Evangelización

Manu, el joven que preguntó al Papa: «Dios me pone siempre en el escalón más alto»

Un mes después de la visita del Papa a España, hablamos con Manu, un joven que tuvo la oportunidad de hacer una pregunta al Papa, siendo la voz de todos los jóvenes españoles. Nos cuenta su testimonio y cómo esta experiencia le sigue ayudando en su camino de fe.

Teresa Aguado Peña·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“Hoy en día hay muchos jóvenes con sed de Dios, otros a los que les gustaría creer, y otros que no quieren hablar de Dios, pero muchas veces no sabemos cómo ayudarles. ¿Cómo podemos nosotros, que también estamos buscando, acompañarlos en su proceso de descubrimiento de la belleza de la fe?”. Esta fue la pregunta que le hizo Manu, un joven de 25 años, al Papa en la vigilia de jóvenes el pasado 6 de junio.

El Papa le respondió alto y claro: “¡No estamos solos!”. León XIV recordó esa noche a Manu y a todos los jóvenes, que tenemos a Dios y una gran comunidad a nuestro lado. Además señaló que es con nuestra experiencia y testimonio como debemos enseñar la belleza de la fe a los que no conocen al Señor.

Más allá de teorías o moralismos, el Papa insistió a los jóvenes en la fuerza del testimonio. A Manu se le quedaron grabadas sus palabras, y en una entrevista con Omnes nos cuenta precisamente su experiencia.

Jóvenes inquietos

Manu pudo ver con sus propios ojos y dar fe de ese “no estamos solos” del Papa. Cuenta que le llamó la atención, como a muchos otros, las 600.000 personas que en la vigilia se arrodillaban y guardaban silencio ante el “único rey”.

Y es que en la vigilia se puso de manifiesto que los jóvenes se movilizan en busca de respuestas: «veo muchísimas inquietudes, tanto entre jóvenes católicos como entre quienes no creen. Todos nos preguntamos por nuestro futuro, por nuestra vocación, por el sentido de la vida. Y precisamente por eso mucha gente acaba acercándose a la Iglesia.»

Para él, el cristianismo ofrece una respuesta distinta a la lógica dominante: «vivimos en una sociedad donde parece que todo gira alrededor del trabajo o del éxito. La Iglesia te recuerda que tu vocación es mucho más profunda. En mi caso, por ejemplo, mi vocación no es mi profesión, sino formar una familia. El trabajo es un medio, no el fin.»

¿Cómo explicar las «renuncias» de ser cristiano?

Durante la conversación surge una cuestión frecuente: cómo explicar a quienes están alejados de la fe aspectos como la castidad o las exigencias del Evangelio.

Su respuesta sorprende por su sencillez. «Muchas veces intentamos convencer desde la razón. Explicamos por qué hacemos ciertos sacrificios y la gente incluso entiende nuestra lógica, pero no la compra».

Pero para Manu, debe ser al revés: «primero hay que experimentar el amor de Dios. Solo después todo lo demás cobra sentido. Si empiezas por las normas, parece que el cristianismo son solo prohibiciones. Pero cuando uno descubre el amor de Dios, esas mismas cosas dejan de vivirse como sacrificios y pasan a ser una consecuencia natural».

Poder preguntar al Papa

Manu cuenta cómo la experiencia de estar delante del Papa significó para él un claro signo del amor de Dios: «cuando me dijeron que iba a hacer la pregunta estaba pasando un momento bastante malo. Tenía la autoestima muy baja y pensaba que no merecía estar allí».

«Para mí fue una representación de que, aunque yo me pueda tirar por los suelos porque soy un pecador y considero que hago las cosas muy mal, el Señor me enseña lo mucho que me quiere. Aunque yo crea que estoy en mi peor momento, Él me pone siempre en el escalón más alto porque me sueña así.

Con eso me quedo: intentar verme a mí mismo con los ojos de Dios y mirar también a los demás de esa manera, tanto a los amigos como a quienes nos cuesta querer, porque si Él nos pone siempre arriba incluso en nuestro peor momento, nosotros también deberíamos intentar poner a los demás en ese mismo lugar».

Una sencilla conversión

Aunque siempre ha sido católico, Manu reconoce que durante muchos años su fe fue simplemente heredada: «siempre fui a misa porque mis padres me educaron así, pero realmente no conocía personalmente a Dios».

Su manera de vivir la fe cambió cuando comenzó a implicarse en su parroquia (Nuestra Señora del Buen Suceso) en 2022: «no fue una conversión espectacular, pero sí una maduración muy profunda. Dejé de vivir la fe por rutina para descubrir que Dios quería formar parte de mi vida».

Desde entonces coordina grupos de jóvenes, participa en la formación diocesana y el próximo curso comenzará también a impartir catequesis.

El impulso de la vigilia permanece

Semanas después de la visita papal, reconoce que el entusiasmo inicial no ha desaparecido: «es un momento al que vuelvo constantemente. Cuando siento que puedo venirme abajo, recuerdo la vigilia, recuerdo todo lo vivido y recupero fuerzas».

También espera que haya sembrado preguntas en quienes contemplaron desde fuera la multitud de jóvenes reunidos alrededor del Papa: «creo que mucha gente se preguntará qué mueve a tantos jóvenes. Qué hace que cientos de miles de personas quieran estar allí, viviendo todo con tanta alegría, tanto silencio y tanta paz. Ojalá esa pregunta sea un comienzo».

Porque, como aprendió durante aquellos días, la evangelización no comienza con grandes discursos, sino con el testimonio de una vida transformada por el amor de Dios.

Cultura

«Sueños de trenes». La búsqueda de sentido

La periodista y filósofa Rocío Montuenga ha seleccionado esta película como una de las más importantes del pasado año. Es una película maravillosa, lenta, preciosista, que invita a pensar sobre el sentido de la vida y en especial del sufrimiento.

Rocío Montuenga / Jaime Nubiola·13 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Aunque había sido nominada para cuatro óscars, la aclamada película Sueños de trenes de Netflix no logró ninguna estatuilla en la gala del pasado 15 de marzo. Sin embargo, he pedido a la profesora Rocío Montuenga que nos compartiera su reflexión sobre este magnífico filme. He aquí lo que escribe:

“Durante mis años universitarios, en las clases de Filosofía del Lenguaje, de Jaime Nubiola, aprendí una intuición que el tiempo no ha dejado de confirmar: existen realidades que exceden lo comprobable. Si tuviéramos que dividir el mundo entre aquello que puede verificarse y aquello que escapa a la experiencia sensible, en un lado quedarían la ciencia, lo tangible y todo cuanto puede ser explicado; en el otro, el universo de lo inefable. Ese ámbito del que, como escribió Ludwig Wittgenstein en su Tratado lógico-filosófico, ‘de lo que no se puede hablar, es mejor callar’.

Y, sin embargo, es precisamente allí donde habitan algunas de las preguntas más decisivas de la existencia. El amor, el sufrimiento, la belleza, Dios, la esperanza o el sentido de la vida difícilmente pueden reducirse a fórmulas o verificaciones empíricas. Son realidades que nos sobrepasan y, precisamente por ello, nos constituyen.

Cuestiones como ‘¿qué sentido tiene mi vida?’, ‘¿existe un propósito capaz de dar unidad a mis decisiones, mis pérdidas y mis anhelos?’ o ‘¿para qué estoy aquí?’ afloran inevitablemente. Más pronto o más tarde, el ser humano se enfrenta a ellas, no porque espere respuestas definitivas, sino porque vivir implica aprender a convivir con el misterio.

La fragilidad de la vida

Esas cuestiones laten silenciosamente en el protagonista de Sueños de trenes (Train Dreams, 2025), un hombre cuya existencia parece atravesada por la pérdida y por la búsqueda de una cohesión que otorgue unidad a su historia. 

La película, dirigida por Clint Bentley y basada en la novela de Denis Johnson, se mueve entre el western y el drama rural, con el tempo pausado del slow cinema. Más que un relato de género, es una meditación sobre el misterio del sinsentido y la incesante —y radicalmente humana— búsqueda de sentido.

Desde sus primeros compases, Sueños de trenes sitúa al espectador junto a la voz en off de un narrador que acompaña la historia de Robert Grainier, un trabajador del Oeste americano que, a comienzos del siglo XX, participa en la construcción del ferrocarril. Huérfano desde niño, aprende demasiado pronto que la existencia puede quebrarse sin aviso.

En el ferrocarril, la injusta muerte de un compañero inmigrante —explotado y despreciado por no pertenecer al mundo de los hombres blancos americanos— deja en él una huella silenciosa difícil de borrar. 

El dolor se instala entonces como interrogante, incluso en forma de sueños recurrentes en los que le asalta la presencia de su amigo. Desde entonces, Robert parece convivir con una pregunta persistente: por qué la vida hiere de maneras tan difíciles de comprender.

Sin embargo, el filme muestra también que el sentido vital rara vez aparece como una idea abstracta o como algo que organice linealmente la biografía; más bien irrumpe encarnado en personas concretas, en miradas y en gestos. En el caso de Robert, ese primer anclaje llega a través de Gladys, cuya compañía le devuelve una forma de reconciliación con la vida. 

El amor, la posibilidad de un hogar y la llegada de su hija introducen una inesperada experiencia de plenitud en medio de una existencia áspera. La felicidad no se encuentra tanto en el dónde, el cuándo o el cómo como en el con quién. 

Sentido y pérdida

Aquí resulta inevitable pensar en la exploración central de Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido. Frankl sostiene que el ser humano encuentra significado de tres maneras: mediante una obra o tarea, a través del amor y la belleza —el ‘don recibido’— y, finalmente, en el sufrimiento asumido. 

La trayectoria de Robert parece recorrer, casi sin saberlo, esos tres caminos: el trabajo en la construcción del ferrocarril y como talador de árboles, el amor de Gladys y de su hija, y más adelante la experiencia devastadora de la pérdida. Allí donde parece abrirse un abismo de sinsentido, el argumento sugiere, con una delicadeza que recuerda al cine de Terrence Malick, que incluso el dolor puede transformarse lentamente en un lugar sagrado con significado.

Para narrar ese tránsito de un corazón quebrado —marcado por el duelo, la fragilidad y la fugacidad de la vida— Bentley recurre a la naturaleza como espejo y continuidad. La vida de Robert se entrelaza con imágenes de madera, hachas, troncos que caen y bosques abiertos por la intervención humana. Pero también con ríos que fluyen, pájaros que sobrevuelan el paisaje, flores que brotan en la intemperie, hogueras nocturnas y atardeceres que tiñen de calma las montañas de la América profunda. 

La naturaleza no es aquí un simple decorado, sino una presencia viva que sugiere transformación, ciclo y permanencia en lo cambiante.

El llanto de Robert Grainier ante el vacío de sus pérdidas no lo encierra en sí mismo, sino que lo abre, paradójicamente, a una comprensión más honda de la vida en su incertidumbre. Incluso en medio del sufrimiento, su existencia no se reduce a lo perdido, sino que permanece atravesada por aquello que ha recibido y por aquello que ha podido entregar: su trabajo, su presencia, su amistad, su amor silencioso y su capacidad de sostener la vida de otros en gestos discretos.

Aprender a recibir

Quizá ahí se insinúe una intuición decisiva: que no todo sentido se construye, sino que también se acoge. La vida no se agota en lo que hacemos o conseguimos, sino también en lo que recibimos y en cómo lo recibimos. Y en esa acogida —de lo luminoso y de lo herido— se abre una forma más honda de sentido.

En esta línea, muchas veces el ser humano no encuentra su sentido porque lo reduce a lo que hace, lo que tiene o lo que produce. Sin embargo, la existencia parece desbordar esos límites: no se explica solo desde la acción, sino también desde la recepción.

Los árboles que aparecen en Sueños de trenes funcionan aquí como una metáfora especialmente elocuente. El tronco talado y el tronco erguido conviven en el mismo paisaje, recordando que la vida integra simultáneamente lo que nace, lo que cae y lo que permanece. En esa convivencia de contrarios se insinúa una comprensión más profunda de la existencia: no como dominio, sino como aceptación de su ritmo propio.

Desde esa mirada, la vida no se justifica solo por lo que nos sucede o logramos, sino también por lo que recibimos y por lo que somos capaces de devolver sin cálculo desde nuestro ser en presente. En ese intercambio gratuito se abre una forma más honda de sentido. Y quizá sea ahí, en una gratitud serena ante lo vivido, donde el ser humano encuentra la fuerza para seguir habitando el misterio de la existencia”.

El autorRocío Montuenga / Jaime Nubiola

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Cultura

Saydnaya y Maaloula: donde aún se habla la lengua de Jesús

Dos lugares emblemáticos del cristianismo oriental, Saydnaya y Maaloula, aún conservan tradiciones milenarias, incluida una variante del arameo, la lengua asociada a Jesús.

Gerardo Ferrara·12 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Ya he escrito en estas páginas sobre la Siria que fue : un país encrucijada de civilizaciones e imperios, lenguas, religiones y alfabetos, un mundo perdido de pueblos y comunidades que una guerra terrible y prolongada ha destrozado y del que no se sabe si podrá recomponerse. 

Hoy quiero seguir hablando de ello, con nostalgia y con el deseo de volver allí, para compartir un viaje que, en agosto de 2008, me llevó a visitar dos lugares que custodian el corazón más antiguo del cristianismo de Oriente: el monasterio de Saydnaya y el pueblo de Maaloula, donde todavía se habla una variante del arameo, la lengua de Jesús.

El desierto y la frontera

Imaginaos que estáis en el Líbano. Tres semanas maravillosas recorriendo el país de arriba abajo, entre montañas, mar, monasterios antiguos y modernos, ciudades maravillosas, comida increíble y una gente tan acogedora como pocas veces se encuentra. 

Pero faltaba algo: ¡el desierto! Siempre había soñado con verlo, con pisar esa extensión de color ocre que solo había visto en fotografías. Así que convencí a mis amigos para que contactaran con una agencia y organizáramos una excursión al otro lado de la frontera: Saydnaya, Maaloula y, por último, Damasco. Era principios de agosto. Hacía calor, sí, pero nada comparable a las olas de calor que sufrimos últimamente. Y, a primera hora de la mañana, nos subimos a una furgoneta, dos amigos cristianos libaneses y yo, con un conductor druso, también libanés, que además nos haría de guía.

Aún recuerdo la despreocupación típica de Oriente Medio con la que nuestro conductor conducía por las carreteras que trepan por la cordillera del Líbano, bordeando los tanques abandonados a los lados de la calzada: vestigios silenciosos de la larga ocupación siria, que terminó en 2005 tras treinta años de presencia militar.

Al descender hacia el valle, ya con el Antilíbano y la cercana frontera a la vista, la carretera se hacía más recta y, en la frontera, yo, como italiano, pasé sin problemas: un apretón de manos cordial, unos cuantos dólares por el visado y un «hasta luego», mientras los libaneses y los sirios esperaban en fila bajo el sol. Una paradoja, inaceptable en muchos sentidos, la misma que se da entre Israel y Cisjordania.

Y luego, una vez cruzada la frontera, la primera visión deslumbrante. Mis amigos libaneses, acostumbrados a las montañas verdes, a las terrazas cultivadas, a los cedros, no se explicaban cómo podía quedarme tan embelesado por el desierto. Y, sin embargo, así era: aquella inmensa extensión, de color ocre quemado por la luz deslumbrante del sol de agosto, el horizonte llano que se extendía infinito ante la furgoneta, me conquistaron de inmediato. Hay algo místico en los desiertos de esa parte del mundo: no en vano las tres religiones abrahámicas nacieron allí. Evidentemente, allá el hombre tiene mayor propensión a escuchar a Dios.

Saydnaya: la Virgen sobre la roca

La primera parada fue Saydnaya (del arameo Saidnāyā: «Nuestra Señora»), un monasterio greco-ortodoxo fundado, según la tradición, por el emperador Justiniano en el siglo VI, sobre una roca a unos 30 km al norte de Damasco, que alberga uno de los iconos marianos más antiguos y venerados de toda la cristiandad oriental.

La llegada al monasterio fue como un ascenso hacia el cielo: la empinada subida, el sol de agosto que pegaba fuerte sobre la estructura que se alzaba sobre la roca, casi fundida con ella. Los gruesos muros exteriores, de piedra clara, protegían discretamente lo que se guardaba en su interior: ni el patio florido, ni los silenciosos senderos que conectaban las distintas estancias del monasterio, un pequeño mundo en sí mismo.

Dentro de la iglesia principal, el iconostasio dorado se alzaba como una muralla que custodiaba el sanctasanctórum, y los candelabros, con su luz titilante sobre los iconos milenarios, creaban una atmósfera etérea. Éramos muy pocos y el silencio, junto con el frescor y el refugio que ofrecía la iglesia, hacía que apeteciera quedarse allí para siempre.

En el centro, en un relicario, se encontraba el icono de la Virgen de Saydnaya, pintado, según la tradición, por el evangelista Lucas y traído aquí desde Bizancio. 

Mis amigos libaneses me llamaron la atención sobre un grupito de musulmanes que mostraban un gran respeto y veneración por aquel lugar, sagrado también para ellos.

Una vez fuera, contemplé el valle que se abría a los pies del monasterio, la extensión de color ocre que abrazaba el horizonte mientras los rayos del sol se reflejaban implacables en las paredes blancas del convento. 

Ahora que lo pienso, me emociono al saber que aquel país tan hermoso sufriría una tragedia inmensa solo un par de años después.

Maaloula: la lengua de Jesús

Maaloula me marcó aún más que Saydnaya, si cabe.

No dejaba de contemplar embelesado el paisaje desde la ventanilla, mientras uno de mis amigos libaneses sufría un mareo terrible (¡pero a mí no me importaba demasiado!): ¿cómo no dejarse cautivar por la belleza de aquel desierto llano que, de repente, se volvía accidentado y luego rocoso, abriéndose en un desfiladero dominado por Maaloula?

Así se me apareció el pueblo aferrado a la roca, uno de los pocos lugares del mundo donde todavía se habla el arameo occidental: la lengua que hablaba Jesús. 

Cabe precisar que existen varias variantes modernas del arameo antiguo, que ha evolucionado, al igual que el latín, dando origen a lenguas como el siríaco, el arameo judío palestino (hablado en la época de Jesús) o los dialectos caldeos (en Irak).

En Maaloula, esta lengua sigue resonando en las calles, en las oraciones de las iglesias y en las voces de los niños.

En primer lugar, visitamos el monasterio de los Santos Sergio y Baco (Mār Sarkīs wa-Bakhūs), uno de los lugares de culto cristianos más antiguos del mundo (siglo IV), construido sobre un antiguo templo pagano. La fuente del patio, las puertas de madera oscura, el silencio del claustro: todo transmitía la sensación de estar fuera del tiempo.

En la iglesia greco-católica, la guía, una joven de la zona, nos reunió alrededor del altar de forma cuadrada (de época precristiana) para recitarnos el Padrenuestro en arameo. La emoción que sentí entonces se une al dolor de haber visto, en los reportajes de la televisión, cómo ese mismo altar fue destrozado a martillazos por integristas islámicos durante la guerra civil. ¡Dos mil años de convivencia entre paganos y cristianos y, después, entre musulmanes y cristianos, barridos a golpes de martillo!

Al salir de la iglesia, nos adentramos entre los desfiladeros y las rocas que conducen al santuario de Santa Tecla, una de las primeras mártires cristianas, discípula del apóstol Pablo. Cuenta la tradición que, cuando Tecla era perseguida por sus perseguidores, la roca se abrió milagrosamente para darle refugio. La grieta no es muy diferente de la que se recorre para llegar a Petra, en Jordania, y en ciertos puntos, donde se vuelve más estrecha, uno se ve literalmente aprisionado entre el color ocre de la piedra y, allá arriba, el azul intenso del cielo despejado.  

Lo que queda

Sin duda, aquel viaje, que terminó en Damasco, en casa de Ananías, ha quedado grabado de forma indeleble en mi memoria y en mi corazón.  De regreso a Beirut, al caer la tarde, dejamos atrás la inmensa periferia de la capital siria, con los gigantescos carteles de Bashar al-Asad que aún se alzaban por todas partes, y el desierto que cambiaba de color hacia el naranja y el marrón.

Quizá nunca vuelva a ver esos lugares tal y como los dejé. 

De hecho, en septiembre de 2013, Maaloula fue uno de los primeros pueblos cristianos de Siria en ser ocupado por los rebeldes de Jabhat al-Nusra (vinculados a Al Qaeda), cuyo fundador y líder era el actual presidente sirio tan querido por Trump, ¡Ahmed al-Sharaa Al-Jawlani!

Los enfrentamientos causaron daños ingentes al patrimonio histórico y artístico: el monasterio de los Santos Sergio y Baco fue saqueado, y algunos de sus iconos milenarios fueron robados o destruidos. Sin embargo, fue el convento de Santa Tecla el que se convirtió en el símbolo más doloroso de aquella época: las doce monjas que vivían allí fueron secuestradas por los milicianos y retenidas como rehenes durante casi tres meses, entre diciembre de 2013 y marzo de 2014, para luego ser liberadas tras una larga y compleja negociación con la mediación de Catar.

Saydnaya también se vio arrasada por la guerra. De hecho, en la infame prisión situada cerca del monasterio, el régimen de Assad encerró, según los informes de Amnistía Internacional, a miles de personas. Muchas fueron torturadas y asesinadas; otras tantas no regresaron jamás, desapareciendo entre las llagas y las cicatrices de un conflicto que ha destruido un país.

La esperanza es que, como ha ocurrido en tantas épocas de la historia, Siria —y esos lugares de encantadora belleza y valor cultural inconmensurable— vuelva a ser un faro de civilización, tolerancia y buen vivir.

El autor, Gerardo Ferrara, en el Monasterio de Nuestra Señora de Saydnaya
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Cine

“Cosas que no olvidaré”, una poderosa mirada sobre el alzhéimer

Edoardo Leo, protagonista y productor de la película “Cosas que no olvidaré”, explica cómo se aborda con sentido del humor y sin dramas la realidad del alzhéimer.

José María Navalpotro·12 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Paolo tiene 40 años y le diagnostican alzhéimer precoz. Comienza a perder la memoria y decide vivir el momento y disfrutar de su mujer Michela, y su hijo de 11 años, Mattia. Esta es la historia que cuenta en “Cosas que no olvidaré”, que se acaba de estrenar en España.

El relato se basa en la vida real del propio Paolo Piccoli y de su hijo Mattia, que fueron galardonados por el presidente de Italia. Edoardo Leo, protagonista de la película y productor, ha estado en España y explica qué le ha movido a embarcarse en este drama profundamente humano y que habla de familia, de enfermedad, y de sentido de la vida.

En 115 minutos, la película entra con humanidad y humor en el mundo de Paolo, que se empieza a desvanecer por el alzheimer. Y decide vivir momentos dignos de ser considerados cosas que no olvidar, y que le ayudan a disfrutar más de su vida cada vez más brumosa. No es una película lacrimógena, a pesar de la dureza del tema. El director y guionista es Alessandro Aronadio, quien trabaja con un grupo de actores sensacional, especialmente Edoardo (Paolo en la película) y el joven Javier Francesco (su hijo). Está producida por Bosco Films, y la web desde donde se puede ver en qué cines se proyecta es cosasquenoolvidare.com.

¿De dónde viene la idea de hacer la película?

– Viene de la vida, lamentablemente. Porque el presidente Mattarella, presidente de la República, entregó un galardón a este niño (Mattia) por la manera de cómo cuidó de su padre.

Nosotros descubrimos esta historia por esta noticia de la entrega del premio. Luego descubrimos que la mujer de Paolo había escrito un libro contando la historia de Paolo. En ese momento compramos los derechos y decidimos escribir el guión. Nos ha llegado de forma emotiva esta historia. Porque hemos visto la emoción de este chico, de este chaval, premiado por el presidente de la República, algo increíble. 

¿Era necesaria una película así? El alzheimer no es un tema que se suela tratar en el cine.

– Para mí, a mi edad, hacer otra comedia sin más, hacer por hacer, no tenía sentido. Entonces, con Alessandro (el director y guionista) recogimos este reto, hacer sonreír a las personas y conmoverlas con un tema tan dramático. Igual nos equivocábamos, pero teníamos que hacerlo respetando el dolor de la familia. Había una gran responsabilidad. Pero para mí es la tarea primordial de la comedia. 

¿Qué ha sido lo más difícil al abordar este papel?

– La cosa más difícil es devolver esa sensación. Es paradójico lo que voy a decir, pero es más fácil interpretar la enfermedad. Lo difícil es encarnar algo que solo el alzheimer te ocasiona. Saber que estás enfermo, pero no tienes conciencia, percepción de ello.

Esa fase es la más difícil para interpretar. Es algo que tiene que ver con la conciencia, la memoria. Muy complicado. Al igual que es complicado contar los matices, el gris es más difícil para contar una historia. 

¿Cómo ha sido la relación con la familia real? 

– No quise reunirme con ellos antes. Ni ver a Paolo antes porque estaba demasiado enfermo.

Antes de la proyección de la película, conocí a Michela y a Mattia. Y les dije: no busquéis a vuestro padre en la película. El cine tiene que engañar o traicionar las historias para que se vuelvan cinematográficas. No busquéis la biografía de vuestro padre, sino la esencia de la historia de vuestro padre. Porque hubiese podido ser una decepción. Y lo bonito fue el abrazo al final del visionado. Me dijeron que en ella yo tenía la misma sonrisa que Paolo.

¿El propósito de la película era que llegara a tocar el corazón del público? ¿La atención al Alzheimer?

– Sí, porque las películas no enseñan, no hay nada que pueda enseñar en el cine. No creo en el cine que lanza mensajes, no creo en el cine didáctico, porque si no se vuelve moralista.

En cambio, el cine se basa en sí mismo, cuenta historias. Y si esa historia hace mella en el corazón de las personas, les motiva. Enseña algo distinto a cada persona, no hay un mensaje único.

Quizá un mensaje que transmite es que para ser un héroe no hace falta ser alguien especial. Siendo normal se pueden hacer acciones heroicas en lo cotidiano.

– Sí es así. Aquí, un niño se convierte en héroe porque hace de padre a su padre. Es increíble, un niño no tendría que tener esa responsabilidad, jamás; pero es maravilloso. Es una especie de superhéroe de los sentimientos.

Esta parte emotiva es una de las cosas más bonitas de la película. 

Ya estrenada en Italia, ¿qué impacto ha tenido?

– Fue un éxito, es increíble. Porque es una película sobre alzheimer, no es una comedia divertida como un viaje de un grupo de amigos. Es una película que podía dar cierto respeto a las personas. Pero no fue así.

A nivel personal, lo más sensacional es la cantidad de mensajes, cartas, comentarios en redes de personas que han vivido o están viviendo este momento con un enfermo de alzheimer en casa. Me han dado las gracias porque intentamos dar a conocer el único lado positivo de esta enfermedad: la memoria de los lazos afectivos.

¿Cómo han sabido manejar el sentido del humor en la película? Es muy difícil el equilibrio de hacer bromas con un tema tan dramático.

– Es la tarea de la comedia. Lo más difícil es reír con el dolor, la enfermedad. Pero la cosa es que tú no te ríes de ellos, sino con ellos, junto con ellos.

Es lo más complicado, pero es lo que nos ha estimulado más. Cada día en el rodaje, Alessandro y yo nos preguntábamos: “¿esto lo podemos decir? ¿Dónde está el límite?” Nos hacíamos preguntas sobre cuál sería el límite para no ofender a la familia.

Cuando escribimos el guión, se lo pasamos a la familia. Les ofrecimos poner sus nombres de verdad solo si les parecía bien, si aceptaban este guión. Si no, usaríamos nombres inventados. Y ellos, después de leerlo, dijeron: “vale”.

No queríamos hacer una película triste sobre la historia del padre. Queríamos hacer una película divertida, emocional. Paradójicamente hubiese sido más fácil hacer una película sobre la enfermedad, una especie de chantaje emocional. 

En lo personal, ¿cómo le ha afectado la película?

– Este filme ha fortalecido cosas que todos pensamos y que no ponemos en práctica. Es decir, poner el foco en la profundidad de los recuerdos, no en la cantidad de recuerdos. No tenemos que esperar que lleguen momentos desde fuera especiales para la vida de cada uno. A veces los momentos más especiales son muy, muy pequeños. Pero tienes que ir a buscarlos, no tienes que esperar que lleguen.

En el fondo, la película es una llamada a resaltar la dignidad de toda persona, también del enfermo.

– Hoy en día, Paolo -muy enfermo- sigue siendo fuente increíble de emoción y amor hacia su familia.

Yo veo vídeos privados de él, y aunque no reconoce a los hijos ya, sigue siendo motivo de emoción en esa familia. Es una cuestión de la mirada sobre las cosas, decidir abandonarte a la tristeza de una historia, o bien intentar buscar una manera de sobrevivir. Y una manera es coger ese poquito de belleza que hay para mantener junta a la familia, con el cuidado como sentimiento muy potente, muy fuerte.

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Iniciativas

De la barriada de Kibera a la Facultad de Derecho: el triunfo de Valary rompe el ciclo de la pobreza

Otieno Valary Akinyi, una joven de 18 años del asentamiento informal de Kibera en Kenia, logra acceder a la Universidad de Strathmore gracias a su esfuerzo académico y a la beca MACHEO PLUS de Harambee ONGD.

Paloma López Campos·11 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Otieno Valary Akinyi, una joven de 18 años nacida y criada en la aldea de Raila, dentro del asentamiento informal de Kibera (Nairobi, Kenia), ha desafiado las estadísticas de su entorno al ingresar este mes de junio en la Universidad de Strathmore para cursar el Grado en Derecho. Este hito, inalcanzable para muchos jóvenes que sufren la exclusión social de la barriada, ha sido posible gracias a la beca MACHEO PLUS de Harambee ONGD, financiada por un donante que costeará íntegramente los cuatro años de su carrera académica.

El camino hacia la universidad comenzó con un gran esfuerzo por parte de Valary. Durante su segundo año de secundaria en la Kibera Girls Soccer Academy —una escuela de educación gratuita—, la joven se unió al programa Macheo de la Universidad de Strathmore, enfocado en preparar a estudiantes de secundaria para su acceso a la educación superior. Asistiendo a clases y mentorías todos los sábados, su constancia dio frutos: se coronó como la mejor estudiante de la promoción de 2025 tras obtener una nota media de B+ (matrícula de honor) en el examen nacional KCSE.

Una beca que lo es todo

Sin embargo, las barreras económicas amenazaban con truncar su futuro. Con seis hijos en la familia, los ingresos de sus padres eran insuficientes para asumir una matrícula universitaria. Su madre, que trabaja en una tienda de cereales, ingresa unos 54 euros mensuales, mientras que su padre se gana la vida como vendedor ambulante.

La llegada de la beca financiada desde España ha supuesto un «salvavidas» para la familia. En una carta dirigida a la sede de Harambee ONGD en Madrid, la joven agradeció el apoyo económico que le evitará lidiar con la carga financiera y le permitirá concentrarse en sus metas. «Me dedicaré plenamente y con diligencia a mis estudios para estar a la altura de este privilegio y graduarme dentro de los cuatro años», afirmó Valary, cuyo objetivo es convertirse en abogada para servir a su comunidad e impartir justicia.

La noticia ha transformado también a su familia. Su madre, Esther Apin, relató la angustia que sentía al no saber cómo pagarían los estudios de Valary, quien soñaba con ser abogada desde sus últimos años de primaria, y confesó sentir ahora un gran alivio y esperanza. Su padre, John Otieno, agradeció profundamente la generosidad del benefactor anónimo español.

Efecto contagio

Este éxito está teniendo además un importante «efecto contagio» en su entorno, un lugar donde los jóvenes se enfrentan a una grave escasez escolar. Claris Omondi, directora del antiguo instituto de Valary, destaca que este logro sirve como una «enorme motivación» para el resto de las alumnas al ver que es posible llegar a una universidad de prestigio.

A través de becas como esta, que incluyen informes de seguimiento anuales para los donantes, Harambee ONGD persigue un impacto estructural. Al facilitar el acceso universitario a jóvenes con talento, la organización busca encender el motor del desarrollo, permitiendo que estudiantes como Valary, que ya disfruta de sus primeros días de interacción y vida en el campus, lideren su propio destino y mejoren el futuro de sus comunidades.

El poder de la imaginación

Hay que lograr que la imaginación deje de distraernos y de ser aliada de nuestros miedos, y que nos ayude más bien a transitar el presente de manera más alegre.

11 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Decía santa Teresa de Ávila que la imaginación es la loca de la casa y que no hay quien la sujete. Quizá esa es una de las ideas más conocidas de las “Moradas del Castillo Interior” y de toda su obra. Sin embargo, santa Teresa reconocía que, aunque la imaginación puede llevarnos a la distracción, también puede ayudarnos en la oración. Bien empleada, la imaginación puede convertirse en camino hacia la contemplación, la empatía y el amor. En “Camino de perfección” escribía “representad al mismo Señor junto con vos” y también, en uno de sus poemas, “mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; mire Él por mis cosas y yo por las suyas”, tareas que evidentemente requieren de imaginación.

La importancia de la imaginación

Algunos filósofos han señalado la importancia de esa capacidad cognoscitiva que no sólo produce fantasías sino que media entre la sensibilidad y la inteligencia. Leonardo Polo afirmaba, por ejemplo, que de los animales no sólo nos distingue la inteligencia, sino también la imaginación, que nos permite recordar, anticipar, dar continuidad a la experiencia y preparar la abstracción intelectual. No sólo eso, sino que además la imaginación puede entrenarse y podemos entonces orientarla hacia cosas buenas, como el arte o la ciencia.

Como decía el filósofo norteamericano Charles S. Peirce, no hay ciencia ninguna sin que le preceda un “juego bastante salvaje de la imaginación”. En general, no podemos avanzar en el conocimiento sin la imaginación, que es precisamente la que nos presenta posibles hipótesis novedosas. “El raciocinio completo y todo lo que nos hace seres intelectuales se desempeña en la imaginación”, afirma Peirce.

Pero hay mucho más. La imaginación es imprescindible también para nuestras relaciones sociales, nos ayuda a ponernos en el lugar de los demás, a buscar la verdad, a idear posibles soluciones, a explorar diferentes modos de acción, a dar sentido a lo que hacemos y a formar hábitos nuevos.

Saber orientar nuestra mente

La imaginación entonces no ha de ser aplacada ni denostada. Simplemente hay que orientarla bien para que deje de presentarnos todas las desgracias y maleficios que se ciernen sobre nosotros, para que no dé agotadoras vueltas en círculos, qué pasará si estoy enfermo y no puedo ir, si mi novio me deja o si simplemente pierdo el avión que tengo que tomar de madrugada.

Hay que lograr que la imaginación deje de distraernos y de ser aliada de nuestros miedos, y que nos ayude más bien a transitar el presente de manera más alegre. Porque es verdad que el día a día puede hacerse difícil: tenemos que llegar a todo y cumplir lo mejor posible con nuestras tareas de madres o padres, de hijos, trabajadores, estudiantes, amigos, ciudadanos y tantos y tantos quehaceres, algunos a contrapelo, otros gustosos, pero muchas veces cansados.

Las cosas pequeñas pueden no ser tan pequeñas. Sobrevivir a un día corriente puede resultar a veces más difícil que desembarcar en la playa de Omaha o escalar el Everest. Y ahí está nuestra imaginación. Enseñémosle a que, en lugar de decirnos no puedo, nos ayude a agarrar el fusil, el pico y el piolet.

Aguantar en las trincheras

Cuánto bien me hizo aquel sacerdote que me decía en mi juventud “eres una valkiria, una guerrera china, una auténtica samurái, podrás con todo”. Aprendí de él a despertar mi imaginación porque es la que nos ayuda a aguantar en las trincheras, mientras nos sobrevuelan los aviones enemigos. Nos apoya para resistir mejor que un marine hasta que el oleaje se va apaciguando. Cortas la cabeza al dragón. Aguantas en la ciudad sitiada. Te caes y te levantas. Te adaptas a las estepas siberianas con un poco de vodka.

La vida suele ser así, no es precisamente un paseo entre girasoles. Hay muchos días grises y situaciones que aparentemente nos superan, pero eso no implica que haya que quejarse y mucho menos rendirse.

A veces la vida se parece más bien a una expedición por la Antártida con los pies congelados, vestidos con pieles que no te sacan el frío de los huesos, con grietas, aludes, noches perpetuas o que al menos lo parecen, con el barco atrapado entre los hielos, con comida ya pasada y carne de foca por todo alimento, con ventiscas y neveros y con un invierno tan profundo que ni siquiera los pingüinos te visitan. De pronto, sin embargo, hay pequeños respiros y tu corazón cansado se reconforta. Por unos instantes alzas el vuelo, ligero, y ves la Antártida desde arriba, a vista de pájaro, entre los hielos.

Se trata de seguir. Solo eso. Nadie dijo que fuera fácil. A veces no sientes los pies, pero el corazón todavía late y bombea. La vida, definitivamente, no está hecha para cobardes y la imaginación nos lo recuerda. Nos permite anticipar, interpretar y descubrir sentidos nuevos en la experiencia. Gracias a ella, veremos que se puede y haremos fiesta. Saldremos a la calle porque de alguna manera todos los días serán el día de la victoria. Estaremos sobreviviendo. Y también salvando el mundo.

El autorSara Barrena

Mundo

En otoño comenzará el proceso de beatificación de la novelista Sigrid Undset

Sigrid Unset, Premio Nobel de Literatura en 1928, tuvo una preocupación constante por los pobres y el cuidado de su hija.

OSV / Omnes·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En Noruega se están llevando a cabo los preparativos para abrir una causa de canonización de la novelista Sigrid Undset, ganadora del Premio Nobel, según anunció el obispo Fredrik Hansen de Oslo el 8 de julio.

«Ella es mucho más que una autora y premio Nobel. Para nosotros, es un modelo de fe cristiana, de una vida vivida en la virtud y de la búsqueda de la santidad», dijo el obispo Hansen sobre Undset durante una misa en la que hizo el anuncio.

«Demostró una preocupación constante y práctica por los pobres. Se entregó por completo al cuidado de su hija, a su compromiso con la vida y a la santidad de la misma. A través de sus numerosos libros, influyó en incontables creyentes, inspirándolos a vivir en Cristo y dando testimonio de nuestros santos medievales», afirmó, según un comunicado de prensa.

Biografía

Nacida en Dinamarca en 1882 y criada en Noruega, Undset es conocida principalmente por su novela «Kristin Lavransdatter», una trilogía que narra la vida de su protagonista en la Edad Media. Esta obra le valió a Undset el Premio Nobel de Literatura en 1928, «principalmente por sus poderosas descripciones de la vida en el norte de Europa durante la Edad Media», según la organización del Premio Nobel.

Su investigación sobre el catolicismo medieval la llevó a convertirse al catolicismo en 1924 y en 1928 ingresó en la Tercera Orden Dominicana. Durante la Segunda Guerra Mundial, huyó a Nueva York, donde abogó públicamente por la resistencia noruega al nazismo. Regresó a Noruega tras el fin de la guerra en 1945 y falleció en 1949 en Lillehammer.

Impulso del obispo Hansen

Antes de dar a conocer la iniciativa, el obispo Hansen la presentó a la Conferencia Episcopal Nórdica, integrada por los obispos de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, así como por expertos en la vida de Undset. Su causa de canonización se abrirá formalmente en otoño, según indicó.

El obispo Hansen compartió la noticia durante una Misa en honor a Santa Sunniva en las ruinas del monasterio benedictino de Selja, una isla considerada cuna del cristianismo noruego y sede de su primera diócesis. Según la leyenda, la reina cristiana del siglo X, Santa Sunniva, huyó de Irlanda para escapar de un matrimonio con un tirano y finalmente murió en Selja, tras lo cual se atribuyeron milagros al lugar.

«Al igual que Santa Sunniva y sus compañeras, Sigrid Undset también debe ser para nosotros un modelo de vida en Cristo», dijo el obispo Hansen. Animó a los fieles a orar por la labor de la diócesis en su causa.

Tras la apertura formal de su causa, Undset recibirá el título de «sierva de Dios». Si su causa progresa, el papa le otorgará el título de «venerable» en reconocimiento a su vida de heroica virtud cristiana. Normalmente, para su beatificación se requeriría un milagro aprobado atribuido a su intercesión, y para su canonización, un segundo milagro aprobado.

El autorOSV / Omnes

Nuestros hijos no necesitan una infancia cómoda

En una cultura de pantallas y gratificación inmediata, educar a los hijos en la diligencia es ayudarlos a recuperar el gusto por el esfuerzo, el servicio y la verdadera alegría.

10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Hay escenas sencillas que dejan una profunda enseñanza. Hace unos días presencié una que me conmovió. Una abuelita, de más de ochenta años, se sentó junto a su nieto de ocho, quien permanecía completamente absorto frente a la pantalla de su iPad.

—¿Qué haces? —preguntó con ternura.

—Aquí… matando el tiempo.

—¿Y por qué no sales a jugar con los demás niños que están en el jardín?

—¡Ay, no! ¡Qué pereza!

La abuela sonrió. En lugar de regañarlo, decidió conversar. Le preguntó qué significaba la pereza y, poco a poco, inició una hermosa explicación sobre las virtudes. Le habló de los pecados capitales y de las virtudes que ayudan a vencerlos. “Contra la pereza, diligencia”, le dijo con la serenidad de quien sabe que educar es sembrar para el futuro.

Pensé entonces en el enorme tesoro que representan nuestros abuelos. Con paciencia, experiencia y cariño pueden transmitir aquello que ninguna pantalla será capaz de enseñar.

La palabra diligencia proviene del latín diligentia, que significa cuidado, esmero y dedicación. Está relacionada con el verbo diligere: escoger con atención, apreciar, amar. Una persona diligente no sólo hace las cosas; las hace bien, con responsabilidad, constancia y entusiasmo. En la tradición cristiana, esta virtud está estrechamente vinculada con la caridad, porque quien ama no permanece pasivo: actúa, sirve, trabaja por el bien propio y el de los demás.

Hoy esta virtud resulta especialmente urgente.

Vivimos una verdadera epidemia de sedentarismo infantil. La Organización Mundial de la Salud advierte que la mayoría de los niños y adolescentes del mundo no alcanza los 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa recomendados para su edad. Al mismo tiempo, el tiempo frente a pantallas continúa aumentando y suele acompañarse del consumo frecuente de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas. Esta combinación favorece el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión y otros problemas metabólicos desde edades cada vez más tempranas. También se asocia con dificultades para dormir, menor capacidad de atención, síntomas de ansiedad y depresión, así como un menor rendimiento escolar.

Pero existe otra consecuencia menos visible y quizá más preocupante: la pérdida del gusto por el esfuerzo.

La cultura del clic ofrece gratificación inmediata. Todo parece obtenerse con un toque de pantalla. Sin darnos cuenta, algunos niños comienzan a rechazar cualquier actividad que implique esperar, practicar o perseverar. Leer un libro, aprender un instrumento, ordenar la habitación, ayudar en casa o simplemente salir a caminar les parece demasiado pesado.

Por eso los padres necesitamos recuperar con serenidad nuestro papel de autoridad y de guía. Educar no consiste únicamente en proteger a los hijos o procurarles comodidad. Educar es formar el carácter. Es enseñarles que la felicidad duradera no nace de hacer siempre lo que se antoja, sino de desarrollar hábitos que fortalezcan la voluntad.

Necesitamos niños diligentes. Niños que se levanten para ayudar antes de que alguien se los pida. Que descubran la alegría de servir. Que experimenten la satisfacción de terminar una tarea difícil. Que jueguen al aire libre, corran, salten, exploren, convivan y aprendan a trabajar en equipo. Un niño activo fortalece no sólo sus músculos y su corazón; también desarrolla disciplina, autoestima, resiliencia y habilidades sociales.

Quizá ha llegado el momento de que las familias recuperemos un verdadero proyecto de formación en virtudes. Más que pasar el día corrigiendo conductas aisladas, podríamos proponernos cultivar, de manera consciente, las llamadas siete virtudes capitales: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

¿Qué estamos haciendo para fortalecer el lado luminoso de la personalidad de nuestros hijos?

Sería maravilloso elegir una virtud cada mes y practicarla en familia. Si el propósito es crecer en generosidad, podemos organizar visitas a un asilo, compartir alimentos con quienes pasan necesidad o donar ropa en buen estado. Si queremos fortalecer la paciencia, podemos comprometernos a disminuir los gritos en casa, aprender a resolver conflictos sin violencia y perseverar juntos en actividades que requieren tiempo, como aprender música, practicar un deporte o desarrollar una habilidad artística.

Cuando los niños ven a sus padres vivir estas virtudes, descubren que no son teorías, sino un estilo de vida.

Y si este mes decidimos trabajar la diligencia, podemos comenzar con acciones muy concretas:

  • Limitar razonablemente el tiempo frente a pantallas.
  • Recordar que descansar también significa cambiar de actividad, no sólo permanecer inmóviles.
  • Involucrar a todos en las labores del hogar, de acuerdo con su edad.
  • Caminar o utilizar la bicicleta en trayectos cortos cuando sea posible.
  • Estar atentos a las necesidades de los demás y ofrecer ayuda sin esperar que nos la pidan.
  • Procurar cada día algún tiempo de juego libre al aire libre, de movimiento y convivencia.
  • Reconocer y felicitar el esfuerzo mucho más que los resultados.

Nuestros hijos no necesitan una infancia cómoda; necesitan una infancia que los prepare para la vida. La diligencia no les roba alegría; al contrario, les permite descubrir la satisfacción de conquistar metas, de servir a los demás y de convertirse en personas fuertes, responsables y generosas.

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Familia

Leigh Fitzpatrick Snead: “Los matrimonios estamos llamados a dar fruto más allá de los hijos”

Leigh Fitpatrick Snead habla sobre la infertilidad en el matrimonio con total apertura y sinceridad, destacando que los matrimonios están llamados a dar frutos más allá de los hijos que puedan concebir.

Paloma López Campos·10 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Leigh Fitzpatrick Snead publicó hace unos meses el libro “Infertile but fruitful” (Infértiles pero dando fruto, en inglés). Lleva años recorriendo Estados Unidos hablando sobre el matrimonio, la familia y la Iglesia católica. Con su nuevo libro trata de mostrar la realidad de muchos matrimonios que no pueden tener hijos, los desafíos a los que se enfrentan y el acompañamiento que realiza la Iglesia.

En esta entrevista, habla con Omnes acerca de cómo pueden descubrir estos matrimonios que siguen llamados igualmente a dar fruto en sus vidas.

En un mundo donde hay matrimonios que tienen cunas vacías y que no pueden tener hijos, usted dice que pueden dar fruto. ¿Cómo logran estos matrimonios que no tienen hijos descubrir esa fecundidad espiritual en su vida diaria?

– Es muy difícil de lograr. Aunque es muy fácil decirlo, tienes que llevar ese sufrimiento al pie de la Cruz, tienes que transformarlo y ver que hay algo más en ese dolor. En esos momentos de revelación te das cuenta de que estamos llamados a ser fecundos y que hay más frutos además de los bebés.

Pero creo que es muy, muy difícil cuando te encuentras en un matrimonio feliz y estás esperando con esa cuna vacía. Es muy difícil entender por qué no sucede, salir de ahí y darte cuenta de esto.

Muchas veces no puedes darte cuenta porque, a diferencia de sufrir de cáncer u otra enfermedad que causa dolor y molestias, la infertilidad a menudo no duele físicamente, así que no te sientes enfermo, solo sientes que algo no está sucediendo. Creo que siempre nos apresuramos a equiparar el sufrimiento con el dolor.

Nuestros cuerpos están diseñados para los bebés; estamos llamados a la vocación de la maternidad o la paternidad. Y todas las cosas hermosas que esto conlleva crean en realidad barreras que nos impiden darnos cuenta de que hay frutos más allá de un bebé en un matrimonio.

La manera de descubrir esta fecundidad diferente es mantenerse conectado. Aprendemos de la comunión de los santos que a veces simplemente tienes que aguantar y no dar la espalda, sabiendo que Jesús no te ha dado la espalda a ti. Y tal vez no vayas a ver ni a conocer los frutos, o quizás el fruto no tiene que ser un objetivo en sí mismo. Creo que más adelante se puede ver qué frutos das.

Mientras permanezcas fiel a Jesús, a tu cónyuge, a tu vocación del matrimonio y estés abierto a la vida y a la paternidad, creo que, bueno, es una promesa, ¿verdad?. Son las buenas noticias de que todo va a estar bien. Es muy difícil, y nunca quiero decir «solo haz esto que es muy fácil», porque he estado allí y sé que es muy duro.

Muchas veces, cuando hay infertilidad, pensamos que es culpa de la mujer. ¿De qué modo pueden los matrimonios tener conversaciones abiertas? ¿Cómo comunicarse y abordar el problema juntos, sin buscar culpas en uno u otro?

– Creo que eso es muy difícil, y por algo hay una tasa de divorcio relativamente alta entre quienes sufren de infertilidad. Como católicos, muchas veces no descubres estos problemas hasta que te casas, por lo que es al estar juntos cuando se descubren. Y por la manera en que nuestra Iglesia nos enseña sobre el matrimonio, el amor, la sexualidad y traer hijos al mundo, no puede verse de otra forma que no sea como un problema de «nosotros». Porque no importa si ella estuviera con otro hombre o él con otra mujer y pudieran tener un bebé; es este matrimonio en concreto el que tiene un problema de infertilidad. Pensar en su propio pequeño ecosistema y en la unión de una sola carne significa que es algo que deben sobrellevar juntos.

Pero la realidad es que van a recibir diagnósticos médicos, resultados de laboratorio y verán si hay algo mal con una persona, con la otra o con ambos. Y aunque obviamente sigue siendo un problema conjunto, eres tú quien tiene el bajo recuento de espermatozoides, el ovario defectuoso o lo que sea, y vas a sentirte culpable y a entrar en lugares oscuros.

Es esencial recordar desde el principio que están juntos como matrimonio. Es fácil evitar las conversaciones con la esperanza de ir al médico y que simplemente os dé una pastilla y solucionarlo, pero eso no sucede. Así que, como de costumbre, la cura para muchos males es simplemente seguir hablándolo. Creo que las enseñanzas de nuestra Iglesia están preparadas para ese tipo de apoyo en la pareja, porque es un problema de dos.

Hablando de las enseñanzas de la Iglesia, ¿cómo puede una pareja católica mantener este equilibrio entre su legítimo deseo de tener hijos y ser fieles a lo que enseña la Iglesia de no recurrir a la fertilización in vitro y otras técnicas modernas de reproducción asistida?

– Esa es realmente la parte difícil en este momento para la mayoría de las personas, porque la FIV es muy común y se comercializa como un producto que parece estar garantizado que funcionará. Es muy tentador.

En mi libro cuento que mi marido y yo fuimos a ver a un médico que hacía FIV pensando: «Oh, pero nosotros no lo haremos», sin embargo era como ponerle un lugar al diablo en tu mesa para cenar: «no te invité, pero te puse un lugar y estamos listos».

Creo que recibir una atención médica católica realmente sólida ayuda, con alguien que te trate como pareja católica o que al menos respete esos deseos, y poder acudir a un especialista en fertilidad que no haga FIV. Esas son maneras de protegerte, porque va a ser tentador; para cuando llegas a esa etapa, llevas mucho tiempo intentándolo, estás triste y solo quieres un bebé, y eso es lo que te prometen.

Pero si recuerdas las razones por las que guardamos el sexo para el matrimonio, por las que usamos la planificación familiar natural o la medicina reproductiva restaurativa, creo que lo que valoramos de esas cosas también debería recordarnos por qué no recurrimos a la FIV. Separa deliberadamente lo procreativo de lo unitivo, invitando a muchas otras personas al acto más privado, además de traer todo tipo de otros problemas.

Una de las grandes objeciones solía ser la cantidad de embriones implantados y los abortos de reducción selectiva; y aunque aparentemente ahora las clínicas tienen técnicas de detección de embriones mucho mejores (lo cual también es terrible) y solo transfieren uno o dos embriones, el horror de la FIV sigue existiendo.

Además, necesitas rodearte de tu familia; tal vez tu familia sea católica pero nunca haya pensado en la infertilidad o la FIV y puede que no lo sepan. Necesitan saber por qué está mal y por qué no lo estás haciendo para apoyarte, ya que estás a flor de piel y en tu momento más vulnerable. Es muy fácil caer, y estadísticamente hablando, hay muchas personas en los bancos de la Iglesia que han recurrido a la FIV.

¿Cuál cree que es la mayor desconexión hoy en día entre la comunidad que nos rodea, la Iglesia y los sacerdotes, cuando hablan con parejas católicas que no pueden tener hijos?

– Esa fue una de las razones por las que escribí el libro, no solo para otras mujeres o parejas como yo, sino para sacerdotes y seminaristas, para que pudieran echar un pequeño vistazo a cómo es esto en realidad. Traté de ser realmente honesta sin exagerar, compartiendo detalles sobre a qué te enfrentas.

Los sacerdotes necesitan conocer esa parte terrenal; si los invitas a cenar ven cómo es la vida con niños, pero obviamente no tienen tanta oportunidad de saber cómo es la vida con infertilidad. Espero que el libro les ayude. Creo que lo necesitan, y los sacerdotes jóvenes están haciendo un esfuerzo por informarse sobre este tipo de cosas, especialmente si están al tanto de temas de actualidad, porque la FIV está en las noticias todo el tiempo y es difícil de ignorar. Mientras todos quieran aprender y mantengan una actitud abierta, creo que eso ayudará mucho.

Pero nuevamente, es un tema tan privado que, incluso si existe un grupo de apoyo y sacerdotes amables, es muy fácil aislarse. Por eso también creo que es más fácil aprender sobre el tema leyendo en privado el libro de alguien que tal vez no conoces. Algunas de mis cartas favoritas son de personas desconocidas que me dicen: «Estaba tan avergonzada de sentir estas cosas, de sentir celos de otras mujeres, o no sabía que alguien más se sentía así; yo también lo hice». Es mucho más fácil encontrar eso en una página, procesarlo un poco y luego tal vez querer hablar con tu hermana, tu madre, tu buena amiga o tu sacerdote. Y que luego tu sacerdote te diga: «Oh, tengo una idea de cómo es eso, cuéntame más», y pueda hacer las preguntas correctas para comprender toda la complejidad.

Creo que debería haber un mayor esfuerzo para que la gente simplemente aprenda el vocabulario y sepa qué es sensible e insensible decir. La gente siempre tiene buenas intenciones, pero puedes meter la pata en cualquier momento intentando ser amable. El tema de los embarazos y demás es muy delicado, porque no sabes quién está pasando por dificultades. Cuando empecé a escribir sobre infertilidad, me enteré de que personas que no imaginaba estaban sufriendo por esto. Yo pensaba que simplemente eran chicas enfocadas en su carrera o lo que sea, y luego te confiesan que llevan seis años intentándolo y nadie lo sabe. Es un tema muy silencioso.

Evangelización

El popular podcaster Padre Mike Schmitz habla sobre la fe de la Generación X, la angustia adolescente y la IA

Mike Schmitz llenó el Broward Center for the Arts en Fort Lauderdale durante su gira "Parábolas", en un encuentro marcado por la calidez y la sintonía con las nuevas generaciones.

OSV / Omnes·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

Por Tom Tracy / Florida Catholic, OSV News

El padre Mike Schmitz entró al camerino del Broward Center for the Performing Arts en Fort Lauderdale con su característica sonrisa cálida y un paso más ligero.

El sacerdote del Medio Oeste y su equipo de apoyo para su actual gira de conferencias acababan de regresar de lo que describieron como una multitudinaria y enérgica reunión en Clearwater la noche anterior.

Encontraría una multitud igualmente grande y con entradas agotadas en la sala principal de la sinfónica del Broward Center antes de su último compromiso en Florida, en Jacksonville.

El padre Schmitz, uno de los sacerdotes más populares e influyentes en las redes sociales, estuvo recientemente en Florida como parte de su gira «Parábolas», en la que analizó las parábolas del Evangelio de Cristo y ofreció nuevas perspectivas.

El padre Schmitz, sacerdote de la diócesis de Duluth, Minnesota, es el director del Ministerio para Jóvenes y Adultos Jóvenes de la diócesis, así como el capellán del Centro Newman en la Universidad de Minnesota Duluth.

Éxito rotundo en la gira «Parábolas»

La gira «Parábolas» ha incluido paradas en casi dos docenas de ciudades estadounidenses en Arizona, California, Luisiana y Florida durante los últimos meses. Su última fecha programada para esta ronda de presentaciones es internacional, prevista para el 20 de julio en Dublín, aunque su sitio web indica que próximamente se anunciarán más fechas en ciudades de Estados Unidos y otros países.

«En cierto modo, los jóvenes buscan autenticidad; que alguien o un grupo sea quien dice ser es algo importantísimo, y eso nos pasa a todos, ¿verdad?», preguntó el sacerdote en su evento en Fort Lauderdale.

«No toleramos la hipocresía; de hecho, ha sido así durante generaciones, incluso a lo largo de toda la historia de la humanidad», afirmó. «Hasta Jesús criticaba a los hipócritas por decir una cosa y luego no estar dispuesto a cumplirla».

El Sínodo de los Obispos de 2018 sobre «Jóvenes, fe y discernimiento vocacional» tuvo lugar en un momento en que la Iglesia comenzó a reconocer que la juventud católica estadounidense ve cada vez más la integridad y la autenticidad como una coherencia vivida y no solo como una conformidad institucional.

Claridad y empatía en la doctrina

El documento de trabajo para el sínodo, basado en gran medida en consultas directas con jóvenes, afirma que la juventud desea una Iglesia «auténtica» y «creíble», cuyos líderes «hablen en términos prácticos sobre temas controvertidos». «Por eso creo que debemos tener integridad, ser quienes decimos ser», dijo el padre Schmitz en el evento.

Pero además de la integridad, la claridad y la veracidad de la doctrina católica son otros temas frecuentes para el padre Schmitz, tanto en línea como en persona. La mente humana está hecha para la verdad y el corazón humano para la bondad, afirma, pero «a veces la forma en que presentamos las cosas y la forma en que las decimos influye mucho».

En cuanto al tema de las dificultades que afrontan los adolescentes varones y los jóvenes adultos en particular, el padre Schmitz afirmó que la indiferencia es el problema subyacente o el obstáculo para una vida de fe menos cínica durante la adolescencia y la juventud.

«Se nota si trabajas con jóvenes», dijo, especialmente en lo que respecta a invitar a los jóvenes a participar más en la vida de la iglesia.

La falta de misión y la indiferencia

«Una de las cosas que he visto cada vez más, sobre todo en personas cansadas de que les digan que tienen que cumplir con ciertas expectativas, que tienen que cumplir con absolutamente todo, es que se produce un rechazo a ello.»

Aunque ambos sexos tienen mucho en común, añadió el sacerdote, los hombres quizás fueron creados para tener una batalla que librar, en el sentido de una misión que perseguir o una misión que vivir; y las mujeres están más orientadas hacia las relaciones.

«Cuando no se nos da una misión, o cuando no vale la pena luchar por ella, es lo que (el profesor de Harvard) Arthur C. Brooks dice que deja una falta de sentido», dijo el padre Schmitz, que es la principal crisis que Brooks ha identificado y que es necesaria para superar el vacío moderno y alcanzar la verdadera alegría.

Esperanza cristiana contra la ansiedad

Los problemas de confianza, la soledad y la ansiedad entre los jóvenes siguen siendo una crisis preocupante entre los estudiantes de hoy en día.

«En los campus universitarios, en los últimos 10 años, la ansiedad ha superado a la depresión como el principal problema de salud mental al que se enfrentan los jóvenes, y la ansiedad es miedo al futuro y tiene sus raíces en la incertidumbre», dijo el padre Schmitz.

El remedio, añadió, es un sentimiento generalizado de esperanza cristiana. «La esperanza cristiana no consiste solo en desear un resultado, sino en saber que puedo confiar en Dios y proyectar esa confianza hacia el futuro; creo que esa es la respuesta a la ansiedad», dijo el padre Schmitz.

El refugio en el misterio de la tradición

El retorno a la tradición católica y a la auténtica reverencia entre los jóvenes ha sido otro antídoto contra la angustia actual. «Hay algo realmente conmovedor en el misterio y el sentido ancestral de la Misa, o en las prácticas que realizamos como católicos , que trasciende lo individual», afirmó el padre Schmitz.

También abordó el tema de la inteligencia artificial, que el Papa León XIV trata en su histórica encíclica «Magnifica Humanitas», publicada el 25 de mayo. El Papa compara el intento de construir un futuro con IA que excluya a Dios con la «Torre de Babel» y subraya la necesidad de salvaguardar la dignidad humana, ya que se ve «amenazada por nuevas formas de deshumanización».

Humanidad frente a la Inteligencia Artificial

«Hace aproximadamente un año, estuve hablando con algunas personas del Instituto McGrath para la Vida de la Iglesia en la Universidad de Notre Dame», dijo el padre Schmitz, «y una de las cosas que destacaron fue que cada vez que inventamos algún tipo de tecnología, esta representa una extensión de alguna capacidad humana, como nuestra capacidad para desplazarnos en automóviles. Y cada vez, hemos limitado nuestra capacidad para utilizarla».

Por ejemplo, en la sociedad hipermóvil actual, la gente no camina tanto como antes. La IA presenta un escenario similar al de extender las capacidades mentales humanas para abordar problemas tanto complicados como complejos, dijo el padre Schmitz.

«La IA hace un gran trabajo resolviendo problemas complicados, pero no puede resolver (todos) los problemas complejos», dijo el sacerdote.

«En un futuro inmediato, espero que podamos conservar nuestra humanidad reconociendo que hay algunas preguntas que una computadora no puede resolver, por muy desarrollado que esté el programa», dijo el padre Schmitz.

El evento de Fort Lauderdale atrajo a un público diverso de jóvenes, adultos jóvenes e incluso personas mayores que probablemente conocen al sacerdote gracias a sus populares videos de YouTube y su podcast «La Biblia en un año». Producido por Ascension Press, el podcast consta de 365 episodios diarios que leen la Biblia completa. En cada episodio, el padre Schmitz lee y comenta pasajes bíblicos, añadiendo también sus propios comentarios y oraciones.

La gira «Parábolas» se presenta como parte de una iniciativa de recaudación de fondos para apoyar el Centro Newman en la Universidad de Minnesota Duluth. Unos 700 estudiantes y profesores se reúnen para participar en el culto bajo la tutela del Padre Schmitz.

Todos los fondos recaudados en cada evento se destinan a financiar la construcción de una iglesia completamente nueva y un espacio exclusivo para que los estudiantes se reúnan, oren, estudien y crezcan en su fe en el campus.

El autorOSV / Omnes

Libros

J. Aurell: «Cada época ha proyectado sus propias obsesiones sobre el Opus Dei»

Según Jaume Aurell, la imagen pública de la Obra se apoya en tres grandes relatos que se han ido desarrolando a lo largo de su historia.

Javier García Herrería·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

A las puertas de su centenario, el Opus Dei sigue teniendo una percepción distorsionada en la opinión pública. ¿Cuáles son la razones de esta percepción? ¿Es fruto de una leyenda negra alimentada desde el exterior? Aprovechando el hito de los cien años, el historiador Jaume Aurell coescribe Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía, un análisis que busca arrojar a diversas cuestiones desde el punto de vista histórico.

Conversamos con Aurell para rastrear el origen histórico de estos prejuicios y entender por qué, un siglo después, la institución sigue afrontando el reto de explicar su identidad y su historia a la sociedad.

A casi todas las personas del Opus Dei les han preguntado alguna vez por qué la imagen de la institución es tan diferente a la realidad que se experimenta cuando uno conoce a una persona de la Obra. ¿Por qué ocurre esto?

–Porque la imagen pública del Opus Dei no se ha construido mirando lo que la institución realmente es, sino proyectando sobre ella los miedos y las obsesiones de cada época. He estudiado esto usando la teoría de los metarrelatos: son narrativas que actúan como un espejo, donde cada generación ve reflejado aquello que le obsesiona, proyectándolo en la organización.

¿A qué te refieres exactamente con que esas narrativas son «presentistas»?

–A que juzgamos el pasado con las categorías del presente, en vez de entenderlo en su propio contexto. Es un fenómeno que vemos en muchos otros ámbitos: hoy se censura a autores como Shakespeare, Mark Twain o Agatha Christie porque contienen expresiones o estereotipos que ahora consideramos ofensivos, pero que en su época entraban dentro de la convención social. Con el Opus Dei ha pasado algo parecido, pero durante cien años y con tres relatos distintos y hasta contradictorios entre sí.

Hablemos de esos relatos. ¿Cuál fue el primero?

–El del Opus Dei como una herejía religiosa, entre 1940 y 1957. Y aquí viene lo curioso: no nació entre anticlericales, sino dentro de la propia Iglesia. Algunos padre jesuitas como Ángel Carrillo de Albornoz o Manuel María Vergés, ligados a las Congregaciones Marianas, empezaron a calificar la doctrina de la institución como una herejía peligrosa, que había que erradicar antes de que se consolidara.

¿Por qué una Iglesia tan jerárquica veía una amenaza en algo tan sencillo como vivir la fe en el trabajo diario?

–Porque en una Iglesia preconciliar, los laicos eran fieles de segunda categoría. Que unos jóvenes corrientes, vestidos de traje y corbata, sin hábito ni distintivo alguno, dijeran que podían alcanzar la santidad en su trabajo ordinario, resultaba extraño y hasta sospechoso. Se les llamó «iluministas» y se les acusó de robar vocaciones religiosas.

Y casi al mismo tiempo llegó la sospecha política, con la Falange de por medio.

–Así es. La Falange, que quería mantener su posición de partido único, vio en el Opus Dei una amenaza. En 1941 se presentó incluso una denuncia formal ante el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, acusando a Escrivá y sus seguidores de tramar algo «judeomasónico». 

¿Hubo más acusaciones contra la Obra antes de que Escrivá se marchase a vivir a Roma?

–Sí, también se les acusó del «asalto a las cátedras universitarias». Entre 1940 y 1945 se cubrieron 179 plazas de catedrático en España. De esas, solo 23 fueron para personas del Opus Dei: un 6%. Lejos de la conquista masiva que sugiere la leyenda.

El relato dio un giro radical en 1957, ¿qué ocurrió?

–Sí, un vuelco dramático. Franco, obligado a abandonar la autarquía económica falangista, incorporó a técnicos como Mariano Navarro Rubio y Alberto Ullastres, ambos del Opus Dei, que diseñaron el Plan de Estabilización de 1959 y el posterior «milagro económico» español. Los sectores falangistas, resentidos por perder poder, acuñaron entonces la etiqueta de «tecnócratas del Opus Dei» y les acusaron de tomar el poder

De herejes a poderosos aliados de la dictadura.

–Exacto, y esa imagen se globalizó a través de revistas como The Economist o Time, y se reforzó con libros escritos por autores antifranquistas como Daniel Artigues o Jesús Ynfante, que acuñó la expresión «Santa Mafia». De nuevo, lo político y lo religioso se enredaron. A la vez, dentro de la Iglesia, el Concilio Vaticano II politizó los debates entre «progresistas» y «conservadores», y la institución fue tachada de «integrista», cuando en sus orígenes se había considerado demasiado “innovadora”.

¿Hubo también presiones desde el propio Vaticano?

–Sí, entre 1967 y 1973 figuras como Giovanni Benelli y Jean Villot presionaron a Escrivá para que el Opus Dei actuara como bloque político alineado con la Democracia Cristiana europea. Él se negó, defendiendo la libertad política individual de cada laico, y eso le costó seis años de distanciamiento y desconfianza por parte de la Curia.

Llegamos a la tercera oleada, la de la secta y los escándalos financieros.

–A partir de 1980, con sociedades más secularizadas e individualistas, valores como el celibato laical o la mortificación empezaron a leerse a través de una creciente fobia mediática contra el catolicismo. El Opus Dei en este contexto era visto como una fuerza reaccionaria e inmovilista.

La erección como Prelatura Personal en 1982 y la beatificación del fundador en 1992 dispararon un nuevo frente de ataque, con testimonios de exmiembros críticos.

Y ahí aparece también la palabra «secta».

–Exacto, la prensa internacional, con The Times a la cabeza, abandonó el esquema del poder político y adoptó el paradigma del sectarismo. En Alemania e Italia circularon teorías sobre «lavado de cerebro» promovidas por asociaciones antisectas, hasta el punto de generar un intento de investigación del Parlamento italiano en 1986, que finalmente no llegó a realizarse porque se desvaneció como una calumnia sin fundamento.

¿Y los escándalos financieros que se le atribuyen?

–Son tres casos distintos que la opinión pública vinculó de forma difusa: el caso Matesa en 1969, el caso Calvi y el Banco Ambrosiano en 1982, y el caso Ruiz-Mateos en 1983. Son episodios muy diferentes entre sí, pero el relato popular los enlazó como si formaran una sola trama relacionada con el Opus Dei. Cuando uno estudia esos casos con un mínimo de seriedad, advierte que se trata de casos que responden a contextos económicos y agentes políticos completamente diversos. 

¿Entonces por qué funcionaron?

–Por algo que le ocurre muy frecuentemente al Opus Dei: la gente confunde la actuación profesional de sus miembros como si cada uno siguiera órdenes de la institución. Evidentemente esto no ha pasa con la mayoría de miembros, que tienen trabajos normales y sin especial relevancia pública. Ahora bien, si uno tiene un puesto de responsabilidad alto en la política, la banca, la abogacía o la cultura, entonces sus actuaciones caen bajo la lupa de la sospecha. Aunque parezca difícil de reconocer, sigue habiendo un fondo clerical en muchas de estas lecturas.

Y todo esto culmina con Dan Brown.

–Con El código Da Vinci, en 2003, y su versión cinematográfica en 2006. Ahí se fusionan todos los mitos acumulados durante décadas en una caricatura pop, el monje albino asesino, que logra una eficacia comercial enorme a costa de consolidar la leyenda negra.

Lo más llamativo de tu análisis es que el Opus Dei ha sido acusado de cosas totalmente opuestas según la época.

–Es la prueba de que estos relatos son construcciones artificiales. En los años cuarenta se le acusaba de innovación herética por defender la santidad de los laicos sin hábitos ni votos; desde los sesenta hasta hoy se le acusa de lo contrario, de ser ultraconservador y reaccionario. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, unos denunciaban a Escrivá como germanófilo ante los aliados, y otros lo denunciaban como anglófilo ante alemanes e italianos, al mismo tiempo. 

En España se le atribuyó ser el sostén ideológico del franquismo, cuando en realidad fue perseguido por la propia Falange y algunos de sus hijos tuvieron que exiliarse para hacer oposición. 

Y a nivel sociológico, se le ha descrito tanto como un «calvinismo católico» modernizador como, hoy, un búnker oscurantista contrario a la autonomía individual.

El análisis de tu texto se detiene en 2010. ¿Por qué no analizas los últimos quince años, con toda la polémica reciente incluida?

–Porque soy historiador, no periodista ni analista de actualidad. El oficio del historiador necesita distancia temporal y perspectiva: hace falta que los archivos se abran, que los testimonios se contrasten entre sí y que las pasiones del presente se enfríen antes de poder juzgar con rigor. 

Escribir sobre lo que ha ocurrido en los últimos años sin esa perspectiva sería repetir el mismo error que denuncio en el libro: dejarse llevar por el relato dominante del momento – bien contextualizado – en lugar de analizar los hechos con el tiempo necesario para separar el mito de la realidad. Dentro de veinte o treinta años, otro historiador podrá hacer con esta última etapa lo que yo he intentado hacer con el siglo anterior.

Para terminar, ¿qué esperas que el lector se lleve de este recorrido de cien años de relatos?

–Que aprenda a desconfiar de las etiquetas fáciles. Cuando una institución no encaja en las categorías ideológicas dominantes de su tiempo, la sociedad tiende a deformarla para poder clasificarla. Entender esos mecanismos no es solo útil para juzgar al Opus Dei, sino para leer con más espíritu crítico cualquier relato histórico que se nos presente como definitivo, contextualizarlo adecuadamente. En el texto lo ejemplifico con la aberración que supone dividir la guerra civil española entre fascistas y comunistas, como muchos pretenden hacer hoy día: esto es manipular el pasado, simplificándolo, para usarlo en las contiendas políticas del presente y generar una polarización imprudentemente innecesaria.


Historia del Opus Dei. Cien años de vida a través de su historiografía

Autor: Federico Requena (ed)
Editorial: Almuzara
Año: 2026
Número de páginas: 242
Evangelio

El método de Jesús: las parábolas. Domingo XV del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas del Domingo XV del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 12 de julio de 2026.

Vitus Ntube·9 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El tema de la Palabra de Dios ocupa el centro de la liturgia de hoy. En la primera lectura, la Palabra es comparada con la lluvia y la nieve que descienden del cielo para regar la tierra y hacerla fecunda. En el Evangelio, se asemeja a la semilla esparcida en distintos tipos de terreno. El centro de las lecturas no es solamente la palabra en sí misma, sino también la manera en que es proclamada y recibida.

El Evangelio nos presenta la conocida parábola del sembrador. Sin embargo, esta parábola es más que un simple relato con una enseñanza moral. Como observa el Papa Benedicto XVI, es en muchos sentidos “autobiográfica”, porque refleja la misma experiencia de Jesús y de su predicación. Cristo se presenta como el sembrador que esparce la buena semilla de la Palabra de Dios, mostrando al mismo tiempo que su fecundidad depende de la disposición de quienes la reciben.

Hoy se presta especial atención al método de enseñanza de Jesús. Después de escuchar la parábola, los discípulos se acercan a Él y le preguntan: “¿Por qué les hablas en parábolas?” Jesús responde: “A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no”.

¿Por qué Jesús elige enseñar en parábolas? A lo largo del Evangelio le vemos enseñar de diversas maneras. Pronuncia el Sermón de la Montaña de forma directa y clara. Ahora, sin embargo, adopta otro estilo de enseñanza. Este cambio sorprende incluso a los discípulos, y por eso le preguntan acerca de ello. 

El uso de las parábolas nos enseña que la Palabra de Dios exige esfuerzo, reflexión e interpretación. Interpela no solo la inteligencia, sino también el corazón y la voluntad. La palabra no puede ser recibida de manera pasiva o indiferente. Para que dé fruto en nuestra vida, debemos comprometernos personalmente con ella. Debemos permitir que nos interpele y nos transforme.

Quien escucha la parábola está llamado a convertirse en tierra fértil: abierta, receptiva y dispuesta a reflexionar profundamente para captar el significado del mensaje. La humildad y la apertura son, por tanto, esenciales. Quienes se acercan a la Palabra como los discípulos que se acercaron a Jesús para pedirle una explicación, reciben una comprensión más profunda de los misterios del reino.

La liturgia de hoy nos enseña cómo recibir y difundir la Palabra de Dios. La parábola nos anima a comprometernos profundamente con la Sagrada Escritura para que la Palabra dé fruto en nosotros —treinta, sesenta y hasta cien por uno—. Cuando compartimos la Palabra con los demás, debemos hacerlo de un modo que apele a su libertad e involucre su inteligencia.

Vaticano

León XIV compartirá un almuerzo con 200 personas en situación de vulnerabilidad en Castel Gandolfo

Repitiendo el evento de 2025, el sábado 11 de julio el Papa León XIV almorzará con 200 personas en situación de vulnerabilidad en Castel Gandolfo.

Paloma López Campos·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

El próximo sábado 11 de julio de 2026, el Borgo Laudato si’, situado en los Jardines Pontificios de Castel Gandolfo, se convertirá en el escenario de la iniciativa “Almuerzo con el Papa”.

En el marco de la estancia del Pontífice este mes en dicha localidad, esta jornada de acogida y fraternidad reunirá a cerca de 200 personas en situación de vulnerabilidad social procedentes de la diócesis de Roma, quienes tendrán la oportunidad de compartir la mesa con el Papa León XIV.

Ecología integral y la convivencia

El encuentro cuenta con un itinerario que entrelaza la fe, la naturaleza y la inclusión social. La jornada iniciará con una celebración eucarística con la Liturgia para el Cuidado de la Creación.

Posteriormente, los asistentes disfrutarán de un momento de acogida y convivencia, y se llevará a cabo una visita guiada para que los invitados descubran las instalaciones y el proyecto del Borgo Laudato si’. Más tarde, el evento culminará formalmente con el almuerzo compartido al lado del Santo Padre.

Pastoral hacia las periferias

Este evento no es un acto aislado, sino la consolidación de una iniciativa anual promovida por el Centro de Alta Formación Laudato si’. El proyecto se originó a partir de la experiencia del 17 de agosto de 2025, cuando el Santo Padre compartió una comida similar con personas en situación de pobreza de la Diócesis de Albano.

A raíz de ese encuentro, se determinó invitar cada año a una diócesis diferente para brindar a refugiados, migrantes y personas en situaciones de fragilidad social un día inmerso en la belleza de la creación y la oportunidad de encontrarse con el Papa.

La edición de este año posee un significado eclesial de gran relevancia, ya que es el resultado de la colaboración conjunta entre el Centro de Alta Formación Laudato si’, el Dicasterio para el Servicio de la Caridad y la Diócesis de Roma. Juntos han articulado una única acción pastoral involucrando a las principales organizaciones y parroquias que dan soporte diario a los ciudadanos más vulnerables de la capital italiana

Respaldos y declaraciones de las autoridades

El Cardenal Fabio Baggio, Director General del Centro de Alta Formación Laudato si’, enfatizó que crearon el espacio para demostrar que “el cuidado de la creación y el cuidado de la persona constituyen una única misión”. Baggio añadió que, tras la experiencia de Lampedusa, este día marca una nueva etapa en el camino de León XIV hacia las periferias de nuestro tiempo.

Por su parte, monseñor Luis Marín de San Martín, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, apuntó que la elección del Papa reafirma que “la caridad se expresa en la cercanía, el encuentro y el compartir”.

Asimismo, el cardenal Baldassare Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, concluyó explicando que se buscó explícitamente que los protagonistas fueran las personas acompañadas por Cáritas y las realidades asociativas locales, devolviendo el protagonismo “a quienes con demasiada frecuencia permanecen en los márgenes”.

Colaboración comunitaria y comercial

La realización de este encuentro cuenta con el apoyo de una extensa red de asistencia que incluye a organizaciones como la Comunidad de Sant’Egidio, Cáritas Diocesana de Roma, el Centro Astalli, las ACLI de Roma y múltiples parroquias locales.

A nivel logístico, las instituciones organizadoras expresaron su agradecimiento al «Restaurante L’Isola della Pizza» de Roma, encargado de ofrecer el almuerzo, así como al «Bar Al Duomo» de Albano Laziale, que contribuye con el desayuno de bienvenida para los participantes.

Familia

El cine más visto en España apenas refleja el deseo de formar una familia, pese a que el 70% de los jóvenes sí lo desean

Un informe de The Family Watch revela que el 56% de las familias representadas aparecen en conflicto y sólo un 5% son atractivas y positivas.

Javier García Herrería·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Fundación The Family Watch ha presentado el informe «Las Familias en Pantalla: Modelos de Hogares en las Películas y Series más vistas en España en 2025», un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Nebrija y la Universidad Rey Juan Carlos, con el apoyo de Methos Media, que pone sobre la mesa una conclusión llamativa: la ficción que más consumen los españoles apenas recoge el deseo de formar una familia, a pesar de que un porcentaje mayoritario de los jóvenes del país sí aspira a tenerla.

La investigación ha analizado 40 producciones audiovisuales —las diez series y las diez películas más vistas tanto en televisión lineal como en plataformas de streaming durante 2025— a través de una metodología de análisis de contenido aplicada a 158 personajes representativos de distintas dinámicas familiares.

Familias presentes, pero casi siempre en crisis

Según los datos del estudio, el 56% de los sistemas familiares que aparecen en pantalla están marcados por el conflicto, la fragmentación o la desestructuración, mientras que un 33% presenta la institución familiar como algo problemático o en crisis. Frente a estas cifras, solo un 5% de las historias ofrece un modelo familiar aspiracional o claramente positivo.

El informe señala, no obstante, una paradoja: aunque las estructuras familiares se muestran debilitadas, buena parte de los personajes cumple la función narrativa de mantenerlas unidas. El 28% actúa como sostén emocional del grupo familiar, por delante de las figuras de autoridad (22%) y de aquellos personajes que generan el conflicto (20%).

«La ficción construye personajes que sostienen emocionalmente familias que, narrativamente, aparecen rotas o en proceso de ruptura. Es una de las paradojas más interesantes que revela el estudio», explica Carmen Llovet, una de las investigadoras que firman el informe.

Otro dato destacado es que casi uno de cada cuatro personajes (23%) carece de una estructura familiar reconocible, una ausencia que, según los autores, no es casual: suele emplearse como recurso narrativo para perfilar al antagonista, justificar ciertas conductas o simplemente invisibilizar el entorno familiar del personaje.

El cuidado sigue teniendo rostro de mujer

El informe también pone el foco en cómo se reparten las tareas de cuidado en la ficción. La madre aparece como principal cuidadora en el 26% de los casos, frente a apenas un 11% en el caso del padre. En cambio, la ausencia familiar se asocia mayoritariamente a personajes masculinos: el 19% de los hombres desempeña ese papel narrativo, frente a solo el 3% de las mujeres. La corresponsabilidad en el cuidado aparece en el 22% de las producciones analizadas, aún en una posición minoritaria.

«La corresponsabilidad comienza a aparecer en la ficción, pero todavía no cuestiona de manera significativa un modelo de cuidados que continúa muy vinculado a la figura materna», apunta el investigador Ernesto García, coautor del estudio.

Los valores familiares tradicionales resisten

Pese al peso de los conflictos, el informe constata que la ficción sigue transmitiendo valores históricamente asociados a la familia. Destacan el sacrificio y el deber familiar (23%), seguidos de la autonomía individual (19%) y la tradición y continuidad (12%). Además, la familia sigue siendo un elemento determinante en la construcción de la identidad de los personajes: influye decisivamente en quiénes son en el 62% de los casos y condiciona sus decisiones a lo largo de la trama en el 45%.

«Las narraciones muestran una tensión constante entre la lealtad hacia la familia y la búsqueda de un proyecto personal. Incluso cuando la familia apenas aparece en pantalla, continúa condicionando las motivaciones de los protagonistas», señala la investigadora Cristina Gallego.

El estudio también analiza el contexto en el que se produce y consume esta ficción. España concentra el 50% de las producciones más vistas, con Netflix y RTVE Play como plataformas líderes en consumo, en un momento en que el auge del streaming está transformando de manera profunda los formatos narrativos.

Cinco recomendaciones para mejorar la representación familiar

A partir de estos resultados, el informe plantea cinco líneas de actuación dirigidas tanto a la industria audiovisual como a las administraciones públicas:

  1. Incorporar el deseo de formar una familia como un eje narrativo legítimo.
  2. Visibilizar el cuidado y distribuirlo de forma más equilibrada entre hombres y mujeres.
  3. Mostrar una mayor diversidad de modelos familiares, también desde perspectivas funcionales y positivas.
  4. Introducir criterios de representación familiar en las políticas públicas de financiación audiovisual.
  5. Impulsar la alfabetización audiovisual para fomentar una mirada crítica sobre los modelos familiares presentes en la ficción.

Para María José Olesti, directora general de The Family Watch, los resultados del informe son «especialmente relevantes, pues la ficción construye el imaginario colectivo y representa lo que es normal, deseable o posible». En este sentido, subraya que datos como la persistencia del cuidado femenino o la escasa presencia del deseo de formar una familia entre los jóvenes españoles —pese a que un porcentaje alto sí la desea— constituyen «un dato muy significativo» para repensar cómo la ficción retrata la vida familiar.

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América Latina

El «sexto continente» se cita en Centroamérica: Hechos 29 y la vanguardia de la misión digital

Más de cien misioneros de veinte países se reúnen en Costa Rica bajo el respaldo del Vaticano y el CELAM, consolidando una pastoral del encuentro en el entorno digital.

Juan Carlos Vasconez·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El «sexto continente» ha dejado de ser una simple metáfora para convertirse en una realidad pastoral ineludible. No es un mero conjunto de herramientas tecnológicas, sino un espacio habitado donde millones de personas —particularmente los jóvenes— buscan respuestas a sus inquietudes existenciales y entablan relaciones. 

Para la Iglesia, habitar este entorno no es una opción estratégica secundaria, sino una exigencia de su mandato evangelizador. En este contexto de aceleración digital emerge Hechos 29, el encuentro internacional de misioneros digitales y creadores de contenido católico más importante del mundo, un espacio donde la fe y la cultura digital se abrazan para construir comunión.

El nombre mismo del encuentro encierra una profunda clave teológica. El libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles concluye de manera abrupta en su capítulo 28, dejando la narrativa de la primera expansión cristiana en un punto suspensivo. «Hechos 29» simboliza, por tanto, el capítulo que la Iglesia sigue escribiendo hoy bajo la acción del Espíritu Santo. No se trata de añadir una página a la Revelación, sino de asumir la continuidad histórica de la misión apostólica: los creadores de contenido actuales son los nuevos evangelizadores llamados a recorrer las autopistas de la información, llevando el primer anuncio a los confines de la red.

Costa Rica como sede global

En su edición de 2026, Hechos 29 llega por primera vez a Centroamérica, eligiendo a Costa Rica como sede del 18 al 23 de agosto. El encuentro congregará a más de 100 creadores de contenido, sacerdotes, religiosas, músicos y podcasters procedentes de una veintena de países, incluyendo naciones como Italia, España, México, Colombia, Perú y Argentina.

Lejos de constituir un congreso tradicional, este evento se plantea como una experiencia profunda de fraternidad y una radiografía viva de la Iglesia en misión.

La trayectoria del movimiento demuestra un crecimiento orgánico desde su fundación en 2021 en Monterrey, México. Aquella primera edición, nacida en plena pandemia y en formato virtual, reunió a 45 pioneros. Para 2022, el Papa Francisco ya enviaba un videomensaje animándoles a evangelizar con creatividad. Tras su paso por Bogotá en 2024, el movimiento alcanzó un hito en 2025 al participar en el Jubileo de los Misioneros Digitales en Roma, donde recibieron la exhortación de «reparar las redes», una invitación del Sucesor de Pedro a sanar el tejido digital promoviendo la cercanía y la verdad.

Discípulos antes que ‘influencers’

El alma de Hechos 29 queda perfectamente sintetizada por su director general, el presbítero José Juan Montalvo («Padre Borre»): «No buscamos cantidad, sino fraternidad». En un entorno frecuentemente dominado por la tiranía del algoritmo y la competencia por el alcance, este encuentro subvierte la lógica del mundo. 

La premisa que une a estos creadores es clara: antes de ser influencers, son discípulos. El éxito de la misión digital no se mide por las métricas de un vídeo, sino por la autenticidad del testimonio y la capacidad de acompañar procesos personales profundos, transformando las pantallas en puentes de encuentro real con Jesucristo.

Esperanza para la región

El encuentro cuenta con un sólido respaldo institucional: la Arquidiócesis de San José, la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el CELAM y el Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede apoyan la iniciativa. Figuras eclesiales como Monseñor Lucio Ruiz, que hasta septiembre sigue siendo el secretario de dicho Dicasterio, aportarán una visión de la Iglesia universal, recordando que esta tarea se sitúa en el corazón mismo de la Iglesia de hoy. 

La dinámica combinará jornadas de retiro espiritual y formación a puerta cerrada —donde compartirán aciertos y dolores pastorales— con un gran Festival de la Misión Digital abierto al público el 23 de agosto.

En una Centroamérica donde el catolicismo representa apenas el 32.6% de la afiliación regional, Hechos 29 se presenta como un faro de esperanza. Nos recuerda que el Evangelio también corre por las redes y que los entornos virtuales son surcos donde la semilla de la gracia puede germinar. 

Detrás de cada cuenta católica hay una historia y un corazón que ora; a través de esta red internacional, la Iglesia demuestra que está dispuesta a desgastarse en el sexto continente, habitando las periferias digitales no como meros técnicos de la comunicación, sino como auténticos y cercanos testigos del Amor de Dios.

Mundo

“Jerusalén es el corazón del mundo”: la llamada a mirar más allá de los conflictos

El cardenal Pierbattista Pizzaballa reivindica la vocación universal de Jerusalén como "el corazón espiritual del mundo", un patrimonio vivo de fe y diálogo que trasciende el conflicto actual.

Redacción Omnes·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

“Jerusalén es el corazón del mundo”. Con esta expresión, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, resume una de las ideas centrales de la carta que dirigió el pasado abril a los fieles de la diócesis. 

En un momento marcado por el conflicto y la incertidumbre, su mensaje invita a contemplar Tierra Santa desde una perspectiva más amplia: no sólo como escenario de una guerra, sino como un lugar cuya importancia espiritual, histórica y humana trasciende cualquier circunstancia temporal. “¿Cómo permanecer, como cristianos, en medio de este conflicto?”, se pregunta el Patriarca Latino de Jerusalén. 

La carta, difundida en un contexto especialmente difícil para la región, insiste en la necesidad de mantener viva la esperanza y de no perder de vista la misión singular de Jerusalén y de los católicos que viven en Tierra Santa. Para el Patriarca, la Ciudad Santa sigue siendo un punto de referencia para millones de personas en todo el mundo y un lugar donde se encuentran tradiciones religiosas, culturas e historias que forman parte del patrimonio común de la humanidad.

Jerusalén, una ciudad para todos

Pocas ciudades concentran una carga simbólica comparable a la de Jerusalén. Sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, ha sido durante siglos un lugar de oración, peregrinación y encuentro. Su relevancia no depende únicamente de su pasado, sino también de su capacidad para seguir acogiendo a personas de procedencias muy diversas.

En su carta, Pizzaballa recuerda precisamente esa vocación universal. Jerusalén no puede entenderse desde una mirada exclusivamente local o política: “Nosotros somos la Iglesia de Jerusalén, y la Ciudad Santa es el corazón no solo geográfico, sino también espiritual de nuestra comunidad eclesial”…

Esta dimensión universal convierte a la ciudad en un espacio privilegiado para el diálogo. A pesar de las dificultades y tensiones que periódicamente atraviesa la región, Tierra Santa sigue siendo uno de los pocos lugares donde las grandes tradiciones religiosas monoteístas conviven en una proximidad única. El diálogo interreligioso no se limita aquí a declaraciones institucionales, sino que forma parte de la vida cotidiana de quienes viven y trabajan en la región.

Los Lugares Santos, un patrimonio vivo

El Patriarca también recuerda la importancia de custodiar los Lugares Santos y preservar su significado para las generaciones futuras. Estos espacios no son únicamente monumentos históricos o destinos turísticos. Son lugares donde millones de personas encuentran un vínculo concreto con su fe y con las raíces del cristianismo, pues “la misión de la Jerusalén terrenal, en cierto sentido, es convertirse en imagen y espejo de la Jerusalén celestial”, asegura en su carta.

La Basílica del Santo Sepulcro, la Basílica de la Natividad, el Monte de los Olivos o el Mar de Galilea forman parte de una geografía espiritual que sigue atrayendo a creyentes de todo el mundo. Su valor trasciende las fronteras de la propia Tierra Santa y constituye un patrimonio compartido por toda la Iglesia.

En este contexto, las comunidades cristianas locales desempeñan un papel esencial. Son ellas quienes mantienen viva la presencia cristiana en los lugares vinculados a la vida de Jesús y quienes continúan ofreciendo acogida a los peregrinos que llegan desde distintos países. Por eso, la disminución de visitantes durante los últimos años no solo ha tenido consecuencias económicas, sino que también ha afectado a una realidad humana y eclesial profundamente arraigada en la historia de la región.

Comprender Tierra Santa más allá de los titulares

Frente a una actualidad dominada por las noticias sobre el conflicto, distintas iniciativas continúan trabajando para ayudar a comprender la riqueza histórica, cultural y religiosa de Tierra Santa. Una de ellas es Saxum Visitor Center, situado en Abu Ghosh, a pocos kilómetros de Jerusalén.

A través de recursos audiovisuales, tecnología interactiva y contenidos divulgativos, el centro ofrece a los visitantes una visión global del contexto bíblico y de la realidad de los lugares donde se desarrollaron los acontecimientos narrados en las Sagradas Escrituras. 

“Tierra Santa no es únicamente un destino de peregrinación. Es un lugar donde la historia, la fe y el diálogo entre religiones se encuentran de una forma única”, explica Blanca Ramirez, directora Saxum Visitor Center , representante de Saxum. “Quienes visitan Jerusalén descubren que los Lugares Santos son espacios vivos que siguen reuniendo a personas de todo el mundo”. De hecho, el Cardenal Pizzaballa afirma en su carta que “su identidad principal –la característica más importante de la Ciudad y de toda Tierra Santa– es la de ser el lugar de la revelación de Dios, el lugar donde las religiones están en casa”.

Blanca Ramírez añade que “comprender Tierra Santa ayuda también a comprender mejor la importancia de la convivencia y del encuentro. Incluso en momentos difíciles, Jerusalén sigue recordándonos que es posible construir puentes entre personas de distintas tradiciones religiosas y culturales”.

Las palabras conectan con el mensaje central de la carta de Pizzaballa. Más allá de las dificultades presentes, el Patriarca invita a no perder de vista aquello que hace única a Jerusalén: su capacidad para reunir a personas de todo el mundo en torno a una historia compartida.

Porque, como recuerda el propio Patriarca, Jerusalén sigue siendo “el corazón del mundo” y por eso “la comunidad internacional tiene el deber y el derecho de interesarse por Jerusalén, porque es de todos”. Una ciudad cuya relevancia no depende únicamente de lo que ocurre en ella, sino también de lo que representa para millones de personas que continúan mirando hacia Tierra Santa como un lugar de fe, memoria y esperanza.

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Vaticano

Monseñor Luis Marín, OSA: “La prioridad del pontificado de León XIV es Cristo, con todo lo que significa”.

El prefecto del Dicasterio para la Caridad explica en El Escorial que el cisma de los tradicionalistas no es solo por la liturgia, sino por no aceptar la entera Tradición de la Iglesia.

José María Navalpotro·8 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Monseñor Luis Marín de San Martín (Madrid, 1961) es uno de los hombres del círculo de colaboradores más cercano de León XIV. Agustino como él, antes de que Robert Prevost fuera elegido Papa, solían comer juntos con frecuencia desde que ambos fueron llamados por el Papa Francisco para trabajar en la Curia romana. Fue Subsecretario del Sínodo, y, desde hace casi cuatro meses, es el Limosnero de Su Santidad y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, uno de los de mayor peso en la actualidad.

Monseñor Marín, buen amigo de Omnes, atiende a la revista desde El Escorial, donde ha participado en un Curso de Verano del CEU sobre el primer año de pontificado de León XIV. Resulta obligado comenzar por preguntarle por lo que ha significado el reciente viaje del Papa a España.

– En primer lugar, confirmarnos en la fe; en segundo lugar, una siembra de esperanza y, en tercer lugar, un impulso misionero.

Es decir, ha recordado los pilares fundamentales de nuestra fe: Jesucristo, la Iglesia, el Evangelio. Al mismo tiempo, ha disipado esas nieblas de pesimismo que en ocasiones nos envuelven y nos ha orientado a un horizonte de esperanza. También nos ha hecho ver la urgencia de evangelizar, la asumir responsabilidad y la belleza de dar testimonio de Cristo resucitado en medio del mundo.

Ha sido impresionante la respuesta de la gente en general y de los jóvenes en particular. Hay un ansia por Cristo, yo diría, por mensajes coherentes, sólidos, y que den respuesta a los interrogantes, a los problemas del mundo de hoy. 

Ha sido un viaje magnífico, que he podido vivir en primera línea. 

Y, usted que está cerca del Papa, ¿qué cree que ha supuesto este viaje para él? 

– Ante todo, reencontrarse con España, un país que conoce bastante bien y al que ha venido muchísimas veces. Y darse cuenta, también, de nuestra realidad. 

Yo en el vuelo le dije: “Creo que hay mucho entusiasmo”, y él me respondió: “Ojalá”. Pero ese entusiasmo se ha multiplicado en cuanto a las previsiones, ha superado cualquier expectativa. Se ha sentido muy a gusto, ha conectado muy bien con la gente, se ha sentido acogido, escuchado, y al mismo tiempo, reforzado en su ministerio como sucesor de Pedro.

¿Cuál puede señalarse como la prioridad de su pontificado? Usted ha comentado que la prioridad era “la conversión misionera de la Iglesia”. ¿Qué quiere decir eso?

– La prioridad del pontificado es Cristo, el eje es siempre Cristo. Vivir en Cristo, identificarnos con Cristo, y testimoniar a Cristo. 

Una consecuencia de esta realidad es la conversión misionera de la Iglesia. Porque es evidente que, si vivimos a Cristo, sentiremos la urgencia de manifestarlo y comunicarlo. Todo aquel que vive en Cristo necesariamente siente el impulso misionero, el impulso evangelizador, la llamada a ser testigo de salvación en medio del mundo. 

El impulso misionero implica tres realidades. En primer lugar, nace de la experiencia de Cristo resucitado.

En segundo lugar, Cristo resucitado nos une a la Iglesia. Es un testimonio fuerte de comunión. 

Y tercero, Cristo resucitado lleva su mensaje al mundo de hoy. Debemos testimoniarlo en la cultura en la que nos manifestamos, en nuestra realidad existencial. Necesitamos, por tanto, una conversión misionera, que significa conversión a Cristo y disponibilidad al testimonio del Evangelio en el mundo de hoy.

La triste ruptura de los tradicionalistas

Hace unos días los lefebvrianos han ordenado en Econe a otros cuatro obispos, confirmando su separación de la Iglesia Católica. ¿Cuál es su reflexión? ¿Hasta qué punto hiere esta decisión al Papa? 

– Lo vivimos con una enorme tristeza. Todo lo que sea ruptura de la unidad, como dice el Papa, es romper la túnica de Cristo. Y esto es muy doloroso, porque causa una herida profunda. 

La carta que León XIV ha dirigido al prior de la Sociedad Sacerdotal San Pío X está muy bien estructurada y argumentada. Se nota que está escrita con el corazón, además de con la cabeza. 

Robert Prevost nunca ha sido un hombre de confrontación y de ruptura. Ha intentado apelar a Cristo, a la conciencia, al amor cristiano, al amor a la Iglesia. Y ha dicho claramente a los desobedientes: “Ese no es el camino”. El Papa es, siempre, garante de unidad.

Al mismo tiempo, es una carta muy clara. León XIV no contemporiza. Desde la caridad, el cariño, y la cercanía, presenta la doctrina cristiana. Y no busca un acuerdo a cualquier precio: no se trata de componendas, de vida cristiana y de coherencia. 

También es evidente que el problema de los llamados lefebvrianos no es simplemente litúrgico, sino mucho más profundo. Benedicto XVI intentó un acuerdo, una gran apertura sobre liturgia. Sirvió de poco. El problema fundamental es el rechazo del Concilio Vaticano II (ecumenismo, libertad religiosa, separación Iglesia-Estado, diálogo interreligioso y liturgia). Un Concilio, por cierto, cuyos documentos todos ellos, fueron aprobados por más del 90% de los votos.

La Tradición de la Iglesia no es solo Trento. Hay Iglesia antes y hay Iglesia después. La Tradición de la Iglesia abarca desde los primeros siglos, hasta el Concilio Vaticano II y los tiempos actuales. Es una realidad viva que evoluciona. Hay que rezar, y pedir al Señor que ilumine a estos hermanos, pero el momento es muy triste. Toda ruptura en la Iglesia causa un dolor enorme. Es una llaga en el corazón, en el alma. 

Un Papa como León XIV, quien tiene como uno de sus signos de identidad la unidad, tiene que enfrentarse precisamente a esto. Y, por otro lado, -un caso distinto- también está la Iglesia en Alemania, que ha dado muestras de falta de unidad.

– La unidad es uno de los ejes del pontificado: la comunión. Es decir, la unión con Cristo y con su cuerpo, la Iglesia.

El cristiano se une a Cristo con una unión existencial, experiencial, bautismal. Esta unión con Cristo nos lleva a la unión con los hermanos y hermanas, a la comunión con los demás miembros de en la Iglesia, como cuerpo de Cristo. Ahora bien, esta unidad se vive y expresa en la variedad de vocaciones, contextos, y sensibilidades. El depósito de la fe no puede cambiar. Pero tampoco se trata de imponer el empobrecedor uniformismo. En esto debemos ser abiertos porque caben expresiones distintas y diferentes desarrollos en temas no esenciales. Siempre desde la unidad en la Iglesia y con la Iglesia. Todo lo que sea romper la unidad eclesial supone romper la unidad con Cristo. Y esto, como ha dicho el Papa, es un grave pecado. Nosotros siempre con Pedro y en la barca de Pedro.

Pero también el Papa llama a la esperanza.

– Sí, indudablemente para un cristiano el horizonte es siempre de esperanza. El Espíritu Santo actúa en su Iglesia, la renueva y vivifica. Ojalá tengamos la humildad y el amor suficientes para dejarnos guiar por el Espíritu, que nos une a Cristo, y nos llama a testimoniar la belleza y la grandeza del Evangelio aquí y ahora. Este es el verdadero y fundamental reto y, al mismo tiempo, la causa de nuestra esperanza. Y de una inmensa alegría.

Vaticano

¡El Papa se va de vacaciones! Y recupera la tradición de Castel Gandolfo

León XIV permanecerá en la Villa Barberini hasta el 27 de julio, mantendrá únicamente el rezo dominical del Ángelus y devuelve a Castel Gandolfo su papel como residencia estival del Papa tras la interrupción de Francisco.

Teresa Aguado Peña·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha iniciado este domingo su descanso estival en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, donde permanecerá hasta el próximo 27 de julio. Con esta estancia, el Pontífice recupera una tradición centenaria que había quedado interrumpida durante el pontificado de Francisco, quien optó por permanecer en la Casa Santa Marta durante el verano.

León XIV se aloja en la Villa Barberini, dentro del complejo pontificio situado a 25 kilómetros al sur de Roma. La costumbre de pasar el verano en Castel Gandolfo se remonta al siglo XVII, cuando el Papa Urbano VIII convirtió el lugar en residencia estival de los pontífices, una tradición que mantuvieron la mayoría de sus sucesores hasta la llegada de Francisco.

©OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media

A su llegada, León XIV saludó desde el balcón del Palacio Apostólico a los fieles congregados en la Plaza de la Libertad y expresó su satisfacción por regresar a la localidad: «¡Buenas tardes, Castel Gandolfo! Gracias. Estoy muy feliz de estar aquí entre ustedes, de poder pasar las próximas semanas descansando un poco, rezando un poco, leyendo un poco y, esperemos, haciendo un poco de deporte», afirmó.

Sin audiencias, pero con el Ángelus

La Prefectura de la Casa Pontificia ha informado de que, durante este periodo de descanso, quedan suspendidas las audiencias generales, privadas y especiales. La actividad ordinaria se reanudará el miércoles 5 de agosto con la primera audiencia general tras las vacaciones.

No obstante, León XIV mantendrá su cita semanal con los fieles para el rezo del Ángelus. Los dos primeros domingos de julio (5 y 12) presidirá la oración desde la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, mientras que el 19 de julio regresará al Vaticano para dirigir el Ángelus desde la Plaza de San Pedro.

Además, el Borgo Laudato Si’ permanecerá abierto todos los días entre las 10:00 y las 18:00 horas para recibir a peregrinos y visitantes. Desde este espacio se ha invitado a los fieles a acompañar al Pontífice con la oración durante este tiempo de descanso.

El cambio respecto a Francisco

La estancia de León XIV supone un cambio de rumbo respecto a su predecesor. Durante los doce años de su pontificado, Francisco renunció a trasladarse a Castel Gandolfo en verano y prefirió permanecer en la Casa Santa Marta, dentro del Vaticano, incluso durante los meses de mayor calor.

El pontífice argentino consideraba que no necesitaba una residencia de verano y optó por mantener una agenda de trabajo más estable desde Roma. Su decisión rompió con una tradición de siglos y permitió dar un nuevo uso al complejo pontificio.

En 2016, Francisco abrió al público los apartamentos privados del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, que fueron transformados en museo, permitiendo por primera vez que los visitantes recorrieran las estancias utilizadas históricamente por los papas durante sus vacaciones. Posteriormente impulsó también el proyecto del Borgo Laudato Si’, un espacio dedicado a la educación ambiental y al cuidado de la creación inspirado en su encíclica Laudato si’.

©CNS/Lola Gomez

Con la llegada de León XIV, Castel Gandolfo vuelve a convertirse en residencia estival del Papa, recuperando una imagen habitual durante buena parte de la historia reciente de la Iglesia y devolviendo protagonismo a una tradición que había permanecido en pausa durante el pontificado de Francisco.

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España

Banco Sabadell y tuTECHÔ se alían para combatir el sinhogarismo en España

La alianza entre Banco Sabadell y tuTECHÔ llega en un momento en el que el sinhogarismo crece con fuerza en España.

Redacción Omnes·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

España afronta uno de los momentos más críticos de su historia reciente en materia de vivienda y exclusión residencial. Según la Encuesta de centros y servicios de atención a personas sin hogar del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2024), una media diaria de 33.758 personas adultas se alojaron en centros de atención en España, un incremento del 55,7 % respecto a 2022. La propia encuesta del INE constató que de los 1.376 centros de atención existentes, el 26,2 % atendió exclusivamente a personas inmigrantes en situación de sinhogarismo, frente al 20,0 % de 2022.

A esta realidad se suma el contexto de vulnerabilidad económica que atraviesa buena parte de la población: un 25,8% de la población española vive en riesgo de pobreza, según datos del INE de 2024, en un escenario marcado por el encarecimiento sostenido de la vivienda y de la cesta de la compra.

Es en este contexto donde cobran especial relevancia las alianzas entre el sector financiero y las organizaciones especializadas en dar respuesta al sinhogarismo.

Banco Sabadell y tuTECHÔ firman un acuerdo de colaboración

Banco Sabadell, a través de su unidad especializada de Instituciones Religiosas y Tercer Sector, y tuTECHÔ han firmado un acuerdo de colaboración con el objetivo de impulsar iniciativas conjuntas que combinen experiencia financiera, gestión patrimonial e impacto social.

La alianza nace con la voluntad de generar sinergias entre ambas organizaciones para acompañar a entidades religiosas, fundaciones, asociaciones, organizaciones sociales y otros agentes comprometidos con el bien común en la identificación de soluciones financieras y patrimoniales que contribuyan al desarrollo de proyectos con impacto positivo en la sociedad.

tuTECHÔ desarrolla un modelo innovador para contribuir a abordar uno de los principales desafíos sociales de nuestro país: el sinhogarismo. A través de TECHÔ Hogar SOCIMI SBIC y la Fundación tuTECHÔ, la entidad promueve soluciones orientadas a facilitar el acceso a una vivienda digna y a favorecer los procesos de inclusión social de personas en situación de especial vulnerabilidad.

Un compromiso histórico con el tercer sector

Esta colaboración refuerza el compromiso de Banco Sabadell con las entidades que desarrollan una labor fundamental al servicio de las personas. La unidad de Instituciones Religiosas y Tercer Sector cuenta con una amplia trayectoria acompañando a congregaciones, diócesis, fundaciones, ONG, hermandades, colegios y entidades sociales, ofreciendo soluciones especializadas y un asesoramiento adaptado a las características y necesidades de cada organización.

La firma de este acuerdo representa un paso más en la apuesta de Banco Sabadell por impulsar iniciativas que generan valor económico y, al mismo tiempo, contribuyen al progreso social. Ambas entidades comparten la convicción de que la financiación, la inversión y la gestión del patrimonio pueden desempeñar un papel relevante en la búsqueda de soluciones sostenibles a los retos sociales actuales.

Declaraciones de los protagonistas

“Este acuerdo nos permite seguir avanzando en nuestra vocación de acompañar a las entidades que trabajan cada día al servicio de las personas. La propuesta de tuTECHÔ constituye una iniciativa innovadora para contribuir a combatir el sinhogarismo y refleja cómo la colaboración entre diferentes actores puede generar un impacto positivo y tangible. Para Banco Sabadell es una satisfacción explorar nuevas vías de colaboración que aporten valor tanto a nuestros clientes y entidades vinculadas como al conjunto de la sociedad”, afirma Santiago Portas, director de Instituciones Religiosas y Tercer Sector de Banco Sabadell.

“Los grandes desafíos sociales requieren alianzas capaces de sumar conocimiento, experiencia y compromiso. La colaboración con la unidad de Instituciones Religiosas y Tercer Sector de Banco Sabadell nos permitirá ampliar nuestra capacidad de actuación y seguir impulsando soluciones innovadoras que faciliten el acceso a una vivienda digna y generen nuevas oportunidades para las personas en situación de vulnerabilidad”, señala Blanca Hernández, presidenta y fundadora de tuTECHÔ.

Tender puentes entre finanzas y acción social

Con esta colaboración, Banco Sabadell y tuTECHÔ refuerzan su apuesta por tender puentes entre el ámbito financiero, la gestión patrimonial y la acción social, promoviendo iniciativas orientadas a generar oportunidades y mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables.

Una estrategia estatal para erradicar el sinhogarismo en 2030

El Gobierno, consciente de la magnitud del problema, aprobó en julio de 2023 una estrategia estatal con el objetivo de erradicar el sinhogarismo en 2030, en un contexto en el que el número de personas sin hogar superaba entonces las 28.500 personas, lo que ha impulsado la transición desde un modelo asistencial tradicional, basado en albergues, hacia un modelo comunitario centrado en soluciones habitacionales estables. En este marco, distintas entidades del tercer sector alertan de que persisten carencias estructurales: según HOGAR SÍ, a pesar de que la inmensa mayoría de las personas sin hogar (82%, según el INE de 2022) consideran que los albergues no les permiten recuperar su proyecto de vida, más de la mitad de las plazas ofertadas siguen siendo en este tipo de centros.

Educación

¿Cómo acompañar espiritualmente a una persona que sufre? Navarra trata de enseñarlo

José María Pardo, director del nuevo Programa de formación permanente en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas de la Universidad de Navarra, explica por qué acompañar a quien sufre requiere una formación integral.

Teresa Aguado Peña·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En un mundo lleno de situaciones de sufrimiento, soledad y vulnerabilidad, el acompañamiento humano y espiritual adquiere una importancia creciente. Sin embargo, acompañar bien exige mucho más que buena disposición: requiere formación, capacidad de escucha y una comprensión integral de la persona.

Con esta convicción nace el Programa de formación permanente en acompañamiento humano y espiritual en situaciones complejas, impulsado por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra junto con el Instituto Core Curriculum. Dirigido por José María Pardo, este nuevo título propio busca ofrecer herramientas para quienes, desde el ámbito sanitario, educativo, social o pastoral, desean acompañar a personas que atraviesan momentos de especial dificultad.

José María Pardo explica las razones que han motivado la creación de este programa, los desafíos que plantea hoy el acompañamiento y la necesidad de formar a quienes quieren estar al lado de quienes sufren con competencia, sensibilidad y esperanza.

¿Qué necesidad concreta detectaron en la sociedad que ha impulsado la creación de este programa de acompañamiento?

–Vivimos en un momento histórico en el que el sufrimiento humano se presenta con una complejidad creciente. La enfermedad, los problemas de salud mental, las adicciones, las crisis familiares, la soledad o el final de la vida plantean situaciones que interpelan profundamente a quienes tienen la misión de acompañar a otras personas.

La Iglesia siempre ha considerado el acompañamiento una dimensión esencial de su acción pastoral. Sin embargo, las circunstancias actuales ponen de manifiesto la conveniencia de una formación cada vez más sólida e interdisciplinar. Muchas situaciones requieren integrar la riqueza de la antropología cristiana con las aportaciones de la Psicología, la Psiquiatría y otras ciencias humanas.

Este Programa nace precisamente de esa convicción. Queremos contribuir a formar personas capaces de ofrecer un acompañamiento integral, que atienda todas las dimensiones de la persona y que sepa conjugar la profundidad de la fe con un conocimiento serio de la realidad humana.

¿Qué significa acompañar bien a una persona en crisis? ¿Cuáles serían las claves del acompañamiento?

–Acompañar bien significa acercarse al misterio de cada persona con respeto, escucha y prudencia. Antes que ofrecer respuestas, el acompañante debe aprender a comprender quién tiene delante, cuál es su historia y qué está viviendo.

El verdadero acompañamiento comienza con una escucha atenta y continúa con un discernimiento que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona: la espiritual, la psicológica, la afectiva, la familiar, la social e incluso la biológica. Solo desde esa mirada integral es posible ofrecer una ayuda adecuada.

Por eso nuestro Programa articula la formación en torno a tres grandes ámbitos: los fundamentos antropológicos y teológicos, las aportaciones de la Psicología y la Psiquiatría, y el estudio de algunas situaciones especialmente complejas, como la resolución de conflictos, las adicciones o el acompañamiento al final de la vida.

En definitiva, acompañar consiste en ayudar a la persona a recorrer su propio camino, respetando siempre su libertad y su dignidad.

¿Qué errores habituales se cometen, incluso con buena intención, al acompañar a personas en situaciones de fragilidad?

–El primero es pensar que todas las situaciones pueden resolverse del mismo modo. Cada persona posee una historia irrepetible y necesita ser comprendida en su singularidad.

También puede suceder que reduzcamos el sufrimiento a una única dimensión, cuando, en realidad, suelen entrelazarse aspectos espirituales, psicológicos, familiares, sociales e incluso médicos. La realidad humana raramente admite explicaciones simplistas.

Por último, un buen acompañante sabe reconocer los límites de su propia competencia. Hay situaciones en las que el mejor modo de ayudar consiste precisamente en trabajar junto a otros profesionales o derivar a la persona a quien puede ofrecer una atención más especializada. Lejos de ser una limitación, esta actitud forma parte de un acompañamiento verdaderamente responsable.

¿Qué aporta específicamente la teología en el acompañamiento de situaciones como la enfermedad, el duelo o las adicciones?

–La primera aportación de la tradición cristiana es su comprensión de la persona humana. La antropología cristiana contempla al ser humano como una unidad de cuerpo y espíritu, de inteligencia, afectividad y libertad, llamado además a la comunión con Dios y con los demás. Esa visión unitaria constituye un fundamento sólido para cualquier tarea de acompañamiento.

La fe ilumina también cuestiones decisivas como el sentido del sufrimiento, la esperanza, el perdón o la posibilidad permanente de recomenzar. Son dimensiones profundamente humanas que ayudan a afrontar muchas situaciones de dolor.

Ahora bien, precisamente porque la persona constituye una unidad, la Teología no camina al margen de las ciencias humanas. Al contrario, dialoga con ellas. La Psicología, la Psiquiatría, la Medicina o la Sociología aportan conocimientos imprescindibles para comprender mejor la complejidad de la experiencia humana. No se trata de yuxtaponer saberes, sino de integrarlos al servicio de la persona concreta.

¿Qué competencias concretas espera que adquieran los alumnos al finalizar el programa?

–Nuestro propósito no es formar especialistas en Psicología o Psiquiatría, ni tampoco ofrecer únicamente una profundización teológica.

Lo que pretendemos es proporcionar una visión integral de la persona y unas herramientas que permitan comprender mejor las situaciones humanas complejas. Aspiramos a que los alumnos aprendan a escuchar con profundidad, a realizar un primer discernimiento de cada situación, a acompañar con prudencia y a reconocer cuándo resulta conveniente colaborar con otros profesionales.

En definitiva, queremos formar personas capaces de cuidar mejor de quienes atraviesan momentos de especial vulnerabilidad.

En su opinión, ¿qué diferencia a alguien «bienintencionado» de alguien realmente formado para acompañar?

–La buena voluntad es indispensable, pero necesita estar iluminada por el conocimiento y la prudencia.

La formación proporciona criterio. Enseña a escuchar antes de hablar, a evitar respuestas precipitadas, a comprender la complejidad de determinadas situaciones y a discernir cuál es la ayuda más adecuada en cada caso.

En este sentido, la formación no sustituye las cualidades humanas; las perfecciona. Cuanto mejor comprendemos a la persona, mejor podemos servirla.

¿Estamos todos hechos para acompañar?

–Todos estamos llamados, de un modo u otro, a hacernos prójimos de quienes sufren. El cuidado de los demás forma parte de la vocación humana y, para el cristiano, constituye una expresión privilegiada de la caridad.

Sin embargo, acompañar bien también se aprende. Como cualquier tarea de responsabilidad, requiere formación, experiencia y un continuo ejercicio de discernimiento. El Evangelio nos ofrece una imagen particularmente elocuente en la parábola del buen samaritano. No solo porque sabe detenerse ante quien sufre, sino porque cuida de él con competencia y, cuando es necesario, lo pone en manos de quien puede continuar esa atención. También el acompañamiento exige humildad para reconocer los propios límites y trabajar con otros en beneficio de la persona.

Este Programa quiere ser un primer paso en ese camino. No pretende agotar una realidad tan amplia, sino ofrecer una base sólida desde la que seguir creciendo. Nuestro deseo es contribuir a formar una comunidad de personas comprometidas con un acompañamiento cada vez más humano, más competente y más profundamente cristiano.

Libros

Un tipo sin pierna, hospitalizado, pero con suerte 

Hay libros que se leen y otros que se acompañan. La nada es todo, de Pablo Delgado de la Serna, pertenece a estos últimos: un testimonio luminoso y profundamente humano que muestra cómo, incluso en medio de la enfermedad y la fragilidad, la esperanza y el amor pueden convertirse en la última palabra.

Maria José Atienza·7 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

“Cuando pensamos que lo hemos perdido todo es cuando encontramos el lugar perfecto para que Dios llene nuestro corazón. Cambiando el enfoque, la nada puede ser el punto de partida para recibir el todo”. Esta afirmación de Pablo Delgado de la Serna, que da nombre al libro, se encuentra casi a mitad del volumen. Para entonces, ya hemos recorrido meses junto a este “trasplantado”, a través del papel, en el que recoge confidencias, pensamientos, reflexiones y pequeños detalles cotidianos de una vida nada “normal”.

La nada es todo se presenta como un pequeño diario -recoge una serie de las publicaciones a través de las que Delgado de la Serna narra su rutina diaria y sus miedos, y pone a rezar (y reza él), a tantas personas. 

La vida de Pablo Delgado de la Serna ha estado marcada por la enfermedad desde su nacimiento. Sin embargo, si algo repite a lo largo de estas páginas es que se siente “un tipo con suerte”. Un tipo con suerte que ha estado años atado a la diálisis (hasta abril de 2026 en la que recibió el ansiado trasplante de riñón), que ha sufrido la amputación de una pierna y la incertidumbre de perder la otra, que ha vivido meses en un hospital o ha tenido que pasar las vacaciones separado de su mujer y su hija…. 

En categorías actuales no se llamaría suerte a esta situación, pero Pablo ha hecho de los limones limonada, helado y tarta, porque ha sabido llevar su dolor a un camino de entrega y de ayuda para otras muchas personas. En el libro aparece también el pilar de su vida: su familia, en especial, su mujer, Sara, y su hija, Amelia, (su equipo SAP) sin el que no hubiera podido afrontar, del mismo modo, su vida. 

El libro se extiende desde agosto de 2024 a noviembre de 2025, quizás una de las épocas más complicadas para Pablo y su familia. Pablo no oculta, en esos breves apuntes de diario, el dolor, la desesperanza que asoma, el cansancio…. No “espiritualiza” el dolor sino que lo afronta. No arrastra la cruz, la carga. 

Si hay una sensación que deja la lectura de este libro es la esperanza, la confianza, cum fide, con fe, de quien se ha abandonado en manos de Dios -y de los médicos- y del que toma de la vida, más que nada, el amor.

Libro

Título: La nada es todo
Autor: Pablo Delgado de la Serna
Páginas: 108
Editorial: EUNSA
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Vaticano

¿Qué preocupa a la Iglesia sobre la familia? Las 5 reflexiones que propone León XIV

El Vaticano presenta la hoja de ruta del encuentro convocado por León XIV, que abordará los desafíos de las familias, el matrimonio, los jóvenes y el acompañamiento a las situaciones de fragilidad.

Teresa Aguado Peña·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y la Secretaría General del Sínodo han publicado este lunes el Itinerario temático del encuentro convocado por el Papa León XIV con los jefes de las Iglesias católicas orientales y los presidentes de las conferencias episcopales, que se celebrará en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.

La iniciativa coincide con el décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris laetitia (sobre el amor en la familia) y tiene como objetivo discernir, en un clima de escucha recíproca y con estilo sinodal, los pasos que la Iglesia debe dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, teniendo en cuenta la experiencia de las Iglesias locales y los desafíos actuales que afrontan las familias.

El encuentro, anunciado por el Pontífice en marzo con motivo del aniversario del documento de Francisco, es un itinerario eminentemente pastoral que sitúa a las familias no solo como destinatarias de la acción de la Iglesia, sino también como protagonistas de su misión, a través de los cuales el Evangelio  toma forma en las relaciones cotidianas, en las decisiones, en la fragilidad y en la esperanza.

Durante las días de trabajo, los participantes escucharán testimonios de familias, dialogarán con expertos y reflexionarán sobre las iniciativas de acompañamiento que ya se desarrollan en distintas Iglesias locales. El objetivo es «discernir hacia qué dirección nos está guiando hoy el Espíritu Santo, para reconocer, sostener y promover lo que Él ya esta obrando en las familias y valorar su contribución a la misión de la Iglesia». Así, el programa de reflexión se articula en torno a cinco grandes ejes.

1. Las familias de hoy: realidad, belleza y desafíos

El primero, «Las familias de hoy: realidad, belleza y desafíos», propone partir de la experiencia concreta de las familias y del compromiso de la Iglesia de hoy para discernir los signos de los tiempos. Invita a reconocer tanto la belleza del amor familiar como las dificultades que lo atraviesan —la precariedad laboral y de la vivienda, la enfermedad, la educación de los hijos, la soledad afectiva o el cuidado de personas mayores, con discapacidad o dependientes—, y plantea cómo responder pastoralmente a los cambios culturales y sociales que afectan al matrimonio, la transmisión de la fe y la vida familiar. 

Así, la Iglesia se pregunta: ¿Cuáles signos de esperanza, cuáles desafíos y cuáles puntos críticos surgen hoy de las vidas de las familias de diversos contextos culturales y sociales? ¿De qué manera las transformaciones de nuestro tiempo afectan a la experiencia del amor entre hombre y mujer, la generación, el cuidado, la transmisión de la fe y la misión de la Iglesia? ¿Cuáles son las experiencias pastorales que más nos ayudan a reconocer la acción de Dios en la vida concreta de las familias y valorar los recursos humanos y espirituales? ¿Qué aprendemos de la escucha de las familias y de la experiencia de las Iglesias locales? ¿De qué manera puede el diálogo entre la experiencia vivida, el discernimiento eclesial, la investigación teológica y las ciencias humanas, ayudarnos a comprender más profundamente la realidad de las familias y acompañarlas?

2. Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial

El segundo eje, «Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial», pone el foco en las nuevas generaciones, muchas de las cuales han perdido la confianza en la posibilidad de construir un proyecto matrimonial y familiar estable. El encuentro abordará cómo acompañar a niños, adolescentes y jóvenes para redescubrir el valor del matrimonio cristiano, mediante itinerarios educativos y espirituales, el testimonio de otras familias y un acompañamiento que favorezca un discernimiento maduro sobre la vida afectiva y la acogida de los hijos.

Se pondrán sobre la mesa las preguntas: ¿Qué lenguajes, experiencias e itinerarios educativos y espirituales ayudan hoy a los niños, adolescentes y jóvenes a reconocer el valor del matrimonio? ¿Qué testimonio pueden ofrecer las parejas y las familias? ¿Cómo pueden acompañarlos en su crecimiento emocional, relacional y sexual? ¿Qué pasos de atención y conversión pastoral pueden ayudar a la Iglesia a acompañar a las parejas que conviven en el discernimiento de un camino afectivo y familiar, madurando la elección del matrimonio y la acogida de los hijos? 

3. La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo

El tercer bloque, «La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo», se centrará en el acompañamiento de los matrimonios en la etapa inicial de su vida en común. El documento subraya que esos primeros años son fundamentales para consolidar el vínculo conyugal y afrontar retos como el nacimiento de los hijos o la conciliación entre la vida familiar y el trabajo. También propone fortalecer las redes de apoyo entre familias y promover una mayor corresponsabilidad dentro de las comunidades eclesiales.

«¿Qué formas de acompañamiento ayudan más a las parejas, particularmente en los primeros años de vida matrimonial? ¿Cómo favorecer relaciones de vecindad entre familias, experiencias de apoyo mutuo y formas concretas de corresponsabilidad en la vida de la comunidad eclesial? ¿Qué experiencias muestran la fecundidad de redes de familias capaces de sostenerse recíprocamente y convertirse, a su vez, en una presencia de acompañamiento y testimonio para otros?» serán los temas a tratar.

4. En las dificultades de la vida: acompañar y apoyar

El cuarto tema, «En las dificultades de la vida: acompañar y apoyar», abordará la atención pastoral a las familias que atraviesan situaciones de fragilidad, pobreza, violencia, separación o divorcio. El objetivo es reflexionar sobre cómo construir comunidades cristianas capaces de ofrecer escucha, cercanía, discernimiento y esperanza, ayudando a quienes viven experiencias de sufrimiento a sentirse parte activa de la Iglesia y a redescubrir la misericordia de Dios.

Se preguntarán: ¿Qué pasos se han dado para apoyar a quienes viven en situaciones de fragilidad o dificultad? ¿Cuáles resistencias han surgido? ¿Cómo podemos construir comunidades cristianas en las que quienes han vivido la experiencia del sufrimiento, abandono, separación y divorcio puedan sentirse realmente escuchados, partícipes y corresponsables? ¿Qué experiencias concretas ya muestran el rostro de una Iglesia cada vez más capaz de cercanía, discernimiento, acompañamiento y aprecio, ayudando a personas y familias a recuperar la confianza, a reconocerse como parte de la comunidad y a experimentar la misericordia de Dios? 

5. Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia

Finalmente, el quinto eje, «Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia», destaca que las familias no son únicamente destinatarias de la acción pastoral, sino protagonistas de la evangelización. El documento subraya su papel en la transmisión de la fe, el acompañamiento de otros matrimonios, la vida de las comunidades cristianas y la construcción de una sociedad más solidaria, reconociendo el matrimonio y la vida familiar como un camino de crecimiento humano, espiritual y misionero.

Reflexionarán sobre lo siguiente: ¿Cómo valorar la experiencia de las parejas y las familias como un lugar de maduración humana, espiritual, eclesial y social? ¿Cómo acompañar un camino en el que la relación de pareja se convierta en una experiencia viva de crecimiento en la fe y la vida social? ¿Cómo reconocer y apoyar la contribución de las familias a la misión evangelizadora y a la conversión pastoral de las comunidades cristianas? 

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Mundo

El Parlamento europeo ahonda en el diseño adictivo de plataformas en línea

Un informe del Servicio de Estudios del Parlamento europeo incide de nuevo en el diseño adictivo de plataformas como Tik Tok. Las autoras, Mar Negreiro y Öykü Dilara Anaç, analizan las conclusiones preliminares de la Comisión Europea sobre el incumplimiento de la Ley de Servicios Digitales (DSA), y la futura regulación.

Francisco Otamendi·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos

El estudio analiza las conclusiones preliminares de la Comisión Europea contra TikTok, de las que informó Omnes en febrero, el caso estadounidense contra Meta y YouTube; el fundamento jurídico del Reglamento de Servicios Digitales (DSA); el concepto de addictive design; y la relación entre algoritmos, patrones oscuros (dark patterns) y protección de menores, y está fechado en mayo.

Una de las tesis principales de Mar Negreiro, jurista española especializada en Derecho digital y protección de consumidores, y su colaboradora, es que el problema jurídico no reside únicamente en los contenidos difundidos por las plataformas, sino en la propia arquitectura del servicio, diseñada para maximizar el tiempo de permanencia del usuario mediante mecanismos conductuales.

Riesgo para la salud mental

“The Commission preliminarily finds that TikTok needs to change the basic design of its service” (“La Comisión considera, con carácter preliminar, que TikTok debe modificar el diseño básico de su servicio”). El análisis de esta afirmación resume en buena parte la aportación del informe. 

El problema jurídico ya no reside únicamente en los contenidos ilícitos o en el tratamiento de datos personales, sino también en el propio diseño de las plataformas digitales, cuando éste favorece conductas adictivas y pone en riesgo la salud mental, especialmente de menores y personas vulnerables.

El texto analiza un cambio de paradigma en la regulación de las grandes plataformas digitales. Hasta hace pocos años, la actuación de las autoridades se centraba en la retirada de contenidos ilegales, la protección de datos o las prácticas anticompetitivas. 

Maximizar el tiempo de permanencia

Sin embargo, las investigaciones más recientes demuestran que el diseño de determinadas aplicaciones puede generar patrones de uso compulsivo que afectan al bienestar psicológico de los usuarios. Según la autora, las plataformas basan su modelo de negocio en maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios para incrementar los ingresos publicitarios. Para ello emplean mecanismos que estimulan la liberación de dopamina mediante recompensas constantes y personalizadas, favoreciendo un uso repetitivo y prolongado.

En este contexto se sitúan las conclusiones preliminares de la Comisión Europea sobre TikTok, publicadas en febrero de 2026. La Comisión considera, tras una investigación todavía en curso, que determinadas funcionalidades de la plataforma —como el desplazamiento infinito (infinite scroll), la reproducción automática de vídeos (autoplay), las notificaciones continuas (push notifications) y los sistemas de recomendación altamente personalizados— generan riesgos sistémicos para la salud mental de menores y adultos vulnerables. 

Indicadores objetivos de uso compulsivo

Asimismo, reprocha a la empresa no haber tenido suficientemente en cuenta indicadores objetivos de uso compulsivo, como el tiempo que los menores permanecen conectados durante la noche o la frecuencia con la que abren la aplicación. Si estas conclusiones se confirman definitivamente, TikTok podría enfrentarse a importantes sanciones económicas y, sobre todo, verse obligada a modificar aspectos esenciales de la arquitectura de su servicio.

El informe pone de relieve que esta actuación de la Comisión encuentra su fundamento jurídico en el Reglamento de Servicios Digitales (Digital Services Act o DSA). Aunque el Reglamento no utiliza expresamente la expresión addictive design, sí proporciona herramientas suficientes para actuar frente a estos riesgos. 

Reunión entre Yann LeCun (AMI Labs), y Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, en Vivatech, París, el 17 de junio de 2026 (Nicolas Kovarik / European Union, 2026 / EC – Audiovisual Service, Wikimedia commons).

Obligaciones legales, evaluar riesgos, protección de menores

En particular, el artículo 34 obliga a las plataformas de muy gran tamaño a identificar y evaluar los riesgos sistémicos que puedan afectar a la salud pública, al bienestar físico y mental de los usuarios y a la protección de los menores. Por su parte, el artículo 35 exige la adopción de medidas eficaces para reducir dichos riesgos. 

Además, el artículo 25 prohíbe los diseños manipulativos de las interfaces digitales, conocidos como dark patterns, que alteran o limitan la capacidad de los usuarios para adoptar decisiones libres e informadas. Finalmente, el artículo 28 establece obligaciones específicas de protección de los menores en el entorno digital.

Fomento de hábitos difíciles de controlar, vulnerabilidad 

La autora explica que el concepto de addictive design hace referencia a decisiones deliberadas de diseño destinadas a maximizar el compromiso del usuario con la plataforma mediante técnicas psicológicas que fomentan hábitos difíciles de controlar. No se trata únicamente de captar la atención, sino de crear dinámicas de interacción continuada que incentivan el consumo permanente de contenidos. 

Esta cuestión resulta especialmente preocupante en adolescentes, cuyo desarrollo cognitivo y emocional los hace más vulnerables a este tipo de estrategias persuasivas. Diversos estudios citados en el informe relacionan el uso excesivo de las redes sociales con mayores niveles de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, disminución de la capacidad de atención y menor control de los impulsos.

Caso estadounidense

El informe establece asimismo un interesante paralelismo con la evolución del derecho estadounidense. En marzo de 2026, un jurado de Estados Unidos declaró responsables a Meta y YouTube por el carácter adictivo del diseño de sus plataformas. Aunque la indemnización económica fue relativamente reducida, el valor jurídico de la decisión radica en que constituye el primer precedente en el que un tribunal considera negligente el diseño mismo de una red social. 

Según la autora, esta resolución puede incentivar cambios en la configuración de las plataformas para evitar futuras responsabilidades judiciales tanto en Estados Unidos como en otros ordenamientos.

‘Patrones oscuros’ dificultan abandonar la aplicación

Otro de los aspectos más relevantes del análisis es la estrecha relación entre los algoritmos de recomendación, los dark patterns y la protección de los menores. 

Los algoritmos seleccionan contenidos altamente personalizados para mantener el interés del usuario durante el mayor tiempo posible, mientras que los patrones oscuros dificultan abandonar la aplicación o interrumpir el consumo continuo de contenidos. La combinación de ambas técnicas incrementa significativamente el riesgo de comportamientos compulsivos. 

Por ello, Negreiro sostiene que la protección efectiva de los menores no puede descansar exclusivamente en restricciones de edad o en mecanismos de control parental, ya que estas soluciones desplazan la responsabilidad hacia las familias sin corregir el problema estructural: un diseño empresarial concebido para maximizar la permanencia de los usuarios.

Futura regulación: en qué consiste “un diseño aceptable”

Finalmente, el informe concluye que la futura regulación europea deberá avanzar hacia un modelo de “fairness by design” (equidad desde el diseño), en el que la protección de los consumidores y, especialmente, de los menores, quede incorporada desde el propio diseño tecnológico de las plataformas. 

En este sentido, el futuro Digital Fairness Act podría reforzar las obligaciones ya previstas en el DSA e imponer límites más estrictos a las funcionalidades manipulativas. 

Como resume la jurista, “el reto de esta investigación es evaluar qué constituye un diseño aceptable”. Una cuestión que trasciende el ámbito tecnológico y plantea un debate de fondo sobre la compatibilidad entre los actuales modelos de negocio de las grandes plataformas digitales y la protección efectiva de los derechos fundamentales de los usuarios más vulnerables.

El Parlamento europeo, activo en este asunto

El Parlamento Europeo se ha mostrado activo en esta cuestión. En una resolución de diciembre de 2023 sobre el diseño adictivo de los servicios on line, pidió que se pusiera fin a los “patrones oscuros” y a las lagunas en la protección de los consumidores en Internet. 

La cuestión también se ha abordado más recientemente en el informe de iniciativa propia de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor (IMCO) sobre la protección de los menores en Internet y en otro informe sobre el impacto de las redes sociales y el entorno en línea en los jóvenes que está elaborando la Comisión de Cultura y Educación.

El autorFrancisco Otamendi

FirmasAntonio Ruiz Valverde

Amigos, no proyectos

En tiempos de polarización necesitamos aprender a hablar de lo que importa sin perder a los amigos e interlocutores.

6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

La conversación comenzó de forma inofensiva: un comentario sobre los hijos, otro sobre lo difícil que resulta conciliar o lo cara que está la vida. Cuando alguien mencionó a una familia de siete hijos y a una madre que afrontaba su quinta cesárea, las opiniones se encendieron:

—Eso ya es una irresponsabilidad.

—Hay que pensar también en los hijos, no se trata solo de tenerlos.

Nadie hablaba con crueldad. Éramos amigos razonables, preocupados por la salud de aquella mujer y por las dificultades de sacar adelante una familia tan grande. Yo, padre de varias hijas, escuchaba en silencio. Sabía lo que es reorganizar los gastos, encajar horarios imposibles y llegar al final del día con la sensación de no haber atendido bien a nadie. Pero también sabía que mis hijas no son un obstáculo para vivir; son una parte esencial de mi vida.

Pensé en intervenir. Podía explicar que una familia numerosa no nace de la inconsciencia, que muchas decisiones incomprensibles desde fuera se toman con libertad y generosidad, y que no todo sacrificio empobrece: algunas renuncias ensanchan la existencia mucho más de lo que la reducen. Pero también sabía que cualquier respuesta podía sonar defensiva o moralmente superior. Dudé: ¿hablar o callar?

El peligro del respeto que distancia

Esta cuestión sería la misma si habláramos de matrimonio, de dinero, de sexualidad, del éxito, del sufrimiento o de Dios. En muchas amistades hay un respeto sincero hacia la fe del otro, siempre que no pretenda iluminar la vida ajena. Nuestra época valora ese respeto; protege la libertad y evita que la diferencia se convierta en agresión. Pero no siempre implica escucha. A veces respetamos al otro manteniéndolo a distancia: aceptamos que viva como quiera, pero evitamos preguntarle por las razones de su vida. Se oye mucho el “yo respeto que tú pienses así”, que parece civilizado, pero puede encerrar un pacto tácito: tú puedes pensar así, siempre que no esperes que yo escuche demasiado.

Cuando la fe habla del matrimonio, del perdón, del sufrimiento, de la sexualidad o del dinero deja de parecer una experiencia privada y empieza a formular una propuesta sobre la vida. Y ahí muchas conversaciones se vuelven incómodas. Incluso los creyentes nos adaptamos a ese acuerdo tácito: hablamos de trabajo, de hijos o de política, pero escondemos nuestras razones por miedo a que cambie la percepción que los demás tienen de nosotros. ¿Nos respetan por lo que somos o nos respetan mientras una parte de nosotros permanezca en silencio? ¿No renunciamos a veces a hablar, convencidos de antemano de que no merece la pena?

Hablar de lo que consideramos verdadero en una amistad exige prudencia. Confundimos sinceridad con espontaneidad y creemos que ser honestos consiste en decir inmediatamente lo que pensamos sin medir el efecto que producirá. Pero una verdad dicha sin prudencia puede herir y cerrar al otro. Y por miedo a incomodar reducimos nuestras convicciones a opiniones: “a mí me ayuda”, “es mi manera de verlo”, “cada uno tiene su verdad”.

Entre imponer y diluir hay un camino exigente: ofrecer la verdad como algo recibido y vivido. Por eso no es lo mismo decir “tener tantos hijos es una irresponsabilidad” que responder: “comprendo que desde fuera pueda parecer difícil; nosotros también dudamos y nos cansamos, pero nunca hemos sentido que nuestros hijos nos impiden ser felices”. La segunda respuesta no convierte la experiencia en norma universal, pero tampoco se avergüenza de ella ni juzga al otro. A veces la verdad entra como pregunta o confidencia. Puede bastar con: “¿qué te lleva a verlo así?” o “¿has vivido algo que te influya?”. Escuchar no es renunciar a la verdad, sino reconocer que la experiencia del otro merece ser comprendida antes de ofrecer la propia.

La verdad necesita el hogar de la amistad

Hay silencios necesarios. Un amigo puede no estar preparado o estar herido, y callar entonces es un acto de amor. Pero hay silencios que nacen del miedo a parecer anticuados o a dejar de agradar. La prudencia discierne cuándo hablar; el miedo procura no hacerlo nunca. La tarea del cristiano no es fabricar resultados, sino estar disponible para decir una palabra verdadera cuando la amistad y la ocasión lo reclaman, ni antes por impaciencia ni después por cobardía.

La verdad necesita amistad. No basta con que una afirmación sea verdadera: para ser acogida debe encontrar un lugar en la relación. La amistad no modifica la verdad, pero transforma la manera de comunicarla. Permite conocer las heridas y resistencias del otro. Evita que respondamos a frases aisladas y nos ayuda a mirar a la persona que las pronuncia. Detrás de una opinión sobre la maternidad puede haber miedo; detrás de una crítica a la Iglesia, una herida. Escuchar con atención exige tiempo y paciencia. Y acompañar no significa dirigir el proceso interior del otro ni calcular el rendimiento espiritual de nuestra presencia: significa aceptar que la persona puede avanzar, detenerse o retroceder; formular preguntas que no sabemos responder; y reconocer que también nosotros tenemos mucho que aprender y corregir.

Si el cónyuge no comparte nuestra visión, la coherencia deja de ser una lógica individual. No se trata de demostrar quién es más coherente, sino de amar y escuchar sin renunciar a la propia conciencia; de reconocer que la persona a la que prometimos amar no es un territorio que conquistar, sino alguien con quien caminar incluso a ritmos distintos.

La salud, el descanso, la estabilidad económica o el éxito profesional son bienes reales, y disfrutarlos no es en sí sospechoso. El problema surge cuando se convierten en fines últimos. Dos personas pueden seguir la misma dieta o trabajar para asegurar el futuro de sus hijos; una puede orientar esos bienes hacia la generosidad y la otra hacia el control. Incluso la familia puede convertirse en motivo de orgullo. La vida cristiana no se mide por el número de renuncias visibles, sino por el amor con que se viven. Amar significa aceptar que la presencia del otro alterará nuestros planes; ser amigo implica estar disponible también cuando la relación deja de ser cómoda; y creer en Dios es aceptar que la vida no se organiza solo desde el deseo de conservar el control.

Acompañar sin buscar resultados

El deseo de que un amigo conozca a Dios puede deformarse si convertimos la relación en una tarea pendiente. Podemos acabar midiendo la amistad por sus resultados: si vuelve a misa, si acepta una invitación, si se muestra receptivo. La libertad del otro no es un obstáculo para el apostolado, sino parte esencial de él. Acompañamos porque queremos al otro, no porque esperamos verlo llegar a un destino que hemos fijado. La pregunta exigente es si seguiríamos queriendo a esa persona si nunca cambiara de opinión ni compartiera nuestra manera de entender la libertad o la felicidad. Amar cristianamente no consiste en dejar de desear su bien, sino en quererlo sin poseerlo; en ofrecer sin forzar; en hablar sin manipular. El amigo no es un proyecto.

Mientras escuchaba a mis amigos comprendí que el silencio podía sugerir que medir la vida familiar solo desde el cansancio, el dinero o la pérdida de libertad no me afectaba. Intervine:

—Entiendo lo que decís —comencé—. Desde fuera puede parecer difícil. Nosotros hemos renunciado a muchas cosas y a veces llegamos mal a todo, pero nunca hemos sentido que nuestras hijas nos impiden vivir; son una parte esencial de nuestra vida.

No hubo reacciones espectaculares. Uno bajó la mirada; otro matizó que no hablaba de todos los casos. La conversación continuó. No se produjo ninguna transformación visible, pero algo había cambiado. No necesariamente en ellos, sino en la relación. Durante unos segundos, la amistad dejó de apoyarse únicamente en la cordialidad y tuvo que soportar una diferencia real. Tal vez una amistad profunda no se mida por la ausencia de desacuerdos, sino por la capacidad de atravesarlos sin dejar de reconocerse como amigos.

Decir la verdad puede incomodar. Escucharla también. Pero la incomodidad no siempre es una amenaza: a veces indica que la conversación ha abandonado la superficie y ha alcanzado algo importante. El apostolado de amistad comienza en el respeto, pero no se reduce a una convivencia cordial en la que cada uno guarda sus convicciones en un espacio privado e inaccesible. Compartir la vida incluye hablar de lo que la sostiene. Para un cristiano, Dios no es una afición reservada a ciertos momentos, sino la fuente desde la que trata de comprender la familia, el trabajo, el sufrimiento, el descanso y la felicidad. Excluir siempre esa dimensión de la conversación deja fuera algo esencial.

Compartir esa fuente no significa convertir al amigo en destinatario de una estrategia. No se trata de contar sus avances ni de contabilizar decisiones visibles. El amigo es una persona libre con un camino que pertenece, en último término, a Dios. Por eso el apostolado de amistad exige una doble fidelidad: fidelidad a la verdad, para no esconderla por miedo a incomodar, y fidelidad al amigo, para no usarla como un arma o una presión.

No hay fórmulas infalibles para saber cuándo hablar, cuándo callar o cuándo esperar; la prudencia nace del conocimiento del otro, de la oración y de la humildad de reconocer los propios errores. Evangelizar no consiste en vencer una discusión sobre la familia, el dinero, la sexualidad o el sacrificio; consiste en mostrar que la vida alcanza una plenitud mayor cuando los bienes recibidos no terminan en uno mismo. Tal vez el apostolado de amistad empiece justamente ahí: cuando dejamos de elegir entre la verdad y el amigo y aprendemos a cuidar a ambos al mismo tiempo.

El autorAntonio Ruiz Valverde

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Recursos

¿Cuál es el papel de los padrinos de Confirmación?

Ser padrino de confirmación no es solo un rol afectivo: es un rol con la Iglesia. Tu función concreta es presentar a tu ahijado ante el obispo, que es la cabeza de la comunidad, para que se integre plenamente a ese pueblo.

Claus Erik Jacob·6 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

El momento en que te piden ser padrino de Confirmación suele acompañarse de una cierta sorpresa, un poco de orgullo, tal vez, pero también —y esto es lo más revelador— de una cierta tensión a la hora de hacer la pregunta. No es fácil pedirlo y, cuando te lo proponen, se siente perfectamente esa especie de vergüenza. ¿Pero por qué ocurre esto? Ocurre porque esa persona te acaba de revelar un aspecto muy privado de su mente: la confesión de que te guarda una gran admiración.

Por eso surgen, al mismo tiempo, la sorpresa, el orgullo y la tensión. El darte cuenta de que alguien te considera de forma particular entre todos los demás te recuerda que eres bueno y que vales la pena, pues te están encargando la responsabilidad de velar por su alma y por sus deseos de salvación.

Un compromiso real

En esos primeros momentos, se corre el peligro de que tú, como padrino recién elegido, te quedes solo con ese sano orgullo. Por eso, tomando esto en cuenta, he querido tomarme el tiempo para dar mi opinión sobre la verdadera grandeza de este rol. Mi propuesta es que el orgullo de ser padrino no proviene del mero elogio social, sino que echa sus raíces en la profunda responsabilidad que esa elección implica.

Ser padrino no es solo un rol afectivo: es un rol con la Iglesia. Tu función concreta es presentar a tu ahijado ante el obispo, que es la cabeza de la comunidad, para que se integre plenamente a ese pueblo. En el fondo, estás introduciendo a alguien a una vida que tú mismo estás viviendo. Y ahí está la pregunta que realmente vale la pena hacerse antes de aceptar: ¿Me interesa a mí vivir con Cristo y ser parte activa de su Iglesia? No se trata de ser perfecto —porque nadie lo es—, sino de que eso te importe genuinamente. Al fin y al cabo, no puedes introducir a alguien a una casa en la que tú mismo no entras.

La analogía del rugby

Como todo esto puede sonar un poco esquemático y tal vez no se entienda del todo bien, voy a intentar explicar la dinámica propia del padrino mediante una analogía.

Hace un tiempo, me tocó ver a dos grupos de hermanos jugar, por primera vez lado a lado, un partido de rugby. Vale la pena explicar el contexto: en el colegio donde trabajo existe un club de rugby al que los alumnos pueden unirse una vez que egresan; es decir, es un club de exalumnos. Es así como, con el tiempo, hermanos de distintas generaciones del colegio terminan jugando juntos en el mismo equipo.

La escena era de por sí sorprendente. Ver materializado el orgullo que se sentía por el hermano menor que empezaba a participar junto a ellos producía un gusto genuino. Más que nada porque ese orgullo no solo traducía el cariño que uno le podía tener al otro, sino —y esto es lo más interesante— el hecho de que ahora el menor va a poder participar de algo que a ese hermano grande lo ha hecho muy feliz. Ser parte de ese equipo de rugby no es solo hacer deporte, sino participar de una comunidad de gente que busca lo mismo que tú. Así, el hermano chico entra a participar de una comunidad dentro de la cual el hermano mayor ya tiene un rol y es valorado.

El proceso de integración

Si uno se fija en la dinámica interna de los hermanos, van surgiendo ciertos roles naturales. De partida, es muy probable que ese hermano menor haya empezado a jugar al rugby porque el mayor lo hacía. Por lo tanto, hay una primera invitación. Sin embargo, en la medida en que los dos van jugando, el hermano grande le habrá enseñado cosas, dándole esos «tips» que el tiempo le enseñó a él y, entretanto, le habrá cultivado el gusto por el juego.

Además, sin que el hermano pequeño lo sepa, quien lo invita a participar probablemente hablará bien de él al entrenador y a los otros miembros del equipo para que lo acepten y lo acojan. En la medida en que esto avanza, los mundos de los hermanos empezarán a encajar: sus amigos ya saben «hermano de quién es» y celebran, justamente, esa vinculación. Y cuando el hermano chico por fin entra a jugar codo a codo con el mayor en el mismo club, se toma como una realización natural del proyecto que venía incoándose desde atrás. Es simplemente la plenitud de un proceso. El momento en que se acompañan al primer partido juntos viene a «sacramentalizar» una relación que se gestaba desde hace años.

Sin embargo, esto no queda aquí. Ahora que el hermano menor ya es parte del club, los consejos que siguen van en otra línea. El hermano grande le enseñará las dinámicas internas del equipo. Las correcciones y los consejos se plantearán en otro tono, porque ahora se encuentran en una relación de igual a igual. Se defenderán mutuamente, hablarán bien el uno del otro ante el entrenador y se preocuparán de que estén contentos viviendo el rugby juntos en el club.

De la cancha a la Confirmación

En la Confirmación se encuentran exactamente estas mismas dinámicas. No se elige al padrino simplemente porque se llevan bien, ni por cumplir un deber social. Te eligen porque ven en ti a un buen cristiano que ha movido al otro a vivir de un modo más alto. Te están pidiendo que se complete lo que se vivía solo como un proyecto: que lo presentes a la plenitud de la vida cristiana para que ese joven pueda participar totalmente de los tesoros de la Iglesia.

Se espera que el padrino sepa guiar y corregir al ahijado con el mismo espíritu con el que el hermano rugbista lo hace con su hermano menor: porque le encanta su club y desea que su hermano sea el mejor. En nuestro paralelo, «hablar con el entrenador» es rezar por él ; es decir, hablarle a Dios sobre tu ahijado para pedirle que le preste atención y lo ayude a ser mejor. También lo llevará a participar de la vida de la Iglesia —tal vez con una obra de misericordia o una romería—, pero siempre con el espíritu de quien invita a una alegría que él mismo está gozando. Así como el hermano lleva orgullosamente al otro a su club de rugby, el padrino debe conducir orgullosamente a su ahijado a la plenitud de la Iglesia.

Una oportunidad para renovar la propia fe

Por todo esto, ser padrino trae consigo una nueva reflexión sobre la propia vocación cristiana que implica madurez. Se trata de una nueva oportunidad para recomenzar con tu propia vida cristiana.

Ese orgullo de ser elegido debe llegar a su plenitud con un rol bien llevado. Esto consiste, sencillamente, en querer ser santo, aprovechar los dones que ya tienes —y que tu ahijado va a recibir—, querer profundamente al ahijado (pero quererlo santo) y no dejar nunca de rezar por él.

El autorClaus Erik Jacob

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Vaticano

Jesús no deja nunca solos ante lo que nos abate, alienta el Papa

¿Cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz?, se ha preguntado el Papa este domingo en el Ángelus. Su respuesta: “Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero (..), sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate”. León XIV ha vuelto a rezar por las víctimas de los terremotos en Venezuela.

Redacción Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El Papa León XIV ha elogiado en este último Ángelus en el Plaza de San Pedro antes de su descanso veraniego en Castel Gandolfo, la humildad y la sencillez, al hilo del Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 11, 25-30), que nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, “Señor del cielo y de la tierra”.

Además, se ha preguntado ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz (cf. v. 30)? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella”.

La sabiduría que Él nos dona es, pues, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída, ha comentado.

Seguir a Cristo, “una escuela de libertad”

Siguiendo a Cristo, nuestro camino no es una ascética que mortifica, ha subrayado el Pontífice. “Es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención”.

Cristo es liberación, esperanza, perdón

“En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos”, ha dicho el Papa ante cerca de 20.000 fieles y peregrinos en la plaza de San Pedro, un día después de volver de Lampedusa.

“Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque “nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”, ha proseguido, antes de la oración mariana del Ángelus,

La verdadera sabiduría. Enseñanza de Jesús a quienes pasan más dificultad

Al comienzo de su alocución, el Santo Padre ha comentado la alabanza de Jesús. “La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse “a los pequeños”, mientras permanece oculto ‘a los sabios y entendidos’”.

“Estos, en efecto, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia”..

La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, ha subrayado el Sucesor de Pedro, “en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: “Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas” (v. 28), dice el Señor”. 

Acudir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, tal y como Él mismo nos explicó: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga” (Mt 16,24)”, ha señalado. 

La entrega de sí mismo por amor, síntesis de la enseñanza de Jesús

Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús (cf. Mt 11,29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos.

Queridos amigos, mientras damos gracias al Señor por esta muestra de confianza llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero, ha concluido el Papa.

Oración por las víctimas y todos los venezolanos

Tras el rezo del Ángelus, León XIV ha abierto su corazón para manifestar que “recuerdo siempre en mis oraciones a las víctimas del terremoto y a todo el pueblo venezolano: que el Señor lo sostenga en este momento tan difícil”.

Beatificación de un sacerdote vietnamita

El Papa ha informado también que el jueves pasado, en el Santuario de Tac Say en Vietnam, fue beatificado el sacerdote Francesco Saverio Tru’o’ng Bǚu, asesinado en 1946 por odio a la fe. 

“En un contexto de abuso de poder y de violencia, se hizo defensor de los derechos de la gente y no abandonó a sus feligreses”, ha manifestado León XIV.

“Que su intercesión y oración sostengan a los servidores del Evangelio que, incluso hoy, se encuentran en situaciones de persecución”, ha concluido.

El autorRedacción Omnes

Vaticano

En el Día de la Independencia de Estados Unidos, el Papa León XIV rinde homenaje a los migrantes en Lampedusa

La visita del Papa León XIV a Lampedusa puso el foco en el drama migratorio del Mediterráneo, reivindicando la dignidad de las víctimas y llamando a Europa y a la comunidad internacional a responder con solidaridad y responsabilidad.

OSV / Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Durante más de 30 años, el Dr. Pietro Bartolo ha examinado a más de 350.000 personas y ha realizado autopsias a quienes fallecieron durante la travesía hacia Lampedusa, lugar al que llegaron por primera vez los migrantes rescatados del Mediterráneo.

Una historia, dijo, se le ha quedado grabada.

Tras un naufragio cerca de Malta, un padre le contó a Bartolo cómo había intentado mantener a su familia con vida en el agua. Mientras nadaba, sostenía a su hijo menor contra el pecho, a su esposa con una mano y a su hijo de tres años con la otra. Al darse cuenta de que ya no tenía fuerzas para salvar a todos, soltó a su hijo mayor.

«Si hubiera aguantado un minuto más, mi hijo todavía estaría aquí», recordó Bartolo que le dijo el padre. Los equipos de rescate llegaron momentos después.

«Entiendan», dijo Bartolo en una entrevista con Catholic News Service el 3 de junio, «lo terrible que es que un padre tenga que elegir a qué hijo dejar ir».

Según él, historias como esta explican por qué el Papa León XIV visitó Lampedusa.

Lampedusa, símbolo de solidaridad

Para Bartolo, quien pasó décadas como médico de Lampedusa y exmiembro del Parlamento Europeo, estas tragedias humanas explican por qué el Papa León eligió esta pequeña isla mediterránea para una de las visitas más importantes de su pontificado.

«La gente pregunta por qué el Papa viene a Lampedusa», dijo Bartolo a CNS. «Porque este es el símbolo de la solidaridad».

Cuando el primer papa estadounidense conmemoró el 4 de julio el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, no lo hizo para celebrar su patria, sino en un punto de entrada de migrantes europeos, orando por los migrantes enterrados en el cementerio de la isla, reuniéndose con los supervivientes y celebrando misa en un lugar donde decenas de miles de personas huyen de la guerra, la persecución y la pobreza.

Antes de pronunciar un solo discurso público, el Papa León XIII depositó flores en las tumbas de los migrantes que fallecieron intentando cruzar el Mediterráneo. Se reunió con una familia de migrantes en el monumento «Puerta de Europa», bendijo una placa que nombra el muelle Favaloro en honor al Papa Francisco y, posteriormente, celebró una misa bajo una imagen de Nuestra Señora del Puerto Seguro.

La visita evocó deliberadamente el primer viaje del Papa Francisco fuera de Roma en 2013, cuando visitó Lampedusa para denunciar lo que él denominó la «globalización de la indiferencia».

Compasión y responsabilidad

«Agradezco al Señor la oportunidad de visitarlos, siguiendo los pasos del Papa Francisco», dijo el Papa León XIII en su homilía en el campo deportivo Arena, en el distrito de Salina, en Lampedusa.

Pero si bien reiteró el énfasis que sus predecesores pusieron en los migrantes, el Papa León le dio al mensaje su propio énfasis teológico.

Reflexionando sobre la parábola del Buen Samaritano, dijo que Lampedusa hoy se encuentra «en un camino tan peligroso como el que bajaba de Jerusalén a Jericó».

«Quienes han perdido la vida en este mar son víctimas tanto de decisiones que se tomaron como de decisiones que no se tomaron», dijo.

El Papa elogió a los pescadores, voluntarios, rescatistas, autoridades civiles y residentes comunes de la isla que han acogido a migrantes durante años, agradeciéndoles por demostrar «el milagro de la compasión».

«No hay amor a Dios sin amor al prójimo», dijo, «y no hay prójimo si no me acerco a él».

«La indiferencia hacia el bien común y la corrupción en sus países generan pobreza y exclusión», afirmó el Papa León XIII. Sin embargo, citando su primera encíclica, «Magnifica Humanitas», añadió: «Nadie está exento de responsabilidad».

El Papa León XIII también instó a Europa a ir más allá de las respuestas de emergencia, pidiendo políticas a largo plazo capaces de «recibir, proteger, apoyar e integrar a los migrantes», al tiempo que se ayuda a los países en desarrollo para que «nadie se vea obligado a emigrar».

Su mensaje trascendió las fronteras de Europa.

La migración, prioridad del pontificado

Además de su homilía del 4 de julio, el Papa León XIII publicó un mensaje con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos, en el que elogió los ideales fundacionales de la nación de libertad y libertad religiosa, al tiempo que recordó a los estadounidenses que los inmigrantes «han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».

«Defender la vida humana también incluye acoger, proteger y ayudar a los inmigrantes», escribió, calificando dicha acogida «no solo como un acto de caridad, sino también como un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana».

Para el primer papa estadounidense, la migración ha sido una prioridad como cuestión de dignidad humana. El papa León XIII aprovechó su visita al punto de entrada de migrantes para celebrar el Día de los Inmigrantes en Estados Unidos, afirmando que los inmigrantes «han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».

«Recibirlos con compasión y generosidad no es solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que pertenece a toda persona humana.»

El Papa León XIII afirmó que el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia no es solo una invitación a celebrar, sino también a reflexionar sobre las responsabilidades que los hijos e hijas de este país tienen los unos con los otros.

Ese mensaje resuena profundamente en Lampedusa.

Las cifras y los rostros de la tragedia

Según el informe anual de Mediterranean Hope sobre el Observatorio de Migraciones de Lampedusa, cerca de 40.000 migrantes llegaron a la isla en 2025, de los cuales más del 80% partieron de Libia. El observatorio documentó al menos 1.314 muertes a lo largo de la ruta del Mediterráneo central durante ese año, si bien señaló que es probable que la cifra real sea mayor, ya que muchos naufragios no se registran. 

Para Bartolo, sin embargo, las estadísticas solo cuentan una parte de la historia. El médico jubilado afirmó que realizar autopsias a niños y familias ahogadas «cambió mi vida por completo». Ahora, el doctor dedica su tiempo a viajar por Europa dando charlas en escuelas y universidades sobre lo que presenció durante sus años en el punto de entrada de migrantes.

Recordar a los muertos se ha convertido también en la labor de toda la vida de Tareke Brhane, un refugiado eritreo que cruzó el Mediterráneo antes de llegar a Italia en 2006.

Devolver un nombre a las víctimas

Tras sobrevivir a la travesía, Brhane fundó el Comité del 3 de Octubre a raíz del naufragio ocurrido en 2013 frente a las costas de Lampedusa, en el que perdieron la vida más de 360 ​​personas. La organización trabaja para identificar a quienes fallecen en el mar y devolver la identidad a las víctimas enterradas como migrantes desconocidos.

«La mayoría solo tiene números», dijo Brhane.

Según declaró a CNS, su comité ha ayudado a identificar aproximadamente 100 cadáveres y ha impulsado con éxito una campaña para que Italia establezca el 3 de octubre como día nacional de recuerdo para los migrantes que murieron intentando llegar a Europa. 

Para Brhane, la decisión del Papa León de comenzar su visita en el cementerio fue el gesto más significativo del día. Brhane ha dedicado su vida a identificar a los migrantes enterrados sin nombre. 

Históricamente, muchos cuerpos recuperados del Mediterráneo han sido enterrados únicamente con un número de caso, ya que las autoridades no podían identificarlos. El Comité del 3 de Octubre ha colaborado con expertos forenses, autoridades italianas y familiares de las víctimas para cambiar esta situación. Según declaró a CNS, existe una enorme diferencia entre las tumbas de los residentes y las tumbas sin identificar de los migrantes. 

«La gente hablará del puerto», dijo. «Pero el verdadero mensaje es que primero fue al cementerio a rezar por los que murieron».

Describió Lampedusa como «un lugar de sufrimiento y un lugar de esperanza».

Según explicó, muchos inmigrantes que posteriormente se convierten en ciudadanos británicos, suecos o neerlandeses regresan simplemente para pisar de nuevo la isla a la que llegaron vivos por primera vez.

«Dicen que aquí es donde volvimos a nacer», declaró Brhane a CNS. 

Con un mensaje similar, el alcalde Filippo Mannino le dijo al papa durante su visita que la isla es como un faro que «no juzga» y «no elige a quién iluminar», sino que permanece iluminado durante toda la noche para cualquiera que busque la costa.

«Nadie es demasiado pequeño para señalar el camino», dijo.

Un desafío para Europa y para el mundo

La visita se hizo eco del viaje apostólico que el Papa realizó en junio a España, donde dedicó algunas de sus declaraciones más contundentes sobre migración a las Islas Canarias, otra importante puerta de entrada para los migrantes que buscan llegar a Europa. Allí, instó a los europeos a no permitir que el turismo oculte el sufrimiento humano que se vive a lo largo de las rutas migratorias y animó a los visitantes a «tener el valor de pensar de forma diferente», afirmando que un descanso auténtico debería llevar a las personas a redescubrir el sentido de la vida y la solidaridad con los demás.

El Papa León repitió ese tema en Lampedusa, utilizando de nuevo la imagen del Buen Samaritano para argumentar que el discipulado cristiano requiere acercarse a los necesitados en lugar de «pasar de largo».

«Tengan el valor de pensar de manera diferente», exhortó el Papa a quienes veranean en la isla, animándolos a no ignorar el sufrimiento que se desarrolla en el mar circundante.

Desde este «rincón remoto de Europa», dijo, el desafío al que se enfrentan tanto Europa como el resto del mundo puede verse con una claridad inusual.

«Todo esto debe hacerse con vigilancia, garantizando el respeto a la dignidad de cada persona», dijo el Papa el 4 de julio. «Esta es una tarea no solo para las instituciones públicas, sino también para la sociedad civil en su conjunto y para la Iglesia».

El autorOSV / Omnes

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Cultura

Científicos católicos: Antonio Ulloa

Antonio Ulloa, nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa y fue pionero en la ciencia y exploración ilustrada

Ignacio del Villar y Alfonso V. Carrascosa·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Antonio Ulloa (12 de enero de 1716 – 5 de julio de 1795), nació en Sevilla en el seno de una familia profundamente religiosa. Dos hermanas suyas fueron monjas y otro hermano fraile agustino. En cuanto a él, estudio en el Colegio de Santo Tomás, de los Padres Dominicos.

Muy joven ingresó en la armada española, y con solo dieciocho años fue nombrado teniente de navío. A esa edad emprendió junto a Jorge Juan la célebre expedición organizada por la Academia de Ciencias de París para medir el arco del meridiano en el ecuador, en lo que entonces era el virreinato del Perú. Tras completar las mediciones principales, Ulloa permaneció en Sudamérica durante más de una década, recopilando valiosos datos astronómicos, geográficos y naturales. Allí se convirtió en el primero en documentar científicamente el platino, metal que posteriormente introdujo en Europa, y parece que también fue el primero en observar las auroras australes.

Su prestigio como científico creció rápidamente: fue admitido en academias de ciencias de Londres, París, Berlín, Estocolmo y Bolonia. De regreso a España desempeñó cargos destacados en la Armada y en la administración científica, organizando el primer Gabinete de Historia Natural y de Metalurgia, germen del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales. También impulsó la modernización de la imprenta y la elaboración de mapas y cartas náuticas de gran precisión, fundamentales para la navegación española.

Ulloa siempre mostró una clara identidad como católico. Fue caballero de las órdenes de Santiago y Calatrava, y supo interpretar los hallazgos naturales en armonía con la fe. Así, por ejemplo, los fósiles marinos hallados en la cordillera de los Andes los entendió como parte de un proceso gradual de la historia natural compatible con la Biblia, en la misma línea que otros ilustrados católicos como el padre José Torrubia. La figura de Ulloa, clave dentro de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII, representa la síntesis de marino, científico e ilustrado católico: un hombre que sirvió a su patria y contribuyó al progreso de la ciencia sin abandonar nunca su fe, convencido de que ambas búsquedas, la del conocimiento humano y la de Dios, se complementan mutuamente.

El autorIgnacio del Villar y Alfonso V. Carrascosa

Universidad Pública de Navarra y SCS-España / Científico del CSIC.

Ecología integral

La frontera entre trabajo y familia es difusa, alerta un informe de Pew

Los padres que trabajan consideran que la línea que separa el trabajo y la familia es difusa y no está bien definida. Además, la mitad de los padres que trabajan a tiempo completo (52%) afirman que su trabajo les dificulta ser buenos padres, según Pew Research. Conciliar es difícil, afirman muchos.

Redacción Omnes·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

– Rachel Minkin, Luona Lin, Dana Braga y Kiley Hurst

Para muchos padres estadounidenses que trabajan a tiempo completo, la línea que separa el trabajo de la familia no está bien definida, asegura un informe de Pew Reseach basado en una encuesta realizada entre el 2 y el 15 de marzo de 2026 a 2.242 padres y madres trabajadores estadounidenses.

 – El 70% afirma que se ocupa de las tareas relacionadas con la crianza de los hijos mientras trabaja.

– El 59% afirma que se ocupa de las tareas relacionadas con el trabajo cuando está con sus hijos.

– El 54% afirma que les resulta difícil conciliar sus responsabilidades laborales y familiares.

Carga especial sobre las madres

Los padres, especialmente las madres, suelen cargar con el peso mental que supone intentar equilibrar las necesidades de sus familias con las exigencias de su trabajo. Y con tantas obligaciones, no es de extrañar que a veces sientan que no pueden dar el 100% ni en casa ni en el trabajo.

Como comentó una madre en la encuesta sobre la dificultad de conciliar el trabajo y la familia: “Se supone que debo trabajar como si no tuviera hijos y ejercer la paternidad como si no tuviera trabajo”.

Para este proyecto, Pew ha encuestado a 2.242 padres y madres que trabajan entre el 2 y el 15 de marzo de 2026 para comprender cómo gestionan estas áreas de sus vidas. Lo que han manifestado invita a reflexión.

Las madres que trabajan a tiempo completo son más propensas que los padres a sentir que no pueden dar el 100 % ni en casa ni en el trabajo.

Conclusiones clave

Aproximadamente la mitad de los padres que trabajan a tiempo completo (52%) afirman que su trabajo les dificulta ser buenos padres. Por otro lado, el 45% dice que ser padre o madre les dificulta ascender profesionalmente.

En comparación con los padres, las madres trabajadoras asumen más responsabilidades en el hogar y les resulta más difícil encontrar un equilibrio. El 62 % de las madres que trabajan a tiempo completo afirman que les resulta difícil conciliar el trabajo y las responsabilidades familiares, frente al 47 % de los padres. 

En parejas heterosexuales donde ambos padres trabajan a tiempo completo, el 52 % afirma que la madre asume más tareas de crianza, mientras que un porcentaje menor indica que el padre hace más (10 %) o que estas tareas se comparten por igual (39 %). 

El acceso a beneficios laborales para los padres que trabajan varía según los ingresos.

Los padres que trabajan a tiempo completo y tienen menores ingresos familiares son, sistemáticamente, los que menos probabilidades tienen de afirmar que tienen acceso a beneficios como tiempo libre remunerado (PTO), permisos remunerados independientes del PTO y seguro médico a través del trabajo (entre los que no trabajan por cuenta propia). 

Este grupo también es el que más se preocupa por perder su salario —o su trabajo— si faltan al trabajo porque su hijo está enfermo o no se puede contratar un servicio de guardería.

Utilidad de trabajar desde casa cuando sea necesario 

La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo afirman que disponer de flexibilidad para trabajar desde casa cuando sea necesario les resultaría extremadamente o muy útil (entre aquellos que no son autónomos). Sin embargo, solo el 24 % de estos padres afirma tener mucha flexibilidad para teletrabajar. 

Quienes trabajan habitualmente desde casa ven algunas ventajas en esta modalidad, como poder asistir a las actividades de sus hijos cuando coinciden con el horario laboral. Aun así, no son más propensos que aquellos que trabajan desde casa con menos frecuencia a afirmar que les resulta fácil conciliar el trabajo con la vida familiar. Lea más sobre las experiencias de los padres que trabajan desde casa.

El cuidado infantil: los costes

En todos los niveles de ingresos, los padres afirman que el costo es el mayor obstáculo para encontrar cuidado infantil. Los padres de ingresos bajos y medios tienen más probabilidades que aquellos con mayores ingresos familiares de depender de familiares, amigos o vecinos para el cuidado de sus hijos. La mayoría de los padres de ingresos altos utilizan servicios de cuidado infantil pagados, como guarderías o preescolares. 

Este análisis se centra principalmente en las experiencias de los padres que trabajan a tiempo completo, quienes representan el 73 % de los padres estadounidenses con hijos menores de 18 años (incluidos el 89 % de los padres y el 59 % de las madres, según un análisis del Pew Research Center basado en datos de la Oficina del Censo de EE. UU.) para 2025. Lea más sobre las experiencias de los padres que trabajan a tiempo parcial y cómo han cambiado las modalidades de trabajo de los padres estadounidenses.

Compaginar el trabajo con la vida familiar afecta de forma diferente a las madres y a los padres.

“Mis responsabilidades laborales no tienen fin…”

Los padres que trabajan no siempre ven una clara separación entre su vida laboral y familiar. Como escribió un padre en la encuesta: “Siento que mis responsabilidades laborales no tienen fin, lo que me dificulta desconectar por la noche para centrarme en mi familia.”

Para la mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo, las tareas laborales se trasladan a casa y las de crianza terminan en el trabajo. 

Esta superposición es especialmente notable entre las madres. Aproximadamente ocho de cada diez madres que trabajan a tiempo completo (81%) afirman ocuparse de las tareas de crianza durante su jornada laboral al menos ocasionalmente. Esto incluye al 38% de las madres que dicen hacerlo con mucha frecuencia, casi el doble que los padres que afirman lo mismo (17%).

Sin embargo, muchos padres también sienten esta tensión. La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo afirman que se ocupan de las tareas de crianza mientras están en el trabajo (62%) y de las tareas laborales mientras están con sus hijos (57%), al menos en ocasiones.

Cuando el trabajo interfiere con la crianza de los hijos

La mayoría de los padres que trabajan a tiempo completo (60%) creen que pasan muy poco tiempo con sus hijos, y muchos más afirman que esto se debe a las obligaciones laborales más que a otros motivos.

Además, casi la mitad (47%) afirma que sus responsabilidades laborales les impiden, al menos en ocasiones, asistir a actividades en las que participan sus hijos, como conciertos escolares o eventos deportivos.

Las madres son particularmente propensas a decir que se sienten molestas cuando se pierden las actividades de sus hijos por motivos laborales: el 65% se siente extremadamente o muy molesta, en comparación con el 45% de los padres. Aun así, la mayoría de los padres afirma sentirse al menos algo molestos cuando esto sucede.

Muchas madres y padres se sienten muy o extremadamente tristes cuando se pierden las actividades de sus hijos por culpa del trabajo.

No tienen suficiente tiempo para pasatiempos, relaciones y autocuidado

Entre los padres y madres que trabajan a tiempo completo, aproximadamente la mitad o más afirman no tener suficiente tiempo para cosas como aficiones, ver a amigos, hacer ejercicio o relajarse.

Las madres son mucho más propensas que los padres a afirmar que no tienen suficiente tiempo para cada una de estas actividades. Por ejemplo, el 65 % de las madres dice no tener suficiente tiempo para hacer ejercicio, en comparación con el 52 % de los padres. De igual manera, las madres son más propensas que los padres a afirmar que no tienen suficiente tiempo para relajarse (67 % frente al 53 %).

Cómo comparten las tareas del hogar padres y madres que trabajan a tiempo completo

También encontramos diferencias en la forma en que las madres y los padres que trabajan a tiempo completo gestionan las tareas de crianza y las labores del hogar. (Este análisis se centra en familias con ambos padres empleados a tiempo completo, ya que es la situación laboral más común entre las parejas heterosexuales con hijos).

Entre los padres casados ​​o que conviven en este tipo de familia, el 52% afirma que la madre realiza más tareas de crianza que el padre, mientras que el 39% opina que ambos contribuyen por igual. Un porcentaje similar indica que la madre realiza la mayor parte de las tareas domésticas (43%) o que se reparten de forma equitativa (40%). Un porcentaje mucho menor afirma que el padre realiza más tareas de crianza o del hogar.

Puntos de vista diferentes

Las madres y los padres suelen tener puntos de vista muy diferentes sobre cómo se dividen las tareas de crianza y las labores del hogar. La mayoría de las madres afirman que ellas mismas se encargan de más responsabilidades que su cónyuge o pareja. Los padres, en cambio, tienden a decir que estas tareas se comparten por igual.

En lo que respecta al trabajo remunerado, porcentajes similares de padres en estas familias afirman que el padre trabaja más tiempo en un día típico (41%) o que ambos padres trabajan aproximadamente la misma cantidad de tiempo (39%). 

Alrededor de uno de cada cinco (21%) dice que la madre trabaja más tiempo. Pero incluso en familias donde la madre trabaja más tiempo que el padre, es mucho más probable que los padres digan que la madre realiza más tareas de crianza y del hogar que el padre.

Padres empleados a tiempo parcial: la mayoría, mujeres (79%)

Los padres que trabajan a tiempo parcial se distinguen por ciertas características. La mayoría son mujeres (79%). Además, la mayoría (58%) vive en hogares con bajos ingresos, mientras que el 33% tiene ingresos medios y el 6% ingresos altos.

La naturaleza de sus horarios laborales también difiere, ya que los padres que trabajan a tiempo parcial tienen más probabilidades que los que trabajan a tiempo completo de decir lo siguiente:

– Horario es impredecible (23% frente al 11% de los padres que trabajan a tiempo completo).

 – Mucha flexibilidad para elegir cuándo trabajan las horas requeridas (41% frente al 26%).

Iguales retos para padres que trabajan a tiempo completo y a tiempo parcial

Los padres que trabajan a tiempo parcial tienen menos probabilidades de acceder a beneficios laborales como seguro médico, vacaciones pagadas y otros permisos remunerados. Por ejemplo, el 37 % de los padres que trabajan a tiempo parcial tienen acceso a seguro médico a través de su trabajo, en comparación con el 87 % de los que trabajan a tiempo completo.

A pesar de sus diferentes modalidades de trabajo, los padres que trabajan a tiempo parcial se enfrentan a muchos de los mismos retos que quienes trabajan a tiempo completo. 

Un porcentaje similar de padres que trabajan a tiempo parcial (51 %) y a tiempo completo (54 %) afirma que les resulta difícil conciliar el trabajo y las responsabilidades familiares. 

Asimismo, porcentajes similares indican que, durante el último año, sintieron que no podían rendir al 100 % en el trabajo debido a la necesidad de compaginar ambas responsabilidades (42 % y 46 %, respectivamente).

Foto: Jessica Rockowitz/Unsplash.

El autorRedacción Omnes

Reverendo SOS

Tocar al Papa, tocar a Dios

El cariño hacia el sucesor de Pedro nace precisamente de lo que él representa. Queremos tocar al Papa porque nos acerca a Cristo.

José Gorgas·5 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Las imágenes de la reciente visita del Papa León XIV a España permanecerán mucho tiempo en nuestra memoria. Han sido días de fe compartida, y de alegría eclesial. Pero, entre tantos momentos vividos, hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: las ganas que tenía la gente de tocar al Papa.

No era curiosidad, ni afán de protagonismo. Había algo más profundo. Se percibía en los rostros de quienes aguardaban pacientemente tras las vallas y en la emoción de quienes conseguían rozar por un instante la mano del Santo Padre. Como si aquel contacto físico fuera la expresión visible de un cariño que llevaba tiempo esperando una ocasión para manifestarse.

Colaboradores de la ternura

Particularmente conmovedora fue la escena de los niños pequeños. Recordaba inevitablemente aquellas páginas del Evangelio en las que algunas madres llevaban a sus hijos hasta Jesús, para que les impusiera las manos y los bendijera. Durante estos días hemos visto a los miembros de seguridad recoger pequeños bebés para acercarlos al Papa.

Hay que reconocer el mérito de esos guardaespaldas. Acostumbrados a velar por la seguridad, supieron también convertirse en colaboradores de la ternura. Gracias a ellos, muchos padres pudieron vivir un momento que difícilmente olvidarán.

Resultaba igualmente hermoso contemplar cómo la multitud compartía aquel privilegio. Nadie parecía querer monopolizar el instante. Una mano tocaba al Papa y enseguida dejaba paso a otra. Había una delicadeza colectiva, una especie de acuerdo silencioso para que todos pudieran participar de aquel tesoro.

Los signos que el amor necesita

¿Por qué esa necesidad de tocar? Quizá porque los seres humanos necesitamos que el amor se haga visible. Necesitamos signos. El afecto busca expresarse a través de los sentidos. Tocamos aquello que amamos, y deseamos acercarnos físicamente a quienes representan algo grande para nosotros. Sin embargo, durante esta visita hubo otro contacto aún más profundo.

Los dos grandes momentos eucarísticos vividos en Madrid dejaron una impresión imborrable. En la vigilia con los jóvenes, el silencio de la adoración fue impresionante. Miles de personas reunidas y, sin embargo, una quietud tan intensa que parecía escucharse el paso de la gracia por las almas. Algo parecido ocurrió durante la celebrada en Cibeles. Después de la comunión llegó la acción de gracias. Entonces desaparecieron las voces, los cantos y el bullicio. Sólo se oía el canto de los pájaros. Aquella multitud inmensa permanecía en silencio ante una Presencia infinitamente mayor que la de cualquier personaje humano.

Una parábola de calor invisible

Tuve la oportunidad de distribuir la comunión aquel día. A los sacerdotes nos entregaron unos recipientes poco habituales. Eran unas semiesferas metálicas cubiertas por una tapa transparente de metacrilato que protegía las formas consagradas del viento.

La idea era buena, pero la organización no había previsto un detalle: el sol radiante de aquella mañana madrileña calentaba el metal hasta temperaturas sorprendentes. Muchos sacerdotes envolvían aquellos recipientes con la estola para protegerlos del calor. Las manos notaban perfectamente aquella temperatura creciente.

Mientras sostenía el copón, me vino un pensamiento inesperado. El calor que experimentábamos físicamente no era nada comparado con el calor invisible que el Cuerpo de Cristo transmite al alma. Aquella semiesfera ardiente se convirtió para mí en una pequeña parábola. Tocar a Dios siempre nos calienta por dentro.

La fe cristiana es, en cierto modo, la historia de un Dios que se deja tocar. Los contemporáneos de Jesús tocaron sus manos, sus vestidos y hasta las heridas de su cuerpo resucitado. Hoy seguimos pudiendo tocarlo sacramentalmente en la Eucaristía.

Por eso, al contemplar a tantas personas deseosas de tocar al Papa, pensé que aquel gesto escondía una verdad más profunda. El cariño hacia el sucesor de Pedro nace precisamente de lo que él representa. Queremos tocar al Papa porque nos acerca a Cristo. Nos emociona estrechar su mano porque vemos en ella la continuidad visible de la misión que el Señor confió a Pedro.

Pero el corazón del cristiano no puede detenerse ahí. Toda cercanía al Papa está llamada a conducirnos hacia una cercanía mayor. Toda emoción humana debe desembocar en el encuentro con Dios.

Miles de personas quisieron tocar al Papa durante estos días. Y fue hermoso verlo. Pero todavía es más hermoso recordar que, en cada comunión, es Dios quien nos toca a nosotros. Y cuando eso sucede, el alma alcanza la verdadera temperatura de la gracia.

El autorJosé Gorgas

Sacerdote

Libros

«Padres Guardametas»: la web que analiza a fondo los libros infantiles y juveniles

A diferencia de otras plataformas, en esta es posible encontrar los títulos más recientes y exitosos comercialmente, que suelen ser los más solicitados por los niños.

Javier García Herrería·4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Marta se dio cuenta casi por casualidad. Ordenando la habitación de su hijo de 13 años encontró una novela juvenil muy popular entre sus compañeros de clase. La había comprado ella misma unas semanas antes, atraída por las buenas reseñas y por ver que el chico, por fin, había vuelto a leer. Pero al hojearla descubrió escenas y diálogos que no esperaba encontrar en un libro pensado, en teoría, para su edad. «Si me hubieran avisado, no digo que no se lo hubiera dejado leer, pero al menos habría podido hablar con él antes», cuenta.

Historias como la de Marta se repiten en muchos hogares. Los padres controlan qué series ven sus hijos, revisan las aplicaciones que usan y vigilan su alimentación, pero el contenido de los libros que leen suele quedar fuera de ese radar. Precisamente para llenar ese hueco nace Padres Guardametas, una nueva plataforma impulsada por Alexia Editorial.

Una base de datos que crece cada día

La herramienta funciona como un catálogo de consulta: por cada libro incluido, ofrece una ficha con información detallada sobre la presencia de violencia, escenas de sexualidad, lenguaje soez, consumo de drogas o alcohol, y contenidos ideológicos como referencias a la ideología de género o al ocultismo. 

La base de datos ya cuenta con 400 títulos de absoluta actualidad, pero cualquier usuario puede pedir que se analice un título que no aparezca todavía en el catálogo, a través del formulario de contacto disponible en la página.

Criterios de análisis

Rafael Martínez-Echevarría, promotor de la iniciativa, explica que el proyecto nace de una pregunta que, según él, se ha dejado de hacer: no si los niños leen o no, sino qué es exactamente lo que leen. A su juicio, “durante mucho tiempo se ha dado por hecho que cualquier lectura es positiva por el simple hecho de serlo, y eso ha hecho que muchas familias dejen de fijarse en el contenido concreto de cada obra”. 

Martínez-Echevarría insiste en que “la herramienta no pretende juzgar la calidad literaria de las obras ni actuar como un filtro moral que decida qué se puede leer y qué no”. Su planteamiento, dice, es distinto: “cada familia tiene su propia forma de educar y sus propios límites, y lo único que hace la plataforma es poner sobre la mesa datos concretos y verificables para que sean los propios padres quienes decidan, sin que nadie decida por ellos”.

Para el impulsor del proyecto, la libertad de elegir depende de tener información suficiente para hacerlo. Comprar un libro sin saber qué hay realmente en sus páginas, argumenta, equivale a decidir a ciegas. Por eso resume la misión de Padres Guardametas como un intento de aportar transparencia allí donde, hasta ahora, apenas la había.

Una editorial pequeña con una misión concreta

Alexia Editorial se define como un sello en crecimiento cuyo objetivo es acompañar a los padres en la tarea, no siempre sencilla, de educar a sus hijos. Desde la editorial invitan además a las propias familias a participar en la ampliación del catálogo, sugiriendo títulos y compartiendo sus propias valoraciones, con la idea de que la base de datos siga creciendo con la colaboración de los usuarios.

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TribunaJosé Mazuelos Pérez

Cuando un Papa deja esperanza en la tierra de la acogida

La visita de León XIV a la diócesis de Canarias ha sido un acontecimiento que ha marcado la historia de esta Iglesia particular. No solo porque ha sido la primera vez que un Sucesor de Pedro ha pisado esta tierra, sino porque su presencia ha supuesto una verdadera experiencia de comunión, de esperanza y de renovación espiritual.

4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Todavía me resulta difícil describir con palabras todo lo vivido. Aún permanece en mí la emoción de aquellos días. Ver a miles de personas salir espontáneamente a las calles para saludar al Santo Padre, contemplar a familias enteras esperando durante horas su paso, descubrir el cariño sincero con el que el pueblo canario quiso recibirle…, son imágenes que permanecerán grabadas para siempre en mi corazón.

Pero si algo me impresionó especialmente fue comprobar cómo el Papa no dejó de mirar a las personas. Cada saludo, cada gesto, cada bendición, nacían de una cercanía auténtica. Incluso durante los desplazamientos, al descubrir a alguien esperando junto a la carretera, abría la ventanilla del coche para saludar. Son detalles aparentemente pequeños, pero que revelan una manera profundamente evangélica de ejercer el ministerio petrino.

Toda la visita estuvo articulada en torno a tres grandes ejes que, a mi juicio, resumen perfectamente el pontificado de León XIV: la evangelización, la belleza y la caridad. Madrid mostró la riqueza de la fe transmitida durante siglos; Barcelona recordó cómo la belleza conduce a Dios; y Canarias acogió el gran mensaje sobre la dignidad de toda persona humana, especialmente de quienes se ven obligados a abandonar su tierra buscando un futuro mejor.

No fue casual que el Santo Padre quisiera detenerse en Arguineguín. Allí no ofreció únicamente un discurso sobre el fenómeno migratorio. Nos invitó a contemplar el rostro concreto de hombres, mujeres y niños cuya dignidad nunca puede depender de un documento, de una frontera o de un interés político. Escuchó testimonios dolorosos, abrazó sufrimientos reales y recordó que ninguna persona puede ser reducida a un problema o a una cifra.

La cuestión migratoria exige respuestas políticas, jurídicas y sociales, pero antes de todo ello reclama una respuesta moral. Europa no puede acostumbrarse a contemplar el sufrimiento humano desde la distancia. Debemos trabajar para combatir las mafias que trafican con personas, favorecer vías de migración regular y promover el desarrollo de los países de origen. Defender la dignidad humana nunca puede convertirse en una cuestión ideológica.

Precisamente, uno de los grandes valores de esta visita ha sido su capacidad para situar nuevamente a la persona en el centro. El Papa habló de la vida en toda su amplitud. Lo hizo en el Parlamento, lo hizo en Canarias y lo hizo en cada uno de sus encuentros. Nos recordó que la defensa de la dignidad humana no admite fragmentaciones ni lecturas interesadas. Toda vida merece ser protegida, desde su inicio hasta su final natural, y toda persona merece ser respetada cualquiera que sea su condición.

He podido compartir con León XIV momentos de conversación sencilla durante los desplazamientos. Hablamos de muchos asuntos, incluso de cuestiones cotidianas. Esa cercanía permite descubrir a un hombre profundamente humano, sereno, alegre y con una extraordinaria capacidad para escuchar. Bastaba observar su rostro para comprobar que estaba feliz entre nosotros.

También me conmovió profundamente el cariño que manifestó hacia el pueblo canario. Conocía el esfuerzo realizado durante estos años para acoger a miles de migrantes y quiso agradecer públicamente la respuesta generosa de nuestra sociedad. Fue muy consciente de las dificultades que hemos vivido y, precisamente por ello, quiso reconocer la grandeza de un pueblo que, lejos de dejarse vencer por el miedo, respondió desde la solidaridad y la fraternidad.

En la Catedral viví otro momento especialmente significativo cuando hizo referencia a nuestras tradicionales flores de la Ascensión. Fue un gesto de enorme delicadeza pastoral. Había querido conocer nuestras expresiones de fe y supo integrarlas con naturalidad en su mensaje. No vino simplemente a pronunciar discursos; quiso encontrarse con la historia, la cultura y la espiritualidad de esta Iglesia que peregrina en Canarias.

Si tuviera que resumir en una sola frase lo que León XIV ha dejado tras su visita diría que nos ha devuelto la esperanza. Vivimos tiempos marcados por la polarización, el desencanto y la desconfianza. Sin embargo, el Papa nos recordó que España posee una inmensa riqueza espiritual y humana; que somos herederos de una tradición capaz de iluminar el mundo y que no podemos resignarnos al pesimismo ni a los enfrentamientos estériles.

La visita concluyó, pero comienza ahora la tarea más importante: hacer vida todo cuanto hemos recibido. Un Papa pasa; el Evangelio permanece. Y el mayor homenaje que podemos ofrecer a León XIV no consiste en conservar el recuerdo de unas jornadas históricas, sino en convertir sus palabras en compromiso cotidiano.

Canarias ya forma parte de la historia de los viajes apostólicos. Pero deseo, sobre todo, que este acontecimiento forme parte de la historia de la conversión de nuestra Iglesia. Porque la esperanza que el Santo Padre sembró entre nosotros solo dará fruto si somos capaces de vivirla y transmitirla a las nuevas generaciones.

El autorJosé Mazuelos Pérez

Obispo de Canarias. Presidente de la Subcomisión Episcopal Familia y Defensa de la Vida.

Cuando el arte incomoda a la fe

Cada obra de arte pone algo delante de nuestros ojos. Lo que descubre depende menos de la obra que del corazón de quien la contempla.

4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La representación de “Godspell” durante la vigilia con el Papa León XIV en Madrid dejó una pregunta flotando entre los aplausos y las críticas. ¿Qué fue lo que realmente incomodó? ¿El musical, su estética, su lenguaje o el hecho de que el Evangelio apareciera vestido de una forma que algunos no esperaban?

La polémica no era nueva. Cambiaban los protagonistas; la reacción humana era la misma.

Norman Rockwell parecía haber anticipado esa reacción décadas antes. En una de sus pinturas enfrentó un retrato clásico de John Singer Sargent con otro abstracto de Picasso. Frente a ellos situó a tres espectadoras. Una madre y su niña que se corresponden con el retrato figurativo de Sargent. La tercera, de espaldas, dirige toda su atención al Picasso. Cada una permanece frente a la obra en la que se reconoce. Ninguna parece sentir curiosidad por la otra.

Rockwell no pinta un conflicto entre estilos artísticos; pinta la facilidad con la que buscamos aquello que confirma nuestra manera de entender el mundo. Contrapone dos maneras de mirar. La que busca confirmar lo que ya conoce y la que acepta permanecer ante aquello que todavía no comprende.

Saber mirar

Mirar no consiste únicamente en dirigir los ojos hacia algo. Mirar implica conceder tiempo, suspender el juicio y permitir que aquello que tenemos delante nos transforme. Cuando renunciamos a esa posibilidad, dejamos de encontrarnos con la obra, con la persona o con el Evangelio. Solo nos encontramos con nuestras propias expectativas.

El lema de la visita del Papa León XIV a Madrid era “Alza la mirada”. La expresión invita a dirigir los ojos hacia Cristo, pero también a revisar la forma en que contemplamos la realidad. Porque alzar la mirada no consiste solo en mirar más arriba. También supone mirar más allá de nuestras categorías, de nuestros prejuicios y de aquello que esperamos encontrar.

Eso fue precisamente lo que Rockwell pintó. Tres personas observando las mismas obras, pero incapaces de ver lo mismo. Quizá no pintó un museo. Pintó una vigilia. No porque anticipara un musical concreto, sino porque comprendió que toda propuesta verdaderamente nueva obliga a elegir entre dos actitudes: proteger nuestras certezas o dejar que la realidad amplíe nuestra mirada. También cuando esa realidad llega con acento de gospel.

Los lenguajes

Durante la vigilia, “Godspell” ocupó el lugar del Picasso de Rockwell. No porque ambos sean comparables como obras, sino porque despertaron una pregunta semejante. Algunos permanecieron delante con curiosidad; otros reaccionaron con recelo antes incluso de dejarse interpelar.

Mientras unas personas se sintieron cómodas con la música pop, el rock y las baladas y vieron en ellas creatividad, alegría y una nueva forma de anunciar el Evangelio, otras vieron una ruptura con aquello que consideran propio del ámbito religioso.

No era la primera vez que este rechazo ocurría con el gospel. Cuando Thomas A. Dorsey comenzó a incorporar el blues y el jazz a la música cristiana, muchos consideraron que aquellos ritmos no tenían cabida en el culto. Hoy resulta difícil entender la historia del gospel sin aquella ruptura inicial. Cada generación parece necesitar recordar que el Evangelio permanece, mientras sus lenguajes pueden renovarse.

La vigilia reprodujo, de algún modo, la escena de Rockwell. Cada uno encontró un lenguaje en el que reconocerse. La pregunta es cuántos nos acercamos también al lenguaje que no era el nuestro. El propio Evangelio está lleno de sorpresas que descolocan a quienes creen saber de antemano cómo debe actuar Dios.

Dejarnos sorprender

Cada obra de arte pone algo delante de nuestros ojos. Lo que descubre depende menos de la obra que del corazón de quien la contempla.

Quizá la pregunta que dejó “Godspell” no sea si aquel musical tenía cabida en el programa de una vigilia. La pregunta más bien podría ser ¿seguimos siendo capaces de alzar la mirada antes de juzgar? Porque solo quien acepta mirar de verdad puede dejarse sorprender por el Evangelio.

El autorPeca Macher

Peca Macher es arquitecta y curadora de arte, fundadora de Präsenz, un proyecto que integra arte, educación y liderazgo consciente a través de la pausa, la mirada y la escucha. Con más de 25 años de experiencia en gestión y reflexión cultural, escribe e investiga sobre memoria, experiencia estética y el arte como herramienta de transformación personal y social. Es autora del libro Präsenz. El arte como herramienta de transformación humana y educativa.

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Evangelización

Madeleine Delbrêl. ¡Dios no ha muerto!

Madeleine Delbrêl no fue una monja, una fundadora ni una teóloga, sino una mujer laica, artista y activista inmersa en realidades difíciles, que encontró su misión (y a Dios) en la calle, literalmente.

Gerardo Ferrara·4 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 7 minutos

Se dice que los franceses son italianos de mal humor. Yo, que soy italiano y a menudo estoy de mal humor, ¡entonces podría definirme francés! Bromas aparte, siempre me ha encantado la cultura, la lengua, el pensamiento y también el legado espiritual de este gran país que es Francia, y de sus habitantes, a quienes los italianos llamamos “primos del otro lado de los Alpes”. Por eso quiero dedicar un artículo a una gran francesa: Madeleine Delbrêl.

Madeleine, al igual que Dorothy Day —con quien se la ha comparado a menudo— y Flannery O’Connor, no fue una monja, una fundadora ni una teóloga, sino una mujer laica, artista y activista inmersa en realidades difíciles, que encontró su misión (y a Dios) en la calle, literalmente: la calle, con sus “periferias existenciales”, fue su “territorio del diablo”, ese lugar en el que, como diría O’Connor, la gracia irrumpe donde menos se espera.

Madeleine me ha acompañado a menudo con sus reflexiones, que se reflejan en el mensaje de los dos últimos papas. Por eso, en este artículo me gustaría compartir algunos fragmentos suyos, acompañando su historia con los versos de “Dio è morto” (Dios ha muerto), del gran Francesco Guccini.

Dios ha muerto…

Me han dicho que mi generación ya no cree en lo que a menudo se ha disfrazado de fe, en los mitos eternos de la patria o del héroe.

Porque ya ha llegado el momento de rechazar todo lo que es falso: las creencias basadas en la costumbre y el miedo, una política que no es más que una forma de hacer carrera, la hipocresía interesada, la dignidad vacía, la hipocresía de quienes siempre tienen la razón y nunca se equivocan…

Y un dios que ha muerto. En los campos de exterminio, Dios ha muerto. Con los mitos de la raza, Dios ha muerto. Con los odios partidistas, Dios ha muerto. (F. Guccini)

Madeleine Delbrêl nació el 24 de octubre de 1904 en Mussidan, Francia, en una familia que hoy calificaríamos de “disfuncional”. Su padre, Jules, era jefe de estación, un intelectual frustrado, anticlerical, orgulloso y temperamental, que cambiaba a menudo de trabajo, lo que obligaba a la familia a mudarse continuamente. Su madre, Lucile, era todo lo contrario: conformista, convencional y de familia burguesa.

Las tensiones familiares tuvieron grandes repercusiones en la joven Madeleine, quien, influida por su padre y por un ambiente asfixiante, se refugió en el mundo intelectual de la capital cuando la familia se trasladó a París. A los quince años se declaró “estrictamente atea”, llegando a escribir, dos años después: “Dios ha muerto, viva la muerte”.

Pero “el desierto poblado al que llaman París” (tal y como se define en “La Traviata”), donde Madeleine estudió filosofía y arte en la Sorbona, compaginando los estudios con la poesía (en 1926 ganó el Premio Sully Prudhomme de la Academia Francesa), el piano y el anticonformismo de un espíritu libre, le tenía reservado algo más: dos “felices encuentros”.

El primero fue Jean Maydieu, de quien se enamoró. Profundamente cristiano, en 1924 la dejó para ingresar en el noviciado de los jesuitas. La reacción de Madeleine fue de profunda desesperación. Sin embargo, una duda se fue abriendo paso en su interior: sentía un profundo respeto por Jean, les unía un camino intelectual y sabía que él no podía haberse vuelto loco. Y así comenzó a leer, a buscar, hasta que llegó también para ella el segundo encuentro, el encuentro con Dios, que ya no fue, como ella misma declaró, una hipótesis que refutar, sino una Presencia que la arrolló.

A los lados de las carreteras

He visto a gente de mi edad alejarse por caminos que nunca llevan a ninguna parte, buscando el sueño que conduce a la locura en la búsqueda de algo que no encuentran en el mundo que ya tienen, en las noches empapadas de vino, por caminos transformados por las pastillas, entre las nubes de humo del mundo hecho de ciudades, resistiéndose a tragarse nuestra cansada civilización. Y un dios que ha muerto. A los márgenes de las calles, Dios ha muerto. (Guccini).

Tras su conversión, Madeleine sintió una necesidad fundamental que se convirtió en el eje central de su vida, tal y como ella misma escribió:

Se nos ha explicado claramente que en la tierra debemos amar a Dios. Y para que no tengamos dudas, ni pensemos que no sabemos por dónde empezar, Jesús nos ha dicho que la única manera, la única receta, el único camino es amarnos los unos a los otros. Quizás nos satisfaga alcanzar una humildad extraordinaria, o una pobreza insuperable, o una obediencia imperturbable, una pureza inquebrantable; pero si esa humildad, pobreza, pureza y obediencia no nos han llevado a encontrar la bondad, si los de nuestra casa, de la calle, de nuestra ciudad, siguen pasando hambre y frío, si además siguen estando solos, quizá seamos héroes, pero no seremos de los que aman a Dios.

En 1933 se trasladó, junto con algunas compañeras, a Ivry-sur-Seine, en las afueras obreras de París, un barrio industrial y de lucha de clases gobernado por una junta comunista. Estudió para convertirse en trabajadora social y fue contratada precisamente por esa misma administración anticlerical, que la valoraba enormemente. Su casa de la rue Raspail se convirtió en un lugar de acogida para los pobres, los desamparados y, durante la Resistencia, para judíos y refugiados.

Vivió así, a las afueras de Ivry, hasta el 13 de octubre de 1964, cuando falleció a causa de una hemorragia cerebral repentina. Estaba trabajando en su escritorio.

En 2018, el Papa Francisco le concedió el título de Venerable.

Dios ha resucitado

Pero creo que mi generación está preparada para un mundo nuevo y una esperanza recién nacida, para un futuro que ya tiene en sus manos; para una rebelión sin armas, porque todos sabemos ya que, si Dios muere, es solo por tres días y luego resucita. En lo que creemos, Dios ha resucitado. En lo que queremos, Dios ha resucitado. En el mundo que construiremos, Dios ha resucitado (F. Guccini)

La espiritualidad de Madeleine está impregnada de misticismo y pragmatismo. Sus escritos se recogen en varios volúmenes, entre ellos “La joie de croire” (“La alegría de creer”) y “Nous autres, gens des rues” (“Nosotros, la gente de la calle”): la caridad y la inteligencia de una mujer que sabía que la verdadera devoción se vive cada día en el trabajo, en las relaciones y en el respeto por uno mismo y por los demás.

Escribe, por ejemplo:

Un cristiano no puede amar a Dios sin amar a la humanidad; y no se puede amar a la humanidad sin amar a todos los hombres; además, no se puede amar a todos los hombres sin amar a aquellos a quienes se conoce, pero con un amor concreto, con un amor activo. Esta es la única ley del bien y del mal, la ley que permite a la humanidad elegir entre el bien y el mal.

O también:

Abramos nuestro corazón a las pequeñas soledades del día. Porque nuestras pequeñas soledades son grandes, emocionantes y santas, al igual que todos los desiertos del mundo; ellas, que están habitadas por Dios mismo, el Dios que santifica la soledad.

La soledad del asfalto negro que separa nuestra casa de la parada del tranvía; la soledad de los largos pasillos por los que discurre el flujo continuo de todas las vidas que se dirigen hacia un nuevo día; la soledad de la cocina frente a la olla de legumbres; las pequeñas soledades de la escalera que se sube y se baja cien veces al día; la soledad de las largas horas dedicadas a lavar la ropa, a remendar y a planchar.

Soledades que podríamos temer y que vacían nuestro corazón: seres queridos que se marchan y a los que querríamos tener a nuestro lado; amigos que esperamos y que no llegan; cosas que nos gustaría decir y que nadie escucha; la sensación de extrañeza de nuestro corazón en medio de los hombres.

En cada uno de nosotros hay algo que nadie llegará a comprender jamás. Ese algo es la causa misma de nuestra soledad, de la soledad que nos es innata. Es esta soledad primitiva la que debemos aceptar ante todo.

Hay diversas formas de no aceptarla. Para algunos será el encerrarse en sí mismos, el silencio (pero no el bueno), la clásica actitud del «incomprendido». Para otros será, por el contrario, el empeño por explicárselo a sí mismos o, más a menudo, por hacer comprender hasta el más mínimo matiz de su forma de pensar. En ambos casos, cada uno se cristalizará, ya sea en el silencio o en la palabra, lo que le dará la impresión de una discordancia; en realidad, es una nota de nosotros mismos que ningún oído humano podrá jamás entender.

El día en que comprendamos que la brecha insalvable entre nosotros y los demás es —a través de todos los amores, todas las influencias, todas las pruebas— el lugar de aquello que nos hace ser quienes somos; cuando hayamos comprendido que es en ese mismo lugar donde Dios nos habla llamándonos por nuestro nombre, habremos llevado a cabo el gran cambio que convierte la mala soledad en una soledad bendita.

Y termino con otro texto suyo que, para mí, es monumental:

A veces, a lo largo del día esperamos con ilusión las pasiones, las grandes pasiones…

A aquellos se les llamará héroes, por lo que vale la pena sacrificar la vida…

En cambio, llegan las pruebas de paciencia.

Las paciencia, esas migajas de pasión, cuyo propósito es matarnos lentamente para tu gloria, oh Dios, matarnos sin nuestra gloria.

Desde primera hora de la mañana se nos presentan: son nuestros nervios, demasiado nerviosos o demasiado lentos; es el autobús que pasa abarrotado, la leche que se derrama, los deshollinadores que vienen, los niños que lo estropean todo.

Son los invitados que nuestro marido trae a casa y ese amigo que, precisamente él, no viene; es el teléfono que no para de sonar; son aquellos a quienes queremos y que ya no nos quieren.

Es el deseo de callar y la necesidad de hablar,

Es las ganas de hablar y la necesidad de callar;

es querer salir cuando estamos encerrados,

es quedarnos en casa cuando hay que salir;

es el marido en el que nos gustaría apoyarnos

y que se convierte en el más frágil de los niños;

es el asco que nos produce nuestra vida cotidiana,

es el deseo febril de lo que no nos pertenece. 

Así llegan nuestras pruebas, en filas cerradas o en fila india, y siempre se olvidan de decirnos que son el martirio que nos espera.

Y nosotros las dejamos pasar con desdén, esperando —

para entregar nuestra vida— una ocasión que merezca la pena.

Porque hemos olvidado que, al igual que hay ramas

que se destruyen con el fuego, también hay tablas que

los pasos desgastan lentamente y que acaban convirtiéndose en serrín.

Porque hemos olvidado que, si bien hay hilos de lana

cortados de raíz por las tijeras, hay hilos de punto que, día

tras día, se desgastan sobre la espalda de quienes los llevan.

Toda redención es un martirio, pero no todo martirio es sangriento:

hay algunos que se van deshilachando de un extremo a otro de la vida.

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Vaticano

9 cosas que debes saber sobre las excomuniones de la FSSPX

El 1 de julio, la Sociedad de San Pío X, conocida como FSSPX, consagró ilícitamente a cuatro nuevos obispos sin autorización de la Santa Sede, lo que llevó al Papa León XIV a declarar a sus obispos, clérigos y laicos formalmente afiliados en cisma con la Iglesia Católica .

OSV / Omnes·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

Por OSV News

El 1 de julio, la Sociedad de San Pío X, conocida como FSSPX, consagró ilícitamente a cuatro nuevos obispos sin autorización de la Santa Sede, lo que llevó al Papa León XIV a declarar a sus obispos, clérigos y laicos formalmente afiliados en cisma con la Iglesia Católica.

A continuación, un breve resumen sobre la FSSPX, lo sucedido y su importancia.

1. La FSSPX se formó como reacción al Concilio Vaticano II. 

El arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991), un francés que como obispo había sido un líder clave de la Iglesia en el África francófona, fundó la sociedad de sacerdotes en 1970 en Friburgo, Suiza. Sus sacerdotes celebran los sacramentos según el Misal Romano de 1962, publicado antes del Concilio Vaticano II, pero que fue reemplazado por textos litúrgicos revisados ​​en 1969. La sociedad ha sido excomulgada en dos ocasiones por consagrar obispos sin la autorización de la Santa Sede.

La congregación tiene su sede en Menzingen, Suiza, y cuenta con un seminario internacional en Écône, también en Suiza, donde se celebraron las consagraciones del 1 de julio. En Estados Unidos, unos 100 sacerdotes de la FSSPX residen en 20 casas, o «prioratos», y desarrollan su labor en aproximadamente 120 lugares, denominados «misiones» o «capillas», según su sitio web. Su sede central en Estados Unidos se encuentra en Platte City, Misuri, a unos 50 kilómetros al norte de Kansas City.

Según la FSSPX, el arzobispo Lefebvre eligió a San Pío X, quien fue papa entre 1903 y 1914, como patrón de la sociedad debido al compromiso de ese papa con la integridad del sacerdocio.

2. Antes del cisma más reciente, la FSSPX tenía un estatus irregular con respecto a la Iglesia Católica, situación que se remonta a décadas atrás. 

Al parecer, la sociedad perdió su autorización eclesiástica para existir por parte de la autoridad eclesiástica competente en 1975. Un año después, el arzobispo Lefebvre fue suspendido tras ordenar sacerdotes en contra de la voluntad expresa de las autoridades eclesiásticas.

En 1988, San Juan Pablo II excomulgó al arzobispo Lefebvre y a cuatro obispos que él mismo había consagrado ese año sin mandato papal. Sus ordenaciones episcopales eran válidas, pero ilícitas o no autorizadas.

Todos los actos posteriores de órdenes emitidas por esos obispos se han visto afectados. Los actos de jurisdicción son inválidos, como la celebración de matrimonios y la absolución de pecados. Otras acciones sacramentales se consideran válidas, aunque ilícitas.

En su decreto del 2 de julio, por el que dictaba la excomunión, la Santa Sede declaró explícitamente que los sacramentos de penitencia y matrimonio celebrados dentro de la sociedad no son válidos.

3. La FSSPX no debe confundirse con otras comunidades que celebran la Misa Tradicional en Latín. 

Muchas comunidades católicas en comunión con la Santa Sede celebran la Misa según el Misal Romano de 1962, comúnmente llamado Misa Tradicional en Latín.

En 2007, el Papa Benedicto XVI promulgó «Summorum Pontificum», que amplió la autorización a los sacerdotes para celebrar la Misa preconciliar. En 2021, el Papa Francisco promulgó «Traditionis Custodes», una ley que restringió el uso de la forma preconciliar de la Misa. Sin embargo, muchos obispos, incluso en Estados Unidos, han seguido ofreciendo esta forma de la Misa dentro de los nuevos parámetros.

Los sacerdotes que pertenecen a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, por ejemplo, celebran los sacramentos exclusivamente según el misal de 1962 y están en comunión con la Santa Sede. (La sociedad se formó en 1988 por sacerdotes que abandonaron la FSSPX tras las consagraciones episcopales ilícitas del arzobispo Lefebvre ese mismo año). Los sacerdotes de la FSSP tienen una actividad internacional y ejercen su ministerio en 39 diócesis de Estados Unidos.

Otros ejemplos de órdenes religiosas dedicadas exclusivamente a la celebración de la liturgia y los sacramentos según el rito romano celebrado antes del Concilio Vaticano II, que gozan de estatus regular dentro de la Iglesia Católica, son el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote y el Instituto del Buen Pastor.

4. Los líderes de la FSSPX afirman que la congregación no está en cisma y creen que todos los sacramentos y actos jurisdiccionales son válidos. 

Sin embargo, entre las discrepancias del arzobispo Lefebvre con la Iglesia Católica se encuentra su negativa a adoptar la reforma posconciliar del rito de la Misa, que la FSSPX considera deficiente o con «elementos heréticos».

El arzobispo Lefebvre y sus seguidores también cuestionaron, y en algunos casos rechazaron públicamente, la propia ortodoxia de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, especialmente la Declaración sobre la Libertad Religiosa, «Dignitatis Humanae». Si bien algunos argumentaron que esta declaración equivalía a un cambio de doctrina, la Iglesia la reconoció como un desarrollo de la doctrina sobre la dignidad de la persona humana.

En un comunicado que incluía una «Profesión de Fe» de 28 páginas publicada el 24 de junio, la FSSPX afirmó que la Iglesia Católica se enfrenta a presiones internas y externas «que la empujan en todas las direcciones posibles, excepto —a nuestro parecer— la correcta». Otras doctrinas católicas que la FSSPX rechazó en dicho comunicado incluían aspectos del ecumenismo, las reformas litúrgicas posconciliares, la sinodalidad y la libertad religiosa.

5. La Santa Sede ha buscado la vía hacia la plena reconciliación. 

Durante décadas, funcionarios del Vaticano han buscado la manera de reintegrar plenamente a los miembros de la FSSPX a la vida de la Iglesia Católica. Las conversaciones entre la Santa Sede y la congregación comenzaron bajo el pontificado de San Juan Pablo II y continuaron durante los pontificados de Benedicto XVI y Francisco. Benedicto XVI levantó la excomunión de los cuatro obispos en 2009, lo que permitió un diálogo más regular. El Vaticano dejó claro que, en ese momento, la congregación se encontraba en un estado canónico irregular, pero no en cisma.

Durante el Año de la Misericordia 2015-2016, el Papa Francisco estableció disposiciones especiales para validar la absolución ofrecida por los sacerdotes de la FSSPX mediante el sacramento de la confesión. Tras finalizar el Año Santo, extendió dicha disposición «para que nadie se vea privado jamás del signo sacramental de la reconciliación mediante el perdón de la Iglesia».

En abril de 2017, el difunto pontífice continuó impulsando iniciativas destinadas a la reconciliación con la FSSPX, permitiendo a sus obispos garantizar la validez de los matrimonios celebrados en sus comunidades tradicionalistas.

La carta apostólica de San Juan Pablo II de 1988, «Ecclesia Dei», publicada en respuesta a las consagraciones ilícitas, estableció una comisión pontificia del mismo nombre con la «tarea de colaborar con los obispos, con los departamentos de la Curia Romana y con los círculos interesados, con el fin de facilitar la plena comunión eclesial de sacerdotes, seminaristas, comunidades religiosas o particulares» que estuvieran asociados a la FSSPX y «que deseen permanecer unidos al Sucesor Pedro en la Iglesia Católica «.

En 2019, el Papa Francisco suprimió la comisión «Ecclesia Dei» y transfirió sus responsabilidades al Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

6. La Santa Sede ordenó a los líderes de la FSSPX que no consagraran nuevos obispos. 

En febrero, el padre Davide Pagliarani, superior general de la FSSPX, anunció que la sociedad procedería con la consagración de nuevos obispos el 1 de julio, tras una interrupción en la comunicación con el Vaticano después de que las solicitudes de audiencia con el Papa León XIV quedaran sin respuesta.

El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ofreció continuar el diálogo con la FSSPX con la condición de que la congregación suspendiera su decisión de consagrar nuevos obispos. Tras la negativa de la FSSPX, el cardenal Fernández declaró que la consagración de obispos sin mandato papal se consideraría un acto cismático y conllevaría la excomunión.

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia define el cisma como «la negativa a someterse al Sumo Pontífice o a comulgar con los miembros de la Iglesia sujetos a él» (Canon 751).

7. El Papa León XIV hizo un llamamiento público a la FSSPX para que no procediera con las consagraciones. 

El 30 de junio, el Papa León XIV hizo una súplica a la FSSPX para que no procediera con las consagraciones. «Les ruego que consideren cuidadosamente el bien espiritual de los fieles, porque el acto cismático que están a punto de emprender los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los Sacramentos, que aman y buscan para su santificación», escribió el Papa León XIV. La respuesta del Padre Pagliarani indicó que la sociedad planeaba seguir adelante con las consagraciones, insistiendo en que el grupo «no era ni cismático ni hostil a la Iglesia».

Después de que la FSSPX siguiera adelante con las consagraciones ilícitas el 1 de julio, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, o DDF, declaró el 2 de julio que los seis obispos de la FSSPX estaban excomulgados y advirtió al clero y a los laicos que no «se adhirieran al cisma» y, por lo tanto, no incurrieran también en la excomunión.

8. Uno de los cuatro obispos consagrados ilícitamente el 1 de julio es de Estados Unidos. 

Originario de Dakota del Norte, el obispo Michael Goldade creció en St. Marys, Kansas, un enclave de la comunidad de la FSSPX. Es el rector del Seminario Santo Tomás de Aquino de la FSSPX en Dillwyn, Virginia.

9. La DDF ha publicado procedimientos para quienes deciden abandonar la FSSPX y restablecer la comunión con la Iglesia Católica. 

Las instrucciones detallan las acciones específicas que debe realizar un sacerdote ordenado en la comunidad de la FSSPX o afiliado a ella tras su ordenación lícita. Los procedimientos para los laicos son más complejos, ya que sus pasos para recuperar la comunión dependen de su grado de vinculación con la comunidad y las ideas de la FSSPX.

El autorOSV / Omnes

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Vaticano

Por el respeto de la vida humana, intención de oración del Papa en julio

En la intención de oración para este mes, León XIV invita a rezar para que toda persona sea acogida, protegida y custodiada, desde su concepción hasta su muerte natural. El Pontífice denuncia la cultura del descarte y pide que la Iglesia sea un hogar donde nadie se sienta sobrante, y la dignidad sea respetada y cuidada.

Redacción Omnes·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

“Por el respeto de la vida humana” es la intención de oración del Papa León XIV para el mes de julio. A través de la Red Mundial de Oración del Papa, el Santo Padre invita a elevar su plegaria para que cada ser humano sea acogido, protegido y respetada su dignidad en todas las etapas de su existencia.

A primeros de junio, durante su viaje apostólico a España, el Papa León se dirigió así al Congreso de los Diputados: “Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde la concepción hasta su fin natural, en cualquier circunstancia de su existencia”.

“Un objetivo de la civilización”

Después, añadió: “La defensa de la vida humana no es una cuestión de interés particular ni confesional: es un objetivo de la civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y protegida desde la concepción hasta su fin natural, en cualquier circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se diluye, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. 

Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad para acompañar, proteger y amar aquellas vidas marcadas por una mayor fragilidad”.

Cada persona, un don sagrado

En su oración, León XIV se dirige al “Señor de la vida” y reconoce que cada persona es “un don sagrado que refleja tu rostro”. También pide la gracia de reconocer y custodiar “el valor único e irrepetible de cada ser humano”, “aprendiendo a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad, acompañar con respeto cada etapa de la existencia y defender con valentía a quienes no tienen voz”.

El Papa pide perdón al Señor, en plural, “cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor. Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos.”.

Y ruega para que “tu Iglesia” sea “un testimonio vivo del Evangelio de la vida, un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre”.

Huellas de manos en una captura de pantalla del vídeo de la intención de oración del Papa León XIV para julio de 2026, “Por el respeto y la protección de la vida humana”. (Ilustración de OSV News/ Red Mundial de Oración del Papa).

73 millones de abortos inducidos en el mundo cada año

La Red Mundial de Oración, dirigida por el P. Cristóbal Fones, informa que, según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año se producen alrededor de 73 millones de abortos inducidos en el mundo. Paralelamente, el debate sobre la eutanasia y la muerte asistida sigue avanzando a nivel mundial, igual que la pena de muerte.

La OMS también señaló en 2024 que una de cada seis personas mayores de 60 años sufre maltrato.

El padre Cristóbal Fones SJ, explica que la intención del Papa invita, ante todo, a redescubrir el valor sagrado de toda existencia humana, a promover la dignidad y el desarrollo de toda persona, compartiendo la misión de Cristo, que mostró compasión hacia todos y llamó a construir una auténtica cultura de la vida frente a la cultura del descarte, en expresión del Papa Francisco.

Por el respeto de la vida humana

(Oración del Papa León XIV en el videomensaje, en lengua española)

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. 

Señor de la vida, Tú nos creaste por amor y nos llamaste a vivir en plenitud. 

Cada persona es un don sagrado que refleja tu rostro, desde el primer instante de su existencia hasta el último respiro de su camino en la tierra. 

Hoy te pedimos la gracia de reconocer y custodiar el valor único e irrepetible de cada ser humano. 

Que aprendamos a acoger la vida sin condiciones, a sostener con ternura la fragilidad, a acompañar con respeto cada etapa, y a defender con valentía a quienes no tienen voz. 

Perdónanos, Señor, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor. 

Danos un corazón nuevo, capaz de elegir siempre la vida, y manos generosas que la protejan con gestos concretos. 

Haz de tu Iglesia un testimonio vivo del Evangelio de la vida, un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante, y donde la dignidad sea respetada y cuidada siempre.

Señor Jesús, que amemos la vida como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega. 

Que sepamos proclamar, con palabras y gestos, que cada vida humana vale el don total de sí mismo. Amén. 

El autorRedacción Omnes

Evangelización

Leandro no deja que su atracción hacia el mismo sexo le defina

Leandro comparte cómo ha reconciliado su fe católica y la atracción hacia el mismo sexo, defendiendo que la libertad también puede consistir en elegir un camino de fidelidad al Evangelio.

Teresa Aguado Peña·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

En medio de las celebraciones del Orgullo, y rodeados por un discurso social que suele presentar la libertad como ‘hacer siempre lo que uno desea’, el testimonio de Leandro ofrece una perspectiva distinta. No pretende imponer su visión a nadie, sino compartir el camino que él ha elegido recorrer, como católico que experimenta Atracción hacia el Mismo Sexo (AMS) y que ha decidido vivir de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia.

Su historia no es la de alguien que afirma que el camino es sencillo. Tampoco la de quien dice haber resuelto todas las preguntas. Es, más bien, el relato de una reconciliación construida desde el conocimiento, la fe y la convicción de que la identidad de una persona es mucho más profunda que sus inclinaciones.

Conocer para reconciliar

Para Leandro, el punto de partida fue descubrir que la reconciliación entre su fe y la atracción hacia el mismo sexo solo podía comenzar desde el conocimiento. «No se puede tener fe en lo que no se conoce», explica.

Durante años desconoció cuál era realmente la enseñanza de la Iglesia sobre esta realidad. Fue alrededor de los 25 o 26 años cuando conoció el apostolado Courage y asistió por primera vez a una de sus reuniones. Allí encontró una explicación que cambiaría su manera de entenderse a sí mismo: “Dios ama infinitamente al pecador, pero nunca al pecado”.

Desde esa perspectiva, Leandro comparte que su reconciliación fue posible al saber que “sentir AMS no es pecado, pero al actuar de acuerdo a las AMS nos alejamos de Dios y de su plan divino”. “En años más recientes,enseñanzas de la Iglesia como la Teología del cuerpo, de sanJuan Pablo II, le han dado sentido y motivación a esta reconciliación” añade.

La fortaleza de una vida espiritual

Cuando se le pregunta dónde encuentra fuerzas para perseverar, Leandro señala especialmente tres apoyos: “la devoción a algunos santos, la cercanía de su ángel custodio y la Eucaristía”.

Para él, la fe no consiste únicamente en aceptar unas normas morales, sino en mantener una relación viva con Dios que sostiene el camino cotidiano.

Su experiencia dentro de las comunidades parroquiales no ha sido siempre la misma. Reconoce que hay lugares donde se ha sentido acogido y otros donde no tanto. Sin embargo, evita convertir esa experiencia en motivo de resentimiento.

«La Iglesia es imperfecta», afirma, “y creo que lo más importante es aprender en el camino que nosotros somos quienes debemos cobijar y valorar a los demás con el amor que recibimos de Dios mismo”.

Frente al rechazo, elige la empatía

Leandro no niega que existan comentarios o actitudes de rechazo, pero, según dice, “no me quitan el sueño”. «Son más los comentarios y actitudes de apoyo que los de rechazo», explica.

Incluso considera que algunas reacciones negativas pueden convertirse en una oportunidad para crecer en empatía, ya que muchas nacen de la ignorancia o del miedo, sentimientos que, reconoce, todos experimentamos alguna vez frente a aquello que no comprendemos.

Para quienes viven el mismo conflicto

Leandro considera que cada vez menos jóvenes viven un conflicto interno entre su orientación sexual y su fe. “El mundo y la sociedad actual se han encargado de eliminarlo con la relatividad moral” comenta. “Pero si encontrara a alguno en esa situación, le diría que la enseñanza de la Iglesia católica es la única que realmente da sentido a la fe y a la orientación sexual”.

En su opinión, la enseñanza de la Iglesia no pretende negar la sexualidad humana ni reprimirla, sino conducirla hacia su plenitud: “Generalmente se piensa que la Iglesia propone una castración o prohibición a la orientación sexual, pero no hay nada más alejado de la verdad. La enseñanza de la Iglesia es la que da plenitud de la sexualidad humana (con la orientación sexual incluída)”.

En su conversación hace referencia al documental The Third Way (La tercera vía), producido por Blackstone Films, que considera una buena introducción para comprender esta visión.

Nunca se sintió rechazado por Dios

Uno de los aspectos más llamativos de su testimonio es que, incluso en los momentos en los que estuvo alejado de la práctica de la fe, nunca pensó que Dios lo hubiera rechazado. Más bien ocurrió lo contrario: «sabía que yo era el que era infiel y rechazaba a Dios.»

Leandro comparte una gran verdad: la misericordia de Dios permanece, incluso cuando la respuesta humana es imperfecta.

Una vocación compartida 

Leandro también hace una precisión que considera importante respecto al lenguaje. Prefiere hablar de una «persona con atracción hacia el mismo sexo» antes que de una «persona homosexual», porque entiende —siguiendo la enseñanza del Catecismo y del apostolado Courage— que esas atracciones no definen la identidad más profunda de la persona.

Respecto a una posible misión específica dentro de la Iglesia, reconoce que todavía no la ha descubierto, “si es que hay una” comenta. Mientras tanto, abraza la vocación común de todos los cristianos: “luchar y aspirar a vivir en santidad, sea cual sea mi entorno y realidad”.

En ese camino encuentra una guía especial en las cinco metas propuestas en la pastoral Courage, que entiende como un itinerario de crecimiento espiritual y de fidelidad al Evangelio: vivir la castidad según la enseñanza de la Iglesia, fortalecer la relación con Cristo mediante la oración y los sacramentos, cultivar una auténtica fraternidad con quienes recorren el mismo camino, apoyarse en amistades castas que ayuden a crecer en la fe y ofrecer, con la propia vida, un testimonio coherente del Evangelio.

¿Libertad?

La historia de Leandro no pretende zanjar un debate que continúa presente tanto dentro como fuera de la Iglesia. Su intención es mucho más sencilla: compartir cómo vive él esa realidad desde la fe.

En un contexto cultural donde con frecuencia la libertad se identifica con la ausencia de límites, su experiencia plantea una pregunta diferente: ¿puede la libertad consistir también en elegir un camino exigente por fidelidad a aquello que uno considera verdadero?

Su respuesta es afirmativa. No porque ese camino sea fácil, sino porque está convencido de que seguir a Cristo da sentido también a aquellas dimensiones de la vida que exigen renuncia, perseverancia y confianza.

Ese es, en definitiva, el centro de su testimonio: una fe que no ignora la realidad personal, sino que busca iluminarla desde el Evangelio.su testimonio: una fe que no ignora la realidad personal, sino que busca iluminarla desde el Evangelio.

Evangelización

Isaac Hecker: padre de la evangelización estadounidense

En el contexto de una serie que explora las vidas de grandes católicos estadounidenses con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos, el escritor Rusell Shaw habla en este artículo del padre Isaac Hecker, fundador de la comunidad paulista.  

OSV / Omnes·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 6 minutos

– Rusell Shaw, OSV News

A finales de la primavera o principios del verano de 1842, Isaac Hecker tuvo una visión. A su lado, al parecer, se encontraba “un ser angelical, puro y hermoso”, cuya presencia le produjo “una alegría celestial”. Esta experiencia, que le cambió la vida, impulsó al joven, de apenas 22 años, a buscar un modo de vida que de alguna manera se correspondiera con ella.

Aunque no consta que Hecker tuviera otras visiones después de ésa, en un sentido más amplio, el fundador de los Padres Paulistas siguió siendo un visionario durante toda su vida.

Un gran sueño, la conversión de la América protestante al catolicismo

Su gran objetivo era la conversión de la América protestante al catolicismo, algo que, según él, era posible. Al fin y al cabo, decía, en Estados Unidos “la verdadera religión encontrará la acogida que en vano ha buscado en otros lugares”.

Si algún día es canonizado (el proceso comenzó en 2008 y actualmente ostenta el título de ‘Siervo de Dios’), es comprensible que se le designe patrón del movimiento americanista dentro del catolicismo estadounidense. 

‘Patrocinador del impulso americanista’

En el plano ideológico, nadie, ni antes ni después, ha hecho más que el padre Isaac Hecker para promover la integración católica en la cultura secular de Estados Unidos.

Nació el 18 de diciembre de 1819 en Nueva York, tercer hijo y el menor de una familia de inmigrantes germano-americanos. Los Hecker eran panaderos, oficio que Isaac también ejerció. Pero desde temprana edad, a pesar de tener pocos o ningún vínculo con la iglesia, mostró un interés inusual por la religión.

Con el tiempo, esto lo condujo al movimiento vagamente religioso de intelectuales de Nueva Inglaterra llamado trascendentalismo y a las comunidades experimentales de Brook Farm y Fruitland. 

Moviéndose en estos círculos estimulantes, el joven se vio influenciado inicialmente por Ralph Waldo Emerson, el pensador estadounidense más destacado de principios del siglo XIX. Sin embargo, con el tiempo, se desencantó con las creencias de Emerson, quejándose de que el gran hombre “no tenía ni idea de lo que era la iglesia”.

Amistad con Orestes Brownson. Bautismo, sacerdocio, misionero 

Por esta época conoció y entabló amistad con Orestes Brownson, un conocido escritor y conferenciante sobre religión y cuestiones sociales, y buscador religioso como Hecker.

Brownson, dieciséis años mayor que él, lo orientó hacia el catolicismo. Ya en abril de 1843, Hecker escribió en su diario: “Solo la Iglesia Católica parece satisfacer mis anhelos”. El 1 de agosto de 1844 fue bautizado por el obispo (más tarde cardenal) John McCloskey de Nueva York. Brownson hizo lo mismo poco después.

Sintiendo la vocación al sacerdocio, Hecker ingresó en la orden de los Redentoristas y, tras cursar estudios en un seminario en Bélgica, fue ordenado sacerdote en octubre de 1849 por el cardenal Nicholas Wiseman de Westminster.

“Cuestiones del alma”. Una América católica

De regreso a Estados Unidos, el padre Hecker trabajó como misionero redentorista. A medida que su visión de una América católica crecía y tomaba forma, también comenzó a plasmar sus ideas por escrito. El resultado fue el libro “Cuestiones del alma”.

Publicado en 1855, la obra fue ampliamente debatida y le valió a su autor una reputación nacional. Argumentando que el protestantismo no satisfacía las necesidades de buscadores como él, escribió que se acercaba el momento en que la Iglesia católica sería vista como la única respuesta satisfactoria. “Hecker abogaba por nada menos que una América católica, no por el bien de la Iglesia, sino por el de la nación y su gente”, según el biógrafo David O’Brien.

Celo evangelizador

Aprovechando rápidamente el éxito de su libro, el padre Hecker publicó dos años después “Aspiraciones de la Naturaleza”, un volumen que exponía su visión evangelizadora para los Estados Unidos y la lógica de su conversión al catolicismo.

Para su pesar, “Aspiraciones” recibió mucha menos atención que el anterior. Para el autor, resultó especialmente decepcionante la reseña de Orestes Brownson en su propia revista Quarterly Review.

Brownson desestimó la idea de que Estados Unidos fuera un terreno propicio para la labor misionera católica. Sostenía que el número de “buscadores sinceros” era mucho menor de lo que Hecker suponía, y que, de hecho, “apenas había un rasgo en el carácter estadounidense… que no fuera más o menos hostil al catolicismo”.

Mientras tanto, Hecker se sentía cada vez más insatisfecho con los Redentoristas, a quienes consideraba más interesados ​​en ofrecer misiones parroquiales a inmigrantes alemanes que en convertir a intelectuales como sus antiguos amigos de Brook Farm. 

En agosto de 1857, realizó un viaje no autorizado a Roma para exponer su caso ante el superior de la Orden. Sin embargo, como consecuencia, fue expulsado.

Fundación de los Padres paulistas

Pero el viaje no fue en absoluto un fracaso. Durante su estancia en Roma, conoció al Papa Pío IX y obtuvo su apoyo para su ambicioso proyecto de evangelización. 

De regreso a Estados Unidos al año siguiente, él y otros cuatro ex Redentoristas se unieron para fundar una nueva orden: la Congregación de los Sacerdotes Misioneros de San Pablo Apóstol, más conocida como los Padres Paulistas. 

En los años siguientes, el padre Hecker estuvo muy ocupado, viajando constantemente para dar conferencias a un público mayoritariamente no católico. En uno de esos viajes, recorrió 7.200 kilómetros y habló ante unas 30.000 personas, una cifra considerable en los tiempos anteriores a la radio, la televisión y las redes sociales. “Está modernizando el sistema y preparándose para impulsarlo con vapor”, comentó un escritor.

Publicaciones. Concilio Vaticano I. Infalibilidad papal

En 1865 lanzó la revista The Catholic World, que se publicaría durante más de un siglo. Al año siguiente fundó la editorial Paulist Press.

Durante el Primer Concilio Vaticano (1869-1870), el padre Hecker logró un puesto en la periferia como representante del obispo de Columbus, Ohio, que no asistió. Al principio, coincidió con el grupo que se oponía a emitir una definición formal de la doctrina de la infalibilidad papal en aquel momento, pero después de que el Concilio definiera el dogma de todos modos, lo acogió con beneplácito e incluso lo vio como un posible impulso para la evangelización de Estados Unidos.

Religión y sociedad 

A principios de 1870, envió a su amigo Brownson una carta extraordinaria desde Roma que provocó una respuesta igualmente extraordinaria. Pocas veces se han expuesto con tanta claridad los términos del debate sobre la situación de la Iglesia en Estados Unidos como en la misiva del padre Hecker y la respuesta de Brownson.

El padre Hecker escribió con su entusiasmo característico sobre la acogida que había recibido de los europeos que envidiaban la separación entre Iglesia y Estado al estilo estadounidense. En ello se confirmaba algo que llevaba tiempo creyendo: la democracia estadounidense estaba “extendiendo la influencia de la Iglesia, añadiendo un nuevo título de gratitud por sus servicios y mostrando, bajo una nueva luz, la absoluta necesidad de la religión para la sociedad civil y el buen gobierno”.

Brownson no estaba convencido. Si bien apoyaba el sistema estadounidense como “la forma legal y única practicable”, decía, consideraba que estaba en conflicto fundamental con el catolicismo.

“Tanto los católicos como el resto de la población se impregnan del espíritu del país… la libertad frente a toda restricción, la licencia sin límites. Estamos tan lejos de convertir al país que ni siquiera podemos mantenernos firmes”.

Enredados en la herejía del “americanismo”

Poco después del Concilio Vaticano I, la salud del padre Hecker empeoró. Pasó sus últimos años en un estado de semiincapacidad, cada vez más aislado dentro de la comunidad que había fundado. Agotado por la enfermedad y las esperanzas frustradas, falleció el 21 de diciembre de 1888, tras bendecir a los paulistas con quienes convivía.

Inevitablemente, el nombre del padre Isaac Hecker está vinculado a lo que hoy se conoce como “americanismo”. La historia, bastante compleja, se resume así: en 1896, se publicó en francés la obra “Vida de Isaac Thomas Hecker”, escrita por un paulista llamado Walter Elliott, con una larga introducción de un sacerdote francés liberal que exageraba las virtudes del padre Hecker.

¿Catolicismo a la carta?

Mientras tanto, Roma se mostraba preocupada por las tendencias del pensamiento católico liberal en Europa, que asociaba con la Iglesia en Estados Unidos y con el fundador de los paulistas. En 1899, el papa León XIII publicó un documento —dirigido nominalmente al líder de la jerarquía estadounidense, el cardenal James Gibbons, de Baltimore— en el que condenaba específicamente las ideas que resumía bajo el título de “americanismo”.

Los historiadores que simpatizan con la americanización del catolicismo estadounidense suelen restar importancia a la crítica papal y tachan a la americanización de “herejía fantasma”. 

Sin embargo, el documento del Papa León XIII contiene una advertencia sorprendentemente premonitoria contra actitudes comunes en el catolicismo estadounidense actual. Entre ellas destaca la selección arbitraria de doctrinas de la Iglesia, a menudo denominada “catolicismo a la carta”.

¿Qué tiene que ver eso con Hecker?

Aun así, es lógico preguntarse hasta qué punto todo esto tiene que ver con el padre Isaac Hecker. Hoy, al igual que en su vida, se le conoce sobre todo como un visionario apasionado y un optimista decidido que quería que los católicos se integraran en la sociedad estadounidense mayoritaria con el fin de convertirla. Si eso aún no ha sucedido del todo, difícilmente puede ser culpa de Hecker.

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– Russell Shaw, periodista y escritor de larga trayectoria, fue autor de más de 20 libros, entre ellos tres novelas. Falleció en enero de 2026.

– Nota del editor: Este artículo forma parte de una serie que explora las vidas de grandes católicos estadounidenses con motivo de la celebración del 250 aniversario de Estados Unidos.

– Publicado originalmente en OSV News en inglés, pueden consultarlo aquí.

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El autorOSV / Omnes

Ecología integral

Yo le vi morir

La solución ante el panorama actual de nuestra sociedad no puede ser la vía rápida de la eutanasia; debe ser la inversión prioritaria en cuidados paliativos que dignifiquen la vida de tantas personas en situación de gran fragilidad y vulnerabilidad.

Eloy Asenjo Carpintero·3 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

Pepe era un hombre vital, un brillante profesional de la Administración Pública, amante de la música, el acordeón y la caza con su perra Perla. A pesar de un historial clínico adverso —que incluía temblor esencial, cirugías cardíacas y las secuelas de varios cánceres que le obligaban a estar sondado—, siempre mantuvo la sonrisa y una vida normal, guiada por su firme terquedad maña. Sin embargo, en septiembre de 2024, el cáncer regresó. Ante un pronóstico hospitalario que solo le ofrecía seis meses más de vida a cambio de agresivos tratamientos de quimio y radioterapia, Pepe se vio sumido en el nerviosismo, la tristeza y el desamparo.

Fue entonces cuando tomó una decisión firme: rechazó el tratamiento, solicitó el alta voluntaria y como familia tomamos la mejor decisión que pudimos: ingresarle en el Centro de Cuidados Paliativos Laguna. Esto transformó por completo su última etapa. Desde el primer día, el equipo médico asumió el compromiso no solo de mitigar su dolor, sino de cuidarle con el máximo afecto.

Gracias a este entorno, Pepe recuperó su carácter guasón y vital. No estuvo solo porque nos turnábamos para estar con él; pudo despedirse de amigos y compañeros de trabajo. Incluso lideró un emotivo momento musical en Navidad cantando a pleno pulmón un villancico adaptado (con la música de “On my way”) ante el belén de la planta, uniendo a familiares de otros enfermos en una celebración de la vida. El 17 de enero de 2025, Pepe falleció en paz y sin sufrimiento. Sus últimos tres meses no fueron una agonía, sino un periodo de reencuentro, perdón, agradecimiento y despedida. Quienes presenciamos su partida no lloramos de dolor, sino de una profunda emoción y un agradecimiento que, sin esos cuidados paliativos, nos habrían sido robados. 

El debate político y la «cultura del descarte» 

Este testimonio adquiere una relevancia especial ante el discurso del Papa León XIV a las Cortes Españolas. Ante un hemiciclo que aprobó la ley de la eutanasia, el Pontífice recordó a los parlamentarios que: “Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”. 

Insistió, además, en que la defensa de la vida no es una cuestión confesional ni partidista. Aunque sus palabras recibieron un prolongado aplauso de más de siete minutos, cabe cuestionarse si los legisladores han reflexionado detenidamente sobre el verdadero impacto de estas palabras. 

La existencia de personas que sufren y sienten que su vida carece de sentido no debe empujar a la sociedad hacia lo que el Papa Francisco denominaba la “cultura del descarte”. El verdadero problema radica en la falta de acompañamiento, en la ausencia de miradas que devuelvan la dignidad y de cuidados que alivien el dolor. Al pensar en quienes sufren en la soledad y el desamparo, se me desgarra el alma; son personas que muchas veces no tienen a nadie que las mire a los ojos revitalizando en ellos su dignidad humana, ni les ofrezca el soporte necesario para mitigar su sufrimiento. 

Humanizar la sanidad: recursos antes que eutanasia 

Resulta desconcertante que la respuesta institucional ante la fragilidad humana sea la eutanasia, en lugar de una dotación presupuestaria y de recursos suficiente para los servicios de paliativos. Es de justicia reconocer que en nuestra sanidad (al menos en la Comunidad de Madrid) estos servicios van en aumento. Un claro ejemplo de su beneficio fue la atención domiciliaria prestada a un amigo mío —Rodrigo— en los últimos meses de su vida, un apoyo que su entorno agradeció profundamente. 

Es imperativo ensalzar la labor de los profesionales —médicos y personal de enfermería— que atienden estos servicios. Su día a día es de una enorme dureza psicológica y emocional, pues trabajan sabiendo que no van a poder curar la enfermedad de sus pacientes. Sin embargo, su dedicación se ve recompensada con la infinita gratitud de los enfermos y de sus seres queridos. 

Un llamamiento a la responsabilidad 

La legislación de un país debe medirse por su capacidad para proteger a los más débiles. Como bien señaló el Pontífice de cara a los poderes públicos: “Las leyes no alcanzan su grandeza por el mero hecho de ser aprobadas formalmente, sino cuando respetan la dignidad intrínseca de la persona. Los poderes públicos deben recordar que cada una de sus decisiones afecta a ciudadanos de carne y hueso, especialmente a aquellos que no tienen voz para hacerse oír”. 

Es hora de que los representantes políticos muestren la valentía necesaria para rectificar el rumbo. La solución no puede ser la vía rápida de la eutanasia; debe ser la inversión prioritaria en cuidados paliativos que dignifiquen la vida de tantas personas en esta situación de gran fragilidad y vulnerabilidad.

El autorEloy Asenjo Carpintero

Mundo

5 datos sobre la religión en Filipinas: para el 90 % es vital, según Pew

El porcentaje de personas que creen en Dios y rezan a diario en Filipinas se encuentra entre los más altos registrados por Pew Research en encuestas recientes realizadas en todo el mundo. La religión es muy importante en las vidas del 90 por ciento de la población filipina.  

Redacción Omnes·2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

– Jonathan Evans y Kirsten Lesage

Según diversos indicadores, la población de Filipinas tiende a ser muy religiosa. Casi todos los adultos filipinos profesan una religión, y cerca del 90% afirma que la religión es muy importante en sus vidas.

La mayoría de los adultos filipinos —más de 90 millones— son católicos. El país alberga la tercera población católica más grande del mundo, solo por detrás de Brasil y México, según el Anuario Estadístico de la Iglesia de 2021 del Vaticano .

Millones de protestantes, otros cristianos y musulmanes también viven en Filipinas, un archipiélago de aproximadamente 7.600 islas en el sudeste asiático. Este análisis se centra en los cristianos porque nuestras encuestas recientes no incluyen suficientes musulmanes filipinos para poder informar por separado sobre sus actitudes, creencias y prácticas. Como siempre, todos los grupos religiosos están incluidos en nuestros hallazgos sobre la población adulta en su conjunto.

Aquí presentamos cinco datos sobre la religión en Filipinas, basados ​​en información de encuestas del Centro.

92 % cristianos, 76 % católicos

1. La mayoría de los adultos filipinos (92%) se identifican religiosamente como cristianos, incluyendo un 76% que se identifica como católico. Un porcentaje menor (12%) se declara protestante, según una encuesta del Centro realizada en la primavera de 2026.

Según una encuesta del Centro realizada en 2024, la mayoría de los católicos filipinos lo son de por vida, lo que significa que fueron criados en la fe católica y continúan identificándose como tales en su edad adulta.

Opinión favorable del Papa León (79%)

2. La gran mayoría de los católicos filipinos (79%) afirma tener una opinión favorable del Papa León XIV, según nuestra encuesta de 2026. De ellos, el 43% expresa una opinión muy favorable.

Los católicos de entre 18 y 49 años son más propensos que los mayores de 50 a afirmar que tienen una opinión favorable o muy favorable del Papa León. Sin embargo, el 19% de los católicos filipinos mayores de 50 años dicen no haber oído hablar nunca del Papa Leo o prefieren no responder, en comparación con el 7% de los que tienen entre 18 y 34 años.

El 99 % de los adultos filipinos afirman creer en Dios

3. Casi todos los adultos filipinos (99%) afirman creer en Dios,  según nuestra encuesta de 2024. Esto incluye al 100% de los protestantes y al 99% de los católicos.

Sin embargo, los protestantes y católicos filipinos difieren más en sus creencias sobre los espíritus de sus antepasados. Mientras que el 56% de los católicos cree que los espíritus de los antepasados ​​pueden ayudarlos o perjudicarlos, el 26% de los protestantes opina lo mismo.

8 de cada 10 adultos rezan a diario

4. Filipinas tiene una de las tasas de oración más altas entre los treinta y seis países que encuestamos en 2024. Alrededor de ocho de cada diez adultos filipinos (79%) dicen que rezan a diario, incluyendo a la mayoría de los católicos (77%) y protestantes (88%).

Sin embargo, se observan diferencias más significativas en otras prácticas religiosas. Por ejemplo, los católicos filipinos tienen aproximadamente tres veces más probabilidades que los protestantes de afirmar que encienden incienso o velas por motivos espirituales o religiosos (76 % frente a 27 %).

La Biblia debería tener mucha o bastante influencia en las leyes (82%)

5. La mayoría de los filipinos (82%) afirma que la Biblia debería tener mucha o bastante influencia en las leyes de Filipinas. Esta opinión es compartida por amplias mayorías tanto de católicos como de protestantes.

Sin embargo, los grupos difieren en cuanto a cómo proceder cuando la Biblia y la voluntad del pueblo entran en conflicto. Cuando preguntamos a quienes opinan que la Biblia debería tener al menos una influencia considerable en las leyes nacionales cómo creen que debería manejarse este tipo de conflicto, el 63% de los protestantes afirma que la Biblia debería tener más influencia que la voluntad del pueblo.

Solo el 31% de los católicos filipinos comparten esta postura, mientras que el 49% afirma que debe prevalecer la voluntad del pueblo. 

Nota: Aquí encontrará las preguntas y respuestas de la encuesta de Pew Research así como datos más recientes sobre afiliación religiosa en Filipinas, procedentes de una encuesta realizada en 2026. 

El autorRedacción Omnes

La obediencia de los hijos de Dios

La obediencia cristiana no nace del miedo ni de la imposición, sino de la confianza de quien se sabe hijo de Dios y descubre que su voluntad conduce a la verdadera libertad.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 8 minutos

Hay palabras que parecen haber envejecido mal. Basta pronunciarlas para que despierten cierta incomodidad. «Sacrificio», «castidad», «pecado»… y también «obediencia». Para muchos, obedecer significa renunciar a la propia libertad, dejar que otro piense por nosotros o resignarse a cumplir una voluntad ajena.

No es extraño que sea así. A lo largo de la historia no han faltado ejemplos de una autoridad ejercida de manera abusiva ni personas que, en nombre de la obediencia, han terminado justificando decisiones arbitrarias. También hoy, dentro y fuera de la Iglesia, seguimos preguntándonos qué significa realmente obedecer y cuáles son sus límites.

La obediencia de Jesús

Pero quizá el problema no sea la obediencia. Quizá el problema sea que hemos olvidado cómo obedecía Jesucristo. Porque hay un hecho que resulta verdaderamente desconcertante: El hombre más libre que ha existido fue también el más obediente. Y eso parece una contradicción.

¿Cómo puede la obediencia convivir con la libertad? ¿No debería ocurrir exactamente lo contrario? Tal vez llevamos demasiado tiempo haciéndonos la pregunta equivocada. Cuando pensamos en la obediencia solemos preguntarnos: ¿por qué debería obedecer? El Evangelio, sin embargo, comienza mucho antes: la verdadera pregunta no es por qué obedecer, sino a quién obedecemos. Y ahí cambia absolutamente todo.

Jesús nunca habla de su obediencia como quien soporta un peso. Tampoco como quien simplemente cumple órdenes. Toda su vida gira en torno a una relación. Una relación tan profunda que llega a decir: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió…» (Juan 4,34). O también: «El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada» (Juan 8,29).

Hay un detalle que fácilmente pasa desapercibido. Cada vez que Jesús habla de obedecer la voluntad de Dios, habla también del Padre. Nunca presenta a Dios como un amo del que haya que defenderse. Nunca como alguien que limita su libertad. Siempre como un Padre al que conoce, ama y en quien confía plenamente. Toda la diferencia entre la obediencia cristiana y cualquier otra forma de obediencia cabe, quizá, en esa sola palabra: Padre. Cristo no obedece porque tenga un amo. Obedece porque tiene un Padre. Y esa diferencia no es un simple matiz. Es el corazón mismo del cristianismo.

Porque somos hijos

También nosotros, por el Bautismo, hemos recibido esa misma filiación. No somos simplemente criaturas que procuran cumplir unos mandamientos. Somos hijos llamados a participar de la misma relación que Jesucristo vive con el Padre. Por eso nuestra obediencia no puede entenderse desde el miedo, sino desde la confianza.

Quizá valga la pena detenernos un instante. Cuando pienso en Dios, ¿qué imagen aparece primero en mi corazón? ¿La de un Padre que desea conducir mi vida hacia su plenitud? ¿O la de alguien que continuamente viene a pedir, exigir o limitar mi libertad? La respuesta a esta pregunta cambia por completo nuestra manera de entender la obediencia. 

Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, lo expresa con una frase tan sencilla como luminosa: «Solo Dios es digno de obediencia, porque solo Él conoce plenamente el camino que lleva a cada uno de nosotros a la felicidad». Vale la pena saborearla despacio. No dice que Dios sea digno de obediencia simplemente porque tenga autoridad. Dice algo mucho más profundo: que solo Él conoce plenamente el camino que conduce a nuestra felicidad. Y aquí aparece una idea decisiva. Dios no pide obediencia porque necesite ser obedecido. Nos la propone porque nos ama.

Para obedecer, confiar

Solo quien nos ha creado conoce también aquello para lo que hemos sido creados. Solo Él conoce ese camino —y podríamos decir incluso, ese «camino dentro del camino»— por el que cada persona alcanza la plenitud para la que fue pensada desde toda la eternidad. Por ello, quizá muchas de nuestras dificultades para obedecer no nazcan de la falta de generosidad. Quizá nazcan de algo mucho más profundo. ¿Y si, en el fondo, todavía no termináramos de creer que Dios quiere nuestra felicidad?

Porque solo cuando esa certeza se abre paso en el corazón ocurre algo sorprendente: la obediencia deja de sentirse como una amenaza y comienza a parecerse, cada vez más, a un acto de confianza.

Pero ¿qué significa realmente confiar?

Con frecuencia identificamos la confianza con un sentimiento. Sin embargo, en la vida cotidiana descubrimos que es mucho más que eso. Confiar es decidir poner la propia vida, al menos en algún aspecto, en manos de otro.

Lo hacemos constantemente: un paciente que acepta el tratamiento que le propone su médico. Un alumno que se deja enseñar por su profesor. Un montañista que escucha las indicaciones de su guía. Ninguno de ellos experimenta esa confianza como una pérdida de libertad. Al contrario, precisamente porque confían pueden llegar a un lugar al que, solos, difícilmente habrían llegado.

Con Dios sucede algo semejante, aunque infinitamente más profundo. Pensemos en un niño caminando de la mano de su padre por un sendero de montaña. En un momento determinado, el padre le dice: ¡No vayas por ahí!  El niño podría pensar que le están quitando libertad. Sin embargo, la realidad es muy distinta: el padre simplemente ha visto un precipicio que el hijo todavía no alcanza a descubrir.

Quizá la obediencia cristiana se parezca mucho más a esta escena de lo que imaginamos. Obedecer no consiste en caminar con los ojos cerrados. Consiste en caminar tomado de la mano del Padre. No significa renunciar a la propia inteligencia, sino aceptar con humildad que existe una mirada más amplia que la nuestra. Una mirada que alcanza a ver aquello que nosotros todavía no podemos ver.

Todos hemos vivido experiencias semejantes. ¿Cuántas veces hemos descubierto, solo con el paso de los años, que aquello que en un primer momento nos pareció una pérdida terminó convirtiéndose en una de las mayores bendiciones de nuestra vida? ¿Cuántas veces comprendimos demasiado tarde que Dios nos estaba librando de un precipicio que entonces éramos incapaces de distinguir? Quizá por eso la obediencia cristiana nunca puede separarse de la confianza. 

Dios nos guía a través de mediadores

Pero aquí surge inmediatamente una nueva pregunta. Si solo Dios es digno de obediencia, ¿por qué ha querido servirse continuamente de mediadores humanos? ¿Por qué no habla de manera directa y ya?

Toda la historia de la salvación parece construida precisamente sobre esta lógica. Dios llama a Abraham para bendecir a un pueblo. Se sirve de Moisés para liberar a Israel. Envía a los profetas para recordar su alianza. Escoge a María para traer al mundo a su Hijo. Confía a los Apóstoles la misión de anunciar el Evangelio. Y sigue haciéndolo hoy por medio de la Iglesia. Podría parecer extraño. Si Dios es omnipotente, ¿por qué necesita mediadores? La respuesta es sencilla: no los necesita, los quiere.

Porque así ha querido que aprendamos que la salvación nunca se vive en solitario. Dios nos crea para la comunión y, precisamente por eso, suele salir a nuestro encuentro a través de otras personas. Sin embargo, aquí conviene hacer una precisión decisiva. El mediador nunca ocupa el lugar de Dios. Solo ayuda a descubrirlo.

Toda mediación auténticamente cristiana posee una admirable transparencia. Es decir: no atrae hacia sí misma, sino hacia Aquel de quien procede. Por eso Jesucristo es el Mediador perfecto. No vino a sustituir al Padre. Vino a revelarlo. Toda su vida consiste en conducirnos hacia Él. «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre» (Juan 14,9). Y quizá ninguna escena del Evangelio exprese mejor esta verdad que las bodas de Caná. María pronuncia allí una única indicación. Y basta esa frase para resumir toda la espiritualidad de la mediación cristiana: «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5). Es difícil imaginar una definición más hermosa de lo que significa ser mediador. María no atrae las miradas hacia sí. No sustituye a Cristo. No ocupa su lugar. Simplemente conduce hasta Él. 

Toda autoridad cristiana debería poder reconocerse en esas palabras. Un padre de familia, una madre, un sacerdote, un obispo, el Papa, un catequista, un profesor, un amigo. Y también tú y yo. Porque quizá, mientras leíamos esta lista, pensábamos únicamente en otras personas. Sin embargo, también nosotros ejercemos continuamente pequeñas mediaciones: cada vez que damos un consejo sincero a un amigo; cada vez que acompañamos a un hijo; cada vez que explicamos la fe; cada vez que hacemos apostolado… En todos esos momentos nos convertimos, de algún modo, en mediadores. Y entonces la pregunta deja de ser: «¿A quién debo obedecer?». La pregunta pasa a ser mucho más exigente: Cuando alguien se acerca a mí, ¿termina escuchando mejor mi voz… o la voz de Cristo? 

Porque esa es la diferencia entre la autoridad y el autoritarismo. El autoritarismo conduce hacia uno mismo. La verdadera autoridad desaparece para que aparezca Dios. Todo mediador auténticamente cristiano podría resumir su misión con las palabras de María: «Haced lo que él os diga» (Juan 2,5).

La obediencia se prueba en la dificultad

Llegados a este punto, todavía queda una pregunta por responder. Si la obediencia nace de la confianza y la confianza nace de sabernos hijos, ¿por qué obedecer sigue siendo, tantas veces, difícil? 

Porque ser hijos no significa que comprendamos siempre los caminos del Padre. También Jesucristo experimentó esa oscuridad. La escena en el Getsemaní es, quizá, la página más luminosa del Evangelio para comprender la obediencia cristiana: Jesús sabe lo que le espera. Conoce el sufrimiento, el abandono, la cruz. Y, como verdadero hombre, no es indiferente ante ello. Por eso reza con una sinceridad conmovedora: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Estas palabras nos revelan algo profundamente humano: la obediencia no consiste en dejar de sentir, no consiste en negar el sufrimiento, ni en fingir que todo resulta fácil. Cristo no elimina su deseo humano de evitar el dolor, pero inmediatamente añade: «pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42). No son las palabras de quien se resigna. Son las palabras del Hijo que, incluso sin comprender plenamente el porqué de ese camino, sigue confiando en el corazón del Padre. Como puede contemplarse: la confianza no consiste en entenderlo todo, consiste en saber en quién hemos puesto nuestra vida. 

La Carta a los Hebreos expresa este misterio con una frase sorprendente: «siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer» (Hb 5,8). Estas palabras podrían desconcertarnos. ¿Cómo puede el Hijo eterno de Dios «aprender» a obedecer? No porque antes fuera desobediente. Sino porque la obediencia no es una teoría que pueda aprenderse en un libro. La obediencia solo se aprende recorriendo el camino del amor. Solo quien ama descubre, poco a poco, que confiar vale más que controlar. Que entregarse vale más que aferrarse. Que perder la vida por amor es, misteriosamente, encontrarla.

También nosotros aprendemos así. Nadie nace sabiendo confiar plenamente en Dios. Todos vamos aprendiendo. Aprendemos cuando nuestros planes cambian inesperadamente. Cuando una enfermedad visita nuestra casa. Cuando un proyecto fracasa. Cuando una puerta se cierra sin que entendamos por qué. Cuando Dios guarda silencio… Es precisamente ahí donde la obediencia deja de ser una idea y se convierte en una forma concreta de amar. 

Quizá todos podamos preguntarnos con sinceridad: ¿Sigo confiando cuando no entiendo del todo? Porque mientras todo coincide con nuestros deseos, resulta relativamente sencillo decir que confiamos en Dios. La verdadera confianza aparece cuando sus caminos dejan de coincidir con los nuestros. Y, sin embargo, incluso entonces seguimos diciendo: «Padre…». Esa palabra cambia todo. Porque el cristiano nunca obedece a un destino. Nunca obedece a una fuerza impersonal. Nunca obedece simplemente a una ley. Obedece a un Padre. Y eso hace toda la diferencia.

Quizá por eso san Pablo describe la obediencia de Cristo como el camino de su exaltación: «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó…» (cf. Filipenses 2,8-9). La cruz no fue el fracaso de la obediencia. Fue su manifestación más perfecta. En ella descubrimos que la voluntad del Padre nunca buscaba destruir al Hijo, sino entregar su amor al mundo entero. Solo después de la Resurrección los discípulos pudieron comprender plenamente ese camino.

Y quizá también nosotros experimentamos algo parecido. Muchas veces solo entendemos la fidelidad de Dios cuando miramos nuestra historia hacia atrás. Solo entonces descubrimos que aquello que un día nos hizo sufrir terminó convirtiéndose en una gracia inmensa. Que aquel «no» de Dios escondía un «sí» mucho más grande. Que el camino que nosotros nunca habríamos elegido era, precisamente, el que necesitábamos recorrer.

Obediencia y libertad

Quizá ahora podamos volver a la pregunta con la que comenzábamos este artículo. ¿Cómo pudo Jesucristo ser el hombre más libre y, al mismo tiempo, el más obediente?

Porque nunca entendió la obediencia como una amenaza para su libertad. La entendió como la expresión más perfecta de su amor al Padre. Y nosotros, por el Bautismo, hemos recibido esa misma vocación.

Quizá la próxima vez que la palabra «obediencia» despierte cierta resistencia en nuestro interior, convenga no preguntarnos inmediatamente qué es lo que Dios nos está pidiendo. Tal vez exista una pregunta anterior. Una pregunta mucho más importante. ¿Confío realmente en Él?

Porque solo quien se sabe hijo descubre que la voluntad del Padre nunca compite con su felicidad. Es, precisamente, el camino que la hace posible. Al final, la obediencia de los hijos de Dios no consiste en dejar de ser libres. Consiste en descubrir que la libertad alcanza su plenitud cuando, como Cristo, aprende a descansar confiadamente en las manos del Padre.

El autorHugo Elvira

Ingeniero guatemalteco y licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma). Presidente de Fundación Amivalle.

Vaticano

La Santa Sede excomulga a los obispos de la FSSPX y confirma el cisma

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe considera consumado el cisma tras las consagraciones episcopales ilícitas, declara cismáticos a los ministros de la FSSPX y advierte que "se considerarán cismáticos y excomulgados aquellos que se adhieran formalmente a la Fraternidad".

Teresa Aguado Peña·2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La Santa Sede ha declarado la excomunión del obispo Alfonso de Galarreta y de los cuatro sacerdotes que fueron consagrados obispos sin mandato pontificio, tras las ordenaciones episcopales celebradas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) pese a las reiteradas advertencias de Roma y al llamamiento realizado por el Papa León XIV para que desistieran de ese propósito.

El decreto, firmado por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, afirma que Alfonso de Galarreta, «al haber cometido un acto de naturaleza cismática mediante la consagración episcopal de cuatro presbíteros, sin mandato pontificio y en contra de la voluntad del Sumo Pontífice», ha incurrido ipso facto en las penas previstas por el Código de Derecho Canónico.

En consecuencia, el Dicasterio declara «a todos los efectos jurídicos» que tanto Alfonso de Galarreta como Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier han incurrido ipso facto en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.

Asimismo, el decreto establece que el obispo Bernard Fellay también ha incurrido en la excomunión latae sententiae, al haber participado como coconsagrante en la celebración y haber adherido públicamente al acto que la Santa Sede califica de cismático.

El documento concluye con una advertencia dirigida tanto a los clérigos como a los fieles laicos para que no se sumen al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ya que, de hacerlo, incurrirían igualmente en la pena de excomunión latae sententiae.

Una Nota explicativa desarrolla el alcance de la decisión

Junto al decreto, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado una nota explicativa en la que expone las razones de la decisión adoptada y detalla sus consecuencias canónicas y pastorales.

El documento comienza recordando que, desde el pontificado de san Pablo VI hasta las conversaciones mantenidas recientemente por el propio Dicasterio, «los múltiples intentos por reconducir a los seguidores del movimiento iniciado por monseñor Marcel Lefebvre a la plena comunión con la Iglesia católica han resultado infructuosos».

Según la Nota, la situación se ha agravado definitivamente con las recientes consagraciones episcopales realizadas «sin mandato pontificio, en contra de la voluntad del Santo Padre y en abierta violación del derecho canónico».

Por ello, el Dicasterio considera necesario declarar que dichas consagraciones «han constituido el delito de cisma», recordando que ya san Juan Pablo II afirmó en la carta apostólica Ecclesia Dei que la consagración de obispos sin mandato pontificio constituye «un acto cismático», al implicar «un rechazo práctico del Primado romano».

Los ministros de la Fraternidad pasan a ser considerados cismáticos

La Nota establece, como primera consecuencia, que «los ministros sagrados pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentran en cisma y, por lo tanto, deben ser considerados cismáticos», quedando sujetos a la excomunión prevista en el canon 1364 §1 del Código de Derecho Canónico.

El Dicasterio fundamenta esta afirmación tanto en la carta apostólica Ecclesia Dei como en la Nota explicativa publicada en 1996 por el entonces Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, cuya doctrina considera plenamente vigente.

La situación de los fieles laicos

En lo que respecta a los fieles laicos, se considerarán cismáticos y excomulgados aquellos que se adhieran formalmente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en las condiciones establecidas en la Nota explicativa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos de 1996 (véase ibídem, 7), aún vigente, que este Dicasterio hace suya:

«En el caso de otros fieles, sin embargo, es evidente que la participación ocasional en actos litúrgicos o actividades del movimiento lefebvriano, sin adoptar la actitud de desunión doctrinal y disciplinaria propia de dicho movimiento, no basta para constituir la pertenencia formal al mismo. En la práctica pastoral, puede resultar más difícil evaluar su situación. Es necesario tener en cuenta, sobre todo, la intención del individuo y la traducción de esta disposición interior en acción. Por consiguiente, las distintas situaciones deben evaluarse caso por caso, en los órganos competentes de los foros externos e internos».

Advertencia sobre los sacramentos

La Nota también dedica un apartado a la administración de los sacramentos por parte de la Fraternidad.

En él advierte al Pueblo de Dios de que sus ministros «administran ilícitamente los sacramentos» y afirma expresamente que tanto el sacramento de la penitencia administrado por ellos como los matrimonios celebrados por sus ministros «son inválidos».

Por ello, exhorta a los fieles a abstenerse de participar en las celebraciones y actividades promovidas por la Fraternidad.

Una invitación a regresar a la plena comunión

Junto a las medidas canónicas, el Dicasterio subraya que la finalidad de estas decisiones no es únicamente disciplinaria.

«La Iglesia, como madre solícita, acogerá con sincero afecto y viva solicitud a todos aquellos que deseen volver a la plena comunión», afirma la Nota, anunciando que los nuncios apostólicos establecerán los procedimientos que los ordinarios podrán seguir en cada caso para facilitar ese regreso.

Finalmente, el documento exhorta a todos los fieles a permanecer firmes en la comunión con el Romano Pontífice, con los obispos en comunión con él y con toda la Iglesia, recordando que la unidad eclesial constituye un elemento esencial de la vida de la Iglesia.

Que Dios sea el foco

La visita del Papa León XIV a España ha desafiado los pronósticos sobre la secularización y ha situado la fe en el centro del debate público. Más allá del éxito de convocatoria, el viaje ha puesto de manifiesto un nuevo acercamiento de la sociedad española al hecho religioso, marcado por la naturalidad, la alegría y una renovada confianza en el papel cultural y espiritual del catolicismo.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Durante años, la crónica sociológica insistía en un diagnóstico invariable: Occidente avanzaba a pasos agigantados hacia una secularización silenciosa, donde la fe quedaba recluida al ámbito de lo estrictamente privado. Sin embargo, los acontecimientos de principios de junio han roto todos los moldes preestablecidos. La visita apostólica del Papa León XIV a España—su primer gran viaje de siete días a una democracia europea de raíz católica— no solo ha sido un éxito de convocatoria, sino que ha certificado un fenómeno que ya no se puede ignorar: la existencia de un “giro católico” de la sociedad española o, al menos, de un nuevo posicionamiento – y positivo- de la fe en la esfera social.

Durante una semana intensa, Dios, la Iglesia y la vivencia de la fe han salido de las sacristías para convertirse en el epicentro de tertulias, cenas y debates. Lo verdaderamente revolucionario no ha sido solo la presencia del Pontífice, sino la impresionante positividad y naturalidad con la que el país ha abrazado este momento.

El paso de León XIV por España ha dejado mensajes profundos que resuenan directamente en el alma de una sociedad que parece haber despertado de un letargo inercial. Este “giro católico” se sostiene sobre tres pilares fundamentales que el Papa ha sabido catalizar:

Una fe sin complejos: hemos superado, afortunadamente, esa vieja inercia social que dictaba que mostrar las creencias era un acto de mala educación o un anacronismo. El viaje papal ha inaugurado un entorno de respeto mutuo e interés genuino por el catolicismo, contagiando incluso a aquellos que no lo comparten, pero que reconocen su valor antropológico y cultural.

La alegría como respuesta a la desvinculación: frente al rancio estereotipo mediático que asocia al creyente con la amargura o el rictus severo, la juventud española ha respondido con una alegría desbordante, natural y contagiosa. En una época marcada por la epidemia de la soledad, la depresión y el vacío existencial, León XIV ha recordado que la fe no es una carga, sino un ancla que no falla.

La madurez de asumir la imperfección: uno de los mensajes más honestos y potentes que nos deja esta visita es la superación de los errores. La Iglesia está aprendiendo a caminar con sus heridas abiertas, asumiendo el pasado con dolor pero con una firme resolución de enmienda. El Papa nos ha recordado que el objetivo no es la perfección soberbia, sino una cercanía mayor con el que sufre y la humildad para seguir adelante.

Para los creyentes, el éxito de estos siete días no puede reducirse a un pico informativo o a un fenómeno de masas pasajero; el verdadero reto es transformar la emoción en permanencia. Ahora que los ecos de las multitudes se apagan, queda la tarea más profunda. Como bien nos ha enseñado este viaje, no se trata simplemente de conseguir que Dios esté temporalmente en el foco, sino de que Dios sea el foco.

La sacrílega guerra de Ucrania

Hoy es la propia Ucrania agredida quien le marca a Rusia el camino hacia la luz. El pueblo ucraniano se ha convertido en un ejemplo conmovedor en la defensa de su identidad nacional, fundamentada en el amor a la libertad y no en el sometimiento del vecino.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

El 20 de junio tuve el privilegio de escuchar a dos jóvenes que portan en sus miradas el peso de una historia trágica, pero también la luz de una esperanza inquebrantable. Se trata de Ihor Chikhman y Marta Kostyk, miembros del Consejo Juvenil de la Embajada de Ucrania en España. En sus palabras no había odio, sino una profunda sed de verdad y de justicia. Al terminar nuestro encuentro, me hicieron un regalo que he estado meditando desde entonces: el excelente libro “Crónica de una guerra sacrílega”, escrito por Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, Arzobispo Mayor de Kyiv-Halyć y primado de la Iglesia greco-católica ucraniana.

El título de la obra de Shevchuk no es un mero recurso literario; es un diagnóstico espiritual preciso. ¿Por qué llamar «sacrílega» a esta guerra? Porque las autoridades rusas han cruzado una línea roja que trasciende la geopolítica: están utilizando la religión cristiana para justificar crímenes contra la humanidad y, por tanto, crímenes contra el propio Dios. Bendecir misiles, santificar la invasión de una nación soberana y enarbolar la cruz para justificar la destrucción de hospitales y parroquias es la definición misma del sacrilegio. Es tomar el nombre de Dios en vano para encubrir la barbarie.

Nacionalismo vestido con ornamentos

Nada desenmascara con mayor crudeza esta falsedad que el sufrimiento de los más pequeños. El desgarrador secuestro de cerca de 20.000 niños ucranianos por parte de las tropas rusas, arrancados de sus hogares y de sus padres para ser confinados en campos de reeducación en Rusia, clama al Cielo. Intentar borrar la identidad, la memoria y la lengua de estos niños es una atrocidad que choca frontalmente con cualquier valor evangélico. Quien arranca a un hijo del amor de su madre no puede, en ninguna circunstancia, presentarse ante el mundo como un defensor de los valores familiares y cristianos.

Al observar la retórica y las acciones del Kremlin, resulta evidente que Rusia no ha experimentado una verdadera purificación de su pasado totalitario. Más bien, parece haber sustituido el aparato ideológico del comunismo por un cristianismo político y táctico. Las formas han cambiado, la hoz y el martillo a menudo comparten espacio con iconos bizantinos, pero las prácticas criminales, la represión, la mentira de Estado y el sometimiento de su propio pueblo y de los pueblos vecinos permanecen intactos. Es un nacionalismo imperial vestido con ornamentos litúrgicos.

Ante esta realidad, los cristianos occidentales no debemos dejarnos engañar. Existe la tentación, en algunos sectores, de mirar hacia Moscú como un bastión de resistencia frente a la secularización y la decadencia moral de Occidente. Pero las manifestaciones religiosas del gobierno ruso no son más que una coartada, un espejismo diseñado para seducir a incautos y mantener subyugados a los ciudadanos. No hay defensa posible de la moral cristiana allí donde se pisotea sistemáticamente la dignidad humana y se asesina al hermano.

Cristianos ucranianos

Hoy es la propia Ucrania agredida quien le marca a Rusia ese camino hacia la luz. El pueblo ucraniano se ha convertido en un ejemplo conmovedor en la defensa de su identidad nacional, fundamentada en el amor a la libertad y no en el sometimiento del vecino. Su lucha es, además, una heroica defensa de la libertad religiosa. Los testimonios que nos llegan son estremecedores: en los territorios ucranianos actualmente ocupados por Rusia se ha instaurado una persecución religiosa feroz. Sacerdotes greco-católicos, fieles de rito latino, pastores protestantes y miembros de otras confesiones son hostigados, secuestrados y torturados por negarse a someter su conciencia a los dictados políticos del invasor. Allí donde se impone el modelo del Kremlin, la genuina libertad de espíritu es aplastada.

La valentía y el sacrificio diario de los cristianos ucranianos, su resistencia pacífica y su fe probada en el crisol del dolor, nos abren los ojos. Nos recuerdan que la verdadera fe se manifiesta en el amor, en la defensa de la vida y en el servicio a la verdad.

El testimonio de jóvenes como Ihor y Marta y la voz profética de pastores como Sviatoslav Shevchuk nos hacen ver que Rusia necesita, hoy más que nunca, convertirse. Y no hablamos de un mero cambio de bando político, sino de una conversión del corazón. La libertad de Rusia —su liberación de este secuestro ideológico e imperialista— es una condición necesaria para la libertad de Europa y la paz del mundo entero. Para lograrlo, necesita un arrepentimiento auténtico ante la historia y ante Dios, y abandonar de una vez por todas ese disfraz religioso que solo sirve como coartada para seguir dañando profundamente a la humanidad.

La libertad del pueblo ucraniano

Quizás la mejor manera de entender esta esperanza sea acudiendo al alma misma del pueblo ucraniano, plasmada en los versos de su gran poeta nacional, Taras Shevchenko, quien ya en el siglo XIX clamaba frente al imperialismo con una fe inquebrantable:

“¡Luchad y venceréis!

¡Dios os ayuda!

De vuestra parte están la fuerza,

la libertad y la santa verdad”.

Evangelio

La humildad que revela. Domingo XIV del tiempo ordinario (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas de Domingo XIV del tiempo ordinario (A) correspondiente al día 5 de julio de 2026.

Vitus Ntube·2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Las lecturas de hoy nos presentan a Jesucristo como el verdaderamente humilde. En la primera lectura encontramos la imagen de un Mesías humilde; en el Evangelio, Jesús mismo declara que es manso y humilde de corazón.

¿Qué tiene de particular la humildad de Cristo? ¿Qué podemos aprender de ella? La humildad de Cristo está inseparablemente unida a la verdad: a la verdad de la revelación que nos muestra quién es verdaderamente Dios. Dios se revela en la humildad, y quienes reciben esa revelación deben acercarse a Él también con un corazón humilde. La revelación de Dios se realiza en un contexto de humildad.

En la primera lectura, el Mesías entra en Jerusalén de una manera profundamente humilde: “Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna”. El Mesías no viene con poder ni esplendor mundanos, sino con sencillez y mansedumbre. La humildad es inseparable de la verdad. No hay verdad más grande que el conocimiento de Cristo. El Evangelio destaca las condiciones necesarias para recibir esta revelación.

Jesús alaba al Padre por la manera en que ha revelado sus misterios: “has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”. Los sabios y entendidos, en este contexto, no son condenados por su conocimiento, sino por el orgullo que les impide acoger una verdad que va más allá de sus propios esquemas y expectativas. Puesto que Dios se revela en humildad, la disposición adecuada para recibirlo también debe ser la humildad. Jesucristo, el único revelador del Padre, viene en la humildad y solo puede ser comprendido verdaderamente por los sencillos como niños.

La humildad de Cristo es también fuente de descanso. Jesús nos invita a aprender de su corazón, porque en Él descubrimos la verdad más profunda acerca de Dios y acerca de nosotros mismos. Las preocupaciones de la vida cotidiana se vuelven soportables cuando se llevan con Cristo y con el mismo espíritu con que Él llevó su propia cruz. Cuando participamos de esa misma disposición interior, incluso las cargas de la vida se transforman. Por eso Jesús dice: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”. El yugo de Cristo no nos aplasta; nos aligera. No nos oprime; nos eleva. Es el yugo del amor, el yugo de la humildad.

Sin embargo, para aprender la humildad de Cristo, debemos poseer el Espíritu de Cristo. La segunda lectura nos recuerda que el “Espíritu de Dios” habita en nosotros, y que sin el “Espíritu de Cristo” no le pertenecemos. Debemos permitir que el Espíritu Santo nos forme y nos guíe, pues Él nos enseña la humildad y abre nuestro corazón para recibir la verdad revelada en Cristo.

La Inteligencia Artificial y la labor periodística

En la era de la Inteligencia Artificial hay un deber insustituible que nos afecta a los periódicos y es el de no renunciar a la propia autoridad, garantizar la transparencia de las fuentes, respetar la dignidad de los lectores y cultivar la dimensión humana de la narración.

2 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

En marzo de 2026 se cumplieron 150 años de la aparición del diario italiano Corriere della Sera. El Papa León siempre ha mostrado una gran sensibilidad hacia la labor periodística; de hecho, fue a los profesionales de los medios de comunicación a quienes dedicó su primera audiencia. En el caso del aniversario, escribió una carta breve al periódico felicitándolos por su labor y recordando que la dimensión humana se debe proteger y cultivar siempre.

Cuando la IA parece que va a revolucionar el mundo, es bueno recordar qué es un periodista. Un periodista es un profesional encargado de investigar, recopilar, analizar, sintetizar y difundir información de interés público, garantizando la veracidad y el rigor. Trabaja en diversos medios —prensa, radio, televisión, medios digitales— para contextualizar la actualidad y permitir que la ciudadanía tome decisiones informadas.

Con la aparición de la IA la responsabilidad del periódico es todavía mayor, si cabe. Los periódicos —señala el Papa—, además de dar noticias de actualidad, es decir, informarnos de lo que acontece en un país determinado y en el mundo, son también un vehículo de cultura como fermento vivo de la sociedad a cuya creación contribuyen. La revolución tecnológica que estamos viviendo es un reto para estar a la altura de nuestro tiempo y es, además, una prueba que atañe a todos y cada uno, señala el pontífice en la carta dirigida al rotativo italiano.

En la era de la IA hay un deber insustituible que nos afecta a los periódicos y es el de no renunciar a la propia autoridad, garantizar la transparencia de las fuentes, respetar la dignidad de los lectores y cultivar la dimensión humana de la narración.

La mente humana y una buena conciencia están a la altura de este desafío, mucho más que la IA, la cual podrá ayudar en la tarea periodística, pero no tiene ni libertad ni conciencia, sino que escupe una información que previamente le han suministrado. La IA es una herramienta sin ética, una máquina que, si no sabe algo, se lo inventa; el periodista es una persona que sabe que en su trabajo diario no puede fantasear. La IA es, bajo mi punto de vista, una herramienta de gran ayuda, pero no debe pensar por mí.

Las llagas de Cristo y la túnica inconsútil

Dos Papas han suplicado lo mismo con treinta y ocho años de distancia: uno por las llagas de Cristo, el otro por su túnica sin costuras. Las llagas y la túnica dicen una sola cosa: que la unidad se paga con sangre y no se rasga sin dolor.

1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy, 1 de julio de 2026, en Écône, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha consagrado cuatro obispos sin mandato pontificio. Treinta y ocho años antes, Marcel Lefebvre hizo lo mismo, en el mismo lugar. Entre ambas fechas se tiende un puente hecho de dos cartas y de una sola súplica: no rompáis la unidad.

La primera la escribió Juan Pablo II el 9 de junio de 1988, poco antes de aquellas consagraciones. No era un documento jurídico, sino la carta de un padre: pedía a Lefebvre, «por las llagas de Cristo nuestro Redentor», que no diera un paso que solo podría entenderse como cismático, y le recordaba la oración del Señor la víspera de su Pasión, «que todos sean uno».

Semanas después, en el motu proprio Ecclesia Dei, Juan Pablo II situó la raíz del problema donde de verdad estaba: no en el amor a la liturgia antigua —legítimo y respetado—, sino en «una noción incompleta y contradictoria de la Tradición». Ese es el nudo, entonces y ahora. La Tradición no es una reliquia que se custodie frente al Papa; es una realidad viva que se transmite con él y bajo su ministerio. Nadie es fiel a la Tradición si rompe el vínculo con aquel a quien Cristo confió la unidad de su Iglesia. Quien opone Tradición y Papado ha entendido mal ambas cosas.

La Fraternidad alega un «estado de necesidad»: obispos que envejecen, la urgencia de asegurar ordenaciones y confirmaciones, el deber de no abandonar una obra que sostiene la fe de muchas almas. Su superior general, el padre Davide Pagliarani —que no es obispo—, sostiene que no buscan separarse de Roma, sino servir «a una madre que atraviesa una grave dificultad»; e insisten en que no es el capricho de cada comunidad, sino una crisis excepcional y objetiva de la Iglesia. Es una objeción sincera, pero inválida: juzgar cuándo la necesidad dispensa de la comunión con Pedro es, precisamente, lo que nadie puede decidir por su cuenta.

Roma no se cruzó de brazos desde 1988. Benedicto XVI liberalizó la Misa tradicional en 2007 y, en 2009, remitió la excomunión de los cuatro obispos; siguieron años de conversaciones doctrinales. Francisco concedió a los sacerdotes de la Fraternidad la facultad de confesar (en 2015, con carácter permanente desde 2016) y reguló la asistencia a sus matrimonios (2017), para proteger a los fieles. Durante casi cuatro décadas la mano estuvo tendida. Por eso una nueva consagración unilateral duele tanto: responde con un portazo a una puerta abierta.

El 13 de mayo de 2026, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, advirtió que consagrar obispos sin mandato constituiría «un acto cismático», con la excomunión sobre quien consagra y los consagrados ya prevista en Ecclesia Dei (con base en el antiguo canon 1382, hoy 1387). El 29 de junio de 2026, León XIV se dirigió al padre Pagliarani con un lenguaje calcado del de Juan Pablo II: «lleno de afecto cristiano, les ruego y les pido con todo el corazón: ¡Den marcha atrás!». Y añadió, sin cerrar ninguna puerta: «La Iglesia está dispuesta a un camino de diálogo y entendimiento». Solo entonces llega la imagen que da título a estas líneas: «desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad».

Lo más revelador es que la Fraternidad respondió apropiándose de esa misma imagen. El padre Pagliarani agradeció la «solicitud paternal» del Papa y, lejos de rectificar, escribió que sentía el deber de «recomponer la túnica de Cristo, desgarrada por fuerzas y presiones incompatibles con un espíritu auténticamente católico»; y pidió que se valorara la sinceridad de su intención: «Aún no es demasiado tarde». Es un argumento hábil: los dos bandos dicen defender la túnica inconsútil. Pero esa túnica no se recompone arrancándose un jirón para conservarlo aparte, ni se cose desde fuera. Quien de verdad la quiere entera no consagra obispos contra el Papa: se queda a su lado, aun sufriendo. La comunión no es el precio de la Tradición. Es su casa.

La Fraternidad esgrime todavía un argumento más sutil: que el Papa le escriba «como un padre a su hijo» probaría que no hay cisma, pues nadie trata así a un extraño. Pero el razonamiento se vuelve del revés. Que Roma siga tratando como hijo a quien se aparta no demuestra que no haya ruptura, sino la paciencia del padre, que no legitima la desobediencia del hijo y por eso se entristece. Que algún obispo haya reconocido el espíritu católico de la Fraternidad tampoco resuelve nada. Se puede amar la doctrina y, aun así, quebrar la comunión en el acto mismo de consagrar sin mandato.

En 1988, muchos sacerdotes que sentían ese mismo amor por la Tradición escucharon a Juan Pablo II y fundaron la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro. Conservan íntegra la liturgia tradicional, la misma formación, la misma reverencia, y lo conservan en paz, en plena comunión con el Sucesor de Pedro. Son la prueba viva de que la Tradición no exige el cisma.

Dos Papas han suplicado lo mismo con treinta y ocho años de distancia: uno por las llagas de Cristo, el otro por su túnica sin costuras. Las llagas y la túnica dicen una sola cosa: que la unidad se paga con sangre y no se rasga sin dolor. No es un asunto interno de la Iglesia: Jesús pidió que todos fueran uno «para que el mundo crea» (Jn 17, 21), y cada ruptura la vuelve menos creíble. Ojalá esta vez la súplica sea escuchada, y muchos elijan vivir la tradición cristiana junto a quien es su verdadera roca: Pedro.

El autorRafael Domingo Oslé

Catedrático de Derecho de la Universidad de Navarra

Mundo

España, segundo país que más ayuda a los cristianos perseguidos

El memoria 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) refleja una inversión de 145,8 millones de euros en proyectos pastorales, ayuda a sacerdotes, construcción de iglesias y defensa de la libertad religiosa.

Teresa Aguado Peña·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 4 minutos

«Sostener a la Iglesia más necesitada». Ese es el objetivo que guía la labor de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), según destacaron sus responsables durante la presentación de la memoria 2025 de la fundación pontificia.

El presidente de ACN España, Walther von Plettenberg, presentó los resultados de la actividad desarrollada por ACN Internacional en 2025. Gracias al apoyo de 363.176 benefactores y al trabajo de sus 24 oficinas en todo el mundo, la fundación pudo financiar 5.368 proyectos en 141 países de los cinco continentes, siempre en colaboración con las diócesis locales, alcanzando un total de 1.251 diócesis beneficiadas.

Principales beneficiarios

Durante el pasado año, ACN recaudó 145,8 millones de euros procedentes de donativos y legados, destinados a sostener la vida pastoral de la Iglesia en los lugares donde más sufre por la persecución, la pobreza o los conflictos.

Los diez países que recibieron mayor apoyo económico en 2025 fueron India (7 millones de euros), Ucrania (6 millones), Líbano, Siria, República Democrática del Congo, Nigeria —donde los proyectos aumentaron cerca de un 50 %—, Tanzania, Irak, Burkina Faso y Pakistán.

Entre los principales beneficiarios de esta ayuda se encuentran sacerdotes, diócesis, obispos y laicos. Von Plettenberg destacó que uno de cada diez sacerdotes del mundo recibió algún tipo de apoyo de ACN durante el último año. Asimismo, la fundación hizo posible la celebración de casi dos millones de misas destinadas al sostenimiento de sacerdotes y financió la construcción o rehabilitación de 791 edificios eclesiales.

«Una Iglesia sin templo, sin poder celebrar la Eucaristía en un lugar digno, es una Iglesia muy coja», afirmó el presidente de ACN España, al subrayar la importancia de dotar a las comunidades cristianas de espacios adecuados para el culto.

Durante la presentación también se recordó la audiencia privada que el 10 de octubre de 2025 el Papa León XIV concedió a una delegación de ACN Internacional. En ella, el Pontífice agradeció la labor de la fundación con estas palabras: «Vuestra misión proclama que, como una sola familia en Cristo, no abandonamos a nuestros hermanos y hermanas perseguidos. Más bien, los recordamos, los apoyamos y trabajamos para garantizar las libertades que Dios les ha concedido».

¿A dónde van sus ingresos?

Por su parte, el director de ACN España, José María Gallardo, presentó las cifras correspondientes a la oficina española. Explicó que el 81,9 % de los ingresos procedió de donaciones y el 18 % de herencias y legados. Del total de los recursos recibidos, el 88,3% se destinó directamente a los fines propios de la fundación, mientras que el 11,7 % correspondió a gastos de funcionamiento. Además, el 82,2 % de la actividad se dedicó específicamente a la financiación de proyectos.

África volvió a recibir la mayor parte de la ayuda, con un 34,5 % del total de los proyectos. El crecimiento de la Iglesia en este continente, reflejado en el aumento de fieles y vocaciones, convive con grandes desafíos como la pobreza y la expansión del terrorismo islamista en un número creciente de países. En lugares especialmente golpeados, como Burkina Faso, Níger y Malí, ACN pudo incrementar su ayuda en un 30 %, mientras que el apoyo a la Iglesia en Nigeria creció un 47 %.

Gallardo señaló que los ingresos crecieron un 0,3 % respecto a 2024. «Nos estamos manteniendo; sin embargo, ha habido una generosidad tremenda en herencias y legados», afirmó.

La oficina española aportó en 2025 el 11,9 % de los ingresos internacionales de ACN, situándose como la segunda oficina con mayor contribución de las 24 existentes en todo el mundo, solo por detrás de Francia. Tras España se sitúan Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Suiza e Italia.

Libertad religiosa

La defensa de la libertad religiosa fue otro de los ejes de la presentación. Gallardo recordó las palabras del Papa León XIV: «La libertad religiosa no es un privilegio, sino un derecho». En este contexto, ACN impulsa un manifiesto para promover el cumplimiento efectivo del artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La iniciativa ha superado ya las 8.000 firmas en España, mientras que la organización espera alcanzar el medio millón de apoyos en todo el mundo.

Asimismo, el director de ACN España puso en valor la dimensión espiritual de la fundación. «Sin la oración no podríamos conseguir todo lo que conseguimos», aseguró. En este ámbito, ACN España impulsa más de 500 iniciativas de oración, entre ellas la campaña «Un millón de niños rezando el Rosario», en la que participan 45 centros educativos y más de 10.000 niños.

La presentación concluyó con un mensaje de agradecimiento a todos los benefactores, recordando también las palabras del Papa León XIV: «No os canséis de hacer el bien porque vuestro servicio da fruto en innumerables vidas y glorifica a nuestro Padre que está en los cielos». Con ese espíritu, los responsables de la fundación quisieron finalizar con un sencillo reconocimiento: «Gracias por ayudar a la Iglesia que más sufre».

Mundo

La Fundación CARF apoyó a 1.960 seminaristas y sacerdotes de 85 países en 2025

Uno de los datos más destacados de la Memoria de 2025 es que la Fundación CARF pudo destinar en torno al 25 % de lo ingresado —2.615.974 euros— al Fondo endowment, un patrimonio permanente que reduce la dependencia de las donaciones puntuales anuales.

Redacción Omnes·1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

La institución, que cumple 37 años sin depender de subvenciones públicas, destinó más de 6,1 millones de euros a becas y ayudas para estudiantes de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra

La Fundación CARF ha presentado su Memoria Anual correspondiente a 2025, un ejercicio en el que la institución apoyó a 1.960 estudiantes procedentes de 85 países, repartidos entre la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (PUSC), en Roma, y las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona.

Del total de beneficiarios, 1.201 estudiaron en Roma y 759 en Pamplona. Para sostener su formación, la Fundación destinó 3.145.765 euros a la sede romana y 2.183.040 euros a la de Pamplona, a los que se suman 794.681 euros en otras ayudas.

Una fundación sin financiación pública

La Fundación CARF se constituyó el 14 de febrero de 1989, cinco años después de que san Juan Pablo II animara al beato Álvaro del Portillo a fundar la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. El objetivo de la nueva universidad romana era ofrecer una formación intelectual, humana y espiritual de excelencia a seminaristas y sacerdotes, diocesanos y religiosos, de cualquier parte del mundo, sin que la falta de recursos económicos supusiera un obstáculo. La PUSC se sumaba así a la labor formativa que ya desarrollaban las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra.

Desde su fundación, la institución no recibe subvenciones públicas. Su actividad se sostiene gracias a unos 5.200 donantes anuales, cuya aportación garantiza la independencia y la continuidad del proyecto.

Más de 10 millones de euros obtenidos en 2025

En 2025, la Fundación CARF obtuvo un total de 10.474.834 euros, procedentes de distintas vías de financiación: las donaciones puntuales representaron el 42,68 % de los ingresos; los testamentos y legados, el 23,41 %; las rentas derivadas del patrimonio, el 20,73 %; y las donaciones periódicas, el 13,18 %.

Uno de los datos más destacados de la memoria es que la Fundación pudo destinar en torno al 25 % de lo ingresado —2.615.974 euros— al Fondo endowment, un patrimonio permanente que reduce la dependencia de las donaciones puntuales anuales y mejora la sostenibilidad financiera de la institución a largo plazo.

Residencias y seminarios para estudiantes de todo el mundo

Las ayudas de la Fundación CARF se traducen en plazas de residencia y formación tanto en Roma como en Pamplona. En Roma, el Seminario Internacional Sedes Sapientiae tiene capacidad para cien seminaristas y quince formadores.

En Pamplona, los estudiantes de las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra cuentan con el Seminario Internacional Bidasoa y con varias residencias —entre ellas Aralar, Echalar, El Sadar, Los Tilos, Ciudadela y Albaizar—, que ofrecen plazas para más de 150 sacerdotes y candidatos al sacerdocio llegados de todo el mundo.

Puede consultar la Memoria completa de 2025 aquí

Ahí hay una AI que dice: «¡ay!»

"Gracias, Santo Padre, por Magnifica Humanitas, por señalarnos cada "ay" de la AI. Hay que intentar que lleguen ahí donde tiene que llegar".

1 de julio de 2026·Tiempo de lectura: 3 minutos

La frase con la que aprendimos las diferencias ortográficas entre las tres palabras que suenan igual, aunque tengan significados distintos es una buena síntesis del mensaje que nos ha regalado León XIV en su encíclica «Magnifica Humanitas», sobre la custodia de la vida humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial.

Como en la locución mnemotécnica que nos enseñaron de pequeños, el Papa está señalando algo importante, llamando nuestra atención ante una realidad que está ya entre nosotros, la Inteligencia Artificial. La ya famosa IA o AI por sus siglas en inglés, ha llegado para quedarse y transformar nuestras vidas marcando, no una época de cambios, sino el auténtico «cambio de época» en el que estamos inmersos como ya profetizara Francisco. 

Ahí hay una AI que está ya tomando decisiones por usted e influyendo en su forma de ser como individuo y como sociedad, por muy analógica que usted sea o por muy fuera de cobertura que viva.

Aunque la encíclica no es tecnófoba a priori y reconoce que «las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios gracias a la IA son evidentes», lo cierto es que, fiel a su misión de pastor que debe proteger de los lobos a sus ovejas, el Papa nos advierte de muchos y muy graves peligros que están ya empezando a enseñar los colmillos digitales. Cada advertencia del Santo Padre resuena como uno de esos «ayes» que lanzó Jesús contra los escribas y fariseos, que se aprovechaban de su posición de dominio religioso para someter al pueblo. Parafraseando algunos de los temas más destacados, no como condena sino como advertencia de los derroteros por los que nos llevan, podríamos decir, con León XIV:

¡Ay de los tecnócratas y oligarcas digitales, «dotados de recursos y capacidad de acción

superiores a los de muchos gobiernos», dueños «de las nuevas formas de propiedad, patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas y datos», porque, «cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos»!

¡Ay de los desarrolladores de IA que, en su carrera por ser los primeros, no saben muy bien adónde nos están llevando! Explica la encíclica que las IA «están más “cultivadas” que “construidas”, pues los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA “crece”». Por ello, llevan «un importante peso ético y espiritual, ya que cada elección de proyecto expresa una visión de la humanidad y es necesario «verificar que lo que se cultiva sea realmente un bien».

¡Ay de los promotores de ideologías tras la revolución digital como el transhumanismo o el posthumanismo «que sugieren que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos», porque «en semejante perspectiva, la persona termina reduciéndose a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado, y no es reconocida como fin en sí misma»!

¡Ay de los gobernantes de los estados a quienes corresponde, en medio de esta crisis global causada por los dueños de la IA «garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad civil, (…) buscando el equilibrio entre bienes particulares y bienes de conjunto, sin dejar atrás a los más débiles», porque «cuando la política renuncia a una visión a largo plazo y se reduce a cálculos de corto plazo o a polarizaciones estériles, los discursos sobre el bien común pierden credibilidad, y al mismo tiempo crecen las desigualdades y las fracturas sociales»!

¡Ay de los señores de la guerra, que confían a sistemas artificiales decisiones letales, porque «no existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»! Y es que «la decisión de emplear la fuerza letal no puede delegarse en procesos turbios o automatizados, sino que debe permanecer bajo un control humano efectivo, consciente y responsable».

Gracias, Santo Padre, por Magnifica Humanitas, por señalarnos cada «ay» de la AI. Hay que intentar que lleguen ahí donde tiene que llegar.

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos "hilos" en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.