Iniciativas

UFV y Sabadell: V Curso de Asesor Financiero para entidades religiosas y tercer sector

En su V edición, el Curso online de Asesor Financiero de la Escuela de Posgrado de la Universidad Francisco de Vitoria y el Banco Sabadell, permite reforzar un conocimiento especializado de las Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector.

Redacción Omnes·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El pasado 26 de febrero de 2026 dio comienzo la V edición del Curso de Asesor Financiero para Entidades Religiosas y del Tercer Sector. Se trata de un Curso cien por cien online, desarrollado entre el Banco Sabadell y la Universidad Francisco de Vitoria que pretende ser un pilar sólido para la gestión del día a día de administradores y ecónomos.

Esta certificación universitaria ofrece una formación completa y rigurosa a profesionales y colaboradores del sector, con el objetivo de reforzar el conocimiento especializado de estas instituciones y ayudando a dotar de conocimiento y herramientas a sus administradores, con una visión muy enfocada en su sostenimiento, poniendo siempre a las personas en el centro.

Matriculación abierta hasta el 22 de junio de 2026

El periodo de matriculación empezó el pasado 15 de diciembre de 2025 y estará abierto hasta el 22 de junio de 2026, concluyendo el programa el 31 de diciembre de 2026. Al finalizar, los alumnos obtendrán el título propio de la Universidad Francisco de Vitoria.

Como se ha dicho, es un curso 100% online, con 12 ECTS. Cuenta además con un acompañamiento mediante tutorías realizadas por especialistas en Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector del Banco Sabadell. Es una formación abierta a profesionales de todos los sectores, que ofrece un plan de becas de hasta un 80% en la matrícula para personal y responsables de Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector clientes BS, así como para empleados BS.

Santiago Portas Alés, director de Instituciones Religiosas y Tercer Sector del Banco Sabadell.

Conocimiento especializado

Este curso avanzado online está adaptado a la realidad de los profesionales y ofrece una formación completa y rigurosa con el objetivo de reforzar un conocimiento especializado de las Instituciones Religiosas y Entidades del Tercer Sector.

A lo largo de las cuatro ediciones anteriores se han inscrito un total de 1.159 alumnos de los cuales 730 la han finalizado y han obtenido el título propio de la Universidad Francisco de Vitoria.

Material actualizado por profesionales y docentes

Mediante una herramienta dinámica e interactiva, el curso permite al alumno seguirlo adaptándose a cada situación personal y profesional. El material ha sido elaborado y actualizado por profesionales en activo del sector financiero y profesores de la Universidad Francisco de Vitoria que combinan la docencia con su actividad profesional, dotando al curso de la máxima calidad académica y pedagógica.

Más información sobre el programa e inscripciones en la web de la UFV.

El autorRedacción Omnes

Evangelización

12 santas que también fueron madres

En diversos momentos del mes de mayo, casi todos los países celebran el Día de la Madre. Compartimos una lista de 12 madres que pueden ser modelos de santidad y a las que acudir para que intercedan por nosotros.

OSV / Omnes·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

«El secreto de la felicidad es vivir momento a momento y agradecer a Dios por lo que nos envía cada día». Esta sabia reflexión parece algo que diría una buena madre, y en este caso, una lo dijo. Es una joya de Santa Gianna Beretta Molla, esposa católica, médica y madre, quien falleció en 1962 después de priorizar desinteresadamente la salud de su bebé por nacer sobre la suya propia durante un embarazo difícil. Santa Gianna está entre docenas de madres católicas que la Iglesia ha canonizado por su fe, caridad y virtudes santas.

1. Santa Helena (c. 248-c. 328)

Helena fue la madre de Constantino, el emperador romano que en 313 puso fin a la persecución de los cristianos en todo el imperio. Nació en Asia Menor, se casó con un general romano llamado Constancio Cloro, y dio a luz a Constantino en 274 en lo que es Serbia. Se convirtió al cristianismo en 312 y, a partir de entonces, fue conocida por su devoción, su vida de oración y su generosidad con los pobres. Alrededor del año 326, fue a Tierra Santa, donde pasó sus últimos años humildemente haciendo las tareas domésticas en su convento, pero también construyendo iglesias en lugares sagrados. Se dice que encontró la «verdadera cruz» del Calvario. Su fiesta se celebra el 18 de agosto.

2. Santa Mónica (331-387)

Esta mujer laica africana del norte se casó con Patricio, y San Agustín de Hipona fue su hijo mayor. Intentó criarlo como cristiano, pero también tenía ambiciones para su éxito mundano. Él despreciaba el cristianismo y tuvo un hijo con su amante. En 383, Mónica siguió a Agustín a Italia, donde fue seguidora de San Ambrosio. Tres años después, Agustín fue bautizado. Mónica cayó enferma y murió antes de su regreso a África. Años antes, un obispo le había aconsejado famosamente: «No es posible que se pierda el hijo de tantas lágrimas». Su fiesta se celebra el 27 de agosto.

3. Santa Emelia de Cesarea (fallecida alrededor de 375) 

Santa Emmelia proviene de una familia de santos. Su esposo es San Basilio El Mayor, un abogado e hijo de Santa Macrina la Mayor. De sus 10 hijos, cuatro fueron canonizados: San Basilio el Grande, San Gregorio de Nisa, Santa Macrina la Menor y San Pedro de Sebaste. Santa Emmelia se dedicó a la educación de sus hijos y al conocimiento de las Escrituras. Después de criar a sus hijos, Santa Emmelia junto con su hija Macrina renunciaron a su alto nivel de vida y formaron una pequeña comunidad monástica de monjas en la finca de la familia. Su fiesta se celebra el 30 de mayo.

4. Santa Margarita de Escocia (c. 1045-1093)

Puede que Margarita haya nacido en Hungría de madre alemana, pero como nieta de un rey inglés fue llevada a Inglaterra. Se refugió en Escocia después de la conquista normanda y en 1070 se casó con el rey Malcolm III. Tuvieron dos hijas y seis hijos; un hijo también se convirtió en santo. Profundamente religiosa, ella usó su influencia para alinear la iglesia escocesa con Roma y fue conocida por cuidar a huérfanos y pobres. Murió cuatro días después del asesinato de su esposo; fueron enterrados en la Abadía de Dunfermline. Fue canonizada en 1250. Su fiesta se celebra el 16 de noviembre.

5. Santa Hedwig de Silesia (c. 1174-1243)

Una laica de Baviera, en el sur de Alemania, Hedwig se casó con el duque de Silesia, en el sur de Polonia. Enrique I alentó las numerosas actividades caritativas de su esposa, una de las cuales fue fundar una abadía de monjas cistercienses en Trzebnica. La pareja hizo un voto de vivir castamente después del nacimiento de su séptimo hijo en 1209. Cuando Enrique murió en 1238, Hedwig se trasladó a la abadía, donde su hija Gertrudis era abadesa, pero sin convertirse en monja. Utilizó su fortuna para ayudar a los pobres y a los sufrientes de los alrededores, y es recordada por aumentar la influencia alemana en Silesia. Fue canonizada en 1267. Su fiesta se celebra el 16 de octubre.

6. Santa Isabel de Hungría (1207-1231)

La corta vida de Isabel fue, sin embargo, plena; tuvo un matrimonio feliz e hijos, fue franciscana seglar y estaba tan dedicada a los pobres y enfermos que regaló sus vestiduras reales y fundó hospitales. Hija de un rey húngaro, Isabel se casó a los 14 años con Luis, un noble de Turingia. Él se quejaba del gasto que suponían sus muchas obras de caridad hasta que presenció un milagro que involucraba a Isabel, pan y rosas. Después de que él muriera durante una cruzada, ella se convirtió en miembro de la Tercera Orden Franciscana en Marburgo, Alemania, donde fundó un hospital para cuidar a los enfermos. Isabel es la patrona de los panaderos, jóvenes esposas, viudas, los falsamente acusados, condesas y franciscanos seglares. Fue canonizada en 1235. Su fiesta se celebra el 17 de noviembre.

7. Santa Brígida de Suecia (c. 1303-1373)

Brígida, o Birgitta, contrajo matrimonio con un noble sueco; la pareja tuvo ocho hijos, entre ellos Santa Catalina de Vadstena. Hacia el año 1335, Brígida fue nombrada dama de honor principal en la corte sueca. Tras enviudar en 1344, fundó la Orden del Santísimo Salvador, conocida como las brigidinas. Brígida pasó gran parte de su tiempo en Roma, llevando una vida austera y dedicándose al cuidado de los pobres y los enfermos. Falleció allí, tras haber realizado una peregrinación a Tierra Santa. Brígida afirmó haber tenido visiones e inspiraciones a lo largo de su vida, lo cual generó tanto influencia como controversia. Fue canonizada en 1391. Su fiesta se celebra el 23 de julio.

8. Santa Francisca de Roma (1384–1440)

Esta laica y fundadora, nacida en el seno de la aristocracia romana, contrajo matrimonio con Lorenzo Ponziano a los 13 años; tuvieron varios hijos. En 1409, su palacio fue saqueado por soldados napolitanos y Lorenzo fue exiliado durante cinco años, regresando a casa como un hombre destrozado. Falleció en 1436. Francisca, conocida por su gran caridad durante las epidemias y la guerra civil, organizó una sociedad de damas dedicada a la abnegación y a las buenas obras. Esta se convirtió en las Oblatas de Tor de Specchi, comunidad que ella dirigió durante sus últimos cuatro años de vida. Es la santa patrona de los automovilistas, tal vez porque fue custodiada durante 23 años por un arcángel visible únicamente para ella. Sus últimas palabras fueron: “El ángel ha terminado su obra. Me hace señas para que lo siga”. Fue canonizada en 1608. Su fiesta se celebra el 9 de marzo.

9. Santa Juana Francisca de Chantal (1572-1641)

A los 20 años, Jeanne-Françoise Frémyot, de Dijon, Francia, contrajo matrimonio con el barón Christophe de Rabutin-Chantal. Fueron felices, pero tras ocho años ella enviudó, quedando a cargo de cuatro hijos. En 1604, San Francisco de Sales se convirtió en su director espiritual; ambos colaboraron en la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María, concebida para aquellas mujeres que no se adaptaban a la vida más rigurosa de otras comunidades religiosas. A su muerte, existían cerca de 80 conventos de la Visitación. San Vicente de Paúl, contemporáneo suyo, la calificó como “una de las personas más santas que jamás he conocido en esta tierra”. Santa Juana Francisca de Chantal fue canonizada en 1767. Su festividad se celebra el 12 de agosto.

10. Santa Luisa de Marillac (1591-1660)

Nacida en Auvernia, Francia, Luisa se casó con un funcionario de la corte real, Antoine Le Gras. Tras su muerte en 1625, y a pesar de las dificultades económicas y episodios de melancolía, fue una activa colaboradora de las obras caritativas de San Vicente de Paúl y se convirtió en cofundadora con él de las Hijas de la Caridad. Redactó el primer borrador de su regla. Para el momento de su muerte, la orden había establecido 40 casas en Francia, y las Hijas de la Caridad cuidaban a los pobres enfermos en las parroquias parisinas y acogían a cientos de mujeres. Santa Luisa de Marillac fue canonizada en 1934. Su fiesta se celebra el 15 de marzo (Nota de Redacción Omnes: desde 2016, la fiesta de santa Luisa de Marillac se celebra el 9 de mayo).

11. Santa Elizabeth Ann Seton (1774-1821)

Criada como episcopaliana en la ciudad de Nueva York colonial, Elizabeth se casó con William Magee Seton, un comerciante. La pareja tuvo cinco hijos. William murió en 1803 en Italia, donde Elizabeth aprendió sobre el catolicismo de la familia que le brindó hospitalidad. Las guerras habían arruinado el negocio naviero de la familia. Tras convertirse al catolicismo en Nueva York en 1805, la ahora pobre Elizabeth fue abandonada por viejos amigos, pero aceptó la oferta de un sacerdote de Baltimore para abrir allí una escuela para niñas. En 1809 fundó las Hermanas de la Caridad de Estados Unidos, cuyas escuelas y orfanatos crecieron en número. Se convirtió en la primera santa nacida en Estados Unidos en 1975 y es la patrona de los conversos. Fue canonizada en 1975. Su fiesta se celebra el 4 de enero.

12. Santa Zélie Martin (1831-1877)

Zélie (Celia) Martin fue una mujer de profunda fe religiosa y de una ética de trabajo industriosa como encajera. Ella y su esposo, San Louis Martin, tuvieron nueve hijos, de los cuales cinco sobrevivieron hasta la adultez. Su hijo más famoso es Santa Thérèse de Lisieux, doctora de la Iglesia, pero su hija Léonie Martin, una hermana de la Visitación, también tiene una causa abierta para la canonización. Ella y Louis eran conocidos como padres afectuosos y amorosos, pero los escritos de Zélie revelan los desafíos que enfrentó como madre, algunos como resultado del descuido y la pobreza que experimentó en su infancia. Ella murió de cáncer de mama cuando Thérèse, su hija menor, tenía 4 años. En 2015, Zélie y Louis se convirtieron en el primer matrimonio en ser canonizado conjuntamente. Su fiesta se celebra el 12 de julio.

El autorOSV / Omnes

FirmasÁlvaro Presno

Extraterrestres, algoritmos y alma humana: una lectura cristiana ante inteligencias no humanas

Extraterrestres, ovnis y la singularidad de la IA son los objetos que animan una parte de la especulación cristiana sobre la identidad.

7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 10 minutos

Durante la segunda mitad del siglo XX, la posibilidad de inteligencias no humanas se imaginó frecuentemente en clave extraterrestre. Fue, ya de por sí, un fenómeno cultural llamativo: una combinación de fascinación tecnológica, ansiedad geopolítica, expansión mediática y quizá el viejo deseo humano de no estar solos.

En plena era atómica, cuando la técnica parecía capaz tanto de destruir el mundo como de inaugurar una nueva edad, los cielos comenzaron a poblarse de presencias ambiguas. Aquellas luces podían ser armas secretas, visitantes remotos, errores perceptivos o simples rumores —aunque ante todo fueron símbolos—. 

La propia expresión hegemónica en los años cincuenta y sesenta —“platillos volantes”, traducción de flying saucers— podría proceder de una conocida distorsión periodística. En 1947 el piloto estadounidense Kenneth Arnold describió el movimiento de unos objetos en el cielo como platos rebotando sobre el agua, y la prensa transformó aquella comparación cinética en la forma de una nave; años más tarde, el propio testigo acabaría vinculado a la naciente cultura ufológica.

No deja de ser significativo que uno de los grandes mitos tecnológicos contemporáneos naciera de una mediación defectuosa. Como sugirió Carl Jung en Flying Saucers: A Modern Myth of Things Seen in the Skies (1958), el interés duradero del fenómeno no dependía solo de la realidad material de los avistamientos, sino de su capacidad para condensar esperanzas, ansiedades y símbolos colectivos—muy jungiano, claro—. 

La ufología española

Reducir el fenómeno OVNI a una patología cultural norteamericana vinculada a la Guerra Fría sería, sin embargo, insuficiente. También en España cristalizó una recepción propia (Spain is different). Como mostró Ignacio Cabria en sus estudios histórico-antropológicos sobre la ufología española, los llamados platillos volantes llegaron en buena medida como producto de la cultura de masas estadounidense de posguerra, que permite interpretar la llegada del mito como una forma de colonización simbólica junto con músicas, imágenes y estilos de vida importados. Pero su arraigo español no fue mera copia. El mito se injertó en un contexto específico —franquismo tardío, modernización de la técnica, persistencia religiosa y creciente fascinación por la astronáutica— hasta adquirir sabor propio. 

El mismo autor proponía además una distinción especialmente fecunda entre el OVNI en sentido estricto —el objeto aéreo no identificado— y el “ovni” en sentido cultural: la figura ya cargada de expectativas y significados, convertida casi automáticamente en nave extraterrestre, visitante cósmico o inteligencia superior.

Esa diferencia permite entender que el fenómeno no consistía solo en avistamientos, sino en la formación de una subcultura reconocible: investigadores aficionados, boletines especializados, divulgadores, creyentes, contactados y una intensa circulación mediática. Más allá de la realidad o irrealidad del fenómeno lo cierto es que se extendió ofreciendo una nueva imagen del lugar del hombre en el cosmos y, para algunos, incluso una promesa de regeneración espiritual. 

Del platillo volante al algoritmo: dos mitos, una misma estructura

La analogía con un fenómeno de nuestro tiempo resulta inmediata. También conviene distinguir hoy entre la inteligencia artificial en sentido técnico —grandes modelos lingüísticos, sistemas predictivos, visión computacional, automatización de tareas delimitadas— y la “IA” en sentido cultural: una entidad difusa a la que se atribuyen conciencia inminente, voluntad autónoma, apariencia de omnisciencia operativa o capacidad de sustituir globalmente al ser humano.

Del mismo modo que muchos objetos no identificados fueron absorbidos por la imagen previa del platillo volante, innovaciones heterogéneas quedan hoy absorbidas por la figura mítica de una superinteligencia próxima, unas veces temida como amenaza civilizatoria y otras invocada como redentora solución técnica. 

También hoy buena parte de la imaginación pública sobre la inteligencia artificial nace menos del conocimiento directo de sus fundamentos matemáticos que de demostraciones espectaculares, promesas empresariales y escenarios futuros extremos. Encuestas recientes muestran que una proporción relevante de la población considera plausible que futuros sistemas artificiales lleguen a ser conscientes o desarrollen formas de autonomía comparables a las humanas.

Un sondeo internacional de 2023 señalaba que cerca de un tercio de los encuestados veía plausible la aparición de una IA consciente en las próximas décadas. El dato recuerda otro clima  cultural: en 1973 una encuesta de Gallup registraba que el 51% de los estadounidenses creía en la realidad del  fenómeno OVNI, y entre 1973 y 2019 entre el 47% y el 57% sostuvo que los ovnis eran “algo real” y no mera imaginación. No se trata de fenómenos equivalentes, pero sí de una afinidad reveladora: la disposición periódica de sociedades tecnificadas a imaginar inteligencias no humanas actuando en su horizonte. 

La amenaza de dejar de ser únicos

Sería fácil despachar ambos episodios —el entusiasmo ufológico de ayer y la ansiedad algorítmica de hoy— como simples oleadas de credulidad. Más interesante resulta advertir lo que tienen en común: en ambos casos aparece la sospecha de que la humanidad, o alguno de sus rasgos más íntimos, podría dejar de ser único. 

No es una inquietud menor. Buena parte de la modernidad descansó, incluso cuando dejó de expresarlo en lenguaje religioso, sobre la convicción de que el hombre ocupa una posición excepcional: animal racional en sentido aristotélico, sujeto moral kantiano, autor de técnica, portador de conciencia reflexiva. Cuando surge la posibilidad de otra inteligencia —proceda de otros mundos o de nuestros propios artefactos— esa autocomprensión entra en revisión.

La cuestión inmediata parece dirigirse hacia el exterior: ¿existen ellos?, ¿piensan realmente?, ¿podrían superarnos? Pero la pregunta más profunda se dirige hacia dentro: ¿qué rasgo permanece específicamente humano si la inteligencia deja de ser patrimonio exclusivo nuestro? 

Estas reacciones pueden interpretarse desde la psicología en términos de human distinctiveness threat: la incomodidad que surge cuando facultades consideradas distintivamente humanas —lenguaje complejo, creatividad, deliberación, autonomía o autoconciencia— parecen atribuibles a agentes no humanos. La cuestión no se reduce, por tanto, a la utilidad de una tecnología, sino al estatuto simbólico de ciertas capacidades mediante las que una cultura se define a sí misma.

Copérnico, Darwin, Freud… y ahora

En una línea convergente, la investigación sobre robots antropomórficos y sobre el denominado uncanny valley, formulado inicialmente por Masahiro Mori, sugiere que las entidades casi humanas provocan con frecuencia una mezcla de familiaridad y rechazo: cuanto más se aproximan a nuestros rasgos sin coincidir plenamente con ellos, mayor puede ser la inquietud que suscitan. No defendemos solo funciones; defendemos límites identitarios. 

Desde una perspectiva histórica más amplia, el problema remite a una secuencia de descentramientos sucesivos de la imagen humana. Nicolaus Copernicus desplazó a la Tierra del centro del cosmos; Charles Darwin cuestionó la frontera absoluta entre hombre y animal; Sigmund Freud insistió en que la conciencia no es transparente para sí misma. Los extraterrestres habrían puesto en cuestión nuestra centralidad cósmica; la inteligencia artificial interpela ahora nuestra centralidad cognitiva. Cada época teme perder el privilegio que considera más propio. 

La tentación de la inteligencia redentora

No faltaron en los años cincuenta quienes esperaban de los visitantes del espacio una superioridad moral capaz de corregir las violencias terrestres. En buena parte del contactismo de posguerra, desde George Adamski — quien afirmó haber conocido ocupantes de OVNIs, describiéndolos como benévolos alienígenas de rasgos nórdicos, los llamados “Hermanos del Espacio”, y aseguró incluso haber viajado con ellos a la Luna y a otros planetas—, hasta múltiples epígonos europeos, los visitantes no llegaban como conquistadores, sino como admonitores éticos que advertían contra la guerra nuclear, el materialismo o la decadencia espiritual.

Nuestro tiempo reproduce la simetría inversa: ciertos discursos presentan la inteligencia artificial como instancia neutral llamada a superar sesgos humanos o limitaciones cognitivas. 

En ambos casos se advierte la tentación de atribuir a una inteligencia no humana aquello que echamos en falta en la nuestra. Ayer se proyectó sobre civilizaciones avanzadas llegadas de Marte o Venus; hoy sobre sistemas de aprendizaje automático. Pero también opera la tentación contraria: proyectar en ellas nuestros miedos más profundos y los sesgos característicos de cada época.

Buena parte del imaginario extraterrestre de mediados del siglo XX reprodujo ansiedades sexuales, jerarquías raciales y fantasías de género propias de su tiempo: no faltaron filmes de serie B (y no tan B) poblados por venusinas hipersexualizadas o invasores que agitaban el temor geopolítico de la Guerra Fría.

Del mismo modo, las narrativas actuales sobre la inteligencia artificial suelen reflejar obsesiones más contemporáneas: vigilancia total, pérdida de empleo, manipulación algorítmica, erosión de la intimidad o sustitución afectiva. La alteridad imaginada rara vez es neutral; suele devolvernos, exagerados, los rasgos de nuestra propia época. 

Expectativas salvíficas sin Dios

La sociología de la religión permite añadir aquí un matiz relevante. En sociedades secularizadas, ciertas expectativas salvíficas no desaparecen necesariamente; cambian de objeto. Lo que antes se formulaba en lenguaje explícitamente religioso reaparece a veces como confianza en visitantes cósmicos moralmente superiores o como fe en una tecnología capaz de resolver conflictos humanos persistentes. La promesa permanece, aunque muden sus símbolos.

No deja de ser significativo que incluso tradiciones religiosas antiguas, como la cristiana, hayan pensado desde hace siglos la existencia de inteligencias no humanas —ángeles, por ejemplo—, aunque en un registro metafísico radicalmente distinto del extraterrestre o del algoritmo. 

La respuesta católica: ni pánico ni entusiasmo

El pensamiento católico reaccionó a estas cuestiones de un modo más matizado de lo que suele suponerse. La hipótesis extraterrestre no produjo una crisis doctrinal, sino un ejercicio de ampliación intelectual, aunque no faltaron especulaciones ingenuas, excesos apologéticos y entusiasmos de escaso rigor. Junto a ocurrencias hoy olvidables, aparecieron reflexiones más serias.

Karl Rahner sostuvo que la universalidad de la gracia no dependía de la soledad biológica del hombre en el universo. Pierre Teilhard de Chardin, desde una cristología cósmica marcada por la evolución, concibió a Cristo como centro convergente de la creación entera, no de una sola especie aislada. Décadas más tarde, el astrónomo jesuita José Gabriel Funes recordaría públicamente que la posibilidad de vida extraterrestre no contradice la fe cristiana y que un universo poblado no limitaría la libertad creadora de Dios.

En todos estos casos conviene subrayar lo obvio: se trataba menos de responder a un hecho demostrado que de explorar, con mayor o menor fortuna, las consecuencias teóricas de una hipótesis todavía enteramente abierta. 

De ese debate emergieron, de manera esquemática, cuatro grandes modelos. El exclusivista sostiene que solo la humanidad participa directamente en la economía de la redención vinculada a la única Encarnación histórica de Cristo. El inclusivo propone que esa misma obra salvífica podría extenderse también a otros seres racionales.

Otros autores imaginaron múltiples encarnaciones del Logos en distintos mundos, mientras una cuarta posición subraya simplemente la libertad divina para conducir a otras inteligencias por vías desconocidas para nosotros. Ninguna de estas hipótesis ha sido definida dogmáticamente por la Iglesia, lo que no sorprende: se discutían escenarios especulativos, no hechos establecidos. 

Otros autores, como Ted Peters —teólogo luterano y uno de los principales impulsores de la llamada astrotheology, dedicada a pensar las implicaciones religiosas de la vida extraterrestre— o Andrew Davison — teólogo anglicano y autor de Astrobiology and Christian Doctrine, quizá el estudio reciente más sistemático sobre la cuestión—, han mostrado en tiempos recientes que el tema no obliga a elegir entre fideísmo ingenuo y pánico apologético. La intuición dominante, en todo caso, es clara: un eventual descubrimiento de vida inteligente exigiría desarrollo teológico, no colapso doctrinal. Son reflexiones intelectualmente sugerentes, aunque inevitablemente no verificables en sentido empírico. 

El problema de si hay alguien ahí

Algo semejante ocurre hoy ante la inteligencia artificial. La respuesta católica reciente no se ha centrado tanto en negar capacidades técnicas futuras cuanto en precisar la diferencia entre rendimiento funcional y dignidad personal. Documentos impulsados por la Pontifical Academy for Life, como la Rome Call for AI Ethics (2020), insistieron en criterios de transparencia, responsabilidad e inclusión. Más recientemente, la nota vaticana Antiqua et nova (2025) ha subrayado que la inteligencia artificial, por sofisticada que llegue a ser, no equivale a la inteligencia humana entendida como facultad inseparable de corporeidad, libertad, juicio moral y apertura relacional. De ahí que ninguna decisión éticamente relevante pueda abandonarse sin resto a sistemas automáticos.

La pregunta no es simplemente qué podrán hacer las máquinas, sino qué no puede quedar reducido a máquina sin empobrecer la idea misma de lo humano. 

Aquí la filosofía de la mente ofrece un paralelo instructivo. Desde el experimento mental de la “habitación china” de John Searle hasta el “problema duro” de la conciencia formulado por David Chalmers, buena parte del debate contemporáneo distingue entre procesamiento de información y experiencia subjetiva. Un sistema puede ejecutar tareas complejas, producir lenguaje convincente o aprender regularidades estadísticas sin que por ello  quede resuelta la pregunta decisiva: si hay alguien ahí. 

Autores como Noreen Herzfeld —una de las pioneras en el diálogo entre teología cristiana e inteligencia artificial,  especialmente en torno a la noción bíblica de imagen de Dios— han trasladado esta cuestión al ámbito teológico preguntándose si una máquina podría ser considerada persona en sentido fuerte.

Otros, como Shannon Vallor —referencia en ética de la tecnología y autora de una influyente reformulación contemporánea de la ética de la virtud aplicada al mundo digital—, han subrayado que el problema no se limita a la conciencia artificial, sino a cómo la tecnología reconfigura virtudes humanas básicas como la prudencia, responsabilidad, atención y juicio práctico. El debate serio sobre IA no se agota, por tanto, en si las máquinas pensarán como nosotros, sino en si nosotros seguiremos pensando humanamente con ellas. 

Lo que ni los marcianos ni las máquinas pueden quitarnos

Esta distinción no implica desprecio alguno por la técnica. La Iglesia contemporánea ha mostrado, pese a simplificaciones históricas persistentes, una sostenida disposición a dialogar con la innovación científica, como testimonia una larga tradición intelectual que ha procurado pensar el progreso técnico sin renunciar a las preguntas filosóficas y morales que inevitablemente lo acompañan.

Lo que intenta preservar es algo más elemental: que la persona no se reduce a un agregado de procesos eficientes, que la dignidad no depende del rendimiento y que la libertad excede toda lógica de cálculo óptimo. De ahí la insistencia en que la inteligencia artificial debe permanecer al servicio del hombre y no al revés. No se trata únicamente de prudencia normativa, sino de una determinada concepción de la realidad humana; en último término, de antropología filosófica. 

Algo semejante cabría decir retrospectivamente del episodio OVNI. El interés católico por la posibilidad de otras inteligencias no respondía principalmente a curiosidad astronómica, sino a la necesidad de pensar la universalidad del sentido. Si el cosmos estuviera habitado, ¿sería también un cosmos moral? ¿Compartirían otros seres alguna orientación hacia la verdad y el bien? ¿Existiría entre criaturas radicalmente distintas comunidades más profundas que la mera biología? Formuladas así, aquellas preguntas resultan menos extravagantes de lo que hoy parecen. 

Mirado desde cierta distancia, tanto los platillos volantes como los algoritmos avanzados pertenecen a la historia cambiante de nuestras figuraciones de la alteridad. El fenómeno OVNI acabó integrándose en la cultura popular —cine, literatura, iconografía, humor, nostalgia— al tiempo que perdía buena parte de su intensidad social originaria. No es imposible que algo semejante ocurra con la IA: tras la fase inicial de pánico y euforia, quizá termine convertida en infraestructura cotidiana, menos mítica y más banal, aunque no por ello menos influyente. 

Dicho con brevedad: la singularidad humana no se juega en poseer en exclusiva determinadas capacidades, siempre susceptibles de ser imitadas o superadas, sino en una forma de ser que incluye responsabilidad moral, apertura a la verdad, capacidad de amar y conciencia de la propia finitud. Si eso es cierto, ni los viejos marcianos ni las nuevas máquinas nos desplazan: nos obligan a comprender mejor aquello que somos y a resistir dos simplificaciones opuestas, reaccionar con miedo automático ante toda forma emergente de inteligencia no humana o celebrarla como instancia redentora.

El siglo pasado conoció ambas tentaciones respecto de los extraterrestres: amenaza invasora en unas narrativas, civilización superior llamada a rescatarnos en otras. Nuestro tiempo repite el esquema con la inteligencia artificial: para algunos anunciaría desempleo masivo, manipulación total o pérdida de control; para otros inaugura una era de abundancia cognitiva, medicina perfecta y administración neutral de los conflictos humanos. Ninguna de las dos posturas suele pensar con suficiente calma. 

Tal vez esa sea, al final, la paradoja de estas inteligencias imaginadas o emergentes. Llegan como rivales, amenazas o salvadores, y terminan obligándonos a una tarea mucho menos espectacular: conocernos mejor. Desde la mirada cristiana, la singularidad humana no depende de monopolizar ciertas capacidades —siempre ampliables o imitables—, sino de haber sido llamada a una relación personal con la verdad, con los otros y con Dios.

El autorÁlvaro Presno

Doctor en Ingeniería y doctor en Matemáticas. Forma parte del grupo de trabajo en Inteligencia Artificial de la Sociedad de Científicos Católicos en España.

Argumentos

El triunfo de la estupidez

Cuando se olvida qué es el hombre, la democracia se degrada y la estupidez acaba triunfando como fuerza política.

Santiago Leyra Curiá·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Como nos enseñó Eric Voegelin, en una reflexión seria sobre la democracia debe surgir la cuestión sobre el ser humano y conviene ser rigurosos con los conceptos. ¿Qué es el hombre? ¿Cuáles son los síntomas de su frecuente caída o descarrilamiento? Las respuestas que ofrezcamos serán de suma importancia para comprender la decadencia de una sociedad y explicar el ascenso al poder de políticos indeseables.

En el mundo griego, los filósofos consideraron al hombre como un ser constituido por la razón o noús. En el seno del judaísmo, la experiencia fue la de una criatura a la que Dios revela su palabra, es decir, un ser de naturaleza pneumática abierto al logos divino. Desde un punto de vista histórico, esas primeras intuiciones, que revelan la función constitutiva de la razón y del espíritu para el ser humano, no han sido superadas. En última instancia, son descubrimientos definitivos sobre la naturaleza humana.

La búsqueda de trascendencia y la dignidad humana

Gracias a esa búsqueda de trascendencia a la que se lanza el hombre, una búsqueda que emprende bien a través del amor que, en la experiencia filosófica, le lleva más allá de sí mismo, elevándolo a lo divino, bien a través del encuentro amoroso con la palabra revelada, el ser humano participa de Dios.

Como el hombre participa de lo divino y es capaz de vivir la trascendencia, se afirma que posee una condición teomórfica, según la terminología griega, o se dice que es, desde el punto de vista pneumático, imagen de Dios, imago Dei. Aquí radica el fundamento de la singular dignidad del ser humano: es digno por su condición teomórfica, por ser imagen de Dios. No podemos pasar por alto que el olvido de estas intuiciones comporta una pérdida de dignidad, que comienza a difuminarse cuando se presenta la negativa a participar en lo divino y se rechaza la trascendencia.

En la medida en que la participación en lo trascendente y la condición teomórfica resultan constitutivas para el ser humano, su pérdida determina su deshumanización.

Tipos de seres humanos

Según Aristóteles, no todos los hombres son iguales y cita en Ética a Nicómaco a Hesíodo para demostrarlo, remontándose hasta el siglo VII a. C. Es el sentido común el que descubre que no hay igualdad entre los hombres.

En Los trabajos y los días Hesíodo distingue tres clases de seres humanos: el pan aristos (el mejor de todos), que tiene su propio criterio y es capaz de reflexionar y pensar detenidamente, abierto al fundamento divino o trascendente del ser; el esthlos (también bueno), que escucha y sigue lo que indica el mejor, el pan aristos; y por último, el acrei, (el ser humano fútil), incapaz tanto de reflexionar como de escuchar y atender lo que enseñan los sabios, por lo que puede ser un peligro para la sociedad.

No nos sirven mucho las terminologías de Hesíodo y Aristóteles, pues tanto el hombre fútil como el esclavo por naturaleza pertenecen a una determinada clase social y la experiencia nos demuestra que estos tipos humanos no se encuentran exclusivamente en una de ellas, sino en todas, incluso en las más altas, como las formadas por generales, industriales, obispos, etc.

La estupidez como fenómeno social

Quienes han perdido el contacto con la realidad y la capacidad para orientarse adecuadamente en el mundo, es decir, los que olvidan su condición teomórfica y la necesidad de responder a las exigencias de la razón y del espíritu, se ven irremisiblemente condenados a actuar de un modo estúpido.

Las culturas antiguas no pasaron por alto el tema de la estupidez. En hebreo, el necio (nabal), es el que no cree en la revelación y puede a causa de ello provocar desórdenes en la sociedad en que vive. También Platón se refirió al amates, al hombre irracional e ignorante.

Siglos más tarde, Tomás de Aquino habló del stultus, que en latín significa necio, término que incluye la amathia platónica y la nebala hebrea. Stultus es el que ha perdido contacto con la realidad y actúa a partir de una imagen deficiente de la misma, provocando estragos, desorden y caos.

Estupidez y comportamiento social según Musil

El escritor austriaco Robert Musil afirma que la estupidez determina la imposibilidad de desarrollar y ejecutar una acción que desde un prisma social cualquiera puede llevar a cabo. Implica, pues, una incapacidad para realizar determinadas acciones. Para comprender su alcance, conviene saber qué comportamientos se consideran normales en un determinado contexto social, puesto que lo que en un caso se puede considerar normal, puede no serlo en otro.

En momentos en los que reinan el desorden y el caos, resultan indispensables la malicia, la doblez o la violencia para conservar la propia vida. Es la visión propia del homo homini lupus (lobo es el hombre para el hombre) de Plauto tan generalizada en nuestros días en algunos ambientes. Pero en una sociedad ordenada, esa forma de actuar y otras parecidas, como abusar de la confianza de los demás, serían perjudiciales desde un punto de vista social y, por tanto, estúpidas. Igual que hay situaciones en las que se conculca la moral de un modo generalizado (vileza), hay situaciones de estupidez general, en las que resulta muy difícil actuar de manera razonable sin sufrir represalias.

La degradación moral y la democracia

El ascenso de los nazis en la República de Weimar nos puede servir de ejemplo paradigmático de lo que estamos hablando con respecto a los peligros de la degradación moral en las sociedades democráticas. Waldemar Besson, profesor de ciencia política en la Universidad de Erlagen (Alemania), se atrevió a plantear sin tapujos el verdadero problema, a saber, cómo fue posible que una nación de más de setenta millones de personas, Alemania, considerada por entonces la nación más culta de Europa, se dejara engañar en 1933 por un “estúpido”.

Que Hitler tuviera una inteligencia muy aguda, de la que se sirvió para engañar a todos los que estaban alrededor, no impide afirmar que fuera estúpido si se tiene en cuenta que esta palabra procede del latín stultus y posee un significado muy preciso, como hemos visto. Hitler, aunque mostraba un grado importante de inteligencia pragmática a la hora de enfrentarse a sus adversarios, a la luz de sus principios y propósitos existenciales, era un estúpido, stultus. Que Hitler era estúpido es, tanto desde un punto de vista ético como intelectual, lo más acertado que se puede decir, una apreciación más atinada que el resto de los tópicos que salen con frecuencia a relucir.

Fue en el seno de la teoría política clásica donde por primera vez se descubrieron y lograron articular unas intuiciones relevantes a la hora de reflexionar sobre los fundamentos espirituales de la democracia. El hombre está conscientemente presente en una sociedad cuando, aun viviendo y realizando acciones en el transcurso del tiempo inmanente, orienta su existencia hacia Dios. Esta presencia es la que dota justamente de sentido al pasado y al futuro. Teniendo en cuenta esta perspectiva, superar o afrontar el presente implica la posibilidad de situar el tiempo inmanente bajo el juicio de la presencia de Dios.

Libros

Jovellanos: una ilustración para españoles

Jovellanos, cristiano practicante y hombre de fe, era partidario de una revisión historiográfica de la vida de los santos. Su objetivo era depurar el santoral y la vida del pueblo de elementos supersticiosos para combatir el atraso científico, pero sin romper con la esencia de su fe.

José Carlos Martín de la Hoz·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El profesor y académico Benigno Pendás (Barcelona, 1956) ha redactado una magnífica biografía del ilustre asturiano Gaspar de Jovellanos, quien fuera el hombre de transición entre la “ilustración para españoles” (como se denomina en el libro) y el primer liberalismo de las Cortes de Cádiz.

Una de las señales del cambio de mentalidad la encuentra Benigno Pendás en el trabajo realizado por nuestro ilustrado tanto en Sevilla como en Madrid cuando ejerció el cargo de “Alcalde de Casa y Corte” con una gran energía, dedicación, prudencia y sentido humanitario. Esto le llevó, entre otras cosas, a pedir la desaparición del uso sistemático del tormento en los tribunales civiles y penales, tanto para averiguar el nombre del cómplice (lo cual era práctica sistemática en el derecho procesal de la época), como para prohibir el uso de lo extraído por extorsión como prueba en el juicio subsiguiente (135-136).

La indudable reaparición del carácter humanitario en el mundo del derecho y el respeto a la dignidad de la persona —en este caso de los ladronzuelos y autores de delitos menores que eran de su competencia— hacen de Jovellanos un jurista adelantado a su época (p. 227). En efecto, sus ideas lograrán la abolición del tormento en las Cortes de Cádiz de 1812, aunque él hubiera muerto poco tiempo antes; también destaca su oposición frontal al tribunal de la Inquisición, que seguía desprestigiando a la Iglesia católica en España ante el concierto europeo tras la Revolución Francesa (p. 201).

Sus destierros, especialmente el segundo a Mallorca durante siete años debido a una calumnia no comprobada y en la que nunca se juzgaron los hechos, marcarán el final del despotismo ilustrado y la aparición de la monarquía de corte liberal. En esta, los poderes del rey y de la justicia van a ser moderados por las Cortes de Cádiz y por los sucesivos gobiernos liberales, de modo que desaparecerá del gobierno de la monarquía la ejecución de acciones arbitrarias y crueles, como señala nuestro autor (p. 135).

Iglesia y estado

Un elemento común al gobierno de Carlos III y a los gobiernos liberales del siglo XIX fue la distinción entre la Iglesia católica como depositaria del tesoro de la revelación cristiana y la organización eclesiástica. Esta última, que incluía tanto a la curia como a las órdenes religiosas, se veía como una institución que requería una profunda renovación: aplicación de un numerus clausus en seminarios, reducción del número de frailes y la supresión de aquellas órdenes que no resultaran útiles al Estado o a la sociedad ilustrada.

Bastará con saber que Jovellanos, cristiano practicante y hombre de fe, era devoto lector de Gibbon y, como miembro de la Academia de la Historia, partidario de una revisión historiográfica de la vida de los santos. Su objetivo era depurar el santoral y la vida del pueblo de elementos supersticiosos para combatir el atraso científico, pero sin romper con la esencia de su fe.

Desde luego, su propuesta, que anticipa la desamortización de Mendizábal (p. 47), sugiere que esta medida ya estaba en la mente de los ministros de Carlos III, como tantas otras reformas que los Borbones no tuvieron tiempo de consolidar antes del cambio de dinastía con José I (p. 215).

Es muy ilustrativo el empeño de Campomanes y de Jovellanos por impulsar las “Sociedades Económicas de Amigos del País” para involucrar a los hombres de ciencia en el progreso de España. Gracias a ese impulso, cuando llegó el año 1898 y se perdieron las colonias, España ya había avanzado en su progreso económico, aunque este fuera todavía escaso por la falta de clarividencia de ciertos gobiernos liberales, más enfocados en sus conflictos con la Iglesia que en apuntalar la productividad de las tierras desamortizadas.

La Ilustración española

La puesta en marcha en Gijón, su tierra natal, de lo que ahora es el Real Instituto Jovellanos (un centro para el estudio de las ciencias químicas, la náutica y la mineralogía) demuestra su firme interés por las ciencias útiles (p. 232). Evidentemente, la inquietud por revalorizar las Academias nacionales llevaría a un avance inédito en la inversión de recursos públicos para la investigación y el desarrollo del país.

Estas características deben evaluarse bajo el concepto de “ilustración para españoles”, término con el que Pendás matiza las expresiones de “ilustración católica” o “española”, que resultan a menudo confusas para los estudiosos.

Otro tema de enorme interés es la propuesta de “Ley Agraria” que Jovellanos convirtió en objeto de estudio e informes públicos. La lectura de ese trabajo revela la visión de un hombre de Estado que sabe que, para impulsar el desarrollo industrial, debe primero reordenar los cultivos y dimensionar los recursos humanos, determinando cuántas familias debían trabajar el campo y cuántas debían emigrar a las ciudades para dinamizar la economía (p. 231).

Indudablemente, Jovellanos era consciente de la libertad de los ciudadanos para permanecer en sus tierras, pero también de la necesidad de abrir carreteras, construir puentes y mejorar puertos para conectar las zonas rurales con la cultura y el comercio (p. 233).


Jovellanos. Ilustración para españoles

Autor: Benigno Pendás
Editorial: Taurus
Año: 2026
Número de páginas: 566
Evangelio

Nunca caminarás solo. Domingo VI de Pascua (A)

Vitus Ntube nos comenta la lecturas del Domingo VI de Pascua (A) correspondiente al día 10 de mayo de 2026.

Vitus Ntube·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

A medida que nos acercamos a la gran fiesta de Pentecostés, la liturgia nos prepara suavemente para la venida del Espíritu Santo. Las lecturas de hoy señalan claramente su presencia viva en la Iglesia. Mientras Cristo se prepara para ascender al Padre, se nos recuerda una canción que se ha hecho famosa en el mundo del fútbol: “Nunca caminarás solo”. Expresa algo profundamente cristiano: no estamos abandonados. No caminamos por la vida solos. Permanecemos en la comunión de los creyentes, siempre acompañados por el Espíritu Santo.

En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles escuchamos acerca de la obra apostólica de Felipe en Samaría. Su predicación de Cristo se resume bellamente en una sola frase: “La ciudad se llenó de alegría”. Esa es la señal de una misión cristiana auténtica. Donde Cristo es anunciado y acogido, la alegría echa raíces. El mensaje cristiano no es una carga; es una buena noticia. Transforma los corazones, las familias y las ciudades.

Samaría llegó a ser conocida como una ciudad llena de alegría porque acogió a Cristo. ¿Qué sucede con nuestras ciudades, nuestras comunidades, nuestros hogares? ¿Podrían describirse como lugares de alegría porque Cristo es acogido en ellos, como ocurrió en Samaría? La alegría es posible si dejamos que Cristo camine a nuestro lado en nuestras actividades diarias.

Pero Cristo no camina con nosotros de manera aislada. Camina con nosotros en y a través de la Iglesia. Esto lo vemos claramente en la misma lectura. Cuando los apóstoles en Jerusalén oyeron que Samaría había recibido la palabra de Dios, “enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo”. Estos dos pilares de la Iglesia no permanecieron en Jerusalén. Bajaron para acompañar a la nueva comunidad, para orar con ellos y por ellos.

En particular, oraron para que los recién bautizados recibieran el Espíritu Santo. Este momento es uno de los primeros testimonios de lo que hoy reconocemos como el sacramento de la Confirmación, el segundo sacramento de la iniciación cristiana.

En el Evangelio, Jesús hace una promesa que da un significado más profundo a todo esto: “Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad”.

Aquí Jesús revela el corazón de Pentecostés. El Espíritu Santo no es simplemente una fuerza o una presencia abstracta. Es el abogado, consolador, defensor, maestro y compañero. El Espíritu Santo nos enseña la verdad, nos fortalece en la debilidad y nos recuerda que pertenecemos a Dios. Nos acompaña en el ritmo ordinario de la vida diaria: en el trabajo, en las responsabilidades familiares, en los momentos de incomprensión, en la enfermedad, en la duda. Con el Espíritu, incluso el día más ordinario se convierte en un lugar de encuentro con Cristo.

Jesús nos dice en el Evangelio que no nos dejará huérfanos. Cristo camina con nosotros. La Iglesia camina con nosotros. El Espíritu Santo nos acompaña.

Podemos reformular las palabras de aquella canción:

Camina, camina, con Cristo en tu corazón,

y nunca caminarás solo.

Nunca caminarás solo.

Vocaciones

Miguel Varona: “Pedro Manuel Salado nos habla de que la vida es para darla”

El postulador de la fase diocesana de la causa de beatificación de Pedro Manuel Salado Alba recuerda la vida de este gaditano que podría ser el primer beatificado por la vía del “ofrecimiento de la vida”.

Maria José Atienza·7 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El pasado 27 de abril, el Bolletino diario de la Santa Sede publicaba la promulgación de los decretos relativos a la causa de beatificación de diversos fieles de la Iglesia. Entre ellos, y por primera vez, se señalaba una causa de beatificación por la vía de “ofrecimiento de la vida”. 

Se trata de Pedro Manuel Salado Alba, “fiel laico, miembro de la Asociación «Hogar de Nazaret», nacido el 1 de enero de 1969 en Chiclana de la Frontera (España) y fallecido el 5 de febrero de 2012 en Playa de Tonsupa, cerca de Atacames (Ecuador)”.

Con este paso, sólo hace falta un milagro realizado por Dios a través de la intercesión de este gaditano, para ver a Pedro Manuel Salado en los altares como beato de la Iglesia católica. 

La «ofrenda de la vida» es una vía de beatificación y canonización introducida por el Papa Francisco en 2017 mediante el Motu Proprio «Maiorem hac dilectionem». Esta vía permite elevar a los altares a cristianos que, impulsados por la caridad, ofrecieron heroicamente su vida por el prójimo, aceptando una muerte segura, como fue el caso de Pedro Manuel Salado. 

Omnes ha hablado con el postulador de la fase diocesana de la causa de Pedro Manuel Salado, el sacerdote Miguel Varona, quien remitió a Roma los archivos de esta primera fase y cuyo trabajo ha continuado, ya en la Santa Sede, Fray Alfonso Ramírez Peralbo, OFMcap. 

Pedro Manuel Salado murió en Ecuador, ¿por qué se incoa su proceso en la diócesis española de Córdoba? 

–Normalmente, las causas de beatificación y canonización se inician en las diócesis en las que ha muerto la persona. Sin embargo, se pidió permiso a la diócesis de Esmeraldas, en Ecuador, donde murió Pedro Manuel Salado, para iniciarla en la diócesis de Córdoba.

En Córdoba había bastantes testigos de su vida, incluso algunos de los que estuvieron presentes en el momento de la muerte.

Además, Pedro Manuel vivió un tiempo en Córdoba. Así que la causa se inició en Córdoba. Durante el proceso, se envió a Esmeraldas al tribunal para que tomase testimonio a algunas personas que vivían allí en Ecuador.

De hecho, los siete niños que fueron salvados por Pedro Manuel fueron interrogados y también algunas personas estuvieron presentes en ese momento. 

Pedro Manuel entrega su vida en un acto heroico pero, ¿su vida fue extraordinaria?

–Los santos no son superhéroes, no son gente rara que hace cosas extrañas. El santo no está levitando todo el día, ni está dedicado solo a la oración.

Los santos hacen extraordinario lo ordinario: el amor, la fe, la esperanza, la fortaleza, la justicia, además de las virtudes anejas por el estado de vida propio, casados o célibes, etcétera. 

De Pedro Manuel he ido viendo, -y lo dije en otra ocasión- que es como un iceberg. Se ve en él una humildad tremenda. 

Es enviado a Ecuador, y acepta por obediencia, servir allí en la misión de Hogar de Nazaret. También tiene una caridad enorme, que se demuestra en cómo trató, cuidó, educó y veló por los niños de su grupo de Hogar de Nazaret. 

Creo que, sobre todo, fue ese amor por los niños lo que hizo que, en el momento supremo de esa entrega, de ese ofrecimiento de la vida, saliese de él ese grito “¡Tengo que salvar a mis niños!” .

Eso no es un impulso, no es un arrebato, es consecuencia de toda una vida. En ese momento, dice la palabra exacta, “doy la vida por mis niños, tengo que ir a salvar a mis niños” y se metió en el mar, para salvar a estos siete niños. 

¿Cómo conoció Pedro Manuel Salado el Hogar de Nazaret? 

–El Hogar de Nazaret nació en Córdoba en 1976, y cuenta con aprobación eclesiástica desde 1978. Lo fundó María del Prado Almagro, que también está en proceso de beatificación. 

Pedro Manuel conoció esta asociación de fieles en 1987 y vió su vocación. Llegó a Córdoba en el año 1988 para servir en una casa del Hogar.

En Córdoba vive hasta 1999, llega a ser nombrado secretario general del Hogar de Nazaret. Y un poco más tarde incluso lo nombran consejero general. 

En 1999 es destinado como misionero a Ecuador, a un hogar para niños que tienen en Quinindé, en Ecuador, una zona de la prelatura de Esmeraldas. 

Allí vive una realidad muy diferente. Hay un colegio para niños y otro para niñas. Un tiempo después es nombrado director de una unidad educativa en Quinindé. 

El trabajo es muy grande porque tienen una cantidad enorme de niños en las escuelas y casas. Así va entregando su vida, poco a poco, hasta ese ofrecimiento de su vida total. 

Para quienes no conozcan la muerte de Pedro Manuel, ¿cómo fue ese momento?

–Desde el Hogar iban, de vez en cuando, a una casa que les prestaban en la playa, en Atacames. Estamos hablando de febrero del año 2012. Son unas playas muy bonitas pero que tienen unas corrientes sorpresivas, traicioneras.

Estaban allí chicos desde los 17 hasta pequeñitos jugando en la orilla y,de repente, vino una ola que arrastró a siete niños, de diversas edades, mar adentro. 

En ese momento, Pedro Manuel dice ese grito “¡Tengo que salvar a mis niños!», y se arroja al mar. Hay que puntualizar que, aunque Pedro Manuel era de Chiclana (Cádiz), y sabía perfectamente nadar, tenía un respeto soberano por el mar. Él mismo había enseñado a muchos de sus niños a nadar, de hecho.

Ante la fuerza de esa corriente se lanza, mientras que otras personas de la orilla se quedaron como paralizados. 

Pedro Manuel empezó a sacar niños poco a poco, alguien le lanzó una tabla de surf en la que monta a algunos de los menores. 

Al final quedaban dos hermanos, Selena y Alberto, y con gran esfuerzo, los llevó a la orilla. Ahí es donde él muere, por una parada cardíaca producida por la mezcla de agotamiento, el agua tragada, etc. 

¿Qué nos dice la vida de Pedro Manuel Salado a los cristianos hoy? 

–Creo que, lo que nos dice es que dar la vida por amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, es algo que los cristianos debemos sentirnos impulsados a hacer. 

Ciertamente hay personas que dan la vida por los demás como algo propio de su oficio o de su trabajo, pero en el caso de Pedro Manuel no es un gesto aislado, sino que es un crecimiento, un progreso en el amor. 

Su testimonio nos habla de que la vida es para darla, para entregarla, de muchas maneras, en la vida diaria, si, pero también en esos momentos extremos en los que, con la fuerza de Dios, podemos dar la vida por lo demás.

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España

Así será la agenda del viaje del Papa a España

El Vaticano confirma la agenda de actos de León XIV en España, país que visitará del 6 al 12 de junio de 2026

Javier García Herrería·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El Vaticano ha hecho público el programa oficial de la visita del Santo Padre a España, que se desarrollará entre el sábado 6 y el viernes 12 de junio de 2026.

Se trata de un viaje apostólico de siete días que llevará al Pontífice a recorrer Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, en lo que constituye una de las visitas papales más extensas a territorio español en las últimas décadas.

Para ampliar los detalles del viaje, cinco de los seis obispos que recibirán al Papa en su territorio han ofrecido esta mañana una rueda de prensa en la Conferencia Episcopal.

Los prelados de Canarias, Madrid y Barcelona en la rueda de prensa.

Madrid: encuentros institucionales y grandes encuentros

La llegada está prevista para la mañana del sábado 6 de junio al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Desde allí, el Papa se trasladará al Palacio Real, donde tendrá lugar la ceremonia oficial de bienvenida y un encuentro privado con los Reyes de España. A continuación, el Pontífice se reunirá con autoridades, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático.

Por la tarde visitará el proyecto social CEDIA, un centro de Cáritas para la atención a colectivos vulnerables, y cerrará la jornada con una vigilia de oración con jóvenes en la emblemática Plaza de Lima.

El domingo 7, el Santo Padre presidirá una Santa Misa multitudinaria en la Plaza de Cibeles y tendrá lugar la procesión del Corpus, uno de los momentos centrales de la visita.

Esa misma tarde, el Movistar Arena acogerá un encuentro con representantes de la cultura, el arte, la economía y el deporte bajo el lema «Tejer redes».

El cardenal Cobo ha animado a «preparar el corazón, para que no sea un viaje en el que viene el Papa y se va» sin dejar huella.

Encuentros con políticos y obispos

El lunes 8 estará marcado por la agenda institucional: reuniones con el Presidente del Gobierno y con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados. Mons. Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, ha destacado el encuentro que tendrá lugar con las dos cámaras de representación política, el congreso y el senado. Además, ha destacado la impronta del viaje con los más necesitados, desde los presos e inmigrantes, hasta personas sin hogar atendidas por Cáritas.

También se encontrará con los obispos de España en la sede de la Conferencia Episcopal y rendirá homenaje a la Virgen de la Almudena en la catedral madrileña.

La jornada culminará con un multitudinario encuentro con las tres diócesis -Madrid, Getafe y Alcalá- de madrileña en el estadio Santiago Bernabéu. El cardenal Cobo ha explicado que las plazas en el estadio se adjudicarán a través de las delegaciones diocesanas, órdenes religiosas y la pluralidad de instituciones de la Iglesia.

Encuentro con víctimas de abusos

Tanto el sábado como el lunes hay algunas horas libres tras la comida, que podrían ser aprovechadas para llevar a cabo un encuentro con víctimas de abusos. Este tipo de reuniones eran habituales en los viajes del Papa Francisco, pero es una incógnita saber si León XIV continuará con esta costumbre.

En cualquier caso, el Vaticano siempre ha mantenido la reserva sobre este tipo de eventos, de forma que las víctimas puedan acudir libremente sin presiones de la opinión pública.

Barcelona: oración, periferia y la Sagrada Familia

El martes 9 de junio, tras despedirse de los voluntarios en IFEMA, el Papa volará a Barcelona. Rezará la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia y por la noche presidirá una vigilia de oración en el Estadio Olímpico Lluís Companys.

La jornada del miércoles 10 tendrá un marcado carácter social y espiritual. Por la mañana, el Pontífice visitará el centro penitenciario Brians 1, llevando un mensaje de esperanza a los reclusos.

Seguidamente se trasladará a la Abadía de Montserrat para rezar el Santo Rosario y compartir la comida con la comunidad benedictina. Por la tarde, se reunirá con organizaciones caritativas diocesanas en la Iglesia de San Agustín y cerrará el día con una Santa Misa en la Basílica de la Sagrada Familia, escenario de enorme carga simbólica para la Iglesia y para la ciudad.

El cardenal Omella ha animado a los periodistas a prestar atención a los mensajes del Papa, «que habla poco, pero sus palabras son como dardos» para los que le escuchan.

Canarias: la acogida a los migrantes como eje central

La etapa final del viaje llevará al Papa a las Islas Canarias, poniendo el foco en uno de los grandes desafíos humanitarios de nuestro tiempo: la migración. Mons. Mazuelos ha comentado la enorme expectación que ha generado que el Papa vaya hasta las islas: «mucha gente me para y me dice: ‘¿Va a venir el Papa con el Papamóvil?'», lo que muestra el cariño de los fieles por ver a León XIV.

El jueves 11, en Gran Canaria, visitará el puerto de Arguineguín, punto de llegada de miles de personas en los últimos años, donde se encontrará con realidades de acogida a migrantes. Posteriormente mantendrá un encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral, y presidirá una Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria.

El viernes 12 de junio, última jornada del viaje, el Santo Padre se trasladará a Tenerife. Visitará el centro de acogida Las Raíces y se reunirá con organizaciones dedicadas a la integración de personas migrantes.

La visita concluirá con una Santa Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife antes de la ceremonia de despedida en el aeropuerto Tenerife Norte-Los Rodeos, desde donde partirá de regreso a Roma.

Un viaje con múltiples dimensiones

La visita combina encuentros institucionales al más alto nivel, grandes celebraciones litúrgicas abiertas al público, gestos hacia las periferias sociales —cárceles, proyectos de acogida, voluntariado— y un énfasis particular en los jóvenes y en el drama migratorio que afecta a las costas españolas.

Las autoridades eclesiásticas y civiles han comenzado ya los preparativos logísticos y de seguridad para un evento que se prevé movilice a cientos de miles de fieles y ciudadanos a lo largo de la semana.

Vaticano

El Papa pide al Señor que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad

León XIV ha rezado a Dios en la Audiencia para “que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad”. Además, ha dicho que la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Cristo, y ha alentado a pedir a la Virgen Maria en mayo por nuestras intenciones. 

Francisco Otamendi·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Papa León XIV ha invitado en la Audiencia de esta mañana a pedir al Señor “que nos dé una mirada sobrenatural de la realidad, para que, arraigados en la fe y con firme esperanza, sepamos vivir orientados hacia el Reino de Dios, sin dejarnos absorber por lo pasajero ni por las dificultades del camino”. 

Que el Espíritu Santo nos conceda reconocer su presencia en la historia, servir con amor a los demás y ser signos vivos de su salvación en medio del mundo, ha concluido al final, antes de dar la Bendición.

La Iglesia, orientada hacia la patria celestial

En el marco de la catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en concreto, sobre la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, el Santo Padre ha meditado sobre la dimensión escatológica de la Iglesia. 

“Ella camina en la historia orientada hacia la patria celestial, un aspecto esencial que a menudo se omite”, ha señalado. Es el Pueblo de Dios en camino, cuyo fin es el Reino de Dios anunciado por Cristo, y vive al servicio de su llegada “mediante la Palabra, los sacramentos —especialmente la Eucaristía— y las relaciones de amor y servicio”.

Comunión de los Santos: una sola Iglesia que une a vivos y difuntos

En la misma línea, se ha referido a que la Iglesia es “sacramento universal de salvación”, signo e instrumento de la plenitud prometida, aunque no se identifica totalmente con el Reino, cuyo cumplimiento tendrá lugar al final. 

Los creyentes viven así entre el “ya” y el “todavía no”, sostenidos por la esperanza y llamados a rechazar lo que destruye la vida y a sostener a quienes sufren, ha dicho. “Signo del Reino, la Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Cristo. Además, vive la comunión de los santos: una sola Iglesia que une a vivos y difuntos, especialmente en la liturgia, alabando a Dios y caminando hacia la plenitud final”. “Nuestra patria definitiva es el cielo”, ha dicho a los peregrinos en lengua portuguesa.

Mensajes a los de lengua alemana, polacos, árabes….

En sus alocuciones a los peregrinos de otras lenguas, el Sucesor de Pedro ha invitado, en este mes de mayo, a encomendar a la Virgen María todas nuestras intenciones (lengua alemana), y a rezar el Santo Rosario, “meditando junto a María sobre la vida de Cristo” (lengua árabe).

Su aliento a los de lengua alemana ha sido el siguiente: “Queridos hermanos y hermanas de lengua alemana, en este mes dedicado a la Santísima Virgen María, ‘signo de esperanza segura y de consuelo’ (LG 68), confiémosle todas nuestras intenciones personales y los grandes retos de nuestro tiempo”.

Unidad y respeto por los valores cristianos

A los polacos les ha recordado “la protección especial de la Santísima Virgen María, Reina de Polonia, y de san Estanislao, obispo y mártir, considerado el patrón del orden moral de vuestra patria. Por su intercesión, suplicad el don de la unidad y del respeto por los valores cristianos en vuestro pueblo”.

También ha saludado, entre otros grupos, a los sacerdotes recién ordenados de los Legionarios de Cristo, a sus familias y comunidades que los acompañan (lengua española).

San Domingo Savio, escuela de Don Bosco

Antes de dar la Bendición, ha recordado que la Iglesia conmemora hoy la memoria de san Domingo Savio, “uno de los primeros frutos de santidad forjados por la gracia divina en la escuela de Don Bosco. Que su ejemplo de fidelidad al Señor en toda circunstancia os ayude a cada uno de vosotros a responder generosamente a los deseos de bien que el Espíritu Santo os inspira”.

El autorFrancisco Otamendi

España

Plan completo de la visita del Papa León XIV a España

Ya se conoce el plan de la visita de León XIV a España, que presidirá celebraciones multitudinarias en Madrid, Barcelona y Canarias y se encontrará con migrantes y presos.

Redacción Omnes·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Sábado 6 de junio 2026

10:30. Llegada al aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid/Barajas

11:30. Ceremonia de Bienvenida en el Palacio Real de Madrid

12:00. Encuentro con los Reyes de España

12:30. Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático

18:00. Visita al Proyecto Social Cedia 24 horas

20:30. Vigilia de oración con los jóvenes en la Plaza de Lima

Domingo 7 de junio 2026

10:00. Santa Misa en la Plaza de Cibeles

16:30. Encuentro privado con los miembros de la Orden de San Agustín en la Nunciatura Apostólica

18:00. Encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte” en el Movistar Arena

19:30. Cena en la Residencia del Cardenal Arzobispo de Madrid

Lunes 8 de junio 2026

09:30. Encuentro con el Presidente del Gobierno en la Nunciatura Apostólica

10:30. Encuentro con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados

11:30. Encuentro con los Obispos de España en la sede de la Conferencia Episcopal

12:50. Comida con los Obispos en la Nunciatura Apostólica

18:00. Oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral de Santa María de la Almudena

19:00. Encuentro con la comunidad diocesana en el Estadio “Santiago Bernabéu”

Martes 9 de junio 2026

10:20. Encuentro con los voluntarios en el Pabellón 3 de IFEMA Madrid

11:10. Salida en avión desde el aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” Madrid-Barajas hacia Barcelona

12:25. Llegada al aeropuerto internacional de Barcelona/El Prat

13:00. Rezo de la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia

20:00. Vigilia de oración en el Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Miércoles 10 de junio 2026

10:50. Visita al centro penitenciario “Brians 1”

12:00. Santo Rosario en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat

13:00. Comida con la comunidad benedictina de Montserrat

16:30. Encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesanas en la iglesia de San Agustín

19:30. Santa Misa en la Basílica de la Sagrada Familia.

Jueves 11 de junio 2026

08:30. Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Barcelona/El Prat hacia Las Palmas de Gran Canaria

10:50. Llegada a la base aérea de Gran Canaria/Gando

11:40. Encuentro con las realidades de acogida a los migrantes en el puerto de Arguineguín

13:30. Encuentro con los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los religiosos, las religiosas, los seminaristas y los agentes de pastoral

18:30. Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria

Viernes 12 de junio 2026

08:30. Salida en avión desde la base aérea de Gran Canaria/Gando hacia Santa Cruz de Tenerife.

09:10. Llegada al aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

09:30. Encuentro con los migrantes del centro «Las Raíces»

10:10. Encuentro con las realidades de integración los migrantes

12:15. Santa Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife

14:30. Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de “Tenerife Norte-Los Rodeos”

15:00. Salida en avión desde el aeropuerto internacional de Tenerife hacia Roma

Vaticano

El Vaticano publica dos informes sobre episcopado y discernimiento sinodal

Desde el Vaticano, la Secretaría General del Sínodo ha hecho público el primer segmento del informe del Grupo de Estudio nº7 y el informe completo del grupo nº9, centrados en la selección de candidatos al episcopado y en métodos sinodales para abordar cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes.

Redacción Omnes·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

La Secretaría General del Sínodo ha dado a conocer la primera parte de dos informes que “tocan el corazón de la vida eclesial”, según el cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo. El Grupo de Estudio nº 7 se centra en los criterios de selección de los candidatos al episcopado, mientras que el Grupo de Estudio nº 9 propone metodologías sinodales para abordar cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes.

Selección de los obispos

El primer documento recuerda que elegir a un obispo es un momento de auténtico discernimiento comunitario, y el segundo ofrece herramientas para enfrentar con transparencia y diálogo los desafíos más complejos de la Iglesia.

La primera parte, la única publicada, del informe del Grupo 7 destaca la importancia de procesos de discernimiento diocesanos, en los que participan obispos, consejos pastorales, laicos, jóvenes y personas consagradas. También propone competencias sinodales para los candidatos al episcopado, como la capacidad de construir comunión, dialogar y conocer profundamente las culturas locales.

Gestión de cuestiones emergentes

Por su parte, el Grupo 9, cuyo informe ha sido publicado completo, enfatiza un cambio de enfoque hacia cuestiones “emergentes” en lugar de “controvertidas”, y promueve el principio de pastoralidad, que consiste en considerar siempre al interlocutor y el trabajo del Espíritu en él. El documento plantea un método de tres pasos: escucharse a sí mismo, escuchar la realidad y reunir saberes, aplicable a temas como la experiencia de personas homosexuales creyentes y la no violencia activa en contextos sociales.

Ambos grupos continuarán profundizando en los temas restantes, como la función judicial del obispo, las visitas “ad limina apostolorum» y la formación de los obispos, buscando siempre un enfoque sinodal y misionero que fortalezca la comunión eclesial.

El mundo necesita el testimonio de los creyentes, no su aprobación

El libro "De la cristiandad a la misión apostólica" reflexiona sobre la Iglesia en un mundo que ya no es “cristiandad”. Frente a la nostalgia o la lógica del éxito, propone volver al centro de la fe: el testimonio de Jesucristo crucificado y el encuentro vivo con Dios en un contexto descristianizado.

6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

De la cristiandad a la misión apostólica es uno de los libros ensayísticos más interesantes de entre los publicados en los últimos años. Este volumen, obra de la Universidad de Mary y editado en castellano por Rialp, recoge una incisiva y profunda reflexión sobre la identidad de la Iglesia y su “estar en el mundo” hoy. Un mundo caracterizado por una realidad innegable: “que somos cristianos de época pagana”. Una característica especialmente visible en lo que conocemos como Occidente, nuestra sociedad que, en algún momento se enmarcó cultural, social, y políticamente incluso, en la cristiandad, hoy no lo está. 

La realidad es esta y, los cristianos de hoy no hemos de añorar “aquellos tiempos”. La cristiandad no es sinónimo de mayor testimonio de vida cristiana en los fieles, ni de más santidad en sus estructuras, ni siquiera de más éxito en su misión apostólica. “Éxito” es un concepto difícilmente compatible con los tiempos y modos de Dios y, por ende, de su Iglesia. 

Desde los inicios de la misión apostólica, los cristianos hemos tenido claro (al menos de manera teórica) que predicamos “a Jesucristo, y este crucificado” (1 Corintios 2, 2). Crucificado, fracasado humanamente, sólo, con apenas una decena de seguidores algo cobardes. 

Sí, en el papel esta premisa se sostiene, pero nuestra mentalidad occidental está impregnada, a menudo, de la falacia de considerar que el valor clave es el éxito, los números, como si la aprobación del mundo llevara consigo la conversión. Como señala Charles J. Chaput en Extranjeros en tierra extraña, la búsqueda de la aprobación mundana lleva a acomodar la vida cristiana: “reducir la belleza de las verdades cristianas acerca del matrimonio, la sexualidad y otros asuntos incómodos, a una serie de ideales atractivos…”. Y concluye que “lo que el mundo necesita de los creyentes es que den testimonio de amor y verdad, no su aprobación”. Vivir la vida de fe con la idea subyacente de que, en realidad, es un ideal imposible termina por debilitarla, sustituyendo los mandamientos y bienaventuranzas por valores, y la moral por el consenso. 

Retomando otra de las ideas centrales del volumen citado al inicio: “Ante un mundo descreído, la actitud fundamental de la Iglesia no consiste en imponer la ley —dando por sentado el conocimiento de su existencia y de sus fines—, sino invitar, con una actitud misericordiosa y esperanzada, a una relación con el Dios vivo y a incorporarse a la nueva humanidad, a un modo de ser y a una visión completamente nuevas que liberan y aportan sentido y felicidad”. Encontrar a Dios vivo para ofrecerlo a los otros con libertad. 

¿Volveremos a la cristiandad? No es posible adivinarlo y, en cierto modo, tampoco sería justo, puesto que el mundo no es el mismo hoy que ayer. Si algo comparten la cristiandad y el mundo pagano es que, quienes realmente revolucionan la Iglesia y la hacen más vibrante, más fuerte, más limpia y más fecunda, son los santos.

Educación

Francisca Cibié: “La tecnología aporta muchísimo si se usa con propósito”

En esta entrevista, Francisca Cibié, Directora de Desarrollo Académico en el instituto técnico profesional Duoc UC, da consejos tanto a colegios como a familias para fomentar el uso correcto de la tecnología entre niños y adolescentes.

Alejandra Figari y Juan Ignacio Izquierdo H·6 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Cuando hablamos de pantallas en un entorno educativo, la pregunta uno o dos suele ser: “¿Cómo aporta la tecnología al proceso de aprendizaje?”. Pues bien, nos pusimos a buscar expertos en el área y, preguntando por aquí y por allá, varias voces nos recomendaron conversar con Francisca Cibié.

Francisca Cibié es Directora de Desarrollo Académico en el instituto técnico profesional Duoc UC. Se dedica a promover la “innovación educativa y transformación digital en la educación superior” entre unos 100.000 estudiantes. La invitamos a almorzar en un patio universitario, compartido con alumnos y profesores, para relajar los ánimos y preguntar por los mejores “tips” para colegios y familias.

¿Cómo enfocarías una charla para padres sobre el uso del celular en sus hijos?

– Yo suelo hacer un ejercicio con los papás: les pido que revisen en sus propios ajustes de privacidad qué aplicaciones tienen acceso a su localización y micrófono. Al darse cuenta de que sus teléfonos están mal configurados, comprenden que esa misma vulnerabilidad se la están entregando a sus hijos y que muchas veces corremos riesgos sin saber que éstos existían.

Es un deber como adultos evaluar los riesgos y beneficios antes de entregar un dispositivo, porque el daño puede ir desde lo cotidiano hasta temas más serios, mermando su autoestima y seguridad.

Más allá de los riesgos conocidos como la pornografía, ¿qué otros peligros cotidianos detectas en estas tecnologías?

– Hay casos muy comunes, como «la foto que nunca desaparece». Una niña envía una imagen por Instagram o Whatsapp con la función de visualizar una sola vez, pero otra persona puede tomarle una foto al celular con otro dispositivo y difundirla. Esto genera una falsa sensación de privacidad.

También están los riesgos específicos de las diferentes aplicaciones: WhatsApp por ejemplo permite grupos que a veces se salen de control y no tiene herramientas de supervisión parental propias, mientras que Instagram utiliza algoritmos que pueden arrastrar a los jóvenes a contenidos inapropiados, a ser contactados por extraños y a exposición pública. Los Reels y Stories promueven una cultura de obsesión por «likes» que impacta directamente la autoestima.

También están los riesgos de la geolocalización en publicaciones y el contacto con influencers que promueven consumo desordenado, estándares corporales irreales o conductas riesgosas.

¿Qué estrategia propondrías para la entrega del “smartphone” a los hijos? 

– No creo en un «salto al vacío», sino en hacer una “entrega gradual”. Mi propuesta es: nada de pantallas hasta los 12 años; entre los 13 y 14, solo un celular básico («almeja»); a los 14 -15, iniciar con WhatsApp, y recién un año después permitir Instagram. Sin embargo, esto no es «chipe libre» para el adolescente; es importante asegurar un uso educado, acompañado, con tiempo limitado en pantalla y, preferiblemente, que las redes sociales comiencen instaladas en el teléfono de los padres para poder supervisar el uso responsable y el algoritmo.

Más que una regla fija por edades, que la normativa ya establece en 13 años como mínimo, lo importante es entender que la introducción debe ser gradual, supervisada y educada. Y si hay que partir por una red social, prefiero WhatsApp antes que Instagram: así, para contactar a tu hijo necesitan saber su número de teléfono, y no está el riesgo del algoritmo empujándolo a contenidos cada vez más extremos.

Con frecuencia los padres se complican cuando escuchan la palabra “configuraciones”, y no saben cómo restringir el uso del celular de su hijo. ¿Cómo animarlos a interesarse por esas posibilidades?

– Lo entiendo. Pienso que, en lugar de forzarlos para que aprendan, cada colegio podría ofrecer en su página web diferentes tutoriales y buenas prácticas e incluso el servicio de configurar el celular del alumno con los controles parentales que los padres elijan. El mismo encargado de tecnología del colegio, por ejemplo, podría determinar un horario para recibir apoderados y ofrecerles esa ayuda.

Otra objeción que hemos oído: ante la presión social de los hijos por «no quedar fuera», muchos padres ceden antes de tiempo. ¿Cómo manejar esto?

– Es una batalla difícil, porque los niños sienten que, si no están en el grupo de WhatsApp, no existen socialmente. Pero hay que envalentonar a los papás. Si una mamá no ve la gravedad del asunto, no dará la pelea. Ahora bien, el daño emocional que puede sufrir un niño desprotegido, como el cyberbullying, es terrible: un comentario despectivo sobre una foto puede destruir la autoestima de una niña en segundos, llevándola incluso a trastornos alimenticios o aislamiento.

Finalmente, siento que cuando los papás ceden, no están del todo conscientes de la cantidad de problemas que se están comprando, ni de la puerta que están abriendo. Porque no es «solo un celular» ni «solo una app». Es abrir la puerta a que creen un grupo de WhatsApp con todo el curso menos con ella, y que se entere de eso el lunes durante el recreo; o el «grupo paralelo», ese que se arma sin un niño específico justamente para hablar de él a sus espaldas; o los stickers con la cara de un compañero convertida en burla circulando toda la semana; o los audios riéndose de cómo habla una niña, reenviados miles de veces; o el celular debajo de la almohada a las 3 de la mañana, revisando si alguien respondió o dio “like”, para después llegar al colegio sin dormir, irritable, y terminar peleando con una amiga por cualquier tontería; o las peleas entre mamás del curso porque los niños se agarraron por chat.

Son cosas chicas, y otras más grandes como la pornografía, la adicción al juego o las autolesiones, que se acumulan y van matando la autoestima, el rendimiento escolar y la salud mental de un niño que todavía no tiene las herramientas emocionales para procesarlas. Una vez abierta, esa puerta no se cierra. Por eso vale la pena dar la pelea antes, aunque sea incómoda.

¿Qué rol deberían jugar los colegios en esta formación?

– Los colegios están al debe; no basta con un par de charlas al año y protocolos de entrega de celulares. Deben integrar competencias digitales en el currículo de manera progresiva. Es fundamental entregarles competencias digitales a los alumnos y enseñarles por ejemplo qué significa crear una cuenta, la diferencia entre crear una cuenta usando un correo o darle acceso a tu cuenta de Google, o, finalmente, como manejarse de forma segura en redes y cómo proteger su identidad digital.

Además, como decíamos, los colegios deberían facilitar talleres prácticos para padres y ofrecer soporte técnico sencillo para ayudar a comprender los riesgos y configurar controles parentales.

En el ámbito estrictamente pedagógico, ¿cómo aporta la tecnología al aprendizaje?

– Aporta muchísimo si se usa con propósito. Por ejemplo, ante la llegada de la Inteligencia Artificial, la evaluación debe cambiar: ya no importa el informe final, sino el pensamiento crítico demostrado en las preguntas y contrapreguntas que el alumno le hizo a la IA para llegar a ese resultado.

También hay avances increíbles como el metaverso o la realidad virtual, que permiten simulaciones de contextos reales (como armar un motor) en entornos seguros y económicos.

Finalmente, como todo en la vida, la tecnología tiene montones de riesgos pero también abre un sinfín de oportunidades y está en nosotros poner la tecnología al servicio de la persona y no al revés.

¿Estarías a favor de una mayor regulación legal, como se ha planteado en Europa o Australia, donde se está ordenando a las mismas plataformas que impidan la creación de cuentas a los menores de 16 años?

– Sí, totalmente. Sería un descanso enorme para los papás que la ley estableciera edades mínimas reales, tratándolo como el tema de salud pública que es. Ahora, siendo honesta, la ley sola no basta: si los papás y colegios no acompañan, los niños van a encontrar la forma de migrar a otras apps. Por eso creo que tiene que ser una combinación de regulación, colegio y casa. Pero que el Estado ponga un piso ayuda, y mucho.

Para concluir, ¿cuál es el mensaje final para las familias?

– Debemos formar liderazgos positivos tanto en alumnos como en apoderados. Si logramos que los líderes de un curso decidan no tener celular hasta cierta edad, la presión social disminuye. 

Se trata de elegir las batallas, ser coherentes y entender que nuestra responsabilidad es acompañarlos en esta transición hasta que tengan la madurez suficiente como para manejar estas herramientas por sí mismos.

Y, para terminar, quiero decir a los papás “que se atrevan” a dar la pelea. Vale la pena, porque, en el fondo, están protegiendo a sus niños, y eso es parte de la pega de ser papás.

El autorAlejandra Figari y Juan Ignacio Izquierdo H

Ecología integral

Documento sobre ecología integral en la familia de dos dicasterios vaticanos

Los Dicasterios para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y para los Laicos, la Familia y la Vida han publicado un texto conjunto para ayudar a transmitir en la familia el cuidado de la Creación y de la vida humana.

OSV / Omnes·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

– Vatican News, OSV News, Roma

“La ecología integral en la vida de la familia” es el título del documento de 79 páginas, concebido con el fin de responder a los llamamientos de los Papas Francisco y León XIV para escuchar el clamor de los pobres y de la Tierra. La finalidad es ofrecer una respuesta concreta, poniendo en práctica las enseñanzas de la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia y de la encíclica Laudato si’

El Documento ha sido elaborado conjuntamente por los Dicasterios para el Servicio del Desarrollo humano Integral y para los Laicos. la Familia y la Vida. Según un comunicado de prensa, teólogos, asesores y parejas casadas participaron en la redacción del texto.

Las familias, fundamentales para desarrollar y transmitir el cuidado de la casa común

“Los valores que se forjan y se cultivan en el seno familiar constituyen el suelo fértil del que brota la vida de la sociedad”,  escriben en la presentación del documento, publicada el 27 de abril, los cardenales Michael Czerny y Kevin Farrell, prefectos de ambos Dicasterios. “Por lo tanto, las familias son fundamentales para desarrollar y transmitir el valor del cuidado de nuestra casa común y de cada persona”.

“Muchas familias”, continúan los dos cardenales, “ya viven esta vocación con el corazón abierto y con esperanza que es Cristo Jesús”. 

En la familia se aprende “la entrega de sí mismos, la paciencia y la dedicación, la acogida y la protección de la vida, para que pueda florecer y desarrollarse plenamente; así como, la complementariedad y la reciprocidad, el intercambio intergeneracional y la solidaridad con otras familias, junto a la transmisión de conocimientos y tradiciones”.

Dirigido a las familias, pero en realidad a todos

El volumen, aunque está dirigido principalmente a las familias, se dirige en realidad a todos, ya que cada persona, en su propio estado de vida, puede encontrar en él consejos e inspiración para contribuir a mejorar las relaciones y el entorno, promoviendo un mundo más justo y sostenible en el que la Creación y la dignidad humana sean defendidas y protegidas.

Primera parte, conceptos basados en escritos del Papa Francisco

La primera parte recoge conceptos fundamentales basados en los escritos más significativos del Papa Francisco. La segunda contiene capítulos temáticos que reflejan siete objetivos inspirados en la Laudato si’ sobre la escucha del clamor de la tierra, de los pobres y de los vulnerables. Sobre la promoción de la economía ecológica, la adopción de estilos de vida adecuados, la ecología integral y la educación, la espiritualidad ecológica desde una perspectiva familiar, y sobre las familias que participan en la vida comunitaria.

Cada capítulo está dividido en cuatro secciones: explicaciones, implicaciones, preguntas y acciones concretas. 

Disponible en 5 idiomas en las webs de ambos Dicasterios

“La ecología integral en la vida de la familia” está disponible en cinco idiomas en los sitios web oficiales de los dos dicasterios.

“Son precisamente las familias, como pilares de la sociedad, las que pueden convertirse en el motor de esta profunda transformación cultural”, dice el documento.

El autorOSV / Omnes

Primera Comunión

Cómo de nervioso está Jesús también! Lleva diecinueve años esperando esta primera comunión.

5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Es ilusionante (qué palabra, es un vendaval) ir a la primera Comunión de un amigo de la uni. Te reconcilia con la realidad.

Las mejores historias no llenan telediarios. Las mejores noticias son, precisamente, las que nadie cuenta. Las de fuera de foco. Y no nos damos cuenta cuando, a veces, pasan por la puerta de al lado. Pero son las que más falta hacen. Por eso, érase una vez la primera Comunión de Diego, a los diecinueve años.

Ahí está Diego nervioso, mientras entramos al aparcamiento, decidiendo si terminar de trepar las escaleras de la iglesia (es la hora ya) o bajarlas rápido para saludarnos. El sacerdote le llama, tiene que pasar, y nos hace un gesto con la mano mientras sube corriendo. Él juega de titular hoy. Partido ilusionante.

Del otro lado, Jesús. ¡Cómo de nervioso está también! Lleva diecinueve años esperando, y ya por fin. Me lo imagino como un partido de fútbol: Jesús sabe que sale de suplente revulsivo, cuando llegue la consagración. Y está calentando a conciencia, como el jugador confiante en que va a marcar el gol decisivo.

Ilusionante, confiante, que no ilusionado ni confiado. El participio activo es mil veces mejor que el participio pasivo.

Ahí estamos nosotros, repartidos en los bancos, rezando por Diego. A veces, cuando juega tu equipo y lo ves por la tele, involuntariamente te sale un movimiento del cuerpo como intentando acompañar un cabezazo de tu delantero o una estirada de tu portero. Y nadie te quita el convencimiento de que has ayudado a marcarla, a pararla. Todos a una.

Y todos ya nerviosos, porque se acerca el final de la Misa, prácticamente el descuento. Son esos minutos tensos. Hasta el gol.

Todo se estremece: Diego recibe a Dios.

Jesús y Diego corren a celebrar, se felicitan, agitan los puños, se abrazan. Todo el mundo festeja, es la felicidad máxima. Diecinueve años de espera, y al fin este equipo lo ha conseguido. Nada de lo que se reza se pierde. Diego ha comulgado, por primera vez.

Una conversión es como un gol. Y los goles se celebran con toda la afición. Qué locura poder comulgar. Qué ilusionante, cada vez. Cada Comunión.

El autorGabriel Pérez-Miranda

Gabriel Pérez-Miranda Mata (Madrid, 2004) ocupa el tercer lugar de los seis hijos de Juan y Cristina. Estudiante universitario, es también un entusiasta de los deportes y la lectura, y ha publicado un libro de poesía ("Envïdár", Loto Azul, 2025)

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Enseñanzas del Papa

El mensaje cristiano: vida, misión y belleza

El Papa presenta la vocación cristiana como un camino de belleza, que transforma la persona mediante el encuentro personal con Cristo y se desborda en comunicar a los demás el amor de Dios a través del testimonio.

Ramiro Pellitero·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

León XIV sigue trazando las líneas principales de su hoja de ruta. En medio de su intensa actividad, nos ha recordado que ser cristiano es una llamada, es decir una vocación que se concreta de diversos modos. Lo ha subrayado con motivo de la Jornada mundial de oración por las vocaciones. Y la vocación es para una misión: la misión evangelizadora, en la que todos hemos de participar. Por ello propone relanzar el compromiso evangelizador que impulsó el Papa Francisco, tal como ha dicho en su Carta a los cardenales.

Un camino de belleza

El 26 de abril se celebraba la LXIII Jornada de oración por las vocaciones. Un mes antes (16-III-2026), el Papa había publicado su mensaje, centrado en la vocación cristiana como camino de belleza que nos abre al conocimiento de Dios y a una existencia plenamente vivida en la confianza, y madurada en su compañía.

 Todo cristiano está llamado a la santidad (cfr. Lumen gentium 11 y todo el capítulo V) y en ese sentido hablamos de vocación cristiana. El sucesor de Pedro se pronuncia sobre este trasfondo. No se refiere sólo a las vocaciones sacerdotales o de especial consagración, sino también a la vocación cristiana de la mayor parte de los fieles, los laicos. Su mensaje es una confidencia especialmente con los jóvenes, para que encuentren cada uno su vocación concreta dentro del camino cristiano.

La vocación cristiana, explica el Papa, puede entenderse desde su dimensión interior, es decir,“como descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros”. Jesús es el pastor bueno y bello (cfr. Jn 10: la palabra griega kalós abarca ambos aspectos). Es decir, el pastor perfecto, auténtico y ejemplar, hasta dar la vida por su rebaño, lo que manifiesta el amor mismo de Dios. 

Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue. Para conocer esta belleza no son suficientes los ojos del cuerpo o criterios estéticos; se necesita contemplación e interioridad. Sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: ‘Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa, quiero recorrer el camino de esta belleza’. Y lo más extraordinario es que, convirtiéndonos en sus discípulos, a su vez nos volvemos ‘bellos’; su belleza nos transfigura”. 

Como escribe el teólogo Pável Florenski, los santos se caracterizan, no solo por la bondad, sino también por “la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo”. Y en esto ve León XIV la revelación más profunda de la vocación:  participar de la vida de Cristo, compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

Evoca también el Papa el camino interior –un camino de vida, de fe y de sentido– de san Agustín, tal como lo manifiesta en Las Confesiones. “Más allá de la conciencia de sí mismo, descubre la belleza de la luz divina que lo guía en la oscuridad. Esto, señala León XIV, muestra la importancia del “cuidado de la interioridad”, que se centra en la oración. 

Así es, y se trata de una de las propuestas –junto con la educación para la cultura digital y para la paz– con las que León XIV enriqueció el proyecto del “Pacto educativo global”, lanzado por el Papa Francisco.

Por todo ello, invita a todos a crear contextos favorables para que el don de la vocación pueda ser acogido, alimentado, custodiado y acompañado y así pueda dar fruto abundante.

Escuchar a Dios

Dios nos conoce y nos ama, y nos llama a conocerle. Y para ello necesitamos crear “espacios de silencio interior” que nos permitan escuchar la voz de Jesucristo. Porque no se trata de un saber abstracto o académico, sino de “un encuentro personal que transforma la vida”. Es el consejo de san Agustín: entrar en nosotros mismos, porque “en el hombre interior reside la verdad”. 

León XIV se hace eco de ese consejo, pidiendo a los jóvenes: “¡Escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cfr. Mt 25, 14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades”. 

De esta manera, y siguiendo los pasos de los Pontífices que le han precedido después del Concilio Vaticano II, al presentar la vocación cristiana como una oferta de vida plena, el Papa se sitúa en el marco de la antropología cristiana.

Y concreta los caminos de esa “escucha de Dios”: “Dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial”. Así podrán descubrir el don de su vocación concreta dentro de la pluralidad de caminos que existen en la Iglesia.

Confianza y trato personal

Lo que permite tanto acoger la vocación como perseverar en ella es la confianza en el Señor, “aun cuando sus planes cambien los nuestros”. El obispo de Roma pone el ejemplo de san José, como “icono de confianza total en el designio de Dios”. Pues, incluso cuando a su alrededor parecía dominar la tiniebla y la negatividad, y las cosas parecían ir en dirección opuesta a lo previsto, “él se fio y confió, seguro de la bondad y la fidelidad del Señor”. Como escribe el Papa Francisco, “en cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su ‘fiat’, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní” (Carta ap. Patris corde, 3).

Esta confianza se apoya en la virtud de la Esperanza, que Dios nos concederá, para superar miedos e incertidumbres, “con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal

No oculta León XIV las dificultades por las que atraviesa el camino de toda vocación. Pero nos asegura la fidelidad y su fruto, si permanecemos unidos con Jesús: “Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas”.

Como todo lo que es vida, la vocación –explica el Papa– es “un proceso dinámico de maduración”, favorecido por la intimidad con el Señor bajo la acción del Espíritu Santo. Un camino donde aprendemos a releer todos los acontecimientos a la luz del don recibido. Y esto significa “crecer en la vocación”, respondiendo a la llamada a lo largo de la vida. 

Para ello, y no solo al principio de ese camino, contamos con los vínculos auténticos y fraternos que vamos tejiendo. Y “especialmente valioso es tener un buen guía espiritual que acompañe el descubrimiento y el desarrollo de nuestra vocación. Qué importantes son el discernimiento y el seguimiento a la luz del Espíritu Santo, para que una vocación pueda realizarse en toda su belleza”. 

Así podemos “entender que nada es fruto de un caos sin sentido, sino que todo puede integrarse en un camino de respuesta al Señor, que tiene un precioso plan para nosotros” (Francisco, exhort. ap. Christus vivit, 248). 

Y concluye el Papa León XIV apelando a los jóvenes: “Los animo a cultivar su relación personal con Dios a través de la oración cotidiana y la meditación de la Palabra. Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo”.

Redescubrir “la alegría de evangelizar”

Participar de la vida de Cristo, hemos visto, lleva a compartir su misión y a resplandecer de su misma belleza. Esto se muestra en el hecho de que tras el primer consistorio con los cardenales (celebrado el 7 y 8 de enero pasados), donde se marcó el rumbo del pontificado, León XIV ha escrito ahora una carta a los cardenales (12-IV-2026). En ella los anima a relanzar la propuesta del Papa Francisco en la Evangelii gaudium: una Iglesia que no se mira a sí misma, sino que se sitúa de modo renovado “en salida”.  

Dicha Exhortación –les señala– sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el ‘kerigma’ como corazón de la identidad cristiana y eclesial”. 

Y añade, haciéndolo suyo, lo que se manifestó especialmente en ese consistorio respecto a la propuesta del Papa Francisco: “Se ha reconocido como un verdadero ‘soplo nuevo’, capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia”.

Compromiso personal, discernimiento y acompañamiento

León XIV concreta cómo “esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles”. Primero, a nivel personal: “llama a cada bautizado a renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada”. Y observa que “en este camino se ve afectada también la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida”. 

En segundo lugar, a nivel comunitario, impulsa a pasar “de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la que las comunidades sean sujetos vivos del anuncio”. Es decir, “comunidades acogedoras, capaces de utilizar un lenguaje comprensible, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación”. 

Concreta, anivel diocesano, subrayando “la responsabilidad de los pastores para apoyar con firmeza la audacia misionera, velando por que no se vea pesada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial”.

En suma, a nivel de cada uno: fe personal vivida, primacía de la oración, testimonio desde la coherencia con la vida; y a nivel eclesial, acogida, escucha y acompañamiento, impulso a la misión desde el discernimiento.

Encuentro y anuncio, comunicación y misión

De todo ello, dice el Papa, surge una comprensión de la misión profundamente unitaria: “una misión cristocéntrica y ‘kerigmática’, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que aúna el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo”. 

Se trata de superar una perspectiva de mero aumento en número de seguidores, de mera conservación o de expansión institucional. 

Lo expresa incisivamente León XIV: “Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como un pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo”.

Entre las indicaciones específicas que surgieron en el consistorio, concluye señalando cuatro, que merecen ser acogidas y meditadas más a fondo: 1) “la necesidad de relanzarEvangelii gaudium para verificar con honestidad qué es lo que, tras el paso de los años, se ha asimilado realmente y qué es lo que, por el contrario, sigue siendo desconocido y sin poner en práctica”; 2) de modo especial, “se debe prestar atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana”; 3) “la atención a valorar también las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones ‘kerigmáticas’ y de crecimiento en la calidad de las relaciones”; así como 4) la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, incluso a nivel de la Santa Sede, en una perspectiva más claramente misionera”.

Como puede verse, la publicación de esta carta puede ser una ocasión y una invitación, para cada uno y para cada comunidad cristiana e institución eclesial, a un discernimiento sobre el camino recorrido desde la participación en la vida de Cristo, el compartir su misión y resplandecer de su misma belleza.

Evangelización

Que el sueño del Papa se cumpla: historia de Freddy, sacerdote de Ecuador

La Fundación CARF impulsa una campaña para sostener la formación integral de las futuras vocaciones, de modo que la formación llegue a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo. La historia de Freddy, sacerdote diocesano de Ecuador, refleja el impacto de esta tarea.

Redacción Omnes·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Freddy Arigo Llerena Guerrero es un sacerdote de 36 años de la diócesis de Ibarra, en Ecuador. Fue ordenado el 25 de junio de 2016, hace casi diez años, y su historia representa hoy el impacto real que puede tener una formación sólida en la vida de un sacerdote y en toda una comunidad.

El año pasado regresó a Pamplona para concluir su Licenciatura en Teología Bíblica en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Hoy, de nuevo en Ecuador, se entrega cada día a vivir una auténtica vocación de servicio a los demás y a la Iglesia.

El contexto ecuatoriano

El testimonio de este joven sacerdote ecuatoriano cobra especial relevancia en un país marcado por enormes contrastes, rico en cultura y recursos, pero con déficit de gestión en las últimas décadas, que ha favorecido el narcotráfico, la delincuencia organizada, extorsión y secuestros, provocando notable inseguridad.

A esto se une que, al igual que en muchas regiones de Europa, América central y América meridional, también ha disminuido el número de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en su país.

“A pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza”

Sin embargo, ni el pueblo ecuatoriano ni sus sacerdotes han perdido la esperanza. Freddy lo resume así: “A pesar de todo, nuestro pueblo mantiene viva la esperanza. Existe una profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús y un amor entrañable a la Virgen María, expresado en múltiples manifestaciones de religiosidad popular. Esta fe sencilla hace que muchas personas sigan mirando a la Iglesia con confianza, incluso en medio de sus debilidades, reconociéndola como madre y guía en tiempos difíciles”.

Con la ayuda de benefactores y socios de Fundación CARF

Freddy es uno de los muchos sacerdotes que han recibido una formación sólida e integral con la ayuda de los benefactores, socios y amigos de la Fundación CARF.

Gracias a esa preparación, hoy puede responder mejor a los desafíos pastorales de su tierra natal, acompañar a los fieles en tiempos difíciles y fortalecer la vida cristiana allí donde más se necesita.

Por otra parte, Freddy destaca también la esperanza que le ha transmitido ver el despertar espiritual de muchos jóvenes en España durante su etapa formativa en Pamplona, una señal de que la fe sigue dando frutos en distintos lugares del mundo.

Una campaña para transformar países

Como Freddy, miles de vocaciones necesitan apoyo para poder formarse, informa la Fundación CARF, que ha lanzado la campaña “Haz que el sueño del Papa se cumpla”. Su objetivo es que llegue a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo una formación sólida e integral.

El Papa León XIV lo ha recordado recientemente con sencillez y profundidad en su carta apostólica ‘Una fidelidad que genera futuro’: “la identidad de los presbíteros se constituye en torno a su ser para y es inseparable de su misión”.

La campaña recuerda que muchos jóvenes han escuchado la llamada al sacerdocio y desean servir, acompañar, administrar los sacramentos y acercar a Dios a sus pueblos, pero no siempre cuentan con los medios económicos necesarios para prepararse adecuadamente.

Apoyo a la formación de seminaristas y sacerdotes de 130 países

Desde su creación, la Fundación CARF ha acompañado a seminaristas y sacerdotes de 130 países, haciendo posible que regresen mejor preparados a sus diócesis para servir y, a su vez, formar a otros. 

Por eso la Iglesia cuida especialmente la formación de los futuros sacerdotes para que sean hombres, preparados humana, espiritual y pastoralmente, capaces de acompañar a sus comunidades y servir a las personas allí donde más se les necesita. Esto mismo viene haciendo la Fundación CARF desde 1989, señalan sus responsables.

En muchos países del planeta hay personas con vocación al sacerdocio donde la fe es fuerte, pero los recursos son escasos. Allí es donde la ayuda marca la diferencia.

El sueño continúa

Detrás de cada vocación apoyada hay una historia, una familia, una comunidad y un futuro sacerdote dispuesto a entregarse a los demás.

La historia de Freddy Arigo Llerena Guerrero pone hoy rostro a ese sueño: que ningún joven con vocación se quede sin formación por falta de recursos y que la Iglesia siga contando con sacerdotes preparados, cercanos y entregados al servicio de las personas.

El autorRedacción Omnes

Cultura

Científicos católicos: José de Zaragoza

José de Zaragoza fue un jesuita, matemático y astrónomo, vinculado al movimiento de los novatores, buscaban renovar la ciencia española.

Ignacio del Villar·5 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

José de Zaragoza (Valencia, 1627 – Madrid, 1679) fue un jesuita, matemático y astrónomo español del siglo XVII, vinculado al movimiento de los novatores, que buscaban renovar la ciencia española mediante métodos más empíricos y racionales que los que se usaban entonces.

Su formación comenzó en la Universidad de Valencia, donde alcanzó el doctorado en filosofía. Después le ofrecieron la posibilidad de ocupar la cátedra de matemáticas de la universidad, pero la rechazó porque le interesaba más la teología, lo que refleja el profundo compromiso con su fe católica que guiaría toda su trayectoria.

En 1651 ingresó en la Compañía de Jesús. A través de esta institución impartió docencia en distintos colegios de la orden, en ciudades como Calatayud, Mallorca, Barcelona y la propia Valencia.

También adquirió otros cargos: en 1667 fue nombrado miembro de la Real Junta de Minas, un año después calificador del Santo Oficio, y, a partir de 1670, enseñó matemáticas en el Colegio Imperial de Madrid, donde tuvo como alumno al virrey Diego Felipe de Guzmán, marqués de Leganés, que se convirtió en su protector. La reina incluso lo nombró profesor de matemáticas de su hijo, Carlos II. Esto no resulta extraño si tenemos en cuenta que publicó diversas obras matemáticas con intención didáctica y de innovación, entre ellas Arithmetica universalis (1669), Trigonometría (1672) y Tablas de logaritmos (1672). Además, también redactó obras de tipo investigador, entre las que podemos destacar Geometría magna in minimis (1674), donde introdujo el concepto de centro mínimo de un sistema de puntos, que sirve para obtener resultados como el Teorema de Ceva. Como astrónomo, destacó por su aproximación empírica y observacional. Construyó anteojos potentes para estudiar cometas (fue el primero en divisar el de 1677) y otros fenómenos celestes, informando de sus observaciones a la Académie des Sciences de París. Por último, su tratado Esphera en común celeste y terráquea (1675) refleja un enfoque moderno, basado en datos de observación, y muestra su posición crítica frente a la cosmología clásica, aunque siempre mantuvo un enfoque cauteloso respecto al heliocentrismo.

El autorIgnacio del Villar

Universidad Pública de Navarra. SCS-España.

España

El CEU premia el trabajo por la vida de Alicia Latorre y la Federación One of Us

Alfonso Bullón de Mendoza hará entrega del Premio a la Defensa Pública de la Vida a Alicia Latorre, presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, y a la Federación Europea One of Us.

Redacción Omnes·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

Alicia Latorre Cañizares, presidenta de la Federación Española de Asociaciones Provida, y la Federación Europea One of Us, representada por su directora general, Ségolène du Closel recibirán el Premio CEU por la Vida el martes 5 de mayo de 2026. Este reconocimiento distingue sus trayectorias excepcionales y su labor constante en favor de la vida y la familia, consolidando un espacio de reflexión necesario sobre el carácter sagrado del derecho a la vida.

Organizados por el Instituto CEU de Estudios de la Familia y la ACdP, estos galardones celebran su undécima edición reafirmando el compromiso histórico de la institución con los valores fundamentales. A lo largo de esta década, la lista de premiados ha incluido a figuras como Jaime Mayor Oreja, presidente de la Fundación Valores y Sociedad; Manuel Martínez-Sellés, presidente del Colegio de Médicos de Madrid o y la embajadora de Hungría, Katalin Tóth.

Durante el encuentro, se otorgará el Premio a un Corazón de Madre y Padre, además de los Premios a la Creatividad en Defensa de la Vida. Estos últimos destacan el talento de los alumnos de la Universidad CEU, quienes a través de relatos, ensayos y cortometrajes, aportan una visión artística y académica sobre la importancia de proteger la vida en todas sus etapas y circunstancias.

Un puente hacia Dios

El arte fomenta la reflexión, la creatividad y la salud mental. El síndrome de Stendhal sería como un daño colateral para esos corazones apasionados convencidos de que el arte es un puente hacia Dios, suma belleza.

4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“El amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde  de un horrible precipicio”, escribió Stendhal, quien se sintió mareado y con el corazón acelerado al visitar la basílica de la Santa Croce en Florencia en 1817. El escritor francés  fue un maestro del análisis psicológico y sus frases se caracterizan por una profunda intensidad amorosa y pasión. 

Los amantes del arte somos unos apasionados de la vida, y parafraseando de nuevo al escritor francés “con las pasiones uno no se aburre jamás, sin ellas se idiotiza”.  

En la Casa Museo Poldi Pezzoli en Milán padecí el síndrome de Stendhal, que se produce al contemplar obras de arte o arquitectura de extrema belleza, en espacios cerrados o con gran acumulación de obras. 

Boticelli, Pollaiolo, Mantegna, discípulos de Leonardo da Vinci, esculturas, vajillas refinadas, joyas…, me trasladaron a un mundo que ha desaparecido donde algunas personas de origen noble vivían rodeadas de arte. Casa particulares convertidas en museos, que hoy día todos podemos disfrutar. 

Al contemplar tanto arte en tan poco tiempo y en un lugar cerrado sufrí un trastorno psicosomático transitorio con síntomas como la taquicardia y la confusión ante la sobrecarga de belleza artística.

Mientras escribo estas líneas -a modo de terapia- se me caen los párpados, pues casi no he pegado ojo en toda la noche. Las obras de arte asaltaban mi mente y me impedían descansar, entre el sueño y la vigilia. Los síntomas se originan por la intensa emoción y el impacto estético que me abrumó. Se trata de una crisis que suele desaparecer al alejarse de la obra de arte y reposar.

El arte fomenta la reflexión, la creatividad y la salud mental. Este síndrome sería como un daño colateral para esos corazones apasionados convencidos de que el arte es un puente hacia Dios, suma belleza.

Vaticano

El Papa proclama que en el Cielo hay lugar para todos

El Papa León XIV centró su meditación tras el rezo del Regina Caeli en aspirar a un mundo que, como la casa del Padre, pueda acoger a todos.

Redacción Omnes·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El 3 de mayo de 2026, durante el rezo del Regina Caeli, el Papa León XIV ofreció una meditación centrada en la esperanza pascual, la promesa de Cristo y el destino común de la humanidad en Dios.

La promesa de un lugar para todos

El Papa partió del Evangelio de la Última Cena, destacando la promesa de Jesús: “Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo”. En este anuncio, explicó, se revela una verdad fundamental: en Dios hay lugar para cada persona. La imagen de la “casa del Padre” no es solo consuelo ante la muerte, sino una afirmación de acogida universal. Cristo, como servidor, prepara ese espacio para cada uno, de modo que nadie es extraño ni olvidado, sino esperado desde siempre.

De la exclusión a la acogida

El Pontífice contrastó dos lógicas opuestas. Por un lado, el “viejo mundo”, marcado por la búsqueda de privilegios, exclusividad y reconocimiento limitado a unos pocos. Por otro, el “mundo nuevo” inaugurado por el Resucitado, donde lo más valioso está abierto a todos.

En este nuevo horizonte, cambian las reglas fundamentales de la convivencia: “la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad”. En lugar de diluir la identidad personal, esta apertura universal permite que cada uno sea plenamente sí mismo. Frente a la amenaza de la muerte, que parece borrar la memoria y el nombre, Dios garantiza la identidad definitiva de cada persona.

La fe que libera del afán de reconocimiento

El núcleo del mensaje se concentra en la invitación de Jesús: “Crean en Dios y crean también en mí”. Según el Papa, esta fe tiene una fuerza liberadora: rompe la ansiedad por poseer, por destacar o por alcanzar prestigio como condición para valer.

En Dios, afirmó, cada persona posee ya un valor infinito. No es necesario competir por reconocimiento, porque la dignidad no se conquista, se recibe. Esta certeza se fortalece en el amor mutuo, vivido según el mandamiento nuevo. Amar como Jesús amó permite anticipar el cielo en la tierra y mostrar que la fraternidad y la paz no son utopías, sino el verdadero destino humano.

La comunidad cristiana como casa abierta

La meditación concluyó con una oración a la Virgen María, presentada como Madre de la Iglesia. El Papa pidió que cada comunidad cristiana refleje esa “casa abierta a todos”, donde cada persona sea acogida y valorada en su singularidad.

Llamamientos y saludos

Tras la oración del Regina Caeli, el Papa León XIV recordó el inicio del mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen María, subrayando la importancia del rezo del Rosario como experiencia comunitaria de oración, en continuidad con los días en que los discípulos esperaban la venida del Espíritu Santo.

También destacó la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa, impulsado por UNESCO, denunciando las frecuentes violaciones de este derecho y recordando a los periodistas víctimas de la violencia.

Finalmente, dirigió saludos a diversos grupos de fieles y asociaciones presentes, con especial mención a quienes trabajan en la defensa de los menores frente a los abusos, agradeciendo su compromiso con la prevención y el acompañamiento a las víctimas.

Argumentos

Seis criterios para que la fe no se quede sólo en las emociones

Frente a ello, los obispos españoles proponen seis claves que ayudan a entender qué significa, hoy, vivir una fe madura.

Javier García Herrería·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En un momento en el que proliferan nuevas y muy positivas iniciativas de evangelización —muchas de ellas llenas de entusiasmo, creatividad y capacidad de convocatoria— la Iglesia en España ha considerado necesario ofrecer algunos criterios de discernimiento. No para apagar nada, sino precisamente para cuidar lo más valioso: la autenticidad de la experiencia cristiana.

El riesgo que preocupa a los prelados es que la fe se reduzca a una vivencia emocional, subjetiva, desligada de la verdad, de la comunidad y de la vida concreta. Frente a ello, los obispos españoles proponen en su último documento, seis claves que ayudan a entender qué significa vivir una fe madura, de tal manera que las iniciativas de primer anuncio profundicen en experiencias de fe con más formación.

a) Conocer a las personas divinas

El corazón de la fe cristiana no es una vaga espiritualidad ni una mezcla de creencias a medida, sino el encuentro real con Jesucristo. No se trata de “sentirse bien” ni de acumular experiencias emocionales intensas, sino de reconocer que Dios se ha revelado de manera concreta en Cristo y que solo por Él accedemos al Padre en el Espíritu.

Por eso, el primer anuncio no puede diluirse en discursos genéricos sobre bienestar o interioridad: debe conducir a una relación viva con Jesús, única y decisiva. Cuando esta centralidad se pierde, la fe se desdibuja en un sincretismo difuso que puede resultar atractivo, pero que carece de la fuerza transformadora del Evangelio.

b) Dimensión personal

Ese encuentro con Cristo implica a toda la persona, también a su mundo afectivo. Pero los sentimientos, por sí solos, no son criterio suficiente para discernir la acción de Dios. La tradición espiritual de la Iglesia ha insistido siempre en la necesidad de contrastarlos, de examinarlos con ayuda de quienes han recorrido ese camino antes. Autores como Ignacio de Loyola enseñaron a distinguir entre consolación y desolación, precisamente para no confundir la voz de Dios con los propios estados de ánimo.

En la misma línea, maestros como Juan de la Cruz o Teresa de Jesús mostraron que la vida espiritual pasa también por la oscuridad y la purificación. Por eso, una fe madura no absolutiza lo que siente, sino que lo somete a un discernimiento serio, en continuidad con la experiencia acumulada de la Iglesia.

c) Objetividad de la fe

La fe cristiana no nace de un sentimiento, ni se sostiene en él. No depende de cómo uno se encuentre interiormente, ni de la intensidad de una experiencia espiritual concreta. Tiene un contenido objetivo: una verdad que precede al creyente y que le es dada.

En una cultura marcada por el “yo siento”, esta afirmación resulta incómoda. Sin embargo, es decisiva. No basta con percibir que “Dios me quiere” para validar cualquier decisión o comportamiento. La fe implica reconocer que hay una verdad revelada —sobre Dios, sobre el hombre, sobre el bien y el mal— que no se construye a medida de la propia subjetividad.

Uno de los casos más reveladores de esta ruptura se dio en la corte de Luis XIV, donde algunas damas pasaban sus noches con amantes para, a la mañana siguiente, acudir a una confesión rápida que les permitiera comulgar en Misa. Este ciclo de pecado nocturno y absolución exprés matutina, basado en una interpretación superficial de la ley religiosa, transformó los sacramentos en un trámite mecánico que no exigía una verdadera conversión del corazón ni un cambio de conducta.

Hartos de este «espectáculo» de hipocresía, la corriente jansenista se opuso con tanta fuerza que terminó cayendo en el extremo opuesto. Al intentar combatir la laxitud moral de la época, los jansenistas impusieron un rigorismo asfixiante que presentaba a un Dios distante y una Eucaristía casi inalcanzable, reservada únicamente para quienes lograran una perfección heroica.

La lección sigue siendo actual. Cuando las emociones sirven para justificar conductas objetivamente desordenadas, no estamos ante una fe bien integrada. La vida cristiana implica una unidad entre lo que se cree, lo que se siente y lo que se hace.

d) Eclesialidad de la fe

Nadie se da la fe a sí mismo. Se recibe. Y se recibe en la Iglesia. Esta dimensión eclesial es constitutiva del cristianismo. Creer implica aceptar que hay otros —antes y junto a mí— que transmiten, custodian e interpretan la fe: el Papa, los obispos, los sacerdotes, los acompañantes espirituales, la comunidad creyente.

Esto exige una actitud concreta: dejarse enseñar y dejarse corregir. Dos actitudes poco valoradas en una cultura que identifica la autenticidad con la autosuficiencia. Sin embargo, sin esta apertura, la fe corre el riesgo de convertirse en un proyecto individual, donde cada uno decide qué aceptar y qué descartar.

e) Consecuencias sociales de la fe

La fe no es una idea ni una emoción: es una forma de vida. Y, como tal, tiene consecuencias morales concretas. Cuando la fe se vive exclusivamente como una fuente de bienestar interior, puede terminar generando creyentes satisfechos pero indiferentes a las necesidades del prójimo.

Sin embargo, el cristianismo tiene una dimensión esencialmente abierta. El encuentro con Cristo impulsa hacia los demás, especialmente hacia los más necesitados. No se trata de un añadido opcional, sino de un criterio de autenticidad. Una fe que no se traduce en compromiso concreto —en la familia, en el trabajo, en la vida pública, en la atención a los pobres— queda incompleta. El Evangelio es claro: el amor a Dios se verifica en el amor al prójimo.

f) Dimensión celebrativa

La fe cristiana también se celebra. Y lo hace, de manera privilegiada, en la liturgia. Pero aquí también existe un riesgo: reducir la celebración a un espacio de emociones intensas o de experiencias subjetivas. Cuando la liturgia se convierte en un instrumento para “sentir cosas”, pierde su centro y su sentido.

La celebración cristiana no es un espectáculo ni una creación espontánea del grupo. Tiene una forma, una tradición, unas normas que garantizan su carácter eclesial y su fidelidad al misterio que celebra.

La Eucaristía, en particular, ocupa un lugar central. No es solo un momento emotivo, sino el acontecimiento en el que la comunidad se encuentra con Cristo de manera real y sacramental. De ahí la importancia de cuidar su celebración, sabiendo que la Misa está muy por encima de las bendiciones y adoraciones (por muy positivas que esta sean).

Estos criterios no pretenden apagar el entusiasmo ni desconfiar de las nuevas formas de evangelización. Al contrario, buscan asegurar que ese impulso se enraíce en lo esencial.

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Ecología integral

Tres mujeres ante la lógica utilitarista en el matrimonio y la familia 

La disminución de las tasas de natalidad transforma Occidente, y el debate mundial sobre el matrimonio y la familia cobra urgencia cara a la cumbre de octubre en Roma. La economista Catherine Pakaluk considera que “rechazar la idea de que el dinero es lo primero y la familia lo segundo sería estimulante para los jóvenes”.

OSV / Omnes·4 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Katarzyna Szalajko, OSV News

A medida que la disminución de las tasas de natalidad transforma Occidente, el debate mundial sobre el matrimonio y la familia cobra mayor urgencia de cara a una reunión que tendrá lugar en Roma en octubre, convocada por el Papa León XIV.

Los nuevos datos ponen de manifiesto esta tendencia: los nacimientos en Estados Unidos cayeron un 1% en 2025, hasta situarse en torno a los 3,6 millones, mientras que las tasas de fecundidad en Europa se mantienen muy por debajo de los niveles de reemplazo generacional.

El Papa León XIV convocó a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo a reunirse en Roma para renovar y profundizar el debate de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia a la luz de ‘Amoris Laetitia’. 

Al igual que en gran parte del mundo occidental, cada vez menos personas se casan y tienen menos hijos, los expertos católicos señalan que es un asunto urgente que abordar, y la Iglesia, especialmente las parroquias, tienen un papel que desempeñar.

Las tasas de natalidad disminuyen drásticamente

Según el informe de abril del Centro Nacional de Estadísticas de Salud, publicado como parte de las Estimaciones Provisionales Trimestrales de Publicación Rápida del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales, el número de nacimientos en Estados Unidos en 2025 fue de aproximadamente 3,61 millones, lo que supone un descenso del 1% con respecto a 2024.

La tasa general de fecundidad fue de 53,1 nacimientos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 44 años, lo que supone un descenso del 1% respecto a 2024.

En la Unión Europea, en 2024 nacieron casi dos veces menos niños que hace seis décadas, con 3,55 millones de nacimientos en la UE en 2024. La tasa bruta de natalidad, o el número de nacimientos vivos por cada 1.000 personas, en la UE en 2024 fue de 7,9, mientras en 2000 fue de 10,5, en 1985 de 12,8, y en 1970 de 16,4. En 54 años, un 8,5 por ciento menos.

En Estados Unidos, la tasa de fecundidad total se mantiene en torno a 1,6 nacimientos por mujer, mientras que en gran parte de Europa ronda los 1,3, Los demógrafos señalan que, además de la disminución del tamaño de las familias, un porcentaje cada vez mayor de adultos no tiene hijos.

«Los hijos de Hannah. Las mujeres que desafían silenciosamente la escasez de nacimientos», es el último libro de Catherine Ruth Pakaluk, cuya historia pueden ver en pakaluk.com (@pakaluk.com)

El descenso de la fertilidad va más allá de las explicaciones financieras

Catherine Pakaluk, economista y profesora de la Universidad Católica de América y directora ejecutiva del Instituto James Cardinal Gibbons para la Ecología Humana, ha declarado a OSV News que para comprender el descenso actual de la fertilidad es necesario ir más allá de las explicaciones financieras.

“El cambio más importante podría ser estructural: hemos desmantelado silenciosamente los contextos en los que esas razones alguna vez florecieron de forma natural”, afirmó. 

“Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los niños llegaban dentro de una red de comunidad, familia extensa y expectativas compartidas”, explicó. “El deseo de tener un hijo no necesitaba una justificación individual; estaba intrínsecamente ligado a la forma en que se vivía la vida”.

Cambios tecnológicos y culturales: lógica utilitarista

Según explicó, los cambios tecnológicos y culturales alteraron ese marco. “Cuando la anticoncepción rompió el vínculo natural entre la unión sexual y los hijos, no solo amplió la libertad de elección individual, sino que reveló una lógica utilitarista que había estado latente desde siempre”, afirmó. 

“En cuanto las parejas tienen que planificar teniendo en cuenta a los hijos en lugar de planificar a pesar de ellos, un sistema poco claro de cálculo de costes se cuela en la decisión más íntima a la que puede enfrentarse una familia”.

“Rechazar la idea de que el dinero es lo primero y la familia lo segundo sería estimulante para los jóvenes que quizás nunca hayan escuchado otra cosa”, dijo.

El valor de los hijos es futuro, y en gran medida invisible

En ese sentido, añadió, “los hijos apenas aparecen en el balance, porque su valor es futuro y en gran medida invisible”. Catherine Pakaluk asegura que la indecisión sobre la paternidad es generalizada y no debe ignorarse. “Me tomo en serio esa indecisión; no se trata simplemente de egoísmo o confusión”, dijo. “Muchas personas desean sinceramente tener hijos y se encuentran con que no pueden lograrlo”.

Parálisis ante el compromiso

Señaló las presiones económicas, como el coste de la vivienda y la inestabilidad laboral, pero afirmó que no explican completamente la tendencia.

“Lo que observo en los datos —y en mis alumnos— es más bien una parálisis respecto al compromiso en sí”, afirmó. “Hemos desarrollado un ideal cultural de adultez en el que uno se autodefine constantemente, manteniendo las opciones abiertas y postergando la decisión final”. Los niños, añadió, desafían ese modelo. “Te transforman irreversiblemente. Hacen exigencias de las que no puedes escapar”.

Mary Eberstadt, ensayista, novelista y oradora habitual (Foto de OSV News/cortesía de Mary Eberstadt).

Eberstadt: llegar a edad mediana sin haber cuidado un niño

Mary Eberstadt, autora católica, entre otras obras, de ‘Primal Screams’, investigadora social, ensayista y novelista, también señaló factores culturales. “Estados Unidos solía ser mucho más pobre que hoy”, declaró a OSV News. “Así que hay algo más que influye en el alejamiento del matrimonio y la familia”. Identificó lo que describió como una pérdida de la experiencia vivida.

“Muchas mujeres jóvenes llegan a la mediana edad sin haber cuidado nunca a un niño, porque no tuvieron experiencia con hermanos ni cuidando niños en una época en la que cada vez nacían menos”, dijo. “Cuidar a un bebé no es aterrador para quien lleva años haciéndolo. Tener que hacerlo sin la ventaja de la experiencia aumenta enormemente la ansiedad ante la maternidad”.

Las políticas públicas por sí solas no revertirán la tendencia

Eberstadt también señaló el papel de la imitación social. “Una segunda causa es que el comportamiento humano, como bien describió René Girard, es mimético”, afirmó. “Un mundo en el que menos personas conocen a personas casadas, con hijos o que se comprometen a los veinte años, es un mundo en el que podemos esperar que se repitan las mismas tendencias”.

La pornografía afecta a las relaciones y las familias

Añadió que la pornografía es otro factor que afecta las relaciones y la formación de familias. “Esta fuerza es tan destructiva que parece improbable que se pueda remediar sin un despertar religioso, porque el mundo secular no solo no ofrece respuestas a la destrucción del romance que causa la pornografía, sino que ni siquiera la considera un problema”, afirmó.

Gudrun Kugler, miembro del Parlamento austriaco, es también vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSC). (Foto de OSV News/Cortesía de la Dirección del Parlamento).

Kugler: se necesita un amplio apoyo a la familia

En Europa, donde las tasas de natalidad se han mantenido por debajo del nivel de reemplazo desde la década de 1970, Gudrun Kugler, miembro del Parlamento austriaco y vicepresidenta de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, afirma que las políticas públicas por sí solas no han logrado revertir esta tendencia.

“Un amplio apoyo familiar —mediante desgravaciones fiscales, transferencias y prestaciones en especie— es justo y necesario”, declaró a OSV News. Advirtió que, en algunos casos, las políticas incluso pueden incentivar la demora, lo que puede convertirse en un obstáculo decisivo. En Europa, la edad media del primer parto ronda los 30 años.

“Las estadísticas sugieren que si alguien no ha tenido hijos a esa edad, la probabilidad de tenerlos alguna vez cae por debajo del 50 %”. Como resultado, dijo, “no solo tenemos muy pocos niños, sino que también tenemos muy pocas personas que tengan hijos”.

El declive demográfico: una generación se cría sin hermanos

“Actualmente, tener hijos conlleva relativamente poco prestigio social”, afirmó Kugler, madre de cuatro hijos. “El deseo de estatus es un rasgo humano fundamental, profundamente arraigado en nuestra naturaleza social”.

La política austríaca, defensora del papel de la familia, señaló también las consecuencias sociales más amplias del declive demográfico, haciéndose eco de la preocupación de Eberstadt de que toda la generación se haya criado sin hermanos, lo que tiene consecuencias sociales adicionales.

“Nos estamos acostumbrando a las calles vacías, las tiendas cerradas y la ausencia de las risas de los niños, a menudo sin darnos cuenta de estos cambios”, dijo Kugler. “En definitiva, esto plantea una cuestión más profunda sobre el propósito y el significado: ¿Para qué sirve todo esto? ¿Qué sentido tienen los grandes logros si no hay con quién compartir la alegría?”

“El riesgo no es solo demográfico”

Pakaluk, madre de ocho hijos, señaló las profundas consecuencias culturales de esta tendencia. “Cuando menos personas la experimentan con intensidad, algo afecta a la moral de la sociedad. Nos volvemos menos propensos a la generosidad que requiere una comunidad comprometida. El riesgo no es solo demográfico; en última instancia, es un riesgo para nuestra capacidad de solidaridad!, afirmó.

Las tres expertas, que son católicas, señalaron de diferentes maneras la necesidad de una reflexión cultural más amplia.

El significado de la libertad: los hijos, el compromiso supremo

Pakaluk afirmó que reconsiderar el significado de la libertad puede formar parte de ese proceso.

“La narrativa cultural dominante considera la libertad como la máxima preservación de la capacidad de elección”, afirmó. “Según esta perspectiva, todo compromiso implica un costo, y los hijos representan el compromiso supremo. Sin embargo, la tradición más antigua —filosófica y teológica— entendía la libertad como la capacidad de entregarse plenamente a lo que es verdaderamente bueno. Esa es una libertad que crece a través del compromiso, no a pesar de él”, declaró Pakaluk a OSV News.

“En la práctica, esto significa recuperar contextos donde el deseo de tener hijos pueda ser reconocido y respetado, donde ‘quiero formar una familia’ no se considere una falta de ambición ni un alejamiento del mundo. Significa comunidades de apoyo, no solo políticas”, añadió.

En la cultura occidental, los hijos son vistos como una carga, no como un regalo o una bendición

Kugler hizo hincapié en la importancia del reconocimiento y el significado. “Las personas deciden tener hijos cuando tienen una razón de peso para hacerlo, y el reconocimiento es un motivador más poderoso que un aumento marginal del apoyo estatal”. Añadió: “En la cultura occidental, los hijos son vistos como una carga, no como un regalo o una bendición. En lugar de ‘simplemente amarlos’, nos preocupamos demasiado por muchas cosas secundarias”.

Eberstadt, que también es madre de cuatro hijos, destacó el papel de las comunidades religiosas a la hora de responder a las tendencias actuales.

Las parroquias pueden ayudar en la formación familiar

“La Iglesia, y especialmente las parroquias, pueden ayudar en la formación familiar a nivel comunitario”, dijo, sugiriendo apoyo práctico como el envío de comidas y la cooperación entre familias para el cuidado de los niños.

Pakaluk añadió: “Muchas personas que retrasaron o renunciaron a la paternidad no obtuvieron la libertad que esperaban; sufrieron otro tipo de pérdida”, dijo. “Esa conversación sincera, ni moralista ni sentimental, puede ser el punto de partida de la renovación”.

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– Katarzyna Szalajko escribe para OSV News desde Varsovia, Polonia.

El autorOSV / Omnes

Tengan amigos

Ojalá mis hijos lo entiendan temprano: la vida se vuelve infinitamente más pesada cuando se camina solo, y sorprendentemente más liviana cuando alguien toma tu brazo.

3 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Recientemente leí una noticia que me removió: los adultos sin ningún amigo se han multiplicado por cuatro y, en países como Alemania o Francia, cerca del 40% de los hogares ya son unipersonales.

Entonces pensé que a mis hijos quiero dejarles pocas, pero potentes enseñanzas que los marquen. Una de ellas es simple: tengan amigos. No importa tanto la cantidad —aunque tal vez sí, ojalá al menos cinco—, pero ríanse mucho con ellos.

Mis amigas me han ahorrado horas de terapia. Me han dicho verdades que algunos buscan en el tarot (sé que con esto varios se ofenderán o me explicarán que nada tiene que ver, pero es lo que pienso). Han resuelto mis dudas —no siempre rápido—, pero muchas veces mejor que cualquier algoritmo. Y, sobre todo, me han regalado algo que ninguna red social puede reemplazar: historias únicas y compartidas.

Pienso en lo que me hace feliz: una buena copa de vino, comentar el show del Súper Bowl, tomar sol en silencio, compartir datos de ropa en SHEIN, recibir un consejo cuando estoy atribulada, volver a mi infancia y recordar —entre carcajadas— esa fiesta en la que nadie me sacó a bailar. En mi caso, ni la mejor inteligencia artificial (y mira que me encanta) podría igualar la experiencia de vivir todo eso con una buena amiga. Porque ningún prompt podrá superar una conversación cara a cara con una de ellas.

No siempre están conectadas ni disponibles. Y está bien. Los afectos reales son así: incondicionales, pero con límites; acogedores, pero no complacientes. A diferencia de cualquier asistente digital, una amiga puede decirte con honestidad: “No sé la respuesta, pero estoy aquí para que la encontremos juntas”.

No podría estar más de acuerdo con Helen Keller cuando dijo: “Prefiero caminar con un amigo en la oscuridad que sola en la luz.”

Ojalá mis hijos lo entiendan temprano: la vida se vuelve infinitamente más pesada cuando se camina solo, y sorprendentemente más liviana cuando alguien toma tu brazo. Por eso, más que éxito o certezas, lo único que realmente espero para ellos es que nunca les falte una mesa compartida, una risa a destiempo y un amigo al que llamar hogar.

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Familia

El testimonio de Coi y Juan Pablo, padres de una santa de 12 días

Juan Pablo y María Jesús pueden decir con orgullo, y con seguridad, que son padres de una santa. Su hija Carolina se fue al Cielo con tan solo 12 días, suficientes para que su vida estuviera llena de amor y felicidad.

Paloma López Campos·3 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

María Jesús (conocida como Coi) y Juan Pablo viven en Galicia. Están en la treintena y sonríen felices mientras sostienen a su hija mayor, Alejandra. Es precisamente a ella a quien preguntan por la menor de la familia: “¿Dónde está tu hermana Carolina?”. “En el Cielo”, responde la niña con seguridad.

Y razón no le falta. El 23 de septiembre, 12 días después de su nacimiento, Carolina falleció por complicaciones derivadas del síndrome de Edwards. Sus padres la acompañaron en todo momento y ellos estaban sostenidos por su familia y por los equipos de la Clínica de la Universidad de Navarra en Madrid y la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Infantil Niño Jesús.

¿Cómo os enterasteis del diagnóstico de Carolina?

[María Jesús]: En la ecografía de la semana 12 vieron cosas que no estaban bien. En el cribado había salido ya un riesgo medio o bajo, pero la ecografía mostró rasgos indicadores de una trisomía: el pliegue nucal, líquido por el cuerpo, ausencia del hueso nasal… Son rasgos que no necesariamente se quedan, pero al verlos te indican que hay algo ahí.

En ese momento nos dijeron que algo no andaba bien y nos insistieron mucho en hacer la amniocentesis (Nota del redactor: se trata de una prueba invasiva a través de la cual toman una muestra del líquido amniótico con una aguja para detectar anomalías en el bebé. Existe riesgo de dañar al bebé, de sangrado, infección y ruptura temprana de membranas).

A mí esta prueba no me sonaba bien y cuando les pregunté si con la prueba se podría cambiar algo, me dijeron que no. Tan solo querían hacerla para saber con más certeza el diagnóstico. Insistí en que no quería hacer la amniocentesis y al día siguiente me hablaron de un análisis de sangre que con un 99 % de fiabilidad examina el diagnóstico.

Accedí a esa prueba y una semana después nos mandaron los resultados por correo electrónico. La verdad es que no nos esperábamos para nada lo que vimos. Mientras esperábamos, hicimos vida normal, confiábamos en Dios, rezamos y tomamos la decisión de no investigar nada.

En nuestro corazón sospechábamos que era síndrome de Down, pero nos tomamos muy bien el diagnóstico. Mi hermana había venido a acompañarnos y los resultados llegaron justo cuando Juan Pablo volvía a casa después del trabajo. Abrimos el correo entre risas y lloros y desde ese momento consideramos a Carolina como un regalo de Dios, más querida aún.

[Juan Pablo]: Más querida, esa es la clave. El diagnóstico no cambió el amor que como padres sentimos por Carolina.

¿Os explicaron bien desde el principio lo que implica el síndrome de Edwards?

–  [María Jesús]: Al recibir los resultados llamé a mi mejor amiga, que es ginecóloga. Cuando se los mandé se puso a llorar y nosotros intuíamos que el diagnóstico era malo, pues de las tres trisomías el síndrome de Edwards es la que tiene peor pronóstico.

Mi amiga me explicó las cosas, pero luego la ginecóloga del hospital me contó la situación de una forma muy dura. Resaltó que la mayoría de bebés con este síndrome mueren en la tripa, y si llegan a nacer fallecen casi todos a lo largo del primer mes.

Nos dolían las palabras de los médicos, pero teníamos una paz que no era humana, sino que venía totalmente de Dios.

¿Cómo fue el acompañamiento por parte del equipo médico?

[Juan Pablo]: Al acudir a la consulta después del diagnóstico lo primero que nos preguntaron fue si queríamos continuar con el embarazo. Nos sorprendió porque no es que nosotros no queramos nada, es que es el proceso de la vida.

–  [María Jesús]: Es una pena porque nos comentaron las cifras de los abortos en niños diagnosticados con este síndrome y son la mayoría. La impresión que nos dio es que no querían a Carolina, que estaban esperando a que se muriese. Cualquier duda que planteábamos obtenía como respuesta que era un signo de que se iba a morir.

[Juan Pablo]: Nos sorprendió porque los médicos están para sanar, no para atajar un problema.

–  [María Jesús]: Había una falta de querer cuidar. Pero enseguida entramos en contacto con una mujer que el año anterior había tenido a una niña con síndrome de Edwards, y ella nos habló del programa de la Clínica Universidad de Navarra “CUN te acompaña”. Es un programa increíble que lleva un equipo gigantesco que te acompaña. Desde la semana 20 de embarazo estuvimos con ellos.

Cada ecografía con ellos duraba una hora aproximadamente, se notaba que querían a nuestra hija y que investigaban todo lo que hiciera falta para ayudarnos. A partir del mes de agosto nos trasladamos a Madrid para hacer el seguimiento de la última etapa del embarazo.

[Juan Pablo]: Allí notamos el cariño y la calidad humana.

¿Hay algún santo al que acudisteis pidiendo su intercesión?

–  [María Jesús]: Al principio no. Se lo pedimos a mi padre, que falleció; a san José… Pero el santo que sabemos que ha intercedido por Carolina, sin duda alguna, es el Padre Pío. Ella se fue al Cielo el mismo día que Pío de Pietrelcina, y a una hora muy parecida.

Estaba previsto además que Carolina naciera el día de su fiesta, el 23 de septiembre. Y al final lo que sucedió es que nació al Cielo el mismo día que él.

¿Teníais la confianza de que ocurriera el milagro?

[Juan Pablo]: Esa confianza nunca la pierdes.

–  [María Jesús]: Tuvimos esperanza en todo momento, de hecho, nunca creíamos que iba a morir. Precisamente por eso creo que la vida de Carolina fue tan alegre y bonita.

El día que Carolina murió, a pesar de que estaba muy malita, yo le dije genuinamente a Juan Pablo que pensaba que se estaba curando. Y no lo dije como una tonta, sino porque confiaba en que iba a estar bien.

[Juan Pablo]: De hecho, cuando Carolina nació, e incluso durante las ecografías en la CUN, como nos decían que había cosas que estaban bien, nosotros pensábamos que era porque la situación estaba mejorando. Luego ya nos explicaron que, dentro de lo que estaba mal, había cosas que iban bien.

Por otro lado, como pensábamos que podía fallecer rápido, teníamos todo preparado y hablado con la CUN para bautizar a Carolina nada más nacer. Pero cuando nació, nos dijeron que no había prisa por bautizarla porque estaba bien. Y, efectivamente, la mirábamos y todo nos hacía pensar que estaba perfecta.

¿Cómo fue entonces el momento del bautizo?

–  [María Jesús]: Vino toda la familia, entre ellos mi primo Jaime que es sacerdote. Nos sacaron del quirófano al paritorio y allí tuvo lugar el bautizo. Fue un regalo porque no faltó nada: estaban los óleos, las vestiduras blancas, las lecturas… Fue precioso.

Otra gran protagonista de la historia es vuestra hija Alejandra. ¿Cómo le explicasteis lo que estaba pasando?

–  [María Jesús]: Es muy pequeña y, cuando nació Carolina, Alejandra tenía un año y dos meses. Sin embargo, era muy consciente, no entendía que Carolina estaba malita, pero sí que es su hermana. Estuvo en el bautizo, gritando emocionada.

Después le explicamos que su hermanita se ha ido al Cielo, con mucha naturalidad. Y ahora solo habla de ella. Es verdad que en la casa tenemos muchas fotos de Carolina, porque quisimos asegurarnos de que teníamos ese recuerdo de ella.

No nos planteamos explicárselo de una forma específica, sino que lo hicimos con mucha naturalidad. Además, tenemos la certeza de que está en el Cielo, así que lo decimos con mucha seguridad.

De hecho, cuando Carolina se fue al Cielo mi primo Jaime todo el tiempo nos decía que somos padres de una santa, y es la verdad, es un orgullo.

¿Cómo fue el momento del parto?

Carolina al nacer.

–  [María Jesús]: Fue imprevisto. Fuimos a una ecografía en la semana 36 y nos dijeron que, por diversas razones, era mejor que naciera ya. Así que hicieron una cesárea de emergencia. Ocurrió rápido y no llevábamos con nosotros nada de lo que habíamos preparado, pero fue una suerte porque así no tuvimos que elegir nosotros la fecha de su nacimiento, que era una de las posibilidades y se nos hacía muy difícil, al no saber qué iba a ocurrir después.

La realidad es que el nacimiento fue impresionante, porque en la CUN nos trataron con mucho cariño y gran profesionalidad.

¿Cuál es entonces la relación con el Hospital Infantil Niño Jesús?

–  [María Jesús]: Nos puso en contacto con ellos la CUN, precisamente. Vinieron a conocernos y luego nos llevaron a nuestra casa todo lo que necesitábamos para cuidar de Carolina allí.

[Juan Pablo]: Es una atención de 24 horas, entonces te sientes cuidado tú también.

–  [María Jesús]: Efectivamente, venían el médico, la psicóloga, una enfermera, un trabajador social. Y por supuesto cuidaron genial de Carolina.

Juan Pablo afirmó que “si incompatible con la vida significa que se va a morir, todo ser humano lo es, porque todos nos vamos a morir”. ¿Podéis profundizar en esto?

–  [María Jesús]: Era una situación difícil, porque incluso gente cristiana y personas muy buenas nos decían que era una pena que Carolina tuviera una condición no compatible con la vida. Es casi como si nos dijeran que los 12 días que estuvo aquí no fueron vida. Pero la vida, aunque dure menos de un minuto, es vida.

[Juan Pablo]: La vida de Carolina fueron 12 días llenos de un amor increíble. Tal vez hubo pena, pero eran pensamientos intrusivos que llegaban en un momento y los apartabas de inmediato. Disfrutamos mucho del momento de tenerla, es nuestra hija y la vamos a querer siempre.

Hay gente que prefiere ahorrarse el dolor por el que habéis pasado vosotros, ¿cómo explicáis vuestra decisión?

[Juan Pablo]: Es que no hay mejor alternativa que seguir adelante. No es lo mismo morir en brazos de tu madre, que a manos de tu madre.

–  [María Jesús]: Merece la pena. Nosotros no tenemos ningún mérito, todo ha sido cosa de Dios y de Carolina. Y nos ha enseñado que cada minuto es un regalo, nos ha dado una felicidad que no sé si yo volveré a encontrar en esta vida.

Todo esto no quiere decir que no haya dolor, porque estamos sufriendo mucho, la echamos de menos de una forma indescriptible. Es un dolor muy grande que viene acompañado de mucha paz. Sufrimiento y felicidad no son incompatibles.

Por último, yo personalmente recomiendo a cualquier madre o familia que esté pasando por una situación así que hagan muchas fotos de sus hijos. Parece una tontería, pero eso luego te calma el corazón.

María Jesús y Juan Pablo con sus hijas.
Cultura

Meteora: los monasterios suspendidos entre el cielo y la tierra

En 1988, la UNESCO inscribió los monasterios de Meteora en la Lista del Patrimonio Mundial. La motivación oficial habla de una “extraordinaria armonía entre la obra humana y el paisaje natural”. Efectivamente, aquí uno se siente realmente en armonía con todo: la tenacidad del ser humano, su fe y la obstinación por construir donde no sería posible.

Gerardo Ferrara·3 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

He escrito este artículo, tras haber dedicado otro al Monte Athos, impulsado por una repentina nostalgia de Grecia y, en general, del Mediterráneo oriental, precisamente ahora que resulta más difícil viajar debido a las dramáticas circunstancias internacionales. Creo que es necesario hablar de lo que yo denomino los vértices de un triángulo espiritual ideal greco-ortodoxo: un extremo en el Monte Athos, otro en Constantinopla, al que dedicaré el próximo artículo, y otro, precisamente, en Meteora.

Empezaré por un detalle divertido, y ya irrepetible: un billete de avión de Roma a Salónica, hace unos años, por cincuenta euros ida y vuelta. Una oportunidad que no podía dejar pasar. Reservé, partí y, en el aeropuerto de Salónica, alquilé un pequeño coche azul oscuro con el que, en una cálida y soleada tarde de junio, recorrí la autopista hacia Kalambaka.

En un momento dado, a la derecha, aparece el macizo del Monte Olimpo, cubierto por un dosel de nubes grises y amenazantes, mientras que el resto del cielo es de un azul cristalino. Quién sabe, quizá los antiguos dioses estaban celosos de que no me detuviera ante ellos, y siguiera en cambio hasta un lugar donde la naturaleza es igualmente bella y divina, pero de una divinidad diferente, discreta: una divinidad en la que unos monjes, nuevos héroes ya no mitológicos sino reales, han realizado verdaderamente doce trabajos para arrancar de la roca, o construir sobre ella, joyas arquitectónicas para adorar a un Dios que no ama tanto las intrigas, los orgías, la corrupción y los caprichos tan del agrado de los dioses del mundo antiguo, los cuales no eran más que una proyección de vicios y virtudes típicamente humanos.

En el corazón de Grecia

Las Meteoras se encuentran en Tesalia, la tierra natal de Aquiles, en el centro de Grecia, cerca de Kalambaka.

Una vez allí, me instalo en el hotel, dejo la maleta y decido salir enseguida para ver la puesta de sol entre los pináculos sobre los que se alzan los seis monasterios, visibles ya desde la ventana: las rocas dominan el pueblo desde todos los rincones. Hay una luz maravillosa, etérea, con el sol tiñendo de ocre los pináculos de arenisca. Los monasterios se alzan aún más arriba, a contraluz, como si fueran “meteoras”, que en griego significa “suspendidos en el aire”.

Tras la puesta de sol entre las rocas, bajo al pueblo y entro en un pequeño restaurante al azar, con manteles de papel y el menú escrito a mano. Puede que haya venido a visitar monasterios, ¡pero nadie me va a quitar el placer de comer una “moussaka” (que resultará ser la mejor que he probado nunca)! 

La historia de las Meteoras

La historia de Meteora está estrechamente ligada a la del Monte Athos. De hecho, en 1344, unos monjes, guiados por Atanasio Koinovitis, llegaron a Tesalia y se instalaron en una plataforma rocosa a 613 metros de altitud, la “Roca Grande” (“Platys Lithos”), para fundar el primer monasterio propiamente dicho de la zona: la Gran Meteora (Megalometeoro), o Monasterio de la Transfiguración.

¿Por qué elegir este lugar? Porque estas rocas garantizan aislamiento e inexpugnabilidad frente a las invasiones que se sucedieron en Tesalia, desde los godos hasta los otomanos.

En el siglo XVI, Meteora estaba en su apogeo: veinticuatro monasterios encaramados en otras tantas cimas. Hoy solo quedan seis.

El complejo paisaje de los monasterios de Meteora

¿Cómo se construye un “meteoro”?

Después de desayunar en el hotel, y jadeando bajo el calor de esa mañana de junio mientras subo los escalones tallados en la roca, llego al primer monasterio, Megalometeoro, y me pregunto qué me habrá llevado a mí a subir hasta aquí y a los monjes a construir algo en estas rocas, ¡y además utilizando solo cuerdas, redes y escaleras de madera!

Escalinata que sube a uno de los monasterios de Meteora

Y pensar que las escaleras talladas en la roca (140 peldaños para el Megalometeoro, 150 para el Monasterio de la Santísima Trinidad) no se añadieron hasta el siglo XX. Antes de eso, para acceder a los monasterios había que confiar en alguien que tirara de las cuerdas, en la resistencia de los nudos y en la solidez de la cesta en la que te envolvían mientras te balanceabas en el vacío.

Hoy en día ya no es así, pero el laberinto de escalones entre la arena blanca no facilita precisamente la subida. Por otra parte, forma parte del recorrido: de vez en cuando, una grieta en la roca deja entrever el encantador paisaje y las montañas, y casi parece que no hay una imponente construcción justo encima de la cabeza.

Los seis monasterios en activo

Los seis monasterios que quedan siguen albergando comunidades activas, con monjes y monjas que siguen la regla ortodoxa de oración, trabajo y silencio.

El más antiguo y el más grande es precisamente el Gran Meteoro (Megalometeoro), el monasterio matriz de todo el complejo. Su iglesia principal, el “katholikòn”, alberga unos frescos extraordinarios, con escenas de las persecuciones de los cristianos y mártires que dirigen hacia el visitante sus ojos dorados y severos.

Monasterio del Gran Meteoro

Luego está Varlaam, en lo alto de una aguja rocosa a 373 metros de altura, fundado hacia 1350 por el ermitaño Varlaam y reconstruido en el siglo XVI. Aquí se puede admirar la red original con la que se izaba a los monjes hasta la roca. Al observarla, uno se pregunta no solo cómo es que las cuerdas no se rompían, sino sobre todo cómo aguantaba la emoción el corazón de los desafortunados a los que subían por ella. Aquí me cuentan que, cuando alguien preguntaba cada cuánto se cambiaban las cuerdas, la respuesta era siempre la misma: “cuando se rompen”. En definitiva, ¡era realmente una cuestión de fe!

El monasterio de la Santísima Trinidad (“Agia Triada”), fundado en 1458, es al que más cuesta llegar: hay que bajar por la roca, a través de un estrecho pasadizo, y desde allí subir 150 escalones. Hace calor y parece que nunca se llega. Me cruzo con algunos turistas que, al bajar, alaban las maravillas de las vistas desde arriba. Y, de hecho, tienen razón: desde arriba, la llanura se abre en todas direcciones y el silencio invita a recogerse y a contemplar literalmente el mundo desde las alturas, con todos sus colores, los matices de verde, el cielo, las rocas, pero sin ruidos: solo la suave brisa que sopla aquí arriba, el canto de los pájaros y el salmodiar de los monjes.

Patio del monasterio de la Santísima Trinidad

San Nicolás Anapafsas es, por su parte, el monasterio más cercano al pueblo de Kastraki. En él se conservan en perfecto estado los frescos de Theophanes Strelizas, pintor cretense del siglo XVI. Las figuras pintadas en ellos parecen casi dar la bienvenida a los peregrinos y viajeros cansados por el viaje.

Entre las Meteoras también hay dos monasterios de monjas.

Monasterio de Rousanou

El primero, Rousanou, fundado en los siglos XIV-XV, tiene un nombre que parece un suspiro. Quizá porque suspiré de alivio al ver que se llegaba bajando. Claro que, si se baja, luego hay que volver a subir, pero merece la pena. De hecho, se llega a un jardín fresco y resguardado, con una fuente en el centro y un ciprés que da sombra, protegido por la roca y repleto de flores rojas por todas partes. Y se nota enseguida que hay una mano femenina que embellece el conjunto. Las monjas, vestidas con sus hábitos negros, pasan casi flotando, en silencio.

El segundo, Santo Stefano, es aún más fácil de alcanzar: un puente de piedra lo une a la carretera donde he aparcado. Leo en la guía que aquí se detuvo en 1333 el emperador bizantino Andrónico III Paleólogo y dejó valiosos obsequios: iconos y ornamentos litúrgicos de un valor incalculable. También en Santo Stefano tengo la misma impresión que tuve en el Athos: cada monasterio tiene un carácter, un alma que lo hace único, diferente de los demás. Puede ser por la facilidad con la que se llega a él, el número de monjes o monjas que lo habitan, el paisaje, las dimensiones. En Santo Stefano, la escalinata blanca, abierta, con una barandilla de hierro forjado y cipreses a los lados, las banderas griega y eclesiástica que ondean al viento de junio le dan un aire menos austero que a los demás. Pero quizá sea porque aquí concluyo mis seis esfuerzos por llegar a cada uno de ellos.

Un mundo cercano y lejano

En 1988, la UNESCO inscribió los monasterios de Meteora en la Lista del Patrimonio Mundial, con el doble y poco común reconocimiento de bien tanto natural como cultural. La motivación oficial habla de una “extraordinaria armonía entre la obra humana y el paisaje natural”. Y, efectivamente, aquí uno se siente realmente en armonía con todo: la tenacidad del ser humano, su fe y la obstinación por construir donde no sería posible se unen a la tenacidad, mucho más paciente (60 millones de años), de la naturaleza, que ha esculpido y modelado estas rocas con la fuerza del viento y los terremotos.

Y hablando de armonía entre naturaleza y cultura, también la segunda noche vuelvo al pequeño restaurante de la “moussaka”, para reponer fuerzas después de haber alimentado el espíritu. Una agradable brisa me acaricia el rostro, las rocas se tiñen de morado oscuro al atardecer y las luces artificiales comienzan a iluminar los monasterios allá arriba, suspendidos en la oscuridad que se extiende. “¡Y veo que es algo bueno!”: un poco de pan fresco sobre la mesa, la moussaka, las agujas iluminadas sobre mi cabeza y me siento en el paraíso y, como se dice en Italia, “¡con todo lo bueno de Dios!”.

Monasterios de Varlaam y del Gran Meteoro
Recursos

La «Investigación sobre el entendimiento humano», de David Hume

Continuamos la serie de artículos sobre la obra principal de los principales filósofos modernos y contemporáneos, tras la exposiciones de Descartes y Locke.

Redacción Omnes·2 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Una versión más extensa de este artículo puede verse aquí.


Nacido en Edimburgo, en 1711, educación en Escocia, completada en Francia (Reims y La Flèche) entre 1735 y 1737, año en que acaba su Tratado de la naturaleza humana. Muy criticado, sigue en 1748 como versión madura su Investigación sobre el Entendimiento Humano, y en 1749 sus Discursos políticos y sus Investigaciones sobre los principios de la moral. Historiador en Edimburgo, ilustrado en París desde1763, hombre de estado en Londres desde 1766, retirado desde 1769, muere en Edimburgo en 1776.

Investigación sobre el Entendimiento Humano

a) Exposición: El gran naufragio

Hundido el ser

Locke había hecho partir de las ideas -literalmente “lo visto” o “lo percibido”- su filosofía, pero Hume, negando las sustancias como George Berkeley, será más radical y partirá de las impresiones mismas.  Distingue éstas de las ideas, pues no es lo mismo la impresión del fuego –la que quema en la mano- que la idea o recuerdo que de él tenemos. La impresión es real, y la idea es el recuerdo que deja, con la confianza de que volverá a darse la impresión. Si te estoy viendo, tengo una impresión real, pero si cierro los ojos ya no la tengo, y solo me queda la idea que formé de ella. La creencia de tu existencia independiente de mí, es solo la confianza, basada solo en la costumbre, de que al volver a abrir los ojos volverá a aparecer la impresión. Solo son reales pues las impresiones, y nada queda ya de la sustancia, del ser que subyace a ellas.

Hundida la causalidad

Otras ideas hay que generamos a partir de estos recuerdos de las impresiones, por “asociación de ideas”, ya sea por semejanza -una idea nos recuerda a otra parecida-  o por contigüidad, como la idea de un apartamento nos sugiere la idea del “apartamento contiguo”, o por causalidad, especie de contigüidad temporal.  La causalidad es también una creencia sin más base que la costumbre: el acostumbramiento a que, a lo llamado causa, siga lo llamado efecto: Estamos acostumbrados a que, después de ingerir el alimento, resurjan nuestras fuerzas. Decimos entonces que lo uno es causa de lo otro, significando con ello que hay un nexo necesario entre ambos, aunque nadie lo ha visto jamás ni jamás demostrado tal necesidad, y no tiene, pues, justificación racional:

“¿Quién afirmará que puede dar la razón última de que la leche o el pan sean alimentos adecuados para el hombre, y no para un león o un tigre? … Nuestros sentidos nos informan del color, del peso y la consistencia del pan; pero ni los sentidos ni la razón nos pueden nunca informar de aquellas cualidades que lo hacen adecuado para la nutrición y el sustento de un cuerpo humano”

De hecho, añade, la causalidad -nexo necesario del que no tenemos impresión ni justificación alguna- es la principal fuente de ideas quiméricas, y pone el ejemplo de nuestra idea de un autor -aunque no lo hayamos visto nunca- siempre que vemos una carta escrita, acostumbrados a que primero alguien escriba y luego esté la carta escrita.

Esto muestra lo quimérico de la idea de Dios como autor mío y del mundo, pero también lo quimérico de la idea del yo como causa de mis acciones, e incluso lo quimérico de la idea del mundo como algo con existencia independiente de mí, y causa de las impresiones que se dan de mí. De nuevo, del indudable efecto, la quimérica causa. Dios, mundo, yo -los grandes temas de la filosofía-, hundidos.

Hundida la moral

Esto deja sin justificación racional a la moral, lo que ilustra  así: veo que una piedra golpea a otra y pienso que el movimiento de la una es causa del movimiento de la otra sin libertad; pero yo decido asesinar a mi rival y le clavo un cuchillo, siendo yo la causa del efecto que es la cuchillada, pero esta vez causa libre. No he tenido impresión ni de una causalidad ni de la otra, pero he inventado la causalidad libre para lo mismo de siempre: “encontrar un culpable”. Se entiende pues que su discurso moral (cierto utilitarismo basado en el sentimiento) haya servido de inspiración a los pragmatistas.

Sin embargo, no por esto se alinea Hume con el radical escepticismo pirrónico, puesto que el escéptico gana en la academia -por su coherencia- pero pierde cuando sale a la vida, al evitar una hoguera o un precipicio para que no le “cause” quemaduras o la muerte. Opta por un “escepticismo moderado” que reconoce la “existencia” del fuego y del precipicio, y su indeseable “causalidad”, pero no como verdadero conocimiento sino como creencia fiduciaria sin más base que el acostumbramiento. 

Hundida la ciencia

Así, en particular, es partidario de que se siga haciendo ciencia experimental, pero sin engañarnos acerca de su validez como conocimiento. Por una parte, están las ciencias en que se demuestran relaciones necesarias entre ideas -la aritmética y la geometría-, conocimiento al que otorga validez; y por otra, están las ciencias en que se registran fenómenos y se explican por otros fenómenos como sus causas -causalidad sin fundamento racional-  y desde experiencias particulares se llega a leyes universales, la llamada “inducción” Ésta no tiene justificación racional, pues sólo consiste en la confianza en que las cosas sucederán en el futuro como hasta ahora. 

Hundida la filosofía

Y en cuanto a los pretendidos saberes sobre ideas -“lo visto”- que nadie ha visto, tales como las sustancias o la causalidad, o la idea de alma, o de Dios, “cuando tengamos la sospecha de que un término filosófico se emplea sin ningún significado o idea (como sucede incluso demasiado frecuentemente) no necesitamos sino inquirir: ¿de qué impresión se deriva esta supuesta idea? Y si es imposible asignarle alguna, esto servirá para confirmar nuestra sospecha” Lo que Hume piensa de un saber acerca de este tipo de ideas, en particular de la metafísica, queda bien recogido en las palabras finales de su obra:  

“Cuando recorremos las bibliotecas, persuadidos de estos principios, ¡qué estragos no haremos! Si tomamos en nuestras manos un volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de experiencia? No. Arrójese entonces a las llamas, pues nada puede contener sino sofistería y engaño”  

b) Crítica: ¿Quién se atreve?

Nadie. A todos convenció David Hume. Immanuel Kant crea su filosofía transcendental para salvar de este naufragio las ideas de sustancia y de causalidad – y demás que hacen posible el conocimiento- pero como meros aprioris que solo se dan en nuestra facultad de conocer. 

La incoherencia que supone añadir a estos aprioris una realidad exterior como  “causando” el conocimiento sensible con que se inicia el conocimiento (cuando de la causalidad se ha dicho que es un mero apriori), la resolvió Schopenhauer al entender el mundo -la realidad exterior-  como mera representación, siendo la voluntad lo que en ella se representa. Pondrá, pues, la voluntad en el lugar del ser, y un Nietzsche le seguirá a quien bastará la voluntad y todo lo demás sobrará: la voluntad de poder, algo que ya suena a siglo XX.

Pero más radical es el modo en que Hegel aborda la incoherencia de Kant: Eliminará, con Fichte, la realidad exterior de un manotazo, y se quedará con sólo la idea. Y del “todo idea” al “todo materia” del materialismo dialéctico de Karl Marx solo hay un cambio de nomenclatura, como él mismo dice en su Miseria de la Filosofía. Marx, Nietzsche, las filosofías que serán historia política en el siglo XX ¡y qué historia! El resto ya lo conocemos.

La otra gran obra de Hume es la invalidación de la inducción como carente de justificación racional. Llegó afortunadamente cuando la ciencia ya estaba en marcha, pues hubiera sido paralizante en el nacimiento de la mecánica en el siglo anterior, siglo en que Francis Bacon había propuesto su animante proyecto inductivo. Pierre Duhem se ve entre los científicos filósofos del siglo XIX al XX -cita a Ernst Mach y a Henri Poincaré- que no son capaces de aportar justificación racional a la base inductiva de la ciencia, pero se maravillan de que a pesar de ello la ciencia funcione. De Karl Popper no esperemos más: rechazará el principio de inducción por no ser falsable, en lo que rechaza un principio filosófico – pues es filosofía de la ciencia-  con un criterio diseñado para caracterizar qué proposiciones sean científicas.

Thomas Kuhn se limitará a llamar a la inducción “tema espinoso”, y así esquivarla. Más reciente, Evandro Agazzi  le dedica  en su obra principal Temas y problemas de filosofía de la física tan solo dos líneas, justo para recomendar a un filósofo de la ciencia, Carl Hempel, que es anti-induccionista. Y, más cercano, Mariano Artigas sí que otorga valor a la inducción, pero nunca en su obra aporta una justificación racional de la misma. ¿Qué responderemos, pues, nosotros?

Sinrazón de su ataque a la causa

Mucho ha deconstruido Hume. A su principal destrucción, la causalidad, responderemos que ni uno de los argumentos aportados en su contra -todos ellos variantes del citado- se sostienen hoy día, tras el impresionante avance de la ciencia gracias a que los científicos han seguido preguntándose “por qué” ante cada nuevo fenómeno, a pesar de esta paralizante filosofía.

¿Es cierto que nunca se encontrará una relación necesaria entre el comer pan y el resurgir nuestras fuerzas? Conocemos ahora, una a una, las reacciones químicas de la metabolización del almidón del pan hasta producir anhídrido carbónico y agua, con liberación de energía, y las reacciones químicas que convierten a ésta en energía motriz para los músculos. Entendemos perfectamente estas reacciones químicas como consecuencia de la física de los átomos implicados, y, a su vez, reducimos esta física a pura matemática, el único conocimiento que Hume salva como perfectamente válido. Su ataque a la causalidad lo había lanzado cuando aún era creíble, pero, ahora que ya no lo es, su filosofía ya ha dejado sus consecuencias.

Lo cierto es que la causalidad está ya sentenciada a muerte desde el momento en que se han eliminado las substancias, algo que sub-esté a esas impresiones de color,  olor y sabor del pan, y de lo cual sean éstos meras cualidades. Porque ¿pueden las mismas impresiones de color, olor, sabor, alimentar y dar fuerzas? Pero si hay “algo” que tiene ese color, olor y sabor como cualidades suyas que percibimos, quizá tenga otras que aún no vemos pero quizá veamos mañana con el avance de la ciencia. Tal ha sido el número atómico de los elementos que lo integran, el cual da razón de las propiedades químicas por las que el pan alimenta y da fuerzas. 

¿Y por qué se desembarazó de las sustancias para quedarse con las meras impresiones? Se limitó a seguir la recomendación de Locke -muy importante en su formación, al igual que George Berkeley- quien veía las sustancias como superfluas en filosofía, ya que no tenemos de ellas ideas claras y distintas, como las formadas de nuestras impresiones (argumenté en artículo anterior que es ésta exigencia propia de las ideas de la ciencias, ya que las construimos con nuestras definiciones; exigencia propia del método científico, que es depauperante para el pensamiento filosófico. Error, pues, de método, precisamente desde René Descartes).

En realidad, ni siquiera habría que haber respondido a Hume, pues aunque dice que solo hay impresiones, en cada línea habla varias veces de seres que subyacen a ellas, lo que en filosofía llamamos substancias. Como dice Aristóteles, el escéptico que niega la posibilidad de conocer -el moderno incluso niega el ser- no nos molesta, pues, si habla, él mismo se autorefuta; y, si no habla, tampoco nos molesta, pues es como una planta. 

Racionalidad de la inducción

En cuanto a la inducción, sí que podemos argumentar que es racional, es decir, que al inducir hacemos lo que hace siempre la razón. ¿Y qué es lo que hace? Busca siempre unidad entre hechos aparentemente inconexos, sin relación entre sí, hasta el punto de que Kant pondrá este presupuesto de unidad en el mundo como una de las ideas puras de la razón, condición de posibilidad y estímulo de nuestro razonar. La razón busca siempre la explicación más sencilla, aquella que por sí misma explica y da racionalidad a muchos hechos que parecían inconexos e inexplicables, como en los casos de Hercule Poirot. 

Pues bien, al inducir una ley universal, como la dilatación de los metales con el calor, es esto lo que hacemos: encontramos una unidad, o regularidad, o identidad entre muchos hechos experimentales que sin tal ley quedarían inconexos. Su enunciado es una afirmación y una predicción: afirmamos que así ha sucedido igual en todas las experiencias pasadas, lo cual puede ser verdadero (y de ello podemos tener certeza) o falso; y predecimos que así sucederá en adelante, predicción que puede cumplirse (de lo que no tenemos absoluta certeza) o no cumplirse , pero la hacemos con una base racional: la explicación más sencilla de que así haya ocurrido siempre, y siempre con el mismo coeficiente de dilatación, es que no se ha dado tal coincidencia por un cúmulo de casualidad -explicación la más enrevesada, increíble e irracional- sino porque necesariamente tenía que ocurrir así (aunque hayamos tardado dos siglos en encontrar la razón  de tal necesidad), y por tanto así mismo sucederá en las experiencias futuras.

Y en cuanto a la boutade final, apliquemos al escéptico, según la recomendación de Aristóteles, su propia receta. Tomemos en la mano la famosa Investigación sobre el entendimiento humano de David Hume, y preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No, no se ve en sus páginas ningún número ni fórmula. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de experiencia? No, no hay en sus páginas registro alguno de coeficientes de dilatación, ni anotación de experimento alguno. ¡Arrójese, pues, entonces a las llamas, ya que nada puede contener sino sofistería y engaño! 

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Recursos

La «Investigación sobre el entendimiento humano», de David Hume

Continuamos la serie de artículos sobre la obra principal de los principales autores modernos y contemporáneos, tras la exposiciones de Descartes y Locke.

Ignacio Sols·2 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 36 minutos

Una versión más resumida de este artículo puede verse aquí.


a) Exposición

En su Investigación sobre el Entendimiento Humano, David Hume radicaliza el planteamiento empirista de John Locke. Recordemos que Descartes había partido del “Cogito”, de nuestro pensamiento (el hecho de que pensamos, es cosa segura. Después ya buscaremos las razones por las que fiarnos de nuestro pensamiento, para sentar así las bases firmes de nuestro conocimiento). Y recordemos que Locke había partido de la “ideas”, entendidas éstas en el sentido griego de la palabra: “lo visto”. Es decir que partía de lo percibido por los sentidos, externos o internos. Hume, más radical, va a distinguir entre “impresión” e “idea”, pues no es lo mismo lo que estamos viendo o sintiendo –la impresión- que lo que hemos visto o sentido –la idea, lo visto o lo sentido-, como no es lo mismo un dolor de muelas que “siento” que un dolor de muelas que he sentido, prefiero mucho más este último, es decir, el meramente recordado.

Hecha esta distinción, queda claro que la base de su análisis del conocimiento no van a ser las ideas, sino, más radical, las impresiones. Yo ahora miro y tengo una impresión, cierro los ojos y cesa esa impresión. Permanece la idea, lo visto, el recuerdo de la impresión, y la confianza en una existencia independiente de mí, pues confío en que, si vuelvo a abrir mis ojos, volverá a aparecer lo mismo ante ellos.  Pero, sensu stricto, durante el tiempo en que tuve cerrados los ojos no había sino la mera confianza de que se repetiría esa percepción, confianza basada en la mera costumbre de que otras veces haya sucedido así, pero no basada en verdadero razonamiento. 

El análisis que sigue a continuación nos mostrará que, en efecto, no es posible verdadero conocimiento en las cuestiones de existencia. Adelantemos que, siempre que aquí se habla de idea, será siempre, por supuesto, de una idea particular, pues ya en su anterior Tratado sobre la Naturaleza Humana, no queda en Hume, como tampoco en su predecesor Berkeley, ni rastro de la noción de abstracción, por razones que, por lo que llevo dicho, deben ser ya obvias.  

Su análisis de las ideas se basa en la observación de que las ideas que tenemos, o son el recuerdo de una impresión pasada, o se forman a partir de otras ideas por asociación, ya sea asociación por semejanza o por contigüidad, o por causalidad. Hay asociación por semejanza de ideas, porque es sabido que unas ideas nos sugieren otras con las que guardan cierta similitud, como la vista de un retrato me trae por asociación la idea de la persona retratada. Hay asociación por contigüidad en el tiempo o en el lugar, porque, cuando dos ideas son contiguas, una de ellas nos sugiere la otra (como la en la vecindad: idea de un apartamento en un edificio sugiere la idea del “apartamento contiguo”);  Y hay también asociación por causalidad, o asociación de una idea a otra como su causa, es decir, como si diese cierta conexión necesaria entre ambas (a la idea de herida infringida en mí sigue a continuación, necesariamente, la idea de dolor, por lo que decimos que la herida es la causa del dolor).  Es este último el tipo de asociación de ideas que más interesa a Hume, porque ve en él la fuente principal de nuestras ideas quiméricas, y por ende, la principal fuente de error en nuestro conocimiento.

Y esto es así, porque, cuando muchas veces hemos percibido cierta contigüidad temporal entre dos ideas – siempre es primero la herida y luego el dolor-  terminamos imaginando que existe una conexión necesaria entre ambas, como que puesta la primera hubiese de seguirse necesariamente la segunda, aunque necesidad que nunca hemos demostrado, sino simplemente contigüidad temporal a la que nos hemos acostumbrado. Y expresamos esto entonces diciendo que la primera es causa y la segunda es efecto. 

Pero es éste falso conocimiento porque da por seguro lo que sólo es supuesto ya que no percibimos tal conexión -no tenemos impresión alguna de ella- ni tampoco la deducimos por razonamiento alguno. Siempre que comemos pan (alimento) nos sentimos a continuación confortados, y siempre que vemos brillo y calor (llama) vemos a continuación que un papel puesto cerca es carbonizado, tornándose negro su color, y decimos entonces que lo primero es causa de lo segundo, como si lo segundo se siguiese necesariamente de lo primero. Pero no hay razonamiento alguno con el que concluyamos tal necesidad, ni podrá haberlo jamás. Jamás podremos encontrar alguna razón por la que aquellas percepciones a las que llamamos pan -un color, un sabor, y hasta un agradable olor si es reciente- conlleven necesariamente a aquellas otras percepciones internas del sentirnos confortados, restaurados, saciados, después de consumirlo; o de que aquel brillo y calor al que llamamos fuego, haya de conllevar necesariamente la percepción de ese ennegrecimiento de un trozo de papel cercano al que llamamos carbonización. Estamos acostumbrados a ello, simplemente, y ésa es la única base de nuestra seguridad de que así seguirá ocurriendo en el futuro: el puro acostumbramiento y no la percepción  ni la demostración de una conexión necesaria entre lo que llamamos causa y lo que llamamos efecto. 

La causalidad queda así desenmascarada como mera creencia: mero acostumbramiento a cierta contigüidad temporal entre impresiones, en el cual basar una mera confianza en que las experiencias futuras serán como las pasadas. Es así como la causalidad está en la base de nuestras creencias de existencia. Veo una carta, pero no veo a su autor, pero deduzco, sin embargo, que tiene que “existir” un autor, ya que alguien ha tenido que ser la causa de que esa carta haya quedado escrita. De este modo, se creó una idea nueva, la de autor, en conexión con una idea que ya tenía, la idea de carta, llamando entonces “idea” o “visto” al autor, cuando lo único que veo es la carta.

En particular, formo la idea de que “existe” algo exterior que causa las impresiones que se dan en mí, aunque, en sentido estricto, solo tengo esas impresiones.  Por “existencia” entiendo su independencia de mí mismo, incluso cuando ya nada percibo pues he cerrado los ojos, tal como dije al principio. Tengo esa existencia por “percibida” –aunque de hecho no la percibo- como convicción de que al volver a abrir los ojos volveré a recibir esas mismas impresiones. Esta convicción, como he dicho, no es verdadero conocimiento, pues no está basada en razonamientos sino sólo en el acostumbramiento: en la mera confianza de que sucederá en el futuro como ha sucedido en el pasado, confianza basada en la causalidad -en algo, pues, que hemos desenmascarado ya como quimérico- pues pienso que las impresiones han sido causadas por algo exterior a mí.

De hecho, la radicalidad de Hume le lleva a desenmascarar como quimérico el mismo concepto del “yo”, puesto que no tenemos percepción alguna de él. Lo reduce a una colección de percepciones, de la cual dice que no tendríamos la noción del “yo” si no fuera por la memoria con la que somos capaces de guardar recuerdo de percepciones pasadas. Pero no es lo mismo recordar que percibir, por lo que el “yo” entra en su catálogo de ideas quiméricas, añadido a la idea quimérica de mundo exterior, a la cual sigue, por supuesto, la quimérica idea de Dios. 

Comprendido ya que la causalidad es mera creencia, o confianza, y no propiamente conocimiento, ¿qué podemos decir de la libertad, de ese concepto que nos permite hablar de responsabilidad moral, puesto en la base de la ciencia misma de la ética? Cuando percibimos que una piedra golpea a otra, decimos que el movimiento de la segunda ha sido causado por el movimiento de la primera, aunque tal conexión necesaria no haya sido demostrada (si se diese tal demostración, no tendríamos que haber visto eso muchas veces sino que hubiese bastado una sola, pues cuando se da verdadero conocimiento, cuando se nos presente un razonamiento que reconocemos verdadero, por ejemplo, nos basta haberlo visto tan sólo una sola vez; pero el acostumbramiento –pues sólo es eso, acostumbramiento- exige haberlo visto muchas veces, porque en realidad no es verdadero conocimiento). Sin embargo, no por ello decimos que el movimiento de la segunda piedra sea libre, sino que se sigue necesariamente del movimiento de la primera. Pero cuando es mi voluntad la que ordena el movimiento de un cuerpo, de mi propio cuerpo, de modo que éste siga la orden de mi voluntad, ya no hablamos de necesidad, sino que hablamos de acto libre. ¿Por qué razón este acto es libre y no lo es aquél, si se trata de lo mismo,  de puro acostumbramiento a que lo primero – lo que llamamos causa o responsable moral-  vaya  siempre seguido de lo segundo, el movimiento de una piedra o de mi propio cuerpo?  Es pues la libertad mera ilusión, y no hay pues razón alguna para hablar de responsabilidad moral. En definitiva, se trata de lo mismo de siempre: hallar un culpable. 

Expuesta su postura gnoseológica, Hume dice que no es tampoco partidario de un escepticismo pirrónico, para el que nada en absoluto signifique la existencia, sino mera ilusión a partir de lo realmente visto por nuestros sentidos, sin motivo alguno para que nos fiemos de tal ilusión. Hume dice que ese escéptico radical resulta imbatible en la academia, es decir, en el debate filosófico. Pero al salir a la vida misma, el escéptico es derrotado por quienes no lo son, sino que más bien se fían de todo eso que tienen por conocimiento. En efecto, al tropezar con una hoguera el escéptico no encuentra razón alguna para retroceder ante ella, pero de hecho retrocede como si tuviese conocimiento de que tal hoguera existe, independiente de él. Por eso,  Hume aboga por un escepticismo razonable y beneficioso, un escepticismo moderado: se trataría, sí, de admitir la causalidad y por tanto la existencia, pero no como verdadero conocimiento, puesto que no lo es, sino simplemente como creencia o confianza basada en la costumbre. Como lo admitimos por razones prácticas más bien que gnoseológicas, no nos entregaremos imprudentemente al fuego ni haremos locura alguna de inmolación por ser escéptico. 

Y además cultivaremos las ciencias, sí, pero sin hablar de conexiones necesarias donde no las vemos, ni tampoco las demostramos, sino de repetida contigüidad temporal hasta ahora, entendiendo que no más que eso son las leyes universales, tales como esa que dice que el hierro es dilatado por el calor.

Tal escepticismo moderado o beneficioso dejará pues a las ciencias en su justo lugar, reducidas a tan solo ciencia de lo que tiene sentido, y desenmascarando como sofistería y engaño otras ramas del saber de las que va a dar cuenta a continuación. 

Distingue Hume entre dos tipos de saber: uno es el que relaciona ideas, y éste procede mediante razonamientos articulados en demostraciones; y el otro es el referido a cuestiones de hecho o de existencia, el que no procede por demostraciones sino sólo con certeza moral, y que no puede ser llamado conocimiento pues está basado en la creencia.  

En la primera categoría entran la geometría y la aritmética, es decir la matemática. Éstas sí que son verdadero conocimiento pues en estas disciplinas se dan demostraciones que relacionan las ideas de modo irrefutable. Sin embargo, muestra su escepticismo sobre el cálculo infinitesimal recién fundado, y que estaba desarrollándose en su época: sano escepticismo, heredado de George Berkeley, y digo sano porque, como matemático puedo asegurar que a David Hume no le faltaba razón en esto, ya que el cálculo infinitesimal sólo fue fundamentado, articulado de modo  claro y distinto, en el siguiente siglo XIX. En su época era una chapuza desde el punto de vista lógico, aunque chapuza enormemente útil y que jamás fallaba (Su inmediato antecesor filosófico, el obispo anglicano George Berkeley, decía que los matemáticos hacemos de dos mentiras una verdad, y no le faltaba razón, ni lo dijo desafortunadamente, puesto que sus ataques, y otros que siguieron por los propios matemáticos, sirvieron de estímulo para la formalización del cálculo en el siglo siguiente, para la cual se requirió la formalización de toda la matemática, y para ella, la creación de la lógica formal, en la cual nació la teoría de máquinas que ha llevado a los actuales ordenadores).

Siguen a las ciencias teóricas o ciencias de la demostración –geometría y aritmética-, las ciencias experimentales, las llamadas ciencias naturales, es decir las que tienen que  ver con cuestiones de hecho y de existencia. No proceden con falsedad, mientras entiendan sus leyes como lo que son, como simple registro de la repetición hasta ahora de cierta contigüidad de hechos. Su expresión como ley de la naturaleza ha de entenderse sólo como expresión de nuestra confianza de que va a ocurrir en el futuro como ha ocurrido hasta ahora en el pasado, pero en modo alguno como expresión de una conexión necesaria entre hechos: al decir “cuando se calienta el hierro, se sigue su dilatación”, no entenderemos que hay una conexión necesaria entre ambos hechos, pues ni la percibimos ni la podremos nunca percibir, sino solo que confiamos que esto ocurra en el futuro tal como ha ocurrido hasta hoy. 

Y llegamos a los otros tipos de saber, a aquellas investigaciones sobre ideas que no nos han llegado por los sentidos, ni están asociadas con ideas percibidas por los sentidos. De estas mal llamadas ideas, pues nadie las ha visto, dice David Hume: “Cuando tengamos la sospecha de que un término filosófico se emplea sin ningún significado o idea (como sucede incluso demasiado frecuentemente) no necesitamos sino inquirir: ¿de qué impresión se deriva esta supuesta idea? Y si es imposible asignarle ninguna, ello servirá para confirmar nuestra sospecha” Lo que piensa David Hume acerca de tal supuesto conocimiento,  en particular de la metafísica, queda bien recogido en las palabras finales de su obra:  

“Cuando recorremos las bibliotecas, persuadidos de estos principios, ¡qué estragos no haremos! Si tomamos en nuestras manos un volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de experiencia? No. Arrójese entonces a las llamas, pues nada puede contener sino sofistería y engaño”  

 b) Textos

I. Sobre el origen de las ideas

Hay una gran diferencia entre las percepciones de la mente cuando un hombre siente el dolor de un calor excesivo o el placer de uno moderado, y sus percepciones cuando después recuerda en su memoria esta sensación… 

Estas  [percepciones de la mente] menos fuertes y vívidas se denominan comúnmente pensamientos o ideas.  A la otra especie…las llamaremos impresiones. 

Todos los materiales del pensar se derivan de nuestra sensibilidad externa o interna; a la mente y a la voluntad les corresponde sólo la mezcla y la composición de aquéllos.

Cuando tengamos la sospecha de que un término filosófico se emplea sin ningún significado o idea (como sucede demasiado frecuentemente) sólo tenemos que preguntarnos: ¿de qué impresión se deriva esta supuesta idea? Y si es imposible asignarle ninguna, esto servirá para confirmar nuestra sospecha. 

II. Sobre la asociación de ideas

A mí me parece que sólo hay tres principios de conexión entre las ideas, a saber: semejanza, contigüidad en tiempo o lugar, y causa o efecto…

Una pintura conduce de forma natural nuestros pensamientos hasta el original (semejanza) la mención de un apartamento en un edificio, naturalmente introduce una indagación o un discurso concerniente a los otros (contigüidad); y si pensamos en una herida, difícilmente podremos evitar reflexionar sobre el dolor que le sigue (causa y efecto) 

III. Dudas escépticas sobre las operaciones del entendimiento

Todos los objetos que caen bajo la razón o la  investigación humana  pueden dividirse de forma natural en dos clases, a saber: relaciones de ideas y cuestiones de hecho. De la primera clase son las ciencias de la geometría, el álgebra y la aritmética, y, en suma, toda afirmación que sea intuitiva o demostrativamente cierta…

Todos los razonamientos sobre cuestiones de hecho parecen fundados sobre la relación de causa y efecto. Sólo por medio de esta relación podemos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y de nuestros sentidos. Si le preguntara a un hombre por qué cree en una cuestión de hecho que no sea al presente evidente, como por ejemplo, que su amigo está en el país, o en Francia, daría una razón, y esta razón sería algún hecho adicional, como una carta suya que haya recibido o el conocimiento de sus anteriores resoluciones y promesas Un hombre que encontrara un reloj o cualquier otra máquina en una  isla desierta, concluiría que  alguna vez hubo  un hombre en ella. Todos nuestros razonamientos sobre hechos son de la misma naturaleza. En ellos constantemente se supone que hay una conexión entre el hecho presente y el que se infiere a partir de él. De no haber nada que los ligara, la inferencia sería completamente precaria. Escuchar en la oscuridad una voz articulada y un discurso racional nos asegura la presencia de alguna persona ¿Por qué? Porque se trata de efectos de la constitución y de la estructura del hombre estrechamente conectados con ellas. Si diseccionamos el resto de razonamientos de esta naturaleza, encontraríamos que están fundados sobre la relación de causa y efecto, ya sea esta relación cercana o remota, directa o colateral. Calor y luz son efectos colaterales del fuego, y uno puede inferirse correctamente desde el otro.

 Si, por consiguiente, hemos de quedar satisfechos a propósito de la naturaleza de esta evidencia que nos asegura de cuestiones de hecho, deberemos investigar cómo llegamos al conocimiento de causa  y efecto.  

 Me aventuraré a afirmar, como proposición general que no admite excepción, que el conocimiento de esta relación no se obtiene en ningún caso, mediante razonamientos a priori; sino que nace completamente de la experiencia cuando encontramos que cualesquiera objetos particulares están constantemente conjuntados  entre sí. 

Causas y efectos no se descubren por la razón sino por la experiencia…pues nadie se imagina que la explosión de la pólvora o la atracción del imán puedan descubrirse nunca mediante argumentos a priori….¿Quién afirmará que puede dar la razón última de que la leche o el pan sean alimentos adecuados para el hombre, y no para un león o un tigre? 

La mente nunca puede encontrar el efecto en la supuesta causa, ni aun mediante el más minucioso examen y escrutinio; pues el efecto es completamente diferente de la causa, y por consiguiente nunca puede descubrirse en ésta. El movimiento de la segunda bola de billar es un evento completamente diferente del movimiento de la primera y nada hay en uno que sugiera la menor indicación del otro… 

Ningún razonamiento a priori podrá jamás fundamentarlo-.

Se concede que el máxime esfuerzo de la razón humana es por reducir los principios productores de los fenómenos naturales a una mayor simplicidad y por resolver los múltiples efectos particulares en unas pocas causas generales mediante razonamientos analíticos, la experiencia y la observación. Pero respecto a las causas de estas causas generales, en vano intentaríamos su descubrimiento. … Elasticidad, gravedad, cohesión de las partes, comunicación del movimiento por impulso; éstas son , probablemente, las últimas causas y principios que llegaremos a descubrir en la naturaleza, y podemos considerarnos suficientemente felices, si, merced a una investigación y razonamiento minuciosos, podemos remontar los fenómenos particulares hasta estos principios generales o hasta cerca de ellos. La más perfecta filosofía natural sólo aleja nuestra ignorancia un poco más.

Así, una ley del movimiento, descubierta por la experiencia, que el momento o fuerza de cualquier cuerpo en movimiento está en razón compuesta o proporción de su masa y de su velocidad… El descubrimiento mismo de la ley se debe meramente a la experiencia y todos los razonamientos abstractos del mundo jamás podrían hacernos avanzar un paso más hacia su conocimiento…

Nuestros sentidos nos informan del color, del peso y la consistencia del pan; pero ni  los sentidos ni la razón nos pueden nunca informar de aquellas cualidades que lo hacen adecuado para la nutrición y el sustento de un cuerpo humano…

Todos conceden que no se conoce conexión alguna entre las cualidades sensibles y los poderes secretos…. Por lo que hace a la experiencia pasada, puede concederse que proporciona una información directa y cierta sólo de aquellos objetos, y por aquel preciso periodo de tiempo, que caen bajo su conocimiento; pero por qué esta experiencia habría de extenderse a los tiempo futuros y a otros objetos que, por todo lo que sabemos pueden ser sólo en apariencia similares, es la principal cuestión sobre la que  me gustaría insistir. El pan, que anteriormente comí, me alimentó; esto es, un cuerpo de tales y tales cualidades sensibles estuvo, en ese tiempo, dotado de tales y tales poderes secretos. Pero ¿de ello se sigue que otro pan, en otro tiempo deba igualmente nutrirme y que cualidades sensibles similares deban siempre verse acompañadas de poderes secretos similares? La consecuencia no parece en modo alguno necesaria. Al menos, debe reconocerse que hay aquí una consecuencia que la mente saca, que se da un cierto paso, un proceso del pensamiento y una inferencia que necesita ser explicada. Estas dos proposiciones distan de ser la misma: he encontrado que tal objeto siempre ha estado acompañado de tal efecto, y preveo que otros objetos, en apariencia semejantes, serán acompañados de efectos semejantes. Concederé, si os gusta, que una proposición puede correctamente inferirse desde la otra. De hecho, sé que siempre se infiere. Pero si insistís en que la inferencia se realiza mediante una cadera de razonamientos, os pediré que reproduzcáis este razonamiento. 

Todos los razonamientos pueden dividirse en dos clases, a saber, en razonamientos demostrativos, o concernientes a las relaciones de ideas, y en razonamientos morales, o concernientes a cuestiones de hecho y existencia. Que no hay argumentos demostrativos en este caso parece evidente. 

Todos los argumentos sobre la existencia están fundados en la relación de causa y efecto, nuestro conocimiento de esta relación se deriva por completo de la experiencia, y todas nuestras conclusiones experimentales proceden bajo la suposición de que el futuro será conforme al pasado… 

Si se dijera que a partir de un número de experimentos uniformes inferimos una conexión entre las cualidades sensibles y los poderes secretos, debo confesar que esto me parece que encierra la misma dificultad ya expresada en otros términos. La cuestión vuelve a plantearse, ¿en qué proceso de argumentación se funda esta inferencia?..

Cuando un hombre dice “he encontrado en todos los casos pasados, tales cualidades sensibles conjuntadas con tales secretos poderes”; y cuando dice “cualidades sensibles similares siempre estarán conjuntadas con poderes secretos similares” …decir que aquello es  experimental es cometer una petición de principio. Pues todas las inferencias de la experiencia suponen, como su fundamento, que el futuro se asemejará al pasado…

Cuando un niño ha experimentado la sensación de dolor al tocar la llama de una candela, tendrá cuidado de no poner su mano cerca de una candela; y esperará un efecto similar de una causa que es similar en su apariencia y en sus cualidades sensibles. Si afirmáis, por consiguiente, que el entendimiento del niño es conducido a esta conclusión por un proceso de argumentación o raciocinio, puedo con derecho requeriros la reproducción de este argumento…

IV. Solución escéptica de estas dudas

Sin embargo, con toda su experiencia, [una persona] no ha adquirido ninguna idea o conocimiento del secreto poder por el que un objeto produce el otro; ni es por ningún razonamiento que se ve obligada a realizar esta inferencia. 

Este principio es la costumbre o el hábito. Pues donde quiera que la repetición de cualquier particular acto u operación produce una propensión a renovar este mismo acto u operación…Calor y llama, por ejemplo, o peso y solidez. Nos vemos determinados sólo por la costumbre a esperar el uno con motivo de la aparición del otro…Todas las inferencias, por consiguiente, son efectos de la costumbre, no del razonamiento. 

La costumbre es el principio por el que se ha producido esta correspondencia tan necesaria para la subsistencia de nuestra especie

V. Sobre la probabilidad

Aunque no exista en el mundo tal cosa como el azar, nuestra ignorancia de la causa real de cualquier evento tiene la misma influencia sobre el entendimiento, dando lugar a una especie parecida de creencia o opinión

Determinados como estamos por la costumbre a transferir el pasado al futuro en todas nuestras inferencias, allí donde el pasado ha sido completamente regular y uniforme esperamos el evento con mayor seguridad

VI. Sobre la idea de conexión necesaria

La gran ventaja de las ciencias matemáticas sobre las morales estriba en que las ideaS de las primeras siempre son claras y determinadas… El isósceles y el escaleno se diferencian por límites más exactos que el vicio y la virtud… 

El principal obstáculo, por consiguiente, para nuestro progreso en las ciencias morales o metafísicas es la oscuridad de las ideas y la ambigüedad de los términos… 3 No hay ideas, de las que se dan en metafísica, más oscuras e inciertas que aquellas de poder, fuerza, energía o conexión necesaria….

Nuestras ideas nada son sino copias de nuestras impresiones, o en otras palabras, es imposible para nosotros pensar cualquier cosa que previamente no hayamos sentido por medio de nuestros sentidos externos o internos…  Las ideas complejas pueden, quizá conocerse bien mediante definición, la cual nada es sino una enumeración de aquellas partes o ideas simples que las componen. 

Cuando miramos a nuestro alrededor, a los objetos externos y consideramos la operación de las causas, nunca somos capaces, a partir de un único caso, de descubrir ningún poder o conexión necesaria… Sólo encontramos que, efectivamente, de hecho, el uno sigue al otro. … La mente no siente ningún sentimiento o impresión interna a partir de esta sucesión de objetos. Consecuentemente, no hay… nada que pueda sugerir la idea de poder o de conexión necesaria. 

Pero si la mente pudiera descubrir el poder o la energía de una causa, podríamos prever el efecto incluso sin experiencia…

Sabemos que, de hecho, el calor acompaña constantemente a la llama; pero cuál sea la conexión entre ellos es algo que no nos cabe ni siquiera conjeturar o imaginar…

El movimiento de nuestro cuerpo sigue al mandato de nuestra voluntad. De ello somos conscientes de que un evento sigue constantemente a otro, sin instruirnos en la secreta conexión que los liga y los torna inseparables…

Ignoramos, es verdad, la manera como los cuerpos operan entre sí. Su fuerza o energía es completamente incomprensible. Pero ¿no somos igualmente ignorantes de la manera o fuerza por la que una mente, incluso la mente suprema, opera sobre sí misma o sobre un cuerpo? … Todo lo que conocemos es nuestra profunda ignorancia en ambos casos…

De modo que, en suma, no se manifiesta, en toda la naturaleza, ningún caso de conexión que nos resulte concebible. Todos los eventos parecen completamente desprendidos y separados. Un evento sigue a otro, pero nunca podemos observar ningún lazo entre ellos… 

Pero cuando una especie particular de eventos ha estado siempre, en todos los casos, conjuntada con otra, ya no tenemos ningún escrúpulo para predecir uno a partir de la aparición del otro, ni para emplear este razonamiento, único que nos puede asegurar de cualquier cuestión de hecho o existencia. Llamemos entonces a un objeto causa; al otro, efecto. Suponemos que hay alguna conexión entre ellos, algún poder en el uno por el que éste infaliblemente produce el otro, y opera con la mayor certeza y la  más fuerte necesidad

Pero nada diferente hay en un número de casos de lo que hay en cualquier caso singular al que se supone exactamente similar; excepto que, después de una repetición de casos similares, la mente se ve llevada por el hábito, con motivo de la aparición de un evento, a esperar a su usual acompañante y a creer que existirá. ..

Si hay una relación entre objetos que nos importe conocer perfectamente, es ésta de causa y efecto. Sobre ella se fundan todos nuestros razonamientos sobre cuestiones de hecho o existencia. Solo por medio de ella obtenemos alguna seguridad sobre objetos alejados del testimonio presente de nuestra memoria y de nuestros sentimientos. …

Podemos, por consiguiente, conforme esta experiencia, formar otra definición de causa, y llamarla un objeto seguido por otro, cuya apariencia siempre conduce al pensamiento de este último. ..

Toda idea es copia de alguna impresión o sentimiento precedente; y donde no podamos encontrar ninguna impresión, podemos estar seguros de que no hay ninguna idea. En todos los casos singulares de operación de los cuerpos o de las mentes nada hay que produzca una impresión, ni que, consecuentemente, pueda sugerir la idea de poder o conexión necesaria. Pero cuando se presentan muchos casos uniformes y el mismo objeto siempre se ve seguido del mismo evento, empezamos a tener la noción de causa y conexión. 

VII. Sobre la libertad y la necesidad

Nuestra idea, por consiguiente, de necesidad y causalidad surge por completo de la uniformidad que puede observarse en las operaciones de la naturaleza, en la que objetos similares están constantemente conjuntados entre sí, y la mente está determinada por la costumbre a inferir uno a partir de la aparición del otro… Más allá de la constante conjunción de objetos similares, y la consecuente inferencia del uno al otro, no tenemos noción ninguna de necesidad o conexión.  

El filósofo, si es coherente, debe aplicar el mismo razonamiento a las acciones y a las voliciones de los agentes inteligentes

VIII. Sobre la filosofía académica o escéptica

Siempre suponemos un universo externo, que no depende de nuestra percepción, sino que existiría aunque nosotros y toda criatura sensible estuviera ausente o fuera aniquilada. 

Esta misma mesa que vemos blanca, y que notamos sólida, creemos que existe independientemente de nuestro percibirla, y que es algo externo a nuestra mente que la percibe. Nuestra presencia no le confiere el ser. Nuestra ausencia no la aniquila. Preserva su existencia uniforme y completa, independientemente de la situación de los seres inteligente que la perciban o contemplen. 

Pero esta opinión universal y primaria de todo los hombres pronto es destruida por la más ligera filosofía, la cual nos enseña que nada puede estar presente a la mente sino una imagen o percepción, y que los sentidos sólo son los canales a través de los cuales estas imágenes son transmitidas, sin ser capaces de producir ninguna interacción inmediata entre la mente y el objeto…

¿Por qué argumento puede probarse que las percepciones de la mente deben ser causadas por objetos externos completamente diferentes de ellas aunque semejantes a ellas?

Es una cuestión de hecho si las percepciones de los sentidos son producidas por objetos externos semejantes a ellas ¿Cómo debiera esta cuestión resolverse? Por experiencia, seguramente, como todas las otras cuestiones de una naturaleza semejante. Pero aquí la experiencia es y deber ser completamente muda. La mente nunca tiene presente ante sí nada salvo percepciones y no puede posiblemente alcanzar ninguna experiencia de su conexión con objetos

Los escépticos más profundos y filosóficos siempre triunfan cuando pretenden introducir una duda universal… Tu razón nunca puede encontrar ningún argumento convincente a partir de la experiencia para probar que las percepciones están conectadas con cuales quiera objetos externos. 

Estos principios [del escepticismo de Pirrón] pueden florecer y triunfar en las escuelas, donde es realmente difícil, si no imposible, refutarlo. Pero tan pronto como dejan las sombras, y en la presencia de los objetos reales que actúan nuestras pasiones y sentimientos, se ponen en oposición a los más poderosos principios de la naturaleza y se desvanecen como el humo.

El escéptico, por consiguiente, mejor haría en permanecer dentro de su esfera propia, y exponer aquellas objeciones filosóficas que surgen de investigaciones más profundas Aquí parece en un amplio campo para triunfar; mientras justamente insista en que toda nuestra evidencia sobre cualquier cuestión de hecho que quede más allá del testimonio de los sentidos o de la memoria, se deriva por completo de la relación de causa y efecto; que no tenemos otra idea de esta relación sino la de dos objetos que han estado frecuentemente conjuntados; que no tenemos argumento ninguno para convencernos de que estos objetos que han estado, en nuestra experiencia, conjuntados frecuentemente, estarán igualmente, en otro casos, conjuntados de la misma manera; y que nada nos conduce a esta inferencia salvo la costumbre e o cierto instinto de nuestra naturaleza… 

Hay ciertamente un escepticismo más mitigado o filosofía académica, que puede ser a la vez útil y perdurable, y puede, en parte ser el resultado de este pirronismo, o escepticismo excesivo, cuando las dudas indiscriminadas de éste son corregidas por el sentido común y la reflexión…

Otra especie de escepticismo mitigado que puede ser ventajoso para la humanidad, y que puede ser el resultado natural de las dudas y los escrúpulos pirrónicos, es la limitación de nuestras investigaciones a aquello asuntos para los que mejor adaptada esté la estrecha capacidad del entendimiento humano. ..Un juicio correcto sigue un método contrario, y , evitando toda investigación elevada y distante, se confina a la vida común, y a  asuntos tales como los que caen bajo la práctica y la experiencia cotidiana; dejando los tópicos más sublimes para el embellecimiento de poetas y oradores, o para las artes de sacerdotes y políticos… 26 Me parece que los únicos objetos de la ciencia abstracta o de la demostración son la cantidad y el número, y que todos los intentos de extender esta especie más perfecta de conocimiento más allá de estos límites son sofistería e ilusión. 

Todo el resto de investigaciones de los hombres conciernen a cuestiones de hecho y existencia; y éstas no son evidentemente, susceptibles de demostración. Todo lo que es, puede no ser.

La existencia, por consiguiente de cualquier ser sólo puede probarse por argumentos a partir de su causa o de su efecto; y estos argumentos están completamente fundados en la experiencia, [y no] razonando a priori…

Las ciencias que trata de hecho generales son la política, la filosofía natural, la física, la química, etc., en las que se investigan las cualidades, causas y efectos de una clase entera de objetos. 

La moral y la crítica no son tan propiamente objetos del entendimiento cuanto del gusto y el sentimiento

Cuando recorremos las bibliotecas, persuadidos de estos principios,  ¡qué estragos no haremos! Si tomamos en nuestras manos un volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntémonos: ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No. ¿Contiene algún razonamiento experimental sobre cuestiones de hecho y de experiencia? No. Arrójese entonces a las llamas, pues nada puede contener sino sofistería y engaño.            

      c) Crítica

David Hume es conocido, y con razón, como el filósofo que lanzó el torpedo letal sobre el portaviones filosófico de la causalidad, si bien ésta había recibido ya el ataque menos convincente de Malebranche. Cierto es que su escepticismo sobre la causalidad, y sobre la existencia de un mundo exterior de cuya existencia tenemos noticia por las impresiones que éste “causa” en nosotros, no lo pone al nivel radical del escepticismo extremo de Pirrón, que le parece inexpugnable en la academia pero contradictorio cuando sale de ella, sino como un escepticismo beneficioso y moderado que, aun consciente de la falta de fundamento racional -intuitivo y demostrativo- de la causalidad y de la existencia, las mantiene como creencias consuetudinarias con la motivación pragmática de conducir la propia vida. Es casi lo mismo que el escepticismo radical, con la sola diferencia de que incluye la actitud pragmática como parte de su programa, y de hecho la herencia intelectual de David Hume entendió su filosofía en su sentido más radical, es decir, como abolición de la causalidad y de la existencia de un mundo exterior a nosotros. 

Esto es muy serio, y supone un golpe mortal para la tradición filosófica que había llegado hasta él. En las pocas ocasiones en que la Biblia habla de filosofía, es decir, de aquello que los hombres pueden conocer por sus luces naturales, sin necesidad del dato revelado, hace relación explícita a la causalidad: los hombres llegan a conocer a Dios -y deben pues rendirle gloria- a través de sus obras, según leemos en Romanos, 1.20. Y es también un golpe mortal para las mismas ciencias de la naturaleza que buscan la causa de los fenómenos físicos.

La filosofía de David Hume tendrá gran influencia en la filosofía posterior. Inmanuel Kant dirá que al leer a Hume despertó del sueño dogmático. De hecho, la filosofía de Kant es un esfuerzo por salvar, como apriorismo del conocimiento, tanto la causalidad como las otras categorías necesarias para hacer filosofía y para hacer ciencia, tras su pérdida en su naufragio en la filosofía de Hume. Bien puede decirse que hubo un Kant porque hubo antes un Hume. Pero la descendencia de Kant pronto advirtirá la contradicción que supone en su filosofía el hecho de que la realidad exterior cause impresiones en nuestra sensibilidad, al tiempo que se afirma que la causalidad no tiene realidad extramental: la solución a este insoluble problema será el idealismo hegeliano, que prescindirá de la realidad y por tanto del problema; o bien la filosofía de Schopenhauer en la que el mundo será tenido por pura representación mental, a fin de que al causar sus impresiones en nuestra facultad de conocer, esa causación no sea entre realidad y representación sino entre representación y representación, de modo que no repugne ya el hecho de que ella misma sea una representación pura de nuestro entendimiento.

Ahora bien, si el mundo es representación, lo obligado a continuación es preguntarse qué es lo representado, y lo que entonces se responda ocupará el lugar exacto del ser, reemplazará al ser. La respuesta viene sugerida por el propio Kant, quien de verdad recupera la realidad externa, tal como la concebimos, es en la Razón Práctica, es decir en el dominio de la voluntad: lo representado es la voluntad.  

El ser sustituido por la voluntad en la filosofía de Schopenhauer, el ser disuelto en idea en la filosofía de Hegel, estos son los puntos de llegada. A Hegel seguirá Marx, pues lo mismo da decir “todo es idea”, o “todo es espíritu”, que decir “todo es materia”, tal como él señala en la Miseria de la Filosofía, lo decisivo es que ya no hay distinción entre materia y espíritu. Y al citado Schopenhauer seguirá su ardiente lector en su juventud, Friedrich Nietzsche, a quien terminarán sobrados todas las ideas y las representaciones para quedarse con solo la voluntad, la voluntad de vivir, lo verdaderamente real. pero tomará en serio que sólo hay voluntad, y entendida ésta como voluntad de vivir, al fin y al cabo la ley por la que se rige la naturaleza. Y esto ya empieza a sonarnos, cuando recordamos la historia política del siglo XX. 

Hume ha sido el ácido sulfúrico en filosofía, y por eso Hume no puede quedar sin respuesta.

A vista, pues, del punto de llegada que hemos expuesto, será de vital importancia, pues, que examinemos las razones por las que Hume rechaza la causalidad: “he encontrado que tal objeto siempre ha estado acompañado de tal efecto, y preveo que otros objetos, en apariencia semejantes, serán acompañados de efectos semejantes. Concederé, si os gusta, que una proposición puede correctamente inferirse desde la otra. De hecho, sé que siempre se infiere. Pero si insistís en que la inferencia se realiza mediante una cadena de razonamientos, os pediré que reproduzcáis este razonamiento (…) Cuando un niño ha experimentado la sensación de dolor, al tocar la llama de una candela tendrá cuidado de no poner su mano cerca de cualquier candela; y esperará un efecto similar de una causa que es similar en su apariencia y en sus cualidades sensibles. Si aseveráis, por consiguiente, que el entendimiento del niño es conducido a esta conclusión por un proceso de argumentación o raciocinio, puedo con justeza requeriros la reproducción de este argumento” 

Aceptemos este requerimiento que Hume nos hace a modo de reto, y recordemos antes para ello, como precalentamiento, las dos hipótesis que Poincaré pone como necesarias para hacer ciencia: 

1) Ante un hecho buscamos siempre la explicación más sencilla. Por ejemplo, siempre que Kepler observó la posición de Marte, lo encontró sobre una elipse, y concluyó así que Marte tiene esa elipse como trayectoria, a pesar de que  hay muchas otras curvas del espacio que no son elipses y que pasan por esas mismas posiciones observadas. Le pareció natural escoger la elipse, de entre todas esas curvas (tiene grado dos) porque es la curva más sencilla de entre todas las que pasan por ellas. 

2) La naturaleza responde siempre del mismo modo ante las mismas circunstancias, y por tanto, en esas mismas circunstancias, responderá en el futuro del modo en que lo ha hecho hasta ahora.  

Personalmente creo que esta segunda hipótesis se reduce a la primera, puesto que la explicación más sencilla de que hasta ahora se haya obtenido el mismo resultado en un experimento es que no se trate de casualidad sobre casualidad, sino de que tuviese que salir necesariamente ese resultado (aunque ignorásemos entonces, de hecho, la razón de tal necesidad). En consecuencia, así habrá de resultar también en el futuro. 

Reducido pues el discurso de Poincaré a la hipótesis de la sencillez, a que siempre busca nuestra razón la explicación más sencilla, digamos hipótesis de simplicidad o de unidad, digamos que no es tal hipótesis algo extraño o sobrevenido al pensamiento, sino la esencia misma de nuestro pensar: conocer algo, entender un hecho, es encontrar la unidad que en él se da. Decimos, en cambio, que no entendemos  algo cuando aparece ante nosotros como un mosaico de datos sin relación alguna entre ellos (esto lo comprendieron bien los antiguos: fue la revelación de la sacerdotisa Diotima a Sócrates, según él mismo narra en su intervención en El Banquete: el sabio siempre busca simplicidad y unidad en las indagaciones de su pensamiento, y el artista busca unidad, armonía entre las partes, en su búsqueda de la belleza. La revelación de Diotima consistió en que la suma simplicidad y la suma belleza son uno y el mismo ser, y en que adherirnos a ese única Belleza y única Verdad, es el verdadero y cabal de alcanzar la inmortalidad que tenemos los humanos. Esto lo comprendió también Kant al poner en la búsqueda de simplicidad y unidad la esencia misma del razonar humano, y poner de hecho en el mundo como unidad idea pura de nuestra razón, una de esas tres que la estimulan en su discurrir especulativo. Por tanto, esta hipótesis de simplicidad no significa renuncia alguno al conocimiento, sino que es la esencia misma y presupuesto del uso de nuestra razón.

Tras este precalentamiento, atendamos ahora al requerimiento de David Hume: He encontrado que a tales causas -dejemos de momento si realmente lo son- se han seguido siempre, hasta ahora, los mismos efectos. La explicación más sencilla de que así haya sucedido siempre es que necesariamente tuviese que ocurrir así –aunque yo no conozca, al menos de momento, la razón- , y la explicación más increíble, por complicada, es que haya sucedido así, siempre (que el hierro se haya dilatado siempre con el calor y siempre con exactamente el mismo coeficiente de dilatación, ) por un sinfín de casualidades acumuladas una sobre otra, siempre el mismo resultado sin razón alguna para ello, algo que nadie está dispuesto a creerse. La conclusión que entonces sacamos es que así mismo debe ocurrir, por tanto, también en el futuro.  

Y éste es también el razonamiento del niño: siempre que se ha acercado a una llama se ha quemado, y aunque no lo sepa expresar, ha entendido que no ha sido por casualidad acumulada sobre casualidad una vez, sino porque tiene que ser así –aunque no conozca la razón- y por tanto no volverá a acercarse al fuego. El niño ha buscado inconscientemente ha buscado la explicación más sencilla, lo cual expresamos diciendo que ha razonado, pues la búsqueda de la explicación más sencilla, la búsqueda de unidad, la esencia misma del razonar, hasta el punto de que sin ese supuesto no hay actividad de la razón: todo se admitiría como hechos inconexos, sin nada que hubiera que conectar.

Y vamos a la afirmación de Hume de que nunca se encontrará la razón de esa concomitancia de hechos a los que la ciencia experimental llama causa C y efecto E, como al calor lo llamó causa C de la dilatación del hierro, y a esta dilatación llamó el efecto E del calor.  Y los llamó así, causa y efecto, antes de haber explicado, dos siglos después, por qué C es causa de E, es decir, por qué E ha de seguir necesariamente a C.  Los ha considerado como tales, antes de disponer de tal demostración, en virtud de ese razonamiento implícito que acabamos de expresar explícito respondiendo al reto de Hume,  razonamiento que da con la explicación más sencilla de tantas coincidencias en el pasado, siempre dilatándose el hierro, siempre exactamente con el mismo coeficiente de dilatación. 

Hume dice: “Calor y luz son efectos colaterales del fuego”…”¿Quién afirmará que puede dar la razón última de que la leche o el pan sean alimentos adecuados para el hombre, y no para un león o un tigre?” … “Nuestros sentidos nos informan del color, del peso y la consistencia del pan; pero ni los sentidos ni la razón nos pueden nunca informar de aquellas cualidades que lo hacen adecuado para la nutrición y el sustento de un cuerpo humano” …”El pan, que anteriormente comí, me alimentó; esto es, un cuerpo de tales y tales cualidades sensibles estuvo, en ese tiempo, dotado de tales y tales poderes secretos. Pero ¿de ello se sigue que otro pan, en otro tiempo deba igualmente nutrirme y que cualidades sensibles similares deban siempre verse acompañadas de poderes secretos similares? La consecuencia no parece en modo alguno necesaria…. Pero si insistís en que la inferencia se realiza mediante una cadera de razonamientos, os pediré que reproduzcáis este razonamiento”

Bien, aquí la respuesta, aquí  el razonamiento: calor y luz son efectos del fuego que es una reacción de oxidación en la que se produce calor porque, tras la reacción los electrones ocupan niveles energéticos menores y por eso liberan energía en forma de radiación. En cuanto a la luz y su determinado color, éste se debe a que hay electrones vibrando entre dos niveles energéticos, lo cual se explica porque pasa a nivel de mayor energía al absorber un fotón, y emite luego un fotón de la misma frecuencia pasando a nivel de menor energía: la diferencia de energía en los dos niveles entre los que vibra coincide exactamente con la energía (hν) de los fotones que absorbe y emite. Esa es pues una frecuencia de luz reflejada. Con todas las frecuencias reflejadas se obtiene el color del objeto, en este caso el color amarillento del fuego, luego el rojo del leño que arde, y finalmente la ausencia de color del cuerpo negro que queda al final. Esta es la explicación actual, que según Hume nunca llegaría a existir. 

En cuanto al pan, digamos que éste posee largas moléculas de almidón, que ya la saliva parte en sacarosas -sólo doce carbonos- y éstas son partidas luego en dos glucosas –sólo seis carbonos-  hasta que estos llegan a partirse en anhídrido carbónico -un solo carbono- y agua, reacción ésta última que libera mucha energía que queda almacenada al pasar moléculas de ADP (adenosín difosfato) a moléculas de ATP (adenosín trifosfato) que va a los músculos.  En el momento en que esta energía es necesitada para realizar un movimiento, las moléculas de ATP vuelven a moléculas de ADP con liberación de la energía que habían almacenado en forma de enlace químico, energía que es utilizada en mover los músculos, pasando pues a energía cinética Se trata pues de un mecanismo. 

Todo esto es conocido desde los años sesenta reacción a reacción, un ciclo muy parecido,  por cierto -aunque invertido-  al  ciclo de Krebs de síntesis de la clorofila, pues en éste se sintetizan estas sustancias orgánicas a partir de agua y de anhídrido carbónico, absorbiéndose calor, el que a las plantas llega del sol. Tanto las reacciones de química inorgánica citadas al hablar del fuego, como las reacciones de química orgánica citadas al hablar del pan son derivadas necesariamente de principios químicos que a su vez se derivan necesariamente del número de electrones que hay en la última capa de los átomos que forman las moléculas involucradas, el cual viene a su vez determinado por el número de electrones posibles en cada capa, el cual se obtiene fácilmente desde los principios de la mecánica cuántica y de la teoría matemática de representaciones del grupo de simetría SU(2) (el grupo SO(3) de rotaciones, pero habida cuenta del spin, son representaciones de SU(2), recubrimiento doble de SO(3)).

La razón no puede nunca informar de aquellas cualidades que lo hacen adecuado para la nutrición” Ya hemos visto que lo ha hecho, e información muy prolija por cierto, terminando en las representaciones irreducibles del grupo de simetría SU(2), y así en cada uno de los casos, sin excepción, citados y no citados, de los que Hume ha dicho que nunca podría encontrarse razón alguna por la que el llamado efecto se siga necesariamente de lo que llamamos causa. El desarrollo actual de la ciencia ha supuesto una clamorosa desautorización del motivo por el que Hume afirma que no hay razonamiento alguno que ligue efecto con causa, y que se trate sólo de nuestro acostumbramiento a la contigüidad temporal de ambos hechos.

Se me puede objetar que los razonamientos que provee la ciencia –he esbozado algunos- se basan a su vez en postulados de la ciencia (cómo no, pues si se requieren razonamientos, éstos no pueden ser ad infinitum), y que éstos son a su vez leyes universales, o más bien universalizadas por la creencia de que los resultados en las experiencias futuras habrán de ser los mismos que en experiencias pasadas, por lo que se podría aplicar lo que dice el mismo Hume: “tan sólo retrasamos la línea de nuestra ignorancia”. Vuelvo a responder, como justificación de esa universalización de enunciados experimentales y por tanto particulares, con el principio de simplicidad: la más simple explicación de que la naturaleza haya respondido hasta ahora, bajo las mismas condiciones, con un mismo resultado, es que tenía que salir necesariamente, bajo esas condiciones, ese resultado, y en consecuencia eso mismo saldrá en el futuro, y eso es lo que expresa la ley universal.

Esta hipótesis de simplicidad, en la base del uso de nuestra razón, es la que hace racional que muchos juicios particulares –sólo juicios particulares aporta la experiencia- lleguen a aportar un juicio universal. No hay justificación lógica, pues lo particular nunca implicará en lógica lo universal, pero sí hay justificación racional, y lo que Hume nos ha pedido es que explicitemos un razonamiento. La razón es mucho más que la lógica, como muy bien dice Gilbert Chesterton: los locos no son quienes han perdido la lógica, pues es lo único que conservan, sino quienes han perdido la razón. 

Hemos hecho explícito un razonamiento basado en la mecánica cuántica,  y , más importante, un razonamiento que hubiera sido ya válido en la época misma en que Hume escribió: encontrar la explicación más sencilla. La explicación más sencilla de que siempre se haya dilatado y siempre con el mismo coeficiente es que así deba ocurrir necesariamente. La búsqueda de la explicación más sencilla, la búsqueda de unidad, es la esencia misma de nuestro conocimiento, pues sin la presunción de unidad o simplicidad en la naturaleza, nada tiene que hacer nuestra facultad de conocer: pensar es encontrar unidad en lo que inicialmente parecía vario, y la presunción de unidad o  presunción de racionalidad es el estímulo que nos mueve a pensar. Sin ese presupuesto de unidad y armonía universal, todo es un mosaico de datos ante nuestros sentidos y nuestro entendimiento, sin que haya nada que relacionar, ningún hecho que explicar, casualidad sobre casualidad en nuestras experiencias, sin necesidad de justificación alguna. 

Digamos al menos que, una vez que el tren de la ciencia se ha puesto en marcha, todos pueden subirse –independiente de cual sea su filosofía- pero lo importante es el pensamiento de quienes pusieron en marcha el tren de la ciencia, que en modo alguno fueron escépticos lectores de David Hume –su pensamiento hubiera resultado paralizante- sino pensadores audaces como Kepler , afortunadamente un siglo anterior, quien hablaba de la presunción de armonía como estímulo para la búsqueda de leyes en los planetas, hasta que las encontró. Así lo dice en la  introducción de su obra, y así lo refleja el título Harmonices Mundi. Y así los Kepler modernos, Albert Einstein o Werner Heisenberg, y tantos otros creadores de nuevo conocimiento humano. 

Hemos visto que Hume también trata de la causalidad -por supuesto, para decir que no la hay-  en los actos de los que nos sentimos responsables: si una piedra golpea a otra, no por eso decimos que el movimiento de la segunda sea libre, luego por la misma razón, pues se trata de lo mismo, no será libre sino necesario el acto de mi cuerpo que sigue la orden de mi voluntad. Creo que si esto se toma en serio no hay ninguna razón para encarcelar a nadie, pues nadie es responsable –no es autor, no es causa- de sus propios actos, y en particular no es autor de sus actos criminales (la única razón que justificaría que se encerrase al criminal sería para prevenir de ese individuo a la sociedad, pero esto sería la justificación del medio –la encarcelación de un inocente- en razón de su fin). 

Sin embargo, no es difícil contestar a Hume que, en efecto, de la decisión de mi voluntad se sigue de modo necesario, como efecto, el movimiento del dedo que aprieta el gatillo, pero el lugar de mi libertad está  antes, pues consiste en que yo pueda decidir eso o lo contrario. Por lo tanto seré responsable de la muerte que yo pueda causar al tomar la decisión de apretar el gatillo. En resumen: Para Hume no hay responsabilidad moral porque no podía ser de otro modo, una vez negada la causalidad, pero esta afirmación, que mina la base de la Ética, es error en filosofía.

¿Cuál es realmente la razón por la que Hume ha prescindido de la causalidad? A mi entender, es porque previamente la filosofía de George Berkeley había abolido la sustancia, algo de lo que no hay ya ni rastro en una filosofía limitada a meras impresiones. En efecto, está claro que no es un brillo y un calor lo que carboniza un papel sino algo que tiene esas cualidades de brillo y calor, entre otras cualidades no todas ellas directamente perceptibles, como por ejemplo, las propiedades química derivadas del número de electrones  que hay en la última órbita de sus átomos, lo que determina sus valencias químicas.  Es ese algo lo que carboniza al papel en una reacción química de combustión, y lo hace por esas propiedades químicas, entre las cuales sí que es posible encontrar una conexión necesaria con la carbonización del papel. Está claro pues que si no nos es permitido de algo que es brillante y caliente sino sólo de las mismas impresiones de brillo y calor, nos hemos quedado sin espacio discursiva para la causalidad, pues nadie encontrará, en efecto, conexión alguna de necesidad entre las impresiones de brillo y calor y el fenómeno de la carbonización del papel. 

Así pues la razón profunda de la pérdida de la causalidad es la eliminación de la sustancia. Hume no puede admitir algo de lo que no tenemos idea clara y distinta, o, aún más drástico, impresión clara y distinta, y es obvio que de las sustancias no la tenemos, pues de las substancias sólo percibimos sus cualidades. Esto ya había llevado a Locke a hablar de la inutilidad de las sustancias en filosofía. George Berkeley y, siguiendo a Berkeley, David Hume darán el paso anunciado (crónica de una muerte anunciada), al prescindir de hecho de las sustancias. 

Pero ¿por qué esta exigencia de ideas claras y distintas en filosofía?, podemos preguntarnos. Nos remitimos entonces al análisis ya llevado a cabo de la filosofía de Locke: se disponía en ese siglo de la claridad de la recién nacida ciencia de la naturaleza, y se trataba de emularla en filosofía. Esta intención de emulación de la ciencia, característica de toda la filosofía moderna, queda clara desde el principio, y queda clara ahora en Hume, en su exigencia de atenerse a las impresiones, es decir al mero experimento.

Y acerca de la causalidad, quisiera comentar algo dirigiéndome ahora preferentemente al lector de formación científica. Se oye a menudo que la aleatoreidad de las observaciones en mecánica cuántica supone una violación del principio de causalidad, y que en ese sentido la actual mecánica cuántica daría la razón a Hume. Esto es no comprender el colapsamiento de la función de onda, o no comprender la causalidad. Para explicar esto de un modo asequible concentrémonos, por ejemplo, en el observable “posición”: no podemos decir que una partícula esté en un lugar u otro, sino que sólo disponemos de la (densidad de) probabilidad de que aparezca en un lugar u otro (nube de probabilidad) cuando hagamos una experiencia para determinar su posición. Hacemos la experiencia y aparece entonces en un lugar en el que la probabilidad era no nula. No hay ninguna explicación física de que haya aparecido precisamente en este lugar y no en otro donde también era no nula.  No la hay ni en la actual física ni en ninguna otra teoría física ulterior que refine los conocimientos de la naturaleza que ahora tenemos, puesto que se trata de una aleatoriedad intrínseca. Esto no significa que el hecho de que haya aparecido en algún lugar (es decir, que haya colapsado su función de onda a un subespacio propio del operador de posición) no haya tenido causa alguna: la causa ha sido la interacción de mi laboratorio con aquella partícula conducente a determinar su posición. Lo que sucede es que la causalidad no es necesariamente causalidad determinista, y de hecho en este caso no lo es. (Para explicar la primera afirmación, digamos que la causalidad que ejerzo como autor de mis acciones morales no es determinista, sino causalidad libre, y por eso soy responsable de ellas; pero la causalidad del fuego al carbonizar una muestra de papel es ciertamente determinista). 

De hecho, este descubrimiento de la ciencia moderna, ofrece un tema apasionante para la reflexión filosófica –no que sea en sí un tema científico- a partir de esta interesante parcela de la realidad presentada por la mecánica cuántica: Como es sabido, Einstein se oponía a ella porque entendía que todo lo que sucede tiene que tener una explicación. En particular debía haber una física aún desconocida –que llamó de “física de variables ocultas”- que algún día descubriríamos, y que explicaría por qué la partícula aparece en un lugar en vez de aparecer en otro, ambos probables.  Pues bien, las desigualdades de Bell cuya violación podía zanjar la cuestión,  ha podido ser sujeto de experiencia tiempo después de la desaparición del físico genial –pero opuesto a la interpretación standard de la mecánica cuántica- , y la violación experimental de estas desigualdades ha desprovisto de razón a Einstein:  la aleatoreidad es intrínseca, y no cabe esperar tal física ulterior de “variables ocultas”, de modo que queda refutada la afirmación de Albert Einstein, entendida ésta como una afirmación en física, es decir como exigencia de una explicación física de todo lo que sucede. Pero tomada como afirmación filosófica –el “principio de razón suficiente” según el cual todo cuanto sucede tiene explicación, la conozcamos o no-, es algo con lo que no es posible no estar de acuerdo, pues lo contrario repugna a la mente misma y a la misma racionalidad, y así nos vemos forzados a concluir que hay más explicación de la realidad material que la mera explicación física. 

Hay pues más realidad que la meramente física, y esa realidad puede interactuar con la realidad física hasta el punto de explicar hechos físicos, como puede ser el movimiento de mis músculos. La explicación de la realidad física de que mi dedo haya apretado el gatillo en vez de perdonar una vida es explicación por realidad en mí más que la mera realidad física. Podemos llamarlo sugerencia de inmaterialidad (=realidad no física) del espíritu humano, o al menos llamarlo puerta que la indeterminación física deja abierta a la afirmación filosófica de que nuestros actos no están determinados sino que son determinados por nuestra voluntad libre, y por eso somos responsables de ellos. Es ésta también sugerencia de que la ciencia deja la puerta abierta a la posibilidad de que Dios puede ser providente sin cambiar las leyes de la física, sino más bien actuando a través de ellas.

Nos hemos concentrado hasta aquí en la crítica a la causalidad, pero hemos visto que su negación lleva al crudo escepticismo incluso respecto de la existencia de una realidad exterior, una realidad que sea independiente de nuestras propias percepciones (el concepto de sustancia ya había sido disuelto, como hemos dicho, por George Berkeley, y por tanto, puesto que no podemos hablar de seres, la causalidad ontológica o causalidad en el ser, no puede ser siquiera atisbada. En realidad su discurso sobre la causalidad sólo se refiere a causas físicas).  Cierto es que Hume opta por un escepticismo que acepte la realidad exterior, independiente de mi propio ser, como pura creencia consuetudinaria, puesto que la postura escéptica radical, inexpugnable en la escuela, le parece paralizante y desaconsejable para la vida, ya lo hemos dicho. Pero aparte de que deba negarse enérgicamente cualquier distinción entre academia y vida –si es que la filosofía ha de tratar de la realidad y de la vida , este realismo de razones pragmáticas parece difícilmente sostenible como postura filosófica y de hecho la herencia de Hume es el escepticismo radical, aunque fuera sincero en no pretenderlo. Pero uno no puede dejar de preguntarse, ¿por qué razón es inexpugnable en la escuela? Como dice Aristóteles, si el escéptico no dice nada, no molesta; y si dice algo, se autorefuta (aunque quizá pueda el escéptico decir algo irrefutable: puede decir “voy a hacer esto”, sin más explicaciones, sin más justificación. Por eso el escepticismo es temible, y temible su herencia: está en la base del nihilismo, el cual a su vez, en la base del totalitarismo).

Pero el problema con Hume es que dijo algo, pues de hecho escribió la obra que hemos comentando. Por eso a él puede aplicársele, como a todo escéptico, la crítica de Aristóteles: Hume termina el libro diciendo que no hay más conocimiento válido que aquél que trate de relaciones entre ideas, refiriéndose con ello a la aritmética y a la geometría, o bien aquel conocimiento que trate de cuestiones de hecho, por lo que entiende ciencias experimentales, es decir conocimiento de los fenómenos por sus causas, pero entendidas éstas como acumulación de experiencias de contigüidad de fenómenos. Y todo lo que de ahí exceda, incluida la moral, son sentimientos, pero no verdadero conocimiento. Si persuadidos de estos principios, tal como dice Hume en sus palabras finales, hemos de echar al fuego todos los tratados que no traten de geometría ni de aritmética ni de ciencia experimental alguna, pues no pueden contener más que sofistería y engaño. Tomemos el libro Investigación sobre el Entendimiento Humano de David Hume. ¿Trata de números? No, no se ve ninguna fórmula. ¿Trata de hechos de experiencia? No, tampoco, ni un solo gráfico que recoja datos. Pues arrojémoslo entonces al fuego, pues no puede contener más que sofistería y engaño.

Pero hemos considerado que contiene el pensamiento de una persona, y como tal ha merecido nuestro respeto y nuestros comentarios.

El autorIgnacio Sols

Universidad Complutense de Madrid. SCS-España.

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Vocaciones

Rev. Andrea Bozzolo: “El amor tiene que ver con quiénes somos, no solo con cómo nos sentimos”

El rector de la Universidad Pontificia Salesiana, Andrea Bozzolo, cuenta en esta entrevista a Omnes que, a la hora de hablar sobre el matrimonio a los jóvenes, es esencial "mostrar la belleza del amor fiel, de modo que el compromiso no se perciba como una restricción, sino como un camino hacia la plenitud".

Paloma López Campos·2 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Andrea Bozzolo es el rector de la Pontificia Universidad Salesiana. Doctor en Letras Clásicas y en Teología Sistemática, participó junto al sacerdote Fabio Rosini y el cardenal Kevin Farrel, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en una jornada de estudio sobre “el sacramento del Matrimonio, la fe y el mundo docente”.

Durante su intervención, el padre Bozzolo destacó la importancia de alejarse de una perspectiva que presente el sacramento del matrimonio como un mero contrato, animando a todos a profundizar en la belleza de esta vocación y a compartir con los jóvenes historias que les ayuden a comprender este “camino hacia la plenitud”.

Tras la jornada de estudio, el rector de la universidad concedió una entrevista a Omnes en la que habla sobre cómo presentar el sacramento del matrimonio a los jóvenes y el papel de los sacerdotes en el acompañamiento a quienes siguen este camino.

¿Cómo puede la Iglesia proponer el matrimonio como algo «decisivo» a jóvenes que ven la verificación empírica, viviendo juntos antes de casarse, como el único paso razonable antes del compromiso?

– La Iglesia puede abordar esta cuestión interpretando lo que expresa la convivencia: el deseo de poner a prueba el amor. La clave está en mostrar que el amor se convierte en definitivo no a través de una prueba prolongada, sino mediante una promesa basada en una verdad más grande que la propia pareja.

El matrimonio es definitivo porque reconoce que el amor no se fundamenta en sí mismo. Sin este horizonte, la convivencia corre el riesgo de quedarse en un experimento provisional. La tarea consiste en revelar que el sacramento no es un paso definitivo tras la certeza, sino el acto que hace verdaderamente posible el amor duradero.

¿Cómo podemos rehabilitar la idea de que el amor tiene una estructura ontológica y no es solo un contrato emocional privado?

– Es necesario demostrar que el amor no es solo lo que uno siente, sino lo que revela el sentido de la existencia. Al amar a otra persona, uno no solo experimenta emociones, sino que se encuentra con una llamada a entregarse y a recibirse de nuevo. Esto apunta a una estructura ontológica: el amor tiene que ver con quiénes somos, no solo con cómo nos sentimos. Recuperar esto requiere un lenguaje que conecte la experiencia y la verdad, mostrando que el amor siempre implica una promesa, un destino y una forma de vida que no puede reducirse a un acuerdo privado.

¿Cómo podemos explicar a una pareja de enamorados que amar a Dios «sobre todas las cosas» es, precisamente, lo que protegerá su amor mutuo del fracaso?

– Amar a Dios por encima de todo no menoscaba el amor humano; lo libera de expectativas imposibles. Cuando el ser amado se convierte en lo absoluto, el amor se derrumba bajo el peso de lo que ningún ser humano puede dar.

Reconocer a Dios como la fuente última y la plenitud del amor permite que cada cónyuge sea acogido como un don, y no poseído como garantía de felicidad. De este modo, la fe protege al amor de la ilusión y el resentimiento, arraigándolo en una promesa que trasciende a ambos cónyuges y los sostiene.

En su análisis de Génesis, usted dice que el hombre solo descubre su «yo» frente al «tú» de la mujer. ¿En qué medida ayuda esta visión a combatir la «psicologización de los afectos» que encierra al individuo en su propio bienestar psíquico?

– Esta perspectiva muestra que el yo no se construye internamente, sino que surge a través del encuentro. El “yo” surge en relación con un “tú” que no puede reducirse a las propias necesidades o proyecciones.

Esto pone en tela de juicio la psicologización de las emociones, que limita el amor al bienestar subjetivo. En cambio, el amor se convierte en un acontecimiento relacional que lleva a la persona más allá de sí misma.

La identidad se descubre, no se produce, y esto abre un camino en el que las emociones se integran en un horizonte más amplio de sentido y responsabilidad.

¿Cómo proponer la visión cristiana del matrimonio sin que parezca que la Iglesia intenta «colonizar» o apropiarse de la experiencia humana universal del amor?

– El punto de partida es la universalidad del amor humano, reconociéndolo como algo que ya tiene sentido y que apunta más allá de sí mismo. La Iglesia no impone una interpretación externa, sino que revela lo que está implícito en la experiencia: su apertura hacia un origen y un destino más elevados. En este sentido, la visión cristiana no coloniza el amor, sino que le sirve, ayudándole a reconocer su plena verdad. El sacramento no es un añadido, sino el reconocimiento explícito de una presencia que ya está actuando en la relación.

¿De qué manera puede la pastoral ayudar a los esposos a ver la muerte no como el fin de su amor, sino como el horizonte donde su alianza encuentra su sentido último?

– La atención pastoral puede ayudar a las parejas a comprender que el amor lleva en sí mismo una promesa que trasciende la muerte. La experiencia de amar ya plantea la pregunta de si este bien está destinado a perdurar o a desvanecerse. La fe responde que esta promesa no es una ilusión, sino que encuentra su plenitud en Dios.

El acompañamiento ayuda a las parejas a interpretar su amor dentro de este horizonte, de modo que la muerte no se perciba como su negación, sino como el paso en el que su verdad más profunda —la comunión fundamentada en Dios— alcanza su plenitud.

Usted afirma que «el amor no es simplemente un sentimiento», sino una plenitud del ser. En una cultura que idolatra la emoción del momento, ¿qué herramientas pedagógicas propone para educar la voluntad sin caer en un legalismo rígido?

– La educación debe centrarse en formar el deseo, no en reprimirlo. Esto significa ayudar a los jóvenes a reconocer que la verdadera libertad no consiste en la multiplicación de experiencias, sino en la capacidad de elegir un bien que perdure.

Las historias, los testimonios y la reflexión compartida sobre la experiencia vivida son más eficaces que las normas abstractas. La voluntad crece cuando se siente atraída por una forma de vida que tenga sentido.

Para evitar el legalismo es necesario mostrar la belleza del amor fiel, de modo que el compromiso no se perciba como una restricción, sino como un camino hacia la plenitud.

Advierte que la teología se ha centrado casi exclusivamente en el «momento del consentimiento jurídico» del matrimonio. Si desplazamos el foco hacia el «recorrido afectivo» previo y posterior, ¿cómo se redefine el papel del sacerdote? ¿Debe dejar de ser un «oficiante de un contrato» para convertirse en un «compañero de discernimiento» de una historia que ya está habitada por Dios?

– Si se toma en serio el camino emocional y relacional, el papel del sacerdote se amplía. Ya no es principalmente el oficiante de un acto jurídico, sino un guía que ayuda a discernir la presencia de Dios, que ya está actuando en la historia de la pareja. Esto no resta importancia al consentimiento, sino que lo sitúa dentro de un proceso de fe más amplio.

El sacerdote acompaña, interpreta y apoya un camino, ayudando a la pareja a reconocer que su amor está llamado a convertirse en una respuesta consciente y duradera a la iniciativa de Dios.

Argumentos

Filósofo teísta y ‘la gata’ discuten “evidencias científicas” sobre Dios

Enric F. Gel, ‘Adictos a la Filosofía’ en Youtube, ha coincidido con Rocío Vidal (‘La gata de Schrödinger’), en que “no hay una forma inexorable de razonar hacia la existencia de Dios, una demostración propiamente científica, en el terreno de la filosofía”. Ambos discuten las ‘Evidencias científicas’ de González Hurtado.

Francisco Otamendi·2 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

El libro de José Carlos González Hurtado ‘Evidencias científicas de la existencia de Dios’, junto a otros recién publicados, está dando juego en el análisis mediático. 

Uno de los debates más recientes ha tenido lugar en las redes sociales en el video de ‘Adictos a la Filosofía’ titulado ‘Filósofo teísta reacciona ante la gata de Schrödinger. ¿El libro que demuestra a Dios?’”. El interrogante final es todo un síntoma.

Recogemos como botón de muestra un apunte de las conclusiones que formula Rocío Vidal (la gata de Schrödinger): “¿Se sigue de forma inexorable, como se defiende al principio del libro de González Hurtado), que existe un Dios creador, consciente, omnipresente y esencialmente bueno? La conclusión es no. Mi conclusión de la primera parte, es que Dios sigue en el terreno principalmente de la filosofía, no de la ciencia”.

El filósofo comparte tesis

Podría parecer que el filosófo autodenominado teísta en Youtube, Enric G. Gel, “reacciona” ante las tesis de la gata, pero no. El autor de ‘¿Hay filosofía en la nevera?’, comparte con Rocío Vidal que “no hay una forma inexorable de razonar hacia la existencia de Dios, una demostración propiamente científica de que Dios existe”.

“Estamos en el terreno de la filosofía, y aquí, lo siento por los que buscan la certeza cartesiana. Pero no tenemos pruebas irrefutables, ni de esto ni de nada, es que en ningún tema”, añade.

Da la impresión de que el filósofo Enric, en este video de 26’ 57”, marca límites a los argumentos teístas, y al paso desde “hay una causa del universo” a “esa causa es Dios”. “Cualquier razón que uno pueda dar a favor de ese paso será filosófica y en filosofía no estamos ni de lejos en el campo de las pruebas irrefutables”, dice al final.

Por teísmo se entiende, en líneas generales, la creencia que afirma la existencia de un ser supremo, un ser creador del universo.

Dos premisas; respeto a las personas

Antes de recoger algunos de los argumentos, convendrá señalar que Enric revela en el video que él cree en Dios, y Rocío, la gata de Schrödinger, no. 

La segunda cuestión es el respeto. “Evitemos todo comentario insultante u ofensivo hacia las personas, en concreto Rocío. De mi parte, no hay ninguna enemistad hacia ella, sino todo lo contrario”, señala Enric F. Gel.

Demostremos esa convicción que tanto trato de promover en este canal, añade. “En filosofía, gente igual de inteligente, razonable, honesta e informada puede discrepar sobre casi todos los temas y no pasa nada”. 

“Este tema de la existencia de Dios llevamos discutiéndolo los filósofos siglos y siglos: ni está cerrado ni se va a cerrar en el futuro próximo, así que no porque alguien piense distinto de uno significa que no sepa pensar”.

Un punto muy positivo del vídeo de Rocío, valora Enric, es que “enmarca correctamente la discusión dentro del ámbito filosófico, alejándose de ese cientificismo que exige que todo, sin excepción, pase por el tamiz del método científico.

Rocío lo corrobora: “Yo siempre he sido muy crítica con el cientificismo, que piensa realmente que el método científico es la única forma de conocer la realidad. Por eso estudio filosofía”.

“Teísmos y ateísmos hay muchos y de muy diverso tipo” 

El análisis, del que sólo se expone algún aspecto, parte de “dos puntos menores, muy menores, de discrepancia. Primero, el ateísmo como falta de creencia en Dios”, dice Enric.

Rocío critica las tesis de González Hurtado: “Primero, continuamente menciona el ateísmo como una ideología o como una fe. Esto es una consideración inicial que hay que hacer, puesto que el ateísmo no es un movimiento, no es una ideología ni es un activismo. De hecho, la consideración de fe atea es un oxímoron en sí mismo, puesto que el ateísmo, si acaso, sería una falta de creencia. La falta  de una creencia no puede ser una fe; es la falta de fe».

Enric comparte la tesis: “Tiene razón Rocío en que hablar del ateísmo como un movimiento unificado es complejo, y lo mismo con el teísmo. Lo podemos hacer para  entendernos, pero sin dejar de ser conscientes de que teísmos y ateísmos hay muchos y de muy diverso tipo”. 

Ateísmo: ¿Falta de creencia en Dios o negación de la existencia de Dios?

Sin embargo, Enric señala que “el punto que pondría en cuestión es tratar el ateísmo como una falta de creencia en Dios, como dice Rocío.

Es cierto que en determinados sectores se tiende a definir el ateísmo de ese modo, pero yo personalmente prefiero simplemente tratarlo como la negación de la existencia de Dios. Por lo general, aunque haya algunas excepciones, en filosofía se ha tendido a tratar el ateísmo de esa manera: como la posición que niega la existencia de Dios. 

Segundo, definir ateísmo como la falta de creencia en Dios creo que lleva fácilmente  a confusión al meter bajo el mismo paraguas dos actitudes muy diferentes”. 

Tres respuestas posibles a la pregunta ¿Dios existe?: sí, no y no lo sé

Y es que tanto el que niega directamente la existencia de Dios como el  que simplemente se encoge de hombros y dice que no sabe si Dios existe, los dos carecen de la creencia en Dios. Para el que se encoge de hombros, ya tenemos un término  bastante extendido, el de agnóstico.

Por tanto, parece mejor y más útil reservar “ateo” para el primero, para el que niega directamente que Dios exista.

De hecho, éste parece ser el uso más natural también, porque, ya que existen tres respuestas posibles a la pregunta “¿Dios existe?” (sí, no y no lo sé), la tríada teísta, ateo y agnóstico parece la más acertada. Pero esto, como os decía, es un punto muy menor y se reduce a una  discrepancia de cómo utilizamos las palabras. Si alguien prefiere otra definición de ateísmo, no es un gran problema. 

El argumento cosmológico Kalam

El considerado argumento cosmológico versión Kalam es objeto de análisis en el video de ‘Adictos a la Filosofía’.

Rocío: “Vamos a basarnos en el argumento cosmológico Kalam, que es el actualmente, yo creo, más extendido, cuyas premisas son éstas: todo lo que comienza a existir tiene una causa. El universo comenzó a existir, por tanto, el universo tiene una causa y esa causa solo puede ser Dios”.

Enric: “Aquí, perdonad el inciso, una crítica muy común y que Rocío no hace, es la de preguntar, ‘Bueno, y si todo tiene una causa, ¿qué causó a Dios?’.

Pero fijaos que la objeción cae en un hombre de paja, porque el argumento en ningún momento dice que todo tenga que tener una causa. Lo que dice es que todo lo que empieza a existir tiene una causa. Como Dios, por hipótesis, no  empieza a existir, no se le aplica ese principio causal”. 

¿La primera causa es Dios? 

Rocío: “Este argumento lógico es muy interesante, pero hace falta analizar tanto las premisas como la conclusión. La premisa de que el universo comenzó a existir, o sea, que existe una creación, la analizaremos en el próximo apartado.  

Pero aún con esto, aquí hablamos de que tiene que haber una primera causa y una causa incausada”.  

“Algo o alguien debe haber creado el universo,  puesto que todo lo que comienza a existir necesita una causa y tenemos que frenar a algún lado, y ese lado solo puede ser un ente eterno, necesario y creador, ergo, Dios. 

Ya lo he dicho, esto es un debate filosófico interesantísimo, ¿no? Puesto que todo debe necesitar una causa, excepto Dios. Pero realmente también tenemos que llegar a Dios”. 

Postura atea sobre cuál podría ser la causa incausada del universo

“Lo que se defiende desde la postura atea, por decirlo de alguna manera, es que, ¿por qué no frenar el universo? ¿Por qué no sea el universo esa causa incausada?”, se pregunta Rocío.

“El salto lógico a que eso implique un Dios creador, eterno, personal y bueno, es un salto lógico que no se puede demostrar científicamente. Es incognoscible, es interesantísimo para debatir, pero no es una prueba irrefutable. Nos falta  mucho por saber sobre las leyes físicas, incluidas las leyes de la cuántica. 

Por lo tanto, esa causa incausada del universo podría ser una ley física, un estado cuántico, algo que no conocemos, Dios… Las hipótesis están todas encima de la mesa y solo nos ponemos situar en el terreno de la duda».

El paso de “Hay una causa del universo” a “Esa causa es Dios”

Podría pensarse que el filósofo teísta podría poner matices a este argumentario. Pero Enric afirma: ”De nuevo aquí hay mucho con lo que estoy 100% de acuerdo. “El paso de “Hay una causa del universo” a “Esa causa es Dios”,  se conoce en la literatura como el ‘gap problem’. Y es algo muy discutido que, desde luego, no se puede demostrar científicamente”. 

“Cualquier razón que uno pueda dar a favor de ese paso será filosófica y en filosofía no estamos ni de lejos en el campo de las pruebas irrefutables. Hay margen, en mi opinión, para hipótesis naturalistas de la primera causa, y si son convincentes o no, ya tiene que juzgarlo cada uno desde su propio pensamiento crítico”.

Postura teísta: esa primera causa tiene también atributos personales

Lo que es común aquí en el lado teísta es combinar el argumento cosmológico,  que te estaría llevando solamente a una primera causa incausada y necesaria, con otros argumentos como el argumento del ajuste fino o el argumento moral que te permitirían hacer razonable la hipótesis de que esa primera causa tiene también atributos personales como la inteligencia o la bondad. 

Otra vez, ¿pruebas irrefutables? Ninguna, pero tampoco pretenden serlo, al menos a nivel académico”, añade Enric.

Jose Carlos Gonzalez-Hurtado, autor de «Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios».

González Hurtado: ‘El Big Bang fue el momento de creación del universo’

Para entender mejor las consideraciones del filósofo y la gata sobre el Big Bang, será útil conocer qué dice José Carlos González Hurtado en su libro ‘Evidencias científicas de la existencia de Dios’. En síntesis, cuanto más se conoce el Big Bang (Gran Explosión), más se cree en Dios, escribe.

En efecto, González Hurtado afirma:

“El Big Bang fue el momento de creación del universo, que ocurrió, con toda certeza, hace 13.700 millones de años. (…). “El universo también tuvo un principio –el Big Bang– y eso pone en un aprieto a los científicos y no científicos ateos”.

“Porque si hay un principio también habrá un Principiador. Si hubo creación, también es necesario un Creador”, prosigue el autor de ‘Evidencias científicas’. “Hay que pensar que no sólo toda la materia del universo se creó en ese momento sino que también el tiempo empezó en el Big Bang, es decir que no hubo “antes” del Big Bang. Eso nos lleva a un ser intemporal –omnipotente–, no material e inteligente como el creador del Big Bang. Eso es lo que llamamos Dios”. 

Rocío: “no lo podemos asumir como evidencia científica”

«Pero es que hay otro problema importante que nos lleva al segundo argumento  central, yo creo, del libro, ¿no?” (El de González Hurtado), recoge Rocio en el video de Enric.

“Y es que el Big Bang es una evidencia científica y el Big Bang demuestra que ha habido un momento de creación”.  

El libro (de GH) desarrolla mucho la historia con George Lemaître, que al final era un sacerdote católico y que fue, pues, el desarrollador principal de la teoría del Big Bang, lo cual, según los argumentos del autor, demostraría, pues, como digo, ese momento de creación. 

Esa premisa lógica no está totalmente demostrada, es una de las hipótesis que se manejan en ciencia”, asegura Rocío. 

De hecho, lo que la evidencia muestra del momento del Big Bang es que el universo pasó por un momento de alta densidad de materia, pero no una creación per se. Sabemos que hubo una expansión tremenda después de un momento primitivo. No podemos saber de momento con las herramientas que tenemos que había antes de esa gran expansión. Eso nos sitúa en varias hipótesis. Una, la de la creación absoluta y ahí entraría pues lo que defiende el autor de un momento de un creador”. 

Enric: “El Big Bang no lleva necesariamente a un inicio absoluto en el tiempo”

“Me vais a decir que estoy todo el rato de  acuerdo con ella, pero no, tranquilos, enseguida llegamos a algún punto de discrepancia (…). Pero sobre esto, yo siempre he dicho que a mí el Big Bang no me parece que te lleve necesariamente a un inicio absoluto en el tiempo”, afirma Enric.

“Creo que es compatible con distintos modelos de un universo eterno. Y aquí quiero ser cauto porque, bueno, soy consciente de que hay mucha discusión  acerca de este tema y al final yo no tengo tampoco las credenciales para ser una autoridad acerca de lo que se sigue o lo que no se sigue del Big Bang, pero de lo que yo he podido leer, escuchar,  etcétera, es la impresión que me llevo, que no hay un paso tan evidente, automático y necesario desde el Big Bang al inicio absoluto del tiempo.”. 

“Me parece que es un error tomar el Big Bang como inicio absoluto del universo». (…) “Creo, por supuesto, que el Big Bang es compatible con que ahí se dé un inicio temporal absoluto, pero no me parece que tenga que leerse necesariamente de esa manera”. 

Algunos autores

En su análisis, Enric cita algunos autores que puede ser útil consultar. Por ejemplo, David Oderberg. 

De todos modos, añade, “si te interesa profundizar en un argumento cosmológico  distinto del Kalam y que además está muy chulo, te recomiendo este libro «Cómo la razón puede llevar a Dios», de Joshua Rasmusen, traducido por él mismo.

Por si les es útil saberlo, la IA recuerda que la Iglesia afirma explícitamente que el ser humano puede conocer la existencia de Dios mediante la razón natural, a partir de las cosas creadas. Y también que, según Benedicto XVI, la razón puede abrirse a Dios, pero necesita ampliarse (no reducirse al método científico). Un tema tratado en el video.

El autorFrancisco Otamendi

Actualidad

El Opus Dei centra el foco en su I Centenario: «No va a ser una fiesta sin más»

El próximo octubre, la institución fundada por san Josemaría Escrivá comenzará, con mayor intensidad, la preparación a su primer centenario poniendo el foco en  ser «Contemplativos en medio del mundo».

Maria José Atienza·1 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Opus Dei ha lanzado un breve video para “poner la mirada” en el próximo centenario del Opus Dei, que cumplirá sus primeros 100 años el 2 de octubre de 2028.

“Queremos renovar nuestro deseo de servir a Dios, a la Iglesia y a la sociedad durante los 500 días que van desde el 2 de octubre de 2028 hasta el 14 de febrero de 2030”, se destaca en este vídeo, ya que, si bien el fundador del Opus Dei “vió” la Obra el 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales, el comienzo de la labor con mujeres data del 14 de febrero de 1930. 

Tres líneas maestras: contemplación, amistad y trabajo

Tal y como adelantó el Prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, en su carta del 19 de marzo de 2026, durante 2027, 2027 y el primer año del centenario, 2028, los fieles del Opus Dei pondrán el foco en tres aspectos centrales de la vocación: la contemplación en medio del mundo, el apostolado de amistad y el trabajo como medio de santificación. “Tres enseñanzas centrales de san Josemaría, con el deseo de servir mejor a las personas que nos rodean, a la Iglesia y a la sociedad entera”, apuntaba Ocáriz en ese mensaje.

De este modo, el próximo mes de octubre, la contemplación en medio del mundo será el eje de oración, trabajo y examen también de todos los que forman el Opus Dei y quienes participan en sus labores apostólicas.

“Empezamos este octubre, ser contemplativos en medio del mundo para descubrir ese algo divino escondido en las realidades más comunes del trabajo, la familia y la vida ciudadana. El año que viene seguiremos con el valor de la amistad para ser Cristo que pasa y descubrir a Cristo en los demás, porque es en esos vínculos donde compartimos el evangelio de corazón a corazón. Y durante el centenario reflexionaremos sobre el trabajo como lugar donde unidos a Dios, inspiremos la transformación del mundo según el corazón de Jesús. Santificar el trabajo, santificarnos con el trabajo, santificar a los demás con el trabajo”.

Estos temas surgieron como síntesis de todos los mensajes recibidos a raíz de las Asambleas Regionales que, durante un año, congregaron a varios miles de personas en casi 70 países para preparar este centenario. 

Agradecimiento, petición de perdón y unidad

“Además de profundizar y reflexionar, celebraremos a todas las personas que nos han traído hasta aquí y a todas las que están por venir, dando gracias a Dios por los dones recibidos y por todo lo que seguimos aprendiendo”, apunta el Opus Dei en este vídeo. 

Un agradecimiento y una petición de perdón por “no hemos conseguido prever y solucionar cada detalle, pero seguimos trabajando y estando juntos”. 

La llamada a la unidad entre los miembros de la Obra y de la Obra con la Iglesia y el Romano Pontífice ha sido una constante en estos años. 

Los nuevos estatutos , aun sin confirmar

Desde la entrada en vigor del Motu Proprio Ad charisma tuendum (2022) y la reforma del Derecho Canónico de 2023, el Opus Dei se encuentra en un periodo de adaptación y redefinición de su “encaje jurídico”. 

Actualmente, los estatutos definitivos siguen en fase de estudio y valoración con la Santa Sede tras el Congreso General de 2025 que dio lugar a la propuesta de la prelatura.

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Educación

Las notas de una verdadera educación en la fe 

En octubre de 1969, el número 50 de la revista Palabra publicaba un extenso artículo de Dietrich Von Hildebrand sobre educación. Reproducimos el texto, algunas de cuyas propuestas siguen teniendo vigencia hoy día.

Dietrich von Hildebrand·1 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 16 minutos

Si queremos exponer las verdaderas notas de la educación en materia religiosa; es indispensable que incluyamos el desenmascaramiento de los errores actuales que llenan el ambiente; debemos rebatir los “slogans” que confunden a mucha gente fiel y piadosa, porque no alcanzan a comprender el carácter herético de estos “slogans” y su incompatibilidad con la verdadera fe cristiana. Hay cuatro errores que están abriéndose camino en la supuesta “reforma” de la enseñanza de la religión. Vamos a examinar brevemente cada uno de ellos.

I. EL MITO DEL “HOMBRE MODERNO”

El primer error es el mito del “hombre moderno”, proclama el cambio total de la naturaleza del hombre de nuestro tiempo. Se aduce que el hombre ha cambiado tan radicalmente que no podemos esperar tenga la misma forma de acercarse a la Iglesia, que tuvo en los pasados dos mil años. Porque el hombre vive ahora en un mundo industrializado, se cree que ha sufrido un cambio total; cada vez puede dominar más al mundo a través del progreso tecnológico. Y esto, supuestamente, le hace una criatura diferente.

El mito del “hombre moderno” ha sido inventado por unos cuantos sociólogos, pero ha sido, desgraciadamente, aceptado por muchos como una verdad sencilla e indudable. Ciertamente, la vida exterior ha cambiado mucho, pero el hombre mismo no ha cambiado. Los principios de felicidad son los mismos que han sido siempre: el amor, el matrimonio, la familia, la amistad, la belleza, la verdad y, sobre todo, la paz interior, una buena conciencia. Sus enemigos morales son los mismos que lo fueron antes: la soberbia, la concupiscencia y sus frutos, las malas pasiones, la ambición desordenada, la envidia, el deseo ciego de poder, la avaricia, la codicia, etc. Lo mismo puede decirse de las virtudes morales, cuya práctica se le exige: justicia, integridad, pureza, generosidad, humildad, caridad. El hombre tiene hoy la misma condición que tenía antes, las mismas capacidades de inteligencia, de conocimiento y de voluntad libre, el mismo corazón que puede alegrarse y sufrir, el mismo destino. Tiene tanta necesidad de redención como antes. Las palabras de San Agustín se le aplican tanto como antes: “Nos has creado, Señor, para Ti, y nuestros corazones están inquietos hasta que encuentren su descanso en Ti”.

En realidad, ¿cuál es la fuente de que sirven los sociólogos para saber que el hombre de hoy ha cambiado totalmente? ¿En qué basan la existencia de este “hombre moderno”? ¿Han hecho pruebas, una encuesta y preguntado a cada hombre si él es un “hombre moderno”, con necesidades completamente diferentes, a quien ya no se aplican las mismas normas morales? ¿Y cómo pueden, aquellos que proclaman al mismo tiempo que todo conocimiento está limitado por el tiempo, asumir que sus tesis sobre “hombre moderno” no serán objeto de risa dentro de cincuenta años?

a) La naturaleza del hombre no cambia

En realidad, la naturaleza del hombre no ha cambiado a través de la historia. Basta leer los diálogos de Platón o a Herodoto, para ver que el hombre permanece siempre el mismo en su estructura básica. Hay un solo cambio radical en la historia: la venida de Cristo, la Redención del hombre a través de su muerte en la cruz, el don de la vida de gracia a través del bautismo. Así, por su vocación a la santidad todo hombre está llamado a realizar este cambio dentro de sí mismo.

A pesar de la identidad de la naturaleza del hombre a través de todas las épocas de la historia, hay, naturalmente, grandes diferencias entre hombres y hombres, en su mentalidad, en sus criterios morales e intelectuales. Pero estas diferencias se encuentran entre los hombres de cualquier época. La pretensión, por tanto, del cambio completo en el hombre es un mito, no únicamente porque la naturaleza del hombre no ha cambiado básicamente, sino también porque el mismo “hombre moderno” es un mito; ¡como si en una época todos los hombres tuvieran la misma mentalidad y estructura! Es una pretensión completamente arbitraria sin ningún fundamento científico. De hecho, la diferencia de mentalidad entre los hombres de la misma época es aún más grande que el contraste entre las diferentes épocas.

b) Una influencia fatal

Este mito del “hombre moderno” tiene una influencia fatal en la educación, especialmente en la educación religiosa. Existen demasiados pedagogos de religión que creen que al niño de hoy debe dársele una dieta religiosa completamente distinta. Dan por supuesto que la educación religiosa de tiempos pasados no puede ser provechosa hoy; y esto no porque tuviera defectos, sino porque iba dirigida a un “joven que hoy ya no existe”. Dan por supuesto que los métodos de enseñanza e incluso el contenido de la enseñanza, deben ser adaptados a este ser mítico, al “hombre moderno”. Olvidan reconocer la igualdad básica de la naturaleza del hombre en todos los tiempos, incluso la identidad de la juventud. El hombre ha tenido siempre las mismas necesidades espirituales, los mismos peligros del corazón o el engaño de sí mismo, la misma falta de madurez durante la pubertad, las mismas tendencias de la carne, la misma sed de Dios del alma naturalmente cristiana. La naturaleza del hombre está siempre propensa a la misma rebeldía contra la autoridad, por una parte; y es, por otra, el mismo ser inclinado por los falsos “maestros”. El hombre siempre tiene en lo profundo de su alma la misma necesidad y la misma sed de dirección ejercida por una autoridad verdadera. En lugar de ver todo esto, esos pedagogos caen víctimas del ilusorio concepto de “joven moderno”, que por lo visto, solo puede ser alcanzado a través de un tipo de educación religiosa completamente nuevo. Pero el peor efecto de este mito es que estos pedagogos creen que no solamente los métodos deben ser cambiados, sino también el contenido mismo de la educación religiosa… Es decir, la misma verdad religiosa debe adaptarse a esta mente moderna. Tal actitud lleva claramente a la vacuidad de la fe, a la destrucción de la verdad revelada y de la doctrina de la Iglesia, y a suplantar el supuesto espíritu de una época, lo cual es una contradicción.

II. LA EXPERIMENTACIÓN

El segundo error básico de la creencia que para hallar el camino más eficaz de guiar las almas de la gente joven a una vida religiosa no formalista, sino vital, ha de recurrirse a la experimentación. A la base de esta noción de experimentación o de la “felicitación de la ciencia natural”, la ingenua creencia de que el único método de conseguir cualquier certeza en el conocimiento es el del laboratorio; de que el “ángulo de visión experimental” se olvida que esto puede conducir a resultados solo en ciertos campos, y que su uso en otros es la máxima expresión del método anticientífico. No tiene sentido —y es completamente imposible— usar el método experimental en campos espirituales como la moralidad, religión, matrimonio, amor; y en materias intelectuales como lógica, ontología, matemáticas, etc. En todos estos objetos, la única forma de obtener un conocimiento seguro es a través de un método completamente diferente. Todos estos son asuntos en los cuales uno debe obtener un conocimiento intuitivo, una verdadera evidencia. Para todas estas cosas, los experimentos no tienen sentido. Nadie diría: debemos hacer experimentos para saber que 2 y 2 son 4, o para descubrir el principio de contradicción.

Pero la experimentación en algunos de estos campos no puede ser desechada solamente porque no tiene razón de ser, porque es inaplicable y estéril, es decir, por razones epistemológicas en algunos casos, debe ser desechada también porque es inmoral, incompatible con la reverencia que ciertas cosas exigen o con la misma naturaleza de un ser. La experimentación implica la posibilidad de un control y la repetición de un suceso bajo las mismas circunstancias. Ahora bien, hay muchos campos en los que las mismas circunstancias no pueden producirse en intentos sucesivos y en los que someter algo a prueba contradice, además, la misma naturaleza de ese algo. Supongamos un hombre que dice: “vamos a hacer experimentos sobre la contrición: debes primero cometer un robo, luego adulterio y después observaremos si tu contrición tiene las mismas características en ambos casos. La observación es inmoral de tal proposición debe parecer evidente a cualquiera que esté en su sano juicio. No se trata únicamente de que la gravedad de cualquier pecado prohíba la investigación experimental, sino que, además, es imposible hacer del pecar un objeto de experimentación. Ni la observación por otra persona, ni la observación propia pueden conducir a ningún resultado digno de consideración, porque la verdadera contrición está dirigida hacia Dios y basada en el hecho de que nosotros le hemos ofendido. En cuanto hago de ella un “experimento” o dejo de verla con una actitud neutral de laboratorio, deja de ser contrición.

Esta clase de experimentación, terrible y vacía, no es sino una acción engañosa del tipo de las que se encuentran en el desarrollo de los Masters y Johnson, donde la relación sexual se hace objeto de estudio de laboratorio.

Todos sabemos el entusiasmo con que muchos defienden la experimentación en los campos de la liturgia y de la educación religiosa. Se cree que la experimentación es remedio para superar el convencionalismo en la educación, que indudablemente se ha difundido mucho en los últimos tiempos. La experimentación es colocada como un método realista; nos pone en contacto vivo con la realidad, sustituye teorías por hechos, nos permite escuchar la realidad en su plenitud y variedad. Pero esta misma tendencia de que la experimentación es la única forma de entrar en contacto vivo con la realidad, es teoría pura y, además, errónea. Convierte la vida, la plenitud del ser, con todo su sabor, riqueza y belleza en un mero laboratorio.

Para saber cuál es el mejor método de educación religiosa debemos ciertamente atender a la realidad. Pero este atender se opone, no sólo a teorías abstractas, sino también, en la misma medida, a la experimentación. Atender a la realidad, en este contexto, significa, por una parte, un profundo análisis de la naturaleza de la religión, y por otra, un análisis de la forma adecuada de transmitir la verdad religiosa a las almas. Esta segunda tarea exige un análisis del alma humana en general, y de la naturaleza de cada joven en particular. Lo que aquí es esencial es una actitud reverente, una admiración que es la base de la verdadera filosofía. Supone esta actitud y también el deseo de comprender los elementos inteligibles del ser. Sin una verdadera reverencia, no podremos alcanzar un entendimiento más profundo de las verdades ni descubrir las causas de los fallos pasados. Tales verdades sólo se dejan captar por esta actitud reverente, comprensiva, y nunca por aquel acceso neutral de laboratorio.

Esencialmente inmoral hacer de las almas de los niños un objeto de experimentación con respecto a la única cosa necesaria, a la fundamental cuestión de la fe, de la unión con Cristo. Este enfoque socava ab ovo cualquier educación religiosa verdadera; es una especie de vivisección espiritual, una abominación a los ojos de Dios.

III. LA ACOMODACIÓN

El tercer error básico es el equívoco concepto de la “vitalización”. Los nuevos pedagogos dicen que la religión no debería ser algo abstracto para el joven, algo separado de su vida diaria, algo sobre lo que él piensa en la Iglesia, pero que olvida rápidamente cuando sale; algo que es tan extraño, que está tan en las nubes que nunca se siente cómodo en ello, algo a lo que nunca se acaba de acostumbrar. Pero eso no significa pseudo-reformadores, debemos presentar la religión de una manera que encaje en la vida diaria del joven, que se haga parte de su mundo en el cual él normalmente se mueve y vive. Debemos adaptar el contenido de la religión al tiempo presente; debemos adaptarla a la mentalidad de nuestra época de tal forma que el joven la pueda aceptar con facilidad. Las lecciones de religión se deben combinar con cosas que le diviertan y atraigan.

Así también —siguen— el culto debe ser adaptado. La misa debe ser presentada con jazz y rock and roll para que el joven se encuentre como en casa. Verá entonces el culto religioso, no como una mera obligación aburrida, sino como algo alegre y vivo. Como ha señalado en mi libro El caballo de Troya en la Iglesia, esta idea de una “religión vivaz” descubre una ignorancia completa de la naturaleza de la religión y de la revelación cristiana. Trae consigo, no la vivificación, sino el entierro de la religión. La verdadera vivificación de la religión consiste precisamente en lo opuesto.

Sin duda, el mal de una religión meramente “convencional” estaba muy extendido en los últimos cincuenta años antes del Concilio Vaticano II. Por religión convencional entiendo aquella en la que el hombre considera su relación con Cristo y con la Iglesia como una simple legalidad, similar a lo que tenía el Estado del que es ciudadano. Es católico porque nació católico y pertenece a la Iglesia, igual que pertenece a su familia y a su país. Cumple las obligaciones derivadas de esto: va mucho como algo que se espera de él; asiste a misa los domingos, y al menos una vez al año se confiesa y comulga. Se casa en la Iglesia, y no se vuelve a casar si tiene la desgracia de separarse.

Este forma de religión se considera como parte normal de la vida convencional del hombre, algo que encaja en su forma de vivir. El hombre no tiene el más ligero deseo de interiorizar la religión en la que nació. Pero nunca realiza una confrontación real con Cristo. Nunca se da cuenta de la necesidad que el hombre tiene de redención; nunca llega a hacerse cargo de que Cristo nos ha redimido. Nunca siente el mundo de Dios, un mundo absoluto, nuevo y sagrado. No tiene ojos espirituales para la realidad sobrenatural que se nos ha revelado en la Santa Humanidad de Cristo. Este hombre religioso convencional no se ha dado cuenta de algo de la Iglesia, ante el hecho de que ella ha engendrado innumerables santos, siendo cada uno de ellos una prueba inequívoca de la redención del mundo por Cristo. Nunca ha visto en el santo un ejemplo luminoso del motivo mismo de nuestra vida, la mismísima razón de ser de nuestra existencia: glorificar a Dios a través de nuestra transformación en Cristo, llegar a ser una nueva criatura en Cristo.

Tan pronto como hemos comprendido la verdadera naturaleza de la religión viva, existencial, que es la antítesis genuina de una religión meramente convencional, vemos fácilmente que el intento de enturbiar la diferencia entre lo natural y lo sobrenatural es precisamente la forma de despojar a la religión, y de socavar la posibilidad de un verdadero desarrollo interior. Los fallos del pasado tenían sus raíces en el hecho de que las verdades religiosas eran presentadas de una manera abstracta, conceptual. La sorprendente realidad de lo sobrenatural y su radical diferencia de lo natural, nunca fue colocada de una forma y con un estilo correcto; es decir, de manera que diera al estudiante una conciencia viva e intuitiva de las grandes cosas que tenía delante de sí.

La fe, entonces, se hizo convencional porque nadie preparaba suficientemente las almas de los niños en un encuentro de la belleza y gloria infinitas de la Revelación de Cristo; nadie desarrolló suficientemente su sentido hacia lo sagrado, la belleza intrínseca de la santidad, para percibir el abismo que separa la santidad de la simple eficiencia; nadie le descubrió suficientemente la diferencia entre cualquier felicidad humana y la felicidad que sólo Dios puede derramar en el alma de todo el que cree en Él y le ama, una felicidad que puede estar presente y ser saboreada ya en esta vida terrena.

Una amarga ironía

Y qué amarga es la ironía con que ahora nos enfrentamos: lo que antes se omitía como una especie de modorra burocrática es aquello a lo que algunos de hoy apuntan de una forma sistemática, explícita y consciente: el oscurecimiento de la diferencia entre lo sagrado y lo profano, la supresión del sentido de lo sobrenatural. Y esto se hace a guisa de desconven- cionalizar la fe y hacerla viva. Es una cura singular que intenta combatir la enfermedad a base de producir una mayor abundancia de la misma enfermedad. Y esto que no es más que un caso de inmunizar por inoculación. La “cura” del secularismo es prescrita por esos pedagogos que han perdido la verdadera fe. Ya no entienden lo sobrenatural ni el alma del hombre: aquel al que Dios llama y donde el hombre es arrollado hacia Él, y aquel al que llaman los placeres mundanos, el espíritu del mundo. Estas antítesis con que la gente moderna está enfrentada a la enseñanza religiosa. Nunca preguntan por qué los jóvenes son atraídos: ¿están atraídos por el auténtico mundo de Cristo? ¿o es que lo que se les ofrece ha sido adaptado al ambiente y al espíritu que los rodea, en un mundo desnaturalizado y deshumanizado que, naturalmente, tiene un atractivo propio hasta el punto que el contenido de la religión está completamente falsificado?

IV. UN CREDO SECULARIZADO

Y esto nos lleva a la consideración de un cuarto error. En su afán por hacer que la enseñanza de la religión tenga éxito, los “nuevos pedagogos” olvidan la naturaleza del verdadero éxito, que es lo único que interesa. Están satisfechos si un medio tiene éxito, aunque esté completamente antitético a su fin genuino. Socavan el significado auténtico y razón de ser de la educación religiosa, que es exclusivamente transmitir a la gente la enseñanza de la Iglesia, plantar en sus almas una fe profunda, inconmovible y promover en ellos el amor a Cristo, un deseo pleno de seguirle y de vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios.

Estos pedagogos se felicitan por el brillante éxito de su “nuevo enfoque” en la enseñanza religiosa; no parecen darse cuenta de que el atractivo de su método se compra a base de repudiar, por su parte, las mismas verdades y realidades sobrenaturales que supuestamente trataban de impartir. Su “éxito”, entonces, es comparable al del cirujano que se jacta: “La operación ha sido un éxito brillante, pero el paciente ha muerto”. Así, al fin al que tendían y que es su sentido a la operación se sacrifica por la brillantez de la operación. La fe de cualquier joven que ha sufrido este tratamiento desgraciado no es ya la verdadera fe cristiana. Un credo secularizado y humanitario que carece de las características básicas de la Revelación de Cristo, ha sido inculcado en su mente. No cree ya en el pecado original, en la necesidad de redención, en el hecho de que hemos sido redimidos por la muerte de Cristo en la Cruz. No cree ya en la única cosa necesaria: nuestra transformación en Cristo, nuestra amorosa relación personal con Cristo. Ignoran completamente la verdadera caridad que puede nacer exclusivamente en el corazón del que ama a Dios sobre todas las cosas; a Dios tal y como se ha revelado a sí mismo en Cristo. El conocimiento de la fe que tiene no incluye el papel de la contrición, el horror al pecado, la gloriosa unión sobrenatural de todos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo.

¿Qué sentido, qué significación tiene una enseñanza religiosa, qué derecho tiene a existir si lleva a un credo que tiene más afinidad con el New York Times que con el Evangelio y el depósito de la fe? ¿Qué importa entonces que muchos jóvenes sean atraídos a esta enseñanza religiosa? ¿Por qué la gente es atraída a esta enseñanza pseudo religiosa? ¿Qué tiene de particular este pseudo catolicismo que es fácil y alegremente aceptado por la juventud; que “coopere” con el maestro sin dificultad? Este éxito es, en realidad, un éxito falso. Puede quizás satisfacer la vanidad del maestro, pero es el sepelio de la verdadera y la traición de la verdadera vocación del maestro. Esta operación de enseñanza ha sido realmente un “éxito”: ¡la fe de los estudiantes está muerta!

Hay que presentar la fe auténtica

La verdadera antítesis de un cristianismo convencional es la vitalidad enraizada en la auténtica fe católica, la inconmovible en el Credo que nuestro Santo Padre el Papa Pablo VI proclamó solemnemente al final del Año de la Fe. Es el profundo amor a Cristo, la decisión de seguirle, el anhelo por Él, el amor a su Iglesia, el alcance y la posesión de su belleza y esplendor, la honda gratitud a Dios por todos sus dones.

Si entendemos lo que antecede, podemos más claramente elaborar las notas de una verdadera educación religiosa. En primer lugar, que sea realmente fructífera. En primer lugar, el contenido de nuestra fe no puede presentarse como un tema más del saber, a la manera de la historia o de las matemáticas. Debe presentarse en su absoluta singularidad, en el espíritu de la Misa del Sábado de Pascua: Annuntio vobis gaudium magnum, os anuncio una gran alegría. Las verdades fundamentales deben presentarse a los jóvenes oyentes de tal forma que les sea transmitida la atmósfera inefablemente santa de la revelación. Un aura sobrenatural debe rodear estas verdades: la creación del mundo y del hombre, la caída de Adán, el pecado original, la Revelación del Antiguo Testamento, Dios, que habla a Abraham y a Moisés, la formidable Revelación del Decálogo y la voz solemne, abrumadora de todos los profetas, especialmente de Jeremías e Isaías, y luego el inefable misterio de la Encarnación, la Epifanía de Dios en Cristo, la revelación del mismo Dios en la Santa Humanidad de Cristo, los milagros de Cristo, sus palabras eternas, su muerte en la cruz, su gloriosa Resurrección y Ascensión, y Pentecostés, el nacimiento de la Santa Iglesia.

V. EL MAESTRO

Todo esto requiere una fe profunda por parte del maestro. Nunca podemos sobreestimar la importancia de la irradiación de la personalidad del maestro, su propio acercamiento reverente a estos misterios y su delicadeza por evitar cualquier impresión de dejadez, autocomplacencia y vulgaridad en su estilo. No solamente debe estar hondamente enraizado en la cristiandad —en su amor y fidelidad a la Iglesia— sino que debe también emanar en su manera de enseñar, en su diálogo con los estudiantes. Su profundo sentido de lo sobrenatural y su amor a Cristo deben empapar su enseñanza. Y en ese momento el estudiante no debe ser para él un chiquillo que va a la escuela, un alumno corriente como en las otras asignaturas, sino más bien un alma infinitamente amada por Cristo.

El maestro de religión que quiera tener verdadero éxito ha de evitar una falta que se ha cometido con frecuencia en el pasado: el abuso de autoridad. La autoridad dura, pedante, burocrática impuesta a los niños y jóvenes es, en sí misma, algo desnaturalizado, y lo es especialmente dentro del contexto de la educación religiosa. Sin embargo, debemos insistir enérgicamente en que una ausencia completa de autoridad es todavía mucho peor: un débil ceder a los caprichos de los jóvenes o una familiaridad afectada, un tono de camaradería, el usar un tono, como expresión francesa, de frère et cochon.

Al acercarse al muchacho de una manera recatada, en la que una noble reserva se entrelaza con un gran amor, el maestro deberá actuar con una auténtica autoridad. Debe también tratar de mostrar a la gente joven la belleza y dignidad de la verdadera autoridad y su diferencia de la pseudo-autoridad que tan fácilmente se apodera de la juventud. Me refiero a la pseudo-autoridad de aquellos que tienen la habilidad de impresionar a los jóvenes con slogans, con supuestos independientes y a base de presentarse como los pioneros del futuro, como los ídolos modernos, de moda. Una tarea grande e importante, especialmente hoy, es ayudar a la gente joven a adoptar una actitud escéptica hacia esos profetas falsos. Estos “profetas” han de ser desenmascarados y reconocidos como lo que son: hombres contradictorios. Sus teorías, en su mayor parte, han de ser puestas al descubierto. Y ellos mismos han de ser estigmatizados, dada su condición pasajera, como moscas efímeras.

Libertad o esclavitud

Nunca será bastante todo lo que el maestro haga para mostrar que ser fascinado por la mayor autoridad de los falsos profetas es la mayor esclavitud intelectual y una abdicación de la propia libertad. Por el contrario, someternos a la Sagrada autoridad de Dios y de su Santa Iglesia nos hace libres. Nos da la posibilidad de conocer la verdadera jerarquía de bienes, de descubrir los instintos egocéntricos y, sobre todo, de la esclavitud a nuestra propia soberbia.

En este contexto debe mencionarse un gran logro de la educación religiosa del pasado: la misión de mostrar la belleza y profundidad de los bienes naturales nobles como el amor humano, la amistad, el matrimonio y la belleza en la naturaleza y en el arte. Esto fue una gran equivocación. Cuando el maestro despierta en el muchacho su sentido por los bienes naturales nobles y muestra la diferencia entre éstos y los bienes meramente pasajeros o bienes mundanos, está preparando el alma de su alumno para la ascensión a bienes incomparablemente más altos, a los bienes sobrenaturales. Estos bienes naturales nobles son un reflejo de la gloria infinita de Dios, un gran regalo de su bondad. Tienen la capacidad de evocar la nostalgia por el Absoluto, a quien reflejan de una manera natural. San Agustín subraya esto admirablemente en sus Confesiones.

Ciertamente los bienes creados pueden separarnos de Dios si nos apegamos demasiado a ellos, si los convertimos en ídolos. Pero, por otra parte, también tienen esta gran misión positiva: arrastrar nuestras mentes hacia arriba y preparar nuestras almas para el mensaje sobrenatural de Dios. Y cuando hemos encontrado a Cristo, cuando nuestro corazón ha sido tocado por el bien sobrenatural, cuando llegamos a aprehender la incomparable superioridad de lo sobrenatural sobre lo natural, entonces los verdaderos bienes naturales no se descartan. Antes bien, son transfigurados por Cristo y somos incluso capaces de comprender su valor más hondamente: “En la luz vemos la luz”, dice el salmista.

Una de las tareas más urgentes de la educación religiosa hoy día es desarrollar el sentido moral de los alumnos, despertar en sus almas el sentido de la fascinadora belleza y esplendor de los valores morales y un profundo horror al pecado. El amoralismo es hoy uno de los síntomas más catastróficos de decadencia espiritual y una amenaza singular para una relación verdadera con Cristo. Y también aquí debemos decir que, con frecuencia, el mundo de la moralidad ha sido presentado de una manera demasiado abstracta, demasiado negativa. Afirmaciones sobre la bondad y maldad de los actos han sido basadas en argumentos débiles. Esto tiene que ser corregido. Hay que exponer la importancia última de las categorías del bien y del mal moral. Hay que insistir en la primacía de los valores morales sobre todos los demás valores. Solamente los valores morales tienen proyección eterna. Ya Sócrates vio esta primacía de una manera grandiosa cuando dijo: “Es mejor para el hombre sufrir la injusticia que cometerla”.

Una responsabilidad grave

La responsabilidad del educador religioso en el momento presente es grande. En medio de las olas de apostasía entre los católicos, en medio de la deplorable desintegración que está ocurriendo en la Iglesia es una tarea difícil pero hermosa remar contra corriente y ayudar a establecer una fe católica firme e inconmovible en las almas de los jóvenes. Es bella la tarea de despertar en los jóvenes el verdadero amor a Cristo, el deseo fuerte de una mayor unión con Él, la decisión firme de seguir los mandamientos de Dios y el propósito de acercarse a todos los bienes naturales nobles con la luz de Cristo y con profunda gratitud a Dios.

Para cumplir esta tarea a conciencia, el educador religioso tendrá que enfrentarse con muchas persecuciones provenientes no sólo del mundo, sino también, y especialmente, de los falsos hermanos. Pero tales persecuciones nunca se deducirán hasta el punto de llevarle a hacer componendas. Las palabras de Nuestro Señor deben estar siempre en la mente del maestro: “Al que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le hundieran en el fondo del mar”.

Como en todas las tareas difíciles, sin embargo, podemos sacar gran consuelo de las palabras de San Pablo: “Nada puede separarnos del amor a Cristo”. Que los fieles maestros de religión emprendan su tarea, grande y noble, llenos de esperanza y de ardor ferviente. Que recuerden que Nuestro Señor dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

El autorDietrich von Hildebrand

Filósofo y teólogo alemán. Converso al catolicismo en 1914, tuvo que huir de Alemania por su firme oposición de intelectual al nacional socialismo.

Los jóvenes no quieren trabajar

Si el trabajo pasa de ser un don sagrado a convertirse en un ídolo, pronto demuestra que tiene los pies de barro. Los jóvenes, que no son tontos y que están descubriendo cuánto de engaño hay en tantas promesas, se han dado cuenta.

1 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“Los jóvenes de hoy son unos vagos –se dice por ahí–, no quieren trabajar. En las entrevistas para solicitar un empleo, lo primero que preguntan es cuántas vacaciones van a tener y cuánto de reducido va a ser su horario”. ¿Es verdad que no tienen aguante o es que no son tontos?

Ciertamente siempre ha habido profesionales del escaqueo, pícaros especialistas en vivir del cuento y perezosos que prefieren la sopa a doblar el lomo; pero lo cierto es que conozco a muchos jóvenes cuya capacidad de trabajo es absolutamente extraordinaria.

El esfuerzo de los jóvenes


Les hablo de Anita que, cada mañana acude bien temprano a asear a ancianos, pues trabaja como auxiliar del servicio municipal de dependencia. Es un trabajo físico duro y no siempre agradable. En lo emocional también es muy complicado, pues lidia con personas a las que se les coge cariño, pero cuya situación implica inevitablemente separaciones a veces muy dolorosas. El trabajo es por turnos de lunes a domingo, y por las noches, a veces sale mucho más allá de las 10. Los días de descanso y los ratos libres de la jornada, los aprovecha para estudiar. Se está sacando el título de Auxiliar de Enfermería y trabaja incansablemente por conseguirlo.

Les hablo también de Joaquín, que se ha sacado dos carreras simultáneamente consiguiendo premio extraordinario en cada una de ellas. Joaquín pertenece a una familia numerosa y curra en casa como el que más. Cuida de los hermanos pequeños cuando es necesario, está encargado de diversas tareas domésticas fijas y a disposición de lo que vaya surgiendo. También tiene tiempo para dar clases particulares y así sacarse unos ingresos para evitar ser gravoso en casa.

O les hablo, por ejemplo, de Mónica, que prepara unas oposiciones para lo que ha dilapidado prácticamente su vida social. Es cierto que es muy organizada y consigue rascar unas horas para sus salidas (pocas y cortas) y su tarea como voluntaria en una parroquia donde ayuda a otros jóvenes como ella. Cuando sus amigos planean un viaje o una salida improvisada no la invitan porque ya saben cuál va a ser la respuesta que les dará: «Lo siento, no puedo».

La generación de cristal

Anita, Joaquín y Mónica no son vagos a pesar de pertenecer a la llamada «generación de cristal» (nacidos a finales de los 90 o primeros 2000). Según esta denominación, deberían ser jóvenes con baja tolerancia a la frustración y una alta sensibilidad emocional, es decir, frágiles como el cristal. Se supone que la sobreprotección a la que han sido sometidos desde pequeños los habría incapacitado para el esfuerzo o para recibir órdenes de un superior que no fuera su mamá. Sin embargo, ahí están, incansables, orgullosos de lo que hacen, conscientes de que hay que trabajar duro en esta vida y esperanzados por abrirse camino en el mercado laboral y en la vida adulta.

Pero a ninguno de los tres les vale la excusa de que con esfuerzo y superación se llega lejos; lo consideran una frase de Mr. Wonderful, porque saben que hoy en día se ha roto el pacto social. Son pocas las empresas en las que los trabajadores son algo más que un número, en las que se premia el esfuerzo y la constancia de los empleados y se piensa en su bienestar fuera de su horario laboral.

Han visto a sus padres ser despedidos tras haber sacrificado los mejores años de su vida a costa de su propia salud física, mental o familiar. Conocen casos de personas que han llegado lejos, sí, pero no por trabajar más o mejor, sino por ser amigos o familia de… o por no tener escrúpulos a la hora de machacar a sus compañeros.

Han visto cómo gente con muy poco talento, pero con habilidad para adaptarse al viento ideológico del momento han encontrado trabajo con mucha más facilidad que quien profesa ideas más a contracorriente.

Han visto a hombres y mujeres adictos al trabajo, incapaces de desconectar y construir una vida más allá de su profesión. Han visto a parejas envejecer solas en una residencia porque desecharon la idea de tener hijos para darle todo su potencial a una empresa que hoy día ya ni existe.

Han visto a currantes renunciar a salir a tomar una cerveza o a hacer alguna escapada para pagar así la carrera de un hijo que ahora trabaja repartiendo paquetes de venta online porque el título lo tienen 100.000 como él y el mercado no tiene capacidad para tanto licenciado. Y encima han crecido viendo a jóvenes sin estudios hacerse millonarios haciendo algo tan fácil como enseñar su intimidad o grabar sus ocurrencias sin salir de casa.

El trabajo como don

Que muchos jóvenes elijan, por tanto, trabajar para vivir antes que vivir para trabajar corresponde, en este momento de la historia, a la lógica más elemental y quizá ellos puedan ayudarnos a poner razón en la sinrazón en la que hemos convertido un mercado laboral que no pone al ser humano, a la familia, en el centro, sino solo el beneficio económico.

En esta fiesta de san José Obrero conviene hacer una reflexión al respecto. Si el trabajo pasa de ser un don sagrado, a convertirse en un ídolo, pronto demuestra que tiene los pies de barro y los jóvenes, que no son tontos y que están descubriendo cuánto de engaño hay en tantas promesas que les ofrecíamos como sociedad, se han dado cuenta. Por cierto, según la Fundación SM, los jóvenes que se declaran católicos han pasado en cinco años del 31 al 45 por ciento. Lo dicho, son listos, y nos han pillado.

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Vaticano

9 ideas del Papa León sobre la dignidad del trabajo

Durante su primer año de Pontificado, León XIV ha hecho referencia en multitud de ocasiones a la importancia del trabajo para el cristiano.

Agencia OSV News·1 de mayo de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

A lo largo del primer año de su Pontificado, el Papa León XIV ha abordado en repetidas ocasiones los temas del trabajo, la economía y la dignidad del trabajo. Con motivo de la celebración de san José Obrero, patrón de todos los trabajadores, el 1 de mayo, he aquí nueve citas del Papa León XIV para la reflexión:

  1. “A veces, sin embargo, se asumen criterios pseudocientíficos para decir que la libertad de mercado traerá espontáneamente la solución al problema de la pobreza. O incluso, se opta por una pastoral de las llamadas élites, argumentando que, en vez de perder el tiempo con los pobres, es mejor ocuparse de los ricos, de los poderosos y de los profesionales, para que, por medio de ellos, se puedan alcanzar soluciones más eficaces. Es fácil percibir la mundanidad que se esconde detrás de estas opiniones; estas nos llevan a observar la realidad con criterios superficiales y desprovistos de cualquier luz sobrenatural, prefiriendo círculos sociales que nos tranquilizan o buscando privilegios que nos acomodan” (Exhortación Apostólica, “Dilexi Te”, 4 octubre 2025).
  2. “Confirmo que la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad, desarrollando sus capacidades y ofreciendo su esfuerzo personal” (Exhortación Apostólica, “Dilexi Te”, 4 octubre 2025).
  3. “Aunque reconozco que son necesarias políticas adecuadas para garantizar la seguridad de las comunidades, os animo a seguir abogando por que la sociedad respete la dignidad humana de los más vulnerables. Al hacerlo, ponéis en práctica el llamamiento de mi querido predecesor, el papa Francisco, quien instó a cada comunidad a renacer cada día en las periferias” (Saludo a los líderes sindicales de Chicago, 9 octubre 2025).
  4. “El trabajo debe ser una fuente de esperanza y de vida, que permita expresar la creatividad individual y la capacidad de hacer el bien” (Saludo dirigido a los italoparlantes durante la audiencia jubilar, 8 noviembre 2025).
  5. “Los seres humanos estamos llamados a ser colaboradores en la obra de la creación, y no meros consumidores pasivos de contenidos generados por la tecnología artificial. Nuestra dignidad reside en nuestra capacidad para reflexionar, elegir libremente, amar incondicionalmente y entablar relaciones auténticas con los demás”. (Discurso dirigido a los participantes en la conferencia “Artificial Intelligence and Care of Our Common Home, 5 diciembre 2025).
  6. “En el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es funcional” (Discurso a los representantes del colegio de asesores laborales, 18 diciembre 2025).
  7. “A veces estamos tan ocupados que no pensamos en el Señor ni en la Iglesia, pero el hecho mismo de trabajar con dedicación, tratando de dar lo mejor de nosotros mismos, y también —para ustedes, los laicos— con amor por su familia, por sus hijos, da gloria al Señor”. (Felicitaciones a los empleados de la Curia Romana, de la Gobernación del Estado Ciudad del Vaticano y del Vicariato de Roma, 22 diciembre 2025).
  8. “Cada uno de nosotros realiza su tarea y alabamos a Dios precisamente haciéndola bien, con dedicación” (Felicitaciones a los empleados de la Curia Romana, de la Gobernación del Estado Ciudad del Vaticano y del Vicariato de Roma, 22 diciembre 2025).
  9. “Sean una presencia viva de la Iglesia en los lugares donde operan. En las instituciones internacionales, en la diplomacia, en las organizaciones, en el mundo laboral. Sean hombres y mujeres que construyen puentes, mientras otros levantan muros. Sean creíbles en el silencio de las obras, antes que visibles en las palabras. Sean un signo, no solo una presencia” (Mensaje con motivo del encuentro de la “Toniolo Young Professional Association”, 18 abril 2026).
El autorAgencia OSV News

Vaticano

Informe anual de la ASIF: disminuye el riesgo de blanqueo de capitales y mejora la supervisión al IOR

La Santa Sede ha hecho público hoy el Informe Anual 2025 de la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF), el organismo que supervisa el área financiera del Vaticano.

Redacción Omnes·30 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Santa Sede ha hecho público hoy el Informe Anual 2025 de la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF), un organismo creado por Benedicto XVI en 2010, que fue reestructurada por el Papa Francisco en 2020 y que opera con plena autonomía e independencia para regular y supervisar la actividad financiera del Vaticano.

Detección y bloqueo de actividades sospechosas

En el informe relativo al año 2025, la ASIF destaca el aumento de Reportes de Actividades Sospechosas (SARs) que pasan de 43 a 78 en un año, lo que explica como una consecuencia de una mayor eficacia en los sistemas de control interno del Instituto para las Obras de Religión (IOR) y una monitorización constante de los servicios a los usuarios. 

El informe destaca cómo los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, además de las crisis humanitarias en el Tíbet, Myanmar, Afganistán y Filipinas influyeron en las transacciones y ejercicio financiero vaticano. En este sentido, el informe recogen por ejemplo, un aumento de transacciones y movimientos relacionados con Myanmar (73) “realizadas por personas jurídicas estrechamente vinculadas a la Iglesia católica y cuentas mantenidas en el IOR” y que la ASIF explica “justificable a la luz del agravamiento, durante 2025, de la crisis humanitaria que azota al país, a lo que contribuyeron los graves fenómenos sísmicos registrados en la zona en los primeros meses del año”. 

16 informes sobre operaciones sospechosas

Asimismo, durante este ejercicio, la sospecha de blanqueo de capitales llevó a esta Autoridad a detener 3 transacciones por valor de 522.000 € y se enviaron 16 informes al Promotor de Justicia para posibles investigaciones judiciales. Estos 16 informes corresponderían, según el Reporte anual a que las operaciones analizadas contendrían ”motivos razonables para sospechar que se trata de blanqueo de capitales, financiación del terrorismo o financiación de la proliferación de armas de destrucción masiva”. 

Más movimientos pero de menor cantidad

Durante el año 2025, la ASIF registró 196 declaraciones de entrada, por un importe total de 13. 627.157 €. En el mismo periodo, se registraron 328 declaraciones de salida, por un importe total de 5.143.625 €. El reporte destaca que “Una comparación con años anteriores muestra, en lo que respecta a los flujos entrantes, un aumento en el número de declaraciones junto con una disminución del importe total declarado. También en 2025 se confirma que la mayor parte de los flujos de efectivo entrantes son atribuibles a las operaciones de las administraciones públicas del Estado”.

Mejora en el riesgo de blanqueo de capitales

Uno de los datos más notables de este reporte es el grado de riesgo que presenta el sistema financiero vaticano en relación a blanqueo de capitales, que se califica como medio/bajo mientras que el peligro de financiación del terrorismo presenta un riesgo bajo para la ASIF.

El estado del IOR

Como parte de la supervisión prudencial que realiza la ASIF, este organismo estudió la liquidez, los requisitos de capital y la sostenibilidad del IOR, incluyendo revisiones temáticas de su división financiera y el cumplimiento del Acuerdo FATCA. El informe destaca que “los aspectos operativos analizados fueron numerosos y abarcaron ámbitos relevantes para evaluar la gestión sana y prudente del IOR. 

En este ejercicio, además la ASIF realizó dos inspecciones in situ en el IOR, para evaluar su gestión del cliente y los riesgos de financiación del terrorismo vinculados a jurisdicciones de mayor riesgo.

Mayor cooperación con socios internacionales y formación actualizada

Por último, el informe anual destaca un impulso de la cooperación de la ASIF con entidades cercanas y extranjeras. En este punto, el reporte señala un mayor volumen de comunicaciones “con sus principales homólogos nacionales, especialmente en lo que respecta a las solicitudes de cooperación recibidas. De hecho, se registraron 43 comunicaciones entrantes, frente a las 26 recibidas el año anterior, y 51 comunicaciones salientes, lo que supone un aumento con respecto a las 39 registradas en 2024”.

A esto se suman las 15 comunicaciones recibidas por la ASIF de sus homólogos extranjeros lo que confirma “la importancia operativa de la intensificación de la cooperación con los homólogos extranjeros”. 

De manera interna, se registraron 94 comunicaciones con socios internos, especialmente con el Cuerpo de la Gendarmería y la Secretaría para la Economía, esta última en relación con la autorización de actos administrativos extraordinarios”.

También la formación ha tenido relevancia clave en este ejercicio en el que, según el informe, se ha ofertado formación especializada al personal del IOR y a la Oficina del Auditor General, cubriendo el Código Penal del Vaticano y los nuevos estándares internacionales de AML.

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Mundo

Contexto de la situación del Concordato en la República Checa

Los checos son tolerantes con la fe, pero extremadamente recelosos de la religión organizada.

Jakub Kříž·30 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 9 minutos

Los expertos suelen tener la sensación de que ya nada les sorprende en su ámbito de interés. El Tribunal Constitucional de la República Checa ha dictaminado recientemente que el Concordato ya firmado entre este país centroeuropeo y la Santa Sede es contrario a su orden constitucional. Y luego se dice que el Derecho es una disciplina aburrida. ¿Es esta decisión realmente una sorpresa? ¿No se trata simplemente de una de las muchas manifestaciones de la desconfianza nacional hacia las instituciones religiosas?

Cien años antes de Lutero

La República Checa se enorgullece de ser uno de los países más ateos del mundo. Es cierto que tiene profundas raíces cristianas y ha dado al mundo numerosos santos, como el príncipe san Wenceslao o el vicario general de Praga, san Juan Nepomuceno. Pero eso es historia. Hoy en día, alrededor del 2-3 % de la población asiste a las misas dominicales católicas, y eso que la Iglesia católica es la confesión más numerosa del país.

Muchos checos se enorgullecen de su desconfianza hacia la religión organizada. Fue precisamente en el reino checo donde, cien años antes de Lutero, surgió la primera gran revolución reformista europea. El movimiento husita tomaba su nombre del controvertido predicador Jan Hus (+1415). Exigía reformas radicales tanto en la doctrina como en la práctica eclesiásticas y sumió al país en una guerra civil que duró 17 años. Las naciones europeas intervinieron en ella con cuatro cruzadas en apoyo del bando católico. Sin embargo, estas terminaron en fiasco.

Una vez terminadas las guerras, el país se convirtió, para los estándares medievales, en un espacio inusualmente plural en lo religioso: en él coexistían el catolicismo y el calvinismo, que más tarde se transformó en el movimiento reformista. El cambio se produjo con la Guerra de los Treinta Años, de la que aún perdura en la conciencia nacional la batalla de la Bila Hora, Montaña Blanca (1620), otra parte del mito sobre los católicos enemigos extranjeros. Hasta hoy, muchos la interpretan como una derrota de

los checos protestantes de mentalidad liberal a manos de los católicos de habla alemana, aunque se trata de una interpretación históricamente muy inexacta. Lo cierto es que la incorporación de las tierras checas a la monarquía austriaca se tradujo también en su recatolización. Parece que esta fue relativamente exitosa y que la población adoptó la fe católica como propia.

Lejos de Roma

El sentimiento anticatólico volvió a cobrar fuerza tras la creación de la Checoslovaquia independiente en 1918, que se distanciaba conscientemente de la alianza austriaca entre el trono y el altar. Uno de los lemas del movimiento emancipador era «Lejos de Roma» y se manifestó en conversiones masivas a las iglesias protestantes y en la fundación de la Iglesia Nacional Checoslovaca. Aunque los católicos seguían constituyendo la mayoría de la población, las relaciones de la nueva república con la Iglesia católica eran, en el mejor de los casos, tensas.

Durante todo el periodo de la Primera República Checoslovaca (1918-1938) no se logró firmar un concordato con la Santa Sede. Lo máximo que se logró fue el llamado modus vivendi de 1928, que se firmó mediante un intercambio de notas diplomáticas y constituía un acuerdo sobre cuestiones como el nombramiento de obispos o la armonización de los límites de las diócesis con las fronteras del nuevo Estado. Con el inicio de la ocupación nazi, el modus vivendi dejó de aplicarse.

La opresión comunista

Cuando los comunistas dieron el golpe de Estado en 1948, iniciaron, sobre todo en Bohemia, un proceso de liquidación sistemática de la Iglesia católica. Sus símbolos son varias ejecuciones (los sacerdotes Jan Bula y Václav Drbola serán beatificados en junio), la supresión de todos los monasterios y el encarcelamiento de los religiosos, la creación de organizaciones sacerdotales colaboracionistas, la vacante prolongada de las sedes episcopales, pero también la persecución de los laicos, que se prolongó hasta la caída del régimen.

Los católicos checos aprendieron que no siempre era necesario alardear de su fe, ya que eso podía acarrear la pérdida del empleo o la expulsión de los hijos del colegio. La fe se convirtió, precisamente en el espíritu de la doctrina marxista, en un asunto privado, relegado a las puertas cerradas de las iglesias y los hogares.

Aunque la mayoría de los católicos actuaban a la vista del Estado y las estructuras eclesiásticas oficiales intentaban llevarse bien de alguna manera con el régimen comunista, una parte de la Iglesia pasó a la clandestinidad y creó una estructura paralela mediante ordenaciones episcopales y sacerdotales secretas, cuya legitimidad se derivaba de las facultades otorgadas por el Papa Pío XII.

Relaciones recién restablecidas

El año 1989 trajo consigo la caída del comunismo y la libertad religiosa. Se permitió a las iglesias de todas las confesiones reanudar su actividad, los religiosos salieron de la clandestinidad y se les devolvieron los edificios de los monasterios.

Las iglesias se convirtieron gradualmente en socias del Estado en muchos ámbitos: comenzaron a ejercer su labor pastoral en el sistema penitenciario, el ejército y la sanidad; se desarrolló una amplia red de organizaciones benéficas eclesiásticas y se permitió la enseñanza voluntaria de la religión en las escuelas. Aunque durante un tiempo la Iglesia gozó de cierto prestigio —como símbolo de quienes no bajaron la cabeza durante el comunismo—, esta posición no duró mucho.

Checoslovaquia dejó de existir a finales de 1992 y los Estados sucesores tomaron su propio camino. Eslovaquia resolvió sus relaciones con la Iglesia muy rápidamente y sin problemas, para satisfacción de ambas partes. Devolvió a las Iglesias los bienes robados durante el comunismo y firmó un tratado internacional con la Santa Sede. Por el contrario, la República Checa se acordó de la desconfianza histórica hacia la Iglesia católica.

En lo que respecta a los bienes

La propia Iglesia católica considera el periodo posterior a 1993 como una época en la que disfruta de una libertad hasta entonces desconocida y de relaciones correctas con el Estado. Al mismo tiempo, sin embargo, prácticamente durante todo este tiempo se ha estado librando un pequeño «kulturkampf» eclesiástico. Este se ha manifestado sobre todo en cuestiones de restituciones, catedrales y el concordato.

Dado que el régimen comunista despojó a la Iglesia de toda su base patrimonial, se alzaron voces lógicas a favor de la restitución de sus bienes históricos. Un proceso de restitución similar se aplicó también a personas físicas y a algunas otras organizaciones.

Sin embargo, dado que una parte significativa de la representación política se oponía a la devolución de los bienes a las iglesias, la ley de restitución no se aprobó hasta 2012. Según esta ley, parte de los bienes históricos se devolvió a sus propietarios eclesiásticos originales (por lo general, se trataba de campos y bosques) y otra parte se sustituyó por una indemnización financiera a tanto alzado de 2.300 millones de euros para todas las iglesias en conjunto. Los pagos de esta indemnización se distribuyen a lo largo de 30 años.

Al mismo tiempo, sin embargo, el Estado dejó de proporcionar contribuciones financieras para las actividades de la Iglesia. Los checos optaron así por un sistema de separación total de bienes, poco habitual en Europa, siguiendo el modelo de EE. UU.

Sin embargo, el proceso de restitución no afectó a las catedrales de Praga. La catedral de San Vito, San Wenceslao y San Adalberto se encuentra en el Castillo de Praga y tanto el público como los políticos la consideran un símbolo de la identidad nacional checa.

Durante algún tiempo se libró una batalla judicial entre la Iglesia y el Estado sobre a quién pertenecía realmente la catedral. La parte eclesiástica acabó retirándose del litigio y dejó la solución en manos de las generaciones futuras. Así, hoy en día la catedral es propiedad de la Oficina del Presidente, para la cual supone una importante fuente de ingresos por la venta de entradas; la Iglesia solo puede utilizarla para celebrar misas.

Relaciones diplomáticas sí, concordato no

Cuando, tras la caída del comunismo, se restablecieron las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, la firma de un concordato parecía el siguiente paso lógico.

El tratado fue incluso negociado por un gobierno de izquierdas, que a nivel nacional entraba en conflicto con la Iglesia en muchas cuestiones. Sin embargo, durante las negociaciones, los diplomáticos lograron superar los temas problemáticos y el tratado pudo firmarse en 2002.

No obstante, la Constitución checa exige que este tipo de tratados sean aprobados por el Parlamento. Para sorpresa de todos, este rechazó el tratado.

Segundo intento

Tras veinte años de estancamiento, se iniciaron los trabajos para un nuevo tratado, y había muchos motivos para creer que este segundo intento tendría éxito. El principal punto de fricción —la restitución de los bienes históricos de la Iglesia— ya se había resuelto a nivel nacional.

Desde el principio quedó claro que el tratado tendría un significado más bien simbólico. El Gobierno checo comunicó a la Santa Sede, ya en los inicios de las negociaciones, que no estaba dispuesto a ir más allá de la normativa nacional vigente. El tratado debe servir, como mucho, de garantía de la situación jurídica ya alcanzada, y no como instrumento para resolver cuestiones pendientes entre las partes contratantes.

La parte católica hizo hincapié en que prevalecieran las formulaciones antropocéntricas. El tratado debe, por ejemplo, garantizar a los reclusos el derecho a recibir la visita de un sacerdote, y no la autorización de la Iglesia para actuar en el ámbito penitenciario. El objetivo era subrayar que el tratado es un instrumento de protección de los derechos de las personas y no un instrumento para asegurar el poder de las instituciones eclesiásticas.

Temas controvertidos y sus críticas

Aunque las negociaciones se desarrollaron en un ambiente cordial, pronto quedó claro que ni siquiera un enfoque minimalista del contenido del tratado garantizaría el consenso.

Debido a las posturas muy divergentes, se eliminó por completo del acuerdo el tema de la educación. Para la parte checa era inaceptable garantizar a las escuelas eclesiásticas el derecho a impartir enseñanza de acuerdo con la moral católica, admitir la aprobación de los decanos de las facultades de teología por parte de la Santa Sede o nominar los componentes de la misión canónica.

Al final, solo quedó un tema controvertido: el secreto de confesión y la confidencialidad de los agentes pastorales. La parte checa exigió repetidamente que el acuerdo incluyera una disposición según la cual el secreto de confesión se rige por el ordenamiento jurídico checo, lo cual era, naturalmente, inaceptable para la Santa Sede.

El compromiso resultante consistió en dividir el artículo relativo a la confidencialidad endos párrafos. El primero simplemente afirmaba: «La República Checa reconoce el secreto de confesión». El segundo incluía una mención a otros agentes pastorales cuyo secreto profesional estaba limitado por la legislación nacional. Esta disposición afectaría en la práctica, por ejemplo, a los «capellanes» laicos de prisiones u hospitales, a los trabajadores de los tribunales eclesiásticos o a los asistentes pastorales de las parroquias.

Inmediatamente tras la firma del tratado por el cardenal Pietro Parolin y el primer ministro checo Petr Fiala el 24 de octubre de 2024, el espacio público se llenó de voces de oposición. Afirmaban que la ratificación del acuerdo vulneraría la soberanía del Estado, daría prioridad al derecho canónico (y, en el futuro, también al derecho islámico) y que el acuerdo permitiría ocultar los escándalos sexuales bajo la alfombra.

Las fuerzas progresistas y nacionalistas, que por lo demás no tienen prácticamente ningún punto en común, coincidieron en que el tratado era malo.

Aunque los medios de comunicación se mostraron críticos con el tratado, ambas cámaras del Parlamento acabaron dando su visto bueno al acuerdo. Solo quedaba el último paso: la firma del presidente de la República.

El tratado ante el Tribunal Constitucional

Inmediatamente después de la votación en el Parlamento, un grupo de senadores presentó una propuesta ante el Tribunal Constitucional para que se revisara la conformidad del concordato con el orden constitucional. La Conferencia Episcopal Checa incluso acogió con satisfacción este paso, ya que lo percibió como una oportunidad para convencer a los críticos de que el acuerdo no vulneraba la soberanía del Estado ni se había negociado con ninguna intención deshonesta.

Los senadores impugnaron, entre otras cosas, la disposición sobre el secreto profesional de los agentes pastorales; temían una reducción de la pluralidad de opiniones en la Iglesia y criticaban la falta de obligaciones por parte de esta. Según ellos, a cambio del reconocimiento de los matrimonios eclesiásticos, el Estado debería haber exigido que la Iglesia se comprometiera a reconocer los divorcios civiles.

La propuesta de los senadores se consideró argumentativamente bastante débil y condenada al fracaso. Pero entonces entró en escena el presidente de la República. En su escrito, calificó el acuerdo de contradictorio con el carácter republicano y laico de la estatalidad checa, que, según él, se basa en una oposición consciente a la posición privilegiada de algunas de las iglesias.

Además, planteó otro tema que el grupo de senadores no había abordado: el secreto sacramental de la confesión. Según él, esto entra en conflicto con el derecho de las víctimas de delitos, especialmente los sexuales, a una investigación eficaz.

Aunque la Iglesia entiende el secreto de la confesión como absolutamente inviolable, la legislación checa no es tan estricta. El confesor no tiene la obligación de comunicar al Estado los delitos de los que se haya enterado durante la confesión, pero si el penitente le revelara algo sobre sus planes delictivos futuros, tiene la obligación de frustrarlos, por ejemplo, denunciándolos a la policía. Y el presidente afirmó que el concordato otorgaría a los clérigos inmunidad también frente a esta obligación de impedir un delito futuro.

Trato desigual del Estado hacia las iglesias

El miércoles 1 de abril, día tradicionalmente dedicado a las bromas en la República Checa, el Tribunal Constitucional dictaminó que el concordato es contrario al orden constitucional checo. No en su conjunto, sino en dos disposiciones concretas.

La primera de ellas es precisamente la garantía del secreto de confesión. Según el Tribunal Constitucional, esta disposición es discriminatoria para otras iglesias que no pueden celebrar un tratado internacional y cuya confidencialidad se regiría, por tanto, únicamente por el derecho interno, es decir, por una norma de menor rango. Para sorpresa general, también se consideró inconstitucional la obligación de la Iglesia de hacer accesible su patrimonio cultural.

El Tribunal Constitucional interpretó la disposición en cuestión exactamente al contrario de lo que pretendían las partes contratantes. No vio en ella un gesto de la Iglesia dispuesta a hacer accesibles sus monumentos culturales a los investigadores, pero señaló que podría suponer una restricción del acceso a los archivos eclesiásticos (que, sin embargo, no son públicos en la República Checa), lo que, según él, vulneraría la libertad de investigación científica y el derecho de acceso al patrimonio cultural.

Cuatro jueces añadieron una opinión disidente al fallo. El juez Tomáš Langášek calificó la decisión de curiosidad histórica. Entre otras cosas, porque lo adoptó el Tribunal Constitucional de un país que dio al mundo a san Juan Nepomuceno, venerado como mártir del secreto de confesión.

La decisión del Tribunal Constitucional supone el fin definitivo del proceso de acuerdo. Los checos husitas han derrotado una vez más a las fuerzas católicas extranjeras. En el último cuarto de siglo, este es el segundo tratado concordista que se ha negociado y firmado, pero que ha sido rechazado justo antes de que concluyera el proceso de ratificación.

El profesor de politología Petr Fiala calificó en su día a la República Checa de «laboratorio de la secularización». Como primer ministro, llevó a cabo en este laboratorio un simpático experimento que fracasó. Quizás se haya manifestado de nuevo el carácter nacional. Los checos son tolerantes con la fe, pero extremadamente recelosos de la religión organizada.

El autorJakub Kříž

Abogado y profesor de Derecho en la Universidad Karlova. Durante la negociación del concordato, actuó como experto local por parte de la Santa Sede.

Mundo

Stella Maris insta a rezar por los miles de marineros atrapados en Ormuz

Mientras Estados Unidos e Irán se enfrentan por el estrecho de Ormuz, los líderes del ministerio marítimo católico (Stella Maris), hacen un llamamiento a orar y apoyar a los miles de marineros atrapados en el mar en medio de la guerra.

OSV / Omnes·30 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

– Gina Christian, OSV News

Alrededor de 20.000 marineros de cientos de buques, incluidos petroleros, gaseros y cargueros, se han quedado atrapados en el golfo Pérsico, incapaces de cruzar el estrecho de Ormuz, según los últimos datos al cierre de esta edición.  

“Hemos organizado oraciones de intercesión, y muchos de nuestros capellanes están tratando de contactar para ver cómo podemos interceder”, dijo la hermana Joanna Okerke, directora nacional en Estados Unidos de Stella Maris, el apostolado marítimo de la Iglesia católica, cuyo nombre invoca el título mariano de “Nuestra Señora, Estrella del Mar”.

Sus orígenes se remontan a la Escocia de la década de 1920

Conocida a veces como el Apostolado del Mar, esta iniciativa tiene sus orígenes en la Escocia de la década de 1920 y ha contado con el apoyo de numerosos papas, entre ellos san Juan Pablo II -quien actualizó las normas para esta labor en 1997-, y, más recientemente, el papa León XIV. El apostolado está supervisado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano.

En Estados Unidos, el obispo auxiliar Frank Schuster de Seattle es el promotor episcopal de Stella Maris. Según la Organización Marítima Internacional  (OMI), organismo de las Naciones Unidas encargado de garantizar la seguridad marítima, la protección y el cumplimiento de la normativa medioambiental, se estima que son unos 20.000 marineros, como decimos, los que se encuentran actualmente varados en el Golfo Pérsico.

La situación de los marineros es “terrible”

El secretario general de la OMI, Arsenio Domínguez, compartió esa cifra en una entrevista con CNN el 16 de abril, describiendo la situación de los marineros como “terrible”.

“Se trata de la salud mental, es el cansancio que están sufriendo estos marineros inocentes”, le dijo al presentador de CNN, Richard Quest.

Domínguez dijo estar !muy agradecido con los países de la región, porque continúan proporcionando los suministros esenciales, incluso con los desafíos que existen!.

Pero advirtió que “cuanto más se prolongue este conflicto”, más se agravará la situación en el mar, convirtiéndose en una crisis.

El estrecho de Ormuz, oficialmente cerrado

Irán cerró oficialmente el estrecho de Ormuz, un punto estratégico marítimo que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, el 4 de marzo, días después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques conjuntos el 28 de febrero que mataron a varios altos funcionarios iraníes, incluido el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei.

Durante la guerra, tanto Irán como Estados Unidos han bloqueado el estrecho, y continúan haciéndolo a pesar del alto el fuego y de un breve respiro en el bloqueo del tráfico marítimo. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, declaró en una rueda de prensa el 24 de abril que el bloqueo se mantendría vigente “el tiempo que fuera necesario”.

Al menos siete marineros murieron en marzo cuando sus barcos fueron atacados, y Domínguez emitió un comunicado el 6 de marzo calificando el bloqueo de “inaceptable e insostenible».

El obispo auxiliar Frank Schuster de Seattle, promotor del apostolado marítimo Stella Maris en Estados Unidos, y la hermana Joanna Okerke, religiosa de la Congregación del Santo Niño y directora nacional de Stella Maris en Estados Unidos, en una visita pastoral al SLV Honduras el 8 de abril de 2026, durante su estancia en Port Everglades, Florida. (Foto de OSV New s/Hermana Joanna Okerke).

Stella Maris en el Reino Unido

Al comienzo de la guerra, el obispo Luis Quinteiro Fiuza, presidente del Apostolado del Mar, escribió a los obispos promotores de Stella Maris en todo el mundo, cuyo texto fue resumido en una publicación de Facebook del 17 de abril por Stella Maris en el Reino Unido.

“El obispo Luis expresó su profunda preocupación por las operaciones militares en curso y el aumento de las tensiones en el estrecho de Ormuz, así como por su impacto directo en los marineros”, declaró Stella Maris UK en su comunicado. 

“Se trata de civiles, hombres y mujeres, ajenos al conflicto, que gracias a su trabajo diario, sustentan a sus familias, apoyan el comercio mundial y contribuyen al bien común. A pesar de ello, muchos se encuentran ahora trabajando en condiciones de gran tensión, enfrentando miedo, incertidumbre y un peligro real”.

La Santa Sede, a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, nombró el 19 de diciembre de 2025 a Mons. Luis Quinteiro Fiuza, obispo emérito de Tui-Vigo, en la fotografía, presidente del Apostolado del Mar, y al Padre filipino Ritchille Salinas SVD, secretario general (@Diócesis Tui-Vigo).

Obispo Luis Quinteiro: invitación a orar 

La publicación citaba la carta del obispo, que decía: “Invitamos a toda la familia del Apostolado del Mar a orar por quienes se encuentran en zonas de alto riesgo, por su seguridad y protección contra cualquier daño, y por las familias que esperan en casa con preocupación”.

La Santa Sede a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, nombró el 19 de diciembre de 2025 a Mons. Luis Quinteiro Fiuza, (obispo emérito de Tui – Vigo ) como presidente del Apostolado del Mar, y al Padre filipino Ritchille Salinas SVD, secretario general. 

Una profesión peligrosa, ahora más mortal

El bloqueo ha hecho que una profesión ya de por sí difícil y peligrosa sea aún más mortal, declaró la hermana Joanna, miembro de la Orden de las Siervas del Santo Niño Jesús.

“Este problema está afectando a mucha gente”, dijo. “Muchos siguen en el mar y sus familias están preocupadas. Esto está desintegrando familias”.

Doreen Badeaux, secretaria general de la organización sin ánimo de lucro Apostleship of the Sea de los Estados Unidos de América, declaró a OSV News que las preocupaciones sobre los marineros varados se trataron en la conferencia del grupo a principios de abril.

“Es el tremendo estrés al que están sometidos”, relató Badeaux, cuya organización actúa como asociación profesional y educativa para ministros marítimos católicos, sacerdotes de cruceros, marineros y otras personas que apoyan el ministerio marítimo.

El padre Paul Makar, sacerdote de la Arquidiócesis Católica Ucraniana de Filadelfia, en el salón parroquial de la Catedral Católica Ucraniana de la Inmaculada Concepción en Filadelfia el 22 de abril de 2026. El padre Makar, exoficial de la Marina de los Estados Unidos, se está formando para ser capellán de Stella Maris (Foto de OSV News/Gina Christian).

Marineros varados que necesitan ayuda

El padre Paul Makar, un sacerdote católico ucraniano de la Arquidiócesis de Filadelfia que se está formando para el ministerio en Stella Maris, declaró a OSV News que es fundamental proporcionar a los marineros varados “al menos algún tipo de ayuda”.

El sacerdote, antiguo oficial naval e ingeniero naval titulado, afirmó que las tripulaciones atrapadas en el bloqueo se enfrentan a una serie de factores estresantes agravados por el conflicto.

Dado que más del 80 % de las mercancías del mundo se transportan por mar, el padre Makar explicó que el trabajo implica largos meses en alta mar y exigentes horarios de carga en los puertos.

Según explicó, a veces los equipos trabajan “entre 24 y 36 horas seguidas solo para cumplir con los plazos de carga y descarga”.

Tormentas, piratería, seguridad en medio de las ansiedades

Otras preocupaciones que mencionó fueron las tormentas, la piratería, los problemas de seguridad y el abandono de buques, situación en la que los armadores retiran el apoyo a los barcos, dejando a los marineros varados y sin compensación lejos de sus hogares. 

Datos de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte muestran que el abandono alcanzó niveles récord en 2025, con más de 6.000 marineros afectados solo ese año, el sexto año consecutivo de estos aumentos.

Ahora, según el padre Makar, los marineros afectados por el bloqueo están preocupados por su próxima comida y si van a tener aire acondicionado y suficiente combustible. Hay algunos barcos que no han podido recibir combustible.

Pidió que se rezara por todos los afectados.

“Es una profesión muy peligrosa, y lo ha sido desde el principio de los tiempos”, dijo el padre Makar, y agregó que Stella Maris y otros ministerios marítimos “siempre se esfuerzan” por hacerles saber a los marineros que “no están solos”.

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Gina Christian es reportera multimedia de OSV News. Síguela en X @GinaJesseReina

El autorOSV / Omnes

El vacío como apertura

Caminar con Cristo en su Pasión y en la Resurrección exige apertura. Exige aprender a mirar, a escuchar, a tocar de otro modo. No se trata de abandonar la razón, sino dejar que no sea lo único que determine lo que vemos.

30 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Dichosos los que creen sin haber visto.

Ver no es lo mismo que reconocer. Tocar y palpar no son lo mismo. Oír y escuchar, tampoco. Percibimos el mundo a través de los sentidos y es la vista en la que principalmente nos apoyamos. Nuestra percepción sensorial no es neutra. Está orientada, atravesada por la atención, por lo que buscamos, por lo que esperamos encontrar. No recibimos simplemente lo que hay; interpretamos desde un horizonte previo de sentido. Cuando vemos lo hacemos desde lo que esperamos, lo que ya sabemos y lo que estamos dispuestos a admitir. Por eso, lo evidente no siempre se impone.

A partir de lo sensible construimos conocimiento. Nombramos, clasificamos, abstraemos. Esos conceptos que guardamos en la memoria ordenan la realidad y a la vez la recortan. Seleccionan qué cuenta como dato y qué queda fuera. La percepción requiere presencia mientras que la interpretación decide su sentido.

Reconocer lo que vemos

En el Evangelio según san Juan, María Magdalena llega al sepulcro con la expectativa precisa de encontrar un cuerpo. La ausencia no encaja en ese marco. Ve los signos -la piedra movida, los lienzos-, pero no alcanza a mirarlos. Incluso cuando Cristo está delante, lo confunde. No falta información. Falta una forma de reconocer lo que desborda lo esperado. Existe allí un límite en la interpretación de lo que los sentidos perciben.

Algo similar ocurre en el camino de Emaús. Los discípulos escuchan, pero no comprenden. El contenido es accesible, pero no disponen todavía de la clave que lo ordena. Tienen la atención puesta en su propio dolor y decepción. No son capaces de encontrar la manifestación del amor de Dios en el dolor. Hasta que dirigen la atención a sus propios corazones ardientes ante Cristo que parte el pan.

La tumba vacía no es solo un vacío físico. Es un punto de inflexión. Nos obliga a revisar el marco desde el que se interpreta la realidad. La fe no sustituye la percepción, introduce un criterio nuevo de lectura que excede el de la razón. No añade un objeto más; altera el modo en que lo dado se entiende.

En ese sentido, vacío y lleno dejan de ser términos excluyentes. El vacío puede operar como condición de aparición.

Posibilidad en el vacío

En la escultura de Jorge Oteiza, el vacío no es ausencia de trabajo, sino su resultado. El vacío que podría ser considerado como resto se convierte en espacio activado. La materia se retira para hacer posible otra forma de presencia. Lo que se percibe es más que volumen, es tensión entre lo que está y lo liberado. Ahí el vacío que podría remitir a carencia, es posibilidad.

También en la experiencia simbólica lo material no se agota en sí mismo. Funciona como mediación. Hace accesible el significado, no lo esconde.

La cuestión es reconocer el alcance de la razón sin abandonarla. No todo lo real se deja estabilizar en conceptos. Hay un tipo de conocimiento, de reconocimiento que exige implicación, tiempo y una atención que no se limita solo a identificar. Exige rendición.

En ese marco, vaciarse no significa negarse, significa más bien suspender libre y voluntariamente la pretensión de control sobre lo que aparece. Introducir una distancia respecto a las propias expectativas para que lo real no quede reducido a ellas.

Educar la mirada

En nuestro mundo sensible eso que tocamos, vemos, escuchamos, olemos, gustamos lo podemos convertir en símbolo. El hombre se conecta con aquello que lo sobrepasa a través de símbolos. Como formas de leer la experiencia sin caer en categorías cerradas. En ese horizonte, lo material no se opone a lo espiritual. Se abre a un proceso.

Caminar con Cristo en su Pasión y en la Resurrección exige esa apertura. Aprender a mirar, a escuchar, a tocar de otro modo. No se trata de abandonar la razón, sino dejar que no sea lo único que determine lo que vemos.

La fe educa esa mirada. Ensancha la capacidad de reconocer sin añadir algo externo. Hace visible lo que estaba ahí, pero no habíamos sabido mirar.

Y, como en la obra de arte, esa transformación no se queda en uno mismo. Quien aprende a mirar se convierte también en mediación para otros. En un lugar donde algo puede ser visto, que no se cierra sobre sí, sino que abre espacio.

Esa transformación afecta al modo en que uno se sitúa ante lo que tiene delante. Y, a veces, hace posible que otros también vean. No como conclusión, sino como apertura.

El autorPeca Macher

Peca Macher es arquitecta y curadora de arte, fundadora de Präsenz, un proyecto que integra arte, educación y liderazgo consciente a través de la pausa, la mirada y la escucha. Con más de 25 años de experiencia en gestión y reflexión cultural, escribe e investiga sobre memoria, experiencia estética y el arte como herramienta de transformación personal y social. Es autora del libro Präsenz. El arte como herramienta de transformación humana y educativa.

Evangelización

‘Lupa’: del anhelo del corazón a la caída del caballo

Lucía Pastor (Lupa), profesional del mundo de la belleza, cuenta a Omnes su conversión a través de Effetá, su formación posterior en Soul College (Hakuna) y su búsqueda espiritual.

Francisco Otamendi·30 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Hay conversiones que surgen a lo largo de años o etapas de la vida. Sin embargo, Lucía Pastor, Lupa (Madrid, 1999), puede poner fecha y hora “a mi encuentro con Dios. La noche del 16 de octubre de 2021, ante una imposición de manos, recibí la plenitud de sentirme amada”, asegura a Omnes.

Su conversión es conocida en los ambientes de Effetá. Al preguntar por Lupa, la conversación surgió fácil, un viernes por la tarde. La joven diseccionó sus percepciones con más precisión incluso que la de san Lucas al contar la conversión de san Pablo en los Hechos de los Apóstoles.

“Hija amada de Dios” 

Lupa afirma: “Fue como si un hilo de luz iluminase todo mi ser, desde la cabeza hasta la planta de los pies con un fuerte ardor en el pecho. Fue como si alguien entrase literalmente dentro de mí y me vaciase de todo dolor, miedo, angustia, vértigo y tristeza. Y en cambio, me llenó de esperanza, perdón, luz, paz y amor infinito. Una transformación interior pero física, en la que pude sentir percibir anímicamente cómo el Señor me transformaba”.

“Es imposible poner en palabras lo que sentí en aquel momento”, añade Lucía Pastor. “Le reconocí como Padre, y me sentí por primera vez, hija amada de Dios. Fue sin duda el día más feliz de mi vida”.

“Tenía un anhelo del corazón, pero no sabía rezar el Padrenuestro”

Justo después de su conversión, Lupa se fue a vivir a Roma, “una experiencia superbonita. Siempre decía que el Señor me había abandonado y me había alejado de toda mi familia, pero en realidad me había enviado a la ciudad con más iglesias por metro cuadrado. El de arriba sabía lo que hacía”, asegura.

Y volvemos a la conversión, el tema de nuestra conversación. ¿Hubo prolegómenos, o fue de golpe? “Pues fue como caerte del caballo. Siempre he tenido como muchísima sed de lo que yo veía en algunas personas que era una felicidad plena”

“Es verdad que tenía una búsqueda de felicidad, de alegría, de amor pleno, pero no era consciente ni de que esto venía de Dios, ni que lo necesitaba. Era simplemente un anhelo del corazón”, añade. ¿Como san Agustín? “Sí, justo. Mi conversión fue en Effetá, es verdad que yo ahí le puse un nombre a lo que podía estar buscando, pues a lo mejor es la fe lo que quiero. Pero no fue intencionado ni algo buscado, fue completamente una caída del caballo”.

Para hacerse una idea, yo no sabía el Padre Nuestro. Es verdad que mi madre tenía por costumbre, antes de irnos a dormir, rezar al Niño Jesús, yo tenía una Virgen en mi cuarto, pero más allá de eso, no recuerdo. Dios no estaba presente en mi vida. Mejor dicho, sí estaba, pero yo no le veía”.

Del sentimiento a la formación

“Y luego es verdad que a raíz de mi conversión, encontré mucho mi lugar en Hakuna, porque como no tenía bases teológicas, fue a través del sentimiento como conocí a Dios”, reconoce Lupa. “Entonces encontré en Hakuna esa continuidad, y ahí comenzó mi formación más teológica, conocer la Biblia, la vida de Dios…”.

“Ahora, mi balanza de fe está mucho más nivelada, no es tanto sentimiento y corazón, sino que tengo mucho más conocimiento y formación, de cabeza, involucro mucho el servicio y el trato a los demás. A día de hoy, se trata de seguir construyendo. Y no olvidarme de para qué vivo. Siempre digo que para tres cosas. Vivo para dar gloria a Dios. Dos, para dar importancia a lo importante, y tres, para vivir en verdad. Y creo que las tres significan lo mismo”.

“A nivel comunidad, sigo buscando dónde está mi lugar, y no pasa nada”, reconoce Lupa. “Estoy en unos talleres de Schoenstatt, leo muchísimo sobre los Jesuítas, he tenido mucho contacto con gente del Opus, estoy aprendiendo de todos lados, y el Señor me llevará donde me tenga que llevar”.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelio

¿Cómo podemos conocer el camino?. Domingo V de Pascua (A) 

Vitus Ntube nos comenta la lecturas de Domingo V de Pascua (A) correspondiente al día 3 de mayo de 2026.

Vitus Ntube·30 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

A medida que avanzamos gradualmente en el tiempo pascual, las lecturas del Evangelio comienzan a dirigir nuestra mirada hacia la fiesta de la Ascensión y Pentecostés. Vemos a Cristo preparando a sus discípulos para su partida y prometiendo la presencia permanente del Espíritu Santo que guiará a la Iglesia.

En el Evangelio de hoy, Jesús acaba de hablar de su partida. Percibe la ansiedad de sus discípulos y les dice: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”. Habla de irse y de volver, precisamente para estar con ellos de una manera definitiva: “volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros”. Jesús quiere que estemos donde Él está. Ese es el significado más profundo de la salvación: la comunión con Él y, por medio de Él, con el Padre. Él va delante de nosotros para prepararnos un lugar. Pero es Tomás quien da voz a un corazón inquieto: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”.

En este tiempo de partida y retorno, se nos recuerda dónde permanece Cristo con su Padre. Este misterio se hace concreto en la vida de la Iglesia. Cristo permanece presente en su Iglesia. En la Iglesia encontramos a Cristo, que es “el camino, y la verdad y la vida”, quien nos conduce al Padre, fuente y culmen de nuestra existencia y del camino de la vida.

La segunda lectura, tomada de la primera carta de Pedro, describe a la Iglesia como un templo vivo edificado sobre Cristo, la “piedra viva”. Él es la piedra angular, el que mantiene todo unido. Pero también es la piedra que algunos rechazan, la piedra sobre la cual algunos tropiezan. La Iglesia, edificada sobre Él y formada por “piedras vivas”, participa de este mismo misterio.

La primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, nos muestra esta realidad en acción. La primera comunidad cristiana experimentó tensiones: los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque sus viudas eran desatendidas en el servicio diario. La diversidad cultural provocó incomprensiones y divisiones. Sin embargo, como la Iglesia estaba edificada sobre Cristo, se encontró una solución. Los Apóstoles discernieron, delegaron responsabilidades y así preservaron la unidad de la Iglesia. La debilidad humana no destruyó la Iglesia. 

Esta es la Iglesia a la que pertenecemos: una realidad diversa, unida en Cristo, en la que cada uno de nosotros es una “piedra viva”. Como miembros vivos de la Iglesia, el apóstol Pedro nos llama “un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios”. Esta es nuestra dignidad y también un don. Al mismo tiempo, tenemos la misión de anunciar las maravillas de Cristo. Estamos llamados a ser fieles a este don que Dios ha dado a la Iglesia y a no permitir que nuestras limitaciones humanas la destruyan.

Así, la pregunta de Tomás se convierte también en la nuestra: «¿cómo podemos saber el camino?» Conocemos el camino permaneciendo en Cristo. Permanecemos en Cristo permaneciendo en su Iglesia como piedras vivas. El camino hacia el Padre no es un mapa, sino una persona viva, una realidad viva.

Vaticano

El Papa agradece la riqueza recibida de África y espera un futuro de dignidad

El Papa León XIV ha considerado una riqueza inestimable para su corazón y su ministerio la visita realizada a cuatro países africanos, como mensajero de paz. Además, ha podido “consolidar importantes puentes” con los Padres de la Iglesia, el mundo islámico y el continente africano.

Redacción Omnes·29 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“La visita del Papa ha sido para las poblaciones africanas, una ocasión para hacer oír sus voces, para expresar la alegría de ser pueblo de Dios y la esperanza en un futuro mejor de dignidad para cada uno y para todos”. Así lo ha manifestado León XIV en la audiencia de este miércoles 29 de abril, fiesta de santa Catalina de Siena, a la que se ha referido el Pontífice al final de su catequesis.

El Santo Padre ha agradecido la visita, y ha dado “gracias al Señor por lo que ellos me han dado: una riqueza inestimable para mi corazón y mi ministerio”.

Además, al referirse a Argelia, país con amplia mayoría musulmana (Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial son de mayoría cristiana), se ha referido a san Agustín y a la consolidación de puentes para el mundo y para la Iglesia.

San Agustín: las raíces, y “puentes muy importantes”

Estas han sido sus palabras en la Audiencia:

“La Providencia ha querido que la primera etapa fuera precisamente el país donde se encuentran los lugares de san Agustín, es decir, Argelia. Así, por una parte, he podido comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual. Y por otra parte, me ha sido posible atravesar y consolidar puentes muy importantes para el mundo y la Iglesia de hoy. El puente con la época fecundísima de los Padres de la Iglesia; el puente con el mundo islámico; el puente con el continente africano”.

Sobre el santo obispo de Hipona, ha señalado que el viaje “ha sido una ocasión propicia para entrar en la escuela de san Agustín. Con su experiencia de vida, sus escritos y su espiritualidad, él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona”.

«En Argelia he recibido una acogida no solamente respetuosa, sino también cordial. Hemos podido comprobar de primera mano y mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso”, ha afirmado el Papa.

Camerún, Angola, Guinea Ecuatorial

En cuanto a “los siguientes tres países que he visitado”, la población ha sido en cambio, “de mayoría cristiana. Por tanto, me he sumergido en un ambiente de fiesta de la fe, de acogida calurosa, favorecida también por el carácter típico de la gente africana”.

El Vicario de Cristo ha revelado que, “al igual que mis predecesores, también he experimentado un poco de lo que le sucedía a Jesús con las multitudes de Galilea. Él las veía sedientas y hambrientas de justicia, y les anunciaba: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, bienaventurados los mansos, bienaventurados los que trabajan por la paz…”.

En síntesis del propio Papa, “en Camerún renové el llamado a la reconciliación, la justicia y el desarrollo integral, ante desafíos como la desigualdad y la violencia. En Angola contemplé una Iglesia viva, purificada por la historia, comprometida con la paz y la promoción humana. Finalmente, en Guinea Ecuatorial, fui testigo de una fe llena de esperanza, especialmente entre los jóvenes y los más necesitados”.

Colombia: rechazo de cualquier forma de violencia

En sus palabras a los peregrinos de lengua española, el Santo Padre ha revelado que “con dolor y preocupación, he tenido noticia de la trágica situación de violencia que aflige la región suroeste de Colombia, que ha causado graves pérdidas de vidas humanas”.

Expreso mi cercanía en la oración a las víctimas y a sus familiares, ha añadido, y “exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz”.

“Enamoraos de Cristo, como lo estuvo Catalina”

Al concluir, tras un saludo particular “a las familias del Movimiento de los Focolares, a los colaboradores del ‘Regnum Christi’, y a algunas parroquias e instituciones peregrinas, el Papa ha recordado que “la liturgia celebra hoy a Santa Catalina de Siena, virgen dominica y doctora de la Iglesia”.

“Queridos jóvenes, enamoraos de Cristo, como lo estuvo Catalina, para seguirlo con entusiasmo y fidelidad. Vosotros, queridos enfermos, sumergid vuestros sufrimientos en el misterio de amor de la Sangre del Redentor, contemplada con especial devoción por la santa de Siena”.

“Y vosotros, queridos recién casados, con vuestro amor recíproco sed signo del amor de Cristo por la Iglesia.

Polacos: liberación de Dachau, martirio del clero. Franceses: ‘feliz mes de María’

A los peregrinos de lengua polaca, el Papa les ha recordado el aniversario de la liberación del campo nazi alemán de Dachau”, fecha en que “celebráis la Jornada del Martirio del Clero Polaco durante la Segunda Guerra Mundial, e invocáis la protección de los obispos, los sacerdotes y los seminaristas, mártires de los totalitarismos del siglo XX”. 

“Que intercedan especialmente por los jóvenes, para que respondan con valentía a la llamada de Dios”, les ha alentado. 

Finalmente, al dirigirse a los de lengua francesa, se ha referido a la Virgen María: “¡Os bendigo y os deseo un feliz mes de María!”.

El autorRedacción Omnes

Evangelización

Marcos Pou, el joven de Comunión y Liberación con fama de santidad

Alfonso Calavia acaba de publicar una nueva biografía -documentada y exhaustiva- sobre la vida de Marcos Pou.

Javier García Herrería·29 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Oí hablar por primera vez de Marcos Pou a través de un matrimonio conocido. La esposa me decía que, en su juventud, su marido y ella habían tenido un amigo verdaderamente especial. En cierta ocasión, conversaban con él sobre su noviazgo, y este les dijo que su relación era como una rosa bella. Reposaba en las manos de ambos, pero, si trataban de poseerla, ocurriría lo mismo que si los dos intentaran quedarse con la flor: acabarían destruyéndola.

De este modo, les animaba a vivir la castidad durante el noviazgo, dando a entender que podrían disfrutar de la belleza de su relación sin consumirla precipitadamente. 

La vida de Marcos fue breve pero intensa. Murió con 23 años en un accidente de tráfico en febrero de 2015, apenas diez días después de entrar en el seminario de Barcelona. En esa misma ciudad había nacido en 1991, donde creció en el seno de una familia católica con seis hermanos. Pasó parte de su infancia en Los Ángeles antes de volver a la ciudad condal.

Tras su muerte, en muchos jóvenes que no le conocieron se ha despertado un interés por su vida y su camino hacia Dios. Es un modelo cercano: deportista, universitario, con amigos, novia y, sobre todo, rodeado de las dudas e incertidumbres habituales en un joven del siglo XXI. 

Un joven con una búsqueda intensa

Su vocación sacerdotal maduró poco a poco a partir de 2011, en un proceso de discernimiento acompañado por su director espiritual. No se trató de una ruptura brusca con su vida anterior, sino de un conocimiento gradual de Cristo. 

Estudió primero en el colegio Montserrat y después en Abat Oliba Loreto, donde entró en contacto con profesores y amigos vinculados a Comunión y Liberación, experiencia que marcó decisivamente su fe. Allí descubrió una forma de vivir el cristianismo unida a la amistad, al estudio y a una visión amplia de la vida, y esa combinación le acompañó durante años.

Poco antes de entrar al seminario, el director espiritual de Marcos le pidió que escribiera su historia y cómo el Señor le había ido cambiando poco a poco. El resultado fue una publicación casera de 65 páginas muy auténtica e interesante para conocer a Marcos. En ese texto afirma que lo importante de su vida no era él mismo, sino “lo que Cristo ha hecho en mi vida”, una frase que muchos han leído como su testamento espiritual. 

En esas páginas no esconde sus miserias y crisis, comenzando por lo mal que trataba a las chicas en la adolescencia, lo que le llevó a vivir tibiamente y alejado de la fe. Como es lógico también tuvo muchas dudas para discernir su vocación, sobre todo en la medida en que tenía novia, que por cierto le acompañó enormemente en su proceso de discernimiento. 

De la universidad al seminario

Estudió la carrera de Física en la Universidad de Barcelona y se graduó en 2015, poco antes de su muerte. Durante esa etapa coordinó tres años un grupo de universitarios de Comunión y Liberación, organizó charlas y mantuvo una vida muy activa, que combinaba estudio, amistades, deporte y compromiso eclesial. 

También hizo voluntariado con las Misioneras de la Caridad en Calcuta y participó en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en 2011.

El 11 de febrero de 2015, día de la Virgen de Lourdes, ingresó en el Seminario Conciliar de Barcelona. Su estancia allí fue brevísima: murió el 21 de febrero, diez días después, en un accidente de moto. La noticia conmocionó a su familia, a sus amigos y a la comunidad eclesial de Barcelona, donde el funeral reunió a una multitud y desbordó la capilla del seminario.

La muerte y el impacto

La muerte de Marcos fue repentina y trágica, pero el impacto no se explicó solo por las circunstancias del accidente. En torno a él ya había una percepción compartida de autenticidad, de entrega y de alegría contagiosa, y eso hizo que su fallecimiento se viviera como la pérdida de alguien muy singular. Amigos y conocidos acudieron desde varias ciudades y países para despedirlo, lo que muestra la amplitud de vínculos que había tejido en pocos años.

Su padre espiritual y quienes convivieron con él subrayaron que Marcos no hablaba de la fe como una idea abstracta, sino como una experiencia concreta y razonada que impregnaba su manera de estudiar, de trabajar y de relacionarse. Esa coherencia personal es una de las razones por las que su historia ha seguido circulando durante años, sobre todo entre jóvenes que buscan modelos cercanos y no figuras lejanas o idealizadas.

Marcos no era perfecto, pero encarnó una búsqueda con los ingredientes que uno suele encontrar en el camino: estudiar, hacer amigos, enamorarse, servir, dudar, decidir y dar un paso radical cuando creyó que había encontrado su vocación. Su vida fue breve, pero muy intensa, y eso hace que su historia resuene en una generación acostumbrada a preguntar qué vale realmente la pena.

11 años después de su muerte, la Asociación de Amigos de Marcos Pou, promueve el conocimiento de su vida y diversas iniciativas evangelizadoras.


No hay amor más grande

Autor: Alfonso Calavia Arespacochaga
Editorial: Encuentro
Año: 2026
Número de páginas: 366
FirmasÁlvaro Presno

Las huellas del creador hasta en los insectos

Consideraba san Buenaventura que la creación no comparece como un conjunto autosuficiente de entes, sino como una trama de vestigia: huellas que remiten a las huellas de su Creador.

29 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Desde que era niño, la particular forma biomecánica de los insectos me ha fascinado y, a partes iguales, inquietado. El funículo de las antenas, la inserción de las coxas, la transición entre pronoto y élitros o su particular textura y punteado… tan familiar y alienígena a la vez. Quizá por eso resulta tan eficaz disciplinar mi temperamento impaciente —y no pocas veces disperso— mediante la ilustración de insectos. No diría que es un pasatiempo, ni una inclinación espontánea. Es, más bien, una forma de corrección.

Horas de exploración fisionómica, arquetipización y grafito. Con el tiempo, aprende uno a mirar —que no tanto a dibujar—. Y como sabe cualquiera que se haya interesado por el retrato, el buen mirar es la base del buen ver. Sostener la atención basta para que la forma deje de resolverse con simpleza y la apariencia se densifique. Empieza uno a descubrir detalles, secretos, a hacerse preguntas: ¿qué hace que algo así esté ahí?, no en el sentido trivial de su función (esa está profundamente estudiada por la entomología), sino en otro más exigente: qué hace realmente que algo, así, esté ahí…

¿Es la minuciosa arquitectura del sistema de circulación de las alas de los odonatos (una libélula, por ejemplo) un capricho ontológico, además de un capricho evolutivo? ¿Esconden sus bifurcaciones el secreto de la lengua de Dios, al modo de las manchas del tigre que aterrorizaba al prisionero de El Aleph?

No me refiero a una imagen sugerente, ni a una metáfora piadosa, sino a una estructura exacta: «una frase cuya lectura —si fuera posible— bastaría para liberar o destruir». Borges tuvo el acierto de no especificar más.

Sí.

Sí, y diez veces sí.

La tradición clásica occidental no pensó nunca el mundo como un conjunto de cosas simplemente dadas. Lo entendió, más bien, como una estructura de remisión. No porque cada criatura esconda un significado secreto, sino porque ninguna se agota en lo que muestra. En cuanto es, por el solo ser, remite… ¿A qué? A su Creador, si se me permite decirlo…

Consideraba Buenaventura que la creación no comparece como un conjunto autosuficiente de entes, sino como una trama de vestigia: huellas que remiten más allá de lo que muestran. No una presencia desnuda de su Creador, desde luego, pero sí una huella suya. No todo remite con la misma claridad, ni toda criatura se deja leer del mismo modo; pero nada queda por completo fuera de esa gramática.

La diversidad de las cosas creadas —nos dice el tomismo— no es un accidente ni un exceso tolerado: es condición de la perfección del conjunto. La plenitud no se concentra en lo más alto y se diluye hacia abajo; se distribuye. «La perfección del universo requiere que haya desigualdad en las cosas, para que todas las perfecciones posibles estén representadas» (Suma Teológica q. 47).

¿Por qué hay forma donde podría no haberla? ¿Por qué hay determinación donde bastaría lo indeterminado? De ahí que la cuestión no sea si las cosas “significan” algo, como si portaran un mensaje codificado, sino si su misma consistencia ontológica es ya una forma de decir. No añaden un sentido; lo son en acto. La creación no habla sobre Dios: habla desde Él. «Interroga al mundo, interroga la hermosura de la tierra, interroga todas las cosas: te responderán: no somos Dios, sino que Él nos ha hecho» (Sermón 241). Las cosas no dicen lo que son; dicen de quién proceden, que diría San Agustín.

Lo creado, en cuanto creado, es ya lugar de acceso. Mutatis mutandis, tantos secretos válidos se encuentran en la contemplación del orden de las esferas celestes como en la atención detenida en la arquitectura de un vulgar insecto. Ninguna acumulación de grandeza aproxima más al origen que la más humilde de las formas, porque lo que está en juego no es la cantidad de ser, sino su carácter recibido; ambos son, en sentido estricto, igualmente desproporcionados respecto de su origen, y ambos nos hablan de su Creador. Y ahí sí hay palabras de poder, por lo pronto, el poder de convertir al dibujo en ¿oración?

El autorÁlvaro Presno

Doctor en Ingeniería y doctor en Matemáticas. Forma parte del grupo de trabajo en Inteligencia Artificial de la Sociedad de Científicos Católicos en España.

Vaticano

El Papa a la líder anglicana Mullally: superemos “nuestras diferencias”

Aunque el camino hacia la plena comunión se ha vuelto “más difícil de discernir”, católicos y anglicanos deben continuar por el camino del diálogo y “proclamar a Cristo al mundo”, dijo el Papa León XIV en su primer encuentro con la arzobispa anglicana de Canterbury, Sarah Mullally.  

OSV / Omnes·29 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

– Junno Arocho Esteves (OSV News)

En su discurso a la arzobispa Mullally durante su visita al Vaticano el 27 de abril, el Papa reconoció que, si bien se han logrado muchos avances en “cuestiones históricamente divisivas, han surgido nuevos problemas en las últimas décadas” que han hecho que el “camino ecuménico” sea más difícil. 

Sin embargo, añadió, “sería un escándalo si no siguiéramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy irreconciliables que parezcan”.

Capilla de Urbano VIII, siglo XVII

Según un comunicado de su oficina, la arzobispa Mullally se unió al Papa para la oración del mediodía en la capilla de Urbano VIII, del siglo XVII, ubicada en el Palacio Apostólico.

Al dar la bienvenida a la arzobispa al Vaticano, el Papa León XIII señaló que, si bien “nuestro mundo sufriente necesita enormemente la paz de Cristo, las divisiones entre los cristianos debilitan nuestra capacidad para ser portadores eficaces de esa paz”.  

“Si el mundo ha de acoger nuestra predicación con sinceridad, debemos, por lo tanto, ser constantes en nuestras oraciones y esfuerzos para eliminar cualquier obstáculo que impida la proclamación del Evangelio”, dijo el Papa. 

“Este énfasis en la necesidad de unidad para una evangelización más fructífera ha sido un tema recurrente en mi ministerio; de hecho, se refleja en el lema que elegí al ordenarme obispo: ‘In Illo uno unum’, ‘En el Uno -que es Cristo- somos uno».

El papa León XIV reza con la arzobispa anglicana Sarah Mullally de Canterbury, en la capilla de Urbano VIII del Palacio Apostólico del Vaticano durante su encuentro el 27 de abril de 2026 (Foto de OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media).

‘Emprendamos un viaje juntos en amistad y diálogo’

Si bien el camino ecuménico de la comunión es complicado, el Papa León XIV afirmó que la Iglesia Católica y la Iglesia de Inglaterra continúan “recorriendo juntas el camino de la amistad y el diálogo”.

También oró para que el Espíritu Santo, “a quien el Señor infundió en los discípulos la noche después de su resurrección, guíe nuestros pasos mientras buscamos con oración y humildad la unidad que es la voluntad del Señor para todos sus discípulos”.

“Su Gracia, al agradecerle su visita de hoy, le ruego que el mismo Espíritu Santo permanezca siempre con usted, haciéndole fructífero en el servicio al que ha sido llamada”, dijo el Papa.

En su mensaje al Papa León, publicado por su oficina, la arzobispa Mullally le expresó su gratitud por hablar “sobre las numerosas injusticias de nuestro mundo”, especialmente durante su reciente viaje apostólico a África.

Mullally: ‘Esta visión del bien común»

“El mundo necesitaba este mensaje en este momento; gracias”, dijo. “Nos recordó que, a pesar de nuestros sufrimientos, la gente anhela una vida plena, y muchísimas personas trabajan cada día por esta visión del bien común”.

La arzobispa de Canterbury señaló que, en el camino ecuménico emprendido por católicos y anglicanos, el Espíritu Santo nos invita a una práctica más profunda de la hospitalidad, no simplemente como una bienvenida, sino como una forma de ministerio.

Se trata de “la voluntad de darnos espacio mutuamente como seres creados a imagen de Dios y llamados a crecer más plenamente a su semejanza”, dijo. “Ya recibimos unos de otros dones que no podemos generar solos: profundidad en la oración, valentía en el testimonio, perseverancia en el sufrimiento y fidelidad en el servicio. En esto se fortalece nuestro testimonio común”.

El Papa León XIV reza con los Reyes de Inglaterra en la visita que realizaron al Vaticano el 23 de octubre de 2025 (@CNS photo/Vatican Media).

Recordando la visita de los reyes Carlos y Camila al Vaticano

Recordando la visita del rey Carlos III y la reina Camila al Vaticano en octubre, la líder anglicana Mullally dijo que el monarca británico “apreció su reciente visita” y le aseguró al Papa León “una cálida bienvenida por parte de la Iglesia de Inglaterra si honra al Reino Unido con una visita”.

Nombrada arzobispa de Canterbury por el rey Carlos en octubre, Sarah Mullally es la primera mujer en dirigir la Iglesia de Inglaterra “en sus 1.400 años de historia”, según informó la diócesis de Canterbury .

Los anglicanos afirman tener 1.400 años de historia porque identifican a la Iglesia de Inglaterra no como una nueva entidad creada durante la Reforma del siglo XVI, sino como la continuación de la iglesia establecida en Inglaterra por un santo católico, San Agustín de Canterbury, en el año 597 d.C.

La reunión de la arzobispa Mullally con el papa León XIII formó parte de una peregrinación de cuatro días a Roma que, según su oficina, tiene como objetivo “fortalecer las relaciones anglicanas-católicas romanas a través de la oración, el encuentro personal y el diálogo teológico formal”.

En el contexto de la histórica reunión de 1966

“La visita del arzobispo de Canterbury se enmarca en la larga relación ecuménica entre la Comunión Anglicana y la Iglesia Católica Romana, que tiene sus raíces en el histórico encuentro de 1966 entre el arzobispo Michael Ramsey y el papa Pablo VI”, informó el Servicio de Noticias de la Comunión Anglicana. 

La peregrinación comenzó el 26 de abril con una visita a la Basílica de San Pedro y a la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma para orar ante las tumbas de los apóstoles. En un tuit publicado en X, la arzobispa Mullally pidió oraciones “por la unidad de sus discípulos y de todo el pueblo de Dios”.

“Nuestro mundo está profundamente herido por la guerra, la división y el miedo, y anhela la paz, la justicia, la reconciliación y la esperanza que solo se encuentran en Jesucristo. Estamos llamados a proclamar y vivir juntos este Evangelio, por el bien del mundo que Dios tanto ama”, escribió. 

Por la tarde, tras su encuentro con el Papa León XIV, la arzobispa Mullally presidiría las vísperas en la iglesia de San Ignacio de Loyola, con el cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, como predicador.

Según la oficina del arzobispo, la arzobispa Mullally designará al obispo anglicano Anthony Ball, director del Centro Anglicano en Roma, como su representante ante la Santa Sede.

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Junno Arocho Esteves es corresponsal internacional de OSV News. Síguelo en X @jae_journalist.

El autorOSV / Omnes

Cultura

4 Doctoras de la Iglesia protagonizan un programa de ‘Documentos RNE’

Las santas Catalina de Siena, cuya fiesta se celebra el 29 de abril, Teresa de Jesús, Teresa del Niño Jesús (Lisieux) e Hildegarda de Bingen, son las únicas 4 mujeres Doctoras de la Iglesia, entre 38 doctores existentes. Documentos RNE ha lanzado un programa en audio sobre su figura, con algunos expertos.

Francisco Otamendi·29 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

‘Doctoras de la Iglesia: místicas, visionarias y teólogas’, se titula el programa de Documentos RNE sobre las únicas 4 Doctoras de la Iglesia nombradas hasta el momento: las santas Catalina de Siena, Teresa de Jesús y Teresa del Niño Jesús (Lisieux), carmelitas descalzas, y la abadesa benedictina Hildegarda de Bingen.

Con guión de Ana Vega Toscano y diseño sonoro de Samuel Alarcón, este documental que pueden escuchar aquí se acerca a las cuatro doctoras siguiendo la cronología de sus nombramientos. Suenan también en el programa (47’ 45”), grabaciones históricas procedentes del Archivo RTVE que retratan cada proclamación.

Expertos

En el programa intervienen, entre otros expertos, Silvia Mas, profesora del departamento de Historia de la Iglesia de la Pontificia Università della Santa Croce y editora del libro ‘Doctoras de la Iglesia y patronas de Europa’. Josemi Lorenzo Arribas, doctor en historia medieval y especialista en monacato femenino. José Carlos Martín de la Hoz, doctor en historia de la teología, miembro de la Academia de Historia Eclesiástica y profesor del máster del Dicasterio de las Causas de los Santos. Y Victoria Cirlot, catedrática de filología románica de la Universitat Pompeu Fabra, editora de Hildegard von Bingen en español y autora de ‘La mirada interior. Mística femenina en la Edad Media’.

Cuatro Doctoras, y algunas en estudio

La figura de Doctor de la Iglesia fue instaurada a finales del siglo XIII, pero no se reconocerá a ninguna mujer hasta que en 1970 san Pablo VI nombra doctoras a la abulense santa Santa Teresa de Jesús y a santa Catalina de Siena, dominica terciaria del siglo XIV. 

Casi tres décadas después, en 1997, san Juan Pablo II incluyó a la santa francesa Teresa de Lisieux, joven carmelita descalza fallecida en 1897. Por último, en 2012, Benedicto XVI promovió el doctorado de la alemana Hildegarda de Bingen, polifacética abadesa benedictina que vivió en el siglo XII.

Otras personalidades religiosas se encuentran actualmente en estudio para su posible distinción; entre ellas, la carmelita descalza y filósofa Santa Teresa Benedicta de la Cruz, judía conversa nacida Edith Stein, y fallecida en Auschwitz.

Algunas pinceladas. Santa Teresa de Ávila

“Doctor de la Iglesia es una figura en la que se une la santidad de vida, luego un pensamiento que es acorde con este Evangelio, con la transmisión de la vida de la Iglesia, una doctrina que sea coherente. Pero sobre todo, para un Doctor de la Iglesia lo que necesitamos es una erudición eminente, no tanto en extensión, como en profundidad”, explica la profesora Silvia Mas.

En el audio se recoge la voz en un correcto español de san Pablo VI en 1970, al declarar Doctora de la Iglesia a santa Teresa de Jesús (1515-1582), en una ceremonia inédita hasta el momento en la Iglesia, en la que efectúa dos observaciones “que nos parecen importantes”, afirma el Papa (5’ 53”).

“Sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios”

En primer lugar, “Santa Teresa de Ávila es la primera mujer a quien la Iglesia confiere el título de Doctora”. Y después, está el recuerdo de la “severa” frase de san Pablo: ‘las mujeres, cállense en las iglesias’”. Sin embargo, san Pablo VI afirma que esto no supone vulnerar el precepto apostólico ni un “menosprecio de la sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios”.

Teresa de Ávila “ha sido unánimente reconocida por todas las tendencias feministas como una pensadora y una mujer con un empuje brutal, que sirve para ampliar horizontes y que socava los cimientos patriarcales”, dice el doctor Josemi Lorenzo Arribas. “En la cultura de la Península Ibérica posiblemente no haya habido otra mujer con esa relevancia histórica”.

Santa Catalina de Siena, el 29 de abril

El 4 de octubre de 1970, unos días después de Santa Teresa, otra mujer es proclamada Doctora de la Iglesia, santa Catalina de Siena, también por San Pablo VI. El documento de RNE ofrece el testimonio sonoro en español (14’ 20”).

Catalina de Siena (1347-1380), falleció a los 33 años, y fue reconocida como mística, predicadora y escritora, en especial por su obra ‘El diálogo con la Divina Providencia’, además de su papel determinante para resolver el llamado exilio de Avignon (Francia) por parte de siete Papas entre 1309 y 1377, cuenta el audio.

El Papa estaba en Avignon, no tenía independencia

“Santa Catalina de Siena es la mujer clave de la reforma de la Iglesia. La primera gran reforma de la Iglesia tenía que arrancar volviendo el Papa a Roma. El Papa estaba en Avignon, dominado por el poder francés, no tenía independencia”, explica el historiador José Carlos Martín de la Hoz (17’ 25”).

“Era importante que el Papa volviera, y que volviera a poner en marcha la Curia romana, que fuera independiente, que fuera universal, que pudiera recuperar el gran sentido de la Iglesia”.

“Ella fue la primera persona que llamó al Papa el ViceCristo, y procuraba tener diálogo con el Papa, para tener diálogo con Dios”.

Carta al Papa Gregorio XI para que vuelva a Roma

El documento recoge la carta de Santa Catalina de Siena al Papa Gregorio XI para que vuelva a Roma. Santa Catalina mantuvo un abundante epistolario con personajes de la época.

“Ella tenía que preparar el terreno de Roma. No sólo fue al Papa y le dijo: Ven. Ella tuvo que ir y recuperar los Estados Pontificios, para que el Papa pudiera venir y tuviera a Gil de Albornoz, el hombre fuerte de aquella época, que se alía con Catalina de Siena, para empezar a poner orden en los Estados Pontificios”, añade el académico Martín de la Hoz.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, en estudio

El documento recoge también el testimonio sonoro (22’ 07”) de la declaración de San Juan Pablo II otorgando el título de Doctora de la Iglesia a santa Teresa del Niño Jesús. Y también el de Benedicto XVI (27’ 11”) sobre santa Hildegarda de Bingen, mujer sobre la que se explayan los expertos, como la catedrática Victoria Cirlot.

Sobre Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), dice Silvia Mas: “Se está revisando toda su producción escrita, era filósofa, alumna de Husserl, padre de la fenomenología, y escribió ‘Ser finito y ser eterno’. Fue una de las mujeres que luchó por el derecho al voto femenino, en los años veinte del siglo pasado”.

El autorFrancisco Otamendi

Vaticano

Misioneros explican de qué trató (realmente) el viaje del Papa a África

El propio León XIV señaló a los periodistas en uno de los vuelos que realizó, que hubo muchas interpretaciones del viaje alejadas de lo que realmente ocurría.

OSV / Omnes·28 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

Inés San Martin, OSV News

Mientras el Papa León XIV respondía a lo que ha descrito como una narrativa inexacta en torno a su primer viaje a África, misioneros que trabajan en todo el continente aseguran que la visita refleja algo mucho más fundamental que un debate político.

«Ha habido una cierta narrativa que no ha sido del todo exacta en todos sus aspectos», dijo el Pontífice a los periodistas el 18 de abril, mientras viajaba entre Camerún y Angola, señalando que gran parte de la cobertura se había convertido en «comentario sobre comentarios».

Sin embargo, sobre el terreno, quienes viven la realidad cotidiana de la Iglesia en África describen una visita centrada en temas que conocen bien: fraternidad, paz, sanación y esperanza. Y todo ello, arraigado en Cristo.

Un deseo que viene de lejos

En muchos sentidos, el viaje también representa el cumplimiento de un deseo personal de hace mucho tiempo. Días después de su elección en mayo de 2025, León XIV ya había señalado su intención de viajar a África, comenzando por Argelia, la tierra de San Agustín de Hipona, cuyo pensamiento y espiritualidad han marcado su propia vocación como agustino.

Es también un continente que conoce de primera mano. Incluso como obispo de Chiclayo, Perú, el futuro Papa realizó repetidos viajes a África, especialmente a Nigeria, manteniendo estrechos vínculos con comunidades misioneras y desarrollando una visión pastoral marcada por esos encuentros.

Ese trasfondo ayuda a explicar por qué, como dijo a los periodistas durante el vuelo, ve el viaje en términos simples: «Vengo principalmente a África como pastor… para estar, celebrar, animar y acompañar a todos los católicos de África».

Argelia

En Argelia, donde los cristianos constituyen una minoría diminuta en un país predominantemente musulmán, la misionera española Mercè Gassiot afirmó que esa presencia -discreta, humilde y relacional- define la misión de la Iglesia.

«Nuestra Iglesia es pobre, muy pequeña, pero llena de diversidad», dijo Gassiot, quien vive en el país desde 1969. «La fraternidad se construye día a día, viviendo juntos, trabajando juntos, compartiendo tanto las dificultades como las alegrías de la vida cotidiana».

Para ella, el énfasis del Papa en el diálogo y la convivencia refleja lo que los católicos en Argelia ya buscan vivir.

Hablando en la Gran Mezquita de Argel, el Papa León XIV subrayó esa visión, insistiendo en que «buscar a Dios es también reconocer la imagen de Dios en cada criatura», y que esto conduce a aprender «a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana».

Volvió a la figura de San Agustín como puente entre pasado y presente, diciendo a los periodistas al dejar el país que la invitación del santo a buscar a Dios y la verdad es algo muy necesario para todos hoy.

Con mulsulmanes

Ese mismo espíritu se vio en Annaba, donde la hermana Carmen María de Justín, de las Hermanitas de los Pobres, recibió al Papa en un hogar para ancianos, donde casi todos los residentes son musulmanes.

«Fue maravilloso, se emocionó al verlos», dijo, describiendo cómo el Papa saludó a los residentes durante su visita. Para las hermanas, que desde hace tiempo sirven en un entorno mayoritariamente musulmán, la visita fue tanto una confirmación como un aliento. «Ha sido una gran recompensa a nuestro trabajo… nos ha dado fuerza para continuar», dijo a OSV News.

El encuentro también reflejó la respuesta más amplia de la población local. «La casa estaba llena de musulmanes», dijo, señalando que los vecinos ayudaron a preparar el lugar para recibir al Papa.

El hogar incluso cuenta con una pequeña mezquita para los residentes, «para que puedan rezar como nosotros lo hacemos en nuestra capilla», dijo, una expresión cotidiana de la convivencia que el Papa ha destacado durante toda la visita.

«Pienso que el Señor, desde el cielo, viendo una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡pues hay esperanza!’», dijo el Papa en sus breves palabras en el hogar «Ma Maison», donde dedicó más tiempo a saludar personalmente que a hablar.

«El corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes», dijo el Papa.

Amistad

Para misioneros como Gassiot y la hermana Carmen María, ese mensaje de evangelización a través de la amistad resuena profundamente en un contexto donde la vida diaria se desarrolla casi por completo en un entorno musulmán. Y es una vida de fe cimentada en el testimonio de los mártires, a quienes el Papa también honró durante su visita.

En el Centro de Acogida y Amistad dirigido por las Hermanas Agustinas Misioneras en el barrio Bab El Oued de Argel, el Papa se reunió con religiosas y conoció su labor, que incluye apoyo educativo, clases de idiomas y programas para mujeres.

Mártires

Reflexionando sobre el legado de las hermanas Caridad Álvarez Martín y Esther Paniagua Alonso -asesinadas el 23 de octubre de 1994, en el Domingo Mundial de las Misiones, cuando se dirigían a Misa-, el Papa León XIV enmarcó sus muertes dentro de un llamado más amplio al testimonio.

«Tal vez lo que ustedes hacen aquí va mucho más al corazón de lo que debe ser la vida agustiniana -la vida consagrada en la Iglesia- en un mundo donde el martirio es realmente necesario, pero el martirio en el sentido de la palabra: testimonio», dijo.

Las dos hermanas forman parte de los 19 mártires de Argelia beatificados en 2018, reconocidos por permanecer junto al pueblo argelino pese al aumento de la violencia durante la guerra civil que comenzó en 1992.

Esa decisión de quedarse no fue automática. «La pregunta fundamental era: ¿qué voy a hacer personalmente, quedarme o irme temporalmente?», recordó la hermana María Jesús Rodríguez, entonces superiora provincial de las Hermanas Agustinas Misioneras, quien se encontraba en Argelia en ese momento.

A medida que aumentaban las amenazas contra extranjeros y cristianos, los obispos del país pidieron a los religiosos discernir libremente su camino. «Ambas opciones eran legítimas y muy buenas», dijo la hermana Rodríguez, señalando el «triple» riesgo que enfrentaban: «por ser extranjeros, por ser cristianos y simplemente por estar allí».

Camerún

En Camerún, el mensaje del Papa adquirió un tono más urgente. En Bamenda, una región marcada por un conflicto separatista que ha cobrado miles de vidas y alterado la vida cotidiana durante años, la hermana María José de la Plata afirmó que la decisión del Papa de ir ya era significativa.

«Es un signo de cercanía -está con el pueblo», dijo. «Está dispuesto a correr el riesgo para decirle a un pueblo que ha sufrido durante años que no está olvidado».

Describió una realidad en la que la inseguridad se ha vuelto rutina. «Nos hemos acostumbrado a los ‘lunes fantasma’, sin mercado, sin escuela, sin transporte», dijo, refiriéndose a los cierres semanales impuestos en medio del conflicto.

Sin embargo, incluso en ese contexto, la misión continúa. «Cada día que abrimos la escuela o el centro, a pesar de los riesgos, ofrecemos esperanza y la presencia de Dios en este rincón del mundo».

Al dirigirse a la comunidad, el Papa reconoció el sufrimiento mientras destacaba su resiliencia, llamando a la región una «tierra ensangrentada, pero fértil». «No hay que inventar la paz», dijo durante el encuentro por la paz el 16 de abril. «Hay que acogerla, asumiendo al prójimo como nuestro hermano y como nuestra hermana».

Para la hermana de la Plata, la visita en sí misma transmite un mensaje: que el conflicto no ha sido ignorado y que la Iglesia sigue presente.

Angola

En Angola, los misioneros afirman que el enfoque del Papa en la sanación y la justicia habla directamente al pasado y presente del país. Tras una guerra civil de 27 años que terminó en 2002, muchas heridas permanecen: desigualdad económica, infraestructura frágil y comunidades que aún se recuperan de décadas de violencia.

La hermana María José Valero, de las Hijas de la Caridad, describió una misión que abarca escuelas, centros de salud, pastoral penitenciaria y acompañamiento pastoral. «Nuestra misión aquí incluye educación, atención médica y acompañar a las personas en todos los aspectos de la vida», dijo, señalando las múltiples necesidades de la población.

León XIV reflejó esa realidad en su discurso a las autoridades civiles en Luanda el 18 de abril, advirtiendo contra sistemas económicos que reducen a las personas a mercancías y llamando a un modelo de desarrollo basado en la dignidad humana. «Es necesario romper este ciclo de intereses que reduce la realidad, e incluso la vida misma, a simples mercancías», dijo.

En el santuario mariano de Mama Muxima -un lugar de profunda significación espiritual, pero también ligado a la historia del comercio transatlántico de esclavos-, el Papa conectó la fe con la responsabilidad concreta.

«Rezar el Rosario nos compromete a amar a cada persona … y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres», dijo. Para los misioneros, esa conexión entre oración y acción refleja el trabajo cotidiano de la Iglesia.

Guinea Ecuatorial

En Guinea Ecuatorial, aunque la acogida de quienes pudieron asistir fue sumamente entusiasta, en zonas remotas lejos de la capital muchos católicos no pudieron participar en los eventos ni siquiera seguirlos a través de los medios locales.

Cinco décadas de un gobierno autoritario de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, quien tomó el poder en 1979, han dejado al país con infraestructura limitada, incluido el acceso a televisión o servicios de transmisión.

La hermana Concepción González, que trabaja en una comunidad rural, describió la visita como algo vivido «a distancia –una distancia física, y también de otros tipos».

«Muchas personas aquí ni siquiera podrán verlo», dijo. Sin embargo, la necesidad de esperanza no es menor. «Si la esperanza es lo último que se pierde, entonces tal vez es donde más se necesita: en el ámbito de la salud, donde muchos llegan demasiado tarde», dijo. «Los niños son felices, pero a veces se puede ver en sus ojos una sombra, algo que habla de una vida diferente y mejor».

Aun así, espera que el Papa lleve consigo esa realidad más allá de los breves días de la visita. «Le pediría que se lleve un pedazo de lo que ve aquí… y que lo presente al Señor», dijo.

El Papa afirmó en Mongomo, en la Basílica de la Inmaculada Concepción, que el lema elegido para su visita: «Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza», apunta a «quizás… el hambre mayor» en el país.

«Hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad».

Para los misioneros que viven en África, la visita del Papa no introdujo una agenda nueva, sino que reafirmó que su pastor está con ellos, comprende sus luchas y fortalece sus esperanzas.

El autorOSV / Omnes

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Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk presenta en España su libro libro «Crónica de una guerra sacrílega»

El Arzobispo Mayor de Kyiv-Halyć y primado de la Iglesia greco-católica ucraniana presentará su obra el próximo 25 de mayo a las 19:00 en la sede de la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

Maria José Atienza·28 de abril de 2026·Tiempo de lectura: < 1 minuto

Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana y una de las voces internacionalmente reconocidas sobre el derecho a la paz y al respeto de la nación ucraniana presentará su libro «Crónica de una guerra sacrílega» en España. 

Una oportunidad única de conocer el testimonio de Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk y cómo siguen afrontando, cada día, la dureza de una guerra que, a pesar de no ocupar grandes titulares, continúa desangrando la nación ucraniana.

Este volumen recoge las homilías y llamados del Arzobispo Mayor de Kyiv-Halyć durante el primer año de la invasión rusa a gran escala en Ucrania.

De sus páginas se desprende el testimonio espiritual del primer año de guerra, unos duros momentos en los que Shevchuk busca acompañar a su pueblo, ofreciendo consuelo, compasión y fortaleza frente a la barbarie. También se muestra la cercanía del Papa Francisco, quien, en sus continuas llamadas telefónicas con el jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana, le traslada su unidad espiritual y la ayuda material que le es posible.

En esta obra fundamental, Su Beatitud ofrece un testimonio de primera mano y una reflexión profunda sobre la realidad del conflicto en Ucrania, analizando el impacto humano y espiritual de la guerra desde una perspectiva de fe. 

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La presentación, que tendrá lugar el próximo 25 de mayo a las 19:00 horas, en el Salón de Grados de la Universidad CEU San Pablo de Madrid (Julián Romea 23, Madrid), está organizada conjuntamente por Omnes y Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, y cuenta con el patrocinio de la Fundación CARF y Banco Sabadell, además de la colaboración de la Asociación Cultural Ángel Herrera Oria

Cine

Se estrena «David», la película que ha arrasado en EEUU

Este jueves, día 30 de abril, llega a los cines españoles el estreno de "David", una película de animación de gran altura técnica.

Redacción Omnes·28 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La apuesta cinematográfica de Angel Studios vuelve a ser muy ambiciosa. Su nueva producción animada, David (2025), ha debutado recaudando 22 millones de dólares en Estados Unidos, marcando un hito como el estreno animado de temática religiosa más taquillero hasta la fecha, superando incluso a El príncipe de Egipto. Firma además el mejor arranque de tres días en la historia del estudio, por encima incluso del fenómeno que supuso Sound of Freedom.

Este éxito confirma el músculo de una productora, que ya había conquistado al público con la serie The Chosen, y que ahora traslada su enfoque accesible y emocional al terreno de la animación familiar. David adopta una estética claramente inspirada en el modelo clásico de Disney: narrativa directa, tono didáctico y un equilibrio constante entre aventura, humor ligero y números musicales que dinamizan el relato.

La trama

La película se centra en la figura de David, uno de los personajes más icónicos del Antiguo Testamento. Pastor en su juventud y posteriormente rey de Israel, su historia combina episodios de fe, valentía —como el célebre enfrentamiento con Goliat— y una gran dimensión espiritual reflejada en los salmos. El filme opta por una aproximación adaptada para los más pequeños: se detiene en su ascenso y en el conflicto con el rey Saúl, dejando fuera episodios más controvertidos o complejos de su vida, como el adulterio.

Esa decisión narrativa se traduce en un tono más amable. Los pasajes más duros del relato bíblico son suavizados —sin perder su esencia— para adaptarse a un público amplio, especialmente infantil. Así, la violencia queda sugerida y no explícita, y la historia se convierte en una puerta de entrada accesible al personaje.

En el apartado vocal, la versión original cuenta con nombres como Phil Wickham, Brandon Engman, Asim Chaudhry, Mick Wingert, Will de Renzy-Martin y Lauren Daigle. Las canciones, también bien adaptadas al español, aportan ritmo y refuerzan la película funcione con un ritmo convincente.

Dirigida por Phil Cunningham y Brent Dawes, con guion de Kyle Portbury, Sam Wilson y el propio Dawes, David hacer que la historia milenaria resulte cercana, entretenida para nuevas generaciones.

La fe vuelve a la órbita: Dios en la era de Artemis II

Durante años se planteó un conflicto artificial entre ciencia y fe, como si avanzar en una implicara abandonar la otra. Sin embargo, la experiencia concreta de quienes están en la frontera del conocimiento apunta en otra dirección.

28 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

En 1968, durante la misión Apollo 8, tres astronautas leyeron el inicio del Génesis mientras orbitaban la Luna. Fue un gesto tan natural como sobrecogedor: en el momento de mayor avance científico de su tiempo, el ser humano miró al cielo, y pronunció el nombre de Dios. Aquel episodio quedó como símbolo de una intuición profunda: cuanto más lejos llega la ciencia, más se abre el hombre a Dios.

Décadas después, la misión Artemis II ha vuelto a situar a la humanidad en ese mismo umbral: entre la inmensidad del cosmos y el misterio de su origen. El gran protagonista ha sido Víctor Glover, piloto de la misión y primer afrodescendiente en viajar a la Luna, quien ha puesto de manifiesto su fe sin miedo y sin polémica.

El 6 de abril, momentos antes de que la cápsula Orión desapareciera tras la cara oculta de la Luna —ese instante siempre cargado de tensión y silencio—, Glover dirigió unas palabras a la Tierra. No habló de tecnología, ni de récords, ni siquiera de ciencia. Habló del amor. Recordó: “Cristo dijo, en respuesta a cuál era el mandamiento más grande, que era amar a Dios con todo lo que eres; y Él también, siendo un gran maestro, dijo que el segundo es igual a este: amar a tu prójimo como a ti mismo”, y concluyó con una frase que, en su sencillez, resume toda una cosmovisión: «los amamos desde la luna».

No es un discurso impuesto ni calculado. Es la expresión espontánea de alguien que, al contemplar el universo desde fuera, reconoce que la clave última no está en los sistemas, sino en el amor.

En otra intervención, durante la Pascua, Glover ofreció una imagen tan poderosa como accesible: la Tierra como una nave espacial. Una “nave” diseñada para albergar la vida en medio del vacío. Desde esa perspectiva, el asombro científico no conduce al vacío existencial, sino a la gratitud: si todo esto existe, si este oasis es real, entonces no puede ser fruto del azar ciego. Hay una intención, un sentido, una fuente.

Y, quizá, la frase que más ha resonado —por su claridad sin adornos— fue esta: «Necesitamos a Jesús, ya sea en la tierra o desde la luna». En otro tiempo, una afirmación así habría generado controversia inmediata. Hoy, en cambio, ha circulado con naturalidad, como quien enuncia una evidencia personal que no necesita imponerse.

Pero no solo Glover ha dado testimonio. El comandante de la misión, Reid Wiseman, reconocía tras el regreso a tierra, algo igualmente revelador. Haciendo la aclaración de no ser una persona religiosa, confesó que la experiencia vivida desbordaba cualquier categoría técnica o científica. Ante la grandeza de lo contemplado —un eclipse solar visto desde la cercanía lunar—, buscó espontáneamente una referencia espiritual. No como respuesta aprendida, sino como necesidad humana ante lo incomprensible, a su regreso a tierra: «Llamé al capellán del barco de la Armada para que viniera a visitarnos un momento y, al ver la cruz que colgaba de su cuello, rompí a llorar. Es muy difícil comprender por completo lo que acabamos de pasar».

Durante años se planteó un conflicto artificial entre ciencia y fe, como si avanzar en una implicara abandonar la otra. Sin embargo, la experiencia concreta de quienes están en la frontera del conocimiento apunta en otra dirección.

Los astronautas de Artemis II no son ajenos a la tecnología; son su máxima expresión. Han sido formados durante años, manejan sistemas de una complejidad extraordinaria y participan en uno de los proyectos científicos más ambiciosos de la historia. Y, sin embargo, cuando miran la realidad desde su punto más extremo, no hablan solo de datos: hablan de Dios.

Esto no debería sorprender. La ciencia, en su esencia, busca comprender los patrones del universo. Pero esos patrones —su orden, su belleza, su inteligibilidad— remiten inevitablemente a una pregunta más profunda: ¿por qué hay algo en lugar de nada? ¿Por qué este cosmos es comprensible? ¿Por qué existe la vida y, más aún, la conciencia capaz de contemplarla?

La misión Artemis II, al igual que en su día lo fue Apollo 13 o la propia Apollo 8, marca un hito técnico: mayor distancia alcanzada por el ser humano, nuevas observaciones del lado oculto de la Luna y un eclipse solar visto desde una perspectiva única. Pero, más allá de los logros cuantificables, deja una huella cualitativa: la recuperación de una mirada que integra.

Hoy, en pleno siglo XXI, en el corazón mismo de la exploración espacial, Dios vuelve a aparecer con naturalidad. Y ahí, en ese silencio entre la tierra y la luna —cuando la comunicación se interrumpe y solo queda la contemplación—, resuena de nuevo la intuición que acompañó a los primeros astronautas: que el mayor logro científico no eclipsa a Dios, sino que, de algún modo, lo señala.

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Ecología integral

Vamos a tener un… ¿feto?

Un breve video de 1 minuto titulado ‘It’s a baby,’ (Es un bebé), sobre la noticia de quedarse embarazada, y el modo de llamar al bebé todavía no nacido se está haciendo de nuevo viral.

Francisco Otamendi·28 de abril de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El vídeo es de «Focus on the Family», y al comenzar se ve a una mujer que le dice a su pareja: ¡Es positivo! Está embarazada. La siguiente escena es una mujer negra embarazada viendo una ecografía de su bebé, y escuchando sus latidos.

Esto es un spoiler en toda regla, así que si quiere no lea más y vea el video ya. Pero yo voy a seguir, porque el video dura sólo 1 minuto y 1 segundo. Un suspiro.

Salen dos hombres haciendo footing, una mujer con una camiseta que dice ‘fetus on board’, un ginecólogo diciendo a una parturienta: sigue empujando, “tu feto está haciendo un maravilloso trabajo”…

Una abuela abre un sobre que dice ‘we’re having a fetus’ (estamos teniendo un feto), mientras una voz en off dice: «Llámalo como quieras, pero la verdad no cambia…», y sigue un poco más, cuando una niña dice a su madre embarazada: «Es un bebé», y ella le completa: «Todavía es un bebé».

En efecto, a los autores les da lo mismo cómo se llama al pequeño ser humano ya concebido en el seno de la madre. “Llámalo como quieras”, dicen, es un baby, un bebé.

Lo que dicen en Focus on the family

Sin embargo, en la web editora del video se escribe que “feto es una palabra tan científica. Es algo lejano (…) Hay quienes intentan restarle valor a la vida cambiando la forma en que hablamos de ella”.

Pero “en Focus on the Family nos encanta la palabra bebé, escriben, porque es algo personal. Evoca la alegría de la vida que está por venir, y todo lo que hace que los bebés sean humanos. Y todo comienza desde la concepción”.

En el sitio web de Focus parece que unen ‘interrumpir el embarazo’ con la palabra feto, y una insensibilización de la mujer que puede llevarle a frenar un embarazo no deseado.

En el video, sin embargo, se dice, como hemos visto: “Llámalo  como quieras”, es un baby, un bebé. 

Aquí tienen el video que, por cierto, lleva un subtítulo fuera, que dice así: “Llámalo como quieras, pero la verdad no cambia”.

El autorFrancisco Otamendi