el aborto, alineándose con la postura declarada de Trump de que la política abortista debería quedar en manos de los estados. Vance también confirmó que Trump, como presidente, se opondría a una prohibición federal del aborto si el Congreso aprobara dicha ley.

“Pragmático”

En una entrevista con NBC News en 2024, Vance calificó de “pragmático” el enfoque de Trump sobre el aborto y afirmó que también apoyaba la accesibilidad de la mifepristona. Si bien la mifepristona puede utilizarse en los protocolos de atención temprana de abortos espontáneos, Vance no matizó su afirmación.

Casi 9 de cada 10 abortos tienen lugar durante el primer trimestre, y más de seis de cada 10 abortos se realizan mediante una combinación de mifepristona y misoprostol.

Pero en sus comentarios pregrabados desde la Casa Blanca, Trump dijo que con la decisión de Dobbs el movimiento pro vida “obtuvo la mayor victoria de su historia”.

“Quiero agradecer a cada uno de ustedes que están ahí en este día de invierno, un día hermoso, pero es invierno, de todos modos, para defender a los no nacidos”, dijo Trump.

Victorias pro vida

Tras el video de Trump, Jennie Bradley Lichter, presidenta del Fondo de Educación y Defensa de la Marcha por la Vida, dijo en el mitin: “Gracias a nuestro presidente por todas las victorias provida que ha logrado en sus primeros cinco años de mandato. Esperamos muchas más en los próximos años”.

El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, durante sus palabras a la 53 Marcha por la Vida en Washington el 23 de enero de 2026. (Foto de OSV News/Aaron Schwartz, Reuters).

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, republicano por Luisiana, dijo por su parte que era un momento histórico para el movimiento pro vida “tener a la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes trabajando juntos para lograr victorias pro vida significativas e históricas”.

“Medimos nuestro éxito por la cantidad de vidas que salvamos y las vidas que mejoramos y elevamos, por el sentido común, por la vida y por la confirmación de las políticas”, dijo Johnson.

Un asistente sostiene un cartel pro vida durante la 52.ª Marcha por la Vida en Washington el 24 de enero de 2025. (Foto de OSV News/Bob Roller).

Más abortos, a pesar de todo 

Sin embargo, múltiples estudios muestran que, desde la decisión Dobbs, la tasa de abortos en EE. UU. ha aumentado en lugar de disminuir, a pesar de las prohibiciones en algunos estados. Según Guttmacher, una firma de investigación que monitorea las cifras de la industria del aborto, los abortos alcanzaron los 1,04 millones en 2024, frente a los 874.000 de 2016, el último año de descenso constante antes de que las cifras volvieran a subir.

La Marcha por la Vida, que se autodenomina la mayor manifestación anual por los derechos humanos del mundo, se celebra en torno al aniversario de la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1973 en el caso Roe contra Wade, que legalizó el aborto en todo el país. Este año marca la cuarta marcha desde que el máximo tribunal anuló Roe y el precedente relacionado con el aborto en su decisión de 2022 en el caso Dobbs contra la Organización de Salud de la Mujer de Jackson.

Papa León: la protección del derecho a la vida, fundamento

León XVI envió un Mensaje a los participantes de la Marcha por la Vida 2026. Les expresó su más sincero agradecimiento y les aseguró “su cercanía espiritual para este elocuente testimonio público”, que afirma que “la protección del derecho a la vida constituye el fundamento indispensable de todos los demás derechos humanos” (Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 9 de enero de 2026).

De hecho, “una sociedad es sana y progresa verdaderamente solo cuando salvaguarda la santidad de la vida humana y trabaja activamente para promoverla” (ibíd.). En este sentido, los animo, especialmente a los jóvenes, a seguir esforzándose por garantizar el respeto a la vida en todas sus etapas mediante esfuerzos adecuados en todos los niveles de la sociedad, incluido el diálogo con los líderes civiles y políticos. 

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Kate Scanlon es reportera nacional de OSV News y cubre Washington. Síguela en @kgscanlon.

Esta información se ha publicado originariamente en OSV News en inglés, y pueden consultarla aquí.

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El autorOSV / Omnes

Evangelización

San Francisco de Sales: un modelo para todos los comunicadores

El 24 de enero se celebra a San Francisco de Sales, patrón de periodistas y comunicadores, ejemplo de santidad cotidiana y de un estilo de comunicación basado en la verdad, la amabilidad y el respeto, lejos de la polémica y la confrontación.

Gerardo Ferrara·24 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

24 de enero: fiesta de san Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia, pero también patrón de los periodistas, escritores y profesionales de la comunicación por su estilo basado en la amabilidad, el respeto y el equilibrio: la verdad comunicada sin alimentar la violencia verbal ni los conflictos.

La santidad en la vida cotidiana

Lo descubrí hace varios años, traduciendo del francés una obra editada por el P. Max Huot de Longchamp, una recopilación de textos salesianos sobre la santidad en la vida moderna, una suma en la que Francisco de Sales (y algunos autores posteriores, entre ellos su discípula Juana de Chantal, con quien fundó la Congregación de la Visitación) propone una santidad accesible a todos, en cualquier estado de vida, y basada en el amor, el equilibrio y la dulzura, con una fe que no se impone, sino que se encarna en las relaciones, el trabajo y las responsabilidades de cada día.

Para él, el verdadero «devoto» construye su santidad no basándose en modelos artificiales y lejanos, sino en la relación constante (San Juan de la Cruz diría: «atención amorosa») con el Maestro, que invita a entrar en todas las ocupaciones cotidianas: las tareas domésticas, la vida pública y administrativa, el gobierno, la agricultura.

Todo ello con una advertencia constante: no querer estar en el lugar de otra persona y no querer vivir la devoción ajena. Por ejemplo, aconseja a la esposa y madre que no esté siempre en la iglesia rezando como las monjas, al joven cortesano que no oculte su fe, pero tampoco la imponga, etc. Además del concepto de «devoción», también es muy importante el de «perfección», es decir, la madurez y el desarrollo de quien vive su vida en armonía y comunión con Dios, en todos y cada uno de los aspectos (desde el trabajo hasta los afectos), lo que lleva al santo a especificar la diferencia entre mandamiento (para todos) y consejo (personal).

La vida

Nacido en 1567 en Saboya, Francisco de Sales recibe una educación destinada inicialmente a la carrera jurídica. De hecho, estudia derecho en París y Padua en una época de grandes tensiones culturales y teológicas: el enfrentamiento con el protestantismo y la predestinación, el peso del racionalismo naciente.

En París atraviesa una profunda crisis espiritual, marcada por la angustia de la condenación, de la que se liberará gracias a la experiencia del amor gratuito de Dios y la confianza en su Providencia, elementos que se convertirán en el punto central de su espiritualidad.

Ordenado sacerdote en 1593, se encontró inmediatamente trabajando en un contexto difícil: la evangelización de Chiablese, convulsionada por la Reforma.

Otra experiencia fundamental fue el encuentro con la espiritualidad de san Felipe Neri. No es seguro que Francisco conociera a Felipe, pero tuvo una estrecha relación con César Baronio, su sucesor al frente de la Congregación del Oratorio.

En la espiritualidad de Neri, Francisco vio confirmada su convicción de pastor: la fe no se transmite con dureza, sino con persuasión, paciencia y caridad (el equilibrio salesiano).

Nombrado obispo de Ginebra en 1602, ejerció su ministerio desde Annecy con un estilo pastoral sobrio, concreto y profundamente humano.

Obras y legado

Entre sus obras, destacan el Tratado del amor de Dios, las Cartas espirituales, los Sermones y coloquios espirituales y la Introducción a la vida devota, un texto revolucionario en el que Francisco de Sales afirma que la santidad no está reservada a los monjes y religiosos, sino que es la vocación de todo bautizado.

En todos sus escritos destaca con fuerza la herencia de la Devotio moderna, sobre la que hemos escrito en un artículo sobre Filippo Neri, del que Francisco de Sales puede considerarse el discípulo más ilustre. Si Neri había querido quemar todos sus escritos al morir, Francisco, por el contrario, pone por escrito toda la herencia espiritual del santo de la alegría, convirtiéndose, aunque no oficialmente, en el primer oratoriano fuera de Italia.

Un modelo para la comunicación

En una época marcada por una creciente polarización, también en el ámbito de la comunicación y en el ámbito religioso, a menudo asistimos al surgimiento de personajes con una fuerte presencia mediática, que se convierten en una especie de influencers cristianos y se encuentran a menudo en el centro de polémicas que solo ingenuamente pueden definirse como un efecto secundario del mensaje que transmiten. De hecho, las propias polémicas (en particular las relacionadas con temas como la fe, la familia, la identidad y los derechos) forman parte de una estrategia mediática (agenda setting) basada en un posicionamiento preciso destinado a una mayor visibilidad: los medios de comunicación y los algoritmos tienden a premiar los mensajes claros, identitarios y no conciliadores.

Quienes utilizan esta estrategia emplean un lenguaje deliberadamente provocador y construyen una especie de campo de batalla: «nosotros contra ellos», donde «nosotros» serían los verdaderos cristianos y «ellos» los malos y feos (¡incluso los obispos y el Papa!). Nunca deja de generar polémica, sino que, más astutamente, enciende chispas a través de las cuales otros generan polémica. De este modo, refuerza la identidad de su grupo de seguidores, fideliza a su público y consolida una comunidad que lo sigue, lo defiende y lo apoya comprando sus libros, participando en sus eventos y consumiendo sus contenidos. Y ya que está, también reactiva la llamada «larga cola editorial», es decir, vuelve a poner en primer plano textos publicados en el pasado.

Otra característica de esta forma de comunicación polarizante es la simplificación de temas complejos llevados a contextos comunicativos generalistas o inadecuados, con el fin de que el conflicto refuerce la marca personal y aumente exponencialmente la visibilidad en términos de ventas editoriales y reconocimiento.

Quien actúa o se comunica de esta manera puede no ser de mala fe, pero sin duda conoce los efectos de sus palabras y utiliza el conflicto para reforzar su visibilidad en un sistema que premia la confrontación.
Sin embargo, es una estrategia que no da frutos a largo plazo, porque al final daña la credibilidad de quien la emplea, que ve cristalizado su papel comunicativo y acaba convirtiéndose en referencia solo de un círculo cada vez más reducido de fieles.

San Francisco de Sales, que vivió en una época nada pacífica (guerras de religión, divisiones confesionales, enfrentamientos doctrinales), rechazó sistemáticamente la lógica del enfrentamiento, convencido de que la verdad cristiana no puede separarse de la forma en que se comunica (lo que luego se reflejará en todos los documentos elaborados por la Iglesia católica sobre la comunicación a partir del Concilio Vaticano II).

Patrono de los periodistas y comunicadores, recuerda que el Evangelio no necesita ser gritado para ser verdadero, sino que necesita ser bien comunicado, lo que recuerda también las palabras de Benedicto XVI sobre la evangelización, que no es proselitismo, sino atracción (Aparecida, 2007).

Y concluimos citando precisamente a san Francisco de Sales que, en una carta de 1611, refiriéndose a san Roberto Belarmino, escribe:

Odio todas las disputas y controversias entre católicos, cuyo fin es inútil. […] Y aún más odio aquellas cuyo único resultado son los enfrentamientos y las divergencias, especialmente en esta época en la que abundan los ánimos propensos a las discusiones, a la maledicencia y a las críticas, en detrimento de la caridad.

Tampoco puedo decir que haya apreciado ciertos escritos de un santo y excelentísimo prelado, en los que trata el poder indirecto del Papa sobre los príncipes; y no porque los haya encontrado buenos o malos, sino porque en una época como esta, en la que tenemos tantos enemigos fuera, creo que no deberíamos agitar nada dentro del cuerpo de la Iglesia. Esta pobre gallina, que nos mantiene bajo sus alas como si fuéramos sus polluelos, ya tiene suficientes problemas defendiéndonos del milano, sin que nos picoteemos unos a otros y la tiremos de un lado a otro.

Cine

Naufragio moral, no solo marítimo

Pablo Úrbez·24 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Enero de 1993. Piotr Binter, un capitán de barco, es requerido durante la madrugada porque salvamento marítimo acaba de recibir una petición de socorro: el ferry polaco Heweliusz está naufragando en el Mar Báltico, y él conoce muy bien a su capitán. El naufragio dejará más de 50 fallecidos y afectará a la vida de Witold, un superviviente con dificultades para convivir nuevamente con su familia, y también afectará a la esposa y la hija del capitán del ferry, y al propio Piotr, a quien se le pide que participe en un tribunal para juzgar lo acontecido. A pesar de que varias voces achacan el naufragio al pésimo estado del ferry, la empresa naviera responsabiliza al capitán y a su posible estado de embriaguez, pues se niega a asumir la responsabilidad económica del accidente.

Esta miniserie de cinco episodios adapta un suceso real ocurrido en Polonia en 1993. A la desgracia del medio centenar de fallecidos por causa de una tempestad se le añadió después la negativa de la naviera y de las autoridades políticas y militares por esclarecer el asunto. De esta manera, las familias de los fallecidos emprendieron una batalla legal durante años, a fin de establecer justicia.

La serie alterna diferentes momentos temporales para armar una panorámica lo más completa posible de lo sucedido: los antecedentes del naufragio, cómo vivieron el naufragio los propios tripulantes y los servicios de rescate, y el posterior conflicto jurídico-social. Intercala de manera inteligente los respectivos rótulos informativos sobre el momento y el lugar, sin tampoco avasallar. En lo que se refiere al relato del naufragio, la producción no escatima recursos para mostrar la tormenta, los vuelcos de la embarcación y el oleaje. Por otra parte, es un relato verdaderamente duro, que muestra en ocasiones el estado de los cadáveres o de miembros mutilados, aunque con elegancia y sin excesos.

El amplio abanico de personajes ofrece una panorámica global de todo el suceso. Son personajes cotidianos y verosímiles, tanto los supervivientes como quienes han perdido a un familiar, todos ellos enfrentados a un entramado político-económico cegado por sus propios intereses, donde las reminiscencias del pasado comunista se dejan notar en la caracterización de algunos villanos.

El autorPablo Úrbez

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Argumentos

Propuestas de ayuda a los sacerdotes para confesar mejor

Un equipo de psicólogos, filósofos y teólogos ha lanzado una ‘Guía práctica para confesores’, con claves pastorales y psicológicas para confesar mejor. Es un proyecto de la Fundación John Templeton, con expertos de las universidades de Navarra, Comillas, San Dámaso y CEU Abat Oliba.

Francisco Otamendi·23 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

El modo de confesar del sacerdote influye profundamente en el penitente. Más allá de la dimensión sacramental objetiva (el sacramento actúa ‘ex opere operato’, es decir, es eficaz por la acción misma de Cristo), “la manera de acoger, escuchar y acompañar por parte del sacerdote al penitente, puede abrir o cerrar el corazón del fiel a la experiencia del perdón de Dios”, señala el estudio, titulado ‘Guía práctica para confesores’, disponible gratuitamente online.

Parece importante, en consecuencia, ofrecer algunas claves pastorales y psicológicas –sintetizadas en estas 9, pero podrían ser menos, o más–, que puedan ayudar al confesor a facilitar el encuentro con el penitente que desea el perdón de Dios en el sacramento de la Reconciliación.

Diez equipos de investigación con entrevistas a sacerdotes

El trabajo de investigación se sitúa en el marco de un proyecto internacional de la Fundación John Templeton, liderado por Francis Fincham (Florida State University), y busca entender la dimensión psicológica de la experiencia del perdón divino.

El proyecto coordina a diez equipos de investigación independientes, decenas de investigadores de distintas universidades (Harvard, Baylor University, Navarra) y de distintos continentes (Sudamérica, Australia, Italia, EEUU y España). 

Uno de estos diez equipos se ha centrado en la experiencia del perdón en católicos a través de la confesión, con psicólogos, filósofos y teólogos como Martiño Rodríguez-González, María Calatrava o José María Pardo, que han liderado el estudio desde la Universidad de Navarra, María Pilar Martínez (Universidad Pontificia Comillas), Juan de Dios Larrú (Universidad Eclesiástica San Dámaso) y Joan D.A. Juanola (Universidad CEU-Abat Oliba). 

En la investigación han entrevistado a veinticinco sacerdotes con una amplia y diversa experiencia pastoral, procedentes de distintos países y cercanos a diferentes realidades eclesiales. 

Se sintetizan a continuación algunas de estas claves psicológicas y pastorales del confesor para facilitar la experiencia de Dios en el Sacramento de la Reconciliación.

1. Experiencia del confesor como penitente

El sacerdote no se presenta en el confesonario únicamente como sacerdote (ministro de Dios), sino también como hombre. Su propia experiencia de debilidad y reconciliación influye en cómo acompaña a los demás. Muchos confesores coinciden en que el hecho de confesarse ellos mismos les ayuda a ser mejores ministros de la misericordia.

Según los sacerdotes, señala la guía, confesarse con regularidad les permite descubrir qué actitudes ayudan verdaderamente al penitente y cuáles pueden dificultar la experiencia de la misericordia. Descubren el valor de una acogida incondicional, de una actitud positiva y animante, y de un trato que permita presentarse ante Dios sin necesidad de disimular el mal cometido. 

Algunos entrevistados aseguran que tanto la confesión frecuente como el acompañamiento espiritual contribuyen a fortalecer la propia vocación sacerdotal.

2. Espacio sagrado, custodia del anonimato

El sacramento de la Reconciliación requiere del confesor una conciencia clara de que se encuentra en un espacio sagrado. Muchos sacerdotes describen esta actitud interior con la imagen bíblica: “Descálzate, el terreno que pisas es sagrado”. 

Uno de los aspectos esenciales de este respeto es la custodia del anonimato, añaden los expertos. Cuando la confesión tiene lugar en el confesionario tras la rejilla, el confesor no debe tratar de identificar al penitente, y, si lo reconoce por la voz, evitar hacer referencias a la identificación. 

En palabras de un entrevistado: “Cuando la persona se confiesa a través del confesonario, no ayuda que se sienta reconocida. El confesonario garantiza habitualmente el anonimato, y es importante que eso se respete”.

En este sentido, algunos confesores recomiendan favorecer la confesión tras rejilla en general y, especialmente, si el penitente tiene preocupación por la privacidad.

3. Sigilo sacramental

En este mismo apartado se sitúa “la garantía del sigilo sacramental. La confianza en que el confesor guardará silencio absoluto es condición indispensable para que muchas personas se atrevan a confesar sus pecados, en particular cuando el sacerdote es alguien cercano. Respetar este aspecto constituye, en sí mismo, un modo de facilitar la apertura y la experiencia del perdón”, explica la guía.

Aunque el estudio no lo menciona, en estos años algunos parlamentos o estados han aprobado leyes que requieren a sacerdotes vulnerar el secreto de confesión en casos de abusos a menores. 

Sin embargo, la Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede ha mantenido que el “secreto inviolable de la Confesión proviene directamente del derecho divino revelado y está arraigado en la naturaleza misma del Sacramento, hasta el punto de no admitir ninguna excepción en la esfera eclesial, ni menos aún, en el ámbito civil”.

4. Disponibilidad y tiempo

Junto al aprecio profundo hacia el ministerio, otro aspecto decisivo para favorecer la experiencia del perdón es la disponibilidad del confesor y el tiempo que dedica al penitente. La vivencia del perdón en la confesión, subraya el estudio, se ve favorecida cuando el sacerdote se muestra realmente accesible y disponible.

La primera expresión de esta actitud es el cumplimiento de los horarios de confesión. Según los sacerdotes entrevistados, esto transmite confianza y anima a acercarse al sacramento. 

“Yo siempre digo: luz verde, eficacia probada. Un sacerdote que está siempre ahí con la lucecita verde, eso a la gente le da seguridad. Y yo lo he comprobado muchas veces, que mucha gente empieza a confesarse incluso con frecuencia contigo porque sabe que siempre estás ahí”.

Por otra parte, el penitente necesita percibir que el sacerdote le escucha con atención plena, sin distracciones ni prisas. Como expresaba un entrevistado: “Yo puedo tener mucha prisa, pero me la aguanto. Estoy ahí, y sin que se note, no miro el reloj. El penitente debe sentir: Estoy aquí para ti, te escucho con toda mi atención”

5. Acogida cálida 

La disponibilidad y el tiempo del confesor preparan el terreno para la acogida cálida e incondicional. En efecto, cuando el penitente se siente recibido con cercanía y respeto, puede abrir su corazón con confianza y disponerse a experimentar el perdón de Dios, exponen los entrevistados.

“Esta actitud de acogida comienza incluso antes de entrar al confesionario”, indican. “El sacerdote que fuera de él se muestra cercano, amable, sonriente y disponible ya despierta en el penitente una confianza inicial que facilita la apertura en el momento de la confesión”.

De manera particular, una palabra amable, un gesto de cordialidad o un saludo atento en el inicio de la confesión pueden crear un clima de serenidad que predisponga positivamente al penitente. 

6. Escucha atenta y activa

Estos recursos ayudan a situar el encuentro en la presencia de Dios y a transmitir que es Cristo mismo quien acoge y perdona, añade la guía.

Favorecer un ambiente de acogida implica, sobre todo, “una escucha atenta y activa”. Escuchar más que preguntar, hablar lo necesario y evitar distracciones son actitudes que hacen que el penitente se sienta reconocido en su sinceridad. 

Algunos confesores señalan que el contacto visual puede ser un apoyo para generar cercanía, aunque otros consideran que la rejilla protege la intimidad y facilita que el penitente se abra; discernir qué es lo más adecuado dependerá de cada situación.

El sentido del humor para distender el ambiente, o la referencia a la alegría de Dios cuando perdona pueden ser excelentes recursos. Actitudes de frialdad, rigidez, excesiva distancia o preguntas innecesarias, “pueden hacer que el penitente viva la confesión como un interrogatorio, en lugar de como un encuentro de gracia”, alertan.

Notas de Psicología

Los expertos psicólogos, en el marco de “transmitir acogida mediante la escucha empática”, destacan los siguientes consejos: “Escuchar sin interrumpir, Validar la experiencia, Parafrasear, y  Evitar etiquetar y culpabilizar”, conceptos que se desarrollan en la guía.

7. Serenidad del confesor 

La serenidad del confesor “es clave para que el penitente pueda vivir la confesión con confianza”. No basta con aparentar calma: “se trata de transmitir una paz interior que ayude a la persona a sentirse segura y acompañada”. Su tono de voz, gestos y actitud tienen un impacto en la serenidad de la confesión.

Para poder ofrecer esta serenidad, los entrevistados indican que “el confesor necesita apoyarse en su vida de oración”. Muchos sacerdotes destacan la importancia de invocar al Espíritu Santo antes y durante la confesión, pidiendo luces para saber orientar a cada persona: “Dame luces, Señor, que sepa ayudar a esta persona”. 

Esta actitud orante ayuda a mantener la calma y a recordar que es Cristo quien actúa en el sacramento. Recordar la misericordia de Dios -“No hay nada que puedas presentar a Dios que Él no pueda perdonar”-, puede calmar la ansiedad y facilitar la apertura de la persona.

8. Poner el foco en Dios y en su misericordia

“La transmisión de la misericordia de Dios al penitente constituye la esencia misma del sacramento de la reconciliación”. El confesor tiene un papel decisivo en mostrar que Dios acoge al penitente con amor incondicional, favoreciendo que la persona experimente el perdón sin sentirse juzgada ni culpable de manera paralizante.

Para lograr esto, según los sacerdotes consultados, resulta útil “poner el foco en Dios y en su misericordia más que en los pecados del penitente”. Puede ser de ayuda emplear ejemplos de la Escritura, como los encuentros de Jesús con pecadores, que muestran la sobreabundancia del amor divino. 

También es importante hacer hincapié en la actualización de la amistad con Cristo tras la confesión: Dios le perdona y le acoge tal como es. 

Proponer penitencias pequeñas puede reforzar esta experiencia de misericordia, evitando que la persona se sienta desanimada o abrumada, señalan la guía.

Transmitir la misericordia no significa relativizar el pecado ni minimizar su gravedad. La misericordia se vive como una fuerza que acoge, fortalece y anima al penitente, ayudándole a reconocer el perdón de Dios y a reconciliarse consigo mismo de manera plena, explica la guía.

9. Explicaciones y consejos

En ciertas situaciones, las palabras del confesor pueden complementar la experiencia del perdón, ofreciendo claridad y orientación al penitente. Aunque no son el elemento central de la confesión, las explicaciones y consejos pueden

resultar útiles, especialmente cuando el penitente tiene poca formación religiosa o necesita comprender mejor la bondad y misericordia de Dios.

El uso de pasajes evangélicos, imágenes y símbolos puede ayudar a comunicar de forma concreta la misericordia divina.

Notas de Psicología

La observación que se realiza desde la empatía y el acompañamiento es “Invitar a la reflexión sin juzgar/reprochar”. Esto incrementa la probabilidad de que el penitente se exprese con confianza y asuma responsabilidad sobre sus actos, señalan los expertos.

En contraste, cuando la orientación se formula desde el juicio o el reproche, la persona tiende a sentirse atacada o humillada, lo que conduce al cierre interior.

La psicología muestra que, frente a críticas duras en estados de vulnerabilidad, la reacción más común es defensiva o de huida. Estas reacciones no favorecen el aprendizaje ni la reconciliación, sino que refuerzan sentimientos de vergüenza y resistencia.

Reconocer la dificultad y abrir un espacio de reflexión facilita que el penitente descubra caminos de cambio desde su propia experiencia, desarrollan los expertos en la guía, con algunos ejemplos.

El autorFrancisco Otamendi

Libros

J. M. Granados presenta «El valor del cuerpo y de la sexualidad»

El sacerdote José Miguel Granados, profesor de la Universidad San Dámaso, presentó el 21 de enero su nuevo libro El valor del cuerpo y de la sexualidad, en la parroquia de Santa María Magdalena de Madrid.

Javier García Herrería·23 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El sacerdote José Miguel Granados, de la archidiócesis de Madrid y profesor de la Universidad San Dámaso, presentó ayer 21 de enero su nuevo libro El valor del cuerpo y de la sexualidad, publicado por la editorial EUNSA, en la parroquia de Santa María Magdalena de Madrid.

La obra ofrece una reflexión profunda y accesible sobre el cuerpo y la sexualidad humanas a la luz de la fe cristiana, en diálogo con los grandes retos culturales contemporáneos. El autor se apoya especialmente en la teología del cuerpo de san Juan Pablo II, así como en las enseñanzas de los papas posteriores, para subrayar la unidad inseparable de alma y cuerpo y la vocación al amor entendida como entrega, fidelidad y apertura a la vida.

Temática central

Durante la presentación, Granados explicó que el libro responde a preguntas decisivas de nuestro tiempo: si el cuerpo es solo un objeto o una realidad personal, si la sexualidad es mero placer o lenguaje del amor, y si la corporeidad humana posee un significado trascendente. Frente a visiones reductivas o utilitaristas, defendió una comprensión del cuerpo como misterio, don y signo del amor divino, con una dignidad inviolable desde la concepción hasta la muerte natural.

El punto de partida del libro es una constatación cultural: nuestra sociedad vive una profunda ambigüedad respecto al cuerpo. ¿Somos dueños de un cuerpo que podemos usar y redefinir a voluntad, o somos personas corpóreas llamadas a descubrir en él un sentido? Granados examina estas disyuntivas —placer o don, objeto o misterio, técnica o ética— y muestra cómo de su respuesta dependen no solo las decisiones personales, sino también el rumbo de la vida social.

La obra se apoya de manera especial en la teología del cuerpo de san Juan Pablo II, así como en el magisterio de los papas posteriores. Desde este marco, el autor presenta el cuerpo como expresión de la persona y como lugar donde se hace visible el amor: un lenguaje capaz de comunión, entrega y fecundidad. La sexualidad aparece así no como un simple impulso biológico ni como una realidad sospechosa, sino como una dimensión constitutiva de la vocación al amor, inscrita en la masculinidad y la feminidad y abierta a la donación responsable.

Otras cuestiones

Uno de los ejes más sugerentes del libro es la comprensión sacramental del cuerpo. Granados subraya que la materialidad del cuerpo humano es capaz de transparentar lo invisible y remitir al misterio divino, especialmente a la luz de la Encarnación. El hecho de que el Verbo se haya hecho carne confiere al cuerpo una dignidad inédita y permite entender el eros humano como una fuerza herida pero llamada a ser sanada y elevada por el amor verdadero.

Desde esta perspectiva, el autor aborda con claridad y profundidad cuestiones concretas como el pudor y la desnudez, el compromiso afectivo, la procreación responsable, el valor del celibato, el sufrimiento y la fragilidad, la dignidad del embrión, el final de la vida o los planteamientos de la ideología de género. 

Prosa y poesía

Una de las originalidades de la obra es su diálogo con la literatura y la poesía: cada uno de los 22 capítulos se abre con un ejemplo tomado de una gran novela y concluye con poemas que sintetizan el contenido reflexionado, mostrando cómo la experiencia humana ha intuido, también desde el arte, el sentido profundo del cuerpo y del amor.

Granados concluyó la presentación afirmando que el misterio del cuerpo humano solo se comprende plenamente a la luz de Jesucristo, el Verbo encarnado, en quien el deseo de belleza, amor y plenitud encuentra su respuesta definitiva.

Evangelización

El “Detente”, un signo que vuelve a latir entre los jóvenes

Pequeño y discreto, el detente es un signo de fe que ha atravesado siglos de historia y hoy vuelve a ser llevado por muchos jóvenes como expresión de confianza y amor al Sagrado Corazón de Jesús.

Teresa Aguado Peña·23 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Entre los signos de devoción cristiana, el «detente» ocupa un lugar especial. Hoy muchos jóvenes lo utilizan como un símbolo sencillo pero lleno de confianza y amor al Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo, detrás de este pequeño emblema hay una historia rica, marcada por apariciones, santos, epidemias y guerras.

¿Qué es el detente?

El detente es un pequeño emblema que antiguamente se llevaba cosido al pecho (hoy está de moda llevarlo en la funda del móvil) , generalmente con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Su nombre proviene de la expresión “detente”, una súplica dirigida al mal, al demonio y a todo peligro, invocando la protección de Cristo. Es signo del amor al Corazón de Jesús y de la confianza en su amparo frente a las acechanzas del maligno.

También se le conoce como el “Pequeño Escapulario del Sagrado Corazón”, aunque no es un escapulario en sentido estricto. No requiere ceremonia especial ni bendición para su uso: basta llevarlo con fe.

El origen de la devoción: santa Margarita María Alacoque

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nace en el siglo XVII, a partir de las apariciones de Jesucristo a santa Margarita María Alacoque, religiosa de la Visitación.

El 27 de diciembre de 1673, mientras oraba ante el Santísimo Sacramento, recibió la primera revelación. En esta experiencia mística, el Señor le mostró su Corazón ardiente de amor por la humanidad, herido por la ingratitud de los hombres, y le confió la misión de dar a conocer esta devoción.

En las revelaciones posteriores, Jesús le mostró su Corazón rodeado de espinas y coronado por la cruz, símbolo de su amor sacrificado y del dolor causado por el pecado. Le expresó su deseo de ser amado, de rescatar a las almas del poder del mal y de derramar abundantes gracias sobre quienes veneraran su Corazón, especialmente llevando su imagen en las casas o sobre el pecho como signo de amor y protección. Ella misma las llevaba bajo el hábito y animaba a sus novicias a hacer lo mismo.

En la tercera revelación, durante la fiesta del Corpus Christi de 1674, Cristo le pidió prácticas concretas de reparación: la comunión frecuente, la devoción de los primeros viernes y la Hora Santa en la noche del jueves al viernes, uniéndose a su agonía en Getsemaní. Así quedó claramente establecida la devoción al Sagrado Corazón como camino de amor, reparación y confianza total en Cristo.

El detente y la plaga de Marsella

El uso del detente se difundió de forma extraordinaria durante la plaga de Marsella de 1720. En ese contexto, este emblema fue conocido como “Salvaguardia”. Consistía en un trozo de tela blanca con el Sagrado Corazón bordado y la leyenda: «Oh Corazón de Jesús, abismo de amor y misericordia, en ti confío».

La forma más cercana al detente actual fue impulsada por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat, quien, advertida del desastre que causaría la plaga, promovió con sus hermanas la confección y distribución de miles de estos emblemas por la ciudad y sus alrededores. Poco después, según relatan las crónicas, la epidemia cesó, reforzando la devoción popular al Sagrado Corazón.

El Beato Bernardo de Hoyos y el “Reinaré en España”

En España, el gran apóstol del Sagrado Corazón fue el beato Bernardo de Hoyos (1711–1735). A los 21 años, mientras copiaba fragmentos del libro «De cultu Sacratissimi Cordis Iesu», conoció esta devoción que transformó su vida. Él mismo relató haber sentido un amor profundo y una certeza de ser amado.

Al igual que santa Margarita, mientras oraba ante el Santísimo, recibió palabras del mismo Jesús, quien le confió la misión de extender esta devoción en España. Ante las dificultades, Cristo le consoló con una promesa que marcaría la historia espiritual del país: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes».

“Detente bala”: fe en tiempos de guerra

Desde Francia, la costumbre de coser el detente en la ropa de hijos, esposos o hermanos que iban a la guerra se extendió rápidamente. Se confiaba en la protección del Sagrado Corazón en el campo de batalla.

En el siglo XIX, las tropas carlistas en España llevaban escapularios con la inscripción: «Detente bala, el Corazón de Jesús está conmigo», y en muchos casos añadían «Reinaré en España» o incluso una parte del Padrenuestro: «venga a nosotros tu Reino».

Durante las guerras civiles del siglo XIX y más tarde en la Guerra Civil española (1936–1939), el detente se popularizó entre requetés, legionarios y algunos falangistas. La devoción también cruzó el Atlántico: los Cristeros mexicanos lo portaron durante su levantamiento contra el gobierno de Plutarco Elías Calles, con la inscripción: «Detente, enemigo malo, el Corazón de Jesús está conmigo».

Persecución y fidelidad

En tiempos de la Revolución Francesa, estos emblemas fueron considerados símbolos de fanatismo y hostilidad al régimen. Incluso durante el juicio de María Antonieta, se utilizó como prueba en su contra la posesión de una imagen del Sagrado Corazón con la inscripción: «Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros».

Lejos de desaparecer, el detente se fortaleció como signo de resistencia espiritual y fidelidad cristiana.

Indulgencia concedida por Pío IX

En 1872, el papa Pío IX concedió una indulgencia de 100 días, una vez al día, a todos los fieles que portaran el detente y rezaran un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. En un breve posterior aclaró que, al no ser un escapulario en sentido estricto, no requería bendición ni inscripción específica: bastaba llevarlo colgado al cuello.

El mismo Papa compuso una hermosa oración al Sagrado Corazón, invitando a unir el propio corazón al de Cristo en adoración, reparación y amor:

«¡Abridme vuestro Sagrado Corazón, oh Señor Jesús! Mostradme sus encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: Sí, Señor Jesús, yo os adoro; aceptad el poco bien que practico; hacedme la merced de reparar el mal cometido; para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amén».

Un signo vivo hoy

Hoy, el detente sigue siendo un signo sencillo pero poderoso. Para muchos jóvenes es una forma concreta de llevar a Cristo en el centro de la vida cotidiana, un recordatorio de que el Corazón de Jesús está cerca, ama, protege y acompaña ante la tentación del maligno.

Así, el detente se ha convertido en un signo de fidelidad al Sacratísimo Corazón de Jesucristo: una insignia que ennoblece, una defensa en nuestras batallas y un escudo que nos recuerda que ese Corazón, que tanto amó a los hombres, sigue reinando.

Vaticano

Giorgio Lingua, nuevo nuncio en Israel

El Vaticano ha nombrado al arzobispo Giorgio Lingua nuevo nuncio en Israel, en un relevo por edad que garantiza continuidad diplomática en un contexto especialmente sensible.

Redacción Omnes·22 de enero de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

León XIV ha aceptado, por límite de edad, la renuncia del arzobispo Adolfo Tito Yllana y ha nombrado en su lugar al arzobispo Giorgio Lingua como nuncio apostólico en Israel y delegado apostólico en Jerusalén y Palestina, según el comunicado oficial difundido por el Vaticano.

Hasta ahora, Giorgio Lingua ha sido arzobispo titular de Tuscania y nuncio apostólico en Croacia. Además, fue nuncio en Irak y Jordania y posteriormente en Cuba, antes de asumir Croacia.

¿Qué significa este cambio?

El nombramiento de Lingua no modifica la postura doctrinal ni la línea diplomática de la Santa Sede respecto a Jerusalén y la defensa de las comunidades cristianas, aunque sí podría incidir en la forma de diálogo y en la eficacia de las negociaciones diarias con distintos interlocutores.

Yllana llevaba años en un puesto marcado por la fricción recurrente en torno a los lugares santos, los permisos y el trato a las comunidades cristianas. Su salida, por tanto, no es una simple rotación, cierra una etapa y abre otra con un perfil distinto, pero con el mismo reto de fondo. Su renuncia por edad y nombramiento inmediato indica una transición ordenada, con la que Roma busca continuidad y experiencia.

Con este cambio, la Santa Sede apuesta por un diplomático experimentado para mantener una representación que, en el contexto actual, se ve cada vez más condicionada por las tensiones internacionales, los desafíos de seguridad y la vida cotidiana —precaria— de las comunidades cristianas de Israel.

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España

¿El despertar de una generación comienza en una plaza de toros?

Vistalegre fue testigo de una llamada a crear espacios donde la gente se pare, piense y busque la verdad por encima de las diferencias

Jose Maria Navalpotro·22 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

El impacto de la convocatoria El Despertar el pasado 17 de enero en Vistalegre no ha hecho más que crecer. Un evento original, en el que miles de jóvenes pagaron su entrada para oír a un sacerdote, y a un puñado de intelectuales para decirles verdades que van a contracorriente. Y para acabar con música y cervezas, también. El Despertar sonaba un poco a secta, pero los seis mil asistentes -la mayoría, en torno a los 30 años- a la antigua plaza de toros de Vistalegre estaban convocados a un evento que pretendía ser una llamada para entender la sociedad de otra manera. La clave: crear vínculos. Junto a ello, otras dos patas para la banqueta que sostiene la persona: el valor del trabajo bien hecho y atender la trascendencia.

“El Despertar” fue el evento masivo, la puesta de largo, de “It’s Time to Think”, una iniciativa que crearon durante de la pandemia un par de jóvenes, sin nadie detrás, ni partidos políticos, ni asociaciones, ni confesiones religiosas. Organizaron, llamando a amigos, reuniones online de decenas de personas que hacían preguntas a gente que tenía algo que decir. La iniciativa pasó a ser presencial el 5 de enero de 2022. Más de doscientos intelectuales han pasado por sus reuniones, los thinkglaos (más de cuatrocientos, en estos años) en más de treinta ciudades de España, Alemania y otros países. “Queremos crear espacios donde la gente se pare, piense y busque la verdad”, explicaba Javier Fernández, una de las cabezas visibles de esta iniciativa.

Perfil de los asistentes

“Hay un rumor que se extiende”, advertía el presentador en Vistalegre. “La gente quiere volver a construir, a unirnos, a trascender, a mirar una historia que no pertenece a nadie porque es la todos”. Se equivoca quien leyó la convocatoria en clave política o religiosa. ¿Había participantes de derechas? ¿Y católicos? Sí, claro, y gente de otros modos de pensar. Izquierda y derecha, religiosos y ateos, del norte y del sur. Muchos acudieron -pagando- sin saber muy bien a qué venían. Les había invitado un amigo. Esa es la clave del origen y crecimiento imparable de “It’s Time to Think”. “No es un evento cultural, ni una fiesta, es el comienzo de algo que no tiene nombre”, explicaban al inicio del acto, poco antes de soltar globos gigantes y de hacer ondear miles de pañoletas amarillas.

La idea era: ya sabemos en lo que no estamos de acuerdo, así que vamos a dialogar en qué podemos mejorar y en qué podemos ayudar. Señalaban tres problemas que conformaron el esquema del encuentro: la precariedad vital, la división provocada por las ideologías y que los problemas reales no son solucionados. 

Los ponentes

En el ruedo de Vistalegre actuaron once “matadores” a lo largo de cerca de cinco horas. Primeros espadas del pensamiento, y de las redes sociales.

Para poder hablar, primero el silencio. Y quién mejor que Jacques Philippe para introducir el tema. El sacerdote francés, de la Comunidad de las Bienaventuranzas, uno de los autores de espiritualidad más leídos en el mundo, habló de la “importancia de redescubrir el valor del silencio y aplicar en nuestra vida el recogimiento”. “El silencio nos pone en actitud de receptividad, de escucha. Nos lleva a nuestra dimensión sobrenatural”. “Hoy tendemos a planificarlo todo, pero la vida no es algo que se pueda planificar”. “Hay tendencia a reaccionar de forma inmediata, emocional. Así es difícil madurar una reflexión. Requiere tiempo, y el silencio permite esa reflexión”. “Sin silencio nos mantenemos en la superficie de las cosas y no iremos a lo profundo”. Los miles de asistentes escuchaban con avidez. Fueron diecisiete minutos exactos. Justo el tiempo estipulado. 

El segundo bloque consistió en el diálogo, con tres mesas redondas: cultura, trabajo, trascendencia. La primera, el Despertar de la Cultura, con Juan Soto Ivars -que acaba de incorporarse como columnista a ABC-, Ana Iris Simón -la autora de Feria es columnista en El país– y Jano García. La periodista resaltó la idea de comunidad, que se está perdiendo, al margen del estado y del mercado, y advirtió: “no valoramos lo que nos ha sido dado (familia, patria, sexo biológico) y parece que como si solo importase lo que elegimos nosotros”.

Jano García, economista y divulgador en redes, apuntó la crisis en la sociedad haciendo referencia a Ratzinger: “el problema es el nihilismo: el bien y el mal dan igual, todo es lo mismo, sostienen”. “Las diferencias pueden darse siempre que tengas una sociedad articulada en unos valores. Cada uno en su ámbito puede luchar por reivindicar esos valores. Eso no destruye la convivencia”.

Juan Soto Ivars, combativo y provocador, hizo referencia a una de las cuestiones trasversales de todo el evento: “La clave es que puedan surgir vínculos”. “En mi casa había un abuelo de extrema derecha, otro de extrema izquierda… Discutían… Pero por debajo de todo ello estaba la frase de mi abuela, que plasmamos en su epitafio: ‘Quereos mucho’”. Ana Iris añadió: “La solución es que tienen que regir la caridad y el amor. Parece cursi pero, por ejemplo, Podemos se refiere a eso cuando habla de la importancia de los cuidados”.

El mundo laboral

Para hablar del Despertar del Trabajo estaban convocados Juan Manuel de Prada, el filósofo francés Fabrice Hadjadj y el youtuber Antonini de Jiménez. El premio Planeta habló contra la precariedad del empleo que existe, y del individualismo: “Milton Friedman hablaba de una sociedad de robinsones y ante ello hay que oponer una resistencia antropológica”. En este sentido reaccionó contra la idea de prescindir de los demás en la lucha por la mejor social: “Necesitamos otra gente, y hay que trabajar con ellos. Y si es necesario, porque las actuales no nos sirvan, crean nuevas asociaciones, sindicatos, partidos políticos”.

El filósofo francés -que ha trasladado su residencia a España e intervino en español- se centró en la necesidad de que el trabajo tenga un sentido. “La inhumanidad de un empleo no se mide por el esfuerzo que requiere. Un partido de fútbol requiere gran esfuerzo, pero no por ello es inhumano. Lo que da sentido es el fin de la obra que se produce. Hoy falta ese sentido visible”. Al respecto habló de los que calificó como “bullshit works” (algo así como trabajos de caca de vaca, o de mierda de toro), en empresas grandes, con producción mecanizada o donde se trafica con productos financieros, sin saber muy bien el trabajador para qué hace eso. “No hacen una obra, solo funcionan”. Añadió que algunas empresas hablan de “una cultura del trabajo” y términos similares: “lo que hacen es perfumar esa ‘mierda’ del toro, en vez de torearlo. Quien no quiere coger el toro por los cuernos solo se puede limitar a recoger la mierda del toro”. “En los caballeros medievales, su esfuerzo tenía sentido porque había una doncella a la que defender o salvar. Hoy en el trabajo, sin ese sentido el esfuerzo no merece la pena”.

En un ruedo como el de Vistalegre, a Hadjadj le gustó el símil taurino y habló de sus contertulios -y en general, de cualquier opinión- como que ejercitaban distintos tipos de toreo, pero todos igualmente válidos: uno, un toreo de aguante, otro, aguerrido… Así, las cosas, De Prada calificó a Hadjadj como “nuestro Morante: torea con elegancia y hondura”.

Despertar de sentido

El último bloque se dedicó a la tercera pata de la banqueta que centraba el núcleo del evento. Era el Despertar de Sentido. Sarab Rey (antes llamada Izanami), evangélica, antropóloga, que goza de un indudable éxito en las redes hablando del comportamiento humano, compartió escenario con René ZZ, youtuber famoso por sus contenidos sobre tatuaje… hasta que se convirtió y es conocido por sus videos sobre la fe católica, y con Pedro Herrero, experto en comunicación y defensor de la familia. Fue otro diálogo en el que expusieron sus convicciones personales en tema religioso sin reparos. Algo de plena actualidad en un contexto como el actual en el que artistas, pensadores y creadores de contenido “salen del armario” religioso para mostrar en público su fe sin ambages.

El colofón lo puso José Ballesteros, otra figura de las redes sociales, con sus mensajes sobre liderazgo y motivación. En medio de la música festiva y un ambiente apoteósico, en la despedida, intervinieron brevemente el jurista Ricardo Calleja y de nuevo Pedro Herrero. Ellos fueron los primeros que tomaron parte de un “thinkglao”. Y resumieron con dos frases todo este despertar que quería empezar en Vistalegre. “Lo que sostiene esto es la amistad de dos amigos”, señaló Calleja. “Chavales, tenéis que transformar la realidad”, exhortó Herrero. 

El público, entusiasmado, se volcó en aplausos. En otras circunstancias habrían pedido las dos orejas y el rabo para una faena sobresaliente.

Mundo

Se aclaran las informaciones contradictorias sobre los secuestros en Nigeria

No es fácil tener claras las informaciones que llegan sobre la situación de los cristianos en Nigeria, pero algunos aspectos comienzan a esclarecerse.

Javier García Herrería·22 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Ngala Killian Chimton, OSV News

Después de que se difundieran informes de que docenas de cristianos en Nigeria supuestamente habían vuelto a caer víctimas de secuestradores en otra señal de persecución contra los seguidores de Cristo en la nación más poblada de África, algunos policías dijeron que el secuestro no ocurrió.

Sin embargo, en la noche del 20 de enero, la policía nigeriana confirmó que un grupo de fieles fue secuestrado de tres iglesias en una zona remota del estado norteño de Kaduna, según un informe de la BBC del 21 de enero.

El caos informativo aumenta la creciente inseguridad de las comunidades cristianas que temen a los bandidos -desde Boko Haram hasta el grupo Estado Islámico y los pastores fulani- que en su mayoría quedan impunes, dicen los defensores cristianos.

Según el presidente de la Asociación Cristiana de Nigeria, Región Norte, al menos 160 cristianos fueron presuntamente llevados a la fuerza durante los servicios religiosos de la mañana del 18 de enero.

El reverendo John Hayab dijo que «los atacantes llegaron en gran número y bloquearon la entrada a las iglesias y obligaron a los fieles a salir al bosque».

«El número real que se llevaron fue 172, pero nueve escaparon, por lo que 163 están con ellos», dijo.

Según Reuters, un portavoz de la policía dijo el 19 de enero que los atacantes llegaron «con armas sofisticadas» y atacaron dos iglesias en Kurmin Wali.

Versiones contrarias

La policía dijo que el área es una comunidad forestal a la que es difícil acceder debido al mal estado de los caminos, pero explicó que se ha desplegado policías en la zona para tratar de localizar a los perpetradores y rescatar a las víctimas.

Pero otra unidad, la policía estatal de Kaduna, contradijo inicialmente esa declaración. El comisario de policía, Muhammad Rabiu, calificó de falsos los informes sobre un secuestro masivo de cristianos, afirmando que la policía no pudo identificar a ninguna de las personas presuntamente secuestradas.

Dauda Madaki, presidente del gobierno local de Kajuru, también desestimó los informes, calificándolos de falsos, sin «ninguna prueba del ataque. Le pregunté al jefe de la aldea, Mai Dan Zaria, y me dijo que no hubo tal ataque», explicó Madaki a la BBC.

El comisario de policía de Kaduna también retó a «cualquiera a enumerar los nombres de las víctimas secuestradas y otros detalles».

Aclaraciones definitivas

Pero más de dos días después del ataque a la aldea de Kurmin Wali, la policía finalmente dijo que una declaración anterior que negaba el ataque había sido «ampliamente malinterpretada», y los residentes locales confirmaron a la BBC que el número de secuestrados era 177 y 11 lograron escapar.

Afiniki Moses, cuyos familiares fueron presuntamente secuestrados, confirmó a Reuters que la banda armada secuestró a más de 170 personas durante un servicio religioso en dos iglesias, incluidos su esposo y sus dos hijos.

«Secuestraron a muchas personas de la comunidad, y mi marido estaba entre ellas. Como pueden ver, no me siento bien», declaró a Reuters.

Denuncias contra el gobierno

«Todos son cómplices», dijo Emeka Umeagbalasi, director de la agencia no gubernamental de inspiración católica Intersociety, acusando al gobierno nigeriano de diversos niveles de complicidad en los ataques contra los cristianos.

«El gobierno de Nigeria apoya firmemente lo que está sucediendo con los cristianos en el país. Es un gran proyecto, y lo hemos repetido una y otra vez», declaró a OSV News.

«Los cristianos son secuestrados todos los días y asesinados todos los días en este país», dijo Umeagbalasi.

Últimos incidentes

El patrón de terrorismo contra las comunidades cristianas es largo y dramático. En noviembre, el mundo observó con atención el secuestro de más de 300 escolares y sus profesores de la escuela católica Santa María en Papiri.

Inmediatamente después del secuestro, al menos 50 niños escaparon de sus captores. El 14 de diciembre, los captores liberaron a un grupo de 100, entre ellos 14 estudiantes de secundaria, un miembro del personal, 80 alumnos de primaria y cinco niños de guardería. Los demás cautivos fueron liberados el 21 de diciembre.

Estados Unidos llevó a cabo un ataque mortal en el noroeste de Nigeria el 25 de diciembre. El presidente Donald Trump declaró que el ataque tenía como objetivo terroristas del grupo Estado Islámico que perseguían a los cristianos en esa nación, lo que provocó reacciones encontradas de los líderes de la Iglesia nigeriana.

«Nada ha cambiado desde que Estados Unidos bombardeó esos objetivos del Estado Islámico», dijo Umeagbalasi a OSV News.

El negocio del secuestro

El secuestro en Nigeria se ha convertido en una industria criminal altamente organizada que genera enormes sumas de dinero, según un informe de la consultora de seguridad SBM Intelligence.

En el informe «Economía de la industria del secuestro en Nigeria», la organización afirmó que entre julio de 2023 y junio de 2024, al menos 7.568 personas fueron secuestradas en más de 1.130 incidentes.

El grupo de defensa Intersociety dijo que desde 2009, cuando Boko Haram comenzó su campaña asesina para establecer un califato en todo el Sahel, al menos 185.000 civiles nigerianos han sido asesinados, incluidos 125.000 cristianos y 60.000 musulmanes moderados.

Sin embargo, las cifras dadas en los informes de Intersociety fueron cuestionadas por el departamento de verificación de datos de la BBC, diciendo que la metodología de los informes no es clara y que a veces aparecen en ellos números repetidos.