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El Parlamento europeo ahonda en el diseño adictivo de plataformas en línea

Un informe del Servicio de Estudios del Parlamento europeo incide de nuevo en el diseño adictivo de plataformas como Tik Tok. Las autoras, Mar Negreiro y Öykü Dilara Anaç, analizan las conclusiones preliminares de la Comisión Europea sobre el incumplimiento de la Ley de Servicios Digitales (DSA), y la futura regulación.

Francisco Otamendi·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El estudio analiza las conclusiones preliminares de la Comisión Europea contra TikTok, de las que informó Omnes en febrero, el caso estadounidense contra Meta y YouTube; el fundamento jurídico del Reglamento de Servicios Digitales (DSA); el concepto de addictive design; y la relación entre algoritmos, patrones oscuros (dark patterns) y protección de menores, y está fechado en mayo.

Una de las tesis principales de Mar Negreiro, jurista española especializada en Derecho digital y protección de consumidores, y su colaboradora, es que el problema jurídico no reside únicamente en los contenidos difundidos por las plataformas, sino en la propia arquitectura del servicio, diseñada para maximizar el tiempo de permanencia del usuario mediante mecanismos conductuales.

Riesgo para la salud mental

“The Commission preliminarily finds that TikTok needs to change the basic design of its service” (“La Comisión considera, con carácter preliminar, que TikTok debe modificar el diseño básico de su servicio”). El análisis de esta afirmación resume en buena parte la aportación del informe. 

El problema jurídico ya no reside únicamente en los contenidos ilícitos o en el tratamiento de datos personales, sino también en el propio diseño de las plataformas digitales, cuando éste favorece conductas adictivas y pone en riesgo la salud mental, especialmente de menores y personas vulnerables.

El texto analiza un cambio de paradigma en la regulación de las grandes plataformas digitales. Hasta hace pocos años, la actuación de las autoridades se centraba en la retirada de contenidos ilegales, la protección de datos o las prácticas anticompetitivas. 

Maximizar el tiempo de permanencia

Sin embargo, las investigaciones más recientes demuestran que el diseño de determinadas aplicaciones puede generar patrones de uso compulsivo que afectan al bienestar psicológico de los usuarios. Según la autora, las plataformas basan su modelo de negocio en maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios para incrementar los ingresos publicitarios. Para ello emplean mecanismos que estimulan la liberación de dopamina mediante recompensas constantes y personalizadas, favoreciendo un uso repetitivo y prolongado.

En este contexto se sitúan las conclusiones preliminares de la Comisión Europea sobre TikTok, publicadas en febrero de 2026. La Comisión considera, tras una investigación todavía en curso, que determinadas funcionalidades de la plataforma —como el desplazamiento infinito (infinite scroll), la reproducción automática de vídeos (autoplay), las notificaciones continuas (push notifications) y los sistemas de recomendación altamente personalizados— generan riesgos sistémicos para la salud mental de menores y adultos vulnerables. 

Indicadores objetivos de uso compulsivo

Asimismo, reprocha a la empresa no haber tenido suficientemente en cuenta indicadores objetivos de uso compulsivo, como el tiempo que los menores permanecen conectados durante la noche o la frecuencia con la que abren la aplicación. Si estas conclusiones se confirman definitivamente, TikTok podría enfrentarse a importantes sanciones económicas y, sobre todo, verse obligada a modificar aspectos esenciales de la arquitectura de su servicio.

El informe pone de relieve que esta actuación de la Comisión encuentra su fundamento jurídico en el Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act o DSA). Aunque el Reglamento no utiliza expresamente la expresión addictive design, sí proporciona herramientas suficientes para actuar frente a estos riesgos. 

Reunión entre Yann LeCun (AMI Labs), y Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, en Vivatech, París, el 17 de junio de 2026 (Nicolas Kovarik / European Union, 2026 / EC – Audiovisual Service, Wikimedia commons).

Obligaciones legales, evaluar riesgos, protección de menores

En particular, el artículo 34 obliga a las plataformas de muy gran tamaño a identificar y evaluar los riesgos sistémicos que puedan afectar a la salud pública, al bienestar físico y mental de los usuarios y a la protección de los menores. Por su parte, el artículo 35 exige la adopción de medidas eficaces para reducir dichos riesgos. 

Además, el artículo 25 prohíbe los diseños manipulativos de las interfaces digitales, conocidos como dark patterns, que alteran o limitan la capacidad de los usuarios para adoptar decisiones libres e informadas. Finalmente, el artículo 28 establece obligaciones específicas de protección de los menores en el entorno digital.

Fomento de hábitos difíciles de controlar, vulnerabilidad 

La autora explica que el concepto de addictive design hace referencia a decisiones deliberadas de diseño destinadas a maximizar el compromiso del usuario con la plataforma mediante técnicas psicológicas que fomentan hábitos difíciles de controlar. No se trata únicamente de captar la atención, sino de crear dinámicas de interacción continuada que incentivan el consumo permanente de contenidos. 

Esta cuestión resulta especialmente preocupante en adolescentes, cuyo desarrollo cognitivo y emocional los hace más vulnerables a este tipo de estrategias persuasivas. Diversos estudios citados en el informe relacionan el uso excesivo de las redes sociales con mayores niveles de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, disminución de la capacidad de atención y menor control de los impulsos.

Caso estadounidense

El informe establece asimismo un interesante paralelismo con la evolución del derecho estadounidense. En marzo de 2026, un jurado de Estados Unidos declaró responsables a Meta y YouTube por el carácter adictivo del diseño de sus plataformas. Aunque la indemnización económica fue relativamente reducida, el valor jurídico de la decisión radica en que constituye el primer precedente en el que un tribunal considera negligente el diseño mismo de una red social. 

Según la autora, esta resolución puede incentivar cambios en la configuración de las plataformas para evitar futuras responsabilidades judiciales tanto en Estados Unidos como en otros ordenamientos.

‘Patrones oscuros’ dificultan abandonar la aplicación

Otro de los aspectos más relevantes del análisis es la estrecha relación entre los algoritmos de recomendación, los dark patterns y la protección de los menores. 

Los algoritmos seleccionan contenidos altamente personalizados para mantener el interés del usuario durante el mayor tiempo posible, mientras que los patrones oscuros dificultan abandonar la aplicación o interrumpir el consumo continuo de contenidos. La combinación de ambas técnicas incrementa significativamente el riesgo de comportamientos compulsivos. 

Por ello, Negreiro sostiene que la protección efectiva de los menores no puede descansar exclusivamente en restricciones de edad o en mecanismos de control parental, ya que estas soluciones desplazan la responsabilidad hacia las familias sin corregir el problema estructural: un diseño empresarial concebido para maximizar la permanencia de los usuarios.

Futura regulación: en qué consiste “un diseño aceptable”

Finalmente, el informe concluye que la futura regulación europea deberá avanzar hacia un modelo de “fairness by design” (equidad desde el diseño), en el que la protección de los consumidores y, especialmente, de los menores, quede incorporada desde el propio diseño tecnológico de las plataformas. 

En este sentido, el futuro Digital Fairness Act podría reforzar las obligaciones ya previstas en el DSA e imponer límites más estrictos a las funcionalidades manipulativas. 

Como resume la jurista, “el reto de esta investigación es evaluar qué constituye un diseño aceptable”. Una cuestión que trasciende el ámbito tecnológico y plantea un debate de fondo sobre la compatibilidad entre los actuales modelos de negocio de las grandes plataformas digitales y la protección efectiva de los derechos fundamentales de los usuarios más vulnerables.

El Parlamento europeo, activo en este asunto

El Parlamento Europeo se ha mostrado activo en esta cuestión. En una resolución de diciembre de 2023 sobre el diseño adictivo de los servicios on line, pidió que se pusiera fin a los “patrones oscuros” y a las lagunas en la protección de los consumidores en Internet. 

La cuestión también se ha abordado más recientemente en el informe de iniciativa propia de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor (IMCO) sobre la protección de los menores en Internet y en otro informe sobre el impacto de las redes sociales y el entorno en línea en los jóvenes que está elaborando la Comisión de Cultura y Educación.

El autorFrancisco Otamendi

FirmasAntonio Ruiz Valverde

Amigos, no proyectos

En tiempos de polarización necesitamos aprender a hablar de lo que importa sin perder a los amigos e interlocutores.

6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

La conversación comenzó de forma inofensiva: un comentario sobre los hijos, otro sobre lo difícil que resulta conciliar o lo cara que está la vida. Cuando alguien mencionó a una familia de siete hijos y a una madre que afrontaba su quinta cesárea, las opiniones se encendieron:

—Eso ya es una irresponsabilidad.

—Hay que pensar también en los hijos, no se trata solo de tenerlos.

Nadie hablaba con crueldad. Éramos amigos razonables, preocupados por la salud de aquella mujer y por las dificultades de sacar adelante una familia tan grande. Yo, padre de varias hijas, escuchaba en silencio. Sabía lo que es reorganizar los gastos, encajar horarios imposibles y llegar al final del día con la sensación de no haber atendido bien a nadie. Pero también sabía que mis hijas no son un obstáculo para vivir; son una parte esencial de mi vida.

Pensé en intervenir. Podía explicar que una familia numerosa no nace de la inconsciencia, que muchas decisiones incomprensibles desde fuera se toman con libertad y generosidad, y que no todo sacrificio empobrece: algunas renuncias ensanchan la existencia mucho más de lo que la reducen. Pero también sabía que cualquier respuesta podía sonar defensiva o moralmente superior. Dudé: ¿hablar o callar?

El peligro del respeto que distancia

Esta cuestión sería la misma si habláramos de matrimonio, de dinero, de sexualidad, del éxito, del sufrimiento o de Dios. En muchas amistades hay un respeto sincero hacia la fe del otro, siempre que no pretenda iluminar la vida ajena. Nuestra época valora ese respeto; protege la libertad y evita que la diferencia se convierta en agresión. Pero no siempre implica escucha. A veces respetamos al otro manteniéndolo a distancia: aceptamos que viva como quiera, pero evitamos preguntarle por las razones de su vida. Se oye mucho el “yo respeto que tú pienses así”, que parece civilizado, pero puede encerrar un pacto tácito: tú puedes pensar así, siempre que no esperes que yo escuche demasiado.

Cuando la fe habla del matrimonio, del perdón, del sufrimiento, de la sexualidad o del dinero deja de parecer una experiencia privada y empieza a formular una propuesta sobre la vida. Y ahí muchas conversaciones se vuelven incómodas. Incluso los creyentes nos adaptamos a ese acuerdo tácito: hablamos de trabajo, de hijos o de política, pero escondemos nuestras razones por miedo a que cambie la percepción que los demás tienen de nosotros. ¿Nos respetan por lo que somos o nos respetan mientras una parte de nosotros permanezca en silencio? ¿No renunciamos a veces a hablar, convencidos de antemano de que no merece la pena?

Hablar de lo que consideramos verdadero en una amistad exige prudencia. Confundimos sinceridad con espontaneidad y creemos que ser honestos consiste en decir inmediatamente lo que pensamos sin medir el efecto que producirá. Pero una verdad dicha sin prudencia puede herir y cerrar al otro. Y por miedo a incomodar reducimos nuestras convicciones a opiniones: “a mí me ayuda”, “es mi manera de verlo”, “cada uno tiene su verdad”.

Entre imponer y diluir hay un camino exigente: ofrecer la verdad como algo recibido y vivido. Por eso no es lo mismo decir “tener tantos hijos es una irresponsabilidad” que responder: “comprendo que desde fuera pueda parecer difícil; nosotros también dudamos y nos cansamos, pero nunca hemos sentido que nuestros hijos nos impiden ser felices”. La segunda respuesta no convierte la experiencia en norma universal, pero tampoco se avergüenza de ella ni juzga al otro. A veces la verdad entra como pregunta o confidencia. Puede bastar con: “¿qué te lleva a verlo así?” o “¿has vivido algo que te influya?”. Escuchar no es renunciar a la verdad, sino reconocer que la experiencia del otro merece ser comprendida antes de ofrecer la propia.

La verdad necesita el hogar de la amistad

Hay silencios necesarios. Un amigo puede no estar preparado o estar herido, y callar entonces es un acto de amor. Pero hay silencios que nacen del miedo a parecer anticuados o a dejar de agradar. La prudencia discierne cuándo hablar; el miedo procura no hacerlo nunca. La tarea del cristiano no es fabricar resultados, sino estar disponible para decir una palabra verdadera cuando la amistad y la ocasión lo reclaman, ni antes por impaciencia ni después por cobardía.

La verdad necesita amistad. No basta con que una afirmación sea verdadera: para ser acogida debe encontrar un lugar en la relación. La amistad no modifica la verdad, pero transforma la manera de comunicarla. Permite conocer las heridas y resistencias del otro. Evita que respondamos a frases aisladas y nos ayuda a mirar a la persona que las pronuncia. Detrás de una opinión sobre la maternidad puede haber miedo; detrás de una crítica a la Iglesia, una herida. Escuchar con atención exige tiempo y paciencia. Y acompañar no significa dirigir el proceso interior del otro ni calcular el rendimiento espiritual de nuestra presencia: significa aceptar que la persona puede avanzar, detenerse o retroceder; formular preguntas que no sabemos responder; y reconocer que también nosotros tenemos mucho que aprender y corregir.

Si el cónyuge no comparte nuestra visión, la coherencia deja de ser una lógica individual. No se trata de demostrar quién es más coherente, sino de amar y escuchar sin renunciar a la propia conciencia; de reconocer que la persona a la que prometimos amar no es un territorio que conquistar, sino alguien con quien caminar incluso a ritmos distintos.

La salud, el descanso, la estabilidad económica o el éxito profesional son bienes reales, y disfrutarlos no es en sí sospechoso. El problema surge cuando se convierten en fines últimos. Dos personas pueden seguir la misma dieta o trabajar para asegurar el futuro de sus hijos; una puede orientar esos bienes hacia la generosidad y la otra hacia el control. Incluso la familia puede convertirse en motivo de orgullo. La vida cristiana no se mide por el número de renuncias visibles, sino por el amor con que se viven. Amar significa aceptar que la presencia del otro alterará nuestros planes; ser amigo implica estar disponible también cuando la relación deja de ser cómoda; y creer en Dios es aceptar que la vida no se organiza solo desde el deseo de conservar el control.

Acompañar sin buscar resultados

El deseo de que un amigo conozca a Dios puede deformarse si convertimos la relación en una tarea pendiente. Podemos acabar midiendo la amistad por sus resultados: si vuelve a misa, si acepta una invitación, si se muestra receptivo. La libertad del otro no es un obstáculo para el apostolado, sino parte esencial de él. Acompañamos porque queremos al otro, no porque esperamos verlo llegar a un destino que hemos fijado. La pregunta exigente es si seguiríamos queriendo a esa persona si nunca cambiara de opinión ni compartiera nuestra manera de entender la libertad o la felicidad. Amar cristianamente no consiste en dejar de desear su bien, sino en quererlo sin poseerlo; en ofrecer sin forzar; en hablar sin manipular. El amigo no es un proyecto.

Mientras escuchaba a mis amigos comprendí que el silencio podía sugerir que medir la vida familiar solo desde el cansancio, el dinero o la pérdida de libertad no me afectaba. Intervine:

—Entiendo lo que decís —comencé—. Desde fuera puede parecer difícil. Nosotros hemos renunciado a muchas cosas y a veces llegamos mal a todo, pero nunca hemos sentido que nuestras hijas nos impiden vivir; son una parte esencial de nuestra vida.

No hubo reacciones espectaculares. Uno bajó la mirada; otro matizó que no hablaba de todos los casos. La conversación continuó. No se produjo ninguna transformación visible, pero algo había cambiado. No necesariamente en ellos, sino en la relación. Durante unos segundos, la amistad dejó de apoyarse únicamente en la cordialidad y tuvo que soportar una diferencia real. Tal vez una amistad profunda no se mida por la ausencia de desacuerdos, sino por la capacidad de atravesarlos sin dejar de reconocerse como amigos.

Decir la verdad puede incomodar. Escucharla también. Pero la incomodidad no siempre es una amenaza: a veces indica que la conversación ha abandonado la superficie y ha alcanzado algo importante. El apostolado de amistad comienza en el respeto, pero no se reduce a una convivencia cordial en la que cada uno guarda sus convicciones en un espacio privado e inaccesible. Compartir la vida incluye hablar de lo que la sostiene. Para un cristiano, Dios no es una afición reservada a ciertos momentos, sino la fuente desde la que trata de comprender la familia, el trabajo, el sufrimiento, el descanso y la felicidad. Excluir siempre esa dimensión de la conversación deja fuera algo esencial.

Compartir esa fuente no significa convertir al amigo en destinatario de una estrategia. No se trata de contar sus avances ni de contabilizar decisiones visibles. El amigo es una persona libre con un camino que pertenece, en último término, a Dios. Por eso el apostolado de amistad exige una doble fidelidad: fidelidad a la verdad, para no esconderla por miedo a incomodar, y fidelidad al amigo, para no usarla como un arma o una presión.

No hay fórmulas infalibles para saber cuándo hablar, cuándo callar o cuándo esperar; la prudencia nace del conocimiento del otro, de la oración y de la humildad de reconocer los propios errores. Evangelizar no consiste en vencer una discusión sobre la familia, el dinero, la sexualidad o el sacrificio; consiste en mostrar que la vida alcanza una plenitud mayor cuando los bienes recibidos no terminan en uno mismo. Tal vez el apostolado de amistad empiece justamente ahí: cuando dejamos de elegir entre la verdad y el amigo y aprendemos a cuidar a ambos al mismo tiempo.

El autorAntonio Ruiz Valverde

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¿Cuál es el papel de los padrinos de Confirmación?

Ser padrino de confirmación no es solo un rol afectivo: es un rol con la Iglesia. Tu función concreta es presentar a tu ahijado ante el obispo, que es la cabeza de la comunidad, para que se integre plenamente a ese pueblo.

Claus Erik Jacob·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El momento en que te piden ser padrino de Confirmación suele acompañarse de una cierta sorpresa, un poco de orgullo, tal vez, pero también —y esto es lo más revelador— de una cierta tensión a la hora de hacer la pregunta. No es fácil pedirlo y, cuando te lo proponen, se siente perfectamente esa especie de vergüenza. ¿Pero por qué ocurre esto? Ocurre porque esa persona te acaba de revelar un aspecto muy privado de su mente: la confesión de que te guarda una gran admiración.

Por eso surgen, al mismo tiempo, la sorpresa, el orgullo y la tensión. El darte cuenta de que alguien te considera de forma particular entre todos los demás te recuerda que eres bueno y que vales la pena, pues te están encargando la responsabilidad de velar por su alma y por sus deseos de salvación.

Un compromiso real

En esos primeros momentos, se corre el peligro de que tú, como padrino recién elegido, te quedes solo con ese sano orgullo. Por eso, tomando esto en cuenta, he querido tomarme el tiempo para dar mi opinión sobre la verdadera grandeza de este rol. Mi propuesta es que el orgullo de ser padrino no proviene del mero elogio social, sino que echa sus raíces en la profunda responsabilidad que esa elección implica.

Ser padrino no es solo un rol afectivo: es un rol con la Iglesia. Tu función concreta es presentar a tu ahijado ante el obispo, que es la cabeza de la comunidad, para que se integre plenamente a ese pueblo. En el fondo, estás introduciendo a alguien a una vida que tú mismo estás viviendo. Y ahí está la pregunta que realmente vale la pena hacerse antes de aceptar: ¿Me interesa a mí vivir con Cristo y ser parte activa de su Iglesia? No se trata de ser perfecto —porque nadie lo es—, sino de que eso te importe genuinamente. Al fin y al cabo, no puedes introducir a alguien a una casa en la que tú mismo no entras.

La analogía del rugby

Como todo esto puede sonar un poco esquemático y tal vez no se entienda del todo bien, voy a intentar explicar la dinámica propia del padrino mediante una analogía.

Hace un tiempo, me tocó ver a dos grupos de hermanos jugar, por primera vez lado a lado, un partido de rugby. Vale la pena explicar el contexto: en el colegio donde trabajo existe un club de rugby al que los alumnos pueden unirse una vez que egresan; es decir, es un club de exalumnos. Es así como, con el tiempo, hermanos de distintas generaciones del colegio terminan jugando juntos en el mismo equipo.

La escena era de por sí sorprendente. Ver materializado el orgullo que se sentía por el hermano menor que empezaba a participar junto a ellos producía un gusto genuino. Más que nada porque ese orgullo no solo traducía el cariño que uno le podía tener al otro, sino —y esto es lo más interesante— el hecho de que ahora el menor va a poder participar de algo que a ese hermano grande lo ha hecho muy feliz. Ser parte de ese equipo de rugby no es solo hacer deporte, sino participar de una comunidad de gente que busca lo mismo que tú. Así, el hermano chico entra a participar de una comunidad dentro de la cual el hermano mayor ya tiene un rol y es valorado.

El proceso de integración

Si uno se fija en la dinámica interna de los hermanos, van surgiendo ciertos roles naturales. De partida, es muy probable que ese hermano menor haya empezado a jugar al rugby porque el mayor lo hacía. Por lo tanto, hay una primera invitación. Sin embargo, en la medida en que los dos van jugando, el hermano grande le habrá enseñado cosas, dándole esos «tips» que el tiempo le enseñó a él y, entretanto, le habrá cultivado el gusto por el juego.

Además, sin que el hermano pequeño lo sepa, quien lo invita a participar probablemente hablará bien de él al entrenador y a los otros miembros del equipo para que lo acepten y lo acojan. En la medida en que esto avanza, los mundos de los hermanos empezarán a encajar: sus amigos ya saben «hermano de quién es» y celebran, justamente, esa vinculación. Y cuando el hermano chico por fin entra a jugar codo a codo con el mayor en el mismo club, se toma como una realización natural del proyecto que venía incoándose desde atrás. Es simplemente la plenitud de un proceso. El momento en que se acompañan al primer partido juntos viene a «sacramentalizar» una relación que se gestaba desde hace años.

Sin embargo, esto no queda aquí. Ahora que el hermano menor ya es parte del club, los consejos que siguen van en otra línea. El hermano grande le enseñará las dinámicas internas del equipo. Las correcciones y los consejos se plantearán en otro tono, porque ahora se encuentran en una relación de igual a igual. Se defenderán mutuamente, hablarán bien el uno del otro ante el entrenador y se preocuparán de que estén contentos viviendo el rugby juntos en el club.

De la cancha a la Confirmación

En la Confirmación se encuentran exactamente estas mismas dinámicas. No se elige al padrino simplemente porque se llevan bien, ni por cumplir un deber social. Te eligen porque ven en ti a un buen cristiano que ha movido al otro a vivir de un modo más alto. Te están pidiendo que se complete lo que se vivía solo como un proyecto: que lo presentes a la plenitud de la vida cristiana para que ese joven pueda participar totalmente de los tesoros de la Iglesia.

Se espera que el padrino sepa guiar y corregir al ahijado con el mismo espíritu con el que el hermano rugbista lo hace con su hermano menor: porque le encanta su club y desea que su hermano sea el mejor. En nuestro paralelo, «hablar con el entrenador» es rezar por él ; es decir, hablarle a Dios sobre tu ahijado para pedirle que le preste atención y lo ayude a ser mejor. También lo llevará a participar de la vida de la Iglesia —tal vez con una obra de misericordia o una romería—, pero siempre con el espíritu de quien invita a una alegría que él mismo está gozando. Así como el hermano lleva orgullosamente al otro a su club de rugby, el padrino debe conducir orgullosamente a su ahijado a la plenitud de la Iglesia.

Una oportunidad para renovar la propia fe

Por todo esto, ser padrino trae consigo una nueva reflexión sobre la propia vocación cristiana que implica madurez. Se trata de una nueva oportunidad para recomenzar con tu propia vida cristiana.

Ese orgullo de ser elegido debe llegar a su plenitud con un rol bien llevado. Esto consiste, sencillamente, en querer ser santo, aprovechar los dones que ya tienes —y que tu ahijado va a recibir—, querer profundamente al ahijado (pero quererlo santo) y no dejar nunca de rezar por él.

El autorClaus Erik Jacob

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Vaticano

Jesús no deja nunca solos ante lo que nos abate, alienta el Papa

¿Cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz?, se ha preguntado el Papa este domingo en el Ángelus. Su respuesta: “Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero (..), sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate”. León XIV ha vuelto a rezar por las víctimas de los terremotos en Venezuela.

Redacción Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha elogiado en este último Ángelus en el Plaza de San Pedro antes de su descanso veraniego en Castel Gandolfo, la humildad y la sencillez, al hilo del Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 11, 25-30), que nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, “Señor del cielo y de la tierra”.

Además, se ha preguntado ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz (cf. v. 30)? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella”.

La sabiduría que Él nos dona es, pues, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída, ha comentado.

Seguir a Cristo, “una escuela de libertad”

Siguiendo a Cristo, nuestro camino no es una ascética que mortifica, ha subrayado el Pontífice. “Es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención”.

Cristo es liberación, esperanza, perdón

“En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos”, ha dicho el Papa ante cerca de 20.000 fieles y peregrinos en la plaza de San Pedro, un día después de volver de Lampedusa.

“Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”, ha proseguido, antes de la oración mariana del Ángelus,

La verdadera sabiduría. Enseñanza de Jesús a quienes pasan más dificultad

Al comienzo de su alocución, el Santo Padre ha comentado la alabanza de Jesús. “La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse “a los pequeños”, mientras permanece oculto ‘a los sabios y entendidos’”.

“Estos, en efecto, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia”..

La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, ha subrayado el Sucesor de Pedro, “en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: “Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas” (v. 28), dice el Señor”. 

Acudir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, tal y como Él mismo nos explicó: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga” (Mt 16,24)”, ha señalado. 

La entrega de sí mismo por amor, síntesis de la enseñanza de Jesús

Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús (cf. Mt 11,29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos.

Queridos amigos, mientras damos gracias al Señor por esta muestra de confianza llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero, ha concluido el Papa.

Oración por las víctimas y todos los venezolanos

Tras el rezo del Ángelus, León XIV ha abierto su corazón para manifestar que “recuerdo siempre en mis oraciones a las víctimas del terremoto y a todo el pueblo venezolano: que el Señor lo sostenga en este momento tan difícil”.

Beatificación de un sacerdote vietnamita

El Papa ha informado también que el jueves pasado, en el Santuario de Tac Say en Vietnam, fue beatificado el sacerdote Francesco Saverio Tru’o’ng Bǚu, asesinado en 1946 por odio a la fe. 

“En un contexto de abuso de poder y de violencia, se hizo defensor de los derechos de la gente y no abandonó a sus feligreses”, ha manifestado León XIV.

“Que su intercesión y oración sostengan a los servidores del Evangelio que, incluso hoy, se encuentran en situaciones de persecución”, ha concluido.

El autorRedacción Omnes

Vaticano

En el Día de la Independencia de Estados Unidos, el Papa León XIV rinde homenaje a los migrantes en Lampedusa

La visita del Papa León XIV a Lampedusa puso el foco en el drama migratorio del Mediterráneo, reivindicando la dignidad de las víctimas y llamando a Europa y a la comunidad internacional a responder con solidaridad y responsabilidad.

OSV / Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Durante más de 30 años, el Dr. Pietro Bartolo ha examinado a más de 350.000 personas y ha realizado autopsias a quienes fallecieron durante la travesía hacia Lampedusa, lugar al que llegaron por primera vez los migrantes rescatados del Mediterráneo.

Una historia, dijo, se le ha quedado grabada.

Tras un naufragio cerca de Malta, un padre le contó a Bartolo cómo había intentado mantener a su familia con vida en el agua. Mientras nadaba, sostenía a su hijo menor contra el pecho, a su esposa con una mano y a su hijo de tres años con la otra. Al darse cuenta de que ya no tenía fuerzas para salvar a todos, soltó a su hijo mayor.

«Si hubiera aguantado un minuto más, mi hijo todavía estaría aquí», recordó Bartolo que le dijo el padre. Los equipos de rescate llegaron momentos después.

«Entiendan», dijo Bartolo en una entrevista con Catholic News Service el 3 de junio, «lo terrible que es que un padre tenga que elegir a qué hijo dejar ir».

Según él, historias como esta explican por qué el Papa León XIV visitó Lampedusa.

Lampedusa, símbolo de solidaridad

Para Bartolo, quien pasó décadas como médico de Lampedusa y exmiembro del Parlamento Europeo, estas tragedias humanas explican por qué el Papa León eligió esta pequeña isla mediterránea para una de las visitas más importantes de su pontificado.

«La gente pregunta por qué el Papa viene a Lampedusa», dijo Bartolo a CNS. «Porque este es el símbolo de la solidaridad».

Cuando el primer papa estadounidense conmemoró el 4 de julio el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, no lo hizo para celebrar su patria, sino en un punto de entrada de migrantes europeos, orando por los migrantes enterrados en el cementerio de la isla, reuniéndose con los supervivientes y celebrando misa en un lugar donde decenas de miles de personas huyen de la guerra, la persecución y la pobreza.

Antes de pronunciar un solo discurso público, el Papa León XIII depositó flores en las tumbas de los migrantes que fallecieron intentando cruzar el Mediterráneo. Se reunió con una familia de migrantes en el monumento «Puerta de Europa», bendijo una placa que nombra el muelle Favaloro en honor al Papa Francisco y, posteriormente, celebró una misa bajo una imagen de Nuestra Señora del Puerto Seguro.

La visita evocó deliberadamente el primer viaje del Papa Francisco fuera de Roma en 2013, cuando visitó Lampedusa para denunciar lo que él denominó la «globalización de la indiferencia».

Compasión y responsabilidad

«Agradezco al Señor la oportunidad de visitarlos, siguiendo los pasos del Papa Francisco», dijo el Papa León XIII en su homilía en el campo deportivo Arena, en el distrito de Salina, en Lampedusa.

Pero si bien reiteró el énfasis que sus predecesores pusieron en los migrantes, el Papa León le dio al mensaje su propio énfasis teológico.

Reflexionando sobre la parábola del Buen Samaritano, dijo que Lampedusa hoy se encuentra «en un camino tan peligroso como el que bajaba de Jerusalén a Jericó».

«Quienes han perdido la vida en este mar son víctimas tanto de decisiones que se tomaron como de decisiones que no se tomaron», dijo.

El Papa elogió a los pescadores, voluntarios, rescatistas, autoridades civiles y residentes comunes de la isla que han acogido a migrantes durante años, agradeciéndoles por demostrar «el milagro de la compasión».

«No hay amor a Dios sin amor al prójimo», dijo, «y no hay prójimo si no me acerco a él».

«La indiferencia hacia el bien común y la corrupción en sus países generan pobreza y exclusión», afirmó el Papa León XIII. Sin embargo, citando su primera encíclica, «Magnifica Humanitas», añadió: «Nadie está exento de responsabilidad».

El Papa León XIII también instó a Europa a ir más allá de las respuestas de emergencia, pidiendo políticas a largo plazo capaces de «recibir, proteger, apoyar e integrar a los migrantes», al tiempo que se ayuda a los países en desarrollo para que «nadie se vea obligado a emigrar».

Su mensaje trascendió las fronteras de Europa.

La migración, prioridad del pontificado

Además de su homilía del 4 de julio, el Papa León XIII publicó un mensaje con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos, en el que elogió los ideales fundacionales de la nación de libertad y libertad religiosa, al tiempo que recordó a los estadounidenses que los inmigrantes «han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».

«Defender la vida humana también incluye acoger, proteger y ayudar a los inmigrantes», escribió, calificando dicha acogida «no solo como un acto de caridad, sino también como un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana».

Para el primer papa estadounidense, la migración ha sido una prioridad como cuestión de dignidad humana. El papa León XIII aprovechó su visita al punto de entrada de migrantes para celebrar el Día de los Inmigrantes en Estados Unidos, afirmando que los inmigrantes «han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».

«Recibirlos con compasión y generosidad no es solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana.»

El Papa León XIII afirmó que el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia no es solo una invitación a celebrar, sino también a reflexionar sobre las responsabilidades que los hijos e hijas de este país tienen los unos con los otros.

Ese mensaje resuena profundamente en Lampedusa.

Las cifras y los rostros de la tragedia

Según el informe anual de Mediterranean Hope sobre el Observatorio de Migraciones de Lampedusa, cerca de 40.000 migrantes llegaron a la isla en 2025, de los cuales más del 80% partieron de Libia. El observatorio documentó al menos 1.314 muertes a lo largo de la ruta del Mediterráneo central durante ese año, si bien señaló que es probable que la cifra real sea mayor, ya que muchos naufragios no se registran. 

Para Bartolo, sin embargo, las estadísticas solo cuentan una parte de la historia. El médico jubilado afirmó que realizar autopsias a niños y familias ahogadas «cambió mi vida por completo». Ahora, el doctor dedica su tiempo a viajar por Europa dando charlas en escuelas y universidades sobre lo que presenció durante sus años en el punto de entrada de migrantes.

Recordar a los muertos se ha convertido también en la labor de toda la vida de Tareke Brhane, un refugiado eritreo que cruzó el Mediterráneo antes de llegar a Italia en 2006.

Devolver un nombre a las víctimas

Tras sobrevivir a la travesía, Brhane fundó el Comité del 3 de Octubre a raíz del naufragio ocurrido en 2013 frente a las costas de Lampedusa, en el que perdieron la vida más de 360 ​​personas. La organización trabaja para identificar a quienes fallecen en el mar y devolver la identidad a las víctimas enterradas como migrantes desconocidos.

«La mayoría solo tiene números», dijo Brhane.

Según declaró a CNS, su comité ha ayudado a identificar aproximadamente 100 cadáveres y ha impulsado con éxito una campaña para que Italia establezca el 3 de octubre como día nacional de recuerdo para los migrantes que murieron intentando llegar a Europa. 

Para Brhane, la decisión del Papa León de comenzar su visita en el cementerio fue el gesto más significativo del día. Brhane ha dedicado su vida a identificar a los migrantes enterrados sin nombre. 

Históricamente, muchos cuerpos recuperados del Mediterráneo han sido enterrados únicamente con un número de caso, ya que las autoridades no podían identificarlos. El Comité del 3 de Octubre ha colaborado con expertos forenses, autoridades italianas y familiares de las víctimas para cambiar esta situación. Según declaró a CNS, existe una enorme diferencia entre las tumbas de los residentes y las tumbas sin identificar de los migrantes. 

«La gente hablará del puerto», dijo. «Pero el verdadero mensaje es que primero fue al cementerio a rezar por los que murieron».

Describió Lampedusa como «un lugar de sufrimiento y un lugar de esperanza».

Según explicó, muchos inmigrantes que posteriormente se convierten en ciudadanos británicos, suecos o neerlandeses regresan simplemente para pisar de nuevo la isla a la que llegaron vivos por primera vez.

«Dicen que aquí es donde volvimos a nacer», declaró Brhane a CNS. 

Con un mensaje similar, el alcalde Filippo Mannino le dijo al papa durante su visita que la isla es como un faro que «no juzga» y «no elige a quién iluminar», sino que permanece iluminado durante toda la noche para cualquiera que busque la costa.

«Nadie es demasiado pequeño para señalar el camino», dijo.

Un desafío para Europa y para el mundo

La visita se hizo eco del viaje apostólico que el Papa realizó en junio a España, donde dedicó algunas de sus declaraciones más contundentes sobre migración a las Islas Canarias, otra importante puerta de entrada para los migrantes que buscan llegar a Europa. Allí, instó a los europeos a no permitir que el turismo oculte el sufrimiento humano que se vive a lo largo de las rutas migratorias y animó a los visitantes a «tener el valor de pensar de forma diferente», afirmando que un descanso auténtico debería llevar a las personas a redescubrir el sentido de la vida y la solidaridad con los demás.

El Papa León repitió ese tema en Lampedusa, utilizando de nuevo la imagen del Buen Samaritano para argumentar que el discipulado cristiano requiere acercarse a los necesitados en lugar de «pasar de largo».

«Tengan el valor de pensar de manera diferente», exhortó el Papa a quienes veranean en la isla, animándolos a no ignorar el sufrimiento que se desarrolla en el mar circundante.

Desde este «rincón remoto de Europa», dijo, el desafío al que se enfrentan tanto Europa como el resto del mundo puede verse con una claridad inusual.

«Todo esto debe hacerse con vigilancia, garantizando el respeto a la dignidad de cada persona», dijo el Papa el 4 de julio. «Esta es una tarea no solo para las instituciones públicas, sino también para la sociedad civil en su conjunto y para la Iglesia».

El autorOSV / Omnes

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Cultura

Científicos católicos: Antonio Ulloa

Antonio Ulloa, nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa y fue pionero en la ciencia y exploración ilustrada

Ignacio del Villar y Alfonso V. Carrascosa·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Antonio Ulloa (12 de enero de 1716 – 5 de julio de 1795), nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa. Dos hermanas suyas fueron monjas y otro hermano fraile agustino. En cuanto a él, estudio en el Colegio de Santo Tomás, de los Padres Dominicos.

Muy joven ingresó en la armada española, y con solo dieciocho años fue nombrado teniente de navío. A esa edad emprendió junto a Jorge Juan la célebre expedición organizada por la Academia de Ciencias de París para medir el arco del meridiano en el ecuador, en lo que entonces era el virreinato del Perú. Tras completar las mediciones principales, Ulloa permaneció en Sudamérica durante más de una década, recopilando valiosos datos astronómicos, geográficos y naturales. Allí se convirtió en el primero en documentar científicamente el platino, metal que posteriormente introdujo en Europa, y parece que también fue el primero en observar las auroras australes.

Su prestigio como científico creció rápidamente: fue admitido en academias de ciencias de Londres, París, Berlín, Estocolmo y Bolonia. De regreso a España desempeñó cargos destacados en la Armada y en la administración científica, organizando el primer Gabinete de Historia Natural y de Metalurgia, germen del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales. También impulsó la modernización de la imprenta y la elaboración de mapas y cartas náuticas de gran precisión, fundamentales para la navegación española.

Ulloa siempre mostró una clara identidad como católico. Fue caballero de las órdenes de Santiago y Calatrava, y supo interpretar los hallazgos naturales en armonía con la fe. Así, por ejemplo, los fósiles marinos hallados en la cordillera de los Andes los entendió como parte de un proceso gradual de la historia natural compatible con la Biblia, en la misma línea que otros ilustrados católicos como el padre José Torrubia. La figura de Ulloa, clave dentro de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, representa la síntesis de marino, científico e ilustrado católico: un hombre que sirvió a su patria y contribuyó al progreso de la ciencia sin abandonar nunca su fe, convencido de que ambas búsquedas, la del conocimiento humano y la de Dios, se complementan mutuamente.

El autorIgnacio del Villar y Alfonso V. Carrascosa

Universidad Pública de Navarra y SCS-España / Científico del CSIC.

Ecología integral

La frontera entre trabajo y familia es difusa, alerta un informe de Pew

Los padres que trabajan consideran que la línea que separa el trabajo y la familia es difusa y no está bien definida. Además, la mitad de los padres que trabajan a tiempo completo (52%) afirman que su trabajo les dificulta ser buenos padres, según Pew Research. Conciliar es difícil, afirman muchos.

Redacción Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Rachel Minkin, Luona Lin, Dana Braga y Kiley Hurst

Para muchos padres estadounidenses que trabajan a tiempo completo, la línea que separa el trabajo de la familia no está bien definida, asegura un informe de Pew Reseach basado en una encuesta realizada entre el 2 y el 15 de marzo de 2026 a 2.242 padres y madres trabajadores estadounidenses.

 – El 70% afirma que se ocupa de las tareas relacionadas con la crianza de los hijos mientras trabaja.

– El 59% afirma que se ocupa de las tareas relacionadas con el trabajo cuando está con sus hijos.

– El 54% afirma que les resulta difícil conciliar sus responsabilidades laborales y familiares.

Carga especial sobre las madres

Los padres, especialmente las madres, suelen cargar con el peso mental que supone intentar equilibrar las necesidades de sus familias con las exigencias de su trabajo. Y con tantas obligaciones, no es de extrañar que a veces sientan que no pueden dar el 100% ni en casa ni en el trabajo.

Como comentó una madre en la encuesta sobre la dificultad de conciliar el trabajo y la familia: “Se supone que debo trabajar como si no tuviera hijos y ejercer la paternidad como si no tuviera trabajo”.

Para este proyecto, Pew ha encuestado a 2.242 padres y madres que trabajan entre el 2 y el 15 de marzo de 2026 para comprender cómo gestionan estas áreas de sus vidas. Lo que han manifestado invita a reflexión.

Las madres que trabajan a tiempo completo son más propensas que los padres a sentir que no pueden dar el 100 % ni en casa ni en el trabajo.

Conclusiones clave

Aproximadamente la mitad de los padres que trabajan a tiempo completo (52%) afirman que su trabajo les dificulta ser buenos padres. Por otro lado, el 45% dice que ser padre o madre les dificulta ascender profesionalmente.

En comparación con los padres, las madres trabajadoras asumen más responsabilidades en el hogar y les resulta más difícil encontrar un equilibrio. El 62 % de las madres que trabajan a tiempo completo afirman que les resulta difícil conciliar el trabajo y las responsabilidades familiares, frente al 47 % de los padres. 

En parejas heterosexuales donde ambos padres trabajan a tiempo completo, el 52 % afirma que la madre asume más tareas de crianza, mientras que un porcentaje menor indica que el padre hace más (10 %) o que estas tareas se comparten por igual (39 %). 

El acceso a beneficios laborales para los padres que trabajan varía según los ingresos.

Los padres que trabajan a tiempo completo y tienen menores ingresos familiares son, sistemáticamente, los que menos probabilidades tienen de afirmar que tienen acceso a beneficios como tiempo libre remunerado (PTO), permisos remunerados independientes del PTO y seguro médico a través del trabajo (entre los que no trabajan por cuenta propia). 

Este grupo también es el que más se preocupa por perder su salario —o su trabajo— si faltan al trabajo porque su hijo está enfermo o no se puede contratar un servicio de guardería.

Utilidad de trabajar desde casa cuando sea necesario 

La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo afirman que disponer de flexibilidad para trabajar desde casa cuando sea necesario les resultaría extremadamente o muy útil (entre aquellos que no son autónomos). Sin embargo, solo el 24 % de estos padres afirma tener mucha flexibilidad para teletrabajar. 

Quienes trabajan habitualmente desde casa ven algunas ventajas en esta modalidad, como poder asistir a las actividades de sus hijos cuando coinciden con el horario laboral. Aun así, no son más propensos que aquellos que trabajan desde casa con menos frecuencia a afirmar que les resulta fácil conciliar el trabajo con la vida familiar. Lea más sobre las experiencias de los padres que trabajan desde casa.

El cuidado infantil: los costes

En todos los niveles de ingresos, los padres afirman que el costo es el mayor obstáculo para encontrar cuidado infantil. Los padres de ingresos bajos y medios tienen más probabilidades que aquellos con mayores ingresos familiares de depender de familiares, amigos o vecinos para el cuidado de sus hijos. La mayoría de los padres de ingresos altos utilizan servicios de cuidado infantil pagados, como guarderías o preescolares. 

Este análisis se centra principalmente en las experiencias de los padres que trabajan a tiempo completo, quienes representan el 73 % de los padres estadounidenses con hijos menores de 18 años (incluidos el 89 % de los padres y el 59 % de las madres, según un análisis del Pew Research Center basado en datos de la Oficina del Censo de EE. UU.) para 2025. Lea más sobre las experiencias de los padres que trabajan a tiempo parcial y cómo han cambiado las modalidades de trabajo de los padres estadounidenses.

Compaginar el trabajo con la vida familiar afecta de forma diferente a las madres y a los padres.

“Mis responsabilidades laborales no tienen fin…”

Los padres que trabajan no siempre ven una clara separación entre su vida laboral y familiar. Como escribió un padre en la encuesta: “Siento que mis responsabilidades laborales no tienen fin, lo que me dificulta desconectar por la noche para centrarme en mi familia.”

Para la mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo, las tareas laborales se trasladan a casa y las de crianza terminan en el trabajo. 

Esta superposición es especialmente notable entre las madres. Aproximadamente ocho de cada diez madres que trabajan a tiempo completo (81%) afirman ocuparse de las tareas de crianza durante su jornada laboral al menos ocasionalmente. Esto incluye al 38% de las madres que dicen hacerlo con mucha frecuencia, casi el doble que los padres que afirman lo mismo (17%).

Sin embargo, muchos padres también sienten esta tensión. La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo afirman que se ocupan de las tareas de crianza mientras están en el trabajo (62%) y de las tareas laborales mientras están con sus hijos (57%), al menos en ocasiones.

Cuando el trabajo interfiere con la crianza de los hijos

La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo (60%) creen que pasan muy poco tiempo con sus hijos, y muchos más afirman que esto se debe a las obligaciones laborales más que a otros motivos.

Además, casi la mitad (47%) afirma que sus responsabilidades laborales les impiden, al menos en ocasiones, asistir a actividades en las que participan sus hijos, como conciertos escolares o eventos deportivos.

Las madres son particularmente propensas a decir que se sienten molestas cuando se pierden las actividades de sus hijos por motivos laborales: el 65% se siente extremadamente o muy molesta, en comparación con el 45% de los padres. Aun así, la mayoría de los padres afirma sentirse al menos algo molestos cuando esto sucede.

Muchas madres y padres se sienten muy o extremadamente tristes cuando se pierden las actividades de sus hijos por culpa del trabajo.

No tienen suficiente tiempo para pasatiempos, relaciones y autocuidado

Entre los padres y madres que trabajan a tiempo completo, aproximadamente la mitad o más afirman no tener suficiente tiempo para cosas como aficiones, ver a amigos, hacer ejercicio o relajarse.

Las madres son mucho más propensas que los padres a afirmar que no tienen suficiente tiempo para cada una de estas actividades. Por ejemplo, el 65 % de las madres dice no tener suficiente tiempo para hacer ejercicio, en comparación con el 52 % de los padres. De igual manera, las madres son más propensas que los padres a afirmar que no tienen suficiente tiempo para relajarse (67 % frente al 53 %).

Cómo comparten las tareas del hogar padres y madres que trabajan a tiempo completo

También encontramos diferencias en la forma en que las madres y los padres que trabajan a tiempo completo gestionan las tareas de crianza y las labores del hogar. (Este análisis se centra en familias con ambos padres empleados a tiempo completo, ya que es la situación laboral más común entre las parejas heterosexuales con hijos).

Entre los padres casados ​​o que conviven en este tipo de familia, el 52% afirma que la madre realiza más tareas de crianza que el padre, mientras que el 39% opina que ambos contribuyen por igual. Un porcentaje similar indica que la madre realiza la mayor parte de las tareas domésticas (43%) o que se reparten de forma equitativa (40%). Un porcentaje mucho menor afirma que el padre realiza más tareas de crianza o del hogar.

Puntos de vista diferentes

Las madres y los padres suelen tener puntos de vista muy diferentes sobre cómo se dividen las tareas de crianza y las labores del hogar. La mayoría de las madres afirman que ellas mismas se encargan de más responsabilidades que su cónyuge o pareja. Los padres, en cambio, tienden a decir que estas tareas se comparten por igual.

En lo que respecta al trabajo remunerado, porcentajes similares de padres en estas familias afirman que el padre trabaja más tiempo en un día típico (41%) o que ambos padres trabajan aproximadamente la misma cantidad de tiempo (39%). 

Alrededor de uno de cada cinco (21%) dice que la madre trabaja más tiempo. Pero incluso en familias donde la madre trabaja más tiempo que el padre, es mucho más probable que los padres digan que la madre realiza más tareas de crianza y del hogar que el padre.

Padres empleados a tiempo parcial: la mayoría, mujeres (79%)

Los padres que trabajan a tiempo parcial se distinguen por ciertas características. La mayoría son mujeres (79%). Además, la mayoría (58%) vive en hogares con bajos ingresos, mientras que el 33% tiene ingresos medios y el 6% ingresos altos.

La naturaleza de sus horarios laborales también difiere, ya que los padres que trabajan a tiempo parcial tienen más probabilidades que los que trabajan a tiempo completo de decir lo siguiente:

– Horario es impredecible (23% frente al 11% de los padres que trabajan a tiempo completo).

 – Mucha flexibilidad para elegir cuándo trabajan las horas requeridas (41% frente al 26%).

Iguales retos para padres que trabajan a tiempo completo y a tiempo parcial

Los padres que trabajan a tiempo parcial tienen menos probabilidades de acceder a beneficios laborales como seguro médico, vacaciones pagadas y otros permisos remunerados. Por ejemplo, el 37 % de los padres que trabajan a tiempo parcial tienen acceso a seguro médico a través de su trabajo, en comparación con el 87 % de los que trabajan a tiempo completo.

A pesar de sus diferentes modalidades de trabajo, los padres que trabajan a tiempo parcial se enfrentan a muchos de los mismos retos que quienes trabajan a tiempo completo. 

Un porcentaje similar de padres que trabajan a tiempo parcial (51 %) y a tiempo completo (54 %) afirma que les resulta difícil conciliar el trabajo y las responsabilidades familiares. 

Asimismo, porcentajes similares indican que, durante el último año, sintieron que no podían rendir al 100 % en el trabajo debido a la necesidad de compaginar ambas responsabilidades (42 % y 46 %, respectivamente).

Foto: Jessica Rockowitz/Unsplash.

El autorRedacción Omnes

Reverendo SOS

Tocar al Papa, tocar a Dios

El cariño hacia el sucesor de Pedro nace precisamente de lo que él representa. Queremos tocar al Papa porque nos acerca a Cristo.

José Gorgas·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Las imágenes de la reciente visita del Papa León XIV a España permanecerán mucho tiempo en nuestra memoria. Han sido días de fe compartida, y de alegría eclesial. Pero, entre tantos momentos vividos, hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: las ganas que tenía la gente de tocar al Papa.

No era curiosidad, ni afán de protagonismo. Había algo más profundo. Se percibía en los rostros de quienes aguardaban pacientemente tras las vallas y en la emoción de quienes conseguían rozar por un instante la mano del Santo Padre. Como si aquel contacto físico fuera la expresión visible de un cariño que llevaba tiempo esperando una ocasión para manifestarse.

Colaboradores de la ternura

Particularmente conmovedora fue la escena de los niños pequeños. Recordaba inevitablemente aquellas páginas del Evangelio en las que algunas madres llevaban a sus hijos hasta Jesús, para que les impusiera las manos y los bendijera. Durante estos días hemos visto a los miembros de seguridad recoger pequeños bebés para acercarlos al Papa.

Hay que reconocer el mérito de esos guardaespaldas. Acostumbrados a velar por la seguridad, supieron también convertirse en colaboradores de la ternura. Gracias a ellos, muchos padres pudieron vivir un momento que difícilmente olvidarán.

Resultaba igualmente hermoso contemplar cómo la multitud compartía aquel privilegio. Nadie parecía querer monopolizar el instante. Una mano tocaba al Papa y enseguida dejaba paso a otra. Había una delicadeza colectiva, una especie de acuerdo silencioso para que todos pudieran participar de aquel tesoro.

Los signos que el amor necesita

¿Por qué esa necesidad de tocar? Quizá porque los seres humanos necesitamos que el amor se haga visible. Necesitamos signos. El afecto busca expresarse a través de los sentidos. Tocamos aquello que amamos, y deseamos acercarnos físicamente a quienes representan algo grande para nosotros. Sin embargo, durante esta visita hubo otro contacto aún más profundo.

Los dos grandes momentos eucarísticos vividos en Madrid dejaron una impresión imborrable. En la vigilia con los jóvenes, el silencio de la adoración fue impresionante. Miles de personas reunidas y, sin embargo, una quietud tan intensa que parecía escucharse el paso de la gracia por las almas. Algo parecido ocurrió durante la celebrada en Cibeles. Después de la comunión llegó la acción de gracias. Entonces desaparecieron las voces, los cantos y el bullicio. Sólo se oía el canto de los pájaros. Aquella multitud inmensa permanecía en silencio ante una Presencia infinitamente mayor que la de cualquier personaje humano.

Una parábola de calor invisible

Tuve la oportunidad de distribuir la comunión aquel día. A los sacerdotes nos entregaron unos recipientes poco habituales. Eran unas semiesferas metálicas cubiertas por una tapa transparente de metacrilato que protegía las formas consagradas del viento.

La idea era buena, pero la organización no había previsto un detalle: el sol radiante de aquella mañana madrileña calentaba el metal hasta temperaturas sorprendentes. Muchos sacerdotes envolvían aquellos recipientes con la estola para protegerlos del calor. Las manos notaban perfectamente aquella temperatura creciente.

Mientras sostenía el copón, me vino un pensamiento inesperado. El calor que experimentábamos físicamente no era nada comparado con el calor invisible que el Cuerpo de Cristo transmite al alma. Aquella semiesfera ardiente se convirtió para mí en una pequeña parábola. Tocar a Dios siempre nos calienta por dentro.

La fe cristiana es, en cierto modo, la historia de un Dios que se deja tocar. Los contemporáneos de Jesús tocaron sus manos, sus vestidos y hasta las heridas de su cuerpo resucitado. Hoy seguimos pudiendo tocarlo sacramentalmente en la Eucaristía.

Por eso, al contemplar a tantas personas deseosas de tocar al Papa, pensé que aquel gesto escondía una verdad más profunda. El cariño hacia el sucesor de Pedro nace precisamente de lo que él representa. Queremos tocar al Papa porque nos acerca a Cristo. Nos emociona estrechar su mano porque vemos en ella la continuidad visible de la misión que el Señor confió a Pedro.

Pero el corazón del cristiano no puede detenerse ahí. Toda cercanía al Papa está llamada a conducirnos hacia una cercanía mayor. Toda emoción humana debe desembocar en el encuentro con Dios.

Miles de personas quisieron tocar al Papa durante estos días. Y fue hermoso verlo. Pero todavía es más hermoso recordar que, en cada comunión, es Dios quien nos toca a nosotros. Y cuando eso sucede, el alma alcanza la verdadera temperatura de la gracia.

El autorJosé Gorgas

Sacerdote

Libros

«Padres Guardametas»: la web que analiza a fondo los libros infantiles y juveniles

A diferencia de otras plataformas, en esta es posible encontrar los títulos más recientes y exitosos comercialmente, que suelen ser los más solicitados por los niños.

Javier García Herrería·4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Marta se dio cuenta casi por casualidad. Ordenando la habitación de su hijo de 13 años encontró una novela juvenil muy popular entre sus compañeros de clase. La había comprado ella misma unas semanas antes, atraída por las buenas reseñas y por ver que el chico, por fin, había vuelto a leer. Pero al hojearla descubrió escenas y diálogos que no esperaba encontrar en un libro pensado, en teoría, para su edad. «Si me hubieran avisado, no digo que no se lo hubiera dejado leer, pero al menos habría podido hablar con él antes», cuenta.

Historias como la de Marta se repiten en muchos hogares. Los padres controlan qué series ven sus hijos, revisan las aplicaciones que usan y vigilan su alimentación, pero el contenido de los libros que leen suele quedar fuera de ese radar. Precisamente para llenar ese hueco nace Padres Guardametas, una nueva plataforma impulsada por Alexia Editorial.

Una base de datos que crece cada día

La herramienta funciona como un catálogo de consulta: por cada libro incluido, ofrece una ficha con información detallada sobre la presencia de violencia, escenas de sexualidad, lenguaje soez, consumo de drogas o alcohol, y contenidos ideológicos como referencias a la ideología de género o al ocultismo. 

La base de datos ya cuenta con 400 títulos de absoluta actualidad, pero cualquier usuario puede pedir que se analice un título que no aparezca todavía en el catálogo, a través del formulario de contacto disponible en la página.

Criterios de análisis

Rafael Martínez-Echevarría, promotor de la iniciativa, explica que el proyecto nace de una pregunta que, según él, se ha dejado de hacer: no si los niños leen o no, sino qué es exactamente lo que leen. A su juicio, “durante mucho tiempo se ha dado por hecho que cualquier lectura es positiva por el simple hecho de serlo, y eso ha hecho que muchas familias dejen de fijarse en el contenido concreto de cada obra”. 

Martínez-Echevarría insiste en que “la herramienta no pretende juzgar la calidad literaria de las obras ni actuar como un filtro moral que decida qué se puede leer y qué no”. Su planteamiento, dice, es distinto: “cada familia tiene su propia forma de educar y sus propios límites, y lo único que hace la plataforma es poner sobre la mesa datos concretos y verificables para que sean los propios padres quienes decidan, sin que nadie decida por ellos”.

Para el impulsor del proyecto, la libertad de elegir depende de tener información suficiente para hacerlo. Comprar un libro sin saber qué hay realmente en sus páginas, argumenta, equivale a decidir a ciegas. Por eso resume la misión de Padres Guardametas como un intento de aportar transparencia allí donde, hasta ahora, apenas la había.

Una editorial pequeña con una misión concreta

Alexia Editorial se define como un sello en crecimiento cuyo objetivo es acompañar a los padres en la tarea, no siempre sencilla, de educar a sus hijos. Desde la editorial invitan además a las propias familias a participar en la ampliación del catálogo, sugiriendo títulos y compartiendo sus propias valoraciones, con la idea de que la base de datos siga creciendo con la colaboración de los usuarios.

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TribunaJosé Mazuelos Pérez

Cuando un Papa deja esperanza en la tierra de la acogida

La visita de León XIV a la diócesis de Canarias ha sido un acontecimiento que ha marcado la historia de esta Iglesia particular. No solo porque ha sido la primera vez que un Sucesor de Pedro ha pisado esta tierra, sino porque su presencia ha supuesto una verdadera experiencia de comunión, de esperanza y de renovación espiritual.

4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Todavía me resulta difícil describir con palabras todo lo vivido. Aún permanece en mí la emoción de aquellos días. Ver a miles de personas salir espontáneamente a las calles para saludar al Santo Padre, contemplar a familias enteras esperando durante horas su paso, descubrir el cariño sincero con el que el pueblo canario quiso recibirle…, son imágenes que permanecerán grabadas para siempre en mi corazón.

Pero si algo me impresionó especialmente fue comprobar cómo el Papa no dejó de mirar a las personas. Cada saludo, cada gesto, cada bendición, nacían de una cercanía auténtica. Incluso durante los desplazamientos, al descubrir a alguien esperando junto a la carretera, abría la ventanilla del coche para saludar. Son detalles aparentemente pequeños, pero que revelan una manera profundamente evangélica de ejercer el ministerio petrino.

Toda la visita estuvo articulada en torno a tres grandes ejes que, a mi juicio, resumen perfectamente el pontificado de León XIV: la evangelización, la belleza y la caridad. Madrid mostró la riqueza de la fe transmitida durante siglos; Barcelona recordó cómo la belleza conduce a Dios; y Canarias acogió el gran mensaje sobre la dignidad de toda persona humana, especialmente de quienes se ven obligados a abandonar su tierra buscando un futuro mejor.

No fue casual que el Santo Padre quisiera detenerse en Arguineguín. Allí no ofreció únicamente un discurso sobre el fenómeno migratorio. Nos invitó a contemplar el rostro concreto de hombres, mujeres y niños cuya dignidad nunca puede depender de un documento, de una frontera o de un interés político. Escuchó testimonios dolorosos, abrazó sufrimientos reales y recordó que ninguna persona puede ser reducida a un problema o a una cifra.

La cuestión migratoria exige respuestas políticas, jurídicas y sociales, pero antes de todo ello reclama una respuesta moral. Europa no puede acostumbrarse a contemplar el sufrimiento humano desde la distancia. Debemos trabajar para combatir las mafias que trafican con personas, favorecer vías de migración regular y promover el desarrollo de los países de origen. Defender la dignidad humana nunca puede convertirse en una cuestión ideológica.

Precisamente, uno de los grandes valores de esta visita ha sido su capacidad para situar nuevamente a la persona en el centro. El Papa habló de la vida en toda su amplitud. Lo hizo en el Parlamento, lo hizo en Canarias y lo hizo en cada uno de sus encuentros. Nos recordó que la defensa de la dignidad humana no admite fragmentaciones ni lecturas interesadas. Toda vida merece ser protegida, desde su inicio hasta su final natural, y toda persona merece ser respetada cualquiera que sea su condición.

He podido compartir con León XIV momentos de conversación sencilla durante los desplazamientos. Hablamos de muchos asuntos, incluso de cuestiones cotidianas. Esa cercanía permite descubrir a un hombre profundamente humano, sereno, alegre y con una extraordinaria capacidad para escuchar. Bastaba observar su rostro para comprobar que estaba feliz entre nosotros.

También me conmovió profundamente el cariño que manifestó hacia el pueblo canario. Conocía el esfuerzo realizado durante estos años para acoger a miles de migrantes y quiso agradecer públicamente la respuesta generosa de nuestra sociedad. Fue muy consciente de las dificultades que hemos vivido y, precisamente por ello, quiso reconocer la grandeza de un pueblo que, lejos de dejarse vencer por el miedo, respondió desde la solidaridad y la fraternidad.

En la Catedral viví otro momento especialmente significativo cuando hizo referencia a nuestras tradicionales flores de la Ascensión. Fue un gesto de enorme delicadeza pastoral. Había querido conocer nuestras expresiones de fe y supo integrarlas con naturalidad en su mensaje. No vino simplemente a pronunciar discursos; quiso encontrarse con la historia, la cultura y la espiritualidad de esta Iglesia que peregrina en Canarias.

Si tuviera que resumir en una sola frase lo que León XIV ha dejado tras su visita diría que nos ha devuelto la esperanza. Vivimos tiempos marcados por la polarización, el desencanto y la desconfianza. Sin embargo, el Papa nos recordó que España posee una inmensa riqueza espiritual y humana; que somos herederos de una tradición capaz de iluminar el mundo y que no podemos resignarnos al pesimismo ni a los enfrentamientos estériles.

La visita concluyó, pero comienza ahora la tarea más importante: hacer vida todo cuanto hemos recibido. Un Papa pasa; el Evangelio permanece. Y el mayor homenaje que podemos ofrecer a León XIV no consiste en conservar el recuerdo de unas jornadas históricas, sino en convertir sus palabras en compromiso cotidiano.

Canarias ya forma parte de la historia de los viajes apostólicos. Pero deseo, sobre todo, que este acontecimiento forme parte de la historia de la conversión de nuestra Iglesia. Porque la esperanza que el Santo Padre sembró entre nosotros solo dará fruto si somos capaces de vivirla y transmitirla a las nuevas generaciones.

El autorJosé Mazuelos Pérez

Obispo de Canarias. Presidente de la Subcomisión Episcopal Familia y Defensa de la Vida.

Cuando el arte incomoda a la fe

Cada obra de arte pone algo delante de nuestros ojos. Lo que descubre depende menos de la obra que del corazón de quien la contempla.

4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La representación de “Godspell” durante la vigilia con el Papa León XIV en Madrid dejó una pregunta flotando entre los aplausos y las críticas. ¿Qué fue lo que realmente incomodó? ¿El musical, su estética, su lenguaje o el hecho de que el Evangelio apareciera vestido de una forma que algunos no esperaban?

La polémica no era nueva. Cambiaban los protagonistas; la reacción humana era la misma.

Norman Rockwell parecía haber anticipado esa reacción décadas antes. En una de sus pinturas enfrentó un retrato clásico de John Singer Sargent con otro abstracto de Picasso. Frente a ellos situó a tres espectadoras. Una madre y su niña que se corresponden con el retrato figurativo de Sargent. La tercera, de espaldas, dirige toda su atención al Picasso. Cada una permanece frente a la obra en la que se reconoce. Ninguna parece sentir curiosidad por la otra.

Rockwell no pinta un conflicto entre estilos artísticos; pinta la facilidad con la que buscamos aquello que confirma nuestra manera de entender el mundo. Contrapone dos maneras de mirar. La que busca confirmar lo que ya conoce y la que acepta permanecer ante aquello que todavía no comprende.

Saber mirar

Mirar no consiste únicamente en dirigir los ojos hacia algo. Mirar implica conceder tiempo, suspender el juicio y permitir que aquello que tenemos delante nos transforme. Cuando renunciamos a esa posibilidad, dejamos de encontrarnos con la obra, con la persona o con el Evangelio. Solo nos encontramos con nuestras propias expectativas.

El lema de la visita del Papa León XIV a Madrid era “Alza la mirada”. La expresión invita a dirigir los ojos hacia Cristo, pero también a revisar la forma en que contemplamos la realidad. Porque alzar la mirada no consiste solo en mirar más arriba. También supone mirar más allá de nuestras categorías, de nuestros prejuicios y de aquello que esperamos encontrar.

Eso fue precisamente lo que Rockwell pintó. Tres personas observando las mismas obras, pero incapaces de ver lo mismo. Quizá no pintó un museo. Pintó una vigilia. No porque anticipara un musical concreto, sino porque comprendió que toda propuesta verdaderamente nueva obliga a elegir entre dos actitudes: proteger nuestras certezas o dejar que la realidad amplíe nuestra mirada. También cuando esa realidad llega con acento de gospel.

Los lenguajes

Durante la vigilia, “Godspell” ocupó el lugar del Picasso de Rockwell. No porque ambos sean comparables como obras, sino porque despertaron una pregunta semejante. Algunos permanecieron delante con curiosidad; otros reaccionaron con recelo antes incluso de dejarse interpelar.

Mientras unas personas se sintieron cómodas con la música pop, el rock y las baladas y vieron en ellas creatividad, alegría y una nueva forma de anunciar el Evangelio, otras vieron una ruptura con aquello que consideran propio del ámbito religioso.

No era la primera vez que este rechazo ocurría con el gospel. Cuando Thomas A. Dorsey comenzó a incorporar el blues y el jazz a la música cristiana, muchos consideraron que aquellos ritmos no tenían cabida en el culto. Hoy resulta difícil entender la historia del gospel sin aquella ruptura inicial. Cada generación parece necesitar recordar que el Evangelio permanece, mientras sus lenguajes pueden renovarse.

La vigilia reprodujo, de algún modo, la escena de Rockwell. Cada uno encontró un lenguaje en el que reconocerse. La pregunta es cuántos nos acercamos también al lenguaje que no era el nuestro. El propio Evangelio está lleno de sorpresas que descolocan a quienes creen saber de antemano cómo debe actuar Dios.

Dejarnos sorprender

Cada obra de arte pone algo delante de nuestros ojos. Lo que descubre depende menos de la obra que del corazón de quien la contempla.

Quizá la pregunta que dejó “Godspell” no sea si aquel musical tenía cabida en el programa de una vigilia. La pregunta más bien podría ser ¿seguimos siendo capaces de alzar la mirada antes de juzgar? Porque solo quien acepta mirar de verdad puede dejarse sorprender por el Evangelio.

El autorPeca Macher

Peca Macher es arquitecta y curadora de arte, fundadora de Präsenz, un proyecto que integra arte, educación y liderazgo consciente a través de la pausa, la mirada y la escucha. Con más de 25 años de experiencia en gestión y reflexión cultural, escribe e investiga sobre memoria, experiencia estética y el arte como herramienta de transformación personal y social. Es autora del libro Präsenz. El arte como herramienta de transformación humana y educativa.

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Evangelización

Madeleine Delbrêl. ¡Dios no ha muerto!

Madeleine Delbrêl no fue una monja, una fundadora ni una teóloga, sino una mujer laica, artista y activista inmersa en realidades difíciles, que encontró su misión (y a Dios) en la calle, literalmente.

Gerardo Ferrara·4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

Se dice que los franceses son italianos de mal humor. Yo, que soy italiano y a menudo estoy de mal humor, ¡entonces podría definirme francés! Bromas aparte, siempre me ha encantado la cultura, la lengua, el pensamiento y también el legado espiritual de este gran país que es Francia, y de sus habitantes, a quienes los italianos llamamos “primos del otro lado de los Alpes”. Por eso quiero dedicar un artículo a una gran francesa: Madeleine Delbrêl.

Madeleine, al igual que Dorothy Day —con quien se la ha comparado a menudo— y Flannery O’Connor, no fue una monja, una fundadora ni una teóloga, sino una mujer laica, artista y activista inmersa en realidades difíciles, que encontró su misión (y a Dios) en la calle, literalmente: la calle, con sus “periferias existenciales”, fue su “territorio del diablo”, ese lugar en el que, como diría O’Connor, la gracia irrumpe donde menos se espera.

Madeleine me ha acompañado a menudo con sus reflexiones, que se reflejan en el mensaje de los dos últimos papas. Por eso, en este artículo me gustaría compartir algunos fragmentos suyos, acompañando su historia con los versos de “Dio è morto” (Dios ha muerto), del gran Francesco Guccini.

Dios ha muerto…

Me han dicho que mi generación ya no cree en lo que a menudo se ha disfrazado de fe, en los mitos eternos de la patria o del héroe.

Porque ya ha llegado el momento de rechazar todo lo que es falso: las creencias basadas en la costumbre y el miedo, una política que no es más que una forma de hacer carrera, la hipocresía interesada, la dignidad vacía, la hipocresía de quienes siempre tienen la razón y nunca se equivocan…

Y un dios que ha muerto. En los campos de exterminio, Dios ha muerto. Con los mitos de la raza, Dios ha muerto. Con los odios partidistas, Dios ha muerto. (F. Guccini)

Madeleine Delbrêl nació el 24 de octubre de 1904 en Mussidan, Francia, en una familia que hoy calificaríamos de “disfuncional”. Su padre, Jules, era jefe de estación, un intelectual frustrado, anticlerical, orgulloso y temperamental, que cambiaba a menudo de trabajo, lo que obligaba a la familia a mudarse continuamente. Su madre, Lucile, era todo lo contrario: conformista, convencional y de familia burguesa.

Las tensiones familiares tuvieron grandes repercusiones en la joven Madeleine, quien, influida por su padre y por un ambiente asfixiante, se refugió en el mundo intelectual de la capital cuando la familia se trasladó a París. A los quince años se declaró “estrictamente atea”, llegando a escribir, dos años después: “Dios ha muerto, viva la muerte”.

Pero “el desierto poblado al que llaman París” (tal y como se define en “La Traviata”), donde Madeleine estudió filosofía y arte en la Sorbona, compaginando los estudios con la poesía (en 1926 ganó el Premio Sully Prudhomme de la Academia Francesa), el piano y el anticonformismo de un espíritu libre, le tenía reservado algo más: dos “felices encuentros”.

El primero fue Jean Maydieu, de quien se enamoró. Profundamente cristiano, en 1924 la dejó para ingresar en el noviciado de los jesuitas. La reacción de Madeleine fue de profunda desesperación. Sin embargo, una duda se fue abriendo paso en su interior: sentía un profundo respeto por Jean, les unía un camino intelectual y sabía que él no podía haberse vuelto loco. Y así comenzó a leer, a buscar, hasta que llegó también para ella el segundo encuentro, el encuentro con Dios, que ya no fue, como ella misma declaró, una hipótesis que refutar, sino una Presencia que la arrolló.

A los lados de las carreteras

He visto a gente de mi edad alejarse por caminos que nunca llevan a ninguna parte, buscando el sueño que conduce a la locura en la búsqueda de algo que no encuentran en el mundo que ya tienen, en las noches empapadas de vino, por caminos transformados por las pastillas, entre las nubes de humo del mundo hecho de ciudades, resistiéndose a tragarse nuestra cansada civilización. Y un dios que ha muerto. A los márgenes de las calles, Dios ha muerto. (Guccini).

Tras su conversión, Madeleine sintió una necesidad fundamental que se convirtió en el eje central de su vida, tal y como ella misma escribió:

Se nos ha explicado claramente que en la tierra debemos amar a Dios. Y para que no tengamos dudas, ni pensemos que no sabemos por dónde empezar, Jesús nos ha dicho que la única manera, la única receta, el único camino es amarnos los unos a los otros. Quizás nos satisfaga alcanzar una humildad extraordinaria, o una pobreza insuperable, o una obediencia imperturbable, una pureza inquebrantable; pero si esa humildad, pobreza, pureza y obediencia no nos han llevado a encontrar la bondad, si los de nuestra casa, de la calle, de nuestra ciudad, siguen pasando hambre y frío, si además siguen estando solos, quizá seamos héroes, pero no seremos de los que aman a Dios.

En 1933 se trasladó, junto con algunas compañeras, a Ivry-sur-Seine, en las afueras obreras de París, un barrio industrial y de lucha de clases gobernado por una junta comunista. Estudió para convertirse en trabajadora social y fue contratada precisamente por esa misma administración anticlerical, que la valoraba enormemente. Su casa de la rue Raspail se convirtió en un lugar de acogida para los pobres, los desamparados y, durante la Resistencia, para judíos y refugiados.

Vivió así, a las afueras de Ivry, hasta el 13 de octubre de 1964, cuando falleció a causa de una hemorragia cerebral repentina. Estaba trabajando en su escritorio.

En 2018, el Papa Francisco le concedió el título de Venerable.

Dios ha resucitado

Pero creo que mi generación está preparada para un mundo nuevo y una esperanza recién nacida, para un futuro que ya tiene en sus manos; para una rebelión sin armas, porque todos sabemos ya que, si Dios muere, es solo por tres días y luego resucita. En lo que creemos, Dios ha resucitado. En lo que queremos, Dios ha resucitado. En el mundo que construiremos, Dios ha resucitado (F. Guccini)

La espiritualidad de Madeleine está impregnada de misticismo y pragmatismo. Sus escritos se recogen en varios volúmenes, entre ellos “La joie de croire” (“La alegría de creer”) y “Nous autres, gens des rues” (“Nosotros, la gente de la calle”): la caridad y la inteligencia de una mujer que sabía que la verdadera devoción se vive cada día en el trabajo, en las relaciones y en el respeto por uno mismo y por los demás.

Escribe, por ejemplo:

Un cristiano no puede amar a Dios sin amar a la humanidad; y no se puede amar a la humanidad sin amar a todos los hombres; además, no se puede amar a todos los hombres sin amar a aquellos a quienes se conoce, pero con un amor concreto, con un amor activo. Esta es la única ley del bien y del mal, la ley que permite a la humanidad elegir entre el bien y el mal.

O también:

Abramos nuestro corazón a las pequeñas soledades del día. Porque nuestras pequeñas soledades son grandes, emocionantes y santas, al igual que todos los desiertos del mundo; ellas, que están habitadas por Dios mismo, el Dios que santifica la soledad.

La soledad del asfalto negro que separa nuestra casa de la parada del tranvía; la soledad de los largos pasillos por los que discurre el flujo continuo de todas las vidas que se dirigen hacia un nuevo día; la soledad de la cocina frente a la olla de legumbres; las pequeñas soledades de la escalera que se sube y se baja cien veces al día; la soledad de las largas horas dedicadas a lavar la ropa, a remendar y a planchar.

Soledades que podríamos temer y que vacían nuestro corazón: seres queridos que se marchan y a los que querríamos tener a nuestro lado; amigos que esperamos y que no llegan; cosas que nos gustaría decir y que nadie escucha; la sensación de extrañeza de nuestro corazón en medio de los hombres.

En cada uno de nosotros hay algo que nadie llegará a comprender jamás. Ese algo es la causa misma de nuestra soledad, de la soledad que nos es innata. Es esta soledad primitiva la que debemos aceptar ante todo.

Hay diversas formas de no aceptarla. Para algunos será el encerrarse en sí mismos, el silencio (pero no el bueno), la clásica actitud del «incomprendido». Para otros será, por el contrario, el empeño por explicárselo a sí mismos o, más a menudo, por hacer comprender hasta el más mínimo matiz de su forma de pensar. En ambos casos, cada uno se cristalizará, ya sea en el silencio o en la palabra, lo que le dará la impresión de una discordancia; en realidad, es una nota de nosotros mismos que ningún oído humano podrá jamás entender.

El día en que comprendamos que la brecha insalvable entre nosotros y los demás es —a través de todos los amores, todas las influencias, todas las pruebas— el lugar de aquello que nos hace ser quienes somos; cuando hayamos comprendido que es en ese mismo lugar donde Dios nos habla llamándonos por nuestro nombre, habremos llevado a cabo el gran cambio que convierte la mala soledad en una soledad bendita.

Y termino con otro texto suyo que, para mí, es monumental:

A veces, a lo largo del día esperamos con ilusión las pasiones, las grandes pasiones…

A aquellos se les llamará héroes, por lo que vale la pena sacrificar la vida…

En cambio, llegan las pruebas de paciencia.

Las paciencia, esas migajas de pasión, cuyo propósito es matarnos lentamente para tu gloria, oh Dios, matarnos sin nuestra gloria.

Desde primera hora de la mañana se nos presentan: son nuestros nervios, demasiado nerviosos o demasiado lentos; es el autobús que pasa abarrotado, la leche que se derrama, los deshollinadores que vienen, los niños que lo estropean todo.

Son los invitados que nuestro marido trae a casa y ese amigo que, precisamente él, no viene; es el teléfono que no para de sonar; son aquellos a quienes queremos y que ya no nos quieren.

Es el deseo de callar y la necesidad de hablar,

Es las ganas de hablar y la necesidad de callar;

es querer salir cuando estamos encerrados,

es quedarnos en casa cuando hay que salir;

es el marido en el que nos gustaría apoyarnos

y que se convierte en el más frágil de los niños;

es el asco que nos produce nuestra vida cotidiana,

es el deseo febril de lo que no nos pertenece. 

Así llegan nuestras pruebas, en filas cerradas o en fila india, y siempre se olvidan de decirnos que son el martirio que nos espera.

Y nosotros las dejamos pasar con desdén, esperando —

para entregar nuestra vida— una ocasión que merezca la pena.

Porque hemos olvidado que, al igual que hay ramas

que se destruyen con el fuego, también hay tablas que

los pasos desgastan lentamente y que acaban convirtiéndose en serrín.

Porque hemos olvidado que, si bien hay hilos de lana

cortados de raíz por las tijeras, hay hilos de punto que, día

tras día, se desgastan sobre la espalda de quienes los llevan.

Toda redención es un martirio, pero no todo martirio es sangriento:

hay algunos que se van deshilachando de un extremo a otro de la vida.

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Vaticano

9 cosas que debes saber sobre las excomuniones de la FSSPX

El 1 de julio, la Sociedad de San Pío X, conocida como FSSPX, consagró ilícitamente a cuatro nuevos obispos sin autorización de la Santa Sede, lo que llevó al Papa León XIV a declarar a sus obispos, clérigos y laicos formalmente afiliados en cisma con la Iglesia Católica .

OSV / Omnes·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Por OSV News

El 1 de julio, la Sociedad de San Pío X, conocida como FSSPX, consagró ilícitamente a cuatro nuevos obispos sin autorización de la Santa Sede, lo que llevó al Papa León XIV a declarar a sus obispos, clérigos y laicos formalmente afiliados en cisma con la Iglesia Católica.

A continuación, un breve resumen sobre la FSSPX, lo sucedido y su importancia.

1. La FSSPX se formó como reacción al Concilio Vaticano II. 

El arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991), un francés que como obispo había sido un líder clave de la Iglesia en el África francófona, fundó la sociedad de sacerdotes en 1970 en Friburgo, Suiza. Sus sacerdotes celebran los sacramentos según el Misal Romano de 1962, publicado antes del Concilio Vaticano II, pero que fue reemplazado por textos litúrgicos revisados ​​en 1969. La sociedad ha sido excomulgada en dos ocasiones por consagrar obispos sin la autorización de la Santa Sede.

La congregación tiene su sede en Menzingen, Suiza, y cuenta con un seminario internacional en Écône, también en Suiza, donde se celebraron las consagraciones del 1 de julio. En Estados Unidos, unos 100 sacerdotes de la FSSPX residen en 20 casas, o «prioratos», y desarrollan su labor en aproximadamente 120 lugares, denominados «misiones» o «capillas», según su sitio web. Su sede central en Estados Unidos se encuentra en Platte City, Misuri, a unos 50 kilómetros al norte de Kansas City.

Según la FSSPX, el arzobispo Lefebvre eligió a San Pío X, quien fue papa entre 1903 y 1914, como patrón de la sociedad debido al compromiso de ese papa con la integridad del sacerdocio.

2. Antes del cisma más reciente, la FSSPX tenía un estatus irregular con respecto a la Iglesia Católica, situación que se remonta a décadas atrás. 

Al parecer, la sociedad perdió su autorización eclesiástica para existir por parte de la autoridad eclesiástica competente en 1975. Un año después, el arzobispo Lefebvre fue suspendido tras ordenar sacerdotes en contra de la voluntad expresa de las autoridades eclesiásticas.

En 1988, San Juan Pablo II excomulgó al arzobispo Lefebvre y a cuatro obispos que él mismo había consagrado ese año sin mandato papal. Sus ordenaciones episcopales eran válidas, pero ilícitas o no autorizadas.

Todos los actos posteriores de órdenes emitidas por esos obispos se han visto afectados. Los actos de jurisdicción son inválidos, como la celebración de matrimonios y la absolución de pecados. Otras acciones sacramentales se consideran válidas, aunque ilícitas.

En su decreto del 2 de julio, por el que dictaba la excomunión, la Santa Sede declaró explícitamente que los sacramentos de penitencia y matrimonio celebrados dentro de la sociedad no son válidos.

3. La FSSPX no debe confundirse con otras comunidades que celebran la Misa Tradicional en Latín. 

Muchas comunidades católicas en comunión con la Santa Sede celebran la Misa según el Misal Romano de 1962, comúnmente llamado Misa Tradicional en Latín.

En 2007, el Papa Benedicto XVI promulgó «Summorum Pontificum», que amplió la autorización a los sacerdotes para celebrar la Misa preconciliar. En 2021, el Papa Francisco promulgó «Traditionis Custodes», una ley que restringió el uso de la forma preconciliar de la Misa. Sin embargo, muchos obispos, incluso en Estados Unidos, han seguido ofreciendo esta forma de la Misa dentro de los nuevos parámetros.

Los sacerdotes que pertenecen a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, por ejemplo, celebran los sacramentos exclusivamente según el misal de 1962 y están en comunión con la Santa Sede. (La sociedad se formó en 1988 por sacerdotes que abandonaron la FSSPX tras las consagraciones episcopales ilícitas del arzobispo Lefebvre ese mismo año). Los sacerdotes de la FSSP tienen una actividad internacional y ejercen su ministerio en 39 diócesis de Estados Unidos.

Otros ejemplos de órdenes religiosas dedicadas exclusivamente a la celebración de la liturgia y los sacramentos según el rito romano celebrado antes del Concilio Vaticano II, que gozan de estatus regular dentro de la Iglesia Católica, son el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote y el Instituto del Buen Pastor.

4. Los líderes de la FSSPX afirman que la congregación no está en cisma y creen que todos los sacramentos y actos jurisdiccionales son válidos. 

Sin embargo, entre las discrepancias del arzobispo Lefebvre con la Iglesia Católica se encuentra su negativa a adoptar la reforma posconciliar del rito de la Misa, que la FSSPX considera deficiente o con «elementos heréticos».

El arzobispo Lefebvre y sus seguidores también cuestionaron, y en algunos casos rechazaron públicamente, la propia ortodoxia de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, especialmente la Declaración sobre la Libertad Religiosa, «Dignitatis Humanae». Si bien algunos argumentaron que esta declaración equivalía a un cambio de doctrina, la Iglesia la reconoció como un desarrollo de la doctrina sobre la dignidad de la persona humana.

En un comunicado que incluía una «Profesión de Fe» de 28 páginas publicada el 24 de junio, la FSSPX afirmó que la Iglesia Católica se enfrenta a presiones internas y externas «que la empujan en todas las direcciones posibles, excepto —a nuestro parecer— la correcta». Otras doctrinas católicas que la FSSPX rechazó en dicho comunicado incluían aspectos del ecumenismo, las reformas litúrgicas posconciliares, la sinodalidad y la libertad religiosa.

5. La Santa Sede ha buscado la vía hacia la plena reconciliación. 

Durante décadas, funcionarios del Vaticano han buscado la manera de reintegrar plenamente a los miembros de la FSSPX a la vida de la Iglesia Católica. Las conversaciones entre la Santa Sede y la congregación comenzaron bajo el pontificado de San Juan Pablo II y continuaron durante los pontificados de Benedicto XVI y Francisco. Benedicto XVI levantó la excomunión de los cuatro obispos en 2009, lo que permitió un diálogo más regular. El Vaticano dejó claro que, en ese momento, la congregación se encontraba en un estado canónico irregular, pero no en cisma.

Durante el Año de la Misericordia 2015-2016, el Papa Francisco estableció disposiciones especiales para validar la absolución ofrecida por los sacerdotes de la FSSPX mediante el sacramento de la confesión. Tras finalizar el Año Santo, extendió dicha disposición «para que nadie se vea privado jamás del signo sacramental de la reconciliación mediante el perdón de la Iglesia».

En abril de 2017, el difunto pontífice continuó impulsando iniciativas destinadas a la reconciliación con la FSSPX, permitiendo a sus obispos garantizar la validez de los matrimonios celebrados en sus comunidades tradicionalistas.

La carta apostólica de San Juan Pablo II de 1988, «Ecclesia Dei», publicada en respuesta a las consagraciones ilícitas, estableció una comisión pontificia del mismo nombre con la «tarea de colaborar con los obispos, con los departamentos de la Curia Romana y con los círculos interesados, con el fin de facilitar la plena comunión eclesial de sacerdotes, seminaristas, comunidades religiosas o particulares» que estuvieran asociados a la FSSPX y «que deseen permanecer unidos al Sucesor Pedro en la Iglesia Católica «.

En 2019, el Papa Francisco suprimió la comisión «Ecclesia Dei» y transfirió sus responsabilidades al Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

6. La Santa Sede ordenó a los líderes de la FSSPX que no consagraran nuevos obispos. 

En febrero, el padre Davide Pagliarani, superior general de la FSSPX, anunció que la sociedad procedería con la consagración de nuevos obispos el 1 de julio, tras una interrupción en la comunicación con el Vaticano después de que las solicitudes de audiencia con el Papa León XIV quedaran sin respuesta.

El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ofreció continuar el diálogo con la FSSPX con la condición de que la congregación suspendiera su decisión de consagrar nuevos obispos. Tras la negativa de la FSSPX, el cardenal Fernández declaró que la consagración de obispos sin mandato papal se consideraría un acto cismático y conllevaría la excomunión.

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia define el cisma como «la negativa a someterse al Sumo Pontífice o a comulgar con los miembros de la Iglesia sujetos a él» (Canon 751).

7. El Papa León XIV hizo un llamamiento público a la FSSPX para que no procediera con las consagraciones. 

El 30 de junio, el Papa León XIV hizo una súplica a la FSSPX para que no procediera con las consagraciones. «Les ruego que consideren cuidadosamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que están a punto de emprender los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los Sacramentos, que aman y buscan para su santificación», escribió el Papa León XIV. La respuesta del Padre Pagliarani indicó que la sociedad planeaba seguir adelante con las consagraciones, insistiendo en que el grupo «no era ni cismático ni hostil a la Iglesia».

Después de que la FSSPX siguiera adelante con las consagraciones ilícitas el 1 de julio, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, o DDF, declaró el 2 de julio que los seis obispos de la FSSPX estaban excomulgados y advirtió al clero y a los laicos que no «se adhirieran al cisma» y, por lo tanto, no incurrieran también en la excomunión.

8. Uno de los cuatro obispos consagrados ilícitamente el 1 de julio es de Estados Unidos. 

Originario de Dakota del Norte, el obispo Michael Goldade creció en St. Marys, Kansas, un enclave de la comunidad de la FSSPX. Es el rector del Seminario Santo Tomás de Aquino de la FSSPX en Dillwyn, Virginia.

9. La DDF ha publicado procedimientos para quienes deciden abandonar la FSSPX y restablecer la comunión con la Iglesia Católica. 

Las instrucciones detallan las acciones específicas que debe realizar un sacerdote ordenado en la comunidad de la FSSPX o afiliado a ella tras su ordenación lícita. Los procedimientos para los laicos son más complejos, ya que sus pasos para recuperar la comunión dependen de su grado de vinculación con la comunidad y las ideas de la FSSPX.

El autorOSV / Omnes

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Vaticano

Por el respeto de la vida humana, intención de oración del Papa en julio

En la intención de oración para este mes, León XIV invita a rezar para que toda persona sea acogida, protegida y custodiada, desde su concepción hasta su muerte natural. El Pontífice denuncia la cultura del descarte y pide que la Iglesia sea un hogar donde nadie se sienta sobrante, y la dignidad sea respetada y cuidada.

Redacción Omnes·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“Por el respeto de la vida humana” es la intención de oración del Papa León XIV para el mes de julio. A través de la Red Mundial de Oración del Papa, el Santo Padre invita a elevar su plegaria para que cada ser humano sea acogido, protegido y respetada su dignidad en todas las etapas de su existencia.

A primeros de junio, durante su viaje apostólico a España, el Papa León se dirigió así al Congreso de los Diputados: “Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde la concepción hasta su fin natural, en cualquier circunstancia de su existencia”.

“Un objetivo de la civilización”

Después, añadió: “La defensa de la vida humana no es una cuestión de interés particular ni confesional: es un objetivo de la civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde la concepción hasta su fin natural, en cualquier circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se diluye, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. 

Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad para acompañar, proteger y amar aquellas vidas marcadas por una mayor fragilidad”.

Cada persona, un don sagrado

En su oración, León XIV se dirige al “Señor de la vida” y reconoce que cada persona es “un don sagrado que refleja tu rostro”. También pide la gracia de reconocer y custodiar “el valor único e irrepetible de cada ser humano”, “aprendiendo a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad, acompañar con respeto cada etapa de la existencia y defender con valentía a quienes no tienen voz”.

El Papa pide perdón al Señor, en plural, “cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor. Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos.”.

Y ruega para que “tu Iglesia” sea “un testimonio vivo del Evangelio de la vida, un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre”.

Huellas de manos en una captura de pantalla del vídeo de la intención de oración del Papa León XIV para julio de 2026, “Por el respeto y la protección de la vida humana”. (Ilustración de OSV News/ Red Mundial de Oración del Papa).

73 millones de abortos inducidos en el mundo cada año

La Red Mundial de Oración, dirigida por el P. Cristóbal Fones, informa que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de 73 millones de abortos inducidos en el mundo. Paralelamente, el debate sobre la eutanasia y la muerte asistida sigue avanzando a nivel mundial, igual que la pena de muerte.

La OMS también señaló en 2024 que una de cada seis personas mayores de 60 años sufre maltrato.

El padre Cristóbal Fones SJ, explica que la intención del Papa invita, ante todo, a redescubrir el valor sagrado de toda existencia humana, a promover la dignidad y el desarrollo de toda persona, compartiendo la misión de Cristo, que mostró compasión hacia todos y llamó a construir una auténtica cultura de la vida frente a la cultura del descarte, en expresión del Papa Francisco.

Por el respeto de la vida humana

(Oración del Papa León XIV en el videomensaje, en lengua española)

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Señor de la vida, Tú nos creaste por amor y nos llamaste a vivir en plenitud. 

Cada persona es un don sagrado que refleja tu rostro, desde el primer instante de su existencia hasta el último respiro de su camino en la tierra. 

Hoy te pedimos la gracia de reconocer y custodiar el valor único e irrepetible de cada ser humano. 

Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa, y a defender con valentía a quienes no tienen voz. 

Perdónanos, Señor, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor. 

Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos. 

Haz de tu Iglesia un testimonio vivo del Evangelio de la vida, un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre.

Señor Jesús, que amemos la vida como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega. 

Que sepamos proclamar, con palabras y gestos, que cada vida humana vale el don total de sí mismo. Amén. 

El autorRedacción Omnes

Evangelización

Leandro no deja que su atracción hacia el mismo sexo le defina

Leandro comparte cómo ha reconciliado su fe católica y la atracción hacia el mismo sexo, defendiendo que la libertad también puede consistir en elegir un camino de fidelidad al Evangelio.

Teresa Aguado Peña·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En medio de las celebraciones del Orgullo, y rodeados por un discurso social que suele presentar la libertad como ‘hacer siempre lo que uno desea’, el testimonio de Leandro ofrece una perspectiva distinta. No pretende imponer su visión a nadie, sino compartir el camino que él ha elegido recorrer, como católico que experimenta Atracción hacia el Mismo Sexo (AMS) y que ha decidido vivir de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia.

Su historia no es la de alguien que afirma que el camino es sencillo. Tampoco la de quien dice haber resuelto todas las preguntas. Es, más bien, el relato de una reconciliación construida desde el conocimiento, la fe y la convicción de que la identidad de una persona es mucho más profunda que sus inclinaciones.

Conocer para reconciliar

Para Leandro, el punto de partida fue descubrir que la reconciliación entre su fe y la atracción hacia el mismo sexo solo podía comenzar desde el conocimiento. «No se puede tener fe en lo que no se conoce», explica.

Durante años desconoció cuál era realmente la enseñanza de la Iglesia sobre esta realidad. Fue alrededor de los 25 o 26 años cuando conoció el apostolado Courage y asistió por primera vez a una de sus reuniones. Allí encontró una explicación que cambiaría su manera de entenderse a sí mismo: “Dios ama infinitamente al pecador, pero nunca al pecado”.

Desde esa perspectiva, Leandro comparte que su reconciliación fue posible al saber que “sentir AMS no es pecado, pero al actuar de acuerdo a las AMS nos alejamos de Dios y de su plan divino”. “En años más recientes,enseñanzas de la Iglesia como la Teología del cuerpo, de sanJuan Pablo II, le han dado sentido y motivación a esta reconciliación” añade.

La fortaleza de una vida espiritual

Cuando se le pregunta dónde encuentra fuerzas para perseverar, Leandro señala especialmente tres apoyos: “la devoción a algunos santos, la cercanía de su ángel custodio y la Eucaristía”.

Para él, la fe no consiste únicamente en aceptar unas normas morales, sino en mantener una relación viva con Dios que sostiene el camino cotidiano.

Su experiencia dentro de las comunidades parroquiales no ha sido siempre la misma. Reconoce que hay lugares donde se ha sentido acogido y otros donde no tanto. Sin embargo, evita convertir esa experiencia en motivo de resentimiento.

«La Iglesia es imperfecta», afirma, “y creo que lo más importante es aprender en el camino que nosotros somos quienes debemos cobijar y valorar a los demás con el amor que recibimos de Dios mismo”.

Frente al rechazo, elige la empatía

Leandro no niega que existan comentarios o actitudes de rechazo, pero, según dice, “no me quitan el sueño”. «Son más los comentarios y actitudes de apoyo que los de rechazo», explica.

Incluso considera que algunas reacciones negativas pueden convertirse en una oportunidad para crecer en empatía, ya que muchas nacen de la ignorancia o del miedo, sentimientos que, reconoce, todos experimentamos alguna vez frente a aquello que no comprendemos.

Para quienes viven el mismo conflicto

Leandro considera que cada vez menos jóvenes viven un conflicto interno entre su orientación sexual y su fe. “El mundo y la sociedad actual se han encargado de eliminarlo con la relatividad moral” comenta. “Pero si encontrara a alguno en esa situación, le diría que la enseñanza de la Iglesia católica es la única que realmente da sentido a la fe y a la orientación sexual”.

En su opinión, la enseñanza de la Iglesia no pretende negar la sexualidad humana ni reprimirla, sino conducirla hacia su plenitud: “Generalmente se piensa que la Iglesia propone una castración o prohibición a la orientación sexual, pero no hay nada más alejado de la verdad. La enseñanza de la Iglesia es la que da plenitud de la sexualidad humana (con la orientación sexual incluída)”.

En su conversación hace referencia al documental The Third Way (La tercera vía), producido por Blackstone Films, que considera una buena introducción para comprender esta visión.

Nunca se sintió rechazado por Dios

Uno de los aspectos más llamativos de su testimonio es que, incluso en los momentos en los que estuvo alejado de la práctica de la fe, nunca pensó que Dios lo hubiera rechazado. Más bien ocurrió lo contrario: «sabía que yo era el que era infiel y rechazaba a Dios.»

Leandro comparte una gran verdad: la misericordia de Dios permanece, incluso cuando la respuesta humana es imperfecta.

Una vocación compartida 

Leandro también hace una precisión que considera importante respecto al lenguaje. Prefiere hablar de una «persona con atracción hacia el mismo sexo» antes que de una «persona homosexual», porque entiende —siguiendo la enseñanza del Catecismo y del apostolado Courage— que esas atracciones no definen la identidad más profunda de la persona.

Respecto a una posible misión específica dentro de la Iglesia, reconoce que todavía no la ha descubierto, “si es que hay una” comenta. Mientras tanto, abraza la vocación común de todos los cristianos: “luchar y aspirar a vivir en santidad, sea cual sea mi entorno y realidad”.

En ese camino encuentra una guía especial en las cinco metas propuestas en la pastoral Courage, que entiende como un itinerario de crecimiento espiritual y de fidelidad al Evangelio: vivir la castidad según la enseñanza de la Iglesia, fortalecer la relación con Cristo mediante la oración y los sacramentos, cultivar una auténtica fraternidad con quienes recorren el mismo camino, apoyarse en amistades castas que ayuden a crecer en la fe y ofrecer, con la propia vida, un testimonio coherente del Evangelio.

¿Libertad?

La historia de Leandro no pretende zanjar un debate que continúa presente tanto dentro como fuera de la Iglesia. Su intención es mucho más sencilla: compartir cómo vive él esa realidad desde la fe.

En un contexto cultural donde con frecuencia la libertad se identifica con la ausencia de límites, su experiencia plantea una pregunta diferente: ¿puede la libertad consistir también en elegir un camino exigente por fidelidad a aquello que uno considera verdadero?

Su respuesta es afirmativa. No porque ese camino sea fácil, sino porque está convencido de que seguir a Cristo da sentido también a aquellas dimensiones de la vida que exigen renuncia, perseverancia y confianza.

Ese es, en definitiva, el centro de su testimonio: una fe que no ignora la realidad personal, sino que busca iluminarla desde el Evangelio.su testimonio: una fe que no ignora la realidad personal, sino que busca iluminarla desde el Evangelio.

Evangelización

Isaac Hecker: padre de la evangelización estadounidense

En el contexto de una serie que explora las vidas de grandes católicos estadounidenses con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos, el escritor Rusell Shaw habla en este artículo del padre Isaac Hecker, fundador de la comunidad paulista.  

OSV / Omnes·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

– Rusell Shaw, OSV News

A finales de la primavera o principios del verano de 1842, Isaac Hecker tuvo una visión. A su lado, al parecer, se encontraba “un ser angelical, puro y hermoso”, cuya presencia le produjo “una alegría celestial”. Esta experiencia, que le cambió la vida, impulsó al joven, de apenas 22 años, a buscar un modo de vida que de alguna manera se correspondiera con ella.

Aunque no consta que Hecker tuviera otras visiones después de ésa, en un sentido más amplio, el fundador de los Padres Paulistas siguió siendo un visionario durante toda su vida.

Un gran sueño, la conversión de la América protestante al catolicismo

Su gran objetivo era la conversión de la América protestante al catolicismo, algo que, según él, era posible. Al fin y al cabo, decía, en Estados Unidos “la verdadera religión encontrará la acogida que en vano ha buscado en otros lugares”.

Si algún día es canonizado (el proceso comenzó en 2008 y actualmente ostenta el título de ‘Siervo de Dios’), es comprensible que se le designe patrón del movimiento americanista dentro del catolicismo estadounidense. 

‘Patrocinador del impulso americanista’

En el plano ideológico, nadie, ni antes ni después, ha hecho más que el padre Isaac Hecker para promover la integración católica en la cultura secular de Estados Unidos.

Nació el 18 de diciembre de 1819 en Nueva York, tercer hijo y el menor de una familia de inmigrantes germano-americanos. Los Hecker eran panaderos, oficio que Isaac también ejerció. Pero desde temprana edad, a pesar de tener pocos o ningún vínculo con la iglesia, mostró un interés inusual por la religión.

Con el tiempo, esto lo condujo al movimiento vagamente religioso de intelectuales de Nueva Inglaterra llamado trascendentalismo y a las comunidades experimentales de Brook Farm y Fruitland. 

Moviéndose en estos círculos estimulantes, el joven se vio influenciado inicialmente por Ralph Waldo Emerson, el pensador estadounidense más destacado de principios del siglo XIX. Sin embargo, con el tiempo, se desencantó con las creencias de Emerson, quejándose de que el gran hombre “no tenía ni idea de lo que era la iglesia”.

Amistad con Orestes Brownson. Bautismo, sacerdocio, misionero 

Por esta época conoció y entabló amistad con Orestes Brownson, un conocido escritor y conferenciante sobre religión y cuestiones sociales, y buscador religioso como Hecker.

Brownson, dieciséis años mayor que él, lo orientó hacia el catolicismo. Ya en abril de 1843, Hecker escribió en su diario: “Solo la Iglesia Católica parece satisfacer mis anhelos”. El 1 de agosto de 1844 fue bautizado por el obispo (más tarde cardenal) John McCloskey de Nueva York. Brownson hizo lo mismo poco después.

Sintiendo la vocación al sacerdocio, Hecker ingresó en la orden de los Redentoristas y, tras cursar estudios en un seminario en Bélgica, fue ordenado sacerdote en octubre de 1849 por el cardenal Nicholas Wiseman de Westminster.

“Cuestiones del alma”. Una América católica

De regreso a Estados Unidos, el padre Hecker trabajó como misionero redentorista. A medida que su visión de una América católica crecía y tomaba forma, también comenzó a plasmar sus ideas por escrito. El resultado fue el libro “Cuestiones del alma”.

Publicado en 1855, la obra fue ampliamente debatida y le valió a su autor una reputación nacional. Argumentando que el protestantismo no satisfacía las necesidades de buscadores como él, escribió que se acercaba el momento en que la Iglesia católica sería vista como la única respuesta satisfactoria. “Hecker abogaba por nada menos que una América católica, no por el bien de la Iglesia, sino por el de la nación y su gente”, según el biógrafo David O’Brien.

Celo evangelizador

Aprovechando rápidamente el éxito de su libro, el padre Hecker publicó dos años después “Aspiraciones de la Naturaleza”, un volumen que exponía su visión evangelizadora para los Estados Unidos y la lógica de su conversión al catolicismo.

Para su pesar, “Aspiraciones” recibió mucha menos atención que el anterior. Para el autor, resultó especialmente decepcionante la reseña de Orestes Brownson en su propia revista Quarterly Review.

Brownson desestimó la idea de que Estados Unidos fuera un terreno propicio para la labor misionera católica. Sostenía que el número de “buscadores sinceros” era mucho menor de lo que Hecker suponía, y que, de hecho, “apenas había un rasgo en el carácter estadounidense… que no fuera más o menos hostil al catolicismo”.

Mientras tanto, Hecker se sentía cada vez más insatisfecho con los Redentoristas, a quienes consideraba más interesados ​​en ofrecer misiones parroquiales a inmigrantes alemanes que en convertir a intelectuales como sus antiguos amigos de Brook Farm. 

En agosto de 1857, realizó un viaje no autorizado a Roma para exponer su caso ante el superior de la Orden. Sin embargo, como consecuencia, fue expulsado.

Fundación de los Padres paulistas

Pero el viaje no fue en absoluto un fracaso. Durante su estancia en Roma, conoció al Papa Pío IX y obtuvo su apoyo para su ambicioso proyecto de evangelización. 

De regreso a Estados Unidos al año siguiente, él y otros cuatro ex Redentoristas se unieron para fundar una nueva orden: la Congregación de los Sacerdotes Misioneros de San Pablo Apóstol, más conocida como los Padres Paulistas. 

En los años siguientes, el padre Hecker estuvo muy ocupado, viajando constantemente para dar conferencias a un público mayoritariamente no católico. En uno de esos viajes, recorrió 7.200 kilómetros y habló ante unas 30.000 personas, una cifra considerable en los tiempos anteriores a la radio, la televisión y las redes sociales. “Está modernizando el sistema y preparándose para impulsarlo con vapor”, comentó un escritor.

Publicaciones. Concilio Vaticano I. Infalibilidad papal

En 1865 lanzó la revista The Catholic World, que se publicaría durante más de un siglo. Al año siguiente fundó la editorial Paulist Press.

Durante el Primer Concilio Vaticano (1869-1870), el padre Hecker logró un puesto en la periferia como representante del obispo de Columbus, Ohio, que no asistió. Al principio, coincidió con el grupo que se oponía a emitir una definición formal de la doctrina de la infalibilidad papal en aquel momento, pero después de que el Concilio definiera el dogma de todos modos, lo acogió con beneplácito e incluso lo vio como un posible impulso para la evangelización de Estados Unidos.

Religión y sociedad 

A principios de 1870, envió a su amigo Brownson una carta extraordinaria desde Roma que provocó una respuesta igualmente extraordinaria. Pocas veces se han expuesto con tanta claridad los términos del debate sobre la situación de la Iglesia en Estados Unidos como en la misiva del padre Hecker y la respuesta de Brownson.

El padre Hecker escribió con su entusiasmo característico sobre la acogida que había recibido de los europeos que envidiaban la separación entre Iglesia y Estado al estilo estadounidense. En ello se confirmaba algo que llevaba tiempo creyendo: la democracia estadounidense estaba “extendiendo la influencia de la Iglesia, añadiendo un nuevo título de gratitud por sus servicios y mostrando, bajo una nueva luz, la absoluta necesidad de la religión para la sociedad civil y el buen gobierno”.

Brownson no estaba convencido. Si bien apoyaba el sistema estadounidense como “la forma legal y única practicable”, decía, consideraba que estaba en conflicto fundamental con el catolicismo.

“Tanto los católicos como el resto de la población se impregnan del espíritu del país… la libertad frente a toda restricción, la licencia sin límites. Estamos tan lejos de convertir al país que ni siquiera podemos mantenernos firmes”.

Enredados en la herejía del “americanismo”

Poco después del Concilio Vaticano I, la salud del padre Hecker empeoró. Pasó sus últimos años en un estado de semiincapacidad, cada vez más aislado dentro de la comunidad que había fundado. Agotado por la enfermedad y las esperanzas frustradas, falleció el 21 de diciembre de 1888, tras bendecir a los paulistas con quienes convivía.

Inevitablemente, el nombre del padre Isaac Hecker está vinculado a lo que hoy se conoce como “americanismo”. La historia, bastante compleja, se resume así: en 1896, se publicó en francés la obra “Vida de Isaac Thomas Hecker”, escrita por un paulista llamado Walter Elliott, con una larga introducción de un sacerdote francés liberal que exageraba las virtudes del padre Hecker.

¿Catolicismo a la carta?

Mientras tanto, Roma se mostraba preocupada por las tendencias del pensamiento católico liberal en Europa, que asociaba con la Iglesia en Estados Unidos y con el fundador de los paulistas. En 1899, el papa León XIII publicó un documento —dirigido nominalmente al líder de la jerarquía estadounidense, el cardenal James Gibbons, de Baltimore— en el que condenaba específicamente las ideas que resumía bajo el título de “americanismo”.

Los historiadores que simpatizan con la americanización del catolicismo estadounidense suelen restar importancia a la crítica papal y tachan a la americanización de “herejía fantasma”. 

Sin embargo, el documento del Papa León XIII contiene una advertencia sorprendentemente premonitoria contra actitudes comunes en el catolicismo estadounidense actual. Entre ellas destaca la selección arbitraria de doctrinas de la Iglesia, a menudo denominada “catolicismo a la carta”.

¿Qué tiene que ver eso con Hecker?

Aun así, es lógico preguntarse hasta qué punto todo esto tiene que ver con el padre Isaac Hecker. Hoy, al igual que en su vida, se le conoce sobre todo como un visionario apasionado y un optimista decidido que quería que los católicos se integraran en la sociedad estadounidense mayoritaria con el fin de convertirla. Si eso aún no ha sucedido del todo, difícilmente puede ser culpa de Hecker.

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– Russell Shaw, periodista y escritor de larga trayectoria, fue autor de más de 20 libros, entre ellos tres novelas. Falleció en enero de 2026.

– Nota del editor: Este artículo forma parte de una serie que explora las vidas de grandes católicos estadounidenses con motivo de la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos.

– Publicado originalmente en OSV News en inglés, pueden consultarlo aquí.

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El autorOSV / Omnes

Ecología integral

Yo le vi morir

La solución ante el panorama actual de nuestra sociedad no puede ser la vía rápida de la eutanasia; debe ser la inversión prioritaria en cuidados paliativos que dignifiquen la vida de tantas personas en situación de gran fragilidad y vulnerabilidad.

Eloy Asenjo Carpintero·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Pepe era un hombre vital, un brillante profesional de la Administración Pública, amante de la música, el acordeón y la caza con su perra Perla. A pesar de un historial clínico adverso —que incluía temblor esencial, cirugías cardíacas y las secuelas de varios cánceres que le obligaban a estar sondado—, siempre mantuvo la sonrisa y una vida normal, guiada por su firme terquedad maña. Sin embargo, en septiembre de 2024, el cáncer regresó. Ante un pronóstico hospitalario que solo le ofrecía seis meses más de vida a cambio de agresivos tratamientos de quimio y radioterapia, Pepe se vio sumido en el nerviosismo, la tristeza y el desamparo.

Fue entonces cuando tomó una decisión firme: rechazó el tratamiento, solicitó el alta voluntaria y como familia tomamos la mejor decisión que pudimos: ingresarle en el Centro de Cuidados Paliativos Laguna. Esto transformó por completo su última etapa. Desde el primer día, el equipo médico asumió el compromiso no solo de mitigar su dolor, sino de cuidarle con el máximo afecto.

Gracias a este entorno, Pepe recuperó su carácter guasón y vital. No estuvo solo porque nos turnábamos para estar con él; pudo despedirse de amigos y compañeros de trabajo. Incluso lideró un emotivo momento musical en Navidad cantando a pleno pulmón un villancico adaptado (con la música de “On my way”) ante el belén de la planta, uniendo a familiares de otros enfermos en una celebración de la vida. El 17 de enero de 2025, Pepe falleció en paz y sin sufrimiento. Sus últimos tres meses no fueron una agonía, sino un periodo de reencuentro, perdón, agradecimiento y despedida. Quienes presenciamos su partida no lloramos de dolor, sino de una profunda emoción y un agradecimiento que, sin esos cuidados paliativos, nos habrían sido robados. 

El debate político y la «cultura del descarte» 

Este testimonio adquiere una relevancia especial ante el discurso del Papa León XIV a las Cortes Españolas. Ante un hemiciclo que aprobó la ley de la eutanasia, el Pontífice recordó a los parlamentarios que: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”. 

Insistió, además, en que la defensa de la vida no es una cuestión confesional ni partidista. Aunque sus palabras recibieron un prolongado aplauso de más de siete minutos, cabe cuestionarse si los legisladores han reflexionado detenidamente sobre el verdadero impacto de estas palabras. 

La existencia de personas que sufren y sienten que su vida carece de sentido no debe empujar a la sociedad hacia lo que el Papa Francisco denominaba la “cultura del descarte”. El verdadero problema radica en la falta de acompañamiento, en la ausencia de miradas que devuelvan la dignidad y de cuidados que alivien el dolor. Al pensar en quienes sufren en la soledad y el desamparo, se me desgarra el alma; son personas que muchas veces no tienen a nadie que las mire a los ojos revitalizando en ellos su dignidad humana, ni les ofrezca el soporte necesario para mitigar su sufrimiento. 

Humanizar la sanidad: recursos antes que eutanasia 

Resulta desconcertante que la respuesta institucional ante la fragilidad humana sea la eutanasia, en lugar de una dotación presupuestaria y de recursos suficiente para los servicios de paliativos. Es de justicia reconocer que en nuestra sanidad (al menos en la Comunidad de Madrid) estos servicios van en aumento. Un claro ejemplo de su beneficio fue la atención domiciliaria prestada a un amigo mío —Rodrigo— en los últimos meses de su vida, un apoyo que su entorno agradeció profundamente. 

Es imperativo ensalzar la labor de los profesionales —médicos y personal de enfermería— que atienden estos servicios. Su día a día es de una enorme dureza psicológica y emocional, pues trabajan sabiendo que no van a poder curar la enfermedad de sus pacientes. Sin embargo, su dedicación se ve recompensada con la infinita gratitud de los enfermos y de sus seres queridos. 

Un llamamiento a la responsabilidad 

La legislación de un país debe medirse por su capacidad para proteger a los más débiles. Como bien señaló el Pontífice de cara a los poderes públicos: “Las leyes no alcanzan su grandeza por el mero hecho de ser aprobadas formalmente, sino cuando respetan la dignidad intrínseca de la persona. Los poderes públicos deben recordar que cada una de sus decisiones afecta a ciudadanos de carne y hueso, especialmente a aquellos que no tienen voz para hacerse oír”. 

Es hora de que los representantes políticos muestren la valentía necesaria para rectificar el rumbo. La solución no puede ser la vía rápida de la eutanasia; debe ser la inversión prioritaria en cuidados paliativos que dignifiquen la vida de tantas personas en esta situación de gran fragilidad y vulnerabilidad.

El autorEloy Asenjo Carpintero

Mundo

5 datos sobre la religión en Filipinas: para el 90 % es vital, según Pew

El porcentaje de personas que creen en Dios y rezan a diario en Filipinas se encuentra entre los más altos registrados por Pew Research en encuestas recientes realizadas en todo el mundo. La religión es muy importante en las vidas del 90 por ciento de la población filipina.  

Redacción Omnes·2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

– Jonathan Evans y Kirsten Lesage

Según diversos indicadores, la población de Filipinas tiende a ser muy religiosa. Casi todos los adultos filipinos profesan una religión, y cerca del 90% afirma que la religión es muy importante en sus vidas.

La mayoría de los adultos filipinos —más de 90 millones— son católicos. El país alberga la tercera población católica más grande del mundo, solo por detrás de Brasil y México, según el Anuario Estadístico de la Iglesia de 2021 del Vaticano .

Millones de protestantes, otros cristianos y musulmanes también viven en Filipinas, un archipiélago de aproximadamente 7.600 islas en el sudeste asiático. Este análisis se centra en los cristianos porque nuestras encuestas recientes no incluyen suficientes musulmanes filipinos para poder informar por separado sobre sus actitudes, creencias y prácticas. Como siempre, todos los grupos religiosos están incluidos en nuestros hallazgos sobre la población adulta en su conjunto.

Aquí presentamos cinco datos sobre la religión en Filipinas, basados ​​en información de encuestas del Centro.

92 % cristianos, 76 % católicos

1. La mayoría de los adultos filipinos (92%) se identifican religiosamente como cristianos, incluyendo un 76% que se identifica como católico. Un porcentaje menor (12%) se declara protestante, según una encuesta del Centro realizada en la primavera de 2026.

Según una encuesta del Centro realizada en 2024, la mayoría de los católicos filipinos lo son de por vida, lo que significa que fueron criados en la fe católica y continúan identificándose como tales en su edad adulta.

Opinión favorable del Papa León (79%)

2. La gran mayoría de los católicos filipinos (79%) afirma tener una opinión favorable del Papa León XIV, según nuestra encuesta de 2026. De ellos, el 43% expresa una opinión muy favorable.

Los católicos de entre 18 y 49 años son más propensos que los mayores de 50 a afirmar que tienen una opinión favorable o muy favorable del Papa León. Sin embargo, el 19% de los católicos filipinos mayores de 50 años dicen no haber oído hablar nunca del Papa Leo o prefieren no responder, en comparación con el 7% de los que tienen entre 18 y 34 años.

El 99 % de los adultos filipinos afirman creer en Dios

3. Casi todos los adultos filipinos (99%) afirman creer en Dios,  según nuestra encuesta de 2024. Esto incluye al 100% de los protestantes y al 99% de los católicos.

Sin embargo, los protestantes y católicos filipinos difieren más en sus creencias sobre los espíritus de sus antepasados. Mientras que el 56% de los católicos cree que los espíritus de los antepasados ​​pueden ayudarlos o perjudicarlos, el 26% de los protestantes opina lo mismo.

8 de cada 10 adultos rezan a diario

4. Filipinas tiene una de las tasas de oración más altas entre los treinta y seis países que encuestamos en 2024. Alrededor de ocho de cada diez adultos filipinos (79%) dicen que rezan a diario, incluyendo a la mayoría de los católicos (77%) y protestantes (88%).

Sin embargo, se observan diferencias más significativas en otras prácticas religiosas. Por ejemplo, los católicos filipinos tienen aproximadamente tres veces más probabilidades que los protestantes de afirmar que encienden incienso o velas por motivos espirituales o religiosos (76 % frente a 27 %).

La Biblia debería tener mucha o bastante influencia en las leyes (82%)

5. La mayoría de los filipinos (82%) afirma que la Biblia debería tener mucha o bastante influencia en las leyes de Filipinas. Esta opinión es compartida por amplias mayorías tanto de católicos como de protestantes.

Sin embargo, los grupos difieren en cuanto a cómo proceder cuando la Biblia y la voluntad del pueblo entran en conflicto. Cuando preguntamos a quienes opinan que la Biblia debería tener al menos una influencia considerable en las leyes nacionales cómo creen que debería manejarse este tipo de conflicto, el 63% de los protestantes afirma que la Biblia debería tener más influencia que la voluntad del pueblo.

Solo el 31% de los católicos filipinos comparten esta postura, mientras que el 49% afirma que debe prevalecer la voluntad del pueblo. 

Nota: Aquí encontrará las preguntas y respuestas de la encuesta de Pew Research así como datos más recientes sobre afiliación religiosa en Filipinas, procedentes de una encuesta realizada en 2026. 

El autorRedacción Omnes

La obediencia de los hijos de Dios

La obediencia cristiana no nace del miedo ni de la imposición, sino de la confianza de quien se sabe hijo de Dios y descubre que su voluntad conduce a la verdadera libertad.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Hay palabras que parecen haber envejecido mal. Basta pronunciarlas para que despierten cierta incomodidad. «Sacrificio», «castidad», «pecado»… y también «obediencia». Para muchos, obedecer significa renunciar a la propia libertad, dejar que otro piense por nosotros o resignarse a cumplir una voluntad ajena.

No es extraño que sea así. A lo largo de la historia no han faltado ejemplos de una autoridad ejercida de manera abusiva ni personas que, en nombre de la obediencia, han terminado justificando decisiones arbitrarias. También hoy, dentro y fuera de la Iglesia, seguimos preguntándonos qué significa realmente obedecer y cuáles son sus límites.

La obediencia de Jesús

Pero quizá el problema no sea la obediencia. Quizá el problema sea que hemos olvidado cómo obedecía Jesucristo. Porque hay un hecho que resulta verdaderamente desconcertante: El hombre más libre que ha existido fue también el más obediente. Y eso parece una contradicción.

¿Cómo puede la obediencia convivir con la libertad? ¿No debería ocurrir exactamente lo contrario? Tal vez llevamos demasiado tiempo haciéndonos la pregunta equivocada. Cuando pensamos en la obediencia solemos preguntarnos: ¿por qué debería obedecer? El Evangelio, sin embargo, comienza mucho antes: la verdadera pregunta no es por qué obedecer, sino a quién obedecemos. Y ahí cambia absolutamente todo.

Jesús nunca habla de su obediencia como quien soporta un peso. Tampoco como quien simplemente cumple órdenes. Toda su vida gira en torno a una relación. Una relación tan profunda que llega a decir: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió…» (Juan 4,34). O también: «El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada» (Juan 8,29).

Hay un detalle que fácilmente pasa desapercibido. Cada vez que Jesús habla de obedecer la voluntad de Dios, habla también del Padre. Nunca presenta a Dios como un amo del que haya que defenderse. Nunca como alguien que limita su libertad. Siempre como un Padre al que conoce, ama y en quien confía plenamente. Toda la diferencia entre la obediencia cristiana y cualquier otra forma de obediencia cabe, quizá, en esa sola palabra: Padre. Cristo no obedece porque tenga un amo. Obedece porque tiene un Padre. Y esa diferencia no es un simple matiz. Es el corazón mismo del cristianismo.

Porque somos hijos

También nosotros, por el Bautismo, hemos recibido esa misma filiación. No somos simplemente criaturas que procuran cumplir unos mandamientos. Somos hijos llamados a participar de la misma relación que Jesucristo vive con el Padre. Por eso nuestra obediencia no puede entenderse desde el miedo, sino desde la confianza.

Quizá valga la pena detenernos un instante. Cuando pienso en Dios, ¿qué imagen aparece primero en mi corazón? ¿La de un Padre que desea conducir mi vida hacia su plenitud? ¿O la de alguien que continuamente viene a pedir, exigir o limitar mi libertad? La respuesta a esta pregunta cambia por completo nuestra manera de entender la obediencia. 

Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, lo expresa con una frase tan sencilla como luminosa: «Solo Dios es digno de obediencia, porque solo Él conoce plenamente el camino que lleva a cada uno de nosotros a la felicidad». Vale la pena saborearla despacio. No dice que Dios sea digno de obediencia simplemente porque tenga autoridad. Dice algo mucho más profundo: que solo Él conoce plenamente el camino que conduce a nuestra felicidad. Y aquí aparece una idea decisiva. Dios no pide obediencia porque necesite ser obedecido. Nos la propone porque nos ama.

Para obedecer, confiar

Solo quien nos ha creado conoce también aquello para lo que hemos sido creados. Solo Él conoce ese camino —y podríamos decir incluso, ese «camino dentro del camino»— por el que cada persona alcanza la plenitud para la que fue pensada desde toda la eternidad. Por ello, quizá muchas de nuestras dificultades para obedecer no nazcan de la falta de generosidad. Quizá nazcan de algo mucho más profundo. ¿Y si, en el fondo, todavía no termináramos de creer que Dios quiere nuestra felicidad?

Porque solo cuando esa certeza se abre paso en el corazón ocurre algo sorprendente: la obediencia deja de sentirse como una amenaza y comienza a parecerse, cada vez más, a un acto de confianza.

Pero ¿qué significa realmente confiar?

Con frecuencia identificamos la confianza con un sentimiento. Sin embargo, en la vida cotidiana descubrimos que es mucho más que eso. Confiar es decidir poner la propia vida, al menos en algún aspecto, en manos de otro.

Lo hacemos constantemente: un paciente que acepta el tratamiento que le propone su médico. Un alumno que se deja enseñar por su profesor. Un montañista que escucha las indicaciones de su guía. Ninguno de ellos experimenta esa confianza como una pérdida de libertad. Al contrario, precisamente porque confían pueden llegar a un lugar al que, solos, difícilmente habrían llegado.

Con Dios sucede algo semejante, aunque infinitamente más profundo. Pensemos en un niño caminando de la mano de su padre por un sendero de montaña. En un momento determinado, el padre le dice: ¡No vayas por ahí!  El niño podría pensar que le están quitando libertad. Sin embargo, la realidad es muy distinta: el padre simplemente ha visto un precipicio que el hijo todavía no alcanza a descubrir.

Quizá la obediencia cristiana se parezca mucho más a esta escena de lo que imaginamos. Obedecer no consiste en caminar con los ojos cerrados. Consiste en caminar tomado de la mano del Padre. No significa renunciar a la propia inteligencia, sino aceptar con humildad que existe una mirada más amplia que la nuestra. Una mirada que alcanza a ver aquello que nosotros todavía no podemos ver.

Todos hemos vivido experiencias semejantes. ¿Cuántas veces hemos descubierto, solo con el paso de los años, que aquello que en un primer momento nos pareció una pérdida terminó convirtiéndose en una de las mayores bendiciones de nuestra vida? ¿Cuántas veces comprendimos demasiado tarde que Dios nos estaba librando de un precipicio que entonces éramos incapaces de distinguir? Quizá por eso la obediencia cristiana nunca puede separarse de la confianza. 

Dios nos guía a través de mediadores

Pero aquí surge inmediatamente una nueva pregunta. Si solo Dios es digno de obediencia, ¿por qué ha querido servirse continuamente de mediadores humanos? ¿Por qué no habla de manera directa y ya?

Toda la historia de la salvación parece construida precisamente sobre esta lógica. Dios llama a Abraham para bendecir a un pueblo. Se sirve de Moisés para liberar a Israel. Envía a los profetas para recordar su alianza. Escoge a María para traer al mundo a su Hijo. Confía a los Apóstoles la misión de anunciar el Evangelio. Y sigue haciéndolo hoy por medio de la Iglesia. Podría parecer extraño. Si Dios es omnipotente, ¿por qué necesita mediadores? La respuesta es sencilla: no los necesita, los quiere.

Porque así ha querido que aprendamos que la salvación nunca se vive en solitario. Dios nos crea para la comunión y, precisamente por eso, suele salir a nuestro encuentro a través de otras personas. Sin embargo, aquí conviene hacer una precisión decisiva. El mediador nunca ocupa el lugar de Dios. Solo ayuda a descubrirlo.

Toda mediación auténticamente cristiana posee una admirable transparencia. Es decir: no atrae hacia sí misma, sino hacia Aquel de quien procede. Por eso Jesucristo es el Mediador perfecto. No vino a sustituir al Padre. Vino a revelarlo. Toda su vida consiste en conducirnos hacia Él. «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Juan 14,9). Y quizá ninguna escena del Evangelio exprese mejor esta verdad que las bodas de Caná. María pronuncia allí una única indicación. Y basta esa frase para resumir toda la espiritualidad de la mediación cristiana: «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5). Es difícil imaginar una definición más hermosa de lo que significa ser mediador. María no atrae las miradas hacia sí. No sustituye a Cristo. No ocupa su lugar. Simplemente conduce hasta Él. 

Toda autoridad cristiana debería poder reconocerse en esas palabras. Un padre de familia, una madre, un sacerdote, un obispo, el Papa, un catequista, un profesor, un amigo. Y también tú y yo. Porque quizá, mientras leíamos esta lista, pensábamos únicamente en otras personas. Sin embargo, también nosotros ejercemos continuamente pequeñas mediaciones: cada vez que damos un consejo sincero a un amigo; cada vez que acompañamos a un hijo; cada vez que explicamos la fe; cada vez que hacemos apostolado… En todos esos momentos nos convertimos, de algún modo, en mediadores. Y entonces la pregunta deja de ser: «¿A quién debo obedecer?». La pregunta pasa a ser mucho más exigente: Cuando alguien se acerca a mí, ¿termina escuchando mejor mi voz… o la voz de Cristo? 

Porque esa es la diferencia entre la autoridad y el autoritarismo. El autoritarismo conduce hacia uno mismo. La verdadera autoridad desaparece para que aparezca Dios. Todo mediador auténticamente cristiano podría resumir su misión con las palabras de María: «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5).

La obediencia se prueba en la dificultad

Llegados a este punto, todavía queda una pregunta por responder. Si la obediencia nace de la confianza y la confianza nace de sabernos hijos, ¿por qué obedecer sigue siendo, tantas veces, difícil? 

Porque ser hijos no significa que comprendamos siempre los caminos del Padre. También Jesucristo experimentó esa oscuridad. La escena en el Getsemaní es, quizá, la página más luminosa del Evangelio para comprender la obediencia cristiana: Jesús sabe lo que le espera. Conoce el sufrimiento, el abandono, la cruz. Y, como verdadero hombre, no es indiferente ante ello. Por eso reza con una sinceridad conmovedora: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Estas palabras nos revelan algo profundamente humano: la obediencia no consiste en dejar de sentir, no consiste en negar el sufrimiento, ni en fingir que todo resulta fácil. Cristo no elimina su deseo humano de evitar el dolor, pero inmediatamente añade: «pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42). No son las palabras de quien se resigna. Son las palabras del Hijo que, incluso sin comprender plenamente el porqué de ese camino, sigue confiando en el corazón del Padre. Como puede contemplarse: la confianza no consiste en entenderlo todo, consiste en saber en quién hemos puesto nuestra vida. 

La Carta a los Hebreos expresa este misterio con una frase sorprendente: «siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer» (Hb 5,8). Estas palabras podrían desconcertarnos. ¿Cómo puede el Hijo eterno de Dios «aprender» a obedecer? No porque antes fuera desobediente. Sino porque la obediencia no es una teoría que pueda aprenderse en un libro. La obediencia solo se aprende recorriendo el camino del amor. Solo quien ama descubre, poco a poco, que confiar vale más que controlar. Que entregarse vale más que aferrarse. Que perder la vida por amor es, misteriosamente, encontrarla.

También nosotros aprendemos así. Nadie nace sabiendo confiar plenamente en Dios. Todos vamos aprendiendo. Aprendemos cuando nuestros planes cambian inesperadamente. Cuando una enfermedad visita nuestra casa. Cuando un proyecto fracasa. Cuando una puerta se cierra sin que entendamos por qué. Cuando Dios guarda silencio… Es precisamente ahí donde la obediencia deja de ser una idea y se convierte en una forma concreta de amar. 

Quizá todos podamos preguntarnos con sinceridad: ¿Sigo confiando cuando no entiendo del todo? Porque mientras todo coincide con nuestros deseos, resulta relativamente sencillo decir que confiamos en Dios. La verdadera confianza aparece cuando sus caminos dejan de coincidir con los nuestros. Y, sin embargo, incluso entonces seguimos diciendo: «Padre…». Esa palabra cambia todo. Porque el cristiano nunca obedece a un destino. Nunca obedece a una fuerza impersonal. Nunca obedece simplemente a una ley. Obedece a un Padre. Y eso hace toda la diferencia.

Quizá por eso san Pablo describe la obediencia de Cristo como el camino de su exaltación: «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó…» (cf. Filipenses 2,8-9). La cruz no fue el fracaso de la obediencia. Fue su manifestación más perfecta. En ella descubrimos que la voluntad del Padre nunca buscaba destruir al Hijo, sino entregar su amor al mundo entero. Solo después de la Resurrección los discípulos pudieron comprender plenamente ese camino.

Y quizá también nosotros experimentamos algo parecido. Muchas veces solo entendemos la fidelidad de Dios cuando miramos nuestra historia hacia atrás. Solo entonces descubrimos que aquello que un día nos hizo sufrir terminó convirtiéndose en una gracia inmensa. Que aquel «no» de Dios escondía un «sí» mucho más grande. Que el camino que nosotros nunca habríamos elegido era, precisamente, el que necesitábamos recorrer.

Obediencia y libertad

Quizá ahora podamos volver a la pregunta con la que comenzábamos este artículo. ¿Cómo pudo Jesucristo ser el hombre más libre y, al mismo tiempo, el más obediente?

Porque nunca entendió la obediencia como una amenaza para su libertad. La entendió como la expresión más perfecta de su amor al Padre. Y nosotros, por el Bautismo, hemos recibido esa misma vocación.

Quizá la próxima vez que la palabra «obediencia» despierte cierta resistencia en nuestro interior, convenga no preguntarnos inmediatamente qué es lo que Dios nos está pidiendo. Tal vez exista una pregunta anterior. Una pregunta mucho más importante. ¿Confío realmente en Él?

Porque solo quien se sabe hijo descubre que la voluntad del Padre nunca compite con su felicidad. Es, precisamente, el camino que la hace posible. Al final, la obediencia de los hijos de Dios no consiste en dejar de ser libres. Consiste en descubrir que la libertad alcanza su plenitud cuando, como Cristo, aprende a descansar confiadamente en las manos del Padre.

El autorHugo Elvira

Ingeniero guatemalteco y licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma). Presidente de Fundación Amivalle.

Vaticano

La Santa Sede excomulga a los obispos de la FSSPX y confirma el cisma

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe considera consumado el cisma tras las consagraciones episcopales ilícitas, declara cismáticos a los ministros de la FSSPX y advierte que "se considerarán cismáticos y excomulgados aquellos que se adhieran formalmente a la Fraternidad".

Teresa Aguado Peña·2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Santa Sede ha declarado la excomunión del obispo Alfonso de Galarreta y de los cuatro sacerdotes que fueron consagrados obispos sin mandato pontificio, tras las ordenaciones episcopales celebradas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) pese a las reiteradas advertencias de Roma y al llamamiento realizado por el Papa León XIV para que desistieran de ese propósito.

El decreto, firmado por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, afirma que Alfonso de Galarreta, «al haber cometido un acto de naturaleza cismática mediante la consagración episcopal de cuatro presbíteros, sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Sumo Pontífice», ha incurrido ipso facto en las penas previstas por el Código de Derecho Canónico.

En consecuencia, el Dicasterio declara «a todos los efectos jurídicos» que tanto Alfonso de Galarreta como Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier han incurrido ipso facto en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.

Asimismo, el decreto establece que el obispo Bernard Fellay también ha incurrido en la excomunión latae sententiae, al haber participado como coconsagrante en la celebración y haber adherido públicamente al acto que la Santa Sede califica de cismático.

El documento concluye con una advertencia dirigida tanto a los clérigos como a los fieles laicos para que no se sumen al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ya que, de hacerlo, incurrirían igualmente en la pena de excomunión latae sententiae.

Una Nota explicativa desarrolla el alcance de la decisión

Junto al decreto, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado una nota explicativa en la que expone las razones de la decisión adoptada y detalla sus consecuencias canónicas y pastorales.

El documento comienza recordando que, desde el pontificado de san Pablo VI hasta las conversaciones mantenidas recientemente por el propio Dicasterio, «los múltiples intentos por reconducir a los seguidores del movimiento iniciado por monseñor Marcel Lefebvre a la plena comunión con la Iglesia católica han resultado infructuosos».

Según la Nota, la situación se ha agravado definitivamente con las recientes consagraciones episcopales realizadas «sin mandato pontificio, en contra de la voluntad del Santo Padre y en abierta violación del derecho canónico».

Por ello, el Dicasterio considera necesario declarar que dichas consagraciones «han constituido el delito de cisma», recordando que ya san Juan Pablo II afirmó en la carta apostólica Ecclesia Dei que la consagración de obispos sin mandato pontificio constituye «un acto cismático», al implicar «un rechazo práctico del Primado romano».

Los ministros de la Fraternidad pasan a ser considerados cismáticos

La Nota establece, como primera consecuencia, que «los ministros sagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentran en cisma y, por lo tanto, deben ser considerados cismáticos», quedando sujetos a la excomunión prevista en el canon 1364 §1 del Código de Derecho Canónico.

El Dicasterio fundamenta esta afirmación tanto en la carta apostólica Ecclesia Dei como en la Nota explicativa publicada en 1996 por el entonces Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, cuya doctrina considera plenamente vigente.

La situación de los fieles laicos

En lo que respecta a los fieles laicos, se considerarán cismáticos y excomulgados aquellos que se adhieran formalmente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en las condiciones establecidas en la Nota explicativa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos de 1996 (véase ibídem, 7), aún vigente, que este Dicasterio hace suya:

«En el caso de otros fieles, sin embargo, es evidente que la participación ocasional en actos litúrgicos o actividades del movimiento lefebvriano, sin adoptar la actitud de desunión doctrinal y disciplinaria propia de dicho movimiento, no basta para constituir la pertenencia formal al mismo. En la práctica pastoral, puede resultar más difícil evaluar su situación. Es necesario tener en cuenta, sobre todo, la intención del individuo y la traducción de esta disposición interior en acción. Por consiguiente, las distintas situaciones deben evaluarse caso por caso, en los órganos competentes de los foros externos e internos».

Advertencia sobre los sacramentos

La Nota también dedica un apartado a la administración de los sacramentos por parte de la Fraternidad.

En él advierte al Pueblo de Dios de que sus ministros «administran ilícitamente los sacramentos» y afirma expresamente que tanto el sacramento de la penitencia administrado por ellos como los matrimonios celebrados por sus ministros «son inválidos».

Por ello, exhorta a los fieles a abstenerse de participar en las celebraciones y actividades promovidas por la Fraternidad.

Una invitación a regresar a la plena comunión

Junto a las medidas canónicas, el Dicasterio subraya que la finalidad de estas decisiones no es únicamente disciplinaria.

«La Iglesia, como madre solícita, acogerá con sincero afecto y viva solicitud a todos aquellos que deseen volver a la plena comunión», afirma la Nota, anunciando que los nuncios apostólicos establecerán los procedimientos que los ordinarios podrán seguir en cada caso para facilitar ese regreso.

Finalmente, el documento exhorta a todos los fieles a permanecer firmes en la comunión con el Romano Pontífice, con los obispos en comunión con él y con toda la Iglesia, recordando que la unidad eclesial constituye un elemento esencial de la vida de la Iglesia.

Que Dios sea el foco

La visita del Papa León XIV a España ha desafiado los pronósticos sobre la secularización y ha situado la fe en el centro del debate público. Más allá del éxito de convocatoria, el viaje ha puesto de manifiesto un nuevo acercamiento de la sociedad española al hecho religioso, marcado por la naturalidad, la alegría y una renovada confianza en el papel cultural y espiritual del catolicismo.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Durante años, la crónica sociológica insistía en un diagnóstico invariable: Occidente avanzaba a pasos agigantados hacia una secularización silenciosa, donde la fe quedaba recluida al ámbito de lo estrictamente privado. Sin embargo, los acontecimientos de principios de junio han roto todos los moldes preestablecidos. La visita apostólica del Papa León XIV a España—su primer gran viaje de siete días a una democracia europea de raíz católica— no solo ha sido un éxito de convocatoria, sino que ha certificado un fenómeno que ya no se puede ignorar: la existencia de un “giro católico” de la sociedad española o, al menos, de un nuevo posicionamiento – y positivo- de la fe en la esfera social.

Durante una semana intensa, Dios, la Iglesia y la vivencia de la fe han salido de las sacristías para convertirse en el epicentro de tertulias, cenas y debates. Lo verdaderamente revolucionario no ha sido solo la presencia del Pontífice, sino la impresionante positividad y naturalidad con la que el país ha abrazado este momento.

El paso de León XIV por España ha dejado mensajes profundos que resuenan directamente en el alma de una sociedad que parece haber despertado de un letargo inercial. Este “giro católico” se sostiene sobre tres pilares fundamentales que el Papa ha sabido catalizar:

Una fe sin complejos: hemos superado, afortunadamente, esa vieja inercia social que dictaba que mostrar las creencias era un acto de mala educación o un anacronismo. El viaje papal ha inaugurado un entorno de respeto mutuo e interés genuino por el catolicismo, contagiando incluso a aquellos que no lo comparten, pero que reconocen su valor antropológico y cultural.

La alegría como respuesta a la desvinculación: frente al rancio estereotipo mediático que asocia al creyente con la amargura o el rictus severo, la juventud española ha respondido con una alegría desbordante, natural y contagiosa. En una época marcada por la epidemia de la soledad, la depresión y el vacío existencial, León XIV ha recordado que la fe no es una carga, sino un ancla que no falla.

La madurez de asumir la imperfección: uno de los mensajes más honestos y potentes que nos deja esta visita es la superación de los errores. La Iglesia está aprendiendo a caminar con sus heridas abiertas, asumiendo el pasado con dolor pero con una firme resolución de enmienda. El Papa nos ha recordado que el objetivo no es la perfección soberbia, sino una cercanía mayor con el que sufre y la humildad para seguir adelante.

Para los creyentes, el éxito de estos siete días no puede reducirse a un pico informativo o a un fenómeno de masas pasajero; el verdadero reto es transformar la emoción en permanencia. Ahora que los ecos de las multitudes se apagan, queda la tarea más profunda. Como bien nos ha enseñado este viaje, no se trata simplemente de conseguir que Dios esté temporalmente en el foco, sino de que Dios sea el foco.

La sacrílega guerra de Ucrania

Hoy es la propia Ucrania agredida quien le marca a Rusia el camino hacia la luz. El pueblo ucraniano se ha convertido en un ejemplo conmovedor en la defensa de su identidad nacional, fundamentada en el amor a la libertad y no en el sometimiento del vecino.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El 20 de junio tuve el privilegio de escuchar a dos jóvenes que portan en sus miradas el peso de una historia trágica, pero también la luz de una esperanza inquebrantable. Se trata de Ihor Chikhman y Marta Kostyk, miembros del Consejo Juvenil de la Embajada de Ucrania en España. En sus palabras no había odio, sino una profunda sed de verdad y de justicia. Al terminar nuestro encuentro, me hicieron un regalo que he estado meditando desde entonces: el excelente libro “Crónica de una guerra sacrílega”, escrito por Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, Arzobispo Mayor de Kyiv-Halyć y primado de la Iglesia greco-católica ucraniana.

El título de la obra de Shevchuk no es un mero recurso literario; es un diagnóstico espiritual preciso. ¿Por qué llamar «sacrílega» a esta guerra? Porque las autoridades rusas han cruzado una línea roja que trasciende la geopolítica: están utilizando la religión cristiana para justificar crímenes contra la humanidad y, por tanto, crímenes contra el propio Dios. Bendecir misiles, santificar la invasión de una nación soberana y enarbolar la cruz para justificar la destrucción de hospitales y parroquias es la definición misma del sacrilegio. Es tomar el nombre de Dios en vano para encubrir la barbarie.

Nacionalismo vestido con ornamentos

Nada desenmascara con mayor crudeza esta falsedad que el sufrimiento de los más pequeños. El desgarrador secuestro de cerca de 20.000 niños ucranianos por parte de las tropas rusas, arrancados de sus hogares y de sus padres para ser confinados en campos de reeducación en Rusia, clama al Cielo. Intentar borrar la identidad, la memoria y la lengua de estos niños es una atrocidad que choca frontalmente con cualquier valor evangélico. Quien arranca a un hijo del amor de su madre no puede, en ninguna circunstancia, presentarse ante el mundo como un defensor de los valores familiares y cristianos.

Al observar la retórica y las acciones del Kremlin, resulta evidente que Rusia no ha experimentado una verdadera purificación de su pasado totalitario. Más bien, parece haber sustituido el aparato ideológico del comunismo por un cristianismo político y táctico. Las formas han cambiado, la hoz y el martillo a menudo comparten espacio con iconos bizantinos, pero las prácticas criminales, la represión, la mentira de Estado y el sometimiento de su propio pueblo y de los pueblos vecinos permanecen intactos. Es un nacionalismo imperial vestido con ornamentos litúrgicos.

Ante esta realidad, los cristianos occidentales no debemos dejarnos engañar. Existe la tentación, en algunos sectores, de mirar hacia Moscú como un bastión de resistencia frente a la secularización y la decadencia moral de Occidente. Pero las manifestaciones religiosas del gobierno ruso no son más que una coartada, un espejismo diseñado para seducir a incautos y mantener subyugados a los ciudadanos. No hay defensa posible de la moral cristiana allí donde se pisotea sistemáticamente la dignidad humana y se asesina al hermano.

Cristianos ucranianos

Hoy es la propia Ucrania agredida quien le marca a Rusia ese camino hacia la luz. El pueblo ucraniano se ha convertido en un ejemplo conmovedor en la defensa de su identidad nacional, fundamentada en el amor a la libertad y no en el sometimiento del vecino. Su lucha es, además, una heroica defensa de la libertad religiosa. Los testimonios que nos llegan son estremecedores: en los territorios ucranianos actualmente ocupados por Rusia se ha instaurado una persecución religiosa feroz. Sacerdotes greco-católicos, fieles de rito latino, pastores protestantes y miembros de otras confesiones son hostigados, secuestrados y torturados por negarse a someter su conciencia a los dictados políticos del invasor. Allí donde se impone el modelo del Kremlin, la genuina libertad de espíritu es aplastada.

La valentía y el sacrificio diario de los cristianos ucranianos, su resistencia pacífica y su fe probada en el crisol del dolor, nos abren los ojos. Nos recuerdan que la verdadera fe se manifiesta en el amor, en la defensa de la vida y en el servicio a la verdad.

El testimonio de jóvenes como Ihor y Marta y la voz profética de pastores como Sviatoslav Shevchuk nos hacen ver que Rusia necesita, hoy más que nunca, convertirse. Y no hablamos de un mero cambio de bando político, sino de una conversión del corazón. La libertad de Rusia —su liberación de este secuestro ideológico e imperialista— es una condición necesaria para la libertad de Europa y la paz del mundo entero. Para lograrlo, necesita un arrepentimiento auténtico ante la historia y ante Dios, y abandonar de una vez por todas ese disfraz religioso que solo sirve como coartada para seguir dañando profundamente a la humanidad.

La libertad del pueblo ucraniano

Quizás la mejor manera de entender esta esperanza sea acudiendo al alma misma del pueblo ucraniano, plasmada en los versos de su gran poeta nacional, Taras Shevchenko, quien ya en el siglo XIX clamaba frente al imperialismo con una fe inquebrantable:

“¡Luchad y venceréis!

¡Dios os ayuda!

De vuestra parte están la fuerza,

la libertad y la santa verdad”.

Evangelio

La humildad que revela. Domingo XIV del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas de Domingo XIV del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 5 de julio de 2026.

Vitus Ntube·2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Las lecturas de hoy nos presentan a Jesucristo como el verdaderamente humilde. En la primera lectura encontramos la imagen de un Mesías humilde; en el Evangelio, Jesús mismo declara que es manso y humilde de corazón.

¿Qué tiene de particular la humildad de Cristo? ¿Qué podemos aprender de ella? La humildad de Cristo está inseparablemente unida a la verdad: a la verdad de la revelación que nos muestra quién es verdaderamente Dios. Dios se revela en la humildad, y quienes reciben esa revelación deben acercarse a Él también con un corazón humilde. La revelación de Dios se realiza en un contexto de humildad.

En la primera lectura, el Mesías entra en Jerusalén de una manera profundamente humilde: “Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna”. El Mesías no viene con poder ni esplendor mundanos, sino con sencillez y mansedumbre. La humildad es inseparable de la verdad. No hay verdad más grande que el conocimiento de Cristo. El Evangelio destaca las condiciones necesarias para recibir esta revelación.

Jesús alaba al Padre por la manera en que ha revelado sus misterios: “has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”. Los sabios y entendidos, en este contexto, no son condenados por su conocimiento, sino por el orgullo que les impide acoger una verdad que va más allá de sus propios esquemas y expectativas. Puesto que Dios se revela en humildad, la disposición adecuada para recibirlo también debe ser la humildad. Jesucristo, el único revelador del Padre, viene en la humildad y solo puede ser comprendido verdaderamente por los sencillos como niños.

La humildad de Cristo es también fuente de descanso. Jesús nos invita a aprender de su corazón, porque en Él descubrimos la verdad más profunda acerca de Dios y acerca de nosotros mismos. Las preocupaciones de la vida cotidiana se vuelven soportables cuando se llevan con Cristo y con el mismo espíritu con que Él llevó su propia cruz. Cuando participamos de esa misma disposición interior, incluso las cargas de la vida se transforman. Por eso Jesús dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. El yugo de Cristo no nos aplasta; nos aligera. No nos oprime; nos eleva. Es el yugo del amor, el yugo de la humildad.

Sin embargo, para aprender la humildad de Cristo, debemos poseer el Espíritu de Cristo. La segunda lectura nos recuerda que el “Espíritu de Dios” habita en nosotros, y que sin el “Espíritu de Cristo” no le pertenecemos. Debemos permitir que el Espíritu Santo nos forme y nos guíe, pues Él nos enseña la humildad y abre nuestro corazón para recibir la verdad revelada en Cristo.

La Inteligencia Artificial y la labor periodística

En la era de la Inteligencia Artificial hay un deber insustituible que nos afecta a los periódicos y es el de no renunciar a la propia autoridad, garantizar la transparencia de las fuentes, respetar la dignidad de los lectores y cultivar la dimensión humana de la narración.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En marzo de 2026 se cumplieron 150 años de la aparición del diario italiano Corriere della Sera. El Papa León siempre ha mostrado una gran sensibilidad hacia la labor periodística; de hecho, fue a los profesionales de los medios de comunicación a quienes dedicó su primera audiencia. En el caso del aniversario, escribió una carta breve al periódico felicitándolos por su labor y recordando que la dimensión humana se debe proteger y cultivar siempre.

Cuando la IA parece que va a revolucionar el mundo, es bueno recordar qué es un periodista. Un periodista es un profesional encargado de investigar, recopilar, analizar, sintetizar y difundir información de interés público, garantizando la veracidad y el rigor. Trabaja en diversos medios —prensa, radio, televisión, medios digitales— para contextualizar la actualidad y permitir que la ciudadanía tome decisiones informadas.

Con la aparición de la IA la responsabilidad del periódico es todavía mayor, si cabe. Los periódicos —señala el Papa—, además de dar noticias de actualidad, es decir, informarnos de lo que acontece en un país determinado y en el mundo, son también un vehículo de cultura como fermento vivo de la sociedad a cuya creación contribuyen. La revolución tecnológica que estamos viviendo es un reto para estar a la altura de nuestro tiempo y es, además, una prueba que atañe a todos y cada uno, señala el pontífice en la carta dirigida al rotativo italiano.

En la era de la IA hay un deber insustituible que nos afecta a los periódicos y es el de no renunciar a la propia autoridad, garantizar la transparencia de las fuentes, respetar la dignidad de los lectores y cultivar la dimensión humana de la narración.

La mente humana y una buena conciencia están a la altura de este desafío, mucho más que la IA, la cual podrá ayudar en la tarea periodística, pero no tiene ni libertad ni conciencia, sino que escupe una información que previamente le han suministrado. La IA es una herramienta sin ética, una máquina que, si no sabe algo, se lo inventa; el periodista es una persona que sabe que en su trabajo diario no puede fantasear. La IA es, bajo mi punto de vista, una herramienta de gran ayuda, pero no debe pensar por mí.

Las llagas de Cristo y la túnica inconsútil

Dos Papas han suplicado lo mismo con treinta y ocho años de distancia: uno por las llagas de Cristo, el otro por su túnica sin costuras. Las llagas y la túnica dicen una sola cosa: que la unidad se paga con sangre y no se rasga sin dolor.

1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy, 1 de julio de 2026, en Écône, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha consagrado cuatro obispos sin mandato pontificio. Treinta y ocho años antes, Marcel Lefebvre hizo lo mismo, en el mismo lugar. Entre ambas fechas se tiende un puente hecho de dos cartas y de una sola súplica: no rompáis la unidad.

La primera la escribió Juan Pablo II el 9 de junio de 1988, poco antes de aquellas consagraciones. No era un documento jurídico, sino la carta de un padre: pedía a Lefebvre, «por las llagas de Cristo nuestro Redentor», que no diera un paso que solo podría entenderse como cismático, y le recordaba la oración del Señor la víspera de su Pasión, «que todos sean uno».

Semanas después, en el motu proprio Ecclesia Dei, Juan Pablo II situó la raíz del problema donde de verdad estaba: no en el amor a la liturgia antigua —legítimo y respetado—, sino en «una noción incompleta y contradictoria de la Tradición». Ese es el nudo, entonces y ahora. La Tradición no es una reliquia que se custodie frente al Papa; es una realidad viva que se transmite con él y bajo su ministerio. Nadie es fiel a la Tradición si rompe el vínculo con aquel a quien Cristo confió la unidad de su Iglesia. Quien opone Tradición y Papado ha entendido mal ambas cosas.

La Fraternidad alega un «estado de necesidad»: obispos que envejecen, la urgencia de asegurar ordenaciones y confirmaciones, el deber de no abandonar una obra que sostiene la fe de muchas almas. Su superior general, el padre Davide Pagliarani —que no es obispo—, sostiene que no buscan separarse de Roma, sino servir «a una madre que atraviesa una grave dificultad»; e insisten en que no es el capricho de cada comunidad, sino una crisis excepcional y objetiva de la Iglesia. Es una objeción sincera, pero inválida: juzgar cuándo la necesidad dispensa de la comunión con Pedro es, precisamente, lo que nadie puede decidir por su cuenta.

Roma no se cruzó de brazos desde 1988. Benedicto XVI liberalizó la Misa tradicional en 2007 y, en 2009, remitió la excomunión de los cuatro obispos; siguieron años de conversaciones doctrinales. Francisco concedió a los sacerdotes de la Fraternidad la facultad de confesar (en 2015, con carácter permanente desde 2016) y reguló la asistencia a sus matrimonios (2017), para proteger a los fieles. Durante casi cuatro décadas la mano estuvo tendida. Por eso una nueva consagración unilateral duele tanto: responde con un portazo a una puerta abierta.

El 13 de mayo de 2026, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, advirtió que consagrar obispos sin mandato constituiría «un acto cismático», con la excomunión sobre quien consagra y los consagrados ya prevista en Ecclesia Dei (con base en el antiguo canon 1382, hoy 1387). El 29 de junio de 2026, León XIV se dirigió al padre Pagliarani con un lenguaje calcado del de Juan Pablo II: «lleno de afecto cristiano, les ruego y les pido con todo el corazón: ¡Den marcha atrás!». Y añadió, sin cerrar ninguna puerta: «La Iglesia está dispuesta a un camino de diálogo y entendimiento». Solo entonces llega la imagen que da título a estas líneas: «desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad».

Lo más revelador es que la Fraternidad respondió apropiándose de esa misma imagen. El padre Pagliarani agradeció la «solicitud paternal» del Papa y, lejos de rectificar, escribió que sentía el deber de «recomponer la túnica de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu auténticamente católico»; y pidió que se valorara la sinceridad de su intención: «Aún no es demasiado tarde». Es un argumento hábil: los dos bandos dicen defender la túnica inconsútil. Pero esa túnica no se recompone arrancándose un jirón para conservarlo aparte, ni se cose desde fuera. Quien de verdad la quiere entera no consagra obispos contra el Papa: se queda a su lado, aun sufriendo. La comunión no es el precio de la Tradición. Es su casa.

La Fraternidad esgrime todavía un argumento más sutil: que el Papa le escriba «como un padre a su hijo» probaría que no hay cisma, pues nadie trata así a un extraño. Pero el razonamiento se vuelve del revés. Que Roma siga tratando como hijo a quien se aparta no demuestra que no haya ruptura, sino la paciencia del padre, que no legitima la desobediencia del hijo y por eso se entristece. Que algún obispo haya reconocido el espíritu católico de la Fraternidad tampoco resuelve nada. Se puede amar la doctrina y, aun así, quebrar la comunión en el acto mismo de consagrar sin mandato.

En 1988, muchos sacerdotes que sentían ese mismo amor por la Tradición escucharon a Juan Pablo II y fundaron la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. Conservan íntegra la liturgia tradicional, la misma formación, la misma reverencia, y lo conservan en paz, en plena comunión con el Sucesor de Pedro. Son la prueba viva de que la Tradición no exige el cisma.

Dos Papas han suplicado lo mismo con treinta y ocho años de distancia: uno por las llagas de Cristo, el otro por su túnica sin costuras. Las llagas y la túnica dicen una sola cosa: que la unidad se paga con sangre y no se rasga sin dolor. No es un asunto interno de la Iglesia: Jesús pidió que todos fueran uno «para que el mundo crea» (Jn 17, 21), y cada ruptura la vuelve menos creíble. Ojalá esta vez la súplica sea escuchada, y muchos elijan vivir la tradición cristiana junto a quien es su verdadera roca: Pedro.

El autorRafael Domingo Oslé

Catedrático de Derecho de la Universidad de Navarra

Mundo

España, segundo país que más ayuda a los cristianos perseguidos

El memoria 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) refleja una inversión de 145,8 millones de euros en proyectos pastorales, ayuda a sacerdotes, construcción de iglesias y defensa de la libertad religiosa.

Teresa Aguado Peña·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

«Sostener a la Iglesia más necesitada». Ese es el objetivo que guía la labor de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), según destacaron sus responsables durante la presentación de la memoria 2025 de la fundación pontificia.

El presidente de ACN España, Walther von Plettenberg, presentó los resultados de la actividad desarrollada por ACN Internacional en 2025. Gracias al apoyo de 363.176 benefactores y al trabajo de sus 24 oficinas en todo el mundo, la fundación pudo financiar 5.368 proyectos en 141 países de los cinco continentes, siempre en colaboración con las diócesis locales, alcanzando un total de 1.251 diócesis beneficiadas.

Principales beneficiarios

Durante el pasado año, ACN recaudó 145,8 millones de euros procedentes de donativos y legados, destinados a sostener la vida pastoral de la Iglesia en los lugares donde más sufre por la persecución, la pobreza o los conflictos.

Los diez países que recibieron mayor apoyo económico en 2025 fueron India (7 millones de euros), Ucrania (6 millones), Líbano, Siria, República Democrática del Congo, Nigeria —donde los proyectos aumentaron cerca de un 50 %—, Tanzania, Irak, Burkina Faso y Pakistán.

Entre los principales beneficiarios de esta ayuda se encuentran sacerdotes, diócesis, obispos y laicos. Von Plettenberg destacó que uno de cada diez sacerdotes del mundo recibió algún tipo de apoyo de ACN durante el último año. Asimismo, la fundación hizo posible la celebración de casi dos millones de misas destinadas al sostenimiento de sacerdotes y financió la construcción o rehabilitación de 791 edificios eclesiales.

«Una Iglesia sin templo, sin poder celebrar la Eucaristía en un lugar digno, es una Iglesia muy coja», afirmó el presidente de ACN España, al subrayar la importancia de dotar a las comunidades cristianas de espacios adecuados para el culto.

Durante la presentación también se recordó la audiencia privada que el 10 de octubre de 2025 el Papa León XIV concedió a una delegación de ACN Internacional. En ella, el Pontífice agradeció la labor de la fundación con estas palabras: «Vuestra misión proclama que, como una sola familia en Cristo, no abandonamos a nuestros hermanos y hermanas perseguidos. Más bien, los recordamos, los apoyamos y trabajamos para garantizar las libertades que Dios les ha concedido».

¿A dónde van sus ingresos?

Por su parte, el director de ACN España, José María Gallardo, presentó las cifras correspondientes a la oficina española. Explicó que el 81,9 % de los ingresos procedió de donaciones y el 18 % de herencias y legados. Del total de los recursos recibidos, el 88,3% se destinó directamente a los fines propios de la fundación, mientras que el 11,7 % correspondió a gastos de funcionamiento. Además, el 82,2 % de la actividad se dedicó específicamente a la financiación de proyectos.

África volvió a recibir la mayor parte de la ayuda, con un 34,5 % del total de los proyectos. El crecimiento de la Iglesia en este continente, reflejado en el aumento de fieles y vocaciones, convive con grandes desafíos como la pobreza y la expansión del terrorismo islamista en un número creciente de países. En lugares especialmente golpeados, como Burkina Faso, Níger y Malí, ACN pudo incrementar su ayuda en un 30 %, mientras que el apoyo a la Iglesia en Nigeria creció un 47 %.

Gallardo señaló que los ingresos crecieron un 0,3 % respecto a 2024. «Nos estamos manteniendo; sin embargo, ha habido una generosidad tremenda en herencias y legados», afirmó.

La oficina española aportó en 2025 el 11,9 % de los ingresos internacionales de ACN, situándose como la segunda oficina con mayor contribución de las 24 existentes en todo el mundo, solo por detrás de Francia. Tras España se sitúan Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Suiza e Italia.

Libertad religiosa

La defensa de la libertad religiosa fue otro de los ejes de la presentación. Gallardo recordó las palabras del Papa León XIV: «La libertad religiosa no es un privilegio, sino un derecho». En este contexto, ACN impulsa un manifiesto para promover el cumplimiento efectivo del artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La iniciativa ha superado ya las 8.000 firmas en España, mientras que la organización espera alcanzar el medio millón de apoyos en todo el mundo.

Asimismo, el director de ACN España puso en valor la dimensión espiritual de la fundación. «Sin la oración no podríamos conseguir todo lo que conseguimos», aseguró. En este ámbito, ACN España impulsa más de 500 iniciativas de oración, entre ellas la campaña «Un millón de niños rezando el Rosario», en la que participan 45 centros educativos y más de 10.000 niños.

La presentación concluyó con un mensaje de agradecimiento a todos los benefactores, recordando también las palabras del Papa León XIV: «No os canséis de hacer el bien porque vuestro servicio da fruto en innumerables vidas y glorifica a nuestro Padre que está en los cielos». Con ese espíritu, los responsables de la fundación quisieron finalizar con un sencillo reconocimiento: «Gracias por ayudar a la Iglesia que más sufre».

Mundo

La Fundación CARF apoyó a 1.960 seminaristas y sacerdotes de 85 países en 2025

Uno de los datos más destacados de la Memoria de 2025 es que la Fundación CARF pudo destinar en torno al 25 % de lo ingresado —2.615.974 euros— al Fondo endowment, un patrimonio permanente que reduce la dependencia de las donaciones puntuales anuales.

Redacción Omnes·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La institución, que cumple 37 años sin depender de subvenciones públicas, destinó más de 6,1 millones de euros a becas y ayudas para estudiantes de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra

La Fundación CARF ha presentado su Memoria Anual correspondiente a 2025, un ejercicio en el que la institución apoyó a 1.960 estudiantes procedentes de 85 países, repartidos entre la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), en Roma, y las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona.

Del total de beneficiarios, 1.201 estudiaron en Roma y 759 en Pamplona. Para sostener su formación, la Fundación destinó 3.145.765 euros a la sede romana y 2.183.040 euros a la de Pamplona, a los que se suman 794.681 euros en otras ayudas.

Una fundación sin financiación pública

La Fundación CARF se constituyó el 14 de febrero de 1989, cinco años después de que san Juan Pablo II animara al beato Álvaro del Portillo a fundar la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. El objetivo de la nueva universidad romana era ofrecer una formación intelectual, humana y espiritual de excelencia a seminaristas y sacerdotes, diocesanos y religiosos, de cualquier parte del mundo, sin que la falta de recursos económicos supusiera un obstáculo. La PUSC se sumaba así a la labor formativa que ya desarrollaban las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

Desde su fundación, la institución no recibe subvenciones públicas. Su actividad se sostiene gracias a unos 5.200 donantes anuales, cuya aportación garantiza la independencia y la continuidad del proyecto.

Más de 10 millones de euros obtenidos en 2025

En 2025, la Fundación CARF obtuvo un total de 10.474.834 euros, procedentes de distintas vías de financiación: las donaciones puntuales representaron el 42,68 % de los ingresos; los testamentos y legados, el 23,41 %; las rentas derivadas del patrimonio, el 20,73 %; y las donaciones periódicas, el 13,18 %.

Uno de los datos más destacados de la memoria es que la Fundación pudo destinar en torno al 25 % de lo ingresado —2.615.974 euros— al Fondo endowment, un patrimonio permanente que reduce la dependencia de las donaciones puntuales anuales y mejora la sostenibilidad financiera de la institución a largo plazo.

Residencias y seminarios para estudiantes de todo el mundo

Las ayudas de la Fundación CARF se traducen en plazas de residencia y formación tanto en Roma como en Pamplona. En Roma, el Seminario Internacional Sedes Sapientiae tiene capacidad para cien seminaristas y quince formadores.

En Pamplona, los estudiantes de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra cuentan con el Seminario Internacional Bidasoa y con varias residencias —entre ellas Aralar, Echalar, El Sadar, Los Tilos, Ciudadela y Albaizar—, que ofrecen plazas para más de 150 sacerdotes y candidatos al sacerdocio llegados de todo el mundo.

Puede consultar la Memoria completa de 2025 aquí

Ahí hay una AI que dice: «¡ay!»

"Gracias, Santo Padre, por Magnifica Humanitas, por señalarnos cada "ay" de la AI. Hay que intentar que lleguen ahí donde tiene que llegar".

1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La frase con la que aprendimos las diferencias ortográficas entre las tres palabras que suenan igual, aunque tengan significados distintos es una buena síntesis del mensaje que nos ha regalado León XIV en su encíclica «Magnifica Humanitas», sobre la custodia de la vida humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial.

Como en la locución mnemotécnica que nos enseñaron de pequeños, el Papa está señalando algo importante, llamando nuestra atención ante una realidad que está ya entre nosotros, la Inteligencia Artificial. La ya famosa IA o AI por sus siglas en inglés, ha llegado para quedarse y transformar nuestras vidas marcando, no una época de cambios, sino el auténtico «cambio de época» en el que estamos inmersos como ya profetizara Francisco. 

Ahí hay una AI que está ya tomando decisiones por usted e influyendo en su forma de ser como individuo y como sociedad, por muy analógica que usted sea o por muy fuera de cobertura que viva.

Aunque la encíclica no es tecnófoba a priori y reconoce que «las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios gracias a la IA son evidentes», lo cierto es que, fiel a su misión de pastor que debe proteger de los lobos a sus ovejas, el Papa nos advierte de muchos y muy graves peligros que están ya empezando a enseñar los colmillos digitales. Cada advertencia del Santo Padre resuena como uno de esos «ayes» que lanzó Jesús contra los escribas y fariseos, que se aprovechaban de su posición de dominio religioso para someter al pueblo. Parafraseando algunos de los temas más destacados, no como condena sino como advertencia de los derroteros por los que nos llevan, podríamos decir, con León XIV:

¡Ay de los tecnócratas y oligarcas digitales, «dotados de recursos y capacidad de acción

superiores a los de muchos gobiernos», dueños «de las nuevas formas de propiedad, patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas y datos», porque, «cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos»!

¡Ay de los desarrolladores de IA que, en su carrera por ser los primeros, no saben muy bien adónde nos están llevando! Explica la encíclica que las IA «están más “cultivadas” que “construidas”, pues los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA “crece”». Por ello, llevan «un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad y es necesario «verificar que lo que se cultiva sea realmente un bien».

¡Ay de los promotores de ideologías tras la revolución digital como el transhumanismo o el posthumanismo «que sugieren que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos», porque «en semejante perspectiva, la persona termina reduciéndose a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, y no es reconocida como fin en sí misma»!

¡Ay de los gobernantes de los estados a quienes corresponde, en medio de esta crisis global causada por los dueños de la IA «garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad civil, (…) buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atrás a los más débiles», porque «cuando la política renuncia a una visión a largo plazo y se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales»!

¡Ay de los señores de la guerra, que confían a sistemas artificiales decisiones letales, porque «no existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»! Y es que «la decisión de emplear la fuerza letal no puede delegarse en procesos turbios o automatizados, sino que debe permanecer bajo un control humano efectivo, consciente y responsable».

Gracias, Santo Padre, por Magnifica Humanitas, por señalarnos cada «ay» de la AI. Hay que intentar que lleguen ahí donde tiene que llegar.

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

Evangelización

J. Ratzinger: «La locura del egoísmo humano oculta la locura del amor de Dios»

En febrero de 1967, se publicó un artículo de Joseph Ratzinger sobre "el catolicismo después del Concilio" para la revista Palabra. Publicamos el mismo con motivo del 60º aniversario de Omnes.

J. Ratzinger·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 14 minutos

“El catolicismo después del Concilio«: he ahí  un tema que, a primera vista, lleva consigo una cierta imprecisión inherente al concepto mismo de «catolicismo». En este concepto la noción teológica de la Iglesia y de su catolicidad está unida a elementos políticos y sociológicos, de tal modo que la realidad cristiana aparece en él bajo un signo muy característico de nuestra época: las palabras que terminan en «ismo» expresan la forma actual de llevar a cabo la fusión y de establecer las relaciones entre la realidad ideal y la realidad sociológica. Esta fusión se denomina hoy día comúnmente «ideología», con un sentido peyorativo la mayoría de las veces. Así, la palabra «catolicismo» significa que se entiende a la Iglesia, en cuanto forma comunitaria de la fe, como un fenómeno de ideología, fenómeno que resulta más familiar al espíritu contemporáneo. En otros términos: en la medida en que esta palabra es empleada por los católicos para designarse a sí mismos —y esto vale también para los protestantes, pues sobre este punto no existe apenas diferencia entre las confesiones— se comprende hasta qué punto, sin darse cuenta, los católicos se definen a sí mismos con categorías ideológicas del pensamiento moderno.

En este sentido se podría decir que la palabra «catolicismo» traduce, en su forma actual, la fusión entre Iglesia y sociedad y, por consiguiente, entre la Iglesia y las concepciones y las formas de vida de nuestro tiempo; lo que da continuidad, bajo otro aspecto, a la confusión con lo temporal, tal como existía en el imperio cristiano de la Edad Media y que ahora se critica con tanta frecuencia. Si partimos de este punto de vista, el problema consistirá en preguntarse de qué manera esta fusión de Iglesia y mundo, expresada en la palabra «catolicismo» aparece como realidad positiva después del Concilio, y si el Concilio la ha estudiado de un modo crítico o positivo. Esta cuestión sería importante y aleccionadora, y además correspondería a un relevante aspecto de la problemática conciliar, puesto que el Concilio se ha interesado por estos problemas en la Declaración sobre la Libertad religiosa, en la reflexión fundamental de la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual y también, aunque de modo más vacilante en principio, en el Decreto sobre los medios de comunicación social. El concepto de «catolicismo» en sentido estricto ha sido el objeto de sus preocupaciones.

Malestar en la Iglesia

La cuestión consiste en saber cuáles han sido las consecuencias del Concilio para los católicos y cuál es la situación espiritual de la Iglesia después del Concilio y como consecuencia del mismo.

Digámoslo sin rodeos: reina un cierto malestar, un sentimiento de desencanto y aun de desilusión, como ocurre con frecuencia después de los momentos de alegría y entusiasmo en que parece que el mundo ha cambiado de repente y en los que, en medio de la monotonía de todos los días, brilla por un instante la esperanza de algo nuevo y completamente distinto que va a sacarnos de las costumbres fastidiosas, para en seguida darnos cuenta, más penosamente aún, de que lo habitual es nuestro destino y de que lo cotidiano sigue siendo lo cotidiano. Durante un momento el mundo, asombrado, había prestado oído atento al Concilio, hacia el que dirigió su cordial simpatía. Pero hace tiempo que ha vuelto a sus asuntos. La Iglesia, a fin de cuentas, ha continuado siendo la Iglesia, y la fe se ha hecho más difícil, porque ha quedado más expuesta y menos protegida. El hecho es éste, sea porque en el entusiasmo de 1962 resonase una secreta aspiración —lo sobrenatural y lo eterno, tan velados, iban a poder comprenderse mejor, a estar más cerca, a estar menos ocultos tras la valla de millares de prescripciones y menos encubiertos por el peso de un pasado que gravita sobre lo que se nos presenta como revelado por Dios—, o sea porque se hayan sentido algunos confirmados en un secularismo y llevados por eso a esperar la secularización de la Iglesia.

Además, los fieles están menos unidos que antes. Para unos el Concilio ha hecho demasiado poco, se ha quedado en todo a mitad de camino, no es más que un conjunto de soluciones de compromiso llenas de precauciones, una victoria de la prudencia diplomática frente a la tempestad del Espíritu Santo que no desea síntesis complicadas, sino la simplicidad del Evangelio. Para otros, el Concilio es un escándalo, la Iglesia se ha entregado al espíritu nefasto de una época que ya no conoce las cosas de Dios porque se ha encerrado obstinadamente en las cosas de la tierra. Contemplan, con consternación, cómo vacila lo que había para ellos de más sagrado. Desorientados se desvían de una renovación en la que ven un cristianismo disminuido, una disolución donde hubiera hecho falta un acrecentamiento de la fe, la esperanza y la caridad.

¿Conversión o perversión?

Con escepticismo y aprensión comparan esta reforma —llena de concesiones y de ataques a la inmensa gravedad y al carácter absoluto del servicio a Cristo— con las renovaciones llevadas a cabo en el pasado, por ejemplo, con la que va unida al nombre de la gran Santa Teresa. Antes de su conversión vivía en un convento de vanguardia, donde desde hacía tiempo las reglas ásperas y anticuadas de la clausura se interpretaban con espíritu amplio y moderno y donde se recibían toda clase de visitas. Vivía en un convento moderno en el que el ascetismo de la vieja regla hacía tiempo que había sido reemplazado por una forma de vida «más razonable», que respondía mejor al espíritu de los hombres del comienzo de los tiempos modernos. Estaba en un claustro moderno abierto al mundo y que se esforzaba en tener contactos amistosos en todas partes. Pero un día quedó embargada interiormente por la proximidad de Cristo; el Evangelio se alzó ante su alma con toda su inexorable realidad, despojado de todas las frases que lo disfrazan; sintió que todo este modo de vida moderno era una intolerable huida ante la grandeza de la verdadera misión y de la necesaria conversión; se alzó y «se convirtió», es decir: dejó de lado el «aggiornamento» para emprender una renovación que no era concesión, sino exigencias de entrega a la desposesión escatológica por Cristo, exigencia de dejarse expropiar completamente por Jesús Crucificado y de pertenecer totalmente a todo el Cuerpo de Cristo.

Los fieles de que hablamos se preguntan : ¿no ha tomado el Concilio el camino inverso? ¿No vuelve la espalda a la conversión para ir hacia la perversión de la Iglesia? Ninguna de estas preguntas puede evitarse pura y simplemente. La gran tarea del posconcilio consistirá en tener la fuerza suficiente para afrontarlas espiritualmente y responderlas. Naturalmente, esta labor no podrá llevarse a cabo más que con la ayuda del Espíritu Santo. En este sentido, el alcance de las cuestiones planteadas por nuestro tema sobrepasa las posibles respuestas en el plano de la teoría. Ahora sólo podemos tratar con mayor atención de ciertos aspectos del malestar que hemos constatado como característica de la Iglesia después del Concilio y, al mismo tiempo, precisar las tareas que nos impone la hora presente.

La Iglesia y el mundo

Un aspecto del nuevo espíritu del Concilio ha herido las sensibilidades, hasta el punto de encender los espíritus; ha sido el intento llevado a cabo para volver a definir las relaciones de la Iglesia con el mundo y, en consecuencia, del cristiano con el mundo.

Mario von Galli presenta, en su importante obra sobre el Concilio aparecida hace poco y conocida de todos, una imagen extremadamente sugestiva que muestra la catedral de San Patricio, de Nueva York, perdida como un islote del pasado en medio de gigantescos rascacielos. Esta imagen parece el símbolo de la situación de la Iglesia en el mundo actual. En otras épocas las iglesias daban a los pueblos su fisonomía; los altos campanarios se elevaban por encima de la vida cotidiana como para indicar la eternidad. Hoy el hombre eleva monumentos a su propia grandeza: rascacielos modernos que aplastan con su altura los campanarios de las iglesias e impiden ver el cielo. O más bien ese cielo es presentado como dominio del hombre: un mundo que el hombre debe explorar y que intenta poner a su servicio. La catedral neogótica, en medio de gigantes de acero de estilo arquitectónico moderno, parece también alegar el testimonio abrumador de que el cristianismo es algo pasado que no consigue ya encontrar su expresión en el mundo actual, al que, por otra parte, no tiene ya nada que decir.

Desde antes del Concilio los movimientos de juventud habían manifestado el deseo de acabar con la imagen de un cristianismo como fuerza del pasado. Los cristianos estaban ya cansados de que, por su condición de tales, se les mirara como a gentes atrasadas y ajenos al mundo, y que éste se burlara de ellos. Y existía la decisión de vivir el cristianismo de acuerdo con este siglo y de sumergirlo en el mundo de nuestro tiempo. Quienes estaban animados de esta voluntad debían, naturalmente, sentir una impresión penosa ante las Encíclicas pontificias, que estaban redactadas siempre en el estilo de la curia, con el lenguaje de la antigüedad decadente, y con las variantes añadidas por la corte bizantina, la Edad Media o la época barroca, lo mismo que ante una liturgia y unos pontificales cuyo estilo evocaba la corte bizantina, la Edad Media o el barroco, que reflejaba un fausto desusado y aparecían como un museo viviente de la cultura y el culto a través de los tiempos, no como la expresión de un culto pensado para el hombre de hoy; y también ante una teología católica que parecía ligada a las formas de la Edad Media y que no decía nada al hombre moderno. Y así sucesivamente.

¿Quién no se habrá alegrado al ver que el Concilio se ponía de parte de los que querían despejar el horizonte, abrir las ventanas para sacudir el polvo del pasado y dejar entrar un aire fresco? Más tarde, cuando el Concilio, con la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de nuestro tiempo, se dedicó a formular una nueva actitud de los cristianos y de la Iglesia en relación con el mundo, se ha podido ver que se trataba de algo más que dar de lado a formas polvorientas; se ha visto que la cuestión estaba planteada en términos fundamentales y que se trataba de un debate más profundo que el que podría plantearse entre rubricistas y defensores de la actualidad.

Encarnación de la Iglesia

En el plano teológico se puede decir que el desarrollo ha sido hecho en dos fases que interfieren entre sí sin haber alcanzado su madurez y que, además, se presentan bajo las formas más diversas, así como bajo distintos signos, de modo que no se les puede aislar más de un modo esquemático. Podría denominarse a la primera como la fase de la encarnación. Se descubre de nuevo en la encarnación un aspecto central del cristianismo y se hace de él el punto de partida de toda la construcción teológica. El concepto de encarnación define primeramente la relación del cristiano con Dios, el sentido de su actitud hacia Dios. Dios se ha hecho carne y ello quiere decir que ha salido de sí mismo, que ha descendido y que ha entrado en la carne de este mundo. Dios no vive en el mundo de las ideas puras; no está como el mundo platónico de las ideas, separado por un abismo del mundo y de la materia, que serían solamente una sombra de la realidad; Él se ha hecho carne. Se le encuentra en la medida en que se entra en ese movimiento que consiste en descender, en volverse hacia el mundo, pues es allí donde se encuentra al Dios que se humilla y desciende.

El Dios de los cristianos, el Dios hecho Hombre, no es un Dios del otro mundo, sino precisamente un Dios de este mundo nuestro. El Reino de los cielos anunciado por Cristo es, en verdad, una acción de Dios que concierne a este mundo y no a un lugar situado más allá de él. Así la fe cristiana no tiene nada que ver con la impasibilidad de los estoicos ni con su desdén resignado hacia el mundo. El Cristo que ha llorado sobre la tumba de Lázaro, que ha conocido la angustia en el huerto de los Olivos; el Cristo que se ha indignado con los mercaderes de objetos de piedad establecidos en el patio del templo y que, en las Bodas de Caná, ha participado en la alegría de los invitados, no encuadra en el ideal estoico de la espiritualidad impasible. Él ha puesto toda la pasión del hombre verdaderamente humano al servicio de lo divino, al servicio de ese Dios celoso e irritable, pero que es siempre un Dios de amor.

Esta toma de conciencia ha conducido a un cristianismo humano, vital, abierto al mundo, en una palabra, a lo que se ha dado en denominar un cristianismo encarnado: un cristianismo que no se agota en las mortificaciones, la huida del mundo y la espera del más allá, sino que se abre con simpatía al mundo y se inserta en la vida de hoy, se alegra de todo lo que es bello, noble y grande, y descubre en ello la huella de los valores cristianos que deben encarnarse de nuevo y realizarse como una responsabilidad de nuestra época. Se ven aparecer slogans como «integrar», «bautizar»: el pensamiento moderno debe ser bautizado, como Santo Tomás bautizó a Aristóteles. Hoy se debe hacer algo parecido a lo que hizo la Edad Media utilizando cristianamente las energías del mundo de entonces.

La cruz de Cristo

Pero es en este punto sobre el que se aferra la crítica y esto nos hace pasar a la segunda fase que podríamos llamar «escatológica». Pues, entre tanto, la teología ha tomado conciencia de que la idea de encarnación no tiene en la Escritura esa posición absoluta que estaba a punto de conquistar en la espiritualidad católica. En el Nuevo Testamento la fe cristiana comienza más bien por la fe en la resurrección; la reflexión teológica viene inmediatamente solo para prolongar el significado de los acontecimientos anteriores, después reflexiona sobre la palabra del Jesús histórico (los sinópticos) y, finalmente, sobre la idea de encarnación (San Juan). Así ésta no aparece más que al término de la evolución del Nuevo Testamento como fundamento del tema central de la resurrección, que es inseparable del tema de la cruz. Contrariamente a lo que afirmaba el optimismo de la idea de encarnación, en el Nuevo Testamento el tema de la cruz tiene clara prioridad sobre el de la encarnación; aun más, en la Escritura el tema de la encarnación es ya incluso una teología de la cruz, pues la encarnación significa ya que Dios se entrega a sí mismo; es, pues, el primer paso, el paso decisivo, que conduce a la cruz.

Pero este elemento corrector que se opone así a la simpatía por el mundo tal como dimana de una pura teología de la encarnación no hubiera podido ejercer rápidamente una vasta influencia si otra nueva consideración no hubiera venido a añadírsele. Comenzaba a preguntarse poco a poco si la idea del cristianismo encarnado, es decir, de una fe y una Iglesia comprometidas en las cosas terrestres, no conduciría finalmente a una restauración de la Edad Media, en donde la imbricación del sacerdocio y del imperio representaba un grado superior de encarnación del cristianismo, pero que, precisamente a causa de esta imbricación, se nos aparece hoy como extremadamente sospechoso y criticable. Y llegamos entonces progresivamente a las nociones de «integración» y de «bautismo» del mundo; la idea del mundo «mundano» se pone de moda: la tarea de los cristianos se estimaba, no en cristianizar el mundo, sino mas bien liberarlo de su carácter «mundano», reconocer al mundo como mundo, dejarlo como tal y respetarlo.

Con esto se relaciona una nueva visión de la historia que apareció en el discurso pronunciado por el Papa Juan XXIII en la apertura del Concilio. Hasta entonces se consideraba habitualmente a la Edad Media como la época cristiana ideal en la que la Iglesia y el mundo se relacionaban de una manera perfecta, considerada como el objetivo hacia el que había que tender; por el contrario, los tiempos modernos representaban como una gran deserción comparable a la del hijo pródigo, que toma su parte de herencia y abandona la casa paterna para, en seguida (como durante la segunda guerra mundial), envidiar el alimento de los cerdos; en esta comparación aparece también la esperanza de un próximo retorno.

La autonomía del mundo

Y precisamente en este momento la tendencia moderna a la autonomía del mundo profano (que, por otra parte, tiene además sus raíces incluso en la Edad Media) fue considerada como el acabamiento de la transformación cristiana del mundo. Por eso la mirada cristiana se orientó hacia adelante en vez de perderse en la nostalgia de la Edad Media. Es quizá en Juan XXIII en quien se encuentra la crítica más acerba del romanticismo de la Edad Media, de esa tendencia a mirar hacia atrás, a temer que las cosas se degraden siempre; tendencia que no ve ni los graves peligros de la confusión de la Iglesia y del mundo, ni las nuevas posibilidades de libertad para la fe que nacen de esta nueva orientación. Todo esto conduce, en el Papa del Concilio, a una teología de la esperanza que a veces podría aparecer como un optimismo ingenuo. “…Una aurora resplandeciente se eleva sobre la Iglesia y los primeros rayos del sol naciente llenan ya nuestros corazones de dulzura», dijo en una de aquellas asombrosas formulaciones de este discurso memorable que ha marcado de una manera decisiva el espíritu del Concilio. En Juan XXIII se trataba en verdad de un optimismo que nacía de la fe, pero que era fácil de confundir con el optimismo del progreso, tan caro a nuestro tiempo. También ahora era necesaria una discusión para precisar bien las cosas.

En el Concilio, esta discusión no ha ido verdaderamente hasta el fondo de las cosas, principalmente porque las divergencias teológicas de las que aquí se trata estaban casi completamente envueltas en una oposición teológicamente superficial, pero muy eficaz en la práctica: la oposición entre la tradición de la curia y la teología moderna que ha impedido prácticamente a esta última plantear sus problemas y sus interrogantes. Aunque las formulaciones del Concilio, que aclaran verdaderamente muchos puntos y permiten caminar hacia adelante, sean prudentes, el Concilio no ha sido más que un eco muy concreto de esa oposición de los dos frentes. En el Concilio no se distinguía más que la tendencia de la curia y la tendencia progresiva, y esta oposición estaba identificada con los términos de cristianismo hostil al mundo y de cristianismo abierto al mundo (aunque en realidad la curia entiende muy bien los asuntos de este mundo y aunque su concepción política del cristianismo forme parte de los reproches que se le hacen en otros terrenos). Esta simplificación fue una de las causas principales de confusión; a menudo condujo a engañarse respecto al Concilio, pero, al mismo tiempo, señala una fructuosa misión: luchar enérgicamente por la espiritualidad cristiana en el mundo de nuestros días.

El escándalo de la cruz

No pertenece a esta exposición, que se ha propuesto tratar sobre la situación de la Iglesia después del Concilio, entrar en los problemas que se plantean a este respecto. Pero, de todas formas, podemos decir: si para la Iglesia abrirse al mundo significa desviarse de la cruz, ello la conduciría no a una renovación, sino a su fin.

Cuando la Iglesia se vuelve hacia el mundo no puede ello significar que suprime el escándalo de la cruz, sino únicamente que lo hace de nuevo accesible en toda su desnudez, separando los escándalos secundarios que se han introducido para esconderlo y con los que desgraciadamente la locura del egoísmo humano recubre la locura del amor de Dios, dando un falso escándalo que se refugia abusivamente detrás del escándalo del Maestro. En otros términos, la fe cristiana es un escándalo para el hombre de todos los tiempos: que el Dios eterno se preocupe de nosotros los hombres y nos conozca, que quien es inaccesible se haya hecho accesible en el hombre Jesús, que el que es inmortal haya sufrido en la cruz, que la resurrección y la vida eterna nos sean prometidas a nosotros mortales, creer esto es una pretensión irritante para el hombre moderno.

El escándalo de los cristianos

El Concilio no ha podido ni ha querido suprimir este escándalo cristiano. Pero, debemos añadir, este escándalo primordial, que no puede ser suprimido sin suprimir al mismo tiempo el cristianismo, ha estado en la historia recubierto con frecuencia por el escándalo secundario de los que predicaban la fe, escándalo que no es en modo alguno esencial al cristianismo, pero que se deja voluntariamente confundir con el escándalo primordial y gusta de tomar actitudes de mártir cuando en realidad no se es víctima más que de la propia estrechez y de la propia obstinación. Hay escándalo secundario, completo y culpable, cuando bajo pretexto de defender los derechos de Dios no se defiende más que una situación social determinada y las posiciones de fuerza que en ella se han alcanzado. Hay escándalo secundario, completo y culpable, cuando bajo pretexto de proteger la intangibilidad de la fe, no se defiende más que la propia nostalgia del pasado; cuando se defiende, no a la fe misma, que existía antes que ese pasado y sus formas, sino las formas que ha tomado en el pasado en una legítima preocupación de responder a las necesidades de los tiempos, formas hoy caducadas y que de ningún modo pueden pretender ser eternas.

Hay todavía otro escándalo secundario, completo y culpable, cuando, bajo pretexto de garantizar la integridad de la verdad, se da un carácter de eternidad a posiciones de escuela que se han impuesto en una época determinada, pero que desde hacía tiempo necesitaban ser revisadas y reconsideradas según las exigencias propias de lo que es original y auténtico.

Recorriendo la historia de la Iglesia se encontrarían muchos escándalos secundarios de esta clase. No todos los valientes y firmes «nom possumus» han sido un sufrimiento padecido por las fronteras inalterables de la verdad; hay muchas cosas en este terreno que no eran más que obstinación en la propia voluntad, resistencia a la llamada de ese Dios que hace caer de las manos lo que se ha cogido sin su voluntad. Pero el riesgo está en que esos escándalos secundarios se identifiquen sin cesar con el escándalo primordial e impidan llegar a él, porque las exigencias de sus mensajeros lo ocultan. 

Volvemos a decirlo: no, el Concilio no ha podido ni ha querido descartar el escándalo de la cruz; ha querido hacerlo con toda claridad más visible y accesible, tratando de separar los escándalos secundarios. Este es el verdadero sentido del «aggiornamento» del cristianismo. Sí al escándalo de Dios, sí al escándalo de un amor que va tan lejos que llega a parecer imposible. No al escándalo de los cristianos, escándalo que quiere hacerse pasar por el escándalo de Dios mismo y detrás del cual los hombres se atrincheran con su propia voluntad. Así, pues, el Concilio no ha querido una fe cristiana disminuida, sino una fe más simple en el sentido profundo del término, sin quitarle nada de su auténtica dificultad, única que puede conducir al hombre a su auténtica grandeza.

Es increíblemente sencillo, pero, al mismo tiempo, increíblemente difícil para un hombre amar verdaderamente. Puede ser extremadamente complicado resolver un problema matemático o técnico determinado, pero esto no es difícil en el sentido en que lo es el responder a la exigencia absoluta de un gran amor. Ahora bien, la fe pertenece al orden del amor. Si, a veces, a causa de todas las cosas caducas que se han añadido a la misma, ha podido parecer complicada como una impenetrable ecuación, el Concilio se ha esforzado en devolverle su verdadera simplicidad: la simplicidad de un gran amor que es a la vez lo más fácil y lo más difícil, pues lo que exige es ni más ni menos que nuestro propio ser.

El autorJ. Ratzinger

Vaticano

Óbolo de San Pedro: donaciones de 58 millones para 252 proyectos en 74 países

Las donaciones al fondo del Óbolo de San Pedro, para apoyar la misión del Papa e iniciativas caritativas en el mundo, ascendieron en 2025 a casi 58 millones de euros, cifra similar a 2024. Estados Unidos lidera los ingresos al Óbolo (26 %), y África el mayor destino financiero (39%) de los proyectos.

Francisco Otamendi·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El fondo que recoge donaciones para el Pontífice con el fin de apoyar su misión en todo el mundo y sus iniciativas de caridad ascendió el año pasado a 57,6 millones de euros, cifra muy similar a los 58 millones de 2024, según el Informe anual del Óbolo de San Pedro 2025.

Los gastos se situaron en 59,8 millones de euros, lo que supone un resultado negativo de 2,2 millones de euros, producto de los efectos de la fluctuación de los tipos de cambio, no a un desequilibrio estructural.

El informe del Óbolo 2025 incorpora junto a la firma del Papa León XIV una frase suya: “Ayudadnos también vosotros, (…) unos a otros, a tender puentes, mediante el diálogo y el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo que viva siempre en paz”.

En el fondo, como dice su web, el Óbolo de San Pedro es “un gesto de comunión, un gesto de amor y confianza hacia el Santo Padre”.

Apoyo a la misión apostólica del Papa: el 10 % del total

Con los recursos de la colecta, que tiene lugar el 29 de junio, en la fiesta de San Pedro y San Pablo, el Papa atiende a dos grandes finalidades: el sostenimiento de la misión apostólica y los proyectos de asistencia directa: 41,2 millones de euros, y 13,3 millones de euros el año pasado, respectivamente.

La aportación del Óbolo de San Pedro de 41,2 millones de euros a la misión universal del Santo Padre, dentro de un gasto total de la Santa Sede de 404,5 millones de euros, representó aproximadamente el 10 % del total. 

Origen de las donaciones

Tipo de donanteMillones de €%
Diócesis34,763,6
Donantes particulares5,410,0
Fundaciones13,023,8
Institutos religiosos1,42,6
Total54,5100

Fuente: Informe anual 2025. Óbolo de San Pedro. Santa Sede.

La mayor parte de estos ingresos se destina al apoyo de las Iglesias locales en dificultad, a la evangelización, a la difusión del mensaje del Papa y al mantenimiento de la red mundial de nunciaturas apostólicas.

Principales países donantes

PaísMillones de €%
Estados Unidos14,226,1
Italia3,15,7
Brasil2,13,9
Corea del Sur1,52,8
Alemania1,42,6
Francia1,32,4
España1,22,1
México1,01,9
Reino Unido1,01,8
Irlanda0,81,4
Otros países12,522,9
Total40,173,6

Fuente: Informe anual 2025. Óbolo de San Pedro. Santa Sede.

Estados Unidos (26,1 %), Italia y Brasil son los países que aportan la mayor parte de los recursos, seguidos de la República de Corea, Alemania, Francia y España. 

Asistencia directa a 252 proyectos 

La asistencia directa a comunidades y personas más necesitadas, con 13.3 millones de euros, se ha desarrollado en 252 proyectos en 74 países, principalmente en África y Asia. Pero también en Europa, donde se han otorgado becas en universidades pontificias a sacerdotes, seminaristas y religiosos de África, América Latina y Asia.

Durante 2025, el Fondo del Óbolo distribuyó 54,5 millones de euros, el mismo importe recibido en concepto de donaciones, puesto que de los 57,6 millones de euros recibidos, 3,1 mill. correspondieron a ingresos financieros y otros conceptos.

Tres grandes ámbitos 

Los 252 proyectos financiados en 2025 se distribuyeron entre tres grandes ámbitos de actuación:

– Expansión de la presencia evangelizadora, mediante la construcción de iglesias, conventos y centros pastorales (5,4 millones de euros; 41%).

– Proyectos sociales, orientados principalmente a la educación, la ayuda humanitaria y el desarrollo de las comunidades locales (4,6 millones; 35%). 

– Apoyo a las Iglesias locales en situación de necesidad, mediante actuaciones de asistencia y fortalecimiento institucional (3,3 millones; 24%).

África concentró el mayor volumen de financiación, seguida de Asia, Europa, América y Oceanía.

Proyectos sociales, Gaza, Haití, población ucraniana

Los proyectos sociales incluyen programas de capacitación y apoyo, así como ayuda material para las comunidades locales, ha informado la agencia vaticana. 

Por ejemplo, ayuda a Gaza, aulas para niñas Dalit en Ambikapur, India, o una escuela secundaria en Bentiu, Sudán del Sur. También están proyectos para colectivos con especiales necesidades, como una casa de huéspedes para sacerdotes en Pathein, Myanmar; renovación de la casa parroquial de la Iglesia de San Jerónimo en Gonaïves, Haití; y el Seminario Mayor de San Agustín en Kabwe, Zambia.

El 25 de junio, el Papa León XIV, a través del Dicasterio para el servicio de la Caridad, o Limosnería Apostólica, envió una primera ayuda a Venezuela  por importe de 100.000 euros, tras los contactos mantenidos con el nuncio en el país, monseñor Alberto Ortega, y el arzobispo de Caracas. Es muy probable que el Óbolo de San Pedro haya podido contribuir.

Distribución geográfica de los proyectos

ContinenteNº de proyectos%Millones de €%
África7329,05,239
Asia4116,33,022
Europa*10140,02,620
América3614,32,418
Oceanía10,40,11
Total25210013,3100

* Incluye becas de estudio en universidades pontificias y ayudas humanitarias destinadas a Ucrania. Fuente: Informe anual 2025. Óbolo de San Pedro. Santa Sede

El Informe Anual 2025 pone de manifiesto, una vez más, la estabilidad del Óbolo de San Pedro como instrumento de solidaridad de la Iglesia universal al servicio del Sucesor de Pedro.

El autorFrancisco Otamendi

Enseñanzas del Papa

Aprender a avanzar y crecer juntos

Durante su viaje a España, León XIV invitó a superar las polarizaciones mediante el diálogo y la humildad para avanzar y crecer juntos. A través de sus encuentros, defendió firmemente la dignidad humana y la protección de los más vulnerables.

Ramiro Pellitero·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

“¡Alzad la mirada!” ( Jn 4, 35). León XIV ha explicado el lema de su viaje a España desde “las grandes catedrales así como los modernísimos estadios”, en los encuentros con los jóvenes, los migrantes y los encarcelados, con todos los que han querido escucharle.

¿De qué se trataba? El Papa lo ha enseñado en estos días con gestos y palabras. Como un eco, nos ha dejado él mismo esta síntesis: “Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, ‘con los ojos de Dios’, es decir, con amor, respeto y compasión” (Audiencia general, 17-VI-2026).

A los cristianos nos ha pedido que colaboremos para construir la ciudad de Dios (su Reino, que crece escondidamente en la historia) “desde el alma de las ciudades” de los hombres. A todos, como ciudadanos, nos ha propuesto un camino seguro que es a la vez un reto: “aprender a avanzar junto a otros, a crecer juntos”.

Madrid: familia que aprende el arte de la polifonía

León XIV descubre para Europa, por su gran historia de mediación entre lenguas, religiones y saberes, de unión entre la acción histórica y la lucidez de la razón moral, la vocación de “apreciar la complejidad y estudiarla” con visión de futuro. Una tarea que comporta superar las polarizaciones mediante el discernimiento, “aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos” (Discurso de saludo a las autoridades en el Palacio Real, 6-VI-2026).

En ese marco, la aportación de España la formula con referencia a los santos que han cultivado una “mística con los ojos abiertos” a la realidad (san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila, san Ignacio de Loyola).

También hoy, afirma el Papa, la eternidad puede impregnar la vida cotidiana, uniendo tradición y progreso, búsqueda de la verdad y diálogo, santidad y compromiso social centrado en la caridad.

Chispa de humanidad nueva

Ese primer día por la noche, a los jóvenes en la plaza de Lima (cfr. Discurso en la vigilia de oración, 6-VI-2026), les pidió ser “chispa de una humanidad nueva” y cambiar la historia por el amor. Les animó a no tener miedo ante la vocación sacerdotal, a la vida religiosa, a la vocación matrimonial o a otros servicios eclesiales; a buscar siempre la verdad y rechazar otros caminos: “¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad!”.Les indicó los caminos de la oración, del acompañamiento espiritual, de la adoración eucarística y del fervor para transmitir el fuego del amor de Dios.

Les confió la misión de ser humanos, “hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables”. Y también “misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo”.

Al día siguiente, durante la Misa del Corpus Christi, en la plaza de Cibeles, explicó el significado de la procesión con la custodia: “La procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. (…) El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados.” (Homilía, 7-VI-2026).

Hilos nuevos para tejer redes nuevas

Por la tarde se encontró con el mundo de la cultura y del arte, de la economía y del deporte (cfr. Discurso en el Movistar Arena, 7-VI-2026). Apuntó la necesidad de custodiar y servir “el alma” de todo lo que la sociedad genera. Es decir, el deseo de bien de belleza y de verdad que hay en el corazón humano. Invitó entonces a “ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad”.

En el comienzo de la semana, y por primera vez en la historia de España, un Papa habló ante el Parlamento (cfr. Discurso en el Congreso de los Diputados, 7-VI-2026). En un discurso largamente aplaudido, se presentó como servidor de la persona humana y abogado de su dignidad. Aludió al legado de la Escuela de Salamanca y a Francisco de Vitoria en la fundamentación de los derechos humanos a nivel internacional. 

Confirmó que una sociedad justa se mide por su capacidad de proteger la vida en su mayor fragilidad, “desde su concepción hasta su ocaso natural”. Advirtió que la ley pierde su sentido si se convierte en mercancía o si ignora a los que no tienen fuerza para hacerse oír. Defendió a la familia y su libertad para escoger el tipo de educación de los hijos. Subrayó cómo el drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional. Ante la “profunda crisis espiritual y cultural” que atraviesa el mundo, alabó el esfuerzo por la paz. Invocó la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (que no debe ser expulsada de la vida pública), incluyendo el respeto al sigilo sacramental de la confesión.

“Que España –propuso– continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio”.

Artesanos desde el alma de las ciudades

Pasando al ámbito eclesial, el martes León XIV se encontró con los obispos (cfr. Discurso en la sede de la Conferencia Episcopal, 8-VI-2026). Les habló de escuchar, discernir y servir, con el anuncio del Evangelio y la vida sacramental, también en medio de las dificultades, pues “la noche es tiempo de salvación”. Les pidió ser constructores de unidad y cuidar especialmente la pastoral vocacional y la formación sacerdotal

Luego vino el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu, calificado por el Papa como un “golazo de la Iglesia de Madrid” (Discurso, 8-VI-2026). Allí presentó a la Iglesia como una “familia que aprende el arte de la polifonía”, donde la unidad no es uniformidad, sino una armonía que valora la diversidad de carismas y las relaciones entre “personas de carne y hueso”.

En la construcción compartida de la ciudad, lo que somos y hacemos como cristianos, debe llegar, con palabras del Papa Francisco, “allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas”, es decir, a los “núcleos más profundos del alma de las ciudades” (Evangelii gaudium 74).

En el IFEMA, antes de salir para Barcelona, alabó a los voluntarios, por representar la “levadura de la gratuidad” (Discurso8-VI-2026).

Barcelona: corazones desarmados y belleza en construcción

Ya en la ciudad condal, su mensaje se abrió, durante el rezo de la hora media en la catedral de la Santa cruz y Santa Eulalia (cfr. Homilía 8-VI-2026), con una llamada a la unidad eclesial y la fraternidad, de armonía más allá de toda polarización, buscando ser “constructores de unidad”.

Por la noche acompañó a los jóvenes en una vigilia de oración, y mantuvo con ellos un diálogo seguido de una homilía (cfr. Homilía en el estadio Lluís Companys, 9-VI-2026). En ella se guió por la imagen de Nicodemo, ”peregrino en la noche” de la condición humana y del camino de la fe. “También nosotros estamos llamados a no juzgar las ‘noches’; ni las noches de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea”. Debemos ponernos en camino, dialogar con Dios y entre nosotros, buscando la verdad que nos guía hacia la unidad, respetando la diversidad. Y así experimentaremos “una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz”.

El miércoles visitó el Papa el centro penitenciario Brians 1 (cfr. Saludo, 10-VI-2026). Allí proclamó la dignidad de todo ser humano por el mero hecho “de haber sido querido, creado y amado por Dios” (Magnifica humanitas, 52). A los internos les dijo que “el pasado no condena el futuro”, porque siempre podemos recomenzar, crecer, convertirnos, y sobre todo reconciliarnos y perdonar: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”.

Con ocasión del rezo del rosario en Montserrat, León XIV pidió “un corazón reconciliado” y desarmado también en palabras y actitudes, para que el odio dé paso a la esperanza y la paz. En la misma línea se pronunció en su encuentro, el mismo día 10, con las organizaciones diocesanas de caridad y asistencia en la iglesia de Sant Agustí.

Piedras vivas y luminosas

La etapa catalana –que recorrió, por cauces diversos, la vía de la bellezacomo cauce de evangelización– se clausuró con el broche de oro de la Misa en la Basílica de la Sagrada Familia. 

“Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin”. También en esta obra de arte que es nuestra vida, no se trata de una obra inacabada, sino un templo en construcción, lo que implica un compromiso para colaborar con la obra maestra del Espíritu Santo en el proyecto de Dios. 

Todo ello pide coherencia: “No podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”. Y es necesario pasar por la pasión del Señor, porque “la cruz es el signo luminoso de su amor”. 

Canarias: ningún ser humano es una isla

El punto culminante del viaje, por su carga profética, fue la visita a las Islas Canarias. En el encuentro con los representantes de la comunidad eclesial, les pidió ser “arquitectos sabios” en la construcción de la civilización del amor (cfr. Magnifica humanitas, 236), abrazando la cruz de Cristo y cultivando una espiritualidad eucarística. Esta tiene como manifestación eminente la solidaridad cristiana (cfr. Homilía en Las Palmas de Gran Canaria, 11-VI-2026). 

En el estadio de Gran Canaria explicó que “amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”, y que “es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana” (Homilía, 11-VI-2026). Todos somos migrantes, peregrinos que no debemos olvidar nuestras raíces (Saludo en el centro “Las Raíces”, Tenerife, 12-VI-2026). Todos, llamados a recibir y abrirse a los demás, compartir y participar (cfr. Discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna, 12-VI-2026).

En el centro de las rutas migratorias, el sucesor de Pedro fue rotundo al afirmar que “ningún ser humano es una isla” y que el secreto del corazón reside en la llamada al encuentro (cfr. Homilía en Santa Cruz de Tenerife, 12-VI-2026). Ante el drama de los cayucos, el sucesor de Pedro denunció con severidad a quienes “especulan con la desesperación” y convierten el sufrimiento ajeno en negocio, advirtiéndoles que habrán de comparecer ante la justicia. A los migrantes, les aseguró: “Tu vida no es un descarte, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas” (Discurso en La Laguna, 12-VI-2026).

Al despedirse en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, y con referencia al corazón de Cristo, que es el corazón del Evangelio, pidió abrir a todos “este mar de amor”. Repitió el lema “¡Alzad la mirada!” precisamente hacia el Crucificado, que es la fuente del perdón, de la reconciliación y de la paz.

Días después, ya de vuelta a Roma, dijo el Papa que en Canarias había encontrado “una clave de interpretación general”. Y la enuncia así: “Estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo”.

Con otras palabras: “Estamos llamados a ser testigos de Cristo compartiendo nuestra fe y nuestra cultura con los demás. Se nos invita a un diálogo entre las personas y los pueblos, en espíritu de fraternidad. Este camino no es fácil, requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es la senda que nos conduce a la civilización del amor” (Audiencia general, 17-VI-2026).

Vaticano

Alessandra Smerilli, nueva prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

Sor Alessandra Smerilli sustituirá al cardenal Michael Czerny al frente del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y se convierte en la tercera mujer en ocupar una prefectura de la Curia Romana.

Redacción Omnes·30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Papa León XIV ha nombrado a la religiosa salesiana sor Alessandra Smerilli prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Hasta ahora secretaria del organismo, asumirá el cargo el próximo 1 de septiembre de 2026, convirtiéndose en la responsable de uno de los dicasterios más relevantes de la Santa Sede.

Sustituirá así en el cargo al cardenal Michael Czerny, prefecto del dicasterio desde abril de 2022, y de forma interina desde el 1 de enero de ese mismo año.

En el mismo organismo, el cardenal Fabio Baggio, C.S., hasta ahora subsecretario, ha sido designado pro-prefecto con un encargo especial para el Centro de Alta Formación «Laudato si’», mientras que monseñor Jozef Barlaš, también subsecretario, será el nuevo secretario del dicasterio. Ambos asumirán sus funciones el 1 de septiembre.

Tercera mujer prefecta en la Curia Romana

Este es el segundo nombramiento de una mujer para un cargo de alto nivel por parte del Papa León XIV, tras el nombramiento de María Montserrat Alvarado, como Prefecta del Dicasterio para la Comunicación. Es también la tercera mujer Prefecta en la Curia, después de que el Papa Francisco nombrara a la Hermana Simona Brambilla, como Prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica desde el 6 de enero de 2025.

Otros nombramientos

Asimismo, el Pontífice nombró a monseñor Marco Mellino secretario del Dicasterio para los Textos Legislativos, cargo que desempeñará tras haber ejercido como secretario adjunto del mismo organismo.

En el Dicasterio para el Servicio de la Caridad, León XIV designó como nuevo secretario a monseñor Lucio Adrián Ruiz, quien hasta ahora ocupaba la secretaría del Dicasterio para la Comunicación. También nombró subsecretario al doctor Massimo Ralli, funcionario del mismo dicasterio. Ambos asumirán sus nuevos cargos el próximo 1 de septiembre.

Por otra parte, el Papa renovó la composición de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares del Dicasterio para la Evangelización con el nombramiento de nuevos miembros y consultores procedentes de los cinco continentes. Entre los nuevos miembros figuran los cardenales Thomas Aquino Manyo Maeda, Fridolin Ambongo Besungu, Jean-Marc Aveline y Frank Leo, además de numerosos arzobispos, obispos y responsables de instituciones misioneras de Asia, África, Europa y América. También fueron nombrados varios consultores especializados en el ámbito de la misión y la evangelización.

En el ámbito diplomático, León XIV aceptó la renuncia de monseñor Charles Daniel Balvo como nuncio apostólico en Australia, presentada al haber alcanzado el límite de edad previsto para el servicio diplomático de la Santa Sede.

Finalmente, el Santo Padre nombró a monseñor Charles Phillip Richard Moth, arzobispo metropolitano de Westminster, administrador apostólico sede plena et ad nutum Sanctae Sedis de la diócesis de Northampton, en Inglaterra.

Vaticano

El Papa León XIV aprueba el nuevo Estatuto de la Autoridad de Supervisión e Información Financiera de la Santa Sede

Mediante un quirógrafo firmado el 25 de junio, el Pontífice reforma la estructura de la ASIF para adaptarla a las normativas más recientes de la Curia romana. El documento resalta que la transparencia y la responsabilidad financiera son pilares indispensables para el servicio del bien común.

Paloma López Campos·30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El Papa León XIV ha aprobado, a través de un quirógrafo fechado el 25 de junio de 2026, el nuevo Estatuto de la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF). Esta institución, vinculada a la Santa Sede, ejerce las competencias de regulación y vigilancia en la prevención del blanqueo de capitales, la financiación del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, así como la inteligencia financiera y la supervisión prudencial de las entidades con actividad financiera.

La renovación de sus estatutos tiene como propósito fundamental armonizar el funcionamiento del organismo con las recientes reformas legislativas y de personal del Vaticano.

Adecuación a las nuevas normativas

El Santo Padre ha motivado la actualización estatutaria de la ASIF por la necesidad de ajustar sus disposiciones internas a las directrices fijadas en el nuevo Reglamento del personal de la Curia romana del 23 de noviembre de 2025. Asimismo, busca incorporar las exigencias del marco legal más reciente del Estado vaticano.

En las disposiciones del documento pontificio, se enfatiza la dimensión ética de la gestión de los recursos, subrayando que “la transparencia, la integridad y la responsabilidad en el ámbito de las actividades económicas y financieras constituyen elementos imprescindibles de la buena administración y del servicio al bien común”.

Nueva estructura organizativa

De acuerdo con las reglas establecidas en el renovado Estatuto, la ASIF pasará a estar regida por un director que será nombrado directamente por el Pontífice bajo la fórmula temporal “ad quinquennium” (por un periodo de cinco años). Para asegurar la eficacia y el correcto desempeño de sus funciones operativas, dicho director contará con un vicedirector.

A nivel técnico y operativo, la labor diaria y especializada de la institución se articulará estructuralmente en torno a tres oficinas diferenciadas:

  1. Oficina de vigilancia antiblanqueo.
  2. Oficina de información financiera.
  3. Oficina de vigilancia prudencial.

Entrada en vigor inmediata

Respecto a los plazos para su aplicación práctica, el documento establece de forma taxativa que el nuevo Estatuto de la ASIF entrará en vigor de manera oficial el mismo día en que se realice su publicación en las páginas del periódico institucional del Vaticano, “L’Osservatore Romano”.

España

Cáritas alerta: 686.000 personas pasan días enteros sin comer en España

El 57% de las personas apoyadas por Cáritas en 2025 eran personas migrantes, muchas de ellas en situación administrativa irregular.

Javier García Herrería·30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Memoria Confederal de Cáritas, presentada este martes en Madrid, retrata un año marcado por la fragmentación social derivada de dos décadas de crisis económicas, sanitarias, bélicas y políticas, que han dejado a un número creciente de personas con dificultades para cubrir sus necesidades más básicas.

El presidente de la institución, Manuel Bretón, y la secretaria general, María González Dyne, presentaron en rueda de prensa, celebrada en la sede de la entidad, los resultados del trabajo desarrollado durante 2025 por la red de las 70 Cáritas diocesanas repartidas por todo el país.

Una inversión récord

A lo largo del año pasado, Cáritas destinó 529,9 millones de euros —un 8,11% más que en el ejercicio anterior— a sus distintos recursos y proyectos, tanto dentro de España como en acciones de cooperación internacional en terceros países. Ese esfuerzo económico permitió acompañar a 2.132.112 personas: 1.098.476 en España y 1.033.636 a través de la cooperación internacional.

La alimentación, un toque de atención

El trabajo cotidiano de la organización evidencia la ruptura entre el crecimiento económico y el bienestar social, agravada por las dificultades de acceso a la vivienda y el encarecimiento del coste de la vida. Durante 2025, las más de 4.923 Cáritas parroquiales apoyaron las necesidades alimentarias de más de 615.000 personas a través del Programa de Acogida y Asistencia, una cifra que supone el 56% de todas las personas acompañadas por la red dentro de España.

Los datos reflejan la magnitud del problema: cerca de 2,8 millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria, y otras 686.000 (un 1,4%) llegan a pasar días enteros sin comer por falta de recursos.

Tanto la vivienda como la alimentación, los dos capítulos a los que las familias destinan la mayor parte de sus ingresos, son además los que están registrando el mayor incremento de precios. En el último año, comprar una vivienda se ha encarecido un 13% en España, y alquilarla, un 4%. La inflación de los alimentos básicos no da tregua a los presupuestos familiares, con subidas del 16% en las legumbres, el 15% en las hortalizas, el 14% en los huevos y el 10% en el pescado.

Más personas migrantes atendidas

El 57% de las personas apoyadas por Cáritas en 2025 eran personas migrantes, muchas de ellas en situación administrativa irregular. Las iniciativas vinculadas a la Movilidad Humana experimentaron un fuerte incremento de participantes, un 35,8% más, al pasar de las 34.767 personas atendidas en 2024 a las 47.226 en 2025.

Más allá del acompañamiento directo, la organización ha intensificado su labor de incidencia política. El trabajo en red ha contribuido a sostener la tramitación en el Congreso de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP), que ha desembocado en un Real Decreto de regularización extraordinaria de personas migrantes.

En el ámbito económico, Cáritas se ha consolidado en la última década como uno de los principales impulsores de la economía social, con modelos empresariales que combinan la rentabilidad con el cuidado del medio ambiente y el bienestar social. Entre estas iniciativas destacan Moda Re, referente en el reciclaje textil, y Maná, proyecto pionero en el reaprovechamiento alimentario.

Se dispara la atención jurídica

Otros programas que registraron un notable aumento en el número de personas atendidas fueron los de Familia, infancia y juventud (63.742 personas), Personas en situación de sin hogar (44.475) y Servicios jurídicos (28.766). De los tres, destaca especialmente el incremento de casi el 58% en la atención jurídica.

Durante 2025, Cáritas continuó acompañando a los damnificados por la DANA de octubre de 2024, que afectó a Valencia, Letur (Albacete), Mira (Cuenca), Málaga y Jerez.

Crecen un 25% los donativos particulares

El importante despliegue económico de Cáritas el año pasado fue posible gracias al respaldo de miles de socios, donantes, empresas y colaboradores privados, cuyas aportaciones superaron los 378 millones de euros, un 10% más que el año anterior. La secretaria general destacó especialmente el compromiso de los donantes y socios particulares, cuyas aportaciones crecieron más de un 25%, y agradeció su colaboración «en la tarea de construir un mundo más justo».

A esta financiación privada se suma el esfuerzo de las distintas Administraciones Públicas, que aportaron a los programas de Cáritas un total de 151,8 millones de euros. En conjunto, el balance de ingresos de la organización se compone en un 71% de origen privado y un 29% procedente de fondos públicos.

Finalmente, la Memoria recoge también el dato humano que sostiene toda esta actividad: 67.966 personas voluntarias y 6.071 trabajadores contratados conforman la base de la labor confederal de Cáritas en toda España.

Mundo

¿Los católicos de los países nórdicos pueden ser masones? La Conferencia Episcopal Nórdica responde

La Conferencia Episcopal Nórdica zanja el debate pastoral sobre la masonería tras consultas con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y establece varias directrices pastorales.

Teresa Aguado Peña·30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La Conferencia Episcopal Nórdica ha publicado una carta dirigida a los párrocos de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia en la que aclara de forma tajante que los fieles católicos no pueden pertenecer a la masonería.

La carta responde a años de debate pastoral en la región sobre si ciertas logias masónicas locales podían considerarse compatibles con la fe católica: «A la luz de las diferencias que a veces se perciben entre las distintas corrientes de la masonería, se asentó en nuestros países la opinión de que la masonería nórdica se distingue de tal modo que la pertenencia a ella podría estar permitida para los fieles católicos».

Una respuesta clara

Según los obispos, tras consultas con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, la respuesta ha sido “meridianamente clara”: no existe ninguna excepción regional ni dispensas particulares que permitan la afiliación de católicos a la masonería.

Los obispos subrayan que las normas universales de la Iglesia se aplican plenamente en los países nórdicos. Se reafirma así la vigencia de la declaración de 1983 sobre las asociaciones masónicas y una nota doctrinal más reciente de 2023, que mantiene la prohibición de afiliación.

El texto insiste en que la posición de la Iglesia no se basa en un juicio sobre las personas, sino en la consideración de que los principios de la masonería son incompatibles con la fe católica.

Lo que deben hacer los párrocos

La Conferencia Episcopal establece varias directrices pastorales:

  • Se ha de alentar a todo católico que sea al mismo tiempo masón o miembro de una logia masónica a que abandone dicha pertenencia.
  • Todo católico que sea al mismo tiempo masón o miembro de una logia masónica debe abstenerse de recibir la Sagrada Comunión y tiene prohibido recibir otros sacramentos.
  • Todo masón o miembro de una logia masónica que solicite el bautismo en la Iglesia católica, o que desee entrar en plena comunión con la Iglesia católica como cristiano válidamente bautizado, debe poner fin a dicha pertenencia antes del bautismo o de la recepción en la plena comunión.
  • Ninguna parroquia, ningún instituto de vida consagrada o sociedad de vida apostólica, ninguna organización o institución católica de nuestras iglesias locales debe celebrar acuerdos de colaboración con masones o logias masónicas ni utilizar propiedades pertenecientes a logias masónicas.

Los obispos destacan que estas medidas deben aplicarse con “prudencia pastoral y acompañamiento”, subrayando la necesidad de ayudar a los fieles implicados en estos procesos de desvinculación.

«La llamada de nuestro Señor Jesucristo, «Venid en pos de mí» (Mt 4, 19), presupone la disposición a dejar atrás otros apegos que se interponen en el camino de un discipulado incondicional. Esto ha sido siempre, y seguirá siendo siempre, un criterio de autenticidad cristiana. Ayudémonos unos a otros, con la palabra y con el ejemplo, a estar a la altura de este criterio, confiando en la gracia de Dios» concluye la carta, firmada por Erik Varden, Presidente de la Conferencia Episcopal Nórdica, y los obispos de los países anteriormente citados.

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Vaticano

León XIV escribe a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X: «Con el corazón afligido siento el deber de pediros que desistáis de vuestro propósito»

El Papa León ha dirigido una carta a la Fraternidad San Pio X tendiendo un puente al diálogo y rogando que desistan del acto cismático de esta institución.

Maria José Atienza·30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El Pontífice ha dirigido una carta a Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, en la que, «con el corazón afligido, pero aún lleno de esperanza», pide a los obispos, sacerdotes, seminaristas y fieles vinculados a esta Fraternidad, reconsiderar el «acto cismático» que esta institución haría realidad con las consagraciones episcopales sin mandato pontificio anunciadas por la Fraternidad.

El Papa destaca en esta carta, fechada en la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, que «la Iglesia reconoce el apego a la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a dicha Fraternidad».

Una valoración y aprecio que «ha motivado la actitud de atención y benevolencia que mis predecesores os han manifestado constantemente».

Un camino de diálogo y entendimiento

El Papa, quien ha destacado desde el inicio de su pontificado el valor y la importancia de la unidad de la Iglesia, teniendo en cuenta la diversidad de sus carismas, pide en esta misiva con fuerza a los integrantes de la Fraternidad una reconsideración de este «pulso» lanzado a Roma, teniendo en cuenta «el bien espiritual de los fieles, pues el acto cismático que cometeríais les privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida, de los sacramentos que aman y buscan para su santificación».

León XIV «con el corazón afligido, pero aún lleno de esperanza, siento el deber de pediros que desistáis de vuestro propósito», ha realizado este último gesto de acercamiento apenas unas horas antes de la consumación de este cisma.

El Papa ha mostrado la disposición de la Iglesia a «emprender un camino de diálogo y entendimiento que el Espíritu Santo pueda hacer posible y fecundo», con el objetivo de evitar un acto que supondría, además de la herida eclesial, un retroceso en las conversaciones y unión con Roma de esta institución.

Una historia compleja: La FSSPX y la Santa Sede

Las relaciones de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X con la Santa Sede han estado marcadas por la complejidad prácticamente desde sus inicios.

Nacida en el seno de la Iglesia católica, fundada por Marcel Lefebvre, la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (FSSPX) fue erigida canónicamente en 1970 en la diócesis de Friburgo.

Poco tiempo después, su fundador manifestaba su rechazo a puntos clave del Concilio Vaticano II, no sólo en materias de liturgia sino en otros aspectos como la concepción de la libertad religiosa y el ecumenismo o la colegialidad como forma de gobierno en la Iglesia.

En 1975, la Santa Sede retiró la aprobación de la Fraternidad (la tenía temporal, por 6 años) y ordenó a Lefebvre cerrar el seminario que tenía la Fraternidad. Lefebvre no cerró el seminario sino que incluso ordenó, sin autorización, a un grupo de sacerdotes, lo que acarreó una suspensión «a divinis» de Marcel Lefebvre.

Relación con Juan Pablo II

Bajo el pontificado de Juan Pablo II, las idas y venidas con la Fraternidad continuaron. En 1984, la congregación para el Culto Divino publica Quattuor Abhinc Annus a través de la que permitió la celebración de la misa en rito tridentino, siempre y cuando «conste sin ambigüedades que tales sacerdotes y fieles no tienen parte con los que dudan de la legitimidad y rectitud doctrinal del Misal Romano promulgado por el Romano Pontífice Pablo VI en 1970” (es decir, acepten la legitimidad de la Misa Novus Ordo) y siempre con la aprobación del Obispo diocesano.

Lefébvre criticó esta instrucción aunque, en los años sucesivos, mantuvo varias reuniones y acercamientos con la Santa Sede.

De hecho, en 1988, las conversaciones parecían haber llegado a un punto de entendimiento pero, sorpresivamente, un día antes de la firma que hubiera supuesto la vuelta de la Fraternidad a la Iglesia, su fundador se echó atrás y aumentó la tensión anunciando la ordenación episcopal, sin mandato apostólico, a cuatro de sus seguidores.

Marcel Lefebvre murió en 1991 sin manifestar su adhesión con la Santa Sede a pesar de los intentos de San Juan Pablo II.

La comisión Ecclesia Dei

Ese mismo año, 1988, la Santa Sede creó la comisión pontificia Ecclesia Dei, “con la tarea de colaborar con los obispos, con los dicasterios de la Curia Romana y con los ambientes interesados, para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por el arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica”.

A través de esta figura, diversos grupos lefebvrianos entraron en comunión con la Iglesia católica como la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, el Instituto del Buen Pastor o la Unión Sacerdotal San Juan María Vianney.

Benedicto XVI, en 2009, levantó la excomunión a estos cuatro obispos de la Fraternidad con el deseo de «consolidar las relaciones recíprocas de confianza, así como intensificar y hacer estables las relaciones de la Fraternidad San Pío X con la Sede apostólica». El Papa, que había liderado las infructuosas conversaciones con el fundador hasta 1988 animaba, con este paso a «la plena comunión de toda la Fraternidad San Pío X con la Iglesia».

En una clarificadora carta dirigida a los obispos, explicando esta decisión, Benedicto XVI recordaba además que «la excomunión afecta a las personas, no a las instituciones. Una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa». Además el Papa explicaba que hasta que «la Fraternidad no tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. 

Aunque en este tiempo se fueron dando diferentes acercamientos, la actitud negativa de la FSSPX a reconocer el Catecismo de la Iglesia Católica, el Magisterio del Concilio Vaticano II y la legitimidad de la Misa Novus Ordo han continuado a lo largo de estos años.

Estancamiento y aumento de las tensiones

Bajo en pontificado de Francisco, el Papa admitió la validez de algunos sacramentos otorgados por sacerdotes de la Fraternidad (como confesiones y bodas), por el bien del alma de los fieles. Sin embargo, no hubo ningún tipo de avance, más bien al contrario, en la aceptación del Concilio Vaticano II por parte de la FSSPX.

En 2019, la comisión Ecclesia Dei fue absorbida por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, por lo que el cardenal Víctor Manuel Fernández asumía la dirección de las conversaciones con el grupo tradicionalista.

El último desencuentro y el peligro de cisma

Los últimos años han sido especialmente turbulentos en lo que se refiere a la relación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

El 12 de febrero de 2026, tras una reunión con el Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Mons Víctor Manuel Fernández, propuso «un proceso de diálogo específicamente teológico, con una metodología bien definida, sobre temas que aún no han sido suficientemente precisados, como: la diferencia entre el acto de fe y el ‘respeto religioso de la mente y la voluntad’, o los distintos grados de adhesión que exigen los diversos textos del Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación».

El prefecto pedía, además, a la Fraternidad suspender las ordenaciones episcopales anunciadas el 2 de febrero anterior, ya que ello «implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto».

Pagliarani respondió con una negativa, alegando «que no podemos llegar a un acuerdo sobre la doctrina» y mantenía la ordenación episcopal ilícita. El Prefecto para la Doctrina de la Fe recordó, con un escueto comunicado fechado el 13 de mayo de 2026, que la consumación de esta ordenación ilícita «constituirá «un acto cismático» (Juan Pablo II, Ecclesia Dei, n. 3) y «la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y lleva consigo la excomunión»

Una situación que ha llegado hasta el día de hoy, en el que el Papa ha tendido, «in extremis» la mano para evitar una situación que supondría la ruptura de facto de la comunión eclesial.

Firmas invitadasMaría Paz Montero

La disculpa que no pide perdón

Una sociedad en la que todos están listos para sentirse ofendidos y nadie está dispuesto a reconocer culpa, pedir perdón con humildad o concederlo, acaba volviéndose irrespirable. Cada error se transforma en estigma, cada palabra desafortunada en una condena sin fecha de término.

30 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Ha pasado mucho tiempo desde que ocurrió. Años, tal vez. Las personas dañadas siguieron con sus vidas como pudieron; algunas lo lograron, otras no del todo. Y entonces, en algún momento —una entrevista, una campaña, una rehabilitación pública en proceso— el político aparece ante las cámaras con gesto compungido y voz pausada: “Si alguien se ha sentido ofendido por mis palabras o mis decisiones, le pido disculpas”. Ese condicional no es inocente. “ Si alguien se ha sentido ” : es decir, quizás nadie debería haberse sentido; quizás el problema no está en lo qu e hice sino en cómo lo recibiste. La disculpa transfiere la responsabilidad al ofendido. Tú sufriste, yo no causé el sufrimiento. Y el daño —concreto, documentado, con nombres y apellidos— queda flotando en el aire sin que nadie lo haya asumido. Eso no es pedir perdón. Ni siquiera llega al umbral de lo que el perdón requiere: reconocer que hice daño a alguien concreto, no a quien eventualmente haya sido demasiado sensible.

Disculpas huecas

La escena dice bastante sobre el clima moral en que vivimos. Nunca habíamos tenido un radar tan fino para detectar agravios, exclusiones, faltas de respeto… El lenguaje del daño está por todas partes. Sabemos identificar muy bien lo que nos hiere, y, en medio de esa sensibilidad exacerbada, se ha vuelto más difícil hablar de culpa con un mínimo de claridad, pues todo el mundo se siente herido, pero casi nadie parece dispuesto a admitir que ha herido. Todo ofende, pero casi nada se reconoce como objetivamente ofensivo. Por eso abundan tanto las disculpas huecas: no nacen de la conciencia de haber hecho mal, sino de la necesidad de apagar un incendio reputacional.

El problema es que, sin esa conciencia, tampoco hay verdadero perdón. Para que el perdón exista tiene que haber algo que perdonar. Tiene que poder decirse, sin eufemismos, que aquí hubo una injusticia, una deslealtad, una crueldad, una humillación, una mentira. El perdón no empieza rebajando la falta, sino nombrándola. Por eso irritan tanto esas fórmulas públicas hechas de condicionales y vaguedades. Piden pasar página sin haber leído la página anterior.

La soberbia del culpable

Detengámonos un momento en el otro lado de la escena, no en el ofendido sino en quien pide perdón. También ahí hay una confusión muy contemporánea. Se ha extendido la idea de que pedir disculpas equivale, de algún modo, a ce rrar el episodio. “ Ya pedí perdón, ¿qué más quieren? Ya hice mi parte; ahora te toca a ti absolverme, devolverme la tranquilidad ” . Pero reconocer de verdad el daño causado no da derecho a ser perdonado en el plazo que uno considere razonable. Si he h echo daño, puedo admitirlo y reparar en lo posible, pero no puedo administrar la reacción ajena. No puedo exigir que el otro deje de estar herido para que yo me sienta moralmente a salvo.

Algo parecido ocurre con las instituciones. También ellas pueden reconocer humildemente el daño causado; lo que no pueden hacer es convertir esa confesión in un título para exigir rehabilitación. Y si la opinión pública no restituye inmediatamente la confianza, tampoco hay derecho a presentarse como víctima. Haber pedido perdón no convierte toda crítica posterior en una injusticia. Hay una forma bastante reconocible de soberbia en el culpable que, después de reconocer su falta, empieza a lamentarse porque el daño sigue teniendo consecuencias. Le molesta que no se le crea enseguida, que la confianza tarde en recomponerse. Se presenta a sí mismo como víctima de una dureza excesiva, cuando en realidad lo que le incomoda es comprobar que una disculpa no borra automáticamente los efectos de lo que hizo. El arrepentimiento sincero tiene algo de humillante porque obliga a reconocer la propia culpa y a esperar. A aceptar que el otro quizá no pueda perdonar todavía.

El perdón cristiano: un acto de la voluntad

El cristianismo nunca ha confundido el perdón con una amnesia moral. Perdonar es negar la gravedad de lo ocurrido, renunciar a la justicia ni volver a confiar de inmediato en quien ha traicionado esa confianza. C. S. Lewis observó que todos pensamos que el perdón es una idea excelente… hasta que tenemos algo que perdonar. Es entonces cuando descubrimos que el problema no consiste en entender qué significa perdonar, sino en querer hacerlo. Lo que sí implica el perdón es la decisión concreta de negarse a vivir instalado en el rencor, alimentando el deseo de venganza.

Tendemos a pensar el perdón en clave sentimental, como si solo pudiera decir “te perdono” quien ya no siente rabia o pena. Pero el perdón cristiano se juega primero en el terreno de la voluntad. Uno puede seguir dolido y, aun así, perdonar. Puede seguir recordando con tristeza lo ocurrido y, sin embargo, renunciar a devolver mal por mal. Puede necesitar tiempo, prudencia, incluso distancia, y al mismo tiempo haber dado ya ese paso interior por el cual deja de desear el mal del otro.

San Josemaría lo formuló con su habitual falta de sentimentalismo: “Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante”. La frase vale la pena precisamente por ese “si es preciso”. No idealiza el corazón humano ni supone que el perdón brota espontáneamente en cuanto uno ha entendido la teoría. Da por supuesto que habrá veces en que habrá que arrancárselo al orgullo, a la memoria herida. Habrá que perdonar quizá antes de sentir ganas de hacerlo.

Escuela de la libertad interior

En otro punto, san Josemaría resumía la respuesta cristiana ante la ofensa en una secuencia muy sencilla: rezar, callar, comprender, disculpar. No es una receta mágica ni un consejo para almas blandas. Es una pequeña escuela de libertad interior. Rezar, porque cuando uno está herido no ve con claridad. Callar, porque las primeras respuestas suelen ser las peores. Comprender, no en el sentido de justificar el mal, sino de resistirse a la caricatura fácil del otro. Y disculpar, que no significa decir que no pasó nada, sino decidir que el mal recibido no va a gobernar mi conducta.

El perdón como gracia y don inmerecido

Aun así, el cristiano sabe que no basta con proponerse perdonar. Hay heridas que no ceden solo porque uno haya tomado una decisión razonable. Hay traiciones que parecían superadas y reaparecen años después con una fuerza intacta. En esos casos, la idea moderna de que todo se resuelve co n fuerza de voluntad empieza a hacer agua. Uno puede querer perdonar sinceramente y descubrir, con bastante vergüenza, que no puede. Entonces aparece una de las realidades más profundas del cristianismo: el perdón no es solo una tarea moral, también es una gracia que se pide. No se trata solo de un mandato, sino de un don. El Padrenuestro lo dice con una naturalidad que casi nos impide percibir lo que está diciendo: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Pedimos perdón y, al mismo tiempo, pedimos poder perdonar. Es una súplica exigente porque nos compromete; pero también es una confesión de pobreza: no siempre podemos solos. Hay veces en que lo único honesto que uno puede decir delante de Dios es: quiero perdonar, pero no me sale; dame lo que me pides. ¿Debe el cristiano perdonar? Sí; el Evangelio no deja mucho margen de duda. Pero el mandato no nace del derecho del culpable, sino de la misericordia recibida. El cristiano perdona porque sabe que él mismo vive de un perdón inmerecido. Por eso el perdón no queda a merced de los sentimientos ni depende de que algún día desaparezcan el dolor o la rabia.

La necesidad del perdón

Esto no vale solo para la vida privada. Una sociedad en la que todos están listos para sentirse ofendidos y nadie está dispuesto a reconocer culpa, pedir perdón con humildad o concederlo, acaba volviéndose irrespirable. Cada error se transforma en estigma, cada palabra desafortunada en una condena sin fecha de término. Hablamos mucho de convivencia, de respeto, de inclusión. Pero una comunidad humana no se sostiene solo con normas y protocolos. Se sostiene también sobre la capacidad de decir “he hecho mal” sin atenuantes, y la de responder “te perdono” sin trivializar el mal, pero sin quedar encadenados a él. Quizá por eso el perdón nunca puede reducirse a una fórmula correcta ni a una disculpa bien administrada. Exige verdad para llamar al mal por su nombre, y libertad para que ese mal no decida para siempre la relación con el otro.

El autorMaría Paz Montero

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Vaticano

León XIV: la presencia cristiana no es dominación sino servicio y unidad

El testimonio de san Pedro y san Pablo ha contribuido decisivamente a asegurar que la presencia cristiana en la historia no está orientada a la dominación, sino al servicio, la unidad y la reconciliación, ha manifestado el Papa León XIV en el Ángelus de esta fiesta solemne.

Redacción Omnes·29 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Una hora más tarde de la conclusión de la Santa Misa en la solemnidad de san Pedro y san Pablo, el Papa León XIV ha dirigido el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, y ha vuelto a hablar de unidad y de comunión, guiado por estos “pilares de la Iglesia”.

Esta fiesta recuerda el vínculo original que une a la Iglesia de Roma con todas las demás Iglesias del mundo en comunión de fe y caridad, ha comenzado diciendo el Santo Padre.

“Nos introduce en la misión de Pedro y Pablo, es decir, en la misión del mismo Jesús. Dios confía en nosotros, pecadores perdonados por Él, imperfectos, para que su gracia brille en nuestras vidas y se manifieste su poder que transforma el mal en bien”.

Gracias a la sangre que derramaron, el Evangelio ha echado raíces en Roma

El testimonio de estos dos apóstoles es casi un sello del Nuevo Testamento, ha subrayado en el Ángelus.

En efecto, “la sangre que derramaron en esta ciudad revela la magnitud del amor de Dios que el Señor Jesús nos ha dado. Sí, es a través de su palabra y su martirio que el Evangelio de Cristo, por así decirlo, ha echado raíces en Roma”.

También hoy, el Señor, que murió y resucitó por amor, se hace presente en sus testigos, llegando a los centros y a las periferias, a las capitales y a las regiones más remotas con las voces, los rostros y las valientes decisiones de quienes respondieron a su invitación: ¡¡Síganme!!, ha proseguido el Pontífice.

La presencia cristiana en la historia

Los patronos de la Iglesia de Roma, san Pedro y san Pablo, experimentaron “la angustia de la comunión, la conocieron, la sirvieron y la proclamaron como sacramento de la vida divina”. 

“Su testimonio ha contribuido decisivamente a asegurar que la presencia cristiana en la historia no esté orientada a la dominación, sino al servicio, la unidad y la reconciliación”.

“Evitar lo que desgasta o daña la comunión”

Al concluir, antes del rezo del Ángelus, el Santo Padre ha rogado “que el Señor nos conceda, por la intercesión de San Pedro y San Pablo, apreciar cada vez más la catolicidad de la Iglesia, reconocer su valor al servicio del encuentro fraterno entre individuos y pueblos, evitar lo que desgasta o daña la comunión, perseverar en el camino ecuménico y en un diálogo atento y franco con todos”.

Que María, Reina de los Apóstoles, proteja siempre al Pueblo de Dios, en Roma y en todo el mundo, ha pedido ante los miles de fieles y peregrinos.

Tras el rezo de la oración mariana, el Papa se ha dirigido especialmente a los romanos.

Al pueblo de Roma y a los que viven en la ciudad

En la fiesta de nuestros santos patronos, extiendo mis mejores deseos al pueblo de Roma y a todos los que viven en esta ciudad, ha dicho.

“Un pensamiento, acompañado de oración, dirijo especialmente a los enfermos, los solitarios y los encarcelados. Agradezco a los párrocos y a todos los sacerdotes, religiosas y religiosos que trabajan en Roma, porque con su presencia y servicio diario mantienen vivo su gran corazón cristiano”.

León XIV ha dado también la bienvenida “a dos cofradías: la Cofradía Española de Nuestra Señora del Carmen del Camino de Zamora y la Cofradía de los Agonizantes, de Artena”.

Finalmente, ha saludado “a las personas sin hogar que hoy se encuentran en la Plaza de San Pedro distribuyendo «L’Osservatore di strada», suplemento de “L’Osservatore Romano”. ¡Gracias y mis mejores deseos para quienes apoyan este periódico!”.

El autorRedacción Omnes

Vaticano

El Papa invita con fuerza a la unidad al imponer los palios en san Pedro y san Pablo

En la solemnidad de San Pedro y San Pablo, en la que ha impuesto el palio a 35 nuevos arzobispos, el Papa León XIV ha invitado a fijarnos en estos dos santos, “pilares de la Iglesia”, para comprender cómo podemos ser como ellos, “apóstoles y artífices de la unidad”.

Francisco Otamendi·29 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“Hoy, en una única solemnidad, conmemoramos a los santos Pedro y Pablo, patronos de la ciudad y de la diócesis de Roma: elegidos por Jesús, uno como pastor de su rebaño y el otro como apóstol de los gentiles. En ellos veneramos a dos pilares de la Iglesia”, ha comenzado diciendo el Santo Padre, en la homilía de la Misa de la fiesta de san Pedro y San Pablo.

En presencia de los cardenales que han acudido al Consistorio, y de los nuevos arzobispos, el Santo Padre se ha fijado en las llaves con las que se recoge a San Pedro, y en la palabra y la cruz, signos de san Pablo.

El símbolo de las llaves

“La fiel y paciente preocupación por la unidad queda bien expresada en el símbolo de las llaves, con el que a menudo lo identificamos (cf. Mt 16,19)”, ha dicho el Sucesor de Pedro.  

Una llave no es para derribar las puertas, sino para abrirlas y cerrarlas, buscando en su interior las manivelas adecuadas y acompañando sus movimientos, para deshacer los bloqueos, deslizar las clavijas, y que las hojas giren libremente sobre sus bisagras, uniendo los espacios y convirtiendo tantas habitaciones aisladas en una única casa acogedora, ha descrito.

“La comunión no se construye endureciéndose en las propias posiciones”

Del mismo modo, “la comunión, en la Iglesia, no se construye endureciéndose en las propias posiciones, sino buscando, en los corazones de todos, los puntos de encuentro en la Verdad, a cuya única luz todos se convierten en instrumentos de crecimiento para los demás”.

“Artífices de unidad”

«El ejemplo de Pedro es también una invitación para que cada cristiano se convierta en artífice de la unidad, poniendo a Dios en el centro de su existencia y acercándose a los hermanos, atento a sus vicisitudes y a sus necesidades», ha señalado citando al Papa Francisco, para vivir con ellos en la caridad y así “llevar a cabo el anuncio del Evangelio” (cf. 2 Tm 4,17).

“El libro y la espada, estrechamente unidos entre sí”

Esta es también la enseñanza de Pablo, el otro gran apóstol al que celebramos hoy, incansable anunciador de la Buena Nueva, ha proseguido el Pontífice.

Él también tiene sus símbolos distintivos: el libro y la espada, estrechamente unidos entre sí. El autor de la Epístola a los Hebreos, lo explica bien cuando escribe que, «la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo», capaz de penetrar «hasta el punto donde se dividen alma y espíritu» y de discernir «los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12).

Cómo podemos ser como ellos

Queridos hermanos, hoy es importante fijarnos en estos dos santos —Pedro y Pablo— para comprender cómo podemos ser, también nosotros como ellos, apóstoles y artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad, ha manifestado el Papa.

Los palios: compromiso de llevar sobre los hombros a los hermanos y hermanas

Al concluir, León XIV ha procedido al rito de la imposición de los palios a los arzobispos metropolitanos nombrados el último año, en esta ocasión 35.

El Sucesor de Pedro ha dicho que “esta banda de lana blanca adornada con cruces expresa el compromiso de todo pastor —pero también el de todo cristiano— de llevar sobre sus hombros a los hermanos y hermanas que le han sido confiados, como auténticos corderos del rebaño del Señor. 

Y de sacrificar por ellos energías, tiempo, esfuerzo e incluso la vida, para que el Evangelio llegue a todos y el mundo entero encuentre en él armonía y concordia (cf. Const. past. Gaudium et spes, 38)”.

Cita de Benedicto XVI

Roguemos a los santos Pedro y Pablo, ha concluido el Papa, “para que nos sostengan en el camino de la comunión, siguiendo las huellas del Salvador. Es el camino que Él nos ha marcado, aquello por lo que oró al Padre en la Última Cena (cf. Jn 17,21-23), la meta que nos ha enseñado a anhelar con esperanza confiada (cf. Benedicto XVI, Homilía en la Misa con imposición del palio a los nuevos metropolitanos, 29 junio 2012).

Nuevos arzobispos que han recibido el palio

Entre los nuevos arzobispos a los que el Papa ha impuesto el palio se encuentran dos cardenales polacos, Rys y Krajewski, arzobispos de Cracovia y Lódz respectivamente. 

Numerosos arzobispos brasileños, entre ellos el de Aparecida, varios estadounidenses, como el de Nueva York, Ronald Hicks, algunos europeos como los de Viena, Westminster o Praga (ninguno español esta vez), los de Piura (Perú), Bucaramanga (Colombia), o Morelia (México), y los de Calcuta y Madurai (India), o Lahore (Pakistán), entre otros.

El autorFrancisco Otamendi

Vaticano

Los cardenales cierran con el Papa el Consistorio Extraordinario

Además de avanzar en los temas propuestos para estos días, durante el Consistorio Extraordinario convocado por el Papa León XIV los cardenales han logrado conocerse entre sí, lo cual han calificado como un logro y una oportunidad para la Iglesia.

OSV / Omnes·29 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Los cardenales de todo el mundo concluyeron el 27 de junio un consistorio extraordinario de dos días de duración, afirmando que la iniciativa del Papa León XIV de convocar al Colegio Cardenalicio dos veces en seis meses ya ha logrado un claro éxito: ha ayudado a los cardenales a conocerse entre sí.

“Durante años y años, los cardenales no se conocían entre sí”, declaró el cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel (Argelia), a OSV News el 27 de junio. “Es una iniciativa muy buena del Papa y muy útil tanto para él como para la unidad de la Iglesia”.

El formato de la reunión celebrada los días 26 y 27 de junio reunió a los cardenales en mesas redondas, lo que les permitió conocer los puntos de vista de sus hermanos cardenales de todos los continentes.

“Ahora bien, aunque no pueda decir que conozco a todos los cardenales, ahora nos sonreímos, hablamos, charlamos”, dijo el cardenal Vesco. “Y esto es muy importante. Creo que es muy importante para el propio Papa”.

“Estamos empezando a conocernos. Eso es lo que él quiere. Quiere que nos conozcamos… Creo que está funcionando”, añadió el cardenal.

Buscar juntos la voluntad de Dios

En sus palabras de clausura, el Papa León afirmó que desea que los cardenales sigan reuniéndose anualmente, y añadió: “Lo importante no es aumentar el número de encuentros, sino aprender a vivir encuentros en los que, al escucharnos unos a otros, aprendamos juntos a escuchar al Señor”. Anunció que daría a conocer la fecha del próximo consistorio a lo largo de este año.

“Durante estos días, hemos buscado juntos la voluntad del Señor, convencidos de que Cristo sigue actuando en su Iglesia: es Él quien nos precede, nos reúne, nos habla a través de nuestros hermanos y hermanas, y nos guía en nuestra misión. Todo proviene de Él y todo vuelve a Él”, declaró a los cardenales el 27 de junio.

“Ver a cardenales procedentes de iglesias, culturas y contextos tan diversos escuchándose unos a otros y buscando juntos lo que mejor sirve al Evangelio ha sido para mí una fuente de consuelo y esperanza”, añadió el Papa.

El Papa León destacó los temas tratados a lo largo de los dos días —la guerra, la pobreza, los jóvenes, la familia, la sinodalidad, la doctrina social de la Iglesia y su reciente encíclica “Magnifica Humanitas”— y encomendó a los cardenales la tarea de poner en práctica las enseñanzas del sínodo.

“La sinodalidad no es una serie de reuniones, ni tampoco un método de trabajo. Es un estilo espiritual. Surge del encuentro, crece a través de la escucha y madura mediante el discernimiento. La verdadera cuestión no es cuántas conversaciones seremos capaces de organizar, sino qué calidad evangélica tendrán nuestros encuentros”, afirmó.

El regreso del consistorio extraordinario

Antes de la elección del Papa León XIV, el último consistorio extraordinario de cardenales que se celebró tuvo lugar en febrero de 2014, una década antes incluso de que el cardenal Vesco recibiera la barreta. Para él, al igual que para muchos de los cardenales nombrados por el Papa Francisco procedentes de más de 60 países diferentes, la experiencia del consistorio extraordinario con el Papa León XIV es una novedad.

San Juan Pablo II celebró seis consistorios extraordinarios durante su pontificado; el Papa Francisco celebró uno al inicio de su pontificado, y Benedicto XVI no convocó ninguno, aunque sí reunió a los cardenales para mantener debates a puerta cerrada durante varios consistorios ordinarios.

El Papa León ya ha celebrado dos —en enero y junio de este año— en las que ha combinado mesas redondas de debate, similares a las utilizadas durante el Sínodo sobre la sinodalidad, con una estructura tradicional de foro abierto, y ha dado a cada cardenal la oportunidad de hablar con él directamente.

El cardenal Vesco aprovechó esa ocasión para reflexionar sobre la reciente visita apostólica del Papa a Argelia. “Esta mañana le he dicho lo mucho que ha conmovido al pueblo musulmán”, declaró el 27 de junio. “Una mujer me contó que, cuando vio al Papa marcharse de Argelia, tuvo la sensación de que se iba un amigo”.

El cardenal Gerhard Ludwig Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaró a los periodistas a las puertas de la Sala Pablo VI el 26 de junio que los debates habían versado sobre la situación actual de la Iglesia, y añadió que “esto no concierne únicamente al Colegio Cardenalicio, sino a la misión de la Iglesia en general”.

Los cardenales debaten sobre la “guerra justa” y las crisis mundiales

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, señaló que los cardenales debatieron durante el consistorio sobre numerosas crisis en todo el mundo, y que se dedicó una sesión al capítulo de la reciente encíclica del Papa León, “Magnifica Humanitas”, dedicado a la inteligencia artificial y la guerra.

Cuando se les preguntó si los cardenales habían hablado de la guerra en Gaza, el cardenal Pizzaballa respondió a los periodistas: “Hablamos de todo”, al salir de la Sala Pablo VI durante la pausa para comer. “Pero no se trata solo de Gaza. Hay muchas crisis en todo el mundo. Hemos hablado un poco de todo”.

El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, se dirigió extensamente a los cardenales sobre el tratamiento que el Papa León da a la “guerra justa” en la encíclica. El cardenal se refirió específicamente a los conflictos en Gaza y el sur del Líbano, afirmando que la magnitud de las bajas civiles, el número desproporcionado de niños asesinados y la destrucción generalizada de viviendas equivalían a una “destrucción total”. El cardenal Fernández también criticó expresamente tanto a Rusia como a Estados Unidos por invocar justificaciones de legítima defensa para su participación en los conflictos de Oriente Medio.

“Lo que la encíclica añade ahora con respecto a las enseñanzas del Catecismo sobre la guerra justa es que no solo la aplicación, sino también el propio concepto de legítima defensa debe definirse con mayor claridad para que pueda entenderse en su sentido más estricto”, afirmó el cardenal Fernández. “Por lo tanto, el propio concepto de guerra justa debe revisarse y perfeccionarse, para evitar que los criterios clásicos de una guerra justa resulten inútiles e ineficaces en el mundo actual”.

Durante ambos días, los cardenales rezaron juntos por las víctimas de los terremotos ocurridos en Venezuela a principios de semana. El papa León comenzó su discurso de clausura expresando su solidaridad. «Aseguramos nuestras oraciones a las víctimas, a sus familias y a todos aquellos que sufren las consecuencias de esta tragedia», afirmó, y pidió que la solidaridad de la comunidad internacional con Venezuela no flaquee.

Debates del sábado sobre la sinodalidad

La sesión matutina del segundo día, presentada por el cardenal Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo, se basó en “Magnifica Humanitas” para enmarcar un debate sobre lo que él denominó “las obras de construcción de nuestro tiempo”. El cardenal Brislin explicó a los cardenales que la encíclica era un llamamiento “a redescubrir y valorar la sinodalidad como una forma específica de construir juntos como Iglesia”.

Según un resumen de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la mayoría de los grupos se centraron en “las profundas fracturas de nuestro tiempo, entre pueblos, naciones, dentro de las sociedades y en el seno de las propias familias”, y en cómo esas fracturas generan un sufrimiento especial entre los más pobres, los más débiles y los jóvenes. Los cardenales también plantearon el reto de la inteligencia artificial, advirtiendo de que refuerza la necesidad de garantizar que los seres humanos no queden reducidos a “cifras y estadísticas”.

La sesión final del consistorio, celebrada el sábado por la tarde, se centró en el proceso de implementación de tres años del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad —un proceso aprobado por el Papa Francisco apenas diez días antes de su fallecimiento en marzo y confirmado posteriormente por el Papa León—. El plan prevé evaluaciones de los avances a nivel diocesano, nacional y continental a partir de 2027, que culminarán en una asamblea en el Vaticano en octubre de ese año.

El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, inauguró la sesión definiendo la sinodalidad como “un recurso misionero”.

“Ayuda a la Iglesia a escuchar con mayor atención las preguntas de la humanidad, a reconocer los signos de los tiempos, a valorar los dones de todos y a discernir juntos los pasos que hay que dar”, afirmó el cardenal Grech. “De este modo, la fase de implementación se convierte en una nueva etapa en la acogida del Concilio Vaticano II y en la renovación misionera de la Iglesia en el marco de las realidades concretas de la vida eclesial”.

El cardenal Joseph Tobin, arzobispo de Newark, moderó la sesión final, tras la cual los cardenales pronunciaron breves intervenciones personales antes de que el Papa pronunciara su discurso de clausura.

De cara a la reunión de octubre sobre la familia

El Papa León también se refirió a una reunión prevista para octubre con los presidentes de las conferencias episcopales y los responsables de las Iglesias orientales para debatir sobre el matrimonio y la familia, y añadió que “también participarán algunas familias para compartir sus experiencias” y que espera que “todos los asistentes se preparen escuchando con atención y aportando las experiencias de las familias de sus propias Iglesias”.

“Este Consistorio ha sido un momento muy valioso, pero no debe quedarse en un hecho aislado”, afirmó el Papa León. “En toda la Iglesia, queremos fomentar espacios en los que el Pueblo de Dios pueda escucharse mutuamente, rezar, discernir y caminar juntos. Esta es la esencia misma del proceso de puesta en práctica del Sínodo”.

“Este será también el espíritu del próximo encuentro dedicado a ‘Amoris laetitia’ y de muchas otras iniciativas que el Señor nos pida emprender”, añadió.

Al término de dos días de debates, el Papa León se reunió con los cardenales para cenar juntos en la Sala Pablo VI. Los cardenales también están invitados a acompañar al Papa en la Misa del 29 de junio, con motivo de la festividad de los santos Pedro y Pablo, durante la cual los arzobispos recién nombrados —entre ellos cuatro de Estados Unidos— recibirán el palio.


Este artículo se publicó primero en inglés en OSV News. Se reproduce aquí con permiso. Puede acceder al artículo original AQUÍ.

El autorOSV / Omnes

Vaticano

Los venezolanos fallecidos, los heridos, sus familiares, en el corazón del Papa

León XIV continúa expresando su cercanía espiritual con el pueblo venezolano ante la tragedia de los terremotos. Hoy lo ha hecho en el Ángelus, en el que ha rezado por los hermanos y hermanas venezolanos, por el eterno descanso de los fallecidos, los heridos y sus familiares.

Francisco Otamendi·29 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Al día siguiente de los violentos terremotos, el Papa León XIV envió una primera ayuda humanitaria, y manifestó su cercanía a los venezolanos. Ayer pidió que “que no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esa querida nación”. Y hoy, en el Ángelus de este domingo ha vuelto a rezar y rogar oraciones por los fallecidos, heridos y sus familiares en Venezuela.

Sus palabras a los peregrinos y fieles en la Plaza de San Pedro, a los que agradeció “que hayáis venido con este calor!”, han sido los siguientes:

“Queridos hermanos y hermanas. Deseo expresar mi cercanía con las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que han provocado numerosas víctimas y heridos, además de ingentes daños materiales. 

Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los heridos y a quienes han sido golpeados por esta tragedia”.

Asimismo, expreso mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las tareas de búsqueda y asistencia”.

“Que no falte la solidaridad internacional”

“Aseguramos nuestras oraciones por las víctimas, por sus familias y por todos aquellos que sufren las consecuencias de esta tragedia”, había dicho junto a los cardenales el día anterior. “Encomendamos también al Señor a todos aquellos que participan en las labores de socorro y pedimos que no falte la solidaridad de la comunidad internacional hacia esa querida nación”.

El Pontífice se ha despedido de los fieles con un “nos vemos mañana para la solemnidad de San Pedro y San Pablo”, en la que impondrá los palios a los nuevos arzobispos.

El amor a Jesús requiere al menos tres cosas: “el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad”

En sus palabras iniciales, antes del rezo de la oración mariana del Ángelus, el Papa León ha recordado el Evangelio de hoy (Mt 10,37-42), en el que “escuchamos algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino”.

“No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él.  Y para dar fruto, el amor requiere al menos tres cosas: el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad”.

Desprendimiento. El Papa ha recordado las palabras de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (v. 37). 

En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura. 

Y ha puesto el ejemplo de la vida matrimonial: “sólo se puede vivirla plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal”.

Y también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones. Dice san Agustín: “Es cosa triste perder lo que amas; pero a veces también el agricultor pierde lo que siembra” (Sermón 330, 2)”- Sólo “perdiendo” esa semilla, arrojada en la tierra, podrá verla florecer”, ha señalado.

“El amor da fruto sólo en la entrega”

“El amor es también pérdida. Nos cuesta comprenderlo, especialmente en un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer”.

Sin embargo, el Papa ha subrayado que “el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de comodidad para compartir una situación de dificultad. Quien retiene la vida sólo para sí mismo — dice el Evangelio— en realidad la pierde (cf. v. 39), porque ésta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril”-

Por eso Jesús nos invita a abrazar la Cruz, ha dicho el Sucesor de Pedro. “Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Es “la lógica del don”.

“Un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos”

Y finalmente, la hospitalidad, ha dicho León XIV. “El amor, en efecto, se expresa en elecciones y acciones concretas, en un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed (cf. v. 42). 

“Queridos amigos, recemos a la Virgen María, que amó a su Hijo sabiendo también perderlo; que ella nos ayude a ser testigos humildes y alegres del amor de Cristo”.

Óbolo de San Pedro

La Iglesia celebra este domingo, con ocasión de la fiesta de mañana, el Óbolo de San Pedro, “un donativo que puede ser de pequeña cuantía, pero que tiene un profundo valor simbólico: expresa amor y confianza en el Santo Padre como sucesor del apóstol Pedro”, señala la agencia vaticana.

El autorFrancisco Otamendi

Evangelización

Cantar ante el Papa León XIV. La historia de los hermanos Galindo

Los hermanos Galindo conversan con Omnes sobre su actuación ante el Papa León XIV, su vocación musical, la fe y los nuevos proyectos que preparan.

Álvaro Gil Ruiz·29 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Si por algo eran conocidos los Hermanos Galindo hasta el momento, sin duda alguna, era por sus villancicos de creación propia, de un estilo inconfundible. Cantados y conocidos por muchas familias, y que, cada año, marcan el comienzo del Adviento, y adelantan la Navidad. Estos villancicos se pueden escuchar en plataformas como Youtube y en Spotify, merece la pena. 

Pero desde hace unos días, son conocidos por algo de más entidad aún, si cabe, por haber cantado ante el Papa León XIV la canción PETRUS (In Illo uno unum), en el Bernabéu, junto con Luispo e Ignacio Ozores y algunos jóvenes cantantes más. 

Álvaro y Catalina (Cati) Galindo Jiménez son los componentes de Hermanos Galindo que actuaron ante el Papa. Forman parte de una familia de nueve hermanos, que les ha configurado en gran medida como personas. Álvaro es compositor, cantante, pianista, desarrollador y productor, y un friki del Señor de los Anillos, Harry Potter, los juegos de mesa y de muchas más realidades. Cati es cantante, violinista, diseñadora y maestra, y se ha casado recientemente.

Hoy tenemos la oportunidad de que nos cuente cómo han vivido su última aventura, cuáles han sido las pasadas y cuáles las futuras.

Cati, ¿Cómo surgió la oportunidad de cantar PETRUS (In Illo uno unum) ante el Papa? ¿Por qué pensáis que habéis sido elegidos para ayudar a dar voz y música a este tema?

–Todo ha sido gracias a Luispo y Ozores, los compositores de la canción. Querían que, tal y como transmite el lema del Papa León XIV, la canción también fuese un símbolo de unidad entre grupos de música cristiana. Así nos juntamos con Hermanas Pobres, Tuyo, Hakuna, Servus Mariae y otros muchos grupos y cantantes. Y como tenemos amistad con Luispo de años atrás y quiso contar con nosotros.

Álvaro, ¿Cuál es la historia de esta canción? ¿Con qué intención la compusieron Luispo y Ozores?

–Tal y como comentan en una entrevista, hace un año, cuando el Papa Francisco estaba hospitalizado, a Ozores se le ocurrió el primer verso de la canción “Un hombre vestido de blanco, reza en la eterna ciudad”. Él comenta que fue muy bonito el hecho de que toda la Iglesia rezase por el Santo Padre. Meses más tarde terminaron la canción y creo, si no recuerdo mal, que fue grabada el mismo día en el que fue elegido León XIV.

Cati, se entiende que la experiencia que habéis vivido, no queda sólo en su culmen, actuar ante León XIV, sino en los múltiples momentos gratos y anécdotas que habéis vivido, antes y después del “momentazo”. ¿Cuáles de ellos resaltáis? ¿Habéis creado vínculos entre todos los componentes de este grupo?

–Lo cierto es que ha sido una experiencia increíble, lo hablábamos al terminar, cualquier palabra se queda corta. Ha sido una maravilla conocer a tanta gente buena en el proceso, que al final ven en la música la misma misión con la que la vemos nosotros de acercar a la gente a Dios. Por mencionar a alguno, los hermanos Catela, Ozores, Beltrán Quinto…

Además de cantar en el estadio Santiago Bernabéu también, Álvaro, habéis cantado en el coro de la Vigilia ¿cómo fue esa experiencia? ¿Qué vivencias te has llevado de esa actuación? 

–Lo que más me llamó la atención fue la implicación de la gente. Desde el primer día, todo el coro, es decir, las 150 personas, ya se sabían las diferentes voces. Esto, que parece normal, no lo es en absoluto. Ya desde el primer día se estaban puliendo cosas. Y lo que más me llevo es el haber podido cantarle al Papa, me quedo en especial con dos momentos: cuando cantamos “Tarde te amé” (en el coro había un buen número de monjas Agustinas que aportaron importantes matices a esta obra basada en un texto de San Agustín) y la canción de Tú, el único Rey. Fue muy impresionante escuchar desde el coro a los cientos de miles de personas cantar.

Pero vayamos a vuestra especialidad, los villancicos. ¿Cómo nació esta faceta? ¿Cuánto ha influido vuestra familia? ¿Qué pretendéis con esta tarea? ¿Es algo vocacional?

–Nosotros comenzamos con un canal de Youtube en el que hacíamos versiones de diversas canciones. Cuando llegó la Navidad lanzamos nuestro primer villancico y al año siguiente otro. Con la pandemia decidimos sacar un disco y crear un proyecto a cuatro años, sacar un disco por año. En total ya rondan los 50 villancicos publicados aunque también hemos hecho otro tipo de canciones por supuesto. En la familia es donde se ha forjado este grupo, cantando en familia. Hay mucha tradición de villancicos y decidimos compartir con el mundo esta pasión nuestra. Hace poco ha hablado el Papa sobre esta misión que tienen los músicos de estar al servicio de la fe, nosotros intentamos transmitir eso dentro de un ámbito familiar, y pensamos que el villancico es una herramienta muy poderosa.

Álvaro, Cati, para no quedaros encasillados en la canción navideña, habéis comenzado a diversificar en otros temas. ¿Cuáles son? ¿Qué pretendéis? ¿Cómo os va? 

–Nosotros no hacemos proyectos “para no quedar encasillados”, me explico, cada proyecto surge de una necesidad de contar. Suele ir por temporadas. Cada persona evoluciona con el paso de los años, incluso te diría que con el paso de los días. Hace relativamente poco hemos descubierto el potencial de los salmos y ya hemos publicado el primer disco de Salmos y ahora estamos trabajando en el segundo. También tenemos grabado y que en breve se publicará un disco sobre la cultura española que, a propósito del Papa, me han parecido muy ilustradoras todas las referencias del Santo Padre hacia nuestra tierra, ha tenido que venir para recordarnos quiénes somos y la responsabilidad que tenemos en la historia.

Puede parecer, a los ojos de algunos, que es un simple hobbie, bien practicado. ¿Cuánta formación, talento, creatividad y práctica hay detrás de cualquier canción?

–¿Hay quien lo piensa? Jajaj, primera noticia. Catorce años de conservatorio, profesor de conservatorio… ¿Qué hay que hacer para ser un profesional de la música? Otra cosa es que hayamos decidido poner al servicio nuestros dones. No por ello le quita profesionalidad al asunto. Detrás de cada canción hay un proceso de estudio, oración, trabajo, probar diferentes versiones, pedir opiniones… Todo para que pueda servir de la mejor forma. Para el salmo 51, por ejemplo, estuvimos prácticamente un mes para conseguir encajar el texto completo sin alterar nada del mismo.

¿Qué es para vosotros la música? ¿Qué supone para vosotros la cultura? ¿Qué otras realidades artísticas trabajáis?

–Para nosotros, la música y en especial la canción, es la forma más directa y sincera que tiene el hombre de hablar con Dios, pues es donde se juntan oración, voz y sentimiento. Además se puede cantar en grupo generando, como ha comentado el Papa recientemente, una verdad Polifónica en la armonía de la unidad. Pocas realidades artísticas tienen esa capacidad. La cultura por tanto, te amplía la capacidad de conectar con lo trascendental, con algo que es más grande que uno mismo para “alzar la mirada”. Nos gusta especialmente la pintura aunque cualquier realidad artística es atractiva.

Pensando en el futuro, ¿qué planes tenéis? ¿Qué sueños tenéis?

–Nos gustaría poder interpretar nuestro repertorio con una orquesta sinfónica y completar un disco de colaboraciones.

¿Qué supone, desde vuestra perspectiva, la visita del Santo Padre a España? 

–En mi opinión personal, creo que plantea el pontificado del Papa León XIV y creo que ha sido una gracia muy especial que el primer paso grande lo haya dado en nuestro país. Como he comentado antes, las palabras que ha dejado el Santo Padre han venido a recordarnos lo que hemos sido y lo que todavía podemos hacer. Ha venido a unir y a que olvidemos nuestras diferencias para construir un proyecto común.

Para acabar, ¿pensáis que hay un giro católico? ¿Hay un renacer de la fe? ¿Qué papel está teniendo la música? ¿Qué otros elementos están influyendo, si es real este renacer?

–No he sido nunca muy fan de las modas. Creo que efectivamente está ocurriendo un momento muy especial en el que, sobre todo los artistas y los jóvenes, podemos expresarnos y necesitamos hacerlo sin ningún tipo de tapujos. Porque buscamos respuestas a un mundo que no nos las ha dado. Cada vez más artistas están mostrando su fe abiertamente, el ejemplo más reciente es Antonio Banderas con su discurso “he recibido el hechizo de Dios”, y creo que esto es muy positivo ya que hace 20 años había un ambiente de complejos por creer en Dios. Esa superioridad intelectual con la que se veía “lo ateo” cada vez se está poniendo más en evidencia, porque no da respuestas a las verdaderas preguntas trascendentales del hombre.

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Dossier

La masonería a través de la historia

La masonería comenzó hace muchos años alcanzando más o menos influencia en las esferas de poder según la etapa histórica y el lugar.

José Carlos Martín de la Hoz·29 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Afirmaba el académico Octavio Ruiz Manjón, hablando de la persecución religiosa en España durante la Segunda República y la Guerra Civil en España, que los historiadores siempre hemos tenido un problema serio al hablar de la historia de la masonería y de su influencia real en la vida de la Iglesia y en la sociedad civil; y ese problema es, simplemente, la escasez de documentos fiables.

El origen del problema radica, como comentaba certeramente Francisco de Vitoria —cuyo V Centenario del nacimiento de la Escuela de Salamanca estamos celebrando (1526-2026)—, en la famosa Relección acerca del poder civil [y el poder eclesiástico]. Según esta, así como es muy importante y conveniente que exista una única autoridad espiritual en el mundo centrada en Roma y en el Santo Padre, es sencillamente imposible —explica Vitoria— que se alcance un poder civil, social y económico único. Esto se debe a la existencia de las pasiones humanas, especialmente el egoísmo y la soberbia; pasiones que aquejan al ser humano como persona y como “animal social por naturaleza”.

Que Dios haya querido dejar la resolución de los problemas humanos, sociales y económicos en manos de las autoridades civiles constituidas, implica constantemente la necesidad del diálogo entre las diversas naciones agrupadas actualmente en la Organización de Naciones Unidas.

Precisamente, en tiempos de la Ilustración, como no podía ser de otra manera, terminaron de cuajar planteamientos de lobbies o grupos de presión que, caracterizados por el culto a la razón y al progreso, movidos por un deseo vaporoso de fraternidad universal y de culto a un Dios lejano, —al Dios del deísmo expresado por Voltaire (1694-1778) y otros iluminados—, terminaron por crear la masonería.

Ciertamente, la concepción de que Dios fuera el “arquitecto del universo” implicaba que este habría creado el mundo y fijado sus leyes, para luego desentenderse del día a día de los hombres, al no existir una relación personal con ellos. Por lo tanto, la humanidad debía ser gobernada por los monarcas correspondientes, por la revolución, por el paraíso comunista o por todo a la vez, de acuerdo con aquello a lo que el pueblo —que detentaba el poder— decidiera entregar su obediencia para vivir en paz y libertad 

Orígenes históricos 

Es lógico que algunos hombres económicamente poderosos, con influyentes contactos sociales, decidieran constituir un grupo de poder —un lobby, como lo llamamos ahora— en la Inglaterra de 1717, y en la Francia de 1773. Este grupo nació con un trasfondo religioso deísta, pero con una verdadera preocupación espiritual y el deseo de dirigir las grandes líneas de la sociedad, la política y la fraternidad universal. No debemos olvidar que, en aquellos tiempos, gobernaban monarcas ilustrados que terminaron por volverse tan déspotas que propiciaron el ciclo revolucionario del siglo XIX. Ciertamente, la influencia de la masonería en este proceso es un factor clave a tener en cuenta.

Bajo ese altruismo se escondía también el afán de proteger sus intereses económicos y sociales en un mundo de economía globalizada, donde las rutas comerciales de Oriente y América ya habían sustituido a las pequeñas operaciones del Mediterráneo. Es decir, el mundo globalizado era un hecho, y resultaba necesario proteger los intereses de las grandes familias de una burguesía que estaba sustituyendo a la nobleza y a la monarquía para convertirse en los verdaderos dueños del mundo. 

De hecho, en la actualidad, las empresas multinacionales manejan presupuestos muy superiores a los de la mayoría de los países e influyen directamente en los gobiernos, los cuales, a su vez, subsisten gracias a los impuestos que recaudan de ellas.

Estructura organizativa

A partir de 1774, las primeras logias masónicas se fueron constituyendo y dividiendo en grandes obediencias: la inglesa, la francmasonería francesa, la escocesa, la irlandesa, la española y la americana. Como se puede observar, se cumplieron las predicciones de Francisco de Vitoria y, desde entonces, la masonería ha sufrido constantes divisiones.

Sin embargo, esto no tiene mayor importancia para la organización, pues la verdadera masonería se estructura en varios círculos concéntricos. Así lo explica José Antonio Ferrer Benimeli —catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, académico de la Real Academia de la Historia y jesuita—, cuya ingente obra sobre la masonería él mismo se encargó de resumir en un exitoso libro de bolsillo editado por Alianza Editorial, el cual sigue siendo una obra de referencia (Madrid, 2019, 392 pp.).

Respecto a estas obediencias, en las páginas de Ferrer Benimeli se pueden leer sus historias detalladas. Estas crónicas han sido redactadas gracias a los testimonios de personas que abandonaron las logias, a documentos emanados por ellos mismos debido a políticas de transparencia o a los resultados de minuciosas investigaciones. Al ser entidades intermedias, cuentan con sus propios grados, compromisos de información, disputas y dificultades internas. Por ello, siempre saldrán a la luz historias de traiciones o de apoyos económicos y políticos; la masonería intermedia no se involucra directamente, como institución, en los partidos políticos o en las estructuras eclesiásticas y sociales, sino que son sus miembros individuales quienes reciben las instrucciones “desde arriba”.

El núcleo secreto y su influencia política

Según esta estructura, la verdadera masonería está constituida por un núcleo central muy pequeño: pocas personas de gran inteligencia, sumamente ricas y poderosas. El hecho de que permanezcan en el anonimato le otorga a la organización un halo de secretismo que resulta capital para sus intereses. Ellos son quienes realmente marcan las orientaciones ante los grandes problemas mundiales en las diversas naciones.

Por ejemplo, se ha afirmado que este grupo movió dinero e influencias para apoyar a la izquierda en España con el fin de fortalecer el centro democrático que impulsaba Manuel Azaña; sin embargo, la situación se les fue de las manos y desembocó en la guerra civil española. Debido a esto, el general Franco los persiguió, acusándolos de deformar la política liberal. Como es lógico, sobre este núcleo duro no existen documentos oficiales, nombres propios ni delaciones.

La dimensión espiritual y filosófica

Existe, por supuesto, una vertiente de religiosidad muy importante en el núcleo duro de la masonería. Incluso se ha llegado a asegurar que para acceder a este nivel es necesario realizar públicamente un pacto con el demonio, aunque esto es algo imposible de averiguar. Lo que sí resulta evidente es que, tanto en gran parte de ese núcleo cerrado como en muchas de sus sociedades intermedias y obediencias, sigue latiendo un profundo deseo de espiritualidad.

De hecho, son ellos quienes actualmente deciden la orientación espiritual que debe tomar la sociedad, impulsando la publicación de determinados textos. De ahí la enorme importancia que en estos círculos se atribuye a filósofos como Baruch Spinoza, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, o a corrientes como la “Nueva Era”, entre otros pensadores que llenan los anaqueles de las librerías más importantes del mundo. Esta estrategia es comprensible, ya que estas corrientes ahondan en la búsqueda de una religión que satisfaga la necesidad espiritual inherente al corazón humano y que, a su vez, pueda impulsar la fraternidad universal.

Para comprender este enfoque, conviene recordar que el concepto masónico de religión procede originalmente de Cicerón, para quien la palabra vendría de “relegere” (es decir, una “relectura” del mundo y de su organización a partir de la existencia de un Dios deísta). Esta visión se opone al concepto cristiano de religión descrito admirablemente por Lactancio en los primeros siglos del cristianismo; conmovido por el ejemplo de los mártires, Lactancio argumentaba que religión proviene de “religare”, es decir, del acto de “atarse” a Dios, uniendo y entrelazándose a los seres humanos con la divinidad.

La reacción de la Iglesia católica

Por esta razón, siempre ha existido una profunda desazón en el grupo íntimo de la masonería ante las constantes condenas que los Papas han lanzado contra ellos y sus organizaciones intermedias a lo largo de la historia.

Deuda pública y Doctrina Social de la Iglesia

La deuda pública española por trabajador asciende a 78.000 €, por lo que quizá la Iglesia también debería recordar al Estado que es irresponsable gastar mucho más de lo que se tiene.

28 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Imagina que tienes 20 años. El Estado te da 400 euros en un bono cultural. Puedes gastártelos en conciertos, libros, videojuegos. Una alegría, sin duda. Pero nadie te dice —nadie te dice nunca— que en ese mismo momento estás incrementando una deuda que ya es de 78.000 euros. No personal. Pública. Tuya, en tanto que ciudadano que tendrá que pagarla, o verá cómo se la traspasan a sus hijos.

El analista de datos y economista José Gefaell lo lleva tiempo repitiendo con datos del Banco de España: desde 2007, mínimo histórico de la serie con 18.567 euros por ocupado, la deuda pública por persona empleada en España no ha hecho más que crecer. En el primer trimestre de 2026 ha alcanzado los 78.051 euros por ocupado: un incremento del 320 % en apenas 19 años. 

La Doctrina Social de la Iglesia

La Iglesia católica en España —a través de Cáritas, de los obispos y decenas de organizaciones— realiza una labor social extraordinaria. Alimenta a cientos de miles de personas, acompaña a familias en exclusión y denuncia con valentía que los índices de pobreza siguen empeorando. Eso es indudable y merece reconocimiento.

Pero la Doctrina Social de la Iglesia no se limita a exigir más limosna institucional. El principio de subsidiariedad, la centralidad del trabajo, la dignidad de la persona como ser libre y responsable: todo eso apunta a algo más que pedir al Estado más recursos. Apunta a atacar las causas de la pobreza, no solo sus efectos. Y si nos quedamos solo en los efectos —dando pescado en lugar de enseñar a pescar—, corremos el riesgo de perpetuar el pauperismo que decimos combatir.

¿Qué ocurre cuando el Estado gasta más de lo que ingresa, año tras año, para financiar servicios que luego no puede sostener? Que las generaciones que vienen detrás pagan la factura. Y cuando la fiesta se acaba, las reformas son dolorosas y recaen, siempre, en todos, afectando todavía más a los más vulnerables.

Lo que cada presidente dejó en la cuenta

El gráfico de Gefaell muestra con claridad lo que los Presupuestos Generales nunca explicaron en voz alta. Un repaso por presidentes muestra que José María Aznar dejó la deuda pública por persona ocupada en los 22.000 €; posteriormente, José Luis Rodríguez Zapatero terminó su mandato elevándola hasta los 44.000 €; bajo la gestión de Mariano Rajoy, el indicador continuó subiendo hasta situarse cerca de los 65.000 €; y, finalmente, con Pedro Sánchez, se sitúa actualmente en 78.000 €.

Los datos son muy reales: no se calcula la deuda sobre el PIB, sino que se divide la deuda pública total por el número de trabajadores ocupados a final de cada año. La deuda pública por trabajador sigue creciendo, a pesar del fuerte crecimiento del número de trabajadores.

¿Qué hubiera pasado si, al aprobar cada presupuesto, el presidente del Gobierno hubiera dicho en voz alta lo que estaba haciendo? «Señoras y señores diputados: vamos a subir las pensiones este año. Es una medida justa. Pero tendrá un coste de 800 euros por ciudadano, que cargaremos sobre la deuda pública». «Vamos a ampliar la cobertura del desempleo. Magnífico. Pero costará 1.200 euros por habitante que añadiremos a la deuda de sus hijos».

¿Hubiera sido igual de aplaudido? ¿Hubieran votado igual los ciudadanos? Las pensiones llevan años subiendo por encima del IPC y por encima de los sueldos del sector privado. Los funcionarios han sufrido menos congelaciones salariales que los trabajadores de empresa. Todo eso tiene un coste. Y ese coste, casi siempre, se ha cargado en la tarjeta de crédito intergeneracional.

Lo que hereda un chaval de 25 años

Hagamos los números. España tiene una deuda pública de aproximadamente 1,72 billones de euros y unos 49,5 millones de habitantes. La deuda per cápita ronda hoy los 34.700 euros por persona. Pero si miramos solo a los ocupados —quienes en última instancia sostienen el sistema y generan los ingresos para pagarla —, estamos en 78.000 euros por trabajador.

Un trabajador de 65 años, a dos años de jubilarse, asumiría unos 6.000 € de esos 78.000 € de media por trabajador, pero un joven de 25 años que se incorpora ahora al mercado laboral tiene por delante 40 años de vida activa y le tocará pagar unos 150.000 €. ¿De verdad los jóvenes aplaudirían el bono cultural si supieran la que se les viene encima? 

Alemania, con uno de los sistemas públicos más robustos de Europa, ya considera insostenible su modelo de pensiones: absorbe más del 40 % del presupuesto federal, arrastra déficit creciente y prevé un aumento del 35 % en el número de jubilados en los próximos años. Como ha explicado Juan Ramón Rallo, ante semejante panorama un grupo de expertos creado por los políticos del parlamento alemán acaba de proponer vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida, revalorizar las pensiones por debajo de los salarios y aumentar las cotizaciones. En resumen: trabajar más años para cobrar menos y pagar más. Eso es lo que espera a quien no reforma a tiempo.

El elefante en la habitación de la justicia social

Se habla mucho de justicia social intergeneracional, pero la verdadera justicia social intergeneracional implicaría decirle a un joven de hoy con qué deuda nace, cuánto le va a costar el sistema que disfrutan sus abuelos, y si ese sistema es sostenible sin reformas estructurales.

Podría objetarse —con razón— que la economía no es tan simple. Que nadie sabe si España descubrirá yacimientos de gas, si surgirán veinte empresas del tamaño de Inditex o si la IA trabajará para nosotros y hará falta trabajar. Todo eso es posible. Pero gobernar sobre esperanzas sin gestionar los riesgos presentes no es política económica: es una ruleta rusa financiada con deuda pública.

Lo que Cáritas podría subrayar más en su discurso

La Iglesia y Cáritas tienen razón cuando piden más recursos para los más vulnerables. Pero su propia doctrina les obliga a ir más lejos. No basta con pedir al Estado que gaste más, especialmente cuando ese gasto se financia con deuda que pagará la siguiente generación. 

La auténtica Doctrina Social de la Iglesia pide también que los ciudadanos asuman responsabilidad: emprendimiento, trabajo duro, cultura del esfuerzo y espíritu de servicio a la comunidad. Es verdad que los políticos deberían ser responsables y exigir esto mismo a los ciudadanos, pero si no lo hacen, la Iglesia no debería tener miedo a decir la verdad.

Una sociedad que solo espera del Estado —y un Estado que toma medidas sin decir el precio real que cuestan— no genera ciudadanos libres y responsables. Genera dependientes. Y los dependientes, como enseña la historia, son los más expuestos cuando la fiesta se acaba y llegan las reformas de urgencia. No hay más que ver cómo están muchos países de hispanoamérica gobernados por líderes progresistas preocupados por los más necesitados. 

La solidaridad real no se financia solo con deuda. Se construye con generaciones capaces de sostenerse a sí mismas, de crear riqueza, de innovar, de contribuir antes de recibir. Eso también es Doctrina Social de la Iglesia. Y eso también habría que decirlo en voz alta.

El ejemplo de León XIV

En su reciente viaje a Canarias, el Papa recordó algunas verdades incómodas tanto a los migrantes como a los trabajadores y voluntarios de la Iglesia que los atienden. A los primeros, el Pontífice les recordó su deber de integración: “Hermanos migrantes, les corresponde abrirse a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres”.

Por otro lado, a los agentes de pastoral les instó en varias ocasiones a no olvidar la evangelización en su labor de acogida, señalando que transmitir la fe forma parte de la verdadera caridad y constituye el mayor bien que se les puede ofrecer.

Este recordatorio pone de manifiesto la necesidad de que las entidades eclesiales y el episcopado den un paso al frente con mayor audacia y valentía profética. Más allá de la encomiable labor asistencial de emergencia, la Iglesia está llamada a proclamar sin complejos la riqueza de su Doctrina Social, iluminando las causas estructurales de la vulnerabilidad. 

Una caridad plena no solo acoge en la urgencia, sino que promueve con valentía soluciones a largo plazo que devuelvan la dignidad e independencia a las personas, evitando caer en un asistencialismo crónico y ayudándolas a ser verdaderos protagonistas de su propio desarrollo e integración. 

El autorJavier García Herrería

Redactor de Omnes. Anteriormente ha sido colaborador en diversos medios y profesor de Filosofía de Bachillerato durante 18 años.

Mundo

El estilo comunicativo de León XIV: comunión, presencia y escucha

El estilo de comunicación del Papa León XIV se centra en "descubrir a Dios en nosotros mismos y en los demás", lo que refleja el profundo carisma agustiniano del Papa, según diversos expertos en comunicación católica.

OSV / Omnes·28 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

– Gina Christian, Atlantic City, NJ (OSV News)

Hace unos días tuvo lugar una mesa redonda sobre el tema “Comunicando la visión del Papa León XIV: verdad, tecnología y evangelización»”, como parte de la Conferencia de Medios Católicos de 2026, celebrada del 16 al 19 de junio en Atlantic City, Nueva Jersey (Estados Unidos).

La conferencia del 18 de junio estuvo organizada por la Asociación de Medios Católicos, con sede en Chicago, que fomenta el desarrollo y la creación de redes entre los profesionales de los medios católicos en toda Norteamérica y también en el extranjero.

Entre los panelistas se encontraban Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano hasta el mes de noviembre; Carol Glatz, redactora jefe del Catholic News Service en Roma; y el padre agustino Arthur Purcaro, vicepresidente adjunto de misión y ministerio en la Universidad de Villanova y amigo desde hace años del Papa.

La moderadora del debate fue Kerry Weber, editora ejecutiva de America Media y presidenta de la Asociación Católica de Medios de Comunicación.

Compartir y recibir

Glatz afirmó que, para el Papa León XIV, “la comunicación se trata de comunión, de un ‘estar con’”, que es “una necesidad ontológica para una comprensión más completa de la verdad”.

Esa verdad no es accesible «sin los demás», sino que requiere “un diálogo conjunto”, añadió.

Desde la perspectiva del Papa León, dijo Glatz, “También se trata de qué estamos creando. ¿En quién nos estamos convirtiendo con nuestro discurso, con nuestras herramientas? ¿En quién estamos ayudando a otros a convertirse con lo que compartimos y lo que recibimos?.

Recuerdos del joven Prevost cuando comía con su madre y sus hermanos

El padre Purcaro contó que el Papa Leo -antes Robert Prevost- le había compartido recuerdos de cuando estaba sentado a la mesa con sus dos hermanos, mientras su madre le advertía: “Si quieren comer, tienen que llevarse bien”.

Tras señalar que “hay muy poco de León XIV que no cite a San Agustín”, el padre Purcaro afirmó que el santo patrón de su Orden se esforzó por “construir comunidad”.

Describió la visión del Papa sobre la comunicación, basada en el sentido de «conversación y en la importancia de buscar juntos» para comprender la verdad.

Construir una comunidad es “una prueba, un proceso”, así como “una película en movimiento”, dijo el padre Purcaro.

“Es una búsqueda conjunta de la verdad, alrededor de la mesa familiar”, dijo.

El Papa León XIV habla durante un encuentro con organizaciones que trabajan con migrantes en el puerto de Arguineguín, durante su visita a la isla de Gran Canaria, España, el 11 de junio de 2026, en su viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio. (Foto OSV News/Borja Suárez, Reuters).

“La comunión está en nuestro ADN”

Weber reafirmó esa imagen, diciendo que «la unidad conduce al sustento”.

El padre Purcaro agregó que esa perspectiva es “difícil de comprender para nosotros en nuestra cultura tan polarizada”.

Pero “la comunión está en nuestro ADN”, recalcó.

El Papa León XIV considera que la comunicación es un medio para “descubrir a Dios en nosotros mismos y en los demás”, afirmó.

Ruffini recalcó que “lo que vemos en el Papa León y en cómo se comunica con el mundo es algo que proviene del alma interior de lo que era antes de ser Papa… algo espiritual, algo verdadero”.

“No está actuando”, afirmó Ruffini. 

También señaló que, mientras muchos en la sociedad, incluidos los líderes, optan por “enmascararse” por miedo a la hora de comunicarse, el papa León “no se está comunicando a sí mismo, sino algo trascendente”, es decir, a Jesús.

“Podemos aprender de ello”, afirmó Ruffini.

El papa León XIV dirige el rezo del Ángelus desde una ventana del Palacio Apostólico en el Vaticano, el 3 de mayo de 2026. (Foto de OSV News/Mario Tomassetti, Vatican Media/Distribución vía Reuters).

Comunicación libre y auténtica

Kerry Weber describió el estilo comunicativo del Papa como “muy libre y auténtico”·.

Tras afirmar que conocía a Bob (el Papa León) desde hacía más de 40 años, el padre Purcaro explicó que la presencia serena y centrada del Papa León, así como su costumbre de escuchar atentamente a los demás, se forjaron durante su ministerio agustiniano por todo el mundo, especialmente en Perú.

El padre Purcaro afirmó que esos años de “construir comunidad” y disfrutar del “privilegio de poder ayudar a la gente a reconocer lo que es bueno” se produjo al coincidir en numerosos desafíos.

El conflicto con Sendero Luminoso

Entre ellos se encontraba el conflicto de Perú entre 1980 y 1992 con el grupo guerrillero maoísta Sendero Luminoso, que dejó unos 70.000 muertos. Los agustinos “se negaron a abandonar” a quienes servían en Perú, afirmó el padre Purcaro, quien, al igual que el futuro Papa, pasó varios años en misión en Sudamérica.

‘Este es el momento adecuado para el Papa León’

Ruffini, que será sucedido en noviembre por Montse Alvarado, presidenta y directora de operaciones de EWTN News, también destacó la preocupación del Papa León por el bien común, que se ha visto amenazado en un mundo cada vez más fragmentado.

El papa León, quien “aprendió y continúa viviendo como agustino”, ahora “comparte como Papa” la comprensión de que “todo es un don, dado para todos” y destinado a ser compartido, dijo el Padre Purcaro.

Sus compañeros panelistas estuvieron de acuerdo.

“Este es el momento adecuado para el Papa León”, dijo Ruffini.

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Gina Christian es reportera multimedia de OSV News. Síguela en X @GinaJesseReina.

Esta información se ha publicado originariamente en inglés, y pueden consultarla aquí

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El autorOSV / Omnes

«Magnifica humanitas», un elogio de la vulnerabilidad

Todo lo que representa un “límite” —enfermedad, ancianidad, vulnerabilidad— puede ser visto como un espacio para que el ser humano crezca.

27 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Al referirse a ciertas interpretaciones del transhumanismo y del posthumanismo, que postulan la superación de los límites de nuestra condición mediante la tecnología, la carta encíclica del actual Romano Pontífice afirma que nos encontramos con ideologías utópicas (o incluso, distópicas), marcadas por la exaltación del fuerte, con una peligrosa deriva eugenésica, contraria a la dignidad de la persona.

«Una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una “salvación” puramente técnica» (MH, 117).

La doctrina católica enseña que las limitaciones son propias de nuestra creaturalidad, a las que se añade la herida del pecado original por apartarnos del plan originario de Dios, y los pecados personales que se acumulan después en estructuras sociales perversas. Por tanto, siempre habrá sufrimientos de uno u otro tipo que, por su puesto, debemos combatir con inteligencia y esfuerzo concertado, pero que no somos capaces de superar por completo.

En la lógica de la historia de la salvación el Señor nos invita a vivir esos aspectos negativos como desafíos y llamadas a reconocer nuestra contingencia con humildad y realismo: así podremos aprender de nuestros errores y faltas, para superar la autosuficiencia vana y dañina, y crecer en comprensión, bondad y sabiduría.

«Todo lo que representa un “límite” —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través el límite. Una visión de la realidad a la luz de la fe ayuda a reconocer lo que llamamos “contingencia” de las cosas de este mundo. Si por un lado es necesario tratar de eliminar el sufrimiento que marca la vida humana, por el otro, es sabio reconocer nuestra finitud constitutiva» (MH, 118).

Las equivocaciones y las injusticias -que con frecuencia desgarran dolorosamente la existencia humana- son, en el fondo, una apelación a acercarnos con solidaridad y misericordia al que padece, para aliviar su carga en la medida de nuestras capacidades; asimismo, las penalidades de la vida contienen una invitación a confesar la soberanía del Señor y a confiar en su amor providente, que supera con frecuencia nuestra corta comprensión. 

«Es precisamente en nuestro ser limitados donde encuentran lugar la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoración a Dios» (MH, 119).

El sueño prometeico de eliminar en esta vida temporal toda forma de dolor, aun a costa de descartar a los débiles y de convertir al ser humano en máquina impersonal programada, ha de ceder el puesto al coraje de aprovechar nuestras imperfecciones y deficiencias para hacernos más humanos, precisamente mediante el amor al prójimo y la fe en el Dios bueno, que torna las aparentes derrotas en frutos de vida, pues el que confía y ama siempre gana.

«La finitud, cuando se acoge en la verdad, no empobrece al ser humano, sino que lo abre al reconocimiento del rostro de Dios y del otro. Por lo demás, precisamente porque experimenta el límite —la vulnerabilidad, el dolor, el fracaso— puede reconocer la dignidad propia y ajena como inviolable. Y en la misma experiencia del límite, sigue siendo capaz de intuir una fraternidad más grande que él mismo y de reconocer la injusticia como escándalo» (MH, 122).

En definitiva, el Santo Padre nos anima a descubrir en los retos de nuestra naturaleza falible y pobre la oportunidad de entender mejor la verdad y amar más el bien de las personas, para desplegar el potencial oculto en la paradójica condición humana:

«La humanidad —magnífica y herida— no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos y abrir posibilidades nuevas, siempre que no reniegue de aquello que la hace ser ella misma, es decir, la capacidad de relación y de amor» (MH, 126).

Vaticano

El Papa con ganadores del Pulitzer: escribir es “un acto de humanidad”

Escritores ganadores del Premio Pulitzer, un Premio Nobel, novelistas y autores de varios países se han reunido en el Vaticano con León XIV. Escribir es “un acto de humanidad”, dijo el Papa, que instó a leer libros como antídoto ante la “cerrazón mental” y protección ante el fundamentalismo y “atajos ideológicos”.

OSV / Omnes·27 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

– Courtney Mares, Ciudad del Vaticano, OSV News 

“Escribir, como saben, es un acto de verdad, de revelación, pues revela quiénes somos, en qué creemos y qué esperamos, el mundo al que aspiramos y el futuro con el que soñamos”, ha dicho el Papa León XIV a escritores que han obtenido el Premio Pulitzer, novelistas y autores de diversos países, en una audiencia celebrada el 24 de junio en el Vaticano.

En su discurso, el Santo Padre añadió que “en esta búsqueda de la verdad, percibimos que la verdad es sutil, y se nos revela en nuestro diálogo interior con Dios y en nuestro diálogo abierto y respetuoso con nuestros semejantes”.

Entre los asistentes se encontraban el premio Nobel Jon Fosse, católico converso y uno de los escritores noruegos más galardonados, junto con las ganadoras del premio Pulitzer Elizabeth Strout y Marilynne Robinson. Jonathan Safran Foer, autor de “Everything Is Illuminated”, y el autor irlandés Colum McCann, quien escribió “Let the Great World Spin”, ganador del Premio Nacional del Libro de Estados Unidos de Ficción, también estuvieron entre quienes se reunieron con el Papa.

León XIV: Cuando profundizamos en nuestra humanidad, no estamos lejos de Dios

En sus palabras a los autores, el Papa León citó la observación de C.S. Lewis de que leer un texto literario nos sitúa en la posición de “ver a través de los ojos de los demás”, ampliando las perspectivas y desarrollando la empatía.

“Cuando profundizamos en lo más íntimo de nuestra humanidad, no estamos lejos de Dios; porque allí, en medio de historias muy humanas, Dios se revela”, dijo el Papa .

Strout, cuya novela ‘Olive Kitteridge’ ganó el Premio Pulitzer de Ficción en 2009, describió el encuentro con el Papa como “absolutamente encantador”.

Dijo sentirse profundamente identificada con la descripción que hizo el Papa León XIV de la escritura como “un acto de humanidad”, calificándola de “absolutamente cierta”.

“Solo a través de la escritura podemos meternos en la mente de otra persona”, declaró Strout a OSV News. “Ésa es la única manera de saber lo que se siente al ser otra persona. Y así, podemos sentirnos mucho menos solos”.

Strout, sobre la IA: es esencial que la palabra escrita provenga de una mente humana

Sobre la cuestión de la inteligencia artificial y el futuro de la palabra escrita, Strout subrayó: «Creo que es esencial que la palabra escrita provenga de una mente humana, porque entonces también puede tener un alma humana».

Lila Azam Zanganeh, escritora nacida en París de origen iraní y embajadora mundial de ‘Bibliotecas sin Fronteras’, describió al Papa León como “una persona llena de gracia y belleza” que hacía que cada escritor sintiera su presencia “de una forma profunda y significativa”.

“Es un oyente increíble”, dijo.

Zanganeh añadió que le impresionó especialmente el énfasis que el Papa León XIV puso en el vínculo entre la escritura y la revelación.

“Las palabras crean realidad”, dijo. “Las palabras conectan con el espíritu y, a su manera, mueven mundos”.

“Las parábolas, los cuentos, las fábulas siempre nos dicen quiénes somos y de qué estamos hechos”, añadió.

Crear espacios de libertad

El encuentro se celebró para conmemorar el centenario de la editorial moderna de la Santa Sede, Libreria Editrice Vaticana, establecida en 1926 como entidad independiente de la Imprenta Vaticana, fundada por el Papa Sixto V en 1587.

El Papa León XIV exhortó a los escritores a “crear espacios de libertad y autenticidad dentro de los cuales la gracia divina pueda hacer resonar la promesa de consuelo y paz”.

“Necesitamos vuestra imaginación, vuestra creatividad narrativa y vuestro pensamiento vivaz”, dijo el Papa .

Argumentos del Papa al defender los libros impresos 

La audiencia con los autores no fue la primera vez que el Papa León XIV se pronunció en defensa de la palabra escrita e impresa. Unas semanas antes de publicar “Magnifica Humanitas”, el Papa instó a leer libros como “un antídoto contra la cerrazón mental”.

“Cuando sostenemos un libro en nuestras manos, idealmente nos encontramos con su autor. Pero al mismo tiempo, nos encontramos con quienes lo han leído antes que nosotros, o quienes lo están leyendo ahora o lo leerán”, dijo el Papa León.

“En la era digital, la materialidad del libro nos recuerda la importancia del pensamiento, la reflexión y el estudio”, añadió el Papa . “La lectura nutre la mente; ayuda a cultivar un sentido crítico consciente y bien formado, protegiéndonos del fundamentalismo y de los atajos ideológicos”.

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Courtney Mares es editora del Vaticano para OSV News. Síguela en X @catholicourtney.

Esta información se ha publicado originariamente en OSV en inglés, y pueden consultarla aquí.
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El autorOSV / Omnes

Evangelización

¿Por qué el amor duele?

El amor duele porque el pecado original rompió la relación con Dios, transformando la entrega mutua en desconfianza y deseo de poseer al otro. Sin embargo, el dolor no es propio del amor, sino de vivirlo al margen de su fuente divina; al sanar el corazón en Dios, el amor recupera su diseño original de don y descanso.

Hugo Elvira·27 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En el artículo anterior vimos algo profundamente bello: el hombre y la mujer no están llamados a competir, sino a encontrarse. La diferencia no es una guerra, sino una posibilidad de comunión fruto de la vivencia de la complementariedad. Pero las preguntas continúan: Si estamos hechos para amar, ¿por qué el amor duele?

Hoy es muy común escuchar cómo, una experiencia que parecía amor, al final, solo deja vacío o, cómo, después de una mirada que no fue del todo limpia, aparece algo difícil de describir: culpabilidad. Incomodidad. Vergüenza. Como si algo dentro dijera: “Esto es bueno, pero no es lo que debería ser”.

Una herida en el origen

El Génesis no esquiva esta experiencia. La explica. Nos lleva al momento en que todo se quiebra: el pecado original. Porque todo pecado rompe una relación. Y aquí se rompe la más importante: la relación con Dios. 

El problema comienza cuando aparece una voz distinta: la serpiente introduce una sospecha en el corazón del hombre: “No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal” (Gn 3, 4-5). Ahí está la tentación. No es solo desobedecer una norma. Es empezar a mirar a Dios con desconfianza. Entonces, sucede algo decisivo: el hombre deja de ver todo como venido de Dios y quiere apropiarse. Ya no quiere vivir como criatura.Quiere “ser como Dios”.

En ese gesto que parece pequeño ocurre una ruptura profunda. El hombre se separa de la fuente que sostenía su vida. Porque la relación con Dios era lo que mantenía unificado todo su ser. Al romperse esa relación, el hombre queda, por así decir, solo ante el peso de su propia vida. Eso se ve en el relato: “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí” (Gn 3, 10)

El mismo Dios que antes era presencia amorosa, ahora es percibido como amenaza. Cambia todo. Porque si ya no se confía en Dios todo comienza a volverse inseguro. Ya no confiamos plenamente ni en nosotros mismos, porque ya no sabemos bien quienes somos. Y tampoco confiamos del todo en el otro, porque el miedo entra a formar parte de las relaciones.

El nacimiento de la vergüenza

Es ahí donde aparece la vergüenza. “Se les abrieron los ojos… y se dieron cuenta de que estaban desnudos” (Gn 3, 7). El cuerpo no cambió. Cambió la forma de mirar. Antes, la desnudez era garantía de la mutua mirada limpia. Como explicaba san Juan Pablo II, el hombre y la mujer vivían una desnudez originaria: el cuerpo revelaba a la persona como un don para el otro en el amor. Pero al romperse la relación con Dios, esa mirada se pierde. 

Ahora, el otro ya no es percibido solo como alguien a quien amar, sino también como alguien ante quien protegerse. Por eso aparece la necesidad de cubrirse. En este sentido, la vergüenza no es el problema. Es una señal. Nos recuerda que la persona vale más que un objeto. Pero también revela la herida: queremos amar, pero la ruptura nos lleva a querer poseer. Queremos entregarnos, pero tenemos miedo.

Cuando el amor hiere…, ¿qué está pasando?

Entonces volvemos a la pregunta inicial. ¿Duele el amor? La realidad es que no. El amor, en sí mismo, siempre es bueno.

Lo que hiere es intentar vivirlo al margen de Dios. Como se dijo anteriormente, el pecado original no fue solo desobedecer una norma. Fue desconectar el amor de su fuente.

Vivir bien el amor implica reconocer que éste tiene un diseño. No lo inventamos: lo recibimos. Y cuando se vive sin esa referencia, incluso con buena intención, el corazón se desorienta.

Cuando Dios entra en el amor

Pero aquí aparece la esperanza. El corazón humano está herido, pero no está condenado. Cuando dejamos que Dios entre en nuestra vida, algo comienza a cambiar. Y aquí una verdad muy reveladora: es el Espíritu Santo quien une de verdad a las personas. Es Él quien hace posible que el amor no sea solo emoción, sino vínculo. Por eso la tradición lo llama vinculum caritatis: el vínculo de amor. Cuando dos personas se aman según el designio de Dios, cuando buscan el bien del otro, Dios mismo entra en esa relación y la sostiene.

Entonces el amor deja de sostenerse solo en las propias fuerzas, en esas emociones cambiantes y comienza a apoyarse en Alguien más grande. En esa roca firme que el corazón humano busca -muchas veces sin saberlo- para que sus amores no se derrumben.

Reaprender a amar

La vergüenza no es el final. Es el comienzo. Porque justo ahí -donde aparece la herida- comienza la historia de la redención.

Cristo no viene a eliminar el cuerpo que ahora ve mal. Viene a sanar el corazón. Como enseñaba san Juan Pablo II, se trata de una verdadera redención del corazón, de transformarlo. 

Pero para ello, es importante que todo esto nos lleve a razonamientos concretos. Si estás en un noviazgo: ¿Has hablado con Dios de esa relación? ¿La forma en que viven el amor le permite a Dios habitar ahí? ¿Se ayudan a amar mejor? Y en la amistad ocurre algo parecido: ¿tus amistades te acercan más a Dios y tú a ellas? ¿Te ayudan a crecer? Todo esto nos ayudará a que Dios habite en nuestros amores. 

Considerar estas verdades nos ayudará también a ver en la experiencia de la vergüenza, no solo un recordatorio de que algo se rompió. Sino también que algo sigue siendo valioso. Que el amor verdadero sigue siendo posible. Como enseñaba san Juan Pablo II: el amor auténtico nunca consiste en usar al otro, sino en entregarse a él.

Por tanto, el amor verdadero no nace de la desconfianza ni del miedo. Nace -insiste Juan Pablo II- del don. Y cuando Dios puede habitar una relación, el amor deja poco a poco de convertirse en carga, en dolor… y comienza a parecerse a aquello para lo que fue creado: un lugar donde el corazón humano puede descansar, ser feliz.

Vaticano

León XIV inaugura el Consistorio Extraordinario con una llamada a la sinodalidad, la paz y la misión

León XIV ha recibido a los cardenales de todo el mundo en el Vaticano, donde celebrarán un Consistorio Extraordinario los días 26 y 27 de junio.

Paloma López Campos·26 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Con motivo de la apertura del Consistorio Extraordinario, que se celebra los días 26 y 27 de junio, el Papa León XIV ha presidido los encuentros de trabajo y una celebración eucarística junto al Colegio Cardenalicio.

A través de su discurso inicial y la homilía, el Pontífice ha instado a los cardenales de todo el mundo a consolidar una Iglesia sinodal, afrontar los conflictos internacionales desde la justicia y fortalecer el anuncio del Evangelio.

Discernimiento eclesial

En su saludo de bienvenida, el Santo Padre ha agradecido la presencia de los purpurados y reiterado el deseo que expresó en el Consistorio del pasado enero de «trabajar juntos en el servicio de la Iglesia» a través de «una conversación que me ayude en el servicio de la misión de toda la Iglesia».

León XIV ha subrayado que la comunión no es un resultado definitivo, sino una «conversión diaria» que se construye «más que con palabras y documentos, mediante gestos y actitudes concretas que deben manifestarse en nuestro día a día, también en el ámbito laboral».

Asimismo, recordó que los pastores no son «custodios de intereses particulares», sino «discípulos y testigos del Reino de Dios, llamados a ser en Cristo levadura de fraternidad universal».

Sesiones temáticas

Para orientar las jornadas de trabajo, el Papa ha propuesto cuatro sesiones temáticas interconectadas:

  • Contemplación del mundo actual: una invitación a detenerse ante la realidad con ojos de fe. Recordando su homilía en la Plaza de Cibeles de Madrid el pasado 7 de junio, recordó que «Jesús camina por las calles, cruza las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana, como el Dios cercano que camina con su pueblo, como el Señor de la historia».
  • Cultura de la potencia y civilización del amor: un espacio de discernimiento sobre las realidades marcadas por la guerra, la violencia y la polarización. Para ello, el Pontífice ha propuesto como clave de lectura su Encíclica “Magnifica humanitas”, manifestando su interés en escuchar cómo estas páginas son encarnadas en las diferentes iglesias locales.
  • Construcción del bien común: sesión dedicada a profundizar en el aporte de la Iglesia frente a las tentaciones de fragmentación. Apoyándose en el numeral 86 de la mencionada Encíclica, el Santo Padre ha remarcado la importancia de un estilo sinodal con «transparencia, evaluación y corresponsabilidad» en la toma de decisiones.
  • Aplicación del Sínodo: un bloque para coordinar las reflexiones previas. El Papa ha precisado que «la sinodalidad no es ante todo un conjunto de procedimientos», sino «una actitud, una apertura, una disponibilidad para comprender». Además, ha desmentido que esta vía signifique una disminución de la autoridad, aclarando que ayuda a comprenderla como un servicio para «custodiar la comunión, favorecer la participación de todos y orientar el camino común».

Finalmente, León XIV ha solicitado a los cardenales su apoyo «fuerte, explícito y público», demandando de ellos «libertad», «franqueza» y «lealtad», dado que «un consejo sincero es siempre un acto de comunión».

Ha motivado además a los presentes a trabajar con convicción en los grupos establecidos, reconociendo que, aunque no es la forma habitual de un consistorio, es parte del aprendizaje común de la sinodalidad.

La vid verdadera

En la celebración eucarística realizada en torno a la tumba de san Pedro, acercándose  la Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Papa ha articulado su homilía en torno a la figura evangélica de la vid verdadera. A partir de las Sagradas Escrituras, el Pontífice ha ofrecido tres indicaciones fundamentales para guiar las deliberaciones del Colegio Cardenalicio:

  • La verdadera libertad: León XIV ha explicado que la relación con Jesucristo libera del pecado y del miedo, impulsando a los obispos como sucesores de los apóstoles. Ha destacado que «la Iglesia viva es la Iglesia que cree» por el don del Espíritu Santo, y ha exhortado a dar testimonio de esta fe con entusiasmo en todas las naciones.
  • La clave de la paz: frente a las graves heridas que provocan las tensiones internacionales y los conflictos, el Santo Padre ha condenado el uso de la fuerza: «la guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios», señalando que la inteligencia y la voluntad deben prevalecer por encima de las armas hipertecnológicas. Ha definido la paz como un deber de justicia emanado de una única familia humana.
  • La verdad de siempre en la actualidad: el Papa ha indicado que los rápidos cambios culturales exigen expresar «las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad», citando la exhortación “Evangelii gaudium” de Francisco. En esta línea, ha detallado que tanto la sinodalidad como la colegialidad son expresiones de la fraternidad cristiana.

El Pontífice ha concluido su intervención reiterando que la ayuda solicitada a los cardenales nace de una actitud de servicio y petición, encomendando las jornadas a la intercesión de san Pedro y san Pablo.

España

España es el segundo país del mundo que más aporta a las misiones

La OMP ha presentado su Memoria de Actividades 2025 con el testimonio del misionero comboniano Alejandro Canales, que lleva 48 años en el Chad.

Inmaculada Sancho·26 de junio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Pocas jornadas después de que León XIV recibiese en Roma a todos los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias reunidos en Asamblea General, José María Calderón, director nacional de OMP en España, ha presentado la Memoria de Actividades 2025 con un dato para subrayar: España es el segundo país del mundo en aportaciones a la institución, solo por detrás de Estados Unidos. OMP trabaja en cuatro líneas: sensibilización, formación, acompañamiento a los misioneros y colaboración económica, y tiene registrados cerca de 9.800 misioneros españoles, de los cuales 5.335 están en activo.

Uno de ellos es el padre Alejandro Canales, misionero comboniano que lleva 48 años en el Chad: “Donde vean necesidad, allí estaré”, fue su lema al iniciar su trabajo misionero. Llegó al país africano en 1978, con 30 años, y encontró una situación de inseguridad, una Iglesia incipiente y comunidades diminutas. Lo primero fue formar catequistas: “No puede haber comunidad cristiana sin alguien que la sostenga”. Con el tiempo llegó el florecimiento: las cuatro diócesis que existían entonces son hoy ocho, con 150 seminaristas mayores y un clero local cada vez más consolidado.

Solo en la última Pascua, la diócesis en la que trabaja Canales ha bautizado a 3.500 adultos y jóvenes. Hacen falta vocaciones sacerdotales que acompañen a quienes se bautizan, y un catecumenado serio —de cuatro años— que los prepare. “El anuncio del Evangelio transforma socialmente”, ha afirmado.

La presentación ha tenido lugar además en un año de efeméride: en 1926, el Papa Pío XI instituyó el Domingo Mundial de las Misiones. El acrónimo “Domund” lo acuñó el primer director nacional de OMP en España, el sacerdote vitoriano Ángel Sagarminaga, cuyo centenario también se celebra este año. 

Aparte de otros datos estadísticos, en materia de formación, Calderón ha destacado la celebración de la 78 Semana de Misionología en Burgos y un curso de misionología por Zoom que ha reunido a 140 alumnos de todo el mundo, entre ellos una religiosa española en Papúa Nueva Guinea que se levantaba a las tres de la madrugada para asistir a las clases.

El autorInmaculada Sancho