Enseñanzas del Papa

¿Qué es exactamente una encíclica?

Una encíclica es una carta pastoral dirigida por el Papa a toda la Iglesia. Las encíclicas suelen tratar temas de fe o moral, o sociales, animan a realizar una conmemoración o devoción particular, o abordan cuestiones de disciplina de la Iglesia que deben observarse universalmente.

OSV / Omnes·25 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

– Padre Joseph L. Parisi

Los apóstoles utilizaron cartas para dirigirse a los fieles de las diversas iglesias que habían ayudado a fundar. En particular, San Pablo escribió varias cartas (epístolas), 21 de las cuales forman parte del canon del Nuevo Testamento. Evidentemente, durante muchos siglos no se llamaron encíclicas.

Los sucesores de los apóstoles, los obispos, siguieron esta práctica y solían enviarse cartas entre sí y a los miembros de las iglesias a su cargo pastoral para asegurar la coherencia en la fe y la práctica, especialmente en lo referente a la celebración de la liturgia. 

El propio obispo de Roma escribía cartas que se hacían circular entre todos los obispos. También recibía cartas de los obispos, las cuales, a su vez, hacía llegar a otros obispos.

Declive y resurgimiento

Durante la Edad Media, la práctica de enviar estas cartas cayó en desuso. En aquella época, los Papas solo enviaban cartas a obispos individuales sobre asuntos específicos de sus diócesis. Los obispos respondían por escrito únicamente al Papa.

El Papa Benedicto XIV (1740-1758), haciendo uso inteligente del poder de la recién inventada imprenta, revivió la antigua práctica del Papa de escribir cartas a todos los obispos del mundo. 

Fue el Papa Gregorio XVI quien aplicó el término “encíclica” a estas cartas, del latín ‘encyclicus’, o circular, porque estaban dirigidas a toda la Iglesia.

Desde 1740, los papas han publicado cerca de 300 encíclicas que abordan diversos temas relacionados con la vida y el ministerio de la Iglesia.

“Quien te escucha a ti, me escucha a Mí”

Las encíclicas no se consideran de inspiración divina ni contienen revelaciones nuevas. Sin embargo, se consideran instrumentos del magisterio ordinario que contienen la enseñanza autorizada del Vicario de Cristo.

En cuanto a la cuestión de la autoridad vinculante de la enseñanza contenida en una encíclica, el Papa Pío XII afirmó lo siguiente en su encíclica «Humani generis», del 12 de agosto de 1950:

“Tampoco debe pensarse que lo que se contiene en una encíclica no exige por sí mismo asentimiento, con el pretexto de que los Papas no ejercen en ellas la suprema potestad de su magisterio. Más bien, tales enseñanzas pertenecen al magisterio ordinario, del cual es cierto decir: “El que os oye a vosotros, me oye a Mí” (Lc 10,16)”.

“Además, en su mayor parte, lo que se expone e indica en las encíclicas ya pertenece a la doctrina católica por otras razones”.

Magisterio del Romano Pontífice, aunque no sea ‘ex cathedra’

El Concilio Vaticano II declaró en «Lumen gentium»: “La sumisión religiosa de la voluntad y del pensamiento debe manifestarse de manera especial a la auténtica enseñanza del Romano Pontífice, incluso cuando no habla ex cathedra”. 

“Es decir, debe manifestarse de tal forma que se reconozca con reverencia su Magisterio supremo y se acaten sinceramente sus juicios, según su manifiesta voluntad y pensamiento. Su voluntad y pensamiento en la materia pueden conocerse principalmente por el carácter de los documentos, por su frecuente repetición de la misma doctrina o por su manera de hablar”.

Fuentes de alegría y desafío

En ocasiones, la Iglesia ha recibido con alegría las encíclicas papales, pues abordaban temas de piedad o devoción popular. 

En otras, los Papas han escrito encíclicas sobre las grandes cuestiones morales de su tiempo. Estas cartas han sido a menudo objeto de intensos debates entre diversos eruditos y teólogos.

Las encíclicas no se consideran, en sí mismas, pronunciamientos infalibles del pontífice. Y si bien las enseñanzas que contienen pueden resultar a veces difíciles de aceptar y seguir para algunos, los católicos de buena voluntad de todo el mundo están obligados a reconocer su autoridad apostólica y a esforzarse por aceptar humildemente su enseñanza.

¡Qué bendecida ha sido la Iglesia al recibir la enseñanza del Señor y la guía del Espíritu Santo que se encuentran en las encíclicas de los Papas a lo largo de los siglos!

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– El padre Joseph L. Parisi recibió su maestría en teología pastoral de la Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma en 1974 y la licenciatura en derecho canónico de la Universidad de San Psblo en Ottawa, Canadá, en 1986. Es un sacerdote jubilado de la Arquidiócesis de San Luis.

El autorOSV / Omnes

Dossier

Mi experiencia del diaconado desde la vida familiar

Manuel López narra su diaconado permanente como una vocación compartida con su esposa e hijos, destacando el apoyo familiar y la entrega conjunta como pilares esenciales de su ministerio.

Manuel López·25 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Para hablar del diaconado permanente es imprescindible comenzar por la familia. La llamada de Dios no se recibe en soledad, sino en el seno de un hogar concreto, con nombres, rostros y una historia compartida. En nuestro caso, podemos decir con sencillez que Dios ha llamado a la puerta de nuestra casa y que, hasta el día de hoy, hemos intentado responderle con fidelidad y generosidad. Le pedimos al Señor que nos mantenga firmes en la entrega a los hermanos y en la fidelidad a la Iglesia.

Nada de lo vivido habría sido posible sin la presencia de la magnífica mujer que Dios ha puesto en mi camino. Su confianza, su disponibilidad y su acompañamiento constante han sido un verdadero pilar en este proceso vocacional. Su testimonio de fe viva, de amor a la Iglesia y de entrega silenciosa ha sostenido nuestro caminar común. Junto a ella, el Señor nos ha bendecido con dos hijos, verdadero reflejo de su amor y signo de su gracia derramada en nuestra familia.

El origen de la vocación

La primera vez que se nos planteó la posibilidad del diaconado permanente fue en el año 1998. Nuestro párroco nos habló de la opción de solicitar la admisión como aspirante al diaconado. Tras un tiempo de reflexión compartida en familia, decidimos aceptar la propuesta. Sin embargo, el posterior cambio de párroco hizo que aquella decisión quedara aplazada y no llegara a concretarse en ese momento.

En el año 2006, un nuevo párroco volvió a plantear la cuestión. De nuevo, lo reflexionamos en familia, compartiendo dudas, inquietudes y esperanzas. Un paso particularmente significativo fue el consentimiento explícito de mi esposa, quien, con alegría y plena disposición, firmó el documento en el que aceptaba mi disponibilidad para ser admitido al diaconado. Su apoyo fue, una vez más, una confirmación clara de la llamada compartida.

El día de san Juan, el 24 de junio de 2006, nuestro párroco recibió la citación para una audiencia familiar con don Antonio Ceballos, entonces obispo de Cádiz y Ceuta. Aquella jornada quedó grabada para siempre en nuestra memoria. En esa audiencia, el obispo recibió, por una parte, la solicitud de admisión al Seminario Conciliar de Cádiz de nuestro hijo Antonio Jesús y, por otra, mi admisión como aspirante al diaconado permanente. Como solemos decir, el Señor no se deja ganar en generosidad y, cuando se entrega a Él, siempre devuelve el ciento por uno.

En febrero de 2008 fui ordenado diácono permanente, y en octubre de 2013 nuestro hijo mayor fue ordenado presbítero. Resulta profundamente conmovedor vivir la experiencia de pedir la bendición a tu propio hijo sacerdote para proclamar el Evangelio. Recuerdo que, en tono de broma, le decía que el día de su primera Eucaristía, antes de proclamar el Evangelio, le diría: “Hijo, dame la bendición”, en lugar del habitual “Bendígame, padre”. Finalmente, la escena quedó solo en la anécdota, pero expresa bien la hondura y la belleza de este misterio vocacional compartido.

El día a día

La vida de un diácono permanente en familia está llena de momentos de profunda alegría y satisfacción, especialmente cuando la fe se vive y se celebra en común. También en los momentos de dolor y dificultad, la experiencia de la fe compartida se convierte en una fuente de unidad, consuelo y fortaleza.

Hay un momento que suele llamar la atención cuando acudimos a la Eucaristía. Mi esposa suele sentarse sola en el banco, mientras yo, como diácono, asisto al celebrante en el altar. En ocasiones, algunas personas le preguntan: “¿Siempre estás sola en Misa?”. Ella suele responder con serenidad que, cuando su esposo, como diácono, eleva el cáliz en la doxología, ambos están unidos de manera especial, sellados por la alianza matrimonial, que también es un signo visible de la gracia de Dios.

Nuestro hijo menor, junto a su esposa y su hija, forma hoy una familia con profundas convicciones cristianas y una vida de fe coherente. Compartimos con gratitud la alegría de sentirnos bendecidos por Dios y elevamos una sincera acción de gracias por los dones que nos concede cada día para ser, en medio de la sociedad, presencia suya y anuncio de que Dios nos ama más allá de nuestros fallos y pecados. Los amigos ante el bautizo de nuestra nieta preguntan “¿Quién la bautizará?” y algunos se sorprenden de que el tío de la sobrina celebró la Eucaristía y el abuelo es el que bautizó. 

En el camino del diaconado permanente no faltan las anécdotas que ponen de manifiesto el desconocimiento que aún existe sobre este ministerio, a pesar de que en alguna plegaria eucarística se menciona expresamente a los diáconos junto al Papa, los obispos y los presbíteros. En las celebraciones de la Palabra en ausencia de presbítero, no es raro que alguien se acerque al finalizar y diga: “Padre, se le ha olvidado consagrar”. O que, al ver llegar al diácono acompañado de su esposa, alguien se escandalice comentando: “¿Y esa señora quién es?”.

Normalización de la realidad diaconal

Aun así, desde la propia experiencia puedo afirmar que el diaconado permanente va abriéndose camino de manera constante y esperanzadora. Poco a poco se van incorporando nuevos diáconos y se percibe cómo este ministerio comienza a ser valorado y acogido en la vida diocesana. También es motivo de alegría constatar que las diócesis donde hasta ahora no se había restaurado el diaconado permanente están dando pasos decididos para hacerlo realidad. Así ha sucedido recientemente en archidiócesis como Granada o Mérida‑Badajoz, signo elocuente de que el Espíritu sigue suscitando servidores y mostrando nuevos caminos de servicio a la Iglesia.

Y aunque no exista una pastoral vocacional específicamente orientada al diaconado permanente, siguen apareciendo hombres dispuestos a servir. Son pocos, pero de una calidad humana, familiar y eclesial admirable. Cada aspirante es motivo de auténtico asombro: hombres con una vida ya entregada a la familia, al trabajo y a la comunidad cristiana, que desean ofrecerse todavía más a la Iglesia. En ellos se percibe con claridad que la vocación no nace de la planificación, sino de la fidelidad de Dios y de una respuesta generosa al servicio. Cada uno de estos candidatos es un regalo y una confirmación de que el diaconado permanente es, ante todo, obra del Espíritu Santo en la Iglesia.

El autorManuel López

Diácono permanente de la diócesis de Cádiz y Ceuta

Cultura

El Panteón: un templo para todos

El Panteón: cuatro funciones, cuatro épocas, cuatro sistemas de valores que han convivido a lo largo de los siglos en armonía bajo una cúpula abierta al cielo.

Gerardo Ferrara·24 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Pasé por el Panteón hace solo unos días. En realidad, es casi imposible no pasar por allí si se frecuenta el centro de Roma. Y, ante las increíbles colas de turistas, recordaba lo bonito que era, hace años (antes de la invasión turística), entrar por la mañana temprano, cuando la luz del óculo dibujaba un círculo casi perfecto en el suelo; o por la tarde, para la Misa, cuando las naves se llenaban de una penumbra dorada y el ir y venir de los visitantes daba paso al silencio de los fieles. Ahora…

Antes de continuar, una pequeña aclaración: ¡en Roma tenemos el Panteón, no el Partenón! ¡Y me da risa pensar que un cómico estadounidense ha hecho un vídeo precisamente sobre este malentendido en el que caen muchos turistas!

Un abrazo milenario

En los artículos que hemos dedicado a las basílicas de San Clemente y San Sebastián hemos definido ciertos edificios de Roma —si no toda la ciudad— como una “lasaña arqueológica”, debido a las diferentes capas artísticas e históricas que caracterizan las construcciones de la ciudad, desde lo arcaico, en las profundidades, hasta llegar al barroco y lo moderno en la superficie. Pues bien, el Panteón es una excepción, ya que hoy se presenta exactamente como era hace dos mil años: un monumento romano convertido en iglesia cristiana y mausoleo renacentista sin que la capa más antigua quedara sepultada bajo las más recientes.

El templo de todos los dioses

El Panteón deriva del griego “pan” (“todo”) y “theòs” (“dios”). Era, de hecho, el templo de todos los dioses, incluso de los menos conocidos de los rincones más recónditos del Imperio romano. Roma, de hecho, era como una esponja: conquistaba, sí, pero absorbía los usos, costumbres y tradiciones religiosas de los territorios sometidos: una auténtica globalización “ante litteram”.

El edificio actual no es el más antiguo. El primero fue construido por Marco Vipsanio Agripa entre los años 27 y 25 a. C., pero fue destruido por un incendio. Adriano lo reconstruyó entre los años 118 y 125 d. C., conservando en el frontón la inscripción original de Agripa: M·AGRIPPA·L·F·COS·TERTIVM·FECIT.

Lo que llama la atención de inmediato del Panteón es su sencilla perfección, o su perfecta sencillez: un pórtico con dieciséis columnas de granito rosa y blanco, y a continuación la rotonda (la plaza que se encuentra frente a ella se llama Piazza della Rotonda), es decir, un cilindro coronado por una cúpula hemisférica de 43,3 metros de diámetro, lo que equivale exactamente a la altura interior del edificio: una esfera ideal. 

En el centro de la cúpula, el óculo: un orificio circular de 8,7 metros, única fuente de luz. El óculo carece de cristal. Cuando llueve, el agua entra pero se escurre a través de los orificios del suelo de mármol, sin inundar el interior. Cuando hace sol, en cambio, un círculo de luz se desplaza lentamente por las paredes a lo largo del día como un gigantesco reloj de sol. Se ha calculado que, el día del Natale di Roma, el 21 de abril, el círculo ilumina con precisión la entrada principal.

Cuando hay poca gente, el ambiente es increíble: la tenue luz que se filtra por el óculo crea una penumbra amortiguada, casi palpable, y la acústica refuerza esa sensación de protección, casi como un abrazo en el que el sonido y la luz se unen en perfecta armonía para acoger a quienes desean disfrutar de un momento de tranquilidad en medio del bullicio de la ciudad.

609: de templo pagano a iglesia cristiana

En el año 609 d. C., el emperador Foca donó el Panteón al Papa Bonifacio IV, quien lo consagró como iglesia cristiana: Santa María ad Martyres. Probablemente a esto se deba que el edificio haya llegado intacto hasta nuestros días, a diferencia de tantos otros monumentos de la antigua Roma.

De hecho, no se le tocó: simplemente, los nichos que antes habían albergado las estatuas y efigies de los dioses romanos se convirtieron en capillas de los santos cristianos. 

Foca también donó al papa un icono bizantino de la Virgen con el Niño, que probablemente ya se encontraba en el interior del Panteón, adorado al igual que otras figuras sagradas y que aún hoy se conserva allí

Al ser época de Pentecostés, podemos recordar lo que sigue siendo hoy una tradición secular en Roma: el Domingo de Pentecostés, los bomberos suben a la cúpula del Panteón y lanzan, a través del óculo, miles de pétalos de rosas rojas sobre los fieles reunidos en el templo, para simbolizar las llamas del Espíritu Santo que descendieron sobre los apóstoles reunidos en el Cenáculo. Esta tradición se remonta a la más antigua de las ceremonias florales romanas, las Rosalia, que se celebraban en primavera con motivo de las fiestas de los difuntos.

El panteón árabe convertido en templo del monoteísmo

Incluso la Kaaba de La Meca, es decir, el cubo de piedra en torno al cual se celebran los ritos de la oración islámica y del Hayy, la peregrinación, era, en la época preislámica, un santuario politeísta que albergaba estatuas y efigies de numerosas deidades tribales, entre ellas Alá, considerado en aquella época como una más de ellas. A La Meca, y a la Kaaba, acudían peregrinos y fieles de toda Arabia, especialmente con motivo de los certámenes poéticos, en los que famosos poetas locales, en representación de las diferentes tribus, se reunían en la ciudad para competir con versos y composiciones maravillosas: ¡unas auténticas olimpiadas poéticas árabes!

En el año 630, Mahoma conquistó La Meca y ordenó destruir las estatuas de las deidades paganas, pero no la estructura que las albergaba, es decir, la Kaaba, y ordenó también preservar la Piedra Negra y el rito de la circunvalación alrededor de la estructura cuadrangular. Las fuentes islámicas medievales, entre ellas Al-Azraqi, transmiten además una importante anécdota: en el interior de la Kaaba se habría encontrado, en el momento de la conquista islámica, también la efigie de una Virgen con el Niño, que Mahoma no destruyó, sino que mandó cubrir con un paño. La veracidad histórica de este episodio es objeto de debate, pero resulta del todo verosímil si tenemos en cuenta que el cristianismo ya se había arraigado en diversas zonas de la península arábiga, al igual que el judaísmo, que la Kaaba era precisamente un panteón para todas las deidades conocidas y veneradas en aquellos lugares y que, sobre todo, la veneración a María se habría mantenido en la época islámica, hasta el punto de que la madre de Jesús fuera la única figura femenina mencionada explícitamente en el Corán.

Ese Panteón árabe estaba destinado a la misma continuidad que su homólogo romano, y precisamente en el mismo siglo, ya que Bonifacio IV, unos años antes de Mahoma, había dejado en el nuevo templo cristiano únicamente la imagen de la Virgen, tras haber retirado los ídolos paganos.

Para quienes vivimos en nuestra época, marcada lamentablemente, como ya se mencionó en un artículo anterior, por fundamentalismos de toda tradición, las sociedades politeístas, Roma en primer lugar, pueden parecer más inclinadas a la tolerancia religiosa. La base teológica del politeísmo, de hecho, es la de la coexistencia de muchas divinidades. Es más, en la llamada “interpretatio romana”, ¡siempre era mejor tener una más! La divinidad extranjera, por tanto, se integraba y se asimilaba (desde las griegas hasta Mitra y otros cultos orientales, entre ellos el propio cristianismo).

El monoteísmo, en cambio, parte del supuesto contrario: existe un solo Dios, todos los demás son falsos. Tal sería, según diversos estudiosos, la causa de la deriva monoteísta de la intolerancia religiosa: no una patología cultural, sino la consecuencia de una revelación exclusiva. De ello estaban convencidos David Hume y otros pensadores como el filólogo Maurizio Bettini, quien, en su Elogio del politeísmo, define el politeísmo no como “más primitivo” que el monoteísmo ni menos complejo, sino simplemente diferente.

Obviamente, no se trata de hacer una apología del politeísmo, entre otras cosas porque cada forma de politeísmo y cada forma de monoteísmo deberían analizarse por separado y en profundidad.

La cúpula y el mundo

La cúpula del Panteón mantuvo, durante más de mil trescientos años, un récord imbatido: la mayor cúpula de hormigón sin armar (aligerada hacia la cima con toba y piedra pómez) jamás construida y que se conservara intacta.

En ella se inspiraron los constructores de Santa Sofía en Constantinopla, Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles, entre los años 532 y 537, con la diferencia de que la cúpula del Panteón cubre un círculo, mientras que la de Santa Sofía cubre un cuadrado, lo que provocó el derrumbe de la primera cúpula de Constantinopla en el año 558, posteriormente reconstruida.

El Panteón solo fue superado, como ya escribimos, por Filippo Brunelleschi en 1436, con la cúpula de Santa Maria del Fiore en Florencia, pero el modelo siguió siendo imitado en todo el mundo: Villa Capra en Vicenza (Palladio), la Rotonda de la Universidad de Virginia (Jefferson), el Capitolio de Washington, el Panteón de París y la basílica de San Francisco de Paula en la plaza Plebiscito, en Nápoles, y su forma se convirtió en un símbolo arquitectónico no solo religioso, sino también político y cultural.

Rafael, los reyes y el memorial de una nación

El propio Panteón romano, además de ser un antiguo templo pagano y una basílica cristiana, es un monumento conmemorativo de la cultura y la historia de Italia. En 1520 fue enterrado allí Rafael Sanzio, cuyo epitafio, atribuido a Pietro Bembo, reza: “Aquí yace Rafael: de él, cuando vivió, la naturaleza temió ser vencida; ahora que ha muerto, teme morir con él”. 

En 1878 fue enterrado allí Vittorio Emanuele II, primer rey de Italia, y después de él Umberto I, en 1900. Esto permitió que el Panteón se convirtiera también en santuario civil de la joven nación italiana.

El Panteón: cuatro funciones, cuatro épocas, cuatro sistemas de valores que han convivido a lo largo de los siglos en armonía bajo una cúpula abierta al cielo.

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Familia

Arzobispo de Minnesota anima a mirar los rostros de nuestros familiares

“¿Cómo serían nuestras familias y nuestra sociedad si dedicáramos tan solo una fracción de lo que gastamos en pantallas a mirar los rostros de nuestros familiares?”, ha escrito el arzobispo de Minnesota, Bernard A. Hebda tras diez años al frente de la arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis.

OSV / Omnes·24 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Rebeca Omastiak (St. Paul, Minnesota), OSV News 

“Lo primero es la vida familiar, las familias», declaró el arzobispo de Minnesota a ‘The Catholic Spirit’, el periódico arquidiocesano, en una entrevista el 26 de mayo de 2016, con motivo de su toma de posesión el 13 de mayo, hace diez años.

“En la medida en que podamos ayudar a nuestras familias o a nuestras parejas casadas a ver la vida que están viviendo como una vida vocacional, en la medida en que podamos lograr que oren para que sus hijos puedan responder de la manera en que Dios los llame a servir”, dijo, “creo que eso tendrá un impacto positivo en las vocaciones”.

Ésta era entonces la reflexión del arzobispo Bernard A. Hebda en la arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis. Ahora, diez años después de su investidura en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, el arzobispo ha publicado su más reciente carta pastoral, titulada “Solo una cosa es necesaria”, dirigida a las familias.

Matrimonios y familias alegres

El hecho de que el arzobispo haya hablado del apoyo a las familias desde el momento de su toma de posesión hasta la publicación de su última carta pastoral demuestra “que ésa es la prioridad del arzobispo”, afirmó Corey Manning, director ejecutivo de la Oficina de Discipulado y Evangelización de la archidiócesis.

“Él realmente desea que los matrimonios y las familias se llenen de alegría, de esa vida divina y de ese amor”, declaró Manning, miembro de la parroquia de San Miguel en Stillwater, a ‘The Catholic Spirit’. El deseo del arzobispo “no ha cambiado en 10 años: acompañar y caminar junto a” las familias fieles.

El título de la carta se inspira en el Evangelio de Lucas, en el que Jesús le dice a Marta que, en medio de su angustia, “solo hay una cosa necesaria” (Lc 10:42). “Jesús mismo es esa única verdad”, escribió el arzobispo.

En un vídeo del 4 de mayo titulado “Juntos en el camino”, el arzobispo Hebda dijo que “Nuestro Señor es el camino a través del cual las familias católicas pueden unirse en esta vida y en la venidera”.

Ejemplo de los santos Zélie y Luis Martín

A lo largo de la carta, el arzobispo se remite al ejemplo de los santos Zélie y Louis Martin –padres de Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia- para guiar a las familias.

“He sido constante en mis oraciones para que intercedieran por las familias de esta arquidiócesis”, escribió el arzobispo Hebda en el prefacio de la carta.

Basándose en su propia experiencia familiar, el arzobispo escribió: “Mis hermanos y yo hablamos a menudo de lo mucho que les debemos a nuestros padres su testimonio de fe y su disposición a sacrificarse por la familia. Siempre estaremos agradecidos por cómo nos introdujeron al amor de Dios y se aseguraron de que encontráramos un hogar en nuestra Iglesia”

El arzobispo Hebda escribió que ha visto a muchos padres expresar este mismo fervor durante las sesiones de oración y escucha que dieron lugar al Sínodo Arquidiocesano de 2022. “Escuché una y otra vez el amor y la preocupación que residen en los corazones de tantos padres de esta Iglesia local, que no desean nada más que guiar a sus familias hacia Jesús”, escribió.

Fieles oran durante una misa en la Basílica de Santa María en Minneapolis el 1 de febrero de 2026, para celebrar el centenario de la ordenación de la iglesia como basílica menor por el Papa Pío XI (Foto de OSV News/Dave Hrbacek, The Catholic Spirit).

‘Los padres, primeros maestros de sus hijos en los caminos de la fe’

Un elevado número de votos durante el Sínodo Arquidiocesano de 2022 indicó interés en la propuesta de que “los padres sean los primeros maestros de sus hijos en los caminos de la fe”.

Los siguientes pasos incluyeron la formación de una Comisión de Alto Nivel, integrada por clérigos, religiosos, educadores, padres y abuelos, para asesorar al arzobispo sobre cómo apoyar a los padres.

En respuesta al Sínodo Arquidiocesano y a la carta pastoral del arzobispo de 2022, “Seréis mis testigos”, una de las recomendaciones de la comisión fue la que finalmente se convirtió en la carta pastoral “Solo una cosa es necesaria”. El arzobispo escribió que la nueva carta es “una expresión de aliento a los padres y a todos aquellos que los apoyan pastoralmente”.

Una batalla cuesta arriba

El arzobispo Hebda reconoció lo que las familias le han expresado como “lo que puede parecer una batalla cuesta arriba”, vivir en medio de “un declive social generalizado en la práctica religiosa y la afiliación a la iglesia”.

Según el Estudio sobre el Panorama Religioso 2023-24, publicado en 2025 por el Centro de Investigación Pew, los cristianos -que representan la mayor parte de los adultos con afiliación religiosa en Estados Unidos-, “han ido disminuyendo como porcentaje de la población adulta estadounidense, mientras que la proporción de personas sin afiliación religiosa ha ido en aumento».

La proporción de católicos en la población adulta de EE. UU. disminuye

Mientras tanto, la proporción de católicos en la población adulta de EE. UU. también había disminuido en los últimos años, según investigadores de Pew. Del 24 % en 2007 al 20 % en 2014 y al 19 % en el estudio de 2023-24. Sin embargo, según informaron los investigadores de Pew, estos descensos parecían haberse estabilizado con los datos más recientes del estudio RLS de 2023-24.

Junto con los cambios en la afiliación y la práctica religiosa, el arzobispo señaló los desafíos que enfrentan las parejas modernas, incluyendo que “(e) hay una disminución significativa en el número de parejas que buscan el Sacramento del Matrimonio o incluso que eligen casarse por lo civil”.

El arzobispo Bernard A. Hebda de St. Paul y Minneapolis, el 27 de febrero de 2026 en la Universidad de St. Thomas en St. Paul, Minnesota. Junto a él, de izquierda a derecha, el padre jesuita Christopher Collins, vicepresidente saliente de misión de la Universidad de St. Thomas en St. Paul; el cardenal Robert W. McElroy de Washington; el cardenal Christophe Pierre, nuncio apostólico en Estados Unidos; y el cardenal Joseph W. Tobin de Newark, Nueva Jersey (Foto de OSV News/Dave Hrbacek, The Catholic Spirit).

Tendencias

Según los datos de la Oficina del Censo de EE. UU. publicados en 2025, el 47 % de los hogares estadounidenses en 2025 estaban formados por parejas casadas, lo que la oficina calificó como «un cambio significativo» con respecto a hace 50 años, cuando el 66 % lo estaban en 1975.

En su carta, el arzobispo incluyó las palabras del difunto Papa Francisco, según las cuales «el ritmo frenético de hoy, los temores sobre el futuro, la falta de seguridad laboral y de políticas sociales adecuadas, y los modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios en lugar de la preocupación por las relaciones» podrían considerarse factores que contribuyen al descenso de las tasas de natalidad.

Disminución del número de hogares formados por parejas casadas en Estados Unidos

Los datos del censo indicaron que la proporción de hogares estadounidenses formados por parejas casadas con hijos menores de 18 años había disminuido del 54% en 1975 al 37% en 2025.

El arzobispo también reconoció que muchas familias se enfrentan a problemas propios de la época actual.

En 2023, el Cirujano General de los Estados Unidos, Vivek Murthy, relacionó una “epidemia de soledad y aislamiento” con la disminución de la conexión social durante la pandemia de COVID-19, así como con una disminución general de la participación social. 

También la disminución durante décadas del tamaño de las familias y las tasas de matrimonio; las tendencias decrecientes en la participación comunitaria, “incluidos los grupos religiosos, los clubes y los sindicatos”; y las tecnologías en auge, incluidas “las redes sociales, los teléfonos inteligentes, la realidad virtual, el trabajo remoto, la inteligencia artificial y las tecnologías de asistencia”, que «han cambiado rápida y drásticamente la forma en que vivimos, trabajamos, nos comunicamos y socializamos».

En su carta, el arzobispo Hebda reconoció tanto los “desafíos perennes” como los “desafíos particulares de nuestro tiempo” que experimentan los católicos modernos. Y abogó por dedicar tiempo a participar en dinámicas presenciales.

Mirar los rostros de los miembros de la familia

“¿Cómo serían nuestras familias y nuestra sociedad si dedicáramos tan solo una fracción de lo que gastamos en pantallas a mirar los rostros de nuestros familiares?”, escribió.

El arzobispo Hebda animó a las familias a “tener ánimo”, citando, entre otras cosas, las palabras de San Juan Pablo II en su carta: “El futuro de la humanidad pasa por la familia2.

El arzobispo sugirió que las familias deben abrazar el “camino angosto” que Jesús menciona en Mateo 7:13-14. “Sin duda, perseverar en el camino angosto requiere la gracia que brota de nuestra profunda amistad con Jesucristo. Solo dentro del contexto de esa relación esencial pueden nuestras demás relaciones orientarse hacia nuestra más alta vocación: la vida eterna con Dios”.

Llamados a acompañar a las familias

“Ustedes, queridas familias, están hechos para la vida eterna”, escribió. En el vídeo sobre “Solo una cosa es necesaria”, el arzobispo Hebda dijo que “cada uno de nosotros, independientemente de nuestro estado de vida, está llamado a acompañar a las familias”.

“¿Cómo sabemos que las familias son tan importantes? Nuestro Señor eligió la familia como el medio por el cual entró en nuestra experiencia humana”, dijo, animando a los fieles a leer la carta y a orar con ella.

Cultura de la vida familiar

Junto con la publicación de la carta pastoral, se ofrecen herramientas para que todos los fieles participen en el esfuerzo por “fortalecer la cultura de la vida familiar en la Iglesia y en las comunidades locales”.

Las oficinas arquidiocesanas de Discipulado y Evangelización y de la Misión de la Educación Católica elaboraron una serie de pasos para la implementación de la carta pastoral.

Recomendaciones a padres y familias, sacerdotes, consagrados

Los pasos ofrecen recomendaciones a padres y familias; clérigos; personal parroquial; grupos pequeños parroquiales; personal de escuelas católicas; seminaristas; mujeres y hombres consagrados; y miembros de ministerios y apostolados católicos; entre otros en la arquidiócesis, al leer y reflexionar sobre la carta.

Alison Dahlman, directora asociada de calidad y excelencia educativa de la Oficina para la Misión de la Educación Católica, destacó los pequeños grupos parroquiales como una vía para leer y reflexionar sobre la pastoral.

“Si cada pequeño grupo utiliza esto como contenido para el año, ¡qué poder unificador tendría!”, dijo.

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Rebecca Omastiak es la editora de noticias de ‘The Catholic Spirit’, periódico de la arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis. Este artículo fue publicado originalmente por ‘The Catholic Spirit’ y distribuido en colaboración con OSV News.

El autorOSV / Omnes

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Mundo

Sviatoslav Shevchuk: “Me convertí en la voz de la vida desde una ciudad asediada”

El líder de la Iglesia greco-católica ucraniana, ofrece a Omnes su testimonio sobre la resistencia espiritual y humanitaria en Kiev frente a la invasión rusa.

Maria José Atienza·24 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 10 minutos

Cuando las sirenas antiaéreas rompieron el silencio de Kiev la madrugada del 24 de febrero de 2022, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk no salió de la ciudad. Se quedó en la cripta de la Catedral de la Resurrección, convertida de la noche a la mañana en un búnker para miles de civiles. Hoy, tras años de una invasión a gran escala que ha dejado cicatrices profundas en el alma de Ucrania, el Primado de la Iglesia greco-católica ucraniana comparte su testimonio de lo que define como un «milagro de resistencia» y un «nuevo Holodomor».

Nacido en Stryi (región de Leópolis) en 1970, Shevchuk fue formado en el seminario durante la clandestinidad de su Iglesia bajo el régimen soviético, su vocación es tanto espiritual como científica: es médico de formación y doctor en Teología Moral por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino en Roma.

Tras una etapa como obispo en Argentina —donde forjó una estrecha amistad con el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio—, fue elegido en 2011, con apenas 40 años, como el jefe más joven de su Iglesia. Esta combinación de rigor clínico y compasión pastoral es la que hoy utiliza para diagnosticar el estado de una nación que, según sus palabras, ha aprendido a «vencer al miedo con la esperanza». En esta entrevista con Omnes, Shevchuk analiza el recrudecimiento de los ataques rusos contra civiles, el papel heroico de las madres ucranianas y el poder de la palabra en una ciudad asediada.

El próximo 25 de mayo, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk  presentará su “Crónica de una guerra sacrílega”, con Omnes en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo en un encuentro único.

El 24 de febrero de 2022 Ucrania despertó invadida, ¿qué recuerda de esas primeras horas? 

–Efectivamente. Llevamos ya casi 5 años lo que llamamos guerra en plena escala. En realidad el conflicto empezó en 2014, con la anexión de Crimea y la ocupación del territorio de Dombás por parte de Rusia.

Pero fue el 24 de febrero de 2022 cuando realmente empezó una guerra a plena escala. Eso quiere decir que más de 200.000 soldados rusos invadieron el país. El objetivo era Kiev. Rusia quería un ataque rápido, destruir el país. Destruir el país como sujeto del derecho internacional. Ocupar la capital y, después, dominar todo el territorio. 

Nos despertamos ese día con una realidad completamente distinta, que seguimos viviendo. Cada día, en la parte ucraniana recibimos noticias de los caídos de las tropas rusas. Unos mil al día. Esto significa que las tropas rusas no han podido con Ucrania. Hemos sobrevivido y eso ha sido un milagro. Lo puedo testimoniar. Los rusos pensaron que iban a conquistar un territorio y se encontraron con una nación. Ucrania es, realmente, un gran país. 

En aquel momento, en Ucrania vivían unos 36 millones de habitantes. No se esperaba un ataque de este tipo. No hubo un diálogo diplomático. Nuestro gobierno tampoco creyó que Rusia iba a llevar a cabo una invasión de este tipo militar. 

Recuerdo la gran perplejidad que produjo el ataque porque, en unas horas, la ciudad de Kiev fue rodeada por los rusos. Sólo había un pequeño camino para salir de la ciudad. Yo me quedé, obviamente. Pero fue realmente un éxodo en masa.

Kiev contaba con unos 4 millones de habitantes. Y después de estos primeros días, se quedó en 800.000. La ciudad se convirtió en un desierto. 

… y la Iglesia se convirtió en un refugio improvisado.

–Desde el primer momento, las iglesias se convirtieron en el refugio principal de la gente. Nuestra catedral está situada a la izquierda del río Dniéper. Con los ataques, se cerraron los puentes. Los rusos avanzaban por la parte oriental y el río mismo fue una barrera natural.

Nosotros estábamos en el “paso”, como en una trampa, y vinieron a refugiarse casi 3000 personas a la catedral. Escuchábamos los helicópteros rusos sobrevolar la catedral; la tierra temblaba. 

Recuerdo cómo veía, desde las escaleras de la catedral, la ciudad en llamas al otro lado del río Dniéper (donde se encuentran, por ejemplo, la catedral ortodoxa de Santa Sofía de Kiev o la sede del gobierno) y tenía la sensación de estar viendo lo que contempló Jeremías cuando tuvo la visión de Jerusalén arrasada por los babilonios.

Yo me preguntaba,”Señor, ¿por qué? ¿Por qué me trajiste de Buenos Aires aquí?¿Por qué me eligieron jefe de la Iglesia en Ucrania? ¿Me pusiste aquí para ver esto?¿Qué significado tiene todo?” ¡Pero supimos resistir!

Hemos salvado tantas vidas…, y hemos perdido tantas otras. Todavía no sabemos con certeza cuántas personas han perdido la vida estos años. Se habla de millones. No sólo militares sino también civiles. 

La guerra de Ucrania ya no ocupa portadas extranjeras, ¿cómo es la situación hoy?

–En los últimos ocho meses la situación ha ido empeorando. Vivimos en una paradoja: cuanto más se habla de que Estados Unidos está negociando con Rusia, peor estamos. La línea del frente está más o menos estable, aunque la intensidad del enfrentamiento es muy alta. Lo peor lo está sufriendo la población civil, sistemáticamente golpeada por Rusia.

Según han constatado en su monitorización las Naciones Unidas, en el año 2025, justamente cuando se empezó a hablar mucho sobre la paz en Ucrania, el número de las víctimas civiles aumentó en un 35% con respecto al año anterior. No pasa un sólo día sin que las principales ciudades sufran bombardeos: no sólo Kiev, sino también Járkov y Odesa, o más al sur, Dnipro, Donetsk o Zaporiyia. Son ataques que no tienen objetivos militares sino que atacan bloques de apartamentos, civiles. 

Este invierno en Ucrania hemos vivido un invierno muy difícil, muy duro. El año que empezó la guerra, el río no se congeló. Fue un milagro. Pero este año no ha sido así. Al contrario, la capa de hielo del río medía más de 25 centímetros. Las temperaturas bajaron por debajo de los 20 grados bajo cero… 

Los rusos iniciaron entonces una destrucción sistemática de la estructura de la calefacción, convirtiendo la ciudad de Kiev en una trampa fría para congelar y matar a la gente. Yo lo puedo testimoniar porque vivo aquí. Cada barrio de la ciudad de Kiev tiene un sistema de calefacción que parte de una central que manda el agua caliente a las casas.

Estas centrales fueron construidas en tiempo soviético. Moscú tiene todas las cartas. Imaginen la situación. Con 25 grados bajo cero, destruyeron centrales de calefacción y, en cuestión de horas, todo el barrio se congelaba. Más aún, cuando en estos tubos el agua se congela, revientan. Eso quiere decir que, ahora, hay que reconstruir todo el sistema de calefacción en muchos lugares. 

Ha sido realmente un desastre humanitario. Nosotros lo llamamos un nuevo holodomor, como aquella hambruna artificial que Stalin provocó en Ucrania y que mató a 12 millones de personas. Ahora están matando a gente por el frío. En este contexto, la Iglesia volvió a ser el centro de salvación para mucha gente. A pesar de la situación, no hubo un gran éxodo. 

Enero de 2026. Varios vecinos se calientan las manos en una estufa ante la falta de calefacción en las casas por los ataques rusos. © OSV News photo/Thomas Peter, Reuters

¿Cómo ha podido sobrevivir la población a una situación cada vez más complicada?

–Le cuento dos historias para que vea cómo han sobrevivido. Vino a la catedral un niño de unos cinco años. Traía un abrigo muy pesado, muy gordo. Le pregunté ¿Hace mucho frío en tu casa? y me respondió: “Si: Hace mucho frío. Pero yo voy a vencer al frío, y Ucrania va a vencer”. No se me olvidará nunca esta imagen, de este niño que tenía frío, pero que se enorgullecía de tener el coraje de vencerlo. 

Otra de las imágenes las hemos vivido en los centros de resistencia: unos campamentos que se han instalado frente a estos edificios en los que han reventado las tuberías y están congelados. Allí, con generadores podíamos ofrecer lugares un poco más calientes y las personas venían a tomar un té, recargar los móviles…

Allí, hemos experimentado muchas muchas veces, que la gente comenzaba a cantar, a bailar.

Rusia quería acabar con el ánimo, con el espíritu de los ucranianos, y no lo ha conseguido. 

En este tiempo, como pastor, ¿qué le resulta más duro?

–Como pastor, obispo, tengo que decir que la cosa más difícil es enterrar nuevas víctimas. Todos los días lloramos con tantas madres que están perdiendo a sus hijos. Estamos descubriendo un nuevo tipo de pastoral de la Iglesia: la pastoral del luto, o de duelo. 

Yo soy médico y recuerdo que la pastoral de duelo era la propia de los capellanes de hospitales: los sacerdotes tenían que conocer la psicología, el estado de ánimo para ofrecer una cura pastoral adecuada a estas personas. A día de hoy, este tipo de pastoral nos toca a todos nosotros: ya sea en las parroquias, en los monasterios, en las ciudades, en los pueblos pequeños. Somos una nación sufrida y sufriente. Pero somos un pueblo creyente. La fe nos da esperanza, y la esperanza nos da la fuerza.

¿Cómo se vive, desde la fe, este tiempo de prueba?

–Según las estadísticas recientes, el 52 % de la población ucraniana se profesa ortodoxa. Entre los ortodoxos, en Ucrania, hay dos confesiones:la Iglesia autocéfala ucraniana y otro grupo que pertenece a la Iglesia ortodoxa del patriarcado de Moscú. Los católicos somos una minoría. Dentro de los católicos estamos los de rito bizantino, que somos la mayoría de los ucranianos, los grecocatólicos, un 12 % de la población, y por otra parte, los católicos de rito latino que son un 1 % aproximadamente.

También hay presencia de grupos protestantes: bautistas, pentecostales…, eso entre los cristianos. Además tenemos una población judía importante y grupos islámicos en el sur, sobre todo. Así que, cuando hablamos del papel de la Iglesia en Ucrania, siempre hablamos de una cooperación interconfesional e interreligiosa. Hoy, la Iglesia está jugando un papel clave en la resistencia de Ucrania y la atención a las víctimas de la guerra. donde no llegan las organizaciones internacionales, llega la Iglesia. 

Quiero subrayar que estos momentos de dolor, están siendo también momentos de conversión. Las iglesias, sobre todo las de la parte oriental, que vivió más duramente el comunismo, están llenas de gente. ¿Por qué? Porque el dolor hace emerger las grandes preguntas. Y están encontrando la respuesta en la Palabra de Dios que les transmiten sus sacerdotes. 

Soy sacerdote desde 1994. Y he de decir que, nunca hasta ahora, había experimentado, con tanta fuerza, el poder de la Palabra de Dios. No son simplemente conceptos, tampoco es una ideología humana, es la fuerza de Dios que te salva. 

En Crónica de una guerra sacrílega, usted recoge los mensajes que, casi diariamente, dirigía por vídeo, ¿Cómo nacen estos mensajes? 

–Cuando empezó la guerra, ante la visión de una ciudad en llamas, los gritos…, lo último que podrías plantearte era escribir algo. Sin embargo, tras uno de los primeros ataques a Kiev, el móvil no dejaba de sonar con la misma pregunta “¿Cómo están?”. No me daba tiempo a responder a todos. Le dije a mi secretario que teníamos que grabar un vídeo para decir a la gente como estábamos. Una especie de “prueba de vida”. 

No podíamos comprometer la seguridad nuestra ni de las personas que se refugiaban con nosotros, por lo que escogimos un fondo muy “neutral”, una cortina. Frente a ella fuimos grabando todos esos mensajes que conforman el libro. El “éxito” del vídeo fue impresionante: millones de personas en todo el mundo compartieron esas palabras. Al día siguiente pidieron otro; y otro,… Así fue como empezó este servicio de la Palabra, del testimonio, de un decir que estamos vivos. 

Me convertí en la voz de la vida que hablaba al mundo desde una ciudad asediada. 

A las dos semanas aproximadamente pensé en dejarlo. Pero entonces fui a visitar a la comunidad de una ciudad que está a unos 100 kilómetros de Kiev. Allí, una señora mayor me agarró de la mano y me dijo: “Monseñor, estamos aterrorizados, tenemos mucho miedo pero gracias por esos vídeos”. Yo le dije “Ya no sé qué más decir, ¿qué puedo decir?” y ella me respondió: “Lo importante es que nos habla. No tanto lo que nos diga”.

Recordé entonces un suceso que me ocurrió cuando ejercía como médico: un hombre ingresó tras un atropello de tren. Tuvimos que amputarle las dos piernas y no teníamos los calmantes necesarios para su dolor. Vino su esposa y él le rogó “María, háblame”. Ella cogió un libro y comenzó a leerlo. Y esa voz amada hizo de calmante para el dolor de aquel hombre. 

Entendí que la Iglesia tenía que hablar a aquellas personas que sufrían. Y comencé, cada día, a transmitir el Evangelio a través de estos mensajes. El libro muestra cómo estos mensajes eran al mismo tiempo, un diario del dolor y una palabra de esperanza. Expliqué todo el Catecismo de la Iglesia católica. Hablé también de la ecología, porque Ucrania vive una catástrofe ecológica con la guerra.

En sus mensajes, se refiere en muchas ocasiones a esos sacerdotes que viven la guerra junto a sus comunidades y las alientan 

–La presencia del sacerdote para la gente supuso la presencia viva y visible de Dios. Si veían que un sacerdote empezaba a prepararse para huir, la gente abandonaba la ciudad. Para nosotros supuso una pregunta dolorosa y complicada “¿Qué debemos hacer?”. 

Una tercera parte de mi diócesis fue ocupada, pero estoy muy orgullosos de que ninguno de mis pastores abandonó a sus fieles. Ellos han sufrido, también psicológicamente, pero han estado junto a su pueblo. 

El Papa León XIV con el Arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk el 15 de mayo de 2025.

También habla con frecuencia del papel de la mujer, de las madres, en este tiempo

–En estos años he podido ser testigo de la maternidad heroica de muchas mujeres ucranianas. En el metro, convertido en refugio, veías a tantas madres protegiendo, intentando alimentar a sus hijos. 

Le cuento una historia. Uno de nuestros sacerdotes, casado (en el rito grecocatólico existen los sacerdotes casados), vive en una zona que se halla cerca de Chernóbil, a unos 20 kilómetros de Bielorrusia. Esta zona fue asediada rápidamente ya que, al estar casi despoblada, las tropas rusas apenas encontraron resistencia.

Yo sabía que ese sacerdote esperaba su tercer hijo para poco después. Le llamé para “animarle” a evacuar la ciudad junto a su familia y me dijo: “Frente a mi parroquia tengo 40 mujeres con niños pequeños. Estamos cocinando para esos niños porque estas jóvenes madres dejaron de producir leche a causa del estrés de la guerra”.

Su esposa no quiso dejar a estas chicas. Dio a luz el quinto día de ocupación, en un hospital en el que no había electricidad, los médicos alumbraban con velas. Pude visitar a esta familia poco después y abracé a esa mujer diciéndole “usted es realmente imagen de la maternidad heroica”.

En el contexto de la muerte más grande, las madres siguen siendo fuentes de la vida. Con su coraje protegen a sus niños. ¡Nos hemos encontrado con tantos cadáveres de madres que habían intentado cubrir a sus hijos con su cuerpo entre escombros! 

La mayor parte de las personas que se han ido de Ucrania son mujeres con hijos pequeños. La joven madre es hoy el rostro del emigrante ucraniano. 

¿Ve cercano el fin de la guerra? 

–Es una pregunta difícil. La guerra de Ucrania concluirá como cuando cayó ese gigante de pies de barro que era la URSS. La guerra va a terminar, pero no sabemos cuándo. Pero hay un feeling, una sensación espiritual que indica que la guerra terminará cuando menos lo “esperemos”.

La victoria de Ucrania es la resistencia. Resistimos porque no tenemos otro modo de actuar. Es muy fácil decir “hay que hacer acuerdos”, pero la verdad es esta, la guerra puede terminar en dos minutos, cuando los rusos paren de matarnos. Porque entonces Ucrania parará su defensa.

En cierto modo, es una experiencia ascética de la vida monástica. ¿Cómo podemos vencer al diablo cuando nos ataca? Porque no podemos vencerlo de manera total, pero podemos resistir sus ataques. Si uno resiste el mal, el mal termina por huir. Creo que eso va a ser una imagen de nuestra victoria. 

Mundo

Eduardo Roca: «Los cristianos de Mozambique tienen una admirable capacidad de resistencia»

A pesar de las dificultades, hay grandes alegrías y razones para la esperanza. El año pasado se celebraron cerca de trescientos bautismos de jóvenes y adultos. Estos hechos constatan que la Iglesia sigue siendo edificada por Dios, independientemente de los intentos externos por destruirla.

Javier García Herrería·23 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

La Iglesia católica en Mozambique opera en un contexto de extrema complejidad, marcado fuertemente por la inestabilidad humanitaria y la violencia en el norte del país, especialmente en la región de Cabo Delgado.

En estas zonas, la institución se ha convertido en un actor clave de resistencia y ayuda de emergencia, asumiendo la acogida de miles de familias desplazadas por el terrorismo y coordinando la reconstrucción de viviendas tras el paso de devastadores ciclones.

En el contexto de la diócesis de Pemba y la provincia de Cabo Delgado, la misión de San Luis Gonzaga sufrió unos enormes ataques, en los que se incendiaron los lugares de culto, las residencias de los misioneros y el convento de las religiosas, además de destruir las infraestructuras sociales y sanitarias asociadas a la Iglesia que daban servicio a toda la comunidad de la zona. Este ataque provocó una nueva oleada de miles de desplazados internos hacia el sur y hacia la propia ciudad de Pemba.

Conversamos con Eduardo Roca, un sacerdote español de la diócesis de Zaragoza enviado como misionero hace 14 años a la diócesis de Pemba. Llegó de la mano de Mons. Ernesto Magengue, con quien coincidió estudiando en Roma. Asumió la dirección de un proyecto de ética, ciudadanía y desarrollo vinculada a la universidad católica de la diócesis. También atiende una pequeñísima comunidad en la periferia de Pemba, de mayoría musulmana, y donde ha levantado una gran iglesia. 

¿En qué consiste su trabajo en Pemba?

–Como a todo misionero, me corresponde asumir múltiples funciones. En mi condición de sacerdote y pastor, presido los sacramentos e intento hacer accesible la Palabra de Dios a la comunidad. Sin embargo, en un entorno tan complejo, uno también se convierte en un referente para la población; un guía que debe transmitir seguridad y la certeza de que el Señor no los abandona. Afirmar esto es sencillo, pero experimentarlo en un contexto de persecución, bajo la constante amenaza del extremismo islámico, resulta sumamente difícil.

Además de mis funciones pastorales, ejerzo como profesor y gestiono las instituciones educativas de la parroquia. Contamos con un centro infantil para niños de dos a cinco años y con un complejo que abarca educación primaria y secundaria, el cual supera los dos mil alumnos. Es una institución de la misión, aunque la mayoría del alumnado es de confesión musulmana. Asimismo, dedico gran parte de mi tiempo al diálogo interreligioso y a la mediación en conflictos para la construcción de la paz, que es una de mis líneas de acción prioritarias.

¿Qué labores destacaría de la Iglesia en esa región?

–Nuestra labor en Pemba y en toda la provincia de Cabo Delgado constituye una respuesta directa al sufrimiento de las comunidades. Esta asistencia se ha materializado en diversas áreas. Por ejemplo, tras el paso de dos ciclones que causaron una profunda destrucción debido a la precariedad de las construcciones locales, nos centramos en la reconstrucción de viviendas. A través de Cáritas, de la parroquia, de mi archidiócesis de origen y de varias congregaciones, hemos logrado restituir los techos de numerosas familias que lo habían perdido todo.

Por otro lado, gestionamos la emergencia alimentaria. Al ser una zona afectada por el conflicto, las opciones de empleo son casi inexistentes. La mayoría de la población es campesina y depende de los ciclos agrícolas; cuando estos fallan a causa de las inclemencias climáticas, el desabastecimiento es crítico. El centro infantil, por ejemplo, atiende a cerca de doscientos niños diarios, garantizando que regresen a sus hogares habiendo recibido, al menos, un plato de comida.

Finalmente, la Iglesia asume la acogida humanitaria. Hemos recibido a miles de familias que se han refugiado aquí huyendo de los ataques terroristas del norte, los cuales se han intensificado notablemente; hace apenas una semana se registró una agresión a solo cincuenta kilómetros que destruyó por completo una misión. Esta realidad nos exige un discernimiento constante y una relectura teológica sobre cómo manifestar la presencia de Jesús Resucitado en medio del dolor.

El padre Roca junto a un grupo de niños y jóvenes.

¿Qué es lo que más admira de la fe de los mozambiqueños?

–Sintetizaría su actitud en un concepto de la lengua macúa: ulipe, que se traduce como la capacidad de resistir, pero que implica, fundamentalmente, el acto de levantarse de la herida y de la destrucción.

Es conmovedor observar a un pueblo que, en medio de la cruz y de la miseria más absoluta, es capaz de entonar cantos de alabanza. Con el sonido de los tambores parecen quebrar la realidad del sepulcro y convocar de nuevo a la Resurrección. Esa fortaleza espiritual es lo que más me impresiona.

¿Cuáles han sido los momentos más difíciles que le ha tocado vivir?

–El periodo más complejo coincidió con una de las primeras oleadas de ataques terroristas, cuando los insurgentes alcanzaron el distrito de Metuge, justo al otro lado de la bahía de Pemba. Nos encontrábamos desprotegidos y carecíamos de seguridad. La incertidumbre sobre si irrumpirían en nuestra zona generó una angustia tremenda. En esos momentos, ante la preocupación por el destino de los niños y de las familias, la única opción viable era la oración y el abandono en la misericordia divina. Esa experiencia supuso un quiebre emocional importante, un impacto psicológico del que requería reconstruirme, debido al temor a que se repitiesen las atrocidades que ya sabíamos que ocurrían en el norte.

El otro momento crítico estuvo ligado a los factores climáticos. La noche del segundo ciclón, con la incertidumbre de no saber qué destrucción hallaríamos al amanecer o si nuestra propia estructura resistiría, albergamos en la casa parroquial a numerosos niños y mujeres cuyos hogares ya habían sido arrasados por el viento y la lluvia. Son situaciones límite donde la fe y la resistencia humana son puestas a prueba de manera extrema.

¿Le ha tocado vivir de cerca la violencia en su misión?

–Sí, la violencia ha marcado de forma definitiva nuestra realidad. Aunque nuestra comunidad de San Carlos Lwanga de Mahate fue erigida canónicamente como parroquia hace solo tres años, llevo casi quince trabajando en la zona, dedicando los últimos tiempos a la acogida de miles de refugiados.

El inicio del éxodo de estas familias representó un fuerte impacto para mi conciencia. Los relatos que transmitían eran desoladores; describían ejecuciones sumarias de familiares directos presenciadas por los propios niños. Nos vimos en la necesidad de organizar de inmediato la acogida de numerosos menores huérfanos, labor que iniciamos en colaboración con las misioneras benedictinas que residen en la misión.

A pesar del trauma y del dolor con el que llegan estas personas, muestran una asombrosa capacidad de recuperación y resiliencia, muy superior a la que solemos tener los europeos. Actualmente, nuestra misión se ha expandido para dar soporte a este flujo migratorio interno; de las siete comunidades que atiendo, cuatro están integradas exclusivamente por familias desplazadas por el conflicto del norte. Es un entorno de pérdida y vulnerabilidad donde se aprende el verdadero sentido del sacerdocio.

Iglesias así de bellas son posibles gracias a Ayuda a la Iglesia Necesitada.

¿Cómo valora la evolución y el futuro de la Iglesia en Mozambique?

–La Iglesia mantiene su compromiso asistencial a través de iniciativas habitacionales y de comedores comunitarios gestionados por Cáritas y la parroquia. Sin embargo, más allá de la asistencia material, la coyuntura actual ha generado un notable fortalecimiento espiritual. Históricamente, estas comunidades han estado muy desatendidas por la escasez de clero, dependiendo casi exclusivamente de la valiosa labor de catequistas y animadores locales con una formación limitada. Por ello, profundizar en la vida sacramental y eclesial requiere un esfuerzo constante en catequesis y formación litúrgica.

Este trabajo nos reporta grandes alegrías y fundadas razones para la esperanza. El año pasado se celebraron cerca de trescientos bautismos de jóvenes y adultos. Estos hechos constatan que la Iglesia sigue siendo edificada por Dios, independientemente de los intentos externos por destruirla.

Por último, considero fundamental consolidar el diálogo interreligioso como una prioridad pastoral diocesana. Tras mi experiencia previa en Angola, donde el islam no era una realidad cercana, aquí me encuentro inmerso en comunidades musulmanas, algunas de ellas con tendencias fundamentalistas.

Esto ha supuesto para mí un proceso de conversión interior y de aproximación al misterio que encierran las distintas religiones, siempre desde la perspectiva del Concilio Vaticano II y del magisterio de los últimos pontífices. Al final, se trata de descubrir los valores más profundos de la condición humana en los entornos más inverosímiles. Tal como solía afirmar un hermano sacerdote ya fallecido: «Las flores más hermosas crecen, a veces, en los lugares más insospechados». Esa capacidad de asombro ante la bondad humana y la necesidad de mantenernos firmes ante las dificultades resumen nuestra experiencia actual aquí.

Vaticano

¿Qué es Anthropic? La empresa que presenta la encíclica del Papa sobre IA

Cuando León XIV publique el lunes su esperada primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, estará presente él mismo en la rueda de prensa, algo atípico en este tipo de anuncios. Además, acompañará al Papa, entre otros, un ejecutivo del sector de la IA, Christopher Olah, cofundador de Anthropic. ¿Qué es Anthropic?

OSV / Omnes·23 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

– Gina Christian, OSV News

El lunes 25 de mayo habrá al menos dos novedades en la presentación de la primera encíclica, «Magnifica Humanitas», del Papa. Una, León XIV estará presente. Además, estará acompañado, entre otros, por un ejecutivo del ámbito de la inteligencia artificial: Christopher Olah, cofundador de Anthropic.

Anthropic es la empresa de investigación y desarrollo de inteligencia artificial responsable del asistente virtual Claude, que ha proporcionado un incremento a sus ventas, debido a la capacidad de su agente Mythos para detectar vulnerabilidades informáticas.

En un comunicado de prensa del 19 de mayo, Anthropic afirmó que “durante los últimos meses” había estado “organizando diálogos con grupos cuyo trabajo y tradiciones guardan relación con las cuestiones que plantea la IA”.

La compañía informó que su “primera ronda de conversaciones ha sido con tradiciones de sabiduría, incluyendo académicos, clérigos, filósofos y especialistas en ética de más de 15 grupos religiosos e interculturales, y esperamos colaborar con un abanico más amplio de personas en el futuro».

‘Seguridad en la frontera’

El ascenso de Anthropic, desde ser una startup disidente de OpenAI en 2021,  hasta una posible valoración de 900.000 millones de dólares (pendiente del resultado de las negociaciones en curso con los inversores), ha sido meteórico.

Pero lo que ha diferenciado a la empresa de sus competidores de Silicon Valley es, como señala la página web de Anthropic, un compromiso declarado y reiterado de “poner la seguridad en primer plano»”en su investigación y sus productos.

Se trata de un compromiso sobre el que el fundador de Anthropic, Dario Amodei, ha insistido durante mucho tiempo, llegando incluso a abandonar su puesto de alto nivel en OpenAI debido a desacuerdos sobre su énfasis en la seguridad y la moderación. Y puede ser una razón clave para que Olah esté presente cuando el Papa León presente su encíclica al mundo.

Alianza Anthropic-Vaticano 

Algunos analistas han descrito la presencia de Anthropic en la presentación oficial del documento como una astuta jugada empresarial, con la que la compañía, actualmente enfrentada a la administración Trump, busca ganar terreno tanto moral como cuota de mercado, particularmente en los países europeos.

Sin embargo, la alianza entre Anthropic y el Vaticano se inscribe en el contexto de un diálogo continuo que se remonta a varios años atrás, anterior a la elección del papa León. Un diálogo en el que responsables eclesiásticos, profesionales del sector tecnológico, teólogos y especialistas en ética han reflexionado sobre el auge de la tecnología de la inteligencia artificial en un mundo en el que los derechos humanos y la dignidad se ven cada vez más amenazados.

Diálogos de Minerva

Bajo el pontificado del papa Francisco, el Vaticano puso en marcha en 2016 los Diálogos de Minerva –llamados así por Santa María sopra Minerva, la basílica romana donde se inauguraron–, que se convirtieron en debates anuales entre responsables de la Iglesia y líderes tecnológicos sobre la ética de la IA.

En 2020, la Academia Pontificia para la Vida, con sede en el Vaticano, celebró un congreso sobre IA titulado «RenAIssance: Por una inteligencia artificial centrada en el ser humano”. El encuentro culminó con la firma del Llamamiento de Roma para la Ética de la IA, un documento que recoge seis principios fundamentales —transparencia, inclusión, rendición de cuentas, imparcialidad, fiabilidad, seguridad y privacidad— que deben regir la IA. Firmaron el documento la Academia Pontificia, Microsoft, IBM, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Innovación de Italia.

Ese mismo año se creó el Grupo Norteamericano de Investigación en IA, convocado por el obispo Paul Tighe, secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano. En 2023, el grupo publicó “Encuentro con la Inteligencia Artificial: Investigaciones Éticas y Antropológicas”.

Elegido en mayo de 2025, el Papa León XIV ha dado a entender que la inteligencia artificial es una cuestión prioritaria de su pontificado.

Logo de Anthropic en esta ilustración tomada el 1 de marzo de 2026. En un comunicado de prensa del 19 de mayo, Anthropic afirmó que, “durante los últimos meses”, había estado “organizando diálogos con grupos cuyo trabajo y tradiciones guardan relación con las cuestiones que plantea la IA”. (OSV Newsillustration/Dado Ruvic, Reuters).

Revolución tecnológica

El propio nombre de Anthropic –un adjetivo que designa lo humano– reafirma sus prioridades en el desarrollo de la IA, las cuales coinciden significativamente con las expresadas por el Vaticano. En su sitio web, la compañía declara que su propósito es “el desarrollo y mantenimiento responsable de la IA avanzada para el beneficio a largo plazo de la humanidad».

“Nos tomamos muy en serio la tarea de guiar al mundo de forma segura a través de una revolución tecnológica que tiene el potencial de cambiar el curso de la historia de la humanidad, y estamos comprometidos a ayudar a que esta transición se desarrolle sin problemas”, señala la compañía.

Anthropic, con sede en San Francisco, es una corporación de beneficio público, un tipo de entidad con fines de lucro que equilibra la rentabilidad con una misión beneficiosa para las partes interesadas y las comunidades. (En mayo de 2025, la organización sin fines de lucro OpenAI, competidora de Anthropic, transformó su filial de responsabilidad limitada con fines de lucro en una corporación de beneficio público).

Anthropic ha elaborado un “documento fundamental” para su asistente de IA, Claude (llamado así, según algunos informes, en honor al matemático estadounidense del siglo XX Claude Shannon, a menudo llamado el “padre de la teoría de la información”).

La Constitución de Claude, como se titula el texto, “expresa y da forma» al asistente de IA, que Anthropic pretende que sea “útil sin dejar de ser, en general, seguro, ético y conforme a nuestras directrices”.

Influencia católica 

La constitución refleja las aportaciones de expertos católicos, entre ellos el padre Brendan McGuire, antiguo ejecutivo de Silicon Valley, y otros líderes religiosos.

En una entrevista concedida en marzo al Observer, el padre McGuire, cuya parroquia en Los Altos, California, alberga a varios profesionales de la tecnología, relató cómo Olah se había puesto en contacto con él para hablar sobre el desarrollo de la ética de la IA.

El padre McGuire declaró al Observer que los miembros del equipo de Anthropic “básicamente estaban pidiendo ayuda directa al Vaticano para reunirse y ayudar a la industria, porque la industria estaba avanzando muy rápido por este camino”.

Los contactos

El sacerdote había contribuido a la creación del Instituto de Tecnología, Ética y Cultura en el Centro Markkula de Ética Aplicada de la Universidad de Santa Clara, una colaboración entre el Centro Markkula y el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano. El instituto brindó apoyo para el libro del Grupo Norteamericano de Investigación en IA sobre ética y antropología de la IA.

Según el Observer, el obispo Tighe también dio su opinión sobre la Constitución de Claude, junto con Brian Patrick Green, director de ética tecnológica de Santa Clara.

Green se unió a varios académicos católicos para presentar un escrito de amicus curiae en nombre de Anthropic, después de que la administración Trump ordenara en febrero a todas las agencias estadounidenses que dejaran de usar la tecnología de inteligencia artificial de Anthropic, argumentando que representaba un riesgo para la seguridad nacional en la cadena de suministro.

Disputa entre el Pentágono y Anthropic

Anthropic replicó que había sido vetada por negarse a permitir que su tecnología se utilizara para la vigilancia masiva interna o en armas autónomas. En los meses transcurridos desde entonces, la disputa ha derivado en un litigio continuo entre el Pentágono y Anthropic, en el que el primero afirmó en documentos judiciales presentados este mes que las preocupaciones éticas de Anthropic eran “ideológicas”.

La empresa respondió que la justificación del Pentágono para designarla como zona de riesgo en su cadena de suministro, una designación que normalmente se reserva para adversarios extranjeros, ha cambiado.

La pasión de Amodei, fundador de Anthropic, por garantizar que la IA siga siendo una fuerza para el bien se remonta a años atrás, y es muy profunda, según una extensa entrevista que concedió en julio de 2025 al periodista tecnológico Alex Kantrowitz.

‘Un fuerte sentido de responsabilidad’

Amodei, biofísico de formación, señaló en la entrevista que busca moldear la propia industria de la IA. La mayor parte de los ingresos de Anthropic no provienen de Claude, sino de la venta de su interfaz de programación de aplicaciones (API) a empresas que luego utilizan los modelos de IA para sus productos.

Recordó a Kantrowitz (cuyo artículo fue el resultado de más de dos docenas de entrevistas con Amodei, además de varios conocidos personales y profesionales) que sus padres lo criaron con “un sentido del bien y del mal y de lo que era importante en el mundo”, un sentido que le inculcó “un fuerte sentido de la responsabilidad”.

Según la entrevista de Kantrowitz, la pérdida de su padre a causa de una enfermedad rara –para la cual se descubrió un avance médico tan solo unos años después– impulsó a Amodei a creer que la ciencia puede salvar vidas.

Aunque se le ha acusado de tener una visión pesimista sobre la IA, dijo Kantrowitz, el plan de Amodei “es acelerar”.

“La razón por la que advierto del riesgo es para que no tengamos que bajar el ritmo”, dijo Amodei en la entrevista. “Comprendo perfectamente lo que está en juego. En cuanto a los beneficios, en cuanto a lo que puede lograr, las vidas que puede salvar. Lo he visto con mis propios ojos”.

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Gina Christian es corresponsal multimedia de OSV News. Síguela en Twitter: @GinaJesseReina. Contribuyeron a este reportaje Courtney Mares, editora del Vaticano para OSV News (en Twitter: @catholicourtney), y Kate Scanlon, reportera de OSV News en Washington (en Twitter: @kgscanlon).

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El autorOSV / Omnes

Mundo

Líderes cristianos de Tierra Santa condenan la idea de continuar la guerra “hasta la victoria”

El patriarca de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa, denuncia en una importante carta pastoral que la violencia se haya aceptado como el modo de resolución de conflictos

Jose Maria Navalpotro·23 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“Hoy escuchamos amenazas de que la guerra continuará ‘hasta la victoria’. Nos preguntamos, ¿qué tipo de victoria? ¿La muerte, la destrucción, la desolación? A quienes promueven la guerra como el único camino, les decimos: la guerra no es el camino. Reiteramos nuestro llamado a poner fin al derramamiento de sangre y a la destrucción”. Un conjunto de líderes religiosos de diferentes Iglesias cristianas en Tierra Santa ha hecho pública una carta en la que exigen el fin de la guerra que afecta Israel, Estados Unidos, Líbano, Irán y Palestina.

La carta se ha hecho pública con motivo del aniversario de la Nakba palestina (el fin del Mandato británico en 1948) el 15 de mayo, y la firma un destacado grupo de líderes cristianos, entre los cuales está el patriarca emérito de Jerusalén Michel Sabbah, el arzobispo greco-ortodoxo, y el obispo luterano emérito, entre otros.

El texto recuerda que “si realmente buscamos el fin de la guerra en el Medio Oriente, debemos enfocarnos en el problema central: la difícil situación del pueblo palestino, que viene sufriendo desde 1948. Después de octubre de 2023, la catástrofe que enfrentan se ha intensificado en medio de una guerra en curso en Gaza, librada para borrar a Palestina y a los palestinos. Y la guerra se ha extendido a Cisjordania, el Líbano y más allá”.

“Nuestra Tierra Santa anhela igualdad, justicia y paz. La paz de la que hablamos es una paz que garantiza la libertad y la dignidad de cada ser humano”, subrayan los líderes cristianos.

Pastoral del patriarca Pizzaballa

El texto coincide con algunas de las consideraciones expresadas hace unas semanas, el 25 de abril, por el actual patriarca católico de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa en una extensa y clara carta pastoral en la que insistía igualmente en la necesidad de la paz: “Rechazamos toda complicidad con la cultura de la violencia. Venga de donde venga, la violencia nunca es un camino evangélico”.

La larga carta del cardenal, titulada “Volvieron a Jerusalén con gran alegría”, de impacto entre los católicos de Tierra Santa, supone una revisión del estado actual de la Iglesia Católica allí. Sin análisis políticos, el cardenal se muestra firme al condenar la guerra, que obliga a “replantear formas y tiempos de nuestro ministerio” y se pregunta, más allá de “análisis y denuncias necesarias”, “qué nos pide el Señor en este momento”.

El texto señala que el 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza han cerrado una época. Según el patriarca, para los palestinos este periodo representa “la última y dramática fase de una larga historia de humillaciones y éxodos», mientras que para los israelíes ha supuesto “algo inédito: una violencia que ha revivido los horrores ocurridos en Europa hace ochenta años”. 

El Patriarca denuncia que el uso de la fuerza se haya consolidado como el método principal de resolución de disputas: «Estamos asistiendo al resurgimiento del uso de la fuerza como instrumento considerado decisivo para la resolución de los conflictos… La guerra se ha convertido en objeto de un culto idólatra».

Factores de la crisis actual

El cardenal Pizzaballa señala algunas consecuencias principales de lo que califica como “caos” que hoy reina en Tierra Santa:

  • Dolor, odio y desconfianza: La carta habla de una “dolorosa deshumanización del otro: cuando este se convierte solo en ‘el enemigo’, todo se vuelve lícito”. “La violencia no ha destruido solo ciudades y hogares, personas y esperanzas: ha marcado las conciencias, ha envenenado el lenguaje público”. Se crea una desconfianza entre todos que hace difícil la reconciliación.
  • Fragmentación y miedo: el cardenal señala un fenómeno preocupante: “la creciente polarización. No solo entre israelíes y palestinos -que conocemos bien-, sino en el interior de ambos tejidos sociales, donde solo se encuentran personas que piensan del mismo modo, que hablan el mismo lenguaje”.
  • Desgaste del lenguaje: para el patriarca, ahora, términos como “diálogo”, “justicia” o “dos Estados” han perdido vigencia en el discurso público.
  • Dificultad del diálogo interreligioso: a consecuencia del conflicto, “los Lugares Santos, que deberían ser espacios de oración, se convierten en campos de batalla identitarios. Se invocan los textos sagrados para justificar la violencia, las ocupaciones y el terrorismo”. Sentencia el cardenal: “Creo que este abuso del nombre de Dios es el pecado más grave de nuestro tiempo”. 

Sin embargo, señala, “el diálogo es nuestra vocación y nuestro destino. Es una de las formas en que nuestra fe se manifiesta y se alimenta”.

Gaza, Palestina e Israel

El patriarca latino pasa revista al estado de diferentes territorios del patriarcado: Gaza, “en una situación de extrema tribulación” y en Palestina, donde “la situación se deteriora día a día”; así como en Israel, donde “la sociedad está traumatizada desde el 7 de octubre, y este trauma ha generado recelo hacia todo lo relacionado con el mundo árabe, con la consiguiente desconfianza creciente entre ambas poblaciones”.

Un aspecto relevante de la carta es la mención al uso de la Inteligencia Artificial en el conflicto. El cardenal plantea las implicaciones éticas de la automatización de la guerra: “¿Qué sucede cuando quien decide quién vive y quién muere es una máquina? ¿Qué responsabilidad le queda al hombre?”

El documento concluye con una llamada a la convivencia. «No hay alternativa. Esta Tierra es el hogar de todos», afirma el Cardenal, quien sostiene que la misión de la Iglesia allí debe ser convertirse en espacio de reconciliación.

“Redimir las consecuencias del conflicto – el odio, el miedo, la ‘memoria tóxica’- es la tarea específica y sublime de la Iglesia de Jerusalén para el mundo entero”, apunta. Advierte que “los cristianos de Tierra Santa no son un tercero incómodo, ni un amortiguador neutral entre israelíes y palestinos, ni un grupo separado de sus hermanos no cristianos. Son, más bien, sal, luz y levadura dentro de las sociedades a las que pertenecen de pleno derecho. Comparten la historia, la lengua, las heridas y las aspiraciones de sus pueblos. No están llamados a encerrarse en un enclave protegido, ni a huir, sino a vivir hasta el fondo su vocación: permanecer dentro de la sociedad, compartiendo su destino, para fermentarla desde dentro con una visión del hombre -y de la sociedad- arraigada en el Evangelio”.

El cardenal hace finalmente un llamamiento a la comunidad internacional: “tiene el deber y el derecho de interesarse por Jerusalén, porque es de todos. El corazón del mundo está en Jerusalén y lo que allí ocurre afecta a miles de millones de creyentes”.

“La Iglesia de Jerusalén, pequeña y resiliente, se encuentra viviendo aquí y ahora el estilo de la Jerusalén celestial: ser un lugar acogedor, luz pascual que ilumina las tinieblas del rencor; ser una casa de puertas abiertas, instrumento de sanación en el mundo. Este es su sueño, su misión, su don a la humanidad”, concluye.

Vaticano

10 puntos del Papa a los líderes laicos de movimientos y asociaciones

León XIV se ha reunido este jueves con “los responsables, a nivel internacional, de diversas realidades laicales”, como les ha llamado el Papa, movimientos y asociaciones de fieles convocados por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Se resumen aquí diez indicaciones del Santo Padre.

Francisco Otamendi·22 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Con el precedente de alguna gran Vigilia de Pentecostés celebrada en Roma con movimientos y realidades eclesiales de laicos, impulsadas por san Juan Pablo II (1998), y Benedicto XVI (2006), el Papa León se ha reunido este jueves con doscientos responsables de movimientos y asociaciones de fieles. El encuentro ha sido promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Entre las realidades que ahora se han dado cita -también entonces- se encuentran el Movimiento de los Focolares, Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, Comunidad de Sant’Egidio, Renovación Carismática, el Movimiento de Schoenstatt, etcétera.

Entre los mensajes que ha transmitido el Papa León XIV, y que pueden encontrar íntegramente en su Discurso, se encuentran los siguientes, necesariamente sintetizados, y prácticamente textuales. Comenzamos por el final.

Un don inestimable para la Iglesia

1) Queridísimos, les agradezco todo lo que son y lo que hacen. Las asociaciones de fieles y los movimientos eclesiales son un don inestimable para la Iglesia. Hay una gran riqueza entre ustedes, muchas personas bien formadas y muchos buenos evangelizadores; muchos jóvenes y diversas vocaciones a la vida sacerdotal y matrimonial.

2) La variedad de carismas, dones y métodos de apostolado desarrollados a lo largo de los años les permite estar presentes en los ámbitos de la cultura, el arte, lo social y el trabajo, llevando a todas partes la luz del Evangelio. ¡Cuiden y, con la gracia de Dios, hagan crecer todos estos dones! La Iglesia los sostiene y los acompaña.

3) Gobernar: se trata de marcar un rumbo seguro, de modo que la comunidad sea un lugar de crecimiento para las personas que la integran. Así, también en la Iglesia hay quienes están encargados del gobierno. Aquí el gobierno se confía generalmente a los laicos (…). Se pone al servicio de los demás fieles y de la vida asociativa, y es fruto de elecciones libres.

El gobierno, don del Espíritu Santo

4) El gobierno es un don particular del Espíritu Santo, que los miembros de una comunidad reconocen presente en algunos de sus hermanos en la fe, de ello se derivan al menos tres consecuencias

5) La primera es que debe ser para el bien de todos (…). La segunda es que nunca puede ser impuesto desde arriba, sino que debe ser un don reconocible en la comunidad y libremente acogido. La tercera consecuencia es que, como todo carisma, también el gobierno de una asociación está sujeto al discernimiento de los Pastores, quienes velan por la autenticidad y el ejercicio razonable de los carismas.

6) Queridísimos, quienes dirigen sus asociaciones y movimientos asumen una tarea delicada: por un lado, están llamados a custodiar y valorizar la memoria de un patrimonio vivo; por otro, tienen un papel “profético”, que implica estar atentos a las urgencias pastorales actuales para comprender de qué manera responder a los nuevos desafíos y a las sensibilidades culturales, sociales y espirituales de nuestro tiempo

7) Una parte de la tarea profética de quienes gobiernan consiste, por lo tanto, en favorecer la apertura de la asociación o del movimiento, y de cada uno de sus miembros, a las situaciones históricas

Comunión

8) Otro elemento de vital importancia  es la comunión. Quisiera subrayar la importancia de la dimensión de la comunión con toda la Iglesia. A veces encontramos grupos que se encierran en sí mismos y piensan que su realidad específica es la única o es la Iglesia, pero la Iglesia somos todos nosotros, ¡es mucho más! 

9) Por lo tanto, nuestros movimientos deben buscar verdaderamente cómo vivir en comunión con toda la Iglesia, a nivel diocesano. Y por eso el obispo es una figura de referencia muy importante. Debemos tratar de vivir en comunión con toda la Iglesia, tanto a nivel diocesano como a nivel universal.

10) Desde esta perspectiva podemos comprender mejor el sentido de la fidelidad al carisma fundacional, que constituye una referencia imprescindible para el gobierno de una realidad eclesial. Gobernar de manera fiel al carisma fundacional significa, por lo tanto, encontrar en él la inspiración para abrirse al camino que la Iglesia recorre en el presente (…), dejándose interpelar por nuevas realidades y desafíos, en diálogo con todos los demás componentes del cuerpo eclesial.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelización

Ramiro Pellitero: “La evangelización no es un debate de ideas, sino un encuentro con la persona de Jesucristo”

Ramiro Pellitero, profesor de Teología Pastoral en la Universidad de Navarra, habla con Omnes sobre la evangelización hoy, sus retos y conceptos esenciales para esta misión que interpela a todos los católicos.

Redacción Omnes·22 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

A juzgar por el lema (“Alzad la mirada”) y el logo de la visita pastoral de León XIV a España, el mensaje que desea transmitir gira en torno a la belleza, la unidad y la acogida. Por otra parte, vivimos, en España como en muchos otros países y ambientes, tiempos de polarizaciones y conflictos, que pueden desanimar a quien intenta compartir su fe. En este contexto, entrevistamos al profesor Ramiro Pellitero, profesor de Teología pastoral en la Universidad de Navarra.

¿Cómo podemos entender la evangelización (el anuncio de la fe cristiana) hoy, para que sea una fuente de luz y no un motivo de disputa?

– Una clave está en comprender que la evangelización no es una mera transmisión de información intelectual o un debate de ideas, sino un encuentro vivo con la persona de Jesucristo, que transforma la existencia humana.

Ante los conflictos, el discernimiento eclesial actúa como brújula para leer los «signos de los tiempos» y realizar el anuncio de la fe, teniendo en cuenta la realidad concreta de las personas y de las culturas.

Para evangelizar al mundo de forma auténtica, la Iglesia en su conjunto y cada uno debemos primero dejarnos evangelizar continuamente por el Espíritu Santo.

Cuando nos enfrentamos a desafíos sociales o divisiones internas, ¿qué papel juega ese discernimiento que usted menciona?

– El discernimiento eclesial no es una técnica de organización, sino una práctica espiritual compartida que permite a cualquier comunidad cristiana (ya sea una familia, una escuela o una parroquia) reconocer lo que el Espíritu está diciendo en relación con los problemas o los proyectos que surgen. Se puede ver como ejercicio cristiano de la virtud clásica de la prudencia, en su verdadero significado de guía de la acción.

En una Iglesia sinodal, este diálogo ayuda a interpretar la vida y la realidad humana a la luz del “kerygma” (el anuncio de Cristo), ayudando a tomar decisiones que realmente impulsen la misión.

¿Qué actitudes personales ayudarían a rebajar la tensión en estos ambientes tan polarizados?

– Se requieren actitudes fundamentales como la humildad para la conversión personal y una disposición sincera para la escucha. Debemos escuchar primero a Dios en la oración y a la Iglesia en su magisterio, también es vital escucharnos a nosotros mismos y a los demás.

Esta «pedagogía del discernimiento» nos recuerda que Dios se comunica con nosotros de forma gradual, con lo que los Padres de la Iglesia llaman la «condescendencia» divina, adaptándose a nuestra capacidad humana.

Hay quienes se sienten alejados de la Iglesia por verla como un conjunto de normas rígidas. Por el contrario, otros tienen miedo de que se diluya la doctrina cristiana. ¿Cómo podemos mostrarles que el mensaje del Evangelio es verdad y amor, y que pide la cercanía a las personas?

– ¡Absolutamente! Debemos privilegiar el «camino de la belleza» (Via Pulchritudinis). La educación de la fe es eficaz cuando atrae el corazón humano mostrando el resplandor y la bondad de la verdad cristiana. Además, debemos superar la dicotomía entre doctrina y vida, reconociendo que la existencia cotidiana es «lugar teológico» donde Dios sigue hablando, a través de los acontecimientos de la vida y la oración, también con la ayuda de los criterios luminosos de la tradición eclesial y el lenguaje propio de la fe.

Una formación de estilo catecumenal, como se hacía en los primeros siglos (es decir, con estilo iniciático), no solo instruye la mente, sino que ayuda a madurar la identidad y el sentido de pertenencia.

En el entorno digital, donde las discusiones son a veces agresivas, ¿cómo podemos ser heraldos de paz?

– La cultura digital es un nuevo «areópago» que nos desafía a ser comunicadores de fe. En esta comunicación, la primacía la tiene el testimonio (“martyria”), que es más elocuente que las palabras y que se puede ofrecer en medio de las actividades cotidianas, sin la actitud de dar lecciones, a través de la amistad y las tareas culturales y sociales, con serenidad y sentido positivo.

Es célebre la expresión de san Pablo VI: “el hombre contemporáneo escucha más a los testigos que a los maestros”. Como repetía el Papa Francisco, debemos usar el «lenguaje vivo» de la misericordia, actuando como un «hospital de campaña» que cura heridas y se hace asequible a los más alejados, centrando todo en el amor salvífico de Dios. Por otra parte, nada de esto quita valor a los razonamientos y a la formación intelectual.

Finalmente, ¿cómo mantenemos el equilibrio entre ser fieles a la doctrina cristiana y ser sensibles tanto a los problemas actuales como a las situaciones personales, sin caer en extremos que nos sacan de la realidad?

– Podemos visualizar la misión cristiana como una elipse con dos focos: uno es la fidelidad al plan salvífico de Dios (la voluntad divina revelada) y el otro, la atención a la condición concreta y compleja de la historia. Esta tensión es fecunda y pide una formación integral que una la solidez doctrinal con la madurez humana y la sensibilidad social.

Como he señalado antes, es importante tener en cuenta las condiciones de las personas, tantas veces vulnerables, y de las culturas, con sus luces y sus sombras. También para fomentar el diálogo que nos puede enriquecer, a la vez que nos da nuevas luces y nos ayuda a profundizar en las cuestiones –escuchando cómo las ven otros– y a purificar nuestras intenciones.

Además, muchas cuestiones no tienen una solución única y pueden enfocarse de modos diversos. En una autopista se puede ir más o menos deprisa, en un lado u otro de nuestro carril, pero sin estorbar la marcha ni poner en peligro la vida propia o la de los demás.

La vida cristiana es una autopista que puede estar muy bien iluminada. Al unir la Palabra de Dios, cuya plenitud es Cristo, con la acción del Espíritu Santo (Palabra y Espíritu forman la “misión doble” que viene de Dios Padre), la fe se convierte en una realidad interior o «connaturalidad», que nos permite ver con más claridad, juzgar mejor los acontecimientos, elegir hacer el bien con sabiduría y vivir con mayor plenitud. Anuncio de la fe y experiencia cristiana, doctrina y vida, se unen así en nuestra existencia. Y participar en la evangelización es un servicio a todos para que puedan descubrir que la vida en Cristo es un camino de plenitud y belleza.

Mundo

Obispo Barron: 250 años de Estados Unidos, hijos de Dios con igual dignidad

Mientras la nación se prepara para celebrar su 250 aniversario, debería reflexionar sobre cómo la comprensión estadounidense de la igualdad se basa en la creencia de que todas las personas son igualmente hijos de Dios, dijo el obispo Robert E. Barron, de Winona-Rochester (Minnesota), el 17 de mayo.

OSV / Omnes·22 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

– Kate Scanlon, Washington, OSV News

“Al reflexionar sobre nuestra historia, desde la fundación del país, pasando por las tribulaciones de la Guerra Civil, hasta la lucha por los derechos civiles, podemos observar un hilo conductor constante. La convicción de que la dignidad humana, la igualdad, los derechos, la libertad y el estado de Derecho tienen su fundamento en Dios”, afirmó el obispo Robert E. Barron, en una concentración de oración en el National Mall, previa a los 250 años de Estados Unidos.

Los organizadores del evento, “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, declararon su objetivo. Conmemorar el próximo 250 aniversario de la nación “con pasajes bíblicos, testimonios, oración y la reafirmación de la dedicación de nuestro país como una sola nación a Dios”. El acto fue organizado por Freedom 250, una colaboración público-privada con la Casa Blanca para celebrar el 250 aniversario de Estados Unidos.

El acontecimiento contó principalmente con la presencia de líderes religiosos protestantes. Intervinieron además el obispo Barron, el cardenal Timothy Dolan, arzobispo emérito de Nueva York, por videoconferencia, y el rabino Meir Soloveichik, en persona. La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien se identifica como hindú, también se dirigió a través de un mensaje en video.

Participantes en el acto “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, en el National Mall de Washington, el 17 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Eric Lee, Reuters).

Todas las personas son igualmente hijos de Dios

Aludiendo al uso que hizo Abraham Lincoln de la expresión «bajo Dios»en el discurso de Gettysburg, el obispo Barron argumentó que lo hizo porque sabía “que Dios es esencial para cualquier explicación coherente de la democracia, la libertad y la igualdad”.

Según señaló, ese sentimiento de libertad también se remonta a la fundación del país, citando la frase de la Declaración de Independencia: “Dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

“Lo que los fundadores sabían gracias a su formación cristiana es que todas las personas, a pesar de sus enormes desigualdades, son igualmente hijos de Dios y, por lo tanto, iguales en dignidad”, dijo el obispo Barron.

Intervención de políticos de la administración

El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, ambos católicos, así como el secretario de Defensa Pete Hegseth y Tulsi Gabbard, figuraban entre los funcionarios de la Administración que intervinieron en el evento mediante mensajes de vídeo. 

“Siempre hemos sido, y seguimos siendo, una nación de oración, y le damos gracias a Dios por ello”, dijo Vance en un mensaje de vídeo. Rubio afirmó en otro vídeo que la nación fue “moldeada por esta idea cristiana”.

Señaló a los astronautas del Apolo 8 —Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders— leyendo el libro del Génesis durante su histórica misión de 1968 para orbitar la luna.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en una pantalla durante el evento “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving”, en el National Mall de Washington, el 17 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Eric Lee, Reuters).

“Así somos”, dijo Rubio. “Así hemos sido siempre. Estados Unidos sigue siendo una nación joven, si lo comparamos con su historia, y desde sus inicios hemos creído que nuestro país representa algo nuevo en el mundo. Pero el alma de nuestra nación siempre ha estado arraigada en una fe ancestral”. 

Los organizadores reprodujeron un mensaje en vídeo que Trump había grabado previamente en abril para un evento llamado “Estados Unidos lee la Biblia”, en el que leyó 2 Crónicas 7:11–22. Usó la Biblia King James Easy Read de Whitaker House Publishers, una traducción protestante. “Espero que todos en la reinaguración 250 lo estén pasando bien”, publicó Trump en su sitio web de redes sociales, Truth Social. 

Los críticos: separar iglesia y estado

Los críticos del evento argumentaron que el nivel de participación de la administración Trump mezclaba indebidamente la iglesia y el estado.

Rachel Laser, presidenta y directora ejecutiva de Americans United for Separation of Church and State, declaró: “Si al presidente Trump y a sus aliados les importara realmente el legado de libertad religiosa de Estados Unidos, estarían celebrando la separación entre la iglesia y el estado como el invento estadounidense único que ha permitido que la diversidad religiosa florezca en nuestro país”.

Personas oran durante un servicio religioso el día del “Rededicate 250: A National Jubilee of Prayer, Praise & Thanksgiving” en el National Mall de Washington, el 17 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Seth Herald, Reuters).

Arraigados en nuestra identidad como pueblo de Dios

El cardenal Dolan afirmó en su mensaje de vídeo que “en cada capítulo de la historia estadounidense, nuestra fe en Dios ha sido la base de nuestra grandeza, la fuente de nuestro éxito”.

“Desde los tiempos de la Guerra de Independencia, nuestra forma de vida se ha definido en parte por algunos principios clave. La oración, la confianza, el culto, el sábado, la lealtad a la familia, la libertad religiosa, el poder y la fortaleza de la democracia, el principio de subsidiariedad y la devoción al bien común”, dijo el cardenal Dolan. 

“En otras palabras, nuestros valores más profundos como país siempre han estado arraigados en nuestra identidad como pueblo de Dios. Y están anclados en la realidad de que no solo somos ciudadanos estadounidenses —por supuesto que lo somos, y estamos agradecidos por ello— sino que algún día seremos ciudadanos del cielo”.

El cardenal Dolan señaló que los obispos católicos estadounidenses planean dedicar la nación al Sagrado Corazón de Jesús el 11 de junio.

“Religiosamente vibrante, políticamente sana”

Además del obispo Barron y el cardenal Dolan, otros miembros de la Comisión de Libertad Religiosa de Trump que hablaron en el evento fueron Ben Carson, la reverenda Paula White-Cain, el reverendo Franklin Graham, Eric Metaxas y el rabino Soloveichik. 

Durante una oración en el evento, el obispo Barron dijo: “Una América religiosamente vibrante es una América políticamente sana”.

“Ésa es también la razón por la que valoramos tanto la libertad religiosa, una convicción que nos ha convertido en un refugio para personas que huyen de la persecución religiosa en todo el mundo”, afirmó.

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– Kate Scanlon es reportera nacional de OSV News y cubre la actualidad de Washington. Síguela en X @kgscanlon.

El autorOSV / Omnes

Cultura

Sara Barrena: Los abrazos de Dios

Merece la pena repensar una y otra vez nuestra relación con Dios para, con la gracia, ahondar en su ternura. Los escritores, quizá por su especial sensibilidad, nos adelantan a menudo en ese camino y pueden enseñarnos a ser con audacia más creativos.

Sara Barrena y Jaime Nubiola·22 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

La escritora y filósofa Sara Barrena abre su corazón a los lectores de Omnes. Por mi parte me limito a transcribir con emoción lo que me escribe:

Dicen que vuelve a estar de moda lo católico: Rosalía, con lo que llaman estética “christiancore”, y Hakuna, con cientos de jóvenes llenando los auditorios de canciones religiosas, son solo algunos ejemplos. Ojalá fuera verdad que Dios está de moda, pero muchas veces, por desgracia, todavía le tratamos a patadas.

Agradezco lo que mi familia me regaló en mi infancia. Recuerdo a mi madre planchando mientras en la radio sonaba el rezo del Santo Rosario; el “Jesusito de mi vida”, los tebeos del domingo por la mañana en el quiosco antes de ir a Misa. Recuerdo a mi abuela agarrándose a Dios para sobrellevar la pérdida de dos de sus hijos; a mi abuelo diciendo a sus nietos -yo tenía nueve años- que esta vida es un valle de lágrimas. Íbamos en el coche camino de Irún, donde pronto enterraría a su hijo pequeño. Quizá ahí es donde se nota la grandeza de un hombre, en la forma que tiene de sobrellevar los golpes que te da la vida. En el valle de lágrimas, mis abuelos encontraron, a pesar de todo, las fuerzas para enseñarme a rezar y a reír, para quererme con desmesura. Fueron probablemente lo mejor de mi infancia.

Antes pensaba que ser católica era un asunto complicado. Ahora, sin embargo, tengo una nueva lucidez, y eso que estoy entrando en esa edad que dicen que es difícil para las mujeres. A veces, desde la atalaya de los cincuenta, miro atrás y veo los enormes fracasos de mi vida, las veces en las que he estado perdida o he equivocado el camino, los cuatro hijos que se me pidió enviar directos desde mi vientre hasta el Cielo, las preocupaciones inevitables por los dos hijos que quedan a mi lado, los sinsabores en el trabajo, los amores imposibles, las crisis extraordinarias y las ordinarias, el matrimonio nulo y el que saqué adelante con muchas dificultades, los amigos que desaparecieron, los libros que no conseguí publicar y los que publiqué y pocas personas leyeron. El enorme cansancio que a veces te da vivir. Lo agotador que es a veces cuidar. Las cosas que no salen como uno quiere, como espera o como se las imagina. “Todo el mundo tiene una misión en la vida”, dice el cura en la iglesia, y aquí estoy yo con un montón de años y las manos vacías, sin saber todavía qué es lo que se espera de mí.

Sin embargo, el otro día entendí, ahora lo sé, que los aparentes fracasos no son tales. Son más bien las ocasiones en las que Dios se te hace presente y te da un abrazo. Él no ha sido indiferente a una sola de mis lágrimas, aunque a veces me haya enfadado y no le haya querido ni hablar. Cuando más perdida estás, es precisamente cuando Dios se hace el encontradizo. Aparece por sorpresa a la vuelta de la esquina o al doblar un recodo. En cada uno de los fracasos viene con un abrazo reanimante, que reconforta y consuela.

Ahora entiendo que Dios incide directamente en nuestra sensibilidad. Que somos amados por Él no es algo racional; no hacen falta grandes disquisiciones para entenderlo. Para querer a Dios con amor de hijo, de madre, de hermano, de amante, tampoco. Basta con dejarse abrazar. A veces nos quedamos con lo externo, con lo más feo, con lo más duro. Lo que puede hacerse y lo que no. No nos acordamos de extender la mano y rozar apenas el manto de Jesús, como aquella mujer del Evangelio.

    En medio de una multitud, con todas las cargas, pesadumbres y obligaciones, a veces se nos olvida tocarle. Alarga tu mano, sólo Él y tú lo sabréis, en lo más hondo del corazón, y rózale una vez y otra, hasta dejarle la túnica deshilachada. 

Dios nos regaló la sensibilidad, aunque a veces la anestesiemos. Ir a Misa ya no es aburrido, es el contacto físico que necesitamos. Sangre, cuerpo, alma y divinidad —como me enseñaron— que se pegan a tu vida. El corazón que se repara y el cuerpo que se alivia. Das un paseo y Dios te hace una señal. Los nubarrones se abren por un instante y aparece una estrella. Siempre hay una de guardia. “Yo estoy contigo”, te dice. Todo lo pegado que se puede estar. No solo con nosotros, sino en nosotros. Dios nos regala una sonrisa, una mirada, como esas de otras personas que nos quieren y que atesoramos. Un abrazo de alguien a quien amas sin que tenga que acabar. Un “te quiero” que miramos y remiramos, que un día cualquiera se nos queda grabado a fuego, sin saber por qué ese y no otro. 

No significa que el camino no sea duro a veces. Se sufre. Pero León XIV nos dio hace poco el secreto de la verdadera alegría: la vida entregada, el amor que no hace ruido. 

Hay algo tan reconfortante en entrar en una iglesia, en arrodillarse ante un Sagrario, como quien apoya la cabeza en las rodillas de Cristo; en la frase de un salmo que se te repite dentro como un mantra. La luz, el refugio, la salvación. Mi pastor. Mi nombre, que repites. Me doblo y me enderezas. Con amor eterno te quiero. Hay algo tan consolador en recibir la Comunión y marcharse, aunque sea un poco más sonriente, de la mano del mismo Dios. Rezar un padrenuestro, persignarse y seguir adelante. No hacen falta grandes acciones, ni es un conjunto de normas. Se trata, simplemente, de recibir los regalos que nos llegan. Y, aunque siempre me enseñaron que rezar es hablar con Dios, ahora he comprendido que quizá la forma mejor de oración es dejarse abrazar por Él.

El autorSara Barrena y Jaime Nubiola

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España

Alvaro Moreno y Patricia Trigo «Pati.te» se unen para celebrar los 100 años del DOMUND con una camiseta muy especial

La marca textil Alvaro Moreno y la ilustradora Pati.te han sido los artífices de una camiseta especial conmemorativa del I Centenario del DOMUND, cuyo importe íntegro será donado a Obras Misionales Pontificias (OMP) para apoyar esta labor misionera.

Maria José Atienza·21 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Una camiseta «misionera». Así han querido celebrar y hacer celebrar el primer centenario del DOMUND, Álvaro Moreno y la ilustradora Patricia Trigo.

La camiseta, diseñada por Patite, muestra al Papa León XIV rezando sonriente sobre un mundo que está sostenido por las manos de la Virgen María.

En una inscripción pone “María, Reina de las Misiones, estamos en tus manos”.

El diseño de la prenda es de Alvaro Moreno e incluye esta ilustración en la espalda, con el signo de las llaves de San Pedro, las banderas de España y del Vaticano y el título “Domund 100”.

La camiseta, a la venta en las tiendas de Álvaro Moreno, cuesta 12,95 euros y su importe íntegro –descontado el 21% de impuestos–  será donado a Obras Misionales Pontificias (OMP) para apoyar la labor misionera del DOMUND.

A pocos días de la llegada de León XIV a España, OMP anima a recibir al Papa, que ha sido misionero en Perú y es el responsable de estas Obras que sostienen las misiones, con esta camiseta solidaria.

Colaboración desinteresada

Esta original y moderna manera de unirse al centenario de la labor del DOMUND, que lleva a cabo Obras Misionales Pontificias, quiere celebrar estos «cien años en los que los cristianos de todo el mundo dedicamos un día a rezar, todos juntos, y a concienciarnos que… ¡la Iglesia es misionera!”, como ha querido resaltar José María Calderón, director de OMP en España. 

Tanto Álvaro Moreno como la diseñadora han realizado esta colaboración de manera completamente desinteresada: Patricia ha donado la ilustración, y Alvaro Moreno ha asumido el diseño y los costes de producción, fabricación y logística.

100 años del Domund

El Domund (Domingo Mundial de las Misiones) fue instituido por el Papa Pío XI en 1926. Con esta iniciativa, el pontífice quería que la misión no fuera solo un asunto de los misioneros, sino que toda la Iglesia se uniera un domingo al año (el penúltimo de octubre) en oración y cooperación económica con ellos.

El Papa encomendó a OMP encauzar la generosidad de todos los fieles para ayudar en su nombre de una forma equitativa cada año a las diócesis que habían sido creadas por los misioneros, conocidas como Territorios de Misión.

Desde entonces, el DOMUND se ha vivido con intensidad en la sociedad española, siendo uno de los países que, anualmente, más dinero aporta a esta labor. Además, España cuenta en la actualidad con cerca de 9.000 misioneros repartidos por el mundo. El centenario del Domund rinde homenaje a su entrega y servicio silencioso.

Vaticano

El Vaticano lanza la implementación del Sínodo en las diócesis en 2027-2028

Con un documento de 18 páginas titulado ‘Hacia las Asambleas 2027-2028’, la Secretaría general del Sínodo ha lanzado la fase de implementación o puesta en marcha en dos años en las diócesis. Se trata de un camino lanzado por el Papa Francisco, y confirmado por León XIV.

Francisco Otamendi·21 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El documento de la Secretaría General del Sínodo sobre las Asambleas que se van a celebrar en 2027 y 2028, precisa en su subtítulo de lo que se trata en esta fase de implementación del Sínodo: “Etapas, criterios e instrumentos para la preparación” de estas fases.

Los encabezamientos de cada una de las cuatro fases de estos dos próximos años, definen el ámbito y las personas:

Se trata sucesivamente de:

  • Hacer memoria’ (etapa de las iglesias locales o eparquías, primer semestre de 2027); 
  • interpretar’ (etapa de las Iglesias locales de una Conferencia Episcopal, segundo semestre de 2027); 
  • orientar’ (etapa de las Iglesias locales de cada continente, primer cuatrimestre de 2028).
  • y ‘celebrar’ (octubre de 2028). Es el punto culminante de la asamblea eclesial en el Vaticano, “donde la Iglesia toda está llamada a reconocer, celebrar y revitalizar los frutos alcanzados en el camino de implementación del Sínodo».

Pregunta clave

A la luz del camino recorrido desde la conclusión del Sínodo 2021-2024, señala el texto de la Secretaría general que dirige el cardenal Mario Grech, y “con vistas a ofrecer sus frutos como un don a las demás Iglesias y al Santo Padre”, la pregunta clave es la siguiente:

“¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad?”

La pregunta se plantea en la introducción, y también al final del texto, al referirse a la dimensión celebrativa: “Cada grupo será invitado a ofrecer su propia contribución basada en la pregunta que anima todo el proceso”.

Raíz evangélica

La Secretaría general ancla su introducción en el Evangelio, en textos de san Lucas y de los Hechos de los Apóstoles.

De este modo, recuerda que “reunir a la Iglesia para reflexionar comunitariamente sobre lo sucedido y compartir las maravillas obradas por el Señor es una práctica arraigada en la experiencia del regreso de la misión relatada en el Evangelio: después de ser enviados de dos en dos, “los setenta y dos regresaron llenos de alegrı́a” (Lc 10,17), contando lo que el Señor habı́a realizado por medio de ellos.

Posteriormente, añade, “la Iglesia apostólica también retomó esta misma práctica, como leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles: ‘Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron. Al dı́a siguiente, Pablo fue con nosotros a ver a Santiago, junto con todos los ancianos. Después de saludarlos, comenzó a contarles con detalle lo que Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio» (Hch 21,17-19; cf. Hch 14,27 y 15,4.12)”.

Sesión de trabajo de la segunda sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, presidida por el Papa Francisco en 2024 (CNS photo, Lola Gómez).

Tercera etapa del proceso, tras la consulta y las dos sesiones en Roma

El documento señala textualmente que “las Asambleas de 2027-2028, a cuya preparación se dedica este texto, forman parte de la fase de implementación del Sínodo, que constituye la tercera etapa del proceso delineado por la constitución apostólica Episcopalis communio, tras la consulta y escucha del Pueblo de Dios (2021-2023) y la fase de celebración, finalizada en las dos sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos en octubre de 2023 y octubre de 2024”.

Documento final, y etapa confirmada por el Papa León

Con la entrega del Documento Final, el Papa Francisco inauguró esta nueva etapa, posteriormente confirmada y promovida por el Papa León XIV, recoge el texto.

Las Pistas para la Fase de Implementación del Sínodo (del 29 de junio de 2025 y disponibles en el sitio web www.synod.va) “delimitaron con mayor precisión el horizonte y el estilo de este camino, ofreciendo criterios y orientaciones iniciales”.

Ahora, “las reflexiones aquı́ presentadas buscan dar forma más concreta al proceso en curso, clarificando la participación de las Iglesias locales y los diversos ámbitos de la comunión eclesial”.

Papel de las Asambleas: paso decisivo, maduración

Las Asambleas previstas para los próximos años “constituyen un paso decisivo en la implementación del Sínodo”, dice el documento preparatorio.

Como ya se destacó en las Pistas, “no se trata de añadir un paso formal ni de repetir lo vivido en fases similares del Sı́nodo 2021-2024, sino de ayudar a las Iglesias a transformar su experiencia en sabidurı́a compartida”. 

“Lo que está en juego no es simplemente la continuidad de un proceso, sino su maduración”, añade.

El propósito es “a la vez sencillo y exigente: reconocer lo que el Espı́ritu Santo ha realizado, comprender los retos que aún marcan el camino e identificar, con realismo y confianza, los pasos a seguir.”

En este sentido, aclara el texto, “las Asambleas no son una verificación técnica, sino oportunidades de discernimiento, de corresponsabilidad y de acción de gracias, dentro de un proceso compartido por toda la Iglesia”.

Miembros del Sínodo junto al Papa, en la primera sesión de la Asamblea general, en el aula Pablo VI (©CNS photo/Lola Gomez).

Más precisiones: no es repetir la fase de consulta

Las Asambleas y su preparación “no consisten en repetir la fase de consulta del Sı́nodo, sino en aprender de la experiencia vivida, reconocer los frutos y las dificultades, reajustar las prioridades y los procesos a la luz de un discernimiento cuidadoso, fortalecer la corresponsabilidad entre las entidades eclesiales y fomentar un auténtico intercambio de dones entre las Iglesias”.

Escuchar la voz del Espíritu Santo

En todo esto, prosigue el texto, “sigue siendo crucial mantener una escucha atenta a la voz del Espı́ritu Santo a la luz de la Palabra de Dios: las Asambleas no son una consulta sociológica ni un dinamismo deliberativo. 

La calidad de la oración, de la escucha y del compartir es más importante que la cantidad de materiales producidos, que deben ser esenciales y con objetivos bien enfocados”.

Responsabilidad: el obispo diocesano, clave

Como podía imaginarse, la mayor responsabilidad del proceso recae en el obispo diocesano o eparquial, para las Asambleas diocesanas y eparquiales, en el presidente de la Conferencia Episcopal para las Asambleas nacionales o regionales, y en los responsables de las instancias continentales para las Asambleas a ese nivel, señala el documento.

También se aclara que los equipos sinodales “no son simples estructuras operativas, sino organismos que han desarrollado una experiencia de escucha y corresponsabilidad que debe preservarse y desarrollarse”.

Por lo tanto, “donde aún no se haya hecho, es fundamental reactivar y apoyar a los equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales, comunicando su composición a la Secretarı́a General del Sı́nodo”.

Como nota a pie de página, el texto indica que “el registro para la inscripción de equipos sinodales diocesanos, nacionales y continentales está disponible” aquí.

Composición de las asambleas

El texto subraya que “la composición de las Asambleas debe ser coherente con su propósito. No se trata simplemente de representar a una diócesis o a la Iglesia de un paı́s o región, sino de asegurar la presencia de personas conocedoras de los procesos en curso y capaces de interpretarlos teológica y pastoralmente”. 

La selección de participantes, añade, “debe garantizar una atención adecuada a las relaciones entre hombres y mujeres y entre diferentes generaciones, la diversidad cultural y eclesial -incluidos sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, miembros de asociaciones, movimientos y nuevas comunidades, ası́ como fieles no integrados en estructuras organizadas –y a la presencia de personas en situación de vulnerabilidad o marginación”.

Se debe prestar especial atención a la participación de los párrocos, precisa asimismo, y es importante valorar “las voces que no proceden directamente de estructuras eclesiales y, cuando sea el caso, incluir la participación de representantes de otras Iglesias y comunidades cristianas o de otras religiones”.

Sobre la Asamblea eclesial de 2028

Más que un punto de llegada, “la Asamblea Eclesial es el momento en el que el camino recorrido se reconduce a la unidad, se abre a nuevos desarrollos y se confía al discernimiento de la Iglesia toda, bajo la responsabilidad del Santo Padre”

Un Instrumentum laboris específico propondrá el contenido y el método de trabajo a la luz del camino emprendido.

En esta etapa, por lo tanto, “la acción eucarística y el discernimiento se entrelazan: lo vivido se reconoce como un don, se comparte con alegría y se confía a la responsabilidad de toda la Iglesia, para que continúe generando vida bajo la guía del Santo Padre”.

El autorFrancisco Otamendi

Recursos

La resurrección del cuerpo en el centro de la pascua

La pascua nos llama a contemplar la vida como una realidad a la que la muerte no pone fin: nuestra alma es inmortal y nuestro cuerpo resucitará.

Valle Rodriguez Castilla·21 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Parece que esta realidad del cuerpo resucitado en su destino final no resuena con mucha contundencia y claridad en nuestros tiempos, tampoco en este tiempo litúrgico de la Pascua en el que es aun más propio.

En Navidad, por ejemplo, la fe, la liturgia y la cultura se dan la mano y no hay quien dude de lo que estamos celebrando. Algo parecido sucede en Semana Santa. Los misterios del nacimiento, la pasión y la muerte de nuestro Señor Jesucristo se desbordan de la liturgia y se expresan en una nutrida y enraizada cultura de tradiciones que la piedad popular secunda: luces, belenes, árboles de Navidad, cabalgatas, cenas, villancicos y regalos, procesiones, nazarenos, mantillas, penitencias, morados y negros, y velas. Todos estos signos y otros más son parte de los mismos significados que la Iglesia rememora en estos tiempos litúrgicos. 

Por otro lado, el Domingo de Resurrección abre la Pascua y, dentro de las iglesias, se estrena el cirio pascual, el blanco se erige en protagonista y se canta el Aleluya. Mas allá de estos signos de la liturgia, llega el final de la Pascua con el Domingo de Pentecostés y los pueblos —en sus calles y en sus gentes— apenas han expresado la alegría de la resurrección. Bueno, sí, quizás con escaso conocimiento del sentido, lo hacen los huevos de Pascua.

No cabe duda que, para aumentar la resonancia de la resurrección de Jesucristo (y la nuestra), faltan tradiciones (y catequesis) en la vida de la Pascua. Para poder poner la resurrección de los cuerpos en el centro de la Pascua, se echa en falta una verdadera y experiencial pedagogía de la Pascua.

La luz de la Teología del Cuerpo sobre la resurrección del cuerpo.

Hoy por hoy, las catequesis de san Juan Pablo II sobre el amor humano son una onda antropológica expansiva que alcanza y enfoca con más luz la resurrección de nuestros cuerpos.

Si nuestros cuerpos son teológicos, si —como descubrimos en la Teología del Cuerpo— el cuerpo es una vía de conocimiento de Dios, si se puede hacer teología desde el cuerpo… el cuerpo no puede llegar y topar con el límite de la muerte, el cuerpo ha de resucitar, ha de llegar hasta Dios y poder permanecer en Él para la vida eterna.

Para ello, la primera lámpara que enciende el Papa polaco es la de la Revelación. Juan Pablo II da al ON en aquel «caso práctico» que los saduceos plantearon al Señor sobre la ley del levirato, sobre aquella mujer que había sido esposa de siete maridos que eran hermanos: «Después de todos ellos, murió la mujer. Entonces, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será esposa?, porque la tuvieron todos» (Mt 22, 27-28; Mc 12, 22-23; Lc 20, 32-33).

Desde la respuesta del Señor (te animo a meditarla en el pasaje de Lc 20, 34-38), Juan Pablo II inicia el tercer ciclo de su Teología del Cuerpo sobre la resurrección de la carne y, a través de nueve catequesis, hace una «reconstrucción teológica» de lo que será el «hombre escatológico», el varón y la mujer resucitados en sus cuerpos para la vida eterna. Resumimos en doce, algunos de sus rasgos:

1. La resurrección como estado del todo nuevo de la misma vida humana.

La resurrección, a pesar de que significa la recuperación de la corporeidad y el restablecimiento de la vida humana en su integridad mediante la unión del cuerpo con el alma, es un estado del todo nuevo de la misma vida humana. (Por eso, los discípulos no reconocían al Señor resucitado)

2. La resurrección como perfección de lo personal.

En la futura resurrección, los hombres reasumirán sus cuerpos en «la plenitud de la perfección propia de la imagen y semejanza de Dios». La resurrección consistirá en la perfecta realización de lo que en el hombre es personal, propio y exclusivo de cada uno.

3. La resurrección de la masculinidad y la feminidad.

En la resurrección se mantendrá la peculiaridad masculina o femenina: resucitaremos como varones o como mujeres. Aunque el sentido de ser en el cuerpo varón o mujer será constituido y entendido en el «otro mundo» de un modo nuevo y diferente a como lo fue «desde el principio» y en toda la dimensión de la existencia en la tierra.

4. El matrimonio y la procreación no son parte de este futuro de resurrección.

Por eso, «cuando resuciten de entre los muertos, no tomarán mujer ni marido» (Mc 12, 25). El matrimonio pertenece exclusivamente a «este mundo», es una realidad histórica. En el «mundo de Dios», Dios lo llenará «todo en todos» (1 Cor 15, 28).

La procreación tampoco es parte del futuro escatológico del hombre. El «otro mundo» es el cumplimiento definitivo del género humano, el cierre definitivo de los seres que fueron creados a imagen y semejanza de Dios.

Puede ser complicado de entender, pero así es: el matrimonio y la procreación en sí mismos no determinan definitivamente el significado originario y fundamental de ser cuerpo ni del ser, en cuanto cuerpo, varón y hembra —lo que Juan Pablo II llama en su Teología del Cuerpo el «significado esponsal» del cuerpo. El matrimonio y la procreación dan solamente una realidad concreta a aquel significado en las dimensiones de la historia. La resurrección indica el final de la dimensión histórica.

Por tanto, las palabras «cuando resuciten de entre los muertos, no tomarán mujer ni marido» (Mc 12, 25) no solo expresan qué significado no tendrá el cuerpo humano en el mundo futuro; sino que nos permiten también deducir que el significado esponsal del cuerpo en la resurrección corresponderá de modo perfecto tanto al hecho de que el hombre, como varón-mujer, es persona creada a «imagen y semejanza de Dios», como al hecho de que esta imagen se realiza en la comunión de las personas: el significado esponsal del cuerpo como un significado perfectamente personal y comunitario a la vez.

5. La perfecta espiritualización del hombre resucitado.

El ser «como ángeles en el cielo» nos permite deducir una espiritualización del hombre según una dimensión diferente a la de la vida terrena (y a la del mismo «principio»). Esto no significa que la naturaleza humana se transforme en una naturaleza angélica (puramente espiritual). Seguiremos conservando nuestra naturaleza psicosomática pero con otro grado de espiritualización: nuestro cuerpo será un «cuerpo espiritual»: sin oposición recíproca del espíritu y el cuerpo, con la perfecta participación de todo lo que en el hombre es corpóreo en lo que en él es espiritual; siendo un cuerpo impregnado de espíritu; con una perfecta armonización de la actividad del espíritu con la del cuerpo; en una perfecta sensibilidad de los sentidos… Las cotas más altas y perfectas de todo lo humano en el cuerpo, una verdadera trans-humanización por la supremacía de las fuerzas del espíritu en el cuerpo.

6. La fundamental divinización de la humanidad.

La divinización de lo humano tiene raíces de filiación divina. Los hijos de la resurrección son hijos de Dios. Por ello, la divinización en la vida eterna es incomparablemente superior a la de la vida terrena, no solo en grado sino también en género. Esto es un fruto de la gracia, del comunicarse de Dios a todo el hombre (alma, cuerpo y espíritu), en el más personal donarse de Dios al hombre.

7. La glorificación del cuerpo:

El fruto en la otra vida de esta espiritualización divinizante es la simplicidad y el esplendor del cuerpo glorioso, la glorificación del cuerpo: toda la alegría y la paz y la luz de los cuerpos como signos distintivos de haber sido creados en el mundo visible; de haber experimentado nuestros cuerpos como medios para el recíproco comunicarnos entre las personas, como expresión auténtica de la verdad y del amor con que hemos construido la comunión de las personas.

8. La comunión con Dios, «la visión cara a cara».

La comunión con Dios es la plena participación en la vida interior de Dios, en la misma realidad trinitaria. Así, del don de sí mismo por parte de Dios al hombre y el recíproco don de sí del hombre a Dios nacerá en el hombre un amor de tal profundidad y fuerza de concentración sobre Dios mismo que absorberá completamente su entera subjetividad psicosomática, todo su yo, también su cuerpo (estado virginal del cuerpo).

9. La comunión de los santos.

Tal concentración del conocimiento y del amor sobre Dios será la fuente del redescubrimiento de sí mismo por parte del hombre (de la subjetividad de cada uno); y, desde ella, el redescubrimiento de esa unión que es propia del mundo de las personas y que es una unión de comunión (la intersubjetividad de todos), la comunión de los santos.

10. La vida en el Espíritu.

Cada uno, con la Resurrección del cuerpo, participaremos plenamente del don del Espíritu vivificante, es decir, del fruto de la Resurrección de Cristo.

11. Todos llevamos la imagen de Adán y la imagen de Cristo resucitado.

Lo que el cuerpo humano es en la experiencia histórica del hombre no está totalmente desligado de las otras dos dimensiones de su existencia: el origen y el destino final. El hombre lleva, en cierto sentido, estas dos dimensiones en lo profundo de la experiencia del propio ser. 

La humanidad del primer Adán lleva en sí una particular potencialidad para llegar a ser el segundo Adán, Cristo. Nuestra humanidad corruptible lleva en sí la potencialidad de la incorruptibilidad. La experiencia terrena (incluida la muerte y la destrucción del cuerpo) son el substrato y la base del nuevo estado de la existencia en el «otro mundo».

En este sentido, el filósofo y teólogo ruso Solovyev decía que el artista cristiano es el que ve en lo que tiene delante lo que será cuando resucite y transmite la intuición de la resurrección. 

12. Las llagas de los cuerpos resucitados.

La nueva plenitud de la humanidad en el otro mundo no es solo restitución, no es sin más una vuelta al principio. Esto dejaría de lado la experiencia del pecado (y su huella).

La plenitud del otro mundo contará con toda la historia del hombre: una historia formada por el drama del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y, al mismo tiempo, impregnada por el misterio de la redención. La redención es camino a la resurrección. Por eso nuestras llagas prevalecerán como las de Cristo, y pasará por ellas la luz de la Gloria Eterna.

Evangelización

La causa de don Giussani va de Milán a Roma: “un hombre de Dios”

Miles de personas acompañaron en la basílica de San Ambrosio de Milán la clausura diocesana de la causa de beatificación y canonización de don Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación. El arzobispo Mario Delpini le calificó como “un hombre de Dios que guió a muchos al encuentro con Cristo”.

Francisco Otamendi·21 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La basílica de San Ambrosio de Milán y su pórtico exterior acogieron el pasado jueves a más de diez mil personas que no quisieron perderse un nuevo paso eclesial de la causa de beatificación y canonizaciòn del siervo de Dios Luigi Giussani (Desio, 1922 – Milán 2005), fundador del movimiento Comunión y Liberación.

Se trató de la clausura de la fase diocesana del proceso, presidida por el arzobispo de Milán, Mario Delpini, ante personas de edades, historias y procedencias muy diversas, unidas por el encuentro con don Giussani y con el movimiento.

La documentación relativa a la fase diocesana ocupa miles de páginas reunidas en 27 cajas, selladas y lacradas, que serán enviadas estos días a Roma, al Dicasterio de las Causas de los Santos de la Santa Sede, donde el proceso continuará su camino.

Tres motivos de alegría

“Es un momento de alegría que nace de la experiencia de una gracia”, afirmó el arzobispo Mario Delpini.

“Un primer motivo de alegría es reconocer en Luigi Giussani a un hombre de Dios, es decir, un sacerdote que con su vida, sus palabras y su carisma guió a otros hacia el encuentro con Cristo”.

Un segundo motivo se debe al reconocimiento de don Giussani como un hombre de Iglesia, como han recogido la propia Fraternidad de Comunión y Liberación (CL), y la agencia vaticana. El proceso, por tanto concluye en Milán, y pasa al discernimiento de la Iglesia,.

El tercer motivo de gracia es el reconocimiento de la historia que a través del carisma de don Giussani “os hace protagonistas”, manifestó el arzobispo.

Un mensaje que tocaba lo más profundo de su humanidad

“Mediante su carisma, muchas personas de todas las edades y de todos los países han reconocido una palabra dirigida personalmente a ellos, un mensaje que tocaba lo más profundo de su humanidad, una apertura de horizontes que llegaba a su corazón”, añadió el arzobispo Delpini.

Davide Prosperi, presidente de la Fraternidad de CL, manifestó la gratitud y alegría de todo el movimiento. “Quiero expresar la inmensa alegría de todos los miembros de CL por este paso fundamental en el recorrido con que la Iglesia reconoce la bondad del testimonio de vida cristiana de don Giussani, para la propia Iglesia y para el mundo”.

El agradecimiento llegó también al arzobispo Delpini, a monseñor Apeciti, a la postuladora Chiara Minelli y a todos los miembros de la diócesis ambrosiana que han trabajado en la causa de beatificación y canonización.

Ahora hay que mirar adelante, hacia el camino trazado por don Ciussani. “Queremos continuar con más decisión aún en comunión con el Papa y con toda la Iglesia”, dijo en presencia de la Dra. Linda Ghisoni, Subsecretaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, así como representantes de otros movimientos.

Al acto asistieron autoridades civiles de Milán y la Región de Lombardía, y varios obispos. Entre ellos, Andrea Bellandi, arzobispo de Salerno-Campagna Acerno; Massimo Camisasca, obispo emérito de Reggio Emilia-Guastalla; Ivan Maffeis, arzobispo de Perugia-Città della Pieve y consejero espiritual de la Fraternidad de CL; Giovanni Paccosi, obispo de San Miniato; Corrado Sanguineti, obispo de Pavía; y Filippo Santoro, Arzobispo Emérito de Taranto.

Libros de don Giussani

El 15 de octubre de 2022 se cumplieron 100 años de su nacimiento, y miles de miembros de CL llenaron la Plaza de San Pedro en un encuentro con el Papa Francisco. El Santo Padre manifestó, entre otras cosas, su “personal gratitud por el bien que me hizo, como sacerdote, meditar algunos libros de don Giussani, cuando era un joven sacerdote; y lo hago también como Pastor universal por todo lo que él supo sembrar e irradiar en todas partes por el bien de la Iglesia”.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelio

Corazones que comprenden. Domingo de Pentecostés (A)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas del Domingo de Pentecostés (A) correspondiente al día 24 de mayo de 2026.

Vitus Ntube·21 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El tiempo de Pascua culmina con el envío del Espíritu Santo, que desciende sobre María y los Apóstoles en el Cenáculo. Este acontecimiento poderoso marca, no solo el comienzo de la misión de la Iglesia en el mundo, sino también un nuevo inicio en la vida de cada creyente.

A primera vista, la primera lectura y el Evangelio parecen presentar dos relatos distintos de la venida del Espíritu Santo, casi como si hubiera dos Pentecostés. En el Evangelio de Juan, Jesús resucitado se aparece a los apóstoles y sopla sobre ellos, diciendo: “Recibid el Espíritu Santo”. En los Hechos de los Apóstoles, en cambio, el Espíritu desciende con viento y fuego en Pentecostés. No se trata de relatos contradictorios, sino complementarios. Juan nos muestra la fuente del Espíritu -Cristo resucitado-, mientras que Lucas nos muestra la dirección de la acción del Espíritu, que conduce a la Iglesia hasta los confines de la tierra.

En la primera lectura escuchamos que judíos de todos los pueblos bajo el cielo se encontraban en Jerusalén. Esta reunión ya señala la dimensión universal de la Iglesia y de la misión cristiana. El pueblo está confundido, pero no como en Babel. En Babel, la confusión condujo a la división y a la dispersión de los pueblos. Aquí, en cambio, la confusión da paso al asombro y a la admiración. Se preguntan: “¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa?”. Lo que experimentan no es división, sino unidad en la diversidad. La división que comenzó en Babel ahora es deshecha por el Espíritu Santo.

A los Apóstoles se les concede el don de lenguas: la capacidad de hablar de modo que todos puedan comprender. Pero Pentecostés no trata solo de hablar; también trata de escuchar. Junto al milagro del habla está el igualmente importante milagro de la comprensión. La gente es capaz de escuchar, acoger y entender. Así como vemos lenguas de fuego posarse sobre los Apóstoles, también podemos imaginar corazones encendidos entre quienes escuchan: corazones abiertos para oír y comprender las maravillas de Dios.

San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda que hay muchos dones, pero un mismo Espíritu. Entre estos dones está el de la comprensión, la capacidad de captar el sentido de la acción de Dios en nuestras vidas. Esta es la obra del Espíritu: no solo hablar, sino hacernos comprender.

Hoy, entonces, pedimos al Espíritu Santo este don de la comprensión: reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas, conocer más profundamente a Jesucristo y permitir que nuestros corazones ardan dentro de nosotros al escuchar su palabra. Pedimos corazones que puedan ser tocados, incluso traspasados, por la verdad del Evangelio.

Pero este don no es solo para nuestra relación con Dios. También necesitamos comprensión en la vida cotidiana, en nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestras comunidades. La capacidad de escuchar verdaderamente, de comprender a los demás y de entrar en su experiencia es también obra del Espíritu Santo.

La misión de la Iglesia es anunciar a Cristo a todas las naciones. Esto requiere el don de lenguas. Pero, con la misma importancia, requiere el don de la comprensión: que quienes escuchan puedan realmente recibirlo. Por eso, no pedimos sólo el don de lenguas para nosotros, sino también el don de la comprensión para quienes nos escuchan, y para nosotros mismos cuando escuchamos a los demás.

Vaticano

El Papa comienza un ciclo sobre liturgia y prepara Pentecostés del domingo

El Santo Padre León XIV ha comenzado esta mañana un ciclo de catequesis sobre la liturgia, y ha implorado al Espíritu Santo, al dirigirse a los peregrinos de diversas lenguas, que les colme con sus dones.

Francisco Otamendi·20 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La próxima Pentecostés, que la Iglesia celebra este domingo 24 de mayo, ha impregnado casi todas las palabras del Papa León XIV a peregrinos de diversas lenguas. Pero la noticia está en que el Santo Padre ha comenzado una catequesis sobre la Sagrada Liturgia, que desarrollará en las próximas semanas.

“Hoy comenzamos una serie de catequesis sobre el primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium (SC)”, ha dicho el Pontífice.

Al elaborar esta Constitución, “los Padres conciliares quisieron no solo emprender una reforma de los ritos, sino también llevar a la Iglesia a contemplar y profundizar en ese vínculo vivo que la constituye y la une: el misterio de Cristo”. 

Armenia, y oración por la paz en Líbano y Oriente Medio

En la Audiencia ha estado presente, en lugar preeminente junto al Santo Padre en la Plaza de San Pedro, Aram I, Catolicós de la Iglesia Apostólica Armenia de Cilicia, que fue recibido el lunes en el Vaticano por el Papa.

Hoy, León XIV ha manifestado el deseo de que esta visita constituya “un paso más hacia la plena unidad”.

Asimismo, el Sucesor de Pedro ha pedido que recemos “también por la paz en el Líbano y en Oriente Medio, nuevamente asolados por la violencia y la guerra”.

A los de lengua inglesa, española, portuguesa, polacos…

En sus palabras a los fieles y peregrinos de diversas lenguas, el Papa se ha referido a la próxima fiesta de Pentecostés, con diversos matices. A los de lengua inglesa ha dicho que “invoca la alegría y la paz de Jesús Resucitado”. A los de lengua española, ha invitado a pedir “al Espíritu Santo que nos ayude a dejarnos formar intensamente por la liturgia, para que toda nuestra vida sea una continua acción de gracias”.

A los de lengua portuguesa, ha animado a pedir “una renovada efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia”. Y a los polacos, les ha recordado que “hace cuarenta años, san Juan Pablo II publicó la encíclica ‘Dominum et vivificantem’». En ella recordaba que el Espíritu Santo es la ‘Luz de los corazones’ y nos permite ‘llamar por su nombre al bien y al mal”.

Ética en el deporte: el verdadero objetivo, el respeto del adversario

El Papa ha saludado también, en lengua italiana, al movimiento de la ética en el deporte. Les ha dicho: “ustedes tienen una misión noble, custodiar el alma del deporte. Recuerden que el verdadero objetivo no es la victoria material sino el respeto del adversario, la lealtad del juego, y la inclusión de todos”.

En la santa liturgia, con el poder del Espíritu, Él sigue actuando 

En la catequesis de la Audiencia, el Papa ha comenzando diciendo que la liturgia “toca el corazón mismo de este misterio (el misterio de Cristo). Es a la vez el espacio, el tiempo y el contexto en el que la Iglesia recibe de Cristo su propia vida. En la liturgia, de hecho, «se ejerce la obra de nuestra Redención» (SC, 2), que nos convierte en linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios (cf. 1Pt 2,9)”.

Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz, ha continuado el Papa. “En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre. Ejerce su sacerdocio absolutamente único, Él que está presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, en grado sumo, en la Eucaristía (cf. SC, 7)”.

En la Eucaristía, la Iglesia se convierte en lo que recibe

Aquí ha citado a San Agustín, quien escribió que al celebrar la Eucaristía, la Iglesia “recibe el Cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe”: se convierte en el Cuerpo de Cristo, “morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2,22). Esta es “la obra de nuestra redención”, que nos configura a Cristo y nos edifica en la comunión. 

La ritualidad de la Iglesia expresa su fe —según el célebre dicho lex orandi, lex credendi— , ha proseguido León XIV. Y al mismo tiempo, “plasma la identidad eclesial: la Palabra proclamada, la celebración del Sacramento, los gestos, los silencios, el espacio, todo ello representa y da forma al pueblo convocado por el Padre, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo. Cada celebración se convierte así en una verdadera epifanía de la Iglesia en oración, como recordó san Juan Pablo II”.

Queridísimos, ha alentado el Papa, “dejémonos moldear interiormente por los ritos, por los símbolos, por los gestos y, sobre todo, por la presencia viva de Cristo en la liturgia, que tendremos ocasión de profundizar en las próximas catequesis”.

El autorFrancisco Otamendi

Libros

Historia de la alegría

El historiador Alain Corbin traza un viaje al interior de la intimidad humana para analizar la evolución y el impacto de la alegría a lo largo de los siglos. Desde las fuentes bíblicas hasta el pensamiento ilustrado y la filosofía de Spinoza.

José Carlos Martín de la Hoz·20 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El profesor de la Universidad de la Sorbona, Alain Corbin, realiza en este trabajo un viaje al interior de la intimidad que resulta de una gran actualidad, pues aborda en directo la importancia y la historia de la alegría.

Es muy interesante que Corbin no tenga ningún reparo en reconocer que la mejor fuente para conocer la verdad y la sustancia de la alegría está en la Sagrada Escritura y, por supuesto, en el Nuevo Testamento y, especialmente, en las palabras directas de María Santísima, en el maravilloso canto del Magnificat: canto de alegría y de agradecimiento infinito al Creador: “Mi espíritu se estremece de alegría en Dios, mi Salvador” (Lc 1,47).

El camino hacia la visión beatífica

Después de un recorrido por el Medievo llega a la inolvidable figura de Chateaubriand en su Genio del cristianismo, para describir bellamente el increíble paraíso que nos tiene preparado Dios, nada menos que la visión beatífica (35).

Efectivamente, Bossuet afirmará que, como dice el mandato bíblico, si amamos a Dios con todo corazón, con toda nuestra inteligencia y con todas nuestras fuerzas, regocijándonos en Su gloria, la alegría no nos puede ser arrebatada, pues es “la alegría que tenemos del Ser de Dios” (40).

Tiempo después, Pascal hablará de la fuerza del amor de Dios y de la alegría del converso: “Así el alma se regocija por haber encontrado un bien que no le puede ser arrebatado mientras lo desee: ella se aniquila, adora y bendice a Dios en silencio” (42).

Liturgia y festividades comunitarias

Enseguida, traerá nuestro autor a colación la liturgia y los tiempos destinados a la alegría por la Iglesia: “La autoridad religiosa prescribe entonces varios momentos en los que se invita al fiel a experimentar la alegría en lo más profundo de su ser, al tiempo que el conjunto de los fieles manifiesta colectivamente una gran alegría” (43). En concreto, se detendrá a hablar de las fiestas personales: “desde la Edad Moderna, la celebración solemne de la primera comunión es una gran alegría, en primer lugar, para el comulgante, pero también para toda su familia” (46).

Como contraste fuerte, se referirá a continuación a la alegría “satánica” y pone como ejemplo la envidia, presente en la historia humana desde Caín y Abel: “¿Quién no ha experimentado alguna vez en su vida un sentimiento de alegría, más o menos oscuro, ante los reveses de un competidor o de una persona que había despertado envidia, o incluso temor?” (51).

Intrigas y ambiciones de poder

La obtención del capelo cardenalicio por parte de Retz en 1652, en franca y abierta competencia con el cardenal Mazarino, es narrada con tanto detalle que hace sospechar al lector una crítica mordaz a las envidias y a las peleas tanto en la Curia romana como en la corte francesa: “este episodio de la vida del nuevo cardenal, cuya alegría se adivina a pesar de su reserva, demuestra la tenacidad de las intrigas en el seno de la Corte y del Vaticano, ya sea para impedir o para obtener el tan deseado ascenso” (58).

Cambiando de tercio se referirá a Baruch Spinoza, un autor actualmente de moda y muy cotizado, pues cada semana hay novedades editoriales que lo ensalzan, que editan sus textos y los comentan. Siempre siguiendo la estela de Hegel, quien lo tenía como el pensador clave de la historia.

La perspectiva filosófica de Spinoza

En primer lugar, recordará que, para Spinoza, Dios no se ve afectado por ningún sentimiento de alegría o de tristeza y por tanto deberíamos eliminar de la Escritura toda veleidad al respecto, como todo milagro. Por eso, para Spinoza, la Escritura debe ser interpretada de manera racional y no literal.

Enseguida aportará estos textos de Spinoza: “Todos los atributos de Dios son eternos y Dios es la causa de la existencia y de la esencia de las cosas”. Es más, afirmará Spinoza: “el hombre ya no es la unión del alma y del cuerpo, sino parte del universo homogéneo, parte que tiene su estructura singular” (61).

También afirmará que el hombre está dominado por la pasión de la alegría y de la tristeza. Además, las definirá así: “la alegría es la pasión por la cual el espíritu alcanza una mayor perfección; por tristeza, por el contrario, entiendo la pasión por la cual alcanza una menor perfección”. Por tanto, afirmará que conviene esforzarse por vivir con alegría y evitar la tristeza (61).

Lógicamente, añadirá poco después que “entender es entender a Dios, por quien todo existe, Dios que es la verdad y, por tanto, la fuente viva de la alegría más elevada (…). Amar a Dios no implica ninguna reciprocidad”. Pero señala Corbin: “Dios, según Spinoza, no ama ni odia a nadie. Se ama a sí mismo” (62). Aquí radica el gran error de Spinoza, que prescinde de la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia y por tanto de la experiencia vital de millones de cristianos que creemos que “Dios es Amor” y que nos lo ha revelado y nos ha concedido experimentarlo.

Terminará recogiendo el profundo subjetivismo de Spinoza: “Cuanto mayor es la alegría que nos embarga, mayor es la perfección a la que nos elevamos y, por consiguiente, más participamos de la naturaleza divina” (63).

Del deísmo a la familia cristiana

Al adentrarse en la Ilustración alemana, traerá el interesante testimonio de Schiller con su oda a la alegría de 1785, “donde hablará de la alegría íntima que nos anima bajo la égira de un Dios creador dotado de personalidad. Esta referencia al deísmo se aleja radicalmente del Dios de Spinoza y solo toma prestada una parte del Dios de los cristianos” (69).

No queremos terminar este breve comentario a la historia de la alegría de Alain Corbin sin hacer una referencia a la alegría en el seno de la familia cristiana, es decir, la de siempre, la de toda la vida, donde los hijos crecen en el amor y en la seguridad de unos padres que viven volcados en una esmerada educación y amplia cultura y a quienes procuran formar con muchas dosis de ternura y de confianza (97).


Historia de la alegría. Viaje al corazón de nuestra intimidad

Autor: Alain Corbin
Editorial: Alianza editorial
Año: 2026
Número de páginas: 179

FirmasMaría Paz Montero

La tierra sagrada

Los padres a menudo prefieren aferrarse a versiones superficiales o cómodas de la realidad de sus hijos, priorizando los logros visibles y el rendimiento por encima de las verdaderas e íntimas batallas que se libran en el interior del hogar.

20 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Una amiga organizó el cumpleaños de su hijo adolescente en su casa. En algún momento de la noche, uno de los invitados bebió de más y terminó vomitando en un baño. Entre varios adultos lo limpiaron un poco, lo dejaron durmiendo en una habitación y llamaron a sus padres para avisarles que el chico no estaba bien.

Del otro lado hubo un pequeño silencio y después una respuesta inmediata, casi aliviada:

—Uy, sí… yo sabía. Debe haberle caído mal la comida.

Mi amiga me lo contaba entre divertida y desconcertada. Porque no estamos hablando de padres ingenuos. Son adultos inteligentes, razonables, perfectamente conscientes del mundo en que viven sus hijos. Han escuchado infinitas veces conversaciones sobre alcohol adolescente, han ido a charlas, han leído correos del colegio. Y, sin embargo, prefirieron otra versión de la historia; una versión menos incómoda. 

La escena da un poco de risa porque todos reconocemos el mecanismo. Hay cosas que intuimos, pero que preferimos no mirar de frente. Y no ocurre solo con el alcohol.

El mecanismo de la negación

Pasa también cuando un profesor intenta mostrarnos algo incómodo sobre nuestro hijo y, antes de terminar de escuchar, empezamos interiormente a defenderlo. Pasa cuando una adolescente cambia de grupo una y otra vez y concluimos demasiado rápido que “le tienen envidia”. Pasa cuando vemos a una niña consumida por las notas, obsesionada con el peso o pendiente de manera enfermiza de la aprobación social, y reducimos todo a perfeccionismo, inseguridad o “presión de esta generación”, como si bastara nombrar las cosas para haberlas entendido.

Vivimos mirando lo visible porque lo visible tranquiliza. Las notas pueden medirse; las medallas se exhiben con facilidad. El rendimiento permite comparaciones rápidas, y las fotos felices en Instagram ayudan a construir la impresión de que todo está bien.

El corazón no tolera ser mirado con liviandad.

Y, sin embargo, el cristianismo siempre ha insistido justamente ahí. Cristo vuelve una y otra vez al corazón: ese lugar misterioso e inaccesible donde una persona decide qué ama, a qué le tiene miedo, cuánto necesita la aprobación de otros para sentirse valiosa, hasta dónde está dispuesta a ceder para pertenecer y qué clase de vínculos termina construyendo. 

El verdadero valor de una persona

“Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.”

No parece casualidad que el Evangelio insista tanto ahí, precisamente en una cultura obsesionada con lo visible. Porque cuando uno vive mirando solo lo superficial, termina dejando al hijo bastante solo justamente en el lugar donde más necesita compañía.

Y es ahí donde se juega lo importante: no en las calificaciones escolares ni en el podio deportivo. Tampoco únicamente en la universidad a la que logrará entrar o en esa cuenta de Instagram donde parece siempre feliz y rodeado de amigos.

Asómate ahí. Con inmenso cariño y con respeto, porque la tierra que pisas es tierra sagrada. Asómate para mirar qué está pasando realmente en ese corazón: qué cosas lo entusiasman y cuáles lo paralizan. Qué tipo de aprobación necesita desesperadamente. Cuánto miedo tiene a quedarse fuera. Qué dolor intenta esconder detrás de la obsesión por el rendimiento o por un cuerpo perfecto. Qué tan capaz es de sostener una amistad, sacrificarse por otro o reconocer un error sin derrumbarse.

Y también —porque no todo consiste en detectar heridas— asómate para maravillarte.

Conexiones en momentos cotidianos

Asomarse al corazón de un hijo rara vez ocurre en las grandes conversaciones planificadas. Ocurre muchas veces en momentos laterales: en el auto, tarde en la noche, mientras se lavan los platos, cuando el adolescente dice algo aparentemente pequeño y el adulto resiste la tentación inmediata de corregir, explicar o tranquilizar.

A través de muchos años impartiendo clases y tutorías a adolescentes, pocas veces me he encontrado con jóvenes convencidos de que sus padres están profundamente orgullosos de ellos porque luchan por hacer lo correcto, porque son honestos, porque intentan ser leales con sus amigos o porque tuvieron la humildad de reconocer una falta.

En cambio, suelen tener bastante claro cuándo generan orgullo por sus notas, por un triunfo deportivo o por esos logros visibles que cualquier adulto puede comentar delante de otros.

La mirada de la aceptación real

Y no se trata de que los padres sean frívolos o malos. Muchas veces ocurre algo más triste: nosotros mismos hemos aprendido a medir nuestro valor de esa manera. También nosotros vivimos agotados intentando demostrar que merecemos amor a través del rendimiento, del control o del éxito.

Quizá por eso nos cuesta tanto creer —de verdad— que Dios no nos ama principalmente por nuestros triunfos. Que lo que conmueve sus entrañas es otra cosa: el corazón real, frágil y a veces bastante desordenado de sus hijos.

Una de las cosas más decisivas que un niño aprende en su casa es precisamente qué aspectos de sí mismo despiertan amor, alegría, admiración o esperanza en quienes lo quieren. Los hijos terminan intuyendo con gran precisión qué cosas entusiasman a sus padres y cuáles apenas merecen atención. Descubren rápido si el amor parece expandirse con el éxito y retraerse con el fracaso, o si existe algo más estable debajo de todo eso.

Los hijos aprenden cómo mira Dios a partir de cómo son mirados en su casa. Aprenden lentamente –y mucho antes de comprenderlo intelectualmente- si el amor depende de cumplir ciertas expectativas o si puede permanecer incluso cuando aparecen la torpeza, la lentitud o el fracaso. 

Abrazar la imperfección

Quizá una parte importante de educar consista en renunciar al hijo impecable, brillante, equilibrado y siempre exitoso para encontrarse con este otro: más vulnerable, más contradictorio, a veces difícil, pero infinitamente digno de ser amado. 

En el pequeño duelo de abrazar al hijo real y no solamente al hijo imaginado aparece algo muy parecido al corazón de Cristo.

Un amor que no es ciego ni ingenuo, pero sí misericordioso. Un amor capaz de mirar la verdad sin retirar por eso la cercanía. Un amor magnánimo, que no reduce a la persona a su peor momento ni a su mejor rendimiento.

Tal vez eso sea, en el fondo, acompañar el corazón de un hijo: entrar ahí con suficiente delicadeza como para enseñarle —muy lentamente— a amar y también a dejarse amar.

El autorMaría Paz Montero

Periodista y profesora de Lenguaje y Literatura. Combina su trabajo docente con proyectos de difusión cultural. Recomienda libros en el Instagram @milesdebuenoslibros

Mundo

Vietnam, el nuevo pulmón de la Iglesia en Asia

Vietnam es, junto con Corea del Sur y Filipinas, uno de los grandes “motores” del cristianismo en Asia. Su situación actual es fascinante, pues tiene el reto de acompañar el crecimiento espiritual de muchos creyentes y la delicada relación con un gobierno comunista.

Francisco Otamendi·20 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Mientras en no pocas partes del mundo la secularización avanza, la Iglesia católica en Vietnam muestra signos de enorme vitalidad en un contexto marcado por un gobierno comunista y una religión budista que sigue aproximadamente la mitad de la población, según Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) y otras fuentes como Pew Research Center.

Los fieles, la mayoría familias católicas, muestran una fe profunda en la vida cotidiana, y mantienen una presencia activa y creciente distribuida en 27 diócesis, con más de 3.400 parroquias y alrededor de 5.000 sacerdotes diocesanos y otros 2.000 religiosos.

En un momento en que en Europa se cierran conventos o parroquias, Vietnam vive una primavera de fe. Con una población de 102 millones de habitantes, el país cuenta ya con más de 7 millones de católicos, lo que le convierte en la quinta comunidad católica más grande de Asia.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? En 1960 la población de Vietnam era de 34 millones, y ahora (2026) se ha triplicado, incluso con una guerra de por medio, que terminó en 1975. Si entonces los católicos eran más o menos 2 millones, y ahora son más de 7, el “secreto” son en gran parte las familias católicas que tienen hijos y la difusión de una fe creciente.

En estas líneas veremos una breve radiografía sobre estos aspectos: “fiebre” constructora, vitalidad sacramental, el “milagro” de las vocaciones, los hitos diplomáticos, y lo que la religiosa vietnamita Tham, de la Congregación de las Misioneras de Cristo Jesús, explica a Omnes: “La Iglesia en Vietnam tiene una historia profundamente marcada por el sufrimiento y la fidelidad. Durante las persecuciones, muchos cristianos dieron su vida por la fe. Es el testimonio de los mártires”, sin el cual no se entiende apenas nada.

200 nuevas iglesias en 2025

El dinamismo católico se traduce en iniciativas pastorales constantes y en un compromiso misionero que trasciende las fronteras. Uno de los fenómenos más visibles es la intensa actividad edificadora.

Vietnam construye una media de 200 iglesias al año, algunas de ellas auténticas catedrales con capacidad para miles de personas. Estas construcciones responden a la demanda de espacio para el culto y reflejan el crecimiento de la comunidad.

Uno de los ejemplos más llamativos es la iglesia de Lang Van, en Ninh Binh, inaugurada en diciembre de 2025. Con estilo neogótico, capacidad para 5.000 personas y un campanario de más de 100 metros, es ya el templo católico más grande del sudeste asiático.

Sorprende que esta “fiebre” constructora, acompasada al crecimiento de la comunidad católica, tenga lugar con un gobierno comunista. Pero esta ha sido la apuesta gubernamental, en especial desde la pandemia.

Avance de relaciones diplomáticas 

En publicaciones oficiales como vietnam.es se ha recogido la audiencia en abril del Papa León XIV al presidente de la Asamblea Nacional de Vietnam, Tran Thanh Man, y su esposa, considerada de “gran importancia”. “Ambas partes buscan establecer relaciones diplomáticas plenas entre Vietnam y la Santa Sede, y facilitar una visita del Papa a Vietnam”, dice la información.

En este contexto, ambas partes “expresaron su satisfacción por los importantes y sustanciales avances logrados en las relaciones entre Vietnam y la Santa Sede, desde las reuniones entre altos dirigentes de ambos países hasta el establecimiento de la Oficina del Representante Permanente de la Santa Sede en Vietnam”. Se trata del arzobispo Marek Zalewski, primer Representante Papal residente en Hanoi (la capital) desde 1975, quien asegura que “la Iglesia en Vietnam está viva porque su gente está viva”.

El sacerdote David Rolo (Toledo, 1974), misionero del Verbum Dei que reside en Roma tras trabajar 6 años en el país vietnamita, ofrece a Omnes un dato: “en tiempos de la pandemia, la Conferencia Episcopal vietnamita hizo una llamada a todos los fieles, para atender las necesidades de las personas que estaban sufriendo”. Y el gobierno reconoció el beneficio social de la Iglesia católica en el país.

Vida sacramental

La vida sacramental muestra igual dinamismo, con más de 100.000 bautizos anuales y una asistencia a Misa dominical que alcanza entre el 64 % y el 90 % en zonas rurales y comunidades dedicadas, donde familias enteras participan en celebraciones litúrgicas de carácter comunitario.

Por experiencia propia, la Hermana Tham asegura que “la fe vivida en las familias y en las parroquias sigue siendo fundamental”. El P. David Rolo añade que “las familias católicas siguen teniendo un buen número de hijos, y hay muchos jóvenes, hombres y mujeres, provenientes de familias católicas, que desean seguir a Jesús en la vida consagrada o en la vida sacerdotal”.

El “milagro” de las vocaciones

Quizá el aspecto más llamativo del crecimiento sea el florecimiento vocacional. Los 11 seminarios mayores del país funcionan a plena capacidad con más de 2.800 seminaristas, a los que se suman unas 31.000 religiosas y religiosos entregados al servicio de la Iglesia. El sacerdote Joseph Dinh Quang Hoan, de la diócesis de Thai Binh y actualmente en Roma estudiando gracias a una beca de la Fundación CARF, dice: “En Vietnam hay muchos jóvenes dispuestos a servir a la Iglesia. El número de vocaciones en la Iglesia vietnamita es muy elevado. En mi diócesis de Thai Binh, una diócesis pequeña, tenemos actualmente cerca de 100 seminaristas y muchos religiosos, monjas y hermanos”.

Este abundante número de vocaciones ha permitido a la Iglesia vietnamita comenzar a exportar sacerdotes y religiosos a Europa y Estados Unidos, donde apoyan comunidades con escasez de clero. El propio Hoan explica su vocación formativa: “Venir a Roma a estudiar no es sólo mi sueño, sino el sueño de muchos creyentes vietnamitas. Quiero estudiar todo lo que pueda para poder volver a servir a la formación intelectual en mi diócesis”. Hoan también menciona que en su diócesis se está construyendo el seminario mayor del Sagrado Corazón, por lo que se necesitan profesores cualificados para acompañar este crecimiento sostenido.

Raíces históricas: la sangre de los mártires

El beato Andrés Phú Yên, primer mártir del país nacido en 1625, sigue siendo referente para la Iglesia en Vietnam. Con ocasión del 400 aniversario de su nacimiento, el Papa León XIV dirigió un mensaje a los más de 64.000 catequistas vietnamitas recordando que Andrés “recibió el bautismo, colaboró con los misioneros jesuitas, fue arrestado por su fe y asesinado a los 19 años tras negarse a renunciar a Cristo. Murió diciendo: ‘Jesús’”. El Pontífice agradeció a los catequistas su entrega: “Con vuestra enseñanza y vuestro ejemplo, atraen a los niños y a los jóvenes a la amistad con Jesús”.

Vietnam cuenta además con 117 mártires canonizados, entre ellos san Andrés Dung-Lac y compañeros, cuyo testimonio en tiempos de dura represión sigue inspirando a las nuevas generaciones. Estos mártires, canonizados por san Juan Pablo II en 1988, corresponden a un período de persecuciones entre 1745 y 1862, durante el cual miles de cristianos vietnamitas fueron ejecutados por su fe. Fides, OMP Press o Asia News han señalado que los catequistas desempeñan un papel clave en la evangelización en áreas remotas donde el acceso a sacerdotes es limitado.

El legado de cardenales vietnamitas

La Iglesia vietnamita también ha dado a la Iglesia figuras cardenalicias de gran relieve. El cardenal François Xavier Nguyen Van Thuan, detenido 13 años en cárceles comunistas entre 1975 y 1988, se convirtió en símbolo de resistencia pacífica al celebrar Misa en secreto con tres gotas de vino y un poco de agua sobre la mano y escribir El camino de la esperanza, compuesto por 1001 pensamientos dedicados a sus fieles durante su cautiverio.

El autorFrancisco Otamendi

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España

Cuenta atrás para la llegada del Papa León XIV a España

La organización del viaje ha presentado una campaña comunicativa que preparará el terreno para la llegada del pontífice.

Redacción Omnes·19 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Dos spots, algo más largos de lo habitual, uno referido a la amistad y el encuentro a pesar de las diferencias y otro, sobre la necesidad de conocer y tratar a los demás “alzando la mirada” serán los dos relatos audiovisuales con los que España prepara la visita del Papa León XIV

Rafael Rubio, Coordinador de Comunicación Nacional de la visita; Gabriel González Andrío, Responsable de Marketing y Campañas de la visita; Marcos Tejeiro, Director General de UM (Omnicom Media España) y Sara de la Torre, Directora de Comunicación de la Archidiócesis de Madrid, han compartido con la prensa algunas novedades y avances de los preparativos de la visita del pontífice a España. Durante tres semanas, los martes, se darán a conocer estos avances en las diversas sedes. 

Los spots: “Metro” y “Nuevos (viejos) amigos””

“Metro” y “Nuevos (viejos) amigos” son las dos cápsulas de vídeo, que se proyectarán fundamentalmente en televisiones y redes sociales, con las que la organización de la visita papal “aspira a interpelar tanto a creyentes como a no creyentes”.

La campaña ha contado con Omnicon Media para la planificación estratégica; con Ábside Media para la producción y con TheCyranos para la creatividad. Sobre este aspecto, Gabriel González Andrío ha querido agradecer a los voluntarios, no actores, que protagonizan estos spots y cómo quieren reflejar esta necesidad de superar la polarización y especialmente, a establecer relaciones personales superando las diferencias y prejuicios, como preparación a la llegada del Papa y en consonancia con los mensajes que, en este sentido, ha ido lanzando el Papa León XIV desde el inicio de su pontificado. 

Los actos de Madrid

Sara de la Torre ha avanzado algunos aspectos de los actos y celebraciones que presidirá León XIV en Madrid. 

En este sentido, ha explicado el recorrido de la procesión del Corpus Christi, presidida por el pontífice que partirá desde Cibeles, donde se celebrará la Santa Misa, por la calle Alcalá hasta la altura de la parroquia de San José. Allí dará la vuelta, regresando al punto de partida.  

De la Torre ha querido puntualizar además que “para la distribución de la comunión en la Santa Misa de Cibeles se ha establecido un plan estratégico para evitar que alguien quede sin comulgar. En este sentido, “500 sacerdotes y 1.800 ministros extraordinarios de la comunión, estarán distribuidos a lo largo de todo el espacio y además, 6 parroquias del entorno: San José, la basílica de Jesús de Medinaceli, San Jerónimo, San Manuel y San Benito, Santa Bárbara y el centro cultural de la villa, serán ‘parroquias eucarísticas’, a las que se puede acudir a comulgar en el caso de no llegar a uno de estos ministros”. Hay que apuntar que, a día de hoy, hay 250.000 personas registradas para esta celebración de la Santa Misa en Cibeles. 

La directora de Comunicación de la Archidiócesis de Madrid ha desvelado, además que, en todo el entorno de Castellana se establecerán diversos “puntos de escucha”. Una iniciativa pastoral que se lleva a cabo en la Archidiócesis madrileña hace tiempo y que tendrá su expresión visible en estos días, con el objetivo que cualquier persona que quiera y lo necesite, pueda ser escuchado por agente de esta pastoral, formados para ello, e iniciar un proceso de acompañamiento. 

La participación

Además se han dado a conocer algunas de las cifras de participación de las que se teine constancia. Además del cuarto de millón de asistentes a la Misa y procesión del Corpus, Rafael Rubio ha dado a conocer que hay unos 160.000 inscritos para la Vigilia del sábado; 36.000 en la Santa Misa de Gran Canaria y 25.000 para la de Tenerife. No se han dado los datos correspondiente a los actos en Barcelona. 

Equipaciones de voluntarios y merchandising

La rueda de prensa ha servido para dar a conocer, además, las equipaciones de los voluntarios y la organización de estas celebraciones. Los voluntarios y organización irán equipados con camisetas y gorras de diferente color, según su labor: 

Rojo para el staff general, naranja para los voluntarios, azul para voluntarios de accesibilidad y verde para los voluntarios de información. Junto a esto, el merchandising de esta visita ya está disponible en la tienda online de El Corte Inglés y en la web Conelpapa.es.  Los beneficios irán íntegros a sufragar los gastos del viaje y además gracias a la colaboración de la Fundación Contemplare, también están a la venta productos religiosos elaborados por distintos conventos de clausura de España.

Evangelización

¿Por qué tengo que ir a un sacerdote para que Dios me perdone en Confesión?

Jesús así lo estableció, instituyendo uno de los siete sacramentos, y confiriendo a los apóstoles el poder de perdonar los pecados. Los sacerdotes, sucesores de esos apóstoles, actuarían en nombre de Jesús.

Alejandro Vázquez-Dodero·19 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Confesión –o sacramento de la Alegría, Reconciliación, Perdón de Dios– es el sacramento de curación. Sana el alma, cura algo que hice mal e hirió a Dios mismo, porque contravino mi naturaleza y la voluntad del Señor. Vuelve a posibilitar la inhabitación de Dios en mi alma si cometí un pecado mortal y por ello  le “expulsé” de mi interior; o la purifica más si le ofendí leventemente. 

Para poder confesarme debe haber materia, o sea consciencia de haber pecado u ofendido a Dios por inobservancia de cualquiera de los Mandamientos que señalan cuál debe ser la actitud del hombre frente a Dios, la del hijo frente al Padre.

Significado de la Confesión

Es un tesoro de valor incalculable, al significar el encuentro con la misericordia infinita de Dios, que me ama y siempre quiere perdonarme y darme la oportunidad de comenzar y recomenzar, una y mil veces. En definitiva, se trata de volver a ser nosotros mismos, reencontrándonos nuevamente con Dios, con quien nuestra naturaleza desea –porque necesita– estar. Por esta simple razón encontraría su justificación que la Iglesia obligue al menos a confesar los pecados mortales, si es el caso, una vez a año.

El pecado mortal debe ser confesado obligatoriamente a un sacerdote para recibir el perdón, mientras que los pecados veniales se recomienda confesarlos para fortalecer la vida espiritual. Porque hay otros modos de purificar esos pecados leves, como la propia recepción de Cristo en la Eucaristía.

¿Por qué no puedo pedir perdón a Dios directamente?

El Catecismo de la Iglesia Católica en el núm. 1441 recuerda que “sólo Dios perdona los pecados (Mc 2,7). Jesús es el Hijo de Dios, y dice de sí mismo: ‘El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra’ (Mc 2,10)y ejerce ese poder divino: ‘Tus pecados están perdonados’ (Mc 2,5; Lc 7,48)”.

De otro lado subraya que, al atardecer del día de la Resurrección, el Señor se presentó en medio de los discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos” (Jn 20, 21).

Así, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres para que lo ejerzan en su nombre, de modo que los sacerdotes –o mejor, Él a través de los estos– puedan perdonar los pecados y devolver la paz a la conciencia.

Se trata de un contenido sagrado, que pertenece a Dios y al corazón de cada persona. De ahí que el sacerdote esté obligado a guardar el denominado sigilo sacramental o secreto de oficio de lo escuchado en Confesión.

Razones para confesarse

En síntesis, estas serán las razones por las que según la Fe Católica uno debe confesarse con un sacerdote:

  • Jesús así lo estableció, instituyendo uno de los siete sacramentos, y confiriendo a los apóstoles el poder de perdonar los pecados. Los sacerdotes, sucesores de esos apóstoles, actuarían en nombre de Jesús.
  • La Confesión significa un encuentro directo con la Gracia divina del sacramento, con el mismo Señor, porque el sacerdote en el instante de absolver o conferir el perdón de los pecados actúa en la persona del mismo Cristo.
  • Significa asimismo una medicina para el alma, que cura el pecado y la fortalece para próximos encuentros con la tentación de pecar. El sacerdote actúa de este modo como médico y guía espiritual, aliviando la carga de la culpa toda vez que expresa el perdón que ha conferido el mismo Dios.
  • El pecado rompe lazos con Dios, y, en consecuencia, con la Iglesia. El sacerdote, representando a la Iglesia, manifiesta además la restauración de esa unidad del fiel católico con la Iglesia. 
  • Reconocer el pecado ante otra persona, el sacerdote, en este caso alguien cualificado por su condición de persona consagrada, ayuda a lograr una conversión real a través de la humillación que pueda conllevar la acusación del pecado.

Para alcanzar el perdón del ofendido –Dios mismo en este caso– hay que verificar que existe arrepentimiento cierto por el daño causado, y eso lo hace el sacerdote en Confesión.

  • Por último, nos referiríamos a la certeza del perdón, que alcanza quien escucha las palabras de absolución. Se logra así la seguridad teológica de que los pecados han sido perdonados, han desaparecido, y uno ha vuelto a la comunión con Dios, abrazando su amor misericordioso, recuperando la paz interior.
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Evangelización

Jacek Magiera, ¿un entrenador de futbol, santo?

Muchos de los que entrenaron balo las órdenes de Jacek Magiera repiten lo mismo: «Me ayudó a ser mejor persona».

Stanisław Urmański·19 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El día 10 de abril falleció inesperadamente a sus 49 años, Jacek Magiera, el entrenador adjunto de la selección polaca de futbol. Su nombre no sonara a los seguidores de los grandes equipos de futbol, pero sí ha sido un referente de los últimos años a nivel nacional. Magiera no solo tenía resultados en el campo, sino ayudó a crecer como personas a muchos futbolistas. El entrenador no ocultaba que, si ha hecho algo bueno, era porque respondía a lo que Dios le ha dado. 

Es raro que en Przegląd Sportowy, el diario deportivo polaco de referencia aparezca un adjetivo santo. Desde luego, debido a la irrupción de internet como fuente de noticias de última hora —como los resultados de los partidos—, el diario evolucionó dejando más espacio para entrevistas y artículos de opinión que explican, con mayor profundidad, el porqué de lo que pasa en los campos de fútbol u otras arenas deportivas.

¿Un santo?

Así que vuelven los temas como el trabajo constante, la lucha contra la adversidad o el no perder el ánimo tras la derrota. Pero, ¿santidad? Resulta significativo que, en su comentario sobre el fallecimiento de Jacek Magiera, su colega de la época de la selección juvenil polaca, Kamil Kosowski, lo describa de la siguiente manera: “No quería describir a Jacek solo como entrenador o futbolista porque, independientemente del oficio que desempeñara, sería para mí el mismo compañero: lleno de calidez humana, servicial, inteligente y empático con el otro. Un hombre de fe, profundamente religioso, asiduo lector, hambriento de conocimiento y capaz de entender que el desarrollo futbolístico no lo es todo. Un hombre sin adicciones, cristalino; se puede decir que ha sido un santo”.

Es interesante que su colega, en vez de hablar de sus éxitos como futbolista y entrenador, destaque su lado humano y subraye su profunda fe. Su relación con Dios, normal y sencilla, afectaba a todo lo que hacía. El hecho de que incluso las personas que no compartían su fe se dieran cuenta de que allí había algo más, es muy significativo.

¿Quién fue Jacek Magiera?

Nacido en Częstochowa, junto al santuario de Jasna Góra, Magiera empezó su carrera en el club local Raków, pero pronto se trasladó al Legia de Varsovia, el equipo de la capital, que encabeza el ranking de los clubes polacos con 15 títulos. En el Legia jugó 10 temporadas y ganó 2 veces el campeonato nacional. Ya en su etapa de jugador pensó en dedicarse a los banquillos. A los 32 años terminó su carrera como futbolista y empezó a entrenar. Entre sus logros destaca el campeonato de Polonia de 2017 con el Legia de Varsovia. Siete años más tarde logró el subcampeonato con el Śląsk Wrocław. También colaboró de diversa manera con la selección polaca, de la cual fue entrenador adjunto recientemente.

Pero más que los títulos, lo que realmente vale es el trabajo que hizo con los futbolistas. Los años que más le marcaron fueron 2014 y 2015, cuando estuvo a cargo del segundo equipo del Legia de Varsovia. Allí tenía bajo su tutela a jóvenes jugadores de 17, 18 y 19 años con mucho talento y todo el futuro por delante, que tenían que enfrentarse a la entrada en la vida adulta y corrían el riesgo de echarse a perder. Ahí entraba Magiera con su exigencia y su acompañamiento integral.

Muchos de los que entrenaron con él repiten lo mismo: «Me ayudó a ser mejor persona». En una de sus entrevistas explicaba que su modo de entender el oficio de entrenador consistía en ver en un joven jugador algo que otros no habían visto, para así edificarlo y darle la oportunidad de adquirir experiencia.

Lo que dicen sus jugadores

Y estas no son solo palabras suyas; los jugadores lo confirman. Resulta muy ilustrativo lo que dice Jakub Rzeźniczak, quien empezaba su carrera profesional en el Legia cuando Magiera terminaba la suya y luego lo tuvo como entrenador: “Fue uno de mi mentores, siempre apoyaba a los jugadores jóvenes. Me ayudó a aprobar el examen de bachillerato y me prestaba dinero cuando me faltaba”.

Rzeźniczak cuenta cómo, cuando Magiera ya trabajaba en otro club, le llamaba en los momentos difíciles, incluso en asuntos de su vida privada: “Me ayudó muchas veces: cuando pasaba por un mal momento futbolístico, cuando falleció mi hijo o cuando pasaban cosas malas en mi vida; siempre pude contar con él. Después de llamar al entrenador Magiera, uno simplemente revivía de algún modo; sabía infundir un espíritu muy positivo en las situaciones difíciles”.

A estos jóvenes jugadores, y no solo a ellos, les transmitía la necesidad de actuar a conciencia. En un momento dado se topó con el libro de Álex Rovira y Fernando Trías de Bes, La buena suerte. El libro, en forma de fábula, explica que el éxito profundo —ya sea empresarial, futbolístico o vital— no es una cuestión de azar, sino de decisiones bien tomadas y de integridad. Magiera se fascinó tanto con la obra que compró los 700 ejemplares que quedaban de la edición polaca para regalárselos a sus jugadores y explicárselos en las charlas de los entrenamientos. Hacía pensar a los jóvenes futbolistas para que se cuidaran y no desperdiciaran el esfuerzo del entrenamiento con entretenimientos nocivos.

En cuanto a su modo de dirigir al equipo, también se veía que iba a lo profundo. Por ejemplo, respecto a la disciplina en el vestuario, explicaba en una entrevista que no buscaba imponerla a gritos para que los jugadores hicieran lo que él quería, sino que consideraba que la disciplina debía nacer del interior de los futbolistas. Los buenos jugadores quieren hacer lo que dice el entrenador porque ya lo tienen interiorizado.

El fútbol, en su sitio

En las entrevistas no ocultaba que para él el fútbol no era lo más importante. Antes, desde luego, estaba su familia. Se casó tarde con Małgorzata, quien compartía su pasión por el fútbol, y tuvieron dos hijos. Es significativo que diera mucha importancia a no cambiar de equipo con demasiada frecuencia. Sabía que sus hijos necesitaban a su padre y requerían estabilidad para crear lazos duraderos, algo de lo que, según reconocía, su mujer siempre le advertía.

Y lo primero de todo era su trato con Dios. En una entrevista afirmaba: “Para mí, la fe es el fundamento sobre el cual construyo todo. Construyo la familia, el equipo y a cada jugador individualmente (…) Yo sé que sin Dios no existiría, no existiría todo lo que hago. Confío completamente en que el camino divino es mi camino”.

Circunstancias del fallecimiento

Su muerte fue inesperada: se desplomó durante un entrenamiento individual mientras corría por un parque de Breslavia (Wrocław) a causa de una parada cardíaca. Pocas semanas antes se había sometido a un examen médico exhaustivo que no detectó anomalía alguna.

Su fallecimiento fue ampliamente comentado en los medios de comunicación. A su funeral asistió el presidente de la república, Karol Nawrocki. La Asociación Polaca de Fútbol decretó un minuto de silencio antes de todos los partidos de la Ekstraklasa en la semana de su muerte. Los aficionados del Legia prepararon un tifo con su retrato a gran tamaño para acompañar al club en el partido de liga. En el siguiente encuentro del Śląsk, su último club tras su fallecimiento, el juego se detuvo en el minuto 19 y 47 segundos, en referencia al año de fundación del club (1947).

Un año y medio antes había visitado el santuario de Gietrzwałd, al norte de Polonia, lugar de las apariciones de la Virgen en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de aquella visita, la familia Magiera rezaba el rosario diariamente. Jan, su hijo de doce años, de manera espontánea el día del fallecimiento y viendo el ambiente tan cargado de tristeza, dijo: “Oye, ¿por qué no rezamos el rosario? Eso es lo que haría papá”.

El autorStanisław Urmański

Sacerdote polaco.

Iniciativas

¿Hay vida extraterrestre inteligente? Opinan pensadores católicos

Si existen seres extraterrestres racionales, ¿cuál sería la relación de Dios con ellos? La reflexión era antes puramente especulativa, pero podría adquirir un nuevo significado al divulgarse datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos sobre supuestos encuentros con “fenómenos anómalos no identificados” o FANI.

OSV / Omnes·19 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– María Wiering, OSV News

Los UAP -antes conocidos como ‘objetos voladores no identificados’ u OVNIs- y la inteligencia detrás de su existencia han sido durante mucho tiempo motivo de fascinación pública, incluso antes de que se afirmara el hallazgo de restos de OVNI en Roswell, Nuevo México. 

Pero teólogos y científicos católicos también han reflexionado sobre sus implicaciones en la forma en que la humanidad se percibe a sí misma en relación con su Creador.

Entre los estudiosos que investigan este tema, el consenso general parece ser que la existencia de seres inteligentes extraterrestres no trastoca la teología de la creación de la Iglesia.

Christopher Baglow, director de la Iniciativa de Ciencia y Religión del Instituto McGrath para la Vida de la Iglesia en la Universidad de Notre Dame en Indiana, abordó esta cuestión en una conferencia impartida en 2021 para la Conferencia Anual de la Sociedad de Científicos Católicos, cuya versión publicó en Church Life Journal. 

Humanos y extraterrestres comparten a Dios como su creador

Su punto de partida fue que los humanos y los extraterrestres comparten a Dios como su creador, lo que otorga a los extraterrestres “la capacidad de una relación especial con Dios en la que pueden conocerlo y responderle con libertad y amor”.

“Dios los amaría y querría compartir su vida con ellos”, dijo.

Se dice que San Juan Pablo II expresó una idea similar cuando un niño le preguntó si los extraterrestres eran reales. “Recuerden siempre”, habría dicho el difunto pontífice , “ellos son hijos de Dios, igual que nosotros».

El Papa León XIV visita el Observatorio Vaticano en Castel Gandolfo, Italia, el 20 de julio de 2025, para conmemorar el aniversario de la primera misión tripulada que alunizó en 1969. (Foto de CNS/Vatican Media).

¿Podría la Iglesia bautizar a seres extraterrestres?

Si bien la Iglesia Católica no ofrece una enseñanza definitiva sobre la vida extraterrestre, a lo largo de los siglos los intelectuales católicos han reflexionado sobre el tema. En el siglo XV, el cardenal alemán Nicolás de Cusa, filósofo y teólogo, especuló que la creatividad de Dios hacía probable la existencia de vida inteligente en otros planetas. 

Mucho más recientemente, el astrónomo jesuita Hermano Guy Consolmagno planteó una pregunta clave sin rodeos en el título de su libro de 2014: “¿Bautizarías a un extraterrestre?”. 

Escrito en colaboración con el padre jesuita Paul Mueller, el libro aborda diversas cuestiones de fe y ciencia mediante un formato de preguntas y respuestas. En cuanto a la pregunta que da título al libro, responde afirmativamente, pero solo si el extraterrestre lo solicita, ya que se trata de un sacramento que debe darse y recibirse libremente.

El hermano Consolmagno, oriundo de Detroit, es presidente de la Fundación del Observatorio Vaticano y fue director del Observatorio Vaticano durante una década, de 2015 a 2025. “Cualquier entidad, por muchos tentáculos que tenga, tiene alma”, declaró a The Guardian en 2010, añadiendo que estaría “encantado” si se descubriera vida extraterrestre inteligente.

El Papa León XIV saluda al hermano jesuita Guy Consolmagno, director del Observatorio Vaticano, durante una audiencia con estudiantes de la escuela de verano del observatorio, en el Vaticano, el 16 de junio de 2025. (Foto de CNS/Vatican Media).

¿Existen en el universo otros “hijos de Dios”?

El actual director del observatorio, el padre jesuita Richard D’Souza, comparte una opinión similar. 

“Serían hijos de Dios”, dijo D’Souza refiriéndose a los seres extraterrestres en 2025. “Creo en un Creador benevolente. Él está detrás de todo”.

El padre jesuita José Funes, otro exdirector del Observatorio Vaticano, lidera el Proyecto OTHER, que reúne a científicos, teólogos y filósofos en la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, para estudiar la posibilidad y el impacto potencial de la existencia de seres extraterrestres inteligentes.

“Así como existe una multiplicidad de criaturas en la Tierra, puede haber otros seres, incluso inteligentes, creados por Dios. Y esto no contradice la fe, porque –y es importante entenderlo–, no podemos poner límites a la libertad creativa de Dios”, afirmó en un artículo de 2023 publicado por el Observatorio Vaticano. 

Ni necesaria, ni excluida

“La existencia de vida inteligente en planetas distintos de la Tierra no es ni necesaria ni excluida por ningún argumento teológico. Los teólogos, como el resto de la humanidad, deben esperar y ver”.

En una entrevista de 2021 con Catholic News Service, el padre Funes instó a los católicos y a otros a considerar el tema desde una perspectiva académica, no desde teorías de la conspiración.

Entre las preguntas que los teólogos —incluido el célebre teólogo jesuita del siglo XX, el padre Karl Rahner— se han planteado está si la Encarnación se habría repetido en otros planetas para otras especies inteligentes. Tanto el padre Funes como el padre dominico Thomas F. O’Meara, profesor de teología jubilado de la Universidad de Notre Dame y autor de “Vast Universe: Extraterrestres and Christian Revelation”, declararon a CNS que la encarnación de Jesús fue un acontecimiento “único” que no necesariamente tendría lugar más allá de la Tierra.

Se trata de una cuestión que el apologista cristiano C.S. Lewis, autor anglicano más conocido por su serie “Las crónicas de Narnia”, exploró a través de la ficción a finales de la década de 1930 y en la década de 1940 con su “Trilogía espacial”. Los libros —”Fuera del planeta silencioso”, “Perelandra” y “Esa fuerza espantosa”— abordaban el tema de los extraterrestres, popularizado en la cultura por otros escritores como H. G. Wells, más conocido por “La guerra de los mundos”, una novela publicada por primera vez en 1898 y tristemente famosa por su adaptación radiofónica de 1938.

¿Necesitarían los seres extraterrestres la Redención?

La obra de Lewis plantea la posibilidad de que seres racionales de otros planetas puedan seguir viviendo en una relación con Dios que no se haya visto afectada por la caída y, por lo tanto, no necesiten la redención de la misma manera que los seres humanos.

La trilogía de Lewis también fue un punto de referencia en un documental de 31 minutos titulado “¿Qué deberían creer los católicos sobre los ovnis?”, del Instituto McGrath de Notre Dame. Producido por Brett Robinson, del mismo instituto, el documental reunió a varios científicos, teólogos y otros académicos para debatir sobre la pregunta que da título al mismo.

En el documental, el estudioso de Lewis, Michael Ward, señala las propias dudas de Lewis sobre si el modelo cosmológico actual podría verse desmoronado por nuevos descubrimientos. Tras señalar que la antropología cristiana ha dado cabida a otros avances científicos, como el sistema copernicano y la biología darwiniana, Ward afirmó: “No hay nada nuevo bajo el sol que no pueda integrarse en el marco existente”.

Sabiduría para lidiar con inteligencia no humana

Entre los expertos entrevistados se encuentra Diana Walsh Pasulka, profesora de estudios religiosos en la Universidad de Carolina del Norte en Wilmington y autora de «American Cosmic», publicado en 2019 por Oxford University Press, que explora el fenómeno de la creencia en la vida extraterrestre inteligente.

“Mucha gente piensa que reconocer la existencia de inteligencias no humanas cambiaría la religión, la erradicaría o la desacreditaría por completo, pero yo no lo creo en absoluto”, dijo Pasulka en el documental. “Dentro de las principales religiones existe sabiduría sobre cómo lidiar con la inteligencia no humana”.

Pasulka, católica practicante, ve una conexión entre los informes contemporáneos de fenómenos aéreos no identificados y las descripciones medievales de fenómenos celestes, y su trabajo la ha llevado a mantener correspondencia con ingenieros aeroespaciales y miembros de la Fuerza Espacial de Estados Unidos que buscan explicaciones para sus propias experiencias o investigaciones.

¿Los UAP son ángeles? ¿Demonios? ¿O algo más?

En una entrevista publicada en marzo en el periódico español ‘El País’, Pasulka dijo: “En el gobierno de Estados Unidos ahora mismo hay mucha gente que cree en los ovnis, en los fenómenos aéreos no identificados. Eso es un hecho. Usan el dinero de los contribuyentes para estudiarlo. Pero tienen diferentes interpretaciones.

“Por cierto, hay un alto porcentaje de católicos devotos en el ejército que estudian esto”, añadió. “Creen que probablemente existen diversos fenómenos. Algunos los clasificarían como causados ​​por ángeles y demonios. Y luego están los que consideran una amenaza, proveniente de una civilización extraterrestre desconocida. Solo saben que están aquí, y los tratan como una amenaza porque son militares: si hay algo en su espacio aéreo, quieren saber qué es”.

En marzo, el vicepresisdente J.D. Vance, católico, llamó la atención sobre la teoría de que los extraterrestres son ángeles caídos, diciendo en una entrevista de podcast que pensaba que los supuestos extraterrestres son demonios, y que la guerra espiritual es la explicación más fácil para los «fenómenos extranaturales».

Paul Thigpen, teólogo fallecido a principios de este año, también exploró esa posibilidad en su libro de 2022 , “Inteligencia extraterrestre y la fe católica: ¿Estamos solos en el universo con Dios y los ángeles?”. Pero concluyó que el ámbito espiritual era una explicación improbable para todos los fenómenos aéreos no identificados (FANI). Y expresó su preocupación de que el contacto humano con extraterrestres pudiera llevar a algunos a sustituir su realidad por la de Dios o a considerarlos erróneamente como una fuente de salvación.

En una fotografía de archivo, se ve a personas usando gafas de visión nocturna para observar el cielo durante una excursión para avistar objetos voladores no identificados (OVNI) en el desierto a las afueras de Sedona, Arizona. (Foto de OSV News//Mike Blake, Reuters)

“La Iglesia podría acoger este nuevo conocimiento científico”

“La Iglesia podría acoger este nuevo conocimiento científico, al igual que lo hizo con la revolución científica del siglo XVI que demostró que la Tierra no es el centro del sistema solar”, afirmó en una entrevista de 2022 con el National Catholic Register. 

“Si nos encontráramos directamente con una especie alienígena, con la posibilidad de comunicarnos, la Iglesia, por supuesto, tendría muchas preguntas sobre su condición espiritual y moral. Las respuestas a esas preguntas determinarían la respuesta de la Iglesia ante tales criaturas”.

“Al examinar las cuestiones implicadas, nos vemos obligados a profundizar mucho más en el significado de la enseñanza católica tradicional sobre la omnipotencia y la creatividad de Dios, la imagen de Dios en la humanidad, la caída del género humano, la naturaleza de la Encarnación, los medios y el alcance de la redención y la realidad de los ‘últimos tiempos’”.

Los extraterrestres no son algo imposible para los católicos, pero implican una forma diferente de pensar

El 5 de mayo, Will Rahn de The Free Press publicó un episodio de podcast titulado “Estos dos católicos ven señales de Dios en los ovnis”, en el que participaron Pasulka y el columnista de opinión del New York Times, Ross Douthat, para una serie titulada “¿Qué deberían pensar las personas inteligentes sobre los ovnis?”.

Douthat no se adhirió a ninguna teoría en particular sobre la naturaleza de la vida extraterrestre, en caso de que existiera. Sin embargo, sí reconoció la tensión que podrían sentir los católicos si se demostrara su existencia.

“La mayoría de los católicos se sienten bastante cómodos con un conjunto de categorías que son reales pero invisibles”, dijo Douthat. “Y sería un cambio, digamos, si la Iglesia dijera: ‘Por cierto, algunos de estos seres sobrenaturales pueden aparecer en las cámaras de la Fuerza Aérea’. Eso no sería imposible, pero supondría una forma diferente de pensar sobre estas cosas respecto a la que tienen la mayoría de los católicos actualmente”.

– María Wiering es la editora jefe de OSV News.

El autorOSV / Omnes

Vaticano

León XIV: el camino de la Ascensión es Jesús, la Virgen María y los santos

León XIV ha indicado este domingo el camino para nuestra Ascensión: Jesús, la Virgen María y los santos. Los que la Iglesia ofrece como modelo universal, y los de al lado. En el Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, ha animado  al compromiso “con formas de comunicación que respeten la verdad humana”.

Redacción Omnes·18 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En la Solemnidad de la Ascensión del Señor, que celebran muchos países este domingo, el Papa León XIV ha manifestado en el Regina caeli en la Plaza de San Pedro, que “estamos unidos a Jesús, como miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, junto con él, hacia la plena comunión con el Padre”. 

En este sentido, ha recordado a san Agustín, quien afirmó: ‘El hecho de que la cabeza avance constituye la esperanza de los miembros’”.

La Ascensión, pues, “no nos habla de una promesa lejana, sino de un vínculo vivo que también nos atrae hacia la gloria celestial, expandiendo y elevando nuestros horizontes incluso en esta vida y acercando cada vez más nuestra forma de pensar, sentir y actuar a la medida del corazón de Dios”, ha añadido.

“Conocemos el camino de esta ascensión”, ha subrayado el Santo Padre, mencionando a Nuestra Señor, a la Virgen y a los santos, los ya fallecidos y los que viven junto a nosotros. Así lo ha dicho:

Santos de altar, y los de ‘la puerta de al lado’

 “Lo encontramos en Jesús, en el don de su vida, en sus ejemplos y enseñanzas, así como lo vemos reflejado en la Virgen María y en los santos: aquellos a quienes la Iglesia nos ofrece como modelo universal y aquellos —como le gustaba llamarlos al Papa Francisco, ‘los de al lado’‘, con quienes compartimos nuestros días: padres, madres, abuelos, personas de todas las edades y condiciones, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio”.

Con ellos, con su apoyo y gracias a sus oraciones, también nosotros podemos aprender a ascender día a día hacia el Cielo, ha subrayado, (…), “haciendo crecer, en nosotros y a nuestro alrededor, la vida divina que recibimos en el Bautismo y que constantemente nos atrae hacia arriba, hacia el Padre, y esparciendo en el mundo preciosos frutos de comunión y paz”.

Que María, Reina del Cielo, que en cada momento ilumina y guía nuestro camino, nos ayude, ha concluido su alocución antes de rezar la oración mariana del Regina caeli.

Comunicaciones Sociales: “Preservar las voces y los rostros humanos” en la IA

Después del Regina caeli, el Pontífice ha recordado que hoy,  en varios países, se celebra el Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, “al que este año he decidido dedicar el tema ‘Preservar las voces y los rostros humanos’. 

En esta era de inteligencia artificial, el Papa ha animado “a todos a comprometerse con la promoción de formas de comunicación que siempre respeten la verdad humana, que es el principio rector de toda innovación tecnológica”.

“Cuidar la paz es cuidar la vida”

Desde hoy hasta el próximo domingo, se celebra la Semana Laudato Si’, dedicada al cuidado de la creación e inspirada en la encíclica del Papa Francisco, ha señalado también el Papa.

En este Año Jubilar de San Francisco de Asís, “recordamos su mensaje de paz con Dios, con nuestros hermanos y hermanas, y con todas las criaturas. Lamentablemente, en los últimos años, debido a las guerras, el progreso en este ámbito se ha visto muy ralentizado”.

Por ello, “animo a los miembros del Movimiento Laudato Si’ y a todos aquellos que trabajan por una ecología integral a renovar su compromiso. ¡Cuidar la paz es cuidar la vida”, ha finalizado, antes de saludar a peregrinos y fieles de diversas partes del mundo, e impartir la Bendición.

El autorRedacción Omnes

Dossier

¿Cómo es ser esposa de un diácono permanente?

Entrevistamos a Isabel Doménech, esposa de un diácono permanente. Con gran sinceridad y sentido del humor, confiesa cómo pasó de sentir celos por el tiempo que su marido dedicaba a la Iglesia, a entender que su servicio a los enfermos es un carisma que no se puede explicar solo con palabras.

Javier García Herrería·18 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

En algunas pocas parroquias españolas, los fieles se han acostumbrado a ver junto al sacerdote a una figura que, sin ser presbítero, participa activamente en la vida litúrgica y pastoral: el diácono permanente. Menos visible, sin embargo, es la vida que hay detrás de esa vocación cuando el diácono es un hombre casado. Porque junto a él hay una esposa, una familia, una historia compartida.

Isabel lo sabe bien. Su marido, Enrique Ten, es diácono permanente de la diócesis de Valencia desde hace catorce años. Ambos llevan más de medio siglo caminando en la Iglesia, dentro del Camino Neocatecumenal. Él tiene hoy 77 años. Y aunque la palabra “diaconado” puede sonar solemne o institucional, en su casa se vive con una mezcla muy humana de servicio, humor y una gran convicción en la importancia de su misión.

Isabel lo cuenta sin solemnidad y con una franqueza que desarma. “Mi marido ha estado siempre metidísimo en la Iglesia, ayudando en lo que le mandaban los sacerdotes y siempre muy ocupado en esto”, recuerda.

Una vocación que llegó casi por sorpresa

La idea del diaconado no surgió como un proyecto que se gestó a lo largo de muchos años. Nació de forma inesperada, durante una peregrinación a Loreto en los años 80. Allí Enrique sintió que la Virgen le llamaba a acrecentar su espíritu de servicio. Sin embargo, como el ministerio del diaconado permanente no estaba todavía instituido en la diócesis de Valencia, no supo cómo concretar esa intuición de Loreto. Además, la complejidad de su vida familiar aumentaba, crecía el número de hijos, y el pequeño, Pepe, nació con una pequeña discapacidad. En ese momento, “Enrique pensó que la Virgen le llamaba a volcarse con ese hijo necesitado, su verdadero diaconado, porque al nacer Pepe vimos las necesidades que suponía un chico con deficiencia y con necesidad de atención especial”, explica Isabel.

Sin embargo, unos años después, “un amigo suyo escolapio asistió a la primera ordenación de diáconos permanentes en Valencia y pensó inmediatamente: ‘esto sería muy bueno para Enrique, le pega todo’”, cuenta Isabel. Enrique se había olvidado del tema, pero aquella sugerencia sembró una inquietud que fue madurando lentamente. Durante un tiempo, la vocación quedó en pausa. Pero la vida siguió su curso, los hijos crecieron y la idea volvió a aparecer. Comenzó entonces un largo proceso de discernimiento y formación.

Un camino largo… y observado con espíritu crítico

Para Isabel, aquel proceso fue largo. Muy largo. “Yo decía: con tanta formación durante tantos años para mí que en la diócesis los están entreteniendo y ya está”, recuerda entre risas. Mientras Enrique acudía a sesiones de preparación y realizaba estudios de teología —que cursó con una seriedad que sorprendía a su propia esposa— ella observaba el proceso desde fuera, con su habitual sentido crítico.

“Me hacía gracia porque cuando estaba estudiando teología se ponía nervioso con los exámenes, como si fuera un chaval de la facultad”, cuenta. Algo especialmente paradójico, ya que tanto él como su mujer se habían dedicado toda la vida a dar clases en secundaria. 

Isabel explica que siempre ha sido muy franca y crítica a la hora de expresar sus opiniones. De hecho, su visión del clero nunca ha sido especialmente reverencial y, como ella misma dice: “Yo soy muy poco clerical y muy crítica”. Por eso, “soy la primera que pongo a Enrique en su sitio cada vez que hace una homilía que me ha parecido un rollo o muy larga”, afirma sin rodeos.

El consentimiento de la esposa

Cuando un hombre casado es ordenado diácono permanente, la Iglesia exige el consentimiento explícito de su esposa, pues es una decisión que afecta muy directamente al matrimonio y a toda la familia.

Isabel recuerda ese momento con naturalidad. Para ella no supuso un gran conflicto, en parte porque su marido ya vivía una intensa vida de servicio en la Iglesia desde hacía muchos años. “Yo lo viví bien porque en realidad él ya dedicaba mucho tiempo a ayudar en la parroquia y la comunidad”, explica.

La ordenación, sin embargo, sí introdujo un cambio: el servicio pastoral se volvió más visible y más organizado. Y ahí apareció un sentimiento inesperado. “Sentí celos del servicio y el tiempo que Enrique dedicaba a la Iglesia”, confiesa con naturalidad. “Había domingos que él tenía que ir a ayudar a Misa y yo pensaba: bueno, ¿y a mí cuándo me dedica tiempo?”, recuerda.

Con el tiempo, sin embargo, su perspectiva cambió. Entendió que el diaconado no era simplemente una actividad más, sino un don. “Yo no había entendido nada de lo que era el diaconado, de lo que suponía la misión. Para mí es un carisma”, reflexiona hoy.

El servicio silencioso

Ese carisma se hace visible especialmente en una de las tareas que Enrique realiza con mayor fidelidad: la visita a enfermos y ancianos. Todos los martes tiene una ruta fija. Después de acudir a Misa, comienza su ronda de visitas.

Isabel ha acompañado alguna vez esas visitas cuando el enfermo es conocido del matrimonio, por lo que ha comprobado muchas veces el don que tiene su marido para tratar enfermos: “Hay personas con un deterioro cognitivo extraordinario y Enrique puede estar media hora con alguien que no sabía si le entiende o no”, cuenta.

Aquello la sorprende profundamente. “A vece le he dicho, ¿cómo puedes estar media hora con esta persona que no sabes si te entiende?”. Pero para Enrique, explica, no se trata de conversación ni de eficacia. Es simplemente presencia. “Ahí percibes que el Señor les da una gracia particular, porque eso humanamente no se puede hacer”, reconoce Isabel.

La agenda semanal de Enrique está lejos de la jubilación tranquila que muchos imaginan a los 77 años. Cada día acude Misa en una iglesia cercana. Allí, aunque no esté oficialmente participando como diácono, ayuda en lo que haga falta: leyendo o distribuyendo la comunión.

“Él siempre es soldado de segunda fila”, dice su esposa. Ese estilo discreto es una de las características que más aprecia de él. Enrique insiste en que el diácono debe estar siempre detrás del sacerdote, nunca buscando protagonismo. “Siempre dice que su sitio es segunda fila, incluso cuando está en el altar”.

Además de las visitas a enfermos, Enrique preside celebraciones de la Palabra en dos comunidades jóvenes del Camino Neocatecumenal, prepara catequesis, participa en reuniones de catequistas y ayuda en su parroquia de Valencia, San Isidoro, Obispo.

Para sus hijos, el diaconado de su padre forma parte de la vida cotidiana. “Lo llevan bien”, dice Isabel. De vez en cuando, eso sí, le piden que controle la duración de sus homilías. “Abuelo, no lo hagas muy largo”, le dicen las nietas cuando celebra el bautizo de algún familiar.

La familia entera está muy vinculada a la vida de la Iglesia, algo que Isabel considera un regalo. “El tener a los hijos en la Iglesia es una gracia, es un don”, afirma.

Una esposa “poco clerical”

Isabel no se parece al estereotipo que algunos imaginan para la esposa de un diácono. Ella misma lo reconoce. “Yo no soy una esposa típica de diácono permanente”. No acompaña siempre a su marido en actos parroquiales ni se siente obligada a asumir un papel religioso público. “He visto mujeres de diáconos que iban con ellos a todo, cantaban y participaban en todo… a mí para eso no me pillan”, dice con humor.

El diaconado también trae escenas cotidianas llenas de humanidad. En casa de Isabel se lavan y planchan las albas litúrgicas. “El alba más blanca que he visto en el altar era la tuya”, le dice a veces a su marido. Después de tantos años, Isabel resume la vida de su marido con sencillez: “Su centro son la familia, la comunidad y la parroquia. Es que ya no hay más”. En esa frase cabe toda una existencia dedicada al servicio. Un servicio que no siempre se ve, pero que sostiene silenciosamente la vida de muchas comunidades cristianas.

Y junto a ese servicio, la presencia de una esposa que observa, se ríe, acompaña y sostiene desde un lugar discreto pero fundamental. Una vocación compartida, aunque vivida de maneras muy distintas. Porque detrás de cada diácono permanente, muchas veces, hay también una historia de matrimonio, paciencia y sentido del humor.

Cultura

Estambul: la antigua Constantinopla

Estambul es una ciudad de dos continentes, de distintos nombres y pueblos, con millones de historias que desbordan sus calles.

Gerardo Ferrara·18 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

Este artículo sigue a los dedicados a Meteora y al Monte Athos, completando así el recorrido por lo que he denominado el “triángulo espiritual” greco-ortodoxo, cuyos tres vértices son: la República Monástica del Athos, los monasterios de Tesalia y, el más importante, Constantinopla, la madre, la ciudad de donde todo parte.

Es una ciudad que ha cambiado de nombre tres veces a lo largo de dos mil setecientos años.

El estrecho del Bósforo

En un principio fue Bizancio (“Byzantion”), una ciudad griega fundada por Byzas y colonos de Megara, en un promontorio triangular donde el Cuerno de Oro se une con el Bósforo.

Más tarde pasó a llamarse Constantinopla cuando, en el año 330 d. C., Constantino I decidió establecer una nueva capital para su imperio, que se desplazaba cada vez más hacia Oriente. Eligió Bizancio por su ubicación privilegiada, la mandó reconstruir a escala monumental y la rebautizó como “Nova Roma”, pero este nombre nunca cuajó entre la población: todos llamaban a la ciudad “Kostantinoupolis”, la ciudad de Constantino, y así permaneció durante más de mil años.

El nombre Estambul, por el contrario, tiene una historia particular porque, contrariamente a lo que se cree, no fue impuesto por un conquistador. De hecho, ya se utilizaba incluso antes de que la ciudad cayera en manos otomanas, en 1453. Los griegos de aquella zona, de hecho, utilizaban la expresión “is tin polin” (que en pronunciación clásica sería “eis ten polein”) para indicar el movimiento “hacia la ciudad”, el ir a la ciudad. Y la ciudad por excelencia era precisamente Constantinopla. Esa expresión, por una contracción y una modificación de la “p” en “b”, se convirtió en Istinbolin y luego en Estambul.

Mahoma II, que conquistó la ciudad entrando a caballo en Santa Sofía el 29 de mayo de 1453, siguió utilizando ese nombre, junto con “Constantinopla”.

No fue hasta el 28 de marzo de 1930 cuando el Gobierno de la recién creada República Turca de Atatürk, mediante un comunicado oficial, estableció que Estambul sería, a partir de ese momento, el único nombre de la metrópoli, que ya no era la capital.

El embarcadero

Como europeo, llegar a Estambul —o Constantinopla— atravesando Asia es algo singular, pero es otra de las particularidades de esta ciudad, que, de hecho, se encuentra a caballo entre dos continentes.

Es 2010, el viaje me llevará primero allí y luego al Monte Athos. El vuelo más barato desde Roma, sin embargo, no aterriza en el aeropuerto principal, sino en Sabiha Gökçen, en la parte asiática. Durante la aproximación, observo con asombro, sobre el mar de Mármara, un puñado de islotes con villas blancas y ocres de los ricos de Estambul que dan al agua. Luego, la pista de asfalto, el aterrizaje y una extraña sensación que me acompañará durante toda mi estancia en la Nueva Roma: la de ser extranjero, pero no del todo ajeno.

Desde el aeropuerto asiático, cojo un autobús hasta la terminal de ferris y embarco rumbo a la orilla europea. La tarde es fresca, parece que ha llovido bastante, y sobre el Bósforo sopla el viento del Mar Negro.

La orilla europea que se acerca se me muestra en todo su esplendor: mezquitas, campanarios, el laberinto de tejados de Gálata. Desde el muelle, un taxi me lleva hasta el pequeño apartamento de los frailes dominicos de Gálata, justo debajo de la torre.

De Gálata a Santa Sofía

Torre de Gálata

Gálata, conocida anteriormente como Pera, aún conserva las huellas de la colonia genovesa que dominó esta parte de la ciudad durante siglos: los frailes dominicos están presentes allí desde el siglo XIII, y la torre que se divisa desde casi cualquier punto de Estambul fue construida precisamente por los genoveses en 1348, con el nombre de Torre de Cristo. Nada más llegar, subo las escaleras, a pesar del cielo nublado: desde lo alto, la ciudad se extiende en todas direcciones, el Cuerno de Oro a un lado, el Bósforo al otro, y los minaretes que salpican el horizonte.

Al día siguiente, salgo de Gálata, cruzo el puente sobre el Cuerno de Oro y cojo el tranvía hasta Santa Sofía, que es, literalmente, indescriptible. Puede que hayas visto las fotos, leído las descripciones o conozcas su historia, pero nada se puede comparar con la sensación de tenerla ante ti en una templada mañana de junio, con sus colores claros y la imponencia de su estructura.

Al entrar, lo que más impresiona es la cúpula, suspendida a cincuenta y cinco metros del suelo y sostenida por cuarenta ventanas; se trata de la obra maestra de ingeniería y teología del emperador Justiniano I, construida entre los años 532 y 537 por los matemáticos Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles. Se cuenta que Justiniano, en la inauguración, exclamó: “Salomón, te he superado”.

El reto era enorme: nadie había construido jamás una cúpula similar sobre una base cuadrangular en lugar de circular. El punto de referencia era el Panteón de Roma, terminado por Adriano en el siglo II, con sus 43 metros de diámetro: una estructura que mantuvo el récord durante casi mil años. En Santa Sofía, la cúpula es más pequeña, pero descansa sobre cuatro pilares en lugar de sobre una pared circular continua, lo que la hace más audaz desde el punto de vista de la ingeniería.

El primer intento fracasó: la cúpula se derrumbó en el año 558, veinte años después de su inauguración, y fue reconstruida por el sobrino de uno de los diseñadores originales, seis metros más alta y con el peso mejor distribuido a lo largo de las paredes. La que vemos hoy es la segunda. Y se mantiene en pie desde hace mil cuatrocientos años (aunque es más pequeña que la del Panteón, que solo Brunelleschi logró superar con la cúpula de Santa Maria del Fiore, en Florencia, en 1436).

El ambiente en el interior es de solemnidad y asombro. Uno se siente pequeño entre los mosaicos cristianos que emergen junto a los grandes medallones de caligrafía árabe con los nombres de Alá y de los califas, añadidos tras la conquista otomana de 1453. En la planta superior, me quedo embelesado ante la Deesis, el mosaico del Cristo entronizado entre la Virgen y Juan el Bautista, del siglo XIII. Y el rostro de Cristo, consumido por el tiempo, te mira con esa expresión de «”mperturbabilidad” que explica visualmente la inscripción en griego “O ΩN” (o on, “el que es”), como diciendo “siempre he estado aquí y siempre estaré”.

Interior de Santa Sofía

La Mezquita Azul y el descanso sobre la alfombra

Tras la larga visita a Santa Sofía y un pequeño refrigerio a base de sirope de cereza amarga, recorro el barrio de Sültanhamet, el centro histórico de la ciudad, bajando hasta las ruinas del gran hipódromo construido por Septimio Severo en el año 203 d. C. y ampliado por Constantino. Hoy es una plaza con un obelisco egipcio en el centro: casi nada de lo que fue. Lo que más me impresiona es saber que los famosos Caballos de San Marcos de Venecia se encontraban aquí, en la torre de salida de las carreras, hasta 1204, cuando los soldados de la Cuarta Cruzada saquearon la ciudad y se los llevaron. Y fue también aquí, en el año 532, donde Justiniano mandó masacrar a treinta y cinco mil rebeldes que habían devastado la capital y quemado la primera basílica de Santa Sofía, posteriormente reconstruida en su forma actual.

Interior de la Mezquita Azul

¡Después de comer, a descansar! Pero no en una cama, sino sobre la gran alfombra de la mezquita, construida entre 1609 y 1616, a pocos pasos de Santa Sofía: seis minaretes, cincuenta mil azulejos de Iznik azules y azulados, una luz que entra por doscientas sesenta ventanas y que no ilumina, sino que suaviza cada superficie. Y aquí se respira paz de verdad. Me siento en la zona lateral, con la espalda apoyada en la pared y a poca distancia de algunos hombres postrados en oración y de otros sentados en pequeños grupos, conversando en voz baja. La mezquita, al igual que la sinagoga, no es un templo en el sentido estricto del término, un lugar donde habita lo sagrado. De hecho, en árabe,”masjid” significa “lugar donde uno se sienta”, y sinagoga en griego, al igual que “bet ha-kneset” en hebreo, significa “casa de reunión”.

Por las calles de Constantinopla

Escultura de la cabeza de Medusa en la Cisterna Basílica (la imagen está dada la vuelta para poder apreciar la escultura)

Durante los días siguientes recorro la ciudad palmo a palmo, entre Europa y Asia, a pie, en metro, en barco, en tranvía: bajo tierra, en la Cisterna Basílica, donde las trescientas treinta y seis columnas de mármol sostienen una bóveda en medio del silencio y el goteo del agua, con dos cabezas de Medusa que sirven de base a otras tantas columnas que miran de reojo; en la superficie, donde el Palacio de Topkapi, con su Puerta Sublime, se extiende sobre un promontorio entre el Cuerno de Oro y el Bósforo como un laberinto de patios y pabellones, con el harén revestido de azulejos azules.

Entre las cosas que más me impresionan están la iglesia de San Salvador en Chora, con sus magníficos mosaicos del siglo XIV sobre la vida de la Virgen y la infancia de Cristo, y los famosos baños de Sinan, con sus bóvedas salpicadas de óculos que filtran la luz como estrellas mientras un hombre corpulento y musculoso te enjabona enérgicamente la espalda.

Cristo Pantocrátor en una iglesia de Estambul

Una noche, en las callejuelas de Gálata, ceno en un pequeño restaurante georgiano: dentro, la dueña, cantante y pianista, interpreta canciones del Cáucaso en un ambiente que parece un salón privado, y su marido sirve las mesas entre una canción y otra. Aquí pruebo por primera vez los khinkali, unos raviolis rellenos de carne y caldo.

En Fanar, el barrio de la linterna, el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla sobrevive con no pocas dificultades en un pequeño complejo situado alrededor de la iglesia de San Jorge, de 1720. ¡Aquí me encuentro por casualidad con el patriarca Bartolomé I, a quien confundo con un conserje mientras le pido información! Se detiene a charlar conmigo primero en inglés y luego, al descubrir que soy italiano, en mi idioma. Solo después descubro de quién se trata, cuando una mujer a la entrada de la iglesia me mira con la expresión de quien acaba de presenciar algo divertido: “¿sabes quién era?”. No lo sabía.

Las tardes las paso en los tejados de Gálata, en una terraza desde la que se ven las luces encenderse una a una hacia el Cuerno de Oro mientras el cielo cambia de color. Un día, incluso me topé, en un callejón del Gran Bazar, con algunos miembros de la comunidad judía sefardí, con quienes intercambiamos unas palabras en español (yo en español, ellos en judeoespañol), tras la travesía que nos lleva, en Asia, hasta el último asentamiento armenio de la ciudad.

Interior del Gran Bazar de Estambul

La última tarde, antes de subir al tren hacia Salónica, me quedo un rato en el puente de Gálata. Los pescadores están alineados con las cañas en el agua y el sol se pone sobre la ciudad, tiñendo de rojo los minaretes.

El puente es una larga pasarela de dos pisos sobre las tranquilas aguas. El aire huele a mar y la ciudad resplandece de luz y colores. Unos chicos en bañador se zambullen en el mar, mientras una marea de gente llega desde la plaza de la Mezquita Nueva tras la oración. En las aceras, los vendedores de pescado al horno invitan a probar un poco.

Y aquí, en medio del bullicio de gaviotas y gente, bajo el sol rojo fuego que desciende perezosamente sobre el Cuerno de Oro, me asomo a la barandilla y veo a un anciano solitario, con un fez rojo con un lazo de seda negra en la cabeza, y en el rostro una extraña mezcla de felicidad y melancolía. Parece que todos los estados de ánimo se funden en su rostro oscuro y arrugado en una única expresión, un poco como la que tienen todos los ancianos después de haber visto tantas, demasiadas cosas en la vida, ya sean feas, de las que no quieren volver a recordar, o bellas, a las que, por el contrario, intentan aferrarse con todas sus fuerzas para no olvidarlas.

Al igual que Estambul, la ciudad de los dos continentes y de los distintos nombres, de los distintos pueblos y de los millones de historias que desbordan sus calles.

Familia

Pedaladas de fe: El pequeño Rodri estrena bici y da una lección de alegría

Entrevista con los padres de Rodri, un niño que padece una enfermedad rara llamada ADNP (o Síndrome de Helsmoortel-Van der Aa). Es un trastorno genético del neurodesarrollo. En el caso de Rodri, esta dolencia se manifiesta, a grandes rasgos, en que no habla ni anda.

Álvaro Gil Ruiz·17 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Rodri es un niño que padece una enfermedad rara llamada ADNP (o Síndrome de Helsmoortel-Van der Aa). Es un trastorno genético del neurodesarrollo causado por mutaciones en el gen ADNP. En el caso de Rodri, que va a cumplir los seis años, esta dolencia se manifiesta, a grandes rasgos, en que no habla ni anda. Eso no le impide ser el centro de atención de su familia ya que, de una manera inexplicable, se hace querer de una manera inigualable. ¿Cómo es posible que sea tan feliz y que irradie tanta alegría? ¿Qué le “dan” sus padres para que manifieste con sus gestos, sonrisas y palmadas esa gran felicidad? Merece una explicación…

Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Trasladando esta realidad al caso de Rodri dicen sus padres que es él así, un niño alegre y disfrutón, que ellos no han hecho nada. Pero eso está por demostrar. Ya que Juan y María, son un testimonio vivo de fe y esperanza continua. Detrás de ellos, hay dos historias de testimonio cristiano, dignas de darse a conocer. Y eso es lo que vamos a hacer en esta entrevista, unos días después de la Primera Comunión de su otro hijo, Íñigo. Coincide en el tiempo con la llegada de una bici especial para Rodri, gracias a un “crowdfunding”, que les permite irse en familia al campo.

Juan, usted es converso, gracias a Dios y al Cenáculo, y da testimonio público de su fe, basta buscar en youtube ¿Cómo ha llegado hasta aquí? ¿Qué es el Cenáculo?

– He llegado hasta este punto gracias al Cenáculo, porque antes mi vida era un desastre completo y ya no daba un duro por ella. Llegar al Cenáculo, que es una comunidad cristiana fundada por Madre Elvira, supuso dejar que la gracia de Dios entrara en mi corazón.

Allí pude descubrir que Dios existe de verdad, casi como tocarlo, porque es una comunidad que vive de la providencia. No hay ningún interés económico ni ánimo de lucro, y eso hace que uno vea que todo se hace voluntariamente y sin pedir nada a cambio.

Lo único que se nos pide es esa poca voluntad que nos quede para ponernos en camino. Allí encontré a Dios, a la Virgen María y también a mucha gente maravillosa. Siempre digo que algunos de los mejores seres humanos que he conocido son exdrogadictos cuando dejan salir su mejor versión.

Además, esta comunidad me permite seguir colaborando para ayudar a otros chicos, y eso me hace muchísimo bien.

María, usted en cambio era la rebelde de una familia, y con el tiempo ha conocido su vocación al Opus Dei. ¿Cuál es su historia? ¿Cómo han influido sus padres y amigos?

– Mis padres hicieron conmigo lo mismo que ahora intentamos hacer con nuestros hijos: enseñar, con mucho cariño, lo que es mejor para cualquier persona, que es tener a Dios en el corazón y vivir de cara a Él.

Intentaron ser ejemplo con sus palabras, con sus actos y con su manera de vivir. Todo lo bueno que hoy tengo es fruto de la semilla que plantaron ellos y también muchas personas con las que me he relacionado y que me han ayudado a crecer.

Ahora nosotros intentamos plantar esa misma semilla en nuestros hijos, y después dejar que sea lo que Dios quiera con la libertad que nos regala.

Ahora hablemos de su encuentro, ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo nació “lo suyo»?

[Juan]: Curiosamente, el Espíritu Santo siempre tiene reservada la última palabra.

Cuando salí del Cenáculo pensaba en formar una familia. Conocí a varias chicas y salimos un tiempo, pero me daba cuenta de que no éramos el uno para el otro. Llegó un momento en que pensé: “Bueno, quizá el Señor me quiere así, libre para ayudar a otros y sin formar una familia”.

Entonces un amigo nuestro, sin conocernos todavía María y yo, pensó que podríamos hacer buena pareja. Me dijo: “Te voy a presentar a la mujer de tu vida”. Y yo le pregunté si había tenido una aparición o algo parecido.

La verdad es que no quería una cita a ciegas, pero como era una quedada en la basílica de San Isidro en Madrid, pensé: “Bueno, la conozco y ya está”.

Pero cuando la vi, además de su belleza, me impresionó muchísimo su fe. Sentí algo distinto y volví a tener esperanza de poder formar una familia.

Empezamos a escribirnos por WhatsApp, luego a quedar todos los días. Lo primero que hacíamos era ir a Misa y después nos íbamos a tomar algo y a conocernos mejor. Y así comenzó todo.

¿Cómo fueron sus primeros años de matrimonio? ¿Cómo fue la llegada de Íñigo al mundo -que acaba de hacer su Primera Comunión-? 

[María]: Los primeros años de matrimonio no fueron fáciles, porque éramos dos personas que ya tenían cierta edad, fuerte personalidad y muchas costumbres diferentes. Eran dos mundos distintos que tenían que unirse en uno solo.

Con la ayuda de Dios hemos ido alcanzando esa comunión en la que uno complementa al otro y le ayuda en sus defectos. Hemos recurrido a cursos para matrimonios, a la oración y al acompañamiento espiritual. Poco a poco hemos encontrado el equilibrio.

Cada día le pedimos a Dios ayuda para continuar con nuestra gran responsabilidad: llevar a nuestros hijos al Cielo.

Ahora hemos vivido un momento muy importante con la Primera Comunión de Íñigo y sentimos que vamos por buen camino.

[Juan]: La llegada de Íñigo fue la mayor alegría de nuestra vida. Yo ya no pensaba que, con la edad que tenía y la vida que había llevado, pudiera llegar a tener un hijo.

Y de repente llegó él: tan bueno, tan alegre y tan cariñoso. Me ha enseñado muchísimo. A veces pienso que Dios nos habla a través de él.

Tiene la infancia bonita que quizá yo no pude tener, y de alguna manera eso sana también mi propia infancia. Su amor hacia nosotros es completamente puro y desinteresado, y eso llena el corazón de una forma que nunca antes había sentido.

Pero en un momento de su vida, empezó a haber “curvas” y se puso emocionante. Para empezar… ¿Cómo fue el “jarro de agua” fría cuando les dijeron cómo venía Rodri? 

[María]: Cuando Rodrigo tenía unos dos meses empezamos a notar que algo no iba bien. Fueron amigos y personas cercanas quienes nos dieron las primeras pistas. Le faltaba tono muscular para sujetar la cabeza y tampoco fijaba bien la mirada.

Con el tiempo descubrimos que cualquier pequeño avance para Rodrigo requería muchísimo más esfuerzo que para otros niños.

Tuvimos que asumir que su desarrollo no seguiría el ritmo habitual y que su futuro sería siempre una gran incógnita para nosotros.

Ahora tiene seis años. Todavía no habla y aunque empieza a caminar con apoyos, aún no lo hace con seguridad.

Al principio lo vivimos con mucho dolor. Pero con el tiempo hemos descubierto que este camino, aunque nunca es fácil, está lleno de amor y de sentido.

Los hermanos Íñigo y Rodrigo

Dicen que Rodri vino con un pan debajo del brazo. ¿Es así?

[Juan]: Al principio todo era incertidumbre. Rodrigo respiraba muy mal y pasamos años entrando y saliendo del hospital porque no tenía suficiente oxígeno en sangre.

Vivimos momentos muy duros, incluida una operación delicada. Pero también vimos muchísima gracia de Dios en medio de todo eso.

Después de un viaje a Medjugorje, empezó a fijarnos mucho más la mirada. Para mí eso fue una señal clarísima de la presencia de la Virgen.

Y sí, decimos que vino con un pan debajo del brazo porque gracias a él pudimos encontrar una casa adaptada a sus necesidades, con jardín y espacio para vivir en paz.

Antes la situación era insostenible porque Rodrigo es muy sonoro y por las noches a veces golpeaba cosas y molestábamos muchísimo a los vecinos. Ahora vivimos tranquilos. 

Además, en uno de los momentos psicológicamente más difíciles de mi vida, mis hijos han sido lo que me ha sacado de la “cueva”. Estoy atravesando una crisis muy fuerte que ha removido heridas profundas de mi infancia y de mi pasado. Pero cuando vuelvo a casa y Rodrigo o Íñigo me abrazan, todo cambia.

Rodrigo no necesita hablar. Con la mirada lo dice todo. Su amor puro me obliga a salir de mí mismo y a seguir luchando.

Y también tengo claro algo: no recaigo en la droga por ellos. Ellos me dan la fuerza para seguir adelante.

¿Qué aprendió de madre Elvira, Juan? ¿Qué vivencias del cenáculo le hicieron cambiar? ¿Qué transmite en su entorno de esta espiritualidad? 

– Madre Elvira entregó su vida completamente por nosotros. Nos enseñó una vida basada en la oración constante, el Evangelio, el rosario y la amistad.

En el Cenáculo se reza por la mañana, al mediodía y por la tarde. También se comparte cada día cómo Dios ha tocado el corazón de cada uno.

Ella decía que los chicos que realmente cambiaban eran los que hacían adoración nocturna. Eso me marcó muchísimo.

Y hoy intento transmitir esperanza a otros chicos. Muchos hablan conmigo y descubren que todavía pueden cambiar de vida. Ver eso sigue sorprendiéndome cada día.

María, usted que pasa tantas horas con Rodri, y que tiene una gran creatividad ¿cómo se le ocurrió el “crowdfunding» de la bici?

A nosotros nos encanta salir al campo, pasear y montar en bici. Pero muchas veces me daba pena no poder llevar a Rodrigo con nosotros.

Por eso empecé a pensar en conseguir una bicicleta adaptada para él. Me daba miedo hacer un “crowdfunding”, pero un día decidimos grabar un vídeo y lanzarlo.

Y para nuestra sorpresa, en apenas 24 horas habíamos reunido casi todo el dinero.

La generosidad de la gente ha sido impresionante. Muchísimas personas colaboraron, incluso gente que no conocemos.

Encontramos finalmente una bici estupenda que permitirá llevar a Rodrigo detrás, tanto a Juan como a mí o incluso a su hermano Íñigo.

Estamos deseando estrenarla.

María, ¿cómo hace para compatibilizar el cuidado de Rodri con sacar adelante proyectos solidarios? 

Gracias a la prestación por cuidado de hijo con enfermedad grave puedo dedicar mucho tiempo a mis hijos y también desarrollar mi creatividad.

Soy diseñadora gráfica y web, pero desde que nació Rodrigo no puedo ir a trabajar. El “mono” creativo lo combato con mi pequeño proyecto artístico llamado @leonypio.

Además, Juan y yo hacemos muy buen equipo. Entre los dos conseguimos sacar adelante todo lo que nos proponemos.

También han querido transmitir un mensaje importante sobre la discapacidad y la vida.

[María]: Sí. A veces hay personas que tienen miedo ante la posibilidad de tener un hijo con problemas.

Yo siempre había pensado que me gustaría cuidar a alguien así, aunque luego vivirlo realmente no es fácil. Pero puedo decir que Rodrigo ha venido verdaderamente con un pan debajo del brazo. Hemos recibido un enorme apoyo humano de grandes profesionales, ayudas, becas, apoyo de la fundación “RUN FOR SMILES” y un colegio público maravilloso.

Dios provee. Cuando llega un niño con necesidades especiales, también llegan los medios necesarios para poder cuidarlo.

Juan, ¿cómo es su vida de fe y esperanza en familia? ¿Cómo la transmiten a sus amigos y familiares?

[Juan]: Nuestra vida de fe es muy sencilla y muy real. A veces conseguimos rezar juntos el rosario y otras veces no, porque con los niños no es fácil.

Intentamos santificarnos sobre todo en las tareas pequeñas del día a día: preparar desayunos, cuidar de los niños, acompañarnos mutuamente.

Participamos en Misa, retiros, convivencias y grupos cristianos. También seguimos muy unidos al Cenáculo.

Además tenemos amistades creyentes y no creyentes, y compartimos la vida con todos ellos.

¿Qué le dicen a las familias que reciben la noticia de que sus hijos vienen con necesidades especiales? 

[María]: Yo les diría que esos niños son especiales, sí, pero sobre todo son un regalo.

Para nosotros Rodrigo es un ángel que Dios nos ha confiado para cuidarlo, pero él también cuida de nosotros.

Su sonrisa, sus abrazos, sus risas por cosas pequeñas… todo eso transforma completamente la vida.

[Juan]: Rodrigo nos enseña a vivir el presente y a olvidarnos de muchas preocupaciones absurdas.

Le encanta la música, se ríe muchísimo, disfruta del sonido de los pájaros, de estar con nosotros. Da unos abrazos de oso sanadores.

Y además vemos cómo su hermano Íñigo le quiere de una manera impresionante.

Una vez María le dijo a Íñigo que en el Cielo Rodrigo podría hablar y correr. Y él respondió que quería que Rodrigo siguiera siendo igual que ahora. Eso dice muchísimo del amor que existe entre ellos.

¿Les haría ilusión ser recibidos por León XIV, en su posible encuentro con los enfermos, en su visita a España?

[Juan]: Nos haría muchísima ilusión. Además, nuestro hijo mayor se llama Íñigo León, y cuando eligieron al Papa León XIV sentimos algo muy especial.

Nos encantaría poder conocerlo como familia.

Y también queremos aprovechar para ofrecer nuestra ayuda a otras familias: a quienes tienen hijos con necesidades especiales y necesitan orientación, o a quienes tienen un hijo atrapado en las drogas y no saben qué hacer*.

A nosotros nos ayudaron gratuitamente y queremos hacer lo mismo.

Para terminar, ¿con qué les gustaría quedarse de todo lo vivido?

[Juan]: Damos gracias a Dios por nuestro matrimonio, por nuestros hijos y también por las dificultades.

No le pedimos a Dios que nos quite las cruces, sino que nos dé fuerza para superarlas.

Y ofrecemos todo lo que vivimos para que muchas almas puedan acercarse al cielo.


*Teléfonos de contacto: Juan 680 82 39 00 y María: 654 24 89 98

Reverendo SOS

¿Decaerán las redes sociales? 

Las redes sociales viven una transformación con algunos aspectos preocupantes. El desafío para los cristianos es buscar autenticidad y el encuentro real sobre la simple conexión digital.

José Luis Pascual·17 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

En los últimos años se repite una pregunta con insistencia: ¿están las redes sociales en declive? Las controversias en torno a Facebook, los giros estratégicos de X (antes Twitter) o la volatilidad de TikTok parecen apuntar a un desgaste estructural. Sin embargo, un análisis más riguroso sugiere que no asistimos a una desaparición del fenómeno social en línea, sino a una transformación profunda de su morfología y de su lógica interna. No se extingue la sociabilidad digital; se reconfigura su intensidad, su arquitectura y su significado cultural.

Durante la primera década del siglo XXI, las redes se presentaron como la nueva “plaza pública” global. Prometían interconexión planetaria, democratización de la palabra y comunidades sin fronteras. En buena medida lo lograron. No obstante, con el paso del tiempo emergieron efectos colaterales: polarización discursiva, simplificación argumentativa, desinformación sistémica, hipertrofia publicitaria y una progresiva mercantilización de la atención. El usuario dejó de ser únicamente sujeto comunicador para convertirse también en objeto de explotación algorítmica.

Hoy observamos síntomas claros de fatiga digital. Se publica menos y se consume más; disminuye la conversación reflexiva y aumenta la reacción impulsiva. La arquitectura algorítmica prioriza el contenido emocionalmente intenso —indignación, miedo, euforia— porque maximiza métricas de permanencia e interacción. Esta lógica es técnicamente eficiente, pero antropológicamente empobrecedora. La comunicación se acelera; la comunión, en cambio, se debilita. 

Metamorfosis digital

Hablar de decadencia absoluta sería impreciso. Lo que se erosiona es el modelo masivo y generalista. Paralelamente, crecen dinámicas más segmentadas: grupos cerrados de mensajería, comunidades temáticas, plataformas de suscripción donde se valora la especialización y el contenido elaborado. Se transita de la plaza abierta al espacio delimitado; del grito colectivo al intercambio más cualificado.

A este escenario se suma la irrupción de la inteligencia artificial generativa. La producción automatizada de textos, imágenes y vídeos multiplica exponencialmente el volumen de contenidos disponibles. Paradójicamente, cuanto mayor es la abundancia digital, más escasa se vuelve la experiencia de lo genuinamente humano. La cuestión decisiva ya no es solo qué se comunica, sino quién comunica y desde qué verdad interior. En un entorno saturado de estímulos, la autenticidad adquiere un valor diferencial.

Desde una perspectiva cristiana, este proceso ofrece luces y sombras. Las redes han posibilitado la difusión del Evangelio, el acompañamiento espiritual a distancia y la continuidad pastoral en contextos críticos —como se evidenció durante la pandemia—. Han ampliado el alcance formativo y catequético de la Iglesia. Sería intelectualmente deshonesto ignorar estos frutos.

Discernimiento cristiano

Sin embargo, la lógica de la inmediatez puede tensionar la pedagogía de la fe, que requiere tiempo, silencio y maduración interior. El riesgo no es únicamente la distracción, sino la fragmentación del yo. Cuando la identidad se construye sobre la aprobación digital, el corazón queda expuesto a una dependencia sutil. El Evangelio propone otra lógica: “Tu Padre, que ve en lo secreto…” (Mt 6, 6). La interioridad precede a la visibilidad.

Quizá la cuestión no sea si las redes decaerán, sino qué tipo de presencia deseamos cultivar mientras existan —y en las formas que las sucedan—. La Iglesia no está llamada a replicar sin discernimiento la dinámica del mercado digital, sino a humanizarla desde dentro. Ello exige criterio: saber cuándo hablar y cuándo callar; cuándo publicar y cuándo privilegiar el acompañamiento personal; cuándo utilizar el medio y cuándo optar por el encuentro directo.

Las redes sociales no están muriendo; atraviesan una fase de maduración crítica tras un entusiasmo inicial quizá ingenuo. Como toda herramienta cultural, pueden favorecer el aislamiento o la comunión. El desafío para el creyente no es predecir su futuro, sino habitar el presente digital con conciencia, prudencia y caridad.

En medio del ruido tecnológico, redescubrimos una verdad permanente: ninguna plataforma sustituye el encuentro real, la mirada directa, la palabra pronunciada sin filtros. Las redes pueden conectar dispositivos; solo el amor construye comunidad.

Vaticano

León XIV visitará Francia en septiembre

Esta visita será la primera vez que un Papa viaje a Francia en una visita oficial de Estado desde que el Papa Benedicto XVI viajara a París y Lourdes en 2008.

OSV / Omnes·16 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Vatican News, OSV News

El Papa León XIV tiene previsto realizar un viaje apostólico a Francia del 25 al 28 de septiembre de este año, según un anuncio del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.

El viaje surge como respuesta a las invitaciones formuladas por el jefe de Estado francés, las autoridades eclesiásticas del país y el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), según señaló el comunicado de prensa.

Durante su viaje apostólico, el Papa León visitará la sede de la UNESCO.

Reacciones en el país galo

«León XIV viene a Francia: ¡es una gran alegría, pero también una gran responsabilidad!», declaró el cardenal Jean-Marc Aveline de Marsella, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, en un comunicado del 16 de mayo. El cardenal señaló que el Papa está particularmente interesado en la situación de la Iglesia en Francia, tanto en sus desafíos como en sus oportunidades misioneras. La Conferencia Episcopal Francesa también ha creado un sitio web para compartir detalles sobre el viaje del Papa.

La conferencia episcopal francesa había confirmado en un comunicado de prensa del 6 de mayo que se esperaba un viaje en septiembre, pero no facilitó fechas exactas.

Lourdes

Durante la visita, los obispos franceses sugirieron que el Papa León viajara a París y al Santuario Mariano de Nuestra Señora de Lourdes. A fecha de 6 de mayo, los preparativos logísticos para la visita del Papa estaban muy avanzados en Lourdes. 

«Hemos elaborado un programa preliminar con la presidencia de la conferencia episcopal y con la archidiócesis de París», declaró a OSV News a principios de mayo el obispo Jean-Marc Micas de Tarbes y Lourdes. «Está previsto que el Papa celebre una misa solemne en el césped del santuario y presida la procesión con antorchas por la noche, antes de pasar la noche allí, aunque estamos a la espera de la confirmación del Vaticano».

«Los 320 empleados del Santuario de Lourdes están encantados con esta perspectiva», añadió el obispo Micas. «Pero ahora necesitamos formar equipos más grandes para gestionar un evento de esta envergadura y seguir acogiendo a los peregrinos y a los enfermos que vendrán en esas fechas. Debemos animar a la gente a que venga, sin dejarse intimidar por las medidas de seguridad», dijo, y añadió con emoción: «¡Será una gran celebración!».

París

En París, se espera que el Papa visite la catedral de Notre Dame, así como el Collège des Bernardins, aunque todavía no hay nada confirmado oficialmente. 

Situado cerca de Notre Dame, el Collège des Bernardins es un antiguo colegio cisterciense de la histórica Universidad de París, que data del siglo XIII y que la Archidiócesis de París ha renovado para que sirva como sede de encuentros intelectuales y culturales de alto nivel. Durante su viaje apostólico a Francia en 2008, con motivo del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes, el Papa Benedicto XIV visitó el Collège para pronunciar un discurso ante personalidades del mundo de la cultura y líderes políticos.

UNESCO

El anuncio del Vaticano del 16 de mayo señalaba que el Papa visitaría la sede de la UNESCO, organismo de las Naciones Unidas creado en la década de 1940 para promover la colaboración en la reconstrucción de la educación, la ciencia y la cultura en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. A medida que las Naciones Unidas aumentaron su número de miembros, sus actividades se ampliaron para facilitar y complementar los esfuerzos nacionales de los Estados miembros para erradicar el analfabetismo y la pobreza, abordar el subdesarrollo y proteger el patrimonio natural y cultural de los países. 

Las visitas de Francisco a Francia

León XIV y el presidente francés Emmanuel Macron se reunieron el 10 de abril por primera vez desde la elección del pontífice a la Sede de Pedro. 

Sin embargo, no fue la primera audiencia papal del presidente. Desde su elección en 2017, el presidente Macron ha realizado varias visitas al Vaticano, donde fue recibido por el papa Francisco en 2018, 2021 y 2022. Ambos se reunieron nuevamente en conversaciones privadas en Marsella en septiembre de 2023, en la cumbre del G7 en Borgo Egnazia en junio de 2024 y, posteriormente, en diciembre de 2024 en Ajaccio, Francia.

La visita del Papa en septiembre tendrá lugar justo antes del inicio de la campaña electoral para las elecciones presidenciales de la primavera de 2027, que pondrán fin a los dos mandatos consecutivos de cinco años de Emmanuel Macron como presidente de la república.

El Papa Francisco realizó tres viajes apostólicos a Francia: a Estrasburgo en 2014, a Marsella en 2023 y a Córcega en diciembre de 2024, para ocasiones específicas y por un breve periodo. Sin embargo, el difunto pontífice nunca realizó una visita de Estado oficial al país. 

El autorOSV / Omnes

Vaticano

El Papa aprueba la creación de una comisión interdicasterial sobre IA

El rescripto fue firmado por el Cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

OSV / Omnes·16 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Por Isabella H. de Carvalho, OSV Noticias

El Papa aprobó la creación del organismo interdicasterial tras una audiencia con el Cardenal Czerny el 3 de mayo. El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral coordinará el trabajo de la Comisión durante el primer año.

El Papa aprobó la creación de la comisión teniendo en cuenta «el desarrollo en las últimas décadas del fenómeno de la Inteligencia Artificial y las recientes aceleraciones en su uso generalizado; sus posibles efectos en los seres humanos y en la humanidad en su conjunto; la preocupación de la Iglesia por la dignidad de toda persona humana, especialmente en relación con su desarrollo integral», según consta en el documento, fechado el 12 de mayo.

Dicasterios implicados

El rescripto explicaba que la Comisión está integrada por representantes de siete órganos del Vaticano: el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Cultura y la Educación, el Dicasterio para la Comunicación, la Academia Pontificia para la Vida, la Academia Pontificia de las Ciencias y la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales.

Cada una de estas instituciones se encargará de coordinar la comisión por turnos de un año, que podrán ser renovados. Posteriormente, el Papa decidirá el siguiente organismo que dirigirá los trabajos de la comisión.

El texto explica que «es responsabilidad de la institución coordinadora facilitar la colaboración y el intercambio de información entre los miembros del grupo en relación con las actividades y los proyectos relacionados con la Inteligencia Artificial, incluidas las políticas sobre su uso dentro de la Santa Sede, al tiempo que se promueve el diálogo, la comunión y la participación».

El cardenal Czerny creó este organismo de acuerdo con el artículo 28 de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, según el cual el superior de un dicasterio puede crear una comisión interdicasterial especial para tratar asuntos que afectan a las responsabilidades de varios dicasterios y que requieren «consulta mutua y frecuente».

Magisterio reciente

Esta no es la primera vez que los dicasterios se unen para abordar este tema. En enero de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación publicaron la nota doctrinal «Antiqua et Nova» («Antiguo y Nuevo») sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

Además, este tema ha estado presente a lo largo del pontificado del Papa León XIV, ya que a menudo ha hablado sobre la inteligencia artificial y otros avances tecnológicos, así como sobre los desafíos que pueden plantear a nuestra sociedad.

Ya el 10 de mayo de 2025, pocos días después de su elección, en una reunión con los cardenales, el Papa explicó que su elección de nombre papal estaba inspirada en el Papa León XIII, quien abordó los problemas derivados de la revolución industrial en su encíclica «Rerum Novarum».

A continuación, destacó que «en nuestros días, la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances en el campo de la inteligencia artificial, que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo».

El autorOSV / Omnes

Estados Unidos

Los obispos de EEUU explican a qué dedican el dinero que invierten en medios de comunicación

Según las encuestas aproximadamente la mitad de los católicos estadounidenses leen el periódico o la revista de su diócesis.

OSV / Omnes·16 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

OSV News / OMNES

“Al contribuir a la Campaña de Comunicación Católica, usted da visibilidad a la labor de la Iglesia y ayuda a la Iglesia a llevar la luz de Cristo a todos”, dijo el obispo Byrne de Springfield, presidente del Comité de Comunicaciones de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB).

El obispo compartió sus reflexiones en un comunicado para anunciar la colecta de este año, que tendrá lugar en muchas diócesis el fin de semana del 16 y 17 de mayo.

Finalidad de las donaciones

Los donativos se dividen equitativamente entre los esfuerzos de comunicación diocesanos locales y nacionales.

Los donativos financian las lecturas diarias de la Misa, que incluyen recursos de audio y video; la transmisión en vivo de las asambleas anuales de otoño y primavera de los obispos, en las que se discuten las prioridades de la misión de la Iglesia; y el contenido de las redes sociales de la USCCB, que «llega a cientos de millones de usuarios cada año».

Los fondos recaudados también apoyan la oficina en Roma de Catholic News Service, el servicio de noticias oficial de los obispos estadounidenses. CNS Roma produce una cobertura exhaustiva del Papa León XIV, su ministerio y sus viajes.

La campaña también financia una serie de mesas redondas sobre los católicos y la salud mental , en las que obispos y expertos clínicos debaten diversos temas relacionados con este asunto.

Impacto en la audiencia

En 2006, los periódicos católicos estadounidenses sumaban 196, con una tirada de 6,5 millones de ejemplares. En 2020, el número de periódicos se había reducido un 40%, hasta los 118, con una tirada de 3,8 millones de ejemplares.

Un informe de 2023 del Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado (CARA), mostraba que «aproximadamente la mitad de los católicos estadounidenses leen el periódico o la revista de su diócesis».

CARA también descubrió que el 90% de los feligreses que asisten a Misa semanalmente leen el boletín parroquial, es decir 21,2 millones de adultos católicos, o el 40% de todos los adultos católicos en los EE. UU, según Pew Research.

Justificación de la inversión

Esta campaña coincide en un momento en el que los mensajes, los ministerios y los mensajeros de la Iglesia —desde Cáritas y otros ministerios provida hasta los obispos estadounidenses y el propio Papa León XIV— están siendo objeto de crecientes ataques en el ámbito público, incluso por parte de la desinformación alimentada por la inteligencia artificial, lo que hace que la misión de los medios católicos sea aún más vital, según los expertos.

El veterano periodista Greg Erlandson cita como ejemplo la cobertura mediática católica de la reciente visita apostólica del Papa León XIV a varios países de África. El viaje tuvo lugar mientras el presidente Donald Trump lanzaba repetidos ataques contra el Papa a través de los medios de comunicación por su oposición a la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán, incluyendo declaraciones falsas que afirmaban que el Papa apoyaba que Irán tuviera armas nucleares.

El autorOSV / Omnes

Mundo

El regreso de María: signos de renovación espiritual en Europa del Norte

La reaparición de María en la iglesia luterana no implica necesariamente un retorno a formas tradicionales de devoción. Más bien parece señalar algo más profundo: una renovación espiritual.

Andrés Bernar·16 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En diversos países europeos comienza a percibirse un fenómeno que, hace apenas unas décadas, habría parecido improbable: un renovado interés por la fe cristiana en contextos profundamente secularizados. Francia, los Países Bajos y, de modo particular, los países nórdicos están experimentando un despertar religioso, especialmente entre jóvenes adultos.

Suecia es un caso significativo. En los últimos años, el número de bautizos y de personas que se incorporan a la Iglesia ha crecido de manera notable, hasta el punto de duplicarse en algunos ámbitos. En paralelo a este fenómeno, otro signo —más silencioso pero igualmente elocuente— empieza a llamar la atención: la reaparición de la Virgen María en iglesias de tradición luterana, espacios donde su presencia había sido eliminada tras la Reforma protestante.

¿Podría hablarse de un “regreso de María” como símbolo de un retorno más amplio a la fe?

Una presencia inesperada en Uppsala

Uno de los ejemplos más significativos se encuentra en la Catedral de Uppsala, el principal templo de la Iglesia de Suecia. Allí, en el deambulatorio situado detrás del altar mayor, se alza una escultura contemporánea titulada “María (El regreso)”.

La obra, instalada en 2005, es del artista Anders Widoff y representa a la Virgen María de una forma que rompe con las imágenes tradicionales. Realizada en poliéster con una superficie que recuerda a la silicona, la figura tiene un tamaño casi natural y un realismo sorprendente.

María aparece vestida con ropa cotidiana —abrigo, falda, zapatos sencillos— sin corona, sin aureola, sin ningún elemento que la identifique inmediatamente como figura sagrada. El artista quiso representarla como una mujer de nuestro tiempo, “alguien que podrías encontrar en el supermercado”. Una figura cercana, reconocible, incluso vulnerable.

Sin embargo, su ubicación y su orientación están cargadas de simbolismo. La escultura mira hacia el llamado coro de los Vasa, que antes de la Reforma estaba dedicado a María. El título “El regreso” no es casual: alude tanto a la vuelta física de una imagen mariana al templo como a un posible retorno espiritual.

Entre la sorpresa y la contemplación

La escultura ha suscitado reacciones diversas. Muchos visitantes relatan que, al verla por primera vez, creen encontrarse ante una persona real. El realismo de la piel, la postura y la mirada genera una intensa sensación de presencia.

Algunos perciben en esta María una cercanía inédita: no una figura lejana e idealizada, sino una mujer de hoy, accesible y humana. Otros destacan que su presencia invita al silencio y al recogimiento, en parte porque aparece casi de manera inesperada en el recorrido de la catedral.

No faltan, sin embargo, quienes experimentan cierta incomodidad. El estilo rompe con la expectativa de un arte religioso claramente reconocible como “sagrado”. Y en un contexto luterano, donde la devoción mariana fue históricamente minimizada, la presencia de esta imagen plantea interrogantes.

Precisamente por eso, muchos ven en la escultura un puente entre tradiciones cristianas —católica, ortodoxa y luterana—, un recordatorio de una herencia común anterior a las divisiones.

Un símbolo con múltiples lecturas

Más allá de su dimensión artística, la obra invita a una reflexión teológica. La ausencia de símbolos tradicionales plantea una pregunta de fondo: ¿la santidad debe manifestarse de manera visible, o puede descubrirse en lo cotidiano?

El “regreso” al que alude el título puede interpretarse en varios niveles. Por un lado, como recuperación de la dimensión materna y acogedora dentro de la vida eclesial. Por otro, como redescubrimiento de lo encarnado: de un Dios que se hace presente en lo humano, en lo sencillo, en lo cotidiano.

En este sentido, la figura remite a la María del Evangelio, aquella que “guardaba todas las cosas en su corazón”: una presencia discreta, silenciosa, pero profundamente transformadora.

La luz y la naturaleza: María en Linköping

Otro ejemplo significativo de esta renovada presencia mariana se encuentra en la Catedral de Linköping, donde una vidriera contemporánea ofrece una interpretación profundamente original.

Ubicada en la capilla de María (Mariakapellet), esta obra fue inaugurada en 1998 y es creación de la artista Lisa Bauer, con grabado de Lars Börnesson. No se trata de una vidriera pintada en sentido clásico, sino de un gran grabado sobre vidrio, considerado uno de los mayores de su tipo.

En el centro aparece el rostro de María, coronado por rosas silvestres. Pero lo más llamativo es su manto, formado por una compleja composición de plantas y flores —hasta noventa especies— vinculadas a la tradición popular sueca: flores con nombres marianos, plantas asociadas a leyendas sobre la Virgen, símbolos de pureza, vida y protección.

El resultado es una especie de “cosmos mariano”, donde la naturaleza entera parece reflejar su figura.

Una teología expresada en imágenes

La vidriera ofrece una lectura teológica rica, aunque expresada con lenguaje contemporáneo. El manto de flores evoca a María como la “nueva Eva”: la creación reconciliada, la tierra fecunda que acoge a Cristo.

Al mismo tiempo, la obra integra a María en el paisaje cultural y natural del norte de Europa, acercándola a la sensibilidad local.

Como toda vidriera, su percepción cambia con la luz. A veces apenas se distingue; en otros momentos, emerge con fuerza. Esta variabilidad sugiere una dimensión espiritual: María no se impone, sino que se deja descubrir en la contemplación.

¿Un signo de los tiempos?

La reaparición de María en estos contextos no implica necesariamente un retorno a formas tradicionales de devoción. Más bien parece señalar algo más profundo: una búsqueda de sentido, de cercanía, de encarnación.

En sociedades marcadas por la secularización, la figura de María —humana, cercana, silenciosa— puede convertirse en un punto de encuentro. No tanto como objeto de debate, sino como presencia que invita a detenerse, a mirar, a preguntarse.

Tal vez, en ese redescubrimiento discreto, se encuentre una clave para comprender el actual renacer espiritual en Europa: un retorno que no siempre comienza con grandes afirmaciones, sino con signos humildes… como el de una mujer que vuelve, silenciosamente, a ocupar su lugar.

El autorAndrés Bernar

Evangelización

Anderson Monsalve y la fe sin filtros 

Anderson Monsalve promueve una evangelización digital basada en la autenticidad y el humor, demostrando que la fe se vive desde la cotidianidad y la alegría del encuentro personal con Dios.

Juan Carlos Vasconez·16 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

En un mundo digital saturado de rostros perfectamente editados y mensajes prefabricados, Anderson Monsalve ha encontrado un nicho que pocos se atreven a explorar con honestidad: el de la fe con sentido del humor. 

Este joven, que se define a sí mismo ante todo como “un hijo de Dios que tiene la bendición de estar casado con la mujer más maravillosa del mundo”, está rompiendo esquemas en las redes sociales. A las puertas de estrenar su papel más importante —el de padre de una niña que viene en camino—, Anderson demuestra que la evangelización en el siglo XXI no requiere de un púlpito sino de una conexión real y cercana. 

La infancia de Anderson fue un auténtico laboratorio ecuménico. Su madre era católica por cultura; su padre, Testigo de Jehová, y sus amigos del barrio, evangélicos pentecostales. Este entorno, lejos de confundirlo, le dio una sensibilidad especial para entender las distintas formas en que el ser humano busca lo trascendente. 

Sin embargo, el punto de inflexión llegó en su juventud. No fue un sesudo tratado de Teología lo que lo cautivó, sino una experiencia de comunidad. Durante una “Pascua Juvenil” organizada por la Renovación Carismática Católica, “fue la primera vez que me sentí realmente amado por Él”, confiesa Anderson al recordar aquel encuentro. Ese impacto emocional no se quedó en un sentimiento pasajero; se transformó en un motor de vida: “Salí de ese encuentro con una decisión clara: querer agradar a Dios y buscar hacer su voluntad”

Evangelizar a través del humor 

Hoy, esa voluntad se traduce en una presencia en las plataformas digitales. Anderson es un convencido de que la Iglesia debe hablar el lenguaje de la gente de hoy. Por eso, junto a su esposa Cindy, ha lanzado un pódcast donde la naturalidad es la norma. No pretenden dar lecciones magistrales, sino compartir la vida. “En este espacio hablamos de temas de la Iglesia desde nuestra experiencia personal”, explica. 

Su objetivo es la fidelidad al Magisterio, pero con un ingrediente que considera indispensable, “ese toque de humor que tanto nos caracteriza”. Su espiritualidad se nutre de lo cotidiano. No tiene un método infalible, pero sí una actitud: la gratitud. “Busco encontrarme con Él en lo cotidiano: en la oración personal y comunitaria, rezando el Rosario, orando frente al Santísimo Sacramento o incluso en el silencio de mi cuarto”, afirma. 

Uno de los momentos más potentes de su testimonio es cuando habla del perdón, un tema que suele sonar a teoría hasta que la vida te pone a prueba. Anderson recuerda el día en que comprendió que el amor de Dios no era solo una idea bonita, sino una fuerza transformadora. “Comprender que Dios me ama tanto que lo dio todo por perdonarme cambió mi forma de ver mi vida”, relata con emoción. 

Pero el reto no terminó ahí. La verdadera madurez espiritual llegó cuando entendió que ese perdón recibido debía fluir hacia los demás. “Fue aún más impactante entender que yo también estaba llamado a perdonar a los demás como Jesús lo hizo conmigo. Ese momento rompió mi corazón de piedra y me llevó a perdonar a la persona que más me había lastimado”. Este testimonio de reconciliación es, quizá, la “red” más grande que Anderson ha lanzado en el mar digital. 

Un legado de autenticidad 

Anderson Monsalve tiene claro qué quiere dejar tras de sí. En un tiempo donde muchos jóvenes asocian la religión con la rigidez o el aburrimiento, él se levanta como un testigo de lo contrario. 

Su mensaje es una invitación a la libertad de ser quienes somos ante Dios. Me gustaría que las personas entiendan que vivir la fe y acercarse a Jesús nunca significa renunciar a la alegría, al humor o a las experiencias de felicidad”, asegura. 

Su filosofía de vida es un soplo de aire fresco para quienes sienten que no “encajan” en los moldes tradicionales: “Seguir a Jesús implica renunciar al pecado, pero no a nuestra personalidad. Cada uno de nosotros es único, y Dios nos ha creado de manera especial”

Con esa convicción, Anderson sigue navegando las redes sociales, recordándonos que se puede ser fiel a la Iglesia siendo, al mismo tiempo, la versión más alegre y auténtica de uno mismo.

Vaticano

La «Rerum Novarum» y la defensa de la clase trabajadora

Hoy, hace 135 años se publicó la "Rerum Novarum", un grito que clamaba justicia y que todavía es muy necesario en muchos contextos hoy día.

OSV / Omnes·15 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Por David Werning, OSV News

Imagínese trabajar en una fábrica donde, al final de cada semana, el dueño coloca un arreglo floral en la máquina más productiva, en lugar del trabajador. Esto sucedió en Francia durante la Revolución Industrial, y es una anécdota impactante que explica por qué el Papa León XIII consideró necesario defender a la clase trabajadora en su encíclica «Rerum Novarum», publicada el 15 de mayo de 1891.

Durante la mayor parte del siglo XIX, el mundo siguió experimentando grandes cambios sociales, a raíz de las diversas revoluciones que derrocaron regímenes antiguos e incluso despojaron al papado de sus propiedades fuera del Vaticano. El Papa León XIII contextualiza la encíclica «Rerum Novarum» («De las cosas nuevas») en su párrafo inicial: «Los elementos del conflicto que ahora azota son inconfundibles: la vasta expansión de las actividades industriales y los maravillosos descubrimientos científicos; las relaciones transformadas entre patrón y obrero; las enormes fortunas de unos pocos individuos y la absoluta pobreza de las masas».

El impacto de la industria

El Papa León XIII percibió una amenaza para la clase trabajadora. La revolución industrial transformó la forma en que las personas trabajaban y mantenían a sus familias. Los «maravillosos descubrimientos de la ciencia» dieron como resultado máquinas que producían bienes con mayor eficiencia que los trabajadores, y estas máquinas enriquecieron a sus dueños.

La clase trabajadora, acostumbrada a ganarse la vida con oficios y artesanías, se vio obligada a intercambiar su trabajo por un salario. Mientras que los artesanos contaban con gremios que protegían sus intereses, los obreros no tenían a nadie que los defendiera.

El Papa lamenta que «los trabajadores hayan sido entregados, aislados e indefensos, a la crueldad de los empresarios y a la codicia de la competencia desenfrenada… de modo que un pequeño grupo de hombres muy ricos haya podido imponer a las masas de trabajadores pobres un yugo poco mejor que el de la esclavitud misma».

Propiedad privada y dignidad

Consciente de la situación, el Papa León XIII ilumina la difícil situación de la clase trabajadora con la luz de las Escrituras y la tradición y, basándose en sus reflexiones, ofrece un remedio en «Rerum Novarum». Además de nombrar el remedio, el Papa indica dónde debe encontrarse y cómo debe aplicarse, teniendo debidamente en cuenta «los derechos relativos y los deberes mutuos de ricos y pobres, de capital y de trabajo».

El Papa León XIV ha destacado este documento, considerado por muchos la primera encíclica social, como parte de la inspiración para la elección de su nombre papal.

En esencia, «Rerum Novarum» exhorta a todos a honrar la dignidad que Dios ha otorgado a cada persona, tanto a ricos como a pobres, erradicando la avaricia y fomentando la propiedad privada para todos. Sin embargo, quienes viven en la pobreza merecen especial atención en sus esfuerzos por ganarse la vida, ya que son más vulnerables a la opresión.

El Papa afirma que el remedio para aliviar la situación de las masas debe ser la inviolabilidad de la propiedad privada, un principio arraigado en las Escrituras, que condena la codicia de la propiedad ajena. Además, la ley natural de Dios obliga al hombre a preservar su vida y la de su familia, sin descuidar el bien común. La propiedad privada le permite cumplir con estas obligaciones. En efecto, mediante el don de la razón, cultiva su porción de tierra (o destina su salario) para sus necesidades inmediatas y futuras. Por lo tanto, el hombre tiene el derecho inherente —antes de cualquier consideración del Estado— a adquirir los recursos necesarios para vivir, lo cual le permite la adquisición de la propiedad privada.

Cooperación frente a conflicto

El Papa señala entonces que el derecho a la propiedad privada debe alcanzarse mediante la cooperación entre los miembros de la sociedad. La Iglesia, los gobernantes, los empresarios, los ricos e incluso los propios trabajadores deben participar en el esfuerzo por promover los intereses de la clase trabajadora.

El objetivo no es una utopía ni una sociedad donde todo sea común, como argumentaban algunos detractores del Papa en aquel entonces. Al contrario, existen diferencias reales entre los hombres (por no hablar de la realidad del pecado y el mal). Algunos ganan más dinero que otros. Las personas tienen diversos talentos. Sin embargo, estas diferencias no tienen por qué generar hostilidad entre las clases sociales.

Tampoco significa que una persona deba vivir en la opulencia y otra en la pobreza. Como señala el Papa León XIII, «el capital no puede existir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital». Ambos pueden y deben colaborar por el bien común, según lo determine la justicia. Incluso podría decirse que Dios permite las diferencias precisamente para que las personas aprendan a vivir en comunidad.

El bien común se alcanza cuando cada persona y cada grupo atiende no solo a sus derechos, sino también a sus deberes; en otras palabras, cuando viven una vida virtuosa. La Iglesia contribuye a este esfuerzo formando a los hombres en la práctica de la virtud, que está «igualmente al alcance de todos, de ricos y pobres».

Desde la perspectiva de la eternidad, la posición social no ofrece ninguna ventaja. Dios ama a cada persona por igual. Sin embargo, la forma en que uno vive y utiliza sus dones estará sujeta al juicio divino. La encíclica presenta una lista de deberes tanto para trabajadores como para empleadores que respeta la dignidad de los demás y defiende las obligaciones de justicia. En última instancia, cada persona está llamada al amor fraterno, a seguir el camino de Jesús.

El papel de las instituciones

La encíclica «Rerum Novarum» ofrece diversas aplicaciones prácticas que respetan el derecho a la propiedad privada y promueven el bien común. La clase trabajadora provee los bienes que contribuyen al aumento de la riqueza del Estado. Los empleadores virtuosos buscan no solo el beneficio económico, sino también el bienestar de sus empleados y de la sociedad. La Iglesia crea organizaciones (como Caridades Católicas ) para cuidar y defender a los menos afortunados. Y el Estado tiene el deber primordial de «lograr el bienestar público y la prosperidad privada», considerando los intereses de todos —por igual— como superiores e inferiores.

Según la encíclica «Rerum Novarum», una forma ejemplar en que el Estado apoya a la clase trabajadora es fomentando y protegiendo las organizaciones y sindicatos que reúnen a empleadores y trabajadores. Estos sindicatos tienen la ventaja de permitir que ambas partes celebren acuerdos mutuos que protejan sus derechos y promuevan el cumplimiento de sus obligaciones. El Estado debe intervenir cuando sea necesario remediar un mal o eliminar algún perjuicio, asegurándose de que su intervención no exceda el alcance de la solución.

Retos del mundo actual

El Papa León XIII concluye que cuando los miembros de la sociedad trabajan juntos por el bien común, fundamentados en la virtud y la justicia, de manera que incluso el trabajador puede mantenerse a sí mismo y a su familia cómodamente mediante la adquisición de propiedad privada (tierra, salario), se obtienen excelentes resultados: se cerrará la brecha entre la gran riqueza y la pobreza extrema, todos los hombres serán más productivos en sus labores y los ciudadanos permanecerán en su propio país en lugar de intentar encontrar una vida digna en otro lugar.

Tras exponer el remedio, dónde encontrarlo y cómo aplicarlo, el Papa llama a todos a la acción: «Cada uno debe poner su mano en la obra que le corresponde, y hacerlo de inmediato, para que el mal, que ya es tan grande, no se vuelva, por la demora, absolutamente irremediable».

Pocos discutirían que no hay solución posible en lo que respecta a la distribución de la propiedad (ingresos, riqueza) y el poder en nuestro mundo. Los esfuerzos por aliviar la pobreza y erradicar la codicia y la tiranía nunca han cesado. Sin embargo, pocos discreparían en que aún existen injusticias reales que corregir y desafíos que afrontar.

Por ejemplo, vivimos en una sociedad que tolera que cada uno de los 15 principales gestores de fondos de inversión gane más de 840 millones de dólares al año, mientras que los maestros de primaria necesitan dos sueldos para tener una vivienda digna. La mayoría de los ciudadanos estadounidenses simplemente dan por sentado que el sistema económico favorece injustamente a los políticos, las grandes corporaciones y los ricos. Mientras tanto, quizás como reacción a tales injusticias, tenemos una generación emergente que defiende ideas marxistas como el rechazo a la propiedad privada y la moral cristiana. Claramente, tenemos mucho trabajo por hacer en materia de justicia y amor.

El método de Ver-Juzgar-Actuar

La encíclica «Rerum Novarum» sigue vigente a pesar de haber sido publicada hace 131 años y nos ofrece una forma de responder a las injusticias de nuestro tiempo. Al redactarla, el Papa León XIII empleó un método teológico que aprendió estudiando a Santo Tomás de Aquino. Este método consta de tres pasos: percibir la realidad de los tiempos, juzgar lo que se ve a la luz de la revelación divina (la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición) y actuar según la conclusión alcanzada mediante el discernimiento orante.

El cardenal belga Joseph Cardijn (1882-1967), discípulo y admirador del Papa León XIII, desarrolló el método papal para que los grupos obreros, especialmente los jóvenes trabajadores, se involucraran con la sociedad en los temas importantes de su tiempo. Incluso el Papa San Juan Pablo II, cien años después de «Rerum Novarum», recomendó en «Centesimus Annus» el método de Ver-Juzgar-Actuar «como un paradigma perdurable para la Iglesia», una herramienta para intervenir en «situaciones humanas específicas, tanto individuales como comunitarias, nacionales e internacionales».

De esta forma, la Iglesia cumple su deber como «ciudadana» de contribuir al bien común y mantener al mundo centrado en el plan de salvación de Dios. Es un deber que compartimos todos.

El autorOSV / Omnes

La necesaria autocrítica

El Nuevo Testamento nos llama constantemente a la autocrítica: a no mirar la paja en el ojo ajeno sin fijarnos antes en la viga en el propio

15 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

«Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». La frase atribuida a Einstein explica la polarización actual. Para muchos, cambiar su forma de pensar, abrirse a que otros puedan llevar más razón que uno es poco menos que una traición. Hay quien se ama a sí mismo más que a la verdad.

Cada vez es más difícil el diálogo, la confrontación de ideas. Nos aferramos a nuestras razones de forma irracional. Somos de tal o cual forma de pensar como se es de tal o cual equipo de fútbol; no por convencimiento, no por adhesión, sino por mociones del corazón. Nos dejamos llevar por los sentimientos de forma que somos fácilmente manipulables por una sociedad dominada por las redes sociales en donde el impacto emocional es primordial.

Nadie puede dar un argumento sólido para sostener una idea en uno de los miles de vídeos de 20 segundos que alimentan nuestro consumo digital, pero sí que se pueden dar muchos miles de impactos emocionales por esta vía. Lo más seguro, además, es que dichos impactos vayan en el mismo sentido hacia el que hayamos mostrado preferencia con anterioridad. 

Si tenemos miedo a una invasión migratoria, nos saldrán noticias y vídeos sobre los peligros de la inmigración; si, por el contrario, pensamos que las personas tienen derecho a migrar y a buscar nuevas oportunidades en otro país, nos saldrán solo ejemplos de gente estupenda que ayuda a construir la sociedad en la que se establecen.

Si somos creyentes, nuestro feed se llenará de predicadores varios e influencers cristianos que nos harán creer que lo más lógico es vivir poniendo a Dios en el centro; pero si no lo somos, solo nos llegarán vídeos de los males cometidos por las religiones e intentos de demostración de que Dios es una invención. 

De esta manera, no es la persona la que analiza la realidad y actúa en consecuencia, sino que construye una realidad a su medida según su criterio preestablecido. Los psicólogos lo llaman “sesgo de confirmación” que no es otra cosa que la tendencia humana a buscar, interpretar y recordar información de una forma que confirme lo que ya creemos, mientras ignoramos o minimizamos la información que nos contradice.

Este sesgo es bien conocido y aprovechado por los creadores de los algoritmos que deciden lo que nos «sale» en el móvil para lograr tenernos el mayor tiempo posible enganchados. Nos adulan, haciéndonos creer que tenemos razón, pero lo que no sabemos es que al que piensa lo contrario se lo dicen igual. Y así, regodeándonos en nuestra propia forma de pensar, vamos despreciando cada vez más al prójimo que cada vez nos resulta más lejano, más extraño, más peligroso incluso.

Encerrados en una burbuja de autorreferencialidad, considerando enemigo a todo quisqui, nos terminaremos ahogando por falta de oxígeno, como Narciso, cada uno en su estanque.

El Nuevo Testamento nos llama constantemente a la autocrítica: a no mirar la paja en el ojo ajeno sin fijarnos antes en la viga en el propio; a examinarnos a nosotros mismos para ver si nos mantenemos en la fe; a no decir que no tenemos fallos, porque nos engañamos y a no hacer nada por egoísmo o vanidad; sino más bien, con humildad, considerando a los demás como superiores a uno mismo.

En el Concilio, la Iglesia reconoció «que le han sido de mucho provecho y le pueden ser todavía de provecho la oposición y aun la persecución de sus contrarios». Así que también hoy, quienes piensan distinto, vienen en nuestra ayuda porque la verdad, como Dios, siempre es más.

En su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (el próximo domingo, 17 de mayo) el Papa denuncia que las redes sociales, «encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social» y anima a los católicos a «aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu».

Hay que educarse, por tanto, para ser críticos con los medios escuchando de vez en cuando otra emisora o entrando en otro portal; para ser críticos con lo que las redes nos muestran siguiendo también cuentas de quienes piensan distinto; para ser críticos con quienes siempre nos dan la razón, porque algo quieren, y sobre todo para ser autocríticos, para lo que nos hará falta mucha, pero que mucha humildad. Por algo Santa Teresa definía esta virtud como «andar en verdad». ¿No buscamos eso, la verdad? Pues ahí la tenemos.

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

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Mundo

Voluntarios Médicos en África: corazón sí, pero más razón y conocimiento

La Fundación Amigos de Monkole ha organizado, en colaboración con la Clínica Universidad de Navarra, las III Jornadas de Voluntariado Médico en África, el lunes 25 de mayo. El consultor Tomás López-Peña sugiere: “adelante con el corazón, pero hay que meter razón y conocimiento”.

Francisco Otamendi·15 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Coincidiendo con el Día de África, la Fundación Amigos de Monkole ha organizado, en colaboración con la Clínica Universidad de Navarra, las III Jornadas de Voluntariado Médico en África, en las que prestigiosos profesionales de la Sanidad analizarán el presente y futuro del voluntariado médico en el continente africano. 

La jornada tendrá lugar el lunes 25 de mayo a las 14:30 h. en el salón de actos de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, y contará con la participación de prestigiosos profesionales que han trabajado como voluntarios en diversos países africanos.

De varias especialidades

La conferencia inaugural será impartida por D. Tomás López-Peña, Consultor Independiente sobre Salud Global y Desarrollo Humano. En la mesa redonda posterior participará el Dr. Fernando Pereira, Profesor de Cirugía en la Universidad Rey Juan Carlos y Jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Universitario de Fuenlabrada, ambos en Madrid.

Otra de las participantes es Ruth Agnoli, odontóloga, que combina su labor como docente internacional y profesora de Odontología en la Universidad Alfonso X el Sabio con el cargo de Responsable de Voluntariado y Cooperación al desarrollo del Grupo Uax y Fundación UAX. 

Intervendrán también Mónica Gutiérrez, especialista en Ginecología y Obstetricia en la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, y el Dr. Iván Carabaño Aguado, médico especialista en Pediatría en el Hospital Univ. 12 de Octubre.

Cortesía de @Fundación Amigos de Monkole.

Tomás López-Peña: “voluntariado profesionalizado, bien formado”

“Mi participación en estas III Jornadas de Voluntariado Médico en África surgió a raíz de una intervención mía en la Universidad Alfonso X el Sabio, con motivo del Día de África”, explica a Omnes el consultor Tomás López-Peña. Me invitaron a hacer una ponencia, y me referí a la importancia de un voluntariado profesionalizado, bien formado”.

Pienso que mi conferencia en esas Jornadas va a ir en esta línea, añade: “fenomenal, adelante con el voluntariado, es decir, adelante con el corazón, pero después hay que meter razón y conocimiento. Hablaré, en consecuencia, sobre qué tipo de conocimiento es necesario que adquieran los voluntarios que deseen participar en este tipo de proyectos”.

Tomás López-Peña ha estado 13 años al frente del Departamento de Cooperación Científica y Técnica Internacional del Instituto Nacional de Investigación Sanitaria Carlos III (ISCIII), dedicado íntegramente a potenciar la colaboración en materia de investigación sanitaria con instituciones de investigación de países de ingresos bajos y medios.

He trabajado en Kenya, Somalia, Tanzania, Mozambique, Angola…”

Le preguntamos en qué materias debe un voluntario médico profundizar, y el consultor explica su trayectoria. 

“Soy médico de familia, hice el MIR cuanto terminé la carrera, fui a trabajar a un centro de salud, y pronto me di cuenta de que había gente que necesitaba conocimiento. Estuve trabajando inicialmente con Médicos sin Fronteras, y luego he seguido en diferentes puestos y proyectos. He estado trabajando en varios países africanos como Kenya, luego en Somalia, Tanzania, Mozambique, Angola…, sobre todo en temas de acción humanitaria o lo que podríamos llamar ayuda de emergencia”.

A su juicio, “desde todas las especialidades se puede aportar, en medicina de familia, etcétera. Lo importante, pienso, es que sea desde la ética, la ética médica, humanitaria, es en el campo de la ética donde tenemos que mejorar”, señala.

Las III Jornadas de Voluntariado Médico en África, que organiza la Fundación Amigos de Monkole, tendrán lugar en la Clínica Universidad de Navarra en Madrid (C. del Marquesado de Sta. Marta, 1, San Blas-Canillejas, 28027 Madrid), el día 25 de mayo.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelización

Se abre la causa de canonización de Pedro Ballester Arenas

La diócesis de Salford anuncia la apertura de la causa de beatificación y canonización de Pedro Ballester Arenas.

Paloma López Campos·14 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La diócesis de Salford, en Inglaterra, anuncia la apertura de  la Causa de Beatificación y Canonización de Pedro Ballester Arenas, un joven numerario del Opus Dei que falleció por un cáncer en 2018.

Desde el 13 de enero de ese año, son muchas las personas que han destacado la santidad de Pedrito y acudido a su intercesión obteniendo favores. Por ello, la diócesis ha aceptado la apertura de la Causa solicitada por el postulador Paul Hayward.

Según la diócesis, este evento “supone un paso importante en el reconocimiento de la vida y el testimonio de un joven cuyo ejemplo de fe, especialmente ante el sufrimiento, sigue resonando hoy en día en muchas personas”.

Para avanzar con la Causa, el tribunal de la diócesis solicita que la gente comparta información sobre Pedro y su vida, que aporten documentos personales suyos o cualquier otro tipo de material adicional relevante. El correo habilitado para ello es tribunal@dioceseofsalford.org.uk

Pedrito y su ejemplo para los jóvenes de hoy

A Pedro le diagnosticaron un osteosarcoma en primero de carrera, cuando estudiaba Ingeniería Química en el Imperial College de Londres. Sin embargo, no quiso detenerse, sino que aceptó el cáncer como una circunstancia más en su vida y reafirmó el “sí” que le había dicho a Cristo unos años antes, cuando pidió la admisión al Opus Dei como numerario.

A partir de ese momento, Pedrito se esforzó por ofrecer los dolores de su enfermedad y cuidar de sus amigos y familiares, poniendo siempre a los demás primero. Se aseguró de que la enfermedad no fuera lo principal en su vida y continuó al servicio de sus seres queridos y de la Obra hasta que, el 13 de enero de 2018, falleció mientras a su alrededor rezaban la Salve.

Desde su muerte los favores son innumerables. Conversiones, problemas que se arreglan, ofertas de trabajo que se materializan, etc. Su fama de santidad se extiende cada vez más y así lo quiere comprobar la diócesis de Salford para lograr la canonización de Pedro Ballester Arenas.

Libros

Historia del Opus Dei

Cuatro catedráticos ofrecen una valoración rigurosa y exhaustiva de la historiografía del Opus Dei con motivo de su centenario (1928-2028). El resultado es una lección magistral sobre el quehacer histórico y la interpretación de datos e instituciones, tanto en el ámbito civil como eclesiástico.

José Carlos Martín de la Hoz·14 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Con motivo del centenario del Opus Dei, cuatro catedráticos de la universidad española de reconocido prestigio, coordinados por el subdirector del Instituto Histórico San Josemaría de Roma, Federico Requena, nos ofrecen una valoración de la historiografía del Opus Dei. La cuestión es tan importante que, gracias a los cuatro extensos trabajos aportados, el lector tiene la convicción de haber asistido a una auténtica lección magistral de Historia con mayúscula, del quehacer histórico y de la interpretación de los datos e instituciones, tanto en la sociedad civil como eclesiástica.

Es comentario unánime entre las personas ajenas al ámbito de la historia que los lectores cultos aprecian de este volumen haber aprendido mucho acerca de las ideas religiosas, políticas y culturales de la España de los siglos XX y XXI.

Es lógico que la historia reciente tarde en desvelarse con suficiente claridad ante los ojos de los historiadores, pues todavía son escasos los archivos abiertos disponibles y abundan, en cambio, los libros de memorias, siempre profundamente subjetivos, como lo eran en la antigüedad las crónicas de los reyes.

El «gran relato» construido con mala intención

El primer trabajo, de Jaume Aurell, analiza cómo el «gran relato del Opus Dei» fue construido con muy mala intención por determinados eclesiásticos y políticos al término de la guerra civil, cuando se dirimían las posiciones de dominio en los ámbitos político y eclesiástico, en ese extraño maridaje entre el trono y el altar que tanto daño causó a un país que aspiraba a reconstruirse y a tomar el pulso de la democracia europea.

El trabajo de este catedrático catalán reviste especial importancia porque desvela con hondura y claridad un problema que tardará en resolverse en la conciencia de nuestra ciudadanía. Sembrado desde los años cuarenta, el equívoco fue ahondado desde los primeros tiempos de la Transición por los mismos grupos de poder que se metamorfosearon y se mantuvieron tanto en la esfera civil como en la eclesiástica. Los fieles y los políticos que pertenecieron al Opus Dei nunca actuaron como grupo organizado.

La comparación con el «gran relato del siglo XIX», que durante años distorsionó la imagen del gobierno de Carlos III y la aparición del primer liberalismo en las Cortes de Cádiz de 1812, acaba de encontrar respuesta en la reciente biografía de Jovellanos, publicada dentro de la colección de españoles eminentes que dirigen Javier Gomá, Juan Pablo Fusi y Ricardo García Cárcel.

La recepción en los manuales de historia

El extraordinario y paciente trabajo de Pablo Pérez, catedrático de Historia de la Universidad de Valladolid actualmente en la Universidad de Navarra, se detiene en el estudio de la recepción del Opus Dei en los manuales de historia civil y en los grandes estudios realizados en España y en otros países. Su lectura permite aprender aspectos relevantes de la historiografía española desde el siglo XX hasta nuestros días, así como de otros países de Europa, Estados Unidos y Canadá.

Especial interés reviste el repaso al viraje de grandes historiadores como Santos Juliá en su obra monumental sobre la Transición política española. La publicación de documentos serios y la apertura de archivos le llevaron, al final de su vida, a ofrecer sobre el Opus Dei una versión mucho más rigurosa y documentada que la que otros muchos no han querido o no han podido elaborar.

El Opus Dei en la Historia de la Iglesia

El trabajo de Santiago Casas, profesor ordinario de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, estudia la presencia del Opus Dei en los manuales de Historia de la Iglesia, especialmente en los más recientes. Estos son, ciertamente, mucho menos numerosos que los del ámbito civil, también fuera de España y de Europa.

En este apartado se aprecia con claridad la falta de estudios sobre la figura teológica y jurídica del Opus Dei fuera de la propia institución. Se prevé que, una vez profundizada la recepción del Concilio Vaticano II y el fenómeno de la contestación en los archivos sobre el pontificado de Pío XII, podrá conocerse mejor la actuación de las instituciones de la Iglesia en ese periodo y en la etapa más reciente.

Las fuentes originales, clave para el historiador

El último de los trabajos del volumen corresponde a Julio Montero, catedrático de Historia de la Comunicación, quien se centra en estudiar la bibliografía sobre la historia del Opus Dei a la que recurren los autores de la primera historia institucional de la Obra.

Este apartado puede parecer de escaso interés para el lector general, pero resulta capital para el historiador, pues le ofrece la posibilidad de descubrir las fuentes originales en las que se sustentan esas historias y de utilizarlas para profundizar en el conocimiento del Opus Dei: sus fines, sus problemas, sus dificultades y sus aciertos en el mundo entero, así como el contexto en que todo ello sucedió.

Con sentido del humor, el profesor Montero acerca al lector contemporáneo al verdadero Opus Dei histórico y ayuda a entender mejor la institución, incluso a quienes ya son fieles de la Prelatura, gracias al conocimiento de los contextos y los problemas del tiempo que nos ha tocado vivir. El propio autor resume con precisión el alcance de su trabajo: el público principalmente interesado en las publicaciones sobre el Opus Dei es el que conforman sus miembros y las personas cercanas a sus actividades apostólicas.


Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía

Autor: Federico M. Requena (ed),
Editorial: Almuzara
Año: 2026
Número de páginas: 328
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Cine

«La misión» revisitada en su 40 aniversario

Hace cuarenta años la película La misión obtuvo la Palma de Oro en Cannes. Más allá de los premios y de su música, el dilema moral que plantea este largometraje sigue interpelando a las conciencias.

Alejandro Pardo·14 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 14 minutos

Hace cuarenta años la película La misión, dirigida por Roland Joffé y producida por David Puttnam, obtuvo la Palma de Oro en Cannes. Su banda sonora ha pasado a formar parte del acervo popular y algunas de sus escenas, como la secuencia inicial del misionero crucificado cayendo por la catarata de Iguazú, se ha convertido en icónica. En septiembre, recibirá un homenaje en el Festival de Cine de San Sebastián. Más allá de los premios y de su música, el dilema moral que plantea este largometraje sigue interpelando a las conciencias. 

La 39ª edición del Festival de Cannes, en mayo de 1986, se abrió en medio de una gran expectación. Entre las películas en competición se encontraban dos películas de temática religiosa: Sacrificio, de Andrei Tarkovski, y La misión, de Roland Joffé. El jurado, presidido por Sidney Pollack, se decantó por esta última, a la que consideraron buena simbiosis entre cine europeo y película comercial.

El estreno mundial fue en Madrid, el 30 de septiembre de ese mismo año, y poco después llegaba a las pantallas de París y Londres y de ahí al mundo entero. La película recibió buenas críticas aunque obtuvo unos resultados más bien modestos en taquilla. En el terreno de los premios, su recorrido fue discreto, si bien el paso del tiempo la ha catalogado como un clásico del cine histórico-religioso.   

Unos prolegómenos con cuatro nombres

La historia de la gestación de esta película parte de la confluencia de cuatro nombres ligados a la industria cinematográfica. En primer lugar, el productor italiano Fernando Ghia, quien había intentado adaptar para la gran pantalla una pieza teatral titulada Das Helige Experiment, escrita en 1943 por el dramaturgo austríaco Fritz Hochwälder y estrenada en Broadway una década después bajo el título The Holy Experiment (o The Strong Are Lonely, como en otros casos se la conoce).

Este drama teatral se situaba en el mismo contexto histórico que La misión, y adoptaba la forma de un drama judicial en el que, llevados de intereses políticos, se condena la labor misionera comunal que los jesuitas desempeñaban en Sudamérica. Sin embargo, no fue hasta 1973 cuando Ghia encontró su segunda fuente de inspiración: un extenso reportaje sobre los jesuitas en la revista Time, que incluía un epígrafe histórico sobre las reducciones jesuitas en el Cono Sur. Ghia contactó entonces con Robert Bolt, guionista británico con quien había trabajado anteriormente y que había saltado a la fama gracias al guion de Un hombre para la eternidad (A Man for All Seasons, 1966). Bolt accedió a escribir el guion y a mediados de 1975 entregó a Ghia un primer borrador titulado Guaraní.

Paralelamente, Roland Joffé y David Puttnam, director y productor respectivamente de Los gritos del silencio (The Killing Fields, 1984), buscaban una nueva historia para su siguiente colaboración conjunta. Puttnam era un productor muy conocido entonces, gracias a que una de sus anteriores producciones, Carros de fuego (Chariots of Fire, 1981), había ganado el Oscar a la Mejor Película en su año. También el éxito de Los gritos del silencio había sido notorio.

Los caminos de Ghia-Bolt y Joffé-Puttnam se cruzaron y gracias a la buena relación que Puttnam tenía con Goldcrest Films (productora británica de moda en aquel entonces, responsable de títulos como Gandhi yUna habitación con vistas) y con Warner Brothers (distribuidora de sus películas por aquel entonces), el proyecto de La misión recibió luz verde. Puttnam tuvo acceso al guion de Bolt y le pareció que contenía una gran historia. Coincidió además que Joffé llevaba tiempo interesado en desarrollar algún proyecto cinematográfico sobre las complejas relaciones entre el poder político y el religioso que siempre ha habido en Latinoamérica.

Así pues, los intereses de unos y otros confluyeron en la misma dirección. Aunque inicialmente Ghia partía como productor principal, la complejidad del proyecto y el hecho de que la mayor parte del equipo fuera británico, acabó derivando la máxima responsabilidad de la producción en Puttnam.

Una producción azarosa, unas críticas favorables y una taquilla desigual

Al tratarse de una película de época y rodada principalmente en exteriores suponía moverse en la escala de una gran producción. En consecuencia, también el reparto debía ser de primer nivel. Robert De Niro (Rodrigo Mendoza) y Jeremy Irons (padre Gabriel) accedieron a compartir protagonismo, junto a Ray McAnally (cardenal Altamirano). Unas cosas y otras situaron el presupuesto en cerca de los 20 millones de dólares.

Tras un rodaje complicado –que incluyó la hospitalización de Joffé durante unos pocos días por agotamiento y deshidratación–, la película completo su montaje y sonorización y estuvo lista para el Festival de Cannes. Competía con Sacrifico, otra película de contenido religioso dirigida por Andrei Tarkovsky. La pugna fue reñida, pero La misión acabó llevándose la Palma de Oro, mientras que el filme de Tarkovsky obtuvo el Gran Premio Especial del Jurado.

A partir de ahí comenzaría una carrera hacia otros premios. Podría decirse que La misión obtuvo un palmarés discreto para una película de su categoría, con una evidente desproporción entre nominaciones y premios efectivos. En cuanto a los Oscars, La misión reunió un total de siete nominaciones, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, de los que solo obtuvo el de Mejor Fotografía.

Una suerte parecida correría en los premios de la Academia de Cine británica (BAFTA), en los que donde llegó a acaparar 11 nominaciones, de las que únicamente cristalizaron las correspondientes al Mejor Actor Secundario (Ray McAnally), Mejor Montaje (Jim Clark) y Mejor Banda Sonora (Ennio Morricone). “Entre todas las bandas sonoras que he escrito –confesaría el compositor italiano–, ésta es la que considero más representativa de mi persona. En esta música me veo retratado tanto emocional como intelectualmente”.

En cuanto al resultado comercial, un crítico había aventurado: “La misión es una película que se presenta a sí misma a la causa de santidad y que, me temo, morirá como un mártir en la taquilla”. En efecto, en Estados Unidos recaudó 17,2 millones de dólares, una cifra respetable pero alejada de las iniciales expectativas. En Europa, el resultado fue desigual: gran éxito en Francia (unos 6 millones de euros), bastante bueno en España (3,4 millones) y pobre en el Reino Unido (2,2 millones de libras).

Un drama moral en un contexto histórico

Como es bien sabido, la trama de La misión se construye en torno a dos protagonistas, Rodrigo Mendoza y el padre Gabriel, al que se une un tercer personaje, el cardenal Altamirano, bajo cuya óptica se narra la historia que contiene la película. Es importante reseñar que los cineastas no intentaron en ningún momento recrear de manera rigurosa un acontecimiento histórico, sino aprovechar un contexto determinado para plantear el conflicto moral sobre el que trata la película. De hecho, no son pocas las licencias dramáticas y las inexactitudes históricas (que no trataremos aquí).

Nos encontramos en el siglo XVIII. La vida aflora momentáneamente en las reducciones jesuitas, donde los indios son instruidos en la religión y en la cultura por los misioneros. Sin embargo, el reajuste territorial al que España y Portugal se comprometen mediante el Tratado de Madrid (1750), obliga al soberano español a ceder a los portugueses un territorio que incluye siete de esas misiones en territorio guaraní. Surge entonces la disputa acerca del futuro de los indígenas: mientras la corona española les protege, los portugueses permiten la esclavitud.

El Papa envía a un cardenal, de nombre Altamirano, para que se persone en el lugar y tome una decisión al respecto. Pese a quedar gratamente impresionado por la labor que los jesuitas llevan a cabo en las reducciones, el delegado papal cederá ante las presiones políticas y ordena a los jesuitas que abandonen las misiones. Estalla entonces el conflicto interno entre los misioneros, que deben elegir entre la obediencia religiosa o la permanencia con los guaraníes.

El soldado y el santo

La película arranca con la historia de Rodrigo Mendoza, antiguo militar y actual mercenario, hombre de carácter fuerte y aguerrido, tan irascible como orgulloso. Aúna los ideales de su tiempo: buen porte físico, hábil en la montura y diestro con las armas. Cruel y sin escrúpulos, pone sus destrezas militares al servicio de un ideal tan innoble como es la captura de indios –mitad sustento, mitad deporte– destinados al tráfico de esclavos.

Con fama entre las mujeres, profesa su amor a una viuda llamada Carlota, de la que pronto se ve desengañado a causa de su hermano, Felipe. Confuso y herido en su orgullo, llega al fratricidio en un arrebato de ira y queda sumido en una profunda depresión, sin ganas ya de seguir viviendo.

En este estado le encuentra el padre Gabriel, jesuita con quien había topado anteriormente en las selvas del altiplano, más allá de las cataratas de Iguazú. Allí habían acudido ambos con fines muy distintos: el uno, para llevar a los indios la libertad de los hijos de Dios; el otro, para condenarlos a la esclavitud de los hombres.

Gabriel aparece como un hombre de gran talla espiritual, enamorado de Dios y de su vocación misionera, a la que se entrega con fervor y audacia. Así, una vez conocido el martirio a manos guaraníes de uno de sus correligionarios, el padre Gabriel trepa las enormes paredes de las cataratas para salir al encuentro de las tribus salvajes. Con ayuda de su oboe, penetra entre los indígenas e inicia la evangelización.

Gabriel tiene, por otra parte, un marcado protagonismo en la conversión de Mendoza. Haciendo mella en su orgullo, consigue que éste acepte llevar a cabo la penitencia que considere necesaria, no sin antes sobreponerse a su temor al fracaso. El ascenso de las cataratas con el fardo de armas y corazas resulta significativo, en cuanto que los símbolos de poderío de la anterior vida se convierten ahora en una pesada carga. Igualmente significativo es el perdón de los guaraníes, imagen de la consumación de la misericordia divina.

Ciertamente la conversión que Mendoza sufre es profunda, hasta el punto de que Gabriel aprovecha sus buenas disposiciones para despertar en él deseos de una mayor entrega. De este modo, Rodrigo muere definitivamente como mercenario y renace como soldado de Cristo, pudiendo así reparar el daño causado a los guaraníes.

El juez

Pese a este importante cambio experimentado por uno de los personajes, el conflicto central de La misión se inicia más tarde, en el momento en que Gabriel y Mendoza, durante la audiencia ante Altamirano, tienen conocimiento de la difícil tesitura en que se encuentran las misiones tras el acuerdo de reordenación territorial entre España y Portugal. A partir de entonces la atención gira en torno al delegado papal, quien debe llevar a cabo la comprometida tarea de dirimir el futuro de las reducciones, escuchando los intereses de cada una de las partes en conflicto. 

Altamirano es presentado como un diplomático hábil, conocedor de los entramados políticos de su tiempo y del difícil papel de la Iglesia en la resolución de las cuestiones político-religiosas. Este delegado papal manifiesta una aparente honradez y equidad de juicio, en cuanto adivina intenciones ocultas, rebate los argumentos falaces y recurre a razonamientos sobrenaturales. Sin embargo, pesan excesivamente sobre él las graves consecuencias que para la Compañía de Jesús y para la Iglesia misma pueden derivarse de tal decisión.

Así, se debate entre la disyuntiva de apoyar la labor de los jesuitas, cuya grandeza él mismo contempla y de la cual goza en extremo, o seguir los dictados de su razón pragmática, que le aconseja sacrificar un bien particular en beneficio de un bien común más relevante, como es el mantenimiento de las buenas relaciones entre las mayores potencias coloniales del momento –España y Portugal– y la Santa Sede. En último término, aunque su indecisión haya sido sincera y haya prometido actuar en conciencia, sucumbe ante las presiones políticas y desoye su propia voz interior.

Dos formas de resistencia

Ante el planteamiento del conflicto, y mientras dura la deliberación, Rodrigo y Gabriel reaccionan de la misma manera –ambos se rebelan y manifiestan su oposición– si bien exteriorizan ese sentimiento de modo diferente, acorde con su respectiva personalidad. Rodrigo debe controlar su carácter impulsivo y, aunque en un primer momento no puede contener su indignación y desdice públicamente a Cabeza, autoridad española, es capaz de rectificar su afrenta en virtud de su voto de obediencia. Gabriel, por su parte, actúa en todo momento con gran rectitud de intención.

Sus conversaciones con Altamirano se mueven en el plano sobrenatural que rige toda su vida y al cual supedita cualquier razonamiento. No duda de la honradez de Altamirano y por ello le anima a que visite la misión de San Carlos, más arriba de Iguazú, convencido del auxilio de la gracia divina y del buen corazón del delegado papal.

El momento del desengaño tiene lugar durante la reunión con los jefes guaraníes, en la que Altamirano, habiendo adoptado ya una decisión, no actúa más como él mismo, sino como representante de unos intereses ajenos.

La rebeldía de los guaraníes plantea a Gabriel y Mendoza un primer conflicto de conciencia, en cuanto deben dilucidar entre obedecer las órdenes expresas del delegado papal, abandonando la misión y los indios a su suerte, o permanecer junto a ellos. El alcance del dilema queda reflejado en el sentimiento de frustración de los guaraníes, quienes, confiando en la voluntad de Dios, habían accedido a habitar en las reducciones y ahora, en razón del mismo mandato, son obligados a marcharse.

“Por voluntad de Dios dejaron la selva y construyeron la misión; no entienden por qué Dios ha cambiado de parecer”, explica Gabriel a Altamirano; y añade: “dicen que se equivocaron al confiar en nosotros; que van a luchar…”. Para los jesuitas, se trata de un conflicto de obediencia entre la voluntad de Dios y el mandato de los hombres –en este caso, la orden taxativa del delegado papal: “el que me desobedeciere, será excomulgado, apartado, expulsado”. Así, quien debía defender la salvación de las almas, decide a favor de los intereses terrenos.

Tanto Gabriel como Mendoza –junto con otros jesuitas– optan por quedarse, siguiendo los dictados de su conciencia. Es ésta una primera decisión cuya heroicidad deriva del hecho de arriesgar sus vidas. Sin embargo, aún tiene lugar un segundo conflicto, igualmente importante, que cuestiona la fidelidad de los protagonistas a sus compromisos: la legitimidad de la lucha armada. Tras una honda reflexión, Mendoza decide el empleo de las armas; Gabriel, por el contrario, opta por resistir sin violencia. Aunque en un principio se opone a la postura de Rodrigo, que considera incompatible con la vocación de jesuita, apela en último término a la justicia divina.

El desenlace parece subrayar la legitimidad de ambas posturas como ejemplo de coherencia e integridad: Gabriel, fiel a su concepción de Dios como Amor, sale al encuentro de sus verdugos portando la custodia y muere con ella en las manos; y Mendoza, cuya presencia en la batalla posibilita en último extremo la supervivencia de los guaraníes, ayuda a un grupo de muchachos a huir; esos muchachos aparecen al final dirigiéndose río arriba hacia el interior de la selva, llevándose consigo lo que han aprendido.

¿Una decisión acertada?

De un modo significativo, quien viene a refrendar moralmente ambas actitudes es aquel que ha contribuido a desencadenar el conflicto: Altamirano. El delegado papal admite finalmente su error y, por tanto, su responsabilidad y su culpa. Así, ante su pesadumbre tras la masacre, Hontar, el representante portugués, trata de consolarle: “No teníais elección, Eminencia. Tenemos que trabajar en el mundo, y el mundo es así”; a lo que Altamirano responde tajante: “No, señor Hontar, nosotros lo hemos hecho así; yo lo he hecho así”.

Igualmente, en su relación posterior a la Santa Sede, concluye: “Así pues, Vuestra Santidad, ahora vuestros sacerdotes están muertos, y yo sigo vivo. Pero en verdad, soy yo quien ha muerto y ellos son los que viven”. De este modo, pese a su desacierto, manifiesta cierta hombría de bien. En este sentido, su mirada implorante al espectador tras los títulos de crédito –plano que muy pocos espectadores recuerdan o incluso han visto–, parece subrayar esta idea de que “no es un villano, ni siquiera un corrupto; es, sin más, un hombre débil en un mundo recio”.

Así lo piensa también el productor, David Puttnam, quien subraya: “Para mí el personaje más importante es Altamirano, porque representa lo que nosotros somos y, al final, toma la decisión equivocada, como sin duda nosotros la hubiéramos tomado también”. Y Joffé apostilla: “El cardenal es un hombre muy interesante porque sabe más y encuentra mucho más difícil hallar una decisión que se acomode a la justicia. Se da cuenta de que ha llevado a cabo un sacrifico sobre el que ahora tiene dudas: el sacrificio de mantener la estructura de la Iglesia. Eso es lo que esa última mirada suya en la película nos dice: ‘Yo hice esto. Ahora sabes lo que ocurre cuando actúas así’”.

Conflicto de conciencia

La misión se presenta como una reflexión acerca del dilema moral que se plantea a hombres que han de acatar órdenes injustas o equivocadas. En cuanto conflicto de conciencia, esta batalla se libra en el interior de los protagonistas. Tanto Mendoza como Gabriel o Altamirano se enfrentan a un dilema similar al del atleta Eric Liddell en Carros de fuego –la obediencia a las autoridades legítimas o a los dictados de la propia conciencia–, solo que, en este caso, los poderes establecidos pertenecen tanto a la esfera civil como a la religiosa.

El padre Gabriel y Mendoza, de manera distinta, conservan su integridad moral; Altamirano, en cambio, aun aceptando la buena fe que le mueve, acaba condescendiendo con la situación política. Del contraste de estas posturas se desprende, en opinión de Joffé, una de las ideas principales que el filme pretende transmitir respecto al comportamiento ético que algunas situaciones exigen.

Además de la fidelidad a los principios de la propia conciencia, la película afirma el valor de la caridad como fundamento del espíritu evangelizador. Es la palabra “Amor” la que continuamente está presente en los labios de Gabriel; es la meditación de la doctrina paulina sobre la caridad cristiana la que mueve a Rodrigo a tomar el hábito jesuita. En último término, puede afirmarse que la muerte trágica de ambos subraya la autenticidad de ese amor a Dios y al prójimo, la belleza del sacrificio. 

¿A favor o en contra de la teología de la liberación?

Por otra parte, La misión presenta una postura ambigua respecto al conflicto político-religioso que trata. Concretamente, como algunos críticos han puesto de manifiesto, el filme parece respaldar los postulados de la teología de la liberación, por el modo en que se plantea el conflicto de obediencia y –sobre todo– por la manera en que se resuelve.

Aunque tenga fundamento, esta afirmación debe ser matizada. En efecto, tanto en la mente de Ghia y Bolt primero, como de Joffé después, existía una preocupación por establecer un paralelismo entre el ideal utópico alcanzado por los jesuitas –forma primitiva de vida comunitaria– y la situación político-religiosa actual entonces en algunos lugares de Sudamérica, identificable bajo la etiqueta de “teología de la liberación”.

Prueba de ello es el rótulo final que incluye la película, intencionalmente ambiguo: “Los indios de Sudamérica siguen todavía comprometidos en la lucha por la defensa de su tierra y su cultura. Muchos de los sacerdotes que –inspirados por la fe y el amor– continúan apoyando el derecho de los indios a una mayor justicia, hacen lo mismo con sus vidas”. Joffé, cuyo pensamiento se encuadraba entonces dentro de la llamada “nueva izquierda” británica, llegó a afirmar en una entrevista: “La película está íntimamente relacionada con la lucha por la teología de la liberación”.

Sin embargo, el filme huye de toda proclama política y permite interpretaciones diferentes, gracias a su naturaleza alegórica. En palabras del propio Joffé: “Se trata de una forma poética, y al mismo tiempo comprometida, de decir las cosas tal y como son, y no como nos gustaría a nosotros que fueran. Se trata de contar algo que ha sucedido en la realidad, pero que, a la vez, tiene una realidad simbólica con lo que sucede en el presente. Este es el contraste que se presenta, pero no hay ninguna intención de decir lo que es bueno y lo que es malo, lo que es moral y lo que es inmoral. Simplemente tratamos de presentar las cosas a efectos de que ello pueda aportar o sugerir alguna solución”. 

De esta manera, como un crítico ha señalado, en La misión “la ambigüedad acaba erigiéndose en la verdadera medida del producto”, no sólo en lo que se refiere a las connotaciones políticas, sino también a la caracterización de los personajes. En este sentido, tanto Puttnam como Joffé niegan que la película, por ejemplo, ofrezca un retrato excesivamente favorable de los misioneros jesuitas.

Así, por ejemplo, Puttnam afirma: “Gabriel y Mendoza, no son jesuitas idílicos, puesto que ambos desobedecen a la Iglesia: uno elige la paz; el otro, las armas. Ambos optan por quedarse junto a los indios, mientras que la Iglesia les había ordenado irse y abandonar la misión”. Y Joffé corrobora: “Esta película de ninguna forma es favorable a los jesuitas. Existe una enorme ambigüedad [en los personajes] y la película se refiere a esa ambigüedad”.

Para otros, en cambio, esta indefinición no busca sino apelar a la conciencia del público. Así, el jesuita Daniel Berrigan, asesor de Puttnam y Joffé durante el rodaje y buen conocedor de la realdiad histórica reflejada en el filme, argumenta: “En mi opinión (no del todo neutral, seguramente), dice de la honradez del filme y de quienes lo han hecho que la historia no intente asentar nada. Su tarea es más rigurosa y más modesta: formular cuestiones, emplazar a la inteligencia y apelar a la capacidad moral de los espectadores”. Cabe concluir –como así sucedió en su estreno–, que La misión permite interpretaciones incluso opuestas, según sea la predisposición del público. 

Una calculada ambigüedad moral

De igual manera, esta ambigüedad se extiende no sólo al contenido político-religioso, sino a la misma caracterización de los personajes. Con respecto al primer caso resulta significativo el hecho de que, frente a quienes sostienen que La misión defiende postulados liberacionistas, otros reafirmen su autenticidad evangélica, en cuanto que “permite que el alma respire la atmósfera del Evangelio, elevándola en lugar de degradarla”.

Por otra parte, Joffé admite el carácter ambiguo de los personajes principales pero defiende su punto de vista. Así, frente a quienes creen ver en Mendoza un hombre desesperado en el momento de morir, afirma: “No creo que lo estuviera. Él ve que ellos [Gabriel y los indios] no se arredran; ve que el padre Gabriel mantiene la fe. En ese momento entiende verdaderamente qué es el amor, entiende qué significa amar al mundo, que el mundo es un lugar complejo, ambiguo.

Si nos quedamos en una visión puramente materialista, puede que demos cabida a una cierta desesperación y a un cierto pesimismo persistente”. Y con respecto a Gabriel, presentado por algunos como un religioso fanático, explica: “No creo que esté loco; es ambiguo. No pide a los indios que le sigan; esos hombres vienen y se sientan junto a él. Les responde de la única manera que puede. En ese punto, cuando no quedan más cartas que jugar, la lógica y la locura corren muy parejas, porque ya no hay ninguna razón.

En ese punto, justo en ese punto, deberá haber una conclusión a todas las acciones. No se sabe qué es lo siguiente. Gabriel no tiene ni idea. El observador externo, en cierto sentido, tampoco. Y lo que resulta absolutamente importante para ambos en esos momentos es el sentido de sus acciones, y el de las acciones de los indios. Y ése es su regalo, eso es lo que permanecerá en el mundo”.

La estela de una película inspiradora

Sea como fuere, la huella y el mensaje que La misión ha dejado en el público han sido muy positivos. Ya en su momento, muchos críticos destacaron esta cualidad, al definirla como “una película de sorprendente grandeza, que habla al mismo tiempo a la cabeza y al corazón, que alaba magníficamente el respeto por el humilde, la victoria de la gracia y la derrota de la violencia”; como “un espectáculo de conciencia dirigido a la comprensión de la persona, a través de una inteligente dramatización”; un filme que contribuye a “revivir la espiritualidad en una época –la nuestra– que tiene una buena necesidad de ello”. Todo ello queda resumido en una carta que un directivo de uno de los estudios de Hollywood escribió a Puttnam: “Muchas gracias por ofrecer al público esta representación maestra de lo que es humanismo y espiritualidad”.


El autor es Doctor en Comunicación Audiovisual y en Teología Moral. Experto en la figura de David Puttnam y en sus películas, ha publicado David Puttnam, un productor creativo (Rialp), El oficio de producir películas: el estilo Puttnam (Ariel) y La grandeza del espíritu humano: el cine de David Puttnam (Eiunsa).

El autorAlejandro Pardo

Sacerdote. Doctor en Comunicación Audiovisual y en Teología Moral. Profesor del Instituto Core Curriculum de la Universidad de Navarra.

Evangelio

La confianza de Jesús. Ascensión del señor (A)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas de la Ascensión del Señor (A) correspondiente al día 17 de mayo de 2026.

Vitus Ntube·14 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?

Dos hombres vestidos de blanco pronunciaron estas palabras a los apóstoles mientras contemplaban cómo nuestro Señor era elevado y desaparecía de su vista. Acababan de ver a Jesús, por así decirlo, salir del escenario del mundo visible, y permanecían allí llenos de asombro, mirando hacia lo alto.

Esta escena nos recuerda un famoso monólogo de la obra As You Like It de William Shakespeare: “Todo el mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres meros actores; tienen sus entradas y sus salidas…” En cierto sentido, podría parecer que Cristo ha interpretado su papel en el drama del mundo y ahora abandona el escenario. 

El salmo describe su partida con celebración: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas”. Pero esto suscita una pregunta importante: ¿por qué nos alegramos por la partida de alguien a quien amamos? Normalmente no celebramos cuando alguien se va de nuestro lado. Entonces, ¿por qué la Iglesia celebra la Ascensión con tanta alegría? Desde luego, no celebramos porque un mal gobernante o un tirano haya desaparecido. Todo lo contrario. Nos alegramos porque sabemos a dónde ha ido Jesús. Jesús no simplemente se ha marchado ni ha desaparecido en algún lugar lejano más allá de las nubes. Como dice san Pablo a los Efesios, Dios Padre resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó “a su derecha en el cielo”. 

Sin embargo, hay otra razón para nuestra alegría. Nos alegramos porque Jesús confía en nosotros. La Ascensión es una fiesta que celebra la extraordinaria confianza que Cristo deposita en sus discípulos. Jesús no es como un jefe que piensa que nadie más es capaz de continuar su trabajo. En nuestro mundo, a veces encontramos personas que se niegan a delegar porque creen que nadie puede hacer las cosas tan bien como ellas. Pero Cristo es diferente. Él sabe que antes de Él vinieron otros —los profetas que prepararon su camino— y sabe también que después de Él vendrán otros para continuar su misión.

Jesús tiene el coraje de dejarse a un lado. Sale del escenario, por así decirlo, y nos entrega el testigo. Y no nos deja solos. Promete el Espíritu Santo, que guiará y fortalecerá a la Iglesia: “recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra”.

Por eso los ángeles preguntan a los apóstoles: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” La Ascensión no es una invitación a quedarnos quietos mirando las nubes. Es un recordatorio de que la misión nos ha sido confiada: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos”.

Quizá la fiesta de hoy también nos invita a aprender algo sobre la confianza. A veces nos cuesta creer en los demás, especialmente en la nueva generación. Podemos pensar que, sin nuestra presencia, todo se vendrá abajo. Pero Cristo nos muestra otro camino. Nos enseña que confiar en los demás forma parte del plan de Dios. La misión de la Iglesia continúa de generación en generación.

Cine

acontra+ lanza un ciclo de cine gratuito para preparar la visita del Papa a España

La plataforma acontra+ ha lanzado el ciclo gratuito "Alza la mirada", un itinerario cinematográfico de seis semanas diseñado para que parroquias y colegios preparen espiritualmente la visita del Papa León XIV a España en junio de 2026.

Redacción Omnes·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Con motivo de la histórica visita del Papa León XIV a España el próximo mes de junio de 2026, la plataforma “acontra+” ha anunciado el lanzamiento de «Alza la mirada», un itinerario audiovisual diseñado para parroquias, colegios y comunidades cristianas. La iniciativa busca ofrecer espacios de reflexión y encuentro a través del cine para preparar espiritualmente este acontecimiento.

El ciclo, que es totalmente gratuito, se desarrollará durante seis semanas, desde el 18 de mayo hasta el 28 de junio de 2026. El programa consta de seis películas seleccionadas que siguen los bloques temáticos propuestos por la Conferencia Episcopal Española (CEE), acompañadas de materiales didácticos para el diálogo.

Seis semanas de cine y fe

El itinerario incluye títulos que abarcan desde documentales de actualidad hasta grandes producciones internacionales, destacando dos estrenos exclusivos:

  1. Semana 1 (18-24 mayo): “Descalzos” – Un acercamiento al fenómeno Hakuna y su impacto en la espiritualidad juvenil actual.
  2. Semana 2 (25-31 mayo): “Tierra de María” – La investigación de Juan Manuel Cotelo sobre testimonios marianos en todo el mundo.
  3. Semana 3 (1-7 junio): “Recen por mí: La historia de Francisco” – Novedad exclusiva. Un documental inédito con imágenes de archivo sobre el Papa Francisco.
  4. Semana 4 (8-14 junio): “The Chosen” (Episodios 1 y 2, T1) – La exitosa serie que explora la humanidad de los discípulos y su encuentro con Jesús.
  5. Semana 5 (15-21 junio): “El Tiempo de Montserrat” – Novedad exclusiva. Un documental rodado durante cuatro años sobre la vida interior del monasterio catalán.
  6. Semana 6 (22-28 junio): “El Rey de Reyes” – El cierre del ciclo, basado en la narración de Charles Dickens sobre la vida de Jesús.

Inscripciones y acceso

Desde la organización subrayan que la visita del Papa «no se prepara solo con información práctica, sino también con mirada, silencio y belleza». Por ello, han habilitado un sistema de registro gratuito en su plataforma para que cualquier comunidad interesada pueda acceder a los contenidos de forma semanal.

Vaticano

En la fiesta de la Virgen de Fátima, el Papa insta a amar más a la Iglesia

Este día 13 de mayo, en el que la Iglesia celebra la memoria de la Virgen María de Fátima, el Papa ha instado a pedir a Nuestra Señora “el don de que crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia”. Sobre su papel en la obra de la redención, ha recogido el magisterio del Concilio Vaticano II.

Francisco Otamendi·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“Hoy conmemoramos la festividad de Nuestra Señora de Fátima. En este día, hace cuarenta y cinco años, se atentó contra la vida del papa Juan Pablo II, y por ello he dedicado mi catequesis de hoy a la Santísima Virgen María”, ha dicho el papa León XIV en la Audiencia a los peregrinos de lengua inglesa, y a todos, en la Plaza de San Pedro.

El recuerdo especial se ha producido también, como es lógico, al dirigirse a los fieles y peregrinos de lengua portuguesa, a los que el Papa se ha dirigido así.

“Hoy, festividad litúrgica de la Santísima Virgen María de Fátima, dirigimos nuestra mirada hacia el Santuario, donde la Virgen entregó a los tres pastorcitos un mensaje de paz. 

En ese lugar, tan querido para la cristiandad, se reúnen hoy, procedentes de los cinco continentes, numerosos peregrinos: su presencia es señal de la necesidad de consuelo, de unidad y de esperanza de los hombres de nuestro tiempo. 

Confiemos al Corazón Inmaculado de María el grito de paz y de concordia que se eleva desde todas las partes del mundo, especialmente de los pueblos afligidos por la guerra. A todos mi bendición”.

Que nos conceda este don

El Santo Padre ha retomado este miércoles el ciclo de catequesis sobre ‘Los Documentos del Concilio Vaticano II’, centrando su reflexión en el tema ‘Constitución dogmática Lumen gentium. La Virgen María, modelo de la Iglesia’ (Hch 1,13-14).

Las reflexiones sobre la Virgen María recogidas en la Lumen gentium, nos enseñan a amar a la Iglesia, ha señalado. Y antes de la bendición final, su petición a la Virgen ha sido que “pidamos a la Virgen que nos conceda este don: que crezca en todos nosotros el amor por la Santa Madre Iglesia”.

La Virgen María, “modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser”

En su catequesis, el Pontífice ha recordado que “el Concilio Vaticano II quiso dedicar el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia a la Virgen María (cfr Lumen gentium, 52-69). Ella “proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad” (n. 53). 

“Estas palabras nos invitan a comprender cómo en María, que bajo la acción del Espíritu Santo ha acogido y generado al Hijo de Dios hecho carne, se puedan reconocer tanto el modelo, como el miembro excelente y la madre de toda la toda la comunidad eclesial”.

“Al dejarse moldear por la obra de la Gracia, venida a cumplirse en Ella, y al acoger el don del Altísimo con su fe y su amor virginal, María es el modelo perfecto de lo que toda la Iglesia está llamada a ser: criatura de la Palabra del Señor y madre de los hijos de Dios, generados en la docilidad a la acción del Espíritu Santo”.

La Virgen María en la obra de la redención, según el Concilio Vaticano II

“El Concilio nos ha dejado una clara enseñanza sobre el lugar reservado a la Virgen María en la obra de la Redención (cfr Lumen Gentium, 60-62), ha añadido el Papa en la Audiencia general.

“(El Concilio) Ha recordado que el único Mediador de salvación es Jesucristo (cfr 1 Tm 2,5-6) y que su Madre Santísima “no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder” (LG, 60). 

Al mismo tiempo, “la Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, […] cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia” (ibid., 61). 

Franceses, de lengua inglesa, alemanes, portugueses…

En sus palabras a los peregrinos de diversas lenguas, como es habitual, el Papa ha subrayado algunas ideas, aunque la catequesis se dirige también a los romanos, italianos y a toda la Iglesia.

Por ejemplo, al dirigirse a los de lengua francesa, ha saludado de modo especial a los de Bélgica y Francia, y ha rogado que “pidamos al Señor que envíe su Espíritu Santo sobre cada uno de nosotros, para que nos renueve cada vez más y nos haga conscientes de que somos miembros de la Iglesia, responsables de su misión”.

Pronto, la Ascensión del Señor

A los de lengua inglesa ha alentado: “Pidamos a María que nos ayude a ser fieles discípulos de su Hijo”.

Y ha saludado de modo particular a los grupos procedentes de Inglaterra, Irlanda, Tanzania, India, Indonesia, Canadá y los Estados Unidos de América. Les ha recordado, además de la festividad de Nuestra Señora de Fátima y el atentado contra la vida del papa Juan Pablo II, que “pronto celebraremos la Ascensión del Señor, que marca la entrada de su humanidad en el cielo”.

A los de lengua alemana les ha transmitido que “María, ‘imagen y principio de la Iglesia, que alcanzará su plenitud en la era futura’ (LG 68), nos ayude a amar cada vez más a Cristo y a la Santa Iglesia, y a servir en ella a la realización del Reino de Dios que ha de venir. Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros”.

Y tras dirigirse a los de lengua árabe y china, ha recordado a los polacos que en estos días en los que los niños se acercan en Polonia por primera vez al Sacramento de la Reconciliación y a la Primera Comunión, que “los padres, los catequistas y los educadores sean para ellos un ejemplo al recurrir a menudo a la gracia de los Sacramentos”.

En lengua italiana, el Papa León XIV ha animado a rezar por la comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa oriental, presente en Roma para un encuentro de estudio.

El autorFrancisco Otamendi

Vaticano

El Vaticano advierte a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: las ordenaciones episcopales supondrán un «acto cismático»

El Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe advierte a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que las ordenaciones episcopales que pretenden celebrar el 1 de julio de 2026 suponen un "acto cismático" que desemboca en excomunión.

Paloma López Campos·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En una declaración oficial, el cardenal Victor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, reitera la postura de la Santa Sede respecto a las ordenaciones episcopales anunciadas para el 1 de julio por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, cuyos miembros se conocen como “lefebvrianos”.

El Vaticano advierte que tales nombramientos carecen del correspondiente mandato pontificio, lo que sitúa a la Fraternidad en una posición de ruptura con la autoridad eclesiástica.

Consecuencias canónicas y teológicas

La nota del Prefecto subraya la gravedad de esta acción. Señala que este gesto constituirá “un acto cismático”, amparándose en lo establecido por el Papa Juan Pablo II en el documento “Ecclesia Dei”.

Las repercusiones para quienes participen en este movimiento son severas según el derecho de la Iglesia:

  • Ofensa divina: Se considera que la “adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios”.
  • Excomunión: El acto conlleva la “excomunión establecida por el derecho de la Iglesia”, tal como se indica en la citada carta “Ecclesia Dei” y en la Nota explicativa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos fechada el 24 de agosto de 1996.

El llamado del Santo Padre

Ante lo que se califica como una “gravísima decisión”, la declaración indica que el Santo Padre continúa orando para que el Espíritu Santo ilumine a los responsables de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con el objetivo de que “den marcha atrás” en sus planes actuales y eviten la consumación de la fractura con la Iglesia católica.

La última advertencia

La nota del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no llega por sorpresa. En febrero de 2026 el cardenal Víctor Manuel Fernández se reunió con el superior general de la institución, el sacerdote Davide Pagliarani, tras el anuncio de las ordenaciones episcopales que la Fraternidad quiere celebrar el 1 de julio.

Después de recibir la noticia, el Prefecto mantuvo una audiencia con Pagliarani, en la le advirtió de las consecuencias que dichas ordenaciones tendrían. Por ello, sugirió que entre la Santa Sede y la Fraternidad se inicie “un camino de diálogo específicamente teológico” que ayude a los miembros de la institución lefebvriana a recuperar la comunión con la Iglesia católica, señalando unos “requisitos mínimos”.

La respuesta de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

Tras la reunión, el Consejo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X publicó una carta afirmando que “el diálogo doctrinal siempre ha sido –y sigue siendo– deseable y útil”, incluso si no se llega a un consenso.

Sin embargo, los “lefebvrianos” rechazan mantener esta conversación pues la Santa Sede ha solicitado como condición necesaria que se suspendan las ordenaciones episcopales. Además, el Consejo General de la Fraternidad afirma en su carta que no ve probable alcanzar un acuerdo con la Santa Sede para restaurar la comunión con Roma.

Entre los argumentos esgrimidos por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentran:

– El desacuerdo de los “lefebvrianos” con el Concilio Vaticano II “no se deriva de una mera diferencia de opinión, sino de un auténtico caso de conciencia, que surge de lo que ha resultado ser una ruptura con la Tradición de la Iglesia”.

– No puede haber un diálogo sobre la interpretación del Concilio Vaticano II pues esta “ya ha quedado claramente establecida en el período posconciliar y en los documentos sucesivos de la Santa Sede”. La Fraternidad afirma que los documentos posconciliares firmados por los Papas “muestran que el marco doctrinal y pastoral en el que la Santa Sede pretende situar cualquier debate ya está firmemente establecido”.

– La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha pedido la apertura del diálogo en varias ocasiones. Sin embargo, “solo cuando se mencionan las consagraciones episcopales se hace una oferta para reanudar el diálogo, que por lo tanto parece dilatoria y condicional”. Según los “lefebvrianos”, “esta amenaza es ahora pública, lo que genera una presión difícilmente compatible con un deseo genuino de intercambios fraternos y de diálogo constructivo”.

– Los “lefebvrianos” afirman que no puede existir un diálogo para establecer los requisitos mínimos para la comunión con Roma “sencillamente porque esta tarea no nos corresponde”. Consideran que estos criterios no pueden “ser objeto de un discernimiento conjunto a través del diálogo”.

– La Fraternidad advierte que todos los intentos de diálogo han acabado siendo infructuosos, pues la última vez que se abrió el proceso “todo terminó finalmente de manera drástica, con la decisión unilateral del cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien, en junio de 2017, estableció solemnemente, a su manera, ‘los requisitos mínimos para la plena comunión con la Iglesia católica’, incluyendo explícitamente todo el Concilio y el período posconciliar. Esta situación, continúan, muestra que “si se persiste en un diálogo doctrinal demasiado forzado y carente de la suficiente serenidad, a largo plazo, en lugar de lograr un resultado satisfactorio, solo se empeora la situación”.

Llamada a la caridad

Por todas estas razones, la Fraternidad Sacerdotal Pío X hace una llamada a “la caridad hacia las almas y hacia la Iglesia”. Subrayan que “la Sociedad es una realidad objetiva: existe” y piden que a la Fraternidad “se le permita seguir haciendo este mismo bien a las almas a las que administra los santos sacramentos”.

En la carta, el Consejo General afirma que no piden “ni privilegios, ni siquiera una regularización canónica que, en la situación actual, resulta inviable debido a las divergencias doctrinales”. Aseguran estar cumpliendo una misión para lograr “la supervivencia de la Tradición, al servicio de la Santa Iglesia Católica”.

Finalmente, los “lefebvrianos” aluden a la actitud de escucha promovida por el Papa Francisco y agradecen la atención brindada por el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

Mundo

Propósito y vocación: las nuevas claves para fidelizar a los jóvenes en su trabajo

El estudio de Footprints revela también que la fe potencia el optimismo laboral y el compromiso cívico en los jóvenes.

Javier García Herrería·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Esta mañana, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, se presentaron los resultados de la encuesta Footprints: Valores, esperanzas y expectativas de los jóvenes. La investigación, realizada entre enero y febrero de 2026, se realizó con un muestra de 9.000 jóvenes (18-29 años) de 9 países (Argentina, Brasil, Filipinas, Italia, Kenia, México, Reino Unido, España y Estados Unidos), que permite ver una redefinición del concepto de trabajo, bienestar y realización personal entre la Generación Z y los Millennials.

Conversamos con José María Díaz-Dorronsoro, coordinador del grupo de investigación Footprints, que ha llevado a cabo una nueva edición del estudio.

¿Cuáles son las principales conclusiones del estudio?

Lo que más impresiona de los resultados de esta segunda oleada de Footprints es que los 9.000 jóvenes de 18 a 29 años que hemos escuchado en nueve países nos están diciendo algo que no encaja con los tópicos: el trabajo ya no es un “contrato” entre esfuerzo y remuneración sino un espacio existencial donde los jóvenes esperan realizarse, relacionarse y, en muchos casos, encontrar también una dimensión trascendente.

Los datos hablan claro. Un 48% de los jóvenes dejaría un empleo estable y bien pagado si el ambiente laboral es tóxico —y esa cifra sube al 53% entre las mujeres—. El salario sigue siendo la primera prioridad declarada para el 29%, pero junto a él emerge con fuerza lo que nosotros llamamos el «salario emocional»: la calidad del entorno, el bienestar psicológico, la coherencia de valores entre la persona y la empresa. El 25% se iría si no comparte la ética de su empleador; el 23%, si el trabajo es incompatible con tener familia.

Otro hallazgo clave: el 90% de los encuestados considera el descanso esencial para una vida laboral equilibrada, pero más del 60% siente una presión constante para seguir produciendo incluso cuando está agotado. Esa tensión es muy reveladora del mundo en que vivimos.

Y luego está la dimensión de la fe. El 66% de los jóvenes globales se identifica como creyente, y los que lo hacen presentan niveles de felicidad, compromiso cívico y optimismo laboral consistentemente superiores a los no creyentes. El «happiness gap» es de 0,8 puntos sobre 10 —7,1 de promedio para creyentes frente a 6,3 para no creyentes—, y más del 60% de los jóvenes creyentes declara que su trabajo tiene también un significado espiritual.

¿Qué cambios habéis detectado respecto al último estudio que hicisteis?

La primera encuesta de Footprints, en 2023, abordó fe y religión en ocho países. Esta segunda —con nueve países y 9.000 encuestados— se centra en trabajo y compromiso cívico. No son preguntas idénticas, así que no es posible una comparación directa.

Dicho esto, el hilo conductor más importante entre ambas fases es precisamente el de la fe ya que hemos mantenido una serie de preguntas básicas en las que preguntamos por las creencias y el nivel de práctica. Lo que detectamos en 2023 —que la espiritualidad no había desaparecido, sino que había evolucionado hacia formas más personales, menos institucionales— lo vemos confirmado y ampliado en 2026. La fe no se ha secularizado al ritmo que ciertos relatos dominantes presuponen. En los países europeos en proceso de secularización hay menos creyentes, sí, pero los que mantienen la fe lo hacen de forma más consciente y comprometida.

Lo que sí es genuinamente nuevo en esta segunda fase es la evidencia de cómo la espiritualidad permea el mundo del trabajo. Casi la mitad de los creyentes —el 48%— acude a Dios cuando enfrenta dificultades laborales; el 14% cita a un guía espiritual como referencia que ha influido en su concepto del trabajo; el 54% percibe el trabajo como un espacio de búsqueda o expresión espiritual. Estos datos muestran que la fe no es un compartimento separado de la vida profesional: la habita y la orienta.

Y hay una tendencia nueva que no podíamos anticipar en 2023: el papel de la inteligencia artificial. En Italia, por ejemplo, el porcentaje de jóvenes creyentes que acude a la IA cuando enfrenta dificultades laborales es idéntico al que acude a Dios: un 21% en ambos casos. No lo interpretamos como una sustitución de lo espiritual por lo tecnológico, sino como una integración pragmática que invita a una reflexión seria sobre la nueva mediación de sentido que ejerce la IA en la vida de los jóvenes.

¿Ha caído el peso de la fe? ¿Es la religión menos relevante hoy?

No hay un colapso generalizado de la fe; hay geografías muy distintas, y confundirlas sería un error metodológico serio.

El 81% de los jóvenes creyentes —que son el 66% del total global— considera que su fe es una guía importante en las decisiones cotidianas. Y esa influencia se extiende explícitamente al mundo del trabajo: más del 60% de los creyentes declara que su trabajo tiene significado espiritual, y el 54% lo considera un espacio de búsqueda espiritual.

En Kenya, Filipinas y Brasil la fe sigue siendo el motor más visible en las decisiones profesionales. En Kenya, el 90% de los jóvenes se identifica como creyente, el 66% asiste a servicios religiosos semanalmente, el 69% reza a diario, y el 97% de los creyentes kenianoscalifica la fe como guía importante en su vida.

Ese substrato espiritual se traduce directamente en su visión del trabajo: lo asocian al servicio a los demás en una proporción muy superior a la media, son los más optimistas del estudio sobre el futuro laboral, y más de la mitad acude a Dios cuando enfrenta dificultades en el trabajo.

Filipinas, con el 82% de creyentes y el 94% que considera la fe como guía, presenta un perfil similar. Brasil destaca por la mayor tasa de felicidad del estudio —7,5 sobre 10 de media—, un dato que se correlaciona fuertemente con su elevada práctica religiosa.

En el extremo opuesto están Italia y España. España tiene solo el 46% de creyentes entre los jóvenes, el 16% asiste a Misa semanalmente, el mismo porcentaje reza a diario. Italia, con el 38% de creyentes y el 10% de asistencia semanal, es uno de los escenarios de mayor avance de la secularización, si bien la fe en Italia no ha desaparecido sino que parece discurrir como por un cauce subterráneo, menos visible en la superficie social, pues aflora con fuerza cuando se tocan determinados temas: la relación con los compañeros, la búsqueda de sentido en el trabajo, la compatibilidad con la familia.

¿Son los jóvenes de hoy más o menos activos cívicamente que los de generaciones anteriores?

La pregunta exige matices, porque el activismo juvenil ha cambiado de forma más que de intensidad. El compromiso institucional —afiliación a partidos, membresía formal en organizaciones— es bajo: el 53% no pertenece a ninguna asociación. Pero la indiferencia es otra cosa. El 72% vota cuando hay elecciones, el 44% expresa sus opiniones sobre asuntos políticos en redes sociales, el 37% participa en campañas y peticiones.

Lo que sí es un hallazgo sólido y recurrente en todos los países es la diferencia entre creyentes y no creyentes en materia de compromiso cívico. Los jóvenes creyentes votan más —el 74% frente al 69% de los no creyentes—; participan más en campañas de sensibilización —el 41% frente al 29%—; expresan más sus opiniones en espacios públicos —el 47% frente al 39%—.

En participación comunitaria religiosa, el 32% de los creyentes pertenece a una organización religiosa y el 21% a una asociación civil, ambas cifras superiores a las de los no creyentes.

La brecha en activismo —más de 12 puntos porcentuales— es particularmente llamativa. Y se cumple en todos los países: en el Reino Unido, en Kenya, en Argentina, en España. La fe, lejos de ser un repliegue hacia lo privado, parece funcionar como acelerador del compromiso con lo público. Este dato invita a una reflexión seria sobre el papel de las comunidades religiosas como escuelas de ciudadanía activa.

¿Es el teletrabajo una exigencia innegociable o hay un deseo de volver a la oficina?

Ni lo uno ni lo otro de forma absoluta. El 71% de los jóvenes ha trabajado o estudiado en remoto en algún momento —el legado más duradero del COVID—, y un tercio lo hace con regularidad. Pero la actitud hacia el teletrabajo es profundamente ambivalente.

Lo que más valoran es el horario flexible y el equilibrio con la vida personal. Lo que más les preocupa es el aislamiento social —especialmente en Reino Unido, donde el 50% lo señala— y el deterioro de la comunicación con el equipo —el 39% a nivel global, hasta el 46% en Filipinas—. Solo el 10% de los encuestados señalaría la imposibilidad de teletrabajar como motivo para dejar un trabajo bien pagado, lo que indica que el trabajo remoto es apreciado pero no es el eje central de sus exigencias.

El modelo que emerge es claramente híbrido. Los jóvenes quieren autonomía para organizar su tiempo, pero no a costa del vínculo humano con sus colegas. En Italia, los datos cualitativos son especialmente interesantes: los jóvenes creyentes soportan mejor el aislamiento del teletrabajo que los no creyentes —solo el 36% lo sufre, frente al 44% de los no creyentes—, pero al mismo tiempo son más sensibles a la calidad de las relaciones con los compañeros. Eso sugiere que una vida espiritual robusta puede ser un recurso real para gestionar la soledad forzada, sin por ello renunciar a las relaciones como valor constitutivo.

¿Qué hay detrás de estos datos?

Un joven italiano, en un focus group previo a la elaboración del cuestionario lo expresó así: «el trabajo da la libertad de no pedir» —hablaba de independencia económica—, pero otro añadió que ese mismo trabajo «no puede venir antes de tus necesidades primarias». Los jóvenes no están renunciando a ser exigentes en lo económico; están añadiendo una capa de exigencia adicional que tiene que ver con la persona entera.

Lo más relevante para un empleador es esto: los jóvenes no quieren separar su vida del trabajo; quieren integrarla. No buscan una «work-life balance» entendida como separación de esferas, sino lo que en el estudio llamamos «work-life integration»: que el trabajo no destruya sus relaciones, que respete su descanso, que tenga coherencia con sus valores.

En España, específicamente, el aspecto más valorado del teletrabajo es el tiempo ahorrado en desplazamientos, pero el 39% señala el deterioro de la comunicación con el equipo como principal inconveniente. Flexibilidad sí, pero con presencia humana real.

¿Existe una relación directa en los datos entre tener una «vocación» y sufrir menos ansiedad laboral?

Es uno de los hallazgos más potentes de toda la investigación. No medimos la ansiedad clínica de forma directa, pero el bienestar subjetivo declarado muestra una correlación muy robusta con la presencia o ausencia de vocación profesional. Los jóvenes que dicen tener una vocación clara se declaran felices en un 55% de los casos; entre los que no la perciben, esa cifra cae al 27%. Es prácticamente el doble.

La vocación, además, actúa como amortiguador frente a la incertidumbre. En Italia, los jóvenes creyentes —que tienden a integrar vocación espiritual y profesional— muestran niveles de estrés laboral significativamente menores que los no creyentes: el 25% frente al 33%. Y son más capaces de ver en los fracasos oportunidades de aprendizaje, de planificar su trayectoria y de confiar en el futuro.

Tres de cada cuatro jóvenes declaran tener algún tipo de vocación profesional, aunque en muchos casos no está del todo definida. Los sectores donde el sentido de llamada es más fuerte son salud y educación —con un 84% en ambos— y el ámbito de la ingeniería y las ciencias técnicas. Son precisamente los campos que exigen mayor entrega personal, y los que generan más sentido. No creo que sea una coincidencia.

La pregunta para los formadores, educadores y pastores es cómo ayudar a los jóvenes a articular y sostener esa vocación en contextos laborales que no siempre la favorecen.

¿Algo más relevante que añadir?

Sí, me gustaría situar este estudio en el panorama más amplio de la investigación sobre jóvenes, porque creo que es un aspecto que merece más atención de la que suele recibir.

La mayor parte de los estudios institucionales —OCSE, Eurofound, los grandes informes nacionales— fotografían las condiciones objetivas de los jóvenes en el mercado laboral: tasas de paro, salarios medios,
tipos de contrato, dificultades de acceso. Son datos cruciales, pero no cuentan la historia entera. Footprints investiga deliberadamente la parte sumergida del iceberg: lo que los jóvenes creen, desean, esperan y temen en una dimensión más profunda. No «qué pasa» con los jóvenes, sino «qué piensan y sueñan» en relación con su vida profesional.

Uno de los resultados que más me interpela es el de la imagen que tienen del trabajo: el 15% lo asocia a «pasión» como primer significado —en Italia esa cifra sube al 22%—, seguido de «carrera» (14%). Las palabras «deber», «servicio» y «sacrificio» son las menos elegidas.

Para quien trabaja en formación humana o pastoral, eso es una señal importante: los jóvenes no necesitan que les hablemos de trabajo como obligación o como crucis; necesitan que los acompañemos a descubrir cómo su específica manera de trabajar puede ser también una respuesta a una llamada más profunda.

Vivimos, como decía el Papa Francisco, no una época de cambios, sino un cambio de época. Los jóvenes que hemos escuchado en nueve países no son ni la generación perdida que retratan algunos titulares ni la generación idealizada de los discursos esperanzadores.

Son una generación real, compleja, llena de contradicciones fecundas, que necesita ser escuchada con rigor y respeto antes de ser juzgada o interpelada. Eso es lo que Footprints intenta hacer, y creo que vale la pena seguirlo: en 2028, cuando publiquemos los resultados de la tercera fase sobre relaciones personales y familia, tendremos el retrato más completo que se ha construido nunca sobre una generación entera a escala internacional.

Argumentos

Jesús Higueras: cómo rezar en los malos momentos

Parece fácil rezar cuando todo va bien. Pero la experiencia dice que nos acordamos más de Dios cuando las cosas van mal. ¿Cómo rezar en estos momentos? El párroco de Caná, Jesús Higueras, lo explica con frases gráficas: “Dios no ha bajado a la Tierra de turista”, o “el sufrimiento no es una maldición”.

Francisco Otamendi·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

“Me acuerdo que en la puerta de una iglesia, preguntaba a una mujer: tú a qué vienes, y ella contestaba: a pedir, a pedir. Que apruebe mi hijo, que se cure esta persona. Casi nadie dijo: vengo a dar gracias”. “Cuando nos visita el misterio del dolor, cuando vienen el sufrimiento y el dolor, uno se pregunta muchas cosas”. 

Así comienza el párroco de Santa María de Caná, Jesús Higueras (Madrid, 1963), una reflexión sobre el sufrimiento, la enfermedad, la contradicción, en una conversación con Mater Mundi TV.

No es de ahora, pero la hemos rescatado, porque estamos ante un asunto capital, del que se hizo eco, por ejemplo, san Juan Pablo II, en el libro ‘Cruzando el umbral de la esperanza’. El Papa polaco respondía a una pregunta del periodista y escritor italiano Vittorio Messori, recién fallecido, que tiene gran similitud a lo que comenta don Jesús Higueras.

Messori ponía sobre la mesa cómo se puede seguir confiando en “Dios, que se supone Padre misericordioso, (…), a la vista del sufrimiento, de la injusticia, de la enfermedad, de la muerte”. Y san Juan Pablo II decía que “el escándalo de la Cruz sigue siendo la clave para la interpretación del gran misterio del sufrimiento”. 

¿”Por qué Dios permite este sufrimiento?”

Reflexiona el párroco Jesús Higueras: “¿Por qué Dios siendo Padre y siendo bueno permite este sufrimiento? ¿Por qué si dice que está pendiente de mí, cómo es que a mi hija le ha pasado esto, mi familia se ha roto, o yo me estoy muriendo?”.

“Son momentos en los que te entra miedo e inseguridad, porque has perdido el control de tu vida. Es un momento, además, en el que no eres capaz de soportar el dolor, y es un dolor que te supera con mucho”.

Jesucristo en la cruz se hizo tan solidario de nuestro dolor que llegó a decir: ‘Dios mío, por qué me has abandonado’, como diciendo: me identifico con todos aquellos que en su cruz y en su dolor no sienten cercano a Dios. 

Es la prueba: “eres mi Amigo también en los momentos malos”

Jesús Higueras prosigue: “Hay mucha gente que cuando está sufriendo, dice: es que no sé si rezar me ayuda, porque siento a Dios muy lejos. Es el momento de la prueba. Es el momento de decir: bueno, Señor, no eras mi amigo solo para los momentos buenos, eres mi amigo también para los momentos malos”.

Y pone el ejemplo de una mala temporada, en la que llamamos a un amigo, me desahogo con él, me apoyo en él… “Si yo realmente lo tengo como un amigo, me quiero apoyar en él”.

El Papa León XIV venera la cruz del Señor mientras preside la Liturgia de la Pasión del Señor del Viernes Santo en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el 3 de abril de 2026. (Foto OSV News/Elisabetta Trevisani, Vatican Media).

Jesús experimenta cada gota de dolor humano

Entonces, ¿cómo se reza cuando tú lo estás pasando muy mal en la vida?, pregunta Jesús Higueras, ordenado sacerdote en 1990. 

“A mí, lo que me ha ayudado, y lo que he visto es esto: Jesús lo que hace en la cruz es experimentar en su corazón cada gota de dolor que cada ser humano ha experimentado en la historia de la humanidad. La cruz de Cristo somos nosotros. Si yo sufro, Cristo sufre, si a mí me pegan, a Cristo le pegan…” 

Lo dice el Evangelio: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo, estuve en la cárcel, estuve enfermo…¿Cuándo, Señor? Cada vez que le pasaba esto a…., me estaba pasando a Mí”.

“Jesús, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas”

“La cruz de Jesús somos nosotros”, añade el párroco Higueras. “Por tanto, cuando yo estoy sufriendo…, si yo tengo un tumor, le digo a Jesús, Jesús, este tumor lo tienes tú también, lo que me duele a mí, te duele a Ti, somos compañeros de fatigas.  Sólo me puede comprender aquél que ha pasado por lo mismo que yo. A una madre que ha perdido un hijo sólo le puede comprender otra madre que ha perdido un hijo, a una persona que le deja el amor de su vida.., una persona que tiene una enfermedad que te da mucha sed, sólo te puede comprender otra persona que haya pasado por lo mismo…”.

Quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos

“Porque Dios es amor y porque Dios comprende, para comprendernos se hizo humano, y quiso experimentar en su carne lo que nosotros experimentamos. Y claro, cuando sufrimos y miramos a la Cruz, Jesús nos dice, pero vamos a ver, si estoy sufriendo contigo, si lo que te duele a ti, me duele a Mí, lo que te pasa a ti me pasa a Mí, tu dolor es mi dolor, y no es ni más ni menos”. Así reflexiona, reza, Jesús Higueras.

“Dios no ha bajado a la Tierra de turista”

Efectivamente, “te encuentras con un Dios que no ha bajado a la Tierra de turista, para decir, chicos, que os quiero mucho, que cuando vengáis al cielo ya os lo arreglaré todo. Sino que, porque os quiero mucho, bajo a la arena por vosotros, me hago solidario de vuestro destino. 

Si pasas hambre, el hambre que pasas, Yo lo pasaré; si duermes en el suelo, yo dormiré; la comida que te den, la tomaré yo; el dolor que tengas lo tendré yo; tu disgusto será mi disgusto…, “porque todo eso, lo transforma en la Cruz en un espacio de redención y de salvación”.

Amargados por el dolor, algunos se alejan de Dios

Hay personas que el dolor les destruye, les amarga, son personas que la vida se les rompe en mil pedazos, y no saben cómo recogerlos. Y el dolor se convierte en una causa de escándalo y de alejamiento de Dios.

Pero hay otros que “miran al Crucificado, y se ponen a los pies de la Cruz, y miran a Jesucristo, con sangre, con espinas, pero no solamente el dolor del cuerpo de Cristo, sino el dolor del alma de Cristo… Y Cristo experimenta en su corazón cada instante de dolor de cada criatura humana”.

“Si quieres, te puedes convertir en corredentor”

“Entonces encuentras un consuelo, una fortaleza, una razón para tu sufrimiento”, subraya don Jesús. “Porque si quieres, te puedes convertir en corredentor, y por tanto tu sufrimiento ya no es un absurdo, un Dios que se ha olvidado de ti, que se te deja ahí sufriendo porque te ha tocado en la lotería de la vida la bola negra…, sino que Dios te está pidiendo que subas la Cruz con Él, y que ofrezcas ese dolor tuyo unido al suyo. Porque entonces, si lo unes al suyo –esto es un don del Espíritu Santo, no es tan fácil–, pero si te acuerdas de unir tu dolor al suyo, entonces tu dolor se convierte en redentor”.

Cuando uno está con un disgustazo, cuando uno está enfermo, cuando uno está solo, cuando uno no saber qué hacer, va concluyendo el párroco de Çaná, “hay que ir al pie de la Cruz, y decir: Señor, Tú estás ahí por mí, Tú estás pasando lo que paso yo, Tú saliste adelante, y yo, apoyado en Ti, también pienso salir.”.

“No todo termina en la Cruz”. “El sufrimiento no es una maldición”

Las palabras finales de Jesús Higueras resuelven todas las incógnitas. 

“Lo decimos en el Credo: por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y fue crucificado por nuestros pecados. ¡Y resucitado! La esperanza es que no todo termina en la Cruz.

Decía san Pablo, es doctrina segura. ‘Si con Él sufrimos, reinaremos con Él’.

Si Dios permite que en mi vida me golpee el sufrimiento, concluye don Jesús, “es que Dios de algún modo, quiere que ese sufrimiento se convierta en gloria, para mí, y para los que amo: para tus hijos, para tus padres, para tu familia…

“Por tanto, desde que Cristo subió a la Cruz, el sufrimiento no es una maldición. El sufrimiento es un espacio para encontrarse con Dios, y para crecer en el amor”.

El autorFrancisco Otamendi

Mundo

Massimiliano Padula: “Existe el riesgo de la transformación del testimonio en espectáculo”

En el debate eclesial sobre la llamada “misión digital”, Massimiliano Padula invita a no quedarse en el adjetivo. La verdadera cuestión, explica a Omnes, es formar personas capaces de habitar estos entornos con madurez humana, espiritual y pastoral.

Giovanni Tridente·13 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El 17 de marzo de 2026, en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, tuvo lugar un congreso que reunió a cuatro universidades pontificias romanas para reflexionar sobre los retos que el contexto digital plantea a la evangelización y a quienes se dedican al anuncio del Evangelio en este ecosistema de información y relaciones. Un tema ciertamente no nuevo, pero que en los últimos meses ha vuelto a situarse en el centro de la atención eclesial gracias también al Sínodo sobre la sinodalidad, que ha reconocido este ámbito como un auténtico “entorno de misión”. 

En el coloquio romano participaron las universidades Gregoriana, Salesiana, Lateranense y Santa Cruz. Centró su atención en el tema de la formación, en particular de los sacerdotes y las personas consagradas, también porque muchos de los protagonistas de la presencia eclesial en las redes sociales pertenecen al clero o a la vida consagrada. El debate se centró en cuatro ámbitos clave: pastoral, espiritual, humano e intelectual.

La reflexión sociopastoral se encomendó al profesor Massimiliano Padula, catedrático de Ciencias de la Comunicación en la Pontificia Universidad Lateranense. Sociólogo de la comunicación, en sus estudios se ocupa de la relación entre los medios de comunicación y las prácticas pastorales, con especial atención a los procesos de transformación en la sociedad contemporánea y en las instituciones eclesiales. 

En esta entrevista con Omnes ofrece más elementos de reflexión sobre la necesidad de relativizar el adjetivo “digital”, para hacer emerger la dimensión propiamente misionera de la presencia cristiana en estos “entornos”.

¿Cuál es su valoración del informe La misión en el entorno digital, elaborado tras el Sínodo de los Obispos?

—El documento representa una contribución significativa, porque ha iniciado un debate sobre un tema complejo y a menudo malinterpretado. Uno de los elementos más relevantes es el punto de partida: la idea de que el entorno digital no es solo un conjunto de herramientas, sino una verdadera y propia cultura. Este enfoque es un presupuesto indispensable para una reflexión teológico-pastoral adecuada al presente y para imaginar nuevas formas de misión. 

Sin embargo, persiste cierta ambivalencia: por un lado, se afirma la naturaleza cultural de lo digital; por otro, se tiende aún a configurarlo como un ámbito que debe organizarse y regularse mediante instrumentos institucionales específicos. Las propuestas relativas a la creación de nuevas funciones, al reconocimiento de un posible ministerio específico o a la adaptación de las estructuras eclesiales responden a necesidades comprensibles, pero corren el riesgo de desplazar la acción pastoral hacia una lógica predominantemente organizativa. El principio recordado por el Papa Francisco en Evangelii Gaudium, según el cual “el tiempo es superior al espacio”, invita, por el contrario, a privilegiar los procesos en el tiempo, capaces de generar transformación, más que la construcción de estructuras definidas de forma inmediata.

¿Cómo interpretar entonces la relación entre estructuras y procesos en la pastoral digital?

—La cuestión no se refiere a una oposición absoluta entre estructura y proceso, sino a su correcto equilibrio. Sin embargo, un énfasis excesivo en la formalización de la pastoral en el ámbito digital corre el riesgo de producir efectos contraproducentes, como el aislamiento autorreferencial y la reducción de la misión a una práctica especializada. 

Lo digital, como dimensión ya integrada en la experiencia cotidiana, no necesita una separación institucional rígida, sino una integración generalizada en las prácticas eclesiales ordinarias.

¿Qué nos dice sobre el fenómeno de los llamados “influencers de Dios”?

—La aparición de figuras que utilizan las plataformas digitales con fines evangelizadores debe situarse dentro de una dinámica participativa más amplia. 

La producción generalizada de contenidos ha favorecido el desarrollo de formas de acción eclesial desde abajo, que pueden reconducirse a un paradigma que yo defino como “pastoral de base”, es decir, una pastoral que nace desde abajo. Se trata de formas de acción eclesial que surgen de las dinámicas participativas de las redes digitales, en las que cualquiera puede convertirse en sujeto activo de la evangelización, contribuyendo a generar procesos que no se centran exclusivamente en las estructuras institucionales. Esta dinámica, que la socióloga Heidi Campbell ha descrito como “religión en red”, representa una gran oportunidad. Pero también conlleva importantes aspectos críticos: el riesgo de una personalización excesiva, la transformación del testimonio en espectáculo, y la reducción del contenido teológico a una narración simplificada.

¿Qué estrategias considera eficaces para abordar estas dificultades?

—El elemento decisivo es la formación, entendida en sentido integral. No se trata simplemente de adquirir competencias técnicas, sino de desarrollar una conciencia crítica y una madurez humana, espiritual e intelectual. En esta perspectiva, es necesario invertir en itinerarios formativos capaces de integrar la dimensión teológica y la competencia comunicativa. La calidad de la acción pastoral, de hecho, depende del equilibrio entre la profundidad de los contenidos y la eficacia expresiva.

Una comunicación teológicamente correcta, pero carente de adecuación comunicativa, resulta ineficaz; del mismo modo que una comunicación formalmente eficaz, pero carente de arraigo doctrinal, resulta frágil. 

¿Qué características debería tener una formación de los misioneros digitales adecuada al contexto contemporáneo?

—Una formación adecuada debe centrarse en las personas más que en los instrumentos. Esto implica la capacidad de abordar de manera crítica la complejidad de la contemporaneidad, caracterizada por el pluralismo, los conflictos y las profundas transformaciones en los lenguajes y las formas de la vida en sociedad. Además, debe tener en cuenta las transformaciones que afectan a realidades fundamentales como la familia, las generaciones jóvenes y el envejecimiento de la población, reconociendo también nuevas formas de vulnerabilidad social. 

En este contexto, el ministro ordenado y, más en general, todo agente pastoral está llamado a desarrollar una competencia interpretativa capaz de traducir el mensaje cristiano en un horizonte marcado por la incertidumbre y la fragmentación. 

Solo integrando el arraigo teológico y la conciencia del contexto será posible evitar formas de misión desencarnadas y permanecer fieles a la naturaleza de una Iglesia que, como escribía Joseph Ratzinger, es ante todo comunidad de amor y comunidad de personas.

Si la Iglesia reconoce cada vez más en los últimos tiempos “lo digital” como un ámbito de evangelización, ¿por qué considera necesario relativizar precisamente este adjetivo?

—La tendencia a calificar lingüísticamente los fenómenos sociales responde a una doble exigencia: por un lado, la de hacer comprensible un determinado ámbito de la experiencia; por otro, la de atribuirle una clave interpretativa precisa, ya sea positiva, negativa o neutra. Desde esta perspectiva, el término “digital”, originalmente descriptivo, ha ido adquiriendo progresivamente una función calificativa, hasta convertirse en un atributo que se extiende a múltiples dimensiones de la vida social: se habla, por ejemplo, de “vidas digitales”, “educación digital”, “Iglesia digital”.

Sin embargo, en el contexto actual, lo digital tiende a perder su función distintiva. No tanto porque se comprendan plenamente sus instrumentos, tiempos, espacios, lógicas y riesgos, sino porque ya se ha interiorizado como un componente ordinario de la vida social y cotidiana. Según el Digital 2026 Global Overview Report, más de 6.000 millones de personas utilizan Internet: una cifra -una “supermayoría”- que hace que el adjetivo resulte cada vez más redundante. En otras palabras, lo digital ya no puede considerarse una dimensión separada o meramente tecnológica, sino que debe interpretarse como un requisito estructural de la vida social, cada vez más invisible y normalizado. Por eso “digital” ya no es sinónimo de “tecnológico”: se ha convertido en una condición de fondo de la experiencia humana y social.

A la luz de esta perspectiva, ¿cómo interpreta expresiones como “misión digital” o “sínodo digital”?

—Considero que estas expresiones deben reinterpretarse partiendo de su significado más profundo. La misionariedad y la sinodalidad no se definen en función del contexto tecnológico en el que se expresan, sino en relación con su naturaleza teológica y eclesiológica. El adjetivo “digital”, en este sentido, corre el riesgo de introducir una distinción impropia, como si existiera una misión “otra” respecto a la eclesial en sentido estricto. Por el contrario, la acción misionera y el camino sinodal se configuran como procesos que atraviesan los diversos ámbitos de la experiencia humana, sin agotarse en un contexto específico. 

Más que insistir en estas etiquetas, tal vez convenga reconducirlas a su dimensión fundamental: la misión y el sínodo como formas de corresponsabilidad eclesial, orientadas al cuidado concreto de las personas y a su promoción integral.

Iniciativas

La Sociedad de Científicos Católicos de España estrena rostro digital

La Sociedad de Científicos Católicos de España lanza su nueva identidad visual y digital para potenciar su misión y conectar con nuevas audiencias en el ámbito científico y social.

Redacción Omnes·12 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La Sociedad de Científicos Católicos de España (SCCE) ha lanzado una nueva identidad visual y plataformas digitales para potenciar su misión y conectar con nuevas audiencias en el ámbito científico y social.

Esta renovación responde a la «evolución natural» que ha experimentado la sección española desde su nacimiento en 2022. Ante el constante aumento en el número de miembros y el interés social por sus propuestas, la organización ha dado un paso estratégico para dotarse de una imagen más coherente y alineada con su vocación de servicio.

Crecimiento de la organización

El rediseño de la SCCE no se limita a una simple actualización estética, sino que busca alcanzar objetivos fundamentales para el crecimiento de la organización. Según la nota de prensa en la que explican el cambio, esta nueva etapa está diseñada para «expresar con mayor claridad la propuesta de la Sociedad» y, al mismo tiempo, facilitar el acceso de los usuarios a sus contenidos y actividades formativas. Asimismo, la entidad pone el foco en el futuro, buscando conectar con nuevas generaciones de estudiantes y profesionales para reforzar su posición como una «comunidad de referencia» en el diálogo entre la ciencia y la religión.

Este proceso de cambio ha venido acompañado de una renovación profunda de sus plataformas digitales. Estas han sido concebidas para ofrecer una experiencia de usuario más intuitiva y dinámica, con una clara orientación hacia la divulgación científica rigurosa.

Importancia de España

La relevancia de este impulso digital cobra sentido al observar el peso de España en la organización internacional (fundada en 2016): actualmente, este país es el que cuenta con mayor número de integrantes después de Estados Unidos.

Por ello, la SCCE reafirma su convicción de que la separación entre el ámbito científico y el religioso no es inevitable. Con esta nueva imagen, la sociedad se propone seguir trabajando en universidades, institutos y parroquias para «testimoniar la armonía entre la vocación de científico y la vida de fe», ofreciendo así una comprensión más completa de la realidad y del ser humano.

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FirmasAlberto Martín Colino

Romerías

Mayo es alegría, mes de la madre y, como no, mes de la Virgen, esa que tan contenta nos recibe cuando hacemos una romería, esas que hacíamos cada año en el colegio.

12 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Qué bonito era cuando en mayo existía vida más allá de los exámenes y de los trabajos finales. El Madrid levantaba muchas Champions y el verano se dejaba ver poco a poco en el color de las flores. También se olía, con ese inconfundible aroma a urbanización regada y a cloro de piscina. Mayo es alegría, mes de la madre y, como no, mes de la Virgen, esa que tan contenta nos recibe cuando hacemos una romería, esas que hacíamos cada año en el colegio.

Niños que cantan a María desde los asientos de atrás del bus en el que viajan a la romería, al monasterio de San este o de San aquel, una maravillosa mañana de primavera en la que disfrutan todos juntos de sus bocadillos y, alguno que otro, comparte generosamente de sus Pringles mientras todos le sonríen, alegres y frescos como las flores que vienen ahí a poner, a los pies de la Virgen que reina sobre todos, sobre las familias y sobre el Colegio.  

Risas entre bolas y bolas del Rosario, ese que rezan con música y con voces todavía de niño. Retumban los ruega por nosotros y siempre, siempre, siempre hay alguien que se lía con los misterios pares, estallando la carcajada también de los profesores. Se lanzan peticiones de todo tipo, sin miedo ni vergüenza, que la Virgen no hace otra cosa más que acogerlas y darles cariño. 

Los años han pasado y, probablemente, ya no podemos dedicar un día entero a la romería. Bueno, tampoco hace falta, cualquier pequeño momento es perfecto para este plan.  

Mis amigos y yo hemos patentado un formatín perfecto para gente muy seria ocupada (aunque todavía no sabemos con qué). Llevamos ya varios años quedando a última hora de la tarde en el Santuario de Valverde, Montecarmelo, donde rezamos uno o dos rosarios. Siempre nos enfrentamos con nuestra falta de puntualidad, y es que ya van varias veces que el conserje nos cierra el Santuario en la cara. Este año dio el pitido final en medio del quinto misterio, no dejándonos ni descuento para las letanías. 

A la salida, a veces algo precipitada, nos reunimos todos en algún bar a celebrar. Y es que, si un cumpleaños o una graduación son buenos motivos de convocatoria, ¿por qué no el mes de la madre? Hemos cambiado los bocadillos por cervezas y, ahora, en vez de pedir por el partido entre 5ºA y 5ºB, pedimos por prácticas, entrevistas y futuros noviazgos. 

En fin, los años pasan y es inevitable que las cosas cambien, muchas a mejor. Iremos nuevos lugares y con otras personas, pero siempre bajo el mismo manto.

El autorAlberto Martín Colino

Estudiante de 5º curso de Ingeniería de Telecomunicaciones y Business Analytics.